Compendio
Compendio
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permanencia del sujeto y las relaciones de causa-efecto que se establecen entre los
predicados.
No obstante, el hecho de que una narración tenga un carácter temporal no
implica que se tengan que narrar los hechos siguiendo necesariamente su orden
temporal real. En este sentido es útil la distinción que propone Genette entre historia, o
narrado –serie de acontecimientos de la historia contada– y relato, o narrante –
significante o serie de proposiciones narrativas–. En realidad el narrador opta por
mantener o alterar el orden lógico-temporal de los hechos por factores pragmáticos o
estéticos: especialmente mediante los saltos temporales hacia atrás –analepsis y
flashbacks– o hacia adelante –prolepsis–, el inicio in medias res, es decir, ya avanzada
la historia, o narrado, y los finales truncos, que no terminan de contar la historia en sí
misma.
A pesar de que orden lógico-temporal de los hechos pueda ser alterado, la
narración ha de tener un carácter integrado. El orden de los acontecimientos del relato
han de estar integrados de tal manera que muestren la unidad de acción y nos orienten
hacia un final. Ya Aristóteles señaló su necesidad cuando afirmaba en su Poética que
las partes de la acción tienen que estar dispuestas de tal manera que si una de ellas es
desplazada o suprimida el todo quede alterado o trastornado.
Además, tiene que haber una complicación, o problematización: para que exista
narración, la previsible sucesión de acontecimientos tiene que ser alterada por algún
hecho en alguna medida inesperado que modifique un estado presente y desencadene el
relato, que desemboca en una nueva situación. Es lo que Adam llama mise en intrigue,
que domina todo relato; Van Dijk habla del criterio de interés, por el cual se
seleccionan los hechos que se desvían de una norma, de expectativas y de costumbres; y
Lotman, de principio de expectativa frustrada.
1.3.- Evaluación.
Esta es una de las claves de la especificidad del texto narrativo y el motor que
genera el relato. A pesar de ello no es una condición necesaria que sea explícita, y a
menudo sucede que la evaluación final se infiere del relato pero no se incluye en él.
Ahora bien, su existencia es decisiva, ya que impulsa al narrador a explicar los hechos y
a darles sentido mediante la evaluación final o moralidad. Por eso evaluación es aquí
equivalente a la finalidad del relato, que le confiere un sentido argumentativo a la
historia. Van Dijk considera que a toda narración le subyace una moralidad que nace en
el autor y acaba en la reacción del lector: así, desde la catarsis de la tragedia clásica
hasta los avisos morales y la explicitación de historias que conducen a una determinada
interpretación.
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Por otra parte, existe en el texto narrativo lo que Greimas llama universo
isotópico, es decir, el conjunto redundante de categorías semánticas que hace posible la
lectura uniforme del relato: es lo que marca el sentido primordial y la coherencia de un
relato.
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También en el ámbito pragmático puede ser interesante recordar la triple
mimesis que Ricoeur ve en las narraciones, y que construyen emisor y receptor:
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conjunto de idiosincrasias lingüísticas. Así distingue tres tipos de focalizaciones:
Por otro lado, apunta que el narrador será diferente si está presente como
personaje en la trama y si está dentro de la acción principal, pues estos aspectos lo
implicarán más o menos en la misma:
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TEMA 27.- EL TEXTO DESCRIPTIVO: ESTRUCTURAS Y
CARACTERÍSTICAS.
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2.1.- Anclaje.
El anclaje con afectación es, según Adam, el que no tiene lugar hasta el final de
la secuencia descriptiva por necesidades discursivas. En ella tenemos un conjunto de
proposiciones que caracterizan un objeto: el receptor tiene que ir acotándolo a medida
que avanza en la lectura, como en un juego de suspense. Tanto es así que puede dejarse
sin mencionar, por ejemplo en las adivinanzas: Llevo mi casa al hombro, / camino con
una pata / y voy marcando mi huella / con un hilito de plata. O no, procurando que el
receptor se haga cargo de cada una de las cualidades, desvelando al final el anclaje:
Libertad, deseo, conquista, sueño, potencia, (...) éxito, vida. Boxster. Porsche en estado
puro.
2.2.- Aspectualización.
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básicamente, mediante dos operaciones: el enmarque situacional y la asociación: el
enmarque situacional tiene como base la relación metonímica, porque se refiere a
características contiguas al objeto descrito, tanto por su situación espacio-temporal
como por lo que respecta a otros objetos próximos, cuyas cualidades ayudan a definirlo,
representarlo y situarlo: Rafael vivía en el París de 1968 y siempre llevaba consigo un
libro de algún autor “comprometido”.
2.4.- Tematización.
3.- El retrato.
Cuando una descripción tiene como objeto a un ser animado estaremos ante un
retrato. Un retrato incluye la aspectualización de las partes y cualidades físicas –
prosopografía– y de sus cualidades internas –etopeya–, como el carácter, la moral,...
Igualmente se puede retratar mediante la puesta en relación, transfiriendo las cualidades
de lo que rodea a la persona descrita a ella misma. También sus acciones pueden ser
entendidas como expansiones de su persona, si las conectamos metonímicamente con el
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objeto descrito.
Las descripciones son proclives a los elementos que funcionan con valor
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adjetival:
• adjetivos calificativos –normalmente expresan valoración y cualidad
inherente si van antepuestos, y objetividad y cualidad no inherente a su clase
si van pospuestos: por ejemplo, blanca nieve y victoria segura,
respectivamente; aunque no siempre sea así: rugido ensordecedor y
excelente noticia, invierten el criterio de inherencia antes citado;
• complementos preposicionales: Era el hombre del abrigo gris;
• aposiciones directas: El Rey Juan Carlos, o indirectas: Juan, mi hermano, es
alto;
• oraciones subordinadas adjetivas de relativo especificativas: Los venecianos
que no quieren más turistas son muy suyos, y explicativas: Los venecianos,
que no quieren más turistas, son muy suyos.
En cuanto a los adverbios, en las descripciones abundan los que funcionan como
complementos circunstanciales de modo, que determinan la gradación de la cualidad:
bastante alto, parcialmente interesante,... y, asociadas a ellos, todas aquellas
construcciones que sitúen espacial y temporalmente al objeto de descripción: En aquel
tiempo, Juan andaba todos los días alegre y curioso en clase.
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TEMA 28.- EL TEXTO EXPOSITIVO. ESTRUCTURAS Y
CARACTERÍSTICAS.
1.- Definición y características. ...................................................................................... 13
2.- Esquema expositivo. ................................................................................................. 13
3.- Estructuras gramaticales. ........................................................................................... 14
4.- Cohesión y coherencia textuales. .............................................................................. 16
5.- Características pragmáticas. ...................................................................................... 16
1.- Definición y características.
El Diccionario de la Real Academia define el término explicar como declarar o
exponer cualquier materia, doctrina o texto difícil, con palabras muy claras para
hacerlos más perceptibles. De hecho, explicar y exponer son dos verbos que expresan
conceptos estrechamente vinculados. Sin embargo, desde ahora vamos a establecer una
diferenciación entre exponer, que equivale a informar, es decir, transmitir datos con un
alto grado de organización y jerarquización, y explicar, actividad que, partiendo de una
base expositiva o informativa necesariamente existente, se realiza con una finalidad
demostrativa.
Estás claro que las secuencias expositivas, también llamadas explicativas, no se
limitan a informar o exponer, aunque también informen y expongan, sino que quieren
hacer comprender por qué tal elemento o proceso se define e identifica de una
determinada manera. Por eso podemos afirmar que el texto expositivo es la secuencia
didáctica por excelencia.
También conviene señalar que la explicación no pretende transformar convicciones
ni conductas. A diferencia del argumentativo, que utiliza las estrategias retóricas
adecuadas para convencer, la exposición es neutra y objetiva y en ella no hay intención
de persuadir, sino de aportar los elementos necesarios para facilitar la comprensión de
un tema difícil y complejo. No obstante señala Van Dijk que un texto expositivo puede
ser argumentativo en cuanto la claridad de exposición puede ser utilizada para
convencer: por ejemplo, la condena ecologista a los alimentos transgénicos necesita
exponer y explicar en qué consiste tal manipulación genética si quiere tener cierta
eficacia en su argumentación.
Nosotros más bien creemos que el texto expositivo puede integrarse en otra
secuencias predominantemente narrativas, descriptivas, argumentativas y aun dialógicas
en virtud de la heterogeneidad textual que puede ofrecer cualquier discurso. También es
cierto que las exposiciones pueden ilustrarse con narraciones, descripciones y aun
diálogos, pero raramente con argumentaciones, a menos que éstas estén tan
consensuadas que no quepa el considerarlas como opiniones del emisor. Lo importante
es que en un texto del tipo que nos ocupa predomina la actitud expositiva, que viene
dada por un afán didáctico de objetividad y claridad.
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objeto sea o se comporte de determinada manera.
b) Fase resolutiva: son las explicaciones que esclarecen la dificultad de dicho
tema. Suponen un acercamiento a la explicación aportando todos los datos e
informaciones necesarios para su resolución. Realiza una esquematización
problemática, y deja aún incógnitas en el aire.
c) Fase conclusiva: nos conduce a la esquematización explicativa, aportándonos
todo la interpretación de los datos, de modo que esta fase supone la verdadera etapa
de explicación del objeto de nuestro discurso.
Podemos ver esta determinación de partes en el siguiente ejemplo: El paisaje forestal
del valle del Jerte está cambiando a pesar de que la actividad humana casi ha
desaparecido allí (Fase de cuestionamiento). Los responsables principales del cambio
son los pájaros (Fase resolutiva). Los pájaros trasladan involuntariamente ciertas
semillas a esa zona introduciendo nuevos tipos de árboles (Fase conclusiva).
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El orden de las palabras es el lineal, en cuanto la alteración del orden sintáctico de
modo envolvente responde a motivaciones estilísticas, que, como dijimos, no son
pertinentes en este tipo de textos, donde ha de predominar la objetividad, la claridad y la
precisión.
Uno de los tiempos verbales más usados es el presente de indicativo. Por un lado
abstrae la explicación de coordenadas espacio-temporales, dándole a las explicaciones
un carácter universal, tomando el llamado valor gnómico, y, por otro, atrae el proceso al
tiempo del emisor aunque tal proceso ya haya sucedido; por ejemplo, para explicar la
situación de los Balcanes expongo que Sarajevo es un crisol de culturas a finales del
XIX, de este modo se usa el presente con valor histórico.
Los condicionales y el presente de subjuntivo son aptos para explicar hipótesis como
en el ejemplo anterior: si le restara una molécula de hidrógeno, las temperaturas de
ebullición y congelación variarían por que ya no se tendría agua, sino H1O; o El átomo
que se encuentre en ese momento entra en el proceso de fisión.
Por otro lado, hemos visto que la actitud explicativa excluye cualquier tipo de
subjetividad, de modo que convendría señalar aquí que predominan los verbos en
tercera persona, especialmente las impersonales marcadas con se: Se estima que su
longitud es de 300 metros. Por la misma razón predominan de modo absoluto la emisión
de oraciones con función referencial y entonación enunciativa: cualquier otra expresaría
de algún modo la actitud personal del hablante respecto a su enunciado.
En cuanto a la precisión y la claridad, otro de los elementos constitutivos del texto
expositivo, hemos de señalar que los elementos funcionalmente adjetivales son con
frecuencia especificativos y no valorativos: adjetivos calificativos: ordenador clónico;
complementos del nombre, que suelen indicar procedencia o materia: fosfato de sodio,
dialecto de Indostán,...; oraciones de relativo especificativas: las ondas que percibe el
oído humano posibilitan la recepción en la oralidad; ...
El establecimiento de relaciones lógicas entre los enunciados es propio de la
secuencia explicativa. Y si bien dichas relaciones quedan a veces implícitas por
yuxtaposición, mucho más a menudo se explicitan mediante los conectores,
conjunciones u otro tipo de locuciones con valor relacionante, como las formadas por
preposición más un elemento anafórico, generalmente causales: por ello, por dicha
causa,... también abundan las ilativas con valor consecutivo: por lo tanto, por
consiguiente, de modo que,... y las finales: para que, a fin de que, con vistas a,...
Igualmente nos encontramos con conectores que introducen matices o condicionan la
validez de las aserciones: adversativas: pero, sino,...; condicionales: siempre que, a
condición de que,...; y concesivas: aunque, a pesar de que,...
En definitiva, la selección de cada uno de los elementos que integran una secuencia
explicativa es debida a este propósito de obtener la máxima claridad y precisión. Es por
ello por lo que cobra u relieve especial el empleo de la terminología especifica del
ámbito al que se refiere el texto. Estamos ante los tecnicismos, que es una unidad léxica
que asegura una determinación unívoca y monosémica que evita ambigüedades: fosfato.
Hay palabras del corpus estándar que se han especializado en el ámbito de lo científico:
segmento de población.
Los tecnicismos están abiertos a la entrada de múltiples neologismos y préstamos, y
a ser creados por derivación –informatizar, indexar,...–, composición –placa-madre–,
parasíntesis –aterrizar,...– y siglas: lenguaje HTML. Del mismo modo hay palabras que
revitalizan su significado para adaptarse a las nuevas necesidades de designación: por
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ejemplo, la red, para referirse a Internet. Los calcos se producen cuando se traduce
literalmente una palabra o expresión de otro idioma, por ejemplo disco duro por hard
disk. Pero también se puede optar por adaptarlo a la morfología española: disquetera,
cederrones,..., o, por el contrario, respetarlos en su forma original, por lo que estaríamos
ante los xenismos: software, applet,...
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TEMA 29.- EL TEXTO DIALÓGICO: ESTRUCTURAS Y
CARACTERÍSTICAS.
1.- DEFINICIÓN Y CARACTERÍSTICAS. .................................................................. 17
2.- Estrategias principales. .............................................................................................. 17
2.1.- Estrategias propias de la forma. ......................................................................... 17
2.2.- Estrategias propias del contenido. ...................................................................... 17
3.- Estructuras textuales. ................................................................................................. 18
4.- Estructuras gramaticales. Cohesión y coherencia textuales. ..................................... 18
5.- Rasgos pragmáticos. .................................................................................................. 20
1.- DEFINICIÓN Y CARACTERÍSTICAS.
La función del diálogo se identifica con lo que Vigotsky señaló para el lenguaje:
el diálogo se define, funcionalmente, como una estrategia de comunicación entre dos
personas que comparten la misma situación comunicativa, es decir, estén presentes en
las mismas coordenadas espacio-temporales.
Además, en el monólogo, donde emisor y receptor coinciden, el diálogo nos sirve
para conceptualizar el mundo e interiorizar nuestras actuaciones sobre él. También es
necesario para demandar información y contactar con otros interlocutores. De este
modo, el lenguaje, según Vigotsky, se hizo esencialmente a partir del diálogo no sólo en
la filógenesis sino también en la ontogénesis.
El diálogo, por tanto, es un bucle del sistema de comunicación, por el que un
emisor cifra un mensaje que descifra el receptor, que, a su vez, pasa a ser nuevo emisor
que se dirige al antiguo emisor, ahora receptor suyo. Es, así, una sucesión de
intercambios verbales cuyos significados se valen de los anteriores.
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• En el diálogo reportado el emisor cita las palabras de otras personas o de sí mismo
como si fuera otra, ya sea de modo directo: –Allí estaba yo en esa situación: “¿qué
hago, qué hago?”; o indirecto –Y me dice que si la he visto. En la oralidad la
ausencia de signos de puntuación se señalan con pausas, cambios de entonación,...
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• Frases inacabadas y anacolúticas: –Es que a mí no me... es una persona muy arisca.
• Expresiones en función fática que refuerzan la petición de información o su
corroboración: ¿verdad?, ¿no?, ¿a que sí?,...
• Marcadores conversacionales: Quiero decir, es decir,...
• Hay elementos, como las conjunciones, que no son meros enlaces con funcionalidad
sintáctica, sino que expresan transiciones y conexiones mentales relacionando la
oración en que se hallan con el sentido general de lo que se viene diciendo: No me
hacen caso. Y no es que yo no se lo haya advertido. Otras veces hacen referencia al
contexto extralingüístico: así, por cierto, señala una intención comunicativa
pragmática de, por así decir, romper el hielo: Por cierto, he perdido los cupones
premiados. A ellos se les ha llamado enlaces oracionales, o partículas, que nosotros
llamaremos marcadores de función transoracional. El hecho de que su
funcionalidad sintáctica sea mínima en comparación con su rendimiento pragmático y
retórico queda de manifiesto en que en ocasiones se puedan elidir: No me hacen caso.
No es que yo no se lo haya advertido o He perdido los cupones premiados. En el
diálogo marcan de modo importante el desarrollo argumentativo del discurso. Algunas
de ellos pueden ser:
1. Asentimiento y corroboración: En efecto, Juan es mi hermano.
2. Causalidad: Entonces, ¿no vienes?
3. Cierre discursivo: En fin, iré.
4. Conclusión: A fin de cuentas, Juan es así.
5. Intensificación: Iré. Más aún, encabezaré la operación.
6. Transición: Por otra parte, Juan es mi amigo.
7. Aclaración: O sea, que es una persona agradable ¿no?
• Si entendemos que todo acto de habla, y, por tanto, todo diálogo se sustenta en un
marco contextual, convendremos en que siempre se realizan en una situación
comunicativa que comparten emisor y receptor. La deixis es por tanto la relación de
indicación que mantienen los elementos lingüísticos con en el entorno espacio-
temporal que, en última instancia, remite al del emisor. Tal deixis puede ser espacial,
temporal y personal.
1. Los deícticos espaciales marcan el tiempo en relación con el aquí del emisor: los
adverbios, ahí, allí,...; los demostrativos: este, ese, aquel,...;
2. Los temporales indica el tiempo respecto del ahora del emisor: los adverbios:
mañana,...; los tiempos verbales: diré,...;
3. La deixis personal se refiere, fundamentalmente, a los pronombres personales, cuyos
referentes dependen del emisor, incluyéndose aquí la deixis social, es decir, la referida
al tratamiento, que marca la posición del emisor respecto a los otros: Yo, tú, usted,...
En cuanto a la coherencia de un texto dialógico, ésta viene dada por la
progresión temática, que en la cotidianidad se marca a través de lo que llamábamos
constituyente director. El hilo temático de la conversación puede reestructurarse de
varias maneras, todas ellas presididas por el carácter espontáneo de la misma. Es este
rasgo, el de la espontaneidad, el que hace que no podamos marcar unas estructuras de
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progresión temática para el texto; ahora bien, podemos decir que el paso de un tema a
otro lo marca lo que hemos señalado como conclusión en la terminología de Van Dijk.
En este sentido, Grice otorga al texto un principio cooperativo por el que los
interlocutores, si desean que sus intervenciones tengan éxito, han de actuar siguiendo
cuatro máximas:
• Cantidad: cada emisor ofrece toda la información referente a un tema.
• Calidad: hace que se emita la verdad o lo que se tiene por tal.
• Pertinencia: un emisor interviene de acuerdo con la pertinencia del contexto.
• Manera: la emisión ha de ser clara, breve y ordenada.
Por otro lado, si entendemos que todo diálogo se sustenta en una situación
comunicativa, convendremos en que siempre se realizan en un marco contextual que
comparten emisor y receptor. Con todo, hemos de advertir que las barreras temporales
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pueden romperse a veces sin que se anule la comunicación, como en la correspondencia
epistolar, y que lo mismo puede ocurrir con las espaciales, como en las
videoconferencias, por ejemplo; en estos casos la comunicación no lingüística, los
gestos especialmente, se sustituyen por los signos de puntuación y las entonaciones, por
lo que la riqueza de la oralidad se ve algo mermada. Así, algunas emisiones sólo son
posibles en la oralidad: una antífrasis como ¡Qué listo es! tiene un índice de frecuencia
menor en lo escrito por su íntima relación con la entonación.
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TEMA 30.- EL TEXTO ARGUMENTATIVO. ESTRUCTURAS Y
CARACTERÍSTICAS.
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siempre a determinadas intenciones: si la conclusión, o tesis, va al principio se desea
impactar o dejar claras las intenciones al auditorio o crear un cierto clímax que
conduzca a su inducción. También los argumentos se disponen tradicionalmente de tres
modos según su fuerza persuasiva: por fuerza decreciente, creciente u homérico, donde
los más flojos se sitúan en medio del discurso.
Desde otro punto de vista, Marcos Marín recoge cuatro modelos básicos
dependiendo de la posición de la tesis principal:
I. Sintetizante: La conclusión queda al final como síntesis lógica de una serie de
argumentaciones previas.
II. Analizante: La idea principal se sitúa al principio del discurso, y posteriormente se
va argumentando.
III. Encuadrado: Una idea principal se marca al inicio, pero tras el desarrollo de una
serie de argumentaciones, se vuelve a retomar para corroborarla, refutarla o
matizarla.
IV. Paralelo: Se muestran una serie de premisas y argumentaciones. La conclusión se
deriva implícitamente del discurso: No diré más: las huelgas se reproducen con
violencia. El paro asciende. Los precios también suben. Los salarios bajan.
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• De cualidad: se jerarquiza lo mejor, aun siendo minoritario: A pesar de no
vender muchos libros, X es uno de los mejores escritores de hoy.
• De orden: se prefiere lo que va lógicamente de modo anterior a otro
elemento: focalizar las causas más que las consecuencias de un hecho, valorar
las conductas legisladas por encima de las individuales,...: No basta con
acudir a las ruinas, más tendríamos que haber invertido en frenar las causas
de la guerra.
• De lo existente: prioriza lo que se puede captar sobre las abstracciones o
imaginaciones: Hay quien se cree que una revolución se hace sólo con
pensarla.
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• Tautologías y evidencias: Se subraya la evidencia de algo: No olvidemos que,
por mucho que frecuenten el Mediterráneo, los nórdicos son los nórdicos.
• Reciprocidad: Aplicamos una simetría de elementos: Casi nada nos consuela
porque casi nada nos aflige.
• Relación de las partes con el todo: Si el hijo es como toda la familia,
tendremos suerte con él.
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• Expositio: exposición de los hechos objeto de juicio.
• Argumentatio: Se exponen los juicios a favor y en contra.
• Peroratio: Transición a la conclusión mediante la recapitulación de lo
expuesto.
• Conclusio: Conclusión final de la argumentación.
Cada una de ellas se estructuraba, como decíamos atendiendo a las figuras
retóricas. Obviamos decir que todas siguen vigentes en el discurso persuasivo:
• Simulatio: Se finge defender la opinión contraria: Vale: imaginemos que él es
culpable...
• Dissimulatio: Ocultar la propia opinión, que no se explicita, pero se
sobreentiende.
• Alusión: A algo o alguien, pero sin mencionarlo: Hay quienes no han
colaborado en es te proyecto.
• Sujeción: el emisor se pregunta y el mismo se responde: ¿Dónde busco el
tiempo? El día no tiene veinticuatro horas: tiene más.
• Preterición: Decir lo que en apariencia quiere omitirse: No diré que es Premio
Nobel.
• Interrogación retórica: supone una aseveración en la respuesta que implica.
¿Cuántas horas?
• Dubitación: O Juan es tonto, o se lo hace o le entran ataques de tontura.
• Definición o evidencia: ¿Por qué dicen que hay injusticia en el resultado?
Fútbol es fútbol.
• Conciliación o distinción: se refiere a la distinción de matices: No soy muy
patriota, pero quiero a mi país.
• Apóstrofe: a un auditorio o a un elemento no presente: La juventud de hoy
¿Hacia dónde encamináis vuestros pasos?
• Corrección o explicación: Los españoles son fogosos, quiero decir, algunos,
obviamente.
• Prolepsis: Anticipar una objeción que se espera para refutarla: Se me dirá que
peco de injusto con él: a los hechos me remito.
• Suspensión: Retrasar el rema para mantener la atención.
• Eufemismo: Aludir a algo connotativamente negativo por un significado que no
lo es: Cuando mi habitación quede vacía por Cuando muera.
• Disfemismo: Aludir a algo con un significado que connotativamente negativo:
Ahí viene el imbécil de Juan, por Juan, a secas.
• Antífrasis: Llamar burlescamente algo exagerando su contrario: ¡Estarán
notablemente satisfechos!
• Lítote: Afirmar algo negando su contrario: Yo no he dicho que usted no sea
listo.
• Diseminación: de un significado por medio de sinónimos y reiteraciones: El
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consuelo de sus días, el alma de la casa, el padre atento, el que todos
adorábamos.
• Repeticiones y paralelismos: conducen al refuerzo de una idea: Dije que no se
llevaría cabo. Dije que era imposible. Dije que no creía en el proyecto. Me
hubiera gustado haberme equivocado, pero no ha sido así.
• Deprecación, o súplica: Se solicita un bien para uno mismo: Espero ser digno
de vuestra benevolencia.
• Imprecación: Deseo de un mal para otros: A cada uno de vosotros os llegará
vuestro merecido en las urnas.
• Execración: Deseo de un mal para uno mismo: Si no es cierto lo que digo
espero, que actuéis sobre mí con vuestra inflexible justicia.
• Inclusión: del auditorio en la personas gramaticales presentes en la
comunicación para producir una sensación de unión: Nosotros sabemos que eso
no es así: no nos van a engañar.
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TEMA 43.- EL MESTER DE CLERECÍA. GONZALO DE BERCEO.
EL ARCIPRESTE DE HITA.
Cuaderna vía, como grant maestría, es muestra de la voluntad artística de estos autores,
opuestos al anisosilabismo y descuido del mester de juglaría. En efecto, la cuaderna vía -
también llamada tetrámetro, tetrástico y tetrástrofo monorrimo- se compone de cuatro
alejandrinos monorrimos en consonante. Este metro se importó del Roman de Alexandre
francés, de la segunda mitad del XII. Éste, a su vez, lo tomó del Aleixandreis, en latín, que
era usado como libro de docencia. Con todo, no todas las obras del mester tienen esta
estrofa, especialmente en el siglo XIV.
Mientras que en el XIII hay mayor regularidad de la cuaderna vía, en el XIV hay
una mayor heterogeneidad con la aparición de letrillas, pareados, trísticos,...
Las del XIV introducen elementos líricos, en oposición a la absoluta predominancia
de lo narrativo del XIII.
El didactismo, claro al principio, se va haciendo cada vez más ambiguo.
La heterogeneidad de fuentes es mayor por momentos.
2.1.- Vida.
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por lo que hubo de ser un sacerdote culto. Se le sabe vivo en 1252. Escribió Milagros de
Nuestra Señora entre 1246 -en el milagro XIV aún vivía Don Tello- y 1252.
Éste recoge el llamado Manuscrito Thot 128 de Copenhague, que contiene 28 milagros
en latín, de los que 20 están en Berceo. No obstante, él hace una auténtica recreación
mediante la reductio y la amplificatio: en la obra castellana hay más diálogos, y añade el Milagro
de la iglesia despojada. Además tiene conciencia de autoría -aparece el yo al principio y al final
de la obra- y de público: actualiza el texto a las coordenadas espacio-temporales de su
tiempo y usa fórmulas fáticas juglarescas en cuanto el texto era transmitido por un juglar o
por un sacerdote en los sermones.
Para M. Gerli y V. Beltrán la unidad compositiva de la obra viene dada por el tema
y por el yo del autor que abre y cierra la obra. Curtius añade que se refuerza con el valor del
número mariano, el cinco: así cinco multiplicado por sí mismo da los veinticinco milagros
que forman el libro.
Cada milagro se estructura según el orden de los sermones: exordium, para llamar la
atención de los oyentes, narratio, donde se cuenta el milagro, y conclusio, que da la moral de
modo explícito. La introducción se divide del mismo modo y nos da las claves del libro:
en el exordium apela a los vasallos de Dios y en la conclusio marca la intención difusora del
fervor a María de la obra. Sin embargo, es la narratio la que guarda mayor carga simbólica:
en una primera parte, alegórica, presenta un ortus conclusus, o locus amoenus, donde se refiere a
él mismo como maestro e introduce el tópico del peregrinum vitae: Según Dutton, esto último
se explica porque en San Millán hubo un culto mariano, a lo que se añade que el
monasterio comprara un hospital anejo para los peregrinos a Santiago: de este modo los
Milagros de Nuestra Señora se explican como una propaganda del culto y como un
entretenimiento didáctico para el hospital, que representaba a la Virgen en la cotidianidad
gracias a la actualización de los milagros de Berceo.
En el segundo apartado de la introducción, el autor realiza una exégesis de la parte
alegórica; así, el romero es el hombre, y la romería, la vida; los prados representan a la
Virgen; y la verdura y los árboles del mismo, su virginidad y sus milagros, respectivamente;
las flores son los nombres de María; las aves, los santos y apologetas; y la sombra, las
oraciones.
Para Gerli, Berceo representa a la Virgen, siguiendo a San Bernardo de Claraval,
como puente que puede conducir al Paraíso de Dios. Para ello, el hombre ha de estar sin
pecado: así, el peregrino ingresa pecaminoso en el prado -pecado simbolizado en su
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desnudez-, pero se aviene al buen camino gracias a María. De este modo la introducción y
los milagros mismos presentan el proceso de caída, castigo y redención mariana.
Se sirve de la cuaderna vía, con muchas rimas asonantes en los hemistiquios. Por lo
demás usa de abundantes recursos poéticos que muestran su voluntad de estilo: ironías,
metonimias, lítotes, metáforas, paráfrasis y perífrasis en las franjas de amplificatio, anáforas,...
Por lo demás su estilo está lleno de rasgos que procuran un cierto aire popular:
invocaciones propias de la cotidianidad del XIII, diminutivos en -iello,...; pero no olvida los
rasgos cultos: invocaciones en las conclusios, apóstrofes cultos a la divinidad, latinismos,...
Todo ello marcan una clara voluntad de autoría por vez primera en nuestras letras.
3.1.- Vida.
Tiene afán de reconocimiento: no sólo se nombra sino que se hace retratar por uno
de sus personajes dentro del tipo sanguíneo, según la fisiognomía medieval: tranquilo,
placentero, enamoradizo,... Probablemente estudiara en Toledo; vivió en Alcalá de Henares
y fue arcipreste de Hita -Guadalajara-. Durante un tiempo se pensó como cierto que fuera
preso por orden de Gil Albornoz, pero Dámaso Alonso y Leo Spitzer apuntan que se trata
de una cárcel metafórica: la de la prisión terrenal frente al cielo.
3.2.-Unidad Compositiva.
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de Esopo, Fedro y de los fableux franceses, que amplifica mediante digresiones morales,
ascéticas, satíricas, episodios alegóricos y composiciones líricas. Mª Rosa Lida de Malkiel y
Francisco Rico apoyan esta idea, aunque eliminan su picaresca.
Por el contrario Menéndez Pidal alega que el libro es misceláneo y juglaresco en
cuanto incluye muchos tópicos de la juglaría. Había dos tipos de juglares: frente al
anónimo, profesional, existía el juglar cazurro desde el XIV, producto de la decadencia de
la épica: en sus poemas busca la originalidad en la diversidad y en un repertorio
configurado según la técnica del desbarajuste, o miscelánea. A esa amalgama le daba unidad
la autoría, pero no la forma ni los temas tratados. Así, concluye, Juan Ruiz, escribió el libro
para un juglar cazurro.
31
3.3.2.- El amor y la muerte.
Con todos los matices que hemos apuntado arriba, expone con su vida que hay que
tener mesura y no corresponder al amor pasional que siempre trastorna: lo opuesto es el
amor divino, en el que se encuentra refugio vital. Por vez primera es tema principal el amor
a mujeres reales; aunque no es correspondido se ensalza el deseo como proceso de
conquista y motor de la vida. Los retratos femeninos los construye según la retórica clásica:
el género demostrativo trataba de alabar o censurar al retratado para crear una disposición
en el receptor. Así, Doña Endrina y Doña Garoza responden al tópico de mujer rubia y de
piel blanca, bella y digna de ser amada, aunque rompe con la retórica en dos puntos: las
describe no sólo de busto hacia arriba, como era preceptivo, y les atribuye unas notas de
comportamiento amoroso. Por el contrario las serranas responden al tipo de mujeres
agrestes y selváticas y, por ello, casi animalizadas, que toma del folklore medieval y de las
pastorelas francesas, que parodia. Por su parte, Trotaconventos prefigura el tipo de la
alcahueta que culminará en Celestina: aparece como mujer madura, codiciosa y sabia tanto
por el conocimiento que tiene de la condición humana como por estar próxima a la
brujería.
La muerte cobra una gran importancia en la elegía a Trotaconventos, la primera de
la literatura española, y que da las pautas para la posteridad: su estructura es tripartita:
consideraciones generales, lamento de los supervivientes y alabanza del difunto. La muerte
es cruel por ineludible: de ahí lo inútil de acumular bienes terrenos y de albergar esperanzas.
Aunque sabe que hemos de prepararnos para que nos acoja, Juan Ruiz no disimula su
miedo y acude a Dios a pedirle prórrogas vitales: la muerte significa la putrefacción del
cuerpo y el cese del deseo, motor de la vida. Esta verdad moral de la brevedad de la vida le
sirve para actualizar los tópicos en su tiempo: analiza humorísticamente a todos los
estamentos del XIV, especialmente, y tal vez por influencia goliardesca, a la propia iglesia:
ya sea mediante la parodia -como la de los clérigos de Talavera, que se niegan a renunciar a
sus barraganas- o la aseveración contra el afán de riquezas del clero.
1534 estrofas de las 1709 de las que se compone están en cuaderna vía, aunque
introduce hexadecasílabos con hemistiquios como octosílabos populares; en las partes
líricas predomina las composiciones con estribote, como el zéjel, delatando la
heterogeneidad de la clerecía del XIV.
Su estilo mezcla lo culto con lo popular. Por influencia escolar utiliza la amplificatio
mediante enumeraciones, sinónimos juntos, perífrasis, exégesis e ilustración con ejemplos.
De la Escolástica recoge la fórmula de himno bíblico -vocativo más oración de relativo-,
los diversos tropos, las digresiones y las estructuras bimembres y coordinativas.
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TEMA 44.- LA PROSA MEDIEVAL. LA ESCUELA DE TRADUCTORES DE
TOLEDO. ALFONSO X. DON JUAN MANUEL.
1.1.- Introducción.
Nace en romance mucho después del verso. Por ella se entiende discurso que va
hacia delante frente al verso, considerado como discurso que vuelve según medida: el
verso tenía mayor prestigio, mientras que la prosa tenía que disociarse del romance
vulgar e irle ganando terreno al latín como lengua de cultura.
De ahí que fuera inicialmente, eminentemente didáctica. Mientras que en
Francia e Italia las primeras muestras de prosa son jurídicas, en España son religiosas:
las glosas. Las emilianenses datan de fines del IX y principios del X y proceden del
Monasterio de San Millán de la Cogolla. Está en latín y es una miscelánea religiosa que
al final incluye un glosario y varios comentarios en romance. Las glosas silenses
proceden del Monasterio de Santo Domingo de Silos y tienen un glosario similar al
anterior, pero, esta vez, a una compilación de los pecados agrupados en torno a los Diez
Mandamientos para la confesión.
33
- Ficción (Cuentos): Eran relatos breves, pero de una extensión mayor a los dos tipos
anteriores. La figura principal es el narrador como voz que sirve de referente moral,
religioso y filosófico: de ahí que apenas existieran diálogos. Los protagonistas son seres
humanos o personificados.
- La influencia oriental de los cuentos es notable: el sentido de lo didáctico es
eminentemente oriental. De hecho, como luego veremos, el Arzobispo Don Raimundo
crea, ya en el siglo XI, la primera escuela de traductores une a árabes, judíos y cristianos
para verter, generalmente con el latín como lengua puente, obras de origen oriental. En esta
línea se escribe Disciplina clericalis, obra de principios del siglo XII del judío español Pedro
Alfonso. Es la primera colección de cuentos orientales conocida en occidente: se compone
de 34 cuentos engarzados entre sí por una ficción que sirve de marco, donde un padre
alecciona a su hijo mediante una sucesión de cuentos que no retoman la trama: es una
estructura acumulativa y abierta: trama-exempla.
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en El diálogo del Cristiano con el judío. Bonium o Bocados de ogro es un libro de cuentos con
cuento-marco: un rey persa va a la India en busca de un sabio hindú quien le alecciona.
- Obras históricas y legislativas: Hizo, entre otros títulos, Historia de los godos –con
poemas épicos prosificados- y la traducción del Fuero Juzgo.
- Calila e Dimna: Se tradujo del árabe en 1251 por orden de Alfonso X, aún infante,
aunque bajo la protección de Fernando III.
- Sendebar o Libro de los engaños e asayamientos de la muyeres, de 1253: proviene de un
manuscrito árabe, que, a su vez, es traducción de uno sánscrito. Es didáctico pero con
notas picantes por influencia de los fabliaux franceses y de la misma sensualidad árabe.
Inaugura en la tradición hispánica dos cuentos luego recurrentes: el de Trotacoventos y el
de la lechera. En cuento marco, se cuenta cómo la madrastra de un príncipe intenta seducir
a éste sabiendo que él ha de silenciar la propuesta. El príncipe pide consejo a sus sabios y
éstos le aleccionan con exempla misóginos. Tras cada uno de ellos se reanuda la trama y,
efecto, las ideas del exemplum se cumplen. Tiene por tanto una estructura cerrada: trama-
exemplum-trama.
- La doncella Teodora se sitúa en la literatura gnómica, donde esta doncella es aleccionada
por un grupo de sabios.
2.- Alfonso X.
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de Sancho II, Romanz del Infant García, Bernardo del Carpio, Mió Çid y Los siete
Infantes de Lara.
Otra obra historiográfica importante es la General Estoria, donde, con el mismo
método que la anterior, trata de recoger en seis partes la historia de todos los pueblos
vivos en el siglo XIII.
Parte igualmente del Antiguo Testamento, pero las partes históricas de la Biblia
toman asiento en la Historia Escolástica de Pedro Coméstor (especialmente para los
datos profanos), y las Glossas ordinarias y las Antigüedades judías, de Josefo. Esta vez
añade una interpretación histórica de los mitos, tomados de las Metamorfosis, de
Ovidio.
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- - Es el siglo de la aparición de la burguesía con cierta pujanza, la iglesia se ve
sometida a numerosas herejías y las calamidades provocan manifestaciones religiosas
extremas: el espíritu caballeresco se ve debilitado como estamento por sus continuas
luchas contra los nobles. En este contexto, Don Juan Manuel, sobrino de Alfonso X, se
integra de lleno en su clase: lucha contra los reyes y llega a aliarse con el monarca
musulmán de Granada: sus libros están dirigidos a apuntalar la conciencia de pertenecer
a un clase, la caballeresca.
Consta de siete partes: en los dos prólogos alega que el libro está escrito para que
el hombre –debemos de entender “el caballero”- lo aproveche en este mundo y guarde
fama, hacienda y honra para salvar su alma. Dice escribir para lectores legos y
desconocedores del latín con la intención que arriba señalamos. Su público, no obstante,
son los nobles: los temas tratan los problemas propios de éstos y las soluciones on propias
de esta perspectiva.
En las partes segunda, tercera y cuarta las escribió, aduce, por petición del noble
Jaime de Xérica, quien le encareció la obscuritas como señal de prestigio y docta letra: son
cien, cincuenta y treinta proverbios, respectivamente, del acervo tradicional, pero
manipuladas y oscurecidos por mero juego literario. Con ello se demuestra que no escribía
para legos, como escribía en el prólogo, sino para una elite de la cultura romance: su
estamento.
37
La quinta parte retorna al conde Lucanor y a su Petronio: ahora expone éste
claramente, sin exempla, qué debe hacer un hombre para salvar su alma.
Por otro lado, parece evidente la influencia dominica en el libro. La orden la funda
Domingo de Guzmán en 1213 dando una clara primacía a la literatura sermonística. Tras el
Concilio de Letrán, esta orden desarrolló un gran número de breviarios de cuentos para los
sermones de la homilía. Don Juan Manuel, estrechamente relacionado con esta orden,
tomó los cuentos mismos y el recurso de la amplificatio para los prólogos: el sermon se inicia
con una sentencia que luego aclara con este recurso.
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TEMA 45.- LÍRICA CULTA Y POPULAR EN EL XV. LOS CANCIONEROS.
JORGE MANRIQUE. EL ROMANCERO.
Con tal nombre se conoce toda la lírica tradicional castellana, catalana y sefardí. No
se conoce por escrito hasta el siglo XV, cuando músicos y poetas de la corte de los Reyes
Católicos empiezan a fijarla, pero anteriormente tuvo una tradición oral: en la Chronica
Adepholsis Imperatoris y en la Crónica del Tudense, del siglo XIII, se citan canciones de boda, de
soldados, y otras cantadas por el pueblo. Su descubrimiento en la Corte provoca una oleada
neopopularista que se refleja en los cancioneros del XV y principios del XVI. La palabra
“villancico” no se consolida hasta principios del XVI y varía con el nombre de “villançete”
y “villancillo” siempre designando una estrofa amorosa tradicional o popularizante culta
que será acompañada por una glosa.
La glosa popular es más corta y sintética, con léxico popular y una íntima relación,
temática y formal, con el villancico base. La culta, por el contrario, es más larga, se explaya
en la narración y el diálogo, incluye un léxico culto y tiene al villancico base como una
excusa para la expresión poética culta.
El villancico, así entendido, es una poesía sintética de lenguaje simbólico, que se
vale de pocos adjetivos y tiene un predominio de las oraciones simples y paratácticas.
Suelen ser canciones femeninas y amorosas: una muchacha toma como confidente a su
madre, quejándose de su amigo -como el habibi de las jarchas-. Tiene grandes coincidencias
con las jarchas y las cantigas galaicoportuguesas; en Provenza existieron zéjeles del mismo
tipo; en Francia, los refreins eran versos añadidos a composiciones mayores de la misma
índole, como los frauenlieder germánicos. Probablemente todas estas composiciones vengan
del mismo tronco, el de las winileodas de la baja latinidad de los siglos VII y VIII, que, a su
vez, pudieran arrancar de lo ritos primaverales femeninos del Paleolítico, que cantaban al
amor y a la fecundidad.
Sánchez Romeralo ha establecido una clasificación temática de los villancicos en
cinco grandes grupos: la niña -con los temas de la morenica, el juego de los ojos y los
cabellos-, el encuentro amoroso -al alba, en los baños de amor o en la romería-; las penas
de amor -el insomnio, la ausencia, el olvido, las quejas al mar, la malcasada,...-; el desenfado
y la protesta -por ejemplo en la niña que no quiere ser monja-; y las fiestas de amor -de
mayo o de San Juan-.
Formalmente, los villancicos presentan una predominancia de la asonancia, versos
de arte menor, preferentemente octosilábicos, y una variada serie estrófica: pueden mezclar
libremente estrofas de dos a cuatro versos; aunque hay dos combinaciones fijadas en el
zéjel y el cosaute.:
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invariable: el primero de los dísticos, o cabeza, contiene el estribillo y presenta el asunto,
mientras que el resto de pareados insisten por variación sobre la idea dada en la cabeza.
2.- La poesía cancioneril del siglo XV. Jorge Manrique. El Marqués de Santillana.
Juan de Mena.
Es una lírica eminentemente cortesana y culta nacida para el canto, de ahí que se
compilara en libros llamados cancioneros. En el siglo XV los poetas empiezan a abandonar
el gallego como lengua propia de la lírica: a mediados de esa centuria un judío de Baena y
escribano del rey, Juan Alfonso de Baena, le ofrece a Juan II un cancionero de cantigas
propias del amor cortés provenzal, el Cancionero de Baena, que produce un afán generalizado
de retomar, aunque tardíamente, esa poesía transpirenaica. A éste le suceden otros como el
de Palacio, el de Upsala, el de Stúñiga -todos de 1460-, el Musical de Palacio (1505-1520) o el
40
General (1511).
Hay que tener en cuenta que la poesía cancioneril se nutre de cuatro fuentes
principales: la neopopularista, que ya hemos visto, en menor medida de la alegórico
dantesca; y muy especialmente del amor cortés, que vamos a tratar ahora.
