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La Liturgia: Significado y Ciclo Anual

El documento define la liturgia como el ejercicio del sacerdocio de Cristo en el que los signos sensibles realizan la santificación de los hombres. Explica que la liturgia es la acción sagrada por excelencia realizada por Cristo y su Iglesia. Además, describe brevemente la estructura del año litúrgico católico, incluyendo los diferentes tiempos como Adviento, Cuaresma, Pascua y Tiempo Ordinario.

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La Liturgia: Significado y Ciclo Anual

El documento define la liturgia como el ejercicio del sacerdocio de Cristo en el que los signos sensibles realizan la santificación de los hombres. Explica que la liturgia es la acción sagrada por excelencia realizada por Cristo y su Iglesia. Además, describe brevemente la estructura del año litúrgico católico, incluyendo los diferentes tiempos como Adviento, Cuaresma, Pascua y Tiempo Ordinario.

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CONCEPTO DE LITURGIA

La palabra Liturgia viene del griego (leitourgia) y quiere


decir servicio público, generalmente ofrecido por un
individuo a la comunidad. Hoy se usa para designar todo
el conjunto de la oración pública de la Iglesia y de la
celebración sacramental.
El Concilio Vaticano II en la "Constitución sobre la
Liturgia" nos presenta un tratado amplio, profundo y
pastoral sobre el tema. Citamos algunos conceptos para
darnos una idea de lo importante que es vivir la Liturgia,
si queremos enriquecernos de los dones que proceden de
la acción redentora de Nuestro Señor. "La Liturgia es el
ejercicio del sacerdocio de Jesucristo. En ella, los signos
sensibles significan y cada uno a su manera realizan la
santificación del hombre, y así el Cuerpo Místico de
Jesucristo, es decir, la Cabeza y sus miembros, ejerce el
culto público íntegro. En consecuencia, toda celebración
litúrgica, por ser obra de Cristo sacerdote y de su Cuerpo,
que es la Iglesia, es acción sagrada por excelencia, cuya
eficacia, con el mismo título y en el mismo grado, no la
iguala ninguna otra acción de la Iglesia". En esta
descripción encontramos lo que es realmente la Liturgia:
1) Es el ejercicio del sacerdocio de Cristo. Es decir, en
la Liturgia, Cristo actúa como sacerdote,
ofreciéndose al Padre, para la salvación de los
hombres.
2) Los signos sensibles realizan la santificación de los
hombres en lo que quieren decir. Por ejemplo, el
agua en el Bautismo significa y realiza la
purificación y es principio de vida, el pan en la
Eucaristía alimenta el espíritu del hombre.
3) En la acción litúrgica, Cristo y los cristianos, que
forman el Cuerpo Místico, ejercen el culto público.
4) Es la acción sagrada por excelencia, que ninguna
oración o acción humana puede igualar por ser obra

1
de Cristo y de toda su Iglesia y no de una persona o
un grupo.
5) "La Liturgia es la cumbre a la que tiende la
actividad de la Iglesia y, al mismo tiempo, la fuente
de donde mana toda su fuerza".

CAPITULO 1

EL AÑO LITÚRGICO

El ritmo semanal con el domingo como día central es el


primer eslabón de la cadena del Año litúrgico. Con el
tiempo, un domingo destacó sobre los demás: fue el
domingo de Pascua. En rigor, todos los domingos del año
son domingos pascuales, pascua semanal. La Iglesia desde
el Siglo V ha impuesto la obligación de santificar el día
del Señor, día que comienza en las Vísperas, o sea, en la
tarde anterior (sábado) siguiendo la costumbre judía de
contar los días. También las solemnidades comienzan en la
Víspera. Por este motivo la misa vespertina del sábado
"vale" para cumplir el precepto dominical porque en rigor
ya es domingo.
El domingo pascual, núcleo del Año litúrgico, quedó
fijado por el Concilio de Nicea reunido el año 325 que
dispuso que la Pascua se celebrase el domingo posterior al
primer plenilunio del equinoccio de primavera, o dicho de
otra manera, el domingo que sigue a la primera luna llena
que haya después del 22 de marzo. Por este motivo, la
Pascua de Resurrección es fiesta variable, ya que depende
de la luna y necesariamente deberá oscilar entre el 22 de
marzo y el 25 de abril. Una vez fijado el domingo pascual
de cada año se establecen los demás tiempos movibles y
sus fiestas: el tiempo pascual (cincuenta días posteriores) y
el tiempo cuaresmal (cuarenta días atrás) además de las

2
solemnidades que dependen de la fecha de Pentecostés
(Santísima Trinidad, Corpus Christi, Sagrado Corazón).
El Año Litúrgico puede decirse que se compone de
tiempos “fuertes” (Adviento, Navidad, Cuaresma y
Pascua) en los cuales se celebra un misterio concreto de la
historia de la Salvación y otro tiempo llamado Tiempo
Ordinario en el cual no se celebra ningún aspecto concreto
sino más bien el mismo misterio de Cristo en su plenitud,
especialmente en los domingos. Este Tiempo Ordinario
transcurre partido y dura treinta y tres o treinta y cuatro
semanas.
TIEMPO DE ADVIENTO: El año litúrgico comienza en
las vísperas del primer domingo de Adviento, que es
siempre el domingo más cercano al día 30 de noviembre,
festividad de San Andrés. Dura cuatro semanas con sus
respectivos domingos.
TIEMPO DE NAVIDAD: Abarca desde el veinticinco de
diciembre hasta el domingo posterior a la Epifanía (6 de
enero). Ese domingo celebramos el bautismo del Señor.
TIEMPO ORDINARIO: PRIMERA PARTE. Abarca
desde el lunes posterior a la fiesta del Bautismo del Señor
hasta el martes anterior al Miércoles de Ceniza.
TIEMPO DE CUARESMA: La Cuaresma, tiempo de
preparación para la Pascua de Cristo, es un tiempo
claramente penitencial. "Actualmente, el cómputo
matemático hace de nuestra Cuaresma un período de
cuarenta y cuatro días, incluidos el miércoles de Ceniza y
el Jueves Santo". Incluye cuarenta días de penitencia,
excluyendo los cinco domingos de Cuaresma y el de
Ramos (el domingo siempre es día festivo) y añadiendo
los días del Viernes y Sábado Santo, ya en pleno Triduo
Pascual. En sentido estricto, la Cuaresma abarca desde el
miércoles de Ceniza hasta la misa vespertina de la Cena
del Señor del Jueves Santo (NUALC 29).
SEMANA SANTA: Es la semana que abarca desde el
Domingo de Ramos en la Pasión del Señor hasta la Vigilia

3
Pascual del Sábado Santo. Incluye al Triduo Pascual, que
comienza con la Misa vespertina en la Cena del Señor, del
Jueves Santo y se prolonga Viernes, Sábado Santo y el
Domingo de Resurrección. Triduo del Señor muerto,
enterrado y resucitado. Es un error muy extendido hoy día
seguir llamando Domingo de Pasión al domingo anterior
al de Ramos (V de Cuaresma) cuando hoy día el domingo
de Pasión es el mismo del de Ramos ya que se denomina
Domingo de Ramos en la Pasión del Señor.
TIEMPO PASCUAL: Abarca los cincuenta días
posteriores a Pascua de Resurrección (cincuentena
pascual), incluyendo el domingo pascual, y se distinguen
tres períodos:
 Octava de Pascua: son los ocho días posteriores y
deben considerarse como un solo día festivo.
Termina en las Vísperas del II Domingo de Pascua.
 Tiempo Pascual hasta la Ascensión
 Tiempo Pascual después de la Ascensión.
El Domingo de Pentecostés, que se celebra a los cincuenta
días de Pascua, es el colofón del ciclo pascual, no debe
pues considerarse como una nueva Pascua.
TIEMPO ORDINARIO: (SEGUNDA PARTE). Abarca
desde el lunes posterior a Pentecostés hasta las Vísperas
del primer domingo de Adviento. El domingo anterior al
primero de Adviento, último del Año litúrgico, celebramos
la solemnidad de Cristo Rey.
Los días que no son domingos de cualquier tiempo se
llaman ferias. Según la costumbre latina, el lunes recibe el
nombre de "feria segunda" y así sucesivamente hasta la
feria sexta (viernes). Recuérdese el nombre tan clásico y
venerable de "feria V in Coena Domini" al Jueves Santo y
el de "feria VI in Passione Domini" al Viernes Santo. El
sábado tiene su nombre propio heredado de los judíos
(Sabbat que significa descanso). El dies domínica,
(kyriaké emera) es el domingo, el día del Señor. Ese día
fue el de la resurrección de Cristo. Así nos lo cuentan los

