Revista sobre cine silente en Latinoamérica
Revista sobre cine silente en Latinoamérica
1 - Diciembre de 2015
Directoras Patrocinan esta revista:
Andrea Cuarterolo
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Georgina Torello
CSIC/EI, Universidad de la República, Uruguay
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Universidad de la Republica, Uruguay
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Cinemateca Uruguaya, Uruguay
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Universidad de Buenos Aires, Argentina
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Luciana Corrêa de Araújo
Universidade Federal de São Carlos, Brasil Foto de tapa:
Antonio Costa
Università Iuav di Venezia, Italia
Los fotógrafos Antonio Merayo y Alberto
André Gaudreault
Etchebehere en la cabina de impresión de la
Université de Montréal, Canadá
Tom Gunning Casa Valle, ca. 1920. Colección Andrea
University of Chicago, EE.UU. Cuarterolo
Ana López
Tulane University, EE.UU.
Ángel Miquel
Universidad Autónoma del Estado de Morelos, México
Eduardo Morettin Vivomatografías. Revista de estudios sobre
Universidad de São Paulo, Brasil precine y cine silente en Latinoamérica.
Paulo Antonio Paranaguá
Le Monde, Francia Acoyte 502 4to A
Bernardo Riego (1405) Ciudad Autónoma de Buenos Aires
Universidad de Cantabria, España Argentina
Eduardo Russo E-mail: [email protected]
Universidad Nacional de La Plata, Argentina
Página web: www.vivomatografias.com
Daniel Sánchez Salas
ISSN: 2469-0767
Universidad Rey Juan Carlos, España
Laura Isabel Serna
University of Southern California, EE.UU. Añ0 1 – Nro. 1 – Diciembre de 2015
Sumario
EDITORIAL
Andrea Cuarterolo y Georgina Torello 1-5
ARTÍCULOS
TRADUCCIONES
RESCATES
ENTREVISTAS
DOCUMENTOS
Los fotógrafos Antonio Merayo (izq.) y Alberto Etchebehere (medio) y el animador y escenógrafo
Andrés Ducaud (der.) en la cabina de impresión de la Casa Valle, ca. 1920. Colección Andrea Cuarterolo
“E
l ambiente es propicio, incuestionablemente, al arte silencioso”, se lee en
el primer número de la revista Semanal Film, publicada en Montevideo en
1920: algo absolutamente aplicable hoy, si pensamos lo propicio no ya,
obviamente, en el sentido de la difusión inmediata, urgente, de las producciones
cinematográficas, como proponía aquella revista, sino de la reflexión, académicamente
rigurosa y en cierto sentido militante, sobre lo que ha sido y significado el cine silente en
Latinoamérica. Con ese ánimo nace Vivomatografías. Revista de estudios sobre precine y cine
silente en Latinoamérica, publicación virtual peer reviewed, de frecuencia anual, y abocada a
EDITORIAL ♦ ANDREA CUARTEROLO – GEORGINA TORELLO 2
como signo de una tensión racial rastreable desde la colonia y diferenciada respecto de
aquella cultivada en Hollywood. En “Fantasías de nitrato. El cine pornográfico y erótico
en la Argentina de principios del siglo XX”, Andrea Cuarterolo parte de una minuciosa
investigacion en fuentes fílmicas y extra-fílmicas, documentales y literarias para
desentrañar algunos de los mitos y verdades que rodean los inicios de estos géneros en la
Argentina, un país que, según los principales especialistas en la temática, fue no sólo un
centro neurálgico de esta producción fílmica clandestina durante los comienzos del siglo
XX, sino que además fue la cuna de la que se cree la primera película pornográfica de la
historia del cine, El satario.
En formatos disímiles, las secciones “Rescates” y “Entrevistas”, muestran los avances que
distintas instituciones del continente están operando en el campo archivístico. Mónica
Villarroel Márquez delinea un panorama amplio de la ficción superviviente en Chile para
centrarse, luego, en el rescate de Canta y no llores, corazón (o el precio de una honra), de Juan
Pérez Berrocal (Chile, 1925), esfuerzo de la Cineteca Nacional de Chile, de la que la
investigadora es directora. En primera persona, en cambio, hablan Ramiro Arbeláez y
Nelson Carro sobre sus aportes a la filmografía colombiana y uruguaya. En “Garras de oro.
Herida abierta en un continente”, por Juan Sebastián Ospina León, y “Salvar Almas”,
sobre la uruguaya Almas de la Costa (Borges, 1924), por Torello, amén de las informaciones
y datos brindados, se suma, en los dos casos, la trama entretenida y casi detectivesca de
los rescates.
Para acercarnos al cierre de esta breve presentación, unas pocas palabras sobre el título
de nuestra revista son debidas y funcionales. Poniendo el acento en la experiencia
primigenia del público ante la fotografía en movimiento en tierra rioplatense, elegimos
el “vivomatógrafo”, primer proyector que llegó a la Argentina, inventado por el inglés
Robert William Paul. A esa “grafía” original, decidimos superponer las “grafías” de los
investigadores actuales que, en torno a él, se proponen de aquí en más. Un nombre, sin
duda, metafóricamente fértil, además de testimonio de un diálogo abierto, continuo y no
carente de polémicas e incomprensiones, entre América Latina y Europa (y, por
supuesto, otros centros hegemónicos de producción cinematográfica).
Respaldadas por un equipo excepcional, pero sabiendo que, por cuanto feliz, estamos
todavía en una fase germinal y por ende compleja de la formación de un corpus
bibliográfico sólido sobre nuestro tema, concluimos con las palabras escritas, en 1918, en
otra revista de época, Film. Revista Cinematográfica Argentina. Así terminaba el prólogo de
su primera entrega y así queremos que termine el nuestro: “consciente de todas las
dificultades que a nuestra empresa puedan oponerse, abrigamos la esperanza de
vencerlas, sin emplear otros medios que una independencia serena y una cultura de la
cual serán jueces nuestros lectores”.
Resumo: Os Hale's Tours −salas de cinema travestidas de vagões de trem− surgidas em 1905 nos EUA,
são um fenômeno privilegiado para a discussão acerca do espectador do primeiro cinema. A partir do
exame de periódicos paulistanos, cariocas e porto-alegrenses de 1906 a 1908, este artigo busca
compreender as relações que se estabeleceram entre atração e público nos simuladores de viagem que
foram comercializados no Brasil do período. Para isso, será necessário recorrer a outras formas de
circulação e consumo de imagens do século XIX ligadas à experiência da viagem.
___________
El espectador como pasajero: los simuladores de viaje del primer cine en Brasil (1906-1908)
Resumen: Los Hale´s Tours −salas de cine disfrazadas de vagones de tren− surgidos en 1905 en los
EE.UU., constituyen un fenómeno privilegiado para debatir sobre los primeros espectadores de cine. A
través del análisis de San Pablo, Río de Janeiro y Puerto alegre publicados entre 1906 y 1908, este
artículo busca comprender las relaciones establecidas entre atracción y público en los simuladores de
viaje, comercializados en esa época en Brasil. Para eso se recurrirá a otras formas de circulación y
consumo de imágenes del siglo XIX ligadas a la experiencia del viaje.
___________
Spectator as passenger: the thrill rides of the early cinema in Brazil (1906-1908)
Abstract: The Hale's Tours −movie theatres disguised as train wagons− emerged in 1905 in the USA and
are a privileged phenomenon for the discussion concerning the spectator in early cinema. From the
examination of journals published in São Paulo, Rio de Janeiro and Porto Alegre between 1906 and
1908, this article aims to understand the relationships established between attraction and audience in
thrill rides commercialized in Brazil at the time. To achieve that purpose, we will resort to other forms
of circulation and consumption of 19th century images related to the travel experience.
Assim como nos leva à savana, para ver um leão, o cinema pode nos levar ao
Nordeste para ver retirantes. Nos dois casos, a proximidade é produto, construção
técnica. [...] Porque garante a distância real, entretanto, a proximidade construída é
uma prova de força: oferece a intimidade sem o risco, vejo o leão, que não me vê. E
quanto mais próximo e convincente o leão estiver, maior o milagre técnico, e maior o
poder de nossa civilização. [...] O espectador é membro protegido da civilização
industrial, e o leão, que é de luz, esteve na mira da câmara, como podia estar na
mira de um fuzil.
Trilhos paralelos1
São inúmeras as ligações entre a ferrovia e o cinema. Do mesmo modo que o espectador
pode ter a ilusão de movimento enquanto permanece imóvel em sua poltrona, o
passageiro, igualmente sentado em sua cabine, viaja a uma velocidade antes jamais
imaginada. 3 Da relação entre o trem e o cinema surgiu também um dos mais
1
Este artigo é baseado nos resultados da pesquisa de Iniciação Científica “O espectador como
passageiro: os simuladores de viagem do primeiro cinema e a sua presença no Brasil”, realizada sob
orientação do Prof. Dr. Eduardo Victorio Morettin, com o apoio da Fundação de Amparo à Pesquisa
do Estado de São Paulo (FAPESP), na Escola de Comuniações e Artes da Universidade de São Paulo
(ECA-USP). Agradecemos a Gláucia Pires Oliveira pela versão do resumo em espanhol e a Ariel Bravo
pela versão em inglês.
2
KIRBY, Lynne. Parallel Tracks: the railroad and silent cinema. Durham: Duke University Press, 1997, p.
20.
3
Ibidem, p. 3.
A partir de 1905, a equação entre a janela do trem e a tela de cinema encontrou sua
expressão máxima com o surgimento, nos Estados Unidos, dos Hale’s Tours and Scenes of
the World, em cujo interior os espectadores tomavam parte na simulação de uma viagem.
A atração consistia em uma sala de cinema decorada para parecer um vagão de trem. O
objetivo era fazer o espectador sentir-se como se estivesse viajando, sem sair do lugar. Os
filmes eram acompanhados pelo balanço dos assentos, ventiladores e efeitos sonoros.
Em 1907 já havia cerca de quinhentas salas desse tipo nos EUA e o fenômeno logo se
espalhou pelo mundo, tendo simulado também viagens de barco, bonde ou carro,
chegando inclusive ao Brasil. 5 Como veremos adiante, no exame de anúncios em
periódicos paulistanos, cariocas e porto-alegrenses dos anos 1906 a 1908, pelo menos dois
simuladores de viagens foram comercializados em nosso país no período: o Auto-Tours,
que exibia filmes, e o Ferro-Carril Asiático, que utilizava pinturas panorâmicas.
Ao longo do século XIX, o desejo por ver a tecnologia sair do controle, num misto de
prazer e terror, chegou a ser responsável pela criação e enorme sucesso de espetáculos
4
Ibidem, p. 1.
5
Sobre os Hale's Tours, ver: FIELDING, Raymond. “Hale’s Tours: Ultrarealism in the pre-1910 motion
Picture”. In: FELL, John L. (Ed.), Film Before Griffith. University of California Press: Berkeley and Los
Angeles, California, 1983; GAUTHIER, Philippe. “The movie theater as an institutional space and
framework of signification: Hale’s Tours and film historiography”. In: Film History 21, no. 4, 2009;
RABINOVITZ, Lauren. “Thrill Ride Cinema: Hale's Tours and Scenes of the World”. In: Electric
Dreamland: Amusement Parks, Movies, and American Modernity. New York: Columbia University Press,
2012.
6
KIRBY, Lynne. Op. Cit., p. 30.
7
“transformation of “shock” into eagerly digestable spectacle”. Ibidem, p. 62. Todas as traduções das
citações escritas originalmente em língua estrangeira são de nossa autoria.
8
FIELDING, Raymond. Op. Cit., p. 118.
9
SINGER, Ben. “Modernidade, hiperestímulo e o início do sensacionalismo popular”. In: CHARNEY,
Leo; SCHWARTZ, Vanessa R. (Orgs.). O cinema e a invenção da vida moderna. São Paulo: Cosac Naify,
2004, p. 96.
10
Ibidem, p. 112.
11
SEVCENKO, Nicolau. “A capital irradiante: técnica, ritmos e ritos do Rio”. In: NOVAIS, Fernando A.
(Coordenador-geral); SEVCENKO, Nicolau (Org.). História da vida privada no Brasil. República: da Belle
Époque à Era do Rádio. Vol. 3. São Paulo: Companhia das Letras, 1998, p. 522.
12
Ibidem, p. 550. São inúmeras as charges, publicadas na imprensa brasileira da época, que chamam a
atenção para o perigo que os bondes representavam. Algumas delas podem ser vistas em
SEVCENKO, Nicolau. Op. Cit., pp. 547, 549, 560.
Este é, portanto, outro cinema, que implica outro espectador. E este talvez tenha tido sua
experiência mais radical justamente nos simuladores de viagem, pois o endereçamento
direto ao público ganha, aqui, o sentido de foco da experiência cinematográfica. O
espanto, ideia comumente usada por Gunning para descrever a estética de atrações, está
diretamente ligado ao filme de viagem e a seu sujeito fisicamente estimulado, em
oposição ao espectador contemplativo do cinema posterior, narrativo.
13
GUNNING, Tom. “The cinema of attractions: early film, its spectator and the Avant-Garde”. In:
ELSAESSER, Thomas. (Ed.) Early Cinema: Space, Frame, Narrative. London: British Film Institute, 1990,
pp. 56-57.
14
“emphasizing the direct stimulation of shock or surprise”. Ibidem, p. 59.
15
Segundo Crary, “ao longo do século XIX, o observador teve de operar cada vez mais em espaços
urbanos fragmentados e desconhecidos, nos deslocamentos perceptivos e temporais das viagens de
trem, do telégrafo, da produção industrial e dos fluxos da informação tipográfica e visual.” CRARY,
Jonathan. Técnicas do Observador: visão e modernidade no século XIX. Rio de Janeiro: Contraponto, 2012,
p. 20.
16
GUNNING, Tom. “‘The Whole World Withing Reach’: Travel Images Without Borders”. In: RUOFF,
Jeffrey (Ed.). Virtual Images: Cinema and Travel. Durham: Duke University Press, 2006, p. 27.
As placas de lanterna mágica, que eram desenhos feitos à mão diretamente no vidro,
mostravam criaturas diabólicas, histórias bíblicas, cenas cômicas, vistas de pontos
turísticos famosos e muitos outros temas. A partir dos anos 1850, com o surgimento da
técnica que possibilitou a fixação da imagem fotográfica à superfície de vidro, essas
projeções passaram a exibir fotografias, muitas delas de viagens. Durante o século XIX,
diversos homens fizeram fama e fortuna com conferências educativas ilustradas pela
lanterna mágica, que era a forma dominante de projeção de imagens antes do cinema,
sendo que as conferências de viagem eram particularmente populares. 19 Delas, o
primeiro cinema herdará muitas convenções, como a mistura de cenários pintados com
objetos reais, tipos de enquadramento, de construção narrativa etc.
Outro espaço, cujo mote visava para a ideia de transitar por diferentes países em um
passeio que podia durar apenas algumas horas, era o das exposições internacionais.20
Estas feiras eram um “espetáculo idealizado para ser consumido visualmente pelos
17
CRARY, Jonathan. Op. Cit., p. 116-133.
18
URICCHIO, William. “Stereography”. In: ABEL, Richard (Ed.). Encyclopedia of Early Cinema. New
York: Routledge, 2005, p. 611.
19
MUSSER, Charles. “Illustrated lectures”. In: ABEL, Richard (Ed.). Op. Cit., p. 307.
20
A primeira teve lugar em Londres, no ano de 1851, e, até meados do século XX, esses eventos
aconteciam em intervalos de poucos anos em diversos países.
cidadãos das grandes cidades”,21 cujos pavilhões estavam à serviço da venda de imagens e
produtos dos diferentes países participantes. Essas imagens buscaram ligar seus
produtores ao que havia de mais moderno na época.
E foi justamente em uma exposição desse tipo (a St. Louis World’s Fair, em Missouri, EUA,
1904) que Raymond Fielding, responsável pelo primeiro estudo moderno dos Hale’s Tours,22
acreditou ter surgido a atração. Hoje sabemos que não há evidências que provem esta
estreia, tendo sido definida como data oficial o maio de 1905, no parque de diversões
Electric Park, na cidade de Kansas, nos EUA. Entretanto, ainda assim, segundo Tom
Gunning, a relação entre os Hale’s Tours e o evento de St. Louis continua significativa. Para
ele, os Hale’s Tours “tomaram emprestado [das exposições internacionais] um espectador
recém-definido, que estava acostumado a ilusões virtuais de viagem”.23 Essa nova cultura
visual é caracterizada por Gunning como “uma nova fé no poder do conhecimento visual;
uma concepção de mundo como imagem consumível, apresentada por meio do colapso do
espaço e do tempo; e um endereçamento visual agressivo pretendendo deslumbrar o
espectador”.24
São muitas as formas de recepção de imagens de viagem que podem ser relacionadas aos
simuladores do primeiro cinema. Em vez de listá-las de modo exaustivo, nosso objetivo é
salientar que o espectador, ao surgir o cinema, estava acostumado às imagens
projetadas, fixas e em movimento, às narrativas construídas a partir de imagens25 e, o
que nos interessa aqui, o espectador já sabia o que era “viajar sem sair do lugar” com
essas inúmeras formas de acessar a experiência da viagem por meio das imagens.
21
MORETTIN, Eduardo Victorio. “As exposições universais e o cinema: história e cultura”. In: Revista
Brasileira de História. São Paulo, v. 31, no. 61, 2011, p. 232.
22
FIELDING, Raymond. Op. Cit.
23
“borrowed from these forms a newly-defined spectator accustomed to virtual illusions of travel”.
GUNNING, Tom. “The world as object lesson: cinema audiences, visual culture, and the St. Louis
World’s Fair, 1904”. In: Film History 6, no. 4, 1994, p. 440-441.
24
“a new faith in the power of visual knowledge; a conception of the world itself as a consumable
picture, imaged through the collapse of space and time; and an agressive visual address aimed at
dazzling the viewer”. Ibidem, p. 441.
25
A coletânea de artigos organizada por Leo Charney e Vanessa Schwartz tem diversos exemplos de
pesquisas nesse sentido. Ver: CHARNEY, Leo; SCHWARTZ, Vanessa R. (Orgs.). O cinema e a invenção
da vida moderna. São Paulo: Cosac Naify, 2004.
Para continuar nosso trajeto, faremos a descrição dos simuladores brasileiros de viagem
que pudemos mapear por meio da pesquisa de fontes primárias.26 Primeiro trataremos do
Ferro-Carril Asiático, um panorama de viagens instalado em salões que imitavam vagões de
trem. Apesar da atração não utilizar vistas cinematográficas, sua análise contribui para a
compreensão do contexto de exibição de imagens de viagem no começo do século XX no
Brasil. Em seguida, comentaremos as principais características do simulador Auto-Tours,
instalado no Rio de Janeiro, São Paulo e Porto Alegre, este sim, uma sala de cinema
travestida de automóvel.
Um dia depois da estreia da atração em São Paulo, o novo divertimento é descrito como
“o ‘great-attraction’ do nosso público”,28 o que já mostra algum desejo de equiparar-se à
modernidade estrangeira que dará o tom de todo o texto. Vejamos alguns trechos:
26
Foram consultados diversos periódicos cariocas, paulistas e porto-alegrenses, no período de 1906 a
1909, cuja lista pode ser consultada nas referências bibliográficas deste artigo. Há pistas que
apontam para outras versões dos simuladores de viagem em nosso país, como um espaço que exibiu
o filme nacional hoje perdido, “Viagem à serra do mar” (1911) em Curitiba (sobre isso, ver: LOPEZ,
Ana M. “Early Cinema and Modernity in Latin America”. Cinema Journal 40, No. 1, Fall 2000, p. 56) e a
“Exposição Nacional Comemorativa do 1º Centenário da Abertura dos Portos do Brasil” (1908) no Rio
de Janeiro, que não serão abordadas neste artigo por conta da insuficiência de dados encontrados
sobre esses eventos até o presente momento.
27
GONZAGA, Alice. Palácios e poeiras: 100 anos de cinema no Rio de Janeiro. Rio de Janeiro:
Record/Funarte, 1996, p. 276; ARAÚJO, Vicente de Paula. A Bela Época do Cinema Brasileiro. São Paulo:
Editora Perspectiva, 1976, p. 194.
28
VIAGEM à Terra Santa. Correio Paulistano, São Paulo, 04-04-1906, p. 4.
O espectador, viajante ou quer que seja, munido de um bilhete de 1a. ou 2a. classe, adquirido
pela ninharia de tres ou dois mil réis, vencerá toda essa immensa extensão de oito mil leguas
refestelado commodamente num comboio que o transportará [...] numa velocidade
phantastica de 96.000 kilometros por hora, ou sejam 1.600 por minuto! [...] Entra a pessoa na
moderna Babylonia da rua Onze de Junho [...] e encontra-se de um momento para outro na
velha gare de Kaifa. Adquire à entrada o seu bilhete de excursão e [...] aguardará o comboio, que
chegará com uma pontualidade britannica. [...] Na 1a. classe, principalmente, o excursionista
encontrará todas as commodidades necessarias, mobiliario fino, puffs, espelhos e, num plano
superior, mesinhas para libações avulsas.
A um dado signal, os passageiros se encaminharão para o embarcadouro, onde estará
encostado o comboio, de tamanho natural, composto de locomotiva, carro de bagagens e
correio, tres carros-salões de 1a. classe [...], e finalmente, dois outros vagões de 2a. classe, todos
illuminados a luz eletrica. Embarcados os excursionistas e recebidos os bilhetos pelo guarda-
trem, por-se-á o comboio em movimento.
Começa a illusão, que é a mais perfeita possivel, e que aumenta à proporção que o comboio
ganha distancia.
O viajante ouve distinctamente o resfolegar da locomotiva galgando declives, sente o rangido
aspero das rodas nas curvas e a trepidação que o sacode todo, emquanto pelas janellinhas de
venezianas suspensas se lhe descortina aos olhos o panorama estupendo. [...]E depois de meia
hora de uma viagem aprazivel através de terras extranhas que infundem no espirito um
mysticismo salutar, despertando reminiscencias da patria e da familia, acha-se o excursionista
onde? Em Jaffa dirão... Não, senhor. Na immensa Babylonia da rua Onze de Junho.29
29
Respeitaremos a ortografia da época, reproduzindo os trechos tal como os encontramos nos
documentos originais.
À respeito da origem do divertimento, o mesmo texto nos diz que, antes de vir para o
Brasil, o Ferro Carril Asiático “obteve [sucesso] na exposição de Paris em 1900”. Mais
adiante, vem a confirmação da natureza da atração: “A tela em que foi trabalhado com
requintada arte o panorama da Terra Santa tem 30 metros de comprimento por 8 de
largura e é movida em 9 cylindros.” Trata-se, portanto, de um panorama pintado em uma
longa tela, que se desenrola pelas janelas do falso vagão.
Foi só depois de passar por São Paulo que a atração foi para o Rio de Janeiro, instalando-
se no Pavilhão Internacional (Avenida Central, 154), empresariado por Pascoal Segreto.
Essa avenida era considerada o “símbolo maior das reformas urbanas de Pereira Passos,
[que] desde cedo [...] atraiu o interesse dos exibidores [de cinema], sequiosos de
conquistar o abastado público frequentador da região”.31 Lá permaneceu de julho de 1906
até abril de 1908. Primeiro (de 7 de julho de 1906 até 26 de janeiro de 1907) exibiu o
mesmo programa que os paulistas viram, “Viagem à Palestina” e, depois (de fevereiro a
setembro de 1907), a “Viagem à Volta do Mundo”. Em seguida, sob o nome de Estrada de
Ferro Mundial (de outubro de 1907 até abril de 1908), no mesmo Pavilhão Internacional,
foram realizadas as chamadas “Viagens à volta do mundo em 25 minutos”, que iam de
Buenos Aires ao Japão.
30
TOULET, Emmanuelle. “Cinema at the Universal Exposition, Paris, 1900”. In: Persistence of Vision,
no. 9, 1991, p. 18.
31
MORAES, Julio Lucchesi. Sociedades culturais, sociedades anônimas: distinção e massificação na economia
da cultura brasileira (Rio de Janeiro e São Paulo, 1890 – 1922). Tese de doutorado. Universidade de São
Paulo, Faculdade de Filosofia, Letras e Ciências Humanas, Departamento de História: São Paulo,
2014, p. 272. A prefeitura de Pereira Passos (1902-1906), como se sabe, foi responsável pelo
alargamento das ruas da então capital federal. Foi ele que criou o marco que foi a Avenida Central,
essencial no processo de estabelecimento das primeiras salas fixas de cinema. Melo e Souza, citando
um dos memorialistas cujas lembranças utiliza em seu livro, mostra a importância desta avenida
entre 1908 e 1910, quando ela passou a ser um local de encontro obrigatório da elite política e social
do Rio (SOUZA, José Inácio de Melo. Imagens do passado: São Paulo e Rio de Janeiro nos primórdios do
cinema. São Paulo: Editora Senac, 2004, p. 47.)
Cerca de três meses depois da estreia, dois jornais cariocas publicaram um texto longo e
interessantíssimo sobre a atração, que começa com uma justificativa do sucesso do
simulador nos “países cultos da Europa”. 32 O que é interessante notar é que a passagem
do Ferro-Carril por São Paulo é ignorada. Sabemos que a capital paulista era mais
provinciana e considerada culturalmente inferior.33 Foi mais importante, então, salientar
o ineditismo da atração e a aproximação da então capital federal com a Europa. Mais à
frente, lemos que o panorama recebeu “a mais justa e lisongeira apreciação do publico
intelligente e civilizado”. Segundo a descrição, o aparelho causa a “completa illusão de se
estar viajando em trem de ferro, a grande distancia e velocidade”, o que, por aparecer
aqui como um aspecto positivo do simulador, mostra a eficácia que este teve em
reproduzir a sensação de tomar parte no que havia de mais moderno na época.
Ao final, a sensação de ter feito uma viagem real quando na verdade o espectador tinha
assistido ao panorama é reiterada pelas seguintes palavras: “grandiosa novidade, que
constitue um mecanismo original e engenhosissimo e que reputamos a melhor e a mais
util diversão da actualidade”. Fica claro o desejo de afirmação do simulador por meio de
seu enobrecimento. “Ser identificado como moderno” no Brasil da época, estava ligado,
segundo Sevcenko, a “uma obrigatória associação com símbolos cosmopolitas, em especial
aqueles que conotam origem europeia ou norte-americana, consolidando a prática chic de
ser snob”.34 A atração, por ter sido apreciada na Europa, é descrita como culta, civilizada e
atualizada. E, assim, o jornal a defende como digna da atenção da elite carioca.
A revista O Malho publicou alguns anúncios do Ferro-Carril, nos quais se pode ver a
ênfase à “pontualidade britânica”, que vimos no texto que descrevia a atração em São
Paulo: uma longa lista dos horários precisos de “saída” dos “trens”, que podemos
observar no recorte reproduzido abaixo. A aniquilação do espaço e do tempo que a
estrada de ferro instaurou35 ganha aqui um caráter extremo: é possível percorrer oito mil
léguas em apenas 30 minutos.
32
MARAVILHOSO espetaculo. O Paiz, Rio de Janeiro, 30-09-1906, p. 5; Idem. Correio da Manhã, Rio de
Janeiro, 3-10-1906, p. 4
33
SOUZA, José Inácio de Melo. Op. Cit., p. 44.
34
SEVCENKO, Nicolau. Op. Cit., p. 534.
35
Segundo Schivelbusch, a ferrovia foi responsável pela aniquilação do “tradicional continuum do
espaço-tempo que caracterizava a tecnologia dos transportes antigos”. Aniquilação que também
caracteriza outras tecnologias modernas como o telégrafo, o telefone e o cinema. Ver:
Como vimos, essas atrações foram instaladas em lugares nobres de São Paulo e do Rio de
Janeiro, e estiveram ligadas à instrução, diversão e religião. Seus anúncios e comentários
da imprensa enfatizaram com frequência seu conforto, citando a ventilação dos carros,
SCHIVELBUSCH, Wolfgang. The Railway Journey: the industrialization of time and space in the 19th
Century. Berkeley and Los Angeles: University of California Press, 1986, p. 36.
36
Jornal do Brasil, Rio de Janeiro, 06-06-1907, p.8.
37
Gazeta de Notícias, Rio de Janeiro, 18-03-1907, p. 2. Agradecemos à pesquisadora Danielle Crepaldi
Carvalho por ter chamado nossa atenção para este anúncio.
38
Correio da manhã, Rio de Janeiro, 21-11-1907, p. 8. Apesar de algumas diferenças (como o título e a
duração), é possível que exibisse os mesmos paineis da atração anterior, apenas alterando alguns
aspectos para parecer uma novidade e chamar a atenção do público.
por exemplo, o que nos remete aos esforços que empresários e parte da imprensa
estavam empreendendo na época no sentido de melhorar a reputação desses espaços de
divertimento, elevando seu status aos olhos da elite. Era, em resumo, uma diversão
familiar, que buscava reproduzir alguns dos aspectos ligados aos transportes modernos:
velocidade, pontualidade, novidade e civilidade.
O Auto-Tours teve três temporadas diferentes, passando pelo Rio de Janeiro, São Paulo e
Porto Alegre, de março de 1907 a maio de 1908. Aparentemente, como veremos adiante, a
atração, então sob o título de Cinema-Automóvel, retornou ao Rio, de julho até agosto de
1908. A primeira instalação no Rio de Janeiro permaneceu no número 27 da Praça
Tiradentes pelo menos de 20 de março de 1907 até o dia 31 do mesmo mês, exibindo
vistas cinematográficas das cidades estadunidenses de Nova Iorque, São Francisco e
Washington, percorridas em automóvel.
Logicamente, não havia diferença entre 1a e 2a classes, como era o caso dos trens do
Ferro-Carril, já que se tratava de um automóvel. Vejamos estes dois anúncios:
Outra semelhança está na busca por legitimação no sucesso que as atrações teriam
obtido no estrangeiro. Mas, como podemos perceber por uma nota, publicada por
ocasião da estreia do Auto-Tours no Rio de Janeiro, enquanto o panorama ferroviário
buscava amparo no sucesso europeu, a atração cinematográfica buscava-o na reputação
norte-americana: “É esta uma das ultimas invenções do genio americano, digna de ser
vista e apreciada pelos amadores de novidades”.39 É importante chamar a atenção para
esse esforço por legitimação, dado que o automóvel é (e era na época) muito associado
aos Estados Unidos. Foi em 1908 que a Ford lançou o famoso Modelo T, que participou da
popularização desse meio de transporte. Em nosso país, “era como uma modalidade
esportiva que os carros eram encarados em suas primeiras aparições na cena urbana [...],
o que contribuiu de forma decisiva para sua instantânea identificação com o clímax da
modernidade”.40 A imprensa brasileira, portanto, relacionou o Auto-Tours a uma nação
que procurava se associar ao moderno via inovações tecnológicas – uma delas, o carro e
outra, o cinema.
A atração foi depois para São Paulo, instalando-se no Salão Progredior, que ficava no
número 38 da Rua Quinze de Novembro, de 19 de julho até pelo menos 18 de agosto de
1907. Na nota reproduzida abaixo, há um maior detalhamento do Auto-Tours, com
referência ao fato das vistas serem cinematográficas:
39
Jornal do Brasil, Rio de Janeiro, 20-03-1907, p. 2.
40
SEVCENKO, Nicolau. Op. Cit., p. 558.
Como dissemos, o Auto-Tours também passou por Porto Alegre, tendo sido instalado no
Hotel Brazil, que ficava no número 327 da importante Rua dos Andradas, de 18 de abril
até pelo menos 29 de maio de 1908. A atração consistia no mesmo passeio de automóvel
pelos Estados Unidos, no qual “o espectador assiste ao panorama de cidades e outras
vistas de sensação”.41 Parece, então, ter sido um típico programa de variedades, que
misturava phantom rides com vistas panorâmicas, do mesmo tipo a que se podia assistir
nos Hale’s Tours.
41
Correio do Povo, Porto Alegre, 19-04-1908, p. 2 apud TRUSZ, Alice. Entre lanternas mágicas e
cinematógrafos: as origens do espetáculo cinematográfico em Porto Alegre, 1861-1908. Tese de doutorado,
Universidade Federal do Rio Grande do Sul, Instituto de Filosofia e Ciências Humanas, Programa de Pós-
Graduação em História: Porto Alegre, 2008.
Mas como eram os filmes vistos pelos espectadores no interior do Auto-Tours? Os tours
simulados são, assim como o primeiro cinema em geral, também definidos pelo
programa de variedades, mas com uma especificidade: a seleção dos filmes obedecia, é
claro, ao objetivo da atração, que era imitar uma viagem. Na tela, que simulava uma
42
TRUSZ, Alice. Op. Cit., 225.
43
Ibidem, pp. 228, 229.
Um dos subgêneros mais importantes do travelogue foi o phantom ride, que surgiu já no
final do século XIX. Esses filmes eram produzidos a partir da dianteira ou traseira de
veículos em movimento. Os trilhos que apontam para o horizonte, os postes telegráficos
que passam rapidamente e todos os outros objetos em quadro, que servem de marcação
para o fluxo do movimento, sugerem para o espectador uma posição especial: a de
passageiro45 da viagem representada na tela.
o espectador não só teria a oportunidade de conhecer uma outra cidade norte-americana, mas
uma cidade que não mais existia, que já era passado, pois havia sido destruída por um desastre
natural. [...] O filme em questão já não era mais uma simples vista turística [...], mas também
um documento histórico que fazia referência a uma grande catástrofe e suas consequências
sobre a vida de uma grande cidade, tema muito apreciado na época.46
Como se sabe, a cidade de São Francisco foi assolada, em 18 de abril de 1906, por um
terremoto e diversos incêndios. Foram mais de 3.000 mortos e pelo menos 200.000
desabrigados. O curta A trip down Market Street before the fire47 (Irmãos Miles, 1906),
filmado apenas 4 dias antes do desastre, pode nos servir como exemplo. Além de ter as
principais características do subgênero do phantom ride, nosso interesse pelo filme reside
na suposição de que este tenha sido exibido nos Auto-Tours.48
44
MUSSER, Charles. “The travel genre in 1903-1904: moving towards fictional narrative”. In:
ELSAESSER, Thomas (Ed.). Early cinema: space, frame, narrative. British Film Institut, 2008, p. 123.
45
Foi o pesquisador Charles Musser que cunhou a expressão “espectador como passageiro”, viewer-as-
passenger, no original (MUSSER, 1990, p. 429).
46
TRUSZ, Alice. Op. Cit., p. 228.
47
Disponível em: <https://www.loc.gov/item/00694408. Acesso em: 14/07/2015>.
48
Suposição baseada na seguinte descrição de época sobre a vista da cidade de São Francisco no
Auto-Tours em Porto Alegre: “única ocasião para o público desta capital ver como foi esta grande
cidade antes do terremoto, percorrida em automóvel”. Correio do Povo, Porto Alegre, ano 13, no. 102,
domingo, 03/05/1908, p. 3 apud TRUSZ, Alice Dubina. Op. Cit., p. 228. A trip down Market Street before the
A trip down Market Street before the fire (Irmãos Miles, 1906) Disponível em:
<https://archive.org/details/TripDownMarketStreetrBeforeTheFire> (Acesso em: 14/07/2015).
O filme, que dura cerca de 11 minutos, mostra a vista tomada de uma câmera
posicionada em um bonde elétrico. O que vemos é essa rua, Market Street, uma das mais
importantes da cidade de São Francisco, dias antes do grande terremoto que destruiu
parte de seus edifícios. O ponto de vista da câmera coincide com o da dianteira do bonde.
Diversos carros vêm e vão, não sabemos de onde. Para o espectador, são constantes
surpresas. Esse efeito, produzido pelo filme, é potencializado pelo local de exibição, no
caso de ser um simulador de viagens.
fire foi anunciado, na época, como tendo sido produzido especialmente para os Hale’s Tours. Mas,
depois do terremoto, a demanda por imagens de São Francisco foi tão grande que os irmãos Miles
criaram um programa de duas horas para ser acompanhado por um conferencista, que rodou o país e
obteve grande sucesso. Sobre a produção do filme, ver: KIEHN, David. “A trip down Market Street
before the fire”. Library of Congress. Disponível em: http://www.loc.gov/programs/static/national-
film-preservation-board/documents/Trip%20Down%20Market%20Street.kiehn.pdf. Acesso em:
12/07/2015.
Segundo David Kiehn, responsável pela recente datação do filme, “os automóveis são
menos em número do que ao primeiro olhar, já que muitos deles passam, circundam o
bonde e passam novamente. Um carro, [...] identificado pela placa de licença número
4867, passa 6 vezes”.49 Além desse carro, há diversos outros momentos em que é possível
perceber veículos circundando nosso bonde, o que sugere que os irmãos Miles tenham
orquestrado uma encenação para fazer a Market Street parecer mais movimentada e
moderna do que de fato era.
Quando o bonde no qual a câmera está instalada chega ao final da avenida, ele gira em
seu próprio eixo e o que, por fim, a câmera passa a enquadrar é um contra-plano da
Market Street, no qual vemos o caminho que acabamos de “percorrer”. Várias crianças nos
surpreendem. Provavelmente esses meninos, vendedores de jornais, estavam atrás (ou
nas laterais) do bonde, curiosos pelo evento de filmagem da rua. E, aqueles que os
produtores buscavam esconder, finalmente aparecem, pulando, sorrindo, levantando
seus chapéus.
49
“The automobiles are fewer in number than at first glance, since many of them drive by, circle
around, and drive by again. One car [...] identified by license plate number 4867, circles six times”.
David Kiehn. Op. Cit.
50
Sobre o uso de efeitos sonoros nas exibições de filmes de viagem, ver: RABINOVITZ, Lauren. “‘Bells
and Whistles’: The Sound of Meaning in Train Travel Film Rides”. In: ABEL, Richard; ALTMAN, Rick
(Eds.). The Sounds of Early Cinema. Bloomington: Indiana University Press, 2001.
A trip down Market Street before the fire (Irmãos Miles, 1906) Disponível em:
<https://archive.org/details/TripDownMarketStreetrBeforeTheFire> (Acesso em: 14/07/2015).
Trânsito caótico de carros, bondes, cavalos, bicicletas, pedestres, avenidas largas cheias de
numerosos anúncios, olhares curiosos, crianças vendendo jornais e a própria velocidade
do trajeto. São todos signos da modernidade que desorientava ao mesmo tempo que
encantava o indivíduo, cada vez mais bombardeado por estímulos diversos. A experiência
da vida pública estava se transformando, criando novos perigos e desejos. Um deles, o de
consumir esses signos, mesmo que, nos países periféricos, a única forma de acesso fossem
as imagens.
Também passou pelo Pavilhão Internacional do Rio de Janeiro, de 21 de julho de 1908 até
pelo menos 08 de agosto do mesmo ano, um aparelho aparentemente muito similar aos
Auto-Tours, sob o nome de Cinema-Automóvel. As descrições dessa atração e as datas em
que seus anúncios aparecem nos jornais cariocas apontam para a possibilidade de ter
sido o mesmo Auto-Tours, anunciado como novidade. Em alguns anúncios, inclusive,
aparece o nome dessa atração entre parêntesis.51 Outros dizem que as viagens simuladas
têm como “destino” as principais cidades da América e da Europa, o que nos faz
imaginar que outros filmes possam ter sido incluídos no programa original, para
agradar àqueles que já tinham visto a atração em sua primeira temporada na cidade.52
O Auto-Brasil é descrito então como um aparelho que dará a ilusão de movimento a partir
da união entre a projeção de filmes e o movimento do carro, incluindo a sensação de
curvas e a trepidação do motor. Sobre os filmes, a patente diz que o aparelho projetaria
filmes que, quando exibidos, “parece[m] correr para cima do espectador, mostrando assim
em toda sua extensão os pontos de passagem do automovel operado”. 55 Parece-nos
acertado, por todas essas informações, sugerir que a intenção fosse a de projetar filmes do
tipo phantom ride.
Na sala onde seria instalado, haveria telas pintadas “sem fim”, “telas estas que terão um
movimento continuo em sentido inverso a carreira do automóvel”.56 Este procedimento
dialoga com a tradição dos panoramas, sugerindo que o Auto-Brasil fosse um aparelho
híbrido, que unia imagens cinematográficas e imagens pintadas à mão.
51
Como em Jornal do Brasil, Rio de Janeiro, 08-08-1908, p. 15.
52
Correio da manhã, Rio de Janeiro, 21-07-1908, p. 8, por exemplo.
53
Cf. GONZAGA, Alice. Op. Cit., p. 277.
54
CINEMATECA BRASILEIRA (Org.). Coleção de memoriais descritivos acompanhando pedidos de
privilégios e patentes de invenções relacionadas com o meio cinematográfico. Fornecida por José
Inácio de Melo Souza a partir de pesquisa no Arquivo Nacional. Pasta D1329f, 18 de maio de 1907, p. 1.
