Sociedad Primitiva y Evolución Humana
Sociedad Primitiva y Evolución Humana
MESOLÍTICO:
Extinción del Homo sapiens Neanderthalensis
NEOLÍTICO:
La Antigüedad:
China, La India y Japón
La antigua China fue una de las civilizaciones más antiguas del
mundo con continuidad hasta la actualidad, tiene sus orígenes en
la cuenca del río Amarillo, donde surgieron las primeras
dinastías Xia, Shang y Zhou. La existencia de documentos
escritos hace cerca de 3.500 años han permitido el desarrollo en
China de una tradición historiográfica muy precisa, que ofrece
una narración continua desde las primeras dinastías hasta la edad
contemporánea. La cultura china, según el mito, se inaugura con
los tres emperadores originarios: Fuxi, Shennong y finalmente el
Emperador Amarillo Huang, este último considerado como el
verdadero creador de la cultura. Sin embargo, no existen
registros históricos que demuestren la existencia real de estas
personalidades, las que de acuerdo con la transmisión oral de
generación en generación, habrían vivido hace unos 5000 a 6000
años.
Se tienen evidencias del origen de la civilización india en el
continente llamado “Indo” que datan desde la edad de piedra, la
actividad humana van desde la edad media y tardía de la edad de
piedra aproximadamente 400.000 a 200.000 años antes de
nuestra era; información basada en estudios arqueológicos
sostiene que ya para esos periodos se había conseguido
utensilios en lo que hoy son las ciudades de Bihar, Rajasthan,
Gurajat, algunas zonas de Pakistan y sur de la India.
La rueda.
Las primeras ciudades.
El aprovechamiento de los recursos naturales.
Las matemáticas.
La escritura
Egipto
El Antiguo Egipto fue una civilización que se originó a lo largo
del cauce medio y bajo del río Nilo, y que alcanza cuatro épocas
de esplendor faraónico en los periodos denominados Imperio
Antiguo, Imperio Medio, e Imperio Nuevo. Alcanzaba desde el
delta del Nilo en el norte, hasta Elefantina, en la primera catarata
del Nilo, en el sur, llegando a tener influencia desde el Éufrates
hasta Jebel Barkal, en la cuarta catarata del Nilo, en épocas de
máxima expansión. Su territorio también abarcó, en distintos
periodos, el desierto oriental y la línea costera del mar Rojo, la
península del Sinaí, y un gran territorio occidental dominando
los dispersos oasis. Históricamente, fue dividido en Alto y Bajo
Egipto, al sur y al norte respectivamente.
Grecia
Roma
Edad media
-el cristianismo y la alta edad media
En un primer momento no resultó sencillo ni fácil para la Iglesia
establecer buenas relaciones con los germanos. Desde el giro
constantiniano se había habituado, como Iglesia imperial, a
compartir la responsabilidad con el Estado romano. Pero esto la
vinculó al destino político del imperio e hizo que corriera el
peligro de identificarse en menor o mayor medida con él. Las
estirpes germánicas aparecieron como enemigos y destructores
del imperio, y Roma tuvo que sufrir mucho por su causa. Los
visigodos fueron los primeros en traspasar las fronteras del
imperio. Valente, el emperador romano de Oriente, los aceptó
como foederati, es decir como aliados, y los acogió establemente
sobre el territorio del imperio. Pero pronto surgieron dificultades
y estalló a guerra. En la batalla de Adrianópolis. Valente fue
derrotado y asesinado por el rey visigodo Fritigerio. Durante
algún tiempo, el sucesor de Valente, el emperador Teodosio el
Grande, pudo conseguir el control de la situación. Pero poco
después de su muerte, los visigodos, guiados por el rey Alarico,
iniciaron de nuevo las expediciones de conquista y los saqueos.
La histeria de la brujería afectó las vidas de muchos europeos durante los siglos XVI y XVII. Se hicieron
juicios por brujería en Inglaterra, Escocia, Suiza, Alemania, algunas partes de Francia y los Países Bajos, e
incluso en Nueva Inglaterra, en América. La brujería no era un fenómeno nuevo. Su práctica había sido
parte de la cultura tradicional de los pueblos durante siglos, pero llegó a ser vista como algo peligroso y
siniestro cuando la iglesia medieval empezó a relacionar a las brujas con las actividades del demonio,
transformando de esta manera a la brujería en una herejía que debía ser eliminada. Después del
establecimiento de la Inquisición en el siglo XIII, algunas personas fueron acusadas de una variedad de
prácticas de hechicería y, siguiendo los mandamientos bíblicos: “No tolerarás que una bruja permanezca
con vida”, por lo que eran entregadas a las autoridades seculares para ser quemadas en la hoguera o, en
Inglaterra, colgadas.
