UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID
FACULTAD DE MEDICINA
Departamento de Psiquiatria y Psicologia Medica
TESIS DOCTORAL
Prevención del suicidio
MEMORIA PARA OPTAR AL GRADO DE DOCTOR
PRESENTADA POR
Francisco Javier de las Heras Calvo
Madrid, 2015
© Francisco Javier de las Heras Calvo, 1988
UNIVERSIDAD COMPLÜTENSE DE MADRID
FACULTAD DE MEDICINA
DEPARTAMENTO DE PSIQUIATRIA Y PSICOLOGIA MEDICA
PREVENCION DEL SUICIDIO
Tesis Doctoral Director de la Tesis
presentada por
Francisco Javier de las fieras Prof. Francisco Alonso-
Calvo Fern&ndez
"Para morlr basta un ocaso”
VICENTE ALEIXANDRE .
(Poemas de la consuinacidn)
A.- INDICE ............................................ 1
B.- INTRODUCCION ...................................... 5
B-1.- Monvacicw personal ............................... 5
B-2.- CONCEPTO ........................................ 9
B-3. - LA SUICIDOLOGIA ................................. 10
B-4.- HISTORIA ........................................ 25
B-5.- ASPECTOS ESTADISTICOSY EPIDEMIOLOGICOS ......... 50
B-6.- FACTORES DE RIESGO .............................. 57
B-6.1.- FACTORES DEMOGRAFICOS ........................ 57
B-6.1.1.- Sexo ........................................ 57
B-6.1.2.- Edad ........................................ 61
B-6.1.3.- Estado Civil ................................ 78
B-6.2.- FACTORES PSICOPATOLOGICOS .................... 83
B-6.2.1.- Depresiôn ................................... 84
B-6.2.2.- Alcoholismo ................................. 97
B-6.2.3.- Esquizofrenia ............................... 104
B-6.2.4.- Otros ....................................... 109
B-6.3.- FACTORES DE SALUDFISICA ...................... 117
B-6.4.- FACTORES HEREDITARIOS, FAMILIARES y
CONYUGALES .................................... 121
B-6.5.- FACTORES SOCIO-AMBIENTALES Y SOCIO-
ECONOMICOS .................................... 131
B-6.6.- OTROS FACTORES ................................ 140
B-6.6.1.- Factores Côsmicos ......................... 140
B-6.6.2.- Factores Religiosos ....................... 144
B-7.- FACTORES DESENCADENANTES ...................... 147
B-8.- PATOGENIA ...................................... 152
B-8.1.- BASES NEÜROQUIMICAS Y NEUROENDOCRINAS ...... 152
B-8.2.- ASPECTOS PSICODINAMICOS YPSICOGENETICOS ---- 155
B-9.- CLINICA ........................................ 167
B-9.1.- TECNICAS SUICIDAS ........................... 167
B-9.2.- SECUENCIA CONDUCTUAL ........................ 173
B-10.- PREVENCION .................................... 179
B-10.1.- PREVENCION PRIMARIA ........................ 179
B-10.2.- PREVENCION SECUNDARIA ...................... 193
B-10.3.- PREVENCION TERCIARIA ....................... 218
C.- PLANTEAMIENTO DE NUESTRO TRABAJO; (HIPOTESIS
Y OBJETIVOS) ............. 225
D.- MATERIAL Y METODO .............................. 235
D-1.- POBLACION ...................................... 235
D-1.1.- ESTUDIO I. SUICIDIOS CONSUMADOS ............ 235
D-1.2.- ESTUDIO II. TENTATIVAS DE SUICIDIO ......... 236
D-1.3.- ESTUDIO III. SEGUIMIENTO ................... 240
D-2.- INDICADORES UTILIZADOS ........................ 245
D-2.1.- ESTUDIO I: SUICIDIOS CONSUMADOS ............ 245
D-2.2.- ESTUDIO II: TENTATIVAS DE SUICIDIO ......... 247
D-2.3.- ESTUDIO III: SEGUIMIENTO ................... 254
Pâg.
D-3.- INSTRUMENTOS DE RECOGIDA DE DATOS .............. 256
D-3.1.- ESTUDIO I; SUICIDIOS CONSUMADOS ............. 256
D-3.2-- ESTUDIO II: TENTATIVAS DE SUICIDIO ........... 258
D-3.3.- ESTUDIO III: SEGUIMIENTO...................... 272
D-4.- ANALISIS DE LOS DATOS .......................... 277
E.- RESULTADOS ....................................... 279
E-1.- ESTUDIO I: SUICIDIOS CONSUMADOS................. 279
E-1.1.- INCIDENCIA .................................... 279
E-1.2.- DEMOGRAFIA .................................... 280
E-1.2.1.- Edad ........................................ 280
E-1.2.2.- Sexo ........................................ 282
E-1.3.- OTROS FACTORES DE RIESGO... ................... 287
E-1.3.1.- Estructura familiar ........................ 287
E-1.3.2.- Estaciones. Periodo del ano. Dia de
la sémana ................................... 293
E-1.4.- CLINICA ....................................... 298
E-1.4-1.- Técnica ..................................... 298
E-1.4.2.- Lugar donde se realizô elsuicidio ........ 306
E-1.4.3.- Soporte socio-familiar... ................... 309
E-2.- ESTUDIO II: TENTATIVAS DE S U I C I D I O ............. 312
E-2.1.- DATOS DEMOGRAFICOS DE IDENTIFICACION DE
LA MUESTRA .................................... 313
E-2.2.- FACTORES ETIOPATOGENICOS... ................... 319
E-2.3.- ASPECTOS CLINICOS Y PSICOPATOLOGICOS ........ 34 6
E-3.- ESTUDIO III: SEGUIMIENTO ....................... 371
F.- DISCUSION ........................................ 387
G CONCLUSIONES .......................................
H.- BIBLIOGRAFIA ..................................... 414
A ................................................ 414
B ................................................ 419
C ................................................ 428
D ................................................ 435
E ................................................ 438
F ................................................ 440
G ................................................ 444
H ................................................ 450
I ................................................ 455
J ............................. .......... ...... 4 56
K ................................................ 458
L ................................................ 463
M ................................................ 469
N ................................................ 476
O ................................................ 477
P ................................................ 480
Q ................................................ 487
R ................................................ 488
S ................................................ 496
T ................................................ 506
U ................................................ 509
V ................................................ 510
W ................................................ 512
Y ................................................ 516
Z ................................................ 517
IB-- INTRODUCCION:
B-1,-MOTIVACION PERSONAL:
Tras la terminaciôn de mi licenciatura en medicina y
cirugia y mi revâlida de licenciatura mediante el sistema
de tesina con un trabajo sobre la patografla del poeta inglês
Lord Byron dentro de un anSlisis del movimiento
romSntico en un contexto psiquiâtrico. Estudio que me llevô
a una profundizaciôn en los aspectos fenomenologico-existencia
les, simultaneada con una profundizacidn cllnica en la labor
que durante estos anos vengo realizando en el departcunento de
psiquiatria de la Universidad Complutense que dirige el Profe
sor Alonso-Fernândez.
El suicidio como conducts autodestructiva represents un
paradigms de la psicopatologla. Por un lado es una alteraciôn
de conducts en su realizaciôn; compleja, ya que es la conse-
cuencia de la alteraciôn de une de los instintos bâsicos; el
de conservaciôn de la propia vida; que conlleva a su vez toda
una eleboraciôn psicolôgica sobre una perversiôn instintiva
dentro, en la mayorla de los casos, de un cuadro de una impreg
naciôn minusvalorativa, triste, despreciativa de la realidad
y del mornento psiquico del individuo que va a verse abocado
en un momento determinado a esta conducta autodestructiva.
El suicidio es un tema de actualidad no solamente en el
campo de la psiquiatria sino también es un tema de comentario
- 6
histôrico, actual, êtico y filosôfico. Si bien cada une de
estes aspectos requerirla un minucioso anâlisis no va a ser
nuestro objetivo afrontar todos elles. Es la visiôn mêdica
desde una perspectiva psiquiStrica la que nos va a llevar a
profundizar en algo cotidiano con le que nos hemos de enfren
tar en nuestra prâctica profesional. No cabe duda de que el
suicidio es un fenômeno relativamente frecuente en la prâct^
ca mêdica, y de que, lejos de ser bien conocido, falta mucho
por investigar. Este ha dado lugar a que en todo el mundo,
incluido nuestro pais, estên surgiendo constantemente duran
te los ûltimos anos, estudios de gran calidad que intentan
arrojar un poco de luz sobre esta cuestiôn. Nuestro interés
por el tema, dentro de este contexto, nos ha llevado a la
realizaciôn de este trabajo, que présentâmes para la obten-
ciôn del grado de doctor.
Revisando las actas del primer Symposium Europeo sobre
suicidio celebrado en Madrid en Febrero de 1985, tendrîamos
un boton de muestra de participaciones internacionales en
las que desde la afirmaciôn del présidente de la divisiôn de
salud mental de la O.M.S., profesor Sartaius, de que el sui
cidio es causa de numérosas pêrdidas de vidas humanas, per-
juicios econômicos y sufrimiento por parte de los allegados
de las vîctimas sobre el que hacen falta mSs investigaciones
para conocer mejor el importante componente de cualquier
acciôn de salud pûblica organizada con miras a abordar el
problems del suicidio.
“ 7 —
La Revista de Psiquiatria y Psicologia Mêdica de Europa
y Axnêrica Latina, que dirige el profesor Sarrô, ha dedicado
un nûmero monogrâfico a finales de 1984, al problema del su^
cidio. Junto a tredaajos epidemiolôgicos y revisiones biblio
grêficas se présenta la casuistica y la sistenâtica de traba
jo del grupo de prevenciôn del suicidio y trateuniento del
niismo que dirige la doctora Blanca Sarrô. Têunbiên en otros
contextos geogrâficos, y dentro de los ûltimos anos en la
Universidad de Santiago, en la Universidad de Zaragoza y en
distintos puntos de Espana se viene profundizando en un tema
que si bien a nivel pûblico, como inmediatamente veremos, no
tiene la relevancia que en otros paises; a nivel hospitala-
rio y clinico es bastante frecuente y a menudo conflictivo
en cuanto al curso clinico y evolutivo.
Las informaciones recogidas en la literatura de los di£
tintos paises nos hablan de como el suicidio entre los enfer
mos mentales supone una cifra que oscila entre el 50 y el
75% de todas las muertes por suicidio, y de como la preven
ciôn, en cuanto a identificaciôn de los casos antes de la
realizaciôn del acto autolesivo es realmente compleja.
Otro dato preocupante es la reiteraciôn de estos actos
suicidas que ha llevado a la formulaciôn clave del gravisimo
riesgo de los repetidores de tentativas que tarde o temprano
van a concluir con desdichado éxito en este juego con la muer
- 8
te que conlleva toda una secuencia de desesperanza, de sépara
ciôn del mundo o de impulsividad mal controlada en la que la
agr*»sividad va a terminar con la vida humana. Muchos son los
aspectos que vamos a analizar de este tema, pero quizâ algu-
nos de forma peculiar.
Desde una perspectiva clînica, la identificaciôn precoz
del potencial suicida se muestra interesante, pero poco prâc
tica; por lo que el diagnôstico precoz y el tratamiento ade-
cuado, junto a las medidas rehabilitadoras que al suicida
que ha fracasado en su intente nosotros podemos ofrecerle,
se nos plantea como una alternativa sugerente para este traba
jo. Con esta perspectiva y siendo este un tema llevado con
especial interës en nuestro departamento, y contando con re
visiones bibliogrâficas de calidad en Espahol y en otros idio
mas de nuestro entorno, emprendimos el présente trabajo con
la intenciôn de aportar nuestro grano de arena a la problemâ-
tica que la conducta suicida plantea en el momento actual.
n primer lugar presentaremos una introducciôn teôrica so
bre la suicidologfa, para centrar la posiciôn personal, real^
zar una remisiôn de las distintas posturas preventivas que ca
bîa deducir de los conocimientos sobre el fenômeno suicida,
y finalmente presentar los modelos terapeûticos universalmen-
te aceptadas que servirân de base para el proyecto que vamos
a presentar.
- 9 -
B-2-.CONCEPTO
Segûn BAYET (1922) el neologismo latino "suicidium"
es usado desde el siglo XVII por los casuistas. SARRO
(1983) dice que la palabra "suicidio" es utilizada por
primera vez en Inglaterra, estêindo inscrite en "The
Oxford English Dictionary" en 1635, Segûn GORCEIX y
ZIMBACCA (1968) fué el Abate Prévost el primero que uti
lize la palabra "suicide", en 1734, en la gazeta que diri
ge desde 1733 a 1740, palabra que a partir de 1737 también
emplea el abate Desfontienes en sus observaciones sobre
los escritos modernos (PEIUCIER, 1985).
La Academia Francesa inscribe en 1762 la palabra
"suicide" para définir el acto de acuel que se mata a si
mismo y en 1798 para designer a la persona que se mata a
si misma.
El termine parece llegar a Espana con cierto retraso,
ya que en el diccionario Francés-Espahol de CORMON (1800),
considerado como el mâs complete de la época, se traduœ"sui
cide" por "suicidio" (muerte que une se de a si mismo) y
"suicida" (el que se de la muerte), pero en la secciôn espa
nola no aparece el término "suicidio" sino el têrmino
"matarse".
producir este resultado". Es decir, directamente (cuando la
muerte sobrevlene por la lesiôn) o indirectamente (como
complicaciôn de la lesiôn); por un acto positive (una le
siôn producida de forma activa) o negative (pasiva). La
tentativa se diferencia por ser un acto como el anteriormen
te descrito, pero detenido en su camino,antes de que dê co
mo resultado la muerte.
ALONSO-FERNANDEZ (1978) considéra una tercera clase
de acto suicida, el "suicidio frustrado" que séria aquel
en que no ha llegado a consumarse porque ha intervenido a^
guna circunstancia casual o una tercera persona que lo ha
impedido. La "tentativa suicida", séria, entonces, aquella
en que la muerte no se produce a causa del empleo de medios
inadecuados o insuficientes.
B-3.- LA SUICIDOLOGIA;
Nuroerosas términos han venido ampliando el lenguaje
de la "suicidologla", término conocido desde 1929 y 40 anos
despuês revalorizado por SHNEIDMAN (SOURBRIER, 1983). La
Suicidologia séria el estudio de todos los fenômenos auto-
destructivos que tendria como objeto fundamental delimitar
desde el punto de vista sociolôgico y médico, las caracte-
risticas mSs relevantes del acto autoagresivo desde su plan
teamiento en una situaciôn social determinada en un sujeto
que sufre o no una enfermedad y en un contexto concreto; y
el de tipificar forma y modo de estudio para clasificar el
“ Il —
suicidio, configurando leyes explicatives del mismo.
La conducta autodestructiva no siempre es facllmente
delimitable; de hecho, el concepto de proximidad a la muer
te de uno mismo o el anSlisis de un falléeimiento en rela-
ciôn a la voluntariedad y a la realizaciôn individual de e£
te acto como deseo voluntario de acabar con la propia vida
es un objeto difîcil de delimitar. No solo la definiciôn
de caso de suicidio, esto es, objeto de estudio de la suic^
dologîa va a ser complicada, sino que los métodos de anSli
sis del fenômeno suicida van a ser un tanto complicados.
Por un lado, el anâlisis de los registros de muertes van a
entremezclar las muertes violentas, por accidentes de trSfi_
co, por caidas, por situaciones de difîcil explicaciôn en
las que no siempre va a estar claro este deseo de muerte
por parte del sujeto implicado en ellas. Las tentativas,
es decir, las conductas autodestructivas atentidas tras el
fracaso del individuo, no siempre van a mostrar una verac^
dad autodestructiva ni una clara intencionalidad de muerte.
Por ûltimo, los casos salvados "in extremis" por los mêdi-
cos van a estar siempre mediatizados por el recuerdo, la
elaboraciôn psicolôgica posterior, y el drama que el sujeto
transmite en ese mantenimiento de una vida que querîa o
no destruir y que se replantes continuar manteniendo.
- 12 -
Conviene destacar c6mo factores culturales y éticos,
junto con matrices subjetivas, Influyen sobre esta situa
ciôn de forma que muchos autores critican su posibilidad
de estudio por todo el error de observaciôn intro y ex-
trospectivo que esto conlleva.
Las leyes definidoras del fenômeno suicida son tan
heterogêneas, y las clasificaciones son tan mûltiples
que vêunos a pasar a continuaciôn, no solamente a analizar
algunos têrminos mSs, sino algunas clasificaciones impor
tantes que delimitan el objeto de nuestra prevenciôn y
del tratamiento que nosotros véunos a proponer.
Asî, los distintos autores hablan de "suicidio psi-
colôgico" (RAINES, 1950) en el que un individuo elige un
ôrgano determinado al que imputa su muerte. "Suicidalidad"
(POLDINGER, 1969) como integral de cuantas energies y fun-
ciones psiquicas actuales que tienden al acto suicida.
"Crisis suicida" (STENGEL, 1965) como estado psiquico en el
que predominan y se activan los impulses autodestructivos.
- 13 —
"Parasuicldio" (KREITMAN, 1977) como aguellos casos de autoa-
gresiôn en los que la intenciôn de muerte no es esencial en
su definiciôn. "Pseudointentos de suicidio" (POLAINO-LORENTE,
1984) para aquellas tentativas que son en realidad una manipu
laciôn o una llamada de atenciôn, etc...
Las clasificaciones propuestas para el suicidio son
casi innumerables. DURKHEIM (1897) distinguia très tipos
elementales y très tipos mixtos:
Carâcter fundanental Variedades secundariêis
Melancolia perezosa, con ccnplacencia de
Suicidio
T^tla si misma.
egoista Sangre fria, desenganada, del escêptioo.
Eïiergla Con sentimiento, tranquilo del deber.
Tifxas Suicidio
apasicnada
Con entusiasmo mîstico
elemen altruiste o volunta- Con valor açacible.
ria.
tales
Recrimin«wd.ones violentas contra la vida
Suicidio Irritacifin en generad.
Recriminaciones violentas contra una per
anômico Hastio
sona en particular (homicidio o suicidio).
Suicidio ego-anômico Mezcla de agitacifin y de apatîa; de
acciôn y de ensueno.
TipcS Suicidio anômico-
adtruista Efervescencia exasperada.
Mixtos
Suicidio ego-altrui£
ta Melanoolla atenperada por una cierta
firmeza moral.
- 14 -
BAECHLER (1975) distingue cuatro tipos de suicidios:
A.- ESCAPISTAS:
1.- Huida (propianente dicha): de una situaciôn insopor-
table.
2.- Duelo: huida por la pérdida de un ser amado.
3.- Castigo: huida para expirar alguna falta.
B.- AGRESIVO:
1.- Venganza: intenciôn de provocar remordimientos.
2.- Crimen; asesinato de otra persona.
3.- Chantaje; intenciôn de coaccionar a otro.
4.- Llamada; necesidad de atenciôn por parte de otros.
C.- OBLATIVO;
1.- Sacrificio; Intenciôn de salvar o conseguir algo
valorado mSs que la propia vida.
2.- Transiciôn; Intenciôn de accéder a un estado juzga
do como superior al actual.
D.- LUDICO;
1.- Ordalia; Intenciôn de exponer la propia vida para
probarse a si mismo o para solicitar el juicio de
los Dioses.
2.- Juego; Utilizer las posibllidades de muerte para
jugar con la vida.
- 15
FARBEROW (1980) propone separar los comportami en tos
autodestructivos en dos categorlas fundamentalss:
1.- A.D.D. (Directa o consciente), que corresponderîa al
suicidio clSsico.
2.- A.D.I. (indirects o inconsciente-preconsciente), que
séria teôricamente inconsciente y no reconocida como
suicidio.
Tal como anteriormente declamos, las clasificaciones
propuestas son rouy numerosas, la de ROJAS (1984) tal vez
sea una de las mâs complétas de entre todas las propuestasi
1.- SEGUN LA ETIOLOGIA
1.1 PsicÔtico
1.2 Neurôtico
1.3 Social
1.4 Psicodisplâsico
1.5 Filosôfico
2.- SEGUN LA FORMA
2.1 Segûn la dinâmica formai:
2.1.1 Impulsivo
2.1.2 Obsesivo
2.1.3 Fôbico-Obsesivo
2.1.4 Reflexivo
2.1.5 Histriônico
- 16
2.2 Segûn la técnica;
2.2.1 Suave
2.2.2 Brutal
2.2.3 Intermedia
2.2.4 Insôlita
2.2.5 Enmascarada
2.2.6 Suicidio moral
3.- SEGUN LA INTENCIONALIDAD
3.1 Con intencionalidad de muerte
3.2 como huida de una situaciôn insostenible
3.3 Conductas de riesgo
3.4 Intencionalidad ordSlica
3.5 Veleidad suicida:
3.5.1 Carâcter lûdico
3.5.2 intenciôn catârtica
3.6 Chantaje suicida
3.7 Suicidio como revanche
3.8 Suicidio por balance existencial.
4.- SEGUN LA RELACION DE INTEGRIDAD CON LA SOCIEDAD
4.1 Egoista
4.2 Altruiste
4.3 Anômico
- 17
5.- SEGUN LOS RESULTADOS
5.1 Suicidio consumado
5.2 Suicidio frustrado
5.3 Intento de suicidio
5.4 Suicidio aparente
5.5 Equivalentes suicidas
5.6 Suicidio moral
6.- SEGUN EL CURSO
6.1 Unico
6.2 Récidivante
7.- SEGUN LA GRAVEDAD
7.1 Mortal
7.2 Muy grave
7.3 Grave
7.4 Leve
7.5 Aparente
8.- SEGUN EL NUMERO DE PERSONAS QUE REALIZAN EL ACTO
8.1 Individual
8.2 Doble
8.3 Ampliado (inducido).
8.4 Colectivo:
8.4.1 Colectivo racional
8.4.2 En procesos pasionales
8.4.3 En délirantes agudos
8.4.4 En délirantes crônicos
8.4.5 En sîndromes mâs complejos
18
9.- SEGUN LA CONCIENCIA DEL ACTO.
9.1 Suicidio consciente
9.2 Suicidio en el curso de un embotainlento de conciencia.
9.3 Suicidio en el curso de un estado crepuscular.
10.- SEGUN LA ACTITUD DEL SUJETO
10.1 Suicidio pasivo
10.2 Suicidio activo
11.- SEGUN SU RELACION CON LA AGRESIVIDAD
11.1 Intento de suicidio por inhibiciôn de açresiones.
11.2 Intento de suicidio por introyecciôn de la agresi-
vidad.
11.3 Intento de suicidio postagresivo.
12.- SEGUN SU RELACION CON LA DEPRESION
12.1 En depresiones muy suicidôgenas
12-2 En depresiones con un riesgo suici& grave
12.3 En depresiones con un riego suicida moderado
12.4 En depresiones sin riesgo suicida
13.- SEGUN LA RESPUESTA TERAPEUTICA
13.1 Intento de suicidio de respuesta biolôgica
13.2 Intento de suicidio de respuesta psicolôgica
13.3 Intento de suicidio de respuesta sociolôgica
13.4 Intento de suicidio de respuesta biopsicolôgica
13.5 Intento de suicidio de respuesta conductal.
19 -
Nosotros utilizaremos la calsificaicôn de ALONSO-
FERNANDEZ (1978) que admite très tipos bâsicos de actos
suicidas: suicidio consumado, frustrado y tentativa de
suicidio, que ya hemos definido, y cuatro tipos margina
les y discutibles.
TIPOS BASICOS TIPOS MARGINALES Y
DISCUTIBLES
A.- Suicidio consumado A.- Suicidio encubierto
B.- Suicidio frustrado B.- Suicidio pasivo
C.- Tentativa de suicidio C.- Equivalentes suicidas
D.- Automutilaciôn
CLASES DE ACTOS SUICIDAS SEGUN ALONSO-FERNANDEZ (1978).
El "suicidio encubierto" séria aquel que pasa desaper-
cibido generalmente en forma de accidentes de trâfico y
accidentes laborales. Algunos han especulado que del 10% al
30% de las muertes producidas por accidentes automovilisti-
cos en que se ve implicado un solo vehiculo podrlan ser sui
cidios (GOMEZ DEPERTUS, 1977). PHILLIPS (1977) dice haber
comprobado que por igual que el nûmero de suicidios, los
accidentes de trâfico aumentan tras la publicaciôn de un he
cho de suicidio. MENDEL (1967) también involucra a muchos
accidentes deportivos como suicidios encubiertos, y DUBLIN
(1963) pudo comprobar una mortalidad por suicidio mayor en
tre los poseedores de seçuros de vida por cantidades impor-
- 20
tantes de dinero que dentro de la poblaciôn general, lo
que parece indicar, como dice POLDINGER (1969), que en
relaciôn con seguros de fallecimiento, la ocultaciôn de
la muerte por suicidio desempena un papel que no es de
menospreciar.
El "suicidio pasivo" séria el de los sujetos que
no realizan (activamente) los medios para evitar el final,
de otro medio irremediable, y estân fundamentalmente repre
sentados por aquellas personas que interrumpen drâsticamen
te su alimentaciôn y necesidades vitales, y por los que
estando enfermos de alguna enfermedad importante rechazan
o descuidan las oportunas medidas preventivas y terapeûti
cas.
Los "équivalentes suicidas" incluirian las conduc
tas de alto riesgo y desafio de la muerte, muy frecuentes
en algunos adolescentes (QUIDU, 1964) , pero que no debe ha
cerse extensivo a todas las profesiones arriesgadas (GALLE-
TESSONEAU y HADNI, 1984), ni a las drogodependencias, ya
que segûn ALONSO-FERNANDEZ (1985) , esta catalogaciôn pasa
por alto las motivaciones inmediatas de los drogadictos,
prendidos a la bûsqueda del placer, el alivio de sufrimien
to, la curiosidad, el hambre de nuevas vivencias, la eva-
siôn de la realidad. Cuando un comité de expertes de la
21 -
O.M.S. se pronunciaba en 1976 por catalogar las inyecciones
de heroina como équivalentes suicidas, basândose en que pro
vocan lesiones e implican un alto riésgo de letalidad, cono
cido por el propio drogadicto, se hacia tabla rasa de su
personalidad y sus motivaciones ligadas al afecto hacia
los demâs y la bûsqueda del placer corporal, cuyo conoci-
miento ha avanzado lo suficiente a lo largo de los ûltimos
ocho anos para hacer insostenible aquella equiparaciôn.
Por ûltimo estarîan las "automutilaciones", que des
de el punto de vista psicodinâmico y motivacional poseen
una impronta de autodestrucciôn que no existe en los demis
actos suicidas. En realidad, constituyen muy pocas veces
un suicidio (ALONSO FERNANDEZ, 1978).
El suicidio "lôgico-metafîsico" donde el sujeto,
en situaciôn de equilibrio total, despuês de una ponderada
reflexiôn, decide friamente quitarse la vida, es una figu
ra terôrica de conducta suicida aducida una y otra vez
por las doctrinas que abogan por la necesidad de respetar
el derecho del ser humano a morir suicidfindose. Porque
si este tipo de suicidio se presentase en la realidad con
cierta frecuencia, no cabe duda de que la ligazôn entre la
libertad y el suicidio merecerla ser tomada en considera-
ciÔn. Es curioso que tal argumente haya sido esgrimido,
pero sin prâcticarlo, por muchos escritores. La experien
cia de la realidad acredita que la libertad interior suele
hallarse anulada en el candidate al suicidio bajo la pre-
siôn ejercida por una grave tensiôn conflictiva psicolôgica,
una acuciante o desesperada situaciôn social o un fuerte
trastorno psicopatolôgico. El respeto de la libertad del
suicida para morir es un enunciado contradictorio "in;
adjecto", ya que la anulaciôn del condicionamiento psicolô-
gico de la libertad interior es una caracteristica casi
constante en la fase presuicida (ALONSO-FERNANDEZ, 1985).
Por tanto, no podemos aceptar lo que se ha venido
llamando "suicidio racional" como unapostura de autodeter
minaciôn (KJERVICK, 1984), ya que pensêunos, con CIVEIRA y
Cols. (1985) que la pulsiôn suicida es siempre susceptible
de intervenciôn por parte del médico y repudiamos la frase
de HORACIO: "Es matar a un hombre salvarle a su pesar"
("invitum qui servat, idem facit occidenti" Art. Poet, 467).
- 23
Nuestro estudio va a tratar de sistematizar tres nocio-
nes fundamentales. En primer lugar la de suicidio consumado,
a travês de los datos hallados en un servicio anatfimico foren
se en el que las autopsias hallan delimitado que muertes son
de estirpe suicida, recogiéndose retrospectivzunente la casuls
tica que puede ayudar a tipificar las poblaciones culturalmen
te y demograficamente afectadas por la muerte voluntarlamente
provocada.
En segurdo lugar, y tal como ya hemos venido diciendo,
suicidio frustrado serîa aquel acto auto-agresivo que en si
mismo conllevarla a la muerte, pero que en virtud de circun£
tancias intercurrentes, fuera de la voluntariedad del sujeto,
se mantiene su vida por la intervenciôn de terceras personas
o la de un servicio sanitario. Serîa un método casi experi
mental de estudio del suicidio, serlan un fracaso involunta-
rio de su autor, una posibilidad natural de analizar poste-
riormente, pero con una proximidad inmediata, las caracterΣ
ticas del fendmeno autodestructivo. La dificultad concep
tual de este suicidio frustrado justifica la limitacidn de
trabajos sobre el tema y de ahî la originalidad de nuestro
estudio que posteriormente presentaremos. Buscamos, pues,
similitudes y diferencias entre el grupo de suicidios consu
med os y el de suicidios frustrados.
En tercer lugar, y dado que la literature mâs amplia,
por ser un estudio mâs asequible, es el de las tentativas de
suicidio; nosotros estudiaremos un conjunto de pacientes sin
intenciones de représentatitividad muestral, para comparer
con los grupos previamente analizados y establecer en estos
dos ûltimos, suicidios frustrados y tentativas, un programs
de tratamiento que podrS valorarnos la efectividad objetiva
de nuestra intervenciôn y que podrâ ser a su vez, una peque-
na aportaciôn en el cuerpo de doctrine universel sobre el
suicidio.
Creemos que a partir de la problemStica que venimos
planteando, la proposiciôn de estrategias de intervenciôn
ante factores objetivos de riesgo de suicidio entre la pobla
ciôn de la ciudad de Madrid, es algo accesible y que podrâ
ser beneficioso. Queremos diagnosticar y tratar precozmente,
haciendo lo que en la literature se denomina una "interven
ciôn en crisis", en aquellos pacientes que han intentado, con
mayor o menor eficacia o intencionalidad, acabar con su vida;
y posteriormente seguir un grupo de ellos para poder évaluer
el curso de sus pulsiones autodestructivas y evitar repeticio
nés del acto suicida.
Antes de plantear los objetivos y de delimiter el mate
rial y métodos, nos parece interesante reflexionar con otros
autores sobre las estrategias preventivas y sobre la evolu-
ciôn histôrica del fenômeno suicida.
- 25 -
B-4.-HISTORIA:
Hablar de historié del suicidio impone reviser sus di-
ferentes formas de expresiôn, las distintas ideologies que
han surgido al respecto, los suicidios individuales y co-
lectivos que han pasado a la historié por la repercusiôn
que tuvieron o por la relevancia social de sus protagonis
tes, las diferentes expresiones del suicidio en la litera
ture y el arte, asl como las diverses actividades socio-
culturales de cade época, incluyéndose aquî la evoluciôn
histôrica de las medidas adoptadas para su prevenciôn.
Tarea aunplia y ambiciosa, que supera nuestro propôsito de
limitâmes a una breve revisiôn histôrica de algunos as-
pectos que hemos juzgado de mayor interés.
El suicidio es un fenônemo tan antiguo con la propia
historié de la humanidad. Desde la antiguedad, en la
India, y bajo la influencia del brahamanismo, los sabios,
en su bûsqueda del "Nirvana" (liberaciôn de todos los ma
ies hasta llegar a la "nada absolute"), se suicidaban,
frecuentemente en el transcurso de fiestas religiosas.
Esta observaciôn de IZARD (1965) , se ve confirmade en un
relato de PLUTARCO quien a propôsito de un brahaman deno-
minado Calamis escribe: "... se sacrificô a si mismo, como
era uso en los sabios de su pais..." (Vida de Alejandro,
CXIII).
En el Egipto antiguo lo que se pedîa a la muerte era la
liberaciôn. Sus partidarios llegcüsan incluse a agruparse en
asociaciones cuyos miembros buscaban las medidas mâs agrada-
bles para morir. Los suicidios colectivos parecen no haber
sido un hecho infrecuente en la zmtiguedad, ya que han llega
do hasta nosotros numerosos ejemplos como el que refiere
MONTAIGNE de los Xantienos, que sitiados por Bruto "se preci
pitaron en confusiôn, hombres, mujeres y nihos; con un deseo
de morir tan furioso, que no se ha hecho, por huir de la
muerte, nada semejante a lo que ellos hacîan por huir de la
vida, y de tal modo que apenas Bruto pudo salvar un peque
ho numéro" (Ensayos II, 3) •
Muy conocido entre nosotros es el suicidio colectivo
de los Numantinos (133 a. de C.), que cercados y agotados de
hambre por Escipiôn Emiliano prefirieron quitarse la vida an
tes que entregarse a los romanos; y el de Sagunto (219 a. de
C.), cuyos habitantes tomaron la misma determinaciôn para
evitar caer en manos de Anibal. Este, a su vez, tambiên se
suicidarla a sus 74 ahos mediante un veneno que habla guarda
do durante mucho tiempo en su sortija, declaremdo segûn
MORON (1977) que "tenîa que liljerar a los romanos del temor
que les inspiraba un viejo, de quien ni osaban esperar la
mue rte".
El suicidio colectivo tambiên parece haber tenido una
finalidad de protesta social como en el caso de los discîpu
los de Confucio, quinientos de los cuales se precipitaron
en el mar para protestar contra la destrucciôn de sus libros
llevada a cabo tras su muerte. (IZARD, 1965) . PLUTARCO nos
relata una "epidemia suicida" acaecida entre las jôvenes de
Mileto, y como se consiguiô acabar con ella al someter los
cadSveres a la verguenza pûblica: "los jovenes de Mileto su-
frieron un mal terrible y extraho al mismo tiempo. En todas
se produjo un deseo de matarse, con tendencia al aliorcamien-
to. Muchas se ahorcaron secretamente. Las palabras y lâgr£
mas de los padres, los consejos de los aunigos, no dieron nin
gûn resultado; finalmente se le ocurriô a un hombre sabio
dictar una ley en la que se ordenaba que cuemdo una muchacha
hubiese puesto fin a su vida ahorcândose, se exibiese el
cadâver desnudo en la plaza pûblica. La ley fuê aprobada y
se consiguiô no solamente que el mal se detuviese, sino que
quitô tambiên a los jôvenes el deseo de matarse".
En la Grecia clâsica, el suicidio fuê un hecho comûn en
tre los filôsofos, segûn nos refiere DIOGENES LAERCIO en sus
"Vidas de los mâs ilustres filôsofos griegos": Anaxagoras
tras ser injustamente encarcelado, pero posteriormente absuel
to por Pericles, se suicidô por no poder sobrellevar la injus
ticia. Su discîpulo SÔcrates bebiô serenamente la cicuta
tras haber sido condenado a muerte. Diodoro se quitô la vida
a causa de un fracaso dialéctico con Estilpôn. Meredemo mu-
riô por no tomar alimento voluntariêimente durante siete dîas
a causa de un fracaso politico. Mâs curioso es el relato que
hace Metrocles: "estando un dia en una lecciôn, se le escapô
una ventosidad involuntariamente. Tanto fuê el rubor y pena
que de ello le sobrevino,que se cerrô en su cuarto con ânimo
de dejarse morir de hambre", lo que no ocurriô gracias a la
persuasiôn de Crates. Espeusipo se suicida, al no soportar
ver su cuerpo "corrompido de perleria". Aristôteles bebiô
el acônito a los 70 ahos, Demôstenes se envenenÔ para privar
a sus verdugos de la alegria de asesinarlo, Menipo se
ahorcô, etc...
Sin embargo, tal como afirma BAYET (1971), en la Grecia
antigua, ciudades con el mismo grado de civilizaciôn reaccio
naban de forma muy diferente (algunas en alsoluto) frente al
suicidio, y por motives que no siempre son descifrables. En
Tebas y en Chipre se privaba a los suicidas de los lionores
fûnebres, en otras ciudades se les negaba todo funeral, en
otras unicamente la hoguera. En Atenas se cortaba la mano
dereclia, para enterrarla aparté del cuerpo, de aquellos que
se han quitado la vida mediante la espada, con el fin de ev£
tar que el muerto pudiese cometer crîmenes sobre los vivos.
La doctrina pitagôrica ve en el suicidio una brutal
ruptura del equilibrio establecido entre el aima y el cuerpo,
y la platônica descarta deliberadamente la idea de la muerte
voluntaria. El epicureismo, sin condenar el suicidio, le es
màs bien hostil. El estoicismo es la ûnica concepciôn filo-
sôfica verdaderamente favorable al suicidio, aunque es consi-
derado odioso y vil cuando la familia del suicida o la socie-
dad sufrirâ por ello y cuando el hombre es transportado por
- 29 -
una aversiôn irracional e inmoderada, la "libido moriendi",
el "loco deseo de muerte". (MORON, 1977).
La postura estôica frente al suicidio puede resumirse
en estas frases de SENECA; "No debemos aferrarnos a la vida,
pues la buena ccsa no es vivir, sino vivir bien. Por esto,
el sabio no vivirS tanto como pueda, sino tanto como deba.
No vale la pena conservar la vida a cualquier precio. Debe
mos querer la vida aprobada por los demis, la muerte, empero,
aprobada por uno mismo: la mejor muerte es aquella que agra-
da. Solo respecto de esta ciencia del morir podemos decir
que llegarâ sin falta el dîa en que nos serâ exigida su apl£
caciôn" (Cartas morales a Lucilio, LXX). Seneca ordenarîa a
su mêdico que le cortase las venas. Otro espahol, Lucano,
tambiên se suicidarîa, para evitar ser ajusticiado por Nerôn,
quien, a su vez, se hiizo dar muerte por uno de sus libertos.
En Atenas, si una persona, antes de herirse, pedîa al
Senado que se lo autorizase, haciendo valer las razones que
le hacîan la vida intolerable, y su demanda era atendida fa-
vorablemente, el suicidio era considerado como un acto legî-
timo (DURKHEIM, 1897). Huir de la deshonra de verse ajusti
ciado, es considerado como lîcito, y CICERON admira el suici
dio de Lucrecio a pesar de que piensa que "el hombre religio-
30 no debe rehusar las responsabilidades que Dios le ha con-
fiado con la existencia" (Repûblica, VI, 10).
— Jû —
En Roma, el suicidio de esclavos era frecuente, pero
estaba prohibido; los que no llegaban a consumarlo eran seve-
ramente penados. Tambiên estaba penado para los soldados
romanos, que pertenecîan al estado, y por lo tanto no podlan
disponer de sus vidas. Sin embargo, todos tenîan el derecho
a eliminarse en caso de sufrimiento intolerable. (IZARO, 1965)
Catôn se encerrô en Utica tras la derrota de sus alia-
dos; frente a la imposibilidad de continuer la lucha, desen-
vaina su espada y se la hunde en medio del estômago. Su
ejemplo fuê seguido por su familia, en la que se encuentran
no menos de 5 suicidas en dos generaciones. (MORON, 1977).
En Heliogâbalo podemos encontrar un curioso ejemplo
de juego lûdico con el suicidio, a pesar de que nunca
atentô contra su propia vida; lo describe MONTAIGNE: "El
hombre mâs afeminado del mundo que fuê Heliogâbalo, entre
sus muchas voluptuosidades ténia la de querer hacerse matar
cuando se le presentara oportunidad; y para que su muerte
no desmintiese el resto de su vida, hizo construir una te
rre suntuosa, con una explanada delante, pavimentada y ador
nada con oro y pedrerias, por si queria precipitarse desde
lo alto del muro. Mandô tambiên trenzar cuerdas de oro y
seda carmesi para estrangularse y una espada de oro para
acuchillarse. Guardaba veneno en vasijas de esmeralda y to-
pacio a fin de estar presto a darse muerte del modo que me
jor le plugiere". (Ensayos, 2, XII).
- 31 -
Describe tambiên MONTAIGNE dos casos en los que se
busca la muerte por padecer una enfermedad que se ha hecho
insoportable en ambos casos, tras la curaciôn, se prefiere
el suicidio: "El filôsofo Clezmto tenîa hinchadas y pûtri-
das las encias y los mêdicos le aconsejaron una rigurosa
abstinencia. Ayunô pues, 2 dîas, y mejor6 tanto que le die
ron por curado y le autorizaron a reanudar su vida ordina-
ria. Pero êl, habiendo experimentado cierto dulzor en
aquel desfallecimiento, resolviô no desandar camino y fran-
queê el paso a que tanto se habîa aproximado". "Pomponio
Atico... hallândose enfermo hizo llamar a su yerno Agripa
y a 2 6 3 eunigos, y les dijo que habîa hecho la reflexiên
de que sus enfuerzos para alargar la vida le alargaban el
dolor, por lo que preferîa quitarse el uno y la otra. Y
habiendo decidido matarse no comiendo, he aquî que ello le
curé; asî el remedio que empleaba para suicidarse devolvio-
le la salud. Los mêdicos y los amigos celebraban tan faus
ta mudanza, pero êl no participé en su opiniôn, diciêndoles
que, al fin y al cabo, algûn dîa habrîa de franquear aquel
paso y preferîa quitarse el trabajo de tener que volver a
empezar".
En los pueblos "bârbaros", el suicidio tampoco parece
ser un fenômeno extrano. En Germania, segûn IZARD (1965)
era comûn que los ancianos y las mujeres se suicidaran a
fin de abrirse delante de ellos las puertas del "Walhalla";
- 32 -
los amigos se matabam entre sî al finalizar los banguetes;
las viudas se sacrifîcan sobre les cuerpos de sus esposos
muertos. Los romanos se asombran ante la facilidad y tran
quilidad con que galos y germanos se producen a si mismos
la muerte, segûn expresan PLINIO, CESAR, VALERIO MAXIMO,
etc...
Los habitantes de Espana son a menudo descritos como
"despreciadores de la vida y dispuestos a morir antes que
dejarse cautivar" (TAPIA. 1985). SILVIO ITALICO describe
a los Celtas espanoles como "una naciôn prôdiga de su san-
gre y muy dada a apresurar la muerte. Luego que el Celta ha
franqueado los ahos de la fuerza floreciente, soporta con
impaciencia el muro del tiempo y desdeha conocer la vejez;
el tërmino de su destino estâ en su mano". (Pûnica, I, 225).
Los cristianos tambiên desafiaban la autoridad romana,
ya que muehos estaban dispuestos al martirio, de tal forma
que el Concilie de Elvira, del aho 314, prohibiô a los cris
tianos inducir de este modo su propia muerte, ya que los
que lo hicieran no serian considerados mârtires, sino suici
das (TAPIA, 1985).
Ni el Antiguo,ni el Nuevo Testamento parecen prohibir
el suicidio de una forma muy explicita, aunque encontra-
mos en ellos relatos de suicidios; los mâs conocidos tal
vez sean los de Sansôn y Saul que se mataron para evitar ser
asesinados por el enemigo y el de Judas, el apôstol traidor.
Otros menos famosos son los de Abimalech: "Saca tu espada y
mâtame, porque no se diga de mi: una mujer lo matô" (Jueces,
IX, 54). "Mâs viendo Zimri tomada la ciudad, metiose en el
palacio de la casa real, y peç6 fuego a la casa consigo:
asî muriô" (Reyes, I, 16,18)."Y Ajitofel, viendo que no se
habîa puesto por obra su consejo, levantose y fuese a su
casa en su ciudad; y después de disponer acerca de su casa,
ahorcose y muriÔ, y fué sepultado en el sepulcro de su
padre". (Samuel, II, 17, 23).
SAN AGUSTIN admite la bûsqueda de la muerte mediante
el martirio, pero defiende la teoria de que el mandamiento
"no matarâs" no especifica la identidad de la vîctima, por
lo cual debe incluirse en la prohibiciôn al propio sujeto.
El Concilie de Arles, en el aho 542, lo déclara "acto inspi
rado en la posesiôn diabôlica".
SANTO TOMAS DE AQUINO considerarâ mâs tarde que los su£
cidas pueden actuar bajo el padecimiento de una enfermedad
mental; eximiendo de culpa a los "insanos" y a los "furiosos"
El CORAN prohibe explicitamente el suicidio en varias
ocasiones, llegsmdo incluso a considerarlo como un crimen
mucho mâs grave que el homicidio: "el hombre no muere sino
34
por voluntad de Dios, segûn el libro que fija el término
de su vida" (III, 139). "Cuando el término llegue, no po
drâ retrasarlo ni adelantarlo un solo instante" (XVI, 63).
"Hemos decretado que la muerte os hiera por turno y nadie
podrâ contradecirnos" (LVI, 60).
Por el contrario los herejes câtaros invitaban a al
gunos de sus miembros, "los perfectos" a consumar lo que
denominaban: "suicidio sagrado".
Tambiên "antiguos creyentes" rusos, segûn LEPP (1971),
recurrieron en ocasiones al suidicio-colectivo por el fuego,
antes que renunciar a sus prâcticas arcaicas condenadas por
la Iglesia oficial.
Los visigodos se arrojaban desde un pehasco ("penasco
de los antepasados"), pues creîan que esa demostraciôn de
coraje les aseguraba la entrada en el paraiso". (IZARD, 1965)
Pero el haber intentado suicidarse, incapacitaba para ser
rey, como sucediô con el rey Wamba, que fuê vestido por
Ervigio, tras administrarle un brebaje, con el hâbito de
penitente, que le hacîa aparecer como arrepentido por haber
intentado quitarse la vida. Asî perdiô el trono. (TAPIA,
1985).
En el aho 56 3 en el Concilio de Praga se decide que
los suicidas no serîan "honrados con ninguna conmemoraci6n
en el santo sacrificio de la Misa y que el canto de los
salmos no acompaharîa sus cuerpos a la tumba. La legisla-
ci6n civil francesa se inspiré en el derecho canônico,
ahadiêndo penas materiales a las religiosas. Un capîtulo
de las ordenanzas de San Luis régula especialmente la ma
teria: se hacîa un proceso al cadâver del suicida ante
las autoridades, los bienes del fallecido se instruian a
los herederos ordinarios. Un gran nûmero de costumbres
no se contentaban con la confiscaciôn, sino que prescri-
bian ademâs diferentes suplicios. (DURKHEIM, 1897).
En Zurich, si el suicidio se habîa realizado con un
puhal, se introducia un trozo de madera en la cabeza; si
se habîa ahogado, se enterraba el cadâver a cinco pies del
agua; si se habîa precipitado en un pozo, se le enterraba
bajo una montana o cerca de un camino, fijândole en el sue
lo y poniéndole una piedra sobre la cabeza, otra sobre el
cuerpo y otra sobre los pies. (HURLIN, 1952).
En Burdeos, el cadâver era suspendido por los pies;
en Abbeville, se le arrastraba por las calles sobre unas
andas; en Lille, si era hombre, el cadâver, arrastrado, de
mala manera, era colgado; si era mujer quemado (GARRISON,
1883).
En Inglaterra, desde el siglo X los suicidas son asi
milados a los ladrones, a los asesinos y a los criminales
- 36
de toda especie. Hasta 1823 imper6 el uso de arrastrar el
cuerpo del suicida por las calles, con un palo pasado al
travês, y enterrarlo en un camino pûblico sin ninguna cere
monia. El suicida era declarado felôn (felo de sê) y sus
bienes, incorporados a la Corona. (DURKHEIM, 1897).
Lo cierto es que, como dice BARBERO (1966) , hasta
el siglo XVIII la legislaciôn civil de casi todos los pai-
ses conminaba el suicidio con las mâs graves y deshonrosas
penas, que alcanzaban a los familiares. Al suicida se le
enterraba debajo de la horca o en los caminos, despuês de
verificar el denominado "entierro del asno". Para aumentar
la infamia se ahadian determinadas prâcticas: el cadâver
no podîa salir por la puerta de la casa, sino que habîa que
sacarle por la ventana; y el verduço le conducia a su sepul-
tura en la carreta de los animales sacrificados.
En Espana las PARTIDAS establecen: "Desesperado
seyendo alguno ome en su vida por yerro que ouiesse fecho,
de manera, que se matcisse el mesmo despues que fuesse
acusado. En tal caso como este desimos, que ni el que se
matô por miedo a la pena, que esperaua recibir por aquel
yerro era atal que si le fuesse prouado, deue morir porende,
e perder sus bienes, e seyendo ya el pleyto comensado por
demanda, e por respuesta se mato, estonce deuen tomar todo
lo suyo pata el Rey. Esso mismo séria, si el yerro fuesse
de tal natura, quel fazedor del pudiesse ser acusado despues
- 37 -
de su muerte, assi como de suso diximos en las leyes deste
titulo (la 7*) que fahlan en esta rezon. Mas si el yerro
fuese tal, que por razôn del non deuiesse prender muerte,
maguer se matasse, non le deuen tomar sus bienes, ante duen
fincar sus herederos. Esso mesmo deue ser guardado, si al
guno se matasse por locura, o por dolor, o por cuyta de en
fermedad, o por otro grand pesar que ouiesse" (7- , 24, 1).
Las ordenanzas reales de Castilla mantienen la pena de
confiscaciôn para el suicidio con distinto alcance en dos de
sus leyes: la que procédé de Alfonso XI establece: "Todo
home o muger que se matare a si mesmo, pierda todos sus bienes
para la nuestra câmera" (VIII, 19,19), mientras que la deriva-
da de Enrique III estatuye: "El que se matare a si mesmo,pierda
todossus bienes, no teniendo herederos descendientes" (VIII,13,
9) .
Dos ejemplos histôricos pueden servir de ilustraciôn
del trato recibido por los suicidas durante esta época: el
primero, citado por HURLIN (1952) data de 1723 : "Para el
mencionado difunto Pierre el Grande de esta ciudad (Bergues-
Saint-Winoc) que ha muerto por satisfacciôn propia, ordena-
mos que su memoria sea condenada, apagada y suprimida a per-
petuidad, que su cadaver sea atado por el ejecutor de la al-
ta justicia sobre un encanizado y arrastrado por las calles
de esta ciudad hasta las horcas patibularias, donde serâ col
gado, con la cabeza en una horca que serâ colocada a este
;3 -
efecto en el mencionado lugar, y le condenamos a las costas".
El otro ejemplo se trata del proceso de Jean Calas,
rico comerciante de Toulouse, cuyo hijo Marco Antonio apa-
reciô colgado el 13 de Octubre de 1761 en su domicilio. Se
supone que Jean Calas, al descubrir el cadaver de su hijo,
asustado por las consecuencias que sobre êl y sus restantes
hijos podrîa tener el hecho de confesar que Marco Antonio se
habîa suicidado, induce a todos los présentes a manifester
que ha aparecido el cadaver sobre el suelo sin saber nadie
como pudo haber muerto. Jean Calas es acusado de parricidio
y cumple condena de muerte. (BARBERO, 1966).
La ordenanza criminal publicada por Luis XIV en 1670
pronunciaba una condena regular "ad perpetuan nei memoriam":
el cuerpo, arrastrado sobre una andas, cara a tierra, por
las calles y encrucijadas, era luego colgado o echado al
muladar. Los bienes eran confiscados. Los nobles incurrîan
en degradaciôn y eran declarados plebeyos. Hasta la llegada
de la revoluciôn de 1789 no se abolieron todas estas medidas
represivas, desapareciendo el suicidio de la lista de los
crîmenes légales. (DURKHEIM, 1897). Esta medida no es exten
siva a los demfis paises, hay que destacar que el Côdigo Penal
del Estado de Nueva Yor)c elaborado en 1881 continuaba califi-
cando de crimen al suicidio, no dejando de serlo hasta 1919;
(MERLOO, 1966) ; el mismo aho que se deroga en Francia la in-
criminaciôn del suicidio, pero se castiga con la prisiôn
- 39
(14 ahos como m&ximo) a cualguiera que "procure" el suicidio
a otra persona o le proporcione ayuda y consejo con esta fi
nalidad. La antigua legislaciôn, que penaba las tentativas
con uno a seis meses de prisiôn habla caido progresivaroente
en desuso: se sehalaban en 1938, 25 oondenas sobre un total
de3,300 intentes "conocidos". (ALVAREZ, 1972).
En realidad, el cambio de actitud se debe a la apli-
caciôn de la teoria de SANTO TOMAS,en lo religiose, de la
no culpabilidad del suicida enajenado, y a la doctrina pro-
puesta por ESQUIROL (1838) por la que "el suicidio ofrece
todos los caractères de la enajenaciôn de las facultades men
tales. Los suicidas son alienados. El hombre solo atenta
contra su vida cuando estâ afectado de delirio, que puede es
tar provocado por mûltiples incidencias de la vida: ambiciôn,
venganza, orgullo, ira, temor, remordimiento, aunores contra-
riados, trastornos fauniliares, problemas econômicos...".
Para Esquirol todo suicida es un alienado, de acuerdo con
FALRET (1822), BOUNAFEDE (1841): "El suicidio es una enferme
dad que tortura a las sociedades y les absorve el corazôn"
y BRIERE DE BOISMONT (1856): "El que se suicida es un desdi-
chado o un loco".
En Espaha, PEIRO se precia en una ediciôn de 1832 de
que en Espaha, este concepto hubiese sido aplicado con ante-
rioridad: "Guiada nuestra legislaciôn y la prâctica por los
- 40 -
principios luminosos que tenemos acerca de la verdadera
causa del suicidio, no ridiculisa el cadâver de un desgra-
ciado como sucede en otros paises, ni derrama la afrenta e
ignominia en su familia, ni castiga en el hijo las culpas
de un padre . Arreglada a la opiniôn general de los hombres
mâs sabios, reconoce un principio que ha sido adoptado pos
teriormente por otras naciones para evadir las ridiculas
formalidades y vicios de sus legislaciones en este punto".
Ya VOLTAIRE habîa defendido el suicidio en "Cândido”:
"No hay manîa mâs necia y contradictoria que la de llevar
siempre una carga a cuestas, que a cada instante desearîa-
mos soltar en el suelo, aborrecer nuestra existencia y no
resolvernos a perderla, y acariciar la serpiente que nos
dévora hasta que ella misma nos haya mordido el corazôn".
Con el el advenimiento del Romanticisme el suicidio pierde
parte de su carâcter peyorativo, se producen ciertas
"epidemias" que atrapan tambiên a algunos de sus principa
les protagonistes (DE LAS HE RAS, 1984) como Pushlcin, Larra,
... Es lo que ORTEGA Y GASSET denomina "el mal del siglo".
Para HAUSER (1982) , durante el romanticisme no hay nada que
merezca ser deseado, todo afân y toda lucha es inûtil; lo
ûnico sensato es el suicidio.
El "Werther" de GOETHE ha sido considerado tradicio-
nalmente como el principal responsable de estas "epidemias
- 41 -
de suicidios românticos"; Werther hace a la vida descabella-
das apuestas en las que tiene que perder a la fuerza, para
segûn CAPDEVILLA (1958) contagiar su dano al universe en un
gesto final de suprema elegancia. Werther actua como détona
dor en una sociedad perturbada, ya que tal como dice
CANSINOS (1974), fruto de una época desventurada, engrendra
a su vez una epidemia de suicidios, que se le iroputan a él
cuando êl mismo es la vîctima de una endemia latente que en
êl se manifiesta.
La pieza musical "Triste domingo" de Rezso Seress,
tambiên provocô una oleada de suicidios durante el romanti-
cisno. Como deciamos a propôsito de la obra de Goethe, su
funciôn fuê casi exclusivamente desencadenante, ya que, como
ha puesto de manifiesto GRUHLE (1940), es posible que el
pesimismo de Schopenhauer otorgue el ûltimo impulso a un
hombre ya dispuesto. Pero es mucho mâs frecuente que el
deprimido, en cuya mente dan vueltas pensamientos suicidas,
lea antes del final una obra de Nietzche o Schopenhauer y
la deje despuês sobre la mesa. Esta lectura no es el motivo,
no es la causa, es el sîmbolo de su decisiôn. El poeta danês
Rahbek se preguntaba a si mismo si se habîa convertido en me-
lancôlico porque siempre llevaba el Werther en el bolsillo,
o si siempre llevaba el Werther en el bolsillo porque era un
melâncôlico.
- 42 -
Los suicidios por honor y sobre todo por amor, ya
elçgiados en la antiguedad por VIRGILIO, CATULO, OVIDIO,
etc... se hacen muy frecuentes, al estilo de "Otelo" o
de "Romeo y Julieta" de SHAKESPEARE, o al de "La Celestina"
de F. DE ROJAS o "La carcel de Amor" de DIEGO DE SAN PEDRO,
por citar ejemplos espanoles en que como dice CARO BAROJA
(1962) se mezcla el amor con el honor social. Dos dobles
suicidios se hicieron muy conocidos durante el Siglo XIX:
el de Heinrich Von Kleist (que equipara la muerte al amor
en su obra "Penthesilea") con Henriette Vogel; y el del
Archiduque Rodolfo, heredero del trono Austro-Hungaro con la
Baronesa Maria Vetsera.
La pareja puede ser un animal, como en el caso de
Alexandre Marius Jacob que se suicida inyectândose una dosis
mortal de morfina que tambiên inyecta a su perro (THOMAS,
1970).
La lista de los suicidios curiosos o famosos se hace
interminable. La hermosa Cleopatra se hace picar por un âspid
segûn SHAPESKEARE exclamando: "el golpe de la muerte es como
el pellizco de un amante que hiere y se desea", G. Boulanger
que se suicida ante la tumba de su amada (LUJAN, 1984). Santa
Pelagia de Aiejandria que se arrojô al rio para salvar su
honestidad. A. Nounit que se tira desde un quinto piso por
- 43 -
haber fallado en una nota durante una representaciôn, igual
que P. Brossolette para no declarar ante la policia enemiga.
J. Pallach se suicida ante los tangues rusos que invaden
Checoslovaquia. Lucrecia, Marco Aurelîo, Condorcet, Gérard
de Nerval, Van Gogh, Alfonsina Storni, Cesare Pavese,
Antero de Quental, Soares dos Reis, Camilo Castello Bremco,
Ganivet, V. Maiakovski, Hemingway, Max Linder, Charles
Pichegru, Luis II de Baviera, Martherland, E. Rommel,
Marilyn Monroe, etc...
Un ejemplo de suicidio altruiste y colectivo nos lo
brindan, en los ûltimos ahos, los 2.530 kamikazes que en
1944 se alistan en Japôn voluntariamente. (GALLE-TES SONNEAU,
1984) . Y de suicidios aparentemente racionales, el de Paul lafargue,
lider socialesta discîpulo de Marx, quien habîa prometido
no sobrepasar los 70 ahos de edad; efectivamente al llegar
su cumpleahos se quita la vida junto con su mujer. Tambiên
COEURDEROY (1910, mêdico y escritor, habîa anunciado en una
de sus obras : "Me suicidarê porque soy libre y no considero
la libertad una palabra vana: la extiendo por el contrario
hasta el derecho de quitarme la vida si la preveo desgracia-
da para siempre...". En 1862 se corta las venas y fallece.
En los pueblos poco evolucionados, el suicidio, tal
como ya advirtiô DURKHEIM (1897) suele ser bastante frecuen
te, aunque présenta caractères muy particulares que se pue-
den agrupar en cuatro tipos principales;
1.- Suicidios de mujeres tras la muerte del marido.
2.- Suicidios de subordinados tras la muerte de sus jefes.
3.- Suicidios de hombres atacados de enfermedad o llegados
a la plenitud de la vejez.
4.- Suicidios de tipo religioso.
"Los guerreros demeses consideraban como una verguenza
morir en su cama, de vejez o de enfermedad, y se suicidaban
para escapar a esta ignominia. Del mismo modo, los Godos,
creian que los que mueren de muerte natural estân destinados
a pudrirse etemamente en antros llenos de animales pozo-
hosos". (BRIERRE DE BOISMONT, 1865).
En las Islas Salomôn, de la Melanesia, cuando un
jefe muere, la mayoria de sus mujeres consideran como una
cbligaciôn el suicidarse. Para ello se atontan con el jugo
de una planta y se ahorcan cerca del cadâver de su marido.
El motivo del suicidio es el deseo de acompanar al marido
en la otra vida y rodearle all! de amor y de ciudados.
(ECKARDT, 1933).
En la India tambiên era frecuente que la muerte de la
mujer siguiese a la del marido (ALONSO-FERNANDEZ, 1978).
Entre las jainas del mar, el suicidio religioso era una prâc
tica muy frecuente (BARTH, 1891), y en los Bhlls habîa una
- 45
roca desde lo alto de la cual se precipitaban a fin de con-
sagrarse a la diosa Siva (FORSYTH, 1871).
En Tikopia, una pequef.a isla del Paclfico occiden-
al, se piensa que los dioses acojen las almas de los muer
tos, pero no las de aquellos que se cuelgan. Sus almas
vagan errabundas hasta que sus espiritus ancestrales las
descubren. Los espiritus no ponen reparos si un hombre
se suicida internândose en el mar en una canoa, o si una
mujer lo hace nadando mar adentro. Estos métodos de suici
dio son admirados (FIRTH, 1961).
Los estudios antropolôgicos son numérosisimos, cita-
remos solamente uno mâ s , llevado a cabo por BOHANNAN (1960)
para descubrir las actitudes hacia el suicidio de seis tri
bus africanas de Kenya, Uganda y Nigeria: en todas ellas
el suicidio era considerado maligno. El contacto fîsico
con el cuerpo de una suicida o su proximidad eran temidas
por sus aciagos efectos, uno de los cuales era el suicidio
entre sus parientes. Se tomaban distintas medidas para
prévenir taies consecuencias; en una de las tribus el cuer
po tenîa que ser aiejado por una persona no relacionada
con el muerto ni con su familia, y el servicio debîa ser
recompensado con la ofrenda de un toro. En otra tribu tenîa
que ser sacrificada una oveja para apaciguar el espîritu
del suicida. Su cabaha tenîa que ser derruida o purificada
completamente de acuerdo con determinados rituales, etc...
- 46
Hemos referido como las principales medidas adoptadas
en la antiguedad a favor de la prevenciôn del suicidio con
sist îan en prohibiciones y degradaciones. El cambio se produce a
partir de ser ocnsiderado el suicidio como enfermedad mental, ccno princi
pal consecuencia de la melancolîa, segûn BELGRAVE (1867) y
del estudio sociolôgico realizado por DURKHEIM (1897) que in-
tentaba comprender el fenômeno desde un abordaje mâs cienti-
fico que el propuesto, por ejemplo, por WILSON que en 1840
atribuîa el aumento de los suicidios a "la difusiôn de las
ideas socialistas, la humedad atmosférica y a un cierto
vicio secreto que, segûn temeroos, se practice en amplia es-
cala en nuestras grandes escuelas de ensehanza secundaria".
MORSELLI (1879) piensa que la prevenciôn radica en
"desarrollar en el hombre el poder de coordinar sus ideas
y sus sentimientos, a fin de que esté en estado de perse-
guir un fin determinado en la vida; en una palabra: dar al
carâcter moral fuerza y energîa". Para evitar el suicidio
por imitaciôn, que MOREAU DE TOURS (1875) habîa descrito
como solo posible en predispuestos, AUBRY (1888) solicita
la prohibiciôn de que los periôdicos relaten crîmenes y
suicidios.
Pero la prevenciôn organizada comienza a mediados de
nuestro siglo. El "Centro de Prevenciôn del Suicidio" de
- 47 -
Viena, adjunto al "Centro de Patologîa Tôxica", situado en
un centro psiguiâtrico, creado en 1948,es uno de los
primeros.
"Los Samaritanos" son fundados en 1953 por el Reve-
rendo Chad Varah, rector de San Esteban, Walbrook, en
Londres; haciendo saber mediante los medios de comunicaciôn
que las personas desesperadas, con ideas suicidas, recibi-
rîan ayuda llamando a un nûmero de teléfono (Mauriar House,
9.000) a cualquier hora del dia o de la noche. El equipo,
integrado en un principio por dos sacerdotes y un asistente
social, pronto atrajo un nûmero creciente de colaboradores
y clientes (STENGEL, 1965) .
El ejemplo de "Los Samaritanos" serâ seguido en nu
merosos paises; organizaciones similares surgen en Francia
(S.O.S. - amitié, Phoénix), etc.... En Espaha se créa
el "Teléfono de la Esperanza", bajo la direcciôn de Serafîn
Madrid, en 1971.
En noviembre de 1958 se créa el Centro para la Preven
ciôn del Suicidio en Los Angeles, California, bajo la di
recciôn de Farberow, Litman y Schneidman. En 1959 se créa la
Asociaciôn Internacional para la Prevenciôn del Suicidio, ba
jo la presidencia de Erwin Rinçel. Edwin Shneidman créa en
1969 la Asociaciôn Americana de Suicidologîa bajo la direcciôn
de I. Dublin. Ese mismo ano se créa en Francia el Grupo de
Estudios y de Prevenciôn del Suicidio, reuniendo psiquiatras
de los équipes de reanimaciôn toxicolôgica y de higiene mental,
bajo la direcciôn de P. Pichot y L. Roche.
A partir de finales de los ahos sesenta, con la apertu
ra de los diverses tipos de centres, per ejemplo los "Crisis
Clinics" en U.S.A., se puso en evidencia que el suicidio era
un fenômeno que abarcaba toda la sociedad, pero que nada se
habîa realizado en la prâctica. (SOUBRIER, 1983) .
En 1967 se créa, con motive del Congreso Internacio-
nal de Bruselas, la Asociaciôn Internacional de Ayuda Urgente
per Teléfono (IFOTES), cuyos principles fueron convertidos
en normes internacionales definitivêunente en el Congreso de
Ginebra de 1973; ultima expresiôn de la labor humanitaria
y privada de ayuda telefônica al suicida iniciada en 1885
en Nueva York per el Reverendo Warren y que en 1906 comenzô
a funcionar de manera oficial con el nombre de "National
Save a Life League".
-49-
VeiDos pues como estêunos en la era cientifica de preven
ciôn del suicidio donde, desde nuestra perspective, la mayor
contribuciôn realizada hasta el momento, es aquelle llevada a
cabo desde el punto de vista mêdico. Vaunos a intenter anali-
zar desde une orientaciôn etiolôgica, patogénica, cllnica,
evolutive y pronôstica, aquellos aspectos que puedan configu
rer un mapa preventivo y estructurarlos en un resumen global
de los tratamientos publicados en la literature, que darâ pa-
so a la visiôn personal del problème y al progreuna que noso-
tros concebimos y aplicaunos durante los ûltimos ahos y que
creemos vâlido en cuanto a resultados se refiere.
No es fScil sistematizar la cantidad de informaciôn, de
ahî, que ya que nuestro interés se basa en resumir la conducta
de intervenciôn frente al suicidio, esta clasificaciôn siga en
alguna medida, no solamente la forma mêdica de comprender la
enfermedad mental, sino también las directrices de la O.M.S.
en cuanto a las nociones preventivas, tanto a nivel primario
como secundario y terciario, que posteriormente pasaremos a
définir.
No es frecuente encontrar clasificados los datos sobre
tentatives, suicidios frustrados y suicidios consumados. Los
datos, muchas veces, aparecen mezclados y las conclusiones son
tan heterogéneas, que haremos menciôn en cada uno de los capi-
tulos a los aspectos solamente en el estudio del autor que ci-
tamos, sabiendo la dificultad y casi imposibilidad de agrupar
nuestros datos en estos très grandes capîtulos que posterior
mente sistematizaremos en nuestro estudio experimental.
-50-
B-5.- ASPECTOS ESTADISTICOS Y EPIDEMIOLOGICOS;
Seçûn STENGEL (1965) las tasas de suicidios tienden
a distorsionar la verdad, incluso en paises con una larga
tradicciôn cientifica. El nûmero de suicidios contempla-
dos en las estadlsticas oficiales suele ser mâs bajo del
real, DUBLIN (1963) calculaba que en los Estados Unidos,
un pais afamado por sus precisiones estadlsticas, el nû
mero de suicidios era, con toda probabilidad, de un cuar
to a un tercio mSs alto que lo registrado.
En Espana los datos publicados por I.N.E. son mucho
menos fiables, ya que constata en Barcelona 58,7 suici
dios anuales por tirmino medio durante el periodo 1966-
1975, y sin embargo, MARTI (1983) ha podido constater en
la misma ciudad 180 suicidios (con una tasa anual por
100.000 habitantes de 10,15) es decir, el triple de los
registrados por la estadlstica oficial, que no achacamos,
desde luego, a un espectacular aumento de suicidios en di
cha capital. Lo mismo puede verificarse en el estudio
llevado a cabo por ESTRUCH y CARDUS (1982) en Menorca,
donde obtuvieron una tasa de 15,3. Algo aûn mâs alarman
te hemos comprobado en nuestro estudio,que mâs tarde ex-
pondremos, al constater en la ciudad de Madrid 2 84 suici
dios consumados durante 1984, mientras que el I.N.E. pu
blics una media de 47 suicidios anuales por término medio
en dicha ciudad, durante el periodo 1966-1975; es decir
51 -
recoge una sexta parte de nuestros casos.
Por tanto, toda interpretaciôn de algunas cifras
oficiales, debe conducir precisamente a graves errores.
A la vista de estos datos debemos preguntarnos si los
paises que publican una mayor tasa de suicidios son
aquellos en los que el suicidio es mâs frecuente, o mâs
bien, en los que el aparato estadlstico es mâs eficaz.
ARANDA (1984) ha sistematieado esta problemâtica
inherente a la elaboraciôn estadlstica del suicidio en
Espana en los siguientes apartados:
A - La complejidad del fenômeno objeto de estudio: de-
bido a la dificultad de desentranar suicidios encu-
biertos por el propio suicida, o por sus familiares
y allegados; a la no consideraciôn de las formas
pasivas de suicidio, al tiempo transcurrido desde
que el suicidio se comete hasta que se cierra el su-
mario, y la ocultaciôn de las tentativas de suicidio
a efectos judiciales.
B.- Las dificultades que encuentran los actuales infor
mantes para cumplimentar los boletines debido al ac
tual exceso de trabajo en los juzgados, las tareas
estadlsticas o son dejadas para mâs tarde o se enco-
miendan a personas de escasa preparaciôn.
C.“ La falta de voluntad polîtica para la investigaciôn
del fenômeno suicidôgeno.
65.000 personas mueren cada aho en Europa por suici
dio, ademâs de las que mueren en la U.R.S.S. y en la
Repûblica Democrâtica Alemana, segûn SARTORIUS (1985)
las tasas anuales por 100.000 habitantes sobre suicidios
consumados en 26 paises de Europa publicadas por la
O.M.S. (1976), referidas al aho 1969, oscilan para los
hombres entre el 4 8,3 de Hungria y 2,6 y 1,9 de Irlande
y Malta respectivamente; y para mujeres entre el 18,9
de Hungria y el 1 y 0,6 de Irlande y Malte.
