LOS FUNDAMENTOS DE LA GRACIA
Introducción:
Este material no pretende ser un estudio amplio y exhaustivo sobre los temas
que aqui se plantean, sino más un medio para provocar en los participantes un
hambre y compromiso para estudiar, revisar, rectificar e implementar los
diferentes aspectos en que debemos edificar la fe de los santos según las
inescrutables riquezas de la gracia de Cristo.
El diccionario Larousse dice que fundamento es “El principio o cimiento en que
se apoya y se desarrolla una cosa. Motivo principal o razón básica de una cosa”.
La importancia para entender los fundamentos es que ellos determinan el
sistema de creencias, principios y valores en que se sostiene nuestra fe, definen
la naturaleza y gobierno en que se desarrolla la iglesia, establecen las directrices
de lo que es nuestra misión y son el soporte en el cual se levantan los pilares y
estructura de amarre para la edificación de la Iglesia.
Lamentablemente hoy vemos que no se edifica la iglesia sobre la base de un
fundamento concreto, unificador y sólido, puesto que se ignora la realidad del
mismo y se confunde el fundamento apostólico con los argumentos teológicos o
rudimentos religiosos.
Razón tuvo David cuando dijo: “Si fueren destruidos los fundamentos, ¿qué ha
de hacer el justo? (Salmo 11:3)
¿Que Es La Gracia?
La gracia es Dios mismo concedido en Cristo por amor, con todas sus riquezas
eternas y espirituales en los hombres. Gracia no es un favor ganado, merecido,
trabajado, o actuado por el hombre. Pablo lo dijo en Efesios 2:8-9 “Por gracia
sois salvos por medio de la fe”.
Definimos la gracia como “Todo regalo o don no merecido”. Jesucristo es “el
don” no merecido por ningún pecador”, porque Dios lo envió al mundo por amor
y por medio de El recibimos todo lo mejor de Dios (1ª Corintios 9:15).
El medio que Dios ha establecido para que los hombres recibieran las riquezas
de su gracia, es la fe en Cristo. Nadie de ninguna iglesia, denominación ni
religión es nunca jamás salvo por méritos, esfuerzos, obras, sacrificios, ayunos,
vigilias, penitencias o cualquier otro tipo de esfuerzo de parte de una obra
religiosa.
Pablo habló de la palabra “gracia” para indicar lo contrario de obras y méritos
“Por gracia sois salvos...no por obras”. La gracia y el mérito no tienen conexión
en el mismo acto. Son contrarias como la luz y las tinieblas. Pablo dice en
Romanos 11:6 “Si es por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya
no es gracia”.
La gracia no depende del mérito humano, porque la gracia es completamente
libre de toda influencia humana. Nada que trate de negociar o manipular a Dios
es gracia. No hay recompensa alguna para alcanzar la gracia de Dios.
Gracia es contrario a salario. Cobramos un salario porque hemos hecho un
trabajo, lo hemos ganado y lo merecemos debido al esfuerzo realizado. Gracia
es recibir algo no ganado ni trabajado. En el Nuevo Testamento vemos un
marcado contraste bíblico entre “Gracia” y “Mérito”
La historia de un ministro que salía con su hijo de predicar como invitado en una
Iglesia ilustra la operación de la gracia de Dios.
Dicho predicador tuvo que exponer la gracia de Dios mientras su pequeño se
comportaba desordenadamente; y luego del servicio, estando en el auto, el
predicador recordó lo que había enseñado y dijo a su hijo: quieres Juicio
(castigo), Misericordia (pasar por alto y tratarlo bien) ó Gracia (no castigarlo,
tratarlo bien, llevarlo a una juguetería y darle un regalo).
Según la anécdota, el niño entendió la gracia de Dios en Cristo y no volvió a
comportarse mal en la congregación.
Así que, gracia es el favor eterno y totalmente gratuito de Dios, manifestado en
la concesión de bendiciones espirituales y eternas a las criaturas culpables e
indignas.
La vida cristiana solo se da por medio de la gracia, se sostiene por gracia y se
culmina por gracia; por ello es que este atributo esencial de la naturaleza y
carácter de Dios debe ser entendido y conocido para ser realmente valorado,
disfrutado y reconocido.
El Significado De Gracia En El Antiguo Testamento
La gracia es mencionada sólo 38 veces en el Antiguo Testamento con el énfasis
en las obras de Dios, no en las del hombre. En el idioma hebreo en que fue
escrito el Antiguo Testamento hay tres términos para el concepto de “gracia”.
a)- Jen: del verbo “Janán”, que significa: mostrarse generoso o propenso a
dispensar favores. “Jen significa “gracia” en el sentido de “hacer un favor por
benevolencia”.
Un ejemplo de gracia lo vemos en (Génesis 6:8) “Pero Noé halló gracia ante los
ojos de Jehová”.
b)- Jesed: que significa: caridad, misericordia en el sentido de redención. Un
ejemplo de gracia o de jesed lo vemos en (Éxodo 20:6) “y hago misericordia a
millares”.
c)- Ratsón: que significa: aceptación, buena voluntad, contentamiento. Un
ejemplo de gracia o de ratsón lo vemos en (Isaías 60:10) “mas en mi buena
voluntad tendré de ti misericordia”.
Estos tres términos de gracia en el Antiguo Testamento revelaron la acción del
amor, la gracia y la misericordia de Dios para con su pueblo Israel. Pero la
primera muestra de gracia la vemos en (Génesis 3:15) donde Dios promete a la
humanidad por un acto de amor y de gracia, la promesa de un redentor.
El Significado De Gracia En El Nuevo Testamento
El Nuevo Testamento hace abundantes referencias a la gracia que se le otorga
al hombre a través de Jesucristo. Ningún código de leyes ni de actos humanos
puede asegurar nuestra salvación (2ª Timoteo 1:9). En el Nuevo Testamento
siempre el término Kháris se refiere a la “gracia”, pero este término tiene varios
sentidos:
1)- Encanto: que significa atractivo. La gente dice !Que gracia tiene dicha
persona! Lo que quiere decir es que, encanto tiene. Otros dicen !Me ha caído en
gracia! Lo que quieren decir es !Me agrada tal persona!. Un ejemplo de esto lo
vemos en Lucas 4:22; Colosenses 4:6.
