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Causas del Atraso del Perú Siglo XIX

Este documento describe las causas geográficas, políticas y económicas que han detenido el progreso del Perú en su primer siglo de independencia. Entre estas causas se encuentran el desconocimiento del territorio peruano, la falta de interés en desarrollar la agricultura, la minería y la industria, y las adversas condiciones geográficas como los desiertos en la costa, las alturas en la sierra y los densos bosques en la montaña. También señala que los ríos no han sido bien aprovech
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Causas del Atraso del Perú Siglo XIX

Este documento describe las causas geográficas, políticas y económicas que han detenido el progreso del Perú en su primer siglo de independencia. Entre estas causas se encuentran el desconocimiento del territorio peruano, la falta de interés en desarrollar la agricultura, la minería y la industria, y las adversas condiciones geográficas como los desiertos en la costa, las alturas en la sierra y los densos bosques en la montaña. También señala que los ríos no han sido bien aprovech
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Pedro Lissón y Dávalos

La primera centuria: causas geográficas,


políticas y económicas que han detenido el
progreso moral y material del Perú en el
primer siglo de vida independiente.
Tomo II

2003 - Reservados todos los derechos

Permitido el uso sin fines comerciales


Pedro Lissón y Dávalos

La primera centuria: causas geográficas,


políticas y económicas que han detenido el
progreso moral y material del Perú en el
primer siglo de vida independiente.
Tomo II
Causas Geográficas

Capítulo I

Introducción

Algo que bastante ha contribuido al atraso material en que nos encuentra el año de 1921, es
el desconocimiento de nuestra realidad. Dueños de un inmenso territorio y árbitros de
nuestros destinos desde la fecha en que San Martín juró nuestra independencia, en todo
hemos pensado menos en darnos estímulo mutuo para crecer y desarrollarnos en forma
adecuada a nuestras riquezas. España tenía organizada en el Perú una escuela económica
defectuosa, pero escuela al fin. Ella tuvo por base el trabajo y como propósito la
explotación de la riqueza minera y la exploración del territorio. La República pretendió
enmendarla, suprimiendo el tributo y la esclavitud, habiéndole servido la palabra libertad
para detener la energía española, concentrada durante tres siglos a la asimilación del suelo y
la constitución de una fuente de riqueza. La República dedicó los esfuerzos nacionales a
fines complejos netamente políticos, y en alas de la ficción alzó el vuelo en busca de una
democratización exagerada. Sus consecuencias fueron lamentables: la escuela fundada -8-
en el esfuerzo, en el deseo de enriquecerse en la industria y de conseguir la grandeza
material que tanto distinguió al español, fue mirada como institución nociva del régimen
caído. Se buscó la ventura en lo ideológico, y los hombres mejor preparados de las
generaciones republicanas, jamás dedicaron por entero sus actividades a desarrollar la
prosperidad pública e incrementar la riqueza individual a fin de constituir la fuerza
fisiológica de la nación. La minería, la industria, el comercio y la comunicación merecieron
atención secundaria. Lo esencial no ha sido el trabajo sino las leyes. Hemos creído que las
gentes no explotan el suelo porque la constitución es mala, porque la ley electoral no es
perfecta y la organización parlamentaria inadecuada.

Por causa de esta desorientación, el territorio ha sido mirado con desdén. Ha faltado cariño
por el suelo, amor al río, a la cordillera, al bosque, al océano. Con rarísimas excepciones el
país no ha sido visitado por los estadistas, ni los estudios geográficos, salvo los realizados
en la montaña, han merecido verdadera atención. Nuestras universidades han vivido
atiborradas de doctrina, pero faltas de experiencias. Han sentido más inclinación a los
estudios teológicos, jurídicos, de letras y a las ciencias políticas, que a los conocimientos
geográficos, a los problemas de ingeniería y a las necesidades materiales del país. El
Mercurio Peruano de Unánue, concentró su esfuerzo a describir el territorio: en los Anales
Universitarios, son escasos los artículos que dan a conocer la naturaleza peruana. Raimondi
es la única personalidad que dedicó su vida a conocer la República. Su obra quedó
incompleta. Sus escritos hállanse inéditos o publicados sin orden ni concierto alguno. Luis
Carranza, uno de nuestros pocos hombres superiores que también tuvo amor a la naturaleza,
que publicó sus viajes por el centro del Perú -9- y que supo comprender la obra colosal
de Raimondi, en bellísima forma literaria, en un artículo comenta su labor.

Si el territorio nos ha sido desconocido y más aún los medios adecuados para explotar su
riqueza, ¿cómo es posible que la centuria vencida nos encuentre en prosperidad material?
Pero no es sólo el desconocimiento del territorio lo que nos tiene en atraso, sino también
sus adversas condiciones físicas. Dionos la Providencia un suelo rico pero de muy difícil
explotación. En la costa tierra sin agua, en la sierra agua sin tierra y en la montaña tierra y
agua en tanta abundancia, que cuando el suelo no está inundado está secándose. En la costa
el desierto, en la sierra la altura, en la montaña el estorbo de los tupidos bosques ocupando
las más fértiles planicies de la región y tal vez del mundo.

Tocole en suerte a la República Argentina recibir del Creador un territorio plano, sin
bosques y siempre regado por continuas lluvias. Sus ríos no necesitan como los del Perú de
represas y canales, ni sus campos agrícolas presentan el inconveniente de los doce mil pies
de elevación a que se hallan las más dilitadas y bellas planicies de nuestras mesetas
andinas. La comunicación, siendo el suelo plano, es rápida y barata. En nuestro territorio, la
ascensión a las cordilleras es cara y morosa. Allá, una locomotora arrastra 30 y 40 carros:
aquí, en gradientes mínimas de tres por ciento, ningún convoy puede ser largo. Si nuestro
suelo fuera plano como en la Argentina, con lo que hemos gastado en ferrocarriles,
pudiéramos tener un kilometraje tres veces mayor que el actual. Las vías férreas en la
provincia de Buenos Aires cuestan de dos a tres mil libras la milla: en el Perú importan de
5000 a 8000 libras.

Un sabio explorador inglés comparaba la riqueza natural argentina a una mesa puesta y lista
para sentarse a comer. -10- La Providencia no nos favoreció en esta forma. Nuestros
valles costaneros no tendrían agua si no se hubiera hecho en ellos el extenso y costoso
sistema de canales que los irriga. La sierra necesita andenes, siendo escasos los terrenos
verdaderamente planos. La montaña no puede cultivarse si el desmonte no precede al
cultivo, y este desmonte importa por fanegada tres o cuatro veces más de lo que igualdad de
tamaño cuesta la tierra argentina en plena producción. Tuvimos en compensación guano y
salitre, riquezas que la Argentina no posee. Por multitud de causas que ya apuntaremos en
otro libro, el guano enriqueció al fisco peruano, pero en cambio empobreció a los
ciudadanos, sacándolos de las industrias, acabó con tributación y con el estímulo por el
trabajo como que perturbó el espíritu económico de la Nación. El salitre dejó de ser fuente
de riqueza pública en los momentos en que comenzaba a ser conocido y empleado en los
campos europeos, y en los nefandos días en que una guerra de conquista, no solamente
asoló el Perú y le dejó en ruina, sino que por 40 años hale arrebatado los miles de millones
de soles que Dios le tenía reservados para modificar científicamente las imperfecciones de
su territorio, mediante la construcción de costosas represas de irrigación en la costa y de
ferrocarriles de penetración a la sierra y a la montaña. Si el salitre hubiera estado en la
Patagonia, Chile hubiera batallado contra la Argentina y no contra los aliados de 1879.

La situación geográfica también ha favorecido a la Argentina desde el momento en que


inició su vida republicana. Nosotros hemos vivido hasta 1916 a espaldas del mundo, y
cunado Buenos Aires recibía un vapor a los veinte días de su salida de Inglaterra, el mismo
buque llegaba al Callao a los 45.

-11-
Junto con el factor geográfico-físico, adverso, como lo demostraremos en el curso de este
libro, nos ha sido también desfavorable el factor geográfico humano. Nuestros hombres
dirigentes han carecido de espíritu práctico y hasta de sentido común en todo lo relativo a la
asimilación del territorio. Por esta deficiencia, nuestro pueblo, que bajo ningún concepto es
inferior a los demás, que pueblan la América Latina, ha carecido de leaders que le
conduzcan a la explotación del suelo. La incomunicación en que hemos vivido le tiene, en
el mismo estado de barbarie en que estaba durante el coloniaje. Lo más poblado de nuestro
territorio es la sierra y cabalmente ella es lo que hay de más inculto en el Perú. La mayoría
de nuestros habitantes no saben leer ni escribir, no conocen sus derechos y obligaciones
para con la Patria. Aman únicamente el pueblo en que han nacido y no tienen la menor
solidaridad con el resto de sus conciudadanos. De 4000000 de habitantes que tiene el Perú,
posiblemente un veinticinco por ciento piensa y trabaja. Gran parte de la raza indígena está
congregada bajo la forma social del ayllo o esclavizada por el gamonal. De un lado señores
y esclavos; de otro, miles de hombres segregados de la comunidad peruana y cultivando la
tierra únicamente en la extensión necesaria para el propio sustento. El mestizaje hállase en
mejor condición social y económica, pero su criterio, como también el de las clases
superiores no se halla orientado en el propósito de hacer patria por medio del trabajo del
ahorro y del ejercicio de las virtudes republicanas.

La meteorología también nos ha sido desfavorable. En la costa la falta de lluvias, en la


montaña el exceso de ellas y en la sierra las heladas. Año de heladas, año de hambruna. El
clima ha favorecido el paludismo y la tuberculosis en la -12- costa, el beriberi en la
montaña, la verruga, la uta, el tifus exantemático en la sierra, y la negligencia de los
poderes públicos, la horrorosa mortalidad que ha ocasionado y sigue ocasionando la viruela
en todo el territorio.

Capítulo II

Ríos
Nuestros ríos, durante la primera centuria republicana, han carecido de condiciones
propicias para engrandecer nuestras industrias. Los incas sacaron gran partido de ellos en la
costa y en la sierra. Sus canales, algunos de los cuales todavía existen, son obras admirables
de ingeniería. Dedicados los españoles durante el coloniaje casi únicamente a la
explotación de minas, no hicieron nada por mantener la agricultura en el pie en que la
encontraron. La época republicana sacó mejor partido de nuestra red fluvial, y con toda
posibilidad, sus aguas, en el siglo XX, mejor aprovechadas y distribuidas, servirán para
fomentar una estupenda riqueza industrial.

Teniendo la inmensa mayoría de nuestros ríos, nacimiento en las cumbres de los Andes y
curso por estrechas y empinadas quebradas, su paso por el territorio nacional ha favorecido
poco nuestro desarrollo económico. Principia la cordillera occidental casi en el océano
Pacífico, no siendo nunca mayor de cien millas en línea recta, la distancia que -14- media
entre el mar y los altos picos. En tan corto espacio, ¿qué cuenca importante pudo formarse
en ese lado del Pacífico? Es por esto que nuestros ríos costaneros, más que ríos son arroyos,
y arroyos torrentosos y encajonados entre montañas de altísima elevación. Todos ellos
bajan violentamente, saltando de roca en roca, y sólo a diez o doce millas de su
desembocadura corren con relativa mansedumbre, aunque en ningún sitio con menos de
uno por ciento de gradiente. Exceptúanse el Tumbes, el Chira y el de Lambayeque.

Si los Andes se hubieran levantado a doscientas millas del mar, nuestros ríos costaneros
llevarían doble cantidad de agua de la que hoy corre por ellos. Esto es evidente; también lo
es, que si la cordillera del Atlántico ocupara el sitio que tiene la del Pacífico y viceversa, y
que si por esta situación, el Huallaga, el Marañón, el Mantaro, el Apurímac y otros,
desembocaran en nuestras costas y no en el Amazonas, nuestros valles del litoral tendrían
exceso de agua. También lo tendrían si el ramal occidental de la cordillera hubiera sido roto
en algunos de los eslabones de su larga carrera, si por esta acción, los ríos de la sierra en
lugar de orientarse hacia el Atlántico hubieran tenido salida hacia el lado del Pacífico.
Todos en su labor de erosión, encontraron menor resistencia en la cordillera oriental, y por
esta causa geológica ninguno pasó de la sierra a la costa. El Santa, el más largo de todos los
cisandinos, es el único que tuvo fuerza para romper una subcadena andina llamada:
cordillera Negra, y por esta razón trae al Pacífico agua propiamente serrana.

Si en la costa, los ríos con pocas excepciones tienen un sólo rumbo y casi en línea recta van
de NE SO, en la sierra, estando los más de ellos encajonados entre cordilleras, -15- sus
orientaciones no pueden ser otras que las paralelas a esas cordilleras. Sin embargo,
cualquiera que sea el punto en que nazcan esos ríos interandinos, todos toman rumbo al
norte. Esto se explica por la situación del río Amazonas, río troncal que en el Perú se halla
entre los tres y cuatro grados de latitud boreal, y del cual son afluentes. La excepción de
este uniforme rumbo lo encontramos en el Mantaro, el único río andino que por largo
trecho camina hacia el sur, lo cual es consecuencia de su nacimiento en la parte meridional
del nudo de Pasco.

Respecto a longitud, tienen los ríos de la sierra mayor extensión que los de la costa. Sin
embargo, habiendo sido profunda la erosión que su curso ha hecho en las montañas
andinas, sus aguas no tienen muchas tierras que irrigar. Lo que vemos en el Marañón y en
el Huallaga interandinos, lo encontramos con mayor majestad y con espectáculo más
imponente en el Apurímac y el Mantaro. Corten las aguas de todos cuatro por cañones
profundos, cañones que si en otras geológicas épocas estuvieron cerrados por formidables
contrafuertes, y dieron origen a una serie de lagos separados entre sí por elevadísimas
cataratas, lagos que después formaron valles como el de Jauja y el de Vilcanota, al presente
los cañones dan paso a las aguas de esos ríos que corren con uniforme y monótona
gradiente, no formando lagos ni valles, como que nada las detiene, y habiendo llegado sus
aguas al máximo de profundidad en su obra de erosión. Por esta causa, es mísero el terreno
de cultivo que tienen sus márgenes.

Cansados estos ríos interandinos de llevar sus aguas por estrechas gargantas y ansiosos de
libertad para convertirse pronto en navegables y amazónicos, todos ellos rompieron la
barrera andina que durante milenaria época les impidió -16- su paso franco al Atlántico,
y por los pongos se abrieron camino hacia el mar.

Así como cambia la fisonomía nacional del Perú en su paso de la Colonia a la República,
así también el Apurímac, el Mantaro, el Huallaga, el Marañón y otros, toman aspecto
apacible, silencioso y mensurado al penetrar y al correr en la legión plana de los bosques.

Si por varias causas, en la Sierra y en la ceja de los bosques, los ríos que forman el
Amazonas peruano no han sido provechosos en el campo del industrialismo, en la Montana
propiamente dicha, ninguno de ellos ha sido empleado en los propósitos de irrigación o
fuerza motriz. Caminando a razón de cuatro a seis millas por hora, sin orillas fijas en época
de creciente, atravesando en su mayor parte tierras bajas que a capricho inundan, los ríos de
la montaña sólo han servido para hacer flotar embarcaciones, y con toda seguridad en el
futuro sólo seguirán sirviendo para lo mismo. Si en la sierra, en la marcha primitiva de su
curso, nuestros ríos orientales caminan a saltos, atraviesan desfiladeros, pasan por gargantas
estrechísimas y dan vida y armonía al paisaje, en la montaña los encontramos sin arranques
ni impetuosidades, sin esa fuerza impulsiva que, en principal característica cuando cruzan
el contrafuerte andino. En la región de los bosques, el río peruano es tan inmenso como
tranquilo. Su ancho nunca es menor de doscientos metros. Sus aguas corren tersas y sin
ningún tropiezo que las detenga. Sólo las vueltas rápidas y en ellas el promontorio rocoso
que se prolonga en punta sobre el lecho, alteran la normalidad de su curso. También, las
palizadas, las islas, los remansos arenosos y los fuertes declives.

Como veremos más adelante, en nuestras costas no hay toda la cantidad de agua que sus
extensas pampas necesitan.

-17-
En la sierra, hay agua en abundancia pero faltan tierras planas para el cultivo. En la
montaña se nos dio agua y tierra, pero se puso delante de ellas una doble cadena de
cordilleras de paso dificilísimo. Si estas son las condiciones del Perú en lo que respecta a su
distribución hidrológica, y si por fenómenos naturales sus terrenos de regadío no han estado
tan a la mano como los que poseen los argentinos, ¿pudiera afirmarse, en forma absoluta
que la limitación en que por cien años han vivido la agricultura y la ganadería tiene por
única culpa nuestras guerras civiles, nuestra negligencia y falta de concepto económico?
Responderemos más adelante; mientras tanto sigamos observando y continuemos nuestro
analítico estudio.
Ríos de costa

Nada más igual que las características de los ríos de la costa en las altas cumbres de las
cordilleras. Sea que nazcan en los deshielos de los nevados o en las vertientes que existen
en las alturas, la fisonomía es la misma, siendo para todos ellos semejante, el paisaje a los
cuatro mil metros de altura. En la puna, los mismos picachos, iguales moles intercaladas
entre las suaves ondulaciones de la altiplanicie. Al pie de esos picachos, muchos de ellos
eternamente nevados, lagunas de tranquilas y purísimas aguas. Un poco más abajo, y antes
de llegar a la zona de la cebada, los cerros comienzan a arrugarse y pierden la suave
gradiente de la puna. En estos sitios, los arroyos descienden ya con mayor velocidad y
principian a caminar por surcos bien pronunciados. Entre los 3000 y 1500 metros, la
accidentación cambia. Los barrancos adquieren inclinaciones estupendas. En muchas partes
descienden casi en línea recta hasta el fondo de la quebrada.

Una vez que nuestros ríos cisandinos abandonan las -18- gargantas que les forman los
contrafuertes de la cordillera, toman aspecto diferente y se convierten en ríos netamente
costeños. El declive pronunciado y las cascadas desaparecen; también las riveras silvestres
y las múltiples ondulaciones causadas por las continuas acometidas de los cerros. Más
abajo, a menos de 1500 metros sobre el nivel del mar, el paisaje pierde mucho de su
belleza, por lo menos, su aspecto pintoresco. Cambian también el clima, la producción y el
aspecto del habitante. La lluvia torrentosa es sustituida por las garúas. El sol deja de verse
en las mañanas a causa de los nublados, el trigo y la cebada son reemplazados por la caña
de azúcar y el algodón, el hombre pierde los colores de su rostro, la robustez de sus
músculos.

En la costa, en los terrenos planos donde los cerros llegan hasta la playa marítima, como
pasa entre Salaverry y Cerro Azul, los ríos bajan por el medio de valles más o menos
amplios. En cambio, cuando los contrafuertes andinos terminan en el llano y no en el mar,
los ríos descienden silenciosos, con igual mansedumbre y a capricho formando su propio
cauce. Pertenecen a este tipo el Tumbes, el Chira, el Piura y los de Lambayeque. Por último
tienen también aspecto y fisonomía particular, los ríos australes del Perú, aquellos que
principian en Ica y terminan en el Loa. Saliendo al océano por estrechos cañones que todos
ellos se han abierto en la cordillera marítima, su característica especial es la de llevar sus
aguas por el fondo de profundas quebradas socavadas en las extensas pampas que
atraviesan, pampas a las cuales ninguno de estos ríos da una gota de agua.

Si en la sierra y en la montaña, los ríos corren en toda su extensión por zonas más o menos
lluviosas, en la costa, únicamente goza de igual privilegio el río Tumbes. -19- Los demás
sólo tienen lluvias sistemáticamente anuales en la parte alta de la cordillera.

La línea imaginaria que separa la parte húmeda de la seca en nuestro territorio del Pacífico,
ha sido trazada con mucha aproximación por el ingeniero Adams, en sus famosos mapas
hidrológicos. Causas climatológicas especiales, acercan o alejan esta línea al mar y son
consecuencia del mayor o menor caudal de agua que corre por los ríos del litoral. Hay otra
causa de alimentación: la longitud que tienen los ríos por motivo del mayor o menor
acercamiento a las cumbres de la cordillera. Río costanero que nace en ella, que principia a
más de 4000 metros de altura y que ha formado su cuenca en las altas y múltiples
quebradas existentes en los contrafuertes andinos, es siempre río de muchísima agua. En
cambio, aquellos que se forman en las partes bajas, o que no tienen extensa zona de lluvia
aunque nazcan en las altas cumbres, generalmente sólo tienen agua en invierno.

De acuerdo con estas consideraciones, Adams, clasifica nuestros ríos costeños en tres
grupos. Al respecto dice:

El drenaje de Sudamérica tiene lugar por tres regiones bien definidas, todas las cuales están
representadas en el Perú.

La región al Atlántico es la mayor y comprende todos los ríos que desaguan en el océano
Atlántico; la del Pacífico que abarca todos los ríos que desaguan en el océano Pacífico y
finalmente la del lago Titicaca a la que fluyen ríos cuyas aguas no llegan al océano, aunque
se considera que desaguan en el Atlántico.

La divisoria continental de las aguas, está cerca y paralela a la costa del Pacífico, a
distancia que varía de 100 a 200 kilómetros. Corresponde a la cordillera occidental de los
Andes que es una altísima cadena cuyas más altas cimas varían de 3000 metros a 6000
metros; sus abras o pasos de 2186 metros a 5076; pero el mayor número de esas abras se
encuentran de 4000 a 5000 metros sobre el nivel del mar. La pendiente de la falda de los
cerros fronterizos al Pacífico, es -20- por esa causa grande y los ríos tienen mucha
gradiente. En la parte central de la costa, los ríos desaguan por angostas quebradas
interandinas. Hacia el norte y al sur, atraviesan cortas distancias de llanos costaneros, pero
no obstante su corriente es veloz.

El fuerte declive de la costa permite el desagüe en el mar, siguiendo casi líneas rectas. El
río de Santa es la única excepción a esa regla. Los afluentes de cabecera de este río, nacen
en la hoya formada por las cordilleras Negra y Blanca, en que allí está dividida la cordillera
occidental.

La cuenca de los ríos de la costa, puede clasificarse en tres grupos, según la posición de sus
afluentes de cabecera respecto de la cordillera y a la zona de lluvias anuales regulares. La
primera y más importante, comprende aquellos ríos que nacen en la divisoria continental,
dentro de la verdadera zona de lluvias anuales regulares. La segunda clase la forman los
ríos que no tienen su origen en la divisoria continental; pero que tienen afluentes formados
en la zona de lluvias anuales regulares. La tercera clase, comprende los ríos que nacen lejos
de la cordillera y no tienen prácticamente afluentes de la zona de lluvias anuales regulares;
por consiguiente colectan las aguas de la zona de lluvias periódicas variables.

En el cuadro que sigue, presentamos los ríos costaneros clasificados sobre la base que
precede. La importancia de los ríos de una misma clase, varía en proporción a la extensión
del arca respectivamente drenada por ellos y la cantidad de precipitaciones atmosféricas
que recibe en su cuenca.
1.ª clase 2.ª clase 3.ª clase

1 Zarumilla

2 Tumbes Boca de Pan

4 Mancora

5 Pariñas

6 La Chira

7 Piura

8 Lecho de Olmos

9 Leche

10 Lambayeque

11 Saña

12 Jequetepeque

13 Chicama

14 Moche

15 Guañape

16 Chao

17 Santa

18 Nepeña

19 Casma

20 Culebras

21 Huamey

22 Fortaleza

23 Pativilca

24 Supe
25 Huara

26 Chancay

27 Chillón

28 Rímac

29 Lurín

30 Mala

31 Omas

32 Cañete

33 Tupará

34 Chincha

35 Pisco

36 Ica

37 Río Grande

38 Acarí

39 Yauca

40 Chala

41 Cháparra

42 Atico

43 Caravelí

44 Ocoña

45 Manga

46 Majes

47 Chili

48

49 Tambo

50 Moquegua
51 Locumba

52 Sama -22-

53 Tacna

54 Luluta

55 Azapa

56

57 Vitor

58 Camarones

Algo he dicho referente a la topografía del país en relación con su drenaje. Merece
agregarse que los ríos con valles de sierra, generalmente no se pueden desviar de su curso
natural por canales usuales. La extensión de tierras de cultivo, a ellos adyacente, es tan
limitada que en las crecientes hay más agua disponible que la que puede usarse.

Los ríos que fluyen en llanos, antes de llegar al mar, pueden desviarse más fácilmente para
emplear sus aguas en tierras eriáceas cultivables. En tales ríos, la mayor parte, si no toda el
agua de las crecientes, puede usarse para irrigaciones sistemáticas, con tal que las obras
tengan la extensión requerida.

El problema de la acumulación y depósito artificial de aguas, se impone por consiguiente


en los valles que sufren de escasez en el estiaje o de exceso en la estación de crecientes, si
el ensanche de las obras de irrigación es técnicamente imposible. La exagerada pendiente
de la costa es contraria a la acumulación y depósito artificial de las aguas; así como lo es a
la acumulación natural de las aguas de lluvias. Sin embargo, es posible que existan lugares
apropiados para la construcción de represas; pero por ahora no hay estudios de ingeniería
que los haya conocido.

Hecha esta ligera descripción de nuestros ríos costaneros, los estudiaremos ahora en su
aspecto industrial.

Exceptuando las regiones secas de la Patagonia y del desierto de Atacama, no hay en la


América del Sur nada más árido que la costa del Perú. Es cierto que hay tierras ricas y
extensas, pero siendo escasa el agua necesaria para irrigarlas, nuestros ríos de la costa no
son comparables al -23- Nilo, al Mississipi, ni siquiera al Guayas o al Cauca. En verano
traen doble y hasta triple cantidad del agua que se necesita para irrigar los terrenos de sus
cuencas; en invierno, en algunos casos, ni la cuarta parte de lo que la tierra pide.
Estando en gran declive el terreno que atraviesan esos ríos costaneros, jamás tienen un
remanso en su corta carrera, un momento de quietud que dé origen a una o varias lagunas,
donde sus aguas queden estancadas. Si violenta es la gradiente en el curso principal, y por
tanto empinado el terreno donde ellos formaron su lecho, mucho más lo es el de las
quebradas laterales por donde corren las aguas de sus afluentes. Si en la primera, el declive
fluctúa entre uno y quince por ciento, en las segundas o sea en las quebradas laterales, ese
declive llega hasta el 45 por ciento. Las aguas de la cordillera oriental tardan lo menos
quince días para llegar al Amazonas, las de nuestros ríos costaneros apenas necesitan el
mismo número de horas para alcanzar las llanuras. Materialmente se descuelgan y por tal
causa han labrado de tal manera el terreno por donde corren, que difícil es hacer en ellos
obra de arte para represarlos. Todo esto es conveniente para el desarrollo de fuerza
hidroeléctrica y representa gran riqueza para el presente y el futuro; pero siendo reciente en
la industria el aprovechamiento de esta fuerza, no fue de ninguna utilidad en la primera
centuria, que es la época que estamos tratando. Por esto, al hablar de los ríos de la costa
como elementos de progreso en el siglo vencido, sólo podemos tomarlos en consideración
en cuanto al aspecto agrícola, punto en el cual no podemos decir que la naturaleza fue
pródiga con el Perú. Con agua para irrigar apenas tres por ciento de un territorio, no es
posible hacer de ese territorio un emporio de -24- riqueza. Esto hay que recalcarlo a fin
de que las generaciones que han vivido desde 1821 hasta hoy, se vean libres del cargo que
gentes sin preparación en los estudios analíticos les hacen en lo que toca a la labor agrícola
del litoral. En lo que sí son culpables es en la conducta que han observado en todo lo
relativo a irrigaciones. Por negligencia o falta de concepto, nuestros hombres dirigentes con
muy pocas excepciones, jamás se ocuparon en estudiar el aumento de agua en la costa del
Perú. Es cierto que hasta hace poco las tierras no valían mucho y buena parte de ellas bajo
riego estaban incultas. Es cierto, también, que estas obras de arte son faraónicas, y costarán
el día que se hagan algunos millones de libras esterlinas. Con todo, lo que más ha faltado
para llevarlas a cabo, siquiera en parte, no ha sido dinero sino voluntad.

Geo I. Adams es el único ingeniero que ha realizado un estudio sistemático y casi completo
de los ríos de la costa. En nuestro deseo de particularizar la característica de cada uno de
ellos, tomamos de sus informes lo esencial de su notable trabajo, y al reproducirlo en
nuestro libro, llamamos la atención hacia la indolencia con que los gobiernos han mirado la
mesura del caudal de agua de cada uno de nuestros ríos.

Los estudios de Adams fueron practicados en 1905. Desde esa fecha, hasta hoy, 1920, no se
ha hecho nada que sea tan completo.

Río de Zarumilla

Este es el río más septentrional de la costa del Perú. Desde su nacimiento hasta su
desembocadura es límite de hecho entre el Perú y el Ecuador y por consiguiente desagua
una parte de territorio peruano y otra de ecuatoriano. Sus aguas de cabecera las colecta en
el flanco septentrional de un contrafuerte de la cordillera occidental. El curso del río,
medido en línea recta, es aproximadamente de 50 kilómetros. Desagua más o menos un
área de 1800 metros cuadrados.
-25-
Todo el valle de Zarumilla se encuentra en la región de lluvias anuales regulares.

El Zarumilla lleva su caudal de diciembre a mayo o junio, pero en este período varía según
las lluvias comiencen temprano o se retarden; y caigan densas o muy leves. En la parte
superior del río, esto es, cerca de las montañas el curso del agua es de poco volumen en
todo el año, pero en la parte inferior sécase el cauce desde mayo a diciembre de manera que
el caudal permanente para almacenarse se encuentra en hoyos profundos, o zanjas de
antiguo cauce como se puede ver más arriba del pueblo de Zarumilla.

Esa cantidad es poca y por consiguiente se excavan pozos en el lecho de arena del río para
que beba el ganado que generalmente es vacuno y cabrío. También abren estos pozos para
usos domésticos.

No la hay ni por canales ni bombas en el río Zarumilla. Sólo en las tierras bajas del valle
hay algún cultivo que depende de las lluvias o de la humedad del terreno que se conserva
bien por las corrientes subterráneas superficiales del río. El valle está pobremente poblado.
El pueblo de Zarumilla consiste de 20 casitas y hay algunas familias que viven diseminadas
en el valle. Su ocupación principal es criar ganado y los cultivos tienen por objeto
procurarse la subsistencia y no la venta de productos. El ganado se mantiene con pastos
naturales, pues no se produce forraje. Durante la estación seca, el ganado subsiste de
deshechos como paja, hojas y ramas de árboles y de arbustos y tienen que viajar largas
distancias para procurarse pasto y agua.

Río de Tumbes

El de Tumbes es uno de los ríos más importantes de la costa y su caudal es grande y


perenne. La cuenca de este sistema de drenaje es angosta, pero larga, y parte considerable
atraviesa territorio montañoso. Desde su nacimiento hasta el mar, su largo, medido en el
cauce del río, es de 180 kilómetros; su cuenca tiene una área aproximada de 2850
kilómetros cuadrados. Procede del Ecuador y penetra a la provincia de Tumbes, en
dirección oeste, que en una vuelta que hace cambia al norte y desagua en el canal
meridional del Golfo de Guayaquil. A 75 kilómetros del mar, el río pasa el estrecho del
Tigre y desde allí está encajonado por terrenos que se ensanchan hasta Tumbes, desde
donde fluye hasta el mar por extensos terrenos bajos de la desembocadura o «delta».

Toda la hoya del Tumbes se encuentra en la región de lluvias anuales regulares; además los
flancos del valle, en la -26- parte superior de la hoya, están cubiertos de espeso limo y
densa vegetación, de manera que una parte considerable de la lluvia es absorbida y filtra al
río en el verano.

En los meses lluviosos, las crecientes del río se desbordan a veces inundando tierras
cultivables en la parte baja del valle. A veces cambia el río de canal en el delta y en la
actualidad tiene tres desembocaduras, fuera de dos cauces antiguos, parcialmente
obliterados, que se desprenden aguas arriba de la ciudad. El cordón litoral está invadido por
esteros.
Los terrenos comprendidos en la desembocadura (delta) del río son de interés, puesto que
representan un aumento reciente de terrenos de costa, que se ha formado por sedimentación
arrastrada por el río y aumentada por las olas de la playa. Los terrenos del delta principian
al oeste, cerca de Bahía de la Cruz, donde todavía son estrechos, pero al norte de Tumbes,
anchan hasta diez kilómetros aproximadamente.

Río La Chira

El río Chira se forma por la unión del río Catamayo que nace en el Ecuador y tiene 140
kilómetros de longitud; y del río Macara que en una extensión de 125 kilómetros es límite
entre el Ecuador y el Perú. Recibe por el norte el afluente Lamor de 70 kilómetros, que
nace en el Ecuador. Por el sur recibe el río Quirós de 130 kilómetros de largo y el Suipirá
que tiene 90 kilómetros. Estos dos últimos ríos corren en todo su curso en territorio
peruano. La comarca drenada por estos ríos, al este de la desembocadura del Suipirá abarca
una área de 14000, kilómetros cuadrados. Toda esta área se encuentra en la región de
lluvias generales anuales. Desde la unión con el Suipirá al oeste, el río de La Chira es algo
menos de 500 kilómetros cuadrados.

El río La Chira es uno de los más caudalosos de la costa y se debe al enorme territorio
comprendido en la faja lluviosa desaguada por sus afluentes. Durante la estación, seca, su
curso es continuo y según el ingeniero señor Viñas lo ha computado, su corriente no es
menor de 44 metros cúbicos por segundo. En el período de lluvias sus aguas crecen a 5
metros y a veces hasta 7 metros. En estas ocasiones sale de madre e inunda gran parte de
los terrenos del valle.

En algunas partes de la hoya del río La Chira, al este del valle del río principal, hay algunos
lugares en los que se irrigan fajas angostas de terrenos para su cultivo; pero parece más
cultivo de sierra que de costa. A lo largo del curso -27- del río, hay terrenos más extensos
y es por allí donde se espera que desarrolle la agricultura.

Actualmente se está excavando un canal para irrigar que será el más largo de la costa.
Antes de que comenzara esta obra, el cultivo se reducía a 4 terrenos inundados en la
creciente que se regaban por canales cortos, utilizables tan sólo en las crecientes. Se regaba
también por medio de bombas en varios sitios. Todavía hay cinco que funcionan
regularmente. Se han abandonado varias bombas, a pesar de su costosa instalación, por el
cambio de madre del río. Acontecía que los terrenos bajos quedaban lejos del río o cuando
el río cortaba los barrancos, se derrumbaban las instalaciones. Las que han resistido se
encuentran en la parte inferior del valle y el canal que se está excavando no llega todavía
hasta allí. Las bombas que se encuentran al norte del río, es probable que se abandonen
porque es más barato irrigar por el canal que por bombas. Tampoco se puede estar seguro
que sigan funcionando las bombas que están en la ribera meridional, porque el aumento de
cultivo en el valle ha influido en la baja de los precios de frutas y verduras que irrigadas por
bombas se vendían antes a precios altos y ahora abarrotan el mercado.

Río de Piura
La parte superior del río de Piura, lleva su corriente en dirección noroeste al pie de los
cerros de la cordillera occidental, y en una longitud aproximada de 130 kilómetros. Sus
afluentes bajan del este de los cerros. El territorio que desagua se encuentra totalmente en la
región de lluvias generales anuales y abarca próximamente 5000 kilómetros cuadrados.
Más abajo de Chulcanas y a corta distancia el curso del río hace una curva y sigue de
Tambo Grande a Piura y en esa distancia que es de 50 kilómetros no tiene tributarios. De
Piura a Sechura y hasta el mar, más de 50 kilómetros de largo, el valle es muy ancho, y en
su porción media e inferior, el valle no recibe lluvias, sino en años excepcionales.

Desde Chulcanas a Piura donde el río da una vuelta y cambia de dirección, su curso es por
entre el valle más angosto.

Los terrenos de aluvión tienen la forma de media luna que ocupan cada vuelta del río. Esos
terrenos son tan altos que sólo se inundan cuando el río está muy crecido y su situación
hace imposible regarlos con acequias cortas. Los barrancos que sirven de límite al valle
están muy cerca del -28- río por el lado derecho en todo el largo hasta Piura. Pero la
banda izquierda se separa del valle del que frente a la ciudad dista 7 kilómetros.

Los barrancos del río continúan siendo altos hasta un lugar entre Piura y Catacaos.

Más abajo de la ciudad de Piura el valle se dilata, el río ancha y corre encajonado a poca
elevación. Los barrancos que se dijo eran límites del valle al este de Piura, desaparecen en
el despoblado y no hay separación marcada entre la planicie y el río. Del lado oeste del
valle principia el barranco en «Cerro del Ahorcado» del Tablazo de Payta a 15 kilómetros
al occidente de Piura que más al sur se aproxima al río y forma el límite del Valle por la
margen derecha.

El caudal del Piura es variable porque depende de la abundancia de lluvias. La generalidad


de los años, las lluvias importantes están confinadas a las cabeceras de los ríos, en los años
lluviosos se extienden hasta las llanuras.

Río de la leche

El río de la Leche tiene 255 kilómetros de largo y desagua 3300 kilómetros cuadrados, de
los que 1250 están comprendidos en la región de lluvias anuales generales; su principal
afluente es el río de Motupe, que se le une cerca de Jayanca; este tiene 150 kilómetros de
largo y 1300 kilómetros cuadrados de cuenca. La cuenca del río de la Leche, aguas arriba
de su confluencia con el Motupe es de 1350 kilómetros cuadrados, según el mapa de
Raimondi, y aunque las cuencas de los ríos Motupe y el curso superior del río de la Leche
difieren poco en extensión, difieren sin embargo mucho en el caudal de aguas que colectan.
Posible es que esto se explique por errores del mapa pero más probable es que se deba a la
cantidad de lluvias que reciben.

La sección inferior del río de la Leche tiene caudal en tiempo de lluvias y en años de
escasez, no llega al mar. Esto acontece por el empleo que se da en la parte superior del río,
para irrigación, de manera que, después de esa desviación, el resto de las aguas desaparecen
en el lecho del río que es arenoso.
La extensión de terrenos cultivados que se irrigan con caudal del río de la Leche es de 4000
hectáreas que como puede estudiarse en el mapa adjunto proviene más de agua de la parte
superior del río de la Leche que del de Motupe. Otros terrenos que no se mencionan aquí;
son los que se cultivan en años de mucha agua. Se han hecho varias indicaciones para
aumentar el agua en estos ríos.

-29-
En un manuscrito relativo a Obras Públicas hay un decreto del Gobierno, que otorga
permiso a don José Félix Barandearán para que estudie a su costo el aumento de las aguas
del Leche y Motupe. Otro documento análogo del año 1877 contiene una ley autorizando al
Gobierno para que ordene se hagan estudios de irrigación comprendiendo:

1.º la canalización del río de la Leche;

2.º la construcción de un canal para conducir las aguas de la laguna hasta el pueblo de
Salas; y

3.º desviar el agua de la quebrada de Tambillo y Quinmiar hasta el pueblo de Motupe. No


consta que se hayan practicado estos estudios.

En el artículo publicado por el señor E. Bruning en el Boletín de la Sociedad de Ingenieros


de marzo de 1904 que designó Apuntes sobre irrigación, dice: «Los vecinos de Motupe me
han hablado hace tiempo con mucho entusiasmo de un sitio por el cual podrían desviarse
hasta el río de Motupe unas aguas que bajan ahora de las montañas de Cañares al río de
Huancabamba». Exigiría este proyecto desviar las aguas del flanco oriental de la cordillera
al occidental con mucha probabilidad de que sólo podría efectuarse estas derivaciones, con
enorme gasto; pero este problema es de aquellos que sólo se resuelven por nivelaciones
instrumentales muy exactas.

En la parte inferior del curso del río Leche, la industria principal es la cría de ganado; pero
la escasez de agua, no permite pensar en irrigaciones, para fomento de aquella industria.

Río de Lamayeque

El río de Lambayeque tiene de largo 115 kilómetros y se forma por la confluencia del río
Chancay y del río Cumbil. Su largo desde la cabecera del Chancay hasta el mar es de 205
kilómetros, y la parte de su cuenca que está en la región de lluvias generales anuales tiene
una extensión de más o menos 2900 kilómetros cuadrados incluyendo todas las áreas
drenadas por el Cumbil y el Chancay.

El valle de río Lambayeque únicamente tiene 1700 kilómetros cuadrados y no recibe más
que aguaceros locales.

La circunstancia de tener el río de Lambayeque sus afluentes bien al oriente en la zona de


lluvias anuales generales explica la importancia del caudal de las aguas.
El señor Juan Ugaz de Chiclayo ha publicado una descripción del río de Lambayeque en el
Boletín de la Sociedad Geográfica Vol. XV, pág. 60, año 1904. Allí se estima el caudal del
río en 40 riegos en tiempo de sequía y en más de 1000 durante -30- las repuntas de enero,
febrero y marzo y algunas veces en abril. Hace mención y describe hasta los menores
tributarios, apreciando su relativa importancia. Da también muchos informes de interés
local como por ejemplo la corriente subterránea conocida por El Tragadero; las aguas
termales de la «Hariura», «Quilcate» y de la hacienda «Chancay». Llama la atención a la
importancia que tiene la conservación de las selvas de las cordilleras como medio de
favorecer la humedad atmosférica.

Indica que en el valle de Chancay cerca de Catache y en la playa de Sirato hay localidades
aparentes para construir represas que almacenen aguas de irrigación.

La cantidad de agua que pasa La Puntilla que es un lugar más allá de la Boca Toma de la
acequia Taymi se computa en 76 riegos de 72 litros por segundo. Apreciando esto en otros
términos daría 5,47 metros cúbicos al segundo.

Los ingenieros Hohagen y Bonnemaison designados para el examen de la acequia Taymi


informaron que habían encontrado en diciembre de 1891 de 5592 a 6444 litros por segundo
o sea de 5,5 a 6,44 metros cúbicos por segundo y por lo tanto adoptaron 4752 litros como
caudal medio del río en el estiaje.

El terreno cultivado por irrigación en Lambayeque puede fijarse en 40000 hectáreas. Pero
no todo se cultiva en años de escasez de aguas, prescindiendo del que se deja en barbecho
para que descanse. Esto tiene especialmente lugar cuando el cultivo de arroz agota los
terrenos.

El caudal del río Lambayeque se divide en la toma del Taymi en esta proporción: 1/3 entra
en la acequia del Taymi y los 2/3 restantes se dejan pasar para subdividirlos nuevamente
así: 25% para la acequia de Eten; 40% para Pucalá, Calupe y Pomalca y del 35% restante:
toma 2/3 la acequia de Chiclayo y 1/3 pasa a Lambayeque.

El agua del Taymi se calcula en 76 riegos que se distribuyen a su turno como sigue:

Tolupe y Pátapo 16 riegos


Tumán y Conchucos 16 »
Garrin 12 »
Chucupe 16 »
Luya 12 »
San Miguel 4 »
Suma 76 riegos

-31-
De lo que sobra toman 1/2 las haciendas de la parte baja del valle y el otro 1/2 los terrenos
de Ferreñafe.
Cuando el caudal es menor que 76 riegos, se divide proporcionalmente a sus derechos.

Ignoro la distribución de las acequias restantes del valle.

El agua tomada por la acequia de Eten se distribuye entre las tierras de Reque, Eten y
Monsefú.

Las tierras del valle de Lambayeque son relativamente bajas y la derivación de sus aguas
por las acequias dejan su cauce inferior seco en la mayor parte del año, por lo que se cubre
de vegetación y en los sitios próximos a tomas se acumula arena que en la creciente del río
favorece su desborde y la apertura de nuevos cauces en las tierras bajas. En tales ocasiones
se ha inundado la ciudad de Lambayeque y para evitar la destrucción de las tierras
cultivadas se ha efectuado el encauzamiento del río construyendo diques.

Río de Jequetepeque

La hoya del río Jequetepeque es de forma irregular y estrecha en el centro, como se ve en el


mapa. Cubre 5800 kilómetros cuadrados, de los que 4000 ubican en la zona de lluvias
anuales generales, circunstancia que permite colectar mucha lluvia. Pertenece este río a los
de primera clase según la clasificación establecida en las páginas anteriores.

La sección costanera del valle está limitada por llanuras esmaltadas de colinas aisladas y
lomadas montañosas, usando el agua del río para regar los terrenos llanos, donde se han
radicado los intereses agrícolas y comerciales.

El puerto de acceso, del valle de Jequetepeque, es Pacasmayo, de donde parte una línea
férrea, tierra adentro hacia San Pedro, Chepén y Guadalupe, que facilita el tráfico. Un ramal
de esta línea llega a las cabeceras del valle facilitando las comunicaciones con la sierra. Se
proyecta prolongar este ferrocarril hasta Cajamarca.

Jamás se ha estudiado sistemáticamente el río Jequetepeque y nunca se ha medido su


caudal, de modo que sean conocidas sus fluctuaciones estacionales; sin embargo en un
informe del ingeniero señor M. A. Viñas se dice que: «en la repartición hecha en 1862 por
el señor juez P. Larrea se había tomado la base de 278 riegos de 16 a 18 litros como caudal
en tiempo de escasez».

El río Jequetepeque como todos los de la costa, tiene un caudal que varía de acuerdo con las
variaciones pluviométricas de la sierra, de modo que crece o decrece según -32- llueva o
no en las serranías. En algunos años, principia a llover temprano y los aguaceros son
continuos, estos son años buenos; en otros las lluvias son intermitentes o se atrasan con
detrimento de la agricultura.

En los años de abundancia, el río fluye hasta el mar, pero en los años secos esto puede no
suceder o si tiene lugar, dura apenas pocos días pues el agua se deriva casi totalmente por
las acequias de regadío.
En años excepcionales lluvias periódicas o excepcionales originan avenidas que causan
muchos perjuicios. La última avenida notable que se recuerda es la del año 1891 que
destruyó una parte del ferrocarril y ocasionó la invasión de los terrenos cultivados con
huaicos que descendían por las quebradas laterales. Río Seco, que queda al norte de
Jequetepeque y que generalmente no es sino un cauce seco, se trasformó en un voluminoso
río.

La cantidad de tierra bajo el riego en el valle de Jequetepeque, se estima en 30000 hectáreas


que no están todas en cultivo cada año, pues más o menos la mitad se deja sin cultivar por
falta de agua o para que se repongan. El plano levantado por el ingeniero J. Herbert Wood,
nuestra la posición de las acequias principales.

Existen restos de acequia y cultivos antiguos que se extienden al norte del Río Seco hasta
Cerro Prieto, que demuestran que antes habían más tierras cultivadas.

En la actualidad los sembríos de arroz exigen fuertes cantidades de agua y los de caña
cantidades constantes, y es probable que la pequeña cultura, o las chacras de pan llevar,
sean las únicas que permitan suplir de agua a todas las tierras que se cultivaron antes,
ampliando así el área actual cultivada.

La división de las aguas hecha por el señor Larrea en el valle de Jequetepeque, tiene como
unidades la fanegada cultivada y el riego, asignando una dotación de 30 riegos por
fanegada; la del señor Alvariño tomaba como base la parte proporcional de tierras
cultivadas y el número de riegos disponibles. En el informe ya citado del ingeniero señor
Viñas se han publicado tablas que indican estas reparticiones.

En estas tablas se indican los nombres de las acequias y haciendas con sus respectivas
dotaciones.

En los documentos publicados no hay más referencias excepto el decreto que ordena que el
expediente relativo a la mitad de la hacienda Tolón pase al juez de primera instancia de
Pacasmayo.