PAIS HOMBRES MUJERES ARO
Alemania, Repû
blica Federal de 27,7 14,7 1.969
Austria 31,3 14,4, 1.969
Bêlgica 21,3 9,3 1.969
Bulgarie 15,1 7,6 1.969
Checoslovaquia 35,3 14,2 (1.968)
Dinamarca 26,6 15,2 1,969
Espaha 6,7 2,3 (1.967)
PAIS HOMBRES MUJERES ANO
Finlandia 37,4 10,1 1.969
Francia 23,4 8.5 1.969
Grecia 4,9 2,1 1.969
Hungria 48,3 18,9 1.969
Irlande 2,6 1,0 1.969
Islandia 13,6 6,0 1.969
Italia 7,6 3.3 1.969
Luxemburgo 22,9 8,1 1.969
Malta y Gozo 1,9 1.969
Noruega 13,0 3.3 1.969
Paises Bajos 9,1 5.6 1.969
Polonia 18,6 4.2 1.969
Portugal 12,9 3.8 1.969
Reino Unido,
Inglaterra y
Gales 10,6 7.2 1.969
Irlande del Norte 7,3 4.9 1.969
Escocia 8,6 5.4 1.969
Suecia 31,2 12,7 1.969
Suiza 25,3 9.3 1.969
Yugoeslavia 20,3 7.6 1.969
"TASAS DE MORTALIDAD POR SUICIDIO POR SEXO Y POR 100 HABITAN
TES DURANTE 1.969" (OMS, 1976).
Las tasas de suicidios consumados, en los:paises poco
desarrollados no sen tan nenores como se lia venido supcniendo, a pesar
de que como STENGEL (1965) hia puesto de manifiesto, debie-
- 54 -
ra ser menor ya que al tener disminuidas sus espectativas de
vida las tasas no incluirlan muchos suicidios de la tercera
edad, que es el sector de poblaciôn mâs afectado.
Revisando algunos datos recientes encontramos
unas tasas anuales de suicidios por 100.000 habitantes de 14
en Buenos Aires (YAMPEY, 1973); 7,4 en Tahilandia (BUSSARATID,
1983); 10 en Singapur (CHIA, 1983); 10 a 20 en Taiwan (RIN y
CHEN, 1983); de 6,3 a 8,1 en la India, con una tasa en Madurai
de 43 (RAD, 1983) ; 8,45 en PaJcistân (AHMED, 1983); 7,20 en
Siria (AL-HAKIM, 1983); 3,1 en Jordanie (BARHOUM, 1983); 5,6
en Irân (FARZAM, 1983); 4,35 en Kuwait (EZZAT, 1983); de 20
a 25 en Japôn (TATAI, 1983; CACABELOS, 1984); 3,85 en Eçipto
(OKASHA y LOTAIEF, 1983) y de menos de 1 en Africa Occidental,
1 en Nigeria y 8,5 en Uganda, segûn cifras de MENGECH Y
DHADPHLE (1984).
Pero estos datos, parecen estar deformados por
los investigadores, sirva como ejemplo que DISSANAYAKE y DE
SILVA (1983) encuentran una tasa de 20 en Sri Lan)ca, y GANESVAN
y Cols. (1984) hablan de una tasa de 53,5 en un estudio inmedia
tamente posterior. AL-KASSIR (1983) recoge datos oficiales y
encuentra en Irait un total de 12 suicidios consumados durante
todo el ano 1975, cifra que habla por si sola.
Los datos sobre tentativas de suicidio, entendidas co
mo "acto suicida que no causa la muerte" (O.M.S., 1969) también
son muy variables. DZEKSTRA (1982) encuentra tasas de mâs del
40.000 por 100.000 habitantes y JACOBSEN (1983) de 2.800.
ANGELES (1984) en la Repûblica Dominicana, de 37.000 y en Egipto
OKASHA Y LOTAIEF (1983) de 38,5. EFERAKEYA (1984) en Nigeria,
de 7 tentativas anuales por 100.000 habitantes, es decir, una ta
sa 5.00 veces menor que la registrada por Dieltstra. Estas cifras
también hablan por si solas. En Espaha, MILLA (1979) calcula
que en Barcelona se producen de 15 a 20 intentos de suicidio dia
riaimente por la ingestiôn de medicamentos. Se ha calculado que
alrededor de un 25% de la poblaciôn general ha tenido alguna vez
a lo largo de su vida ideas suicidas (HALLSTROM, 1977); ROSS y
Cols. 1983).
Las tentativas de suicidio y los suicidios consumados
tienen caracterîsticas epidemiolôgicas distintas (WEISS, 1966;
KENNEDY y Cols. 1974, etc...), aunque son expresiones distintas
de un proceso comûn (OTTOSON, 1979). Las tentativas serîan mâs
frecuentes entre las mujeres mientras que los suicidios consuma
dos lo séria entre los hombres (FARBEROW Y SHNEIDMAN, 1969).
Las tentativas serlan mâs frecuentes entre los jôvenes, mien
tras que los suicidios consumados lo serlan mâs entre las perso
nas de edad avanzada (DECONOMO, 1959). ALONSO-FERNANDEZ (1985)
calcula una relaciôn entre consumados y tentativas de 1/160 entre
los jôvenes y de 1/25 entre las jôvenes, en tamto que a partir
de los 65 ahos séria de 1/3 en las mujeres y de 1/1,2 en los
hombres.
La proporciôn entre suicidios consumados y tentativas
de suicidio varia del 1/3 de FARBEROW y SCHNEIDMAN (1969) y de
SCULLY y HUTCHERSON (1983), al 1/8 de STENGEL (1965) y
SHNEIDMAN (1982); de 1/3 a 1/10 segûn POLDINGER (1969); de 1/30
a 1/100 de WEISSMANN (1974) y de 1/100 segûn COSTA y Cols. (1977)
y SARRO (1985) .
Algunos estudios de seguimiento sobre tentativas de
suicidio han demostrado una mortalidad a los seis meses de 5%
(RYGNESTAD, 1982), al aho del 1% (PALLIS y Cols., 1984) o del
1,5% (KESSEL y McCULLOCH, 1966), a los dos ahos del 4%
(McCULLOCH y Cols. 1967) o del 6% (HANSEN y WANG, 1984). Se sue
le considérât que aproximadamente de un 25 a un 30% de los inten
tos pi^sentan un grave riesgo vital (PINSKER, 1981; MILLA, 1983;
GARCIA-MACIA, 1984), con una mortalidad mayor âl 5% (BERTRAN y
Cols., 1984), a pesar de que solo eran suicidios planificados
un 4 (ETTLIGER y FLORDH, 1955) o un 15% (GARCIA-MACIA y Cols.
1984) .
- 57 -
B-6i.-FACT0RES DE RIESGO
.B-5.,1- FACTORES DEMOGRAFICOS.
B-6.1.1- Sexo.
Todos los autores indican una mayor incidencia de sui
cidios consumados entre los varones, sea cual sea su edad.
Recientemente SARTORIUS (1985) ha expuesto que dos paises es-
capan a esta regia universal; Hong Kong y Thailandia.
La proporciôn mujeres/hombres que se suicidan, varia
segûn los diversos autores de 1/2 a 1/5 aproximadamente.
GARFINKEL y COLOMBEK (198-3) hablan de una relaciôn 1/4,
otros de 1/3: DAVIDSON y CHOQUET (1982), SHNEIDMAN (1982),
ESTRUCH Y CARDUS (1982), SCHONY y Cols. (1984), KRYNSKI
(1985), FERNANDES DE FONSECA (1985), etc... Otros aportan
datos de 1/2, (GORCEIX Y ZIMBACCA, 1968; MORON, 1977;
SCHNEIDER, 1982), e incluso menores, alrededor de 1/1,5
(RABINER y Cols., 1982; MARTI, 1983).
Estas proporciones son tan vSlidas entre la poblaciôn
suicida en general, como entre la poblaciôn estrictamente
psiquiatrica (COPAS y ROBIN, 1982). Aunque hay trabajos rea
lizados sobre poblaciones muy concretas en que estas propor
ciones se acortan como el de PEPITONE y Cols. (1981) en el
que se describe entre las mujeres estudiantes de medicina
una tasa 3-4 veces superior a la de las jôvenes de la misma
edad de la poblaciôn general.
- 58 -
Segûn SARTORIUS (1985) esta diferencia de la inciden
cia entre ambos sexos viene reduciêndose desde 1901, lo que
parece ocurrir de forma muy homogénea, a pesar de que algu
nos estudios como el de DORSCH y RODER (1983) realizaron en
Australia describla un incremento del suicidio en honbres y
disminuciôn en las mujeres dentro del grupo de 20 a 29 anos
de edad.
SCHNEIDER (1954) vinculaba esta mayor proporciôn de
suicidio entre los tiombres, a una mayor vulnerabilidad, que
se reflejaba también en la enfermedad y en los accidentes
y que pertenecerîa a una ley biolôgica en virtud de la cual
los hombres se aferrarlan menos a la vida y serîan menos ré
sistantes que la mujer. TARDIFF (1980) encuentra en los
hombres que se suicidan una conducta mâs agresiva que la de
las mujeres, lo que segûn STENGEL (1965) se traducirîa en
el uso de técnicas mâs violentas y mortîferas (ahorcadura,
arma de fuego...) que las utilizadas por las mujeres (intoxi-
caciôn farmacolôgica...).
Parece un hecho totalmente comprobado, esta mâs fre-
iCuente utilizaciôn por los hombres de las técnicas denomina-
das "duras", "violentas", o "brutales" (POLDINGER, 1969),
incluso entre los ninos de menor edad (KRYNSKI, 1985). Vol-
veremos a revisar mâs ampliamente este tema en un apartado
dedicado a la têcnica suicida.
- 59
Otros argumentos aportados para intentar explicar es
ta desproporciôn son el desconocimiento por parte de las mu-
jeres de la aplicaciôn de las técnicas "duras" y de la efi-
cacia mortîfera de las mismas. PASQUIALI Y BUCHER (1981)
afirman haber observado una mayor elaboraciôn y premedita-
ciôn del acto suicida entre los hombres. Entre las jôvenes
ALONSO-FERNANDEZ (1985) ha descrito la marcada impulsibidad
dê muchas de sus tentativas de suicidio.
Respecto de la incidencia por sexos de la tentativa
de suicidio, la relaciôn se invierte. Algunos autores la
situan alrededor de 1 hombre por cada 1,5 mujeres (AMARD y
Cols., 1981; GARCIA-MACIA y Cols., 1984; BERTRAN y Cols.
1984) e incluso en menos, como JACOBSEN (1983) que la situa
en 1/1,2. Otros hablan de una relaciôn de 1/2 (MORON, 1977;
BAKER, 1984; ABRIL, 1985), de 1/3 (GAULTIER y Cols., 1965;
GARFINKEL y Cols., 1982; MILLA, 1983; ALONSO-FERNANDEZ, 1985)
e incluso de 1/4 (SARRO, 1981; KERFOOT, 1984). Los trabajos
que dan una relaciôn mâs desproporcionada entre ambos sexos
suelen estar realizados sobre intoxicaciones medicamentosas
en poblaciones juveniles con lo que el sexo femenino cobra
un mayor protagonismo. Todo hace pensar, tal como indica
SCHNEIDMAN (1982) que se ha producido una tendencia a que
ambas tasas se igualen durante los ûltimos anos.
Tradicionalmente se venîa explicando la mayor inciden
cia en mujeres de la tentativa de suicidio por el carâcter
- 60 -
teatral de muchas de las zeallzadas por jôvenes histéricas. Ya
HIPOCRATES (Tferi Parthenion") decîa que las tendencias suici
das aquejaban a las muchachas cuemdo tenîan molestias mes-
truales. GOLDNEY (1981) ha cuestionado esta afirroaciôn al
no encontrar mayor nûmero de personalidades histéricas en
un grupo de mujeres jôvenes que realizaron tentativas de
suicidio, respecto del grupo control, al aplicar un cuestio-
nario (Hysterical-obsessoid). ROJAS (1984) ha encontrado
una mayor intencionalidad chantajista entre las mujeres,
pero que no obedecia necesariaroente a una personalidad his-
térica.
Los varones parecen verse mSs impulsados al suici
dio por problemas de îndole profesional (ROJAS, 1984), y
por falta de trabajo (ROY, 1982). En cambio, las mujeres
se verlan mSs afectadas por conflictos de îndole familiar
y amoroso (POLDINGER, 1969), si bien en el suicidio "romSn
tico", el hombre suele ser el protagoniste, segûn LEPP
(1971), y en los suicidios dobles la iniciativa suele par
tir del hombre.
En resumen, todo indica que las mujeres realizan mâs
tentativas de suicidio que los hombres, pero que es entre es
tos en donde el acto suicida llega mâs frecuentemente a ser
mortal. Estas caracterîsticas parecen haberse hecho menos
significatives durante los ûltimos anos, acortândose las di-
ferencias que separan a ambos sexos, como si el fenômeno su^
- 61 -
cida fuese una expresiôn mSs de la equiparaciôn que se viene
observamdo ûltimamente, en todos los 6rdenes, entre el hombre
y la mujer.
B-6'. 1.2- Edad.
En la primera mitad del siglo XIX, PEIRO Y RODRIGO
(1832) afirmaban que en Espaha muy rara vez se verificaba
el suicidio antes de la edad de la pubertad, siendo mâs fre
cuente entre los 20 y 30 ahos que en ninguna otra edad, aun
que se observa con bastante frecuencia entre los 30 y 50, y
muy rara vez mâs adelante. Medio siglo mâs tarde DURKHEIM
(1897) concluia que la frecuencia del suicidio estaba en re
laciôn directa con la edad, lo que atribula a que la fuerza
colectiva que impele al hombre a matarse no le pénétra mâs
que poco a poco; por lo que, en igualdad de circunstancias,
a medida que avanza la edad, es cuando se hace mâs accesi-
ble, sin duda, porque hacen falta repetidas experiencias pa
ra lievarie a sentir todo el vacio de una existencia egois-
ta o toda la vanidad de las ambiciones sin término.
Esta relaciôn entre suicidio y edad descrita por
DURKHEIM, estâ zunpliamente corroborada en la actualidad por
nuraerosos estudios, como por ejemplo, los de GORCEIX Y
ZIMBACCA (1968), FARBEROW Y SCHNEIDMAN (1969), HAIM (1970),
• 62 -
ESTRUCH Y CARDUS (1982), MARTI (1983), McCLURE (1984),.
SCHONY y Cols. (1984), etc... Este hecho tan demostrado en
las naciones occidentales abarca teunbién a la mayorla de los
paises; ya que, segûn SATORIUS (1985), de 48 paises sobre
los que se dispone de tasas de suicidio 35 también notifican
tasas de suicidio mâs altas entre los grupos de mayor edad.
Sin embargo, HEADLEY (1983) afirma que esta regia de los pai
ses occidentales no es aplicable a los asiâticos, en los que
la tasa de suicidio déclina con la edad después de alcanzar
una incidencia mSxima entre los 30 y los 35 ahos en casi to
da s las naciones, salvo algunas excepciones, como Japôn en
que la curva suicidio-edad toma forma de U, alcanzando de
nuevo una incidencia alta en los mayores de 60 ahos. Estas
diferencias han sido explicadas, no solo por la existencia
de patrones socio-culturales distintos, sino también por
las menores expectatives de vida que ofrecen los paises me
nos desarrollados.
Por el contrario la incidencia de las tentativas de
suicidio es mayor entre los jôvenes, habiéndose calculado
que el grupo de edad mâs afectado se situa entre los 18 y
los 30 ahos (WEISSMAN, 1974; MILLA, 1983; ROJAS, 1984;
BERTRAN y Cols., 1984; GARCIA-MACIA y Cols. 1984), alcanzan
do una tasa unas très veces superior a la de la poblaciôn
general (ALONSO-FERNANDEZ, 1985). Las tentativas de suici-
- 63 -
dio son muy infrecuentes, por el contrario, entre los sujetos
de mayor edad, particularmente si son varones. Por tanto,
todo parece indicar que, al menos dentro de nuestra socio-
cultura, existe una relaciôn directamente proporcional entre
edad y suicidio, que se invierte para las tentativas de sui
cidio. Esta relaciôn se ve un tanto influida por el factor
sexo, ya que tal como hemos puesto de manifiesto en el capl-
tuio anterior, las mujeres, por el contrario que los hombres,
estân mâs representadas en las tentativas que en las consuma
ciones suicidas; si bien, tal como ha indicado HAIM (1970),
aunque el nûmero de tentativas aimanta a una edad mâs tard!a en la
nina que en el niho, lo hace de una forma mâs importante,
por lo que la tentativa fem.enina serâ un factor decisivo en
el brusco aumento del nûmero de tentativas durante la adoles
cencia.
El suicidio durante la primera infancia ha sido muy
discutido, al dudarse de la capacidad del nino para compren
der el fenômeno de la muerte ajena y de la propia; y mâs aûn
de que la voluntad pudiese mediar en el hecho de que estos
ninos, que han realizado una autoagresiôn, tuvieran la inten
ciôn de privarse de la vida. Recientemente, ROSENTHAL Y
ROSENTHAL (1984), han realizado un estudio sobre conducta
suicida en ninos de edad inferior a los 5 ahos, encontrando
que todos expresaban el deseo de morir, pero no todos el de
matar. En conjunto, el grupo suicida mostraba (en relaciôn
al control) de forma significativa una agresiôn no suicida
autodirigida, pérdlda de interés, ideas morbosas, depresiôn
de acuerdo con el criterio de WEIMBERG (1973), impulsividad,
hiperactividad y menor miedo y llanto ante el dolor. Muchos
de estos ninos no fueron deseados y hablan sido naltratados
o abandonados por sus padres. En este filtimo sentido, GREEN
(1978) ha encontrado conductas suicidas en un 40% de los
intégrantes de una muestra de ninos maltrados.
El suicidio consumado es muy raro antes de los 10
anos (KRYNSKY, 1985). PFEFFER (1981) estudia la incidencia
del suicidio entre ninos de edad comprendida entre los 6 y
12 ahos comprobando su aumento en U.S.A., ya que de la tasa
de 0,4 por 100.000 calculada en 1955 se ha pasado, en 1975,
a la cifra de 1,2. McCLURE (1984) ha encontrado mâs recien
temente una tasa de 1,4 por 100.000; de 1,5 para varones y
1,2 para nihas de edades entre los 10 y los 14 ahos.
DESHAIES (1947) consideraba el suicidio infantil co
mo un acto impulsive e instemténeo. PFEFFER y Cols. (1983)
no conceden excesiva importancia a la agresividad, y COHEN-
SANDLER (1982) piensan que el stress previo tiene una impor
tancla muy significativa. MORON (1977) describe très tipos:
el impulsive, el hiperemetive y el depresive, resaltande co
me el nine vive el memento présente, por lo cual, su muerte
es la simple negaciôn del présente y la tentativa de suici
dio respende en él, directamente, a una situaciôn dada.
• 6 5 “
Esta situaciôn suele estar centrada en problemas de
îndole familiar, el medio suele estar perturbado por ausen-
cia de uno de los padres (muerte, enfermedad, divorcio, emi-
graciôn,...), por graves discusiones entre ambos progenito-
res, X frecuentemente, tal y como coroentâbamos amteriormente, se
propinan malos tratos al niho. KRYSMKY (1985), sugiere
que los mismos mecemismos autîsticos de huir de una reali-
dad inquiétante a travês del aislamiento podrian conducir
al suicidio (la muerte es el mâximo aislamiento) ; de hiecho
PECK y SCHURT (1981) afirman que el muchacho suicida se
distingue a lo largo de la preadolescencia y de la adoles-
cencia precoz por una tendencia a estar solo durante mucho
tiempo, que viene dada por su escasa adaptaciôn para las
relaciones emocionales. GAULTIER Y COLS. (1965) hablan de
una incidencia muy alta de suicidio entre los jôvenes que
vivîan solos.
Esta dinâmica feuniliar cambia a veces tras la tenta
tiva de suicidio, pero si no es asî,los ninos pueden ensa-
yar nuevas tentativas para intentar conseguir la satisfacciôn
esperada (ANTON Y COLS. 1984). Pero no hay que pensar con
exesiva frecuencia en una postura puramente chantagista,
ya que segûn MORON (1977) la niha no hace guerra de chantaje
hasta la pubertad, si bien, parece ser que el niho puede uti
lizar este tipo de comportamiento a partir de los siete ahos
de edad.
Segûn va aumentando la edad, las tentativas de suicidio
se hacen mâs numerosas y suelen llevar aparejada una mayor ela
boraciôn previa. HEUYER (1952) ya subrayô la gran influencia
que en los adolescentes tienen el pasado y los factores socia
les. En las tentativas del adolescente parece influir bastan
te la estructura de la fzunilia duremte la infancia e incluso
su estado de salud durante esta êpoca. GOLDNEY (1981) ha en
contrado al estudiar tentativas de suicidio realizadas por
jôvenes un mayor Indice de mala salud dur am te la infancia,
bastante significative. Sobre la importancia de los "bro)cen
homes"u "hogares rotos" volveremos mâs tarde en el apartado
dedicado a factores familiares.
Durante la adolescencia entendida en un sentido amplio,
es cuando se realize un mayor nûmero de tentativas de suicidio,
(DOTZAVER y Cols. 1963; RUEGSEGGER, 1964; POLDINGER, 1969;
BANCROFT Y MARSACK, 1977, etc...), aunque estas suelen ser
menos graves (GIMENEZ Y COLS. 1983) pero con mayor components
de violencia o agresividad que en otras edades (TARDIFF, 1981;
INAMDAR y COLS. 1982). Suele tratarse, segûn ALONSO-FERNANDEZ
(1985) de actos instantâneos que surgen como una respuesta im
pulsive a algûn problems inmediato que surge sobre un largo
conflicto de fondo; en el pequeho nûmero de tentativas en las
que hay cierta préméditéeiôn, esta se limita a las veinticua-
tro horas previas al intento suicida. El auténtico deseo de
67 -
morir se mantinene alejado de la conciencia, oculto y reprim^
do, o se contamina con las preocupaciones propias de la vida,
entre las que sobresalen la intenciôn de influir sobre el
ambiente para modificarlo.
CHABROL (1984) ha planteado el suicidio del adolescen
te como una ambivalencia entre el deseo de muerte y de vida.
Segûn HAIM (1970) el comportamiento de riesgo forma parte del
proceso de la adolescencia: la necesidad de alx)rdar el peli-
gro, de medir su propia fuerza fîsica y mental aparecen como
pruebas iniciâticas que aumentan la identidad del adolescen-
tete, con lo que, segûn HAIM, la manipulaciôn del riesgo es
el homôlogo en el piano activo de la manipulaciôn de la idea
de muerte como factor de progreso.
ALONSO-FERNANDEZ (1985) también ha relacionado las ten
dencias suicidas de los adolescentes con su inclinaciôn por
las conductas de riesgo y con su falta de identidad propia,
ya que segûn explica, la imposibilidad de tener un contacte
pslquico profundo con la imagen de la muerte duramte la ado
lescencia viene impuesta por la falta de identidad propia.
"Para morir antes hay que existir"-puntualiza este autor-
en la aventura, en las conductas arriesgadas, que se salen
fuera de lo comûn, el adolescente pretende identificarse, y
tal vez también, ofrecer a los demâs una imagen mâs netamen-
te diferenciada de si mismo. El desafio al riesgo puede con
— 68 —
vertirse en algunas ocasiones en una forma de medirse a si
mismo. El desafio lanzado al destino por el adolescente
abocado a un acto suicida tiene la impronta simbôlica pro
pia de las gestas herôicas de resultados imprévisibles, al
estilo de la "ruleta farmacolôgica" (ALONSO-FERNANDEZ,
1985).
GOMEZ DUPERTUS (1980) ha puesto de relieve como un exa-
gerado esfuerzo por experimentar elaciôn, puede intensificar
la falta de confianza en si mismo, los sentimientos de insu-
ficiencia y la conducta suicida; y GONCEIX y ZIMBACCA (1968)
han insistido en que, durante la adolescencia, junto con las
nuevas realizaciones que se logran en muchos campos nuevos y
diversos, aparecen los desencantos consecuentes a la idealiza
ciôn y a unas esperanzas desproporcionadas con la propia rea-
lidad del sujeto. Los êxitos médiocres, los fracasos profe-
sionales, los desenganos amorosos o de amistad, la falta de
un primer empleo (DORPAT y Col., 1965; destacaron incluso la
influencia del desempleo del padre), la desarmonia familiar
y su tolerancia hacia las nuevas aspiraciones de identidad
y libertad del adolescente pueden favorecer o desencadenar
el "paso al acto" suicida; tanto mâs si recordamos la frecuen
cia actual del abuso del alcohol y drogas entre los adolescent
tes.
Por otro lado, hay que recorder que detrâs de estos
comportamientos puede esconderse una depresiôn u otro trastor
- 69 ~
no psicopatolôgico. CARLSON Y STROBER (1978) hem puesto de
relieve como muchos fracasos a la hora de detectar la depre
siôn cuemdo se comienza a manifestar en la adolescencia se
deben en gran parte a una mala interpretaciôn de los sîntomas
observados. El comportamiento temerario de muchos jôvenes
que se dedican a déportés muy arriesgados, puede, segûn
GOMEZ DEPERTUS (1980), encubrir un estado depresivo; tanto
mâs si consideramos con MORON (1977) que todo adolescente
suicida es depresivo, en la acepciôn psicopatolôgica del têr
mino, por sentir una necesidad fundamental insatisfecha
y por la imposibilidad de obtener esta satisfacciôn que se
ve acompanada por la amgustia; y que el adolescente tiene di-
dicultad para tomar conciencia de lo que pasa m él, para ela-
borarlo y llegar a ideas claras y expresario verbalmente, por
lo que pasa facîlmente al acto, a menudo, de un modo impulsi-
vo. Este aspecto psicopatolôgico ha sido revisado por ROY
(1984), el cual ha estudiado la incidencia de la depresiôn en
tre adolescentes que consumaron suicidio, encontramdo un 44,4%
con depresiôn como diagnôstico principal. ANGLE Y Cols. (1983)
y ALESSY y Cols. (1984) han demostrado la gran importancia de
los trastornos de personalidad.
Como decîamos, la incidencia del suicidio consumado
entre los adolescentes es poco représentâtivo, desde el punto
70 -
de vista epidemiolôgico, en relaciôn a otros grupos de edad.
Sin embargo, si tenemos en cuenta las causas de muerte duran
te esta êpoca de la vida, ocupa un puesto muy destacado. En
Francia segûn datos del I.N.S.E.E. (1967), el suicidio es la
cuarta causa de muerte entre los jôvenes de 15 a 19 anos,
precedido solamente por los accidentes de circulaciôn,
otros accidentes y por el câncer. En la mayor parte de los
paises europeos, segûn GOMEZ DEPERTUS (1980) también es la
cuarta causa de mortalidad, ocupando un puesto aûn mâs desta
cado en U.S.A.; ya que segûn HOLINGER (1979), constituye la
tercera causa; la mâs alta del mundo para los varones segûn
ha afirmado HENDIN (1982). Estos datos han llevado a postu
lât a SCHNEIDER (1982) que la prevenciôn de un pequeho nûme
ro de suicidios en los adolescentes puede ejercer una acciôn
marcada sobre la mortalidad a esa edad, y en ceunbio, la dism^
nueiôn de algunos casos de suicidios en las personas de edad
avanzada no incide prâcticamente sobre la mortalidad global
en este periodo de la vida.
Durante los ûltimos ahos, las tasas de suicidio entre
los jôvenes no solo han sido los que mâs han aumentado en re
laciôn a otros grupos de edad, sino que han aumentado de una
forma alarmante, al menos en Australia (GOLDNEY Y KATSIKITIS,
1983) y en U.S.A. (HOLINGER y OFFER, 1971; HOLINGER, 1978;
HENDIN, 1982; SEIDEN, 1984) mientras que ha disminuido en los
ahos de la madurez, segûn los mismos autores. HOLINGER Y
OFFER (1982) han intentado explicar este incremento por el
hecho de que puesto que el nûmero de adolescentes aumenta
inicialmente, hay mâs competidores para el mismo nûmero de
posiciones: trabajos, puestos en determinados equipos de
déporté, primeros lugares de clase en los buenos colegios,
acceso a varios servicios sociales, etc... Con el aumen
to de la poblaciôn adolescente y el de la competencia para
taies puestos, viene un aumento en el nûmero de los que no
logran obtenerlos, fallando en sus metas y, sintiéndose
fracasados e incapaces de reestablecer un equilibrio en su
autœstimaciôn, lo que les puede conducir hacia el suicidio.
La êpoca de la vida en que se realiza un mayor nûme
ro de suicidios consumados serîa el de la tercera edad. Pa
ra YAMPEY (1973) se trata de un "sîntoma alarmante de la pato
logîa social de nuestro tiempo", ya que en su estudio real^
zado en Buenos Aires, solo encuentra esta mayor incidencia
en personas de edad avanzada a partir de 1960. Sin embargo
DURKHEIM (1897) ya habîa observado esta mayor incidencia
confirmada posteriormente por numerosos autores: GRUHLE
(1940), LINDEMANN (1950), DESHAIES (1952), BAYRENTTHER (1956),
STENGEL (1957), DUBLIN (1963), FARBEROW y SHNEIDMAN (1969),
ROJO (1971), GINER (1972), SEVA (1976), ROJAS (1984), etc...
PELLICIER (1984) lia observado entre los octogenarlos
franceses una tasa de suicidios consumados 6 veces superior
a la de la poblaciôn general. MARTI (1983) en Espaha encuen
tra tasas en mayores de 60 ahos que casi triplicam las de
la poblaciôn general. BOULET (1982) encuentra que las perso
nas mayores de 85 ahos se suicidan trece veces mâs que las que
tienen entre 15 y 24 ahos, produciêndose un suicidio de cada
cinco entre la poblaciôn comprendida entre los 55 y los 64
Realmente, las cifras son alarmantes. Ademâs, no hay
que olvidar la acumulaciôn de équivalentes suicidas entre las
personas de edad avanzada: rechazo de alimentes, de cuidados
mêdicos, etc... es decir, el denominado "slndrome de desliza-
miento" (CARBONELL, 1985) que hace que el anciano se abando-
ne progresivamente hasta "dejarse morir" a partir de patolo-
gîas mâs o menos propias de su edad. Las enfermedades, espe
cialmente las graves,parecen jugar aquî un papel importante.
KUBLER-ROSS (1975) ha descrito varias fases consecutivas en
los enfermes terminales: trâs una primera de negaciôn, ven-
drîa una de ira y otra de negaciôn, trâs la cual seguirîa
una fase depresiva que con frecuencia conducirla al suicidio.
En cualquier case, la enfermedad fisica, segûn SAINSBURY
(1961), es un factor que contribuye al suicidio en un 35%
de los pacientes de edad avanzada.
Las causas que se han citado para explicar la espe
cial gravedad con que el fenômeno suicida aparece en la ter
cera edad han sido muy variadas y posiblemente todas puedan
73 -
ser consideradas como vâlidas. BOULET (1982) achaca la efi-
cacia mortlfera de estos suicidas a su mayor premeditaciôn
y preparaciôn, utilizamdo ademâs têcnicas m & s ’duras", que
tal vez, ya en si, segûn GARCIA-MACIA y Cols. (1984) pueden
implicar una mayor intencionalidad de muerte.
La jubilaciôn también puede jugar un papel importante.
La sociedad actual, con mis insistencia aûn que en épocas an
teriores, tiende a juzgar al individuo en razôn a su trabajo,
que se configura como la fuente de valoraciôn mSs objetiva,
al menos en primera instancia, para "clasificar" y "conside-
rar" al individuo dentro del âmbito social. Puede afirmarse
en têrminos générales, que hemos pasado de la concepciôn de
"sabio venerable" de los clâsicos a un nuevo concepto de
"hombre inûtil", no activo "y por tanto acabado" que en gran
medida se aplica a los "viejos" en la actualidad. HERRERO
y Cols. (1985) hablan de "jubilopatias"; en estos casos apa-
sce un estado aunotivacional con pasividad y disminuciôn en
el Srea de intereses; y a menudo, el propio anciano atribuye
estos sîntomas a un proceso inevitable y normal a su edad.
La existencia o cuantîa de las pensiones de los ancia
nos parece constituir un factor de escasa relevancia.
SAINSBURY (1961) comparé las tasas de suicidio en los ancia-
nos en veinte paises y encontrô que no tenla relaciôn con la
existencia o cuantîa de las pensiones, es mis, en diez pai
ses la introducciôn de sistemas de jubilaciôn no déterminé
- 74
una disminuciôn de la tasa de suicidios en las personas de
mayor edad.
La proximidad de la muerte vivida con cierta anticipa-
ciôn (la edad de jubilaciôn se adelanta mientras que aumentan
las espectativas de vida), la plena conciencia de pérdida de
facultades socio-laborales, impuesta en muchos casos por el
medio externo, hace que los parâmetros de autovaloraciôn se
vean fuertemente influenciados por aquellos con que la socie
dad évalua de forma mâs o menos directs el individualisme.
El término "viejo", sin duda, estâ cargado de notas peyorati-
vas.
FULTON (1974) ha destacado como la disminuciôn del pa
pel de los ancianos y el aflojamiento de lazos y relaciones
familières van a menudo cargados de culpabilidad y ansiedad
que parece fomenter el desarrollo de un movimiento a favor
de la eutanasia voluntaria, a la vez que problemas sociales
mâs amplios favorecen un ambiante en el que puede crecer un
movimiento en pro de la misma. No nos asombra entonces que
ROLLA (1962) informe de que algunos prefieren la experiencia
irreversible y final que es la muerte, a la experiencia,
"también irreversible,pero de vida,que es el curso de la
vejez".
- 75
Las personas de edad parecen estar frecuentemente sen-
sibilizadas frente a las desgracias. KATSCHING (1976) ha
puesto de manifiesto como las poblaciones mSs jôvenes cometen
mâs tentatives de suicidio debido a "conflictos"; mientras
que con el peso de los anos las "desgracias" cobran una mayor
importancia, acorde con la mayor edad, en la génesis del fen6
meno suicide. A la hora de comprender esta mayor relevancia
en el anciano del dano consumado frente al problème de difî-
cil soluciôn, no hay que olvidar que las personas mayores
tienen uizis dificultades mucho mâs series para conseguir
reestructurer o cambiar el rumbo de su vida.
Es évidente que résulta mâs dificil "empezar de nuevo"
cuando se tienen mâs de 65 anos, dadas las caracteristicas
psico-fisicas y la esperanza de vida de este grupo de pobla-
çi6n, tanto ante desgracias de indole social como de indole
familiar, econômica o psicolôgica. El abatimiento con senti-
mientos de fracaso existencial es una reacciôn casi inevita
ble; tanto mâs si considerzimos con YAMPEY (1973) , que es en
esta êpoca de la vida cuando suele efectuarse el balance
existencial, que ocasionalmente se vuelve critico ante la
imposibilidad de colmar determinados anhelos o de superar
frustraciones graves.
76 -
El vacio afectivo provocado por la muerte del cônyuge
o de amigos întimos y las decepciones fsuniliares y la pérdi
da de apoyo exterior consecuente a la pérdida de prestigio,
influencia, e incluso de poder,suelen sumarse a un "no saber
ni tener nada que hacer" dentro de un ocio mal elaborado en
anos anteriores a la jubilaciôn, que no puede ser repentina
mente ocupado ni desarrollado con el advenimiento de la mi£
ma. La vida toma un cariz bruscamente mâs pasivo, e inclu
so "contemplative", que induce al individuo a volver, a "refu
giarse" e incluso a "enfrascarse" en el pasado, con lo que
el anciano se aproxima facilmente al raundo de lo melancôlico.
CIOMPI (1970) considéra la depresiôn como una enferme
dad tîpica de vejez. ALONSO-FERNANDEZ (1979) ha puesto de
manifiesto como el alcoholismo toma un curso grave en bebedo
res excesivos crônicos con el paso de los anos y también
como entre los ancianos son mâs frecuentes los factores de-
sencadenantes de la depresiôn de estirpe somâtica, entre los
que se pueden citar drogas antihipertensivas (alcaloides de
la Rauwolfia, metil-dopa,...), infecciones agudas (gripe,
infecciones urinarias,...), neoplasias, hormonas esteroidas,
radioterapia profunda, etc...
Hay que plantearse también hasta que punto los enfer-
mos ancianos ven incrementarse el nômero y duraciôn de sus
- 77 -
hospltalizaciones, no solamente por las caracterîsticas de
la enfermedad que padecen (crônica en muchos casos) que
suele verse agravada por un deterioro general de su salud,
slno también por el abandono de que son objeto por parte
de sus familiares, quienes en no pocos casos intentan to-
marse unas vacaciones o tan solo descansar durante una
temporada de la "penosa obligaciôn" de cuidar y "convivir
con las exigencias" del anciano. De cualquier modo, tanto
el tiempo como el nûmero de hospitalizaciones se ven incre
mentados entre éstos,y son conocidos los efectos depresivô
genos de los internamientos, especialmente de los que
implican cirugîa y de los muy prolongados.
Por ûltimo, hay que recorder que un gran nûmero de
ancianos se ven relegados, de forma mâs o menos forzosa,
a centros residenciales o asilares con una carga de mar-
ginaciôn que no siempre logra amortiguarse con la preten-
dida integraciôn dentro de este contexte, tanto mâs cuan-
to que en no pocas ocasiones, esta no llega a conseguirse.
8-6.1.3- Estado Civil.
La opiniôn generalizada de que, dentro de las distin
tas formas de estado civil, los casados (no separados ni
divorciados) son el grupo con menor tendencia al suicidio,
permanece confirmada en los estudios actuales: WEZSSMAN
(1974), GOLDNEY (1981), AMARO Y Cols. (1981), BORG Y STAHL
(1982), MARTI (1983), ROJAS (1984), etc... DURKHEIM
(1897) atribuia esta inmunidad de los casados a la que
conferîa la estructura familiar, entendida como el grupo
completo formado por los padres y los hijos; puntualizando
que como los esposos son miembros de ella, contribuyen
también a producir este resultado, solo que no como marido
y mujer, sino como padre o como madre, como elemento de
asociaciôn familiar. La desapariciôn de uno de ellos,
acrecienta el riesgo de matarse del otro, porque résulta
de ello una perturbaciôn para la familia, cuyo supervivien
te sufre el golpe. Este pernicioso influjo de la viudedad
continüa comprobândose en la actualidad: FRANKE y Cols.
(1977), ALONSO-FERNANDEZ (1978), BORG Y STAHL (1982), etc...
Habiendo subrayado BOKANOVSKY (1980) el gran riesgo de sui
cidio que existe especialmente durante los seis meses poste
riores al fallecimiento del cônyuge.
Por las misma s fechas que Durlcheim describla la in
fluencia suicidôgena de la viudez, BERTILLON (1882) encon-
traba un gran parecido entre los mapas del suicidio y del
divorcio; relaciôn confirmada en estudios mâs actuales:
SAINSBURY (1955),KESSEL y Cols. (1965), FARBEROW y
SHNEIDMAN (1969), POLDINGER (1969), STACK (1980), ROSENMAN
(1983), KENDALL (1983).
El alcance de la importancia de estos factores
varia mucho segûn los distintos autores y paises en que
fueron realizados. DUBLIN (1963) encontrô en U.S.A. una
proporciôn très a cuatro veces superior en mujeres separadas
o viudas respecto de las casadas, cifra que llegedsa a siete
veces mâs para los hombres. HARTELIUS (1967), en Suecia,
encuentra para los hombres divorciados y viudos una propor-
c ion 2,5 superior a la de la poblaciôn general.
En Espana, en los estudios realizados sobre los
suicidios consumados ESTRUCH y CARDUS (1982) han encontrado
en Menorca una tasa (98,3) tres veces superior para los
hombres viudos respecto de los casados (33,3), mientras que
la tasa en las mujeres viudas (14,6) no era sensiblemente
superior a la de los hombres (12,8). MARTI (1983) observa
entre los suicidios consumados en Barcelona por hombres di
vorciados una tasa de 85,27 por 100.000 habitantes y de
87,69 entre los viudos, lo que viene a resultar casi diez
veces mayor que la de los casados (9,68) y solteros (10,54).
Entre las mujeres esta diferencia es mucho menor, con ta
sas de 28,32 por 100.000 para las divorciadas y de 21,81
para las viudas, que suponen el cuâdruplo de la tasa de
las casadas (6,57).
La mayor tendencia al suicidio observada en
tre los divorciados se ha explicado no solo en base al
abandono, desintegraciôn familiar y soledad, de que a me
nudo se acompaha la ruptura conyugal, sino también por
que entre estos sujetos abundan mâs los problemas de per
sonalidad y las conductas agresivas, inestables, alcoho-
1émanas y drogodependientes, los cu'ales, a su vez, facili
tan el paso al acto suicida.
En la viudez, se une a la desintegraciôn fa
miliar brusca, la pérdida de un ser querido, con lo que
la adaptaciôn a la situaciôn nueva, por personas de edad
generalmente avanzada, puede resultar muy dificultosa,
especialmente para los varones, muchos de los cuales se
quedan solos en sus respectives domicilies, o se ven
obllgados a trasladarse a residencias o asiles para an
cianos. En el mejor de los casos pasan a vivir con aigu
no de sus hijos, donde no colaborando con el hogar -por
el contrario que muchas mujeres- adquieren sentimientos
il -
de inutilidad y de ser una sobrecarga para la familia.
Cuando los hijos son varies, a veces el viudo se ve
obligado a "repartirse" entre ellos, ceunbiando de dom^
cilio varias veces al ano, con lo que se favorece la
situaciôn de desarraigo.
Cuando no se ha tenido descendencia la si
tuaciôn se agrava considerablemente, tal como ya descr^
biô DURKHEIM (1897). Segûn MORON (1977) es bien notoria
la mayor tendencia a intentar suicidarse de las personas
sin hijos, especialmente entre las mujeres mayores de 60
anos y mâs aûn entre los hombres de 21 a 60. Los hijos
a menudo aportan a los padres un motivo para vivir, a
lo que se une la responsabilidad de la manutenciôn, de
la formaciôn y del ejemplo. El nûmero de hijos parece
ejercer una influencia importante, habiendo descrito
WENZ (1982) una relaciôn inversa, segûn la cual la po-
tencialidad suicida disminuye a mayor nûmero de hijos.
Entre casados y solteros no suele haber di-
ferencias muy importantes en lo que se refiere a suicidios
consumados, siendo las tasas ligeraunente superiores entre
los solteros; los cuales estân considerablemente repre
sentados en los estudios realizados en intentes de suici
dio (FARBEROW y SHNEIDMAN, 1969), si bien hay que conside
rar que la poblaciôn que realiza tentativas pertenece en
gran parte a sectores juveniles, y por tanto no tiene
nada de particular que muchos de ellos no hayan contraido
matrimonio.
B-6.2-FACTORES PSICCPATOLOGICOS:
La incidencia del suicidio entre los enfermos psiquiâtricos
es mucho mayor que en el resto de la poblaciôn (OMS, 1969).
POKORNY (1983) ha calculado una tasa amual de 750 suicidios consu
mados por cada 100.000 enfermos psiquiâtricos y una tasa amual
de tentativas de 2.000 por 100.000. En la prâctica, el deseo de
privarse la vida debe ser considerado por sistema como sospechoso
de ihotivaciones patolôgicas (DUCHENE, 1957). SAINSBURY (1955)
estudia los factores causales del suicidio en 390 casos de suici
dio consumado y encuentra que los trastomos mentales constituyen
el factor principal en un 37% de los casos, y actuan como facto
res contribuyentes en otro 47%. Una personalidad amormal fué el
factor principal en un 17% de los casos, y en idéntica cifra ac-
tuô como factor contribuyente al suicidio.
Sobre tentativas de suicidio MILLA (1983) habla de un 66%
de factores psicopatolôgicos, y PROKUPEK (1967), tras un anâli-
sis muy cuidadoso encontrô que a todas las personas que hablan
realizado tentativas de suicidio les correspondis un diagnôsti-
co psiquiâtrico. Hay que entender que las tentativas de suici
dio e incluso los suicidios consumados pueden ser realizados
tfunbién por personas que no padecen una enfermedad mental en un
sentido estricto, si bien, diverses factores pueden provocarles
una alteraciôn de su psiquismo en un momento determinado, que de
semboque en una conducts suicida. ALONSO-FERNANDEZ (1978) ha
considerado que en el 85% de los suicidios consumados interviens
en un grado importante una afecciôn psicopatolôgica, mientras que
en el 15% restante obedece a un conflicto psicolôgico. Las pro-
- &•
porciones se modiflean bastante -a favor de los conflictos
psicolôgicos- en las tentativas de suicidio. Por tanto,
hay que recalcar con MORON (1977) que el hombre normal no
se suicida. El acto suicida, en si, es siempre producto
de un desorden psicolôgico o psicopatolôgico, siendo ver-
daderaunente excepcional el acto suicida que se realiza en
unas condiciones de absolute equilibrio psicolôgico y sa-
lud psîquica.
B-6.2.1- Depresiôn.
SAINSBURY (1982) ha calculado la tasa anual de suic^
dios en depresivos en 230 por 100.000, es decir, de 20 a
40 veces superior a la de la poblaciôn general. El suicidio
es enormemente frecuente en las enfermedades depresivas. Pa
ra muchos autores, hablar de suicidio es hablar inmediatamen
te de depresiôn, y viceversa (ROJAS, 1984). Efectiveunente,
son muchos los autores que consideran a la depresiôn como el
trastorno psicopatolôgico responsable de un mayor nûmero de
suicidios; CLAUDE (1933), ROBINS y Cols. (1959), POLDINGER
(1969), STENGEL (1965), OSMOND y HOPPER (1967), BIRTHNELL y
ALARCON (1971), BARRACLOGH y Cols. (1974), WEISSMAN (1974),
PALLIS y SAINSBURY (1976), MORON (1977), ALONSO-FERNANDEZ
(1978), SAINSBURY (1978), OKASHA y Cols. (1981), PACHECO y
cols. (1981), COPAS y ROBIN (1982), SCHNEIDER (1982), BAKER
(1984), ROSENTHAL y ROSENTHAL (1984), ALESSI y Cols. (1984),
etc...
- 85 -
Sin embargo otros no obtienen resultados similares,
como por ejemplo MORRISON (1982) que estudiando los suicidios
ocnsumados por enfermos psiquiâtricos encuentra que el grupo
mayor estâ formado por los esquizofrênicos, seguido por las
depresiones bipolares; en las depresiones unipolares el Inci-
ce obtenido fué poco mayor que el de la poblaciôn gene
ral. RABINER Y COLS. (1982) también encuentran una mayor re-
presentabilidad de la esquizofrenia en los suicidios consuma
dos, por igual que ROY (1982) si bien este ûltimo (ROY, 1983)
encuentra mayor incidencia de la depresiôn en tentativas de
suicidio.
Las cifras de representabilidad de la depresiôn en los
suicidios consumados oscila bastante de unos estudios a otros.
BURKE (1974) encuentra un 5% de depresiones endôgenas,
CAMPAHIA un 15% a 16%, OLTMAN Y FRIEDMAN un 16,5%, ROY (1982)
un 18,8%, RABINER Y COLS. (1982) un 22%, ROJAS (1984) habla
de un 16 a 35%, POLDINGER (1969) de un 33 a 50%, ALONSO-
FERNANDEZ (1978) de un 60 a 90% y SCHNEIDER (1982) de un 66%
solamente para la depresiôn endôgena, encontrândose un estado
de ânimo depresivo en mâs del 75%.
En tentativas de suicidio la depresiôn endôgena tiene
una representaciôn que varia segûn los diversos estudios del
2,3% (PACHECO Y COLS. 1981), al 3,9% (GARCIA MACIA Y Cols.
1984), 7,1% (BRIDGES Y ROLLER, 1966), 10% (JACOBSON Y TRIBE,
1972) y 33% (GOLDNEY Y PILOWSKI, 1980). Para la depresiôn
en general, las cifras se elevan desde el 10% (MORGAN Y Cols.
1975; PINSKÈR, 1981) al 16,9% (URWING Y GIBBONS, 1979), 23%
(MURPHY Y WETZEL, 1982), 29,6% (GARCIA-MACIA Y Cols., 1984),
33% (BAKER, 1984), 36% (WEST, 1965), 37,7 (PACHECHO Y Cols.
1981), 28% para los hombres y 40% para las mujeres
(MONTGOMERY y MONTGOMERY, 1982), 47,7% (POLDINGER, 1969),
50% (ABRIL,1985), 56,4% (ROY, 1983) y del 35 al 79%
(WEISSMAN, 1974). BIRTCHNELL Y ALARCON (1971) encuentra que
en todas las tentativas de suicidio es demostrable un cierto
grado de depresiôn. OKASHA Y Cols. (1981) encuentran datos
muy similares entre tentativas y suicidios consumados en lo
que se refiere a sintomas de depresiôn.
La explicaciôn de esta disparidad de cifras ha sido
achacada por CARLSON Y STROBER (1978) a una mala interpréta
ciôn de los sîntomas clînicos observados. En este mismo
sentido WEISSMAN Y MYERS (1978) y GOLDNEY Y PILOWSKY (1980)
han observado que cuando se usan raedidas objetivas de depre
siôn, como cuestionarios, los niveles de depresiôn son mâs
elevados que los obtenidos por observaciôn clînica. De he-
cho, cuando GOLDNEY y Cols, deciden aplicar a las tentati
vas de suicidio un cuestionario (L.P.D.) encuentran un indi
ce de depresiôn endôgena sensiblemente mayor que el hallado en
otros estudios anteriores, como los efectuados por SCHMIDT y
Cols. (1954), YESSLER y Cols. (1961), KESSELL (1965),
EDWARDS y. WHITLOCK (1968), OVENSTONE (1973), HOLDING y Col.
(1977) y LARGE (1979).
HAWTON y CATALAN (1982) han intentado explicar esta di£
persiôn estadistica por la deformaciôn sintomatolôgica que,
desde el punto de vista psicopatolôgico, produce en si misma
la tentativa de suicidio. Segûn los citados autores, en su
experiencia, en 31% de los diagnôsticos valorados como tipicos
en el momento de Is tentativa, una vez controlados, solo un
24% tenîan un diagnôstico psiquiâtrico claro en el curso de la
primera semana, y un 8% a partir de los tres meses, aunque
persistîa en un lugar "borderline" un 14%.
Por otro lado hay que tener en cuenta la frecuente
asociaciôn de depresiôn a otras nosologîas psiquiâtricas
têunbién relacionadas de forma muy intima con la conducta sui
cida, como la esquizofrenia, el alcoholismo y demâs drogodepen
dencias . Cuando varias de estas patologias se asocian, la
conducta suicida aparece con mucha mâs facilidad, y a la hora
de elegir el diagnôstico fundamental, los autores se deciden
por uno u otro no siempre en base a criterios uniformes que.
posteriormente faciliten la comparaciôn entre los diversos
trabajos de investigaciôn.
BERGOUIGNAN (1963) puso de relieve como con gran fre
cuencia una depresiôn atlpica es la forma inicial de presen-
taciôn de una esquizofrenia que puede emunciarse por una ten
tativa de suicidio. La asociaciôn depresiôn-esquizofrenia-
suicidio se ha deroostrado tan llamativa (FALLOW y Cols.,
1978; KNIGHTS y Cols., 1979; ROY, 1980, 1981, 1982; ROY y
Cols. 1984, etc....) que LEVY y Cols. (1984), basândose en
los trabajos de TRASKMAN y Cols. (1981) y de POTKIN y Cols.
(1983) han sugerido la posibilidad de una relaciôn entre
dilataciôn de ventricules cerebrales en esquizofrenias y de
presiôn, disminuciôn de 5-HIAA y suicidio; por el choque con
las estructuras periventriculares, debido a la dilataciôn de
dichos ventricules.
Respecto del alcoholismo, la incidencia de la depre
siôn se ha calculado entre un 28 y un 61% (WINOKÜR, 1972;
WOODRUFF y Cols. 1973; CADORET y WINOKUR, 1974; ROBINS y
Cols., 1977; WEISSMAN y Cols., 1977, etc...), habiêndose de-
mostrado una gran incidencia de êsta entre los alcohôlicos
que se suicidan (BARRACLOUGH y Cols., 1974; MURPHY y Cols.
1979; BESKOW, 1979; etc...), siendo, segûn BERGLUND (1984)
los sîntomas mâs comunes inmediatamente antes del suicidio.
- 59
Respecte de la prevenciôn de la ideaciôn suicida den
tro de los cuadros depresivos de cualquier îndole, es amplia-
mente reconocido el carâcter excepcional de la depresiôn que
no se acompana de ideas suicidas. GOLDBERG (1981) ha compro
bade recientemente, que al menos el 80% de las depresiones cur
san con ideas de suicidio.
Durante los ûltimos anos se ha venido destacando en
la literature la importancia de la desesperanza ("Hopelessness"),
entendida como "espectativas negativas hacia el future"
(BEDROSIAN y BECK, 1979), que acompana a las depresiones,pen-
sândose que dicha desesperanza constituye el factor suicidôgeno
principal del cuadro depresivo. MARCEL (1971) identifies la
desesperanza con el aislamiento, ya que segûn él, incapacité
para disponer del prôjimo y de las cosas que le rodean. FROMM
(1968) identifies la desesperanza con un afSn destructor, ya
que afirma: aquel cuya esperanza ha sido completamente destrui
da aborrece completamente la vida, y puesto que no puede crear
vida, quiere entonces destruirla. No desea sino vengarse a
causa de la vida que no ha vivido, y lo lleva a cabo arrojândo
se a una destructibilidad total, de tal modo que poco importa
si destruye a los demâs o se destruye a él mismo.
En el suicidio del depresivo no es que faite la esperan
z a, sino que hay un estado de desesperanza total (ROJAS, 1984),
90
se ha perdido el proyecto de la existencia, cayêndose en la
subsistencia, que es ya un mero vivir corporal, puesto que el
cuerpo es la expresiôn mâs clara de ella.
ROOSE y Cols. (1983) han comparado deprimidos desesperan
zados con deprimidos no francamente desesperanzados, encontran
do que entre los primeros se produjeron cinco veces mâs suici
dios que entre los segundos. DYER y KREITMAN (1984) revisan
los trabajos realizados hasta el momento y en su estudio obser-
van que la relaciôn entre depresiôn e intente de suicidio desa-
parece cuando la desesperanza se mantiene constante, mientras
que la viceversa no es cierta, por lo que, segûn ellos, la idea
de que las personas pueden matarse porque no tienen esperanzas
de que las cosas mejoren tiene bastante validez.
OORREIACICNES CCN INTENID DE SUICIDIO
AinOR Y PAIS CASOS Desesperanza Depresiôn Desesperanza Depresiôn
(MuestrsLs) (Depresiôn (desesperæi
ccntrolada) za ccntro
lada).
MINKCFF at al. 68 suicidios 0,47*** 0,26* 0,41*** -0,09n.s.
1973. USA. (tentativas) (HS) (BDI)
Ho^talizados
BECK at al. 384 tentativas 0,38*** 0,30*** 0,24*** 0,06n.s.
1975. USA. de suicidio (HS) (BDI)
hospitaliz2u3os 0,50*** 0,27*** 0,47*** 0,09n.s.
(Clinical (Clinical
Rating) Rating)
POKORNY et al. 21 intentes de 0,39n.s. 0,52* —
1975 USA. suicidio en (HS) (Zung scale)
deprimidos
admitidos en el
VA Hospital
- 91 -
WETZEL A. 48 intentes de 0,13n.s. 0,21n.s. -0,04n.s. -0,17n.s.
1976. USA. suicidio (medidos (modificaciôn (Zung Scade)
por SIS en el mo HS)
mento del intente)
B. Id. A. con in 0,70*** 0,2In.s. 0,63*** 0,34*
tente en el perio (modificaciôn
do de prueba medT HS) (Zung Scale)
do por la escala
post-lntento de
BECK.
C. 56 enf. psiquia 0,52** 0,41** 0,40** 0,20n.s.
tricos oon ideas (modificaciôn (Zung scale)
de suicidio medi- HS)
das por la escala
de intente de RECK,
VŒTZEL et 73 enf. psiquiatr^ 0,76* 0,36* 0,72* 0,10n.s.
al. 1980 oos intemados
USA. (intent scale for
ideators)
GQLCNEY 103 mujeres jove- 0,45*** 0,41*** 0,26** 0,16n.s.
1979 nes con intente (HS) (LPD)
Australia de suicidio
Estudios publicadoe sobre relaciones entre intentes de suicidio , depresiôn y
desesperanza, mostrando orden-œro (Pearscn r) y correlacicnes parciales entre
valores de depresiôn y desesperanza y valores de intente de suicidio (medidas
por SIS excepte dcnde se establezca de otro modo) :
HS=Hopelessness Scale; BDI=Depressicn inventory; SIS= Suicide Intent Scale.
Zung Scale=Zung self-rating depression scale; IPI>Levine=Pilcndcy depression
Questionaire ; >WPI=Minnesota Multifbasic Personality Inventory.
***P<0,001 **P^,01 *P<0,05 n.s.=not significant
Tabla elaborada por DRYER y fTElIWN (1984).
Ademâs, DYER y KREITMAN (1984) al utilizar el S.I.S. encuentran que
ni las puntuaciones de depresiôn ni las de desesperanza muestran
relaciôn significativa en el intente de suicidio, con el sexo
o la edad. Lo mismo les ocurriô a SILVER y Cols., 1971;
92 -
MINKOFF y Cols., 1973 y a BECK y Cols. (1975) respecto de la
«dad y a LESTER y Cols. (1975) respecto del sexo; pero otros
«étudies si encuentran relaciones con la edad (BECK y Cols.,
1974; PIERCE y Cols., 1977; LESTER y Cols., 1975) o con el
,«xü (PALLIS, 1977).
BEDROSIAN y BECK (1979) dicen que son mâs prévisibles
los suicidios en los que hay desesperanza que en los que hay
OttpresiÔn; lo que les lieva a BECK y Cols. (1974) a crear y
vélidar una escala de desesperanza (H.S.) que aplican BECK y
l'ûls. (1975) y MINKOFF y Cols. (1975) .a personas hospitalize
das por intentos de suicidio descubriendo que mientras la de
presiôn y la desesperanza estaban relacionadas con el intento
da suicidio, la relaciôn entre depresiôn e intento de suici
dio desaparecia cuando la desesperanza era controlada.
La relaciôn entre la gravedad de la depresiôn y la del
intento de suicidio, aceptada tradicionalmente, ha sido eues
tionada duremte los ûltimos anos. CHILES y Cols. (1980) y
KASHANI y Cols. (1980) la han deroostrado en jôvenes delincuen
tes, pero GOLDNEY y PILOWSKY (1980) no encuentran diferencias
tignificativas en el grado de depresiôn entre los intentos de
suicidio que requerîan cuidados intensives y los que no lo re
^vrerîan. MONTGOMERY y MONTGOMERY (1982) también observan
que el acto suicida no es necesarieunente un indicador de la
severidad de la depresiôn, aunque si lo son las ideas suici
das.
Algunos,entonces,hem senalado un mayor riesgo de depre
siôn en ciertos tipos nosolôgicos de depresiôn. Para
STENGEL (1965) las depresiones con mayor riesgo de suicidio
serîan aquellas que cursan con sentimientos de culpa, desva-
lorizaciôn y autoacusaciones, junto con gram tensiôn y agita
ciôn. GAZZANO (1973) también concede un mayor riesgo de su^
cidio a la depresiôn agitada. RESNICK (1969), MILLA (1983),
ROJAS (1984), CAMPAILLA (1985), etc., hablan de la depresiôn
endôgena, en general, como la que se acompana de un mayor po-
tencial suicida, precisando ROJAS (1984) como en el curso de
una depresiôn endôgena la fâbula délirante se puede entremez-
clar con la idea fija primero y obsesiva después, de matarse.
KLUBER-ROSS (1975) ha destacado el gran riesgo de suic^
dio de las depresiones que acompanan a los enfermos termina
les; MORON (1977) las de las depresiones bipolares en el paso
a fase maniaca. POLDINGER (1969) la frecuencia de suicidios
ampliados en las depresiones endôgenas, ALONSO-FERNANDEZ
(1978) ha matizado como es aûn mayor en las depresiones déli
rantes, especialmente si poseen rasgos paranoides.
- 54 -
Los aspectos evolutlvos y terapeûticos poseen una espe
cial trascendencia a la hora de valorar la apariciôn de una con
ducta suicida en el marco de una depresiôn. PAYKEL y Cols.
(1975) han estudiado la influencia de "life events” en depre
sivos que hicieron una tentativa de suicidio, encontrando que
hablan sufrido un nûmero 3 veces mayor que la poblaciôn gene
ral, pero menor que el de la poblaciôn suicida en general.
Résulta interesamte que el mayor nûmero de acontecimientos,
entre los depresivos, ocurriô en el période anterior a la de
presiôn, mientras que para el resto de los suicidas ocurrie-
ron en el mes amterior al suicidio. Por tanto hay que pensar
que en los suicidas deprimidos, los acontecimientos externes
ejercen su influjo suicidôgeno en una extensiôn de tiempo mâs
dilatada.
STORR (1968) ))a descrito como en la depresiôn, la inhi-
biciôn del impulse agresivo hacia el mundo exterior hace que
este se reoriente contra el yo, con la consiguiente autocensu
ra y sentimientos de indignidad. Efectivamente, parece que
en las depresiones inhibidas la pasividad se va aduenando del
sujeto y termina por gobernarlo, pero, tal como dice ROJAS
(1984), el sujeto sigue teniendo vida interior, aunque carezca
de la exterior, con lo que introyecya la agresividad que va
acumulando dentro, con lo que, de no ser por el efecto de
contenciôn de la inhibiciôn séria muy probable que se suicida-
ra dominado por fuertes impulsos autoagresivos. Segûn
lo cual los motnentos mâs peligrosos estân situados al prin-
cipio y al final de la fase depresiva, cuando empleza a ce
de r la inhibiciôn y el sujeto tiene disponibilidad para mo-
vilizar sus propios impulsos STENGEL (1965) también ha
subrayado este gran riesgo de suicidio consecuente a la re-
cuperaciôn de la iniciativa cuando aûn persiste el ânimo de
presivo, por igual que GAZZANO (1973) quien ademâs ha insi£
tido en el gran riesgo de suicidio, en deprimidos, durante
los tres meses posteriores a la tentativa.
El mayor riesgo de suicidio entre los depresivos pue
de situarse, segûn ALONSO-FERNANDEZ (1978) en la etapa ini
cial, al comenzar el tratamiento, al ser dados de alta en
la clînica hospitalaria y en las horas de madrugada; y en
todo momento evolutivo de las depresiones paranoides,
acompanadas de sentimiento de culpa o ansiosas. A este re£
pecto GOMEZ DEPERTUS (1977) ha advertido como un periodo
de calma dentro de una depresiôn ansiosa puede ser la conse
cuencia de una firme decisiôn de suicidarse.
La correcta prescripciôn farmacolôgica cobra una impor
tancia capital en las relaciones entre depresiôn y suicidio.
- 96 -
CAMPAILLA (1985) ha denunciado como el suicidio acaecido du-
r ante el curso de un tratamiento es a menudo la consecuencia
de una prescripciôn inadecuada de un antidepresivo, ya que
no se puede confier en una aplicaciôn correcta del tratamien
to prescrito a un paciente que vive solo, en primer lugar,
porque no es posible tener la seguridad de una administraciôn
regular de los fârmacos y en segundo, porque se corre el ries
go de que el mismo fârmaco pueda ser usado para llevar a cabo
el suicidio. No se puede prescribir un antidepresivo desinhi
bitorio sin asociar al mismo un ansiolîtico, asi como no se
puede aconsejar un emtidepresivo que empeora el insomnio, sin
toma frecuentlsimo entre los intentos graves de suicidio.
El hecho de que los derivados desmetilados de la imipra
mina y de la amitriptilina mejoren con mucha mâs rapides la
parâlisis motriz que el estado de ânimo depresivo y su consi
guiente ideaciôn suicida, con el riesgo de "paso al acto"
al césar el efecto de contenciôn de la inhibiciôn,ha llevado
a algunos autores como POLDINGER (1972) a aconsejar incluso
que en depresiones de estas carecteristicas se comiencen a
administrar los zmtidepresivos junto con neurolépticos de
fuerte acciôn sedamte, si bien,en general, la asociaciôn con
tranquilizantes menores suele ser suficiente.
97 -
-6.2. 2 -Alcoholismo y otras drogodeoendencras ;
El desarrollo de ideas suicidas entre los consuiridores
excesivos de alcohol y su efecto desinhibitorio favorecedor
del "paso al acto" suicida son hechos bien conocidos.
CHODORKOFF (1964) ha llegado a considerar al alcoholismo, en
si mismo, como una forma de autoagresiôn y STENGEL (1965) co
mo una forma de suicidio crônico.
Los diversos autores la consideran la segunda (ROBINS
y Cols., 1959) o la tercera causa (POLDINGER, 1969; POKORNY,
1983) etiolôgica entre los suicidios consumados. En llneas
générales los limites aportados en la bibliografîa sehalan
que de un 3,5 a un 27% de las muertes entre los alcohôlicos
se deben a suicidio: DAHLGREN (1951), LEMERE (1953), MEGIR
y Cols. (1956), SUNDBY (1967), CIOMPI y EISERT (1971),
LINDELIUS y SALUM (1972), SCHMIDT y LINT (1972), THORARINSSON
(1979), FREIXA y Cols. (1981), COMBS-ORME y Cols. (1983),
BERGLUND (1984); y que de un 6,5 a un 25% de los suicidios
son realizados por alcohôlicos; ROBINS y Cols. (1959), DORPAT
y RILEY (1960), GODWIN (1973), BARRACLOUGH y Cols. (1974),
ALONSO-FERNANDEZ (1979), BESKOW (1979), etc...
BECK y Cols. (1982) han encontrado en las tentativas de
suicidio que un 26,7% de los alcohôlicos tenîan ya una o mâs
tentativas de suicidio previas, lo que habla en favor de que
los alcohôlicos también realizan un nûmero elevado de tentati
- 98 -
vas de suicidio, que RUSHING (1968) ha calculado 21 veces su
perior al de la poblaciôn general en Nueva York, ya que apox^
madamente uno de cada cinco alcohôlicos realiza una o mâs ten
tativas de suicidio, cifras similares a las obtenidas en Espa
na por FREIXA y Cols. (1981). De un 4 a un 25% de las tentati
vas de suicidio son realizadas por alcohôlicos: ALONSO-
FERNANDEZ (1979), GIACALONE y Cols. (1980), MURPHY y WETZEL
(1982), MILLA (1983), BAKER (1984), ABRIL (1985), etc...
Hay que tener en cuenta a la vista de estos datos,que en
el alcoholismo los suicidios encubiertos son especialmente fre
cuentes, ya que muchos de los frecuentes accidentes automovi-
llsticos en los que se ven involucrados, 39 veces mâs que la
poblaciôn general segûn BRENNER y SELZER (1969), pueden tener
un sentido suicida. Por otro lado hay que considerar que los
alcohôlicos que cometen suicidio tienen mâs sîntomas psiquiâ-
tricos que el resto de los alcohôlicos. THORARINSSON (1979)
observô que mâs del 50% de los alcohôlicos que intentaton
suicidarse tenîan ademâs del alcoholismo otros diagnôsticos
adicionales, por lo que hay que pensar ccn BE3)SHM) (1964) que en mu
chos casos, la interacciôn entre el abuso del alcohol, persona-
lidad, y la existencia de alteraciones psiquiâtricas puede
ser el factor de suicidio primordial.
Es bien sabido que los sîntomas depresivos son muy fre
cuentes entre los alcohôlicos que se suicidan: BARRACLOUGH y
Cols. (1974), WEISSMAN y Cols. (1977), MURPHY y Cols. (1979),
-99-
BESCOW (1979). Oscilando la Incidencia de la depreslôn en el
alcoholismo entre un 28 y un 61% (WINOKUR, 1972; WOODRUFF y
Cols. 1973; CADORET y WINDKUR, 1974; ROBINS y Cols., 1977;
WEISSMAN y Cols., 1977). Si bien, tal como ha observado re-
cientemente BERGLUND (1984) suele tratarse de depresiones poco
severas excepto en un 2% de los casos, los sîntomas depresivos
son los mâs comunes en el periodo inmediatamente anterior al
suicidio en los alcohôlicos. Por otra parte, la alcoholdepen-
dencia enmascara, desde el punto de vista clinico, muchos cua-
dros depresivos (ALONSO-FERNANDEZ, 1978).
Los factores familiares y socio-ambientales, cobran una
especial importancia a la hora de valorar las tendencias sui
cidas en el alcohôlico. MURPHY y ROBINS (1967) y MURPHY y
Cols. (1979) demostraron como una gran proporciôn de hombres
alcohôlicos que se suicidaron, habîan experimentado la pérdi-
da de una importante relaciôn personal en las seis sémanas
anteriores al suicidio. KENDALL (1983) ha subrayado como un
importante factor a la hora de juzgar el por qué de una tasa
tan alta de suicidios entre los alcohôlicos, es el hecho de
que muchos estân divorciados. Efectivamente, el mal fîsico
y mental profundo tîpico del proceso de la dependencia alcohô
lica se agrava por la desintegraciôn del nucleo familiar y el
aislamiento social. La incapacidad de tolerar posibles frus-
Di
100 -
traciones en las relaciones interpersonales es el factor que
desencadena el acto suicida (DE VANNA y MALANNINO, 1980). Tan
to mâs cuanto que el efecto desinhibidor del alcohol puede
favorecer el "paso al acto" suicida; a la vez que aumenta la
gravedad cuando la têcnica elegida es la intoxicaciôn (mâs de
la mitad de los casos segûn BERGLUND, 1984), ya que el alcohol
potencia el efecto létal del producto elegido. Si la têcnica
elegida no es la intoxicaciôn, los métodos suelen ser siempre
mâs cruentos (GONZALEZ y Cols., 1982).
Se ha destacado ultimamente entre los factores de indo
le psicosomâtica que pueden favorecer el suicidio entre los
alcohôlicos a la ûlcera péptica. BERGLUND (19 84) ha encontra
do que la tasa de suicidios es très veces superior entre los
alcohôlicos con ûlcera pêptica que entre los alcohôlicos que
no la padecen. A este respecte hay que considerar también
la incidencia del suicidio y del alcoholismo entre los opera
dos de ûlcera. KNOP y FISCHER (1981) realizan un seguimiento
de rail pacientes que sufrieron resecciôn Bilroth, obteniendo
un 13,7% de muertes por suicidio tras unos 25 anos de segui
miento. El 50% de los suicidios eran alcohôlicos, pero lo mâs
curioso es que afirman que en la mayorla de los casos, el abu
so del alcohol se desarrollô despuês de la cirugia. En este
sentido hay que recordar la frecuencia con que se desarrollan
cuadros psicopatolôgicos tras intervenciones quirûrgicas.
Respecte de los toxlcômanos, es sabido, que constituyen
un grupo con especial riesgo de suicidio (BATTEGAY, 1965;
KIELHOLZ, 1967; POLDINGER, 1969). Todo toxicômano es un suici
da potencial con mâs acciones suicidas que los individuos de un
grupo control no drogadictos (FREDERICK, 1972). Algunas veces
los resultados son dramâticos; recordemos el suicidio-homiddio
colectivo de Jones Town (1979) en el que una gran mayorla eran
drogadictos o ex-drogadictos (REVERZY y SOUBRIER, 1979).