4
evangelistas (Mateo 28.1-7; Marcos 16. 1-8; Lucas 24.1-
12; Juan 20. 1-10). Es también ese día el elegido por Jesús
Resucitado para aparecerse a sus discípulos en el camino
de Emaús y en el Cenáculo. También al domingo se la ha
llamado el “octavo día” por los Padres de la Iglesia,
haciendo referencia al tiempo nuevo que abre la
resurrección y en otro sentido se le ha llamado el “tercer
día” si se mira desde la perspectiva de la Cruz. De los
simbolismos expuestos considerarlo como primer día de la
semana será el más importante.
Terminamos con las palabras que la Constitución Litúrgica
del Vaticano II (S.C.) nos dice sobre el año litúrgico:
"La Santa Madre Iglesia considera deber suyo celebrar
con un sagrado recuerdo en días determinados a través
del año la obra salvífica de su divino Esposo. Cada
semana en el día que llaman del Señor, conmemora su
resurrección, que una vez al año celebra, junto con su
santa pasión, en la solemnidad de la Pascua. Además, en
el círculo del año desarrolla todo el misterio de Cristo,
desde la Encarnación y la Navidad hasta la Ascensión,
Pentecostés y la expectativa de la dichosa esperanza y
venida del Señor. Conmemorando así los misterios de la
redención, abre las riquezas del poder santificador y de
los méritos de su Señor, de tal manera que, en cierto
modo, se hacen presentes en todo tiempo para que puedan
los fieles ponerse en contacto con ellos y llenarse de la
gracia de la salvación.
En la celebración de este círculo anual de los misterios de
Cristo, la santa Iglesia venera con amor especial a la
bienaventurada Madre de Dios, la Virgen María, unida
con lazo indisoluble a la obra salvífica de su Hijo...
Además, la Iglesia introdujo en el círculo anual el
recuerdo de los mártires y de los demás santos que,
llegado a la perfección por la multiforme gracia de Dios,
y habiendo ya alcanzado la salvación eterna, cantan la
perfecta alabanza de Dios en el cielo e interceden por
nosotros" (SC. 102, 103, 104).

5
UN POCO DE HISTORIA

El ser humano es un ser religioso por naturaleza, todo su ser


tiende hacia Dios, es capaz de Dios. En ese tender hacia Dios
entra en relación con Él y se comunica.

En este sentido la liturgia es el medio por el cual, el ser


humano, mediante unos ritos y signos, manifiesta su
religiosidad y su unión con la divinidad.

Desde la antigüedad los hombres han establecido ritos propios


de adoración a ese Ser superior que les trasciende. Salen de sí
mismos para encontrase con el Ser de quien intuyen les viene la
vida.

Ya en el AT encontramos manifestaciones rituales, como el


hecho de sacrificar animales, u ofrecer las primicias de la tierra.
Levantaban túmulos y altares para adorar y para significar la
presencia divina en determinado lugar.

Ya constituido Israel como Pueblo de Dios se determinan


normas, códigos, ritos, que quedan recogidos en el libro del
Levítico, así como en el Deuteronomio.

Personas específicas son escogidas para entrar en contacto con


lo sagrado: la tribu de Leví. Por ello los levitas eran los
encargados de dirigir las ceremonias religiosas.

En el NT también encontramos estos signos o rituales


litúrgicos, que se centran en la celebración de la Cena del Señor
(Eucaristía) y en el bautismo. Pero no es hasta el decreto de
libertad religiosa concedido por Constantino en el [Link] d.C que
comienzan los rituales y la liturgia propiamente cristiana.

Una de las grandes características de esta liturgia es que es


comunitaria. No son ritos particulares o devociones de piedad
personales, sino que es la manifestación religiosa de toda la
asamblea que celebra el culto a Dios. Y particularmente, es la

6
Iglesia, que siendo Una, se une por medio de la acción litúrgica,
al Sumo Sacerdote de la nueva Alianza, que es Cristo.

CAPITULO 2

LAS CELEBRACIONES LITÚRGICAS

Las celebraciones de la Iglesia Católica se dividen en


celebraciones del Señor, de la Virgen y de los Santos,
y a su vez, cada uno de estos grupos y dependiendo
de su grado de importancia en tres clases:
SOLEMNIDADES: Días que por ser
considerados muy importantes por la Iglesia
se equiparan a domingos (pascua semanal) y
comienzan a celebrarse, por lo tanto, en las
vísperas. Son catorce: Maternidad de María,
Epifanía, San José, Anunciación, San Juan
Bautista, Santos Pedro y Pablo, Asunción,
Todos los Santos, Inmaculada, Navidad,
Trinidad, Corpus Christi, Sagrado Corazón y
Cristo Rey. Estas solemnidades tienen todo
propio como las lecturas, prefacio, oraciones,
etc. En nuestra nación, Santiago Apóstol
(patrón de España) es también solemnidad. La
solemnidad por excelencia es el domingo de
Pascua, en que celebramos la Resurrección.
FIESTAS: Hoy día son veinticinco. Son días
litúrgicos de menor rango que las
solemnidades y se celebran dentro del día
natural, salvo que se traten de fiestas del
Señor que caigan en domingo, teniendo
entonces primeras Vísperas. Citaremos las
fiestas de los distintos Apóstoles, el Bautismo
de Jesús, Sagrada Familia y otras.
7
MEMORIAS: Pueden ser obligatorias o
libres, las obligatorias en el calendario
universal son sesenta y tres. Las memorias,
tanto las obligatorias como las libres, son
conmemoraciones de los Santos y algunas de
la Virgen.
Algunas solemnidades tienen octava, como Navidad
y Pascua, aunque la octava de Pascua excluye
totalmente otras celebraciones, cosa que no pasa en
Navidad, que admite en su octava las fiestas de San
Esteban, San Juan Evangelista, Los Santos Inocentes,
Sagrada Familia y María, Madre de Dios. La octava
de Pentecostés está suprimida.
Además, según el calendario litúrgico, tienen
categoría de solemnidad las siguientes celebraciones
propias de cada lugar:
Solemnidad del Patrón principal del lugar, sea
pueblo o ciudad.
Solemnidad de la Dedicación y aniversario de
la Dedicación de la Iglesia propia.
Solemnidad del Título de la iglesia propia.
Solemnidad o del Título, o del Fundador, o
del Patrono principal de la Orden o
Congregación religiosa.
Con el Nuevo Calendario de Santos, promulgado tras
la reforma de 1969, se han tenido en cuenta unos
criterios que en definitiva hacen referencia a la
primacía del Misterio de Cristo, a priorizar el
domingo como pascua semanal, distinguir entre
celebraciones universales y particulares, y en cuanto
al culto a los santos, descargar un poco de fiestas y
dejar muchas de ellas como memorias libres o

8
facultativas, al objeto de que los fieles de cada
localidad puedan celebrarlas según sus propias
devociones, dejando unas figuras universales a
recordar obligatoriamente, bien seleccionadas y
representativas.
Este cambio no fue bien entendido en ocasiones,
como sucedió con la reducción de las llamadas fiestas
de precepto, que son celebraciones que la Iglesia
considera muy importantes y por eso las equipara a
un domingo, interpretando el pueblo que la Iglesia se
pliega al poder civil al trasladar fiestas muy
tradicionales al domingo si es que caían en días
laborables tales como Corpus o la Ascensión. El CDC
en su Canon 1246.1 nos relaciona los días de
precepto, a saber: los domingos y además los días de
Navidad, Epifanía, Ascensión, Corpus Christi, Santa
María Madre de Dios, Inmaculada, Asunción, San
José, santos Apóstoles Pedro y Pablo y Todos los
Santos. En el siguiente punto se autoriza a la
Conferencia Episcopal a trasladar algunas de esas
solemnidades a domingo. La reforma del Derecho
Canónico prevé que la calificación de precepto sólo
sea unitaria para Navidad y para una solemnidad de la
Virgen y que cada Conferencia Episcopal
determinará, en cada lugar, que otras fiestas además
de las citadas serán de precepto.
Las solemnidades del Señor pasadas a domingo se
celebran como día propio (Corpus y Ascensión),
quedando la Epifanía en su fecha. El motivo es que el
pueblo de Dios no debe dejar de celebrar estas fechas
y la legislación laboral (que en muchos países no las
consideraba fiestas de descanso) impedía o
dificultaba su celebración, que además tiene en el
domingo su día más señalado.