-33-
Río de Chicama

El río de Chicama tiene una hoya de 4900 kilómetros cuadrados, de los que 2200 están en
la zona de las lluvias anuales generales. Nace en la Cordillera Occidental, al norte, de la
unión de las Cadenas Blanca y Negra. Es indudable que la gran elevación de las montañas
en esa arca de unión, influye decisivamente sobre la precipitación atmosférica que dota al
río de un gran caudal, que no está en proporción con su cuenca colectora de lluvias.

Cerca a la costa, el río está limitado por pampas extensas cuya arca es superior a lo que
puede regarse y cultivarse con el limitado caudal del río.

En el valle no hay ninguna población de importancia y por eso él es tributario de Trujillo.


Mediante compras y arriendos se han formado gradualmente una pocas grandes haciendas
cañaverales que dominan el valle. Las chacras se han anexado y los pequeños agricultores
han desaparecido casi por completo, de modo que el mayor número de los habitantes viven
en los caseríos construidos por las haciendas y trabajan para ellas como peones.

El cultivo de la caña absorbe casi por completo el agua disponible, de suerte que no existen
otros sembríos, lo que origina una gran escasez de menestras, legumbres y frutas en los
mercados de los pueblos y haciendas. Las raciones distribuidas a los peones consisten por
lo general de productos que puedan adquirirse por mayor en otros valles.

No existen registros de mensuras del volumen de aguas del río de Chicama y las aguas se
han administrado conforme al Reglamento de Saavedra y como este es imperfecto en sus
disposiciones para medir el volumen de los ríos y acequias, sólo hay algunos datos
aproximados expresados en riegos.

Las memorias del juez de aguas don Enrique Guimaraes, escritas y publicadas desde 1901,
son documentos interesantes y contienen muy valiosa información respecto a los ríos de la
provincia de Trujillo. La memoria de 1901, publicada en 1902, contiene cuadros de la
distribución de las aguas, en los diferentes valles, incluyendo Chicama, conforme al
Reglamento de Saavedra y muestra las áreas cultivadas y el número de riegos u horas que
constituyen el derecho al agua, da el nombre de las tierras según Saavedra y el del
propietario en 1901. Los informes sucesivos indican el progreso y las reformas instituidas
junto con el caudal de los ríos, la época de cada repartición y las multas impuestas por
abusos.

-34-
Río de Moche

Moche es un vallecito con pequeña cuenca colectora de lluvias que no pasa 800 kilómetros
cuadrados, aunque su cuenca total es de 1950 kilómetros cuadrados. No obstante lo chico
de su cuenca colectora, tiene el río Moche más agua de la que podría esperarse de ella, a
causa de los altísimos picos que forman el nudo de las Cordilleras Blanca y Negra, donde
nacen sus aguas.

No hay nieves perpetuas en esa región, pero hacia el este en casi la misma latitud y del lado
oriental de la divisoria de aguas tenemos los nevados de Huaylillas, lo que indica ya una
variación en las condiciones climatéricas respecto de las que prevalecen más al norte,
desgraciadamente no hay registros pluviométricos de esta región, pero parece probable que
ella está favorecida con una mayor precipitación que las otras hoyas hidrográficas, que
quedan más al norte.

Los únicos aforos del volumen del río Moche son los que se practicaron con el objeto de
efectuar la repartición de aguas que se registran en la memoria del juez privativo de aguas
del departamento y a la que me referí al ocuparme del valle de Chicama.
El deán Saavedra calculó que el caudal mínimun del río Moche era de setenta (70) riegos,
pero el juez señor Guimaraes los estima en sólo treinta (30) en época de escasez; él afirma
sin embargo que alcanza un volumen de cinco mil riegos en el período de las avenidas.

En el estiaje la estación de Poroto utiliza la totalidad del agua que pasa para mover su
maquinaria, pero no basta para toda ella.

En la parte baja del valle hay dos puquios importantes que proporcionan una abundante
dotación de agua que se aprecia debidamente en el Reglamento de Saavedra, que se
administra conforme a él hasta hoy.

He estimado en 10000 hectáreas la extensión de tierras bajo el riego en el valle de Moche;


pero la escasez de agua reduce a la mitad la superficie bien cultivada. Muchos terrenos
contienen sembríos cosechables en el corto tiempo que duran las avenidas, agricultura que
no aprovecha por lo tanto debidamente las tierras.

Al este de Trujillo, la parte más ancha del valle, constituye la hacienda Laredo y otras
menores que se dedican principalmente al cultivo de la caña de azúcar, plantío que se ha
extendido tanto que el agua ya no basta para él, sufriendo por eso la caña en el estiaje.

-35-
En las tierras de los alrededores del pueblo de Moche, se cultivan pastos y muy diversos
sembríos, en los que se usa el agua con la característica parsimonia de los indígenas que
habitan en el valle y el pueblo, desde tiempo inmemorial.

En estos dos tipos de agricultura presenta un contraste tan saltante que el porvenir de ambos
merece un estudio serio.

Río de Santa

El río Santa es uno de los más caudalosos y grandes de la costa del Perú. Formado por los
ríos Huaraz y Chuquicara, afluentes situados en la zona de lluvias anuales, que corren por
largas distancias casi paralelamente a la divisoria continental de aguas; tiene una hoya de
recepción de lluvias situada entre las Cordilleras Negra y Blanca, que abarca 10500
kilómetros cuadrados y que no sólo se alimenta de lluvias sino también de los nevados que
se derriten en la cordillera Blanca.

El río Santa propiamente dicho sólo tiene una hoya de 800 kilómetros cuadrados, que queda
aguas abajo de la confluencia de los dos afluentes nombrados ya, que colecta poca lluvia y
en algunos años no recibe ninguna.

Desgraciadamente el valle adyacente al Santa es angosto y sólo tiene escasos terrenos


cultivables, salvo en la vecindad de la costa; de modo que las enormes avenidas que hoy se
pierden en el mar, apenas pueden utilizarse para la irrigación de limitadas extensiones de
terrenos.
Jamás se ha medido el volumen del Santa; por lo que he logrado averiguar es un río tan
caudaloso como el río Tumbes de la provincia de Tumbes, el Chira del departamento de
Piura y el Ocoña y el Majes del departamento de Arequipa; de modo que si todas las tierras
cultivables de su vecindad se irrigaran, el río Santa se daría abasto para ello.

Las aguas de este río a menudo están turbias y depositan un sedimento negruzco, que se
dice proviene del afluente Chuquicara, al que a veces se denomina el río Negro, porque
contrasta con la limpidez de las aguas del río Huaraz en épocas normales. Observadores
dignos de fe me han insinuado que el sedimento negro del Chuquicara proviene de una
zona de pizarras carbonáceas a través de las que este río se abre paso.

Estimo en 5000 hectáreas los terrenos bajo riego en el valle de Santa, de las que sólo hay
tres quintas partes bien cultivadas, proporción que va creciendo a medida que se -36-
reconstituyen las haciendas que han estado abandonadas en los últimos años.

Río de Nepeña

De los 2500 kilómetros cuadrados que abraza esta hoya, sólo 1200 ubican en la zona de
lluvias anuales. El río es de los de la segunda clase; nace en la Cordillera Negra y no en la
divisoria continental, y por consiguiente recibe menos lluvias y aguas de las nieves que se
derriten en el estiaje, que los ríos que penetran más al oriente, circunstancia que no impide
que el valle sea muy cultivado y tenga dos grandes haciendas cañaveleras.

Los terrenos bajo riego los estimo en 8000 hectáreas, pero de esta cantidad sólo la mitad
está cultivada sistemáticamente.

El agua disponible es demasiado limitada en el estiaje para ensanchar los cultivos de caña;
pero podría fomentarse chacritas de pan llevar regadas con las crecientes del río.

Se han hecho esfuerzos para utilizar los puquios en el valle y la cuestión de bombear agua
se discute, porque hay abundancia de combustible y las aguas subterráneas están tan
próximas al suelo, que alumbran naturalmente en forma de puquios.

Río de Casma

El río de Casma desagua una superficie de unos 2600 kilómetros cuadrados, teniendo 1300
en la zona de lluvias anuales generales. Es un río de la segunda clase pues no nace en la
divisoria continental. La entrada al valle se verifica por el puerto de Casma, que dista una
docena de kilómetros de la ciudad de Casma situada en el valle, en medio de los intereses
agrícolas. Este valle es el camino real a Huaraz capital del departamento y también es la
ruta por la que se hace gran parte del tráfico del valle del río de Huaraz.

El caudal del río Casma no basta para cultivar todas las tierras del valle, sin embargo se
riega una buena extensión de ellas, pudiendo computar en 10000 hectáreas las que están
bajo riego destinadas a pastos u otros cultivos. En este valle no se ha desarrollado el cultivo
intensivo de otras regiones de la costa y las aguas no están monopolizadas por los cultivos
de caña.
No conozco documento alguno que se relacione con el ensanche de los terrenos de cultivo
por medio de irrigaciones o construyendo reservorios, aunque quizá sí existen sitios
adecuados para ello en las serranías, donde nace el río. Cerca de la costa el valle es
demasiado ancho para poderse -37- construir diques, sin embargo no difiere de los ríos
adyacentes del norte y sur.

Río de Huarmey

La cuenca del río de Huarmey contiene 2700 kilómetros cuadrados, de los que 1700 están
en la zona de lluvias anuales, pero su caudal no parece ser proporcionado a su cuenta
colectora de lluvias si se le compara con la de los ríos vecinos.

El puerto de Huarmey permite el acceso al valle y algunos kilómetros tierra adentro está el
pueblo de Huarmey.

Por ese puerto se trafica para Aija, Ticapampa, Recuay y hasta Huaraz.

El área cultivable del valle de Huarmey es de 2000 hectáreas casi toda cultivada. El valle es
muy angosto, exceptuando en la vecindad del litoral, cerca al pueblo y por eso los terrenos
de cultivo son escasos y mejor aprovechados que en otros valles costaneros.

La escasa agua disponible impide los cultivos intensivos pero basta para los pastos y los
sembríos de pan llevar.

Tanto el valle de Huarmey como el de Culebra que deben considerarse juntos, están
totalmente aislados por grandes extensiones de territorio árido, que los separan del valle de
Casma por el norte y del de la Fortaleza por el sur, por lo cual hay poco tráfico por tierra,
manteniéndose el contacto con el resto del país mediante el escaso tráfico marítimo.

Río de la Fortaleza

Este río es el más septentrional del departamento de Lima y su cuenca está casi toda en el
de Ancachs.

Toda su hoya tiene una área de 21500 kilómetros cuadrados de los que próximamente 900
kilómetros cuadrados están situados en la región de las lluvias anuales generales.

El río nace al oeste de la Cordillera Negra y no en la divisoria continental.

La extensión del área colectora de lluvias del río, es relativamente grande, comparada con
sus tierras de cultivo, que no se internan mucho y por consiguiente están en el departamento
de Lima.

No se ha medido el caudal del río Fortaleza, pero cuando lo visité en el mes de enero, antes
que principiaran las lluvias, había poca agua corriente y se me aseguró que siempre tiene un
poco de agua en el período del estiaje y que en los meses de lluvia, es muy grande la
cantidad que desagua en el mar. Si los terrenos del valle estuviesen todos irrigados habría
escasez de agua en el estiaje.

-38-
Al apreciar la cantidad de terreno de cultivo en el valle del río de la Fortaleza, hay
dificultad para fijar la línea de separación de esas tierras, de las de Pativilca; sin embargo se
pueden estimar en 2500 hectáreas. El agua que emplean es casi toda del río de Pativilca
llevada por una acequia, por la quebrada del Cañado o Huaricango que la conduce a la gran
hacienda de caña de Paramonga.

El río de Pativilca contiene bastante agua, motivo por el que no se emplea la del río
Fortaleza.

Además de las tierras cultivadas con caña de azúcar, hay una gran extensión ocupada en el
valle con huarangales. Estos terrenos sólo sirven ahora para pastos o se destinan a chacritas.
Se han abierto pequeñas acequias para llevar las aguas del río a esos terrenos, pero no se les
da importancia y no se labran metódicamente. No hay razón para que esos terrenos no se
dediquen a la agricultura de la caña; o mejor dicho si hay agua bastante en el estiaje, es
probable que se cultivarán ahora, puesto que pertenecen a Paramonga.

Es éste un ejemplo de lo que se encuentra en muchos lugares de la costa, cuando poseen las
tierras, haciendas que se dedican a la explotación de un sólo producto.

Si se les vendiera por lotes pequeños, serían sin duda muy pronto ocupados por agricultores
económicos.

Río de Pativilca

El río de Pativilca es uno de los más importantes de la costa, bajo el punto de vista de su
caudal y de su curso permanente. Su valle lo ocupan intereses agrícolas valiosos y el valle
del río Fortaleza al norte y el valle del Supe al sur, dependen en gran parte del río de
Pativilca.

La hoya del río de Pativilca se extiende hacia el punto de la divisoria continental, donde la
Cordillera cambia un poco su dirección y justamente hacia el sur de la bifurcación de la
cadena, en las cordilleras Blanca y Negra. Es probable que esta combinación de rasgos
físicos, origine condiciones climatéricas favorables a las caídas de lluvias y esta
circunstancia, unida con al extensión considerable del drenaje, explique la importancia de
este río. La hoya del río de Pativilca comprende próximamente 5300 kilómetros cuadrados
de los que 4000 están en la zona de lluvias anuales generales.

El caudal del río no se ha estudiado y tampoco no se ha medido metódicamente el


crecimiento o aumento de sus aguas. Todo el año el río descarga en el mar un caudal
considerable. En el período de lluvias el río, es torrencial, y es -39- entonces cuando se
choca con mayores tropiezos para irrigar los terrenos, porque se destruyen las tomas
temporales de las acequias.
Los terrenos bajo agua por irrigación en el valle de Pativilca, pueden estimarse en 12000
hectáreas. Como se dijo al apreciar el área del valle del río de Fortaleza, la división de estos
valles no es precisa, y se observa que la distribución de la agricultura depende del relieve
del territorio.

Las montañas que limitan el valle y que se presentan como grupos de cerros, entre los
terrenos de cultivo junto con planicies de Hormigón, impiden el aumento del área, con
excepción de los que están próximos al puerto de Supe.

Río de Supe

La hoya del río de Supe comprende más o menos 1000 kilómetros cuadrados de los que 350
están en la zona de lluvias anuales. Es uno de los valles clasificados entre los de la segunda
clase en este informe y carece de agua corriente en el período de seca.

Se cultivan más o menos 3000 hectáreas de las que 2200 pertenecen al fundo San Nicolás y
el resto son terrenos de Supe.

La acequia del río de Pativilca, es de la que depende el valle en la estación de seca. La


acequia alcanza apenas la parte baja del valle. Tiene fuerte pendiente y pequeña sección
trasversal. Si su declive no fuera tanto, entraría al valle al nivel superior, y por consiguiente
le sería más útil, facilitando la irrigación de algunas tierras en las pampas que quedan ahora
por encima de ella.

En el lugar del valle de Supe, en el que están ahora los terrenos encerrados por los cerros y
al oriente de los cultivados, hay un puquio del que brota un poco de agua en la estación de
seca.

Perforando galerías de filtración en este puquio, aumentaría indudablemente la cantidad de


agua, aprovechando la corriente del subsuelo que más abajo del valle desaparece en el
pedregoso cauce del río.

Río de Huaura

La hoya de este río tiene 6000 kilómetros cuadrados de los que 3400 pueden considerarse
en la zona de lluvias anuales generales. El río lleva su caudal todo el año al mar, pero en el
período de estiaje se reduce a un arroyo.

La importancia de este río se debe a que sus afluentes superiores alcanzan la divisoria
continental de las aguas y por tanto es río de la primera clase, según la clasificación que he
adoptado.

-40-
Los terrenos irrigados en el valle de Huaura comprenden cerca de diez mil hectáreas según
cómputo de los vecinos.
La mayor parte están cerca de la costa y hay una faja larga al oriente, en la parte estrecha
del valle. Cerca de la villa de Huacho, los terrenos están subdivididos en lotes pequeños
cultivados como jardines y huertas. Sus productos se remiten casi todos a Lima.

Esta sección del valle se califica frecuentemente como la bonita campiña de Huacho, y es
modelo de la frugalidad de los pequeños propietarios agrícolas del Perú.

El resto del valle de Huaura, se divide en grandes haciendas que cultivan caña de azúcar y
algodón que se exporta al extranjero.

Río de Chancay

La hoya del río de Chancay comprende próximamente 4200 kilómetros cuadrados de los
que 2200 están en la zona de lluvias anuales generales. Este río nace en la cordillera y su
cuenca es bastante ancha.

El largo del río es de 110 kilómetros, medidos según el curso del lecho.

Toda la hoya es montañosa, excepción hecha de los terrenos del valle que principian 30
kilómetros tierra adentro de la costa, y continúan hasta el mar abriéndose en tres ramales
como puede verse en la lámina adjunta.

La provisión de agua para la agricultura es por ahora suficiente. Si fueran a cultivarse todos
los terrenos, es probable que entonces habría necesidad de almacenar agua para usarla en
tiempo de escasez.

No se ha medido nunca el caudal del río, ni tampoco sus avenidas.

La cantidad de terrenos bajo riego se estima en 15000 hectáreas. Esta cifra no abarca todo
el terreno irrigado; hay extensiones en semiabandono y se han empantanado y cargado de
sales o se han cubierto de gramas y arbustos. Estas tierras pueden resanarse. Ya se está
limpiando una parte, sangrándose y cultivándose y principian a desaparecer las
eflorescencias salinas, lavándolas y desaguándolas.

Al norte de Huaral, hay una falda arenosa al borde de los terrenos de cultivo, que forma
parte de una pampa que se puede irrigar; para el efecto se trata de cavar una acequia.

Río de Chillón

El río de Chillón nace en la cordillera y su valle, de ancho uniforme, comprende 2500


kilómetros cuadrados, de los que 1800 están en la zona de lluvias anuales generales. -41-
Cerca del mar, los terrenos bajos del valle se confunden con los del valle del río Rímac al
sur; y en el hecho la parte cultivada, se considera directamente tributaria de Lima por la
línea férrea, que facilita sus comunicaciones y trasportes.

En el período de lluvias en la cordillera, el río Chillón tiene abundancia de agua, pero en el


período del estiaje, no llega agua al mar; sin embargo, no se puede sostener que sufra de
escasez de agua, por que su agricultura está arreglada a las conocidas condiciones del
aprovechamiento de sus aguas; pero hay terrenos que si hubiera más agua se podrían
cultivar mejor.

No se ha medido ni el caudal ni la corriente del río.

La cantidad de terrenos cultivados que hay bajo agua en el valle Chillón es de 12000
hectáreas, pero hay más extensión de terrenos que no tienen cultivo.

Río Rímac

El drenaje de la hoya del «Rímac» comprende cerca de 3700 kilómetros cuadrados, de los
cuales 2300 están en la zona de lluvias anuales generales. El «Rímac» nace en la Cordillera,
y en la zona de lluvias referida recibe: por el norte, el afluente Santa Eulalia. La mayor
extensión de la hoya, de norte a sur, está cerca de la Cordillera, y por consiguiente su
caudal es relativamente grande, porque es en la Cordillera donde llueve con más
abundancia.

No se ha registrado sistemáticamente la cantidad que llueve en el valle, con excepción de lo


que se ha conseguido registrar en Lima, donde no hay más que garúas.

Aunque el Rímac es un río importante, el aprovechamiento de sus aguas en el valle,


sobrepasa a cuanto ha ocurrido en otros lugares del país, que han disfrutado de facilidades y
recursos análogos.

El progreso realizado, representa el mayor ensanche y prosperidad de la República y es una


medida de lo que sucederá en otros lugares, en el curso del tiempo.

La dependencia de todas las industrias de la provisión de agua, directa e indirectamente, ha


impelido a aprovechar el agua del Rímac en muchas formas y aunque hay mucho campo
todavía para mejoras, ya se encuentran extensas irrigaciones, reservorios de agua en las
cabeceras del valle y en terrenos de cultivo, galerías de filtración para proveer de agua
potable a varias poblaciones, pozos artesanos, pozos tubados profundos que se bombean a
vapor, con fuerza eléctrica y con molinos de viento; instalaciones hidráulicas de gran poder
y para desarrollar energía eléctrica.

-42-
No se le ha medido regularmente, pero no faltan datos aislados que den idea de ese caudal.

El río Santa Eulalia tiene un caudal de 1 metro cúbico en el período de estiaje, y


aproximadamente de 35 metros cúbicos en el de creciente. Pero el caudal de los ríos no se
ha medido bien en la época de las avenidas.

De estos cómputos, el caudal de agua disponible más abajo en Chosica, varía de 5 metros
cúbicos a 235.

Los terrenos bajo agua en el valle del Rímac se computan en 20000 hectáreas más o menos.
La cantidad de agua no alcanza para irrigarlos en el período del estiaje, especialmente en
años de sequía. Algunos terrenos se abandonan o se destinan a pastales en determinados
meses.

Algo ha mejorado el estado de cosas, mediante el establecimiento del servicio de las aguas
represadas en las lagunas en las alturas de Santa Eulalia (lagunas en Huarochirí), pero la
cantidad aprovechable todavía queda corta.

Entre los terrenos de cultivo, hay muchos estanques que sirven para dar agua al ganado y
aún para depositarla para irrigar. Muchos de estos depósitos están revestidos de
mampostería. Son utilísimos porque sin ellos los fundos que los poseen quedarían
absolutamente desprovistos, los días que el derecho al agua toca a otro fundo.

Las depresiones de un suelo ondulado y la existencia de capas impermeables en el


subsuelo, han ocasionado en algunos puntos del valle, el alumbramiento natural de las
aguas subterráneas y formado puquios y terrenos pantanosos.

Río de Cañete

La extensión del drenaje del valle de Cañete es no sólo grande, sino que mucha parte ubica
muy cerca de la cordillera y por consiguiente aprovecha las lluvias en abundancia.

La hoya tiene aproximadamente 70000 kilómetros cuadrados de los que 57000 están en la
zona de lluvias anuales generales. La quebrada de Pocoto es tributaria de Cañete, pero
adolece de escasez de agua, y en algunos años recibe muy poca.

Hay algunas chacras pequeñas en sus cabeceras, pero el valor principal la constituye el
terreno de aluvión que se extiende sobre las pampas, hasta donde alcanzan sus avenidas.

El valle de Cañete es el primero de importancia al sur de Lima. Sus productos se embarcan


por el puerto de Cerro -43- Azul; desde allí parte un ferrocarril de vía angosta que
penetra al valle, pero que por ahora no atiende sino a una parte del tráfico.

Nunca se le ha medido, pero tiene agua suficiente para todos los terrenos cultivados. Aún
en los años más secos, hay más agua de la que se emplea y de aquí que pueda aprovecharse
para aumentar la irrigación.

Los terrenos cultivados de Cañete, se pueden estimar en 12000 hectáreas, y sólo sufren por
el defectuoso sistema de distribución de aguas de regadío. Por ejemplo, el canal superior
tiene socavones relativamente largos, cortados por entre puntas de cerros y la capacidad del
canal está proporcionada a la de los túneles, que no pueden ensancharse sin gran
desembolso. También las acequias tienen muchas curvas que reducen su pendiente efectiva
y el corte de los barrancos en estos sitios, causa a veces roturas de consecuencias
desastrosas. Merece la pena recordar que los socavones se atribuyen a los Incas; pero esto
no es cierto, como se puede comprobar por una cuidadosa investigación. No he podido
descubrir la fecha exacta de su construcción, pero ella es reciente.
Río de Chincha

El río Chincha nace en la cordillera, pero tiene relativamente pequeña cuenca colectora si
se le compara, a la del río Cañete al norte y a la del río de Pisco al sur; su área es de 4500
kilómetros cuadrados de los que 2200 están en la zona de lluvias anuales. En su curso
inferior fluye por un ancho valle excavado en las pampas costaneras, y es desde allí que
derivan sus aguas para aplicarlas a irrigaciones. A la boca del río está el desembarcadero de
Tambo de Mora, y cerca principia un ferrocarril de vía angosta que comunica, con la
industriosa ciudad de Chincha Alta.

Nunca se le ha medido, no obstante haberse practicado estudios y obras para irrigar más
terrenos. Por informaciones lugareñas, sé que el caudal de agua no basta en la estación seca
del año y que carga mucho más agua de la necesaria en la época de crecientes. Debe pues
deducirse, que el aprovechamiento de las aguas de las crecientes, después de atender a las
verdaderas necesidades, requiere estanques para depositar lo excedente.

Los terrenos irrigados, se estiman en 15000 hectáreas, incluyendo los que corresponden a
Chincha Baja y las pampas situadas al norte y a nivel más elevado, denominadas Chincha
Alta; que divide un barranco llamado La Cumbre.

-44-
Las aguas del valle de Chincha, se dividen en tres partes iguales, de las que: dos partes se
asignan al valle de Chincha Baja y una a los terrenos altos o de Chincha Alta, subdividida
así: dos terceras partes para los terrenos bajos de Belén y el último tercio para Chincha
Alta.

En el mes de marzo principia la escasez, que dura hasta fines de noviembre; pero en los
meses restantes, hay mucha agua que se pierde en el mar. Esta pérdida se debería evitar
construyendo reservorios para depositarla y aprovecharla para extender y mejorar la
agricultura.

Río de Pisco

El río del valle de Pisco, se extiende hasta la cordillera y además tiene una gran cuenca, de
manera que es de más caudal que el río de Chincha, al norte, o el de Ica al sur. El área total
de la cuenca es aproximadamente de 60000 kilómetros cuadrados de los que 38000 se
encuentran en la zona de lluvias generales.

La parte inferior del río atraviesa las pampas costaneras, en las que se aprovechan las aguas
para irrigarlas.

Los terrenos del valle son algo angostos. Las pampas que quedan al sur del río las ocupan
médanos, pero al norte son cultivables y es allí donde pueden extenderse las irrigaciones de
los que tengan interés en aumentarlas.
El caudal del río de Pisco no ha sido sistemáticamente aforado, hasta el momento de
escribir estas líneas. En la estación de crecientes es muy grande, pero en el estiaje no tiene
agua suficiente para hacer frente a todas las necesidades de la agricultura. Sin embargo, que
no es excepcional ese estado en los ríos de costa, y si la agricultura se adapta a él, el río
Pisco se halla relativamente hablando, favorecido por más cantidad de agua y no hay razón
porque no puedan aumentarse más los cultivos.

Las tierras en cultivo llegan a 10000, hectáreas en el valle de Pisco, pero en algunos
lugares, la agricultura está aún descuidada y no hay razón que impida ensanchar el área
cultivada.

Río de Ica

La hoya del río de Ica, por el lado del Oriente, es triangular y se estrecha de manera que
sólo uno de sus ángulos toca a la cordillera.

A causa de esta posición, es relativamente pequeña la parte que se extiende en la zona de


lluvias anuales.

El río y las quebradas que le llevan agua, desaguan próximamente 49000 kilómetros
cuadrados, pero sólo nueve mil reciben lluvia por regla general.

-45-
En años excepcionales, cuando llueve poco, los intereses agrícolas del valle sufren
inmensamente.

El curso de la parte central del río de Ica, está en la planicie mediterránea o pampas. Desde
allí, puede derivarse sus aguas para la irrigación y por consiguiente es esta la parte poblada
del valle. Más cerca de la costa, el río pasa por un cañón angosto y sus laderas carecen de
terrenos cultivables suficientes que pudieran ocuparse, dado el caso de que se dispusiera de
agua en cantidad bastante para sus sementeras.

No se ha medido ni los niveles a que alcanza el agua, ni el volumen medio del río. Algunos
años es muy caudaloso y fluye hasta el mar, en otros, se desvían todas sus aguas del cauce
para las irrigaciones de los terrenos, mientras que en años determinados, no carga agua para
llenar las acequias y ni siquiera para llegar a la ciudad de Ica.

Los terrenos que es posible cultivar por medio de irrigaciones del valle de Ica, se
aproximan a 11000 hectáreas. En los períodos de sequía, no todo se puede regar y
sobrevienen fuertes perdidas en las inversiones hechas en la agricultura. Recientemente se
ha tratado de apelar a las aguas del subsuelo, pero pocos son los que han conseguido
establecer bombas, para sacar agua en esos períodos de escasez.

Río de Lomas
El río de Lomas o de Acarí drena 4100 kilómetros cuadrados ubicados en la zona de lluvias
generales anuales. Se ve pues que tiene una gran área de captación de aguas, adyacente a la
cordillera, lo que explica su caudal relativamente abundante.

En la zona lluviosa de la costa hay ciertas montañas relativamente elevadas al nordeste del
puerto de Lomas y al noroeste del pueblecito de Acarí, donde crecen pastos naturales
(lomas) que durante una parte del año tienen agua suficiente para el ganado que allí pasta,
pero sólo en años excepcionales se reúne y corre sin ser totalmente absorbida por el terreno.

El valle de Lomas es angosto, está situado entre cerros con excepción de la zona
comprendida entre Acarí y la orilla del mar; zona en la que su río corre por un valle
profundo excavado en las llanuras costaneras.

El volumen del río no se ha medido nunca sistemáticamente y en la estación de aguas no se


puede cruzar a caballo durante muchos días, de modo que ha sido preciso establecer frente
a Acarí dos cables (Oroyas) para facilitar el tráfico. -46- En el estiaje el agua no pasa de
Acarí, superficialmente, y se conserva estancada en varios sitios de su cauce pedregoso.

Las tierras bajo el riego del valle de Lomas suman unas 1200 hectáreas, debiéndose esto a
la estrechez del valle y la falta de reservorios para almacenar aguas para el estiaje. Procesos
judiciales han permitido que la agricultura del valle caiga en un estado de abandono que en
parte se debe también a su gran distancia a Lima y a la falta de regularidad del tráfico
marítimo, que mantiene incomunicado ese puerto.

En la actualidad el proyecto para irrigar las pampas de la Bella Unión, que están entre
Lomas y Acarí, se está llevando a cabo.

Río de Ocoña

Este río llamado también a veces Río Grande a causa de su caudal, es uno de los más
grandes de la costa, y generalmente se le considera el tercero en importancia, siendo el de
Chira primero y el de Santa segundo.

Su hoya hidrográfica desagua una superficie territorial de unos 112,00 (sic) kilómetros
cuadrados de la zona de lluvias, siendo de notarse que en la sierra su cuenca forma un
cuadrilátero, encausándose después de recibir todos sus afluentes en una garganta profunda
y angosta para atravesar la región costanera, como un río único.

Salvo la afirmación de que el río Ocoña es el tercero de la costa, no existe otra que
determine su volumen; pero juzgo, al ojo, que en sequía no le faltan veinte y cinco metros
cúbicos de agua por segundo, volumen que justificaría el gasto de la mayor suma de dinero
para utilizarlo en irrigaciones de las pampas adyacentes y no dudo que algún día se le
derive a las planicies adyacentes.

Hay menos de 1000 hectáreas bajo cultivo en el valle de Ocoña, estando casi todas situadas
cerca al mar donde su cauce es relativamente ancho. La divagación del río que cambia de
madre continuamente y las inundaciones del valle en las crecientes, hace muy inseguro el
cultivo de ciertas hierbas.

En su cauce el río se divide en varios brazos que varían continuamente de importancia y las
islas y terrenitos que constituye el suelo del valle, son inaccesibles y a menudo inadecuados
para la agricultura.

Casi no pueden aumentarse las tierras bajo riego en la parte costanera del valle y su
ensanche en el porvenir, depende del aprovechamiento de las aguas de la sierra y de su
conducción a las pampas de la costa.

-47-
Río Majes

Este río tiene 97000 kilómetros cuadrados de su cuenca en la zona de las lluvias generales.
Sus cabeceras se prolongan por la cordillera de modo que colectan un gran volumen de
agua. El río Colca que es un afluente del Majes fluye casi paralelamente a la divisoria
continental y otro de los más notables es el Andamayo que nace al pie del nevado
Coropuna.

El río Majes tiene siempre mucha agua y durante la estación lluviosa es tanta que no se
puede vadear a caballo, ni en los lugares donde se divide en dos o más brazos. Nunca se ha
medido su caudal y no habrá necesidad de hacerlo mientras no se tenga un gran proyecto de
irrigación, desde que siempre hay más agua de la que necesita la agricultura.

Las tierras regadas en el curso costanero del río Majes forman dos fajas: una próxima a
Majes y Uraca que penetra a la sierra más alla de Aplao y la otra vecina al litoral y la
ciudad de Camaná. El cauce del río es tan encajonado y angosto cerca al litoral, que carece
de tierras cultivables.

Pueden estimarse en 3000 hectáreas la superficie bajo riego, pero este cómputo no pasa de
una grosera aproximación, porque nadie se ha tomado nunca el trabajo de calcularla. Cerca
de Camina se cultiva mucho arroz porque siempre sobra agua para esta planta que abona el
cieno de las inundaciones.

Río Vitor

Esta hoya de drenaje tiene 96000 kilómetros cuadrados en la zona de lluvias anuales
generales; pero no obstante esa gran superficie no recibe la cantidad de precipitaciones
atmosféricas que por ello pudiera presumirse. Un examen del mapa indicará que el río es de
los de la segunda clase, pues no nace en la cordillera, porque el río Majes por el norte y el
Tambo por el sur lo excluyen de la divisoria continental, sin embargo su afluente, el río
Sihuas, colecta una fuerte proporción de las lluvias de esta hoya y como desemboca en el
Vitor cerca del límite occidental de la cadena de cerros de la costa, este es menos caudaloso
en la región de las pampas, que en la región en que corta a los cerros costaneros para
desaguar en el mar.
El volumen con que desemboca el río Vitor en el mar es mayor que el necesario para regar
las angostas tierras del valle.

En el valle de Sihuas abunda el agua y en el mismo río Vitor también pero aguas abajo de
la confluencia de él con el Yura; sin embargo en los alrededores de Arequipa el -48- área
cultivada es relativamente pequeña y el agua no basta en el estiaje, lo que se debe en parte
al método de distribución y en parte a la circunstancia que las tierras cultivadas están
situadas de modo tal que, las filtraciones de las tierras superiores no regresan al río de
modo que puedan aprovecharse de nuevo en la vecindad, sino que van a aumentar el
volumen del río cuando está encajonado y sólo hay una fajita cultivable.

El río Vitor tiene dos afluentes principales, de cabecera, el Sumbay y el río Blanco que
forman el río Chili hasta la confluencia con el Yura.

El único cómputo del caudal de estos ríos, es el del río Chili que, según el Ingeniero don H.
C. Hurd es de 729042000 metros cúbicos anuales según cálculos basados en observaciones
de las alturas del río, hechas por varios años por los miembros del Observatorio
Astronómico del Carmen Alto, fundado por el Harvard College.

Río Tambo

La hoya del río Tambo entra hasta la divisoria continental de las aguas y capta lluvias en
una área de 78000 kilómetros cuadrados, teniendo, como el río Ocoña su parte central
estrangulada, cruzando las pampas sus aguas, unidas en un sólo cuerpo, por un cauce
profundamente excavado en ellas, en forma de un angosto cañón.

En la zona costanera del río Tambo no hay poblaciones importantes, ni es su valle camino
real del comercio.

Jamás se ha medido sistemáticamente el cauce del río Tambo.

En el valle de Tambo se calcula que existen unas 3000 hectáreas bajo riego, forman un
conjunto que se extiende de la costa, tierra adentro hasta un lugar en que el cañón es muy
angosto y pedregoso para ser cultivado. Del valle hasta Ensenada hay un canal que irriga
una pequeña faja de terrenos que no son susceptibles de ensanche, porque las tierras son
bajas y contienen mucha sal.

Río de Moquegua

El río de Moquegua es el único río peruano que tiene toda su hoya en el departamento de su
nombre; su cuenca colectora de lluvias es chica y apenas si tiene 1300 kilómetros
cuadrados en la zona de lluvias anuales generales, pues por el norte lo excluye de la
cordillera el río Tambo y por el sur el Locumba, de modo que es un río de la segunda clase.
Cuando los años son secos hay gran pérdida para la agricultura, por lo insignificante de los
aguaceros -49- en la región occidental de la zona lluviosa y como esta es la parte más
ancha de la cuenca colectora, no bastan las precipitaciones sobre el área triangular, del
drenaje de las cabeceras del río, para regar el valle.
Jamás se ha observado ni medido metódicamente el volumen del río Moquegua, que sólo
basta en la época de lluvias para regar el valle. Generalmente aún en la estación seca hay
agua suficiente en el cauce del río hasta la ciudad de Moquegua. Para pasar la cumbre que
separa ambos ríos, don C. O. Caster propuso un túnel de 695 metros.

Río Locumba

Este río nace en la cordillera y siempre tiene agua suficiente para regar el valle, aguas abajo
de la confluencia de sus principales afluentes. La cuenca colectora de lluvias alcanza unos
2400 kilómetros cuadrados.

El agua de su afluente río Salado, es salobre, y más abajo de su desembocadura en el


Locumba, ésta es también ligeramente salada; pero no lo bastante para dañar a la mayoría
de los sembríos. El origen de la sal en el agua es una cuestión interesante que merece
estudio. Parece que proviene de ciertas formaciones de la sierra por las que corre el río.

Las tierras bajo riego llegan a unas 1000 hectáreas confinadas a la inmediata vecindad del
río, que corre por un cañón profundo, excavado en las pampas.

Un rasgo interesante de la irrigación local, es la desviación de las aguas de las cabeceras del
río Tacalaya al río Sinto, canal que es el que se trata de utilizar para traer el agua de la
laguna Istunchaca al valle de Moquegua.

Río Sama

Este río nace en la divisoria continental de las aguas y tiene unos 2600 kilómetros
cuadrados de su hoya en la zona lluviosa. Su valle es largo y angosto. Es mucho menos
encajonado que los de más al norte; pero sus barrancos son bien marcados.

El río Saina no tiene suficiente agua en el estío; pero su agricultura no sufre mucho sino en
años excepcionalmente secos. Como nunca se ha medido y registrado la altura de sus aguas
se ignora su caudal; pero debería establecerse esta práctica por los que consumen o
distribuyen las aguas. Por el momento habría alguna dificultad en la sierra donde residen
algunos propietarios chilenos; pero en la costa toda la agricultura radica en la margen cuya
posesión mantiene el Perú.

-50-
Las tierras regadas del valle de Sama, alcanzan una superficie de 5000 hectáreas que
forman una faja larga y angosta que se ensancha en la hacienda de caña de Buena Vista. En
el estiaje el agua del río es ligeramente salobre, circunstancia perjudicial a ciertos sembríos
y en especial a los de caña de azúcar. La caña cultivada es la variedad morada.

No se ha investigado la causa de lo salado de las aguas del río; pero quizá prevenga de
terrenos cargados de sal, por los que discurre el río en las serranías.
Ríos de la sierra

Si en la costa del Perú hay 46 cuencas que originan 46 ríos, en la sierra propiamente
hablando, sólo tenemos cinco ríos tributarios del Amazonas que poseen cuenca propia y
que son el Marañón, el Huallaga, el Mantaro, el Apurímac y el Urubamba. Igual número
tenemos en la comarca del Titicaca, ríos que también pertenecen a la Sierra, pero que no
desembocan en el Amazonas y que se les conoce con los nombres de Suches, Ramís, Coata,
Ilave y Desaguadero.

La zona peruana del Titicaca no es muy lluviosa, pero hallándose entre cordilleras
perfectamente nevadas, los ríos que desaguan en el Lago y que son alimentados por la
fusión de los hielos, tienen siempre abundante caudal de agua. Esta agua, hasta ahora, no ha
sido aprovechada para la irrigación de las suaves planicies de la cuenca del altiplano; y
aunque en realidad no es notable la extensión de terreno que media entre los picachos de las
cordilleras y las orillas del Lago, ni tampoco muy favorable la temperatura para cultivos
que no sean de climas fríos, no es mucho lo que allí se ha hecho en agricultura y ganadería.
Otro inconveniente para el desarrollo de estas industrias lo encontramos en la perfecta
horizontalidad de los terrenos limítrofes al Lago, los que, por tal causa, hallándose -51-
inundados, no serán de utilidad si el drenaje no precede al cultivo, siendo de advertir que
muchos de ellos, aun drenados siempre tendrán carencia de abrigo, hallándose en plena
pampa y a merced de las heladas. Menos fríos son los terrenos situados al pie de los cerros
que forman los contrafuertes andinos; pero la tierra en ellos es escasa, el terreno en mucho
declive y las operaciones de arado y cosecha menos fáciles que en el llano.

Hallándose la llanura de Titicaca en región poco lluviosa del Perú y siendo escasísimas las
lluvias en los meses de mayo a octubre, la sequedad del terreno en esos tiempos es
fenómeno particular en aquella comarca. Y como las aguas de los ríos no han sido sacadas
por canales para humedecer siquiera las tierras, los pastos se secan, toman color amarillento
y son de escasa alimentación al ganado. Como zona ganadera, las pampas argentinas y las
del Orinoco en todo respecto tienen inmensa ventajas sobre las lomadas del Titicaca, y si en
ambas, poco hay que ayudar a la naturaleza, en Puno, el hombre casi debe hacerlo todo.

La Sierra norte del Perú sólo tiene dos cuencas: una de ellas forma el río Huallaga y otra el
río Marañón. La del centro y la del sur, tres cuencas, cuyas aguas respectivamente originan
el Mantaro, el Apurímac y el Urubamba. Tres de estos ríos nacen en el nudo de Pasco y los
dos restantes en el de Vilcanota. De todos estos cinco, no hay ninguno que en tierra
propiamente serrana tenga el largo curso que tiene el Marañón, ni que en sus primeros 500
kilómetros de longitud reúna tan pocas condiciones favorables para la navegación. Casi en
iguales condiciones encuéntrase el Apurímac, no pudiendo hacer igual apreciación del
Urubamba ni tampoco del Mantaro.
-52-
Río Marañón

Nace el Marañón en la cordillera nevada de Pelagatos, cuyos deshielos forman las lagunas
de Huaihuac y Lauricocha. Atraviesa algunas provincias del departamento de Huánuco, y
siguiendo su curso que casi siempre es N NO, pasa por las provincias de Huari y
Pomabamba, corta la región aurífera de Pataz y al último sirve de lindero entre los
departamentos de Cajamarca y Amazonas. Desde su origen corre por la profunda quebrada
que el mismo se ha abierto por entre las cordilleras occidental y central que con rumbo al
norte se desprenden del nudo de Pasco. Ya en Ancahs lo encontramos muy profundo, muy
cargado de agua y con cierta majestad en su descenso. Naturalmente, con mayor caudal y
más encajonado al separar la provincia de Celendín de la de Chachapoyas. Desde
Pomabamba se le cruza en balsas y aunque avanza silencioso y sin cascadas, su cauce
continúa encajonado por altísimas montañas, ninguna de las cuales posee en abundancia
tierras aparentes para el cultivo. Pocos ríos en el Perú tienen la inutilidad que el Marañón
interandino en el largo curso que media entre su nacimiento y la confluencia con el
Utcubamba. Ubicado en el fondo de un profundo cañón y al medio de dos altísimas
cordilleras, cuyas cumbres entre sí no se hallan a mucha distancia, es poca la tierra de
cultivo que ha dejado a sus orillas. Mejor suerte ha cabido a sus afluentes, aunque no a
todos. Muchos de ellos, especialmente los de corta carrera no tienen en su curso un pedazo
plano digno de atención. Ello es natural, descendiendo por grandes declives y habiendo
podido horadar a su placer las quebradas por donde pasan. Si alguna meseta existe en las
inmediaciones del Marañón, ella se halla casi colgada en los cerros y circundada por
abismos profundos.

-53-
El espíritu se apena al contemplar desde las alturas la manera como el Marañón ha
socavado el territorio por donde pasa. Lo que primitivamente fueron lagunas y planicies
situadas a diversos niveles, algo parecido a la de Junín y al valle de Jauja, es ahora colosal y
profunda hollada, comarca de barrancos y declives, zonas de numerosas quebradas, país
rugoso, y en toda su extensión vuelto de un lado. Los que en viaje a Chachapoyas van en su
demanda para cruzarlo en Balsas, con emoción pero también con displicencia le
contemplan desde las altas cumbres. Desde ellas se le ve entrar y salir por cañones
profundos, cañones que formó robando la cuantiosa cantidad de territorio que encontró a su
paso, y que llevó hasta el valle del Amazonas. Visto desde esas alturas, el río, aparece como
plateada y diminuta cinta, como algo perdido en las profundidades de colosales y
estupendos cráteres. Si nos proponemos bajar a sus playas, nuestra mula necesitará diez
horas de penosa marcha, y si queremos continuar viaje y ocupar la altura de la cumbre
opuesta, será necesario caminar otras diez horas, y tal vez más. Y este viaje penoso que nos
lleva desde las frías comarcas de las punas a las calurosas y palúdicas orillas del Marañón y
que toma más de dos días, sólo nos proporciona un avance de 25 kilómetros, siendo esta
mísera distancia que media entre ambas cumbres, la misma que en las pampas de Piura o de
la joya cruzaríamos al galope del caballo en algo más de dos horas.

Los principales afluentes del Marañón interandino son, en Huánuco y Ancalis, los ríos de
Huallanca, Puccha, Yanamayo y Rupac; en Pataz, el Alpayaco, y el Nahuinbamba; en la
Libertad y el Sur de Cajamarca, el Crisejas, el Zendoval, el Vilalla y el Laucán. Todos por
su escasa longitud -54- y por la carencia de amplios valles no han tenido condiciones
para fomentar la riqueza de las regiones que atraviesan. Poco se obtuvo de ellos durante el
coloniaje, menos en la República, no siendo muy halagüeñas las esperanzas que puedan
cifrarse para el porvenir. Todo lo contrario puede decirse, en lo que toca a esperanzas, de
los valles que riegan el Chamaya, el Chinchipe, el Utcubamba, el Nieva, el Ymaya, el
Agapa, y ya en tierras de montaña el Santiago. Por desgracia, estos ríos irrigan tierras
boscosas y despobladas, donde todavía la cultura y el progreso no han entrado.

Dedúcese de lo dicho, que es el Marañón antes de que se le una el Utcumayo, río de poco
provecho, y que si por algo es notable, en sus cabeceras, es por la incomunicación en que
ha puesto el oriente con el occidente en una tercera parte del norte del Perú. En tierra de
montaña, como acabamos de decir, tiene afluentes de importancia que corren por el medio
de riquísimas y planas comarcas, pero ninguna de las cuales hasta ahora es explotable por
falta de población y caminos.

Río Huallaga

Tiene el Huallaga en su largo curso por el norte, mayor importancia que el Marañón.
Atraviesa el territorio en línea casi paralela a éste, y al unírsele, descarga en su cauce igual
cantidad de agua que la que el otro lleva. El Marañón es más serrano. Corre más tiempo por
un suelo netamente andino, y por consiguiente a mayor altura sobre el nivel del mar. No le
pasa lo mismo al Huallaga, el cual, hallándose más lejos del Pacífico, se ha abierto paso por
entre cadenas de montañas menos altas. Por esto desciende más pronto a las tierras
semiandinas.

No son muchos ni muy extensos los valles que el Huallaga forma en su larga carrera, en
cambio, sus afluentes, -55- riegan las mejores tierras de cultivo que tiene el Perú. Fue en
la colonia río explotado y tuvo en su cuenca poblaciones de importancia como Moyobamba
y Tabalosos. La República no supo sacar ningún provecho de él por causas que ya
expondremos.

