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ESTUDIO BIBLICO LOS DONES DEL ESPIRITU SANTO Enero 29 y 30

Este documento presenta un estudio bíblico sobre los dones del Espíritu Santo según el capítulo 12 de 1 Corintios. Se divide en cuatro secciones: 1) La confesión cristiana y cómo el Espíritu Santo da testimonio de Jesús, 2) Existen diversos dones pero un solo Espíritu y Señor, 3) Los dones se dan a cada persona individualmente para beneficio de toda la comunidad, 4) La iglesia es como un cuerpo con muchos miembros que trabajan juntos bajo la dirección del Espíritu S

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ESTUDIO BIBLICO LOS DONES DEL ESPIRITU SANTO Enero 29 y 30

Este documento presenta un estudio bíblico sobre los dones del Espíritu Santo según el capítulo 12 de 1 Corintios. Se divide en cuatro secciones: 1) La confesión cristiana y cómo el Espíritu Santo da testimonio de Jesús, 2) Existen diversos dones pero un solo Espíritu y Señor, 3) Los dones se dan a cada persona individualmente para beneficio de toda la comunidad, 4) La iglesia es como un cuerpo con muchos miembros que trabajan juntos bajo la dirección del Espíritu S

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ESTUDIO BIBLICO LOS DONES DEL ESPIRITU SANTO Enero 29 y 30

12
Culto, segunda parte

(12:1–31)
12:1–31 3. Dones espirituales 12:1–11 a. El Espíritu Santo
12:1–3 (1) La confesión cristiana
12:4–6 (2) Diferentes dones, pero
todos dados por Dios 12:7–11
(3) Dones para el bien
común
12:12– b. El cuerpo
31
12:12–13 (1) El cuerpo y el Espíritu
12:14–20 (2) El cuerpo físico
12:21–26 (3) Las partes honrosas y las
pudorosas
12:27–31 (4) Miembros y dones
CAPÍTULO 12
12 1 Ahora bien, acerca de los dones espirituales, hermanos,
no quiero que seái igno- rantes. 2 Sabéis que cuando erais
gentiles, fuisteis descarriados a los ídolos mudos, cual- quiera sea
la forma en que se os descarriaba. 3 Por tanto, os hago saber que
nadie que hable por el Espíritu de Dios dice: «Jesús es un
maldito», y nadie puede decir: «Jesús es Señor», sino por el
Espíritu Santo.
4 Hay variedades de dones, pero el mismo Espíritu. 5 Hay
variedades de ministerios, pe- ro el Señor es el mismo. 6 Y hay
variedades de actividades, pero el mismo Dios está obrándolo
todo en todos. 7 Pero a cada uno le son dadas la manifestación
del Espíritu para el bien común. 8 A uno le es dada una palabra
de sabiduría mediante el Espíritu, a otro una palabra de
conocimiento según el mismo Espíritu. 9 A otro le es dada fe por
el mismo Espíritu y a otro, dones de sanidad por un solo Espíritu.
10 Y a otro le son dadas actividades que producen milagros, a
otro profecía, y a otro el distinguir espíritus, a otro diferentes
tipos de lenguas, a otro interpretación de lenguas. 11 El único y
mismo Espíritu hace todas estas cosas, repartiéndolas a cada uno
individualmente como él quiere.
12 Porque así como el cuerpo es uno y tiene muchos
miembros, y todos los miembros del cuerpo, aunque son
muchos, son un cuerpo, así también Cristo. 13 Pues, por cierto,
por un Espíritu todos hemos sido bautizados en un cuerpo,
seamos judíos o griegos, esclavos o libres, y a todos se nos dio
a beber de un Espíritu.
14 Pues, por cierto, el cuerpo no es un miembro sino muchos. 15
Si el pie dijera: «porque no soy una mano, no pertenezco al
cuerpo», por esa razón no deja de pertenecer al cuer- po. 16 Y si el
oído dijera: «porque no soy un ojo, no pertenezco al cuerpo», por
esa razón no deja de pertenecer al cuerpo. 17 Si todo el cuerpo
fuera ojo, ¿dónde estaría el oído? Si todo el cuerpo fuera oído,
¿dónde estaría el olfato? 18 Pero ahora Dios ha colocado a los
miembros, a cada uno de ellos, en el cuerpo como él quiso. 19 Y si
todo fuese un miembro,
¿dónde estaría el cuerpo? 20 Pero ahora hay muchos miembros pero
un cuerpo.
21 El ojo no puede decirle a la mano: «no te necesito». O la
cabeza a los pies: «no ten- go necesidad de vosotros». 22 Por
contraste, los miembros del cuerpo que parecen más débiles son
los más indispensables. 23 Y los miembros del cuerpo que tenemos
por menos honrosos, sobre éstos colocamos más honor; y
nuestras partes no presentables las trata- mos con mayor
modestia. 24 Y nuestras partes presentables no tienen necesidad
de esto. No obstante, Dios ha combinado los miembros del
cuerpo dándole más honor a los que carecen de él, 25 para que
no haya división en el cuerpo, sino que los miembros tengan la
misma preocupación los unos por los otros. 26 Y si un miembro
sufre, todos los miembros sufren con él. Si un miembro recibe
honor, todos se regocijan con él.
27 Vosotros sois el cuerpo de Cristo e individualmente
miembros de él. 28 Y Dios ha nombrado en la iglesia, en primer
lugar, apóstoles; en segundo lugar, profetas; en tercer lugar,
maestros; luego, los milagros; después, dones de sanidad, obras
de ayuda, admi- nistración, tipos de lenguas. 29 ¿Son todos
apóstoles? ¿Son todos profetas? ¿Son todos maestros? ¿Son
todos [hacedores de] milagros? 30 ¿Tienen todos dones de
sanidad? ¿Hablan todos en lenguas? ¿Interpretan todos? 31 Pero
desead con anhelo los mejores dones.
Y yo os mostraré un camino más excelente aun.
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Pablo deja su discusión sobre la propia celebración de la Santa


