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Sociedad Primitiva y Evolución Humana

El documento describe la sociedad primitiva y su evolución desde el Paleolítico hasta la aparición de la sociedad estatal. En el Paleolítico, los primeros humanos eran cazadores-recolectores nómadas que vivían en cuevas y utilizaban herramientas de piedra. En el Mesolítico se extinguió el Homo neanderthalensis y el Homo sapiens dominó, inventando el arco y el arte rupestre. En el Neolítico hubo una revolución con la agricultura y la ganadería, lo

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Sociedad Primitiva y Evolución Humana

El documento describe la sociedad primitiva y su evolución desde el Paleolítico hasta la aparición de la sociedad estatal. En el Paleolítico, los primeros humanos eran cazadores-recolectores nómadas que vivían en cuevas y utilizaban herramientas de piedra. En el Mesolítico se extinguió el Homo neanderthalensis y el Homo sapiens dominó, inventando el arco y el arte rupestre. En el Neolítico hubo una revolución con la agricultura y la ganadería, lo

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Sociedad Primitiva

Aparición del hombre y Surgimiento del ser


humano.
El origen del hombre o antropogénesis, referido al origen o
comienzo de la especie humana actual, remite a dos perspectivas
muy distintas. Antiguamente y durante la mayor parte de
la historia de la humanidad, la visión mítica y religiosa,
la antropogonía, fue la más aceptada —a pesar de no contar con
pruebas físicas—, y concibe, en general, el origen del hombre
como un acto de voluntad de uno o varios dioses. Sin embargo,
gracias al desarrollo de la ciencia se produjo un cambio de
visión y actualmente el punto de vista universalmente aceptado
es la visión científicaque sitúa a la especie humana como una
más en la evolución biológica de los organismos vivos de
la Tierra, aunque los detalles de este origen y evolución son
sujeto de estudio e investigación constante de las
múltiples disciplinas científicas partícipes.
Paleolítico

El Paleolítico se define como la Edad Antigua de la Piedra y


abarca el tiempo comprendido entre el inicio de la vida humana
y el final de la era glaciar en la Tierra. El Paleolítico se divide en
tres etapas: inferior (2’5 millones-100.000 a. C.), medio
(100.000-35.000 a. C.) y superior (35.000-10.000 a. C.). Cada
etapa corresponde a un estadio de la evolución en el proceso de
hominización durante la Prehistoria.

El periodo del Paleolítico se caracteriza por el nomadismo de


la sociedad prehistórica en busca de alimento para su
supervivencia; el establecimiento de hábitats provisionales cerca
de los ríos y lagos; la elaboración de utensilios de piedra tallada
para su utilización como herramientas y artilugios de caza; la
colonización humana del planeta desde África (origen del
hombre); y el descubrimiento natural del fuego por la acción
natural de los fenómenos meteorológicos y su dominio posterior
mediante el frotamiento de palos o cañas para combatir el frío,
endurecer las armas de caza y facilitar la ingestión de los
alimentos.

Las principales culturas del Paleolítico a nivel mundial


fueron: el achelense y el musteriense en Europa, el olduvayense
y el achelense en África y la peble en Asia. La cronología del
desarrollo cultural varía según las zonas del planeta. Las
diferentes culturas no evolucionaron de la misma forma y al
mismo tiempo. La vida en el Paleolítico estuvo condicionada por
las glaciaciones desarrolladas en las diferentes regiones del
globo. En Europa, las glaciaciones Mindel, Gunz, Riss y Würm
influyeron en en la fauna y la flora de la Tierra y, por ende, en
las formas de vida humana. La fauna destacaba por la existencia
de grandes animales como el mamut, el rinoceronte, el reno y el
elefante, y la flora quedaba supeditada a la aparición de zonas de
nieves perpetuas. La existencia de abundante caza favoreció el
desarrollo de la industria lítica, con la producción de cantos,
bifaces, raederas, raspadores, perforadores, hojas de laurel y
arpones.

El hombre del Paleolítico buscaba hábitats cercanos al agua


para garantizar su supervivencia. Los primeros homínidos vivían
en cuevas para protegerse de las inclemencias del tiempo. La
evolución humana propició el abandono progresivo de las
cuevas en beneficio de cabañas provisionales, generalmente de
planta circular, realizadas con ramaje. En las cuevas, el ser
humano desarrolló el arte paleolítico con pinturas minerales
sobre escenas de caza y rituales mágicos. La religión primitiva
se basaba en la adoración de los elementos de la naturaleza. El
final de las glaciaciones supuso el final del Paleolítico y el paso
al Mesolítico.

MESOLÍTICO:
Extinción del Homo sapiens Neanderthalensis

-Protagonismo del homo sapiens sapiens

-Invención del arco y el propulsor

-Domesticación del perro

-El arte es un elemento característico de la cultura.

-Invención del arte rupestre y mobilar

-Se crean grabados en cuevas ,expresión artística(Altamira o


Lascaux) .

-son aun cazadores y recolectores

-Desarrollo de las técnicas de trabajo, las herramientas líticas se


perfeccionan

-Periodo de Supremacía del Hombre actual


El arte Mesolítico se caracteriza por ser un arte conceptual y
racionalista, basado en lo geométrico y abstracto.

Durante el Mesolítico las armas más importantes fueron los


arcos, reforzados por tendones, y las flechas de piedra con
variadas formas geométricas . Utilizaron también un tipo de
flechas de hueso o de madera para conseguir cazar y obtener
pieles sin dañarlas demasiado.

Las culturas del Mesolítico eran nómadas, con alojamientos de


invierno y campamentos de verano. En algunas regiones, donde
las costas ofrecieron muchas cantidades permanentes de
alimentos, comenzaron a ubicarse asentamientos durante todo el
año.

NEOLÍTICO:

La palabra neolítico no sólo indica el último estadio de la


utilización de la piedra como material principal en la fabricación
de herramientas, también indica un cambio radical en la forma
de vivir del hombre: el paso de la caza y la recolección al
pastoreo y la agricultura. La sedentarización del hombre fue un
paso importante en el desarrollo del pensamiento científico pues
el modo de vida del hombre nómada no da lugar para la
innovación. La tecnología que puede desarrollar el hombre en
ese estilo de vida debe ser simple para ser llevada día tras día,
así que no hay tiempo para especializarse en algo. Otro aspecto
de esta etapa de la prehistoria de la humanidad es que abrió el
camino para el surgimiento de la civilización y posibilitó el
avance de otra forma de comunicación más duradera, la
escritura.

La Prehistoria: Edad de piedra -Neolítico


El periodo neolítico abarcó aproximadamente desde el año 6 mil
hasta el año 3 mil antes de nuestra era.
La revolución neolítica abarcó toda la región que se extiende
desde el valle del Nilo y el Mediterráneo oriental, incluyendo
Siria e Irak, hasta la meseta irania y el valle del Indo. También
incluyó cadenas de poblaciones campesinas florecientes en las
llanuras boscosas del norte de Europa. En esta extensa región
había una gran variedad de culturas, como ocurre todavía ahora.
La palabra Neolítico significa Piedra nueva o Nueva Edad de
Piedra El término fue acuñado por Jhon Lubbock en su obra de
1865 que lleva por título Prehistoric Times (Tiempos
Prehistoricos).
Proviene del griego νέος, néos: ‘nuevo’; λίθος, líthos: ‘piedra’.
Inicialmente se le dio este nombre en razón de los hallazgos de
herramientas de piedra pulimentada que parecían acompañar al
desarrollo y expansión de la agricultura. Hoy día se define el
Neolítico precisamente en razón del conocimiento y uso de la
agricultura o ganadería Normalmente, pero no necesariamente,
va acompañado por el trabajo de la alfarerúa

La edad de los metales.


La Prehistoria fue un período muy largo en el que se fueron
dando grandes transformaciones en el mundo, y sus habitantes.
La edad de los metales se podría considerar como la etapa más
avanzada de la prehistoria.

Se dividió en 3 etapas principales (Edad de Cobre ; Edad de


Bronce ; Edad de Hierro) y tuvo lugar aproximadamente entre el
6000 a.C y el 1000 a.C.
EDAD DE COBRE
 Inicia aproximadamente en los años 6.500 a.C. y culmina alrededor del 2.500 a.C.
 Se da origen a la metalurgia como oficio predominante.
 Junto al desarrollo de la metalurgia, se potenciaron las labores de agricultura y
ganadería con las nuevas herramientas elaboradas.
 Se conocen variedades de metales, donde los más conocidos fueron la plata, el
cobre y el oro.
EDAD DE BRONCE
 Inicia alrededor del año 2.500 a.C. y se extiende hasta aproximadamente el año 1.500
a.C.
 Se conoce el proceso de la fundición, lo cual supone un progreso enorme en la
época, debido a que permite extraer otros metales.
 Se da origen al bronce a través de la aleación de metales.
 Se da origen a las sociedades con mayor complejidad y mejor organización.
 El comercio del bronce se extiende y parte del Mar Egeo.
EDAD DE HIERRO
 Este período comenzó aproximadamente en los años 1.500 a.C.
 Se mejoran los hornos de fundición, para lograr fundir metales más resistentes.
 El hierro tiene su origen en Asia Menor y se utiliza para la elaboración de
numerosas herramientas de trabajo y de guerra.
 Se cree que los hititas trabajaron el hierro antes que otras civilizaciones.

Aparición de la sociedad estatal.


La formación del Estado es el proceso de desarrollo de una
estructura de gobierno centralizada en una situación en la que
previamente no existía. La formación del Estado ha sido objeto
de estudio por parte de muchas disciplinas de las ciencias
sociales. En dicho estudio se suelen diferenciar los Estados en
dos tipologías: los Estados primitivos (aquellos que se
desarrollaron desde sociedades sin Estado y ocupan este
artículo) y los Estados-nación (que se tratan en este otro). Hay
distintas teorías que explican tanto los orígenes de los estados
primitivos cuanto los contemporáneos y los debates académicos
son abundantes al respecto.