2.1.1.-Orígenes y temas.
Según Huizinga, nace en la Provenza del XII como toda una concepción del
mundo en las cortes. Éstas eran castillos que propiciaban el aislamiento de la vida refinada.
De sus moradores, el amor cortés se centra en algunos trovadores, en la mujer del señor y
en un reducido grupo de mujeres casadas: en torno a ellos gira la vida artística y entre ellos
se genera una fuerte tensión erótica que reflejan los poemas de amor cortés.
La mujer, pues, se concibe como fuente de la que emanan todas las virtudes ideales.
Bajo seudónimo tiene un sirviente que es quien abstrae a la mujer concreta hasta hacerla
divina y perfecta y, por ello, inaccesible al trovador.
De este modo la religiosidad y el amor se imbrican de modo absoluto: en ello se ha
visto varias influencias: Ovidio, en su Ars amandi, contempla al amor erótico, pero también
lo entiende como dios que esclaviza y es causa de privación del conocimiento y la voluntad:
los trovadores matizan esto último: éste esclaviza, pero también es camino de perfección.
Por eso la poesía trovadoresca toma el léxico eclesiástico y mariano: la amada, como la
Virgen, es una dama divina que libera y purifica al amante.
Por otro lado, este amante es, convencionalmente, un trovador de la baja nobleza,
dedicado a las letras bajo la protección de su señor, diferenciándose del juglar, a quien
podía contratar para que recitara sus composiciones, en su estilo, aristócrata y oscuro.
Además lo que diferencia a este autor de otros nobles es su cortesía, entendida como un
conjunto de preceptos que forman la concepción literaria del amor cortés: en primer lugar
se define por su humilitas: es un amante - servidor, y ello lo expresa con un léxico feudal,
equiparando a la dama con un señor feudal, al que pide protección a cambio de fidelidad;
de ahí que se haya apuntado que pudiera tener un origen real en forma de panegírico a su
señor a través de los elogios a su mujer.
En segundo lugar, es consciente de que se trata de un amor imposible,
contemplativo e inacabado y camino de perfección ética y espiritual: el enamoramiento
convencional es válido por sí solo, con independencia de su final: el trovador canta para
recibir gracias de su dama. Por eso se establece una rigurosa jerarquía de grados de amor:
Fenhedor: no osa dirigirse a su dama por considerarse indigno de ello; se limita al visu,
o contemplación.
Pregador: amante suplicante, que alcanza el alloquium, o conversación con ella.
Entendedor: ella lo tolera como enamorado y aún puede darle una gratia, o
pertenencia suya, por ejemplo un cordón, y un contactus, como una caricia.
Prutz: muy raro y heterodoxo: la dama le ofrece el lecho y llega el factum.
A inicios del XIII entra en Cataluña por las buenas relaciones con Provenza; se
compone en provenzal hasta finales del siglo, cuando se hace en catalán. En Galicia entra
por el Camino de Santiago, creándose una escuela trovadoresca que produce abundantes
cantigas de amor y de escarnio. Las de amor reelaboran las cançós provenzales, son más
simples, de cuatro versos con estribillo, por influencia de las de amigo y canta a un amor
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más abstracto, menos sensual y con menos descripciones de la amada. Las de escarnio
siguen el sirventés y la tensó provenzales: son poemas satíricos e imprecatorios fundados
en juegos de palabras ingeniosos.
Fue un cristiano nuevo que estudió en Salamanca y llegó a ser Cronista y Secretario
de cartas latinas de Juan II. Conoció de primera mano el ambiente humanista de la
Florencia de la época. Así, en prosa practicó la traducción en su Ilíada en romance, u Omero
romançado, e hizo unos Comentarios a la Coronación, poema suyo. No destacó como poeta de
cancioneros: sus composiciones repasan de un modo muy filosófico e introspectivo el
42
proceso amoroso cortés, introduciendo elemento prehumanistas como la mitología;
tampoco es especialmente relevante en sus composiciones didáctico - morales: el
Razonamiento contra la muerte y el Dezir sobre la justicia e pleitos e de la gran vanidad de este mundo
son una mezcla de la literatura mortuoria de la época, que le sirve de excusa para realizar
ejercicios de estilo italianizante y erudito.
Pero donde sí destaca es en la poesía alegórico - dantesca: en la Coronación, sigue La
Divina Comedia, de Dante: contempla las penas del infierno y las glorias del paraíso, donde el
Marqués de Santillana será coronado por las musas al lado de los clásicos, hecho que
propagará Fama por el mundo.
El Laberinto de Fortuna, o Las Trescientas, es el mejor poema alegórico de
nuestra literatura: en él recibe influencias del Roman de la rose, de Jean de Menq, de Virgilio,
Lucano, Dante y de los poemas alegóricos medievales, de los que toma la idea del palacio
de Fortuna. Pero ante todo es un poema prehumanista por sus continuas alusiones a los
clásicos, las formas alegóricas no teológicas sino patrióticas, la profusión de la mitología
grecolatina, su idea de Fama como causa de inmortalidad, y de Fortuna como hado del
destino, oscilando entre el providencialismo cristiano y el fatum pagano; su intención
política también se integra en la Edad Moderna: trata de apoyar a Álvaro de Luna para
unificar España bajo el poder de Juan II.
Estilísticamente, se le ve como un eslabón que conduce a otro cordobés, Góngora,
por su lenguaje oscuro y hermético: copia la sintaxis y léxico latinos para demostrar que en
romance son viables los recursos clásicos. Con todo, mantiene cierta actitud medieval en su
mentalidad estamental y la alusión a los clásicos como ejemplos morales. Este poema se
compone de 297 coplas de arte mayor. Esta forma se puso de moda a finales del siglo XIV
y llegó a sustituir a la cuaderna vía, incluso se utilizó en algunas danzas de la muerte, pero
no sobrevivió al siglo XV: es una octava, es decir dos cuartetos ABAB DCDC, de
dodecasílabos divididos en dos hemistiquios con una fuerte cesura.
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Las Coplas a la muerte de su padre (1476) se componen de 40 coplas de dos sextinas de
pie quebrado, que la tradición llamará, precisamente, copla manriqueña, -cuatro octosílabos
y dos tetrasílabos- con rima consonante abc abc . Responden al esquema tripartito, aunque
con variantes, y al carácter moralizante reseñados como preceptivos, pero de modo
novedoso rechaza la visión macabra de la muerte y la ampulosa retórica italianizante. Se
divide pues en tres grandes núcleos:
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TEMA 46.- LA CELESTINA.
1.- El autor.
Las primeras ediciones que hoy se conservan de La Comedia de Calisto y Melibea –ése fue
su primer título-, fueron publicadas en Burgos, probablemente en 1499, por el impresor
Fadrique Alemán, y en Toledo, por Pedro Hagenbach, en 1500.
Una versión ampliada del libro apareció en 1500 ó 1502, contenía cinco actos
adicionales, que se intercalaron en medio del acto XIV, además de numerosas
interpolaciones y cambios a lo largo de todas la obra. Aparece también un nuevo prólogo,
donde el autor justifica las ampliaciones por las demandas de unos amigos suyos de que
ampliara los lances de amor; y añade que, en cuanto éstos le hicieron ver el trágico final, el
autor le cambió el título por Tragicomedia de Calisto y Melibea.
El stemma de la obra es complejo: Rojas escribiría los cinco actos añadidos en 1496
o más tarde, pues empleó un Index de Petrarca publicado en Basilea en tal año. La Comedia
debió de imprimirse inmediatamente después, aunque sean las ediciones de 1499 y 1500 las
primeras que conozcamos. Las primeras ediciones completas, ya como Tragicomedia, de la
obra aparecieron en Zaragoza en 1507, en edición de Jorge Coci, aunque parece que ya
existía alguna anterior desde 1500 ó 1502.
Hoy nadie duda de su paternidad de toda la obra, salvo del acto I: éste, en efecto, al
margen de diferir estilísticamente con el resto, maneja otras fuentes; especialmente
destacable es, en este sentido, el hecho de que el primer autor solo recurra a Petrarca
una vez, mientras que en el resto de la obra es omnipresente. El propio Rojas indica
que pudo haber sido escrito por Rodrigo de Cota o Juan de Mena, siendo, al parecer,
Cota quien cuenta con mayor apoyo de la crítica.
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3.- Género de la obra.
Por eso el género teatral se ha defendido como fuente fundamental de la obra. Los
defensores de considerar La Celestina como teatro alegan las concomitancias que tiene ésta
con tal comedia italiana humanística en latín: el estudio psicológico de los personajes, la
complicación de la intriga, la crítica a las costumbres coetáneas y, en concreto, un típico
argumento de ésta: el del señor embaucado por sus criados en asuntos de amor, a lo que se
añaden tipos de tal tradición teatral clásica, como el plautino miles gloriosus, reflejado en
Centurio, al que Rojas añadiría uno típicamente hispánico, el de Trotaconventos, recogido
especialmente del Libro de Buen Amor, del Arcipreste de Hita. Además, el hecho de que la
obra tuviera tantos actos se explicaría en cuanto la comedia humanística era una modalidad
dramática no destinada a la representación, sino a la lectura de una minoría culta. Esta idea
fue especialmente mantenida por Mª Rosa Lida de Malkiel, mientras que Marcel Bataillon
añade que Rojas aporta a la comedia humanística su índole moralizante.
Por esta última razón, el carácter paródico de Calisto se va volviendo cada vez más
trágico: tal vez se deba a la intención moralizante de Rojas, o al hecho de que había de
adecuarse a las convenciones de amor trágico de la novela sentimental.
Así, Calisto es trasunto paródico del héroe amoroso por excelencia de su época: el
Leriano de Cárcel de Amor, de Diego de San Pedro, paradigma de la novela sentimental. La
obra de San Pedro fue publicada en 1492 y gozó de un enorme éxito, además consta en la
biblioteca de Rojas.
Otro de los paralelismos de la obra con la novela sentimental son los papeles de
Pármeno y Sempronio y sus respectivos amores carnales con las prostitutas Elicia y Areúsa,
gracias a las mediaciones de Celestina. Con ello se establece un espejo paródico entre los
amores de éstos y los de Calisto y Melibea. Además, desvelan que éstos buscan lo que
aquéllos: el amor carnal amparados en la retórica, ahora vacua, del amor cortés.
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descomponiendo así la imagen de la dama inalcanzable y angelicata de la novela
sentimental. El mismo proceso siguen los criados de Calisto con éste. Los dos amantes
se ven a ellos mismos como los de tradición cortés, es decir, como tipos, sin embargo
Rojas nos hace ver crudamente su lado humano: la vida real y el mundo fantástico de
ellos entran en colisión con la realidad, desencadenándose un trágico final.
Como Don Quijote, La Celestina parodia una novela precedente –la de caballerías
aquél y la sentimental ésta- por el choque entre ficción y realidad, acabando con ella, pues la
novela sentimental pasará pronto de moda con la aparición de nuestra obra.
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serlo: expulsa a unos tipos de amor cortés de sus marcos literarios convencionales y los
introduce en su mundo coetáneo.
En este sentido, presenta un entorno secularizado en extremo donde sólo tiene valor el
poder carnal, no el espiritual, - representado por Calisto y Melibea- y los bienes
terrenales, no el deseo de vida eterna –mostrados claramente por los criados desleales -.
Todos los protagonistas son tanto instigadores como víctimas de la tragedia y son
condenados, en la línea epicúrea propia de este tiempo, por no saber gozar la vida sin
ponerla en riesgo.
Lo más desolador de La Celestina es que no hay ningún orden divino que intervenga
como corrector. La ausencia de menciones a la religión católica como marco doctrinal –
salvo en las octavas, sentidas hoy como postizas- se ha interpretado como consecuencia
lógica de la condición conversa de Rojas, aunque tal vez sería mejor aludir a una llamada
ética que hace éste a la sociedad de su tiempo como ciudadano culto. Cierto es, como
sugiere Mª Rosa Lida, que su componente semita le haría más sensible a los cambios que se
desarrollaron en su tiempo.
El hecho de que Melibea, hija de armador, desee a un amante noble no cuaja del
todo en la pretendida idea de que ella sea una judía interesada en emparentarse con alguno
de sangre vieja como Calisto. Maravall demuestra, por un lado, que estos casamientos eran
habituales en esta época y, por otro, evidencia que Melibea no busca matrimonio, sino
amor carnal: No piensen en estas vanidades ni en estos casamientos, que más vale ser buena amiga que
mala casada. (...) que ni quiero marido, ni quiero padre ni parientes, afirma ella.
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TEMA 47.- LA LÍRICA RENACENTISTA: FORMA Y ESPÍRITU
ITALIANOS EN ESPAÑA. GARCILASO DE LA VEGA.
1.1.- Introducción.
Si entendemos que los Siglos de Oro se inician con el reinado de Carlos I, en 1519,
y acaban con la muerte de Calderón en 1681, el comienzo de la lírica renacentista española
se sitúa en el primer cuarto del siglo XVI. Las relaciones políticas con la Península Itálica
ayudaron a la implantación del Renacimiento en nuestro país: en 1443 Alfonso V de
Aragón conquista Nápoles y emprende una fructífera relación comercial y cultural con las
repúblicas italianas. A ello ha de sumarse la vocación europea de Carlos I, íntimamente
ligada a Italia
En tales años, docentes como Pedro Mártir de Anglería y Lucio Marineo Sículo, y
eruditos de la talla de Antonio de Nebrija o los hermanos Juan y Alfonso Valdés traen a las
universidades y a las cortes españolas el espíritu de la Italia del Renacimiento. Ya antes
Micer Francisco Imperial, Juan de Mena o el Marqués de Santillana introdujeron en parte el
proyecto que nace en Petrarca, pero aún lastrando la herencia medieval. La tradición
castellana era, aún en la primera mitad del XVI, la cancioneril, con sus metros y formas
propias: octosílabos, conceptismos, juegos de palabras,... En 1526 Carlos I se casa con
Isabel de Portugal en Granada; allí Juan Boscán conversa con Andrea Navagero acerca de
la necesidad de introducir aquí la nueva estética, labor que se llevará a cabo con éxito: ésta
es la fecha de nacimiento de la poesía lírica renacentista en nuestro país.
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y un pentasílabo dactílico, acentuado en la sílaba 1ª y 4ª; mientras que el de la Torre,
combina tres endecasílabos y un heptasílabo. Estos dos pueden tener rima enlazada
abab, o abrazada abba. La seguidilla tiene forma 7a5b7a5b.
La octava real, ya usada por Boccaccio, adquiere su máxima importancia en la
Égloga III de Garcilaso y su estructura es de 11ABABABCC
La silva es una combinación libre de no menos de veinte endecasílabos y
heptasílabos. La llamada de consonantes riman con pareados, mientras que la silva octosílaba
cambia el heptasílabo y el endecasílabo por el tetrasílabo y el octosílabo.
La canción petrarquista se compone de un número indeterminado de
endecasílabos y heptasílabos que riman al gusto; ahora bien, la estrofa que marca la
primera estancia la repiten las demás. Cada estancia se compone de las siguientes partes,
marcadas por Petrarca y fijadas para la lírica castellana por Garcilaso en su Canción III:
Pie, o comienzo, con dos pies a su vez (abc / abc); llave, o nexo opcional heptasílabo (c);
sirima, de rima variada, normalmente una redondilla y un pareado (deedff); podía
añadirse un envío, o remate, con rima diferente; por ejemplo (ghighijj).
1.3.1.- El amor.
1.3.2.- La naturaleza.
Marca las pautas del bucolismo cuyos orígenes están en los Idilios, de Teócrito, las
Bucólicas, de Virgilio, la Arcadia, de Sannazaro y la Ninfale Fiesolano y la Ninfale D´Ameto, de
Boccaccio. A ellos se suman dos tópicos: por un lado, el del Beatus Ille horaciano, que canta
la paz y el reposo en un marco natural que perfecciona al hombre como solución a las
imperfecciones del mundo civilizado y le ayuda en la conquista de la sabiduría; y, por otro
el de la Edad de Oro, ucronía de un tiempo primigenio en el que reinaban las leyes naturales
en armonía con la libertad del hombre.
Aún cabría añadir un matiz amoroso: el cortesano se retira del mundo palaciego y
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lleno de intrigas y se refugia, como pastor idealizado, en un marco natural donde realiza las
confidencias de sus cuitas amorosas a un amigo o a la naturaleza misma. Esta naturaleza,
además, se tiñe del neoplatonismo imperante, de modo que el paisaje real deviene idea
platónica de sí mismo, convirtiéndose en modelo de perfección.
1.3.3.- La mitología.
2.1.- Vida.
Partiendo del tópico horaciano del carpe diem, el epicureísmo renacentista propone
regular la vida de modo que ésta sea más placentera que dolorosa. Uno de los modos de
encontrar tal placer es la unión a la naturaleza, más como ausencia de dolor y confusión
que como marco de goce desenfrenado.
2.2.2.- Platonismo.
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Divina hasta gozar de ella, retornando a su casa primera.
Garcilaso escribió cuarenta sonetos, de los que dos son atribuidos, cinco canciones
a la italiana, nueve según la tradición castellana, dos elegías, una epístola, tres églogas, una
octava, tres odas y un epigrama, además de tres cartas y su testamento, que suelen incluirse
en sus obras completas. Recibe influencias de diversas fuentes: la castellana, la clásica -a
través del Renacimiento italiano- y de la misma poesía italiana.
Ya de por sí está influenciada por el Dolce Stil Novo y la lírica petrarquista. Expresa la
lucha entre la razón y la voluntad y el deseo propio del amor cortés en una formas que
privilegiaban la ingeniosidad y destreza técnica. Así, encontramos octosílabos llenos de
antítesis, paradojas, personificaciones, alegorías, éstas tomadas especialmente del catalán
Ausías March.
2.3.2.- Poesía clásica.
Realiza una imitatio de formas y temas de Virgilio, Horacio y Ovidio. Del primero
toma la actitud melancólica de sus pastores de las Bucólicas, y las sensibilidad ante la
naturaleza para sus églogas. Horacio le marca el esquema rítmico de la oda, que Garcilaso
transforma en lira; los tópicos del carpe diem y Beatus Ille y el tomo filosófico y
conversacional de su Epístola y la Elegía II. Las Metamorfosis, de Ovidio le nutren de mitos
amorosos y de una cierta destreza para la descripción plástica.
2.4.1.- El amor.
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2.4.2.- La naturaleza.
Una naturaleza real deviene, al más puro estilo neoplatónico, en deleite estético-
sensorial y moral, según detallamos arriba. Aquí, la comunión entre el poeta y su locus
amoenus es absoluta: la naturaleza llega a ser testigo y aun confidente de sus cuitas.
Vale para Garcilaso todo lo que hemos apuntado antes, pues no es sólo su máximo
representante, sino aun el mayor creador de la lírica renacentista española. Con todo, cabe
apuntar algunas de sus peculiaridades. Su expresión responde al principio de continencia
expresiva, así, predominan los endecasílabos sáficos y heroicos, el encabalgamiento suave
para dar un ritmo pausado, metáforas e imágenes de interpretación sencilla, sonetos donde
los cuartetos exponen o describen y los tercetos interpretan o concluyen,... En la misma
línea, usa de elementos que remansan el ritmo del poema: gradaciones, bimembraciones y
numerosas estructuras paralelísticas -La dulce vida entre la hierba verde, El arena quemaba, el sol
ardía,...-, el epíteto, suaves aliteraciones y onomatopeyas,...
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TEMA 48.- LA LÍRICA RENACENTISTA EN FRAY LUIS DE LEÓN,
SAN JUAN DE LA CRUZ Y SANTA TERESA DE JESÚS.
1.1.- Fases.
La crítica ha establecido una serie de etapas que componen el ansia de unión con
Dios y purificación del alma que se da en la ascética y la mística, especialmente para el siglo
XVI, aunque válidas para otros fenómenos análogos de otros tiempos y lugares.
Por la reacción ante las reformas de Erasmo y Cisneros, se produce una época de
gran religiosidad; de hecho, en los Siglos de Oro se publicaron más de tres mil obras
religiosas. Las ascéticas, que eran guías didácticas, tenían una tradición que arrancaba del
Medievo. La mística, por el contrario, es puramente renacentista y trata de comunicar los
periodos iluminativo y unitivo.
Para Sáinz Rodríguez las fases y la cronología no dan cuenta de los tipos de mística,
que él divide así:
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recelo la mística en cuanto albergaba ideas potencialmente iluministas y erasmistas,
como el de la interiorización de la religión.
Ecléctica: une elementos de las anteriores, como hicieron San Juan de la Cruz y
Santa Teresa de Jesús.
Fray Luis de León se integra en la hoy llamada por la crítica escuela de Salamanca
junto a otros poetas cultos como Francisco de la Torre, Francisco de Medrano,... Por la
influencia del ámbito universitario salmantino, se da en ella un hondo predominio de lo
teológico, siendo el germen de la poesía ascética, mística y metafísica. Pero también
notamos en su producción una presencia clara de poesía moral y filosófica, que recrea las
Odas de Horacio mediante la imitatio gracias a la erudición filológica. Su estética adelgaza la
sensualidad meridional de la poesía lírica renacentista: concisión lingüística y tono grave,
moderado cromatismo y predominio de lo intelectual sobre lo sensorial, o austeridad en el
ornatus son rasgos definitorios de una estética que no pretende sino hacer hincapié en lo
religioso y los moral con estilo austero.
Fray Luis fue, de hecho, uno de los primeros clérigos en tener una sólida formación
humanística, que iguala las fuentes cristianas y paganas. Su humanismo le lleva a un
novedoso revisionismo bíblico en España: la Filología era la ciencia básica para restaurar
los textos y aclarar situaciones, personajes,... tanto paganos como bíblicos.
No publicó en vida, pero en 1611 Quevedo editó su obra siguiendo la clasificación
de aquél en poesía original, traducciones profanas de autores clásicos e italianos y
traducciones bíblicas. Algunos factores contribuyeron a esa actitud: por un lado, mantuvo
siempre un continuo afán corrector, al modo horaciano, por otro lado, su índole de fraile le
impedía ser reconocido por su propia poesía y por las traducciones de autores grecolatinos
hasta el punto de usar heterónimos. A ello se añade la preeminencia que él mismo otorgaba
a la prosa, relegando su poesía a un segundo plano, que consideraba de menor eficacia
didáctica. Los tópicos de humildad y error pueril, que explicita en sus odas, no son más que
maneras de captatio benevolentiae que ya estaban en Petrarca.
Al margen de la división que el propio autor dio a su obra, y que Quevedo recogió
para su edición, podemos establecer otras taxonomías de su producción: imitatio de los
clásicos, hasta 1570; imitatio de la lírica renacentista italiana, entre 1570 y 1578; y poesía de
orientación ascética entre 1581 y 1591.
Al margen de influencias menores en su lírica, como la Biblia y la tradición
castellana, se funda especialmente en la imitatio de Horacio, Virgilio y la lírica renacentista
italianizante. El primero es su autor favorito: de él toma la oda y el beatus ille como tópico
moral y otros motivos que, como veremos, actualiza mediante la nacionalización y la
cristianización. De Virgilio llegó a insertar versos completos de las Bucólicas, de las que toma
un hortus amoenus cristianizado neoplatónicamente, y fundido con la tradición provenzal: la
naturaleza, en vez de la dama, es fuente de perfección moral y reflejo de su Creador. De los
stilnovistas, de Petrarca y de Garcilaso toma las formas métricas y, de éste, su hortus amoenus
y la lira.
Los procedimientos de la imitatio más llevados a cabo por él son la abstracción, la
cristianización, la nacionalización y la personalización. La abstracción consiste en situar un
ideal arquetípico por medio de una narración o de una descripción genérica de un tipo
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humano, que sirve de ejemplo moral para el adoctrinamiento; en este sentido equipara y
relaciona mitos grecolatinos y personajes bíblicos en virtud de su humanismo renacentista.
Del mismo modo, cristianiza argumentos y motivos universales, especialmente de la
tradición grecolatina; sustituye por hechos españoles rasgos de la Historia clásica; y
proyecta experiencias personales sobre motivos preexistentes, como el beatus ille.
Fray Luis de León renueva los tópicos dándoles un significado moral cristiano, ya
sean filosófico-morales, mitológicos, religiosos y místicos.
Vanitas vanitatum: son las primeras palabras que inician el Eclesiastés: ante la
vanidad de las vanidades hay que despreciar lo terrenal en cuanto lastre que impide la
tranquilidad espiritual.
Carpe diem unido a ubi sunt? y tempus fugit: Plantea el carpe diem desde la vejez,
retrospectivamente, al contrario de lo común, de modo que es fácil seguir con el ubi
sunt? y el tempus fugit; siempre insistiendo en las consecuencias morales negativas que
acarrea vivir el presente.
Aurea mediocritas unida a beatus ille y ab ipso ferro: El primero es la dorada
moderación: viene del Quattrocento, y señalaba al cortesano que se mide por sí mismo. En
Fray Luis el cortesano deviene hombre que busca su ideal moral alejado de todo lo
mundano para tener como referente a él mismo, de modo que el horaciano beatus ille
adquiere un tono nostálgico de retiro ideal, que enlaza con el tópico de ab ipso ferro. Éste
es un tópico de origen bíblico: por el mismo hierro con que la adversidad hiere al
hombre, recobra éste nuevas fuerzas.
Secretum iter unido a odi profanum vulgum y a locus amoenus: El primero se asocia al
mito de la Edad de Oro de Las Metamorfosis, de Ovidio, donde no hay conflictos sino
relaciones humanas en armonía con la naturaleza. A ella se accede por un camino
secreto sólo conocido por unos pocos, y que es el contrario del que sigue el vulgo
atareado en cosas mundanas. El espacio ideal al que se llega es un locus amoenus, entorno
natural de corte neoplatónico, según explicamos arriba. Tal lugar es el marco ideal para
el asceta y el mismo ascenso místico, pues está situado en zonas elevadas, cerca de Dios,
como las cumbres y las altas sierras.
Barca en mar tempestuoso unido a portus quietis: Aquél, de origen amoroso
petrarquista, expresa el naufragio de la vida en medio del mundanal ruido. Esto puede
evitarse con la guía del clarísimo lucero, la Virgen, o con la arribada a un puerto tranquilo,
marco de retiro en soledad ideal.
Cárcel: Viene de la tradición estoica y su idea de que el cuerpo es la prisión del
alma, que ansía retornar a su origen primero, el cielo. En él se personaliza debido a la
prisión que sufrió en vida.
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Son tópicos que él mismo inaugura:
Noche estrellada unida a la música divina: refiere el momento en que cielo está limpio,
sin obstáculos -como reflejo del estado del alma-. Al principio se recibe un estímulo
sensorial, el alma se purifica y alcanza la más alta esfera donde se escucha la música de
Dios, con la que el alma entra en armonía.
3.1.- Su producción.
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Israel, en la Edad Media se cristianizó el desposorio, siendo ahora las bodas de Dios con la
Iglesia. San Juan hace una lectura nueva e individual: la unión del alma con Dios.
El platonismo le viene, en cuanto amor místico, de San Agustín y de los místicos
alemanes Eckhart, Taulero y Ruysbroeck, de quienes recoge también la idea de sosiego
interior propicio para el encuentro y de los mensajeros de Dios. La contemplación como
purificación del alma parece haberla tomado de la patrística, en concreto del
Pseudoareopagita. Más dudosa son las influencias de la obra de Ramón Llull, Francisco de
Osuna o de los andalusíes Abul Abbás e Ibn Abbad de Córdoba.
3.3.- La simbología.
La poesía mística de San Juan es de un léxico tan ambiguo como el del Cantar de los
cantares, ostenta un entramado de símbolos que, como afirma Emilio Orozco, no tienen
sentido por sí solos: son como teselas de un mosaico: así la noche parece haberla tomada
de Fray Luis, como vía hacia el encuentro con Dios, pero aquí no es lugar sino agente,
como la naturaleza, que participa en la busca del esposo y es interlocutora de la esposa. La
casa es el tópico estoico del cuerpo como prisión del alma; de ella se sale mediante una
secreta escala, como en la lírica provenzal y en la tradicional. Paradójicamente, salir de la
casa es entrar en lo más hondo del alma. La esposa, como la tortolica, o la paloma, es el
alma, que se erige en yo lírico y que busca, como en el Cantar, al esposo o al ciervo herido
-como aparece en el mismo Cantar o en la lírica galaico portuguesa, como símbolo erótico- ,
es decir Dios. Lo cierto es que esta amalgama de reinterpretaciones y creaciones de
símbolos de procedencias diversas sólo tiene un fin: el de expresar de modo simbólico
una experiencia inefable.
Esta abulense ingresa con 19 años en la orden del Carmelo, que llegará a reformar,
iniciando una sucesión de aperturas de nuevos conventos, como refleja en el Libro de las
fundaciones y en Las cuatrocientas cartas. Fundó sus ideas en el recogimiento contemplativo y la
vida cristiana práctica. Su índole autodidacta le hizo preferir el franciscanismo a las
abstracciones escolásticas y le marca sus influencias literarias: conoció la Biblia, San Agustín
y Kempis y, de joven, fue aficionada a los libros de caballerías. También ello explica su
estilo, que responde al registro familiar de la Castilla septentrional.
Hizo poemas de escaso valor literario, de los que sobresalen algunas glosas de
villancicos populares.
A diferencia de San Juan o Fray Luis, escribe por orden de sus superiores,
especialmente Camino de perfección, tratado de ascética para sus monjas, y el Libro de su vida,
donde narra su evolución vital hasta alcanzar los éxtasis místicos. En prosa redacta Las
moradas, o Castillo interior, donde expresa su experiencia mística bajo la alegoría-marco del
alma como castillo con muchas estancias interiores -que tal vez tomara de los libros de
caballerías-; en la más honda cámara se produce la unión con Dios. Sus metáforas y
alegorías son mayoritariamente populares, no cultas.
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TEMA 49. La novela en los siglos de oro. El Lazarillo de Tormes. La novela
picaresca.
1. INTRODUCCIÓN.
Los inicios de la novela y de toda la prosa se extenderán a todos los Siglos de Oro debemos situarlo en la
época del reinado de los RRCC. La historia de esta novela se prolongará más allá del siglo XVII de modo
que, hasta casi mediados del XVIII vamos a hallar tanto publicación de nuevas novelas que siguen los
modelos de las novelas del XVI y XVII, como reediciones de novelas que triunfarán en estos siglos.
Hallamos también un público mayoritario que sigue prefiriendo las novelas del XVII a esa novela del
XVIII, dominado por la Razón (Ilustración).
Así pues, la formación de todos los géneros novelísticos que conocemos actualmente sucede desde ese
último cuarto del siglo XV hasta la mitad del XVIII. En este paréntesis nacen, se hacen y se consolidan
todos los géneros novelísticos. No vamos a hallar una novela policíaca o una novela realista según
Galdós, etc., sino que vamos a encontrar los fundamentos, las base de la novela contemporánea.
Nacen todos los tipos de novelas que llamamos genéricamente idealistas. Son las novelas de caballerías,
la pastoril, la morisca y la bizantina. Junto a éstas, hay otras que podríamos calificar, a falta de un término
mejor, de novelas realistas. Serían las novelas picarescas. Hay también unos géneros narrativos o pseudo-
narrativos (en los que no nos vamos a detener por la falta de tiempo) como son el diálogo renacentista y
las misceláneas.
La obra de Rojas dejará amplia sucesión en el llamado genero celestinesco. Son piezas escritas en prosa, a
medio camino entre la narrativa y el drama. Igual que el modelo, presentan lances de amores
desvergonzados que se llevan a cabo con la ayuda de los criados y de una alcahueta. Pero carecen de la
intensidad trágica de La Celestina. Se limitan a reproducir una fórmula preexistente, de la que toman lo
más superficial y mostrenco. El lenguaje, aunque incluye giros populares, deriva con frecuencia hacia lo
retórico y altisonante.
De ambiente realista y tono descarnado, ofrecen una amplia galería de tipos humanos, estrechamente
emparentados con la picaresca. Tienen buenas dosis de pintorequismo. El desenfado de las escenas
eróticas y la crítica de la vida inmoral del clero explican la decadencia del género en la segunda mitad del
siglo, cuando la Inquisición actúa con más fuerza en estos casos.
Figuran en primer término las tres Celestinas: Segunda comedia de la Celestina (1534) de FELICIANO
DE SILVA, Tercera parte de la tragicomedia de Celestina (1536) de GASPAR GÓMEZ DE TOLEDO y
Tragicomedia de Lisandro y Roselia, llamada “Elicia” y por otro nombre cuarta obra y tercera
Celestina (1542) de SANCHO DE MUÑINO. También forman parte de esta serie la Comedia Tesorina y
la Comedia Vidriana de JAIME DE HUETE, la Comedia Tebaida, la Comedia Hipólita y la Comedia
Serafina, anónimas las tres; el Auto de Clarindo...
Muy próxima al género celestinesco está La lozana andaluza, novela dialogada de FRANCISCO
DELICADO, un clérigo de sólida formación, posiblemente de origen converso. Se cree que se marchó a
Roma a raíz de la expulsión de los judíos. Del contenido de su obra puede deducirse fácilmente cuáles
serían allí sus andanzas. Se considera precedente de la picaresca; en el criado Rampín se ha visto un
anticipo del pícaro. Con la exuberante vitalidad de la Roma renacentista como telón de fondo, desarrolla
la peripecia de una hermosa e inteligente cordobesa que sabe explotar sus encantos para alcanzar una
buena posición. Se habla de sus orígenes (naturalmente deshonrosos), de sus habilidades para preparar
afeites y ungüentos, de su oficio de prostituta primero y de alcahueta después... hasta que, escapando del
castigo que Dios envía a la ciudad, termina con sus días “santamente” en la isla de Lípari, en compañía de
su fiel Rampín.
La obra, que refleja el nuevo sistema de valores del Renacimiento, nos ofrece un rico retablo del mundo
prostibulario. Insiste mucho el autor en que está sacada directamente de la realidad. Todo lo domina la
corrupción moral y el culto a los placeres, pero se deja sentir la amenaza del castigo.
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Interesa sobre todo la frescura del lenguaje, con sus abundantes expresiones de argó. Sin el menor pudor,
se alude constantemente a las prácticas sexuales, recurriendo a todo tipo de metáforas y eufemismos. El
texto se ha mantenido vivo hasta el presente.
3. GÉNEROS DE ÉXITO.
Una novedad que está muy en boga en la segunda mitad del siglo es la novela pastoril, importada
tardíamente de Italia, que viene a tomar el relevo al ya declinante libro de caballerías. Si en aquel domina
la aventura, en esta lo esencial es el análisis del sentimiento amoroso. Frente al ritmo acelerado, el tempo
lento; frente a la acción externa, el mundo interior.
Lo mismo que la égloga garcilasiana, se inscribe en la tradición bucólica heredada de Virgilio y cuenta
con modelos italianos como el Ninfale d’Ameto de Boccaccio y la Arcadia de Sannazaro.
Los enamorados adoptan el hábito de pastores, que viven absortos en sus propias vivencias, en estrecha
comunión con la naturaleza. Intimismo y paisaje son factores esenciales e indisolublemente unidos. El
estilo es afectado y la sintaxis latinizante. Se trata de un género demasiado convencional, inverosímil en
su refinamiento que, por eso mismo, resulta menos vivo y expresivo. Aun así, gozó de gran aceptación
entre los lectores, que sin duda apreciaban la elegancia y distinción del relato y su suave melancolía.
Aunque se acoge a la tradición del amor platónico, lejos de la malsana concupiscencia, provocó la inquina
de los moralistas, que no veían con buenos ojos esa morosa delectación en la afectividad.
El portugués BERNARDIM RIBEIRO da los primeros pasos con Menina e moça, a medio camino entre
el mundo caballeresco y el bucólico. Pero el despegue definitivo se debe a su compatriota JORGE DE
MONTEMAYOR, autor de Los siete libros de la Diana. Como es preceptivo, desarrolla una historia de
amores contrariados, rodeada de otras análogas. Es una obra dispersa. Las calidades de la prosa son muy
superiores a las de los versos que se mezclan con ella; aún así, el estilo resulta desigual.
En medio de la nutrida descendencia de la Diana, adquiere particular relieve, e incluso llega a superarla
en algunos aspectos, la Diana enamorada de GASPAR GIL POLO. Quiere ser continuación del relato de
Montemayor.
En fechas posteriores, cuando el género está ya en declive, encontramos muestras como El pastor Fílida
de LUIS GÁLVEZ DE MONTALVO, la Galatea de MIGUEL DE CERVANTES y la Arcadia de LOPE
DE VEGA.
Destacable también en este período es la novela bizantina. Es, por antonomasia, la novela de aventuras
escrita, sobre todo, para evasión y divertimento del lector. La novela bizantina es una novela dinámica.
Estas novelas son narraciones de amor y aventura en las que la necesaria pareja sufre la desgracia de la
separación y, cada uno por su lado, extraños y complicados avatares, que terminan siempre felizmente,
con el reencuentro de los amantes.
El modelo principal es un libro griego, la Historia etiópica de Heliodoro, traducido varias veces al
castellano, con diversos títulos durante el XVI.
En rigor, la crítica sólo considera (no sin reticencias) como bizantinas las siguientes narraciones:
· Historia de los amores de Clareo y Florisea y las tristezas y trabajos de la sin ventura Isea, primera
novela española de este género y que instaura, prácticamente, los rasgos genéricos fundamentales del
bizantinismo.
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También se popularizaron relatos ambientados en la España musulmana que para algunos constituyen un
género independiente: la novela morisca. Está representada por Historia del Abencerraje Abindarráez y
de la hermosa Jarifa, obra anónima, y por Guerras civiles de Granada de GINÉS PÉREZ DE HITA, de
tonalidades coloristas, con romances intercalados.
Por otro lado, se despierta la afición por el relato breve que sirve de entretenimiento, con modelos tan
ilustres como los italianos Boccaccio, Giraldi Cinthio, Bandello, Straparola y Sachetti. Toma la delantera
en este campo JUAN DE TIMONEDA. No es propiamente un creador ya que se limita a recopilar obras
ajenas, generalmente de procedencia italiana, y a reunirlas en colecciones: Sobremesa y Alivio de
caminantes, Buen aviso y Portacuentos y El Patrañuelo.
Suele considerarse que la publicación del Lazarillo de Tormes en 1554 inicia uno de los géneros más
representativos de nuestra literatura del Siglo de Oro: la novela picaresca. Sin embargo, las diferencias
abismales que median incluso entre esta primera y la más inmediata, Guzmán de Alfarache (1509 y 1604)
de Mateo Alemán, han llevado a algunos estudiosos, como Alexander A. Parker, a negar la conexión
entre el Lazarillo y sus sucesoras barrocas. Otros, con Fernando Lázaro Carreter a la cabeza, proclaman, a
pesar de los pesares la existencia de una serie de rasgos comunes que definen el conjunto. Creemos que
no hay duda de que el Lazarillo está en el origen del género, aunque no se pueden ignorar las enormes
diferencias de concepción que la separan del resto.
FORMA AUTOBIOGRÁFICA. Salvo raras excepciones, siempre es el protagonista quien nos cuenta sus
propias andanzas. Frente al héroe idealizado del libro de caballerías, aparece aquí un héroe que ha de
luchar por la subsistencia, cuyas miserias no tienen otro biógrafo que él mismo. De este modo, todo el
relato está enfocado desde un único punto de vista: el del pícaro, que nos da su versión particular,
unilateral, de los hechos. Cuando llega a la madurez o a la vejez, vuelve la mirada atrás para contarnos su
historia a la luz de la experiencia adquirida. La autobiografía es como el objetivo de una cámara
cinematográfica, que enmarca y determina el ángulo de visión, impidiendo un “diálogo real” entre las
fuerzas que intervienen en la acción novelesca.
SÁTIRA SOCIAL. La picaresca presenta la cara negra de una sociedad en la que el protagonista se siente
marginado. Su condición de mozo de muchos amos le permite acceder a la intimidad de individuos
pertenecientes a los estamentos más representativos y mostrarnos su mezquindad y bajeza. El carácter
itinerante del relato (el pícaro se desplaza sin parar de un sitio a otro) amplía el abanico de posibilidades y
facilita la crítica. En el Lazarillo es más irónica que amarga, pero las novelas posteriores derivan hacia
una sátira mucho más desgarrada.
ESTRUCTURA ABIERTA. La figura del pícaro es lo único que da coherencia al relato. Este se compone
de una serie de escenas aisladas en las que intervienen personajes diversos y que se desarrollan en
distintos puntos geográficos. Solo quedan engarzadas por la presencia del protagonista. Son obras que
pueden prolongarse o acortarse a voluntad; siempre es posible intercalar una nueva aventura o, por el
contrario, suprimirla.
PERSONALIDAD DEL PÍCARO. Son factores esenciales la astucia y el ingenio, que le permiten
sobrevivir en circunstancias tan adversas. En los sucesores de Lázaro se acentúan los rasgos negativos.
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Muchos de ellos son ladrones, tramposos, amigos de tretas y engaños..., pero rara vez llegan al homicidio;
el propósito ejemplarizante del género impone sus límites. A pesar de que el pícaro es un marginado que
mira a la colectividad con desprecio e ironía, aspira a un ascenso social que invariablemente se le niega.
5. LAZARILLO DE TORMES.
Una de las muchas incógnitas que presenta La vida de Lazarillo de Tormes, y de sus fortunas y
adversidades es la de su fecha de composición. Los intentos de determinarla se han apoyado en las
referencias históricas que contiene, peor no resultan suficientemente claras. Partiendo de las alusiones a la
expedición de los Gelves y a las cortes celebradas en Toledo, unos defienden una datación temprana, en
torno a 1525, mientras que otros creen que se escribió poco antes de su impresión. Predomina el segundo
criterio, con valedores tan ilustres como Marcel Bataillon, Francisco Rico, y Alberto Blecua. No faltan
otras propuestas, como la de José Caso González, que habla de la posibilidad de que la obra de 1554 sea
reelaboración de un texto anterior. Aunque no hay nada definitivo, parece que la datación tardía cuadra
mejor con el contexto social al que remite el libro. Además, no resulta fácil admitir que una obra de estas
características se mantuviera oculta mucho tiempo.
Tampoco la fecha de impresión se ha podido conocer con absoluta certeza. Hasta hace poco se conocían
tres ediciones fechadas en 1554, que presentan muchas variantes entre sí: las de Alcalá de Henares,
Burgos y Amberes. A ellas hay que añadir la recientemente descubierta del Medina del Campo, también
de 1554. Se sabe de la existencia de una edición anterior perdida, de la que deriva la de Burgos; de ella
procedería otra igualmente perdida, de la que parten las de Alcalá y Amberes. Tanto una como otra datan
de 1552 ó 1553. En 1555 la obra se publica de nuevo, pero, al ser incluida en 1559 en el Índice de libros
prohibidos de la Inquisición, no vuelve a editarse hasta 1573.
5.2. El autor.
El problema de la autoría está también sin resolver. Se ha especulado mucho al respecto, pero faltan
pruebas definitivas. Las atribuciones más convincentes que se han hecho desde el siglo XVI son: a fray
Juan de Ortega, general de la orden de san Jerónimo, al poeta Diego Hurtado de Mendoza, a Sebastián de
Horozco y a Juan de Valdés. La que más prosperó fue la de Hurtado de Mendoza, apoyada por Tomás
Tamayo de Vargas y Nicolás Antonio, eruditos del siglo XVII; no es raro encontrar ediciones
decimonónicas en las que figura su nombre.
Américo Castro cree que el autor debió de ser un converso, ya que el planteamiento crítico de la novela
parece propio de una actitud de oposición. También se ha dicho que debía de estar ligado a los círculos
erasmista, por sus ataques contra las malas costumbres y la falta de caridad del clero.
