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de la ceriescultura Carrillo de Antiinez _ © INSTITUTO NACIONAL DE ANTROPOLOGIA E HISTORIA Cérdoba 45, colonia Roma Delegacién Cuauhtémoc CP 06700, México, DF ‘Queda prohibida la reproduccién parcial o total, directa o inditecta, del contenido de la presente obra, sin contar previamente con la autorizacién expresa y por eserito de los editores, en términos de la Ley Federal del Derecho de Autor y, en su caso, de los tratados internacionales aplicables. La persona que infrinja esta disposici6n se hard acreedora a las sanciones legales correspondientes. Impreso y hecho en México Printed and made in Mexico El arte de la ceriescultura de Carmen Carrillo de Anttinez Reflexiones sobre el baile y la danza motivadas por algunas figuras de cera Sara Molinari y Daniel Inclan He visto, con sincera admiracién, la obra escultérica de la sefiora Carmen de Antiinez y me complazco en apreciar en ella una poderosa interpretacién del pueblo mexicano y una auténtica expresin de su vida esfor- zada, ferviente y noble. Ojala las circunstancias dieran ‘ocasién a tan digna artista de ver y expresar, en una ga- lerfa continental, la vida de otros pueblos de América Jaime Torres Bover a complejidad y la armonfa estéticas de los bailes en el territorio mexicano maravillé y sigue maravillando a quienes los ven y sienten; desencadenan miiltiples sentimientos, que van desde la fascinacién hasta la creacién de otros medios que testimonian y prolongan su importancia. Carmen Carrillo de Antinez fue uno de esos seres maravillados; registré las danzas tradicionales del territorio nacional, como parte de su compromiso con las culturas indigenas, en esculturas de cera que perpettian danzas centenarias, con la intencién de transmitir a otros la inconmensurable sensacién de la vivencia ritual dancfstica de los grupos indfgenas del pats. Carmen Carrillo de Antiinez, inolvidable funcionaria del 1naH, dedicé gran parte de su vida a la creaci6n artistica para mostrar y traer al presente las distin- tas actividades de los grupos indfgenas de México. Autora de obras emblematicas del Museo de Antropologia, como el diorama de El Mercado de Tlatelolco, que ha permitido visualizar a generaciones enteras, con toda claridad, cémo era ese enorme mercado indigena. Con la misma calidad artfstica, Carrillo de Antinez realiz6, hace més de medio siglo, cincuenta piezas en ceriescultura para el Museo de Etnografia, con la intensién de plasmar la riqueza y complejidad de algunos de los bailes tradicionales mexicanos. En aquella época, de efervescencia artistica y de recuperacién del mundo indigena, Carrillo de Anttinez asumié el doble reto de reconstruir los bailes indigenas en piezas tinicas, que sintetizaran toda una secuen cia dancistica, y el de hacer obras con una alta calidad estética. Sin duda logré su cometido, y mucho més, pues hoy esas piezas no son sélo importantes por su valor artistico sino también por su valor documental, ya que sirven de lente para viajar en el tiempo y ver las continuidades y transformaciones de los bailes tradicionales. El redescubrimiento de las 50 piezas de cera, que el Museo de El Carmen esta restaurando para su exhibicién, remueve la conciencia y trae al presente la impor- tancia de estudiar para recuperar, conservar y reflexionar sobre las formas creativas que adquiere la danza, la miisica y la fiesta en las comunidades indigenas. Ideas sobre el cuerpo en movimiento La cabeza sede su firmeza por un i y venir oblicuo, que traza Gvalos amplios y pequenos, dos brazos se contonean en el aire, acompanados por un pie que marca el rumbo, el ritmo y la intensidad del movimiento del otro pie, en el centro, la ca- dera, que de discreta pasa a intensa y evidente para organizar todo un cuerpo agita- stinta de la pausada do, que transita de una posicién a otra con cierta velocidad, o repetitiva con la que se ejecutan los movimientos en una situacién cotidiana (de trabajo, reposo 0 contemplacién). Alguien baila; suspende por un instante la