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Leoncia Santos Farfán

Este documento presenta la historia de vida de Leoncia Santos Farfán, una cantora de la localidad de Yala en Jujuy conocida por la zamba "Cantora de Yala". Vivió toda su vida en el campo dedicada a las tareas agrícolas y ganaderas, y encontró en el canto una forma de expresar su alegría y soledad. Participaba activamente en las fiestas locales dedicadas a San Ramón Nonato. Murió en 2003 a los 100 años, dejando un legado como mujer trabajadora y defensora de las tradiciones locales.
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Este documento presenta la historia de vida de Leoncia Santos Farfán, una cantora de la localidad de Yala en Jujuy conocida por la zamba "Cantora de Yala". Vivió toda su vida en el campo dedicada a las tareas agrícolas y ganaderas, y encontró en el canto una forma de expresar su alegría y soledad. Participaba activamente en las fiestas locales dedicadas a San Ramón Nonato. Murió en 2003 a los 100 años, dejando un legado como mujer trabajadora y defensora de las tradiciones locales.
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LEONCIA SANTOS FARFÁN: CANTORA DE YALA – Especial para Pregón – por Luis E.

Melano

JUEGOS INSTANT MÁS

LEONCIA SANTOS FARFÁN: CANTORA DE YALA


– Especial para Pregón – por Luis E. Melano
10 de noviembre de 2014 a las 21:31 MÁS

El escritor y director de Caminata de las Quenas, Luis E. Melano nos hace llegar este
valioso testimonio de memoria y tradición, valores de identidad que estamos
recordando en estos días.

Muchas personas habrán escuchado la preciosa zamba, “Cantora de Yala”, cuya letra integra
el inmenso cancionero popular argentino. Delicada fineza de los salteños Castilla y
Leguizamón, sintetiza espléndidamente la vida de Leoncia Santos Farfán. No es el tiempo
quien nos causa dolor, sino el olvido de los seres que amamos. Rescatarla de “cierto” olvido
y del anonimato para quienes no saben de ella, es mi intención como también, dar a conocer
rasgos de tan ilustre coplera jujeña.

Se designa “personaje” a aquellas personas que se distinguen por sus modos de ser de
otros modos de ser. Esas maneras de existir o de ser, que la naturaleza da a todas y a cada
una de las cosas, se llaman cualidades. Cuando estas caracterizan al sujeto, reciben el
nombre de propiedades. En consecuencia, la cualidad es inherente a la moral.

Nuestro folclore es riquísimo por historias de vidas sintetizadas en poesías y canciones. El


poeta lo es porque a través de su observación y sensibilidad, mira y admira lo que
habitualmente otros no alcanzan a distinguir. Como el agua de los ríos, naturalmente le fluye
esa necesidad de apreciar la realidad en todas sus formas, estimulándonos con su obra a
conocer otros matices de la vida.

Manuel J. Castilla tenía el don de mirar y admirar virtudes humanas, auscultar el espacio
interior de personas que dejaron huellas indelebles en su lugar. Su lírica es como un lazo
invisible amarrado al paisaje y al ser. Gustavo Leguizamón, con sus brillantes composiciones
y preciosas armonías, colmó de música la poesía de Manuel. La vida iba sucediendo ante los
ojos del “Barbudo”, apelativo con el que cariñosamente le llamaban sus amigos. “Cantora de
Yala”, es el homenaje que Castilla hiciera a esa mujer que al momento de escribirla (1970),
tendría sesenta años -aproximadamente- y sentía un placer infinito al cantar coplas con que
despenaba su soledad.

Por esas hermosas causalidades de la vida, di con Mariela Vilma Toconás, nieta de Leoncia.
Me comentó que su abuelita nació en la localidad de Termas de Reyes (Jujuy), un 15 de
septiembre. Pasó la infancia junto a sus padres dedicándose a la cría de ganado caprino y
ovino, llevándolos de un lugar a otro en épocas de pocos pastizales en la zona.

¿Te contó Leoncia cómo fue su niñez?


Transcurrió su infancia, adolescencia y llegada su etapa de la vejez siempre en el campo.
Por cosas de la vida, no tuvo oportunidad de alfabetizarse. Conoció el amor, se casó con
Luis Ramos, oriundo del Cerro Chañi y tuvieron tres hijas: Sixta, Teresa y Gabriela. Al poco
tiempo enviudó y sola, tuvo que afrontar la vida junto a sus hijas, siendo la ganadería (ovino,
caprino, y vacuno) y la agricultura (sembrado de maíz, papa, hortalizas), su único medio de
subsistencia.
Actividades propias a cielo abierto que influyeron en su vida enriqueciendo la pasión
por el canto.
¡Sin lugar a dudas! Pasó la vida dedicándose a las tareas del campo y a cantar, caminando
por valles y cerros arriando ganado junto a sus hijas. Mujer tenaz, emprendedora, aferrada a
sus costumbres, tuvo el coraje de criar sola a sus hijas. Desgraciadamente, un infortunio de
la vida le inhabilitó el brazo derecho, pero esto no fue motivo suficiente para que dejara de
realizar sus labores campestres.

TRANSCURRE EL TIEMPO… Y NOS SUCEDE DE TODO

Caminos, recodos y senderos de Yala, acequias con sus aguas cantarinas, flores, ramitos de
albahaca y carnavales fueron impregnados por la vida de Leoncia… cantora de la tierra, la
simpleza y el arrojo.