Algunos autores, como MENNINGER (1983) han pensado que
la toxicomania constituye un suicidio crônico que solo puede
terminer en la muerte. Un comité de expertos de la OMS (1975)
también ha afirmado que el consumo de heroina es una forma de
suicidio lento, no solo por el riesgo de muerte que entranan
las dosis excesivas, sino también a causa del riesgo de septi
cemia y de hepatitis y del deterioro flsico debido a la pérdi-
da de apetito y a una dieta déficiente. La toxicomania séria
entonces un sustituto de los tlpicos actos suicidas y servirla
para escapar de la realidad, pero tal como afirma STENGEL
(1965), si ésta fuera la ûnica relaciôn entre esos hâbitos y
los suicidios, estos ûltimos ûltimos deberîan ser infrecuentes
entre los adictos, y en realidad, ocurre lo contrario.
La extensiôn del concepto de équivalentes suicidas
a las drogodependencias, peca de excesiva generosidad segûn
ALONSO-FERNANDEZ (1985), ya que pasa por alto las motivaciones
— 102 —
inmediatas de los drogadictos, como la bûsgueda del placer,
la curiosidad, al alivio de su sufrimiento, la necesidad de
nuevas vivencias y la evasiôn de la realidad. Con el avan
ce de las drogodependencias afloran frecuentemente tenden
cies suicidas, casi siempre alentadas por un cuadro depres^
VO secundario o por la agudizaciôn de la situaciôn conflic-
tiva. Por otro lado, es frecuente observer como muchos pro
tagonistas de actos suicidas se vuelven despuês alcohôli
cos o drogadictos. Esta relaciôn ha sido explicada por
ALONSO-FERNANDEZ (1985) por una comûn tendencia al riesgo
entre los adolescentes. OLIEVENSTEIN (1979) cree que el
nexo de uniôn estarîa solamente en rechazar la existencia
tal como se vive.
PINSKER (1981) ha observado casos graves de sobre-
dosis por drogas, encontrando que los pacientes, una vez re
cuperados, niegan la intenciôn suicida, por lo que résulta
muy difîcil admitir que los casos de sobredosis puedan ser
enmarcados, en su conjunto, como acciones suicidas, ya que
en su mayorla parecen tener un carScter accidentai o confu-
âonal. Muchos actos autoagresivos cometidos por toxicôma-
nos suceden desencadenados por la no disponibilidad de la
droga en ese momento, y casi nunca por una intenciôn chanta
jista tal como afirmaba MORON (1977).
SOUBRIER (1983) ha manifestado como el toxicômano
puede morir de forma intencionada, no intencional y subin-
- 103 -
tencional; si bien el 80% de los casos de sobredosis se deben
a un desconocimiento del origen y composiciôn de la droga uti-
lizada, existiendo finalidad suicida solamente en un 5% de los
casos.
Las cifras varian mucho de unos paises a otros, en rela
laciôn con que el consumo de estos tôxicos se halle mâs o menos
extendido entre la poblaciôn, y en particular, entre que secto-
res concrètes de êsta. En Espaha, segûn estudios recientes,
los porcentajes obtenidos de toxicomania entre los que intenta
ron suicidarse se situa entre un 8% (GARCIA-MACIA y Cols.,
1984) y un 20% (MILLA, 1983).
Por ûltimo, destacar como ademâs de la muerte tôxica
producida por una sobredosis y la producida por diverses proce-
sos infecciosos o accidentes secundarios al abuso de estas su£
tancias, las drogodependencias pueden dar lugar a lo que
SOUBRIER (1983) ha denominado "muerte psîquica", es decir, la
subsiguiente a la evoluciôn intelectual casi terminal de la
psicosis de base, agravada por la farmacodependencia; relaciona
da con la profunda regresiôn de la personalidad que culmina en
una demencia y un estado psicôtico sin retorno, formado por un
sîndrome en el que destacan junte a la intoxicaciôn crônica,
los desôrdenes de personalidad, incuria, y deficit intelectual,
en un marco de ruptura social.
- 104 -
B-5.2.3-Esquizofrenia!
POKORNY (1984) calculô la tasa anual de suicidios consuma
dos por 100.000 esquizofrénicos en 167. Mâs recientemente
WILKINSON (1982) calcula una tasa anual que se situaria entre los
500 y 750 suicidios, unas 20 veces superior a la poblaciôn gene
ral (OSMOND y HOFFER, 1973). RENNIE (1939), WINOKUR y TSUANG
(1975) y MILES (1977) han comprobado que mâs de un 10% de los
esquizofrênicos mueren a causa del suicidio.
Algunos autores acusan a la esquizofrenia de ser el tras^
t o m o psicopatolôgico causante de un mayor nûmero de defunciones
por suicidio: TSUANG y Cols. (1980), RABINER y Cols. (1982),
ROY (1982), SCULLY y HUTCHERSON (1983). Otros la situan en un
segundo lugar, tras la depresiôn: POLDINGER (1969), SCHNEIDFR
(1982) , etc. .. EL porœntaje de suicidios ocnsumados por esquizofrênicos entre
enfermas psiquiâtricos ha sido evaluado en un 33% por ROY (1982) y
en un 55% por RABINER y Cols. (1982). Tras 10 anos de seguimien
to, POLDINGER (1969) halla un 1% de suicidios consumados por es
quizofrênicos, y MARKOWE y Cols. (1967) un 6%. NOREIK (1975)
en un seguimiento de 5 anos encuentra un 2,86% entre los hombres,
y un 0,25% entre las mujeres. También WARNES (1968) y ROY (1982)
confirman que un 80% de los suicidios consumados por esquizofrê
nicos son protagonizados por varones. BREIER y ASTRACHAM (1984)
llegan a encontrar un 90%.
V.
105 -
LEMPERIERE y DESLAURIENS (1961) calculzm que la relaciôn
tentativas/consumzKlos entre los esquizofrênicos es aproximadamen
te de 4/1. ROY y Cols. (1984) encuentran que el 55% de los esqu^
zofrênicos crônicos han realizado una o mâs tentativas de suici
dio. Los diagnôsticos de esquizofrenia entre las tentativas de
suicidio oscilan entre un 10% del total (LAUNAY y COL, 1964),
un 20% (BAKER, 1984), un 30% (NOREIK, 1975; ROY, 1982) y un 40%
(PINSKER, 1981), siendo este porcentaje mâs elevado cuando los
estudios eligen como muestra a enfermos hospitalizados.
STENGEL (1965) cree que los esquizofrênicos se suicidan
especialmente en los primeros estadios de la enfermedad, cuando
pueden experimenter el siniestro sentimiento de una catâstrofe
inminente. Su conducta externa todavîa puede ser completamente
normal, por lo que achaca al comienzo de una esquizofrenia aigu
nos misteriosos e inesperados suicidios de personas jôvenes.
LEMPERIERE y LAURIENS (1962) también han insistido en las difi-
cultades diagnôsticas en razôn de la escasa sintomatologîa que
presentan estos enfermos durante la fase que CONRAD (1963) ha
denominado de "tréma".
El esquizofrênico joven debe ser contemplado como un ser
que tiene un gran riesgo de suicidio, superior, segûn WALTZER
(1984) al del joven deprimido, particularmente si es autista
y con signos précoces de despersonalizaciôn y de divisiôn del
yo. Con no poca frecuencia, segûn BERGOUIGNAN (1963), sîntomas
de depresiôn atlpica corresponden al comienzo de una esquizofre
nia que se anuncia mediante una tentativa de suicidio.
Por otro lado la asociaciôn de sîntomas depresivos con
esquizofrenia favorece extraordinariamente las tentativas suici
das. Habiéndose destacado esta asociaciôn con especial inciden
cia en la esquizofrenia crônica, dentro de la cual se ha calcu
lado que de un 30 a un 50% de los esquizofrênicos padecîan sîn
tornas depresivos: FALLOON y Cols. (1978), KNIGHTS y Cols. (1979),
ROY (1980, 1981, 1982), ROY y Cols. (1984).
La tasa de incidencia de depresiones pospsicôticas, que
hacen irrupciôn cuando el cuadro esquizofrênico acaba de reraitir,
parece haberse elevado cuantiosamente en los ûltimos anos
(ALONSO-FERNANDEZ, 1984) , tal vez debido, en parte, a la depre
siôn sintomâtica producida por la administraciôn de neurolépti-
cos incisivos. Este autor ha descrito también como el esquizo-
firênico se déprimé al encontrarse a la vez sin el delirio y sin
un contenido real suficientemente sôlido para sustituirlo, con
lo que la supresiôn radical del delirio puede inducir al suici
dio. Su cuadro clînico suele consistir en una depresiôn inhibi
da simple, donde prévalece el lenguaje de pocas palabras, el
apagamiento psîquico y motor, la pérdida de iniciativa y espon-
taneidad y la tendencia al suicide.
107 -
Durzmte los episodios agudos de la esquizofrenia, el pe
riodo precedente al "paso al actd. suele estar caracterizado por
la apariciôn de conflictos o de un personaje hostil, ficticio o
real (GORCEIX y Cols., 1971); habiêndo considerado WAXBERG (1956)
que un 75% de estos suicidios pertenecen al tipo paranoide. El
padecimiento de alucinaciones auditivas persistantes teunbiên su-
pone un grave riesgo de suicidio (FALLOON y TALBOT, 1981) .
PINSKER (1981) encuentra cjje un 25% de los esquizofreénicos que
intentaron suicidarse liabîan oido voces que les impulsaban a ma-
tarse. ROJAS (1984) ha descrito un mayor riesgo de suicidio en
tre los esquizofrênicos con alucinaciones acûsticas de contenido
tanStico , los que tienen un delirio de carScter mesiSnico y los
angustiados ante la vivencia del fin del mundo. Pero también
muchos suicidios de esquizofrênicos se producen en forma de ac
tos impulsivos o raptus incomprensibles e incongruentes (ALONSO-
FERNANDEZ, 1978). Los suicidios ejecutados por esquizofrênicos
afectados por un delirio bajo el cual realizan acciones mortales
sin conciencia del riesgo objetivo que estas implican, ha sido
puesto en tela de juicio, ya que al no estar mediatizados por
una voluntad de muerte no pueden ser considerados como actos sui
cidas desde un punto de vista estricto.
La importancia de la readaptaciôn y reinserciôn social
y familiar dentro del proceso terapeûtico del esquizofrênico se
ha venido destacando durante las Gltimas dêcadas. Dicha readap-
taciôn y reinserciôn no solo son Gtiles para lograr la mejorla
- 108 -
del paciente, sino que tienen un marcado efecto profilSctico
<3el suicidio. No es raro, dice MORON (1977) , que un esquizo-
frénico aparentemente estabilizado reaccione con el suicidio
frente a las dificultades de la readaptaciûn social. Es mSs,
parece que una personalidad premôrbida antisocial supone un
mayor riesgo de suicidio (VIRKUNNEN, 1976). ROY (1982) ha
llegado a constatar que un 90% de los esquifrénicos que consu
ma ron suicidio estaban solteros y un 46,6% vivlan solos.
En muchos casos, han sido rechazados por sus familia
res. Tal como dice ROJAS (1984), un esquizofrênico puede suic^
darse por la influencia del aislamiento y soledad a que puede
verse sometido en la instituciôn psiquiâtrica en donde se en-
cüentra y al ver que sus familiares se han desentendido de êl.
Es importante cuidar al mâximo al enfermo cuando estâ remitiendo
de un cuadro psicopatolôgico, ya que puede ser entonces cuando
viva ese abandono de una forma especialmente marcada. ROY (1982)
y WALTZER (1984) han destacado como el desempleo junto con unas
escasas perspectivas de trabajo pueden, a su vez, favorecer la
tendencia suicida.
Se ha intentado hallar un periodo, tras la primera hospi
talizaciôn, en que el riesgo de suicidio fuese mâs destacado.
ROUSSELOT (1982) situa el pico de tentativas de suicidio en es
quizofrênicos en los cinco primeros anos, con un mâximo en el
aho siguiente a la salida del hospital. WALTZER (1984) recorta
este periodo en los très o seis meses posteriores al alta hosp^
talaria. Una mayor repeticiôn de las tentativas de suicidio
implicarîa un riesgo de muerte mâs elevado; el problema es gra
ve si consideramos que WILKINSON (1982) encuentra que un 33%
realizaron una o mâs tras diez o quince anos de seguimiento.
Sin embargo, algunos autores como SHAFFER y Cols. (1974) y
ROY (1982) no encuentran diferencias en el nûroero de tentativas
de suicidio anteriores entre los esquizofrênicos que consumaron
y los los que no consumaron suicidio.
En el estudio realizado por este ûltimo autor citado,
un 20% de los suicidios consumados por esquizofrênicos se reali
zaron durante la hospitalizaciôn. Un 25% en las dos primeras
semanas consecutivas al alta, un 30% durante el primer mes, un
50% dentro de los très primeros meses, y un 90% un ano despuês.
El riesgo de suicidio en pacientes esquizofrênicos, segûn han
calculado COPAS y FRYER (1980) disminuirîa en razôn inversamen-
te proporcional a la raiz cuadrada del tiempo del tiempo que
pasan bajo tratamiento psiquiâtrico en rêgimen de internamiento
hospitalario.
6.2.4.Otros:
Las neurosis, psicopatias y en general, los trastornos
de personalidad, junto con las denominadas crisis psicolôgicas
o reacciones vivenciales anormales o de ajuste, tienen una gran
110 -
relevancia en la conducta suicida; especialmente en lo que se re
fiere a tentativas de suicidio. El problema, a la hora de reali
zar una revisiôn bibliogrâfica, se centra râpidamente en la fal
ta de unidad de los diversos autores en lo que se refiere a cri-
terios nosolôgicos.
Abundan en la literatura especialmente têrminos diagnôs
ticos muy variados dentro de este campo nosolôgico, elegidos me
diante criterios no uniformes, y que por lo tanto pueden dar lu
gar a confusiôn y a dispersiôn de los datos obtenidos. Compren
demos, por otro lado, que todo afân homogeneizador conlleva un
deficit, mayor o menor, de precisiôn diagnôstica. Hallândose
fuera del contexto de nuestro trabajo actual los problemas que
atanen a la nosologîa psiquiâtrica, nos limitaremos a revisar
la incidencia de estos trastornos en la conducta suicida tal
como los refieren los distintos autores.
En lo que se refiere a tentativas de suicidio, adquiren
una gran importancia. Veamos algunos ejemplos de la représenta
tivided de su incidencia y de la disparidad nosolôgica; ANGLE
y Cols. (1983) encuentran que los "problemas de adaptaciôn" son
el diagnôstico mayoritario en las tentativas de suicidio reali
zadas por adolescentes.
También sobre adolescentes, FAU y Cols. (1965) encuentran
un 21,5% de "sîntomas neurôticos" y un 17,5% de "trastornos de
carâcter"; total: un 40%. ZIMBACA y Cols. (1963) un 15% de
"neurosis" o "rasgos neurôticos de la personalidad", un 37%
de "deseguilibrios psicopSticos" y un 5% de "crisis juveniles
graves" y un 8% de "personalidades atlpicas"; Total: un 65%.
SZYMASKA y ZELAZCHSKA (1964) encuentran un 11% de "neurosis
graves", un 48% de "neurosis ligeras", un 8% de "desôrdenes del
carâcter" y un 17% de "psicopatias"; total: un 84%.
Sin tener en cuenta la edad de los que realizaron tenta
tivas de suicidio, MONTGOMERY y MONTGOMERY (1982) encuentran un
diagnôstico mayoritario de "trastornos de personalidad", y
BERRIOS (1980) de "stres social grave". MURPHY y WELZEL (1982)
encuentran "trastornos de personalidad" en un 33% de los diag
nôsticos. BAKER (1984) un 28,5% de "reacciones de ajuste", un
10,5% de "personalidades borderlyne" y un 3,5% de "desgracias
no complejas"; total: un 42,5%. PINSKER (1981) un 16% de "de
sôrdenes de personalidad". PACHECO y Cols. (1981) un 40% de
"reacciones vivenciales anormales", un 4,6% de "neurosis'!, un
6,1% de "psicopatias"; total: un 50,7%. HANSEN y WANG (1984)
un 30% de "neurosis" y un 15% de "trastornos de personalidad";
total: un 45%. GARCIA-MACIA y Cols. (1984) un 24,4% de "tras-
t o m o s reactivos no calificados como enfermedades mentales” y
un 8,9% de "psicopatias"; total: un 33,3%. GIACALONE y Cols.
(1980) en ïiombres un 24% de "neurôticos"; un 5% de "trastornos
del carâcter" y un 10% de "psicopatias"; total: un 39%; y en
mujeres, un 27% de "neurosis" y un 12% de "trastornos del carâc
ter"; total: un 39%.
- 112 -
A la vista de estos datos, podemos calcular que, aproxi
madamente, de un 30 a un 40% de las tentativas de suicidio, son
promovidas por trastornos de personalidad (entendiendo este têr
mino en un sentido muy amplio, que englobe neurosis, desarrollos
neurôticos, psicopatias, crisis de adaptaciôn, etc...) GOLDNEY
(1981) ha descrito como entre las mujeres jôvenes que intentan
suicidarse abundeui los rasgos obsesivos de personalidad, sobre
todo entre las tentativas de mayor gravedad. HOBRUCKER (1983)
ha encontrado très trastornos de personalidad de especial rele
vancia dentro de las conductas suicidas: la personalidad depre-
siva, la neurôtica introvertida y la histérica. Esta ûltima,
habla sido destacada por STENGEL (1965) y MURTHY (1969) como
la principal responsable de los intentos que revestîan poca
gravedad, y destacarla por su teatralidad y su intensa reclama-
ciôn de atenciôn y afecto.
En la prâctica este concepto parece haberse exagerado,
de tal modo que en algunos casos, la atenciôn y el apoyo presta
do a sujetos de estas personalidades se ha visto mermado al ser
considerados como meros "chemtajistas que no pretenden quitarse
la vida"; concepto errôneo que ha tenido consecuencias fatales.
A veces por error, como dice SOUBRIER (1982), los adolescentes,
en un contexto neurôtico muy cargado en el piano imaginative,
queriendo solo poner en juego su muerte, llegan a la muerte por
suicidio. La ingestiôn de un medicamento "familiar" tôxico del
que no pueden prejuzgar la peligrosidad (colchicina, digital,...)
es el ejemplo mSs dramâtico.
- 113 -
Pero no solo el error puede explicar que un 4% de los
histêricos que se intentan suicidar fallezcan en el intento
(COLONNA y LOO, 1972). Hay estudios realizados en suicidios
consumados que aportan tasas elevadas para estos trastornos,
como el realizado por BORG y STAHL (1982) segûn el cual, un
32,4% de los fallecidos habla sido diagnosticado de neurosis,
y un 8,8% de situaciôn de crisis. También SCHONY y Cols.
(1984), al estudiar los suicidios consumados en Austria en
cuentran que una quinta parte de los mismos hablan estado
ingresados con anterioridad en hospitales psiquiâtricos, los
diagnôsticos de las historias clînicas eran principalmente:
personalidad anormal y neurosis, por encima de las psicosis
endôgenas (que representaban un 33%) .
Debemos reconsiderar entonces el riesgo de las perso
nalidades y neurosis histéricas, ya que son los que pasan con
mâs frecuencia a la realizaciôn de intentos de suicidio, que
no tan rara vez resultan mortales. En las neurosis de carâc
ter, el sujeto permanentemente ansioso, eternamente frustrado,
segûn MORON (1977), y desvalorizado, reacciona impulsivamente
con mucha frecuencia. En las neurosis obsesivas, la idea
obsesiva puede estar constituida por el mismo suicidio, pero
el paso al acto es muy infrecuente, aunque puede ser el resu^
tado de una lucha contra la pulsiôn.
- 114 -
El desarrollo anômalo de la personalidad de tipo psico-
pâtico tcu&bién muestra una especial afinidad por el suicidio
a causa de su impulsividad e inmadurez emocional, sobre todo
en la fase juvenil de la vida (ALONSO-FERNANDEZ, 1978), abun-
dando también entre el sexo femenino (ALONSO-FERNANDEZ, 1985).
STENGEL (1965) ha descrito una especial tendencia al suicidio
entre los psicopâtas antisociales, al series diflcil hacer
frente a sus intenses impulses agresivos.
GUILLO (1985) ha descrito el suicidio narcisista como
una forma de perpetuaciôn del propio yo, en la que el sujeto
se destruye para salvar le conciencia de si mismo arcaica,
la cual posee ilusoriamente los contenidos de fuerza y segur^
dad. Destruyendo su yo fîsico en un delirio corporal préten
de no temer a los demSs, impidiendo que el mundo le huya o le
aplaste.
En casos severos de anorexia nerviosa, el deficit ali-
menticio puede llegar a poner en grave peligro de muerte al
sujeto que la padece; pero en estos casos, segûn OTIN (1983),
suele faltar la conciencia de este grave peligro; por lo que
este aspecto incosciente,no reconocido,la racionalizaciôn o ne
gaciôn de la conducta y su carâcter insidioso y prolongado en
- 115 -
el tiempo podrîa llevarnos a considerar esta conducta dentro
de los actos autodestructivos indirectos o inconscientes descritos
por FARBEROW (1980). Aproximadamente un 3% de los anorexicos
mueren por suicidio (OTIN, 1983).
En los epilêpticos, el suicidio no es demasiado fre
cuente. PRUDHOME (1941) sobre 75.000 epilêpticos encuentra
que solamente un 0,1% mueren por suicidio. Tampoco estân muy
representados entre las tentativas, viniendo a suponer alrede
dor de un 3% del total de intentos de suicidio (PACHECO y
Cols., 1981). Los suicidios en los epilêpticos suelen produ-
cirse en el curso de distimias o de estados crepusculares
(ALONSO-FERNANDEZ, 1978),suelen tener un carâcter impulsive y
ocurren siempre con un trastorno de conciencia mâs o menos pro
nunciado, segûn ROJAS (1984), utilizândose, por lo general
técnicas cruentas que llevan en si el sello de lo violento.
Otras veces es una mezcla de violencia, ira y deseo de autocas-
tigo.
En las demencias, el suicidio es raro durante el perio
do de estado, siendo mâs frecuente al comienzo debido a las
reacciones melancôlicas que suelen asociarse, con ideas de
culpa, muerte y decadencia y con sentimientos de ineficacia e
inutilidad (MORON, 1977). FREEDMAN y Cols. (1982) también han
destacado el grave riesgo de suicidio que acompana al periodo
prodrômico, durante el cual el sentimiento de culpa es tan con
siderable que los pacientes se reprenden a si mismos por tras-
116 -
gresiones minimas en el pasado, y creen que han cometidos pecados
imperdohables; llegando a tal extreme la autoacusaciôn y autocon-
denaciôn que la muerte es deseada como alivio.
El suicidio consumado parece ser poco frecuente entre los
oligofrénicos, si bien, los actos autoagresivos sin riesgo de
muerte no son tan excepcionales entre ellos. PACHECO y Cols.
(1981) han descrito que un 2,3% de las tentativas de suicidio que
observaron, hablan sido protagonizadas por oligofrénicos.
La O.N.S. ha insistido en la importancia de los factores
psicopatolôgicos dentro del fenômeno suicida y las consecuencias
que esto supone a la hora de tomar medidas preventivas. Esta
estrecha relaciôn entre suicidio y enfermedad mental ha intenta
do ser explicada por SAINSBÜRY (1955), segûn el cual ambos fenô-
menos estarlan determinados por el mismo orden de causas socia
les, psicolôgicas y biolôgicas, que al combinarse, harlan que un
individuo tuviese predisposiciôn al suicidio, otro a una enferme
dad mental, y un tercero a ambas.
B-6.3- factores DE SALUD FISICA:
Una salud fîsica deteriorada favorece la conducta suicida.
Segûn ALONSO-FERNANDEZ (1978) , el pacedimiento de una enfermedad
corporal importante es uno de los très factores suicidôgenos
principales, junto con la depresiôn y la soledad. Segûn
SAINSBÜRY (1955) el padecimiento de una enfermedad de estirpe
somâtica actuô como factor principal en un 18% de los suicidios,
y como contribuyente en un 29%. Esta cifra sube a un 35% entre
las personas de edad avanzada (SAINSBÜRY, 1961).
Las enfermedades que mâs favorecen el suicidio parecen ser
las graves (STENGEL, 1965), las psicosomâticas (LITMAN y FARBEROW
1961), las crônicas (GAZZANO, 1973) e incurables (KIELHOLZ, 1967),
las que producen incapacidad fîsica, sobre todo si implica disnea
(SHNEIDMAN, 1982), y los traumatismos crêuieales (MORON, 1977).
El padecimiento de una de estas enfermedades somâticas también
puede inducir el suicidio entre los familiares o personas muy
allegadas al enfermo (PAYKEL y Cols., 1975); habiendo demostrado
COHEN (1961) que en la mayorîa de los suicidios dobles llevados
a cabo por matrimonios estâ presents la enfermedad fîsica en
uno y a menudo en «unbos cônyuges.
En las tentativas de suicidio, la enfermedad fîsica parece
estar menos representada que en los suicidios consumados, supo-
niendo segûn GARCIA-MACIA y Cols. (1984) un 3,8% de los casos.
OKASHA y Cols. (1981) establecieron que entre un grupo de pacien
- 118 -
tes con ideas suicidas habla un nüntero de emfermedades somâticas
très veces mayor que en el grupo carente de ideaciôn suicida.
La tendencia al suicidio parece estar aumentada entre los depre
sivos que se launentan continueunente de sus sîntomas somâticos
(STENGEL, 1965), mientras que segûn FAGIAN y SCARSO (1980), los
neurôticos con pocos sîntomas somâticos se suicidan mâs que los
que presentan sintomatologîa corporal abundamte.
Esta mayor tendencia al suicidio entre los sujetos que pa
decen una enfermedad grave o incurable ha sido achacada por al
gunos, en ciertos casos, al miedo a la muerte. Ya LUCRECIO
("De rerum natura",111, 110) escribla: "inspira el miedo a la
muerte un odio tal hacia la luz y vida, que con pecho angustia
do se dan muerte". ABADI (1973) ha descrito como el miedo a la
muerte lleva a una "locura defensiva" y ésta a un "suicidio
mâgico" para evitar la muerte y aplacar el miedo. KIELHOLZ
(1967) también ha puesto de relieve lo frecuente de las conduc
tas suicidas entre los pacientes que sufren un delirio de enfer
medad. El cancer, real o imaginario, parece desempenar en la
actualidad un importante papel en este sentido.
KUBLER-ROSS (1974) dice que cl factor anterior,es mâs fre
cuente de lo que puede pensarse, ya que los pacientes graves
son casi siempre conscientes de su muerte inminente aûn cuemdo
no se les haya dicho la verdad sobre la gravedad de su enferme
dad; y que suele asociarse una depresiôn que favorece el suicidio.
En muchos casos se trata de enfermedades que favorecen la
depresiôn e indirecteunente el suicidio, como ocurre con ciertos
tumores, diabetes, enfermedad de Parkinson, arterioesclerosis,
traumatismos craneales, enfermedad de Addison, determinados pro
cesos infecciosos, psicosis puerpérales, etc... En otros casos,
la depresiôn es favorecida por el tratamiento recomendado, como
es el caso de algunas drogas antihipertensivas (alcaloïdes de
la rauwolfia, roetil-dopa,...), radioterapia profunda, hormonas
esteroides, algunas dietas de adelgazeuniento, etc...
Las intervenciones quirûrgicas, especialmente las de ciru
jîa del aparato digestive (ROJAS, 1982) taunbiën pueden favorecer
el desarrollo de depresiones u otra sintomatologîa psiquiâtri
ca que favorezca el suicidio. En general, los intemamientos en
hospitales y asilos, tienen, segûn POLDINGER (1969) un efecto de
presivôgeno.
El dolor que acompana a muchos procesos patolôgicos
también podrîa actuar favoreciendo o desencadenendo la conducta
suicida (MORON, 1977; PACHECO; y Cols. 1981), aunque el stress
parece ser un mediador mâs importante entre la enfermedad fîsi
ca y la conducta suicida (LITMAN y FARBEROW, 1961; WEINBERG,
1970; SCHLESS y Cols., 1977).
Vemos, entonces, que la enfermedad fîsica favorece la con
ducta suicida a través del miedo a la muerte, el dolor, stress.
- 120 -
la Incapacidad y los sentimientos de inutilidad; por favorecer
la apariciôn de sîntomas psiquiâtricos, especialmente de tipo
depresivo, de una forma directe o a través de las correspondien
tes terapeûticas:farmacolôgica, dietética, quirûrgica, radiote-
râpica, etc..., especialmente si se requiere una hospitaliza
ciôn mâs o menos prolongada.
B-6 .4-FACTORES HEREDITARIOS, FAMILIARES Y CONYUGALES:
La herencia genética del suicidio, en si, es una posi-
bilidad absolutamente descartada. Los estudios puramente ge
nêticos como el llevado a cabo por KALLMANN y Cols. (1949)
en gemelos homozigôticos y heterocigôticos han confirmado la
ausencia de transmisiôn genética del suicidio; ya que como
afirma COSTA y Cols. (1977) algunos estudios genêticos obtu-
vieron éxito al realizarse entre aquelles enfermedades sobre
las que se fundamenta el suicidio, pero fracasaron al inten
ter considerar la suicidalidad en si misma. Lo mâs que se
puede afirmar en este terreno es lo ya considerado por
DURKHEIM (1897) : "Se hereda la alienaciôn, y por tanto la
suicidalidad". Sin embargo, los antecedentes suicidas en
la familia parecen favorecer en gran medida -ocho veces més,
segûn un estudio reciente (GARFINKEL y Cols. 1982)-, la apa
riciôn de conductas suicidas. Este fenômeno ha sido explica
do en parte en base a la existencia de an "aprendizaje" de la
conducta suicida.
En el caso de determinadas familias, mâs si existe un
componente psicopatolôgico hereditario, un sujeto puede
aprender la conducta suicida como una salida ante una deter-
minada situaciôn o como una forma de soluciôn ante una pro-
blemâtica interna y/o externa. Esto se verîa corroborado
por el hecho de que en muchas ocasiones la têcnica y el lu-
- 112 -
gar en donde se desarrolla el suicidio seem idénticos a los
elegidos por otros suicidas de la familia. Nosotros observa
mos en Madrid en 1984 el caso de una joven depriroida que se
mata arrojândose en el mismo lugar y el mismo dîa tal como
lo habla realizado su padre un aho antes, el cual también
habla sido diagnosticado de depresiôn endôgena.
Para que esta interiorizaciôn pueda producirse, es ne-
cesario, segûn ESTRUCH y CARDUS (1982) , que se dé una identi
ficaciôn afectiva del individuo con los agentes de la socia-
lizaciôn, que son fundeunentalmente aquellos que constituyen
su entorno inmediato, lo que HEAD (1972) llama "significat
others". Lo que explica que también existan lugares, sobre
todo en pequehas poblaciones, en que los suicidios son casi
todos realizados en un mismo lugar o mediante la misma téc-
nica (un puente, un arbol, etc...).
La existencia de "families suicidas" parece ser un he
cho constatado (BERGSTRAND y OTTO, 1962) y es un "factor
suicidôgeno" segûn ALONSON FERNENDEZ (1978) la presencia de
antecedentes suicidas en el arbol genealôgico. MURPHY y
WETZEL > (1982) estudiando tentativas de suicidio encuentran
antecedentes suicidas en la familia en un 24% de los casos,
GARCIA-MACIA y Cols. (1984) en un 10,3%. ROY (1983) al estu
diar 243 pacientes con historia familiar de suicidio encuen
tra que un 48,6% han intentado el suicidio, similar al 48%
123 -
de MURPHY y Cols. (1982). DANTO Y KUTSCHER (1977) han puesto
de relieve el problema que se plantea en los aunigos y faunilia
res del suicida fallecido, ya que segûn elles, un 25% sufren
depresiôn, y dado este "aprendizaje" o "imitaciôn", muchos
reaccionan mediante conductas suicidas o autoagresivas, por
Ib que, desde el punto de vista preventive, résulta necesario
prestarles ayuda psicolôgica.
Se ha destacado taunbién, dentro del contexte de la fa-
milia, la importancia de las pêrdidaspaternas durante la in-
fancia y de los hogares deshechos corne factores predisponen-
tes al suicidio. ZILBORG (1936) piensa que la identifica-
ciôn con los muertos se agudiza durante la primera infancia,
pudiendo emerger de nuevo, mSs tarde, por poco que un con-
flicto reactive la antigua reacciôn; segûn él, y desde el
punto de vista psicoanalîtico, el mayor riesgo estarîa en
la pêrdida de un ser querido (sobre todo, padre o madré) en
tre los cuatro y seis anos y al iniciarse la adolescencia.
SHNEIDMAN (1976) destaca también que los Membres que se sui
cidan presentan, a menudo, deprivaciôn de los padres.
PALMER (1941) encuentra que 17 de 23tentatives estudiadas
habîan perdido a une de sus padres oa cunbos antes de los
14 anos. SIMPSON (1976) estudia las mujeres que intentan
suicidarse por automutilaciôn y encuentra en ellas una alta
incidencia de deprivaciôn de la madré. BIRTCHNELL (1970),
LESTER (1970) y STANLEY y BARTER (1978) también encuentran
una mayor incidencia de muerte o ausencia' de los padres
en las tentativas de suicidio estudiadas.
GREER (1966) y CASSORLA (1984) encuentran ademés que
la primera tentativa es mSs precoz entre los sujetos con
pérdida paterna durante la infancia. JACOBZINER (1960)
encuentra muerte del padre en un 8% de los intentes de
suicidios realizados por personas de 8 a 19 anos. Pero
segûn CROOK y RASKIN (1975) la pérdida por muerte es pa
recida en los grupos suicidas, deprimidos y contrôles; '
le que destaca como més frecuente entre los suicidas es la
separaciôn (antes de los 12 anos de edad) de une o ambos
padres por abandono, divorcio o separaciôn. GOLDNEY (1981)
encuentra en su muestra de tentativas un 10% de muerte de
los padres durante la infancia y un 20% de pérdida de uno
de los padres por separaciôn y/o divorcio.
GAULTIER y Cols. (1965) encuentran ausencia del padre
en un 40% de las tentativas estudiadas. MORON (1977) con
sidéra que las carencias paternas son mucho mis importan
tes que las maternas, que tan solo afectan a las mujeres
y en menor cuantla, hecho que habia llevado a SUTTER y
Cols. (1964) a pensar que, en definitive, el problema es-
taba centrado en la ausencia de autoridad paterna. Sin
- 125 -
embargo el estudio de MORGAN y Cols. (1975) no apoya total
mente estas afirmaciones, ya que en las tentativas estudia
das encuentra separaciones (en edad anterior a los 10 anos)
del padre en un 22% de los casos y de la madré en un 15%.
Considerando separaciones anteriores a los 15 anos de edad,
la diferencia se acorta, con cifres de 29% para el padre y
21% para la madré.
Vemos como en lîneas générales, en las tentativas de
suicidio, el medio familiar aparece, generalmente bastante
perturbado. Bien por la ausencia de un padre o por un con
flicto entre los padres (ANTON y Cols., 1984), lo que con-
cuerda con el hecho de que "vivir felices con su familia"
sea el objetivo mis frecuentemente deseado por la pobla-
ciôn infantil segûn datos obtenidos por SAINZ (1984).
La separaciôn o divorcio de los padres parece tener
una importancia capital (ROSS y Cols.,1983), ya que en
definitive, lo esencial radica en la rupture o disocia-
ciôn de la estructura familier (ALONSO-FERNANDEZ, 1978;
CHOQUET y DAVIDSON, 1984), que conduce a una falta de inte
graciôn del sujeto dentro de la misma (BARTER y SWABACK,
1968; GUZE y BORINS, 1974). Estas families han venido de-
nominindose "bro)cen homes" u "hogares rotos" y definidos
por BRUHN (1962) como los caracterizados por la ausencia
- 126 -
o pérdida de uno o ambos progenitores por la muerte o se
paraciôn debida a la desarmonla conyugal durante périodes
de sels meses o més, euites de que el paciente hubiese al-
canzado los quince anos; en los sujetos que intentan sui
cidarse abundarân mis este tipo de hogares (BRUHN, 1962;
DORPAT y Cols., 1965; STENGEL, 1965; WEROY y PEDDER,
1976).
POLDINGER (1969) acusaba a muchos de estos estudios,
de no cumplir las mînimas exigencies cientificas. Revisan
do trabajos sobre tentativas de suicidio, encontrcunos ho
gares rotos en proporciones que oscilan entre el 22 y el
92%: TUCKMAN Y CONNON (1962), LAWLER Y Cols. (1963), DOR_
PAT y Cols. (1965), JACOBZINER (1965), WINN y HALLA (1966),
HALDANE Y HAIDER (1967) , KOHLER y CHAMBARD (1967) , DUCHE
(1968), SCHURT (1968), SENSEMAN (1968), BRANZE y Cols.
(1972), SHAFFER (1974), TOOLAN (1975), ROHN y Cols. (1977),
CRUMLEY (1979).
Entre los autores que usan algûn tipo de grupo con
trol, algunos no encuentran diferencias significatives,
como es el caso de JACOB y Cols. (1967), MATTSON y Cols.
(1969), PECK y SCHRüT (1971) y WEISSMAN y Cols. (1973);
pero la mayorla sî que encuentran una mayor frecuencia de
hogares rotos entre el grupo suicida: WALTON (1958),
BRUHN (1962 y 1963), GREER (1964 y 1966), BIRTCHNELL (1970)
— 127 —
STANLEY y BARTER (1970), BARTFOS (1971), KOSKI (1971),
CROOK y RASKIN (1975), GOLDNEY (1981).
No solamente el hecho de haberse desarrollado den
tro de un hogar deshecho en un sentido estricto puede fa
vorecer la conducta suicida. Segûn ALONSO-FERNANDEZ
(1985) el imperio del autoritarisme familiar y la falta
de control por parte de los adultes son factores contra-
puestos que coinciden en fomenter entre los adolescentes
las mismas inclinéeiones a las conductas de evasiôn y de
alto riesgo. Segûn el autor, el principal fallo de los
padres estarîa en la incapacidad de adopter ante los hi-
jos una posture serena y comprensiva, siendo el conflicto
padre-hijo el dato nuclear mis frecuente de la situaciôn.
SHNEIDMAN (1976) también destaca la importamcia de los
conflictos con el padre y POROT (1965), en las mujeres,
la dificultad de identificaciôn con la madré. Segûn ROSS
y Cols. (1983) las ideas suicidas estarîan asociadas con
madrés intolérantes y ofensivas y padres castigadores; y
en general con un patrôn de educacién negative del padre
del mismo sexo, caracterizado porque ambos padres favore-
cen a los hermanos en vez de al sujeto en cuestiôn y por
que ambos padres no estimulan, engendran culpa, rechazan
al individuo y no son afectuosos.
- 128 -
Otro factor a considerar en las sociedades desarro-
lladas, segûn HENDIN (1960, 1961), es el hecho de que las
madrés comiencen precozmente a inculcar a sus hijos sen-
tlmientos de culpa y de verguenza, creando trempranos sen
timientos de responsabilidad y de deber moral que pueden
derivar posteriormente en autoacusaciones y comportamien-
tos autoagresivos. PECK y LITMAN (1974) y mis reciente-
mente LADAME (1981) hablan de una exagerada identifica-
ci6n entre padres e hijos relacionada con una taunbién exce
Siva preocupaciôn por el triunfo propio y el de sus hijos.
Aunque esta preocupaciôn, en si, no séria anormal, en ta
ies padres tenderia a compensar sus' sentimientos de fraca-
so, de incapacidad y de inseguridad. Quieren ver cumpli-
dos en sus hijos los triunfos que soharon para si mismos y
tienden por eso a bloquear otras clases de comunicaciôn,
especialmente las que giran en torno a los fallos de sus
hijos. Las exprèsiones de éstos ûltimos relacionadas con
sus sentimientos de infelicidad, frustraciôn y fracaso
son totalmente inaceptables para sus padres. Estos senti
mientos de incomprensi6n e incomunicaciôn familiar son muy
frecuentes entre los que intentan suicidarse (PECK y
LITMAN, 1974; SIMPSON, 1976; CHOQUET y DAVIDSON, 1984). La
situaciôn se agrava en los adolescentes si considérâmes
que muchos tienen dificultad para encontrar ayuda psicolô-
gica fuera del circule familiar (BOLLEA y MAYER, 1968).
- 129 -
ROSENTHAL y ROSENTHAL (1984) estudian 16 nif.os sui
cidas en edad preescolar, encontrando que 13 de éstos, es
decir un 80%, no eran deseados por sus padres, los cuales
les habian abamdonado o maltratado fisicamente. La falta
de una relaciôn segura con una figura parental en la infan
cia puede ademSs dificultar el posterior establecimiento
de relaciones afectuosas con otras personas (STENGEL, 1965)
favoreciendo el aislamiento social, otro de los graves fac
tores favorecedores de la conducta suicida. Segûn
BANCROFT, y Cols. (1976) estos dos factores, falta de cari
no y sentimiento de soledad constituyen los dos pilares fun
damentales de la conducta suicida.
Estos factores de falta de carino y de atenciôn, jun
to con sentimientos de soledad adquieren también una espe
cial importancia entre las personas de edad avanzada, cons-
tituyendo lo que NICK y Cols. (1966) han denominado "suici
dio por abandono". El inevitable aislamiento social y psi
colôgico de los ancianos esté acentuado por la tendencia
del grupo familiar de nuestra sociedad a desmembrarse en
sus més pequenas unidades. La prosperidad, segûn STENGEL
(1965) ha favorecido esta tendencia, de forma que para
dos o très generaciones de una familia, vivir juntos bajo el
mismo techo es sentido como una opresiôn intolerable. Vivir
en grupo familiar numeroso, prâctica que todavîa es un ras-
go de vida social en las partes menos prôsperas del mundo,
- 130
tiene algunas desventajas, pero el hecho de estar libre
de los lazos restrictivos de la feunilia, as! como de sus
tendencies perturbadoras, se ha tenido a menudo que pagar
con el aislamiento social, que es el denominador comûn de
una serie de factores correlacionados con una alta tasa
de suicidio. La ubicaciôn en asilos o internados benéfi-
cos, expresiôn frecuente de rechazo o abandono familiar,
suele former parte de la historié de numerosos suicidas
(MORON, 1977).
Los problèmes cunorosos y conyugales también parecen
favorecer la conducta suicide entre'los interesados. Es
pecialmente entre las adolescentes del sexo femenino , el amor
contrariado parece ocupar un puesto muy destacado (OTTO,
1965; KESSEL, 1965; WETBRECKT, 1965; ROJAS, 1984).
TUCKMAN Y Cols. (1966) han subrayado la importancia de la
falta de apoyo y de la incompatibilidad conyugal, que en
algunos estudios como el de ROSENMAN (1983) ha llegado a
constituir el dato biogrSfico principal del suicida. Es
ta mayor tendencia al suicidio constatada en numerosas
ocasiones entre los separados, divorciados y viudos, ya
ha sido revisada anteriormente en el apartado sobre el
estado civil.
- 131-
B-6.5-FACTORES SOCIO-AMBIENTALES y SOCIO-ECONOMICOS;
SAINSBURY (1955) al estudiar casi 400 suicidios consuroados,
describe que los factores sociales (entendidos en un criterio muy
amplio ), actuaron como factores principales en un 35% de los ca
sos, y en un 60% como factores contribuyentes. Parece comprobado
que ciertas circunstancias o cambios sociales pueden actuar favo
reciendo o desencadenando conductas suicidas, dentro del "polide-
terminismo convergente" (DESHAIES, 1947) de factores dentro de la
etiologîa suicida.
El acto suicida, es un acto individual por excelencia
(CIORAN, 1974), pero que en muchos casos supone un intento de co
municaciôn (SOURIS, 1975). Los actos de suicidio pueden ser in
cluse un lenguaje (LABORIT, 1984) que toma la angustia de la muer
te como un ûltimo recurso para obtener la atenciôn de los demSs.
Numerosos autores han puesto de relieve como la muerte es negada
por la sociedad actual (MAX SCHELLER, 1934; MERLOO, 1966;
SUNDOW, 1971; HEIDEGGER, 1974; KASTENBAUM, 1974; VEIL, 1974;
FOUCAULT, 1976, etc...), lo que favorece, segûn MENAHEM (1974)
el recrudecimiento de las conductas suicidas.
Los cambios experimentados por la sociedad actual respecte
de ciertas costumbres, creencias, etc... han sido considerados
por HALBAWCHS (1930) como favorecedores del suicidio porque créa
132 -
rian un "vacio social" en torno del individuo, con la subsiguien
te pérdida de su integraciôn social (DURKHEZM, 1897). Efectiva-
mente, las relaciones establecidas entre el individuo y el
ambiente social son muy importantes para que este encuentre un
sentido a su vida (VON ANDICS, 1947) , y si la vida no tiene un
sentido, el suicidio puede hacer su apariciôn con gran facilidad
(ADLER, 1975).
El hombre se suicida, como diria ORTEGA Y GASSET, cuando
no encuentra faceta alguna en el orbe donde su actitud pueda in
sertarse, tanto més, si descubre que su vida ha sido un fracaso
(LAIN ENTRALGO, 1985). Muchos suicidios estén relacionados con
una crisis de identidad social, que secundarieunente da lugar a
una crisis de identidad personal (GOFFMAN, 1970) .
La soledad,es uno de los factores que més favorecen el sui
cidio (POLDINGER, 1969; GAZZANO, 1973; ALONSO-FERNANDEZ, 1978;
ROY , 1982; ROJAS, 1984; etc...), tanto si se trata de una pér
dida, como de una carencia primaria de contactos interhumanos
(KIELHOLZ, 1967); siendo a menudo el resultado de muchos facto
res sociales considerados como predisponentes al suicidio. Es
conocido como los sentimientos de soledad e incomunicaciôn son
cada vez més frecuentes en una sociedad caracterizada, paradoj^
camente, por un gran desarrollo de los medios de comunicaciôn y
por la condensaciôn de grandes masas de poblaciôn en nucleos
urbanos. Estos sentimientos se ven también favorecidos por los
- 133 -
cambios operados en la dinâmica familiar, que ya hemos expuesto
con anterioridad. Por otro lado, no hay que olvidar que la sole
dad puede dificultar el evitar que una tentativa de suicidio pro
duzca la muerte, al no haber testigos del acto suicida que pue-
dan intervenir a tiempo.
Se ha pensado tradicionalmente que existla una relaciôn d^
rectamente proporcional entre tasas de suicidio y densidad de po
blaciôn (STENGEL, 1965); sin embargo, LEVY y HERZOG (1974, 1978)
no han constatado que esta influya en los niveles de suicidio;
es més, recientemente SEIDEN (1984) ha obtenido una relaciôn in
versa, con lo que hay que poner en tela de juicio la influencia
de la densidad de la poblaciôn sobre el suicidio. Més probable
parece la tesis confirmada por WECHSLER (1961) segûn la cual el
suicidio esté relacionado, més que con la densidad demogréfica,
con la velocidad de crecimiento de la poblaciôn de las distintas
ciudades. La menor incidencia del suicidio en las éreas rurales
(STENGEL, 1965; CALZADILLA, 1983; etc...) no se ve confirmada
por algunas estadîsticas (OMS, 1976), si bien la fiabilidad de
las estadîsticas oficiales es muy escasa, tal como anteriormente
hemos comentado, y es muy difîcil la comparaciôn entre distintos
estudios.
Se ha descrito como el nûmero de suicidios se eleva durante
les periodos de crisis econômica; DURKHEIM, 1897; SAINSBURY, 1955;
STENGEL, 1965; SPOERRI, 1975; MORON, 1977; BRENNER, 1979, etc...
- 134 -
Este ûltimo autor demuestra que se produce también un incremen-
to de la mortalidad de etiologîa no suicida, explicando el fe-
nômeno por la caida de las estructuras familiares y sociales,
adoptândose hâbitos peligrosos para la salud. El aumento del
desempleo provocado por las crisis también ocupa un papel impor
tante, ya que la falta de trabajo, dentro o fuera del marco de
una crisis econômica, constituye un factor favoreceder del sui
cidio (SAINSBURY, 1955; DRUHN, 1962; WEISSMAN, 1974); algunos
estudios como el de ROY (1982) observan que esta influencia so
lamente se ejerce sobre los hombres, pero otros como el de
DORPAT y Cols. (1965) observan que el desempleo del padre favo
rece la oondbcta suicida en los hijos. Junto al desempleo hay
que considerar los problemas econômicos (SCHNEIDER, 1982) y las
pêrdidas materiales (POLDINGER, 1969).
Se habîa pensado que el suicidio entre los ancianos se
veîa favorecido por la ausencia de pensiones de jubilaciôn, o
por lo reducido de la cuantîa de éstas. Sin embargo cuando
SAINSBURY (1961) compara las tasas de suicidio en veinte paises,
encuentra que no puede establecer una relaciôn con la existen-
cia o cuantîa de las pensiones; es més, en diez paises la intrc
ducciôn de sistemas de jubilaciôn no determino una dismiriuciôn
de la tasa de suicidios en las personas de edad.
La pobreza no parece guardar una relaciôn clara con el
suicidio; la relaciôn debe establecerse segûn KINGSLEY (1979)
en la importancia que se da a los valores materiales, ya que
- 135 -
expone como en Calcuta, no hay casi suicidios, siendo la po
blaciôn muy pobre, mientras que en ciudad de México la tasa
de suicidios es alta, siendo pobres también; ejemplo que ha-
ce extensive a todos los paises en los que por motives cultu
rales se da gran importancia a los valores materiales. La
mayor incidencia entre las clases econômiceunente més favore
cidas (WEISS, 1959; MORON, 1977) no parece ser un hecho sufi^
cientemente demostrado (FREEDMAN y Cols., 1982).
La insatisfacciôn laboral (FREEDMAN y Cols., 1982) y en
general, los problemas profesionales favorecen las conductas
suicidas, especialmente entre los hombres (POLDINGER, 1969),
siendo frecuente encontrar entre los suicidas una historia
profesional inestable (ALONSO-FERNANDEZ, 1978; SHNEIDMAN,
1982). Algunas profesiones parecen estar més expuestas al
suicidio, particularmente los abogados (OMS, 1969), los médi-
cos (THOMAS, 1969) y los odontôlogos (STENGEL, 1965), siendo
los psiquiatras los médicos especialistas que més se suicidam
(BLACHLY y Cols., 1968); pero estas afirmaciones no se han
visto confirmadas més recientemente (KELLY, 1973; FREEDMAN
y Cols., 1982). MORON (1977) ha descrito un mayor indice de
suicidios entre los militares y las prostitutas.
Se ha descrito como los suicidios bajan de frecuencia
durante las guerras (SPOERRI, 1975), no solamente en los pa^
ses beligerantes, ya que durante las guerras mundiales se
136
observé asimismo una disminuciôn del indice de suicidios en al
gunos paises neutrales (MORON, 1977). En los campos de concen
traciôn taunbién son muy poco frecuentes los suicidios consuma-
dos (KORNHUBER, 1961; GAZZANO, 1973; ALONSO-FERNANDEZ, 1978)
por igual que en las leproserias (GAZZANO, 1973) y en las
cérceles (KORNHUBER, 1961) . Sin embargo, en este ûltimo aspec
to, se ha descrito el ingreso en prisiôn como un factor favore
cedor de la conducta suicida (POLDINGER, 1969), que en muchas
ocasiones tiene un môvil chantajista (PRADOS, 1985).
Taunbién la realizaciôn de actos delictivos (POLDINGER,
1969), especialmente entre los adolescentes con dificultades
en los estudios parecen relacionarse con una mayor propensiôn
a la conducta suicida (SHNEIDMAN, 1982). KERFOOT (1984) ha
encontrado entre los jôvenes que realizan un intento de suici
dio, que un 25% habian pasado por los tribunales como protago
nistas de actos delictivos, un 33% tenîan sérias dificultades
en sua actividades escolares, y un 50% se habîan fugado de su
casa en alguna ocasiôn.
La imitaciôn y sugestiôn han sido incluidas dentro de
los factores sociales que pueden contribuir al desarrollo del
suicidio. DURKHEIM (1897) refiere varios ejemplos histôricos,
para concluir que "siendo cierto que el suicidio es contagioso
de individuo a individuo, no influye en la cifra social de los
mismos". Hay que pensar con STENGEL (1965) que résulta impro-
137 -
bable que el solo impulso de la imitaciôn, por un mecanismo de
identificaciôn, determine a alguien a quitarse la vida, a no
ser que esté predispuesto a tal acciôn; consistiendo las
"modas suicidas" en una preferencia por ciertas têcnicas o por
determinados lugares. Por lo que hay que considerar la imita
ciôn, mSs bien, como un factor desencadenante; por lo que no
deja de tener una gran importancia, ya que segûn FREEDMAN y
Cols. (1982) muchas personas estân en estado suicida solamente
duremte cierto tiempo, con lo que evitamdo factores desencade
nantes puede evitarse su suicidio.
La peticiôn de no incluir en los medios de comunicaciôn
noticias acerca de formas de suicidio "llamativas", parece ser
entonces, algo justificado (POLDINGER, 1968). Siendo de part^
cular importancia la forma en que se habla de tales sucesos,
ya que tal como advirtiô DURKHEIM (1897), alii donde estas
prâcticas son aborrecidas, los sentimientos que originan de
traducen a traves de los relatos que de ellos se hacen, y por
consiguiente, neutralizan mâs que excitan las predisposiciones
individuales. Pero, a la inversa, cuando la sociedad esté de-
samparada, el estado de incertidumbre en que se encuentra le
inspira una especie de indulgencia para estos actos que se ex
teriorize cada vez que se habla de ellos, con lo que el ejemplo
résulta verdaderamente nocivo, no en cuanto ejemplo, sino por
que la tolerancia o la indiferencia social disminuyen la repu^
siôn que debiera inspirer.
- 13 8 —
La acujnulaciôn de suicidios tras la divulgaciôn informât^
va de actos de este tipo, incluso a traves del cine es un hecho
demostrado segûn POLDINGER (1968). Incluso segûn PHILLIPS
(1977) los accidentes de autoroôvil, una importante forma de su^
cidio encubierto (SOUBRIER, 1982), aumentan después de la publ^
caciôn de un hecho de suicidio. En este sentido, VEDRINNE
(1965) también ha destacado la influencia nociva que ciertos
articules sobre suicidio han ejercido sobre los enfermes menta
les, dada su mayor sensibilidad frente a las informaciones de
los medios de comunicaciôn.
La reciente publicaciôn de GUILLON y LE BONNIEC (1982):
"Suicide. Mode d'emploi”, en la que se relatan los medios mâs
eficaces y menos dolorosos para consumar el suicidio, a la vez
que se habla de "las repugn êinte s pretensiones de curaciôn de
depresivos proclamadas aqui y allé por la clase médica", ha si
do un escândalo en este sentido. Por o a pesar de la intensa
reacciôn de médicos y farmaceûtucos, el libro alceuizô una rSpi
da divulgaciôn en Francia. Como resultado, MORON y Cols. (1982)
atienden a los pocos meses de la apariciôn del libro, très ten
tavivas de suicidio directaunente inspiradas por él.
También se ha descrito la influencia de la imitaciôn y
sugestiôn dentro de los suicidios dobles o colectivos, por
otro lado muy poco frecuentes (DELMAS, 19 32), aunque mâs bien
parece que en muchas ocasiones no existe un verdadero acuerdo
- 139 -
entre los participantes, y cuando mâs, los otros aceptam pasiva
mente la decisiôn de un sujeto que destaca como el principal e
incluso ûnico iniciador (COHEN, 1961; STENGEL, 1965; HEUYER;
1973).
140 -
B-6.6- otros factores
B-6.6.1- Factores côsmicos.
"Las estaciones ejercen un conocido imperio sobre el sis-
tema de la economia animal, parece que el clrculo prodigioso
de nuestras enfermedades gira con los signos diversos de que
se corona el ano", escribia ALIBERT (1803) recordando como "el
mismo Hipôcrates ha eternizado esta verdad, intimamente con-
vencido de que el estudio del mundo debe ser preliminar al e£
tudio del hombre". Ciertamente, parece ser que Hipôcrates
consideraba a la mania y a la melancclia como desôrdenes de
la primavera (ZILBORG, 1941).
Tradicionalmente se pensaba que la incidencia del suici
dio era mayor durante las estaciones mâs sombrias, es decir,
durante el otono y el inviemo. Esquirol comenzô a dudar de
esta teoria, que DURKHEIM (1897), tras un anâlisis en profun
didad desecha por completo. Segûn él, son mâs frecuentes
los suicidios durante los meses mâs calurosos (de Marzo a Ago£
to inclusives) con una indencia mâs elevada en Junio, Julio y
Agosto; y asegura: "No existe un solo pais que constituya una
excepciôn de esta ley". Dur)îheim interpréta estos resultados
relacionando el mayor nûmero de horas de luz de estos meses
con un mayor numéro de horas de actividad social y laboral y
por tanto una mayor influencia de los factores sociales noci
ves. Lo que pensô haber confirmado al comprobar que se eféc-
tuaban mâs suicidios durante los dias laborables que durante
los fines de semana.
La opiniôn mâs generalizada es la de un mayor incremento
de los suicidios durante la primavera (ALONSO-FERNANDEZ,
1979), y la época de Navidad en nuestras antipodas (STENGEL,
1965), que algunos achaean a una mayor incidencia de la de-
presiôn durante la primavera (ROJAS, 1984), que no han podido
confirmer RARE y Cols. (1978), quienes sin embargo encuen
tran una mayor incidencia de mania y esquizofrenia durante
el verano, corroborando los estudios sobre la mania de
SYMONDS (1976), WALTER (1977) y MYERS (1978).
La variaciôn estacional de la frecuencia del suicidio,
no parece muy évidente: ZUNG y Cols. (1974) no encuentram di-
ferehcias en esta incidencia, FARBEROW Y SHNEIDMAN (1969)
tampoco; SCHONY y Cols. (1984) encuentran una menor frecuen
cia de suicidios en Febrero y Agosto, que alcanza su cifra
mâxima en primavera, pero sin que las diferencias sean signi
ficatives. Similares son los datos obtenidos por GIACALONE
y Cols. (1980). JACOBIZNER y RABIN (1961) encuentran una
mayor incidencia en primavera, por igual que LESTER (1971) y
EASTWOOD y PEACOCKE (1976) pero estos dos ûltimos decriben
otro pico también durêmte los meses de otono, datos corrobo-
rados en el estudio de MARTI (1983) , y en el de MEARES y
Cols. (1981) , si bien estos ûltimos hallan este ciclo dcble en Tas
mujeres, pero no en los hombres. GORCEIX y ZIMBACCA (1968) ,
sin embargo, describieron un doble ciclo para los hombres
(Julio y Noviembre) y uno sencillo para las mujeres (Julio).
- 142 -
Se ha pensado que la melatonina podîa estar implicada en
la mayor frecuencia de suicidios durante ciertas êpocas del
ano, debido a las relaciones que mantiene con los estlmulos
luminicos. CARDINALI (1981) observô como la produceiôn de me
latonina tiene una perioricidad circadiana dirigida por senales
neuronales originadas en la retina. Detectândose variaciones
estacionales de sus niveles en suero (ARENT y Cols., 1984) y en
orina (WETTERBERG, 1983), que podlan relacionarse con oscilacio-
nes de la luminosidad (LEWY y Ccls., 1981, 1982, 1983) que pro-
dujesen una desregulaciôn de la secreciôn de melatonina.
Esta alteraciôn de los niveles de melatonina se ha relacio
nado principalmente con la depresiôn (WETTERBERG y Cols., 1979;
MENDLEWICZ y Cols., 1979; WIRT-JUSTICE y ARENDT, 1980; PARKER y
WALTER, 1982; ROSENTHAL y Cols., 1983; NAIR y Cols., 1984;
FRAZER y Cols., 1984; etc...) aunque algunos la relacionan
también con la fatiga (AKERSTEDT y Cols., 1982; ARENDT y Cols.
1984) o con el stress psîquico (SINGH y Cols., 1980); pero
PARKER y WALTER (182) no han encontrado diferencias significat^
vas en las tentativas de suicidio ni en los suicidos consumados.
Por tanto, todo parece indicar que aunque un gran nûmero
de autores describen ciertas variaciones estaciones en la fre
cuencia de apariciôn de conductas suicidas, estas no siempre
concuerdan, o son poco significativas desde el punto de vista
estadîstico. En general, estas variaciones estacionales pare-
143 -
cen mas relacionados con la base psicopatolôgica del fenômeno
suicida, que con el suicidio en si. No obstante, puede admitir
se que durante la primavera se produce un nûmero de suicidios
que superan al de otras êpocas del ano, pero sin que esta dife
rencia sea tan ostensible como para que se pueda destacar una
influencia marcada de algûn factor favorecedor o desencadenante
de la conducta suicida; otra cuestiôn es la que atane a la base
psicopatolôgica del fenômeno suicida.
- 144 -
B-6.6.2- Factores Religiosos.
Ya a finales del siglo XIX, TARDE (1886) explicaba el me
nor indice de suicidios de los paises del Sur, por una mayor
prâctica religiosa. DURKHEIM (1897) afirma que el suicidio
tiene una mayor incidencia entre los protestêmtes, que entre
los catôlicos, ya que estos ûltimos poseen un menor indivi-
dualismo religioso a consecuencia de la integraciôn mâs
fuerte de la Iglesia Catôlica; en este sentido, se explica
que los protestantes ingleses estén mâs inmunes que el resto
por la mayor integraciôn que représenta la Iglesia Anglicana.
Los judios serian los menos afectados de los très grupos,
gracias a que el hecho de vivir en un ambiente social, gene
ralmente hostil hacia ellos, les lleva a estar estrechamente
unidos entre ellos.
El Islam es una religiôn que también previene contra el
suicidio, ya que segûn PELICIER (1985) deja poco lugar a la
ansiedad metafîsica o simplemente intelectual. El individuo
se salva respetando un cierto nûmero de prescripciones. El
formalismo dispensa de la inquietud y, por otra parte, hay
poco lugar para los conflictos entre las prohibiciones re-
ligiosas y la esfera instintiva. La verguenza existe mâs
que la culpabilidad; llama mâs frecuentemente a la venganza
que al suicidio.
- 145 -
Aunque algunos estudios no encuentran diferencias signi-
ficativas en relaciôn al tipo de religiôn a la que se perte-
nece (LUKIANOWICZ, 1972) o al grado de compromiso religioso:
O'NEAL (1981), MONTEJO (1983); estos estudios estân llevados
a cabo en tentativas de suicidio, y todo parece indicar que
la confesiôn religiosa protege al individuo del suicidio con-
sumado (ARGYLE, 1958).
DESHAIES (1947) al estudiar el incremento universal del
suicidio con independencia de la confesiôn observô que el
coeficiente de aumento era mayor entre los judios (11), se-
guidos de los catôlicos (3) y los protestantes (1,8). En un
estudio mâs reciente (GARFINKEL y Cols., 1982) se vuelve a
comprobar que la incidencia continûa siendo mayor en protes
tantes que en judios y catôlicos.
Hay que pensar, entonces, con ROJAS (1984) que la reli
giôn ejerce sobre el suicidio una acciôn profilâctica, no
siendo esto debido, como han pensado algunos, a un temor al
castigo del mâs allâ por este acto cometido ni a que la
idea de Dios sea tan fuerte que una voluntad debilitada se
fortalezca sin mâs, etc... La influencia bienhechora de la
religiôn no se debe, pues, a la naturaleza especial de sus
concepciones. Si protege al hombre contra el deseo de des-
truirse es porque es una sociedad, y le protege mâs cuanto
mâs esté integrado en dicha sociedad. A esto debe ahadirse
- 14 5 -
el papel preventive de la religiôn catôlica al prohibir
expresamente el divorcio, dato fundamental este ûltimo,
segûn STACK (1980) en la interpretaciôn del menor Indice
de suicidios en Catôlicos observada recientemente por él.
B-7. FACTORES DESENCADENANTES;
Una serie de conflictos pueden aumentar la tensiôn emocio-
nal, la angustia y los sentimientos de incapacidad,, llegSndose
a un punto que el sujeto no puede soportar,con lo que dichos
conflictos pueden desencadenar una conducta suicida
(KIELHOLZ, 1959). Como dice CAMUS (1970) "el tono indiferente
de un amigo puede bastar para precipitar todos los rencores y
todos los cansancios todavîa en suspenso". Si bien, estos facto
res desencadenantes pueden ser, segûn MORON (1977) , racionaliza-
ciones de que se sirvc el sujeto para dar una explicaciôn satis-
factoria de su acto; y esas racionalizaciones ocultan, mediante
elementos mâs o menos importantes, la larga evoluciôn que déter
mina el paso a un acto sentido siempre como anormal y tendante
pues, a ser justificado de manera mâs o menos coherente.
La influencia de estos factores, desde el punto de vista
estadîstico, parece haberse demostrado, y OKASHA y Cols. (1981)
han observado que el nûmero de "life-ë>*ents”, siendo mayor en
tre los suicidas que en los contrôles, era similar para los
grupos de tentativas de suicidio y suicidios consumados.
PAYKEL y Cols. (1975) comparan una muestra de intentos de sui
cidio con otra de depresiones no suicidas y otra de contrôles,
encontrando respectivamente 3,3; 2,1 y 0,8 acontecimientos vita
les no deseables, con lo que parece comprobarse su influjo sui-
cidôgeno. En este estudio, los contrôles no presentaron un pico
— 14 8 —
m&ximo de aconteclinientos, mientras que les depresivos si le
presentaron el mes antes de ponerse enfermes y les suicidas el
mes anterier al intente autelîtico (ebservândese un aumento ca
racterlstico durante les seis meses anterieres).
Estes "life-events" e acentecimientes vitales ne dessa
bles podrian influir cerne facteres faverecederes de la conduc-
ta suicida, tomande un papel de facteres desencadenantes, espe-
cialmente, cuande tienen una especial impertancia o gravedad
y sobre tode cuande se suman varies de elles en un période mis
o menes breve de tiempe.
Los problemas cen la pareja ecupan un papel muy destacade
como desencadenantes de la cenducta suicida (BRUHN, 1962; OTTO
1965; KESSEL, 1965; WEITBRECHT, 1965; KIELHOLZ, 1967; POLDINGER,
1969; MORON, 1977; PACHECO y Cels., 1981; SHNEIDER, 1982;
SHNEIDMAN, 1982; ROSENMAN, 1983; MILLA, 1984; GARCIA-MACIA y
Cols., 1984; ROJAS, 1984, etc...) especialmente entre las muje-
res (POLDINGER, 1969).
Les facteres desencadenantes de especial relevamcia se re-
fieren a problemas dentro del Smbito familiar (POLDINGER, 1969 ;
PACHECHO y Cols., 1981; SCHNEIDER, 1982; ROJAS, 1984; MILLA,
1984; GARCIA-MACIA y Cols., 1984, etc...), generalmente discu-
siones y cenflictes entre padres e hijes, aunque en etras eca-
sienes se trata de jôvenes poco querides (ROSENTHAL y
ROSHENTAL, 1984) o menes favorecidos que sus hermanos (ROSS y
149 -
Cols., 1983) en les que el desencadenemte es un hecho "cotidiano'
en este sentido. BRUHN (1962) ha destacado como factor desenca-
denante a la inestabllidad familiar producida por la pérdida de
un miembro de la faunilia.
Las enfermadades somiticas tarobiên pueden actuar como un
factor desencadenante (SAINSBURY, 1955; COHEN, 1961; LITMAN y
FARBEROW, 1961; STENGEL, 1965; KIELHOLZ, 1967; POLDINGER, 1969;
GAZZANO, 1973; PAYKEL y Cols., 1975; MORON, 1977; ALONSO-
FERNANDEZ, 1978; OKASHA y Cols., 1981; PACHECO y Cols., 1981;
SHNEIDMAN, 1982; GARCIA-MACIA y Cols., 1984, etc...) asî como
los traumatismes (MORON, 1977), la cirujîa (ROJAS, 1982), el
dolor (MORON, 1977; PACHECO y Cols. , 1981), el intemamiento
en hospitales y asiles (POLDINGER, 1969), insomnio persistante
(STENGEL, 1965; KIELHOLZ, 1967), dieta adelgazante inadecuada
(MORON, 1977), embarazo (SAINSBURY, 1955; MORON, 1977), etc...
Ya hemos referido con anterioridad como la prescripciôn de
ciertos medicamentos puede contribuir al desencadenamiento de
una cenducta suicida, a veces, de forma yatrogénica.
La pérdida del empleo es otro factor que puede actuar co
mo desencadenante (SAINSBURY, 1955; BRUHN, 1962; STENGEL,
1965; KIELHOLZ, 1967; WEISSMAN, 1974; ROY, 1982), asî como los
problemas laborales en general (GARCIA-MACIA y Cols., 1984),
las deudas y pérdidas materiales (STENGEL, 1965; POLDINGER,
1969; PACHECHO y Cols., 1981; SHNEIDER, 1982), especialmente
entre el sexo masculine (POLDINGER, 1969; ROY, 1982; ROJAS,
1984).
- 13 J -
Otros factores desencadenantes descritos serîan las difi-
cultades en los estudios (SAINSBURY, 1955; SHNEIDMAN, 1982;
KERFOOT, 1984; GARCIA-MACIA y Cols., 1984), la muerte (MORON,
1977), enfermedad de algûn ser querido (PAYKEL y Cols., 1975),
el cambio de residencia (BRUHN, 1962)y, en general, lo que
MORON (1977) denomina la "patologla de la casa": mudanza,
amenaza de desalojo, etc...; la convivencia con una persona
nueva dentro del propio domicilio (PAYKEL y Cols., 1975), el
ingreso en prisiôn (POLDINGER, 1969), etc...
Se ha conslderado que tras la hospitalizacidn psiquiitri
ca, con el paso a tratamiento ambulatprio, se crearla una si-
tuaciôn en la que se incrementarîa el riesgo de suicidio
(FINZEN, 1983). En este sentido, el alta hospitalaria puede
ser considerada como un factor desencadenante de la conducta
suicida, lo que no implica que dicha alta deba dejar de produ-
c irse.
TEMOCHE y Cols. (1964) hân calculado que el riesgj de suicidio
en pacientes psiquiâtricos, al dejar una instituciôn mental
es 34 veces mayor que el de la poblaciôn general. Segûn
POKORNY y KAPLAN (1976), el 51,7% de los esquizofrénicos que
se suicidaron lo hicieron dentro del mes siguiente de haber
cambiado a tratamiento ambulatorio. FINZEN (1983) ha calcula
do que el tiempo de hospitalizaciôn no ejerce ninguna influen
cia en el incremento del riesgo.
En cualquler caso, hay que tener en cuenta que tambiên
durante el intemamiento se producen suicidios, especialmente
durante la primera semema de êste (COPAS y ROBIN, 1982),
suponiendo aproximadamente la mitad de los suicidios de los
ocurridos en rëgimen aunbulatorio (RABINER y Cols., 1982), Si
bien, actualmente, no parece estar clara la relaciôn entre in
cidencia de suicidio en un hospital y la tasa de suicidio de£
puës del alta (FINZEN, 1983).