En opinión de Francisco Rico, la estructura de la obra está supeditada al famoso “caso” a que se alude en
el prólogo, de cuyos detalles quiere enterarse la persona desconocida a la que Lázaro dirige su carta. Este
“caso” no es otro que la deshonra del protagonista por las relaciones existentes entre su mujer y el
arcipreste de San Salvador, que lo ha empujado al matrimonio. Todo lo que cuenta conduciría a un fin:
justificar ese último episodio, cuando, paradójicamente, dice haber llegado a “la cumbre de toda buena
fortuna”. Pero Víctor García de la Concha considera que es demasiada historia para algo tan
insignificante. Afirma que el caso de que se habla es el conjunto de la vida de Lázaro, no una experiencia
concreta. Después de conocer sus míseras andanzas, no puede extrañarnos que se muestre satisfecho de
haber mejorado de posición, aunque sea a costa de la propia honra.
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El Lazarillo se compone de un prólogo y 7 tratados de muy desigual extensión. La mayor parte de la obra
recoge las aventuras que el protagonista vive entre los 12 y los 14 años, que constituyen el fundamento de
su personalidad y la justificación de su trayectoria vital.
Los 3 primeros capítulos, en los que sirve a un ciego, a un cura y a un escudero muerto de hambre, son
mucho más extensos y se recrean en todo tipo de detalles. Su estructura está bien trabada y en ellos se da
un clímax ascendente: cada uno de sus amos le hace pasar más hambre que el anterior. A partir de aquí, se
rompe la unidad. El 4º y el 6º contrastan bruscamente por su brevedad y esquematismo. En pocas palabras
se resumen 5 años de la vida del personaje. El desenlace en el séptimo es también muy rápido. El capítulo
5º, en el que asistimos a los fraudulentos manejos del buldero, es un elemento intermedio; Lázaro deja de
ser protagonista para convertirse en narrador de las escenas que contempla. Probablemente ese desfase se
deba a que los nuevos episodios no aportan nada esencial a la evolución psicológica del protagonista; se
ha consumado ya el proceso de aprendizaje.
Es frecuente hablar del realismo del Lazarillo, cuya finalidad sería ofrecer un fiel reflejo de la sociedad de
su tiempo. No hay, por otra parte, lances inverosímiles; todo está perfectamente justificado y se ofrecen
detalles muy precisos. Sin embargo, sabemos que muchos pasajes no se inspiran en la vida real, sino que
refunden motivos literarios. Cabe preguntarse hasta qué punto se puede hablar de realismo en una obra
que aprovecha toda clase de motivos folclóricos, tanto en la caracterización de los personajes como en las
peripecias argumentales. El mismo tipo del Lazarillo cuenta con una larga tradición literaria.
Se puede concluir que estamos ante una variante de novela realista que no se ajusta a los moldes del
realismo decimonónico y que solo puede ser considerada como tal en la medida en que se contrapone a
los géneros no realistas. Lo que sí hace es situar a los personajes en un marco real y dotar al relato de tal
coherencia y verosimilitud que parece la reconstrucción de una historia vivida.
Aunque el autor se sirve de fuentes tradicionales, no hay duda de que la elaboración artística es suya. Con
unos contenidos heredados crea una estructura completamente nueva y original.
Lázaro, que desde un principio se nos muestra poseedor de grandes dotes de observación, irá aguzando su
ingenio y discurriendo las tretas necesarias para poder sobrevivir. No es un pícaro maleado, sino un pobre
muchacho que no tiene más medios que su propia inteligencia. Incluso es capaz de sentir compasión por
uno de sus amos, el hidalgo, que une a su miseria la obligación de fingir de cara a la galería.
Como todos los pícaros, aspira al ascenso social y a salir del estado en que se encuentra. Se le presenta la
ocasión y él la aprovecha. Se nos revela así como un hombre práctico, insensible al qué dirán. No le
interesan las apariencias mundanas, como se pone de manifiesto en la aceptación de la deshonra final y en
las críticas que hace de la actitud del hidalgo. Pero sí le importa la dignidad personal. Cuenta su vida para
justificar su situación, para demostrar que ha subido desde la nada.
A diferencia del protagonista, los demás personajes reciben un tratamiento esquemático, exclusivamente
caricaturesco. Son criaturas planas, sin evolución, de las que conocemos un solo rasgo: el que Lázaro
quiere destacar desde su punto de vista personal. Su caracterización está supeditada a la intención satírica
de la obra.
Teniendo en cuenta que es el propio Lázaro quien toma la palabra, resulta plenamente acertado el uso de
un lenguaje coloquial, lleno de expresiones populares, de refranes y modismos, que imita el habla
cotidiana de la época, incluso los descuidos e incorrecciones (cacofonías, anacolutos). Sin duda, lo más
artificioso ha sido dar a la obra esa apariencia de sencillez que tan bien cuadra con la humilde condición
de su protagonista.
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El autor se acoge a las leyes del decoro; los personajes se comportan y hablan de acuerdo con su estado
social, origen y educación. Sin embargo, el narrador-protagonista emplea vocablos y giros cultos,
construye frases complejas y se sirve de recursos retóricos cuidadosamente dispuestos: polisíndetos,
metáforas, símiles, paradojas, antítesis, paralelismos... El autor debía de ser una persona relativamente
culta, como lo demuestran también algunas alusiones a las Sagradas Escrituras y a los clásicos (Plinio,
Cicerón, Ovidio) que se recogen a lo largo de la novela. Quede claro que esta erudición jamás traspasa los
límites de la conveniente ni desentona con la sencillez del conjunto.
La lectura del libro deja abierto un interrogante acerca de cuál es la postura que adopta el autor. El final
no puede ser más ambiguo. ¿Qué sucede? ¿El novelista hace un desplante a la sociedad demostrando que
las ideas que la rigen son ridículas ya que pretende exigir que se preocupe de la honra mundana un
individuo que ni siquiera tiene para comer? ¿O bien se ríe de Lázaro cordialmente? Está claro que la
respuesta depende de quién sea el autor y de su situación personal. Quizá se dé a un tiempo un desplante a
la sociedad y una actitud irónica respecto al personaje que preconiza una nueva forma de vida.
Se ha señalado unánimemente su actitud crítica en relación con la iglesia y sus ministros, cuya falta de
caridad y mezquino materialismo figura en primer plano, motivo por el que se le ha vinculado a las
esferas erasmistas. Cinco son los personajes a través de los cuales se encauza, aunque con muy distinta
intensidad, la sátira antieclesiástica: el clérigo avaro, reducido a la condición de pura caricatura; el fraile
de la Merced, el capellán y el arcipreste de San Salvador, de quienes se nos dicen muy pocas cosas, y el
buldero, un farsante que no vacila en traicionar la buena fe de la gente sencilla, con tal de obtener
beneficios. Es este un episodio clave que permite deducir que, si pueden producirse situaciones de ese
tipo, es porque la iglesia ha fomentado prácticas vanas y creencias superficiales. Resulta evidente que el
tema religioso no surge por azar sino con la intención de ahondar en él y dar pie a la sátira.
6. LA NOVELA BARROCA.
La narrativa barroca hereda y transforma de modo radical las modalidades procedentes del siglo XVI. En
esa evolución tienen un papel destacadísimo, aunque de distinto calado, tres narradores: Miguel de
Cervantes, Mateo Alemán y Francisco de Quevedo.
Cervantes forja un universo estético nuevo al recibir y desarrollar la herencia del realismo. Crea la novela
moderna profundizando en la teoría del decoro (la coherencia en el hacer y el decir de los personajes,
predicada por las doctrinas clasicistas) y ensanchándola para abarcar el mundo complejo y contradictorio
que se presenta ante sus ojos. El Quijote (1605 y 1615) mezcla la parodia literaria de un género obsoleto
(los libros de caballerías), la agilidad narrativa aprendida en los novellieri italianos (de Boccaccio a
Mateo Bandello), la atenta observación de las personas y las cosas (que estaba ya en el Lazarillo de
Tormes), un singular dominio del lenguaje (natural y espontaneo, pero denso y elaborado), unas
sorprendentes novedades técnicas (juego con distintos narradores que se corrigen y contradicen; presencia
e influjo de la Primera parte de la novela sobre la Segunda) y buenas dosis de humor, comprensión y
malicia.
Se ha dicho que en el Quijote se encierran todos los secretos del arte novelesco. Quizá no sea exactamente
así; pero sí puede afirmarse que en esta obra singular están las claves de la novela occidental, muy
especialmente de la realista del siglo XIX.
Cervantes, quizá sin proponérselo y advertirlo, creó en un solo libro la fórmula de la ficción compleja,
amplia, que retrata el entorno de los protagonistas a través de un elenco extenso y diversificado de
personajes y de una descripción puntual y aparentemente exacta de los paisajes, objetos e incluso
animales que los rodean.
El éxito de la obra fue inmediato, pero no tuvo continuadores o, mejor dicho, sus continuadores fueron
pálidos reflejos de la gran creación cervantina.
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6.2. La transformación de la novela italiana.
Con la publicación de las Novelas ejemplares (1613) de Cervantes se inauguró en España un género
fecundísimo que hasta entonces no había tenido en nuestro suelo un autor que supiera imprimirle un sello
personal: la novela corta italiana de ambiente cortesano. Si bien el influjo cervantino posibilita la
existencia de una fabulación autóctona, sus continuadores no aprovechan enteramente las posibilidades
que en su obra se vislumbran. Se acogen a lo más externo y superficial; no imitan el mundo complejo de
los personajes y la sátira mordaz de la sociedad de su tiempo, sino las aventuras intrincadas, regidas por el
azar, que caracterizan a las piezas más endebles de la colección.
Naturalmente, pesa mucho la influencia de los grandes novellieri italianos; Boccaccio, Bandello,
Straparola, Giraldi Cinthio... que habían sido traducidos. A veces los autores españoles toman de su
modelo las líneas generales de la trama argumental y algunas situaciones.
El escenario en que se desarrollan estos relatos suelen ser las grandes ciudades. Los personajes
pertenecen, por lo general, a las clases altas. Son damas y caballeros de vida ociosa que cultivan el
galanteo.
El concepto esencial que rige toda la arquitectura novelesca es el amor. La mujer deja de ser un objeto
inerte, pasivo, y pasa a intervenir de una forma más activa en la peripecia amorosa, tal y como hacía en la
comedia. El tono, habitualmente desenvuelto, raya a veces en la procacidad.
A una con el amor, domina otro sentimiento esencial: el honor. El orgullo del linaje y la honra familiar
pasan a ocupar un lugar destacado, así como la dignidad de las propias acciones.
En buena medida, la novela cortesana se contagia de los lances y figuras de la comedia. A pesar de la
gran dosis de fantasía novelesca que hay entre sus ingredientes, constituyen un documento social de
interés.
Entre los cultivadores del género se cuentan GONZALO DE CÉSPEDES y MENESES, JUAN PÉREZ
DE MONTALBÁN,... Asimismo se acercan a él autores como LOPE DE VEGA (Novelas a Marcia
Leonarda) o TIRSO DE MOLINA (Deleitar aprovechando...). Adquieren particular relieve dos figuras
de las que ahora nos ocuparemos.
ALONSO DE CASTILLO SOLÓRZANO (Tordesillas, Valladolid, 1584-h 1648) luce sus dotes
narrativas en gran número de novelas cortesanas, agrupadas por colecciones al estilo boccacciesco. Entre
otros libros, destacan Tardes entretenidas, que incluye un conjunto de relatos galantes, de grata lectura,
llenos de colorido, que tienden a una visión idealizadora y, aunque injertan algunos motivos picarescos,
no se salen nunca del buen tono; y Jornadas alegres, que se apoya en la tópica ficción de reunir algunas
narraciones que alivien el ocio del viajero.
MARÍA DE ZAYAS (Madrid, 1590 – 1661) aparece rodeada de una aureola de feminismo, debido a su
intento de poner a los dos sexos en pie de igualdad. Presenta a la mujer como víctima de los engaños del
varón. Es llamativa la libertad en la recreación de las aventuras amorosas, que a veces adquieren un aire
mórbido y sensual. Se multiplican los lances: raptos, desafíos, naufragios, hechizos... Insiste en presentar
las ficciones como hechos reales, aunque no faltan elementos fantásticos. Su estilo es directo y expresivo.
Toda su producción se recoge en dos libros, cada uno con 10 narraciones: Novelas amorosas y
ejemplares. Honesto y entretenido sarao y Desengaños amorosos. Parte segunda del sarao y
entretenimientos honestos.
6.3.1. La herencia del Lazarillo: Como ya se ha señalado, el parentesco que existe entre la obrita
anónima del XVI y sus sucesoras barrocas ha sido muy discutido. Sin embargo, hemos admitido la
existencia de una serie de rasgos comunes, a pesar de las muchas diferencias de concepción que separan a
la una de las otras.
65
No cabe negar, con todo, que algunos de estos rasgos se irán perdiendo en la evolución del género. El
Lazarillo había puesto en circulación un trascendente hallazgo estético: el realismo psicológico. Esta
característica se mantiene en el Guzmán de Alfarache. Pero luego se pierde y la novela picaresca,
siguiendo la ruta marcada por El buscón de Quevedo, se convierte en una acumulación de estampas
burlescas o satíricas, que no contribuyen a crear ante los ojos del lector un personaje complejo, sino un
testigo-protagonista de las diversas aventuras. El influjo de la fantasía lucianesca es decisivo en este
proceso. Buena muestra de ello la tenemos en El diablo cojuelo de LUIS VÉLEZ DE GUEVARA, que
prescinde incluso de la forma autobiográfica, perfectamente coherente en las dos primeras novelas, en las
que la voz que escuchamos es la del pícaro. Luego nos encontraremos con un mero calco de esa
estructura. La autobiografía, cuando se da, no es más que el soporte al que se adhieren los más
heterogéneos elementos.
La pérdida del realismo psicológico puede llevar también a que el interés se centre en la realidad descrita,
que ya no se utiliza para justificar las reacciones del protagonista. En estos casos, la picaresca deriva
hacia el costumbrismo (Lazarillo de Manzanares de JUAN CORTÉS DE TOLOSA). Otras veces se
asimila al género de aventuras (La vida de don Gregorio Guadaña de ANTONIO ENRÍQUEZ GÓMEZ)
o incorpora elementos de la novela cortesana (Aventuras del bachiller Trapaza y La garduña de Sevilla y
anzuelo de las bolsas de ALONSO DE CASTILLO SOLÓRZANO.
Otro de los cambios operados es lo que podría llamarse la santificación del héroe. Tradicionalmente se
viene admitiendo que uno de los rasgos esenciales de la picaresca es el reflejo del inframundo de la
delincuencia. En la obra central del género, el Guzmán, la función del pícaro como ser marginado que
ofrece una moralidad a contrario está clara; pero el afán adoctrinador pesa muchísimo. Ese pícaro
predicador se va a convertir en una buenísima persona en la Vida del escudero Marcos de Obregón de
Vicente Espinel e incluso un santurrón más bien impertinente en Alonso, mozo de muchos amos de
Jerónimo de Alcalá Yáñez. En la primera se pierde también otro ingrediente capital, al dejar de describir
los esfuerzos fracasados de una persona para huir del puesto social al que lo condena su nacimiento. La
deshonra inicial ha desaparecido y solo queda una vida itinerante e inestable, plagada de consejas y
consejos.
En estas novelas, escritas en un tiempo de crisis, la visión del mundo es mucho más agria y pesimista que
en el Lazarillo.
6.3.2. El buscón. Quevedo tiene en su haber una de las más notables novelas picarescas: La vida del
buscón llamado don Pablos. Pese a la madurez del estilo es una obra de juventud, que debió escribirse en
torno a 1603 – 1608.
Cuenta las aventuras del segoviano Pablos, hijo de un barbero ladrón y de una judía medio bruja. Entra al
servicio de don Diego Coronel, al que acompaña en sus estudios. Célebre es el episodio en que amo y
criado sufren los rigores del hambre bajo el pupilaje del dómine Cabra. El protagonista intenta salir del
ambiente en que se ha criado y conseguir una buena posición social, pero fracasa y se inicia en el camino
de la picardía. Tras una serie de aventuras desafortunadas, emigra a América para mejorar su suerte.
Tampoco allí logrará su propósito.
Aunque se han hecho distintas interpretaciones de El buscón, estamos de acuerdo con Fernando Lázaro
Carreter en que se trata, ante todo, de una obra de ingenio. Lo que la define es la portentosa elaboración
de su verbo, la intensidad de la palabra, que atrae la atención sobre sí misma, la acumulación de
pinceladas grotescas. Desprovista del ropaje formal, su contenido quedaría reducido al de cualquier otro
texto picaresco. Eso no impide reconocer que, tras el retorcimiento de la palabra, se oculta una amarga
visión del mundo, un pesimismo radical.
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6.3.3. Mateo Alemán y el Guzmán de Alfarache: Mateo Alemán es de origen converso, lo que quizá
ayude a explicar la amargura y el resentimiento que rezuma su obra. Lleva una vida aventurera, acosado
siempre por las dificultades económicas. Tiene problemas con la justicia y va a la cárcel más de una vez.
Su pesimismo se acentúa con la conciencia de ser injustamente marginado
Publica la primera parte de su novela en 1599; la segunda aparecerá en 1604. Recoge algunas de sus
vivencias y reflexiones personales. Nos muestra un mundo hostil en el que el hombre es el peor enemigo
para sus semejantes; la vida aparece como una lucha sin cuartel en la que reinan el vicio y la falsedad.
Como es propio de la picaresca, nos encontramos con una visión unilateral del mundo. Desde su situación
final (la condena a galeras), el protagonista cuenta sus aventuras y desventuras para transmitir una
enseñanza al lector. Salta a la vista que la estructura de esta novela viene condicionada por su intención
ejemplarizante. La acción se ve continuamente interrumpida por digresiones y comentarios morales, que
no son simple relleno, sino ingredientes esenciales en los designios del autor. Hay, además, gran cantidad
de cuentecillos, anécdotas y parábolas, ajenos a la historia nuclear, que refuerzan las enseñanzas. Lo
didáctico predomina sobre lo narrativo. También se intercala alguna novela corta, a modo de paréntesis
puramente artístico, para dar un respiro a los lectores.
En el Guzmán de Alfarache sí se tiene en cuenta cómo evoluciona el personaje. Cada vivencia deja huella
en él y va sentando las bases de su devenir moral. Lo vemos avanzar hacia la degradación, hasta que llega
al punto en que emprende el camino del arrepentimiento. Hay, por tanto, una estructura climática
ascendente y descendente.
Encierra la obra una dura crítica que recae sobre personajes representativos de los diversos grupos
sociales. Pero, de modo un tanto contradictorio, el protagonista muestra una clara voluntad, siempre
frustrada, de integración en la sociedad que critica. El ritmo se desarrolla en un tempo lento, con
expresión reconcentrada. El lenguaje es intenso, detallista, de léxico exuberante. Se advierte una
considerable preocupación estilística y un alto grado de elaboración de la prosa. Ofrece un complejo y
riquísimo retrato del mundo barroco.
6.3.4. Otras novelas: El éxito del Guzmán de Alfarache propició la resurrección de la literatura de asunto
picaresco. Además de El Buscón de Quevedo, contamos con una larga serie de relatos. Entre ellos
destacamos Vida del escudero Marcos de Obregón de VICENTE ESPINEL, La pícara Justina de
FRANCISCO LÓPEZ DE ÚBEDA, Las harpías de Madrid y coche de las estafas y La garduña de
Sevilla y anzuelo de las bolsas entre otras de ALONSO DE CASTILLO SOLÓZARNO, que presentan la
novedad de incorporar un personaje femenino como protagonista. Además de los citados destacamos El
guitón Onofre de GREGORIO GONZÁLEZ, La desordenada codicia de los bienes ajenos de CARLOS
GARCÍA, Vida y hechos de Estebanillo González, hombre de buen humor, compuesta por él mismo...
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de caballerías; novedosas y posteriores a éstas son la pastoril, la morisca, la bizantina, la de
misceláneas, la picaresca y los diálogos renacentistas.
En el XVII triunfó la picaresca, la novela corta postcervantina y las misceláneas
barrocas mientras que decaían las novelas de tendencia idealista propias del Renacimiento.
Son tres los puntos que diferencian la novela española de la de otras latitudes:
cristianización, hispanización e hibridismo: en cuanto a la cristianización, ya en el
Amadís (1508) se cristianiza levemente lo caballeresco laico, rasgo que aumenta el las
Sergas de Espladián y que es determinante en el Amadís de Grecia, donde la lucha ya no es
por amor sino por motivos religiosos.
La hispanización se debe a las continuas referencias locales en detrimento de las
míticas, dándose así un grado de verosimilitud que irá creciendo en el Barroco.
El hibridismo se refleja en el hecho de que los subgéneros se daban en estado puro
sólo en los modelos de partida y en otros escasos: la variedad aristotélica llevó a que la
novela idealista del XVI, y ya definitivamente en el Barroco, mezclara diferentes
géneros y modalidades; algunos ejemplos de estas mezclas son: la epístola, que es un
macrotexto donde todo cabe que alcanza la perfección en los Siglos de Oro; el hecho
de que alternen la lírica con la prosa, mientras que la descripción y las digresiones
morales van ganando terreno progresivamente.
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2.1.- La novela sentimental.
Con todo habrá diferencias entre las italianas y las españolas: en aquéllas la
sufridora es ella y es la historia de un amor adúltero; mientras que en la española el sufridor
es él, más fiel al vehemens amator provenzal, y la historia es entre solteros, por el peso de la
moral cristiana.
Será el género más leído en el siglo XVI. En este siglo atraviesa tres fases:
a) Fase fundacional: la ocupa el Amadís (1508), pues entre éste y el Mio Çid hay
un hueco insalvable de textos conservados. Existieron poemas épicos de los que
nos quedan referencias indirectas en las crónicas medievales y probablemente se
tradujeran romans franceses que propiciarían creaciones autóctonas, de las que el
Amadís sería una cristalización.
Sin embargo Amadís es ya un caballero renacentista como hombre de armas y
letras: lucha, como los anteriores, por la fama y la gloria política, pero es ya guerrero
y, sobre todo, firme enamorado.
El libro de Joan Martorell inaugura una estructura trimembre que luego será
preceptiva:
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donde el motor de la acción ya no es el amor sino los motivos religiosos. En el Primaleón
(1515), a la hispanización y a la cristianización se le añaden un incipiente hibridismo, pues
se mezcla con la tradición bucólico pastoril.
c) Entre 1526 y 1605 se da la llamada fase expansiva: el hibridismo es absoluto,
permeabilizándose a todas los géneros, especialmente el pastoril y tomando rasgos incluso
deformantes, como la burla y el enredo gratuito como motor de la acción –especialmente el
del disfraz, que pasará al resto de novelas y a las comedias-. A partir de 1605, tras los
efectos paródicos del Quijote, no hay nuevas creaciones pero sí una edición masiva que
perdurará hasta 1640.
A todas estas creaciones les corresponderán unos rasgos definitorios, que el Amadís
marca, referentes a los temas y los personajes:
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Los siete libros de La Diana marcaron la poética de este subgénero, el segundo más
exitoso del Renacimiento después de las de caballerías, a despecho de los ataques de los
Humanistas por ser entretenimiento del vulgo, amén de inverosímil, fantástica y engañosa.
Lo cierto es que su estructura se irá repitiendo continuamente hasta 1633, con las
excepciones de La Galatea (1585), de Cervantes, y La Arcadia (1598), de Lope.
Autobiografismo: se puso de modo con el Lazarillo y las vidas de soldados del XVII. Se
toman como un disfraz literario de los autores, quienes confían sus cuitas de amor a amigos
suyos, vestidos de pastores, como hizo Lope en La Arcadia. En el XVII evoluciona hacia
una mezcla de marco narrativo boccacciano en forma de diálogo humanista entre el autor y
sus amistades.
- Bizantinismo: el público no soportaba la petrificación argumental y necesita las
aventuras y variedad de la novela bizantina hasta culminar en La Galatea, de Cervantes.
- Hibridismo: comienza con la obra de Lope, donde introduce discursos, listas de países,
templos, escritores,... otorgaba una erudición que trataba de prestigiar la novela.
- Moralizante: Son avisos contra Amor como desengaño o destrucción, eliminándose lo
melancólico y lo idílico, como en Desengaño de celo, de López de Enciso.
- Cristianización: como reflejo de la Contrarreforma y de las acusaciones de ausencia de
moral clara. Hay una vuelta a lo divino en títulos tan claros como Pastores de Belén, de Lope,
o Clara Diana a lo divino, de Bartolomé Ponce.
4.2.- Antecedentes.
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de San Salvador le proporciona una esposa que comparten. Los orígenes de este
anticlericalismo hay que buscar los, por una parte, en el erasmismo, que no critica la
religión como a sus representantes; de otro lado en la postura propia del converso y
en la tradición anticlerical medieval de los Goliardos y los Arciprestes de Hita y
Talavera.
El honor es una carga más en la novela, según se desprende del sufrido
fingimiento al que se ve obligado a mantener el hidalgo del tratado III, único de los
amos del que Lázaro se compadece, solidarizándose por el hambre común.
En cuanto a la estructura, el prólogo es totalmente dependiente de la novela y
viceversa pues es el que da la clave del recurso epistolar con un narrador-autor y un
narratario –vuestra merced-: aquél explica por qué escribe el libro: va a contar qué le
ha llevado al caso, es decir, a su situación de infamado por su esposa, lo que
mantiene la atención hasta el final. Lázaro da cuenta de una evolución vital que
justifica una infamia, lo cual aportaba verosimilitud a la obra. De hecho, son las
retrospecciones y prospecciones las que inciden en el proceso psicológico del pícaro,
que concluye en que, ante la necesidad, sólo es posible ascender, o estabilizarse
socialmente, mediante la corrupción moral.
El tempo narrativo se estructura según las razones anteriores:
- Los tres primeros tratados superan la estructura en sartas de la caballería
porque los capítulos son interdependientes y necesarios para entender la evolución
del pícaro. Fue revolucionario que un antihéroe reflexionara acerca de los hechos,
marcando un tempo lento y ahondando en la verosimilitud aristotélica y dejando de
un lado el narrador omnisciente tradicional.
- - Los tres últimos tienen un tempo rápido. Éstos sí son sartas pues el personaje ya
está hecho y sirven de excusa para ampliar el retablo de críticas sociales.
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TEMA 50. EL QUIJOTE.
1. MIGUEL DE CERVANTES.
Nace en Alcalá de Henares (Madrid), probablemente el 29 de septiembre de 1547.
Es hijo de un cirujano que, por motivos profesionales, tiene que ir de una ciudad a
otra: Valladolid, vuelta a Alcalá, Córdoba, Sevilla y Madrid. Se sabe poco de la
infancia y adolescencia de nuestro autor. Ni siquiera tenemos la absoluta certeza de
que acompañara a su padre en esos traslados.
Con el viaje a Italia de finales del 1569 se inician las peripecias de una vida
difícil y ajetreada, llena de adversidades. En Roma entra al servicio del cardenal
Acquaviva. Sigue luego la carrera de las armas. En 1571 toma parte en la batalla
de Lepanto, donde pelea valerosamente y recibe una herida que le deja inútil el
brazo izquierdo. Siempre recordará con orgullo este episodio. Tras restablecerse, se
incorpora de nuevo al servicio. Cuando en 1575 regresa a España, su nave es
apresada por los corsarios berberiscos, que lo llevan a Argel, donde sufre cautiverio
durante 5 años.
Tras muchas penalidades, es rescatado por un fraile trinitario. Ya en España,
se casa con la joven Catalina de Salazar y Palacios. En 1587 se marcha a Sevilla
para encargarse del suministro de la Armada Invencible. Ciertas irregularidades
administrativas dan con él en la cárcel de esta ciudad. Cuando en 1604 se traslada
a Valladolid, donde está la corte, ya tiene terminada la primera parte del Quijote.
Su publicación en 1605 es una auténtica revelación: a sus 57 años cumplidos, al
autor se le consideraba un fracasado. En 1606 vuelve a Madrid con la corte. En sus
últimos años se concentra su mayor actividad literaria. Muere el 23 de abril de
1616.
Se ha supuesto que Cervantes era de origen converso, pero no disponemos
de pruebas documentales. Aunque probablemente no llegó a cursar estudios
universitarios, era un hombre muy culto, con extraordinaria afición a la lectura. En
su juventud fue discípulo en Madrid del humanista Juan López de Hoyos, que
imprimió en él la huella del erasmismo. Destacan, por encima de todo, su talante
paciente y bienhumorado, lleno de comprensión y tolerancia con la criatura
humana, su escepticismo y el humor y la ironía que presiden su visión del mundo,
rasgos todos ellos que se traslucen claramente en sus obras.
2. EL QUIJOTE.
2.1. Circunstancias de la publicación:
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como la de Lope de Vega, la opinión general proclamó que se trataba de una
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cautivo Cervantes está tomando como modelo la novela morisca y concretamente
el Abencerraje, y está creando un subgénero, la novela corta de temas de cautivos.
La novela de “El curioso impertinente”, con su ambiente italiano, los nombres de
sus personajes y su conflicto psicológico nos lleva a un tipo de relato muy diverso
de aquel en el cual está intercalado. Recordemos también el discurso de la Edad de
Oro y el de las Armas y las Letras, excelentes muestras de estilo oratorio.
Hemos visto hasta ahora las distintas modalidades de texto intercalado.
Veamos ahora algunas formas posibles de interpolar empleadas por Cervantes:
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La segunda parte abre una nueva perspectiva. La historia de Cide Hamete
Benengeli, ya dada a la imprenta, es conocida por los personajes que en ella
intervienen, que opinan acerca de los descuidos e inexactitudes del cronista y
conocen perfectamente las andanzas de don Quijote y Sancho. De este modo, el
texto novelesco de 1605, con su enorme fama, gravita sobre el de 1615.
2.3. La parodia y el equívoco cómico.
El Quijote nace como una parodia de los libros de caballerías. La intención del
autor está claramente expresada en el prólogo. Para conseguir su propósito,
recurrirá a contraponer la realidad con las fantasías alucinadas del protagonista,
que interpreta los datos de los sentidos con la clave de las novelas caballerescas.
Así, al ver la mole de los molinos de viento, cree que son gigantes; al sentir el vino
que destilan los cueros agujereados, imagina que es la sangre de sus enemigos; al
notar las miradas maliciosas de Maritornes, le vienen a las mientes las tiernas
doncellas que se enamoran perdidamente de los caballeros andantes...
A veces los personajes con que toma deciden seguirla la corriente. Don
Quijote ve confirmado su juego y sigue fabulando y superponiendo a la dura y
mezquina realidad de la España barroca las fantasías que ha asimilado en sus
lecturas.
La comicidad surge del violento contraste entre los delirios del hidalgo y lo
que realmente ocurre a su alrededor. A lo largo de la obra, va cambiando la actitud
del novelista. Primero solo se propone ridiculizar a un loco que se cree caballero
andante en pleno siglo XVII; pero, a medida que avanza la acción, le toma cariño y
va dibujando los aspectos positivos del loco idealista que es don Quijote.
2.4. La caracterización de los personajes.
Nuestro protagonista es un hidalgo que goza de un mediano pasar. “Los ratos que
estaba ocioso, que eran los más del año”, los dedicaba a leer libros de caballerías.
Poco a poco ese mundo fantástico va apoderándose de su cerebro y cae en la
locura de interpretar lo que ocurre en la realidad como si se tratara de una de esas
novelas. En ellas encuentra justamente lo que a él le falta: acción, aventuras,
amor...
Si don Quijote no tuviera más trasfondo, sería simplemente un figurón
cómico. El acierto de Cervantes consiste en haber pintado una criatura sumamente
compleja, en la que alternan los disparates caballerescos y la reflexión sensata.
Cuando no trata de asuntos relativos a su monomanía, admira por su cordura y
agudeza.
La hondura del personaje se acrecienta con su bondad. Aunque yerre y
resulte ridículo, vemos que todas sus aventuras se encaminan a lo que él considera
la práctica del bien y la justicia.
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Al principio está convencido de su misión como caballero andante; pero en la
segunda parte, precisamente cuando los demás siguen su juego, empieza a
agrietarse su fe. La duda da paso al desengaño y, con él, a la muerte.
La técnica narrativa empleada por Cervantes para la configuración del Quijote
como personaje no se diferencia en absoluto de las técnicas empleadas por el resto
de la narrativa de los Siglos de Oro. En la narrativa del siglo XVII la construcción
del personaje está muy cerca de la configuración del personaje en la literatura
popular. Tenemos que tener en cuenta que la técnica de configuración del
personaje no ha llegado a su madurez. La madurez le llega en el siglo XIX.
La similitud con la literatura popular se basa principalmente en la definición
apriorística del personaje y en el mantenimiento de un decoro, decoro en el sentido
de la preceptiva clásica (coherencia entre lo que los personajes son y lo que
parece), es decir, en toda la narrativa barroca tenemos un protopersonaje.
En lo que se refiere a la configuración física del personaje, la construcción del
personaje teatral y del personaje novelesco son similares, parten de la misma
técnica, de la misma intención. En este sentido, tenemos que recordar que el
personaje teatral en el siglo XVII se construye a partir de una idea clara y
fundamental: la configuración metonímica. Con esta configuración lo que se
pretende es que el personaje, a partir de un solo dato, por ejemplo, sea
reconocible. Estos datos se refieren a la vestimenta y al gesto. El personaje del
teatro y el de la novela es reconocible inmediatamente con su sola aparición por
todos los receptores, que están inmersos en un código de signos gestuales y físicos
que permiten reconocer a los personajes.
El personaje de don Quijote responde básicamente a esta construcción. Pero
hay una variante, un matiz original en Cervantes y que da sentido a la obra. Don
Quijote no es don Quijote durante toda la obra. Hay un personaje que se llama
Alonso Quijano, que ocupa las primeras líneas de la novela. Luego está el nudo
novelesco, donde el protagonista es don Quijote. Y al final vuelve a aparecer Alonso
Quijano. Podemos decir, por tanto, que don Quijote muere dos veces. Muere
cuando se vuelve Alonso Quijano y muere después, cuando muere Alonso Quijano.
Alonso Quijano es sólo un tipo social. Cervantes lo dice muy claro y lo dibuja
en las primeras líneas de modo metonímico. Es un tipo social prácticamente
anónimo. No se sabe ciertamente su apellido. Con esto está realzando su calidad de
tipo novelesco. No lo individualiza. Puede ser cualquier hidalgo de mediana edad
con algo de hacienda, que llevó una vida vegetativa y mantiene la apariencia de
clase social que se impone en la época. Ahí aún no existe don Quijote. La novela
comienza cuando nace don Quijote. Es decir, comienza como el Amadís, como el
Lazarillo, etc., con el nacimiento del protagonista. Cervantes sigue, punto por
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punto, el Amadís. Está tomándolo como modelo. Ya hemos visto como cuando el
cura y el barbero queman los libros de caballerías de don Quijote, no queman el
Amadís al considerarlo el mejor de todos los libros de caballerías que se ha
compuesto y único en su arte. Don Quijote no nace en el momento de ser
engendrado en un lugar convencional y significativo ni tiene unos padres
convencionales y significativos. No sucede como con Amadís, que cumple el mito
según el cual el bebé, por el lugar en que nace y por los padres que tiene está
predestinado a ser un héroe. Cervantes crea un nacimiento artificial. El personaje
nace porque un hidalgo anónimo, entradísimo en años, decide en un acto de
libertad, en un acto voluntario y gratuito, ser personaje, ser caballero andante.
Según Avalle-Arce la existencia de don Quijote es la consecuencia de que una
persona anónima decida hacer de su vida una obra de arte. Lo que hace Alonso
Quijano es lo mismo que haría un pintor de la época, imitar. Así como el arte es
mimesis de la naturaleza, así don Alonso Quijano quiso hacer mimesis de las
novelas de caballerías. Alonso Quijano se comporta como un presunto artista que
imita, no ya la naturaleza, sino otra obra de arte, las novelas de caballerías y,
fundamentalmente el Amadís, en varias dimensiones:
- En el espíritu (valeroso con los enemigos, generoso con los pobres...).
- En la conducta (acciones).
- En la configuración física. Cervantes sigue usando la configuración metonímica.
Pero lo original aquí esta en que es el propio hidalgo quien se define a sí
mismo con una configuración metonímica. Alonso Quijano se construye las
armas, se hace con un caballo tardando 4 días en ponerle nombre, se pone
nombre a sí mismo tardando 8 días en hacerlo. Y por último, piensa en quién
será su dama. Tenemos, por tanto, una construcción absolutamente
convencional (la configuración metonímica) y, sin embargo, está rompiendo
toda la configuración tópica del género porque no es Cervantes, no es el
escritor quien configura al héroe (que es lo que sucede en las novelas de
caballerías) sino que es el propio hidalgo quien lo hace. Cada una de las
acciones de don Quijote se manifiesta como un acto de voluntad gratuita,
como un acto de libertad. Imita a Amadís, pero lleva a cabo sus acciones de
modo gratuito. En Amadís hay una causa, una experiencia que provoca una
acción. Por ejemplo, Amadís hace penitencia por el desamor de Oriana, pero
don Quijote hace penitencia en Sierra Morena porque cree que es el momento
adecuado y porque así lo hizo Amadís. Dulcinea no ha causado ese desamor.
Vemos las mismas acciones que en el Amadís, pero sin causas previas. Aquí
reside la parodia.
79
Por lo que a Sancho se refiere, tradicionalmente se ha visto en él un
contrapunto de don Quijote, tanto en lo físico como en lo moral. Eso es una
simplificación de un personaje mucho más rico y complejo. Cierto que se
muestra más realista y materialista que don Quijote, pero en ocasiones es
también ingenuo y se ilusiona con las mismas fantasías que el hidalgo.
Cervantes en un principio se propuso pinta un buen hombre, “con muy poca
sal en la mollera”; pero, lo mismo que ocurrió con don Quijote, fue ahondando
progresivamente en su talante y descubriendo nuevas perspectivas. Sancho no es
arrojado, pero tiene el valor suficiente para no dejarse atropellar. Es iluso, pero, al
mismo tiempo, escéptico y realista. Las quimeras de su amo lo tienen en un
constante titubeo: tan pronto piensa que son sandeces como cree en los beneficios
que le van a reportar. En estas facetas contradictorias se refleja con singular
acierto la condición dual del ser humano.
A lo largo del relato, Sancho se va contagiando de la mentalidad de don
Quijote y de su forma de hablar, fenómeno que también se produce en sentido
inverso. Al final, cuando el hidalgo está ya desengañado, es su escudero quien lo
anima a segur sus aventuras.
2.5. Lengua y estilo.
Una parte del Quijote ridiculiza el estilo pomposo y altisonante de los libros de
caballerías, amontona retruécanos, arcaísmos... Se trata de una parodia. Pero, en
general, como suele ocurrir en la prosa cervantina, es un prodigio de equilibrio y
naturalidad. Aunque nuestro autor usa a menudo periodos largos, tienen siempre
un desarrollo lógico, armónico y sin mayores complicaciones sintácticas. Su estilo
es cuidado y elegante, pero no vacila en dar cabida a las expresiones propias del
lenguaje coloquial.
Cada personaje presenta unos rasgos lingüísticos que lo definen.
Especialmente interesante resulta la caracterización de los protagonistas. Don
Quijote emplea distintas jergas según la circunstancias. Cuando se encuentra en su
papel de caballero andante, usa un lenguaje arcaico y disparatado, aprendido en las
novelas; si la conversación no roza temas caballerescos, se expresa en la lengua
coloquial de su tiempo. El habla de Sancho, salpicada de refranes y dichos
populares, es expresiva y vivaz, como la del resto de los personajes realistas de la
obra. La de los que intervienen en las historias marginales es más artificiosa.
2.6. Valor y sentido.
Sus contemporáneos vieron en el Quijote una novela eminentemente cómica y
divertida en la que el autor ridiculiza el género caballeresco. Con el Romanticismo,
llegaron las interpretaciones trascendentes, que ven al protagonista como un
símbolo. El ingenioso hidalgo pasó a representar el heroísmo, la entrega, la
80
generosidad sin límites e incluso, según ciertas lecturas, el espíritu español en su
vertiente idealista. Se le ha rodeado de un halo mesiánico, de forma que el que
nació como personaje desmitificador se ha convertido en mito, y con ello corremos
el riesgo de perder el placer esencial de la lectura directa.
No creemos necesario recurrir a esas interpretaciones para comprender la
grandeza de la creación cervantina. Basta como atractivo la comprensión de unos
seres tan complejos y entrañables como don Quijote y Sancho. Nada más jugoso
que vivir los mil matices de su psicología. Lo verdaderamente nuevo y
revolucionario es ese acertado juego de ironía y simpatía en que se sustenta la más
genial creación humorística de todos los tiempos.
A ello hay que añadir la extraordinaria pintura de la España contemporánea y
la incomparable riqueza lingüística del texto.
TEMA 50.- EL QUIJOTE.
I. I. Fase fundacional: la ocupa el Amadís (1508), pues entre éste y el Mio Çid hay
un hueco insalvable de textos conservados.
Los libros de caballerías parten del roman francés. Su estructura externa era la de las
sartas: yuxtaposición de capítulos que no hacen evolucionar psicológicamente a los
personajes, de modo que algunas de ellas podrían ser perfectamente prescindibles.
Cervantes, como explicaremos, supera, especialmente en la obra de 1615, esta estructura:
todos los episodios son imprescindibles para entender la evolución psicológica de Quijote y
81
Sancho.
Las sartas de los romans y de los libros de caballerías de los Siglos de Oro obedecían
al desarrollo de tres ejes temáticos, marcados por el Amadís de Gaula (1508), de Garci
Gómez de Montalvo: el familiar, el amoroso y el político y cortesano. El familiar tiene dos
fases claves: el nacimiento, donde se describen las virtudes en potencia del caballero, etapa
que no existe en el Quijote, y la investidura, que paródicamente se hace en la venta.
Por lo demás, otros son los elementos de concomitancias de nuestra novela con los
libros de caballerías, así los personajes, reales y mágicos, son de diversa índole:
Los antagonistas son el opuesto simétrico del héroe y le obstaculizan sus anhelos.
En un principio los de Don Quijote son fruto de su imaginación (gigantes como
molinos, corderos como caballeros,...) pero es en la segunda parte donde aparece un
opositor real, Sansón Carrasco como el Caballero de la Blanca Luna, quien le ordena en
Barcelona, de acuerdo con su derecho de victoria, su definitiva vuelta a casa.
82
2.- Génesis de la obra: la creación de la novela moderna.
Últimamente, Rey Hazas y Sevilla Arroyo, llegan a afirmar que incluso esta novela
llegó a publicarse, pues en una carta del 14 de agosto de 1604 escribe Lope de Vega: De
poetas no digo: buen siglo es éste. Muchos están en cierne para el año que viene, pero ninguno hay tan malo
como Cervantes ni tan necio que alabe a Don Quijote. En La Pícara Justina, de Francisco López de
Úbeda y publicada también en 1604, ya se tiene como héroe famoso a Don Quijote: Soy la
reinde Picardí- / Más que la rudconoci- / Más famosa que doña Oli- / Que Don Quijoy Lazari- / Que
Alfarachy Celesti-. La existencia de una novela previa, ya no como proyecto, sino real,
explicaría la razón por la que en el privilegio y en la tasa del Quijote de 1605, fechados en
septiembre y diciembre de 1604, se repite tres veces un título diferente al definitivo, no El
ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha, sino El ingenioso hidalgo de La Mancha, posible
denominación de la novela corta de 1604.
83
3.- El Quijote de 1605: los tanteos hacia la novela larga.
De este modo, inserta lo más característico del Quijote de 1605: todo lo que sucede
en torno a los capítulos XXII y XLV: ahora no se prosigue el viaje y son dos novedosas
aglutinaciones espaciales, la de la venta y la de Sierra Morena, las que hacen que nuestros
personajes cedan la centralidad a otros y a sus historias, con el objeto de dar variedad
novelesca tras la monotonía en que podía degenerar la fase anterior. De este modo se
insertan los siguientes relatos:
El curioso impertinente: es una novela ejemplar que lee el cura a los presentes.
