INTRODUCCIÓN
Capitalismo Solidario
La mejor manera de ocuparse
de la gente y del planeta
« ¿Capitalismo solidario?», exclamó un estudiante universitario haciendo gestos cínicos,
«¿Acaso no se trata de dos términos contradictorios, como ‘cruel bondad’ o ‘muerte viviente’?
¡Esas dos palabras simplemente no van juntas!»
Durante los últimos cuatro o cinco años la gente me ha hecho bromas por mi obsesión sobre el
Capitalismo Solidario. Yo no tenía la menor idea de que capitalismo fuese una palabra tan peligrosa
y conflictiva, evocadora de recuerdos de ‘caballeros de industria’ y de duro trabajo infantil, ríos
envenenados y hacinamientos de humo arrojando polución hacia el cielo azul.
«Los capitalistas triunfan porque no son solidarios», afirmó disgustado un profesor universitario
después de mi presentación en su clase. «Sin capitalismo no podría existir la solidaridad», le
repliqué, y los estudiantes me miraron incrédulos, como si acabara de asegurar que el mundo es
plano o que el mar se encuentra lleno de dragones.
Durante ese Instante de silencio reflexioné de nuevo en lo importante que se ha vuelto para mí el
proyecto del Capitalismo Solidario. Mientras gran parte del mundo se abalanza a abrazar el
capitalismo, nosotros, los que hemos disfrutado más de sus beneficios, todavía estamos apenados
por sus debilidades y atentos a sus fallos. Peor aún, millones de nuestros conciudadanos no saben
cómo opera el Capitalismo Solidario o cómo puede el Sistema ayudarles a disfrutar de la vida y a
vivir mejor.
¿Por qué tantos profesores universitarios y columnistas de periódicos olvidan, o rehúsan admitir,
la increíble fuerza y evidente éxito del capitalismo? ¿Por qué se aferran a nociones trasnochadas
sobre socialismo e incluso comunismo, si las promesas formuladas por esos dos sistemas
económicos han sido ensayadas y encontradas deficientes?
Claro, el capitalismo tiene sus fallos. Son conocidos los errores del pasado, y todos debemos
estar pendientes para evitar que se repitan en el futuro. Pero a pesar de esos fallos, el capitalismo se
ha convertido en el sistema económico que ha escogido el mundo, y realmente es muy fácil
comprender por qué. Aunque este libro no es solamente sobre Amway Corporation, la historia del
triunfo de Amway durante los últimos treinta años es un magnífico ejemplo de la aplicación del
Capitalismo Solidario.
Fidel Castro y sus aliados comunistas se apoderaron de Cuba el 16 de enero de 1959,
prometiendo restaurar la economía de esta isla que, alguna vez, fue una rica nación. Esa misma
semana, Jay Van Andel y yo fundamos Amway Corporation en los sótanos de nuestras casas en
Ada, Michigan. En aquellos días el socialismo era considerado como «la mayor esperanza
económica del mundos. La libre empresa estaba muerta, eso fue lo que nos dijeron a Jay y a mí. El
capitalismo americano «iba de capa caída», mientras que el marxismo-comunismo que Rusia y
China estaban exportando, «seguramente triunfaría».
«Éste no es el momento para iniciar un negocio propio», nos advirtieron algunas personas, «esos
días han pasado para siempre». Entonces, frunciendo el ceño y con gestos de disgusto, añadían: «El
capitalismo nos ha fallado y nos seguirá fallando. El socialismo es nuestra única esperanza».
Escuchamos a los críticos de la libre empresa. Les agradecimos sus consejos y los ignoramos
olímpicamente.