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CAPITULO 3

LOS COLORES LITÚRGICOS


Los colores litúrgicos empleados en la celebración de la
Misa católica en las vestiduras de los celebrantes son:
BLANCO: Simboliza pureza y tiempo de
júbilo. Es usado en los momentos principales del
calendario litúrgico; Navidad y Pascua. También
se usa en fiestas dedicadas a la Virgen o Santos no
Martirizados, así como en la festividad de Todos
los Santos o Cristo Rey.
MORADO: Simboliza una profundización
espiritual, una preparación. Se usa en Adviento y
en Cuaresma, tiempos de preparación para la
Navidad y la Pascua respectivamente. También se
usa en funerales y misas de difuntos.
VERDE: Simboliza la esperanza. Es usado
después de Navidad hasta Cuaresma, y después de
la Pascua hasta el Adviento. Es tiempo de
esperanza por la venida del Mesías y por la
Resurrección salvadora respectivamente. Este
tiempo se conoce como Tiempo Ordinario dentro
del calendario litúrgico.
ROJO: Simboliza el martirio y la fuerza del
Espíritu Santo. Es usado en las fiestas de Santos
Martirizados, Domingo de Ramos, Viernes Santo
y Pentecostés.
ROSADO: Se utiliza en la misa de la tercera
semana de Adviento para indicar la cercanía de
Navidad y la cuarta semana de la Cuaresma para
indicar pausar la penitencia.
AZUL: Simboliza pureza y la virginidad. Se
utiliza para las fiestas de la Virgen María,
especialmente para la Inmaculada Concepción.

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DORADO: Simboliza triunfo y júbilo, se utiliza
en las grandes fiestas en especial en las misas del
Domingo de Resurrección.

CAPITULO 4

PREEMINENCIA DE LOS DÍAS


LITÚRGICOS

Dentro del calendario litúrgico existe un orden de


precedencia, de importancia. Esta tabla es la siguiente:
1. Triduo pascual de la Pasión y Resurrección del
Señor.
2. Natividad del Señor, Epifanía, Ascensión y
Pentecostés. Domingos de Adviento, Cuaresma y
Pascua. Miércoles de Ceniza. Semana Santa (de lunes a
jueves) Octava de Pascua.
3. Solemnidades del Señor, de la Santísima Virgen
María y de los Santos. Conmemoración de todos los
fieles difuntos.
4. Solemnidades propias tales como:
Solemnidad del Patrono principal del lugar (sea
pueblo o nación)
Solemnidad de la Dedicación y aniversario de la
Iglesia propia.
Solemnidad del título de la Iglesia propia.
Solemnidad bien del Título, Fundador o Patrono
principal de una Orden o Congregación.
5. Fiestas del Señor.
6. Domingos del tiempo de Navidad y del tiempo
Ordinario.
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7. Fiestas de la Virgen y de los Santos.
8. Fiestas propias (Patronos, Dedicación de la Catedral,
Fundadores, etc.)
9. Ferias de Adviento que van del 17 al 24 de diciembre,
ferias de Cuaresma y octava de Navidad.
10. Memorias obligatorias.
11. Memorias obligatorias propias (Patronos secundarios
de un lugar, otras Memorias inscritas en cada Diócesis,
Orden o Congregación).
12. Memorias libres.
13. Resto de los días feriales (Adviento hasta el 16 de
diciembre, Navidad desde el 2 de enero al sábado
posterior a Epifanía, ferias del tiempo pascual fuera de la
octava y todas las ferias del tiempo ordinario).

CAPITULO 5

ELEMENTOS NATURALES DE LA LITÚRGIA


La Iglesia, cantora de la naturaleza y de su Creador y
amante del simbolismo, debía aprovechar para su liturgia
algunos de esos elementos como signos eficaces de
valores sobrenaturales y salvíficos. El mismo Cristo los
usó y les comunicó virtudes secretas en orden a la vida
sobrenatural. Por ejemplo: el agua en el perdón, la saliva
en el ciego, el hálito en el cenáculo, etc. Jesús explotó su
simbolismo en sus discursos y parábolas: la luz, sal, vid,
grano de mostaza, etc.
Vamos a analizar brevemente los principales elementos y
símbolos litúrgicos que emplea la Iglesia, su significado
y su uso:
LUZ: De todas las obras de la creación, la luz
parece ser la más excelente. Con ella empezó

12
Dios a adornar el mundo. Es la más hermosa de
las creaturas naturales y de ella beben la belleza
todas las demás. En la Vigilia Pascual se nos da
la clave. La Iglesia bendice la luz sacándola del
nuevo fuego y la introduce a la iglesia con el
cirio pascual. La luz, por tanto, representa y
rinde tributo a Jesucristo, “Luz del mundo”,
símbolo de la presencia divina y de fiesta.
FUEGO: Es de los elementos más misteriosos
y terribles, al mismo tiempo. Sin él, apenas se
podría vivir. Es fuerza que quema y alumbra,
mata y vivifica, destruye y purifica. La Iglesia
utiliza constantemente el fuego para sus ritos:
 Con el fuego anuncia la resurrección de
Cristo, el Sábado Santo en la noche de la
Vigilia Pascual.
 En el incensario, fuego e incienso
simbolizan el fervor de la oración y la
entrega de nuestra vida, que se va
consumiendo poco a poco como suave
perfume en honor a Dios.
AGUA: Es uno de los elementos más
indispensables para la vida, y henchido de
simbolismo. Al principio del mundo, el Espíritu
de Dios la acarició con su soplo como elemento
de fecundidad; eran aguas repletas de vida
vegetal y animal. Y Jesús la santificó con su
contacto en las corrientes del río Jordán. El agua
con el crisma forma parte de la materia del
Bautismo. La Biblia está llena de fuentes, de
pozos; y con el agua del diluvio quiso Dios
limpiar la maldad de la tierra. Y Jesús de su
costado abierto hizo brotar “sangre y agua”. Y su
agua calma siempre la sed.
SALIVA: Jesús la usó para curar a un
sordomudo y al ciego de nacimiento. Los santos

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Padres la consideraban como símbolo de la
sabiduría; la liturgia la ha usado tan sólo en el
Bautismo, mojando en ella la nariz y oídos del
bautizado. Así reproducía el gesto de Jesús al
curar. De esta manera, esos órganos están ya
habilitados para oír con gusto la Palabra de Dios
y aspirar el perfume de la santidad. Dada la
sensibilidad de los tiempos modernos, el nuevo
ritual del bautismo suprimió el uso de la saliva.
AIRE: El soplo del Creador infundió vida al
hombre. Y el de Jesús resucitado comunicó a los
apóstoles el Espíritu Santo. En el rito bautismal,
ha figurado el soplo como signo de expulsión de
Satanás, del alma del bautizado.
ACEITE: En la vida espiritual, simboliza:
fortaleza espiritual y corporal, valor curativo y
conservativo de carácter espiritual, efusión de la
gracia, santificación e inhabitación del Espíritu
Santo y testimonio cristiano, comunicación del
poder divino y consagración de objetos sagrados.
Y por eso se usa como materia en algunos
sacramentos:
 En el bautismo, el óleo de los
catecúmenos se coloca en el pecho.
Simboliza la fortaleza y la agilidad
espiritual.
 El crisma se compone de aceite y
bálsamo. Se usa en el bautismo,
confirmación y consagración de
sacerdotes, obispos, cálices, altares,
patenas, Iglesias. Todo cristiano tiene
que exhalar el suave olor de la santidad,
el suave olor de Cristo, como dice San
Pablo. En la ordenación sacerdotal se
ungen las manos; en la episcopal, la
cabeza.