2)- Agradecimiento: que es una señal de gratitud. Este término se emplea para
expresar la reacción emocional de alguien que ha recibido un favor. Un ejemplo
lo vemos en Lucas 17:9; Romanos 6:17.
3)- Favor: esta es la típica expresión de la gracia. Es un término que expresa
una actitud favorable, soberanamente libre, totalmente gratuita de Dios hacia los
hombres. Cuando esta actitud de “favor” pasa a la acción, conlleva dos sentidos:
a)- Don salvífico: este don de gracia es para salvación (Efesios 2:8) “por gracia
sois salvos”. Aquí vemos la gracia en acción. Pablo utilizó este vocablo “don
salvífico” para referirse a la liberalidad de los fieles de Corinto, (1ª Corintios 16:3)
“para que lleven vuestro donativo a Jerusalén”.
b)- Habilidad para actuar: la gracia aquí es el “poder” que habilita al hombre para
actuar por encima de sus fuerzas naturales (1ª Corintios 15:10; 2ª Corintios
12:9-10)
La Gracia Expresada En El Evangelio
Al observar la manifestación de esta gracia indudablemente recurrimos a un
texto que sintetiza tanto la fuente, como el alcance, el mediador y el receptor de
esta maravillosa gracia, y se encuentra en Juan 3:16 que dice: “Porque de tal
manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo
aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”.
En este grandioso versículo encontramos los siete tópicos de la gracia que se
resumen en cuatro expresiones de amor:
A)- “De tal manera amó Dios al mundo”:
En estas siete palabras vemos expresada la gracia de Dios. El manifestó al
mundo, que incluye tanto a la humanidad como al cosmos creado, su acción
redentiva por obra de su sublime amor, porque este era el mundo que según
Pablo en 2ª Corintios 5:19 iba en la cruz a reconciliar consigo mismo, no
tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados.
Después de que el pecado fue quitado de en medio según Hebreos 9:26, ya no
queda más conciencia por el pecado, una vez limpios por la sangre de
Jesucristo (Hechos 10:2).
B)- “Que ha dado a su Hijo Unigénito”:
Estas son otras siete palabras que revelan el inefable don del Padre. El don del
Padre “dio” por gracia y para gracia a su Hijo al mundo o a los hombres. Dio a su
Hijo unigénito Hijo para engendrar una congregación de hijos primogénitos
(Hebreos 12:23) lo dio en sacrificio, tal como Abraham dio a su Hijo Isaac en el
monte Moriah en sacrificio.
Dios mismo se hizo carne (2ª Timoteo 3:16; Juan 1:14) despojándose
temporalmente de sus atributos divinos para cumplir la misión por amor de la
redención del hombre (Filipenses 2:7-8), llegando al clímax de su misión en “la
cruz del calvario”, donde hizo la obra completa de su salvación en favor del
mundo o de los hombres (2ª Corintios 5:21).
C)- “Para que todo aquel que en El crea”:
De nuevo, vemos siete palabras de gracia que declaran que no todos los
hombres que él amó creyeron ni se salvaron en el primer siglo, ¿Por qué?
Porque según Juan 1:11 a lo suyo vino, y los suyos (los judíos) no le recibieron.
Estos que no le recibieron fueron la cizaña, los cabritos, y los vasos de ira que
Dios preparó para destrucción según Romanos 9:22. Pero los que creyeron de la
nación de Israel y de entre los gentiles que oyeron la palabra de gracia, fueron
declarados trigo, ovejas y vasos de misericordia que Dios de antemano preparó
para Su gloria (Romanos 9:23).
Estos trigo, ovejas y vasos de misericordia son los que habló Pablo en Romanos
8:29-30 cuando dijo: “A los que antes conoció, también los predestinó...los
llamó...los justificó...a éstos también glorificó”.
D)- No se pierda más tenga vida eterna”:
Finalmente encontramos otras siete palabras de gracia. Palabras que nos
muestran el espantoso estado y destino en que quedaron aquellos que
rehusaron creer en la salvación en Cristo, cuando vino la ira de Dios en juicio
sobre los incrédulos en el año 70 d.C. momento en que Jerusalén fue destruida
y del templo no quedó piedra sobre piedra.
Pero la fe en Jesucristo libró a los creyentes de ese juicio y ellos entraron en
vida eterna, ¿Qué es la vida eterna? Es la misma vida de Dios, es el mismo
conocimiento de Dios y de Jesucristo. Esta vida eterna “zoe aiónios” estaba
ulteriormente en el verbo (Juan 1:14) desde toda la eternidad y que hace dos mil
años se manifestó en el tiempo para traernos esa vida en abundancia (Juan
10:10). Esta es una vida que nunca se marchitará jamás (Juan 10:28 y 11:26).
El conocimiento de Dios nunca se acaba Juan dice: “El que tiene al hijo, tiene la
vida; el que no tiene al hijo de Dios no tiene la vida” (1ª Juan 5:11,12). El que
tiene Su conocimiento, tiene Su vida.
Esta maravillosa gracia fue:
a- Revelada por Cristo (Juan 1:17; Romanos 1:5)
b- Dada por la fe en los méritos, obediencia y acción redentora de Jesucristo
(Romanos 3:24 y 5:21).
c- Es una gracia en Cristo solamente, en quién estamos “agraciados” no
desgraciados (Efesios 1:6-7).
d- Es un estado de reposo del cristiano (Hebreos 4:9-10; Romanos 5:2).
e- Es una gracia en que los frutos han de verse (1ª Corintios 7:19; 2ª Corintios
5:17; Gálatas 6:15).
f- Es una conducta digna de un hombre de gracia en Dios (2ª Pedro 1:4).
h- La gracia fluye de la elección de Dios y se hace efectiva por el soberano
llamamiento de Dios (Juan 6:44; Efesios 2:8; 1ª Tesalonicenses 1:5).
h- Ante la gracia, no podemos permanecer pasivos (1ª Corintios 10:12 y 15:10;
2ª Corintios 6:1; 2ª Tesalonicenses 2:15). Una acción que no disminuye la fuerza
de la gracia ni la seguridad del cristiano.
i- La gracia, es el evangelio de las buenas nuevas de salvación y de las
inescrutables riquezas de Cristo (Hechos14:3, 20:24,32, Efesios 3:6-10).