Los Estados primitivos se subdividen a su vez en dos tipologías:


los primarios y los propiamente dichos primitivos. La lista de
ambos grupos estatales no está cerrada, sino que sigue sujeta a
diversas controversias científicas. Entre las teorías que intentan
crear modelos explicativos acerca del origen estatal destacan la
denominada hipótesis hidráulica y la generada desde el
materialismo cultural para los Estados primarios, mientras que
los modelos de formación voluntaria, los que utilizan los
conflictos como factor clave y otros que actualmente están
bastante desacreditados serían muy utilizados en el ámbito de
los Estados primitivos.

La Antigüedad:
China, La India y Japón
La antigua China fue una de las civilizaciones más antiguas del
mundo con continuidad hasta la actualidad, tiene sus orígenes en
la cuenca del río Amarillo, donde surgieron las primeras
dinastías Xia, Shang y Zhou. La existencia de documentos
escritos hace cerca de 3.500 años han permitido el desarrollo en
China de una tradición historiográfica muy precisa, que ofrece
una narración continua desde las primeras dinastías hasta la edad
contemporánea. La cultura china, según el mito, se inaugura con
los tres emperadores originarios: Fuxi, Shennong y finalmente el
Emperador Amarillo Huang, este último considerado como el
verdadero creador de la cultura. Sin embargo, no existen
registros históricos que demuestren la existencia real de estas
personalidades, las que de acuerdo con la transmisión oral de
generación en generación, habrían vivido hace unos 5000 a 6000
años.
Se tienen evidencias del origen de la civilización india en el
continente llamado “Indo” que datan desde la edad de piedra, la
actividad humana van desde la edad media y tardía de la edad de
piedra aproximadamente 400.000 a 200.000 años antes de
nuestra era; información basada en estudios arqueológicos
sostiene que ya para esos periodos se había conseguido
utensilios en lo que hoy son las ciudades de Bihar, Rajasthan,
Gurajat, algunas zonas de Pakistan y sur de la India.

El antiguo Japón es lo que los historiadores entienden que se


refiere a los periodos más primitivos de la historia japonesa.
Dependiendo del punto de vista de estudio, este puede incluir o
excluir el Paleolítico japonés ubicado en la Edad de Piedra
(100.000 a. C. - 10000 a. C.), así como los periodos Jomon
(10000 a. C. - 300 a. C.) y Yayoi (900 a. C. - 300), que son
nominados de acuerdo a lugares de las cercanías de Tokio de
acuerdo a los hallazgos arqueológicos de cerámica que
corresponden a dichos periodos. También incluye el periodo
Kofun (250 - 238) que designa a los gigantescos túmulos de las
tumbas reales de dicho periodo.

Mesopotamia y los Hebreos


La Mesopotamia antigua, localizada entre los ríos Tigris y
Eúfrates fue la cuna de la civilización. En la antigua
Mesopotamia hubo gran variedad de pueblos, pero se pueden
dividir en dos grandes grupos cuyas relaciones entre ambos
marcaron en gran medida la historia de toda la región de la
Mesopotamia: los sedentarios y los nómadas.

Los primeros poblados fueron Umm, Eridú y El Obeid


Durante los milenios IV y III antes de Cristo los Sumerios y
Acadios desarrollaron su civilización en Mesopotamia.
Siglos mas tarde el Imperio Asirio fue uno de los mas
fascinantes de la historia antigua.
El apogeo de Mesopotamia no se quedó tan solo en los imperios
Asirio o Babilónico. Durante la época árabe Mesopotamia fue
sede del califato aunque a partir de entonces comenzó a decaer.
Tanto la cultura como los avances técnicos que desarrollaron los
pueblos de la Mesopotamia han trascendido e influenciado en la
actual cultura occidental europea y son el origen de nuestra
forma de pensar y vivir:

La rueda.
Las primeras ciudades.
El aprovechamiento de los recursos naturales.
Las matemáticas.
La escritura

Egipto
El Antiguo Egipto fue una civilización que se originó a lo largo
del cauce medio y bajo del río Nilo, y que alcanza cuatro épocas
de esplendor faraónico en los periodos denominados Imperio
Antiguo, Imperio Medio, e Imperio Nuevo. Alcanzaba desde el
delta del Nilo en el norte, hasta Elefantina, en la primera catarata
del Nilo, en el sur, llegando a tener influencia desde el Éufrates
hasta Jebel Barkal, en la cuarta catarata del Nilo, en épocas de
máxima expansión. Su territorio también abarcó, en distintos
periodos, el desierto oriental y la línea costera del mar Rojo, la
península del Sinaí, y un gran territorio occidental dominando
los dispersos oasis. Históricamente, fue dividido en Alto y Bajo
Egipto, al sur y al norte respectivamente.

Grecia

Se llama Antigua Grecia a la civilización griega de la


antigüedad, que tuvo un gran desarrollo en el campo filosófico,
famosa por sus conocimientos, su arte y sus templos. Entre los
monumentos más famosos se encuentran el Partenón y el
Mausoleo de Halicarnaso. El mundo griego antiguo está
formado por el conjunto de territorios (Grecia, Asia Menor,
Magna Grecia, Mar Negro, Norte de África y Mediterráneo
occidental) y sociedades que, teniendo como área central de
referencia el mar Egeo, se articulan en torno a vínculos
fundamentalmente culturales (lengua, religión, filosofía,
manifestaciones artísticas, etc.), bajo distintas fórmulas de
organización política independientes entre sí, como las
practicadas por Atenas; Corinto; Esparta; Tebas. La Antigua
Grecia, por tanto, es una construcción histórica y cultural, más
que una realidad política, social o territorial, dada su falta de
unidad estatal antes de la llegada de Alejandro de Macedonia o
de Roma.

Roma

La Antigua Roma es tanto la ciudad de Roma como el Estado


que fundó en la Antigüedad. La idea de la Antigua Roma es
inseparable de la cultura latina. Se formó por una agrupación de
pueblos en el siglo VIII a. C. y dominó el mundo mediterráneo y
la Europa Occidental desde el siglo I hasta el V mediante la
conquista militar y la asimilación de las élites locales. Su
dominio ha dejado importantes huellas arqueológicas y
numerosos testimonios literarios. Todavía hoy da forma a la
imagen de la civilización occidental. Durante estos siglos, la
civilización romana pasó de una monarquía a una república
oligárquica y luego a un imperio autocrático.

Edad media
-el cristianismo y la alta edad media
En un primer momento no resultó sencillo ni fácil para la Iglesia
establecer buenas relaciones con los germanos. Desde el giro
constantiniano se había habituado, como Iglesia imperial, a
compartir la responsabilidad con el Estado romano. Pero esto la
vinculó al destino político del imperio e hizo que corriera el
peligro de identificarse en menor o mayor medida con él. Las
estirpes germánicas aparecieron como enemigos y destructores
del imperio, y Roma tuvo que sufrir mucho por su causa. Los
visigodos fueron los primeros en traspasar las fronteras del
imperio. Valente, el emperador romano de Oriente, los aceptó
como foederati, es decir como aliados, y los acogió establemente
sobre el territorio del imperio. Pero pronto surgieron dificultades
y estalló a guerra. En la batalla de Adrianópolis. Valente fue
derrotado y asesinado por el rey visigodo Fritigerio. Durante
algún tiempo, el sucesor de Valente, el emperador Teodosio el
Grande, pudo conseguir el control de la situación. Pero poco
después de su muerte, los visigodos, guiados por el rey Alarico,
iniciaron de nuevo las expediciones de conquista y los saqueos.

-surgimiento de reinos y el crecimiento del


poder de la iglesia
En Occidente, la Iglesia se vinculó estrechamente a la sociedad
feudal; la misma Iglesia era un gran poder feudal, pues poseía la
tercera parte de la propiedad territorial del mundo católico y
entre otras cosas, tenía derecho al diezmo, que era le décima
parte de las cosechas de toda la gente.

En la Edad Media, la Iglesia Cristiana tuvo un rol decisivo. Fue


la única institución que logró ejercer su poder a lo largo de una
Europa fragmentada políticamente.

La vida cotidiana en la Edad Media y la forma de pensar de


nobles y campesinos estaban muy influenciados por los
principios y creencias de la Iglesia Cristiana. Como
consecuencia de esto, las acciones de la gente se hallaban
estrechamente ligadas a las normas religiosas.

La Iglesia era al mismo tiempo el centro de la vida intelectual.


Desde este rol preeminente, posibilitó el afianzamiento de una
particular interpretación del mundo, diseñado y ordenado según
los designios Dios.

Se cristalizó así una mentalidad medieval basada en preceptos


religiosos que perduró durante siglos.

-la baja edad media:crisis y desintegración en


el siglo XIV

Crisis del siglo XIV es la denominación historiográfica de uno


de los períodos que puede considerarse como de crisis secular o
crisis general, al menos para Europa y la cuenca del
Mediterráneo. Temporalmente abarca el tramo final de la Edad
Media, hasta la recuperación de la población, el dinamismo
económico y el nuevo vigor cultural que trajeron el
Renacimiento y la Era de los descubrimientos. En las
interpretaciones de la historia de la civilización occidental se la
considera un factor determinante para explicar la transición de la
Edad Media a la Edad Moderna.
-recuperación y vuelta a la vida: humanismo
y renacimiento

El Humanismo renacentista es un movimiento intelectual,


filosófico y cultural europeo estrechamente ligado al
Renacimiento cuyo origen se sitúa en la Italia del siglo XV
(especialmente en Florencia, Roma y Venecia), con precursores
anteriores, como Dante Alighieri, Francesco Petrarca y Giovanni
Boccaccio. Busca los modelos de la Antigüedad Clásica y
retoma el antiguo humanismo greco-romano. Mantiene su
hegemonía en buena parte de Europa hasta finales del siglo XVI.
A partir de entonces se fue transformando y diversificando con
los cambios espirituales provocados por el desarrollo social e
ideológico: los principios propugnados por la Reforma
protestante (luteranismo, calvinismo, anglicanismo) y la
Contrarreforma católica; y más adelante (hasta finales del siglo
XVIII) la Ilustración y la Revolución francesa.