Problemas técnicos como el cálculo preciso del tonelaje de los barcos también sirvieron para estimular
la actividad científi ca, porque requerían de la observación minuciosa y de las medidas exactas. Los siglos
XV y XVI fueron testigos de la proliferación de libros dedicados a las máquinas y a la tecnología, lo que
apoyó la creencia de que eran necesarias las innovaciones técnicas. Sin embargo la relación entre la
tecnología y la revolución científi ca no es sencilla, pues muchos expertos tecnológicos no creían en el
aprendizaje abstracto o académico. Ciertamente, muchas de las innovaciones tecnológicas de la edad
media y el renacimiento fueron logradas fuera de las universidades por gente que prefería el
aprendizaje práctico al teórico. En cualquier caso, la invención de nuevos instrumentos y máquinas,
como el telescopio y el microscopio, a menudo hicieron posibles nuevos descubrimientos científi cos. La
imprenta tuvo un papel indirecto pero crucial en la divulgación rápida y fácil de las ideas novedosas.
La popularización de la ciencia Aunque los intelectuales del siglo XVIII estaban muy infl uenciados por las
ideas científi cas del siglo XVII, no siempre adquirieron este conocimiento directamente de las fuentes
originales. El Principia de Newton no era un libro fácil de leer y de comprender. Las ideas científi cas se
difundieron entre círculos cada vez más amplios de europeos educados no tanto por los científi cos
mismos sino por sus adeptos, divulgadores y promotores. Bernard de Fontenelle (1657-1757), secretario
de la Real Academia de la Ciencia Francesa entre 1691 y 1741, fue especialmente importante como nexo
directo entre la revolución científi ca del siglo XVII y los fi lósofos del siglo XVIII.
No hay duda que el pensamiento de la ilustración tuvo cierto impacto sobre el desarrollo político de los
Estados europeos en el siglo XVIII. Estrechamente relacionada con la idea de las leyes naturales de la
ilustración, estaba la creencia en los derechos naturales, los que se consideraban privilegios inalienables
que no debían negársele a persona alguna. Estos derechos naturales incluyen la igualdad ante la ley, la
libertad de culto religioso, la libertad de expresión y de prensa y el derecho de reunirse en asambleas,
poseer bienes y alentar la búsqueda de la felicidad. La Declaración de la Independencia de los Estados
Unidos resumió el concepto de la ilustración acerca de derechos naturales en su párrafo de apertura:
“Sostenemos que estas verdades son evidentes por sí mismas, que todos los hombres son creados
iguales; que han recibido de su creador ciertos derechos inalienables; que entre ellos está la vida, la
libertad y la búsqueda de la felicidad”. Pero ¿cómo habrían de ser establecidos y conservados estos
derechos naturales? En la opinión de casi la totalidad de los fi lósofos, la mayoría de la gente necesitaba
la dirección de un gobernante ilustrado. ¿Qué era lo que hacía ilustrados a los gobernantes? Tenían que
permitir la tolerancia religiosa, la libertad de expresión y de prensa, y el derecho de poseer propiedad
privada. Tenían que promover las artes, las ciencias y la educación. Sobre todo, no debían ser arbitrarios
durante su gobierno; debían obedecer las leyes y hacerlas respetar con imparcialidad en todos los
temas. Sólo los monarcas fuertes parecían capaces de superar los intereses otorgados a su condición y
de llevar a cabo las reformas que la sociedad necesitaba. Tales reformas, entonces, tendrían que venir
de arriba, de los gobernantes, más que del pueblo. Sin confi anza en las masas, los fi lósofos creían que
los soberanos absolutistas, orientados por principios ilustrados, eran la mejor esperanza de reforma
para sus sociedades. La medida en que los gobernantes realmente lo hicieron así es discutida
frecuentemente en el análisis político de Europa en el siglo XVIII. Muchos historiadores afi rmaron
alguna vez que una nueva forma de monarquía surgió a fi nales del siglo XVIII, a la cual llamaron
despotismo ilustrado o absolutismo ilustrado. Se supone que monarcas como Federico II de Prusia,
Catalina la Grande de Rusia y José II de Austria siguieron el consejo de los fi lósofos y gobernaron
conforme a los principios de la ilustración, estableciendo un camino hacia la nacionalidad moderna. Sin
embargo, estudios recientes han cuestionado la utilidad del concepto de absolutismo ilustrado.
Podemos determinar mucho mejor el grado en el que puede ser aplicado, mediante un estudio sobre el
desarrollo de los Estados europeos en el siglo XVIII y, luego, haciendo un juicio acerca del absolutismo
ilustrado en los últimos años de ese siglo.
Aunque la revolución industrial se desarrolló durante un largo período, los historiadores generalmente
están de acuerdo en que empezó en Inglaterra, en algún momento después de 1750. Para 1850 la
revolución industrial había hecho de Gran Bretaña el país más rico del mundo y también se había
propagado al continente europeo y al Nuevo Mundo. Cincuenta años después tanto Alemania como
Estados Unidos superarían la producción industrial de Gran Bretaña.
En Gran Bretaña coincidieron varios factores o condiciones que produjeron la primera revolución
industrial. Uno de ellos fue la revolución agrícola del siglo XVIII. Los cambios en los métodos de cultivo y
reproducción de ganado que caracterizaron esta transformación agrícola llevaron a un incremento
signifi cativo en la producción de alimentos. Ahora, la agricultura británica podía alimentar a más
personas a un costo más bajo y con menos trabajo. A diferencia del resto de Europa, en Inglaterra,
inclusive las familias británicas ordinarias, no tenían que gastar la mayoría de sus ingresos para comprar
comida; esto les daba la posibilidad de comprar bienes manufacturados. Al mismo tiempo, el rápido
crecimiento de la población en la segunda mitad del siglo XVIII produjo un fondo de excedente de
trabajo para las nuevas fábricas de la naciente industria británica. Los trabajadores rurales de las
industrias artesanales también resultaron ser una fuerza laboral potencial para las empresas
industriales.
