0% encontró este documento útil (0 votos)
186 vistas8 páginas

Fábulas de Fedro y Esopo: Lecciones Morales

La fábula cuenta la historia de una carrera entre una liebre arrogante y veloz y una tortuga lenta pero perseverante. Aunque la liebre tomó una gran ventaja inicial, se detuvo a descansar y se quedó dormida, mientras que la tortuga siguió avanzando constantemente hasta ganar la carrera. La moraleja es que el trabajo duro y la perseverancia pueden triunfar sobre la arrogancia y la falta de constancia.

Cargado por

1508reyna
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
186 vistas8 páginas

Fábulas de Fedro y Esopo: Lecciones Morales

La fábula cuenta la historia de una carrera entre una liebre arrogante y veloz y una tortuga lenta pero perseverante. Aunque la liebre tomó una gran ventaja inicial, se detuvo a descansar y se quedó dormida, mientras que la tortuga siguió avanzando constantemente hasta ganar la carrera. La moraleja es que el trabajo duro y la perseverancia pueden triunfar sobre la arrogancia y la falta de constancia.

Cargado por

1508reyna
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Un piloto y un marinero

FEDRO

Estaba una nave a merced de los varios y encontrados,


Vientos de alterado mar, y la tripulación con las lágrimas, temor y congojas de
cercana muerte; serenóse de súbito el furioso temporal; continuaron bogando
con próspero viento, y al punto se vio a los pasajeros.,
henchidos de gozo, solazarse con inusitada alegría.
Mas el piloto, aleccionado con la experiencia del pasado peligro, dijo así. «Puesto
que en la tierra andan siempre asidos de la mano el placer y la pena,
mostrémonos tan prudentes antes de llegar al deseado puerto, que tanto las
expansiones como las quejas sean siempre moderadas.»
En la prosperidad teme; en la adversidad espera.

Las ranas contra el sol


FEDRO

Quiso casarse el sol allá en tiempos antiguos; y tanto


se alborotaron las ranas al saber la noticia,
que hubo de preguntarles Júpiter el motivo
de tan inusitadas quejas. Adelantándose en aquel
punto la más osada de entre ellas, dijo:
«Al presente el sol es uno solo, y con todo eso, abrasa y
deseca nuestras lagunas, forzándonos a morir en estas
por todo extremo áridas moradas; pregunto: ¿qué nos
sucedería si llegare a tener hijos?»

De un milano enfermo
FEDRO

Hacía largo tiempo que un milano estaba enfermo,


y viéndose ya sin esperanzas de vida, rogó a su madre que acudiese al pie de los
altares, y cansase a las divinidades con fervientes súplicas por el restablecimiento
de su salud. «Que me place, respondió la madre; pero mucho me temo, sea todo
infructuoso; porque si tú, atropellando por la reverencia debida a lo sagrado,
profanaste los templos y llevaste la osadía hasta el punto de no perdonar ni aún a
los sacrificios de los dioses, ¿cómo quieres que les pida clemencia en favor
tuyo?»
El loco por la pena es cuerdo.
Una vieja a un cántaro
FEDRO

Yacía en tierra un cántaro vacío, y ya fuese por


las heces del vino o ya por lo exquisito de su barro, es lo cierto que despedía
suavísima fragancia. Violó una vieja, y después de haberle olido, dijo así: «¡Oh
suave licor! ¿En qué alabanzas no me desharé al ponderar lo que antes fuiste,
mostrando todavía tales reliquias?»
Lo que ahora escribo (dice Fedro) declara cuál debió ser el vigor y elegancia de lo
que escribí en mejores días.

De las cosas buenas, aun sus vestigios nos deleitan y cautivan.

Un cazador y un perro
FEDRO

No teniendo éste nada de cobarde, se había hecho


digno de las complacencias y agasajos de su amo, por
el ardor que desplegaba en la lucha contra toda suerte
de fieras, aun las más feroces; pero aquella naturaleza
robusta y vigorosa comenzó a declinar, sin dura con el
peso de los años. Echósele a reñir en tal sazón con un
jabalí, y bien pronto hizo presa en una oreja; mas hubo
de soltarla, por tener los dientes ya cariados.
Sentido de ello el cazador, increpaba al perro; y él,
aunque viejo, respondió valientemente: «No me falta
empuje, sino fuerzas. Alabáseme en otro tiempo por
lo que valía; y ahora me desprecias, porque no soy ni
aún sombra de lo que fui.»
Bien entiendes tu, Fíleto, a donde tiran y se encaminan estas cosas que yo
escribo.