55
Ibidem, p. 2-3.
56
Ibidem, p. 3.
Toda essa excursão nos permite dizer, então, que os Auto-Tours e sua segunda versão, o
Cinema-Automóvel, foram um tipo de sala de cinema diferente do que o público estava
acostumado a ver. Não obstante, seguia a tradição dos panoramas que utilizavam telas
pintadas para criar a impressão, no espectador, de estar tomando parte em uma viagem
por lugares distantes. Foram também muito próximas de sua matriz original, os Hale’s
Tours americanos, tendo lançado mão, como estes, de diferentes estratégias ilusionistas,
57
Idem, p. 10. Agradecemos a Alexandre Miyazato, bibliotecário da Cinemateca Brasileira, pela
digitalização do documento e por todo seu auxílio durante esta pesquisa.
58
Sendo apenas uma ilustração para obtenção da patente, não nos permite afirmar que esteja mesmo
ligada ao Cinema-Automóvel.
como o uso de efeitos sonoros, filmes do tipo phantom ride, salas pequenas e a presença
de um condutor para explicar as paisagens reproduzidas na tela.
Até cerca de 1905, nos Estados Unidos, quando surgiram os nickelodeons, os filmes eram
exibidos em contextos tão diversos como teatros de vaudeville, parques de diversão,
conferências de viagem e muitos outros. A programação era sempre definida pelo
exibidor responsável e o critério para a sua definição era o formato de variedades.
Mesmo durante a era dos nickelodeons e avançando pelos anos 1910, a “sequência [de
filmes] era arranjada do modo o mais diversificado possível, [...] enfatizando seus
inconstantes climas e estilos de representação”.59 Em oposição às artes tradicionais, que
exigiam a contemplação e a concentração, o formato de variedades do primeiro cinema,
refletindo as transformações que a urbanização e a industrialização tinham causado na
percepção, estimulava e “mobilizava a atenção do espectador através de uma série
descontínua de atrações, choques e surpresas”.60
Os Hale’s Tours, entretenimento barato ligado às classes baixas dos Estados Unidos,
permaneceu excluído das histórias do cinema até os anos 1970.61 Muito diferente disso,
parece que os simuladores de viagem fizeram parte, no Brasil, de uma elevação da sala de
59
“their sequence was arrenged in the most random manner possible [...] emphasis on diversity, its
shifting moods and styles of representation”. HANSEN, Miriam. Babel and Babylon: spectatorship in
American silent film. Cambridge, Mass.: Harvard University Press, 1991, p. 29.
60
“mobilization of the viewer’s attention through a discontinuous series of attractions, shocks, and
surprises”. Ibidem.
61
GAUTHIER, Philippe. “The movie theater as an institutional space and framework of signification:
Hale’s Tours and film historiography”. In: Film History 21, no. 4, 2009.
Do mesmo modo que a encenação fez parecer, no filme A trip down Market Street before the fire,
que a cidade de São Francisco tivesse um trânsito mais intenso de automóveis do que de fato
tinha, os simuladores de viagem criaram uma espécie de cena, na qual os espectadores
tomavam parte como se fossem atores. Pois viviam, no espetáculo, a simulação de uma vida
que não era deles. Os simuladores representaram, portanto, não só a possibilidade de viajar
sem sair do lugar, como também o acesso à sensação de velocidade com a segurança que não
se tinha nas ruas. Ansiedade e prazer, medo e curiosidade, todos esses sentimentos fazem
parte da relação que se estabeleceu entre espectadores e essas atrações que buscavam o
acesso à “coqueluche dos novos tempos”,63 o turismo.
Referências bibliográficas
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instituição do hábito elegante de se ir ao cinema (1907-1908)”. In: Luz e sombra no écran:
62
SOUZA, José Inácio de Melo. Op. Cit., p. 44; CARVALHO, Danielle Crepaldi. Luz e sombra no écran:
realidade, cinema e rua nas crônicas cariocas de 1894 a 1922. Tese de doutorado, Universidade Estadual de
Campinas, Instituto de Estudos da Linguagem: Campinas, 2014, p. 106.
63
SEVCENKO, Nicolau. Op. Cit., p. 559.
realidade, cinema e rua nas crônicas cariocas de 1894 a 1922. Tese de doutorado, Universidade
Estadual de Campinas, Instituto de Estudos da Linguagem: Campinas, 2014. Disponível
em: <http://www.bibliotecadigital.unicamp.br/document/?code=000935966> (Acesso
em: 20/11/2015).
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LOPEZ, Ana M. “Early Cinema and Modernity in Latin America”. Cinema Journal 40, No. 1,
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Periódicos:
Rio de Janeiro:
Correio da manhã
Gazeta de Notícias
Jornal do Brasil
O Malho
O Paiz
São Paulo:
Correio Paulistano
Rio Grande do Sul
A Opinião Pública
____________________________
*
Carolina Azevedo Di Giacomo foi coordenadora do Cineclube Equipe, grupo de estudos que, de
2006 a 2009, realizou sessões mensais seguidas de debate. Em 2013, foi selecionada como membro
do Collegium da Giornate del Cinema Muto, em Pordenone, na Itália e, em 2014, apresentou trabalho
sobre cross-dressing no primeiro cinema no Stummfilm Festival de Karlsruhe, na Alemanha.
Atualmente, desenvolve a pesquisa de Iniciação Científica "O espectador como passageiro: os
simuladores de viagem do primeiro cinema e a sua presença no Brasil", sob orientação do Prof. Dr.
Eduardo Morettin e financiamento da Fapesp, pela Escola de Comunicações e Artes, Universidade de
São Paulo. E-mail: [email protected].
Resumen: El presente artículo analiza de manera documentada los primeros años de la exhibición
cinematográfica en Zacatecas. Los datos ofrecidos suponen una actualización de la bibliografía
existente ya que se han consultado las fuentes documentales de los archivos locales. El artículo relata
una parte importante del hecho cinematográfico de los orígenes, al tiempo que aporta nuevos datos
para la historiografía del cine mexicano.
___________
Abstract: This article analyzes in a documented way the first years of the cinematic exhibition in
Zacatecas. The information offered by the author supposes an update of the existing bibliography
providing an array of documentary sources obtained at local archives. The article reports an
important chapter in the origins of the cinematic phenomenon, while it provides new information
for the historiography of the Mexican cinema.
___________
Resumo: Este artigo analisa a forma documentada nos primeiros anos de exibição cinematográfica
na cidade de Zacatecas (México). Os dados apresentados são uma atualização da bibliografia, uma
vez que tenha consultado fontes documentais de arquivos locais. O artigo relata uma parte
importante do filme feito das origens, ao fornecer novos dados para a historiografia do cinema
mexicano.
1.- Introducción
E
l cineasta francés Jean-Luc Godard se refirió a una manera “arqueológica o
biológica”1 de historiar el cine. Es un punto de vista acertado si se tiene presente el
largo camino recorrido hasta llegar a la posibilidad de reproducir el movimiento
gracias a la conjunción de innovaciones técnicas y al mecanismo mental conocido como
efecto phi y que permite construir esa sensación de movimiento en nuestra mente.
En la Holanda del siglo XVII, en pleno apogeo económico y gracias al alto grado de liberalismo
en la creación científica y cultural se asistió a una serie de interesantes incorporación de los
dispositivos ópticos tanto en la creación artística (baste recordar el empleo de la cámara oscura
por parte de pintores como Van Goyen, Ruysdael, Fabritius o Vermeer), como en la ciencia.2
1
GODARD, Jean-Luc. Introducción a una verdadera historia del cine. Madrid: Ediciones Alphaville, 1980,
p.19.
2
NARVÁEZ TORREGROSA, Daniel C. "El placer del miedo. Los espectáculos de espectros hasta la
llegada del cinematógrafo". En: AAVV. Un art de d'espectres: màgia i esoterisme en el cinema dels primers
temps. Girona: Museu del cinema, 2010. p. 110.
En esta misma línea encontramos la linterna mágica inventada por Athanasius Kircher y
utilizada principalmente para el ocio. Desde la tremulante luz de vela que iluminaba las
linternas que portaban los primeros linternistas se llegó, en el siglo XIX, al empleo de
una mezcla de gases y posteriormente a la incorporación de la electricidad. El manejo de
las linternas mágicas y los efectos que podían lograrse con ellas motivó la aparición de
completos manuales de uso en el que se explicaban las diferentes partes del dispositivo,
la regulación de la intensidad lumínica y los efectos de transición entre imágenes.3 Uno
de los efectos innovadores fue el de la disolvencia que permitía, por medio del manejo de
una linterna de doble o triple objetivo, crear efectos de transición espacio-temporales.
La idea del panorama se debió al pintor Robert Barker y consistía en una pintura
semicircular que ofrecía una visión de 360 grados. Barker inauguró en 1794 en Leicester
Square un edificio en el que se albergaba esta nueva forma de ocio de masas. Una
detallada descripción del efecto óptico del panorama y su estructura se puede encontrar
en una obra contemporánea al gran momento que experimentó dicho espectáculo:
El panorama es una pintura circular expuesta de manera que el ojo del espectador, colocado en
el centro y abarcando todo su horizonte, no encuentre sólo el cuadro que lo envuelve. La vista le
3
Los manuales de uso más extendidos estaban editados en Gran Bretaña y Estados Unidos.
Destacan: CHILD BAYLEY, Roger. Modern magic lantern and their management. Londres: L. Upcott and
Gill 1869; MARCY, Lorenzo J.: The Sciopticon manual, explaining lantern projections in general and
sciopticon in particular. Filadelfia: James A. Moore, Printer, 1877 y The Art of projection and complete magic
lantern manual. Londres: E. A. Beckett, 1893.
4
Entre ellos destacaban el catálogo McAllister: Catalogue of Stereopticons, dissolving views apparatus and
magic lanterns. Nueva York: 1867; o el de la empresa Montgomery Ward & Co: Magic lanterns and
stereopticons. Chicago: 1880; o el catálogo francés de Picart de 1890.
permite al espectador juzgar tamaños y distancias sólo por comparación […] Cuando se ve un
cuadro, por grande que sea, está limitado por un marco, un marco y lo que rodea al cuadro son
puntos de referencia que advierten que no se está en presencia de la naturaleza, sino en
presencia de su reproducción. Para establecer la ilusión, hace falta que el ojo encuentre por
todas partes figuraciones hechas en proporción con tonos exactos y que, en ninguna parte,
pueda desviarse la vista de objetos reales que servirían para establecer una comparación […]
Construimos una rotonda con tejado cónico (las primeras rotondas tenían 17 metros de
diámetro y 7 metros de altura; después tuvieron hasta 50 metros de diámetro y 16 metros de
altura); en el interior se eleva, en el centro, una plataforma aislada, de la altura de la mitad del
edificio; es ahí donde se coloca el espectador, donde se forma un horizonte con determinado
número de dibujos; acabado un dibujo, se pasa al siguiente. Los dibujos establecen una
anticipación con el precedente de modo que las últimas líneas de uno son las primeras del
siguiente; se obtiene así una ubicación exacta que impide toda confusión. Además, se sirve del
nivel del paisaje para determinar la línea de horizonte.5
Con el paso del tiempo tuvo lugar una revolución en el precine cuando surgió la
fotografía, dando como resultado la invención de nuevos artilugios como el fusil
fotográfico, el kinetoscopio o el vitascopio, ambos inventados por Thomas Alva Edison.
5
BAPST, Germain. Essai sur l’histoire des panoramas et des dioramas. Paris: Imprimerie Nationale, 1891,
pp. 8-9.
6
Mayor información puede consultarse en NARVÁEZ TORREGROSA, Daniel (coord.). Los inicios del
cine. México D.F.: Plaza y Valdés Editores, 2004.
Por último es necesario recordar que el precine no fue solamente un hecho visual, sino
que gracias al fonógrafo el sonido se incorporó a esta manera primitiva de
representación de la realidad, acompañando los espectáculos de linterna mágica, por lo
que esta combinación de imagen y sonido fue un paso determinante para la posterior
incorporación del sonido en el cine.7
El objetivo de este trabajo es recrear los primeros pasos del precine y el cine en la ciudad
de Zacatecas. Esta tarea de reconstrucción se ha llevado a cabo consultando los fondos
documentales del Archivo Histórico de Zacatecas, en concreto los referidos a
Correspondencia General, Tesorería y los fondos de la Hemeroteca del Estado.
7
La configuración de los espectáculos audiovisuales anteriores al cine es definida minuciosamente
en MANNONI, Laurent. Le grand art de la lumière et de l’ombre. Paris: Éditions Nathan, 1994.
La exhibición de vistas fue también parte de los espectáculos visuales en México, tal y
como nos lo recuerdan artículos, publicados en la prensa nacional, que señalan las
“hermosas y variadas vistas al natural de todas partes del mundo todas las noches”8 o, por
ejemplo, las sombras chinescas expuestas en el Teatro Orrin de Ciudad de México: 9
DIVERSIONES PÚBLICAS.
CIRCO TEATRO ORRIN.- Magnífica temporada de 1902 Variada función todas las noches, á las
ocho y tres cuartos. Jueves, domingos y días festivos habrá también función a las cuatro de la
tarde.
Novedad de la temporada “Pantomima China” o noche en Pekín.
Las funciones de diferentes empresas fueron determinantes para la difusión de este tipo
de espectáculos en todo el territorio nacional, como el “SALON VISTA ALEGRE.- […]
Empresa de vistas y patines” ubicado en la ciudad de Aguascalientes.10
El Salón Vista Alegre no era el único que lograba obtener entusiastas menciones en los
impresos nacionales que se han encontrado. Otro local que logró reconocimiento
popular fue el Salón Teatro Actualidades, perteneciente a la Empresa del Señor Guasco
en la misma ciudad de Aguascalientes.11
Baste recordar brevemente que la exhibición de vistas tenía como objetivo trasladar al
espectador a otros lugares, como París o Londres; proporcionar una mirada, lo mejor
ilustrada, del mundo natural, o, mostrar temas selectos de alta moralidad, como “fue la
tomada del natural y que se llama El Auto de Fe, de Irapuato”.12
8
El hijo del Ahuizote, Zacatecas, domingo 23 de enero de 1898, Tomo XIII, Año XII.
9
Ibíd., Abril 27 de 1902, Tomo XVII, año XVII.
10
El republicano, Aguascalientes, 1 de octubre de 1911, Tomo XLII, Nro. 40. Debido a la cercanía con
Zacatecas, se puede apuntar la hipótesis de que esta compañía fuera distribuidora de espectáculos en
el estado zacatecano, si bien al día de hoy no existen mayores datos.
11
Ibíd.
12
El hijo del Ahuizote, Zacatecas, Abril 27 de 1902, Tomo XVII, Año XVII, Nro. 808.
También en mayo, Pascual Ortega proyectó vistas en el Teatro Calderón sin que haya
trascendido más información sobre su espectáculo.
En agosto del mismo año Hesiquio Salazar ofreció un programa de vistas los días 3 y 10
de agosto. Gracias a la información disponible se sabe que dichas funciones se realizaban
en la calle Puente Nuevo No. 116 (actualmente la calle Aldama). También, en el mismo
mes, Joaquín Hernández celebró otra exhibición de vista, en la calle de la Condesa
(actualmente Calle Juárez).15
13
Para mayor información sobre este tema se recomienda el siguiente artículo: MIQUEL RENDÓN,
Ángel. “Los últimos tiempos de la linterna mágica”, Luna Córnea, Nro. 24, 2002, pp. 10–19.
14
Archivo Histórico Zacatecas, Permisos y licencias, 1 al 31 de mayo de 1902.
15
AHZ, Permisos y licencias, 1 al 31 de agosto de 1902.
2.2.- Fonógrafo
16
Revista de Revistas, Zacatecas, Año 1, Nro. 5, Domingo 20 de febrero de 1910.
17
Archivo Histórico Zacatecas, Permisos y licencias, 1 al 30 de noviembre de 1902.
18
Archivo Histórico Zacatecas, Permisos y licencias, 1 al 30 de junio de 1902.
Durante el mes de julio tan solo queda constancia de las funciones ofrecidas por Daniel
Sánchez,19 a quien se vuelve a encontrar un año después en temporada estival.
SESIONES DE FONÓGRAFO
1902 Hastings 9 de abril
Vicente Guanche 30 de mayo
2, 3, 6, 9, 12, 13, 14 y 15 de junio
Darío Arenas 9, 15 y 22 de noviembre
19 y 26 de abril
Daniel Sánchez 31 de mayo
1, 14, 15 y 28 de junio
12,13, 19, 20 y 23 de julio
6, 9, 10, 16, 17, 23 y 24 de agosto
13 de septiembre
9, 13, 15, 16, 22, 23 y 26 de noviembre
4 de abril
1903 Daniel Sánchez 1, 6, 7, 13, 14, 15, 21, 22, 28 y 29 de junio
4 y 5 de julio
Darío Arenas 6, 7, 13, 14, 20 y 21 de junio
4 de julio
Empresa Morán 6 de diciembre
3, 5, 6, 12, 13, 19 y 20 de marzo
1904 Empresa Morán 10 de abril
15 a 17 de mayo
2, 3, 16, 17, 18, 24, 28, 29, 30 y 31 de julio
Daniel Sánchez 29 de mayo
2, 10, 16, 17, 23, 24 y 27 de julio
En 1903 hubo otras funciones en la ciudad. El día 4 de abril, y sin que queden datos del
organizador, se realizó una en la Plaza Zamora20 (en la actualidad con el mismo nombre).
A partir del mes de junio Daniel Sánchez y Darío Arenas, los cuales presentaban de
manera sistemática funciones los sábados y domingos. Para final de año se mantuvieron
19
AHZ, Permisos y licencias, 1 al 31 de julio de 1902.
20
AHZ, Permisos y licencias, 1 al 30 de abril de 1903.
Los meses de marzo y abril de 1904 estuvieron dominados por las funciones de fonógrafo de
la Empresa Salazar. En el mes de marzo realizó 7 representaciones. También la Empresa
Morán se sumó a la oferta de audiciones fonográficas tal y como se desprende de los pagos
realizados al Ayuntamiento por parte de Secundino y Francisco Morán.21 La oferta en este
mes se completó con la presencia de José Ramos quien organizó 4 funciones.22
2.3.- Panorama
SESIONES DE PANORAMA
1902 Fortino Hernández 1,3, 4 a 14 y 16 a 31 de agosto
1, 3, 5, 7 y 9 de septiembre
4, 8, 10, 12, 14, 19, 20, 28 y 29 de noviembre
1903 Empresa Salazar s/d febrero
21
AHZ, Permisos y licencias, 1 al 31 de marzo de 1904. El doble pago realizado por la Empresa Moran nos
podría llevar a la conclusión de una función con 2 fonógrafos al mismo tiempo, o, dos funciones
diferentes por parte de la misma empresa.
22
AHZ, Permisos y licencias, 1 al 30 de abril de 1904.
23
AHZ, Permisos y licencias, 1 al 31 de julio de 1904.
24
AHZ, Permisos y licencias, 1 al 28 de febrero de 1903
Entre los muchos espectáculos que intentaban reproducir de la manera más fidedigna la
realidad, se encontraban las exhibiciones de figuras de cera, que, en la mayoría de los
casos, eran duplicados de personajes históricos o de gran importancia dentro de la
sociedad. Este tipo de espectáculos fueron educativos para el público, como medios de
conocimiento histórico, adquirido por la visualización de dichos personajes.
El pabellón existente en Zacatecas estaba dirigido por Alejandro Aguirre, si bien desapareció
de la oferta del ocio ciudadano apenas unos meses después coincidiendo con la llegada de
sesiones de cinematógrafo a la ciudad. Ya que, en efecto, “el 13 de abril de 1903, […] el pionero
de la cinematografía Carlos Mongrand exhibe películas en el Teatro Calderón”.27
SESIONES DE AUTÓMATAS
1902 Manuel Espinoza 1, 2, 8, 15 y 16 de noviembre
1902 Alejandro Aguirre 20 de abril
1903 Alejandro Aguirre 14 de febrero
25
Archivo Histórico Zacatecas, Permisos y licencias, 1 al 30 de noviembre de 1902.
26
AHZ, Permisos y licencias, 1 al 31 de noviembre de 1902.
27
NARVÁEZ, op. cit., p. 103.
28
LEAL, Juan Felipe, Eduardo Barranza y Carlos Flores. Anales del cine en México 1895-1911. 1898: Una
guerra imperial. México: Ediciones y Gráficos Eón – Voyeur, 2003, p. 119.
29
MIQUEL RENDÓN, Salvador Toscano. México: Universidad de Guadalajara/Universidad
Veracruzana/ Gobierno del Estado de Puebla/Dirección General de Actividades Cinematográficas de
la UNAM, 1997, p. 15.
El Kinetoscopio es un aparato por el cual corren cintas fotográficas de diversos largos. Estas
fotografías son tomadas de una escena real a razón de 800 por minuto. […] Una de nuestras
vistas, por ejemplo, fue tomada durante una carga de caballería en el Fuerte Mayer. Colocada la
cinta en el Kinetoscopio, se reproduce fielmente, todos los movimientos de los caballos, ginetes
(sic) y banderas. El mecanismo que produce esta maravilla se llama: Kinetoscopio [...] El
Kinetoscopio no solamente recrea, sino que también instruye, trayendo al hogar la vivida
reproducción de escenas lejanas y que solo pueden ser visitadas por pocos comparativamente
[...] El Kinetoscopio de familia, es tan sencillo que un niño lo entiende y puede manejarlo.30
30
La Rosa de Tepeyac, Zacatecas, 3 de marzo de 1900.
En julio de 1902, Carlos Mongrand llegó a Zacatecas. El 6 de julio se anunció una función
de Cinematógrafo Lumière el cual se asegura “ha vuelto a esta población con un nuevo y
variado número de caprichosas vistas. Nadie desaprobeche (sic) la ocasión de instruirse
frecuentando el teatro estas noches de verdadero solaz”.31 Su presencia en esta ciudad se
extendió a lo largo de todo el mes y el 20 de julio terminó su estancia con un programa
especial proyectándose títulos como La noche de Navidad, Barba Azul, Plaza de la
Constitución de México entre otras.32
31
La Juventud. Semanario de literatura y variedades, Zacatecas, 6 de julio de 1902.
32
El Correo de Zacatecas, Zacatecas, 20 de julio de 1902.
33
AHZ, Permisos y licencias, 1 al 30 abril de 1903. Este dato queda corroborado por la existencia de
recibos de pago a las arcas municipales de las tasas correspondientes, a saber: recibos Nro. 497 de 21
abril, Nro. 508 de 25 abril y Nro. 523 de 30 abril de 1903.
34
AHZ, Correspondencia general, 1905.
Si bien no se puede reconstruir, al día de hoy, los pormenores de las sesiones que
desarrolló durante el tiempo concedido sí queda constancia de su marcha a Morelia
donde continuó sus exhibiciones en el Teatro Ocampo, al tiempo que se menciona que “la
35
AHZ. Correspondencia general. 1905.
temporada que este experto empresario acaba de hacer en Zacatecas fue de muy
fructíferos resultados, y dejó completamente satisfecho al público zacatecano”. 36
Entre las primeras empresas que incluyeron a Zacatecas en el itinerario de sus funciones
se encuentra la Gran Empresa El Siglo XX, de Federico Bouví y Antonio García, dedicada
a la exhibición de vistas cinematográficas y estereoscópicas. Para las sesiones
cinematográficas empleaban un “magnifico aparato Pathè Freres de París”.37
36
El Cosmopolita, Zacatecas, 21 de mayo de 1905.
37
AHZ, Correspondencia general, 1904.
A partir del mes de marzo de 1904 la Empresa Siglo XX solicitó varias veces permiso para
ocupar el Teatro Calderón de esta ciudad. Dichas solicitudes permiten reconstruir su
paso por la geografía limítrofe, pues por medio de la correspondencia que dirigen al
presidente municipal de esta ciudad se sigue su rastro por San Luís Potosí, Querétaro y
Aguascalientes.38 Así, en fecha de 11 de marzo solicitaban espacio para exhibiciones de
cinematógrafo y un espectáculo de linterna mágica:
Suplicamos muy atentamente a Ud. Se sirva decirnos si estará desocupado el Teatro Calderón
del Gobierno de esa ciudad del 2 de abril en adelante, y si es así, cuanto nos cuesta el
arrendamiento de dicho teatro por 15 días o 3 semanas. Contamos con […] una variada, extensa
y artística colección de vistas cinematográficas y fijas (en colores) para el estereopticón.39
Precisamente en esas mismas fechas el Teatro Calderón estaba ocupado por la empresa de
Enrique Rosas, hecho que fue utilizado por Federico Bouví para esgrimirlo en su petición
de diciembre de 1904 para solicitar de nuevo el espacio del Calderón como sigue: “suplico a
Ud. Se sirva hacerme el favor de decirme si me podría proporcionar el teatro Calderón en
arrendamiento del 22 de diciembre en adelante por unos 15 días o tres semanas. Mi
aparato es enteramente igual al que trae la empresa Enrique Rosas y hermanos Pastor que,
no hace mucho tiempo que estuvo trabajando en esa ciudad y se podría haber juzgado de la
calidad de dicho aparato”.42
38
AHZ, Correspondencia general. La carta de 11 de marzo de 1904 se escribe desde San Luis Potosí, otra
misiva de 27 de abril se remite desde Querétaro, al tiempo que señalan que a finales de mayo estarán
en Aguascalientes.
39
AHZ, Correspondencia general, 1904.
40
Ibíd.
41
Ibid.
42
Ibid.
El último paso de esta compañía por Zacatecas se produjo en el año 1906 realizando
sesiones en el Teatro Calderón “por todo el mes de junio con expectativa de alargar el
plazo una semana más”.46
43
AHZ, Correspondencia general, 1905.
44
Ibid.
45
Ibid.
46
AHZ, Correspondencia general, 1906.
No tendrá mayor fortuna en años posteriores, pues en las dos solicitudes encontradas
hasta el día de hoy en los archivos municipales de Zacatecas, ambas son denegadas. La
primera de ellas fechada en mayo de 1907, y en la que el representante de la empresa
Mendoza Alcaraz, establecido en Irapuato, solicita “me conceda Ud. el Teatro Calderón de
esa capital desde el día último del presente más en adelante”49 y que es desestimada por
encontrarse el Teatro ocupado en esas fechas por una compañía de variedades y otra de
zarzuela. La segunda solicitud está fechada en marzo de 1908 y remitida por Rafael Pastor
–quien se encontraba en León (Guanajuato)- quien para dar peso a su escrito hace saber
que ya estuvo en la ciudad ofreciendo un espectáculo de estas características: “en otra
época funcionó dicho aparato en aquel coliseo, y acaso haga ud. memoria de mi persona
pues con motivo de mi estancia allí tuve el gusto de conocerlo y haberlo tratado”.50 La
petición de usar el Calderón en ocasión de las festividades de Pascua es denegada por
encontrarse ocupado de nuevo el teatro con espectáculos de variedades.
Las empresas antes señaladas tuvieron una presencia más o menos repetida a lo largo de
estos años. No obstante se tiene noticia de otras empresas que desarrollaron
exhibiciones en la ciudad o al menos solicitaron los permisos para ocupar los centros de
ocio con mayor o menor fortuna a la hora de conseguir sus propósitos.
En el año 1904 exhibió sus programas la empresa de Guillermo Delahantÿ, quien ocupó el
Teatro Calderón del 14 al 20 de noviembre con una renta por función de 20 pesos.51
47
La Libertad, Zacatecas, 7 de mayo de 1904.
48
AHZ, Tesorería, 1904.
49
AHZ, Correspondencia general, 1907.
50
AHZ, Correspondencia general, 1908.
51
AHZ, Correspondencia general, 11 de noviembre de 1904.
1906 registró el paso de la Empresa Cinematográfica del Sr. Michel, en cuya función de
despedida “tendrán la entrada gratis todos los niños y niñas que concurran
acompañados de una persona mayor”52 con un programa que incluía La vida y pasión de
Jesucristo, uno de los modelos temáticos fundamentales del cine primitivo.
52
Correo de Zacatecas, 7 de octubre de 1906.
53
Ibíd, 12 de mayo de 1907.
54
Ibíd. 17 de noviembre de 1907.
55
Ibíd.
56
Ibíd. 24 de noviembre de 1907.
57
AHZ, Correspondencia general. 9 de julio de 1908.
58
Ibid.
A partir del año 1909 la exhibición cinematográfica, sin abandonar del todo el Teatro
Calderón, se diversificó al comenzarse a construir salas de cine que tuvieron diversa
fortuna, pero que marcaron el inicio para establecer una programación continua y no tan
dilatada en el tiempo.
Los empresarios locales José Maldonado y Salvador Hernández, propietarios del Salón
Sport (un salón de patinaje ubicado en la calle del Correo, a espaldas del Teatro Calderón)
solicitaron el 31 de enero de 1911 adaptarlo como salón cinematográfico,61 solicitud que
fue concedida por la Asamblea Municipal el 1 de febrero; sin embargo no hay al día de
hoy ninguna información que avale el uso del citado salón como local de exhibición de
películas.
59
AHZ, Correspondencia general, 1909.
60
Correo de Zacatecas, Zacatecas, 8 de mayo de 1910.
61
AHZ, Permisos y licencias, “Solicitan permiso para establecer un salón cinematográfico”. 31 de enero
de 1911.
Algo similar ocurrió con el Teatro Hidalgo, ubicado en la calle de Lancaster, inaugurado
el 31 de octubre de 1915 y del que apenas hay referencia en prensa, tan solo una mención a
la proyección de películas con el Motiograph.62
La cultura del ocio ciudadano contó con un nuevo local a partir de 1910. El 21 de
diciembre, Antonio Kuri Auad, comerciante de origen turco,63 expuso ante la asamblea
municipal:
Que voy a construir un teatrito en la casa número 63 de la Avenida González Ortega, con el objeto
de establecer un cinematógrafo y un salón de patinar, y algunas veces, para variar habrá
espectáculos dramáticos o de otro género, pero todos de estricta moralidad. Las circunstancias
de Zacatecas no son favorables para tal empresa, pero me decido a ella, contando con que la H
Asamblea Municipal se halla dispuesta a favorecer espectáculos cultos que instruyan y deleiten
sin ofender a lo más leve la moral y que aparten al pueblo de los centros de vicio. En tal virtud
ocurro ante esa H Corporación pidiéndole la licencia respectiva y que por el término de diez años
se imponga a los referidos espectáculos el mínimo del impuesto que fija el artículo 203 de la ley
vigente que es de veinticinco centavos por función, a reserva de solicitar del H Congreso del
64
Estado o del señor Gobernador en su caso que en el primer año se me exima de todo impuesto.
1° Se concede al Sr. Antonio Kuri que por el término de dos años establezca en esta ciudad un
Teatro para exhibiciones cinematográficas, espectáculos dramáticos o de algún otro género, así
como un salón de patinar
62
Democracia, Zacatecas, 31 de octubre de 1915.
63
Entre sus negocios se ha podido constatar su participación en una fábrica de aguas gaseosas, la venta
de material agrícola, así como la propiedad de varias fincas urbanas. En cuanto a su origen baste
mencionar que el 20 de abril de 1912 aparece como firmante de una carta publicada por la comunidad
turca radicada en Zacatecas en el diario El Demócrata, en la que estos declaraban su neutralidad frente a
los acontecimientos que estaban pasando en Europa esto es: la guerra italo–turca.
64
AHZ, Permisos y licencias, “Solicitud cinematógrafo”, 21 de diciembre de 1910.
2° se fijará a dichos espectáculos el mínimo del impuesto que señala el artículo 203 de la ley
65
fiscal vigente.
Con la construcción del Salón Azul, Kuri se estaba asegurando la exhibición en dos
escenarios, el Teatro Calderón y ahora en el de su propiedad. De cualquier modo, la
aparición de este local “viene a llenar una necesidad pues está apropiado para
espectáculos ligeros y variedades”.66 Inaugurado en abril de 1912 se sabe que “es de
regulares dimensiones y está perfectamente acondicionado para su objeto”67 y que fue
dotado de ventiladores para combatir los rigores del calor.68
En años posteriores el Salón Azul fue cambiando de propietario, tal y como se menciona
en los registros hemerográficos. En 1914 aparece en la dirección de este local Juan
Cabrera,69 en 1920 Agustín Rivas70 y en 1925 los hermanos Guadiana,71 año a partir del
cual desaparece cualquier referencia al Salón como local cinematográfico y se
reencuentra en 1928 reconvertido en un salón de billar.72
65
Ibid.
66
Justicia, Zacatecas, 11 de abril de 1912.
67
El Demócrata, Zacatecas, 30 de marzo de 1912.
68
Ibíd. 13 de abril de 1912.
69
Revista de Zacatecas, Zacatecas, 4 de enero de 1914.
70
El Heraldo, Zacatecas, 5 de diciembre de 1920.
71
El Heraldo de Zacatecas, Zacatecas, 18 de julio de 1925.
72
Orientación, Zacatecas, 19 de diciembre de 1928.
73
El Patriota, Zacatecas, 5 de mayo de 1912.
74
Revista de Zacatecas, Zacatecas, 14 de abril de 1912.
75
Ibid. 16 de septiembre de 1912.
76
El Demócrata, Zacatecas, 22 de junio de 1912 señala: “El señor don Antonio Kuri ha contratado una
bailarina española, la señorita Encarnación Martínez, para que trabaje en combinación con el
La reconversión del Teatro en cinematógrafo tuvo lugar en diciembre de 1911, cuando los
empresarios Méndez Calderón y Fernández realizaron las obras oportunas para ubicar
un proyector de cine, instalación que resultó de lo más sensacional, puesto que debido a
la prohibición de usar proyectores sin tener prevista medidas de seguridad, llegaron a la
solución de colocar el aparato en el exterior “en la espalda del Coliseo, abriendo un
agujero de pequeño diámetro por el que se introducirá un tubo de metal con la lente que
proyectará las vistas en el telón o pantalla respectiva”.78 Una vez realizada la reforma el
Teatro inició las sesiones de cine el 23 o 24 de diciembre con la proyección de “las más
modernas y sensacionalistas”79 películas.
cinematógrafo desde hoy sábado. Una de las cláusulas del contrato exige que la señorita Martínez
que sus bailes se han de sujetar a la más estricta moralidad. Un magnífico quinteto completará el
conjunto.”
77
Revista de Zacatecas, 2 de febrero de 1913: “El traje que la empresa del Salón Azul contrató en la casa
TREBOL para ser rifado entre los asistentes el día 5 de febrero, será sorteado en este día; pero como
muchos espectadores no conservan los números que les dan derecho a este premio, y como bien
pudiera ser que uno de estos números fuera el agraciado y por tanto el traje susodicho quedara en
poder de la empresa, esta ha querido que nuevamente se verifique un segundo sorteo el lunes 10 del
corriente.”
78
El Diario de Zacatecas, Zacatecas, 19 de diciembre de 1911.
79
Ibid. 21 de diciembre de 1911.
Merece interés el año 1912, fecha en la cual el empresario Kuri Auad –al mismo tiempo
que en hiciera lo propio en el Salón Azul- estuvo exhibiendo películas en el Calderón
“todas las noches de 7 a 11”80 y números de variedades. Aunque el uso diario del Teatro
degeneró en el deterioro de las instalaciones. Enterada la autoridad local de este hecho
solicitó un informe y se llegó a la conclusión que “una de las causas que motivaron más la
destrucción del hermoso edificio, fue la introducción del sistema de funciones de cine
con permanencia voluntaria, pues debido a esto, todos los concurrentes al Teatro, con
especialidad las de palcos y galerías, transformaban el edificio en casa habitación,
resultando de esto que se registraran escenas que están completamente en pugna con la
moralidad, las buenas costumbres y la higiene”,81 por lo que se prohibió temporalmente
el uso del Teatro como sala cinematográfica.
Se exige al arrendatario que use un aparato de último estilo que tenga toda clase de
seguridades y que sea manejado por un manipulador experto, a juicio de personas
competentes. Con objeto de evitar abusos de los espectadores debe de poner en todas las partes
donde se haga necesario focos incandescentes con bombillas que permitan cierta claridad para
que la policía pueda evitarlas.
El arrendatario tiene también la obligación de dar a la jefatura Política todos los sábados que
haya función, 200 boletos para repartirlos entre los alumnos de las escuelas oficiales.
La orquesta que toque en las funciones de cine, será de las mejores que haya en la ciudad, o un
quinteto formado por piano e instrumentos de cuerda.82
Los sucesos políticos ocurridos en 1914 apenas dieron tiempo a realizar funciones de cine
en la ciudad. Pero en 1915 de nuevo el Teatro Calderón vuelve a ofrecer sesiones de cine y
80
Justicia, Zacatecas, 14 de marzo de 1911.
81
Revista de Zacatecas, Zacatecas, 30 de junio de 1912.
82
Ibid., 4 de mayo de 1913.
Si bien aún no se ha podido reconstruir toda la dinámica de exhibición del Teatro Calderón
durante los años 20, si se desprende de la información consultada que de nuevo fue
sufriendo un deterioro a lo largo de esta década siendo uno de los principales puntos de
atención por parte de las autoridades la adecuación del Teatro para exhibición
cinematográfica. Por ello, la Asamblea Municipal ordenó una revisión de la instalación del
proyector cinematográfico que dadas las características del edificio estaba en el interior
del mismo y no en un anexo exterior como era lo habitual para las prácticas de la época.
Se inició una interesante pugna entre la Comisión de seguridad pública y José Castañeda,
representante de la Empresa Granat y Cía. a cargo de la exhibición en el sentido de sacar
el proyector a la calle. Castañeda señaló a la Asamblea Municipal que “se reconsidere esa
determinación, en virtud de que su aparato cinematográfico está dotado de cajas de
seguridad en las cuales se introducen las películas y hacen desaparecer todo peligro de
incendio”.84 La discusión sobre este punto se complicó cuando se puso en conocimiento de
la Asamblea que la pantalla del Calderón era de aluminio, esto es, no translúcida, y la
proyección no podía realizarse desde detrás de la misma sino de frente, lo que obligaba a
mantener el proyector en el interior del recinto teatral. Finalmente y tras una nueva y
minuciosa inspección de la instalación, la Asamblea dictaminó que “después de hacer una
descripción del mencionado aparato y de sus accesorios, que las cajas de seguridad de que
está dotado prestan la suficiente garantía para impedir el incendio de las películas. La H.
Asamblea tuvo a bien que la caseta continúe en el interior del Teatro”.85
Con la incorporación de Pascual Félix Enciso como gerente del Calderón en 1928 se
iniciaron una serie de mejoras materiales y una actualización en la programación
cinematográfica ya que el mencionado empresario comenzaría "por lo pronto por poner
una planta de luz eléctrica para uso exclusivo del Coliseo, adelantará mil doscientos
pesos a cuenta de renta, con el objeto de que esta suma se dedique a las primeras mejoras
83
Democracia, Zacatecas, 21 de noviembre de 1915.
84
Municipio Libre, Zacatecas, 1 mayo 1921. Sesión ordinaria de 18 de abril de 1921.
85
Ibíd, 1 junio 1921. Sesión ordinaria de 16 de mayo de 1921.
del edificio y pondrá por su cuenta algunos de los cristales que hacen falta al foyer y al
salón del tercer piso”.86
También se puede datar con exactitud que fue en este recinto donde se exhibieron las
primeras películas sonoras como una de “las novedades que nos prepara la Empresa del
Coliseo de la Avenida Hidalgo es el Vitáfono. Se ha hecho un contrato para ser
presentado este espectáculo el próximo sábado, y probablemente el domingo y el lunes”,87
es decir, los días 28, 29 y 30 de junio de 1930.
86
Orientación, Zacatecas, 3 de noviembre de 1928.
87
Ibíd. 21 de junio de 1930.
7.- Conclusión
88
Para elaborar este apartado junto al archivo de prensa se han consultado los archivos municipales
relativos a las fiestas patronales de la ciudad y las de los diversos barrios de la ciudad; la escasa
información existente tan solo ha permitido reconstruir –de manera muy irregular– la secuencia
histórica presentada.
89
Este hecho es analizado más exhaustivamente en NARVÁEZ TORREGROSA, Daniel. “El
espectáculo cinematográfico”, Cuadernos del Exconvento, Nro. 9, 2003, p. 1 – 53.
La aparición del Teatro de Variedades en 1909 como primer local de exhibición estable
marcó el proceso de consolidación del espectáculo cinematográfico en la ciudad, hecho al
que contribuyó la competencia que ejercieron los empresarios del Salón Sport a partir de
1911 y el Salón Azul de Antonio Kuri a partir de 1912.