152 -
B-8.PAT0GENIA
B-8.1.BASES NEUROQUIMICAS Y NEUROENDOCRINAS:
El estudio de las bases biolôgicas de la depresiôn fuê el
primer punto de partida en la bûsgueda de los fundamentos bio-
lôglcos de la conducta suicida; fundamentos aûn mal conocidos,
dada la incertidumbre de los resultados hasta ahora obtenidos
en los trabajos de investigacidn dirigidos en este sentido.
BUNNEY encuentra en 1969 unos niveles mis altos de 17-OH
corticoïdes en la poblaciôn suicida. CORRYELL (1981) y
TARGUNS (1981) encuentran un patrôn no supresor al aplicar a
los suicidas el T.S.D., con lo que la no-supresiôn parecîa
implicar un mayor riesgo de suicidio; sin embargo, ROBERTSON
(1984) y AYUSO (1984) encuentran que los suicidas eran si-
supresores. A5BERG (1981) habîa propuesto que la realizaciôn
del T.S.D. podla desencadenar el suicidio; afirmaciôn poste-
riormente desmentida por CORRYELL (1982) y CRAIGH (1984).
JIMERSON (1980) y mis recientemente BANKI (1984) han in-
tentado encontrar diferencias entre los valores de cortisol
en L.C.R. de poblaciones suicidas y no suicidas, sin conse-
guir resultados positivos.
LINKOWSKI (1983) encuentra tasas bajas de respuesta de
la T.S.H. tras la estimulaciôn con TRH entre aquellos que ha-
bîan intentado suicidios violentos; pero un ano mis tarde,
BANKI (1984) publies resultados contrapuestos.
AGREEN (1980) encuentra una correlaciôn negativa entre
tasas de MHPG y pensamiento suicida en pacientes deprimidos,
pero BROWN (1982) encuentra tasas altas de MHPG en L.C.R.
asociadas a antecedentes suicidas.
MEYERSON (1982) encuentra un 47% de mayor densidad de
receptores muscarlnicos en cerebros de suicidas, observaciôn
que desmiente KAUFMANN (1984).
GOTTFRIES (1980) descubre que los suicidas con intentos
mis violentos tenian una actividad de la M.A.O. menor que
aquellos que se habian intentado suicidar por mêtodos menos
violentos; pensando que dicha actividad podla estar relacio-
nada con un marcador genético asociado a una mayor vulnera-
bilidad para ciertos trastornos de conducta como la melanco-
lîa, la agresividad y el suicidio.
ASBERG (1976) estudia los niveles de 5-HIAA en L.C.R.
encontrando niveles mis bajos en intentos de suicidio violen
tos (ahorcadura, precipitaciôn, certes graves...) en relaciôn
a intentos de suicidio poco violentos (intoxicaciôn farmacolô-
gica...), lo que no admiten algunos autores como VAN PRAAG
(1982). Otros como AGREN (1980, 1983) encuentran una relaciôn
entre tasas bajas de 5-HIAA y gravedad de las tentativas de
suicidio realizadas en el pasado. Muchos autores; BROWN (1979),
ORELAND (1981), TRASKMAN (1981), BANKI (1981) y NINAN (1984)
encuentran niveles bajos de 5-HIAA en pacientes suicidas, pero
no hay que olvidar que SEDWALL (1980) ha descrito tambiên nive
les bajos en personas con una historia familiar de trastornos
afectivos e incluso en sujetos que presuntcimente estaban pomp le
tamente sanos.
- 154
Por tanto, todo parece indicar que el estado actual de las
investigaciones no permite hablar con certeza de un claro funda
mento biolôgico del suicidio. El perfeccionamiento de las téc-
nLcas aplicadas, tal vez pueda conducir en un futuro prôximo a
conclusiones mis sôlidas.
- 155 -
B-8.2. ASPECTOS PSICODINAMICOS Y PSlOOGENCT^COS:
POLDINGER (1969) ha dividldo la evoluciôn hacla el acto
suicida en très estadios: el primero serla el de la considéra
ciôn de la posibilidad suicida, el segundo, un estado de atnb^
Valencia, y el tercero el de la decisiôn suicida.
OCNSIDERACICNES CE AMBIVAUNCIA
lA POSIBILIDAD
•ACTOS SUICIDAS
ESTADIOS EE lA EVOLUCICN SUICIDA SEGUN POLDINGER (1969)
Dureuite el primer estadio, el suicidio es considerado
como una posibilidad para resolver mediante la destrucciôn de
la propia vida, los problemas reales o aparentes (POLDINGER,
1969); es decir, es vislumbrado como una soluciôn para obtener
un fin (BARBERO, 1985), generalmente entre una situaciôn frus
trante que puede estar enmarcada dentro de un proceso biogrSf^
co difîcil (SARRO, 1983).
El acto suicida es un acto de fuga, ante la imposibilidad
del sujeto de hacer frente a la situaciôn (MORON, 1977), que no
- 156 -
implica estrictamente un autêntico deseo de autoaniquilaciôn.
En realidad siempre se mantiene un cierto deseo de vivir
(ALONSO-FERNANDEZ, 1985) que se dirige a la gran regiôn desco-
iDcida del mâs allS (LANDSBERG, 1951), que a veces es intuida
como un largo sueno, como en e l "Hamlet" (111,1) de SHAKESPEARE
o como un estado nirvânico (MAX SCHELER, 1934).
Se trata, pues, de una muerte mâgica, mâs allâ de la cual
el suicida siente garauitizada su supervivencia (ABADI, 1973) ,
con lo que el suicidio es considerado mas como un acto de auto-
perpetuaciôn que de autoextinciôn (STENGEL, 1965). Como dirîa
ORTEGA Y GASSET (1983): "Siempre en la voluntad de morir se bus
ca una resurecciôn", o UNAMUNO (1984): "A la mayor parte de los
que se dan a simismos la muerte, es el ansia suprema de vida, de
mâs vida, de prolonger y perpetuar la vida, lo que a la muerte
les lieva, una vez persuadidos de la vanidad de su ansia".
Durante este estadio es cuando ejercen mâs su influencia
las noticias referentes a suicidios propagados por los medios
de comunicaciÔn; asî como la existencia de antecedentes suici
das entre la familia e incluso dentro del cîrculo de las rela-
ciones interpersonales del individuo. La existencia de un
aprendizaje ("camino apendido") de los actos suicidas como vîa
de solucionar una situaciôn conflictiva puede favorecer la
puesta en marcha de los mecanismos autodestructivos; asimismo.
las noticias sobre suicidios de otras personas pueden aportar
una luz a la forma de soluciôn del problema, especialmente si
se trata de personas famosas y admiradas por el sujeto, ya que
pueden convertirse en un ejemplo a seguir.
El segundo estadio estarîa caracterizado por ambivalencia,
indecisiôn y pugna Intima entre las tendencias constructivas y
destructivas (POLDINGER, 1969). FREUD (1920) describiô la exis
tencia de institntos del yo o de muerte en contraposiciôn a los
instintos sexuales o de vida. La existencia de este instinto
de muerte o "thanatos" no se lia aceptado, incluso por parte
de muchos psicoëuialistas. SCKILDER (1964) duda de la existencia
de un impulse de muerte, y cree que mâs bien se trata de un de
seo de renacimiento. ABADI (1973) tambiên piensa que no es con-
cebible un deseo de muerte como fin y disoluciôn en el "no ser",
ni como un "retorno al vientre materno" o una regresiôn a un
primitive estado inorgânico, sine que se tratarla de un deseo
de liberaciôn, de renacimiento, de vida, en definitive. ALONSO-
FERNANDEZ (1978) tambiên piensa que el suicida no es un ser
absorvido y dominado por el instinto de muerte ni por la volun
tad de muerte unîvoca; para êl el instinto de muerte no exis-
tirla, séria un ente metafisico,creado por FREUD. La imagen
de la muerte se compartirla con un deseo de vivir (ALONSO-
FERNANDEZ, 1985).
En cualquier caso, esta aportaciôn de FREUD, por la que el
"thanatos" despertarla los componentss agresivos y destructives.
158 -
ha dado lugar a que, desde el punto de vista dinâmico, la con
ducta suicida se intentase explicar a travês de la agresividad.
MENNINGER (1938), a partir de este teoria, describe très dimen
siones que se combinarlan en todo suicidio:
A- EL DESEO DE MORIR ("The wish to die"): que se traduciria
en un deseo de descanso, de reposo nirvânico, de pasivi-
dad, de "dormir", alejado de las tensiones psiquicas
del momento.
B.- EL DESEO DE MATAR ("The wish to )cill") : muy manifiesto en
los suicidios pasionales. La agresividad no exterioriza-
da se volverîa contra la propia persona.
C.- EL DESEO DE SER MATADO: Los sentimientos de culpa recla
marian un castigo que, en justicia, se debe sufrir, y que
uno mismo puede autoinflingirse.
FEDERN (1929) consider6 un cuarto deseo, el de que los
demSs deseasen la muerte del suicida. CHANOIT (1985) interpré
ta dentro del deseo de ser matado, que el suicidio podria ser
el castigo de un homicidio deseado inconscientemente. HARDER
(1967) invierte los têrminos y porpone que el homicidio podria
ser la expresiôn de un deseo de suicidio. Para STENGEL (1965),
tanto el suicidio como el homicidio son manifestaciones de los
impulsos agresivos incontrolados y difieren solamente en su
elecciôn de objeto; lo que se comprobarla por la existencia de
- 159
una relaciôn inversa entre las tasas de suicidio y homicidio
en los diverses paises y comunidades.
Estas conexiones llevaron a diverses autores a estu-
diar los suicidios llevados a ceüao tras la realizaciôn de un
homicidio. WEST (1965) afirma que la conexiôn entre las ten
dencias agresivas y autodestructivas se viô claramente en su
estudio a travês de los muchos incidentes en los cuales las
intenciones de los agresores oscilaban inseguramente en
tre el homicidio y el suicidio. Segûn este autor, uno de ca
ôa très homicidios relizados en Gran Bretana fuê seguido de
suicidio. McKnight y Cols. (1966) encuentran que un 13% de
los homicides se intentaron suicidar tras el asesinato, si
bien un 68% estaban diagnosticados de psicosis. GUTTHACHER
(1960) en un estudio sobre homicidios llevados a cabo por
psicôticos encuentra un 20% de suicidios.
Sin embargo, algunas de estas conexiones se han puesto
en entredicho en estudios mâs recientes como el de LANGEVIN
y Cols. (1982), que encuentran una relaciôn negativa entre
suicidio tras homicidio en psicôticos y un 11% de tentativas
de suicidio tras el homicidio; pero esta tendencia a intentar
suicidarse, segûn los citados autores, no fuê mâs frecuente
entre los asesinos que entre los delincuentes no violentos;
por lo que piensan que la sugerencia de que el homicidio y el
160
suicidio son lados opuestos del mismo fenômeno es cuestiona-
ble ya que parece haber poca conexiôn entre los dos hechos.
Por otra parte, TARDIFF (1981) encuentra que aproximadamente
la mitad de los suicidas de su estudio no habian realizado
actos agresivos, ni se observêüsa en ellos agresividad. El
porcentaje de suicidios agresivos disminula a partir de los
45 anos de edad y especialmente entre los mayores de 65 anos
(17/83).
En relaciôn con la agresividad, MORON (1977) ha des
crito très tipos fundamentals s :
A.- Los que se caracterizan por dirigir contra si mismos la
agresividad, que se expresa por la fuga.
B.- Los que se caracterizan por dirigir su agresividad hacia
los otros, con lo que las tentativas tienen una funciôn
chantagista.
C.- Los que son a la vez auto y heteroagresivos.
GIACCALONE y Cols. (1980) distinguen asimismo très dé
terminantes relacionadas con la agresividad, a las que anaden
un cierto determinants que séria la funciÔn lûdica, en que se
juega con la muerte y con la vida:
A.- FUNCION AGRESIVA Y HETEROAGRESIVA: el suicidio represents
el equivalents subjetivo de la muerte de otro.
- 161
B.- FUNCION PUNITIVA: El gesto autoagresivo corresponde a un
sentimlento de culpabilidad y a una conducta expiatoria.
C.- FUNCION DEFENSIVA: El gesto autoagresivo représenta una
reacciôn de defense del sujeto, en relaciôn a una situa
ciôn angustiosa en la cual se encuentra.
ADLER (1937) tambiên admitiô una cierta relaciôn entre
auto y îieteroagresiôn, ya que segûn êl, en muclios casos, el
presunto suicida, trata de lierir a otra persona hiriêndose
a si mismo, y manipula a fin de influir sobre los demSs y
obtener su simpatîa. JUNG (1959) encuentra en el suicidio
una pugna entre el deseo de vida y el de muerte, pero admi-
tiendo un deseo de resurecciôn. El "self" tendrîa a la vez,
un lado brillante y un lado oscuro, cuando prevalece este
ûltimo, se créa una situaciôn en la que la muerte parece mSs
dessable o menos espantosa que la vida.
Para HORNEY (1942) el odio hacia si mismo alcanza una do-
ble significaciôn: por una parte, supone una estratagema pa
ra intimidar al "yo real" a que cumpla sus propôsitos y evi-
tar asî el verse sometido a repetidas pruebas de ineficacia,
y, por otra parte, représenta un medio de castigo. AdemSs
Horney encuentra que,, en no pocos suicidios, un factor impor
tante esté constituido por "la bûsqueda de la gloria". Pero,
segûn RYNEARSON (1981) solo en mitos y en suenos, los hêroes
encuentran la muerte como el punto culminante de su perfecciôn;
el suicida encuentra la muerte como punto culminante de
imperfecciôn, debajo del cual hay una incredulidad desespera
da en el futuro. Estos "valores de existencia" (MASLOW,
1971) que sollan dar ânimos, se hacen vacios, lejanos, fuera
de su alcance. Tal vez se trata como dice MENNINGER (1938)
de una abdicaciôn ante la imposibilidad de realizar ambicio-
nes desmesuradas, muy alejadas de sus posibilidades reales.
La agresiôn podria en este caso, interpretarse, con DOLLARD
(1944) como "la respuesta que sigue a la frustraciôn".
A L O N G 0-FERNANDEZ (1978) ha sistematizado los mecanismos
psicolôgicos del suicidio en très grandes grupos:
A.- SUICIDIOS REFLEXIVOS 0 PREMEDITADOS; motivados por el
deseo de cambiar de situaciôn. Es el suicidio mâs radi
cal de todos. El sujeto quiere cambiar de forma de vi
vir, le résulta imposible continuât en las mismas cir-
cunstancias y se plantea el suicidio "en frio" como una
especie de evasiôn.
B.- SUICIDIOS IMPULSIVOS 0 EN CORTOCIRCUITO: puede ser un
impulse promario (un impulse pure) o un impulse secunda-
rio, es decir, un impulse montado sobre una crisis afec
tiva o distimica preferentemente de miedo o de desespe-
raciôn. STENGEL y COOK (1958) lo incluia dentro de cua
dro de "reacciôn catastrôfica" de Goldstein.
C.- SUICIDIOS TEATRALES 0 CHANTAJISTAS: estân dirigidos
dramâticamente para impresionar a los demâs, muchas ve
ces en forma de una venganza contra alguien que aparece-
râ como culpable pûblico de la determinaciôn suicida.
Aqui, como dice MORON (1977) el suicidio, es mâs que nun
- 163 -
ca, un acto de vida, ya que su significaciôn para los vi
vos prevalece sobre el resto.
Durante esta segunda fase de "ambivalencia", son frecuen
te s los avisos de suicidio, que como dice POLDINGER (1969) ,
han de comprenderse como autenticas llamadas de socorro; pero
que, con frecuencia, y a causa de prejuicios, no son atendi-
das. Segûn RINGEL (1961) un 78% de los suicidas avisaron an
tes de consumer el suicidio. Una cifra similar aportan
FREEDMAN y Cols. (1982). Segûn STENGEL (1965) aproximadamen
te un 70% de los casos las intenciones suicidas han sido ex-
presadas mucho suites del acto de una manera directa o indirec
ta, a pesar de que la mayoria de los suicidios llegan como un
shoc)c y una sorpresa para los parientes y allegados.
En Espaha, GARCIA-MACIA y Cols. (1984) describen que un
16,7% de las tentativas de suicidio por ellos estudiadas rea
lizaron avisos. ROJAS (1984) encuentra avisos presuicidas en
el 58% de los suicidios consumados, frustrados y graves; y en
un 77% de los leves, en su mayoria en forma de afirmaciones
orales. Pensâmes que las notas suicidas no deben incluirse
dentro de los avisos suicidas, ya que suelen dejarse inmediata
mente antes del acto suicida, y, en vez de un caracter de lia
mada, tienen una funciôn de despedida, de inculpaciôn, justify
- 164
caciôn o explicaciôn; y a veces una i n t e n d 6n testamentaria.
Durante este segundo estadio es donde los factores desenca
denantes actuariam favoreciendo, en una situaciôn de aunbivalen
cia, el triunfo del deseo de muerte sobre el deseo de vida,
con lo que pueden dar lugar al "paso al acto" suicida.
El tercer estadio descrito por POLDINGER (1969) es aquel
en que el sujeto ha adoptado ya la decisiôn de atentar contra
su vida. Aqui podemos encontrar avisos indirectos de suicidio,
en forma de actos preparatorios o de ideas y representaciones
concretas acerca del modo de llevar a cabo dicho propôsito,
etc... que GOMEZ DEPERTUS (1977) ha sistetizado en diez puntos:
A.- Retraimiento, el individuo se desconecta de su medio, si
era buen lector deja de serlo, no se interesa en conversar.
B.- Pérdida de interês, sin razôn aparente, por mamtener su
relaciôn con amigos y parientes.
C.- Una inexplicable falta de interés por el trabajo o por rea
lizar actividades cotidianas que le agradan, como su pasa-
tiempo o déporté favorito.
D.- Insomnies desusados, seguidos de periodos de melancolla ge-
neralizada.
- 165 —
E.- Pérdida repentina e inexplicable del apetito, del peso, o
del interés en las relaciones sexuales.
F.- Interés llaunativo respecto de lo que es la muerte y quê
se siente en ese tramce o declaraciones respecto de su de
seo de morir.
G.- Preparativos inesperados para la muerte, preocupaciôn por
hacer el testamento, pagar deudas, arreglar documentes
personales, pôliza de seguros, etc...
H.- Un deseo repentino o inexplicable de desprenderse de las
posesiones mâs preciadas.
I.- Interés en la compra de armas, sogas, drogas, etc...
J.- La presentaciôn de 3 signes cardinales que son; desamparo,
desesperanza y desesperaciôn.
Mâs clâsico es el concepto de "sîndrome presuicida" pro-
puesto por RINGEL (1953,1965),que estaria constituido por;
A.- Angestamiento y reducciôn del âmbito de la vida psiquica,
aislamiento y estancamiento de las energias psiquicas.
B.- Inhibiciôn de la agresividad: las agresiones que no se pue
den descargar contra los demâs se vuelven contra uno mismo.
- 165 —
C.- Deseos de muerte y fantasias de autodestrucciôn.
La detecciôn de estos slntomas no solo es posible por par
te de fêuniliares y eunigos, sino que los mêdicos pueden actuar
en buena medida, sobre todo mêdicos de atenciôn primaria, de
familia, generalistas, internistas y psiquiatras (DE LAS
HERAS, 1985), ya que segûn ROY (1982) un 60% de los suicidios
consumados vieron con anterioridad al psiquiatra. BORG y
STAHL (1982) taunbiên dicen que casi todos vieron al psiquiatra
très meses antes de acabar con su vida. GOMEZ DEPERTUS (1977)
dice que un 70% vieron a su mêdico cuatro meses antes de suic^
darse. HAWTON y Cols. (1979) estudiando tentativas de suici
dio encuentran que un 63% vieron a un mêdico general y un 22%
a un psiquiatra en el mes anterior a la tentative, y un 36%
vieron a un mêdico general, y un 15% a un psiquiatra la semana
emterior al intento. Tambiên en el trabajo, especialmente el
mêdico de empresa puede captar esta sintomatologîa (DE LAS
HERAS, 1983).
El hecho de que personas que con anterioridad se mostra-
ban agitadamente angustiadas y deprimidas tengan de pronto as-
pecto tranquilo y manifiesten una actitud aparentemente serena,
équivale con frecuencia a una "calma antes de la tormenta", una
vez que la pugna Intima ha cesado y ha sido adoptada la deci
siôn (POLDINGER, 1969; GOMEZ DEPERTUS, 1977; ROJAS, 1984...).
- 167 -
B-9.CLINICA
B-9.1. TECNICAS SUICIDAS:
El estudio de la técnica empleada, puede resultar ûtil,
tanto para conocer me]or el fenômeno, como para evaluar su gra
vedad y elaborar estrategias preventivas. Los diferentes metô
dos elegidos parecen guardar relaciôn con la intenciôn y la de
terminaciôn de los suicidas (GOMEZ DEPERTUS, 1977), y aunque a
veces se trata de un mero problema de informaciôn, algunas téc
nicas, como la precipitaciôn y el aliorcamiento muestran un in
tento de encontrar una muerte segura, sin posibilidad de resca
te (GARFINKEL y Cols., 1982). El uso de una u otra tÔcnica
nos orienta hacia un suicidio impulsivo o premeditado, hacia
una firme intenciôn de muerte o hacia lo que STENGEL (1955)
llama "no me importa si vivo o muero". Por otro lado la
elecciôn de la técnica tambiên se ve influida por factores de
imitaciôn, por la facilidad de ejecuciôn (MORON, 1977), y por
un afSn o no de encubrir la etiologîa suicida de la muerte.
Desde el punto de vista preventive, se ha comprobado
(OLIVER y HETZEL, 1973) que dificultar el material utilizado
para efectuar la autoagresiôn disminuye al menos de un modo
transitorio, la ejecuciôn del suicidio, lo que no es poco;
ya que un aplazamiento en si ya constituye un bénéficié, pero
ademSs, en algunos casos el suicidio ya no llega a efectuarse,
bien por remisiôn de la psicopatologîa, por el carScter mera-
mente impulsivo y transitorio de acto autoagresivo, por que du
- 168
rante dicho aplazamiento se produzca un cambio socio-ambiental,
porque el sujeto consiga adaptarse a la nueva situaciôn, etc...
Por tanto, creemos que el estudio de la técnica suicida puede
ser ûtil para conocer mejor el fenômeno suicida en general y
la psicologîa individual del suicida, asî como para conseguir
una mayor eficacia preventiva.
Las técnicas mas usuales suelen ser, entre las mâs mort^
feras: el estrangulamiento por ahorcadura, la precipitaciôn
desde las alturas, y uso de aimas de fuego; seguidas de atrcpello por
ferrocarril y sumersiôn. Entre las que suelen tener una grave
dad intermedia: intoxicaciôn por gas, por caûsticos y otros ve
nenos por vîa oral, secciôn de yugular, quemaduras y electrocu-
ciôn; y entre las que suelen ser menos graves: la intoxicaciôn
medicêunentosa, la secciôn de venas de la muneca y certes de an
tebrazo, precipitaciôn sobre automôviles, etc...
Decîamos anteriormente que los hombres y las personas de
mâs edad estaban mâs representados en los suicidios consumados,
mientras que las mujeres y los jôvenes protagonizaban un mayor
nûmero de tentativas de suicidio. Cabe pensar entonces que los
jôvenes y las mujeres utilizan técnicas menos mortîferas que
las personas de edad avamzada y los hombres.
DESHAIES (1947) achacaba la mayor gravedad de los actos
suicidas en las personas de edad a un mejor conocimiento de la
eficacia de las técnicas suicidas. STENGEL (1965) y POLDINGER
- 169 -
(1969) , han destacado como los hombres tienden a utilizer méto-
dos mâs violentos, que suelen implicar un mayor riesgo para la
vida del sujeto. GOMEZ DEPERTUS (1977) cree que tambiên in-
fluye el que, en muchas ocasiones, la mujer elige el suici
dio como una manera de expresar desesperaciôn cuando todavia
hay esperanza de recibir ayuda; mientras que el hombre aguarda
hasta que le parece que la ûnica salida posible es la muerte.
Las cifras recogidas por la O.M.S. (1976) en base a las
estadîsticas oficiales de algunos paises senalan en Finlandia
(1969) por orden decreciente en varones: ahorcadura, arma de
fuego, envenenamiento, ahogamiento y precipitaciôn. Para las
mujeres: envenenamiento, ahorcamiento, precipitaciôn y arma de
fuego. En Francia (1968-1969) por orden decreciente: ahorca
miento, ahogamiento, envenenamiento y gas; siguiendo el mismo
orden en ambos sexos. En Yugoeslavia (1969) tcimbién sigue el
mismo orden en ëunbos sexos: ahorcamiento, envenenamiento y aho
gauniento. Ya hemos comentado la escasa fiabilidad de los datos
aportados por los Institutos de Estadistica de los diverses pai
ses, incluido Espaha. Como caso anecdôtico, referir que en un
estudio sobre Montenegro (1969) tambiên referido por la O.M.S.
(1976) la muerte suicida por ahorcamiento en varones supuso un
25% de todas las técnicas elegidas,imientras que en mujeres fuê
superior al 60%î. Interprétâmes este date, no como una excep-
ciôn achacable a factores socio-culturales, sino a un refieje
de la falta de rigor estadîstico.
Por citar otros estudios sobre suicidios consumados, nos
encontramos con que SCHONY y Cols. (1984) en Austria afirman
que m&s del 50% se realizaron mediante aliorcadura. (K)RCEIX y
ZIMBACCA (1968) describen por orden descendante en hombres:
ahorcamiento, gas, arma de fuego, precipitaciôn y envenenamien
to; y en mujeres: gas, precipitaciôn, envenauniento, ahorcadura
y ahogamiento. KRYNSKI (1985) afirma que las técnicas mSs uti
lizadas por los nihos son el ahorcamiento y la precipitaciôn
desde las alturas. FISHBAIN y Cols. (1984) estudian los suici
dios dobles y observan que la mayoria son llevados a cabo me
diante armas de fuego, y frecuentemente tras haber ingerido
bebidas alcohôlicas. SCHNEIDER (1982) describe las técnicas
utilizadas por enfermos psiquiâtricos que consumaron suicidio
en el siguiente orden de frecuencia: ahorcadura, intoxicaciôn
medic 2unentosa, arma de fuego y precipitaciôn. BERGLUND (1984)
en suicidios consumados por alcohôlicos, descubre en primer lu
gar el envenenamiento (53%) seguido del ahoracamiento (26%) .
COMBS-ORME y Cols. (1983), tambiên en alcohôlicos, descubren
como los hombres usan mêtodos mâs violentos que las mujeres.
Respecto a las tentativas de suicidio, es unânime la opi-
niôn de que la técnica mâs utilizada es la intoxicaciôn medica
mentosa. De 60 a un 90% de los intentos de suicidio son lleva
dos a cabo por este método segûn los diversos autores: AUSINA
(1975), TURON (1975), KOVACS y Cols. (1975), SAIZ RUIZ (1976),
SARRO (1981), GARKINKEL y Cols. (1982), GARCIA-MACIA y Cols.
— 171 —
(1984), BAKER (1984), HASEN y WANG (1984), STERN y Cols. (1984),
etc... Este porcentaje llega incluso a ser mâs alto (92%) en
tre los menores de 21 anos, segûn MORON (1977), que précisa jun
to con HAIM (1970) y ALONSO-FERNANDEZ (1985) como es el predi-
lecto y casi exclusive entre los jôvenes del sexo femenino.
Son bastante frecuentes los intentos llevados a cabo me
diante asociaciones de diversos tôxicos, especialmente entre
los varones, JACOBSEN y Cols. (1983) calculan que esto sucede en
un 60% de los casos, y GARFINKEL y Cols. (1982) en un 30%. El
alcohol suele asociarse a la ingesta medicamentosa aproximada
mente en un 20% de los casos segûn JACOBSEN y Cols. (1983) y
MILLA (1984). Este ûltimo autor describe que otro 20% consumia
otras drogas.
Los fârmacos mâs utilizados en U.S.A. segûn GARFINKEL
(1982) serîan los analgésicos (40%) seguidos de benzodiazepinas
(26%) y barbitûricos (17%). En Espaha MILLA (1983) encuentra
que los barbitûricos fueron los mâs usados (37%) seguidos de
las benzodiazepinas (25%) ;por âgual que BERTRANy Cols. (1984)
que aportan cifras de 41% y 35% respectivamente, a la vez que
destacan el incremento del uso de antidepresivos con fines suic^
das (24%) por igual que ha observado ABRIL (1985), especialmente
entre las mujeres (30%).
Tras la intoxicaciôn medicamentosa, las técnicas mâs util^
zadas serîan las heridas producidas por arma blanca, la intoxica
- 172
ciôn por gas y el envenenamiento por caûsticos y otras sustan-
cias guîmicas con una representatividad similar, que oscila
entre un 5 y un 15% para cada una de ellas, seguidas a mâs dis-
tancia por la ahorcadura, la precipitaciôn, el ahogamiento,
el uso de armas de fuego y las quemaduras. GIACALONE y Cols.
(1980) han descrito un importante incremento de esta ûltima
técnica en Francia, debido en su opiniôn a su rapides y efica
cia, al poco dolor que causa, a su espectacularidad, a su ca
racter "ÿurificante" y a la dificultad del posterior reconoci-
miento del cadaver.
B-9.2. SECUE})CIA CONDUCTUAL:
POLDINGER (1969) ha descrito cuatro variemtes fundamenta
les dentro del proceso evolutive bàslco que hemes descrite:
II III II III 11 Iff 11 III
REA3CI0N EM EVQUJCICNES ALOOHOLISMD
ooRTociRCürro PSIC03EMAS TCKtOCMANIA
ANCMAIAS
VARIANTRES DEL CURSO EVOLUTIVO SEGUN POLDINGER (1969)
Tal ceme declames,el suicida deja una neta suicida (escr^
ta alguna vez cen anterieridad) en el memento inmediatamente an
terior al acte suicida e a veces tras la realizaciôn del misme
(enveneneuniente) , cen la i n t e n d 6n de que se descubra despué s
de la realizaciôn del acte autelitice. Se ha calculade la pre-
sencia de notas suicidas en un 15% de les suicidies censumades
(CAPSTICK, 1960; STENGEL, 1965), siende mSs abundantes entre
les mayeres de 60 ahes (CAPSTICK, 1960) y en les suicidies de
mies (FISHBAIN y Cols., 1984). Generalmente, estas no
tas revelan un gran interês per las cesas de este munde y una
intensa preecupaciôn en le que va a suceder despuês de su muer-
te, ceme si fueram a seguir viviende para participar de les su-
ceses (STENGEL, 1965).
En nuestra casuistica, la ûnica neta suicida que hemes
pedide ebtener, perteneciente a un suicidie frustrade, se refe
174 -
ria a la donaciôn de todos sus blenes a su ûnica hija por parte
de una mujer separada y sin potestad sobre la misma. Aqul se
verifies la hipôtesis de MARCUSE (1968): "El hombre puede morir
sin amgustia si sabe que lo que ama estâ protegido de la mise-
ria y el olvido".
El estudio grafol6gico de estas notas suicidas (VON
BORCK, 1981) ha llevado a considerar que algunas caracterlsti-
cas serlan tlpicas del suicida, como; firma descendante, llneas
que se entrecruzan y con direcciôn descendente, barras de "t"
a la izquierda, angularidades hacia la izquierda en los ôvalos
de las letras, nombre de la firma muy tachado con la rûbrica,
angularidades, jambas hacia la izquierda, etc...
Una vez se pasa al "acte suicida", los resultados son
variables. Si no se ha producido la muerte de una forma instan
tânea, el suicida puede arrepentirse y acudir a un centre médi-
co, mâs a menudo, alguna persona encontrSndole herido o bajo
los efectos de un tôxico le traslada, generalmente al servicio
de urgencies de un hospital. La muerte puede producirse duran
te este traslado, una vez ingresado en el hospital, y a veces
por un proceso sobrevenido por el acto suicida. MILLA (1983)
ha calculado en Espaha una mortalidad del 1% en las intoxica-
ciones medicamentosas voluntaries atendidas en el servicio de
urgencies de un hospital general. Un 19% presentaba un estado
de coma grado I, un 10% çrado II y un 5% grado III, mientras
- 175 -
que en un 66% se trataba de casos leves. HANSEN y WANG (1984)
y STERN y Cols. (1984) calculan que un 20% de las tentativas
presentaban un estado comatoso. PINSKER (1981) encuentra gra
ve riesgo de muerte en un 26% de las tentativas atendidas.
La gravedad fîsica del intento puede ser ûtil a la hora
de evaluar al enfermo, pero otro criterio de gravedad debe ba-
sarse en la intenciôn de muerte del sujeto desde el punto de
vista psiquiStrico (SCHMIDT y Cols., 1954) en cuya valoraciôn
deben considerarse también algunos aspectos sociales, como el
de la posibilidad deintecvenciôn del medio (STENGEL, 1965).
Estos datos parecen poseer mayor relevancia que la mera grave
dad del intento, ya que como dice ALONSO-FERNANDEZ (1985),el
indice de autodestructividad registrado en ciertos comportamien
tos no suele coincidir con el detectado en la realidad biogrSf^
ca y en el funcionamiento personal, sin que suela haber tampoco
una proporcionalidad minimamente rigurosa entre el deseo de
muerte consciente "en frio" y la gravedad del acto suicida.
El estado de conciencia en el momento de la tentative
es, muchas veces, deficil de préciser. Frecuentemente los suje
tos afirman no tener m&s que un recuerdo vago. Puede existir
una amnesia lagunar, sobre todo si ha habido estado de coma,
pero MORON (1977) cree que mâs a menudo se trata de una simple
reticencia o de un mecanismo de defense destinados a evitar la
angustia ligada al recuerdo del acto. No es raro que se niegue
- 176 -
la intenciôn suicida, especialmente en las intoxicaciones med^
camentosas; BANCROFT y Cols. (1979) detectan esta negaciôn en
un 33% de las personas de su muestra, si bien, siempre se pue
de descubrir un deseo de muerte (SARRO, 1985).
Algunos autores han descrito que la tentative de suici-
dio, en si misma, por liberaciôn de impulses agresivos dirigi-
dos contra el yo en una explosiôn emocional puede tener un
'efecto catSrtico" beneficioso, al menos por un cierto tiempo
(STENGEL, 1965). PARKER (1981) observô como para al grupc cen
pocas tentativas anteriores por intoxicaciôn farmacolôgica,
la sobredosis parecia plamtearse como una expresiôn de senti-
mientos y una vâlvula de escape de su tensiôn pslquica y de su
situaciôn; como una huida con funciôn de "tregua" o de "respire"
También GIACALONE y Cols. (1980) han descrito en un estudio de
tentativas de suicidie por quemaduras, como después de haber te
nido la impresiôn de vivir su muerte y tras una breve fase de-
presiva, les quemados tuvieron un "regain" de extraordinaria
vitalidad, vislumbrando su porvenir, a pesar de sus cicatrices
y frecuentes mutilaciones, con una serenidad, a menudo descon
certante. Estos cambios psicolôgicos producidos por la propia
tentativa de suicidie pueden favorecer las variaciones psicopa
tolôgicas y las dificulatdes diagnôsticas postentativa descri-
tas por HAWTON y CATALAN (1982).
- 177 -
En cualguier caso, este presunto efecto cat&rtico benefi
cioso, apareceria solo en algunos casos y durante un breve perio
do de tienne, ya que se ha venido demostrando el alto riesgo de
repeticiôn de la conducta suicida en quienes hem realizado una
tentativa de suicidio (SARTORIUS, 1985).
LAUNAY y COL (1964) calculan que un 10 a un 20% de los
adolescentes repetiria la conducta suicida, para DUCHE (1969)
la cifra séria de un 35%. KESSEL y McCULLOCH (1966) observan
que en el primer aho despuês de la tentativa un 19% repiten
una o mâs tentativas de suicidio, un 4% dos, un 1,5% très y
un 0,5% cuatro tentativas en el aho siguiente. Segûn ALONSO-
FERNANDEZ (1978) el 40% de los suicidas repite en un plazo
mâximo de cinco ahos. RYGNESTAD (1982) encuentra que el 50%
repiten una o mâs tentativas en menos de seis meses. SARRO y
Cols. (1979) encuentran que un 10% repiten la tentativa a las
pocas horas, otro 10% antes de la primera semana, un 21,6% en
el trascurso de unos meses y otro 19,9% en el transcurso de
unos ahos. Aunque las cifras son diferentes, todos describen una
gran repeticiôn de la conducta suicida, hecho, como dicen
GEERTINGER y THECAIDE (1983), claramente demostrado.
El riesgo de llegar a un suicidio consumado, también se
eleva en los sujetos que han realizado una tentativa de suicidio.
FREEDMAN y Cols. (1982) calculan que este riesgo es mayor durante
los très meses siguientes a la tentativa, GOMEZ DEPERTUS (1977)
amplia el periodo a un aho y POKORNY (1983) a dos.
- 178 -
Algunos de los estudios prospectlvos obtienen los si
guientes resultados: a los très meses POKORNY (1983) encuen
tra un 1% de suicidios consumados. RYGNESTAD (1982) a los
seis meses un 2,5%. Un aho despuês de la tentativa KESSEL y
McCULLOCH (1966) encuentran un 1,5% de suicidios consumados,
y PALLIS y Cols. (1984) un 1%. A los dos ahos McCULLOCH y
Col.s (1967) un 4% y HANSEN y WANG (1984) un 5,8%.
- 179 -
B-IO.PREVENCION
B-10-1.PREVENCI ON PRIMAMA:
CAPLAN (1966) definîa la prevenciôn prinarla en psiquiatrîa
como el cuerpo profesional, tanto teôrico como prSctico, que pue
de utilizarse para planear y llevar a cabo programas con el fin
de reducir la frecuencia de trastomos mentales de una comunidad.
SHNEIDWN (1971) habla de "prevenciôn" cuando se refiere a la
frecuencia primaria del suicidio, que consistirla en la actua-
ciôn anterior a la apariciôn de la intenciôn autolftica.
ALONSO-FERNANDEZ (1978) habla de prevenciôn primaria o "êuiteven
ciôn" como la actuaciôn durante la fase presuicida, ROJAS (19 84)
especifica que dicha "antevenciôn" consiste en la actuaciôn mê-
dica anterior a la apariciôn del "sîndrome presuicida" descrito
por RINGEL (1953). Por tanto, la prevenciôn primaria, también
denominada "antevenciôn" o "pre-intervenciôn" (MORON, 1977) con
sistiria en la prevenciôn de toda idea o fantasia de muerte,
de suicidio.
Una actividad fundamental dentro de la prevenciôn primaria,
consiste en la detecciôn de los grupos de riesgo donde se acumu
la mortalidad por suicidio (OMS, 1969; ALONSO-FERNANDEZ, 1978;
MURPHY, 1983, etc...). Tal como ya hemos descrito con anterio-
ridad, los grupos con riesgo mâs alto de consumaciôn suicida
serlan las personas de edad avanzada (DURKHEIM, 1897; GORCEIX
- 180 -
y ZIMBACCA,1968; FARBEROW y SCHNEIDMAN, 1969; POLDINGER, 1969;
OMS, 1969; HAIM, 1970; ESTRUCH y CARDUS, 1982; MARTI, 1983;
McCLÜRE, 1984; SCHONY y Cols., 1984; SARTORIUS, 1985; CARBONEL
1985, etc...), los hombres (DURKHEIM, 1897; SCHNEIDER, 1954,
1982; STENGEL, 1965; GORCEIX y ZIMBACCA, 1968; FARBEROW y
SCHNEIDMAN, 1969; POLDINGER, 1969, OMS, 1969; MORON, 1977;
ALONSO-FERNANDEZ, 1978; COPAS y ROBIN, 1982; DAVIDSON y CHOQUET
1982; ESTRUCH y CARDUS, 1982; RABINER y Cols., 1982; MARTI,
1983; GARFINQUEL y COLOMBEK, 1983; SCHONY y Cols., 1984;
FERNANDES DA FONSECA, 1985; SARTORIUS, 1985, etc...), los viu-
dos (DURKHEIM, 1897; DUBLIN, 1963; McMAHON y PUGH, 1965;
MARTELIUS, 1967; PARKES, 1972; FRANKE y Cols., 1977; ALONSO-
FERNANDEZ, 1978; BOKANOUSKY, 1980; BORG y STAHL, 1982; ESTRUCH
y CARDUS, 1982; MARTI, 1983; etc...) y los separados y divorcla
dos (BERTILLON, 1882; SAINSBURY, 1955; DUBLIN, 1963; KESSEL y
Cols, 1965; HARTELIUS, 1967; FARBEROW y SHNEIDMAN, 1969;
POLDINGER, 1969; STACK, 1980; ROSENMAN, 1983; KENDALL 1983;
MARTI, 1983; etc...), especialmente si no tienen hijos (MORON,
1977, WENZ, 1982, etc.).
Los grupos mâs expuestos en lo que se refiere a tentati
vas de suicidio serlan las mujeres (GAULTIER y Cols., 1965;
POLDINGER, 1969; MORON, 1977; AMARD y Cols., 1981; SARRO, 1981;
GARFINKEL y Cols., 1982; SCHNEDMAN, 1982; JACOBSEN, 1983;
GARCIA-MACIA y Cols., 1984; BERTRAN y Cols., 1984; BAKER, 1984;
KERFOOT, 1984; ABRIL, 1985; ALONSO-FERNANDEZ, 1985; etc...).
los adolescentes y los jôvenes (DORZAUER y Cols., 1963;
RUEGSEGGER, 1964; POLDINGER, 1969; HAIM, 1970; WEISSMAN, 1974;
BANCROFT y MARSACK, 1977; MILLA, 1983; BERTRAN y Cols., 1984;
ROJAS, 1984; GARCIA-MACIA, 1984; ALONSO-FERNANDEZ, 1985, etc...).
Los enfermos mentales constituyen otra poblaciôn de alto
riesgo (PROKUPEK, 1967; OMS, 1969; MORON, 1977; ALONSO-
FERNANDEZ, 1978; COPAS y ROBIN, 1982; POKORNY, 1983; etc...),
especialmente los deprimidos (ROBIN y Cols., 1959; STENGEL,
1965; OSMOND y HOFFER, 1967; POLDINGER, 1969; BIRTHNELL y
ALARCON, 1971; BARRACLOUGH y Cols., 1974; WEISSMAN, 1974;
PALLIS y SAINSBURY, 1976; MORON, 1977; ALONSO-FERNANDEZ, 1978;
SAINSBURY, 1978; GOLDBERG, 1981; OKASHA y Cols., 1981; PACHECO
y Cols., 1981; COPAS y ROBIN, 1982; SCHNEIDER, 1982; BAKER,
1984; ROJAS, 1984; ROSENTHAL y ROSENTHAL, 1984; ALESSI y Cols.
19 84, SARTORIUS, 19 85; etc...) y los esquizofrénicos (TSUANG
y Cols., 1980; MORRISON, 1982; ROY, 1982; RABINER y Cols., 1982;
SCULLY y MUTCEERSON, 1983; etc.,,,) especialmente los esquizofré
nicos varones (WARNES, 1968; NOREIK, 1975; ROY, 1982; BREIER y
ASTRACHAM, 1984; etc...).
También se acumulan los suicidios entre las neurosis, tras-
tor'nos de personalidad y psicopatias (ZIMBACCA y Cols. , 1963;
SEYMASKA y ZELAZOWSKA, 1964; FAU y Cols. 1965; COLONNA y LOO,
1972; GIACALONE y Cols., 1980; GOLDNEY, 1981; PINSKER, 1981;
MONTGOMERY y MONTGOMERY, 1982; MURPHY y WETZES, 1982;
HOBRUCKER, 1983; BAKER, 1984; HANSEN y WANG, 1984, etc...).
- 182 -
Los alcohôlicos también constituyen un grupo con especial ries
go de suicidio (DALHGREN, 1951; LEMERE, 1953; MECIR y Cols.,
1956; ROBIN y Cols., 1959; DORPAT y RILEY, 1960; SUNDBY, 1967;
RUSHING, 1968; POLDINGER, 1969; OMS, 1969; CIOMPI y EISERT,
1971; LINDELIUS y SALUM, 1972; SCHMIDT y LINT, 1972; GODWIN,
1973; BARRACLOUGH y Cols., 1974; THORARINSSON, 1979; ALONSO-
FERNANDEZ, 1979; BERKOW, 1979; GIACALONE y Cols., 1980;
FREIXA y Cols., 1981; BECK y Cols., 1982; MURPHY y WETZEL,
1982; COMBS-ORME y Cols., 1983; MILLA, 1983; POKORNY, 1983;
BERGLUND, 1984; BAKER, 1984; ABRIL, 1985, SARTORIUS, 1985;
etc...). Algo similar ocurre con los otros drogodependientes
(BATTEGAY, 1965; KIELHOZ, 1967; POLDINGER, 1969; OMS; 1969;
FREDERICK, 1972; SOUBRIER, 1983; MILLA, 1983; GARCIA-MACIA y
Cols., 1984; ROJAS, 1984; etc...).
Otro grupo con mayor riesgo de suicidio estaria constitué
do por las personas con parlantes y allegados que hayan reali
zado acciones suicidas (BERSTRAND y OTTO, 1962; ALONSO-
FERNANDEZ,, 1978; GARFINKEL y Cols. 1982; ESTRUCH y CARDUS,
1982; MURPHY y Cols., 1982; etc...) y, en general, que tengan
antecedentes psiquiâtricos (GOLDNEY, 1981). Si bien, ROY (1982)
no ha encontrado dates significativos entre enfermos psiquiâtri
COS suicidas y no suicidas en lo que se refiere a antecedentes
suicidas en la familia. Los familiares y allegados del suicida,
constituirian, a su vez, otro grupo con elevado riesgo, sobre
todo, durante los primeros meses posteriores a éste (STENGEL,
- 183 -
1965; GAZZANO, 1973; DANTO y KUTSCHER, 1977; RYNEARSON, 1981;
SHNEIDMAN, 1982; FREEDMAN y Cols., 1982; etc...).
Las personas que han perdido a uno o a ambos padres duran
te la Infancia, por muerte, abandono, separaciôn, etc...
parecen constitulr otro grupo con elevado riesgo de suicidio
(ZILBORG, 1936; PACKER, 1941; WALTON, 1958; BRUHN, 1963;
GAULTIER y Cols., 1965; DORPAT y Cols., 1965; STENGEL, 1965;
GREER, 1966; OMS, 1969; BIRTCHNELL, 1970; STANLEY y BARTER,
1970; LESTER, 1970; BARTFOS, 1971; KOSKI, 1971; SHAFFER, 1974;
TOOLAN, 1975; SIMPSON, 1976; ROOK y RASKIN, 1975; MORGAN y
Cols., 1975; WEROY y PEDDER, 1976; SHNEIDMAN, 1976; MORON,
1977; ROHN y Cols., 1977; STANLEY y BARTER, 1978; CURMLEY,
1979; GOLDNEY, 1981; etc...). Y en general, las families de
sintegradas, con problèmes de comunicaciôn, en las que hay gra
ves conflictos entre sus miembros, deben ser consideradas
como un grupo con especial riesgo de suicidio (BARTER y
SWABACK, 1968; GUZE y BORINS, 1974; POCK y LITMAN, 1974;
SHNEIDMAN, 1976; SIMPSON, 1976; ALONSO-FERNANDEZ, 1978;
ROSENMAN, 1983;; ANTON y Cols., 1984; CHOQUET y DAVIDSON,
1984; ROSENTHAL y ROSENTHAL, 1984; etc...).
Segûn la OMS (1969) las tasas de suicidio serlan mâs
altas entre los grupos socialmente aislados: entre los que se
trasladan a un nuevo lugar dentro del mismo pais, los que
emigran al extranjero y las personas que viven solas. La so-
ledad ha sido considerada como un importante indicador del
- 184 -
riesgo de suicidio (NICK y Cols., 1966; KIELHOLZ, 1967;
POLDINGER, 1969; GAZZANO, 1973; BANCROFT y Cols., 1976;
ALONSO-FERNANDEZ, 1978; ROJAS, 1984; etc...).
Las personas ateas o que no realizan prâcticas religio-
sas parecen tener un mayor riesgo de suicidio (TARDE, 1886;
ARGYLE, 1958; ALONSO-FERNANDEZ, 1978; STACK, 1980; ROJAS,
1984; etc...) y dentro de las religiones, mâs los protestan
tes (DURKHEIM, 1897; STACK, 1980; GARFINKEL y Cols., 1982)
que los judics, catôlicos (TARDE, 1886; DURKHEIM, 1897; STACK
1980) y musulmanes (PELLICIER, 1985).
Los nucleos con mayor densidad de poblaciôn, pareclan te
ner tasas mâs altas de suicidio (STENGEL, 1965); pero esto no
ha sido clareunente constatado (LEVY y HERZOG, 1974, 1978;
SEIDEN, 1984). También se ha intentado relacionar una mayor
incidcncia del suicidio en grupos demogrâficos donde hay hac^
namiento y una gran movilidad de poblaciôn (OMS, 1969) y una
elevada velocidad de crecimiento de la misma (WECHSLER, 1961).
Una mayor incidencia en âreas urbanas, respecto de las rura
les (STENGEL, 1965; OMS, 1969; CALZADILLA, 1983; etc...) no se
ha visto confirmada por algunas estadisticas (OMS, 1976;
SEIDEN, 1984).
Los desempleadcs constituyen un grupo con mayor riesgo
de suicidio (SAINSBURY, 1955; DRUHN, 1962; DORPAT y Cols.
1965; OMS, 1969; WEISSMAN, 1974, etc— ), especialmente si
pertenecen al sexo masculine (ROY, 1982).
- 185 -
Los enfermos, no ya mentales, sino todas aguellas perso
nas que padecen una enfermedad corporal de cierta impcrtamcia,
por su gravedad, cronicldad, dolores, o dificultad terapeütica
teunblên constituyen un grupo con especial riesgo de autolisis
(SAINSBURY, 1955, 1961; LITMAN y FARBEROW, 1961; COHEN, 1961;
STENGEL, 1965; KIELHOLZ, 1967; GAZZANO, 1973; KUBLER-ROSS,
1974; PAYKEL y Cols., 1975; MORON, 1977; ALONSO-FERNANDEZ,
1978; OKASHA y Cols., 1981; ROJAS, 1982; SHNEIDMAN, 1982;
CARBONEL, 1985, etc...).
En los estudios realizados sobre tentativas de suicidio,
los autores encuentran uno o mâs intentos previos en un por-
centaje de casos que oscila entre un 25% (JONES, 1977; ABRIL,
1985) y un 55% (KOVACS y Cols., 1976; BANCROFT y MASACK, 1977;
BAKER, 1984). Otros autores refieren cifras intermedias;
30% (MUROHY y WETZEL, 1982), 35% (PACHECHO y Cols., 1981),
40% (SARRO y Cols., 1979; BERTRAN y Cols., 1984) y 50% (HANSEN
y WANG, 1984; GARCIA-NACIA y Cols., 1984). SCHNEIDER (1982)
en un estudio retrospectivo observa que un 40% habla realizado
uno a mâs intentos previos a la consumaciôn suicida.
Parece évidente que una historia previa de intentos de
suicidio constituye un fuerte indicador de la repeticiôn de la
conducta suicida y de la posobilidad de que esta conduzca a
la muerte del sujeto (STENGEL, 1965; KIELHOLZ, 1967; GAZZANO,
1973; MORON, 1977; ALONSO-FERNANDEZ, 1978; SEYNNAERF y Cols.
1978; POHLMEIER, 1979; ZUNG, 1979; KENNEDY y Cols., 1979;
186 -
SUND y TIDSS, 1980; FREEDMAN y Cols., 1982; BASSÜK y GILL,
1983; ROJAS, 1984; BAKER, 1984; CHANOIT, 1985; SARTORIUS,
1985, etc...), ya que generalmente, cada nuevo acto suicida
suele ser mâs grave que el precedente (GOMEZ DEPERTUS, 1977).
Por temto, debe ser considerado como un grupo de alto riesgo
de suicidio, el compuesto por las personas que ya han intenta
do suicidarse.
La existencia de un riesgo mâs elevado aûn entre las per
sonas que han realizado un mayor nûmero de intentos previos
(MORON, 1977) ha sido puesta recientemente en entredicho por
BECK y Cols. (1982), que encuentran, en contra de lo que tra-
dicionalmente se venia pensando, que el haber realizado un
mayor nûmero de tentativas previas influye poco en el riesgo
de suicidio. BANCROFT y Cols. (1977) han propuesto très tipos
de comportaunientos en los intentos de suicidio, siendo el b y
c los que mâs façilmente accedian a la consumaciôn suicida:
a.- Repetidores crônicos habltuales.
b.- Repetidores, en varias ocasiones, durante un breve periodo
de tiempo.
c.- Impulsives ocasionales, que teui solo realizan la tentativa
en un momento determinado.
En realidad una persona puede repetir un intento de sui
cidio porque la modificaciôn ambiental que pretendla no se ha
- 187 -
llevado a cabo tras la primera tentativa, o porque con el
tiempo se ha vuelto a una situaciôn similar a la anterior.
Dentro de este grupo se incluirân las tentativas con un mô-
vil de llamar la atenciôn o de chantaje (ROJAS, 1984), con
un menor riesgo de muerte, pero entre los que también se pro
ducen suicidios consumados, a veces por error, por escojerse
algûn fSrmaco con propiedades mâs mortiferas, como la colchi-
cina (SOUBRIER, 1984), que habrîa sido prescrito a algûn
otro miembro de la familia (KERFOOT, 1984).
En otras ocasiones , con la repeticiôn de cada nuevo in
tento se busca una nueva técnica; para probar su efectividad,
ya que el sujeto carece de informaciôn suficientemente.. En
este sentido, un segundo intento con menor gravedad desde el
punto de vista somâtico puede estar acompanado de una mayor
intenciôn autolitica. Por tanto, el estudio de la técnica
utilizada, tanto en la tentativa actual como en las anterio
res, puede colaborar en la evaluaciôn del comportamiento,
del riesgo de suicidio, y de la actitud psicolôgica de una
persona determinada. La utilizaciôn de la misma técnica y
en la misma medida (fârmacos a las mismas dosis, por ejemplo)
que en ocasiones anteriores, en las que no hubo un importante
daho corporal, implica una escasa intenciôn autolitica; por el
contrario el uso de la misma técnica con una mayor gravedad
(fârmacos a mayor dosis, etc...), el paso a técnicas nuevas
(aunque sean mâs leves) y la realizaciôn del intento en un me
- 188 -
dio ambiante de soledad, en donde nadie puede intervenir a
favor de su vida, nos indica un grave riesgo de muerte.
La prevenciôn de las tentativas de suicidio debe ser in-
cluida dentro de la prevenciôn general del suicidio (OMS,
1969) no solamente porque contribuye a la prevenciôn del desen
lace mortal de los actos suicidas, sino porque en si, aunque
hipoteticaunente no condujesen nunca a la muerte, constituyen
un fenômeno no deseado, producto de una anomalîa psicolôgica
o psicopatolôgica (ALESSI y Cols., 1984) , que ademâs con1leva
una gran carga econômica para el sistema sanitario.
El Ministerio de Sanidad de Francia calculô en 1971 que
el precio de coste de un intento de suicidio seguido de una
reamimaciôn y de una estancia en un medio hospitalario, osci-
laba entre 2.500 y 7.500 francos, teniendo en cuenta una dura
ciôn media de dos dîas en cuidados intensives y una hospital^
zaciôn media de nueve dîas. A estas cifras deben ahadirse,
como dice SARTORIUS (1985) los costos de los cuidados que re
quiers la invalidez prolongada que en muchos casos permzmece-
râ como triste recordatorio del incidente. El problema se agra
va, si considérâmes que los intentos de suicidio vienen exper^
mentando un considerable aumento, ya detectado por la O.M.S.
en 1969, que se hace especialmente patente en la actualidad, lo
que ha llevado a SOUBRIER (1984) a considerarlos como "un autën
tico problema epidêmico".
- 189 -
La detecciôn y tratauniento precoz de la enfermedad mental,
séria otra medida de gran utilidad dentro de la prevenciôn pri
maria del suicidio, (ROJAS, 1984), asl como su adecuado con
trol y seguimiento, que evitarâ que los mâs predispuestos a
atentar contra la vida, lo realicen en périodes de empeoramien
to de su enfermedad. Un soporte psicolôgico adecuado a los
pacientes graves en los hospitales y una detallada evaluaciôn
de sus recursos afectivos debe ser considerada, ya que el au
mento de conductas autoagresivas en este grupo es cada dla mâs
llamativo (CIVEIRA y Cols., 1985).
Aûn siendo conscientes con BILLE-BRAHE (1982) de que has-
ta los sistemas sanitarios me]or estructurados adolecen de re
cursos inmediatos para solucionar satisfactoriamente la pro-
blemâtica del suicidio; algunas estructuras deben ser mejora-
das, como la denunciada por CRAMMER (1984), quien ha puesto
de relieve como las salas de muchos hospitales estân constitui-
das de modo que la observaciôn del enfermo es difîcil, especia^
mente si êstos deambulan frecuentemente de una sala a otra, o
se hallan "perdidos por los pasillos"; tauito mâs cuando a estas
circunstancias se suma un nûmero de enfermeras proporcionalmen-
te escaso y una falta de experiencia o de motivaciones profesio
nales de las mismas.
La instalaciôn de medidas para evitar la posibilidad de un
desenlace suicida en los hospitales psiquiâtricos résulta impres
- 190
cindible, especialmente cuando el nivel de vigilancia no es
exaustivo. Impedir mediante trabas roec&nicas el que un enfer
mo pueda arrojarse por la ventana o las escaleras, etc... pue
de salvar muchas vidas, ya que tal como ya hemos expuesto con
anterioridad, es absolutamente falso que todo suicida que no
se quita la vida mediante una técnica lo harâ a través de
otra, asl como la afirmaciôn de que todo el que no se suicida
en un momento determinado lo harâ' mâs tarde. Hay muchas téc
nicas que son desechadas por el presunto suicida (por su cruel
dad, por ser dolorosas, porque requieren mayor determinaciôn,
etc...) y muchos suicidas tienen un carâcter predominantemente
impulsive o bien suceden durante una determinada fase de un
proceso psicopatolôgico, con lo cual, superado este periodo el
riesgo de suicidio desaparece.
Medidas de esta Indole se han mostrado también Gtiles a
nivel nacional, como el caso estudiado por OLIVER y HETZEL
(1973)., quienes detectaron en Australia una disminuciôn del
nûmero de suicidios consumados a partir de que el Departeunento
de Legislaciân de la Salud de este pais restingiera en Julio de
1967 la prescripciôn de hipnôtico-sedantcs a no mâs de 25 table
tas o câpsulas (antes entaba limitada de 100 a 300).
El papel de los medios de comunicaciôn social también tie
ns gran importancia. La presentaciôn en las conductas suicidas
como algo natural, desprovisto de toda relaciôn con alteracio-
nes psicolôgicas o psicopatolôgicas, y a veces tehidas de cier-
- 191 -
to "carâcter herôico" puede inducir a la imitaciôn, y por tanto
a un aumento de las conductas suicidas. Taunbiân resultan per-
judiciales las noticias sensacionalistas sobre suicidios (OMS,
1969). Por otro lado algunas campahas preventivas han demostra
do carecer de la suficiente profundidad psicolôgica, con la de
nunciada por ALONSO-FERNANDEZ (1985), segûn el cual muchos ado
lescentes se han vuelto drogadictos al tomar conocimiento de la
amenaza vital implicada en el consumo de drogas. El eslogam pu
blicitario "la droga mata", que no deja de ser una tremenda ver
dad, ha contribuido a la extensiôn de las drogodependencias.
Los problemas de informaciôn pûblica sobre los problèmes del
suicidio, segûn la O.M.S. (1969) deben encaminarse a eliminar
los tabûs que rodean este asunto y a dar a las personas expues-
tas la posibilidad material y moral de pedir ayuda; a la vez que
se estimula al resto de la sociedad a cooperar en el reconoci-
miento y asistencia de las personas afectadas. La O.M.S. (1969)
también ha propuesto la creaciôn de programas de ensenanza y for
maciôn profesional para el personal médico, para el de los servi
cios de salud mental, para enferroedas y asistentes sociales, pa
ra el personal de los servicios especializados en la prevenciôn
del suicidio y para otros grupos profesionales como sacerdotes,
juristas, maestros y policies.
Otras medidas dentro de la prevenciôn primaria se enmarca-
riam dentro de la denominada "medicina social". Una politics
- 192 -
general de sana convivencia, de justicia social, de equilibrio
entre los valores espirituales y las ideologias consumistas
prépondérantes en la cultura occidental actual, que respete op-
ciones, creencias y que p e m i t a el proceso de adaptaciôn del
hombre al zunbiente podrla resultar de gram utilidad preventive
(CIVEIRA y Cols., 1985). JAUREGUI (1971) ha destacado como los
anciamos, grupo entre el que se acumula un mayor nûmero de sui
cidios, son los mâs necesitados de ciertas medidas de esta indo
le, que êl ha sistematizado en :seguridad econômica, bienestar
flsico, tramquilidad espiritual, atenciôn mêdica,actividades
recreativas, continuar en el seno de su familia, y desarrollar
una ocupaciôn o trabajo voluntario que éliminé los sentimientos
de inutilidad.
La realizaciôn de programas institucionales de reorganiza-
ciôn de actividades, recreaciôn y protecciôn social especifica
para ciertos grupos sociales, como el de los jubilados, tal co
mo ha propuesto YAMPEY (1973) puede resultar de gran utilidad
en la prevenciôn de suicidio y mejora de la integraciÔn social
y la vida psiquica de los citados grupos sociales.
Por ûltimo, sehala CASSEM (1980), el contexte ideolôgico
de la prevenciôn debe girar alrededor de la idea de muerte de
la colectividad y la comprensiôn, simbologla y valoraciôn del
suicidio en la misma.
- 193 -
B-10.2. PREVENCION SECUNDARIA;
La prevenciôn secundaria segûn CAPLAN (1966) séria la 11e-
vada a cabo mientras los trastornos mentales tienen una sintoma
tologia activa. La llamada "intervenciôn" por SHNEIDMAN (1968),
équivalente al trateuniento de la enfermedad. La estrategia pre
ventiva se centra, segûn ROJAS (1984) en actuar sobre el enfer
mo que ya ha intentado o que estâ en la antesala del paso al ac
to, es decir, en actuar durante la "crisis suicida". Se trata
de afronteu: la crisis suicida mediante una intervanciôn inmedia
ta, integrada por la aplicaciôn urgente de medicamentos y sobre
todo, psicoterapia de urgencia, movilizaciôn del ambiente,
apoyo social y probablemente hospitalizaciôn (ALONSO-FERNANDEZ,
1978) .
La prevenciôn secundaria se plantea fundeunentalmente en
très papeles: detectar a las personas con intenciones autoliti-
cas, posibilitar el que dichas personas puedan acudir a algûn
centro que pueda ayudarles, y administrer un trateuniento adecua
do, tanto si aûn no han intentado suicidarse, como si lo han
hecho sin que la muerte haya sobrevenido a consecuencia de
ésto.
Para detectar la intencionalidad suicida de algunas perso
nas, la observaciôn clînica tiene una importancia capital. Ya
hemos descrito los diez puntos bâsicos que segûn GOMEZ DEPERTUS
(1977) pueden servir de guia para descubrir la intencionalidad
194 -
suicida en un sujeto y el "sîndrome presuicida" propuesto por
RINGEL (1953,1965). MENAHEM (1981) ha descrito unas caracte-
risticas linguisticas particulares en los suicidas en lo que
se refiere a la "enunciaciôn" (impacto del sujeto en un dis
eur so) y "entonaciôn" (melodia de la palabra).VON BORK (1981)
ha descrito también unas peculiaridades grafolôgicas del pre-
suicidio.
Sin embargo, este conjunto de caracterlsticas cllnicas
présentes en gran nûmero de casos, teunbién se hallan ausentes
en no pocos de éstos, con lo que la ptevenciôn del suicidio se
ve un tanto comprometida (SCHNEIDER, 1982). Esto ûltimo es t^
pico de la adolescencia, durante la cual, tal como ha descrito
ALONSO-FERNANDEZ (1985, la mayor parte de las tentativas son
actos instanténeos; son la respuesta impulsiva a algûn proble
ma inmediato que surge sobre un largo conflieto de fondo con el
ambiente fauniliar.
Como coadyuvantes de la labor clînica, se ha propuesto el
uso de escales de evaluaciôn del riesgo suicida, como las de
POLDINGER (1969), BECK y Cols. (1974,1979), PIERCE (1981),
PALLIS y Cols. (1982, 1984), ROJAS y Cols. (1985), etc...
BECK y Cols. (1982) han propuesto el uso de una escale (S.S.I.)
para medir la desesperaciôn, ya que en su opiniôn ésta consti
tuye el factor etiolôgico fundamental del suicidio. También se
ha propuesto el uso de diverses test, como el de RORSCHACH
- 195 -
(BOHM, 1951), el T.A.T. (MURRAY, 1938) o el test de SZONDI
(SZONDI, 1947), pero tanto la realizaciôn como la valoraciôn
de dichas pruebas exigen demasiado tiempo y experiencia, y,
por tanto, como dice POLDINGER (1969), es dificil que sean
utilisables de un modo amplio, por ejemplo, en la prâctica
médica general; aparté de que la validez de dichos test, espe
cialmente por lo que se refiere a la problemâtica que nos ocu
oa, es bastante discutida. Recientemente, RODRIGUEZ y LOFEZ
(1985) han propuesto que la aplicaciôn del test de "las caras
desenfocadas" podrla ser ûtil a la hora de evaluar el riesgo
de suicidio.
La detecciôn de avisos suicidas es otra labor que concier
ne a la prevenciôn secundaria, y debe ser llevada a cabo por
todos los médicos (especialmente generalistas, internistas,
psiquiatras .y médicos de empresa y de familia), por el resto
de los sanitarios y por los fcuniliares y eunigos del presunto
suicida.. Ya hemos expuesto como éstos se producen en un 15 a
un 80% de los casos (RINGEL, 1961; STENGEL, 1965; FREEDMAN y
Cols., 1982; GARCIA-MACIA y Cols., 1984; ROJAS, 1984, etc...),
y como frecuentemente los futures suicidas acudirân a algûn
médico poco antes de realizar su autoagresiôn (GOMEZ DEPERTUS,
1977; HAWTON y Cols., 1979; ROY, 1982; BORG y STAHL, 1982, etc..)
Una labor importante dentro de la prevenciôn secundaria
constituiria en la organizaciôn de un centro especial que se
- 196
mantenga a la espera y a la escucha (ALONSO-FERNANDEZ, 1978).
Agul, el médico puede ser sustituido por otra persona experta
en estas cuestiones, como sucede en Espaha con los que traba-
jan en los "Teléfonos de la Esperanza" (ROJAS, 1984) . Estos
teléfonos tienen a su predecesor en el Reverendo Warren, quien
iniciô en 1885, en Nueva Yor)c, el sistema de ayuda por teléfo-
no. Hay que tener en cuenta que estos centros de ayuda por
teléfono no estén especializados en el suicidio, sino que
atienden a muchas facetas de la problemâtica social, especial
mente de indole fjuniliar y conyugal (DPDKOVA y ZEMEK, 1979) .
La cuantia de lleunadas suicidas suponen solamente un 2%
del total en la S.O.S.-Amitié de France (GUILLON y le BONNIEC,
1983) y un 1,3% del total en los teléfonos de la Esperanza, en
Espaha, (ROCAMORA, 1983). Generalmente prestan una ayuda (gra
tuita y anônima)basada en el concepto de "intervenciôn en cri
sis", mediante la cual se intenta provocar una "catarsis" ele
mental. Como dice HINSON (1982): "conseguir una reducciôn de la
ansiedad y una clarificaciôn de los problemas que la acompahan*.
Pero solo un 40% de las llamadas suicidas corresponden a "un
estado de crisis", el resto tendrian una ideaciôn suicida crôn^
ca (LITMAN y WORLD, 1976), por lo que algunas de estas asociacio
nés, disponen ademés de su servicio de especialistas que estén
a disposiciôn del presunto suidida, para continuar, tras la lla
mada, un trataniento psiquiétrico pero que ya exige la presencia
fisica del sujeto. Algunas de estas organizaciôies como el
- 197 -
"Phoenix” francês, llevan a cabo un sistema similar al de los
"Alcohôlicos anônimos"; en el cual, personas que intentaron su^
cidarse sin éxito, ya restablecidos, intenten ayudar a otros
en los que persisten las ideas suicidas.
La eficacia preventive,respecto del suicidio, de estas
organizaciones de atenciôn telefônica ha sido puesta en tela de
juicio por algunos autores como MILLER y Cols. (1984) y STEIN
y LAMBERT (1984) quienes encuentran que en USA, tan solo se be
nefician clareunente de ellas las mujeres blancas que presentan
tasas de suicidio més bajas tras la apariciôn de estos centros
en diverses localidades, si bien, este subgrupo de poblaciôn
también era el que con més frecuencia acudla a soliciter ayuda
a estos centros. SOURIS (1982) no observa variaciones en la
tasa de suicidio de aquellas comunidades en las que trabajan
estas organizaciones. Sin embargom hay que tener en cuenta
que, como dice MURPHY (1983), nunca podemos saber con certeza
si hemos prevenido un suicidio y que dada la importancia y el
efecto de la conversaciôn desde el punto de vista preventive
y terapeûtico (REVERZY y STRAUSS, 1979) hay que pensar que no
pueden carecer de utilidad estos centros, si en ellos se sabe
escuchar y utilizar "el arte de la palabra" (ROJAS, 1984), ut^
lizando y encauzando las tendencias autoconservadoras para
combatir el suicide durante esta fase de ambivalencia
(POLDINGER, 1969).
- 198 -
Diverses Iglesias cirstianas teunbiên han desarrollado
progrannas para luchar a favor de una mayor integraciôn social y
de una mejorla de las relaciones familiares, consiguisnâo segûn
ADAM y Cols. (1983) reducir los niveles de ideaciôn suicida.
También se han creado centres especializados en la preven
ci6n del suicidio segûn la O.M.S. (1976), de los que résulta
un precoz exponents el Centro de Prevenciôn de Suicidio de Los
Angeles (U.S.A.) dirigido por Farberow y Shneidman. Algunos
se crean como "Unidades de suicidologla" adscritas a hospita-
les générales, como el dirigido por Bl Sarrô en el Hospital
Clînico de Barcelona desde 1978. También se ha propuesto la
creaciôn de unidades psiquiatricas insertadas en el centro de
reanimaciûn en el que se atienden las tentativas de suicidio
de mayor gravedad (GORCEIX y 2IMBACCA, 1968); ya que tan pron
to como el paciente comienza a salir del coma debe intervenir
el psicoterapeuta entrenado en suicidologîa (GAZZANO, 1973),
pues en este mornento la intervenciôn psicolôgica es muy ûtil,
ya que permits descargau: los sentimientos que impiica el acto,
antes de que se establezca una elaboraciôn defensive a nivel
psicoldgico o social (SARRO, 1983).