La historia del cautivo: la cuenta el propio capitán en la venta siguiendo el
subgénero derivado de la novela morisca, que se imbrica con la historia del oidor, que
resulta ser hermano del capitán Pérez de Viedma y con la novelita amorosa de Don Luis
y Doña Clara.
Las historias de Cardenio y Luscinda y de don Fernando y Dorotea. Es ésta la de mayor
importancia técnica: Cardenio, loco de amor por despecho, cobarde e indeciso, inicia el
relato, pero no lo acaba; vuelve a retomarlo, pero tampoco lo concluye: hay que esperar
a Dorotea para que sea ésta quien lo acabe, de modo que tanto a los lectores como a los
protagonista se les desvela lo sucedido. Es ella quien enlaza estas tramas con la central:
pues Quijote la ve como Micomicona, la princesa cuyo entuerto debe desfacer,
enfrentándose al gigante Pandafilando, que le ha usurpado su reino. De este modo, la
dama no sólo interpola su historia en el devenir de la vida quijotesca, sino que significa
el máximo nivel de integración posible.
Con estas historias Cervantes es capaz de salvar magistralmente la preceptiva
variedad barroca manejando simultáneamente una treintena de personajes que son una
síntesis de la sociedad seiscentista española: está presente la alta nobleza (don Fernado), la
media (Cardenio) y la de los hidalgos como Quijote; la burguesía agrícola (Dorotea es una
labradora rica) y representantes de la Administración (el oidor), el Ejército (el capitán) la
Iglesia (el cura) y numerosos personajes del pueblo llano: arrieros, el ventero y su familia,...
La crítica coincide en señalar que Cervantes recoge aquí su sociedad para mostrar su necia
vacuidad, su inconsistencia y la fatua superficialidad de sus intereses, aunque con
distanciada ironía, sin sarcasmo, como corresponde al humor cervantino, que mezcla la
compasión con una visión desengañada ya propia del Barroco.
Por fin, la novela de 1605 acaba con la vuelta de Quijote por medio de los engaños
del cura y el barbero. De este modo se demuestra que la primera parte fue escrita sin un
plan previo. Cervantes tantea las posibilidades de la novela moderna: empieza por una
novela corta, continúa con una serie de aventuras que considera de estructura reiterativa e
introduce la variedad barroca de las novelas insertadas para compensar.
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representante éste de la escuela de Lope. Ya en el prólogo a la novela de 1605, Cervantes
arremetió contra ella, centrándose en su continua apariencia de nobleza (Lope se inventó
unos blasones que Góngora criticó duramente); satirizó los elogios que personajes ilustres
hacían figurar en los preliminares y los alardes de falsa erudición. Avellaneda lo acusa de
ofender a mí y a quien (...) la nuestra [nación] debe tanto por haber entretenido (...) tantos años los teatros
de España. Cervantes recibe displicente las críticas, seguro de su obra, pero habrá de
rectificar el itinerario, evitando Zaragoza, como había hecho el de Avellaneda y encauzando
el camino hacia Barcelona.
En la segunda parte Cervantes hace que los personajes valoren la de 1605: así de los
olvidos y omisiones de Quijote (como el que se hubiera pasado que Sancho perdiera su
asno) dicen irónicamente que el historiador se engañó, o ya sería descuido del impresor. Incluso,
reconoce los tanteos estructurales de la primera parte: No ha sido sabio el autor de mi historia,
sino algún ignorante hablador, que, a tiento y sin algún discurso, se puso a escribirla. De este modo se
crea un proceso de rebeldía metaliteraria del personaje contra su autor que habría de
esperar a nuestro siglo para ser entendido por autores como Unamuno y Pirandello.
Aunque los propios personajes prefieren verse en la novela de Cervantes a la de
Avellaneda.
Ahora sí trazó Cervantes un plan previo: busca un antagonista real para Don
Quijote, Sansón Carrasco, bachiller paisano del héroe, que intenta hacer volver
definitivamente al protagonista, adoptando la identidad del Caballero de los Espejos, del
Bosque y de La Blanca Luna. En un primer intento Quijote vence sorpresivamente a
Sansón: el resto de la historia es la búsqueda de venganza de éste, lo que hace más
verosímil la historia: sólo la derrota de Quijote a manos de un caballero podía conseguir
que el héroe regresara a a su casa para siempre. Allí muere, recobrada la cordura,
impidiendo una posible continuación de la historia y ampliando la dimensión humana de
Alonso Quijano.
La índole del héroe se va dignificando progresivamente: Ahora Quijote no
interpreta fantásticamente la realidad, sino que es más bien engañado por ella: por el propio
Sansón Carrasco, por los duques, cuando lo acogen como a caballero en su palacio,...: los
demás se revelan más crueles que él loco. A su vez, se le ve más sereno, mientras que
Sancho se va quijotizando, al punto de creerse gobernador de una ínsula por engaño de los
duques. Ambos personajes evolucionan psicológicamente por su contacto con la realidad,
que es la definición que de novela moderna hace Luckács.
Por otro lado, el propio Cervantes reconoce que en esta segunda parte no quiso
ingerir novelas sueltas ni pegadizas, sino algunos episodios que lo pareciesen, nacidos de los mismos sucesos
que la verdad ofrece. Historias como las bodas de Camacho son pasajes narrativos
presenciados y no referidos, más que novelas, que tienen lugar ante los ojos de los
protagonistas, y que, al final, intervienen en ellas privándoles de autonomía narrativa
respecto de la trama central. De este modo la novela, sin perder el principio de variedad,
ganaba en cohesión y unidad frente a los tanteos de la primera parte.
Esta decisión fue meditada; parece hoy muy probable que las Novelas ejemplares
fueran pensadas para insertarlas en la segunda parte. Notó que la obra, como decimos,
perdería unidad con las novelas insertadas y que los lectores, más interesados en el
argumento principal, las dejaran pasar sin reparar en su arte narrativo, de modo que lo
mejor eras publicarlas separadas del Quijote: También pensó, como él dice, que muchos, llevados de la
atención que piden las hazañas de don Quijote, no la darían a las novelas, y pasarían por ellas, o con
priesa, o con enfado, sin advertir la gala y artificio que en sí contienen, el cual se mostrara bien al
descubierto cuando por sí solas, sin arrimarse a las locuras de don Quijote ni a las sandeces de Sancho,
salieran a la luz. De este modo Cervantes deja consolidada la novela moderna en Occidente.
85
TEMA 51.- LA LÍRICA EN EL BARROCO:
GÓNGORA, QUEVEDO Y LOPE DE VEGA.
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mundo aparte de rasgos esenciales e ideales. En este sentido, se ha visto a Góngora
como un continuador de la exaltación de la belleza sensorial presente en Mena en el
siglo XV y en Herrera en el XVI. En efecto, una de las características más
sobresalientes del culteranismo es su epistemología sensualista: se conocen las cosas
por sus atributos sensoriales mediante todo tipo de recursos, como los epítetos
metafóricos - desnudo océano - o las aliteraciones - rompe Tritón su caracol torcido -.
1.2.- Producción.
Dos son los grandes poemas de este autor, en cuanto son la expresión máxima de
su revolución poética culteranista: la Fábula de Polifemo y Galatea y las Soledades.
Aquélla se compone de sesenta y tres octavas reales que narran la pasión del pastor -
cíclope Polifemo por la ninfa Galatea y la de ésta por el bello pastor Acis, representante
del aurea mediocritas frente a los bienes del cíclope. Mediante metáforas ascendentes y
descendentes se genera un continuo contraste entre la ternura y la fealdad de Polifemo y
la belleza desdeñosa, en la línea petrarquista, de Galatea.
87
Góngora escribió dos en silvas, con una extensión de 1091, y 975 versos,
respectivamente. El hilo argumental es tan tenue que apenas sabemos que se trata del
peregrinaje de un noble joven náufrago, que ha abandonado su patria por unos amores
desgraciados. Pellicer y Jammes han visto en ellas la plasmación de las cuatro edades
del hombre, tal vez por influencia de la Arcadia y las Ecclogae Piscatoriae, de
Sannazaro. En la Soledad de los campos se muestra la Edad de Oro ligada a la niñez: el
náufrago huye de las calamidades de la vida a una ucronía de armonía perfecta con la
naturaleza: de ahí que una los tópicos de beatus ille, hortus amoenus y menosprecio de
corte y alabanza de aldea, sobre todo en cuanto los escenarios son un albergue de
cabreros, campos de labranza y una fiesta de bodas rural, que son refugio de un noble
que huye de la vida azarosa de la corte. La Soledad de las riberas, se correspondería,
siguiendo a Jammes y a Pellicer, con la primera madurez y la Edad de Plata. Transcurre
ésta en los mismos tópicos de antes salvo que ahora la armonía de la naturaleza con el
hombre parece no ser tan perfecta: aparecen las inclemencias del tiempo y los hombres
son ahora pescadores o practican la cetrería.
Sigue todos los tópicos renacentistas, referidos a Lisi, Lisis, o Lísida, es decir, su
amada María Luisa de Cerda, de la casa de Medinaceli. Aprovecha los recursos dejados
por Garcilaso –el petrarquismo y el neoplatonismo– y los recrea con el conceptismo
amatorio propio de los cancioneros de amor cortés del XV, llegando a introducir algún
aspecto novedoso, propio del extremismo barroco, como el del amor más allá de la
muerte o la inserción de vocablos y giros propios de la época, haciendo que el amor se
haga más cercano y menos abstracto e inalcanzable.
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3.- Lope de Vega (1562 - 1635).
La forma que tenía Lope de publicar su poesía lo diferencia de otros poetas de su
tiempo. Desde 1598 hasta su muerte edita sistemáticamente sus libros de versos
procurándoles una cierta unidad de tono, de temas o de metros, superando la frecuente
recolección de poemas. Es éste un rasgo de modernidad que delata al escritor de oficio
que fue nuestro autor.
La lírica de Lope no puede limitarse a estos libros: incluyó versos en todas sus
novelas –La misma Dorotea se subtitulaba Acción en prosa y verso– y en las
colecciones de poesía de su tiempo, como el Romancero general o las Flores de poetas
ilustres, sus versos ocupan un lugar destacado.
90
extremaron en la lírica barroca.
91
TEMA 60.- MODERNISMO Y 98 COMO FENÓMENO
HISTÓRICO, SOCIAL Y ESTÉTICO.
Desde fines del siglo XIX, como en Europa, se observan en España e Hispanoamérica
corrientes de ideas de tipo inconformista o disidente, fruto de la crisis de conciencia
burguesa: nacen en el seno de la pequeña burguesía, pero poseen un signo preferentemente
antiburgués (en su propio seno, en efecto, la burguesía ha generado siempre fuerzas que
ponen en tela de juicio sus valores). En la literatura cunden los impulsos renovadores,
agresivamente opuestos a las tendencias vigentes (realismo y naturalismo, prosaísmo
poético, retoricismo, etc.). Pronto se designó con el término “modernistas” a los jóvenes
escritores animados de tales impulsos innovadores. Con el tiempo, tal denominación se fue
reservando para designar a aquellos autores, especialmente poetas, que se despegan de un
mundo del que abominan, y con ademán desafiante, encauzan su inconformismo hacia la
búsqueda de la belleza, de lo “raro”, de lo exquisito; es decir, se proponen ante todo una
renovación estética.
Pero junto a ellos hay en España otros escritores, especialmente prosistas, que aunque
animados del mismo afán renovador, dan especial entrada en su temática a los problemas
del momento histórico: decadencia, marasmo interno, miseria social, atonía espiritual, etc.
Llamados también al principio “modernistas”, para ellos se creó más tarde la etiqueta de
“generación del 98”. Veremos en este tema las diferencias y las semejanzas que puedan
apreciarse entre los escritores de esta época. En cualquier caso, durante los quince primeros
años del siglo, se asiste a los máximos éxitos de Rubén y a la proliferación de sus
seguidores; a las obras más decisivas de Unamuno, Azorín, Baroja, Antonio Machado; a las
primeras etapas de Valle-Inclán o de Juan Ramón Jiménez. Multitud de revistas, entre las
que sobresalen Juventud, Alma española o la Revista nueva animan la creación literaria del
momento.
Modernismo
El surgimiento de una estética nueva:
A fines del siglo XIX, dos escuelas literarias reemplazan al Romanticismo y representan
tendencias opuestas: el Realismo y el Naturalismo en la novela y en el teatro, y el
Modernismo en la poesía.
El Modernismo es una escuela literaria de gran renovación estética. El canto de los poetas
modernistas constituye la primera expresión de autonomía literaria de los países
hispanoamericanos.
El modernismo se desarrolla entre los años 1880-1914. Esta escuela busca separarse de la
burguesía y su materialismo, por medio de un arte refinado y estetizante.
Con respecto al lenguaje, el Modernismo reacciona contra el retorcismo, el descuido formal
del Romanticismo y la “vulgaridad” del Realismo y del Naturalismo. Se nutre básicamente
de dos movimientos líricos surgidos en Francia, en la segunda mitad del siglo XIX: el
Parnasianismo y el Simbolismo.
Parnasianismo y Simbolismo:
El Parnasianismo es una escuela literaria que adhiere al “arte por al arte”. Según esta
tendencia artística encabezada por Theóphile Gaurier, se desarrollaba una poesía de una
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confección perfecta, separada de la realidad, y que reaccionaba contra los poetas sociales y
el hombre burgués. Los escritores buscaban la perfección a través de una poesía
descriptiva, basada principalmente en la temática grecolatina.
El Simbolismo es una corriente literaria subjetiva, que concibe el mundo como una trama
misteriosa que presenta correspondencias entre los objetos que lo forman.
Para sus representantes, la misión del poeta es sugerir esas alianzas por las que un objeto
evoca a otro, con un lenguaje imaginativo lleno de símbolos (figura del discurso que
representa un objeto abstracto mediante la mención de un objeto concreto, ej.: el cisne,
símbolo de los modernistas, significa la belleza).
Los simbolistas dan al verso efectos musicales y aportan nuevas métricas que conjugan el
ritmo, el color y la plasticidad.
Influido por las elaboraciones plásticas de los parnasianos y por las visiones musicales de
los simbolistas, el Modernismo realiza su original trabajo artístico con la palabra buscando
“la armonía verbal” del verso.
Las etapas:
De acuerdo con su temática y, a través de ella, y la manera en que el artista “mira” el
mundo, se diferencian dos etapas en el desarrollo del Modernismo:
ü Etapa Preciosista: Predominan los temas exóticos y símbolos de la antigüedad. El arte no
ejerce un compromiso con l realidad sino que se relaciona con una estética de evasión, se
eligen los paisajes versallescos y las innovaciones de la poesía francesa. Está representada
por Prosas Profanas. ü Etapa mundonovista: Se valorizan las raíces hispánicas de América
y aparece el interés por los temas sociales y políticos de la época. Está representada por el
Darío de Cantos de vida y esperanza, por Santos Chocano y el Lugones de Odas seculares.
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¨ Cosmopolitismo: el poeta es ciudadano del mundo, está por encima de la realidad
cotidiana ¨ Actitud abierta hacia todo lo nuevo.
¨ Correspondencia de las artes (aproximación de la literatura hacia la pintura, la música, la
escultura).
¨ Gusto por los temas exquisitos, pintorescos, decorativos y exóticos. Se constituyen
como temas la mitología, la Grecia antigua, el Oriente, la Edad Media, etc.
¨ Práctica del impresionismo descriptivo (descripción de las impresiones que causan las
cosas y no las cosas mismas).
¨ Renovación de los recursos expresivos: supresión de vocablos gastados por el uso;
inclusión de vocablos musicales y de uso poco frecuente; simplificación de la sintaxis;
aprovechamiento de las imágenes visuales; etc.
¨ Renovación de la versificación: se le dio flexibilidad al soneto. Se prefirieron la
versificación irregular, el verso libre y la libertad estrófica, que dio a la silva variedades
desconocidas.
José Martí
Nació en La Habana, Cuba, en 1853. Su vida estuvo signada por la temprana y constante
lucha por la libertad de su patria y los valores morales. Sufrió castigos y destierros, por lo
que vivió en España y viajó a Europa. Residió temporariamente en países de América
latina y se radicó después en USA, donde continuó su trabajo por la resistencia.
Murió combatiendo por su amada isla, en 1895.
A su vida generosa y heroica suma el mérito de ser uno de los
escritores más grandes del continente. Crea un estilo nuevo e inicia, junto con otros, esa
voluntad de renovación e independencia verbal que es el Modernismo.
Su estética se basa sobre la creencia en un arte bienhechor. El artista debe ser útil a los
hombres. El arte es concebido como un instrumento que puede expresar las emociones
humanas y mejorar la sociedad.
Martí escribe porque cree que la escritura es el mejor puñal. Ese puñal que es su verso
deviene en flor: posee la fuerza de transmitir lo inefable del alma y las aspiraciones y
sentimientos del hombre americano.
Su estilo sencillo: Su escritura es fragmentaria, a causa de su azarosa existencia. En vida,
casi no publicó. Sus obras de crítica aparecieron en periódicos (La Nación).
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Martí fue un escritor muy original, pero sin rebuscamientos ni excentricidad. En toda su
prosa las ideas tienen vigor y dinamismo. Aparece una abundancia de ritmos, reforzada
por brillantes metáforas, riqueza de vocabulario, y diversidad de recursos de estilo.
La obra poética: Sus libros de poesía son: Ismaelillo (dedicado a su hijo, que presenta
imágenes reveladoras de una nueva sensibilidad), Versos sencillos, Versos libres, Flores del
destierro y otros poemas aparecidos en la revista La edad de oro, que él fundó.
La poesía de Martí está llena de gracia y armonía visual y sonora. En el prólogo a Versos
sencillos anuncia: “Amo la sencillez y creo la necesidad de poner el sentimiento en formas
llanas y sencillas”.
Rubén Darío
Nació en Metapa, Nicaragua, en el año 1867. Su verdadero nombre era Félix Rubén García
Sarmiento.
Fue periodista y diplomático. Hasta 1898 vivió, publicó y actuó en Chile, Centroamérica y
la Argentina. En 1898 viajó a España, y vivió en Francia y otros países de Europa.
Murió en León, Nicaragua, en 1916.
Escribió prosa y poesía. Entre toda su producción se destacan tres
obras que ayudan a comprender la evolución del Modernismo: Azul, Prosas profanas y
Cantos de vida y esperanza. Los raros, en prosa, y El Canto Errante son otras de sus obras.
Tres Obras:
v Azul (1888): fue su primera obra importante. Publicada en Valparaíso, está constituida
por relatos breves y algunos poemas. Significó para su autor el reconocimiento en América
y en España. Sus rasgos son: sensualidad, erotismo y musicalidad. En los sonetos que
cierran la obra, Darío revela sus preferencias y su cosmopolitismo. v Prosas profanas: fue
publicado en Buenos Aires, en 1896. Las variaciones temáticas y las audacias métricas, son
tantas que provocaron en América y en España grandes polémicas. Predomina el tema
erótico, envuelto en un arte cromático y perfecto. v Cantos de vida y esperanza (1903): Los
temas del libro son, entre otros: el paso del tiempo, la misión del poeta, la búsqueda de la
fe, la preocupación por el futuro de América, etc. El libro termina con una expresión de
temor y duda sobre el misterio de la vida. De contenido diferente, este volumen presenta el
mismo cuidado formal y la notable variedad de metros y riqueza de lenguaje que
caracterizan al gran poeta.
Leopoldo Lugones
Nació en Villa María del Río Seco, provincia de Córdoba, en 1874. Fue periodista y director
de la Biblioteca Nacional de Maestros, dependiente del Consejo Nacional de Educación.
Gran renovador de la poesía argentina de comienzos del siglo XX, ha influido en las
vanguardias posteriores. Se le concedió el primer Premio Nacional de Literatura. Se suicidó
en 1938.
La crítica ha clasificado la obra de Lugones en tres grandes etapas.
Ø Primera etapa: en 1897 publica su primer libro, Las montañas del oro. Es una obra con
reminiscencias románticas; en la que el joven poeta socialista denuncia un mundo en caos y
de pesadilla, a través de imágenes y metáforas espectaculares, y un vocabulario altisonante,
en tono de profeta. En 1905 aparece Los crepúsculos del jardín, tiene un tono apacible y
reposado. Se destacan la precisión del lenguaje y el trabajo cuidadoso de la forma. Prevalece
una sensualidad que tiñe el paisaje y el amor con un clima de gracia sutil, a través de
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imágenes coloridas y musicales, al modo de los simbolistas. Otras obras: La guerra gaucha,
La fuerzas extrañas, El payador, Cuentos fatales y El ángel de la sombra.
Ø Segunda etapa: En adhesión al centenario de la libertad argentina, Lugones compone en
1910 Las odas seculares, es una obra de temática argentina, en la que se unen el uso de los
recursos modernistas con la originalidad lugoniana. El libro fiel está dedicado a su mujer.
Escrito en gran variedad de metros, es un homenaje al amor conyugal, de tono intimista,
que alude también al tema de la muerte. Esta etapa se completa con El libro de los paisajes,
en él continúa la temática argentina iniciada en Las odas seculares.
Ø Tercera etapa: está representada por obras con ecos de la tierra natal, de las tradiciones
de los antepasados, de donde se exaltan valores criollos colectivos como el coraje, el amor y
la fe. Se inicia con: Las oras doradas, Romances solariegos y Romances de Río Seco, en el
que es centro geográfico y poético el pueblo natal. Lugones recrea el patrimonio simbolista-
modernista para renovar toda la poesía continental.
4. EL 98 COMO FENÓMENO HISTÓRICO Y SOCIAL
Podemos sintetizar el panorama político de la época con las siguientes palabras de Valbuena
Prat: “Toda la historia del siglo XIX –dice– conducía al planteamiento, entre crítico y
angustioso, del problema nacional en la generación del 98. Las guerras carlistas, los cambios
dinásticos, la primera República y parte de la política de la Restauración aparte aciertos
aislados, llevaban a una pregunta sin contestación, a una marcha hacia el desastre, que
culminó con la pérdida de las colonias en la fecha significativa de 1898. Lo absurdo de la
guerra en Cuba y Filipinas con su potencia del poder de los EE.UU., la irresponsabilidad de
parte de la Prensa incitando al conflicto armado, las voces en el desierto de las personas
sensatas, dejan un sabor único en el áspero dolor del desastre”.
El conflicto, que terminará en la derrota que va a dar nombre a la generación, se inicia en
1868 con la guerra en Cuba entre España y los separatistas. La cuestión queda
momentáneamente resuelta en la década siguiente, con el reconocimiento por parte de España
de una serie de concesiones a la autonomía cubana. Sin embargo, el conflicto armado se
reanuda en 1895, extendiéndose hasta 1898. El 19 de abril de 1898 los EE.UU., alegando
entre otras cosas peligro para sus ciudadanos y responsabilidad española en el hundimiento
del acorazado Maine, entran en guerra. El 1 de mayo derrotan a los barcos españoles en
Cavite y Filipinas y el 3 de julio en Santiago de Cuba. El 10 de diciembre de 1898 se firma el
Tratado de París, que obliga a España a conceder la independencia a Cuba, y a ceder Puerto
Rico y Filipinas a los EE.UU.
Esta derrota supuso el golpe definitivo para el país, que hasta ese momento se había dedicado
a cultivar ilusiones de grandeza nacional. Pero España parecía paralizada y no hubo ninguna
reacción pública violenta; como dice Shaw, sólo algunos jóvenes escritores e intelectuales
sintieron la necesidad de enfrentarse a la clase rectora y a todo lo que ésta representaba,
incluyendo su responsabilidad por la derrota. Por otra parte, Shaw opina que motivada por el
descontento del ambiente político, social y cultural del país, de cualquier forma hubiera
existido una Generación de 1898, aun cuando el desastre no hubiera ocurrido, como lo
demuestra el pensamiento de Ganivet, muerto un mes antes de la independencia de Cuba.
4.3. EVOLUCIÓN DEL GRUPO
Juventud.
“Un espíritu de protesta, de rebeldía, animaba a la juventud de 1898”: así evocaba Azorín,
como hemos dicho, en 1913, los comienzos de su generación, y relacionaba tal espíritu con el
de los escritores llamados “regeneracionistas” (Costa, Picavea, etc.) Hoy sabemos que la labor
96
inicial de los noventayochistas se emparienta más bien con movimientos políticos
revolucionarios. Veámoslo:
Unamuno pertenece durante varios años (1894-1897) al partido socialista y escribe
asiduamente artículos en “La lucha de clases” de Bilbao y otras revistas socialistas y
anarquistas.
También Maeztu afirmaba que “en los anhelos socialistas está el único camino” y expresaba
ideas revolucionarias en los artículos que luego recogería en el libro Hacia otra España
(1899).
El joven Martínez Ruiz, antes de firmar “Azorín”, se declaraba anarquista y fue un encendido
propagador de las ideas libertarias en obras como Anarquistas literarios, Notas sociales,
Pecuchet, demagogo, etc. igualmente vecino al anarquismo se halla Baroja, aunque no
adoptara una postura tan activa como los anteriores. En El árbol de la ciencia se ven sus ideas
juveniles, reflejadas en el protagonista.
Estos cuatro autores coinciden, pues, en profesar ideas muy avanzadas que, una vez más, nos
remiten a la señalada “crisis de la conciencia pequeño-burguesa” (Mainer). En efecto, Blanco
Aginaga ha caracterizado a los jóvenes del 98 como intelectuales antiburgueses en la
vanguardia ideológica de la pequeña burguesía. Procedentes de las clases medias, fueron la
primera generación de intelectuales que, de la vanguardia de la burguesía, intentó pasarse “al
enemigo”. Tal sería, pues, el sentido de aquel “espíritu de protesta, de rebeldía” de que habló
Azorín.
Hasta aquí, no han aparecido los nombres de Valle-Inclán y Antonio Machado. Por aquellos
años (antes de 1900), Valle, que sólo ha publicado una serie de cuentos de corte modernista,
se inscribe en una ideología netamente tradicionalista. En cuanto a Machado, sólo se dará a
conocer en 1903 con un libro, Soledades, de poesía intimista; sus ideas progresistas no pasan
todavía a su obra. La evolución posterior de estos dos autores será también muy distinta a la
de los otros.
Madurez del 98.
En 1910, Azorín señala que con el tiempo cada autor se ha ido creando una fuerte
personalidad. Y añade que sus orientaciones, sus ideas políticas, sus sentimientos estéticos,
son en ellos muy diversos de lo que eran entonces. Queda, eso sí, la lucha por algo que no es
lo material y bajo, es decir, un anhelo idealista. En los quince primeros años del siglo, pasado
el radicalismo juvenil, se configura lo que siempre se consideró “mentalidad del 98”, y que
corresponde exactamente a la madurez de los autores.
En relación con todo lo dicho está la evolución ideológica de los autores. Unamuno fue toda
su vida “un hombre de contradicción y de pelea”, pero cada vez más encerrado en su “yo”.
Baroja se recluye en un radical escepticismo respecto a lo divino y lo humano. Azorín derivó
hacia posturas conservadoras, tradicionalistas. Más profundo fue aún el giro de Maeztu, quien
se convertiría en un portavoz de las derechas nacionalistas.
Así se apreciará el signo inverso de las trayectorias de Antonio Machado y de Valle-Inclán. A
Machado, por su temática de 1912 (Campos de Castilla), lo considera Granjel un “epígono
del 98”; pero la afinidad en los temas es superficial: la evolución de Machado, sobre todo en
su prosa o en sus posiciones políticas, muestra más bien un avance hacia posiciones que lo
distancian de los típicos hombres del 98. Semejante es el caso de Valle-Inclán, quien hacia
1917 pasa de su tradicionalismo inicial hacia posiciones progresistas que alcanzarán
expresiones muy radicales; su enfrentamiento duro y ácido con las realidades españolas hizo
que Salinas le llamara “hijo pródigo del 98”; pero si lo comparamos con la mentalidad de los
noventayochistas en aquellos años, será forzoso situarlo en un plano muy distinto, como se
comprueba al estudiar sus Luces de bohemia.
Finalmente, deben señalarse las innovaciones en los géneros literarios. Ante todo, el grupo del
98 configuró el ensayo moderno, dándole una flexibilidad que le permitiría recoger por igual
97
la reflexión literaria, histórica o filosófica, la visión lírica del paisaje, la expresión de lo
íntimo, etc. La novela admite profundas novedades técnicas, superadoras de maneras realistas:
ahora caben en ella la andadura libre y la rapidez impresionista de Baroja; el ritmo lento y
meditativo de Azorín, que rompe con la preeminencia de la fábula; la introspección y las
distorsiones de la realidad de las “nivolas” unamunianas, etc. Menor éxito, pero no menor
interés, tuvieron ciertos intentos de renovar el teatro, aparte siempre Valle-Inclán. En suma, la
renovación estética de los noventayochistas es tal, y tales sus logros literarios, que no en vano
toda la crítica ha abierto con ellos la llamada Edad de Plata de nuestra literatura.
RESUMEN 1.
Desde fines del siglo XIX, como en Europa, se observan en España e Hispanoamérica
corrientes de ideas de tipo inconformista o disidente, fruto de la crisis de conciencia burguesa:
nacen en el seno de la pequeña burguesía, pero poseen un signo preferentemente antiburgués
(en su propio seno, en efecto, la burguesía ha generado siempre fuerzas que ponen en tela de
juicio sus valores). En la literatura cunden los impulsos renovadores, agresivamente opuestos
a las tendencias vigentes (realismo y naturalismo, prosaísmo poético, retoricismo, etc.).
Pronto se designó con el término “modernistas” a los jóvenes escritores animados de tales
impulsos innovadores.
2. La concepción más estricta considera el Modernismo como un movimiento bien definido,
que se desarrolla aproximadamente entre 1885 y 1915 y cuya cima es Rubén Darío.
Su imagen más tradicional sería la de una tendencia esteticista y “escapista”, esto es,
evadiéndose de los problemas de la sociedad. Y hay quienes identifican, sin más, Modernismo
y “rubendarismo”, e incluso quienes lo reducen a la época más ornamental de Rubén, la que
va de Azul (1888) a Prosas profanas (1896).
3. Tales afirmaciones nos invitan a situar el Modernismo en su momento, en aquella crisis
universal de que habla Onís. En efecto, la crítica actual coincide en ver, en las raíces de esta
literatura, un profundo desacuerdo con las formas de vida de la civilización burguesa. Hay
que recordar la sensación de aislamiento que se da entre escritores y artistas en esta época de
grandes mutaciones históricas, económicas y sociales, tanto en Europa como en América.
4. Los signos de una renovación en la lírica de lengua castellana van siendo cada vez más
visibles a partir de 1880, tanto en España como en Hispanoamérica. Pero es indudable la
primacía de América latina en la constitución de un movimiento literario como tal. En
aquellos países, es capital la voluntad de alejarse de la tradición española, un rechazo de la
poesía vigente en la antigua metrópoli (con la excepción de Bécquer).
Tal rechazo lleva a volver los ojos hacia otras literaturas, con especial atención a las
corrientes francesas.
5. El retorno a las raíces españolas se incrementará a partir del 98, como hemos visto.
Lo asombroso es que todas estas raíces literarias se hallan espléndidamente fundidas en una
nueva estética. El Modernismo, como se ha dicho, es un “arte sincrético”, en el que se
entrelazan, en suma, tres corrientes: una extranjerizante, otra americana y una tercera,
hispánica”.
6. Rubén compartirá las inquietudes del 98 con sus amigos españoles, pero sobre todo tomó la
pluma para animar a los vencidos y execrar a los vencedores. En su gran libro de 1905,
Cantos de vida y esperanza, el tema de España y de lo hispánico ocupa un lugar eminente.
Ahí están poemas como “Al rey Óscar”, “Cyrano en España”, “Letanía a Nuestro señor Don
Quijote”, además de los dedicados al Greco, a Cervantes, a Góngora y Velázquez, a Goya,
etc. En otras composiciones vibra una intensa preocupación política. En la famosa “Salutación
del optimista” reacciona contra la indolencia y el desaliento producidos por la derrota y
manifiesta su positiva fe en España, fraternalmente unida a os pueblos hispánicos.
98
7. En el Modernismo hay una desazón romántica. Son muchos los críticos que han señalado la
filiación romántica del Modernismo. En efecto, son notables las afinidades de talante entre
románticos y modernistas: análogo malestar, análogo rechazo de una sociedad en la que no
halla lugar la poesía, parecida sensación de desarraigo, de soledad.
Una nueva crisis espiritual exalta otra vez, por encima de la razón, las pasiones y lo irracional;
el misterio, lo fantástico, el sueño, vuelven a poblar los poemas.
8. En conclusión, la temática modernista revela por una parte un anhelo de armonía en un
mundo que se siente inarmónico, un ansia de plenitud y de perfección, espoleada por íntimas
angustias; y por otra parte, una búsqueda e raíces en medio de aquella crisis que produjo un
sentimiento de desarraigo en el poeta. Estos serían los fundamentos más profundos en los que
se asienta la significación del mundo poético del Modernismo.
9. La métrica es un aspecto que merece especial atención. El señalado anhelo de armonía se
hace, en el terreno de las formas, anhelo de ritmo. El enriquecimiento de ritmos es inmenso:
prolongación de los ensayos ya notables de los románicos, asimilación de versos y estrofas
procedentes de Francia, hábiles resurrecciones de formas antiguas y desusadas y, en fin,
hallazgos personalísimos. El verso preferido es sin duda el alejandrino, enriquecido con
nuestros esquemas acentuales, con predominio de los ritmos muy marcados (“La princésa está
tríste; ¿qué tedrá la princésa?).
10. Cabe señalar algunas peculiaridades del Modernismo español. Ante todo, su menor
brillantez externa: menos ninfas, menos princesas, menos cisnes. Predomina el intimismo.
Por otra parte, menos sonoridades rotundas, menos alardes formales. El Modernismo español
tiene poco de parnasiano y se limita sobre todo a la savia simbolista, con la que se une la
vigencia de Bécquer. Como figuras más características del Modernismo en España habría que
estudiar (no corresponde a este tema) a Manuel Machado y, en un plano notablemente
inferior, a Villaespesa y a Marquina.
11. El conflicto que termina en la derrota que va a dar nombre a la generación, se inicia en
1868 con la guerra en Cuba entre España y los separatistas. La cuestión queda
momentáneamente resuelta en la década siguiente, con el reconocimiento por parte de España
de una serie de concesiones a la autonomía cubana. Sin embargo, el conflicto armado se
reanuda en 1895, extendiéndose hasta 1898. El 19 de abril de 1898 los EE.UU., alegando
entre otras cosas peligro para sus ciudadanos y responsabilidad española en el hundimiento
del acorazado Maine, entran en guerra. El 1 de mayo derrotan a los barcos españoles en
Cavite y Filipinas y el 3 de julio en Santiago de Cuba. El 10 de diciembre de 1898 se firma el
Tratado de París, que obliga a España a conceder la independencia a Cuba, y a ceder Puerto
Rico y filipinas a los EE.UU.
12. Algunos de los presuntos miembros de la generación rechazaron el título que proponía
Azorín. Así, Baroja afirma: “yo no creo que haya habido ni que haya una generación de 1898.
Si la hay, yo no pertenezco a ella”. Baroja se opuso en varias ocasiones a la idea de
“generación del 98”. Así, en 1914 escribía: “yo siempre he afirmado que no creía que
existiera una generación del 98. El invento fue de Azorín y aunque no me parece de mucha
exactitud, no cabe duda que tuvo gran éxito”. Sin embargo, en un ensayo de 1926, titulado
“Tres generaciones”, habla de la “generación de 1870”, tomando como referencia la fecha en
torno a la cual nacieron los hombres del 98.
13. En cuanto a Unamuno, mostró también sus reticencias en diversas ocasiones. Sin
embargo, el concepto de “generación del 98” hizo pronto fortuna. Ortega y Gasset lo adopta
en seguida. Y su difusión es tal que ya en 1934 un hispanista alemán (Hans Jeschke) escribe
el primer libro conjunto sobre el Die Generation von 1898. Y en 1935, Pedro Salinas, en un
famoso ensayo, aplica al 98 el concepto de generación literaria establecido por Petersen.
Vemos en qué medida se cumplen, en este caso, los requisitos generacionales.
14. Es bien visible en ellos un empleo del idioma distinto al de la generación anterior.
99
Su novedad era precisamente lo que vituperaban los más viejos, como sabemos, lanzándoles
el mote de “modernistas”. Salinas precisa: “El modernismo, a mi entender, no es otra cosa que
el lenguaje generacional del 98”. Tal afirmación no conduce precisamente a deslindar las dos
supuestas tendencias. Por lo demás, los estilos se hallan tan sumamente individualizados que
lo único en común sería su ruptura con el lenguaje precedente (y lo mismo hicieron los
modernistas).
15. “Un espíritu de protesta, de rebeldía, animaba a la juventud de 1898”: así evocaba Azorín,
como hemos dicho, en 1913, los comienzos de su generación, y relacionaba tal espíritu con el
de los escritores llamados “regeneracionistas” (Costa, Picavea, etc.) Hoy sabemos que la labor
inicial de los noventayochistas se emparenta más bien con movimientos políticos
revolucionarios.
16. En 1901, los Tres publican un famoso “Manifiesto”, con la voluntad de cooperar “a la
generación de un nuevo estado social en España”. Diagnostican la “descomposición”
de la atmósfera espiritual del momento, el hundimiento de las certezas filosóficas, “la
bancarrota de los dogmas”. “Un viento de intranquilidad, dicen, reina en el mundo”.
Frente a ello ven entre los jóvenes un ideal vago, pero sin unidad de esfuerzos; “la cuestión es
encontrar algo que canalice esa fuerza”. Para ello, según los Tres, de nada sirven ni el dogma
religioso, que unos sienten y otros no, ni el doctrinarismo republicano o socialista, ni siquiera
el ideal democrático.
17. Adquieren en le 98 especial relieve las preocupaciones existenciales. Las interrogaciones
sobre el sentido de la vida, sobre el destino del hombre, etc., son capitales en Azorín y Baroja,
pero sobre todo en Unamuno. Ello ha hecho que se vea a tales autores como precursores del
Existencialismo europeo.
18. No es casual, indica Tuñón de Lara, que se defina a los componentes como “hombres del
98”, porque ese año simboliza en nuestra trayectoria histórica algo así como un mojón
fundamental, a partir del cual se impone inexorablemente la revisión de valores caducos: los
de la ideología dominante de la Restauración, que arrastraba, a su vez, toda la del viejo
régimen; la necesidad de repensar España, su problemática y sus tareas de cara a una era
nueva que cobra mayor visibilidad por la coincidencia cronológica de la apertura de siglo. Sin
embargo, se impone abordar el tema con un espíritu de desmitificación.
19. Los autores del 98 contribuyeron poderosamente a la renovación literaria de principios de
siglo. Al igual que los modernistas, reaccionaron, como sabemos, contra la grandilocuencia o
el prosaísmo de la literatura que les había precedido, aunque con significativas excepciones.
Así, Azorín ve afinidades en Galdós o valora con criterios modernos a Rosalía de Castro y a
Bécquer (éste, tan presente en Machado o Unamuno).
Larra, más lejano, fue considerado un precursor. Igualmente reveladora de sus orientaciones
es su devoción por algunos de nuestros clásicos, como Fray Luis, Quevedo y sobre todo
Cervantes (renovaron la interpretación del Quijote con enfoques persoalísimos); o su fervor
por nuestra literatura medieval, en particular el Poema del Cid, Berceo, el Arispreste de Hita y
Manrique.
20. España no escapó a las corrientes irracionalistas ni a las angustias vitales que trajo consigo
la crisis de fin de siglo, de la que fueron fruto el Modernismo y el 98. Recordemos que en el
Modernismo había un malestar vital, una desazón romántica y una angustia que encuentra
expresión hondísima, p.ej., en el Rubén Darío de Cantos de vida y esperanza (1905)
Igualmente, la poesía inicial de Antonio Machado gira en torno a temas como el destino del
hombre, el tiempo, la muerte, y expresa “la vieja angustia/
que hace el corazón pesado”: la angustia de quien camina perdido, “siempre buscando a Dios
entre la niebla (sobre las inquietudes existenciales y el tema de Dios en Machado, tendremos
ocasión de volver al estudiar su obra poética en el tema 61).
100
21. El libro Del sentimiento trágico de la vida (1913) contiene algunas de las formulaciones
más intensas de tal pensamiento. Arranca de la realidad del “hombre de carne y hueso” y de
sus anhelos. Ante todo, los anhelos contradictorios de serse y de serlo todo.
A estas ansias voraces de plenitud se opone la amenaza de la Nada: el posible
“anonadamiento” tras a muerte. Y surge entonces la angustia, como un despertar a la
condición trágica del hombre. La inmortalidad es la gran cuestión de que depende el sentido
de nuestra existencia: “si el alma no es inmortal, nada vale nada, ni hay esfuerzo que merezca
la pena”; tal es su “idea fija, monomaníaca”, como dirá en el prólogo a Niebla (1914).
22. La Historia fue otro de sus centros de interés. Azorín lo afirmó: “La generación de 1898 es
una generación historicista”. Y añade que, en sus “excursiones por el tiempo”, descubrían “la
continuidad nacional”. Ello nos revela que los noventayochistas bucean en la historia para
descubrir las “esencias” de España y que, a menudo, dan un salto hacia lo intemporal. Hay en
ellos una exaltación de los valores “permanentes” de Castilla y de España, paralela a su
exaltación del paisaje. Muy significativo es que, por debajo de la historia externa (reyes,
héroes, hazañas), les atrajera lo que Unamuno llamó “intrahistoria”, es decir, “la vida callada
de los millones de hombres sin historia” que, con su labor diaria, han ido haciendo la historia
más profunda.
23. La visión azoriniana de la historia y el paisaje sólo se comprenderá si se tiene en cuenta su
temperamento melancólico y su espíritu nostálgico, pasada su exaltación juvenil.
Azorín mira a España desde su obsesión por el tiempo, por la fugacidad de la vida, con un
íntimo anhelo de apresar lo que permanece por debajo de lo que huye, o de fijar en el recuerdo
las cosas que pasaron. En Azorín, más que en ningún otro, se aprecia ese paso de lo histórico
a lo intemporal. De ahí su “lograda y quietista mitificación de nuestro pasado histórico”.
24. La lectura de El árbol de la ciencia depara pruebas rotundas del lugar que la preocupación
por España ocupa en Baroja, su violenta denuncia de las “deformidades” de la vida española,
pero también la defensa de España ante los ataques extranjeros. En Juventud, egolatría
pueden leerse frases como “Yo parezco poco patriota; sin embargo, lo soy”. Confiesa tener
“la preocupación de desear el mayor bien para mi país; pero no el patriotismo de mentir”. Y
añade que “al lado del patriotismo de desear, está la realidad.
¿Qué se puede adelantar con ocultarla?” Y así, España, amada con amargura, estará presente
en su obra como un fondo pobre, triste, brutal.
25. Cuanto más vemos en la generación del 98 un grupo preocupado sobre todo por la
desorientación espiritual del hombre moderno y por el derrumbe de sus valores y creencias,
tanto más se le puede situar en una de las corrientes principales de la literatura europea
moderna.
26. Afinar nuestra sensibilidad, esta es la misión nueva, dirá Azorín. Aprender a pensar con
más rigor y severidad, defenderá Ortega y Gasset. Escribir con más arte y más gracia, será el
lema de Valle-Inclán. La novedad y riqueza de la literatura de 1900 está precisamente en
proporción con esa variedad de afluencias, que concurren a cada cual con su caudal propio, a
la formación de un espíritu literario mucho más complejo, profundo y refinado que el de la
generación anterior.
101
Tema 61
La renovación de la lírica española : final del siglo XIX y principios del XX.
102
• SEMÁNTICA TEMÁTICA :
• El tema de España en el 98 (ver T-60 de los específicos).