Es, por otro lado, el momento en el cual el cinematógrafo trasciende cualquier división
social y se abre a todos los sectores de la población, lo que se hace de manifiesto en la
organización interna de los recintos de exhibición con la división espacial de luneta y
galería. Al mismo tiempo, la exhibición dio entrada a películas argumentales
procedentes de Europa (en especial títulos franceses e italianos) y Estados Unidos,
nación cuya industria cinematográfica se encontraba en plena expansión y conquista de
mercados.
SALÓN AZUL
1912
El amor y el deber – La leyenda del Polichinela – Recepción de Madero – Desertor
28 de abril héroe – La cabra de Luisita – Ladrones – Venganza de un cómico – En busca de
habitación – A propósito de botas – Feliz metamorfosis – Reconquistada – Max
encuentra un buen empleo.
Encuentro casual – Honradez mal recompensada – Criadas estilo moderno –
19 de mayo Servicio secreto – Un idilio plebeyo – Para oír al famoso tenor – Huelga de las
criadas – La copa aeronáutica – La bella Dewis – El drama de los charmettes –
¿Por qué dejar las tinieblas? – La leyenda del fantasma – Sobre las costas de
Bretaña – Juanito se divierte – El bostezo – El señor complaciente – Los efectos de
una cortada – Las aventuras de un sombrero – La criada hereda – Perros celosos –
Sobre el césped – Amoríos militares.
Willie niño mártir – Ejercicios marinos – Fabricación de alfombras – Los
2 de junio centauros portugueses – Como me salvaría – Consentimiento forzoso – El secreto
del arrecife – Teatro popular en Arabia – La pesadilla del tocinero – El testamento
de mi tío – Se necesita una institutriz – Isabel la Católica de Aragón.
Los jardineros – La fonda de Dios en la playa – Patecillo está de pesca – La suegra
16 de junio del anarquista – Es mi esposa – Una dura lección – La hija del campanero – La
muñeca de Mimix – Los hijos del guardacasa – Teoría y práctica – Los brillantes
de una actriz –El gendarme tiene sed.
El alegato del guardabosque – La aventurera – Corazón noble – Revolución en
30 de junio París – A la luz de las estrellas – El forzado de las galeras – Corazón de vagabundo
– El drama de la calle Ploumet – Los leñadores del Tirol – El niño azul –
Revolución en Rusia – Los patones de rueda.
21 de julio Zigomar
1 de septiembre Juana la Pálida – El médico blanco – En el horizonte salvaje – El ciego alcalde.
16 de septiembre Recuerdo del pasado – Rosa de amor – La vestal – El retrato de mama.
José Hebreo – El reinado de Luis XVI – Los bandidos del gran mundo – La presa –
28 de septiembre Garibaldi en Marsella.
1913
11 de enero Redención – Ratle – Su hijo – Corazón salvaje – Los pequeños anuncios – El mejor
amigo del hombre – La buenaventura – Un ladrón en el armario – Una muchacha
descarada.
1 de febrero Zigomar
8 de febrero Los amantes de Teruel – Amor sublime – El nueve de oros – La tierra – Broma
trájica (sic) – La violinista – El ladrón robado – El jugador y otras.
15 de febrero Sueño Negro – Rattles ladrón – Gentil hombre – Amor vencedor – El esclavo de
Kabasaff – Pik–Nick simula locura.
1 de marzo La bailarina
15 de marzo Titanic
22 de marzo Devorado por los leones – La traición del aduanero – La tiranía del taxímetro – La
carta de los sellos rojos – El pájaro de oro.
29 de marzo Amor de ultratumba – Nic Carter – No se juega con el corazón – El derecho de
madres – El rey Lear en la aldea – En el país negro – La novela de un marinero –
El galante engañado.
1914
4 de enero Tempestad – Caza encarnizada – La Colegiala – La diosa de niñas – El odio del
Rajá – El hombre misterioso. – El hombre misterioso y Sangre gitana.
11 de enero Fantomas
18 de enero El collar de la bailarina – Juve contra Fantomas
25 de enero Los últimos días de Pompeya
8 de febrero La fiebre del oro
12 de abril Unidos ante la tumba inmensa
1915
28 de octubre El honor – Gran Hotel Intercontinental
31 de octubre La mujer ajena – Situación difícil – La muerte vengadora
7 de noviembre Tenebrosa maquinación – Unidos en la tumba minera – Dientes de hierro
11 de noviembre Tenebrosa maquinación – La ley del corazón.
14 de noviembre La silla del diablo – Hijo ingrato – El vínculo
21 de noviembre La mujer ajena – Bailarina con máscara – Ante el amor no hay rencor
28 de noviembre La inspiradora – Fotografía acusadora – El encargo de confianza
2 de diciembre Años perdidos – El droguero de Nueva York.
5 de diciembre Cirano de Bergerac – Desvarío – La tía Brígida.
9 de diciembre El faro misterioso – La estufilla.
11 de diciembre El faro misterioso – El milagro de las rosas – Un buen corazón.
16 de diciembre El milagro de las rosas – Al yermo
TEATRO CALDERÓN
1906
7 octubre 1906 La vida y pasión de Jesucristo – La ley del perdón – El honor de un padre – El
matrimonio infantil – Los perros contrabandistas
1913
25 mayo 1913 El lirio tronchado – Al señor no le gusta la música – Toribio se encarga de la
modraza – Rival de su jefe – Lucía la violinista – El viejo cantero – Corazón
perdona – Revista Pathe 73 – La Gioconda.
19 noviembre 1913 Sánchez roba un elefante – Una tempestad en el cine – Rivalidad – El conde de
Montecristi – Niña sin patria – Quo vadis.
30 noviembre 1913 El pequeño Jaime.
1915
24 octubre 1915 Odisea de Homero - Pascuas Rojas
28 octubre 1915 El país de los leones (2 partes) - San Jorge y el dragón (3 partes).
31 octubre 1915 El ataúd de cristal
4 noviembre 1915 El anillo fatal (3 partes) - El automóvil gris - Venganza del Dr Williams
7 noviembre 1915 El anillo fatal - La rosa encarnada - La vieja prima.
11 noviembre 1915 La mujer doble - El escalofrío de la muerte - El calor del hogar.
14 noviembre 1915 Pascuas rojas - El tesoro de los Baux
21 noviembre 1915 La madre culpable - La sombra del mal.
2 diciembre 1915 Peinados según la época - Al zapatero remendón le tocó la lotería - El hijo del
usurero - El 606 contra la avería - La pesca del cocodrilo - El rápido de las 19.
5 diciembre 1915 La lección del abismo - La sombra del mal.
9 diciembre 1915 La alquería de los sauces - Una conquista.
11 diciembre 1915 La muerte del torero - Hogar tronchado.
16 diciembre 1915 La alquería de los sauces.
18 diciembre 1915 15 años de Revolución en México (10 grandes partes)
1917
8 julio 1917 La novela.
1920
17 octubre 1920 La banda del automóvil
1926
5 diciembre 1926 Desolación – Leal
1927
6 febrero 1927 El hermano Brumal – La virgen de los deseos – Suerte loca
20 marzo 1927 Juguete de los hombres – Tenorio a la fuerza
9 abril 1927 Por que aman las mujeres
17 abril 1927 Paraíso envenenado – Rostros infantiles
7 mayo 1927 La bestia del mar
14 agosto 1927 El General (Búster Keaton) – Estella Dallas
25 diciembre 1927 Variete
1928
25 marzo 1928 A caza de fortuna
28 noviembre 1928 La última orden
1929
9 febrero 1929 Rey de reyes
1930
16 febrero 1930 ¡Volga! ¡Volga!
ANEXO 2:
1920
Mes / Lugar exhibición Teatro Calderón Salón Azul
Marzo 10 36
Junio 39 39
1921
Mes / Lugar exhibición Teatro Calderón Salón Azul
Febrero 20 28
Abril 10 23
Mayo 11 15
Junio 7 15
Septiembre 10 15
Noviembre 4 3
Referencias bibliográficas
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hasta la llegada del cinematógrafo". En: AAVV. Un art de d'espectres: màgia i
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MARCY, Lorenzo J.: The Sciopticon manual, explaining lantern projections in general and
sciopticon in particular. Filadelfia: James A. Moore, Printer, 1877.
Magic lanterns and stereopticons. Chicago: Empresa Montgomery Ward & Co, 1880
Periódicos y revistas
____________________________
*
Daniel C. Narváez Torregrosa (Las Palmas, 1968) es Doctor en Historia del Arte por la Universidad
de Murcia. En la actualidad es profesor de Narrativa Audiovisual en el Grado en Comunicación
Audiovisual de la Universidad de Burgos. Con anterioridad ha sido profesor en el Centro de Estudios
Superior Ciudad de la Luz (Alicante) y en la Universidad Autónoma de Zacatecas (México). Es
especialista en Historia y Estética del Cine, ha impartido diversos cursos de historia, técnica y
lenguaje cinematográfico en México, Colombia y República Checa. Ha publicado numerosos
artículos en revistas nacionales e internacionales sobre estas materias. Igualmente ha coordinado
diversos libros entre los que destacan: Los inicios del cine. (2004); Historia y cine (2006), La derrota del III
Reich. A través del cine (2009) y Marín & Vaillard. Pioneros de la industria cinematográfica y su época (2014).
Sus líneas de investigación se centran en las relaciones historia y cine, con especial atención a los
orígenes del cine y los espectáculos precinematográficos. E-mail: [email protected]
Abstract: While cosmopolitanism in silent Mexican film has been accurately explained as mimesis of
European and US models, this article examines the implications of one aspect of the cosmopolitan
aesthetic, the dominance of whiteness, for the film’s representation of Mexican national identity. We
analyse the film Tepeyac (1917) in order to illustrate how its portrayal of ideal Mexican citizenship
through the privileging of whiteness is tied to dynamics rooted in coloniality, eurocentrism, and the
local racial formation. In this way, the article suggests that an analysis of Tepeyac can form part of a
larger discussion regarding the dominance of whiteness in Mexican film as a local phenomenon that
is related, but not identical to, the privileging of whiteness in Hollywood.
Key words: race, whiteness, nationalism, Mexico, Tepeyac
___________
___________
Introduction
A
ccording to Paul Schroeder, silent film production in Latin America can be
divided into three chronological phases: “1) actualities (1897-1907), (2) proto-
narrative cinema (1908-1915), and feature narrative cinema (1915-1930).”1 With
respect to Mexican film production during the latter phase, Ana López has noted that
multiple factors contributed to a turn toward fictional narrative in the style of French
film d’art. Films produced in Mexico at this time largely avoided the revolution and the
revolutionary documentary due to the political restrictions introduced by the Carranza
government and because there was a desire to better the image of Mexico abroad, which
had been damaged because of the revolution and Hollywood’s portrayal of the country.2
López also informs us that the popularity of Italian melodrama had a significant imprint
on Mexican production at this time.3
It is with an understanding of this context that we can approach the film Tepeyac (José
Ramos, Carlos E. González and Fernando Sáyago, 1917), the only feature-length title
successfully completed and exhibited by the ephemeral production company, Colonial
Film.4 The film consists of a frame narrative that tells the story of the romantically
involved Mexico City dwellers, Carlos Fernández and Lupita Flores, and a lengthy
flashback to the colonial period that presents the story of the Virgin of Guadalupe. The
film begins with Carlos and Lupita enjoying a loving and wholesome courtship until
Carlos receives an important mission from the president, which requires him to travel
abroad. Before departing, Carlos pays a visit to Lupita, who gives him a medal of the
I would like to thank the individuals at the Filmoteca at the Universidad Nacional Autónoma de
México who facilitated my research there, especially Ángel Martínez. I am grateful to Laura Podalsky
and Fernando Lima e Morato for their help in the revision of this article, and also thank the two
anonymous reviewers for their useful criticism of a previous version. I would like to express my
gratitude to Laura Isabel Serna for her guidance and suggestions. Responsibility for the errors and
limitations of the text is mine alone.
1
SCHROEDER, Paul A. "Latin American Silent Cinema: Triangulation and the Politics of Criollo
Aesthetics". In: Latin American Research Review. Nº 43.3, 2008, p.40.
2
LÓPEZ, Ana. "Early Cinema and Modernity in Latin America". In: Cinema Journal Nº 40.1, 2001,
p.60.
3
LÓPEZ, Ana. Ibid.
4
DE LOS REYES, Aurelio. Cine y sociedad en México (1896-1930), Vol. I. México: UNAM, 1996, p.227.
Virgin of Guadalupe to keep him safe during his journey to war-torn Europe. After his
departure, the already inconsolable Lupita is further devastated when the local
newspaper announces that a German submarine has sunk the French ship Carlos was
sailing on. Not knowing the fate of her beloved, Lupita turns to her image of the Virgin
of Guadalupe and prays for Carlos’ safety. Because she is unable to sleep later that night,
Lupita’s mother advises that she read the story of the Virgin of Guadalupe. At this point,
the film shifts to a lengthy flashback that narrates the apparition of the Virgin to Juan
Diego, beginning with unsettled animosity between the conquistadors and the local
indigenous population, and ending with the revelation of the image on Juan Diego’s
ayate (garment made of local fibers) and the recognition of the apparition site as holy
ground by colonial religious authorities. The film then flashes forward as an exhausted
Lupita falls asleep after her long reading. She awakens to the happy news (via telegram)
that Carlos is safe and sound. When he returns to Mexico and visits Lupita, her mother
suggests that they visit the Basilica of Our Lady of Guadalupe. While at the religious site,
Carlos and Lupita explore the surrounding area, occasionally interacting with
merchants. The film ends as they reach the top of the Tepeyac Hill, proclaiming their
distinct investments in the tradition of the Virgin of Guadalupe, and affirming their
mutual love for each other through a kiss that is mentioned in the intertitle, but not
visually presented on-screen.
Scholars have differed slightly on how to categorize the film. Aurelio de los Reyes has
suggested that Tepeyac can be understood as an offshoot of historical films, and has
highlighted the film’s nationalist intention. 5 Approaching it from a transnational
perspective, Paulo Antonio Paranaguá has seen the film as part of a religious subgenre
alongside Canção da primavera (Cyprien Ségur e Igino Bonfiolo, Brasil, 1923) and Los
Milagros de la Divina Pastora (Amábilis Cordero, Venezuela, 1928).6 He has also called
attention to the film’s eclectic nature; while the flashback portion tends toward religious
and nationalist films, the final sequences at the basilica are a semi-documentary.7
5
DE LOS REYES, Aurelio. Ibid.
6
PARANAGUÁ, Paulo Antonio. Tradición y modernidad en el cine de América Latina. Madrid: Fondo de
Cultura Económica de España, 2003.
7
PARANAGUÁ, Paulo Antonio. p. 60.
Beyond the issue of classification, analyses of the film have shed light on its richness for
evidencing diverse aspects of early 20th century Mexican society. Emilio García Riera
has observed the film’s combination of religion and patriotism.8 James Ramey has
further explored this connection showing that the film is indicative of the negotiations
that anticlerical revolutionary leadership was willing to make, given that they were faced
with a predominantly Catholic population.9 According Paranaguá’s reading, the film
aims to render the tradition of the Virgin of Guadalupe as both thoroughly national and
modern. He specifies that Tepeyac modernizes tradition, not in the sense of modifying it
substantially, but through updating it with contemporary paraphernalia, such as modes
of transportation (the train Carlos travels on) and communication (the telegram he
sends to Lupita).10 Also reflecting on the national question, David M. J. Wood has
suggested that by linking the events in the colonial sequences and the modern frame
narrative, the film presents the nation as a historical reality.11 Wood also posits that
Tepeyac presents religious tradition as a refuge from the uncertainty of modernity.12
Expanding on the question of modernity, Laura Isabel Serna has read the film as an
attempt to produce a more acceptable version of contemporary Mexican femininity
through the character of Lupita, who is in the midst of the modern urban environment
yet retains her Catholic piety and traditional gender role.13 Serna also highlights how the
film promotes a notion of citizenship that hinges on heterosexuality.14 Inspired by
Paranaguá’s proposal to view Latin American film in relation to US, European, and local
processes, Paul Schroeder argues that the film displays a decidedly criollo aesthetic and
world view, which result from early Latin American cinema’s desire to insert “the young
8
GARCÍA RIERA, Emilio. Historia del cine mexicano. México: Secretaría de Educación Pública, 1986, p.
41.
9
RAMEY, James. “La resonancia del exilio y la conquista en el cine indigenista mexicano”. In: Claudia
Arroyo, James Ramey, Michael Schuessler (Eds.). México imaginado: Nuevos enfoques sobre el cine
(trans)nacional, México D.F.: CONACULTA y Universidad Autónoma Metropolitana, 2011, pp. 124-125.
10
PARANAGUÁ, Paulo Antonio. pp. 44-45.
11
WOOD, David M. J. “Cine mudo, ¿cine nacional?” In: Claudia Arroyo, James Ramey, Michael
Schuessler (Eds.). México imaginado: Nuevos enfoques sobre el cine (trans)nacional, México D.F.:
CONACULTA y Universidad Autónoma Metropolitana, 2011. pp. 29-51.
12
WOOD, David M. J. pp. 32.
13
SERNA, Laura Isabel. Making Cinelandia: American Films and Mexican Film Culture before the Golden
Age. Durham: Duke University Press, 2014, pp. 140-143.
14
SERNA, Laura Isabel. p. 143.
republics into a Euro-American modernity that was at times liberal and at times
conservative (the two principal ideologies of the ruling classes), but always patriarchal,
heteronormative, and ethnoracially whitewashed.”15
I believe that by approaching Tepeyac through this line of inquiry, an analysis of the film
can serve as an opportunity to reflect on the privileging of whiteness throughout
15
SCHROEDER, Paul A. "Latin American Silent Cinema: Triangulation and the Politics of Criollo
Aesthetics". In: Latin American Research Review, Nº 43.3, 2008, pp. 35-38.
16
PARANAGUÁ, Paulo Antonio. Ibid.
17
QUIJANO, Aníbal. “Coloniality of Power, Eurocentrism, and Latin America”. In: Nepantla: Views from
the South 1, no. 3, 2000, pp. 553-80.
18
MORAÑA, Mabel, Enrique D. Dussel, and Carlos A. Jáuregui. Coloniality at Large: Latin America and
the Postcolonial Debate. Durham: Duke University Press, 2008. pp. 2,17.
19
MORAÑA, Mabel, Enrique D. Dussel, and Carlos A. Jáuregui. Ibid.
20
SHOHAT, Ella, and Robert Stam. Unthinking Eurocentrism: Multiculturalism and the Media. New York:
Routledge, 1994, p.1.
narrative Mexican film history. For while it is true that events such as the Mexican
revolution, its aftermath, and the crash of 1929 contributed to the qualitative difference
between silent cinema and the subsequent studio cinema in Latin America,21 it is also
true that the privileging of whiteness is not an aspect of narrative Mexican filmmaking
that changed significantly.22 Tepeyac explicitly represents the main white Mexican couple
as an aspirational model for the nation, as many other films will later do either implicitly
or explicitly.23 In this way the film, like much of Mexican cinema, affirms the desirability
and preference for white identity, much in the way Franz Fanon has argued that
historical narratives and comic books did in his native Martinique during the early 20th
century.24
Whiteness in Mexico
A word must be said about the contextual nature of the term “whiteness” that I use
throughout the text. Michael Omi and Howard Winant’s concept of racial formation, a
historically and socially situated project within which human bodies and social structures
are represented and organized,25 allows us to appreciate the unavoidably contextual nature
of racial categories. In post independence Mexico, the positive valorization of whiteness
can be understood as a simplification and reconfiguration of colonial racial hierarchies
within the context of the pressing needs of nation building.26 After independence, “indian”
was eliminated as a legal category, however the term came to be used to connote a
combination of material poverty and backwardness.27 Liberals believed that many aspects
of indigeneity needed to be overcome if Mexico’s inhabitants were to become true national
21
SCHROEDER, Paul A. p. 39.
22
RAMÍREZ BERG, Charles. Cinema of Solitude: A Critical Study of Mexican Film, 1967-1983. Austin:
University of Texas Press, 1992, p.57.
23
TIERNEY, Dolores. Emilio Fernández: Pictures in the Margins. Manchester: Manchester
University Press, 2007. pp. 86-92.
24
FANON, Frantz. Black Skin, White Masks. New York: Grove Press, 1967, pp. 146-147.
25
OMI, Michael, and Howard Winant. Racial Formation in the United States: From the 1960s to the 1990s.
New
York: Routledge, 1994, p.126.
26
LOMNITZ-ADLER, Claudio. Exits from the Labyrinth. Berkeley: University of California Press, 1992,
pp. 263-280.
27
LOMNITZ-ADLER, Claudio. pp. 276.
citizens,28 and degrees of social whitening were possible through a combination economic
improvement and acculturation. 29 By the late 19th century, although the notion of
whiteness had changed significantly since the colonial period, by and large it continued to
be the only condition in which material wealth and high status could be enjoyed together.30
Its positive meaning was further enforced when progress came to be understood as
attaining the level of development of the United States or Europe, and became an explicit
national goal. 31 This meant that through the post revolutionary period, whiteness
continued to be a Mexican ideal, which is reflected in the official post revolutionary
ideology that incorporates aspects of indigeneity symbolically and exalts mestizaje 32 but is
in effect more heavily invested in non-indigenous culture, institutions, and traditions.
This social history results in a paradoxical reality elucidated by Claudio Lomnitz-Adler in
the following passage:
Mexico is a society where Indian ancestry has been proudly acknowledged. On the other side, it
is a society that clearly values whiteness as both a status symbol and as an aesthetic. Moreover,
as opposed to racism in the United States, where blackness is marked (negatively) and
whiteness claims the majority position, in Mexican racism it is whiteness that is marked
(positively) and brownness claims the unmarked majority position.33
28
CASTELLANOS GUERRERO, Alicia. “Para hacer nación: discursos racistas en el México
decimonónico”. In: Gómez Izquierdo, José Jorge (Ed.). Los caminos del racismo en México. Mexico D.F.:
Plaza y Valdés, 2005. pp. 89-116 and LOMNITZ-ADLER, Claudio. p. 274.
29
Knight, Alan. “Racism, Revolution, and Indigenismo; Mexico, 1910-1940”. In: Richard Graham (Ed.)
The idea of race in Latin America, 1870-1940. Austin: University of Texas Press, 1990, pp. 71-113.
30
LOMNITZ-ADLER, Claudio. Ibid. Alan Knight has noted that upwardly mobile exceptions to this
rule, such as Porfirio Diaz, underwent a discursive whitening of their social identity after rising to
prominence, which can be observed in how different historians described his ethnic origin (p. 73).
This illustrates that while the racial formation of the 19th century had evolved from that of the colonial
era allowing for the participation in elite economic and political circles of those who had been
previously excluded, it still required a discursive negotiation of their identity that would aligned
them with whiteness.
31
LOMNITZ-ADLER, Claudio. pp. 274-276.
32
LOMNITZ-ADLER, Claudio. pp. 278-279.
33
LOMNITZ-ADLER, Claudio. p. 280.
As Shohat and Stam have shown, a film’s eurocentrism can more convincingly be
brought to light through formal analysis.36 It is only through close textual analysis
that we can identify how the film uses its specificities as a visual medium
to contribute to a larger discursive framework. In this vein, my examination of
Tepeyac will be carried out with the purpose of illustrating the ways in which it
privileges whiteness and promotes it as an ideal for Mexican national identity. An
exploration of the film’s representation of indigeneity will be central to the
interpretation of Tepeyac that is presented here.
34
DYER, Richard. White. London: New York: Routledge, 1997, pp. 3-12.
35
TIERNEY, Dolores. Ibid.
36
SHOHAT, Ella, and Robert Stam. Unthinking Eurocentrism: Multiculturalism and the Media. New York:
Routledge, 1994, p. 208.
Its force as an effective nationalist and historical national narrative is rooted in its linking of
two time periods: the mythical past of Juan Diego, an Indian whose faith in the Virgin who
appears to him on the hill of Tepeyac allows for the incorporation of his race (supposedly
barbarous) into criollo civilization, and the present, which makes the story relevant the
contemporary Mexican public.40
37
RAMEY, James. pp.127.
38
PARANAGUÁ, Paulo Antonio. Ibid.
39
In La aventura del cine mexicano en la época de oro y después, Jorge Ayala Blanco observes that the
representation of indigeneity in Mexican film has often been conditioned by “middle class ideology”
and the political rhetoric of the moment (p. 145). Although he does not mention Tepeyac specifically,
he observes the importance of indigenismo for the elaboration of a patriotic discourse immediately
following the revolution (Ibid). Clearly, Tepeyac’s representation of indigeneity in the colonial period
is conveyed for the purpose of rearticulating a specific proposal for postrevolutonary national
identity.
40
“Su fuerza como una eficaz narrativa histórica nacional y nacionalista radica en su vinculación de
dos tiempos: el tiempo pasado y mítico de Juan Diego – un indio cuya fe en la virgen, que se le
aparece en el cerro del Tepeyac, permite la incorporación de su raza (supuestamente bárbara) a la
civilización criolla- y el tiempo presente que vuelve relevante la historia para un público del México
The importance of the modern plot and its white urban characters is further made
explicit through their sentimentalization via the melodramatic mode. The frame
narrative within which the colonial account is inserted hinges on the separation of the
couple and the anguish it causes for Lupita. Her pain is underlined not only through
expressive gesturing during sustained medium shots, but also through the hyperbolic
language in the intertitles that describe her state. For example, upon Carlos’ departure,
the following text dramatizes Lupita’s condition “Carlos’ voyage has caused a shadow of
incurable sorrow to descend upon the happy life of his beloved.”41 The extreme despair
conveyed here is contrasted by the ecstatic joy Lupita experiences when she later receives
a telegram from Carlos notifying her that he is safe and en route to Mexico: “The
morning’s first ray of sunshine brings a ray of happiness to the afflicted woman”42 and
“With her heart overflowing with joy, Lupita prays at the feet of the image to which she is
devoted.”43 Although some intertitles describe Juan Diego’s modest material conditions
and suggest that the Spanish captured by the indigenous meet an unfortunate fate, they
do not dramatize any of the colonial characters’ emotional experiences in the same depth
or complexity that occur with Lupita or her counterparts. This device elicits greater
emotional investment in the contemporary Mexican national subjects and not with the
historically distant representatives of pure indigeneity or hispanicity. However, the
national subjects towards whom the film foments a sense of endearment also happen to
be white urban Mexican characters. Therefore, the film aims to generate identification
and emotional attachment to the national, but the representation of the national is
significantly skewed toward whiteness, which is in turn indicative of the persistence of
coloniality. In this way, the film mobilizes affect to support a vision of national identity
that privileges whiteness as an ideal, and can be placed within the tradition of
melodramatic films that, as Ana López has indicated, play a role in creating negotiated
proposals of Mexican national identity.44
contemporáneo” (WOOD, David M. J. pp. 31-32). Unless otherwise noted, all translations from
Spanish to English are my own.
41
“El viaje de Carlos puso sobre la risueña vida de su novia la sombra de una pena incurable”.
42
“El primer rayo de sol de la mañana, trajo a la apesarada novia un rayo de alegría”.
43
“Y con el corazón desbordante de gozo, Lupita reza a los pies de la imagen de su devoción”.
44
LOPEZ, Ana. “Tears and Desire: Women and Melodrama in the ‘Old’ Mexican Cinema”. In: King,
John, Ana M. López, and Manuel Alvarado (Eds.). Mediating two worlds: cinematic encounters in the
Americas. London: BFI, 1993, pp. 152.
Lupita is ecstatic with joy upon hearing that her beloved is safe.
Courtesy Filmoteca UNAM.
The film’s projection of a whitened ideal for the nation is reinforced by the ambivalent
representation of indigeneity in the colonial era. At the beginning of the colonial
sequence, the spectator is shown indigenous characters capturing a Spanish
conquistador, and taking him to a cave to be sacrificed to the goddess Tonatzin. The
intertitles that accompany these actions cast them in a negative light by associating
them with vengeance, (“The conquered race does not waste the chance to take revenge
on a white man for the humiliations they have suffered”45), and establishing the
conquistador as victim, (“The Indians preserve the ancient practice of sacrificing
enemy prisoners and take a victim for Tonatzin.”) 46 Although the first intertitle
mentioned does suggest that the indigenous have suffered injustices 47 , implying
mutual aggression, it is significant that what is presented on screen for the spectator
to witness is violence on the part of indigenous people, in contrast to merely narrating
Spanish aggression through text. The indigenous are further discredited when pious
adherence to Catholicism is presented as the only way for conqueror and conquered to
live peacefully, effectively casting their traditional religion in an unfavorable light.
Despite the later recognition of Juan Diego’s piety, overall the colonial episode presents
an ambivalent view of indigeneity as a potentially threatening reality that must be
ordered and guided through western influence.
Beyond the emotional and narrative privileging of the 20th century cosmopolitan
couple as representative of the Mexican ideal in the present, the film reinforces the
association between whiteness and the national in another significant way: through
the whitening of the Virgin of Guadalupe herself. The film explicitly establishes the
Virgin as a national icon with an opening quote by the nineteenth-century Mexican
author, Ignacio Altamirano: “The day that the virgin of Tepeyac is not worshipped in
this land, it is certain that not only will the Mexican nation have disappeared, but even
45
“La raza conquistada no desaprovecha la ocasión de vengar en un blanco las humillaciones
sufridas”.
46
“Los indios conservaban la vieja práctica de sacrificar prisioneros enemigos y llevan una victima
para Tonatzin”.
47
RAMEY, James. pp. 128.
the memory of those who live in Mexico today…all consider her an essentially Mexican
SYMBOL.”48
48
“El día en que no se adore a la virgen del Tepeyac en esta tierra, es seguro que habrá desaparecido,
no solamente la nacionalidad Mexicana, sino hasta el recuerdo de los moradores de la México
actual…todos la consideran como un SIMBOLO esencialmente mexicano” (emphasis in the
intertitle).
49
One possibility for the absence of the mention of the Virgin’s indigeneity is the fact that it would
have been common knowledge for the spectators, and therefore considered unnecessary to include
in the intertitles. However, this does sufficiently explain why Juan Diego is consistently marked as
indian while she is not because Juan Diego’s indigenous identity is as well know in Mexico as the
Virgin’s.
50
“Los mexicanos adoran a la Virgen de consuno: los que profesan ideas católicas, por motivos de
religión; los liberales, por recuerdo de la bandera del año 10; los indios, porque es su única diosa; los
extranjeros por no herir el sentimiento nacional; y todos la consideran como un SÍMBOLO
esencialmente mexicano”
align her with Europeanness. However, the point remains that the recuperation of
indigeneity for explicit national purposes in the film requires a degree of whitening,
resulting in a Virgin who is theoretically but not perceptibly indigenous. Looking at the
film as a whole, we can observe that though the cosmopolitan aesthetic of the
melodramatic narrative may be derived from foreign models, in representing the white
Mexican couple as the ideal of the Mexican nation and the whitening of its icons, the film
participates in upholding whiteness as an ideal for the nation.
Beatriz de Córdova, the actress who plays the part of the Virgin of Guadalupe.
Courtesy Filmoteca UNAM.
(The Mexicans worship a Virgin of Common Consent: those who profess Catholic ideas, for reasons
of religion; the liberals, in memory of the flag of ‘10; the Indians, because she is their only goddess;
the foreigners in order not to offend national pride; and all consider her an essentially Mexican
SYMBOL) [emphasis in the intertitle].
Juan Diego’s aunt, an example of Tepeyac’s representation of indigenous womanhood in the colonial
era.
Perhaps unwittingly, the film calls attention to the fictional nature of its representation
of the national. In the portion of the film that Paranaguá has described as “a semi-
documentary,”51 Carlos and Lupita visit the Basilica of Our Lady of Guadalupe and
explore the surrounding areas. In these scenes the actors are shot walking through
groups of non-professional actors who ostensibly happened to be there that day. Their
behavior suggests that they were not included in the film as fictional characters, but as
authentic street performers and passersby captured in the film´s closing mise en scene.52
51
PARANAGUÁ, Paulo Antonio. p. 60.
52
It is possible that the filming of these people can be understood as an example of the early cinema
practice of advertising a future filming in a public space in order to promote the attendance of non-
actors at the filming and exhibition of the film (see de los Reyes). Although we do not know whether
the filmmakers included these people intentionally or unintentionally, the shots nonetheless make
plain a contrast between narrative’s characters and the non-actors.
Few of them notice the camera. Those that do notice it, stay still and stare at the camera
directly. The majority simply walks by, going about their business. They appear on screen
for only a few seconds and are not given any significance in the narrative. The intertitles
written for the film do not refer to these people directly in any way.53
As the couple moves through the crowd, the contrast between the comfortable white
cosmopolitans of the narrative and the non-actors is blatant. Carlos and Lupita are dressed
handsomely.54 He sports a fine suit and Fedora, while she shows off an extravagant hat and
fur garment. The non-actors wear much more humble clothes. Women wear long peasant
skirts and rebozos while men have on simple white trousers, basic shirts and sombreros. The
difference in clothing highlights the contrast in the economic status of the narrative
representatives of Mexico, and that of the masses of incidentally filmed passersby shown
throughout the sequence. Not coincidentally, Carlos and Lupita also stand out because of
their whiteness. In this sequence we see a visual manifestation of the contrast between
nonwhites and what Guillermo Bonfil Batalla has termed, “el México imaginario,55” (the
imaginary Mexico). For him, this term describes, “…a country of the minority organized
according to western norms, aspirations and objectives that are not shared (or are shared
from another perspective) by the rest of the nation’s population; that sector which
incarnates and propels the dominant project of our country.”56 Thus despite the film’s
53
While we can contemplate the possibility that the opening quote by Altamirano (see footnote 50)
gestures toward the racial variety that is visible in this shot, I believe the connection between the text
and this particular shot is tenuous as best. As James Ramey notes on pages 126-127 of his article, the
quote by Altamirano is a passage from his 1884 text, Paisajes y leyendas. Tradiciones y costumbres de
México, and was written to describe early 19th century Mexican society. Furthermore, the spectator is
not explicitly incited to make the connection between that text and this shot because of the lengthy
amount of time (practically the entire duration of the film) that passes between the intertitle
containing the quote and the image discussed here.
54
María Gabriela Sandoval Méndez has also observed the elegance of the characters’ clothing in this
sequence, and has suggested that it is one example of the ways in which several early Mexican films
endeavored to create a civilized image of Mexican society (see Sandoval Méndez pp. 92). I am
grateful to Laura Isabel Serna for pointing me toward this source.
55
BONFIL BATALLA, Guillermo. México profundo. Una civilización negada. México DF: Grijalbo, 1990, p.
10.
56
BONFIL BATALLA, Guillermo. Ibid. “…un país minoritario que se organiza según normas,
aspiraciones y propósitos de la civilización occidental que no son compartidos (o lo son desde otra
perspectiva) por el resto de la población nacional; a ese sector, que encarna e impulsa el proyecto
dominante en nuestro país, lo llamo aquí el México imaginario”.
establishment of the white upper middle class as the national ideal, through the basilica
sequences a more candid glimpse of Mexican material and social reality seeps into the film,
effectively unsettling the diegetic narrative’s aspirational and misleading view of Mexico.
Given the historical fact of the conquest and the mixture among European and
indigenous populations, the film’s desire to present Mexico as modern and white
requires a managing of the country’s ethnic reality. The film recognizes the presence of
Indians in the “epic age of the conquest,57” however, ethnic variety in contemporary
Mexico is only marginally represented at the very end of the film in its basilica sequence.
In this way the film enunciates a particular discourse regarding the Mexican nation,
implying that it begins with an encounter between distinct groups, and concludes with a
homogenous modern Mexican nationhood in the present. This ideological goal, evident
in the frame narrative that attempts to “contain” the place of the indigenous, is severely
57
“los tiempos épicos de la conquista”.
problematized by the fact that in the basilica scenes ethnic (and socioeconomic)
difference is plain for the spectator to see, leaving him/her to question what exactly the
basis of national homogeneity might be. Clearly, the film posits that the adoration of the
Virgin of Guadalupe is a cultural characteristic that performs this task.
The stark contrast between the idealized protagonists of the narrative and the crowds
of people filmed at the basilica is not the only way in which the film Tepeyac reveals the
constructed nature of the raced national discourse it projects. At specific moments in
the film, ethnically marked subjects display an awareness of the delimited space that
this kind of national discourse allocates to indigeneity. Because the insistence on
common nationhood in the present requires a recognition of difference only in the
past, there is, as discussed above, a clear ethnic marking of the conquest era
indigenous characters through phenotype, costume, and intertitles. Interestingly, the
desire to emphasize indigeneity as a historical reality is evident even in a non-diegetic
portion of the films. Just after the quote by Ignacio Altamirano, several of the film’s
actors are presented by their real names in front of a curtain, drawing on the theatrical
tradition.58 First Beatriz de Córdova, who plays the Virgin of Guadalupe, is presented.
When she appears on the screen in a medium close up, she moves her head very slowly
from right to left (from the spectator’s perspective), gracefully bowing her head when it
reaches the center. She repeats this action as her head moves from left to right. Her
intentionally stylized demeanor befits the character she plays, and in this way she
presents herself as the character. Second, Pilar L. Cotta, the actress who plays Lupita, is
presented. In her medium close up she initially appears with her back almost entirely
turned toward the camera. She slowly and coquettishly turns her body so that her left
shoulder is facing the camera, revealing the extravagant hat and fur that Lupita wears
in the final sequences of the film. Here too, the actress is presented as the character she
will dramatize. However, when Gabriel Montiel, the actor who plays Juan Diego, is
presented something very different happens. The actor is shown emerging from the
curtain in a fitted black suit, complete with a waistcoat, crisp white shirt, tie, and
58
PARANAGUÁ, Paulo Antonio. p. 45.
handkerchief. His hair is parted down the middle and combed back. His gaze is sober
and focused, and he quickly turns his head from right to left, and then from left to right
in a neutral stance. His eyes turn as if to look at something located off camera, above
and to his left. There is a cut, and we then see Gabriel Montiel remerge from the
curtain dressed as Juan Diego, wearing a simple white tunic that leaves his chest semi-
exposed. The garment is tied with a thin cord at the waist, and over it he wears a
meager cloak. His hair is down and disheveled, and he has a headband made of cloth
around his head. Beyond his change in costume, his demeanor is entirely different
than before. He stands with his shoulders slumped downwards and with his hands
crossed over each other at his lower chest, denoting humility and submissiveness
which he emphasizes by bowing with his head and shoulders. His eyes are squinted
and wander aimlessly as his mouth is slightly open, conveying simple-mindedness. He
bows his head for a second time visually reiterating his docility.
Drawing on the work of Frantz Fanon and W.E.B. Dubois, Fatimah Tobing Rony has
employed the term, “the third eye,” in order to describe the ability of raced subjects to
perceive how they are othered within dominant discourses, and particularly through
forms of visual representation. I believe that the double presentation of Gabriel Montiel,
the only actor with whom this occurs in the film, is indicative of seeing with the third
eye, and betrays an anxiety concerning modern Mexican national homogeneity in the
present. Clearly there is an effort to assert a separation between the actor as a modern
subject, and the actor in the role of the indigenous character he plays,59 which is created
through an explicit change in dress and body language. This emphasis implies a lack of
confidence in the spectator’s ability to interpret Montiel’s rendition of Juan Diego as
artifice, most probably because of the actor’s phenotype, which marks both Juan Diego’s
and Montiel’s indigenous ancestry. We cannot know whether his double presentation
was the actor’s decision, or if the filmmakers insisted on it. Given that both the narrative
59
RAMEY, James. pp. 129.
60
SCHROEDER, Paul A. pp. 35-39.
61
“Entre las vendimias de la clásica feria”.
62
RAMEY, James. pp. 132.
this way too, the film manages the hints of indigenous ethnicity in order to preserve and
project the ideal of a white modern nation.
Conclusion
Here, I have carried out a close reading of Tepeyac in order to illustrate how the film
privileges whiteness as the model for Mexican citizenship and national identity in the
early 20th century. While Tepeyac’s aesthetics have accurately been identified as
cosmopolitan, I suggest that one aspect of this cosmopolitanism, the dominance of
whiteness, has important implications in the Mexican context. In the film whiteness is
made to be representative of the nation through the projection of Lupita and Carlos as
the ideal citizen-couple, and through the whiter representation of la Virgen de
Guadalupe herself. Furthermore, the film manages the visualizations of nonwhites by
locating them in the past, or at the margins of everyday modern life. In analyzing
Tepeyac, I have considered the film’s relevance within a broader conversation about
whiteness in narrative film and media in Mexico. Although the Mexican film industry
would change significantly in myriad ways, the fantasy of whiteness will persist through
time, not only because of mimesis, but because the positive valorization of the aspects
that were imitated depended on a still pertinent racial asymmetry rooted in coloniality.