La Fuente De La Gracia
En el Nuevo Testamento esta gracia, es llamada “gracia de Dios” - “gracia de
Cristo” - “gracia de nuestro Señor Jesucristo”.
La preposición DE indica un sentido de procedencia y pertenencia, por eso no es
la gracia de Agustín, ni la gracia de Calvino, ni la gracia de Spurgeon, ni la gracia
de Lutero, ni la gracia de los supuestos apóstoles contemporáneos que se
atribuyen a que ellos la han venido a revelar, sino la gracia de Dios!
Es Dios quien nos revela su gracia, ¿quién más? No se trata de La Gracia sino
de su gracia. El artículo definido hace de la gracia un ser. La idea es hacer caer
en la cuenta a predicadores que hacen de ciertos temas, EL TEMA. Dejando a
Dios muchas veces de lado o usando a Dios para garantizar al auditorio que son
bibliocéntricos. El asunto es que esto los hace dogmáticos, cuando leen en la
Biblia cualquier pasaje lo fuerzan para que justamente diga lo que ellos con sus
gafas sectarias le imponen al texto su interpretación. En este sentido hacemos
de la gracia una desgracia y de la verdad una mentira.
La fuente de la gracia no es ni será jamás ni nunca un hombre, es Jesucristo
autor y consumador de la gracia. No ha existido cristiano alguno en la faz de la
tierra que por sus labios no haya pasado la palabra “Gracia”. Pocas veces usted
leerá el Nuevo Testamento sin encontrarse con la palabra maravillosa de la
gracia. Aún los mismo saludos de los apóstoles comienzan y terminan diciendo
“Gracia y paz de Dios a todos vosotros”.
El evangelio de la gracia es un mensaje que en su amplitud de doctrinas es poca
enseñado a plenitud en las iglesias cristianas, es más, es una verdad tan poco
comprendida en nuestros círculos cristianos, que muchos líderes en lugar de
estudiarla la maltratan, la condenan, y la rechazan por miedo a que la gracia de
Dios produzca en sus ministerios e iglesias ciertos cambios radicales en su
tradición y liturgia.
Hay muchos agresivos de la gracia, que la han estigmatizado. Hay otros
graciosos que la han dañado con sus fanfarronerías estúpidas. Pero la mayoría
pretenden sepultar esta hermosa palabra ¡Gracia!, que su esencia es el
completo y puro evangelio del nuevo pacto para la Iglesia neotestamentaria.
Lo más triste es que hoy en día se han levantado algunos susodichos
“Apóstoles” de la gracia que son unos “faraones” que le han arrebatado esta
fuente de gracia al mismo Señor Jesucristo. Y hay otros peleles de la pseudo
gracia que se han dejado lavar el cerebro con tonterías de sus líderes que se
creen los dueños de la gracia que es de Dios. Y finalmente se encuentran los
cabecillas de la teología que han decidido analizarla en debates para cuestionar
y no dejar que la gracia de Dios reine en sus vidas. Discuten su terminología
hasta enterrarla o llevarla a la tumba de sus propios criterios.
La gracia de Dios no es para contender con ella ni para dividirse por ella. La
gracia de Dios no permite el rechazo de los demás, ni la excomunión publica de
un miembro del cuerpo de Cristo. Como hijos de un mismo Padre y hermanos de
un mismo Cristo no podemos caer en el legalismo tradicionalista de la Iglesia
Católica, quién se opuso a la Reforma de la fe en el Siglo XV condenando en
debates y concilios a hombres como John Wiclef, Jan Huss, Jerónimo
Savaranola, Martin Lutero, Ulrico Zwinglio, Jean Calvino, Teodoro de Beza etc.
Pero tampoco caer en el legalismo de la gracia como Calvino y otros que
persiguieron y mataron a otros hermanos en Cristo, que pensaron de forma
distinta con respecto a los cinco puntos que según ellos definían la doctrina de la
gracia.
Cuando nos valemos de una hermenéutica dogmática para interpretar las
riquezas de la gracia quedamos muy limitados y prejuiciados para conocer los
distintos matices de esta grandiosa joya del Rey, que como un diamante
expuesto al reflejo del sol nos da variados y hermosos destellos.
Pablo dijo “Ninguna condenación (excomunión) hay para los que están en Cristo
Jesús” (Romanos 8:1). La gracia es una fuente de vida. No es una doctrina para
ser discutida sino una verdad para ser vivida. La gracia que no se recibe o se
expresa es un cadáver. Matamos la gracia, cuando la negamos. No podemos
perder el tiempo discutiendo por ella, es mejor disfrutarla.
El moderno cristianismo no puede reducir la vida de la gracia a un reglamento
rígido denominacional, a una tradición muerta, ni a una serie de rudimentos
externo simbólicos y religiosos. No podemos convertirnos en predicadores de
reglas sino en ministros de vida.
Los fariseos antiguos eran los predicadores de la letra muerta, los doctores de la
ley y de los ritos religiosos. ! Cuídese de ellos! Porque son los que a usted le
pueden estar sepultando el maravilloso evangelio de la gracia de Dios.
!Sumérjase en la fuente de la gracia! Una gracia que vino por medio de
Jesucristo (Juan 1:17). Cristo es la fuente de la gracia, no es ningún apóstol,
teólogo, ni pastor, porque de ninguno de ellos tomamos plenitud, sino de Cristo,
y ¿Que tomamos? Tomamos gracia sobre gracia. Esto quiere decir que tu vida
está llena del Cristo de la gracia.
Todos los regalos de Dios vienen en Cristo por la infusión del Espíritu Santo. En
Cristo no hay reglas, prohibiciones, rudimentos, vergüenzas, condenaciones sino
principios de vida. En Cristo no hay legalismo, tradicionalismo, misticismo,
fanatismo, faraonismo, fariseísmo, catolicismo, protestantismo, pentecostalismo.
