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Génesis: Creación y Orden Divino

1) El documento discute el relato bíblico de la creación en Génesis 1, explicando que hubo una creación original perfecta que luego se arruinó debido a la rebelión de Lucifer. 2) Luego, Dios ordenó la creación actual a lo largo de seis días, restaurando el universo del caos y haciéndolo habitable nuevamente. 3) Cada día de la creación representa un paso en el proceso de ordenamiento, comenzando con la luz y terminando con la humanidad.
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Génesis: Creación y Orden Divino

1) El documento discute el relato bíblico de la creación en Génesis 1, explicando que hubo una creación original perfecta que luego se arruinó debido a la rebelión de Lucifer. 2) Luego, Dios ordenó la creación actual a lo largo de seis días, restaurando el universo del caos y haciéndolo habitable nuevamente. 3) Cada día de la creación representa un paso en el proceso de ordenamiento, comenzando con la luz y terminando con la humanidad.
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Génesis Uno
Fernando Castro-Chávez, Ph.D.

Génesis 1:1 “Dios, en el principio creó los cielos y la tierra.”

La primera vez que se hace referencia al poder creador de Dios se encuentra en Génesis
1:1, Dios creó en el principio los cielos y la tierra perfectamente perfectos.

Es extremadamente notable para el estudiante de la Biblia el observar que Dios no usa la


palabra crear ni para dar origen a la luz, ni para separar a las aguas, ni para hacer emerger
a la tierra seca de las aguas, ni para hacer surgir a la vegetación exuberante característica
de nuestro planeta, ni para dar origen a todos los seres terrestres.

Después de eso algo pasó que la creación se volvió un caos total, como vemos en el
versículo dos. Comparemos los dos versículos donde aparece la palabra hebrea tohu, que
se traduce tanto “desordenada” como “en vano”:

Génesis 1:2 “La tierra llegó a estar desordenada (tohu) y vacía…”


Isaías 45:18 “Porque así dice Jehová que creó los cielos. Él es Dios, el que formó
la tierra, el que la hizo y la compuso. No la creó en vano (tohu), sino para que
fuera habitada la creó…”

El texto hebreo del versículo 2 se entendería mejor si se hubiera traducido como aquí lo
hemos hecho: “y la tierra llegó a estar desordenada y vacía”, no como se encuentra ahora
en la mayoría de las traducciones donde dice: “y la tierra estaba desordenada y vacía”.
Vemos que la misma palabra tohu aparece en el libro de Isaías donde se traduce “en
vano”. Dios le dice a Isaías que no creó a la tierra “en vano”, sino que para que fuera
habitada la creó; de tal forma, vemos que algo excepcional sucedió que hizo que la tierra
quedara en un estado desordenado y vacío, en un estado de ruina y anegación universal.

Al leer otras escrituras relacionadas vemos que eso que arruinó a la tierra fue la rebelión
del que en aquel entonces era el brazo derecho de Dios: Lucifer, el sello de la perfección,
el arcángel querubín que estaba encargado de la ciencia del universo: física, química,
biología, matemáticas… eran del conocimiento de este ser espiritual que se envaneció,
que quiso colocarse a sí mismo por encima de Dios; pero en su intento, fue expulsado de
su posición encumbrada que tenía a la diestra de Dios, llevándose consigo a un tercio de
los seres espirituales, es decir, a todos aquellos ángeles que estaban bajo su mando. Este
arcángel venido a menos se ilustra en los cielos con el planeta Saturno. Los otros dos
arcángeles que siguieron y que seguirán siéndole fieles a Dios son Miguel el guerrero,
protector de los creyentes, representado en el planeta Marte, y Gabriel, el mensajero, el
que entrega las nuevas de Dios a los hombres, representado en el planeta Mercurio.