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Mónica García Blizzard received her B. A. in Romances Languages (Spanish and Italian) and M.A.
in Italian Studies from the University of Notre Dame. She holds an M.A. in Latin American
Literatures and Cultures from The Ohio State University, where she is currently a PhD candidate in
the Department of Spanish and Portuguese. Her research focuses on race, gender, and national
discourses in Mexican film and visual culture. E-mail: [email protected].
Resumen: La primera película pornográfica se habría filmado en Argentina. Esta teoría −a la que
adhieren varios de los principales historiadores del género− sostiene que este país fue, además, un
centro neurálgico en la elaboración de films pornográficos durante el período silente. Esta
producción no se limitó, sin embargo, a películas de contenido sexual explícito sino que incluyó
también films eróticos que trascendieron la clandestinidad de los circuitos prostibularios,
alcanzando, en ocasiones, los más selectos cines comerciales del país. A pesar de los escasos ejemplos
conservados y de la exigua e incierta información que los circunda, en este trabajo intentamos
desentrañar algunos de los mitos y verdades que rodean los inicios de este cine en la Argentina.
Partiendo de una minuciosa investigación con fuentes fílmicas y extrafilmicas, proponemos un
recorrido por los tempranos hitos del género y de su siempre problemática relación con la censura,
que llevó a los directores vernáculos a buscar alianzas con las bellas artes, la literatura, el teatro e
incluso la ciencia para enmascarar las escandalosas temáticas abordadas. A medio camino entre la
lujuria y la alta cultura, entre el vaudeville y la educación, esta filmografía casi desconocida incluye
algunos de los films locales más curiosos e innovadores de este período.
Palabras clave: cine pornográfico, cine erótico, cine silente argentino, censura, El satario.
__________________
Cupido con cámara. Postal fotográfica, ca. 1917. Colección Andrea Cuarterolo
De acuerdo con Dave Thompson, autor de Black and White and Blue. Adult Cinema from the
Victorian Age to the VCR, los orígenes del cine están innegablemente ligados a lo obsceno,
ya que este medio fue concebido para “alentar el voyeurismo, el placer de mirar, un acto
que ya de por sí parecía indecente”.2 La investigadora Annette Michelson sostiene, por su
parte, “que el cuerpo femenino es el verdadero lugar de invención del cinematógrafo” y
1
LONDRES, Albert. Los misterios de la trata de blancas en Buenos Aires. Buenos Aires: Editorial El Ombú,
1932, traduccción del francés a cargo de Tirso Escudero. [Original en francés: LONDRES, Albert. Le
chemin de Buenos-Aires. La traite des blanches. París: Albin Michel Editeur, 1927], p. 132.
2
THOMPSON, Dave. Black and White and Blue. Adult Cinema from the Victorian Age to the VCR. Toronto:
ECW, 2007, p. 29
que este medio “estuvo marcado desde sus mismos orígenes por la inscripción del
deseo”.3 En efecto, desde los pioneros estudios de movimiento de Eadweard Muybridge,
con sus sensuales desplazamientos de mujeres y hombres desnudos, pasando por el
Kinetoscopio de Edison, sobre cuyos visores se agolpaban los espectadores para espiar a
la sugerente Fátima bailar con el vientre descubierto, hasta el cine de Méliès y su
escandaloso Après Le Bal (1897), donde su futura esposa Jeanne d'Alcy se desnudaba para
la cámara; el sexo y las novedosas imágenes en movimiento estuvieron íntimamente
ligados. Latinoamérica, no fue en este sentido ninguna excepción y, por el contrario,
muchos de los principales historiadores del género coinciden en señalar a esta región
como un centro neurálgico en la producción de films eróticos y pornográficos durante el
período silente. De acuerdo con el investigador Tom Dewe Mathews,4 la primera cámara
Edison que llegó a Brasil en la década de 1890 fue prontamente utilizada para rodar films
pornográficos aprovechando la ausencia de cualquier prohibición legal al respecto.
México también estuvo a la cabeza en la producción de este tipo de películas, sobre todo
durante el movimiento cristero (1926-29) que enfrentó a la Iglesia y el gobierno, y donde
estos films adquirieron una cierta connotación política. Recientemente, la Filmoteca de
la UNAM rescató unas 30 cintas pornográficas filmadas entre 1930 y 1950 que se
conservaron durante décadas en el sótano de un viejo cine de la Capital.5 Cuba, que en
este período comenzó a funcionar como una suerte de paraíso del pecado para la
burguesía norteamericana, fue también un punto de fabricación importante. Sin
embargo, la mayoría de los especialistas en el género sostienen que, en este temprano
período, fue Argentina la que encabezó la producción de cine porno en la región.
3
MICHELSON, Annete. “On the Eve of the Future: The Reasonable Facsimile and the Philosophical
Toy”, October , Vol. 29, 1984, p. 20.
4
MATTHEWS, Tom Dewe. Censored: The Story of Film Censorship in Britain. Londres: Chatto & Windus,
1994, p. 13.
5
El historiador Ángel Miquel ha investigado minuciosamente el negocio de la imaginería erótica y
pornográfica en el México de las primeras décadas del siglo XX, tanto en el campo de la fotografía
como del cine. Véase a este respecto MIQUEL, Ángel. “Imágenes eróticas femeninas en los años
veinte”, Entrecruzamientos. Cine, historia y literatura en México 1910-1960. México: Universidad Autónoma
de Morelos/Ficticia, 2015, pp. 9-26.
Eadweard Muybridge, Two nude women dancing a waltz (Dos mujeres desnudas bailando el vals) Ca. 1885
Las investigaciones más serias sobre arte erótico en las primeras décadas del siglo XX
surgieron del Instituto para la Ciencia Sexual de Berlín.6 Curt Moreck, su más reputado
especialista en cinematografía, escribió en 1926 en su Sittengeschichte des Kinos [Historia
moral del cine] que Buenos Aires fue, en la primera década del siglo XX, el principal centro
de producción de films pornográficos a nivel mundial.7 De acuerdo con el autor, el negocio
estaba en manos de alemanes que, sin obstáculos locales, filmaban estas películas para
exportarlas no sólo a su tierra natal sino también a zonas tan alejadas como Rusia, Francia,
los Balcanes, Sudáfrica o Inglaterra. Estos productores serían también los creadores de un
6
El Institut für Sexualwissenschaft (Instituto para la Ciencia Sexual) fue una institución privada y
sin fines de lucro creada en 1919 con el objetivo de fomentar el estudio de la sexología en Alemania.
Además de una biblioteca de investigación y un gran archivo, el Instituto contaba también con
divisiones médicas, psicológicas y etnológicas, y una oficina de información sobre el matrimonio y
temas sexuales. Era visitado por unas 20.000 personas cada año y llevaba a cabo unas 1.800 consultas
médicas. Los visitantes más pobres eran tratados de forma gratuita. El Instituto defendía la
educación sexual, la contracepción, el tratamiento de las enfermedades de transmisión sexual y la
emancipación de las mujeres y fue pionero mundial en la defensa de los derechos civiles y la
aceptación social para homosexuales y transgéneros. Estaba dirigido por el médico judío Magnus
Hirschfeld y luego del triunfo de los nazis en la década de 1930, el Instituto y sus bibliotecas fueron
destruidos como parte del programa nacional de censura. La quema nazi de libros en Berlín incluyó
los archivos del Instituto.
7
Curt (o Kurt) Moreck, seudónimo de Konrad Haemmerling, fue un escritor y periodista alemán que se
especializó en la historia social y cultural alemana. Para más información sobre sus investigaciones
sobre el origen del cine erótico en la Argentina vease MORECK, Curt. Sittengeschichte des Kinos [Historia
moral del cine]. Dresden: Paul Aretz Verlag, 1926 y MORECK, Curt. “Rosario, Der Steppenhafen.” En:
SCHIDROWITZ, Leo Sittengeschichte der Kulturwelt und ihrer Entwicklung in Einzeldarstellungen, Vol. 8:
Sittengeschichte des Hafens und der Reise [Historia social del puerto y el viaje]. Viena: Verlag für
Kulturforschung, 1930.
ingenioso sistema de contrabando que consistía en esconder las latas de película en la ropa
interior de las prostitutas internacionales que, de esta manera, evadían los controles
aduaneros y hacían llegar estos valiosos materiales a sus puntos de destino. 8 Esta
afirmación, tan ocurrente como incomprobable, es apenas una de las leyendas que
circulan en la historiografía sobre el tema, siempre ubicada a medio camino entre la
documentación científica y la tradición oral, entre la realidad y la fábula.
La leyenda cuenta también que la película pornográfica más antigua que ha sobrevivido
hasta nuestros días se habría filmado en la Argentina. Esta teoría, a la que adhieren varios
de los principales especialistas del género, sostiene que hacia 1907 se rodó el film El satario,
también llamado El Sartorio (probablemente una mala transcripción de El sátiro), un
cortometraje de contenido sexual explícito filmado en algún lugar de la ribera de Quilmes
o de Rosario. Si bien el mito sostiene que la única copia existente del film se encontraría
en manos de un coleccionista español −o canadiense según otros relatos−,9 lo cierto es que
la película está resguardada desde hace años en el Archivo Fílmico del Kinsey Institute,
cuyo catálogo asegura que fue filmada en Buenos Aires entre 1907 y 1912.10 En base a esta
copia11 y a la información que la acompaña, diversos investigadores han arriesgado, a lo
largo de los años, una serie de hipótesis sobre la procedencia y fecha de realización del
film, ninguna de las cuales está, sin embargo, claramente documentada. El investigador
Luke Ford, autor de The History of X: 100 Years of Sex in Film,12 por ejemplo, sostiene que el
film se rodó en 1907, adelantándose por un año a la primera película pornográfica datada,
la francesa El buen albergue (A L’Ecu d’Or ou la Bonne Auberge) de 1908. El historiador Joseph
8
MORECK, Curt. Sittengeschichte des Kinos [Historia moral del cine]. Dresden: Paul Aretz Verlag, 1926, p. 175.
9
Véase por ejemplo MORET, Natalia. “La primera vez”. En: Radar, 5 de diciembre de 2010 o
FERREIRÓS, Hernán. “La argentinidad al palo”. En: Radar, 12 de diciembre de 2004.
10
Se trata de una copia en 16 mm. de 320 segundos de duración. Cabe destacar que el mismo Kinsey
Institute cita como referencia en la ficha correspondiente a El Satario el texto de Morek
Sittengeschichte des Kinos [Historia moral del cine].
11
La copia del Kinsey Institute se difundió cuando, en la década de 1970, fue incluida en The history of
pornography, una compilación en VHS de antiguos films pornográficos editada por el sello
norteamericano Something Weird Video.
12
FORD, Luke. The History of X: 100 Years of Sex in Film. Amherst, NY: Prometheus Books, 1999, p. 14.
Slade, 13 por su parte, asegura que el film puede fecharse con cierta precisión en 1912 o 1913,
pues se trataba de una parodia del ballet L'après-midi d'un faune (La siesta de un fauno), que
había causado un verdadero revuelo durante su estreno en París en 1912 cuando Vaslav
Nijinsky, que bailaba el papel del fauno, representó en escena una masturbación simulada
sobre el pañuelo de una de las ninfas que escapaba a sus avances. En El Satario, en cambio,
el sátiro −al que algunos autores identifican también como el Diablo− consigue raptar a
una de las ninfas que lo seducen con su baile y, para deleite del público masculino al que
estaba destinado el film, practica con ella una serie de actos sexuales que son mostrados
gráfica y detalladamente. Según Slade, la película habría funcionado como una suerte de
homenaje de la gira de los ballets rusos por Sudamérica y de la boda del mismo Nijinsky en
Buenos Aires y estaba casi seguramente filmada por un alemán que operaba un estudio
fílmico en la Capital y realizaba estas películas con marineros y prostitutas del puerto de
Rosario para el mercado europeo.14 Slade fecha el film en 1912 o 1913 apoyándose en el
relato del periodista alemán Kurt Tucholski que, en 1913, vio en Berlín una función de
películas pornográficas en las que se incluía un film de temática muy similar a la de El
Satario y que le pareció encantador. Sin embargo, al revisar la descripción de la película que
Tucholski incluye en su crónica para la revista teatral Die Schaubühne, vemos que ésta no
coincide verdaderamente con lo mostrado en El Satario. El periodista relata de esta manera
su experiencia:
La pared era blanca. En varios lugares, un blanco platinado, frágil y errático, se iluminó de
manera vacilante. La función comenzó. Pero todos rieron. Yo también reí. Habíamos esperado
algo inaudito, desmesurado, pero en vez de eso se manoteaban juguetonamente un gatito y un
perrito en la pantalla. Quizás el exportador pegó esta escena previamente con el objetivo de
confundir a la policía –quién sabe. La película corría monótona, con el sonido golpeteando y sin
música; era escalofriante y no muy agradable. De repente, sin embargo, sobre la pantalla
irrumpió un sátiro, asustando a unas muchachas que chillaban y chapoteaban en las aguas de
un bosque. Bueno, después de todo, estaba decepcionado… Yo había llegado hasta aquí para ver
13
Véase SLADE, Joseph. “Violence in the Hard-Core Pornographic Film: A Historical Survey.” En: Journal of
Communication, Vol. 34, N° 3, 1984, pp. 148-63 y SLADE, Joseph. “Eroticism and Technological Regression:
The Stag Film” En: History and Technology: An International Journal, Vol. 22, N°1, 2006, pp. 27-52.
14
Slade basa su hipótesis sobre la existencia de este cineasta alemán en los testimonios aportados por
Curt Moreck en los dos libros ya citados. Sin embargo, Slade confunde la Isla Maciel con Rosario y
sostiene que este puerto se encontraba cerca del de Buenos Aires, cuando en realidad los separan más de
300 km. Véase nota al pie nro. 54 en SLADE, “Eroticism and Technological Regression: The Stag Film”, p. 46.
algo realmente obsceno. Un muy buen amigo me había traído. Dios sabrá de dónde sacó la
idea. Lo miré, y una admirable envidia se apoderó de mí: él tenía la capacidad, entre otras, de
gozar de estas cosas a fondo.15
Fotografías de Baron Adolf de Meyer del ballet L’Après-midi d'un faune, 1912-14. Izq: Lubov Tchernicheva
como la ninfa y Vaslav Nijinsky en el papel del Fauno. Der: Nijinsky sobre el pañuelo de la ninfa.
No hay lagos ni ninfas que chapotean en El Satario, lo cual hace pensar que Tucholski
podría estar refiriéndose en realidad a otro film, tal vez alguno producido entre 1906 y
1910 por la empresa vienesa Saturn Films, cuyo catálogo de películas eróticas o picantes
–generalmente breves historias con abundantes desnudos femeninos– incluyó varios
cortos de tema mitológico como Faun und Nixen (Fauno y ninfas, Johann Schwarzer
Austria, 1907).16 Eso explicaría también la decepción de Tucholski, que esperaba ver un
film escabroso y se encontró en la pantalla con algo bastante más naif.
15
TUCHOLSKI, Kurt. “Erotische Filme”. En: Die Schaubühne, Nro. 37, 11 de septiembre de 1913.
16
La Saturn Film fue una productora austríaca dedicada al cine erótico fundada por el fotógrafo
Johann Schwarzer con la idea de competir con la casa Pathé, cuyas scénes grivoises (escenas picantes)
gozaban de un rotundo éxito en la época. Para vencer a su rival francés, la Saturn Film comenzó a
incluir desnudos femeninos que se publicitaban con el término de Evakostüme o “traje de Eva”. Sin
caer nunca en la pornografía, la Satur Film desarrolló rápidamente un catálogo de temas eróticos que
iba de las escenas cotidianas a los sucesos mitológicos y las Natur Szenen (o escenas al aire libre),
íntegramente rodadas en exteriores. Para más información véase el ACHENBACH, Michael, Paolo
Caneppele y Ernst Kieninger. Projektionen der Sehnsucht: Saturn. Die erotischen Anfängen der
österreichischen Kinematographie. Viena: Film Archiv Austria, 1999 y ACHENBACH, Michael, Thomas
Ballhausen y Nikolaus Wostry: Saturn-Filme 1906-1910. Die erotischen Anfänge der österreichischen
Kinematografie. Viena: Film Archiv Austria, 2009.
Finalmente, otros investigadores, como Dave Thompson,17 sugieren que la película podría
haber sido rodada en Cuba en la década del 30 o en el México post-revolucionario, donde la
imagen de una joven teniendo relaciones con el demonio desafiaba escandalosamente las
fuertes raíces católicas. Por su sofisticación visual, durante un tiempo, el mismo Kinsey
Institute llegó a atribuirle el film a Sergei Eisenstein, sugiriendo que el director ruso lo
había realizado entre 1930 y 1932 durante su extensa estancia mexicana.18
Más allá de su lugar de origen y de su antigüedad, El satario es un film inusual por varias
razones y la primera de ellas es su inusitada inclusión de la violencia. Como sostiene Joseph
Slade, mientras que en el cine comercial de contenido erótico hay una frecuente vinculación
entre sexo y violencia, en el cine pornográfico temprano esto es sumamente extraño y la
sexualidad representada es generalmente consentida.19 El rapto y violación de la ninfa, si bien
está representada con una irónica gentileza, introduce en el film una temática infrecuente en
el género que, sin embargo, conecta al film con toda una tradición pictórica y literaria tanto
extranjera como local. En efecto, el rapto femenino surge desde la antigüedad como un motivo
básico del erotismo masculino, que prevaleció largamente en la plástica y la literatura
universal. “Se percibió la violencia del raptor como un resabio de animalidad”20 y el arte se
pobló de centauros, sátiros, faunos y toros viriles. En la Argentina del siglo XIX, esta temática
fue retomada y reconfigurada por pintores y escritores a través de la figura de la cautiva
blanca, secuestrada por el indio salvaje. Así, “el centauro se transformó en el jinete bárbaro [y]
los caballos lanzados a la carrera fueron atributo de guerreros que la civilización occidental
calificó de culturas inferiores y salvajes, a los que se atribuyó con frecuencia el rol de raptores
de mujeres”.21 En segundo lugar, y en estrecha relación con este punto, El satario difiere de
otros films de este género en su temática que, en este caso, es indudablemente más cercana
alta cultura que al material folclórico, las novelas baratas o los divertimentos de clase baja que
solían servir de base a este cine. Ya sea que se burle del ballet de Nijinsky o de la Letras y las
artes legitimadas, es evidente que el film no toma su inspiración de esa cultura popular, como
17
THOMPSON, op. cit, p. 88.
18
Según consta en una nota conservada en el archivo fílmico del Kinsey Institute. Véase SLADE,
“Eroticism and Technological Regression: The Stag Film”, nota al pie nro. 56, p. 46.
19
Véase SLADE, “Violence in the Hard-Core Pornographic Film: A Historical Survey”.
20
MALOSETTI COSTA, Laura. “Erotismo y violencia: el rapto”. En: AAVV. La seducción fatal.
Imaginarios eróticos del Siglo XIX. Buenos Aires: Museo Nacional de Bellas Artes, 2014, p. 69.
21
MALOSETTI COSTA, ibidem, p. 69.
Izq: Alexandre Cabanel, Nymphe et Satyr [Ninfa y sátiro], óleo sobre tela, 1860. Palais des Beaux-Arts de
Lille. Der: Angel Della Valle, La vuelta del malón (fragmento), óleo sobre tela, 1892, Colección MNBA
22
Véase SLADE, “Violence in the Hard-Core Pornographic Film: A Historical Survey”.
23
SLADE, Joseph. “Eroticism and Technological Regression: The Stag Film” En: History and Technology:
An International Journal, Vol. 22, Nro. 1, 2006, p. 34.
En efecto, uno de los primeros escritos de ese período que dan cuenta de la presencia de
un importante mercado de cine pornográfico en el país es de 1908, es decir tan sólo un
año más tarde de la fecha con que algunos investigadores datan El satario y por la que se
la considera hoy la película porno más antigua de la historia del cine. El mismo proviene
de la pluma del escritor y periodista español Rafael Barrett, que desarrolló gran parte de
su obra en América Latina (Paraguay, Argentina, Uruguay y Brasil).25 Con el título de “El
24
Véase MORECK, Sittengeschichte des Kinos, p. 176.
25
Huyendo de un escándalo de juventud en su país natal, Barrett llegó a la Argentina en 1903 y comenzó
a escribir para diversos periódicos de la Capital. Al año siguiente viajó a Paraguay para cubrir la
revolución liberal como corresponsal del diario argentino El Tiempo. Allí se conectó con la juventud
intelectual que participaban de la revolución y terminó por asentarse en el país, donde eventualmente
se casó y formó una familia. En 1908, luego del golpe militar del mayor Albino Jara en Paraguay, Barrett
(...) protesto contra el porno-cinematógrafo, cuyas vistas obscenas, toleradas por la policía, van
invadiendo las ciudades latinas, Buenos Aires, Madrid, París, Barcelona. Entendámonos:
protesto contra la publicidad. Los fenómenos del amor no deben hacerse públicos. El desnudo
mismo, si no es bello, es indecente, fuera de las mesas de disección. La belleza, como la ciencia,
atañe a la colectividad. Las carnes que se muestran al pueblo tienen la obligación de parecerse
al mármol. El arte salva el resto: las escenas de algunos libros de Zola, contadas por un burgués,
serían de un odioso cinismo. El estilo las limpia. (...) Si los modelos del cinematógrafo
pornográfico fueran Apolos y Venus, vacilaría en condenarlo. Por desgracia, sospecharéis qué
tipos lamentables se prestan a semejantes funciones...
La belleza es de carácter social: un estimulante cuya eficacia se multiplica con la presencia de la
multitud. El amor es individual y secreto: es lo único inadaptable a lo múltiple; es un vértice
que avanza solo. La belleza no tiene nada que ver con el amor. Las estatuas no se aman. No lo
necesitan. Admíralas y punto concluido. En cambio una mujer fea tiene doble derecho al amor;
el ideal se ha fatigado en transfigurarla. La fealdad se disuelve entre los brazos del amante:
en amor, como dice Nietzsche, el alma cubre el cuerpo. El público desaparece; las dos personas
indispensables a los misterios amorosos son todavía muchas: de ahí el afán que sienten de
confundirse en un ser. (...)
Imponer espectadores al amor es desnaturalizarlo. La verdadera voluptuosidad es púdica. Los
gérmenes se ocultan bajo tierra. Levantad los velos; exponed el santuario a la curiosidad
imbécil, y las generaciones futuras lo expiarán. Son los salvajes los que andan desnudos. El
vestido es el primer culto a la augusta delicadeza del amor. (...)
Apaga tu foco, cinematógrafo atrevido. Ante tus vergonzosos espectros los hombres se ríen. No
los invites a tal profanación. Si se ríen del amor, la muerte se reirá de ellos, y no los
perdonará.26
fue apresado como consecuencia de las denuncias sobre abusos y torturas que publicaba en el periódico
anarquista Germinal y se le desterró al Matto Grosso brasileño y finalmente a Montevideo. En Uruguay
se conectó rapidamente con las vanguardias intelectuales locales, pero, enfermo de tuberculosis,
decidió regresar a Paraguay en cuanto los caudillos de turno se lo permitieron. En un intento
desesperado de curación volvió a Europa, donde murió en 1910, a los 34 años de edad.
26
BARRETT, Rafael. “El porno cinematógrafo”, La Razón, 18 de diciembre de 1908. Republicado en
BARRET, Rafael. Moralidades actuales, tomo I. Montevideo: O. M. Bertani Editor, 1910, pp. 193-195.
Agradezco a Georgina Torello el dato sobre este texto temprano.
Hubo hace muchos años/en la Isla Maciel/ un turbio atracadero de la gente nochera/ ahí,
bajaba del bote la runfla calavera/ a colocar su línea y tirar su espinel/ Se llamaba ese puerto: El
Farol Colorado/ Y en su atmósfera insana, en su lodo y su intriga/ floreció "la taquera de la lata
en la liga"/ de camisa de seda y de seno tatuado/ Al entrar, se dejaba, como en un guardarropa/
los taleros, revolver's (sic) y los cabos de plata./ La encargada era una criolla guapa, ancha y
mulata/ que estibaba las grasas en la proa y la popa/ La pianola picaba los rollos de los tangos./
27
Para más información sobre esta velada véase JACQUES, Norbert. “Nur für Männer”, Dei Zeit, Nro.
25, 19 de junio de 1952, p.12 y el recuento que hace Curt Moreck del mismo episodio en Sittengeschichte
des Kinos [Historia moral del cine]. Dresden: Paul Aretz Verlag, 1926.
El cine picaresco iba horneando el ambiente./ Y del patio llegaba una copla indecente/ en la voz
de un cantor de malevo arremango.28
En la pared del fondo iba pasando un film de ‘género libre’, una serie de las mayores
obscenidades que sea posible concebir. Allí veíase en toda su tristeza la miseria. Todos los
vicios, y el peor de todos que consiste en negociar sobre los instintos bestiales. (…) Linda,
avergonzada, no quería mirar. (…) En una mesa, cuatro marineros ingleses, borrachos,
miraban extáticos la cinta y se despatarraban en carcajadas grotescas. Cuando el film terminó,
los ingleses aplaudieron frenéticos y gritaron como locos, pidiendo la repetición.31
28
CADÍCAMO, Enrique. “El farol colorado”, Viento que lleva y trae. Poesías. Buenos Aires: Editorial
Fraterna, 1945.
29
Para más información sobre esta organización y su modus operandi véase ALSOGARAY, Julio L.
Trilogía de la trata de blancas. Rufianes – Policía – Municipalidad. Buenos Aires: Tall. Gráfico Rosso, 1933 y
CARRETERO, Andrés. Prostitución en Buenos Aires. Buenos Aires: Corregidor, 1998.
30
GÁLVEZ, Manuel. Historia de Arrabal. Buenos Aires: Centro Editor de América Latina, 1993 (primera
edición Buenos Aires, 1922), p. 11.
31
GÁLVEZ, ibidem, p. 54.
Izq: Cine pornográfico. Der: El Cafisho en el Cine. Grabados de Adolfo Bellocq para la primera edición de
Historia del Arrabal de Manuel Gálvez (Buenos Aires: Agencia General de Librería y Publicaciones, 1922)
Otro viajero que describe vividamente este circuito de cines clandestinos en Buenos
Aires, es el escritor y periodista francés Albert Londres, hoy considerado uno de los
precursores del periodísmo de investigación. Sus crónicas, generalmente narradas en
primera persona, abordan críticamente algunas de las problemáticas más acuciantes de
la época como los abusos del colonialismo, el trabajo forzado o la prostitución. A medio
camino entre el reportaje periodístico y la novela de ficción, su libro El camino de Buenos
Aires reconstruye la investigación que el escritor emprendió para la Liga de las Naciones
sobre la internacionalización de la trata de blancas en las primeras décadas del siglo XX.
Londres relata en este texto, el viaje de cientos de mujeres europeas que, huyendo de la
miseria de sus lugares de origen, se trasladaron a América con la esperanza de torcer su
destino, sólo para terminar como víctimas de una nueva forma de esclavitud y
marginalidad en países lejanos, donde el negocio de la prostitución se desarrollaba, a
menudo, al amparo de la ley. El periodista concentra su investigación sobre todo en las
cocottes o prostitutas francesas −la “aristocracia” de la sociedad prostibularia− que
llegaban a Buenos Aires de la mano de vividores que las importaban como mercancías de
lujo. Sin embargo, varios capítulos de su libro se refieren también a las prostitutas
polacas y criollas −las de menor valor en el mercado− que eran destinadas a lugares
alejados de la Capital o a los barrios más humildes, como Barracas o La Boca. Es
justamente cuando visita este último barrio que Londres se topa con un cine
pornográfico muy similar a los descriptos por varios de los testimonios anteriores:
32
LONDRES, Albert, op. cit., pp. 131-132.
33
KALONYME, Louis. “O’Neill lifts the Curtanin on his early days”. En: The New York Times, 21 de
diciembre de 1924, p. 7.
34
O’NEILL, Eugene. “Bound East for Cardiff”, The Provincetown Plays: First Series. New York: Frank Shay,
1916.
las aventuras de ambos en Buenos Aires, el cine porno que frecuentaban en Barracas y la
pelea que allí tuvieron con el pianista que acompañaba las proyecciones.
Si como afirma Moreck, Buenos Aires fue uno de los centros neurálgicos del cine
pornográfico de principios del siglo XX, el otro sin duda fue Rosario, puerto al que el
investigador le dedica un capítulo en el libro Sittengeschichte des Hafens und der Reise35.
Adoptando también la forma de un relato de viaje, en este capítulo Moreck describe
detalladamente el circuito prostibulario de esta ciudad portuaria, que compitió mano a
mano en magnitud y perversión con el de Buenos Aires. Es en el marco de estos bajos
fondos rosarinos que Moreck provee una de sus más detalladas descripciones sobre los
cines pornográficos locales y el material que proyectaban. Según el autor, después de las 10
de la noche, los hombres en busca de diversiones nocturnas convergían en una casa de
ladrillo rojo de apariencia ordinaria en la Calle Florida36 donde una anciana sentada en una
caja cobraba entrada a los visitantes. Luego de pasar por un vestíbulo oscuro, se llegaba a
una sala con capacidad para unas 400 personas, con gradas ascendentes en las que se
ubicaban sillas de madera plegables. En ellas se acomodaban marineros de todas las
nacionalidades, que bebían vino y licor mientras esperaban, con mirada nerviosa y lasciva,
que empezara el espectáculo. Al apagarse la luz comenzaba la música, dando inicio a la
película. Según Moreck, aunque era posible ver este tipo de films en lugares tan diversos
como Tokio o La Habana, el cine pornográfico era una especialidad de América del Sur.
Junto con Paris, Buenos Aires era su principal lugar de producción y no existía otro
negocio asociado a la pornografía que superara el éxito comercial de esta industria fílmica
clandestina. De acuerdo con el autor, aunque las películas realizadas en esta región eran
sumamente refinadas y el material humano que incluían era de impactante belleza, en
ellas predominaba la indecencia y la vileza. Para dar una idea de la depresión y miseria
moral que rodeaba tanto a los productores y actores como a los propios espectadores de
este cine, Moreck describe minuciosamente el contenido de una película que presume
realizada en esta región:
35
MORECK, Curt. “Rosario, Der Steppenhafen.”, pp. 79–88.
36
La calle Florida que Moreck menciona como centro del circuito prostibulario de Rosario arroja la
primera confusión en su testimonio pues hoy es ampliamente sabido que las calles en donde se
concentraban los burdeles de esta ciudad portuaria eran la calle Pichincha y la calle Suipacha. Para
más información sobre la historia prostibularia en el puerto de Rosario, véase IELPI, Rafael y Héctor
Zinni. Prostitución y rufianismo. Rosario: Ediciones de la Bandera, 1986.
Primer acto
Despertar y ponerse de pie. Close-up. Se ven dos terrenos cada uno con una mansión. Close-up de
la primera. En su portal un letrero reza “casa-pension di hijas” [sic en el original] Para los
alemanes: internado para señoritas. Nuevo plano. Se ve una gran sala, agradablemente
amueblada con muebles blancos donde se ubican veinte camas. En cada una de ellas duerme
una joven. Sobre la puerta se puede ver una campana sonando. Close-up. Cada una de las veinte
jóvenes se muestra desnuda y luego, a través de primeros planos, la cámara se detiene en dos de
ellas que fornican durante el baño común. Luego de este acto, que dura unos 10 minutos, las
jóvenes −híbridos de miembros delicados, europeas voluptuosas y dos negras de hermosa figura−
se visten con aniñadas faldas cortas formando una fila.
Segundo acto
En la segunda casa. Es un internado de varones. La misma imagen. La sala amplia, las veinte
camas, la campana, los jóvenes levantándose. Se muestra de forma idéntica a veinte
muchachos, nuevamente de razas mixtas −blancos y dos negros−, todos son delgados y altos,
aunque la mayoría de los cuerpos de aquellos dedicados profesionalmente a la ponografía
suelan ser flojos y las caras grises y pálidas. La misma imagen: dos jóvenes se satisfacen
mutuamente y se abrazan.
Tercer y último acto.
Los veinte muchachos y muchachas de estos supuestos internados se reúnen aparentemente
sin la supervisión del director (...) En medio del dormitorio se muestra una larga mesa con
delicias culinarias y alcohólicas de los cuatro continentes. En esta escena y en tantos otros
detalles el director y los productores demuestran un indudable talento. Lástima que este se
desperdicie en un producto sin valor. (...) Los actores se saludan ceremoniosa y
caballerosamente, se sientan a la mesa en una colorida fila y empiezan a comer y beber. Pero
incluso esta escena no está desprovista de condimento sexual pues se muestra con un lento
acercamiento lo que está debajo de la mesa: es decir, veinte piernas y muslos femeninos
lencería y ropa interior. En el cine hay una seductora y opresiva atmósfera. El silencio es tal que
se puede oir caer un alfiler. Sólo se escucha la respiración jadeante de los espectadores, el mozo
se cuela de vez en cuando en la habitacón oscura y se puede oir como todos ellos, sin apartar la
mirada def film, vierten en sus gargantas el alcohol. El jadeo lentamente se transforma en
gemido y varias veces uno nota en el temblor de los bancos, un ruido inconfundible que es el
que produce en los sentidos del espectador la combinación de la demoníaca bebida y lo que ven
en la pantalla. En la película el estado de ánimo de los protagonistas se eleva. Las jóvenes
comienzan a desnudarse y bailar sobre las mesas. A los muchachos les gusta. Y luego, poco a
poco, poco a poco, después de muchos interludios, comienza la gran orgía, veinte primeros
planos de veinte pares de miembros en una variedad de formas de unión física. (...) Todas las
parejas cumplen con la tarea asignada no en forma aparente sino real y reconocible. Esto es
expuesto en detalle, su reproducción repugnaría o asustaría al lector. No existe aspecto del
acto sexual entre hombres y mujeres que no se muestre en cámara lenta y con minuciosidad.
Con el agotamiento de todos los actores, la película termina.37
En su novela Matadero Cinco (Slaughterhouse Five, 1969), Kurt Vonnegut pone en manos de
uno de sus personajes la fotografía pornográfica más antigua de la historia.
Supuestamente tomada por André Le Fèvre, asistente del mismísimo Louis Daguerre, la
imagen mostraba a una mujer tratando de consumar el acto sexual con un potrillo en
medio de un escenario con cortinas de terciopelo, globos, columnas dóricas y hasta una
palmera. Según el extraordinario relato de Vonnegut, en 1841, Le Fèvre es arrestado
tratando de vender la imagen y en su defensa alega que su arreglo escenográfico había
transformado la fotografía en arte pues su intención había sido revivir con ella la
37
MORECK, “Rosario, Der Steppenhafen.”, pp. 82-84 y 86.
En marzo de 1928 se estrenó en la ciudad de Rosario una de las películas más controversiales
de la cinematografía local, Mujer, tu eres la belleza. El film fue presentado, al momento de su
estreno, como una producción francesa, e incluso se reprodujo en los diarios de la época una
supuesta crítica aparecida en la Revue Artistique con motivo de su estreno en Paris. Sin
embargo años después, el periodista y escritor rosarino Camilo Zaccaría Soprani −que por
entonces trabajaba como jefe de espectáculos en el diario La Capital y que más tarde se
convertiría en uno de los cineastas más prolíficos e interesantes de Santa Fe− confesó ser el
director de esta película compaginada en base a material fílmico importado de Francia al
que se incorporaron tomas rodadas localmente en su estudio. El día de su estreno, el diario
La Capital la describió como “una producción extraordinaria de arte plástico [en la que]
pueden admirarse (…) las obras mas geniales del cerebro humano que se exhiben en los
museos extranjeros además (…) de mil mujeres de encantadora belleza que sirvieron de
38
“Hoy se estrena la producción de arte plástico ‘Mujer tu eres la belleza’”, La Capital, Rosario, 24 de
marzo de 1928. p.14.
39
Véase IRIGARAY, Fernando y Héctor Molina. "Aproximación a la producción cinematográfica
rosarina (1900-1940). Parte I", Weblog de la cátedra de Comunicación Audiovisual I de la Escuela de
Comunicación Social, 2003. Disponible en: http://cav1.bligoo.com.ar/aproximacion-a-la-produccion-
cinematografica-rosarina-1900-1940-parte-i (Acceso: 23 de abril de 2015).
40
Véase PEÑA, Fernando Martín. Cien años de cine argentino. Buenos Aires: Biblos/Fundación OSDE,
2012, p. 38.
Distinta fue la suerte de otra producción estrenada ese mismo año en Buenos Aires, que
paradójicamente utilizó las mismas estrategias de su par rosarina. La película en
cuestión, titulada Afrodita (1928) estaba basada en la exitosa novela homónima del francés
Pierre Louÿs, que había tenido una adaptación a la ópera en el Teatro Colón de Buenos
Aires, tan sólo dos meses antes del estreno del film. Ambientada en el Egipto griego del
año 57 a. C, la película narraba la fallida historia de amor entre Khrysís, una vanidosa y
seductora cortesana, y Démétrios, el escultor favorito de la reina. El film fue publicitado
como "la obra más sensual de la literatura francesa"41 y los avisos con los que se anunció
su estreno en las principales revistas de cine porteñas aseguraban que revivía “con lujo
inusitado la antigua Grecia con todos sus vicios y refinamientos sexuales", que había
“despertado la admiración de todo el mundo por la belleza de sus desnudos artísticos" y
que era "no apta para menores e inconveniente para señoras y señoritas”.42 Estrenada
como una producción francesa dirigida por un ignoto director de nombre Pierre
Marchal, la película estaba verdaderamente dirigida por el argentino Luis Moglia Barth –
hoy conocido sobre todo por ser el autor de ¡Tango!, primer largometraje argentino con
sonido óptico–, que reconoció su autoría casi 45 años después del estreno del film.43 A
pesar de que su presupuesto debió ser austero, como en la mayoría de los films de aquella
época, Moglia Barth resolvió con solvencia las dificultades de ambientación a través de
decorados realistas, fondos móviles y un uso expresivo de los fundidos encadenados que
le otorgaron al film una atmósfera onírica. Afrodita se convirtió inmediatamente en un
suceso de público. Las entradas se agotaron rápidamente y, según relata Moglia Barth,44
la productora misma las hizo vender fuera de la boletería, en la calle Maipú, al doble de
su precio real. La crítica cinematográfica, sin embargo, la ignoró casi completamente.
Unos días después del estreno, la revista La Película publicó una nota que rezaba.
Parece que la llegada del calor trae aparejada la aparición de cuanta película pornográfica
tienen atesorada en el archivo ciertas alquiladoras de menor cuantía. Salen como las vizcachas
al amparo de las sombras que en este caso son los cines de dudosa moralidad, material
nutritivo para sus exhibiciones de sensualidad morbosa. Estas películas hacen un daño
41
Según consta en un aviso incluido en la revista Excelsior el 25 de octubre de 1928.
42
Excelsior, ibidem.
43
Véase la entrevista a Moglia Barth incluida en CALISTRO, Mariano et al. Reportaje al cine argentino.
Los pioneros del sonoro. Buenos Aires: Editorial Abril, 1978.
44
CALISTRO, Mariano et al., ibidem, p. 269.
grandísimo al cine porque obligan a las autoridades a propender sanciones penales y censura
que redundan en perjuicio de todos los empresarios. Hacen daño porque dan pasto a la crítica
cinéfoba, siempre alerta a dar el golpe de gracia al espectáculo cinesco. El calor trae aparejado
varios males para el cine, pero el de las películas indecentes es el peor.45
Aunque el film incluía múltiples desnudos, estaba lejos de ser pornográfico; sin embargo,
la nota de La Película resultó tener un tono de presagio. Luego de su estreno triunfal, las
voces conservadoras no tardaron en alzarse, guiadas sobre todo por el diario católico El
Pueblo, que calificó al film como “un espectáculo canallesco y degradante (…) que
avergüenza e indigna, impropio de una ciudad culta y que hace culpables a quienes
deben velar por la salud moral de la población (...) Un conglomerado de escenas
pornográficas, asqueantes (...) un bochorno para Buenos Aires, un insulto descarado e
45
“Se acerca la época de las películas indecentes”, La Película, Nro. 632, 1 de noviembre de 1928.
46
Citado en PEÑA, Fernando Martín. Cien años de cine argentino. Buenos Aires: Biblos/Fundación
OSDE, 2012, p. 39.
47
Según conta en un aviso publicado en La Película, Nro. 458, 2 de julio de 1925, p. 26.
48
Ibidem.
49
“Es delictuoso exhibir una película inmoral”, La Película, Nro. 481, 10 de diciembre de 1925, p. 13.