Cena, para tratar otros aspectos del culto. Entre ellos se destacan
los dones espirituales que los miembros habían recibido para el
beneficio de la comunidad cristiana. El Espíritu Santo ha
dotado a estos miembros con dones que realizan y promueven la
vida de la iglesia. El Espíritu trabaja a través de creyentes
individuales y los usa como instrumentos para cumplir los
propósitos de Dios.
El primer segmento de este capítulo revela más de la obra del
Espíritu Santo que cual- quier otro pasaje de 1 Corintios.1 Desde
las referencias explícitas al Espíritu Santo en un capítulo anterior
(2:4–14), Pablo todavía no ha abordado el tema de los dones del
Espíritu. Ahora enseña la doctrina de la Trinidad, en la que el
Espíritu cumple la función prominente de dotar a los creyentes de
dones extraordinarios.
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1. Ahora bien, acerca de los dones espirituales,
hermanos, no quiero que seáis ignorantes.
a. «Ahora bien, acerca de». De inmediato reconocemos estas
palabras introductorias. A menudo introducen la respuesta que
Pablo da a los problemas que los corintios le consul- taron por
medio de una carta. Cuando los corintios le escribieron, le
preguntaron varias cosas, entre las que estaban consultas
acerca del matrimonio y las vírgenes (7:1, 25), la comida
ofrecida a ídolos (8:1), los dones espirituales (12:1) y la ofrenda
para el pueblo de Dios (16:1).
Pablo no cita la carta que recibió, como lo hizo anteriormente
(7:1; 8:1), así que no te- nemos idea de la forma precisa en que
los corintios le pidieron información. Lo único que sabemos es que
los corintios querían que él dijera algo sobre los dones espirituales.
Ahora habla acerca de los dones que el Espíritu ha dado a los
miembros de la congregación.
b. «Los dones espirituales, hermanos». En esta epístola,
Pablo con frecuencia escribe hermanos cuando tiene que tratar
con los corintios un punto delicado (por ejemplo, 1:10). Este
vocativo implícitamente incluye a las hermanas de la comunidad
cristiana, por lo cual se dirige a toda la congregación.
El tema que Pablo trata en este capítulo se refiere a los dones
espirituales. El adjetivo griego pneumatikōn («espirituales»)
aparece solo en el texto original, por lo que tenemos que añadirle
otra palabra. A diferencias de otros estudiosos,2 no completamos
la idea añadiéndole un sustantivo que se refiera a personas
(2:15; 3:1; 14:37), sino que suplimos la palabra dones (cf.
14:1). El Espíritu Santo es el dador de estos dones, por lo que no
sólo es plausible traducir los dones del Espíritu Santo,3 sino que
suena atractivo. El Espíritu Santo continúa proveyendo a los
creyentes con estos dones.
En un pasaje anterior (véase 1:7), Pablo usó la palabra griega
jarisma (= don de gra- cia) como un sinónimo para los dones
espirituales. En español usamos el término carisma para hablar de
la habilidad personal de liderazgo. Pero en el presente capítulo, la
palabra carisma apunta a las actividades del Espíritu Santo. Esto
es evidente cuando, entre otras cosas, Pablo enumera los dones de
sabiduría, conocimiento, sanidad, hacer milagros, pro- fecía, las
lenguas e interpretación de lenguas (vv. 4, 9, 28, 30, 31).
c. «No quiero que seáis ignorantes». Esta oración se repite en
las epístolas de Pablo.4 En relación con el presente versículo,
podríamos preguntar: «¿ignorantes de qué?» y después suplir la
respuesta. Pablo no quiere que los corintios ignoren cómo usar
con propie- dad los dones espirituales. En lugar de usarlos para
beneficio de los demás creyentes, al- gunos corintios exhibían
estos dones como distintivos de superioridad. De todos los dones,
pensaban que el don de hablar en lenguas era único y de gran
importancia.5 En los si- guientes tres capítulos (12–14), Pablo les
mostrará a los corintios cómo evaluar y usar los dones
espirituales.
2. Sabéis que cuando erais gentiles, fuisteis
descarriados a los ídolos mudos, cualquiera sea la forma
en que se os descarriaba.

