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El Fabricante de Risas - Nodrm

El documento habla sobre Bli, un anciano que fabrica risas de diferentes colores y sonidos para diferentes estaciones. Bla visita a Bli buscando una cura para su esposo Blu, quien se pone triste cada otoño. Bli propone una cura que involucra convertir a Blu en una mariposa, pero a Bla no le gusta esta idea.

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El Fabricante de Risas - Nodrm

El documento habla sobre Bli, un anciano que fabrica risas de diferentes colores y sonidos para diferentes estaciones. Bla visita a Bli buscando una cura para su esposo Blu, quien se pone triste cada otoño. Bli propone una cura que involucra convertir a Blu en una mariposa, pero a Bla no le gusta esta idea.

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Title : El fabricante de risas


Author: Alicia Morel
ISBN : 978-956-12-2925-9
Description: "Arien, un joven que pertenece a las tribus de la Gente Pequeña, se ha
asociado con Bli, un anciano de barbas largas y algo sabio, que se dedica a
fabricar risas para llevar la paz a los lugares más oscuros del gran bosque. Hay
risas de primaveras y de invierno, las hay de polvo de alas de mariposas y también
algunas con una pizca de natre; las hay de todas las clases y para todos los
habitantes, ya que nunca se sabe realmente cuándo se puedan necesitar. Una alegre
historia con personajes característicos del imaginativo de esta famosa autora, y
sin duda, una muestra de su gran talento. Este libro fue seleccionado en la Lista
de Honor de Ibby Chile 1978."

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[image "fabricante_risas_800" file=../Images/fabricante_risas_800.jpg] [image


"portadilla3" file=../Images/portadilla3.jpg] 1ª edición: mayo de 2016.

ISBN Edición Impresa: 978-956-12-2738-5.

ISBN Edición Digital: 978-956-12-2740-8.

Gerente editorial: Alejandra Schmidt Urzúa.

Editora: Camila Domínguez Ureta.

Director de arte: Juan Manuel Neira Lorca.

Diseñadora: Mirela Tomicic Petric.

© 2014 del texto, Alicia Morel Chaigneau.

Inscripción Nº 119.797. Santiago de Chile.

© 2013 de la edición, Empresa Editora Zig-Zag, S.A.

Inscripción Nº 234.452. Santiago de Chile.

Derechos exclusivos de edición reservados por


Empresa Editora Zig-Zag, S.A.

Editado por Empresa Editora Zig-Zag, S.A.

Los Conquistadores 1700. Piso 10. Providencia.

Teléfono 56 2 28107400. Fax 56 2 28107454.

E-mail: [email protected] / www.zigzag.cl

Santiago de Chile.

El presente libro no puede ser reproducido

ni en todo ni en parte, ni archivado ni transmitido

por ningún medio mecánico, ni electrónico, de grabación,

CD-Rom, fotocopia, microfilmación u otra forma

de reproducción sin la autorización de su editor.

ÍNDICE

Los tiritones de Blu

El socio de Bli

El vendedor de sonrisas de azúcar

Los pequeños elfos

Sonrisas de nidos

Las sendas perdidas del bosque

El Duende del Roble visita a Trumao

Conversación en el avellano

La reunión en el roble

Confusión y claridad

Glosario

LOS TIRITONES DE BLU

Bla, Bli y Blu pertenecían a la gran tribu de la Pequeña Gente, que vive bajo
hierbas y matorrales en los bosques
húmedos. Son invisibles a los ojos humanos; cuando campesinos o niños invaden los
lugares secretos en que habitan, toman la forma de hongos o líquenes de esos que
bordan los troncos de los árboles.

Una mañana, al caer la primera hoja en el Gran Bosque, un escalofrío recorrió la


espalda de Blu.
–No me digas que ya se acerca el otoño –tiritó.

Su compañera, la dulce y habladora Bla, protestó:

–No me digas que vas a quejarte por cada hoja que cae.

–¡Ay! Cada hoja me da un pellizco en la espalda.

–¡Qué manera de exagerar! Piensa en los brillos del verano, sus rayos pinchan gotas
de rocío y saltan colores.

Bla habló largo rato contando los placeres del verano:

–Uno, el columpio del viento; dos, los baños en las pozas de agua; tres, las
frutillas silvestres; cuatro…

Blu sonrió tres veces y fue como despedirse del sol.

–Ay, no sigas; es demasiado perder el cuatro durante el largo invierno.

Al ver la cara nublada de su esposo, Bla salió a dar un paseo.

–Visitaré a Bli –anunció abriendo la puerta de la casa-calabaza en que vivían.

