Tema general – Solución de problemas, con un enfoque cristiano
Capitulo 2
Las bienaventuranzas
Diferido para tres sesiones ( 75min c/u)
Clase de adultos general
Edades varias
Propósito – analizar como hay una solución por parte de Dios para las circunstancias en
que nos encontramos que vienen a representar un problema interno en su diversas
presentaciones.
Material de apoyo – Usos y costumbres en las tierras biblicas
Significa dichoso, feliz o digno de ser felicitado.
Varias de las bienaventuranzas en este pasaje son paradojas: es decir, afirmaciones que
parecen contradecir el sentido común, pero que aquí expresan los verdaderos valores
del reino de Dios.
En la Biblia aparece la palabra bienaventurado 48 ocasiones, en 47 versículos y en plural
39 en 38 versículos.
Habiendo así alrededor de 86 bienaventuranzas para los creyentes de antaño como los
del día de hoy.
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III EL DISCIPULADO EN EL REINO (SERMON), 5:1-7:29
El Sermón del monte es uno de los pasajes más conocidos y más citados en el Evangelio
de Mateo. Hay una lista impresionante de libros que se limitan al estudio de este pasaje
y unos cuantos que se ocupan solamente de las bienaventuranzas. Indudablemente el
Sermón del monte encierra algunos de los pasajes más sublimes del Evangelio.
1 Introducción, 5:1, 2
La mención de algunos de los títulos que distintos autores han asignado al Sermón del
monte (nombre dado por Agustín) indica la variedad de enfoques que se le han dado:
“El manifiesto antifarisaico”, “Un diseño para la vida”, “Las enseñanzas en la colina”,
“La carta magna del reino”, “La ética del reino”, “El discurso de ordenación de los
apóstoles”, “El compendio de la doctrina cristiana”, “La constitución del reino de
Dios”, “El puro evangelio” y “La ley del reino”. Algunos de estos títulos son deficientes,
hasta posiblemente erróneos. Por ejemplo, algunos implican que el Sermón abarca
toda la esencia del Evangelio, pero en realidad, como veremos más abajo, omite todo lo
que tiene que ver con la entrada en el reino, la Segunda Venida y la vida más allá. En un
intento por descubrir el mensaje verdadero, vibrante y desafiante del Sermón, por un
lado, y evitar algunos de los errores de interpretación y aplicación, por otro, trataremos
varios temas introductorios: la ocasión, la unidad, la estrategia, el método y el
contenido del Sermón.
La ocasión Mateo describe la ocasión: Cuando vio la multitud, subió al monte... (v. 1).
Varias preguntas surgen: ¿Dónde sucedió? ¿Cuándo sucedió? ¿Quiénes formaron el
público? ¿Quiénes fueron los oyentes? ¿Cómo se relaciona con el relato de Lucas? No
hay seguridad en cuanto al monte que se menciona donde ocurrió este evento, sin
embargo muchos opinan que probablemente sucedió no lejos de Capernaúm, quizá al
oeste (comp. 8:5).
Mateo ubica el Sermón cerca del principio del ministerio público de Jesús, mientras que
Lucas lo ubica a mediados. Según Lucas, Jesús pronunció este discurso después de la
elección de los doce (Luk_6:13 ss.); pero según Mateo, antes. Como hemos visto,
Mateo no se preocupó por un orden cronológico, sino temático. Por esta razón y por
otras mencionadas abajo, aceptamos el orden de eventos presentado por Lucas, es
decir, el Sermón ocurrió después de comisionar a los doce.
La unidad del discurso“ Se discute si el Sermón fue presentado en una sola ocasión, o si
es una colección de enseñanzas agrupadas en forma temática. Los que apoyan la teoría
de una colección señalan las siguientes evidencias: (1) Hay demasiado material para una
ocasión; (2) no hay unidad y continuidad de tema a tema, es decir, no hay una relación
lógica entre algunas de las secciones y las que siguen; (3) hay dos versiones —Mateo y
Lucas— entre las cuales existen varias discrepancias. Por ejemplo, el discurso en Mateo
abarca 111 versículos de los cuales 29 aparecen en Lucas en un lugar (Lc 6:20-49), 35
están esparcidos a través de Lucas y 47 versículos no se encuentran en su Evangelio.