• Espacios característicamente modernistas : el mundo urbano, los mundos
alternativos, el universo del sujeto romántico, el simbolismo... (puedes
extenderte, hablando de ellos; por ejemplo : mundos alternativos : lagos con
cisnes, unicornios, rechazo a la mediocridad del estereotipo burgués,etc...).
LECTURA ÚNICA :
1.- El fin del siglo XIX podría caracterizarse por la pérdida de grandes poetas, como
Bécquer, Zorrilla o Campoamor, de no ser por la aparición de una nueva generación,
cuyos tres principales representantes serían Manuel Reina, Ricardo Gil o Salvador
Rueda.
En sus poemas se obsevará un interés por temas como el lujo, la sensualidad, el
erotismo, etc.
Ricardo Gil (1858-1908) publica en 1898 un segundo libro de poesía, La caja de
música, de fondo becqueriano y gusto por los temas orientales. Aparecen los paraísos
artificiales, en obras como Morfina: la adicción a esta droga sirve para consideraciones
morales poco convincentes.
Manuel Reina Montilla (1856-1905), nació en Córdoba. En La vida inquieta (1894),
muestra influencias de Baudelaire o E.A.Poe. Escribe sobre temas culturales o
posrománticos, como la bacanal o el baile de máscaras.
2.-Félix Rubén García Sarmiento, conocido como Rubén Darío (1867-1916) fue el
primer poeta de su tiempo en España. Nació en Nicaragua y vivió en Chile y
Argentina, viajando a España o a París esporádicamente. Desde 1898 se instala en
España, residencia que sólo abandonará poco antes de su muerte, para volver a
Nicaragua.
En 1888 aparece Azul..., libro que recoge prosas (cuentos) y versos del poeta, y que
hace referencia en el título al poeta francés Mallarmé. Sus páginas anuncian la
consagración del Parnasianismo -movimiento francés que rindió culto a las formas- en
España.
Prosas profanas (1896) es su segunda obra maestra y justifica la opinión de que
Rubén sacó a la poesía española de la crisis producida por la desaparición de Bécquer.
103
El tono de este libro era nuevo para la literatura española. Mostraba la asimilación
del Parnasianismo francés, en poemas como la Sonatina; el trato directo con
Verlaine, en su Responso; el interés por la civilización griega, en el Coloquio de los
centauros, aunque filtrada por los jardines rococós de Versailles; la atracción por el
esoterismo, en Las ánforas de Epicuro, sección añadida a la segunda edición; el
medievalismo, que alcanza, incluso, al título del libro, el gusto por lo exótico, el
erotismo de Ite, missa est, etc.
A ello se unían las estrofas y versos menos frecuentes: el alejandrino -de 14 sílabas-,
con el que se juega a reproducir las rimas del soneto, que, incluso, se recoge en versos
de arte menor, etc. Este libro consagraba a Rubén Darío.
Cantos de vida y esperanza (1905) es la obra cumbre del nicaragüense. A los poemas
en que el erotismo se mezcla con la muerte -Lo fatal- se añade una preocupación por el
futuro de lo hispano, frente a la amenaza de Estados Unidos. Quedan composiciones
parnasianas, como la Marcha triunfal, pero existe conciencia del futuro político.
Rubén cambió la poesía española con nuevos temas, palabras y posibilidades
culturales.
En 1930 decide agrupar bajo el título Claves líricas la práctica totalidad de sus
poesías. Comienzan con Aromas de leyenda (1907), que refleja, con preocupación
estética y artificiosa, el paisaje gallego, rematando con versos en esa lengua los finales
de sus poemas.
El pasajero (1920) transmite el decadentismo de su época y las confusas y caóticas
ideas que Valle-Inclán recogió de la teosofía. Se abre con una serie de "rosas", que
arrebatan con su verso hinchado y sorprendente, aunque un tanto inconsistentes.
104
pensamiento y el sentimiento, etc. Esto se traduce en una ruptura de los moldes
convencionales, en una poesía desnuda, en un lenguaje directo y en una necesidad de
expresarse por encima de todas las normas lingüísticas y literarias. Sus temas: la
familia, la patria, la muerte, la vida eterna y, en definitiva, la existencia humana.
Su primer libro, Poesías, se publica en 1907. Mucho antes, Unamuno había recbido
el espaldarazo de Juan Valera. En esta primera obra plantea ya su poesía como
necesidad de expresión y muestra que este es el género en que destacó con más brillo,
en poemas como Credo poético.
En 1911 aparece el Rosario de sonetos líricos, que supuso para él una dedicación
absoluta a la literatura. Entre sus obras más sorprendentes leemos El Cristo de
Velázquez (1920). Sus confesiones -así consideró él toda su lírica- continúan en
Andanzas y visiones españolas, De Fuerteventura a París y Romancero del destierro,
entre 1922 y 1927.
A partir de 1928 y hasta su muerte, se dedicó al Cancionero/Diario poético, póstumo
y complicado de interpretar, aunque es su obra maestra en poesía.
Leyó a los ingleses Coleridge, Wordsworth y William Blake, junto a Byron o
Keats; a los italianos Leopardi, Dante -siempre-, y a su admirado Kierkegaard.
Estudió a Bécquer. Unamuno se proyecta directamente sobre Antonio Machado e,
indirectamente, sobre generaciones de poesía de posguerra hasta nuestros días.
5.-En la Península, los poetas elaboraron revistas literarias, entre las que destaca
Helios (1903-1904). Estaba fundada por el poeta Gregorio Martínez Sierra (1881-
1947) y por María Martínez Sierra, su esposa y autora de algunos trabajos firmados
por el marido, Pedro González-Blanco, Ramón Pérez de Ayala (1880-1962), que
inició su carrrera poética con La paz del sendero en 1904), y, por el alma de la revista,
Juan Ramón Jiménez.
Sus páginas trataban de política -con artículos de Ortega y Gasset-, de filosofía -de
Nietzsche (1844-1900), filósofo de moda de esta generación, a Plotino (205-270)- de
teosofía, de literatura europea o americana, pero, sobre todo, de poesía y literatura.
Entre sus colaboradores aparecen los nombres de Alejandro Sawa, Manuel y
Antonio Machado, Miguel de Unamuno e, incluso, Rubén Darío. Algunos de ellos
los trataremos a continuación.
El espíritu de la revista volvió en 1907, con Renacimiento, publicación que duró un
año aproximado.
Una segunda etapa -acaso anunciada desde 1911- comienza con su Diario de un poeta
reciencasado de (1916), escrito al contraer matrimonio en Estados Unidos con la
americana Zenobia Camprubí. De este libro parte su poesía intelectual, su imagen del
105
mar como símbolo y su reflexión sobre los nombres. Eternidades (1916-17) presenta
la lucha por la precisión semántica, en su célebre poema ¡Intelijencia, dame / el
nombre exacto de las cosas! y el análisis de su poesía en Vino, primero, pura. Escribe
una poesía desnuda, esencialista, quizá simbolista o impresionista. Entre 1914 y
1917 redacta su prosa poética Platero y yo.
Los años 30 son los de la República y la Guerra Civil, que obliga al poeta y a
Zenobia a instalarse en Estados Unidos, con frecuentes viajes a Hispanoamérica, hasta
su instalación en Puerto Rico, donde terminaron sus vidas. Ya antes de este traslado,
Juan Ramón había iniciado una línea poética en que lo intelectual evolucionaba hacia
lo teológico. El poeta logra un universo -su poesía- del que él será Dios o creador de
Dios. Desde La estación total -escrito desde 1923 a 1936- a Dios deseado y deseante
(1949) asiste a su divinización, en una línea próxima a Unamuno. Ríos que se van, en
los años 50, recoge la realidad de la muerte, ya ensañada en 1956 en su esposa,
Zenobia, muerte que no suavizó la concesión del Premio Nobel ese mismo año. Dos
más viviría Juan Ramón Jiménez.
En 1902 publica Antonio Machado sus Soledades, que en 1907 se reeditan como
Soledades. Galerías. Otros poemas. Es, acaso, el mejor ejemplo de simbolismo en la
poesía española. Refleja al poeta caminando por un campo o un parque, entregado a
sus ensoñaciones, mezclando el paisaje con sus pensamientos, a la hora del
crepúsculo. Aparecen motivos como la fuente, símbolo de vida, con la que dialoga.
106
en 1907 como Alma. Museo. Los Cantares y se abre con su autorretrato Adelfos. Son
brillantes sus descripciones de cuadros, en libros como Apolo (Teatro pictórico) (1911).
Esto dio lugar al movimiento ultraista, que supuso una apertura hacia nuevas
tendencias, aunque no concretó sus objetivos.
Liberó la poesía de la lógica y de las ataduras formales, a través del caligrama, poema
cuyos versos se disponen dibujando imágenes.
Incluyó nombres como Jorge Luis Borges y atrajo a la gran mayoría de los poetas
de esta época, aunque éstos rara vez ofrecieron una obra consistente, dentro de la
vanguardia.
Su órgano de expresión fue, entre otras, la revista Ultra, de principios de los años 20.
El libro incluye poemas en francés, como había hecho Huidobro en su Altazor, y fue
publicado en edición bilingüe española e italiana en 1969. Al año siguiente se editó más
corregida y depurada, y hoy es, con mucho, una de las experiencias más dignas de la
vanguardia española.
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TEMA 62. LAS VANGUARDIAS LITERARIAS EUROPEAS Y ESPAÑOLAS. RELACIONES.
1. LAS VANGUARDIAS.
Vanguardia surge en medio de la guerra europea del 14, crece al calor de los
una nueva concepción del arte. Así, el Cubismo en las artes plásticas, o el
diferencia entre los países de tradición casi exclusivamente europea (la propia
España, Argentina, Uruguay, Chile) y los que tienen una amplia población
española de 1936. En los países con población amerindia el conflicto central será
tenía larga tradición desde finales del siglo XIX, adquiere nuevo vigor al adoptar
108
Como vemos, los "ismos" vanguardistas se suceden en Europa a un ritmo muy
rápido. Algunos pasan como efímeras modas; otros dejan una huella imborrable.
2. EL FUTURISMO.
dinamismo, la rapidez verbal, rompiendo a veces con la sintaxis", para dejar “las
3. EXPRESIONISMO.
idea de producir un gran impacto emocional. Por este mismo motivo se realza la
protagonista.
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4. EL CUBISMO.
Nace como escuela pictórica hacia 1907 destacando, sobre todo, la figura del
elaboración. Se intenta crear una obra de arte con autonomía absoluta, y no por
movimientos vanguardistas.
5. EL DADAÍSMO.
Nace en Zurich (Suiza) en 1916 de la mano del poeta Tristan Tzara. Su nombre
abriendo un diccionario con un cuchillo. Dadá tiene en común con otros ismos el
110
importantes surrealistas. En el fondo, el gran papel de Dadá fue preparar el
6. EL SURREALISMO.
Se trata de un cambio radical en la concepción del arte y del trabajo del artista.
ser una revolución integral. Su gran lema sería "transformar la vida". Y propugna
naturales del hombre reprimidos en el subconsciente por una razón sumisa a las
decir, por tanto, que el Surrealismo inauguró también un nuevo modo de leer.
España está en consonancia con el resto de Europa. Los ismos se dejarán sentir
pronto en nuestras letras.
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En literatura las vanguardias tienen como pionero e impulsor a Ramón Gómez de
tertulia de Pombo. La más genuina expresión del universo ramoniano son las
112
bombilla eléctrica o a la máquina de escribir; Alberti canta a actores de cine o a un
portero de fútbol...).
113
TEMA 63. LA LÍRICA EN EL GRUPO POÉTICO DEL 27.
1. INTRODUCCIÓN.
No son pocos los críticos y especialistas que, al hablar del grupo poético del 27, señalan
que estos líricos, sumados a las grandes figuras que les precedieron (Unamuno, A. Machado y
J.R. Jiménez) han logrado conformar un nuevo siglo de oro para la poesía española.
Durante mucho tiempo se ha hablado de generación. Sigue siendo la denominación más
popular. Como concepto estrictamente útil, el de generación puede valer. Pero parece
preferible la denominación de grupo a la de generación. Por varias razones: la primera es que
si habla de generación habría que ampliar la nómina de los escritores a ella pertenecientes con
la inclusión de otros literatos y artistas de la época, y los hay brillantes. Pero sucede además
que, estos autores no cumplen los requisitos que, según Petersen, son necesarios para poder
hablar de generación literaria. Recordemos cuáles eran estos requisitos:
1. – Nacimiento en años poco distantes.
2. – Formación intelectual semejante.
3. – Relaciones personales entre ellos.
4. – Participación en actos colectivos propios.
5. – Existencia de un “acontecimiento generacional” que aúne sus voluntades.
6. – Presencia de un guía o caudillo.
7. – Rasgos comunes de estilo (un lenguaje generacional).
8. – Anquilosamiento de la generación anterior.
Al analizar a los autores de este grupo observamos que ningún hecho nacional o
internacional los trae a la vida. No es cierto que el Centenario de Góngora los uniera: casi
todos se hallaban ya muy unidos antes. Además, no hubo guía o caudillo. No lo fue Juan
Ramón, como a veces se ha dicho, pese a su influencia. Tampoco se alzan contra nada. Al
contrario, veremos su respeto por la tradición y las grandes figuras precedentes. A todo esto se
añade que no hay comunidad de técnica o de inspiración (si bien les anima la misma ansia de
renovar el lenguaje poético y pueden señalarse coincidencias ocasionales entre sus
trayectorias, cada poeta destaca con voz personalísima). Además, sus nacimientos se sitúan
en unas fechas (entre 1891 y 1905) en las que nacen otros autores que nunca han sido
incluidos en el grupo. Y la formación intelectual semejante que a veces se le atribuye sólo es
cierta para algunos de ellos, como veremos al estudiarlos en particular.
Y sin embargo, es evidente que nos hallamos ante un grupo compacto. Por tanto, grupo
poético del 27 parece, hoy por hoy, la denominación más rigurosa. La referencia cronológica se
explica por ser estos poetas los preconizadores del homenaje a Góngora, y sirvió para
rehabilitar definitivamente a uno de los más grandes creadores españoles de todos los tiempos.
Los poetas del 27 vieron en Góngora al precursor de la poesía pura, al escritor que en el siglo
XVIII decidió sustentar la poesía sobre bases puramente estéticas.
Con todo, ha habido otras denominaciones para el grupo: generación de la amistad,
generación lírica de 1920, generación de la dictadura... Pero la rehabilitación de Góngora ha
representado tanto en la historia de la literatura en lengua española y aún en la europea, que
hace de 1927 una fecha insustituible para designar a este grupo de poetas.
Es innegable también el hecho de que estos autores fueran conscientes de formar un
selecto club, de constituir una nueva e importante leva poética. Los documentos y pruebas son
innumerables. El más importante de todos es la antología: Poesía española 1915-1931 de
Gerardo Diego. En esta antología figuran, junto a los maestros de ayer (Unamuno, Antonio y
Manuel Machado, J.R. Jiménez), sólo los poetas del grupo, esto es: José Moreno Villa, Pedro
Salinas, Jorge Guillén, Dámaso Alonso, Gerardo Diego, Federico García Lorca, Rafael Alberti,
Fernando Villalón, Emilio Prados, Luis Cernuda, Manuel Altolaguirre y Juan Larrea. Sólo cabe
anotar una omisión: la del poeta malagueño José María Hinojosa.
2. AFINIDADES ESTÉTICAS.
En los autores del 27 es muy significativa la tendencia al equilibrio, a la síntesis entre polos
opuestos, entre los que había oscilado la poesía anterior.
a) Entre lo intelectual y lo sentimental. La emoción tiende a ser refrenada por el intelecto.
Prefieren inteligencia, sentimiento y sensibilidad a intelectualismo, sentimentalismo y
sensiblería. Se observa muy bien en Salinas.
b) Entre una concepción romántica del arte (arrebato, inspiración), y una concepción clásica
(esfuerzo riguroso, disciplina, perfección).
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c) Entre la pureza estética y la autenticidad humana, entre la poesía pura (arte por el arte,
deseo de belleza), y la poesía auténtica, humana, preocupada por los problemas del hombre,
que no abandonará nunca la exigencia estética.
d) Entre el arte para minorías y mayorías. Alternan el hermetismo y la claridad. Lo culto y lo
popular conviven en Lorca, Alberti, G. Diego. Se advierte, en casi todos, un paso del “yo” al
“nosotros”. El poeta canta por todos, diría Aleixandre.
e) Entre lo universal y lo español. Entre los influjos de la poesía europea del momento
(surrealismo) y de la mejor poesía española de siempre. Sienten gran atracción por la poesía
popular española: cancioneros, romances...
f) Entre tradición y renovación. Se sienten próximos a las Vanguardias (sobre todo, al
Surrealismo) y también a la generación anterior (Juan Ramón, “Ramón”, Darío, los Machado...).
Admiran del siglo XIX a Bécquer y sienten fervor por los clásicos, Garcilaso, Manrique, Lope de
Vega, Fray Luis, Quevedo y, sobre todo, Góngora. Éste es un rasgo fundamental que los
distingue de los movimientos vanguardistas europeos. Si estos últimos rompen con todo, los
poetas del 27 no rompen con nada. No desprecian a los escritores precedentes ni rompen con
la tradición literaria. Aman la buena poesía española.
3. EVOLUCIÓN DE LA GENERACIÓN DEL 27.
a) Hasta 1927: Esta primera etapa se inicia con el influjo de Bécquer y el Modernismo.
Pronto se deja sentir el influjo de las primeras vanguardias (Ultraísmo, creacionismo). A la vez
y, por influjo de Juan Ramón, se orientan hacia la “poesía pura”. Se depura el poema de todo lo
anecdótico, de toda emoción que no sea puramente artística. Para ello usan mucho la
metáfora, con audacias nuevas que han aprendido de “Ramón” o de otros vanguardistas. Por
todo ello se les acusa de herméticos, fríos, deshumanizados. Pero no se debe exagerar tal
deshumanización.
También lo humano les influye, sobre todo, a través de la lírica popular. Lo veremos en
Lorca y Alberti. La sed de perfección formal motiva un primer acercamiento a los clásicos,
sobre todo de 1925 a 1927. Y así se desemboca en el fervor por Góngora, autor que ya se
había propuesto tres siglos antes hallar un lenguaje especial para la poesía, netamente alejado
del lenguaje visual. Seducían especialmente sus deslumbrantes metáforas.
b) De 1927 a la Guerra Civil: Se observa un cierto cansancio del puro formalismo. Se inicia
un proceso de “rehumanización” (más notorio en algunos autores, pero presentes en todos). Se
produce la irrupción del Surrealismo, que señalaba una dirección opuesta a la “poesía pura”.
Pasan a primer término nuevos temas más humanos: el amor, el deseo de plenitud, las
frustraciones, las inquietudes sociales o existenciales... Nace la revista Caballo verde para la
poesía de Pablo Neruda, donde aparece el “Manifiesto por una poesía sin pureza”, es decir,
inmersa en las circunstancias humanas y sociales más concretas.
Los tiempos (caída de la Dictadura y de la Monarquía, vicisitudes de la República) han
traído nuevas inquietudes, de las que no querrán sustraerse la mayoría de los poetas. Los
acentos sociales y políticos entran en la poesía. Incluso autores como Alberti, Cernuda o
Prados adoptarán una concreta militancia política, y de modo más o menos activo, todos se
mostrarán partidarios de la República al estallar la guerra.
c) Después de la guerra: Lorca muere en 1936. El grupo se dispersa. Cada cual sigue su
rumbo, pero ninguno abandonará ya los caminos de una poesía entrañablemente humana.
La mayor parte de los poetas están en el exilio. Guillén escribe Clamor, obra en la que se
aleja de la poesía pura. La nostalgia de la patria perdida es la nota dominante en ellos con el
tiempo.
En España solo quedan Gerardo Diego, favorable al bando vencedor, Dámaso Alonso y
Vicente Aleixandre. La poesía deriva hacia un humanismo angustiado, de tonos existenciales.
Sobresale Hijos de la ira de D. Alonso.
4. AUTORES DEL 27.
4.1. Pedro Salinas.
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Su auténtica voz poética hay que buscarla en tres libros de madurez: La voz a ti debida
(1933), Razón de amor (1936) y Largo lamento. Salinas se nos muestra como un extraordinario
poeta erótico que lleva a sus versos las luces y las sombras de las relaciones de los amantes.
Despojados de anécdotas y circunstancias, los designa siempre con los pronombres “tú” y “yo”,
sin rasgos que los identifiquen al margen de su propia esencia. La amada está vista sólo a
través del poeta; no tiene más vida que la que él le da. La fugacidad de la dicha suscita
reflexiones melancólicas y angustiosas. Es una poesía reducida al puro concepto, sin adornos,
no sensitiva sino intelectual, de lenguaje sencillo y escueto. En armonía con esa estética,
Salinas prefiere el verso corto y prescinde casi siempre de la rima.
Ya en el exilio, el poeta sale de su intimidad, sólo compartida con el tú, para reflexionar
sobre los problemas de los hombres de su tiempo en una actitud solidaria: El contemplado
(1946) y Todo más claro. En este último libro se incluye el célebre poema Cero, que protesta
contra la amenaza atómica.
Nuestro autor fue también un estimable crítico literario y ensayista de gran cultura y
sensibilidad: Jorge Manrique o tradición y originalidad (1947), La poesía de Rubén Darío,... Lo
más interesante de su prosa narrativa es La bomba increíble (1950), fabulación fantástica en la
que subyace una honda inquietud. A ello hay que añadir 14 piezas teatrales en las que lo real
se mezcla con lo fantástico y sobrenatural.
4.2. Jorge Guillén.
(Valladolid, 1893 – Málaga, 1984)
Catedrático en las universidades de Murcia y Sevilla, tras la guerra prosiguió su carrera
docente en EEUU. Se caracterizó siempre por su vitalidad y optimismo, no empañados por la
amarga experiencia del exilio y la vejez. Agrupa su poesía en tres grandes ciclos:
a) El ciclo de Cántico (1ª edición en 1928, con ampliaciones posteriores), poesía pura,
intelectual, abstracta, pone de manifiesto el entusiasmo del poeta ante la contemplación de la
armonía y la belleza del planeta. Su optimismo se desborda en versos llenos de júbilo en los
que repite una y otra vez que “el mundo está bien hecho”. El lenguaje es conciso, reducido a la
mínima esencia. Abundan las oraciones nominales y las frases exclamativas e interrogativas,
que condensan la expresión.
b) En el ciclo de Clamor (1ª edición, 1959, con ampliaciones posteriores) ya no canta las
maravillas del universo. Hacen acto de presencia el dolor, el desorden, la angustia; ha tomado
conciencia de los aspectos negativos y quiere analizarlos serenamente. El paso del tiempo lo
llena de zozobra. El estilo sigue siendo el mismo en sustancia.
c) El tercer ciclo poético está representado por Homenaje (1967), libro en que nos habla de
diversas figuras del arte y las letras de todos los tiempos.
4.3. Gerardo Diego.
(Santander, 1896 – Madrid, 1987)
Fue toda su vida catedrático de instituto. Se le eligió para la Real Academia en 1947.
Obtuvo el Premio Cervantes en 1979. Si tuviéramos que definirlo con un rasgo distintivo, sería
la variedad de registros. Es uno de los autores del grupo más afecto al arte de las vanguardias
y, a la vez, el mejor poeta de corte clásico.
En un primer momento se deja prender por el Ultraísmo. Busca entonces imágenes insólitas
y sorprendentes. Los principales frutos son Imagen (1922) y Manual de espumas (1924).
Sin abandonar el culto a la imagen, que le acompañará siempre, inicia una nueva vertiente
de poesía humanizada en que deja de lado el puro alarde estilístico para expresar sentimientos
más personales. Frente al verso libre de antaño, prefiere las estrofas clásicas, en especial
sonetos, romances y décimas. Soria. Galería de estampas y efusiones (1923) es un canto a
esa tierra a la que siempre quiso entrañablemente (ejerció allí su labor docente) y que
reaparece una y otra vez en sus libros. Hay aquí excelentes muestras de lírica de estilo
tradicional, como el célebre Romance del Duero. El corpus soriano se prolongará en Soria
(1948) y Soria sucedida (1977; ed. Definitiva, 1980).
Un libro crucial, dentro de ese nuevo enfoque es Versos humanos (1925). En él hallamos
poemas de amor, reflexiones personales, nuevos cantos a Soria... La obra más célebre,
perfecta en su ejecución, es el soneto El ciprés de Silos, en el que expresa sus ansías de
espiritualidad. Cultiva también una veta menos frecuente en el grupo del 27: la poesía religiosa
(Viacrucis, Versos divinos).
Ángeles de Compostela (1940; ed. Definitiva, 1961) es su segundo gran libro. Se inspira en
el Pórtico de la Gloria de la catedral de Santiago de Compostela y, en particular, en los ángeles
que tocan la trompeta del juicio final. Es, a la vez, un canto a la vida futura y a la tierra gallega.
116
Otro de sus mejores poemarios es Alondra de verdad (1941), colección de 42 sonetos de
gran intensidad y belleza. Aspira a crear una poesía “directa, concreta, siempre vivida y
elaborada en primer grado. Destaca el espléndido soneto amoroso Insomnio.
En su etapa final, aborda el tema taurino: La suerte o la muerte. Poema del toreo (1963),
que describe momentos y lances de la comida y exalta a las grandes figuras de su tiempo.
Compone también muchos poemas amorosos: Glosa a Villamediana (1961) y Sonetos a
Violante (1962) son dos conjuntos de sumo interés.
Ofrece asimismo una apreciable faceta de crítico literario. Algunos de sus trabajos más
notables se reunieron en Creación y poesía (1984).
4.4. Dámaso Alonso.
(Madrid, 1898 – 1990)
Catedrático de Lengua española, prestigioso crítico literario y director durante muchos años
de la RAE, fue galardonado en 1978 con el Cervantes. Pertenece a la generación del 27, pero
se da la circunstancia de que su obra cumbre Hijos de la ira, que constituye una auténtica
revolución y marca la trayectoria de la poesía española moderna, aparece en plena posguerra.
Hasta ese momento había publicado algún libro de interés, como Poemas puros. Poemillas
de la ciudad (1921), que pese a su sencillez, presenta una considerable riqueza en el lenguaje
y las imágenes.
Pero su verdadera voz poética la halla en Hijos de la ira, donde expresa de modo
descarnado su angustia existencial, su asco, en versículos cuyo ritmo solemne contrasta con el
mundo degradado a que se alude. La visión del medio que le rodea no puede ser más
denigrante. Le agobia la injusticia y la tremenda frustración de ser hombre.
Para referirse a esta sórdida realidad cotidiana, emplea un léxico que suele estar excluido
de la lírica: pestilencia, podrido, escupo, heces... Un dramático sarcasmo late en todo el
poemario. En medio de tanto horror, la búsqueda de Dios es la única esperanza para la criatura
humana. Estos versos respiran una honda y agónica religiosidad, común a otras obras del
autor.
En el mismo año de 1944, D. Alonso publica Oscura noticia, donde se advierte la lucha del
hombre entre sus bajezas y sus ansias de perfección e inmortalidad. En Hombre y dios (1955),
el tema son las relaciones con la divinidad. En Gozos de la vista (1981) canta las excelencias
del ser humano, su capacidad de percepción del universo, contrastado todo ello con sus
limitaciones y su naturaleza perecedera: es una criatura abocada a la muerte.
4.5. Vicente Aleixandre.
(Sevilla, 1898 – 1984)
Desempeñó un papel claro en la poesía española de posguerra, tanto por la enorme
influencia que ejercieron sus libros como por la ayuda que prestó a los jóvenes artistas. Obtuvo
el premio Nóbel en 1977.
A diferencia de sus compañeros de grupo, ha prescindido de las estrofas clásicas para
cultivar el versículo. Su obra discurre dentro de los cauces del Surrealismo. Abundan las
imágenes oníricas e irracionales.
Ámbito (1928) está dominado por el panteísmo, el anhelo de fundirse con el universo, de
integrarse en la naturaleza y recuperar el paraíso perdido. Son poemas de dimensiones
cósmicas, telúricas, preñados de angustia y desasosiego. Se nos revela como un excelente
poeta erótico en Espadas como labios (1932), La destrucción o el amor (1935), Mundo a solas
(escrito en 1934-1936, y publicado en 1950), Sombra del paraíso (1944)...
Con el paso del tiempo, Aleixandre halla cierto alivio a sus males en la solidaridad con los
demás hombres, que comparten sus mismas angustias. La expresión se hace más clara, en un
intento de comunicarse, fundirse con todos sus hermanos: Historia del corazón (1954), Poemas
de la consumación (1968) y Diálogos del conocimiento (1974).
4.6. Luis Cernuda.
(Sevilla, 1902 – México, 1963)
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En sus comienzos adopta formas clásicas. Domina el tono melancólico. Sus modelos son
Garcilaso de la Vega y Bécquer. Escribe en ese período Perfil del aire (1927) y Égloga, elegía,
oda (1927-1928).
Su estancia en Toulouse como lector español le permite entrar en contacto muy directo con
el Surrealismo, tan apropiado para la liberación de los fantasmas que lo torturan. Lo incorpora
en Un río, un amor (1929) y Los placeres prohibidos (1931).
Sin abandonar el surrealismo, empieza a escribir una poesía de tono intimista, cuyo modelo
supremo es Bécquer. Expresa su desencanto y la apetencia de la muerte como única forma de
liberación: Donde habite el olvido (1934), título tomado del autor de las Rimas, Invocaciones a
las gracias del mundo, compuesto en 1934-1935...
Tras la guerra, sus frustraciones personales se ven agravadas por el fracaso de la causa
que había defendido. Los libros más destacados son Como quien espera el alba (1941-1944),
Vivir sin estar viviendo (1944-1949), Con las horas contadas (1950-1956) y, sobre todo,
Desolación de la quimera (1956-1962). En este último Cernuda, que se sabe próximo a la
muerte, muestra su más radical rebeldía.
Tiene también una apreciable producción prosística, entre la que destaca Ocnos (1942;
ediciones aumentadas en 1949 y 1963), conjunto de poemas en prosa en los que evoca
experiencias personales con técnica narrativa. Es fundamental en él la conciencia trágica de la
temporalidad.
4.7. Rafael Alberti.
(El Puerto de Santa María, Cádiz, 1902 – 1999)
Se aficionó en sus primeros años a la pintura, pero el reposo exigido por una grave
enfermedad pulmonar le dio pie a interesarse por la poesía. A los 25 años sufrió una profunda
crisis que hizo cambiar su actitud vital. Afiliado al partido comunista y defensor de la república,
cuando terminó la guerra, tuvo que exiliarse. Estuvo primero en París y luego en Argentina y
Roma. Regresó tras la muerte de Franco. Obtuvo el Cervantes en 1983. El propio Alberti
ofreció un recuento de sus experiencias vitales en La arboleda perdida (1948; nueva ed. 1959).
Los rasgos más relevantes de su personalidad poética son la agilidad, la expresividad, el
sentido del ritmo y la gracia.
Comienza su trayectoria en el campo de la poesía neopopular. Se da a conocer cuando en
1925 obtiene el premio nacional de literatura, compartido con Gerardo Diego, con Marinero en
tierra. Expresa la nostalgia que siente en Madrid de su mar gaditano. Son poemas sencillos,
cortos, con el tono y el ritmo propios de la lírica tradicional. En la misma línea se sitúan La
amante (1925), que recoge los recuerdos de un viaje por tierras de Castilla, y El alba del alhelí
(1927).
Como todos sus compañeros de grupo, Alberti se deja seducir por el arte de Góngora.
Empieza a escribir una poesía barroca, de compleja elaboración, influida también por las
Vanguardias: Cal y canto (1929).
Coincidiendo con la crisis personal a que hemos aludido, elige el Surrealismo y el verso libre
como forma de expresión de esas tensiones que lo atormentan en Sobre los ángeles (1929). A
través de estos espíritus simboliza la lucha que se da en el interior del hombre entre las fuerzas
del bien y del mal. Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos (1929), en
homenaje a los grandes cómicos del cine mudo, muestra la vertiente lúdica y disparatada del
Surrealismo.
Empieza luego a escribir una poesía política comprometida, concebida como arma de
combate. Abandona las oscuridades estilísticas para volver a su primitiva sencillez. Títulos
fundamentales son El poeta en la calle, escrito entre 1931 y 1935, De un momento a otro, de
1934-38...
La experiencia amarga del exilio conforma muchas de sus creaciones, como Entre el clavel
y la espada (1941). Canta su dolor y el de su patria. El mejor libro de esta serie es Retornos de
lo vivo lejano (1952), de carácter evocativo. De gran interés son también algunos poemarios de
muy distinta naturaleza: A la pintura (1948), un alarde de virtuosismo que se inspira en los
grandes maestros de este arte; Coplas de Juan Panadero (1949), sátira política puesta en boca
de un alter ego que representa la voz del pueblo, y Roma, peligro para caminantes (1968),
serie de composiciones burlescas y humorísticas de cuidada elaboración que, en vez de
mostrar la ciudad monumental, se fijan en los barrios más degradados.
118
Ya de vuelta a España, ha publicado nuevos poemarios en los que domina la veta erótica:
Amor en vilo, Fustigada luz, Golfo de sombras, Canciones para Altair...
Alberti cultivó también el arte dramático. Esta parcela de su producción merece ser tenida
en cuenta por el aliento renovador que la anima y por el continuado esfuerzo de creación a lo
largo de tantos años: El adefesio (1944), Noche de guerra en el Museo del Prado (1956)...
* Segunda etapa: Surrealista. Destacan La voz cautiva, Andando, andando por el mundo.
Coincide con un período de crisis. Son libros violentos y pesimistas y en ellos hay ya muestras
de sus preocupaciones sociales.
* Tercera etapa: Bastante breve, de poesía política. Destacan Cancionero menor para los
combatientes y, sobre todo, Llanto en la sangre, con poemas sobre la revolución minera o
sobre la guerra civil.
Cofundador de “Litoral”. Concibe la poesía como fuente de conocimiento, como vía para
conocerse y conocer el mundo. Ha sido calificado de romántico. En él no hay rasgos
vanguardistas o de deshumanización. De su poesía se ha dicho que es hermana menor de la
de Salinas. Influencias de J.R. Jiménez, Aleixandre, Cernuda, Prados e incluso de Lorca y
Alberti. En su obra destacamos Las islas invitadas, obra breve y desigual. Libro heterogéneo y
neorromántico, escrito en versos blancos y octosílabos en el que, preferentemente, se
configura un mundo intimista, reducido, pero rico en notas y resonancias.
Otros títulos son Poema del agua, Ejemplo, Soledades juntas, La lenta libertad...
En prosa destacó por su libro de memorias El caballo griego y una abundante producción
periodística, informativa y crítica.
119
García Lorca era, según el testimonio de quienes lo conocieron, una persona con “duende”,
simpático y extravertido, animador de fiestas y reuniones. Sin embargo, sus versos y, sobre
todo, su teatro, revelan la existencia de conflictos íntimos.
La lírica de Lorca es una felicísima mezcla de poesía popular y renovación. Los temas y
ritmos tradicionales conviven con imágenes atrevidas y sugerentes de cuño vanguardista. Sus
versos nos transportan a un mundo dominado por misteriosas fuerzas atávicas, instintos
ancestrales, viejos motivos de raíz popular y religiosa que adquieren una proyección mítica. Su
visión de Andalucía trasciende el localismo costumbrista para convertirla en un escenario
mágico y simbólico. El universo poético de Lorca, presidido por la muerte, que acecha a cada
paso, es trágico y violento. Las pasiones se desencadenan con intensidad y abocan al
individuo a un destino fatal. El amor y el sexo se presentan como un impulso dionisíaco al que
no cabe resistirse, una fuerza vital que se entrelaza inevitablemente con la muerte.
Tuvo la virtud de crear un lenguaje poético propio, ya maduro desde sus primeras
manifestaciones. Tanto en los poemas como en las piezas dramáticas se repiten imágenes que
deben interpretarse a la luz de su particular código simbólico. Así, la luna y el color verde
representan la muerte, a la que se asocia también lo metálico en sus diversas variantes; hay
una presencia obsesiva de objetos punzantes como cuchillos, navajas, puñales... El toro tiene
una clara significación trágica y violenta, el caballo encierra connotaciones eróticas.
La fusión de imágenes surreales con la vena popular logra sus mejores momentos en
Romancero gitano (1928). Los 18 romances que lo integran nos ofrecen sendos cuadros de
ese mundo mítico. El poeta se ocupa de una raza marginada y manifiesta sus simpatías hacia
ella; toma partido frente a la represión institucionalizada que representa la guardia civil. Pero
también le interesan las posibilidades estéticas del tema, la exaltación de las pasiones y el halo
de misterio que rodea a esos seres. Intenta fundir el romance narrativo y el lírico, a los que
incorpora a veces una técnica dramática. Recrea y estiliza los elementos que le brinda la
tradición y forja una obra de dimensiones cósmicas, cargada de símbolos, que trasciende el
marco localista sin renunciar a la anécdota vital.
A raíz de una crisis íntima, Lorca viaja a EEUU. El resultado es Poeta en Nueva York (1929-
1930), denuncia de una sociedad materialista que oprime al débil y margina al negro; trabajará
en esta obra hasta el final de su vida. Usa el verso libre y se vale de imágenes oníricas,
irracionales, para transmitir la angustia que le produce esa ciudad monstruosa e inhumana.
Alza su voz contra la técnica que domina al hombre y contra el dinero que destruye a los seres
indefensos.
En su etapa final compone más teatro que poesía, pero nos ha dejado magníficos versos.
Diván del Tamarit, escrito a partir de 1931, es una colección de 12 “gacelas” y “casidas” con
vagas resonancias árabes en la atmósfera y el léxico; tema central de estos versos
estremecidos son el amor atormentado y la muerte, dos vivencias inseparables. Seis poemas
galegos (1935) es un curioso intento de escribir en una lengua que no conocía bien; estamos
ante otra muestra afortunada del neopopularismo lorquiano, en la que refleja, una vez más, su
dominio de los ritmos tradicionales. Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías (1935), uno
de los mejores cantos elegíacos escritos en español, expresa el dolor por la muerte del torero
amigo con violentas imágenes surrealistas. También en 1935 empezó a componer los Sonetos
del amor oscuro que sólo conocíamos fragmentariamente hasta 1984. En ellos se somete a la
120
contención de las formas clásicas para dar salida a sus intensas pulsiones eróticas de signo
homosexual. El acento doliente y desgarrado de estos poemas contrasta con su construcción
manierista, extremadamente perfecta.
Aunque la falta de tiempo nos impide analizar su obra, debemos hacer mención de otros
autores que pueden ser incluidos dentro de esa generación. Así citemos a Fernando de Villalón
con Romances del 800, conjunto de romances que recrea la Andalucía romántica: guerras
napoleónicas, toreros, bandoleros... mencionaremos también a José Moreno Villa del que
destacamos Jacinta la pelirroja, uno de los textos más deliciosos de la lírica contemporánea.
Su originalidad reside en la novedad de la perspectiva adoptada: la visión antirromántica del
amor. El tono es deudor de la poesía pura. Juan Larrea sobresale con Versión celeste,
conjunto de 106 poemas en los que el estilo es inequívoco: arbitrariedad imaginativa, elipsis,
ausencia de referentes... Citemos también a José María Hinojosa, primer poeta surrealista
español y seguramente el único que lo era en sentido genuino. Destacamos su obra La sangre
en libertad, muestra singular de imaginación trágica con algunos elementos cristianos.
121
TEMA 64: LA NOVELA ESPAÑOLA PRIMERA MITAD DEL S. XX
LA GENERACIÓN DEL 14, O EL NOVECENTISMO.
1.- Introducción.
En 1917 España sufre una serie de conflictos sociales: frente a la vieja oligarquía de
partidos empieza a surgir una pequeña burguesía reformista y las clases obreras van
cobrando conciencia de sí mismas. Tras la Dictadura de Primo de Rivera (1923-1930), esos
grupos son los que forman la segunda República en 1931.
No puede decirse que los escritores que vamos a ver formaran exactamente un
grupo. Sin embargo, todos ellos nacieron en la década de los 80, y empiezan a tomar forma
de grupo en torno a 1914 más o menos. Eugenio D´Ors, uno de los adalides veteranos de
este movimiento usó, en catalán, el término Noucentisme para referirse a aquellas tendencias
que se separaban por completo de las del siglo XIX. Como dirá otro de sus protagonistas,
Ortega y Gasset, hay generación si un grupo de personas tiene los mismos propósitos y los
mismos criterios.
Es común a todos ellos una superación en las maneras de contar las cosas, pero se
distinguen en cómo rompen con lo anterior: por el lirismo, la ironía, el humor, el
intelectualismo, la deshumanización,...
122
Sus argumentos se sitúan en Oleza -trasunto de Orihuela- y muchas las
protagomniza Sigüenza -alter ego de él mismo-, como en El libro de Sigüenza (1917), Años y
leguas (1928) o El obispo leproso (1921), donde critica la intolerancia y el atraso cruel del
momento.
Entre 1907 y 1913 publica obras con su alter ego Alberto Díaz de Guzmán,
destacando Troteras y danzaderas (1913) donde critica la vida bohemia de Madrid.
En 1921 inicia su última etapa, Novelas de temas universales, en ellas los personajes
encarnan ideas y actitudes vitales; por ejemplo en Belarmino y Apolonio (1921), donde uno es
meditativo y el otro sumamente vitalista, o en El curandero de su honra (1926) sobre el amor y
el honor. En todas sus etapas él lucha por la perfección de unas palabras que expresen
exactamente su paradójico y complejo pensamiento.
1. LA GENERACIÓN DEL 98
•Noventayochistas y modernistas constituyen una misma generación histórica y entre ellos
hay numerosos puntos comunes.
LA MADUREZ DEL 98. ACTITUDES, IDEAS Y TEMAS
•Idealismo, con los siguientes rasgos:
1.- Se intensifica el entronque con las corrientes irracionalistas europeas: Schopenhauer,
Kierkegaard...
-Puede hablarse de neorromanticismo.
2.- Preocupaciones existenciales y religiosas.
-Sobre todo Unamuno.
3.-El tema de España, enfocado con tintes subjetivos.
NÓMINA DEL 98.
•Baroja, Azorín y Maeztu ("Los Tres").
•También Unamuno.
•Es discutible incluir a Machado y Valle.
123
SIGNIFICACIÓN LITERARIA DEL 98. ESTILO
•Contribuyeron mucho a la renovación literaria de principios de siglo.
-Repudiaron la retórica y el prosaísmo de la generación anterior.
-Excepciones: Azorín valoró a Galdós, Bécquer y Rosalía.
•Larra fue considerado un precursor.
•Admiran a los clásicos:
-Cervantes sobre todo.
-Fray Luis.
-Quevedo.
>Fervor por la literatura medieval:
-Poema del Cid.
-Gonzalo de Berceo.
-Jorge Manrique.
•De aquí salen las novedades estilísticas.
-Voluntad de ir a las ideas, al fondo.
-Sentido de la sobriedad:
a) Reacción contra la retórica decimonónica.
b) Exigente cuidado del estilo.
-Gusto por las palabras tradicionales y terruñeras.
>Ampliaron el caudal léxico.
-Subjetivismo:
a) Lirismo que desvela el sentir personal de los autores.
b) Realidad y sensibilidad llegan a fundirse íntimamente.
•Innovaciones en los géneros literarios:
-Se configura el ensayo moderno, muy flexible:
a) Pensamiento.
b) Reflexiones culturales.
c) Visión lírica del paisaje.
...
-Profundas novedades en la novela.
-Los intentos renovadores en el teatro tuvieron menor éxito.
•La renovación de los noventayochistas es considerada la Edad de Plata de nuestra
literatura.
MIGUEL DE UNAMUNO
VIDA Y PERSONALIDAD
•Nació en Bilbao en 1864.
•Guerra carlista en su infancia.
