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Hispánicas

El documento analiza y compara los sonetos de Luis de Góngora y Francisco Quevedo, destacando sus diferentes enfoques sobre la muerte y la belleza. Góngora enfatiza la efimeridad de la juventud y la inevitabilidad de la muerte, mientras que Quevedo celebra la esencia del amor que perdura más allá de la muerte. También se discute el soneto de Góngora 'Cosas, Celalba mía, he visto extrañas...', que refleja la conexión entre la naturaleza y el sufrimiento amoroso del hablante.

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El documento analiza y compara los sonetos de Luis de Góngora y Francisco Quevedo, destacando sus diferentes enfoques sobre la muerte y la belleza. Góngora enfatiza la efimeridad de la juventud y la inevitabilidad de la muerte, mientras que Quevedo celebra la esencia del amor que perdura más allá de la muerte. También se discute el soneto de Góngora 'Cosas, Celalba mía, he visto extrañas...', que refleja la conexión entre la naturaleza y el sufrimiento amoroso del hablante.

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Corrientes generales

literarias hispá nicas I


Mtra. Mugica Rodriguez Cristina

Itxill Osorio Gonsen


Corrientes Generales de las Literaturas 1
Examen extraordinario

I. Luis de Góngora y Francisco Quevedo:

1. Elabora una comparación entre el soneto de Góngora “Mientras por competir con tu
cabello...” con el de Quevedo intitulado “Amor constante más allá de la muerte” en
cuanto al asunto del que tratan. Señala las metáforas en el soneto de Góngora. De
acuerdo con las significaciones que se desprenden de los sonetos: ¿Cuáles son las
resonancias de la palabra poética polvo en cada uno de éstos

A primera vista ambos sonetos hablan de belleza (de una persona por una parte, y de la vida

por otra) haciendo sublimes imágenes con el vocabulario, pero veremos que en realidad

tratan de la muerte, claro desde polos opuestos.

El soneto de Luis de Góngora, puede ser dividido en dos partes. Cada parte toca dos

temas diferentes que al mismo tiempo se complementan. En la primera parte de su soneto,

Góngora nos habla de la admiración que el narrador tiene, probablemente, por alguna

mujer, es la exaltación de la belleza. Admira su cabello, su cara, labios, y cuello

comparándolos con hermosas formas de la naturaleza (sol, lirio, clavel, y cristal).

“[…] oro bruñido al sol […]”

“[…] lilio bello […]”

“[…] luciente cristal […]”

Pero también nos habla de tal belleza con notas sutiles que nos hacen guiños sobre la

arrogante juventud. Aunque la naturaleza por un momento llegue a rivalizar con la belleza,

llegará un momento donde llegará tumultuosa y asestará el golpe. En esta parte

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encontramos el tema renacentista del “carpe diem” al enfatizar a la juventud (exhorta al

goce) con el siguiente verso:

“goza […] antes que[…]”

Ciertamente las dos siguientes estrofas están dedicadas a embestir justamente esta parte

arrogante de la juventud, recordándole que la “edad de oro” no es más que algo efímero que

terminará por convertirse en “plata”, en “viola troncada”. La imagen de la viola troncada es

muy reveladora ya que nos deja la imagen de madera vieja, seca y quebrada. Lo que está

seco no tiene vida por lo tanto, se hace presente la muerte (aquí encontramos el pesimismo

que da un giro sobre el “carpe diem” renacentista, hacia la metafísica). Polvo se es, y en

polvo uno se convertirá:

“[…] en tierra, en polvo, en humo, en sombra en nada.”

Se convierte en algo efímero como las flores cuando se secan se hacen polvo, y el cristal al

romperse se vuelve añicos.

En este soneto son importantes las diferentes metáforas que el autor utiliza para describir la

belleza de la mujer. Hace un constante paralelismo entre la belleza y la naturaleza, como

flores y piedras preciosas. Góngora hace empleo de la adjetivación ornamental dentro de las

metáforas, con el objetivo de producir belleza en la imaginación del lector. Este empleo de

metáforas es típico del movimiento literario del culteranismo, que se enfocaba en la estética

para impresionar y aplicarse al género lírico; esto es completamente propio de la época (así

como la transición del tema del “carpe diem”, a la metafísica; vamos del renacimiento al

barroco).