legalidad del orden de cosas impe- la diaria; cuestiona el cuerpo del trabajo que persigue un fin ajeno cto mismo es un fin, contradiciendo el quehacer diario. rantes en la vi al cuerpo, en el baile el a La danza invierte el mundo, convierte lo ltidico en la razén —evanescente— del movimiento, conquista un espacio vital que de otra forma es para la produccién 6 el descanso y logra un nuevo equilibrio relativo de la vida. El baile es un acto existencial por excelencia, en él se reafirma una necesidad de vivir; guarda una cercania con lo sagrado, es un puente comunicativo entre la sacralidad de la vida y la esfera de lo divino 0, en muchas ocasiones, lo demoniaco. Si el baile es un fin, Joes en tanto acto para la vida, para los que la otorgan (Io divino, la naturaleza, lo Otro) o para los que la quitan (los demonios, la muerte, la fatalidad) y para los que los arrojados en el mundo de la vida). externa (oida, sentida, interpretada) o in- la viven (los sacros I cimiento del puente es la misi tema (pensada, recordada o inventada), que mueve al cuerpo como un viento mul- tidireccional, marcando el itinerario y el ritmo de cada secuencia de actos, que en sui conjunto escenifican una pieza de baile. La mtisica es esa voz que susurra o retumba al ofdo y le pide al cuerpo desplazarse en otra direcci6n, en otro tiempo a vor de la sacralidad, de la alegria de y en otro espacio al que suele hacerlo; tar vivos, que la humanidad inventa para mantener el pacto con el orden césmico. ia con un balbuceo que tencia, la miisica, ini Una expresién de la vor de la e' transforma las palabras hasta convertirlas en un lenguaje distinto, que parte de la boca y que sucle acompafarse de instrumentos que imitan y transforman el arte de emitir sonidos con el cuerpo. Un tarareo es suficiente para iniciar un baile, y un conjunto de instrumentos musicales necesarios para erigir ese puente con lo sacro. El encuentro con lo sagrado suele requerir salvaguardas y medios de conexi6n, por lo general el traje y la mascara. El primero recalca la especificidad del tiempo del baile, distinto del tiempo cotidiano; el segundo, la puerta abierta a lo sobre- natural, en la que la persona que ejecuta el baile deja un poco de sf para ser algo mas, para representar una entidad que puede acceder al mundo de los dioses o al inframundo, El contenido existencial, aparentemente natural y universal, s6lo tiene sentido y actualidad si esta cargado de una densidad histrica, en la que se reactualizan y sintetizan las distintas memorias de una comunidad, sus cosmovisiones y pugnas por construir una forma de vida. A pesar de ser una actividad universa repite a lo largo del mundo, el baile es un acto singular, ubicado en el contexto , que se Reflexiones sobre el baile y la danza motivadas por algunas figuras de cera histérico de una comunidad. No hay algo asf como un baile tnico, sdlo bailes concretos que sintetizan una apuesta por un tipo de mundo y los esfuerzos por lograrlo. Por eso, bailar no es solo mover el cuerpo de cierta forma, sino dotar de significado a esos movimientos (de la misma manera que el hablar no es sélo organizar sonidos, sino darles un contenido). Bailar no s6lo es movimiento, sino actualizacién corporal de un sentido del mundo y de la vida; cada movimiento es una construccién de significaciones que recuperan y compendian Ja memoria y la historia de una comunidad. Es por ello que danzar no es sélo forma, sino expresion de un contenido histérico. Bailar, ademas de acto simbélico, es un momento de expresién, de sentimien- to, de sensibilidad, una préctica que junta las emociones de quienes lo ejecutan y la tradicion de una comunidad. Abt reside su importancia vital, pues enlaza el sentimiento individual de vivir con la idea del mundo construida socialmente; es una prictica que sintetiza la individualidad creativa y la dimensién social de la ‘obre todo, porque el baile es un acto que inicia desde uno hacia otros, existenci de uno para los demés, en un juego que suele invert los papeles, los que ejecutan se