En Cristo hay vida, gracia y verdad. (Juan 14:6).
Atributos De La Gracia.
La Gracia Es Eterna
Así lo declara el apóstol Pablo en 2ª Timoteo 1:9 “quien nos salvó y llamó con
llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y
la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos”
Según A.W. Pink: “Fue ideada antes de ser empleada, propuesta antes de ser
impartida”.
- Viene desde siempre
Dios siempre ha tenido gracia para dar, así no existiera quién la recibiera; según
Efesios 2:7 son abundantes las riquezas de su gracia, aún antes de que en su
bondad nos las entregara por medio de Jesús.
Porque Dios trasciende el tiempo, al no ser afectado por el tiempo y vivir en un
eterno presente, podría decirnos como le dijo a Jeremías: Antes que te formase
en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las
naciones. (Jeremías 1:5).
- Es para siempre
Todo atributo o capacidad divina, aunque sea impartida en un tiempo
determinado, es como él, Eterno.
Si nos salva por gracia, también nos preserva por medio de su gracia; la cuál, no
solo es dar algo, sino que consiste en el trabajo divino de sostener a sus hijos en
comunión eterna con él.
Esta doctrina de la gracia es llamada Perseverancia de los Santos y
Preservación de Dios.
Pablo lo expresa, como en otras partes de la Escritura, así:
a) Perseverancia de los Santos
…antes he trabajado más que todos ellos. (Fil.2:12; 2 Ti. 2:19b)
b) Preservación Divina
...pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo. (Fil.2:13; 2 Ti. 2:19a)
La Gracia De Dios Es Gratuita
El apóstol Pablo en Romanos 3:24 lo reafirma: “siendo justificados gratuitamente
por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús”,
Siendo necesario pagar por el favor de la salvación eterna de Dios, para no
violar su perfecta Justicia, él dispuso a su Hijo como el pago por nuestra
condenación y lo constituyó como único canal de su gracia.
Por ello, desde el Antiguo Testamento, donde se esperaba la salvación a través
del Mesías prometido:
- La gracia solo es derramada sobre el verdadero pueblo de Dios. (Romanos
11:5)
- La gracia no acepta pago humano, ni siquiera la fe en Cristo, la cual es recibida
por gracia, porque dejaría de ser gracia verdadera. (Romanos 11:6; 4:4-5;
Efesios 2:8-9)
- La gracia hace diferente a quién la recibe, sin pedir pago.
Pablo mismo, reconociendo que él nunca hubiera podido, ni mucho menos
querido, pagar por ser diferente de cómo era, escribió en 1ª Corintios 15:10:
“Pero por la gracia de Dios soy lo que soy”
La Gracia Es Soberana
Pablo afirma que la gracia de Dios ejerce un reinado soberano que expresa la
justicia de Dios. En Romanos 5:21 dice: “para que así como el pecado reinó para
muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna mediante
Jesucristo, Señor nuestro”.
Así como la tendencia natural del hombre caído es a pecar, y el pecado reinó
para muerte; la voluntad divina es justificar en Jesucristo a sus escogidos, y que
así la gracia reine.
Si la gracia reina, entonces es administrada con soberanía, según la elección
divina:
- Dios no está obligado a ejercer su gracia salvadora sobre todos.
No hay atributo divino que repudie más el corazón humano caído que el de la
gracia soberana; ya que le obliga a humillarse y renunciar a todo argumento
humano. (Romanos 9:19)
- Dios es libre para ejercer su gracia salvadora sobre quienes escoge y sin
ningún requisito previo, porque es gracia.
Pablo mismo era un candidato que ningún cristiano hubiera querido tener en su
Iglesia; ya que su vida, su aliento, su respirar, era para perseguir a los creyentes
(Hechos 9:1); y aún así, Dios lo escogió para su reino en Cristo, solo por su
gracia (Gálatas 1:15-16)
Dios está comprometido a sustentar a aquellos que reconocen y aman la
soberanía con la que él derrama su gracia salvadora a través de Jesucristo.
(Hebreos 4:16)
Si su gracia es eterna, en él yo nunca estaré tan débil como para decaer, ya que
me basta con su gracia; si su gracia es Gratuita nunca tendré que buscar en mí
el pago que Cristo ya hizo; y si su gracia es Soberana, dependeré de Aquel que
me escogió y esperaré que me siga sustentando como me llamó, por su mera
gracia.
Pero si no entiendo, amo y actúo en su gracia, ella no ha producido frutos en mí;
es como si hubiera sido en vano, tal como lo declara Pablo en 1ª Corintios
15:10.
Entonces debo recordar lo que Pablo escribió en ese capítulo, Cristo murió, fue
sepultado y resucitó para salvar al pecador; y como yo soy uno, debo clamar a
Dios que en su gracia, la obra de su hijo produzca en mi la salvación por medio
de su Espíritu Santo.
Los Beneficios De la Gracia
Son muchos los efectos benéficos que esta maravillosa gracia imparte en la vida
del creyente, entre los cuales podemos mencionar los siguientes:
- Es salvo por gracia por medio de la fe (Efesios 2:8)
Todas las riquezas y propósito de la salvación son recibidas por la obra de la
gracia y no por las obras del hombre.
- Afirma el corazón con la gracia (Hebreos 13:9)
La firmeza de nuestras convicciones no es un asunto de nuestras emociones ni
de las tradiciones, sino el entender y conocer la gracia de Dios obrando en
nuestras vidas.
- Crece en la gracia y en el conocimiento de Dios (2ª Pedro 3:18)
El crecimiento en la plenitud de la gracia es proporcional al conocimiento de la
persona quien la da (Dios).
- Se esfuerza en la gracia de Dios (2ª Timoteo 2:1)
Mantenernos firmes en la fe, fieles en la obra y fructíferos en el Reino no es
producto de nuestro esfuerzo en nuestras fuerzas, sino en la fuerza de su gracia.
- Espera por completo en la gracia de Dios (1ª Pedro 1:13)
Confiar en que el Dios que comienza, continua y completa su obra en nosotros
es fiel para perfeccionar, afirmar y fortalecer nuestras vidas.