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Ahora bien tenemos el soneto de Francisco de Quevedo. En este soneto el narrador

habla del amor, y las cosas esenciales que la muerte no puede borrar. En la primera parte

nos dice lo que la muerte no se llevará al llegar, y en la segunda nos hace prueba de la

ardiente pasión del amante. Pero lo fundamental queda en que ni la muerte podrá borrar las

experiencias, aunque el cuerpo ya no sea más. Lo que permanece es la esencia “la llama”,

“la memoria”, los cuidados que los amantes tienen el uno por el otro.

“mas no, de esotra parte, en la ribera,

dejará la memoria, en donde ardía:[…]”

“[…]su cuerpo dejará, no su cuidado[…]”

Podríamos incluso pensar que más allá de la muerte lo que ha consumido al amante ha sido

la pasión ardiente, reduciéndolo a cenizas “más tendrá sentido”. Nunca será realmente presa

de “la postrera sombra”, y jamás habrá un verdadero “respeto a ley severa” pues ese lazo, o

“médulas” (siendo la médula una parte fundamental de la unión y funcionamiento, llámese

pilar, de un cuerpo) jamás podrá ser destruido, pues aunque el amante sea polvo será “polvo

enamorado”.

Es interesante notar en este soneto, como en el anterior, la presencia de la inquietud ante la

muerte (cuestión planteada durante el barroco). En este soneto, más allá de ser pesimista

como el de Góngora, la muerte es desafiada llevando la existencia más allá de todo lo que

se conoce.

Así pues la única similitud entre ambos textos es el tema tratado: la muerte, pero en

realidad ambos toman una posición muy diferente con respecto a ella.

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Góngora toma la muerte como recordatorio, o advertencia, hacia la belleza y la juventud,

pues en realidad lo único que realmente permanece para él, es la muerte. Siempre está ahí

como sombra, consumiéndonos día a día. Con cada respiro vamos muriendo poco a poco.

Nos vamos marchitando, hasta volvernos polvo.

Por su lado Quevedo nos describe la muerte como algo que llegará efectivamente, pero que

lo más importante son las esencias lo etéreo siempre permanecerá, y la muerte jamás podrá

vencerlo. De ahí proviene la belleza en el soneto de Quevedo, como el título nos lo indica

“Amor constante más allá de la muerte”. Es la exaltación de la muerte, casi una alabanza

para ella, pues solo ella es la detentora de la libertad del alma, que cruzará el río Estigia

para poder subsistir en el más allá aún enamorado.

Para Góngora la muerte es funesta y trágica, destino fatal por ser predestinado, un

corolario; para Quevedo solo una piedra más en el camino, una especie de herramienta para

la transformación de lo efímero en etéreo.

Es aquí es donde la palabra “polvo” toma una gran importancia para cada soneto, ya

que contiene un poder mágico en ella. Por un lado para Góngora el polvo es el que hace que

las cosas desaparezcan del tiempo y el espacio sin dejar rastro alguno en realidad. Quién

podría decir qué cosa fue qué al ser nada más que polvo, no hay manera de reconstruir la

existencia a partir de él, pues con cualquier movimiento se levanta en el aire y desaparece

de la vista, mágicamente. En Quevedo, el polvo es la herramienta, como dijimos

anteriormente, que lo efímero se vuelve etéreo. Algo intangible pero que sin embargo

podemos seguir sintiendo. Es la herramienta que ayuda al alma enamorada a liberarse de la

prisión del cuerpo y puede permanecer por siempre, fuera de los tiempos de caducidad del

cuerpo, de su fragilidad.
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II. “Cosas, Celalba mía, he visto extrañas…”:

1. Habla del contrapunto entre la experiencia de la naturaleza y el mundo interior que se


establece en el soneto de Góngora “Cosas, Celalba mía, he visto extrañas...”.

El soneto “Cosas, Celalba mía, he visto extrañas…”, es un interesante soneto, y

complicado de interpretar, ya que hay en él dos temas que se van demarcando de manera

paralela, y sin embargo uno sobrepasa al otro. Los temas son el sufrimiento en el amor, y la

naturaleza frondosa y desenfrenada, que al mismo tiempo es descripción de un estado

anímico. El primero es difícil de percibir en primera instancia, ya que la naturaleza abarca

la mayor parte del poema, y no es sino hasta el final que descubrimos el tema central

trabajado en el soneto de Góngora:

“[…] mis cuidados.”