Se alejó bajo las hierbas con pequeños “pasos de ganso”, es decir, balanceándose de
lado a lado y poniendo las manos sobre su cabeza. Cada vez que Blu empezaba a
quejarse, Bla salía a pasear dando “pasos de gansito” para echar a un lado penas y
preocupaciones. Hasta lo resfríos mejoraban con esta manera de caminar. De repente,
algo cruzó por delante de ella en el sendero: una sombra rápida que giró en seguida
y agitó alas detrás suyo, ocultándose. Bla se dio vuelta con rapidez y sorprendió a
Piti, el tordo de las cien melodías.

–¡Ea, ea! ¿Por qué te escondes?

–¡Ea, ea! Porque no quiero decirte adiós –replicó el pájaro, haciendo vibrar sus
plumas negras.

–¡Ea, ea! ¿Acaso te vas de viaje?

–Cuando se acaban los frutos del verano me voy al norte a picar algarrobas* y
tamarugos*.

–Por favor, antes de irte anda a cantarle a Blu, que se pone triste cuando se
anuncia el invierno. Pero no le digas adiós; dile: ¡ea, ea, hasta otro día!

–¿Y por qué no emigra, como yo, que voy detrás del sol?

–Es una buena idea, pero tampoco le gusta viajar. Ea, te regalaré la mitad de mi
cosecha de maíz si durante una semana vas a cantar junto a mi casa-calabaza.

–Es mucho tiempo; si Blu se acostumbra a mis cantos, después me echará de menos y
se pondrá más triste. No me gustan las despedidas.

–Tienes razón, a mí tampoco. Voy donde el anciano Bli, a ver si me da un remedio


para Blu.

–¡Ea, ea! –gritaron ambos al mismo tiempo.

Y ese fue su adiós. El tordo dejó un rastro de melodías tras él. Bla ya no siguió
dando pasos de ganso, porque la música alivió sus preocupaciones.

El mago Bli vivía al otro extremo del bosque, en una especie de cabaña de hojas
secas. Era muy anciano; usaba un gorro puntiagudo y, al caminar, se pisaba la
blanquísima barba con sus babuchas puntudas. Bla oyó sus risas desde lejos. Al
acercarse, vio que Bli echaba risas de distinto colorido en pequeños frascos de
cristal: rosadas, de primavera; rojas, de verano; amarillas, de otoño, y azules, de
invierno.

Por cierto, sonaban de manera muy diferente:

Tin-tin-tin, las rosadas;

jo-jo-jo, las rojas,

cra-cri-cra, las amarillas, y

tiri-tiri-tiri, las tiritonas azules.

–¡Ea, ea! –saludó Bla, riendo al contagiarse con las risas que embotellaba Bli.

–¡Ea, ea! –contestó el anciano Bli entre carcajadas, y explicó–: Estoy en plena
tarea, fabricando mis conservas.

–Ya lo veo y lo oigo. Las risas son tus mermeladas –gritó Bla, sin parar de reír.

–¿A qué se debe tu visita?

–Busco un remedio para Blu. Le ha vuelto su pena de otoño.

–Malo, malo. ¿Qué remedio te di el año pasado?

–Le llevé un frasco azul con risas


invernales. Le hizo bien durante un tiempo, pero este año la enfermedad le volvió
con más fuerza. Le duele cada hoja que cae.

–Mmm… Tendremos que probar con un frasco rosado, entonces. Veremos si las risas
primaverales lo sanan de una vez.

–¿No sería bueno mezclar todas las risas en un solo frasco?

–Podría ser peligroso, hasta podría morirse de risa con un remedio tan fuerte.

–Tú eres el que sabe. Haz la mezcla que creas conveniente, porque cada año Blu está
peor.

Bli se puso a pensar, riendo bajito, mientras mezclaba sonrisas de primavera


con carcajadas otoñales. De pronto, se quedó en silencio, lo que significaba que
había descubierto algo diferente: una risa que aún no había embotellado. Miró a su
alrededor, como buscando el material de una nueva alegría y murmuró algo así como
“espero que aún estemos a tiempo”. En seguida, dejando frascos y vasijas, echó a
correr hacia lo más espeso del bosque. Todo sucedió tan rápido, que Bla se quedó
con la boca abierta. Pasó mucho rato; Bla cerró poco a poco la boca… Solo se
escuchaban las burbujas de los frascos que Bli aún no había tapado. Cansada, Bla se
sentó en un piso de tres patas en la pequeña cabaña de hojas secas, y se durmió. En
el sueño vio a Bli rodeado de miles de mariposas que dejaban caer sobre la cabeza y
el traje del anciano, una nube del brillo dorado de sus alas.
[image "P_14" file=../Images/P_14.png] Empezaba a oscurecer cuando Bla
despertó al sentir unas risas como cosquillas en los oídos. Delante de ella, Bli
alzaba un frasco lleno de chispas doradas.

–Descubrí la gran solución: ¡el sueño de las mariposas!

