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Gianella

Introduccion a la epistemologia

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Introducción a laEpistem ología y ntroducción a

Igisla a todos aquellos que q&HHHHK Alicia E. Gianella


Epistemologíi y la Metodología
' qtie m W upy -=devTa; cíeatik.'y süá
"^ analíitiato íosVsfseetos esfciructurales
dfe&:-j>rc^toi$í dehtíñm y -se 'pon^o-H
Alicia & Gianella

INTRODUCCIÓN A LA
EPISTEMOLOGÍA
Y A LA METODOLOGÍA
DE LA CIENCIA

[E dición revisada]

de la campana
Gianetla, Alicia
Introducción a la epistemología y a la metodología
de la ciencia. - 1a ed. - La Plata : De la Campana,
2009.
160 p . ; 17x12 cm.

ISBN 978-987-9125-89-2

1. Epistemología. I. Título
CDD 121

Fecha de catalogación: 04/03/2009


Colección Universidad
imagen de tapa: *Sucesión de puertas” Palazzo degli Uffízi Firenze
Diseño de tapa: E Claudio Avella
Armado interior: E. Claudio Avella

© De la Campana 2009
Calle 7 N° 1288 - La Plata
[email protected]
Tel: 0221-4227174 / 4275126

Queda hecho el depósito que marca la ley 11.723


Impreso en la Argentina
ISBN 978-987-9125-89-2

Impreso en los talleres gráficos de Su-Gráfica, Thome 950, Adrogué,


Pcia. de Buenos Aires, Abril de 2009.

Todos los derechos reservados.


Esta publicación no puede ser reproducida, ni en todo ni en parte,
ni registrada en, o transmitida por, un sistema de recuperación de
información, en ninguna forma ni por ningún medio, sea mecánico,
fotoquimico, electrónico, magnético, electroóptico, por fotocopia o
cualquier otro sin permiso previo por escrito de la editorial.
ín d ic e

P rólogo.................................................... ..................................7
P r e fa c io ................... 11

Capítulo 1: EL CONOCIMIENTO CIENTÍFICO


I. Introducción: ¿Qué es la epistem ología?............................13

II. Aspectos dinám icos y estructurales del


conocim iento cien tífico........ ..............................................16
1. Componentes del conocimiento y sus relaciones.................19
2. Los enunciados.................................................................. 20
3. Los razonamientos ............................................................ 23
4. Los términos......... ............................................................ 25
5. Enunciados analíticos y sintéticos..................................... 27

III. Tipos de conocim iento................ 31


1. El conocimiento natural y el científico............................... 31
2. La clasificación de las ciencias...........................................35
3. Las ciencias formales........................................................ 37
. 4. Las ciencias fácticas.......................................................... 38
El conocimiento técnico y tecnológico.................................... 42
6. El conocimiento filosófico...................................................46

IV. Formas de integración del conocim iento cien tífico.......48


1. Las teorías.........................................................................48
2. Las disciplinas científicas.................................................. 55
3. Modelos estructurales....................................................... 57
4. Modelo acumulativo....................... .60

Capítulo 2: LOS MÉTODOS DE LA CIENCIA


Y LA INVESTIGACIÓN..............................................................63
I. Los métodos científicos.......................................................63
1. La deducción..................................................................... 64
2. El método hipotético deductivo..........................................66

5
3. El método inductivo......... .................................................. 67
4. Observación v experimentación..........................................69
5. El método clínico................................................................. 73
6. La investigación de campo.................................................. 73

II. Clasificación, definición, exp lica ción ...................... ..........75


1. Clasificaciones.....................................................................75
2. Definiciones.........................................................................79
3. Explicaciones...................................................................... 83

III. La investigación en ciencias fá ctica s.............................. 86


1. El modelo clásico............................................................... 86
2. El modelo hipotético-deductivo de investigación.............. 89
Los problemas................................................................... 90
El marco teórico......................................... 92
Las hipótesis......................................................................93
Procedimientos deductivos......................... ...... ................96
Consecuencias observacionales ................. 97
Procedimientos de contrastadón.......................................97
La evaluadón de los resultados.......................................101

Capítulo 3: LOS MODELOS CIENTÍFICOS


I. Las analogías en cien cia ..................................................... 106
27. Las m etáforas cien tífica s............. 110
III. Los m odelos cien tíficos......................................................114
1. Los senddos del término “modelo” ................................... 114
2. Concepciones acerca de los modelos................................. 115
3. Tipos de modelos...............................................................116
4. Fundón de los modelos.....................................................122

APLICACIONES.......................................................................... 125
NOTAS......................................................................................... 143
GLOSARIO................................................................................... 145
BIBLIOGRAFÍA GENERAL....................................................... 147
ÍNDICE TEMÁTICO................................................................... 151
ÍNDICE DE AUTORES............................................................... 159

