Corrientes generales
literarias hispá nicas I
Mtra. Mugica Rodriguez Cristina
Itxill Osorio Gonsen
Corrientes Generales de las Literaturas 1
Examen extraordinario
I. Luis de Góngora y Francisco Quevedo:
1. Elabora una comparación entre el soneto de Góngora “Mientras por competir con tu
cabello...” con el de Quevedo intitulado “Amor constante más allá de la muerte” en
cuanto al asunto del que tratan. Señala las metáforas en el soneto de Góngora. De
acuerdo con las significaciones que se desprenden de los sonetos: ¿Cuáles son las
resonancias de la palabra poética polvo en cada uno de éstos
A primera vista ambos sonetos hablan de belleza (de una persona por una parte, y de la vida
por otra) haciendo sublimes imágenes con el vocabulario, pero veremos que en realidad
tratan de la muerte, claro desde polos opuestos.
El soneto de Luis de Góngora, puede ser dividido en dos partes. Cada parte toca dos
temas diferentes que al mismo tiempo se complementan. En la primera parte de su soneto,
Góngora nos habla de la admiración que el narrador tiene, probablemente, por alguna
mujer, es la exaltación de la belleza. Admira su cabello, su cara, labios, y cuello
comparándolos con hermosas formas de la naturaleza (sol, lirio, clavel, y cristal).
“[…] oro bruñido al sol […]”
“[…] lilio bello […]”
“[…] luciente cristal […]”
Pero también nos habla de tal belleza con notas sutiles que nos hacen guiños sobre la
arrogante juventud. Aunque la naturaleza por un momento llegue a rivalizar con la belleza,
llegará un momento donde llegará tumultuosa y asestará el golpe. En esta parte
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encontramos el tema renacentista del “carpe diem” al enfatizar a la juventud (exhorta al
goce) con el siguiente verso:
“goza […] antes que[…]”
Ciertamente las dos siguientes estrofas están dedicadas a embestir justamente esta parte
arrogante de la juventud, recordándole que la “edad de oro” no es más que algo efímero que
terminará por convertirse en “plata”, en “viola troncada”. La imagen de la viola troncada es
muy reveladora ya que nos deja la imagen de madera vieja, seca y quebrada. Lo que está
seco no tiene vida por lo tanto, se hace presente la muerte (aquí encontramos el pesimismo
que da un giro sobre el “carpe diem” renacentista, hacia la metafísica). Polvo se es, y en
polvo uno se convertirá:
“[…] en tierra, en polvo, en humo, en sombra en nada.”
Se convierte en algo efímero como las flores cuando se secan se hacen polvo, y el cristal al
romperse se vuelve añicos.
En este soneto son importantes las diferentes metáforas que el autor utiliza para describir la
belleza de la mujer. Hace un constante paralelismo entre la belleza y la naturaleza, como
flores y piedras preciosas. Góngora hace empleo de la adjetivación ornamental dentro de las
metáforas, con el objetivo de producir belleza en la imaginación del lector. Este empleo de
metáforas es típico del movimiento literario del culteranismo, que se enfocaba en la estética
para impresionar y aplicarse al género lírico; esto es completamente propio de la época (así
como la transición del tema del “carpe diem”, a la metafísica; vamos del renacimiento al
barroco).
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Ahora bien tenemos el soneto de Francisco de Quevedo. En este soneto el narrador
habla del amor, y las cosas esenciales que la muerte no puede borrar. En la primera parte
nos dice lo que la muerte no se llevará al llegar, y en la segunda nos hace prueba de la
ardiente pasión del amante. Pero lo fundamental queda en que ni la muerte podrá borrar las
experiencias, aunque el cuerpo ya no sea más. Lo que permanece es la esencia “la llama”,
“la memoria”, los cuidados que los amantes tienen el uno por el otro.
“mas no, de esotra parte, en la ribera,
dejará la memoria, en donde ardía:[…]”
“[…]su cuerpo dejará, no su cuidado[…]”
Podríamos incluso pensar que más allá de la muerte lo que ha consumido al amante ha sido
la pasión ardiente, reduciéndolo a cenizas “más tendrá sentido”. Nunca será realmente presa
de “la postrera sombra”, y jamás habrá un verdadero “respeto a ley severa” pues ese lazo, o
“médulas” (siendo la médula una parte fundamental de la unión y funcionamiento, llámese
pilar, de un cuerpo) jamás podrá ser destruido, pues aunque el amante sea polvo será “polvo
enamorado”.
