Evolución Histórica de la Lógica
Evolución Histórica de la Lógica
05 FILOSOFÍA
De la Lógica clásica a
la Lógica simbólica.
28-14616-13
Temario 1993
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filosofía
2. La lógica antigua
2.1. Retóricos, filósofos y geómetras
3. La lógica medieval
3.1. Alta Edad Media
5. Lógica simbólica
5.1. El álgebra de la lógica de Boole
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INTRODUCCIÓN
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2. Lógica escolástica. Puede datarse entre los siglos xi a xv, si tomamos el período en sentido muy
amplio, pero también puede restringirse a los siglos xii a xiv, si nos atenemos a las principales
contribuciones. En las universidades de Oxford y París, y en menor medida en otros centros de
estudios como la Universidad de Salamanca, se estudiaban y discutían los compendios de Gui-
llermo de Shyreswood, Pedro Hispano, Guillermo de Ockham, Juan Buridán o Alberto de Sajonia.
Con el redescubrimiento de las obras de Aristóteles, se organiza y amplía su doctrina lógica, al
tiempo que se hacen contribuciones y se plantean nuevos problemas.
3. Lógica simbólica. Es el período que abarca desde la década de 1840 hasta el presente, a un nivel
ya internacional. Boole en Inglaterra y Frege en Alemania son los precursores. Durante la primera
mitad del siglo xx, la lógica se utilizaba sobre todo para formalizar el discurso científico, en espe-
cial el matemático, por lo que estaba muy ligada a la filosofía de la ciencia.
Evitaremos en nuestra exposición las denominaciones «lógica clásica» y «lógica tradicional» por no
ser demasiado precisas. A veces se utilizan como expresiones sinónimas, otras veces no. Y en cual-
quiera de los dos casos, pueden hacer referencia o bien a las exposiciones más o menos eclécticas
de las doctrinas de Aristóteles, Crisipo y los continuadores de uno y otro, hechas durante la Anti-
güedad tardía y en los primeros siglos de la Edad Media, o bien al contenido de los manuales uni-
versitarios de lógica publicados en la Edad Moderna y hasta bien entrada la década de 1950, donde
las enseñanzas de peripatéticos y estoicos se mezclaban con consideraciones de tipo psicológico,
metafísico y de metodología científica.
Nos centraremos en la tradición occidental. Los estudios sobre argumentación, significado o verdad
que tuvieron lugar en los períodos álgidos de India, China, el Tibet o el Oriente Medio son muy in-
teresantes cuando se los considera en sí mismos, pero ni alcanzaron la sofisticación de las escuelas
peripatética y megárico-estoica, ni tampoco han influido directamente en el surgimiento de la lógi-
ca simbólica contemporánea.
¿Qué es la lógica? Determina los tres principales períodos de su historia, dando coor-
denadas de espacio y tiempo, así como nombres de autores.
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2 La lógica antigua
La lógica surge como rama de la filosofía, pero ya desde sus orígenes estaba muy ligada a otras dos
prácticas intelectuales. Por un lado, se vinculaba a ciertos estudios tradicionales acerca del buen uso
del lenguaje, como son la retórica (arte de convencer a un auditorio), la dialéctica (arte de discutir
por turnos) y la gramática (arte de la buena disposición de las palabras). Todas estas artes eran pro-
fusamente empleadas en la vida pública de los griegos. Por otro lado, tenemos también los estudios
de aritmética y geometría, cuyos argumentos eran sometidos a crítica por parte de filósofos y ma-
temáticos. En síntesis, podríamos decir que el contexto civil del diálogo y el contexto científico de
la demostración son las dos raíces de la lógica. Y de nuevo con alguna matización, se observa que
durante casi todo el siglo xx ha predominado el interés por entender la lógica como un estudio de
la demostración.
Antes de Aristóteles y Crisipo no hay lógica como tal. Lo que hay, en todo caso, son ciertos autores
y escuelas que le dan mucha importancia a las buenas prácticas argumentativas. Parménides (ca.
510-440 a.C.) defiende lo siguiente: el ser es uno, inmóvil y perfecto; el no ser no existe, no puede
ser dicho, no puede ser pensado. Una posición tan radical debe ser defendida contra las opiniones
comunes, para lo cual Parménides prepara cuidadosamente sus argumentos. Zenón de Elea (ca.
490-430 a.C.) es el principal expositor de Parménides; su estrategia no era tanto defender las tesis de
Parménides como destruir las tesis del sentido común que afirman la multiplicidad y el movimiento.
¿Pero cómo se ataca una tesis? Zenón utiliza de manera sistemática el razonamiento por reducción
al absurdo, que consiste en suponer como hipótesis A lo contrario de lo que se quiere demostrar,
derivar de allí una contradicción B y no-B, concluyendo finalmente la negación de la hipótesis, no-A.
El supuesto implícito es que lo que conduce a contradicciones debe ser falso.