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 Óleo de los enfermos: vehículo para la
gracia divina, y para la salud del cuerpo
y del alma.
CIRIO: Se usa para el alumbrado propiamente
litúrgico, es decir, para las Misas y demás
sacramentos y sacramentales. La vela encendida
sirve para simbolizar a Cristo-Luz del mundo y
significar la fe y la oración de los fieles en
presencia del Señor.
PAN Y VINO: Son la base del alimento
corporal del hombre. Simbolizan, al convertirse
en verdadero Cuerpo y Sangre de Cristo, que la
Eucaristía es alimento indispensable de todos los
cristianos. Son los signos del sacrificio de su
cuerpo y sangre como manjar espiritual del alma.
El pan, hecho de muchos granos, y el vino, de
muchos racimos, son símbolo de la unión íntima
entre los cristianos. Simbolizan también la
unidad de la Iglesia y de los cristianos con Cristo
y entre sí, pues compartir el mismo pan y el
mismo vino son signos de fraternidad, amistad y
unidad.
SAL: que sazona y preserva, se dejó optativo
en la fórmula ritual de la bendición del agua
lustral como remedio para poner en fuga los
demonios y ahuyentar enfermedades. También se
usó en el bautismo, colocando unos granitos
sobre la boca del bautizado.
CENIZA: Es símbolo de la caducidad de la
vida y de todo lo material, y, por lo mismo,
símbolo del dolor, de la penitencia, del
arrepentimiento, de una gran aflicción. La Iglesia
nos la pone el día del miércoles de ceniza “en
señal de la humildad cristiana y como prenda del
perdón que se espera”.

15
INCIENSO: Nuestra vida se tiene que quemar
en honor a Dios, dando suave aroma. En las
solemnidades se inciensa el altar y los santos, la
cruz y el Santísimo Sacramento en señal de
respeto y veneración. Se inciensa al sacerdote
como representante de Dios, y a los fieles para
recordarles que, como pueblo santo y sacerdotal,
son concelebrantes y no sólo espectadores.
Además, purifica el templo y nos eleva a Dios.
FLORES: Las flores naturales que adornan el
altar y los santos significan fiesta, alegría,
exultación piadosa. En tiempo de cuaresma y
adviento, no debe haber por ser tiempos fuertes
de penitencia y austeridad, aunque se pueden
poner algunas plantas, exceptuando el tercer
domingo de cuaresma, domingo del “Laetare”, y
las solemnidades y fiestas que caen en cuaresma
y el domingo de “Gaudete” en Adviento.
CAMPANILLA: Para la atención piadosa y
unión de corazones de la asamblea participante.
Se usa en el momento de la consagración en la
Santa Misa, para centrar la atención de los que
participan en la eucaristía.
CRUZ: Como árbol de vida y victoria pascual,
se adorará en los Oficios del Viernes Santo. A
demás preside la Eucaristía y encabeza las
procesiones.

CAPITULO 6

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OBJETOS LITURGICOS

CRUZ PROCESIONAL: Signo de nuestra


Redención, del Sacrificio de Cristo y de su
victoria sobre la muerte. Precede toda procesión,
y se inciensa por ser signo de Salvación.
ACETRE: Caldero de agua bendita que se usa
para las aspersiones litúrgicas. El agua se recoge
del acetre y se dispersa con el hisopo.
CÁLIZ: Copa, vasija donde se bebe.
Recipiente en forma de copa con ancha apertura.
En la Liturgia cristiana, el cáliz es el vaso
sagrado por excelencia, indispensable para la
Misa ya que debe contener el vino que se
convierte en la Sangre Preciosísima de Cristo. Su
forma, materia y estilo han variado mucho en el
curso de la historia. Los cálices solían ser de oro
y tenían a veces un valor extraordinario. Debe
ser preferiblemente de metales preciosos. El pie
o soporte puede ser de otra materia. El Cáliz
debe consagrarse exclusiva y definitivamente
para el uso sagrado en la Santa Misa.
COPÓN: Vaso con tapa en que se conservan
las Sagradas Hostias, para poder llevarlas a los
enfermos y emplearla en las ceremonias de culto.
En la actualidad los copones suelen ser de menos
estatura que los cálices para distinguirlos de
estos.
PURIFICADOR: Servilleta de lino para
limpiar y secar el Cáliz, la Patena y el Copón.
CORPORAL: Pieza cuadrada de tela sobre la
que descansa la Eucaristía. Sobre ella se pone la
patena y el cáliz durante la Misa. Antiguamente
la Sagrada Hostia descansaba directamente sobre
el corporal desde el ofertorio hasta la fracción.

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También se pone debajo de la custodia durante la
Exposición del Santísimo. Debe de ser de lino o
cánamo y no de otro tejido. No debe llevar
bordado más que una pequeña cruz. Para
guardarlo debe doblarse en nueve cuadrados
iguales.
MANUTERGIO: Toallita para secarse las
manos.
CRISMERA: Vaso o ampolla donde se guarda
el crisma.
CUSTODIA: Recipiente sagrado donde se
pone la Hostia consagrada de manera que se
pueda ver para la adoración, sobre todo en la
Bendición eucarística y las procesiones. También
se le llama ostensorium, del latín ostendere,
mostrar. Hay gran variedad de tamaños y estilos.
Generalmente tiene forma de sol, cruz o
relicario.
GREMIAL: Paño cuadrado que se ciñe el
obispo durante ceremonias litúrgicas, por
ejemplo en el lavatorio de los pies de la Misa del
Jueves Santo. El gremial de seda y encaje para
las misas pontificas ya no se usa. Uno de lino u
otro material puede utilizarse.
HIJUELA: Paño blanco que se coloca sobre la
patena (paño circular), o sobre el cáliz (paño
cuadrado).
HISOPO: Utensilio con que se esparce el agua
bendita, consistente en un mango que lleva en su
extremo un manojo de cerdas o una bola metálica
hueca y agujereada para sostener el agua. Se usa
con el acetre.
INCIENSO: Resinas aromáticas, granulada o
en polvo, que se queman en el incensario durante
algunas liturgias. Su humo tiene fragancia.

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Cuando se bendicen son un sacramental. Quemar
incienso significa celo y fervor; su fragancia:
virtud; el humo que se eleva: las oraciones que
ascienden al cielo.
INCENSARIO: Brasero colgado de un nudo
por 3 cadenas en el cual se echa el incienso, con
una tapa móvil que se acciona por una cuarta
cadena. Se utiliza para incensar en las
ceremonias litúrgicas.
NAVETA: Recipiente para el incienso, en
forma de canoa, con una cucharita para servirlo.
PALIA: Lienzo para cubrir el cáliz.
PATENA: Plato redondo donde se pone la
Sagrada Hostia. Debe ser de metal precioso
como el cáliz y también debe ser consagrado
exclusiva y definitivamente para el uso en la
Santa Misa.
PECTORAL: Cruz que llevan al pecho los
obispos.
PÍXIDE: Cajita más pequeña que el copón
donde se lleva la Eucaristía a los enfermos.
PLATILLO DE LA COMUNIÓN: Para
impedir que caigan partículas en la comunión se
coloca bajo la barbilla de cada comulgante.
HUMERAL: Paño que cubre los hombros del
ministro cuando lleva el Santísimo Sacramento
en procesión o cuando da la bendición con El.
VINAJERAS: Las vasijas para el vino y el
agua que se usan en la Santa Misa. Generalmente
son de cristal y se colocan en una bandeja
pequeña. Es permitido que sean de otro material
(bronce, plata, oro e incluso de cerámica bien
sellada) siempre y cuando puedan dignamente
contener los líquidos. Usualmente tienen asas y

19
tapones. Son de diferentes estilos y tamaños.
Tradicionalmente, para evitar confusión al
utilizarlas, las vinajeras se gravaban las iniciales
"V" y "A", por el latín vinum y aqua. Las
vinajeras junto con las hostias no consagradas
pueden ser llevadas en procesión por dos fieles y
presentadas al sacerdote durante el Ofertorio.
VIRIL: Pieza redonda, tradicionalmente de
cristal transparente con borde de oro o dorado, en
que se pone la Sagrada Hostia para sostenerla en
la Custodia.
LAMPARA DEL SANTÍSIMO: Lámpara de
aceite, cera o electricidad que arde junto al
Sagrario donde está la Eucaristía, y sirve para
indicar la presencia del Señor.
CIRIO PASCUAL: Gran vela que se bendice
en la Vigilia Pascual, símbolo de Cristo
Resucitado. Se enciende en las Misas del tiempo
Pascual y algunas otras celebraciones (bautismo,
confirmación, primera comunión, funeral).