Nace este río en el mismo mineral de Pasco. La quebrada de Pucayacu le da sus primeras
aguas. Desciende con violencia y cuando llega a Ambo, en su rumbo hacia el norte, ya le
vemos pasar con enorme caudal de agua. Mucho más lleva cuando atraviesa Huánuco, y
posteriormente cuando entra en zona semimontañosa y toma hacia el este. Con dicho rumbo
pasa por los valles de Chinchao y Panao, hasta llegar a Muña, donde violentamente se
encamina hacia el NO, y recibe por la izquierda a los afluentes Chinchao, Cayumba,
Monzón, Uchiza, Tocache, Mixioro, Huamcabamba y el Mayo que le viene del norte. Por
la derecha, y a partir desde Muña hasta Chasuta en una distancia de 400 kilómetros, colinda
con las famosas pampas del Sacramento, las que, por tener alrededor de 6000 kilómetros
cuadrados de extensión, algún día tendrán tanto valor agrícola como tiene la provincia de
Buenos Aires. Hállanse esas pampas, no solamente deshabitadas pues apenas viven en ellas
unos cuantos salvajes, sino también casi desconocidas por el hombre civilizado. Aún más
desconocido es el territorio situado a la izquierda del Huallaga, entre el Tocache y el Mayo,
o sea una extensión de 180 kilómetros, territorio que nadie conoce porque nadie ha visitado.
En el departamento de San Martín, el Huallaga recibe al Mayo, afluente de importancia, no
tanto por la cantidad de agua que le da, como por tener en su cuenca 400 leguas cuadradas
de fértiles y planos terrenos, todos aptos para la agricultura.

-56-
Pasado Chasuta, sigue el Huallaga hacia el NO, cruza cañones profundos que le originan 42
rápidos, y termina su carrera interandina en el Pongo de Aguirre.

Una vez que sale de él, dejando hacia el occidente la cadena oriental de los Andes, se
convierte en río navegable y forma parte de la región de los bosques.

No hay nada en el Perú que tenga la riqueza agrícola inexplotada que existe en la extensa
cuenca del Huallaga. El Marañón posee en Jaén, en las hoyas del Santiago y el Chinchipe,
ondulantes y fértiles valles muy ricos y muy hermosos, pero ninguno de ellos tiene la
importancia de la Pampa del Sacramento, ni de las planicies que riega el Mayo y los demás
afluentes que hemos mencionado. Hay en este pequeño mundo del Huallaga, tierra para
algunos millones de hombres, hay climas deliciosos, hay agua en abundancia y en su suelo
fructifican las plantas más nobles y más raras que tiene la Naturaleza. La República le
encontró deshabitado, metido en el corazón del Perú, sin condiciones favorables para la
navegación ni para construir caminos terrestres. Por estas causales no pudo hacer de sus
tierras lo que ellas merecen. Si tuviéramos estas riquezas al lado del Pacífico, nuestra
importancia agrícola sería igual a la de Cuba.

Uno de los ríos mejor estudiados por Raimondi en sus obras geográficas, es el Huallaga. Su
descripción es interesante. Ella nos pone de manifiesto las dificultades inherentes a su
navegación en la parte interandina, las mismas que impidieron la explotación de la cuenca
en el primer siglo republicano. He aquí lo que nos dice de él:

El río Huallaga recibe un gran número de afluentes, tanto a la derecha como a la izquierda;
pero en general, los ríos que le tributan por la derecha no son muy grandes, a excepción -
57- del Chipurana, que entra al Huallaga más abajo del Pongo de Aguirre, y que es el
único digno de interés.

Entre los principales afluentes del Huallaga nombraremos el

Río Monzón.- Este río toma su origen de algunos ramales de la cordillera, en la provincia
de Huamalíes, y baja a juntarse al Huallaga en Tingo María, que es el primer pueblo de la
provincia litoral de Loreto. El río Monzón es navegable en parte por balsas y pequeñas
canoas. Playa Grande o Pueblo Nuevo, situado en la orilla del río de Patayrondo, a media
legua del río Monzón y a tres leguas de la confluencia de este río con el Huallaga, es el
principal embarcadero para los habitantes de las montañas de Monzón que trafican por el
Huallaga.

Río Huayabamba.- El río Huayabamba es el más grande entre todos los afluentes del
Huallaga que hemos citado hasta ahora. Este caudaloso tributario del Huallaga, se halla
formado en un gran número de riachuelos, que bajan en todos sentidos de los elevados
cerros de la provincia de Pataz y del departamento de Amazonas. Su principal origen
parece ser el nevado de Cajamarquilla, que es el más elevado entre los cerros de la parte
norte del Perú. El río de Huayabamba es navegable por un largo trecho y presta una fácil
comunicación a los pueblos situados en sus orillas. Estos son: Huicongo, situado casi a tres
leguas de la desembocadura del río Huayabamba en el Huallaga: Pachiza, una legua más
abajo de Huicongo y Lupuna, en la misma confluencia del río Huayabamba con el
Huallaga. Al principio de este siglo había en la orilla del río Huayabamba, a 20 leguas más
arriba de su desembocadura otro pueblo llamado Pajaten; pero en el día apenas se notan los
rastros.

Los ríos de Juanjuy y Saposoa, que pasan por los pueblos del mismo nombre, son muy
inferiores al precedente.

Río Mayo.- Este río es el más grande entre todos los tributarios del Huallaga; se conoce
también con el nombre de Moyobamba porque baña la ciudad del mismo nombre. El río de
Moyobamba se halla formado por la reunión de muchos riachuelos, que nacen de un grupo
de cerros situados al NE de la ciudad; recibe, cerca de Moyobamba, dos grandes afluentes
llamados Tonchiman e Indoche; y más abajo de Moyobamba, engruesan sus aguas los ríos
Jera, Cachiyaco y Cumbasa. El río Mayo es navegable por veinte leguas más arriba de
Moyobamba; pero a pesar de haber aumentado su caudal -58- de aguas, no es navegable
desde la ciudad hasta la desembocadura por tener muchos malos pasos.

Estos obstáculos a la navegación del río Mayo, más abajo de Moyobamba, hacen que todos
los efectos que vienen desde el Brasil por medio del Amazonas y del río Huallaga no
puedan ser trasportados por aguas hasta la capital de la provincia, y sea indispensable
hacerlos cargar por tierra, aumentando los gastos y de consiguiente su valor. Sería de suma
importancia se hiciese un estudio detenido de todos estos malos pasos, para ver si se
pudiera hacerlos desaparecer con pocos gastos. Con la navegabilidad del río Mayo, la
ciudad de Moyobamba ganaría inmensamente, poseyendo en las inmediaciones, además del
Mayo, otros ríos navegables, cuales son el Tonchiman y el Indoche, que permiten llevar a la
capital de la provincia, con reducido costo, todos los productos agrícolas que se cosechan
en el interior. A dos leguas antes de la desembocadura del río Mayo en el Huallaga,
terminan los obstáculos que presenta este río a la navegación, y en este punto se halla
situado el puerto de Juan Guerra, adonde se desembarcan los efectos que vienen por los
ríos.

Río Paranapuras.- El río Paranapuras es mayor que los tres últimos y navegable por grandes
canoas y lanchas. Este río desemboca en el Huallaga, por la izquierda, algunas cuadras más
abajo del puerto de Yurimaguas: es muy frecuentado por todos los habitantes de la
provincia que hacen comercio con el Brasil o que preparan pescado salado en las orillas del
Ucayali, los que remontando el Marañón y el Huallaga, entran en este río, y continuando su
marcha hasta la confluencia de otro río llamado Cachivaco, entran en él y siguen
navegando hacia el pueblo de Balsapuerto, que es el embarcadero principal. Del pueblo de
Balsapuerto se traen las cargas a espaldas hasta la ciudad de Moyobamba. Casi en la
confluencia del Cachiyaco con el Paranapuras se halla otro puerto llamado el Varadero, en
donde se embarcan los que vienen por el camino de tierra de Jeveros a Moyobamba. En la
orilla del Paranapuras, a dos días de subida desde su desembocadura en el Huallaga, hállase
otro puerto llamado Muniches.
Río Aipena.- El último afluente del Huallaga es el apacible Aipena, cuya desembocadura se
halla muy cerca de la confluencia del Huallaga con el Marañón. Este río singular se puede
considerar formado por el exceso de agua de los ríos Huallaga y Marañón. En efecto,
hállase situado en el ángulo formado por la confluencia de estos últimos ríos; corre en un
terreno enteramente llano, de suerte que casi no tiene corriente, -59- y cuando el
Huallaga o el Marañón se hallan crecidos, se abren paso al Aipena por medio de canales
naturales. En los años que estos ríos crecen mucho, entonces el Aipena invade una gran
superficie de terreno cubierto de árboles y da origen a verdaderos bosques subácqueos, que
se extienden a larga distancia. El río Aipena se halla formado, como hemos dicho por las
aguas de infiltración; éstas, hallándose por largo tiempo en contacto con las raíces, hojas y
ramas que cubren aquellos vírgenes bosques, disuelven algunas materias orgánicas y
adquieren el color amarillento particular, que tiene el agua del río Aipena, la que vista en
grande masa parece negruzca.

El río Aipena es navegable en toda su extensión: su cauce tiene tanta regularidad que
parece el de un canal artificial. En efecto, habiéndolo sondeado, casi de cuadra en cuadra,
he hallado siempre ocho o diez varas de profundidad, en la parte media y 4 o 5 varas en la
misma orilla. Esta regularidad en su cauce y su poca corriente, hacen del río Aipena el más
a propósito para la navegación por medio de pequeños vapores.

Navegación del Huallaga.- Después de esta ligera revista de los principales afluentes del
Huallaga, se podrá hacerse una idea del caudal de agua que lleva este gran río al Marañón y
de la importancia que puede tener como medio de comunicación por la parte trasandina del
Perú. Desgraciadamente, el río Huallaga, a pesar de poseer una suficiente cantidad de agua
para ser navegable por medio de grandes embarcaciones, el tránsito de este río no carece de
dificultades, y puede decirse que sólo más abajo del Pongo de Aguirre desaparecen todos
los obstáculos que presenta a la navegación, de manera que sólo la cuarta parte de su largo
curso carece de todo peligro.

El río Huallaga en todo tiempo puede ser navegado por vapores hasta el puerto de la
Laguna; y en tiempo de creciente, pueden los vapores subir hasta el pueblo de Yurimaguas.
Más arriba de este punto, el río Huallaga puede ser surcado por canoas aunque no sin
peligro, hasta el pueblo de Tingo, María, situado a menos de 40 leguas de Huánuco.

El río Huallaga, desde Tingo María hasta el Pongo de Aguirre, presenta muchos malos
pasos, adonde peligran las embarcaciones, perdiéndose todos los años numerosas canoas
con sus respectivas cargas y a veces también, los hombres que las conducen. Estos malos
pasos pueden reducirse a cuatro clases distintas a saber: 1.ª a una fuerte inclinación del
cauce del río; 2.ª al estrecharse repentinamente el río entre dos rocas; -60- 3.ª a grandes
piedras esparcidas en su mismo cauce; y cuarta a las vueltas bruscas o ángulos que forma el
río en su curso. En el primer caso, bien se comprende que cuando el cauce del río tiene una
fuerte inclinación, el agua correrá con mayor velocidad, y si este cauce es muy inclinado, el
agua formará casi una cascada muy peligrosa para las canoas que bajan e imposible a la
continuación de la marcha a las que vienen remontando el río.
En el segundo caso, esto es, cuando el río se estrecha repentinamente, se puede también
comprender con facilidad, que una gran masa de agua, obligada a pasar por una especie de
puerta y comprimida por la que continuamente va viniendo de arriba, deberá esta agua
aumentar su velocidad. Además, en estos puntos en donde el agua se encuentra acanalada y
las orillas cortadas a pique, aumenta la profundidad, de suerte que, los que vienen
remontando la corriente, no hallan punto de apoyo para sus largos palos, llamados
botadores, con que hacen adelantar la canoa, no pudiendo tampoco vencer la fuerza de la
corriente con los remos. Estos malos pasos se hacen todavía más difíciles de transitar,
cuando los ríos se hallan crecidos, porque siendo mucho mayor la masa del agua, esta
ejerce más presión sobre la que debe pasar por esta encañada y le hace aumentar su
velocidad de un modo notable. En este caso, se hallan todos malos pasos conocidos con el
nombre de Pongo, entre los cuales citaremos el Pongo de Huayruro, situado entre Pachiza y
la desembocadura del río de Moyobamba y el Pongo de Aguirre, que es, como hemos
dicho, el último obstáculo que presenta el Huallaga en su navegación. Las canoas que
remontan el río son obligados a veces a detener su marcha algunos días para esperar que
baje el río y que les permita pasar por esta puerta del Huallaga.

En el tercer caso, esto es, cuando el cauce del río se halle esparcido de grandes piedras
además del peligro que hay de chocar por descuido con una piedra, sea a la superficie del
agua, o debajo de ella, hay la dificultad de dirigir la canoa y evitar el peligro, de que la
embarcación se estrelle, a pesar suyo, contra una peña. Cuando en un río se hallan muchas
piedras, el agua es obligada a pasar entre ellas, como en el caso precedente de una
encañada, aumentando su velocidad, y como estas piedras se hallan esparcidas sin orden
alguno, se forman muchas corrientes parciales, que se cruzan y se dirigen en diferentes
sentidos, dando origen a fuertes oladas que ponen en grande peligro las frágiles
embarcaciones que se emplean en la navegación de este río. Un ejemplo de esta clase -61-
de mal paso, es el conocido con el nombre de Yuracyaco, situado a algunas horas de
marcha más abajo del puerto de Chasuta y poco antes de llegar al Pongo de Aguirre. Por
último, cuando el río tuerce repentinamente formando un ángulo, el agua no puede
continuar su recto camino; choca contra una de las orillas resultando una corriente en
sentido contrario a la del río, y forma un remolino de agua muy peligroso por las canoas
cargadas que vienen remontando la corriente. Esta especie de malos pasos son bastante
frecuentes en el Huallaga, y para dar un ejemplo, nos bastará citar el muy conocido con el
nombre del Mal paso del Arpa, situado un poco abajo de la salina de Callanayaco, entre
Chasuta y el Pongo de Aguirre.

Río Mantaro

El Mantaro nace al norte de la laguna de Junín. Describe una violenta curva a su salida y
por varios kilómetros marcha hacia el este. En la primera etapa de su cursó atraviesa las
suaves colinas del nudo de Pasco. Su cauce en este trecho es profundo, sus aguas
silenciosas y tan tranquilas, que por escaso desnivel pudieran navegarse. Después de pasar
la Oroya, se encajona en los cerros de Cachicachi, corre con mayor velocidad y deja en sus
orillas escasas tierras de cultivo.

Entra al valle de Jauja por una garganta situada al sur de la ciudad de este mismo nombre, y
sin mucha corriente pasa por el medio de la más extensa y pintoresca planicie que existe en
la sierra del Perú. Así como el Huallaga ha tenido influencia civilizadora en Ambo y en
Huánuco en su curso netamente serrano, así también el Mantaro ha favorecido durante la
República la vida agrícola de las poblaciones ubicadas en el valle de su nombre, siendo sus
numerosos afluentes los que fertilizan las tierras que rodean los pueblos formados a derecha
e izquierda de su curso, y algún día, las aguas del mismo Mantaro, servirán para la misma
irrigación pero en más vasta escala.

-62-
En la parte sur de Huancayo el paisaje toma otro aspecto. Los contrafuertes de las dos
cordilleras, que tan liberalmente se separaron a partir desde Jauja para dar al río paso por el
medio de un hermosísimo valle, vuelven a unirse en Pucará, y de tal manera le estrechan,
que apenas le dejan sitio para que pase entre empinados cerros. Ellos dan origen a
numerosas gargantas, las que alternativamente se anchan y angostan sin perder nunca su
carácter de tales. Así, apretado por ambas márgenes, sin tierras de cultivo importantes en
sus orillas, sin hacer ningún beneficio a las comarcas por donde pasa y más bien horadando
profundamente el terreno e interrumpiendo la comunicación de los pueblos que están en sus
cercanías, el Mantaro, recorre algunos distritos del departamento de Huancavelica. En
Tayacaja describe un semicírculo, y en su afán de buscar las tierras bajas de los bosques,
perfora los Andes centrales y se abre paso entre ellos por el profundo cañón horadado al
medio de altas montañas.

Si la cordillera occidental o sea los Andes que miran al Pacífico hubieran tenido rocas
menos duras que las de la cadena opuesta, el Mantaro, en lugar de tomar al oriente hubiera
desaguado en el Pacífico, y las pampas comprendidas entre Cañete y el sur de Nazca
hubieran tenido todo el agua que necesitan para su irrigación.

A los 404 metros de altura sobre el nivel del mar, el Mantaro encuentra al Apurímac, se le
une, y termina su larga carrera en la que no deja más bienes que los que hace en el valle de
su nombre, que otros conocen también con el de Jauja.

En 1901, el doctor Ráez en su calidad de Subprefecto de Huancayo exploró el río Mantaro


desde Pampas hasta su unión con el Apurímac. Tiene interés para el geógrafo -63- la
hermosa descripción que hace de aquel río en el paraje en que se une al Eni.

Las fatigas del día debían ser, sin embargo, compensadas con el panorama que de
«Montepunco» se divisa desplegándose ante la vista uno de los más hermosos valles del
Perú; a la izquierda se divisa el «Mantaro»; al frente y a la derecha, el caudaloso
«Apurímac»; y un poco más al N el «Eni», que cual inmensa serpiente, se arrastra orgulloso
hacia el NE, por el centro de una inmensa llanura, cubierta toda de bosques seculares,
formando a veces numerosos brazos y otras, uno sólo, potente y robusto; recibiendo a su
paso innumerables afluentes, y llevando el poderoso contingente de sus aguas al río más
caudaloso del mundo. A diferentes distancias del «Eni», se ve muchas pequeñas lagunas,
que forman sin duda este río en tiempo de sus mayores crecientes. Como a la mitad de su
curso, se distingue una extensión o claro de terreno, de color rojizo, que a primera vista
parece una gran ciudad y por entre el bosque y follaje de este inmenso valle, el humo de las
fogatas de los infieles, que se eleva formando espirales.

De «Montepunco» para adelante, es necesario abandonar completamente las cabalgaduras


so pena de rodar al abismo, y usar la sandalia llamada ojota o sucuy, que hace más firme la
pisada en las rocas abruptas y desfiladeros infernales de que se forma la senda, apenas
trazada, que conduce a «Buena libra», «Palmablanca» y luego Jerusalén, pequeños cocales
de propiedad particular que se hallan a orillas del «Mantaro», no navegable aún, por sus
muchos rápidos y saltos.

Desde Jerusalén y caminando con dirección E, fue necesario abrir trochas en el bosque,
andando entre lianas y bejucos que daban buen trabajo a nuestros machetes, y
hundiéndonos hasta cerca de la cintura en la hojarasca y los troncos podridos de los árboles,
llegamos después de cinco kilómetros de marcha al último salto del «Mantaro» que merece
detenernos.

Es esta una cascada de unos 10 metros de elevación, que deja debajo del arco que describe,
un espacio por el que me han asegurado atraviesan algunos intrépidos, pasando así, de una
orilla a otra del río, cosa que no he visto ni quiero creer, porque la gran aspiración que sin
duda ejerce el agua al caer con tanta fuerza desde la altura, haría poco probable la
conservación del centro de gravedad del que caminase en sus riberas.

-64-
Al contemplar este grandioso fenómeno, cuyo ensordecedor ruido contrasta con el silencio
de los bosques, no puede menos de considerarse si la naturaleza dispuso que esa poderosa
fuerza motriz, que sería tan envidiable en estos lugares para ser trasmitida a largas
distancias, por medio de alambres eléctricos, no había de servir para otra cosa, que para
hacer más imponente la obra de la creación, en los solitarios parajes que le sirven de
asiento. ¡Cuánta grandeza y majestad se ha encaprichado la naturaleza en sembrar en
lugares donde la mano del hombre no pueda, quizá utilizarla jamás!

Siempre al E, y continuando la trocha con el machete a la orilla del río, que todavía forma
rápidos y corrientes, y después de recorrer algo más de un kilómetro, se llega a un puerto
donde el «Mantaro» se desliza tranquilo ya, cual río de aceite, y con suficiente profundidad
y anchura para ser navegado por pequeñas embarcaciones en todo tiempo.

Desde aquí, en efecto, conserva el «Mantaro» una profundidad mínima de dos metros y una
anchura de ochenta, y no presenta ningún salto ni correntada peligrosa, hasta su confluencia
con el «Apurímac», cuyas aguas son rechazadas por las de aquel, en largo trecho. Este
fenómeno se debe sin duda a la mayor gradiente del «Mantaro» que desagua a los 37
kilómetros del punto navegable por tres bocas: una con bastante caudal, y las otras con muy
poco, asegurándoseme por los naturales, que estas varían más o menos, según la creciente
del río. En ese punto, donde las aguas, al parecer fatigadas, moderan la velocidad de su
curso y hacen serena su superficie, es el que constituye el puerto desde el cual es navegable
el «Mantaro», y el que me he permitido bautizar con el nombre «Puerto Romaña» en honor
de Su Excelencia el Presidente de la República, que con tanto acierto rige los destinos del
Perú.

Ya en «Puerto Romaña» la expedición, después de descansar un día, quiso estudiar por sí


misma la navegabilidad del «Mantaro». Para el efecto se dispusieron dos balsas, cada una
de las cuales fue ocupada por cuatro personas. El día 20 de junio, después de encomendar el
éxito a la Providencia, nos pusimos en marcha a las 7 a. m., llegando sin interrupción
alguna al poderoso río surcado por el coronel Portillo, meses antes, el mismo día 20 a las 12
a. m., después de 5 horas de navegación.

Nuestra expedición había terminado, habíamos llegado con felicidad al «Eni».

-65-
Nuestra serranía del sur, en la parte tributaria del Amazonas y no del Titicaca, tiene dos
cuencas únicas, la del Apurímac y la del Urubamba. Ubicada la primera en plena cordillera
de los Andes o sea en su parte más central y atravesando las aguas de su río el fondo de
elevadísimas montañas, es mucho más serrana y menos beneficiosa al hombre que la del
Urubamba. Hállase esta en parte oriental del Perú, teniendo por consiguiente como el
Huallaga, poca extensión de tierra andina.

Río Apurímac

Nace el Apurímac en los nevados de Vilcanota y su primera aparición la vemos en el


desagüe del lago Vilofrio a 4000 metros de altura. En su largo y tortuoso curso, recibe las
aguas de las dos cordilleras entre las cuales está ubicado, tomando mayor cantidad de la que
está al occidente. Su curso es N NE y sus principales afluentes en zona completamente fría
son el Velite, el Santo Tomás, el Cotabambas, el Pachachaca y el Pampas. Ninguno de los
cuatro primeros tiene el largo curso ni la importancia del Pampas, río completamente
ayacuchano.

Corriendo el Apurímac y sus afluentes por el fondo de un terreno profundamente quebrado


y andino, exceptuando Abancay, lo demás es pobre y miserable en terrenos de cultivo y
hasta en planicies aptas para la ganadería. Si en su curso andino, el Mantaro tiene el valle
de Jauja, y el Marañón la riqueza agrícola de Jaén, el Apurímac no tiene nada valioso en
toda su carrera. Nace, corre y desemboca sin formar en sus orillas ni en las de sus afluentes,
ninguna zona agrícola digna de convertirse algún día en un importante centro de
civilización. Tiene la cuenca más profundamente horadada y el terreno más roto que existe
en el Perú. Nada más hondo ni más perpendicularmente cortado -66- que el cañón por
donde pasa. Los abismos del Apurímac son célebres en la América Latina.

Fue el Apurímac durante la Colonia y época republicana difícil y obligado paso para la
comunicación terrestre entre Lima y el Cuzco, paso que al fin ha sido salvado mediante la
vuelta enorme que hoy se da por Arequipa para unir por ferrocarril aquellas poblaciones de
Lima y Cuzco haciendo uso de la vía marítima del Callao a Mollendo. Siendo casi
imposible en el terreno técnico cruzar el Apurímac para unir por ferrocarril el centro con el
sur, será mejor no penetrar nunca en él, sino hacer el trazo ferroviario por las alturas
andinas orientales de la cordillera occidental, atravesando en tan larga extensión las
planicies que principian en Huancavelica y terminan en Sumbay, en el departamento de
Arequipa.

El doctor Carranza, en un artículo de crítica sobre los viajes del señor Samanez por los ríos
Apurímac, Eni y Tambo, hizo sobre el primero la siguiente e interesante descripción.

El Apurímac nace de la laguna Vilafro, provincia de Cailloma, a 15º 16' de latitud, corre en
dirección NNE hasta el límite de la provincia de Canas; de allí cambia al ONO hasta cerca
del Mantaro, donde vuelve a inclinarse al NNE; bañando en este largo trayecto las
provincias de Canas, Acomayo, Paruro, Anta y la Convención, a la derecha; y Cailloma,
Chumbivilcas, Cotabambas y Abancay, a la izquierda, para regar después las regiones
orientales de Andahuailas, La Mar y Huanta, hasta unirse con el Mantaro para formar el
Eni, a los 12º de latitud, según Paz Soldán.

En este trayecto recorre cerca de 3 en una extensión de 900, millas, por las inmensas curvas
que describe en sus desviaciones longitudinales.

Su anchura y profundidad son tan variables como su caudal, siendo éste en la Banca
próximamente de 260 metros cúbicos por segundo en su creciente media; aumentando
después con las aguas del Pachachaca y del Pampas, cuyo caudal -67- puede estimarse
aproximadamente en 200 metros cúbicos por segundo, en los puntos de confluencia y en la
estación no lluviosa. El primero nace en la sierra de Aimaraes y riega el territorio de
Abancay, desembocando en el Apurímac por la playa del Pasaje en el distrito de
Huancarama, provincia de Andahuailas. El segundo nace en la provincia de Castrovirreina,
y después de trazar una curva considerable entre las provincias de Cangallo, Andahuailas y
La Mar, desemboca en el Apurímac, no lejos del Pachachaca.

Desde este punto, aumentan las aguas de aquel río un número incalculable de pequeños
tributarios, de tal modo que en su confluencia con el Mantaro, su caudal puede apreciarse
en 1200 metros cúbicos por segundo, según los datos indirectos que suministran los viajes
del señor Samanez.

El Apurímac, en su largo curso, es un río siempre impetuoso, con un cauce, en general,


muy estrecho y sembrado de rocas en más de dos tercios de su trayecto; explayándose algo
desde Chaupimayo, en el distrito de Chungui, provincia de La Mar, a medida que el valle, a
cuyo fondo corre, dilata por el E sus magníficos horizontes, volviendo a encerrarse en el
angosto lecho del Eni, donde a intervalos baja la cadena de altas y ásperas sierras que lo
amuralla por la derecha, transformándose en risueñas colinas que se pierden a la distancia
en el suave declive de hermosos oteros, que se levantan al frente de llanuras inmensas
cubiertas de una vegetación gigantesca y sombría, coetánea acaso de los más antiguos
imperios del mundo.

El agua que corre por los cinco departamentos de Junín, Ayacucho, Huancavelica,
Apurímac y gran parte del Cuzco, se reúne en su profunda hoya; abrazando así, su red
hidrográfica, un espacio de setenta y dos mil millas cuadradas.

La masa de sus aguas es considerable desde su origen, y llega a ser tan grande después que
recibe al Pampas, que sería suficiente para hacerlo navegable por barcas en toda estación, si
su impetuosa corriente y sus numerosas cascadas y rápidos no opusieran para ello
dificultades y peligros casi insuperables, hasta cerca de su confluencia con el Mantaro.

Así, en el trayecto desde el Pasaje, o sea, desde la unión del Apurímac con el Pachachaca,
hasta la playa de Simariva, en La Mar, el señor Samanez, encontró en sus exploraciones,
entre otras, la cascada de Sombreroyok, donde el río precipita sus aguas con terrible
ímpetu, contra una línea de rocas.

Enfrente de Chaupimayo, el Apurímac cae en una dislocadura -68- de su cauce,


formando una catarata de seis metros de altura.

No lejos de Sapacani, hay un pongo estrechísimo donde las aguas del río chocan con gran
violencia contra las peñas de sus flancos, haciendo imposible la navegación, ni por balsas.

Este pongo se encuentra cerca de Simariva. Más adelante, y en el distrito de Anco de La


Mar, y no lejos de Quimalopitari desemboca el Mantaro en el Apurímac, y comienza el Eni;
donde el señor Samanez, encontró a pocas millas, los temibles rápidos de Capasiarqui. Las
aguas del Eni bullen allí entre espantosos remolinos, pero dejan un brazo navegable. Más
abajo se presenta el canal de Packchapongo, formado por rocas perpendiculares y de
imponente altura, en una extensión de mil quinientos metros, reduciéndose allí el cauce del
río a 50 metros, de 600 que tiene antes de la entrada al canal.

Desde esa región, la cuenca del Eni, aumenta hasta 300 metros para estrecharse después,
creciendo la rapidez de su corriente hasta ser de 6 millas por hora, frente a la isla
Empalizada.

En el trayecto del Pasaje a Simariva, el Apurímac se explaya, antes de la cascada de


Chircumpiari, hasta tener una anchura de 600 metros, por un pie y medio de profundidad en
la estación seca.

Entre los afluentes de segundo orden descubiertos por el señor Samanez, figura el Quimbiri
grande, que entra al Eni por la derecha, con un caudal tan considerable, que puede ser
surcado por embarcaciones, muchas millas arriba de su desembocadura. Se cree que este río
nace en la pueblo de Lucma.
Las márgenes del Apurímac presentan los más variados paisajes que puede contemplar el
hombre. Unos abruptos e imponentes como los del Remolino a la Cueva, entre el Pasaje y
Simariva; donde por todas partes se ven profundos barrancos y espantosos precipicios,
medio oculto por espesísimos bosques; o los espléndidos panoramas, como los que ofrece
la hermosa pampa de Capiro, en el distrito de Chungui, con sus oasis de palmeras; o
perspectivas de una grandiosa solemnidad, como la que presenta el Eni en su origen,
cuando la vista se pierde en la inmensidad de las selvas del E; o en el espacio azul de la
cordillera, que cierra el poniente; en tanto que las aguas del río con su terrible agitación,
despierta en el espíritu, ese instintivo terror que el hombre siente, ante la fuerza de la
naturaleza, en sus revelaciones formidables.

-69-
En medio de esta naturaleza salvaje y bella, suele sorprenderse el viajero al ver campos
cultivados, como los de Quimpitiriqui, en el distrito de Anco, donde una sociedad de chinos
industriosos cosecha arroz y café para venderlos en Ayacucho, a 32 leguas.

En Chaupimayo, hay cañaverales y magníficos pastos que se extienden a mucha distancia


de la margen izquierda del Apurímac.

Esta es la región de los cocales, del cacao y de la vainilla. Allí el caucho es escaso, y poco
abundante la cascarilla de buena calidad.

El clima del Apurímac no es tan variado como sus paisajes y su flora. Una temperatura
siempre elevada, entibia el húmedo ambiente de sus valles: siendo el calor muy intenso en
la confluencia del Pachachaca, y en algunos otros parajes de sus riberas.

Tucker, en su exploración del Tambo, señala la temperatura de 24 centígrados para esta


región, que debe aumentar dos o tres grados en la estación más cálida.

Nada puede compararse al calor que se siente en las playas areniscas del Apurímac, ni a la
frescura de sus bosques, en esos días de un sol radioso.

Pero, una atmósfera dilatada por tan alta temperatura, y constantemente saturada de
humedad por la enorme evaporación de un suelo cubierto de tan tupida vegetación, enerva
las fuerzas del hombre; y aún cuando el vigor relativo de los Campas, que habitan en las
márgenes del Apurímac, prueba que el clima es allí de cierta benignidad; se puede afirmar,
sin embargo, que difícilmente prosperará en esas comarcas ninguna población de origen
europeo, conservando la integridad primitiva de su vigor físico.

Las fiebres intermitentes que reinan endémicamente en algunos valles del Apurímac, serán,
por otra parte, un poderoso obstáculo para que se aclimaten los que busquen en aquellas
regiones hogar y trabajo, seducidos por la belleza y la fertilidad de sus campos.
Río Urubamba

El Urubamba nace en el nudo de Vilcanota y corre hasta Huambutío con el nombre de este
nevado. Es casi paralelo al Apurímac en su parte interandina, hallándose separado de él por
la cordillera central. Siendo esta su ubicación, tiene la cadena oriental de los Andes a su
derecha, -70- la misma que por su lado opuesto da aguas al Madre de Dios. En tierra fría
no tiene ningún afluente de importancia, lo cual se explica fácilmente no siendo muy ancha
su cuenca y caminando por el medio de dos cadenas de montañas muy cerca la una de la
otra.

Es uno de los ríos más importantes del Perú en el concepto de lo humano. En su curso
interandino, tiene hasta Huambutío un suelo plano y fértil, suelo que hallándose cultivado
en su mayor parte, alimenta a la población más densa que tiene el Perú. Ni el valle de Jauja
aventaja al del Urubamba en la parte que lleva el nombre de Vilcanota. Ciudades como
Cuzco, Sicuaní y Anta deben su importancia a la riqueza de las tierras que les rodean.
Pasado Huambutío, pierde la anchura de su valle. Sus aguas corren encajonadas y
torrentosas, pero antes de llegar al pongo de Mainique y de que se le unan el Paucartambo o
Yavero y el Mishagua, lo cual acontece en tierras de montaña, forma los hermosos valles de
la Convención. El Paucartambo, su principal afluente, es también un río interandino en
buena parte de su curso, no así el Mishagua, que aunque nace en los deshielos de la
cordillera oriental es muy poco lo que corre en tierras frías.

Luis M. Robledo, notable explorador cuzqueño recorrió el Urubamba desde su origen hasta
su unión con el Tambo y publicó en 1889 una completa noticia de este río. De su opúsculo
tomamos los siguientes interesantes acápites.

En el punto del contacto de las cordilleras de la costa y la oriental que se llama el nudo del
Cuzco, donde se alzan, la más altas cumbres nevadas de esa sección de los Andes, arranca
el valle del Urubamba o del Vilcanota de los flancos del nevado de este nombre por los 14º
31' 50'' Lat. S. y los 73º 13' 4'' Long. O de París. Luego bordea la base de la -71-
cordillera que sigue rumbo al NO hasta tocar la base de los altos nevados de Ollantaitambo
y Panticalla, donde el eje de los Andes toma rumbo franco al O. El valle corta
trasversalmente la cordillera con dirección N formando una estrecha garganta de erosión,
para ir a perderse tras de un curso torrentoso y variable entre los contrafuertes
septentrionales de la cordillera, en las vastas llanuras del N, donde confunde sus corrientes
con las del Tambo o Apurímac, para formar el Ucayali por los 10º 43' 30'' de Lat. S y los
76º 4' 49'' de Long. O de París.

En este extenso trayecto desenvuelve un curso de mil cuatrocientos kilómetros, recorre los
climas comprendidos entre los extremos de la puna donde nace y las ardientes llanuras de
bosques a 200 metros de alturas sobre el mar, y atravesando las formaciones de terrenos
más variados recibe numerosos e importantes afluentes que extienden el área de su cuenca
al inmenso espacio de cuatro mil seiscientas leguas cuadradas aproximadamente.
Las condiciones topográficas más ventajosas, un clima sano y agradable y tierras fértiles
con producciones variadísimas, han sido factores para que desde tiempos prehistóricos se
hayan concentrado en esta zona grandes masas de población, cuyas sucesivas civilizaciones
han dejado huellas imperecederas de importancia capital para el estudio de la primitiva
historia americana. Allí se alzó ese poderoso imperio de los Incas, cuya cultura intelectual
se inspiró en las escenas de esa naturaleza riente y fecunda y cuyas variadas producciones
facilitaron sus progresos en las artes. Cuando los españoles llegaron al Cuzco quedaron
sorprendidos de la cultura general y la densidad de la población que sólo en el territorio del
departamento alcanzaba a más de ochocientas mil almas.

Hoy mismo es aquella sección la más poblada y productora del sur de la República, la más
rica en elementos y la más preparada para iniciar el desenvolvimiento del gran programa
que encierra la cuestión de nuestra región fluvial, que estriba sobre todo en ligar por
comunicaciones que llenen las exigencias del comercio y la industria moderna, los puertos
de los ríos navegables en los centros poblados y productores de hoy.

La vía del Urubamba une la meseta del Titicaca, en el extremo sur de la República, con los
puertos del Amazonas en los confines del norte, y está llamada a ser columna vertebral del
sistema de vías interiores del país, la gran puerta abierta a la inmigración del capital y del
elemento extranjero y a la emigración que ha de partir de los centros de hoy. A ella están -
72- subordinadas invariablemente las vías orientales del Madre de Dios y del Purús,
situadas a un lado de ese meridiano que recorre el corazón del país y que ha de reemplazar
con ventaja el gran camino de las cordilleras que los Incas tendieron desde Chile a Quito
como el nervio motor de su administración y poderío militar. A la apertura de esta vía de
comercio universal está ligado el porvenir de la nación; tiene derechos de preferencia y de
superioridad sobre las demás ventajas que vamos a estudiar luego.

El valle del alto Urubamba, comprendiendo en la denominación de valle las faldas y


mesetas de las cordilleras que lo encierran, abarca toda la región de clima frígido y
templado donde la población es más densa y la agricultura y las industrias existentes están
más desarrolladas.

Desde luego, partiendo desde la frontera con el departamento de Puno, en encuentran las
provincias de Canas y Canchis a uno y otro lado del río Vilcanota, que así se llama en esa
sección el Urubamba, extendiéndose al norte por quebradas o valles secundarios,
transversales, más o menos extensos, donde se cultivan los cereales como el trigo, la cebada
y el maíz, papas y quinua, entre la escasa y raquítica vegetación de las Escalonias,
Chachacomas y Queuña, de algunos saucos y el Quisuar, hasta las elevadas mesetas de la
puna glacial donde no crece sino la paja con que se alimentan numerosos rebaños de
carneros, llamas, alpacas y vicuñas. Limita la puna la muralla altísima de las crestas
acantiladas de la cordillera cubierta de nieves perpetuas, donde ya no surge la vegetación,
donde la vizcacha anida en las grietas de las rocas, y el cóndor se cierne sobre esas
soledades de hielo bajo el cielo ora tempestuoso e inclemente, ora radiante y límpido de las
cordilleras.

Ésta es la zona productora de lanas de oveja, alpaca y vicuña, la región de las minas de
plata, plomo y mercurio. Allí quedan dentro del territorio de Canchis las poblaciones de
Maranganí y Sicuaní, término del ferrocarril del Sur, San Pablo, Tinta, Combapata y
Checcacupe, situadas en las vegas del río y en comunicación con las mesetas de la puna por
caminos que recorren las quebradas de Santa Bárbara, Tin[...]mba, Combapata Checcacupe,
cuyas aguas afluyen al Urubamba, por la derecha; además hay un camino de las cordilleras
que por fragosos y frígidos parajes, practicables sólo para las llamas, conduce a la provincia
limítrofe de Carabaya que recibe cereales de las provincias de Canchis y -73-
Paucartambo, en cambio de oro, quesos, carnes saladas y tejidos groseros de lana.

De Urcos adelante principia esa otra sección del alto Urubamba que le ha dado su valle el
renombre de país pintoresco y de delicioso clima. El río, ya muy caudaloso, se desliza
tranquilamente en largos trayectos que invitan a la navegación de recreo, entre anchurosas
vegas, que se continúan en suaves faldas hasta las pendientes de las sierras de ambos lados
del valle o terminan al pie de enhiestas montañas de fantásticos acantilados que a su vez
rematan en un extenso limbo de nieve eterna sobre el fondo azul intenso del cielo de las
cordilleras. Y luego ese escenario radiante de luz y magnificencia, donde se alzan las moles
colosales de los nevados de Calca, del Illahuamán y el Chicón sobre el Urubamba, del
Padre Eterno, la Verónica y Panticalla sobre Ollantaitambo, a la entrada del cañón de la
cordillera, forma el marco se puede decir de la escena primaveral que despliega el fondo del
valle con sus vastas sementeras, sus bosques, sus huertas, con todas las deliciosas frutas de
tierra templada, sus torrentes cristalinos que descienden en raudas cataratas desde las nieves
a la vista, sus innumerables vallejuelos ocultos entre la arboleda en los hondos repliegues
de las montañas.

Numerosas casas de hacienda, de construcción española de la época colonial y aldeas y


poblaciones pintorescas, están densamente escalonadas a lo largo del valle, donde se ven
también las más imponentes y hermosas ruinas de los monumentos que allí erigieron
profusamente los Incas. Grandes admiradores de la naturaleza hermosearon esa tierra con
sus más bellas y sólidas construcciones, tornándola en un vergel y sitio de recreo;
recibiendo de su cielo radiante, de su clima primaveral, de las grandiosas escenas que se
ostentan doquier, las inspiraciones de su vasta cultura, los refinamientos de su vida
doméstica, el sello de sus costumbres y vida social, que han llegado hasta nosotros
inmortalizados en la epopeya nacional de Ollanta, escrita en la lengua nativa con todas las
modulaciones de esa variedad de influencias. Esa es la cuna del yaraví melodioso y
sentimental, la tierra que ha inspirado las dulces estrofas de Vizcarra, el vate cuzqueño.

Allí se modela también el carácter nacional favorecido por la evolución etnológica de una
raza robusta, rodeada de poderosos elementos en un vasto y fructífero campo de acción que
sugiere grandes ideales y desarrolla poderosos alientos de prosperidad, desgraciadamente
todavía muy aislados y no siempre coronados de éxito, debido a la dificultad -74- que
opone la naturaleza misma, y más que todo a la falta de educación civil, a la carencia
absoluta de preparación técnica en las manufacturas, la agricultura y el comercio que
impiden la debida aplicación del capital y el fomento de la riqueza local.

En esta sección se encuentran a lo largo del río las pintorescas poblaciones de Huaroc y
Andahuailillas, San Salvador y Pisac, donde se ven las famosas ruinas de Intihuatana,
Taray, Coya, Lamay y Calca con el más plácido y pintoresco escenario y donde la bondad
del clima registra a su favor las mayores proporciones de longevidad. Luego Urquillos,
Huaillabamba y Yucay, el lugar de recreo favorito de los Incas; Urubamba, Ollantaitambo,
inmortalizada en la leyenda con sus famosas ruinas y la extensa y pintoresca vega de Chilca
al pie de la Verónica y el Padre, colosos en los que la nieve perpetua alcanza un nivel muy
bajo.

A la izquierda del Urubamba y ligado a él por el espacioso valle de Huatanay, se encuentra


el Cuzco en una elevada meseta en anfiteatro a 3496 metros sobre el nivel del mar, mientras
que el valle de Yucay está entre 2900 y 2500 metros de elevación y a una distancia
itineraria de la capital que varía de cuatro a siete leguas según la ruta que se tome. El Cuzco
es el centro comercial y administrativo de todo el departamento, y sobre todo de la zona
que nos ocupa y de la provincia de Anta que corre al N y al Oeste sobre las vertientes del
Apurímac.

Hasta aquí el río flanqueando la base de la cordillera ha abierto su lecho entre los terrenos
primitivos de los Andes y las formaciones sedimentarias que se recuestan a sus faldas. A
partir de Ollantaitambo y Panticalla la cordillera toma rumbo franco al O y desprende en su
dirección primera un ramal en el que se alzan los nevados de Lares y los altos picos de
Condorsencca y Mesa Pelada, región donde se ostenta la más grande profusión de altos
nevados que son una barrera fragosa para comunicar con los valles del lado norte. Es
sugestivo observar que a cada desviación notable del eje de la cordillera real corresponde
un ramal que lleva su dirección primitiva, abriendo un valle que es una cuenca hidrográfica
que sigue todas las modificaciones y dirección del sistema orográfico del nuevo ramal.
Hemos visto en el Ausangate formarse dos ramales y los valles por donde corren el
Paucartambo y el Marcapata. El de Panticalla que ocupa el punto medio de la gran curva
que forma la cordillera de Occidente a Oriente entre el Ausangate y el Salccantay, otro -
75- coloso de proporciones hasta ahora no bien apreciadas, se forman los valles del
Yanatili y el Ocobamba, entre el ramal que desprenden los nevados de Lares en dirección
Norte.

Hasta la vega de Chilca, al pie del nevado de La Verónica, el río acompaña la dirección de
la cordillera bordeándola; pero en adelante la embiste de frente y la corta transversalmente
con rumbo al NO dando origen a lo que puede llamarse el cañón del Urubamba, como el
famoso del Colorado en los Estados Unidos; una estrecha garganta de erosión a través de
las rocas cristalinas de las entrañas de los Andes, grieta que tiene una extensión de 16
leguas, un ancho medio de 300 metros en el fondo de la cuenca donde corre el río y una
elevación de dos mil metros entre el nivel de las aguas y la altura media de las cumbres que
bordean la garganta. Allí se pueden estudiar el fenómeno de la erosión en toda su magnitud
y seguir su proceso que se manifiesta por muchas huellas que se encuentran a alturas
enormes sobre el fondo del valle actual. En esta sección se muestran los más grandiosos
panoramas de los Andes cuzqueños.

Con el pasaje de la cordillera principia el Urubamba medio, sección en extremo quebrada


que se extiende en un trayecto de cuatrocientos kilómetros en que el río desligándose entre
los contrafuertes de pizarra que cubren los flancos del N y E de la cordillera, cambia
bruscamente de dirección, corre torrentoso formando enormes cataratas y remata con el
Pongo de Mainique, otro pasaje de carácter igual al del cañón de la cordillera, en donde
empiezan las llanuras no interrumpidas.
Para formarse idea de esta sección es preciso figurarse un río que arrastra 50 a 60 metros
cúbicos de volumen por segundo, precipitándose por un plano inclinado en zigzags
violentos, como los de un engranaje, entre aquella grieta profunda de cuyas paredes
cubiertas de bosques, surcadas aquí por hondas quebradas que arrancan en ventisqueros a la
vista, desgarradas allá por inmensos derrumbes que llenan el cauce del río convertido en
una catarata vertiginosa cubierta de espuma, entre enormes rodados de granito, bajan
numerosos torrentes de aguas cristalinas en raudas caídas. Una profusa vegetación tropical
de helechos arbóreos, palmas, cedros, gramíneas gigantes, árboles de troncos enredados de
lianas y tapizados sus troncos de orquídeas e innumerables criptógamas, contribuye a dar
una vida maravillosa e imponente a este trayecto ensordecido por el fragor eterno del río
despedazado entre las rocas.

-76-
El camino llamado de Torontoy bordea las márgenes del río, entre cuyas rocas el ingeniero
ha abierto la angosta vía, en muchos parajes a través de la roca viva suspendida sobre el
caminante, a manera de bóveda que refleja sobre su cabeza el estampido de la corriente
convertida en espuma a 30 ó 40 metros bajo sus pies. Allí se admira atónito las formidables
cataratas de Piccho y la de Potocusi o Media Naranja, para llegar al colmo de la
admiración, presa de pavoroso estupor, ante el espectáculo formidable que se presenta al
viajero en el sitio denominado Intihuatana o Puente de San Miguel. En este punto el río
forma un vasto lago rodeado de bosques espeso y magnífico que remata con la cumbre
empinada y desnuda del cerro de Intihuatana que se desmorona anualmente y forma a su
pie un talud de rodados enormes, verdaderas ruinas de montaña. El lago se vacía por un
angosto vertedero sobre el que se ha colocado un puente de hierro. De las barandas del
puente cuyo calado se destaca sobre un fondo de extraordinaria magnificencia, se puede
presenciar el río que despeña, en un plano inclinado de un kilómetro de extensión entre
colosales rodados sembrados en el cauce formando saltos de más de ocho metros de altura,
raudales vertiginosos, chorros de hirviente espuma que cubren las rocas, inundan las riberas
o convertidos en vapor velan el caos de las revueltas hondas, cuyo estampido hace temblar
el suelo, balancearse los árboles de las riberas inclinados sobre el abismo. Al estruendo
ensordecedor que llena todo el ámbito del valle se mezclan la algazara de los pájaros que
cruzan el aire, los gritos del arriero y el sonido de la esquila de las recuas numerosas que
recorren este fragoso camino; todo bajo un cielo ardiente que derrama torrentes de luz que
estallan sobre las aguas y las espumas, sobre las hojas de los árboles abrillantadas por el
vapor, sobre las siluetas oscuras de los picachos de formas fantásticas escalonadas en la
falda de ambas riberas hasta alturas inmensas.