La reducción al absurdo fue ampliamente utilizada en filosofía y matemática. Un ejemplo filosófico
de Zenón: supongamos que el movimiento entre un punto 1 y un punto 2 es posible; entonces
hay que alcanzar primero el punto intermedio 1.5, pero antes de eso el punto intermedio 1.25, y así
hasta el infinito; habría que recorrer una distancia infinita en un tiempo finito; contradicción, luego
el movimiento es imposible. Ejemplo de Euclides (fl. 300 a.C.) en Elementos, IX: supongamos que hay
un último número primo, al que llamaremos P; construyamos Q como la suma de 1 más el producto
de todos los primos hasta P; Q es mayor que P; por otro lado, Q no es compuesto porque al descom-
ponerlo en primos siempre quedará 1 como resto; contradicción con la hipótesis inicial, luego hay
infinitos números primos.
Los sofistas y los escépticos se hicieron eco de las herramientas destructivas de Zenón. Pero radi-
calizaron su punto de vista al sostener que para cada tesis podemos encontrar siempre un argu-
mento a favor y otro en contra igual de convincentes. En medio de este relativismo cultural surge
Sócrates (ca. 470-399 a.C.), quien observa con desagrado cómo en los discursos políticos, jurídicos
y filosóficos de su tiempo se manejan conceptos abstractos (virtud, bien, valor, justicia...) al tiempo
que se insiste en el origen convencional de los mismos. Sócrates tratará de anclar dichos conceptos
en la realidad social y no en los discursos tendenciosos acerca de ella, descubriendo así en tales
conceptos una estabilidad que, si confiamos en el testimonio de Platón, habría de ser eterna e in-
mutable. Dice Aristóteles: «Dos cosas, en efecto, se le pueden reconocer a Sócrates con justicia: la
argumentación inductiva y la definición universal» (Metafísica, 1078b25). Por la inducción se buscan
definiciones esencialistas; unas definiciones que en Sócrates lo son siempre de conceptos morales,
como atestiguan los diálogos platónicos: amor en El Banquete, amistad en Lisis, talento en Ion, tem-
planza en Cármides, etc. La inducción, por su parte, nos lleva desde lo particular hasta lo universal: se
toma una clase de objetos, se constata que algunos de ellos comparten cierto rasgo, y finalmente
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se concluye que todos los objetos de la clase inicial lo poseen. En el Menón, la inducción parte de
un análisis de las acciones virtuosas hasta llegar a los rasgos característicos que todas esas acciones
y sólo ellas comparten.
Las definiciones esencialistas de Sócrates parecen ser el origen inmediato de las «ideas» de Platón
(427-347 a.C.). Este último no llegó a analizar los procesos argumentativos desde un punto de vista
científico, pero dio un paso más que sus predecesores al preocuparse por construir argumentos y
contrargumentos sobre un mismo tema objeto de debate. Es decir, que no sólo argumentaba a
favor de sus tesis y en contra de las tesis rivales, sino que la forma narrativa del diálogo (que no era
de su invención pero en la cual alcanzó la máxima habilidad) le obligaba a organizar todo tipo de
argumentos: deductivos, inductivos, analogía, comparación de opuestos, etc.
Explica los dos paradigmas, diálogo y demostración, desde donde surge la lógica.
Zenón: la reducción al absurdo. Sócrates: la inducción y la definición.
Los megáricos son una escuela griega de filosofía fundada en el siglo V a.C. por Euclides de Megara
(ca. 450-380 a.C.), un discípulo de Sócrates que no debe confundirse con el autor de los Elementos.
La obra lógica de esta escuela se desarrolla entre los años 400-275 a.C. y en ella destacan Diodoro
Crono (m. 307 a.C.) y su discípulo Filón de Megara (fl. 300 a.C.).
Posterior a la escuela megárica, y en parte coincidente con ella en el tiempo, es la escuela estoica.
Los estoicos continúan la obra lógica de los megáricos en el período que va del 300 al 200 a.C. El
fundador de esta escuela es Zenón de Citio (ca. 336-264 a.C.), quien desarrolló las ideas lógicas de
los megáricos y estimuló en esa direción a sus discípulos Cleantes (ca. 330-232 a.C.) y Crisipo (ca.
281-208 a.C.). Más conocidos son los estoicos del Imperio Romano, como Séneca, Epicteto o Marco
Aurelio, quienes ya no se ocupaban apenas de la lógica de sus maestros griegos.
De la lógica de megáricos y estoicos apenas se conservan fragmentos originales. Todo lo que sabe-
mos sobre ella proviene de comentadores posteriores como Sexto Empírico (ca. 160-210 a.C.), Cice-
rón (106-43 a.C.) o Diógenes Laercio (fl. 230). Casi todos ellos pertenecen a otras escuelas, y muchos
de ellos eran contrarios al estoicismo, por lo que resulta difícil reconstruir su lógica.