CAPITULO 7

LOS GESTOS LITURGICOS


No podemos vivir sin gestos y actitudes corporales. Ellos
expresan, provocan o dan realce a lo que pensamos y
sentimos: el abrazo, el beso, el apretón de manos, las
lágrimas, las inclinaciones, el silencio, y todos estos
gestos surgen "naturalmente", al compás de nuestros
pensamientos y emociones.
El hombre, participa y "crea" la liturgia. Por eso, la
liturgia contiene muchos gestos y actitudes con los que
intentamos expresar exterior y corporalmente nuestros
sentimientos hacia Dios. Los gestos litúrgicos más

20
importantes son: la señal de la cruz; las unciones; la
imposición de la ceniza; los ojos elevados al cielo;
ciertos gestos relacionados con las manos: manos juntas
y plegadas sobre el pecho; manos que se golpean el
pecho; manos elevadas y extendidas; manos que dan y
reciben la paz; manos dispuestas para recibir el Cuerpo
del Señor.
La Iglesia insiste en la necesidad de renovar, actualizar,
"entroncar" los gestos con cada cultura, para que las
palabras y gestos sean más "significativos" para la
mentalidad del hombre moderno e incluso para cada
región y comunidad. La liturgia consta de una parte
inmutable por ser de institución divina (la fórmula de la
consagración, por ejemplo), y de otras partes sujetas a
cambio, que pueden y aún, deben ir cambiando, como lo
ilustra la historia de la Iglesia.
"Por esta razón, los textos y los ritos se han de ordenar de
manera que expresen con mayor claridad las cosas santas
que significan y, en lo posible, el pueblo cristiano pueda
comprender fácilmente y participar en ellas por medio de
una celebración plena, activa y comunitaria" (SC 21).
Este deseo de la Iglesia es por demás coherente: la
repetición constante de los ritos, realizados generalmente
sin conocer su significado, produce un inevitable
desgaste y llegan a "no decir nada". La liturgia no es un
teatro. La tarea de renovación litúrgica exige reflexión,
creatividad y participación. Mientras tanto es necesario
conocer el significado de los gestos y ejecutarlos con
espontaneidad y convicción, haciendo de ellos auténtica
expresión de nuestros sentimientos religiosos. Los gestos
más utilizados son:
MANOS JUNTAS: Es señal de respeto y de
oración. Es un gesto de humildad y vasallaje, y
de actitud orante y confiada. Es el gesto más
acomodado a la celebración litúrgica cuando las
manos no han de emplearse en otros ritos o no se

21
prescribe que se tengan levantadas. Es la mejor
postura a la hora de ir a comulgar.
EXTENDER LAS MANOS Y ELEVAR A
LA VEZ LOS BRAZOS: Son súplicas
solemnes; colecta, plegaria de la misa,
paternóster, prefacio. Levantar y extender las
manos al rezar expresa los sentimientos del alma
que busca y espera el auxilio de lo alto. Hoy es
un gesto reservado al ministro que celebra la
santa misa.
EXTENDER Y VOLVER A JUNTAR LAS
MANOS: Es el deseo del sacerdote de estrechar
a la asamblea en un común abrazo de fraternidad,
de recoger las intenciones y deseos de todos para
ofrecérselos a Dios, y derramar sobre ellos las
misericordias de Dios.
MANOS QUE DAN Y RECIBEN LA PAZ:
Las manos extendidas, abiertas y acogedoras
simbolizan la actitud de un corazón pacífico y
fraternal, que quiere comunicar algo personal y
está dispuesto a acoger lo que se le ofrece.
Cuando unas manos abiertas salen al encuentro
de otras en idéntica actitud, se percibe el
sentimiento profundo de un hermano que sale al
encuentro de otro hermano, para ratificar,
comunicar o restablecer la paz.
MANOS QUE RECIBEN EL CUERPO
DEL SEÑOR: Las manos dispuestas para recibir
la Santa Comunión han de ser signo de
humildad, de pobreza, de espera, de
disponibilidad y de confianza. También son signo
de veneración, de respeto y de acogida, pues el
Pan eucarístico no se coge sino que se acoge, se
recibe.
SEÑAL DE LA CRUZ: Es el gesto más noble y el
más frecuente y elocuente. No es un garabato, que

22
termina besándose uno el dedo pulgar. Se produce
de dos modos: sobre uno mismo, con los dedos
extendidos de la mano derecha; o, cuando un
sacerdote debe bendecir en nombre de Cristo, sobre
las personas u objetos con la misma mano
levemente encorvada. Una sola vez, al inicio del
oficio divino, se hace sobre los labios con el dedo
pulgar para pedirle al Señor que Él mismo “los abra
para poder proclamar con la boca sus alabanzas”.
Debe hacerse desde la frente hasta el pecho, y desde
el hombro izquierdo al derecho. ¿Qué significa
hacerse la señal de la cruz? Primero venerar la cruz
redentora de Cristo. Segundo, sellar con ella nuestra
persona cristiana y así fortalecerla para hacer el bien
y evitar el mal. Esa señal comienza en la frente, para
que Dios, con su Santa Cruz, nos quite los malos
pensamientos y nos proteja los buenos. Después de
la frente va al pecho para que nos quite los malos
deseos del corazón y nos proteja los buenos. Y
finalmente, nos envuelve de izquierda a derecha,
para proteger del mal todo nuestro ser.
En la celebración litúrgica hay algunos momentos
en los que la señal de la cruz cobra un especial
sentido
* Así, en la misa nos santiguamos con la gran cruz
al comienzo de la misma junto al sacerdote
diciendo: «En el nombre del Padre...». También al
disponernos a escuchar el evangelio, al oír las
palabras: “Lectura del Santo Evangelio...” En este
caso hacemos la triple cruz. El sacerdote también
hace la señal sobre el Evangelio y después se signa
él. Al recibir la bendición –deberíamos tener la
cabeza inclinada– también nos santiguamos con la
gran cruz. Sólo el obispo hace la señal de la cruz
tres veces cuando da la bendición al final de la misa
o en otros ritos.

23
* En la Liturgia de las Horas, al comienzo del rezo
de cada hora y al proclamar los cánticos
evangélicos. Cuando la hora matutina empieza con
«Señor, ábreme los labios», nos hacemos
únicamente la señal de la cruz en la boca.
LA REVERENCIA: Consiste en ligeras
inclinaciones de cabeza, ante el altar, ante
imágenes, al recibir la Sagrada Comunión,
cuando el acólito inciensa al sacerdote y al
pueblo; o al incensar el mismo sacerdote hace
reverencia al crucifijo o a la imagen de los
santos, a modo de saludo reverente. Aquí no sólo
es señal de cortesía humana, sino que las
reverencias están revestidas de culto sagrado.
Tienen que ser hechas despacio, y sólo con la
cabeza, no con todo el cuerpo, a no ser que sea
en la misa después de ofrecer el pan y el vino y
antes del lavado de las manos, donde se inclina
ligeramente también el cuerpo. Aquí ya no es
sólo reverencia, sino total inclinación.
LAS MIRADAS: Unas veces invitan a la
admiración y adoración callada, de fe sentida y
de recogimiento; por eso, clavamos la mirada en
la Hostia consagrada y en el cáliz al levantarlos
el sacerdote en la consagración, en la custodia de
la exposición y bendición del Santísimo.
También la mirada del sacerdote a la gente es
señal de comunicación fraterna, de saludo
cordial. Cuando los ojos están cerrados
simbolizan, no tanto que estamos durmiendo,
sino que estamos en profundo silencio y
recogimiento para saborear la comunión, o las
lecturas leídas. Es falta de respeto, cuando se da
la homilía, no mirar al predicador. Simbolizaría
desinterés total, despecho; también sería falta de
cordialidad e interés si el predicador no mirase a
los fieles a la hora de predicar. Cuando uno eleva
los ojos hacia arriba está indicando petición a