a. Intención. «Sabéis que cuando erais gentiles». ¿Cómo es


que este versículo desarro- lla la argumentación? La respuesta
está en el verbo sabéis. Pablo dijo que no quería que sus
lectores se quedaran en la ignorancia (v. 1). Después les dice
que ellos conocen su propio pasado religioso (v. 2). Y finalmente,
declara que les hace saber cómo profesar que Jesús es Señor (v.
3).
El término gentiles apunta a los días en que algunos miembros
de la iglesia eran incon- versos antes de dejar el paganismo.
Pablo se refiere a esos tiempos al dirigirse a ellos co mo
cristianos gentiles. Hasta aquí su discurso se había dirigido a
creyentes judíos y genti- les, ahora se dirige a cristianos que
antes fueron paganos e idólatras.
«Fuisteis descarriados a los ídolos mudos». ¿Es posible que
Pablo se esté refiriendo a los excesos característicos de las
fiestas paganas de aquel tiempo? ¿Fueron los corintios
descarriados por un demonio que les hacía experimentar un
frenesí extático?6 Los estudiosos creen que el vocabulario y el
contexto no proporcionan ninguna base para pensar en delirios
religiosos.7 El verbo descarriar tiene que ver con movimiento
más que con algún éxtasis religioso. No obstante, la forma
pasiva del verbo como aparece aquí («fuisteis descarriados»)
demanda un agente. En oposición al Espíritu Santo, dicho agente
es Satanás o uno de sus representantes (cf. 10:20, 21).
Pablo usa el hebraísmo ídolos mudos (Sal. 115:5; Hab.
2:18,19; 3 Macabeos 4:16), con lo cual no sólo quiere decir
que las imágenes de madera, piedra o metal son mudas, sino
que los dioses que representan también lo son.
«Cualquiera sea la forma en que se os descarriaba». El verbo
griego descarriaba está en tiempo imperfecto, lo cual apunta a
una acción que se repetía. De vez en cuando, los paganos iban a
sus templos y eran descarriados por un poder maligno. Estos ex
paganos estuvieron tambaleando en la oscuridad. El diablo los
tenía presos, hasta que el Espíritu de Dios los liberó y confesaron
a Jesús como su Señor.
3. Por tanto, os hago saber que nadie que hable por el
Espíritu de Dios dice: «Jesús es un maldito», y nadie
puede decir: «Jesús es Señor», sino por el Espíritu
Santo.
a. «Por tanto, os hago saber». Algunos eruditos consideran
que el contenido de los ver- sículos 2 y 3 presenta una idea
parentética.8 Pero la fuerza del adverbio consecutivo por tanto
apunta al versículo 2 y a todo el pasaje precedente (vv. 1, 2). Si
entendemos el presente versículo (v. 3) como una conclusión,
vemos que Pablo describe la condición espiritual de los cristianos
gentiles de Corinto. Esto no quiere decir que podemos salir con
una explicación del todo satisfactoria de este versículo. Lo que
quiere decir es que en el contexto de Corinto, podemos separar
el pasado (v. 2) del presente (v. 3). Ahora Pablo habla de la vida
espiritual de los creyentes de Corinto. Dice que les hará saber
algo (cf. 15:1; 2 Co. 8:1; Gá. 1:1).
b. «Nadie que hable por el Espíritu de Dios dice: ‘Jesús es un
maldito’». Pablo equilibra lo que dice con la afirmación: «y nadie
puede decir: ‘Jesús es Señor’, sino por el Espíritu Santo». Si
Pablo sólo hubiese escrito la segunda afirmación no tendríamos
problemas. Pero como escribió las dos, la pregunta es si Pablo
se refiere a casos concretos en los que algunas personas están
de hecho maldiciendo a Jesús dentro de la comunidad cristiana.
¿Quiénes son los que maldicen a Jesús? Se han dado muchas y
variadas respuestas.
Presentaré las más comunes:
1. Líderes judíos. Los que maldicen a Jesús son judíos que
saben que Jesús murió en una cruz, por lo que le aplican el
texto bíblico que dice: «maldito de Dios el que muere colgado de
un árbol» (VP, Dt. 21:23). Cuando el pueblo judío crucificó al
Señor, lo entrega- ron a Dios esperando que su maldición lo
aniquilara para siempre. Pero cuando los cristia- nos
proclamaban el nombre de Jesús, los judíos seguían
pronunciando una maldición divina sobre Jesús.
Reaccionando al testimonio cristiano, los líderes judíos
trataban de evitar que sus com- patriotas se convirtieran al
cristianismo. Así que, en las sinagogas locales le decían a la
gente judía que maldijeran a Jesús. Cualquiera que se juntase
con un cristiano que confesara a Jesús como Señor era
considerado un pecador. En tiempos de persecución, se obligaba
a los cristianos a renunciar a Jesús como Señor y a rechazarlo
como Salvador por medio de maldecirlo.9 ¿Pero por qué aludiría
Pablo directamente a los líderes judíos de las sinagogas judías?
¿Y por qué de repente se dirigiría a los cristianos judíos, cuando
lo que hace es instruir a creyentes que habían sido paganos (v.
2)?
2. Maestros gnósticos. Otros eruditos han sugerido que Pablo
se está opo- niendo a maestros gnósticos que enseñaban un
dualismo entre lo material y lo espiritual.10 Se tenía que maldecir
el cuerpo físico de Jesús porque pertenecía al mundo material.
Sólo al Cristo espiritual había que confesarlo como Señor
exaltado. Esta propuesta asume que el gnosticismo estaba bien
arraigado en la comunidad de Corinto durante la mitad del primer
siglo. Pero las cartas que Pablo escribió a los corintios difícilmente
apoyan la idea de que el gnosticismo estaba en todo su apogeo
en Corinto. Esta suposición tendría credibilidad si se aplicara a los
hechos ocurridos a fines del primer siglo, no en tiempos de Pablo.
Además, los gnósticos sólo le atribuirían señorío a Cristo, no a
Jesús.
3. Formulación paulina. Otra sugerencia es que con la frase
Jesús es maldito, Pablo está formulando la contraparte de la
confesión genuina Jesús es Señor. Se objeta que en la sintaxis
del presente versículo (v. 3), Pablo usa el modo indicativo y
apunta a una reali- dad, no a una probabilidad.
4. El Espíritu Santo. Por último, se dice que Pablo quiere dar a
conocer el significado del concepto por el Espíritu Santo, que
ocurre dos veces, una en relación a la maldición y otra en
relación a la confesión de Jesús como Señor. La persona, sea
judía o gentil, que blasfema el nombre de Jesús, no pronunciará
su maldición por medio del Espíritu Santo. Sea judía o gentil, la
persona que confiesa el señorío de Jesús está llena del
Espíritu.11 Dado que Pablo hace énfasis en el Espíritu, sabemos
de que no está hablando acerca de un lugar específico o de un
grupo particular de personas. Subraya la ausencia o presencia
del Espíritu Santo, por quien la gente habla de Jesús. Por eso,
nos parece que esta es la expli- cación adecuada.
c. «Y nadie puede decir: ‘Jesús es Señor’, sino por el Espíritu
Santo». Pablo enseña que el creyente en quien mora el Espíritu
de Dios con gozo confiesa su lealtad a Jesús recono- ciéndolo
como Señor.
La confesión Jesús es Señor es uno de los credos más
antiguos; quizá el más antiguo del cristianismo (cf. Jn. 13:13;
Fil. 2:11). Los judíos que se convirtieron al cristianismo el día de
Pentecostés, creyeron que Dios había hecho a Jesús Señor y
Mesías (Hch. 2:36). Los gentiles convertidos abandonaban su
pasado pagano y juraban lealtad a Jesús como su Señor y
Salvador (Hch. 16:31; cf. Ro. 10:9). Cristianos de origen judío o
gentil acepta- ban a Jesús como gobernante del mundo, como
Rey de reyes y Señor de señores (1 Ti. 6:15; Ap. 1:5; 17:14;
19:16).
Algunos podrían llamar Señor a Jesús y hasta realizar valiosas
tareas en su servicio. Pero si no están llenos del Espíritu de
Dios y, por tanto, no cumplen la voluntad del Padre, Jesús los
despedirá diciéndoles: «Jamás los conocí. ¡Aléjense de mí,
hacedores de maldad!» (Mt. 7:23). Jesús ejercita su soberana
voluntad en este mundo. Sólo reconoce a los que, guiados por
su Espíritu Santo, reconocen su verdadera divinidad y que
obedientemente se someten a su autoridad.