•Estudió Filosofía y Letras en Madrid.
-A los 20 años se doctoró con una tesis sobre la lengua vasca.
-Al tercer intento logró la cátedra de Griego en Salamanca.
-De esta universidad sería elegido rector en 1901.
•Por su oposición a Primo de Rivera, fue desterrado (Fuerteventura y Francia) entre 1924 y
1930.
•Fue diputado durante la República.
-Actitud cambiante ante el levantamiento del 36.
-Postura definitiva ante Franco: "Venceréis pero no convenceréis".
-Esto le valió ser confinado en su domicilio, donde murió al final de 1936.
•Personalidad fortísima y desgarrada.
-Vivió en perpetua lucha consigo mismo, sin encontrar nunca la paz.
-También en lucha con los demás, contra la trivialidad de su tiempo.
124
-Esfuerzo por sacudir las conciencias.
•Evolución ideológica:
-Pierde la fe tras varias crisis juveniles.
-Se afilia al PSOE.
-Tras una crisis de 1897 abandona la política activa.
-Vuelve los ojos a los problemas existenciales y espirituales.
-Pero también le preocupó España.
LA OBRA. LOS GRANDES TEMAS
•Cultivó todos los géneros.
•2 grandes ejes temáticos:
a) El problema de España, la idea de la "intrahistoria".
-En torno al casticismo.
-Por tierras de Portugal y España.
b) El sentido de la vida humana.
-Vida de don Quijote y Sancho.
PENSAMIENTO Y SENTIMIENTO TRÁGICO DE LA VIDA DE UNAMUNO
•No es un pensador sistemático:
-Sus reflexiones se esparcen en ensayos, poemas, novelas...
-Esto se debe a su orientación filosófica.
-Vitalismo influido por Kierkegaard. Es un pensamiento vivo.
•Del sentimiento trágico de la vida (1913)
-Arranca del "hombre de carne y hueso" y sus anhelos.
-Ansias contradictorias:
a) Escoger una posibilidad y ahondar en ella.
b) Volcarse hacia todas las posibilidades.
•Amenaza de la Nada.
-Angustia por saber que se va a morir.
-La inmortalidad es la gran cuestión de la que depende el sentido de nuestra existencia.
-Hambre de Dios: necesita un Dios que garantice la inmortalidad.
-Pero la razón le niega la esperanza, aunque su corazón la tenga desesperadamente.
•La agonía del Cristianismo (1925).
-Su cristianismo era cercano al protestantismo.
-Amaba apasionadamente a Cristo.
-Tenía un anhelo de querer creer.
NOVELAS Y "NIVOLAS"
•Intrahistoria: vida de unos hombres y de unos pueblos que cumplen con sus obligaciones
y deberes pero en el anonimato, como sujeto colectivo.
-Toda la novela San Manuel bueno, mártir es intrahistoria.
-Paz en la guerra: sobre la guerra carlista. Esta novela le llevó 12 años.
•Después pasa a escribir con más rapidez.
•Amor y pedagogía.
-Un hombre quiere educar a su hijo para hacer de él un genio.
-Pero el hijo será desgraciado y angustiado y acabará suicidándose.
•Niebla (1914)
-Es su obra maestra en el género.
-Con actitud desafiante, la subtitularía "nivola".
•Sentimiento trágico de la vida.
-Los protagonistas son agonistas, de confusión y misterio.
-Un protagonista individual plantea problemas existenciales.
-Los personajes de ficción influyen en el autor.
•Otras obras:
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-Abel Sánchez: sobre el odio y la envidia.
-La tía Tula: sobre el sentimiento de maternidad.
-Tres novelas ejemplares.
•Novedades técnicas:
-Soltura constructiva.
-Muy pocas descripciones: su relato se centra en las almas > muchos diálogos.
-No importa la acción.
-Novelas abiertas al lector.
-Exclamaciones, interrogaciones, puntos suspensivos, frases entrecortadas.
EL ESTILO DE UNAMUNO
•Su estilo es "el hombre".
-Estilo despegado de viejas retóricas, aunque con su "retórica" personal.
-Quiere un estilo desnudo, frente a los estilistas que lo visten de galas.
•Busca la densidad de ideas, la intensidad emotiva.
-Lucha con el idioma, para adaptarlo a su pensamiento.
•Contradicciones internas.
-Gusto por las paradojas y las antítesis.
-Horror a la rutina: da nuevos sentidos a las palabras o revitaliza las antiguas.
-Busca, como Azorín, palabras rústicas y terruñeras.
1c) AZORÍN
VIDA Y PERSONALIDAD
•Su nombre: José Martínez Ruiz.
-Azorín es el nombre del protagonista de sus primeras novelas.
•Nació en Monóvar, Alicante, en 1873.
•Estudió Derecho, pero se dedicó toda su vida al periodismo.
•Ideas políticas y religiosas:
-Anarquismo en su juventud.
-Conservadurismo en su madurez.
•Obsesión por el tiempo, por la fugacidad de la vida.
-Melancolía que fluye mansamente.
-Espíritu nostálgico que vive para evocar.
OBRA
•Es un ensayista magistral.
•Muchos artículos de crítica literaria.
•Evocaciones de las tierras y los hombres de España.
LAS NOVELAS
•Acercamiento de la novela al ensayo.
-Tiene muchas "novelas" que apenas se distinguen de sus ensayos.
-Pierde importancia el argumento.
•En todo ello aflora su peculiar visión de la vida, su "dolorido sentir".
•Títulos de carácter autobiográfico:
a) La voluntad (1902).
b) Antonio Azorín (1903).
c) Las confesiones de un pequeño filósofo (1904).
•Revisa ciertos tipos literarios:
a) Don Juan (1922).
b) Doña Inés (1925).
•Presenta nuevos personajes melancólicos.
a) María Fontán (1943).
b) Salvadora de Olbena (1944).
126
EL ESTILO
•El lenguaje pasa a primer término.
-Su lengua es consustancial con su manera de sentir.
-Estilo que fluye lento, melancólico.
•Están presentes los dos rasgos de la nueva novela:
Voluntad artística.
Subjetivismo.
•Cualidades: precisión y claridad.
-Empleo de la palabra justa y la frase breve.
•Descripciones:
-Técnica miniaturista.
-Atención al detalle de los que sabe extraer hondas sugerencias.
•Inmensa riqueza de vocabulario.
-Búsqueda de las palabras olvidadas propias del grupo del 98.
Sus obras suelen tener una estructura de novela de aprendizaje, o Bildungsroman, los
personajes responden, piensan y eligen la vida que les premia o les castiga y, en
consecuencia, aprenden a través de su propia experiencia vital.
128
lado, refleja la impresión subjetiva que le dejan las cosas en el interior del escritor: muchas
veces, incluso, los paisajes son reflejos del alma del narrador. Por otro lado, es
impresionista porque el autor refleja las cosas sin demasiado detalle: le basta con unos
pocos sustantivos y adjetivos para destacar lo esencial de lo descrito.
5.- Su producción.
Baroja fue un escritor fecundísimo: escribió más de sesenta novelas de las que más
de la mitad se agrupan en trilogías, por ejemplo:
- - Tierra vasca (1900-1909), que trata sobre un hombre de acción, Zalacaín en medio
de las Guerras Carlistas.
- - La lucha por la vida (1904-1905), aborda la vida zarandeada de Manuel en los bajos
fondos de Madrid, dentro de una visión regeneracionista muy propia del 98.
- - El mar (1911-1930), cuyo protagonista es un recio marinero vasco, hombre también
de acción, en el sentido que le dimos.
- - A la raza (1910-1920), en la que se incluye el libro que vamos a estudiar.
En una primera etapa publica una serie de cuentos y novelas de corte modernista, donde ya
aparece la Galicia primitiva tan grata al autor, con una mezcla de realidad y leyenda. Su
trayectoria culmina con las Sonatas: Sonata de Otoño (1902), Sonata de Estío (1903), Sonata de
Primavera (1904) y Sonata de Invierno (1905). Son la memorias del Marqués de Bradomín -
un don Juan feo, católico y sentimental, según el mismo Valle-Inclán-, que se componen de
numerosos episodios donde el personaje hace gala de su elegancia decadentista y de su
amoralidad antiburguesa. Lo escribe con una prosa modernista: rítmica, cercana a veces al
poema, y rica en efectos sensoriales.
Se inicia con las Comedias bárbaras: Águila de blasón (1907), Romance de lobos (1908) y
Cara de plata (1922). En ellas continúa la línea de la Galicia rural, pero ahora mostrada con
personajes extraños, tarados, violentos y tiránicos, como el hidalgo Juan de Montenegro.
Siguiendo la línea del esperpento, Valle-Inclán publicó Los cuernos de don Friolera (1921), Las
galas del difunto (1921), La hija del capitán (1927) y las piezas breves que conforman el Retablo
de la avaricia, la lujuria y la muerte (1924-1927). En la misma estética se sitúan las novelas
Tirano Banderas (1926) y la trilogía El ruedo ibérico (1927-1932).
129
TEMA 65.- NUEVAS FORMAS DEL TEATRO ESPAÑOL
EN LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XX.
VALLE-INCLÁN. GARCÍA LORCA.
1.- Introducción.
130
2.- Valle - Inclán.
131
desgarrados y brutales, en consonancia con los temas y personajes tratados: mundos en
descomposición que son heroicos y violentos hasta la crueldad.
En 1920 publica cuatro dramas claves: Farsa italiana de la enamorada del rey, cuyos
personajes son marionetas grotescas; en Farsa y licencia de la reina castiza, donde se deforma
despiadadamente la corte de Isabel II, con evidentes intenciones de crítica política.
En Divinas palabras, enlaza con las Comedias bárbaras: es un violento drama que se
desarrolla en una Galicia sórdida. Todos los personajes están deformados desde el punto de
vista social, moral e incluso físico. Su lenguaje es, como cada vez más lo será en su obra,
desgarrado y sin contemplaciones.
En Luces de bohemia se define el esperpento como la mezcla de lo trágico y lo
burlesco con una estética que quiere ser una superación del dolor y la risa. En los
esperpentos el lenguaje de figuras marginales y fantoches grotescos no retrocede ante el
decoro teatral. La realidad se distorsiona exagerándose los rasgos más criticables de ella: no
se respetan ni instituciones, ni personas, ni ideas,... Este modo de representar la realidad
asocia a Valle-Inclán con el Expresionismo europeo del momento
Los personajes están vistos desde arriba, es decir, como si fuesen peleles. El autor
no los mira desde abajo, como se hace con los héroes, ni a su misma altura, como en la
comedia de costumbres. Por eso tienen rasgos de cosificación, animalización o muñequización.
La trama representa la última noche del escritor bohemio, ciego y arruinado Max
Estrella, trasunto de Alejandro Sawa. En compañía de don Latino de Híspalis, guía desleal
de Estrella, recorre los lados más sórdidos y marginales del Madrid de su tiempo: se
suceden las escenas que pretenden ilustrar una España deforme, injusta, opresiva y absurda
traspasada por la miseria y el hambre.
Este retablo de miserias cuenta con más de cincuenta personajes. Ellos
protagonizan la traición, la represión policial, la religiosidad tradicional y vacía, las
instituciones literarias, los problemas políticos de España, empezando por Alfonso XIII, las
prostitutas y los borrachos,... Repasa todos los estamentos sociales.
Evidentemente, Luces de bohemia no se representó en su tiempo hasta que en 1963 se
escenificó en el Théatre National Populaire de París. En España se montó por vez primera en
1969 bajo la dirección de José Tamayo.
Siguiendo la línea del esperpento, Valle-Inclán publicó Los cuernos de don Friolera
(1921), Las galas del difunto (1921), La hija del capitán (1927) y las piezas breves que
conforman el Retablo de la avaricia, la lujuria y la muerte (1924-1927). En la misma estética se
sitúan las novelas Tirano Banderas (1926) y la trilogía El ruedo ibérico (1927-1932).
132
3.1.- Ideas estéticas sobre el teatro.
Sus fuentes teatrales son muy extensas: el drama rural del siglo XIX - por los
medios donde se insertan muchos de sus dramas y su gusto por lo popular-, la tragedia
griega y shakesperiana - donde los personajes están condenados de antemano por un fatum
trágico-, el teatro del Siglo de Oro - especialmente por la puesta en escena y la importancia
del elemento musical como apoyo de la trama-; por supuesto, también se verá influido por
las propuestas vanguardistas tanto en la forma como en los temas de sus obras. De ahí la
enorme cantidad de géneros que cultivó, como luego veremos.
Tres más tarde escribe un teatrillo para niños, Los títeres de la cachiporra, en esta pieza
expone la infancia como un paraíso perdido. En 1931 tratará el guiñol de nuevo, pero esta
vez para adultos, por su desvergonzada, pero no vulgar, frescura popular en el Retablillo de
San Cristóbal.
Su primer éxito llega con Mariana Pineda (1925). Esta obra, en verso, trata la
condena de una granadina por bordar una bandera liberal y tuvo resonancias
antidictatoriales contra Primo de Rivera no intencionadas por su autor. La pieza supuso
una superación del drama histórico modernista de Marquina.
Tras la publicación del Romancero gitano (1928), y posterior viaje a Nueva York,
Lorca sufre una crisis personal y estética que le lleva a cambiar de rumbo su obra: apuesta
ahora por una estética surrealista muy personal.
133
Sin embargo, su surrealismo es sólo de imágenes, es decir, no se deja guiar por el
libre fluir de la conciencia ni por la escritura automática: a pesar de su aparente
incoherencia y yuxtaposición de imágenes, estas obras tienen una coherencia interna que
sigue respondiendo a las constantes preocupaciones del poeta. Formalmente todas ellas
fueron rechazadas por lo arriesgado de su puesta en escena, algo que él mismo sabía.
El público (1930) es una obra surrealista donde los personajes simbolizan las
obsesiones psíquicas más hondas de Lorca: la crítica a la sociedad, a quienes no reaccionan
valientemente contra las injusticias, y la proclamación de que todo tipo de amor es lícito
porque el amor desconoce leyes.
En Así que pasen cinco años (1931), representa la historia de un joven que desea ser
padre de modo imposible por estar dividido entre dos amores. La obra se desarrolla,
parcialmente, en los sueños del protagonista.
En 1933, sale de esta etapa surrealista e inicia una nueva que casa a la perfección el
ideal de un teatro vanguardista con uno al alcance de todos los públicos. Esto se explica
por la coincidencia con la dirección teatral de La Barraca.
En todas ellas hay un tema central: el de la mujer ante una sociedad intolerante y
que la tiene como criatura marginada, como los gitanos, los niños y los negros en obras
anteriores suyas.
Bodas de sangre (1933) cuenta la historia real de una novia que se escapa con su
amante el mismo día de su boda, rompiendo todas las barreras sociales y que desembocará
en la muerte. Tiene de tragedia griega el hecho de que los personajes estén predeterminados
genéticamente por su pasión y por el enfrentamiento entre familias de una Andalucía de
oscuras raíces. La obra fue un éxito clamoroso.
Como colofón del teatro lorquiano, escribe el año de su muerte La casa de Bernarda
Alba (1936).
134
no entendía las nuevas propuestas y no quería salir de lo siempre visto. Los temas le
molestaban porque eran más reflexivos y hasta ferozmente críticos con la sociedad que
estaba sentada en el teatro.
135
TEMA 66.- NUEVOS MODELOS NARRATIVOS EN ESPAÑA A PARTIR DE
1940.
Dos son las novelas que inauguran esta nueva corriente: Camilo José Cela, con La
familia de Pascual Duarte (1942). En ella el autor gallego introduce el tremendismo, una manera
agria de retratar la realidad, seleccionando lo más duro de la vida de postguerra. La otra
novela es Nada (1945), premio Nadal, de la joven de veintitrés años Carmen Laforet. En el
libro, la también joven protagonista plasma el ambiente familiar de mezquindad y de
ilusiones frustradas con un estilo desnudo y objetivo, pero sin el tremendismo de Cela.
A esta línea narrativa se unirán autores como Miguel Delibes con La sombra del ciprés
es alargada (1948) y otros en los años cincuenta. A esta generación de autores se le llamará
Generación del 36, o de la guerra. Todos ellos tienen en común el reflejo amargo de la vida
cotidiana desde un punto de vista existencial: la existencia es un sucesión de vacíos donde
el hombre se siente solo, frustrado y sin esperanza. Y ésa es la tipología de los personajes
que aparecen: marginales, desarraigados, ...
Todavía no hay una denuncia explícita a las injusticias por miedo a la censura, pero
lo que sí hay es un testimonio delator del malestar por la situación social española del
momento: se cuenta lo que es injusto, aunque no se opine sobre ello.
2.- El realismo social en la novela de los años cincuenta: la Generación del medio
siglo.
De nuevo es Cela quien abre esta etapa con La colmena (1951), junto al autor de La
noria, Luis Romero, escrita el mismo año. Ambas obras tienen una gran urbe como fondo
donde desfila un protagonista colectivo. Éstas marcan las pautas de una novela que se llama
social porque selecciona la parte de la sociedad que más objetiva las injusticias de la
postguerra: se retratan los grupos de oprimidos y de opresores por igual: es la sociedad por
completo (y no un solo personaje como en la etapa anterior) el verdadero protagonista.
136
Igualmente empiezan a aparecer ensayos que cobran valor de manifiestos de la
nueva estética: José Mª Castellet, en La hora del lector (1957), y Juan Goytisolo, con Para una
literatura nacional popular y Problemas de la novela (ambos de 1959) proponen una declaración
de principios. En ésta se dice que el escritor debe comprometerse con la realidad con la
intención de cambiarla y hacerla más justa: hay que denunciar implícitamente la sociedad en
las novelas, pues los medios de comunicación y el manifiesto político están atados por la
censura.
Por los manifiestos de Castellet y Goytisolo sabemos que los autores han de
preocuparse no tanto por lo personal como por lo colectivo. Por eso la sociedad no es ya
un telón de fondo donde les suceden cosas a los protagonistas: el protagonista es la
sociedad misma. De un modo más o menos claro, el novelista se mostratará solidario con
las clases derrotadas, no sólo en la guerra, sino tras ella: los menos favorecidos,
independientemente de su ideología, han salido perdiendo. Sólo variará el marco de esta
situación:
- El ámbito rural: se ofrece la dura vida del campo, donde pervive la animalidad y el
caciquismo, como en Dos días de setiembre (1962), que transcurre en la Jerez vitivinícola de
postguerra.
Por razones evidentes la misma Guerra Civil no fue muy abordada, salvo como
evocación en la inocencia de los niños, quienes padecen los terribles efectos de la
contienda, así aparece, por ejemplo, en múltiples cuentos de Ana Mª Matute.
137
forma; ahora bien: no es admisible, salvo en algunos casos, la acusación de novela pobre o
de mala calidad.
De ahí que lo que les interese sea ver cómo se comporta el personaje desde fuera: el
narrador raramente opina: se limita a plasmar lo que sucede en el marco de la realidad que
ha seleccionado. Es lo que se llama técnica conductista o behaviourismo, es decir, la técnica
por la que el narrador desaparece para retratar, como si de una grabadora o una camara se
tratase, la realidad. No obstante esta objetividad no es del todo cierta, pues el autor no da
cuenta de toda lo real, sino que elige la parte injusta de la que desea dar testimonio.
Por ese afán de objetividad predominan tanto los diálogos en detrimento del partes
narrativas. Los personajes hablan como si hubieran sido grabados: predomina el lenguaje
coloquial con muletillas o intervenciones cortas e insustanciales que reflejan el vivir
monótono de la vida representada. También hay que destacar el interés por registrar cómo
hablan determinados grupos sociales: la mojigatería de la burguesía, las vulgaridades de los
habitantes de los suburbios, ...
A partir de 1960 se irán agotando este tipo de narrativa en favor de una que
apostará por unas renovaciones formales más creativas y experimentales. La nueva etapa la
abrirá, en 1962, Tiempo de silencio, de Luis Martín Santos.
138
Tema 67
1. Realismo y Regionalismo
2. De la liberación del Realismo Regionalista a los escritores del "boom" de los 60.
(Incluimos también obras hasta finales del siglo XX : década de los 90) (LECTURA 4)
:
• Carpentier (Cuba) :
139
1. Narra la realidad de los pueblos latinoamericanos.
2. "El reino de este mundo" (1949). Mundo racional y cerebral de la cultura
francesa.
3. "El acoso" (1958). Rechazo del régimen de Batista.
4. "El siglo de las luces" (1962). Novela histórica sobre el rechazo de la
Revolución francesa al siglo de las luces.
• Asturias (Guatemala) :
1. Crea una novela que narra la realidad social que vivió, suavizada la crueldad por
el lirismo. "Hijo de hombre" (1960). "Yo, el supremo" : investigación sobre un mito del
pasado.
1. "Cien años de soledad" (1967). Personajes solos con su tragedia y sus sueños.
Tentativa mágica de enfrentarse con la muerte. Realismo mágico.
2. "El coronel no tiene quien le escriba" (1962).
3. "La increíble y triste historia de la cándida Eréndira" (1972).
4. "El otoño del patriarca" (1975).
5. "Crónica de una muerte anunciada" (1981).
6. "El amor en los tiempos del cólera" (1985).
7. "El general en su laberinto" (1989).
8. La preocupación de Gabriel García Márquez es la autenticidad del individuo en
una sociedad injusta.
140
• Carlos Fuentes (Panamá - Méjico) :
1. Garmendia (Venezuela).
2. Echenique (Perú).
3. Elizondo (Méjico).
141
4. Del Paso (Méjico).
1. 1987 : Abel Posse (1939, Argentina), por "Los perros del paraíso".
2. 1991 : Arturo Uslar Pietri (Venezuela, 1906-2001), por "La visita en el tiempo".
3. 1993 : Mempo Giardinelli (Argentina, 1947), por "Santo oficio de la memoria".
4. 1997 : Ángeles Mastretta (México, 1949), por "Mal de amores".
5. 1999 : Roberto Bolaño (Chile, 1953), por "Los detectives salvajes".
LECTURA 1 :
Mariano Azuela
(1873-1952)
Narrador mexicano, nacido en Jalisco y muerto en la ciudad de México. Empieza a
escribir durante la dictadura de Porfirio Díaz: María Luisa (1907), su primera novela, la
publicó cuando era estudiante; visionario, advierte en Andrés Pérez, maderista (1911)
los cambios revolucionarios incipientes; se integra como médico a las fuerzas villistas
durante la Revolución Mexicana y escribe Los de abajo (1915), la novela que lo haría
famoso, publicada primero como folletín en Texas: "novela de ese primer momento de
la Revolución Mexicana en que principia la lucha con una cólera ciega" según Castro
Leal, inaugura un estilo nuevo acorde con la lucha armada en la que destacan los
cuadros rápidos, violentos, realistas. Con La malhora (1923), El desquite (1925), La
Luciérnaga (1932) inicia un periodo de experimentación vanguardista. Novelista
fecundo, al final de su vida publica varias novelas realistas: Regina Landa (1941),
Nueva burguesía (1944), La marchanta (1944) y La mujer domada (1946), entre otras.
De la web : http://www.geocities.com/CapeCanaveral/Lab/2948/losdeabajo.html :
No pudo haber un segmento tan sencillo como este que nos proporcionara una
perspectiva de reflexión de lo que considero la temática básica de "Los de Abajo",
novela escrita por Mariano Azuela ; un estudio de la lucha en la revolución mexicana
desde el punto de vista del autor como testigo y primer escritor de la novela
revolucionaria.
"Los de Abajo" fue publicada por entregas en un periódico de El Paso, Texas, Estados
Unidos, en 1916, pero esta no ganó éxito y aceptación mundial hasta su tercera edición
en 1925. El movimiento caudaloso y sangriento contra Victoriano Huerta y la forma
espontánea en que los campesinos engrosaron las filas revolucionarias son situaciones
históricas en que la novela se basa para su desarrollo, iniciando una abundante literatura
narrativa sobre las luchas revolucionarias del México moderno.
Pero antes de adentrarme en el análisis de dicha obra creo necesario narrar primero la
historia de esta, con el fin de ir introduciendo dentro de ella los puntos adecuados de
estudio y que todo tenga una secuencia y orden lógico.
Por ser una novela "Los de Abajo" tiene una historia principal, diégesis, a partir de o en
la cual se desarrollan los hechos. El narrador de dicha historia se puede clasificar de
acuerdo a su participación como extradiegético, es claro que no participa en la novela ;
142
en cuanto a sus conocimientos sobre lo que ocurre estos no es solamente de un tipo, hay
ocasiones en que el sabe lo mismo que los personajes, pero en general podría decirse
que es de tipo deficiente debido a que los personajes nos proporcionan la mayor parte
de la información de la historia, que en sí parece ser desconocida por el narrador. No se
marca claramente quien es el narrador, además de desconocerse el narratario, debido a
que no incluye ninguna referencia que me haga inferir tal cosa y por lo cual ambos son
implícitos ; pero de lo que si puedo estar seguro es que el narrador habla en tercera
persona debido a que me baso en las descripciones realizadas en ciertas partes de la
diégesis, como los siguientes extractos del texto :
"Encendieron lumbre con zacate y leños secos, y sobre los carbones encendidos
tendieron los trozos de carne fresca"
"Demetrio siguió tirando y advirtiendo del grave peligro a los otros pero éstos no
repararon en su voz desesperada sino hasta que sintieron el chicoteo de las balas por
uno de los flancos."
Esto me parece más que suficiente para soportar mi opinión de el tipo de persona que
utiliza para narrar, así que ahora es mi deber comenzar a relatar la historia principal.
A continuación entra en escena Luis Cervantes, un hombre educado de clase media que
desertó al ejército federal, con la intención de unirse a Demetrio por tener "sus mismos
ideales", pero en el momento que lo conoció y dijo dicha cosa se quedo sorprendido
debido a que los supuestos revolucionarios tenían poca idea de el porque de su lucha.
143
intención comunicativa de una forma perfectamente estructurada que me hace pensar
que las metadiégesis sólo están "de relleno".
Ahora que se han introducido todos los personajes de la historia, creo necesario partir
un breve momento del relato de la diégesis para permitir la clasificación y descripción
de lo que cada personaje representa y su persona. He relacionado a los involucrados en
tres categorías , localizadas en la página siguiente para una lectura más fácil, realizadas
de acuerdo a la razón por la cual se encuentran envueltos en la revolución : Los
hombres de Demetrio ahora parten hacia San Juan de los Lagos, Jalisco, volviendo a
encontrarse con Natera. Este les trae noticias que vienen a dificultar su situación, ya
que acababa de establecerse la rivalidad entre Villa y Carranza en la Convención de
Aguascalientes realiza en Octubre-Noviembre de 1914, dejando incierto lo que harán
en ese momento debido a que antes se encontraban involucrados en la lucha contra
federales y se dan cuenta de que deben de tomar una decisión.
La rivalidad entre Francisco Villa y Venustiano Carranza fue uno de los principales
motivos que alargó el movimiento revolucionario más de lo necesario
En este momento la historia se detiene un poco, ya que Luis Cervantes parte hacia
Estado Unidos después de percatarse que lo de Revolución era algo casi interminable
de lo que debía separarse. El nos cuenta en una analepsis, a través de una carta a
Alberto Solis, su situación actual como estudiante y nuevo empresario que hace ver a
los combatientes como el aprovecho la oportunidad de obtener provecho a diferencia de
ellos. Pero con esto no se detienen las asombrosas noticias para ellos, el hombre que
parecían haber apoyado era Villa, y su ejército acababa de perder ante Carranza en la
batalla de Celaya acontecida en abril de 1915, las dificultades seguían acumulándose
para dar forma a la situación final.
144
Ahora tenían todos que regresar al lugar donde comenzó todo, las cercanías de
Juchipila, en una condición aún más pobre y miserable de la que tenían antes, vistos
todos ya en la obligación de continuar la lucha a pesar de no tener un objetivo preciso,
pero la mala suerte esta a punto de terminar de la peor forma posible. El pueblo es
atacado por las fuerzas carrancistas que buscan acabar con los últimos reductos de los
grupos de Villa, y tal vez el adoptar dicha actitud haya sido el peor error que Demetrio
pudo haber cometido porque fue la razón de la muerte de su grupo, del fin de una
historia que en su desgracia nos hace ver la triste realidad de la Revolución Mexicana,
una situación final que es peor que la inicial.
Se podría decir que el mensaje que nos da Mariano Azuela de la época con su novela es
la primera que podemos encontrar en la literatura mexicana, una que sin influencias de
otros autores y que a mi me parece más confiable que cualquier estudio que se pudiera
realizar en el presente de la Revolución. La estructura de la novela y el año en que se
escribió me sugiere que se realizó al mismo tiempo que sucedían los hechos históricos,
incitandome a pensar que Azuela buscó una parte de la Revolución Mexicana en donde
podría colocar a un grupo de luchadores ficticios que se integraran completamente con
los hechos reales, pareciendo en sí ser unos verdaderos revolucionarios, a pesar del
hecho que todo el movimiento de Demetrio es una creación ficticia que en sí representa
la visión de una lucha revolucionaria desorganizada en donde todas las fuerzas en
conflicto chocaban sin un plan doctrinal preciso, una situación donde un mayor
esfuerzo para la conciliación de intereses pudiera haber evitado consecuencias terribles
en lugar de dejar al pueblo mexicano peor que estaba antes ; como sucedió con
Demetrio porque al principio tan siquiera tenía su propia vida como campesino, lo cual
fue totalmente eliminado en la situación final y hace ver que el progreso no fue lo que
Azuela vio al momento de escribirlo, pero que a pesar de ello si se ha visto con el paso
del tiempo.
El autor parece haber encontrado particularmente interesante la forma en que cada tipo
de individuo de la sociedad mexicana entró a formar parte en la revolución, desde el
hombre más humilde y decente hasta el hombre más brutal nunca visto. En sí la novela
es una obra que nos incita a reflexionar, ¿era necesario tanto sufrimiento ?, ¿se pudo
haber evitado ?, ¿fue un verdadero "beneficio" ?
Un hombre que haya vivido dicho movimiento en la época tal vez tenga más idea de lo
que habla Mariano Azuela, no hay nada mejor que la experiencia propia, pero tal vez
está novela haya incitado al hombre de ese tiempo a reflexionar en verdad sobre lo
ocurrido, sobre el porvenir del futuro y sobre la realidad de su tiempo, todos hechos que
trajeron un cambio total a la vida mexicana, y que tal vez hasta sean responsables de
que nuestro país no sea más grande de lo que pudiera haber sido, o peor de lo que es de
145
acuerdo al punto de vista desde que se analiza. En sí, si yo fuera un revolucionario que
se entera de dicha novela, lo más probable es que me daría cuenta de lo que me
parecería un análisis válido de lo que yo hice pero sobre lo que nunca tuve oportunidad
de reflexionar, tal vez tenga un tono pesimista Azuela en su novela pero, ¿no fue
pésima la condición en que dejó al país la revolución?
Aún así, me parece que "Los de Abajo" nos habla de un análisis de la Revolución que
varios escritores no pudieron hacer hasta varios años después cuando las consecuencias
eran notables, pero no Mariano Azuela. El estudia la situación de su tiempo, la
generaliza y por último la plasma en lo que es una gran obra de la literatura mexicana,
transmitiendo sus ideas en una novela magníficamente relatada y sin la cual no
pudiéramos conocer la realidad de dicho tiempo, ya que todo escritor desde entonces se
ha dejado influir por la visión que se tiene de la Revolución como un movimiento
generalmente benéfico y útil para México, un movimiento que ahora veo de forma
totalmente diferente gracias a Azuela, la historia no tiene mejor escritor que el mismo
individuo que la vive.
LECTURA 2 :
Rómulo Gallegos
Doña Bárbara
LA NOVELA DE LA SELVA
La figura del escritor venezolano Rómulo Gallegos (1884-1869) representa uno de esos
extraños modelos en los que la literatura se convierte en el canal de un imaginario
social. Su gran novela, Doña, Bárbara, le hizo ganar rápidamente la fama y encauzó su
proyección política hacia las altas esferas del poder en su país. Su trayectoria política
culminaría en la presidencia de la república en 1947.
No obstante dista una notable diferencia entre novelas como La voragine o Anaconda y
el relato de Rómulo Gallegos, ya que el autor venezolano, a través de una acción
localizada en la inmensidad de la selva, pretendía enseñar los problemas que acuciaban
a la sociedad de su país. Para ello se sirve de la fuerza de una sobresaliente voz
narrativa en tercera persona de carácter omnisciente que fusiona ideología y acción
novelística.
Al igual que el grueso de sus novelas, Doña Bárbara tiene una estructura tripartita en la
que tienen especial relevancia las secuencias descriptivas mediante las cuales se
pretende trazar un discurso ideológico alrededor del conflicto entre la civilización y la
barbarie, establecido ya por Sarmiento en el Facundo (1845). Como eje fundamental de
146
este planteamiento, Gallegos inserta el personaje de Santos Luzardo, personaje que
simboliza el modelo civilizador en contraposición de los restantes personajes que se
posicionan como miembros de la barbarie del continente. Pero, para Gallegos, la
barbarie no está condenada a desaparecer con la llegada del modelo civilizador, puesto
que el autor venezolano la considera, a diferencia de Güiraldes o Sarmiento, un
sinónimo de la vida natural.
LECTURA 3 :
De la web : http://lanic.utexas.edu/project/lasa95/nagy.html :
1. La tradición indigenista
La novela indianista trata a su referente, el indígena como algo exótico, y este hecho
abre una distancia entre el referente y el destinatario de la obra. Esta distancia no es,
sino la mera reflexión de la distancia entre el autor y el sujeto novelado. La posición del
autor de la novela indianista e indigenista es definitivamente exterior al mundo
diegético de la misma. El narrador es extradiegético y heterodiegética, es decir, que no
se identifica con ninguno de los personajes. El lenguaje empleado en la novela
indianista e indigenista también es indicativo de esta distancia entre el autor y el sujeto,
pues el autor tiende a usar el registro culto e imponerse mediante largos pasajes
descriptivos desde esta perspectiva exterior. ¿Cuál es la diferencia, entonces, entre la
novela indianista e indigenista? En la novela indianista, la figura del indio aparece
romantizada y exótica. Pensemos en Aves sin nido de Clorinda Matto de Turner, como
ejemplo par excellence de la novela indianista, por sus toques costumbristas y por su
concepto romántico del Volksgeist.
147
Huasipungo de Jorge Icaza, en El mundo es ancho y ajeno de Ciro Alegría y en
Yanakuna y Yawarninchij de Jesús Lara. En cuanto al arsenal técnico, el narrador sigue
siendo extra y heterodiegético, la narración, por la mayor parte, se realiza en registro
culto, que se alterna con pasajes de diálogo entre los personajes. El idioma que usan los
personajes indígenas es un español substandard, y no se sabe, si los indígenas
representados no se expresan mejor por la falta de dominio del castellano, o a causa de
la carencia de su capacidad mental.
Las obras de José María Arguedas representan, en efecto, una transición entre el
indigenismo y el neo-indigenismo. En ellas cambia la posición del narrador: es un
narrador intra- y homodiegético: participante de los eventos y del mundo indígena, pese
a su condición de "forastero". Un fuerte sentimiento de empatía caracteriza la actitud
del narrador con respecto a los personajes. Aunque el flujo de conciencia del narrador
se realice en registro culto, el narrador/personaje es bilingüe, y se dirige a los indígenas
en su propio idioma, el quechua. Arguedas hace una brillante maniobra lingüística y
trasplanta al castellano la sintaxis quechua, porque él mismo domina el quechua como
idioma materno. Esto no necesariamente es el caso de varios autores indigenistas, cuyo
conocimiento del quechua era más superficial y se limitaba al discurso entre el amo y el
súbdito. Esta idea fue la base de un escrito de Vargas Llosa, titulado "José María
Arguedas descubre al indio auténtico," sobre el tipo de idioma que hablan los
personajes de Ciro Alegría, sugiriendo que Alegría debía buscar las posibilidades de
"traducción" de un mundo vivido y pensado en quechua, como lo hiciera Arguedas.
Alegría respondió en "El idioma de Rosendo Maqui", que el indígena del Norte
peruano, el referente de sus novelas, hace mucho tiempo ya que no habla quechua.
(396-97) Entonces, ¿a qué se debe que los personajes de las novelas de Alegría, en
ciertas ocasiones, se expresan en un castellano tan limitado? "Biera jallao misitio po un
lao, pero nuestao con suerte... Dispes de toito, tecaño tagüeno pandar juido... " (La
serpiente 193) Es cierto, que los indígenas viven en una cultura básicamente oral y su
pronunciación puede diferir de las normas del habla de registro culto, pero en este
discurso citado se exagera esta diferencia. El narrador extradiegético y el autor gozan
de una posición de poder y "hacen hablar" el indígena de cierta manera. De modo que
el discurso del indígena es el del subalterno, incluso en términos discursivos. La
diferencia se enfatiza por el abismo entre la escritura y la oralidad. Martín Lienhard
llama este intento "escritura oralizante",
2. El neo-indigenismo
148
presentadas sobre el mismo evento; y el lenguaje ameno fue reemplazado por un
discurso oral que, sin embargo, no es reducido en su expresividad, como a veces ocurre
en la narrativa indigenista.
149
su tío, Atahualpa Sobrino, "pueta profesional 'e los pueblos" (207) se encuentra
encarcelado por haber una serie de transgresiones debidos a malentendidos surgidos por
causa de los relatos exagerados del Tío Atahualpa. En la cárcel comparte su celda con
el Licenciado Zaguala "Licenciado en Leyes, abogado" (206) quien se presenta como
investigador y revolucionario sofisticado e inicia un diálogo con "Atahualpa Sobrino",
quien imposibilita el discurso autoritario del Licenciado Zaguala, por responderle en
adivinanzas. Las adivinanzas forman parte de la expresión cultural tradicional indígena
andina, como lo demostrara Billie Jean Isbell. (19-50) Mediante el duelo verbal cambia
el balance del poder.
The episode demonstrates the efficacy of these specialized weapons from the verbal
arsenal of the folk as they deconstruct ideologies, unmask and undermine an enemy
who poses as a benefactor. (Nance 61)
- ¿Qué es la Constitución?
- ¿Qué es la gramática?
Las respuestas del Sobrino Atahualpa son concisas y acertadas, aunque no muy amenas.
El sale ganando de esta inquisición, porque las rimas en sus respuestas demuestran que
él es quien dice ser: "pueta 'e los legítimo'", pero el Lic. Zaguala no puede demostrar en
la práctica lo que predica. Por consiguiente, queda anulada la superioridad intelectual
del Lic. Zaguala.
El único miembro del primer grupo es "Mi tío Atahualpa el paje, alias Gregory" quien
trabaja en una tal Embajada, cuyo origen nunca se nombra, pero por los nombres
asignados al "niño Piter" y a la "Señorita Terrèze", hasta al perro "Voltèrr", queda claro
el intento paródico de burlarse de la preferencia de lo occidental en las "naciones que
llaman Tercer Mundo" (VIII). En el segundo grupo aparecen los que ejercen el poder.
Aparece el nombre carnavalesco que les ha dado Atahualpa Sobrino, el narrador, y su
alias en los relatos del tío Atahualpa. Por ejemplo, "Abderramán, alias Mi General". El
tercer grupo está formado por el pueblo, por los que carecen de poder. El primero que
aparece en este grupo es "Nuestro Señor Jesús del Gran Poder" cosa que pone en duda
la cuestión de quién posee el poder y quién carece de ello. Finalmente, en el último
grupo aparece el narrador mismo, el "conversador", Atahualpa Sobrino, sólo. De modo
que se observa un marco en esta división de personajes, formado por el Tío al principio,
y por el Sobrino al final, que son los dos protagonistas constituyendo los dos ejes de la
novela, cuya estructura se divide en tres partes:
151
la nuera del Embajador, cuando ésta se drogaba. El Sobrino intenta conquistarla
tomando al pie de la letra lo dicho por su tío.
- Soy su enamorado.
El incidente termina con que "ahí sí me hice d'ella." Después de violar a la Srta Terrèze,
nuera del Embajador, Atahualpa Sobrino queda desconcertado:
Yo jamás pude entender a lo' blanco'. Yo me había dado el gusto, pero ella no, pue. Y
mi tío m'había dicho to'o lo contrario. [[exclamdown]]Imagínese! (162)
Según Wayne Booth, la parodia hace eco a fuentes externos, (168) en otras palabras es
la imitación de un texto, o de un tipo de texto con una diferencia textual y contextual
del original. Este original, en el caso de Mi tío Atahualpa, podría ser la novela de
caballería. En el texto se mantienen suficientes características de la novela de caballería
para reconocerla como modelo. Sirven de ejemplo el resumen al principio de cada
capítulo, y el espíritu caballeresco de Atahualpa Sobrino quien cree cumplir hazañas.
En cambio, en el texto se destruye el pathos épico mediante la exageración, las
reacciones inapropiadas y la sátira. Además de estos elementos, lo que produce el
efecto cómico es "la falsa comparación" (Booth 169): en vez de héroe, tenemos a un
protagonista cometiendo un "error" tras otro, y en vez de "hazañas" "Atahualpa
Sobrino" realiza aventuras desastrozas, su intervención no salva, sino destruye. La
característica fundamental de la novela de caballería (y de la novela en general), el
recorrido que va desde "el estado de inocencia al estado de experiencia" (Shroder 14) se
elimina por la incongruencia entre el mundo y las acciones del protagonista.
152
incongruencia. Solamente al final se la aclara el narrador. Al escaparse de la prisión
Atahualpa Sobrino y sus compañeros se ven obligados a esconderse en la Costa y
permanecen allí hasta el momento en que se termina la novela.
Fue en esa forma que cogí ésta mi manerita 'e hablar. Ahí hablando con esos
montubios. Porque he conversado en estas foja' 'e papel más a la manera d'esos monos
'e la Costa ¿no? Me gusta su modo 'e hablar. (260)
Carvalho-Neto va más allá de una mera crítica de la sociedad ecuatoriana por oprimir el
indígena, pues el autor rechaza esta posición paternalista. Más bien, mediante el
discurso del mismo narrador indígena llega a transferir el poder del Embajador y su
familia, que representan el discurso "oficial", al "indio legítimo". De este modo se
manifiesta en Mi tío Atahualpa una de las innovaciones de la novela neo-indigenista: El
narrador deja de ser el narrador extradiegético de la novela indianista e indigenista
quien habla en registro culto, sino que es el indígena quien, finalmente, está en posición
de adquirir el poder del cual se ha visto privado, por medio de la palabra.
LECTURA 4 :
BORGES :
El 24 de agosto de 1899, a los ocho meses de gestación, nace en Buenos Aires Jorge
Luis Borges en casa de Isidoro Acevedo, su abuelo paterno. Es bilingüe desde su
infancia y aprenderá a leer en inglés antes que en castellano por influencia de su abuela
materna de origen inglés.
Georgie, como es llamado en casa, tenía apenas seis años cuando dijo a su padre que
quería ser escritor. A los siete años escribe en inglés un resumen de la mitología griega;
a los ocho, La visera fatal, inspirado en un episodio del Quijote; a los nueve traduce del
inglés "El príncipe feliz" de Oscar Wilde.
En 1914, y debido a su ceguera casi total, el padre se jubila y decide pasar una
temporada con la familia en Europa. Debido a la guerra, se instalan en Ginebra donde
153
Gerorgie escribirá algunos poemas en francés mientras estudia el bachillerato (1914-
1918). Su primera publicación registrada es una reseña de tres libros españoles escrita
en francés para ser publicada en un periódico ginebrino. Pronto empezará a publicar
poemas y manifiestos en la prensa literaria de España, donde reside desde 1919 hasta
1921, año en que los Borges regresan a Buenos Aires. El joven poeta redescubre su
ciudad natal, sobre todo los suburbios del Sur, poblados de compadritos. Empieza a
escribir poemas sobre este descubrimiento(1), publicando su primer libro de poemas,
Fervor de Buenos Aires (1923). Instalado definitivamente en su ciudad natal a partir de
1924, publicará algunas revistas literarias y con dos libros más, Luna de enfrente e
Inquisiciones, establecerá ya en 1925 su reputación de jefe de la más joven vanguardia.