El tiempo todo lo acabe y consuma

Dos calvos
FEDRO

Uno se encontró por casualidad en medio de la calle un peine; llegóselo otro,


tan calvo como él, y dijo:
«A la parte, a la parte.» Mostrando el primero su hallazgo, añadió después. «Está
visto, los dioses han querido favorecernos; mas por nuestra mala ventura hemos
hallado, como se dice, carbones en lugar de un tesoro.»

Esta reflexión viene como de molde al que ve


frustrarse una a una sus más caras esperanzas.
No todas las cosas sientan bien a todos.
Las dos perras
FEDRO

Suelen envolver una asechanza las caricias de los malos, y para no caer en ella,
nos conviene tener muy presente lo que diremos a continuación.
Una perra solicitó de otra permiso para echar en su choza la cría, favor que le fue
otorgado sin dificultad alguna; pero es el caso que iba pasando el tiempo, y nunca
llegaba el momento de abandonar la choza que tan generosamente se le había
cedido, alegando, como razón de esta demora, que era preciso esperar a que los
cachorrillos tuviesen fuerzas para andar por sí solos.
Como se le hiciesen nuevas instancias, pasado el último plazo que ella misma
había fijado, contestó arrogantemente : «Me saldré de aquí, si tienes valor para
luchar conmigo y con mi turba.»

Si dais entrada al malo en vuestra casa, os echará de ella.

El lobo y la cabra.
FEDRO
Encontró un lobo a una cabra que pastaba a la orilla de un precipicio.
Como no podía llegar a donde estaba ella le dijo:
− Oye amiga, mejor baja pues ahí te puedes caer. Además, mira este prado donde
estoy yo, está bien verde y
crecido.
Pero la cabra le dijo:
− Bien sé que no me invitas a comer a mí, sino a ti mismo, siendo yo tu plato.
Conoce siempre a los malvados, para que no te atrapen con sus engaños.

Los perros hambrientos


FEDRO
Vieron unos perros hambrientos en el fondo de un arroyo unas pieles que estaban
puestas para limpiarlas; pero
como debido al agua que se interponía no podían alcanzarlas decidieron beberse
primero el agua para así
llegar fácilmente a las pieles.
Pero sucedió que de tanto beber y beber, reventaron antes de llegar a las pieles.

Ten siempre cuidado con los caminos rápidos, pues no siempre son los más
seguros.
El caballo y el jabalí
FEDRO

Todos los días el caballo salvaje saciaba su sed en un río poco profundo.
Allí también acudía un jabalí que, al remover el barro del fondo con la trompa y las
patas, enturbiaba el agua.
El caballo le pidió que tuviera más cuidado, pero el jabalí se ofendió y lo trató de
loco.
Terminaron mirándose con odio, como los peores enemigos.
Entonces el caballo salvaje, lleno de ira, fue a buscar al hombre y le pidió ayuda.
-Yo enfrentaré a esa bestia -dijo el hombre- pero debes permitirme montar sobre tu
lomo.
El caballo estuvo de acuerdo y allá fueron, en busca del enemigo.
Lo encontraron cerca del bosque y, antes de que pudiera ocultarse en la espesura,
el hombre lanzó su jabalina y le dio muerte.
Libre ya del jabalí, el caballo enfiló hacia el río para beber en sus aguas claras,
seguro de que no volvería a ser molestado.
Pero el hombre no pensaba desmontar.
-Me alegro de haberte ayudado -le dijo-. No sólo maté a esa bestia, sino que capturé
a un espléndido caballo.
Y, aunque el animal se resistió, lo obligó a hacer su voluntad y le puso rienda y
montura.
Él, que siempre había sido libre como el viento, por primera vez en su vida tuvo que
obedecer a un amo.

Aunque su suerte estaba echada, desde entonces se lamentó noche y día:


-¡Tonto de mí! ¡Las molestias que me causaba el jabalí no eran nada comparadas
con esto! ¡Por magnificar un asunto sin importancia, terminé siendo esclavo!

A veces, con el afán de castigar el daño que nos hacen, nos aliamos con quien sólo
tiene interés en dominarnos.
La liebre y la tortuga
ESOPO

“Un día una liebre orgullosa y veloz, vio como una tortuga caminaba por el camino
y se le acercó. La liebre empezó a burlarse de la lentitud del otro animal y de la
longitud de sus patas. Sin embargo, la tortuga le respondió que estaba segura de
que a pesar de la gran velocidad de la liebre era capaz de ganarla en una carrera.
La liebre, segura de su victoria y considerando el reto imposible de perder, aceptó.
Ambos pidieron a la zorra que señalara la meta, a lo que esta aceptó, al igual que
al cuervo para que hiciera de juez.

