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Ensayo

Este documento discute la importancia de la educación inclusiva. Argumenta que la escuela y la familia deben trabajar juntas para crear un ambiente que favorezca la inclusión y elimine las barreras a la participación plena. También enfatiza que la inclusión beneficia a todos los estudiantes al fomentar el aprendizaje grupal y la convivencia. El objetivo final es crear un sistema educativo sin discriminación donde todas las personas sean valoradas y respetadas.

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Ensayo

Este documento discute la importancia de la educación inclusiva. Argumenta que la escuela y la familia deben trabajar juntas para crear un ambiente que favorezca la inclusión y elimine las barreras a la participación plena. También enfatiza que la inclusión beneficia a todos los estudiantes al fomentar el aprendizaje grupal y la convivencia. El objetivo final es crear un sistema educativo sin discriminación donde todas las personas sean valoradas y respetadas.

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DESTELLOS DE LUZ EN LA EDUCACIÓN.

La inclusión como luz fragrante ante la fría y oscura exclusión.

Diciembre de 2018. Sumergidos en un siglo XXI, caracterizado por el avance


tecnológico, la evolución y cambios legislativos que avanzan hacia la no discriminación,
nos encontramos con la inexistencia de igualdad y equidad, en su totalidad, de
oportunidades educativas en el ámbito escolar. La desigualdad, independientemente de
cómo sea, es una protagonista de la educación que busca las luces de la inclusión en la
más pura oscuridad de una noche de invierno. Al fin y al cabo, las diferencias existentes
entre la inteligencia, destrezas cognitivas, intereses, estrategias de aprendizaje,
motivaciones, enfoques ante el estudio y aprendizaje, autoconcepto, etc., influyen en los
procesos y resultados del aprendizaje presentes en las aulas de los centros educativos
(Coll y Miras, 2001). Surge la oportunidad idónea de promover la educación inclusiva,
aquella que se concibe como un proceso que abarca distintos aspectos relacionados con
la obtención de un equilibrio entre los aspectos normo típicos y la atención a la diversidad
en cuanto a las necesidades del alumnado (Echeita y Sandoval, 2002). Además, gracias a
este tipo de educación, alumnos con necesidades educativas pueden acudir al mismo
centro que sus hermanos y disponer de apoyos eficaces, favoreciendo el éxito en el mismo
contexto (Gordon, 2018). Por tanto, es necesario atender a este factor, teniendo presente
que es un camino tortuoso, quizá laberíntico y aparentemente de solución, donde la
intensidad y la constancia juegan un papel fundamental, amparado bajo la opacidad de
las tinieblas de la exclusión. Tenemos que superar los obstáctulos y los estereotipos que
crean etiquetas ensombrecidas por la ignorancia y la falta de empatía, asertividad y
habilidades sociales. ¿Trabajar la inclusión educativa? Sí, desde una perspectiva cristalina
que permita discernir las diferencias como parte de la vida, rechazando el juicio
inexorable de aquellos que no lo quieren ver. Esto es, siguiendo a Urien (2002), la
necesidad de defender el derecho a una vida digna de todas las personas, pues, por el
simple hecho de ser personas, merecen ser respetadas y consideradas como seres humanos
iguales que los demás. Por ello, cabe destacar la labor interminable de Gordon Porter al
cual es necesario considerar como uno de los pilares únicos e irremplazables de la
inclusión educativa. Porter (2018) destaca como principal obstáculo la falta de liderazgo
y compromiso con la educación inclusiva, derivando en la necesidad de que exista la
presencia de personas líderes, que tengan clara la inclusión y se avance hacia delante,
luchando contra las barreras presentes en los centros escolares (cultura, política y
práctica). El desarrollo en sí mismo es clave para entender el desarrollo de los trastornos
(Karmiloff-Smith, 1998). Por ende, y dado que la infancia vivencia gran parte de su
desarrollo en la escuela, resulta significativo y beneficioso aprender de los demás y cómo
cada persona tiene un desarrollo distinto y unas características únicas.
Entonces, ¿es la escuela un medio de transporte que nos hace viajar hacia la
instauración de la inclusión en la sociedad? Sí, ya que, en primer lugar, es necesario que
se conozcan las barreras que frenan la inclusión educativa, para poder transformarlas en
facilitadores (Echeita, 2017), de forma que la diversidad sea un punto fuerte de la
educación y se puedan realizar las adaptaciones necesarias para satisfacer las necesidades
del alumnado. Esto es, sin duda, un reto para el mundo escolar, ya que el objetivo
prioritario consiste en eliminar las barreras sociales existentes (Farrel, 2008). En
consiguiente, hay que tener presente la existencia de "escuelas comunitarias, inclusivas y
eficaces, comprometidas con la inclusión y capaces de llevarla a cabo de manera eficaz”
(Gordon, 2008). Además, el hecho de concebir a la escuela como motor de cambio
conlleva tener en cuenta que a su alrededor orbitan instituciones externas que deben estar
al servicio de sus demandas (Murillo y Krichenski, 2015). Por tanto, el hecho de que se
promueva una educación inclusiva no forma parte solo del centro educativo, sino del resto
de agentes que forman parte de la vida escolar y que se enmarcan en el mismo contexto.