En los treinta años siguientes, Georgie se transforma en Borges; es decir: en uno de
los más brillantes y más polémicos escritores de nuestra América. Cansado del
ultraísmo (escuela experimental de poesía que se desarrolló a partir del cubismo y
futurismo) que él mismo había traído de España, intenta fundar un nuevo tipo de
regionalismo, enraizado en una perspectiva metafísica de la realidad. Escribe cuentos y
poemas sobre el suburbio porteño, sobre el tango, sobre fatales peleas de cuchillo
("Hombre de la esquina rosada" (2),"El Puñal"(3)). Pronto se cansará también de este
ismo y empezará a especular por escrito sobre la narrativa fantástica o mágica, hasta
punto de producir durante dos décadas, 1930-1950, algunas de las más extraordinarias
ficciones de este siglo (4) (Historia universal de la infamia,1935; Ficciones, 1935-
1944; El Aleph, 1949; entre otros).
En 1961 comparte con Samuel Beckett el Premio Formentor otorgado por el Congreso
Internacional de Editores, y que será el comienzo de su reputación en todo el mundo
occidental. Recibirá luego el título de Commendatore por el gobierno italiano, el de
Comandante de la Orden de las Letras y Artes por el gobierno francés, la Insignia de
Caballero de la Orden del Imperio Británico y el Premio Cervantes, entre otros
numerosísimos premios y títulos.
Una encuesta mundial publicada en 1970 por el Corriere della Sera revela que Borges
obtiene allí más votos como candidato al Premio Nobel que Solzhenitsyn, a quien la
Academia Sueca distinguirá ese año.
El 27 de Marzo de 1983 publica en el diario La Nación de Buenos Aires el relato
"Agosto 25, 1983", en que profetiza su suicidio para esa fecha exacta. Preguntado
tiempo más tarde sobre por qué no se había suicidado en la fecha anunciada, contesta
lisamente: "Por cobardía". Ese mismo año la Academia sueca otorga el Premio Nobel a
William Golding; uno de los académicos denuncia la mediocridad de la elección. Todos
siguen preguntándose por qué Borges es sistemáticamente soslayado. El premio a
Golding parece dar la razón a los que dudan de que los académicos suecos sepan
realmente leer.
Jorge Luis Borges murió en Ginebra el 14 de junio de 1986.
CARPENTIER : (1904-1980) :
154
de Jeanson de Sailly, y se inició en los estudios musicales con su madre, desarrollando
una intensa vocación musical. Ya de regreso a Cuba comenzó a estudiar arquitectura,
pero no acabó la carrera. Empezó a trabajar como periodista y a participar en
movimientos políticos izquierdistas. Fue encarcelado y a su salida se exilió en Francia.
Volvió a Cuba donde trabajó en la radio y llevó a cabo importantes investigaciones
sobre la música popular cubana. Viajó por México y Haití donde se interesó por las
revueltas de los esclavos del siglo XVIII. Marchó a vivir a Caracas en 1945 y no volvió
a Cuba hasta 1956, año en el que se produjo el triunfo de la Revolución castrista.
Desempeñó diversos cargos diplomáticos para el gobierno revolucionario, murió en
1980 en París, donde era embajador de Cuba.
Obra Carpentier recibió la influencia directa del surrealismo, y escribió para la revista
Révolution surréaliste, por encargo expreso del poeta y crítico literario francés André
Breton. Sin embargo, mantuvo una posición crítica respecto a la poco reflexiva
aplicación de las teorías del surrealismo e intentó incorporar a toda su obra la
maravilla, una forma de ver la realidad que, mantenía, era propia y exclusiva de
América. Entre sus novelas cabe citar El reino de este mundo (1949), escrita tras un
viaje a Haití, centrada en la revolución haitiana y el tirano del siglo XIX Henri
Christophe, y Los pasos perdidos (1953), el diario ficticio de un músico cubano en el
Amazonas, que trata de definir la relación real entre España y América siguiendo la
conquista española. Se considera que es su obra maestra, un intento de llevar a cabo su
idea de construir una novela que llegue más allá de la narración, que no sólo exprese su
época sino que la interprete. Guerra del tiempo (1958) se centra en la violencia y en la
naturaleza represiva del gobierno cubano durante la década de 1950. En 1962 publicó
El siglo de las luces, en la que narra la vida de tres personajes arrastrados por el
vendaval de la Revolución Francesa. Más que una novela histórica, o una novela de
ideas es, en la interpretación de algunos críticos, una cabal novela filosófica. Concierto
Barroco (1974) es una novela en la que expone sus visiones acerca de la mezcla de
culturas en Hispanoamérica. Finalmente El recurso del método (1974) y La
consagración de la primavera (1978), obras complementarias y difíciles; la primera
suele "considerarse como la historia de la destrucción de un mundo", la caída del mito
del hombre de orden, mientras que la segunda representa la larga crónica del triunfo en
Cuba de un nuevo mito, que Carpentier trata de explicar desde su imposible papel de
espectador: el autor trata de explicar el inconciliable desajuste entre el tiempo del
hombre y el tiempo de la historia.
Valoración crítica
A pesar de su corta producción narrativa, Carpentier está considerado como uno de los
grandes escritores del siglo XX. Él fue el primer escritor latinoamericano que afirmó
que Hispanoamérica era el barroco americano abriendo una vía literaria imaginativa y
fantástica pero basado en la realidad americana, su historia y mitos. Su lenguaje rico,
colorista y majestuoso está influido por los escritores españoles del Siglo de Oro y crea
unos ambientes universales donde no le interesan los personajes concretos, ni
profundizar en la psicología individual de sus personajes, sino que crea arquetipos —el
villano, la víctima, el liberador— de una época.
ASTURIAS :
155
Asturias, Miguel Ángel (1899-1974), autor, diplomático y premio Nobel
guatemalteco, nacido en Ciudad de Guatemala.
Obra En su obra, al igual que en la del escritor cubano Alejo Carpentier, el mito se
hace presente, pero a diferencia del cubano, organiza sus novelas en torno a los mitos
precolombinos. Su primera obra Leyendas de Guatemala (1930) es una colección de
cuentos y leyendas mayas. La novela que le ha dado fama internacional es El señor
Presidente (1946) en la que traza el retrato de un dictador de una manera caricaturesca
y esperpéntica pero siguiendo una estructura regida por la lucha entre las fuerzas de la
luz (el Bien, el pueblo) y las fuerzas de las tinieblas (el Mal, el dictador) según los
mitos latinoamericanos. Es también un libro de protesta militante: la descripción de un
régimen dictatorial en términos de terror, maldad y muerte. En las cuatro cadenas de
episodios que integran la trama predominan el miedo y la crueldad. Este tema mítico
vuelve a aparecer en Hombres de maíz (1949) aunque ahora la luz está representada por
los indígenas y las tinieblas por los hombres de maíz, los colonizadores que llegan a
explotar las tierras de los campesinos en beneficio propio. En esta obra, Asturias logra
hermanar armoniosamente lo mítico-maravilloso con la dura realidad de la vida
indígena.
Después escribió novelas y relatos entre las que destaca la trilogía formada por Viento
fuerte (1950), El Papa verde (1954) y Los ojos de los enterrados (1960). Otras novelas
son Mulata de tal (1963), Malandrón (1969) y Viernes de Dolores (1972). Su
producción teatral es poco conocida y trata más o menos los mismos temas, como
Chantaje o Dique seco ambas de 1964. Su novela Viento fuerte fue citada en el discurso
de entrega del Premio Nobel, que le fue concedido por "sus coloridos escritos
profundamente arraigados en la individualidad nacional y en las tradiciones indígenas
de América".
LEZAMA LIMA :
156
Conocedor profundo de Góngora, Platón, los poetas órficos y los filósofos gnósticos,
Lezama compendió su vida en el amor a los libros. Su obra culterana está saturada de
claves, enigmas, alusiones, parábolas y alegorías que aluden a una realidad secreta,
íntima y, al mismo tiempo, ambigua. Desarrolló una erótica de la escritura,
anticipándose, de esta manera, a las corrientes europeas de la estilística estructuralista.
Sus ensayos son imaginativos, poéticos, abiertos y constituyen una recreación de textos
y visiones. Promotor de revistas y cenáculos, supo congregar en torno suyo a poetas de
la talla de Gastón Baquero, Cintio Vitier, Eliseo Diego, Virgilio Piñera y Octavio
Smith, entre otros. Su amistad con el poeta y sacerdote español Angel Gaztelú (1914),
contribuyó a la formación de su mundo espiritual.
Su primer libro de poemas fue Muerte de Narciso (1937), y con él emplaza al lector
frente a una situación límite de la realidad de cuyo desmantelamiento surge otra
realidad artísticamente potenciada y reconstruida dentro de una fascinante y barroca
mitología. Siguen, entre otras obras poéticas, todas influidas por el estilo rico en
metáforas y lleno de distorsiones de Góngora, Enemigo rumor (1941), Aventuras
sigilosas (1945), Dador (1960) y Fragmentos a su imán, publicado póstumamente en
1977, en las que sigue demostrando que la poesía es una aventura arriesgada.
ROA BASTOS :
Augusto Roa Bastos (1917- ), escritor paraguayo, uno de los grandes narradores
latinoamericanos contemporáneos. Fue testigo de la revolución de 1928, trabajó como
voluntario en el servicio de enfermería durante la etapa final de la guerra del Chaco
(1932-1935) contra Bolivia, y, sin afiliarse a partido alguno, fue poniéndose al lado de
las clases oprimidas de su país. En 1947 tuvo que abandonar Asunción, amenazado por
la represión que el gobierno desataba contra los derrotados en un intento de golpe de
Estado, y se estableció en Buenos Aires, donde sobrevivió con trabajos muy diversos y
dio a conocer buena parte de su obra. Otra dictadura lo obligó en 1976 a abandonar
Argentina para trasladarse a Francia y enseñar literatura y guaraní en la Universidad de
Toulouse le Mirail. En 1982, tras un breve viaje a su país, fue privado de la ciudadanía
paraguaya, y se le concedió la española en 1983. En 1989 obtuvo el Premio Cervantes.
157
de Asunción que le facilitaría los primeros viajes a Europa. En 1937 tenía escrita la
novela Fulgencio Miranda, nunca publicada, y en 1942 apareció El ruiseñor de la
aurora y otros poemas. En 1944 Roa Bastos formó parte del grupo Vy'a Raity (El nido
de la alegría), decisivo para la renovación de la poesía y la plástica en Paraguay. Con
esos antecedentes llegó a Buenos Aires, donde dio a conocer un nuevo poemario en
1960, El naranjal ardiente (Nocturno paraguayo), pero sobre todo consolidó su
condición de narrador con los relatos El trueno entre las hojas (1953) y El baldío
(1966), que se acercaron a los problemas sociales y políticos de su país, y con sus
novelas Hijo de hombre (1960) y Yo el Supremo (1974), que le permitieron el análisis
de episodios decisivos de la historia paraguaya, desde la dictadura inicial de José
Gaspar Rodríguez de Francia (1814-1840), de quien se ocupó en la segunda, hasta la
guerra del Chaco y los tiempos más recientes. Diversas colecciones de relatos
conocidos y nuevos completan la producción de Roa Bastos: Los pies sobre el agua
(1967), Madera quemada (1967), Moriencia (1969), Cuerpo presente y otros cuentos
(1971), Antología personal (1980), Contar un cuento y otros relatos (1984). También
ha dado a conocer una nueva pieza teatral, Yo el Supremo (1985), que aprovecha un
episodio de la novela del mismo título. En 1992, con ocasión del Quinto Centenario del
Descubrimiento de América, dio a conocer Vigilia del Almirante, novela sobre
Cristóbal Colón, iniciando un nuevo periodo de gran creatividad que ya ha dado las
novelas El fiscal (1993), Contravida (1994) y Madama Sui (1996). Con ellas Roa
Bastos ha insistido en la recreación de momentos y personajes de la historia de su país,
enriquecidos a veces con ingredientes autobiográficos y —como ya había hecho en
obras anteriores— referencias complejas a la condición del propio discurso narrativo.
Desde los artículos reunidos en La Inglaterra que yo vi (1946), fruto de su primer viaje
a Europa, son numerosos los ensayos que ha publicado. También ha escrito varios
guiones cinematográficos.
JUAN RULFO :
En 1945 publica los cuentos "Nos han dado la Tierra" y "Macario" en la revista Pan,
de Guadalajara, dirigida por Antonio Alatorre y Juan Rulfo. En 1946 se establece en
México y se publica su cuento "Macario" en la revista América y en la misma, en
febrero de 1948 "La cuesta de las Comadres," en enero, 1950 "Talpa" en diciembre,
1950 "El Llano en LLamas" y en agosto, 1951 ¡Díles que no me Maten! .En 1954 El
Llano en Llamas se publica en la colección "Letras Mexicanas" de Fondo de Cultura
Económica.En 1955 aparece Pedro Páramo e la colección "Letras Mexicanas," con una
tirada de 2,000 ejemplares y se efectúa la primera reimpresión de El Llano en Llamas.
158
traducido al francés y en inglés. En este mismo añ se filma la película Pedro Páramo.
En 1969 Pedro Páramo es traducido al portugués. En 1975 Aparecen en Alemania tres
ediciones más de Pedro Páramo. En 1976 Aparece en Alemania El Llano el Llamas.
En 1983 recibe en España el Premio Príncipe de Asturias. En 1986 muere en México el
8 de enero.
ONETTI :
GARCÍA MÁRQUEZ :
Gabriel José García Márquez nació en Aracataca (Colombia) en 1928. Cursó estudios
secundarios en San José a partir de 1940 y finalizó su bachillerato en el Colegio Liceo
de Zipaquirá, el 12 de diciembre de 1946. Se matriculó en la Facultad de Derecho de la
Universidad Nacional de Cartagena el 25 de febrero de 1947, aunque sin mostrar
excesivo interés por los estudios. Su amistad con el médico y escritor Manuel Zapata
Olivella le permitió acceder al periodismo. Inmediatamente después del "Bogotazo" (el
asesinato del dirigente liberal Jorge Eliécer Gaitán en Bogotá, las posteriores
manifestaciones y la brutal represión de las mismas), comenzaron sus colaboraciones
en el periódico liberal El Universal, que había sido fundado el mes de marzo de ese
mismo año por Domingo López Escauriaza.
159
Centro experimental de cinematografía. Durante su estancia en Sucre (donde había
acudido por motivos de salud), entró en contacto con el grupo de intelectuales de
Barranquilla, entre los que se contaba Ramón Vinyes, ex propietario de una librería que
habría de tener una notable influencia en la vida intelectual de los años 1910-20, y a
quien se le conocía con el apodo de "el Catalán" -el mismo que aparecerá en las últimas
páginas de la obra más célebre del escritor, Cien años de soledad (1967). Desde 1953
colabora en el periódico de Barranquilla El nacional: sus columnas revelan una
constante preocupación expresiva y una acendrada vocación de estilo que refleja, como
él mismo confesará, la influencia de las greguerías de Ramón Gómez de la Serna. Su
carrera de escritor comenzará con una novela breve, que evidencia la fuerte influencia
del escritor norteamericano William Faulkner: La hojarasca (1955). La acción
transcurre entre 1903 y 1928 (fecha del nacimiento del autor) en Macondo, mítico y
legendario pueblo creado por García Márquez. Tres personajes, representantes de tres
generaciones distintas, desatan -cada uno por su cuenta- un monólogo interior centrado
en la muerte de un médico que acaba de suicidarse. En el relato aparece la premonitoria
figura de un viejo coronel, y "la hojarasca" es el símbolo de la compañía bananera,
elementos ambos que serían retomados por el autor en obras sucesivas.
En 1961 publicó El coronel no tiene quien le escriba, relato en que aparecen ya los
temas recurrentes de la lluvia incesante, el coronel abandonado a una soledad
devastadora, a penas si compartida por su mujer, un gallo, el recuerdo de un hijo
muerto, la añoranza de batallas pasadas y... la miseria. El estilo lacónico, áspero y
breve, produce unos resultados sumamente eficaces. En 1962 reúne algunos de sus
cuentos -ocho en total- bajo el título de Los funerales de Mamá Grande, y publica su
novela La mala hora.
Pero toda la obra anterior a Cien años de soledad es sólo un acercamiento al proyecto
global y mucho más ambicioso que constituirá justamente esa gran novela. En efecto,
muchos de los elementos de sus relatos cobran un interés inusitado al ser integrados en
Cien años de soledad. En ella, Márquez edifica y da vida al pueblo mítico de Macondo
(y la legendaria estirpe de los Buendía): un territorio imaginario donde lo inverosímil y
mágico no es menos real que lo cotidiano y lógico; este es el postulado básico de lo que
después sería conocido como realismo mágico. Se ha dicho muchas veces que, en el
fondo, se trata de una gran saga americana. Macondo podría representar cualquier
pueblo, o mejor, toda Hispanoamérica: a través de la narración, asistimos a su
fundación, a su desarrollo, a la explotación bananera norteamericana, a las
revoluciones, a las contrarrevoluciones... En suma, una síntesis novelada de la historia
de las tierras latinoamericanas. En un plano aún más amplio puede verse como una
parábola de cualquier civilización, de su nacimiento a su ocaso.
Tras este libro, el autor publicó la que, en sus propias palabras, constituiría su novela
preferida: El otoño del patriarca (1975), una historia turbia y cargada de tintes
visionarios acerca del absurdo periplo de un dictador solitario y grotesco. Albo más
tarde, publicaría los cuentos La increíble historia de la cándida Eréndira y de su
abuela desalmada (1977), y Crónica de una muerte anunciada (1981), novela breve
basada en un suceso real de amor y venganza que adquiere dimensiones de leyenda,
gracias a un desarrollo narrativo de una precisión y una intensidad insuperables. Su
siguiente gran obra, El amor en los tiempos del cólera, se publicó en 1987: se trata de
una historia de amor que atraviesa los tiempos y las edades, retomando el estilo mítico
y maravilloso. Una originalísima y gran novela de amor, que revela un profundo
160
conocimiento del corazón humano. Pero es mucho más que eso, debido a la multitud de
episodios que se entretejen con la historia central, y en los que brilla hasta lo increíble
la imaginación del autor.
CARLOS FUENTES :
Desde 1965 su vida volvió a ser itinerante, viviendo durante algunas temporadas en
París y enseñando en Princeton, harvard, Columbia y Cambridge. Continuó
publicando diversos ensayos entre los que se destaca La nueva novela
hispanoamericana (1969), donde propone la ruptura de los códigos costumbristas al
mismo tiempo que la prolongación de otras tradiciones. Algunas de sus novelas más
161
importantes son: Zona sagrada y Cambio de piel (1967), Cumpleaños (1969), Terra
Nostra (1975), Cristóbal Nonato (1987) y Diana o la cazadora solitaria (1972).
Fue distinguido, entre otros, con el premio Rómulo Gallegos (por Terra Nostra, en
1977), premio Nacional de Literatura de México (1984), Premio Cervantes (1987) y
Príncipe de Asturias (1994).
162
de corte detectivesco ¿Quién mató a Palomino Molero? (1986) o erótico Elogio de la
madrastra (1988). El hablador (1987) señala un retorno al mundo de la selva, uno de
sus ambientes favoritos, para contar una historia sobre identidades culturales y
diferencias antropológicas. Una importante porción de su obra ensayística puede leerse
en Contra viento y marea (1983-1990). Sus memorias tituladas El pez en el agua
(1993) ofrecen un apasionante y minucioso recuento de su experiencia como frustrado
candidato presidencial en las elecciones peruanas de 1990. Ha escrito además libros de
crítica literaria, obras teatrales e incontables páginas periodísticas en diversos lugares
del mundo.
CORTÁZAR :
SÁBATO :
Ernesto Sábato nació en Rojas, provincia de Buenos Aires, en 1911. Hizo su doctorado
en física y cursos de filosofía en la Universidad de La Plata. Trabajó luego en el
Laboratorio Curie, en París, y abandonó definitivamente la ciencia en 1945 para
dedicarse exclusivamente a la literatura.
Ha escrito varios libros de ensayos sobre el hombre en la crisis de nuestro tiempo y
sobre el sentido de la actividad literaria -El escritor y sus fantasmas (1963), Apologías y
rechazos (1979)-, y tres novelas: El túnel (1948), Sobre héroes y tumbas (1961), y
Abbadón el exterminador (1974).
Dice Sábato: "Puede parecer un acto de horrible esnobismo que tres crisis
fundamentales de mi vida se sucedieran en París, pero efectivamente así fue. La
primera se produjo en el invierno de 1935, cuando yo era un muchacho de 24 años.
Desee 1930 milité en la Juventud Comunista, cuando la dictadura del general Uriburu.
Abandoné estudios, familia y mis comodidades burguesas. Viví con nombre supuesto
163
en La Plata, en cuyos suburbios estaban los dos frigoríficos más grandes del país, donde
se explotaba despiadadamente a toda clase de inmigrantes, que vivían amontonados en
tugurios de zinc, rodeados de pantanos de aguas podridas. Repartíamos manifiestos,
participábamos de la organización de huelgas. Hacia 1933 fue ya secretario de la
Juventud Comunista, cuando habían empezado mis dudas sobre el estalinismo, y
entonces resolvieron mandarme a las Escuelas Leninistas de Moscú, a purificarme. Si
hubiese ido, no habría vuelto jamás vivo. Tenía que pasar previamente por Bruselas,
por un congreso contra el fascismo y allí supe con horrendos detalles de los "procesos"
de Moscú. Me escapé a París, viví un invierno muy duro en la piecita de un compañero
disidente, mientras el partido me buscaba. Logré volver a la Plata, donde proseguí mi
carrera en física-metemática. Cuando terminé mi dieron una bourse para trabajar en el
laboratorio Curie, donde trabajé durante casi un año y, allí en París, asistí a la ruptura
del átomo de uranio, que se disputaban tres laboratorios: ganó la "carrera" un alemán.
Pensé que era el comienzo del Apocalipsis. Viví en una confusión horrible, mientras
escribía mi primera novela y cometí la infamia de dejar que Matilde se volviera a la
Argentina con nuestro primer hijo, de pocos meses, mientras yo tenía una amante rusa.
La tercera crisis fue consecuencia de todo esto, y de mi vínculo con los surrealistas:
Domínguez, Matta, Wifredo Lam y otros. En otro día de invierno fuimos con
Domínguez, a la tarde, al Marché aux Puces y volvimos después en el Metro hasta
Montparnasse, donde tenía su estudio Domínguez. En la calle, ya era de noche, en un
especie de nevisca, Domínguez se detuvo y me dijo:"¿Qué te parece si esta noche nos
suicidamos juntos ?" No era una broma, era muy propenso, como lo probó años
después. Yo me negué, aunque también me atraía el suicidio: me salvó mi instinto, y
aquí estoy, junto a la Matilde de todos los tiempos, una de esas "mujeres fuertes de la
Biblia", que está muriendo, en medio del dolor más profundo de mi vida, en el final de
una existencia muy compleja." (Ernesto Sábato, 24 de enero de 1995).
MARIO BENEDETTI :
En 1949 publicó Esta mañana, su primer libro de cuentos y, un año más tarde, los
poemas de Sólo mientras tanto.
164
En 1973 debió abandonar su país por razones políticas. Etapas de sus doce años de
exilio fueron la Argentina, Perú, Cuba y España.
Su vasta producción literaria abarca todos los géneros, incluyendo famosas letras de
canciones, y suma más de sesenta obras, entre las que se destacan la novela Gracias por
el Fuego (1965), el ensayo El escritor latinoamericano y la revolución posible (1974)
los cuentos de Con y sin nostalgias (1977) y los poemas de Viento del exilio (1981).
LECTURA 5 :
Esta es una novela que al hacerse se piensa a sí misma como relato. Y, en ese
sentido, es un libro fascinante, porque ese pensar es un hacer apasionado. Es un libro,
en primer lugar, que renuncia a la argumentación evidente y que, más radicalmente,
renuncia a la historia de la novela, para seguir la ruta más pura y difícil, la de la
novelización de la misma escritura. Esto es, excede la idea de una articulación
novelesca obvia; incluso ironiza sobre los protocolos de la novela a la cual está
165
renunciando, declarándose, en el último texto del libro, incapaz de asumirla. En
segundo lugar, la misma alternancia y sucesión de relatos, que parecen salir unos de
otros, como en un juego de reflexiones, da al libro su calidad novelesca, que tiene que
ver con la ficcionalización de sus materiales, de entrañable y minuciosa precisión. Este
proceso constituye una poética narrativa que se ilustra a sí misma en una suerte de
peregrinaje brioso de la palabra, a lo largo de su ruta elocuente...
166
"...es una novela decidida a repetir la secuencia del humilde milagro de la vida, la
existencia en el desierto de una comunidad fronteriza que espera, entre otras cosas, a
ese hijo pródigo que da sentido a los proverbios". Los otros libros del autor son:
Relatos de mar, desierto y muerte (1980), Maurilia Maldonado y otras simplezas
(1988) y Narcedalia Piedrotas (1993).
Obras publicadas :
ENSAYO:
El coloquio de invierno, con Carlos Fuentes y Gabriel García Márquez, 3 tomos,
México, Fondo de Cultura Económica (FCE)/UNAM/Consejo Nacional para la Cultura
y las Artes (CNCA), 1992.
NOVELA:
José Trigo, México, Siglo XXI, 1966.
Palinuro de México, México, Joaquín Mortiz, 1980.
Noticias del imperio, México, Diana, 1987; Madrid, Mondadori, 1987; adaptación para
comedia musical por Susana Alexander y Roberto D'Amico, con el título: Requiem
para un imperio, estrenada en 1988.
LA NOVELA HISPANOAMERICANA
167
elementos propios del país al que pertenecía los autores.. Las novelas retrataban los
grandes paisajes, los valores de sus habitantes, acontecimientos políticos…
El éxito de público y crítica llegó con Cien años de soledad”, de Gabriel García
Márquez, en 1967. Con ella, la novelística hispanoamericana se universalizó y
popularizó. El llamado boom de la literatura hispanoamericana fue un brillante estallido
de obras en prosa de innegable calidad que suministraron alguno de los elementos
básicos para la identidad cultural de Hispanoamérica.
Sí hay en cambio una renovación temática, que adapta la novela a las realidades
más acuciantes y más originales de la realidad americana del momento. Así aparecen
tres subgéneros básicos:
168
-La novela social muestra la estructura social basada en una
oligarquíaterrateniente que a su vez se apoya en las fuerzas extranjeras para proceder
auna explotación intensiva de la tierra y de los grupos sociales inferiores, enmuchos
casos indios, que son alternativamente explotados o despojados yexpulsados de su
tierra natal o a veces simplemente sometidos al genocidio.Aparece así el subgénero
característico del período, la novela indigenista enla que la mezcla de preocupaciones
sociales se mezcla a la búsqueda de lasraíces indígenas y a la denuncia de sus
problemas. El proceso empieza a finesdel XIX con Aves sin nido de Clorinda Mato de
Turner, y prosigue sobre todo conRaza de Bronce de Alcides Arguedas (bolv.) y con
Huasipungo de Jorge Icaza(ecuat.). Semejantes, pero mucho mis complejas, son las
novelas de Ciro Alegría(per.) sobre todo en El mundo es ancho y ajeno, donde muestra
la peculiar psicología del indio expulsado de su tierra y su civilización, para el que todo
es ya un mundo extraño. Más simbólica, pero con un tema semejante es Los perros
hambrientos.
169
búsqueda en la selva venezolana de una tribu y a la vez de los orígenes de la
civilización y de la esencia de lo humano; El siglo de las luces, reflexión sobre la
revolución y el tiempo. A. Carpentier reforzó su constante presencia en la narrativa
hispanoamericana con otras novelas y ensayos como “ El recurso del método” “ El arpa
y la sombra”.
Jorge Luis Borges (arg.) cultivó el relato breve, con un estilo concienzudo,
muy sutil pero muy riguroso, Se expresa siempre en cuentos breves -o en poesía-
alrededor de unos pocos temas: La identidad humana, su posible carácter colectivo; el
destino del hombre y su posible falta de libertad; el tiempo y la condición tal vez
ilusoria o tal vez circular de éste; la eternidad y el infinito; consecuencias de lo anterior;
el mundo como laberinto entre lo real y lo irreal y por fin la muerte también dudosa
entre lo real y lo aparente. Narrado en breves historias, con una estructura narrativa
rigurosa, muy adaptada a la idea metafísica que se desea expresar. Su estilo es una
prosa aparentemente fría, pero de una precisión absoluta en la elección de léxico y en
los efectos que logra: ironía constante, frase lenta y serena, insólitas asociaciones de
palabras y metáforas... Pueden verse sus colecciones de relatos El Aleph; Historia
Universal de la Infamia; Ficciones; El libro de arena.
Juan Rulfo (mex.) es autor solamente de dos libros de creación: Los relatos “El
llano en llamas” presentan el mundo rural mexicano, su miseria espantosa y la violencia
con una técnica basada en el realismo pero a la que se incorpora un lenguaje más
minucioso, y sobre todo una magistral renovación de la técnica narrativa: puntos de
vista insólitos, desarrollos temporales originales... Su novela “Pedro Páramo” relata
supuestamente el regreso del protagonista a su ciudad natal, aparentemente poblada por
los fantasmas de los parientes muertos, como en realidad está también Pedro Páramo.
La breve novela se vuelve así una fantasmagórica evocación de los temas obsesivos de
Rulfo: el mundo rural, la violencia, la familia y sus tensiones, la miseria del
campesinado, la guerra civil, y sobre todo el caciquismo que domina absolutamente la
vida rural. La novela sorprendió sobre todo por su rigurosa estructura, que ha servido
de modelo a buena parte de la novela hispanoamericana posterior: Desorden
cronológico, cambios de punto de vista, alternancia de diálogo y monólogo interior,
empleo del lenguaje popular como elemento poético... Todo ello hace de Pedro Páramo
una novela donde realidad y fantasía se mezclan para mostrar un mundo onírico y
alucinado pero a la vez dominado por las preocupaciones obsesivas de la realidad
histórica del México contemporáneo. Es el modelo más acabado de realismo fantástico.
170
europea- y también de editoriales americanas, como Sudamericana y Losada (Buenos
Aires), Monte Avila (Caracas), Siglo XXI, Fondo de Cultura Económica, Joaquín
Mortiz y Era (México)...
El “boom no tiene carácter generacional. Lo llenan escritores de diversas
edades y países, y frecuentemente con escasa relación entre ellos. Aunque también sus
estilos y preocupaciones son diversos puede afirmarse que en general llenan el "boom"
novelistas que siguen el proceso de renovación ya apuntado anteriormente. Así, en lo
temático se continúa el desarrollo de temas señalado por la generación anterior, sobre
todo el gusto por al novela de tema urbano, y por una nueva novela rural y sobre todo
se consolida la integración de lo fantástico y lo real.
3. Insistencia en el derecho del autor a crear ficciones, por lo que con frecuencia se
plantea la propia creación literaria como tema.
4. Importancia de lo histórico-social. Por ello frecuente exploración de la realidad
próxima y compleja.
171
una novela muy equilibrada entre lo estético y la denuncia histórica, que ha servido de
modelo a buena parte de la novela contemporánea no solo en Europa, sino también en
otros ámbitos. [Como ejemplos E1 tambor de hojalata de Günter Grass (Alemania) o
Hijos de la medianoche de Salman Rushdie (India) presentan fuertes influencias de este
realismo fantástico característico de la novela del "boom"]. Destaquemos algunos
autores.
Ernesto Sábato (arg.) primero científico y luego ensayista y escritor, ha
cultivado una novela donde se interpolan frecuentemente largos fragmentos que son
verdaderos ensayos. De carácter fuertemente simbólico, sus novelas reflejan temas
como la locura, la incomunicación y el malestar existencial. El túnel, sobre la base de
un crimen pasional muestra esos problemas de la angustia vital y su dramática y
destructiva combinación con el amor. La impresionante Sobre héroes y tumbas es una
visión apocalíptica de nuestro propio mundo, entregado a la violencia y a la
destrucción. Su acción se dispersa en varios episodios, entre los que "Informe sobre
ciegos" es una auténtica parábola de las fuerzas oscuras que mueven el mundo de los
hombres. Acusaciones semejantes, con una mezcla aún más alucinada de realidad,
pesadilla y ensayo aparecen en Abaddón el exterminador.
Julio Cortázar (arg. pero nacionalizado francés poco antes de su muerte)
arranca en sus primeras obras de las preocupaciones de Jorge Luis Borges. Pero en sus
cuentos, el elemento fantástico surge con absoluta naturalidad y se mezcla
impasiblemente con la vida cotidiana. Se da así una imagen compleja de la realidad,
que incluye tanto lo cotidiano como lo fantástico. A recordar relatos y libros de cuentos
como El perseguidor, Todos los fuegos, el fuego, Las armas Secretas, Octaedro... Sus
cuentos, como los de Borges, tienen una estructura perfecta y minuciosamente
calculada, pero son muy diferentes en lenguaje y en significado, pues la aparición del
mundo real los aproxima a otras preocupaciones más inmediatas, además de las
metafísicas de Borges, Cortázar fue un autor muy dado al experimentalismo, y así
cultivó el "libro objeto",una especie de "collage" con mezcla indisoluble de textos
narrativos y poéticos) y elementos pictóricos, fotografías y tipográficos para expresar
una realidad compleja, como en Último Round y La vuelta al día en ochenta mundos.
La obra propiamente novelesca incluye varias obras muy experimentales, como Libro
de Manuel o 62, modelo para armar. Pero su máxima novela es Rayuela, una obra
compleja que
incluye textos no novelescos, que van desde el ensayo hasta la crónica de sucesos;
172
transparente describe la vida urbana de México D.F. La muerte de Artemio Cruz
reconstruye, con una técnica debida a Faulkner, la vida de un cacique rural mexicano y
su mundo de dominio y violencia. La breve novela Aura destaca por su uso riguroso del
relato en segunda persona. Otras novelas son Terra Nostra; Cantar de Ciegos; Cambio
de Piel...
173
El boom dejó en años posteriores un terreno favorable en editoriales y público
para la multiplicación, muchas veces indiscriminada, de autores y títulos. La avalancha
de producción fue enorme y sólo el tiempo fue capaz de separar el grano de la paja. El
gran prestigio de los consagrados (Márquez, Fuentes, Cortázar, etc.) movió a un
público, ávido de novedades, que exigía descubrir talentos a cada instante, a un
consumo de novela sin excesiva exigencia de calidad estética. Por otro lado las
editoriales aprovecharon el filón y acudían al constante lanzamiento de novelas . Fue la
resaca del boom. Los autores se hallaban ante una disyuntiva: por un lado debían abrir
nuevos rumbos narrativos, superar a los maestros, ser originales; pero por otro, debían
aprovechar las aportaciones de los grandes en sintonía con un público que deseaba
encontrar en ellos la fascinación e interés que los primeros habían sido capaces de
despertar. En algo estaban todos de acuerdo y era en la importancia de los aspectos
formales y sobre todo lingüísticos de la narración. Por lo demás dos corrientes
simplifican el complejo panorama de la novela de los años setenta y ochenta:
1. El autor asume su papel de comunicador en una sociedad regida por los mass
media, desplaza su producto estético (la novela) de un punto central y privilegiado y lo
sitúa al mismo nivel que otras comunicaciones, como el cine, la televisión, el cómic, el
pop, lo camp o el kitsch, de cuyos lenguajes y técnicas se aprovecha. En esta corriente
se inscriben la narrativa de Manuel Puig, las últimas novelas de Vargas Llosa o las de
Ibargüengoitia.
2. Otros, en trayectoria opuesta, sacralizan el arte y sitúan la novela en un lugar
privilegiado, sólo accesible a los iniciados; su elitismo les lleva a una escritura
hermética, para minorías. Las obras de Severo Sarduy o de Salvador Elizondo
representan la religión de la estética frente a la estética de la mercancía de los
anteriores, según el atinado juicio del crítico Matamoro.
174
en Los relámpagos de agosto (1964) trata con humor corrosivo la cara esperpéntica de
la novela de la Revolución. En ambas el distanciamiento irónico, el tono de farsa, la
distorsión de los héroes en peleles nos acercan a una historia de México paralela a
nuestro Ruedo Ibérico. Cuando Ibargüengoitia se centra en el presente, el tono es más
de Buñuel o Alcoriza; exagerado, de contrastes violentos y cruel se muestra en Las
muertas (1979), quizás su mejor novela, que es a la vez una historia de amor, de
pasiones y un feroz esperpento. donde ese tono se aplica a la realidad pobre y cotidiana
de los asesinatos de unas infelices prostitutas y el ambiente infrahumano de un danzón,
que es el fondo para una disección apasionada de la realidad mexicana.
175
TEMA 68.- LA POESÍA ESPAÑOLA A PARTIR DE 1940.
Como ocurre con los otros géneros, se pierde el contacto con la renovación de los
años precedentes a la guerra: Antonio Machado murió al poco de abandonar España.
León Felipe y Juan Ramón Jiménez se exilian al igual que gran parte de los noucentistas y
de la mayoría de la Generación del 27, salvo Vicente Aleixandre, Dámaso Alonso y
Gerardo Diego.
Los temas que son comunes a todos ellos son: la patria perdida, la evocación de la
lucha, la derrota con un tono amargo al principio para luego recrearse en la nostalgia, los
recuerdos y el ansia de volver. Sin embargo, también se preocupan por la realidad de las
tierras donde viven. Siempre va a predominar una perspectiva existencial de la vida y un
estilo cada vez más sencillo y coloquial: especialmente importantes fueron en es te sentido
Rafael Alberti, León Felipe y, especialmente, Luis Cernuda.
Son un grupo de autores que tienen una luminosa visión coherente y ordenada del
mundo. Se autodenominan juventud creadora, contraria a los enfoques negativos existenciales
del resto de la poesía del momento. También llamados garcilasistas, por la revista Garcilaso y
porque vuelven sus ojos a Garcilaso y otros poetas del Imperio. Técnicamente, sus formas
son clásicas: sonetos, tercetos,... Sus temas abordan y se apoyan en un firme sentimiento
religioso, en el amor, el paisaje, las cosas bellas...
Destacan autores que luego sufrirán un desengaño de ese mundo, como Dionisio
Ridruejo, Leopoldo Panero o Luis Rosales. Éste último será muy influyente, con su giro
hacia una poética más existencialista, con La casa encendida.
2.2.-Poesía desarraigada
176
Sin embargo lo hacen con una religiosidad muy presente que adopta el tono de la
desesperanza, de la duda: las invocaciones a Dios residen sobre el misterio del dolor
humano más que en la celebración de la fe. De ahí que entronque con una línea
existencialista.
Destacan autores como: Carlos Bousoño., José Luis Hidalgo, Leopoldo de Luis,
Vicente Gaos, Gabriel Celaya o Blas de Otero.
Con estos autores se crea un nuevo concepto de la función de la poesía, los rasgos
principales de ésta son:
177
Preocupación fundamental por el hombre.
Huyen de todo tratamiento patético: sus sentimientos son apasionados, pero
siempre serenos.
Inconformismo ante el mundo.
Escepticismo que los aleja de la poesía social: creen más en biografías personales
y en las éticas intransferibles que en proyectos políticos colectivos, tan apreciados en la
etapa anterior.
Por eso hay consolidación de una poesía de la experiencia personal: los temas
abordan reflexiones generales sobre el hombre a través de experiencias vividas: retorno
a lo íntimo: evocación nostálgica de la infancia, experiencias amorosas y eróticas, la
amistad, los enfoques morales de lo cotidiano y, especialmente, la conciencia de
soledad.
Técnicamente, buscan una exigente labor de depuración y concentración de la
palabra y una búsqueda de un lenguaje personal: renace el interés por los valores
estéticos.
5.-Los Novísimos.
En 1970 José Mª Castellet publica una antología titulada Nueve novísimos poetas
españoles: Jenaro Talens, Ana María Moix, Guillermo Carnero, Leopoldo María Panero,
Manuel Vázquez Montalbán, Luis Antonio de Villena, Luis Martínez Sarrión, Antonio
Colinas y Luis Alberto de Cuenca.
Todos ellos son poetas nacidos después de la guerra, a los que les queda lejos la
diatriba de los arraigados y los desarraigados.
Sin embargo, no ocultan su admiración por la cultura pop: influenciados por cómics,
discos, televisión, libros de culto, el cosmopolitismo...
Rechazan la idea de que el mundo cambie por la poesía, al contrario, suelen ser
sarcásticos y corrosivos.
178
Este cuidado por la forma se llama refinamiento veneciano: decadentismo esteticista que se
relaciona con el Modernismo.
A veces se sirven del hermetismo: una ruptura de la lógica del significado, entroncando
con las metáforas y símbolos de raigambre surrealista.
Esta misma línea, con una atención a los sentimientos, está siendo cultivada por
poetas como Luis García Montero o Javier Egea.
Con todo, hay diversas escuelas vanguardistas o experimentales: la Poesía del silencio
se basa en abstracciones para expresar sentimientos abstractos de la vida: tienden a un a
poesía pura desligada de toda referencia a lo real
179
TEMA 69. LA POESÍA HISPANOAMERICANA EN EL SIGLO XX.
1. INTRODUCCIÓN.
2. LA POESÍA MODERNISTA.
A finales del siglo XIX se produce una extraordinaria renovación de la lírica hispánica que
discurre paralelamente a uno y otro lado del océano, de la mano del nicaragüense Rubén
Darío, que recoge el influjo del Simbolismo francés y de los poetas malditos.
Los modernistas reaccionan contra la vulgaridad de la literatura realista. Sus versos están
exquisitamente elaborados desde el punto de vista formal; cuidan su estructura para
conseguir efectos rítmicos y sonoros de particular expresividad.
Hay en esta poesía una doble dirección ascendente y degradadora. En el primer caso,
expresa su repulsa a la sociedad burguesa a través de la huida hacia un mundo de ensueño y
fantasía: la antigua Grecia, la Edad Media, el siglo XVIII francés... Los versos están poblados
de princesas, cisnes, lagos, jardines... Simultáneamente se pone de moda el ambiente
miserable de las ciudades: prostíbulos, buhardillas, hospitales..., donde se refugian los
malditos de la fortuna. En los grandes poetas estos tópicos literarios dejan paso a la
expresión íntima y sincera de sus angustias y emociones personales.
180
2.2.- José Martí
Fue un tenaz luchador por la liberación del continente, de la que fue símbolo vivo. Fue un
héroe de la independencia cubana. Participará en la guerra contra España, muriendo en una
escaramuza militar en 1895.
Concibe la creación poética como un desahogo espontáneo, como una expresión de sus
emociones. Esto no le impide ocuparse de los aspectos formales. Ensayó nuevos ritmos y
contribuyó a la renovación modernista, a pesar de que siempre creyó que la inspiración
estaba en la naturaleza. Admirador del intimismo becqueriano, lo desarrolló con las
novedades que le ofrecía la lírica simbolista.
Su producción lírica se recoge en cuatro poemarios. Ismaelillo (1882) es uno de los puntos
de arranques de la poesía modernista hispánica, aunque en una línea distinta a la de Azul...
de Darío. El motivo de inspiración es el hogar abandonado y el hijo ausente, realidades que
desembocan en el miedo a la soledad; recurre a la vía simbólica para desarrollar sus ideas y
sentimientos. Utiliza metros tradicionales breves, sobre todo octosílabos. Vibra en este libro
un romanticismo intimista. Sus imágenes, muy originales, anticipan en algunos momentos el
irracionalismo que definirá a la poesía del siglo XX.
En Versos libres las formas métricas populares han dejado paso al endecasílabo blanco.
Recogen el testimonio directo de la actitud personal del autor y su visión del mundo. En
medio de la lucha cotidiana afloran una inquietud espiritual y trascendente y el imperativo
ético y político al que ha de ajustarse la vida. Reflexiona también sobre el sentido de los
versos, cuya raíz ha de estar en la emoción y la libertad expresiva.