En su expulsión, en su coraje por haber perdido su puesto, Lucifer anegó todo el


universo, todo quedó bajo el agua, quedando además en tinieblas; sin embargo, el espíritu
de Dios se movía sobre la faz de las aguas dispuesto a resolver la catástrofe, el caos
causado por su adversario quien era tinieblas sobre la faz del abismo. Cabe destacar que

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esta inundación global del universo es diferente al diluvio posterior en los días de Noé
cuando aguas venidas del espacio exterior cubrieron la faz de la tierra.

Lo que se ha llamado en círculos religiosos los seis días de la creación, bíblicamente se


trata en realidad de los seis días del poner orden, en los que Dios ordenó, en los que Dios
dio el mandato con su Palabra y las cosas fueron restauradas para permitir al existencia
del ápice de la creación: el ser humano.

Si esos seis días de Génesis 1 corresponden al ordenamiento del universo que quedó
arruinado tras la expulsión de Lucifer, en la primera creación mencionada en Génesis 1:1,
en lo que fueron los primeros cielos y la primera tierra vivieron los dinosaurios, habiendo
transcurrido un largo e indefinido periodo de tiempo dentro de esa primera creación.

Génesis 1:3 “Dijo Dios: “Sea la luz”. Y fue la luz.”

Lo primero que dijo Dios al ordenar estos segundos cielos y tierra donde vivimos hoy fue
“sea la luz”; y esa es una luz superior y diferente a la solar y estelar, ya que el sol y las
estrellas, en el día primero del ordenar el universo, aún se encontraban apagadas dentro
del anegamiento de las aguas. En el día primero se trata de una luz más allá de la del sol o
las estrellas. Dios separó la luz de las tinieblas en el primer día. Dios ordenó: “Sea la
luz”, esta luz no fue creada de novo, ya que ella existía desde antes. Aquí Dios la estaba
reinstaurando, por decirlo así encendiendo el foco apagado de esa luz primera que es
superior a la luz del sol y las estrellas.

El primer día Dios utiliza la palabra hebrea ’ohr, que significa luz en un sentido general,
que por el contexto vemos que se trata de una luz diferente a la solar o estelar, ya que los
cuerpos celestes, en el primer día de este ordenamiento seguían anegados dentro de las
aguas. En el cuarto día, Dios usa otra palabra hebrea con un sentido más específico, como
veremos más adelante. Aquí Dios claramente especifica que fue la tarde y la mañana el
primer día; si eso no tuviera importancia alguna, como algunos consideran, ¿por qué Dios
lo habría especificado Dios así? No hay problema en que estos sean seis días literales de
24 horas, ¿qué otro sentido tendría la expresión “la tarde y la mañana”, que es la forma
hebrea estándar para contar a los días literales? El gran poder para ordenar al universo en
seis días es algo propio de Dios. A continuación, cada versículo representa un día: v. 5 =
día 1, v. 8 = día 2, v. 13 = día 3, v. 19 = día 4, v. 23 = día 5 y v. 31 = día 6.

Génesis 1:5, 8, 13, 19, 23, 31 “… y fue la tarde y la mañana…”

En el segundo día, Dios separa las aguas del universo, dejando al planeta tierra como si
fuera una bola cubierta de agua por todos lados.

Génesis 1:6 “Luego dijo Dios: “Haya un firmamento en medio de las aguas, para
que separe las aguas de las aguas”.”

Arriba de la tierra, en el centro del universo tenemos al espacio exterior, y por encima del
universo tenemos agua abundante, agua más allá de los confines del universo; es decir, el

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agua rodea al universo, siendo el universo mismo y sus confines como un globo de hule
que se sigue expandiendo en el interior de tan tremenda cantidad de agua.

Entonces, el espacio exterior obscuro es la interface separadora de estas aguas: las aguas
terrestres y las aguas extra-espaciales. Al separar las aguas del universo fue posible para
planetas y satélites el comenzar a moverse de nuevo en su rotación y traslación, cual
relojes de precisión estudiados por Newton.

Es hasta el tercer día que Dios hace surgir a la tierra seca de las aguas que anegaban al
planeta, y plantas y vegetales comienzan a germinar de la tierra. Aparentemente, plantas
y vegetales fueron capaces de resistir a la anegación global a través de sus semillas.