- No desecha la gracia de Dios (Gálatas 2:20-21)
Porque sabemos que es posible mantenernos creyendo fielmente pues no
dependemos de nuestra propia fe, sino de la fe que la gracia de Cristo nos ha
suministrado para confiar en El.
- No recibe la gracia de Dios en vano (2ª Corintios 6:1)
La gracia de Dios no es barata ni vana, por lo tanto no se ha recibir en vano,
sino que debemos ser productivos y efectivos en todo aquello para lo cual nos
ha sido dada.
- Experimenta diferentes dones según la gracia (Romanos 12:6)
No todos recibimos los mismos dones, pero si todos hemos recibido dones, los
cuales deben ser administrados según la gracia de Dios y no el carisma del
hombre.
- Por la gracia es lo que es (1ª Corintios 15:10)
Todo lo que somos, tenemos, sabemos y hacemos, lo debemos a la gracia de
Dios y no a nuestras propias capacidades.
- No convierte en libertinaje la gracia (Judas 4)
La gracia nos hace libres del pecado para no vivir en el libertinaje de la carne, ni
en el legalismo de la religión, sino en la libertad del Reino.
- Es parte del remanente escogido por gracia (Romanos 11:5)
La gracia es para todos pero no todos son elegidos para recibirla, por eso,
quienes la hemos alcanzado debemos valorar el grandioso privilegio de
participar de sus inescrutables riquezas.
- De gracia recibe, y por eso, da de gracia (Mateo 10:8)
Todo lo que recibimos de Dios es por gracia pero no gratis, pues el precio que El
pagó para que nosotros gratuitamente fuésemos enriquecidos tuvo un alto
precio. En el Reino se recibe la gracia de dar y se participa del dar con gracia.
- Reina en vida...los que reciben la gracia (Romanos 5:17)
La gracia no solo nos permite reinar en vida sino tener una vida reino, aquí y en
la eternidad.
- Nunca se pone bajo la ley, sino bajo la gracia (Romanos 6:14)
Ni el pecado ni la ley pueden ser nuestros señores, porque el señorío de la
gracia se hace manifiesto en nuestras vidas.
- Y si por gracia vive, no actúa por obras; de otra manera la gracia no es
gracia (Romanos 11:6)
Ni a obras de la ley ni la obras de la carne, son la base para vivir y disfrutar todo
lo que hemos recibido, ya que Dios no nos paga ni nos premia por lo bueno que
hacemos sino que nos bendice por una cuestión de gracia.
- Se mantiene en la verdadera gracia de Dios, en la cuál siempre está
hasta el día de Jesucristo (1ª Pedro 5:12).
Nosotros estamos donde El nos puso por gracia, de allí nada ni nadie nos puede
quitar; pues si ningún pecado pudo impedir la entrada al reino de gracia,
tampoco ningún pecado puede abrir la salida.
El Reino De La Gracia Donde La Gracia Reina.
El apóstol Pablo presenta una declaración poderosa acerca del reinado de la
gracia y también como por ella los que la reciben pueden reinar en vida,
posicionados en el don de la justicia, según Romanos 5:17 y 21 "Pues si por la
transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno
solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la
justicia. Para que así como el pecado reinó para muerte, así también la gracia
reine por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro."
Romanos 5:17 es muy importante, porque nos aclara que la gracia de Dios se
recibe, y para ello es necesario reconocer nuestra incapacidad.
Reino y Gracia no son una dispensación, sino una Dimensión donde se expresa
soberanamente la vida de Dios. El Reino de Dios genera una atmósfera de
gracia y la gracia desarrolla una mentalidad y cultura de Reino.
Por eso la gracia tiene un trono porque es gobernante y desde allí la gracia
reina, según se declara en Hebreos 4:15-16 dice: "Porque no tenemos un sumo
sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que
fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos,
pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar
gracia para el oportuno socorro."
Lo primero que tenemos que ver aquí es que hay un rey.
Si hay un trono entonces hay un rey. Y este es, precisamente, el trono de Dios,
establecido en la cima del universo. Luego, tenemos un sumo sacerdote, que es
el mismo que está sentado en el trono, el Señor Jesucristo.
Es, por tanto, un Rey-Sacerdote, un sacerdote que, a diferencia de los que eran
establecidos en la ley de Moisés, tiene un sacerdocio inmutable, porque venció
la muerte. Es un sacerdote no establecido según el orden de Leví (de la ley
mosaica), sino según el orden de Melquisedec, y por el poder de una vida
indestructible, que "puede salvar perpetuamente a los que por él se acercan a
Dios, viviendo siempre para interceder por ellos" (Heb.7:25).
Por tanto, podemos acercarnos confiadamente a su trono de gracia para
alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.
Justicia es recibir lo que merecemos. Misericordia es no recibir lo que si
merecemos. Gracia es si recibir lo que no merecemos.
Estamos sentados en el trono juntamente con Cristo para ejercer dominio y
manifestar su gracia (Efesios 2:6-7), así que, los hijos reinan por el omnipotente
poder de la gracia de Dios. Ellos pueden vivir una vida victoriosa, porque son
reyes. Ellos ocupan un lugar de privilegio, porque han recibido el regalo
abundante de Dios.
Pero no son ellos, sino la gracia de Dios con ellos (1ª Corintios 15:10) Pero por
la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo,
antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios
conmigo.
En Romanos 3:24 se da una respuesta clara a las acuciantes preguntas de los
antiguos: "Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención
que es en Cristo Jesús". La palabra gratuitamente aquí es la misma que se usa
en Juan 15:25: "Sin causa me aborrecieron." Es decir, "gratuitamente, sin
motivo".
El Señor fue aborrecido sin motivo (¿O había acaso en él algo que justificara su
muerte ignominiosa?), así también nosotros somos salvos sin un motivo en
nosotros que explique tal salvación.
El fue aborrecido y murió sin motivo (sin que hubiera motivo en Él). Y nosotros
fuimos justificados sin que hubiera motivo (en nosotros).