Es interesante notar en este soneto, como en el anterior, la presencia de la inquietud ante la
muerte (cuestión planteada durante el barroco). En este soneto, más allá de ser pesimista
como el de Góngora, la muerte es desafiada llevando la existencia más allá de todo lo que
se conoce.
Así pues la única similitud entre ambos textos es el tema tratado: la muerte, pero en
realidad ambos toman una posición muy diferente con respecto a ella.
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Góngora toma la muerte como recordatorio, o advertencia, hacia la belleza y la juventud,
pues en realidad lo único que realmente permanece para él, es la muerte. Siempre está ahí
como sombra, consumiéndonos día a día. Con cada respiro vamos muriendo poco a poco.
Nos vamos marchitando, hasta volvernos polvo.
Por su lado Quevedo nos describe la muerte como algo que llegará efectivamente, pero que
lo más importante son las esencias lo etéreo siempre permanecerá, y la muerte jamás podrá
vencerlo. De ahí proviene la belleza en el soneto de Quevedo, como el título nos lo indica
“Amor constante más allá de la muerte”. Es la exaltación de la muerte, casi una alabanza
para ella, pues solo ella es la detentora de la libertad del alma, que cruzará el río Estigia
para poder subsistir en el más allá aún enamorado.
Para Góngora la muerte es funesta y trágica, destino fatal por ser predestinado, un
corolario; para Quevedo solo una piedra más en el camino, una especie de herramienta para
la transformación de lo efímero en etéreo.
Es aquí es donde la palabra “polvo” toma una gran importancia para cada soneto, ya
que contiene un poder mágico en ella. Por un lado para Góngora el polvo es el que hace que
las cosas desaparezcan del tiempo y el espacio sin dejar rastro alguno en realidad. Quién
podría decir qué cosa fue qué al ser nada más que polvo, no hay manera de reconstruir la
existencia a partir de él, pues con cualquier movimiento se levanta en el aire y desaparece
de la vista, mágicamente. En Quevedo, el polvo es la herramienta, como dijimos
anteriormente, que lo efímero se vuelve etéreo. Algo intangible pero que sin embargo
podemos seguir sintiendo. Es la herramienta que ayuda al alma enamorada a liberarse de la
prisión del cuerpo y puede permanecer por siempre, fuera de los tiempos de caducidad del
cuerpo, de su fragilidad.
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II. “Cosas, Celalba mía, he visto extrañas…”:
1. Habla del contrapunto entre la experiencia de la naturaleza y el mundo interior que se
establece en el soneto de Góngora “Cosas, Celalba mía, he visto extrañas...”.
El soneto “Cosas, Celalba mía, he visto extrañas…”, es un interesante soneto, y
complicado de interpretar, ya que hay en él dos temas que se van demarcando de manera
paralela, y sin embargo uno sobrepasa al otro. Los temas son el sufrimiento en el amor, y la
naturaleza frondosa y desenfrenada, que al mismo tiempo es descripción de un estado
anímico. El primero es difícil de percibir en primera instancia, ya que la naturaleza abarca
la mayor parte del poema, y no es sino hasta el final que descubrimos el tema central
trabajado en el soneto de Góngora:
“[…] mis cuidados.”
Hacia el final sabemos entonces que se trata de una declaración de amor, que no
llega completamente a término, pues violentos eventos naturales se apoderan del escenario,
prácticamente al momento de haber sido levantado el telón. Y sin embargo el dolor causado
por el amor se trasmina hacia el lector. Hay un fuerte paralelismo entre los acontecimientos
y las emociones del interlocutor, tratamos en realidad con una extensa hipérbole.