Génesis 1:9 “Dijo también Dios: “Reúnanse las aguas que están debajo de los
cielos en un solo lugar, para que se descubra lo seco”. Y fue así.”
Génesis 1:11 “Después dijo Dios: Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé
semilla; árbol que dé fruto según su especie, cuya semilla esté en él, sobre la
tierra”. Y fue así.

Lo que aprendemos de estos versículos es que Dios no necesitó crear nuevamente vida
vegetal, ya que ésta fue capaz de resistir la anegación de aguas y un frío intenso.

Vemos pues que bajo la orden de Dios en el tercer día comienzan a germinar las semillas
que ya estaban allí; y no es sino hasta el cuarto día que Dios enciende de nuevo al sol,
que es el que va a proporcionarles a las plantas su fotosíntesis, para que éstas sean
capaces de alimentar a los seres de la tierra que vendrían poco después.

Génesis 1:14 “Dijo luego Dios: “Haya lumbreras en el firmamento de los cielos
para separar el día de la noche, que sirvan de señales para las estaciones, los días
y los años; y sean por lumbreras en el firmamento celeste para alumbrar sobre la
tierra”. Y fue así.”

Es entonces en ese cuarto día que Dios enciende a las lumbreras del universo: al sol y al
resto de las estrellas. En el cuarto día, Dios usa la palabra hebrea ma·’ohr, que significa
luz en un sentido específico, que en contexto vemos se trata de la luz solar y estelar. En el
primer día, “luz” es otra palabra hebrea con un sentido general.

Vemos que las lumbreras celestes habían de ser útiles como señales; los agrupamientos
de estrellas conocidos como constelaciones ya estaban allí, apagados, y fueron
encendidos para anunciar acontecimientos muy especiales de trascendencia universal, y
para el planeta tierra, y para su humanidad, destacándose el anuncio del nacimiento de
Jesucristo. Así, las estrellas alumbrarían en más de un sentido, nos darían entendimiento
del o de los eventos históricos determinantes para la humanidad, y darían belleza a los
cielos nocturnos. Esto es algo mucho mayor que el anuncio de las estaciones del año,
estaciones que comenzaron a existir como tales hasta después del diluvio; esto se refiere
más bien a acontecimientos determinantes para la historia de la humanidad en su
conjunto. Esto no es astrología, esto no es el tratar de determinar la personalidad o el

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destino de un individuo en base a la posición de estrellas y planetas, eso le parece a Dios


detestable. Aquí se trata de leer la historia desde la profética visión de Dios, así como el
recibir el anuncio del o de los eventos vitales en la historia de la humanidad, como lo fue
la venida de Jesucristo identificada correctamente por los astrónomos de Persia.

Salmo 19:1 “Los cielos cuentan… el firmamento anuncia…”1

La palabra “señales” en Génesis 1:14 viene de la raíz hebrea avah, que significa marcar o
anunciar, usada para anunciar a alguien notable que viene. Dios declaró que las luces en
el firmamento del cielo señalarían a toda la humanidad cosas importantes por venir. Las
48 constelaciones ancestrales ya estaban allí desde el principio,2 desde Génesis 1:1; pero
en este cuarto día, Dios hace arder de nuevo a sus estrellas mensajeras para alumbrar al
hombre.

El quinto día es extremadamente notable porque allí aparece por segunda vez en toda la
Biblia que Dios “creó”; aquí es donde Dios dio origen a los seres vivos acuáticos que
requieren de oxígeno para vivir, desde los grandes mamíferos del océano hasta los peces

1
Detalle del globo estelar mostrando a la constelación de Hércules, representativa de Jesucristo, quien se
observa pisando la cabeza del dragón (Draco). Debajo de ésta se ve al sujetador de la serpiente, Ophiuchus,
otra representación de Jesucristo, sujetando a la serpiente (Serpens) para evitar que ésta se apodere de la
corona (Corona Borealis), al mismo tiempo vemos a Jesús hollando la cabeza del alacrán (Scorpio) con uno
de sus pies mientras que el otro ha sido picado en el talón por la cola venenosa del Scorpio [Astronomy
Software: Star Locator II, v. 2.1, Meade Instruments, 1997.]
2
Bullinger, E. W. The Witness of the Stars. Kregel. MI, 1980 (reprinted from the 1893 edition).

