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2 Leyendas, 2 Fabulas, 2 Anecdotas, 2 Cuentos

Este cuento presenta tres historias cortas. La primera trata sobre un niño llamado Faón que transporta a una mendiga a través del mar, quien resulta ser la diosa Venus disfrazada. La segunda historia es sobre un zapatero feliz a pesar de su pobreza, cuya felicidad desaparece cuando recibe dinero de un banquero rico. La tercera historia es una fábula sobre un perro, un gallo y una zorra, donde el perro protege al gallo de la zorra.

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Este cuento presenta tres historias cortas. La primera trata sobre un niño llamado Faón que transporta a una mendiga a través del mar, quien resulta ser la diosa Venus disfrazada. La segunda historia es sobre un zapatero feliz a pesar de su pobreza, cuya felicidad desaparece cuando recibe dinero de un banquero rico. La tercera historia es una fábula sobre un perro, un gallo y una zorra, donde el perro protege al gallo de la zorra.

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Leyenda

Leyenda del pescador y la diosa


Vivía en la isla griega de Lesbos, un muchacho llamado Faón, que se ganaba la
vida transportando viajeros y mercancías en su barca.

Estaba un día Faón junto al embarcadero de la isla, cansado de las faenas de la


jornada, cuando una pobre mendiga, desastrada y con evidentes muestras de no
poder pagarle el viaje, le pidió que la condujese hacia Asia Menor.
– Sube, mujer. Te llevaré de buen grado.

A Faón le había conmovido su aspecto y, olvidándose de su cansancio, hizo


navegar su barca con una ligereza asombrosa. De este modo, poco después
llegaban a la costa de Asia. Una vez allí Faón sacó de su bolsillo la mayor
moneda que tenía y la entregó a la mendiga para que pudiera continuar el viaje.

– Gracias, muchacho. Y para que veas mi agradecimiento, toma este obsequio.


Se trataba de un vaso del perfume más extraordinario que jamás había llegado a
oler. Y con aquel perfume misterioso en las manos, Faón quedó conmovido y
atrapado por una fuerza que parecía embriagarle el corazón. Y tras esto, el
humilde pescador comprendió que había llevado en su barca a la mismísima
Venus, la diosa del amor.

Leyenda corta: El zapatero feliz


Todavía perdura el recuerdo, en una ciudad de Europa, de un alegre zapatero.
Era, probablemente, una de las personas más felices de la tierra a pesar de su
gran humildad.
Un día el zapatero fue visitado por uno de sus vecinos, un banquero muy rico, que
al observar la gran alegría del zapatero entre tanta miseria, no pudo dejar de
preguntar:

 Señor zapatero, si no es molestia, ¿podría decirme cuánto gana usted con su


humilde trabajo?
 Es tan poco dinero, señor, que hasta vergüenza me da decirlo, no se lo tome a
mal. Pero dicho dinero me da cada día el pan de mis hijos, y a mí me basta con
terminar decentemente el año, aunque tengamos que privarnos, lamentablemente,
de muchas cosas. – Respondió el zapatero orgulloso.
Aquella excelente y positiva actitud dejó muy sorprendido al banquero que, poco
después, dijo muy conmovido:
 Señor zapatero, tome usted estas monedas de oro que le ofrezco
desinteresadamente, y guárdelas con esmero para cuando las necesite de verdad.
A partir de entonces la actitud del zapatero cambió, con motivo de sentirse
poseedor de una de las mayores riquezas del mundo. Aquella riqueza exigía
mucho del zapatero, ya que al haber escondido bajo el suelo de su casa las
monedas de oro, era incapaz de descansar y vivir con normalidad. El zapatero
había enterrado sin saberlo al mismo tiempo el dinero y su alegría y buen humor,
siendo desde entonces huéspedes de su casa, el miedo, la desconfianza, el
insomnio y la inquietud. El menor ruido durante la noche, le hacía llenarse de
temor ante un posible robo y sus consecuencias.
Hasta que un día, cansado el zapatero de su nueva vida, fue a visitar a su vecino
banquero:
 Oiga, amable señor; quiero devolverle todo su dinero, pues mi mayor deseo es
vivir como lo hacía antes.
Y, de esta sencilla forma, el zapatero recuperó su alegría.
FABULAS
El perro, el gallo y la zorra
Hace muchísimos años, un perro y un gallo se pusieron de acuerdo para abandonar
el triste lugar en el que vivían y viajar por todos los rincones del mundo. Cansados
de caminar llegaron a un gran árbol, en el cual el gallo se encaramó a lo más alto
para dormir más tranquilo y el perro se quedó recostado a los pies de tan magnífico
tronco.

Tal y como todos los gallos hacen nada más ver un pequeño rayo de sol,
nuestro gallo se puso a cantar enérgicamente para anunciar la llegada de un nuevo
día. Escuchó tan melodioso cántico una zorra y en un abrir y cerrar de ojos se plantó
a los mismos pies del árbol. Localizado el objeto de su deseo, le gritó desde abajo
que deseaba poder verle más de cerca y besar la cabeza del intérprete de tan
encantadora melodía. Una invitación a la que contestó el gallo, que antes de bajar,
hiciera el favor de despertar al portero que había debajo del árbol.

Antes de que la zorra pudiera decir nada, el perro se lanzó sobre ella, no dejando
de ella nada más que el rabo.