Todo el soneto es una enumeración de desastres naturales: nubes resquebrajadas; ciclones;
derrumbamientos; explosiones volcánicas; puentes destruidos; arroyos que se convierten en
violentos ríos que ni las montañas pueden frenar, y que se convierten a su vez en diluvios
(la presencia del diluvio aquí es de gran importancia, ya que no se trata de cualquier diluvio
sino del Diluvio de Noé, evento cataclísmico de la Biblia); seres sin forma y sin vida. Todo
sucede como si se siguiera el ritmo de un alma en pena que se va quebrando, y el dolor va
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aumentando hasta llegar al clímax. De hecho es curioso encontrarnos con una imagen de
“corazón roto” (que es incluso mucho más que solo eso), pues todas las palabras empleadas
contienen sonidos vibrantes y silbantes, como lo es la “r”, que nos evoca el desastre en
acción:
cascarse
desbocarse
torres
vomitar
tierra
entrañas
romper
Y la “s”, que evoca al viento soplando entre árboles, hierbas, y escombros al final de una
catástrofe:
nubes
vientos
besar
puentes
cañas
violentos
vadeados
La violencia de los hechos y los sentimientos están expresados de manera sonora, y
llevan un compás preciso. Toda esta serie de eventos tumultuosos va en crescendo, hasta
caer estrepitosamente en la calma, la muerte. Las imágenes de personas y perros sin forma
y vida, apunta hacia la idea de que el interlocutor mismo se siente desamparado como un
cuerpo sin vida y sin forma flotando en el agua lodosa de los derrumbes. Primero viene la
tormenta, y luego viene la calma. Pero a pesar de la calma, los verbos al infinitivo nos dan
la idea de que el sufrimiento es algo que nunca termina, se extiende en el infinito, y de
manera indefinida, aunque el momento de catarsis haya terminado. No se detiene, así como
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ni las grandes montañas pueden detener el río creciente. No hay escapatoria a tal atrocidad
natural, los puentes están derrumbados. Pudiéramos incluso pensar, que la que ha destruido
los puentes (cortando la comunicación) ha sido la mujer amada, posicionándose fuera del
alcance del interlocutor y sus ilusiones amorosas.
Aunque pareciera una descripción desordenada de una serie de acontecimientos, en
realidad es un orden muy simbólico el que emplea el autor. Nos cuenta el nacimiento de un
huracán que terminará destruyéndolo todo. La destrucción, viene de arriba, de las nubes. Es
el cielo el que se cae a pedazos, destrozando todo a su paso, por consecuencia es el cielo el
que no tiene piedad de los mortales. El cielo no tiene piedad del interlocutor. Es curiosa
esta imagen si la relacionamos con el nombre de la amada: Celalba. Dentro de éste
reconocemos automáticamente la palabra: Alba. El alba, es el amanecer, la primera luz que
se refleja en el cielo. Podría ser una imagen divina que tiene a los mortales a su merced, en
este caso los mortales son solo el amante sometido al poder de la mujer que él adora.
Ahora bien regresando a la cuestión de los infinitivos, es interesante el repentino uso del
verbo conjugado en los dos últimos versos, pues como ya lo habíamos mencionado más
arriba, prácticamente todos los verbos del soneto están al infinitivo. Pareciera que el
interlocutor nos lleva de regreso a él, como una toma cinematográfica que hubiera
empezado su recorrido a partir de él alejándose y mostrando en el panorama con los
desastres naturales para regresar al punto de partida. Es un círculo que empieza desde su
punto de vista personal de las cosas con:
“Cosas, Celalba mía, he visto extrañas”
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Para terminar regresando a lo que le incumbe realmente a él:
“y nada temí más que mis cuidados.”
Este soneto es claro testimonio de la época barroca, con sus descripciones
pomposas. Es la época de la desmesura y extravagancia del pensamiento, tendiendo más
hacia los gustos propios que a las reglas canónicas. Los autores de la época buscaban el
fervor, el empleo exagerado de las figuras retóricas y dirigirlas hacia los sentidos. A
consecuencia de esto se pierde la proporción, armonía, serenidad y equilibrio que fue
representativo del clasicismo.
He visto todo, he visto la tierra sufrir como sufro yo, pero no me importa ni me
atemoriza la destrucción o la desolación, solo me importa lo que siento en este momento.