Trabajo, mucho trabajo y la copla siempre presente...


Pasado el tiempo, sus hijas crecieron y comenzaron una nueva vida lejos del calor maternal.
Gabriela, su hija menor, siempre pendiente de ella, jamás dejó de velar por el bienestar y
salud de su madre. Ya entrada en edad, le fue difícil mantenerse económicamente; una
magra pensión por invalidez otorgada por el estado, no fue suficiente para cubrir sus
necesidades elementales.
¿Cómo se ganaba el sustento?
Bajaba desde el campo hacia el pueblo de Termas de Reyes a vender quesos y carne a los
turistas que siempre transitaban encantados por la belleza del lugar. Un dato anecdótico que
cuenta mamá, es que mi abuela Leoncia, siendo chica, aparece en una película sentada
cerca del hotel Termas de Reyes.
¿Qué más puedes comentarnos sobre ella?

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(LEONCIA SANTOS FARFÁN: CANTORA DE YALA – Especial para Pregón – por Luis E. Melano

Participaba de los misachicos en zonas aledañas o en Yala. Fiel esclava de San Ramón
Nonato, los primeros días del mes de agosto se iniciaban con los preparativos para la Fiesta
del Santo. La primera semana, lo vestían y llevaban a la Iglesia San Francisco, caminando al JU
son de un tambor. Luego, por cuestiones de distancia, decidieron dejarlo dos semanas en la
Iglesia de Reyes. Mientras esto ocurría, Leoncia preparaba la chicha para convidar a los
invitados, entre otras comidas típicas. El día de la fiesta, el “santo salía” en procesión desde
la Iglesia de Reyes, pasando por Guerrero hasta llegar a Termas de Reyes, acompañados
MÁS
por peregrinos y bandas de sikuris hasta la casa de mi abuela. Allí lo recibían con bombas y
al son de las cornetas, toda la noche pasaban adorándolo y se realizaba la “cuarteada” hasta
el mediodía del día siguiente, donde lo “desvestían” y cortaban los cuartos. Los devotos “se
hacían pisar” con el santo y recibían su bendición hasta el año siguiente. Tradición que se
repetía año tras año, hasta el momento su muerte. En la actualidad, la esclava de San
Ramón Nonato es su hija Teresa Ramos.
Emocionada, Mariela finaliza su relato comentándonos:
Toda vez que voy a la casa de campo donde ella vivió, está presente en conversaciones que
tenemos con mi madre. Me toca muy de cerca cuando recorro los cerros de Termas de
Reyes… Imagino que ella también hizo el mismo trayecto. En Yala, mi abuela se amanecía
cantando al son de su caja coplera. Es en este lugar donde le hicieron una entrevista y se
escribió la zamba “Cantora de Yala”. Leoncia murió un 27 de Septiembre del año 2003. Sus
pulmones, agobiados por tantos resfríos mal curados y enfriamientos en el campo, propios
de la vida rural, dijeron basta provocando un paro respiratorio. Como nieta, puedo decir que
fue una gran abuela; me enseñó que la vida no es fácil para nadie, solo hay que tener
voluntad y fe en Dios para vencer la adversidad, más allá de las circunstancias dolorosas
que vivamos. Fue una mujer ejemplar que salió adelante con sus guaguas; enviudó y luchó
siempre para que no les faltara el pan. Lo material no es todo en la vida, lo que queda
grabado en nuestros corazones es el amor, la humildad y sencillez de las personas que nos
hacen grandes.

¡Qué habrá sido de tu caja*


Leoncia Santos Farfán!
La albahaca llora tu ausencia
Pal tiempo del carnaval.
LEM

“…el canto ‒parece decirnos una copla‒ nace en primer lugar de una necesidad de
comunicación humana, una sed de comprensión”. Raúl Galán- Cancionero Popular de Jujuy.

CANTORA DE YALA

Santa Leoncia de Farfán,


De la Quebrada de Reyes,
Baja a las carpas de Yala
Con setenta años que tiene.

La harina del Carnaval


Le pensamienta las sienes
Cuando sobre el mujerío
Su canto finito crece.

Alegre como pocas


Doña Santa se amanece,
El manantial de sus coplas va
Por senderos viejos,
El manantial de sus coplas va
Despenando su soledad.

No hay una pena de amor


Que por su boca no queme
Ni hay en la carpa baguala
Que por ella no se queje.

La chicha al amanecer
En los ojos se le duerme
Hasta que un golpe de caja
Cantando la reverdece.

Letra: Manuel J. Castilla


Música: Gustavo Leguizamón

Referencias

Cuarteada: bailar con la media res del cabrito, parte posterior e inferior. Costumbre criolla,
pagana, se practica en la puna y quebrada de Jujuy.
Desvestir al santo: despojarlo de sus ropas y flores. Todo lo que se había preparado para
pasar la misa.
Guagua: en el Noroeste argentino y en casi toda América, niño pequeño, de pecho o que
recién a empezado el destete. Su diminutivo en guagüita. Fuente: Diccionario Folklórico

Fuente: Suplemento “Cultural”, diario Pregón (Jujuy), domingo 9 de noviembre de 2014

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