Al llegar el día de la competición, al empezar la carrera la liebre y la tortuga salieron


al mismo tiempo. La tortuga avanzaba sin detenerse, pero lentamente.

La liebre era muy veloz, y viendo que sacaba una gran ventaja a la tortuga decidió
ir parándose y descansando de vez en cuando. Pero en una de las ocasiones la
liebre se quedó dormida. La tortuga, poco a poco, siguió avanzando.

Cuando la liebre despertó, se encontró con que la tortuga estaba a punto de cruzar
la meta. Aunque echó a correr fue demasiado tarde y finalmente la tortuga ganó la
carrera".

Esta fábula nos enseña que el trabajo duro, la perseverancia, la constancia y


el esfuerzo nos llevarán a nuestras metas, aunque sea poco a poco, si no nos
rendimos. También nos permite ver cómo la arrogancia, la falta de constancia y el
exceso de seguridad en uno mismo nos puede llevar a perder oportunidades y a no
alcanzar nuestras metas.

El lobo y el cordero
ESOPO

“Había una vez un lobo que vio a un cordero en la orilla de un río y quiso comérselo
ofreciendo un pretexto simple pero verosímil. A pesar de estar río arriba, le acusó
de no dejarle beber al revolver el agua. El cordero contestó que al estar el lobo río
arriba y el más abajo no era posible que así fuera.
Al ver el fracaso, el lobo acusó al cordero de haber insultado a sus padres el año
anterior, a lo que el cordero contestó que hacía un año el aún no había nacido. El
lobo dijo entonces que aunque el cordero se justificaba muy bien, no le dejaría ir y
no iba a dejar de comérselo".

Esta fábula nos enseña que a menudo aquellos que quieren provocarnos
daño no se van a detener independientemente de nuestros argumentos o de que
sea o no justo.
La cigarra y la hormiga
ESOPO

“Era un caluroso verano. Una cigarra, protegida del sol por la sombra un árbol y
disfrutando el momento sin ninguna intención de ponerse a trabajar, cantaba y
cantaba continuamente. Mientras vio como su vecina, una trabajadora hormiga, se
encontraba trabajando arduamente para ir llevando comida a su hogar.

La cigarra le ofreció cantar y descansar, a lo que la hormiga la indicó que debería


dejar de estar ociosa y ponerse a recoger alimentos. La cigarra ignoró su consejo.
Meses después llegó un invierno frío, que sorprendió a la cigarra sin nada que
comer ni un sitio al que ir. Desesperada acudió a su vecina la hormiga pidiéndole
ayuda. Sin embargo, la hormiga contestó preguntando qué había hecho durante el
verano. La cigarra le dijo que cantar, a lo que la hormiga le respondió que bailara
ahora ya que cuando pudo no hizo nada para evitar esa situación, y cerró la puerta
dejando fuera a la cigarra".

Aunque luego sería reformulada por la Fontaine, se considera o atribuye esta


conocida fábula también a Esopo. La moraleja es clara: debemos esforzarnos y
trabajar duro para subsistir y conseguir llevar a cabo una vida digna que nos
permita sobrevivir., mientras que la vagancia y la falta de actuación nos pueden salir
caras Debemos ser constantes, perseverantes y previsores.

La paloma y la hormiga
ESOPO

“Había una vez una hormiga que, sedienta, se acercó a beber a un río. Sin embargo,
una vez allí se vió arrastrada por la corriente. Estaba ahogándose cuando una
paloma, que se encontraba posada en una rama de un árbol cercano, observó la
escena y acudió rauda a salvarla.

Tras ponerla a salvo, la hormiga agradecida le prometió que algún día le devolvería
el favor si podía a pesar de su diminuto tamaño.
Pasó el tiempo y un día un cazador llegó a la zona. Viendo a la paloma posada,
aprestó su arma y se preparó para cazarla.

Sin embargo la hormiga, que se hallaba cerca, vió la escena y acudió a rauda a
cumplir su promesa. La hormiga picó en el talón al cazador, el cual ante el dolor
soltó su arma. La paloma aprovechó la oportunidad para salir huyendo volando,
salvando su vida".