La lógica megárico-estoica es proposicional. Los megáricos partían de un cierto número de varia-
bles proposicionales, que representaban escribiendo «lo primero», «lo segundo», etc. Tales variables
representan afirmaciones de las que importa saber si son verdaderas o falsas, pero cuya estructura
interna no interesa. Asó obtendríamos resultados como «Sócrates habla griego» o «la suma de los
ángulos de un triángulo es igual a 90 grados». A continación estudiaban las relaciones de inferencia
que se dan entre proposiciones complejas construidas a partir de proposiciones simples mediante
las conectivas; a saber, «no lo primero», «lo primero y lo segundo», «lo primero o lo segundo», «no a
la vez lo primero y lo segundo», «lo primero implica lo segundo», etc. Por ejemplo de «Sócrates habla
griego» se sigue «No es cierto que Sócrates no hable griego», y también «Sócrates habla griego o
Sócrates es un Padre de la Iglesia».
Los estoicos van más allá. A partir de Crisipo, tratan de derivar cualquier afirmación universalmente
válida a partir de cinco esquemas indemostrables, los themata, que en realidad son reglas de inferen-
cia. Aparecen en Diógenes Laercio, Vidas, VII, 80-81; Sexto Empírico, Esbozos pirrónicos, II, 157-158.
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las definiciones de verdad que se hayan propuesto desde los estoicos hasta la actualidad. Unos ven
el origen de esta paradoja en el cretense Epiménides (VI a.C.), a quien atribuyen la frase «todos los
cretenses mienten», un episodio al que parece referirse San Pablo en Epístola a Tito, I, 12. Otros, como
Cicerón, reconocen la paradoja como una invención de Eubúlides (IV a.C.) bajo la forma «si miento
y digo que miento, ¿miento o digo la verdad?». Hubo más paradojas. Por ejemplo la del calvo: un
hombre con un solo pelo en su cabeza es calvo, con dos pelos también es calvo, con tres también;
en general, si con n pelos es calvo, con n+1 lo seguirá siendo; pero entonces un hombre con millo-
nes de pelos sigue siendo calvo. O la paradoja del cornudo: aquello que no has perdido todavía lo
tienes, pero no has perdido ningún par de cuernos, luego tú tienes cuernos.
Las obras lógicas de Aristóteles (384-322 a.C.) son las seis que aparecen en la tabla, aunque algunos
compiladores consideran que Refutaciones sofísticas es en realidad el último capítulo de Tópicos, con
lo que el número de obras lógicas se reduciría a cinco. Tales obras fueron compiladas por miembros
del Liceo en el siglo I a.C. bajo el título genérico de Órganon, que significa «instrumento», debido al
papel instrumental que Aristóteles reconocía a sus obras lógicas. La palabra en el sentido de
«lógica» no se utiliza hasta que no la pone en circulación Alejandro de Afrodisia (fl. 200) unos qui-
nientos años después de la muerte del maestro.
Ofrecemos en una tabla los tratados lógicos de Aristóteles. Su orden es el clásico, que viene fijado
por la compilación de Andrónico de Rodas en el siglo I a.C. Sin embargo, no es el orden en que pre-
sumiblemente fueron redactados.
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La teoría lógica de Aristóteles, en sentido estricto, es su doctrina del silogismo categórico, expuesta
en los Primeros Analíticos. Es la que introducimos a continuación, comentando el resto de tratados
desde el punto de vista de su relación con esta teoría.
De las Categorías es importante su doctrina de los individuos y los términos. Lingüísticamente, aqué-
llos son unidades de significado de los cuales se predican cosas, pero ellos mismos no se predican
de otras. Los términos, en cambio, se predican unos de otros y asimismo de los individuos. La lógica
de Aristóteles es una lógica de términos porque en los esquemas de argumentación que se estudian
las variables se sustituyen por términos.
En su obra Sobre la interpretación, y distanciándose de la gramática del griego, sostiene que la estruc-
tura lógica de toda frase enunciativa consiste en la relación mediante la cópula «es» de dos términos:
un sujeto S y un predicado P. «S es P» será la unidad mínima de significado. Con la expresión «An-
tonio y su padre son de Atenas» no habría problemas: S es la clase formada por Antonio y el padre
de Antonio, P es la clase de los atenienses en el momento de enunciarse el juicio. Con «Sócrates
camina», en cambio, habría que reescribir la expresión inicial, poniendo en su lugar (Sobre la interpre-
tación, 21b9; Metafísica, 1017a28) «Sócrates es de las personas que caminan».
XX Juicios
Divide los juicios categóricos según la cantidad y la cualidad. De acuerdo a la cantidad, existen juicios
particulares y universales. De acuerdo a la cualidad, juicios afirmativos y negativos. Los juicios como
«Sócrates camina» son vistos como un caso particular de juicio universal, entendiendo que el sujeto
es un término que consta de un solo individuo. El siguiente cuadro recoge la doble clasificación de
Aristóteles, aunque las iniciales A, E, I, O no son suyas sino de la tradición escolástica.