En un sentido estricto, como dice LITMAN (1968), ningûn
tratamiento (incluidos psicoférmacos, psicoterapia, electro-
choque y hospitalizacidn prolongada) garantira al paciente con
- 199 -
tra el suicidio; si bien, la aplicacidn de un tratamiento psi-
quiâtrico ha demostrado ser muy ûtil, reduciendo significativa
mente la probabilidad de suicidio (ROSENMAN, 1983). En este
sentido, un abordaje integral, bioldgico,nsicolûgico y social,
es, en cada caso, la mejor alternativa a toraar; siendo los
criterios publicados en la literatura meramente orientadores
sobre la conveniencia de utilizer con m&s intensidad un a specto
que otro (CIVEIRA y Cols., 1985).
El primer paso en el tratamiento de una tentative de su^
cidio consiste en reparar las lesiones danadas, y evitar, si
es posible, que el elemento utilizado en la autoagresiûn cont^
nue causando un dano orgSnico. Una de las medidas mis frecuen
tes consiste en realizar un lavado gûstrico a aquellas perso
nas que han ingeridn una sobredosis medicamentosa. Las condi-
ciones de la atenciôn prestada durante estes momentos tienen
gran importancia para la posterior evoluciôn del proceso. Hay
que destacar aquî, como en la prâctica, este primer aspecto del
trateuniento suele descuidarse.
SARRO (1983) ha descrito como entre los sujetos atendidos
por una tentativa de suicidio en la sala de urgencies de un
hospital general, era frecuente la queja de "desatencidn psi-
quica", pues se les habîa realizado un lavado gâstrico en luga
res, medio y circunstancias muy penosas; y se les habîa remiti-
do "a casa" como algo "molesto" por lo que volvlan a su medio
— 200 —
habitual con el impacto emocional de la tentativa y la sobre-
carga de las condiciones del lavado géstrico.
NICOSON (1983) también ha obseirvado como los pacientes que
han realizado una autointoxicaciôn medicamentosa son los enfer
mos que gozan de menor popularidad entre los sanitarios de un
servicio de urgencies, seguidos de los que padecen asma, un
ictus y una hemorragia digestiva, respectivamente. El rechazo
provocado por la angustia y la posibilidad de muerte de que se
acompanan estos enfermos, puede verse aûn mâs favorecido por
el hecho de que algunos se muestran hostiles o revindicativos,
que no deseen que su muerte se évité o que sus conductas seen
manifiestamente teatrales o manipulativas.
HAWTON y MARSACK (1981) han observado como los psiquia-
tras y enfermeros muestran una mejor actitud ante los pacien
tes que han intentado suicidarse por razones "depresivas"
que ante los que lo hicieron por motivos de "manipulaciôn",
prestando a los primeros una mayor atenciôn y preocupéndose
mâs por intentar ayudarles. MORGAN (1979) también observa
que el personal sanitario, ante enfermos"provocadores, diflcl
les y poco razonables", tuvo a su vez sentimientos de hostili
dad y rechazo hacia ellos; como consecuencia, algunos se suic^
daron. FREEDMAN y Cols. (198-2) han descrito como "lo ûnico que
querian era atenciôn" es el comentario exasperado que sigue a
muchos intentes de suicidio. Sin esta atenciôn -advierten los
- 201 -
autores- puede que esa persona consiga suicidarse en el pr6x^
mo intento.
For tanto conviene insistir con ALONSO-FERNANDEZ (1978)
en que todo sujeto que haya realizado una tentativa debe ser
estudiado con sumo detenimiento, en la perspectiva de que ofre
ce un alto riesgo de repeticiôn, incluso las tentativas llenas
de teatralidad y de ficciôn. Tanto mâs, cuanto que la propen
sion al suicidio se increments, incluso en sujetos muy vacilan
tes al respecto, como reacciôn a amonestaciones de otras perso
nas, especialmente médicos, que denotan una falta de compren-
si6n y estimaciôn.
La identificaciôn demogrâfica de grupos de alto riesgo
puede hacer olvidar que no es necesario pertenecer a uno de
estos grupos para realizar un kuicidio (MURPHY, 1983), des-
cuidando la vigi)ancia y el tratamiento de grupos con menor
riesgo, como el de jôvenes neurôticos, lo que a veces puede
llegar a calificarse de negligencia. Tengamos en cuenta
por ejemplo, que segûn COLONNA y LOO (1972) un 4% de los his
têricos que intentan suicidarse, acaban son su vida. No ré
sulta extrano, entonces, que BROMBERG (1979) considéré al
suicidio como el mayor riesgo por negligencia de los psiquia-
tras ni que BOYERS (1979) advierta que en Nueva York por lo
menos la mitad de las negligencias mêdicas fueran desencadena
das por el süicidio.
- 202 -
En los primeros momentos son fondamentales los cuidados
de aislamiento y observaciôn, con râpida intervenciôn por par
te del personal sanitario y continua reevaluaciôn del poten-
cial suicida por parte del equipo médico (RESNZCK, 1980). El
internamiento en un centro psiquiâtrico es una medida reco-
mendable casi siempre en las tentativas de suicidio y en los
suicidios frustrados (ALONSO-FERNANDEZ, 1978). Sin embargo,
no siempre se aplica suficientemente esta medida, ta! como
podemos observar en el estudio realizado por MILLA (1983) en
Espana, segûn el cual del total de tentativas atendidas en
un servicio de urgencies de un Hospital General (5% presenta-
ban coma grado III, 10% coma grado II, 19% coma grado I, y
un 66% casos poco graves en cuanto a lesiones corporales),
un 67% fueron dados de alta tras la asistencia, y solo un 15%
fuê ingresado en el servicio de psiquiatria.
PINSKER (1981) ha puesto de relieve como hay pacientes
que buscan el intreso y para ello alegan el suicidio, y como
una vez ingresados se liberan de su angustia. Segûn este au-
tor "la simple declaraciôn del paciente de que desea el suic^
dio no debe ser motivo para que el psiquiatra ignore lo que
conoce sobre factores de riesgo. Estar bajo los 45 anos y 1^
bre de depresiôn endôgena sugiere menos riesgo. En algunas
circunstancias la crisis suicida puede no ser tanto una deses
perada peticiôn de ayuda como una pétulante peticiôn de servi
cio". Sin embargo, parece cuando menos arriesgado aplicar
- 203 -
factores de riesgo basados en criterios denogrâficos a casos
concretos. El poder ansiolltico que la hospitalizeci6n conlle
va en estos casos debe interpretarse como un beneficio, y ne-
gar la "pétulante peticiôn de servicio" puede dar lugar en no
pocos casos, a una nueva tentativa de suicidio (posiblemente
mâs grave) o a un suicidio consumado. Por tanto, creemos con
CIVEIRA y Cols. (1985) que la hospltalizaciôn es conveniente
si la demanda del paciente es muy fuerte; aunque esta sea bre
ve.
Tal como opina ALONSO-FERNANDEZ (1985), dos o très dias
pueden ser suficientes, pero conviene prolonger la hospitali-
zaciôn cuando existen slntomas psiquiâtricos, o cuando el
embiente familiar es poco comprensivo y muy rîgido en sus pau-
tas de comportamiento.
La hospitalizaciôn también résulta ûtil para asegurar que
la persona que ha intentado suicidarse continuarâ el tratamien
to prescrito, ya que en muchas ocasiones, los pacientes a los
que se ha recomendado un tratamiento ambulatorio, no acuden a
la primera cita posterior a la entrevista, tal como ha observa
do PAYKEL y Cols. (1974), en cuyo estudio solamente un 42% de
los pacientes en tratamiento externo volvieron a acudir a la
consulta tras la tentativa de suicidio. Por lo que BAKER (1984)
ha considerado que la hospltalizaciôn pslqulâtrlca puede ser
- 204 -
una medida preventiva cuando un paciente ha tenido dos intentes
anteriores de suicidio y no ha continuado el tratamiento en con
sulta externa.
COPAS y ROBIN (1982) han calculado el riesgo de suicidio
de los pacientes psiquiâtricos de Inglaterra y Gales (1967-73)
en relaciôn con la duraciôn del tratamiento en rêgimen de hosp^
talizaciôn, observando como éste disminuye cuando mâs prolonga-
do es el internamiento.
DURACION DEL TRAXAMIENrO REGIMEN CE INIERNAKŒNIO
Menos 1-i 5=3 1=5 5=5 6-12 1-2 2=3 3=5 mâs de
de 1 Sans Sans Meses MesesMeses Anos Afios Anos 5 anos
semana
SGO CE SUICIDIO
jertes pordia y HOTBRES 19,37 9,32 7,84 7,16 7,20 2,87 1,53 1,35 1,06 0,36
L16n de pacientes --------------------------------------------------------------
Lquiâtrioos) MUJERES 7,79 4,47 3,69 3,90 3,31 1,64 0,87 0,79 0,18 0,14
Sin embargo, segûn FIN2EN (1983), el tiempo de hospitali-
zaciôn tiene escasa importancia, siendo el factor fundamental
el momento del alta hospitalaria, ya que esta es en si misma un
factor de riesgo, aumentando el riesgo de suicidio en los prime
ros dias en rêgimen ambulatorio (pues actuan los factores exter
nos); segûn pasa el tiempo el riesgo disminuye.
El tratamiento farmacolôgico, debe encaminarse hacia el
tratamiento de la enfermedad mental, si existe, fundamentaImente
responsable de la condicta suicida. ALESSI y Cols. (1984) han
- 205 -
inslstido en la utilidad de buscar y tratar la patologîa psl-
quiâtrlca que hay detrâs de las tentativas de suicidio. Cada
caso debe ser individuallzado. Como pauta general la adminis-
tracidn de algfin psicofârmaco bien seleccionado, particularmen
te entre los ansiollticos y los antidepresivos puede resultar
de gran utilidad (AICNSO-FERNANDEZ, 1985).
El uso del electrochoque, fuê propuesto por CERLETTI en
el Congreso Mundial de Psiquiatria de Paris (1950) como medida
preventiva del suicidio, en personas que han realizado un sui
cidio frustrado. Mâs reclentemente ROY (1982) ha vuelto a su-
brayar la conveniencia de la utilizaciôn de terapia electrocon-
vulsiva en depresiones endôgenas con alto riesgo de autolisis.
Segûn MONTGOMERY y MONTGOMERY (1982) la mayorla de los de-
sôrdenes de personalidad responden especialmente bien a los neu
rolêpticos, debido a la relaciôn existante entre los neurolépti
COS y la dopamina en los trastornos de personalidad con carâc-
ter suicida. También POLDINGER (1969) ha propuesto la adminis-
traciôn de neurolêpticos en aquellos trastornos de suicidio con
carâcter de "actos de cortocircuito",para contrarrestar en pri
mer têrmino la tendencia a la impulsividad, procurando una seda
ciôn medicamentosa continua cuando la anamnesis révéla repeti-
das tentativas de suicidio.
Los antidepresivos no deben prescribirse hasta que el suje
to se halle albergado en un ambiente de cierta seguridad, por-
206 -
que su absorciôn eleva al principio el riesgo de suicidio
(ALONSO-FERNANDEZ, 1978), ya que en cierto modo la inhibiciôn
de que se acompanan muchas depresiones protege al individuo
contra el suicidio (ROJAS, 1984). Los antidepresivos mejoran
con mucha mâs rapides la parâlisis motriz que el humor depres^
vo y su consiguiente ideaciôn suicida, por lo tanto el efecto
farmacolôgico puede dar lugar a una desinhibiciôn con persisten
cia del estado de ânimo depresivo, favoreciendo en un primer mo
mento el "paso al acto" suicida. Esto ha llevado a POLDINGER
(1972) a recomendar ante depresiones de estas caracterlsticas,
el empleo, junto con los antidepresivos, de neurolêpticos de
fuerte acciôn sedante durante los primeros dias de tratamiento.
La administraciôn de antidepresivos en rêgimen ambulatorio
a sujetos con elevado riesgo de suicidio que viven soles puede
resultar muy peligrosa, ya que no se puede confier en su correc
ta administraciôn y ademâs, êstos pueden ser utilizados para
llevar a cabo una nueva tentativa, que puede revestir mayor gra
vedad (CAMPAILLA, 1985). En cualquier caso deben de asociarse
a tranquilizantes y a hipnofacilitadores no barbitûricos. El
uso de tranquilizantes menores de tipo benzodiaceplnico puede
ser mâs ûtil que el de neurolêpticos, sobre todo en pacientes
que no estân sometidos a vigilancia y control; ya que la posi
bilidad de muerte por intoxicaciôn por ingesta excesiva de ês
tos es prâcticamente imposible, excepto con el meprobamato
(FREEDMAN y Cols., 1982).
- 207
La administraciôn de hipnofacilitadores de tipo no barbitû
r ico- para combatir el insomnio es preferible a la de barbitûr^
COS, por el mismo motivo. Têngase en cuenta que ônicamente 10
o 20 câpsulas de amobarbital sôdico pueden provocar la muerte
segûn FREEDMAN y Cols. (1982). Pero si las medidas farmacolôg^
cas resultan ûtiles para tratar la enfermedad subyacente y para
combatir la ansiedad y la impulsividad, la psicoterapia es funda^
mental para la combatir la ideaciôn suicida y favorecer el inte
rês por la vida. (DI MASCIO y Cols., 1979). Los pacientes en
psicoterapia se suicidan raramente, asegura SCHNEIDER (1982);
si bien hay que considerar, que algunos abandonan la psicotera
pia dada la gravedad de su sintomatologîa psiquiâtrica, sus
caracterlsticas psicolôgicas o su gran intencionalidad suicida;
y son éstos los que realizan un nuevo acto suicida, generalmente
muy grave.
En cualquier caso no cabe duda que la psicoterapia es de
gran utilidad, tanto a nivel terapeûtico como preventivo. Sin
embargo, tan solo algunos de los sujetos que acuden a un servi
cio de urgencies por intentar el suicidio son remitidos para
realizar psicoterapia. En Francia ROMANI y Cols. (1982) calcu
la que solo se aconseja psicoterapia a un 20% de las tentativas
de suicidio atentidas. En Espana MILLA (1984) describe como la
gran mayorla, son dados directaunente de alta tras comprobar que
no existe riesgo vital desde el punto de vista somStico.
- 208 -
La Intervenciôn psicoterapeûtica debe de ser iniciada lo
antes posible (GAZZANO, 1973). A veces, el estado de concien
cia en el momento de la tentativa es diflcil de precisar.
Frecuentemente, los enfermos afirman no tener mâs que un re-
cuerdo vago. Puede, en efecto, existir una amnesia lacunar,
sobre todo si ha habido estado de coma, pero mâs a menudo, se
gûn MORON (1977), se trata de una simple reticencia o de un
mecanismo de defense destinados a evitar la angustia ligada al
recuerdo del acto.
Muchas veces la persona niega su intenciôn suicida y ofre
ce explicaciones mâs o menos aceptadas socialmente como: "solo
querîa dormir profundamente", "solo querîa calmar un dolor",
"solo querîa asustar"... (SARRO, 1983). Esto constituye un
obstâculo para la psicoterapia, por igual que cuando se rehusa
precisar el motivo del acto suicida (MORON, 1977).
Lo primero es realizar una entrevista psicolôgica explo-
ratoria, aprovechândola para investigar, especialmente la psi-
codinamia del acto suicida, la posture del sujeto ante la muer
te y la respuesta del ambiente familier, laboral y social
(ALONSO-FERNANDEZ, 1978). Se debe descifrar el significado
del acto e identificar los factores etiolôgicos concurrentes,
y, después, ofrecerle la selectiva ayuda terapeûtica pertinen
te (ALONSO-FERNANDEZ, 1985) . Pasar un cuestionario durante es
ta entrevista puede resultar de gran utilidad desde el punto
- 209
de vista preventivo y terapeûtico (LORIN, 1981); y ademâs puede
servir como medio de investigaciôn, acciôn fundamental para con
seguir prévenir futures tentativas de suicidio (SARTORIUS,
1985).
Para SCHNEIDER (1982), la calidad de la relaciôn terapeût^
ca, independientemente de la psicopatolôgica y de la gravedad
del estado suicidario, parece ser el factor mâs déterminante.
HAIM (1970) opina también que la calidad de la contra-transfe-
rencia adquiere en las tentativas de suicidio una importancia
mayor que en cualquier otro caso. Tcunbiên résulta fundêunental,
segûn LITMAN (1968), la estructuraciôn de una relaciôn psicote
rapeûtica, que debe ser mantenida de forma consistante durante
los momentos de crisis, de forma que el paciente sea capaz de
soliciter ayuda para ser debidamente atendldo. En las personas
que tienen una larga historié de conductas suicidas répétitives
solo puede ser efectivo un plan de tratamiento que produzca una
mejorla graduai de un estilo de vida antodestructivo (LITMAN y
WOLD, 1976) .
VARAH (1966) recomienda establecer una relaciôn êimistosa
e interesada. El grado y calidad del interês que ponemos y el
deseo de comprender es, a fin de cuentas, segûn HAIM (1970), el
primer factor de la prevenciôn del suicidio. El buen terapeute
dice GAZZANO (1973), debe sentir una actitud empâtica hacia el
paciente, centrada en su interês profesional y en el reconoci-
- 210 -
to de su capacidad para acompanar en su tarea de recuperaciôn
a "ese paciente". Debe esforzarse para presentar una actitud
de paciencia sin indecisiôn; de firmeza sin rigidez; de tole-
rancia sin permisividad y de preocupaciôn sin perturbaciôn
(MINTZ, 1968) . Procurando ser poco crltico, receptivo e inte
resado, a la vez que trasmite al paciente su conviciôn
-tranquila y segura- de que podrâ ser ayudado. (BASTOS, 1983).
Durante la entrevista es importante saber dejar hablar al
enfermo, y que cuente su estado, asî como su situaciôn con los
detalles y pormenores que le parezcan mâs adecuados; lo cual
es a la vez informative y catârtico (ROJAS, 1981) . El tera-
peuta debe ser flexible, auroentar la duraciôn o frecuencia de
las sesiones cuando pueda resultar beneficioso, intentando,
como dice SARRO (1985) establecer una buena comunicaciôn y un
dialogo abierto sobre la ideaciôn y actos del suicidio actual,
evitando el considerar como tabû las ideas de suicidio
(POLDINGER, 1969) e intentado comprender el deseo de muerte
(SARRO, 1983), pero sin que las afirmaciones formuladas duran
te la sesiôn terapeûtica en relaciôn con los planes abierta-
mente suicidas u homicidas del paciente se conviertan en un
secreto entre una pareja de confabulados (SHNEIDMAN, 1982).
Muchas tentativas y consumaciones tienen lugar después de
la aparente mejorla de las primeras horas o dias; el diâlogo
sobre el acto suicida ayuda muchas veces a evitar la repeticiôn
-211 -
de la tentativa a corto plazo, al sentirse la persona suicida
"contenida" a nivel psicolôgico o sceptada en su crisis, al
ser escuchada y atendida (SARRO, 1983), ya que segûn POLDINGER
(1969) con frecuencia basta con mantener un diâlogo con el pa
ciente acerca de los impulsos antodestructivos para aminorar
la intensidad de estos ûltimos.
BECK (1963) ha puesto de relieve como muchos suicidas
conceptuan su situaciôn como insostenible y desesperante,
por lo que segûn MURPHY (1983) los esfuerzos del psicoterapeu
ta deben ir encaminados a luchar contra el substrato de la de-
sesperaciôn, gran responsable de la conducta suicida segûn
las observaciones de numérosos autores (BEDROSIAN y BECK,
1979; ROOSE y Cols., 1983; DYER y KREITMAN, 1984, etc...).
Tal como dice LANDSBERG (1953), la esperanza y la espectaciôn
miran hacia dos futuros diferentes, el objeto de la espera es
té en una proximidad inmediata, mientras que el de la esperan
za estâ situado en un futuro mucho mâs indeterminado y lejado,
aparté que el mismo objeto no tiene unos limites bien defini-
dos, no tiene una especificidad clara. Esta desesperanza obede
ce en muchos casos a que se ha perdido el proyecto de la exis-
tencia (ROJAS, 1984).
Por tanto, proporcionar algunas directrices aprovechando
el lado vital del paciente (SHNEIDMAN, 1982) para impulsar el
plan de cada sujeto para autorealizarse dentro de un desarrollc
armônico de la personalidad que favorezca la individualizaciôn
- 212 -
y la dlgnidad de la persona, serâ especialmente ûtil entre los
mâs jôvenes (NcCLURE, 1984), sirviendo ademâs para acabar con
su tedio vital que no raramente termina en el suicidio
(REMPLEZN, 1974). Se debe intentar encontrar estlmulos para
acrecentar las ganas de vivir del paciente, comprendiendo su
situaciôn desde su punto de vista global, acercândole a aque
llas actividades que pueden resultarie mâs gratificantes.
Tal como decla ORTEGA Y GASSET (1950), la infelicidad no
se da en una persona ocupada por una actividad que le embarga.
La inactividad, puede dar lugar, segûn ROJAS (1984) a una in-
congruencia entre nuestro ser potenciàl y el actual, dando lu
gar a un vacio existencial. Debe procurarse que el paciente
élaboré un ocio de una forma mis adecuada y activa, a la vez
que intentâmes que se sienta ûtil y se relacione mâs, con lo
que se puede lograr una movilizaciôn que majore su autoestima,
ya que la psicoterapia debe encaminarse segûn CIVEIRA y COLS.
(1985) a mejorar la autoestima del paciente buscando un equili
brio en sus tendencies impulsives, proponiendo y estimulando
las experiencias positivas de equilibrio entre tensiones y so-
porte social. Lograr una correcte orientaciôn de la agresivi-
dad y désarroi1er hâbitos de manejo instintivo y efectivo, es-
tabilizando la integraciôn social en el medio. El desarrollo
de un programa profesional interesante puede ser muy ûtil en
tre los mâs jôvenes (ALONSO-FERNANDEZ, 1985).
- 213 -
El suicida debe hallar otro medio de reacciôn o expresiôn
que no sea la autoagresiôn, antre frustraciones o una situaciôn
a la que no encuentra salida. Dentro de la terapia de conducta,
LIBERMAN y Cols. (1981) proponen una têcnica de concienciaciôn
de la enfermedad, centrada en un programa de entrenamiento en
habilidades sociales, manejo de la propia ansiedad y contratos
ante crisis futures con la colaboraciôn de familiares signifi
catives con los objetivos de mejorar la integraciôn interperso
nal del paciente, superar las tensiones internas que sufre y
evitéu: las situaciones de impulsividad generando salidas dife
rentes a la conducta antoagresiva.
Las preocupaciones conscientes por las nociones sobre la
muerte muy frecuentes, segûn STENGEL (1965), después del inten
to de suicidio, pueden servir como punto de partida para lograr
un concepto mis adecuado sobre la muerte, para luchar contra
su funciôn ordilica (VEDRINNE, 19651y de rebeldia, ya senalada
por TISSOT en 1840. Entenderla como culminaciôn de la vida
(RILKE, 1927) y no como catistrofe absurda (LEPP, 1971),
puede ser ûtil a la hora de organizar y estructurar la propia
vida (BETTELHEIM y KARLIN, 1979) si se ofrecen motivos para vi
vir y fuentes de autorrealizaciôn dentro de una perspectiva v^
tal que no sea demasiado abstracta, con contenidos irreales o
inalcanzables, para evitar la desorganizaciôn y la falta de
una minima constancia.
- 214 -
Résulta fun&unental una evaluaciôn indlvidualizada de los
slstemas comunicaclonales familiares (ENNIS, 1983), no se pue
de prescindir de la feunllla a la hora de evaluar el acto sui
cida y proponer un plan de intervenciôn (ALONSO-FERNANDEZ,
1985). Los padres juegan un papel muy importante en las ten
tativas realizadas por jôvenes, y muchas veces se puede obser
var que el suicida se siente rechazado por ellos en relaciôn
a otros hermanos (ROSS y Cols., 1983). En otros casos la ten
tativa se produce como resultado del divorcio o separaciôn de
los padres, o bien por la separaciôn matrimonial del propio
suicida. En personas de edad avanzada, la conducta suicida
se ve favorecida por el sentimiento de rechazo o abandono por
parte de los hijos. Estas situaciones son cada dîa mâs fre
cuentes, dado que tal como ha destacado ALONSO-FERNANDEZ
(1985), el soporte socio-familiar se ha vuelto mâs quebradizo,
asolado por la crisis de la familia.
La soledad y el aislamiento socio-fcuniliar favorecen el
vacio afectivo, y el sujeto puede pensar que nadie desea su
existencia, clave de muchas conductas suicidas segûn JASPERS
(1969). Por tanto, se debe intentar la psicoterapia de fami
lia, no como una alternativa para la terapia individual, sino,
como dice ALONSO-FERNANDEZ (1985), como tëcnica complementaria
que se distribuye a lo largo de una empila gama de procedimien
tos entre los que sobresale la terapia familiar sistëmica.
- 215 -
el ceunbio de grupo familiar y las modificaciones eonbientales.
Si fuera precise la ampliaciôn del soporte socio-familiar pue
de utilizarse la têcnica de las redes sociales.
Sensibilizar a las personas significativas, tiene gran
interês, ya que algunos aspectos del pronôstico dependerân
de la respuesta positiva o negativa de êstas. En general an
te la primera tentativa hay una respuesta exagerada de apoyo
y gratificante a corto plazo, pero frente a la repeticiôn de
estos actos, sentimientos de agresividad y culpa, provocan si
tuaciones de abandono total o parcial (SARRO, 1985). La fa
milia, o las personas con las que convive el suicida, son casi
imprescindibles en algunos casos, para lograr la correcta ad
ministraciôn de la medicaciôn, el que êste acuda a la prôxima
citaciôn, en caso de tratamiento ambulatorio, y su cooperaciôn
es fundamental a la hora de realizar la terapia de familia;
las diversas actitudes de los miembros de la familia pueden
verse influidos por el carâcter de la primera entrevista des
pués de la tentativa. La mayor comprensiôn por parte de éstos
hacia el suicida, y una mejor cooperaciôn e integraciôn dentro
del nucleo familiar, junto con la correcciôn de algunos aspec-
tos de la dinâmica familiar, son obtetivos terapeûticos primer
diales.
Se puede comenzar a realizar en los primeros dias después
de la tentativa, aprovechando las frecuentes reacciones de ayu
- 216 -
da que se producen, sobre todo si se trata de la primera ten
tativa, entre las personas cercanas al suicida, ya que, segûn
STENGEL (1965) tratan de comportarse como deberlan haber sent^
do que tenîan que haber actuado si el resultado hubiera sido
fatal, aunque estas reacciones sean de escasa duraciôn o abor-
tivas.
La psicoterapia de grupo también puede resultar.muy ûtil,
combinada con la familiar c individual (ALONSO-FERNANDEZ,1985).
En muchos casos sirve para identificar resistencias, reforzar
el yo del suicida, expresar sentimientos de verguenza, culpa,
agresividad, desesperanza, soledad, etc... a la vez que los
miembros se prèstan apoyo a la hora de buscar y encontrar otras
salidas y motivaciones para vivir (SARRO y Cols., 1983). Favo-
rece los sentimientos de integraciôn social a corto plazo,
rompiendo la incomunicaciôn y el aislamiento, pudiendo propor-
cionar ademâs al paciente otras opiniones y sugerencias que pue
den servir para reforzar la actuaciôn del terapeuta. Segûn
FREY y Cols. (1983), el efecto terapeûtico suele ser évidente
segûn las têcnicas a partir de la quinta sesiôn de tratamiento,
en relaciôn al impacto positive en el peligro vital de la rotu
ra del aislamiento social con la ayuda del psicoterapeuta y
del grupo. LIBERMAN y Cols. (1981) han propuesto el psicodra-
ma como otra têcnica coadyudante que puede resultar de utilidad.
Para realizar una prevenciôn secundaria adecuada y verdade
ramente eficaz résulta fundamental la existencia de una red
sanitaria coordinada. Servicios como los de U.V.I., de urgen-
217 -
cias y de psiquiatria de los hospitales générales, deberlan
de estar perfectamente coordinados a la hora de atender un
caso de tentativa de suicidio y suicidio frustrado. Lo mismo
puede afirmarse respecto de los hospitales générales y los
dispensarios locales (MORON, 1977). De este modo toda tenta
tiva de suicidio podrla ser atendida de forma râpida y correc
ta, con lo que se consegula no solo una mejorla psicolôgica
y psiquiâtrica de estas personas, sino ademâs una menor tasa
de reincidencia de las conductas autodestructivas, tarea que
incumbe a la prevenciôn terciaria.
- 218 -
B-10.3.PREVENCION lERCIARIA:
Segûn CAPLAN (1966) la prevenciôn terciaria es aguella
que atiende al détériore que puede resultar de los trastornos
padecidos. Segûn SHNIEDMAN (1971) la prevenciôn terciaria o
posvenciôn consistiria en la serie de actuaciones adecuadas y
de ayuda que vienen después del suicidio, y lo comparan a la
rehabilitaciôn. Es decir, son las actividades que sirven pa
ra reducir los posefectos que el acontecimiento traumStico
puede provocar en las vidas de los suprevivientes. El propô-
sito de posvenciôn es ayudar a los que sobreviven a vivir mâs,
de forma mâs productiva y con menos tensiôn de la que pudieran
haber tenido (SHNEIDMAN, 1982).
La Prevenciôn Terciaria o post-intervenciôn consiste para
MORON (1977) en la serie de medidas encaminadas a evitar que
se produzca la reincidencia de la conducta suicida. Segûn
ROJAS (1981) la posvenciôn arranca de la tentativa fallida, ya
que segûn ALONSO-FERNANDEZ (1978) la prevenciôn terciaria se
basa en el principio de que una tentativa de suicidio represen
ta uno de los indices que con mayor seguridad permiten identi-
ficar a los candidatos al suicidio. También SARTORIUS (1985)
ha destacado como las personas que ya han intentado suicidarse
son las mâs expuestas al suicidio, en concordancia con gran nû
mero de autores como KESSEL y McCULLOCH (1969), McCULLOCH y
Cols. (1967), DUCHE (1969), GOMEZ DEPERTUS (1977), RYGNESTAD
- 219 -
(1982), FREEDMAN y Cols. (1982), POKORNY (1983), GEERTINGER y
THE CAIDE (1983), PALLIS y Cols. (1984), HANSEN y WANG (1984),
etc...
La prevenciôn terciaria del suicidio consistiria, en el
caso de haberse producido un suicidio consumado, en la aten
ciôn que se debe ofrecer a los familiares y allegados del su^
cida fallecido, para evitar las consecuencias psicolôgicas
perjudiciales que el suceso puede haber provocado en ellos y
evitar las posibles conductas suicidas que se pueden desenca-
denar en estas personas.
En el caso de una tentativa de suicidio o de un suicidio
frustrado, la prevenciôn terciaria consisitria en evitar que
en el futuro esa persona realice un suicidio consumado, e in
cluso, que realice una nueva tentativa de suicidio, ya que la
prevenciôn de las tentativas debe ser la estrategia bSsica de
la prevenciôn del suicidio segûn SARTORIUS (1985).
En las tentativas, la prevenciôn terciaria es una prolon
gée iôn de la secundaria, ya que para realizar un correcte tra
tamiento suelen ser necesarias, tal como hemos expuesto, una
serie de transformaciones en el terreno social, familiar y
ambiental. Estos cambios atanen también a la tarea de la pre
venciôn terciaria y constituyen, segûn MORON (1977), la mejor
garantîa de no reincidencia. Aquî, la colaboraciôn de un asi£
220 -
tente social (POLDINGER, 1969) que ofrezca soluciones y alter-
nativas concretas ante cada caso particular puede resultar de
gran utilidad.
El sujeto que ha realizado una tentativa y se ha recupe-
rado desde el punto de vista psiquiâtrico, debe reincorporarse
a un ambiente que no le provoque una nueva recaida. Para evi
tar esta serie de circunstancias, una buena prevenciôn debe
conseguir una serie de cambios individuales en esta persona
(prevenciôn secundaria) que se acompanen ademâs de modifica
ciones en su forma de vida anterior, de su familia y ambiente
social y laboral.
Ademâs debe estar preparado para acudir a un medio sanita
rio si con posterioridad ve aumentar sus tendencias autodes-
tructivas o se repite una situaciôn de "crisis", para ser aten
dido y evitar la repeticiôn de la conducta suicida. Concien-
ciar en este sentido a familiares y cunigos puede resultar muy
ûtil, sobre todo si se usa la têcnica de redes sociales
(ALONSO-FERNANDEZ, 1985) . Para ello résulta necesaria la exis
tencia de centros capaces de atender al paciente de forma râp^
da y adecuada, puesto que si la atenciôn no se realize con la
debida urgencia y dedicando todo el tiempo que algunos casos
requieren, las consecuencias pueden ser fatales.
- 221 -
DeclaiQOs, hablando de la preyenciôn secundaria, que se
necesltaba una coordlnaclôn entre diverses servicios pûblicos,
como los dispensarios locales y hospitales générales; y den
tro de estos ûltimos, entre los servicios de psiquiatria, ur-
gencias y U.V.I. Estos servicios deben estar, igualmente en
estrecha cooperaciôn con los de asistencia social, extrahospjL
talarios, de forma que la estrategia preventiva abarque todas
sus diversas facetas sin perder uniformidad ni continuidad.
La tarea de la prevenciôn terciaria ante casos de suici
dio consumado, se centra en la atenciôn que debe prestar a los
familiares y allegados del suicida fallecido, ya que, segûn
GAZZANO (1973), de no mediar una atenciôn correcta, las fuer-
zas agresivo-destructivas del campo aumentan la posibilidad de
que algûn otro miembro del grupo desarrollo una mayor disposi-
ciôn suicida. Ademâs se suma a la pérdida de la persona, la
pérdida del grupo anterior, ya que éste como tal se transforma
y de]a de existir para siempre (FOLTA y DECK, 1974).
DANTO y KUTSCHER (1977) han calculado que el porcentage de
depresiôn entre los familiares y amigos del suicida suele ser s:
perior al 25%, y que estos suelen reaccionar, tras el falleci-
miento de éste, con conductas suicidas o autoagresivas, por lo
que los centros de atenciôn en crisis de U.S.A. prestan ayuda
psicolôgira a estas personas significativas del suicida, la
mayorla de las cuales estân deseando hablar con un profesional
- 222
(FREEDMAN y Cols., 1982), si bien es casi siempre necesario
que el psiquiatra se ofrezca a los supervivientes para ini-
ciar su recuperaciôn (RYNEARSON, 1981).
Generalmente, segûn STENGEL (1965), ante la muerte de
un allegado hay una erupciôn de eunor pôsturoo, o al menos,
de sentimientos de ternura hacia êl; una sensaciôn de culpa
por no haberle querido lo suficiente y no haber hecho bastan
te por êl; remordimiento de que sea demasiado tarde para ha
cer bien. Si la muerte no se debiô a causas naturales, sino
al suicidio, estas reacciones son mucho mâs pronunciadas,
especialmente si el que ha sufrido la pérdida siente que ha
bîa podido evitar la muerte o que el fuê en parte o totalmen-
te responsable de ella. Como dice FREEDMAN y Cols. (1982),
los que sobreviven a las vîctimas se sienten invadidos por un
complejo de emociones distorsionadas: verguenza culpa, odio y
perplejidad. Se obsesionan con penseimientos sobre la muerte,
buscan razones, buscan metas, y a veces se castigan a si mis-
mos.
Ademâs, segûn RYNEARSON (1981) la desesperanza se interio
riza por los allegados, que encuentran alterada, hasta cierto
punto, su propia definiciôn personal y orientaciôn futura; hay
un inventario inevitable y una reconsideraciôn de los valores que
compartîan con el suicida; y una tendencia involuntaria a dudar
de la validez de los valores, compromisos y elecciones futuras .
- 223 -
El impacto puede ser muy importante en nines mayores de
nueve anos, ya que estes consideran ya la muerte cerne algo
inevitable e irreversible (KASTENBAUM, 1972,1977). CRAMMER
(1984) ha observado corne estes sentimientes de culpabilidad
taunbiên se preducen entre les mêdicos y enfermeres que aten
dîan al suicida.
El terapeuta debe empezar le mis pronto pesible, dentro
de las primeras 72 horas después del suicidie (FREEDMAN y
Cols., 1982). La terapia prepuesta per RYNEARSON (1981)
explora les residues afectives (furia, impotencia, sentido de
rechazo, deseo de muerte cumplide, etc...) y analiza la histo-
ria de la pêrdida personal junte cen las relaciones del difun-
to (RESNIK, 1969). El papel de las emeciones negatives, como
irritabilidad, ira, envidia y culpa hacia el muerte necesitan
ser exploradas pero no necesariamente en un principle
(FREEDMAN y Cols. 1982).
SegOn RYNEARSON (1981)son frecuentes les cases en les que
el difunte y el superviviente solîan discutir de una manera
abierta sobre el suicidie antes del acentecimiente, per le que
es importante repasar cen el superviviente ceme vela el suicida
la muerte y el suicidie. Este perroite una definiciôn mâs clara
de cerne la muerte fué aceptada corne -una alternativa y tambiên
como fué comunicada y posteriormente interiorizada por el super
- 224 -
viviente. Una apreciacl6n de la capacidad del afectado para
afzontar la realldad de la muerte, aclara la interpretacidn y
la Integraciôn del acontecimiento. Aquellos allegados que con
sideren el suicidio como algo reconclliable y congruente con su
concepto existenclal del propio ser no deben ser rebatldos
(HENSLIN, 1972),
- 225 -
C.- PLANTEAMIENTO DE NUESTRO TRABAJO '(HIPOTESIS Y OBJETIVOS)
Si bien son muchas las consideraciones técnicas respec
te de los factores de riesgo en un paciente vivo tras un ac-
to suicida, la preocupacidn inmediata se dirige hacia la cri
sis existencial que sufre. Por eso nuestro punto de vista
es una intervenciôn clînica individualizada que esté dirigi-
da en primer lugar a la necesidad fundamental del enferme
que acude a nuestra consulta. Es la necesidad de reforzar la
autoestima y buscar un equilibrio entre sus tendencies impul
sives, que parta de una consecuencia de sus propias experien-
cias positivas anteriores y le ayude a reequilibrar sus ten-
siones con los soportes socio-psicolôgicos que tenga.
Por este, aunque nuestro contexte de trabajo sea el psi-
quiâtrico, y aunque nuestra via de entrada de pacientes por
este motive venga determinada por la funciôn de un servieio
de urgencies en el marco de la medicine interna o general, a
nivel hospitalario; nos vamos a encontrar que no es nuestro
füDordaje eminentemente psiqui&trico; al menos esta es nuestra
impresiôn en el primer momento. Nosotros no vemos al suicida
como un enferme psiquiâtrico sin mis; sino que vemos a un
hombré con una necesidad de ser apoyado, escuchado, comprend^
do en su situacifin marcada por un intenso sufrimiento, dentro
de una crisis biogrâfica que le reduce a la autoagresiôn como
Gnica salida.
- 226 -
Después, creemos conveniente una cuidadosa evaluaciôn
psiguiétrlca, en la que se Incluya una historia familiar y
una sistematizacién de los factores de riesgo que han podi-
do incrementar la pulsiôn suicida, e incluse orientarla; y
por otro lado hacer un estudio, también detallado de aconte-
cimientos, cricunstancias desencadenantes y eleroentos de
ayuda o de soporte que pueden servir para el tratamiento que
individualizadamente nosotros vamos a proponer.
Si el apoyo personal es la clave, una correcta orienta-
ciôn de la agresividad y una adecuada evaluacién de los ries-
gos de personalidad y del control de sus actos impulsivos,
principalmente agresivos,son nuestro segundo objetivo.
El sujeto ha sufrido una crisis, es decir, una imposibi-
lidad de mantener un ecpiilibrio que previamente soportêüaa;
una atencién intensiva apoyada por un familiar en buena dispo
sicién para servir de colaborador nuestro, serâ bastante para
situer al paciente en una lînea psicolôgica astable que permi-
ta nuevos abordajes. Si la intervenciôn en crisis, el apoyo
individual, el manejo de la agresividad, la reflexiôn y el
apoyo médico y familiar tiene» el éxito esperado, a lo largo
de 48 o 72 horas podemos reemprender nuestra labor terapeûti-
ca en un marco a caballo de la prevenciôn secundaria y tercia
ria.
Es aqui donde nosotros marcamos la primera diferencia en
tre suicidio frustrado y tentative, porque la volutariedad y
- 227 -
la intencionalidad del acto, creemos que matlzan dos reallda
des clînlcas dlferentes. Es el momento en que el paciente re
cibe la proposiciôn de integrarse en un programa de trateunien
to durante très meses, que de una forma semiestructurada con-
templarâ alguna reuniôn de grupo con personas inmersas en una
problem&tica similar, alguna reuniôn familiar con el mâximo
de elementos posibles de una unidad de convivencia y por ûlt^
mo un seguimiento psicoterâpico individual que el mismo pa
ciente orientarâ en la medida de la problemâtica que surja una
vez resuelta la crisis.
En esta segunda fase, y ademâs del trateuniento psiquiâ-
trico correspondiente a un posible desencadenante psicopatolô-
gico o enfermedad psiquiStrica subyacente, creemos que una
reformulaciôn de la simbologia del concepto de muerte en el
grupo de pacientes con conductas suicidas y el desarrollo de
hâbitos conductuales de manejo de los impulsos de equilibrio
instructivo y afectivo, junto con las estrategias de inte
graciôn social constituyen las lîneas directrices bàsicas.
Una clarificaciôn de las espectativas de future, que se acom-
pane de un asesoramiento que facilite el acercamiento progre-
sivo a los objetivos trazados por el paciente puede resultar
especialmente ûtil entre los mis jôvenes.
Si bien no existe una etiologia ûnica del suicidio, noso
tros pensâmes que existe una puesta en marcha de mécanismes
- 228 -
psicôgenos de Inadaptaciôn a las tensiones que el medio provo
ca y que conllevan a un descontrol instintivo y afectivo, que
condicionan la conducts autodestructiva.
Nuestra visiôn terapeûtica es la siguiente: la 1- entre-
vista, es un primer contacte y es una bûsqueda de la sintonîa
que el paciente ha podido perder con sus semejantes. Mientras
la tentativa puede représenter una comunicaciôn simbôlica con
otras personas y el deseo y la necesidad de transmitirnos que-
jas y demandas serâ meuiifiesto, el suicidio frustrado, vendrâ
caracterizado por un nihilisme, indiferencia o reafirmaciôn
del deseo de muerte. Si bien es posible encontrar rasgos psi
copalôgicos comunes, la diferente argumentaciôn conceptual
del problems, nos hace presumir resultados distintos.
Sobre este primer contacte y esta oferta de ayuda, en
forma de servicio profesional, podemos situar la necesidad de
vigilancia o la conveniencia de intensificar la ayuda al pa
ciente para lograr un equilibrio entre sus pulsiones y que se
mantenga vivo. Aqui es donde serâ posible en muchos casos
iniciar la catarsis exploratoria, revivir, con realismo y
critics la sucesiôn de sentimientes que el enferme ha tenido
en los ûltimes mementos. Con la perspectiva del tiempo pasa
do y con la artificialidad, pero seguridad concrets de la re-
laciôn roêdico-enfermo, podemos valorar que gravedad actual,
que crisis existencial, que medidas de intervenciôn y que po
sibilidades inmediatas de tratamiento podemos poner en marcha.
- 229 -
Sobre esta tlpificaciôn del paciente en tentativa o sui
cidio frustrado, se abrirâ un compâs de espera en la evolu-
ci6n de sus deseos de muerte. Serâ posible consolider la
alianza con la vida e introducir recursos familiares en la
reduceiôn de la crisis.
Si el enferme padece una reactivaciôn de una enfermedad
psiguiâtrica, que ha desencadenado su alteraciôn de conducts,
la reorganizaciôn de su tratamiento podrâ hacerse desde este
primer momento.
AsI dareroos el segundo paso, esto es, la propuesta de
un tratamiento intensivo durante un mâximo de très sémanas en
las que estân prévistas un mînimo de una entrevista sémanai
y donde se ofrece al paciente la posibilidad de participer
en discusiones de grupo con pacientes suicidas y la posibil^
dad de entrevistar terapeûticamente a la totalidad de los
miembros de su unidad familiar para explorer su percepciôn
del deseo de muerte y valorar la posibilidad de ayuda y mejo-
rîa en la relaciôn interpersonal familiar.
Una vez que los pacientes consiguen de nuevo un equili
brio con la vida, se iniciarâ la posibilidad de un tratamien
to rehabilitador durante 3 meses, tiempo, promedio de mayor
riesgo de reiteraciones de conductas autolîticas; en el que
ya de foxma mâs individualizada se discutirâ la problemâtica
médica, existencial o psicopatolôgica del enfermo.
- 230 -
Las hlpôtesis que subyacen en este modelo son las si-
guientes:
1.- No existe una estructura psicopatolôgica homogènea defini-
toria de la conducts suicida; pero si diverses estructuras
en las que el riesgo de apariciôn de conductas suicidas es
mayor.
2.- Determinados acontecimientos pueden favcrecer o desencade
nar la conducts suicida.
3.- La intenciôn suicida es mâs estable en los suicidios fru£
trados que en las tentativas de suicidio.
4.- En el "paso al acto suicida" prédomina la impulsividad y
la confusi6n.
5.- La tentativa, en si, puede modificar las tendencias emocio
nales y la actitud del sujeto hacia si mismo y hacia el me
dio socio-familiar.
6.- La elaboraciôn subjetiva de la biografla y de la situaciôn
existencial es un importante elemento sobre el que actuar
terapeûticamente y un indicador deseable de curaciôn.
7.- Un tratamiento especlfico y semiestructurado puede mejorar
la psicopatologla y generar cambios de actitud importantes
— 231 —
de proyecclôn hacia el future en un grupo necesitado de
apoyo y evitar la repeticiôn de la conducts suicida.
8.- La creaciôn de unidades de suicidologia en un Hospital
General puede resultaur beneficiosa para un mejor trata
miento y prevenciôn de la conducts suicida.
De aqul que un planteamiento eclêctico, individualizado
y flexible sea la mejor alternativa.
Previamente a la puesta en marcha del programa creimos
necesaria la realizaciôn de un estudio preliminar sobre el
conjunto de suicidios consumados en nuestro ambiante, de la
ciudad de Madrid. De esta forma, posteriormente podrlamos per
filar similitudes y diferencias de nuestros suicidios frustra
dos y podrlamos delimitar con mayor especificidad el grupo de
poblaciôn con mayor riesgo de suicidio.
Contando con la colaboraciÔn del Director del Institute
Anatômico Forense de Madrid y como parte de este estudio, den
tro del marco de trabajo epidemiolôgico del Departamento de
Psiquiatrla de la Universidad Complutense, decidimos estudiar
la totalidad de casos autopsiados durante 1984, que manifiesta
mente fueron clasificados por el mêdico forense como suicidios
para dirigir con resultados la selecciôn muestral.
- 232 -
Nuestro trabajo se plantea, pues, con el siguiente DISENO
DE INVESTIGACION: très estadios de trabajo dlferentes y a la
vez complementarios que nos sirvan para comprender mejor las
caracterlsticas de los très tipos bâsicos de conductas suici
das (suicidio consumado, suicidio frustrado y tentativa de
suicidio), para elaborar una estrategia preventive, su respue£
ta al tratauniento, y el funcionamiento y eficacia preventive
de una unidad de suicidologia dentro del contexto de un hospi
tal general. Por tanto el trabajo se distribuye en très estu-
dios complementarios:
A.- ESTUDIO I: Anâlisis rétrospective de los suicidios consu
mados en la ciudad de Madrid durante todo el ano 1984, en
base a las autopsias realizadas en el Instituto Anatômico
Forense de Madrid.
B.- ESTUDIO II: Anâlisis de una muestra de suicidios frustrados
y de tentativas de suicidio tratadas en el Departamento de
Psiquiatrla y Psicologla Médica del Hospital Cllnico de
San Carlos de Madrid, para valorar la secuencia fenomenolô-
gica del acto suicida y tipificar la crisis existencial en
cuyo contexto se produce.
C.- ESTUDIO III: Estudio prospective de la misma muestra de
suicidios frustrados y tentativas de suicidio durante un
periodo de un mes, prorrogable a très meses, aplicando un
- 233
programa individualizado de tratamiento experimental, con
el fin de evitar reiteraciones autolîticas y lograr la pie
na rehabilitaciôn de los pacientes de la muestra objeto de
estudio; a la vez que ensayaroos la eficacia (dificultades,
necesidades y rendimientos) de una unidad de suicidologia
dentro de los servicios de un Hospital General.
Nos planteêunos los siguientes objetivos:
A.- Estudiar el total de muertes por suicidio en la ciudad de
Madrid durante el ano 1984, intentando analizar los facto
res de riesgo mâs caracterlsticos para delimitar subpobla-
ciones que desde el punto de vista epidemiolôgiqç, se de-
finan como las mâs afectadas, a fin de elaborar una estra
tegia preventiva a este nivel.
B.- Valorar las implicaciones etiopatogênicas de la conducts
suicida.
C.- Estudiar la secuencia psicopatolôgica de los actos suici
das.
D.- Comparer las diversas caracterlsticas cllnicas que presen-
tan los suicidios frustrados en relaciôn a las tentatives
de suicidio propiamente dichas.
- 234 -
E.- Observer las distintas caracterlsticas de la conducta suici
da en relaciôn con el diagnôstico psicopatolôgico de los pa
cientes; intentando hallar caracterlsticas propias a cada
diagnôstico y comunes a la conducta suicida en un sentido
general.
P.- Generar un modelo psicopatolôgico c[ue sir va para puntuali-
zar las principales caracterlsticas que impliquen un mayor
riesgo de suicidio.
G.- Apiicar un programa de tratamiento y valorar su eficacia
para conseguir la prevenciôn de futures conductas suicidas
y la^plena rdvtbilitaciôn de estes pacientes.
H.- Ensayar el funcionamiento de una unidad de suicidologia den
tro de un Hospital General.
- 235 -
D.- MATERIAL Y METODO
D-1. POBLACION :
D-1.1.ESTUDIO I: SUICIDIOS CONSUMADOS. Sobre el total de autO£
slas realizadas en el Instituto Anatômico Forense de Madrid en
el ano 1984 (17.000), se estudiaron todas aquellas en las que
el dicteunen de Forense consistla en suicidio consumado,(bien
por la informaciôn que recibla en su estudio a través de las
senales évidentes en el cadaver, o en los estudios complemen
tarios toxicolôgicos, farmacolôgicos, familiares, etc...
que êl juzgara convenientes). En aquellos casos en los que la
muerte violenta se produjo sin la certeza de suicidio se ver^
ficô una comprobaciôn de los datos, descartândose todos
los dudosos. De esta manera obtuvimos un resultado de
284 casos correspondientes a un nûmero de pacientes autopsia
dos en este centro con suicidio consumado.
El estudio de cada caso se realizô a través de una eva-
luaciôn del informe personal del forense remitido a cada juz-
gado y cuya copia, con la autorizaciôn del director del cen
tro, fué exauninada por el doctoiando. Del mismo extrajimos
los datos correspondientes a la filiaciôn, es decir, datos
demogréficos, estructura familiar, datos psicopatolôgicos y
edad o momento del ano en el que el suicidio se produjo. Con
estos cuatro par&metros y variables independientes con los
indicadores que a continuaciôn se mencionan, se clasificaron
las caracterlsticas de todos los cadSveres autopsiados, 11e-
gândose a una clasificaciôn proporcional de las mismas ajus-
236 -
tada por unas u otras variables en funciôn de las tablas que
posteriormente veremos.
En algunos rasos que los datos no estaban complétés se
recavô informaciôn en la secretaria del centro, descontândose
aquellos en los que pudiera haber alguna duda. Del total de
284 casos estudiados, podemos afirmar la certeza de la causa
de muerte, existiendo datos complementarios en algunô de ellos
sobre intoxicaciones adicionales a la causa de muerte, o bien,
datos especiales que solo marginalmente pasaremos a comentar.
D-1.2ESTUDI0 II; TENTATIVAS DE SUICIDIO. Todos aquellos casos
con conductas autodestructivas que acudieron al servicio de
urgencies del Hospital Cllnico Universitario de San Carlos de
la Facultad de Nedicina de Madrid, entre los meses de Abril, Mayo
y Junio de 1985; fueron invitado s a ser entrevistados dentro de
las 24 horas de la conducta autodestructiva en la unidad de
suicidologia que coordinaba el doctorado. Durante este
tiempo, un total de 115 pacientes acudieron al servicio de
urgencies con un primer diagnôstico o diagnôstico fundamental
de tentativa de suicidio; de las cuales tan solo fué posible
entrevistar a 52, por el realizador de este trabajo; de las
cuales, un 25% fué ingresado en el hospital, lo que supone
un total de 28 casos.
- 235 -
MATERIAL Y METODO
D-1. POBLACION :
D-l.l.ESTUDIO I; SUICIDIOS CONSUMADOS. Sobre el total de autO£
sias realizadas en el Instituto Anatômico Forense de Madrid en
el ano 1984 (17.000), se estudiaron todas aquellas en las que
el dictamen de Forense consistla en suicidio consumado,(bien
por la informaciôn que recibla en su estudio a través de las
senales évidentes en el cadaver, o en los estudios complemen
tarios toxicolôgicos, farmacolôgicos, familiares, etc...
que él juzgara convenientes). En aquellos casos en los que la
muerte violenta se produjo sin la certeza de suicidio se ver^
ficô una comprobaciôn de los datos, descartândose todos
los dudosos. De esta manera obtuvimos un resultado de
284 casos correspondientes a un nûmero de pacientes autopsia
dos en este centro con suicidio consumado.
El estudio de cada caso se realizÔ a través de una eva-
luaciôn del informe personal del forense remitido a cada juz-
gado y cuya copia, con la autorizaciôn del director del cen
tro, fué examinada por el doctoando. Del mismo extrajimos
los datos correspondientes a la filiaciôn, es decir, datos
demogréficos, estructura familiar, datos psicopatolôgicos y
edad o momento del ano en el que el suicidio se produjo. Con
estos cuatro par&metros y variables independientes con los
indicadores que a continuaciôn se mencionan, se clasificaron
las caracterlsticas de todos los cadéveres autopsiados, 11e-
géndose a una clasificaciôn proporcional de las mismas ajus-
- 236 -
tada por unas u otras variables en funcifin de las tablas que
posteriormente veremos.
En algunos rasos que los datos no estaban completes se
recavô informaciôn en la secretaria del centro, desconténdose
aquellos en los que pudiera hed>er alguna duda. Del total de
284 casos estudiados, podemos afirmar la certeza de la causa
de muerte, existiendo datos complementarios en algunô de ellos
sobre intoxicaciones adicionales a la causa de muerte, o bien,
datos especiales que solo marginalmente pasaremos a comentar.
D-1.2ESTUDI0 II: TENTATIVAS DE SUICIDIO. Todos aquellos casos
con conductas autodestructivas que acudieron al servicio de
urgencies del Hospital Cllnico Universitario de San Carlos de
la Facultad de Medicina de Madrid, entre los meses de Abril, Mayo
y Junio de 1985; fueron invitado s a ser entrevistados dentro de
las 24 horas de la conducta autodestructiva en la unidad de
suicidologia que coordinaba el doctorado. Durante este
tiempo, un total de 115 pacientes acudieron al servicio de
urgencies con un primer diagnôstico o diagnôstico fundamental
de tentativa de suicidio; de las cuales tan solo fué posible
entrevistar a 52, por el realizador de este trabajo; de las
cuales, un 25% fué ingresado en el hospital, lo que supone
un total de 28 casos.
- 237 -
De estos 28 casos, 21 fueron elegidos para el présente es
tudio, y del conjunto de pacientes ambulatories, 16 acudieron a
la entrevista propuesta para ser integr^don en el programa de
tratamiento, lo que représenta un Indice de asistencia més bajo
de lo prévisible. Ademâs de esta poblaciôn que représenta una
muestra aleatoria, mediatizada por la voluntariedad del indivi-
duo para seguir tratamiento, y que por lo tanto puede venir de-
finida por la hospitalizaciôn en un caso, por los deseos de ayu
da en el otro, se anadiô un conjunto de enfermos ingresados por
otros diagnôsticos cuya patologia incluia una tentativa séria
de suicidio que en algunos casos podrîa considerarse incluso co
mo suicidio frustrado tal como luego veremos.
Del total de 145 ingresos habidos en la unidad de hospita
lizaciôn en la que trabajaba el doctorado durante este periodo,
se identificaron 15 pacientes con conductas autodestructivas que
fueron integrados a su vez en el estudio. Por lo tanto, la po
blaciôn estudiada viene marcada por las consultas urgentes cuya
poblaciôn mayoritaria son pacientes psiqui&tricos que con histo
ria conocida y psicopatologla activa, padecen a su vez, una con
ducta de este tipo.
A todos ellos se les propuso rellenar una entrevista semi
estructurada, realizada personalmente por el investigador prin
cipal y que seguidamente pasaremos a describir.
- 238 -
En primer lugar se analizô la fenomenologfa previa al
acto autolesivo y se evaluaron los indicadores siguientes: do
lor flsico, Fracaso existencial. Incapacidad para afrontar la
vida. Necesidad de comunicaciôn. Incomprensiôn. Tristeza. Cul
pabilidad. Desplazamiento y aislamiento social. Temor a la lo-
cura. Ofensa, humillaciôn. Necesidad de huir de la situaciôn
frustrante.
A SU vez, se analizaban los sentimientos durante el pri
mer dla de la entrevista, que hacia r e ferenda a la posibili
dad de autoafirmaciôn autodestructiva, a la bûsqueda de ayuda,
a la verguenza, culpa, remordimiento, la falta de motives para
vivir, la incomprensiôn, y los slntomas autoreferenciales.
En esta primera entrevista se recogerlan los datos de fi
liaciôn, una historia psiquiStrica fauailiar, con una especial
atenciôn a los antecedentes suicidas, tanto en la feunilia de
primer grado de procreaciôn como de generaciôn. Una historia
personal con una breve biografla en la que se destacaban los
posibles slntomas neurôticos infantiles y los trataunientos psi
quiâtricos anteriores.
Finalmente se hizo un recorrido sobre las conductas auto
destructivas que el paciente habla tenido en el pasado, anali-
zando la tëcnica, la secuencia y las circunstancias desencade
nantes.
- 239 -
En una segunda entrevista se realizaba una evaluaciôn de
la tentativa actual, prestando un especial interés por el posi
ble consumo de tôxicos, posible diagnôstico psicopatolôgico y
las caracterlsticas cllnicas de llegada al hospital.
En una entrevista siguiente se proponla el tratamiento
en dos niveles; uno de intervenciôn en la crisis actual y por
lo tanto de enfoque individual y posteriormente un seguimien
to o rehabilitaciôn en el que los indicadores bSsicos del se
guimiento serlan los siguientes: Ganas y fuerzas de vivir. Es-
peranza y organizaciôn de futuro. Integraciôn familiar. Inte
graciôn social. Salud general y trastorno psiquiStrico.
Todos los pacientes con el diagnôstico principal de ten
tativa de suicidio fueron entrevsitados, negândose a partici
per en el estudio siete de ellos.
Del total de pacientes ambulatories se incluyen el nûme
ro de los que acudieron a la consulta. Del total de enfermos
hospitalizados, a su vez, todos colaboraron en la primera en
trevista.
Esta se realizô en la secciôn de hospitalizaciôn en un
despacho adecuado al efecto, y por el doctorado de este estudio.
La entrevista psiguiâtrica fuê semiestructurada y estaba centra^
- 240 -
da en una aproximaciôn Individual que permitiera una evalua-
ci6n de la posible crisis existencial, y un minuciosc detalle
psicopatolôgico que posteriormente serâ reflejado en el ins
trumente de recogida de datos.
El anâlisis de los datos se présenta en suicidios frus
trados y tentativas de suicidio. Entendemos como suicidio
frustrado a aquel cuya causa y cuyas ciscunstancias, bien por
su intensidad o sus consecuencias, directaroente conlleva la
muerte del paciente, a no ser por sus circunstancias extraor-
dinarias que concurrieron para salvarle la vida.
Entendemos por tentativa de suicidio, toda aquella con
ducta autodestructiva que en su finalidad o en su formulaciôn
no conlleve un riesgo évidente de muerte.
La codificaciôn de los datos se realizô de forma ordi
nal, nümerica (de 0 a 9), para permitir su tabulaeiôn en fichas
perforadas y posterior manejo con el programa de tratamiento
biomédico estadlstico de la Universidad de California en Los
Angeles publicado y revisado en Junio de 1981 y manejado en un
ordenador I.B.M. en el centro de câlculo de la Universidad
Complutense de Madrid.
D-1.3. ESTUDIO III: SEGUIMIENTO. Del total de 52 pacientes, 46
de ellos aceptaron la intervenciôn en crisis, y tal solo 4 0 par
- 241 -
ticiparon voluntarlamente en el estudio de seguimiento. Solo
un 50% culminô el tercer mes. Tras la intervenciôn en crisis,
es decir una vez resuelta la problemâtica inminente de autoli-
sis, se propuso una tëcnica rehabilitadora sobre el apoyo indi
vidual, optativo por los pacientes, que nos sirviera de refe
r e n d a para la evitaciôn de conductas suicidas en un futuro in
mediate y que peimitiese una reintegraciôn râpida y efectiva
en su medio socio-feuniliar.
El instrumente de recogida de datos se basô en entrevis-
tas persomales semiestructuradas en las que los indicadores
analizados fueron los siguientes: Ganas y fuerzas para vivir.
Esperanzas y organizaciôn del futuro. Integraciôn feuniliar.
Integraciôn social. Salud general. Trastorno psiquiâtrico.
La codificaciôn de los datos se realizô de la misma mane
ra que en el estudio II y a su vez el anâlisis, utilizando el
mismo mêtodo maternâtico con las fôrmulas que posteriormente
pasaremos a explicar.
245
D.2.- INDICADORES UTILI2AD0S;
D-2.1. ESTUDIO I: SUICIDIOS CONSUMADOS. En primer lugar se ana
liza la incidencia de casos de suicidios consumados del total
de autopsias realizadas en el Instituto Anatômico Forense de
Madrid durante 1984. Se relacionan por variables demogrâficas,
es decir, ajustando por las tasas de poblaciôn, hallando los
Indices anuales por 100.000 habitantes. El anâlisis de morbi-
lidad se realiza conjuntamente por grupos de edad ajustado a
su vez por la poblaciôn censal de 1981 recogida del Instituto
Nacional de Estadistica en su Anuario publicado en 1985, que
refleja la poblaciôn actual de Madrid, ya que en este periodo
ésta no ha sufrido cambios relevantes, ni cuantitativa ni cua-
litativamente. También se realizan los mismos câlculos, ajus-
tados por sexos, comparando las tasas totales y las de cada
sexo.
En segundo lugar se analiza la estructura familiar, el
estado civil, como primer elemento de riesgo, recopilable de
los documentos que se archivan en el Instituto Anatômico Fo
rense tras la realizaciôn de las respectivas autopsias. Se
presentarân tasas del estado civil por sexo, por grupos de
edad y también las cifras globales. De esta forma podremos
establecer relaciones que puedan hacernos preveer grupos de
alto riesgo.
— 246 —
Otro factor de riesgo, que ha sido abordado en la litera
tura, tal como hemos visto en la introducei6n, es el periodo
del ano y el dla de la semana en que la consecuencia suicida
se produce con mayor o menor frecuencia; factor que tambiên
hemos analizado.
Ya en el anâlisis de la cllnica de la consumaciôn suici
da, hemos estudiado la tëcnica, incluyendo en este eplgrafe
las causas fundamentales de muerte, que incluyen las intoxica
ciones, que tal como se ha dicho en la introducciôn son cada
vez mas frecuentes, y que la mayorla de los casos iban a ser
refrendados por un informe toxicolôgicô realizado en el mismo
Instituto Anatômico Forense.
Respecto de los tôxicos encontrados en los cadâveres,
se realizô una clasificaciôn en donde destacan la lejia, deter
gentes, psicofârmacos, gas, productos derivados del opio, vene
nos y caûsticos y las diversas asociaciones. Tambiên se estu-
dian las técnicas por armas blancas, de fuego. las precipita-
ciones y las lesiones por atropello, la ahorcadura por suspen-
siôn, etc... Se analizan las técnicas suicidas con los ajus
tes previamente mencionados, edad, sexo y estado civil, para
configurar un modelo de riesgo que reuna estos par&metros con
la cllnica de la consumaciôn suicida.
El estudio del lugar donde se realizô el suicidio y de
la fuente de procedencia del cadâver puede resultar interesan-
247 -
te para valorar las circunstancias en los que este se realizô;
por lo que se han recogido si el lugar fuê pûblico, si el cadâ
ver provino de su domicilio particular, de otro domicilio pri-
vado, o de una instituciôn, principeImente hospitaleria; buscan
do de esta forma, relacionar posibles causas de suicidio consu
mado en los que existiera una psicopatologla previa, o, en las
que hubieran podido calificarse como de suicidio frustrado, la
conducta, de haber tenido éxito la intervenciôn hospitalaria
inmediata que en un servicio de urgencies pudo realizarse.
Finalmente analizamos que persona pasô a recoger el cadé
ver, como Indice de la estructura socio familier de pertenen-
cia. Buscâbamos en este indicador si era el cônyuge, los pa
dres, los hijos, los hermanos, o bien otra persona; sabiendo
que en ocasiones podrlamos encontrar que el cadâver no fué re
cogido, o bien, fué recogido por personas cuya relaciôn de pa-
rentesco no estaba claramente determinada.
D-2.2.ESTUDIO II: TENTATIVAS DE SUICIDIO. Se han aplicado los
criterios cllnicos definitorios de grupo, es decir, los suici
dios frustrados y tentativas de suicidio, cuyos conceptos ya
han sido definidos en la introducciôn y al hacer referenda a
la selecciôn muestral.
En primer lugar, se utilizaron los mismos indicadores que
en el suicidio consumado, es decir, parâmetros demogréficos:
- 243 -
edad, sexo, estado civil, nivel de escolaridad, profesiôn, ac-
tividad actual y lugar de residencia.
En segundo lugar, factores de riesgo que incluîan la es-
tructura familiar, la estacidn, el dla y el memento en que se
realizô la tentativa.
Como indicadores clînicos, principalmente la técnica, el
lugar donde se realizô y las relaciones perscnales de vlnculo,
de llegada al hospital, que per ser muy diverses, selaunente
muy semeramente discutiremes en la presentaciôn de les résulta
des.
Especial atenciôn se ha dedicade al anâlisis psicepate-
l6gico del fenômene autelltice, en très mementes; en primer lu
gar se ha heche durante la primera entrevista, una evaluacidn
minuciesa de les sentimientes que el paciente tenîa antes de
realizar la cenducta suicida, para inmediatamente avaluar su es
tade psicolôgico durante la tentativa suicida y las reprevacie-
nes de êsta e les resultades inmediatamente pesteriores. Se es
tablece pues, una aproximaciôn psicopateldgica cllnlca, secuen-
cial, antes, durante y despuës de la conducts suicida.
Entre los sentimientos prôximos anteriores, se presentaba
al paciente una lista estructurada que inclula la tristeza, la
desesperanza, la incapacidad para afrontar la vida, la seledad.
- 249 -
La necesidad de huida o de evitaciôn de problemâticas o relacxo^
nés ambientaies, asl como las sltuaciones fundamentales depres^
gênas, como son el desarraigo, el alslamiento, la sobrecarga o
la desesperanza. Flnalmente se anallzaban tambiën molestias o
dolores somâticos que podlan influir en la elaboraclôn pslcold-
gica preautolitica.
En el resuroen de la bibliografla que hemos presentado,
destacamos como instrumente de trabajo psicopateldgice les si-
guientes parëmetrès: agetamiento insuperable, es decir, vacia-
miento energëtico e impesibilidad de hacer trente a las deman
das ecupacienales habituales. Deler corporal en distintas gra-
duacienes. Fracase existencial como frustraciôn, inutilidad y
vaciamiente interior. Incapacidad para afrontar la vida. Nece
sidad de comunicaciôn. Aislamiento y soledad con fenomenologla
depresiva, en ferma de culpa, autereferencia, e de temer a la
muerte cen e sin certeje ansieso.
Especial atenciôn se puso en las situaciones previas e
acontecimientes previes a la tentativa de suicidie. En cuanto
a les acontecimientes incluimes ceme se deduce del modèle de
fend ido per el prefesor ALONSO-FERNANDEZ (1984), los aconteci-
mientos de përdida como son la muerte, pérdida ecenômica, les
abandenos, les acontecimientes de desarraigo y de aislamiento,
que incluyen la enfermedad, el distanciamiento de los demâs.
- 250
los cambios; y por ûltiiao, los de sobrecarga, que tan solo some
ramente anallzaremos.
Previniendo la posible estructura depresiva de un buen nû
mero de nuestros casos, presentaremos algunos datos fenomenolô-
gicos segôn el modelo tetradimensional del profesor ALONSO-
FERNANDEZ (1984), en très parâmetros fundamentales que son: el
humor depresivo, las alteraciones de la comunicaciôn y la aner-
gia.
En la fenomenologla post-acto suicida, hemos analizado la
crîtica de la autoagresiôn, analizando estructuralmente la situa
ciôn cognosci'tiva en cuanto a indiferencia o autoafirmaciôn, y
los résultados psicosociales en cuanto a decepciôn, en cuanto a
alegrîa, en cuanto a refuerzo de las ganas de vivir y reprova-
ciôn individual que podrla venir matizada por argumentos êticos
o valorativos como el de cobardia, como el de crîtica del futuro
o el de rebeldîa social.
Tambiën se estudiô la filiaciôn psicopatolôgica del grupo
de estudio. En ese sentido ademâs de la filiaciôn se han deter
minado la historia familiar, del padre, de la madré, con la po-
sibilidad de tentatives previas, y un anëlisis de la
posible patologla psiquiStrica que hubieran podido padecer.
Tambiën los hijos han sido estudiados en lo que a trastornos
psiquiStricos y a conductss autolîticas se refiere. Tambiën
251 -
los hermanos y otros familiares, e incluso amigos, que pudieran
o no consumar suicidio.
Complétâmes, la definiciôn de la poblaciôn con una histo
ria personal que inclula una biografia estructurada en la que
la psicopatologla de la infancia en forma de slntomas neurôti-
cos asl como el retraso psicorootor o los cetmbios frecuentes en
las actividades laborales o problèmes econômicos, complements-
rlan el perfil de nuestra muestra. Por ûltimo analizeunos los
tratamientos psiqiâtricos padecidos que junto con una minucio-
sa historia psicopatolôgica, acabarlan de filiar quë cuadros
corresponderlan a enfermes psiquiStricos y cuales serlan sui-
cidios frustrados o tentativas de suicidio mSs o menos puras
y por lo tanto analizables desde distintos puntos de vista.
Incluimos tambiën el consume de alcohol, el consumo de tôxicos
y los périodes de la vida que podlan haber sido especialmente
conflictivos.
Va en el anSlisis cllnico de la tentativa, ademâs de los
datos mencionados realizamos una historia de la suieidabilidad
de cada paciente, sistematizando la técnica utilizada en cada
tentativa, el nômero de repeticiones, y por lo tanto autoclasi
ficando nuestro grupo de enfermes en funciôn de las veces y
las têcnicas que hubieran utilizado en mementos anteriores,
asl como el intervale de tiempo entre ellas y el transcurso
desde la ûltima tentativa.