Hacia el final sabemos entonces que se trata de una declaración de amor, que no

llega completamente a término, pues violentos eventos naturales se apoderan del escenario,

prácticamente al momento de haber sido levantado el telón. Y sin embargo el dolor causado

por el amor se trasmina hacia el lector. Hay un fuerte paralelismo entre los acontecimientos

y las emociones del interlocutor, tratamos en realidad con una extensa hipérbole.

Todo el soneto es una enumeración de desastres naturales: nubes resquebrajadas; ciclones;

derrumbamientos; explosiones volcánicas; puentes destruidos; arroyos que se convierten en

violentos ríos que ni las montañas pueden frenar, y que se convierten a su vez en diluvios

(la presencia del diluvio aquí es de gran importancia, ya que no se trata de cualquier diluvio

sino del Diluvio de Noé, evento cataclísmico de la Biblia); seres sin forma y sin vida. Todo

sucede como si se siguiera el ritmo de un alma en pena que se va quebrando, y el dolor va


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aumentando hasta llegar al clímax. De hecho es curioso encontrarnos con una imagen de

“corazón roto” (que es incluso mucho más que solo eso), pues todas las palabras empleadas

contienen sonidos vibrantes y silbantes, como lo es la “r”, que nos evoca el desastre en

acción:

cascarse
desbocarse
torres
vomitar
tierra
entrañas
romper

Y la “s”, que evoca al viento soplando entre árboles, hierbas, y escombros al final de una

catástrofe:

nubes
vientos
besar
puentes
cañas
violentos
vadeados

La violencia de los hechos y los sentimientos están expresados de manera sonora, y

llevan un compás preciso. Toda esta serie de eventos tumultuosos va en crescendo, hasta

caer estrepitosamente en la calma, la muerte. Las imágenes de personas y perros sin forma

y vida, apunta hacia la idea de que el interlocutor mismo se siente desamparado como un

cuerpo sin vida y sin forma flotando en el agua lodosa de los derrumbes. Primero viene la

tormenta, y luego viene la calma. Pero a pesar de la calma, los verbos al infinitivo nos dan

la idea de que el sufrimiento es algo que nunca termina, se extiende en el infinito, y de

manera indefinida, aunque el momento de catarsis haya terminado. No se detiene, así como
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ni las grandes montañas pueden detener el río creciente. No hay escapatoria a tal atrocidad

natural, los puentes están derrumbados. Pudiéramos incluso pensar, que la que ha destruido

los puentes (cortando la comunicación) ha sido la mujer amada, posicionándose fuera del

alcance del interlocutor y sus ilusiones amorosas.

Aunque pareciera una descripción desordenada de una serie de acontecimientos, en

realidad es un orden muy simbólico el que emplea el autor. Nos cuenta el nacimiento de un

huracán que terminará destruyéndolo todo. La destrucción, viene de arriba, de las nubes. Es

el cielo el que se cae a pedazos, destrozando todo a su paso, por consecuencia es el cielo el

que no tiene piedad de los mortales. El cielo no tiene piedad del interlocutor. Es curiosa

esta imagen si la relacionamos con el nombre de la amada: Celalba. Dentro de éste

reconocemos automáticamente la palabra: Alba. El alba, es el amanecer, la primera luz que

se refleja en el cielo. Podría ser una imagen divina que tiene a los mortales a su merced, en

este caso los mortales son solo el amante sometido al poder de la mujer que él adora.

Ahora bien regresando a la cuestión de los infinitivos, es interesante el repentino uso del

verbo conjugado en los dos últimos versos, pues como ya lo habíamos mencionado más

arriba, prácticamente todos los verbos del soneto están al infinitivo. Pareciera que el

interlocutor nos lleva de regreso a él, como una toma cinematográfica que hubiera

empezado su recorrido a partir de él alejándose y mostrando en el panorama con los

desastres naturales para regresar al punto de partida. Es un círculo que empieza desde su

punto de vista personal de las cosas con:

“Cosas, Celalba mía, he visto extrañas”

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Para terminar regresando a lo que le incumbe realmente a él:

“y nada temí más que mis cuidados.”