-reforma y conflicto religioso en el siglo XVI

Se conoce como Reforma protestante, o simplemente la


Reforma, al movimiento religioso cristiano, iniciado en
Alemania en el siglo XVI por Martín Lutero, que llevó a un
cisma de la Iglesia católica para dar origen a numerosas iglesias
agrupadas bajo la denominación de protestantismo.
La Reforma tuvo su origen en las críticas y propuestas con las
que diversos religiosos, pensadores y políticos europeos
buscaron provocar un cambio profundo y generalizado en los
usos y costumbres de la Iglesia católica, además de negar la
jurisdicción del papa sobre toda la cristiandad. El movimiento
recibirá posteriormente el nombre de Reforma protestante, por
su intención inicial de reformar el catolicismo con el fin de
retornar a un cristianismo primitivo, y la importancia que tuvo la
Protesta de Espira, presentada por algunos príncipes y ciudades
alemanas en 1529 contra un edicto del Emperador Carlos V
tendiente a derogar la tolerancia religiosa que había sido
anteriormente concedida a los principados alemanes.

Este movimiento hundía sus raíces en elementos de la tradición


católica medieval, como el de los Alumbrados y la reforma del
Cardenal Cisneros en España,1 y también el movimiento de la
Devoción moderna en Alemania y los Países Bajos, que era una
piedad laica antieclesiástica y centrada en Cristo. Además, la
segunda generación del humanismo la siguió en gran medida.
Comenzó con la predicación del sacerdote agustino Martín
Lutero, que revisó la doctrina de la Iglesia católica según el
criterio de su conformidad a las Sagradas Escrituras. En
particular, rechazó la teología sacramental católica, que, según
Lutero, permitía y justificaba prácticas como la «venta de
indulgencias», un secuestro del Evangelio, el cual debía ser
predicado libremente, y no vendido.
La Reforma protestante dependió del apoyo político de algunos
príncipes y monarcas para poder formar Iglesias cristianas de
ámbito estatal (posteriormente Iglesias nacionales). Los
principales exponentes de la Reforma protestante fueron Martín
Lutero y Juan Calvino.

El protestantismo ha llegado a constituir la segunda gran rama


del cristianismo, con un grupo de fieles que actualmente supera
los 900 millones.

La construcción del estado y la búsqueda del


orden en el siglo XVII
La prosperidad exacerbada por la infl ación en el siglo XVI mostró signos de decaimiento a inicios del
siglo XVII. La contracción económica fue evidente en algunas partes de Europa durante la década de
1620. En las décadas de 1630 y 1640, al disminuir las importaciones de plata de las Américas, la recesión
económica se intensifi có, especialmente en la zona del Mediterráneo. La Italia que una vez fue el centro
industrial y fi nanciero de Europa durante el Renacimiento, ahora se encontraba económicamente
estancada. La economía española también empezó a debilitarse en la década de 1640. Las tendencias de
la población en los siglos XVI y XVII también mostraban condiciones de empeoramiento. El si glo XVI fue
un periodo en que la población aumentó, posiblemente para ello infl uyó un clima más templado y el
aumento de provisiones alimentarias. Se estimaba que la población en Europa aumentó de 60 millones
en el 1500 a 85 millones para el 1600, lo cual fue la primera gran recuperación europea de la población
desde la devastadora peste negra a mediados del siglo XIV. Sin embargo, los registros también indican
una baja en la población durante 1620, e incluso una disminución en 1650, especialmente en el centro y
sur de Europa. Sólo los holandeses, ingleses y franceses crecieron en número en la primera mitad del
siglo XVII. Los enemigos históricos de Europa –la guerra, el hambre y la plaga– continuaron afectando los
niveles de la población. Después de mediados del siglo XVI, apareció otra “pequeña era de hielo”, en la
que las temperaturas cayeron afectando las cosechas y causando hambrunas. Estos problemas crearon
tensiones sociales que también fueron evidentes en el furor de la brujería.

La histeria de la brujería afectó las vidas de muchos europeos durante los siglos XVI y XVII. Se hicieron
juicios por brujería en Inglaterra, Escocia, Suiza, Alemania, algunas partes de Francia y los Países Bajos, e
incluso en Nueva Inglaterra, en América. La brujería no era un fenómeno nuevo. Su práctica había sido
parte de la cultura tradicional de los pueblos durante siglos, pero llegó a ser vista como algo peligroso y
siniestro cuando la iglesia medieval empezó a relacionar a las brujas con las actividades del demonio,
transformando de esta manera a la brujería en una herejía que debía ser eliminada. Después del
establecimiento de la Inquisición en el siglo XIII, algunas personas fueron acusadas de una variedad de
prácticas de hechicería y, siguiendo los mandamientos bíblicos: “No tolerarás que una bruja permanezca
con vida”, por lo que eran entregadas a las autoridades seculares para ser quemadas en la hoguera o, en
Inglaterra, colgadas.

Hacia un cielo y una tierra nuevos: La


revolución científica y el surgimiento de la
ciencia moderna
Decir que la revolución científi ca trajo consigo la disolución de la visión del mundo medieval no signifi
ca que la edad media fuera un periodo de ignorancia científi ca. Muchos europeos instruidos tenían un
intenso interés por el mundo que los rodeaba, ya que, después de todo, era “una maniobra de Dios” y,
por eso, un tema apropiado para el estudio. Filósofos académicos de la Baja Edad Media habían
avanzado de muchas maneras en el pensamiento matemático y físico, pero el sometimiento de estos
pensadores a un estricto marco teológico y su absoluta confi anza en unas cuantas autoridades antiguas,
especialmente Aristóteles y Galeno, los limitó en su camino. Muchos “fi lósofos naturales”, que era
como se les llamaba a los científicos medievales, prefirieron un análisis lógico refi nado a las
observaciones sistemáticas del mundo natural. Varios cambios y avances en los siglos XV y XVI pudieron
haber desempeñado un papel importante en ayudar a los “fi lósofos naturales” a abandonar sus
antiguos puntos de vista y a desarrollar otros nuevos.

Problemas técnicos como el cálculo preciso del tonelaje de los barcos también sirvieron para estimular
la actividad científi ca, porque requerían de la observación minuciosa y de las medidas exactas. Los siglos
XV y XVI fueron testigos de la proliferación de libros dedicados a las máquinas y a la tecnología, lo que
apoyó la creencia de que eran necesarias las innovaciones técnicas. Sin embargo la relación entre la
tecnología y la revolución científi ca no es sencilla, pues muchos expertos tecnológicos no creían en el
aprendizaje abstracto o académico. Ciertamente, muchas de las innovaciones tecnológicas de la edad
media y el renacimiento fueron logradas fuera de las universidades por gente que prefería el
aprendizaje práctico al teórico. En cualquier caso, la invención de nuevos instrumentos y máquinas,
como el telescopio y el microscopio, a menudo hicieron posibles nuevos descubrimientos científi cos. La
imprenta tuvo un papel indirecto pero crucial en la divulgación rápida y fácil de las ideas novedosas.

El siglo XVIII: Una época de Ilustración


En el año 1784, el fi lósofo alemán Immanuel Kant defi nió a la ilustración como “el hombre
abandonando su inmadurez causada por él mismo”. Mientras que los períodos anteriores se habían
visto impedidos por la incapacidad de “usar la propia inteligencia sin la guía de la inteligencia de otro”,
Kant proclamó como lema de la ilustración: “¡Atrévanse a conocer! ¡Tengan el valor de usar su propia
inteligencia!”. La ilustración del siglo XVIII fue el movimiento de un grupo de intelectuales que se
atrevieron a conocer. Estaban muy impresionados con los logros de la revolución científi ca y cuando
usaban la palabra razón, una de sus palabras favoritas, estaban abogando por la aplicación del método
científi co al entendimiento de todos los aspectos de la vida. Todas las instituciones y los sistemas de
pensamiento estaban sujetos a la forma racional y científi ca de pensamiento, tan sólo con que la gente
se liberara de las cadenas de las antiguas tradiciones sin valor, especialmente de las religiosas. Si Isaac
Newton pudo descubrir las leyes que regulan al mundo de la naturaleza por medio de la razón, ellos
también podrían descubrir las leyes que rigen a la sociedad humana. A su vez, esta creencia los llevó a
pensar que podían progresar hacia una sociedad mejor que la que habían heredado. La razón, la ley
natural, la esperanza en el progreso, tales eran las palabras y los conceptos de moda en la apasionante
atmósfera del siglo XVIII.

La popularización de la ciencia Aunque los intelectuales del siglo XVIII estaban muy infl uenciados por las
ideas científi cas del siglo XVII, no siempre adquirieron este conocimiento directamente de las fuentes
originales. El Principia de Newton no era un libro fácil de leer y de comprender. Las ideas científi cas se
difundieron entre círculos cada vez más amplios de europeos educados no tanto por los científi cos
mismos sino por sus adeptos, divulgadores y promotores. Bernard de Fontenelle (1657-1757), secretario
de la Real Academia de la Ciencia Francesa entre 1691 y 1741, fue especialmente importante como nexo
directo entre la revolución científi ca del siglo XVII y los fi lósofos del siglo XVIII.