El valle del río Yavero es interesantísimo bajo muchos respectos, por el gran desarrollo de
producción y explotación forestal que está llamado a promover una vez que se abra el
camino al Puerto Samanez actualmente en construcción. Las lomas del Yaveroque también
se llaman de Anchihuay se extienden por muchas leguas y forman una ancha franja de
pastos bordeada de bosques. Estos pastales que hoy mismo mantienen mucho ganado son
las dehesas más inmediatas al puerto de Urubamba del que distan diez leguas, y serán -77-
el invernadero forzoso de todo el ganado en pie que se conduzca al Ucayali y después al
Purús y Madre de Dios.
Estas lomas gozan de un clima delicioso que no es malsano como el de las quebradas
vecinas, y dotadas de buenas tierras para la agricultura, convidan a la colonización
inmediata. Los bosques del Yayero y del Urubamba en este trayecto son muy abundantes
en vainilla, bálsamo del Perú, copal y cacao silvestre de primera clase. Pero la riqueza
principal de esta zona está en la explotación del caucho y sobre todo en la gutapercha que
abunda más todavía, y cuya existencia se ignoraba hasta que en agosto del 97 pasó por allí
el coronel americano Joseph Orton Kerbey, antiguo cónsul del Pará, que encontró grandes
manchas de los árboles de lúcuma que la producen. Sabido es que estos árboles de la
familia de las sapotáceas rinden gutapercha igual a la que se obtiene en Borneo del
Isonandra percha. Posteriormente el señor Castañeda encontró también en el valle del
Yavero gran cantidad de estos árboles, de los que antes se habían sacado muestras de una
resina que difería del caucho y del jebe y que no se sabía denominar.

El río Urubamba, después de una precipitada y borrascosa carrera oprimido por las sierras
se lanza en un último ímpetu formidable contra la muralla de rocas y produce un portento
de erosión. A la entrada del Pongo de Mainique descendiendo, el volumen inmenso y
tormentoso de aquel río se precipita en una estrecha garganta cuyo ancho máximo es de 15
metros, entre elevadas paredes verticales cortadas a tajo y forman el tremendo remolino de
Chubucuní que ocupa todo el ancho del canal, que es forzoso pasar con la canoa en el
momento en que se llena el vértice para volverse a abrir minutos después. ¡Ay de la
embarcación sorprendida dentro de su radio! Luego se desliza lentamente por espacio de
una milla entre ese callejón sombrío, de cuyos costados se precipitan muchos torrentes de
aguas calcáreas en rauda caída unas veces, en surtidores otras, cuyos chorros alcanzan hasta
medio canal cubriendo el cauce con un mágico velo sobre el cual brilla el sol del cenit
como en atmósfera iluminada entre las fantásticas decoraciones formadas por las
estalagmitas de las fuentes calcáreas y las sombrías cavernas abiertas por las corrientes que
se arremolinan impetuosas en ese trayecto de horrores y bellezas imponderables que
termina con la grandiosa portada de Tonquiní, de entre cuyas paredes, perfectamente
cortadas a pique, se sale a un vasto lago que forma el río, donde la luz se derrama a
torrentes, pues las riberas -78- del bosque y las colinas quedan muy alejadas y se goza
del amplio horizonte de los llanos. Aquello es la entrada triunfal de ese río vencedor de las
cordilleras, a un nuevo mundo, al país de los llanos y bosques sin fin, donde sus ondas
fluyen perezosas en inmensas curvas, arrastrando un caudal de promesas para la patria.

Estamos en el Bajo Urubamba.

En la llanura inmensa la selva primitiva, y en el horizonte, alejadas de ambas márgenes, las


siluetas redondeadas de las colinas que forman las bajas cadenas que separan las vertientes
del Urubamba de las del Mano y del Purús por el E y las del Apurímac por el O. Estas
cadenas acompañan al río en todo su curso y en su misma dirección N, más o menos
alejadas de las riberas, y de ellas nacen numerosos ríos navegables en canoa y lanchas que
permiten el acceso de los bosques a grandes distancias de la costa, favoreciendo la
explotación de las materias primas y su trasporte.
Ríos de montaña

La región de los bosques, impropiamente llamada montaña, sólo posee una cuenca
hidrográfica y esta es la del Amazonas. Como hemos dicho ya, lo mismo pasa en la zona
del Titicaca, no así en la sierra, donde hemos observado cinco cuencas y en la Costa 46.
Para formarse idea de lo que es el Amazonas peruano basta decir que es el más importante
de todos los ríos que tiene el Perú y también el mundo, y que en su paso por Tabatinga, en
la frontera con el Brasil, lleva 20 metros cúbicos de agua al minuto. Su profundidad no es
nunca menor de diez metros, llegando algunas veces a 250, y teniendo siempre canal libre
para la navegación de vapores trasatlánticos. Su largo total es 4400 kilómetros, de los
cuales 680 están en territorio peruano. Le forman el Marañón y el Ucayali en un punto
situado a 113 metros de altura sobre el nivel del mar. Su rumbo es de oeste a este y su
ancho de cuatro kilómetros cuadrados en su comienzo. Corre formando numerosas -79-
curvas, y por esta causa, observado a grande altura desde un hidroavión, debe tener la
figura de una descomunal serpiente. A pesar de su grandiosidad es monótono, por lo
uniforme del paisaje. Sus orillas son planas, cenagosas y cubiertas de tupidos y altísimos
bosques. Las prominencias de tierra cercanas a sus aguas son numerosas, y las únicas que
dan albergue al hombre. En épocas de creciente sale de madre e inunda por muchas leguas
las partes bajas que a su paso encuentra. En sus grandes irregularidades se inclina a
cualquiera de sus orillas, dejando por este movimiento en las opuestas, numerosas playas,
lagos, islas y pantanos. Su vaciante y creciente es lenta.

El Amazonas reúne condiciones hasta hoy invencibles para atraer hacia su valle la vida y la
civilización que vemos en otros continentes. Posiblemente, sus tierras, serán las últimas que
el hombre cultive en todo el mundo. Cuando todo esté poblado y las corrientes emigratorias
no tengan donde ir, el sobrante de población existente en Europa, acosado por el hambre,
buscará alimento en esas llanuras inundables. Hoy habitan la cuenca y no en el Amazonas
propiamente dicho, sino en sus afluentes, diminutas tribus salvajes. Nada más silencioso
que las vastas planicies de nuestro oriente. Allí todavía no se siente el ruido de la vida, el
choque del martillo, el mugido del ganado, la voz del niño en sus juegos. Quien quiera
formarse idea de lo que fue el mundo en los primeros días de su creación, navegue en balsa,
durante varios días los afluentes del Amazonas.

No existe en esta cuenca más medio de comunicación que el río, y este mismo resulta
innavegable a vapor en toda su extensión. Por este motivo, el hombre, no ha tenido en los
afluentes amazónicos otro vehículo de movilidad -80- que la canoa y la balsa. Esta para
el descenso, aquella para la surcada, y en ambos casos, navegando sobre aguas correntosas
o entorpecidas en su curso por palizadas, obstáculos que han dificultado el tráfico,
haciéndolo pesado y peligroso. En tales condiciones, el único artículo que ha tenido y sigue
teniendo demanda y que ha dejado grandes utilidades después de pagados los gastos de
explotación, es el jebe y el caucho. Esta es la única industria que ha dado vida a la región
de los bosques, y que hasta cierto punto pero en mísera proporción la ha descubierto, la ha
poblado y la ha semicivilizado.

A diferencia de lo que pasa en la Sierra y en la Costa, las aguas fluviales de la montaña


hasta ahora no han servido para irrigar terrenos de cultivo. Únicamente son de utilidad para
navegar sobre ellas, siendo posible que por algunos siglos más sólo tengan igual uso.
Respecto a las tierras altas, es indudable que hay extensión y fecundidad en ellas, pero
hallándose cubiertos de bosques, faltas de comunicación y habitadas por salvajes, difícil ha
sido utilizarlas.

Cuanto ha hecho el hombre en los ríos amazónicos durante la primera centuria ha sido de
importancia superior a sus fuerzas. Nada más digno de encomio que su labor viril y
abnegada. Su triunfo fue completo en cuanto lugar pusiera su planta. Por desgracia, el
clima, la ferocidad de los salvajes, su escaso número, su falta de capitales y lo nuevo del
territorio, limitaron su acción a las zonas caucheras.

Alejandro Garland en su famoso libro El Perú en 1906, hace una ingeniosa división de los
ríos que terminan en el Amazonas y los clasifica en 4 clases.

Primera clase

Los que nacen en la misma cordillera de los Andes y -81- tienen su origen en las
vertientes interandinas a 4500 y hasta 5000 metros de altura sobre el nivel del mar.
Fórmanse estos ríos por el rebose de lagunas o pantanos más o menos a extensos que
existen al pie de los nevados, y recorren antes de salir de las quebradas por donde pasan
distancias enormes, corriendo sus aguas por el fondo de desmesuradas cuencas, abiertas
muchas veces a mil metros más abajo de las planicies o cerros que los bordean. Su número
llega a cinco y sus nombres son Mantaro, Huallaga, Marañón, Apurímac y Urubamba.
Ninguno de ellos es navegable sino a mucha distancia de sus fuentes y por lo regular en
forma amplia después de atravesar los pongos que les cierran el paso.

Segunda clase

Los ríos que nacen igualmente en la misma cordillera de los Andes y que también tienen su
origen en alturas mínimas de 4000 metros, pero que se distinguen de la primera división en
que ninguna cadena alta o prolongada los encierra por medio de un pongo, siendo así que
por tal causa bajan libremente a las llanuras orientales y son navegables a distancias
relativamente cortas de sus fuentes respectivas. Estos ríos, entre los cuales coloca al Madre
de Dios, al Pachitea, al Perené, Morona, Tigre, Napo, Putumayo y Caquetá, sólo necesitan
recorrer 100 a 150 kilómetros para llegar a niveles de 270 a 300 metros sobre el nivel del
mar, niveles donde sus corrientes se deslizan con movimiento uniforme y suave,
permitiendo la navegación en canoas, balsas y hasta en pequeñas embarcaciones a vapor.

Tercera clase

Los ríos que se forman ya en plena montaña, por la unión de dos ríos interandinos, o sea de
dos grandes corrientes fluviales, ríos caracterizados, no sólo por la majestuosa -82-
amplitud de sus lechos, su lento declive y enorme caudal de agua, sino porque forman
cuencas verdaderamente independientes. Entre estos coloca al Ucayali, formado por la
unión del Urubamba y el Tambo; el Eni, por el Apurímac y el Mantaro; el Tambo, por el
Eni y el Perené, y al Amazonas por el Marañón y el Ucayali.

Cuarta clase

Los ríos que no nacen en las alturas de ninguna cordillera, ni tampoco por la conjunción de
dos corrientes, sino que se forman en plena montaña y en terrenos que se hallan a muy
pocos centenares de metros sobre el nivel del mar, y que a pesar de esto tienen largo curso
y notable caudal de agua. Entre ellos coloca al Yavary, al Yurúa, al Purús y otros de menor
importancia.

-83-

Capítulo III

Cordilleras

Cuéntase de un viajero inglés que no teniendo palabras para explicar a un grupo de


hombres científicos la accidentación del suelo andino peruano, sacó el pañuelo que llevaba
en el bolsillo y después de estrujarlo lo tendió sobre una mesa que tenía delante.

-Estas arrugas que ven ustedes en este lienzo -les dijo- da una idea de lo que la naturaleza
hizo en el suelo del Perú, suelo en el que existen desigualdades y rugosidades iguales.

La ciencia ha estudiado y encontrado las causas que dieron origen a este levantamiento
andino. Ha encontrado también la sistemática orientación de sus líneas principales, las leyes
que originaron sus cadenas, sus nudos, sus tramos, ramificaciones, contrafuertes, montañas,
nevados y volcanes. Todo ello es de mucho interés para quien contemple los Andes en su
aspecto geológico o netamente geográfico, pero no para quien desee apreciarlos en el
terreno en que nosotros los buscamos. Para nuestro estudio, no son las estupendas alturas
de sus picos, la soberbia majestad de -84- sus nevados, la imponente grandeza de sus
planicies lo que debe llamarnos la atención, sino sus riquezas y las condiciones favorables o
adversas para el trabajo y la comunicación. Al respecto debemos decir que si la naturaleza
fue pródiga y puso en las serranías minerales en abundancia como no los tienen las demás
cordilleras del mundo, en cambio estuvo mísera en darnos los medios adecuados para su
explotación. Nos dio carbón, oro, cobre, plata y cuanto mineral existe; pero los puso en las
mismas crestas de las montañas, en parajes fríos, empinados, en sitios inaccesibles, a los
cuales para llegar es menester hacer caminos de hierro que cuestan muchos millones de
libras. En Chile, el carbón está a la orilla del mar. Por esta causa, sin grandes capitales, sin
notables esfuerzos, Lota y Coronel han tomado el impulso que tienen. En el Perú, es
imposible obtener carbón a menos de 2000 metros sobre el nivel del mar y siempre a
grandes distancias del océano. Para llegar a Goyllarisquisga y a Jatunhuasi en Junín, es
menester trasmontar la cordillera. Lo mismo sucede en los departamentos de Cajamarca,
Ancahs y Libertad, con excepción de Huayllay que se halla a 6000 pies de altura y a 60
kilómetros del mar, y a excepción también de algunos mantos situados en Pallasca y
Huailas. Los yacimientos de cobre y plata hállanse todavía a mayor altura. Cerro de Pasco
está a 4200 metros sobre el nivel del mar, Morococha aún más alto. El oro, por lo regular se
halla en partes bajas, pero estas partes bajas, como son las de Carabaya y el Marañón están
situadas más allá de la cordillera central y en muchos casos a más de 100, leguas del mar.
Si Pataz estuviera en la costa del Pacífico, la explotación de su riqueza sería la primera del
mundo. Hállase a 80 leguas del océano, y no habiendo podido la República construir -85-
el ferrocarril que esta zona necesita, ha sido y sigue siendo un centro minero miserable. La
riqueza minera de Ancahs es también estupenda, pero estando las vetas materialmente
colgadas en lo más alto de los cerros, y por tanto en sitios de difícil acceso, el hombre del
primer siglo republicano no ha podido explotarlas. Mejor situados están el petróleo y el
nitrato de soda, y debido a estas circunstancias sus zonas tienen la importancia que han
adquirido. ¿Serían ambas fuentes de extraordinaria riqueza si se hallaran ubicadas en el
Marañón interandino?

Si la altura en que están las riquezas mineras de la cordillera es para el Perú factor
desfavorable para el desarrollo de dichas riquezas, aún es más desfavorable para la
explotación de sus minerales, lo quebrado que es el suelo de nuestras serranías. Lo que en
épocas recientes al solevantamiento andino, fueron ondulantes planicies, declives de
monótono aspecto, son hoy terrenos quebradísimos. Apenas quedan vestigios de esas
planicies en las punas y en los lagos. Todo lo demás está perforado y perforado sin piedad.
¿Quién, que ha viajado por el Perú, no recuerda haber visto absorto al llegar a las cumbres
nevadas, la rugosa superficie, los profundos barrancos abiertos por los ríos? ¿Quién, al
mirarlos, no ha sentido compasión por esta tierra tan terriblemente trabajada por los efectos
hidrológicos?

Si es cierto que esta acción erosiva ha sido providencial para nuestro suelo y que debido a
ella mantos y filones metalíferos tuvieron oportunidad de salir al sol, que de otra manera
eternamente hubieran quedado enterrados, también lo es que para ir del mar a la cumbre de
la cordillera no sólo es necesario subir y seguir subiendo y nunca cansarse de subir, sino dar
enormes rodeos para salvar las -86- múltiples quebradillas que a cada paso cortan la
quebrada principal.

Un viaje que tuviera por objeto pasar del Tumbes al Loa siguiendo de cerca las playas del
océano, nos obligarla a caminar muchos días por terrenos accidentados y durante ese
mismo tiempo a cruzar numerosos contrafuertes e infinitos espolones.
Si esto pasa en la costa, lo mismo acontece en la sierra. En ella nos perderíamos
continuamente y jamás saldríamos de las mil quebradas y vericuetos que forman los Andes,
si los ríos no orientaran nuestro camino. Son ellos los causantes del requebramiento del
suelo que la acción geológica levantó; pero también son ellos los que dan paso a los
caminos y los que han formado las tierras de cultivo que posee el territorio. Por desgracia,
no siempre para ir de un punto a otro es posible seguir el curso de sus aguas, y en estos
casos, la subida y bajada de los Andes es tan penosa como necesaria. Un viaje de
Pacasmayo a Yurimaguas exige el cruce de cuatro cordilleras: la de occidente, las dos que
forman el valle del Marañón y la oriental que pasa por Chasuta y forma el pongo de
Aguirre. Yendo de Islay al Cuzco ocurre lo mismo; aunque sólo se atraviesan dos cadenas,
la que pasa a inmediaciones del Misti y la que forma el nudo de Vilcanota.

Hablando de nuestras cordilleras en su aspecto físico en nuestro propósito de hacer


deducciones de carácter económico, debemos repetir lo que ya hemos dicho, esto es, que
para la comunicación terrestre, no hay nada que haya hecho el daño que ellas han causado y
siguen causando. Estos Andes que al sur sólo tienen una cadena, la misma que separa a
Chile de la Argentina, que en Bolivia, aunque tienen dos cadenas, en realidad sólo pueden
considerarse -87- como una, estando unidas y formando sus terrenos lo que se conoce
con el nombre de altiplano, en el Perú, en algunos puntos del norte se desparraman en
cuatro ramificaciones, y en el sur, en Apurímac, Ayacucho y Huancavelica, forman sin
orden ni concierto alguno un enjambre de subcordilleras. La comisión técnica que estudió
el ferrocarril panamericano halló su más difícil tramo en la distancia que media entre
Huancayo y el Cuzco. La proyectada línea tuvo que ser estudiada y trazada por los únicos
lugares que proporcionan los encajonamientos del Mantaro, del Pampas y del Apurímac.
Las gradientes y contragradientes, los túneles, puentes y curvas proyectados son tantos, que
cuando el ferrocarril esté concluido no será económico, tampoco técnico, ni aún de
satisfacción para los ingenieros americanos que intervinieron en su estudio preliminar.

También el Ecuador y Colombia tienen mejor disposición en sus Andes. El nudo de Loja
reúne las cordilleras que vienen del Perú, y separándolas en sólo dos ramales, originan el
extenso valle que con interrupciones de algunos páramos, da asiento a las poblaciones de
Cuenca, Riobamba, Ambato, Latacunga, Quito, Ibarra e Imbabura. En Colombia, el nudo
de Pasto origina tres cordilleras, la occidental, la central y la oriental y por las cuencas que
forman corren las aguas del Atrato, del Cauca y del Magdalena.

Fue cosa fatal para este peruano territorio que la acción meteriológica no limara y
destruyera en toda su extensión las partes elevadas de los Andes para que les hubiera
dejado al igual de las que se encuentran en Huarmaca y Porculla. Este fenómeno, de
haberse realizado en todo el Perú, habría originado dos circunstancias favorables: menor
elevación en los Andes y por consiguiente facilidad para -88- cruzarlos, y mejor
nivelación en sus terrenos, desde que los escombros limados habrían rellenado el fondo de
las quebradas que en la Costa y la Sierra les son adyacentes. Si todos los Andes peruanos
estuvieran a la altura que está Porculla y Huarmaca, todos los ríos de la costa correrían con
la mansedumbre del Tumbes, del Chira y del Piura, y por el lado de la Sierra, todos los
valles interandinos tendrían la extensión y la riqueza de los que riega el Chinchipe, el
Santiago, el Utcubamba y el Mayo. Con el poder de la imaginación quitémosles a nuestros
Andes cuatro mil pies de los 12000 que tienen por término medio, y las que hoy son frías e
inhospitalarias punas, planicies inhabitadas donde sólo crece el ichu, serían ondulantes
terrenos propicios para el cultivo del trigo sin más riego que el agua del cielo. No quiso la
Naturaleza hacer tan bienhechora labor en las cumbres de nuestros Andes, y es por esto que
un silencio de muerte, una inamovilidad glacial, arrebatan al paisaje de nuestros páramos la
vida y la poesía que el hombre exige a la tierra para morar en ella.

Podríamos conformarnos con la altura si la erosión de los flancos hubiera sido menor, si los
descensos de las cordilleras en sus lados del Pacífico y de la montaña tuvieran la suave
gradiente, la ondulante línea que encontramos en el oriente de la cordillera occidental, y de
la cual tenemos un ejemplo en el espacio que media entre el túnel de Galera y la Oroya. No
tienen los Andes en toda su longitud el insensible desnivel que observamos en los
departamentos de Cajamarca, de Junín y de Puno en sus partes interandinas, y por esta
causa, las cordilleras por el lado del Pacífico abundan en escarpados pasajes y profundos
cañones. Si en el lado de la Costa esta alteración andina es imponente -89- y en el terreno
apenas ha dejado sitio para construir caminos de hierro, como lo vemos entre San
Bartolomé y Casapalea en la línea de Oroya, en las cejas de montaña, como ocurre en la
línea de fronteras entre Chachapoyas y Moyobamba, en Carabaya y en las márgenes
orientales del Apurímac y el Mantaro, llega al máximo. El camino de Tarma a
Chanchamayo nos da una idea de lo que es el declive de los cerros en esos pasajes.

El doctor Carranza, disertando sobre la influencia de la cordillera de los Andes en el clima


del Perú, en un magnífico artículo escrito en 1872 ha dicho lo siguiente:

Comparando la humedad y la prodigiosa vegetación del suelo casi horizontal de las


inmensas selvas que se extienden al oriente de nuestra cordillera, con la eterna aridez y la
sequedad de los desiertos del África, se puede apreciar la magnitud de la influencia que en
el clima de la porción cálida de la América del Sur, ejerce la enorme elevación de sus
regiones occidentales.

En efecto, supónganse reducida a su mitad la altura media de los Andes; el Amazonas


quedaría convertido en un río mucho menor que el Magdalena; algunos de sus afluentes
considerables desaparecerían, y el caudal prodigioso del Ucayali y el del Huallaga
disminuiría en una proporción enorme; porque aumentando la temperatura media de la
Cordillera hasta el grado a que llegaría por la reducción de su altura, es evidente que la
cantidad de vapor atmosférico condensado por la radiación de su suelo, no representaría
sino la mitad más o menos de la que hoy se precipita para formar los grandes ríos que
riegan las selvas amazónicas.

Pero si la cordillera desapareciera, el vasto lecho del Amazonas quedaría casi seco, los
bosques que sombrean sus riberas no existirían, y el espacio ocupado hoy por una
vegetación gigantesca semejante a la de otras edades geológicas, sería la monótona
continuación de las pampas de Buenos Aires, y tal vez, a excepción de algunos oasis, sería
tan árido como la tierra de nuestra costa. Aquí sería la sequedad excesiva, la vegetación
desaparecería de sus valles, y el paisaje tendría la inmutable uniformidad de sus arenales o
el horrible aspecto de sus áridas quebradas.

-90-
La humedad del suelo y el estado higrométrico de la atmósfera de todo nuestro territorio se
mantienen en su proporción actual, casi exclusivamente por la elevación de la cordillera
que hace las veces de un inmenso aparato condensador, en el cual se precipitan las masas
de vapor acuoso que los vientos arrastran de los dos océanos; y como hay una estrecha
relación entre la temperatura de un clima y su estado higrométrico, siendo tan grande la
influencia de la cordillera en la humedad de la atmósfera y del suelo de nuestra costa, es
extraño que haya negado su poder perturbador en los fenómenos térmicos de nuestro clima.

Uno de los mejores artículos del doctor Óscar Miró Quesada en su libro Geografía
Científica del Perú es el que versa sobre la cordillera de los Andes. De ese artículo
tomamos los párrafos que siguen:

Al estudiar el suelo del Perú, lo primero que llama la atención es la inmensa cordillera de
los Andes, formidable cadena de montañas que, como un gran empinazo, recorre el
territorio de nuestra patria a todo lo largo, de norte a sur, dividiéndola en tres zonas bien
marcadas y completamente distintas: la costa, la sierra y la selva o montaña.

La importancia de los Andes en el Perú es enorme: la naturaleza de nuestros ríos; la


ausencia de lluvias en la costa y su abundancia en la montaña; la variación de temperatura y
de clima que hay en las diversas regiones de nuestro territorio, según sean más o menos
elevadas; las distintas clases de animales y de plantas que existen en el Perú; las diferentes
industrias nacionales; el género de ocupaciones y de vida de los habitantes de nuestra
patria; gran parte de nuestras riqueza y también de nuestra debilidad y atraso como pueblo,
se deben a la influencia geográfica todopoderosa de la cordillera de los Andes.

La gran influencia que ejercen los Andes en el Perú, se debe, sobre todo, a que convierten
en lluvia el agua contenida en las nubes que los vientos alisios arrastran del Océano
Atlántico. Estas lluvias, al caer en gran abundancia del lado de la cordillera que mira al
Atlántico, producen la enorme fertilidad de nuestra región de los bosques, región del
oriente o de la montaña, como también se le llama, y dan origen a ríos colosales, que como
el Amazonas, el Ucayali, el Putumayo, el Napo, el Marañón, el Huallaga, etc., recorren,
riegan y fertilizan -91- con sus aguas esas regiones del Perú. En otro capítulo
estudiaremos, en detalle, cómo los Andes convierten en lluvia a las nubes que arrastran los
vientos alisios del Atlántico; por ahora sólo diremos que siendo cadenas de montañas muy
altas, las nubes tienen que elevarse mucho para pasar sobre ellas, y que las nubes, cuando
se elevan en el espacio, se enfrían y al enfriarse, el agua que encierran en su seno se
condensa y comienza a caer en gotas de lluvia. La cordillera de los Andes, por su altura, es,
pues, la causa de las fuertes lluvias que fertilizan la región de los bosques peruanos. Como
esta misma lluvia forma los ríos que corren entre los contrafuertes de la cordillera, en los
valles de la sierra, y los que descienden por la ladera occidental hacia nuestros valles de la
costa, resulta que la fertilidad y la vida de todo nuestro suelo depende de la existencia de la
cordillera de los Andes, pues sin esos enormes cerros que transforman en lluvia a las nubes
que vienen del Atlántico, casi no habría ríos en el Perú, y sin ríos, no crecerían plantas, ni
vivirían animales ni personas en el suelo peruano.
Además, los Andes son la causa de la diversa naturaleza del suelo que pisamos en el Perú;
sin ellos no tendríamos minas, pues en el esfuerzo gigantesco que hizo nuestro globo para
que surgieran los Andes, brotaron del centro de la tierra las muchas sustancias minerales
que componen el suelo del Perú.

La importancia que tienen, pues, los Andes en el Perú es enorme y, hasta cierto punto,
decisiva: nuestro clima, la naturaleza de nuestros animales y de nuestras plantas, nuestras
industrias y hasta nuestra civilización, dependen, en gran parte, de la influencia que ejerce
la cordillera de los Andes sobre el suelo del Perú.

La cordillera de los Andes cubre una superficie de 1800000 kilómetros cuadrados y se


extiende a lo largo de toda la América del Sur, desde Venezuela y Colombia hasta el Cabo
de Hornos, pasando por el Ecuador, el Perú, Bolivia, Argentina y Chile. Su largo es de
7300 kilómetros. Su anchura media, de 500 kilómetros y su altura media, de 3500 metros
sobre el nivel del mar. Esta enorme cordillera de la América del Sur corre por enmedio del
Perú y divide a nuestra patria en tres regiones o zonas completamente distintas por su
aspecto, sus producciones y sus habitantes: la costa, la sierra y la montaña.

Cuesta trabajo formarse una idea clara de lo que son los Andes. Cuando se contempla unas
simples líneas negras en un -92- mapa, la inteligencia está muy lejos de imaginar todo lo
que presentan de grande, de bello, de aterrador y de sublime esas sencillas rayas negras.
Hay que pensar en cosas gigantescas; en cumbres que se elevan hacia el cielo como una
amenaza de piedra, y en abismos que se hunden hacia abajo, como si quisieran penetrar en
las entrañas mismas del globo; en quebradas donde serpentean ríos sonoros y pujantes, y en
punas desiertas y frías, como heladas por la mano de la muerte; en el gris fúnebre de las
rocas sin vegetación, y en la blancura deslumbrante de picos cubiertos por nieves eternas;
en escarpados riscos que se elevan sobre el fondo pedregoso de las quebradas, con
espantosa rectitud, y en el zigzagueo que dejan los «haicos» sobre la dura tierra de las
cumbres más atormentadas. Todo reviste la severidad de las formas minerales; el paisaje es
imponente, colosal y de extraña solemnidad. El hombre, perdido enmedio de las masas
estupendas de los cerros innumerables, se siente anonadado y comprende la pequeñez y la
miseria de su cuerpo mortal. Como un grano de arena en las playas, como una gota de agua
en los mares: así se siente el hombre, absorbido, aniquilado en la inmensidad de la
cordillera de los Andes, cuando viaja por la sierra del Perú.

Si a las alturas enormes, unimos la de una multitud de montañas y de contrafuertes de


cerros que se entrecruzan y combinan de mil modos distintos entre las principales cadenas
de la cordillera, formando quebradas, picos altiplanicies, páramos y lagos, y si, además
salpicamos sobre ese conjunto formidable una serie de volcanes elevados, nos acercaremos
un poco a la visión de los Andes del Perú.

La cordillera de los Andes entra al Perú por el sur en dos cadenas separadas; una que viene
de Chile y otra de Bolivia. Ambos ramales se unen en el Cuzco, formando el macizo o nudo
de Vilcanota. De aquí vuelven los Andes a separarse en dos grandes cadenas de montañas,
llamadas cordillera Oriental y Occidental o de la costa. La cordillera Oriental es la que
queda a la derecha, hacia el este, lado por donde sale el sol u oriente; de aquí su nombre de
Cordillera Oriental. La cordillera Occidental, o de la costa, es la que está a la izquierda, al
oeste, lado por donde se pone el sol, u occidente, y de aquí el nombre de Cordillera
Occidental. Esta cordillera corre paralelamente a nuestra costa.

Las dos cordilleras del sur del Perú se dirigen separadas hasta cerca de la ciudad del Cerro
de Pasco, en donde se unen -93- para formar el macizo o nudo de Pasco, después de
haber recorrido una distancia de 700 kilómetros de largo.

Del nudo de Pasco se vuelven a desprender tres ramales, que forman otras tantas
cordilleras: la Cordillera Oriental, la Cordillera Occidental y una tercera cordillera que,
como está situada entre las otras dos, en el centro del espacio que queda entre ambas, se
conoce con el nombre de Cordillera Central. De estas tres cadenas, la Cordillera Occidental
sigue siempre paralela a la costa; la Cordillera Central, a poca distancia de su origen, se
dirige hacia el noroeste, formando ángulo con la anterior, pero varía pronto de rumbo,
haciéndose su dirección más o menos paralela a la Cordillera Occidental, vuelve de nuevo a
cambiar de rumbo y, después de describir una especie de gran curva, se junta a la Cordillera
Occidental en el territorio del Ecuador, formando el nudo de Loja. En cuanto a la Cordillera
Oriental, va disminuyendo poco a poco de altura, hasta unirse con la Cordillera Central, en
donde termina.

El vasto sistema de montañas de la cordillera de los Andes, presenta a lo largo de todo su


recorrido por el territorio del Perú, puntos muy elevados, que sobresalen de las montañas
que los rodean: estos puntos o cerros aislados, son generalmente volcanes o picos
prominentes de las cumbres más altas, llamados picachos. Pero además de estos picachos,
que son como puntas agudas, como cumbres afiladas, los Andes forman, por el
entrecruzamiento de sus cadenas, vastas extensiones más o menos planas, situadas a gran
altura sobre el nivel del mar, que se conocen en geografía con el nombre de mesetas, pero
que entre nosotros se llaman altiplanicies o punas.

La altiplanicie o meseta, comparada con las llanuras, es lo que una mesa comparada con el
suelo. La superficie de la mesa es plana, pero queda más alta que el piso en que se apoyan
las patas de la mesa; de igual modo, el suelo de la altiplanicie o meseta es plano, pero queda
a gran altura, en vez de estar casi al nivel del mar, como la mayor parte de las llanuras. En
los perfiles de la cordillera de los Andes que hay a la derecha, podemos comprender bien la
diferencia entre las cumbres, los picos o picachos y las mesetas o altiplanicies. En el último
perfil, en el de abajo, el trazo que sube desde la orilla del mar, en la costa, hasta los 4592
metros en plena sierra, representa las cumbres de la cadena occidental de los Andes. La
punta que se ve a los 4592 metros, es un pico, que no viene a ser sino una cumbre alta y
afilada. El trozo que se extiende entre ese pico y el pico que queda a la derecha, a los 5000
metros de altura, es la meseta o altiplanicie del lago -94- Titicaca, o altiplanicie del
Collao, como muchos le dicen. Como se ve, la superficie de las altiplanicies es plana pero
queda a gran altura; la del Titicaca queda a más de 3900 metros de elevación. En los otros
perfiles se distinguen cumbres y picos, pero no hay ninguna altiplanicie, como la del
Titicaca.
El accidente geográfico más notable en el Perú, es la cordillera de los Andes. Los Andes
ejercen gran influencia sobre el clima, los habitantes y la civilización peruana, así como
sobre el suelo, las plantas y los animales del Perú.

Los Andes se han formado, con todas las montañas del mundo por el arrugamiento de la
corteza terrestre, debido a la contracción de la tierra. Su formación es un episodio en la
historia de la formación geológica de Sud América.

Tomamos de los apuntes de uno de los cuadernos de Orografía del Archivo Raimondi, los
siguientes datos sobre las alturas de la cordillera occidental.

De los cuarenta pasos o abras que ofrece la Cordillera occidental, los que corresponden a la
parte sur y central del Perú son más elevados que los de la parte norte, de modo que aún la
masa de la Cordillera va bajando de Sur a Norte.

Desde este límite con Bolivia, hasta el paralelo de Huamachuco, en 7º 45' de latitud sur,
todos los pasos de la Cordillera occidental se hallan a más de 4000 metros de elevación
sobre el nivel del mar, mientras de los pasos situados mas al norte, ninguno alcanza a esta
altura.

No deja de llamar la atención el hecho de que todos los veintisiete pasos de la Cordillera
occidental al sur de Huamachuco, sobre una extensión lineal de más de doscientas
cincuenta (250) leguas, varían muy poco en su elevación sobre el nivel del mar. A
excepción de cuatro puntos, en que la altura pasa de cinco mil metros (5000 m), en todos
los demás se halla comprendida esta altura entre cuatro mil y cinco mil metros.

El paso más bajo de la Cordillera occidental, es el del pueblo de Huarmaca, en el


departamento de Piura, que tiene solamente dos mil ciento ochenta y seis metros (2186 m)
de altura sobre el nivel del mar.

La Cordillera occidental, geológicamente hablando, es la más moderna, esto es, se halla


constituida de terrenos de más reciente formación que los de las demás cadenas. En efecto,
se puede decir, de un modo general, que desde el paraje en -95- que dicha Cordillera
entra por el Sur en el territorio peruano hasta los 15º de latitud sur, las formaciones
volcánicas y principalmente las rocas traquíticas, son las más dominantes.

Desde los 15º hasta los 12' se observan de preferencia las rocas porfídicas y terrenos
secundarios más o menos metamórficos. Por último desde los 12º para adelante hacia al
norte, se hacen más frecuentes, entre las rocas eruptivas, diversas variedades de diorita que
han levantado y trastornado los terrenos secundarios, introduciendo en estos numerosas
vetas metalíferas, y entre los terrenos sedimentarios, los más dominantes, por su grande
extensión, son los pertenecientes a la formación cretácea.
La cordillera occidental en la parte sur del Perú ofrece un aspecto particular; pues no
presenta a la vista una serie continua de montañas cuya cumbre forme como una cresta con
fuerte declive en ambos lados, sino una ancha y elevada faja de terreno casi llano o
altiplanicie que tiene más de 4100 metros de altura sobre el nivel del mar y de la que se ven
elevarse bruscamente colosales cerros, la mayor parte de los cuales se hallan cubiertos de
nieve permanente.

Entre los 18º y 19º de latitud sur dominan la cordillera occidental, por su elevación, el pico
de Sahama, que sirve de límite entre el Perú y Bolivia, los cerros conocidos con los
nombres de Pomarape y Parinacota y el volcán Guallatiri que pertenecen al Perú.

Entre los 17º y 18º de latitud y poco más o menos al noroeste de los cerros Payachata, se
nota sobre la misma altiplanicie de la cordillera occidental, otro grupo de cerros nevados
entre los cuales el Chipicani llamado también Pico de Tacora; este último nombre se aplica
aún al trecho de cordillera que se atraviesa en el camino de Tacna a Puno y a La Paz.

Después del Chipicani los picos más notables que se observan en la cordillera de Tacora
son los siguientes: Chacapallani, Caracara, Quenuta y Pallahuari.

Siguiendo el curso de la cordillera occidental hacia el noroeste se encuentra en los valles


del pueblo de Candarave, donde toma origen el río de Locumba, dos cerros nevados de los
cuales el más grande es conocido con el nombre de Tutupaca y el más pequeño con el de
Yusamani. Ambos cerros son volcanes extinguidos: el primero, o sea el Tutupaca, tiene dos
cumbres, mientras que Yusamani tiene una sola y afecta una forma cónica muy regular.

Continuando hacia el norte y siguiendo siempre la línea -96- divisoria de las aguas que
bajan a los dos océanos, se encuentran en el trecho de la cordillera occidental llamado del
Huanzo, entre 14º y 15º de latitud sur tres grandes cerros nevados. Más adelante, en la
misma latitud, pero más al oeste, en el territorio de la provincia de Lucanas, se interrumpe
la cadena de cerros nevados, y la cumbre de la cordillera occidental en este paraje es casi
llana, formando una altiplanicie que se conoce con el nombre de Pampa de Quilcata.

Siguiendo el curso de la cordillera se notan varios cerros nevados entre los 13º y 14º de
latitud sur en el trecho de esta gran cadena que corre entre los departamentos de
Huancavelica y Ayacucho. Más al norte se halla la célebre cordillera de Turpo y Cotay
donde la cumbre presenta terrenos llanos y ondulados. Pero si este trecho de cordillera no
tiene picos nevados, en cambio la planicie que media entre Turpo y Cotay es elevada y
tiene más de seis leguas de ancho.

Desde este punto en adelante, la cordillera occidental ofrece, con ligeras interrupciones, una
larga serie de cerros nevados, tales son: los de Pariacaca en el origen del río de Cañete; los
de Tuctucocha que dan agua al río de Mala; de Piedra Parada entre Casapalca y Yauli; el
Yanasinga cerca de la hacienda mineral de Morococha, a un lado del camino de Lima a
Jauja; los nevados de la cordillera de la Asunción donde nacen el río de Santa Eulalia y de
los cuales se extraía en otra época la nieve para el consumo de la ciudad de Lima; los de la
cordillera de la Viuda en el camino de Lima al Cerro de Pasco y los de Quichas cerca del
origen del río de Huara.
Pero de todos los cerros nevados que dominan la cordillera occidental o de la costa, los más
colosales son sin duda los gigantescos picos que forman parte de la cordillera blanca o
nevada que ladea al callejón de Huaylas. Los principales son: el cerro de Huaylas que
domina la población de Carhuaz, el cerro Huascán, que se eleva sobre Yungay y tiene dos
picos. Este coloso es el más alto de todos, sobrepasando en altura al célebre Chimborazo
que a principios de este siglo se consideraba como la más alta de todas las montañas de
América; el cerro Huandoy que ostenta su blanca cabeza sobre la población de Caraz, y por
último el gran nevado de Champará situado al sur de la hacienda de Urcón en el límite entre
las provincias de Huaylas y Pallasca.

Continuando hacia el norte el curso de la cordillera occidental, se encuentra el cerro nevado


de Pelagatos en el punto donde termina el departamento de Ancahs y empieza el de La -
97- Libertad. Más adelante, a unas cuatro leguas antes de la población de Huamachuco, se
halla otro cerro nevado conocido con el nombre de Huaylillas. Este cerro se llama también
Cerro de la Nieve, porque abastece de este artículo a la ciudad de Huamachuco y también
porque más adelante no se encuentran, en la cordillera occidental, otros cerros nevados;
pues, como se ha dicho ya, esta gran cadena va continuamente bajando en su curso hacia el
norte.

-98-

Capítulo IV

Océano

La superioridad del océano Atlántico sobre la del Pacífico por motivo de la longitud y
naturaleza de las costas que baña y por la extensión de las cuencas fluviales que le
alimentan, es punto indiscutible. Las costas del Pacífico llegan aproximadamente a 85
millones de kilómetros, ascendiendo a 105 millones las que baña el Atlántico. A éste, no
solamente le tributan sus aguas casi todos los ríos de Europa y la mayor parte de los de
África, sino también el San Lorenzo, el Misissipi, el Orinoco, el Amazonas y el Plata. Tiene
el Atlántico una corriente templada que calienta y suaviza el litoral europeo; tiene el
Pacifico en su parte sur otra cuyos efectos benéficos son dudosos.

Por esta y otras muchas causas, no ha tenido el Pacífico la importancia que tiene el
Atlántico. Añádase a estas causas la incomunicación en que ambos océanos han estado
hasta 1905 en que se abrió el canal de Panamá, y fácil será afirmar que nuestra situación
geográfica en el mundo ha sido desfavorable, y que el Perú ha tenido para los efectos de su
vida económica todos los inconvenientes de -99- un océano, que más que océano ha sido
para nosotros un mar Mediterráneo.

Durante los primeros cuarenta años del siglo XIX, cuando sólo se navegaba a la vela y
cuando un buque que salía de Europa para el istmo de Darién o para voltear el Cabo de
Hornos empleaba muchos meses en su travesía, era más fácil caminar por tierra a caballo
entre Paita y Lima o entre Lima y Buenos Aires. Posteriormente, y a comenzar desde el año
de 1840 en que se estableció la navegación a vapor en nuestros puertos, la vida marítima
comenzó a cambiar y el océano Pacífico fue para el Perú, como sigue siendo ahora y lo será
siempre, uno de sus más importantes factores de civilización. La obra del ferrocarril de
Colón a Panamá y el establecimiento de cómodos transatlánticos ingleses, hechos en
condiciones de cruzar el Estrecho de Magallanes, mejoraron aún más nuestra situación
comercial, no obstante que por tener el Perú su costa a espaldas del mundo europeo, su
progreso tenía que ser deficiente e inferior al de la Argentina y el Brasil. Tuvieron estas
naciones, aún en la época en que nuestra riqueza fiscal era notable, preferencia de
capitalistas y emigrantes. Le ha pasado al Perú por causa de su situación en el hemisferio,
lo que a México con sus ricas costas del Pacífico y a Estados Unidos y el Canadá con los
estados que baña el mismo océano. Fue menester que llegaran respectivamente a San
Francisco y Vancouver las vías férreas que las unen al Atlántico para que estas regiones
tomaran la importancia que tienen. Obstaculizada nuestra comunicación con el Istmo de
Panamá por el norte y el Estrecho de Magallanes por el sur, Brasil y Argentina tuvieron la
preferencia de los españoles e italianos que salieron de Europa en viaje a la América del
Sur. No solamente las tenían frente a sus -100- territorios y a pocos días de navegación,
sino que para venir al Perú estaban obligados a cruzar el Istmo o el Estrecho. En el primero,
la fiebre amarilla diezmaba la población europea; en el segundo, los naufragios fueron
continuos y la navegación era cara y larga. Ninguno de estos inconvenientes existió para los
pueblos situados en Asia, y por esta causa nos trajeron emigrantes chinos.

Estos inconvenientes han sido salvados por el canal de Panamá. Él coloca al Perú en
condiciones iguales a la Argentina, al Brasil y superiores a Chile; pero habiendo sido
construido al termino de la centuria republicana, sus ventajas son para el presente y lo serán
aún más para el futuro. Nos vino muy tarde la comunicación interoceánica y su falta en
todo el siglo XIX y buena parte del XX nos ocasionó una comunicación morosa e indirecta.

A este inconveniente ya salvado, hay que agregar al océano Pacífico peruano, otro también
de carácter geográfico y de mayores proyecciones, como es el que causa a nuestras costas la
corriente Humbolt. Ella ha limado cuanto ha podido nuestro litoral, dejándole casi en línea
recta y de consiguiente con escasas bahías y poquísimas caletas. Si no fuera por los
espolones de la cordillera andina y por la firmeza con que ellos se han impuesto al mar,
nuestra costa no tendría ni islas ni puertos. Por causa de la citada corriente faltan a nuestras
líneas marítimas la tortuosidad que vemos en el litoral sur de Chile, las numerosas
ensenadas y golfos que existen en el Pacífico en esas latitudes, como también los
centenares de islas que les son adyacentes. Por la misma causa no tenemos en el mar nada
parecido al estuario del Guayas, ni a la bahía de California, ni al delta del Misissipi, como
que la corriente peruana no ha tenido otra labor que borrar a su paso por el Perú cuanto
estaba -101- en su camino. Si en Tumbes, por hallarse fuera de su influencia, han podido
formarse tierras nuevas sobre lo que antes fue mar y éstas son las más fértiles de la región,
en las orillas del Chira, del Santa, del Majes y del Tambo, que son los más caudalosos del
Perú, no ha podido repetirse el mismo fenómeno con los residuos terrestres arrojados al
océano. Qué diferencia tan notable entre las costas del Perú y las que baña el Atlántico
entre Terranova y cabo Hatteras. Aquí solo tenemos cuatro puertos dignos de llevar el
nombre de tales y una isla de importancia por su tamaño: la de San Lorenzo. En esas costas
norteamericanas son numerosas las islas, penínsulas, golfos y ensenadas. A este respecto no
hay nada que iguale a las costas británicas. Si todo nuestro territorio estuviera rodeado por
el océano Pacífico, qué gran país sería el Perú. Chile debe su grandeza al mar. Bolivia, su
atraso a su situación mediterránea, y aunque es cierto que Argentina tiene muy poca costa
en su parte poblada, en cambio, la pampa por sus facilidades para el tráfico tiene ventajas
iguales a las que da el mar.

Hemos tratado del Perú en su relación con el océano en dos de sus principales aspectos:
situación mundial y pobreza de sinuosidades en la costa. El primer inconveniente, ha sido
salvado mediante la apertura del canal de Panamá; el segundo puede modificarse
construyendo buenos puertos y reemplazando la vía marítima con el ferrocarril
panamericano. Nos falta estudiarlo en las consecuencias que le irrogan al litoral la frialdad
de las aguas que conduce la corriente de Humbolt. Al respecto debemos manifestar que no
hallándose científicamente comprobado que esa frialdad impida las lluvias en la costa del
Perú, como se dice con insistencia, no es posible atribuirle en forma categórica efectos
perjudiciales. Nuestras deducciones no pueden estar -102- fundadas en hipótesis sino en
lo real. Por esto, en lugar de afirmar que la corriente fría de Humbolt perjudica la costa
peruana, tenemos que decir lo contrario, estando probado que la temperatura de sus aguas
disminuye el calor consiguiente a la zona tropical en que nos hallamos y es favorable a la
abundancia del pescado en la estupenda cantidad que existe en sus aguas. Sin esta
abundancia no habrían aves ni lobos por carecer de alimento, y no habiendo las unas ni los
otros, hubiera faltado en la centuria que nos ocupa la gran riqueza que existió en las islas
guaneras y de la que hoy queda la exigua cantidad que se produce de año en año. Como
fuente de recursos no hemos tenido en la época republicana y en ella durante cuarenta años,
nada que se iguale al guano. Él nos dio la renta más saneada que tuvo el Fisco. Siendo esto
incontrovertible, el océano en cuyas aguas están las islas guaneras y los peces y las aves de
que hemos hablado, tiene que ser considerado como el factor físico que más contribuyó
durante la primera centuria al desarrollo económico de la nacionalidad.