Sabemos que fuimos justificados por lo que Él es en gracia, y que Él murió por lo
que nosotros éramos (en nuestra desgracia). El motivo de ambas acciones es el
amor de Dios que permitió que el justo muriera por los injustos para que los
injustos, hechos justos, pudieran presentarse ante Dios.
En el pasaje de Romanos 5:12-21 nosotros vemos que somos hechos, tanto
pecadores (en Adán), como justos (en Cristo) sin motivo alguno en nosotros.
Nosotros recibimos los efectos de uno y otro hecho sin haber siquiera nacido, ni
haber hecho bien ni mal, sino como meros espectadores de lo que hizo Adán y
lo que hizo el Señor Jesús. Pero he aquí que somos justos. Esto es gracia.
La Gracia Y La Fe
Ya sabemos que la gracia es el regalo inmerecido de Dios concedido al hombre.
Es el don ofrecido no en virtud de mérito alguno, sino en virtud del carácter de
quien lo ofrece.
No es por el merecimiento de quien lo recibe (el creyente) sino por la
generosidad de quien lo da (Dios). La gracia es la mano extendida de Dios hacia
el hombre para bendecir. "Les das, recogen; abres tu mano, se sacian de bien",
(Salmo105:28). La fe, entretanto, es la mano del hombre alzada hacia Dios , que
en forma débil y titubeante recibe la abundancia que se dispensa de la mano
generosa de Dios.
Las Escrituras claramente enseñan que somos salvos (justificados) por la fe en
Cristo y por lo que El hizo en la cruz. Solo esta fe nos salva. Sin embargo, es
importante interpretar bien lo que se dice en Santiago 2:24, “Vosotros veis, pues,
que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe.”
Aquí no hay una contradicción. Todo lo que hay que hacer es ver el contexto.
Santiago capitulo 2 tiene 26 versículos: los versículos 1-7 nos enseña a no tener
favoritismos. Los versículos del 8-13 tienen comentarios de la Ley. Los
versículos 14-26 son acerca de la relación entre fe y obras.
Santiago comienza esta sección usando el ejemplo de una persona que dice que
tiene fe pero no tiene obras, “Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno
dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá esta fe salvarle?” (Santiago 2:14). En
otras palabras, Santiago esta refiriéndose al asunto de una fe muerta, que no es
más que una declaración verbal, una confesión publica mental, y no hay
sinceridad en ella. Carece de vida y acción.
Comienza con el negativo y demuestra lo que es una fe vacía (versículos 15-17,
palabras sin acciones). Entonces, muestra que este tipo de fe no es diferente a
la de los demonios (versículo 19). Finalmente, da ejemplos de una fe viva que es
seguida por hechos. Las obras siguen a la verdadera fe y demuestra esta fe
hacia nuestros semejantes, pero no para Dios. Santiago escribe que Abraham y
Rahab son ejemplos de personas que demuestran su fe a través de obras.
En resumen, Santiago de hecho cita el mismo versículo que Pablo cita en
Romanos 4:3 que contiene un conjunto de versículos que tratan de la
justificación por fe. Santiago 2:23 dice “Y se cumplió la Escritura que dice:
Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia”
Si Santiago estaba tratando de enseñar una doctrina respecto a la fe y las obras
contradictoria para los otros escritores del Nuevo Testamento, entonces no debió
usar a Abraham como ejemplo. Por lo tanto, podemos ver que la justificación es
solo por fe y que Santiago habla acerca de la falsa fe, no la verdadera fe cuando
dice que no somos justificados solo por fe.
Además, es importante reseñar que la epístola de Santiago es la primera que se
escribe en el desarrollo de una iglesia naciente, la cual a primera instancia fue
conformada por creyentes que se habían convertido del judaísmo y él mismo
como un apóstol en transición, escribe desde la luz que tiene para entender la
revelación progresiva que Dios trajo por medio del apóstol Pablo, para que se
comprendiera de manera más precisa las riquezas del evangelio de gracia.
La Gracia Y Las Obras
La gracia contra las obras ha sido un debate por siglos. No es sorprendente que
el hombre se sienta obligado a ganarse la salvación mediante obras, no por
gracia, y esto producto de su disfuncionalidad espiritual ocurrida después de ser
desalojado del Edén. Esto lo vemos reflejado en las diferentes religiones que
existen.
El Concilio de Trento sobre la Justificación (Canon 12) establece: “Si alguno
dijere, que la fe justificante no es otra cosa que la confianza en la divina
misericordia, que perdona los pecados por Jesucristo; o que sola aquella
confianza [fe] es la que nos justifica; sea anatema [maldito].” Esto infiere que
merecemos la gracia y la vida eterna sólo mediante obras expiatorias.
En el Islam, el musulmán alcanza el perdón mediante el favor de Alá y las obras:
"Alá ha prometido a los creyentes que obren rectamente que obtendrán el
perdón [de sus pecados] y una magnífica recompensa. (Sura 5:9). Sólo
mediante buenas obras que sobrepasen las malas y por la voluntad de Alá,
puede un musulmán obtener el perdón de sus pecados y ganarse el acceso al
paraíso. "Aquel día, aquellos cuyas obras buenas pesen más en la balanza
serán los triunfadores. En cambio, quienes sus malas obras sean las que más
pesen estarán perdidos, y morarán eternamente en el Infierno". (Corán
23:102-103).
En la Biblia, cuando Pablo habla de "obras," a menudo se refiere a las cosas
producidas por el esfuerzo o vida de alguien. Existe una conexión con la carne.
La carne trabaja duramente para lograr resultados, a su manera, haciendo lo
que quiere -- siempre produciendo resultados carnales que provienen de la auto-
realización. Nos auto-engañamos creyendo que nuestros logros humanos
igualan el estándar de Dios de la santidad.
La "salvación" no es una recompensa por las cosas buenas que hemos hecho,
para que nadie se gloríe (Efesios 2:9).
Pablo nunca rehuyó el trabajo arduo. Inclusive hizo referencia al trabajo del
ministerio. Pablo experimentó increíbles visiones, revelaciones, y
demostraciones especiales de poder mientras trabajaba arduamente sirviendo a
Dios. Aún así proclamó: "Pero por la gracia de Dios soy lo que soy;…Antes he
trabajado más que todos ellos; pero no yo sino la gracia de Dios conmigo." (1ª
Corintios 15:10).