El argumento de “demasiado material para una ocasión” está basado en la costumbre
de cultos contemporáneos donde el predicador está limitado a aproximadamente una
hora. En cambio, Jesús seguramente se extendió en su discurso durante varias horas,
quizá un día entero, o aun más (comp. 15:32). La presentación de Mateo parece ser un
breve resumen de las principales enseñanzas de una serie de temas distintos, siendo el
tema unificador “el reino de los cielos”. Si es que Jesús presentó una serie de temas a
lo largo de un día de conferencias, no habría necesariamente una continuidad lógica
entre éstos. Por otro lado, algunos versículos del Sermón presentado por Mateo,
esparcidos en Lucas, probablemente son evidencia de la práctica de repetir las mismas
verdades en distintas ocasiones, como es común entre maestros en todos los tiempos.
Los que apoyan la teoría de que fue un sermón presentado en una ocasión citan las
siguientes evidencias a favor de su posición: (1) la descripción del comienzo y
conclusión del sermón: subió al monte (5:1) y descendió del monte (8:1); (2) se dirigió a
un grupo definido: se le acercaron sus discípulos y... les enseñaba diciendo... (5:1); (3) se
menciona la reacción de las multitudes, al finalizar el Sermón: estaban maravilladas de
su enseñanza. Estas tres evidencias nos parecen más convincentes. Concluimos, pues,
que Mateo y Lucas presentan dos versiones del mismo sermón.
La estrategia de Jesús Cuando Jesús contempló las multitudes, hizo dos cosas: (1) Subió
al monte y (2) al sentarse él, se le acercaron sus discípulos... [y él] les enseñaba... El texto
indica que Jesús, en efecto, dejó las multitudes atrás y se volvió a un pequeño grupo de
discípulos para enseñarles a ellos. Probablemente se formó un semicírculo de
discípulos delante de Jesús, con las multitudes detrás de ellos escuchando lo que
podían (7:28, 29). Hay por lo menos dos explicaciones para esta acción sorprendente de
parte de Jesús. Las multitudes no estaban preparadas para entender, apreciar y recibir
las enseñanzas acerca del reino. Más importante aun es que Jesús estaba siguiendo una
estrategia que mantuvo durante todo su ministerio terrenal. Compartiría su vida y
enseñanzas con un grupo pequeño de discípulos escogidos con la meta final de llegar a
las multitudes por medio de ellos. Jesús dejó a las multitudes para luego llegar a las
multitudes más eficazmente. Un ejemplo gráfico de esta estrategia se ve en la
alimentación de las multitudes por medio de los discípulos. Jesús proveyó la comida,
pero los discípulos la repartieron. Las iglesias deben procurar implementar el ministerio
espiritual a las multitudes por medio de miembros bien equipados en programas de
discipulado.
El método que Jesús empleó para llevar a cabo su estrategia fue el equipamiento de los
discípulos por medio de la enseñanza. El verbo “enseñaba” es del tiempo pretérito
imperfecto que describe una acción repetida. Este solo verbo capta en gran medida la
esencia del ministerio terrenal de Jesús. Acompañando el verbo “enseñaba”, hay dos
expresiones más que indican que Jesús enseñaba y no predicaba. Dice el texto que
Jesús se sentó, adoptando la postura de un rabí judío cuando enseñaba la ley. El famoso
comentarista Barclay observa que la expresión “abrió su boca” se emplea cuando el
maestro comienza una enseñanza solemne y cuando abre su corazón para compartir
algo muy personal e importante.
El mensaje del Sermón El Sermón del monte presenta con claridad inconfundible la
naturaleza espiritual del reino en contraste con el concepto popular y erróneo de un
reino material y político. Jesús enfatiza la demanda de parte de Dios de una religión
interior, del corazón, en contraste con una religión exterior de tradiciones y ritos. Dios
se fija primeramente en el carácter de una persona y luego en sus acciones;
primeramente en su ser y luego en su hacer. El Sermón contiene una serie de principios
para guiar a los hombres, más bien que una lista de reglas o leyes para obedecer.