El Siglo XVIII: Estados europeos, guerras


internacionales y cambio social
La mayoría de los Estados europeos en el siglo XVIII eran gobernados por monarcas. Aunque las justifi
caciones del siglo anterior para una monarquía fuerte continuaban prevaleciendo, la hipótesis del
“derecho divino” fue sustituida paulatinamente por infl uyentes argumentos utilitarios a medida que
Europa se volvía más secular. El rey prusiano Federico II expresó este nuevo pensamiento
perfectamente al explicar los servicios que un monarca debe proporcionar a su pueblo.

No hay duda que el pensamiento de la ilustración tuvo cierto impacto sobre el desarrollo político de los
Estados europeos en el siglo XVIII. Estrechamente relacionada con la idea de las leyes naturales de la
ilustración, estaba la creencia en los derechos naturales, los que se consideraban privilegios inalienables
que no debían negársele a persona alguna. Estos derechos naturales incluyen la igualdad ante la ley, la
libertad de culto religioso, la libertad de expresión y de prensa y el derecho de reunirse en asambleas,
poseer bienes y alentar la búsqueda de la felicidad. La Declaración de la Independencia de los Estados
Unidos resumió el concepto de la ilustración acerca de derechos naturales en su párrafo de apertura:
“Sostenemos que estas verdades son evidentes por sí mismas, que todos los hombres son creados
iguales; que han recibido de su creador ciertos derechos inalienables; que entre ellos está la vida, la
libertad y la búsqueda de la felicidad”. Pero ¿cómo habrían de ser establecidos y conservados estos
derechos naturales? En la opinión de casi la totalidad de los fi lósofos, la mayoría de la gente necesitaba
la dirección de un gobernante ilustrado. ¿Qué era lo que hacía ilustrados a los gobernantes? Tenían que
permitir la tolerancia religiosa, la libertad de expresión y de prensa, y el derecho de poseer propiedad
privada. Tenían que promover las artes, las ciencias y la educación. Sobre todo, no debían ser arbitrarios
durante su gobierno; debían obedecer las leyes y hacerlas respetar con imparcialidad en todos los
temas. Sólo los monarcas fuertes parecían capaces de superar los intereses otorgados a su condición y
de llevar a cabo las reformas que la sociedad necesitaba. Tales reformas, entonces, tendrían que venir
de arriba, de los gobernantes, más que del pueblo. Sin confi anza en las masas, los fi lósofos creían que
los soberanos absolutistas, orientados por principios ilustrados, eran la mejor esperanza de reforma
para sus sociedades. La medida en que los gobernantes realmente lo hicieron así es discutida
frecuentemente en el análisis político de Europa en el siglo XVIII. Muchos historiadores afi rmaron
alguna vez que una nueva forma de monarquía surgió a fi nales del siglo XVIII, a la cual llamaron
despotismo ilustrado o absolutismo ilustrado. Se supone que monarcas como Federico II de Prusia,
Catalina la Grande de Rusia y José II de Austria siguieron el consejo de los fi lósofos y gobernaron
conforme a los principios de la ilustración, estableciendo un camino hacia la nacionalidad moderna. Sin
embargo, estudios recientes han cuestionado la utilidad del concepto de absolutismo ilustrado.
Podemos determinar mucho mejor el grado en el que puede ser aplicado, mediante un estudio sobre el
desarrollo de los Estados europeos en el siglo XVIII y, luego, haciendo un juicio acerca del absolutismo
ilustrado en los últimos años de ese siglo.

Una Revolución en la política: la época de la


Revolución Francesa y Napoleón
Cuando la Guerra de los Siete Años terminó en el año 1763, Gran Bretaña se había convertido en el
mayor poder colonial del mundo. En América del Norte los británicos controlaban Canadá y las tierras
del este del Mississippi (véase mapa 19.1). Después de la Guerra de los Siete Años, los hacedores de la
política británica buscaron obtener nuevos ingresos a expensas de las 13 colonias americanas para
poder pagar los gastos del ejército británico en las maniobras de defensa de los colonos. Un intento por
imponer nuevos impuestos por medio de la Ley del Timbre, en el año 1765, condujo a disturbios y al
rápido rechazo de esta acción. Los colonos norteamericanos y los británicos tenían distintos conceptos
acerca de cómo era un imperio; los británicos lo visualizaban con un Parlamento como la autoridad
suprema, únicamente el Parlamento podía hacer leyes para todos los pueblos del imperio, incluyendo
las colonias americanas. En contraste, las colonias norteamericanas tenían sus propias asambleas
representativas. Creían que ni el Parlamento ni el rey tenían derecho a interferir en sus asuntos internos
y que ningún impuesto podía ser aplicado sin la aprobación de una asamblea cuyos miembros
representaran al pueblo. Durante la década de 1770 una crisis siguió a la otra, hasta que en 1776, las
colonias decidieron declarar su independencia del Imperio Británico. El 4 de julio de 1776, el Segundo
Congreso Continental aprobó la declaración de independencia escrita por Th omas Jeff erson (véase el
recuadro en la página 574). Éste era un provocativo documento político en donde se afi rmaban los
derechos naturales de la ilustración: “vida, libertad y búsqueda de la felicidad”, y declaraba que las
colonias “son Estados libres e independientes de la Corona británica”. La guerra por la independencia de
las colonias norteamericanas había iniciado formalmente.
La Revolución Industrial y su repercusión en
la sociedad europea

Aunque la revolución industrial se desarrolló durante un largo período, los historiadores generalmente
están de acuerdo en que empezó en Inglaterra, en algún momento después de 1750. Para 1850 la
revolución industrial había hecho de Gran Bretaña el país más rico del mundo y también se había
propagado al continente europeo y al Nuevo Mundo. Cincuenta años después tanto Alemania como
Estados Unidos superarían la producción industrial de Gran Bretaña.

En Gran Bretaña coincidieron varios factores o condiciones que produjeron la primera revolución
industrial. Uno de ellos fue la revolución agrícola del siglo XVIII. Los cambios en los métodos de cultivo y
reproducción de ganado que caracterizaron esta transformación agrícola llevaron a un incremento
signifi cativo en la producción de alimentos. Ahora, la agricultura británica podía alimentar a más
personas a un costo más bajo y con menos trabajo. A diferencia del resto de Europa, en Inglaterra,
inclusive las familias británicas ordinarias, no tenían que gastar la mayoría de sus ingresos para comprar
comida; esto les daba la posibilidad de comprar bienes manufacturados. Al mismo tiempo, el rápido
crecimiento de la población en la segunda mitad del siglo XVIII produjo un fondo de excedente de
trabajo para las nuevas fábricas de la naciente industria británica. Los trabajadores rurales de las
industrias artesanales también resultaron ser una fuerza laboral potencial para las empresas
industriales.

Reacción, revolución y romanticismo


1815-1850
El orden conservador 1815-1830

En marzo de 1814, aun antes de que Napoleón hubiera sido derrotado, sus cuatro principales enemigos
–Gran Bretaña, Austria, Prusia y Rusia– habían acordado permanecer unidos, no sólo para derrotar a
Francia sino también para asegurar la paz después de la guerra. Después de la derrota de Napoleón, esta
Cuádruple Alianza restauró la monarquía borbónica en Francia en la persona de Luis XVIII y acordó
encontrarse en un congreso en Viena, en septiembre de 1814, para concertar un acuerdo defi nitivo de
paz. El líder del Congreso de Viena era el ministro de asuntos exteriores austríaco, príncipe Klemens von
Metternich (1773- 1859). Experimentado diplomático, engreído y seguro de sí, Metternich se describió a
sí mismo en sus memorias de 1819: “Mi mente es de gran alcance. Estoy siempre por encima y más allá
de la preocupación de la mayoría de los hombres públicos; abarco un terreno más vasto de lo que ellos
pueden ver. No puedo evitar decirme cerca de 20 veces al día: «Cuán acertado estoy y qué equivocados
están ellos»”.1 El principio de legitimidad Metternich alegaba que había ido a Viena guiado por el
principio de legitimidad. Para restablecer la paz y la estabilidad en Europa él consideraba necesario resti
tuir a los monarcas legítimos que preservarían las instituciones tradicionales. Esto ya se había logrado
con la restauración de los Borbones en Francia y España, así como mediante el retorno de varios
gobernantes a sus tronos en los Estados italianos. En otras partes, sin embargo, el principio de
legitimidad fue ignorado y completamente opacado por consideraciones de poder más prácticas. El
tratamiento de Polonia por parte del congreso, sobre la cual tenían pretensiones Rusia, Austria y Prusia,
ilustra tal enfoque. A Prusia y Austria se les permitió tener parte del territorio polaco. Se estableció un
nuevo reino polaco, nominalmente independiente de aproximadamente tres cuartas partes del tamaño
del ducado de Varsovia, con la dinastía Romanov de Rusia como sus monarcas hereditarios. Aunque
Polonia tenía garantizada su independencia, la política exterior del reino (y el propio reino) permanecía
bajo el control de Rusia. Como compensación por las tierras polacas que había perdido, Prusia recibió
dos quintas partes de Sajonia, el reino napoleónico germano de Westfalia y la ribera izquierda del Rin.
Austria fue compensada por su pérdida de los ex Países Bajos Austríacos cediéndole el control de dos
provincias del norte de Italia: Lombardía y Venecia

Las ideologías del cambio


Si bien las fuerzas conservadoras fueron en ascenso de 1815 a 1830, los movimientos poderosos en pro
del cambio estaban también en acción. Éstos dependían de las ideas contenidas en una serie de
ideologías y filosofías políticas que demostraron su utilidad y vigencia en la primera mitad del siglo XIX.