(2) Diferentes dones, pero


todos
dados
por
Dios
12:4–6
Si los primeros tres versículos de este capítulo se entienden
como la introducción a la enseñanza acerca de los dones
espirituales y del Espíritu Santo, entonces el siguiente párrafo
es una elaboración detallada del tema. Pablo hace notar la
variedad de dones y afirma que se originan en el Dios Trino:
el Espíritu Santo, el Señor Jesucristo y Dios el Padre. Estos
dones son diversos y Dios es el dador de cada uno.
4. Hay variedades de dones, pero el mismo Espíritu. 5.
Hay variedades de ministerios, pero el Señor es el mismo.
6. Y hay variedades de actividades, pero el mismo Dios
está obrándolo todo en todos.
Si para concentrarnos en los sustantivos de estos versículos
suprimimos por un momento la repetición de las expresiones hay
variedades y pero es el mismo, descubrimos el siguiente arreglo:
Hay
varied
ades
de
dones
minist
erios

actividades,

pero el mismo Espíritu [Santo]

Señor [Jesús]

Dios [Padre]

está obrándolo todo en todos.


Podemos hacer tres pares: dones y Espíritu, ministerios y
Señor, actividades y Dios. La frase «todo en todos» sirve de
conclusión. Para decirlo de otro modo, en relación con el Espíritu
hay variedades de dones; en relación con el Señor esos dones son
ministerios; y en relación con Dios son actividades. Miremos
ahora el pasaje versículo por versículo.
a. «Hay variedades de dones, pero el mismo Espíritu».
El término variedades está en plural para revelar la forma tan
completa en que la gracia de Dios se ha propagado en el pueblo
de Dios. Quiere decir que estos dones tenían funciones distintas y
que estaban ampliamente distribuidos entre la comunidad
cristiana. De tal manera que, cada creyente tiene algún don o
dones, pero nunca los posee todos (véase 1 P. 4:10). La palabra
variedades quiere decir que la iglesia de Cristo tiene unidad y
diversidad. Pensemos, por ejemplo, en un árbol bien formado.
Aunque el árbol produce una multitud de hojas, ninguna es
igual. De la misma forma, la iglesia refleja unidad en su totalidad,
pero uniformidad en sus partes. La iglesia ha sido bendecida con
una variedad de dones que reflejan la diversidad y que
contribuyen a la unidad.
¿Qué son estos dones? En el versículo introductorio (v. 1),
Pablo mencionó los pneumatikōn (=dones espirituales), pero
ahora los llama jarismata (=dones de gracia). En este capítulo,
Pablo muestra nueve dones como ejemplos: sabiduría,
conocimiento, profe- cía, fe, sanidades, milagros, discernimiento
espiritual, hablar en lenguas, interpretación de
lenguas (vv. 8–10, 28; cf. Ro. 12:6–8). No obstante, Pablo no
intenta ser exhaustivo ni completo. De hecho, el número de
dones mencionados en el Nuevo Testamento llega sólo a unos
veinte.14
La oración hay variedades de dones se anexa a pero el mismo
Espíritu. Nótese que Pa- blo no dice del mismo Espíritu,
implicando así que el Espíritu es el único que reparte estos
dones. El hecho es que las tres personas de la Trinidad (Padre,
Hijo y Espíritu Santo) dan dones al pueblo de Dios (p. ej., Ef.
4:8). Pablo usa el adversativo pero en la segunda oración de este
versículo (v. 4) para contrastar la variedad de dones y la igualdad
del Espíritu. El Espíritu capacita a los miembros de la iglesia de
Cristo a recibir, desarrollar y aplicar estos dones en unidad.
Cualquiera sea el don, es el mismo Espíritu el que está obrando
en la vida del creyente. Dado que el Espíritu Santo está detrás de
cada don que se distribuye al pueblo del Señor, no debería darse
ningún orgullo ni división entre los corintios. El Espíritu no es
promotor de divisiones, sino de unidad.
b. «Hay variedades de ministerios, pero el Señor es el mismo».
En este versículo (v. 5), Pablo enseña que el Señor Jesucristo es
el responsable por la diversidad de dones ministeriales que hay
en la comunidad cristiana. La palabra griega diakoniōn realmente
apunta a servicios que se entregan dentro del contexto de la
iglesia. Las palabras españolas diácono y diaconado son
derivados que se empapan del espíritu de servicio al cuerpo de
Cristo. Los servicios que se prestan no tienen límite. De esta
infinita multitud voy a mencionar tres: una persona predica el
sermón, otra enseña en la escuela dominical y otra canta en el coro.
Cristo equipa a cada persona para que le sirva en adoración,
evangelización, enseñanza, consejería, administración y
gobierno.
Nadie debería jactarse de haber recibido un don más grande o
una posición más eminente que otros miembros, porque todos
los dones y posiciones los da el Señor. La noche que fue
arrestado, el Señor lavó los pies de sus discípulos y dijo: «Les he
puesto el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo he hecho
con ustedes. Ciertamente les aseguro que ningún siervo es más
que su amo, y ningún mensajero es más que el que lo envió»
(Jn. 13:15, 16). El servicio en la iglesia y en la comunidad debe
prestarse en el espíritu de Jesús, quien dota y energiza a su
pueblo con talentos y habilidades. Jesús es el mismo para cada
creyente y no muestra favoritismo alguno. Reconoce
completamente el servicio que cada uno realiza, cualquiera que
sea, cuando se hace con humildad y para él (Mt. 25:34– 40).
c. «Y hay variedades de actividades». ¿Qué son estas
variedades de actividades? La palabra griega energēmata
(«actividades») aparece dos veces en el Nuevo Testamento (vv.
6 y 10). En el versículo 6, la palabra se conecta con el concepto
de dones, mientras que en el versículo 10 quiere decir poderes
milagrosos. El español tiene palabras con esa raíz: enérgico,
energía, energético. Aquí señala a acciones que son el resultado
del poder energizante de Dios. Ilustrémoslo de esta manera:
puede que el pastor haya preparado muy bien su sermón para el
domingo, pero se comunicará bien sólo cuando Dios le conceda el
poder para predicar. El pastor depende por completo del que lo
envió para obtener poder para predicar, y reconoce que sirve a
Dios como su portavoz cuando predica en el culto del domingo.
d. «Pero el mismo Dios está obrándolo todo en todos». Dios
envía a su pueblo para que sean sus siervos en innumerables