Hay tres errores, a lo menos, a evitar en el estudio y la aplicación del Sermón del monte:
(1) el error de considerar el Sermón como una serie de demandas no realistas, que
serán vigentes sólo en un período futuro; (2) el error de obedecer algunos versículos
literalmente, como por ejemplo 5:29, 30; y (3) el error de pensar que las demandas se
dirigen solamente a los ministros asalariados y a los líderes eclesiásticos.
El Sermón presenta la demanda última y absoluta dirigida a pecadores a quienes se les
ofrece aceptación delante de Dios en base a su misericordia y perdón. No estamos
autorizados a rebajar las demandas, ni las más exigentes, como por ejemplo 5:48. Por
otro lado, no significa que alguien pudiera cumplir cabalmente sus demandas, excepto,
por supuesto, Jesús mismo. El Sermón no implica ni asume que un discípulo pudiera
vivir sin pecar.
2 Las Bienaventuranzas del discipulado, 5:3-12
Hay tres consideraciones introductorias que tienen que ver específicamente con las
bienaventuranzas: su número, su naturaleza y su nombre. Hay siete bienaventuranzas,
según algunos, considerando los vv. 10-12 como una transición al tema siguiente, o por
lo menos de naturaleza distinta. Algunos comentaristas encuentran diez, con el fin de
establecer una analogía entre las bienaventuranzas y los diez mandamientos. Para
lograr este número, los vv. 10, 11 y 12 forman tres. La mayoría de los comentaristas
consideran que la mejor división resulta en ocho, entendiendo que los vv. 10-12
constituyen una sola bienaventuranza.
Las bienaventuranzas son de naturaleza mesiánica, es decir, se refieren una y otra vez a
las promesas mesiánicas del AT. Constituyen una ética de gracia, basada en la
misericordia de Dios, en vez de una ética de obediencia. El hecho de hacer ciertas cosas
no es el camino para obtener la felicidad, o la bendición de Dios. Se presentan en forma
de paradojas, es decir, aparentes contradicciones que sirven para despertar interés y
grabar las enseñanzas en la mente del oyente. Son descripciones de carácter en forma
de exclamación, declaraciones con un elemento de sorpresa. Revelan la voluntad de
Dios para todos los súbditos del reino. Estas ocho cualidades de carácter se relacionan
estrechamente, de modo que ninguna de ellas puede existir separada de las demás.
El término “bienaventurado” (makários G3107) se usa unas 50 veces en el NT y
frecuentemente aparece el mismo concepto en el AT. Originalmente significaba
“grande” y se refería a la prosperidad exterior y material. Se usaba para referirse a los
dioses paganos griegos, benditos en poder y dignidad, en su libertad para gozar de la
vida sin límites morales. Los griegos consideraban que la dicha del hombre era una
condición interior que se basaba en el conocimiento. En cambio para el AT “dichoso” es
el hombre de fe en Dios, el que vive una vida santa. Pero todavía se medía su dicha
mayormente en términos de prosperidad material, buena salud, muchos hijos, es decir,
en lo exterior. En el NT el hombre bienaventurado es el que confía en Cristo como
Salvador , se somete a él y le obedece como señor y procura una vida santa. La felicidad
se manifiesta en una condición interior o espiritual: una conciencia de paz, gozo,
reposo y bienestar. Esta es la voluntad de Dios para los miembros de su reino en la
tierra. Es una condición que no depende de circunstancias exteriores. No describe
tanto lo que uno siente en su ser interior, sino su estado de dicha desde el punto de
vista de Dios. Se traduce el término makários G3107 con varios adjetivos en castellano:
dichoso, feliz, bienaventurado, favorecido, bendito, afortunado, contento.
Los pobres en espíritu (v. 3). Lucas dice sencillamente los pobres (Luk_6:20), pero se
debe entender en espíritu como Mateo especifica. No hay bendición inherente en la
pobreza material. En griego hay tres términos que se traducen “pobre”, pero el que se
emplea aquí es el que describe la condición más desesperante, la absoluta destitución.