Una de estas ideologías fue el liberalismo, la cual debía mucho a la ilustración del siglo XVIII y a las
Revoluciones estadounidense y francesa de fi nales de siglo. Por otro lado, el liberalismo se volvió
incluso más importante a medida que la revolución industrial avanzaba a pasos agigantados, ya que la
clase media industrial en desarrollo adoptó, en su mayor parte, esa doctrina como propia. Hubo
divergencia de opiniones entre personas califi cadas como liberales, pero todo comenzó con la creencia
de que la gente debía ser tan libre de restricciones como fuera posible. Esta opinión es evidente tanto
en el liberalismo económico como en el político.

El nacionalismo fue una ideología aún más poderosa para el cambio en el siglo XIX. Surgió de una
conciencia de ser parte de una comunidad que tiene instituciones, tradiciones, lenguaje y costumbres
comunes. Esta comunidad constituye una “nación”, y más que una dinastía, ciudad-Estado u otra unidad
política, se convierte en el foco de la lealtad política primordial del individuo. El nacionalismo no se
erigió en una fuerza popular para el cambio hasta la Revolución francesa. A partir de entonces los
nacionalistas llegaron a creer que cada nacionalidad debería tener su propio gobierno. Así, un pueblo
dividido, como los alemanes, quería unidad nacional en una nación-Estado alemana con un gobierno
central. Los pueblos subordinados, como los húngaros, querían autodeterminación nacional o el
derecho a establecer su propia autonomía, en lugar de estar sujetos a una minoría alemana dentro de
un imperio multinacional.

En la primera mitad del siglo XIX las lamentables condiciones de los barrios bajos, las minas y las fábricas
de la revolución industrial dieron lugar a otra ideología orientada hacia el cambio conocida como
socialismo.

Revolución y Reforma
A comienzos de 1830, las fuerzas de cambio comenzaron a abrirse paso a través de la dominación
conservadora de Europa, con más éxito en algunos lugares que en otros. Finalmente, en 1848, una ola
de fervor revolucionario recorrió Europa ocasionando que liberales y nacionalistas de todas partes
pensaran que estaban al borde de la creación de un nuevo orden.

Las nuevas elecciones a las que Carlos X había convocado en 1830 produjeron otra victoria para los
franceses liberales; en este punto, el rey decidió tomar la iniciativa mediante la represión. El 26 de julio
de 1830, Carlos X publicó una serie de edictos (las Ordenanzas de Julio) que impusieron una rígida
censura a la prensa, disolvieron la asamblea legislativa y redujeron el electorado en preparación para
nuevas elecciones. Las acciones de Carlos X produjeron una rebelión inmediata: la Revolución de Julio.
Se levantaron barricadas en París, mientras que se formaba apresuradamente un gobierno provisional
dirigido por un grupo de liberales propietarios, moderados, que invitaba a Luis Felipe, duque de Orleans,
primo de Carlos X, a convertirse en rey constitucional de Francia. En tanto Carlos X huyó a Gran Bretaña;
había nacido una nueva monarquía. Luis Felipe (1830-1848) pronto fue llamado el monarca burgués
porque el apoyo político a su gobierno provenía de la clase media alta. Vestía incluso como un miembro
de la clase media, con trajes de hombre de negocios y sombreros. Con Luis Felipe fueron instituidos los
cambios constitucionales que favorecieron los intereses de la alta burguesía. Se redujeron los requisitos
fi - nancieros para votar, aunque permanecieron lo sufi cientemente altos para que el número de
sufragantes sólo se incrementara de 100,000 a casi 200,000, garantizando que sólo la gente más rica
pudiera participar.

El surgimiento de una sociedad ordenada


En toda Europa los levantamientos revolucionarios de fi nales del siglo XVIII y principios del XIX pusieron
nerviosa a la élite gobernante por el desorden social y los peligros potenciales que experimentaban sus
vidas y sus posesiones. Al mismo tiempo la afl uencia de un gran número de personas del campo a las
ciudades, que crecían rápidamente, había llevado a horribles condiciones de vida, pobreza, desempleo y
mucha insatisfacción social. La primera mitad del siglo XIX presenció, en Gran Bretaña, Francia y
Alemania, un incremento signifi cativo del crimen, en especial contra las propiedades. El aumento de
estos crímenes causó una severa reacción entre los habitantes de la clase media urbana, quienes temían
que la pobreza de las ciudades fuera una amenaza para su seguridad y sus posesiones. Pronto
aparecieron nuevas fuerzas policiacas para defender a las clases propietarias de los criminales y de los
“inadaptados sociales”.

La primera contribución importante del siglo XIX para el desarrollo de una sociedad disciplinada y
ordenada en Europa fue un sistema regular de policía. Algunos Estados europeos establecieron fuerzas
policíacas civiles: grupos de ofi ciales bien entrenados para hacer cumplir las leyes que estaban para
proteger las posesiones y las vidas, mantener el orden interno, investigar el crimen y arrestar a los
delincuentes. Se esperaba que su sola presencia previniera el crimen. El hecho de que la función de la
nueva policía fuera proteger a los ciudadanos la hizo, a la larga, aceptable, y hacia fi nales del siglo XIX
muchos europeos la vieron con aprobación.

La cultura en tiempos de reacción y


revolución: el espíritu del romanticismo
A fi nales del siglo XVIII surgió un nuevo movimiento intelectual conocido como Romanticismo y que
desafi aba la preocupación de la ilustración basada en el descubrimiento de la verdad. Los románticos
trataban de equilibrar el uso de la razón destacando la importancia de la intuición, el sentimiento, la
fantasía, la emoción y la imaginación como fuentes de conocimiento. Como decía un romántico alemán:
“Era mi corazón el que me aconsejaba hacerlo y mi corazón no se puede equivocar”.

Los escritores románticos enfatizaban en sus obras la emoción, las sensaciones y la importancia de los
sentimientos más íntimos. Un importante modelo romántico fue la fi gura trágica en Los pesares del
joven Werther, una novela del gran escritor alemán Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832), quien
más tarde se apartó del Romanticismo a favor del Clasicismo. Werther era una fi gura romántica que
buscaba la libertad para su propia satisfacción. Incomprendido y rechazado por la sociedad, continuó
creyendo en su propio valor por medio de sus sentimientos más íntimos, pero su profundo amor por
una muchacha que no lo amaba fi - nalmente lo llevó al suicidio. Después de la obra de Goethe, Los
pesares del joven Werther, aparecieron numerosas novelas y obras cuyas tramas giraban en torno a
jóvenes doncellas que morían trágicamente a una edad temprana (23 años era lo más común) por
enfermedad (usualmente tuberculosis, en esa época una prolongada enfermedad que era comúnmente
fatal), para tristeza y desesperación de sus amantes.

-El marxismo
El marxismo es el modelo teórico explicativo de la realidad, compuesto principalmente por
el pensamiento desarrollado en la obra de Karl
Marx, filósofo, sociólogo, economista y periodistarevolucionarioalemán de origen judío,1 quien
contribuyó en campos como la sociología, la economía, el derecho, y la historia; así como también
la serie de pensadores que complementan o reinterpretan este modelo, tradición que va desde el
coeditor de Marx, Friedrich Engels, hasta otros pensadores como Lenin, Stalin, León Trotski, Rosa
Luxemburgo, Antonio Gramsci, Georg Lukács o Mao Zedong. Por lo tanto es correcto hablar de
marxismo como una corriente del pensamiento humano. El marxismo se asocia principalmente al
conjunto de movimientos políticos y sociales que surgieron durante el siglo XX, entre los que
destacaron la Revolución rusa, la Revolución china y la Revolución cubana. Para estos movimientos
sociales el nombre correcto es «comunismo» o «socialismo». Es incorrecto plantear estos
movimientos como sinónimo de «marxismo», porque ni todo su componente humano ni toda su
doctrina política se basó en el marxismo como tal.

-Ciencia y cultura en el siglo XIX


Entre 1850 y 1870 eran evidentes dos principales movimientos intelectuales: el desarrollo del
conocimiento científi co, con su acelerada y creciente infl uencia en la visión del mundo occidental, y el
paso del Romanticismo con su enfoque en el mundo interior de la realidad al Realismo con su atención
en el mundo externo material.

A mediados del siglo XIX la ciencia estaba teniendo un gran impacto en la vida europea. La revolución
científi ca de los siglos XVI y XVII transformó, fundamentalmente, la visión del mundo occidental y llevó
a abordar el estudio del mundo natural con un moderno enfoque racional. En el siglo XVIII estos
desarrollos intelectuales quedaron como enclaves de reserva de una élite educada, ofreciendo pocos
benefi cios prácticos. Los avances técnicos del inicio de la revolución industrial habían dependido menos
de la ciencia pura y más de los experimentos prácticos de inventores afi cionados con orientación
tecnológica. Sin embargo, los avances en la tecnología alimentaron el interés en la investigación científi
ca básica que, en la década de 1830 y posteriormente, produjo una erupción de descubrimientos científi
cos que pronto se convirtieron en mejoras tecnológicas que afectaron a todos.