6
Prólogo

La filosofía y la ciencia constituyen, sin duda, los dos campos


principales en los que decanta el conocimiento humano. En el
siglo que va terminando, sendas revoluciones han tenido lugar
en ellos; la que afectó a la filosofía es el “análisis filosófico” y la
que se relaciona con la ciencia es la “epistemología”.
En el primer caso, la innovación consiste en no discutir
problem a filosófico alguno sin establecer previam ente de qué
manera usamos las palabras al form ularlo (de lo que puede
desprenderse que la discusión no tiene sentido y que no existe
un interrogante auténtico). En el otro, lo que se recomienda
es no usar en la práctica teorías científicas que no hayan sido
previam ente justificadas.
El problema de la justificación -e l de sus alcances y lím ites-
es precisamente uno de los temas centrales de la epistemología,
aunque también interesa el estudio de las operaciones que pue­
den efectuarse en las ciencias, como explicar, predecir, hipoteti-
zar, inducir, definir, comparar teorías, experimentar, etc, etc.
Los tópicos epistem ológicos han adquirido paulatinamente
más y más im portancia, y ello ha im plicado la aparición de
una abundante bibliografía, sobre todo en el idioma inglés.
En castellano disponemos en la actualidad de un conjunto
apreciable de textos. Pero la mayoría de ellos (como La es-
tructura de la ciencia de Nagel o La explicación científica de
Hempel) son traducciones de obras muy com plicadas que sólo
analizan aspectos muy parciales de las estrategias científicas.
A esto hay que agregar un tipo de bibliografía que informa
superficialm ente acerca de metodologías estadístico-inducti­
vas prevalecientes en las ciencias sociales que se cultivan en

7
los EE.UU. Además - y por desgracia- hay que agregar a lo
ya mencionado una gran cantidad de panfletos posm odernis­
tas redactados por gente que no conoce ciencia ni temas epis­
temológicos, que adoptan una posición escéptica con nítidas
características irracionales. El resultado es qué los que en
el ámbito hispano parlante desean iniciarse en la disciplina
epistem ológica encuentran serias dificultades para com pren­
der de manera lúcida y ordenada las argumentaciones bási­
cas de este tipo de estudios. Es por esto que la aparición del
libro de la profesora Gianella debe ser saludado con agradeci­
miento. Ese texto expone nítidam ente y con claridad las cues­
tiones epistem ológicas básicas, las operaciones m etodológicas
típicas de la actividad científica y las características esencia­
les de la investigación. La autora ha preferido -co n acierto,
según nuestro punto de v ista - no entrar en detalles acerca de
las controversias de fondo que separan a los epistem ólogos de
nuestro siglo (Popper, Kubn, Lakatos, Feyerabend, etc.) para
lim itarse a expresar las tácticas fundam entales que tienen
que adoptar todos aquellos que quieren construir conocim ien­
tos. El libro es un verdadero acierto de concisión y también de
exposición sistem ática. Su introducción al modelo hipotético
deductivo es muy apropiada.
Dos puntos merecen destacarse en especial: una muy in­
teresante exposición relativa al concepto de modelo en cien­
cia (y de paso un análisis de las “analogías” y “metáforas”), y
también indicaciones acerca del empleo de metodologías dis­
tintas para disciplinas diversas.
La vida me ha permitido tener con la profesora Gianella
la más variada suerte de vínculos. En primer lugar, ella fue
una de mis más distinguidas alumnas. Luego llegamos al es­
tado de colegas, que no fue menos brillante y productivo. Su
actividad en universidades como la de Buenos Aires, la Na­
cional de La Plata y la de Belgrano fue realm ente destacable.
Además, cosa conveniente para una epistem óloga, se ocupó
con profundidad de problemas como la filosofía matemática,
la fundamentación epistem ológica de la psicología y del psi­
coanálisis, temas jurídicos, cuestiones de lógica y de teoría

8
de conjuntos y de muchas y variadas áreas académicas. Pero
ella es además una valiosa investigadora, a lo que debe unir­
se una notable capacidad para localizar, adquirir y atesorar
una abundante bibliografía (de la que con fortuna que agra­
dezco he hecho uso con harta frecuencia). Y por últim o -p ero
no lo menos im portante- he podido ponderar lo valioso de su
amistad, que me ha permitido detectar a una persona que
reúne una acentuada humanidad con una gran inteligencia y
una sorprendente modestia. Por ello, tanto desde un punto de
vista académico como personal, no puedo menos que agrade­
cer esta oportunidad para expresar la impresión positiva que
ha provocado en mí su trabajo.

G regorio K lim ovsky

9
Prefacio

A lo largo de muchos años he enseñado Epistemología y Meto­


dología de la Ciencia, inicialmente en institutos del profesorado
y en universidades privadas, y luego en la Universidad Nacional
de La Plata y en la Universidad de Buenos Aires. La bibliogra­
fía disponible en castellano fue hasta hace pocos años escasa
en materiales aptos para los que se inician en el estudio de es­
tas disciplinas. Ante esa carencia fui redactando, durante va­
rios años, materiales para uso de las cátedras, que a través del
tiempo permitieron la producción de un libro introductorio. La
presente edición 2009 de De la Campana, revisada y corregida,
continúa a la que fuera realizada por la Editorial de la Univer­
sidad de la Plata en 1996 y en ediciones posteriores. Agradezco
especialmente a ambas instituciones la buena disposición y el
interés puesto de manifiesto en la publicación de esta obra.
En cuanto a su contenido, en el primer capítulo se presen­
tan los grandes temas del conocim iento, para luego ubicar
a la ciencia dentro de ese contexto general. En un segundo
capítulo se presentan los principales métodos científicos y
algunas consideraciones conceptuales acerca de las clasifica­
ciones, las definiciones y las explicaciones. Las etapas de la
investigación científica ocupan también un lugar destacado.
El tercer capítulo está dedicado al uso de analogías y modelos en
ciencia, y hay una sección dedicada a aplicaciones, con ejemplos
de distintas disciplinas a cargo de la profesora Ana María Bach.
Si bien todas las cuestiones que acá se plantean son polé­
micas y están sujetas a permanentes discusiones epistem o­
lógicas, me pareció conveniente privilegiar un enfoque siste­
mático a uno polém ico a los fines de hacer la presentación
más accesible a los que recién toman contacto con la tem ática
epistem ológica y metodológica. Para quienes se inician en