Afirmativo Negativo
Juicio de tipo A: Juicio de tipo E:
Universal
Todo S es P Ningún S es P
Juicio de tipo I: Juicio de tipo O:
Particular
Algún S es P Algún S no es P
Con estos cuatro juicios desarrolla Aristóteles dos sencillas teorías (previas a la del silogismo ca-
tegórico) que se conocen, respectivamente, como teoría de la inferencia inmediata y teoría de la
conversión. Tanto en la exposición de estas dos teorías como en la exposición de la silogística vamos
a separarnos de la letra de Aristóteles, que no siempre es el mejor expositor de sí mismo, y vamos a
seguir la llamada «lógica clásica» tal y como se presenta por ejemplo en Couturat (2008). La lógica
clásica deriva del Órganon de Aristóteles, pero añade buena parte de las correcciones y complemen-
tos de sus principales comentadores desde el Liceo hasta la Edad Moderna.
En la teoría de la inferencia inmedita se disponen los juicios categóricos según un «cuadro de opo-
siciones» que ya estaba implícito en Sobre la interpretación, capítulo 7, pero que no es presentado
en forma de diagrama hasta el comentario In librum perì hermēneías, 75V, de Ammonio de Hermia
(fl. 530).
Tanto A y O como E y I son juicios contradictorios entre sí. I es subalterno de A. O es subalterno de E.
A y E son contrarios. I y O son subcontrarios.
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CONTRARIOS
A: Todo S es P E: Ningún S es P
I: Algún S es P O: Algún S no es P
SUBCONTRARIOS
De la inferencia inmediata, que trata de las relaciones lógicas entre los cuatro juicios categóricos,
tenemos cuatro reglas:
1. De las contradictorias: si una es verdadera, la otra es falsa; si una es falsa, la otra es verdadera. Es
decir, nunca pueden ser verdaderas a la vez.
2. De las subalternas: si la universal es verdadera, la particular también; y si la particular es falsa, la
universal también.
3. De las contrarias: no pueden ser verdaderas a la vez, pero sí falsas a la vez.
4. De las subcontrarias: pueden ser verdaderas a la vez, pero no falsas a la vez.
Convertir un juicio J en otro J’ es deducir J’ a partir de J de tal modo que J y J’ sean equivalentes y
además el sujeto de un juicio es predicado del otro. Hay dos reglas:
1. Conversión simple: los juicios E, I se convierten directamente; «ningún S es P» implica «ningún P
es S», y «algún S es P» implica «algún P es S».
2. Conversión parcial: cada juicio de tipo A se rebaja a uno de tipo I; «todo S es P» implica «algún P es
S».
XX Silogismos
En Analíticos primeros, 24b15, define Aristóteles el silogismo como «enunciado en el que, sentadas
ciertas cosas, se sigue necesariamente algo distinto de lo ya establecido por el <simple hecho> de
darse esas cosas».
Esta definición es muy amplia; engloba tanto los silogismos aristotélicos como las reglas y teoremas
de los megárico-estoicos, así como otras muchas variedades posibles. La noción de silogismo que
se maneja de forma implícita en los Primeros Analíticos es en realidad más restringida. Se trata de una
secuencia que cumple los tres siguientes juicios aristotélicos:
1. El sujeto S de la conclusión (término menor) aparece en una y sólo una de las premisas (premisa
menor), ya como sujeto o como predicado.
2. El predicado P de la conclusión (término mayor) aparece en una y sólo una de las premisas (pre-
misa mayor), ya como sujeto o como predicado.
3. Las dos premisas comparten un mismo término M (término medio) que desaparece en la con-
clusión.
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Tradicionalmente se clasifican los silogismos mediante cuatro figuras, que abarcan todas las mane-
ras posibles en que el término medio se distribuye por las premisas. Sean T, U dos términos cuales-
quiera. Escribiremos TaU para «todo T es U», TeU para «ningún T es U», TiU para «algún T es U», ToU
para «algún T no es U». Al escribir TxU dejamos sin determinar qué tipo de relación existe entre T y U.
El diagrama siguiente ilustra la disposición tradicional de las cuatro figuras.
Aristóteles sólo reconocía tres figuras, pues su criterio de clasificación era algo distinto al recogido
por la tradición. Nosotros nos atenemos a esta última, cuya cuarta figura fue atribuida por Averroes
(1126-1198) a Galeno (130-200).
La clasificación tradicional de los silogismos en figuras representa la distribución de los términos me-
nor, mayor y medio en las premisas. Pero tanto las premisas como la conclusión pueden ser de cuatro
tipos (A, E, I, O), lo cual supone clasificar cada figura mediante 64 modos distintos. Por haber 4 figuras y
64 modos, existen 4 ´ 64 = 256 combinaciones distintas a tener en cuenta. Pero solamente unas pocas
de ellas, 24 exactamente, son silogismos válidos desde el punto de vista de la lógica antigua.
De los 24 silogismos válidos hay alguno cuya conclusión no es todo lo informativa que pudiera ser.
Por ejemplo: de «todo A es B» y «todo B es C» se sigue «todo A es C». Esto es reconocido por Aristóte-
les, quien sin embargo no reconoce que de esas mismas premisas se sigue «algún A es C». Aristóteles
considera que la conclusión es débil pudiendo ser más fuerte. Su criterio le llevó a reconocer como
auténticos silogismos 19 de los 24 que la tradición recoge.