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con branquias así como el resto de los animales del océano y las aves vivientes, que
surgen todos ellos en este quinto día.

Aquí, en el quinto día Dios creó vida de alma porque la vida que animaba a los
dinosaurios había perecido anegada. Esta nueva vida de alma fue creada en el quinto día
para animar, para mover a esos grandes monstruos marinos, a los peces y a toda ave.

Génesis 1:20 “Dijo Dios: “Produzcan las aguas seres vivientes, y aves que vuelen
sobre la tierra, en el firmamento de los cielos”. 21 Y creó Dios los grandes
monstruos marinos y todo ser viviente que se mueve, que las aguas produjeron
según su especie, y toda ave alada según su especie. Y vio Dios que era bueno.”

Es notable que las moléculas que forman los cuerpos de esos grandes mamíferos marinos,
peces y aves, ya no necesitaron de ser creadas pues ya estaban allí; habían sobrevivido a
través del reino vegetal y de los microorganismos.

Finalmente, en el sexto día Dios trae en existencia a todos los seres terrestres y al
hombre.

Génesis 1:24 “Luego dijo Dios: “Produzca la tierra seres vivientes según su
especie…” Y fue así.”

En un día literal, no en miles o millones de años, le fue posible a Dios el obtener animales
terrestres al reordenar todas las moléculas (ácidos nucleicos, lípidos, proteínas,
carbohidratos y otros elementos), tomándolas de los organismos que ya existían y que
andaban navegando por el mar y por los aires. De acuerdo con Dios, las ballenas y los
delfines fueron antes que las vacas e hipopótamos, fueron antes que cualquier mamífero
terrestre; así también, para Él las aves fueron antes que los reptiles terrestres. Dios les
“inyectó” a los animales terrestres la misma vida de alma que recién había creado un día
antes para los grandes mamíferos marinos, peces y aves, Dios no necesitó crear de nuevo
vida de alma. Dios, el Creador Eterno hace las cosas perfectas de una vez por todas.

Y al final del sexto día, Dios produjo su obra maestra: El hombre. Dios tomó de los
elementos y moléculas ya existentes para formar y hacer al hombre del polvo de la tierra,
donde se encuentran moléculas orgánicas a través de las bacterias. Una vez que el
hombre biológico ya estaba presente, Dios necesitó crear algo único jamás antes
depositado en ninguna de sus criaturas. Esta es la tercera vez que la palabra de Dios dice
que Él creó algo en la Biblia:

Génesis 1:27 “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó;


varón y hembra los creó.”

Esta última vez, lo que Dios crea no es una forma física basada en la biología molecular,
ya que eso lo había hecho desde el principio, desde Génesis 1:1, mucho antes del primer
día de ordenar al universo; tampoco es la vida de alma que sabemos se encuentra en la

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sangre y que fuera creada en el quinto día. No, lo que Dios crea en este sexto día es
mucho más grande que estas dos cosas juntas.

Lo nuevo que Dios creó aquí y ahora, una vez que el hombre era un cuerpo con un alma
viviente, fue el espíritu, ya que primero fue, y primero es, para el hombre natural el ser
cuerpo y alma viviente: primero es lo animal y luego lo espiritual.

1 Corintios 15:46 “Pero lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo


espiritual”

Por lo tanto, lo que Dios necesitó crear ahora es de su santo espíritu sobre el hombre.
Dios puso sobre el hombre algo que jamás había depositado en ningún otro ser viviente,
Dios puso de su propio espíritu, de su propia naturaleza divina sobre el hombre. Este
santo espíritu de Dios desde luego que no es necesario para vivir una vida biológica
propia de la especie humana, esto lo demuestran todos los animales del planeta, y es por
eso que tantas personas inteligentes parecen pasarla bastante bien sin necesidad de Dios y
sin necesidad del espíritu de Dios. Sin embargo, la vida espiritual es vital, es necesaria
para esa vida que no se ve, para la vida eterna y para la exuberante vida interior en el
espíritu, para esa vida más que abundante, para manifestar ese poder desde lo alto
prometido al ser humano, especialmente a todo aquel que cree en la Palabra de Dios.