Este soneto es claro testimonio de la época barroca, con sus descripciones

pomposas. Es la época de la desmesura y extravagancia del pensamiento, tendiendo más

hacia los gustos propios que a las reglas canónicas. Los autores de la época buscaban el

fervor, el empleo exagerado de las figuras retóricas y dirigirlas hacia los sentidos. A

consecuencia de esto se pierde la proporción, armonía, serenidad y equilibrio que fue

representativo del clasicismo.

He visto todo, he visto la tierra sufrir como sufro yo, pero no me importa ni me

atemoriza la destrucción o la desolación, solo me importa lo que siento en este momento.

La destrucción y desolación se encuentran en el interior del interlocutor, incluso también

como detalle, no hay presencia de colores por ningún lado, lo descrito es un lugar sin color,

salpicaduras de negro sobre blanco. En la existencia del interlocutor carece de vida, la falta

de color nos deja esta sensación avasalladora. La descripción de la magnánima naturaleza

es representativa del mundo interior del interlocutor.

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III. Lazarillo de Tormes:

1. Explica por qué resulta irónico que Lázaro haya mejorado su situación social y
económica siendo pregón, acompañando a los que “padecen persecuciones por justicia y
declarando a voces sus delitos” (tratado séptimo) en relación con el destino de su padre y su
padrastro. Cita algunos pasajes significativos en relación con esto en el tratado primero.

Uno de los tonos principales que se encuentran en este texto es el de la ironía, ya

que es la mejor arma del autor para poner en evidencia la hipocresía que se vivía en esa

época. Se ataca a todos y cada uno de los integrantes de la sociedad (ciego limosnero,

clérigo, noble, fraile, buldero, pregonero). Desde el más humilde al de mejor posición

socioeconómica.

El mejor ejemplo de esta crítica por medio de la ironía, y que finalmente cierra la

narración como un círculo, es la primera mitad del tratado primero, y el tratado séptimo: la

infancia de Lázaro. Se pone sobre la mesa su inocencia y simplicidad, la tierna edad en la

que se cree todo cuanto le dicen:

“Yo simplemente llegue, creyendo ser ansí; y como sintió que tenía la cabeza par de la piedra, afirmó recio

la mano y dióme una gran calabazada en el diablo del toro, que más de tres días me duró el dolor de la

cornada,[…]”

Siendo niño pierde a las personas que procuran su bienestar, su padre, madre y su padrastro.

Su padre por robar harina del molino es enjuiciado, y desterrado. Parte como ayudante de

un soldado en la guerra contra los moros y no vuelve a verlo más. Su madre se pone a

trabajar haciendo de comer para estudiantes, y se encuentra a un hombre moreno del que se

enamora y con quien tiene un hijito mulato. Este hombre por amor y cariño, se dedica a

robar a las personas para las que trabaja, pero es descubierto y Lázaro bajo amenaza

confiesa todos los delitos de su padrastro, llevándolo al azote y a su madre a la vergüenza

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pública. No lo vuelve a ver tampoco ya que como parte del castigo su madre no puede

permitirle la entrada a su casa.

Después su madre lo entrega a un ciego, y tampoco vuelve a verla. Lázaro se vuelve

entonces un huérfano a merced de las crueldades de la vida. Lázaro evoluciona desde su

ingenuidad inicial hasta desarrollar un instinto de supervivencia. Todo lo que acontece en la

vida de Lázaro está definido por la necesidad de comer, y hará lo que sea, al igual que los

demás personajes, para intentar saciar esa hambre voraz.

Su padre molinero de 15 años, será castigado por robarse la harina de los costales que había

en el molino:

“achacaron a mi padre ciertas sangrías mal hechas

en los costales de los que allí a moler venían,

por lo que fue preso, y confesó y no negó y padeció

persecución por justicia”

Y su padrastro también es duramente castigado por el mismo crimen, robar comida, comida

para su familia:

“halloóe que la mitad por medio de la cebada, que para las bestias le daban, hurtaba, y

salvados, leña, almohazas, mandiles, y las mantas y sábanas de los caballos hacií

perdidas, y cuando otra cosa no tenía, las bestias desherraba, y con todo esto acudía a mi

madre para criar a mi hermanico.”

El hambre es uno de los temas centrales en esta novela, y es el hambre la que

impulsa a los personajes al “crimen”, y los lleva al castigo injusto, ya que es por amor y

necesidad que transgreden los límites de la ley, como a diferencia de otras personas

pertenecientes a otros estratos sociales:


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“No nos maravillemos de un clérigo ni fraile, porque el uno hurta de los pobres y el otro

de casa para sus devotas y para ayuda de otro tanto, cuando a un pobre esclavo el amor le

animaba a esto.”