11
estos temas, interesados en adquirir herramientas concep­
tuales y metodológicas que le sirvan en sus disciplinas, las
discusiones entre escuelas resultan un tanto estériles y des­
alentadoras, si bien no pueden soslayarse totalmente.
h*■ Se incluye un glosario y una bibliografía básica. El glosario
cumple una finalidad didáctica, presentando definiciones o ca­
racterizaciones de los términos clave. La bibliografía es orien-
tativa e incluye muchas de las obras clásicas de la epistemolo­
gía y la metodología, tanto para aquellos que se interesan por
conocer las principales fuentes de estas disciplinas, como para
quienes quieran avanzar en su estudio. Dado lo somera de esta
obra me alienta la esperanza de que los lectores encuentren en
ella estímulos para continuar con próximas lecturas.

A licia E. G ianella
F ebrero 2009

12
CAPITULO 1:
EL CONOCIMIENTO CIENTÍFICO

I. INTRODUCCIÓN: ¿Q ué es la E pistem ología?

¿Cómo conocemos?, ¿qué conocemos?, ¿cómo se ordenan


nuestros conocim ientos? Estas son preguntas que se ha for­
mulado la filosofía desde la antigüedad clásica. Más reciente­
mente también algunas ciencias se han ocupado de este tema.
La psicología ha realizado investigaciones acerca del modo en
que los seres humanos configuramos experiencias, conceptua-
lizamos, generalizamos, formulamos regularidades y construi­
mos teorías. También la biología, la sociología, la antropología
y la lingüística han hecho aportes a esta cuestión.

En la actualidad la gnoseología y la epistem ología son las


disciplinas que desde la filosofía se ocupan del problema de
cómo conocemos, del origen, las condiciones y los límites de
nuestro conocim iento..Desde el siglo XVII se denominó “gno­
seología” a la disciplina filosófica que se ocupa de los proble­
mas relativos al conocim iento.

En cuanto al término “epistem ología”, en alguno de sus


usos significa lo mismo que gnoseología o teoría del conoci­
miento. Pero hay otro uso muy difundido que entiende por
epistem ología algo más restringido, circunscribiendo su te­
mática a todo lo referido al conocimiento científico. Se trata
en este sentido de un subconjunto de problemas dentro de la
gnoseología. Debido a su referencia a la ciencia, su lenguaje
y su m etodología se fueron acercando en muchos aspectos a
los modos de trabajo científico, sin por eso confundirse con la

13
ciencia, y fue tomando distancia simultáneamente del len­
guaje filosófico más tradicional. Algunos autores1 han consi­
derado que la epistem ología forma parte de lo que se denomi­
na “ciencia de la ciencia”.
Ya sea que se láTcónsidere parte de la filosofía o como cien­
cia de la ciencia, desde ambas perspectivas resulta ser una
disciplina metateórica, puesto que no refiere a un dominio de­
terminado de la realidad, sino que reflexiona y teoriza sobre
el conocim iento mismo. Un modo generalizado de ver la epis­
temología, que va desde Aristóteles hasta el presente, consi­
dera centrales las cuestiones relativas a la estructura interna
de las teorías. Se analizan los aspectos lógicos y semánticos
de los conceptos y enunciados científicos, se estudia también
la vinculación de las teorías con sus referentes, em píricos o
no, y las relaciones entre distintas teorías. En algunas orien­
taciones contemporáneas se ha puesto especial énfasis en
cuestiones relativas a las prácticas científicas y a su contexto,
en los aspectos psicológicos, sociológicos e históricos. Temas
como ciencia y sociedad, ciencia y política, ciencia e ideología,
reflejan este tipo de interés.
También han aparecido propuestas que intentan funda­
mentar la reflexión acerca del conocim iento en general y de la
ciencia en particular desde las ciencias existentes. Se ha lla­
mado a esta orientación “epistem ología naturalizada” . Bajo
esta perspectiva la epistem ología pierde su carácter metateó-
rico, y se borran las diferencias entre ciencia y filosofía, En
muchos casos esta reflexión acerca del conocim iento se reali­
za desde una teoría determinada, sobre todo desde aquellas
que poseen amplio alcance explicativo. Tal es el caso de algu­
nas teorías psicológicas, otras biológicas y de ciertas teorías
sociales, como por ejem plo la psicología genética piagetiana,
teorías cognitivas y algunas versiones del psicoanálisis y del
marxismo. En estos casos los problemas epistem ológicos no
son reconocidos como cuestiones metacientíficas, sino que se
los intenta subsumir bajo el alcance de una teoría determ ina­
da que explicaría todo conocim iento con sus propias catego­
rías e hipótesis.