El modo en que Aristóteles demuestra sus 19 silogismos válidos, y que se puede usar en realidad
para demostrar los 24 de la tradición, es axiomático. Toma tres silogismos de la primera figura como
axiomas y se sirve de ciertas reglas, entre las cuales se cuentan las de la inferencia inmediata, para
demostrar el resto de silogismos válidos. Más novedosa es su utilización de contraejemplos para
demostrar que un silogismo no es válido.
XX Influencia
La lógica de Aristóteles fue desarrollada en el Liceo tras la muerte del maestro por autores como Teo-
frastro o Eudemo, contemporáneos de Diodoro Crono y Filón de Megara. La lógica de Aristóteles era
estudiada con independencia de consideraciones filosóficas sobre el conocimiento, la abstracción,
el error, el lenguaje, etc. Unos intérpretes acentuaban su diferencia con respecto de la lógica estoica,
mientras otros (los menos) trataban de buscar una síntesis entre ambos sistemas.
Porfirio (ca. 232-304), discípulo de Plotino, escribe una Isagoge («Introducción») a la lógica de Aristó-
teles en el III d.C. Con la intención de aclarar y desarrollar algunos puntos oscuros de las Categorías,
distingue Porfirio cinco predicables o modos de predicarse un término de otro: género, especie,
diferencia, propio y accidente. Enuncia además lo que durante la Edad Media se conocerá como el
problema de los universales: el modo de realidad que podemos atribuir a las sustancias segundas
referidas por los términos de la silogística.
Partes del Órganon. ¿Dónde encaja la doctrina del juicio y dónde la del silogismo?
Expón la doctrina del juicio. Habla brevemente de los silogismos.
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3 La lógica medieval
Fecharemos la Edad Media entre los años 400 y 1400 aproximadamente. O si se prefiere pensar en
términos de historia de la lógica, entre las traduciones de Boecio del Órganon y las últimas obras de
Guillermo de Okcham y Duns Scoto.
Las contribuciones medievales a la lógica giran en torno a la semántica del latín técnico empleado
en los razonamientos, por un lado, y acerca de lo que hoy llamaríamos metalógica, por otro. Ejemplo
de esto último es la discusión de la regla ex falso quodlibet por la cual de una contradicción se sigue
cualquier afirmación. La accesibilidad de los textos era un factor decisivo: hasta mitad del siglo XII las
únicas obras de lógica con que se contaba eran las Categorías y De la interpretación de Aristóteles, la
Isagoge de Porfirio, y varios comentarios de Boecio y Marciano Capella.
Boecio (472/480-524/525), que ha sido llamado «el último romano y el primer medieval», es impor-
tante en la historia de la lógica como traductor de las Categorías y Sobre la interpretación, llevadas a
cabo entre finales del siglo v y principios del vi, que junto a su traducción de la Isagoge de Porfirio
fueron las principales obras de lógica que conocieron los filósofos de la Edad Media hasta que a
mediados del siglo xii el resto de tratados de lógica, sobre todo los aristotélicos, fueron conocidos a
través de traducciones indirectas del árabe. También algunos comentarios de Marciano Capella (fl.
420) eran generalmente leídos en este primer período medieval.
De este último autor es también importante para nosotros la organización de las artes liberales en
el trivium (gramática, retórica, lógica) y el quadrivium (aritmética, geometría, astronomía, música).
Colocando la lógica dentro del trivium, Capella aseguró que esta disciplina fuera estudiada durante
siglos.
A falta de una doctrina lógica lo bastante sustantiva, la lógica es confundida en ocasiones con la
dialéctica o con la retórica. San Agustín (354-430) dice al comienzo de su inacabada De dialectica
que la dialéctica es la ciencia de bien argumentar: dialectica est bene disputandi scientia. En esta afir-
mación parece asumir, como otros muchos medievales, que la lógica era una parte de la dialéctica.
Más adelante, la Dialectica de Alcuino de York (ca. 735-804) se limitada a comentar las categorías de
Aristóteles y es también un claro ejemplo del tipo de lógica que se hacía en la época.
Solamente a finales de la alta Edad Media asistimos a un lento despertar de la lógica como doctri-
na de los argumentos válidos. La principal figura es Pedro Abelardo (1079-1142), quien solamente
contaba con las traducciones de Boecio y unas pocas referencias indirectas sobre silogismos. Su
mérito consiste no tanto en sus aportaciones como en preparar un ambiente intelectual favorable
a la recepción de las nuevas ideas lógicas. Retomó la discusión de los universales de Porfirio. Con
su obra Sic et non establecía el estilo escolástico de proponer un asunto, la quaestio, seguida de
una elaboración de los argumentos a favor y en contra, a su vez seguidos de una solutio con la cual
podían volver a discutirse algunos de los argumentos en contra de esta última. También inició una
discusión, que más tarde sería clásica, acerca de los condicionales o consequentiae. Sostenía que la
verdad más elevada de un condicional debía venirle de su forma, y no de los hechos, con lo cual
estaba diciendo algo así como que los condicionales dignos de estudio son aquéllos que expresan
verdades lógicas.