convierten en contempladores y los que contemplan en danzantes, asf hasta que el tiempo del baile acaba. Como actividad social compleja, que articula distintas creatividades sociales, la danza lleva cierta especializacién y una division de tareas para Hlevarse a cabo. En el caso de los bailes comunitarios, los miembros de la comunidad son, al mis- mo tiempo, productores, ejecutores y espectadores. En muchas ocasione: josis de la danza la convierte en un mecanis- sn social al interior de una colectividad, sea por sus contenidos esta sim mo de diferenciac’ religiosos, politicos o econémicos. Los bailes de orden religioso estin relacionados con cosmogonias y con ritos particulares; en términos politicos se asocian con mecanismos de legitimacién de la jerarquia social y sus métodos de control o a la apologia de instituciones sociales; en términos econémicos hay contenidos de posicién de clase en la organizacién social. En ciertos contextos hist6ricos los tres niveles estan imbricados tan estrechamente que no es posible diferenciarlos, salvo que se trate de danzares seculares 0 profanos. Eso no quiere decir que no existan pautas que conecten a los distintos bailes y que permitan comparar el acto en sus distintas versiones. Hay ciertas estructura- ciones en la danza que permiten mirarlas comparativamente. comprende el territorio de Mé co, el baile ha cum- En el caso de lo que hoy plido una funcién de resistencia y de inscripcién de otros tipos de vida en el orden civilizatorio dominante. La presencia indigena, negra, asidtica y europea en las distintas formas de danza que hay en el pais, hace patente no sélo las centenarias n, herederos de antiguas civiliza- historias de los diferentes grupos que lo habit ciones, sino también de las distintas luchas que han tenido que librar contra la imposicién colonial. Los bailes del pais son una muestra del abigarramiento que esta en la base de la organizacién social, donde confluyen elementos de distintas tradiciones, de diferentes temporalidades y de diversas causas hist6ricas. A pesar de la cristianizacién de los bailes comunitarios, en ellos hay un nticleo centenario Reflexiones sobre el baile y la danza motivadas por algunas figuras de cera El arte de la ceriescultura de Carmen Carrillo de Antuinez que se manifiesta en la ejecucién de las danzas, en los atuendos, en la miisica, en los motivos, en el calendario ritual; a través de ellos se pueden ver las distintas cosmovisiones que estén interactuando. EI baile en México es un crisol de experiencias, que transgrede la impo de control social tinico, demostrando la multiplicidad de formas de vivir y pensar que hay en el territorio. También es un elemento de conservacién del orden social n que cada comunidad ha construido en su interior, como resultado del mestizaje de experiencias vitales contrapuestas (la europea, la prehispénica, la africana, la asidtica). El baile como parte central de la ritualidad comunitaria, es tanto una expresién de resistencia como de conservacién de experiencias, de saberes y de cosmovisiones; es uno de los nticleos duros de la tradicién. Los bailes tradicionales en México al no ser una actividad profesionalizada, 0 aislada de la vida laboral y por su complejidad de produccién, requieren de una disposicién de la economfa comunitaria que garantice los materiales necesa- rios para su realizacién (trajes, instrumentos, alimentos); as{ como la participacién de los distintos miembros de la comunidad, que realizan una actividad mas a las existentes en su jornada de trabajo. También quienes ejecutan la danza dedican un tiempo extraordinario, fuera de la esfera de la produccién, al montaje, ensayo y presentacién. Esta economia del ritual, de redistribucién de excedentes y de tiem- po, es lo que permite ejecuciones dancisticas con una riqueza estética. Estas expresiones del cuerpo en movimiento son también un espacio de inte- raccién de experiencias acumuladas, entre los viejos que han representado mu- chas veces las danzas y los jévenes que se integran como relevos