14
Sin desconocer esos desarrollos, consideraremos princi­
palm ente los temas clásicos de la epistem ología, relativos al
modo en que se organizan y se fundamentan los conocim ientos
científicos. Van a ser analizados los tipos de conocimientos,
sus características y sus relaciones, desde los más simples,
que forman el basam ento sobre el cual se configuran reflexio­
nes más complejas, hasta los que constituyen explicaciones e
interpretaciones de la realidad en las distintas teorías de la
ciencia contemporánea.
También se analizarán brevemente los métodos y criterios
para evaluar y fundamentar los conocimientos de la ciencia.
La m etodología de la ciencia puede considerarse como un
subconjunto de problemas dentro de la epistem ología, ocu­
pada de evaluar los procedim ientos utilizados por la ciencia
y, en su función normativa, prescribiendo los procedim ien­
tos que se consideren más conducentes y confiables. En un
nivel de especificidad mayor dentro de la metodología están
las técnicas de investigación, que analizan y discuten los pro­
cedim ientos particulares de búsqueda y procesam iento de
conocim ientos, como la confección de encuestas, el diseño de
experim entos o las técnicas de muestreo.
Además de la epistem ología, hay otra disciplina filosófica
que se ocupa de la ciencia y que suele considerársela como
teniendo el mismo alcance: la filosofía de la ciencia. Si bien de
hecho ambas son tomadas como equivalentes, un examen más
cuidadoso lleva a establecer algunas diferencias. M ientras la
epistem ología se ocupa del conocim iento científico, la filosofía
de la ciencia incluye en principio un campo más amplio, como
las cuestiones éticas y ontológicas. Entre las primeras están
los valores que sustenta la ciencia y sus conflictos internos y
externos. Entre los segundos están los problemas acerca de
la naturaleza de las entidades estudiadas, sus propiedades
y relaciones.

En la figura 1 se representan las distintas disciplinas que


se ocupan del conocim iento científico y se esquematizan sus
relaciones.

15
F igu ra 1
/ \
I Ciencias del |

n . ASPECTOS DINÁM ICOS Y ESTRUCTURALES DEL


CONOCIMIENTO CIENTÍFICO

Más allá de las polémicas entre distintas corrientes, se pue­


den reconocer dos grupos de cuestiones a ser considerados por
la epistemología. Uno es el de los aspectos estructuráles, que
como ya se señaló, son un tema central, relativo a los com­
ponentes y relaciones internas de los conocimientos y a las
relaciones entre las teorías y sus referentes externos. El otro
grupo de cuestiones tiene que ver con el surgimiento de creen­
cias y sus cambios en el tiempo: el abandono de ciertas ideas
y conceptos, la aceptación y rechazo de teorías y la posibilidad
de progreso o incremento del conocimiento. Los primeros son
aspectos estructurales, los segundos son dinámicos.
En cuanto a los aspectos dinámicos, el análisis del modo en
que se constituyen y cambian nuestros sistemas de creencias
y conocimientos ha generado reflexiones epistem ológicas so­
bre aspectos que van desde lo biológico hasta lo sociológico,
psicológico, histórico y también lo metodológico.
La psicología genética, por ejemplo, ha estudiado cómo el ser

16
humano organiza su experiencia desde su nacimiento a través
de una secuencia evolutiva. Se ha ocupado de cómo ciertas ad­
quisiciones se apoyan en logros anteriores y ha analizado las
propiedades y relaciones de las estructuras sucesivas. También
desde los cognitivistas y desde el psicoanálisis se han construido
hipótesis acerca de cómo el ser humano adquiere, articula o cons­
truye conocimientos, teniendo en cuenta, por un lado, el material
que provee la experiencia y, por otro, sus disposiciones, catego­
rías y estructuras internas, en tanto sujeto psicológico.
La biología también se ocupa de la cuestión, estudiando los
componentes neurofisiológicos y perceptuales que condicionan
nuestro conocimiento, y la continuidad o no de los mecanismos
de interacción del organismo con el medio y el conocimiento hu­
mano. A propósito de esto dijo Popper: “...de la ameba a Einstein
hay un sólo paso”2 marcando así la coincidencia de funciona­
miento entre el conocimiento y formas más primarias de inte­
racción del individuo con el medio en el orden biológico. Piaget,
desde otra perspectiva, señala también esa coincidencia funcio­
nal a través de los conceptos de asimilación y acomodación3.
La sociología del conocimiento, por otro lado, se ocupa de
analizar la presencia de valores, creencias y supuestos de ca­
rácter ideológico, la disposición o no a los cambios, la acepta­
ción o rechazo de la sociedad en general y de las comunidades
científicas en particular, de ideas, conceptos y teorías. Estu­
dia la interacción del conocim iento con los intereses sociales,
culturales, políticos y económicos.
La historia también se ocupa del conocimiento, haciendo un
análisis e interpretación de las adquisiciones humanas en el
tiempo.
De un modo un poco artificial se pueden también clasificar es­
tas cuestiones dinámicas, de génesis por un lado y de cambios por
otro. Por génesis se entiende el comienzo u origen del conocimien­
to. En cuanto a los cambios, pueden producirse e interpretarse de
distintas maneras, a veces como evolutivos, progresivos, y otras
veces como cambios revolucionarios. Existen varios modelos de
explicación del cambio científico en la epistemología contemporá­
nea, algunos de los cuales se presentarán más adelante.