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Haz un breve recorrido por la lógica medieval, destacando la teoría de los términos y
la teoría de las consecuencias.
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Pero lleva algo de razón en la medida en que desde Aristóteles y Crisipo en la Antigüedad hasta el
nacimiento de la lógica simbólica en el xix no se avanza demasiado en la dirección que hoy recono-
ceríamos como formal, es decir, en el desarrollo de lenguajes formales y de mecanismos de cálculo.
Gottfried Leibniz (1646-1716) propuso la creación de una characteristica universalis o lengua artificial
que pudiera representar las ideas simples del pensamiento. Dicha lengua sería unívoca y además
permitiría la mecanización del pensamiento mediante la manipulación reglada de los símbolos del
lenguaje.
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5 Lógica simbólica
La lógica simbólica contemporánea tiene dos fuentes. Una de ellas es la tradición algebraica de la
segunda mitad del siglo xix, que podría emparentarse con el programa de Leibniz de no ser por
la escasa influencia directa de éste. Nace con El análisis matemático de la lógica (1847) de Boole y
supone la utilización de ecuaciones algebraicas para describir enunciados lógicos. La otra fuente se
origina en la Conceptografía (1879) de Frege y se desarrolla no sólo por ser técnicamente más acaba-
da, sino por incorporar un programa de investigación propio: el logicismo.
XX Boole
La aportación fundamental de Boole (1815-1864) es la de utilizar ecuaciones algebraicas para repre-
sentar afirmaciones lógicas. Y aunque tras un vistazo superficial a la obra original de Boole solamente
advertirán expresiones algebraicas de un mismo tipo, donde un símbolo de igualdad separa ristras
de símbolos que contienen fundamentalmente variables, sumas y productos, lo cierto es que dichas
expresiones fueron utilizadas para formalizar las dos teorías lógicas que hasta entonces se conocían,
a saber, la lógica proposicional de los megárico-estoicos y la silogística de Aristóteles.
Quiere decir esto que Boole tenía perfectamente clara la distinción entre la lógica de las propo-
siciones y la lógica de los términos, lo que no era poco en la época. Formalizó sendas teorías por
separado, de un modo que en aquel entonces era verdaderamente impactante, pero también hay
que subrayar que no llegó a ver la profunda unidad que existía entre estas dos teorías. A diferencia
de lógicos posteriores, Boole aceptaba que existían dos lógicas distintas, aplicándose a matematizar
cada una de ellas por separado.
En su formalización de la lógica proposicional, Boole escribe x, y, z... para denotar proposiciones
simples, que él llama «categóricas». Entiende que una proposición categórica es «una sentencia
que afirma o niega» (Boole, 1984: 59), y que una proposición compleja, que él llama, «hipotética», es
aquélla que «se define como dos o más categóricas unidas por una cópula» (Boole, 1984: 87). Ahora
bien, ¿cómo representar proposiciones complejas, y cómo deducir unas de otras? El cuadro siguien-
te ofrece las principales claves:
Expresión Formalización
x es verdadera x=1
x es falsa x=0
x y además y xy
x o bien y x+y
Tomando las variables x, y, z, como representantes de que está lloviendo, está granizando y está
helando, la expresión z(1–x)(1–y) representa la idea de que hiela pero ni llueve ni graniza. Con este
formalismo, la interpretación de la disyunción como disyunción inclusiva y la ayuda de unas pocas
reglas encaminadas a despejar incógnitas para sustituirlas por los valores 1 (lo vedadero) y 0 (lo fal-
so), Boole construye un sistema lógico muy similar a nuestra moderna lógica de proposiciones.
Por otro lado, en su formalización de la lógica aristotélica de términos, Boole sigue de cerca a la
tradición cuando afirma que «una proposición tiene necesariamente dos términos, como hombres,
mortales [...] y debe ser afirmativa o negativa, y también universal o particular» (Boole, 1984: 59) .
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Pues bien, tomando ahora 1 como la totalidad de los objetos, 0 como la nada, v como aquello que
comparten x e y, tenemos que:
Expresión Formalización
A: Todo x es y xy = x
E: Ningún x es y xy = 0
I: Algún x es y v = xy
O: algún x no es y v = x(1–y)
De nuevo la manipulación algebraica nos permitiría derivar las leyes de la lógica bajo estudio, con
la diferencia de que una buena formalización de la silogística permite descubrir muchas más leyes
de las ya conocidas.