En marzo de 1814, aun antes de que Napoleón hubiera sido derrotado, sus cuatro principales enemigos
–Gran Bretaña, Austria, Prusia y Rusia– habían acordado permanecer unidos, no sólo para derrotar a
Francia sino también para asegurar la paz después de la guerra. Después de la derrota de Napoleón, esta
Cuádruple Alianza restauró la monarquía borbónica en Francia en la persona de Luis XVIII y acordó
encontrarse en un congreso en Viena, en septiembre de 1814, para concertar un acuerdo defi nitivo de
paz. El líder del Congreso de Viena era el ministro de asuntos exteriores austríaco, príncipe Klemens von
Metternich (1773- 1859). Experimentado diplomático, engreído y seguro de sí, Metternich se describió a
sí mismo en sus memorias de 1819: “Mi mente es de gran alcance. Estoy siempre por encima y más allá
de la preocupación de la mayoría de los hombres públicos; abarco un terreno más vasto de lo que ellos
pueden ver. No puedo evitar decirme cerca de 20 veces al día: «Cuán acertado estoy y qué equivocados
están ellos»”.1 El principio de legitimidad Metternich alegaba que había ido a Viena guiado por el
principio de legitimidad. Para restablecer la paz y la estabilidad en Europa él consideraba necesario resti
tuir a los monarcas legítimos que preservarían las instituciones tradicionales. Esto ya se había logrado
con la restauración de los Borbones en Francia y España, así como mediante el retorno de varios
gobernantes a sus tronos en los Estados italianos. En otras partes, sin embargo, el principio de
legitimidad fue ignorado y completamente opacado por consideraciones de poder más prácticas. El
tratamiento de Polonia por parte del congreso, sobre la cual tenían pretensiones Rusia, Austria y Prusia,
ilustra tal enfoque. A Prusia y Austria se les permitió tener parte del territorio polaco. Se estableció un
nuevo reino polaco, nominalmente independiente de aproximadamente tres cuartas partes del tamaño
del ducado de Varsovia, con la dinastía Romanov de Rusia como sus monarcas hereditarios. Aunque
Polonia tenía garantizada su independencia, la política exterior del reino (y el propio reino) permanecía
bajo el control de Rusia. Como compensación por las tierras polacas que había perdido, Prusia recibió
dos quintas partes de Sajonia, el reino napoleónico germano de Westfalia y la ribera izquierda del Rin.
Austria fue compensada por su pérdida de los ex Países Bajos Austríacos cediéndole el control de dos
provincias del norte de Italia: Lombardía y Venecia
Una de estas ideologías fue el liberalismo, la cual debía mucho a la ilustración del siglo XVIII y a las
Revoluciones estadounidense y francesa de fi nales de siglo. Por otro lado, el liberalismo se volvió
incluso más importante a medida que la revolución industrial avanzaba a pasos agigantados, ya que la
clase media industrial en desarrollo adoptó, en su mayor parte, esa doctrina como propia. Hubo
divergencia de opiniones entre personas califi cadas como liberales, pero todo comenzó con la creencia
de que la gente debía ser tan libre de restricciones como fuera posible. Esta opinión es evidente tanto
en el liberalismo económico como en el político.
El nacionalismo fue una ideología aún más poderosa para el cambio en el siglo XIX. Surgió de una
conciencia de ser parte de una comunidad que tiene instituciones, tradiciones, lenguaje y costumbres
comunes. Esta comunidad constituye una “nación”, y más que una dinastía, ciudad-Estado u otra unidad
política, se convierte en el foco de la lealtad política primordial del individuo. El nacionalismo no se
erigió en una fuerza popular para el cambio hasta la Revolución francesa. A partir de entonces los
nacionalistas llegaron a creer que cada nacionalidad debería tener su propio gobierno. Así, un pueblo
dividido, como los alemanes, quería unidad nacional en una nación-Estado alemana con un gobierno
central. Los pueblos subordinados, como los húngaros, querían autodeterminación nacional o el
derecho a establecer su propia autonomía, en lugar de estar sujetos a una minoría alemana dentro de
un imperio multinacional.
En la primera mitad del siglo XIX las lamentables condiciones de los barrios bajos, las minas y las fábricas
de la revolución industrial dieron lugar a otra ideología orientada hacia el cambio conocida como
socialismo.
Revolución y Reforma
A comienzos de 1830, las fuerzas de cambio comenzaron a abrirse paso a través de la dominación
conservadora de Europa, con más éxito en algunos lugares que en otros. Finalmente, en 1848, una ola
de fervor revolucionario recorrió Europa ocasionando que liberales y nacionalistas de todas partes
pensaran que estaban al borde de la creación de un nuevo orden.