Se descubrió el valor del guano en los momentos más críticos de nuestra vida republicana,
en aquellos en que, el gobierno, sin crédito ni recursos, apenas tenía lo suficiente para sus
más vitales exigencias. Su riqueza trastornó completamente la situación política y
económica de la nación, y fue para el presupuesto y el crédito exterior la fuente de recursos
más saneada que tuvo el Perú. Ella acabó con la anarquía, con la miseria, con la esclavitud
del negro y el tributo del indio. No hay nada en nuestra vida económica, ni aún el salitre en
la época en que nos pertenecía, que haya tenido la importancia del guano. En nuestro
próximo libro, al tratar de las causas económicas, en extenso diremos mucho sobre este
notable fertilizante.

-103-
Son principales componentes del guano, sales de amoniaco, arena, fosfatos térreos, sales
alcalinas, agua y materias orgánicas. Es aprovechable en todos los climas y en todos los
terrenos y puede aplicarse a todas las plantas sin ninguna manipulación preparatoria. Es el
abono por excelencia, el más fecundante de cuantos existen. Fue un elemento de vida para
Europa en los precisos momentos en que millares de infelices parecían condenados a morir
de hambre.

Los apuntes del sabio Raimondi traen la siguiente descripción de nuestras principales islas
guaneras. Ellos fueron escritos en 1882.

Isla de Lobos de tierra.- Esta isla se halla a 10 millas de la costa y a 28 y media millas al N.
24º O de las islas de Lobos de afuera. Tiene 57 y media millas de largo y 17 y media de
ancho y está rodeada de varios islotes y farallones.

La formación geológica pertenece a los terrenos cristalinos, siendo el granito la roca


dominante.

Esta isla tiene todavía una gran cantidad de guano, habiendo sido explotado tan sólo una
parte del gran depósito avaluado en 7347736 toneladas, en 1863, época en que se hizo la
mensura.

Isla de Lobos de afuera.- Dos son las islas principales que forman el grupo de las llamadas
Lobos de fuera, por hallarse a mayor distancia de la costa que la anterior. Estas islas,
separadas una de otra por un canal de 26 metros de ancho, están situadas casi en el mismo
paralelo del puerto de Eten, de cuyo lugar distan 49 millas y media. Su ancho máximo es de
1 milla y media, siendo la altura sobre el nivel del mar de 30 metros.

Las islas de Lobos de afuera tienen, muy próximos, algunos islotes y farallones; sin
embargo ofrecen varios desembarcaderos, y entre ellos uno llamado por los pescadores del
lugar Puerto grande, en el que hay algunas caletas muy cómodas para el desembarco. Tanto
en el lado Norte como en el Sur, las islas, forman una ensenada; pero sólo la del Norte
ofrece un tenedero seguro, siendo la del Sur enteramente desabrigada.

-104-
La constitución geológica de las Islas de Lobos de afuera es de cuarcita, roca debida al
metamorfismo de un asperón o arenisca cuarzosa.

En cuanto al guano que en grande abundancia cubre tanto estas islas como la de Lobos de
tierra, aunque haya sido explotado antes de la guerra con Chile por el Gobierno, y por los
invasores durante ella, queda todavía bastante cantidad. En 1863 existían en las Islas de
Lobos de afuera 607086 toneladas de guano.

El guano de estas islas es inferior al de las de Chincha, debido a que en las primeras no es
solamente de aves marinas, sino mezclado con guano o excremento de lobos o focas, que se
notan en gran número.

Los primeros análisis del guano de las islas de Lobos los hice yo hacen 34 años, habiendo
obtenido, por el término medio de 6 muestras, 382 por ciento de azoe y 14,72 por ciento de
ácido fosfórico.
En 1872, cuando se empezó la explotación del guano en estas islas, se mandó recoger
muestras de distintos puntos, las que analizadas me dieron, para el guano tomado de la
superficie y de consiguiente de peor calidad, 2,05 por ciento de azoe y 21,12 por ciento de
ácido fosfórico, y para el de mejor calidad, extraído de la isla de Lobos de tierra, al NO de
la bahía, 7,58 por ciento de azoe y 11 por ciento de ácido fosfórico.

Islas de Macabí.- El grupo de este nombre es formado de dos islas, situadas 6 millas al S 5º
O de la punta de Malabrigo. Por su posición se distinguen en la Isla del Norte e Isla del Sur.
Un canal de 35 metros de ancho las separa una de otra. La isla del Norte, más pequeña que
la del sur, es, sin embargo, las más elevada, siendo su altura sobre el nivel del mar de unos
treinta metros.

Estas islas tenían en 1863 una cantidad de guano avaluada en 681047 toneladas, que
actualmente se hallan enteramente agotadas.

El guano de Macabí, aunque inferior al de Chincha, ha sido mejor que el de las islas de
Lobos. El promedio de varias muestras analizadas en el mes de enero de 1867 ha dado 6,58
por ciento de azoe y 14,95 por ciento de ácido fosfórico. Hay que advertir que, a medida
que se iba explotando las capas más profundas, iba continuamente mejorando la calidad, de
modo que en el año de 1873 se exportaron de estas islas cargamentos que competían con el
mejor guano de Chincha.

Islas de Guañape.- Bajo el nombre de Islas de Guañape -105- se comprenden dos islas
grandes denominadas como las de Macabí, atendida su posición relativa, Isla del Norte e
Isla del Sur, dos islitas situadas entre las grandes y algunos farallones. La isla del Norte es
la más baja y más cercana a tierra, distando cinco y media millas al S SO del Morro de su
nombre. La isla del Sur es elevada, siendo su altura sobre el nivel del mar de 165 metros, y
cortada a pique en la parte que mira al Occidente. Ambas islas tienen fondeaderos
tranquilos y seguros.

Las rocas dominantes en las islas de Guañape son de naturaleza anfibólica.

Estas islas, antes del año 1869, época en que comenzó la explotación del guano, tenían un
depósito de este precioso abono avaluado en 1568550 toneladas; pero en pocos años de
activa explotación se agotó completamente.

El guano de las islas de Guañape ha sido de calidad muy variada. La parte superficial, como
en todos los depósitos de guano, hallándose expuesta a las intemperies y principalmente a
la acción de la garúa del invierno y de algunas lluvias que de cuando en cuando suelen caer,
queda como lavada de las sales amoniacales y de consiguiente empobrecida. Pero estas
sales, sustraídas a las capas superficiales del guano, no se pierden, sino que penetrando más
abajo van enriqueciendo las capas inferiores.

Esto ha sucedido con el guano de Guañape, el que en la parte superficial contenía


solamente 4 o 5 por ciento de azoe; pero a medida que se fue profundizando aumentó su
riqueza en azoe, de manera que, como en las islas de Macabí, en los años 1873 y 74 se
explotaban guanos tan ricos en azoe como el mejor de las guaneras de las islas de Chincha.

Pero lo que me ha llamado la atención en el guano de las islas de Guañape, es una capa de 7
pies de espesor, hallada a 35 pies de la superficie, de una materia muy liviana de color
amarillo claro, enteramente distinta de las muestras comunes de guano, la que examinada al
microscopio ofrecía una estructura semicristalina.

Esta materia sometida al análisis ha resultado ser formada en su mayor parte de oxalato de
amoniaco; sal que hallé después en pequeños cristales, y a la que he dado el nombre de
guañapita, para recordar su origen.

Es casi imposible explicar la presencia de esta sustancia en medio de las capas de guano,
sin admitir que se han verificado distintas reacciones después de haberse depositado:
reacciones -106- debidas sin duda a la acción del agua que se ha infiltrado a través de las
capas de guano.

Un hecho en apoyo de lo que acabo de decir, lo tenemos en una especie de guano líquido
hallado en una cavidad de la roca debajo del guano, y en haberse encontrado, casi sobre la
roca, cierta cantidad de estercorita o fosfato doble de soda y amoniaco en trozos cristalinos
y casi trasparentes.

Islas de Chincha.- A once millas de la costa y en el paralelo del valle de Chincha, se halla el
grupo de islas del mismo nombre. Las principales son tres y se distinguen con los nombres
de Isla del Norte, Isla del Medio e Isla del Sur. Estas islas se han hecho célebres por los
grandes depósitos de guano que contenían y que desgraciadamente tan desaparecido sin
dejar, relativamente, un gran provecho para el país.

Las islas de Chincha, antes del año 1841, carecían de habitantes y sólo eran frecuentadas
por millares de millares de aves marinas, cuyos excrementos iban formando los depósitos
de guano que debían constituir más tarde la principal riqueza del Perú.

Fue después de dicha época que, informado el Gobierno del Perú del elevado valor que
podía tener el guano en el comercio, empezó la exportación de dicha sustancia, la que fue
aumentando tan rápidamente que en 1870 se había exportado ya, de las tres islas de
Chincha, la ingente cantidad de nueve millones de toneladas.

En 1853, formando parte de la comisión encargada por el Supremo Gobierno de la mensura


de la cantidad de guano existente en las islas de Chincha, pude ver, en la Isla del Norte, un
corte en que el guano tenía 32 metros de espesor; y en algunos sondeos que hizo la
comisión, en la Isla del Sur, se encontró poco más o menos el mismo espesor.

Al ver esa inmensa cantidad de guano acumulado sobre estas islas, muchas personas han
dudado y algunas dudan todavía de que sea formado de excrementos de aves, forjando para
esto diferentes hipótesis a cual más absurda.
En el Perú, el guano es conocido desde tiempo inmemorial, pues bajo la dominación de los
Incas se conocía su origen y su empleo en la agricultura como lo prueba el siguiente párrafo
de los Comentarios Reales del antiguo historiador Garcilaso que trata del modo como
abonaban la tierra los antiguos peruanos:

«En la Costa de la Mar, desde más abajo de Arequepa hasta Tarapaca, que son más de
doscientas leguas de Costa, no echan otro estiércol, sino el de los pájaros marinos, que -
107- los ai en toda la Costa del Perú, grandes, y chicos, y andan en bandas tan grandes,
que son increíbles, si no se ven. Crían en unos islotes despoblados, que ai por aquella
Costa; y es tanto el estiércol, que en ellos dejan, que también es increíble. De lejos parecen
los montones del estiércol puntas de alguna Sierra Nevada. En tiempo de los Reyes Incas,
abía tanta vigilancia en guardar aquellas aves, que al tiempo de la cría, a nadie era lícito
entrar en las Islas, so pena de la vida; porque no las asombrasen, y echasen de sus nidos.
Tampoco era lícito matarlas en ningún tiempo, dentro, ni fuera de las Islas, so la misma
pena».

Por lo que acabamos de trascribir, se ve cuán conocido era en los antiguos peruanos el uso
como abono, del excremento de las aves marinas, que se conoce con el nombre de guano,
palabra que en la lengua quechua quiere decir, de un modo general, excremento.

Pero lo que quita toda duda sobre el origen del guano, es la presencia en él de plumas,
huesos y huevos semifósiles, y por último, la igualdad de composición del guano con los
excrementos que depositan en la actualidad las aves marinas que habitan la costa del Perú,
si se exceptúa la mayor proporción de agua que contienen los excrementos frescos.

El guano de las islas de Chincha ha sido reputado como el de mejor calidad, pues casi desde
la superficie tiene una fuerte proporción de azoe, que raras veces baja de 14 por ciento. Esto
es debido a que en las islas de Chincha no llueve, mientras que el guano de las islas del
norte del Perú está sujeto, de cuando en cuando, a la acción de las lluvias.

La formación geológica de las islas de Chincha pertenece a los terrenos de cristalización


llamados primitivos, siendo la roca dominante una pegmática, formada de cuarzo y
feldespato de estructura cristalina.

En la parte O de la Isla del Norte, la roca adquiere algunas escamas de mica y pasa a una
variedad de granito. En otras partes la mica es reemplazada por el talco clorítico y la roca
toma los caracteres del protogino. Estas rocas se hallan inyectadas por algunos filones de
trapp, bastante raros en la Isla del Norte y muy comunes y con dirección distinta en las
otras dos. Estos filones varían en anchura desde unos 5 centímetros hasta más de un metro,
y están a veces acompañados de vetas de petrosílex o de feldespato compacto de color rojo
de ladrillo, unidos a otros de petrosílex blanco.
La Isla del Norte, está situada a 12 millas al N 73º O del puerto de Pisco; tiene 33 metros de
altura sobre el nivel -108- del mar, un poco más de una milla de largo y media de ancho.
El fondeadero principal se halla en la parte norte de la isla.

En el año de 1853, época en que se hizo la mensura del guano existente en las islas de
Chincha, la del Norte tenía 4389,477 toneladas, hoy no queda casi ni rastro.

La isla llamada del Medio se halla media milla al sur de la precedente. Aunque casi igual en
superficie a la anterior, ha tenido una cantidad de guano mucho menor, porque la roca se
eleva en la parte media, formando como dos promontorios casi desnudos de guano.

La cantidad de este abono hallada por la comisión encargada de la mensura en 1853 fue de
2505,948 toneladas, que han sido exportadas en su totalidad.

La Isla del Sur es la más pequeña de las tres y está separada de la del Medio por un canal de
un cuarto de milla de ancho. En este canal hay varias rocas, de modo que tiene mal
fondeadero. El mejor se halla en la boca este del canal. Aunque esta isla tiene una
superficie más reducida que las dos anteriores, ha dado sin embargo una mayor cantidad de
guano, siendo el depósito de mucho espesor.

La cantidad de guano encontrada por la comisión en 1853 en la isla del Sur, y hoy día
completamente agotada, fue de 5680,100 toneladas.

Germán Stiglich, capitán de fragata de la marina nacional, en su derrotero de la costa, trae


la siguiente noticia acerca de lo que llama: «Física del mar territorial del Perú».

Mirando desde las altas cumbres de la Cordillera Real de los Andes hacia el oeste, no lejos
de ella, se encuentra el Océano Pacífico, que frente al Perú se presenta excepcionalmente
apacible, pues jamás en él se han desarrollado las tempestades y ni siquiera los chubascos
de agua que caracterizan a las costas vecinas del Ecuador y Chile.

En plena sección peruana del mencionado y tranquilo Océano, se deslizan tres enormes
venas de agua como tres colosales ríos. Una es la corriente Peruana o de Humbolt. La
segunda la corriente del Niño. La tercera es la de los Nortes. La primera con velocidad de
una milla por hora es estable todo el año y recorre con un ancho medio de 150 millas
nuestro litoral, de sudeste o Arica a noroeste hasta alcanzar el Cabo Blanco, en que se
inclina bruscamente -109- hacia las islas Galápagos para perderse en Oceanía; es
corriente fría. La segunda sólo se advierte en los meses de diciembre, enero y febrero y
viene del río Guayas en creciente hacia el sur, es corriente cálida. La tercera se apercibe
cuando predominan en nuestro litoral los vientos nortes, época eventual que queda también
marcada por el alejamiento de la Corriente Peruana hacia el Oeste, con lo que queda paso
para llevar estas aguas cálidas hacia el Polo Sur. En ciertos puntos del litoral peruano
existen a la vez corrientes extraordinarias conocidas de los marinos, así como otras
corrientes por lo general cerca de determinadas islas. Todas ellas son de débil intensidad.
Sobre el Océano Pacífico soplan los vientos alisios y los nortes. Los primeros con un ancho
de cien millas, fijos todo el año, y llamados generalmente del sudeste. Son del sursudeste en
el Perú; los segundos, ocasionales, son realmente del Norte, es decir de los nevados
Andinos, por lo que son fríos. Hay además cerca de la Costa, dos derivados de los alisios;
propias ventolinas, llamadas virazones, así como a las otras se les llama terrales. Las
primeras vienen durante el día del mar o sea del Sur. Las segundas, durante la noche
bordean el Continente, es decir vienen de tierra. Muy contados son los puntos de la Costa
donde sopla el viento con alguna intensidad, siendo los más notables; Cabo Blanco,
Mongon, Sangayan y Nazca. Tampoco faltan las calmas, sobre todo en el verano, que es
justamente cuando el calor se hace más sofocante.

Las aguas del Pacífico en la Costa del Perú, por otra parte, no experimentan esa diferencia
notable en otras partes, entre el flujo y el reflujo. Sólo alcanza en el Perú dos metros de
diferencia máxima de mareas. En cambio, hay ocasionales bravezas de mar en casi todos
los puertos del litoral no abrigados, y excepcionales cada quince años más o menos.
También es de advertir que, felizmente en intervalos de casi un siglo, grandes olas o golpes
de mar han ocasionado en nuestra Costa, tan tranquila por lo general, terribles desastres,
pues pueblos enteros han sido barridos y los buques arrastrados a las playas.

El mar territorial del Perú está impregnado de infinidad de cuerpos orgánicos e inorgánicos
provenientes de los continuos arrastres de detritus terrígenos y restos de plantas
provenientes de los ríos que en creciente caen a él. El color del mar cerca de las costas es,
casi todo el año gris claro, haciéndose oscuro azul conforme se penetra a mayores fondos.
Sólo hacia las bocas de los ríos en verano, toma tinte amarillento, -110- y en cuanto a la
algas, sólo se las encuentra muy cerca de la tierra en los puertos abrigados y peñascos.

Son pertinentes a este capítulo, los estudios sobre oceanografía hallados en los manuscritos
de Raimondi. De ellos, en lo que atañe al océano Pacífico, tomamos los siguientes acápites.

Océano Pacífico.- Este inmenso depósito de agua que se extiende entre América y Asia y
en el cual desaguan todos los ríos que bajan por la vertiente occidental de la cordillera más
próxima a la costa, recibió el nombre de Océano Pacífico por las pocas tempestades que se
experimentan en él, comparativamente a las que se sufren en el Océano Atlántico, pues el
célebre navegante Magallanes que dio a este mar tal nombre, navegó en él más de 4000
leguas, sin un solo temporal.

Incalculable es la influencia que ejerce el mar sobre las comarcas que baña; y es realmente
difícil, sin conocer los principales fenómenos físicos, formarse una idea exacta de las
innumerables relaciones que existen entre el mar y el continente y que mantienen aquella
admirable armonía que reina en la naturaleza.

En efecto, la evaporación que se produce en la inmensa superficie del mar bajo la acción de
los rayos ardientes de un sol tropical, origina todos los vapores acuosos que, llevados por
los vientos a la frígida región de la cordillera, se condensan dando lugar a las lluvias que
alimentan los ríos que a bajan a la costa derramando la vida en todos los terrenos que
bañan.

Este mismo mar es el que recibe el sobrante del preciso elemento vivificador cargado con
los despojos orgánicos y minerales que arrastra del interior del continente, materiales que
servirán después para la vida de los innumerables seres que pueblan sus abismos, o para la
formación lenta de nuevas capas de terrenos que saldrán, quién sabe, más tarde a la
superficie del líquido elemento, empujados por alguno de aquellos poderosos
sacudimientos de la corteza de nuestro globo, tan frecuentes en la América del Sur.

Al mar debemos la suavidad del clima de la costa del Perú que contrasta con el
excesivamente cálido de otros lugares tropicales situados en iguales latitudes; pues del mar,
que baña la costa, salen aquellas frescas brisas cuya baja temperatura es debida al
enfriamiento que sufre el aire al -111- pasar sobre la corriente de agua fría que viene de
las regiones polares y recorre toda la costa de Chile y del Perú.

En el mar tiene el Perú la más fácil y económica vía de comunicación que tanto facilita el
comercio con las naciones limítrofes y el antiguo continente.

Al mar deben los habitantes de los pueblos ribereños un abundante y sano alimento.

Para facilitar la navegación y evitar los peligros a que están expuestos los marinos que
recorren mares desconocidos, se han hecho prolijos estudios para la construcción de las
cartas marinas, para cuyo objeto se han practicado en la costa del Perú numerosos sondeos
que nos han dado a conocer la profundidad que tiene el Pacífico a muy poca distancia de
tierra.

En la costa del Perú, en general, el mar es poco profundo cuando baña las tierras bajas y los
valles cultivados; mas su profundidad aumenta en las inmediaciones de las puntas o cerros
con rápida pendiente hacia el mar.

-112-

Capítulo V

Límites

Después del Brasil, que colinda con todos los estados de Sud América, menos con Chile,
sólo Argentina y el Perú tienen la vecindad de cinco naciones. Las demás viven al medio de
tres naciones, con excepción de Bolivia que se halla cercada por cuatro.
Paz Soldán, en su Geografía del Perú, publicada en 1860, daba en esa fecha a la República,
las siguientes líneas de límites.

Los límites del Perú se arreglan al Uti possidetis del año de 1810; cuyo principio es
reconocido en todas las secciones hispanoamericanas. Pocos estados tienen mejor
comprobados sus derechos, respecto a sus límites; sin embargo la codicia por una parte, y el
deseo de fomentar la discordia por otra, ha dado origen a disputas con las Repúblicas
vecinas del Ecuador y Bolivia. Como nuestro objeto no sea citar hechos falsos, bajo el
pretexto de defender nuestra patria; al determinar los límites, nos apoyamos en la Real
cédula de 1802, en la geografía del general Neo Granadino Mosquera respecto al Ecuador y
Nueva Granada. En cuanto a Bolivia, en documentos antiguos y resoluciones de los
Virreyes: con el Brasil en el tratado de San Ildefonso, de 1777; y siempre en todos los casos
en los tratados vigentes y en la material -113- posesión. La respetable autoridad de
Humboldt y de algunos otros geógrafos, cae en tierra ante la verdad de los documentos y la
materialidad de la posesión. En esta virtud diremos que:

El Perú linda al Norte con las Repúblicas del Ecuador y Nueva Granada. Son límites el Río
Putumayo subiéndolo treinta leguas hasta que, por sus raudales y saltos inaccesibles deja de
ser navegable. De allí una línea recta hasta la confluencia del río Napo con el Aguarico, que
es casi a 1º y 55' de latitud sud y 77º de longitud O París; de suerte que el Napo
corresponde al Perú desde su embocadura en el Marañón 70 leguas arriba. De este punto de
confluencia hasta el pueblo de Andoas en el río Pastaza: el pueblecito de Andoas está en la
confluencia del río Bombonaza con el Pastaza casi a los 2º 30' latitud S y 79º 15' longitud O
París, y allí reside autoridad peruana. De Andoas se baja en línea recta hasta la confluencia
del río Canchis con el Chinchipe: de este punto situado a los 4º 5', se sube también en línea
recta hasta el pueblecito de Macará por la Quebrada de Espíndula. De Macará subiendo por
la quebrada de Pilares se va hasta el pueblo de Pachas y de aquí se tira una línea para unirse
con el lindero cerca del pueblo de Santa Rosa, situado a los 3º 21' latitud S y 82º longitud O
de París. Quedando por consiguiente en el terreno peruano los terrenos de quijos y canelos,
y los jíbaros y otras naciones semibárbaras.

La exactitud de estos límites está comprobada con numerosos documentos que existen en
los archivos del Perú.

Es muy falsa la política del Ecuador al pretender terreno queriéndose apoyar en derechos
que no existen. Examinando la conveniencia de la división territorial y excitando la
generosidad del Perú, conseguirán lo que no podrán obtener con las armas ni la sofistería.

Por el Sur los límites del Perú son la quebrada de Tucupilla o Duendes, casi a los 21º 32'
latitud S, lindero marcado desde 1763. Aquí principia el desierto de Atacama, perteneciente
a Bolivia.

Por el Este limita con el Imperio del Brasil y con la República de Bolivia. Los límites con
el Brasil son, según el tratado de 23 de octubre de 1851: la población de Tabatinga y de esta
para el Norte la línea recta que va a encontrar de frente al río Yapurá en su confluencia con
el Apaporis y de Tabatinga para el sud el río Yavary, desde su confluencia con el
Amazonas hasta su origen, de allí una paralela cerca de los 10º de latitud. Estos límites con
el Brasil -114- fueron determinados de un modo que da a conocer la habilidad de una
parte y descuido de otra. Felizmente en el tratado se determina que una comisión mixta
reconocerá la frontera conformándose al principio Uti possidetis, proponiendo sin embargo
los cambios de territorio que se creyeren oportunos. De no ser así, el Perú perdería más de
80 leguas de las orillas del Marañón y el triángulo formado por el Yapurá, el Amazonas y la
línea pretendida por el Brasil, El Perú tiene un derecho incontestable a que sus límites por
el E principien en la confluencia del Putumayo con el Amazonas, y no en Tabatinga como
se quiere. La política del Brasil es anexadora, valiéndose de pretextos que no debemos
calificar. No dudamos que el Perú reclame el inmenso territorio que se le pretende
arrebatar, bajo falsos supuestos.

Debió también haberse determinado previamente el origen, curso y otras circunstancias,


relativas al Yavarí, de que sólo se sabe que entra en el Amazonas a 4º 38' latitud S una
legua más abajo del pueblo de Tabatinga, y que parece que es un derrame del Apurímac.
Vese por lo dicho que está todavía mal definido el confín oriental del Perú, con pérdida de
territorio.

Desde la línea paralela tirada a los 10º, que sirve de límite con el Brasil, se baja una línea de
N a S. Después se sigue la cordillera de N a S -sirviendo de lindero hasta los 15º 28' de
latitud y 71º 45' O de París, que nos divide con la República de Bolivia, hasta encontrarse
con el río San Juan del Oro, que sigue su curso aguas arriba hasta los 13º 40' a orillas del
Titicaca.

De la laguna del Titicaca se tira una línea recta hasta el río Desaguadero por el estrecho de
Tiquina, quedando el pueblecito del Desaguadero al lado de Bolivia. De este punto se tira
una línea recta S O hasta el nacimiento del río Mauri, y continúa el lindero por la misma
cumbre de la Cordillera, hasta que se encuentra con el lindero que sube por la quebrada de
Duendes. Estos son de hecho los límites con Bolivia; pero de derecho y por el orden natural
del terreno, el límite debería ser el estrecho de Tiquina, como se puede ver en un expediente
organizado por el Intendente de Puno el año 14; evitándose de este modo las continuas
dificultades que resultan de que el pueblo de Yunguyo, situado en el istmo de la península
de Copacabana, sea el límite entre ambas naciones.

Hoy (1920) nuestros límites indiscutibles son la línea -115- Apaporis-Yavarí, el río de
este nombre y una línea sinuosa en las cabeceras del Yurúa y el Purús. Esto por la parte del
Brasil; por la parte de Bolivia, la confluencia del Yaverija con el Acre hasta el Heath en el
Madre de Dios, el Heath y el Tambopata, la cordillera de los Andes desde Palomani, una
línea por en medio del Titicaca hasta el Desaguadero y la cordillera Occidental de los
Andes.

Quedan por resolver los límites del sur hasta el río Loa, los del Ecuador y Colombia o sean
varias líneas sinuosas desde la ensenada de Santa Rosa en el Pacífico hasta los puntos en
que dejan de ser navegables los ríos que desaguan en el Marañón y Amazonas por su parte
septentrional.

Límites con Chile

Hasta 1883 el desierto de Atacama nos separó de Chile. El tratado de Ancón nos lo puso en
la parte austral, y desde la época en que dicho tratado se firmó, el Perú no ha tenido
tranquilidad en sus relaciones internacionales. Si Chile, en lugar de estar situado en la
vecindad de Bolivia y Argentina hubiera sido colocado por la naturaleza en el Atlántico, en
Centro América o en cualquier otra parte, nuestra situación política y económica estaría hoy
a la altura de la que ocupa la Argentina. Coincidió su posición austral respecto a nosotros,
con la existencia de riquísimos yacimientos de salitre en su frontera, y aunque
anteriormente a la guerra del Pacífico, como ya hemos dicho, el desierto boliviano nos
separaba de él, su persistencia en apoderarse de ese desierto nos obligó a vivir en tanta
alarma como si le hubiéramos tenido; a la orilla del Loa. Por desgracia, la mayor parte de
los peruanos que figuraron antes del año de 1879 carecieron de eso que se llama el sentido
-116- de la realidad. En la defensa que hicieron de Bolivia dejáronse llevar únicamente
por sentimientos de americanismo. No se dieron cuenta de que nuestra política
internacional en los asuntos de Chile y Bolivia más que altruista debió haber sido egoísta; y
no por cierto para apoderarnos de la costa boliviana sino para defender nuestra provincia de
Tarapacá, amagada por las pretensiones conquistadoras de Chile desde 1842, época en que
el diminuto grupo conservador que le gobernaba en Santiago, pensó algún día llegar hasta
Arica.

Mirados hoy los acontecimientos históricos del siglo pasado con la claridad que tienen los
sucesos realizados, nuestra mente se confunde y nuestro espíritu se abate al analizar lo que
fue la sicología de nuestros gobernantes en los años que precedieron a la guerra del
Pacífico. De todos ellos fue el Presidente Castilla, que entre chilenos vivió en diversos
tiempos y que les vio actuar con voluntad inquebrantable para demoler la confederación
santacrucina, el que penetró mejor en los ocultos y tenaces propósitos de Chile. Tuvo visión
clara de su época y comprendió que a Chile no le quedaba sino la ruina o la conquista. Por
esto, durante los muchos años que gobernó al Perú se preocupó de educar marinos, de
comprar buques y de colocar nuestra escuadra a la cabeza de todas las de la América del
Sur. Y es que fue el único hombre de su tiempo que supo sacar provecho de la historia
patria al tener en cuenta que el poder de España en el Perú y la estabilidad de la
Confederación Perú Boliviana estuvieron perdidas desde el momento en que el poder naval
de uno y otra fueron barridos del mar. Testigo presencial de los movimientos sorpresivos de
la escuadra de Chile, respectivamente en 1821 y 1836 y -117- sabedor de lo que
significaba para el Perú tener la riqueza del guano en el mar, comprendió su situación, sus
peligros en el océano y en tierra y la necesidad de armarse.

Castilla murió en Tiviliche en 1867 en los momentos en que batallaba para subir
nuevamente al poder. Su muerte para los asuntos internacionales del Perú fue de fatales
consecuencias. El mando supremo que le hubiera correspondido durante los años de 1868 a
1872 si hubiera vivido aún, le fue dado al coronel Balta, testigo presencial de los avances
de Chile en territorio boliviano durante su período, pero sin la experiencia de Castilla para
apreciar el peligro nacional que se avecinaba por el sur y que si mandó construir buques
blindados, lo cual no está comprobado, no los pagó por adelantado o no señaló los fondos
para su terminación. Manuel Pardo, que fue el que le sucedió y que autorizó la
demostración naval peruana de Mejillones en 1872 y el tratado secreto de 1873, tuvo
confianza en las escasas fuerzas navales que encontró al subir al mando, y tanto por esto,
como por falta de recursos, no construyó nuevas unidades. En 1877 tuvo oportunidad de
tratar de cerca a los chilenos y conocer con toda evidencia sus miras conquistadoras en el
destierro voluntario que le llevó a Santiago. A su regreso a Lima en 1878, conferenció en
secreto con sus amigos y aún se dice con el presidente Prado. Les comunicó sus temores, y
buscaba los medios de conjurar el peligro cuando una bala fratricida le cortó la existencia.
Jamás en el Perú, como en aquella ocasión, la falta de un hombre público tuvo tan terribles
consecuencias en lo internacional. Chile, que se hallaba resuelto a guerrear con alguno de
sus vecinos y que se inclinaba a pelear con la Argentina, al conocer la muerte de Pardo
comenzó a promoverle graves -118- cuestiones a Bolivia, hizo regresar su escuadra que
había salido para el Estrecho y pronto ocupó Antofagasta.

El suceso internacional de 1879 o sea la guerra que duró hasta 1883 y que ocasionó la
pérdida del departamento de Tarapacá, es acontecimiento de muy vastas proyecciones. Él
envuelve la más valiosa desmembración realizada en el mundo en el siglo XIX. Sus
consecuencias las veremos en extenso en nuestro libro Causas económicas y sus múltiples
vicisitudes en Causas políticas. Uno y otro libro darán a conocer las perturbaciones de todo
género que ocasionó el magno suceso, la quiebra financiera e institucional del Perú, y la
situación de violencia y de peligro internacional nacidas y fomentadas por el
incumplimiento del tratado que Chile mismo impuso por la fuerza de sus bayonetas. Así
como el guano fue para el Perú el factor más valioso de su prosperidad, así también la
vecindad de Chile ha sido la más terrible de todas nuestras desventuras.

La Naturaleza, que al máximo arrugó el suelo de nuestro territorio, que colocó las extensas
y fértiles tierras de montaña lejos del mar y los minerales en los puntos donde la altura
culmina en la cordillera, nos dio el salitre para que todo fuera conquistado por el esfuerzo y
el capital. Quiso que sus recursos sirvieran para vencer el desierto, dominar la cordillera,
irrigar la costa, abrir las minas y construir los ferrocarriles que necesita nuestro agreste
territorio. Chile interrumpió bruscamente la realización de este hermoso programa, y desde
1879 desvió hacia lados estériles la riqueza que nos arrebató. A semejanza del malhechor
que en desierto camino arrebata al transeúnte el dinero que lleva para levantar su casa,
Chile, al apropiarse del nuestro, sacó de su cauce natural, de su verdadera finalidad humana
la riqueza del salitre; y llevándola a tierras -119- pobres e improductivas le dio aplicación
diferente a la que Dios tuvo al ponerla en el sur del Perú. El día que se agote o que no tenga
el valor de hoy, Chile será tan miserable como lo era antes de la guerra. Ha gastado y sigue
gastando lo que produce el salitre en sostener costosas legaciones y empleos de ninguna
utilidad, en mantener 26000 hombres armados en mar y en tierra, en satisfacer su vanidad
construyendo edificios públicos de ningún provecho y lo que llama ferrocarriles
estratégicos para defender los territorios usurpados, como son el longitudinal y el de Arica
a la Paz. Como consecuencia de la irrupción chilena, nuestro progreso ha vivido estancado
durante 25 años. Haciendo esfuerzos supremos hemos conseguido concluir los ferrocarriles
comenzados en 1869, y habiendo encontrado en la agricultura de la costa y en la minería
imponderables riquezas, hemos recomenzado con el siglo la labor que paralizamos en 1879
por la vecindad de Chile.

Límites con el Brasil

Teniendo nuestro territorio mayor longitud que latitud y hallándose el Brasil al oriente del
Perú, nuestra línea de fronteras con ese país tiene tanta extensión como la que nos separa
del océano Pacífico.

Posesionados nuestros vecinos de la boca del Amazonas, tuvieron para realizar sus
propósitos conquistadores facilidades que los españoles primero y los peruanos después,
nunca encontraron en la difícil navegabilidad de los ríos de cabecera. España, que era muy
celosa de sus posesiones en América, organizó el gobierno de Mainas, y posteriormente
celebró con la corte de Lisboa los tratados de Tordesillas y San Ildefonso. Estos tratados
pusieron término ostensible pero no real a esos avances, siendo sabido que -120- los
virreyes brasileros dejaban a sus súbditos hacer excursiones sobre el Perú a pesar de los
reclamos de España. Este modus vivendi del Brasil tomó creces cuando ambos virreinatos
se independizaron, y el Perú con sus disensiones civiles olvidó el señorío que tenía en los
terrenos que le señalaban los tratados vigentes. Su negligencia llegó a tal extremo que en
1851 fue necesario proceder a una nueva demarcación de fronteras en la que el Perú sin
razón alguna cedió al Brasil grandísima porción de sus montañas. El tratado de 1851 nos
quitó la boca de Yapurá y los territorios que le son anexos hasta la línea imaginaria que va
del Yavarí al Apaporis. Habiendo aceptado el Perú en la discusión preliminar que precedió
al tratado el principio del uti possidetis, nos fue forzoso convenir en esta cesión territorial y
perder Teffé que fue cedido al Brasil no obstante que anteriormente había pertenecido a la
Corona de España de hecho y de derecho.

Siendo casi desconocidos por estos años de 1851, por lo menos inexplorados, el Yurúa, el
Purús y el Acre, y no habiendo tomado posesión de ellos el Perú ni tampoco el Brasil,
intencionalmente los gobiernos de ambos países silenciaron en el tratado Herrera-Da Ponte
todo lo referente a los territorios situados al sur de la línea Yavarí o sean las comarcas que
bañan los mencionados ríos y sus numerosos afluentes.

El tratado de 1851 fue ratificado en 1858, y sólo en 1874 quedaron demarcados sobre el
terreno los límites acordados. La comisión mixta enviada al efecto, exploró las nacientes de
Yaraví y levantó el plano respectivo. El marco del lindero quedó fijado a los 7º 1' 17'' de
latitud sur y a los 74º 8' 27'' de latitud oeste de Greenwich. Con gran sorpresa se vio
entonces (1874) que el Yavarí nacía muy -121- cerca del Ucayali y que su rumbo no era
de sur a norte como se le veía en todas las cartas geográficas de esa época, sino de SO a
NE.
Demarcada también la confluencia del Apaporis con el Yapurá y señalada la línea
geodésica por el Putumayo, la comisión mixta suspendió tareas. Antes de hacerlo, el
comisionado peruano, señor Rouand y Paz Soldán, solicitó del gobierno del señor Manuel
Pardo autorización para dar principio al trazo de la línea geodésica del Yavarí al Madera. El
ministro de Relaciones Exteriores del Perú, teniendo en cuenta que el tratado de 1851
modificó el de 1777, que las relaciones del Perú con Chile eran difíciles y que estando para
aprobarse en Buenos Aires el tratado tripartito de alianza convenía no molestar al
Emperador don Pedro II, negó la autorización solicitada. Además, si la escuadrilla peruana
del Amazonas, compuesta de cinco vapores por esos años, jamás entró al Yurúa ni al Purús
y nunca en sus orillas se fundaron poblaciones peruanas, ¿cómo se podía alegar posesión en
los territorios de dichos ríos?

El año de 1867 el gobierno de Bolivia celebró con el del Brasil un tratado. En virtud de él,
se aceptó como límite de uno y otro país la línea que partiera de las nacientes del Yavarí y
que cortando los ríos Yurúa y Purús, terminara en el Madera en el punto en que se le une el
Beni. El gobierno del Perú protestó contra las usurpaciones que envolvía este tratado, y sus
razones están contenidas en la nota que el doctor Barrenechea, Ministro de Relaciones
Exteriores del Perú, pasó al de Bolivia, doctor Muñoz, ese mismo año de 1867. Este
contestó la nota recibida algunos meses después, y no habiéndose tomado ninguna medida
posterior, el asunto quedó virtualmente terminado. La protesta debió haberse llevado
también ante el gobierno de -122- Petrópolis, desde que la línea Muñoz-López Netto
tomaba gran parte del Yurúa y el Purús. El Perú estuvo lerdo en su defensa. No debió haber
descansado ni puesto término el asunto hasta no haber conseguido sustituir en el tratado la
palabra Yavarí por las de frontera peruana. No hizo nada; y por causa de esta desidia nos
vimos envueltos en complicaciones posteriores. Mareados los estadistas del Perú con la
riqueza del guano, sin conocimientos de los territorios amazónicos por falta de mapas
verídicos, no dieron al Oriente la importancia que tiene.

La explotación del caucho y el valor que llegó a tener en los mercados extranjeros a
comenzar de 1890, volvió a poner en tela de juicio la cuestión fronteras. Bolivia conquistó
el Beni, Brasil el Acre y el Perú las cabeceras del Yurúa, del Purús y del Madre de Dios. No
habiéndose dedicado nunca el montañés peruano al cultivo del jebe sino a derribar árboles
de caucho para extraer goma, sus avances en los ríos mencionados nunca tuvieron carácter
definitivo. Haciendo vida nómade en los múltiples afluentes, su residencia en ellos fue
temporal. El gobierno peruano se vio siempre en grandes dificultades para hacer la policía
de sus ríos y mucho más para cobrar el impuesto a las gomas.

Obligado el Brasil a respetar los territorios situados al sur de la línea Beni-Yavarí, permitió
al Perú y a Bolivia ejercer autoridad en los ríos situados al sur de dicha línea. Sin embargo,
la riqueza gomera del Acre ocasionó sucesos desagradables a la cancillería de La Paz,
sucesos en los cuales, el Perú, fue siempre espectador y protestante romántico. ¿Qué otra
cosa pudo haber hecho si jamás tuvo entrada ni la menor posesión en dicho río? Bolivia,
que en realidad era dueña del Acre pero que no tenía facilidades para sofocar las intentonas
de independencia que algunos -123- aventureros fomentaron con el auxilio del gobierno
del Estado de Manaos, contrató con un sindicato norteamericano en 1902 la semiventa del
Acre. No habiéndose puesto nunca en duda en el Brasil la soberanía de Bolivia sobre el
territorio contratado, la semiventa no fue controvertida por la cancillería de Río, pero
siéndole perjudicial el negocio realizado, compró las acciones del sindicato por medio de
sus agentes en Nueva York. Posteriormente, pactó con Bolivia el tratado de Petrópolis.
Mediante el cual, el Acre y todos los territorios situados en la línea Beni-Yavarí en la parte
colindante con el Perú, fueron vendidos en dos millones de libras. Este temerario acuerdo
celebrado por el gobierno del general Pando y que la cancillería del Perú no supo o no pudo
impedir en la parte que afectaba nuestros derechos sobre el Yurúa y Purús, trajo
consecuencias desagradables con el Brasil. Casi por la fuerza, tropas de Manaos, en 1903,
desalojaron a los caucheros peruanos de los ríos Chandles y Amuenya, y el gobierno de Río
hubiera avanzado más en el camino de sus atropellos -entre ellos la extracción en el Pará de
las armas del Perú que los transatlánticos llevaban hacia Iquitos- si el Secretario de Estado,
Mr. Hay, a solicitud del gobierno peruano en 1904, no hubiera manifestado al ministro del
Brasil en Washington la extrañeza con que el gobierno americano veía estos sucesos. El
modus vivendi Velarde-Río Branco, de 12 de julio de 1904 puso término a esta situación
irregular en que vivían el Perú y el Brasil. El artículo I de ese acuerdo provisional
neutralizó algunos territorios.

A principios de 1908, el representante del Brasil en Lima, señor da Gama, insinuó la


propuesta de dividir por mitad los territorios neutralizados. Un año después, habiéndose
hecho intolerable la situación del Perú por motivo de -124- las cuestiones de límites que
mantenía con cinco naciones, entre ellas, Bolivia que había desconocido el laudo argentino
y Chile que maniobraba en este asunto en forma hipócrita y malévola, la cancillería de
Lima en su deseo de terminar amigablemente y en forma directa el litigio de fronteras con
el Brasil, solicitó la línea máxima que podía obtener el Perú en esa controversia. El señor
Hernán Velarde, ministro del Perú en Río obtuvo del Barón de Río Blanco, no sólo el
íntegro de los territorios neutralizados, sino también retazos de terreno brasilero para
obtener líneas naturales evitando así las geodésicas. En esta línea perdimos las cabeceras
del Yurúa; en cambio obtuvimos las del Purús y las nacientes del Acre.

Límites con Bolivia

Fue una desgracia para el Perú que el vencedor de Ayacucho no hubiera sido La Mar o
Santa Cruz. Suceso de tan magna importancia, habría quitado a Bolívar el formidable poder
militar que alcanzó en los años que siguieron al de 1824, poder que fue causa de la forma
antojadiza como jugó con la suerte de medio continente. Nacido en Caracas, soñando
siempre con la preponderancia de la gran Colombia, celoso de Buenos Aires, pero más aún
de la grandiosa nacionalidad que constituían el Alto y Bajo Perú, su política fue contraria a
la unión de estos dos estados. Sucre, su teniente, supo fomentar durante su permanencia en
las ciudades de altiplano el sentimiento genuinamente humano que todo pueblo tiene en
favor de su autonomía, y de lo que fue un territorio gobernado por el virreinato de Buenos
Aires una vez pero casi siempre por el de Lima, hizo una república independiente. No fue
un anhelo, una necesidad imprescindible, mucho menos -125- una convicción lo que dio
Bolivia la vida propia que tiene. Fue un acto político inconsulto, y sus consecuencias
adversas y dolorosas las encontramos a cada momento en las páginas de su historia. Lo que
pudo ser un pueblo feliz, respetado y rico si desde 1824 hubiera formado parte de la
Argentina o lo que es más natural del Perú, es un pedazo de nacionalidad sin razón de
existencia, un mundo extraño y pequeño enclavado en la parte más fría de los Andes, una
tierra malquerida por sus poderosos vecinos, el origen de cuanta injusticia se ha cometido
en el continente y la causa de casi toda la sangre hermana derramada en la América del Sur.
¿Qué sería hoy Bolivia si sus provincias formaran parte de la confederación Argentina o de
la República del Perú y en Antofagasta flameara el pabellón de San Martín, o nuestro
amado bicolor? Las guerras santacrucinas no hubieran tenido lugar, tampoco la
intervención chilena de 1839, ni la guerra del Pacífico. El desierto de Atacama en este
momento no sería de Chile, y en América tendríamos tres nacionalidades poderosas: Perú,
Argentina y Brasil. Chile sería lo que es hoy el Uruguay o el Ecuador.

Lo menos que se puede decir de Bolívar en su carácter de hombre público es que fue
desacertado en sus propósitos, Imaginó engrandecer a Colombia desmembrando al Perú y
sólo consiguió favorecer a Chile y al Brasil. Si como militar fue genial y superior a San
Martín y a Washington, como político estuvo muy lejos de adquirir la fama mundial que
ganó en los campos de batalla. Sin la menor razón, sin el menor provecho para nadie,
deshizo la más potente nacionalidad que existió en los albores de la independencia. De lo
que fue una entidad que principiaba en el Guayas y terminaba en Tarija, hizo tres estados,
ninguno de los cuales tuvo el menor motivo para separarse. Guayaquil quedó a merced de
Colombia, -126- y más tarde fue envuelto en el movimiento separatista promovido por
las provincias de la antigua audiencia de Quito. Peor fue la suerte del Alto Perú y su
historia así lo comprueba. Encajado en un altiplano, su salida al mar por Cobija de nada le
sirvió. Sin amor al desierto de Atacama ni tampoco a las tierras bajas del Acre y del
Madera, con tranquilidad las ha visto pasar a otras nacionalidades. Sus pobladores viven
felices en el altiplano y jamás han sentido nostalgia por el litoral o por la selva.

Había en 1821 tan completo acercamiento entre el Perú y Guayaquil, que todavía en 1840,
todo el comercio de aquel puerto se hacía con Lima. Cuanto a lo que es hoy Bolivia, la vida
de relación entre el Cuzco, Arequipa y Puno de un lado y la Paz, Cochabamba, Oruro y
Sucre del otro, era más intensa que la del sur con la del norte de Perú. Quilca y Arica eran
los puertos únicos del Altiplano. Solo un malévolo propósito o un erróneo concepto pudo
separar lo que la Naturaleza y los hombres unieron durante tres siglos de coloniaje y cuatro
de Imperio Incaico.

La obra separatista del año de 1824 originó entre otras cosas desagradables para el Perú y
Bolivia, el tratado Muñoz-Netto, firmado en 1867, tratado que podemos considerar como el
punto de partida del embrollo de fronteras que terminó con ventajas para el Brasil. Faltó
unidad de acción en la defensa de la línea Yavarí-Madera pactada en 1777, y existiendo dos
nacionalidades en lo que antes fue una, Brasil se entendió con la más débil. Esta fue
Bolivia.