Este espíritu divino lo tuvieron el primer hombre y la primera mujer, pero lo perdieron al
traicionar a Dios. El ser humano fue rescatado al darnos Jesucristo su vida sin mancha y
al recuperar para nosotros ese espíritu de Dios a partir del día de Pentecostés, espíritu que
entra como un compuesto inseparable dentro de aquel ser humano que acepta a Jesús
como su Señor y que cree en su corazón que Dios le levantó de entre los muertos.

El Dr. Ethelbert W. Bullinger, en su profunda dedicación a la Biblia, fue capaz de


observar las estructuras presentes en la Biblia, señalando que Aquel que diseñó la
simetría en los seres vivientes es el mismo que reveló su Palabra, mostrando también en
ella una perfección simétrica; de tal forma, Dios ha sido capaz de unificar la belleza con
la verdad; tal vez mediante dicha belleza, presente en la estructura tridimensional de las
estructuras de la Biblia, aquellos que gustan de la belleza sean capaces de venir al
conocimiento de la verdad como nosotros lo hicimos al observar la creación de Dios.

De hecho, Bullinger señaló que si acaso había el suficiente interés por parte de los
lectores, él publicaría un libro, o enciclopedia, específicamente dedicado a mostrar las
estructuras presentes en la Biblia; tristemente, eso nunca sucedió. Tal vez en el futuro
podrá ser posible ver un trabajo de tamaña magnitud. Estas estructuras se pueden
apreciar, no solamente dentro de los capítulos y libros en los que se encuentran, sino que
se expanden a través del entramado de todos los libros de la Biblia; y hay que tener en
consideración que la forma de presentar dichas estructuras es múltiple, como veremos a
continuación.

A continuación tenemos la estructura de la forma en que Dios reveló y llevó a cabo el


ordenamiento de la tierra en esos seis días del primer capítulo del libro del Génesis.

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Trabajando la información que Bullinger presentó en su obra maestra “The Companion


Bible”,3 aquí está la estructura sintética que representa los seis días en los que Dios
ordenó a nuestro universo:

1 – Luz
2 – Aguas
3 – Tierra
4 – Luz
5 – Aguas
6 – Tierra

Esto se puede representar de una forma expandida, enfatizando las dos veces que dentro
de esos seis días aparece la palabra “crear”:

1- Luz, superior a la luz solar y estelar y su separación de las tinieblas.


2 – Aguas, su separación para dar lugar al espacio exterior del universo, unas
cubren al planeta mientras que las otras rodean al universo.
3 – Tierra, emerge del agua con vida vegetal surgiendo de ella.
4 – Luz, el sol y su reflejo en la luna, también las estrellas; contraste entre día y noche.
5 – Aguas, originando vida acuática y vida de aves al Dios crear vida de alma.
6 – Tierra, originando vida animal terrestre y al hombre, el cual recibe la
creación única y exclusiva de Dios: el espíritu.

Vemos en esta estructura que el día primero se corresponde con el cuarto, el segundo con
el quinto y el tercero con el sexto. Así de grande es la mente de Dios.4

Nótese que los únicos dos usos de la palabra “crear” dentro de estos seis días del
ordenamiento aparecen en el quinto día: vida de alma para los seres vivientes; y en el
sexto día: vida del espíritu exclusiva para el ser humano. El primer uso de “crear” ya
vimos que fue previo a estos seis días, en el primer versículo del libro del Génesis.