Las nuevas elecciones a las que Carlos X había convocado en 1830 produjeron otra victoria para los
franceses liberales; en este punto, el rey decidió tomar la iniciativa mediante la represión. El 26 de julio
de 1830, Carlos X publicó una serie de edictos (las Ordenanzas de Julio) que impusieron una rígida
censura a la prensa, disolvieron la asamblea legislativa y redujeron el electorado en preparación para
nuevas elecciones. Las acciones de Carlos X produjeron una rebelión inmediata: la Revolución de Julio.
Se levantaron barricadas en París, mientras que se formaba apresuradamente un gobierno provisional
dirigido por un grupo de liberales propietarios, moderados, que invitaba a Luis Felipe, duque de Orleans,
primo de Carlos X, a convertirse en rey constitucional de Francia. En tanto Carlos X huyó a Gran Bretaña;
había nacido una nueva monarquía. Luis Felipe (1830-1848) pronto fue llamado el monarca burgués
porque el apoyo político a su gobierno provenía de la clase media alta. Vestía incluso como un miembro
de la clase media, con trajes de hombre de negocios y sombreros. Con Luis Felipe fueron instituidos los
cambios constitucionales que favorecieron los intereses de la alta burguesía. Se redujeron los requisitos
fi - nancieros para votar, aunque permanecieron lo sufi cientemente altos para que el número de
sufragantes sólo se incrementara de 100,000 a casi 200,000, garantizando que sólo la gente más rica
pudiera participar.
La primera contribución importante del siglo XIX para el desarrollo de una sociedad disciplinada y
ordenada en Europa fue un sistema regular de policía. Algunos Estados europeos establecieron fuerzas
policíacas civiles: grupos de ofi ciales bien entrenados para hacer cumplir las leyes que estaban para
proteger las posesiones y las vidas, mantener el orden interno, investigar el crimen y arrestar a los
delincuentes. Se esperaba que su sola presencia previniera el crimen. El hecho de que la función de la
nueva policía fuera proteger a los ciudadanos la hizo, a la larga, aceptable, y hacia fi nales del siglo XIX
muchos europeos la vieron con aprobación.
Los escritores románticos enfatizaban en sus obras la emoción, las sensaciones y la importancia de los
sentimientos más íntimos. Un importante modelo romántico fue la fi gura trágica en Los pesares del
joven Werther, una novela del gran escritor alemán Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832), quien
más tarde se apartó del Romanticismo a favor del Clasicismo. Werther era una fi gura romántica que
buscaba la libertad para su propia satisfacción. Incomprendido y rechazado por la sociedad, continuó
creyendo en su propio valor por medio de sus sentimientos más íntimos, pero su profundo amor por
una muchacha que no lo amaba fi - nalmente lo llevó al suicidio. Después de la obra de Goethe, Los
pesares del joven Werther, aparecieron numerosas novelas y obras cuyas tramas giraban en torno a
jóvenes doncellas que morían trágicamente a una edad temprana (23 años era lo más común) por
enfermedad (usualmente tuberculosis, en esa época una prolongada enfermedad que era comúnmente
fatal), para tristeza y desesperación de sus amantes.
-El marxismo
El marxismo es el modelo teórico explicativo de la realidad, compuesto principalmente por
el pensamiento desarrollado en la obra de Karl
Marx, filósofo, sociólogo, economista y periodistarevolucionarioalemán de origen judío,1 quien
contribuyó en campos como la sociología, la economía, el derecho, y la historia; así como también
la serie de pensadores que complementan o reinterpretan este modelo, tradición que va desde el
coeditor de Marx, Friedrich Engels, hasta otros pensadores como Lenin, Stalin, León Trotski, Rosa
Luxemburgo, Antonio Gramsci, Georg Lukács o Mao Zedong. Por lo tanto es correcto hablar de
marxismo como una corriente del pensamiento humano. El marxismo se asocia principalmente al
conjunto de movimientos políticos y sociales que surgieron durante el siglo XX, entre los que
destacaron la Revolución rusa, la Revolución china y la Revolución cubana. Para estos movimientos
sociales el nombre correcto es «comunismo» o «socialismo». Es incorrecto plantear estos
movimientos como sinónimo de «marxismo», porque ni todo su componente humano ni toda su
doctrina política se basó en el marxismo como tal.
A mediados del siglo XIX la ciencia estaba teniendo un gran impacto en la vida europea. La revolución
científi ca de los siglos XVI y XVII transformó, fundamentalmente, la visión del mundo occidental y llevó
a abordar el estudio del mundo natural con un moderno enfoque racional. En el siglo XVIII estos
desarrollos intelectuales quedaron como enclaves de reserva de una élite educada, ofreciendo pocos
benefi cios prácticos. Los avances técnicos del inicio de la revolución industrial habían dependido menos
de la ciencia pura y más de los experimentos prácticos de inventores afi cionados con orientación
tecnológica. Sin embargo, los avances en la tecnología alimentaron el interés en la investigación científi
ca básica que, en la década de 1830 y posteriormente, produjo una erupción de descubrimientos científi
cos que pronto se convirtieron en mejoras tecnológicas que afectaron a todos.