El desarrollo de la máquina de vapor fue importante para alentar a los científi cos a detallar sus
fundamentos teóricos, una preocupación que condujo a la termodinámica, la ciencia de la relación entre
el calor y la energía mecánica. Las leyes de la termodinámica estaban en el núcleo de la física del siglo
XIX. En biología, el francés Luis Pasteur formuló la teoría del germen de de la enfermedad, que tuvo
enormes aplicaciones prácticas en el desarrollo de las modernas prácticas médicas científi cas (véase
“Una revolución en el cuidado de la salud”, más adelante en este capítulo). En química, en la década de
1860, el ruso Dmitri Mendeleyev (1834-1907) clasifi có todos los elementos materiales entonces
conocidos sobre la base de su peso atómico y proporcionó los fundamentos sistemáticos de la ley
periódica. El inglés Miguel Faraday (1791-1867) descubrió el fenómeno de inducción electromagnética y
armó un generador primitivo que sentó las bases para el uso de la electricidad, aunque los generadores
económicamente efi cientes no fueron construidos sino hasta la década de 1870.
-El crecimiento de la prosperidad industrial
En lo profundo de la creencia europea en el progreso después de 1871, yacía el impresionante
crecimiento material, producido por lo que los historiadores han llamado la Segunda revolución
industrial. La primera había dado lugar al surgimiento de los textiles, ferrocarriles, hierro y carbón. En la
Segunda revolución, el acero, los químicos, la electricidad y el petróleo abrieron el camino hacia nuevas
fronteras industriales.

El primer cambio importante en el desarrollo industrial después de 1870 fue la sustitución del uso del
hierro por el acero. Los nuevos métodos de plegamiento y moldeado del acero fueron pieza clave para la
construcción de máquinas y motores más livianos, más compactos y rápidos, así como ferrocarriles,
barcos y armamento. En 1860, Gran Bretaña, Alemania, Francia y Bélgica produjeron en conjunto
125,000 toneladas de acero; en 1913 el total fue de 32 millones de toneladas.

Gran Bretaña había producido el doble de acero que Alemania a principios de 1870, pero en 1910 la
producción alemana duplicó el volumen del de Gran Bretaña. Ambos fueron superados por Estados
Unidos en 1890.

Químicos: Gran Bretaña también se quedó atrás en cuanto a la nueva industria de químicos. Un cambio
en el método de la preparación de soda permitió a Francia y a Alemania tomar el liderazgo en cuanto a
la producción de álcali, utilizado en las industrias textiles, jaboneras y papeleras. Los laboratorios
alemanes pronto superaron a los ingleses en el desarrollo de nuevos componentes químicos orgánicos
como los tintes artifi ciales. En el año 1900, las compañías alemanas habían abarcado 90% del mercado
de los tintes y también llevaban la delantera en todas las placas y películas fotográfi cas.

Electricidad: La electricidad fue una nueva e importante forma de energía que resultó de gran valor, ya
que podía ser fácilmente convertida en otras formas de energía como calor, luz y movimiento, además
de poder ser transmitida sin mayor esfuerzo por el espacio mediante cables de transmisión. Los
primeros generadores de corriente eléctrica prácticos comerciales se desarrollaron en la década de
1870. En 1881, Inglaterra obtuvo su primera planta pública de energía. En 1910, las plantas
hidroeléctricas y las estaciones generadoras de vapor a base de carbón, permitieron que distritos
enteros estuvieran conectados a un mismo sistema de distribución de energía, el cual proporcionaba
una fuente común de electricidad a hogares, tiendas y empresas industriales

-El surgimiento de la sociedad de masas


Los nuevos modelos de la producción industrial, de consumo de masas y de organización de la clase
trabajadora que identifi camos con la Segunda revolución industrial, sólo fueron un aspecto de la nueva
sociedad de masas que surgía en Europa después de 1870. También fueron características importantes
de la sociedad europea un vasto y mejorado ambiente urbano, los nuevos modelos de estructura social,
asuntos referentes al género, educación y esparcimiento masivos.

La población europea se incrementó drásticamente entre los años 1850 y 1910, ascendiendo de 270
millones a más de 460 millones en el año 1910 (véase la tabla 23.1). Entre los años 1850 y 1880, la tasa
de natalidad fue la mayor causa del incremento de la población, al menos en Europa Occidental; sin
embargo, después de 1880, el incremento de la población se explicó en gran medida a una disminución
importante en la tasa de mortalidad. Aunque se han debatido las causas de este descenso, hay dos
factores que sobresalen: los descubrimientos médicos y las condiciones ambientales. Algunos
historiadores han otorgado especial importancia a los desarrollos de la ciencia médica. Por ejemplo, las
vacunas contra la viruela eran obligatorias en muchos países europeos a mediados de la década de
1850. En la segunda mitad del siglo XIX, más importantes aún, fueron las mejoras en el entorno urbano,
que disminuyeron, en gran medida, las muertes debido a enfermedades como diarrea, disentería, fi ebre
tifoidea y cólera, mismas que se habían esparcido mediante los suministros de agua contaminada y la
eliminación inefi ciente de los desechos. La nutrición también jugó un papel importante en la salud de la
población. El incremento de la productividad agrícola, combinado con el progreso en los transportes,
facilitó el embarque de los suministros de alimentos desde áreas con un excedente de cosechas hacia
lugares con malas cosechas. En 1900, una mejor nutrición y una mayor higiene alimenticia fueron
puntos clave en la disminución de la mortalidad infantil. La pasteurización de la leche redujo las
enfermedades intestinales, que habían sido unas de las principales causas de muerte infantil.

-El estado nacional y la cultura imperialista


En la mayoría de los Estados europeos hubo un progreso signifi cativo en el logro de tales prácticas
liberales como constituciones y parlamentos, pero fue mayormente en estos Estados que la política de
masas se convirtió en una realidad. Las reformas alentaron la expansión de la democracia a través del
derecho al voto para los varones y la creación de partidos políticos de masas. Simultáneamente, estos
desarrollos encontraron una fuerte resistencia en partes de Europa donde las fuerzas políticas
anteriores seguían siendo poderosas.

En 1871, Gran Bretaña tuvo un sistema parlamentario de función bipartidista, y el crecimiento de la


democracia política se convirtió en una de las preocupaciones de la política británica. Su causa fue
impulsada por la expansión del sufragio. La Ley de Reforma de 1867 dio un gran avance al derecho al
voto (véase el capítulo 22), aunque se amplió todavía más durante el segundo periodo ministerial de
William Gladstone (1880- 1885) mediante la aprobación de la Ley de Reforma de 1884. Ésta dio el voto a
todos los varones que pagaran alquileres regulares o impuestos, abarcando así a los trabajadores
agrícolas, grupo al que antes se había excluido, y así la ley sumó otros dos millones de votantes al
electorado (véase la tabla 22.1 en la página 683, capítulo 22). A las mujeres todavía se les negaba el
derecho a votar. El siguiente año, el Acta de Redistribución eliminó los condados y municipios históricos
con representación parlamentaria y estableció distritos electorales con aproximadamente el mismo
número de habitantes y un representante por cada distrito. El pago de salarios a los miembros de la
Cámara de los Comunes comenzó en 1911 y fomentó la democratización de esa institución al abrir sus
puertas a cualquier persona y no sólo a las acaudaladas. El sistema británico de reformas graduales
mediante las instituciones parlamentarias se convirtió en la forma de vida política británica.
La Guerra Fría.
Incluso antes de que fi nalizara la Segunda Guerra Mundial, las dos principales fuerzas aliadas –Estados
Unidos y la Unión Soviética– comenzaron a tener desacuerdos respecto a la organización del mundo
europeo de la posguerra. Su unión se había mantenido durante la guerra, debido a la urgente necesidad
de derrotar a las potencias del Eje, pero, una vez que éstas fueron vencidas, las diferencias entre los
estadounidenses y los soviéticos volvieron a salir a flote.

Ha habido un considerable debate histórico en torno a quién fue responsable del inicio de la Guerra Fría.
Tanto Estados Unidos como la Unión Soviética tomaron medidas al fi nal de la Segunda Guerra Mundial,
que fueron imprudentes o que se podrían haber evitado. Sin embargo, ambas naciones trabajaron
dentro de un marco de referencia condicionado por el pasado. A fi n de cuentas, la rivalidad entre las
dos superpotencias surgió debido a sus diferentes perspectivas históricas y sus irreconciliables
ambiciones políticas. La intensa competencia por la supremacía política y militar, había sido una
característica habitual de la civilización occidental. Estados Unidos y la Unión Soviética fueron los
herederos de la tradición europea de la política de poder, y no debería sorprendernos que sistemas tan
diferentes quisieran expandir su estilo de vida al resto del mundo. Debido a la necesidad que tenía de
sentirse segura en su frontera con el Occidente, la Unión Soviética no estaba preparada para renunciar a
las ventajas que había obtenido en Europa Oriental después de la derrota de Alemania. Por otro lado,
los líderes estadounidenses tampoco deseaban renunciar al poder y al prestigio que habían obtenido
alrededor del mundo. Cada uno suspicaz de los motivos del otro, Estados Unidos y la Unión Soviética
pronto llevaron sus mutuos temores a un nivel de intensa competencia (véase el recuadro en la página
877). Entre 1945 y 1949, un sinnúmero de eventos implicó a los dos países en un conflicto continuo.

El fin de las colonia europeas.


La descolonizaciónes el proceso de independencia política de una colonia o territorio en relación
con la nación extranjera que lo dominaba.
El término apareció después de finalizar la Segunda Guerra Mundial para referirse al proceso
político, impulsado por la Organización de las Naciones Unidas, de poner fin al Colonialismo,
mayoritariamente europeo, que dio lugar a la independencia nacional de varios países,
principalmente en África y Asia.
Más recientemente, el término "Descolonización" ha sido usado para referirse a una postura y una
operación cultural, tendiente a revelar y revertir situaciones institucionales, culturales
y Epistemológicas afectadas por el Eurocentrismo y otros mecanismos de subordinación y poder.
Este significado está impulsado por las corrientes llamadas poscoloniales y Decoloniales.

