Claves fundamentales en terapia de pareja: una guía de investigación para
la práctica.
La terapia de pareja es una modalidad terapéutica que requiere una especialización
profesional, dada sus particularidades en el setting y en el desarrollo del proceso
terapéutico. El psicoterapeuta que quiera atender parejas de forma efectiva necesita
conocer algunas reglas básicas que son diferentes a otras modalidades terapéuticas pero
que resultan ser claves para la formulación de caso y el desarrollo de la intervención.
¿Por qué la terapia de pareja es más compleja y diferente de la terapia individual?
La primera gran dificultad tiene que ver con la naturaleza diferente de la alianza
terapéutica. Aunque mantener un equilibrio en la alianza con cada miembro parezca de
sentido común, la verdad que en la práctica clínica es una tarea más dificultosa de lo que
parece, y muchos terapeutas quedan entrampados en triangulaciones que minan
cualquier posibilidad de éxito de la terapia.
El foco terapéutico debe privilegiar la relación de pareja sobre la terapéutica. En esta
diferencia radica una de las ventajas principales de la TP: permite trabajar con el contexto
en el que se enmarcan los problemas y utilizarlo como fuente de recursos para la
intervención.
Otra de las características diferenciadoras de la TP es que las sesiones están
frecuentemente cargadas de elevadas dosis de tensión. Perder el control de la sesión
durante un breve lapso de tiempo puede resultar en que la pareja inicie una fuerte
discusión.
La evolución de la terapia de pareja
La TP –incluida la terapia sexual como subespecialidad– ha experimentado un fuerte
aumento de personas que solicitan ayuda profesional en los últimos años. Probablemente,
esta demanda creciente se deba a los cambios socioculturales acontecidos desde finales
del siglo XX. Las reformas en las normas legales y culturales sobre la separación y el
divorcio, la apertura política y social hacia un rango más amplio de expresiones del amor,
el compromiso, la intimidad y la sexualidad, así como la evolución en el reparto del poder
económico y político entre hombres y mujeres, han dibujado un escenario particular de
retos que desafían la madurez de la TP como modalidad psicoterapéutica.
Gurman y Fraenkel (2002) han identificado cuatro grandes etapas en el desarrollo de la TP
hasta su estado actual:
La primera etapa (1930-1963), calificada de ateórica, estuvo basada en la asesoría
matrimonial llevada a cabo por consejeros no expertos en psicoterapia ni en salud
mental.
La segunda (1930-1966), denominada experimentación psicoanalítica, estuvo
determinada por la práctica clínica de algunos intrépidos psicoanalistas que se
aventuraron a invitar a parejas al contexto terapéutico.
La tercera etapa (1963-1985), con la incorporación de la terapia familiar sistémica
y el influjo de autores destacados como Don Jackson, Virginia Satir, Murray Bowen
y Jay Haley.
En la actualidad, la TP se encuentra en una etapa de refinamiento teórico y de
expansión de su aplicabilidad, fruto de la incorporación de otros modelos como el
cognitivo conductual, la terapia focalizada en las emociones, la terapia narrativa o
la terapia psicodinámica, así como de la influencia de la perspectiva feminista, y la
sensibilidad a lo multicultural.
A pesar de la gran evolución de la TP desde principios del siglo XX tanto a nivel teórico
como empírico, es importante reconocer que se está lejos de tener un conocimiento
completo de cómo, cuándo y por qué se produce el cambio terapéutico.
Siete coordenadas fundamentales:
1. Perspectiva sistémica y evolutiva.- en el sentido de que se asume que no se trabaja
con dos individuos independientes entre sí, sino en total interdependencia. La
unidad básica de análisis es por tanto el subsistema de pareja como tal, el cual está
regulado por ciertas propiedades y sistemas de significado.
2. Centrada en el presente, mirando hacia el futuro.- Los terapeutas suelen evitar la
espiral de discusiones infructuosas y centran la intervención en ayudar a la pareja
en su momento actual del ciclo vital, preparándoles incluso para la etapa que está
por llegar.
3. Formato de terapia breve.- La TP tiene, por naturaleza, un formato de terapia
breve. El número medio de sesiones oscila entre las 8 y las 18 (Doherty y Simmons,
1996). Aunque el número de sesiones sea reducido, la terapia puede extenderse
en un periodo de tiempo relativamente extenso, teniendo en cuenta el intervalo
de tiempo que se deja entre sesiones.
4. Focalizada en los procesos del sistema que mantienen/ disuelven el problema.- Por
lo general, los terapeutas de pareja se centran en desvelar y desafiar los patrones
relacionales que están ligados al problema (Pinsof, 1995). Estos patrones,
entendidos como agentes mantenedores/ disolventes del problema, deben ser
formulados tras una adecuado diagnóstico relacional de la pareja.
5. Balance a favor de los recursos.- Un patrón disfuncional no equivale a una pareja
disfuncional. Los problemas pueden llegar a ser muy persistentes y abarcativos,
pero nunca cubren la totalidad de la extraordinaria complejidad que involucra una
relación de pareja. Ayudar a las parejas a fomentar, desenterrar, reconocer o
experimentar episodios relacionales que producen dinámicas relacionales
constructivas (círculos virtuosos), facilita que la pareja pueda reformular su
proyecto, disolver tensiones, y madurar la relación, incluso si ello implica la
separación.