–Yo también tuve ese sueño mientras te esperaba –exclamó Bla, brincando.

–Quiere decir que estamos conectados –rió Bli–. Le darás a Blu una cucharadita en
la mañana y otra en la noche; así se convertirá en crisálida y no despertará hasta
la primavera.

–¿Qué quieres decir? Mi sueño no


llegaba a tanto.

–Quiero decir que con este filtro de alas de mariposa, Blu se convertirá en
mariposa.

–Pero… ¡No quiero que se convierta en mariposa! Blu me gusta tal como es, con sus
ojos redondos, su nariz puntuda y su boca grande.

–No veo otra manera de que tu marido vuelva a estar alegre. Hay personas que no
resisten los días oscuros, y una de esas es Blu. Creo que la solución para él es
dormir todo el invierno, como hacen las mariposas, y despertar en primavera
convertido en una alegre y hermosa criatura.

–Pero no para mí –alegó Bla muy molesta, alejándose por donde había venido. Esta
vez iba golpeando el suelo con sus pequeños zuecos de madera de nuez.

Bli se encogió de hombros y guardó el brillante frasco en su alacena.

–¿A quién le servirán estas risas? ¡A sapos y arañas! –reflexionó.

Se divirtió imaginando las anchas bocas de los sapos y los ocho ojos de las arañas;
entonces, para no desvelarse, se comió un trozo de nuez, bebió un poco de néctar
azucarado y se acostó en seguida en su crujidora cama de hojas de maíz.

Bla llegó de noche a su casa-calabaza y encontró a Blu debajo de la cama,


tiritando.

–¿Qué te pasa ahora? –preguntó con tono preocupado.

–¿Me traes algún remedio, Bla?

–No. Bli inventó un remedio absurdo: convertirte en mariposa para que duermas todo
el invierno en forma de crisálida.

–No me importa convertirme en mariposa, con tal de no tener esta pena tiritona.

–¿No te das cuenta de que te quiero como eres? Mira, estoy segura de que Bli te va
a preparar una medicina adecuada, como buen amigo nuestro que es.

–Así lo espero. Mientras estabas ausente, se asomó por la puerta una enorme sombra,
que casi me devoró con sus ojos vacíos.

–Uy, debe haber sido Piti, el tordo, que venía a cantarte su más bella melodía: la
que entona en primavera.
–Lo siento, solo escuché un espantoso crujido, como de mil hojas secas pisadas por
un gigante.

–No pones atención a lo bello y agradable. Todo se vuelve terrible para ti. Ea, ea,
vamos a dormir; estoy cansada y la noche es un gran consuelo para los que están
afligidos.

Apenas pusieron las cabezas en sus almohadas de musgo, se durmieron hasta el otro
día.

En su pequeña cabaña de hojas secas, Bli dormía también, arrullado por las burbujas
de las risas embotelladas y por el crujir de hojas de su cama. Ninguna preocupación
arrugaba su sueño. Despertó sobresaltado, con el primer rayo de sol, que cayó
precisamente sobre su cabeza.

–¿Qué pasa? –exclamó al abrir los ojos y encontrarse ciego con la fuerte luz que lo
alumbraba.

Pero como la luz es silenciosa, contestó, corriéndose sobre la almohada como un


abanico dorado. Al verla, Bli se golpeó la frente con ambas manos, dando un grito
de felicidad:

–¡Ya tengo el remedio para Blu!

De un salto atrapó el abanico luminoso y lo metió en un frasco, el más pequeño, que


aún tenía vacío. Imposible imaginar cómo brilló el interior de la cabaña y se
calentó el aire igual que con una estufa. Dando alegres saltos, Bli corrió por el
sendero del bosque hacia la casa-calabaza de Blu y Bla. Llevaba el frasco en sus
manos y a su paso se iluminaban los rincones donde aún reinaba la oscuridad; sapos
y cucarachas abrían los ojos sobresaltados. No tardó en perseguirlo una nube de
mosquitos, mariposas y otros insectos aficionados a la luz. Una fiesta de aleteos y
zumbidos llegó junto a él a la casa-calabaza, donde todavía dormían Blu y Bla.
Golpeó con impaciencia. Bla se sentó en la cama y Blu se metió hasta el fondo del
capullo en que dormía.

–¿Qué pasa? ¿Quién llama tan temprano? –gritó ella, tratando de ponerse su capa
roja con puntos blancos.

–¡Ea, ea, soy yo! ¿Puedo entrar? –gritó Bli a su vez, empujando la puerta sin
esperar contestación.

Bla chilló de sorpresa al ver que su casa-calabaza se iluminaba entera. Blu se


asomó un poco y, al ver tanto brillo, lanzó una risa nerviosa. Pronto los tres
reían sin parar, bailando en torno al pequeño frasco de luz.

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