generacionales. La praxis del baile integra el vigor, el impetu y la voluntad de la gente joven, con la delicadez, armonfa y serenidad de las personas viejas. El baile, como parte de la ritualidad, es un espacio, junto al laboral, en el que se transmiten experiencias intergeneracionales. Es el cfrculo que conjunta las edades de la vida en btisqueda de un equilibrio césmico menos desigual Cinco danzas representadas en las esculturas de cera de Carmen Carrillo de Antuinez Danza de Los Paragiieros. Trajes sobrios y originales, deslumbran por su be- Hleza; ataviados con bordados de la més alta calidad, que las mejores bordadoras de la comunidad confeccionan. En ellos se representan la flora y la fauna de la regién, y alternadamente aparecen figuras de seres sobrenaturales, El bordado es un ejemplo de habilidad manual y de creacién de vigorosa imaginacién; el fin: representar la danza de los Paragiieros. Se interpreta en el estado de Tlaxcala, en los municipios de Papalotla, Santa Ana Chautempan y Tepeyanco, con diferencias particulares en cada comunidad En Papalotla se ejecuta en compatiia de los charros; en conjunto danzantes y charros van de casa en casa hasta llevar a la comunidad al z6calo, donde un in- tenso espectaculo de fuegos artificiales cierra el tiempo del baile. En Santa Ana Chautempan, los paragiieros bailan como parte del carnaval junto con los dan- zantes de las mascaritas y los catrines. En Tepeyanco los paragtieros interpretan la danza De la Culebra, en la que dan latigazos a unos gallos que sacrifican, de acuerdo con una tradicién prehispanica El atuendo de los paragtieros es un traje de terciopelo negro que consta de pantal6n y chaquetilla, coordinado con un pafuelo bordado al cuello; Ilevan en la cabeza una mascada amarrada; los pies calzan botas que les Hlegan a una cuarta debajo de la rodilla; de la cabeza cae una prenda semejante a un mantén de Mani- la, ellos la llaman pao, doblado a manera de rombo y bordado en forma exquisita, Sobre el pafio, un sombrero con un hermoso tocado, similar a un penacho, con plumas de guajolotes silvestres o de pavo real. La semejanza que este adorno tie- ne con una sombrilla abierta motiva la denominacién de el paraguas. En la parte trasera, prendido al sombrero para sostener el penacho, portan una escarola de la que cuelgan listones de distintos tamafios y colores. En el rostro, los danzantes llevan una mascara de madera de facciones europeas, con mirada ingenua y bigote estilizado. Los paragiieros usan létigos, que mueven a modo de serpientes para recordar la peticion de Hluvias. Los instrumentos musicales que acompaian esta danza son violin, contrabajo, clarinete y guitarra Danza de Los Quetzales 0 Quetzalines. Se baila en distintos lugares del pais, entre ellos la sierra de Puebla, en el estado de Hidalgo y en la regién nahua-totona- ca de Veracruz. Cuetzalan es uno de los lugares donde mayor arraigo tiene. Toma su nombre del quetzal, ave de vistosas plumas que habita en algunas zonas trop cales del continente americano, que simboliza la libertad debido a que cuando esté en cautiverio irremediablemente muere. El historiador Angel Marfa Garibay ubica su origen en una festividad realizada por los mexicas en Tenochtitlan, llamada Xochipehualiztli, un ritual que anunciaba ycelebraba el inicio de la primavera. En esta ceremonia acudian embajadas de los distintos pueblos que conformaban el imperio Mexica. Los danzantes més diestros dos con lujosas prendas y con grandes toca- eran quienes la representaban, ata dos de plumas de quetzal, un articulo apreciado y de gran valor. Es una danza vistosa, tanto por la indumentaria como por el penacho, formado por un gorro cénico con un armazén de carrizo, sobre el que se entretejen listones y se remata con plumas formando una especie de resplandor, combinadas con espejos, chaquiras, lentejuelas. La vestimenta que utilizan actualmente se basa en el rojo, con listones y flecos del mismo color, pantalones de manta con franjas de telas lustrosas, dos grandes mascadas cruzadas en