24
Dios o desagravio por los pecados propios y de
la humanidad.
LOS BESOS: El sacerdote da un beso al altar
al comenzar y al terminar la santa misa; es Cristo
quien recibe ese ósculo. Los fieles se dan el beso
en el momento de la paz. Son señales de afecto,
de gratitud, de adhesión, de veneración y de
reconciliación. Besamos las reliquias, el
crucifijo, la mano del sacerdote que bendice y
perdona. Cada uno de estos ósculos imprime un
sello religioso especial en las personas o cosas
que los reciben. En muchas partes no es oportuno
el beso de la paz, por motivos culturales;
entonces se prefiere el apretón de manos.
GOLPES DE PECHO CON LA MANO: Es
una de las señales más expresivas de dolor y
contrición de corazón, en un pecador. Se hace en
la confesión, al momento de decir el acto de
contrición. Lo hacemos en el momento del “Yo
confieso” de la santa misa. Así, con ese gesto
humilde, aplacamos y agradamos mejor a Dios y
expresamos más sentidamente nuestra
compunción ante los demás hermanos. Los
golpes deben ser hechos con suavidad.
LA IMPOSICIÓN DE LAS MANOS:
Significa varias cosas, transmisión de poderes
superiores a personas o grupos de elección, o de
algún carisma o misión, o absolución de culpas.
También es signo de bendición de Dios y de
consuelos en la unción de enfermos. En el
momento de la consagración manifiesta el poder
maravilloso de los sacerdotes de convertir el pan
y el vino en Cuerpo y Sangre de Cristo.
CAMINAR HACIA EL ALTAR: No es un
simple gesto, es un rito. Es también símbolo de
nuestro peregrinar al cielo. Caminamos con
otros, no solos. Así, en las procesiones,

25
peregrinaciones, vamos con alegría, sin temores,
pues sabemos que Cristo es el Camino vivo y
verdadero.
CANTAR: El que canta ora dos veces, decía San
Agustín. El canto es el afecto del corazón hecho
música.

CAPITULO 8

LOS SIGNOS DE REVERENCIA: LAS


POSTURAS

La Ordenación General del Misal Romano da unas


normas claras de las posturas corporales que hay que
adoptar durante la Eucaristía. Para el Misal Romano "la
postura uniforme, seguida por todos los que toman parte
en la celebración, es un signo de comunidad y unidad de
la Asamblea" (OGMR nº 42)
Las posturas corporales que el Misal Romano indica
(OGMR 43) son las que resumimos a continuación:
ESTAR DE PIE: Es una forma de demostrar
nuestra confianza filial, y nuestra disponibilidad
para la acción, para el camino. El estar de pie
significa la dignidad de ser hijos de Dios, no
esclavos agachados ante el amo. Es la confianza
llana del hijo que está ante el padre a quien
respeta muchísimo y a quien al mismo tiempo
tiene cariño. Al mismo tiempo, al estar en pie
manifestamos la fe en Jesús resucitado que
venció a la muerte, y la fe en que nosotros
resucitaremos también; el estar agachado y
postrado no es la última postura del cristiano;
sino el estar en pie resucitado. Estaremos en pie:

26
 desde el canto de entrada hasta el final
de la oración Colecta.
 durante la lectura del Evangelio y el
canto del Aleluya que le precede.
 durante la profesión de Fe (Credo) y la
oración de los Fieles.
 desde que empieza la oración de las
ofrendas hasta la consagración.
 después de la consagración hasta
después de la comunión.
 desde la oración de después de la
comunión hasta que el sacerdote
abandona el altar, entonando todos el
canto final.
Todas las oraciones deben oírse de pie como actitud de
respeto y buena disposición. Esta generalizada la
costumbre (errónea) de oír sentados la oración sobre las
ofrendas.
SENTADOS: Significa la confianza de estar
con los amigos, con paz y tranquilidad. Estamos
en casa, cuando estamos en el templo. Sentados
podemos hablar con intimidad y largamente con
el Señor que está ahí presente. También uno se
sienta para escuchar y aprender cuando un
maestro habla. Estaremos sentados:
 durante las lecturas que preceden al
Evangelio, incluido el Salmo
responsorial.
 durante la homilía.
 mientras se hace la preparación de los
dones en el ofertorio.
 a lo largo del silencio posterior a la
comunión.

27
DE RODILLAS: Sólo ante Dios debemos
doblar nuestra rodilla. Al ponernos de rodillas
significa que nos reconocemos pecadores ante
Él. La genuflexión ante el Santísimo es un saludo
reverencial de fe, en homenaje de
reconocimiento al Señor Jesús. Debemos hacerlo
en forma pausada y recogida. En la Misa
permanecemos arrodillados solamente desde la
epíclesis (nombre que recibe en la celebración de
la misa la parte que se dedica a la invocación del
Espíritu Santo) hasta después de la consagración
en la Plegaria Eucarística. aunque por razones de
edad, incomodidad del lugar o aglomeración que
lo impida se podrá estar respetuosamente de pie
y hacer una reverencia en el momento de la
elevación del Cuerpo y Sangre de Cristo.
POSTRADOS: Se usa en ciertos momentos
escasos, en que el alma cristiana se siente más
indigna de dirigirse a Dios, cargada de
responsabilidades, o en un luto universal como el
del Viernes Santo por la muerte de Jesús, o
cuando la pena y desconsuelo son tan inmensos
que no se ve solución. Por ejemplo: el futuro
sacerdote, cuando se postra el día de su
ordenación sacerdotal; o algunas monjas, el día
en que entran al convento o hacen su profesión
religiosa, se postran en el suelo, indicando no
tanto el abatimiento, sino la necesidad de
protección de Dios y la impotencia personal. Es
signo de humildad y penitencia.
LA PROCESIÓN: Más que un gesto litúrgico,
es un rito. En las celebraciones habituales, por
ejemplo, en la santa misa, los ministros realizan
movimientos que tienen carácter procesional: al
principio, antes del evangelio, etc. También los
fieles adoptan esta actitud al presentar las
ofrendas y cuando comulgan. Además, hay
procesiones excepcionales unidas al año

28
litúrgico, como la del Domingo de Ramos y la
del Corpus Christi, o en circunstancias
particulares de la vida de la Iglesia, por ejemplo,
la de una comunidad parroquial el día de las
fiestas patronales. La procesión simboliza,
principalmente, el carácter peregrinante de la
Iglesia. También, a veces, es un signo muy
expresivo de fe y devoción. Deben hacerse con
dignidad y respeto.
Fuera de las posturas propias de la Misa hay otras
posturas que pasamos a relacionar. Se pueden adoptar
dos clases de posturas corporales: la inclinación y la
genuflexión:
LA INCLINACIÓN: Indica reverencia y
honor a las personas o a lo que representan y
puede ser de dos tipos: inclinación de cabeza e
inclinación de cuerpo o profunda, que se hace
desde la cintura.
o La inclinación de cabeza se le hace al
nombre de Jesucristo, de la Virgen y del
santo en cuyo honor se celebra la Misa.
Se debe hacer reverencia profunda en el
Credo arrodillándonos si es la
Solemnidad de Navidad o la fiesta de la
Anunciación del Señor. Asimismo la
bendición presidencial que concluye la
Misa se debe recibir con inclinación de
cabeza.
o La inclinación de cuerpo o reverencia
profunda se le hace al altar cuando no
está allí el Santísimo; también se debe
hacer inclinación profunda cada vez que
se sirva al obispo o se pase por delante
de él; se hace antes y después de las
incensaciones y en algunas otras
ocasiones en que está dispuesto. Deben
hacer inclinación profunda al altar que