17
Hay epistemólogos como Reichenbach y Popper que señalan
que esas cuestiones no son temas de la epistemología, sino de
cada una de las ciencias particulares como la historia, la psico­
logía y la sociología. Reichenbach4 establece la distinción entre
el contexto de descubrimiento y el contexto de justificación. El de
descubrimiento reúne todas las cuestiones acerca de cómo han
surgido las ideas científicas, los conceptos y las teorías, si fueron
resistidas o aceptadas por la sociedad y de la inserción histórica
de la actividad científica y sus productos. El contexto de justifica­
ción es el que se ocupa de evaluar las hipótesis y teorías indepen­
dientemente de su origen y demás contingencias psicológicas, so­
ciales e históricas de su producción. Pero esta distinción es tema
de muchos debates, por distintas razones. Por lo pronto, como
existen distintos criterios de evaluación y justificación de hipóte­
sis y teorías, según se adopte uno u otro criterio, determinados
problemas serán considerados propios de uno u otro contexto.
Se trata sin embargo de una distinción útil. Habría también un
tercer contexto, el de aplicación5, que examina la utilización de
la ciencia en la producción tecnológica.
Para Reichenbach y Popper sólo son tema de la epistem o­
logía los que corresponden al contexto de justificación. Otros,
en cambio, como Kuhn y Toulmin, sostienen que las cuestio­
nes dinámicas, más allá de los desarrollos propios que pudie­
ran hacer cada una de las disciplinas como la sociología o la
historia, merecen ser tomadas en consideración dentro de la
epistemología, como teoría global que reúne dentro de sí todo
lo relativo al conocim iento científico.
Un modelo alternativo de explicación del cambio científico es
el de Lakatos, que ha diferenciado entre la historia interna y
la historia externa de la ciencia. La segunda registra los acon­
tecimientos en sus procesos contingentes, que llevaron a des­
cubrimientos y a la aceptación o rechazo de teorías, mientras
que la primera es la reconstrucción racional de esos desarrollos
utilizando criterios lógicos y metodológicos.
Entre las cuestiones m etodológicas de la dinámica del
conocimiento, un tema muy importante es el de las etapas de
la investigación, que se tratará en el próximo capítulo.

18
1. Componentes del conocimiento y sus relaciones

¿Cuáles son los componentes de nuestro conocimiento? ¿Son


datos empíricos, intuiciones, conceptos, proposiciones, hipótesis,
leyes? Existen distintos tipos de contenidos del conocimiento.
La noción de conocimiento se entrecruza con cuestiones lin­
güísticas. El conocer o saber puede dividirse en dos tipos, un sa­
ber proposicional, que consiste en “saber que p ”, donde p es una
proposición cualquiera, y por otro lado un “saber cómo”, que es
un saber práctico , instrumental. Un ejemplo del primero sería
saber que el agua hierve a 100°C, o que Rosario está en la pro­
vincia de Santa Fe, mientras que el segundo sería, por ejemplo,
saber andar en bicicleta o saber reparar un mueble roto.
Al saber proposicional se lo caracteriza por las siguientes tres
notas: un sujeto conoce lo que expresa la proposición p, si p es
verdadera, si cree en la verdad de p, y si además hay fundamen­
to para creer en ella. Por ejemplo, creemos que la Tierra gira
alrededor del Sol porque es una proposición verdadera, creemos
que esa afirmación es verdadera, y además tenemos fundamen­
to para creer en ella, el fundamento que nos proporciona la as­
tronomía. En cambio no sería conocimiento la creencia en una
proposición que no fuera verdadera. Por ejemplo si alguien cree
que en 1954 hubo un fuerte terremoto en San Juan, y esa afirma­
ción fuera falsa, la mera creencia no constituiría conocimiento.
Tampoco constituiría conocimiento para alguien una proposición
verdadera que no fuera creída por esa persona, ni en el caso de
que fuera una proposición verdadera, creída, pero que no estu­
viera fundamentada. Por ejemplo, si fuera cierto que hay vida
en Marte, pero no lo creyéramos, o si lo creyéramos y no hubiera
elementos de prueba al respecto, en ninguno de los dos casos di­
ríamos que sabemos que hay vida en Marte.
Por creencia se entiende en este contexto la operación psicológi­
ca de adhesión o asentimiento a una proposición o enunciado. Es
una de las llamadas actitudes preposicionales, que son relaciones
que se establecen entre sujetos y proposiciones. Por verdad se
entiende en este ámbito la relación de correspondencia entre un
enunciado y un estado de cosas: un enunciado es verdadero si

19
describe un estado de cosas real y es falso en caso contrario.
El saber cómo o saber instrumental se corresponde en parte
con el sabor natural y en parte con el saber técnico y tecnoló­
gico (ver en III.5).
El saber preposicional es fundamentalmente conocim iento
intelectual, mientras que el saber instrum ental está referido
al aprendizaje de procedimientos y al logro de destrezas y
habilidades.
En adelante adoptaremos una decisión que es habitual: tra­
tar el tema del conocim iento científico en el plano del lengua­
je. Con esta operación se traslada la problem ática de los con­
tenidos y relaciones del conocimiento a contenidos y relacio­
nes entre los términos y enunciados de un lenguaje. De este
modo se pueden delim itar con más claridad los problemas y
se facilita un análisis más concreto y objetivo de las distintas
cuestiones. Las teorías, leyes, hipótesis y datos que consti­
tuyen conocimientos pueden tratarse como enunciados. Por
otro lado los conceptos científicos como “masa”, “gravitación”,
“gas”, “más denso que” , “gen”, “estructura social”, “aparato
psíquico”, “capital” , “salario”, pueden considerarse términos
o palabras en el plano del lenguaje. Enunciados y términos
serán entonces los principales componentes a considerar.