La destrucción y desolación se encuentran en el interior del interlocutor, incluso también
como detalle, no hay presencia de colores por ningún lado, lo descrito es un lugar sin color,
salpicaduras de negro sobre blanco. En la existencia del interlocutor carece de vida, la falta
de color nos deja esta sensación avasalladora. La descripción de la magnánima naturaleza
es representativa del mundo interior del interlocutor.
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III. Lazarillo de Tormes:
1. Explica por qué resulta irónico que Lázaro haya mejorado su situación social y
económica siendo pregón, acompañando a los que “padecen persecuciones por justicia y
declarando a voces sus delitos” (tratado séptimo) en relación con el destino de su padre y su
padrastro. Cita algunos pasajes significativos en relación con esto en el tratado primero.
Uno de los tonos principales que se encuentran en este texto es el de la ironía, ya
que es la mejor arma del autor para poner en evidencia la hipocresía que se vivía en esa
época. Se ataca a todos y cada uno de los integrantes de la sociedad (ciego limosnero,
clérigo, noble, fraile, buldero, pregonero). Desde el más humilde al de mejor posición
socioeconómica.
El mejor ejemplo de esta crítica por medio de la ironía, y que finalmente cierra la
narración como un círculo, es la primera mitad del tratado primero, y el tratado séptimo: la
infancia de Lázaro. Se pone sobre la mesa su inocencia y simplicidad, la tierna edad en la
que se cree todo cuanto le dicen:
“Yo simplemente llegue, creyendo ser ansí; y como sintió que tenía la cabeza par de la piedra, afirmó recio
la mano y dióme una gran calabazada en el diablo del toro, que más de tres días me duró el dolor de la
cornada,[…]”
Siendo niño pierde a las personas que procuran su bienestar, su padre, madre y su padrastro.
Su padre por robar harina del molino es enjuiciado, y desterrado. Parte como ayudante de
un soldado en la guerra contra los moros y no vuelve a verlo más. Su madre se pone a
trabajar haciendo de comer para estudiantes, y se encuentra a un hombre moreno del que se
enamora y con quien tiene un hijito mulato. Este hombre por amor y cariño, se dedica a
robar a las personas para las que trabaja, pero es descubierto y Lázaro bajo amenaza
confiesa todos los delitos de su padrastro, llevándolo al azote y a su madre a la vergüenza
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pública. No lo vuelve a ver tampoco ya que como parte del castigo su madre no puede
permitirle la entrada a su casa.
Después su madre lo entrega a un ciego, y tampoco vuelve a verla. Lázaro se vuelve
entonces un huérfano a merced de las crueldades de la vida. Lázaro evoluciona desde su
ingenuidad inicial hasta desarrollar un instinto de supervivencia. Todo lo que acontece en la
vida de Lázaro está definido por la necesidad de comer, y hará lo que sea, al igual que los
demás personajes, para intentar saciar esa hambre voraz.
Su padre molinero de 15 años, será castigado por robarse la harina de los costales que había
en el molino:
“achacaron a mi padre ciertas sangrías mal hechas
en los costales de los que allí a moler venían,
por lo que fue preso, y confesó y no negó y padeció
persecución por justicia”
Y su padrastro también es duramente castigado por el mismo crimen, robar comida, comida
para su familia:
“halloóe que la mitad por medio de la cebada, que para las bestias le daban, hurtaba, y
salvados, leña, almohazas, mandiles, y las mantas y sábanas de los caballos hacií
perdidas, y cuando otra cosa no tenía, las bestias desherraba, y con todo esto acudía a mi
madre para criar a mi hermanico.”
El hambre es uno de los temas centrales en esta novela, y es el hambre la que
impulsa a los personajes al “crimen”, y los lleva al castigo injusto, ya que es por amor y
necesidad que transgreden los límites de la ley, como a diferencia de otras personas
pertenecientes a otros estratos sociales:
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“No nos maravillemos de un clérigo ni fraile, porque el uno hurta de los pobres y el otro
de casa para sus devotas y para ayuda de otro tanto, cuando a un pobre esclavo el amor le
animaba a esto.”