El término "descolonización" apareció luego de finalizada la segunda guerra mundial para referirse
al proceso político impulsado por las Naciones Unidas de poner fin al colonialismo,
mayoritariamente europeo, que dio lugar a la independencia nacional de varios países,
principalmente en África y Asia.
La descolonización, en este sentido político, se produce mediante la independencia, la integración
dentro de un poder administrativo o dentro de otro estado, o mediante el establecimiento de un
estatus de libre asociación. La Organización de las Naciones Unidas ha establecido que en el
proceso de descolonización no hay alternativa al principio de autodeterminación. La descolonización
puede conllevar una negociación pacífica o una revuelta violenta.
Desde finales del siglo XVIII y durante todo el XIX, la descolonización se produjo en América,
empezando por la llamada Revolución estadounidense contra el Imperio británico, que dio lugar a
los actuales Estados Unidos de América, la Guerra de Independencia Hispanoamericana y la
constitución del Imperio del Brasil al dividirse el Portugués.
En los siglos XX y XXI, la descolonización se refiere, habitualmente, a los logros independentistas
de varias colonias y protectorados europeos en Asia y África tras la Segunda Guerra Mundial. Este
proceso ha dado lugar, además, a un movimiento intelectual denominado poscolonialismo. Un
período especialmente activo de descolonización que tuvo lugar entre 1945 y 1975, empezando con
la independencia de Pakistán e India del Reino Unido en 1947, y que se culminó con la
autodeterminación de las colonias portuguesas en África en el transcurrir de los años 70.

Recuperación renovación europeas.


La barbarie de los nazis parecía desafi ar la esencia misma de la civilización europea. Pero Europa se
recuperó de una forma sorprendente y pocos años después de la derrota de Alemania e Italia, la
reactivación de la economía trajo un renovado crecimiento a la sociedad europea, a pesar de que siguió
habiendo grandes diferencias entre Europa Occidental y Oriental.

La Segunda Guerra Mundial devastó a la Unión Soviética. Stalin volvió a utilizar los métodos que se
usaban en la década de 1930: la adquisición o el desarrollo de capital a costa de la mano de obra
soviética. Con trabajo arduo a cambio de poca paga, vivienda pobre y escasos productos de consumo, se
esperaba que los trabajadores produjeran mercancías de exportación a cambio de muy poco para ellos
mismos. El capital obtenido del exterior se utilizaría entonces para comprar maquinaria y tecnología del
occidente. La pérdida de millones de hombres en la guerra hizo que esta tremenda carga laboral
recayera sobre los hombros de las mujeres soviéticas. Casi 40% del trabajo pesado era llevado a cabo
por las mujeres. La recuperación de la economía en la Unión Soviética fue espectacular. En 1947, la
producción industrial logró llegar al nivel que había tenido antes de la guerra y, tres años más tarde, lo
sobrepasó en 40%. Se construyeron nuevas plantas de energía, canales, fábricas gigantescas y se
establecieron nuevos campos petroleros en Siberia y en el Asia Central soviética. El Plan Quinquenal de
Stalin de 1946 alcanzó su meta antes del tiempo estipulado.

El proceso de descolonización también estuvo involucrado en la política de la Guerra Fría. Al ir surgiendo


las naciones independientes en Asia y África, a menudo se encontraron atrapadas entre las rivalidades
de Estados Unidos y la Unión Soviética. Por ejemplo en Vietnam, la división del país en 1954, dejó a la
parte norte bajo el poder del líder comunista Ho Chi Minh apoyado por la Unión Soviética. Mientras
tanto, el sur de Vietnam se mantenía a fl ote gracias al apoyo económico y militar estadounidense. La
Segunda Guerra de Vietnam fue consecuencia de la percepción estadounidense de que se debía impedir
que el comunismo se siguiera expandiendo, mientras que Ho Chi Minh vio la lucha entre el sur y el norte
como un intento de derrocar a los mentores de las colonias occidentales –los estadounidenses,
simplemente habían sustituido a los franceses– y lograr la autodeterminación para el pueblo vietnamita

Estados Unidos y Cánada: una nueva era.


Al fi nal de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos era una de las dos superpotencias mundiales.
Conforme la Guerra Fría se intensifi caba con la Unión Soviética, Estados Unidos trabajó arduamente
para combatir la expansión del comunismo en todo el mundo. La vida política interna estadounidense,
después de 1945, se desarrolló con el telón de fondo del poder militar estadounidense en el exterior.

Entre 1945 y 1970, los ideales del New Deal (Nuevo Trato) de Franklin Roosevelt determinaron las
pautas de la política interna estadounidense. El New Deal trajo cambios básicos en la sociedad
estadounidense, incluyendo el incremento espectacular del papel y del poder del gobierno federal, el
surgimiento de los trabajadores organizados como una poderosa fuerza política y económica, el inicio
del Estado benefactor y un convencimiento a regañadientes de la necesidad de trabajar de manera justa
en los problemas de las minorías. La tradición del New Deal se reforzó con la elección de tres
presidentes demócratas: Harry Truman en 1948, John Kennedy en 1960 y Lyndon Johnson en 1964.
Incluso la elección de un presidente republicano, Dwight Eisenhower en 1952 y en 1965, no cambió el
rumbo básico de la política estadounidense. Tal y como declaró Eisenhower: “Si cualquier partido
político intentara abolir el sistema de seguridad social y eliminar las leyes laborales y programas
agrícolas, no volverían a escuchar de ese partido en nuestra historia política”. El boom económico
después de la Segunda Guerra Mundial alimentó la confi anza en el estilo de vida estadounidense
(American way of life). La escasez de bienes de consumo durante la guerra había dejado a los
estadounidenses con un ingreso extra y un deseo reprimido por comprarlos después de la guerra.
Entonces, también, el crecimiento de los sindicatos trajo consigo un incremento en los salarios que
permitió a los trabajadores comprar bienes de consumo. Entre 1945 y 1973 las percepciones reales
crecieron 3% al año en promedio, el más prolongado avance en la historia estadounidense. La
prosperidad no era la única característica de los principios de la década de 1950. Las confrontaciones de
la Guerra Fría en el exterior tuvieron repercusiones internas. La toma de poder en China por las fuerzas
comunistas de Mao Tsé-tung en China en 1949 y la invasión de Corea del Sur por parte de las fuerzas
comunistas de Corea del Norte en 1950, provocaron el temor de que los comunistas se hubieran infi
ltrado en Estados Unidos. El procurador general del presidente Truman advirtió que los comunistas
“están en todas partes: en las fábricas, en las ofi cinas privadas, en las carnicerías, en las esquinas de las
calles. Y cada uno lleva consigo el germen de la muerte de nuestra sociedad”. El demagógico senador
de Wisconsin, Joseph R. McCarthy, ayudó a intensifi car el “temor rojo” con la exposición de supuestos
comunistas en altos cargos del gobierno. McCarthy fue muy lejos cuando atacó a presuntos
“conspiradores comunistas” en el ejército de Estados Unidos, y fue censurado por el Congreso en 1954.
Su cruzada anticomunista llegó rápidamente a su fi n.
El surgimiento de una nueva sociedad.
Durante la época de la posguerra, la sociedad y la cultura occidentales sufrieron vertiginoso y notable
cambio. Las computadoras, la televisión, los jets, los dispositivos anticonceptivos y las nuevas técnicas
quirúrgicas, cambiaron de una manera rápida y notable el ritmo y la naturaleza de la vida humana. El
cambio veloz de la sociedad de la posguerra, alimentado por los avances científi cos y el acelerado
crecimiento económico, llevó a que muchas personas la consideraran una sociedad nueva. Como parte
de esta sociedad, los negros exigieron derechos civiles, nació el Estado benefactor, las mujeres
demandaron igualdad de derechos con los hombres y surgió una deslumbrante selección de nuevas
expresiones culturales.

Después de 1945, se alteró la estructura de la sociedad europea. Este cambio se notó especialmente en
la clase media. Debido en gran medida a la incorporación de un nuevo grupo de gerentes y técnicos,
conforme las grandes compañías y las agencias gubernamentales empleaban un número creciente de
supervisores de “cuello blanco” y personal administrativo, aumentaron estos grupos de la tradicional
clase media, como hombres de negocios, abogados, médicos y universitarios. Los nuevos
administradores y expertos eran muy parecidos tanto en la Europa Oriental como en la Occidental:
todos los puestos dependían del conocimiento especializado que se había adquirido mediante una
educación de mayor nivel. En todas partes se enfocaban en la administración efi caz de sus
organizaciones. Dado que sus cargos solían depender de sus habilidades, hicieron esfuerzos por
asegurar que sus propios hijos tuvieran una educación.