Se refiere al mendigo que depende de la bondad de otros para su existencia, uno que
no tiene recursos propios. Jesús está describiendo al discípulo que reconoce en su
corazón que no tiene recursos espirituales o méritos propios. Aparte de Cristo no hay
nada, no se tiene nada y no se puede hacer nada (Joh_15:5). Los pobres en espíritu son
los humildes de corazón (comp. 11:29), que no confían en sí mismos como
autosuficientes, sino que se aferran a Jesucristo como única fuente de seguridad y
felicidad. Se someten a Cristo como rey soberano. La humildad es la primera letra del
“alfabeto cristiano”.
La razón o causa de su dicha es que el reino de los cielos ya pertenece a ellos, y solamente
a ellos (v. 3b, trad. del autor). Ellos tienen motivo de sentirse dichosos. Cristo mismo los
considera dueños y participantes del reino. De ellos (v. 3b) es enfático, indicando que el
reino es exclusivamente de ellos. Más aun, el reino es una realidad presente para ellos.
El reino se compone de los que se someten al gobierno de Dios y le obedecen, de los
que oran: ... venga tu reino, sea hecha tu voluntad... (6:10).
Los que lloran (v. 4). La segunda letra del “alfabeto cristiano” está íntimamente
relacionada con la primera. Hay muchos motivos que llevan a los hombres a llorar;
motivos de temor, enojo, gozo, dolor, pérdida material. Pero el motivo aquí es un
motivo moral y espiritual, un reconocimiento de su pecado y ofensa ante Dios, dolor
por su desobediencia y fracaso (comp. Luk_22:62), y compasión por la condición
espiritual de los que nos rodean (ver Luk_19:41). Los que lloran son los pobres en
espíritu quienes han llegado a ser agudamente conscientes de su propia falta en
cumplir la voluntad del Rey. Las lágrimas manifiestan un sincero arrepentimiento y
deseo de reconciliarse con su Señor.
Ellos [y solamente ellos] serán consolados (v. 4b). Es una promesa firme del Rey. El
verbo en tiempo futuro no indica que tendrán que esperar para recibir la consolación,
sino expresa más bien certeza de que efectivamente reciben consuelo. No se menciona
el agente que produce la consolación, pero es evidente que el Consolador es Jesús
mismo por medio del Espíritu Santo (ver Juan 14-16). Es una perfecta consolación
porque el Consolador es perfecto. Para experimentar esta consolación que Jesús
promete, primeramente es necesario experimentar la aflicción y lágrimas que llevan al
arrepentimiento y compasión. La consolación prometida a Israel (Isa_40:1-2; Isa_61:2-3)
llega a los hombres en el Mesías y su reino.
Los mansos (v. 5). La tercera letra del “alfabeto cristiano” describe el carácter suave,
apacible, dócil, dulce, benévolo, considerado y modesto. En hebreo, “pobre” y
“manso” provienen de la misma raíz. El término “manso”, en la Biblia, significa
humildad, ausencia de pretensión y disposición a sufrir ofensas sin reaccionar. En el
griego antiguo el término traducido “manso” (praús G4239) describía animales
domesticados, sometidos a su amo, obedientes. El discípulo manso es el que
aprendede, sesometea, y obedecea su Rey. Jesús es el ejemplo máximo de la
mansedumbre, pues se sometió y obedeció radicalmente al Padre y su voluntad
(Isa_11:29; Isa_26:39). La Biblia llama a Moisés como el hombre más manso de todos los
que había en su tiempo (Num_12:3). Antes de su conversión, Pablo fue muy
autosuficiente y arrogante, pero después se sometió a Cristo y le obedeció hasta la
muerte (Act_9:6 :Act_26:19; 2Ti_4:7). La mansedumbre depende del nuevo nacimiento;
es don de Dios y fruto del Espíritu Santo (Gal_5:23). La paradoja se ve en el contraste
entre quiénes son los dichosos según el mundo —rígidos, astutos, ricos, poderos— y
quiénes lo son según Dios.