Esta fábula es una muestra de la importancia de la generosidad y como toda


buena acción tiene al final su recompensa.
El murciélago y las comadrejas
ESOPO

“Cayó un murciélago a tierra y fue apresado por una comadreja. Viéndose próximo
a morir, imploró el murciélago por su vida. Le dijo la comadreja que no podía soltarle
porque de nacimiento era enemiga de los pájaros. El murciélago replicó que no era
pájaro sino un ratón, librándose de este modo con gran astucia.
Tiempo después volvió a caer en manos de una segunda comadreja, a la que
suplicó que no le devorara. La comadreja le dijo que odiaba a los ratones, de manera
que no podía dejarle marchar. El murciélago sin embargo le contestó que él no era
un ratón sino un pájaro, de manera que consiguió volver a librarse".

Esta pequeña fábula de Esopo tiene como moraleja que debemos ser capaces de
adaptarnos a las situaciones de manera rápida y flexible, algo que sin duda es
lo que nos va a permitir medrar y sobrevivir.

El asno y la zorra encuentran al león


ESOPO

“El asno y la zorra, habiéndose unido para su mutua protección, salieron un día de
caza. No anduvieron mucho cuando encontraron un león. La zorra, segura del
inmediato peligro, se acercó al león y le prometió a capturar al asno si le daba su
palabra de no dañarla a ella.

Entonces, afirmándole al asno que no sería maltratado, lo llevó a un profundo foso


diciéndole que se guareciera allí. El león, viendo que ya el asno estaba asegurado,
inmediatamente agarró a la zorra, y luego atacó al asno a su antojo”.

Esta fábula nos enseña como moraleja que no debemos traicionar nunca a los
amigos por temor a los enemigos, ya que al final también saldrás traicionado.

La cierva tuerta
ESOPO

“Una cierva a la que le faltaba un ojo pacía a orillas del mar, volviendo su ojo intacto
hacia la tierra para observar la llegada de cazadores y dando al mar el lado que
carecía del ojo, pues de allí no esperaba ningún peligro.
Pero resulta que una gente navegaba por este lugar, y al ver a la cierva la abatieron
con sus dardos. Y la cierva agonizando se dijo para sí: - ¡Pobre de mí! Vigilaba la
tierra, que creía llena de peligros, y el mar al que consideraba un refugio me ha sido
mucho más funesto".
Esta fábula nos enseña que nunca debemos infravalorar o sobrevalorar las cosas
ni a darlas por sentado, sino que debemos analizar todas las opciones y sus
aspectos tanto positivos como negativos de forma realista, sin dejarnos sesgar por
la subjetividad.
El perro y su reflejo en el río
ESOPO

“Vadeaba un perro un río llevando en su hocico un pedazo de carne. Vio su propio


reflejo en el agua del río y creyó que aquel reflejo era en realidad otro perro que
llevaba un trozo de carne mayor que el suyo. Y deseando adueñarse del pedazo
ajeno, soltó el suyo para arrebatar el trozo a su compadre.
Pero el resultado fue que se quedó sin el propio y sin el ajeno: éste porque no
existía, solo era un reflejo, y el otro, el verdadero, porque se lo llevó la corriente".

Esta fábula de Esopo nos enseña la importancia de no codiciar ni centrarse en


obtener o usurpar los bienes o logros de otros, ya que ello nos puede hacer
perder lo que sí hemos logrado por nosotros mismos.

La zorra y las uvas


ESOPO

“Estaba una zorra con mucha hambre, y al ver colgando de una parra unos
deliciosos racimos de uvas quiso atraparlos con su boca. Pero no pudiendo
alcanzarlos se alejó, diciendo: -En realidad ni siquiera me gustan, están muy
verdes…”.

Esta pequeña historia nos deja ver cómo a menudo cuando nos rendimos de algo
que queremos le echamos la culpa a dicho algo o a otros. La moraleja es
precisamente que no debemos pasar la culpa de no lograr lo que queremos a
los demás.

El lobo con piel de cordero


ESOPO

“Pensó un día un lobo cambiar su apariencia para así facilitar la caza de comida. Se
metió en una piel de oveja y a continuación fue a pastar con el reba ño, de manera
que despistó al pastor. Al llegar el atardecer fue llevado junto al resto del rebaño a
un cercado, quedando en el interior junto a sus deseadas presas.
Sin embargo, por la noche el pastor entró buscando carne para el día siguiente.
Cogió al lobo creyéndolo un cordero, y lo sacrificó".
La moraleja que se extrae de esta fábula nos indica que engañar a los demás no
nos genera beneficios sino que terminará causándonos daños, mayores en
cuanto mayor sea el engaño.

También podría gustarte