Urdida en una simple trama, a la que sirve de base la aún más simple historia de dos
matrimonios. (…) Ofrece la visión de cómo se desenvuelve plácida, normal y encantadoramente
la existencia del matrimonio joven que se ama, pero que no por ello deja de observar las
elementales reglas de higiene, tan íntimamente ligadas a la relación sexual: a la par; muestra
también la forma en que el otro matrimonio, joven y amante como el anterior, cumple con sus
deberes conyugales, pero olvidando por completo una serie de reglas vinculadas estrechamente
con la acción fisiológica del amor. Entretejiendo el desarrollo de la trama, van demostrándose
al espectador, en forma eminentemente, científica y emocional, la función que desempeñan los
principales órganos, así cuando se cuida de las reglas como cuando de ellas se abandona por
completo.
Finalmente el doloroso desenlace del matrimonio que olvidó, por marchar por equivocada
senda, los principios de moral que en el amor existen, da la pauta de lo que puede traer
50
“Por considerarlo obseno prohibióse la exhibición del film ‘Entre el amor y el placer’”, La Película,
Nro. 463, p.25.
51
“Otra vez ‘Entre el amor y el placer’”, La Película, Nro. 491, 18 de febrero de 1926, p. 13.
52
La Pelicula, Nro. 545, 3 de marzo de 1927, p. 27.
53
La Pelicula, Nro. 542, 10 de febrero de 1927, p. 13.
aparejado el querer torcer los sabios designios de la madre naturaleza, mientras que el otro
matrimonio, que contempló y practicó las reglas del buen amor, ve florecer en la prolongación
de su idilio, el poema de la vida, hecho carne en un bello y robusto bebé, expresión suprema del
cariño de dos seres.
En síntesis, es esta una bella película que, si bien no debe ser vista por menores, debe en
cambio, servir de provechosa lección a toda persona, de ambos sexos, que aspire realmente a
cumplir en el matrimonio con la bella y suprema luz que a éste le está destinada.54
54
La Película, Nro. 617, 19 de julio de 1928, p. 24
director aseguraba a los empresarios que exhibiendo sus películas obtendrían grandes
réditos económicos a la vez que tranquilidad de conciencia:
¡Se acabó la crisis! Empresario amigo: exhiba en su sala nuestras películas realistas, todas ellas
de temas valientes que, a pesar de su crudeza, no llegan jamás a las burdas escenas
pornográficas. Nuestros propósitos son más elevados y el material que le ofrecemos, de
carácter realista, son films seleccionados que llevan un fin noble, que debiera ser el principio de
una gran cruzada en bien de la educación sexual… Dedique un día por semana en su sala a
estos espectáculos exclusivamente para mayores que a más de ser una solución para los días
flojos, hará una buena obra en bien de la humanidad y le brindará a su público un espectáculo
moderno, como se exhibe en las principales salas del mundo.55
Ninguna de las películas de Irigoyen ha sobrevivido hasta nuestros días y existe muy
poca información sobre las características y contenidos de las mismas. Sin embargo, un
breve anuncio publicitario de Los placeres sexuales y sus consecuencias (1929), uno de los
títulos más sugerentes de su nutrida filmografía, proporciona una sucinta idea de los
temas abordados en este tipo de producciones pseudo-científicas:
Película realista no apta para menores (…) que comprende una finalidad altamente científica,
pues en su desarrollo se demuestra cómo y dónde se contraen las enfermedades sociales, cómo
se curan y cómo se previenen. Escenas de cabaret y de todo otro sitio pecaminoso con pasajes
voluptuosos sirven de encabezamiento a la película continuándola con tratamientos médicos
curativos y preventivos, intervenciones quirúrgicas, presentación de tarados, heredos (sic),
etc.56
Si en un principio las temáticas escandalosas y las mujeres ligeras de ropa sirvieron a los
empresarios para competir con el cada vez más arrollador avance del cine sonoro, para
mediados de la década del 30, el interés por los “films realistas” parece haberse
extinguido por completo. Una nota titulada “Films realistas” publicada en 1931 en el
Heraldo del Cinematografísta da cuenta del fastidio con que el gremio fílmico comienza a
observar a estos films:
55
MARANGHELLO, César. “Julio Irigoyen, el torbellino de Buenos Aires”, La mirada cautiva, Nro. 5,
octubre de 2001, p.71.
56
La Película, Nro. 700, 20 de febrero de 1930, p. 14.
Cada exhibidor tiene derecho a encauzar su negocio como mejor cuadre a sus conveniencias.
Sin embargo, hay formas de trabajo que perjudican al gremio todo y ya es archiconocido
aquello de “El derecho propio termina donde comienza el de los demás”...
Los exhibidores que acuden al socorrido expediente de pasar películas seudo realistas
engañando al público , por cuando las estrictas reglamentaciones municipales impiden pasar
películas inmorales −que son las únicas que satisfacen al gusto del público de esa clase de
espectáculos− posiblemente realicen un buen negocio, pero bastardizan el séptimo arte, lo
desconceptúan ante todo el mundo exponiendo al gremio entero a lógicas y justas reacciones
de las autoridades municipales.
Todos los años con el advenimiento del verano, surgen como por generación espontánea una
serie de “cines ocasionales”, exhibiendo films “no apto para menores”. Es de esperarse que en la
actual temporada no se repita el malsano fenómeno.
Las alquiladoras que suministran material a esas salas deberían considerar que las mismas,
además de hacer una competencia desleal a los clientes de todo el año, denigran la producción
y relajan el negocio.57
Para los inicios de la década del 40, un recrudecimiento de la censura, hermanará al cine
erótico con el pornográfico, desplazándolo a circuitos al margen de la actividad
comercial y cerrando un ciclo para esta filmografía a medio camino entre la lujuria y la
alta cultura, entre el erotismo softcore y la ciencia, que incluyó algunos de los films más
curiosos e innovadores de este período en la Argentina.
Quiero agradecer muy especialmente a Natacha Lara por su ayuda desde Alemania para acceder a los textos de
Curt Moreck, una de las piezas fundamentales de este artículo. También agradezco profundamente la generosa
colaboración de la misma Natacha, Julia Kratje, Sofia Cassera y famila para traducir los varios textos en alemán
que se reproducen en este artículo y las múltiples sugerencias bibliográficas y datos sobre la prostitución en la
Argentina que me brindaron Silvio Killian y Abel Alexander.
Referencias bibliográficas
57
“Films realistas”, Heraldo del Cinematografísta, Nro. 23, 2 de diciembre de 1931, p.1.
francés: Londres, Albert. Le chemin de Buenos-Aires. La traite des blanches. París: Albin
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____________________________
Autor invitado
*
Andrea Cuarterolo es doctora en Historia y Teoría de las Artes por la Universidad de Buenos Aires.
Desde 2013 se desempeña como investigadora de la Universidad de Buenos Aires y del Consejo
Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). Se especializa en el estudio del cine
silente y la fotografía en Argentina y Latinoamérica y ha publicado numerosos artículos sobre esta
temática en revistas académicas y volúmenes colectivos del país y del exterior. Es autora del libro De
la foto al fotograma: Relaciones entre cine y fotografía en la Argentina 1840–1933 (CdF Ediciones, 2013) y
directora, junto a Georgina Torello, de Vivomatografías. Revista de estudiossobre precine y cine silente en
Latinoamérica. Actualmente dirige el Proyecto Imagen reproducible y educación. La fotografía y el cine como
auxiliares pedagógicos en la argentina de fines del siglo XIX y principios del XX subsidiado por la Agencia
Nacional de Promoción Científica y Tecnológica. E-mail: [email protected].
Este artículo rastrea la introducción y el desarrollo del cine en América Latina, explorando las
complejas interacciones globales y los experimentos transformacionales que marcaron la difusión
del medio en el contexto de las tendencias internacionales, así como en relación con la incipiente
modernidad del continente. El marco de trabajo del ensayo, comparativo, apunta a nuevos patrones
y observaciones que exceden las fronteras de las historias nacionales específicas.2
L
os primeros años del cine silente latinoamericano, aproximadamente entre
1896 y 1920, son los menos discutidos y los de más difícil documentación en la
historia de los medios de comunicación en América Latina. Este período fue
ensombrecido por guerras y otros cataclismos políticos y sociales y, subsecuentemente,
su importancia fue eclipsada por la introducción y el desarrollo de otros medios: los
“Años Dorados” del cine sonoro y de la radio en los 40 y los 50, y de la televisión en los 60
y los 70. Estos desarrollos parecen “encajar” mejor con las narrativas de la modernidad
latinoamericana que algunos académicos quieren contar, ya sean cuentos de dominación
tecnológica e ideológica extranjera e imitación inadecuada (a lo Armand Mateelart y
Herbert Shiller) o crónicas contemporáneas de mediaciones globales (a lo Martín
Barbero).3 Sin embargo, en este temprano período, encontramos no solo interacciones
1
Este artículo fue publicado, originalmente con el título de “Early cinema and modernity in Latin
America” en la revista Cinema Journal, Vol. 40, No. 1 (Otoño 2000), pp. 48-78. Agradecemos a Ana M.
López por autorizar su traducción para esta revista.
2
La investigación para este ensayo fue posible, en parte, gracias al apoyo del Stone Center for Latin
American Studies de la Universidad de Tulane. Mi agradecimiento a Hamilton Costa Pino por su
compañerismo constante, su visionado inteligente y su paciente búsqueda de datos a través de los
años (Nota de la autora).
3
Como, por ejemplo, MATTELART, Armand. Transnationals and the Third World: The Struggle for
Culture. South Hadley, Mass.: Bergin and Garvey, 1983; SCHILLER, Herbert. Communication and
TRADUCCIONES ♦ ANA LÓPEZ - CINE TEMPRANO Y MODERNIDAD EN AMÉRICA LATINA 129
La llegada
Según Paulo Antonio Paranaguá: “El cine apareció en América Latina como otra
importación extranjera”.4 Esta es, tal vez, la principal característica de la experiencia del
temprano cine latinoamericano: más que desarrollarse en una sincronicidad proto-
orgánica con los cambios, los desarrollos tecnológicos y las “revoluciones” que produjo la
modernidad en Europa Occidental y los Estados Unidos, la aparición y difusión del cine
en América Latina siguió los patrones de la dependencia neocolonial típica de la posición
regional en el sistema capitalista global durante el cambio de siglo. Como señalan Ella
Shohat y Robert Stam, “Los inicios del cine coincidieron con las vertiginosas alturas del
proyecto imperial”, y “los países más prolíficos en la producción de películas…también
eran ‘casualmente’ los más imperialistas”.5
Cultural Domination. White Plains, N.Y.: International Arts and Sciences, 1976; y BARBERO, Jesus
Martín. De los medios a las mediaciones. Barcelona: Ediciones Gili, 1987.
4
PARANAGUÁ, Paulo Antonio. Cinema na America Latina: Longe de Deus e perto de Hollywood. Porto
Alegre: L & PM Editores, 1985, p. 9. En los casos en que las citas (que aparecen en su totalidad en
inglés en el artículo) sean en español, se respetará la cita en su lengua de origen. En estos casos las
traducciones son mías, salvo que se indique lo contrario. Si originalmente está en inglés o portugués
se la traducirá del original. (N. del T.)
5
SHOHAT, Ella y Robert Stam. Unthinking Eurocentrism: Multiculturalism and the Media. New York:
Routledge, 1994, p. 100.
Lumière y Edison regresaban con vistas fascinantes de tierras exóticas, pueblos y sus
costumbres. Así, en América Latina, es difícil hablar del cine y la modernidad como
“puntos de reflexión y convergencia”,6 como presupone la academia norteamericana y
europea dedicada al cine de los primeros tiempos. Por el contrario, el desarrollo del
temprano cine latinoamericano no estuvo directamente relacionado con las
transformaciones a gran escala de la experiencia cotidiana que fueron resultados de la
industrialización, la racionalidad y la transformación tecnológica de la vida moderna,
porque esos procesos estaban apenas comenzando a ocurrir a lo largo del continente. En
la América Latina de cambio de siglo, la modernidad era, sobre todo, aún una fantasía y
un deseo profundo.
6
CHARNEY, Leo y Vanessa R. Schwartz. "Introduction," Cinema and the Invention of Modern Life.
Berkeley: University of California Press, 1995,p. 1.
7
Ya sea que utilice “modernidad” para referirme a la vez a la idea de lo moderno así como a una
disposición particular con respecto a la experiencia vivida que abarca variadas ideologías y
paradigmas discursivos, “modernización” refiere más específicamente al proceso de cambio que
resulta de la introducción de ciertas tecnologías en las distintas esferas de la vida privada y social.
8
BRUNNER, José Joaquín “Notes on Modernity and Postmodernity”. Trad. John Beverly. Boundary 2
20, no 3, Fall 1993, p. 41.
9
Este término fue acuñado por Arjun Appadurai en referencia a la introducción del cricket en India:
“La indigenización [de una práctica cultural importada por los colonizadores] es a menudo producto
de experimentos espectaculares y colectivos con la modernidad, y no necesariamente de las
afinidades superficiales de una nueva forma cultural con las formas existentes en el repertorio
llamó “el segundo gran parto continental que fue la modernización”10 que tuvo lugar
como la ciudad letrada (el nexo entre la cultura letrada, el poder estatal y la locación
urbana que había facilitado el proceso colonizador a escala continental), entrado el siglo
XX. Aunque intensamente comprometidos con la cultura europea, primero, y
norteamericana luego, los sectores intelectuales a los que Rama llamó letrados fueron, sin
embargo, capaces de definir las modernidades locales.
cultural [de la nueva nación]” “Playing with Modernity: The Decolonization of Indian Cricket,” en
BRECKENRIDGE, Carol (ed.). Consuming Modernity: Public Culture in a South Asian World. Minneapolis:
University of Minnesota Press, 1995, p. 24.
10
RAMA, Angel. La Ciudad Letrada. Montevideo: Arca, 1998, p. 104.
11
QUIJANO, Aníbal. Modernidad, identidad y utopía en América Latina. Lima: Sociedad y Política
Ediciones, 1988, pp. 60-61
12
BRUNNER, “Notes on Modernity and Postmodernity”, p. 53.
13
Con tres excepciones: el estudio comparativo general de Paranaguá, citado en la nota 2, que
comienza con el período silente; el subsiguiente ensayo de Paranaguá sobre el cine silente, “El Cine
silente latinoamericano: primeras imágenes de un centenario,” publicado en La Gran Ilusión
(Universidad de Lima, Perú), no. 6, 1997, pp. 32-39; y el un poco superficial e inadecuadamente
documentado estudio de STOCK, Anne Marie. “El cine mudo en América Latina: Paisajes,
espectáculos e historias”. En: HEEREDERO, Carlos F. y Casimiro Torreiro (eds.). Historia General del
Cine. vol. 4, Madrid: Cátedra, 1997, pp. 129-157. Aunque el innovador volumen editado por
HENNEBELLE, Guy y Alfonso Gumucio-Dagrón, Les cinemas de l'Amerique latine. Paris: Pierre
L'Herminier, 1981, fue el primero en intentar presentar historias comparativas del cine a través del
continente, su formato (un cine nacional por capítulo) y la calidad despareja de las investigaciones y
contribuciones van en desmedro de su utilidad comparativa. Traduzco “nationness”, como
El primer paso que confunde cualquier intento de establecer una cronología continental
es la difusión y el desarrollo desigual del cine. El dispositivo cinematográfico apareció en
América Latina rápidamente, menos de seis meses después de su introducción comercial
en Europa. Hay evidencia periodística de que los films de la British Brighton School (que
usaban el Vivomatógrafo) fueron estrenados en Buenos Aires tan temprano como el 6 de
julio de 1896 (este hecho no es sorprendente, dada la relación neocolonial existente entre
Argentina e Inglaterra en aquella época).14 Poco tiempo después, se llevaron a cabo
proyecciones confirmadas con el aparato de Lumière (el Cinematógrafo): en Río de
Janeiro (el 8 de julio de 1896), Montevideo y Buenos Aires (el 18 de julio), México DF (el 14
de agosto), Santiago de Chile (el 25 de agosto), Guatemala (26 de setiembre) y la Habana
(el 24 de enero de 1897). El Vitascopio de Edison tardó un poco más en llegar. Primero a
Buenos Aires (el 20 de julio de 1896), seguido por México DF (el 22 de octubre), Lima (el 2
de enero de 1897) y Río de Janeiro (el 30 de enero).15 Estas locaciones no sorprenden,
porque seguían rutas bien establecidas de comercio transatlántico a través de las más
avanzadas ciudades del continente, que estaban ya sintiendo las primeras contracciones
de la modernización.
Podría decirse que Buenos Aires estaba al frente de la manada. Si se toman en cuenta
algunos de los indicadores más típicamente utilizados para evaluar la modernización,
Buenos Aires era el centro de la actividad industrial nacional (a través de sus puertos partía
la lana, la carne y el cuero que llegaba en la red ferroviaria patrocinada por los británicos,
uniendo la ciudad a los centros de producción de las provincias; albergaba 600.000 de los
cuatro millones de habitantes de la nación); desde 1890, tenía una eficiente red de tranvías
eléctricos, una infraestructura eléctrica confiable que servía a los intereses comerciales, y
dos compañías telefónicas (con más de diez mil abonados para 1900). 16 Además, su
población era cosmopolita; las olas de inmigrantes europeos alentadas por el gobierno,
desde 1895, habían cambiado la fisonomía de la ciudad, produciendo una constitución
fluida, obras públicas suntuosas y palacetes privados que coexistían junto a conventillos
donde residían los obreros y los inmigrantes pobres.17 También bastante moderna para los
estándares continentales, Río tenía tranvías eléctricos, telégrafos, teléfonos y electricidad,
aunque el tendido fue inestable hasta la finalización de una planta hidroeléctrica en la
cercana Ribeirão das Lajes en 1905. Como la de Buenos Aires, la población de Río era
cosmopolita: Río (y más tarde San Pablo) era un imán para los migrantes del noroeste y los
inmigrantes de Europa.18 En contraste, una ciudad capital como Lima mostraba solo los
primeros signos de modernización. Más allá de la renovación urbana, fundada por la fiebre
del caucho que eventualmente modernizaría la ciudad (especialmente significativo fue el
rediseño de las principales arterias urbanas de La Colmena y el Paseo Colón), Lima no tenía
una fuente de electricidad confiable, y era el centro de un estado casi feudal que el
historiador Jorge Basandre llama la “República Aristocrática”.19 Perú era una nación en la
cual solo el cinco por ciento de la población tenía derecho a votar, y en la cual ese cinco por
ciento gobernaba y suprimía todas las protestas campesinas y las movilizaciones urbanas
populares. Además, sus elites europeizadas, y no la mayoría indígena, controlaban el país.20
Así, no es sorprendente que la “modernidad” del temprano cine hiciera eco más sonora y
perdurablemente en Buenos Aires y en Río que en Lima, ya que incluso los simples films
presentados en esas primeras proyecciones ejemplificaban una particularmente moderna
estética en respuesta a la especificidad de la vida urbana moderna.
16
Ver ROMERO, José Luis y Luis Alberto Romero. Buenos Aires: Historia de cuatro siglos. Buenos Aires:
Editora Abril, 1983, y WALTER, Richard J. “Buenos Aires”. En: TENENBAUM, Barbara et al. (eds.).
Encyclopedia of Latin American History and Culture, vol. 1, New York: Scribner's, 1996, pp. 480-483.
17
Ver SARGENT, Charles S. “Argentina”. En: GREENBERG, Gerald Michael (ed.). Latin American
Urbanization: Historical Profiles of Major Cities. Westport, Conn.: Greenwood Press, 1994, pp. 1-38.
18
Ver ADAMO, Sam. “The Sick and the Dead: Epidemic and Contagious Disease in Rio de Janeiro,
Brazil”. En: PINEO, Ron and James A. Baer (eds.). Cities of Hope. Boulder, Colo.: Westview Press, 1998,
pp. 218-239, y MOURA,Roberto. “A Bela época (Primórdios- 1912)”. En: RAMOS, Fernão (ed.). História
do cinema brasileiro. São Paulo: Art Editora, 1987, pp. 13-20.
19
BASADRE, Jorge. Historia de la República del Perú, 1822-1933. Lima: Editorial Universitaria, 1968-1970.
20
Ver PARKER, David S. “Civilizing the City of Kings: Hygiene and Housing in Lima, Peru”. En:
PINEO y BAER. Cities of Hope, pp. 153-178.
Los porteños adoptaron el medio inmediatamente; hay evidencia de que el primer film
argentino, que consistía en vistas de Buenos Aires, puede haber sido producido tan
tempranamente como en 1896. Para el cambio de siglo, varios empresarios del rubro
fotográfico habían logrado dominar la tecnología del nuevo medio y comenzado a
producir un flujo constante de actualidades y cortometrajes proto-ficcionales. Otros
empresarios incluyeron films importados y nacionales a sus locales de entretenimiento
popular (teatros y, en verano, festivales al aire libre), y ya para 1901 habían, incluso,
construido cines. Los cariocas también fueron tempranos entusiastas, pero a pesar de una
serie de “primeros intentos” y del esfuerzo de los pioneros, el medio no se estableció
hasta que hubo una provisión confiable de electricidad en 1905. En contraste, el cine en
Lima adquirió un punto de apoyo mucho más lentamente. Aunque hay evidencia de que
se produjo un cortometraje nacional en 1899, la primera filmación no tuvo lugar en Perú
hasta 1904; la producción de noticias y actualidades no fue consistente hasta 1909-1915;
no aparecieron teatros dedicados al cine hasta 1909; el primer film de ficción no fue
producido hasta 1915, y el cine no se desarrolló más allá de sus primeros impulsos
documentales hasta los años 20.21
21
Ver BEDOYA, Ricardo. 100 Años de cine en el Perú: una historia crítica. Lima: Universidad de
Lima/Instituto de Cooperación Iberoamerica, 1992 y CARBONE, Giancarlo. El cine en el Perú, 1897-
1950; testimonios. Lima: Universidad de Lima, 1992.
22
FRENCH, William E. “In the Path of Progress: Railroads and Moral Reform in Porfirian Mexico”.
En: DAVIS, Clarence B. and Kenneth E. Wilbrun (eds.). Railroad Imperialism. New York: Greenwood,
1991, pp. 85-102. Hacia 1911, más de once mil millas de vías habían sido extendidas. México estaba tan
completamente cubierto de vías férreas que menos de dos mil millas de vías fueron añadidas desde el
régimen de Díaz. Ver también KANDELL, Jonathan. La Capital: The Biography of Mexico City. New
York: Random House, 1988,pp. 367-370.
23
DE LOS REYES, Los orígenes, p. 91.
significativamente más tarde. Por ejemplo, los residentes de la remota comunidad Los
Mulos, de la provincia Oriente de Cuba, no vieron películas “por primera vez” hasta
mediados de los 60, lo cual fue posible gracias al programa cine-móvil, auspiciado por el
Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC). La experiencia está
documentada en el cortometraje de Octavio Cortázar: Por primera vez (1967).
Más significativo que la velocidad con que se difundió el aparato tecnológico es el modo
en que este fue utilizado en varios sitios y locales −el proceso de adaptación, contestación
e innovación en el contexto del mercado cinematográfico internacional. El cine
experimentado por los latinoamericanos fue, y aún es, predominantemente foráneo.
Este es un factor de inmensa significación en el complejo desarrollo de las formas
indígenas, siempre atrapadas en una dialéctica híbrida de invención e imitación, así
como en el desarrollo de la forma de experiencia (público masivo) necesaria para
sostener el medio.
Atracciones periféricas
Los primeros films que arribaron a América Latina junto con la nueva tecnología eran
parte de lo que Tom Gunning y otros académicos han caracterizado como el “cine de
atracciones”. 24 Contrariamente a las formas narrativas que luego iban a volverse
hegemónicas, el cine de atracciones (predominante en Estados Unidos hasta 1903-1904)
estaba basado en una estética del asombro; apelaba a la curiosidad de los espectadores
sobre la nueva tecnología y la satisfacía con breves momentos de imágenes en
movimiento. Era, sobre todo, un cine de sensaciones y sorpresas, asaltando a los
espectadores con vistas estimulantes; en términos de Miriam Hansen, era “de
presentación más que de representación”.25
24
Ver, por ejemplo, GUNNING, Tom. “The Cinema of Attractions: Early Film, Its Spectator, and the
Avant-Garde”, Wide Angle 8, nos. 3-4. 1986, pp. 63-70 (reimpreso en ELSAESSER, Thomas y Alan
Barker (eds.). Early Cinema: Space, Frame, Narrative. London: British Film Institute, 1990, pp. 56-62).
25
HANSEN, Miriam. “Early Cinema, Late Cinema: Transformations of the Public Sphere”. En: Linda
Williams (ed.). Viewing Positions: Ways of Seeing Films. New Brunswick, N.J.: Rutgers University Press,
1997, p. 137.
En América Latina, esta estética del asombro se vio complejizada por el estado
ontológico y epistemológico del aparato. De hecho, el contexto latinoamericano, donde,
más allá de los intentos de producir un cine local, los films importados tendían a
dominar el mercado y habían sido usualmente los más populares, nos lleva a
preguntarnos: “ciertamente atraídos, pero, ¿a qué?”. La atracción cinematográfica es
“atractiva” en sí misma y como importación. De todas formas, más allá de cualquier
pretendido ajuste con la experiencia de la modernidad en la vida urbana local, su
atractivo es, y tal vez en primer lugar, el atractivo de lo otro, el shock de la diferencia. Con
su panorama de sofisticadas ciudades modernas y costumbres (desde los bastante
sofisticados obreros de los Lumière saliendo de la fábrica y las magníficas locomotoras al
escandaloso beso de Edison), las vistas importadas podrían producir la experiencia de
una globalidad “accesible” entre los ciudadanos urbanos de América Latina, muchos de
ellos a menos de una generación del “viejo mundo”. Moda, bienes de consumo, otras
nuevas tecnologías, y diferentes formas de experimentar la vida moderna y sus
emociones y desafíos,26 estaban de pronto disponibles con tremenda inmediatez: “En sus
primeros tiempos…el cine fue una apertura al mundo”.27 Pero al grado en que esa
experiencia era deseada y disfrutable, creó también una profunda ambivalencia y se
convirtió en fuente de ansiedad. Las complejas imágenes de distancia y alteridad del cine
problematizaron el significado de localidad y de ser. ¿Dónde podían ser encontrados
estos espectadores del “nuevo mundo”, en este valiente nuevo mundo “otro” 28 de
sensaciones especulares y espectaculares? Por un lado, el cine suministró la
autoconfianza nacional en que su propia modernidad estaba “en proceso”, permitiendo a
los espectadores compartir y participar en la experiencia de la modernidad tal como se
estaba desarrollando en otras partes, para responder a la sensación. Por el otro, para
hacer eso, el sujeto nacional estaba atrapado en una dialéctica de lo visto: los asistentes
debían asumir la posición de espectadores y convertirse en voyeurs, más que
26
La discusión de Aurelio de los Reyes sobre como la práctica del beso en México ha cambiado tras la
circulación de besos cinematográficos explícitos y la innovación del oscurecimiento de espacios
públicos como el cine, en los que podían darse, es especialmente relevante aquí. Ver su “Los besos y
el cine,” en ESTRADA DE GARLERO, Elena (ed.). El arte y la vida cotidiana: XVI coloquio Internacional de
Historia del Arte. México D.F.: UNAM, 1995, pp. 267-289.
27
CANETO et al., Historia, p. 31.
28
Difícil traducir esta doble cita: a The Tempest, de Shakespeare y a la novela de Huxley, a la vez que a
la idea de Nuevo Mundo. Este nuevo “otro” mundo, es siempre América. (N.T.)
29
“Vida Social,” El Diario, 7 de noviembre de 1896, citado en CANETO et al. Historia, p. 34. El énfasis es
mío.
30
Investigación de FERREIRA, Paulo Henrique y Vittorio Capellaro, Jr., fuente desconocida, citada en
MONTEIRO, José Carlos. Cinema Brasileiro: Historia Visual. Rio de Janeiro: FUNARTE, 1996, p. 13.
31
SCHIVELBUSCH, Wolfgang. The Railroad Journey: Trains and Travel in the Nineteenth Century, trad.
Anselm Hollo. New York: Urizen Books, 1971, pp. 57-72. Ver también KIRBY, Lynne. Parallel Tracks: The
Railroad and Silent Cinema. Durham, N.C.: Duke University Press, 1997.
Los cineastas mexicanos asiduamente siguieron los viajes en tren del presiente Porfirio
Díaz, comenzando con su temporada en Puebla en 1900; durante un viaje posterior a
Tehualtepec (para inaugurar una línea que uniera el Golfo de México con el Pacífico), los
films de actualidades capturaron imágenes “fugitivas” de las pirámides en San Juan
Teotihaucán. En Chile, Arturo Larraín filmó el funeral del presidente Pedro Montt en
191o, e incluyó una secuencia extendida del último vagón del tren que llevaba sus restos a
la capital desde el aeropuerto de Valparaíso (Montt murió en Alemania). En Missão militar
e diplomática alemã (Misión militar y diplomática alemana) un documental sobre la visita
en 1913 de una misión diplomática alemana a Río de Janeiro, realizado por Alfredo
Musson, lo que resulta más interesante no son las autoridades visitantes, sino la
extraordinaria y elegantemente funcional infraestructura de transporte, incluido el
tranvía eléctrico mostrado ascendiendo el empinado monte Corcovado y el monorraíl al
Pão de Açúcar (Pan de Azúcar). Las panorámicas tomadas desde el interior de ambos
vehículos son magníficas.
La movilidad en general era una gran atracción. En los films brasileños Carnaval em
Curitiba (Carnaval en Curitiba) de 1910, y Desfile militar (1910), por ejemplo, el foco de la
cámara en los distintos medios de transporte abruman al presunto tema de los
cortometrajes (las festividades de Carnaval en Curitiba y el desfile militar en Río). En
ambos films, somos testigos de un tumulto de movimiento variable por los automóviles,
tranvías eléctricos y carruajes tirados por caballos que desfilan frente a las cámaras. Aquí
y en todos lados, los primeros films latinoamericanos producen un catálogo
extraordinario de movilidad; los primeros privilegian viajes, carreras de todo tipo de
vehículos (de bicicletas a aviones), viajes mecanizados, y visitantes internacionales y
turistas. Tan epistemológicamente inestables como las características predominantes del
nuevo medio, la ilusión de movimiento, estas nuevas visiones ofrecían fragmentos
fugaces (de uno a tres minutos) de la experiencia de la movilidad en y alrededor de la
metrópolis moderna.
En América Latina, como en todos lados, el cine temprano capitalizó la panoplia de las
tecnologías modernas, incluyendo los desarrollos urbanos, los medios y los nuevos
entretenimientos. En Melhoramentos do Rio de Janeiro (Mejoras en Río de Janeiro, 1908),
por ejemplo, el brasileño Antonio Leal documentó en 1905 la apertura de la arteria
urbana Avenida Central (hoy Río Branco), que cambió la fisonomía de la ciudad, y otras
mejoras urbanas. Sofisticadas organizaciones de bomberos fueron el centro de atención
de films tempranos, tanto en Chile como en Cuba. En Chile, Ejército general de bombas
(1902) era una vista de tres minutos de los bomberos de la ciudad desfilando y la primera
“vista” nacional de la que se tiene constancia. El primer film rodado en suelo cubano,
Simulacro de un incendio (1897), fue llevado a cabo por Gabriel Veyre, cameraman de los
Lumière; documentó la escenificación del apagado de un incendio y presentó a una
conocida actriz de teatro española.33 En el área de la comunicación, el teléfono fue el
32
A República (Curitiba, Brazil), 14 de enero de 1911, citada en NORONHA, Jurandyr. Pioneros do Cinema
Brasileiro, CD-ROM, 1997.
33
Raúl Rodríguez comenta las intenciones claramente políticas de Simulacro de un incendio: los
bomberos estaban alineados al gobierno español colonial y lucharon contra el ejército de liberación,
Mientras tanto, los campos todavía en vías de desarrollo de las relaciones públicas y la
publicidad fueron explotados temprano en Cuba, siguiendo las tendencias
norteamericanas. En El brujo desaparecido, de José E. Casasús (1898), un film de trucaje al
estilo de los de Georges Méliès, un mago “desaparecía” para beber una cerveza. Un poco
después, El parque de Palatino, de Enrique Díaz Quesada (1906) registró y reprodujo las
emociones de los paseos en el recientemente abierto parque de atracciones Palatino, un
mini-Coney Island que incluía un cine.35 Influenciado por la popularidad de la novedad
extranjera de las series del bel canto en el recientemente inaugurado Teatro Municipal y
otros espectáculos teatrales en Río, productores brasileños crearon lo que es tal vez el
“primer” género fílmico brasileño: los films falados e cantantes (hablados y cantados). Con
actores hablando y cantando tras la pantalla, estos films fueron enormemente exitosos
entre 1908 y 1912. Comenzaron como simples canciones ilustradas, pero rápidamente
introdujeron complicadas escenificaciones de óperas, zarzuelas y operetas;
eventualmente, los productores desarrollaron sus propios “guiones”, usando canciones
conocidas y nuevas, como en Paz e amor de Alberto Botelho (1910), una parodia finamente
disfrazada del recién asumido presidente Nilo Peçanha. 36 En suma, el cine muy
rápidamente se convirtió en un emblema de la modernidad, mientras que la
el film presenta una actriz española, y, en su primera proyección, fue acompañado de tres otros
cortometrajes sobre la milicia española. RODRÍGUEZ, El cine silente en Cuba, p. 33.
34
La “sonorización” fue lograda de acuerdo al sistema desarrollado por Gaumont y Pathé en Francia.
Primero, la banda sonora era grabada en un disco; luego, mientras se reproducía el disco en un
gramófono, se filmaba a los actores o actrices haciendo que cantaban o recitaban. Durante la
proyección, el film era sincronizado con el gramófono, cuyo sonido era amplificado por parlantes
ubicados cerca de la pantalla. El equipo para reproducir el sonido era, por cierto, producido en
Buenos Aires por Eugenio Py. Ver CANETO et al., Historia, p. 85.
35
Ver RODRÍGUEZ, El cine silente en Cuba, y DOUGLAS, María Eulalia. La Tienda Negra: El cine en Cuba,
1897-1990. La Habana: Cinemateca de Cuba, 1996.
36
En su discurso inaugural de 1910, Nilo Peçanha declaró que el suyo sería un gobierno de “paz y
amor”.
La novedad de la objetividad
37
Tan temprano como en 1897, por ejemplo, el mayor diario de Ciudad de México, El mundo, tenía una
columna firmada por “Lumière” que presentaba lo que solo puede ser descrito como “fragmentos” de
vistas cinematográficas de la vida urbana cotidiana. A modo de ejemplo, uno de estos artículos del 28
de noviembre de 1897 fue reproducido en DE LOS REYES, Los orígenes, pp. 237-238.
38
Todos los reportes sobre el nuevo medio describen su tecnología minuciosamente, sobre todo en
cuanto a sus efectos, dando precisa información técnica sobre cómo era producida la ilusión de
movimiento. Ver, por ejemplo, la descripción del Cinematógrafo que apareció en el diario
bonaerense La Prensa el 3 de abril de 1896, citado en CANETO et al., Historia, p. 23, y la publicada en el
diario El Mundo de México el 23 de agosto de 1896, íntegramente reproducida en DE LOS REYES, Los
orígenes, pp. 217-222.
primera vez en enero de 1897. El barniz de objetividad científica del cine (su habilidad de
mostrar el mundo físico) racionalizó perfectamente sus atractivos más emocionantes.
39
DE LOS REYES, Los orígenes, pp. 174-178.
40
CANETO et al., Historia, pp. 47-48.
Fue primero en México, donde la pretendida objetividad del cine fue preferida por la
muy positivista intelligentsia del “porfiriato”, que estaba completamente comprometida
con el lema de su líder, “Orden y Progreso”. Uniendo el cine con la también nueva y
floreciente prensa ilustrada y argumentando que la mentira era contraria al medio, los
primeros comentadores del film Duelo a pistola en el bosque de Chapultepec (1896), una
reconstrucción de un duelo entre dos diputados filmada por Bertrand von Bernard y
Gabriel Veyre, ambos cameramen de los Lumière, criticaron el film virulentamente como
“el más serio de los engaños, porque las audiencias, tal vez los no informados o los
extranjeros… no podrán decir si se trata de un simulacro o una disputa honorífica real”. 41
La preocupación en cuanto a la imagen de México en el exterior es explícita; después de
todo, el film fue realizado por cameramen de Lumière encargados de recolectar vistas
foráneas para su distribución internacional, en un tiempo en que el gobierno estaba ya
comenzando a organizar su pabellón para la Exposición Universal de París de 1900. Pero
el paternalismo explícito en este comentario, los “no informados” (es decir, las masas
iletradas de la nación), indica la relación inestable entre el tan pregonado “progreso” del
régimen y aquellos a los que había dejado de lado. Para la mayoría de la población de la
Ciudad de México, el “progreso” era experimentado como entretenimiento, no ciencia; se
habían reunido en las calles ya a mirar la instalación de los postes eléctricos y un desfile
de nuevas bicicletas que todavía no podían permitirse. El cine era el siguiente en la fila, y,
en la misma medida en que desarrolló sus “atracciones” y fue adoptado por las masas, fue
repudiado por las elites. Así, el cine funcionó como una fuerza modernizadora, no de
acuerdo a los parámetros científicos del positivismo, sino consolidando la formación de
una audiencia urbana moderna. Sin embargo, aunque abandonado por los “científicos”42
y eventualmente dado a las masas como espectáculo, el cine mexicano permaneció
estrechamente unido al mito de la objetividad, a su valor como “verdad”.
41
DE LOS REYES, Los orígenes, p. 104.
42
Nombre que los consejeros más cercanos de Porfirio Díaz, la elite mexicana del poder, se dieron a
sí mismos en su convicción de que México sería transformado (es decir, modernizado) a través de la
ciencia y la tecnología.
lejana) tal como sucedió. Estimulados por la sorpresa de poder ver imágenes
importadas, ya fueran reales o reconstruidas, de la guerra de Cuba43, los cineastas locales
a lo largo del continente explotaron la ostensible objetividad del medio para registrar
eventos de actualidad. La atracción de la captura de la historia mientras ocurría,
permitió al medio, aún económicamente inestable, continuar atrayendo a las audiencias
y desarrollarse comercialmente; a la vez que el efecto de novedad del primer shock del
movimiento comenzaba a disminuir, el foco cambió a los eventos actuales
monumentales. De hecho, se ha dicho que los films de actualidades financiados
localmente y focalizados en lo local constituyen la única tradición cinematográfica
consistente e ininterrumpida del temprano cine latinoamericano. Comenzado con la
crónica de la visita a Buenos Aires del presiente brasileño (Viaje del Doctor Campos Salles a
Buenos Aires, 1900) y, el año siguiente, de operaciones navales (Maniobras navales de Bahía
Blanca, 1901), la compañía del pionero argentino Max Glücksmann, Casa Lepage, que se
especializó en actualidades, produjo un increíble archivo de la esfera pública argentina
durante los períodos silente y sonoro. Unidos a este esfuerzo estaban otros
emprendedores, entre ellos Julio Irigoyen (Noticiero Buenos Aires) y Federico Valle. Valle
incursionó en el campo poco después de su llegada a Argentina, en 1911 (tras trabajar con
Méliès en Francia), y produjo, entre otros films, el noticiero de actualidades Film Revista
Valle desde 1920 a 1930.
Las actualidades eran también el sostén de los primeros negocios fílmicos en Brasil.
Antonio Leal en Río y productores regionales (especialmente en Curitiba) fueron pronto
seguidos por Marc Ferrez y su hijo Julio, Francisco Serrador, los hermanos Botelho y
43
Poco después del hundimiento del U.S.S Maine en La Habana el 15 de febrero de 1898, los
cameramen de Edison y de Biograph comenzaron a producir vistas y cortometrajes de los eventos
que tenían lugar en Cuba. En 1898, y especialmente luego de que Estados Unidos entrara en la
Guerra, extendieron la capacidad del cine como periódico visual (a menudo en colaboración con la
organización Hearst) y, por primera vez, utilizaron el medio para provocar sentimientos patrióticos
en las audiencias norteamericanas, revelando la fuerza ideológica y propagandística del medio. Las
dificultades para filmar batallas reales llevaron a muchas “reconstrucciones” de hechos famosos,
siendo el más notorio la reconstrucción de Albert E. Smith y J. Stuart Blackton de la Batalla naval de
la Bahía de Santiago en Nueva York, utilizando una bañera, barcos de papel y humo de cigarrillo.