- 252
Al conjunto de paclentes escogidos se les propuso durante
el période que durase su hospitalizaciôn, el ser sometidos a
una xntervenciôn psxcosocxal como la descrita en el capitule an
terxor y a realizar un control evolutive de los siguientes as-
pectos;
- Crîtica de la pulsiôn autodestructiva, medida a través
de las ganas y fuerzas de vivir, y de la esperanza y or
ganizaciôn de future.
- Integraciôn familiar y social medida segûn el modelo
psicosocial con el que se trab'aja en el Departmento de
Psiquiatria de la Universidad Complutense.
- Salud general segûn el criterio del Cuestionarxo de Sa-
lud General de Goldberg (General Health Questinnaire)
- Actividad o inactividad del posible trastorno psi-
quiâtrleo subyacente en la conducta suicida.
Todos estos indicadores, semanalmente, y mientras duraba
el ingreso fueron evaluados con una intensidad variable de 1 a
5, de menos a mâs, que nos podrlan medir de forma prospect!va
la respuesta que el paciente tenla ante nuestra intervenciôn.
- 253 -
La intervenciôn en estos casos fué un esquena de lo que se
ha perfilado al final de la introducciôn y bâslcamente era un
refuerzo personal que cumpliera con el xaodelo etiopatolôgico que
en cada individuo nosotros habîamos desarrollado, y que incidie-
ra sobre los factores de riesgo que en el eran mis importantes y
sobre la psicopatologla que padecieran.
- 254 -
D-2.3.ESTUDIO III: SEGUIMIENTO.- A los paclentes se les propu-
so durante un periodo de très meses, escogido en funciôn de la
literatura, que tal como se ha dicho en la introducciôn, que re
fleja que este es el periodo mSximo de repeticiôn de tentativas,
se les propu so, como declaunos, un seguimiento cada ciertcs dlas
que nos permitiera un control de las mismas variables évoluti
ves que se han enunciado a propôsito del estudio II, y que some
reunente pasamos a enumerar.
- Ganas y fuerzas para vivir.
- Esperanza y organizaciôn de futuro.
- Integraciôn fêuniliar.
- Integraciôn social.
- Salud general.
- Trastorno psiquiStrico.
Ya el enfoque terapeûtico fué mâs estructurado y reglado,
y de ahl que la évolueiôn y la evaluaciôn numérica de 1 a 5 de
toda esta serie de parâmetros, se pudiera hacer sobre un conoci
miento personal y con una objetividad mucho més clara, dado que
la poblaciôn que lôgicamente prevelamos que continuera en este
estudio iba a ser mucho menor, y posiblemente de mener riesgo,
ya que la intervenciôn psicosocial primera iba a ser positiva y
- 255 -
por lo tanto justificarla su alta hospltalaria y su reincorpo-
raciôn a las actividades normales.
El anâlisis de estos parâmetros evolutivos se présenta
con cifras numéricas, con diagramas y se realiza un anâlisis
de varianza deroostrândose la significaciôn de las diferencias
entre los distintos contrôles realizados.
Dada la heterogeneidad de la poblaciôn prevelamos en el
mêtodo de trabajo una përdida de casos que en un principio no
se considerô fundamentaImente evitar ya que podrîa marcarnos
una homogeneizaciôn posible de las muestras, es decir, una va-
loraciôn sobre las caracteristicas de identificaciôn indivi
dual de los pacientes que segulan o no el tratamiento.
Se registrô tambiën el nûmero de repeticiones de conduc-
tas suicidas, y el intervalo de tiempo con que estas fueron 11e-
vadas a cabo por los pacientes incluidos en este estudio de se-
guiemiento.
- 256 -
D-3.-INSTRUMENTOS DE RECQGIDA DE DATOS
D-3.1.ESTUDIO I; SUICIDIOS CONSUMADOS. La recogida de datos se
realizô historia por historia, en el mismo archivo del Institu
te Anatômico Forense de Madrid, manteniêndose la confidenciali-
dad de los datos, ya que el manejo era realizado de forma anôn^
ma por el doctorando, sin conocimiento de la identificaciôn de
cada uno de los suicidios consumados.
Las respectivas caracteristicas recogidas fueron codifica-
das en côdigos ordinales, numéricos, de 0 a 9, para manejo en
un sistema de ordenadores I.B.M. con su programa estadlstico
realizado por la Universidad de California denominado B.M.D.P.
A continuaciôn describimos el mencionado cuestionario:
a.- Datos jurldicos;
CONCEPTO CODIGO
- Nûmero de caso (0 a 284)
- Nombre del forense (0 a 40) (00=no se sabe)
- Hora de llegada del (1 a 24) (00=no se sabe)
CadSver al I.A.F.
- Id. minutos (0 a 59) (00»no se sabe)
b.- Datos demogrSficos;
CONCEPTO CODIGO
- Edad (1 a 99) (00=no se sabe)
- 257 -
- Sexo (lehombre; 2=n>ujer;
0=no se sabe)
- Estado civil (l«casado/a;2*soltero/a;
3=viudo/a; 4>separado,
divorclado y/o anulado;
0«no se sabe)
c.- Datos clînicos:
CONCEPTO CODIGO
- Dia de fallecimiento (1 a 31) (00=no se sabe)
- Mes de fallecimiento (1 a 12) (00=no se sabe)
- Técnica suicida l=intoxicaciôn; 2=arma de
fuego; 3=arma blanca;
4=ahorcadura por suspen-
si6n; 5=precipitaci6n des
de las alturas; 6*atrope-
llo por métro o ferrocarril:
7=quemaduras; 8=ahogamiento
por inmersiôn; 9=otros.
0=no se sabe.
Agente etiolôgico de la l=lejla o similares;
intoxicaciôn 2=caûsticos no domesticos;
3=gas; 4=cianuro; 5=psico-
fârroacos; 6=medicamentos y
alcohol; 7=medicamentos y
drogas; 8=derivados del
opio; 9=alcohol.
0=no se sabe.
Hallazgo de drogas o l=derivados del opio;
alcohol en la autopsia 2=alcohol; 3=psicofârmacos;
4=otros; 0=no se describe o
no se sabe.
Padecimiento de enferme- l=psiquiStricas;
dades 2=cardiovasculares;
3=oncol6gicas;
4=traumâticas; 5=otras;
6=no se describe o no se
sabe
- 258 -
d.- Datos socio-familiares!
CONCEPTO CODIGO
- Persona a la que se 1* Cônyuge; 2=padres;
entregô el cadâver 3=hijos; 4=tios;
5=hermanos; 6=familiares
politicos; 7=zunigos;
8=otros; 9=no se encontrô
a nadie; 0=no se sabe
- Procedencia del l=lugar pOblico (exterior)
cadâver 2=domicilio particular
3=otro domicilie (privado)
4=asilo
5=Hospital (en donde ingre
s6 tras el acto suicida)
6«hospital (en donde reali
z6 el acto suicida)
7=hospital (no se détermina
si ingr«s6 antes o despuës
de realizar el acto suicida)
8=otros
0=no se sabe
ESTUDIO II: TENTATIVAS DE SUICIDIO. La recogida de datos
se realizô en la Unidad de Suicidologla en la que trabajaba el
doctorando, situada en la octava planta del Hospital Cllnico
de San Carlos. El cuestionario aplicado se describe a conti
nuaciôn
- 259 -
a.- Datos de identificaciôn:
CONCEPTO CODIGO REXnSTRO VAKIABIZ POGIdON
N* de caso 0 a 052 1 0 1-3
Edad 0 a 99 1 169 4-5
Sexo mujer=l;hombre«2 1 170 6
Estado civil soltero-1;casado»2 1 171 7
viudo=3;separado=4
divorciado=5;
anulado=6;2* matrimonio=
7;3-- matrimonio=8;
matrimonio no legalizado
(mâs de 1 ano)«9
Estudios real^ analfabeto=l;alfabeto=2; 1 172
zados escolarizaciôn primaria=
3;bachillerato elemental
o EGB=4;formaciôn profe-
sional=5;bachillerato
superior o BUP«5;COU=6;
tiulado de grado medio=7;
titulado de grado supe « •:
rior=8;colegio de minusvâ
lidos=9
Profesiôn obreros no cualificados=l; 1 17)
SL=2;obreros cualificados=
3 ;pequenos agricultores«4;
pequenos comerciantes e
industriales=5;administrât!
V O S y empleados medios«6;
estudiantes«7;profesiones
libérales, ejecutivos, altos
funcionarios, medianos propie
tarios y artistas=8;otros«9
Situaciôn active y SL=l;perdiô empleo= 1 17 4 10
laboral actual 2;nunca consiguiô trabajo«3;
trabajô pero no deseÔ conti
nuar=4;nunca deseô trabajar=
5 ;incapacidad laboral transi
toria«6;jubilado por edad«7;
incapacidad laboral permanen
te=8;
-260
Residencia Chaboli smo=l;casco 002 12
actual viej 0 = 2 ;Ciudad dor
mitorio=3;barrio
baj0=4,-barrio medio=
5;barrio residencial=
6 ;id. en periferia=7;
pueblo grande fuera
del cinturôn indus
tria1=8;no tiene, v^
ve con sus hijos=9;
no tiene, deaunbula=0
b.- Historia familiar:
CONCEPTO CODIGO RBGISTRO VARIABIE POSICICN
Padre
Profesiôn Id. variable 173 004 14
Estudios Id. variable 172 005 15
realizados
Anos transcurr^ 0-9;meses=l;9 anos o 006 16
dos desde su mSs=9
muerte
Antecedentes no=0;no se sabe=l; 007 17
psiquiStricos si, indeterminados=
2 ;alcoholismo=3;
bebedor excesivo=4;
neurosis=5;esquizo
frenia=6;PMD=7;
depresiôn=8;otros=9
N* de tentativas 1-9;9 o mSs«9 008 18
suicidas
Madre
Anos transcurr^ 0-9;meses“ l;9 anos o 009 19
dos desde su mSs"9
muerte
Antecedentes Id. variable 007 010 20
psiquiStricos
N* de tentativas 1-9;9 o mSs=9 Oil 21
suicidas
— 261 —
Conyuge
Anos transcurri 0-9;meses=l;9 anos 012 22
dos desde su o mâs=9;vivo=0
muerte
N'* de anos de 0-99;meses=99 013 23/
matrimonio y con*
vivencia
N* de anos en 0-99;meses»99 014 25/
convivencia del
segundo matrimonio
Antecedentes Id. variable 007 015 27
psiquiStricos
(ûltimo cônyuge)
N* de tentativas 0-9;9 o roSs=9 016 28
suicidas (ûltimo
cônyuge)
Hijos
N* de varones 0-9;9 o mas=9 017 29
N'® de mujeres 0-9; 9 o mSs=9 018 30
N® de fallecidos 0-9;9 o mSs=9 019 31
Anos transcurri 0-9;meses=l; 020 32
dos desde la 9 anos o mSs=9
muerte del ûltimo
N® de abortos 0-9;9 o mSs-9 021 33
espontSneos
Anos transcurr^ 0-9;9 o mSs=9 022 34
dos desde el
ûltimo
N® de abortos 0-9;9 o mSs=9 023 35
provocados
Anos transcurri 0-9;9 o mSs=9 024 36
dos desde el
ûltimo
Antecedentes Id. variable 007 025 37
psiquiStricos
de uno de ellos
Antecedentes Id. variable 007 026 38
psiquiStricos
de otro
- 262 -
Hermanos
N* de varones 0-9;9 o mâs=9 027 39
N® de mujeres 0-9;9 o mâs=9 028 40
N® de fallecidos 0-9 ;9 o mSs=9 029 41
Anos transcurri 0-9;9 o mâs=9 030 42
dos desde la
muerte del
ûltimo
Antecedentes Id. variable 007 031 43
PsiquiStricos
de uno
Antecedentes Id. variable 007 032 44
psiquiStricos
de otro
N® de tentativas 0-9;9 o mSs=9 033 45
suicidas de uno
N® de tentativas 0-9;9 o mSs=9 034 46
suicidas de otro
Allegados que consumaron suicidio
Padres (n®) 0-9;9 o mSs=9 035 47
Hermanos (n®) 0-9;9 o mSs=9 036 48
Hijos (n®) 0-9;9 o mSs=9 037 49
Familiares 0-9;9 o mSs=9 038 50
politicos
Otros familiares 0-9;9 o mSs=9 039 51
Amigos 0-9;9 o mSs=9 040 52
c.- Historia personal;
CONCEPTO CODIGO REGISTRO VARIABIE POSICICN
N® de cambios de 0-9;9 o mSs=9 1 001 11
trabajo
N® de cambios de 0-9;9 o mSs=9 003 13
domicilio
N® de anos vivien 0-9;9 o mSs*9; 081 15
do solo meses=l
- 263 -
Padecimiento de ocasionaImente»1; 052 64
dificultades frecuentemente»2;
econômicas casi constantemente=3
Durante la infancia
Encoprexis y/o si«l;no»0 053 65
enuresis nocturna
Onicofagia si=l;no=0 054 66
Sonaunbulismo y/o si»l;no=0 055 67
terrores n o c t u m o s
Alteraciones del si=l;no=0 056 68
lenguaje
Retraso psico si=l;no=0 057 69
motor
Tratamientos psiquiStricos anteriores
Farmacolôgicos Antidepresivos=l; 041 53
neurolêpticos=2;
benzodiacepinas=3;
barbitûricos=4;
otros=5;1 y 2=6;
ly3=7;otras asocia-
ciones=8;no se sabe=
9
PsicoterSpico Individual=l;grupal= 042 54
2;familiar=3;ly2=4;
1 y 3=5; 2 y 3=6; 1,2
3 =7;otros=8
N® de hospitali 0-9;9 o mSs=9 043 55
zaciones psiquiS
tricas previas
N® de tratamien 0-9;9 o mSs=9 044 56
tos distintos
Realizaciôn de Ocasionalmente=l; 051 63
actos agresivos frecuentemente=2
y/o delictivos casi constantemente=3
N® de autolesio 0-9;9 o mSs=9 050
nés y/o automu-
tilaciones
./.
- 264
Anos transcurr^ 0-9;9 o mSs* 045 57
dos desde el pa meses=l
decimlento de
una enfermedad no
psiguiâtrica de
cierta relevancia
Afios transcurrjL 0-9;9 o mSs=9i 046 58
dos desde el pa meses-1
decimlento de
otra enfermedad
no psiquiStrica
de cierta relevan
N® de interven- 0-9;9 o mSs=9 048 60
clones quixilrgicas
Anos transcurri 0-9;9 o mSs=9; 049 61
dos desde la ûTt^ meses=l
ma intervenciôn
quirûrgica
Consumo de al- Abstemio(menos de 058 70
cohol hace mSs de lOOcc/ano)=0;bebe
très meses dor regular duran
te mSs de 1 ano y
menos de 5 (menos
de 75cc/dia)=l;
Id. (menos de 150
cc/dia)=2;Id.(mSs
de 150cc/dia)=3;
bebedor regular du
rante mSs de 5 anos
(menos de 75cc/dla)=
4 ;Id. (menos de 150
cc/dla)=5;Id. (MSs
de 150cc/dia)=6;
embriagueces esporSdi
cas durante mSs de 6
meses seguidos (menos
de una al mes)=7;
Id. (menos de 5 al mes)
=8; Id.(mSs de 5 al mes)
=9
Consumo de Probar=l;una vez al 060 72
hachis y/o mari me9=2; una vez a la se
huana hace mSs mana=3;una vez al dla
de très meses o mSs=4;
Consumo de fSrma Id. variable 060 061 73
cos no prescritos,
como estimulantes
Consumo de Id. varieible 060 062 74
otras drogas
N® de tentativas 0-9;9 o mis =9 97 31
de suicidio pre
vias
Tiempo promedio mSs de 1 semema=l; 98 32
del intervalo de 1 sémana a 1 mes
entre las tentati =2; 1 a 2 meses=3;
vas anteriores « 2 a 3 meses=4;3 a 6
meses=5;6 a 12 meses
=6;m&s de 1 ano=7
Tiempo tramscu Id. variable 98 99 33
rrido desde la
ültima tentativa
Técnica utilizada Intoxicaciôn farmaco 100 34
en la primera lôgica=l;otros tôxi
tentativa cos (caüsticos, gas,
etc.)=2;intento de
ahorcadura=3;precip^
taciôn=4;secciôn de
vasos en muneca=5;
otros cortes por arma
blanca=6;fSrmacos y
cortes por arma blan-
ca=7;fSrmacos y alcohol
=8*1,3,4 y 5=9
Técnica utiliza Id. varieUsle 100 101 35
da en la segunSa
tentativa
Técnica utiliza Id. variable 100 102 36
da en la tercera
tentativa
Técnica prédomi Id. varicd)le 100 103 37
nante en las si
guientes tentati
vas
d.- Acontecimientes prôximos anteriores a la tentativa actual
CONCEPTO CODIGO REGISTRO VARIABIE POGICI:
Muerte del cônyuge 74 8
= 1; de1 padre»2; de
la madre=3;del hijo=4;
del hermano=5; de otro
£amiliar=6; de un ami-
go=7;de otro ser guéri
do=8;descubrimiento en
un ser querido de una
enfermedad grave=9
- 266
Përdida econômica 2 75 9
grave=l;fracaso pro
sional grave=2; frâ
caso en los estudios
=3;përdida de empleo
=4;no relaciona nin-
gûn acontecimiento=5
1,2 y 4=6;no valora-
do en su ocupaci6n=9
Abeuidonado por su pa- 2 76 10
reja=l;infidelidad de
la pare ja= 2 ;d i seus iôn
grave con la pareja=3;
divorcio,separaciôn=4;
pareja no conseguida
=5; infidelidad propia
=6;desengano amoroso
en general=7;1,2,3 y 4
=8;discusiôn grave con
un hijo=9
Descubrimiento de una 2 77 11
enfermedad grave en si
mismo=l;përdida de al-
gûn miembro o sentido=2;
sospecha o certeza de
una anomalla psiguiâtrica
= 3 ;aborto espontâneo=4;
aborto provocado=5;
embarazo no deseado=6;
desesperanza respecto de
la propia curaciôn=7
Haber sido agredido=l; 2 78 12
atracado o robado=2; vio
lado=3;humillado gravemen
te=4;discusiôn muy grave
=5;haber realizado un ac
to punible=6;abandonado
por la feunili a= 7 ;abandon o
de la familia=8;4 y 5=9
Cambio de domicilio no de 2 79 13
seado=1;otros=2;problèmes
jurldicos y/o policiales=3;
discusiôn grave con los
padres=4 ;abandwiado por la
pareja,infidelidad propia,
y desengaho amoroso en gene
ral=5
- 267 -
e.- Ultimo contacto con un médico
CWCEPTO CODIGO REGISTRO VARIABIE POSId
Médico general Menos de 1 semema»!; 80 14
1 a 4 semanas=3; 1 a
3 meses=5;3 a 6 meses»
7;6 meses a 1 ano=9;
Psiquiatra Menos de 1 semana»2; 80 14
1 a 4 semanas=4;l a 3
meses=6;3 a 6 meses»8;
6 meses a 1 ano»9
- Sentimientos prôximos euiteriores
Dolor intenso»l; dolor 2 82 16
leve pero continuo e
intratable»2;molestias
somâticas que no r e s p m
den al tratamiento»3;
molestias sométicas no
tratadas»4;agotamiento
insuperable»5;stress con
tinuo e insoportable»6;""
5 y 6=7;1, 3, 5 y 6=8;
2 y 5=9
Fracaso existencial=l; 2 83 17
frustraciôn=2;inutilidad
=3;1 y 2=4; 1 y 3=5; 2 y 3=6;
1.2 y 3=7; vacio interior»8;
ëmestesia afectiva»9
Incapacidad para afrontar 2 84 18
la vida, para luchar=l;
incapacidad para cumplir
sus obligaciones=2;incapa
cidad para cumplir sus propô
sitos=3; 1 y 2=4; 1 y 3=5; 7 j
3=6; nada le interesaba=7;
1.2 y 3=8; 1,2 y 7=9;
Necesidad de hablar con al 2 85 15
guien»l; necesidad de
ayuda=2;necesidad de estima
ciôn=3; 1 y 2=4; 2 y 3=5; 1 y**3
=6; 1,2 y 3=7
Incomprensiôn=l;soledad»2; 2 86 20
tedio,hastio,aburrimiento=3;
1 y 2=4 ; 1 y 3=5; 2 y 3=6;
1.2 y 3=7
- 268 -
CONCEPTO CODIGO REGISTRO WRIABLE POSICICN
Tristeza=l;desesperan 87 21
za*2;ruina»3;1 y 2=4;
1 y 3=5;2 y 3=6; 1,2
y 3=7
Culpabllidad=l;odio o 88 22
venganza hacia si mis-
mo=2;odio o venganza ha
cia los demis=3; 1 y 2=4;
1 y3=5;2 y 3=6; 1,2 y 3
=7
Desplazado socialmente 89 23
=l;desplazado familiar-
mente=2;desplazado labo
ralmente=3; 1 y 2=4 ;
1 y 3=5; 2 y 3=6; 1,2 y
3=7
Temor a la œuerte=l; te 90 24
mor a la locura=2;
amenaza de algûn peligro
grave=3;miedo incontro-
lable=4;l y 2=5; l'y 4=6;
2 y 4=7;3 y 4=8; 1, 2 y 4
=9
Ofendido,humillado=l; 91 25
necesidad urgente de huir
de la situaci6n=2;desen
gaho o pérdida de la fé
religiosa=3;1 y 2=4 ;
1 y 3=5; 2 y 3=6; 1,2 y 3
=7; otros=8;preocupado de
que sufran por él=9
2 »- Estudio de la tentativa actual
Fechatdîa 0-31 69 1-2
Fechaines 0-12 70 3-4
Persona de quien él mismo=l;c6nyuge*2; 71 5
partiô la inicia padres,hermanos o hi-
tiva fundaroentaT jos=3;otros familiares
mente de acudir *4 ;êunigos=5; sanitarios
al médico =6 ;autoridades pûblicas
(policias, etc.)=7;
otros (conocidos)=8;
otros (desconocidos)=9;
no acudiô por la escasa
gravedad de la tentativa=0
269 -
CONCEPTO CODIGO PEXUSTRO VARIABIE POSICH
Persona de qui en Id. variaible 71 72 6
partiô la inicia
tiva secundaria-
mente de acudir
al médico
N® de lesiones 0-9;9 o més=9 73 7
exploratorias
previas autoin-
flingidas
Técnica utili Id. variable 100 104 38
zada (golpes en la cabeza
- 0)
Avisos suicidas Nunca=0;siempre=l; 105 39
en tentativas an (otros côdigos refie-
teriores y actual jan el tanto por 10
de promedio)
Notas suicidas Id. variad)le 105 106 40
en tentativas
anteriores y ac
tuai
Sentimientos du Miedo=l;confusiôn=2; 92 26
rem te la tentati serenidad=3;ira,
va rabia,un impulso=4;
liberaciôn=5;indeci
siôn y/o inseguridad
=6;culpa, remordimien
to=7;no sentia nada=?;
otros=9
Sentimientos Frustraciôn=l; deses 107 41
inmediatzunente peraciôn=2;desengano=3;
posteriores a abatimiento=4;culpa,
la tentativa: a rrepen t imien to= 5;
principal miedo a morir=6; deseo
de intentarlo de nuevo
=7; sensaciôn de haber
hecho una tonteria=8;
otros»9
Id. secundario Id. variable 107 107 42
Padece actual- si=l;no=0 047 59
mente alguna en
fermedad importem
te no psiquiâtri-
- 270 -
CONCEPTO CODIGO REGISTRO VARIABIE POSICICN
Consume de al Id. variable 058 1 059 71
cohol (en los ûl-
tlmos très meses)
Consumo de hachis Probar=5;l vez por 060 72
o marihuana semama=6; 1 vez al
(ûltimos très me dia o mSs=7
ses)
Consumo de fârma Id. variable 060 061 73
COS no prescritos
como estimulantes
Consumo de otras Id. variable 060 062 74
drogas
Variaciôn del Aumento=l;disminuciôn 063 75
consumo de dro =2;no variô=0
gas (ûltimos très
meses)
Diaçnôstico Depresiôn=l;trastor 067 79
principal no de personalidad=2;
toxicoman£a=3; alcoho
lismo=4; esquizofrenia
=5
Diagnôstico Id. variable 067 068 80
secundario
Procedencia Procedente de urgen- 065 77
cias=l;de consultas=2;
ingresado en planta=3;
Situaciôn Hospitalizado en nues- 064 76
tras camas=l;en otras
camas=2;ambulante»3 ;
Gravedad Suicidio frustrado=l; 96 30
tentativa frustrada=2;
tentativa»3;
h.- Sentimientos durante el dia de la primera entrevista
Decepciôn=l;decepciôn 109 43
y deseos de intentar
suicidarse de nuevo=2;
alegria=3f indiferencia
=4; 1 y 4=5;preocupaciôn
=6
- 271 -
Necesidad de ayuda=l; 2 110 44
de comunicaci6n=2; de
estimaci6n=3; 1 y 2=4;
1 y 3=5; 2 y 3=6; 1,2 y 3
=7
Verguenza=l;cobardla=2; 2 111 45
desprecio de si mismo»3;
1 y 2=4; 1 y 3=5 ; 2 y 3
=6; 1,2 y 3»7
Culpa, remordimiento=1; 2 112 46
desesperaciôn»2;cierta
e speran za» 3;de saogo= 4 ;
1 y 2=5; 3 y 4=6 ; 1 y
3=7
Falta de motives para v^ 2 113 47
vir=l;falta de fuerzas
para vivir=2;encuentra
motivos para vivir=3;
encuentra fuerzas para
vivir=4; 1 y 2=5; 3 y 4
=6;no se plantea el fu
ture» 7; 2 y 3=8; 1,2 y 3=9
Incomprensi6n=l;soledad=2; 2 114 48
tristeza=3;l y 2=4;1 y 3=5;
2 y 3=6; 1,2 y 3=7
Cree que solo sirve para 2 115 49
danar a los demâs»1;cree
que hubiese sido mejor que
no hubiese nacido=2 ;culpaüsi
liza a la sociedad de lo
que le ocurre=3;culpabili-
za a otras personas=4; 3 y 4=5
1 y 2=6; 2 y 3=7;2 y 4=8;
2,3 y 4=9;
i*■ Actitud ante el tratamiento (Primera entrevista)
CONCEPTO CODIGO REGISTRO VARIABIE PCSICi:
Considéra el inuti1=1;cree que pue 2 116 50
tratamiento psiqiâ de ayudarle=2;indife
trico rencia=3;cree que pûede
ser molesto y/o perju-
dicial=4
./.
- 272
Acepta ser tratado propia iniciativa, ya 117 51
por: que cree en êl=l; por
propia iniciativa por
que cree en la indica-
ci6n del mêdico=2; por
propia iniciativa, por
por indicaciôn de su
familia=3; indiferente
pero se lo aconsejô el
médico=4; indiferente
pero se lo aconsejô la
feunilia=5; no cree
pero se lo aconsejô el
médico=6; no cree pero
se lo aconsejô la fa-
milia=7; otros=8; no
acepta=9
Primera entrevista
Ganas y fuerzas l(mlnimo) a 5 (mâximo) 2 118 52
para vivir
Esperanza y orga 1-5 2 119 53
nizaciôn de futuro
Integraciôn 1-5 2 120 54
familiar
Integraciôn social 1-5 2 121 55
Salud general 1-5 2 122 56
Trastorno 1-5 2 123 57
psiquiâtrico
D-3.3.ESTUDIO III: 1
SEGUIMIENTO. El seguimiento tambiën fué lleva
do a cabo en la citada unidad de suicidologla del Hospital Cll
nico de San Carlos de Madrid, durante las sucesivas entrevistas
en las que era atendido el paciente. El cuestionario es descri-
to a continuaciôn:
CONCEPTO CODIGO RBGISTRO VARIABLE PCSICIC
Tienf» de hospitali 1 a 4 dlas=l; 5 a 9 1 066 78
zaciôn dlas=2; 10 a 30 dlas
=3; mâs de 1 mes=4;
no hospitalizados=5
- 273 -
Tratamiento farma Solo lo toma mientras 93 27
colôgiro estâ hospitalizado»!;
lo continua pero lo in
terrumpe antes del
alta mëdica=2; lo con
tinua hasta el alta mê
dica*3; no hace*4; no
se le recomienda=5
Tratamiento No vuelve»0;psicoterapia 94 28
Psicoterapeûtico indlvidual=l;psicoterapia
de griipo"2;psicoterapia
de familiars ; 1 y 2=4 ;
1 y 3=5; 1,2 y 3*6
Tratamiento Lo interrumpe al dejar la 95 29
Psicoterapeûtico hospitalizaci6n=l; lo in
terrumpe una vez estS aunbu
lante=2; lo continua hasta
el alta mêdica=3;lo conti
nua hasta el alta mêdica pe
ro en otro centro»4 y 5;no
ha acabado el seguimiento=6;
no vuelve=0
Repeticiôn de la repite tentativa=l consuroa- 166 20
conducta suicida cièn suicida=2; repite dos
veces tentativa:una ingresa
do y otra durante la salida
de fin de semema=3;no se
sabe=9
Tiempo transcurri menos de 1 semana=l; 167 21
do entre la prime menos de 15 dlas=2;
ra entrevista y Ta menos de 22 dlas=3
repeticiôn de la menos de 29 dîas=4;
tentativa 5 a 6 semanas=5; 6 a 7
sememas=7; mâs de 8 sema
nas=8;no se sabe=9
Reingresado por mo- no=0; si=l; 1 por tentativa 168 22
tivos no suicidas y otro por no tentativa=2;
no se sabe=9
Antes de la primera semana
Ganas y fuerzas 1-5 124 58
para vivir
Esperanza y organi 1-5 125 59
zaciôn de futuro
Integraciôn 1-5 126 60
familiar
274 •
Integraciôn social 1-5 2 127 61
Salud general 1-5 2 12 8 62
T r a s t om o
psiqiiâtrico 1-5 2 12 9 63
Antes de la segunda semema
Gainas y fuerzas 1-5 2 130 64
para vivir
Esperanza y organi 1-5 2 131 65
zaciôn de futuro
Integraciôn 1-5 2 132 66
familiar
Integraciôn social 1-5 2 133 67
Salud General 1-5 2 134 68
Tr as t om o
psiguiàtrico 1-5 2 135 69
Antes de la tercera semana
Ganas y fuerzas 1-5 2 136 70
para vivir
Esperanza y organi 1-5 2 137 71
zaciôn de futuro
Integraciôn 1-5 2 138 72
feuniliar
Integraciôn social 1-5 2 139 73
Salud General 1-5 2 140 74
Trastomo
psiquiâtrico 1-5 2 141 75
Antes de la cuarta semana
Ganas y fuerzas 1-5 2 142 76
para vivir
Esperan y orgemi- 1-5 2 143 77
zaciôn de futuro
- 275 -
Integraciôn 1-5 144 78
familiar
Integraciôn social 1-5 2 145 79
Salud general 1-5 2 146 80
Tr astomos 1-5 3 147 1
psiquiStricos
Antes de la sexta semema
Ganas y fuerzas 1-5 1 3 148 2
para vivir
Esperanza y organi 1-5 3 149 3
zaciôn de futuro
Integraciôn 1-5 3 150 4
familiar
Integraciôn social 1-5 3 151 5
Salud general 1-5 3 152 6
Trastornos 1-5 3 153 7
psiquiatricos
Antes de la octava semana
Ganas y fuerzas 1-5 3 154 8
para vivir
Esperan y organ^ 1-5 3 155 9
zaciôn de futuro
Integraciôn 1-5 3 156 10
familiar
Integraciôn social 1-5 3 157 11
Salud general 1-5 3 158 12
T ra s tomos 1-5 3 159 13
psiquiatricos
276 -
Antes de la doceava semana
Ganas y fuerzas 1-5 3 160 14
para vivir
Esperemzas y or- 1-5 3 161 15
ganizaciôn de futuro
Integraciôn 1-5 3 162 16
familiar
Integraciôn social 1-5 3 163 17
Salud general 1-5 3 164 18
T ra s tomos 1-5 3 165 19
psigui&trlcos
- 277 -
D - 4 ANALISIS DE LOS DATOS; En el an&lisis por poblaclones
se realize una prueba matemâtica de para ver la significa-
ci6n de asociaciôn en grupos de dos variables, es decir, de dos
poblaciones comparadas. En la hipôtesis de independencia, se
propone que la proporciôn de individuos de cada clase (distin
tas contestaciones al item en anâlisis) del estado en estudio
de car&cter A (casos con tentativa de suicidio) es la misma que
para las clases que determinan el estado del estudio del car&c-
ter B (suicidios frustrados). Como los resultados no suelen
coincidir exactamente, esta fluctuaciôn puede ser debida al
azar y no iroplicar el rechazo de la hipôtesis. Para determiner
si las diferencias observadas son significatives o no, se reali
ze el test estadistico referido, segûn la siguiente fôrroula:
x = < "i - V *'
V
N
(N= teunano de la poblaciôn; Fi= frecuencias observadas; P=proba-
bilidad técnica; frecuencias teôricas).
El valor de obtenido se compara con las tablas estruc
turadas del test para los grados de libertad existentes y el ni-
vel de significaciôn que previamente se haya establecido. Se
llama nivel de significaciôn (K) a la probabilidad que se tiene
de rechazar la hipôtesis, siendo esta verdadera. »(,=0.05 indica
que en el 5% se comete error. En nuestro estudio hemos utiliza-
do niveles de significaciôn superiores al 95% de probabilidad,
que corresponden al 5% de significaciôn.
278 -
Utillzando el programa 4F de B.M.D.P. (Ucla, 1981) se
tad)ulan los datos en tablas de cuidruple entrada, realizando
un examen multicêntrlco, utillzando el modelo de regresiôn lo-
glstica descrito en los libros BISHOP (1975), CIENBERG (1977) y
PLACKETT (1974) segûn la fdrmula simplificada siguiente, aplica-
ble para tad)las de dob le entrada:
Ln Cij = « i + Bj + K
(Ofi = LnRi; Bj = Ln Cj ; K=LnN)
El programa selecciona los modelos logisticos mds apro-
piados y genera un test de ajuste de cada modelo. Permite con
trôler las interacciones con instrucciones simples. Realize test
de independencia para explicar las frecuencias observadas en la
mayor parte de las casillas, perroitiendo incluso, en un peso a
peso, elegir las casillas que mâs contribuyen al modelo, lo que
ayuda para identificar patrones concretos o caracteristicas inu-
suales en los datos.
279 -
E.- RESULTADOS
E-1. ESTUDIO I; SUICIDK» COWSCMADOS;
E.1.1.INCICEMCI&. Bioontramos durante el ano 1984, un total de 284
suicidios consumados en la ciudad de Madrid para una poblaciôn
de 3.158.821 habitantes, lo que supone una tasa anual de 8,99
suicidios por cada 100.000 habitantes (Tabla 1).
Dividiendo la muestra en razôn del sexo (Tabla 1), encon-
trasios que de los 284 suicidios citados, 189 fueron realizados
por varones y 95 por inujeres, con lo que ajustando
esta cifra a las poblaciones respectives hallêunos una tasa
anual de 12,65 por 100.000 habitantes para los hombres y una
tasa de 5,71 para las inujeres. Por tanto, la relaciôn de sui
cidios por sexos serla superior al 2/1 a favor de los varones,
exactamente de 2,2154/1.
TASA ANUAL POR
N* POBLACION 100.000 HABIT.
HOMBRES 189 1.494.147 12,65
MUJERES 95 1.494.674 5,71
TOTAL 284 3.158.821 8,99
TABLA 1.- SUICIDIOS CONSUMADOS EN LA CIUDAD DE MADRID DURANTE
1.984,
- 280
Erl.2 D E M O G R ^ I A
E-1.2.1.Edad. Si dividimos la muestra en razôn de la edad y ajusta
zoos los datos a la poblaciôn que corresponden (Tabla 2) hallare-
mos que ningûn suicidio fuê realizado por los menores de 15 anos,
y que la tasa para los adolescentes (de 15 a 19 anos) es de 4,47,
la mâs baja de todos los grupos de edad analizados.
Las tasas de suicidio aprecen mâs altas a partir de los 60
anos, y especialmente a partir de los 75 con cifras de 25,50
para el grupo de 75 a 79, de 37,69 para el de 80 a 84 y de30,25
para el de mayores de 84 anos.
La tasa obtenida entre los suicidas de 75 a 79 résulta ser
mayor del cuâdruplo de la de la poblaciôn general, y casi ocho
veces superior a la tasa de la poblaciôn comprendida entre los
15 y 19 anos. Si descontamos del total la poblaciôn correspon-
diente a los menores de 15 anos, ya que entre ellos no se consu
mô ningûn suicidio, la tasa anual total de suicidios se conver-
tirla en 11,40 por cada 100.000 habitantes.
- 281 -
GRUPOS
TASA ANUAL POR
DE EDAD N* POBLACION 100.000 HABITANTES
0 a 14 0 729.968 , 0
15 a 19 14 292.704 4,78
20 a 24 22 254.778 8,63
25 a 29 14 193.397 7,24
30 a 34 24 194.430 12,34
35 a 39 21 190.362 11,03
40 a 49 14 187.803 7,45
45 a 49 14 217.055 6,45
50 a 54 22 212.761 10,34
55 a 59 17 186.615 9,11
60 a 64 32 144.674 22,12
65 a 69 28 128.898 21,72
70 a 74 17 98.424 17,27
75 a 79 17 66.669 25,50
80 a 84 14 37.143 37,69
85 y mâs 7 23.140 30,25
TOTAL 284 3.158.821 8,99
TOTAL PARA
MAYORES DE
14 ANOS 277 2.428.853 ........... 11,40
TABLA 2.- SUICIDIOS CONSUMADOS EN LA CIUDAD DE MADRID DURANTE 1.984
- 282
E-1.2.2.SeKO. Agrupando la muestra en razôn de la edad y el sexo
(Tabla 3), encontramos entre los hombres una tasa de 90,25 entre
los de edad comprendida entre los 80 y 84 anos, que résulta ser
diez veces superior a la de la poblaciôn general, y que nos di
ce que une de cada mil hombres de esta edad se suicida en Madrid
cada aho.
Los otros grupos de edad mâs afectados entre les varones se
rîan los mayores de 84 anos, con una tasa de 4 9,80, los de edad
comprendida entre los 60 y 64 anos, con una tasa de 38,42 y los
de 75 a 79 anos, con una tasa de 37,76.
Entre las mujeres, la tasa mâs alta aparece en el grupo de
65 a 69 anos, con una tasa de 25,36 aproximadamente cinco veces
superior a la general para el sexo femenino. Résulta curioso
que 9 de los 19 suicidios hallados dentro de este grupo co-
rrespondan a una edad de 66 anos, que destacarîa como la mâs ri-
ca en suicidios para las mujeres dentro de nuestra muestra, y
con una tasa de 58,15 por 100.000, es decir, diez veces superior
a la global de mujeres.
Los otros grupos de edad mâs afectados entre las mujeres se
rîan el de las mayores de 84,anos, con una tasa de 23,37, y el
de las de 75 a 79 anos, con una tasa de 18,68. En general, las
- 283 -
tasas aumentan a partir de los 60 anos entre las inujeres, si
bien el periodo de los 30 a los 39 anos no deja de tener su
importancia. La tasa mâs baja no se balla entre las adoles
centes, sino entre las de edad comprendida entre los 25 a 29
anos.
Comparando ambos sexos, en relaciôn a la edad, observâmes
como la relaciôn 2,2/1 de la poblaciôn general se modifica no
tablemente en algunos grupos de edad. Asi, se inclina mâs ha
cia los varones en los grupos de 25 a 29 anos, que es de 14/1
y en los de 20 a 24 anos, 55 a 59 y 80 a 84 que es aproximada
mente de 6/1. La relaciôn se invierte en el grupo de 65 a
69 anos, ya que résulta ser de 1/5 a favor de las mujeres.
Si establecemos los grupos de edad por decenios para evi-
tar la dispersiôn estadîstica (Tabla 4) vemos como las tasas
de suicidio se van incrementando en relaciôn con la edad mâs
avanzada, hecho que résulta totalmente constatado al hacer la
agrupaciôn por asociaciones de 15 anos (Tabla 5 y Tabla 6).
— 284 —
GRUPOS HOMBRES MUJERES TOTAL
DE
TASA lASA lASA
EDAD
ANUAL ANUAL ANUAL
N* POBUCION xlOO.OOO N& PCBLACICN XlOO.OOO N“ PCBLACICN X 100.000
0 a 14 0 374.683 0 0 355.285 0 0 729.968 0
15 a 19 9 148.306 6,07 5 144.396 3,46 14 292.704 4,78
20 a 24 19 128.471 14,79 3 126.307 2,38 22 254.778 8,63
25 a 29 13 93.534 13,90 1 99.864 1,00 14 193.397 7,24
30 a 34 15 90.157 16,64 "^9 104.273 8,63 24 194.430 12,34
35 a 39 13 89.063 14,60 8 101.300 7,90 21 190.362 11,03
40 a 44 8 87.214 9,17 6 100.589 • 5,96 14 187.803 7,45
45 a 49 11 102.782 10,70 3 114.272 2,63 14 217.055 6,45
50 a 54 17 99.455 17,09 5 113.306 4,41 22 212.761 10,34
55 a 59 14 85.377 16,40 3 101.238 2,96 17 186.615 9,11
60 a 64 24 62.467 38,42 8 82.207 9,73 32 144.674 22,12
65 a 69 9 53.904 16,70 19 74.993 25,36 28 128.898 21,72
70 a 74 11 37.792 29,11 6 60.633 9,90 17 98.424 17,27
75 a 79 9 23.834 37,76 8 42.834 18,68 17 66.669 25,50
80 a 84 10 11.080 90,25 4 26.063 15,35 14 37.143 37,69
85 y mâs 3 6.024 49,80 4 17.116 23,37 7 23.140 30,25
No se
sabe 4 - - 3 - - 7 - -
TOTAL 189 1.494.147 12,65 95 1.664.674 5,71 284 3.158.821 8,99
TABIA 3.- SUICIDIOS OONSCWmOS EN LA CIUDAD Œ: MADRID DURANTE EL ANO 1.984.
- 283 -
tasas aumentan a partir de los 60 anos entre las mujeres, si
bien el periodo de los 30 a los 39 anos no deja de tener su
importancia. La tasa mâs baja no se halla entre las adoles
centes, sino entre las de edad comprendida entre los 25 a 29
anos.
Comparando ambos sexos, en relaciôn a la edad, observâmes
como la relaciôn 2,2/1 de la poblaciôn general se modifica no
tablemente en algunos grupos de edad. Asi, se inclina mâs ha
cia los varones en los grupos de 25 a 29 anos, que es de 14/1
y en los de 20 a 24 anos, 55 a 59 y 80 a 84 que es aproximada
mente de 6/1. La relaciôn se invierte en el grupo de 65 a
69 anos, ya que résulta ser de 1/5 a favor de las mujeres.
Si establecemos los grupos de edad por decenios para evi-
tar la dispersiôn estadîstica (Tabla 4) vemos como las tasas
de suicidio se van incrementando en relaciôn con la edad mâs
avanzada, hecho que résulta totalmente constatado al hacer la
agr”.paciôn por asociaciones de 15 anos (Tabla 5 y Tabla 6) .
- 284 -
GRUPOS HOMBRES MUJERES TOTAL
DE
TASA TASA TASA
EDAD
ANUAL ANUAL ANUAL
N» PCBLACICN XlOO.OOO N& PCBLACICN XlOO.OOO N» PCBLACICN X 100.000
0 a 14 0 374.683 0 0 355.285 0 0 729.968 0
15 a 19 9 148.306 6,07 5 144.396 3,46 14 292.704 4,78
20 a 24 19 128.471 14,79 3 126.307 2,38 22 254.778 8,63
25 a 29 13 93.534 13,90 1 99.864 1,00 14 193.397 7,24
30 a 34 15 90.157 16,64 ""9 104.273 8,63 24 194.430 12,34
35 a 39 13 89.063 14,60 8 101.300 7,90 21 190.362 11,03
40 a 44 8 87.214 9,17 6 100.589 • 5,96 14 187.803 7,45
45 a 49 11 102.782 10,70 3 114.272 2,63 14 217.055 6,45
50 a 54 17 99.455 17,09 5 113.306 4,41 22 212.761 10,34
55 a 59 14 85.377 16,40 3 101.238 2,96 17 186.615 9,11
60 a 64 24 62.467 38,42 8 82.207 9,73 32 144.674 22,12
65 a 69 9 53.904 16,70 19 74.993 25,36 28 128.898 21,72
70 a 74 11 37.792 29,11 6 60.633 9,90 17 98.424 17,27
75 a 79 9 23.834 37,76 8 42.834 18,68 17 66.669 25,50
80 a 84 10 11.080 90,25 4 26.063 15,35 14 37.143 37,69
85 y mâs 3 6.024 49,80 4 17.116 23,37 7 23.140 30,25
No se
sabe 4 - - 3 - - 7 - -
TOTAL 189 1.494.147 12,65 95 1.664.674 5,71 284 3.158.821 8,99
TABIA 3.- SUICIDIOS CCNSUMAD06 EN LA CIUDAD Œ MADRID DURANTE EL ANO 1.984.
- 285 -
GRUPOS HOMBRES MUERES TOTAL
DE
edad TASA TASA TASA
ANUAL ANUAL AMAL
N» POBUCION XlOO.OOO N“ POBLACION XlOO.OOO N“ POBLACION XlOO.OOO
0 a 14 0 374.683 0 0 355.285 0 0 729.968 0
15 a 24 28 276.777 19,12 8 270.703 2,96 36 547.482 6,58
25 a 34 28 183.691 15,24 10 204.137 4,90 38 387.827 9,80
35 a 44 21 176.277 11,91 14 201.889 6,93 35 378.165 9,26
45 a 54 28 202.237 13,85 8 227.578 3,52 36 429.816 8,38
55 a 64 38 147.844 25,70 11 183.445 6,00 49 331.289 14,79
65 a 74 20 91.696 21,81 25 135.626 18,43 45 227.322 19,80
75 y mâs 22 40.938 53,74 16 86.013 18,60 38 126.952 29,93
Mb se sabe 4 - - - . - - 7 - -
TOTAL 189 1.494.147 12,65 95 1.664.674 5,71 284 3.158.821 8,99
TABLA 4.- SUICIDIOS OONSUWDOS EN lA dlElAD DE fAOUD DURANTE EL AND 1.984.
GRUPOS HOmPES MUJERES TOTAL
LE
TASA TASA TASA
EDAD ANUAL ANUAL ANUAL
N& POBIACION XlOO.OOO N» POBLACION XlOO.OOO N«^ PCBLACICN XlOO.OOO
0 a 14 0 374.683 0 0 355.283 0 0 729.968 0
15 a 29 41 370.311 11,07 9 370.567 2,43 50 740.879 6,75
30 a 44 36 266.434 13,51 23 306.162 7,51 59 572.595 10,30
45 a 59 42 287.614 14,60 11 328.816 3,35 53 616.431 8,60
60 a 74 44 154.163 28,54 33 217.833 15,15 77 371.996 20,70
75 y mâs 22 40.938 53,74 16 86.013 18,60 38 126.952 29,93
Ib se sabe 4 3 7 _
TOTAL 189 1.494.147 12,65 95 1.664.674 5,71 284 3.158.821 8,99
TABLA 5.- SUICIDIOS CONSUMADOS £N LA CIUDAD 1%: MADRID DURANTE 1.984.
- 286 -
OUPOS HOMBRES MUJERES TOTAL
DE
EDAD TASA TASA TASA
ANUAL ANUAL ANUAL
N& POBUCICN XlOO.OOO N» PCBlAdCN XlOO.OOO N* PCBLACICN 100.000
1 a 14 0 374.683 0 0 355.285 0 0 729.968 0
ninos
15 a 20 41 370.311 11,07 9 370.567 2,43 50 740.879 6,75
jôvenes
30 a 59 78 554.048 14,08 34 634.978 5,35 112 1.189.026 9,42
madurez
60 y mâs 66 195.101 33,83 49 303.346 16,13 115 498.948 23,05
Tercera
edad
No se sabe 4 - - 3 - - 7 - -
TOTAL 189 1.494.147 12,65 95 1.664.674 5,71 284 3.158.821 8,99
TABLA. 6.- SUICIDIOS OONSIMVDOS LA CIUDAD CE MADRID DURANTE 1.984.
Vemos entonces, como la tasa de suicidios de las personas de
edad avanzada (60 y mâs anos) es 3,5 veces superior a la de los jô-
venes (entre 15 y 29 anos). Por sexos, entre los hombres, es 3 ve
ves superior y entre las mujeres 6,5 veces superior.
La relaciôn 2,2/1 a favor de los varones respecto de las muje-
res, se ve notablemente incrementado en los primeros entre las po
blaciones mâs jôvenes (de 15 a 29 anos), ya que entre êstos se do-
bla alcanzando la cifra de 4,5/1 (Tabla 7).
- 287 -
REIACION DE TASA DE SUICIDIOS
ANUAI£S POR 100.000 HABITANIES
HGMBKES/MUJERES
15 a 29 anos 4,55
30 a 59 anos 2,63
60 anos y mâs 2,10
TOTAL 2,22
TABLA 7. SUICIDIOS CONSUMADOS EN LA CIUDAD DE 1
1.984.
E. 1.3.OTROS FACTORES DE RIESGO;
E.1.3.lEstructura familiar. Si apuntanos los datos sobre estado
civil a la poblaciôn correspondiente de cada grupo (Tabla n* 8),
observamos una mayor tasa de suicidios anuales por 100.000 habi
tantes entre los viudos (12,22), seguidos de los casados (7,43),
solteros (3,22) y dIvorciados y/o separados (3,07). Relaciôn
que se mantiene en razôn del sexo excepto para los hombres divor
ciados y/o separados (8,00), dato no valorable, ya que a pocos
separados que hubiere dentro del grupo "no se sabe", variaria no
tablemente la tasa, dado el escaso nûmero de poblaciôn a que se
refiere.
- 288
Por otro lado, no hay que olvidar que en la poblaciôn de
solteros se ha Incluido a los menores de 15 anos, con lo que
la tasa entre estos, asi obtenida es menor que la real. Si
por tanto, quiteunos la poblaciôn menor de 15 anos (Tabla n& 9)
vemos como la tasa de suicidios entre casados y solteros se
aproxima hasta hacerse casi équivalente; tambiên al dividir la
muestra en razôn del sexo.
El valor mâs aproximado de tasas de suicidio por 100.000
habitemtes lo hallarlcunos repartiendo los casos "no se sabe”,
muy numerosos, como ya hemos dicho (y por tanto los resulta
dos son de escaso valor),en la misma proporciôn que la obte
nida entre los casos de estado civil determinado (Tabla n* 10).
Observamos una tasa aproximada de 19,4 2 entre los viudos, segui
dos de los casados (11,81) y solteros (9,78). Al dividir estos
datos en razôn del sexo, vemos como la tasa es especialmente
elevada entre las viudas mientras que entre casadas y solteras
las tasas son algo nàs bajas de lo esperado en relaciôn con las ta
sas de los varones (la muestra global présenta una relaciôn de
2,2/1 y la relaciôn entre casados es 2,7/1).
./.
- 289 -
ESTADO HOMBRES MUJŒS TOTAL
CIVIL
N® % POBLACION TASA N® % POBLACION lASA N® % POBLACION TASA
Casados 74 39,15 702.052 10,54 30 31,58 697.293 4,30 104 36,62 1.399.349 7,43
Sdteros 33 17,46 746.150 4,42 16 16,34 776.057 2,06 49 17,25 1.522.207 3,22
Viudos 7 3,70 33.450 20,93 18 18,95 171.198 10,51 25 8,80 204.648 12,22
Divorcia
dos,etc. 1 0,53 12.496 8,00 0 0 20.122 0 1 0,35 32.618 3,07
No se
sabe 74 39,15 - - 31 32,63 - - 105 36,97 - -
TOTAL 189 100 - - 95 100 - - 284 100 - -
TABLA N* 8.- SUICIDIOS OCMSUMADOG £34 LA dUDAD EC MADRID DURANTE 1.984.
ESTADO HOMBRES MUJERES TOTAL
CIVIL
N® % POBLACION TASA N® % POBLACION TASA N® % POBLACION TASA
Casados 74 39,15 701.107 10,55 30 31,58 696.305 4,31 104 36,62 1.397.412 7,44
Solteros 33 17,46 372.618 8,86 16 16,34 421.762 3,79 49 17,25 794.380 6,17
Viudos 7 3,70 33.245 21,06 18 18,95 171.198 10,51 25 8,80 204.443 12,23
Divorcia
dos,etc. 1 0,53 12.496 8,00 0 0 20.122 0 1 0,35 32.618 3,07
No se
sabe 74 39,15 - - 31 32,63 - - 105 16,97 - -
TOTAL 189 100 - - 95 100 - - 184 100 - -
TABLA N» 9.- SUICIDIOS CONSUMADOS £N LA CIUDAD DE MAWID DURANTE 1.984
- 290 -
ESTADO HOMBRES NUJEFES TOTAL
CIVIL
N®- % PCBLACICN TASA N® % PCBLACICN tasa N® % POBIACICN TASA
Casa
dos 121,6 64,35 701.10717,34 44,5 46,88 696.305 6,39 165 58,10 1.397.412 11,81
Solte
ros 54,2 28,70 372.618 14,55 23,8 25,00 421.762 5,64 71,7 27,37 794.380 9,78
Viidos ixs 6,09 33.245 34,59 26,7 28,13 171.198 15,60 39,713,97 204.443 19,42
Divor 1,6 0,87 12.496 12,80 0 0 20.122 0 1,6 0,56 32.618 4,91
ciados
etc.
TOTAL 189 100 - - 95 100 - - 284 100 - -
TABIA N® 10.- SUICIDIOS CCNSUffîDOS EN LA CHEAD DE MADRID DURANTE 1.984.
Si dividimos la nuestra segûn la edad y el estado civil (Tabla n® 11) vemos que
résulta necesario hacer un estudio en relaciôn con las cifras de pobla
ciôn que corresponden a cada subgrupo (Tabla N® 12). Repartiendo pro-
porcionalmente los "no se sabe" segûn los resultados de los casos cono-
cidos y ajustando los datos a las respectivas cifras de poblaciôn, ob-
serv2unos (Tabla N® 12) entre los jôvenes (15 a 25 anos)que los solteros
presentan una tasa de suicidios (7,14) que duplica a la de los casados
de su misma edad (3,60). Tambiôn entre los de edad intermedia (26 a
64 anos), los solteros presentan una tasa (13,69) mâs elevada que los
casados (9,46). El grupo de poblaciôn que da lugar a que en las cifras
totales aparezca una tasa mâs alta en casados que en solteros , es la
de los mayores de 64 anos, con una tasa de 30,12 en los casados. Esta
- 291
ESTADO 15 a 25 26 a 64 65 y mâs TOTAL
CIVIL
N® % N® % N® % N® %
Czisados 2 8,00 68 73,91 32 53,33 102 57,63
Solteros 23 92,00 20 21,74 6 10,00 49 27,68
Viudos 0 0 4 4,35 21 35,00 25 14,12
Separados,
etc. 0 0 0 0 1 1,67 1 0,56
TOTAL 25 100 92 100 60 100 177 100
(No se sàbe la edad=7; No se sabe el estado civil=105; ltotal*284).
TABLA N® 11.- SUICIDIOS CONSUMADOS EN LA CHDAD DE MADRID DURANTE 1984.
elevada tasa en proporciôn a la de los solteros (21,76) se puede
deber a que la poblaciôn mayoritarla en este grupo de edad perte-
nece al sexo masculino (Tabla n® 13), por el contrario que los
solteros de estas edades.
ESTADO CIVIL POBLACION (N®)
(Mayores de
64 anos)
HOMBRES MUJERES TOTAL
Solteros 8.354 35.758 44.112
Casados 100.752 69.231 169.983
TABLA N® 13.- POBLACION DE LA CIUDAD DE MADRID SEGUN SEXO Y ESTADO CIVIL ENTRE
LOS MAYORES DE 64 ANOS (1981).
Ill
- 293 -
Las viudas de edad intermedia (26 a 64 anos) presentan una
tasa (9,71) inferior a la de los solteros de la misma edad
(13,69); y les viudos de mâs de 64 anos, una tasa que, aunque
elevada (24,62) es inferior a la de los casados de la misma edad
(30,12). Sin embargo, la tasa para los viudos de todas la eda
des (19,64) supera eunpliamente a la de los solteros (9,89) y
casados (11,57).
E-1.3.2. Es taciones. Periodo del ano. Dia de la semana.. La esta-
ci6n del aho durante la cual se consumô un mayor nûmero de suici
dios fuê la primévera (abril, mayo y junio), seguida del verano
(julio, agosto y septiembre), invierno (enero, febrero y marzo)
y otoho (octubre, noviembre y diciembre). (Tabla n® 14). Las
diferencias son de escasa importancia y no varian practicaroente
en la distribuciên por sexos (Tabla n® 14). En la distribueiôn
por edades (Tabla n® 15) vemos como ésta es mucho mâs homogénea
entre los mayores de 59 anos, mientras que en los restantes
grupos de edad se conserva una mayor frecuencia durante los me-
ses primaverales.
Al dividir la muestra entre los meses del aho (Tabla n® 16),
vemos que fuê durante el mes de Junio cuando se consumaron mâs
suicidios (13,73%), seguido del de Julio (10,56%) y enero (9,15%)
El mes de agosto fue, el mâs escaso en suicidios (5,99%) po-
siblemente debido a que gran parte de la poblaciôn se hallaba de
vacaciones fuera de la capital; esta cifra para el mes de Agosto
- 294 -
es aûn mâs baja para las mujeres (4,21%); las cuales presentan
sus frecuencias mâs elevadas durante los meses de Julio (14,74)
y enero (12,63). Entre los varones solamente destaca el mayor
nûmero de suicidios registrados durante el mes de Junio
(15,87%).
Al estudiar la frecuencia en cada uno de los meses del
aho segûn la edad (Tabla n® 17) observamos que la frecuencia
elevada del mes de Junio corresponde a los menores de 40 ahos
(18,95%) y a los de 40 a 59 ahos (14,93%), pero no a los de
mayor edad. Se observa una frecuencia elevada durante el mes
de agosto entre las edades de 40 a 59 ahos (13,43%) que con
trasta con la escasa cifra de los menores de 40 ahos (3,16%) y
los mayores de 59 ahos (4,35%).
El dîa de la semana durante el cual se consumô un mayor
nûmero de suicidios fuê el miercoles (16,90%) y durante el que
menos fuê el sâbado (11,97%). Como vemos (Tabla n® 18) las di
ferencias son muy escasas. Teniendo en cuenta el sexo (Tabla
n® 18) se observa en las mujeres una mayor frecuencia de suic^
dios durante los lunes (20%), duramte los cuales se duplica
ampliamente la frecuencia de los sâbados (8,42%). En contras
te, el lunes es el dla de la semana en que se suicidaron menos
hombres (12,70%).
295 -
(ambos sexos)
HOMBRES MUJERES TOTAL
N® % N® % N® %
ENERO 14 7,41 12 12,63 26 9,15
FEBRERO 12 6,35 6 6,32 18 6,34
MARZO 14 7,41 7 7,37 21 7,39
ABRIL 15 7,94 9 9,47 24 8,45
MAYO 16 8,47 6 6,32 22 7,75
JUNIO 30 15,87 9 9,47 39 13,73
JULIO 16 8,47 14 14,74 30 10,56
AGOSTO 13 6,88 4 4,21 17 5,99
SEPTIEMBRE 18 9,52 7 7,37 25 8,80
OCTUBRE 13 6,88 7 7,37 20 7,04
NOVIEMBRE 13 6,88 7 7,37 20 7,04
DICIEMBRE 15 7,94 7 7,37 22 7,75
TABLA N® 16.- SUICIDIOS CONSUMADOS EN LA CIUDAD DE MADRID DUR^m
TE 1.984.
- 296 -
Menores de M&s de 59
40 anos 40-59 aÂos anos No se
N* % NA sabe
% N* %
ENERO 10 10,53 5 7,46 10 8,70 1
FEBRERO 5 5,26 5 7,46 7 6,09 1
MARZO 6 6,32 5 7,46 10 8,70 0
ABRIL 7 7,37 6 8,96 10 8,70 1
MAYO 6 6,32 5 7,46 10 8,70 1
JUNIO 18 18,95 10 14,93 11 9.57 0
JULIO 12 12,63 6 8,96 12 10,43 0
AGOSTO 3 3,16 9 13,43 5 4,35 0
SEPTIE^GRE 10 10,53 3 4,48 11 9,57 1
OCTUBRE 5 5,26 3 4,48 12 10,43 0
NOVIEMBRE 6 6,32 4 5,97 8 6,96 2
DICIEMBRE 7 7,37 6 8,96 9 7,83 0
TOTAL 95 100 67 100 115 100 7
TABLA N* 17.- SUICIDIOS CONSUMADOS EN LA CIUDAD DE MADRID DURANTE
1.984.
- 297 -
HOMERES MUJERES TOTAL
DE LA
SEMANA N* % N& % N» %
LUNES 24 12,70 19 20,00 43 15,14
MARTES 26 13,76 17 17,89 43 15,14
MIERCOLES 33 17,46 15 15,79 48 16,90
JUEVES 27 14,29 16 16,84 43 15,14
VIERNES 27 14,29 10 10,53 37 13,03
SABADO 26 13,76 8 8,42 34 11,97
DOMINGO 26 13,76 10 10,53 36 12,68
TABLA N* 18.- SUICIDIOS CONSUMADOS EN LA CIUDAD DE MADRID
DURANTE 1.984.
Distribuyendo por grupos de edad (TABLA n* 19) no se
observan diferencias relevantes. En el grupo de 40 a 59 anos de£
taca una mayor frecuencia durante los mlércoles (20,90%) en con-
traposiciôn a los sâbados (5,97%). En el de mayores de 59 anos,
el lunes es el dia en que se registrô un nûmero de sulcidios
ligeramente superior (18,26%).
- 298 -
Menores de Mis de 59
DE LA 40 anos 40-59 anos anos No se
sahe
SEMANA N“ % N& % N* %
LUNES 16 16,84 6 8,96 21 18,26 0
MARTES 16 16,84 10 14,93 15 13,04 2
MIERCOLES 13 13,68 14 20,90 18 15,65 3
JUEVES 15 15,79 13 19,40 14 12,17 1
VIERNES 10 10,53 8 11,94 19 16,52 0
SABADO 14 14,74 4 5,97 15 13,04 1
DOMINGO 11 11,58 12 17,91 13 11,30 0
TOTAL 95 100 67 100 115 100 7
TABLA N* 19.- SUICIDIOS CONSUMADOS EN LA CIUDAD DE MADRID DURANTE
1984.
E-1.4. CLINICA;
E-1&4.1. TScnica. La técnica mis utilizada (Tabla n* 20) fué la pre-
cipitaclôn (48,94% del total), seguida de la ahorcadura por suspen
si6n (16,20%), de la introxicacidn (11,62%) y del use de armas de
fuego (11,62%).
- 299 -
Entre los hombres, tras la precipitaciôn (40,21%),
la ahorcadura por suspensidn (20,11%) y las armas de fue
go (16,40%) fueron las têcnicas mis usadas; mientras que
en las mujeres destaca tras la precipltaciôn (66,32%),
la intoxicaclôn (16,84%) y la ahorcadura por suspensidn
(8,42%). Comparando ambos sexos, se observa como la ahor
cadura y las armas de fuego son têcnicas mis usadas por
los hombres, mientras que la intoxicacidn es mis utiliza
da por las mujeres.
Dentro de Iss intoxicaciones, los tôxicos mis uti-
lizados (TABLA n* 21 y Tabla n^ 22) fueron los psicofirma-
cos (35%), seguidos del ga« (17,50%); no siendo escasas
las intoxicaciones producidas por asociaciones de firmacos
con alcohol (10%) o drogas (7,50%).
— 300 -
NOMBRES MUJERES TOTAL
N* % N* % N* %
Intoxlcaciôn 17 8,99 16 16,84 33 11,62
Arma de fuego 31 16,40 2 2,11 33 11,62
Arma blanca 7 3,70 0 0 7 2,46
Suspensiôn 38 20,11 8 8,42 46 16,20
Precipitaclôn 76 40,21 63 66,32 139 48,94
Ferrocarril 6 3,17 2 2,11 8 2,82
Metro 6 3,17 2 2,11 8 2,82
Quemaduras 2 1,06 0 0 2 0,70
Inroersiôn 6 3,17 2 2,11 8 2,82
TOTAL 189 100 95 100 284 100
TABLA N* 20.- SUICIDIOS CONSUMADOS EN LA CIUDAD DE MADRID
DURANTE 1.984.
V.
- 301 -
HOMBRES MUJERES TOTAL
Ntt % Ntt % Ntt %
LEJIA 0 DETERGENTES 1 4,35 2 11,6 3 7,50
PSICOFARMACOS 7 30,43 7 41,8 14 35,00
FARMACOS CON ALCOHOL 2 8,70 2 11,6 4 10,00
GAS 3 13,04 4 23,3 7 17,50
HEROINA 3 13,04 0 0 3 7,50
CIANURO 1 4,35 0 0 1 2,50
FARMACOS CON DROGAS 2 8,70 1 5,88 3 7,50
CAUSTICOS 2 8,70 0 0 2 5,00
TOTAL 23 100 17 100 40 100
TABLA N“ 21.- TOXICOS PRESENTES EN SUICIDAS EN LA CIUDAD DE
MADRID. 1984.
- 3C2 -
15-25 anos 26-64 anos 65 y mis TOTAL
TOXICOS edades
Ntt % Ntt % Ntt % Ntt %
LEJIA 0 DETERGENTES 0 0 1 4,17 1 16,67 2 5,26
PSICOFARMACOS 3 37,5 8 33,33 3 50,00 14 36,83
FARMACOS OGM ALOOHX 0 0 2 8,33 1 16,67 3 7,89
GAS 1 1,25 6 25,00 0 0 7 18,42
HEROINA 2 2,50 1 4,17 0 0 3 7,89
CIANURO 0 0 1 4,17 0 0 1 2,63
FARMACOS OON DRDGAS 1 1,25 1 4,17 1 16,67 3 7,89
CAUSTICOS 1 1,25 2 8,33 0 0 3 7,89
ALCOHOL 0 0 2 8,33 0 0 2 5,26
T O T A L 8 100 24 100 6 100 38 100
TABLA. Ntt 22.- TOXICOS PRESENTES EN SUICIDAS EN LA CIUDAD DE MADRID
DURANTE 1984.
- 303
Comparando la técnica con la edad (Tabla n& 23) vemos como
la precipitaciôn es la técnica utilizada con mayor frecuencia,
especialmente en las personas de mayor edad (mayores de 60
anos). La intoxicaciôn es mis frecuente entre los mis jévenes
(de 15 a 29 anos) y la ahorcadura por suspensidn es mis utiliza
da en las edades intermedias (30 a 59 anos). Respecto de la
técnica utilizada en relaciôn con el estado civil (Tabla n® 24),
entre los solteros se usan con mayor frecuencia las armas de
fuego, y la precipitaciôn es mucho mis frecuente entre los viu-
dos. No obstante,los datos ofrecen una escasa fiabilidad, ya
que en mis de una tercera parte de la muestra (105 casos) no
constataba el estado civil del fallecido.
- 304 -
EDAD (Anos)
ŒCNICA
No se sa
be la
15 a 29 30 a 59 60 y mis edad TOTAL
Ntt % Ntt % Ntt % Ntt Ntt %
Intoxica
ciôn ~ 9 18,00 . 13 11,61 3 2,61 1 26 9,15
Anna de
fuego 8 16,00 16 14,29 9 7,83 0 33 11,62
Anna
blanca 0 0 3 2,68 3 2,61 1 7 2,46
Suspension 7 14,00 28 25,00 10 8,70 1 46 16,20
Precipitaciôn 20 40,00 39 34,82 77 66,96 3 139 48,94
Metro y
Ferrocarril 5 10,00 6 5,36 5 4,35 0 16 5,63
Quemaduras 1 2,00 1 0,89 0 0 0 2 0,70
Inmersiôn 0 0 6 5,36 8 6,96 1 15 5,28
TOTAL 50 100 112 100 115 100 7 284 100
TABLA Ntt 23.- SUICIDIOS CONSUMADOS EN LA CIUDAD DE MADRID DURANTE
1.984.
V.
- 305
TOTAL No SE
(entre be eL
TEX3HCA CASADOS SOLTEROS VIUDOS los tado
hallados) vil
Ntt % Ntt % Ntt % Ntt %
Intoxicaciôn 10 9,62 5 10,20 2 8,00 17 11,11 1-
Arma de fuego 12 11,54 11 22,45 0 0 23 15,03 1-
Arma blanca 3 2,88 0 0 0 0 3 1,96 -
Suspensl6n 20 19,23 9 18,37 1 4,00 30 19,61 le
Precipitaciôn 50 48,08 18 36,73 19 76,00 87 56,86 51
Ferrocarril
y metro 6 5,77 4 8,16 2 8,00 12 7,84 -
Quemaduras 1 0,96 0 0 0 0 1 0,65 -
Inmersiôn 2 1,92 2 4,08 1 4,00 5 3,27 :
TOTAL 104 100 49 100 25 100 153 100 1C
TABLA Ntt 24.- SUICIDIOS CONSUMADOS EN LA CIUDAD DE MADRID DURANTE
1.984.
— 306 -
E-1.4.7. Lugar dorde se realize el suicidio : La mayorla de los
sulcidios se realizan en el propio domicillo (Tabla n^ 25 ),
ya que mis de un 4 0% procedla de êste. Fueron muy pocos los
suicidios realizados en lugares pûblicos exteriores, (calles,
carreteras, rios, estangues, parques, metro, ferrocarril,
etc...) , especialmente entre las mujeres, aunque hay que
considérer que un elevado nûmero de casos fueron trasladados
a hospitales (26,41%) y en un 10,56% no se especifica si es-
taban ingresados ya en ellos, o fueron trasladados al hospi
tal tras realizar el suicidio, con lo que el lugar donde el
suicidio fué llevado a cëüso queda indeterminado. Mis de un
8,5% de las mujeres se suicidaron durante un ingreso hospi
tal ario (8,42%, al que hay que anadir una parte del 9,47% de
casos mal especificados).
Relacionando el lugar de procedencia con la edad
(Tabla n* 26), se observa como a mayor nûmero de anos se rea
liza un mayor nûmero de suicidios. Los suicidios no son de-
mas iado infrecuentes dentro del medio hospitalario en el
grupo de 35 a 64 anos con un 8,33% del total al que hay que
anadir una parte desconocida del 8,33% de los casos indeter-
minados, con lo que aproximadamente hay que pensar que uno
de cada diez suicidios de este grupo de edad se realiza por
personas ingresadas en hospitales.
