La silla mecedora
Esta es otra leyenda que tiene sus orígenes en el país mexicano.
La leyenda de la silla mecedora comienza cuando un joven encuentra una
vieja silla mecedora abandonada.
Aunque la silla no estaba en buenas
condiciones decide llevarla a su casa
para su abuela, quien necesitaba una
pero que él no podía comprar.
Luego de un período sin poder
repararla por falta de tiempo, la silla
quedó en el sótano de la casa para
acumular ropa.
Un buen día, cuando el joven se
encontraba en el sótano, escucha que la silla comienza a hacer un ruido
como si se estuviese meciendo. Tras unos minutos la ropa que se
encontraba encima de esta, cae al piso y la silla continúa meciéndose más
y más fuerte. A continuación, el joven escucha el sonido de un bastón
golpeando sobre el suelo y la silueta de un anciano que se acerca en señal
de reproche puesto que la silla no le pertenecía al joven (sino al fantasma
anciano)
Luego de aquel susto el fantasma desaparece, la silla dejó de mecerse y el
golpeteo del bastón cesó. Pronto el joven decide devolver la silla a donde
pertenecía.
La isla de las muñecas
La isla de las muñecas fue una chinampa, una especie de isla flotante con la
que las civilizaciones precolombinas conseguían expandir sus cultivos en
los lagos. En concreto, esta chinampa se localizaba en el lago Xochimilco. A
día de hoy, en esta isla hay montones de muñecas rotas.
El origen de tan curiosa
concentración de muñecas se
debió a que en 1950 un
hombre llamado Julián Santa
Ana empezó a colocarlas ahí.
Un sobrino suyo contó que se
ahogó ahí una joven, y que
desde entonces en la isla se
oían muchos lamentos y
voces de mujer. Las muñecas
por lo visto servían como
método de protección.
Un día su tío fue a pescar y una sirena ahogó a Santa Ana en el mismo lugar
en el que se ahogó la joven. Desde entonces el sobrino continúa
acumulando muñecas, que se dice que obran milagros. Numerosos
reportajes y documentales se han realizado y miles de turistas al mes
visitan la zona.
Panteón Jardines del Recuerdo
Esta leyenda se sitúa en Tlalnepantla
(Ciudad de México), y su protagonista
es el padre Anselmo y la importancia
de su figura una vez muerto. Este
sacerdote no era mexicano, pero en
los últimos 10 años se había
dedicado enormemente a la
comunidad y era profundamente
querido.
A los 84 años de edad murió y en su funeral llegó gente de todos los sitios.
Los trabajadores del cementerio no daban crédito, y la tristeza de la
muchedumbre era muy profunda. Después de la ceremonia pasaron los
días, y los sepultureros observaron evidencias de una actividad extraña en
la tumba del padre Anselmo. El pasto de la tumba aparecía siempre estaba
muy maltrecha.
Un día Vicente, uno de los trabajadores, decidió pasar la noche vigilando.
Por su sorpresa vio a sombras que se paraban en la tumba. La bondad del
padre Anselmo era tal que aún estaba de servicio para las almas vecinas
con las que compartía descanso, que buscaban confesarse con él.