Pudo el Perú desahuciar de hecho el pacto de 1867, y manu militare haber ocupado los
territorios que le pertenecían. Desgraciadamente, la adversidad cruzó su camino. Aun
recuerda el Cuzco como si ayer hubiera sucedido el desastroso fin de la expedición La
Torre y la muerte de -127- este hombre superior en 1874, en los momentos en que
conquistaba el Madre de Dios en su propósito de llegar hasta el Beni. Con igual sentimiento
hay que recordar el naufragio de la lancha «Adolfito» en 1895, y la muerte de Fiscarrald, el
descubridor del Istmo que lleva su nombre, en circunstancias en que su vida significaba
para nosotros la pronta y efectiva incorporación a la nacionalidad peruana de los territorios
del Acre, del Alto Purús y del entero Madre de Dios. Con capitales, con audacia y
temeridad sin límites, ¿de cuánto hubiera sido capaz el audaz cauchero peruano si la muerte
no le hubiera sorprendido? ¿Hasta que confines de la hoya del Madera no habría llevado su
bandera y sus expediciones, si la malhadada maniobra del capitán del «Adolfito» no
hubiera causado el naufragio que le ahogó en las turbulentas aguas del Caspajali?

El 9 de julio de 1909, el presidente de la República Argentina expidió sentencia arbitral en


la cuestión de límites pendiente entre el Perú y Bolivia, de acuerdo con el pacto canjeado el
9 de marzo de 1904 entre las cancillerías de ambos países limítrofes.

La parte resolutiva de dicha sentencia dice así:

«Por tanto: De acuerdo con lo aconsejado por la Comisión asesora, vengo en declarar que la
línea de fronteras en litigio entre las Repúblicas de Bolivia y del Perú, queda determinada
en la forma siguiente: Partiendo del lugar en que la actual línea de fronteras coincide con el
río Suches, la línea de demarcación territorial entre ambas repúblicas cruzará el lago del
mismo nombre hasta el cerro de Palomani Grande de donde seguirá hasta las lagunas de
Yagua-Yagua y por el río de este nombre llegará al río San Juan del Oro o Tambopata;
continuará por la corriente de este río Tambopata aguas abajo hasta encontrar la
desembocadura del río Lanza o Mososhuayco; desde la confluencia del río Tambopata con
el río -128- Lanza la línea de demarcación irá a encontrar la cabecera occidental del río
Abuyama o Heath y seguirá por éste aguas abajo hasta su desembocadura en el río
Amarumayu o Madre de Dios: por el thalweg del río Madre de Dios, bajará la frontera
hasta la boca del Toromonas su afluente de la margen derecha; desde esta confluencia del
Toromonas con el Madre de Dios, se trazará una línea recta que vaya a encontrar el punto
de intersección del río Tahuamanu con la longitud de sesentinueve (69º) grados oeste de
Greenwich y siguiendo ese meridiano la línea divisoria se prolongará hacia el norte hasta
encontrar el deslinde de la soberanía territorial de otra nación que no sea parte en el tratado
de arbitraje de 30 de diciembre de 1902. Los territorios situados al oriente y al sur de la
línea de demarcación que queda señalada, corresponden a la República de Bolivia y los
territorios situados al occidente y al norte de la misma línea corresponden a la República
del Perú. Póngase este laudo en conocimiento de los enviados Extraordinarios y Ministros
Plenipotenciarios de las Altas Partes contratantes a los que se remitirá un ejemplar de
conformidad con el artículo 9.º del tratado de arbitraje. Dado por triplicado; sellado con el
gran sello de las armas de la República y refrendado por el Ministro Secretario en el
Departamento de Relaciones Exteriores y Culto, en el Palacio de Gobierno Nacional, en la
ciudad de Buenos Aires, capital de la República Argentina, a los 9 días del mes de julio del
año de 1909.- (firmado) J. Figueroa Alcorta.- (firmado) V. de la Plaza.
De los considerandos de la sentencia arbitral se desprende que el árbitro no encontró claros
los títulos aducidos por las partes y aplicó el principio de equidad. El Perú aceptó la
sentencia arbitral. Bolivia no aceptó ninguna determinación definitiva, e hizo saber que
esperaba la reunión del congreso para resolver si aceptaba o rechazaba el fallo. Actitud tan
insólita conmovió la América del Sur y puso en peligro las relaciones de amistad que
sosteníamos con ella. Estando para terminar su mandato el presidente Montes, autor del
atentado cometido contra el Derecho Internacional y las prácticas de los países civilizados,
la opinión del congreso no fue oída hasta que este dejó el -129- mando. Correspondió al
presidente Villazón, su sucesor, la labor de dirimir la contienda con el Perú de un modo
amigable sin recurrir a las armas, ni tampoco sin salir de la serena altura del Derecho. El
laudo argentino fue aceptado mediante una enmienda en la cual, sin lesionar derechos
fundamentales, la línea de fronteras sería demarcada reconociendo el principio de canjes de
territorio a fin de que fuera posible regularizar linderos y armonizar intereses. Después de
largas y laboriosas gestiones sobre permutas territoriales que se realizaron a base de la
demarcación arbitral, se firmó el 17 de setiembre de 1909 el protocolo que con
posterioridad aprobaron los parlamentos de Lima y La Paz. En 1911 se realizó la operación
del canje, y ella se hizo sobre la base de la equivalencia, sin destruir el fallo ni los hechos
establecidos en el laudo argentino, ni menoscabar la situación favorable que este creó para
nosotros. Hallándose el Perú en 1909 en controversia de límites con todas las naciones que
le son limítrofes y sólo en armonía con el vecino del oeste o sea con el océano Pacífico, le
faltó fuerza moral para mantenerse inflexible en los detalles de la línea de demarcación
arbitral.

Si en los asuntos de límites con el Brasil jamás tuvimos con él la más ligera lucha
sangrienta ni en lo menor sus connacionales interrumpieron nuestro progreso en la selva, la
proximidad de Bolivia a nuestro territorio, su frontera en las mismas aguas del Titicaca, en
el nacimiento del Desaguadero y en el río Madre de Dios, ha sido teatro de sucesos
lamentables. Hoy, (mayo de 1920) a pesar de haberse concluido definitivamente el asunto
de fronteras y de hallarse fijadas en parte en forma material, todavía tenemos a nuestros
oídos la sonaja de Bolivia, en esta vez pidiendo lo que no le pertenece. No es Antofagasta,
que fue suyo y que -130- legítimamente le corresponde, lo que aspira reivindicar el
gobierno boliviano del señor Gutiérrez Guerra, sino la posesión de Tacna y Arica que son y
han sido siempre peruanas, como si su propósito fuera poner entre Chile y nosotros una
barrera infranqueable por tierra para que Antofagasta sea eternamente chilena y Tarapacá
también. ¡Qué extraña sicología la de ese pueblo!

Van a continuación los comentarios del doctor Lissón respecto a los conceptos que le
mereció Bolivia como factor sociológico externo en su libro Sociología del Perú escrito en
1886.

Muy excepcional es nuestra actual situación con esta República a la que todavía llamamos
nuestra aliada y hermana, y que en realidad no lo ha sido, ni lo será jamás. Y muy caro nos
cuesta, y muy mal correspondida ha sido siempre nuestra condescendencia con ella. Sin
embargo de todos sus actos siempre la hemos mirado con cariño, cual se hace con una
hermana menor a quien se presta atentaciones y servicios.
En los tiempos que tenían un litoral propio y el puerto de Cobija, ambicionaba y pretendía
sin embozo Tacna y Arica; y esta pretensión era como es hoy, bandera de verdadero
patriotismo entre sus hijos, y un título político para subir a los ministerios y a la primera
magistratura. Bastante sangre ha corrido en las fronteras de ambos países por este motivo.
El Perú, siempre magnánimo, para cortar de raíz toda disensión sangrienta, borró las
fronteras estableciendo con Bolivia el libre cambio; y compartió con ella el puerto de Arica.
Y fue aún más lejos en este camino de concesiones generosas; pues cuando. Tarapacá se
hizo un portento, Bolivia se apoderó de hecho del territorio situado entre el Loa y la
quebrada de los Duendes que es límite del Perú; y el Perú no dijo una palabra, dejándola
participar de nuestra fortuna. ¡Cuántos errores!

Chile entre tanto estaba alerta; y cuando se descubrieron los veneros argentíferos del
desierto de Atacama, se los apropió, metiendo en ellos grandes capitales y obligando a
Bolivia a entrar en una nueva e injustificable demarcación de límites, ya fijados por España
entre los virreinatos de Santiago y Buenos Aires. Inmenso error cometido voluntariamente
por -131- Bolivia, sin participación nuestra, que abría las puertas a interminables disputas
de límites con un vecino poderoso; y error trascendental también de nosotros, puesto que
nos ponía en contacto con un pueblo que de antaño nos tenía mala voluntad.

El Perú que no se había cuidado de que los Bolivianos se apoderasen de los Duendes, había
cometido igual incuria con las salitreras de Tarapacá. Las poseían por la mayor parte, sin
título legal, los que las trabajan; y cuando se encontró con los chilenos al frente, abrió los
ojos y los vio dueños de ricas salitreras, y el territorio poblado en gran parte por ellos.
Atendidos los antecedentes dichos, el peligro era inminente; y el Perú para conjurarlo,
después de varias medidas que adoptó para que los salitreros reconociesen su soberanía,
tomó la radical de expropiarlas para evitarse cuestiones jurídicas sobre su posesión,
convirtiéndolas por este medio legal en propiedades nacionales que el Perú podía vender o
dar a quien tuviese a bien.

La guerra no se hizo esperar. El objetivo de ella era el Perú por que Bolivia estaba ya
vencida en su litoral; y la alianza ofensiva y defensiva fue una necesidad ineludible para
nosotros con esa República. En la guerra, después de la batalla del Campo de la Alianza, no
fue muy varonil el papel de Bolivia: de aliada se convirtió en simple amiga, y esperó los
acontecimientos. El desarrollo de estos no pudo ser más tremendo. Nosotros perdimos
Tarapacá, Taena y Arica, y Bolivia toda su rica costa, quedando más encerrada que antes
entre sus cordilleras. ¿Hizo Bolivia en la guerra del Pacífico todos los esfuerzos que debía
para defenderse y defendernos del enemigo común? ¿No quedamos solos en el campo de
batalla? ¿No permitió que los chilenos llegasen a Arequipa y Puno impunemente? ¿Esto se
llama aliada y hermana...?

Al terminar la guerra no podíamos en manera alguna estar satisfechos de la amistad y


hermandad de Bolivia. Lejos de eso, razón teníamos para estar desconfiados de ella por las
ideas diplomáticas que aun en medio de la lid había mostrado uno de sus partidos políticos,
declarándose partidario de Chile. Con todo, continuamos dispensándole la misma
benevolencia.
Con la guerra la hermandad aduanera de Arica concluyó; y nos reemplazó en ella Chile que
da a Bolivia un comino de las entradas de ese puerto. Ya nada teníamos que hacer nosotros
en favor de nuestra aliada y hermana, y ningún compromiso nos obligaba a ello. No
obstante, le abrimos -132- la vía férrea de Mollendo; por ella se comunica hoy con el
Pacífico, mandando y recibiendo sus mercaderías sin que el Perú perciba más impuesto que
el de los alcoholes. ¿Cómo ha contestado Bolivia esta liberalidad? Gravando con un veinte
por ciento la internación por puerto Pérez, obligando con esta medida a que toda ella se
haga por el puerto chileno de Arica, matando el peruano de Mollendo. Estos son hechos
palpitantes. ¿Es esto alianza y hermandad con el Perú?

Todavía hay más. Vamos a lo imposible. Hoy que Chile la ha despojado de su litoral, nada
le pide para salir de la posición mediterránea en que la ha puesto, sino al Perú que nada le
ha quitado, invocando para ello la alianza y hermandad. ¿Y qué le pide? Un imposible, lo
que el Perú no tiene: Arica y Tacna de que está en posesión Chile. La absurdidad de esta
petición sólo se explica por la enemistad que Chile nos profesa.

Bolivia no ha podido pedirnos tamaño despropósito sino sugestionada por Chile, que le
habrá hecho entrever la posibilidad de entregarle por su parte Tacna y Arica si el Perú
consiente en ello; y este es sin duda el origen de su descabellada pretensión.
Lastimosamente se engaña Bolivia si da fe al miraje que Chile le pasa por los ojos. La
posesión de Tacna y Arica es indispensable para Chile, pues de otro modo no puede
asegurar la valiosa Tarapacá; y además debe también tener en cuenta Bolivia que su
comercio exterior del Potosí y otros de sus departamentos, está hoy disputado por Chile y
Buenos Aires quienes encaminan su vías férreas hacia el centro de ella con ese objeto; que
en la competencia, Chile lleva la ventaja con la próxima apertura del Canal de Panamá y
que para su victoria mercantil necesita tener el camino de Arica y Tacna en su poder. Ya lo
verá Bolivia pronto. El día que se cumplan los diez años, Chile hará en Tacna y Arica el
plebiscito, y entrará en la propiedad de ambas plazas con todas las apariencias de un
derecho perfecto, inalienable e intrasmisible; y desaparecerá para Bolivia el espejismo de
Tacna y Arica. ¿Es esta alianza y hermandad con el Perú?

Aún no hemos concluido: queda más. Ya hemos visto la parte que tomó Bolivia en la
común guerra. Terminada esta, siguió para el Perú otra civil fomentada por Chile, que en
realidad fue continuación de la anterior. No podía cabernos mayor desgracia; y era el
momento en que una nación con la que habíamos peleado juntos nos mostrara toda su
simpatía respetando nuestros apuros y absteniéndose de complicarlos más ¿Y qué hizo
Bolivia? Cuando el ejército nacional andaba -133- errante por las breñas nos promovió la
cuestión límites, de suyo enojosa y complicada, que sólo puede debatirse en el seno de la
paz por que demanda la mayor tranquilidad y muy profundos estudios. Esto hizo Bolivia; y
nuestro Plenipotenciario, sin datos y sin medir el alcance de los preliminares que iban a
establecerse en asunto tan trascendental, obligado sin duda por las circunstancias, firmó un
protocolo que en mala hora aprobó nuestro Congreso, en vez de relegarlo a los idus de
marzo que era lo que merecía. ¿Es esta alianza y hermandad con el Perú?

En vista de lo sucintamente expuesto, ¿tenemos o no razón para haber dicho al principio


que Bolivia no ha sido, ni es, ni será jamás nuestra amiga?
Límites con el Ecuador y Colombia

Las mismas causas que dieron a Bolivia la posesión del Beni, del Mamoré y Guaporé,
favorecieron el dominio del Perú sobre los ríos Santiago, Morona, Pastaza, Tigre, Napo,
Putumayo y Caquetá. Hállase el Perú en posesión de las partes navegables de todos estos
ríos y con sus guarniciones las ocupa sin que nunca nadie le haya sacado de sus dominios,
porque tiene, no sólo la ocupación centenaria de dichos ríos, sino títulos de carácter
incontrovertible emanados de su herencia colonial.

La real cédula que agregó el gobierno de Mainas al Perú, cuyo fallo es inapelable en el
derecho americano, dice textualmente: «extendiendo aquella comandancia general de
Mainas (Perú) no sólo por el río Marañón abajo hasta las fronteras con las colonias
portuguesas, sino también por los demás ríos que entran al mismo Marañón por sus
márgenes septentrionales y meridionales como son el Morona, Huallaga, Pastaza, Ucayali,
Napo, Yavari, Putumayo y Yapurá y otros menos considerables hasta el -134- paraje en
que estos mismos por sus saltos y raudales inaccesibles dejen de ser navegables».

Según toda probabilidad, el término de la centuria encontrará indivisa nuestra frontera con
Colombia y el Ecuador. Hay motivos para creerlo así, siendo nuestros vecinos del norte
opuestos al arbitraje.

El 2 de mayo de 1890, los plenipotenciarios, respectivamente del Perú y el Ecuador,


doctores García y Herrera, firmaron un tratado de límites en el cual quedó fijada la divisoria
de ambos países. Según ese tratado, debieron quedar para nuestros vecinos, el Santiago, el
Morona, el Pastaza, y buena parte del Tigre, del Napo y del Putumayo. Habiendo sido
aprobado el convenio por el Congreso del Ecuador, mas no por el del Perú, el statu quo
pactado el 1.º de agosto de 1887 volvió a quedar en vigor.

A mediados de 1894, el gobierno de Colombia que alegaba derechos sobre el Napo,


Putumayo y Caquetá, intervino en la discusión de límites que se había reanudado entre et
Perú y el Ecuador y tomó parte en las ocho conferencias tripartitas que comenzaron en
Lima el 11 de octubre de 1894. En ellas, Colombia reconoció la Real cédula de 1802 y
convino con el Perú en adherirse a la convención de arbitraje canjeada en Lima por los
representantes del Perú y el Ecuador el 14 de abril de 1888. Acordose en esta convención,
no sólo atenerse a los títulos y argumentos de derecho sino también a las conveniencias de
las partes contratantes, conciliándolas de modo que la línea de fronteras esté fundada en el
derecho y en la equidad. Este pacto fue aprobado únicamente por los congresos del Perú y
de Colombia y por tanto quedó sin efecto.
Diez años después, el 19 de febrero de 1904, los plenipotenciarios, -135- Mariano H.
Cornejo y Miguel Valverde, firmaron en Quito un nuevo protocolo. Fue nombrado árbitro
en este nuevo arreglo, Su Majestad Católica el Rey de España, y por su consejo vino a
América el señor Ramiro Menéndez Pidal, que visitó las cancillerías de Quito y de Lima.

El 1.º de julio de 1908, la comisión asesora nombrada por el gobierno de Su Majestad


Católica, emitió el informe que le competía, y en ese mismo año, el asunto, pasó a la
consulta del Consejo de Estado. No obstante que el dictamen de la comisión técnica, como
también el informe del Consejo de Estado tuvieron carácter, estrictamente reservado, pudo
informarse el gobierno del Ecuador que el laudo arbitral no le sería favorable. Dio esto
lugar a una serie de manifestaciones hostiles al Perú. Prensa y hombres públicos declararon
unánimemente que el fallo no debía acatarse, y como tal declaración, caso de que el
gobierno de Quito la hubiera hecho, envolvía un reto al Perú, organizáronse en Quito y
demás ciudades ecuatorianas cuerpos de voluntarios para engrosar el ejército nacional.
Coincidió este apresto de carácter guerrero con los ultrajes que en los días 4 y 5 de abril se
hicieron a los consulados de Machala y Guayaquil, a los peruanos residentes en ambas
poblaciones y a la misma legación del Perú en Quito. La noticia de todos estos hechos
produjo en Lima indignación incontenible y en el meeting monstruo que hubo se
cometieron algunos excesos. Este estado de cosas puso a las dos naciones al borde de un
conflicto armado, y el conocimiento que se tuvo de la crisis y de sus verdaderas, causas,
determinó a los gobiernos de Estados Unidos, Brasil y Argentina a ofrecer su mediación. El
Perú la aceptó sin condiciones. El Ecuador quiso imponerlas, pero al fin se le obligó a
convenir en las -136- condiciones formuladas por los mediadores sin la imposición de
otras. Todo esto favoreció el retiro de las fuerzas peruanas de la frontera y posteriormente
el licenciamiento de las reservas que fueron movilizadas. Con posterioridad a estos sucesos,
el ministro de Estado Español comunicó a los ministros del Perú y Ecuador en Madrid, que
el pronunciamiento del fallo quedaba aplazado y que el augusto árbitro no encontraría
reparo que oponer a cualquier acuerdo directo que los países litigantes tomaran en el
asunto.

De entonces acá, han pasado ocho años, durante los cuales, nada se ha adelantado para
solucionar la cuestión de fronteras con el Ecuador. Como el Perú tiene absoluta fe en la
fuente incontrovertible de sus títulos coloniales, como se halla en posesión de la mayor
parte de los territorios en disputa y su derecho no sufre menoscabo con la demora, su
situación es tranquila y favorable a un nuevo convenio de arbitraje en esta vez con la
intervención de una potencia que haga respetar el laudo, ya que el arreglo directo parece
imposible.

Con Colombia tampoco ha sido posible llegar a ningún acuerdo.

El tratado de arbitraje sobre límites firmado en Lima el 6 de mayo de 1904, no fue


aprobado por el gobierno de Colombia. El árbitro elegido fue el Rey de España.

El tratado celebrado en Bogotá el 12 de setiembre de 1905 en que se sometía a la decisión


del Papa el litigio, no fue aprobado por el gobierno del Perú.
El modus vivendi de 6 de julio de 1906 en que los dos gobiernos se comprometían a
mantener el statu quo fue aprobado por ambas cancillerías; pero como ocurrieron en el
Putumayo graves sucesos y el gobierno del Perú no habla -137- aprobado el tratado de
setiembre de 1905, Colombia denunció el modus vivendi de julio de 1906.

En abril de 1910 resolvió Colombia establecer una aduana en Puerto Córdova sobre la
margen derecha del Bajo Caquetá, frente a la desembocadura del río Apaporis. Esto dio
origen a la reserva del Perú de 1.º de diciembre de 1910. Colombia repuso en ese mismo
mes que el territorio donde establecía la aduana era suyo. El 19 de julio de 1911 se firmó en
Bogotá un acuerdo internacional para mantener en Puerto Córdova o La Pedrera una
guarnición que en ningún caso pasaría de 110 hombres. Este convenio no previno el
conflicto que se trató de evitar y fuerzas peruanas desalojaron de La Pedrera el resguardo
colombiano en los días 10, 11 y 12 del propio mes. Después de estos hechos, volvió a
plantearse el problema de un modus vivendi y de entonces a 1920 sólo han habido de una y
otra parte buenas intenciones, buenas ofertas, pero obra efectiva ninguna.

Bajo el punto de vista geográfico, podemos decir de la vecindad del Ecuador y de Colombia
exactamente lo mismo que hemos manifestado al tratar de nuestra vida de relación con el
Brasil. Exceptuando la interrupción temporal de 1829 por motivo de las pretensiones de
Bolívar que ensangrentaron los campos de Jirón y después choques y luchas de
guarniciones como las de Torres Causana y Caquetá, nada de importancia ha perturbado la
paz entre las tres repúblicas, ni entorpecido nuestro desarrollo económico.

Refiriéndose al Ecuador, el doctor Lissón decía lo siguiente en su Sociología en 1886.

El Ecuador como todas las secciones Americanas es dueño de vastas soledades en el centro
del Continente, y aunque por reales cédulas estaban fijados los límites entre el -138-
virreinato del Perú y el de Santa Fe, esa República ha alegado continuamente derechos
señoriales a algunos terrenos amazónicos. Últimamente ha sido encontrada en Moyobamba
la real cédula que agregó el gobierno de Mainas al Perú, cuyo fallo es inapelable en el
derecho americano; pero esto no ha bastado para que el Ecuador dé punto final a sus
pretensiones. Esta es cuestión de tiempo, porque éste sólo disipa las ilusiones y hace
conocer el derecho cuando está apoyado en títulos fehacientes incontrovertibles. Dejando
pues por ahora a la acción de este agente misterioso, que haga su luz radiante, y
contrayéndonos al presente, debemos confesar que la acción del Gobierno y del pueblo
ecuatoriano ha sido noble y digna en nuestros conflictos. La cuestión límites no ha sido
puesta en debate, cuando alguna esperanza pudo halagar a las almas mezquinas; y su suelo
ha sido hospitalario albergue para nosotros contra la tiranía extranjera y la doméstica.

-139-

Capítulo VI
Extensión territorial

Causa física de mucha importancia y que en grado superlativo ha impedido el desarrollo


moral y material de la República, es la inmensidad del territorio en proporción al número de
habitantes y a las condiciones del suelo para vivir en él. Si todo el Perú tuviera la densidad
que puebla Puno, Cuzco y Ancahs, nuestra población alcanzaría a nueve o diez millones de
habitantes; pero ni aun con esta cifra, su tamaño estaría en relación con el total de
pobladores que puede contener y alimentar.

La extensión, cuando toda ella no está constituida por terrenos propios para la agricultura es
un inconveniente, mucho más cuando el relieve del suelo no es homogéneo. Cuba,
Venezuela, Bolivia, la Argentina, con ligeras variantes, están situadas respectivamente a la
altura de un mismo plano. Estados Unidos, a pesar de su enorme extensión y de hallarse
cruzado por la cordillera que termina en Alaska, tiene un territorio poco accidentado.
Argentina es una pampa, Chile un valle longitudinal al medio de dos cordilleras, Bolivia un
altiplano, Venezuela un extenso -140- llano circundado por el norte, sur y oeste por
suaves montañas. No pasa lo mismo con Colombia, Ecuador y Perú, que hallándose en el
trópico y cruzadas por varios ramales de cordilleras, presentan diferencias notables en
climas y alturas, y por consiguiente en producciones y hasta en el espíritu de sus habitantes.

En el Perú, la extensión y el relieve han originado el desierto, la puna, los valles aislados y
la carencia de aquellas suaves y continuadas ondulaciones de terrenos cultivados existentes
en El Salvador y en Cuba.

Coloquemos en un papel a escala kilométrica, en forma sucesiva todos los valles de la costa
del Perú, y su extensión comenzando por Tumbes en el norte, cuando más llegará a
Chiclayo por el sur. Ha sido el desierto costanero inconveniente territorial de notable
magnitud. Felizmente, petróleo en el norte y nitrato de soda en el sur, compensan una
agricultura que apenas llega a un tres por ciento en todo el litoral.

En los primeros tiempos de la República, en aquellos en que la comunicación a caballo era


más eficaz que la marítima en buques de vela, penoso fue para los pobladores costeños ir de
Lima a Piura o de Lima a Tarapacá. Los pocos que hoy trafican esos longitudinales
caminos, miran con asombro en los blancos huesos que hallan a su paso los restos de
acémilas que por cansancio, hambre o sed quedaron a mitad de la marcha. Menos costosa y
de mayor seguridad personal es la comunicación por vapor; sin embargo, haciéndose ésta a
razón de diez millas por hora y con arribada forzosa en todos los puertos cuando se caletea,
son doce días los que se necesitan para ir desde Tumbes hasta el Loa. Si costosa es la
navegación a lo largo del litoral por el número de días que hay que emplear en recorrerlo no
serían muchas las ventajas que para -141- fletes y pasajeros se obtendrían si toda la costa
de norte a sur tuviera una línea férrea longitudinal. En la inmensidad del territorio costanero
no es la distancia el obstáculo principal, sino la accidentación del suelo, arenoso en la
mayor parte de sus pampas, onduloso en las cercanías del mar y a menudo atravesado por
terribles espolones, por morros estupendos, por altos contrafuertes que vienen desde la
cordillera y casi verticalmente se hunden en el océano. El único valle intermediario entre
Lima y Huacho es el de Chancay. Si los tres estuvieran unidos y no separados por el
desierto, el ferrocarril actual no tendría la distancia ni las dificultades técnicas que vemos
en él.

Si son 1900 millas las que tiene el Perú, en línea recta a lo largo de toda su costa, su
anchura es también estupenda, alcanzando entre Paita y el Yavarí a 1700 kilómetros. El
desierto costanero, lo inhabitable que es la cordillera en muy buena parte de ella y lo difícil
que se hace desmontar la zona boscosa de la montaña, han mantenido despoblados extensos
territorios en las tres comarcas. Por esta causa, el desarrollo industrial del Perú ha sido lento
y las pocas ciudades que existen en relación a lo extenso del territorio aparecen
desparramadas en él.

Tienen la costa y la montaña vías acuáticas para su comunicación. Carece la sierra de ellas,
y las distancias que en el Pacifico y en los afluentes del Amazonas se salvan navegando
algunos días, en la sierra no se pueden cruzar longitudinalmente sino empleando numerosas
semanas. Son las cordilleras y sus valles anexos ricos en minerales, y en ganadería, no
faltando tierras para la agricultura, pero nada de esto está junto, ni siquiera aproximado.
Los principales yacimientos de plata y cobre se hallan separados unos de otros por
centenares de kilómetros. Si todos estuvieran -142- en una sola provincia, el problema de
la comunicación hubiera sido resuelto económicamente. Si a inmediaciones del Cerro
estuvieran las minas de Huallanca, Pataz, Conchucos, Cajabamba y Hualgayoc, una sola vía
férrea hubiera solucionado el problema del transporte. Si todo el carbón que posee la
República, estuviera también en las cercanías del Cerro y no desparramado desde Tumbes
hasta Huancavelica, el mismo ferrocarril serviría para transportar por el puerto del Callao al
exterior todo el carbón que mandáramos al extranjero.

Si extensa es la costa, mucho más lo es la sierra, teniendo la montaña proporciones


superiores a las dos juntas. Los incas y los españoles intentaron conquistarla; los primeros
en sus cabeceras, los segundos navegando sus ríos. Sin embargo, el medio les fue adverso.
Hubo extraordinario empeño en ello y abnegación sin límites en los sacerdotes católicos
que durante tres siglos intentaron realizar la conquista espiritual de los salvajes. Fue
también el medio, obstáculo insuperable para conseguir tan loable propósito. La República
ha hecho prodigios en descubrimientos geográficos y en comunicaciones fluviales; también
en poblar nuevas ciudades, entre las cuales, Iquitos, es una prueba del espíritu civilizador
peruano del siglo XIX. A pesar de estos esfuerzos inauditos, la riqueza forestal, la minera,
ganadera y agrícola de la región fluvial están intactas. Se ha sacado un poco de caucho y
hoy se pretende sembrar algodón.

Hallándose diseminadas en el vasto territorio que forma el Perú, las riquezas agrícola y
minera, mediando entre una y otra soledades pavorosas, infranqueables quebradas, -143-
la población que habita la República vive también diseminada y únicamente ocupando lo
poco que hasta ahora ha merecido explotación en nuestro suelo. Siendo tantas las
dificultades que existen para irrigar los valles de la costa, y tan costosas las obras de
comunicación necesarias para llegar a la cumbre de las cordilleras donde se encuentran las
riquezas minerales, el Perú no ha tenido sitios preparados como los tuvo la Argentina para
colocar nuevos habitantes, y por esto, no habiendo llegado a sus playas corrientes
emigratorias europeas, su población ha permanecido estacionaria. En 1876, época en que se
hizo el último censo el Perú tenía 2704998 habitantes. Hoy, 1920, hay quien eleva esa
población a 4500000, no faltando autores de textos geográficos que la limitan a 3500000.
La verdad se conocerá cuando se haga un nuevo censo.

La mayor parte de nuestra población reside en la sierra, siendo la montaña la menos


poblada.

El mejor artículo que se ha escrito sobre extensión territorial, tiene por autor al distinguido
contra almirante de nuestra armada, señor don Melitón Carbajal, actualmente Presidente de
la Sociedad Geográfica de Lima. En él dice lo que sigue:

La determinación de la superficie de un Estado, o más generalmente, de la superficie de una


porción de la tierra, es operación que no da resultado exacto sino cuando se ha trazado un
canevas geodésico cuyos elementos se han llegado a conocer con la debida exactitud.

Pocas son las naciones que pueden contar con tal conocimiento, y éstas son las únicas que
pueden dar con suficiente exactitud la extensión superficial que abraza su territorio. Las
demás que poseen mapas trazados con sólo el conocimiento de algunas posiciones
geográficas y de levantamientos planos parciales más o menos aproximados, no tienen
recurso -144- que medir en estos mapas la extensión contentándose, por consiguiente,
con la aproximación que dichos mapas permiten.

Por otra parte, el trazo de un canevas geodésico que cubra el territorio de un Estado y su
medición son operaciones que requieren numeroso y escogido personal técnico y años de
trabajo y que exigen cuantiosos gastos que no todos los Estados están en la posibilidad de
realizar.

En este número debe contarse el Perú, que sin embargo viene trabajando en la medida de
sus recursos y de los elementos de que puede disponer, en unir con destino al trazado de su
mapa las observaciones astronómicas y los estudios de todo género que, en materia
orográfica e hidrográfica se han realizado por los hombres de ciencia en la extensión de su
territorio.

Uno de estos, y sin duda el que más ha trabajado en beneficio de la geografía nacional -ha
sido el sabio naturalista Don Antonio Raimondi-. A éste se debe el mapa del Perú que ha
adoptado la Sociedad Geográfica, por ser el que de menos errores adolece en la colección
de todos los conocidos hasta hoy, como que no es más que la corrección de estos en virtud
de datos obtenidos y de observaciones posteriormente realizadas.

Por esto y por la gran escala en que está trazado, he elegido el mapa de Raimondi para
practicar en él las mediciones necesarias a la determinación de la superficie del Perú y he
obtenido ésta midiendo provincia por provincia con el conocido planímetro de Amsler.

Este instrumento, cuya verificación he logrado obtener a punto de medir el decímetro


cuadrado con un error por defecto de medio milímetro cuadrado -lo que en la escala del
mapa, que es de 1 /500,000 corresponde a un error de K2/0,125 -dará las áreas con un error
relativo de 1/20,000 puesto que el decímetro cuadrado del mapa representa 2,500
kilómetros cuadrados y por consiguiente, el resultado de la medición planimétrica, por lo
que respecta al instrumento, no deja que desear, quedando afecto sólo por las
imperfecciones inherentes al mapa en que he practicado las mediciones.

Esto establecido, los resultados se verán en el siguiente cuadro que expresa en kilómetros
cuadrados la extensión de cada provincia, la de cada departamento y del Perú entero, a la
cual he agregado la densidad de población que he obtenido calculando esta última por
medios que designaré en un próximo estudio.

-145-

-146-

-147-

-148-

En este cuadro no está comprendida la superficie que abraza la parte peruana del lago
Titicaca, ni las de las principales islas que tenemos en el Pacífico, cuyas extensiones
representan 44722 1/3 kilómetros cuadrados, como sigue:

Islas de Lobos de tierra k2 16,29


Islas de Lobos de afuera » 2,60
Isla Macabí » 0,06
Isla de Guañape » 0,01
Islas del Grupo de Huaura » 2,29
Islas de Pescadores (Callao) » 1,15
Islas de Chincha » 2,20
Isla Ballesta » 0,86
Isla San Gallán » 6,87
Lago Titicaca (parte peruana) » 4440,00
Total k2 4472,33

-149-
En el tomo VI, página 223 del Boletín de la Sociedad Geográfica de Lima, con el título de
La extensión superficial del Perú corre inserto el resultado de mis mediciones planimétricas
sobre la extensión superficial de cada una de las provincias y departamentos del Perú,
conforme a los linderos internacionales que en aquella época, 1897, consideramos
oficialmente, pero habiendo los arreglos sobré límites con Bolivia y Brasil respectivamente
celebrados a fines del año 1909, modificado sustancialmente dichos linderos ha sido
necesario rectificar las extensiones de los departamentos de Loreto, Cuzco y Puno que son
los apartados por tales arreglos.
Practicada nueva medición en los planos y con referencias publicadas encuentro estos
resultados:

Tenía en 1897 Porción cedida Tiene en 1910


Departamento de Loreto 747,296 k2 227,200 470,096
Ídem de Cuzco 404,845 120,150 284,695
Ídem de Puno 106,731 26,712 80,019

La nueva superficie del Perú que en el primero de dichos años se estimaba en 1806,894 k2
comprendiendo la porción peruana del lago Titicaca y las islas del Pacífico, queda pues hoy
reducida a 1382,832 kilómetros cuadrados.

-150-

Capítulo VII

La costa

Algo que sorprende al viajero que por primera vez arriba a playas peruanas, es el cambio
completo del paisaje apenas deja el golfo de Guayaquil. Acostumbrada la vista a recrearse
en la lujuriosa vegetación de Colombia y Ecuador, es notable el efecto que produce la
amarillenta línea del litoral piurano. Su aridez sorprende el espíritu y oprime el corazón. Lo
que por muchos días es verde y lluvioso, conviértese a partir de Tumbes hacia abajo en
desiertos de arena, en paisajes que sólo dan vida y relieve rugosas y áridas serranías. Para
que el efecto sea completo y el concepto de que se ha llegado al país de la desolación no dé
motivo a duda, hasta los puertos han sido edificados en lo más seco del litoral. Qué aspecto
tan raro, qué panorama tan singular presentan Paita, Eten, Salaverry, Chimbote, Supe,
Pisco, Mollendo, Ilo, etc., vistos desde el mar. El Callao, circundado de vegetación en su
parte plana es una rareza en nuestra costa, es un pequeño oasis y una revelación de la
sabiduría de los conquistadores al colocar la capital del reino que fundaron a dos leguas de
su bahía.

-151-
Nuestro litoral carece de amenidad. El paisaje rara vez es tranquilo y uniforme. Son los
Andes montañas agresivas, y sus contrafuertes a menudo penetran en el océano en forma de
espolones. Pocas serranías hay en el mundo que sean tan continuamente imponentes y que
se encuentren tan inmediatas al mar. Desde la bahía de Chimbote es posible contemplar en
los días serenos de mayo los 24000 pies de altura a que se hallan las grandes moles nevadas
del Huascarán.
La parte de costa en que no llueve o que por lo menos llueve muy poco, puede estimarse en
38,850 kilómetros cuadrados, estando irrigado tan sólo el 3 por ciento de tan extenso
territorio. Hay posibilidad de irrigar un uno por ciento más; y cuando esto se realice, los
valles, las ciudades y puertos de nuestra costa, hoy poblados con una cuarta parte del total
de habitantes que tiene el Perú, tendrán mucha más gente.

Terminan en Pacasmayo los tablazos y las pampas costaneras que observamos desde
Tumbes. Lo que hasta Eten es plano, ligeramente elevado sobre el mar y sombreado por
bajas serranías que se ven desde el océano, como los cerros de la silla de Paita, tiene hacia
el sur aspecto diferente. Desde Chérrepe, los cerros llegan hasta la playa marítima, y
cuando penetran al océano, las olas bañan con furia sus bases, como también los macizos
acantilados. En esta sección del litoral, como ya hemos dicho, los ríos bajan por valles
angostos y los únicos terrenos extensamente llanos se encuentran en la desembocadura de
ellos. A partir de Cerro Azul hacia el sur, vuelven a repetirse las mismas llanuras costaneras
que hemos visto entre Tumbes y Salaverry. En esta sección, el llano está formado por
pampas más o menos extensas, pampas que se hallan socavadas -152- por los ríos que
corren por el fondo de profundos cañones que esos mismos ríos formaron. Viene después la
sección meridional, aquella que termina en el Loa. Ella ha sido admirablemente pintada por
el ingeniero Lissón, y a él le cedemos la palabra.

La región estudiada entre Mollendo y Chala contiene los tipos característicos de los
tinajones y chiras.

La acción erosiva sobre la línea de la orilla es bastante clara en esta sección. Las olas atacan
un terreno que sufre un desplazamiento negativo; los acantilados reculan. Los desmontes no
se acumulan formando plataformas de abrasión, estables. Las olas chocan directamente
contra la base de los acantilados con toda violencia, labrando el límite de su acción, aun no
alcanzando. Las arcadas y cuevas de la orilla, y la ventana sumergida de los tinajones,
demuestran esta aserción, con su abundancia y proporciones.

Este proceso de abrasión marina se desarrolla sobre un relieve de terreno rocalloso. Este
relieve no es más que la Cadena de la Costa que, en esta parte de nuestro territorio, llega al
mar; cadena cuya altura media es de 700 a 1000 metros sobre el nivel del mar y que
representa las raíces, a veces arcaicas, de una cordillera antigua, y anterior, por
consiguiente a la de los Andes occidentales. En este sentido, asistimos en este momento a la
destrucción de los restos venerables de aquella vieja sierra.

La costa que se extiende desde Mollendo hasta Pescadores de Ocoña y aún Atico y Chala,
con varias excepciones, permanece elevada y escarpada; ofreciéndose a los ojos de un
viajero de a bordo, como el tablero de una mesa, largo e inclinado. Es una terraza marina
solevantada. Su acantilado varía de 20 a 80 metros (máximo) de altura. Su superficie está
ligeramente ondulada y atravesada por cortas y estrechas quebradas secundarias; y su
anchura oscila entre límites muy latos, desde medio kilómetro, y a veces menos, hasta 10 y
20 o más kilómetros. La faja inmediatamente vecina a la línea de playa, es la que presenta
mayor número de accidentes superficiales. Por la naturaleza granítica de la roca en que está
labrada esta zona litoral, la suavidad de la superficie del suelo está interrumpida por causes
secos de avenida y angostas quebradas, restos deformados del primitivo relieve orogénico
de la mencionada cadena de la costa. Y entre estas -153- hondonadas y fosas, se
extienden llanos arenosos, salpicados de vez en cuando por oasis de verdura, centros
agrícolas que rompen la monotonía del panorama. Según que esta faja se encuentra en la
base o en la falda de la cadena, la erosión marina se realiza sobre roca arcaica o sobre
sedimento terciario y cuaternario.

Detrás de la cadena de la costa, a manera de muralla divisoria, se extienden formaciones de


facies diferentes, pero que entran en el cuadro genérico de la zona costanera. Detrás, se
extienden dilatadas pampas como las de Islay y Caravelí, con terrazas marinas escalonadas,
análogas a las de Ocucaje (Ica) y puerto de Chala; yacimientos de derrame y aún napas de
rocas volcánicas como basalto y rhyolita, de edad neogénica. Pero lo importante allí es la
existencia de una formación persistente y dominante, que da un carácter típico al relieve del
terreno, cuya formación puede compararse, sin exageración, al valle longitudinal clásico de
la región de Tarapacá, emporio del salitre de soda.

Melo, en su Derrotero de la Costa del Perú, describe así el borde marítimo, o sea la línea
que pone en contacto la tierra con el mar.

Al avistar tierra, el navegante sólo distingue masas de cerros que elevan hacia el interior,
sin que alcance la vista las cimas más distantes, que se ocultan en la densidad atmosférica.
A medida que la distancia se acorta, cerros refundidos en la masa emergen distintamente;
pero en todos se vota una especialidad común: la absoluta aridez. Al que acaba de recorrer
las costas de Colombia y Ecuador, exuberantes de lujuriosa vegetación, le afecta esa falta,
no sólo de arboleda, pero hasta de yerbas espontáneas.

Acorta aún la distancia, no siempre resulta la perspectiva menos ingrata. En partes, la


llanura alta avanza hasta el mar, delante del cual cae bruscamente, ofreciendo a la vista del
navegante frontones acantilados, en los que golpean las olas; en otras partes quedan fajas
más o menos estrechas, entre los barrancos y el mar, fajas compuestas de arena, las más
veces, y algunas de guija; en otras partes, en fin, cadenas de cerros descienden hasta el mar,
haciendo los extremos de senos hondos, que resultan abrigados por dichas puntas; pero en
resumen la perspectiva es siempre semejante: hacinamientos caóticos de cerros desnudos,
separados entre sí por desiertos de arena.

-154-
Sin embargo, a espacios, la llanura alta o la sierra se aquiebran y por la grieta se precipitan
desde la cima de los Andes torrentes que bajan con desnivel de cascada; esas grietas se
ahondan y ensanchan hasta hacerse valles, y el agua torrentosa que serpentea por los planos
inclinados que forman esos valles se distribuye con pequeño esfuerzo por sus superficies y
los mantiene cubiertos de abundante, permanente y variada vegetación. Sobre la verde
superficie que forman, y que resulta encuadrada por el desierto, resurge la vida en sus
múltiples manifestaciones, reacciona el espíritu atrofiado por la monótona desolación que
causa tanta sierra desnuda, tanta llanura árida y el turista extraño se reconcilia con el país
que visita.
Las costas del Perú, a las que casi todos los geógrafos dan 1900 kilómetros de largo, tienen
el inconveniente de ser poco recortadas y por tanto escasas de entrantes y salientes. Gran
parte de los barrancos rocosos que el mar baña, tienen en su ondulación variantes muy
ligeras. Por esta causa, la accidentación marítima está muy distante de igualar a la que
observamos en el sur de Chile. Exceptuando Paita, Chimbote, Callao, Illo, Arica y algún
otro, puerto de poca importancia, el resto de nuestras bahías carece de abrigo y buen
fondeadero. Aurelio García y García, Melo y Stiglich, los tres con el mismo título:
Derrotero de la costa del Perú, han descrito con bastante precisión y rara habilidad el perfil
del litoral peruano. Raimondi, en pocas páginas nos da idea completa de lo que son las
bahías, puertos y caletas de nuestra costa. Los apuntes que van a continuación han sido
tomados de los manuscritos inéditos de nuestro sabio e ilustrado explorador.

Dominando en toda la costa del Perú los vientos del SSO ESE y teniendo la corriente
marina la misma dirección de la costa, sólo las bahías defendidas por ese lado pueden
ofrecer un fondeadero seguro; y así los mejores puertos tienen por el lado sur algún cerro,
lengua de tierra o punta -155- que se avanza al mar; pues las bahías abiertas por ese lado
están expuestas a fuertes marejadas y grande reventazón.

Empezando la enumeración de las bahías de la costa del Perú por el Norte, tenemos:

Bahía de Tumbes.- En la ensenada formada por la punta de Malpelo se halla la espaciosa y


abrigada bahía de Tumbes. El mejor tenedero de esta bahía se halla 3 millas al E del
extremo de dicha punta y al N de la boca del río, en un paraje llamado El Pozo.

El río de Tumbes desemboca en la misma bahía, pero en tiempo de creciente entra al mar
por varias bocas.

Puerto de Paita.- Al este de la precedente punta se halla el hermoso y ancho puerto de este
nombre, que es el principal del Departamento de Piura. En cualquier parte de este excelente
puerto hay fondeadero seguro, hasta cerca del muelle y de la población, que se encuentra al
lado sur. Esta última es abundante en provisiones, pero el agua es costosa; pues hay que
traerla desde el pueblo de Colán, distante unas dos leguas, y a veces de un lugar llamado la
Huaca, situado en la orilla del río de la Chira, a más de 6 leguas de Paita.

El puerto de Paita está rodeado hacia el E y NE por un elevado barranco casi cortado a
pique, sobre el cual se extiende un terreno llano conocido en el país con el nombre de
Tablazo.

Bahía de Sechura.- Esta espaciosa bahía está abierta al O y NO y de consiguiente bien


abrigada de los vientos del SE. La bahía de Sechura tiene 35 millas de boca y 14 de saco;
ofrece buen fondeadero en todas partes, pero los surgideros que se usan de preferencia son
los llamados Salina y El Pueblo.
El principal artículo que se exporta por la bahía de Sechura es la sal.

El río de Piura desemboca en la parte NE de la bahía cerca del pueblo de Sechura.

Roda de San José de Lambayeque.- A trece millas antes de llegar al Morro de Eten,
viniendo del Norte, se halla la rada de San José, que impropiamente llaman puerto; pues no
puede recibir este nombre un lugar enteramente abierto, sin abrigo de ninguna clase.

El embarque y desembarque se hace allí por medio de balsas, que aunque muy toscas y
primitivas, sin duda alguna iguales a las que usaban los antiguos peruanos antes de la
conquista, son al menos muy seguras; principalmente en un mar tan abierto, donde es muy
frecuente quedar incomunicado por uno o dos días.

-156-
Rada de Pimentel.- El llamado puerto de Pimentel es otro surgidero que tiene todas las
malas condiciones del de San José, del que dista solamente cuatro millas.

Puerto de Eten.- Este puerto está al N del morro del mismo nombre y aunque abrigado en
parte por este último, no se halla defendido de las marejadas del SO que producen grandes
reventazones.

Unos barrancos escarpados que rodean al puerto, casi no dejan playa. Sin embargo es
mucho mejor que los de San José y Pimentel.

La costa al norte del puerto es formada de playa de arena en la que azota el mar con mucha
fuerza.

Caleta del Progreso.- Esta caleta situada entre el morro de Eten y la caleta de Chérrepe, de
la que dista siete millas hacia el norte, tiene un fondeadero desabrigado a una milla de
tierra. En este jugar no se encuentran recursos de ninguna clase, habiéndose abierto la
caleta tan solo para la exportación de leña, carbón y otros productos de las haciendas
cercanas.