- 307
HOMBRES MUJERES TOTAL
LUGAR DE
PROCEDENCIA Ntt % Ntt % Ntt %
Lugar pûblico 24 12,70 7 7,37 31 10,92
(exterior)
Domicilie
Particular 79 41,80 40 42,11 119 41,90
Otro domicilie
privado 4 2,12 3 3,16 7 2,46
Asile 1 0,53 2 2,11 3 1,06
Hospital (en donde
ingreso tras el
acte suicida) 49 25,93 26 27,37 75 26,41
Hospital (en don
de realizé el ac
te suicida) 7 3,70 8 8,42 15 5,28
Hospital (no se
détermina si in-
gresô antes o des
puês de realizar
el acto suicida) 21 11,11 9 9,47 30 10,56
Otro s 4 2,12 0 0 4 1,41
TOTAL 189 100 95 100 284 100
TABLA Ntt 25.- PROCEDENCIA DE LOS CADAVERES INGRESADOS EN LA I.A.F.
DE MADRID TRAS SUICIDIO CONSUMADO EN LA CIUDAD DE MADRID DURANTE
1984.
308 -
LUGAR DE 15 a 34 35 a 64 65 y mis TOTAL
anos anos anos
PROCEDENCIA Ntt % Ntt Ntt Ntt
% % %
Lugar pûblico
(exterior) 7 9,46 18 15,00 4 4,82 29 10,47
Domicilie
particular 25 33,78 51 42,50 39 46,99 115 41,52
Otro domicilie
privado 3 4,05 3 2,50 0 0 6 2,17
Asile 0 0 1 0,83 2 2,41 3 1,08
Hospital (en
donde ingresô
tras el acto
suicida) 24 32,43 26 21,67 25 30,12 75 27,08
Hospital (en
donde realizô
el acto suici
da) 1 1,35 10 8,33 4 4,82 15 5,42
Hospital (no se
détermina si in
gresô antes o
despuûes de rea
lizar el acto
suicida) 12 16,22 10 8,33 8 9,64 30 10,83
Otros 2 2,70 1 0,83 1 1,20 4 1,44
TOTAL 74 100 120 100 83 100 277 100
TABLA Ntt 26.- PROCEDENCIA DE LOS CADAVERES INGRESADOS EN LA I.A.F.
DE MADRID TRAS SUICIDIO CONSUMADO EN LA CIUDAD DE MADRID DURANTE
1.984.
- 309 -
E-1.4.3. Soporte socio-familiar.
Investigando que personas se hicieron cargo del cadiver
de los suicidas (Tablas n& 27 y n^ 28), encontramos que mayorita
riamente fueron los hijos (32,75%) seguidos de los hermanos
(24,65%). Résulta interesante que en mis de un 13% de los casos
êste no se entregô a otras personas, y en un 1,06% no se logrô
encontrar a ningûn conocido del suicida. Datos que hablan de un
aislamiento socio-famlliar.
- 310..TS
HOMBRES MUJERES TOTAL
Ntt % Ntt % Ntt %
Cônyuge 14 7,41 17 1 17,89 31 10,92
Padres 26 13,76 7 7,37 33 11,62
Hijos 52 27,51 41 43,16 93 32,75
Tios 7 3,70 2 2,11 9 3,17
Hermanos (y
hermanos polîti
cos) 55 29,10 15 15,79 70 24,65
Otros 26 13,77 10 10,53 36 12,68
No se encontrô
a nadie 1 0,53 2 2,11 3 1,06
No se sabe 8 4,23 1 1,05 9 3,17
TOTAL 189 100 95 100 284 100
TABLA Ntt 27.- FAMILIARES Y OTRAS PERSONAS A LAS QUE SE ENTREGO
EL CADAVER DE LOS QUE CONSUMARON SUICIDIO EN LA CIUDAD DE MADRID
DURANTE 1.984.
- 311 -
No se
sabe
la
edad 15 a 25 anos 26 a 64 anos 65 y mis anos TOTAL
Ntt Ntt % Ntt t Ntt % Ntt %
Cônyuge 1 0 0 22 14,29 8 9,64 31 10,92
Padres 0 24 60,00 8 5,19 1 1,20 33 11,62
Hijos 2 0 0 37 24,03 54 65,06 93 32,75
Tios 0 4 10,00 4 2,60 1 1,20 9 3,17
Otros 3 6 15,00 14 8,09 13 15,66 36 12,62
Hermanos y
hermanos
politicos 0 5 12,50 59 38,31 6 7,23 70 24,65
No se encon
trô a nadie 0 0 0 3 1,95 0 0 3 1,06
No se sabe 1 1 2,50 7 4,55 0 0 9 3,17
TOTAL 7 40 100 154 100 83 100 284 100
TABLA Ntt 28.- FAMILIARES Y OTRAS PERSONAS A LAS QUE SE ENTREGO EL
CADAVER DE LOS QUE CONSUMARON SUICIDIO EN LA CIUDAD DE MADRID DURAN
TE 1.984.
- 312 -
E-2.-ESTUDIO II; TENTATIVAS PE SUICIDIO.
Durante los meses de Abril, Mayo y Junio en que se puso
en funcionamiento la Unidad de Suicidolog^a, fueron contabili-
zados por los médicos de guardla un total de 115 llcunadas, en
las que el motive fundamental era esta alteraciôn de conducts
(CIVEIRA, 1986), de ellos 28 fueron hospitalizados. Todos fue
ron remitidos a la citada unidad de suicidologla, para ser
vistos al dia siguiente, pero tan solo acudieron a consulta.
Del total de pacientes ingresados, estudiamos todos los
que ingresaron en la unidad n* 5, de camas de hombres, por ser
en ella donde el doctorado estaba trabajando durante este pe-
riodo. 52 pacientes constituyen la muestra de este estudio,
que clasificamos en las diversas tablas que se describen a con
tinuaciôn, las cuales han sido elaboradas simplificando y aso-
ciando algunos datos de los obtenidos mediante el cuestionario
inicial, para conseguir una mayor claridad y evitar la disper-
si6n estadlstica. Algunos datos no han sido incluidos dada su
escasa relevancia.
La totalidad de los intentos de suicidio estudiados, te-
nlan cierta gravedad, y una mayorîa encerraban una alta poten-
cialidad autolîtica, por lo que en la mayor parte (69,23%) fué
necesaria la hospitalizaciôn. 16 cases (30,77%) fueron clasi-
ficados como suicidios frustrados, y los 36 casos restantes co
313 -
mo tentatives de suicidio, siguiendo los crlterios ya expues-
tos anteriormente. Los pacientes fueron diagnosticados segûn
la C I £ -9 de la O.M.S., tal como se expresa en la siguiente
tabla, que mis adelante comentaremos:
Oepzesiûn Neurosis y Alooholisno Esqulzofze TOTAL
trastomos y drogode- nia
de persora pendencies
lidad
Suicidios
frustra 8 3 3 2 16
dos
Tentativas
de suicidio 15 12 4 5 36
TOTAL 23 15 7 7 52
TABLA Ntt 69. TENTATIVAS DE SUICIDIO. (X^= 2.039 P=N.S.)
E-2.1. DATOS DEMOGRAFICOS' DE ID^TIFICACION DE LA MUESTRA:
En nuestra muestra nos encontramos con una poblaciôn juve-
nil (menores de 24 anos) que superan la cuarta parte del total
de casos (Tabla n* 29), las edades intermedias (de 25 a 53) su-
ponen mis de la mitad del total, estando las personas mayores,
relativamente poco representadas (15,38%).
El sexo masculino (Tabla n* 30) prédomina ligeramente so
bre el femenino, ya que tal como se ha indicado con anterioridad.
- 314 -
EDAD
(anos) Ntt %
Menores de 24 14 26,92
25 a 39 17 32,69
40 a 53 13 25,00
54 a 99 8 15,38
TOTAL 52 100
TABLA Ntt 29.- TENTATIVAS DE SUICIDIO.' (X^ = 8.09 P<0.04
para los grupos de suicidios frustrados y
tentativas de suicidio).
SEXO Ntt
Hombres 31 59,62
Mujeres 21 40,38
TOTAL 52 ' 100
TABLA Ntt 30.- TENTATIVAS DE SUICIDIO , (X^ = 2.53 P=N.S.
para los grupos de edad. X^ = 6.38 P = N.S
para los grupos diagnôstico).
- 315 -
Esguizo Depre Neurosis alcoho
ESTADO frôiia siînT y teas- lismo~y
toacnos de drogode
CIVIL Ntt % la perso- pendent
nalidad
Solteros 22 42,31 3 4 13 1
Casados 18 34,62 1 12 1 4
Viudos 4 7,69 0 4 0 0
S^arados,
divorciadoe
y/o anulados 8 15,38 2 3 1 2
TOTAL 52 100 6 23 15 7
TABLA N* 31.- TENTATIVAS DE SUICIDIO,. (X^ = 26.6 K O . 001,
para los grupos diagnôsticos; X^ * 48 P « 0.00
para los grupos de edad).
ESTUDIOS
REALIZADOS Ntt %
Analfabetos 3 5,77
Escolarizaciôn
primaria 25 48.08
E.G.B. o bacHllle
rato elemental 7 13,46
Formaciôn
Profesional 10 19,23
Estudios de nivel *
superior a los
amterlores 7 13,46
TOTAL 52 100
TABLA Ntt 32.- TENTATIVAS DE SUICIDIO. (X = 1 6 P » N.S.
para los grupos diagnôsticos; X = 30 P<0.002
- 316
PROFESION Ntt %
Amas de casa 6 11,54
Obreros no cuali
ficados 10 19,54
Obreros cualifica
dos y peguenos
agricultores 14 26,92
Administratives
medios y peque
nos comerciantes 8 15,38
Estudiantes 4 7,69
Empresarios, artis
tas, profesiones
libérales 3 5,77
Otros 5 9,62
TOTAL 52 100
TABLA Ntt 33.- TENTATIVAS DE SUICIDIO. = 29.7 P<0.05
para los grupos diagnôsticos).
- 317 -
SITUACION
LABORAL
ACTUAL Ntt %
Activo (incluidas
amas de casa e in
capacidad leiboraX
transitoria) 25 48,08
Sin empleo 19 36,54
Incapacidad labo-
ral permanente 3 5,77
Jubilados por edad 5 9,62
TOTAL 52 100
TABLA Ntt 34.- TENTATIVAS DE SUICIDIO. (X^ - 10.8 P-N.S.
para los grupos diagnôsticos).
LUGAR DE RESIDEN
CIA HABITUAL Ntt %
Chabolismo 4 7,69
Barrio bajo 6 11,54
Barrio medio 15 28,85
Barrio residencial 7 13,46
Ciudad dormitorio 17 32,69
No tiene domicilio 3 5,77
TOTAL 52 100
TABLA N* 35.- TENTATIVAS DE SUICIDIO. (X^= 14.15 P=N.S.
para los grupos diagnôsticos)
- 318 -
Se han Incluldo todos los casos ingresados por tentativas
de suicidio en la unidad n^ 5 del departamento de Psiquitrla
del Hospital Cllnico de San Carlos, unidad que solamente estfi
dedicada a varones.
Respecto del estado civil (Tabla n* 31), destaca un mayor
nûmero de solteros (42,31%) frente al de casados (34,62%),
siendo bastantes representatives (15,38%) los separados, di-
vorciados y/o anulados. Solo el 50% de los casados tenian
hijos.
El nivel de la escolarizaciôn de la muestra es bajo
(Tabla n* 32), con un 5,77% de analfabetos, y tan solo un
13,46% de sujetos con estudios superiores a los niveles de
formaciôn profesional, E.G.B. o bachillerato elemental. En
cuanto a su profesiôn (Tabla n* 33) la mayorîa se encuentra
dentro de las clases baja y media-baja, con la peculiaridad
de que en mis de la mitad de los casos (Tabla n& 34) careclan
de trabajo, bien por desempleo, por jubilaciôn o incapacidad
laboral permanente.
Al estudiar su lugar de residencia habituai (Tabla n^BS)
nos llamô la atenciôn que un 5,77% de la muestra carecîa de
domicilio, no siendo raro el chabolismo (7,69%). Una buena
parte (32,69%) vivîan en las denominadas "ciudades dormito
ries", a pesar de lo cual hablan acudido hasta el Hospital
Cllnico, situado en una zona céntrica de Madrid.
319 -
E^2.2. FACTORES ETIOPATOGENICOS:
Révisâmes los antecedentes psiquiétricos de los familia-
res de primer grado de los pacientes estudiados, as£ como los
de su cônyuge, caso de estar estos casados (Tabla n& 36).
Para la eledwraciôn de los porcentajes de presencia de antece
dentes psiquiâtricos entre los hermanos, cônyuge e hijos, se
consideraran exclusivamente a los que estaban o heüalan estado
en estas situaciones familiares respectivamente, por igual
que se hizo en las tablas sucesivas.
Podemos observar una elavada frecuencia de antecedentes
psiquiâtricos entre los cônyugei= (36,67%) y entre las madrés
de los pacientes (25%), especialmente entre el subgrupo de
tentativas; entre los suicidios frustrados, los antecedentes
psiquiâtricos entre los familiares son mâs escasos. Teniendo
en cuenta el diagnôstico psiquiâtrico (Tabla n* 37), destaca
la abundancia de antecedentes entre el grupo de alcohôlicos
y drogodep^ndientes, y una menor frecuencia entre los depri-
midos.
Respecto a los familiares que realizaron en alguna oca-
siôn una o mâs tentativas de suicidio, encontramos una frecuen
cia elevada para el cônyuge (16,67%) y la madré (7,69%); ci-
fras que se incrementan entre el grupo de menor gravedad
(Tabla ntt 38) hasta un 25% y 11,11% respectivamente, ya que
- 320
ANTECEDENTES
FAMILIARES FRUSTRADOS TENTATIVAS TOTAL DESCONOCIDOS
CON ANTECEDENTES
PSIQUIATRICOS Ntt Ntt Ntt Ntt
% % %
Padre 1 6,25 8 22,22 9 17,31 5
Madré 2 12,50 11 30,56 13 25,00 3
Hermanos 0 0 1 3,70 1 2,44 1
Cônyuge 1 6,25 10 50,00 11 36,67 0
TABLA Ntt 36.- TENTATIVAS DE SUICIDIO.
Neurosis y Alcoholisno
trastomos y drogode-
FAMELIARES Deporesi&i de persona pendenciais Esqulzofze TCOAL
OON PNIECEDErnSS lidad nia
PSIQUIATRICOS Ntt Ntt Ntt Ntt Ntt Ntt
% % % % %
Padre 3 13,04 3 20,00 2 28,57 1 14,29 9 17,31 5
>bdre 2 8,70 5 33,33 4 57,14 2 28,57 13 25,00 3
Hermanos 0 0 0 0 1 9,09 0 0 1 2,44 1
Cfinyuge 4 21,05 1 50,00 4 66,67 2 66,67 11 36,67 0
Hijos 2 20,00 0 0 0 0 0 0 2 13,33 1
TABLA Ntt 37.- TEl'JIRTIVAS DE SUICIDIO.
- 321 -
FAMILZARES OCM ANTO FRUSIKADOS QMmnvAS TOTAL
eE UNIATI
VA ce SUICIDIO.
N» % N* % N“ %
Padre 0 0 0 0 0 0
Madre 0 0 4 11,11 4 7,69
Hernanos 0 0 1 3,70 1 2,44
Odnyuge 0 0 5 25,00 5 16,67
TABLA N» 38.- TE24TATIVAS DE SUICIDIO.
Neurosis y Alooholismo
trastornos y drogode-
FAMTT.T&RRS Depresi&i de persona pendencias* Esguizofre TOTAL
OCN ANTEŒEŒN lidad nia
■DES EE TOfTKTI
Vk OE SUICIDIO N» % Ntt % N* % N* % N& %
Padre 0 0 0 0 0 0 0 0 0 0
f6dre 1 4,35 2 13,13 1 14,29 0 0 4 7,69
Hermanos 0 0 0 0 1 14,29 0 0 1 2,44
Cdryuge 1 5,26 1 50,00 2 33,33 1 33,33 5 16,67
TOBIA N* 39.- UNTBTIVAS DE SUICID3D.
- 322 -
entre el grvpo de suicides frustrados no se recogiô ningûn
caso de intente de suicidie en la feuoilia. Teniendo en
censideraciôn el diagnôstico psicepatelôgice (Tabla n* 39) ,
ebserveunes un mayor nûmero de familières cen intente de
suicidie entre les alcehôlices y drogadictes, seguidides
del grupo de neurosis y trastornos de personalidad. Los fa
miliares que consumaron suicidie fueron escasos y de paren-
tesco lejano (Tabla n* 40), aunque casi une cuarta parte de
les pacientes referîan haber tenido une o mâs amigos que ha-
bîan fallecido a causa del suicidie. Entre el grupo de sui-
cidios frustrados hay menos allegados que consumaron suici-
dio que entre el de tentatives de suicidio. Teniendo en
cuenta el diagnôstico (Tabla n^ 14), se puede observer una
mayor frecuencia entre las neurosis y trastornos de persona
lidad.
ResultÔ interesante la elevada frecuencia con que ha-
bîan fallecido los progenitores de nuestra muestra (Tabla
n* 42). El padre habîa muerto en mâs de la mitad de los ca
SOS, y la madre en un 34,62%. Estas cifras se elevaban en
tre los suicidios frustrados al 68,75% y 56,25% respectiva-
mente, lo que no se relaciona con las edades de los sujetos
de este estudio; tanto mâs cuanto que los progenitores fa-
llecieron en una gran proporciôn hace mâs de nueve anos.
Estos datos se hacen especialmente ostensibles entre los
grupos de deprimidos, alcoholicos y drogadictos (Tabla n* 43)
- 323 -
ALLEGADOS QUE FRUSTRADOS lENTATIVAS TOTAL
CCNSU4ARCN SUICIDIO
N» N* N&
Padres 0 0 0
Hemanos 0 1 1
GSnyvjge 0 0 0
Hijos 0 0 0
Fanûliares politicos 0 1 1
Otzos fami 1lares 0 4 4
Amigos 1 10 11
TABLA N» 40.- miTATIVAS DE SUICIDIO.
Depresifin Neurosis y Alcc^l Esquizo TOTAL
trastornos y drogo- ârenia
de persona dependen
ALLECADOS QUE
lidad cias
OQNSUMABCN SUICIDIO N& N& N» N* N*
Padres 0 0 0 0 0
Bernanos 0 1 0 0 1
Cfiryuge 0 0 0 0 0
Hijos 0 0 0 0 0
Familiares politicos 1 0 0 0 1
Otros familieures 2 2 0 0 4
Amigos 2 5 3 1 11
TABIA N* 41.- TENTATIVAS DE SUICIDIO.
- 324 -
FRUSTRADOS THJTATIVAS TOTAL
PROGENITORES
FAUECIDOS Ntt
N& % Ntt % %
Padre 11 68,75 18 50,00 29 55,77
Padre (lace mâs
de 9 anos) 10 62,50 12 33,33 22 42,31
ibdre 9 56,25 9 25,00 18 34,62
Madre (hace mâs
de 9 anos) 7 43,75 5 13,88 12 23,08
lABIA N* 42.- TENTATIVAS DE SUICIDIO.
Depresiôn Neurosis y Aloc^liano Esquizo- TOTAL
trzistornos y drogode- frenia
PROŒMITGRES de perscaa pendencies
lidad
FAIIECID06
Ntt % Ntt % Ntt % Ntt % Ntt %
Padre 17 73,91 3 20,00 6 85,71 3 42,86 29 55,7
Padre (hace mâs
de 9 anos) 12 52,17 2 13,33 5 71,43 3 42,86 22 42,3
Madre 9 39,13 3 20,00 4 57,14 2 28,57 18 34,6
ibdre (hace mâs
de 9 anos) 7 30,43 0 0 3 42,86 2 28,57 12 23,01
TABIA N* 43.- TENTATIWS DE SUICIDIO.
- 325 -
'Tambiên analizeunos' algunos aspectos de la biografla perso
nal, como la presencia de ciertos rasgos neurôticos durante la
infancia (Tabla n^ 44) encontrando onicofagla en un 40,38% de los
casos, sonambulismo y/o terrores nocturnos en un 34,62% y enure
sis y/o encoprexis en un 23,08%. Las alteraciones del lenguaje
tcunpoco fueron infrecuentes. Destaca como entre los suicidios
frustrados se encuentra una frecuencia menor de rasgos neurôti-
cos infantiles. Sin embargo, y como era de esperar, estos se
acumulan en el grupo de neurosis y trastornos de personalidad
(Tabla ntt 45).
Tambiên recogimos algunos aspectos sociales de los ûltimos
diez anos que podîan orienter hacia una biografla difîcil e
inestable, con dificultad para la integraciôn social (Tabla
ntt 46), hallando, que en aproxiroadamente una tercera parte de
los casos existîa una historia previa de inestabilidad laboral,
frecuentes cambios de domicilio y dificultades econômicas, jun
to con un mal manejo de la agresividad. Tambiên exploraunos que
pacientes vivîan solos, y desde hace cuanto tiempo se encontra-
ban en esta situaciôn (Tabla ntt 47). Un 21,15% del total vi
vîan solos en el periodo durante el cual realizaron la tentât^
va actual, cifra que se eleva al 25% para los suicidios frus
trados. Mâs de un 10% llevaba mis de 4 anos en esta situaciôn.
Al observer su diagnôstico (Tabla ntt 48) destaca un 42,86% de
326 -
RASGOS FRUSTRADOS TENTATIVAS TOTAL
NEUROTICOS
INFANTILES
Ntt % Ntt % Ntt %
Encoprexis y/o
enuresis noctur
na 4 25,00 8 22,22 12 23,08
Onicofagia 3 18,75 18 50,00 21 40,38
Sonambulismo y/o
terrores noctur
nos 2 12,50 44,44 18 34,62
Alteraciones del
lenguaje 2 12,50 7 19,44 9 17,31
Retrâsb psiocmotor 0 0 3 8,33 3 5,77
TABLA Ntt 44.- TENTATIVAS DE SUICIDIO.
Depresiôn Neurosis y Alcoholis Esquizo- TOTAL
trastornos mo y drogo frenia
RASGOS de persona dependen-
NEUROTICOS lidad cias
INFANTILES
Ntt % Ntt % Ntt % Ntt % Ntt %
Encoprexis
y/o enuresis
noctuma 3 13,04 4 26,67 3 42,86 2 28,57 12 23,08
Onicofagia 5 21,74 10 66,67 2 28,57 4 57,14 21 40,38
Sonambulismo
y/o terrores
nocturnos 5 21,74 9 60, 00 2 28,57 2 28,57 18 34,62
Alteraciones
del lenguaje 2 8,70 4 26,67 0 0 3 42,86 9 17,31
Retraso
Psicomotor 0 0 3 20,00 0 0 0 0 3 5,77
- 327 -
los esquizofrênicos que vivîan solos, y un 17,39% de los depri
midos, los cuales llevaban mâs de cuatro anos viviendo solos.
Investigamos tambiên los "life events" o acontecimientos
vitales de cierta importancia que habiendo acontecido durante
los ûltimos très meses, hubiesen podido favorecer o desencade-
nar la conducts autolîtica (Tabla n* 49). En el apartado en
que se refleja la muerte de un ser querido, el periodo se
ampliô a los ûltimos seis meses. Tambiên se anotô la opiniên
de algunos pacientes, segûn la cual, ningûn acontecimiento
proximo habîa influido en la decisiên de atentar contra su vi
da, incluso a pesar de haber padecido algunos de los descritos.
Los problèmes con la pareja son los que aparecieron con mayor
frecuencia (40,38%), seguldos de los problèmes fcuniliares
(25%) y de los profesionales y/o econêmicos (21,15%). Los pro
blemas amorosos o conyugales aparecen menos representados en
tre los suicidios frustrados (25%) en relaciên con las tentât^
vas de suicidio (47,22%). En mâs de una cuarta parte de los
casos, los pacientes no relacionaban su acciôn autodestructiva
con ningûn acontecimiento vital.
Teniendo en cuenta el diagnôstico psicopatolôgico (Tabla
ntt 50%), nos encontramos con que en las neurosis y trastornos
de personalidad es mâs infrecuente que el paciente niegue la
influencia de un acontecimiento vital (13,33%) en relaciôn con
328 -
ASPECTOS
FRUSTRADOS TENTATIVAS TOTAL
SOCIALES
BIOGRAFICOS Ntt % Ntt % Ntt %
Importantes dîficulta
des econômlcas 5 31,25 12 33,33 17 32,69
Mâs de très cambios de
domicilio 3 18,75 13 36,11 16 30,77
Mâs de très cambios de
trabajo 2 12,50 11 30,56 13 25, 00
Realizaciôn de frecuen
tes actos agresivos
y/o delictivos 3 18,75 16 44,44 19 36,54,
TABLA Ntt 46.- TENTATIVAS DE SUICIDIO.
FRUSTRADOS TENTATIVAS TOTAL
Ntt DE ANOS
VIVIENDO SOLO Ntt % Ntt % Ntt %
Menos de 1 0 0 1 2,78 1 1,92
Menos de 2 0 0 2 5,56 2 3,85
Menos de 3 1 6,25 0 0 1 1,92
Menos de 4 0 0 1 2,78 1 1,92
Mâs de 4 3 18,75 3 8,33 6 11,54
Total que vivian
solos 4 25,00 7 19,44 11 21,15
TABLA Ntt 47.- TENTATIVAS DE SUICIDIO.
- 329 -
Depresiôn Neurosis Alcoho- Esquizo TOTAL
y trastor H.camn y frenia
N® DE ANOS nos de per drogode-
sonalidacT pendencies
N* % Ntt % Ntt % N* % Ntt %
SOLO
Menos de 1 0 0 0 0 0 0 1 14,29 1 1,92
Menos de 2 0 0 1 6,67 0 0 1 14,29 2 3,85
Menos de 3 1 4,35 0 0 0 0 0 0 1 1,92
Menos de 4 0 0 0 0 1 14,29 0 0 1 1,92
Mâs de 4 4 17,39 0 0 1 14,29 1 0 6 11,54
Total que
V i v i a n so
los 5 21,74 1 6,67 2 28,57 3 42,86 11 21,15
TABLA Ntt 4 8.- TENTATIVAS DE SUICIDIO.
- 330 -
ACONTECIMIENTOS FRUSTRADOS TENTATIVAS TOTAL
VITALES
PREVIOS Ntt % Ntt % Ntt %
Muerte de un ser
querido 4 25,00 6 16,67 10 19,23
Problèmes econo-
micos y/o labors
les 3 18,75 8 22,22 11 21,15
Problèmes amoro
sos y/o conyuga-
le« 4 25,00 17 47,22 21 40,38
Problèmes fami
liares 6 37,50 7 19,44 13 25,00
Problèmes jurl-
dicos y/o poli-
ciales 1 6,25 2 5,56 3 5,77
Cambio de domici
lio no deseado 2 12,50 3 8,33 5 9,62
Enfermedad somâ-
tica grave, cr6-
nica o incurable
y/o sospecha de
ella 3 18,75 6 16,67 9 17,31
Embarazo no de
seado y/o aborto
provocado 1 6,25 2 5,56 3 5,77
Otros 2 12,50 7 19,44 9 17,31
Ninguno, a jui-
cio del paciente 5 31,25 9 25,00 14 26,92
- 331 -
Depresiôn Neurosis AlocAo- Esqui- TOTAL
ACONTECIMIENTOS y trastor Hgmr> y aofre-
de perso- drogode- nia
VITALES nalldftd pendencia
PREVIOS Ntt
Ntt % % Ntt % Ntt % Ntt %
Muerte de un
ser querido 4 17,39 3 20,00 2 28,57 1 14,29 10 19,23
Problemss eco
nomicos y/o
laborales 4 17,39 5 33,33 1 14,29 1 14,29 11 21,15
Problemas amo
rosos y/o conyu
gales 6 26,09 5 33,33 4 57,14 6 85,71 21 40,38
Problemas
familiares 6 26,09 1 6,67 2 28,57 4 57,14 13 25,00
Problemas jurî-
dicos y/o poli-
ciales 0 0 1 6,67 2 28,57 0 0 3 5,77
Cambio de domi-
cilio no deseado 4 17,39 0 0 0 0 1 14,29 5 9,62
Enfermedad somâ-
tica grave, crô-
nica o incurable
y/o sospecha de
de ella 6 26,09 1 6,67 1 14,29 1 14,29 9 17,31
Embarazo no de
seado y/o aborto
provocado 0 0 1 6,67 1 14,29 1 14,29 3 5,77
Otros 2 8,70 6 40,00 0 0 1 14,29 9 17,31
Ninguno, a jui-
cio del pacien
te 6 26,09 2 13,33 3 42,86 3 42,86 14 26,92
- 332 -
esquizofrênicos, alcohêlicos y drogadictos (42,86%). Los
problemas econêmicos y/o laborales, aparecen mâs representa
dos entre las neurosis y trastornos de la personalidad. Las
quejas por cambio de domicilio y las enfermedades somâticas
aparecen mâs relacionadas con los deprimidos que con el res-
to de los grupos. En este ûltimo sentido, pudimos observer
como casi la mitad de los pacientes padecîan alguna enferme
dad corporal, aunque esta fuese mâs o menos banal, durante
el dla en que realizaron su autoagresiên (Tabla n^ 51).
Dato que se hace mucho mâs ostensible entre los suicidios
frustrados (75%) que entre las tentatives de suicidio
(33,33%), asî como entre los deprimidos (60,87%) y alcoholi
cos y drogadictos (57,14%) respecto del resto de los grupos
diagnêsticos.
Estudiamos tambiên, el consumo de alcohol duran
te los ûltimos anos (descartando los ûltimos très meses) por
parte de nuestros pacientes (Tabla n* 52). Las cifras que
se presentan estân calculadas como alcohol etîlico puro.
mos que mâs de la mitad (57,70%) se encontraba fuera de to-
das las formas de conductas alcohêlicas descritas por ALONSO-
FERNANDEZ (1978), ya que habîa menos de 75cc. de alcohol etl-
lico puro por dla. Cifra que alcanza el 68,75% entre los
suicidios frustrados. El resto consumla una cantidad supe
rior de alcohol al dla (23,08%). Se produclan embriagueces
- 333 -
PADECIAN ALGUNA ENFERMEDAD NO
PSIQUIATRICA (BANAL 0 NO)
DURANTE LA TENTATIVA
Ntt %
Frustrados 12 75,00
Tentatives 12 33,33
Depresiôn 14 60,87
Neurosis y trastor
nos de personali
dad 4 26,67
Alcoholismo y
drogodependencias 4 57,14
Esquizofrenia 2 28,57
TOTAL 24 46,15
- 334 -
esporâdicas con frecuencia superior a una vez al mes (19,24%).
El consumo de marihuana y/o hachis (Tabla n* 53) era po-
co usual entre nuestros pacientes, ya que un 71,15% no lo ha-
bia probado nunca en su vida, aunque un 19,23% lo fumaba mâs
de una vez por sémana. Entre los suicidios frustrados, el
consumo de las llamadas "drogas blandas", esteüsa menos exten
dido. Tânpooo era frecuente la oonsuniciôn de (Tabla n^ 54) las denomina
das "drogas duras" (heroina, etc...), ya que un 84,62% nunca
las habîa probado, aunque un 13,46% las consumla mâs de una
vez al mes como promedio. El consumo' de estos tôxicos
(Tabla n* 55), en general, no aumentô ni disminuyô durante
los très meses anteriores a la tentative en la mayorla de
los casos (86, 54%) .
Investigamos tambiên el nûmero de tentatives de suicidio
realizadas previamente (Tabla n* 56) encontrândonos con
que mâs de la mitad de nuestros pacientes (55,77%)ya hablan
realizado una o mâs tentativas de suicidio con anterioridad.
Entre los suicidios frustrados hubo un menor nûmero de pacien
tes con alguna tentative previa (43,75%), en relaciôn con el
grupo de tentativas de suicidio (61,11%); entre estos ûlti
mos, un 13,89% tenlan una historia de nueve o mâs tentativas
previas. Teniendo en cuenta el diagnôstico psicopatolôgico
(Tabla n* 57), los alcoholicos y drogadictos (85,71%) junto
- 335 -
CONSUMO DE FRUSTRADOS TENTATIVAS TOTAL
ALCOHOL
Ntt % N* % Ntt %
Menos de 100 cc./ano 6 37,50 9 25,00 15 28,85
Menos de 75 ce./dla 5 31,25 10 27,27 15 28,85
Menos de 150 cc./dia 1 6,25 5 13,89 6 11,54
Mâs de 150 cc./dia 2 12,50 4 11,11 6 11,54
Mâs de una
embriaguez al mes 0 0 3 8,33 3 5,77
Menos de cinco
embriagueces al mes 1 6,25 1 2,78 2 3,85
Mâs de cinco
embriagueces al mes 1 6,25 4 11,11 5 9,62
TABLA Ntt 52. TENTATIVAS DE SUICIDIO. (X^ = 3.17 P=N.S.
336 -
CONSUMO DE
FRUSTRADOS TENTATIVAS TOTAL
HACHIS Y/O
MARIHUANA N* % Ntt % Ntt %
Haber probado 0 0 4 11,11 4 7,69
Una vez al mes 1 6,25 0 0 1 1,92
Una vez por
sémana 1 6,25 5 13,89 6 1,54
Una vez al dla o
mâs 0 0 4 . 11,11 4 7,69
Nunca 14 85,50 23 63,89 37 71,15
CONSUMO DE FRUSTRADOS TENTATIVAS TOTAL
"DROGAS DURAS"
Ntt % Ntt % Ntt %
Haber probado 0 0 1 2,78 1 1,92
Una vez al mes 0 0 3 8,33 3 5,77
Una vez por se-
mana 1 6,25 2 5,56 3 5,77
Una vez al dla o
mâs 1 6,25 0 0 1 1,92
Nunca 14 85,50 30 83,33 44 84,62
337 -
VARIACION DEL
FRUSTRADOS TENTATIVAS TOTAL
CONSUMO DE
TOXICOS DURANTE
LOS TRES MESES
ANTERIORES A LA
TENTATIVA Ntt % Ntt % Ntt %
Aumentô 1 6,25 1 2,78 2 38,46
No variô 15 93,75 30 83,33 45 86,54
Disminuyô 0 0 5 13,83 5 9,62
TABLA Ntt 55.- TENTATIVAS DE SUICIDIO.
Ntt de TENTATIVAS FRUSTRADOS TENTATIVAS TOTAL
DE SUICIDIO
PREVIAS Ntt % Ntt % Ntt %
0 9 56,25 14 38,89 23 44,23
1 1 6,25 8 22,22 9 17,31
2 4 25,00 6 16,67 10 19,23
3 a 8 2 12,50 3 8,33 5 9,62
9 o mâs 0 0 5 13,89 5 9,62
Total con una
o mâs 7 43,75 22 61,11 29 55,77
TABLA Ntt 56.- TENTATIVAS DE SUICIDIO. (X^=5.210 P=N.S.)
- 338 -
Depresiôn Neurosis Alooholis Esquizo Otros
Ntt DETENTATIVAS y trastœ no y dro- frenia
nos de per godepen-
DE SUICIDIO sonalidad
PREVIAS Ntt % Ntt % Ntt % Ntt % Ntt %
0 15 65,52 4 26,67 1 14,29 3 42,86 23 44,23
1 3 13,04 3 20,00 2 28,57 1 14,29 9 17,31
2 2 8,70 3 20,00 2 28,57 3 42,86 10 19,23
3 a 8 2 8,70 2 13,33 1 14,29 0 0 5 19,23
9 o mâs 1 4,35 3 20,00 i 14,29 0 0 5 9,62
Total con una o
mâs 8 34,78 11 73,33 6 85,71 4 57,14 29 55,77
TABLA Ntt 57.- TENTATIVAS DE SUICIDIO. (X =14.31 P=N.S.)
- 339 -
con las neurosis y trastornos de personalidad (73,33%) fueron
qulenes presentaban mâs frecuentemente alguna tentative de
sulcldlo anterior, en contraste con los deprimidos (34,78%).
Estudlando el tiempo transcurrldo desde la ûltlma autoa-
greslôn (Tabla n^ 58), hallzunos que en mâs de un 30% de los
casos con tentatlva prevla, esta habia sldo reallzada en un
periodo Inferior a un mes, y un 13,79% durante la ûltlma se-
mana. En mâs de la mitad de los casos (Tabla n^ 59) en las
que habîa una o mâs tentativas de suicidio previas, la ûlti-
ma se habîa realizado dentro de un periodo de très meses an
teriores a la tentativa actual. No hubo diferencias signify
cativas en relaciôn al diagnôstico psicopatolôgico (Tabla
ntt 60). Al calculer el intervalo de tiempo promedio transcu
rrido entre cada tentativa, a partir de la primera realizada,
hasta la actual (Tabla n* 61) nos encontramos con que entre
los suicidios frustrados este periodo de tiempo era mâs bre
ve que en el grupo de tentativas de suicidio.
Las técnlcas utilizadas en las tentativas de suicidio
previas (Tabla ntt 62) se pueden clasificar en cinco grupos:
heridas por arma blanca, Intoxicaciôn farmacolôgica , por
otros tôxicos, intento de ahorcadura y precipitaciôn. Los
dos primeros de entre los citados aparecen claramente como
mayoritarios en todas las ocasiones.
- 340 -
TIEMPO
FRUSTRADOS TENTATIVAS TOTAL
TRASNCUHRIDO
DESDE LA ULTIMA
Ntt % Ntt % Ntt %
TENTATIVA
Menos de 1
semana 0 0 4 18,18 4 13,79
1 semana a
1 mes 2 28,57 3 13,64 5 17,24
1 a 2 meses 1 14,29 2 . 9,09 3 10,34
2 a 3 meses 1 14,29 2 9,09 3 10,34
3 a 6 meses 1 14,29 3 13,64 4 13,79
6 a 12 meses 2 28,57 1 4,55 3 10,34
Mâs de 1 ano 0 0 7 31,82 7 24,14
TABLA Ntt 58. TENTATIVAS DE SUICIDIO. (X^ = 774 P=N. S.)
TIEMPO
FRUSTRADOS TENTATIVAS TOTAL
TRANSCURRIDO
DESDE LA ULTIMA
Ntt % N* % Ntt %
TENTATIVA
Menos de 3 meses 4 57,14 11 50,00 15 51,72
3 a 12 meses 3 42,86 4 18,18 7 24,14
mâs de 1 ano 0 0 7 31,82 7 24,14
TABLA Ntt 59.- TENTATIVAS DE SUICIDIO. (X^=3 .8 P=N.S .)
- 341 -
TIEMPO Depresiôn Neurosis Alcoholis Esquizo- TOTAL
y trastor- mo y dro- frenia
TRANSCURRIDO nos de p ^ godepen-
annal dencias
DESDE LA ULTIMA
Ntt % Ntt % Ntt % Ntt % Ntt %
TENTATIVA
Menos de 3 meses 4 50,00 7 63,64 3 50,00 1 25,00 15 51,72
3 a 12 meses 1 12,50 3 27,27 2 33,33 1 25,00 7 24,14
mâs de 1 ano 3 37,50 1 9,09 1 16,67 2 50,00 7 24,14
TABLA Ntt 60.- TENTATIVAS DE SUICIDIO. (X^ = 6.27 P=N.S.)
INTERVALO DE
TIEMPO PROMEDIO FRUSTRADOS TENTATIVAS TOTAL
ENTRE TODAS LAS
TENTATIVAS REA Ntt Ntt Ntt
% % %
LIZADAS POR CADA
PACIENTE
Menos de 3 meses 3 42,86 5 22,73 8 27,59
3 a 12 meses 3 42,86 8 36,36 11 37,93
Mâs de 1 ano 1 14,29 9 40,91 10 34,48
TABLA N*- 61.- TENTATIVAS DE SUICIDIO. (X^ = 3 P=N. S.)
- 342 -
TECNICAS 1- tentative 2- tentativa 3- tentativa Siguientes
UTILIZADAS (Têcnica
EN LAS TENTA prédominante)
TIVAS PREVIAS
Intoxicaciôn
farcolôgica 12 11 6 4
Otras intoxica-
ciones 0 1 0 0
Intento de
ahorcadura 2 0 0 0
Precipitaciôn 3 1 2 0
Heridas por
arma blanca 12 7 2 3
TABLA N*- 62.- TENTATIVAS DE SUICIDIO.
AVISOS DIRECTOS
Y EXPLICITOS
DE DECISION Ntt Ntt
Ntt % % %
SUICIDA
Nunca 14 87,50 28 77,78 42 80,77
a veces 1 6,25 5 13,89 6 11,54
Siempre 1 6,25 3 8,33 4 7,69
TABLA N»- 63.- TENTATIVAS DE SUICIDIO.
- 343 -
La frecuencia de advertencias directes de suicidio, al me
nos las recordadas por el paciente y su familia, fueron muy
escasas tanto en las tentativas anteriores como en la actual
(Tabla n"- 63), no llegando a la quinta parte de los casos,
los que advirtieron seriaunente a los demis que iban a suici-
darse. Solamente una persona de la muestra dejô una nota
aclarando los motives de su autoagresiôn y expresando sus
timos deseos.
Los pacientes habian acudido a un médico eh gran propor
ciôn antes de realizar su tentativa de suicidio (Tabla n* 64).
Casi una cuarta parte (23,08%) acudieron durante la semana an
terior, y mas de la mitad (51,93%) lo hicieron en el mes pre-
vio a la autoagresiôn. Durante las fechas citadas acudieron
ligeramente menos los que realizaron un suicidio frustrado que
los que hicieron una tentativa. Los médicos a los que acudie
ron los sujetos de nuestro estudio eran psiquiatras en casi
la mitad de los casos, y a veces acudieron tanto al psiquiatra
como a médicos générales o de otras especialidades. Las neuro
sis y trastornos de personalidad fué el grupo que acudiô al
médico con menor frecuencia durante este periodo (Tabla n* 65).
Estudiando el nûmero de hospitalizaciones psiquütricas
previas de nuestros pacientes (Tabla n®- 66), encontramos que
aproximadamente la mitad no habîa estado nunca ingresado en
- 344 -
TIEMPO TRANS FRUSTRADOS TENTATIVAS TOTAL
CURRIDO DESDE
SITA A UN ME Ntt Ntt
% N* % %
DICO.
Menos de 1
semana 3 18, 75 9 25,00 12 23,08
1 a 4 sémanas 4 25, 00 11 30.56 15 28,85
1 a 3 meses 4 25, 00 1 2,78 5 9,62
Mis de 3 meses 5 31, 25 15 41,67 20 38,46
TABLA Ntt 64.- TENTATIVAS DEI SUICIDIO. (X^=1.02 P=N,.S.)
TIEMPO TRANS Depresiôn Neurosis y Aloohlisno TOTAL
CURRIDO DESDE trastornos y drogode frenia
LA ULTIMA VI de persona pendencias
SITA A UN ME lidad
DICO.
Ntt % Ntt % Ntt % Ntt % Ntt %
Menos de 1
semana 8 34,78 1 6,67 2 28,57 1 14,29 12 23,OE
1 a 4 sémanas 6 23,08 4 26,67 3 42,86 2 28,57 15 28,8!
1 a 3 meses 3 13,04 1 6,67 0 0 1 14,29 5 9,6:
Mis de 3 meses 6 23,08 9 60,00 2 28,57 3 42,86 20 38,4f
TABLA N"- 65.- TENTATIVAS DE SUICIDIO. (X^ - 6.97 P-N.S.)
- 345
Ntt DE HOSPOTALI FRUSTRADOS TENTATIVAS TOTAL
ZACIONES PSIQUIA
TRICAS PREVIAS Ntt Ntt • Ntt
% % %
Ninguna 7 43,75 20 55,56 27 51,92
1 a 3 8 50,00 8 22,22 16 30,77
4 a 8 0 0 5 13,89 5 9,62
9 o mis 1 6,25 3 8,33 4 7,69
TABLA Ntt 66. TENTATIVAS DE SUICIDIO. (X^=5.36 P=N.S.)
Depresiôn Neurosis y Aloohol y Esquizo TOTAL
». OE HOSPILALI- •
ZACIONES PSIQUIA lidad
TRICAS PREVIAS Ntt Ntt Ntt Ntt Ntt
% % % % %
Ninguna 15 65,22 7 46,67 1 14,29 4 57,14 27 51,9
1 a 3 5 21,74 7 46,67 3 42,86 1 14,29 16 30,T
4 a 8 3 13,04 0 0 0 0 2 28,57 5 9,€
9 o mis 0 0 1 6,67 3 42,86 0 0 4 7,6
TABLA N “- 67. TENTATIVAS DE SUICIDIO. (X = 24.3 P<0.003)
- 346 -
un centro psiquiâtrico; sin que hubiese diferencias segûn la
gravedad del intento, aunque el nûjnero de hospitalizaclones
era ligeramente menor entre el grupo de suicidios frustrados.
Los mÂs hospitalizados segûn el dlagnôstico psicopatoldgico
(Tabla n* 67) fûe el grupo de alcohdllcos y drogadictos; por
el contrario, el grupo de deprimidos era el que habîa estado
hospitalizado en menos ocasiones. Una gran mayoria (77,78%)
habîa recibido tratamiento psicofarmacoldgico con anteriori-
dad a la tentâtiva (Tabla n^ 68), siendo este dato menos des^
tacado entre las neurosis y trastornos de personalidad.
E-2.3. ASPECTOS:CLINICOS Y PSICOPATOLOGICOS:
Clasificeunos a las personas de nuestra muestra en suici
dios frustrados y tentativas de suicidio segûn los criterios
ya expuestos, encontrando un 30,77% de frustrados y un 69,23%
de tentativas (Tabla n®- 69). Segûn los diagnôsticos, pudi-
mos observer que entre el grupo de alcohûlicos y drogadictos
fuê donde hubo una mayor proporciûn de suicidios frustrados,
por el contrario ocurrla en el grupo de neurosis y trastor
nos de personalidad (Tabla n*- 70).
Las têcnicas utilizadas en la tentative actuel (Tabla
n* 71) fueron por orden de frecuencia: las intoxicaciones
farmacolôgicas (48,08%), las heridas por arma blanca (30,77%),
347 -
PACIENTES A LOS
QUE SE LES HABIAM
PRESCRITO PSICO-
FARMACOS CON ANTE N& % No se sabe
RIORIDAD
Frustrados 10 83,33 4
Tentativas 25 75,76 3
TABLA N* 68. TENTATIVAS DE SUICIDIO. (X^=4.5 P<0. 03)
Depresiôn 18 85,71 2
Neurosis y trastor
nos de personalidad 7 58,33 3
Alcohol y drogo-
dependencias 4 80,00 2
Esquizofrenia 6 85,71 0
TOTAL 35 77,78 7
TABLA N®- 68. TENTATIVAS DE SUICIDIO . (X^=4.2 P=N .S.)
- 348
la prècipltaclôn (11,54%), el intento de ahorcadura (3,85%)
y otras intoxicaciones (3,85%). Relacionando la tëcnica con
la gravedad del intento autolîtico; y tal como era de espe-
rar, vimos como los intentos de ahorcadura e intoxicaciones
no farmacolôgicas aparecîan solamente entre los suicidios
frustrados; las precipitaciones aûn siendo mas frecuentes en
tre los suicidios frustrados, tambien aparecian dentro del
grupo de tentativas, ya que en algûn caso, esta no se produ-
jo, iba a ser realizada desde un lugar dudosamente mortal, o
la intervencifin de otras personas en el momento en que el su
jeto se disponia a precipitarse no fuê del todo casual.
La tëcnica de lesiôn por arma blanca, prevalece en
tre el grupo de tentativas, puesto que muchas de las lesio-
nes autoinfringidas o no eran mortales de necesidad, o el pa
ciente avisô a otras personas para que le llamaran a un ser-
vicio mêdico. La intoxicaciôn farmacolôgica séria la tëcni
ca mSs utilizada entre las tentativas de suicidio, entendi-
das como taies, es decir, entre las de menor gravedad; si
bien, en algunos casos podrîan haber sido mortales, y supe
ran una cuarta parte de todos los suicidios frustrados. Las
heridas por arma blanca fueron mës frecuentes entre los al-
cohôlicos y drogadictos (Tabla 72), los cuales utilizaron
menos la intoxicaciôn farmacolôgica, la cual fuë mës maneja
da entre las depresiones y las neurosis y trastornos de per
sonalidad. Les têcnicas mës duras y mortales (ahorcadura.
- 349 -
D^xresiôn Neurosis y Alcbholisno Esquizo- TOTAL
trastornos y drogode- frenia
GRAVEDAD de persona- pendencias
lidad
SUICIDA
N& % N* % N* % N» % N& %
Frustrados 8 34,78 3 20,00 3 42,86 2 28,57 16 30,77
Tentativas 15 65,22 12 80,00 4 57,14 5 71,43 36 69,23
TOTAL 23 100 15 100 7 100 7 100 52 100
TABLA N®- 69. TENTATIVAS DE SUICIDIO. = 2.039 P=N.S.)
DIAGNOSTICO FRUSTRADOS TENTATIVAS TOTAL
PSICOPATOLOGICO
N* % N* % N» %
Depresiôn 8 50,00 15 41,67 23 44,23
Neurosis y tras
tornos de persona
lidad 3 18,75 12 33,33 15 28,85
Alcoholismo y dro
dependencias 3 18,75 4 11,11 7 13,46
Esquizofrenia 2 12,50 5 13,89 7 13,46
TOTAL 16 100 36 100 52 100
TABLA N* 70. TENT'ATIVAS DE SUICIDIO. (X^ = 2.039 P=N.S.)
350 -
TËCNICA FRUSTRADOS TENTATIVAS TOTAL
UTILIZADA
N& % N« % N» %
Intoxicaciôn
farmacolôgica 4 25,00 21 58,33 25 48,08
Otras intoxi
caciones 2 12,50 0 0 2 3,85
Intento de
ahorcadura 2 12,50 0 0 2 3,85
Precipitaciôn 4 25,00 2 5,56 6 11,54
Heridas por
arma blanca 4 25,00 12 33,33 16 30,77
TABLA N* 71. TENTATIVAS DE SUICIDIO. = 15.35 P O . 004) •
Depresiôn Neurosis y AlocdiolisiD Esquizo- TOTAL
trastornos y drogode- frenia
TËCNICA de persona pendencias
lidad
UTILIZADA
N* % N& % N“ % N* % N« %
Intoxicaciôn
famaoolôgica 13 56,52 8 53,33 1 14,29 3 42,86 25 48,08
Otras intoxi
caciones 1 4,35 0 0 0 0 1 14,29 2 3,85
Intento de
ahorcadura 1 4,35 0 0 0 0 1 14,29 2 3,85
Precipitaci&i 3 13,04 1 6,67 1 14,29 1 14,29 6 11,54
Heridas por
arma blanca 4 17,39 6 40,00 5 71,43 1 14,29 16 30,77
TABLA N& 72. TENTATIVAS DE SUICIDIO. (X^ = 13.9 P=N.S .)
- 351 -
precipitaciôn y otras intoxicaciones) se relacionaban mës con
cuadros esquizofrénicos y depresivos.
Recogimos tambiên algunos datos sobre las caracterlsti-
cas psicopatolôgicas que el paciente referla sobre su situa-
ciôn psicopatolôgica inmediatamente anterior a la realizaciôn
del' acto suicida que présentâmes en dos tablas: una de Indo
le mës personal (Tabla n* 73) y otra que recoge aspectos mës
relacionados con el ambiante socio-econômico y familiar
(Tabla n* 75). Entre las caracterlsticas psicopatolôgicas
mës personales (Tabla n* 73) destaca la tristeza (61,54%), la
desesperanza (59,62%) y falta de fuerzas para vivir (53,85%)
junto con la necesidad de huir de la situaciôn (40,38%).
Tambiên destacan el fracaso existencial (36,54%), el senti-
miento de frustraciôn (34,62%), la culpa y desprecio de si
raismo (32,69%), as! como el dolor y/o molestias somëticas
(32,69%) y la sensaciôn de agotauniento insuperable (30,77%).
Algunos parâmetros tuvieron una presencia mës destacada
entre los suicidios frustrados como el dolor y/o molestias
somëticas, la decisiôn autoagresiva como huida, la incapaci-
dad para cumplir sus obligaciones. Otros , por el contrario,
estuvieron mës representados entre el grupo de tentativas,
como la frustraciôn, o el tedio y hastio.
- 352
Entre las caracterlsticas psicopatolôgicas mës relacio
nadas con aspectos socio-econômicos y fam3liares (Tabla n-“ 74),
destacô fundamentalmente la soledad (61,54%), seguida del des-
plazamiento familiar (50%), la necesidad de estimaciôn e in-
comprensiôn (46,15%), el sentimiento de humillaciôn y el des-
plazamiento social (38,46%), junto con el desplazeuniento labo-
ral y la necesidad de ayuda (36,54%). Entre el grupo de tenta
tivas estuvieron mës representadas la necesidad de estimaciôn
y de hablar con alguien, el sentimiento de odio y venganza ha-
cia los demës, asl como el desplazamiento fauniliar.
Explorando el sentimiento cgue el paciente referla haber
experimentado mientras llevaba a cabo su autoagresiôn de for
ma prédominante (Tabla n* 75) encontramos que mayoritariamen
te este fuê un impulso (25%), o bien este fuê llevado a cabo
con serenidad (23,08%), o bien el sujeto estaba confuso
(19,23%). Mientras que la impulsividad estë mës representada
entre el grupo de tentativas que entre el de suicidios frus
trados, con la confusiôn ocurre lo contrario. Teniendo en
cuenta el diagnôstico psicopatolôgico (Tabla n* 76), observâ
mes como entre los deprimidos los diferentes sentimientos se
reparten con bastante igualdad entre los descritos, acumulân-
dose mas entre las neurosis y trastornos de personalidad los
de serenidad o los de impulsividad, que entre los esquizofré
nicos, y la confusiôn entre alcohôlicos y drogadictos.
- 353 -
CARACTERISTICAS FRUSTRADOS TH W A T B A S TOTAL
PSICOPATOLOGICAS
ANTERIORES
(PERSONALES) N« % N* % N* %
Agotamlento insuperable 6 37,50 10 27,78 16 30,77
Stress continue e insuperable 4 25,00 9 25,00 13 25,00
Fracaso existencial 7 43,75 12 33,33 19 36,54
Frustraciôn 3 18,75 15 41,67 18 34,62
Vacio interior 2 12,50 3 8,33 5 9,62
Anestesia afectiva 0 0 4 11,11 4 7,70
Falta de fuerzas para vivir 10 62,50 18 50,00 28 53,85
Incapacidad para cumplir sus
obligaciones 6 37,50 8 22,22 14 26,93
Desisteres generalizado 4 25,00 7 19,44 11 21,15
Tedio, hastio 2 12,50 12 33,33 14 26,92
Tristeza 11 68,75 21 58,33 32 61,54
Desesperanza 10 62,50 21 58,33 31 59,62
Culpa 5 31,25 12 33,33 17 32,69
Desprecio por si mismo 5 31,25 12 33,33 17 32,69
Temor a la muerte 1 6,25 2 5,67 3 5,77
Teroor a la locura 4 25,00 6 16,67 10 19,22
Necesidad urgente de huir de
la situaciôn 8 50,00 13 36,11 21 40,38
Miedo incontrôlable 3 18,75 6 16,67 9 17,33
Dolor y/o molestias somâticas 7 43,75 10 27,78 17 32,6£
TABLA II* 73. TENTATIVAS DE SUICIDIO.
- 354 -
CARACTERISTICAS FRUSTRADOS TOnAIIVAS TOTAL
PSICOPATOLOGICAS
INMEDIATAMENTE
(SOCIO-ECONOMICAS
y FAMILIARES) N* % N* % N« %
Inutxlidad 6 37,50 17 47,22 23 44,22
Necesidad de hablar con alguien 3 18,75 14 38,89 17 32,69
Necesidad de ayuda 6 37,50 13 36,11 19 36,54
Necesidad de estimaciôn 5 31,25 19 52,78 24 46,1!
Incomprensiôn 6 37,50 18 50,00 24 46,1!
Soledad 9 56,25 23 63,89 32 61,5/
Ruina 3 18,75 3 8,33 6 11,54
Odio o venganza hacia los demis 1 6,25 8 22,22 9 17,3]
Desplazado socialmente 5 31,25 15 41,67 20 38,4(
Desplazado familiarmente 5 31.25 21 58,33 26 50,OC
Desplazado laboralmente 7 43,75 12 33,33 19 36,5/
Amenaza de algûn peligro
grave 2 12,50 3 8,33 5 9,6:
Ofendido, humillado 5 31,25 15 41,67 20 38,4(
TABLA N* 74. TENTATIVAS DE SUICIDIO.
- 355 -
SENTIMIENTO FRUSTRADOS TENTATIVAS TOTAL
PREDOMINANTE
DURANTE EL
ACTO SUICIDA N* % N* % N* %
Miedo, indécisiôn
y/o inseguridad 0 0 5 13,89 5 9,62
Confusiôn 6 37,50 4 11,11 10 19,23
Serenidad 3 18,75 9 25,00 12 23,08
Ira, rabia,
impulsibidad 2 12,50 11 30,56 13 25,00
Liberaciôn 1 6,25 3 8,33 4 7,69
No sentîa nada 2 12,50 2 5,56 4 7,69
Otros 2 12,50 2 5,56 4 7,69
TABLA N* 75. TENTATIVAS DE SUICIDIO. (X^ = 10.9 P=N .S.)
- 356 -
Depresiôn Neurosis y Alcoholismo Esquizo- TCÛAL
SENTIMIENTO trastomos y drogode- frenia
PREDOMINANTE de la perso- pendencias
nalidad
DURANTE EL
ACTO SUICIDA N* « N* % N* % N* % N* %
Miedo, indeci
siôn y/o inse
guridad 3 13,04 2 13,33 0 0 0 0 5 9,6:
Confusiôn 3 13,04 0 0 4 57,14 3 42^86 10 19,2:
Serenidad 5 21,74 5 33,33 1 14,29 1 14,29 12 23,06
Ira, rabia,
impulsividad 5 21,74 5 33,33 1 . 0 3 42,86 13 25,00
Liberaciôn 3 13,04 1 6,66 0 0 0 0 4 7,69
No sentîa
nada 2 8,70 1 6,66 1 14,29 0 0 4 7,69
Otros 2 8,70 1 6,66 1 14,29 0 0 4 7,69
TABLA N* 76. TENTATIVAS DE SUICIDIO. (X^ =19.2 8 P=N.S.)
357 -
Estudiamos la situaciôn psicopatolôgica tras el acto sui
cida, durante la primera entrevista, que fuê llevada a cabo den
tro de las 24 horas inmediateunente posteriores al mismo. Se
valorô el humor depresivo (ALONSO-FERNANDEZ, 1985) tal como se
expresa en las tablas n^s 77 y 78. Oestacaron la tristeza y la
desesperanza, con la particularidad de que esta ûltima estuvo
mucho mas presents entre los suicidios frustrados (75%) que en
tre las tentativas (33,33%), por igual que el pensar que hubie
se sido mejor no haber nacido. Segûn el diagnôstico psicopato
lôgico, se advierte una mayor importancia de la desesperanza en
tre depresivos (56,52%) y alcohôlicos y dorgadictos (57,14%).
Los sentimientos de culpa estaban mas présentes entre los depri
midos (39,13%), por igual que la tristeza (78,26) y la falta de
fuerzas para vivir (52,17%). El desprecio de si mismo se acu-
mulô mas entre los esquizofrénicos (57,14%).
Se valoraron las caracterlsticas psicopatolôgicas mas rela
cionadas con la comunicaciôn (Tablas n*s 79 y 80), entre las
que destacaron principalmente la soledad (63,46%), necesidad de
estimaciôn (50%), necesidad de ayuda (48,08%), incomprensiôn
(48,08%) y necesidad de comunicaciôn (44,23%). La necesidad de
estimaciôn estuvo algo mSs présente entre el grupo de tentati
vas, aunque las diferencias mas llamativas entre este grupo y
el de suicidios frustrados estuvo en la culpabilizaciôn que en
las tentativas se dirigla hacia personas concretas (30,56%) o
358 -
hacia la sociedad en general (19,44%), ya que entre los frus
trados no hubo ningûn paciente que pensase que la culpa de lo
sucedido podîa adjudicarse a nadie concreto ni a la sociedad.
La soledad se hizo mas patente entre los deprimidos
(69,57%), alcohôlicos y drogadictos (71,43%), la incomprensiôn,
entre alcohôlicos y drogadictos (71,43%) seguidos de las neuro
sis y trastornos de la personalidad (53,33%). Entre los depri
midos estaba bastante extendida la creencia de servir ûnicamen
te para provocar dano a los demâs (30,43%), por el contrario
que en el resto de los grupos.
./•
- 359 -
CARACTERISTICAS FRUSTRADOS TENTATIVAS TOTAL
PSICOPATOLOGICAS
POSTERIORES A LA
TENTATIVA
N* % N* % N* %
(HUMOR DEPRESIVO)
Desesperanza 12 75,00 12 33,33 24 46,15
Culpa 5 31,25 12 33,33 17 32,69
Desprecio de si
mismo 6 37,50 12 33,33 18 34,62
Tristeza 10 62,50 22 61,11 32 61,54
Falta de fuerzas
para vivir 4 25,00 13 36,11 17 32,69
Cree que hubiese
sido mejor no haber
nacido 7 43,75 9 25,00 16 30,77
TABLA 77. TENTATIVAS DE SUICIDIO.
360
rapamvRiSTICAS Deptesi&i Neurosis y Alooholiano Esquizofre TOTAL
trastornos y drogode- nia
PSIOGPAICLOGICAS de la perso pendencias
,_ nalidad
TENTATIVA
N» % N& % N* % N* % N* %
(HUMOR DEPRESIVO)
Desesperanza 13 56,52 5 33,33 4 57,14 2 28,57 24 46,15
Culpa 9 39,13 4 26,67 2 28,57 2 28,57 17 32,69
Desprecio de
mismo 7 30,43 4 26,67 3 42,86 4 57,14 18 34,62
Tristeza 18 78,26 8 53,33 4 57,14 2 28,57 32 61,54
Falta de fuer
zas para vivir 12 52,17 4 26, 67 1 14,29 0 0 17 32,69
Cree que hubie
se sido mejor
no haber nacido 5 21,74 5 33,33 3 42,86 3 42,86 16 30,77
TABLA N* 78. TENTATIVAS DE SUICIDIO.
- 361 -
CARACTERISTICAS FRUSTRADOS TENTATIVAS TOTAL
PSICOPATOLOGICAS
TENTATIVA
N* % N* % N« %
(COMUNICACION)
Soledad 9 56,25 24 66,67 33 63,46
Incomprensiôn 7 43,75 18 50,00 25 48,08
Necesidad de
ayuda 7 43,75 18 50,00 25 48,08
Necesidad de
comunicaciôn 7 43,75 16 41,03 23 44,23
Necesidad de
estimaciôn 6 37,50 20 55,56 26 50,00
Cree que solo
sirve para danar
a los demâs 3 18,75 5 13,89 8 15,38
Culpabiliza a
personas concretas 0 0 11 30,56 11 21,15
Culpabiliza a la
sociedad en gene
ral 0 0 7 19,44 7 13,46
TABLA Ija 79. TENTATIVAS DE SUICIDIO.
— 3 62 —
CABACIERISnCAS Depresiôn Neurosis y Alcoholisno Esguizofre TOTAL
PSiarAKZOGDCAS
trastomos y drogodepen nia
de la perso dencias
nalidad
POSTERIORES A lA
N* % N& % N& % N* - % N* %
TENTATIVA
(COMUNICACION)
Soledad 16 69,57 9 60,00 5 71,43 3 42,86 33 63,46
Incomprens iôn 10 43,48 8 53,33 5 71,43 2 28,57 25 48,08
Necesidad de
ayuda 12 52,17 6 40,00 4 57,14 3 42,86 25 48,08
Necesidad de
comunicaciôn 11 47,83 6 40,00 3 42,86 3 42,86 23 44,23
Necesidad de
estimaciôn 12 52,17 6 40,00 4 57,14 4 57,14 26 50,00
Cree que solo
sirve para danar
a los demâs 7 30,43 0 0 1 6,67 0 0 8 15,38
Culpabiliza a
personas concre
tas 7 30,43 2 13,33 1 6,67 1 6,67 11 21,15
Culpabiliza a la
sociedad en gene
ral 3 18,75 2 13,33 1 6,67 1 6,67 7 13,46
TABLA N» 80. TENTATIVAS DE SUICIDIO.
-363 —
Valoramos teunblên la crStlca de la autoagresiôn dentro de
las 24 horas inmediatamente posteriores a la misroa (Tablas n^s
81 y 82), encontrândonos con que mas de una cuarta parte de los
casos (26,92%) expresaban su supervivencia como una decepciôn,
y un 15,38% expresaban abiertamente sus deseos de intenter de
nuevo acabar con su vida. Este hallazgo era mas frecuente en
tre los deprimidos que entre otros grupos diagnôsticos. Otros
(36,54%) se mostraban indiferentes ante el resultado fallido,
especialmente los alcohôlicos y drogadictos (71,43%). Solo
un nûmero reducido (13,46%) decîa alegrarse por no haber perdi-
do la vida, y tan solo un caso se mostraba preocupado por las
lesiones que se habia provocado.
Casi una cuarta parte (23,08%) sentîa vergu/*nzs por lo
ocurrido (Tabla n* 83), lo que se podîa observer mas entre el
grupo de suicidios frustrados (31,25%), entre los deprimidos
(34,78%) y los alcohôlicos y drogadictos (28,57%), en relaciôn
a otros grupos (Tabla n& 84). Un 16,67% del grupo de tentati
vas enjuiciaban la autoagresiôn como un acto de cobardîa, por
el contrario, ninguna persona de entre los suicidios frustrados
se juzgaba en este sentido. Muy pocos (9,62%) vivieron la auto
agresiôn como un desahogo,es decir, como una forma de descargar
una elevada tensiôn psiquica.
364 -
CARACTERISTICAS FRUSTRADOS TENTATIVAS TOTAL
PSICOPATOLOGICAS
POSTERIORES A LA
TENTATIVA
(CRITICA DE LA
N“ % N& % N® %
AUTOAGRESION)
Decepciôn por no
haber conseguido
matarse 5 31,25 9 25,00 14 26,92
id. acompanada de
deseos de intenter
lo de nuevo 2 12,50 6 16,67 8 15,38
Indiferencia hacia
el resultado de la
autoagresiôn 6 37,50 13 36,11 19 36,54
Alegrîa por ester
aûn vivo 2 12,50 5 13,89 7 13,46
Preocupaciôn por el
dano corporel 0 0 1 2,78 1 1,92
TABLA N* 81. TENTATIVAS DE SUICIDIO. (X^= 3.28 P=N.S.)
- 365 -
Depresiôn Neurosis y Alcchôlismo Esquizo-
CARACTERISTICAS TOTAL
PSICOPATOLOGICAS trastomos y drogodepen frenia
de persona dencieg
POSTERIORES A LA
lidad
TENTATIVA
(CRITICA DE LA N* % N* % N* % N* % N« %
AUTOAGRESION)
Decepciôn por no
haber conseguido
matarse 8 34,78 4 26,67 1 14,29 1 14,29 14 26,92
Id. acompanada
de deseos de in-
tentarlo de nuevo 5 21,74 2 13,33 0 0 1 14,29 8 15,38
Indiferencia ha
cia el resultado
dé la autoagre
siôn 8 34,78 3 20,00 5 71,43 3 42,86 19 36,54
Alegrîa por es
ter aun vivo 4 17,39 2 13,33 0 0 1 14,29 7 13,46
Preocupacîon por
el dano corporel 0 0 0 0 1 14,29 0 0 1 1.92
TABLA N» 82. TENTATIVAS DE SUICIDIO. (X -20 P=N.S.)
366 -
CARACTERISTICAS
FRUSTRADOS TENTATIVAS TOTAL
PSICOPATOLOGICAS
POSTERIORES A LA
TENTATIVA
(VARIOS) N* % N& % N* %
Verguenza 5 31,25 7 19,44 12 23,08
Cobardîa 0 0 6 16,67 6 11,54
Desahogo (descarga de
tensiones psiquicas) 1 6,25 4 11,11 5 9,62
Indiferencia hacia el
future 4 25,00 5 13,89 9 17,31
TABLA N* 83. TENTATIVAS DE SUICIDIO. (X^=3.9 P=N.S.)
CARACTERISTICAS Depresiôn Neurosis Alcx^lis Esquizo TOTAL
PSICOPATOLOGICAS y trastor mo y drogo frenia
POSTERIORES A LA de perso- dependen-
TENTATIVA nalidad cias
(VARIOS)
N& % N& % N* % N* % N* %
Verguenza 8 34,78 2 13,33 2 28,57 0 0 12 23,08
Ocbardia 3 13,04 1 6,67 1 14,29 1 14,29 6 11,54
Desahogo (descarga
de tensiones psiqui
cas) 2 8,70 2 13,33 0 0 1 14,29 5 9,62
Indiferencia hacia
el future 4 17,39 1 6,67 2 28,57 2 28,57 9 17,31
TABIA W* 84. TENTATIVAS DE SUICIDIO. (X = 23 P=N.S.)
- 367 -
Durante la primera entrevista, se analizaron una serie
de parâmetros que podlan servir como indicadores evolutivos
del proceso (Tablas n^s 85 y 86), valorados de 1 a 5 puntos.
En las tablas se exponen los datos agrupando las puntuacio-
nes en baja ( 1 6 2 puntos) media ( 3 puntos) y alta (4 6 5
puntos) . Como puede observarse en la tabla n^^ 85, tras la
tentativa no todos los pacientes afirmaban no tener deseos
de seguir viviendo, sino que aproximadamente una cuarta par
te de los casos declan tener bastantes deseos de vivir. La
desesperanza fuê muy alta en mas de un 8 0% de los casos, y
mayor aûn la desintegraciôn familiar, presents en casi la
totalidad de la muestra. La falta de integraciôn social
tambiên résulta relevante, ya que se présenta con cifras
muy bajas en casi el 80% del total de los casos. Tan solo
dos casos presentaban un estado de salud general normal, s^
guiendo el criterio de Goldberg, presentando mâs de la mi-
tad de los casos cifras muy bajas. El respective trastorno
psiquiâtrico cursaba con una sintomatologla muy acusada en
una gran mayoria de los casos estudiados. Las diferencias
entre el grupo de suicidios frustrados y el de tentativas
de suicidio no fueron significativ s.
Teniendo en cuenta el diagnôstico (Tabla n* 86) obser
vâmes como los esquizofrénicos, alcohôlicos y drogadictos
tenlan mâs deseos de vivir que los grupos ôe trastornos de
- 368 -
la personalidad y depresiôn. En este ûltimo grupo el deseo
de vivir se encontraba particularmente bajo, si bien su in
tegraciôn familiar y social era algo superior al de otros
grupos, en especial respecte del de esquizofrénicos, en el
que todos los casos presentaban una falta de integraciôn muy
marcada. La desesperanza estuvo representada de forma muy
similar en todos los grupos. La salud general estaba mâs
deteriorada entre los deprimidos, y el trastorno psiquiâ
trico era mas acusado tambiên entre êstos y entre los es-
quizofrênicos.