El desarrollo de la máquina de vapor fue importante para alentar a los científi cos a detallar sus
fundamentos teóricos, una preocupación que condujo a la termodinámica, la ciencia de la relación entre
el calor y la energía mecánica. Las leyes de la termodinámica estaban en el núcleo de la física del siglo
XIX. En biología, el francés Luis Pasteur formuló la teoría del germen de de la enfermedad, que tuvo
enormes aplicaciones prácticas en el desarrollo de las modernas prácticas médicas científi cas (véase
“Una revolución en el cuidado de la salud”, más adelante en este capítulo). En química, en la década de
1860, el ruso Dmitri Mendeleyev (1834-1907) clasifi có todos los elementos materiales entonces
conocidos sobre la base de su peso atómico y proporcionó los fundamentos sistemáticos de la ley
periódica. El inglés Miguel Faraday (1791-1867) descubrió el fenómeno de inducción electromagnética y
armó un generador primitivo que sentó las bases para el uso de la electricidad, aunque los generadores
económicamente efi cientes no fueron construidos sino hasta la década de 1870.
-El crecimiento de la prosperidad industrial
En lo profundo de la creencia europea en el progreso después de 1871, yacía el impresionante
crecimiento material, producido por lo que los historiadores han llamado la Segunda revolución
industrial. La primera había dado lugar al surgimiento de los textiles, ferrocarriles, hierro y carbón. En la
Segunda revolución, el acero, los químicos, la electricidad y el petróleo abrieron el camino hacia nuevas
fronteras industriales.
El primer cambio importante en el desarrollo industrial después de 1870 fue la sustitución del uso del
hierro por el acero. Los nuevos métodos de plegamiento y moldeado del acero fueron pieza clave para la
construcción de máquinas y motores más livianos, más compactos y rápidos, así como ferrocarriles,
barcos y armamento. En 1860, Gran Bretaña, Alemania, Francia y Bélgica produjeron en conjunto
125,000 toneladas de acero; en 1913 el total fue de 32 millones de toneladas.
Gran Bretaña había producido el doble de acero que Alemania a principios de 1870, pero en 1910 la
producción alemana duplicó el volumen del de Gran Bretaña. Ambos fueron superados por Estados
Unidos en 1890.
Químicos: Gran Bretaña también se quedó atrás en cuanto a la nueva industria de químicos. Un cambio
en el método de la preparación de soda permitió a Francia y a Alemania tomar el liderazgo en cuanto a
la producción de álcali, utilizado en las industrias textiles, jaboneras y papeleras. Los laboratorios
alemanes pronto superaron a los ingleses en el desarrollo de nuevos componentes químicos orgánicos
como los tintes artifi ciales. En el año 1900, las compañías alemanas habían abarcado 90% del mercado
de los tintes y también llevaban la delantera en todas las placas y películas fotográfi cas.
Electricidad: La electricidad fue una nueva e importante forma de energía que resultó de gran valor, ya
que podía ser fácilmente convertida en otras formas de energía como calor, luz y movimiento, además
de poder ser transmitida sin mayor esfuerzo por el espacio mediante cables de transmisión. Los
primeros generadores de corriente eléctrica prácticos comerciales se desarrollaron en la década de
1870. En 1881, Inglaterra obtuvo su primera planta pública de energía. En 1910, las plantas
hidroeléctricas y las estaciones generadoras de vapor a base de carbón, permitieron que distritos
enteros estuvieran conectados a un mismo sistema de distribución de energía, el cual proporcionaba
una fuente común de electricidad a hogares, tiendas y empresas industriales
La población europea se incrementó drásticamente entre los años 1850 y 1910, ascendiendo de 270
millones a más de 460 millones en el año 1910 (véase la tabla 23.1). Entre los años 1850 y 1880, la tasa
de natalidad fue la mayor causa del incremento de la población, al menos en Europa Occidental; sin
embargo, después de 1880, el incremento de la población se explicó en gran medida a una disminución
importante en la tasa de mortalidad. Aunque se han debatido las causas de este descenso, hay dos
factores que sobresalen: los descubrimientos médicos y las condiciones ambientales. Algunos
historiadores han otorgado especial importancia a los desarrollos de la ciencia médica. Por ejemplo, las
vacunas contra la viruela eran obligatorias en muchos países europeos a mediados de la década de
1850. En la segunda mitad del siglo XIX, más importantes aún, fueron las mejoras en el entorno urbano,
que disminuyeron, en gran medida, las muertes debido a enfermedades como diarrea, disentería, fi ebre
tifoidea y cólera, mismas que se habían esparcido mediante los suministros de agua contaminada y la
eliminación inefi ciente de los desechos. La nutrición también jugó un papel importante en la salud de la
población. El incremento de la productividad agrícola, combinado con el progreso en los transportes,
facilitó el embarque de los suministros de alimentos desde áreas con un excedente de cosechas hacia
lugares con malas cosechas. En 1900, una mejor nutrición y una mayor higiene alimenticia fueron
puntos clave en la disminución de la mortalidad infantil. La pasteurización de la leche redujo las
enfermedades intestinales, que habían sido unas de las principales causas de muerte infantil.
Ha habido un considerable debate histórico en torno a quién fue responsable del inicio de la Guerra Fría.