situaciones. El reino de Dios no tiene fronteras y sus ciudadanos
residen donde sea que el Señor lo coloque. Dios pone a su pueblo en
todo sector y segmento de la sociedad, para que den a conocer su
verdad en todo lugar. Quiere que su pueblo ministre a todos los que
sufren: hombres, mujeres y niños. Les da su poder para sanar un
mundo destrozado que necesita ayuda física, emocional, espiritual y
material.
Consideraciones prácticas en 12:4–6
La comunidad cristiana tiene una variedad sorprendente e
innumerable de dones y talentos. Por ejemplo, algunos tienen
el don de hablar en público, de cantar o tocar un instrumento, de
enseñar, aconsejar, de desarrollar arte creativo o de componer
música o poesía. Sin ser entrometidos, los creyentes con
frecuencia hacen una gran contribución al bienestar de la
sociedad. Por sus talentos y habilidades, pueden liderar en
muchas áreas de la vida pública y privada.
Jesús ha colocado a su pueblo en posiciones estratégicas por
todo el mundo. Los llama a usar sus talentos para la venida de
su reino y la extensión de su iglesia. Quiere que su pueblo use
sus dones para el bien común de la humanidad. A través del
ministerio mundial de sus siervos, Jesús da a conocer su nombre
a todas las naciones, razas y pueblos en todos los idiomas del
mundo. El nombre más conocido en todo el mundo es el nombre
de Jesús.
El pueblo de Dios jamás debe usar sus talentos y dones para
su propia satisfacción e intereses particulares, aunque los
portadores de esos dones se beneficien grandemente por ellos. El
cristiano peca contra Dios y le desobedece, si permiten que
semejante egoísmo ocurra. Dios manda a sus siervos que salgan
en su nombre para servirle dondequiera que él los coloque.
Muchas veces esto requiere decidir dejar atrás parientes, amigos y
posesiones. Dios les promete darles como herencia cien veces
más en esta vida y la vida eterna (Mt. 19:29).
(3) Dones
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7. Pero a cada uno le es dada la manifestación del
Espíritu para el bien común.
Con demasiada frecuencia se cree que son los pastores, los
evangelistas y los misione- ros los únicos que han recibido dones
especiales. La gente a menudo hace una distinción entre una
ocupación secular y una sagrada. Se cree que el servicio al reino lo
realizan los que han sido ordenados para servir al Señor en
ministerios especiales.
Pablo escribe que cada creyente recibe la manifestación del
Espíritu. Como el Espíritu Santo mora en cada creyente
(6:19), hace sentir su presencia por medio de algún don. De una
forma u otra, el Espíritu Santo se revela en la vida de cada
creyente. Esto no quiere decir que cada creyente tiene sólo un
don. Por ejemplo, Pablo mismo había recibido el don de la
continencia y el de hablar en lenguas (7:7; 14:18).
La frase la manifestación del Espíritu podría ser un genitivo
objetivo o subjetivo. Si es objetivo, quiere decir una acción que
revela la presencia del Espíritu. Si es subjetivo, apunta a una
acción que el Espíritu genera. En vista del verbo pasivo es dada,
quizá debiéramos aceptar la interpretación objetiva, ya que el
verbo implica que Dios es el que da los distintos dones.15
La evidencia de la presencia del Espíritu en la vida del creyente
sirve al bien común de toda la comunidad. El Espíritu usa los
dones de cada creyente para la edificación de la iglesia (cf. Ef.
4:12), la cual es un tema que Pablo aplica más adelante a su
discusión del uso de las lenguas (14:4). La intención aquí es
promover el bien común, lo cual prohíbe que el cristiano use sus
dones para beneficio personal. Pablo no niega que un don pueda
ser de beneficio para el que lo posee,16 pero Dios confiere sus
dones a su pueblo para que todos sean edificados (14:26).
8. A uno le es dada una palabra de sabiduría mediante
el Espíritu, a otro una palabra de conocimiento según el
mismo Espíritu.
¿Cómo se manifiesta el Espíritu Santo? En los dones que Dios
reparte en su pueblo. Pablo cita un total de nueve dones
representativos (vv. 8–10), una lista que no pretende ser
exhaustiva. Es difícil de saber si trata de categorizarlos.
Los estudiosos intentan diferenciar los dones que son
temporales de los que son permanentes, los verbales de
los no verbales, los importantes de los menos importantes.
Una triple división atractiva de los dones es la siguiente:
1. Pedagógicos: sabiduría y conocimiento
2. Sobrenaturales: fe, sanidades y milagros
3. Comunicativos: profecía, discernimiento de espíritus,
lenguas e interpretación de lenguas.17
Pablo usa una variedad de palabras en el griego de los
versículos 8–10. Aparentemente, sólo se interesa en la
diversidad estilística y no en hacer distinciones. Por ejemplo, al
referirse al Espíritu usa las preposiciones mediante, según y por
sólo para variar la forma de expresión.
Además, aunque son nueve dones, al único que se le llama don
es al de sanidad (v. 9).
Por cierto que damos por sentado que Pablo hace uso de su
libertad como autor de esta carta al escoger su vocabulario.
a. «A uno le es dada una palabra de sabiduría mediante el
Espíritu». La sabiduría es el primero de los dos dones
pedagógicos. Dios da este don de sabiduría y comunica su
contenido por medio del Espíritu Santo. Literalmente, el griego
dice: «palabra de sabiduría»; otros traductores colocan: «que
hablen con sabiduría». El don tiene que ver con la habilidad de
hablar sabiduría divina, la cual los creyentes reciben a través del
Espíritu Santo (cf. 2:6, 7). Se contrasta la sabiduría divina con la
humana (1:17, 20, 25).
En Jesús se cumplió la profecía de Isaías, quien decía que el
Espíritu de sabiduría descansaría sobre el Mesías (Is. 11:2). Jesús
creció en sabiduría (Lc. 2:52). Esteban estaba lleno de sabiduría y
del Espíritu (Hch. 6:10), siendo un ejemplo de cómo Jesús cumplió
su promesa de que daría sabiduría a sus discípulos. Por último,
Santiago le dice a sus lectores que si alguno tiene falta de
sabiduría, debe pedírsela a Dios, quien la imparte con
generosidad sin reprochar ninguna cosa (Stg. 1:5). Los
creyentes deben con fe pedir sabiduría, y Dios se las dará.

