Etapas del divorcio: las implicancias
en la negociación económica, por
Ylliana Patricia Mimbela Cuadros
«A la hora de hablar de divorcio desde el punto de vista económico, al hombre le
preocupa más salvar el patrimonio y a la mujer el matrimonio».
POR
YLLIANA PATRICIA MIMBELA CUADROS
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Todo proceso de divorcio se podría dividir en etapas, dependiendo del tipo de
negociación que se haga en la pareja. Uno de los clásicos procesos de divorcio
por mutuo acuerdo, podría pasar por las siguientes etapas; primero, la etapa
emocional, luego la etapa legal, la etapa psicológica, la etapa conyugal, la fase
social y por último el tramo económico.
Ahora me detendré en la última etapa, la económica. El dinero con el que el
hogar conyugal se mantenía ya no se debe considerar un “nuestro”, ahora cada
excónyuge vivirá en una casa distinta y no se podrá contar con el dinero del otro,
excepto con lo que debe ser pagado por pensión alimenticia o manutención si
hubiera menores de edad. Por ello es necesario que cada cónyuge aprenda nuevas
habilidades sobre las finanzas al momento de tomar la decisión de divorciarse.
Cuando se inicia un proceso de divorcio lo más difícil no es que la pareja tome la
decisión de divorciarse y aceptarlo, sino el acordar los temas económicos
respecto de los bienes, si los hubiere. Es decir, cómo se adjudicarán los
porcentajes en lo que respecta a los automóviles, enseres de la casa, inmuebles,
acciones de empresas, etc. En general toda la masa conyugal (llamada también
bienes gananciales).
Si uno se casa bajo el régimen de separación de bienes, no hay complicación,
cada uno se retira con sus bienes propios. Sin embargo, cuando se casan bajo el
régimen de bienes gananciales allí sí existe una complejidad. Se tendrá que
realizar primero un inventario como lo exige el Código Civil en su artículo 320
del Código Civil:
Fenecida la sociedad de gananciales, se procede de inmediato a la formación del
inventario valorizado de todos los bienes. El inventario puede formularse en
documento privado con firmas legalizadas, si ambos cónyuges o sus herederos
están de acuerdo. En caso contrario el inventario se hace judicialmente. No se
incluye en el inventario el menaje ordinario del hogar en los casos del artículo
318º, incisos 4 y 5, en que corresponde al cónyuge del ausente o al sobreviviente.
Existen muchos factores a la hora de dividir el patrimonio de la sociedad
conyugal, por lo general los hombres son fríos en este aspecto, pero cuando la
mujer y el hombre aportan económicamente en partes iguales es mucho más
difícil liquidar este patrimonio conyugal.
Por ello, siempre recomiendo a las parejas que se dividan todo 50% para cada
uno, con naturaleza jurídica de “co-propiedad” y que, luego, una vez obtenido el
divorcio se sienten nuevamente a negociar pero esta vez la forma de repartición y
división. Así vamos avanzando paso a paso y no nos estancamos en el proceso de
negociación económica en la separación y posterior divorcio.
Es increíble pero existen parejas a las que la separación de bienes podría
catalogarse como su negocio más emocional en su vida. Esto me trae a la
memoria varias negociaciones que hice en mi experiencia como mediadora
familiar. Una de ellas la hice hace cinco años. Era una pareja de esposos jóvenes
sin hijos que se habían puesto de acuerdo en toda la repartición de enseres y
muebles de la casa, automóviles, menos en quién se quedaba con la posesión del
mueble de la TV. ¡Por favor, al final me lo quedo yo!, les dije de manera jocosa,
se sonrojaron ambos y le entregaron este mueble a una tercera persona.
Es inevitable que existan sentimientos y emociones negativas de por medio al
momento de negociar la parte económica, y que salgan a relucir las peleas
pasadas, iras, dolor, deudas personales, etc. Todo se mezcla en este momento de
liquidar los bienes gananciales. Pero si la pareja se apartare de las emociones, es
probable que se consiga “un buen divorcio o un divorcio saludable”.
Un caso típico de traer a colación a esta negociación las emociones es el
remordimiento, que se presenta entre las mujeres que nunca trabajaron y se
dedicaron al hogar o cuyas ganancias económicas de su trabajo fueron inferiores
a las de sus maridos. Estas mujeres consideran que no merecen recibir mucho y
terminan cediendo derechos económicos. Esto no es correcto, no debe existir el
hecho de que si trabajaste o no cuando duró el matrimonio. La ley les otorga a
ambos iguales derechos de partición y división sin importar la cantidad de aporte
dinerario de cada uno, acá la ley lo reconoce en su artículo 318° inciso 3) del
Código Civil que dice la sociedad de gananciales fenece por el divorcio y según
el artículo 323°, párrafo segundo del Código Civil, los gananciales se dividen
por mitad entre ambos cónyuges o sus respectivos herederos.
También es muy frecuente encontrar sentimientos de culpa en personas que
acaban unilateralmente su matrimonio, ya sea porque se enamoraron de otra
persona o simplemente ocurrió una infidelidad o el hecho que uno de ellos
expresa “no darle el gusto al otro”.
El sentimiento de culpa por haber causado el rompimiento del matrimonio les
produce la sensación de que no pueden exigir demasiado, o que tienen que
negociar en términos de desventaja para remediar, en cierta medida, el daño
causado a la cónyuge inocente.
Manejo una estadística del 90% a nivel de mis clientes, en el cual yo soy la
abogada de ambos cónyuges, ya que es una decisión acertada cuando los dos ya
han acordado todo lo referente a la partición y adjudicación de los bienes, y las
cuestiones referentes a los hijos. También cuando no hay hijos ni bienes, ya que
quedan muy pocas cosas que definir.
Para culminar, a la hora de hablar de divorcio desde el punto de vista económico,
al hombre le preocupa más salvar el patrimonio y a la mujer el matrimonio.