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Orígenes del Coaching y su Evolución

El origen de la palabra "coaching" se remonta a los siglos XV y XVI, cuando los carruajes de la ciudad húngara de Kocs se hicieron populares para transportar personas de un lugar a otro. Esta palabra evolucionó a "coach", refiriéndose a un vehículo para el transporte. Del mismo modo, el coaching ayuda a las personas a moverse de su situación actual a donde quieren llegar. Las influencias filosóficas del coaching incluyen a Sócrates y su método interrogativo, así como los diálogos de Platón y la énf

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Orígenes del Coaching y su Evolución

El origen de la palabra "coaching" se remonta a los siglos XV y XVI, cuando los carruajes de la ciudad húngara de Kocs se hicieron populares para transportar personas de un lugar a otro. Esta palabra evolucionó a "coach", refiriéndose a un vehículo para el transporte. Del mismo modo, el coaching ayuda a las personas a moverse de su situación actual a donde quieren llegar. Las influencias filosóficas del coaching incluyen a Sócrates y su método interrogativo, así como los diálogos de Platón y la énf

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En primer lugar nos parece interesante realizar una breve reseña sobre el origen de la

palabra Coaching.

La historia apunta hacia los siglos XV y XVI, cuando empezó a hacerse muy popular la
ciudad húngara de Kocs, situada a unos 70 kilómetros de Budapest, (entre Viena y
Pest). Kocs se convirtió en parada obligada para todos los viajes entre estas dos
capitales. De esta manera se empezó a hacer muy común el uso de un carruaje
caracterizado por ser el único provisto de un sistema de suspensión para dichos viajes.
Además, destacaba por su comodidad frente a los carruajes tradicionales. Así comenzó a
hablarse del kocsi szekér, o sea el ‘carruaje de Kocs’, símbolo de la excelencia.

De esta forma, el término kocsi pasó al alemán como kutsche, al italiano como cocchio
y al español como coche. En serbocroata, se dice kocsikázik para designar la acción de
dar un paseo en coche. Por tanto, la palabra coach (coche) es de origen húngaro.
Designaba un vehículo tirado por animales para transportar personas. De la ciudad
Kocs, se formó la palabra kocsi (pronunciada cochi). En una obra de Fonseca de 1569,
“coche” aparece integrada en el léxico español, según atestigua el Diccionario de
Autoridades (1729, s. v.). Es así como la palabra “coach”, derivado de “coche”, cumplía
la función de transportar personas de un lugar a otro.

El coaching, de alguna manera, también transporta a las personas de un lugar a otro. Es


decir, del lugar donde están, a donde quieren llegar. La única distinción, dentro de esta
analogía, es que el coach no es quien carga con el viaje, ni es responsable del rumbo y
decisiones que el “conductor” (cliente / coachee) tome a lo largo del proceso.

Si bien esta analogía, propia del término coach desde sus orígenes e incluso de la
práctica misma del coaching, nos resulta reveladora, no es suficiente para explicar la
profesión del coach . Es por ello que deben analizarse también las influencias que a lo
largo de la historia del pensamiento han devenido y consolidado lo que hoy en día se
denomina coaching.

La figura de Sócrates es la más referenciada cuando hablamos del origen del coaching.
Podemos encontrar indicios a un proceso similar al coaching con Sócrates y su método
filosófico-interrogativo para buscar el conocimiento con la convicción que dentro de
cada uno están las respuestas. Lo cierto es que así como él, los coaches “ayudan al
couchee (cliente) a examinar su vida”. Para conseguirlo, la metodología se basa en el
Arte de la Mayéutica, a través del cual el couchee encuentra su verdad o la verdad con
una función práctica para su vida. No existe el enseñar sino sólo el aprender, y éste
surge sólo reconociendo que el conocimiento no está en el coach sino en los propios
coachees (clientes). Otra influencia propia de la filosofía Socrática, es que
ayudamos a que nuestros clientes en ciertos momentos sean conscientes de sus
incompetencias, para luego estar en mejor posición frente a la consecución de sus
objetivos. Saber que no sabemos nada, es siempre un punto de partida
imprescindible de la buena práctica del coaching.

También podemos encontrar influencias de Platón. En el pensamiento de Platón,


reconocemos la estructura de sus diálogos, como sesiones de coaching primitivas. Una
de las conclusiones más evidentes, del análisis de sus diálogos, es la importancia de las
preguntas como herramienta de trabajo que potencia las conversaciones (diálogos), y
que sirven de método para la adquisición del conocimiento en nuestros clientes. Las
preguntas poderosas y la escucha activa, son las dos herramientas o habilidades
más importantes que un coach debe aprender para transformarse en un verdadero
catalizador del otro. De hecho, gran parte de la formación en coaching consiste en el
desarrollo y fortalecimiento de éstas habilidades profesionales.