Pablo utiliza la vida de Abraham para examinar las obras. "Porque si Abraham
fue justificado por las obras. . . tiene de qué gloriarse, pero no para con
Dios" (Romanos 4:2). Dios declaró a Abram [Abraham] justo por su fe, no por
obras (Génesis 15:6).
En Romanos 4, Pablo pasa a explicar que al que obra se le adeuda el salario,
pero no se le cuenta como gracia. Así como con Abraham, con Pablo, y con
todos los seguidores de Jesucristo, es nuestra fe la que nos da gozo con
respecto a nuestra salvación (Romanos 5:2).
La palabra griega para gozo es chara, derivada de la palabra “charis”, la cual es
la palabra griega que significa gracia. En otras palabras, aceptar el regalo de la
gracia de Dios produce gozo. “. . . Aunque ahora no lo veáis, os alegráis con
gozo, inefable y glorioso. Obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de
vuestras almas. Los profetas que profetizaron de la gracia destinada a vosotros,
inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salvación. . .” (1ª Pedro
1:8–10).
Cuando Dios siembra Su Espíritu y Su Palabra en nuestros corazones podemos
esperar la producción de fruto divino, es decir, buenas obras. Así como la gracia
de Dios es derramada abundantemente sobre nuestras vidas, nuestras obras
luego se manifestarán en las vidas de otros como expresiones de todo lo que
recibimos por gracia.
La Gracia Y La Ley
Antes que viniera la gracia existió la ley. La ley era un pacto de obras. La Biblia
dice que bajo el pacto de la ley, el perdón y la salvación se obtenían por medio
de las obras, aunque esto era imposible y a no ser por la gracia de Dios aun bajo
la ley, nadie hubiera sido salvo.
La ley decía: si obedeces recibes recompensa (bendición), pero si desobedeces
recibes castigo (maldición). Así que, como nadie podía guardar la ley, todos
estaban en maldición. Nadie podía vivir bajo la ley porque nadie podía guardar u
obedecer la ley en su totalidad. Si guardabas toda la ley pero fallabas en una
cosa, te hacías culpable de toda la Ley.
Las limitaciones de la Ley:
a. No puede justificar (Gálatas 2:16; 3:11)
b. No puede dar vida (Gálatas 3:21)
c. No puede dar el Espíritu Santo (Gálatas 3:2, 14)
d. No puede dar espiritualidad (Gálatas 3:21; 5:5; Romanos 8:3)
e. No puede perfeccionar o permanente lidiar con el pecado (Hebreos 7:19)
Lo que puede hacer la Ley:
a. Trae maldición (Gálatas 3:10-12)
b. Trae muerte, mata (2ª Corintios 3:6-7; Romanos 7:9-10)
c. Trae condenación (2ª Corintios 3:9)
d. Hace que el pecado sea revelado (Romanos 7:7-13)
e. Declara al hombre culpable (Romanos 3:19)
f. Mantiene al hombre atado al pecado y la muerte, pues el hombre en
pecado no puede cumplir la ley porque esta lo condena. (Gálatas 4:3-5, 9, 24;
Romanos 3:23 y 7:10-14)
Propósito de la Ley:
a. Proveer una patrón de Justicia y rectitud (Deut. 4:8; Salmo 19:7-9)
b. Revela la santidad y la bondad de Dios (Deute.4:8; Romanos 7:12-14)
c. Identificar el pecado y revelar al hombre su condición (Romanos 7:7-8;
5:20; Gálatas 3:19)
d. Llevarnos a Cristo (Gálatas 3:24)
Desde los tiempos de la iglesia primitiva ha existido problema con el Evangelio
de la gracia. En aquel tiempo, muchos judaizantes querían seguir viviendo bajo
los preceptos de la ley, pues no habían entendido el verdadero significado de la
gracia. Lo peor del caso era que también querían hacer que los gentiles que
ponían su fe en Cristo, guardaran también la Ley de Moisés para ser salvos.
A ellos no se les hacia muy difícil entender que eran libres en Cristo. Estaban tan
acostumbrados a tratar de recibir la justificación por medio de las obras que les
parecía imposible que, ahora con el simple hecho de haber creído en Jesús
recibieran completa justificación.
En Hechos 15 se tuvo que llevar a cabo en Jerusalén el primer concilio de la
Iglesia para resolver el problema de los judaizantes que querían seguir
imponiendo cargas a los nuevos creyentes en Cristo que eran de descendencia
gentil. El Espíritu Santo guió a los apóstoles a ordenar a los gentiles que no
tenían que guardar la ley.
Hoy en día el concepto de la gracia es para algunos difícil de entender porque
también piensan que tienen que hacer algo además de creer para poder
salvarse. Cuando no se entiende el verdadero concepto de la gracia, el hombre
en su mente humana siempre tratará de ayudarse en su salvación por medio de
obras. Algunos todavía creen y enseñan que aunque la Ley pasó, todavía
existen aspectos de la ley que se deben de guardar y hasta piensan que
ofenden a Dios y pierden su salvación si no lo hacen.
El espíritu legalista sigue vivo aún en muchas formas distintas en algunos
grupos de cristianos en este tiempo. La religiosidad les atrae, se piensa que si
no hay tradiciones religiosas, ritos y obras humanas, no es posible que haya
salvación en Dios. El apóstol Pablo nos habla en contra de dejar la gracia y
volvernos a los débiles y pobres rudimentos que esclavizan, guardando días,
fiestas, comidas y ritos. (Gálatas 4:8-11)
El Apóstol declaró que esta serie de prácticas y rudimentos del mundo: "tienen a
la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, en humildad y en
duro trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne"
(Colosenses 2:23)
Cuando no se tiene un conocimiento pleno acerca de lo que la gracia representa
y lo que en realidad es en verdad para el creyente que esta en Cristo, se tratará
de añadir otras formas de tradiciones para hacer su religión más completa. Sin
embargo la gracia de Dios es completa, y tiene grandes bendiciones que se
basan en la obra de Cristo y no la del hombre.