Tanto Estados Unidos como la Unión Soviética tomaron medidas al fi nal de la Segunda Guerra Mundial,
que fueron imprudentes o que se podrían haber evitado. Sin embargo, ambas naciones trabajaron
dentro de un marco de referencia condicionado por el pasado. A fi n de cuentas, la rivalidad entre las
dos superpotencias surgió debido a sus diferentes perspectivas históricas y sus irreconciliables
ambiciones políticas. La intensa competencia por la supremacía política y militar, había sido una
característica habitual de la civilización occidental. Estados Unidos y la Unión Soviética fueron los
herederos de la tradición europea de la política de poder, y no debería sorprendernos que sistemas tan
diferentes quisieran expandir su estilo de vida al resto del mundo. Debido a la necesidad que tenía de
sentirse segura en su frontera con el Occidente, la Unión Soviética no estaba preparada para renunciar a
las ventajas que había obtenido en Europa Oriental después de la derrota de Alemania. Por otro lado,
los líderes estadounidenses tampoco deseaban renunciar al poder y al prestigio que habían obtenido
alrededor del mundo. Cada uno suspicaz de los motivos del otro, Estados Unidos y la Unión Soviética
pronto llevaron sus mutuos temores a un nivel de intensa competencia (véase el recuadro en la página
877). Entre 1945 y 1949, un sinnúmero de eventos implicó a los dos países en un conflicto continuo.
El término "descolonización" apareció luego de finalizada la segunda guerra mundial para referirse
al proceso político impulsado por las Naciones Unidas de poner fin al colonialismo,
mayoritariamente europeo, que dio lugar a la independencia nacional de varios países,
principalmente en África y Asia.
La descolonización, en este sentido político, se produce mediante la independencia, la integración
dentro de un poder administrativo o dentro de otro estado, o mediante el establecimiento de un
estatus de libre asociación. La Organización de las Naciones Unidas ha establecido que en el
proceso de descolonización no hay alternativa al principio de autodeterminación. La descolonización
puede conllevar una negociación pacífica o una revuelta violenta.
Desde finales del siglo XVIII y durante todo el XIX, la descolonización se produjo en América,
empezando por la llamada Revolución estadounidense contra el Imperio británico, que dio lugar a
los actuales Estados Unidos de América, la Guerra de Independencia Hispanoamericana y la
constitución del Imperio del Brasil al dividirse el Portugués.
En los siglos XX y XXI, la descolonización se refiere, habitualmente, a los logros independentistas
de varias colonias y protectorados europeos en Asia y África tras la Segunda Guerra Mundial. Este
proceso ha dado lugar, además, a un movimiento intelectual denominado poscolonialismo. Un
período especialmente activo de descolonización que tuvo lugar entre 1945 y 1975, empezando con
la independencia de Pakistán e India del Reino Unido en 1947, y que se culminó con la
autodeterminación de las colonias portuguesas en África en el transcurrir de los años 70.
La Segunda Guerra Mundial devastó a la Unión Soviética. Stalin volvió a utilizar los métodos que se
usaban en la década de 1930: la adquisición o el desarrollo de capital a costa de la mano de obra
soviética. Con trabajo arduo a cambio de poca paga, vivienda pobre y escasos productos de consumo, se
esperaba que los trabajadores produjeran mercancías de exportación a cambio de muy poco para ellos
mismos. El capital obtenido del exterior se utilizaría entonces para comprar maquinaria y tecnología del
occidente. La pérdida de millones de hombres en la guerra hizo que esta tremenda carga laboral
recayera sobre los hombros de las mujeres soviéticas. Casi 40% del trabajo pesado era llevado a cabo
por las mujeres. La recuperación de la economía en la Unión Soviética fue espectacular. En 1947, la
producción industrial logró llegar al nivel que había tenido antes de la guerra y, tres años más tarde, lo
sobrepasó en 40%. Se construyeron nuevas plantas de energía, canales, fábricas gigantescas y se
establecieron nuevos campos petroleros en Siberia y en el Asia Central soviética. El Plan Quinquenal de
Stalin de 1946 alcanzó su meta antes del tiempo estipulado.
Entre 1945 y 1970, los ideales del New Deal (Nuevo Trato) de Franklin Roosevelt determinaron las
pautas de la política interna estadounidense. El New Deal trajo cambios básicos en la sociedad
estadounidense, incluyendo el incremento espectacular del papel y del poder del gobierno federal, el
surgimiento de los trabajadores organizados como una poderosa fuerza política y económica, el inicio
del Estado benefactor y un convencimiento a regañadientes de la necesidad de trabajar de manera justa
en los problemas de las minorías. La tradición del New Deal se reforzó con la elección de tres
presidentes demócratas: Harry Truman en 1948, John Kennedy en 1960 y Lyndon Johnson en 1964.
Incluso la elección de un presidente republicano, Dwight Eisenhower en 1952 y en 1965, no cambió el
rumbo básico de la política estadounidense. Tal y como declaró Eisenhower: “Si cualquier partido
político intentara abolir el sistema de seguridad social y eliminar las leyes laborales y programas
agrícolas, no volverían a escuchar de ese partido en nuestra historia política”. El boom económico
después de la Segunda Guerra Mundial alimentó la confi anza en el estilo de vida estadounidense
(American way of life). La escasez de bienes de consumo durante la guerra había dejado a los
estadounidenses con un ingreso extra y un deseo reprimido por comprarlos después de la guerra.