El séptimo día Dios descansó; ¿acaso seguimos viviendo dentro del séptimo día?, ¿acaso
seguimos viviendo en el descanso de Dios? Este es el único día del que no se dice
específicamente que haya habido “la tarde y la mañana”, quizás eso excluye al séptimo
día de ser considerado como un día literal de 24 horas, como lo fueran los anteriores.

3
Bullinger, E. W. The Companion Bible. Kregel. MI. Originally published in 1922.
4
A continuación la estructura de E. W. Bullinger para Gén. 1 como aparece en The Companion Bible:

Génesis 1. –2-31 “Los Cielos y la Tierra Que Existen Ahora” (Alternancia Extendida).
A⏐a –2-5. Tinieblas y Luz. Noche y Día. 1er. Día.
b 6-8. Aguas. División entre ellas. 2do. Día.
c 9-13. Tierra. Fruto de ella. 3er. Día.
⏐a 14-19. Día y Noche. Sol y Luna. 4to. Día.
b 20-23. Aguas. Vida de ellas. 5to. Día.
c 24-31. Tierra. Vida de ella. 6to. Día.

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Otro punto bastante importante es lo que dice la Biblia acerca los “primeros cielos y
tierra”, acerca de los “segundos cielos y tierra” y de los “terceros cielos y tierra”.
Inspirado por Dios, el que nos presenta estos tres en un mismo capítulo es el Apóstol
Pedro. Sobre los primeros cielos y tierra Pedro nos dice:

2 Pedro 3:5 “… en el tiempo antiguo fueron hechos por la palabra de Dios los
cielos y también la tierra, que proviene del agua y por el agua subsiste,” 6 “por lo
cual el mundo de entonces pereció anegado en agua.”

Hay gente que confunde este primer universo que pereció anegado en agua con el diluvio
de Noé, sin embargo, hay que recordar que gracias al arca, ocho personas sobrevivieron
así como todos los animales que respiran que se encontraban dentro del arca de Noé; en
cambio, nada con vida de alma sobrevivió en el tiempo antiguo, ni uno solo de los
dinosaurios sobrevivió. Bullinger estaba convencido que aquí Pedro se refería al mundo
de Génesis 1:1, el que debido a que Lucifer fue expulsado de su posición encumbrada, en
desquite éste Lucifer inundó al universo entero, incluyendo también a los cielos, hasta el
punto que todas las lumbreras del universo perdieron su luz. Sobre los segundos cielos y
tierra Pedro nos dice:

2 Pedro 3:7 “Pero los cielos y la tierra que existen ahora están reservados por la
misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de
los hombres impíos.” 10 “… el día del Señor vendrá como ladrón en la noche.
Entonces los cielos pasarán con gran estruendo, los elementos ardiendo serán
deshechos y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas.” 11 “¡… todas
estas cosas serán deshechas…” 12 “… la venida del día de Dios, en el cual los
cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se
fundirán!”

De nuevo, la destrucción de estos segundos cielos y tierra es inclusiva, siendo arruinados


esta vez, no por aguas, sino por fuego. Sobre los terceros cielos y tierra, los definitivos,
Pedro nos dice:

2 Pedro 3:13 “Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y
tierra nueva, en los cuales mora la justicia.”

También hay que recordar que la mujer fue hecha de la costilla de Adán en el sexto día,
ya que varón y hembra los creó Dios. Un mayor detalle de ello se aprecia en el capítulo
dos del Génesis, que es como un acercamiento con microscopio a lo que sucedió en el día
sexto. Adán les dio nombre a todos los animales pero él estaba solo. Dios lo hizo entrar
en un sueño profundo, lo anestesió, tomando entonces una parte de su cuerpo; y a partir
de la costilla de Adán, de la médula ósea que se encuentra dentro de ella, removió el
cromosoma Y, presente únicamente en el hombre, duplicó el cromosoma X, presente
tanto en el hombre como en la mujer; finalmente, usando los ingredientes adecuados,
formó cada célula, cada órgano y cada tejido de la mujer. ¡Qué grandiosa es la sabiduría
de Dios, esto va mucho más allá de lo que nosotros aún podemos o tal vez podamos
llegar a entender jamás!

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