b. «A otro una palabra de conocimiento según el mismo


Espíritu». El segundo don pedagógico es el conocimiento. En
esencia, se trata de «un conocimiento íntimo y personal de Dios
que no depende del intelecto sino del amor, que depende del
conocimiento que Dios tiene del hombre».18 El término denota
afinidad y apunta a una relación personal que existe entre Dios y
el redimido en Cristo. Dios imparte este conocimiento por medio
de su Espíritu y debe usarse dentro de la comunidad cristiana
para el beneficio de todos sus miembros. Se expresa en el
saber, entender y explicar al pueblo la revelación de Dios en la
Escritura y en la creación.
Sabiduría y conocimiento son dones que se traslapan. 19 Aquí
Pablo los coloca juntos y alude a una discusión anterior sobre
estos dos temas (2:6–16). A lo largo de esta carta, Pablo usa
repetidamente la palabra conocimiento,20 cuyo significado varia
según el contexto.
9. A otro le es dada fe por el mismo Espíritu y a otro
dones de sanidad por un solo Espíritu.
a. «A otro le es dada fe por el mismo Espíritu». El tercer don es
la fe. Junto con los milagros y las sanidades, pertenece a la
categoría de dones sobrenaturales. Como todo verdadero
creyente tiene fe en Jesucristo, Pablo no se refiere a la fe
salvadora. Más bien se refiere a la convicción completa y firme de
que Dios va a realizar un milagro.
Jesús les dijo a sus discípulos que si tenían fe como un grano de
mostaza, podrían mover montañas (Mt. 17:20; 1 Co. 13:2). Con la
llegada de Pentecostés, los apóstoles mostraron tener esa fe. Por
ejemplo, Pedro y Juan valientemente se opusieron a los miembros
del Sanedrín, predicaron el evangelio y en el nombre de Jesús
sanaron a un lisiado (Hch. 3:1–4:2). Pablo obedeció la palabra de
Jesús que lo enviaba a testificar en Roma (Hch. 23:11). La fe de
Pablo no vaciló cuando vino una tormenta en el Mar Mediterráneo
y todos los que estaban abordo del barco perdieron toda
esperanza de conservar la vida. Por el contrario, animó a la
tripulación y a los pasajeros diciéndoles que confiaran en Dios,
porque todos estarían a salvo y lograrían llegar a una de las islas
(Hch. 27:23–26, 34).
Un número incontable de creyentes ha demostrado su
confianza en Dios, y su fe ha sido recompensada en formas
milagrosas. El autor de Hebreos presenta una lista de los héroes
de la fe del Antiguo Testamento (Heb. 11), la cual tiene su
contraparte no escrita en los tiempos del Nuevo Testamento.
Aquel autor pasa por alto la fe de Elías, pero Santiago menciona
su nombre y dice que era un hombre como cualquiera de
nosotros (Stg. 5:17, 18). Por lo tanto, el don especial de la fe no
se limita a un profeta del Antiguo Testamento ni a un apóstol del
Nuevo.
b. «Y a otro dones de sanidad por un solo Espíritu». Los
dones de la fe y de sanidad están íntimamente relacionados.
Santiago escribe que la oración de los ancianos de la iglesia que
oran con fe sanará al enfermo (Stg. 5:14, 15). Cuando los
ancianos reclaman las palabras escritas por Santiago y confían
que Dios oirá su oración ferviente, con frecuencia se produce el
milagro de la sanidad. No obstante, es bueno que digamos dos
palabras de cautela: primero, los ancianos no deben suponer
que han recibido en forma permanente un don que los capacita
para sanar a cualquier miembro de la iglesia que esté enfermo.
Segundo, a pesar de oraciones elevadas con fervor y fe, Dios
puede decidir que no va a devolverle a alguien la salud y fuerza
que antes tenía.

En los primeros años de la iglesia cristiana, no sólo los


apóstoles sino que también los diáconos recibieron la habilidad
de sanar. En aquel tiempo, los apóstoles sanaron a todos los
enfermos que acudieron a ellos (Hch. 5:16b). Pedro sanó a la
gente tocándolas con su sombra (Hch. 5:15, 16). Esteban y
Felipe hicieron milagros de sanidad en Jerusalén y Samaria (Hch.
6:8; 8:6, 7). En la ciudad de Listra, en Asia Menor, Pablo sanó a
un cojo (Hch. 14:8–10) y, sin embargo, él mismo estaba
afligido de una dolencia que él llamaba una espina en la
carne. Aunque Pablo le rogó al Señor que lo sanara, Jesús le
respondió: «Te basta con mi gracia, pues mi poder se
perfecciona en la debilidad» (2 Co. 12:9).
Además, en sus epístolas Pablo admite indirectamente no
haber podido sanar a Epafrodito (Fil. 2:27), a Timoteo (1 Ti.
5:23) o a Trófimo (2 Ti. 4:20). ¿Por qué el Señor no le dio a
Pablo la habilidad de sanar a sus amigos? La respuesta está en
el fin para el cual se sana un enfermo. El Nuevo Testamento
enseña que las sanidades por lo general se realizaban para
fortalecer la fe y ampliar el círculo de creyentes. En
algunas circunstancias, Dios no sanará a un enfermo para sólo
promover su bienestar físico.
Hoy en día los creyentes no poseen el don de sanidad que los
apóstoles tenían en el tiempo de la naciente iglesia del Nuevo
Testamento. En nuestra época cuando los creyentes oran con fe y
esperan una respuesta divina, por lo general no se produce
ninguna sanidad. Dios puede elegir sanar a una persona
mediante la medicina y los cuidados físicos o no sanarla de
ningún modo. Los creyentes que oran por los enfermos y ven que
la oración los sana, no deberían jactarse de que tienen el don de
sanidad. Ningún cristiano puede reclamar tener un don en forma
permanente, sino que debe darle a Dios toda la gloria y el honor
por sanar a los enfermos. Cuando no hay respuesta inmediata,
los creyentes deben seguir orando y no deben dejar de pedir
ayuda en tiempos de necesidad (Heb. 4:16).21 La sanidad se
produce porque Dios responde a las oraciones que los creyentes
elevan con fe. Los creyentes reconocen que Dios hace el milagro
de sanar al enfermo como respuesta a la oración. Los creyentes
oran sabiendo que «la oración del justo es poderosa y eficaz»
(Stg. 5:16b).
10. Y a otro le son dadas actividades que producen
milagros, a otro profecía, y a otro el distinguir espíritus, a
otro diferentes tipos de lenguas, a otro interpreta- ción de
lenguas.
a. «Y a otro le son dadas actividades que producen
milagros». Este es el tercer don de la lista de dones
sobrenaturales. Si el don de sanidad es un don transitorio, lo
mismo sucede con el don de hacer milagros. A lo largo de la
Escritura, los milagros son actos sobrenaturales que ocurren en
forma contraria a las leyes de la naturaleza. Dios interviene
temporalmente en la naturaleza mediante un milagro. El hombre
es el instrumento y Dios es quien lo realiza.
El Antiguo Testamento nos informa de que, por medio de
Moisés, Dios realizó milagros antes y durante el éxodo de
Egipto.22 Después del éxodo, el sol se detuvo cuando los
israelitas conquistaron Canaán (Jos. 10:13). Cuando Elías y
Eliseo sirvieron al Señor como profetas, ocurrieron muchos
milagros.23 Los tres amigos de Daniel caminaron sin ser
destruidos por las llamas del horno, y Daniel mismo estuvo a
salvo en la cueva de los leones (Dn. 3:19–27; 6:16–23).