Como hemos dicho antes, la principal aportación de Boole fue la de aplicar el lenguaje y las reglas
del álgebra a las dos teorías lógicas por entonces conocidas. Pero debemos recordar también que
todo esto no hubiera sido concebible si antes no hubiera cambiado la noción misma de matemática
que se tenía en el siglo xix. En lo que concierne al álgebra, observamos que esta ciencia pasa con
Peacock de ser una teoría de las ecuaciones aritméticas a ser una teoría general de las ecuaciones,
cuyas leyes pueden variar en función del significado que se les atribuya a las variables. Ellas no tienen
por qué ser sólo números, sino que pueden ser vectores, matrices, etc., con lo que queda despejado
el camino para que Boole las pueda interpretar también como proposiciones de la lógica megárico-
estoica o como términos de la lógica aristotélica. Algo análogo sucedía por aquel entonces en geo-
metría de la mano de las geometrías no euclidianas que desarrolló Lobatchevsky.
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El último representante de esta tradición, que suele denominarse «álgebra de la lógica», fue el ale-
mán Ernst Schröder (1841-1902), quien recopiló todas los avances de la segunda mitad del xix en sus
Lecciones sobre el álgebra de la lógica (1890-1905) en tres volúmenes.
Boole y su escuela algebraica tienen el mérito de haber abordado la investigación lógica con he-
rramientas matemáticas. Pero no es hasta Frege, como veremos a continuación, que las principales
teorías lógicas conocidas hasta el momento (la de proposiciones y la de predicados) se presentan
como parte de una lógica mucho más amplia, que las rebasa tanto en conceptos y resultados como
en rigor matemático.
XX Frege
Gottlob Frege (1848-1925) publicó en 1879 la que se considera obra fundacional de la lógica sim-
bólica. Su título completo era Conceptografía. Un lenguaje de fórmulas, semejante al de la aritmética,
para el pensamiento puro. Allí se proponía fundamentar el razonamiento matemático mediante un
lenguaje artificial que sustituyera por completo las expresiones de lenguaje natural que aparecen en
los libros de matemáticas, así como mediante reglas de cálculo que sustituyese las reglas intuitivas
que los matemáticos dan por buenas al razonar.
Su aportación más importante al lenguaje de la lógica consistió sin duda en el modo de cuantificar
variables. Primero consiguió unificar la lógica de enunciados, la de predicados y la de relaciones (de
Peirce) mediante una sintaxis que tiene en cuenta tanto la estructura interna de las oraciones como
las conexiones entre ellas. Pero es que además cuantifica sobre variables en cualquier lugar de la ex-
presión, incluyendo así las conectivas proposicionales dentro del alcance de un cuantificador. Como
ejemplo veamos el modo en que formaliza los cuatro juicios de Aristóteles.
Afirmativo Negativo
Todo S es P Ningún S es P
Universal
∀x (Sx → Px) ∀x (Sx → ¬Px)
Algún S es P Algún S no es P
Particular
∀x (Sx ∧ Px) ∃x (Sx ∧ ¬Px)
Esta formulación difiere de la idea que tenía Aristóteles sobre los juicios universales. Aristóteles so-
breentendía que al afirmar que todo S es P se está aceptando la existencia de algún S, es decir, que
para él un juicio universal afirmativo dice que hay algún S y que además todo aquello que es S
también es P. Y lo mismo con los juicios universales negativos. Frege, en cambio, considera que ese
tipo de juicios solamente hacen afirmaciones hipotéticas, es decir, que para Frege un juicio universal
afirmativo dice que, en el caso de que existiera algún S, ese S sería P. Y los mismo con los juicios uni-
versales negativos. Esto hay que tenerlo en cuenta, pero no supone mayor problema; si queremos
formalizar con el lenguaje de Frege lo que Aristóteles entendía por un juicio universal afirmativo
basta escribir ∃x Sx ∧ ∀x (Sx → Px).
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Aparte de la sintaxis, define un cálculo para l lógica de predicados (para una extensión suya, si quere-
mos ser exactos) que años después resultó ser correcto y completo. Es decir, que definió un lenguaje
donde se podía expresar uniformemente todo aquello que antes sólo se podía expresar con frag-
mentos desconectados de diferentes lógicas, y además ofreció un cálculo con el cual probar todas
las verdades lógicas expresables en su nuevo lenguaje.
Por último, otra razón que explica el éxito de la lógica de Frege es el programa logicista. En efecto,
Frege no sólo inventa una nueva teoría, sino que la presenta al público como una herramienta y
propone qué debe intentarse hacer con ella. Lo que debe intentarse es nada menos que reconstruir
la matemática a partir de la lógica, lo cual implica definir todos los conceptos matemáticos a partir
de conceptos lógicos y demostrar todos los teoremas matemáticos desde teoremas lógicos.
Principales aportaciones de Frege a la lógica. ¿En qué sentido relaciona lógica y mate-
mática de forma distinta a Boole? Su programa logicista.
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CONCLUSIÓN
Hemos visto cómo puede trazarse una historia coherente de la lógica desde Aris-
tóteles hasta bien entrado el siglo xix. Su objeto de estudio, según esta historia,
fue siempre el razonamiento válido. Y su división interna comprendía las siguientes
secciones: teoría del concepto, teoría del juicio, teoría del razonamiento, teoría ge-
neral de la ciencia. Esta última obtuvo un especial desarrollo en la Edad Moderna,
que además imprimió un sesgo psicologista en la lógica. No será hasta el siglo xx
cuando el objeto de la lógica vuelve a ser de nuevo el discurso argumentativo y
no el pensamiento.
