Antes de narrar los eventos que me llevaron ante ustedes, me gustaría agradecerles el que estén
aquí.
Mi nombre es Nazario Neftalí Vázquez Garza, tengo 17 años y padezco del llamado síndrome de
Asperger, mi caso es grado uno, es decir puedo interpretar correctamente las expresiones faciales,
entender las bromas y el sarcasmo en una forma simple, pero no poseo empatía por lo que puedo
molestar o incomodar a alguien sin darme cuenta, las indirectas me son difíciles de comprender,
las emociones a veces no las controlo o no sé cómo lidiar con ellas, suelo ponerme ansioso al
hacer contacto visual con desconocidos y me molesta el excesivo contacto físico.
El padecimiento me fue notado por mi abuela en la etapa preescolar, pues realizaba movimientos
compulsivos al estar en situaciones estresantes, además de permanecer en constante aislamiento
por lo que fui consultado por un profesional. Ya en tercer año me fue diagnosticado el síndrome
de asperger mediante exámenes aplicados por una psicóloga, la cual aseguro que seria
degenerativo, conforme fuera creciendo me iría encerrando en mi mundo, mi madre se negó ante
tal conclusión buscando una segunda opinión en el seguro social.
Fui atendido por otra profesional que negó la situación anterior descrita, puesto que el Asperger
era permanente, sin ninguna clase de alteración y le proporciono a mi familia información más
detallada acerca de mi diagnóstico.
Cuando empecé la primaria me limite a caminar por el patio, centrándome en mi propia
imaginación, hasta que con el pasar del tiempo fui entablando amistad con algunos compañeros
del grupo de apoyo y así fui conociendo más personas, pero aún conservaba aquel habito solitario
de avanzar a lo largo de la escuela, siendo ocasionalmente indiferente ante mis amigos, quienes
reclamaban mi presencia, hasta que correspondieron a tal conducta con burlas.
Algunos compañeros al percatarse de cierta inocencia la aprovechaban para hacerme realizar
algunas acciones indebidas. No todo fue malo, ya que me apoyaron diferentes personas
comprensivas que hasta el día de hoy reconozco como amigos.
En la secundaria todo se tornó más amenazante y agresivo, siendo víctima de diversos abusos
psicológicos en los que sufría burlas, menosprecios y rechazos por parte de los demás alumnos.
Esto derivado de la actitud fría y reservada que mostré hacia ellos, pues las experiencias anteriores
me volvieron desconfiado e inseguro. En el recreo me ocultaba en los sanitarios debido al temor
de ser molestado. Los profesores del grupo de apoyo me buscaban a menudo para platicar
conmigo, pero los rechazaba temiendo que al participar los abusos empeoraran. En este periodo
me sentía alienado y ansioso, pues era tratado ocasionalmente como niño pequeño y de
imprevisto alguien hacia comentarios hirientes.
Desarrollé otro problema que fue tratado con psicofármacos, estos no hicieron mas que hacerme
sentir cansado y me provocaban ataques de pánico, en los que tomaba otra pastilla muy potente
que generaba somnolencia, además subí de peso y el concentrarme me resultaba difícil por lo cual
decidí dejar abruptamente el tratamiento.
En un inicio todo parecía ser tranquilo, sin más de repente aparecieron extraños pensamientos
paranoicos. percibía todo a mi alrededor como una amenaza y diversas sensaciones horribles se
apoderaron de mi cuerpo forzándome a realizar movimientos rígidos. Esta fue la peor etapa por
los excesivos sentimientos dolorosos, impotencia al ver a mi familia preocupada y triste, miedo al
presentir que estos me estaban envenenando y ansiedad al no comprender que sucedía.
En tercero de secundaria, aun siendo víctima de un infierno subjetivo aparecieron representantes
de CONARTE, anunciando un concurso de poesía donde al ganador le seria otorgada una beca en
un taller de literatura.