CONOCERLE ES AMARLE
Texto bíblico: “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a
Jesucristo, a quien has enviado”. Juan 17:3.
Propósito: Presentar en esencia la verdadera motivación de la mayordomía cristiana. Cuando el ser
humano conoce a Dios se da cuenta que Dios le ama. Reconoce que existe solo por la gracia y el
amor de Dios. Y movido por ese amor le obedece y le es fiel.
INTRODUCCIÓN
¡Muy buenos días! Es un privilegio esta mañana saludarles.
El título del mensaje de esta mañana evoca a un coro de hace muchos años: “Conocerle es amarle”.
¿Se acuerdan?
//Conocerle es amarle
Y amarle solo a Él… //
La letra de este coro nos recuerda una gran verdad. Cada vez que un ser humano tuvo un encuentro
personal con Dios, ese encuentro cambió su vida y casi siempre, decidieron vivir una vida de
obediencia y servicio abnegado al Dios que conocen.
Conocer a Dios es conocer lo que Dios es, lo que ha hecho, hace y hará por nosotros. Es conocer
sus atributos, Él es amor, Dios ama incondicionalmente. Su amor motiva, transforma al ser humano,
cuando este le conoce. Porque Él amó primero, Él desea que el ser humano lo ame con todo el
corazón.
Por eso el canto tiene razón, al decir que, conocerle es amarle. Y amarle es obedecerle y serle fiel.
Porque el servicio que Dios desea de cada uno de nosotros, debe ser por amor. Porque todo lo que
se hace por amor, es duradero y fiel.
Esta mañana estudiaremos la importancia de conocer a Dios. Porque cuando entendemos que Dios
es amor, y que Él nos ama sin condiciones, entonces seremos mayordomos genuinos, le serviremos
por amor y no en procura de una simple recompensa.
CONOCERLE ES AMARLE
A. Conocer a Dios
Dios expresa su deseo en el Antiguo Testamento a través del profeta Jeremías: “Así dijo
Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico
se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme
y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque
estas cosas quiero, dice Jehová”. (Jer. 9:23-24).
Conocer a Dios no es leer acerca de Él, no es obtener más información acerca de su
persona. Conocer a Dios es interactuar con Él, es relacionarse con Él, es tener una
experiencia con Él. Dios no es algo que debe aprenderse. Dios no es un concepto que se
define. Dios es alguien a quien debe conocerse, es una persona con la que nos podemos
relacionar.
Y tan empeñado, tan interesado está Dios para relacionarse con nosotros que se hizo
hombre y vino a vivir en esta tierra para darse a conocer. Por esa razón: “Nadie sino el Hijo
de Dios podía efectuar nuestra redención; porque sólo Él, que estaba en el seno del Padre,
podía darle a conocer. Sólo Él, que conocía la altura y la profundidad del amor de Dios,
podía manifestarlo”. (CC, 14).
Jesús lo expresó así: “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios
verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado”. (Juan 17:3).
Note la importancia de conocer a Dios. Es cuestión de vida eterna. El mensaje es tan claro,
si no conozco a Dios, no podré tener el regalo precioso de la vida eterna. No porque Dios no
desea otorgármelo, sino porque no le conozco.
El autor [Link] escribió que saber quién es Dios y conocerlo, constituye el desafío más
importante de cada persona. “Nuestro fracaso al no conocer a Dios nos ha acarreado serios
problemas. Lo que nos viene a la mente cuando pensamos en Dios, es quizá el asunto más
importante”.
La gran ironía de un miembro de la iglesia de Dios, es no conocer personalmente al Dios de
la iglesia. Ser miembro de iglesia que tiene la misión de colaborar con una obra, y ni siquiera
conocer al dueño de esa obra.
Piense en esto, nadie confía en el alguien que no conoce. Por eso muchas veces, vacilamos
ante las dificultades de la vida. En lugar de confiar en el Dios que todo lo puede, que para Él
no hay nada imposible. Basamos nuestra confianza en el mismo hombre. En las cosas
temporales de esta vida. Y por esa razón experimentamos decepción.
Cuando no conocemos a Dios, tenemos una imagen equivocada de Dios, un pobre concepto
de Dios. Puedes decir que Dios es grande y Todopoderoso, pero ¿Qué haces cuando
enfrentas alguna dificultad? ¿Cuándo la enfermedad toca tu familia? ¿Cuándo la crisis llega
a tú hogar? Es en esos momentos cuando realmente se prueba si conoces a Dios.