Es hijo de la sociedad, pues es de ella que aprende tantas cosas y se vuelve un lobo

con piel de oveja que se gana la vida pregonando los crímenes (pecados) de las demás

personas. Lo planteado es que cada cual busca sacar beneficio propio gracias a los demás

pero sin pensar en ellos, el resultado de esto es la hipocresía.

He aquí la ironía del asunto:

“ella me encomendó a él, diciéndole como era hijo de un buen hombre[…]y que ella

confiaba en Dios no saldría peor hombre que mi padre”

Como hemos dicho su padre robaba, y su padrastro también, pero a final de cuentas

lo hacían para alimentar a sus seres queridos. Lázaro, aunque habiendo superado el nivel

socioeconómico que tenía, terminó siendo peor que su padre y padrastro al poner en

evidencia a las pobres víctimas de la justicia, justificándose a partir de su experiencia por la

vida. Ahora goza de estabilidad y prosperidad, y de la amistad de un Arcipreste que le ha

dado por mujer a una de sus criadas, para evitar los rumores de que él mismo tiene una

relación con ella. Lázaro aplica entonces lo que su madre le enseñó cuando era joven Al

principio de la obra se maneja el concepto de que arrimándose a los buenos "se será uno de

ellos":

“Mi viuda madre, como sin marido y sin abrigo se viese, determinó arrimarse a los buenos por ser

uno dellos”

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Esto es, para ser virtuoso hay que fingir ser virtuoso, no serlo. Lázaro se amista con el

Arcipreste partiendo de la idea de que solo ve por su bien, cuando solo encubre sus

pecados, pero para Lázaro ser su amigo es ser personaje de alcurnia. Finalmente Lázaro

prefiere tapar el sol con un dedo, en cuanto al rumor de su mujer y el arcipreste.

Es mejor ser personaje de alta sociedad, mentir y aprovechar las desgracias de los demás,

que ser humilde, pobre, y robar por amor que por autosatisfacción.

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IV. El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha:

2. Habla de la relación de don Quijote con Dulcinea tal como se pone de manifiesto en los
siguientes pasajes:
a. El diálogo entre don Quijote y Vivaldo, el pastor, sobre la caballería andante (I, 13).
b. El diálogo entre don Quijote y Sancho en la Sierra Morena (I, 25).
c. El diálogo entre don Quijote y Sancho camino a Micomicón (I,31). “Ella pelea en mí y
vence en mí, y yo vivo y respiro en ella, y tengo vida y ser.” (I,30)

La relación de Don Quijote con Dulcinea es puramente platónica, ya que en realidad nunca

interactúan de verdad. Don Quijote siempre habla de ella de las mejores maneras, pero es

tan solo la imagen idealizada de la bella princesa, reina del cuento caballeresco del

medioevo, idea que se ha quedado arraigada en su cabeza por todos los cuentos que leyó.

La figura de Dulcinea del Toboso es fundamental para la vida caballeresca de Don Quijote,

pues es por ella que maquina hazañas: grandes aventuras, y luchas con gigantes. En

realidad ella es la causante de tales actos, y no solo de dónde sacar valor para cumplir sus

misiones. Así pues es que antes de proseguir sus cometidos se encomienda a su dama antes

que a Dios, no en realidad por el amor que le engendre sino por las reglas de “los caballeros

andantes”.

“- [….] antes, se encomiendan a sus damas, con tanta gana y devoción como si ellas fueran su

Dios”

- eso no puede ser menos en ninguna manera, y caería en mal caso el caballero andante que otra

cosa hiciese; que ya está en uso y costumbre en la caballería andantesca[…]”

Es de esta manera que Dulcinea tiene un poder supremo sobre Don Quijote, mejor dicho no es

Dulcinea en sí, Aldonza Lorenzo, sino la idea de Dulcinea la que posee un poder divino sobre Don

Quijote, ella es su dios, es decir que ella es la creadora del personaje de Don Quijote como

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Caballero de la Triste Figura. El objetivo de Don Quijote es servir a una dama, no importa cual, de

hecho prácticamente le surge la idea de que sea ella, Aldonza Lorenzo, pues en algún momento

estuvo enamorado de ella sin que la misma lo supiera, y le cambia el nombre a Dulcinea de Toboso.