Muchos acreditan al entusiasmo generado por esos films a la revitalización del rezagado negocio del
cine en Estados Unidos; la puesta en marcha en la producción de algunas firmas sentó las bases
comerciales para la industria norteamericana.
otros en las provincias. En Brasil, sin embargo, la novedad de las noticias también
adquirió un carácter espectacular a medida que los crímenes sensacionalistas, ya
popularizados por la prensa ilustrada, fueron meticulosamente reconstruidos y
capturados en las locaciones originales. Films como Os estranguladores (Los estranguladores,
Francisco Marzullo o Antonio Leal, 1908) y las dos versiones de O crime da mala (El crimen
de la maleta, Francisco Serrado y Marc Ferrez e hijo, ambos de 1908) fueron
inmensamente exitosos: la familiaridad de la audiencia con los crímenes permitió a los
cineastas contar sus “historias” eficientemente, sin intertítulos o continuidad interna.
44
El término fue acuñado por Roberto Schwarz para explicar la yuxtaposición de ideologías
modernizantes como el liberalismo con estructuras sociales tradicionales como la monarquía
esclavista brasileña. Las “ideas” pasadas o fuera de lugar llevaron a importantes dislocaciones
discursivas que revelan críticamente las fisuras de conceptos supuestamente universales. Ver sus
Misplaced Ideas: Essays on Brazilian Culture, trad. John Gledson. London: Verso, 1992.
45
DE ARAÚJO, Paulo Vicente. A bela epoca do cinema Brasileiro. São Paulo: Perspectiva/ Secretaria da
Cultura, Ciéncia e Tecnologia, 1976, pp. 229-279, y GALVÃO, Maria Rita. “Le Muet”. En: PARANAGUÁ,
Le Cinèma Bresilien, pp. 51-64.
estructura formal que los llevó más allá de la simplicidad del típico film de actualidades.
Siguiendo una insoportablemente lógica linear dependiente de la edición, el film de
Toscano narra el viaje presidencial de principio (la partida en tren de Díaz desde Ciudad
de México) a fin (su despedida de Yucatán), substituyendo una cronología que era
absolutamente fiel al espacio profílmico por el desarrollo narrativo.
46
DE LOS REYES, Aurelio. Cine y sociedad en México, 1896-1930: Vivir de sueños. México D.F.: UNAM,
1983, pp. 96-98.
La atracción de la “nacioneidad”
Más allá de la búsqueda de identificación de las modernas emociones “locales” (casi, pero
no del todo, las mismas de las vistas importadas) y del registro de eventos actuales, la
nueva tecnología fue usada para beneficio de la comunidad imaginada nacional, para
negociar precisamente los conflictos generados por los dilemas de una modernidad
precariamente equilibrada entre las tradiciones indígenas y las influencias extranjeras,
entre las aspiraciones nacionalistas y los deseos internacionalistas. Así, la fascinación
con las epifenomenales manifestaciones de modernidad y sus emociones perceptuales
hizo inflexión con exaltaciones explícitas de la “nacioneidad” (no son solo “nuestras” vías
férreas, sino también símbolos de nuestra pertenencia nacional, en un sentido tan
“moderno” como las nuevas formas tecnológicas en sí mismas) relacionadas la mayoría
de los casos con hechos actuales.
47
El Diario, 29 de diciembre de 1897, citado en CANETO et al., Historia, p. 35.
Claramente invocando otro tipo de deseo o “atracción”, estas noticias postulaban una
posición espectadora predicada en la identificación y el auto-reconocimiento que fue
solo una forma embrionaria de la “nacioneidad” cinematográfica. También fue un
proceso marcadamente alineado con la estructura de poder existente: el atractivo no era
solo ver a los ciudadanos comunes de Buenos Aires, sino a los prominentes –reemplazos
metafóricos de la nación misma.
En América Latina como un todo, el cine estuvo, desde sus más tempranos momentos,
estrechamente alineado con los poderosos, ya fueran económica y socialmente
prominentes o simplemente en el gobierno, y esta alineación fue el primer paso hacia los
proyectos nacionalistas. Los primeros films rodados en México, por ejemplo, no fueron
paisajes o escenas callejeras, sino vistas cuidadosamente orquestadas de Porfirio Díaz
(recientemente reelecto para un cuarto período presidencial), su familia y su séquito
oficial, filmadas por los cameramen de los Lumière von Bernard y Veyre en 1898. Los
jóvenes franceses reconocieron la necesidad de asegurar la buena voluntad del dictador
para proceder con sus empresas comerciales y organizaron una proyección privada de la
nueva tecnología para Díaz y su familia en Chapultepec. Durante los cinco meses que
estuvieron en México filmaron al presidente, que rápidamente comprendió el valor
propagandístico del nuevo medio, en todo tipo de eventos oficiales y familiares. Como
un historiador ha observado, Porfirio Díaz fue, por defecto, la primera “estrella”
48
La Nación, 17 de febrero de 1898, citado en CANETO et al., Historia, p. 35. Este es un increíble
ejemplo de la rapidez de la difusión del cine, no solo de la tecnología sino también de las formas de
comercialización y visionado. De acuerdo a la investigación de Charles Musser, la compañía
American Biograph comenzó su expansión transatlántica en 1897, estableciendo una oficina en
Londres en marzo. Proveer a los teatros escenas tomadas en el lugar para aumentar la popularidad de
los programas fue una de las características de los operadores de Biograph. MUSSER, Charles. The
Emergence of Cinema: The American Screen to 1907. Berkeley: University of California Press, 1990, pp. 157,
172.
Similar al ejemplo mexicano, las primeras dos vistas filmadas en Bolivia fueron loas
explícitas de la estructura de poder. Tanto Retratos de personajes históricos y de actualidad
(1904), como el muy popular La exhibición de todos los personajes ilustres de Bolivia (1909),
fueron diseñados para alinear la nueva tecnología con aquellos que en efecto controlaban
y definían la nación, y mostrarlos para el disfrute y el reconocimiento de las nuevas
audiencias. En México, sin embargo, las relaciones iniciales entre el cine y las elites
urbanas de poder tuvo corta vida. Los pioneros de la producción y de la exhibición,
motivados por la clausura de los sitios de exhibición en Ciudad de México en 1900
(mayormente carpas o tiendas) por las regulaciones de seguridad de la ciudad
designadas para controlar el comportamiento “incivilizado” de los espectadores
populares y para disminuir el riesgo de incendios, se volvieron itinerantes y
abandonaron Ciudad de México, llevándose con ellos el cine (hubo apenas un puñado de
exhibiciones en la capital entre 1901 y 1905).51 Viajaban a través del territorio nacional
mostrando sus films y sus repertorios, pero también regularmente, produciendo vistas
locales para seducir a las diversas audiencias regionales. Estas vistas documentaban las
actividades de pequeñas ciudades y pueblos: las multitudes saliendo de la iglesia tras la
misa del domingo, trabajadores fuera de las fábricas, y celebraciones y festividades
locales. Más que enfocarse en la vida moderna y la tecnología, este primer cine se fijó en
la gente, posicionada en sus paisajes locales y capturada en sus actividades cotidianas. Su
atractivo era el auto-reconocimiento: “En las noches de estreno los improvisados actores
vienen en masa a verse a sí mismos en film; el entusiasmo de todos y cada uno de ellos
cuando se ven a ellos o a sus amigos y parientes en la pantalla era estupendo”.52 Pero,
mediante ese auto-reconocimiento, estos actores también comenzaron el proceso de
producción de una imagen de la nación basada en sus sectores tradicionales y de sus
49
DÁVALOS OROZCO, Albores del cine mexicano, p. 14.
50
Ver los reportes de prensa citados en DE LOS REYES, Los orígenes, p. 153, y en Cine y sociedad, p. 54.
51
Ver DE LOS REYES, Cine y sociedad, pp. 32-34, 55.
52
SÁNCHEZ GARCÍA, José María. "Historia del cine mexicano," Cinema Reporter, 30 de junio de 1951,
p. 18, citado en DE LOS REYES, Cine y sociedad, pp. 53-54.
formas de vida (las gentes y tradiciones del interior más que la modernidad de la ciudad
capital) y una más amplia audiencia para el cine.
Narrativas nacionales
Sin dudas, las audiencias latinoamericanas estaban ya bastante familiarizadas con las
producciones posteriores a 1904 importadas de Estados Unidos y Europa (llamadas
“narrativas transicionales”54 para resaltar su estado medio entre el cine de atracciones y el
cine realmente narrativo), y habían comenzado a experimentar el atractivo de otro tipo de
53
DE LOS REYES, Aurelio. Filmografía del cine mudo mexicano, 1896-1920. México D.F.: UNAM, 1986, p. 61.
54
De acuerdo con la periodización realizada por Tom Gunning, tras el decaimiento de la dominación
del cine de atracciones (circa 1905), las tempranas formas narrativas desarrolladas permitieron a los
cineastas experimentar con el lenguaje cinematográfico narrativo que se haría estándar como el
“clásico estilo narrativo hollywoodense” hacia 1915-1917. Este período “de transición” de más de una
década fue volátil y ambivalente; las ambiciones de D. W Griffith en el periodo estaban lejos de la
norma. GUNNING, Tom. "Early American Film". En: HILL, John y Pamela Church Gibson (eds.). The
Oxford Guide to Film Studies. New York: Oxford University Press, 1998, pp. 262-266.
identificación cinematográfica, una que los cineastas buscaron explotar para las
celebraciones nacionales. Los espectadores estaban influenciados menos por los films de
persecución y los Westerns que llegaban de Estados Unidos que por las adaptaciones
teatrales con aspiraciones artísticas producidas por la Société Film d’Art y otras productoras
europeas. El teatro ya era una forma artística con una larga historia y de gran atractivo
para las elites y las audiencias populares a lo largo de América Latina. Como tal, era la
fuente natural de inspiración para los cineastas en busca de narrativizar el medio. Este
proceso es más evidente en Argentina, donde el interés por los films de actualidades
menguaba en comparación con el entusiasmo suscitado por una nueva serie de films
proto-narrativos, comenzando con La Revolución de mayo, de Mario Gallo (1909).
Fotograma original de La revolución de mayo (Mario Gallo, 1909) Colección Andrea Cuarterolo
Aunque más cercano a un estilo clásico que La Revolución, Nobleza es todavía una
narrativa transicional. Más que depender del conocimiento histórico previo de la
audiencia, su intertexto es cultural; los intertítulos citan el gran poema épico argentino
Martín Fierro para contar la historia de un valiente gaucho que salva a su bella novia de las
malvadas garras de un estanciero que la ha secuestrado y llevado a su palaciega mansión
urbana. El estanciero acusa falsamente al guacho de robo, pero muere al caer de un
acantilado mientras huye del héroe en una persecución a caballo. Filmada con destreza,
con primeros planos bien ubicados, iluminación elegante y diversos movimientos de
cámara, incluyendo travellings desde trenes y tranvías, y actuada con naturalismo, la línea
argumental permitió a Cairo enfocarse en el siempre atractivo folklore del campo
(canciones, ranchos, gauchos y asados), así como en la modernidad de la ciudad: tomas
de la Avenida Constitución, la Avenida de Mayo, el Congreso, la estación de Armenonville
e incluso iluminaciones urbanas nocturnas. Nobleza exalta simultáneamente los valores
de la vida rural, complaciendo las que Rey Chow llama “pasiones primitivas”,55 mientras
exhibe en todo su esplendor la urbanización moderna que la hará obsoleta; el gaucho
puede haber sido el héroe de la narrativa, pero ya relegado al estatus de mito
fundacional, como el Martín Fierro. La exploración de Nobleza de la crisis de la identidad
nacional generada por el conflicto entre las experiencias tradicionales y los valores y la
internacionalización endémica de la modernidad fue extraordinariamente bien recibida:
el film costó apenas 20.000 pesos de producción, pero recaudó más de 600.000 de sus
muchas proyecciones nacionales e internacionales.56
Así, los estilos de narrativas transicionales, en todas sus diversas formas, fueron casi
naturalmente relacionados con el proyecto de construcción de la nación moderna. Una
vez que el cine había agotado sus atracciones puramente especulares y buscado nuevas
posibilidades en la narración de historias, la tarea de generar narrativas sobre la nación
llevaron inevitablemente a la problematización de la modernización en sí misma. La
modernidad epidérmica de la vida urbana cotidiana (con sus ferrovías, su movilidad y su
tecnología) habían sido exaltadas antes. Las narrativas requerían ahora la exploración de
las contracciones de ese proceso a nivel nacional. Con pocas excepciones, los primeros
films latinoamericanos exitosos que podemos identificar como “narrativos” estaban
relacionados a temas patrióticos. En México, por ejemplo, Carlos Mongrand invocó
famosas figuras históricas en Cuauthémoc y Benito Juárez y Hernán Cortés, Hidalgo y Morelos
(ambos de 1904); más adelante, Felipe de Jesús Haro y la American Amusement Co. (sic)
produjeron la elaborada (siete tableaux) Grito de Dolores (1907), que fue usualmente
proyectada con actores en vivo declamando los diálogos tras la pantalla.57 En Brasil,
además de invocar figuras y eventos históricos (por ejemplo en el film de Alberto Botelho
A vida do Barão do Rio Branco (La vida del Barón de Río Branco, 1910), similar a Nobleza
Guacha, la narrativa estaba alineada con la comedia y el contraste entre las vidas urbanas
y rurales. El film de Julio Ferrez: Nhô Anastácio chegou de viagem (El señor Anastasio vuelve
de viaje, 1908), reconocido como el primer film brasileño de ficción, presenta las
55
El esfuerzo moderno por reconceptualizar los orígenes, que típicamente atribuye a las tradiciones
indígenas la significancia de un pasado primitivo. CHOW, Rey Primitive Passions. New York:
Columbia University Press, 1995.
56
DI NÚBILA, Domingo. Historia del cine Argentino, vol. 1. Buenos Aires: Cruz de Malta, 1959, pp. 18-20.
57
DE LOS REYES, Filmografia, pp. 42-47.
desventuras de un paleto recién llegado del campo a Río, incluyendo sus encuentros con
la modernidad urbana (vías férreas, monumentos, etc.) en medio de una confusión de
identidad y un enredo amoroso. Produjo una serie de comedias similares, enfocadas en
los conflictos entre las costumbres tradicionales del campo y la modernidad de las
ciudades llenas de inmigrantes extranjeros y tecnología del siglo XX. En todas estas
comedias, que intentaron producir el triunfo discursivo del positivismo, lo
tradicional/rural está representado como nostálgicamente obsoleto, un residuo cultural
que se vuelve historia, mientras que la modernidad de la metrópolis se presenta como
inevitable, “natural” y nacional.
El ejemplo chileno resalta una característica curiosa del cine temprano en América
Latina que tal vez explique, en parte, su preocupación obsesiva con la “nacioneidad”: a
través del continente, la abrumadora mayoría de los primeros cineastas eran
inmigrantes de primera generación. La evidencia que sostiene esta afirmación es
demasiado vasta como para resumirla eficientemente, así que unos pocos nombres serán
suficientes: en Brasil, la familia Segreto venía de Italia, Antonio Leal de Portugal y
Francisco Serrador de España. En Argentina, Enrique Lepage era belga, Federico Figner
checo, Max Glücksmann austríaco, Eugenio Py francés y Mario Gallo y Federico Valle
italianos. En Chile, Salvador Giambastiani era italiano (y había trabajado en Argentina
antes de su llegada a Chile en 1915), y los actores Arturo Mario y María Padín se
convirtieron en productores/directores en 1917. En Uruguay, la rama de la compañía
argentina de Max Glücksmann fue la principal productora de films de actualidades entre
1913 y 1931. Pedro Sambarino, italiano, trabajó en Bolivia y Perú. Original de Italia, la
familia Di Doménico fue clave en el establecimiento del cine en Colombia y América
México es un caso aparte, no solo porque sus cineastas pioneros no fueron inmigrantes
extranjeros, con unas pocas excepciones (Henri Moulinié y Carlos Mongrand eran
franceses), sino porque el cataclismo que fue su revolución determinó un camino
diferente, aunque no menos nacionalista, para el cine entre 1910 y 1918.59 Los films de la
58
Para una biografía familiar, ver NIETO, Jorge y Diego Rojas. Tiempos del Olympia. Bogotá:
Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano, 1992.
59
La Revolución Mexicana fue extraordinariamente larga y compleja. Comenzó en 1910, cuando
Francisco Madero, un chihuahuense adinerado y oponente de Porfirio Díaz, publicó su manifiesto
“Plan de San Luis Potosí” llamando a revueltas contra el tirano. El gobierno fue incapaz de vencer las
ante todo, a informar. Esta forma sería explotada y más desarrollada por todos los
cineastas activos en ese período, especialmente en los muchos films que trataban los
eventos de la “Decena Trágica” en febrero de 1913 (los diez días de violencia en Ciudad de
México que siguieron al levantamiento armado de Félix Díaz, el sobrino de Porfirio, y
que concluyeron con el triunfo de Huerta sobre Madero).
Es importante notar que cada uno de los principales combatientes tenía su “propio”
equipo cámara en mano para grabar sus logros. Los hermanos Alva siguieron las
actividades de Madero; Jesús Abitia cubrió al General Obregón (un antiguo amigo de su
familia) y también filmó a Carranza; los zapatistas fueron filmados por muchos
cameramen; Pancho Villa y Carranza prefirieron los cineastas norteamericanos, que se
precipitaron a cruzar la frontera para producir noticieros y documentales. Villa, en
particular, firmó un contrato de exclusividad con la Mutual Film Co. y era conocido por
escenificar batallas y hechos como ahorcamientos durante el día para que pudieran ser
filmados.60
La toma de poder de Huerta en 1913 tuvo un gran impacto en el desarrollo del documental
revolucionario; como los films a menudo provocaban reacciones violentas en sus ya
fragmentadas audiencias, Huerta aprobó legislación requiriendo censura “moral y
política” anterior a las exhibiciones. De ahí en más, los cineastas rindieron sus esfuerzos
de “objetividad” y asumieron el punto de vista de los que estaban en el poder. Sangre
hermana (1914), por ejemplo, está contada desde una perspectiva marcadamente federalista
y propagandística. Otros films se enfocaron en el uso de materiales tomados
anteriormente para producir “revisiones” de la Revolución que eran entonces actualizadas
regularmente y mostradas en su totalidad: por ejemplo, la Historia completa de la Revolución
de 1910-1915 de Enrique Echániz Brust y Salvador Toscano; y la Documentación histórica
nacional, 1915-1916 de Enrique Rosas (1916). Eventualmente, la Revolución desapareció de las
pantallas mexicanas y fue reemplazada por un nuevo cine de ficción:
60
Ver, por ejemplo, DE LOS REYES, Aurelio. Con Villa en México: Testimonios de los camarógrafos
norteamericanos en la Revolución. México D.F.: UNAM, 1985 y DE ORELLANA, Margarita. La mirada
circular: El cine norteamericano de la Revolución mexicana. México D.F.: Joaquín Mortiz, 1991.
Antes, los cineastas eran pragmáticos y habían aprendido su oficio documentando gente
y eventos a fin de atraer audiencias… Los productores nacionales no habían tratado
jamás con la narrativa, un término que había sido usado exclusivamente para referirse a
films extranjeros de ficción… Ahora una concepción diferente de cine se abrió camino.
Las “vistas” habían perdido su atractivo hacía tiempo y el deseo requería films d’art
basados en los modelos extranjeros.61
Un importante predecesor fue el film de los hermanos Alva: El aniversario del fallecimiento
de la suegra de Enhart (1912), una breve comedia sobre la “vida cotidiana” de dos
comediantes de teatro muy populares (Alegría y Enhart) en el estilo de los films franceses
de Max Linder. Aunque “ficción”, la narrativa se centra en las vidas domésticas y
profesionales de los dos comediantes. Los Alva, aparentemente, no habían abandonado
su uso del medio para capturar el mundo real y la cámara escudriña las locaciones reales
de Ciudad de México, donde la mise-en-scène ficcional es llevada a cabo. El film está
construido hábilmente, con un montaje que contribuye a la coherencia narrativa al
alternar entre dos líneas paralelas de la trama, agregados (por ejemplo los intertítulos)
que aportan al suspenso o al humor, un uso juicioso de los efectos especiales (como el
viejo truco de desaparición de Méliès), y primeros planos que dan énfasis cómicos o
performativos. Los Alva estaban perfeccionando su técnica, solo ahora al servicio del
entretenimiento narrativo más que al de la información.
61
DE LOS REYES, Aurelio "The Silent Cinema". En: PARANAGUÁ, Paulo Antonio (ed.). Mexican
Cinema. London: British Film Institute, 1995, p. 72.
62
Ibid., p. 73.
Desplazamientos periféricos
En las complejas negociaciones entre los eventos y tradiciones nacionales y los modelos
extranjeros y las demandas de occidentalización, América Latina produjo una serie de
“experimentos espectaculares” que dialécticamente inscribieron el cine en las historias
nacionales, mientras lo reconocían como la materialización de los sueños de
modernidad, siempre diferentes. Localista, aunque del “mundo en su conjunto”, el cine
silente fue un agente clave tanto para el nacionalismo como para la globalización. Con
pocas o ninguna pretensión tecnológica (la tecnología fue primariamente una
importación), el temprano cine contribuyó sin embargo a la construcción de fuertes
discursos nacionalistas de modernidad. Como fue evidenciado en este análisis
comparativo, a través del continente y a pesar de algunas diferencias regionales, la
visualidad fílmica definió la necesariamente ambivalente posición de aquellos atrapados
en los remolinos del cambio, ya fuera por pasar de la vida rural a la urbana,
desplazamientos provocados por la inmigración, o los cataclismos de la guerra civil. Un
mecanismo para una globalidad accesible, el cine capturó y acompañó la vertiginosa
modernización de los sectores urbanos, así como la inercia simultánea de otras zonas y
territorios: en la lucha discursiva entre lo urbano y lo rural como íconos de los
nacionalismos, el cine, el instrumento urbano por excelencia, contribuyó activamente en
la postulación de lo no urbano como pasado folclórico o vestigio anacrónico.
Este cambio fue pronto seguido por otro mucho más devastador: la llegada del sonido.
Agresivamente comercializados, los films sonoros de los Estados Unidos pronto tomaron
control de los sectores de exhibición y distribución, mientras los productores nacionales
luchaban por capital, tecnología y conocimientos. En algunos casos, la llegada del sonido
acabó con todas las actividades cinematográficas: muchas naciones (sobre todo Bolivia,
Venezuela y Colombia) no fueron capaces de retomar el cine hasta casi una década
después de la introducción del sonido. Otras (principalmente México, Argentina y
Brasil), por las buenas o por las malas, inventaron, adaptaron y experimentaron
produciendo una diferente aunque resonante versión del cine temprano. El cine sonoro
de los 30, 40 y 50 se convertiría en el principal interlocutor de la modernidad
latinoamericana; como dice Carlos Monsiváis, donde los latinoamericanos iban no a
soñar sino a aprender a ser modernos.65
Referencias bibliográficas
ADAMO, Sam. “The Sick and the Dead: Epidemic and Contagious Disease in Rio de
Janeiro, Brazil”. En: PINEO, Ron and James A. Baer (eds.). Cities of Hope. Boulder, Colo.:
Westview Press, 1998, pp. 218-239
63
Francisco Serrador, un temprano empresario, expandió su negocio y, hacia mediados de los años
10, había creado lo que es a menudo referido como un “trust de exhibición”. Creó la compañía
Companhia Cinematografica Brasileira en 1911 con una amplia base de inversores enfocada en la
distribución y la exhibición. Procedió a adquirir y/o construir teatros por todo Brasil, especialmente
en Rio de Janeiro. La compañía se convirtió también en el agente exclusivo de los principales
productores europeos y sobre todo realizó importaciones. Ver ARAÚJO, A bela época do cinema
brasileiro, pp. 369-370, 396, y DE PAULA ARAÚJO, Vicente. Salões, circos e cinemas de São Paulo. São
Paulo: Perspectiva, 1981, pp. 210-225.
64
Fox llegó en 1915, la Companhia de Películas de Luxo da América do Sul de Paramount en 1916,
Universal en 1921, MGM en 1926, Warner Bros. en 1927, y First National y Columbia en 1929. Ver
JOHNSON, Randal. The Film Industry in Brazil: Culture and the State. Pittsburgh: University of
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dd.mm.aaaa].
*
Ana López es Decana Asociada para Asuntos Universitarios (Associate Provost for Faculty Affairs) y
directora del Instituto de Estudios Cubanos y del Caribe en Tulane University. Es Profesora en el
Departamento de Comunicación y enseña cine y estudios culturales. Sus investigaciones se focalizan
en los estudios fílmicos y culturales latinoamericanos y latinos. Entre sus publicaciones más
recientes se encuentra la colección de ensayos Hollywood, Nuestra América y los Latinos (Havana:
Ediciones Unión, 2012). E-mail: [email protected]
**
Francisco Álvez Francese es estudiante de grado en la Licenciatura en Letras de la Universidad de
la República (Uruguay), egresado de la Escuela de Cine Dodecá, donde fue asistente en cursos de
Lenguaje Cinematográfico y de Guion. Es colaborador regular en la sección cultural del periódico La
Diaria, donde realiza reseñas, artículos y entrevistas y ha colaborado en la revista Lento. Actualmente
está interesado en la literatura inglesa de los siglos XIX y XX y sus intersecciones con la poesía
italiana medieval. Es profesor de Expresión Oral y Escrita en la Universidad ORT Uruguay. E-mail:
[email protected]
“E
l cine temprano es un cine global.” “El cine nacional aparece más tarde en
la historia del cine.” Avalaría ambas declaraciones como principios
históricos importantes, y podría reafirmarlas tomando prestada una
frase de mi colega Michael Raine, uno de los historiadores de cine japonés más
perspicaces: “el cine fue internacional antes de ser nacional”. Sin embargo,
inmediatamente una ráfaga de problemas irrumpe, sobre todo relacionada con la
terminología. ¿A qué nos referimos con “global”, “internacional” e incluso “nacional”? Se
me ocurre una historia que me contó un ex colega mío, Homi Bhabha (mis disculpas a él,
si mi memoria no es exacta). Mientras entrevistaba a un ejecutivo de Coca Cola, Bhabha
se refirió a Coca Cola como a una “corporación internacional”. El ejecutivo lo corrigió
diciéndole que Coca Cola se consideraba una “corporación global.” Bhabha le preguntó si
podía explicarle la diferencia. El ejecutivo se detuvo y llamó a su secretaria, quien
finalmente le brindó una declaración oficial sobre la identidad global de Coca Cola.
Confieso que me olvidé cuál era la definición (o tal vez ni siquiera el mismo Bhabha se
acordaba cuando me contó la historia). Pero mi interés no es promover una definición
precisa, sino concentrarme en la relación entre estos términos, en lo que ellos articulan y
encubren, en su poder en tanto indicadores del poder de definir y articular significados.
Por lo tanto, no estoy afirmando que el cine temprano represente una época más allá y por
encima de las disputas nacionalistas o de los juegos de poder, un periodo utópico que ignoró
las fronteras por razones idealistas. Si en sus primeras décadas el cine atravesó fácilmente
1
Este artículo fue originalmente publicado con el título de “Early cinema as global cinema: The
encyclopedic ambition” en el volumen Early Cinema and the “National”, Richard Abel, Giorgio Bertellini
y Rob King (eds.). New Barnet: John Libbey Publishing Ltd., 2008. Agradecemos a Tom Gunning por
autorizar su traducción para esta revista.
TRADUCCIONES ♦ TOM GUNNIG - EL CINE TEMPRANO COMO CINE GLOBAL 172
las fronteras fue porque siguió las rutas abiertas por el capitalismo global, el colonialismo y el
imperialismo. Durante su primera década la producción cinematográfica permaneció
concentrada en las naciones industrializadas y tecnológicamente avanzadas del hemisferio
norte-occidental. Si bien la exhibición de películas transitó rápidamente a través del mundo
(y, ciertamente, también la práctica de filmar, más allá de estar principalmente controlada
por casas de producción establecidas en Estados Unidos o Europa, bajo la forma de
camarógrafos embarcados en viajes alrededor del mundo como “cazadores de imágenes”),
al principio, apareció casi exclusivamente en los centros metropolitanos del comercio
imperialista. Sin lugar a dudas, las economías nacionales y políticas de estas naciones
dominantes determinaron muchas de las características del cine temprano. Cuando
Auguste Lumière en 1896 anunció a un periodista de Grenoble que la empresa Lumière
pensaba exhibir su Cinematógrafo en las “capitales de Europa” antes de organizar una gira
por las ciudades de Francia, es claro que su motivación principal era el potencial
económico y publicitario de la operación y no un sentimiento internacionalista.2 En vez de
proclamar un estado prelapsariano del cine temprano, afirmaría que en sus primeras
décadas (anteriormente, digamos, a la primera guerra mundial) el cine se entendió a sí
mismo, principalmente, como un medio que podía expresar un sentido de identidad global
nuevo. Aunque no fuera su único impulso ni tampoco algo limitado a este periodo, ese
frecuentemente anunciado potencial del cine para poner el “mundo al alcance”, ofrece una
de las imágenes más poderosas de su misión original.
El impulso global e internacional que el cine tuvo en la transición del siglo XIX al XX, debe
ubicarse dentro de un contexto cultural más amplio. Mientras que la expansión de la
exploración y el comercio durante todo el siglo XVIII influyó seguramente en los conceptos
de derechos humanos universales de la Ilustración, la enorme expansión industrial y
tecnológica que ocurrió a lo largo del siglo XIX convirtió este ideal en un sistema capitalista
de cooperación y explotación mundial. La explotación de las esferas de influencia coloniales
como fuente de materias primas y luego como mercados para productos manufacturados
tomó forma, tangible e ideológica, en las Exposiciones Universales, que demostraron y
celebraron, tal como el Príncipe Alberto proclamó refiriéndose a la Gran Exposición de 18513,
2
Ver la carta a Paul de Montal del 27 de enero de 1896 en Auguste y Louis Lumière, Correspondances
1890–1953, ed. Jacques Rittaud-Hutinet (Paris: Cahiers du Cinéma, 1994), 126.
3
Gunning se refiere a lo que en inglés se llama comúnmente la Crystal Palace Exhibition (N.T.).
4
Tom Gunning, “The World as Object Lesson: Cinema Audiences, Visual Culture and the St. Louis
World’s Fair, 1904”, Film History 6.4 (Invierno 1995): 422-444.
5
Charles Musser, “Before the Rapid Firing Kinetograph: Edison Film Production, Representation
and Exploitation in the 1890’s”, Edison Motion Pictures 1890-1900, An Annotated Filmography
(Washington, DC: Smithsonian Institution Press, 1997): 43-45.
6
Ver la discusión, particularmente refinada, sobre Buffalo Bill en Kristin Whissel, “Placing the
Spectator on the Scene of History: the battle re-enactment at the turn of the century, from Buffalo
Bill’s Wild West to the Early Cinema”, Historical Journal of Film, Radio and Televisión 22/23 (2002): 225-
243. N.T: se le llamaba “Rough Riders” (en español “jinetes duros”) a los componentes del Primer
regimiento de caballería voluntaria de Estados Unidos, durante la Guerra Hispano-Estadounidense
de 1898.
7
Ver, entre otros, Stephen Kern, The Culture of Time and Space, 1880-1918 (Cambridge, Harvard
University Press, 1983), 11-16; y Michael O’Malley, Keeping Watch: A History of American Time
(Washington, DC: Smithsonian Institution Press, 1990), 99-143.
El cine jugó un rol clave en la transmisión de esta nueva conciencia de lo global, no sólo en
el entretenimiento popular, sino también en la investigación académica. Los que
defendían al cine (y esto continuó por lo menos hasta los años 30) del ataque de quienes
criticaban las nuevas formas masivas de entretenimiento sensacionalista, a menudo
citaban a investigadores que sostenían que las películas de viajes eran el mejor medio para
tomar conciencia de la dimensión global en la que vivía el ciudadano común. Las
proyecciones de películas eran las clases de geografía de los pobres y los ciudadanos
comunes, cumpliendo así una función pedagógica básica. Algunos reformadores trataron
de crear una alternativa a los programas de cine comercial, presentando otros cuyo modelo
transmitiera una mirada sistemática del mundo a los habitantes atónitos de los barrios
marginales, a los niños inquietos o a los complacientes burgueses.8 Más allá de la misión
pedagógica de esta reforma de los programas, la obra maestra de Alison Griffith Wondrous
Difference, revela que las nuevas ciencias dedicadas a la observación global, tales como la
antropología, se equiparon con una gran variedad de tecnologías de registro que incluían,
como regla, a la fotografía, la grabación de sonido y las cámaras de cine.9
8
Ver, por ejemplo, la discusión de Scott Curtis sobre las programaciones cinematográficas
reformistas en la Alemania de los primeros años de 1910 en “The taste of a nation: Training and the
sense and sensibility of cinema audiences on imperial Germany”, Film History 6.4 (1994): 445-469.
9
Alison Griffiths, Wondrous Difference: Cinema Anthropology and turn-of-the-Century Visual Culture (New
York: Columbia University Press, 2001).
Gestalt10 esencial de la ambición del cine durante su época de novedad e innovación. Las
películas tempranas, comparadas con las producciones que las siguieron, pueden parecer
breves y limitadas en su alcance. Pero mientras los cortos constituyen los componentes
básicos del cine temprano, más que la película individual que ha sido canonizada por la
historia del cine posterior, la unidad del cine durante este periodo se puede entender
mejor en términos de programa, es decir como el ensamblaje, armado por el exhibidor, de
un cierto número de películas en una sola presentación. Si bien las maneras y los fines del
armado de un programa variaban, el cine temprano, como los diarios y los programas del
vaudeville, podía, y a menudo lo hacía, basarse en lo global como un medio ya reconocido
para dar unidad a una variedad de atracciones interrelacionadas.
10
En alemán en el original (N.T.)
11
Brooks McNamara, “Popular Scenography” The Drama Review 61 (Marzo 1974): 119.
12
Numerosos catálogos fílmicos de este periodo, incluyendo los de Lumière y Gaumont, están
disponibles en archivos cinematográficos. Una fuente accesible de los catálogos norteamericanos es
Charles Musser, A Guide to motion picture catalogs by American producers and distributors, 1894-1908: a
microfilm edition (Frederick, Maryland: University Publications of America, 1985). Los catálogos
franceses de Pathé-Frères han sido reeditados en Henri Bousquet, ed., Catalogue Pathé [1896-1914], 4
vols. (Bassac: Editions Henri Bousquet, 1993-1996).
“A la Conquete du Monde". Les frères Pathé. Afiche del ilustrador Adrien Barrère. Disponible en:
https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Adrien_Barr%C3%A8re13.jpg
13
He analizado de las categorías de los géneros del cine temprano encontrados en estos catálogos en
“‘Those that are Drawn with a Fine Camel Haired Brush’: The Origins of Film Genres”, iris 20 (otoño 1995).
Pero quizá el concepto de cine global más ambicioso y más consistentemente elaborado
surgió de su proyecto menos comercial, el Archivo del Planeta del financiero y filántropo
francés Albert Khan. Me baso aquí en la estupenda tesis y en la investigación que mi
estudiante Paula Amad realizó sobre este archivo.15 El proyecto de Kahn, que emerge
entre 1909 y 1912, llega hacia el fin del periodo que definimos como cine temprano e
indica la supervivencia y la sistematización de su ambición enciclopédica. A sabiendas de
ser un poco provocador al referirme a las programaciones del cine temprano como
enciclopédicas, con sus mezclas de entretenimiento y modelos de conocimiento, el hecho
de clasificar el proyecto de Kahn como enciclopédico, aunque difícilmente contra-
intuitivo, no debería impedirnos ver la diferencia entre un archivo y una enciclopedia.
Las enciclopedias se realizan para la difusión del conocimiento, mientras que los
archivos lo almacenan y lo rescatan. La enciclopedia se asemeja al archivo por incluir un
abanico de temas y por la naturaleza modular de sus rubros. Sin embargo, la
enciclopedia ofrece un ensamblaje real, mientras el archivo trabaja in potentia, como la
fuente de varias posibles enciclopedias. Por lo tanto, el archivo se mantiene en el ámbito
de los investigadores que lo consultan, mientras que la enciclopedia apunta a un público
más vasto.
14
A partir de 1904 Pathé extendió su alcance global generando sistemas de distribución en todo el
mundo y, a partir de 1908, abrió sub-compañías regionales de producción en toda Europa y en
Estados Unidos.
15
Paula Tatla Amad, “Archiving the everyday: a topos in French film history, 1895-1931” (Tesis doctoral,
Universidad de Chicago, 2002).
Petropolis, Brasil, en septiembre 1909. Autocromo atribuido a Auguste Léon. Museo Albert-Kahn
Disponible en: http://albert-kahn.hauts-de-seine.fr/archives-de-la-planete/mappemonde/amerique/bresil/
Amad ha hecho un trabajo excepcional al relacionar este proyecto con la idea de archivo
moderna (o como ella lo llama, dado su énfasis en lo cotidiano, un “contra-archivo”) y con
la cultura francesa de pre-guerra que lo fomentó. Estas películas, ya sean de un hombre
que camina al lado de un urinal público en París, de una prostituta argelina que
interactúa con sus clientes o de una mujer indochina que se desviste ostensiblemente
frente a la cámara para mostrar las capas de su traje típico (con el camarógrafo que
“discretamente” la filma fuera de foco cuando ella aparece desnuda), fascinan por su
mezcla de cotidianidad y exotismo. La falta de un contexto interpretativo específico, en
vez de volverlas opacas, dota a las películas de implicaciones diversas. Y no es que estas
películas carezcan de ideología: la cámara que observa, su apetito voyeurista por capturar
los detalles de comportamiento, expresan precisamente la demanda del Occidente
moderno por un mundo que se consume como si fuera imágenes e información; esto
indica lo que defino como la conciencia global. Incluso en su contingencia, en su
inmediatez de gesto y movimiento, sentimos una gran fascinación por los fragmentos de
realidad que estas cámaras arrancaron. Los sucesivos directores tendrán la ambición,
tanto de unir estos fragmentos en un conjunto (por ejemplo, los teóricos y realizadores
de los años 20 como Vertov y Shub) como, más tarde aún, de hacer que el fragmento
represente parte de una unidad (como Bazin promocionó el realismo contenido en las
elipsis de las obras de Rossellini y otros neorrealistas italianos). Empero aquí, en estas
películas encontradas en los archivos de Kahn reina no solo la ambigüedad, sino también
la ambivalencia, la sensación pasmosa de que estas imágenes forman parte de algo que
jamás podremos comprender y que constituyen en sí mismas un mundo que jamás
podremos sondear. Parafraseando a Amad, podemos decir que forman parte tanto de
una enciclopedia como de una “anti-enciclopedia”.
Hay dos tentaciones que envuelven a la investigación sobre el cine temprano y si bien
ninguna de las dos se puede ignorar fácilmente, deben tenerse en cuenta las limitaciones
que implican. La primera es ver a esta época (como dijo una vez Noël Burch) como un
“paraíso perdido”, un periodo de pureza antes de la comercialización y la
institucionalización. Si bien el comercio era diferente al que caracterizó al cine posterior y
las instituciones eran en gran medida pre-existentes, sin lugar a dudas, ambos
determinaron la naturaleza del cine temprano. Pero la otra tentación tiene que ver con
entender al cine temprano simplemente como si fuera el origen de prácticas que vinieron
después, la fuente de todas las futuras concepciones, aunque en estado embrionario. Las
diferencias del cine temprano no deben ser pensadas románticamente, pero tampoco
eclipsadas por una búsqueda de paternidad. La naturaleza global del cine temprano se
relaciona con prácticas globales que persisten hasta el día de hoy. Igualmente importante
es que el cine temprano brindó una imagen de lo global como nueva Gestalt. Como formas
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Tesis doctoral, Universidad de Chicago, 2002.
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enactment at the turn of the century, from Buffalo Bill’s Wild West to the Early
Cinema”, Historical Journal of Film, Radio and Televisión, 22/23, 2002, pp. 225-243.
____________________________
*
Tom Gunning es “Edwin A. and Betty L. Bergman Distinguished Service Professor of Humanities”
en el Departamento de Historia del Arte y el Comité de Cine y Media, de la Universidad de Chicago.
Es autor de dos libros, D.W. Griffith and the Origins of American Narrative Film (Illinois 1990) y The Films
of Fritz Lang: Allegories of Vision and Modernity (British Film Institute 2000), así como de un centenar de
artículos sobre cine temprano, vanguardia, géneros fílmicos y teoría e historia cinematográfica.