Versos sencillos sigue la misma línea. Refleja los sentimientos del poeta en contacto con la
naturaleza, frente al mundo artificial y engañoso de la civilización. Da cabida a una serena y
doliente meditación existencial, a los temas amorosos... Haciendo honor a su título, son
poemas sencillos, populares, en octosílabos.
En Flores del destierro, junto a las vivencias íntimas expresa, dentro de la misma tónica de
sencillez y naturalidad, la nostalgia del desterrado que se sabe víctima de la injusticia.
Lleva a cabo una profunda renovación formal. Trae a la lírica hispánica un sentido del ritmo y
de la sonoridad que pocos han tenido tan afinado y perfecto. Restablece con fortuna el uso
del alejandrino. Introduce una imaginería innovadora y sensual y un vocabulario exótico,
sonoro y expresivo.
Su concepción de la vida y el arte empieza siendo cosmopolita y parisina, interesada por los
jardines versallescos, las porcelanas y los ambientes aristocráticos, galantes y refinados.
Pero, con el paso del tiempo, su universo poético se torna más íntimo y, a la vez, más
amargo y dolorido. Las imágenes se vuelven más hirientes. Busca incluso un cierto
prosaísmo para dotar a sus versos de mayor expresividad. Junto a los poemas rimbombantes
y despreocupados de sus años de juventud, encontramos otros en que desdibuja el ritmo y
trata de las realidades cotidianas. También refleja su preocupación cívica en las obras de
tema americano.
181
La figura de Darío se revela en Azul... (1888). Sorprende que en la primera obra del que
había de ser gran poeta lírico predomine la prosa. Es fundamentalmente un libro de relatos.
El tema central es la lucha y los anhelos del artista frente a la sociedad insensible y
positivista. A veces adquieren acentos patéticos; en otras ocasiones se dulcifican o se funden
con el sueño y la alucinación. Predomina el tono idealizante.
Los versos que forman parte de ese conjunto han sido considerados tradicionalmente como
punto de partida de la revolución modernista, aunque quizá sería más propio calificarlos de
obra de transición, en la que hay elementos decimonónicos junto a indiscutibles novedades.
Ya se aprecian aquí la sensualidad, el lujo verbal y la precisión rítmica que caracterizarán al
autor en su madurez.
Sigue luego Prosas profanas. En las Palabras preliminares proclama los principios del
Modernismo: la evasión como fundamento del arte, la prioridad del ritmo, el influjo francés,
el elitismo...
Mantiene el libro una profunda coherencia interna. Sus composiciones pueden agruparse en
tres tipos: las de inspiración amorosa y ambiente irreal, las de carácter reflexivo y las que
tratan sobre poesía. Estamos ante un auténtico alarde de virtuosismo formal. La musicalidad
del verso se halla primorosamente conseguida. El autor hace gala de un esteticismo
exacerbado y decadente y gusta de evocar ambientes refinados.
En 1905 aparece el libro más denso y rico de Rubén, auténtica cima de su lírica: Cantos de
vida y esperanza. En el Prefacio expone de nuevo algunos de sus principios estéticos y
presenta una novedad esencial: el reconocimiento de la colectividad. Ofrece una doble
vertiente: hay poemas en que los efectos rítmicos son lo más importante, pero otros muchos
se hacen eco de inquietudes más trascendentes.
Frente al pesimismo que domina en la intelectualidad española tras la derrota de 1898, Darío
entona un cántico de esperanza y de entusiasmo por lo hispánico en La salutación del
optimista, en hexámetros.
Tras Cantos, la trayectoria poética de Darío desciende. Sus poemas son de inferior calidad.
Son Oda a Mitre, El canto errante, El poema de otoño y otros poemas, Canto a la Argentina y
otros poemas.
3.1. La transición.
mirada de escritores como Amado Nervo, Guillermo Valencia, Leopoldo Lugones o José
preocupación americanista cada vez más acentuada, descubrió la vasta geografía del
estos años se aprecia un cansancio ya de las formas del modernismo. En 1911 el poeta
182
corriente, con un verso que se haría famoso: “Tuércele el cuello al cisne de engañoso
superflua, determinada por un cosmopolitismo frívolo, que ahora, como hemos visto, se
trataba de desterrar. Aún pervivirá durante unos años la estela del Modernismo; pero, en
torno a 1920 la poesía irá ya por otros caminos. Por lo pronto, hay que señalar dos
direcciones paralelas: una que se orienta hacia una lírica más sencilla y humana; otra que
• JUANA DE IBARBOUROU: Esta poetisa uruguaya alternó los libros de versos (Lenguas de
diamante, La rosa de los vientos...) con las prosas poéticas (El cántaro fresco,
Estampas de la Biblia...) y las narraciones líricas (Chico Carlo, Juan soldado). Es tan
extensa obra, que no es posible comentar con detalle, se puede observar una natural y
lógica evolución. Los primeros poemarios tienen un acento sensual, de entusiasmo por
la naturaleza y por el propio ser. La poetisa se extasía ante las maravillas del mundo y
las usa como marco y metáfora de su propia vitalidad amorosa y oferente... En los
libros de madurez y vejez ese hedonismo exultante se atempera, se impregna de
religiosidad y de un epicureísmo melancólico pero no amargo. Sobre la belleza del
mundo planea la sombra liberadora de la muerte.
• GABRIELA MISTRAL (seudónimo de Lucila Godoy). Poetisa chilena que recibió el premio
Nobel en 1945. Autodidacta, maestra, diplomática, participó en la política educativa de
su país. Su poesía busca, por encima de todo, la sencillez y la claridad; es fruto de un
arrebato espontáneo; no en vano sería la promotora del movimiento literario
denominado Sencillismo. Se inspira en el canto a las cosas humildes, a la naturaleza, a
los niños. Reivindica la hermandad americana. Se da a conocer con Sonetos de la
muerte, nacidos de un trágico episodio personal: el suicidio del hombre al que amaba,
que ya la había abandonado hacía tiempo. Estos textos se integrarían en su primer
libro: Desolación, que expresa un sentimiento amoroso transido de dolor. Aflora la
tristeza de la mujer que no ha llegado a ser madre. Ternura, su segundo poemario,
recorta las aristas de la pasión y dirige su amor hacia los niños y la naturaleza. La
espiritualidad, la religiosidad sustituyen a la vehemencia anterior. En los libros que
siguen, Tala y Lagar, se ahonda en estos sentimientos poéticos. En el primero, junto a
otros motivos ya conocidos, expresa su sufrimiento y soledad tras la muerte de su
madre. El último está presidido por el presentimiento de la muerte y la conciencia de
la vejez. SU obra lírica viene a ser una serie de variaciones, al compás de los tiempos,
183
sobre un único tema: el amor y la vida. Es un exponente, sencillo y accesible a amplias
capas de lectores, del proceso de interiorización del Posmodernismo.
En esta línea de poesía humana habrá que situar (como veremos) los primeros libros de
Vallejo y Neruda.
4. LA VANGUARDIA.
Paralelamente, y también hacia 1920, comienzan a dejarse sentir en Hispanoamérica las
corrientes vanguardistas nacidas en Europa. Y su impulso será aún más decisivo para apagar
los últimos rescoldos del Modernismo.
Son varios los poetas que inauguran o quieren inaugurar técnicas vanguardistas. En
Puerto Rico LUIS LLORÉNS TORRES inventó dos curiosas teorías: el pancalismo (“todo es
belleza”) y el panedismo (“todo es poema”, niega la existencia de la prosa). Quiso aplicarlas
a su obra en Visiones de mi musa y Sonetos sinfónicos. Sus últimas composiciones vuelven a
la tradición, en parte para cantar a la realidad americana: Mare Nostrum, Alturas de
América...
El mexicano JOSÉ JUAN TABLADA fue un rico comerciante afecto a la dictadura de
Porfirio Díaz, exiliado a raíz de la Revolución Mexicana y recuperado más tarde como
diplomático al servicio de su país. Su poesía fue recreadora de los tópicos modernistas (El
florilegio, Al sol y bajo la luna); pero el contacto con la poesía japonesa lo llevó hacia la
Vanguardia. Incorporó el haiku en Poesía sintética, Li-Po y otros poemas, El jarro de flores
(disociaciones líricas), y sustituyó el mundo sentimental y mórbido a lo Baudelaire por la
imagen sorprendente, la lírica deshumanizada, la condensación metafórica.
Tras algunas composiciones modernistas y otras en francés, su segunda lengua, escribe los
libros creacionistas, en los que hallamos componentes cubistas y surrealistas. Particular
relieve tienen Horizon carré, Poemas árticos, Ecuatorial... En 1919 empieza a componer
Altazor o el viaje en paracaídas, en 7 cantos, núcleo esencial de su producción, que no se
publicará hasta 1931. Es un poemario experimental en la forma, simbólico y trascendente en
su contenido, que discurre por el camino de la irracionalidad y en el que no faltan rasgos de
humor. Siguiendo la línea de las obras precedentes, en él brilla con esplendor y osadía lo que
será instrumento esencial del Creacionismo: la metáfora. Sus versos discurren en libertad,
inmersos muchas veces en el caos. Responde perfectamente al principio, mantenido por el
autor, de que “la poesía es un desafío a la razón”.
También en 1931 aparece otro volumen muy representativo, esta vez en prosa: Temblor de
cielo.
184
preferentemente por la lírica destacan OLIVERIO GIRONDO, RICARDO E. MOLINARI y
EDUARDO GONZÁLEZ LANUZA.
Curiosa figura del vanguardismo americano es el cubano MARIANO BRULL que, al lado de
poemas puros, se permitió todas las audacias, hasta la de crearse un lenguaje, al que él
mismo dio el nombre de “jitanjáfora”. Esta palabra ha pasado a designar, precisamente, este
tipo de juegos puramente sonoros, que ya se hallaban en cantos primitivos o en canciones
infantiles y que tendrían sucesores en años cercanos a nosotros.
Son muchos los poetas vanguardistas de aquellos años pero los más importantes son, sin
duda, César Vallejo y Pablo Neruda, de los que luego nos ocuparemos. De todos los
movimientos vanguardistas, el surrealismo fue el que dejó en América una huella más
profunda. Puede decirse que sus efectos no se han extinguido hasta hoy: sus seguidores son
legión. En algunos poemas de Vallejo y en muchos de Neruda podrán verse ejemplos muy
personales de tal influencia, que ha sido igualmente decisiva en otro de los autores que
vamos a estudiar: Octavio Paz.
5. LA POESÍA PURA.
Con este rótulo suele reunirse a una serie de poetas en los que se observa un equilibrio
entre tradición y renovación, entre clasicismo y modernidad. Se alejan de las estridencias
vanguardistas aunque, en muchos casos, proceden de ellas o han tenido en cuenta sus
aportaciones especialmente la imagen de tipo surrealista. Como nuestros poetas del 27, se
ven influidos por Valéry o J.R. Jiménez; admiran a Góngora y a otros clásicos españoles;
gustan de la perfección formal; eco de las ideas de Ortega y Gasset sobre la
“deshumanización del arte”... Sin embargo, y también como en nuestros poetas del 27, la
deshumanización no llegó a ser total: el calor humano está presente en ellos, aunque
depurado por la inteligencia y la mesura.
En México el grupo más representativo de esta época es el que se reúne en torno a la
revista Contemporáneos. No forman una grey compacta: más bien pueden ser considerados,
en palabras de uno de sus miembros, José Gorostiza, como una suma de “individualidades
irreductibles”. Nacen a la poesía bajo el signo del Modernismo, pero enseguida derivan hacia
una actitud de rechazo. Hombres de su tiempo, manifiestan gran interés y curiosidad por las
nuevas tendencias. No buscan tanto una expresión específicamente mexicana cuanto la
incorporación a un movimiento renovador general. Forman parte de este grupo figuras como
JOSÉ GOROSTIZA, JAIME TORRES BODET, XAVIER VILLAURRUTIA... Nos detendremos sólo
en la figura de CARLOS PELLICER, quien tiene una veta lírica exuberante, musical y colorista,
que fluye con extrema agilidad. Usa vistosas imágenes. Canta a la naturaleza como reflejo
de la divinidad, como paraíso de los trópicos. Esa brillantez plástica no está reñida con un
intenso lirismo. El predominio de la vida sobre la muerte, rasgo que lo diferencia de otros
compañeros de grupo, no le impide detenerse en melancólicas reflexiones existenciales sobre
el paso del tiempo.
En Colombia sobresale el grupo “Piedra y Cielo”. El nombre, tomado de un título de
J.R. Jiménez, indica ya la preferencia por una poesía pura, de metas fundamentalmente
estéticas. Su máximo representante es EDUARDO CARRANZA.
En Argentina, en aquellos años sobresale la figura de BORGES, a quien hemos citado
como introductor del ultraísmo, movimiento que pronto superó. Junto a él, citemos a
Molinari, González Lanuza,... quienes, desde el ultraísmo, evolucionaron también hacia la
poesía pura, el surrealismo, etc.
Podríamos también incluir aquí al cubano JOSÉ LEZAMA LIMA, poeta que, por sus
hondas preocupaciones y su lenguaje barroco, desemboca en el hermetismo.
6. LA “POESÍA NEGRA”.
En la poesía cubana no faltan representantes del Posmodernismo o de cierto clasicismo,
influido también por la poesía pura, como MARIANO BRULL o DULCE MARÍA LOYNAZ.
185
grupos marginados. Tres poetas, de distinto calado, encarnan esta corriente lírica: el
puertorriqueño LUIS PALÉS MATOS y los cubanos EMILIO BALLAGAS y NICOLÁS GUILLÉN.
Sobresale este último, ya que nadie ha ahondado como él en las profundas significaciones
del mestizaje cultural de su tierra. Ya en sus dos primeros libros, Motivos de son y Sóngoro
Cosongo, nos da muestras de su arte: un prodigioso sentido del ritmo, la estilización de lo
popular a través de un lenguaje lleno de sorpresas y un decidido enfoque social, junto a
poemas de pura intención lírica. En West Indies, Ltd. adquiere más peso el mensaje político y
social. Cantos para soldados y sones para turistas intensifica la línea iniciada en el libro
anterior, que dominará en lo sucesivo. La guerra civil española inspira España. Poema en
cuatro angustias y una esperanza, un canto a la libertad y una profesión de fe en el futuro de
nuestra nación; la “angustia cuarta” recoge la dolorosa impresión que produce al autor la
muerte de García Lorca, al que había conocido en La Habana.
En los años posteriores a 1940 no han surgido individualidades líricas que se proyecten
internacionalmente con la fuerza que alcanzaron los grandes poetas modernistas o los
que, nacidos hacia 1900, llegaron a la madurez en la época de las Vanguardias, o los
novelistas coetáneos. De hecho, las tres décadas que van de 1940 a 1970 están
dominadas por las nuevas creaciones de Borges y Neruda y la sombra interminable de
César Vallejo, a pesar de la multitud de nombres que recogen las historias y antologías. El
único que se ha aupado al canon internacional ha sido Octavio Paz.
La evolución de la literatura en el conjunto de Hispanoamérica, a pesar de los avatares de
cada uno de los países, no sufrió un corte tan violento y radical como el que supuso la
guerra civil española, ni discurrió entre una relación tan precisa de sumisión o rechazo del
poder político.
La proliferación de corrientes, movimientos y grupos en Hispanoamérica es
extraordinaria. Nos limitaremos a señalar las tendencias más sobresalientes:
- Pervive una poesía pura, cuyo modelo se halla en Borges y los poetas citados en
el epígrafe correspondiente.
- Aparece una actitud y una temática existencialista.
- Es abundante la poesía comprometida, social y política, siguiendo el ejemplo de
Neruda.
- Se mantiene la lección formal del Surrealismo, entretejida con las más variadas
orientaciones del contenido (existencial, social...).
- Muy en relación con lo anterior, y especialmente en los últimos años, surgen
manifestaciones de poesía experimental.
8. TRES POETAS.
186
precedentes para buscar nuevas formas de expresión. Es un libro puramente experimental.
Dicha ruptura se da en todos los planos: léxico, sintaxis, métrica, imágenes, puntuación,
ortografía... Supone una renovación del ritmo del verso libre. En su acumulación de
irregularidades gramaticales, de sonidos onomatopéyicos y difíciles neologismos, llega a
veces al hermetismo. Pero en medio de esa complicada red formal, se advierte su visión
personal sobre temas como la soledad. Recurre a una curiosa simbología de números: el uno
es la soledad individual; el dos, la pareja; el tres, la trinidad, la perfección; el cuatro, las
paredes de la celda... Intenta reflejar las violentas antítesis que componen la realidad.
Expresa el sufrimiento y angustia del ser humano, que son los suyos propios. En sus versos
planea la sombra de la muerte.
Póstumamente, en 1939 ve la luz Poemas humanos, su libro más personal y
representativo, en el que cultiva un surrealismo instrumental. Responde a un momento de su
trayectoria en que quiere ponerse al servicio de la revolución. Su angustia y sufrimiento se
plasman a través de sugerentes imágenes surrealistas. Estamos ante el César Vallejo
agónico y solidario, que contempla la muerte frente a frente. Una de las secciones más
interesantes es la titulada España, aparta de mí este cáliz, con 15 poemas inspirados en la
guerra civil. Sus horrores quedan vivísimamente patentes y se ponen en paralelo con la
Pasión de Cristo. El problema bélico se convierte en una angustiosa obsesión. Las víctimas
inocentes encarnan un heroísmo sencillo, sin alharacas; el poeta profundiza en la realidad
humana de esos seres sacrificados.
ETAPA JUVENIL. Sus primeros poemas, con metáforas convencionales, tienen aún ecos
modernistas y obedecen a un impulso mimético. Crepusculario es un epígono de la estética
finisecular en el que se advierten algunos avances. Neruda halla muy pronto su voz personal
en Veinte poemas de amor una canción desesperada. Son versos adolescentes de tono
neorromántico. En ellos se enriquece y renueva la imaginería, que se nutre del mundo
natural; a veces anticipa la orientación onírica que impondrá la Vanguardia. Se deja sentir el
influjo de Tagore, a quien el autor había traducido. Recurre a diversos esquemas métricos,
pero se abre paso ya la tendencia a la versificación libre.
Aunque, al parecer, se inspiran en experiencias distintas, los poemas constituyen un
corpus unitario, que va de la plenitud amorosa a la separación y el olvido. Están presentes
tanto el goce carnal, como el sentimiento y la ternura. El poeta se dirige a una amada
ausente; lo vemos desasosegado, presa de la tristeza y la melancolía.
Es un libro plenamente armónico, en el que se aúnan la emotividad y el cuidado
atento. En la aparente sencillez reside su artificio. La frase se condensa, sin renunciar a una
brillante adjetivación y una variada gama de recursos estilísticos.
A este mismo periodo pertenece Tentativa del hombre infinito, si bien es una obra
mucho más compleja, que se inicia en la experimentación vanguardista. El influjo surrealista
se hace patente en la novela El habitante y su esperanza.
187
Macchu Picchu se remonta a la civilización precolombina en busca de las raíces. La
contemplación de esas ruinas legendarias lo lleva a hermanarse con el hombre y con la
naturaleza. Es también un producto estético considerablemente complejo, un alarde de
capacidad retórica y rítmica. Su mensaje va más allá de lo estrictamente político, aun cuando
esta faceta sea muy importante.
CICLO ELEMENTAL. En el comienzo de una nueva etapa, Neruda publica Los versos del
capitán, poemario amoroso, y Las uvas y el viento, que trata de sus viajes políticos durante
la guerra fría.
CICLO AUTOBIOGRÁFICO. ETAPA FINAL. En sus últimos años nuestro autor se orienta hacia
la reflexión autobiográfica. Algunos títulos interesantes son Estravagario, Cien sonetos de
amor, Plenos poderes, Geografía infructuosa...
Recibe en sus comienzos el influjo de Bretón y los surrealistas franceses, que adapta a
su estilo propio. Integra asimismo el influjo de la poesía barroca española y de las corrientes
orientales. Su lírica, eminentemente intelectual, se compone de un rico entramado de
imágenes y percepciones sensoriales y se enriquece con la incorporación de componentes
míticos.
Preocupado por el abandono y la soledad en que vive el hombre, incapaz de vislumbrar
el sentido del mundo, y por la dolorida constatación de la nada a que se ve abocado, Octavio
Paz se vuelca en los temas metafísicos y existenciales. Hay en su obra una proyección
cósmica, un intento de comunicación con el universo y de desvelar el misterio que nos rodea.
Con acentos quevedescos manifiesta su angustia ante el paso destructor del tiempo y la
fusión de la vida y la muerte. Su estancia en la India le lleva a ver la muerte como
ampliación de una dimensión interior, pero recaerá en sus zozobras, inquieto siempre por
esas “verdades oscuras” en las que no logra penetrar.
Desde su inicial postura solipsista, nuestro autor va evolucionando hasta concebir la
poesía como instrumento de revelación, como experiencia que rompe los límites de la
temporalidad. Insiste entonces en que la misión del lenguaje poético es liberar a las palabras
de su funcionalismo, trasmutarlas, devolverles su pureza primigenia y convertirlas en un
factor generador de libertad, que posibilite el diálogo del hombre con el cosmos.
Se ha subrayado en Octavio Paz su actitud abierta a todas las tendencias, lo que, sin
embargo, no ha degenerado en un eclecticismo sin norte. Desde los primeros momentos, se
ha valorado una voz personal cuya trayectoria parece atravesada por varias corrientes
significativas que se entrelazan en poemarios a veces distantes en el tiempo.
Sus primeras obras son Luna silvestre, Entre la piedra y la flor y A la orilla del mundo.
En 1937, como fruto de su toma de contacto con la guerra civil española, publica Raíz del
hombre y Bajo tu clara sombra y otros poemas sobre España.
Este último libro y los que siguieron se agruparon en 1949 en Libertad bajo palabra,
reeditado en 1960 con la incorporación de nuevos poemas y poemarios como Semillas para
un himno y La estación violenta. En este volumen se incluyó Piedra de sol, que había visto la
luz en solitario un año antes. Es un poema simbólico consagrado al amor desde una óptica
188
panteísta. Las reflexiones metafísicas se entretejen con motivos de la mitología y la religión
aztecas.
Homenajes y profanaciones vuelve la mirada al Quevedo de Amor constante más allá
de la muerte; compone, mediante la glosa, un poema exaltador de la tensión erótica elevada
a lo metafísico como abolición del tiempo y encarnación de la eternidad del instante.
Salamandra emplea el símbolo, tan caro a los petrarquistas, entre ellos Quevedo, del
animal que vive en medio del fuego, para recrear, sin ligaduras lógicas, en un discurso que
va hacia el hermetismo, los polos contradictorios del existir, entre la vida, el abismo del no
ser y la resurrección.
En una fase posterior evoluciona desde el Surrealismo a una poesía más concreta.
Llega incluso a preocuparse por la estructuración espacial del texto, en clara conexión con
los caligramas de Apollinaire. Estos poemas visuales se encuentran en libros como Topoemas
y Discos visuales.
La fascinación de la cultura y, sobre todo, la metafísica de Oriente, en la que ve la
superación de las escisiones trágicas que atormentan al hombre occidental, da como fruto
Ladera Este.
En su última etapa retorna a la poesía de inquietudes metafísicas y espirituales:
Vuelta, Pasado en claro, Árbol adentro.
189
TEMA 70. EL TEATRO A PARTIR DE 1940
190
d) Incorporación de técnicas cinematográficas para construir una acción rápida
(cambios constantes de lugar y de tiempo).
e) El sistema de valores inmovilistas que se transmite es el que procede de la alta
comedia decimonónica y que pasa por Benavente: defensa de la honradez,
fidelidad, amor ordenado mediante la presentación de las desgracias a las que
conduce su contrario...
f) Repetición de temas. Se crean un número considerable de obras en torno a las
mismas cuestiones: adulterio, infidelidad...
191
española, y es el pueblo, ahora en su pasado ancestral, en sus mitos, donde encuentra
hondura y grandeza.
Max Aub. Su amplia y compleja obra dramática apenas ha pisado los escenarios. Casi
todo su teatro en el exilio es la gran epopeya del hombre de ese momento, que ha vivido y
padecido la Guerra española, la Guerra Mundial, los campos de concentración, la
persecución antisemita, el exilio, la guerra fría...
Es un teatro de lucha que recurre a un realismo épico y documental, que convertirá cada
escenario en un gran fresco histórico. Ejemplos de obras extensas son La vida conyugal,
Cara y cruz, Morir por cerrar los ojos, San Juan y No.
También escribió obras en un acto, en las que presenta una situación límite, y al final
esa situación se rompe, a diferencia de lo que sucede con el teatro de vanguardia, donde el
final suele ser un "final sin final".
Alejandro Casona. A diferencia de Max Aub o Alberti, sus obras anteriores a la guerra
tienen mayor interés que las posteriores. En estas últimas, Casona se plantea la exigencia
de llegar a toda costa al público de los teatros. Para ello, renuncia a presentar una
problemática española (en la línea crítica que había iniciado antes del exilio con Nuestra
Natacha) y cultiva la comedia burguesa de evasión: La dama del alba, Los árboles mueren
de pie... Se trata de comedias muy bien escritas, con mucho sentido de la situación
dramática, diálogos cuidados, apuntes poéticos y mucha evasión de la realidad a base de
alentadores finales.
Pedro Salinas. En su exilio americano escribió un teatro caracterizado por su inventiva
y pulcritud literaria, por la transparencia de su lenguaje, por su hondo sentimiento poético
y por su capacidad para armonizar diferentes tradiciones.
Este teatro, inédito en los escenarios comerciales, consta de dos obras de larga
extensión (Judit y el tirano y El Director) y de doce piezas en un acto, entre las que
destacan La fuente del Arcángel y Los Santos.
Fernando Arrabal. Este autor, exiliado voluntariamente, ofrece una visión muy
personal, profundamente renovadora. Su teatro implica una revolución total, con la que
anuncia y prefigura la mayor parte de lo que se llama el "nuevo teatro". Arrabal hace su
literatura al margen de la sociedad, a causa de un radical rechazo de la misma y en un
proceso que va desde una marginación crítica hasta una ofensiva belicosa contra el mundo.
En su obra ha permanecido inalterable un sustrato de raíz surrealista que explica la
fundamental unidad de tono de toda su obra.
Entre sus obras, se pueden mencionar El triciclo, El laberinto, Pic-Nic, El cementerio
de automóviles, Orquestación teatral, EL arquitecto y el emperador de Asiria o El jardín
de las delicias...
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Mención aparte merece Miguel Mihura, puesto que su teatro de humor es
profundamente novedoso. En Tres sombreros de copa su argumento es renovador, al ser
un alegato a favor de la libertad y en contra de la vida cotidiana sin fantasía ni humor. La
forma es, asimismo, rupturista, ya que se construye a base de frases que nunca se
pronunciarían en la realidad. El resultado es un humor muy particular, derivado del código
lingüístico empleado, de la paradoja, de la situación absurda.
La irrepetible comedia Tres sombreros de copa no logró, por ser estrenada a destiempo,
encauzar la renovación teatral, y Mihura, comprendiéndolo así, inicia una evolución que
algunos críticos han calificado de decadencia. Ahora, con obras como Melocotón en
almíbar o Isabel y la extraña familia, estamos ante la comedia burguesa de evasión bien
construida, humorística, y con argumentos de intriga, pero la renovación se ha perdido.
En esta renovación del teatro por medio del humor jugó un papel importante Enrique
Jardiel Poncela, que, aunque estrena antes de la guerra, después de ella sigue ofreciendo
algunos títulos interesantes. Entre ellos destacan, sobre todo, Eloísa está debajo de un
almendro y El pañuelo de la dama errante. En la primera de ellas encontramos todos los
ingredientes del teatro de Jardiel: una puesta en escena originalísima, una intriga
inverosímil en apariencia, una serie de personajes muy eficaces a la hora del humor, y todo
ello servido por un diálogo muy ingenioso.
193
a los públicos burgueses. Los protagonistas suelen aparecer como víctimas de la sociedad
por excelencia.
195
TEMA 71. RECUPERACIÓN DE LA LITERATURA DE TRADICIÓN ORAL.
TÓPICOS Y FORMAS.
196
TEMA 72. LA LITERATURA EN LENGUA CATALANA, GALLEGA Y
VASCA. OBRAS MÁS RELEVANTES Y SITUACIÓN ACTUAL.
1. LA LITERATURA CATALANA ............................................................................ 197
1.1. La literatura catalana en la Edad Media. ........................................................... 197
1.2. La decadencia .................................................................................................... 198
1.3. La Renaixença y el modernisme. ....................................................................... 199
1.4. El siglo XX. ....................................................................................................... 199
2. La literatura gallega. ................................................................................................. 200
2.1. La lírica galaico-portuguesa. ............................................................................. 200
2.2. El siglo XIX: el Rexurdimento. ......................................................................... 201
2.3. El siglo XX. ....................................................................................................... 202
3. La literatura vasca. .................................................................................................... 203
3.1. Introducción. ...................................................................................................... 203
3.2. El desarrollo histórico de la literatura vasca. ..................................................... 203
Siglo XVI. ............................................................................................................. 203
Siglo XVII ............................................................................................................. 204
Siglo XVIII ............................................................................................................ 204
Siglo XIX ............................................................................................................... 204
1. LA LITERATURA CATALANA
Establecer los inicios de una literatura no es una labor precisa; se considera que el
primer texto escrito conservado marca el arranque literario de una lengua. Pero no hay
que relegar la literatura de transmisión oral, aunque no se encuentre documentada. En el
caso catalán no se pone en duda la existencia de una expresión literaria de tradición oral
previa a los primeros documentos, aunque no se puede afirmar con rotundidad. Una
prueba de su existencia son los restos de antiguos poemas, especialmente de género
épico, que se encuentran prosificados en las crónicas.
A mediados del siglo XII se escribió la versión catalana del Forum iudicum, una
recopilación de leyes visigodas escrita originariamente en latín, en el siglo VIII. Una
cierta intención literaria –aunque es mucho mayor su valor filológico– se advierte en
otro de los textos que se citan como iniciadores de la literatura catalana: las Homilies
d’Organyà (Homilías de Orgaña), un sermonario de finales del siglo XII o principios
del XIII. Son unos apuntes en catalán con una finalidad práctica, la de servir de
recordatorio al sacerdote al pronunciar su sermón.
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diversos (astronomía, poesía, teología, geometría...) y creador de una lengua literaria de
extraordinaria calidad. No sólo aporta textos narrativos y poéticos en lengua vernácula,
sino también –algo que era excepcional en la época, pues se solía escoger el latín para
estos menesteres– sus grandes tratados de filosofía y ciencia. Sus obras principales son
el Art Magna y el Arbre de la Ciencia, que recogen parte de su pensamiento; Libre de
contemplaciò, Libre d’amic e amat, Libre d’Evast e Blanquerna, Libre de Fèli (también
llamado Libre de meravelles), Libre de les bèsties, Lo desconhort, etc.
Contemporáneo de Llull es el valenciano Arnau de Vilanova, autor de obras
sobre teología y medicina. El hecho más destacado del período es el nacimiento de la
producción historiográfica en catalán con las llamadas “quatre grans cròniques”.
Constituyen un importante material de estudio no sólo histórico o sociológico, sino
también filológico y literario, ya que aportan datos sobre el estado de la lengua en los
siglos XIII y XIV y sobre textos perdidos que aquí se prosifican. Las cuatro crónicas
son el Llibre del Feyt (del rei En JaumeI), la Crónica de Bernat Desclot, la Crónica de
Ramón Muntaner y la Crónica de Pere el Cerimoniós.
Durante la segunda mitad del siglo XIV se registra un cambio en las estructuras
políticas y también en la cultura. Los planteamientos medievales comienzan a ceder a
favor de nuevas posturas más acordes con un humanismo que terminará por imponerse.
En este período destacan un buen número de obras en prosa destinadas a la clase media,
y 3 autores principales: Francesc Eiximenis (Lo Crestià), Bernat Metge (Lo somni) y
sant Vicenç Ferrer, con sus sermones en lengua vernácula.
La poesía, inicialmente expresada en lengua provenzal, va moldeando también el
catalán para la expresión lírica. A caballo de los siglos XIV y XV se vive una etapa de
influencia italiana, que se recoge en las obras de Andreu Febrer, Mercior de Gualbes y
Jordi de Sant Jordi. Con su producción se prepara la llegada de una gran figura de la
lírica catalana, Ausias March, poeta que abandona definitivamente la lengua de los
trovadores y halla una expresión personal, densa e introspectiva, que influirá
poderosamente en la poesía castellana del Siglo de Oro. Su obra está dividida
temáticamente en Cants d’amor, Cants de mort, Cant espiritual, Cants morals y Poesia
de circumstàncies. Otros importantes escritores de este periodo son el poeta Roiç de
Corella y Jaume Roig, autor de un largo texto, Lo Spill (o Llibre de les dones), que, a
pesar de estar escrito en verso, destaca por sus cualidades novelísticas, que anticipan en
parte los postulados de la novela picaresca.
La prosa narrativa del XV también acusa la influencia italiana. En la segunda
mitad del siglo aparecen dos novelas capitales para la literatura catalana, Curial e
Güelfa, anónima y Tirant lo Blanc, de Joanot Martorell y Martí de Galba, que suelen
denominarse como de caballerías con una extraordinaria tendencia a la verosimilitud.
En ambas se refiere la iniciación de jóvenes caballeros.
Hay muy pocas muestras de teatro medieval catalán, y corresponden al ámbito
religioso. Algunas de estas formas dramáticas se instituyeron en el marco de algunas
fiestas de la Iglesia y aún hoy se representan (el Cant de la Sibil-la, de mediados del
XIII y el Misteri d’Elx, posterior, ya que su forma actual data del XVII).
1.2. La decadencia
Aunque no se abandona la escritura en catalán, hay un periodo, que se extiende
aproximadamente de 1500 a principios del siglo XIX, en el cual el panorama literario no
ofrece figuras descollantes ni obras de especial relevancia. Esta etapa de decadència –
como es conocida, algo peyorativamente– está en parte condicionada por circunstancias
políticas (aunque hasta 1714 el catalán sigue reconocido como lengua oficial; no se
prohíbe su aprendizaje en las escuelas hasta 1768). Hay un buen número de autores
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relevantes, pero escriben en castellano: Guillén de Castro, Rey de Artieda, Timoneda...
Es importante destacar, no obstante, que la producción en catalán –si bien de
importancia menor– no se interrumpe.
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la corriente modernista se inscriben Rusiñol, Gual e Iglesias. Por otro lado, hay que
considerar a Josep María de Sagarra como autor de grandes públicos.
La Guerra Civil supone un fuerte golpe para la cultura catalana, sometida a
prohibición y censura. El exilio será destino obligado para muchos escritores. En este
contexto surge una corriente de realismo comprometido con su época. La obra más
representativa es La pell de brau, de S. Espriu. En la poesía catalana de esta época hay
que mencionar también a Bartra, Vinyoli, Torres, Oliver o Estellés; Brossa y Ferrater
destacan por su fuerte voluntad de renovación. Es obligado citar a Gimferrer, poeta
personal, preciosista y exquisito.
En la narrativa tiene un lugar eminente Mercè Rodoreda. La plaça del Diamant,
hermosísima novela, es quizá la más conocida de su producción. M. A. Capmany, M. de
Pedrolo, J. Perucho, J. Sales o P. Calders son eminentes narradores de esta misma
época. En teatro cabe hablar de un extraordinario auge en la segunda mitad del XX, con
autores como el mismo Espriu, Pedrolo, Teixidor y Benet y Jornet.
Actualmente, la literatura catalana cuenta con brillantísimos escritores, que
conforman un panorama de excelente calidad: C. Riera, T. Moix, M. Roig, Q. Monzó,
S. Pàmies, I.C. Simó...
2. La literatura gallega.
Como en la mayoría de las lenguas románicas, las primeras manifestaciones de
la literatura gallega están escritas en verso. Forman parte de lo que se conoce como
lírica galaicoportuguesa, una poesía de carácter culto conservada en cancioneiros. Este
periodo de gloria se extiende desde principios del siglo XIII hasta mediados del XIV.
Por estas fechas se inicia el abandono de esta expresión lírica a favor de una poesía de
influencia castellana e italiana. Con el siglo XV llega una época oscura que relega el
gallego al ámbito de lo familiar; sólo pervive la expresión literaria oral: canciones
populares de Navidad y Reyes (panxoliñas, nadales, reises), romances sobre la vida del
campo (cantos de vendimia o de esfollada) o sobre el ciclo estacional (maios), y cuentos
populares. Con el siglo XIX se iniciará un profundo cambio, que forzosamente ha de
comenzar con la recuperación de la lengua gallega para la expresión literaria: es el
llamado Rexurdimento, un activo y fecundo resurgimiento de la literatura gallega. Nace
como consecuencia del interés romántico por las culturas regionales. La evolución de
las letras gallegas a partir de esta etapa puede parangonarse con la del resto de las
literaturas peninsulares.
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escritores tiene lugar tras los Juegos Florales de 1861, con poemas en gallego y en
castellano. Manuel Murguía es uno de los principales instigadores de este despertar
literario. Con su obra Los precursores da a conocer la producción de Añón, Pintos
Villar, Rosalía de Castro (su esposa), Sánchez Deus y tantos otros. Las obras poéticas
más representativas de este periodo son Follas novas, de Rosalía; Aires da miña terra,
de Curros Enríquez, y Queixumes dos pinos, de Pondal.
La prosa literaria en el Rexurdimento no está muy ampliamente representada. Es
un periodo literario en el que el género por excelencia es la poesía. No obstante, es
destacable la importancia de dos obras: Catecismo do labrego, de fray Marcos da
Portela, y Maxina, ou a filla espúrea, de Marcial Valladares.
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los problemas seculares del pueblo gallego: la miseria, que empuja a dejar la tierra, y el
desarraigo.
La narrativa de posguerra está constituida fundamentalmente por narraciones
cortas. Es difícil establecer agrupaciones generacionales o estilísticas. Quizá se puede
hablar de una corriente de realismo social, impulsada por la obra de Neira Vila y Blanco
Amor, y de otra que recrea la Galicia mágica, el mundo fantástico fabulado por el
escritor Álvaro Cunqueiro: Merlín e familia o As crónicas do Sochantre.
La narrativa es un género importante en la literatura gallega actual, con
escritores tan destacados como Carlos Casares, Manuel Rivas, Méndez Ferrín o Suso de
Toro, que avalan el excelente momento de las letras gallegas.
3. La literatura vasca.
3.1. Introducción.
Por diversas razones, la literatura vasca ha experimentado un desarrollo muy
particular frente a la de lenguas próximas. Influyen en ello algunas peculiaridades
políticas (la propia división administrativa del territorio vasco) o sociales (la importante
presencia clerical determina el carácter de los primeros textos en eusquera, muy
centrados en la predicación religiosa).
Una manifestación representativa de la literatura vasca es el versolarismo, que
desarrolla una rica poesía oral. Los versolaris eran cantores errantes que recorrían los
pueblos improvisando textos ante el público, a partir de un tema próximo para el
auditorio (la guerra, el amor, la vida marinera...). A veces se distribuían los versos en
unas hojas sueltas –una forma de publicarlas– llamadas bertso berriak.
La transmisión oral ha preservado un tipo de poesía popular en eusquera que
pervive en la memoria de los pueblos. Puede ser de distintos tipos: restos de cantares
épicos sobre las gestas de los vascos en sus luchas territoriales contra romanos o
francos, poesía lírica de fuerte contenido simbólico (el helecho se relaciona con la
fertilidad, el limón con los amores no correspondidos, el ruiseñor con la ausencia del ser
amado, etc), y poesía de tono elegiaco (eresiak), en la que una voz femenina se lamenta
por la falta de una persona amada, el desamor, el compromiso no deseado y otras
causas.
Es especialmente abundante el teatro popular, que permanece inédito en gran
parte. El más representativo es el teatro suletino, en el que pueden distinguirse dos
géneros: los xaribaris y las pastorales. En los primeros se abordan temas del entorno
cotidiano con un tono costumbrista que a veces podía ser escabroso, por lo que el
género, perseguido, languideció en parte y se perdieron muchas de estas obras. Las
pastorales son piezas musicadas estrechamente ligadas al teatro litúrgico de la Edad
Media.
Siglo XVII
A lo largo de este siglo las aportaciones a la literatura proceden en su mayoría de
hombres de la Iglesia. El dialecto labortano queda definitivamente consolidado como
vehículo de expresión literaria. Entre los prosistas destaca Pedro de Azular, cuyo tratado
ascético Guero proporciona una meditada formación religiosa. A pesar de que sólo se
conserva una obra suya, Azular está considerado uno de los clásicos de la literatura
vasca. Su estilo es elegante y adornado en cuanto a la forma, y claro en los contenidos.
Es un autor reflexivo sobre su propia lengua. Otros cultivadores de la prosa religiosa en
este siglo XVII son Gasteluzar y Arginarats. La lírica de este periodo se enriquece con
la aportación del suletino Oihenart, autor de una excelente obra poética en la que se
combinan una equilibrada expresión formal con el cultivo eminentemente barroco de los
recursos literarios. Recurre a la temática amorosa en Oihenarten gastaroa neurthitzetan,
intentando alcanzar los cánones del clasicismo francés. Otro destacado poeta es Joannes
de Etcheberri, autor de unos singulares villancicos.
Siglo XVIII
Durante este siglo, el protagonismo literario que habían ostentado las provincias
vascas francesas se desplaza al territorio peninsular. En un periodo en el que domina en
toda Europa el pensamiento ilustrado, los escritores se preocupan de modo especial por
la sistematización de su lengua, como demuestra el número creciente de textos
lexicográficos y gramaticales. Etcheberri de Sara realiza una notable aportación en este
ámbito, pero hay que destacar, sobre todo, la importancia capital de la obra del padre
Larramendi, a pesar de que escribió buena parte de su producción en castellano. Son
fundamentales su Diccionario trilingüe de castellano, vascuence y latín y su tratado
gramatical El imposible vencido. Arte de la lengua vascongada. Larramendi es el
principal representante de un movimiento denominado “de los apologistas”, que
defiende una ideología posteriormente adoptada por Sabino Arana. Se crea en este siglo
la Sociedad Bascongada de Amigos del País, que impulsará notablemente el teatro culto
(Munibe, Barrutia). Surge en esta centuria también un primer modelo de novela vasca,
si bien su estructura narrativa no es aún suficientemente firme. Se trata de Peru Abarka,
de J.A. Moguel, que se inscribe ya en el cambio de siglo.
Siglo XIX
A mediados de la centuria hay que destacar la labor del príncipe Bonaparte, estudioso
de la lengua vasca y promotor de diversas iniciativas en su favor, como el patrocinio de
las traducciones. En este clima se inicia la celebración de certámenes literarios que
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inducen un notable resurgimiento literario, con escritores tan notables como Manterola
o Sagarmínaga, y con el nacimiento de publicaciones que se erigen en órganos difusores
de la cultura vasca, como la revista Euskara o la Revista de las Provincias Euskaras.
Siglo XX
La producción literaria en eusquera durante esta centuria es muy rica y variada. Desde
principios de siglo influyen notablemente en diversos ámbitos, culturales y políticos, las
ideas nacionalistas de Sabino Arana, autor de muchos estudios histórico-culturales sobre
la realidad vasca. El movimiento nacionalista promueve el purismo de la lengua, que se
incrementará con neologismos y nuevas construcciones. Surgen a comienzos de siglo
importantes obras filológicas, como el Diccionario Vasco-Español-Francés y la
Morfología vasca, ambas de R. M. De Azkue, gran erudito y folclorista.
Los especialistas proponen una clasificación de la literatura vasca de este siglo en tres
grandes periodos: desde el principio de la centuria hasta 1936, desde 1939 hasta la
década de los 60 y desde ese momento hasta la actualidad.
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