También encontramos influencias de Aristóteles. Es sabido que Aristóteles, como


realista, se contrapone diametralmente a la filosofía idealista de Platón. Sin el coaching
consigue integrar las ideas que de ambos se desprenden. Por ejemplo, Aristóteles nos ha
enseñado a trabajar principalmente en el nivel “apetitivo intelectivo” (honores,
reconocimientos y autorrealización) del hombre. Nos dice básicamente que el hombre
puede llegar a ser lo que desee, dependiendo de las cosas que grabe en ella. Podemos
pasar del ser, entendiéndolo como “lo que nos viene dado” o primera naturaleza, al
deber ser, nuestra segunda naturaleza. Aristóteles, nos explicó que la metodología
básica para llegar a ser lo que debes ser, es la acción. La acción es una de las dos
caras de nuestra moneda como profesión. Sin ella, las sesiones de coaching no
tendrían sentido alguno.

La filosofía existencialista y la fenomenología han sido las dos fuentes de influencia


que consolidaron la Psicología Humanista, y ésta última ha influenciado en gran medida
a la propia metodología del coaching. El eje central del central del coaching es, así
como determinó la filosofía existencialista, la existencia individual. Es así como los
seres humanos tenemos la capacidad de darnos cuenta o tomar conciencia de
nosotros mismos para re-plantearnos nuestro propio proyecto de vida. Por ello en
el coaching es fundamental esta reflexión interna, y la toma de conciencia tanto
interna como del entorno.

La fenomenología, por su parte, nos ha enseñado (incluso mucho antes que el


desarrollo de la Programación Neurolingüística), que es imprescindible abstenernos de
todo prejuicio para con nuestros clientes, de manera que permitamos que ellos mismos
encuentren sus conciencias más puras. De la misma manera, el coaching se aleja de los
conocimientos técnicos o pre conocimientos, para conseguir que la intuición se
manifieste, y así poder percibir a la persona como un todo (visión global). Nuestra
visión global permite, a su vez, que el otro (nuestro cliente) se perciba a sí mismo tal
como es, encontrándose consigo mismo.

Como influencia de la Psicología Humanista cabe destacar:

- En el coaching valoramos la peculiaridad de las personas reconociendo que cada ser


humano es diferente.

- “Trabajamos” con la conciencia, dejando de lado todo aspecto del inconsciente. La


conciencia es la que otorga liberta y capacidad de elección al hombre.

- Buscamos significados no explicaciones.

- Las sesiones de coaching son no-directivas

- El coaching se centra en el cliente, no en los objetivos. En otras palabras, es a través


del cliente como trabajamos los objetivos. Nunca un objetivo estará por encima de la
persona
- El Rapport es fundamental en la relación humana entre el coach y el cliente.

- Nuestros clientes son responsables de la dirección y del plan de acción que se


establece en cada sesión.

- Las principales herramientas de un coach son sus cualidades.- El coaching no enseña,


el cliente aprende.

- El coaching se enmarca, normalmente, dentro de los factores motivadores del ser


humano: la autosuperación o autorrealización.

- Nos orientamos al comportamiento (hacer, vivir y sentir).

- Hacemos que nuestros clientes se planteen qué quieren llegar a ser, desde el presente
hacia el futuro, construyendo su realidad.

Por último mencionar que existe la idea ampliamente difundida de que el deporte ha
tenido una influencia directa en el coaching. La referencia más cercana de las
influencias del deporte en el coaching la encontramos en Timothy Gallwey , quien
desarrolló una metodología de entrenamiento denominada The Inner Game (El Juego
Interior). John Whitmore, reconocido como uno de los coaches más importantes de
Europa, recibió una influencia directa de Timothy Gallwey al asociarse junto a él, y
difundir The Inner Game en Inglaterra. A pesar de ello, es importante reconocer, que la
metodología de The Inner Game es diametralmente opuesta a las técnicas tradicionales
de entrenamiento. Las propias palabras de Timothy Gallwey respecto de su metodología
son: “Siempre hay un juego interior en tu mente, no importa qué este sucediendo en el
juego exterior. Cuán consciente seas de este juego podrá marcar la diferencia entre el
éxito y el fracaso en el juego exterior”. El propio Timothy Gallwey no se reconoce
fundador, ni padre del coaching. Tal como comenta, según sus propias palabras, The
Inner Game “va de la mano junto al coaching”. Así, reconoce su acercamiento, pero
también su independencia.

En el coaching reconocemos que hay un juego interior (Inner Game), que se juega en
nuestra mente y en la mente de nuestros clientes. Este “juego” es tan importante como el
exterior, aún en el trabajo. También entendemos, tal como lo hace Timothy, que el
enemigo, en muchos sentidos, somos nosotros mismos.

Es en los años 80´, el coaching comienza a difundirse tal y como lo conocemos hoy en
día. El coaching comienza a consolidarse como una metodología con identidad propia.
Bajo esta identidad, se han desarrollado tres grandes áreas de trabajo, que hoy
conocemos como: coaching personal (Life Coaching), coaching ejecutivo (Executive
Coaching) y coaching organizacional (Corporate Coaching).

La difusión del coaching, como disciplina, se expande de formas diferentes según los
diferentes contextos culturales, produciendo un desarrollo exponencial que ha hecho
que el coaching se haya transformado, en muy poco tiempo, en una de las profesiones
más desarrolladas del siglo XXI.

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