También surgieron cambios entre la clase baja tradicional. Fue especialmente notorio el drástico
desplazamiento de la gente del área rural a la urbana. Disminuyó el número de personas que trabajaba
en la agricultura, aunque se conservó el tamaño de la fuerza laboral en la industria. En Alemania
Occidental, los trabajadores de la industria constituían 48% de la fuerza laboral durante las décadas de
1950 y 1960. A partir de entonces, el número de los trabajadores industriales empezó a disminuir a
medida que se incrementaban los trabajos de cuello blanco y los de servicios. Al mismo tiempo, un
incremento sustancial en sus salarios reales, permitió que las clases trabajadoras aspiraran a patrones
de consumo propios de la clase media, que a su vez derivó en lo que algunos observadores llamaron la
sociedad de consumo. El comprar mediante el plan de pagos diferidos, iniciado en la década de 1930 y
generalizado en la de 1950, brindó a los trabajadores la oportunidad de imitar a la clase media,
comprando productos tales como televisores, máquinas de lavar, refrigeradores, aspiradoras y aparatos
estereofónicos. Pero el símbolo más visible del consumismo masivo fue el automóvil. Antes de la
Segunda Guerra Mundial, los automóviles estaban destinados para las clases altas europeas. En 1948,
había cinco millones de automóviles en toda Europa, pero en 1957 este número se había triplicado. En la
década de 1960 había casi 45 millones de automóviles.
Más allá de la Guerra Fría: ¿Un nuevo orden
mundial?
El ascenso de Mijaíl Gorbachov al poder de la Unión Soviética en 1985 trajo consigo el dramático fi n a la
Guerra Fría. Gorbachov estaba dispuesto a replantear muchas de las premisas fundamentales que
existían en la política extranjera soviética y su “nuevo pensamiento”, como él lo llamaba, abrió la puerta
a una serie de cambios brillantes. Para empezar, Gorbachov inició un plan de limitación de armas que,
en 1987, condujo a un acuerdo con Estados Unidos de eliminar las armas nucleares de alcance
intermedio (Tratado INF). Ambas partes tenían motivos para disminuir la costosa carrera armamentista.
Gorbachov esperaba hacer extensas reformas económicas y Estados Unidos tenía serios problemas de
défi cit. Durante la presidencia de Reagan, Estados Unidos había dejado de ser una nación que otorgaba
crédito para convertirse en la nación con la mayor deuda en el mundo. Hacia el año 1990 ambos países
se estaban dando cuenta de que los amplios presupuestos militares les difi cultaba solucionar sus serios
problemas sociales. Los años 1989 y 1990 fueron un período crucial en la culminación de la Guerra Fría.
Como se ha descrito anteriormente, los acuerdos de la posguerra se quedaron en el aire, cuando un
levantamiento revolucionario, mayormente pacífi co, barrió toda Europa oriental. La política de
Gorbachov de permitir mayor autonomía para los regímenes comunistas de Europa Oriental signifi caba
que la Unión Soviética ya no apoyaría militarmente a los gobiernos comunistas que enfrentaran
revueltas internas. La poca disposición del régimen soviético de usar la fuerza para mantener el status
quo, como sucedió en Hungría en 1956 y en Checoslovaquia en 1968, abrió la puerta al derrocamiento
de los regímenes comunistas. La reunifi cación de Alemania, el 3 de octubre de 1990, marcó la
culminación de uno de los legados más relevantes de la Guerra Fría.

La Guerra del Golfo Pérsico brindó la primera oportunidad para poner a prueba la nueva relación entre
Estados Unidos y la Unión Soviética, en la etapa posterior a la Guerra Fría. A principios de agosto de
1990 las fuerzas militares iraquíes de pronto ocuparon el pequeño país vecino de Kuwait, en la esquina
noreste de la península arábiga, en la cabeza del Golfo Pérsico. La invasión iraquí a Kuwait desencadenó
una protesta mundial, y una fuerza internacional guiada por Estados Unidos liberó Kuwait y destruyó
una parte sustancial de las fuerzas armadas de Irak durante los primeros meses de 1991.

La Guerra del Golfo fue el primer confl icto militar importante en el período posterior a la Guerra Fría.
Gorbachov intentó convencer a Irak de que retirara sus fuerzas de Kuwait antes de que comenzara el
confl icto; en general, los soviéticos tuvieron una mínima participación en la crisis y apoyaron la acción
estadounidense. Hacia fi nales de 1991 la Unión Soviética se había desintegrado haciendo imposible
cualquier reestablecimiento de rivalidad global entre las superpotencias y dejando que Estados Unidos
asumiera el liderazgo como la mayor potencia militar del mundo.

Hacia un nuevo orden mundial.


Entre 1945 y 1985, después de la devastación de la Segunda Guerra Mundial, un nuevo orden político
había dejado aparentemente al mundo occidental dividido entre un próspero occidente capitalista y un
empobrecido oriente comunista. Sin embargo, a fi nales de la década de 1980 y a principios de 1990, la
Unión Soviética y sus Estados satélites de Europa Oriental sufrieron un levantamiento revolucionario
que alteró dramáticamente el panorama europeo (véase mapa 30.1) y provocó en muchos europeos
nuevas esperanzas, así como nuevos temores.

En 1980 se había vuelto evidente para un pequeño número de reformistas del Partido Comunista que la
Unión Soviética estaba en serios problemas. Cuando uno de estos jóvenes, Mijaíl Gorbachov, fue elegido
como secretario del partido en marzo de 1985, comenzó una nueva era en el país.

Nuevas tendencias y nuevos problemas en la


sociedad occidental.
Desde 1985, los dramáticos cambios sociales han acompañado a los cambios políticos y económicos. Las
oportunidades para las mujeres aumentaron y un revitalizado movimiento feminista busca dar signifi
cado al principio de igualdad con los hombres. También surgieron nuevos problemas para la sociedad
occidental y la animadversión contra los trabajadores extranjeros e inmigrantes ha crecido
notablemente.

Se estima que los padres necesitan un promedio de 2.1 hijos para asegurar un reemplazo natural de la
población de un país. En muchos países europeos la población dejó de crecer en la década de 1960 y
esta tendencia a la baja se ha mantenido desde entonces. Hacia la década de 1990, los índices de
natalidad descendieron drásticamente; entre las naciones de la Unión Europea, el promedio de niños
por madre era de 1.4. El índice de España era de 1.15, entre los más bajos del mundo desde 2002. Al
mismo tiempo, el número de mujeres que trabajaban seguía creciendo. En 1990, en Gran Bretaña, por
ejemplo, las mujeres constituían 44% de la fuerza laboral, superando 3% de 1970.

Más aún, las mujeres fueron conquistando nuevas oportunidades de empleo. Un mayor acceso a las
universidades y escuelas profesionales les permitió tomar trabajos en la jurisprudencia, la medicina, el
gobierno y la educación. En la Unión Soviética alrededor de 70% de los médicos y maestros eran
mujeres. Sin embargo, la desigualdad económica a menudo prevalecía; las mujeres recibían sueldos más
bajos que los hombres por el mismo trabajo y menos oportunidades de avanzar a posiciones
jerárquicamente superiores.

Las integrantes del movimiento de liberación femenina llegaron a creer que las mujeres mismas debían
transformar las condiciones fundamentales de sus vidas. Lo hicieron de diferentes maneras. Primero
formaron numerosos grupos de “creación de conciencia” para despertar el interés por los temas de las
mujeres. Se reunían para compartir sus experiencias personales y se dieron cuenta de las muchas
formas en las que el dominio del hombre afectaba sus vidas. Esta toma de conciencia ayudó a que
muchas mujeres se volvieran activistas.

El mundo de la cultura occidental.


La cultura de occidente se ha expandido a casi todas partes del mundo, aunque algunas sociedades lo
ven como un reto a su propia cultura e identidad nacional. Al mismo tiempo, otras sociedades están infl
uyendo fuertemente en las expresiones culturales del occidente, haciendo de la reciente cultura
occidental un refl ejo de la respuesta global a los rápidos cambios en la sociedad humana actual.

A pesar del reestablecimiento de la religión después de la Segunda Guerra Mundial, la asistencia a la


iglesia en Europa y Estados Unidos ha decaído dramáticamente desde las décadas de 1960 y 1970, como
resultado de las crecientes actitudes seculares. Pero aun cuando el número de asistentes regulares en
las iglesias protestantes y católicas ha seguido decayendo, el número de iglesias fundamentalistas y de
feligreses ha crecido, especialmente en Estados Unidos.

El fundamentalismo originalmente fue un movimiento dentro del protestantismo que surgió a principios
del siglo XX. Su objetivo era el de mantener una interpretación tradicional estricta de la Biblia y la fe
cristiana, especialmente en oposición a la teoría de evolución de Darwin y al secularismo. En las décadas
de 1980 y 1990, los fundamentalistas se involucraron en una lucha contra los llamados humanistas
seculares, el comunismo sin dios, el aborto legalizado y los homosexuales. Particularmente en Estados
Unidos los fundamentalistas se organizaron políticamente para elegir candidatos que apoyaran sus
puntos de vista. Éstos así llamados derechos cristianos desempeñaron un papel de infl uencia en la
elección de Ronald Reagan y George W. Bush para la presidencia.

¿Hacia una civilización global?


El multiculturalismo en la literatura nos recuerda que más y más personas se están volviendo
conscientes de la interdependencia económica, política y social de las naciones del mundo y de la
naturaleza global de nuestros problemas. Estamos comenzando a comprender que las fuerzas
destructivas generadas en una parte del mundo, pronto afectan al mundo entero. La contaminación de
las chimeneas en una nación puede producir lluvia ácida en otra. Los derrames de petróleo y el desecho
de la basura en los océanos han tenido un grave impacto sobre las costas de muchos países. Conforme
prolifera la crisis de alimento, agua, energía y recursos naturales, las soluciones de una nación se
convierten en los problemas de otras muchas. La nueva globalización incluye el reconocimiento de que
los retos que parecen amenazar la existencia humana en la actualidad son globales. En octubre de 2001,
en respuesta a los ataques terroristas del 11 de septiembre, el primer ministro británico, Tony Blair dijo:
“Nos estamos dando cuenta de lo frágiles que son nuestras fronteras de cara a los nuevos retos del
mundo. Hoy en día, el confl icto rara vez permanece dentro de los límites nacionales”. Como vimos en la
discusión de la era digital, una parte importante de la conciencia global es la dimensión tecnológica. El
crecimiento de la nueva tecnología ha hecho posibles ciertos niveles de comunicación que antes
simplemente no existían. Al mismo tiempo en que Osama Bin Laden y al-Qaeda denunciaban las fuerzas
de la modernización, lo hacían por medio de sistemas de telecomunicación avanzados que han sido
apenas desarrollados recientemente. La revolución tecnológica ha vinculado estrechamente a los países
y a la gente, y ha contribuido a la globalización, el término que se usa frecuentemente para describir el
proceso mediante el cual los pueblos y las naciones se han vuelto más interdependientes.
Económicamente, la globalización ha tomado la forma de una economía global.

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