La Ley De La Gracia.
La ley no tiene gracia, pero la gracia si tiene leyes, una de ellas es la Ley del
Espíritu de Vida, que nos libra de la ley del pecado (Romanos 8:2)
El término ley en este versículo no implica normas, reglas o preceptos, sino un
principio existencial y que actúa naturalmente, como la ley universal de la
gravedad.
Pablo en el capitulo 7 de Romanos, describe al creyente carnal que lucha en sus
propias fuerzas y según la fuerza de su voluntad, para agradar a Dios no
haciendo lo malo, pero termina frustrado reconociendo su impotencia.
Luego en el capitulo 8, inicia reconociendo la victoria que tenemos en Cristo,
quien nos libró del cuerpo de muerte para darnos el espíritu de vida.
La Economía De La Gracia
Esta grandiosa tarea, Pablo la plantea en Efesios 3:2-7 “si es que habéis oído de
la administración de la gracia de Dios que me fue dada para con vosotros; que
por revelación me fue declarado el misterio, como antes lo he escrito
brevemente, leyendo lo cual podéis entender cuál sea mi conocimiento en el
misterio de Cristo, misterio que en otras generaciones no se dio a conocer a los
hijos de los hombres, como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas
por el Espíritu: que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo,
y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio, del cual
yo fui hecho ministro por el don de la gracia de Dios que me ha sido dado según
la operación de su poder”.
La economía de la gracia es Dios mismo dispensado por Cristo con las riquezas
de su gracia en el espíritu del hombre para hacerlo participe de sus planes y
propósito eterno.
La palabra “economía” procede de una raíz griega llamada “oikonomía” y
significa “la administración, economía, o dispensación de una familia”. La
economía de la gracia fue el evangelio o la administración de los asuntos
prácticos y espirituales de Dios que le fueron revelados por Jesucristo al apóstol
Pablo para la pedagogía de las iglesias del primer siglo.
El apóstol Pablo fue el perito arquitecto de la administración de la gracia de Dios.
La palabra administrador es del griego “poikonomos” o uno que administra la
economía de otro. El evangelio de Juan 1:14 y 18, dice que Jesucristo fue la
plenitud de la economía de la gracia de Dios. El vino a la tierra para administrar
directamente los asuntos divinos y espirituales de la economía de la gracia. Juan
dice que nadie puede tomar de otra economía o plenitud de gracia que no sea
Jesucristo.
En ningún ser humano o ángel divino ha existido la plenitud de gracia. Pero la
Biblia declara que la plenitud de la gracia esta en el Señor: “porque de su
plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia. Porque la ley por Moisés fue
dada: más la gracia y la verdad vinieron por Jesucristo” (Juan 1:16-17).
¿Quién es Jesucristo? Es la plenitud de Deidad. Todo lo que procede de Cristo
fue gracia sobre gracia. La economía de la gracia es un reinado en vida que nos
pone a disfrutar por derecho legal de todos los actos consumados de la gracia
de Cristo en la cruz, y por medio de la fe en El, es que recibimos el efecto real.
Uno de los apóstoles del nuevo pacto que tomó de la plenitud de la economía y
de la administración de la gracia de Dios fue Pablo. El dice en Efesios 3:2-10
que por revelación le fue declarado el misterio de la administración (o economía)
de la gracia de Dios.
Pablo fue el apóstol de mayor conocimiento en el misterio escondido de Cristo,
que es la economía de una Iglesia en gracia. Dios comisionó a Pablo para
predicar, aclarar este misterio, y anunciar el evangelio de las inescrutables
riquezas de Cristo (Efesios 3:8). Pablo fue el mayor y mejor “poikonomos” o
economista de la gracia de Dios en el primer siglo, después del Señor
Jesucristo.
¿Cuál es la misión de los que conocemos gracia sobre gracia? Tal como lo
hacían los apóstoles, instruir y capacitar a los santos y “les persuadían a que
perseverasen en la gracia de Dios”…(Hechos 13:43). Una vez que usted conoce
la economía de la gracia de Cristo, comenzará a afirmar su corazón con gracia,
pues, “tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cuál estáis
firmes” (Romanos 5:2 y 3:24).
La teología es enseñada para ser vivida. Asimismo es el evangelio o la
economía de la gracia. Es un evangelio completo y que es doblemente práctico:
primero, porque Jesucristo “lleno de gracia y de verdad” según Juan 1:14 es el
tema central del evangelio. Y segundo, porque el evangelio de la gracia de
Cristo, afecta nuestra experiencia personal de cada uno de nosotros.
La gracia produce cambios radicales en nuestra teología tradicional, en nuestro
mensaje, en nuestras vidas y en nuestras congregaciones. Estos son cambios
positivos de fe. Una gracia que produce reposo y en la que se camina
exclusivamente por fe y para fe.
La gracia es una economía, un mensaje, un estilo de vida, y un evangelio que
actúa en aquel que es sincero para con Dios. La gracia transforma nuestra
propia teología y conciencia. Ella rompe los “odres viejos” de nuestro tradicional
cristianismo y degradado. Jesús lo dijo: “No se echa vino nuevo en odres
viejos...Mas el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar” (Lucas 5:37,38).
¿Usted está por el vivir en gracia o por el vivir en ley, creer en el viejo pacto o en
el Nuevo Pacto, ser ministro del orden de Aarón o el orden de Melquisedec?
Debe tomar una decisión! Si está dispuesto a agradar a los hombres o agradar a
Dios (Gálatas 1:10).
El apóstol Pablo el gran economista y administrador de la gracia de Dios estuvo
tan dispuesto por el vivir en gracia que dijo en Gálatas 1:6-10 “si alguno os
predica diferente evangelio (al de la fe en Cristo, V:6) del que habéis recibido,
sea anatema”. Esto es un punto final. El que no está en gracia es un anatema.
La gracia de Dios se ha manifestado universalmente para todo el mundo, pero
también individualmente para cada uno. Dios trata con las personas a un nivel
general o global pero también a un nivel personal.