Los mansos [y solamente ellos] ...heredarán la tierra. Esta es una de las declaraciones
más sorprendentes en el Evangelio. ¿Cómo y cuándo tendrá lugar el cumplimiento de
esta promesa? Dios prometió la tierra de Palestina a Abraham y a sus descendientes
(Gen_13:15; Gen_15:7) lo que se cumplió bajo Josué. La promesa se repite más tarde en
el Job_37:10-11. Algunos como Broadus entienden que la promesa se cumple en el
sentido espiritual: “Los mansos serán ciudadanos en el reino mesiánico... disfrutando
todos los derechos y privilegios.” Otros dicen que la promesa se cumple en el sentido
de que el código que ellos proclamaron y practicaron predomina en el mundo. Otros
afirman que habrá un cumplimiento literal, hasta con títulos de propiedad. Se cita como
ejemplo el destierro a América de los mansos de Inglaterra, quienes heredaron el
continente. Otros hablan de un cumplimiento en el milenio. Pero puesto que Jesús
proclamó un reino de naturaleza espiritual, es más consecuente aplicar dicho criterio en
este caso. Siendo así, el cumplimiento de la promesa es una realidad presente.
Los que tienen hambre y sed de justicia (v. 6). El hambre y la sed son dos condiciones
trágicas para un número creciente de personas en el mundo. Desde el punto de vista
médico, sin embargo, el hambre y la sed son señales de vida y de salud. Son términos
que expresan una conciencia de aguda necesidad de algo esencial para la vida. El
término “justicia” es un verdadero camaleón en cuanto a su significado en el NT. En
este contexto, parece que hay por lo menos dos enfoques contemplados. El primero
sería la sed por la justicia personal, el ser y hacer lo que es recto según las normas de
Dios. También incluye la pasión por establecer y extender el reino de Dios entre los
hombres. El apetito por la justicia personal y por la extensión del reino de Dios conduce
al crecimiento espiritual y a la felicidad (ver Job_42:1-2; Job_63:1; Job_84:1-2).
Así como Jesús satisfizo el hambre de las multitudes cuando estaba en la tierra,
promete satisfacer el hambre y sed de sus discípulos que anhelan la justicia de Dios en
sus vidas. Son dichosos porque ellos tendrán la completa satisfacción de ver la
manifestación de la justicia de Dios en su propia vida y en el mundo, parcialmente ahora
y perfectamente en la vida más allá. Las profecías de Isaías y Jeremías abundan con
promesas de Dios de establecer su justicia en el mundo por medio del Mesías que
vendría. Los súbditos del reino de Dios tienen el privilegio, gozo y dicha de participar en
la concreción de la justicia de Dios en el mundo.
Los misericordiosos (v. 7). La quinta letra del “alfabeto cristiano” expresa uno de los
atributos de Dios que se menciona con mayor frecuencia en la Biblia (Sal. 103, 136). El
término “misericordioso” describe el carácter de una persona que es altamente
sensible a las necesidades de otros, se identifica con ellos y responde con los recursos a
su alcance para aliviar o satisfacer la necesidad. En casos de ofensas personales,
describe la disposición de perdonar. Se traduce con sinónimos tales como
“compasivo”, “simpatizante” y que tiene lástima de otro”. Jesús revela la misericordia
del Padre, que manifiesta predilección por los pobres, pecadores y gente
menospreciada (ver Luc. 15; Job_19:10). Dios demanda la misericordia de sus hijos
(Mic_6:8; Luk_6:36; Luk_10:25-37; Mat_18:33-35; Mat_23:23).
Son dichosos los que manifiestan misericordia hacia otros porque ellos, y solamente
ellos, recibirán misericordia de Dios. Generalmente, aunque no siempre, serán tratados
con misericordia por sus semejantes. A pesar de su gran misericordia hacia otros, Jesús
fue crucificado por los hombres sin misericordia, pero librado de la muerte y resucitado
por el Padre misericordioso (Act_2:23-24).
Los de limpio corazón (v. 8). La sexta letra en el “alfabeto cristiano” introduce un
énfasis moral: un corazón limpio. Jesús establece una condición moral para poder tener
una visión espiritual. El corazón es el asiento de pensamientos y motivos, mente y
emociones. El énfasis en la condición del corazón está en contraste con el concepto
farisaico (comp. 23:25, 28). La pureza de corazón no es el estado natural del hombre
(ver Jer_17:9); es distintivamente una virtud cristiana. El término “limpio” significa “no
mezclado”, “no adulterado”. Basándose en Jam_4:8, el filosofo danés Kierkegaard
escribió un ensayo bajo el título: "La pureza del corazón es el desear una sola cosa."