**
Riccardo Boglione. Doctor por la Universidad de Pennsylvania, es crítico de arte y curador. Se
ocupa de temas vinculados a las vanguardias y dirige la revista de literatura conceptual Crux
Desperationis. Entre otros libros, co-editó con Georgina Torello, Poesie che sanno di nafta. Antologia della
poesia futurista uruguaiana (Sentieri Meridiani, 2014). E-mail: [email protected]
Georgina Torello (PhD. University of Pennsylvania) es Profesora Adjunta de literatura italiana en la
Universidad de la República (Uruguay). Se ocupa de cine silente italiano y uruguayo. Coeditó
Watching Pages, Reading Pictures: Cinema and Modern Literature in Italy (Cambridge Scholars Publishing,
2008) y La pantalla letrada. Estudios interdisciplinarios sobre cine y audiovisual latinoamericano (EI, UdelaR,
de próxima publicación). Ha publicado varios artículos sobre cine silente en revistas académicas. E-
mail: [email protected]
E
ste texto aborda el proceso de rescate y restauración del melodrama Canta y no
llores, corazón (o el precio de una honra) (Chile, 1925, 50 min, 35mm, silente, b/n),
de Juan Pérez Berrocal, realizado por la Cineteca Nacional de Chile entre los
años 2014 y 2015. Una copia en nitrato (35mm, teñida, 7 rollos, 2.200 metros) fue
encontrada el año 1981 en la caseta de proyección de un cine en Concepción, donde fue
filmada. Entonces se hizo un primer rescate en video U-Matic y luego, en el año 2003, fue
transferida a video de mejor calidad (beta digital), finalizando en una edición en DVD de
500 ejemplares, que hoy podemos considerar un segundo rescate. La restauración digital
del 2014-2015 permitió recuperar los tintes originales y como resultado se obtuvo un
nuevo negativo en 35mm y una copia de difusión digital, cuyo estreno será en 2016.
1
JARA, Eliana El Cine mudo chileno. Santiago: Imprenta Los héroes, 1994.
RESCATES ♦ MÓNICA VILLARROEL M. - CANTA Y NO LLORES, CORAZÓN 185
El Leopardo (1926), de Alfredo Llorente; un breve metraje de Como por un tubo o El boleto de
lotería (1919), Mi noche alegre o Los Parafinas (1920), ambas de José Bohr, y fragmentos de
Vergüenza (1928), también de Juan Pérez Berrocal y de Manuel Rodríguez (1910).
Canta y no llores, corazón (o el precio de una honra) (Juan Pérez Berrocal 1925). La cinta sobrevivió en tres
soportes: nitrato 35mm, U-Matic y Beta digital
2
PARANAGUÁ, Paulo Antonio, Tradición y modernidad en el cine de América Latina. Madrid: Fondo de
cultura económica, 2003, p. 21
3
JARA, op. cit.
Al igual que ocurre en otros países del continente, en las ficciones se destaca
particularmente la idea de lo local en relación a lo nacional. Esto se aprecia en Canta y no
llores, corazón (o el precio de una honra) (1925) y en las crónicas referidas al film. No es
casualidad que la secuencia de mayor tensión de la película, cuando el seductor hiere de
un balazo por la espalda al protagonista, ocurra en los altos del puente del río Malleco,
postal de la zona de Concepción. Particular interés reviste una crónica aparecida en el
diario La Nación: “El estreno de esta producción tenemos la seguridad, cautivará el
asombro entre las legaciones y embajadas que nos visitan porque tendrán la oportunidad
de admirar las bellezas de nuestro suelo (…)”.4 Esto también denota la utilización del cine
como un elemento de construcción de una imagen país. Existe registro en la prensa de
su presentación allende los Andes. “Reúne todos los requisitos para justificar el éxito que
ha logrado no solo en Chile sino también en Argentina”.5 Y agrega el antecedente
referido a que el film está basado en una copla popular en boga, recogiendo además al
personaje del huaso como arquetipo del campo chileno. “Tiene escenas que nos pintan en
forma atractiva las costumbres de nuestros huasos, aventureros y nobles”.6
4
La Nación, 26 de diciembre de 1925, p. 22.
5
El Cóndor, 29 de mayo de 1926 s/p.
6
El Cóndor, 29 de mayo de 1926 s/p.
Castillo, quien luce su destreza y arte en el manejo de los sentimientos con toda
desenvoltura”.7
Producida por Apolo Films, la película fue estrenada oficialmente en el teatro Victoria de
Santiago el 28 de diciembre de 1925. Canta y no llores, corazón (o el precio de una honra), figura
con dirección, guión y argumento de Juan Pérez Berrocal; la dirección de fotografía es de
Gustavo Bussenius, con Bartolomé Giraudo como productor y cuenta con las actuaciones
de Tomás Medina, Clara del Castillo, Juan Pérez Berrocal, José Domenech, Pedro Eguiluz,
Antonia Pellicer, Anita Giraudo, Amparo Alsina, Alberto Sealls, Eduardo Varela, Emilio
Muñoz, Alberto Flores, Carlos Fuica, Juanito Pérez C, Paco Díaz.
7
El Mercurio, 16 de diciembre de 1925 s/p.
8
Tompkins, Cynthia. “Ideologías fundacionales en los melodramas chilenos El húsar de la
muerte (1925) Canta y no llores corazón (1925).” Trabajo presentado en el Congreso de la Latin American
Studies Association, Washington, 29 de mayo-1 de julio, 2013.
9
La Nación, 30 de diciembre de 1925, p. 25.
Canta y no llores, corazón (o el precio de una honra) (Juan Pérez Berrocal 1925). La restauración digital
permitió recuperar los tintes originales
Por otra parte, es importante señalar que en Chile también se conoció la modalidad de
los “filmes cantantes”, que consistía en agregar a las proyecciones música o canto
reproducidos en el gramófono (el sistema Vitaphone) o música en vivo con la
interpretación de cantantes detrás de las cortinas. En los créditos originales figura que
se trata de una “copia sonora-sincronizada sistema Vitaphone con intercalación personal
10
Sobre el tema de la distribución y exhibición, veáse ITURRIAGA, Jorge. La masificación del cine en
Chile, 1907-1932. La conflictiva construcción de una cultura plebeya. Santiago: Lom, 2015
de los protagonistas en la sexta parte”. Clara del Castillo y Juan Pérez Berrocal habrían
cantado en vivo en algunas funciones. “(…) se detenía la proyección, se encendían las
luces del escenario delante de la pantalla, y el público veía a los protagonistas (Clara y Yo)
con la misma indumentaria que aparecíamos en la cinta y cantando ella de verdad... El
público aplaudía siempre esta innovación, verdadero anticipo del cine sonoro”.11
La cinta original en 35mm fue encontrada en las bodegas del Teatro y Cine Concepción,
dependiente de la Universidad de Concepción, en 1981, cuando fue preservada en soporte
U-Matic. Luego, en el 2003, se realizó un segundo proceso de rescate, generando una
copia beta digital, que fue musicalizada y editada en DVD. En ese momento fue posible
salvaguardar el material encontrado en soporte nitrato, 35mm (33 min) y del material
rescatado del U-Matic. Diarios de la época fueron la fuente utilizada entonces para
agregar una didascalia que explicaría un trozo faltante de la película. De acuerdo al
diario El Ccóndor de Antofagasta, “Transcurren dos años y he aquí al rústico hijo de las
praderas, transformado en jefe de los talleres de un diario importante. Aprovechando
unos días de permiso vuelve al campo acompañado del pequeño huerfanito y allí se
encuentra con el horrible drama.”.12 El extracto publicado dio origen a la didascalia
incorporada en 2003: “Y la prosperidad acompañó al hijo de las praderas,
transformándolo en jefe de talleres de un diario importante. Juan Rene vuelve de visita
acompañado del pequeño huerfanito”.13 Estos elementos dan cuenta de la ausencia de
parte del metraje, lo que ha generado confusión en sinopsis y reseñas que han circulado.
11
PÉREZ BERROCAL, Juan. Mi Vida y El Teatro 1912 -1981, edición independiente, p. 69, apud. SÁEZ,
Rodrigo, “Los inicios del cine penquista. La Apolo Film y su película Canta y No Llores Corazón”.
Trabajo presentado en el I Seminario del Archivo de la Cineteca Nacional de Chile, noviembre de 2015.
12
El Cóndor de Antofagasta, 3 de junio de 1926 s/p
13
El equipo del proyecto del rescate de 2003 estuvo encabezado por Rodrigo Sáez (quien explicó este
proceso en el I Seminario del Archivo de la Cineteca Nacional, noviembre de 2015), Francisco Inostroza,
Marcia Orellana y Carmen Brito.
utilizó la técnica de rotoscopía para recuperar imágenes muy dañadas14 y se trabajó con
el software Diamant, para la restauración cuadro a cuadro, la recuperación de emulsión, la
eliminación de manchas y la estabilización de la imagen.15 Las versiones anteriores en
video sirvieron de referencia, y un fragmento del film (la secuencia de la pelea sobre el
puente del río Malleco) fue reconstruido a partir de ese soporte. Posteriormente, en
México, se elaboró un nuevo negativo y una copia digital para difusión.
Bibliografía
JARA, Eliana. El Cine mudo chileno. Santiago: Imprenta Los héroes, 1994.
PARANAGUÁ, Paulo Antonio. Tradición y modernidad en el cine de América Latina. Madrid:
Fondo de Cultura Económica, 2003.
14
Técnica que consiste en dibujar cada uno de los cuadros de una animación, con el fin de transmitir la
naturalidad y dinamismo de los movimientos, expresiones, luces, sombras, etc. de un personaje u objeto,
utilizando, por ejemplo, fondos de otro segmento menos dañado para recuperar parte de la escena.
15
La restauración digital fue realizada por Álvaro de la Peña, con el aporte de Joao Sócrates de
Oliveira.
Diarios de la época
____________________________
VILLARROEL M., Mónica. “Canta y no llores, corazón (o el precio de una honra) (Juan Pérez Berrocal, 1925,
Chile)”, Vivomatografías. Revista de estudios sobre precine y cine silente en Latinoamérica, n. 1, diciembre de
2015, pp. 184-191. Disponible en: <http://www.vivomatografias.com/index.php/vmfs/article/view/25>
[Acceso dd.mm.aaaa].
*
Mónica Villarroel M. es directora de la Cineteca Nacional de Chile. Doctora en Estudios
Latinoamericanos, Magíster en Comunicación e información por la Universidade Federal do Rio
Grande do Sul, UFRGS, Brasil, y Periodista de la Universidad de Chile. Autora de los libros La voz de
los cineastas: cine e identidad chilena en el umbral del milenio (Cuarto propio, 2005) y Señales contra el olvido.
Cine chileno recobrado (Cuarto propio, 2012, en co-autoría). Coordinadora de los libros Nuevas Travesías
por el cine chileno y latinoamericano (2015); Travesías por el cine chileno y latinoamericano (2014) y Enfoques
al cine chileno en dos siglos (2013), además de Imágenes de Chile en el mundo. Catastro del acervo chileno en el
exterior (2008). E-mail: [email protected] /[email protected]
Fotograma coloreado de Almas de la costa (Juan Antonio Borges, 1924). Gentileza Nelson Carro
E
l sábado 11 de abril de 2015, en la Sala 18 de Cinemateca Uruguaya, en el marco
del 33° Festival Cinematográfico del Uruguay, se presentó la nueva
digitalización y reconstrucción de Almas de la costa (1924), del uruguayo Juan
Antonio Borges. Producido a principios de los años 20, el film ofrecía, desde su campaña
publicitaria, un “argumento de tesis” centrado en la representación de un pueblo de
pescadores y los avatares de sus vidas humildes (viviendas precarias, violencias,
ENTREVISTAS ♦ GEORGINA TORELLO - SALVAR ALMAS. ENTREVISTA A NELSON CARRO 193
enfermedades, penurias), aunque hacia el final el poder absoluto del amor lograra −como
mandaban las tramas de la época− trascender toda limitación. Esa suerte de sumisión a
las reglas narrativas, sin embargo, no impidió a Borges, el estudiante de medicina que
ofició de director, que la película cumpliera con un fin noble: el uso del cine como
dispositivo masivo para la difusión detallada de un novedoso tratamiento de la
tuberculosis, el método Forlanini, resistido por la población (para mayor verosimilitud, la
escena de la terapia tenía lugar en el Hospital Fermín Ferreira, donde en la época se
atendía esa enfermedad). Aunque la película sea un unicum en el CV de Borges −algo muy
común en el espasmódico cine latinoamericano del momento como señala, entre otros,
el investigador brasileño Paulo Antonio Paranaguá− su interés por lo social lo llevó a
seguir ocupándose en el campo simbólico, junto con su esposa Elsa Fernández, de
temáticas afines. Juntos publicaron, entre otros, Agua Turbia (1939), y Loj’infelise. 3
angustias en 7 cuadros (1941) donde se dedicaban, en formato testimonial y teatral, a los
bretes de la vida rural.
Fotograma coloreado de Almas de la costa (Juan Antonio Borges, 1924). Gentileza Nelson Carro
Georgina Torello: Almas de la Costa tuvo un primer montaje. Empecemos por ahí.
Nelson Carro: Sí, vamos por orden. En el año 1974 Manuel Martínez Carril, que entonces
dirigía la Cinemateca Uruguaya donde yo trabajaba, me dio una lata de películas de 16
mm, que era un contratipo del material de 35 mm positivo, de Almas de la Costa.
NC: Hay una parte de reconstrucción especulativa mía, pero creo que fue así. Juan Carlos
Álvarez, a principios de los 60, escribió una nota en La Mañana preguntando dónde
estarían esos pioneros del cine uruguayo (entre ellos, el director de Almas de la Costa) y
ahí apareció el Dr. Borges. Le hicieron un homenaje en el Cineclub y pasaron fragmentos
de la película. Esos fueron los que yo recuperé el año pasado: eran los 6 minutos que
quedaban del positivo de nitrato coloreado1. Tanto Martínez Carril como el crítico Álvaro
Sanjurjo −que habían estado en los sesenta en ese homenaje− me comentaron que esto
era lo que se había visto en el Cineclub. El programa del evento lo confirma, habla de
“fragmentos”. A raíz de este reconocimiento, el Dr. Borges juntó todo el material que
tenía en su casa y lo donó, creo, al Sodre. Luego el material de nitrato −dos rollos
negativos y el pequeño rollito positivo color− se fue a Cinemateca Uruguaya. Los rollos
negativos, en algún momento, se pasaron a acetato.
NC: Nadie sabe que pasó con ella, ni siquiera Borges. Eso fue lo que tenía él y eso fue lo que
se copió. Alrededor de 1973, en San José, el laboratorio de Luis Pugliese hizo una reducción
1
Carro se refiere a la presentación de los fragmentos digitalizados en la 32° edición del Festival
Cinematográfico Internacional del Uruguay (10 al 20 de abril de 2014).
a 16 mm. Yo hablé con el hijo, Homero Pugliese, el año pasado que me contó que su padre
había inventado una manera de hacer transferencias de 35mm a 16 mm, de una forma un
poco rudimentaria, pero efectiva. Yo trabajé con esa reducción, vale decir con un 16 mm,
contratipo del 35 mm, de calidad bastante mala, muy contrastado. Además, como siempre
digo, cuando yo me puse a trabajar en la película, trabajaba con un visor cuya pantalla era
más chica que la de un celular de hoy. Ver el vestuario de los personajes o distinguir bien
los gestos era imposible, además el material estaba muy desordenado, la tarea me superó
completamente y no hubo forma de darle una estructura. Lo que hice fue dar un cierto
orden, que ahora ya no recuerdo, quedándome con la impresión de que había cometido un
crimen contra la película, siempre me quedó un complejo de culpa. En ese momento,
además, estaban vivos tanto la actriz como el director de la película. Yo me reuní más de
una vez con él y Martínez Carril con la actriz, pero en 1974 las cuestiones de recuperación
de la memoria no estaban articuladas como ahora. Entonces, cuando pienso que estuve
con él y no le pregunté una cantidad de cosas…
El positivo de nitrato coloreado. Foto tomada en la Cinemateca Uruguaya, gentileza de Nelson Carro.
NC: No, las grabadoras no eran como las de ahora, eran de carrete y transportarlas no era
fácil. Yo tenía 22 años y carecía de experiencia, pero tampoco Martínez Carril escribió
nada. Efectivamente, en esta época a nadie se le ocurriría hacer eso, creo que ha habido
un cambio de mentalidad para esas cosas.
NC: Quedó ahí una buena cantidad de años. Hasta que un día me llega un correo a
México, de la Cinemateca, sobre un estudiante, Sebastián Pérez, que estaba
haciendo una tesis sobre cine uruguayo. Como el trabajo lo había superado, al final
había decidido que lo que quería era centrarse en Almas de la Costa y reconstruirla.
Él entrevistó a Martínez Carril, a Elsa Borges, la hija del director, y a a mí, que justo
viajaba a Montevideo. Su idea era reconstruir la película y agregarle testimonios de
Martínez Carril, mío y de alguien más. Trabajó un tiempo en el proyecto, pero como
él lo que quería era hacer cine, cuando le surgió la posibilidad de hacer una película,
se desentendió totalmente de eso. Al grado que ni siquiera editó las entrevistas y
nunca se han visto. Pero por ahí andan y por ahí anda Sebastián Pérez. Yo me
acuerdo que en la casa de Elsa Borges vimos la película en un monitor mientras
comentábamos.
Fue a raíz de eso que en 2012, unos cuantos años después, en el marco de la
reestructuración de la Cineteca Nacional de México, durante un seminario sobre
restauración del que yo era uno de los organizadores, se me ocurrió proponer trabajar
sobre Almas de la costa. Pero la idea incial era, más bien, trabajar teóricamente: ver qué
material había, juntar lo que yo sabía, etc. Allá les empezó a interesar y cuando hablé de
la cosa con Martínez Carril, a él también le importó y empezamos a armar un proyecto.
Hasta que hace dos años, pude llevarme todos los materiales que había de la película a
México, donde se digitalizó y lo pude ver bien. Se trataba del negativo nitrato, el positivo
acetato de ese negativo, el rollito de color y el material de 16 mm (el material de 16 mm y
el positivo acetato son exactamente iguales, es el mismo material, uno copia del otro). Lo
que yo no había visto nunca era el positivo en colores, porque con ese no se había hecho
nada. En este momento uno de los rollos de nitrato 35 mm está extraviado, porque el
negativo sólo es la mitad del positivo… Debe estar traspapelado. Porque en realidad el
negativo 35 mm nitrato es la segunda mitad del rollo de acetato.
A partir de ahí, el tema fue darme cuenta de qué era eso y cómo estaba todo. Porque
siempre me había llamado la atención que de esa película no habían intertítulos: por eso
en 1974 me había quedado con la idea de que lo que me habían dado no era una película,
más bien eran descartes, o algo así. Las tomas de los rollos de negativo no están
ordenadas, no tienen pegaduras y las detenciones y arranques de cámara se ven,
entonces es un negativo de cámara. Ahora, el positivo que está coloreado tampoco es
fragmento de una copia porque hay escenas que se repiten, y ahí la pregunta sería: ¿ Por
qué está coloreado si hay escenas duplicadas? Otro misterio.
GT: ¿Se sabe dónde se coloreó? ¿En Buenos Aires, como era usual?
NC: Supongo que sí, en Buenos Aires. A partir del año pasado, el asunto fue qué hacer
con eso y había dos posibilidades. Una era dejarlo así, como material de estudio para
investigadores. Otra era darle una forma −que no es la original, porque nadie sabe cuál
es−, pero una forma que respetara el material, tuviera una cierta coherencia y se pudiera
seguir.
NC: Trabajando con Haydé Lachino, mi esposa -que se encarga de la edición-, a partir de
todo eso, empezamos a armar una película. Teníamos la sinopsis, los intertítulos en papel y
una cantidad de material. Y el resultado es claro: hay imágenes que deben haber sido así, o
muy parecidas, otras que quién sabe, y otras que no sabemos dónde iban. En los 46 minutos
que conforman esta versión están prácticamente todas las imágenes que había (hay como un
minuto de fragmentitos que no supimos dónde iban). Pero tratamos de poner todo el
material, incluso hay partes de escenas que están repetidas y preferimos dejarlas.
NC: En general, los intertítulos no tienen problemas. El intertítulo más difícil de colocar
es la carta que uno de los protagonistas le manda a su mamá, porque no hay ningún
momento en el que él escriba. La carta que él recibe sí, porque la están leyendo. Ahora, la
otra cosa es que Borges cuenta que habían hecho un guión y que cuando fueron a filmar
le resultó imposible seguirlo por la precariedad de las condiciones de producción, por lo
cual tuvieron que adaptarlo. Cuando uno ve las imágenes también se da cuenta de que no
hay una coherencia en la historia. Por poner un ejemplo: en un momento cuando la
protagonista está internada en un hospital, otro personaje le manda una maletita con
frutas o verduras recomendando al mensajero “decile que son de mi quinta”. Uno se
pregunta de qué quinta habla ese personaje si es un pescador y se dedica sólo a la pesca.
Cuando editábamos Haydé siempre me decía que no buscara coherencia. Es todo un
poco absurdo. De Almas de la Costa quedó esta versión, pero se podría hacer otra, tan
arbitraria como ésta . Desde el punto de vista del estilo: los intertítulos se rehicieron en
tipografía, porque estuvimos viendo y durante la restauración de la película mexicana El
automóvil gris (Enrique Rosas, 1919) se encontraron los cartones escritos a mano de los
intertítulos, hechos para mandarlos en tipografía. Entonces, como teníamos los
intertítulos en hojas, seguimos la misma idea: los hicimos con una tipografía más o
menos similar a la de la película mexicana.
GT: ¿Usaron fotos fijas para las partes que seguramente faltan?
NC: Optamos por utilizar sólo una foto fija, porque del personaje en cuestión, un doctor,
no hay otra imagen en la película: es una foto de periódico, el tamaño era chico y no es de
gran calidad, pero por lo menos no está pixelada y permite visualizarlo. Habíamos puesto
alguna imagen fija, pero como la película igual se entendía, preferimos sacarlas.
hizo fue restaurar. Toda la pérdida de emulsión quedó en la película y todavía no está
remascarillada. Eso sirve para mostrar cómo se encuentran esos materiales, aunque no
es una película que se vea tan afectada por eso. Se escaneó la película con las
perforaciones y a los lados se ven fragmentitos.
GT: ¿Y en términos de
conservación?
NC: Uno de sus valores es que está filmada en locaciones interesantes como los barrios
de Buceo y del Prado; que está coloreada, caso muy particular de lo que queda del silente
uruguayo; que tiene elementos del cine europeo de las divas, y pone en escena una
problemática de tipo social, como la tuberculosis. Vale decir es un testimonio muy
importante del cine de Uruguay y de su cultura, como puede serlo un libro u otro
artefacto de la época.
Ficha de la película
Almas de la costa
Uruguay, 1923 [estreno 1924] – 50 min. VM.
Dir: Juan A. Borges Nicrossi
Guión: Juan A. Borges Nicrossi, Antonio de la Fuente.
Fotografía: Henry Maurice, Isidoro Damonte.
Productor: Lisandro Cavalieri , Charrúa Film.
Elenco: Luisa T. de Cavalieri, Remigio Guichón, Juan Carlos Russi, Arturo Scognamiglio,
Miguel Cristy, Judith Acosta y Lara, Señora de Lara, Aída Gracia Livio.
Digitalización: Laboratorio de Restauración Digital de la Cineteca Nacional.
Reconstrucción: Nelson Carro, Haydé Lachino.
_________________________________
TORELLO, Georgina. “Salvar almas. Entrevista a Nelson Carro”, Vivomatografías. Revista de estudios
sobre precine y cine silente en Latinoamérica, n. 1, diciembre de 2015, pp. 192-202 Disponible en:
<http://www.vivomatografias.com/index.php/vmfs/article/view/35> [Acceso dd.mm.aaaa].
*
Georgina Torello (PhD. University of Pennsylvania) es Profesora Adjunta de literatura italiana en la
Universidad de la República (Uruguay). Se ocupa de cine silente italiano y uruguayo. Coeditó
Watching Pages, Reading Pictures: Cinema and Modern Literature in Italy (Cambridge Scholars Publishing,
2008) y La pantalla letrada. Estudios interdisciplinarios sobre cine y audiovisual latinoamericano (EI, UdelaR,
de próxima publicación). Ha publicado varios artículos sobre cine silente en revistas académicas. E-
mail: [email protected]
Fotograma de Garras de Oro (P.P. Jambrina, Cali Film, 1926). Película conservada en la Fundación
Patrimonio Fílmico Colombiano.
Por más de una década Ramiro Arbeláez le ha seguido la pista a una rara avis del cine
silente colombiano, la elusiva Garras de Oro (P.P. Jambrina, Cali Film, 1926). Un film que
se distancia de las convenciones estilísticas y narrativas de la producción colombiana de
mediados de los años veinte, y que explícitamente abandera una retórica anti-yanqui en
el contexto de la pérdida del istmo de Panamá. Oculto por varias décadas, el film recibió
amplio interés en Colombia y en el exterior al ser exhibido en el Orphan Film Symposium
ENTREVISTAS ♦ JUAN SEBASTIAN OSPINA LEÓN - ENTREVISTA A RAMIRO ARBELÁEZ 204
Ramiro Arbeláez en una escena del documental Garras de Oro: herida abierta en un continente (2015).
Juan Sebastián Ospina León: En su documental usted afirma del film que “cualquier
cosa que se diga en torno a Garras de Oro siempre cae en la incertidumbre”. Otra palabra
que usted utiliza es la palabra misterio. ¿Qué misterios giran en torno a esta película?
Enrique Ortiga que estaba en México, se logró que el Instituto Goethe de México
financiara otra copia, ya incluyendo los 8 minutos. Lo que se puede ver hoy son 56
minutos en total.
Haciendo el documental volvimos a hablar con Luis Ospina para que saliera explicando
lo que había pasado cuando el film llega a las manos de la FPFC. Estaba a cargo Jorge
Nieto y con él la vieron en una moviola. Luis siempre contó que cuando había llegado la
película de Cali, no vio que tenía cosas caleñas, pero lo que sí vio fue un letrerito en un
tren que decía “vietato fumare.” Lo volvimos a buscar en la copia que está restaurada y
esa parte no la encontramos. Suponemos que es una de las partes que se descartó por
estar en mal estado. O se perdió porque estaba al final de un rollo. No sabemos por qué
no quedó dentro de la copia restaurada de 56 minutos.
Aunque uno entiende la trama, la primera visión que tiene un espectador es la de una
historia con muchas lagunas. Tiene una sensación de cómo es la historia, pero no puede
estar totalmente seguro de lo que pasa. Uno supone que a la película le faltan unos 10 o 15
minutos. Puede ser que haya sido un largometraje de una hora y quince, una hora y
veinte, más o menos.
JSOL: Como se sugiere en el documental, otro misterio sería el hallazgo del film mismo.
RA: Yo dudo mucho de mi colega Rodrigo Vidal. Como tú ves en el documental, él tiene
una especie de sorna. No estoy seguro de que él se haya encontrado la película en las
circunstancias que cuenta. Él dice que un anónimo lo llamaba (por teléfono) y que ya
como en la tercera o cuarta conversación le dice: “es que yo lo llamo para ver si Ud. va y
rescata esta película”. Porque coincidentemente estaban empezando los trabajos de
restauración del teatro Jorge Isaacs en Cali. El teatro Isaacs es una especie de teatro
municipal, hecho para música y para presentaciones escénicas, no para cine. Lo
restauraron, lo dejaron muy bonito, y estaban iniciando estas obras cuando este
personaje llama a Vidal previniendo que durante la restauración pudieran descubrir la
película escondida y tal vez destruirla. Entonces el anónimo le dijo: “vaya y rescátela”.
Digamos que eso es posible, es probable. Es plausible que haya pasado eso, pero hay otras
versiones. Hay amigos míos que me han contado otras versiones que el mismo Vidal les
contó: que realmente esa copia se la trajo uno de los hermanos Acevedo (una familia
pionera del cine colombiano). El último de los Acevedo vivo fue el que le dio las pistas o se
la trajo. A Vidal lo que le interesa es construir su propia versión en un libro o una
película. Entonces por eso él se ríe en el documental y dice que lo más importante es que
la película apareció y ya. Por mucho tiempo me dijo que la copia estaba en la cabina (de
proyección) del teatro, pero yo le decía que es muy raro que en la cabina haya un armario
que nadie abra. Luego me dijo: “es que ese armario no estaba en la cabina, sino en un
pasillo y estaba un poco escondido”. No sé, es muy raro.
De lo que sí estoy seguro es que la película no fue rodada en Cali, por lo menos de manera
completa. La mayoría de las cosas no son de aquí (Cali) y en las notas de prensa que yo
encontré del mismo año —la película se estrenó en Cali el 13 de marzo de 1927— se
sugiere lo mismo. Según las notas de prensa de gente amiga de Alfonso Martínez
Velasco, quien firmaba bajo el pseudónimo de P.P. Jambrina, la película se había hecho
en Milán.
terremoto muy grande donde se cayó la Iglesia de la Ermita, que es todavía un icono aquí
en Cali. Se quedó sin techo en esa ocasión y aprovecharon para filmar unas escenas
donde la luz les era favorable para filmar dentro de la iglesia.
Garras de Oro (P.P. Jambrina, Cali Film, 1926). Película conservada en la Fundación Patrimonio
Fílmico Colombiano.
Esa anécdota es de la primera película que filmaron. La segunda fue, más o menos,
contemporánea a Garras. Lo que sí se sabe es que Camilo Cantinazi, que fue el director de
las dos películas, fue parte del grupo que constituyó la empresa Cali Film. Su nombre
aparece en el acta de constitución de esa empresa y se nota que es una empresa
constituida exclusivamente para rodar Garras de Oro, que en ese momento tenía otro
título, se llamaba “La venganza de Colombia o la muerte política de Teodoro Roosevelt”.
El guion, firmado por otro colombiano que tal vez sea de Cartago (población al norte del
Valle Del Cauca), José Vicente Navia, aparece con ese primer título en el Diario Oficial de
Colombia. Así se inscribió en la oficina de instrumentos públicos, donde se inscribían
los derechos de propiedad de obras literarias de la época. Era una sección del Ministerio
de Educación de ese entonces. Esta publicación del Diario es de 1925. Seguramente
también la vieron los gringos, los diplomáticos que estaban en ese momento en
Todo es probable. Incluso, personalmente, yo sospecho que puede haber una copia de la
película en EEUU. Quizá bajo otro registro. Porque si en algún momento tenía otro
título, puede ser que esté por ahí refundida en el mismo Departamento de Estado, o en
otro archivo, y que haya una versión completa. Es mi esperanza.
JSOL: Algo similar ocurrió con Una nueva y gloriosa nación (Albert Kelly, 1928), un film
argentino rodado por encargo en EEUU. El film se consideraba perdido hasta hace un
par de años cuando fue ubicado en Europa bajo otro título. Volviendo a Garras, en
términos visuales y narrativos la película se distancia radicalmente de la producción de
ficción colombiana del período. ¿Qué más nos podría decir de ese misterio?
RA: Sí es cierto. Aquí el guion nos hubiera ayudado mucho para descubrirlo. Yo intenté
encontrarlo en varios archivos. Empecé por el Ministerio de Educación y luego fui a
muchas bibliotecas y no aparece ese cuadernito que se registra en el Diario Oficial.
1
SUAREZ, Juana y Ramiro Arbeláez. “Garras de Oro (Dawn of Justice—Alborada de Justicia): The
Intriguing Orphan of Colombian Films”. En: The Moving Image, Vol 9, Nº1, 2009, p. 54-82.
Ahora, en la película hay dos clases de intertítulos: unos intertítulos bonitos, con marco,
y otros intertítulos con otra letra que parecen hechos en un momento distinto. No son
tan cuidados. Puede que esos sí sean de P.P., porque esos sí tienen absolutamente buena
ortografía, las tildes están correctamente puestas. Puede ser que él haya cambiado o haya
llegado en el momento de hacer unos nuevos y no le alcanzó el tiempo para repetirlos
todos. Puede ser que él haya terminado autorizando ese rodaje que ya había empezado, y
que, seguramente, muchas escenas ni siquiera hayan sido dirigidas por él. Yo no puedo
afirmar ahora que él no dirigió nada, pero yo sospecho que él no dirigió todo. Incluso, la
edición, él no la dirigió toda, porque no creo que él hubiera dejado pasar lo de los
intertítulos. Esa es mi hipótesis.
Garras de Oro (P.P. Jambrina, Cali Film, 1926). Película conservada en la Fundación Patrimonio
Fílmico Colombiano.
JSOL: Juan Buenaventura sugiere en una tesis de maestría que la película podría ser una
suerte de pastiche de diferentes films.
RA: Eso es cierto sólo en un fragmento donde están hablando del momento en que EEUU
tomó Panamá, donde pasan unos planos de unos barcos en el océano, como navegando. Se
ve que los buques tienen cañones, y luego pasan un inserto de un marinero mirando por
un periscopio. Solamente esa parte, yo podría decir que es tomada de películas, de
momentos que no se grabaron para esta película; pero lo demás tiene perfecta continuidad
de personajes, de estilos y de tema, que puede ser incluso demostrado. Entonces si
(Buenaventura) solamente se refiere a esa parte, entonces estaría de acuerdo, pero en
general no es una película enteramente hecha de pedazos, porque esto es un fragmento
muy pequeño. De manera que yo creo que esa tesis puede ser parcialmente cierta, referida
a un fragmento irrisorio de la película. Todo lo demás se puede demostrar que es hecho,
muy bien hecho además, porque tiene muy buena dirección artística, la película es muy
cuidadosa en los escenarios, en el mobiliario, en los vestuarios, en todo.
Entonces, digamos que eso es también una cosa extraña para el cine nacional de esa
época, cuando la dirección artística no era muy buena. Allí hay una diferencia. Para mí es
eso. La película es hecha con, digamos, una gran factura italiana que incluso puede no
ser responsabilidad de manos colombianas. Tal vez las manos colombianas de P.P.
Jambrina llegaron a lo último, creo que ese rodaje comenzó a mediados de 1926, no en
noviembre, cuando él se fue a Europa.
JSOL: ¿Y qué tal esta otra hipótesis? En un artículo reciente, Kaveh Askari analiza una
película iraní titulada Cyrus the Great.2 Aparentemente se trata de la parte babilónica de
la Intolerance de Griffith (1916), reeditada en Irán de tal manera que la película consiste
en una celebración de Persia, lo opuesto de su función original donde Babilonia figura
como el paradigma de la intolerancia en la Antigüedad. Me intriga pensar si en el otro
lado del mundo, durante el mismo periodo, hubo también la habilidad y el intento de
reeditar una película a tal punto de alterar una historia con fines políticos. ¿Podría ser el
caso de Garras de Oro?
RA: Pues yo lo veo muy remoto. Veo que es una posibilidad, no te puedo demostrar que
no en este momento. Pero creo que todavía nos falta investigar. Es decir, no me cierro a
la banda completamente, porque es posible que más adelante se descubra todo, y se
descubra cuál es la película original que han reeditado y que se conservan los personajes,
pero esto no coincidiría con las notas de prensa de la época. Incluso antes de esas notas
de estreno ya se decía que se iba a rodar una película y la estrella iba a ser la (Lucia)
Zanussi, de la que hablamos en el artículo (ver nota al pie 1) y en el documental. No
podíamos estar seguros de qué personaje era en la película, pero en Italia, por medio de
una amiga documentalista que colaboró en la investigación, se pudo precisar que se
trataba de la actriz que hacía de Berta y que, además, había actuado en Quo Vadis? (1924) y
en Maciste en el infierno (1925): Lucia Zanussi. Entonces tu hipótesis es muy improbable,
porque hay muchas cosas que demostrarían lo contrario. Las notas de prensa de la época
tienen de alguna manera un soporte para demostrar lo contrario.
2
ASKARI, Kaveh. “An Afterlife of Junk Prints: Serials and Other ‘Classics’ in Late-1920s Tehran. En:
Bean, Jennifer (Ed.) Silent Cinema and the Politics of Space. Bloomington: Indiana University Press,
2014, pp. 99-120.
Ahora, también puede ser que el que hizo la reedición de la cual hablas pudo haber dicho
que iba a ser con la Zanussi. No me cierro totalmente a esa idea, pero lo veo muy
improbable. El problema es que en un principio yo pensaba que había un actor
colombiano, el Paisa (nativo de la región de Antioquia). Creo que alcancé a escribir un
artículo diciendo eso porque en algunas notas de prensa yo había descubierto que un
paisa había actuado en las películas que se hicieron en Cali. Y claro, yo no sé por qué un
periodista que escribió sobre Garras cuando la vio, le puso el mote de paisa al personaje
que se roba la maleta en el film. Porque lo trata así en su columna; y yo, influido por eso,
inicialmente pensé que era el Paisa, un paisa que actúa en varias películas de la época y
que había sido en Cali muy famoso por timador. Él mismo escribió varios libros. Pensé
que era él cuando vi el film, pensé que el ladrón podría ser Paisa por la fisonomía de ese
personaje. Es muy difícil afirmar que no sea colombiano porque aquí tenemos
ascendencia de alguna gente de Europa, se parecen. Pero luego me di cuenta de que ese
personaje no podía ser el Paisa del cual hablaba la prensa caleña.
la mandamos así con ese título. Cuando la volvimos a ver realmente no nos gustó cómo
quedó. Estábamos insatisfechos. Y le pedimos a Mauricio (Morris), que es el editor de
muchas películas de Óscar y que es egresado también de la escuela (la Universidad del
Valle), que le pegara una revisada. Y le pegó un revolcón. Hay muchas continuidades,
muchas figuras de continuidad que logra muy bien y que le dieron otro aspecto a la
película. Le creó una especie de intriga que va creciendo. Eso me gustó mucho. A pesar
de que hubiera podido haber sido pensada así, nosotros no habíamos conseguido lo que
él consiguió editando. Entonces, muchos de estos detalles, sobretodo de la parte visual,
son de Vergara realmente. Nosotros pensamos muchas posibilidades: ¿cómo contar esto?
Incluso no tenía narración en off en un principio, pero luego yo le dije a Óscar: “hay cosas
que no se pueden sino decir desde una voz, porque no hay caso”. Y él fue el que insistió
en que fuera yo mismo porque yo era el investigador. Realmente, yo era el que tenía que
hablar y, bueno, yo estuve de acuerdo aunque había sido idea de él.
RA: Esa parte es un aporte de Óscar que me hizo caer en cuenta de que, en cierto sentido,
era como una idea benjaminiana en donde había una anacronía que se mantenía en el
tiempo, que todo el tiempo persistía e incluso podía llegar hasta el futuro. Es decir,
nosotros vimos que el momento por el que estaba pasando Colombia en los años veinte
no era muy distinto a los momentos actuales, y tratamos de ver qué cosas nos podían
hablar de situaciones parecidas. Por eso decidimos, a pesar de que lo discutimos mucho,
dejar la parte más política de la película, la de la política actual, que es cuando (Hugo)
Chávez pelea con Álvaro Uribe sobre las bases americanas. Nosotros estábamos rodando
y llegó la noticia de las bases. Eso fue como una reflexión posterior que tuvimos, y
dijimos: “mirá esta parte, es muy clave”. Intentamos sustentar, por medio de lo que
estaba pasando en la actualidad, cosas que tuvieran relación con las condiciones o con las
relaciones de poder de esa época, en donde uno podría conjeturar que aquí lo que no
tenemos es memoria. Nosotros lo que hemos perdido es la memoria, estamos volviendo a
repetir y a caer en situaciones de antes que creíamos superadas. Entonces, combinar el
pasado con el presente, la forma como se hace en la edición, es una cosa en que
insistimos para tratar de ver cómo la actualidad volvía a colocar lo que se creía superado.
No sé si habrás leído El País creado por Wall Street (2004) del historiador Ovidio Díaz
Espino, quien habla al final del documental. Es increíble porque allí hay una
investigación que no se ha hecho. Cuando mandan este buque colombiano a apaciguar
esa sublevación de Panamá, y todo lo que viven los soldados cuando llegan a Colón, y
encarcelan a los dirigentes, y éstos tienen que ir a ciudad de Panamá, todo lo que pasa
cuando ellos se devuelven. Todo eso es una película larguísima. No está, incluso,
completa en la historia del libro de este historiador panameño, y a uno le dan ganas de
seguir por ahí una veta investigativa, porque sobre eso no se ha dicho mucho. Sobre todo,
no se ha hecho un documental o una película que vuelva a tematizar esos eventos.
Garras de Oro (P.P. Jambrina, Cali Film, 1926). Película conservada en la Fundación Patrimonio
Fílmico Colombiano.
Todavía hay cosas de mucha riqueza que siguen siendo inexploradas, de mucha
potencialidad investigativa y de hallazgos históricos. No bastaría con relacionar libros,
porque se ha escrito mucho sobre la separación de Colombia y Panamá, sino realmente
presentar los hechos y toda la culpa que le cae al Congreso colombiano o a los dirigentes
de esa época. Nadie les reclamó nada. No hubo luego un pedido de cuentas, ni siquiera de
la historia, ni del porqué. Bueno, también es cierto que ellos calcularon mal, como cuenta
el historiador; ellos querían una reivindicación económica. Entonces, lo que queremos
sugerir es que todavía sigue una situación parecida, muy incierta, tanto en la historia
como en el futuro, en esa relación de poder que se establece entre Colombia y EEUU.