Entonces, también, el crecimiento de los sindicatos trajo consigo un incremento en los salarios que
permitió a los trabajadores comprar bienes de consumo. Entre 1945 y 1973 las percepciones reales
crecieron 3% al año en promedio, el más prolongado avance en la historia estadounidense. La
prosperidad no era la única característica de los principios de la década de 1950. Las confrontaciones de
la Guerra Fría en el exterior tuvieron repercusiones internas. La toma de poder en China por las fuerzas
comunistas de Mao Tsé-tung en China en 1949 y la invasión de Corea del Sur por parte de las fuerzas
comunistas de Corea del Norte en 1950, provocaron el temor de que los comunistas se hubieran infi
ltrado en Estados Unidos. El procurador general del presidente Truman advirtió que los comunistas
“están en todas partes: en las fábricas, en las ofi cinas privadas, en las carnicerías, en las esquinas de las
calles. Y cada uno lleva consigo el germen de la muerte de nuestra sociedad”. El demagógico senador
de Wisconsin, Joseph R. McCarthy, ayudó a intensifi car el “temor rojo” con la exposición de supuestos
comunistas en altos cargos del gobierno. McCarthy fue muy lejos cuando atacó a presuntos
“conspiradores comunistas” en el ejército de Estados Unidos, y fue censurado por el Congreso en 1954.
Su cruzada anticomunista llegó rápidamente a su fi n.
El surgimiento de una nueva sociedad.
Durante la época de la posguerra, la sociedad y la cultura occidentales sufrieron vertiginoso y notable
cambio. Las computadoras, la televisión, los jets, los dispositivos anticonceptivos y las nuevas técnicas
quirúrgicas, cambiaron de una manera rápida y notable el ritmo y la naturaleza de la vida humana. El
cambio veloz de la sociedad de la posguerra, alimentado por los avances científi cos y el acelerado
crecimiento económico, llevó a que muchas personas la consideraran una sociedad nueva. Como parte
de esta sociedad, los negros exigieron derechos civiles, nació el Estado benefactor, las mujeres
demandaron igualdad de derechos con los hombres y surgió una deslumbrante selección de nuevas
expresiones culturales.
Después de 1945, se alteró la estructura de la sociedad europea. Este cambio se notó especialmente en
la clase media. Debido en gran medida a la incorporación de un nuevo grupo de gerentes y técnicos,
conforme las grandes compañías y las agencias gubernamentales empleaban un número creciente de
supervisores de “cuello blanco” y personal administrativo, aumentaron estos grupos de la tradicional
clase media, como hombres de negocios, abogados, médicos y universitarios. Los nuevos
administradores y expertos eran muy parecidos tanto en la Europa Oriental como en la Occidental:
todos los puestos dependían del conocimiento especializado que se había adquirido mediante una
educación de mayor nivel. En todas partes se enfocaban en la administración efi caz de sus
organizaciones. Dado que sus cargos solían depender de sus habilidades, hicieron esfuerzos por
asegurar que sus propios hijos tuvieran una educación.
También surgieron cambios entre la clase baja tradicional. Fue especialmente notorio el drástico
desplazamiento de la gente del área rural a la urbana. Disminuyó el número de personas que trabajaba
en la agricultura, aunque se conservó el tamaño de la fuerza laboral en la industria. En Alemania
Occidental, los trabajadores de la industria constituían 48% de la fuerza laboral durante las décadas de
1950 y 1960. A partir de entonces, el número de los trabajadores industriales empezó a disminuir a
medida que se incrementaban los trabajos de cuello blanco y los de servicios. Al mismo tiempo, un
incremento sustancial en sus salarios reales, permitió que las clases trabajadoras aspiraran a patrones
de consumo propios de la clase media, que a su vez derivó en lo que algunos observadores llamaron la
sociedad de consumo. El comprar mediante el plan de pagos diferidos, iniciado en la década de 1930 y
generalizado en la de 1950, brindó a los trabajadores la oportunidad de imitar a la clase media,
comprando productos tales como televisores, máquinas de lavar, refrigeradores, aspiradoras y aparatos
estereofónicos. Pero el símbolo más visible del consumismo masivo fue el automóvil. Antes de la
Segunda Guerra Mundial, los automóviles estaban destinados para las clases altas europeas. En 1948,
había cinco millones de automóviles en toda Europa, pero en 1957 este número se había triplicado. En la
década de 1960 había casi 45 millones de automóviles.
Más allá de la Guerra Fría: ¿Un nuevo orden
mundial?
El ascenso de Mijaíl Gorbachov al poder de la Unión Soviética en 1985 trajo consigo el dramático fi n a la
Guerra Fría. Gorbachov estaba dispuesto a replantear muchas de las premisas fundamentales que
existían en la política extranjera soviética y su “nuevo pensamiento”, como él lo llamaba, abrió la puerta
a una serie de cambios brillantes. Para empezar, Gorbachov inició un plan de limitación de armas que,
en 1987, condujo a un acuerdo con Estados Unidos de eliminar las armas nucleares de alcance
intermedio (Tratado INF). Ambas partes tenían motivos para disminuir la costosa carrera armamentista.