MORALEJA
Si vencer a un enemigo poderoso no puedes, busca a alguien más fuerte que
quiera ayudarte

Los dos perros


Un rico labrador poseía dos hermosos perros. Mientras uno de acompañaba en
sus largas jornadas de caza, el otro se quedaba cuidando el hogar en el que vivía
su dueño. Todos los días cuando salía a cazar, el labrador guardaba la pieza más
jugosa de todas las que había conseguido capturar, para dársela al perro guardián
nada más llegar a casa. Cansado de que esta situación se repitiera constantemente,
el perro de caza comenzó a decirle a su querido compañero:

- No entiendo porque yo debo correr hasta lastimarme las patas detrás de las liebres
de los conejos sin obtener ningún premio y mientras tu aquí parado sin hacer nada
siempre consigues que nuestro dueño te dé la más sabrosa de las piezas.

Cuando el perro de caza se quedó en silencio, el guardián le respondió:

- Comprendo que estés molesto conmigo, pero el único culpable que hay en todo
esto es nuestro dueño. Ve y quéjate a él, ya que fue el que te enseñó a ti a cazar y
a mí a vivir apaciblemente.

MORALEJA
Intenta aprender un oficio para el día de mañana
Anécdota
Una niñita le estaba hablando de las ballenas a su maestra. La profesora dijo que
era físicamente imposible que una ballena se tragara a un ser humano porque
aunque era un mamífero muy grande su garganta era muy pequeña. La niña
afirmó que Jonás había sido tragado por una ballena. Irritada, la profesora le
repitió que una ballena no podía tragarse ningún humano porque físicamente era
imposible. La niñita dijo :
-Cuando llegue al cielo le voy a preguntar a Jonás. La maestra le preguntó:
-¿Y qué pasa si Jonás se fue al infierno? La niña le contestó,:
-Entonces le tocará a usted preguntarle.

Una maestra de Jardín estaba observando a los niños de su clase mientras


dibujaban. Ocasionalmente se paseaba por el salón para ver los trabajos de cada
niño. Cuando llegó a donde una niñita trabajaba diligentemente, le preguntó qué
estaba dibujando. La niña replicó:
-Estoy dibujando a Dios. La maestra se detuvo y dijo:
-Pero nadie sabe cómo es Dios. Sin pestañear, y sin levantar la vista de su dibujo,
la niña contestó:
-Lo sabrán dentro de un minuto.
Una lechuga no es un plato. Cuento infantil sobre generosidad

Matías estaba comiendo tranquilamente cuando de repente vio algo moverse en


su plato:
¡Hay un gusano en mi plato!, dijo Matías haciendo gestitos con la mano como para
ahuyentarlo. El gusano primero miró el plato, después miró a Matías y luego dijo:
- ¡Glup!, parece que me equivoqué. Esta no es una hoja de lechuga.
Cuando se le pasó un poquito el miedo, Matías, que era muy curioso, se acercó a
observar muy bien a don Gusano.
- ¡Vaya! -pensó- No sólo es bastante extraño y bonitos sus colores, sino que
también tiene muchas patitas. Debe estar desorientado.
- Desorientado no, apenas un poco cegato –corrigió el gusano- pero en voz tan
bajita que nadie lo escuchó.
Por un instante el gusanito detuvo su marcha, encorvó su lomo verde y miró a
Matías con sus ojitos finitos de gusano perdido.
Sonrieron cada uno a su manera. Matías, entonces, trajo una hoja de lechuga, que
con mamá sacó de la heladera.
Lo cargó sobre ella y la llevó al jardín. Don Gusano sintió el airecito y fue feliz.
Entretanto, Matías lo miraba divertido.
Pasito a paso el gusano se fue perdiendo entre las rosas con un buen bocado de
lechuga entre las mandíbulas.
Pero eso sí ¡lechuga sin condimentar!
FIN

Cuento sobre la envidia: La cabeza de colores

Esta es la increíble historia de un niño muy singular. Siempre quería aquello que
no tenía: los juguetes de sus compañeros, la ropa de sus primos, los libros de sus
papás... y llegó a ser tan envidioso, que hasta los pelos de su cabeza eran
envidiosos.
Un día resultó que uno de los pelos de la coronilla despertó de color verde, y los
demás pelos, al verlo tan especial, sintieron tanta envidia que todos ellos
terminaron de color verde.
Al día siguiente, uno de los pelos de la frente se manchó de azul, y al verlo,
nuevamente todos los demás pelos acabaron azules. Y así, un día y otro, el pelo
del niño cambiaba de color, llevado por la envidia que sentían todos sus pelos.
A todo el mundo le encantaba su pelo de colores, menos a él mismo, que
tenía tanta envidia que quería tener el pelo como los demás niños. Y un día,
estaba tan enfadado por ello, que se tiró de los pelos con rabia.
Un pelo delgadito no pudo aguantar el tirón y se soltó, cayendo hacia al suelo en
un suave vuelo... y entonces, los demás pelos, sintiendo envidia, se soltaron
también, y en un minuto el niño se había quedado calvo, y su cara de sorpresa
parecía un chiste malo.
Tras muchos lloros y rabias, el niño comprendió que todo había sido resultado de
su envidia, y decidió que a partir de entonces trataría de disfrutar de lo que tenía
sin fijarse en lo de los demás.
Tratando de disfrutar lo que tenía, se encontró con su cabeza lisa y brillante, sin
un solo pelo, y aprovechó para convertirla en su lienzo particular.
Desde aquel día comenzó a pintar hermosos cuadros de colores en su calva
cabeza, que gustaron tantísimo a todos, que con el tiempo se convirtió en un
original artista famoso en el mundo entero.

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