2. Los en u n ciad os

¿Qué es un enunciado? Para definirlo es conveniente partir de


la noción de oración, como estructura lingüística básica de un
lenguaje determinado.
Independientemente de su forma, las oraciones cumplen dis­
tintas funciones. Hay oraciones con función expresiva, como por
ejemplo “¡Qué maravilla!”, “¡Ojalá no llueva!” y la mayoría de las
oraciones de la poesía, que ponen de manifiesto actitudes, senti­
mientos y valoraciones de los hablantes. Otras son directivas o
prescriptivas, que tienen por finalidad influir en la conducta de
algún agente, como en las oraciones “No debes mentir”, “Necesi­
taría de tu colaboración” y “¿Puedes alcanzarme un libro?’, que

20
buscan promover o impedir determinadas acciones o respuestas.
Incluyen distintas modalidades, como normas, pedidos, órdenes,
leyes, reglas y ruegos.
Están, por último, y sin pretender que la clasificación sea ex­
haustiva, las oraciones con función informativa, que afirman
o niegan algo y son verdaderas o falsas, como por ejemplo “La
Revolución Francesa se produjo en 1789”, o “Algunas bacterias
resisten temperaturas bajo cero”. A estas oraciones se las deno­
mina enunciados, término que se corresponde parcialmente con
la noción clásica de juicio. En este contexto será tomado como
sinónimo de proposición, aunque algunos autores asignan a este
último término un significado diferente, definiéndolo como aque­
llo que expresa un enunciado, su contenido.
La verdad y falsedad son valores de verdad. Como ya se señaló,
se puede decir que un enunciado es verdadero si describe un esta­
do de cosas real, y es falso en caso contrario. Esta caracterización
ha sido llamada concepción “correspondentista” o de “verdad por
correspondencia”, puesto que se basa en el acuerdo o correspon­
dencia entre una oración y la realidad. También se la denomina
concepción clásica, puesto que se origina en Aristóteles. Esta con­
cepción es retomada en la semántica contemporánea por Tarski,
quien en una aproximación a la cuestión dice que “A es una ora­
ción verdadera si designa un estado de cosas existente”6.
Es necesario diferenciar, además, entre enunciados simples o
atómicos y enunciados compuestos o moleculares, Son ejemplos
de enunciados simples “Llueve”, “Hace frío” y “Los protones tie­
nen cargas positiva”, los dos primeros se pueden combinar en las
proposiciones compuestas “Llueve y hace frío” y “Si llueve, enton­
ces hace fiío”. Las moleculares o compuestas son el resultado del
establecimiento de conexiones entre las proposiciones simples a
través de las conectivas lógicas como “y”, “o”, “no”, “si..., enton­
ces...” y su verdad o falsedad queda determinada por los valores
de verdad de las proposiciones atómicas y por el comportamiento
de las conectivas como funciones de verdad. Así, por ejemplo, la
conjunción “Carlos, Ana y Luís llegaron” es verdadera sólo en el
caso en que todas las proposiciones componentes sean verdade­
ras, y una disyunción, como “Viajaré hoy o mañana” es falsa sólo
en el caso én que sean ambas proposiciones falsas.
Los enunciados condicionales como “Si se reduce la capa de
ozono, las radiaciones solares afectarán a los cultivos” tienen
especial importancia en los análisis de la metodología científi­
ca. Están compuestos por un antecedente, que en el ejemplo es
“Se reduce la capa de ozono” y un consecuente: ‘"Las radiaciones
solares afectan a los cultivos”; en cuanto a sus condiciones de
verdad, son falsos solamente en el caso en que el antecedente sea
verdadero y el consecuente falso.
¿Cuáles son las relaciones que se dan entre los enunciados que
constituyen un cuerpo de conocimientos o un sistema de creen­
cias? Son fundamentales las relaciones lógicas de consistencia,
equivalencia, implicación y deducción.
La consistencia o no contradictoriedad es un requisito formal
que no puede faltar en un conjunto de enunciados que consti­
tuye un cuerpo de conocimientos. Un conjunto de proposiciones
es consistente si no se deduce en ese sistema un enunciado “p ”
y también su negación “no p ”. Otro modo generalmente equiva­
lente de definir consistencia afirma que es consistente aquel sis­
tema en el que no todo es demostrable. Si en cambio el sistema
fuera inconsistente, según el primer criterio en ese sistema se
demuestra “p ” y también “no p ”, y según el otro criterio en él
se deduce cualquier enunciado, lo cual equivale a no demostrar
nada. La lógica se ocupa de definir estas propiedades con rigu­
rosidad y de los procedimientos para demostrar que los sistemas
reúnen estos requisitos.
En cuanto a la equivalencia, dos enunciados son equivalentes
si tienen el mismo valor de verdad, no puede ser uno verdadero y
el otro falso, y cada uno de ellos implica y se deduce del otro.
La implicación y la deducción son relaciones recíprocas. Un
enunciado implica a otro si no puede darse el caso que el primero
sea verdadero y el segundo falso. Un enunciado se deduce de otro
si no puede ocurrir que el primero sea falso siendo el segundo
verdadero7.
En un cuerpo de conocimientos ciertos enunciados constituyen
premisas de las que se infiere otro como conclusión, formando un
razonamiento.