Es hijo de la sociedad, pues es de ella que aprende tantas cosas y se vuelve un lobo
con piel de oveja que se gana la vida pregonando los crímenes (pecados) de las demás
personas. Lo planteado es que cada cual busca sacar beneficio propio gracias a los demás
pero sin pensar en ellos, el resultado de esto es la hipocresía.
He aquí la ironía del asunto:
“ella me encomendó a él, diciéndole como era hijo de un buen hombre[…]y que ella
confiaba en Dios no saldría peor hombre que mi padre”
Como hemos dicho su padre robaba, y su padrastro también, pero a final de cuentas
lo hacían para alimentar a sus seres queridos. Lázaro, aunque habiendo superado el nivel
socioeconómico que tenía, terminó siendo peor que su padre y padrastro al poner en
evidencia a las pobres víctimas de la justicia, justificándose a partir de su experiencia por la
vida. Ahora goza de estabilidad y prosperidad, y de la amistad de un Arcipreste que le ha
dado por mujer a una de sus criadas, para evitar los rumores de que él mismo tiene una
relación con ella. Lázaro aplica entonces lo que su madre le enseñó cuando era joven Al
principio de la obra se maneja el concepto de que arrimándose a los buenos "se será uno de
ellos":
“Mi viuda madre, como sin marido y sin abrigo se viese, determinó arrimarse a los buenos por ser
uno dellos”
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Esto es, para ser virtuoso hay que fingir ser virtuoso, no serlo. Lázaro se amista con el
Arcipreste partiendo de la idea de que solo ve por su bien, cuando solo encubre sus
pecados, pero para Lázaro ser su amigo es ser personaje de alcurnia. Finalmente Lázaro
prefiere tapar el sol con un dedo, en cuanto al rumor de su mujer y el arcipreste.
Es mejor ser personaje de alta sociedad, mentir y aprovechar las desgracias de los demás,
que ser humilde, pobre, y robar por amor que por autosatisfacción.
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IV. El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha:
2. Habla de la relación de don Quijote con Dulcinea tal como se pone de manifiesto en los
siguientes pasajes:
a. El diálogo entre don Quijote y Vivaldo, el pastor, sobre la caballería andante (I, 13).
b. El diálogo entre don Quijote y Sancho en la Sierra Morena (I, 25).
c. El diálogo entre don Quijote y Sancho camino a Micomicón (I,31). “Ella pelea en mí y
vence en mí, y yo vivo y respiro en ella, y tengo vida y ser.” (I,30)
La relación de Don Quijote con Dulcinea es puramente platónica, ya que en realidad nunca
interactúan de verdad. Don Quijote siempre habla de ella de las mejores maneras, pero es
tan solo la imagen idealizada de la bella princesa, reina del cuento caballeresco del
medioevo, idea que se ha quedado arraigada en su cabeza por todos los cuentos que leyó.
La figura de Dulcinea del Toboso es fundamental para la vida caballeresca de Don Quijote,
pues es por ella que maquina hazañas: grandes aventuras, y luchas con gigantes. En
realidad ella es la causante de tales actos, y no solo de dónde sacar valor para cumplir sus
misiones. Así pues es que antes de proseguir sus cometidos se encomienda a su dama antes
que a Dios, no en realidad por el amor que le engendre sino por las reglas de “los caballeros
andantes”.
“- [….] antes, se encomiendan a sus damas, con tanta gana y devoción como si ellas fueran su
Dios”
- eso no puede ser menos en ninguna manera, y caería en mal caso el caballero andante que otra
cosa hiciese; que ya está en uso y costumbre en la caballería andantesca[…]”
Es de esta manera que Dulcinea tiene un poder supremo sobre Don Quijote, mejor dicho no es
Dulcinea en sí, Aldonza Lorenzo, sino la idea de Dulcinea la que posee un poder divino sobre Don
Quijote, ella es su dios, es decir que ella es la creadora del personaje de Don Quijote como
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Caballero de la Triste Figura. El objetivo de Don Quijote es servir a una dama, no importa cual, de
hecho prácticamente le surge la idea de que sea ella, Aldonza Lorenzo, pues en algún momento
estuvo enamorado de ella sin que la misma lo supiera, y le cambia el nombre a Dulcinea de Toboso.