el pecho y una capa sobre los hombros. Las prendas son adornadas con bellos bordados, cintas, espejuelos, lentejuelas y abalorios. En la mano derecha llevan una sonaja de latén que marca el compas, y en la izquierda, un cetro. Los pies se calzan con huaraches de pata de gallo. La danza inicia con pasos que dibujan sobre el suelo el contorno de diversas figuras. El baile se hace al ritmo del sonido emitido por un tambor de doble parche Reflexiones sobre el baile y la danza motivadas por algunas figuras de cera y de la flauta de cartizo, que toca, por lo general, un mismo miisico. Un personaje especial interpreta al viejo de la danza o moreno, su funcién es hacer refr mediante picardias pronunciadas en voz alta. El significado de la danza junta lo pagano con lo religioso, con el fin dltimo de propiciar las buenas cosechas. No obstante, se realiza siempre en el marco de las festividades del calendario religioso. En Puebla su representacién se relaciona con la danza de El Volador y con sus variantes Los Quetzalines. Después de bailar unas horas los quetzales se quitan los grandes penachos; cuatro suben a unas aspas giratorias que ellos mismos mueven tan répido como pueden, hasta convertirse en una rueda de colores. Danza de Los Viejitos. Danza de tono humoristico, para la que se requiere precisién ritmica, destreza y agilidad. Pasos achacosos que violentamente se con- vierten en movimientos Agiles y vigorosos; pasos cojeantes seguidos de briosos zapateados. Los danzantes se colocan en hileras, por rigurosa estatura; dan un paso cruzado flexionando las piemas y apoydndose en su bast6n; siguen pasos rapidos y un balanceo violento. Inicia el zapateado, alternado con pasos silencio- sos y de mucha ceremonia. Por momentos el zapateado se combina con temblores de algunos bailarines, que caen al suelo al tiempo que los demas danzantes in- tentan desesperadamente levantarlos. Antes de finalizar dibujan algunos cfrculos en cruz. Esta danza consta de tres misicos, un nifio y ocho danzantes, que suman un total de doce participantes. Desde la época virreinal la danza de Los Viejitos es interpretada por los ta- rascos 0 purépechas para celebrar al santo patrono, a la Santa Cruz, la Navi- dad y en honor de la Virgen de la Salud. Es la danza més popular del grupo de bailes lamados de los huehues 0 huehuenches. Se ejecuta en los pueblos de la regi6n lacustre del lago de Pétzcuaro, en Michoacén. La danza de Los Viejitos es tuna de las representaciones de la mitologia indigena del Dios Viejo Huehuetéotl, Dios del Fuego Los danzantes llevan camisa y ¢ zones de manta blanca, con finos bordados en puis y valencianas; calzan botines; a la cintura, una faja bordada; el dorso lo cubren con un colorido huanengo, poncho de lana; al cuello se ponen una mascada de colores chillantes (rojo, naranja, verde, etcétera); en la cabeza portan un som- brero de palma de anchas alas, adornado con listones de colores, montado sobre tuna peluca de ixtle; en la mano llevan un bast6n de madera labrada, cuya empu- fiadura termina con una cabecita de venado. En ocasiones visten una camiseta de colores fuertes. El rostro se cubre con una méscara de pasta de maiz o de madera, con rasgos de un viejo sonriente, en cuya dentadura faltan dientes. En contraste, la piel de la méscara luce con un color sonrosado de aspecto juvenil. Las jaranas y los gabanes de lana son fabricadas por artesanos de la regién; la mascara suele hacerla un experto artesano. Las méscaras y sombreros son la parte indigena, el calzén bordado, los botines y las jaranas, asf como la manera de zapatear, son de origen espafiol. nes sobre el baile y la danza motivadas por algunas figuras de cera Refle: Los participantes de esta danza pueden ser de distintas edades, aunque pre- ferentemente la ejecutan jévenes vigorosos porque el ritmo es répido y fuerte; aunque la actitud es de personas ancianas, serias, respetables y humildes. El baile ia de un personaje llamado Maringuilla, un suele durar horas. Es notori la presen hombre disfrazado de mujer que baila