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El Gritón Aruco: Guardián de Aguas

El documento describe al Aruco (también conocido como Añuma o Arauco), una ave unicornia única en el mundo que habita en los llanos de Colombia y Venezuela. Tiene espuelas en sus alas y un cuerno en la frente. Según la leyenda indígena, el espíritu de un guerrero llamado Añuma se transformó en esta ave después de dar su vida luchando contra invasores, y ahora protege las aguas y a los habitantes locales como el guardián de los esteros.
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El Gritón Aruco: Guardián de Aguas

El documento describe al Aruco (también conocido como Añuma o Arauco), una ave unicornia única en el mundo que habita en los llanos de Colombia y Venezuela. Tiene espuelas en sus alas y un cuerno en la frente. Según la leyenda indígena, el espíritu de un guerrero llamado Añuma se transformó en esta ave después de dar su vida luchando contra invasores, y ahora protege las aguas y a los habitantes locales como el guardián de los esteros.
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Es una hermosa ave de cuello largo, patas

altas y alas provistas de dos robustos


espolones en el carpo. Lleva en la cabeza
un copete de consistencia córnea. Mide 60
cm de altura y dos metros de envergadura.
Es de color negruzco, con reflejos
verdosos, salvo la garganta que es gris, y
el vientre, que es blanco.
Habita en lugares cerca de los depósitos
de agua dulce; así como las marismas. Se
le documenta desde el nivel del mar hasta
los 1200 metros de elevación. Se mantiene
en parejas y en grupos.
Al Gritón Aruco también se le llama Gritón
Unicornio. En inglés se le conoce por
Horned Screamer.

Suele andar en parejas o pequeños grupos familiares. Construyen nidos flotantes


en los esteros y descansa sobre árboles altos. Éste gigante cornudo pasa la
mayor parte de su tiempo pastoreando sobre la vegetación flotante o
descansando sobre la copa de los árboles, desde donde emite sonidos guturales
que le sirven para demarcar su territorio.
Como ave herbívora representa, junto con aves frugívoras, granívoras y
nectarívoras, el nivel de los consumidores primarios de la cadena trófica en los
llanos colombovenezolanos. Se alimentan de diferentes partes de las plantas:
brotes, hojas tiernas, raíces, flores y frutas.
El Aruco, guardián de las aguas (Relato)
El Arauco, Buitre de los Esteros o Añuma, es la única ave unicornia del mundo. Tiene espuelas en sus
alas y un "cuerno" en la frente.

Por: REDACCION EL TIEMPO


03 de octubre 2008 , 12:00 a.m.

Los antiguos Piapocos, Guahibos y Sálivas, que poblaron los llanos del Orinoco, consideraban al
Añuma como el guardián de las aguas. Era el alma de un antiguo guerrero que se enfrentó en fiera
lucha a los invasores extranjeros, quienes quemaron sus pueblos y a golpes de espada, les quitaron sus
dorados adornos, sus hijos, sus mujeres y sus tierras.

Cuenta la leyenda que Añuma, era el hijo del Dios de los Yerales. El único que tenía permiso para
recorrer todas las selvas y los ríos, por ser el guardián de las aguas y amo y señor de las especies.
Cuando llegaba al llano proveniente de las montañas de Naquen, traía consigo brazaletes y adornos de
oro, que entregaba a aquellos designados por su Dios, como los cuidadores del agua y de la vida.

Un día, montados en corceles y forradas sus carnes con láminas de acero, llegaron los invasores,
separaron a las mujeres y los niños, y, a los hombres, en legua extraña, les preguntaban por el origen
del oro, les quemaron sus viviendas, los torturaron con palos hasta morir.

Fue entonces cuando apareció por la orilla del estero, Añuma, quien desafió a los extranjeros y ordenó
a los Piapocos, Guahibos y Sálivas huir hacia la selva.

Dicen las mujeres y los niños que vieron lo sucedido, que Añuma tomó en cada mano un cuerno, se
colocó otro en la frente, abrió sus brazos y lanzó un grito que estremeció a los extraños y luchó hasta
quedar casi muerto. Sangrando y tendido en la tierra, logró arrastrarse hasta el estero y amparado por
las ramas de un semeruco se sumergió en el agua para siempre.

Los hombres corrieron cada uno por su lado, se internaron en lo profundo de la selva. Así,
desafortunados y cada vez más aterrorizados, buscaron una salida del espeso follaje, que durante el día
dejaba colar por entre el ramaje esperanzadores rayos de luz, mientras que las noches los horrorizaba
con gritos, cantos, silbidos y sonidos que ellos jamás habían oído. Pasaron cuatro días con sus noches y
por más que caminaron, no lograron encontrar el camino hacia el llano.

Cuando las esperanzas de regresar habían casi desaparecido, cuando el hambre y la sed los tenía a
punto de morir, escucharon un fuerte canto que les llenó el alma de esperanza y les devolvió la fuerza a
sus cuerpos.

Caminaron a toda prisa por entre el boscaje, siguiendo siempre el sonido del canto que a cada zancada
se hacía más fuerte.

¡De pronto, el milagro! llegaron a la orilla del bosque y se encontraron de frente con el inmenso llano y
allí, a unos pasos de ellos, el espejo de agua del estero, en su orilla, una enorme ave de más un metro
de longitud corporal, con un plumaje negro verdoso iridiscente en las partes superiores y blanco en las
inferiores, de patas robustas y dedos largos que a simple vista, pereciera que se trocaran al caminar.

En su frente un cuerno y dos grandes espolones que les vieron en sus alas, cuando las batió y cantó en
señal de victoria por haberlos rescatado del espíritu del bosque.

Los hombres volvieron a sus tierras, recuperaron sus familias, reconstruyeron sus viviendas y oyeron
en la voz de las mujeres y de los niños, la épica batalla de Añuma, que acabó con los invasores y de
cómo su cuerpo sangrante se sumergió en las aguas del estero, para brotar luego su espíritu convertido
en una enorme ave de color negro y blanco, que dando fuertes cantos, voló rumbo a la selva.

Se reunieron entonces las tribus del Amazonas y el Orinoco y pensaron que Añuma estaba solo, que
necesitaba de una hembra para que su especie poblara todos los esteros y protegiera a los hombres del
ataque invasor.

Cada tribu designó una doncella y llamaron a Añuma para que escogiera de todas ellas, la que sería su
compañera por toda la eternidad. Añuma tomó su tiempo, caminó mirando cada una de las doncellas y
cuando llegó frente a la princesa Guahiba, llamada Arauca, bailó y entonó el más bello canto en señal
de cortejo.

Extendió sus enormes alas y la invitó a seguirlo hasta el estero. Una vez allí, Arauca tomo la punta del
ala de Añuma y se sumergieron en el espejo de agua para luego emerger en un destello de luz en dos
grandes aves que se perdieron cantando en el horizonte llanero.

Al gran río lo llamaron Arauca, en homenaje a la princesa guahiba.


A Añuma, lo llamaron Aruco, que en todas las lenguas, quiere decir, Guardián de las Aguas y defensor
de los hombres. Desde ese día, todos los esteros del llano tienen una pareja de Arucos que los protege
del maligno invasor.

Por Miguel Arango


Especial para Eltiempo.com/verde

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