Gorbachov esperaba hacer extensas reformas económicas y Estados Unidos tenía serios problemas de
défi cit. Durante la presidencia de Reagan, Estados Unidos había dejado de ser una nación que otorgaba
crédito para convertirse en la nación con la mayor deuda en el mundo. Hacia el año 1990 ambos países
se estaban dando cuenta de que los amplios presupuestos militares les difi cultaba solucionar sus serios
problemas sociales. Los años 1989 y 1990 fueron un período crucial en la culminación de la Guerra Fría.
Como se ha descrito anteriormente, los acuerdos de la posguerra se quedaron en el aire, cuando un
levantamiento revolucionario, mayormente pacífi co, barrió toda Europa oriental. La política de
Gorbachov de permitir mayor autonomía para los regímenes comunistas de Europa Oriental signifi caba
que la Unión Soviética ya no apoyaría militarmente a los gobiernos comunistas que enfrentaran
revueltas internas. La poca disposición del régimen soviético de usar la fuerza para mantener el status
quo, como sucedió en Hungría en 1956 y en Checoslovaquia en 1968, abrió la puerta al derrocamiento
de los regímenes comunistas. La reunifi cación de Alemania, el 3 de octubre de 1990, marcó la
culminación de uno de los legados más relevantes de la Guerra Fría.
La Guerra del Golfo Pérsico brindó la primera oportunidad para poner a prueba la nueva relación entre
Estados Unidos y la Unión Soviética, en la etapa posterior a la Guerra Fría. A principios de agosto de
1990 las fuerzas militares iraquíes de pronto ocuparon el pequeño país vecino de Kuwait, en la esquina
noreste de la península arábiga, en la cabeza del Golfo Pérsico. La invasión iraquí a Kuwait desencadenó
una protesta mundial, y una fuerza internacional guiada por Estados Unidos liberó Kuwait y destruyó
una parte sustancial de las fuerzas armadas de Irak durante los primeros meses de 1991.
La Guerra del Golfo fue el primer confl icto militar importante en el período posterior a la Guerra Fría.
Gorbachov intentó convencer a Irak de que retirara sus fuerzas de Kuwait antes de que comenzara el
confl icto; en general, los soviéticos tuvieron una mínima participación en la crisis y apoyaron la acción
estadounidense. Hacia fi nales de 1991 la Unión Soviética se había desintegrado haciendo imposible
cualquier reestablecimiento de rivalidad global entre las superpotencias y dejando que Estados Unidos
asumiera el liderazgo como la mayor potencia militar del mundo.
En 1980 se había vuelto evidente para un pequeño número de reformistas del Partido Comunista que la
Unión Soviética estaba en serios problemas. Cuando uno de estos jóvenes, Mijaíl Gorbachov, fue elegido
como secretario del partido en marzo de 1985, comenzó una nueva era en el país.
Se estima que los padres necesitan un promedio de 2.1 hijos para asegurar un reemplazo natural de la
población de un país. En muchos países europeos la población dejó de crecer en la década de 1960 y
esta tendencia a la baja se ha mantenido desde entonces. Hacia la década de 1990, los índices de
natalidad descendieron drásticamente; entre las naciones de la Unión Europea, el promedio de niños
por madre era de 1.4. El índice de España era de 1.15, entre los más bajos del mundo desde 2002. Al
mismo tiempo, el número de mujeres que trabajaban seguía creciendo. En 1990, en Gran Bretaña, por
ejemplo, las mujeres constituían 44% de la fuerza laboral, superando 3% de 1970.
Más aún, las mujeres fueron conquistando nuevas oportunidades de empleo. Un mayor acceso a las
universidades y escuelas profesionales les permitió tomar trabajos en la jurisprudencia, la medicina, el
gobierno y la educación. En la Unión Soviética alrededor de 70% de los médicos y maestros eran
mujeres. Sin embargo, la desigualdad económica a menudo prevalecía; las mujeres recibían sueldos más
bajos que los hombres por el mismo trabajo y menos oportunidades de avanzar a posiciones
jerárquicamente superiores.
Las integrantes del movimiento de liberación femenina llegaron a creer que las mujeres mismas debían
transformar las condiciones fundamentales de sus vidas. Lo hicieron de diferentes maneras. Primero
formaron numerosos grupos de “creación de conciencia” para despertar el interés por los temas de las
mujeres. Se reunían para compartir sus experiencias personales y se dieron cuenta de las muchas
formas en las que el dominio del hombre afectaba sus vidas. Esta toma de conciencia ayudó a que
muchas mujeres se volvieran activistas.
El fundamentalismo originalmente fue un movimiento dentro del protestantismo que surgió a principios
del siglo XX. Su objetivo era el de mantener una interpretación tradicional estricta de la Biblia y la fe
cristiana, especialmente en oposición a la teoría de evolución de Darwin y al secularismo. En las décadas
de 1980 y 1990, los fundamentalistas se involucraron en una lucha contra los llamados humanistas
seculares, el comunismo sin dios, el aborto legalizado y los homosexuales. Particularmente en Estados
Unidos los fundamentalistas se organizaron políticamente para elegir candidatos que apoyaran sus
puntos de vista. Éstos así llamados derechos cristianos desempeñaron un papel de infl uencia en la
elección de Ronald Reagan y George W. Bush para la presidencia.