En el Nuevo Testamento, el ministerio terrenal de Jesús se


caracterizó por numerosos milagros que iban desde las
sanidades, exorcismos y resurrecciones, hasta la alimentación
de multitudes. Durante el ministerio de Jesús ocurrieron más
milagros que en cualquier otro período de la historia bíblica. El
milagro supremo de la resurrección de Jesús fue seguido por su
ascensión. Aparte de narrar sanidades, una ceguera temporal, un
exorcismo y resurrecciones, el libro de Hechos sólo relata los
milagros de la liberación de los apóstoles de la cárcel (Hch.
5:19; 12:6–10; 16:22–28).
Cuatro observaciones son pertinentes: Primero, cuando
Pablo escribe que los milagros son parte de los dones
sobrenaturales (véase también vv. 28, 29), no insinúa que cada
creyente recibe el poder para hacer milagros. Más bien explica
que el don de hacer milagros era una de las marcas distintivas
de un apóstol (2 Co. 12:12). Segundo, el Nuevo Testamento
enseña que en la iglesia apostólica, Dios obró milagros
solamente para confirmar el mensaje del evangelio (Hch. 6:8;
8:7; 13:6–12; Heb. 2:4). Tercero, de cuando en cuando los
dones de efectuar sanidades y de hacer milagros parecieran
traslaparse en el Nuevo Testamento,24 aunque se debe hacer una
distinción entre milagros en la natura- leza y aquellos que tienen
que ver con el cuerpo humano. Por último, pareciera que a fines
de la era apostólica los milagros en la naturaleza llegaron a su
fin.
b. «A otro profecía». El don de profecía ocupa el primer
lugar entre los dones de comunicación, seguido por el
discernimiento de espíritus, las lenguas y la interpretación de
lenguas. ¿Cuán importante era la profecía en la iglesia cristiana
primitiva y especial en Corinto? En un capítulo anterior (11:4, 5),
Pablo declaró que un hombre que ora y profetiza no debería
hacerlo con la cabeza cubierta. En cambio, la mujer debe cubrirse
la cabeza cuando ora y profetiza en el culto público. Pablo parece
sugerir que el orar y el profetizar van de la mano (1 Ts. 5:17–
20), pero no coloca la oración dentro de los dones espirituales.
Para ser exactos, cuando habla de los dones menciona la
profecía y el hablar en lenguas, lo que en un sentido es como
orar (cf. 14:13–17). «La profecía y la oración no son la misma
cosa, pero están muy conectadas».25
El presente pasaje afirma que no todos los creyentes reciben
el don de profecía, sino que Dios lo distribuye entre su pueblo.
Dios controla a la persona que ocasionalmente le sirve como
portavoz, sea para predecir (p. ej., Agabo, Hch. 11:28; 21:11) o
con más fre- cuencia para revelarle a la iglesia la voluntad de
Dios (Ef. 4:11).26 Pablo escribe que algunas personas de la
iglesia de Corinto reciben una revelación de Dios para instruir y
animar a los creyentes (véase 14:30). Con todo, Pablo dice que
las afirmaciones proféticas que declaren están sujetas al
concienzudo examen de otros (14:32). Con esto da ha entender
que los profetas no están por sobre la iglesia, sino que son
miembros de su comunidad cristiana y están sujetos a ella. La
congregación debe examinar las declaraciones proféticas a la luz
de las Escrituras, así como los hermanos de Berea examinaron
con cuidado las enseñanzas de Pablo para determinar si eran
verdaderas (Hch. 17:11). La Escritura es la norma para los
profetas y la iglesia.
Al darnos el último libro del Nuevo Testamento, Dios completó
el canon de la Escritura (Ap. 22:18, 19) y ya no entregó más
revelación canónica. Antes de cerrar el canon, las profecías
predictivas tenían un significado transitorio (cf. Hch. 11:28;
21:11). Había profetas que no predecían sino que explicaban y
enseñaban las Escrituras exhortando a los miembros de la
iglesia.27
c. «Y a otro el distinguir espíritus». Esta breve oración
introduce el segundo de los dones de comunicación. Este don
está conectado con el don de profecía. Pablo declara que
algunos creyentes han recibido el don de distinguir espíritus. En
otro pasaje (14:29), afirma que las profecías deberían ser
examinadas y evaluadas. Pero estos dos pasajes no tienen el
mismo significado y no deberían usarse para explicar uno con la
ayuda del otro.28
Uno puede discernir el poder e influencia de los espíritus
poniendo atención a sus palabras, obras y apariencia. Primero,
el diablo comunica información falsa. Presentándose como ángel
de luz (2 Co. 11:14), Satanás engañó a Eva con un mensaje
distinto al que Dios le había entregado a su esposo (Gn. 2:16,17;
3:1, 4, 5). El profeta Micaías le reveló a los reyes de Israel y Judá
que un espíritu de mentira había hablado por boca de todos los
profetas de Israel (1 R. 22:21–23; 2 Cr. 18:20–22). Jesús discernió
que era Satanás quien le hablaba, cuando Pedro le reprochó
haber dicho que tenía que morir (Mt. 16:23). Pablo identificó a
Bar-Jesús como hijo del diablo (Hch. 13:10) y después pudo
percibir que la predicción de la joven esclava eran palabras
emitidas por espíritus malignos (Hch. 16:18). Por último, a causa
del mensaje de falsos profetas, Juan tuvo que aconsejar a sus
lectores que pusieran a prueba los espíritus (1 Jn. 4:1–3).