La escuela inclusiva, en definitiva, no diferencia a sus alumnos etiquetándolos o
sesgándolos por sus diferencias; utiliza maneras de enseñar, teniendo en cuenta la
diversidad y ajustándose a las necesidades de la misma (Echeita y Fernández, 2017).
Sin embargo, no es suficiente con intentar cambiar desde el centro educativo. Hay que
buscar un cambio profundo. Es decir, hay que optimizar las actuaciones que favorezcan
un cambio actitudinal. Modificar las actitudes conlleva tener en cuenta el aspecto
emocional, por lo que la empatía se considera como eje primordial, y merece especial
importancia para facilitar la comprensión de la situación (Pozo, 2009). Entonces, se puede
trabajar paralelamente con las familias, a través de principios que promuevan la
parentalidad positiva, basados en la existencia de vínculos afectivos y cálidos, un
ambiente estructurado, estimulación y apoyo al aprendizaje y educación sin violencia
(Rodrigo, Máiquez y Martín, 2010).
Por tanto, y siguiendo los dos párrafos anteriores, se debe en cuenta estos dos agentes
educativos – escuela y familia – a la hora de participar en la educación inclusiva, pues se
va a favorecer el desarrollo de la humanización y culturización, es decir, se va a otorgar
especial relevancia a las funciones 3 y 4 establecidas por Riviere (2002). Ambas
funciones requieren un esfuerzo y se ven influidas por el entorno más próximo, por lo que
puede considerarse como un punto a favor que posibilita el acercamiento de la inclusión
desde las edades más tempranas. En consecuencia, no es un trabajo que se vaya a realizar
de la noche a la mañana.
Mi máxima aspiración, como maestra, y como bien he reflejado junto a mis
compañeras en el trabajo grupal, es tener un ambiente escolar que favorezca la inclusión.
Es importante destacar que los patios, aquellos espacios donde se proporciona un tiempo
libre, suponen el encuentro de las relaciones sociales y el juego como gran protagonista.
En consecuencia, se puede considerar el juego como una herramienta que favorece el
crecimiento social y el aprendizaje, a la vez que desarrollan habilidades sociales y
comunicativas (García y Lagar, 2017) y donde se fomentan las interacciones
mencionadas. En definitiva, la dinamización de patios, es decir, la creación de situaciones
que favorecen la inclusión de todos los niños es una de las mejores maneras para crear
lazos entre los propios alumnos y eludir ráfagas de aire contaminado que, en este caso,
me refiero a la exclusión. Al final, el hecho de que la inclusión educativa conlleve
aprendizaje grupal y convivencia resulta beneficioso para todos los niños (Arnaiz, 2003).
Como cierre del ensayo, creo que el principal motivo para no movilizar la inclusión se
debe al factor económico. Actualmente nos encontramos en una situación que favorece a
pocos y desprestigia a muchos, llegando incluso a vivir en condiciones precarias por no
poder satisfacer sus necesidades. Es entonces, cuando se debe salir a las calles a luchar
por la igualdad y la equidad, a demostrar que ser diferentes no conlleva ser inferiores y,
como afirmaba Nelson Mandela, la educación es el arma más poderosa para cambiar el
mundo. Sin duda, la unión de la fuerza e insistencia interminable hacia la verdadera
justicia educativa y social conlleva un paseo por una espinosa vereda, compuesto de
sombras irregulares, de distinta duración e intensidad. Sin embargo, hay algo que está
claro. No son infranqueables y se pueden erradicar desde el conocimiento y la disposición.
La inclusión, al final, es beneficiosa para todos los seres humanos, pues favorece el
enriquecimiento personal, educativo, emocional, social, cultura… es decir, la inclusión
es progreso. La inclusión significa florecer. Desgraciadamente, incorporar la idea de la
inclusión, a la que podemos considerar como novedosa, es una tarea ardua y complicada,
pues hay que avanzar y superar muchos obstáculos (Ballard, 2013).
Por último, me gustaría destacar una breve reflexión que muestra la importancia
anteriormente descrita, elaborada por Booth y Ainscow (2015):
“Vemos la inclusión como un proceso sin fin que tiene que ver con la participación de las
personas, la creación de sistemas de participación y sus ajustes, y la promoción de valores
inclusivos. Se trata de aumentar la participación de todos […] y la reducción de todas las
formas de exclusión y discriminación. Se refiere a escuchar las voces de los estudiantes y
actuar en consecuencia para responder a sus demandas.”
Entonces, ¿qué es la educación inclusiva? Para mí, el estado ideal por el que las
personas apreciamos las diferencias como fuente pura de aprendizaje, donde la variedad
proporciona saber y la equidad es una protagonista única e irremplazable. La inclusión,
entonces, es la luz que ilumina cada paso realizado de una sombría travesía. Mi propósito,
desde mucho tiempo atrás, es seguir creando luminosidad, buscar incansablemente las
herramientas útiles y necesarias que proporcionen y faciliten situaciones inclusivas,
donde no exista la discriminación y todos podamos ser iguales, independientemente de
nuestras características. Mi deseo, ya no como maestra si no como ser humano, es que se
produzca la extinción de la exclusión y se aprenda a vivir de verdad, con intensidad, amor,
libertad, respeto y tolerancia, rechazando cualquier esbozo discriminatorio y vejatorio.

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