Conocer a Dios no es una opción, lo es todo. Y solo podemos conocerle, cuando nos
relacionamos con Él a través de la oración y el estudio de su Palabra. La comunión con Dios
es un asunto serio, una decisión vital. No es algo que ocurre por casualidad, es algo que
tengo que planearlo en mi vida intencionalmente.
Es posible que esta mañana hay más de una persona aquí que hace tiempo dejó de tener
comunión con Dios. Preocupado por muchas cosas ha descuidado la parte más importante,
sentarse a los pies de Jesús los primeros minutos de cada día para escuchar su voz a
través del estudio de la Biblia. Y abrir su corazón a Dios a través de la oración.
B. Un Dios de amor
Lo primero que descubre el ser humano al conocer a Dios es que es amor. Tal como lo
expresa el apóstol Juan en su primera carta: “El que no ama no conoce a Dios, porque Dios
es amor” (1 Juan 4:8). “Dios ama porque el amor es su ADN. El no ama porque el objeto
amado se haya ganado su amor; más bien ama sin que nadie lo haya obligado a hacerlo. No
hay nada fuera de Dios que pueda moverlo o forzarlo a amar”.
En el último libro del Antiguo Testamento, Dios expresa su amor por su pueblo. “Yo os he
amado…” (Mal. 1:2). El verbo está expresado en pasado. Porque la construcción del texto
no solo refleja el presente, sino el pasado. Lo que Dios expresa, es que antes que tú
nacieras Dios ya te amaba. Dios está diciendo, que no existe un momento de tu existencia
que no te haya amado.
Lo que Dios expresa al pueblo postexílico es que los ama. Y la muestra que Dios ama, es el
tiempo que has vivido, de que estás aquí en este momento. La evidencia que Dios te ama
es que tienes vida.
“La naturaleza y la revelación a una dan testimonio del amor de Dios. Nuestro Padre
celestial es la fuente de vida, sabiduría y gozo. Mira las maravillas y bellezas de la
naturaleza. Medita en su prodigiosa adaptación a las necesidades y a la felicidad, no
solamente del hombre, sino de todas las criaturas vivientes. El sol y la lluvia que alegran y
refrescan la tierra; los montes, los mares y los valles, todo nos habla del amor del Creador.
Dios es el que suple las necesidades de todas Sus criaturas diariamente”. (CC, 9).
Todo lo que hay en la naturaleza nos revela que Él nos ama. Al despertar cada día, es una
muestra del amor de Dios. la evidencia que Dios te ama, es que tienes vida.
Cuando entendemos que Dios es amor, y que Él nos ama sin condiciones, entonces
seremos mayordomos genuinos, personas que sirven a Dios por amor y no por la
recompensa. Como mayordomos no hemos de suponer que a base de nuestra fidelidad
lograremos conseguir que Dios nos ame. No claro que no. Dios es amor, y ha sido así desde
la eternidad hasta la eternidad. El amor de Dios no cambia.
“Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado;
por tanto, te prolongué mi misericordia” (Jer. 31:3).
C. Amar es Dar
En hebreo la palabra amor es ahab, que viene de yahab que significa dar. Amar es dar,
cuando Dios nos dice que nos ama, es porque Él nos dio parte de sí, Él es la fuente de la
vida, Él nos dio la vida.
La primera vez que aparece la palabra amor en la Biblia es en Génesis 22:2. “Y dijo: Toma
ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en
holocausto sobre uno de los montes que yo te diré”.
El texto nos habla del sacrifico de Isaac. Dios le pide a Abraham que muestre su amor,
dándole a quién el ama. Demostrando así, que ama más a Dios que a su propio hijo. La
forma de mostrar que amas es dando. Porque amar es dar.
Juan 3:16 es una explicación de lo que significa amor en hebreo: “Porque de tal manera
amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no
se pierda, mas tenga vida eterna.
El amor de Dios no es una emoción, no es un sentimiento, no son palabras. El amor de Dios
son actos de entrega, de acción, porque cuando se ama se da sin reservas y sin esperar
nada a cambio. Dios es amor porque nos dio todo el cielo al darnos a Cristo Jesús.