Segundo, Satanás y sus huestes son capaces de hacer
milagros. A fin de engañar a la gente, Satanás realiza «toda clase
de milagros, señales y prodigios falsos» por medio del hombre de
maldad (2 Ts. 2:9, 10). Jesús predijo que en los últimos días
falsos cristos y profetas harán grandes milagros para, si fuera
posible, engañar a los elegidos (Mt. 24:24). La bestia que sale de
la tierra habla como Satanás, ejerce toda autoridad, realiza
milagros, hace descender fuego del cielo y engaña a la gente que
vive en la tierra (Ap. 13:11–14).
Finalmente, el diablo se introduce en la comunidad cristiana
por medio de falsos maestros (Jd. 4; 2 P. 2:1, 2). Cuando la
conducta de algunas personas difiere de las normas prescritas en
la Escritura, los que tienen el don de discernimiento deben
levantarse para separar la verdad de la mentira. Como analogía
podríamos mencionar al cajero de un banco, que sabe detectar
dinero falso por el sólo hecho de conocer muy bien el verdadero.
Cuando aparece un billete o moneda falsa, el cajero lo detecta de
inmediato. De la misma forma, personas que tienen el don de
discernimiento están llenas del Espíritu Santo y en forma
instantánea reconocen el espíritu de falsedad. Así como el cajero
usa sus talentos para el bienestar del banco, del mismo modo el
hombre espiritual usa el suyo para proteger a los creyentes.
d. «A otro diferentes tipos de lenguas, a otro
interpretación de lenguas». Los últimos dos dones de
comunicación, junto con el de profecía, parece que eran causa
de considerable controversia en Corinto. En la última sección
del presente capítulo (vv. 28, 30) Pablo repite la lista de dones y
después dedica un capítulo (14) completo a ellos.
La palabra lengua puede apuntar a un idioma conocido (Hch.
2:6, 8, 11) o a la glosolalia (1 Co. 14:2, 4, 28). En esta carta, la
palabra puede tener cualquiera de esos dos significados,
dependiendo del contexto. En una ciudad comercial como
Corinto, había gran demanda de traductores por la abundante
presencia de visitantes internacionales de resi
dentes temporales que hablaban varios idiomas. Por otra parte, la
congregación de Corinto también experimentaba el fenómeno del
hablar en lenguas. La glosolalia se refiere a un acto de adoración a
Dios. En el caso que estuviesen presentes otros creyentes, para su
beneficio debía interpretarse el mensaje. Para promover la reverencia
en el servicio públi- co, Pablo exigía que el hablar en lenguas fuese
edificante, ordenado y controlado.
Notemos que Pablo escribe la expresión tipos de lenguas.
Esto apunta tanto a una va- riedad de idiomas conocidos (14:9,
10) como a la glosolalia. El apóstol atribuye todas es- tas
lenguas y su interpretación a la obra del Espíritu Santo (vv. 7,
11). De este modo, in- dica que el Espíritu le da al que [P. 464]
interpreta las lenguas la habilidad de entender- las y de
comunicar el significado de lo que se dice.29
11. El único y mismo Espíritu hace todas estas cosas,
repartiéndolas a cada uno individualmente como él
quiere.
a. «El único y mismo Espíritu». A lo largo de los primeros once
versículos de este capí- tulo, Pablo subraya la obra del Espíritu
Santo. Afirma que una confesión genuina del seño- río de Cristo
sólo puede venir del Espíritu Santo (v. 3). Aunque todas las
personas de la Trinidad dan dones espirituales, ahora Pablo da a
entender que estos dones se canalizan a través del Espíritu. De
esta manera, hace notar que el Espíritu es el agente (v. 4). A
me- nudo coloca la expresión el mismo delante de Espíritu (vv.
4, 8, 9), y en este último versí- culo es aun más descriptivo,
diciendo «el único y mismo Espíritu». Pablo recalca que cada uno
de los nueve dones tiene su origen en el Espíritu Santo. Implica
que el Espíritu prohí- be que quienes reciben estos dones se
jacten como si fueran superiores o merecieran re- conocimiento.
b. «El … mismo Espíritu hace todas estas cosas». El Espíritu es
la fuente de los dones y el poder que energiza a los creyentes.
Es él quien respalda esos dones y capacita a quie- nes los
reciben para usarlos con eficiencia para el bien de la comunidad
(1 P. 4:10).
c. «Repartiéndolas a cada uno individualmente como él
quiere». Ninguna persona en la comunidad cristiana recibe todos
los dones ni nadie está sin siquiera uno. Pablo afirma con claridad
que el Espíritu Santo reparte a cada uno en la iglesia cristiana. A
uno le da un don, a otro le da otro. El Espíritu no pasa por alto a
nadie, de manera que la totalidad de talentos en la iglesia
constituye una rica reserva de habilidades y destrezas.
d. «Como él quiere». Con esta última oración, Pablo enseña
que el Espíritu Santo no es sólo un poder impersonal, sino una
persona con identidad divina. El Espíritu ejerce su pre- rrogativa
de determinar y distribuir los dones individuales a los creyentes,
aunque el cris- tiano tiene el privilegio de orar y pedirlos. El
Espíritu de Dios sabe lo que la iglesia necesita y, por tanto,
distribuye sus dones sabia y efectivamente.

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