La condición de caballero le impone a Don Quijote la obligación de entronizar en su
corazón una gran dama en cuyo servicio serán todas sus andanzas de caballerías. Puesto así
Dulcinea es el motor de la acción principal.
Alonso Quijano muere para darle vida al Caballero de la Triste Figura: Don Quijote de la Mancha.
“-Yo no podré afirmar si la dulce mi enemiga gusta, o no, de que el mundo sepa que yo la
sirvo[…]”
Una declaración muy interesante (cap I, 30) que hace Don Quijote a Sancho Panza, cuando este
intenta convencerlo de que se case con Dorotea es la siguiente:
“[…] Ella pelea en mí, y vence en mí, y yo vivo y respiro en ella, y tengo vida y ser[…]”
A partir de esto podemos reflexionar más sobre el hecho de que Don Quijote ha hecho de
Dulcinea su dios creador, sin embargo, no es completamente cierto que nuestro personaje
vive a través de su Creador, sino que al mismo tiempo Dulcinea, como concepto, vive a
través de él. Esto es una relación entre Dios y creyente. Es un lazo muy fuerte, indisociable.
Así como nosotros ponemos nombres a dioses, santos y vírgenes, Don Quijote ha
proclamado a Aldonza Lorenzo como Dulcinea, y de la misma manera se ha bautizado a él,
y a su caballo con otros nombres. Crea magia a partir de las palabras. El de Aldonza
Lorenzo es un nombre que connota rudeza, algo tal vez incluso ordinario y de baja
condición social e incluso de actitudes groseras. La renombra entonces, y con su nombre le
otorga virtudes muchas y la más importante la de dulzura, virtud central en los viejos
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cuentos de caballeros. El personaje se explica la vida que quiere tener a través de un mito
que crea para sí mismo, como diestro artista que crea y da vida a la Mona Lisa. Pero es
importante remarcar que Don Quijote está consciente de que su dama es creación de su
alma, de igual manera era de la usanza de los caballeros de antaño. En el capítulo I, 25
nuestro Caballero de la Triste Figura se lo confieza a Sancho Panza.
“—Sí, que no todos los poetas que alaban damas debajo de un nombre que ellos a su albedrío les ponen, es
verdad que las tienen. ¿Piensas tú que las Amarilis, las Filis, las Silvias, las Dianas, las Galateas, las Fílidas
y otras tales de que los libros, los romances, las tiendas de los barberos, los teatros de las comedias están
llenos, fueron verdaderamente damas de carne y hueso, y de aquellos que las celebran y celebraron? No, por
cierto, sino que las más se las fingen por dar subjeto a sus versos y porque los tengan por enamorados y por
hombres que tienen valor para serlo”
Otra confesión es la hermosura y amor del caballero por su princesa:
“—Y así, bástame a mí pensar y creer que la buena de Aldonza Lorenzo es hermosa y honesta, y en lo del
linaje, importa poco, que no han de ir a hacer la información dél para darle algún hábito, y yo me hago
cuenta que es la más alta princesa del mundo. Porque has de saber, Sancho, si no lo sabes, que dos cosas
solas incitan a amar, más que otras, que son la mucha hermosura y la buena fama, y estas dos cosas se
hallan consumadamente en Dulcinea, porque en ser hermosa, ninguna le iguala, y en la buena fama, pocas le
llegan. Y para concluir con todo, yo imagino que todo lo que digo es así, sin que sobre ni falte nada, y
píntola en mi imaginación como la deseo, así en la belleza como en la principalidad”
Es interesante la relación de Don Quijote con Dulcinea, ya que aunque sea un amor
platónico del que se trate aquí, es uno de los amores más bellos descritos, aunque sea
unilateral. Es el ideal de amor. En este sentido, este amor es puro, altruista, generoso,
incondicional y transformador. Don Quijote es un hombre muy solo, viviendo en un mundo
gris que no le permite vivir su vida a plenitud, y es gracias a los cuentos de caballeros que
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logra salir a flote, envolviéndose con el velo del glamour, reinventando su nombre y su
vida, con lacayo, caballo y una bella dama creada en su cabeza como una obra de arte
llamada Dulcinea.
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Bibliografía
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