29
simboliza a Cristo y no al sacerdote
como equivocadamente se hace a veces,
todas aquellas personas que suban al
presbiterio para realizar alguna función
como por ejemplo los lectores o los que
van a hacer las peticiones de la Oración
Universal de los Fieles, tanto al llegar
como al marcharse.
LA GENUFLEXIÓN: Se hace siempre con la
rodilla derecha llevándola hasta el suelo y significa
adoración. Por ser signo de adoración está reservada
al Santísimo Sacramento y a la Santa Cruz en la
liturgia del Viernes Santo. En resumen, se debe
hacer genuflexión cada vez que pasemos por delante
del Santísimo e inclinación profunda al altar todos
los que se acercan al presbiterio o se alejan de él
(por ejemplo, los que se han acercado para hacer
alguna lectura o petición)
POSTURA CORPORAL AL REZAR LA LITURGIA DE
LAS HORAS:
Si el rezo es individual: normalmente sentado. Si desea
solemnizar un poco más el momento del cántico evangélico
(en Laudes, Vísperas y Completas), puede hacerlo de pie o
de rodillas (esto sobre todo si lo reza ante el sagrario), pero
no hay nada preceptivo al respecto.
En cambio, en el rezo grupal hay algunas posturas
preceptivas:
El salterio lo rezan todos sentados, sosteniendo el salterio
con debido respeto y todos se ponen de pie en:
-La introducción e himno, el Cántico Evangélico, las preces,
el Padrenuestro y la oración final.
-Las lecturas las proclama el lector de pie, y los demás
sentados.
Para todo este tema ver el Ordenamiento General de la
Liturgia de las Horas, nn 253ss

30
Por supuesto, estas posturas deben adaptarse con naturalidad
al sitio en el que estemos: en un templo son preceptivas,
pero si estamos en una habitación dos personas rezando, no
es necesario seguirlas.
Todo en la Iglesia debe practicarse con naturalidad, buen
gusto y sentido común, sin convertir gestos mínimos en
reglas de salvación.

CAPITULO 9

ERRORES MÁS FRECUENTES


COMETIDOS EN LA CELEBRACIÓN
EUCARÍSTICA
Esta es una breve relación sin ánimo de ser exhaustivos
de aquellos errores o costumbres más comunes
cometidos durante la celebración eucarística que no se
ajustan a las normas litúrgicas con el único ánimo de
ayudar a corregirlos en lo posible teniendo presente que
lo más importante en la Eucaristía es, como no puede ser
de otro modo, la participación en ella con un corazón
devoto y fraterno y que los errores citados no son de
bulto ni anulan por supuesto la validez del acto
sacramental. No obstante, no deben menospreciarse las
normas litúrgicas ya que toda la liturgia está llena de
símbolos y significados que si se pierden convertirían la
acción litúrgica en pura escenografía.
A) POR PARTE DE LOS FIELES:
Leer la Monición inicial (cuando lo hace una persona
distinta del presidente especialmente un laico) antes de
entrar el celebrante al presbiterio o durante la procesión
inicial. El momento adecuado de pronunciarla es tras el
saludo inicial del presidente a la Asamblea.

31
Acabar las lecturas diciendo “Es palabra de Dios” en vez
de “Palabra de Dios” (también el sacerdote lo hace a
veces).
Los lectores deben omitir la frase “Primera o Segunda
Lectura” y pasar directamente a decir de quién está
tomada la Lectura sin más. De igual modo no debe
decirse “salmo responsorial” sino pasar directamente a la
lectura de los salmos.
Omitir la reverencia o hacérsela al sacerdote en vez de al
altar cuando suben a realizar alguna lectura o para la
Oración de los fieles.
Permanecer sentados durante la oración sobre las
ofrendas. Es el momento más importante de esa parte de
la Misa y todas las oraciones de la Misa se deben oír y
responder de pie, que es la actitud propia del orante y del
pueblo en marcha y dispuesto. La costumbre de oír
sentados esta oración está generalizada y es de difícil
desarraigo.
Permanecer de pie durante el momento de la
consagración (aunque por razones de edad, incomodidad
del lugar, masificación u otras causas se puede
permanecer de pie). En cualquier caso, la Iglesia nos pide
una actitud y postura común como símbolo de
unanimidad.
Recitar junto con el sacerdote la doxología final que
cierra la Plegaria eucarística (Por Cristo, con Cristo, etc.).
El pueblo debe limitarse a responder AMEN como
rúbrica y asentimiento de todo lo anterior. No es un
AMEN corriente sino un AMEN de compromiso, de
afirmación, que ratifica por el pueblo lo sucedido en el
altar.
Leer la Oración de los Fieles desde el Ambón. El Ambón
está reservado a la Palabra de Dios y ni la homilía ni la
Oración de los Fieles es Palabra de Dios. No obstante, se
puede hacer desde allí siempre que no haya otro lugar
adecuado ya que aunque no es su sitio preferente

32
tampoco la OGMR lo excluye taxativamente (OGMR
309).
Dar golpes triples con el incensario ya que siempre deben
ser dobles. Esto es extensible al sacerdote cuando usa el
incensario.
Cuando se comulga en la mano la Sagrada Forma se ha
recibir con la palma de la mano izquierda abierta y
cogerla con la derecha para llevarla a la boca, no tomarla
directamente de manos del sacerdote. El símbolo consiste
en que es un don que se recibe (lo anterior no excluye
otras formas como la de tomar cada fiel su Pan y mojarlo
en el Vino o fórmulas parecidas dependiendo del carácter
de la celebración).
Para finalizar diremos que en la procesión de las ofrendas
se deberían llevar al altar sólo objetos que sean
donaciones para el servicio del mismo o regalos para los
pobres (por ejemplo el resultado de la cuestación hecha
entre los fieles o flores) aunque se ha puesto de moda
llevar al altar todo tipo de objetos, lo cual puede
justificarse pastoralmente pero sin abusos. Lo primero
que debe llevarse siempre es el Pan y el Vino.
B) POR PARTE DEL SACERDOTE:
Predicar desde el ambón. Es preferible hacerlo desde otro
lugar más adecuado aunque no está prohibido si no hay
otro lugar elegible.
Lavar los vasos sagrados (ablución) después de la
comunión en el altar. Debe hacerse o bien al acabar la
Misa o discretamente en la credencia. La ablución no
tiene ningún valor litúrgico y por eso se prefiere fuera del
altar ni es preciso que la haga el Presidente, más bien es
competencia de diáconos o acólitos. Debe hacerse sólo
con agua.
No mirar hacia el ambón cuando se está proclamando el
Evangelio por el diácono o bien por otro concelebrante
diferente del Presidente. Todos los que permanecen en el
altar deben girarse ligeramente y mirar al Ambón

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mientras se proclama el Evangelio. El protagonismo está
en ese momento en la Palabra.
Disponer el altar lleno con los objetos precisos para la
celebración eucarística para “tenerlo todo a mano” por
comodidad (vinajeras, cáliz, misal, patena, etc.). El altar
debe permanecer lo más escueto posible y colocar sobre
él los objetos según se vayan necesitando, retirándolos
cuando dejan de usarse. A veces cuesta distinguir al
sacerdote tras la cantidad de objetos allí depositados, a
los que a veces se suman floreros con ramos de flores y
velas en candelabros.
“Inventarse” textos con las oraciones de la Misa,
especialmente en la Plegaria eucarística, alegando
razones pastorales de difícil justificación. Además de
estar expresamente prohibido no hay mejor pastoral que
una Liturgia bien hecha.

CAPITULO 10

LITURGIA EN EL A. T Y EN EL N. T.
Adoración en el Antiguo Testamento
1. Encuentros con Dios
1. Moisés - Ex. 3: 5-6.
2. Isaías 6
3. La nación de Israel. Ex. 20:19
4. Job. 38-42
2. Adoración del pacto
1. El pueblo del pacto era un pueblo "santo" separado.
2. Toda su vida era una vida de adoración. Por eso La Ley de Moisés regulaba
toda su vida, no sólo aspectos "religiosos".
3. La circuncisión fue el sello del pacto. Sólo eran admitidos al templo los
circuncidados.
3. Los Sacrificios
1. Antes de Moisés
1. Caín y Abel (Gen. 4:2-5)
2. Noé (Gen 8)
3. Abraham.
1. Después de Moisés
1. sistema elaborado de ofrendas de animales, granos, vino, aceite e incienso.