La condición de caballero le impone a Don Quijote la obligación de entronizar en su

corazón una gran dama en cuyo servicio serán todas sus andanzas de caballerías. Puesto así

Dulcinea es el motor de la acción principal.

Alonso Quijano muere para darle vida al Caballero de la Triste Figura: Don Quijote de la Mancha.

“-Yo no podré afirmar si la dulce mi enemiga gusta, o no, de que el mundo sepa que yo la

sirvo[…]”

Una declaración muy interesante (cap I, 30) que hace Don Quijote a Sancho Panza, cuando este

intenta convencerlo de que se case con Dorotea es la siguiente:

“[…] Ella pelea en mí, y vence en mí, y yo vivo y respiro en ella, y tengo vida y ser[…]”

A partir de esto podemos reflexionar más sobre el hecho de que Don Quijote ha hecho de

Dulcinea su dios creador, sin embargo, no es completamente cierto que nuestro personaje

vive a través de su Creador, sino que al mismo tiempo Dulcinea, como concepto, vive a

través de él. Esto es una relación entre Dios y creyente. Es un lazo muy fuerte, indisociable.

Así como nosotros ponemos nombres a dioses, santos y vírgenes, Don Quijote ha

proclamado a Aldonza Lorenzo como Dulcinea, y de la misma manera se ha bautizado a él,

y a su caballo con otros nombres. Crea magia a partir de las palabras. El de Aldonza

Lorenzo es un nombre que connota rudeza, algo tal vez incluso ordinario y de baja

condición social e incluso de actitudes groseras. La renombra entonces, y con su nombre le

otorga virtudes muchas y la más importante la de dulzura, virtud central en los viejos

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cuentos de caballeros. El personaje se explica la vida que quiere tener a través de un mito

que crea para sí mismo, como diestro artista que crea y da vida a la Mona Lisa. Pero es

importante remarcar que Don Quijote está consciente de que su dama es creación de su

alma, de igual manera era de la usanza de los caballeros de antaño. En el capítulo I, 25

nuestro Caballero de la Triste Figura se lo confieza a Sancho Panza.

“—Sí, que no todos los poetas que alaban damas debajo de un nombre que ellos a su albedrío les ponen, es

verdad que las tienen. ¿Piensas tú que las Amarilis, las Filis, las Silvias, las Dianas, las Galateas, las Fílidas

y otras tales de que los libros, los romances, las tiendas de los barberos, los teatros de las comedias están

llenos, fueron verdaderamente damas de carne y hueso, y de aquellos que las celebran y celebraron? No, por

cierto, sino que las más se las fingen por dar subjeto a sus versos y porque los tengan por enamorados y por

hombres que tienen valor para serlo”

Otra confesión es la hermosura y amor del caballero por su princesa:

“—Y así, bástame a mí pensar y creer que la buena de Aldonza Lorenzo es hermosa y honesta, y en lo del

linaje, importa poco, que no han de ir a hacer la información dél para darle algún hábito, y yo me hago

cuenta que es la más alta princesa del mundo. Porque has de saber, Sancho, si no lo sabes, que dos cosas

solas incitan a amar, más que otras, que son la mucha hermosura y la buena fama, y estas dos cosas se

hallan consumadamente en Dulcinea, porque en ser hermosa, ninguna le iguala, y en la buena fama, pocas le

llegan. Y para concluir con todo, yo imagino que todo lo que digo es así, sin que sobre ni falte nada, y

píntola en mi imaginación como la deseo, así en la belleza como en la principalidad”

Es interesante la relación de Don Quijote con Dulcinea, ya que aunque sea un amor

platónico del que se trate aquí, es uno de los amores más bellos descritos, aunque sea

unilateral. Es el ideal de amor. En este sentido, este amor es puro, altruista, generoso,

incondicional y transformador. Don Quijote es un hombre muy solo, viviendo en un mundo

gris que no le permite vivir su vida a plenitud, y es gracias a los cuentos de caballeros que

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logra salir a flote, envolviéndose con el velo del glamour, reinventando su nombre y su

vida, con lacayo, caballo y una bella dama creada en su cabeza como una obra de arte

llamada Dulcinea.

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Bibliografía

[Link]

[Link]

[Link]

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