Caleta de Chérrepe.- La caleta de este nombre se encuentra inmediatamente al norte de la


Punta de Zaña, que le sirve de abrigo. Tiene buen fondeadero para los buques que vienen a
cargar los productos de las haciendas Cayaltí, Ucupe y otras situadas a poca distancia, para
cuya exportación ha sido habilitada.

Rada de Pacasmayo.- A 15½ millas de la Punta de Zaña, con dirección al SSE, se encuentra
la Rada de Pacasmayo, que comúnmente llaman puerto. El mejor surgidero se encuentra al
O del pueblo a 4½ millas cables de la playa.

El embarque y desembarque se hace fácilmente mediante el largo muelle de fierro provisto


de rieles, sobre los cuales corren los carros, algunos de los cuales, provistos de árbol y vela
como una embarcación, son movidos por el viento.
Caleta Puemac.- Inmediatamente al norte de la Punta Arcana, llamada también Puemac, se
halla la caleta que lleva este último nombre. Como está poco abrigada se experimenta una
marejada muy molesta.

Rada de Malabrigo.- La rada de este nombre forma una grande ensenada abrigada por el
lado sur, pero abierta al SO, O NO. Su mejor surgidero se encuentra en el fondo de la
ensenada, entre las casas y una pequeña punta negra llamada el Observatorio. En la rada de
Malabrigo hay en general poco fondo; pues a una milla de tierra no se encuentra más de 9 a
10 metros de profundidad, en todas direcciones.

-157-
Caleta del Brujo.- A 3 millas al norte del valle de Chicama y casi E O con el pueblo
llamado Magdalena de Cao, se halla la caleta del Brujo, conocida también con el nombre de
San Bartolomé. Su tenedero en muy malo por las numerosas piedras sueltas de que está
sembrado y por la fuerte marejada.

Puerto de Huanchaso.- El puerto de este nombre se halla a 14½ millas de la desembocadura


del río de Chicama, en dirección casi al SE. Tiene mal fondeadero a una milla de tierra,
pues no tiene abrigo para la continua marejada que se experimenta de través y en tiempo de
bravezas revienta el mar muy afuera.

Los indígenas acostumbran, para pescar, unas balsitas de totora que llaman caballitos,
desafiando con estas débiles embarcaciones el furor de las olas del mar embravecido; pues
siendo muy buenos nadadores y prácticos del lugar, vuelven con presteza a asir sus
caballitos cuando les es arrebatado por las olas.

Caleta de Huamán.- A una milla al NO de la boca del río Moche y muy cerca de Trujillo, se
halla la caleta así llamada; su fondeadero es malo y no tiene abrigo alguno.

Puerto de Salaverry.- El puerto de este nombre está a 12 millas al SE del de Huanchaco y a


sotavento del Morro Carretas. La playa tiene tasca como en Huanchaco, pero el
desembarque se hace con más facilidad que en este punto. Salaverry es puerto mayor,
creado recientemente para reemplazar a Huanchaco por ser más seguro.

Caleta de Guañape.- Esta caleta se encuentra al E de la pequeña punta que forma parte del
Morro del mismo nombre. Su mejor fondeadero se halla a media milla de tierra cerca de
unos ranchos. En la playa hay mucha reventazón, de manera que no es prudente
desembarcar en los botes de a bordo, siendo preferibles para ello las lanchas de tierra.

Fondeadero de Chao.- El fondeadero que lleva este nombre se halla 2½ millas al NNO de la
caleta de Coscomba y a 1½ de tierra frente de los ranchos que hay en la orilla. En este
fondeadero hay continua marejada y reventazón en la playa.

Bahía de Santa.- A dos millas al NNE de la isla de Santa se abre la bahía del mismo nombre
y de la cual forman su parte S el Morro. La caleta es pequeña, pero tiene buen fondeadero
de 4½ a 5 brazas hacia el lado de la punta.
Santa es puerto menor, y por él se embarca leña, carbón, arroz, algodón, etc.

-158-
Puerto de Chimbote.- La hermosa bahía de Chimbote, llamada también de Ferrol, tiene 7
millas de ancho; completamente limpia, esta defendida hacia el S por una península de
cinco millas de largo. Su boca se halla a 9 millas al NO de la bahía de Samanco, y los
islotes, del mismo nombre, la cierran por el SO; es muy segura y poco menor que esta
última, de la que la separa un istmo de arena.

Toda la playa que rodea la isla es muy baja y arenosa, de modo que las embarcaciones no
pueden acercarse a menos de media milla de tierra.

Bahía de Samanco.- Inmediata a la precedente y a 14 millas al NO del puerto de Casma, se


halla la bahía de Samanco que es la más grande de todas las de la costa peruana al norte del
Callao pues se prolonga por seis millas de NO a SE; tiene tres millas de saco y dos y tercio
de boca. En cualquier punto de esta bahía se encuentra fondo; desde 21 brazas, a la entrada,
va disminuyendo gradualmente hasta sólo 32/3, en la parte norte, y a 2/3 de milla de tierra.

Bahía de Casma.- A unas 10½ millas al SE de la bahía de Samanco, se encuentran los


cerros situados en la parte norte de la de Casma, la que tiene una abra y de una milla y dos
tercios. Internándose hacia el E se descubre la playa baja de arena que rodea aquella parte
de la bahía.

Su mejor fondeadero se halla hacia el E.

Bahía de Huarmey.- Esta bahía es una ensenada formada por la punta Cabeza de Lagarto
que avanza hacia el mar y la defiende por el sur.

Bahía de Gramadal.- Continuando al SE por ocho y media millas del morro Bufadero, se
llega a la punta del Jargüey, que forma la bahía del Gramadal. Esta bahía tiene buen
fondeadero abrigado hacia el sur, con 9 a 13 metros de agua, y debe su nombre a la grama
que cubre a muchos mogotes.

Bahía de Barranca.- A nueve millas hacia el SE de los cerros de la Horca, está la pequeña
bahía de Barranca, que casi es inaccesible por la continua reventazón que impide acercarse
a la orilla.

Puerto de Huacho.- El puerto de Huacho está inmediatamente al NE de la punta de su


nombre. Tiene regular fondeadero de catorce a ocho metros, a unos tres cables de la playa
SE.

Huacho es puerto menor y hay en él un movimiento de embarque bastante activo, pues


abunda en frutas, y otras provisiones.

Bahía Salinas.- Inmediata al puerto de Huacho, y hacia el S, se abre la espaciosa bahía que
tiene tres millas de -159- saco y 4½ de boca y en la que se puede fondear en cualquier
punto.
Puerto de Chancay.- A sotavento de la punta de Chancay se encuentra el puerto del mismo
nombre que tiene fondo de veinticuatro a doce metros a la distancia de tres cables de tierra.

La población de Chancay se halla a ocho kilómetros de distancia sobre los barrancos del N.

Puerto de Ancón.- Inmediatamente a sotavento de la punta Mulatas, se halla el excelente


puerto de Ancón.

Tiene tenedero muy seguro cerca de tierra a la distancia de tres o dos y medio cables hacia
el seno del SE, con fondo de arena en catorce a nueve metros de agua.

Bahía del Callao.- Esta hermosa y cómoda bahía que es reputada como la mejor de la costa
occidental de Sud América, por su extensión, comodidad, abrigo e importancia comercial,
está abierta hacia el NO y N; limitada hacia el SO por la isla de San Lorenzo; al S por la
lengua de tierra llamada La Punta y al E, por la costa que corre hacia el N.

En esta bahía se encuentra fondo en todas partes con buen tenedero de fango, desde ocho
metros muy cerca de tierra, hasta treinta y seis, al centro de la bahía, esto es, a cuatro millas
distante de tierra. Por estar abrigado del mar del sur, y por hallarse cerca del muelle, el
mejor punto para fondear es a sotavento de la costa sur.

La mar brava.- El trecho de costa desde La Punta hasta Miraflores es inabordable casi en
toda época del año, por la continua reventazón que hay en este paraje, por cuyo motivo es
conocido con el nombre de Mar brava.

Puerto de Cerro Azul.- A cinco millas en dirección casi al sur de la punta anterior, está la
caleta conocida con el nombre de Puerto de Cerro Azul; tiene fondo de piedra y está sujeto
a continua marejada del SO con fuerte reventazón, lo que hace su tenedero poco seguro.

Puerto de Tambo de Mora.- Siguiendo la costa con dirección, al SE se encuentra a seis y


media millas de la punta Fraile, la desembocadura del río de Cañete, y a 28 millas más
adelante, en la misma dirección, la quebrada, casi siempre seca, llamada del Jagüey. Desde
este punto continúa la costa con dirección al S SE, y a 8½ millas distante se halla el puerto
de Tambo de Mora.

Puerto de Pisco.- Aunque comúnmente se comprende con nombre de bahía de Pisco al seno
limitado por la isla de San Gallán la gran península de Paracas y la costa al E -160- y N,
el verdadero puerto está situado al N 65 E de la isla Blanca, de la que dista cinco y media
millas.

El puerto de Pisco no está abrigado de la marejada del SO que es casi constante; tiene
surgidero con fondo de fango de catorce a ocho metros, pero el mejor fondeadero es el SO
del muelle a dos cables de la punta, donde hay ocho metros de agua.
Puerto de Lomas.- Siguiendo en la misma dirección E SE y a 7 millas de la punta de Lobos
se halla el puerto de Lomas que tiene fondeadero bueno y seguro cerca de tierra en el seno
del E, en 22 a 14 metros con fondo de arena.

Puerto de Chala.- A 8 millas al E SE de la punta de Chala se halla el puerto de este nombre


que no es más que una pequeña inflexión de la costa que tiene varias rocas a barlovento.
Hallándose este puerto casi sin abrigo alguno está expuesto a una continua marejada y
reventazón en la playa.

Este puerto tiene fondo de piedra de 40 a 30 metros a 1½ millas del desembarcadero.

Caleta de Quilca.- A 9½ millas, siempre en dirección E SE de la punta de Pano, se


encuentra la caleta de Quilca, notable por un pequeño recodo que hace hacia el interior que
le da la forma de un garabato.

Esta caleta tiene una entrada angosta y ofrece el mejor tenedero para buques menores. Su
fondo es de 18 a 12 metros.

El mejor surgidero para los buques mayores se halla al S de la caleta, entre ésta y la boca de
la quebrada.

Caleta de Mataraní.- Tres millas al SSE de la quebrada de Mollendito, al pie de una


pequeña quebrada abierta en el mismo seno al N del puerto, se halla la caleta Mataraní, que
tiene adelante una pequeña playa de arena. Es el mejor tenedero de la ensenada de Islay.

Puerto de Islay.- Este puerto, uno de los principales de la costa del Perú, ofrece el aspecto
de una gran fosa redonda rodeada de barrancos y peñascos cortados casi a pique, que no
dejan playa alguna en su base.

El fondo en el puerto de Islay es de piedra con 22 a 26 metros de agua, a medio cable de


tierra, y va en aumento hasta 30 a la mitad del puerto.

Puerto de Mollendo.- Este puerto se halla a 5 millas al E de la punta de Islay; su fondo es


de arena gruesa con 24 metros de agua, cerca de la costa, y 44 a 3 cables distante de tierra.
Hay algunas piedras al N y S pero son fáciles de evitar.

Caleta de Mejía.- La caleta de este nombre se encuentra -161- a 9 millas al SE del puerto
de Mollendo. Su fondeadero es de 20 a 18 metros, a 5 y medio o 6 cables distante de tierra.
No ofrece abrigo y siempre hay reventazón en la playa.

Puerto de Ilo.- Este puerto se halla en la ensenada del mismo nombre. El fondeadero está
situado en la parte S a no menos de dos cables de tierra en 20 a 16 metros de agua. En este
fondeadero se encuentran muchos peñascos y se experimenta continua marejada de través;
de modo que se prefiere la inmediata caleta de Pacocha.
Caleta de Pacocha.- Esta caleta dista una milla del puerto de Ilo; es sin duda la más
importante de la ensenada de Ilo y tiene el mejor tenedero en 28 a 24 metros con fondo de
piedra. En la caleta no hay agua potable, pero se proveen de ella en el cercano río de Ilo.

Caleta de Sama.- A cinco millas al SE de la desembocadura del río Locumba se halla la


caleta de Sama, la que tiene fondo de 26 a 18 metros cerca de tierra. Esta caleta es
frecuentada solamente por los buques cargados de guano para la agricultura del país, y sólo
los guardianes de este abono y algunos pescadores habitan allí.

Puerto de Arica.- Inmediato al valle de Azapa se halla el puerto de Arica, el que se abre al
N de la isla Alacrán, que la defiende por el lado S. Este puerto es formado por una curva
que describe la costa la que varía en este punto de dirección, siguiendo por 3 y media millas
al S SO.

El puerto de Arica es espacioso; tiene fondo de arena gruesa, en 20 a 10 metros de agua


cerca de tierra. El mejor tenedero es al N de la islita, de 2 y media a 3 cables de distancia.

En los meses de junio a agosto se experimentan con frecuencia bravezas del mar.

Lo que observado desde el océano parece tierra maldita, sin agua ni vegetación, en realidad
no lo es. Sesenta ríos, algunos muy caudalosos, irrigan el territorio costanero que estamos
describiendo y le dan la relativa prosperidad que tiene. Una descripción de lo que vería un
viajero que le cruzara a caballo, pasando por la faja de terreno inmediata al mar, puede dar
una idea de las condiciones físicas que son causa de su imitado progreso, y de su pequeñez
agrícola al lado de los cultivos existentes en Cuba, Uruguay, la Argentina -162- y el Sur
del Brasil. Estéril en su mayor parte por falta de lluvias y por este mismo motivo cubierto
en más de la mitad de su extensión por capas de arena que los vientos trajeron del mar, casi
toda ella está cubierta de sedimentos adecuados para fines agrícolas. Lo que posee tierra de
aluvión posiblemente representa el 40% de la lengua costanera inmediata al mar, y aunque
de poca latitud, pues su ancho varía de 2 a 6 leguas, felices seríamos si toda ella estuviera
bajo riego, o lo que es lo mismo, si agua hubiera para fertilizarla en toda su magnitud. Si
esto sucediera, el Perú tendría más terreno de cultivo que Cuba. Desgraciadamente, como
ya hemos manifestado al tratar de nuestros ríos, no corren por el cauce de ellos, con
excepciones raras, todo lo que las sedientes tierras exigen, y como muchas de estas tierras
de aluvión están a mayor altura de las que tienen los lechos de los ríos, sin poderlo evitar,
mucha agua se pierde en el mar no siendo posible aprovecharla.

Como estas consideraciones no son suficientes para apuntar las causas naturales que
impidieron el progreso de nuestros valles costaneros, se hace indispensable hacer la
descripción que hemos insinuado. Ella formará concepto geográfico y facilitará el análisis
de las causas materiales que en cien años han impedido mayor crecimiento.

Tampoco tuvo suerte nuestra costa en minería a pesar de haber tenido petróleo y salitre,
riquezas que no solamente son valiosas sino de inmediato desarrollo por su ubicación
cercana al mar. El petróleo recién principia a explotarse en cantidad apreciable. Respecto al
salitre, sólo nos fue posible sacar muy poco provecho de él por las causas apuntadas en el
capítulo de límites y que también trataremos en extenso en el libro Causas Económicas.

-163-

De Piura a Lima

Costas de Tumbes y Piura

Viniendo del Ecuador, es la región de Zarumilla la primera que el viajero encuentra en


tierra peruana. Es un distrito rico en petróleo, carbón y salinas. Es ganadero y agrícola;
tiene mucho monte, siendo por ello valiosa la cantidad de carbón de palo que se fabrica y se
exporta. Apenas está poblado por 800 habitantes, de los cuales viven en la capital,
Zarumilla, una miserable aldea, 200. Sus llanos son susceptibles de mejor irrigación.

Viene a continuación el despoblado de Cabuyal, rico en pastos naturales, donde se


mantiene ganado vacuno y cabrío, y enseguida el valle de Tumbes, cuyo río, como ya
hemos dicho, es uno de los más importantes de la costa por tener agua abundante y perenne
todo el año. Tiene el distrito varios caseríos y numerosas haciendas. La riqueza de sus
bosques es notable. Exporta carbón de algarrobo, frutas, cocos, cereales. Hay en él
criaderos de ostras y langostas, magníficas maderas de ebanistería y tiene tierra y agua para
que puedan vivir 300000 pobladores. Al presente sólo tiene 4000 habitantes, en su mayor
parte mestizos indolentes y sin espíritu para explotar ese pedazo de riqueza agrícola, único
de la costa del Perú donde llueve y cuyo aspecto es igual al que se contempla en los valles
de Jaén y del Huallaga. Un hombre de imaginación dijo de Tumbes que aquello era un
pedazo de tierra oriental escapado de las manos del Creador al tiempo de colocarlo en las
riveras del Ucayali. Es rico también en pesquería. Sus lizas y robalos son notables por el
tamaño y la calidad. Como si todo eso no fuera suficiente y la Providencia hubiera querido
darle más, toda la provincia reposa sobre yacimientos -164- de petróleo y sobre
riquísimos mantos de carbón. A media legua de Tumbes se halla San Pedro de los Incas,
lugar que queda muy inmediato a la antigua población indígena que encontró Pizarro a su
llegada al Perú, y que por la extensión de los canales y de las mismas ruinas, se cree que
puede haber tenido 100000 habitantes.

La construcción de nuevos canales para irrigar el valle de Tumbes es obra fácil y de poco
costo. El trazo de estos canales, hecho por el ingeniero inglés, Mr. Melville, sigue
aproximadamente el de los que abrieron los Incas. El de la margen oriental del río tiene 66
kilómetros y el del lado del oeste, 55.

Hacia el N O de Tumbes se encuentra Puerto Pizarro, llamado antiguamente La Palizada.


Se halla en la región de los esteros y en el comienzo del Golfo de Guayaquil. Dista 12
kilómetros de la ciudad de Tumbes.
Pasadas las Lomas de Salvajal, cuya área llega a 500 kilómetros cuadrados no irrigables
pues están muy cortadas por colinas y las aguas de lluvias sólo corren en verano, se llega a
la región explotada del petróleo, la que principia en las inmediaciones de la quebrada de
Boca Pan. Tiene esta quebrada y sus alrededores 1000 kilómetros cuadrados. Es susceptible
de ser irrigada mediante la construcción de un muro de represa más abajo de Tamarindo,
sitio donde se estrecha la quebrada hasta llegar a 90 metros de ancho entre paredes de roca
natural.

A la quebrada de Máncora sigue la pampa de Pariñas y después el despoblado de la Chira.


Este último con 2000 kilómetros de extensión y con abundante pasto en tiempo de lluvias.
En los terrenos de estos tres lugares existe la zona petrolífera del norte del Perú, la única de
todo el territorio que se trabaja en vasta escala por capitales extranjeros. -165- En La
Brea, Lobitos, Zorritos y Talara se hallan los yacimientos mejor explotados. En Talara se
beneficia gasolina y keroseno. La región tiene como 9000 habitantes, consagrados casi
todos a trabajos mineros. El puerto principal de la zona es Talara, situado entre Cabo
Blanco y Punta de Pariñas. Es bastante abrigado, tiene un buen muelle y está unido a
Negritos por un ferrocarril de vía angosta.

Saliendo de Negritos con rumbo hacia el sur, el camino de herradura sigue la playa del mar
y hállase abierto a inmediaciones de los barrancos que delinean las pampas que forman el
despoblado de la Chira. La distancia que media entre Negritos y la desembocadura de río de
la Chira es de 20 kilómetros, siendo un poco mayor la que es necesario recorrer para llegar
a Colán y después a Paita.

Todo lo árido y mineralizado que es el territorio desde Caleta Grau hasta el sur de la región
de Talara, se transforma en fértil y agrícola apenas se divisa la margen septentrional del río
de la Chira. Mucho antes de penetrar en él, piérdense de vista los cerros de Amotape,
formidables macizos que se desprenden de la cordillera que pasa por el sur del Ecuador y
que encierra riquezas mineras que el siglo XIX ni siquiera supo descubrir.

Es el Chira un Nilo en miniatura y el Piura un pequeño Cauca, y así como los terrenos del
Nilo en gran parte permanecieron infecundos hasta que los ingleses no hicieron en él
estupendas represas, así también los valles del Chira y de Piura, todavía sin esas represas,
han sido cultivados durante la primera centuria en pequeña extensión. Recién hoy se inician
irrigaciones modestas, las que no tomarán para el regadío ni la cuarta parte del agua que por
los ríos corre en verano y se pierde en el mar.

Es Piura unido a Tumbes territorio tan grande y tan -166- rico como lo es Guayaquil y la
provincia de Entre Ríos en el Ecuador. La clásica fecha próxima a celebrarse le encontrará
en situación naciente. Poco se ha hecho en 100 años, siendo causas muy complejas las que
le tienen estacionario. De todas ellas, ninguna tan sustantiva como la falta de canales para
irrigar las tierras. Hombres como Federico Moreno, Víctor Eguiguren, Coronel Zegarra,
con fe profunda y conocimiento perfecto de sus soledades, valles agrícolas y yacimientos
mineros, en magníficas monografías hicieron propaganda de las inmensas riquezas que ese
suelo posee. El medio nacional les fue adverso y todos ellos han muerto sin haber visto
realizado ninguno de sus vastos proyectos.
Arenal, Pueblo Nuevo, Amotape, Huaca y Colán, son villorrios inmediatos al mar en el
valle de la Chira. Más adentro hállase Sullana, la población más importante del valle y
hacia el interior, Querecotillo, La Huayala, Chalacaya, Chocán y Sonate.

Paita, después del Callao, como puerto es lo mejor del Pacífico peruano, como ciudad es
una población infecta, donde la bubónica, el paludismo y la fiebre amarilla están
diezmando los 4700, habitantes que actualmente tiene. Dista de Piura 14 leguas y hállase
unido a ella por un ferrocarril. A inmediaciones de Paita está la pampa llamada el Tablazo,
llanura con 2500 kilómetros cuadrados, sin agua y muy fértil cuando llueve, lo que ocurre
generalmente cada siete años. Hállase el Tablazo a 54 metros de altura sobre el nivel del
mar, y según Adams, por causa de esta altura es inirrigable por el Chira, a no ser que las
aguas de este río en lugar de derivarlas por canales se elevaran por medio de bombas.

La ciudad de Piura, que es la capital y que hoy tiene -167- 10000 habitantes, fue visitada
por Raimondi en 1869. De ella y otras poblaciones dijo lo siguiente:

Huarmaca está situada en la misma cumbre de la cordillera que en este lugar está bastante
baja, por lo que no se experimenta frío; y la abundante vegetación que cubre los cerros de
los alrededores, da a conocer, desde luego, que su clima debe ser bastante templado. Cosa
notable en este pueblo es que la iglesia se encuentra en la parte central de la población, en
la misma línea divisoria de las aguas que bajan a ambos mares, y como el terreno está
ligeramente inclinado en los dos lados de la iglesia, resulta que cuando llueve bastante el
agua que cae a un lado del techo baja por la vertiente oriental y va al Huancabamba que es
tributario del Marañón, y la que cae al otro lado va al río de Piura, que desagua en el
Pacífico.

Aunque se ha dicho que el pueblo de Huarmaca se encuentra en la cumbre de la cordillera,


no se crea que se halla rodeado de elevados picos. El terreno en sus inmediaciones no es
muy quebrado y se podría decir que apenas es ondulado, pues lo rodean cerritos formados
de tierras arcillosas y enteramente revestidos de vegetación, lo cual da al paisaje un
conjunto bastante pintoresco.

Las casas no forman calles, sino que se encuentran diseminadas unas en suelo llano, otras
en una hoyada, y algunas sobre terreno más elevado.

Hacia el NE del pueblo hay un cerro elevado de donde se originan dos pequeñas quebradas
que bajan casi paralelas, y enseguida divergen bajando en sentido contrario. Una de ellas es
la que se sigue en el camino de Congoña y la otra es el origen del río de Piura.

Huarmaca es cabeza del distrito que lleva el mismo nombre y que actualmente pertenece a
la provincia de Huancabamba, de cuya población distará unos 60 kilómetros. En sus
alrededores se cultiva cebada, maíz, trigo, papas y alfalfa: también se cría ganado.
Este distrito no tiene más poblaciones que Huarmarca, pero tiene por anexos la hacienda de
Congoña y varias parcialidades o caseríos situados a más o menos distancia, tales como
Naranjo, Muluco, Hualca, Bateas, Casapite, etc.

La mayor parte de los indios de este pueblo hablan castellano. Los que no han salido de su
tierra usan moño largo, esto es, el pelo reunido en trenza que le cae sobre las espaldas; pero
los que han bajado a la costa ya no lo usan. La mayor parte -168- lleva poncho de color
gris. La tez de los individuos es cobriza, y sus facciones marcadas.

Gran parte del departamento, o sea la que comprende las provincias del Cercado y de Paita,
está formada por grandes llanos muy ardientes, de magníficos terrenos, pero muy escasos
de agua, de manera que la mayor parte no son cultivados.

La provincia de Piura ofrece aspecto del todo particular, que la distingue de las demás de la
costa del Perú, teniendo solamente analogía con la de Ica.

El terreno es casi enteramente llano, y es la única provincia en la que los llanos situados a
poca elevación sobre el nivel del mar, se internan en algunos puntos más de 175 kms. En
efecto, Huarmaca, que es el origen del río de Piura, pertenece a la provincia de
Huancabamba, y se halla situada en la misma cordillera, y 35 kilómetros más al O de este
pueblo, en donde empieza la provincia de Piura, el terreno es ya muy llano y su elevación
sobre el nivel del mar es poco mayor que la de Lima, aunque ésta dista del mar menos de
10 kilómetros, y aquel de Paita más de 175 kilómetros.

La provincia de Piura está bañada, en pequeño trecho, por el río de Chira y por el de Piura,
que, como hemos dicho, tiene su origen en Huarmaca; es caudaloso en tiempo de aguas,
esto es, en los meses de febrero, marzo y abril, en cuya época es preciso pasarlo en balsas;
pero se seca en agosto o setiembre y permanece en este estado hasta enero. En las hoyadas
o partes más bajas del cauce del río, se conservan algunas pozas de agua, la cual al cabo de
poco tiempo se pone verde por el desarrollo de una alga microscópica. Estas pozas sirven
para los animales y reciben el nombre de bebederos, como se ha dicho ya.

Para el consumo de los habitantes que viven en las orillas se usa excavar pozos en la misma
arena, hallándose agua a uno o dos pies de profundidad, según la sequedad de la estación.
Cerca de Piura como a medida que va adelantando la estación seca, el agua se pone salobre,
las casas que tienen comodidad acostumbran envasijar el agua y reservarla para la época en
que la de los pozos se pone mala. El agua guardada empieza por corromperse, pero al cabo
de poco tiempo sufre una especie de fermentación y después se pone de buena calidad,
conservando, sin embargo, gusto particular. El río en la estación seca alcanza hasta la
hacienda de Pabur.

Aunque el río se seca, la vegetación continúa ostentándose debido a la humedad del terreno,
y todos los habitantes ribereños forman sus chacras a las orillas y cosechan antes de la
creciente.

-169-
En la gran hoyada por donde corre el río, todo el terreno en ambas bandas se halla cubierto
de monte de algarrobo, paypay, obero, etc., etc., y más arriba de Tambogrande, gran parte
del camino pasa en medio del monte, de manera que se marcha a la sombra de hermosos
árboles, casi sin experimentar calor y oyendo por todas partes el cantar de millares de
pajarillos escondidos, los cuales se multiplican prodigiosamente, disfrutando de la
abundante comida que suministran los árboles con sus frutos.

A cada momento se deja sentir el agudo grito del industrioso chilala (turnarias, cinanomeas)
que construye en las ramas sus admirables nidos de barro que simulan en su forma pequeño
horno; la doméstica soña (utimus lonsicaudatus), saltando de rama en rama y agitando
continuamente su larga cola e imitando el grito de los habitantes del bosque. Poco más al
interior del monte se oyen los repetidos golpes del laborioso carpintero, afanado en golpear
los troncos para desprender algún trozo de corteza que oculta alguna larva, que pronto ha de
ser su víctima; el dorado chiroque (ictenus), distrayéndonos con su melodioso canto; las
mansas cuculíes, haciendo oír, de cuando en cuando, su triste y monótona tonada;
centenares de tordos o negritos (cassicus palliatus), gritando o emitiendo en coro sus
variadas notas. A esta abundancia de vida se pueden añadir las ardillas que van saltando de
rama en rama o resbalando a lo largo de los troncos con asombrosa agilidad. Las iguanas y
gallanes, correteando entre las hojas secas cazando algún insecto, y por último el
permanente zumbido que se siente por todas partes sin ver al insecto que lo produce, es una
especie de abeja que va tomando su carga de polen de las flores de algarrobo.

A la sombra de los árboles viven en estos bosques numerosas cabras que buscan alimento
en las hojas y frutos del bichayo y del obero. La cabra es el animal más útil en el
departamento de Piura, porque se mantiene con cualquier cosa y se multiplica
prodigiosamente, sin necesitar de mucha agua. En la provincia de Piura suministra la mayor
parte de la carne que no tiene el olor que se nota en Lima, y casi toda la leche que se
consume, que también es mejor, y que, además de servir para todos los usos domésticos de
la de vaca, se prepara con ella quesillos.

Los terrenos de la provincia son de feracidad asombrosa y sólo les falta agua. Así en los
años de lluvias en la costa (verificándose esto como en la sierra, en los meses de febrero y
marzo), todos los terrenos de la provincia, aún en despoblado, -170- se cubren de
hermoso y elevado pasto con el que se alimenta gran número de ganado.

Los especuladores cuando ven caer dos o tres aguaceros, no aguardan que crezca el pasto,
sino que van luego a la vecina república del Ecuador (provincia de Loja) a comprar partidas
de ganado vacuno donde es muy barato, de 8 a 10 pesos cabeza, y luego regresan y
encuentran el pasto crecido para engordar el ganado adquirido, improvisando fortunas en
muy poco tiempo, pues venden el ganado engordado de balde a precio muy subido.

En estos años por todo el despoblado se ven manadas de vacas y cabras que pacen
libremente en medio de este extenso campo de verdura.

Desgraciadamente estas lluvias providenciales que de improviso convierten el árido


desierto en verde y alegre campo no las hay todos los años, y pasan a veces 5, 10 y aún 15,
sin que se humedezca siquiera esa tierra calentada continuamente por rayos de un sol
abrasador.

La provincia de Piura no tiene minerales metálicos o a lo menos hasta ahora no se han


descubierto. Cerca de Tambogrande hay minerales de fierro en abundancia, y 15 kilómetros
al N de Ayabaca se encuentra oro.

Las abundantes salinas de Sechura situadas en despoblado, proveen a todo el departamento


y a la vecina provincia de Lambayeque. En los montes se encuentra pavas silvestres y en el
despoblado muchos güerequeques (himantopus mexicanus) los cuales se crían en casi todas
las costas de Piura.

La ciudad se halla situada en la orilla derecha del río del mismo nombre, en llano algo
arenoso. Las calles son un poco estrechas y no muy rectas. Tienen veredas angostas
construidas de ladrillo, con bordes de madera de algarrobo. La parte del medio no está
empedrada.

Las casas, por lo general bastante sólidas, están fabricadas de adobes y sus paredes son algo
gruesas; todas ellas están blanqueadas, de manera que reflejan los rayos del sol con mucha
fuerza; y tal disposición aunque molesta mucho por la gran reverberación de calor, tiene sin
embargo la ventaja de mantener las habitaciones frescas, por que las paredes reflejando los
rayos solares, no se calientan mucho.

Las casas tienen hacia la calle un poyo asiento a todo lo largo de la fachada, que servía para
respirar aire fresco en las tardes y en las noches, pero en el día se ha perdido esta costumbre
y las que se construyen actualmente no tienen asiento alguno hacia la calle. Algunas son
muy bien construidas y prestan bastante comodidad en su interior, pero la mayor -171-
parte están fabricadas con poco gusto, y se ve en las que tienen altos muy poco separados
los balcones del techo, lo que les da aspecto de poca holgura.

Piura tiene un pequeño hospital para hombres y mujeres, pero está mal tenido; panteón
colocado en las afueras de la población y seis iglesias.

La plaza mayor es cuadrada y de regular tamaño; en el medio hay una estatua de la libertad
groseramente esculpida, dispuesta sobre un pedestal y rodeada de una pequeña verja de
fierro. A un lado está la iglesia Matriz, una de cuyas torres fue derribada por un temblor.
Más tarde se construyó otra para colocar el reloj, pero se hizo mucho más pequeña que la
otra, de manera que choca a la vista esta falta de simetría. En la misma plaza se observa en
otro costado la iglesia de Belén, más pequeña que la Matriz, y que tenía en otra época
convento y cuya comunidad tenía a su cargo el hospital. Siguiendo más abajo, casi al
extremo de la población, se encuentra otra plaza cuyo piso se halla cubierto de arena. En
ésta se ven otros dos templos: uno es la Merced, cuya iglesia de tres naves, aunque
pequeña, es bonita y en su interior presenta mejor vista que la Matriz. Esta iglesia, como se
ha dicho, tenía su convento que se llevó el río en una gran avenida, a principios del siglo
pasado. En la sacristía existe una cruz tosca, de palo, que se dice fue con la que desembarcó
Pizarro.
El otro templo es San Sebastián, que ha sido parroquia de los indios en tiempo del gobierno
español.

Otra iglesia llamada del Carmen, se halla casi al extremo opuesto de la población;
pertenecía al convento de Carmelitas en cuyo local se encuentra ahora el colegio. Este local
es espacioso y con poco gasto se le podría refeccionar dejándolo cómodo.

Anteriormente se hacían en Piura hasta los estudios profesionales para recibirse de


abogado. Pero últimamente se suprimió la clase de derecho y el colegio se consagró
solamente a la instrucción media.

Finalmente, la sexta iglesia es la capilla de Santa Lucía.

Piura no tiene paseo público, ni tampoco teatro, no pudiendo casi recibir este nombre el
local donde representan alguna vez.

Piura, desde mucho tiempo, se ha hecho célebre por su clima, pues es excelente para las
enfermedades sifilíticas. Esta propiedad del clima para la curación de tales enfermedades,
se debe tan sólo a la acción del calor que, abrasador en esta -172- región, favorece la
traspiración cutánea, primordial remedio para expeler el virus sifilítico.

Por otra parte, Piura es bastante sano, pero de pocos años a esta parte ha sido visitado por
epidemias desconocidas anteriormente.

Para conocer detalles relativos a Piura, consúltese los escritos antiguos, en especial a Cieza
de León.

Todos los techos de las casas de Piura se hallan cubiertos de gruesa capa de una especie de
carrizo delgado que llaman grama, sobre la cual hay otra capa de barro bastante espesa que
hace los techos muy pesados.

En la tierra que cubre estos techos, se halla, en algunas casas, una especie de abeja del
tamaño de la que produce miel.

La mayoría de los habitantes de Piura son de color trigueño.

Catacaos es pueblo muy antiguo, anterior en mucho a Piura y anterior, también, a la


conquista. En otra época era pueblo puramente de indígenas y en tiempo de los españoles se
conservó la raza indígena de pura sangre, porque en el decreto dado para la fundación de
Piura se puso como condición que se estableciese lo más distante posible del pueblo de
ellos, para que no se les molestase en lo menor.

Pero actualmente los indios mismos vendieron parte de sus terrenos y desde hace algún
tiempo se han establecido en la población algunos vecinos.

Catacaos se ha extendido mucho y se han levantado casas de adobe, algunas de las cuales
son bastante bien construidas, con paredes blanqueadas y buenas puertas, que prestan
alguna comodidad. Las casas de los indígenas son todavía ranchos de carrizo, de caña
brava, y las más lujosas están formadas del mismo material y enlucidas con barro, como
todos los ranchos de indios que habitan en la costa.

Catacaos ha sido siempre pueblo dedicado a la agricultura y desde la época más remota
habían sacado una acequia del río cuya toma se halla propiamente enfrente de la actual
ciudad de Piura, en el punto llamado Tacalá, y figura en los documentos de fundación de
esa ciudad del año 1588, en donde se dice que se debe establecer más arriba de la presa de
agua de Tacalá, que abastece de ella al pueblo de Catacaos.

La iglesia ha sido muy bonita y construida por el mismo arquitecto que intervino en las de
Sechura, Lambayeque, Guadalupe y Sama, pero un temblor trajo abajo gran parte de la
bóveda y la falta de pericia de un individuo que se titula arquitecto, hizo botar otra parte; de
manera que -173- hoy se conserva cubierto el altar mayor y las capillas laterales,
quedando todavía, aunque muy desquiciada, toda la media naranja.

La torre forma como cuerpo aislado y sólo se ha destruido la cúspide. Esta torre, en lo que
se refiere a su construcción, es uno de las mejores obras del tiempo de los españoles; toda
es de cal y ladrillos y de elegante dibujo.

Alrededor de la plaza, en los otros tres costados, hay una especie de portal o más bien de
ramada para poder pasear a la sombra; en el costado donde está la calle principal hay
muchas tiendecitas de comercio.

Catacaos tiene la industria de fabricación de sombreros de paja llamados de Guayaquil, que


le produce buena entrada. Desde que los indios se han dedicado a este trabajo, el pueblo ha
ido progresando continuamente, y en el día es centro de activo comercio. Los domingos se
observa gran movimiento, y se ve bastantes personas en número mucho mayor de las que se
ve en la capital.

Se puede decir que en Catacaos. se realiza todos los domingos una especie de feria, a la
cual concurren de todos los puntos inmediatos para vender sus sombreros a los
comerciantes que vienen de Piura. En esos días circula bastante dinero, porque los indios
gastan de preferencia toda la plata que reciben en la compra de paja para su trabajo y maíz
para la chicha; lo restante lo emplean en géneros y bebida.

Todo el portal en dichos días está lleno de géneros, camisas de color y bancos con paja.
Asimismo, por toda la calle principal no se ve más que pequeñas mesas con grandes mazos
de paja, indios con sombreros en la mano para venderlos y comerciantes ya en las tiendas o
en la calle para comprarlos. Como se ha dicho, la concurrencia es grande, y por todas partes
reina actividad y movimiento.

Saliendo de la ciudad de Piura se atraviesa el despoblado de su nombre, después el de


Sechura y por último el de Olmos. Tiene el primero 6000 kilómetros cuadrados, está cerca
de la región lluviosa y no carece cerca de Chulvicanos de arboleda y pastos. Al sur de este
despoblado se halla el de Olmos. Su extensión puede calcularse en 3500 kilómetros
cuadrados. Se encuentra al oeste de la región de las lluvias anuales; no tiene ningún curso
de agua permanente, y sólo -174- en tiempo de lluvias corren por sus tierras tres
riachuelos denominados Iscunisluz, Cascajal y Olmos.

El despoblado de Sechura comprende la planicie arenosa y árida que está al oeste de los
despoblados de Olmos y Piura y entre los valles de los ríos de Piura y de La Leche.
Tampoco tiene agua. Cerca de la desembocadura del Piura y al sur de los cerros llamados,
Silla de Paita, cerros visibles a mucha distancia como que tienen 1300 pies de elevación,
está la población de Sechura, con 2500 habitantes, la que ha sido edificada sobre una
lomada bastante árida.

Al oeste de los cerros de Illescas están las famosas azufreras que no pudieron explotarse en
los años de 1900 a 1905. En la bahía de Sechura se ha construido un muelle en puerto
Bayovar, y un ferrocarril de 47 kilómetros de vía angosta que va hasta las minas de azufre.
Al presente se hace uso de esta comunicación para el transporte de la sal que se beneficia
en las inmediaciones.

Costas Lambayecanas y litoral de la libertad

Partiendo de Bayovar, no hay más camino para ir al sur, que la huella que existe entre la
playa del mar y los cerros que culminan entre Punta de Aguja e Illescas. Pasando este
último lugar, se entra en una llanura baja y arenosa, la que por el este tiene el despoblado de
Olmos. Las playas de estas llanuras están caracterizadas por la carencia de puntas, de
bahías y hasta de arrecifes, y por las continuas bravezas de mar. San José, Pimentel y Eten,
sus únicos desembarcaderos, no tienen ninguna de las condiciones portuarias que el
comercio exige para el tráfico marítimo.

No hay en toda la costa del Perú territorio más bajo ni más abierto a los vientos del sur que
el litoral lambayecano. La única prominencia que se divisa del mar es la punta y el morro
de Eten. Es menester desembarcar e internarse algunas -175- millas para divisar por el
sur las serranías de Reque y por el centro el cerro de la Puntilla. Hay en este pedazo de
suelo costanero mayor cantidad de tierra de cultivo que la que existe en Piura. Desde Olmos
hasta el principio de la quebrada de Zaña todo es plano y de insignificante gradiente. Los
ríos que lo irrigan corren silenciosos por sus cauces y cuando llueve en exceso en la
serranía, inundan las tierras que les son cercanas y hasta la misma ciudad de Lambayeque.
Hurt quedó admirado de la geología del lugar y de la riqueza que allí existe en tierras de
labranza. Si todas ellas tuvieran agua, en esas dilatadas pampas viviría un millón de
hombres. La República ha hecho mucho allí en agricultura y el esfuerzo de los industriales
ha sido superior a la calidad de las clases populares, a los capitales con que han contado y a
la cantidad de agua que baja por los ríos Leche, Chancay y Zaña. Aún no se ha puesto mano
a las obras de irrigación ya estudiadas. Necesítanse algunos millones para realizarlas y
muchos más para derivar por medio de túneles las aguas orientales del río Huancabamba
hacia el Pacífico. Los peruanos del siglo XX harán estos notables trabajos, habiendo
carecido de condiciones financieras para tales obras los pobladores que vivieron en esas
regiones en los años trascurridos desde 1821.

Viniendo del norte a caballo y caminando por el litoral a buena distancia del mar, es
Mórrope la primera población a que se llega y después Ferreñafe. De aquí tomando hacia el
N E y caminando cosa de 20 leguas, se arriba a los pueblos de Muchumí, Túcufme, Illimo,
Pacora, Jayanca, Motupe y Olmos, todos ellos en gran atraso por falta de agua. No pasa lo
mismo con Ferreñafe, Lambayeque, Chiclayo y Monsefú poblaciones de gran prosperidad
en el norte del -176- Perú, debido a los extensos llanos que el Chancay irriga, llanos
donde se cultiva arroz y caña de azúcar.

Lambayeque, por causa de las inundaciones, por el progreso de Chiclayo y por no haber
sido elegida capital, ha decaído notablemente. Como ciudad, como población y centro
social y comercial, ya no es lo que fue en 1871, año en que fue inundada. En 1912
publicamos una monografía sobre el departamento de Lambayeque. De ella tomamos los
siguientes acápites:

En esta parte septentrional de la República que colinda al norte con el desierto de Sechura y
cuyas playas baña un mar indómito, hállase el extenso territorio conocido desde los tiempos
coloniales con el nombre de Lambayeque. Al oriente le limita la Cordillera de los Andes y
por el sur la cadena de montañas que separa el valle de Saña del que le es contiguo, el cual
riega el río de Jequetepeque.

Condiciones geográficas especiales, originalidades y costumbres en las gentes que le


habitan, dan al país del que me ocupo genuina existencia, caracteres nacionales propios,
como también límites verdaderos que encajan admirablemente en las extensiones
territoriales que la ley le dio al crear la vida departamental.

Mal conocen la costa del Perú los que dicen que toda ella es igual. Lambayeque se asemeja,
y sólo en parte, al departamento de Piura. Aquí como allá, el suelo es plano y la tierra
sedienta; y como este suelo plano casi no tiene desnivel, las aguas de los ríos caminan
silenciosas y escondidas por entre bosques y matorrales. En tiempo de avenidas, en botes y
canoas todos ellos son navegables. El torrente destructor, característico de otros costaneros
e inclinados valles del Perú, sólo se ve aquí en la parte cercana a la Cordillera y a
muchísimas leguas del mar. Hay en todo esto mucho de parecido a lo que se ve en el
Egipto, siendo así que cuando el año es lluvioso, aquí al igual del país africano, la tierra
baja queda inundada y fertilizada por el limo que traen las aguas.

Otra de las características del suelo lambayecano hállase en su aspecto geológico. No


solamente es comarca de llanos sino también territorio de bajas serranías. Como una rareza,
como algo atrevido y de gran pujanza, uno que otro cerro se destaca sobre la chata cadena
andina que pasa al NO del -177- Departamento, y como una gran cosa sube hasta trece
mil pies de altura sobre el nivel del mar. Todo lo demás fluctúa entre diez y doce mil pies;
siendo lo común en plena cordillera, en el mismo divorcio de aguas, encontrar portachuelos
con diez mil pies de altura.

Qué diferencia tan notable entre estos andinos pasos del norte del Perú y los que vemos en
Ancash y los departamentos que le están al sur. Los primeros tupidos de vegetación,
calurosos, abundantes en manantiales de riquísimas aguas, poseen bosques de cedros en los
sitios donde los cerros se replegan. Son lugares agradables, propios para la vida civilizada.
En ellos se suda y se realiza todo esfuerzo corporal sin temor al soroche. En los otros
pasajes, en aquellos situados en los Andes del centro y sur del Perú, la nieve perpetua, la
soledad, la muerte en lo animal y en lo vegetal, y de consiguiente un espectáculo tétrico
ante el cual el alma se deprime y su tristeza no tiene límites. Más vegetación y más calor
hay en Porculla, (punto culminante de los Andes lambayecanos por donde pasará el
ferrocarril al Marañón), que en Matucana y en San Mateo.

El aspecto físico de las provincias de que me ocupo es una consecuencia lógica de la


depresión de sus montañas. En Trujillo, en Ancash y en Lima, la Cordillera principia en el
mismo Océano; en Arequipa y en Moquegua ocurre lo mismo, aunque en diversa forma,
porque sobre la primera cordillera, que es la del mar, están las pampas de Cachendo, de la
Joya y las de la Clemencí. En Ica ocurre algo especial, pero que tampoco es lo que existe en
esta tierra lambayecana, donde sobre la costa, bordeando el mar, vemos como único cerro
sobre las mismas playa al morro de Eten. Subiendo sobre él, contemplo vasto y bellísimo
panorama. El cerro de Reque, amplio pero chato y de limitada altura, es en todo el
departamento el que algo se aproxima al mar. Haciendo con la vista una variante de 45
grados de Reque hacia el Norte, mírase hacia allá, pero en parte muy lejana, las últimas
estivaciones de la cordillera, las mismas que separan al río Chancay del de la Leche. Un
poco más al NO, el horizonte, único límite de una pampa colosal cubierta toda de
vegetación, algo parecida a lo que se ve en la República Argentina, en las inmediaciones de
Mendoza o de Jujuy [...].

Eten, con excepción de Mollendo, es el peor puerto de la República. El muelle se halla


firme a pesar de los cuarenta años que tiene de construido, por estar enclavado en un
durísimo suelo de arcilla. Si estuviera sobre fango, como pasa en Salaverry, -178- hace
mucho tiempo que habría desaparecido. Su longitud es de 840 metros y su posición en el
mar la mejor que científicamente le pudo dar el ingeniero Backus, que fue quien lo
construyó. El morro de Eten muy poco le abriga; y en los días de tormenta, que son
numerosos en los meses que corren de mayo a diciembre, las olas pasan por encima del
maderamen y temporalmente le inutilizan para el tráfico.