CARACTERISTICAS Suicidios Tentativas Total
EVOLUTIVAS
Frustrados de
ANALIZADAS
DURANTE LA PRIMERA Suicidio
ENTREVISTA
Ganas y Baja 12 27 39
fuerzas
Media 4 8 12
para
vivir Alta 0 1 1
Esperanza
Baja 13 30 43
y organi-
zaciôn de Media 3 6 9
future
Alta 0 0 0
Integra Baja 14 32 46
ciôn fami
liar Media 0 3 3
Alta 2 1 3
Integra Baja 12 29 41
ciôn social
Media 2 6 8
Alta 2 1 3
Salud Baja 9 20 29
General
Media 6 15 21
Alta 1 1 2
Baja 13 27 40
TTêistomo
Psiquiâtrico Media 3 8 11
Alta 0 1 1
TABLA N® 85. TENTATIVAS DE SUICIDIO.
CARACTERISTICAS Depresiôn Trastornos Alcoholis Esqui
EVOLUTIVAS ANALIZA de la per mo y drogo zofre
DAS DURANTE LA PRI sonalidad dependencia nia
MERA ENTREVISTA
Ganas y Baja 22 12 3 2
fuerzas
Media 1 . 2 4 5
para vivir
Alta 0 1 0 0
Esperanza Baja 18 13 6 5
y organiza
ci6n de fu Media 5 2 0 2
turo
Alta 0 0 1 0
Integra Baja 18 14 7 7
ciôn fami
Media 2 1 0 0
liar
Alta 3 0 0 0
Integraciôn Baja 15 14 5 7
social
Media 6 1 1 0
Alta 2 0 1 0
Baja 16 7 3 3
Salud
General Media 7 6 4 4
Alta 0 2 0 0
Trastorno Baja 22 8 3 7
Psiquiatr_i
Media 1 6 4 0
co
Alta 0 1 0 0
TABLA N* 86.- TENTATIVAS DE SUICIDIO.
- 371
E-3.- ESTUDIO III; SEGUIMIENTO
Se apllc6 el tratanlento semlestructurado anterlormente
descrito y fueron valorados los mismos sels par&metros estu-
diados durante el dia de la primera entrevista (Tablas nâ
85 y 86), en las entrevistas semanales suceslvas durante el
primer mes posterior a la tentative de suicidio. Durante e^
te mes hubo algunos pacientes que abandonaron el tratamiento
debido a su mejorîa, a problèmes de domicilio, de trasporte,
de Indole laboral, etc... Seis no acudieron a la tercera en
trevista y otros seis no acudieron a la cuarta.
Entre los suicidios frustrados (Tabla nS 87) la mejo
rîa fuë progresiva en casi todos los parâmetros analizados
excepto en el de integraciôn social, en el que practicaraente
no experimentaron mejorîa. La evoluciôn se hace claramente
positiva très 15 dîas de tratamiento tel como puede observer
se en la codificaciôn de la tercera entrevista, excepto en
lo que concierne a la salud general que experiments une mejo
rîa en la segunda entrevista seguida de un posterior retro-
ceso.
Con el grupo de tentatives (Tabla nQ 88) se obtienen
unos resultados similares, si bien, entre estos se consigne
la mejorîa en la integraciôn social que no se pudo lograr
con el grupo de suicidios frustrados. En general la evolu-
372 -
ciôn es mâs favorable entre las tentatives, excepto en lo que
se refiere a integraciôn familier, en la que se obtienen
resultados pobres e inferiores a los de los suicidios frustra
dos.
Entre los deprimidos (Tabla n2 89) se produjo une mejo
rîa franca y progresiva en todos los parâmetros, exceptuando
el de la salud general, que présenta une râpida mejorîa en la
segunda entrevista tras la que sigue una recaida obteniendose
tras el primer mes una evoluciôn escasamente favorable. En
tre los diagnôsticos de trastorno de la personalidad (Tabla
ne 90) se produce una evoluciôn progrèsivamente favorable,
en todos los parâmetros, especialmente en lo que a deseos
de vivir, esperanza y sintomatologla del trastornos psiquiâ-
trico se refiere.
- 373
RASGOS EVOLUTIVOS 1- entre 2- entre 3- entre 4- entre
vista vista vista vista
ANALIZADOS DURANTE
EL PRIMER MES
(SUICIDIOS FRUSTRADOS)
Ganas y Baja 12 10 4 3
fuerzas
Media 4 3 8 4
para vivir
Alta 0 3 2 5
Esperanza Baja 13 8 4 3
y organiza
Media 3 6 7 7
ciôn de £u
turo
Alta 0 2 3 2
Baja 14 12 8 5
Integra
ciôn
Media 0 2 4 3
fêuniliar
Alta 2 2 4 4
Baja 12 13 10 9
Integraciôn
Media 2 1 2 1
social
Alta 2 2 2 2
Baja 9 6 6 5
Salud
Media 6 4 7 6
General
Alta 1 6 1 1
Baja 13 11 5 4
Trastorno
psiquiatri Media 3 3 7 4
CO
Alta 0 2 2 4
TABLA NC 87. TENTATIVAS DE SUICIDIO. (SEGUIMIENTO).
374
RASGOS EVOLUTIVOS 1- e n t r e 2- e n t r e 3- e n t r e 4- e n t r e
vista vista vista vista
ANALIZADOS DURANTE
EL PRIMER MES
(TENTATIVAS DE
SUICIDIO)
Ganas y Ba ja 27 18 10 7
fuerzas
Media 8 14 11 7
para vivir
Al ta 1 4 11 14
Esperanza Ba ja 30 24 13 8
y organiza-
Media 6 9 12 13
ciôn de fu
ture
Al ta G 3 7 7
Baja 32 30 24 18
Integraciôn
familiar Media 3 4 2 4
Al ta 1 2 6 6
Baja 29 22 14 11
Integraciôn
Media 6 12 15 10
social
Alta 1 2 3 7
Baja 20 15 17 13
Salud
Media 15 13 13 12
General
Alta 1 8 2 3
Baja 27 22 11 3
Trastorno
Psiquiatri Media 8 13 12 9
co Alta 1 1 9 16
TABLA N2 88. TENTATIVAS DE SUICIDIO. (SEGUIMIENTO).
- 375 -
RASGOS EVOLUTIVOS 1- e n t r e 2- e n t r e 3- e n t r e 4- e n t r e
vista vista vista vista
ANALIZADOS DURANTE
EL PRIMER MES
(DEPRESlONES)
Baja 22 15 7 6
Ganas y
fuerzas
Media 1 8 12 6
para vivir
Alta 0 0 3 7
Esperanza Baja 18 14 11 8
y organiza
Media 5 8 7 7
ciôn de
future 1 4
Alta 0 4
Baja 18 17 13 10
Integraciôn
Media 2 2 3 3
familiar
Alta 3 4 6 6
Baja 15 13 9 8
Integraciôn
Media 6 7 10 4
social
Alta 2 3 3 7
Baja 16 11 14 12
Salud
Media 7 8 7 5
General
Alta 0 4 1 2
Baja 22 19 10 4
Trastorno
Psiquia- Media 1 4 8 8
trico Alta 7
0 0 4
TABLA NS 89. TENTATIVAS DE SUICIDIO (SEGUIMIENTO).
376 -
RASGOS EVOLUTIVOS 1- entre 2- entre 3- entre 4- entre
vista vista vista vista
ANALIZADOS DURANTE
EL PRIMER MES
(NEUROSIS y TRASTORNOS
DE LA PERSONALIDAD)
Ganas y Baja 12 10 5 3
fuerzas
Media 2 4 3 4
para vivir
Alta 1 1 4 4
Baja 13 11 4 2
Esperanza
y organiza
Media 2 3 5 7
ciôn de
future Alta 0 1 3 2
Baja 14 13 9 6
Integraciôn
Media 1 2 1 2
familiar
Alta 0 0 2 3
Baja 14 12 8 8
Integraciôn
social Media 1 2 2 2
Alta 0 1 2 1
Baja 7 6 4 3
Salud
Media 6 5 7 8
General
Alta 2 4 1 0
Baja 8 7 4 3
Trastorno
Psiquiatri Media 6 7 3 3
co
Alta 1 1 5 5
TABLA NQ 90. TENTATIVAS DE SUICIDO (SEGUIMIENTO)
- 377 -
Alcohôlicos y drogadictos (Tabla nC 91) tienen una evo
luciôn poco homogënea y escasamente favorable en muchos aspec
tos. El fracaso mas llcunativo concierne a la integraciôn fa
miliar, ya que en este sentido no se logrô ningûn resultado
positivo. Entre los esquizofrënicos (Tabla nfi 92) se obtie
nen muy buenos resultados de forma progresiva y homogënea en
todos los apartados, exceptuando los de integraciôn familiar
y social, en los que la evoluciôn es menos favorable. Duran
te la tercera entrevista, los deseos de vivir est&n ampliamen
te recuperados, y no existe desesperanza marcada. La salud
general experiments una mejorîa progresiva, sin acusar el re
troceso de la tercera entrevista que hemos observado en otros
grupos.
Concluida esta primera fase de tratamiento, se propuso a
los pacientes ampliar en dos meses mas el tratamiento, sin
descartar la q^osibilidad de que el alta pudiera producirse
en un plazo mas breve de tiempo. 30 fueron incluidos en esta
segunda fase terapeûtica, realizândoles una entrevista quince
nal para continuer evaluando los parâmetros que se habîan va-
lorado previamente.
Entre los suicidios frustrados (Tabla ns 93) se produjo
una notable mejorîa progresiva en todos los parâmetros anali
zados, incluida la integraciôn social, cuya evoluciôn durante
el primer mes (Tabla nc87) habîa sido escasamente favorable.
378 -
Entre las tentativas de suicidio (Tabla na 94) se obtuvo una
gran mejorîa en lo que se refiere a deseos de vivir, desespe
ranza, salud general y trastorno psiquiâtrico. La mayor di-
ficultad fuë conseguir una mayor integraciôn fêuniliar, obje-
tivo no logrado tras el primer mes de tratamiento, y que pe-
se a la ampliaciôn de éste continuô siendo el parâmetro con
una evoluciôn menos favorecida.
Dos casos del total de pacientes estudiados repitieron
su conducta autodestructiva dentro de un période de très me
ses posteriores a la tentative estudiada. Uno de ellos habîa
sido diagnosticado de depresiôn, y su intento de suicidio fuë
llevado a cabo estando ingresado en el hospital dentro de la
segunda sémana posterior a la tentative de suicidio (fuë un
suicidio frustrado) estudiada por nosotros. Diez dîas des-
puës realizô un nuevo intento de suicidio durante el primer
fin de sémana en que se le permitiô volver a su domicilio pa
ra volver a reingresar el lunes siguiente.
El otro paciente que repitiô una conducta autolesiva, ha
bîa sido diagnosticado de alcoholismo. Tras el primer mes de
tratamiento no fuë incluido en el seguimiento posterior debido
a su mejorîa y a que deseaba reincorporarse plenamente a su
trabajo. La tentativa de suicidio fuë realizada ocho semanas
después de la tentativa de suicidio estudiada por nosotros,
es decir, cuatro semanas después de haber concluido la primera
fase de tratamiento y fuera por tanto del seguimiento, ya que
este quedô entonces interrumpido.
- 379 -
RASGOS EVOLUTIVOS 1- entre 2- entre 3- entre 4- entre
vista vista vista vista
ANALIZADOS DURANTE
EL PRIMER MES
(ALCOHOLISMO Y
DROGODEPENDENCIAS)
Baja 3 2 2 1
Ganas y
fuerzas Media 4 3 2 0
para vivir
Alta 0 2 1 2
Baja 6 4 2 1
Esperanzas
y organiza Media 0 2 2 1
ciôn de fu
Alta 1 1 1 1
turo
Baja 7 7 5 3
Integra
ciôn fami Media 0 0 0 0
liar
Alta 0 0 0 0
Baja 5 5 3 0
Integra
ciôn Media 1 2 2 3
social
Alta 1 0 0 0
Baja 3 2 2 1
Salud
Media 4 3 2 0
general
Alta 0 2 0 2
Baja 3 2 1 0
Trastorno
Psiquia- Media 4 3 2 0
trico
Alta 0 2 2 3
TABLA N®- 91 . TENTATIVAS DE SUICIDIO. (SEGUIMIENTO).
- 380 -
RASGOS EVOLUTIVOS 1- e n t r e 2- en t r e 3- e n t r e 4- e n tre
vista vista vista vista
ANALIZADOS DURANTE
EL PRIMER MES
(ESQUIZOFRENIA)
Baja 2 1 G G
Ganas y
fuerzas Media 5 2 2 1
para vivir
Alta 0 4 5 6
Baja 5 3 G G
Esperanza
y organi- Media 2 2 5 5
zaciôn de
Alta 0 2 2 2
future
Baja 7 5 5 4
Integra
ciôn fami
Media 0 2 2 2
liar
Alta 0 0 G 1
Baja 7 5 5 4
Integra
ciôn Media 0 2 3 2
social
Alta 0 G G 1
Baja 3 2 G G
Salud
Media 4 1 3 2
General
Alta 0 4 4 5
Baja 7 5 1 G
Trastorno
psiquia- Media 0 2 6 2
trico
Alta 0 G G 5
TABLA N* 92 . TENTATIVAS DE SUICIDIO., (SEGUIMIENTO).
- 381 -
RASGOS EVOLUTIVOS 5- entre 6- entre 7- entre 8- entre
vista vista vista vista
:POSTERIORES
(SUICIDIOS FRUSTRADOS)
Baja 3 2 0 0
‘Ganas y
fuerzas Media 1 1 1 1
para vivir
Alta 4 4 5 5
Baja 2 2 1 0
Esperanza
y organiza- 1
Media 1 1 0
ciôn de fu
ture Alta 5 4 5 5
Baja 3 2 1 1
Integraciôn
Media 1 2 1 1
familiar
Alta 4 3 4 4
Baja 5 3 1 0
Integraciôn
Media 1 2 4 4
social
Alta 2 2 1 2
Baja 1 0 0 0
Salud
Media. 3 3 1 1
General
Alta 4 4 5 5
Baja 3 2 1 0
Media 3 2 1 2
Psiquia-
trico Alta 2 3 4 4
TABLA N® 93. TENTATIVAS DE SUICIDIO. (SEGUIMIENTO POSTERIOR).
- 322 -
RASTOS EVOLUTIVOS 5- entre 6- entre 7- entre 8- entre
POSTERIORES
(TENTATIVAS DE
SUICIDIO)
Baja 4 3 1 0
Ganas y
fuerzas Media 6 3 3 0
para vivir
Alta 12 11 13 14
Baja 6 0 2 0
Esperanza
y organiza Media 8 8 1 0
ciôn de fu
Alta 8 9 14 14
turo
Baja 13 9 9 6
Integraciôn
Media 4 4 3 2
familiar
Alta 5 4 5 6
Baja 6 2 1 0
Integraciôn
Media 7 4 3 4
social
Alta 9 11 13 10
Baja 2 0 0 0
Salud
Media 8 2 2 G
general
Alta 12 15 15 14
Baja 1 1 1 G
Trastorno
Media 9 1 2 G
Psiguia-
trico Alta 12 15 14 14
TABLA N* 94. TENTATIVAS DE SUICIDIO. (SEGUIMIENTO POSTERIOR).
- 383 -
Para emallzar la relaciôn entre las cuatro primeras en
trevistas en cada parâmetro estudiado prospectivamente por noso
tros, hemos aplicado el prograuna "multiway tables descriptive"
del B.M.D.P. - 4F. (Ucla, 1981), utilizando modèles de ajuste
de las frecuencias de cada de las posibildades evolutivas para
entender mejor la relaciôn entre las secuencias evolutivas,
aplicando regresiôn logistica. Las tablas de cuadruple entrada
que hemos realizado (TABLA N& 95) nos generam 15 mode los u opcio
nés asociativas seleccionadas por el programs estadîstico y
nos dan la probabilidad del mismo en funciôn de los grades de
libertad.
El programs tiene en cuenta las interacciones posibles en
tre cada una de las posibilidades evolutivas, aunque este tema,
por su complejidad, desborda los limites de nuestra discusiôn.
El modelo de regresiôn logistica es una herraroienta de anâlisis
de las relaciones entre variables, utilizando el logaritmo de
kas frecuencias esperadas, combinando linealmente sus efectos,
de una forma similar al modelo de anâlisis de variëmza, excepto
que en el logaritmo de las frecuencias esperadas, combinando
linealmente sus efectos, de una forma similar al modelo de anâ
lisis de varianza, excepto en que el logaritmo de las frecuen
cias esperadas sustituye a los valores esperados en el modelo
de anâlisis de varianza. Dada la complejidad de estas tablas,
tan solo reproducimos una (TABLA N* 95), correspondiente a la
evoluciôn del primer parâmetro (ganas de vivir) durante el
primer mes de tratamiento, con la finalidad de que sirva como
muestra del anâlisis llevado a cabo. Para los restantes parâ
metros nos limitaremos a exooner alounos de los resultados es-
- 384
En el anâlisis de la regresiôn logistica encontramos
que en el primer parâmetro (geuias y fuerzas para vivir), la
predicciôn de buen pronôstico se logra con los datos procé
dantes de la entrevista anterior a la tercera sémana de evo
luciôn, ya que la probaibilidad es muy alta en la prueba de
de asociaciones parciales. En lo que a esperanza y orga-
nizaciôn de futuro se refiere, nos llama la atenciôn como tan
to el modelo completo de 80 grados de libertad como el modelo
parcial son significatives y, por lo tanto son ajustados
con nuestro sistema de anâlisis. Sin embargo, al analizar
las asociaciones parciales, vemos que la 1-, 2- y 3- entrevis^
ta son buenos predictores del resultado final, y que en cual-
quiera de los momentos, los resultados nos van a apoyar en la
predicciôn de mejorîa de los pacientes en este mes de segui-
miento
Los resultados obtenidos para el parâmetro de integra
ciôn social nos confirman con 80 grados de libertad, que el
modelo evolutivo es matematicamente generalizable y que la
progrèsiôn de mejorîa es évidente. El mismo resultado obtene
mos en el de salud general, observando que son los primeros
15 dîas los definitivos para predecir la estabilidad en el
plazo de este anâlisis. La evoluciôn de la gravedad de la
psicologîa subyacente vuelve a confirmâmes la progresividad
del modelo en el anâlisis de regresiôn con una sucesiôn de
- 385 -
GANAS Y FUERZAS PARA VIVIR
1- entrevista 2- entrevista 3- entrevista 4- entunevista
Baja Media Alt:a Total
baja 13 4 0 17
Baja media 3 3 4 10
alta 0 0 0 0
Total 16 7 4 27
Baja Media media 7
alta 4
Total 11
Alta
baja “ 5"
1
Total î
baja
media
Baja
alta
Total
baja 1 0
Media Media media 0 0
alta 0 0
Total 1 0
baja
media
Alta
2Ü.ta
Total
baja
Baja media
alta
Total
Baja
media
Alta Media
alta
Total
baja
media
Alta alta
Total
TABLA N* 95.- HNTATIVAS CE SUICIDIO. (SEGUIMIENID) .
mejorîa graduai y con un modelo de interacciôn de las cuatro
medidas que présenta un de 176 para 80 grados de libertad,
con una probabilidad superior al 99% y una correlaciôn entre
— 3 8 6s —
GRADOS DE FEARSCN
EAcrœES T.TRKRTM1 L.R. PRCB. CHESQUARE PRCB. ITERATICN
Media 80 187.38 0.00000 395.28 0.0
1 72 118.08 0.00051 299.66 0.0 2
- el modelo no corrige por ddaajo de esta linaa
2 9 6.93 0.64463 5.93 0.74721 20
3 0 - 0.00 1.00000 0.00 1.00000 3
4 0 0 1 0 1
EFFECT ŒAD06 CE X^ PRCB.
LIBERTAD
A(l- entre
vista) 2 3.83 0.1477
B(2- entre
vista) 2 2.37 0.3061
C(3- entre
vista) 2 13.58 0.0011
D(4- entre
vista) 2 49.52 0.0000
AB 9 23.73 0.0048 20
AC 6 2.91 0.8205 20
AD 7 11.45 0.1203 20
BC 8 20.68 0.0080 20
BD 3 14.73 0.0021 7
CD 3 14.81 0.0020 20
ABC 0 0.13 1.0000 20
ABD 0 0.06 1.0000 20
ACD 0 0.00 1.0000 3
BCD 0 0.11 1.0000 20
ABCD 0 -0.00 1.0000
ANALISIS EC LA TABLA N& 95.
las cuatro variables analizadas con un coeficiente de correla
ciôn de Pearson de 331. Sin embargo, ninguna de las medidas
parciales contribuyen significativamente de forma aislada al
resultado obtenido durante el primer mes, excepto la 3- entre-
- 386b-
GRADOS CE PEARSON
FRCTORES T.TRRRDU) LR- PROB. GHISQUARE PROB. ITERATION
Madia 80 215.19 0.00000 571.07 0.0
1 72 123.44 0.00016 445.16 0.0
- el nodelo no corrige par debajo de esta linea.
2 3 2.96 0.39794 2.13 0.54642 20
3 0 -0.00 1.00000 0.00 1.00000 3
4 0 0 1 0 1
EACTOTES OtADCS CE PEARSON
T.TRFtgaP LR-X^ PRCB. OmSQUARE PRCB.
1 8 91.75 0.00000 125.91 0.00000
2 69 120.48 0.00013 443.03 0.0
3 3 2.96 0.39794 2.13 0.54642
4 0 -0.00 1.00000 0.00 1.00000
ANALISIS CE LA ESPERANZA Y ORGANIZACION CE FUTORO (PRIMER MES DE SEGUIMIENID),
GRADOS DE PEARSON
FACIDRES LIBERTAD LR-:-x^ PRCB. GHISQUARE PRCB. ITERATICN
MEDIA 80 291.10 0.0 1557.86 0.0
1 72 119.09 0.00041 1825.31 0.0 2
2 0 0.37 1.00000 0.19 1.00000 14
3 0 0.0 1.00000 0.0 1.00000 2
4 0 0 1 0 1
GRADOS CE PEARSON
FACTORES LIBERTAD LR-X^ PRCB. OHISQUARE PRCB.
1 8 172.00 0.0 -267.45 1.00000
2 72 118.73 0.00044 1825.12 0.0
3 0 0.37 1.00000 0.19 1.00000
4 0 0.0 1.00000 0.0 1.00000
ANALISIS CE lA INTEGRACION FAMILIAR (PRIMER MES CE SEGUIMXENTO) .
386c—
GRADOS DE PEARSCN
FACTORES LIBERTAD L.R.-X^ PRCB. CHISOUARE PRCB. riERATICN
>EDIA 80 223.96 0.000000 860.80 0.0
1 72 109.02 0.00319 1263.79 0.0
- el modelo no corrige per debajo de esta ifnea
13 7.82 0.85535 6.65 0.91917 20
3 0.00 0.99999 0.00 0.99999 3
0 0 1 0 1
GRADOS CE PEARSCN
FACTORES T.TRFBTAD U.R.-X^ PRCB. CHISOUARE PRCB.
1 8 114.94 0.00000 -402.99 1.00000
2 59 101.21 0.00052 1275.13 0.0
3 10 7.82 0.64683 6.65 0.75787
4 3 0.00 0.99999 0.00 0.99999
ANALISIS CE lA INTEGRACTCN SOCIAL. (PRDER MES CE SEGUIMONIO),
GRADOS CE PEARSCN
raCIDFES T.TPJTRTAD L.R.-X^ PRCB. GHISQUARE PRCB. ITERATICN
MEDIA 80 158.49 0.00000 253.31 0.0
1 72 123.01 0.00017 184.42 0.00000 2
2 23 24.09 0.36654 30.90 0.12533 11
- el modelo no corrige por debajo de esta linea.
0 0.06 1.00000 0.03 1.00000 20
0 0 1 0 1
GRADOS CE PEARSCN
FACTORES T.-mPRTAD L.R -x2 PROB. GHISQUARE PRCB.
1 8 35.48 0.00002 68.88 0.00000
2 49 98.32 0.00004 153.53 0.00000
3 23 24.63 0.36960 30.87 0.12606
4 0 0.06 1.00000 0.03 1.00000
ANALISIS CE lA SALUD ŒNERAL (PRIMER MES DE SEGUIMTENTO) .
- 386d-
GRADOS DE PEARSON
EftCTORES T.TRPRTflp L.R.-X^ PRCB. GHISQUARE PRCB. ITERATICN
MEDIA 80 176.62 0.00000 331.18 0.0
1 72 90.31 0.07113 321.08 0.0 2
2 17 17.05 0.45088 13.64 0.69253 11
3 0 0.00 1.00000 0.00 1.00000 3
4 0 0 1 0 1
(3AD0S CC PEARSCN
FACTCKES T.TRPTŒAD L.R.-X^ PRCB. GHISQUARE PRCB.
1 8 86.31 0.00000 10.11 0.25768
2 55 73.26 0.05042 307.44 0.0
3 17 17.05 0.45089 13.64 0.69254
4 0 0.00 1.00000 0.00 1.00000
ANALISIS DEL TRASTORNO PSIQUIATRIOO (PRIFER MES EEL SBGUIMFENTO).
GRADOS DE PEARSCN
FACTORES LIBERTAD L.R.-X^ PRCB. GHISQUARE PRCB. ITERATICN
MEDIA 107 261.91 0.00000 1064.99 0.0
1 98 153.14 0.00031 367.02 0.0 2
-el modelo no corrige por debajo de esta linea.
11 7.75 0.73592 5.05 0.92852 20
3 0.0 1.00000 0.00 1.00000 2
0 0 1 0 1
GRADOS DE PEARSCN
FACTORES T.TRFRTAD L.R ,-x2 PRCB. GHISQUARE PRCB.
1 9 108.77 0.0 697.97 0.0
2 87 145.40 0.00009 361.97 0.0
3 8 7.75 0.45873 5.05 0.75177
4 3 0.0 1.00000 0.00 1.00000
ANALISIS DE IAS GANAS Y FUERZAS PARA VIVIR (SEGUIMIENTO PCS1ERIŒI).
- 385e-
Analizando el seguinelnto posterior de los 30 pacientes
que participaron en la segunda parte de este tercer estudio,
observâmes que el primer parâmetro (ganas de vivir) comienza
a modificarse en la primera entrevista y el ajuste del modelo
représenta una segnificaciôn muy alta, con un LR-X^ de 108 y
una probabilidad superior al 99%. El mismo fenômeno nos encon
tramos con la esperanza y orgamizaciôn de futuro, siendo a su
vez la predicciôn muy alta desde la primera entrevista, y por
lo tanto orientarnos a como podrîan evidenciarse quizâ las in-
tervenciones intermedias desde un punto de vista pronôstico.
En integraciôn familiar y en integraciôn social a su vez, to-
das las entrevistas predicen el resultado, roostrando por lo
têmto, una estabilidad suficientemente exprèsiva y mantenida,
como se deduce de las tablas simples de presentaciôn de los
resultados. Tanto las variables salud general como la de tra£
torno psiquiâtrico presentan el mismo comportamiento con una
significaciôn estadistica muy alta. Estos datos expresan que
los pacientes ya estân bien, y por lo tanto mantienen su mejo
rîa, y como el primer mes es el elemento fundeunental en el se-
guimiento; y sin embargo, la estabilidad del tratamiento y los
buenos resultados obtenidos a los très meses de seguimiento
aconsejan el programa que nosotros hemos realizado y verifican
el poder pronôstico de cada una de las intervenciones.
- 386f-
(3AD06 CE lEARSCN
FftCTCTŒS UEEKTAD L.R PRCB. CHISOUARE PRCB. ITERATICN
lÆDLA 107 269.99 0.00000 1280.55 0.0
1 98 165.18 0.00003 500.16 0.0 2
- el modelo no corrige por ddaajo de esta linea
0.39 1.00000 0.22 1.00000
0.0 1.00000 0.00 1.00000
0 1 0 1
GRADOS CE PEARSCN
FACTORES T.TRFPTAD [..R.-X^ PRCB. CHISOUARE PRCB.
1 9 104.81 0.0 780.39 0.0
2 98 164.79 0.00003 499.95 0.0
3 -1 0.39 1.00000 0.22 1.00000
4 1 0.0 1.00000 0.00 1.00000
ANALISIS DE lA ESPERANZA Y ORGANIZACCCN CE FUTURO (SEGUIMIENTO POSTERIOR),
(3(AD06 CE PEARSCN
FACTORES lcbertad L.R ,-x2 PRCB. GHISQUARE PRCB. ITERATICN
ÆDIA 161 314.36 0.0 2258.27 0.0
1 150 154.68 0.37977 1593.27 0.0 2
- el modelo no corrige por debajo de esta linea.
2 0 1.02 1.00000 0.54 1.00000 20
- el modelo no corrige por ddaajo de esta linea
2 0.02 0.98762 0.01 0.99373 20
0 0 1 0 1
GRADOS DE PEARSCN
FACTORES T.TTffTRTAD L.R.-X^ PROB. CHISOUARE PRCB.
1 11 159.67 0.0 665.00 0.0
2 . 150 153.66 0.40194 1592.73 0.0
3 -2 0.99 1.00000 0.53 1.00000
4 2 0.02 0.98762 0.01 0.99373
ANALISIS DE lA INTEGRACION FAMILIAR (SEGUIMIENTO POSTERIOR).
386g-
GRADOS EE PEARSCN
EAdORES UBEFTAD PROB. QgSQUAPE race. HERATICN
fCDIA 107 239.46 0.00000 1130.07 0.0
1 98 155.36 0.00020 523.27 0.0
- el modelo no corrige por debajo de esta linea
2 4 2.21 0.69796 1.37 0.84959 20
3 1 -0.00 1.00000 0.00 0.99957 3
4 0 0 1 0 1
GRADOS EE PEARSCN
FACTORES uberead L.R.-3^ PROB. GHISQUARE PRCB.
1 9 84.09 0.00000 606.91 0.0
2 94 153.16 0.00011 521.90 0.0
3 3 2.21 0.53079 1.37 0.71286
4 1 -0.00 1.00000 0.00 0.99957
ANALISIS EE lA INIEGRACICN SOCIAL (SEGUIMIENTO POSTERICR).
OADOS EE PEARSON
FACTORES T.TWRHTAn L.R.-X^ PROB. aaSQUARB PROB. ITERATICN
MEDIA 107 242.10 0.00000 964.49 0.0
1 98 160.28 0.00007 700.59 0.0 2
- el modelo no oorrige por d^jajo de esta linea
2 4 0.83 0.93387 0.45 0.97816 20
3 2 0.0 1.00000 0.00 1.00000 3
4 0 0 1 0 1
GRADOS EE FEARSCN
FACTORES LIBERTAD L.R.-X^ PROB. CHESQUARE PROB.
1 9 81.83 0.00000 273.90 0.0
2 94 159.44 0.00003 700.14 0.0
3 2 0.83 0.65912 0.45 0.79841
4 2 0.0 1.00000 0.00 1.00000
ANAUSZS CE lA SALUD GENERAL (SEGUIMTENID POSTERIOR).
- 386h-
(3AD0S EE PEARSCN
FACTORES UBEFTAD L.R.-X^ PRCB. CmSQUAHE PRCB. ITERATICN
WDIA 107 228.76 0.00000 931.78 0.0
1 98 140.55 0.00315 922.11 0.0 2
- el modelo no corrige por d^aajo de esta linea
2 3 2.14 0.54455 1.19 0.75463 20
3 3 0.00 1.00000 0.00 1.00000 2
4 0 0 1 0 1
FACTCRES GRADOS EE PEARSCN
LIBERTAD L.R.-X^ PRCB. CmSQUARE PRCB.
1 9 88.20 0.00000 9.68 0.37716
2 95 138.42 0.00244 920.91 0.0
3 0 2.14 1.00000 1.19 1.00000
4 3 0.00 1.00000 0.00 1.00000
ANALISIS DEL TRASTORNO PSIQUIATRIOO. (SEGÜIMHNIO POSTERIOR).
- 387 -
F.- DISCUSION:
En nuestro trabajo encontramos en la ciudad de Madrid
una tasa anual de suicidios consumados de 8,99 por cien mil
habitantes. Cifra aproximadamente seis veces superior a
las publicadas por el Institute Nacional de Estadistica
(I.N.E., 1975). Esta disoozdancia con las cifras oficiales
en Espana ha sido puesta de manifiesto por numerosos auto-
res que han llevado estudios similares al nuestro en otras
ciudades como ESTRUCH y CARDUS (1982), MARTI (1983), SARRO
(1985), etc... La O.M.S. (1975), tambiên publica unas ba
sas de suicidio muy bajas para nuestro pais, que vienen a
ser de la raitad de las obtenidas en nuestro estudio, con lo
que Espana queda situada entre los paises con una tasa mâs
baja de Europe, superando en suicidios solamente a Grecia,
Irlande y Malte, segûn las ûltimas cifras propuestas por la
O.M.S. (1975).
En cualquier caso, si dieramos como vâlida para toda
la naciôn la tasa obtenida en nuestro estudio llevado a ca
bo en la ciudad de Madrid, Espana continuarîa a gran distan
cia de muchos paises europeos, ya que quince de êstos conti
nuarîan presentando tasas mâs elevadas, siempre siguiendo
las cifras propuestas por la O.M.S. (1975). Por tanto, te-
nemos que penser que el fenômeno suicida no alcanza cifras
especialmente alarmantes en nuestro pais, si considérâmes
lo que sucede en otras naciones europeas; aunque la tasa es
388 -
elevada dentro de los paises mediterr&neos (solo serîêunos
superados por Francia). Ahora bien, siempre gueda la du-
da de que unas tasas bajas de mortalidad por suicidio no
solo obedezcan a una menor frecuencia del mismo, sino
también a un aparato estadlstico déficiente.
No penseunos haber recopilado en nuestro estudio to-
dos los suicidios consumados en la ciudad durante el ano
1984, ya que somos conscientes de que un buen nûmero de es
tes habrân quedado encubiertos, sobre todo en forma de
accidentes, especialmente en accidentes de trâfico y labora
les. Estos obstâculos resultan prâcticamente insalvables,
tengeunos en cuenta que DUBLIN (1963) calculaba que en Esta-
dos Unidos, un pais afeunado por sus precisiones estadîsti-
cas, el nûmero de suicidios era, con toda probabilidad, de
un tercio a un cuarto mâs de lo registrado.
En razôn del sexo hallamos una tasa anual de suicidios
consumados de 12,65 por cien mil para los varones y de 5,71
por cien mil para las mujeres; es decir, una relaciôn aproxi
mada de 2,2/1 a favor de los hombres. Cifra en concordancia
con las publicadas por la O.M.S. y con la de la mayorla de
los autores revisados como GORCEIX y ZIMBACCA (1968), MORON
(1977), SCHNEIDER (1982), DAVIDSON y CHOQÜET (1982),
SHNEIDMAN (1982), SCHONY y Cols. (1984), KRYNSKI (1985),
389 -
FERNANDES DA FONSECA (1985), etc... Algunos encuentran una
tasa superior, alrededor de 4/1 como GARFINKEL y COLOMBEK
(1983), mientras que otros la situan cerca del 1,5/1 como
RABINER y Cols. (1982). En Espana, siguiendo una metodolo-
gla similar a la nuestra, ESTRUCH y CARDUS (1982) hallan
cifras como las nuestras en la isla de Menorca, mientras
que MARTI (1983) en Barcelona encuentra una relaciôn prox^
ma al 1,5/1,
Esta mayor frecuencia del suicidio entre los varones
puede explicarse por un me]or conocimiento de las técnicas
mâs eficaces, por el empleo de técnicas mâs agresivas y mor
tîferas, por una mayor firmeza una vez que se ha tornado la
decisiôn suicida y por, tal como ban descrito PASQUALI y
BUCHER (1981), una mayor elaboracifin y premeditaciôn del
acto suicida.
Teniendo en cuenta la edad, advertimos que ningûn sui
cidio habia sido consumado por menores de 15 ahos, siendo
la tasa muy baja entre los menores de 20 ahos. Estas, sin
embargo, se elevan notablemente a partir de los 60 ahos, y
mâs aûn en los mayores de 75 ahos en los que alcanza la cifra
de 30 suicidios anuales por cien mil habitantes. Esta mayor
frecuencia del suicidio a mayor edad, ya descrita hace casi
cien ahos por DURKHEIM (1897) se viene confirmando en traba-
390 -
jos mâs actuales como los de GORCEIX y ZIMBACCA (1968) ,
FARBEROW y SCHNEIDMAN (1969), HAIM (1976), BOULET (1982),
McCLURE (1984), PELLICIER (1984),SCHONY y Cols. (1984), etc.
Fenômeno observado en casi todos los paises (SARTORIUS
1985), siendo menos frecuente entre los asiâticos, exceptuan
do Jap6n (HEDLEY, 1983). Tcunbiën en Espana ha sido destaca-
da la elevada frecuencia del suicidio entre las personas de
edad avanzada por numerosos autores como ROJO (1971), GINER
(1972), SEVA (1976), ALONSO-FERNANDEZ (1979), ESTRUCH y
CARDUS (1982), MARTI (1983), ROJAS (1984), etc...
Esta acumulaciôn de suicidios' entre las personas mayo
res se ha intentado explicar por una oonccmitancia de facto-
res como el mayor padecimiento de enfermedades dolorosas,
crônicas o incurables, hospitalizaciones, interveneiones
guirûrgicas, los efectos depresôgenos de ciertos medicamen-
tos aunplieunente utilizados entre sujetos de estas edades,
el sentimiento de inutilidad y desplazamiento social subsi-
guiente a la jubilaciôn que no se acompaha de suficiente ca
pacidad de sacar partido a muchas horas de ocio, desplaza
miento familiar, problemas econdmicos, falta de proyeccidn
hacia el future, pérdida de facultades fîsicas e intelectua
les, fallecimiento del cdnyuge, de amigos, etc...
Por tanto, los varones de edad avanzada serîan los
mâs expuestos. En nuestro estudio la tasa mâs elevada perte
nece a los varones de 80 a 84 ahos de edad, que alcanza lau
- 391 -
cifra de 90,25 suicidios anuales por cien mil habitantes;
diez veces superior a la de la poblacidn general (8,99).
En general, los varones mayores de 74 ahos presentan una
tasa anual muy elevada: 53,74 suicidios por cien mil habi
tantes. Entre las mujeres teunbiên aumentan las tasas a
partir de los 65 ahos, superando los 18 suicidios anuales
por cien mil habitantes, mâs de très veces superior a la
tasa total para mujeres (5,71), si bien estas no aumentan
progresivamente a partir de esta edad, siendo el grupo de
65 a 69 ahos el que acumula un mayor nûmero de suicidios;
lo que hace pensar que la mujer, una vez que llega a la
vejez, toléra mejor que el hombre este proceso evolutive,
tal vez, porque muchas circunstancias sean mâs favorables
y no se produzca un cambio a una forma de vida tan dife-
rente con en el caso de los hombres.
Los datos relacionados con el estado civil no ofre-
cen toda la significaciôn que deseariaunos, ya que en un
buen nûmero de los casos no se pudo conocer el estado ci
vil del fallecido. En cualquier caso obtenemos una mayor
frecuencia entre los viudos, y especialmente entre las
viudas. Esta notable influencia suicidôgena que comporta
la pérdida del cônyuge, ya descrita por DURKHEIM (1897)
sigue defendida por los autores actuales como DUBLIN (1963),
HARTELIUS (1967), FRANKE y Cols. (1977), ALONSO-FERNANDEZ
(1978), BOKANOVSKY (1980), BORG y STAHL (1982), etc...
- 392
Nosotros hemos hallado entre los viudos una relaciôn
aproximadaunente deldoble que la de la poblaciôn general,
similar a la obtendia por ESTRUCH y CARDUS (1982) , pero
muy diferente a la descrita por MARTI (1983) en Barcelo
na, el cual la encuentra diez veces superior a la de la
poblaciôn general. Coincidimos con los dos autores ci-
tados en no hallar diferencias ostensibles entre los sol
teros y casados, lo que no concuerda con la mayor pro-
tecciôn que se otroga a estos ûltimos por algunos auto
res como GOLDNEY (1981), AMARO y Cols. (1981), BORG y
STAHL (1982) o MARTI (1983) . No obstante puede deberse a
la elevada proporciôn de la muestra en que se desconoce
el estado civil.
Al estudiar en que période del ano se producla un
mayor nûmero de sucidios, encontramos que durante la prl-
mavera (abril, mayo y junio) se producla un ligero aumento
de los mismos, no significative, siendo Junio el mes en que
se producla una mayor acumulaciôn de casos. Posiblemente
esta mayor frecuencia del suicidio durante los meses prima
verales se deba a la mayor incidencia de los trastornos
psiquiâtricos durante esta estaciôn del ano, hecho que
Hipôcrates ya puso de manifiesto (ZILBORG, 1941). Tras
ESQUIROL y DURKHEIM muchos han sido los autores que han
vuelto a sostener este postulado hipocrStico como JACOBIZ-
393
NER y RABIN (1961), STENGEL (1965), LESTER (1971),
EASTWOOD y PEACOCKE (1976), ALONSO-FERNANDEZ (1979), ROJAS
(1984), etc... EASTWOOD y PEACOCKE (1976) describen ctro
pico también durante los meses de otoho, por igual que
MEARES y Cols. (1981) en las mujeres y MARTI (1983) para
la poblaciôn total. Sin embargo, muchos otros no encuen
tran, como nosostros, diferencias verdaderamente significa
tivas entre las diversas estaciones del ano; tal es el ca
so de ZUNG y Cols. (1974), FARBEROW y SCHNEIDMAN (1969),
GIACALONE y Cols. (1980), WIRE-JUSTICE y ARENT (1980),
PARKER y WALTER (1982), SCHONY y Cols. (1984), etc...
El dla de la semana durante el cual se consumô un
mayor nûmero de suicidios fué el miércoles (16,90%) y du
rante el que menos el sâbado (11,97%). Por lo tanto, ve-
mos como las diferencias tienen escasa relevancia. Resul
ta interesante, que el dla en que las mujeres consumaron
un mayor nûmero de suicidios fué el lunes (20%), mientras
que precisamente ese dla fué en el que consumaron menos
los hombres (12,70%); dato que puede estar en relaciôn con
que trabaja un menor nûmero de mujeres.
La técnica mâs utilizada fué la precipitaciôn, hecho
que destaca notablemente, ya que en la mayorla de las esta
dîsticas suele aparecer como técnica de tercer o cuarto
- 394 -
orden (O.M.S., 1976; GORCEIX y ZIMBACCA, 1968; SCHNEIDER,
1982; SCHONY y Cols., 1984, etc...), mientras que el ahor-
camiento por suspension suele ser la mis utilizada. La
ahorcadura aparece en nuestro estudio como la segunda tëc-
nica en frecuencia de utilizaciôn dentro de los suicidios
consumados, tras la cual vendrla la intoxicacidn y el uso
de armas de fuego. Los hombres usaron técnicas mâs vio
lentas que las muejres, tal como han destacado STENGEL
(1965) y POLDINGER (1969), siendo mâs frecuente entre es
tos la suspension, y sobre todo el uso de armas de fuego,
mientras que las muejeres recurrieron mâs al envenenamien-
to. Las intoxicaciones se llevaroh a cabo en numerosas
ocasiones mediante la asociaciOn de diverses tOxicos, y
fué una técnica mâs estudiada entre los jOvenes. La pre-
cipitaciOn fué mâs utilizada por los ancianos, tal vez
por su fâcil accesibilidad y alta mortalidad en una ciu
dad en la que abundan los edificios elevados. Tanto mâs
cuanto que la mayorla de estas precipitaciones se realiza
ron desde el propio domicilie del fallecido.
Entre las tentativas de suicidio estudiadas por mo-
sotros destaca su gravedad autolltica, que hizo imprescin
dible el ingreso hospitalario en la mayorla de los casos
estudiados, compuestos en casi una tercera parte por sui
cidios frustrados. En el grupo de alcohOlicos y drogadic-
- 395 -
tos fuê donde se acumularon mâs suicidios frustrados, por
el contrario que entre las neurosis y trastornos de la
personalidad.
Las técnicas mâs utilizadas durante la tentâtiva de
suicidio fueron la intoxicaciOn farmacolOgica (48%) y las
heridas por arma blanca (30%); la precipitaciôn (12%) y el
intento de ahorcadura (4%). En otros estudios también la
intoxicaciOn es la técnica mâs utilizada, pero de una for
ma mucho mâs representstiva, oscilando entre un 60% y un
90% (AUSINA, 1975; TURON, 1975; KOVACS y Cols., 1975;
SAINZ RüIZ, 1976; SARRO, 1981; GARFINKEL y Cols., 1982;
GARCIA-MACIA y Cols., 1984; BAKER, 1984; HANSEN y WANG,
1984; STERN y Cols., 1984; etc...)lo que se explica por,
tal como ya hemos dicho, tratarse nuestra poblaciôn de un
con]unto de intentos de suicidio mas graves que los que
suelen referirse en la mayorla de otros trabajos al respec
to, ya que la intoxicaciôn farmacolôgica suele ser la téc
nica que comporta una menor gravedad. Las técnicas mâs
duras y mortales fueron mâs utilizadas por esquizofrénicos
y deprimidos (ahorcadura, precipitaciôn...), las mâs agre
sivas (heridas) por alcohôlicos y drogadictos, mientras
que el grupo de neurosis y trastornos de personalidad re
currieron mâs a la intoxicaciôn farmacolôgica, tal como
cabla esperar dadas las respectivas caracterlsticas de los
diversos cuadros psicopatolôgicos.
- 396 -
La frecuencia de avisos directos de suicidio en for
ma de advertencies directes no llegô a la quinte parte de
los casos, por igual que sucediô en el estudio llevado a
cabo en Barcelone por GARCIA-MACIA y Cols. (1984), quienes
encontraron avisos en un 16,7% del total. Otros autores
como RINGEL (1961), STENGEL (1965) o FREEDMAN y Cols.(1982)
aportan cifras mucho mâs altas, alrededor del 75% por cons£
derar en su conjunto los avisos directos e indirectos de
suicidio.
Los pacientes habian acudido a un mêdico en gran pro
porciôn antes de realizar la tentativa de suicidio. Casi
una cuarta parte acudieron durante la semana anterior, y
mas de la mitad en el mes previo a la autoagresiôn. Cifra
similar a las aportadas por GOMEZ DUPERTUS (1977), HAWTON
y Cols. (1979), BORG y STAHL (1982) y ROY (1982), con la
particularidad de que en casi la mitad de los casos estos
médicos pertenecîan a la especialidad de psiquiatria. Por
tanto, hay que pensar en el momento actual, que los psiquia
tras han enfatizado las posibilidades preventivas del mêdi
co general, olvidândose tal vez un poco de las propias. Ten
gamos ademâs en cuenta que la importancia de los factores
psicopatolôgicos es marcada, ya que las très cuartas partes
habian recibido tratamiento psicofarmacolôgico con anterio
ridad, y aproximadamente la mitad ya habla estado ingresado
en algûn centro psiquiâtrico previamente.
- 397 -
Revisando los antecedentes psiquiâtricos de los "fami
liares significativos" (HEAD, 1972), encontramos que su
frecuencia era elevada entre los cônyuges (36,67%), y las
madrés de los pacientes (25%). As! mismo, no era demasia-
do raro que el cdnyuge hubiese realizado también alguna ten
tativa de suicidio (16,67%), por igual que la madre. Estas
dos figuras familiares aparecîan como las mâs destacadas,
dentro de un ambiente feuniliar, con un coraponente psicopato
lôgico transmisible (geneticcunente o no), donde el sujeto
puede aprender la conducts suicida o como una forma de sali
da ante una determinada situaciôn o como una forma de solu-
ci6n o de presiôn ante una problemâtica determinada, tal co
mo han puesto de relieve autores como BERGSTKAND y OTTO
(1962), DANTO y KUTSCHER (1977), ALONSO-FERNANDEZ (1978) y
GARFINKEL y Cols. (1982), entre otros. La frecuencia con
que nosotros hallamos antecedentes suicidas en la familia
es asdmilable a la de GARCIA-MACIA y Cols. (1984), e infe
rior a la de otros autores como MURPHY y WETZEL (1982),
MURPHY y Cols. (1982) o ROY (1983).
Los padres de nuestros pacientes habian fallecido ha
ce muchos anos con mâs frecuencia de la que correspondia a
sus respectivas edades, lo que habla en favor de la posi-
ble importancia de las pérdidas paternas durante la infan-
cia y de los hogares deshechos como factores predisponentes
- 398 -
al suicidio; tesis propuesta por ZILBORG (1936) y PALMER
(1941), que han venido conf irmando los estudios de nume
rosos autores como; WALTON (1958), TUCKMAN y CONNON
(1962), BRUHN (1962 y 1963), LAWLER y Cols. (1963),
SUTTER y Cols, (1964), GREER (1964 y 1966), GAULTIER y
Cols. (1965), DORPAT y Cols. (1965), STENGEL (1965),
JACOBIZNER (1965), WINN y HALLA (1966), HALDANE y HAIDER
(1967), KOHLER y CHAMBARD (1967), DUCHE (1968), SCHURT
(1968), SENSEMAN (1968), BIRTCHNELL (1970), LESTER (1970),
STANLEY y BARTER (1970), BARTFOS (1971), KOSKI (1971),
PECK y SCHRUT (1971), BRANZE y Cols. (1972), WEISSMAN y
Cols. (1973), SHAFFER (1974). CROOK y RASKIN (1975).
TOOLAN (1975), WEROY y PEDDER (1976), ROHN y Cols. (1977),
STANLEY y BARTER (1978), CRUMLEY (1979), GOLDNEY (1981),
etc...
Respecte de los "life events" o acontecimientos vi
tales prôximos de cierta importancia que hubiesen podido
favorecer o desencadenar la conducts autolltica; los pro
blemas con la pareja son los que aparecieron con mayor fre
cuencia (casi en la mitad de los casos), por igual ocurriô
en los trabajos de BRUHN (1962), OTTO (1965), KESSEL (1965),
WEITBRECHT (1965), KIELHOLZ (1967), POLDINGER (1969),
MORON (1977), PACHECO y Cols. (1981), SHNEIDER (1982),
SHNEIDMAN (1982), ROSENMAN (1983) y en los llevados a cabo
399
en Espana por ROJAS (1984), MILLA (1984) y GARCIA-MACIA
y Cols. (1984) . Tcunbiën, y por igual que en los trabajos
de los autores citados, los conflictos familiares eran los
segundos en importancia, afectando a una cuarta parte de
los casos, seguidos de los problemas profesionales y/o
econômicos. Destaca que los problemas con la pareja fueran
mucho menos frecuentes entre los suicidios frustrados que
entre las tentativas de suicidio; y que uno de cada cuatro
pacientes no relacionase con su conducts ningûn aconteci-
miento vital, opiniôn mas extendida entre esquizofrénicos,
alcohôlicos y drogadictos.
Esto concuerda con que en la muestra estudiada por
nosotros existiese un elevado nûmero de casados sin hijos;
poblaciôn mâs expuesta segûn WIENZ (1982), asi como de di-
vorciados, separados y/o anulados, por igual que en los es
tudios de STACK (1980), ROSENMAN (1983) y KENDALL (1983).
La mitad de los pacientes se quejaban de desplazamiento fa
miliar anterior a la tentativa, mas extendido entre los ca
SOS de menor gravedad autolltica.
También recogimos algunos aspectos sociales de los
ûltimos diez anos, que podîan orienter hacia una biografîa
diflcil e inestable, con dificultad para mantener una inté
grée iôn social adecuada, hallando que en aproximadamente
una tercera parte de los casos existîa una historié previa
'étj. fit
- 400 -
de inestabilidad laboral, con frecuentes caunbios de domici
lie. Mâs de la mitad de nuestra poblaciôn carecîa de traba
]o y tenlan porbleroas econômicos, confirmândose la importan
cia de una inestabilidad socio-laboral previa descrita por
ALONSO-FERNANDEZ (1978), la influencia suicidôgena que
SAINSBÜRY (1955), BRUHN (1962), KIELHOLZ (1967), WEISSMAN
(1974) y ROY (1982) atribuyen al desempleo, y STENGEL (1965),
POLDINGER (1969) y SCHNEIDER (1982) a los problemas econômi
cos . Casi un 4 0% de los pacientes estudiados se quejaban
de sufrir desplazamiento social y laboral durante el periodo
inmediatamente anterior a la tentativa de suicidio; a la vez
que expresaban en porcentajes similares sentimientos de in-
compresiôn, necesidad de ayuda y de estimaciôn. Esto ûltimo
estaba mâs présente entre los casos menos graves, quienes ex
presaban sentimientos de odio y verguenza hacia los demâs,
por el contrario que los suicidios frustrados; situaciôn que
parece desvelar la vertiente de autoagresiôn como forma de
dahar o culpabilizar a los demâs,a travês de la conducta sui
cida.
La soledad, considerada por muchos (KIELHOLZ, 1967;
POLDINGER, 1969; GAZZANO, 1973; ALONSO-FERNANDEZ, 1978;
ROY, 1982; ROJAS, 1984, etc...) como uno de los factores que
mâs favorecen el suicidio, también estaba representada en
nuestro trabajo. Casi una cuarta parte vivian solos durante
el periodo en que realizaron la tentativa de suicidio, siendo
este porcentaje mâs elevado entre los suicidios frustrados.
- 401 -
esquizofrénicos y deprimidos. Si bien, mâs de la mitad expre
saban un marcado sentimiento de soledad.
La tristeza era reflejada en proporciôn muy similar a la
de la desesperanza, y en cualquier caso en mâs de un 60% de
los casos, confirmândose la tesis de BEDROSAIN y BECK (1979)
sobre la importancia, cara al suicidio, de la desesperanza,
entendida como "espectativas negatives hacia el future", te
sis también confirmada en los recientes estudios de ROOSE y
Cols. (1983) y de DYER y KREITMAN (1984). La desesperanza
fué mâs frecuente entre los suicidios frustrados. Otros sen
timientos frecuentemente expresados fueron la necesidad impe-
riosa de huir de la situaciôn (40%) y el agotamiento insupera
ble (30%), con mayor representatividad aûn entre los suicidios
frustrados; lo que hace pensar que en no pocos casos la conduc
ta suicida surge de la imposibilidad de hacer frente a la situa
ciôn vivenciada como insoportable e inmodificable por sujeto,
que, tal como ha dicho ALONSO-FERNANDEZ (1978), busca bâsicaunen
te cambiar la situaciôn. Los sentimientos de culpa y de fraca-
so existencial estuvieron présentes en mâs de una tercera parte
de los casos, por igual que el de frustraciôn, el cual, estuvo
mâs representado entre los casos menos graves, apuntando hacia
una intencionalidad suicida de carâcter reactivo.
Casi la mitad de los pacientes padeclan alguna enferme-
dad corporal durante el dla que intentaron suicidarse, sien
do este dato mâs frecuente entre los deprimidos y sobre todo
entre las tentativas de mayor gravedad, ya que el 75% de los
402 -
suicidios frustrados padeclan alguna enfermedad de Indole so
mâtica, lo que confirma la importancia que han otorgado a e£
te capitule autores como SAINSBURY (1955), COHEN (1961),
LITMAN y FARBEROW (1961), STENGEL (1965), KIELHOLZ (1967),
POLDINGER (1969), GAZZANO (1973), KUBLER-ROSS (1974), PAYKEL
y Cols. (1975), MORON (1977), ALONSO-FERNANDEZ (1978),
OKHASA y Cols. (1981), PACHECO y Cols. (1981), ROJAS (1982),
SHNEIDMAN (1982), GARCIA-MACIA y Cols. (1984), CARBONEL
(1985), etc... Sin embargo, solamente un tercio de la mues
tra global concedlan a este dolor o molestias somâticas una
cierta relevancia.
La autoagresiôn fué llevada a cabo bajo tres modè
les diferentes, aproximadamente igual de representados, se
gûn nos lo referlan los propios sujetos. En unos casos se
tratô de un acto impulsive, similar a las reacciones en cor-
toc ircuito descritas por POLDINGER (1969). Los intentos me
nos graves eran los que en mayor nûmero habian sido llevados
a cabo de esta manera, que también era mâs frecuente entre
las neurosis y trastornos de la personalidad.
En otros casos, se tratô de un acto que fué llevado
a cabo con gran serenidad, de forma similar a lo que ALONSO-
FERNANDEZ (1978) ha denominado suicidios reflexivos. Esta mo
dalidad fué mâs comûn entre los diagnôsticos de depresiôn.
403 -
neurosis y trastornos de la personalidad. Por ûltimo hubo
otro grupo que refiriô haber realizado el intento de suici
dio bajo una situaciôn de cierta confusiôn, en la que no sa
blan muy bien lo que hacîan. Este tercer tipo fué mâs fre
cuente entre los suicidios frustrados y entre los diagnôst^
COS de alcoholismo y drogodependencia.
Preguntando a los pacientes sobre su situaciôn tras
la tentativa, éstos afirmaron continuar con la misma triste
za y desesperanza que tenlan anteriormente a la realizaciôn
del intento. Estos estaban particularmente présentes entre
los deprimidos, por igual que los sentimientos de culpa y la
falta de fuerzas para vivir. Entre los alcohôlicos y droga
dictos la desesperanza también era muy marcada. El despre-
cio de si mismo fué mâs comûn entre los esquizofrénicos.
También continuaban igualmente présentes los senti
mientos de soledad (63%), especialmente entre deprimidos, a^
cohôlicos y drogadictos, la necesidad de estimaciôn (50%) de
ayuda (4 8%), la incomprensiôn (4 8%), sobre todo entre alcohô
licos, drogadictos, neurosis y trastornos de personalidad,
y la necesidad de comunicaciôn (44%). Entre los intentos me
nos graves, casi una tercera parte achacaba a personas con-
cretas la responsabilidad de su autoagresiôn, culpabilizândo
las, y otros responsabilizaban a la sociedad. Sin embargo,
esto no ocurriô en ninguno de los intentos clasifidos como
404
suicidios frustrados, lo gue nos orienta hacia una mayor
gravedad autolltica en los casos en que la agresividad gue
da totalmente dirigida hacia el propio sujeto. Entre los
deprimidos estaba bastante extendida la creencia de servir
ûnicamente para provocar dano a los demâs (30%) por el con
trario que en el resto de los grupos.
Muy pocos pacientes sentlan gue su situaciôn psicolô-
gica habla mejorado tras la tentativa; por el contrario, mu
chos declan que segulan igual de mal en este sentido, y en-
cima tenlan que soportar las lesiones que el intento de su^
cidio habla traido consigo. Menos de.un 10% de los casos
viviô la autoagresiôn como un desahogo, es decir, como una
descarga de su tensiôn emocional; por lo que parece que la
tesis de STENGEL (1965) sobre el efecto catârtico bénéficie
so que comporta en si la misma tentativa por liberaciôn de
impulses agresivos dirigidos contra el yo en una explosiôn
emocional, solo sucede en.un nûmero ' reducido de
casos. Lo mismo podemos decir de las mejorlas postentativa
descritas por GIACALONE y Cols. (1980) y por PARKER (1981).
Entre nuestros pacientes fué muy frecuente que hubie
sen realizado alguna otra (un 14% mâs de diez) tentativas de
suicidio previo, siendo mâs de la mitad los que ya se habian
intentado suicidar con anterioridad, lo que concuerda con
- 405 -
los trabajos de KOVACS y Cols. (1976), BANCROFT y MASACK
(1977), BAKER (1984) y GARCIA-MACIA y Cols. (1984) resultan-
do ligercunente superior a la de otros trabajos llevados a ca
bo en nuestro pais como los de SARRO y Cols. (1979) y
BELTRAN y Cols. (1984), que situan la cifra alrededor del
40%. Entre los alcohôlicos y drogadictos era mucho mâs fre
cuente esta historia suicida previa que entre los deprimidos.
Tiene especial importancia el tiempo que habla transcu
rrido desde la ûltima tentativa de suicidio anterior. En un
14% no llegaba a una semana, y en un 30% al mes. En mâs de
la mitad de los casos el intento previo habla sido efectuado
dentro de los tres meses inmediatamente anteriores a la tenta
tiva actual. Estos datos son comparables a los obtenidos en
Espaha por SARRO y Cols. (1979) y confirman el periodo de
riesgo de tres meses defendido por FREEDMAN y Cols. (1982).
Estos datos pueden ayudar a valorar la efectividad del trata
miento propuesto y aplicado por nosotros, ya que tan solo dos
pacientes repitieron su conducta suicida durante este periodo
de los meses posteriores a la tentativa de suicidio estudiada
por nosotros; es decir, mucho menos de lo que hubiese cabido
esperar. Tengamos en cuenta ademâs, que dentro del primer
dla posterior a la tentativa de suicidio, mâs de una cuarta
parte de los pacientes afirmaban estar decepcionados por ha
ber fracasado en el intento, e incluso mâs de un 15% expresa
ban abiertamente sus deseos de intentar de nuevo acabar con
406 -
SU vida. Este dato era mâs frecuente entre los deprimidos.
Muchos otros se mostraban indiferentes por haber salvado la
vida, y solcunente un 13% declan alegrarse por este hecho.
Por tanto hay que pensar que el tratamiento aplicado
ha resultado ûtil en la prevenciôn del suicidio y de las ten
tativas de suicidio, la cual debe incluirse también dentro
de la prevenciôn del suicidio segûn la O.M.S. (1976). Estos
rendimientos preventives se acompaharon de la mejorîa en los
parâmetros elegidos para valorar la évolueiôn, los cuales
guardaban estrecha relaciôn con los objetivos fundamentales
de la labor terapeûtica.
Durante la primera entrevista llevada a cabo con el pa
ciente tras su intento de suicidio, el parâmetro que valoraba
las ganas de vivir indicaba que no todos los pacientes afirma
ban no tener deseos de seguir viviendo, sino que aproximada
mente una cuarta parte de los casos declan tener bastantes de
seos de vivir; esto ûltimo era muy frecuente entre la mayorla
de los esquizofrénicos. Sin embargo, estos presentaban las
diferencias mâs llamativas respecte de integraciôn social y
familiar. La salud general estaba mâs deteriorada entre los
deprimidos, que también tenlan la sintomatologla psiquiâtrica
mâs exacerbada, junto con los esquizofrénicos. La desesperan
za era muy représentativa en todos los subgrupos. Las dife
rencias en relaciôn con la gravedad del intento fueron muy e£
casas.
407
Segûn se fué aplicando el tratamiento propuesto por no
sotros se obtuvo una mejorîa progresiva en todos los parâme
tros en general. La integraciôn social y familiar no mejorô
hasta pasados 15 dlas en los suicidios frustrados, lo mismo
ocurriô con las tentativas pero solo respecto de la integra
ciôn familiar.
La ëunpliaciôn en dos meses mâs del tratamiento propue£
to por nosotros favoreciô una gran mejorîa en la integraciôn
social de los pacientes que habîan realizado un suicidio
frustrado; integraciôn social que no se pudo alcanzar, hasta
un punto satisfactorio, durante el primer mes de tratamiento.
También el grupo de tentativas de suicidio experimentô una
Clara mejorîa tras los dos meses adicionales de tratamiento,
excepto en lo que a integraciôn familiar se refiere, parâme
tro que destacô como el de evoluciôn menos favorable dentro
de este subgrupo.
El estableciraiento de una unidad de suicidologîa resul-
tô mostrarse ûtil dentro del contexto de un hospital general,
para atender y prévenir las conductas suicidas en sus tres
vertientes fundamentales (suicidios consumados, frustrados y
tentativas de suicidio). Pudimos observer como para el buen
funcionamiento de una unidad de esta îndole, resultaba extraor
dinariamente beneficlosa una buena coordinaciôn principeImen-
- 408 -
te entre los servicios de urgencîas, de unidad de cuidados
intensivos y de psiquiatria dentro del propio hospital; ya
que la aplicaciôn precoz, es decir inmediatcunente posterior
a la tentativa, del tratamiento propuesto por nosotros faci
litaba un proceso evolutivo favorable, de acuerdo con la op£
niôn de MORON (1977); ademâs de servir para evitar la disper
siôn de pacientes por otros servicios de atenciôn mêdica no
especializados en conductas suicidas, asl como la repeticiôn
de la conducta autolltica a que algunos de estos pacientes
parecen verse abocados cuando no se sienten correctamente
atendidos, hecho en el que han hecho incapié los pacientes
protagonistes de las tentativas de suicidio menos graves,
pero mâs numerosas.
Por otro lado hemos podido comprobar con SARRO (1985)
que el agrupamiento de pacientes suicidas, cara al tratamien
to, constituye una técnica netamente beneficiosa, especial
mente en lo que se refiere a psicoterapia de grupo, observân
dose efectos claraunente favorables a partir de la segunda o
tercera sesiôn.
Finalraente,el estudio estadlstico que hemos llevado a
cabo nos ha servido para confirmât que el mantenimiento de la
divisiôn entre suicidios frustrados y tentativas de suicidio
no adquiere peso estadlstico suficiente. Vemos, pues, que
posteriormente, lo que nosotros hemos definido desde el punto
de vista clînico no tiene una entidad claramente diferenciada
en lo que al grupo analizado por nosotros se refiere. También
hay que hacer notar que la representaciôn nuestra viene condi-
- 409 T
clonada por la diflcultad de estudio de este grupo de enfermos
y por el hecho de que tan solo el 50% de los que fueron identi-
ficados en urgencias acudieron a nuestro progreuoa de tratamien-
to. A su vez, el hecho de que una gran parte de los pacientes
con tentativas de suicidio sean atendidos en centros donde no
existe servicio de psiquiatria, y de que incluso en nuestro
hospital, algunos de los casos hayan sido directamente resuel-
tps por especialistas en medicina interna, hace que nuestro
peso no haya sido colocado en la representatividad de la mues
tra de tentativas de suicidio (Estudios II y III), y que por
lo tanto defendamos, como asl se deduce de las medidas de aso-
ciaciôn matemâtica realizadas, tan solo, la validez intrlnseca
de nuestros datos, que puede ser una aportaciôn a la formula-
ci6n doctrinal de la introducciôn de este trabajo.
Si bien la crltica fundêunental viene condicionada por el
tipo de muestra elegida, el anâlisis estadlstico llevado a ca
bo para evaluar la eficacia preventiva del tratamiento aplica
do por nosotros, habla de una alta efectividad y de elevadas
probabilidâdes en la generalizaciôn de los resultados a pesar
de esta crltica muestral. El diseno de nuestro trabajo, puede
resultar enriquecedor en el contexto actual, y la multiplicidad
de estudios abre todo un campo de interrogantes y soluciones,
sobre las que se continua investigando en nuestro departamento.
En estudios posteriores verificaremos con una muestra mâs
amplia y con un seguimiento mas prolongado, estas hipôtesis
que en el momento actual nos parecen esperanzadoras.
- 410 -
G.- CONCLUSIONES;
1-.- El suicidio consumado es mâs frecuente en la ciudad
de Madrid de lo que reflejan las cifras aportadas por
el Institute Nacional de Estadistica de Espaha. Hay
factores demogrâficos que delimitan, desde el punto
de vista epidemiolôgico, una poblaciôn con mayor rie£
go, como son; pertenecer al sexo masculine, ser viudo
y tener una edad avanzada; entre otros. La précipita
ciôn desde las alturas es la técnica mâs empleada en
los suicidios consumados en la ciudad de Madrid.
2-.- Los antecedentes psicopatolôgicos y suicidas de la fa
milia, el cônyuge y del propio sujeto pueden favorecer
el ulterior desarrollo de conductas suicidas, asl como
la pérdida de los padres durante la infancia. También
parecen actuar en este sentido la inestabilidad y de-
sintegraciôn socio-laboral, determinados acontecimien
tos vitales (sobre todo los relacionados con problemâ-
ticas de Indole amorosa y familiar), y las enfermeda-
des de estirpe somâtica.
3-.- Aunque no parece existir una estructura psicopatolôgi-
ca homogénea definitoria de la conducta suicida, pare
ce que algunos sentimientos, sobre todo la soledad y
la desesperanza estân présentas con mucha frecuencia
en el periodo inmediatamente anterior a la realizaciôn
- 411 -
del suicidio; dentro de una situaciôn biogrSfica-
existencial vivida como insostenible e insuperable.
4-.- El paso al acto autoagresivo suele llevarse a cabo
en tres modalidades bâsicas: bien de un modo impuls£
vo, de forma reflexiva, o bien en un estado de cierta
confusiôn en la que el sujeto no sabe bien lo que ha
ce. Tras el intento sucida en muy pocos casos varia
espontâneêunente la situaciôn psicopatolôgica del indi
viduo.
5-.- A pesar de la importante diferencia cllnica que exis
teentre los suicidios frustrados y las tentativas de
suicidio propiamente dichas su evoluciôn y respuesta al
tratêimiento son muy similares. Tampoco hemos hallado
grandes diferencias en lo que se refiere a las caracte
rlsticas psicopatolôgicas que ofrecen ambos subgrupos.
Entre las tentativas, el acto suicida tiene un carâcter
mâs impulsive, la agresividad se dirige mas hacia el me
dio externe y los problemas de Indole amorosa y fami
liar tienen un papel mas relevante. Entre los suici
dios frustrados el acto suicida tuvo un carâcter mâs
confuse , estaba mâs relacionado con enfermedades corpo
raies y el papel de la desesperanza fué mucho mâs rele
vante que en las tentativas de suicidio.
- 412 -
6-.- La entidad psicopatolôgica de base moldea en cierto
modo algunas caracterlsticas del acto suicida. Entre
los depresivos destacaron especialmente los sentimien
tos de culpa, soledad e inutilidad. La energla y las
enfermedades somâticas estuvieron mâs présentes entre
ellos. Entre los diagnôsticos de neurosis y trastor
nos de la personalidad predominô el sentimiento de in
comprensiôn y la necesidad de ayuda y estimaciôn. En
tre ellos destacô la influencia de los "life events".
Alcohôlicos y drogadictos acumularon un mayor nûmero de
tentativas previas, y se quejaban de una gran incompren
siôn; el paso al acto suicida fuê llevado a cabo bajo
un estado de cierta confusiôn. Entre los esquizofrêni-
cos la agresiôn se relacionô en menor medida con aconte
cimientos vitales prôximos y mâs con fuertes sentimien
tos de soledad, falta de integraciôn socio-laboral y la
gravedad de su trastorno psiquiâtrico.
7-.- LOS médicos en general, y especialmente los psiquiatras
tienen grandes posibilidades de intervenciôn en la pre
venciôn del fenômeno suicida, ya que un buen nûmero de
las personas que intentan suicidarse acuden a ellos po- ,
co antes de realizar su autoagresiôn.
8-.- La aplicaciôn a las personas que hayan intentado suici
darse de un tratamiento semi-estructurado especifico que
- 413 -
contemple la vertiente farmacolôgica, psicol6gica y so
cial de la psiguiatrîa puede resultar de utilidad para
evitar la repeticiôn de las conductas suicidas y para
conseguir el restablecimiento y reinsercidn del pacien-
te suicida.
El establecimiento de una unidad de suicidologîa dentro
del departamento de psiguiatrîa y psicologla médica de
un hospital general, que mantenga una especial conexiôn
con los servicios de urgencies y unidad de cuidados in
tensives del mismo, puede resultar muy ûtil en lo que se
refiere a prevenciôn, asistencia e investigaciôn de los
actos suicidas.
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