22
3. Los razonamientos

Los razonamientos son conjuntos de enunciados en los que uno


de ellos, la conclusión, se desprende de los restantes, llamados
premisas. Las premisas son el soporte de la argumentación, de
ellas se obtiene la conclusión. Se trata de términos relativos, algo
es conclusión en relación con las premisas y viceversa. Hay dis­
tinto tipo de razonamientos, los deductivos son aquellos en los
que se pretende que la conclusión se infiera necesariamente de
las premisas.
Cuando un conjunto de premisas (una o más) implica una con­
clusión, se dice que constituyen una deducción correcta o razona­
miento válido. Consecuentemente se dice que un razonamiento
es válido cuando no puede darse el caso que de premisas verda­
deras se infiera una conclusión falsa. Esta es una noción central
dentro de la lógica. El siguiente es un ejemplo de razonamiento
válido, como puede verse intuitivamente en el diagrama:

Las aves de climas templados son migratorias


Las golondrinas son aves de climas templados
Las golondrinas son migratorias

(la línea separa las premisas de la conclus

El siguiente razonamiento en cambio, es inválido, como puede


mostrarse a través del diagrama:

Los elefantes son mamíferos.


Los elefantes no viven en zonas finas.
Los maiferos no viven en zonas frías.

Entre los razonamientos válidos, algunos son de especial inte­


rés para el análisis del conocimiento científico. Uno es el denomi­
nado modus pones, que tiene la siguiente forma:

23
Si p, entonces q
P

Otro de mucho interés es el modus tollens:

Si p, entonces q
noq

no p

Entre las formas inválidas es importante la falacia de la


afirmación del consecuente, que como es incorrecta, admite
ejemplos de esa forma que tienen las premisas verdaderas y
la conclusión falsa:

Si p, entonces q
Q

Además de los razonamientos deductivos, hay otro tipo de


razonamientos, que genéricamente se pueden denominar n o-
deductivos. Son aquellos en los que la conclusión se desprende
con cierto grado de probabilidad. A su vez pueden ser de distin­
to tipo. El más importante es el inductivo, que se caracteriza
por el hecho de que la conclusión es siempre más general que
las premisas, (ver en el capítulo 2. El método inductivo).

Otro tipo no-deductivo de razonamientos es el analógico, que


sobre la base de que ciertos casos comparten un conjunto de
propiedades, se infiere que probablemente compartan también
otras propiedades. Así, por ejemplo, si se sabe que las estrellas
de determinado tipo tienen un conjunto de características, al
detectarse una nueva estrella de ese grupo se podrá inferir, por

24
analogía, que también tendrá las mismas propiedades que las
otras ya conocidas. Se puede presentar un esquema simplifica­
do de estas inferencias de la siguiente manera:

a, b , c y d tienen las propiedades F, G, H e I.


Se conoce además que a, b y c tienen la propiedad J

d tiene la propiedad J

4. L os térm inos

En cuanto a los términos que forman parte de los enunciados,


se han hecho varías distinciones.
Por un lado cabe diferenciar entre términos que correspon­
den a propiedades, tales como “número”, “sólido”, “liso”, “ave”,
“planeta”, “gen”, “átomo”, “capital”, y por otro términos rela­
ciónales como “más pesado que”, “menos poblado que”, “mayor
que”, y “al norte de”: Las propiedades se atribuyen a indivi­
duos y las relaciones conectan entre sí individuos, como en los
enunciados “Pedro es diabético” y “Madrid es más poblada que
Granada” respectivamente.
Desde otro punto de vista que interesa a ciencias como la física,
la economía y la psicología, y en general a las llamadas ciencias
fácticas, los términos pueden clasificarse en teóricos y observa-
dónales. Observacionales son aquellos a los que se accede en
forma directa, a través de la experiencia perceptual simple o am­
pliada por los instrumentos de observación científica. Teóricos
son aquellos a los que no se accede a través de observaciones,
corresponden a propiedades inobsérvateles, constituyen el len­
guaje específico de las teorías y cumplen un papel importante en
las explicaciones. En física y biología, por ejemplo, son observa­
cionales términos como “sólido”, ‘líquido”, “áspero”, “más veloz
que” , “extremidades”, “pelaje”, “pulmón”, y son teóricos “átomo”,
“energía” y “campo electromagnético”. No siempre hay una dife­
renciación nítida entre el vocabulario teórico y el observacional.

25
Hay términos que son teóricos en determinados contextos, y en
otros son observacionales, como por ejemplo el término “tiempo”:
en contextos experimentales es una variable empírica, mientras
que en la física teórica no lo es. En muchos casos, conceptos que
inicialmente fueron teóricos como “gen”, “célula” y “microorga­
nismo”, con el avance de los instrumentos de observación pasa­
ron a ser observacionales.
Por otro lado, la enorme sofisticación de los instrumentos de ob­
servación y registro empírico como los microscopios electrónicos
o la cámara de burbujas hace que los datos obtenidos tengan un
amplio contenido inferencial y haya mucha teoría presupuesta
en la interpretación de esos datos. Por estas dificultades y tam­
bién por un cuestionamiento al énfasis puesto en la categoría
de observación que tiene esta distinción, algunos autores como
Hempel han propuesto la distinción alternativa teórico-preteári-
co. En esta dicotomía, teórico sería el lenguaje específico de una
teoría, con función explicativa, y preteórico8 sería el lenguaje ya
aceptado, común a distintas teorías.
Según otro criterio, de gran importancia científica, los términos
pueden dividirse en clasificatorios, comparativos y métricos9.
Un problema importante que ha discutido la epistemología
contemporánea es el de cómo adquieren significado los términos
teóricos en las ciencias fácticas. Algunos están a favor de darles
significado a través de definiciones teóricas. El procedimiento
consiste en definir los términos de una teoría determinada re­
curriendo exclusivamente a los términos de esa teoría, pero este
recurso tiene el inconveniente -s i todos los términos se definen
de ese m odo- de que no se establecen correspondencias entre el
lenguaje teórico y la experiencia y, en definitiva, con la realidad.
Otros sostienen que deben definirse a través del lenguaje empí­
rico, observacional. Extremando aún más esta posición, los ope-
racionalistas han sostenido que el lenguaje teórico debe definirse
mediante el establecimiento de procedimientos empíricos que
permitan, en la medida de lo posible, mediciones. Así, el concep­
to de distancia en física, o su correspondiente término, se define
operacionalmente a través de un procedimiento de medición, por
ejemplo, a través del empleo de un teodolito.