en pareja con cada uno de los participan- tes. Algunas veces aparecen dos Maringuillas, que bailan con un paso femenino y recatado, Danzas Los Pascolas y de El Venado. La danza de El Venado la representan los indios yaquis del estado de Sonora. Es de origen indfgena, en la actualidad re- presenta la vida de los yaquis acosados por los mestizos. El venado es una entidad sagrada y su baile sélo se realiza en un émbito ritual; se representa en las fiestas de los santos patronos. En Semana Santa tiene gran relevancia, organizada por las cofradfas vigiladas por fariseos y pankhome. Tres son las danzas que se ejecutan en esta fiesta: El Venado, Pascola, y Matachines. Cada comunidad tiene su estilo de representar las danzas y con el tiempo han variado un poco el modo de ataviars ‘Cuando un yaki representa al venado es mitad hombre y mitad animal sagrado. Asi inicia el baile que emula la lucha del venado contra los coyotes, encarnados por tres hombres. El hombre que interpreta al venado se cubre la cabeza hasta la frente con una pafuelo blanco que casi le tapa los ojos; las puntas de la tela caen hacia atris; encima se coloca una cabeza de venado disecada, adornados con listones de colores. El danzante lleva al cuello collares de cuentas altan el negro y el blanco. Alrededor de la cadera trae un sarape en- con cuernos de colores, re redado, imita un pantal6n, sostenido por un cinturén del que cuelgan pesuas de venado, jabali o cabra. De las pantorrillas hasta el tobillo se enrolla unas tiras de tendbaris (capullos secos de mariposas rellenos de piedritas) que sirven de so- hajas para producir un peculiar sonido, como cuando el venado camina sobre la hierba. En cada mano, una sonaja cuyo sonido marca un monstono ritmo. El torso y los pies estan desnudos. Los pascolas son generalmente tres hombr colocada a un lado de la cara tapando el oido, y tinicamente cuando danzan con que llevan mascara de cabra el venado se la ponen en la cara. La mascara es de madera decorada en blanco y negro, con cejas, bigotes y barbas de fibra de ixtle. El danzante ata fuertemente el cabello sobre la coronilla con un listén. Parte del atuendo son dos tiras de collares de chaquira blanca y negra. El pascola lleva un sarape alrededor de las caderas a manera de pantalén; lleva un cintur6n de cuero con cascabeles metilicos, una manta cuelga prendida del cinturén con caida hacia los pies. Al igual que el vena- do lleva dos tiras de tendbaris. En la mano derecha lleva una sonaja de discos de bronce, montados entre dos pequefias tiras de madera, que hace sonar al golpearla contra la mano izquierda. Los mtisicos de la danza de El Venado son tres; uno toca la jicara de agua (mitad de una calabaza seca cuyo lado abierto se asienta sobre el agua) con una baqueta, produciendo un ritmo que semeja los latidos del coraz6n del animal acosado. Los otros dos son raspadores, cada uno tiene dos tiras de madera, una Reflexiones sobre el baile y la danza motivadas por algunas figuras de cera labrada y otra lisa, y raspan una con otra sobre una calabaza. Entre la ejecucién de la danza de Los Pascolas y del danzante de El Venado interviene otro misico, Hamado el tampaleo, que toca simulténeamente el tambor y la flauta de carrizo. La danza comienza con una melodia que interpreta el tampaleo, que inicia suave para después hacerse fuerte y rapida, en ese momento entran los miisicos que golpean la jicara de agua y los raspadores. EI danzante venado imita los movimientos del animal, se inclina en actitud de beber agua, se levanta y vuelve a correr; de pronto adopta una actitud atenta al escuchar un ruido, se pone alerta y observa a cada lado. Entra el coyote que ol- fatea en todas direcciones. Entonces luchan, y después de varias escaramuzas, el venado logra herir al coyote, éste cae muerto. Poco después el danzante se levanta convertido en cazador, saca el arco y le lanza una flecha al venado, que herido agoniza lentamente Danza de La Pluma. Danza zapoteca que recrea el proceso de la conquista es- pafiola, se ejecuta por