En los días de bravezas los vapores se limitan a hacer acto de presencia en el puerto. Se
mantienen al ancla una o dos horas, cambian señales con tierra y sin poder dejar siquiera la
correspondencia, abandonan el fondeadero. Los pasajeros que vienen del sur son dejados en
Paita; y los del norte en Pacasmayo. Estos últimos avanzan por ferrocarril hasta Guadalupe
y a caballo atraviesan el desierto que media entre esa población y la hacienda de Cayaltí. La
carga que viene del sur muchas veces sigue hasta Panamá y en cierta ocasión un dinero
venido desde Lima con urgencia para Chiclayo, llegó a su destino al mes de su salida para
el Callao. Con estos inconvenientes, materialmente el comercio vive de milagro, y todo está
recargado en proporción a las demoras y a los riesgos marítimos.
El mal por ahora es incurable y su origen, como ya lo he dicho está en el mar y no en la
voluntad de los hombres. Andando el tiempo y cuando estas dos provincias tengan en
habitantes siquiera un cuarto de millón, lo artificial podría suplir lo natural, y la
construcción de una dársena en Eten daría al puerto un desembarcadero tan seguro como lo
es el Callao. La obra costará, según el ingeniero don Emeterio Pérez, dos o tres millones de
soles, y no importará más por la circunstancia favorable de tener a la mano en el cerro de
Eten material de primera clase para edificar sobre el mar. Otro proyecto de gran magnitud,
pero no para ahora tampoco sino para cuando Trujillo, Chiclayo y Lambayeque sean
grandes centros de producción, es hacer un puerto comercial y militar de primera clase en
Pacasmayo y unirlos con ferrocarriles por el norte hasta Paita y por el sur hasta Chimbote.

El sistema ferroviario que tiene su punto inicial en Eten, abarca un largo de 78 kilómetros.
Por el norte le falta el ramal de Lambayeque a Motupe, por el oriente el de Pátapo a
Chongoyape y por el sureste el del Combo a Pucalá y Cayaltí. Este último de muy fácil
realización pasándolo por el portachuelo de Samán, no se concibe como no se ha hecho en
tiempos anteriores; siendo su tráfico, si se hiciera hoy, algo antieconómico, desde que
Cayaltí tiene línea propia, y Pucalá -179- buscará el empalme con Pomalca en el
ferrocarril que se proyecta a Pimentel.

La línea troncal va desde Eten hasta Ferreñafe, pasando por Monsefú, Chiclayo y
Lambayeque. El desvío a las haciendas de Pomalca, Tumán y Pátapo es el único que tiene
la empresa. El tráfico de trenes no corresponde a las exigencias del movimiento
departamental. A las haciendas mencionadas sólo hay tres trenes a la semana, y por lo
regular, quien va al puerto y desea ocuparse en él un tercio de día, no puede regresar sino al
día siguiente [...].

A tres cuartos de hora de Eten caminando por ferrocarril, está la ciudad de Chiclayo, la
primera del departamento, la que por circunstancias y vicisitudes que muy rara vez se
repiten, se ha hecho dueña de la mejor parte de la vida política, industrial, social y
comercial de este suelo lambayecano. Lo estrecho de sus calles, la falta de buenos templos
y la carencia de casas de estilo colonial, revelan al viajero, a primera vista, su origen
humilde, su procedencia indígena.

¡Qué diferencia entre Chiclayo y Lambayeque! Fue ésta, ciudad desde que nació a la vida
de los pueblos. Su plaza, su iglesia, las portadas y patios de sus mansiones señoriales
manifiestan que fue edificada por gente española, dueña de tierras y con dominio sobre los
indios de la comarca. Háceme Chiclayo el efecto de una personalidad improvisada por el
mérito de sus facultades; antójaseme Lambayeque, aristócrata señor, arruinado por los
vaivenes de la fortuna, a quien sólo quedan y con poco valor, los títulos nobiliarios de su
viejo abolengo.

En Chiclayo todo es real, verdadero, producto del mérito de la labor propias. En


Lambayeque, la ciudad, casi vive de prestado. Como recurso económico acaba de recibir la
concentración de las tropas regionales. Fue Saña quien le dio la vida y es Chiclayo quien se
la quita.
Chiclayo, al igual que Iquitos, es una ciudad donde viven numerosos forasteros. Gran parte
de personas decentes que residen en él, han nacido en Lambayeque; siendo así que con toda
impunidad, posible es hablar públicamente mal de la ciudad, la cual cosa no merece bajo
concepto alguno, por lo menos en todo aquello que está bajo el control de sus actuales
pobladores. Efectivamente, no es la generación presente la que tiene la culpa de la
ubicación en terreno bajo y húmedo que le dieron los indígenas que en tiempos coloniales
la fundaron. Tampoco que sus calles sean estrechas, mucho menos que en los tiempos de
las siete vacas gordas del Perú, cuando el Presidente Balta preguntó a los chiclayanos en
que forma deberían pagarles el -180- servicio prestado con la sangre del pueblo el 7 de
enero de 1868, le pidieron templo y teatro, cosas que costaron cerca de dos millones de
soles, a cambio de haber solicitado agua potable que todavía no la hay y aumento de aguas
para los valles. El teatro, en la actualidad, es todavía un aceptable edificio y llena una buena
necesidad social. El templo es un monolito de cal y ladrillo, de magnífica arquitectura a
medio concluir, y que no hay manera de echarlo abajo, ni tampoco de terminarlo, y que, en
tales circunstancias es para la generación presente y las venideras, prueba de la vanidad de
los hombres que pidieron y malgastaron tan tristemente en tan innecesaria obra los tesoros
de la República.

Chiclayo tiene aproximadamente quince mil habitantes. No tiene agua ni desagüe, y por
estas causas la mortalidad es considerable. Se bebe agua malísima y se excluye las que
están sucias, en la misma calle y en pozos que existen en las mismas casas. El subsuelo
debe estar terriblemente envenenado, pues a él van a parar todas las substancias
excrementicias humanas. Si no fuera porque nunca faltan los rayos solares ni tampoco
terribles ventarrones que diariamente soplan del SO sería imposible vivir en esta ciudad por
lo mortífero de ella. Como es natural, hace tiempo que el Municipio y la junta
Departamental se preocupan del problema higiénico. El estudio técnico de la materia está a
cargo del competente ingeniero sanitario Mr. Bingham Powell, quien aún no ha presentado
sus planos. La obra de canalización para el desagüe será costosísima, pues la ciudad está
más baja que el río, y por medio de bombas será necesario levantar las aguas excluidas para
arrojarlas a un nivel alto que las conduzca al mar. Cuanto al agua potable, no habiendo en
los alrededores fuentes naturales, habrá que hacerlas artificialmente, por medio de cámaras
de filtración.

La población de Chiclayo debió haberse construido en los terrenos elevados, secos y bien
ventilados que están alrededor del cerro de Pimentel. Para allá es para donde el Municipio
debe encaminar la nueva población, prohibiendo que se siga urbanizando la parte baja.

Ferreñafe tiene menor importancia comercial que Chiclayo. Es una ciudad pequeña, bien
trazada, con mejor iglesia y mejor plaza que la que existe en la capital de este departamento
[...].

Al sur de Eten está Chérrepe, caleta que se halla abrigada por la punta de su nombre y que
sirve de lindero norte -181- a la provincia de Pacasmayo. Abarca esta provincia de
Pacasmayo 36 millas de litoral marítimo, todo él caracterizado por lo tendido y limpio de su
fondo, por la violencia con que el mar rompe en sus playas y por las grandes pampas, todas
irrigables que se atraviesan cuando se viaja a inmediaciones del océano. Al este de dichas
pampas existen lomas, arenales y mesetas, todas sin agua y tan calurosas en las horas de
sol, que nadie las cruza sino en la noche. Antes de llegar a Pacasmayo se bajan los
barrancos que dan paso al Jequetepeque, río notable por el caudal de sus aguas y por estar
ubicado en condiciones favorables para irrigar todo su valle. Desde su desembocadura en el
mar se contemplan los últimos contrafuertes del ramal que forma la divisoria norte del valle
de Jequetepeque, contrafuertes sobre los cuales se destaca un alto cerro llamado Súllivan,
con no menos de 5000 pies de elevación.

La prosperidad del valle, y ella no es mucha, está limitada al caudal de las aguas que trae su
río. Obra de irrigación no se ha hecho ninguna, y ni siquiera se ha estudiado la posibilidad
de bajar las aguas de la laguna de la Jalca en las cordilleras de «Los Negros». Últimamente,
el ingeniero Wood levantó los planos del canal que se proyecta construir en la banda sur del
Jequetepeque para irrigar las pampas situadas al norte de Paiján y al sur de san Pedro de
Lloc.

El progreso del puerto y el de las poblaciones que le son inmediatas, no ha sido mayor por
la escasez de tierra en beneficio. De 30000 hectáreas que tiene el valle, apenas se hallan en
cultivo la mitad de ellas. Por falta de irrigaciones, San Pedro y Guadalupe han ido a menos.
Mejor suerte han tenido Pacasmayo y Chepén. Hasta que todo no esté intensamente
cultivado, la provincia no saldrá del -182- estacionarismo en que vive. El siglo XIX no
pudo irrigarla. El siglo XX realizará la obra y nuevos campos de caña de azúcar, de algodón
y de arroz, evidenciarán al que visite el valle, que han desaparecido las causas que
detuvieron el progreso de esta provincia, hoy apenas con 20000 habitantes, pudiendo tener
el doble y hasta el triple.

Raimondi, que visitó la provincia en 1868, nos da las siguientes relaciones:

San Pedro de Lloc es población que, como lo indica su nombre, fue fundada por los
españoles sobre los restos de algún caserío de los indígenas llamado Lloc. Es una de las
poblaciones de la costa que va progresando continuamente; es notable por la regularidad de
sus casas, por las calles rectas y muy aseadas y por la falta de aquellos ranchos de caña de
paredes torcidas y desvencijadas tan comunes en todos los pueblos de la costa, pudiendo
decir que esto los caracteriza.

San Pedro tiene como Trujillo, aunque en menor escala, cierto aire señoril, de manera que a
la vista parece que no hay pobreza.

En las calles de San Pedro, sobre todo en la principal, parece que han tenido el propósito de
encubrir la pobreza con un manto, no diré de riqueza, pero al menos de mediocridad. En
efecto, al alejarse del centro, se ven en la calle largas paredes blanqueadas y con buenas
puertas, comúnmente cerradas, lo que presenta buen aspecto y ofrece cierta regularidad y
limpieza que agrada; pero sí se abre una de estas puertas, entonces se puede apreciar la
miseria, siendo tanto mayor el contraste cuanto que por la vista exterior se forma uno la
idea de que el interior le corresponde.
De todos modos es muy loable para un pueblo (y creo que sea carácter de progreso y
civilización) el empeño de ocultar las miserias y los padecimientos, y ojalá poblaciones de
mayor importancia que San Pedro tuvieran el buen sentido de imitarlo.

La plaza es grande y rodeada de buenas casas, de manera que presenta buena vista.

La iglesia tampoco es mala: tiene una verja delante y es de sentirse que su torre esté
inconclusa.

Existen dos alamedas: una a la entrada del camino que viene de Trujillo y otra a la salida
por el de Chiclayo.

-183-
La primera es más antigua y está formada por cuatro series de sauces que dejan un camino
a cada lado para los que viajan a pie y otro más ancho al medio para las bestias. Es lástima
que el piso de esta alameda sea tan arenoso. La otra alameda es reciente, tiene una reja por
delante y hacen 2 y ½ años que se hizo (1868).

Este pueblo es abundante en recursos; su mercado está regularmente surtido de carne,


pescado de mar, frutos, etc.

Una costumbre particular es la de comer unas grandes lagartijas que se venden en el


mercado ya desolladas. Los aficionados a ellas dicen que tienen carne exquisita. A estas
lagartijas se les conoce con el nombre de gañán. Tienen un modo particular de caminar:
cuando andan lentamente, apoyan las cuatro patas en el suelo como todas las de esta
familia; pero cuando se les apura, levantan un poco los miembros anteriores, y apoyándose
solamente sobre los posteriores y sobre el vientre, empujan el cuerpo hacia adelante del
modo más extraño.

Al S de Pacasmayo a 7½ kms hay unos cerritos que se prolongan al mar formando una
caleta llamada de Puémape.

En esta caleta habitan constantemente pescadores que viven puramente de su industria. La


mayor parte están matriculados para el servicio de los buques en Pacasmayo, y regresan a
su caserío cuando terminan sus labores.

Pacasmayo, como todos los puertos del N, exceptuándose Paita, no es muy abrigado; sin
embargo, no es tampoco de los peores. Aunque no está defendido por ningún cerro, hay una
punta de terreno que se prolonga en el mar formando una rada.

La población, si bien reducida, es bastante bonita y tiene hermosas casas; hay comercio
activo y una casa con bodega, con oficina de escritorio y lo necesario para el movimiento
de un puerto.

También hay máquina a vapor que sirve para despepitar y prensar algodón, para moler trigo
y aserrar madera.
El comercio en este puerto consiste en la importación de todas las mercaderías, vinos y
aguardientes que se consumen en los pueblos inmediatos y en gran parte del departamento
de Cajamarca, así como en la exportación de los productos del país, tales como los
algodones de Talambo, Cayaltí, etc., el arroz y tabaco de Saña, chancaca, sombreros del
país, frutos de algarrobo, etc.

Ahora que se piensa establecer un ferrocarril entre Pacasmayo y Cajamarca, el puerto


ganará inmensamente, puesto -184- que todo el comercio de los departamentos de
Cajamarca, Amazonas y Loreto, se practicará por estar vía.

Falta ahora que se estudie el modo de dotar de agua a la pampa que conduce de San Pedro a
Pacasmayo, obra que cambiaría totalmente la faz de estos lugares.

Guadalupe es población fundada por los españoles, como lo comprueba su nombre y el


convento de agustinos con su iglesia que es su principal edificio.

El pueblo es pequeño, pero célebre por la feria que en él tiene lugar todos los años en los
últimos días de noviembre y principios de diciembre.

El aspecto de la población es bastante bonito. Además de la iglesia del convento hay otra
que actualmente está en ruinas.

La del convento es una de las más bonitas que hay en los pueblos del N; principalmente la
bóveda del templo es digna de citarse por ser toda de ladrillos con cordones del mismo
material y de estilo gótico: estos cordones además de servirle de adorno, dan al edificio
mayor solidez.

Igual construcción y dibujo se nota en la iglesia arruinada de San Agustín del pueblo de
Saña; sin duda su construcción fue dirigida por la misma persona.

El altar mayor está recargado de adornos dorados y casi en ruinas.

La sacristía y el bautisterio son bastante bonitos.

Las paredes internas de este templo están revestidas de grandes cuadros ordinarios que
representan varios episodios de la vida de la virgen.

Otros cuadros mucho mayores se hallan colocados en los retablos de ambos lados del altar
mayor.

Desde hace mucho tiempo el convento está suprimido y en el día es una hermosa finca; sus
viviendas están bien amuebladas, el patio o atrio del convento es delicioso jardín lleno de
variadas flores y de árboles frutales, como mangos, cacaoteros, nísperos del japón,
plátanos, etc., dominados por tres elegantes palmeras de cocos.

Además del jardín hay también una huerta en la que se cultiva café y cacao, observándose
algunos árboles de maguey y una palmera de dátiles.
En un local inmediato al convento, hay también una máquina a vapor para despepitar
algodón.

Guadalupe tiene alameda a la salida de la población, pero no es frecuentada.

Como hemos dicho, lo que da a Guadalupe verdadera importancia es la feria que se verifica
todos los años desde el 25 -185- de noviembre hasta el 9 o 10 de diciembre, y se puede
decir que dura casi un mes por la dificultad que encuentran los comerciantes para su
movilidad.

Para los comerciantes que llevan sus efectos a esta feria hay en la población 54 tiendas que
en esta época se hallan bien surtidas de toda clase de artículos. La concurrencia a
Guadalupe en esta época es muy grande, porque vienen comerciantes y compradores de
todos los puntos de la costa del norte y también del interior.

El valor de las transacciones en estos días, llega más o menos, a 2000000 de pesos.

En la época en que se elevó tanto el precio del algodón a consecuencia de la guerra civil de
los EE. UU. y durante la cual todos los agricultores de la costa del Perú se dieron a sembrar
algodón también los de Guadalupe ensayaron esta nueva industria, pero por lo general no
les fue muy bien y el entusiasmo algodonero decayó muchísimo.

Un verdadero ramo de riqueza agrícola que promete mucho para el porvenir, es el cultivo
del café en grande escala, porque ya es bien conocido el del lugar, por la cantidad que se
recoge anualmente (de los sembríos de los señores Goiburu y Plaza).

El señor Goiburu tiene de 30 a 40000 pies de este precioso árbol. Se sabe, pues, que el café
de Guadalupe es de muy buena calidad, pudiendo conocerse a primera vista por su grano
pequeño. Su cualidad sobresaliente es el aroma; parece que todo el aceite esencial que
contiene un grano grande como el del café común, se encuentra concentrado en el grano
muy pequeño del café de Guadalupe, de modo que en igual peso este café contiene mayor
cantidad de aceite esencial.

Lurifico es hacienda regular donde se cultiva algodón, maíz, etc.

El cerro de Chepén queda a poca distancia y a la izquierda. Enseguida empiezan las casas
del pueblo de Chepén, que es algo grande, y tiene toda la apariencia de los pueblos de la
costa: casuchas de quincha, las más decentes con sus paredes enlucidas de barro y
blanqueadas, y las demás, ranchos rústicos de caña brava o más bien jaulas de este material.
Sin embargo, está próximo a progresar por su posición, pues es como la portada para salir a
la sierra. Por esta razón es el pueblo favorito de los serranos, que viniendo del interior,
hacen en él inevitablemente su pascana, como los que regresan de la costa al interior.

Para dar mayor cantidad de agua a los terrenos de su hacienda, -186- el dueño de
Yanacancha, a poca distancia, comenzó a construir una acequia en los altos de Hualgayos
para traer a este lado de la cordillera las aguas de un riachuelo que baja al oriente. No sé por
qué motivo no se ha terminado este trabajo.

El pueblo de Jequetepeque que da nombre al río que baja de la Magdalena, es muy


miserable y sus pobladores casi todos indígenas. Queda a la izquierda del camino que va de
San Pedro a Guadalupe. Es extraño ver aquí un pueblo cuyo nombre no pertenece a la
lengua quechua; y todavía es más extraño ver que este nombre sea guatemalteco, en el que
se encuentra un gran número de voces que terminan en peque. En la lengua de Guatemala,
peque significa lugar y jequete choclo; de modo que en lengua guatemalteca, Jequetepeque
significaría lugar de choclos, ¿cómo ha venido por acá este nombre? ¿Ha habido tal vez
alguna inmigración de Centro América? ¿pertenecerían a esta misma nación los habitantes
de Eten, Monsefú, Reque, Morropón, etc., cuyos indios llevan el mismo vestido y se
asemejan en las facciones? Todas estas cuestiones sería muy importante estudiar, porque
nos proporcionarían mucha luz acerca del origen peruano y sobre las antiguas
inmigraciones.

Hay de San Pedro a Trujillo, pasando por Paiján y Chocope, 113 kilómetros. El viaje se
hace por Puémape, caserío de pescadores que se halla a 12 kilómetros al sur de Pacasmayo
siendo la caleta de Malabrigo la primera que se halla al paso antes de entrar al gran valle de
Chicama. Siguiendo por la orilla del mar se encuentra después, la caleta del Brujo, la
desembocadura del río Chicama, la rada de Huanchaco, Moche, el puerto de Salaverry, la
caleta de Guañape, el río Virú, el de Chao y la punta del mismo nombre. Al sur de esta
punta termina el departamento de La Libertad y viene a continuar con el de Ancachs. Como
ya hemos dicho en el capítulo ríos, son tres los que irrigan esta vasta región: Chicama,
Moche y Virú. El primero en una extensión de 35000 hectáreas, el segundo 10000 y el
tercero 5000. El valle de Chao no merece mencionarse. Como acontece en casi todos los
valles de la costa del Perú, únicamente -187- la mitad de los terrenos se hallan cultivados
por falta de agua en épocas de sequía. Los estudios de Adams nos dan triste idea de lo poco
que en irrigación se ha hecho en el valle de Chicama. No solamente se aprovecha mal el
agua que se reparte por medio de acequias, sino que todavía ni siquiera se ha estudiado la
manera de represar en grandes reservorios los sobrantes del verano. Los diagramas del
ingeniero Lavalle dan para los valles de Santa Catalina y Chicama 22,55% de extensión
cultivada y 77,45 de extensión sin cultivar, o sea en 36,239 fanegadas un aprovechamiento
de 8180. De estas 64,95% corresponden a caña de azúcar.

A pesar de todo esto, Chicama ha sido durante la centuria uno de los valles más productivos
del Perú. No hay lugar en la costa donde se haya invertido mayor capital en la agricultura ni
donde la intensidad y perfección técnica en los cultivos hayan llegado a tanto. Sus
haciendas producen un poco más de la tercera parte de todo el azúcar que exporta el Perú.

Viniendo de norte a sur en esta costanera sección del territorio, se recorren las poblaciones
de Malabrigo, Paiján, Ascope, Santiago de Cao, Trujillo, Huanchaco, Moche y Salaverry.
Hasta 1870 Huanchaco fue el único puerto de la comarca. Construido por ese año el
ferrocarril a Trujillo, la salida al océano pasó hacia el sur, a un sitio que se llama la garita
de Moche y que fue bautizada con el nombre de Salaverry. Posteriormente, la grandeza de
la hacienda Roma habilitó de nuevo Huanchaco, y hoy la potente y vida agrícola de la
hacienda Casa Grande, acaba de abrir Malabrigo, construyendo en su rada un magnífico
muelle. Ninguno de estos puertos tiene buen abrigo, siendo todos forzados fondeaderos,
donde es mucho lo que sufre -188- la gente de mar dedicada a los servicios de
exportación e importación marítima.

Exponente vivo de la poca fortuna que cupo a los antiguos poseedores de las haciendas de
Chicama y Santa Catalina, es la situación estacionaria en que se halla la ciudad de Trujillo
en 1920. Ricas tierras que por muchos años estuvieron en manos de 45 propietarios,
íntegramente han pasado a pocas corporaciones, dos de las cuales son extranjeras. Fueron
aquellos propietarios hombres de riqueza, muchos de ellos señores de título y casa solariega
en la ciudad norperuana que les vio nacer. ¡Qué diferencia entre la suerte de ellos y la que
ha cabido a los terratenientes de otros valles. Ya no hay en la ciudad de Trujillo quien
pueda vivir en la grandeza y el boato de los antepasados. Son pocos los que pueden pagar la
servidumbre que exigen las grandes mansiones.

Raimondi visitó Trujillo y sus valles en 1868. Son de él las siguientes descripciones:

Trujillo.- Esta bonita ciudad fue fundada en 1535 por Francisco Pizarro, poco después de la
fundación de Lima. La llamó así, en recuerdo de la ciudad de España, del mismo nombre
donde él nació.

La ciudad, con su hermosa campiña, está limitada por dos ríos: el de Moche que pasa a 5
kilómetros al sur de la población y el de Chicama a 25 kilómetros al norte. En línea recta no
dista 2½ kilómetros del mar, pero su puerto, que es Huanchaco, está a 10 kilómetros.

Después de Lima, Trujillo es la única ciudad del Perú que está rodeada por murallas. El
área encerrada por éstas o sea la verdadera población tiene la forma de una elipse regular.

La muralla tiene 15 cortinas o bastiones y 5 puertas de entrada que son: la de Moche, la de


Mansiche, la de la Sierra, la de Miraflores y la de Huamán.

Después del terremoto de 20 de octubre de 1686 se ha operado un cambio en la atmósfera


que ha hecho que no se -189- pueda cultivar trigo tanto en el valle de Lima como en los
inmediatos a Trujillo. El solo valle de Chicama daba 160000 fanegas de trigo que se
llevaban a Panamá y Guayaquil. Este cambio se extendió hasta Lambayeque y Piura y por
más de 30 años no se pudo recoger ni la semilla que se había sembrado; pero ahora parece
que va recobrando la virtud perdida, como sucede en Lima donde produce 25 por 1.

La parra y el olivo sufren alteraciones muy grandes, quedando 2 ó 3 años sin madurar sus
frutos, pero después dan con abundancia. Por esta irregularidad las haciendas de estos
productos se han perdido.
La ciudad es muy aseada, con calles anchas, rectas y alegres. Las casas están por lo general
bien construidas y hay algunas muy elegantes, lo que da a la población cierto aire que no se
encuentra en las demás del Perú.

Lo que proporciona agradable aspecto, es la variedad de la arquitectura de sus casas, que no


da lugar a la monotonía de algunas poblaciones cuyas casas son iguales en construcción.
Muchas de éstas presentan grandes y hermosos patios, lo cual da a conocer que no se ha
economizado terreno. Estas casas ofrecen mucha comodidad en su interior, siendo muy
grandes en comparación del número de individuos que las habitan.

Trujillo tiene sobre Lima gran ventaja en la distribución de sus acequias, que no corren
abiertas por las calles, despidiendo a veces los miasmas más fétidos, sino que atraviesan,
por el interior de las casas ofreciendo gran comodidad para el desagüe y limpieza de la
población. Estas acequias están cubiertas comúnmente con tablones que se quitan para
limpiarlas. Con esta disposición no se arrojan las basuras a las calles que así se conservan
limpias y aseadas.

La ciudad tiene varios paseos, pero por el carácter retraído de sus habitantes son muy poco
frecuentados y están algo descuidados. Estos paseos son: la alameda de Mansiche, la de
Huamán, la de Moche y el Recreo. Este último está situado en la misma población, tiene un
aire sano por hallarse en la parte más elevada y goza de hermosa vista. En el Recreo remata
la calle principal llamada del Progreso. En este paseo hay una pequeña pila por la que
desgraciadamente rara vez corre el agua.

Esa pequeña alameda tiene grandes árboles de sauce, matas de rosales y en uno de sus
extremos está la caja de agua de donde salen las acequias que la distribuyen a la población.

Los establecimientos de diversión que tiene Trujillo son: el teatro antiguo, el teatro de la
Libertad, la plaza de toros, situada -190- fuera de la población y a la que se va saliendo
por una pequeña portada que se abre solamente en los días de función y que está situada
casi en la extremidad de la alameda del Recreo.

La plebe de Trujillo es de buen carácter y muy rara vez se oye decir que haya cometido
algún crimen. Es de admirar la moralidad de los habitantes de esta provincia, pues se halla
colocada entre las de Santa y Chiclayo que se han hecho célebres por el gran número de
causas criminales.

Ascope es población reciente, pero va adelantando todos los días a pasos agigantados.
Situada casi al extremo del valle de Chicama, en el camino que conduce a la sierra, se
puede considerar como la puerta para salir de la costa, y por consiguiente tiene posición
favorable para el comercio. En efecto, de poco tiempo a esta parte se han establecido en
este pueblo gran número de tiendas de comercio con buen surtido de efectos para hacer
activos negocios.
Con la bahía de Santa principia la serie de buenos puertos que tiene el departamento de
Ancachs. Atacada y roída su costa por el mar y hallándose esta defendida por cerros de
amplia extensión y no despreciable altura, el litoral ancachsino está formado por numerosas
entrantes y salientes, las cuales dan a su perfil originalidad que no tiene otro lugar costanero
del Perú. Qué contraste tan marcado entre la línea recta, igual, casi uniforme que vemos en
la parte septentrional de Santa y la ondulosa que principia en la bahía de este nombre y
termina en Huarmey. Todo lo que en el norte es monótono, bajo, casi sin ensenadas ni
caletas, aquí en Ancachs toma la característica especial que le dan tres hermosas bahías,
numerosos cabos, algunas caletas y hasta el istmo que separa Samanco de Chimbote. Si
todo el Perú fuera así, sus costas tendrían poco que envidiar a las de Inglaterra.

A estas ventajas de un orden marítimo, hay que agregar en Ancachs, las que encontramos
en los hermosos valles que terminan en el litoral. Si estériles son las pampas -191- que
median entre los ríos que descienden al océano, valiosos son los valles irrigados, pudiendo
todos ellos tener mayor riqueza el día en que se les irrigue en forma científica.

Carecen de agua perenne los valles de Huarmey, Culebra, Casma, Nepeña y Lacramarca.
Únicamente tiene agua en exceso el río Santa. Los cuatro primeros son susceptibles de
tener mayor irrigación si se represan las lagunas que dan origen a sus ríos en la cordillera
Negra.

Las poblaciones de ese litoral han tenido y siguen teniendo escasa importancia que
corresponde a valles semiirrigados y semicultivados. Santa dejó de ser hace 48 años la
ciudad importante que fue anteriormente. Chimbote, que sólo tiene el mismo tiempo de
existencia, le quitó vida marítima. Elegido para servir de puerto a un gran ferrocarril de
penetración, dotado de excelente bahía y rodeado de tierras que pueden ser irrigadas, tiene
por delante muy lisonjero porvenir. Será tan importante como Mollendo y Paita. Hoy es una
aldea de escaso movimiento comercial y en la que todo está en ruina.

Samanco, Nepeña, Moro, Casma y Huarmey, han tenido mejor suerte que Santa,
especialmente Casma, cuyo puerto hace muchos años es la principal salida de Huaraz y de
buena parte del callejón de Huaylas. Casma dista tres leguas de Samanco, seis de Santa y
ocho de Huarmey.

Media entre Huarmey y el río de la Fortaleza, 18 leguas de terrenos estériles. El viaje a


caballo es penoso por la aridez del terreno y por las pampas arenosas que hay que cruzar.
Entre estas pampas, ninguna tan terrible para el caminante como la conocida con el nombre
de Matacaballos. El viaje se puede hacer en su principio por canto de playa o por un camino
que dista dos y medio kilómetros del mar. De Huarmey a Matacaballos hay 25 kilómetros y
de -192- esta pampa a la Zorra, 15. Desde este punto se divisan los cerrillos de las Tetas,
notables por sus 1620 pies de elevación. La Zorra, como también Gramadal, son los únicos
sitios del trayecto donde se nota algo de vegetación, debido a la presencia de agua
subterránea. Saliendo de estos pequeños oasis se vuelve a entrar en el desierto, siendo
preciso marchar primero por la orilla del mar y pasar de trecho en trecho pequeñas cuestas
y después por los llanos situados entre Gramadal y Bermejos, llanos que terminan en la
conocida cuesta de los Callejones. A la izquierda de estos pasajes, yendo hacia el sur, se
contempla el hermoso cerro Darwin, que se descubre de muy lejos por su forma cónica y
sus 5800 pies de altura. Vienen después ondulados cerros de muy original aspecto por la
coloración verde, amarilla y ocre de sus tierras, y por último las ruinas de la fortaleza de
Paramonga. A pocos kilómetros principian los campos que irrigan los ríos de la Fortaleza,
Pativilca y Supe, y nuevamente vuélvese a la zona habitada y productiva, cuya vida
manifiesta en el verdor de los campos, forma contraste extraordinario con la aridez del
desierto recorrido. Al entrar en esas tierras de labor, en esas planicies amarillentas o verdes
según el cultivo de caña de azúcar o algodón, hasta las acémilas se reaniman. Todas ellas
apuran el paso y relinchan de placer como si los vientos del sur trajeran a su olfato aromas
de guarango, y sauce, penetrantes perfumes de alfalfa en flor.

Por desgracia, estos oasis, que nunca tienen anchura mayor de siete leguas y que a veces
como sucede en los valles pequeños sólo bordean el litoral en dos o tres kilómetros, apenas
llegan a 64 en toda la costa del Perú. El resto de esa costa es estéril, inhabitable, como que
no hay agua y en su mayor parte está cubierta de arena. Si toda estuviera -193- irrigada,
el Perú, en su litoral, por la calidad de los terrenos y el valimiento de los productos sería tan
rico como Cuba. Muchas son las posibilidades que existen para darle agua y aumentar
siquiera en un 50% lo que hoy está bajo riego. Los hombres del siglo XIX, más por
negligencia que por imposibilidad económica, abstuviéronse de iniciar esta obra de
civilización, esta conquista del suelo, por medio de la ingeniería, del capital y del trabajo.
Según Raimondi, en siglos pasados descendía al océano por nuestros ríos mayor cantidad
de agua de la que hoy baja. Es esta una causa geográfica desfavorable a nuestro progreso y
que por desgracia no está en nuestras manos remediar.

Costas de la provincia de Chancay

Desde el río de la Fortaleza hasta Cañete la costa es montañosa y en muchas partes el mar
ataca con furia la base de los rocosos cerros. Esta acción marítima ha contribuido a formar
los acantilados del litoral que median entre valle y valle, acantilados de los cuales son
magnífica muestra los barrancos -194- del río Pativilca y los que vemos entre el Callao y
Chilca. Por este motivo, un viaje terrestre hacia el sur es penoso, y una vía férrea entre dos
lugares, como sucede entre Huacho y Lurín, resulta ondulosa y llena de subidas y bajadas.

El único puerto de la zona agrícola que principia con la hacienda de Paramonga y termina
con la de San Nicolás, es el de Supe, siendo Barranca la principal ciudad de los valles
donde están situadas las haciendas mencionadas. Tanto Supe como Barranca han
progresado muchísimo y tendrían mayor valimiento si se aprovecharan mejor las aguas del
río de Pativilca, uno de los más importantes de la costa, bajo el punto de vista de su caudal
y de su curso permanente. Los estudios realizados para aprovechar mejor sus aguas,
irrigando las pampas inmediatas a Supe, se hicieron en 1904, habiendo faltado capitalistas
para llevar a cabo la obra.
Entre la caleta Corral de Vacas y Huaura, primera población del valle de su nombre, media
un desierto de seis leguas. Dejando Huaura y caminando hacia el sur, se halla la ciudad de
Huacho, centro importante de comercio y agricultura, donde termina el viaje a caballo para
los que vienen del norte. Un ferrocarril le une con Lima, y los ascensos y descensos que
tiene esta vía, su fuerte gradiente y las enormes curvas que describe entre Huacho y Ancón,
nos dan una idea de la accidentación de nuestra costa. No solamente falta agua en los
desiertos que median entre valle y valle, sino paso fácil para la construcción de ferrocarriles
o carreteras. Por esta causa, jamás se ha tomado en serio el propósito de unir Piura con
Lima por medio de una vía férrea.

El valle de Huaura, que otros llaman de Huacho, tiene cultivadas 2959 fanegadas sobre una
área de 3690, o sea -195- el 82%. A la caña corresponde 16% y al algodón 42%. Estos
datos son tomados del libro del ingeniero Lavalle. En la pampa de las Ánimas existen 2000
hectáreas susceptibles de ser irrigadas si se construyera un canal más abajo del sitio en que
nace la acequia de Huacho. El plano y los estudios están hechos, pero la obra no se ha
realizado. También al norte de Huaral, en el valle de Chancay, que tiene el 78% de su
extensión cultivada, existe una enorme pampa sin agua, la que ni siquiera ha sido medida ni
estudiada. Los propósitos para aumentar la irrigación del valle de Chillón tienen más
importancia que los anteriores, alcanzando a 16000 hectáreas la extensión de las pampas
incultas en Ancón. Estas pudieran tener agua, si se represaran las lagunas de Azulcocha,
Chunchucocha y Torococha, situadas en la cumbre de la cordillera, represa que almacenaría
74 millones de metros cúbicos de agua. Los terrenos bajo riego en el valle de Chillón solo
alcanzan a 12000 hectáreas.

Toda la importancia que tuvo Huaura en 1821, la tiene al presente la ciudad de Huacho. Su
situación favorable sobre un alto barranco con vista al mar, su clima, la riqueza de sus
campesinos, la misma unión a Lima por ferrocarril, todo en conjunto ha contribuido al
progreso que hoy tiene. Raimondi lo visitó en 1867, y dijo de él lo siguiente:

En el día la villa de Huacho es la capital de la provincia de Chancay (hasta hace pocos años
Huaura era la dicha capital) situada a 5 kilómetros de distancia. La posición más ventajosa
de Huacho respecto a Huaura -Huacho es puerto- hizo que esta población progresara
rápidamente.

Huacho, que bajo el gobierno español era pueblecito de indígenas, hoy, mediante la
facilidad de comunicación con la capital por diferentes compañías de vapores establecidas
en el Pacífico, progresa a pasos agigantados y después de pocos años será una de las más
importantes poblaciones de la costa del Perú.

El adelanto de Huacho data de la Independencia y siguió -196- hasta 1840. En esta época
hubo una sublevación de los indios con amenaza de muerte para los que no eran de su raza,
cosa que produjo retardo en el progreso de este pueblo.

En estos últimos años, con el establecimiento de los vapores caleteros, la exportación de los
cochinos y gallinas, y principalmente de las frutas, tomó mayor ensanche y la población
siguió su marcha, engrandeciéndose cada vez más. Se construyeron nuevas casas, se
estableció un buen hotel, se hizo muelle y buen camino para bajar al puerto, además de
otras mejoras. Por último lo que da idea de su gran adelanto y del bienestar de sus
pobladores es que actualmente se construye un bonito teatro.

Su clima es inmejorable, puesto que aún en las épocas de mayor calor, sopla fuerte brisa del
mar que refresca la atmósfera y pasando por la población arrastra los miasmas que se
desprenden del terreno.

En Huacho se goza de aire bueno y de la infatigable vista del mar y al mismo tiempo de las
delicias que proporciona su verde y alegre campiña. Con dificultad se puede dar idea de la
variedad de cuadros y escenas campestres que se presentan sucesivamente, al recorrer los
innumerables callejones que se cruzan en todo sentido, sombreados casi enteramente por
árboles y atravesados por sinnúmero de acequias con puentes de palo, formando verdadero
laberinto, enmedio del cual, a cada paso, se encuentra casitas del más variado aspecto; aquí
una decente, con paredes blanqueadas; allá, otra, rústica, construida sencillamente con
barro; por otro lado, una simple casucha de caña; adelante, choza cuyas paredes son de
esteras de totora y que representan las primitivas construcciones de Huacho. Estas
hermosas casitas multiplican la variedad de los cuadros, con los cultivos distintos que las
rodean, viéndose trechos cultivados de maíz, otros de alfalfa, de ají, pepinos, caña, algodón,
etc. A esto hay que añadir los numerosos árboles frutales que adornan y rompen la
monotonía, cambiando a cada paso el aspecto del paisaje y dando lugar a continuo
contraste, producido por la forma distinta y el diferente matiz del follaje y crecen
entremezclados el sombrío lúcumo, el verde chirimoyo, el pulverulento pacae, el frondoso
palto y el hermoso naranjo cargados de innumerables y dorados frutos, que por su peso
enorme doblegan las ramas hacia el suelo, poniendo sus dulces y refrescantes frutos a
nuestro alcance, como convidando a tomarlos para apagar la sed producida por el ardoroso
clima de los trópicos.

Conocida en Lima, de poco tiempo a esta parte, la salubridad -197- del clima de Huacho
y los recursos que ofrece esta población, varias familias decidieron trasladarse allí, para
pasar la estación de baños o para convalecer. Restablecidas completamente y habiendo
experimentado lo agradable del clima alentaron a otras a seguir su ejemplo. Actualmente,
Huacho, parece que entra de moda, pues las familias prefieren la vida sencilla del campo, al
excesivo lujo que se ha desarrollado en Chorrillos; lo que hace esperar que en breve, será el
lugar preferido para pasar algunos días de campo, tomar baños de mar y recobrar la salud
perdida.

La Municipalidad, por su parte, introduce nuevas mejoras cada día; para esto tiene a su
disposición las rentas que proporcionan sus extensas salinas.

El puerto forma una ensenada grande, limitada por dos puntas salientes; una de éstas, la que
está hacia el N la forma una lomada, en cuya parte superior se ve un mojón de tierra que
parece artificial y en donde se encuentra restos de la industria humana excavando a poca
profundidad. Toda la parte elevada de esta lomada se halla cubierta de conchas
fragmentadas.

Al otro lado de la lomada hay una ranchería de indios pescadores llamada Carquín y en la
ensenada que forma el mar se observa los restos de un vapor que naufragó hace dos años.
La campiña de Huacho forma una ensenada, limitada, de un lado, por cadena de cerros, que
se extiende hasta la punta al sur del puerto y que se pasa para ir a las lomas de Chancay y
que encierra también una pampa grande, sin agua, llamada de las Ánimas.

Esta pampa que al presente es improductiva, puede transformarse en otra verde, mediante
una acequia que se saque del río, poco más arriba de la que sirve para el riego actual de la
campiña. Una compañía o sociedad que acometiera esta empresa, ganaría inmensamente,
ahora que los terrenos de Huacho adquieren cada día valor mayor. Hacia el N tiene el río de
Huaura, cuya agua sirve para dar vida a todo el valle; por último hacia el O, limita con el
mar.

En esta campiña, como se ha dicho, hay innumerables casitas, pero el punto que se podría
considerar como la capital de este mar de verdura, es el lugar llamado Luriama, que da
nombre a la misma campiña.

El río de Huaura, cerca del puente, corre de ENE a -198- OSO y el camino va de S a N.
En la banda derecha del río, a pocos pasos del puente, hay una capillita donde se venera una
virgen que se dice aparecida, pintada en la peña.

En las inmediaciones de Huacho hay algunas haciendas, entre las cuales se puede contar la
del Ingenio, situada a 5 kilómetros y al canto de la población de Huaura. En esta hacienda
se cultiva caña y algodón. Para la caña tiene dos trapiches. Se fabrica azúcar y los residuos
se destilan para hacer aguardiente. Del algodón se cultiva dos variedades, el de Ica y el de
Egipto. Este último da más pronto, pero no produce tanto como el otro y además hay que
sembrarlo todos los años. La hacienda de Quipico cuya industria era antes la cría de
chanchos, hoy día es de algodón y se ha abandonado completamente la cría de cochinos.
Vilcahuaura, situada a 25 kilómetros de Huacho en el camino de Sayán, también tiene
cultivos de algodón.

En Huacho hay una buena plaza de mercado, cubierta. Está bien surtida y se vende en ella a
más de la carne, legumbres, frutas y muchas clases de pescado.

La plaza mayor es grande, pero las casas que la rodean son de muy mezquina apariencia. La
iglesia se quemó hace casi dos años y el puente se reconstruye.

La instrucción, gracias a los fondos que tiene la municipalidad, con el impuesto de medio
real por cada piedra de sal, está bien atendida, sosteniéndose 6 escuelas, de las cuales 5 son
para hombres. Además de éstas, se fomenta otra en Huaura, porque esta población no tiene
rentas suficientes.

Las casas varían mucho, desde la simple choza de totora, al estilo primitivo, hasta las
elegantes de construcción moderna.

El pan de Huacho es muy bueno, semejándose al de Chorrillos.


Chancay, como lugar de residencia ha perdido mucho en población y en condiciones
sociales. En cambio, Ancón, que cuando le visitó Raimondi el año de 1859 era un pueblo
de pescadores que vivían en rústicas chozas, se ha convertido desde la época del presidente
Balta, que fue quien le dio importancia, en un aristocrático y lujoso balneario.

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Lima, Callao, Miraflores, Barranco, Chorrillos y Magdalena

Al sur de Ancón y a orillas del Rímac está la capital del Perú. Hállase al centro de la
República, pero en sitio detestable respecto a climatología. No hay lugar en la costa que sea
más insalubre, más húmedo; que tenga menos días de sol y donde la brisa del mar sople con
menos fuerza. Edificada al medio de un llano que cercan los cerros de San Jerónimo, San
Cristóbal, Agustino y San Bartolomé, las nubes amontónanse sobre ella en invierno, y en
todo tiempo fáltale las corrientes de aire que observamos siempre en las orillas del océano.
Si se la hubiera edificado en el sitio donde está el Callao, su crecimiento como ciudad y
puerto habría sido extraordinario, y su extensión llegaría por la playa hasta Chorrillos. Fue
en 1821 la primera ciudad de la América del Sur: hoy ocupa el séptimo lugar. Un libro
entero sería necesario escribir para precisar las causas geográficas, políticas y económicas
que la exhiben hoy, en vísperas de celebrar el primer centenario republicano, en el atraso en
que se halla. Fue también la primera ciudad de la América Latina que canalizó sus acequias
y que tuvo desde el siglo XVIII magnífico servicio de agua potable. Esta es hoy
insuficiente, hallándose viejos y en mal estado los tubos de distribución. Respecto a los
canales que conducen las aguas excluidas, debemos decir que aún están inconclusos,
faltando los colectores terminales.

Fáltale a Lima pavimento, aseo e higiene en las calles y en los hogares. Todo está cubierto
de polvo, y por este motivo la mortandad de sus pobladores es horrorosa. No -200- tiene
hoteles higiénicos y los pocos que hay carecen del confort que existe en Norte América y
Europa. Los escasos edificios públicos que tiene y que en su mayor parte fueron
construidos durante el coloniaje, están en mal estado de conservación. En este mismo
estado de desaseo y descuido se encuentra por lo menos el 70% de la edificación privada.
La fachada de la Catedral hace 25 años que no se restaura y que ni siquiera se la quita el
polvo que la cubre (1920).

Las rentas municipales han sido siempre escasas. Por muchos años nunca pasaron de un
millón de soles. Hoy todavía no alcanzan al doble. El producto de los predios rústicos y
urbanos correspondientes al distrito de su jurisdicción no le pertenece. La desproporción
que existe entre el crecimiento de la ciudad y el pequeño aumento de las rentas municipales
es notable.

La acción del Poder Ejecutivo en lo que toca a ornato y embellecimiento fue mediocre
hasta 1879 y casi nula después de esa fecha. Los monumentos a Bolívar, al Dos de Mayo, el
Palacio y los Parques de la Exposición, la Penitenciaría, la Alameda de los Descalzos y una
que otra obra más, fueron hechas en la primera época republicana. Hallándose al presente
(1921) en parte destruida y en parte remendada en forma grotesca la alameda de los
Descalzos, es interesante saber lo que ella fue cuando la admiró y la describió en 1867 un
distinguido viajero chileno.

Precioso paseo de quinientos metros de largo más o menos.

Está situado a la extremidad oriental de la ciudad. Su entrada es de una sencillez agradable;


fórmanla columnas unidas entre sí por verjas de hierro, en cuyas extremidades descansan
pequeñas estatuas de mármol, sin alusión alegórica alguna correspondiente al objeto.

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En toda la extensión, a uno y otro lado, lo encierra una verja de hierro traída de Europa, de
un trabajo magnífico y cuyo importe es crecido. A la parte exterior se encuentran los
elevados y preciosos árboles que la forman, en su mayor parte castaños silvestres, y al
interior una cenefa de variadas flores, en cuya línea y a distancias iguales, están colocadas
sobre pedestales, colosales estatuas de mármol que representan los doce signos del Zodiaco.
Entre estas se ven distribuídos gran número de jarrones traídos de Europa y cada cual
colocado sobre un pedestal de dos metros de alto; completan el adorno de este paseo doce
faroles de gas.

A la extremidad, bajo un dosel de plátanos y otros árboles tropicales, hay una fuente
campestre al centro de un estanque circular. Paralelo a esta fuente, en la avenida de la
derecha, se encuentra un kiosco, donde se sitúan las bandas de música, que, con sus
melodías, dan más atractivo a este delicioso paseo, que ha costado la suma de ciento diez y
nueve mil cuarenta y siete pesos, ochenta y siete medio y centavos.

Convaleciente la República de la miseria en que vivió en los primeros treinta años que
siguieron a la guerra del Pacífico y ahora con mayores ingresos que los que tuvo antes de
1879, el Gobierno vuelve a dar a Lima las obras que su municipio ni su vecindario le
pueden proporcionar. Entre éstas figuran el Palacio Legislativo, la apertura de avenidas, el
monumento y la plaza de San Martín y el saneamiento de la capital.

Por estas causas, que más que causas son efectos, pues la falta de dinero no es causa sino
efecto, Lima no es ciudad monumental ni notable por el costo de sus edificios.
Naturalmente, este motivo no es aplicable al abandono, a lo sucio y a lo terroso en que la
ciudad vive y ha vivido desde 1821. Para ser limpio no se necesitan ingentes cantidades de
dinero. La