¿Cuánto ha hecho para que Dios le ame? Sinceramente, nada hemos hecho para que Dios
nos ame. Simplemente Él nos ama, porque existimos. Somos el objeto de su tierno cuidado.
¿Cuándo fue la última vez que le dijiste a tus hijos que los amas? ¿Cuándo fue la última vez
que le demostraste a tus hijos que los amas? Porque amor es dar, no solo palabras; es dar
tiempo, recursos, esfuerzo y nuestra propia vida.
Dios quiere que le demos tiempo, recursos, talentos y nuestro cuerpo por amor. Esto es la
verdadera motivación de la mayordomía cristiana. Porque cuando amamos a Dios, le damos
todo lo que somos y lo que tenemos. Porque reconocemos que Él nos amó primero. Y cada
día que vivo es por el amor maravilloso de Dios para conmigo.
En Malaquías 1:2, sorprende la respuesta del pueblo a la expresión de amor de Dios: “Yo os
he amado…” Pero el pueblo responde ¿En qué nos amaste? Nos les parece bastante
ingrata la respuesta. La vida es evidencia del amor de Dios. Algunas veces nos pasa lo
mismo, nos olvidamos que Dios no ama, por las dificultades que afrontamos. Cuando estás
enfermo, cuando no tienes trabajo, cuando hay problemas en el hogar, etc.
El enemigo nos hace pensar que Dios es el autor de nuestras tristezas y aflicciones. Dios no
es el autor de tú enfermedad, de tus aflicciones, de tus problemas. Si estás enfermo, no
debes padecer de inseguridad emocional, porque Dios te ama. Todos nosotros somos
objeto del amor de Dios.
Cuando los amigos te rechazan, recuerda Dios te ama. Cuando las cosas no salen como lo
habías pensado, recuerda Dios te ama. Tus circunstancias no son más grandes que el amor
de Dios.
“Romperse puede todo lazo humano, separarse el hermano del hermano, olvidarse la madre
de sus hijos, variar los astros sus senderos fijos; mas ciertamente nunca cambiará el amor
providente de Jehová.” (CC, 16).
Cuando soy expuesto al amor de Dios, me cambia, me transforma y decido hacer todo por
amor a Dios. La verdadera y genuina motivación de la fidelidad a Dios es el amor. Todo lo
que haga por una motivación diferente, con el tiempo se convertirá en una carga. Y
entonces buscaremos hacer lo menos posible por Dios y por su obra.
El apóstol Pablo es un ejemplo claro de alguien que experimenta realmente el amor de Dios.
“¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o
hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Como está escrito: Por causa de ti somos
muertos todo el tiempo; Somos contados como ovejas de matadero. Antes, en todas estas
cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy
seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo
presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá
separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro” (Rom. 8:35-39).
CONCLUSIÓN
Conocer a Dios es relacionarnos con Él. La vida eterna no consiste en conocimiento de un poco de
doctrina, sino de una persona. Una persona maravillosa que es Dios. El verdadero cristianismo es la
relación de dos personas, el ser humano y Dios a través de Cristo. Y conocer a Dios es amarle,
porque Dios es amor, y porque Él nos amó primero.
No podemos amar a una persona sin conocerla, por eso el enemigo hará todo lo posible para
distanciarnos más y más de Dios, con una idea errada de Él. El enemigo no quiere que conozcamos
a Dios. Porque experimentaremos el amor de Dios, expresado en el sacrificio maravilloso de nuestro
Señor Jesucristo. Porque amar es dar.
Conocer a Dios a través de Jesús es todo. Porque conocerle, es saber que Él murió por nosotros en
la cruz del calvario, es saber cuanto Él nos amó y nos ama a pesar de nuestras actitudes y nuestra
rebeldía, no tenemos otro camino al ver esto, sino apasionarnos por Él, amarlo con todas las fuerzas
de nuestro ser. Cuando le amamos, deseamos ser como Él es, vivir como Él quiere. Porque
conocerle es amarle, obedecerle y serle fiel.
Un mayordomo verdadero de Dios es aquel que le sirve, le obedece, le entrega su tiempo, talentos,
cuerpo y tesoros por amor. Esa es la clase de entrega que Dios espera de cada uno de nosotros.
LLAMADO
¿Cuántos esta mañana deseamos conocer realmente a Dios cada día a través de la comunión con
Él? ¿Cuántos deseamos experimentar el amor de Dios?