6. Integra la experiencia personal e interpersonal.- Este es un procedimiento para
mapear el proceso de construcción en las parejas integrando: a) La dimensión
pragmática y la semántica; y (b) los discursos sociales y la familia de origen de cada
miembro. Es una herramienta que facilita la formulación del caso, pero además es
una intervención en sí misma que favorece el entendimiento interpersonal y la
resolución de problemas.
7. Focalizada en el contexto relacional natural.- la relación ente el terapeuta y los
clientes es mucho menos intensa y central, sin apenas influencia sobre los
resultados de la terapia. El cambio no está vehiculizado por esta interacción sino
por la relación entre los miembros de la pareja. Por ello, el terapeuta, una vez
garantizados unos mínimos de alianza con ambos, debe focalizar sus esfuerzos en
incrementar el grado de alianza entre los miembros de la pareja, pues este es el
contexto relacional donde el cambio se da. En cualquier caso, focalizar en la alianza
intra-sistema, es en verdad una manera de enfocar en el patrón relacional y en el
reposicionamiento sobre el mismo. Este reposicionamiento puede implicar
diferentes niveles de profundidad. En algunos casos, será suficiente con sondear
las excepciones ya existentes y potenciarlas.
Terapia de pareja: abordaje sistémico
La pareja supone una estructura diferente a la de la familia con hijos, pues tiene dinámicas
propias que deben ser estudiadas y abordadas en forma particular, no únicamente en
referencia a la familia, ya que no todo lo que se establece para esta última puede
generalizarse a la primera.
Con frecuencia, para tratar el tema de la pareja se utiliza la palabra matrimonio, es decir,
la unión avalada socialmente bajo un sistema de creencias específico, que incluye
procedimientos rituales. Se han descrito algunos elementos comunes en la definición de
matrimonio:
• Cohabitación doméstica.
• Reconocimiento de la comunidad.
• Reglas de conducta habituales.
• Alguna forma de ceremonia de establecimiento.
• Alguna extensión en el tiempo.
En los últimos 50 años se han reconocido cambios en las parejas, entre otros; aspectos
económicos, laborales, mayor autonomía de sus miembros, postergación en la edad de
conformación, mayor existencia de uniones previas, dependencia de las familias de
origen. Estos cambios reflejan, a su vez, variaciones culturales que incluyen, por ejemplo,
los conceptos de masculinidad y feminidad, los ritos de conformación y la existencia de
hijos.
Parejas en situaciones especiales
Se denominan neofamilias las agrupaciones que incluyen nuevos sistemas sociales (redes)
instaurados, como las parejas homosexuales, las amistades casi fraternas y solidarias no
consanguíneas, los padres solteros, etc. Sin embargo, el definir neofamilias nos lleva, a su
vez, a definir neoparejas, por considerar que sus definiciones utilizan un lenguaje que
sufre transformaciones y no que estas no corresponden a definiciones previas: estas
incluyen, por ejemplo, amigos especiales, amigos con derechos, amigovios, novios que
viven juntos, socios, partners o simplemente “pareja”.
Intervenciones sistémicas
Los objetivos generales de la terapia de pareja son:
• Manejar la queja motivo de consulta, que en muchas ocasiones requiere una mayor
exploración.
• Promover un cambio que favorezca la metacomunicación y que siempre respete los
valores y creencias de sus integrantes.
• Permitir redefiniciones y evitar las interacciones rígidas.
• Aunque no se reconoce como un objetivo general, intentar mantener la definición de los
integrantes como pareja luce coherente con la expectativa de los miembros que la
organizaron dentro de un proyecto vital compartido.
• De no ser posible, mantener la unión o procurar una separación con el menor grado de
traumatismo.
Cualquier esquema descrito debe ser tomado como un punto de partida, pues la terapia
de pareja es un proceso creativo, estético y único; no se trata únicamente de aplicar una
técnica.
Características del terapeuta
Un terapeuta de pareja debe estar dispuesto a abandonar los prejuicios frente a las
interacciones entre los participantes, a los diferentes modos de convivencia e, incluso, a
los motivos de consulta novedosos. Se debe ser respetuoso de los valores y creencias, al
igual que tener especial sensibilidad con respecto a temas como la etnia y el sexo.
Contraindicaciones de la terapia de pareja:
Cuando no haya intención de cambio, como en los casos de parejas referidas por
instancias judiciales, en las cuales no se consiga establecer una necesidad real de terapia.
• Cuando haya una “agenda oculta” por parte de uno o ambos miembros.
• Cuando se hace partícipe al terapeuta de “secretos” con la intención de obtener la
alianza de uno de los miembros.
Cuando hay evidente psicopatología que requiera intervención.
• Cuando se presenten contextos de amenaza o chantaje.
Fases de la terapia de pareja
Evaluación. En esta fase se incluye la entrevista inicial, con la definición del motivo de
consulta, los intentos previos de solucionarlo y sus resultados; la creación de una vínculo
terapéutico; la definición de las expectativas reales de la terapia y la catarsis emocional.
Intervención. Esta etapa está centrada en las características de la comunicación de la
pareja y se intentan cambios en los patrones rígidos. Se pueden incluir estrategias como el
entrenamiento, el juego de roles y las tareas.
Seguimiento. En esta fase se verifican las tareas, se trata de obtener pruebas de los
cambios, se introducen nuevas estrategias de solución (partiendo de las estrategias ya
utilizadas) y se refuerza el compromiso por el cambio. En la terapia sistémica se
acostumbra dejar un intervalo prolongado entre sesiones para evidenciar el cambio y
permitir que la pareja utilice estrategias propias.