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filosofía
BIBLIOGRAFÍA
ARISTÓTELES (1994): Tratados de lógica (Órganon) I: Categorías. Tópicos. Sobre las refutaciones sofísticas. Ma-
drid: Gredos. Original del IV a.C.
ARISTÓTELES (1995): Tratados de lógica (Órganon) II: Sobre la interpretación. Analíticos Primeros. Analíticos
Segundos. Madrid: Gredos. Original del IV a.C.
ARNAULD, A. y NICOLE, P. (1987): La lógica o el arte de pensar. Madrid: Alfaguara. Original: La Logique, ou
l’Art de Penser, 1662.
BOOLE, G. (1984): El análisis matemático de la lógica. 2ª ed. Madrid: Cátedra. Original: The Mathematical
Analysis of Logic, 1847.
FREGE, G. (1972): Conceptografía. En Frege, Conceptografía. Los fundamentos de la aritmética. Otros escritos
filosóficos. México: UNAM. Original: Begriffsschrift, 1879.
Fuentes secundarias
BOCHEŃSKI, I. M. (1985): Historia de la lógica formal. Madrid: Gredos. Original: Formale Logik, 1956.
Influyente historia de la lógica. Su estructura, muy poco habitual, alterna cientos de textos originales y comne-
tario a los mismos.
COUTURAT, L. (2008): «Compendio de silogística». En C. García Trevijano, El arte de la lógica. 4ª ed. Madrid:
Tecnos, 11993, pp. 203-218. Original de 1901.
Buena exposición, muy condensada, de los principales conceptos de la silogística. Su exposición del cálculo no
es, sin embargo, demasiado completa.
GARRIDO, M. (2007): Lógica simbólica. 4ª ed. Madrid: Tecnos, 11974.
Contiene un apéndice sobre historia de la lógica.
KNEALE, W. y KNEALE, M. (1972): El desarrollo de la lógica. Madrid: Tecnos. Original de 1962. Hay segunda
edición en inglés, no traducida, de 1984.
Uno de los tratados de historia de la lógica más leídos en la segunda mitad del siglo xx. Algunos capítulos
están algo desfasados, pero sigue siendo una de las mejores obra de referencia que cubre todo la histora de la
lógica.
MATES, B. (1985): Lógica de los estoicos. Madrid: Tecnos. Original de 1953.
Reconstrucción de la lógica de los estoicos.
MATES, B. (1987): Lógica matemática elemental. Madrid: Tecnos. Original de 1965.
Contiene un apéndice sobre historia de la lógica.
NIDDITCH, P. H. (1987): El desarrollo de la lógica matemática. 4ª ed. Madrid: Cátedra. Original de 1962.
Libro muy breve que recoge los hitos fundamentales de la historia de la lógica.
WOODS, J. y GABBAY, G. M. [eds.] (2004–): Handbook of the History of Logic. 9 vols. Amsterdam: Elsevier.
Todavía en curso, es el proyecto editorial más ambicioso ligado a la historiografía de la lógica. Sus capítulos son
excelentes y muy detallados.
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RESUMEN
1. La historia de la lógica como En Primeros analíticos se estudian los silogismos: de dos afir-
maciones con un término común se sigue una tercera donde
disciplina desaparece ese término.
La lógica es el estudio de la validez formal de los argumentos. Hay 24 silogismos válidos, que se demuestran axiomática-
mente. La falsedad del resto de silogismos se demuestra me-
Lógica antigua: siglos IV y III a.C. en la Grecia clásica.
diante contraejemplos.
Lógica escolástica: siglos XII a XV en la Europa occidental.
Los seguidores de Aristóteles desarrollan la silogística, fre-
Lógica simbólica: desde la década de 1840 hasta el presente. cuentemente enfrentádola a la lógica megárico-estoica.
Enfoque: Haremos historia de todo aquello que en el pasado
ha contribuido a forjar lo que hoy entendemos por lógica, no
de aquello que entonces pasaba por ser lógica. Se trata del
enfoque interno. 3. La lógica durante la Edad
Media
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Hacia mitad del xix se aplican razonamientos de tipo algebrai- Frege construye un lenguaje formal y un cálculo con los cua-
co sobre las lógicas de Aristóteles y de los megárico-estoicos. les razonar acerca de la matemática, y en particular dar un
fundamento lógico a la aritmética.
La obra más influyente de este período es El análisis matemá-
tico de la lógica (1847) de Boole. En 1910-1913 se publican los Principia Mathematica de Russell
y Whitehead, donde se intenta materializar el programa logi-
Peirce investiga la lógica de relaciones. cista de Frege.
Schröder recoge la tradición británica del álgebra de la lógica
en sus Lecciones sobre el álgebra de la lógica (1890-1905)
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AUTOEVALUACIÓN
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