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2. Ofrendas diarias, semanales, mensuales y anuales
1. Tenían el propósito de apuntar hacia Cristo
4. El día de reposo
1. Éxodo 20:8. Guardar el día de reposo era en sí un acto de adoración.
2. Se cesaban las labores cotidianas, se ofrecían ofrendas, y había "Santa
convocación"
5. Las Fiestas
1. La Pascua. Mes de abril o marzo. Recuerdo de la liberación de Egipto.
2. Fiesta del Pentecostés. (también llamada fiesta de las semanas o de los
primeros frutos). Mayo o junio celebrando la cosecha de trigo.
3. Fiesta de los tabernáculos, en el otoño. Precedida por un período de dos
semanas que incluía la Fiesta de las trompetas y el día de la propiciación -
cerraba la cosecha y recordaba los viajes de Israel por el desierto. En la fiesta
de trompetas la ley era leída, y en el día de propiciación Confesión de pecados
(El sumo sacerdote entraba al lugar santísimo llevando sangre en
propiciación).
6. El tabernáculo y el templo
1. Tabernáculo
1. Dios ordenó su construcción para que habitase con su pueblo (Ex.25:8). Ex.
25-28 se dan los detalles. Ex. 25:9 - "como el modelo que les mostraron".
2. Atrio, Lugar Santo, Lugar Santísimo - Arca el lugar del reposo de los pies de
Dios.
1. El Templo
1. Similar al Tabernáculo. Salomón (1 Crón. 28).
2. Destruido tres veces y reconstruido dos. Herodes lo reconstruye y Tito en el
70 DC lo destruye.
7. Función
1. Tanto el tabernáculo como el templo estaban dedicados casi totalmente para
los sacrificios, pero también eran lugares para:
1. Lugar para orar (1 Reyes 8:22-53; Mat. 21:13; Hech 3:1)
2. Para el canto (1 Crónicas 15:16ff)
3. Para la enseñanza (Mat. 26:55; Lc. 2:41-52; Hechos 5:21)
8. La Sinagoga
1. En el día de reposo. No había sacrificios. Era para la oración y el estudio de
la Escritura.
2. Jesús asistía y enseñaba
.Adoración en el nuevo Testamento
Enfoque en Jesús: 1. El hecho más importante acerca de la adoración en el Nuevo
Testamento es su enfoque en Jesús. Se presenta como el Señor del Pacto.
2. Amplía los horizontes del pacto: Judíos y Gentiles.
3. Todo el sistema de adoración del A.T. apunta hacia él.
1. El es el sacrificio final y suficiente Heb. 10:1-18
2. El es el sacerdote. Heb. 6:13-8:13 1 Tim. 2:5
3. El es el tabernáculo (Juan 1:14) y el Templo (Mat.12:6) Apoc. 21:22
4. El es Señor del día de Reposo. (Mat. 12:8)
1. Enfasis en la iglesia
1. Ya no hay sacerdotes, sino todos somos sacerdotes 1 Ped. 2:9
1. Ofrecemos sacrificios espirituales (Rom.12:1) (Fil. 4:18)

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2. Vidas piadosas (Heb. 13:15-16)
1. No sólo somos sacerdotes sino también somos templo.
1. Nuestros cuerpos (1 Cor.6:19)
2. La Iglesia es el templo de Dios (1 Cor. 3:16-17; 2 Cor. 6:19; Ef.2:21)
1. Adoración en espíritu y en verdad Juan 4
1. Adoración en Espíritu. ¿Cuál? El Espíritu Santo
2. Verdad. La realidad, no la Sombra
1. Reuniones cristianas
1. No hay ningún libro en el Nuevo Testamento que sea el equivalente al libro de
Levítico, sin embargo podemos notar algunas prácticas por referencias
sencillas.
1. Lectura de la Escritura (1 Tim. 4:13; Col. 4:16)
2. Salmos e himnos (1 Cor. 14:26; Ef. 5:19; Col. 3:16; Sant. 5:13)
3. Oración (Hechos 2:42; 1 Tim. 2:1-2)
4. "Amen" (1 Cor. 14:16)
5. Sermón o enseñanza (Hechos [Link] 1 Cor. 14:26)
6. Confesión de Fe (1 Cor. 15:1-4; 1 Tim. 6:12)
7. Ofrendas (1 Cor. 16:1-2; Rom. 15:26)
8. Cena del Señor (1 Cor. 10:16, 11:23)
9. Beso santo (Rom. 16:1; 1 Cor. 16:20)
10. Disciplina eclesiástica (1 Cor. 5:4-5)
11. Reuniones los domingos - Día del Señor. Celebración de la
Resurrección (1 Cor. 16:1-2; Hech. 20:7; Apoc. 1:10)

CAPITULO 11

EL CANTO EN LA LITURGIA

EL CANTO EN LA LITURGIA DE LA COMUNIDAD

El canto nos pone en comunicación con Dios y nos pone en sintonía


con la comunidad y con el acontecimiento (misterio) que celebramos.

El canto ayuda a formar comunidad, a expresarla y hacerla festiva.


Fomenta la participación en la celebración; ayuda a superar el
individualismo e integrarse al grupo.

El canto litúrgico tiene función ministerial (SC 112): está en función


de la celebración.

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Un canto es litúrgico en cuanto sirve a la celebración comunitaria en
el momento en que se lo canta. Esto hace que cada canto no sea
bueno en sí mismo, sino para un determinado momento de la
celebración.
El canto no debe durar más que la acción (rito) a la que acompaña, ni
usarse para rellenar momentos de silencio.
También está en función de los participantes, de su cultura y de su
situación concreta.

EL REPERTORIO LITURGICO

Hay que distinguir entre cantos litúrgicos y cantos religiosos.


El canto litúrgico debe expresar la fe de la comunidad, ayudar a
profundizar el sentido de lo que celebramos.
Los cantos litúrgicos deben tener calidad en su música y en su letra.
La música está al servicio del texto.

Los cantos deben respetar el texto litúrgico del Ordinario de la Misa.


Y estar tomados fundamentalmente de la Escritura o de los textos
litúrgicos (SC 121; 23; 33).
Es necesario que haya cantos propios de cada tiempo litúrgico.

El texto de los cantos litúrgicos debe tener:

- calidad literaria (gramatical, sencillez...)


- contenido litúrgico, evangelizador, funcional
- sentido pastoral inculturado
- oraciones en plural (emplear el nosotros en vez del yo)
Cantos fundamentales: Salmo responsorial - Santo
Cantos importantes: Aleluia - Memorial - Amén
Cantos comunitarios: entrada - comunión - (despedida)
Cantos Kyrie/Gloria - ofrendas -
complementarios: Paz/Cordero

Criterios:

- No se puede cantar el primer canto que se nos ocurra.


- No se puede cantar un canto sólo porque sea nuevo o lindo.
- Ni se pueden elegir sólo los cantos que la gente mejor sabe
(hay que ir ampliando el repertorio).

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+ Hay que cantar cantos con calidad musical y letra litúrgica.
+ Cantos que la gente sepa y cante sin dificultad
(los cantos nuevos deben ser bien aprendidos).

VALAORES DEL CANTO EN LA LITURGIA

El canto expresa y realiza nuestras actitudes interiores. Expresa las


ideas y los sentimientos, las actitudes y los deseos. Es un lenguaje
universal con un poder expresivo que muchas veces llega a donde no
llega la sola palabra. En la liturgia el canto tiene una función clara:
expresa nuestra postura ante Dios (alabanza, petición) y nuestra
sintonía con la comunidad y con el misterio que celebramos.

El canto hace comunidad. El canto pone de manifiesto de un modo


pleno y perfecto la índole comunitaria del culto cristiano. Cantar en
común une. Nuestra fe no es sólo asunto personal nuestro: somos
comunidad, y el canto es uno de los mejores signos del sentir común.

El canto hace fiesta. El valor del canto es el de crear un clima más


festivo y solemne, ya sea expresado con mayor delicadeza la oración
o fomentando la unidad. “Nada más festivo y más grato en las
celebraciones sagradas, exprese su fe y su piedad por el canto”.

La función ministerial del canto. La razón de ser de la música en la


celebración cristiana le viene de la celebración misma y de la
comunidad celebrante. La música y el canto tienen dos puntos de
referencias: el ritmo litúrgico y la comunidad celebrante. El canto
sirve “ministerialmente” al rito celebrado por la comunidad.

El canto, sacramento. Dentro de la celebración, el canto y la música


se convierten en un signo eficaz, en un sacramento del acontecimiento
interior. Dios habla y la comunidad responde con fe y con actitudes de
alabanza; se encuentran en comunión interior. El canto es un
verdadero “sacramento”, que no sólo expresa los sentimientos
íntimos, sino que los realiza y los hace acontecimiento.

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