los danzantes de la zona de los valles centrales de Oaxaca, principalmente en la comunidad de Cuilapan, Guerrero. Esta pieza es parte de la viva tradicién zapoteca de bailar como una oftenda a los santos patronos en las fiestas religiosas Los personajes mas importantes representan el bando de los espaftoles, el de Herman Cortés, acompatiado de la Malintzin; el otro bando es el de los mexica- nos, comandados por Moctezuma, la Cihuapilli va junto a él. Moctezuma porta un pomposo penacho de plumas policromas en una armadura de carrizo, con una base de hojalata; en el cartizo estén entrelazadas plumas finas de diferentes colo- con colgajos en forma de aretes. Viste chaquetilla de felpa res, espejitos y listone con delicados bordados; un delantal adornado con monedas de plata, lentejuelas y cuentas de papelillo; calzoneras con flecos de seda; manojos de plumas en las manos y sonajas con las que marca el ritmo para la danza. Las dos Malinches estan personificadas por dos ninas. Dos personajes hacen de espfas de Moctezuma y le informan de las activida- des de Cortés; usan mascara de madera negra, vestidos con chaquetin, pantalén, zapatos y sombreros viejos. Los capitanes de Puerta y los Teotiles llevan penachos de doble bandera, mientras los cuatro reyes los llevan en forma circular. Un largo redoble de tambor anuncia el principio del espectaculo, el capitan ledicando esa conquista a la triste o maestro de la danza hace la presentacién memoria de la prisién del rey Moctezuma”. Después de un largo parlamento incita a la danza diciendo a los presentes que es preciso festejar. Al inicio, Cortés y la Malinche se sientan en unas sillas colocadas en un extre- mo del drea de baile, en el extremo opuesto se sientan Moctezuma y la Cihuapilli. ‘Ambas parejas observan la danza que dura varias horas a ritmo de banda de viento, que toca melodias mestizas. Largos parlamentos son intercalados con embajadas que van y bando a otro, entre danza y discursos van midiendo sus armas en furiosos com- bates. El resultado es la pri ienen de un jén de Moctezuma y el triunfo de los espaioles. La y la danza motivadas por Reflexiones sobre el baile algunas figuras de cera representacién consta de varias partes. La primera escenifica la Ilegada de los az tecas a Tenochtitlan, el baile se llama el Jiotis, que es el de los capitanes de Puer- ta, Sigue una danza que simboliza los preparativos para la guerra: El Celestante Después, el aviso de que Cortés ha Ilegado a Veracruz; seguido de la entrada de Cortés a Tenochtitlan y su salida precipitada, La Noche Triste. La siguiente parte se conoce como el baile Mis Cantares, en el que Moctezuma manda por primera vez a su embajador a entrevistarse con Cortés. Contintia la Marcha, que alude al intento de Cortés de apresar a Moctezuma. Al final, el baile Marinero, que nifica la primera guerra y la entrada de Cortés al palacio de Moctezuma y su posterior cautiverio La danza de La Pluma del Quetzalcocochtli trata sobre el pajaro que canta al amanecer. El danzante lleva en una mano una sonaja con plumas y en la otra un fuelo bordado al hombro y otro amarrado cetro; viste un pantalén de artisela, un pz a la mufieca; se adorna con varias sartas de collares; también viste camisa bordada en el cuello y un delantal con aplicaciones de lentejuelas. Personifica al cacique ante el emperador Moctezuma. Junto con él, dos nifias, una representa a la Malin- che, con sombrero adornado con lentejuelas y listones, y la otra, que interpreta a Cihualpilli, porta un penacho de plumas, en donde frecuentemente llevan espejos pegados, del resplandor cuelgan listones de colores; ambas calzan huaraches de pata de gallo. Esta es una version de la Danza de Conquista, que se fusioné con la de La Pluma. La parte indigena pertenece a la mitologia mexica, al parecer llama da danza de Macuilxochitl, de las flores de la amistad, de la poesia y de la alegria. an z ‘ SS Reflexiones sobre el baile y la danza motivadas por algunas figuras de cera

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