_________________________________
OSPINA LEON, Juan Sebastián. “Herida abierta en un continente: entrevista a Ramiro Arbeláez”.
Vivomatografías. Revista de estudios sobre precine y cine silente en Latinoamérica, n. 1, diciembre de 2015,
pp. 203-217. Disponible en: <http://www.vivomatografias.com/index.php/vmfs/article/view/33>
[Acceso dd.mm.aaaa].
*
Juan Sebastián Ospina León es doctor en Literaturas y Lenguas Romances con un Énfasis en
Estudios de Cine de la Universidad de California, Berkeley. Su trabajo investigativo traza relaciones
entre el melodrama, la modernidad y diversos regímenes de visibilidad en el cine y la cultura fílmica
de principios del siglo XX en Latinoamérica. Actualmente es profesor adjunto en la Universidad de
Pittsburgh, EEUU.
Pablo Alvira*
L
os estudios sobre el cine silente en
América Latina todavía son escasos
con relación a lo producido sobre
otros períodos de la cinematografía regional;
no obstante, han experimentado un notable
crecimiento en los últimos años, al mismo
tiempo que también ha aumentado la recuperación de materiales fílmicos considerados
perdidos o muy difíciles de localizar. Durante la última década estos avances son palpables
principalmente en Brasil, Argentina, Colombia, Chile y México. Dentro de la producción
reciente de este último país se destaca el libro En tiempos de Revolución (2013) de Ángel
Miquel, investigador de la Universidad Autónoma de Morelos, que aborda el cine en la
ciudad de México entre 1910 y 1916. Editado por la filmoteca de la Universidad Nacional
Autónoma de México, el libro es una importante contribución a la historiografía del cine
mexicano y a la del período silente latinoamericano en general.
El lustro abordado por Miquel es significativo en más de un sentido. Son los años
convulsionados de la Revolución Mexicana, un proceso que alcanzaría su
institucionalización y cierta estabilidad hacia 1916-1917, con la victoria definitiva de una de
las facciones revolucionarias, la de Venustiano Carranza. Al mismo tiempo, tienen lugar
en esos años transformaciones claves en las prácticas cinematográficas, tanto de
exhibición como de producción. El libro está organizado en cinco capítulos, que se
corresponden con una división del período 1910-1916 en cinco sub-períodos, ordenados
cronológicamente de acuerdo a las vicisitudes políticas del país. El núcleo del análisis es
una serie de documentales de diverso metraje sobre la Revolución Mexicana que un
puñado de cineastas realizó durante esos seis años, dejando registro de los hechos bélicos y
otros acontecimientos trascendentes de la Revolución. En la actualidad, ninguna de estas
películas existe tal cual fue exhibida en aquel momento, y de varias no ha sobrevivido nada,
por lo que Miquel debe reconstruir a partir de los fragmentos existentes y de fuentes
secundarias, principalmente programas de exhibición, su contenido y estructura, así como
una caracterización general del todo el corpus. Se trata de un total de 26 documentales de
media hora o más filmados principalmente por Antonio Ocañas, Salvador Toscano, los
hermanos Alva, Enrique Rosas y Jesús H. Abitia, a los que habría que agregar una cantidad
no determinada de cortometrajes realizados por estos y otros cineastas mexicanos y
estadounidenses. Es notorio cómo, pese a los vertiginosos y violentos cambios de poder
entre las facciones, la repetición de unos pocos nombres a cargo de las películas da cuenta
de la ubicuidad y pragmatismo de unos cineastas a los que, con muy pocas excepciones, se
les permitió el acceso a los lugares más peligrosos y los momentos clave del conflicto.
El siguiente capítulo se llama “En tiempos de paz”, refiriéndose así al breve intervalo sin
grandes confrontaciones que va desde la asunción del gobierno de Madero, en
noviembre de 1911, hasta la rebelión de Pascual Orozco en marzo de 1912. De acuerdo al
autor, a partir de la toma del poder por los maderistas comenzó a darse un cambio
En el tercer capítulo, Miquel se focaliza en los meses que transcurren entre el levantamiento
de Orozco contra Madero hasta la traición y toma del poder por parte de Victoriano Huerta,
tras el asesinato de Madero en febrero de 1913. Estos últimos acontecimientos significaron la
llegada de la violencia por primera vez a la capital del país, que hasta ese momento había
visto en los documentales episodios de la guerra en regiones alejadas. Miquel destaca la
rapidez y el oportunismo de los cineastas, ya que inmediatamente finalizada la Decena
Trágica (los hechos de febrero) se estrenan películas sobre los hechos recién acaecidos:
Semana Sangrienta (Hnos. Alva, 1913), por ejemplo, es estrenada el 25 de febrero, conteniendo
un epílogo sobre el asesinato de Madero, sucedido apenas tres días antes.
Los últimos dos capítulos abarcan el período comprendido desde mediados de 1913, cuando
se produjo el levantamiento constitucionalista contra Huerta, hasta 1916, ya consolidado el
triunfo de Carranza sobre los convencionistas. El autor se ocupa de los filmes relacionados
con esta etapa del conflicto, en los cuales pueden verse todos sus actores: huertistas,
1
MIQUEL, Ángel. En tiempos de revolución. El cine en la ciudad de México (1910-1916). México: UNAM, 2013,
p.93.
No obstante este ordenamiento cronológico del texto, cuyo eje son los documentales
sobre la Revolución, el autor sitúa transformaciones que no responden directamente a
los acontecimientos políticos, sino que son comparables con lo sucedido en otras
regiones. A medida que transcurren los capítulos, el libro da cuenta de cambios
acaecidos en este lustro tanto en la producción como en la exhibición: la disminución
gradual de los números de variedades, la exhibición de largometrajes en desmedro de las
películas cortas —lo que hizo desaparecer el sistema de “tandas”—, la publicidad de los
filmes resaltando los nombres de los intérpretes, entre otros.
2
Ibid., p. 208.
Se echa de menos alguna referencia a lo que estaba sucediendo con el cine en otros
lugares del continente durante ese mismo período. Sin duda eso realzaría la
especificidad del caso mexicano, dado su especial contexto político y social, pero
seguramente también podría establecer similitudes con otros cines silentes, por ejemplo
de Brasil y Argentina. El balance, no obstante, es muy positivo, ya que la reconstrucción
de la dinámica que llevó a las mencionadas transformaciones, sumada al exhaustivo
relevamiento de lo propiamente mexicano que son los documentales sobre la Revolución,
hacen de este libro un aporte fundamental para comprender el período de consolidación
del cine como arte/espectáculo de masas. Debe destacarse, también, la presencia de
cuadros (un total de 18) a lo largo de los capítulos, en los cuales se ordena la información
ofrecida en cada segmento del libro, se trate de filmes mexicanos o extranjeros, de salas
de exhibición o de artistas de variedades presentes en las funciones; y, cerrando el
volumen, un inestimable anexo donde se incluyen las fichas de los 26 documentales
mexicanos de más de dos rollos producidos entre 1911 y 1916 y exhibidos en la ciudad
capital, una lista que el autor considera “un conjunto definitivo de la producción
documental larga mexicana de tema revolucionario en este período”5. En este apartado,
3
Ibid., p. 181.
4
Ibid., p. 235.
5
Ibid., p. 259.
Miquel ficha cada filme incluyendo título oficial y títulos alternativos, datos de
producción y autoría, reconstrucción de las escenas, días y lugares de exhibición, así
como el dato sobre las supervivencias: tomas y fotogramas aislados conservados hasta
hoy. Esta minuciosidad descriptiva, más una excelente utilización de las fuentes
impresas disponibles para compensar la ausencia del material fílmico, acaban por dar
forma a un volumen sólido y prolijo, insoslayable para interesados en el cine mexicano,
pero también muy atractivo (y modélico, hasta cierto punto) para estudiosos del cine
silente latinoamericano.
____________________________
ALVIRA, Pablo. “Sobre Miquel, Ángel. En tiempos de revolución. El cine en la ciudad de México (1910-
1916)”, Vivomatografías. Revista de estudios sobre precine y cine silente en Latinoamérica, n. 1, diciembre de 2015,
pp. 218-223. Disponible en: < http://www.vivomatografias.com/index.php/vmfs/article/view/17>
[Acceso dd.mm.aaaa].
*
Pablo Alvira (ANII / UdelaR) es Profesor en Historia y Doctor en Humanidades y Artes con mención
en Historia por la Universidad Nacional de Rosario, Argentina. Su área de actuación es la historia
latinoamericana del siglo XX, especializándose en las relaciones entre historia y cine. Actualmente
desarrolla en Uruguay una investigación posdoctoral sobre cine militante en el Cono Sur durante los
años sesenta y setenta. Esta investigación se desarrolla en el grupo GEstA (Grupo de Estudios
Audiovisuales) y está financiada por una beca de posdoctorado de la Agencia Nacional de
Investigación e Innovación (ANII). E-mail: [email protected].
Jorge Sala*
E
speculando acerca de las relaciones
siempre conflictivas entre la
Historia y su conversión en relato
por parte de la teoría, Lino Miccichè apelaba
a una metáfora cinematográfica que deviene
absolutamente pertinente para iluminar no solamente este problema sino también el
libro que es objeto de esta reseña. Según el crítico italiano “las fronteras claras y
delimitadas temporal o espacialmente, existen sólo en las abstractas claridades de la
Teoría: en los hechos concretos de la Historia, de la Cultura, incluso de la Historia del
Cine, no existen límites temporales o espaciales, sino sólo larguísimos y lentísimos
fundidos encadenados”.1 De la foto al fotograma. Relaciones entre cine y fotografía en la
Argentina (1840-1933), de Andrea Cuarterolo, decide posicionarse metodológicamente en
los intersticios provocados por la confluencia de imágenes o, en su caso, por la
convergencia de prácticas artísticas. A partir de allí ordena un recorrido propio (o más
bien cabría mencionarlos en plural: “unos recorridos”) sobre un tema poco estudiado
dentro de la producción académica local.
Desde el inicio, el texto propone esta cuestión como un interrogante a resolver. “La
fotografía, el medio con el que el cine está ontológicamente más vinculado, –aparece
enunciado ya en la introducción– fue la base de algunos de los espectáculos visuales que
mayor influencia tuvieron en el surgimiento del nuevo arte y es, sin embargo, uno de los
1
MICCICHÈ, Lino. “Teorías y poéticas del Nuevo Cine”, en José Enrique Monterde y Esteve Riambau
(eds.) Historia General del cine, Vol. XI, Los nuevos cines. Madrid: Cátedra, 1995, pp. 16-17.
más relegados por los estudios críticos e históricos”.2 En este sentido, esta publicación –
al igual que la tesis doctoral que la precedió– llena un vacío sobre un momento en sí
mismo caracterizado por lo lacunar, por las pérdidas irreparables de los materiales y al
mismo tiempo extremadamente rico en cuanto a su diversidad. Una “época de
fragmentos” 3 , como la definió magistralmente André Gaudreault citando a Roman
Jakobson, que el texto logra delinear a través de múltiples estrategias: desde el análisis
fílmico a la reconstrucción arqueológica; desde el examen iconográfico detallado y
microscópico a una interpretación sociocultural que expande sus alcances hasta adoptar
la forma del “plano general” (o por lo menos el “de conjunto”, en el que la sociedad
porteña de esos años queda retratada).
2
CUARTEROLO, Andrea. De la foto al fotograma. Relaciones entre cine y fotografía en la Argentina (1840-
1933). Montevideo: Ediciones CdF, 2013, p.21.
3
GAUDREAULT, André. “Por un desarrollo de las formas artísticas del cine”, Archivos de la
Filmoteca, nro. 13, Valencia: Filmoteca de la Generalitat Valenciana, 1992, p. 30.
4
CUARTEROLO, op. cit., p. 71.
El primero y más extenso de estos alude desde el título y el epígrafe inicial a Walter
Benjamin para “superponer” la condición de espectáculo de la fotografía decimonónica.
El objetivo pautado dentro de este recorrido histórico minucioso radica en observar el
modo en que, desde sus inicios en 1840 el nuevo medio implementó un conjunto de
procedimientos de puesta en escena que irían moldeando la cultura espectatorial de los
futuros asistentes a las primeras proyecciones cinematográficas cincuenta años más
tarde. El mito fundacional de un público huyendo atemorizado frente a la Llegada del tren
a la estación de La Ciotat (Cinematografía Lumière, 1896) queda desmontado, entonces, a
partir de la pormenorizada descripción de toda la serie de estrategias que hicieron de la
fotografía un arte (un entretenimiento) dirigido no solo a la configuración de poses, de
escenografías y vestuarios –en síntesis, de puestas– sino también a demarcar
experiencias de inscripción de la temporalidad, la profundidad, la relación entre motivos
visuales y hasta la tridimensionalidad en estas primeras imágenes analógicas. En este
trayecto, el análisis de Cuarterolo logra conjugar una serie de herramientas teóricas
pertenecientes al estudio del cine de los primeros tiempos –el concepto de “atracciones”,
en primer lugar, pero también las categorías genéricas desarrolladas por Tom Gunning–
que tornan factible edificar una genealogía y una serie de pivotes entre ambas prácticas
sobre la base de sus coincidencias.
dinámica en el seno del mencionado film. “Más que una oposición maniquea entre
campo y ciudad”, aclara en su estudio, hay “una construcción de ambos espacios desde
estas dos diferentes doctrinas, en las que se evidencia además una notable influencia
estética y temática de las imágenes urbanas y rurales de la Sociedad Fotográfica
Argentina de Aficionados”.5
Como una reverberación y a la vez una variante ampliada de los temas tratados en el
tramo dedicado a la S.F.A. de A. el siguiente capítulo, concentrado en el análisis de las
fotografías de viajes y su vinculación con los primeros travelogues vernáculos recupera
esta reivindicación del pasado mítico en la que, asimismo, se impulsó una suerte de oda
al progreso técnico a través de la magnificación de los medios de transporte modernos.
Estableciendo un nuevo rasgo de “doble exposición”, Cuarterolo propone que “la historia
del cine y la del transporte tienen en este período tantos puntos de conexión que,
invirtiendo los roles de uno y otro, sería posible incluso pensar al primero como medio
de transporte y al segundo como medio de representación”.6 En esta sección del libro –a
mi entender, una de las más interesantes dentro de un texto que arroja no pocos pasajes
iluminadores– el documental se mezcla con la ficción, el deseo de conocer se cruza con la
voluntad de dominar y la (re)construcción de un pasado a través de unas cámaras que
captan las acciones de los indígenas se funde con la potencia y la velocidad del presente a
partir del tópico del viaje.
5
Ibid., p. 136.
6
Ibid., p. 158.
7
DEBORD, Guy La sociedad del espectáculo. Buenos Aires: La marca, 2008 [1967].
Como un último juicio a este trabajo señero considero necesario remarcar lo que, según
creo, constituye uno de los principales valores del libro. Haciendo de la repetición un
vicio, dicho mérito tiene que ver con la hipótesis de pensar a De la foto al fotograma como
un conglomerado basado en la “doble exposición”: en la escritura de Andrea Cuarterolo,
en su pensamiento sobre lo nacional y sobre su objeto en particular, confluye la erudición
(no casualmente la enorme mayoría de sus textos de referencia están en otras lenguas,
8
CUARTEROLO, op. cit., p. 221.
Referencias bibliográficas
___________________________________
SALA, Jorge. “Sobre Cuarterolo, Andrea. De la foto al fotograma. Relaciones entre cine y fotografía en la
Argentina (1840-1933)”, Vivomatografías. Revista de estudios sobre precine y cine silente en Latinoamérica, n. 1,
diciembre de 2015, pp. 224-229. Disponible en:
<http://www.vivomatografias.com/index.php/vmfs/article/view/19 > [Acceso dd.mm.aaaa].
*
Jorge Sala es Jefe de Trabajos Prácticos de la materia Historia del cine universal de la carrera de Artes
(Facultad de Filosofía y Letras, UBA). Fue becario doctoral del CONICET y de la Universidad de
Buenos Aires. Su tesis doctoral, en proceso de evaluación, estudia los intercambios existentes entre el
teatro y el cine argentinos de los sesenta. Es miembro del Grupo CIyNE y del GETEA. E-mail:
[email protected]
E
l título de este libro de Jorge
Iturriaga deja poco espacio para
la duda. Contiene una promesa
narrativa (la elaboración histórica de un
proceso) y un marco temporal definido (que se abre con la aparición de las primeras salas
regulares de cine, y cuyo cierre coincide con la sonorización y la incipiente dominación de
las pantallas chilenas por el cine estadounidense). Queda claro que Iturriaga no pretende
hacer una historia nacional del cine silente (su objeto de estudio no es en ningún caso el
“cine chileno”) sino algo más complejo y difuso: la “masificación” del fenómeno cultural
cinematográfico en Chile, proceso que debe asociarse “con una esfera de agentes plurales y
públicos diferenciados”.1 En relación a esta idea que atravesará el soporte metodológico del
libro, el título contiene una tesis implícita: que en dicha masificación, de esa pluralidad de
“agentes sociales”, los sectores populares jugaron un rol fundamental.
1
ITURRIAGA, Jorge. La masificación del cine en Chile, 1907-1932. La conflictiva construcción de una cultura
plebeya. Santiago: LOM, 2015, p. 20.
2
Ibíd., p. 15.
3
Ibíd.
4
Ibíd., p. 22.
5
HANSEN, Miriam. Babel and Babylon: Spectatorship in American Silent Film. Cambridge: Harvard
University Press, 1991, p. 2.
6
ITURRIAGA, op. cit., p. 25.
7
Ibíd., p. 28.
8
Ibíd., p. 22 (en nota al pie nº9).
El primer capítulo, “El ‘flagelo’ cinematográfico, 1907-1914”, expone las bases del modelo
comercial del cine, uno donde “explotadores de todo tipo no tendrían problema en montar
exhibiciones regulares y a precios económicos”.9 La regularidad de la exhibición asoma
como clave en el fascinante caso estudio del biógrafo Kinora, que cambió la lógica del
mercado al adecuar la oferta a la demanda, creando “nuevos consumidores” y
posibilitando “otro horizonte de ganancias”. El Kinora no vendía “películas, ni siquiera
programas, […] sino sesiones cinematográficas siempre distintas”. 10 En definitiva,
presentaba “un calendario prácticamente ininterrumpido de programas cinematográficos
con al menos un par de funciones diarias (compuestas de tres secciones o tandas de una
hora […]), los siete días a la semana”.11 Ayudaban a este panorama de sobreabundancia la
cercanía con “uno de los mercados de mayor consumo cinematográfico en el mundo,
Argentina”12 y, sobre todo, la tierra de nadie que significaba la ausencia de un marco legal
que regulara la propiedad intelectual en la actividad cinesca.13
9
Ibíd., p. 37.
10
Ibíd., p. 39.
11
Ibíd., p. 38.
12
Ibíd., p. 36.
13
En este sentido, es de interés el debate suscitado por los usos de la frase “film d’art”—que pasó a
denominar coloquialmente todas las películas de tema histórico o literario—confundida con “Le Film
d’Art”—compañía productora parisina—). La Compañía Cinematográfica del Pacífico publicó una
nota en La Hoja Teatral, en 1909, donde reclamaba que, al tener registrada la marca, ella era la única
que podía usar ese título en Chile. Para Iturriaga, este reclamo resume un fenómeno más amplio:
“una empresa apostando a apropiarse en exclusividad de algo que, por contrato, creía merecer; y por
otra, una sociedad transformando un nombre propio, singular, en un concepto genérico, en algo de
todos”. Ibíd., p. 58.
14
Ibíd., p. 122.
15
Ibíd., p. 133.
ejemplo, “la necesidad de un permiso para exhibir imágenes de la clase alta local […] y la
exigencia de un desenlace castigador en las ficciones delictivas”. 16 Estas decisiones
fueron celebradas por la prensa conservadora, aunque también fueron blanco de crítica.
Varios actores, entre ellos intelectuales y escritores, advirtieron rápidamente que la
censura hacía un daño inmenso a la “calidad” del espectáculo. Por otro lado, el
reglamento municipal tenía como objetivo implícito “sacar a las carpas del centro de la
ciudad y dejarlas fuera del negocio cinematográfico”, lo que Iturriaga califica como un
gesto decididamente “anti-popular”.17 Sin embargo, al pretender que las salas “fuesen lo
que a partir de los años 40 se entendió por teatro”, se produjo un desfase “abismante”
entre norma y realidad.18 Como un efecto colateral, el autor menciona el surgimiento de
las revistas cinematográficas, cuya aparición en la esfera social cinesca “debe entenderse,
en gran parte, como respuesta empresarial al reglamento de teatros capitalinos y sus
estrictas disposiciones”.19
Las revistas constituyen parte importante del foco del tercer capítulo, “Mediaciones e
instituciones cinematográficas, 1918-1925”. Revistas como la prolífica La Semana
Cinematográfica, fundada en mayo de 1918, tuvieron un rol clave como instrumentos de
mediación, es decir, como modeladores de “agentes y roles en la esfera de la interacción
social”, algo que Iturriaga considera, con justa razón, “crucial para el cine como cultura”:
la “posibilidad de crear territorio autónomo al circuito comercial”.20 El rol de las revistas
en la influencia de las “estrellas”, tanto como productos como vehículos discursivos, es
imposible de soslayar (al respecto, el capítulo contiene una discusión que refleja la
conflictiva recepción local de una estrella como Francisca Bertini).21 Dos contribuciones
al marco regulatorio nacen en los años de postguerra: el impuesto a los espectáculos de
1924 y el Consejo de Censura Cinematográfica de 1925. El primero le plantó “un golpe a la
subterraneidad de la actividad” y estableció “una barrera de entrada al negocio, al exigir
16
Ibíd., p. 123.
17
Ibíd., pp. 118-119.
18
Ibíd.
19
Ibíd., p. 127.
20
Ibíd., pp. 150-151.
21
Ver pp. 177-180.
al empresario cancelar una suma global al comienzo del ciclo impositivo”.22 El segundo
significó un triunfo conservador: “cumplía el objetivo de establecer un sistema de
vigilancia total sobre la actividad cinematográfica”.23
En el epílogo, el autor retoma sus consideraciones iniciales y afirma que la intención del
libro era “narrar una historia de empoderamiento popular”.30 Cierra con preguntas más
22
Ibíd., p. 191.
23
Ibíd., p. 200.
24
Ibíd., p. 206.
25
Ibíd., p. 209.
26
Cuando menciona las alianzas entre las empresas cinematográficas y la máquina diplomática
norteamericana, y el avecinamiento de concesionarios locales (p. 143), Iturriaga marca su deuda con
otro texto influyente: THOMPSON, Kristin. Exporting Entertainment. America in the World Film Market
1907-1934. London: BFI, 1985.
27
ITURRIAGA, op. cit., p. 218.
28
Ibíd., p. 252.
29
Ibíd., p. 221.
30
Ibíd., p. 271.
difíciles de responder: “Quiénes son, finalmente, los que mueven la cultura de masas, a
diario y en terreno? […] ¿Los propietarios o los participantes directos de la experiencia?31
Este binarismo, hay que reiterarlo, no da cuenta del entramado complejo socio-cultural
que ha narrado el libro, irreducible a una lucha entre “arriba y abajo”. Si bien hay
secciones donde la agencia social de la cultura plebeya es clara,32 la “fortaleza de la
cultura popular […], que penetró hasta la médula una esfera mecánica moderna y supo
resistir a innumerables embates “civilizatorios”,33 no es igual de evidente. El problema,
en todo caso, parece ser más de retórica y énfasis lingüístico, de insistencia en una tesis
probada de antemano, que de análisis propiamente tal.
31
Ibíd., p. 273.
32
Ver el apartado dedicado a los biógrafos obreros en las oficinas salitreras del norte del país, junto
con el análisis de las publicaciones sobre el cine del periódico de Partido Obrero Socialista, pp. 66-74.
33
Ibíd., p. 33.
34
Ibíd., p. 153.
sin dudas, en referente obligado para investigadores, docentes y estudiantes. Presumo que el
libro resonará también en el resto de América Latina y que abrirá preguntas para aquellos
que apuestan por reflexionar sobre los diálogos y procesos históricos continentales,
convencidos de que la historia del cine no puede encerrarse en los límites de un territorio
nacional. En cuanto al campo de los estudios chilenos, este proyecto conversa con varios
estudios previos.35 Sin embargo, el aporte de Iturriaga es único. Hasta hoy, el guante lanzado
por el proyecto de la Nueva Historiografía36 del cine a mediados de los años ochenta, no
había sido recogido por estos lares. En buena hora el autor ha investigado al cine como una
institución social, cultural y económica.
Este libro, espero, servirá también para que reflexionemos sobre los métodos que
utilizamos y las limitaciones de nuestras aproximaciones disciplinarias. Podría
reprochársele un mayor encuentro entre teoría y práctica, à la Hansen, pero ella estaba
estudiando un fenómeno particular: la espectaduría. Son, en última instancia, las
preguntas históricas las que determinan los métodos que usamos para responderlas.
Aquí el autor se ha preguntado: ¿qué es y cómo se desarrolla una esfera social
cinematográfica? ¿Qué fuerzas interactúan en ella y de qué manera? En sus respuestas,
Jorge Iturriaga ha elaborado una historia social del cine en Chile en las primeras décadas
del siglo XX, nada más ni nada menos.
Referencias bibliográficas
BONGERS, Wolfgang, María José Torrealba y Ximena Vergara. Archivos i letrados. Escritos
sobre cine en Chile 1908-1940. Santiago: Cuarto Propio, 2011.
35
Por ejemplo, varios artículos de Mónica Villarroel, entre ellos, “Modernidad y nación en el
documental chileno silente”, y la colección Archivos i letrados. Escritos sobre cine en Chile 1908-1940,
editada por Wolfgang Bongers, María José Torrealba y Ximena Vergara.
36
Por “Nueva Historiografía” (a veces referida como “New Historiography” o “New Film Historicism”)
entendemos una forma de concebir la historia y la teoría del cine que buscaba cuestionar la primacía
del objeto cinematográfico, de los autores y cánones, y cambiar el foco hacia las múltiples relaciones
entre estéticas y narrativas cinematográficas, tecnología, organización económico-industrial,
prácticas de exhibición y distribución, etc. Sus exponentes principales, entre otros, fueron Richard
Allen, Douglas Gomery, Thomas Elsaesser, Tom Gunning, Noël Burch, Kristin Thompson, Janet
Staiger y Charles Musser. Ver HANSEN, Miriam, p. 5 y DE VALCK, Marijke, p. 20.
____________________________
PALACIOS, José Miguel. “Sobre Iturriaga, Jorge. La masificación del cine en Chile, 1907-1932. La
conflictiva construcción de una cultura plebeya”, Vivomatografías. Revista de estudios sobre precine y cine
silente en Latinoamérica, n. 1, diciembre de 2015, pp. 230-237. Disponible en: <
http://www.vivomatografias.com/index.php/vmfs/article/view/21> [Acceso dd.mm.aaaa].
*
José Miguel Palacios es candidato a doctor en Estudios de Cine en la New York University, donde
escribe una tesis tentativamente titulada Exilio, solidaridad y memoria: cine chileno 1973-2013. Ha
publicado artículos en las colecciones Cinematic Homecomings: Exile and Return in Transnational Cinema
(Bloomsbury, 2015), New Documentaries in Latin America (Palgrave, 2014), Enfoques al cine chileno en dos
siglos (LOM, 2013), y en las revistas La Fuga y Comunicación y Medios. Ocasionalmente, escribe crítica de
cine para The Brooklyn Rail y reseñas de arte contemporáneo para Artishock. Como docente, ha dictado
cursos sobre historia y teoría del cine en la Universidad Alberto Hurtado (Santiago, Chile) y en la
New York University. Fue becario del New York Council for the Humanities durante el año 2014-2015.
E-mail: [email protected].
Mariana Amieva*
C
omo parte de la colección "Los
escritores van al cine", el libro de
Eduardo Paz Leston se propone
una suerte de reescritura de la biografía de
Victoria Ocampo, atravesada por su relación
diversa y prolífica con el cine. Esta colección,
integrada por libros dedicados a Adolfo Bioy Casares, Roberto Arlt y Jorge Luis Borges,
retoma una idea de Hanns Zischler y su libro Kafka va al cine (1996), que plantea un punto
de partida por demás interesante. Se busca encontrar las formas en las que el cine
participa de la construcción de subjetividades y hacer visibles esos entramados
complejos en los que este se vuelve una parte indisociable de la biografía de ciertos
escritores. En su conjunto, esta colección consigue también dar cuenta de una historia
del cine desde la recepción y hacer hincapié en aspectos de la misma que ameritan
múltiples abordajes. El tono del libro permite, además, diversificar las lecturas,
reconocernos como espectadores y entender los modos de inscripción del cine en
nuestras vidas.
Ocampo va al cine nos demanda una lectura empática con su objeto y, más que una mirada
analítica, nos propone acercarnos a esta biografía desde la curiosidad y, en parte, la
sorpresa. El libro se estructura a partir de temas que el autor identifica como centrales
para pensar la relación entre Ocampo, el cine y el contexto: así el libro recorre, capítulo
tras capítulo, la línea cronológica organizadora del conjunto.
El capítulo inicial pretende justificar el interés vocacional de Ocampo por el cine y las
artes escénicas en general. Para ello aborda la gestación de la revista Sur, el lugar que
ocupa la crítica de cine en la revista y su propia participación como crítica: su relación
con Sergei Eisenstein, su gusto por el realismo -en especial los filmes de Robert Flaherty
y el neorrealismo italiano- y sus reticencias por el cine qualité francés. Refiere, luego, a su
preocupación por la “fidelidad” de los filmes a los textos literarios de los que parten
(evidente en su interés por las adaptaciones de Shakespeare), su toma de posición
personal respecto a ciertas películas (a partir del caso de Lawrence de Arabia) y su mirada
bastante crítica y, en algún aspecto normativa, sobre el cine argentino. El capítulo final
trata de los últimos años de su vida.
Este relato, que avanza en la biografía a los saltos, parte de anécdotas y acontecimientos
sobre las relaciones de la protagonista con el cine. El tono es el de una crónica, cual relato
de un viajero muy conocedor de la biografía de Ocampo y, en parte, resulta evidente que
está escrito desde una posición llena de cariño y admiración por la protagonista:
sentimos por momentos que se trata de protegerla, que se nos invita a entenderla.
Dentro de este marco nos preocupa resaltar algunos aspectos significativos de esta
versión de Ocampo cinéfila. La estirpe aristocrática descrita en el primer capítulo, con
todo ese linaje noble y su formación elitista, suena como un eco, por momentos, de la
seguridad que lleva al personaje a sentirse protagonista de las circunstancias que
experimenta. En este sentido resulta sorprendente, por la soltura y la naturalidad, la
forma en que Ocampo establece (o busca establecer) contactos personales con muchas de
las celebridades que admira. El profuso listado de personalidades con quienes mantiene
vínculos directos, muestra la importancia que tuvo su figura en la época y sirve para
poner en contexto al personaje. Paz Leston destaca, entre otras, la amistad de Victoria
con Sergei Einsenstein, a quien conoció en Nueva York. Con el director ruso la argentina
mantuvo una correspondencia muy valiosa, sea como fuente para entender el tránsito
del director soviético por EEUU y su malogrado paso por México, como también las
estrategias usadas en el ámbito cinematográfico para conseguir financiamientos. La
amistad con Einsenstein funciona, además, como ejemplo de la relación que ella misma
establece con el cine: el intento, durante toda su vida adulta, de formar parte de algún
Pero tal vez para entender estos vínculos personales, resulte oportuno comentar su
relación con Vittorio De Sica, director que admiraba y cuya obra había reseñado
elogiosamente en Sur. Paz Leston cita un fragmento muy elocuente de la revista:
Me entusiasmaron sus películas (las que hacía en colaboración con Zavattini). Tuvimos
conversaciones en Roma, luego en Buenos Aires (llegó aquí por unos pocos días). Parecía
interesado, pero sin tiempo disponible. A mí me faltaban los medios económicos para que
mis ofrecimientos fueran convincentes (el cine exige mucho dinero). El proyecto
largamente acariciado (por mi) quedó en nada, pese a la buena voluntad de De Sica y sobre
todo de Zavattini que era mi aliado (una persona encantadora). (pp. 64-65)
Otro dato que no deja de producirnos sorpresa es la pequeña batalla que ella entabla en
ocasión del estreno de Lawrence de Arabia (Lawrence of Arabia, David Lean, 1962) Desde las
páginas de Sur, y en otras publicaciones, cuestiona minuciosamente la película de David
Lean por no apegarse a la historia en primera persona de Sir Lawrence y por falsear los
hechos. No analiza el film más que en relación a la historia que lo origina. Lo interesante
es que su especial encono se justifica a partir de su amistad con el propio Lawrence
quien, a su vez, estaba en litigios con Lean.
Ocampo habla desde un lugar que, si bien hoy parece convalidar obras canonizadas, en
aquel momento revelaba sus peculiaridades. A partir del recorrido que propone Paz
Leston, se da a entender cierta predilección por lo que podríamos llamar un realismo de
corte baziniano: expresiones de esto son sus comentarios sobre Hombres de Aran (Man of
Aran, Robert Flaherty, 1934), las películas neorrealistas y el cine de Jean Renoir. En otros
momentos ese sesgo se desvanece con miradas que contradicen sus posiciones, algo que
termina de esbozar el retrato de un personaje que no se deja encuadrar fácilmente.
Tal vez, las elecciones de Paz Leston se puedan comprender dentro de esa mirada
cariñosa que le dedica a Ocampo y que termina generando argumentos que suenan algo
ingenuos. En especial, la referencia al notable conocimiento, y de primera mano, de las
artes mayores, como algo que habilitaría a esta intelectual a juzgar, de manera
privilegiada, el “nuevo arte” (la idea está muy presente, por ejemplo, en el capítulo 6
“Shakespeare & Cía”). En otro orden, pero con la misma justificación “cariñosa”, se
explica la anécdota referida hacia el final del libro, donde se ve a Ocampo embarcada en
un proyecto de realización, ambientado en el pasado argentino y en su propia historia
familiar, que hace llegar a Luchino Visconti. En este caso, el rechazo de Visconti está
justificado, en el libro, por la enfermedad del director y no por lo improbable de la
propuesta.
Referencias bibliográficas
PAZ LESTON, Eduardo. Victoria Ocampo va al cine. Buenos Aires: Libraria, 2015.
ZISCHLER, Hanns. Kafka geht ins Kino. Hamburgo: Rowohlt Verlag [Kafka va al cine.
Barcelona: Ed. Minúscula, 2008]
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AMIEVA, Mariana. “Sobre Paz Leston, Eduardo. Victoria Ocampo va al cine”, Vivomatografías. Revista
de estudios sobre precine y cine silente en Latinoamérica, n. 1, diciembre de 2015, pp. 238-242. Disponible
en: < http://www.vivomatografias.com/index.php/vmfs/article/view/29> [Acceso dd.mm.aaaa].
*
Mariana Amieva es profesora en Historia, miembro del Grupo de Estudios Audiovisuales (EI/CSIC-
UDELAR) y directora de la Revista 33 cines.
E
ntendida como espacio para la divulgación de fuentes primarias, la sección
Documentos optó, para la primera entrega, por la mise en abyme. Más que
centrarse en la divulgación del objeto en si (artículo, crítica, reseña o programa
de mano), como hará en los próximos números, por esta vez se aboca al rescate de algo
menos tangible. Se trata de los objetivos, agendas y fantasías que periodistas y
empresarios -y en algunos casos, incluso intelectuales- dejaron por escrito en los
editoriales de las primeras revistas especializadas del continente. Se quiere dar cuenta a
nivel epidérmico (se queda en esos primeros editoriales, sin dar datos, por ejemplo, sobre
la duración posterior de cada revista y, menos aún, documentos que prueben el
cumplimiento, o no, de las promesas hechas), del papel que la palabra escrita jugó, desde
temprano, en relación a la producción cinematográfica, al mercado, a la construcción de
DOCUMENTOS ♦ OTRAS VIVOMATOGRAFIAS 244
públicos diversos y, por supuesto, al pensamiento crítico. Huelga decir que el material
aquí recuperado (proveniente de Argentina, Brasil, Chile y Uruguay) es sólo una mínima
muestra, arbitraria y hasta tardía, de la producción hemerográfica latinoamericana
sobre cine, en verdad muy amplia: basta citar, entre muchos posibles ejemplos, las
colombianas Cinematógrafo (1908) y El Olympia (1913)1 o Cuba cinematográfica (1912- 1914)2.
La pérdida de estos materiales o su extremadamente difícil acceso justifican, en parte,
esta falta inicial (la idea es, en próximas entregas, recuperar otros).
Sea como fuere, estos editoriales ofrecen varias entradas a los investigadores de cine
silente. Una de ellas involucra el uso de la tipografía, el diseño gráfico, el dibujo y la
fotografía para reforzar su mensaje. La más suculenta toca a las declaraciones de
principios de especificidad y autonomía. En el medio están la adherencia a los gremios
de cine, el cuestionamiento a las estrategias de propaganda, la búsqueda de legitimación
del cine como arte, entre otras. Finalmente, la concomitancia en esas primeras páginas,
de los editoriales con notas y avisos extranjeros, explicita ciertas hegemonías foráneas y
las respuestas, más o menos autónomas, que las revistas dieron a aquellas “invasiones”
de mercado.
La lectura conjunta de estos textos ofrece, además, continuidades que enlazan cada
emprendimiento nacional al contexto más amplio del Cono Sur y, podemos imaginar, al
resto del continente. Con este gesto inaugural, Vivomatografías pretende conectarse con
las revistas especializadas que la precedieron: aquellas estaban conformando un campo;
esta pretende rescatarlo del olvido para analizarlo desde el presente.
1
Véase TORRES, Rito Alberto. “Las primeras narraciones en soporte fotoquímico”. En Fundación
Patrimonio Fílmico Colombiano: http://www.patrimoniofilmico.org.co/anterior/noticias/239.htm.
Cinematógrafo incluía una sección de cine, pero no era, señala Torres, una publicación especializada:
interesa aquí porque su fecha de publicación coincide, a nivel mundial, con el surgimiento de las
primeras revistas sobre cine.
2
Véase RODRÍGUEZ, Raúl. El cine silente en Cuba. La Habana: Letras cubanas, 1992, p. 221.
La semana cinematográfica
Santiago, Chile
Año 1. Nro. 1, 9 de mayo de 1918. Biblioteca Nacional de Chile
Imparcial Film
Buenos Aires, Argentina
Año 1. Nro. 1, septiembre de 1918. Colección Georgina Torello
Semanal Film
Montevideo, Uruguay
Año 1. Nro. 1, 18 de septiembre de 1920. Colección Georgina Torello
Cine Revista
Montevideo, Uruguay
Año 1. Nro. 1, 15 de febrero de 1922. Colección FR
Montevideo Film
Montevideo, Uruguay
Año 1. Nro. 1, 20 de octubre de 1923. Colección Georgina Torello
Cinearte
Río de Janeiro, Brasil
Año 1. Nro. 1, 3 de marzo de 1926. Biblioteca Jenny Klabin Segal
Cine Gráfico
Buenos Aires, Argentina
Año 1. Nro. 1, 23 de noviembre de 1927. Colección Georgina Torello
Magazine Cinematográfico
Buenos Aires, Argentina
Año 1. Nro. 1, 4 de junio de 1930. Colección Georgina Torello
____________________________
Para citar este artículo:
CUARTEROLO, Andrea y Georgina Torello. “Otras ‘vivomatografías’. Los editoriales de las primeras
revistas de cine latinoamericanas” Vivomatografías. Revista de estudios sobre precine y cine silente en
Latinoamérica, n. 1, diciembre de 2015, pp. 243-254. Disponible en:
<http://www.vivomatografias.com/index.php/vmfs/article/view/39> [Acceso dd.mm.aaaa].
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Andrea Cuarterolo es doctora en Historia y Teoría de las Artes por la Universidad de Buenos Aires.
Desde 2013 se desempeña como investigadora de la Universidad de Buenos Aires y del Consejo
Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). Se especializa en el estudio del cine
silente y la fotografía en Argentina y Latinoamérica y ha publicado numerosos artículos sobre esta
temática en revistas académicas y volúmenes colectivos del país y del exterior. Es autora del libro De
la foto al fotograma: Relaciones entre cine y fotografía en la Argentina 1840–1933 (CdF Ediciones, 2013).
Actualmente dirige el Proyecto Imagen reproducible y educación. La fotografía y el cine como auxiliares
pedagógicos en la argentina de fines del siglo XIX y principios del XX subsidiado por la Agencia Nacional de
Promoción Científica y Tecnológica. E-mail: [email protected].