Otros autores concuerdan con él al decir que únicamente el que desea lo bueno, lo
establecido por Dios, puede desear una sola cosa (comp. Phi_4:8). Jesús mismo dijo
que nadie puede servir a dos señores (Phi_6:24), lo cual resultaría en motivos y
lealtades mezclados y en un corazón contaminado. La pureza de corazón es poder
concentrar todo el ser en Dios.
Solo el limpio de manos y puro de corazón (Job_24:4) podrá entrar en la presencia de
Dios y contemplarlo. El poder ver a Dios no es un asunto de una visión óptica, 20x20,
sino de comunión y compañerismo con Dios.
Los que hacen la paz (v. 9). El mundo considera que la paz es esencialmente ausencia de
conflicto, es decir, cuando no hay guerra. Si fuera así, el cementerio sería el mejor
ejemplo de perfecta paz. La paz es más bien armonía y tranquilidad en el corazón para
con Dios y los semejantes. El saludo judío, shalom, significa “paz” y es la expresión de
un deseo por las bendiciones de Dios sobre otra persona. Dios es conocido como el Dios
de paz (Rom_15:33; 1Co_14:33); Jesús es el Príncipe de Paz (Isa_9:6) y su venida al
mundo significaba paz para los hombres de buena voluntad (Luk_2:14). Jesús prometió
su paz a los discípulos (Joh_14:27). El saludo paulino, gracia a vosotros, y paz (1Co_1:3;
Gal_1:3), expresaba el deseo del Apóstol para todos los seguidores de Cristo. La paz es
el fruto del Espíritu (Gal_5:22). Dios toma la iniciativa para hacer la paz con los hombres:
Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo mismo (2Co_5:19).
Los que han sido reconciliados con Dios, por fe en Cristo, se convierten en
reconciliadores, pacificadores. Jesús dijo: ¡Paz a vosotros! Como me ha enviado el Padre,
así también yo os envío a vosotros (Joh_20:21). Jesús es nuestra paz (Eph_2:13 ss.), vino
para lograr la paz entre Dios y los hombres, y nos manda llevar adelante esa misión en
el mundo.
La dicha y recompensa de los pacificadores es que serán reconocidos por lo que son,
hijos de Dios, pues demuestran el carácter y misión de Dios. Su parentesco con Dios es
visible.
Los que son perseguidos por causa de la justicia (vv. 10-12). Los pacificadores serán
también los perseguidos. Parecería que el mundo debiera felicitar a los discípulos por
su aporte al bienestar social y moral de la humanidad. Sin embargo, durante gran parte
de la historia del cristianismo ha sido todo lo contrario. Jesús advirtió a los discípulos
del costo de seguirlo, parte del cual sería la persecución (Luk_11:49; Luk_21:12;
Joh_15:20). Como su vida y enseñanzas chocaron con el sistema de valores de la
humanidad y le crucificaron, los que se identifican con él frecuentemente recibirán el
mismo trato. Por causa de la justicia (v. 10) es sinónimo de por causa de mí (v. 11). Se
refiere a la identificación de los discípulos con Cristo y su reino (ver v. 6). El v. 11
especifica dos tipos comunes de persecución: vituperios y mentiras.
La paradoja es evidente y sorprendente. Jesús llama a los perseguidos dichosos, todo
lo contrario a lo que normalmente se piensa. La razón para esta dicha es triple: (1) El
reino pertenece a ellos, (2) tendrán una recompensa grande en los cielos y (3) forman
parte de una gran compañía de profetas que fueron perseguidos. Por estas razones, el
discípulo debe enfrentar la persecución con gozo y alegría (Act_5:41; Act_16:25). Gozaos
y alegraos (v. 12) son imperativos del tiempo presente, indicando una acción continua,
en todo momento. La persecución purifica la iglesia, fortalece el testimonio y produce
un crecimiento numérico. Esta verdad ha sido confirmada desde el primer siglo hasta
nuestros días.
Nótese que en la primera y octava bienaventuranza se utiliza el verbo “ser” en tiempo
presente, mientras que desde la segunda a la séptima se emplea el verbo en tiempo
futuro. Todos los verbos del v. 3 hasta el 9 son de tercera persona singular o plural,
mientras en los vv. 11 y 12 se emplea la segunda persona plural.