26
Los instrumentalistas, por otro lado, sostienen que los térmi­
nos teóricos son meros rótulos de un valor instrumental, más o
menos eñcaces para organizar nuestra experiencia sin ninguna
pretensión de referir a propiedades de la realidad. Para ellos,
términos como “aparato psíquico”, “estructura social”, “especie”,
no serían términos descriptivos, sino meros rótulos convenientes
para la explicación y la predicción. Además, las hipótesis y leyes
que contengan esos términos no serían verdaderas ni falsas, ya
que se las concibe como reglas y no como enunciados.
Por último, algunos han sostenido que los significados de los
térm inos teóricos no se agotan en el contenido de una defini­
ción. Se pueden establecer reglas de correspondencia entre el
lenguaje teórico y el observacional o preteórico, pero no pue­
de agotarse su significado en ninguna de esas postulaciones,
sino que queda abierta a nuevas correspondencias que surjan
con el desarrollo de la ciencia. Siempre se tendrá de ellos un
significado em pírico parcial.
El lenguaje científico ha ido paulatinamente logrando más
precisión que el lenguaje natural. La ambigüedad y la vaguedad
que caracterizan a los lenguajes naturales como el castellano o
el alemán son, por un lado, un obstáculo para el conocimiento
científico, pero por otro lado, cumplen funciones imprescindibles
en el orden comunicacional y social. La vaguedad, por otra parte,
es ineliminable: se pueden lograr lenguajes más precisos, pero no
se puede eliminar la vaguedad totalmente.

5- E n u n ciad os a n a líticos y sin téticos

Además de las distinciones ya efectuadas respecto de los dife­


rentes tipos de enunciados, existe otra clasificación, de mucha
relevancia para el estudio de la ciencia, que los divide en ana­
líticos y sintéticos. Ejemplo del primer tipo es “El complemento
del complemento de un conjunto es igual a ese conjunto” y es
sintético “En la península de Yucatán hay restos de construc­
ciones mayas” . Muchos filósofos consideran que esta distinción
constituye una dicotomía, pero otros señalan que podrían ser

27
categorías extremas entre las cuales se da un continuo de moda­
lidades, ya que existen casos fronterizos de difícil categorización.
Además, la distinción tiene carácter relativo, en el sentido de que
en determinados contextos un enunciado resulta ser analítico, y
en otro es sintético, dependiendo de las categorías lingüísticas
y conceptuales involucradas. Más allá de las dificultades para
establecer entre ambas categorías una división taxativa, hay ca­
sos paradigmáticos de cada uno de estos enunciados que permite
caracterizar distinto tipo de ciencias: las formales en principio
contienen solamente enunciados analíticos y las fácticas contie­
nen principalmente enunciados sintéticos.
Los enunciados analíticos son aquellos cuya verdad o false­
dad no depende de su correspondencia con la realidad, no hacen
afirmaciones acerca de cómo es el mundo, sino que su valor de
verdad depende de las relaciones internas del enunciado. Supo­
ne una noción de verdad relativa a propiedades estructurales,
sintácticas y semánticas. Así, por ejemplo, “x + y = y + x” es una
afirmación cuya verdad depende de las propiedades que definen
a la operación suma, de la relación de igualdad y del dominio
de las variables exclusivamente. A su vez pueden clasificarse en
varios subtipos:
a) Enunciados lógicos, lógicamente verdaderos, como ‘Llueve o
no llueve” y “Los perros blancos son blancos”, o lógicamente
falsos como “Llueve y no llueve”. Su verdad o falsedad depen­
de exclusivamente de las relaciones formales entre los compo­
nentes de las proposiciones.
b) Enunciados matemáticos, como “a + (b + c) = (a + b) + c”, o
“Los triángulos tienen tres lados”, que suponen propiedades
y relaciones formales entre entidades específicas de las ma­
temáticas.
c) Enunciados por sinonimia, cuya verdad o falsedad depende de
cuestiones semánticas o de los significados, como en el conoci­
do ejemplo de Quine “Ningún soltero es casado”.
d) Enunciados definicionales, que o bien constituyen definicio­
nes, o bien las presuponen, como en el enunciado “Los perros
son animales”, que es analítico si en la definición de perro se
incluye como nota definitoria la de ser animal.

28
Conviene aclarar que no todos los epistemólogos coinciden en
considerar analíticos a los enunciados matemáticos. Para Kant,
por ejemplo, eran juicios sintéticos apriori10. Otros consideran
analíticos a los de la aritmética y sintéticos a los de la geometría,
y algunos a la inversa.

Los enunciados sintéticos son aquellos cuya verdad o falsedad


no depende de las relaciones internas del enunciado, sino de su
correspondencia o no con estados de cosas reales. Pueden tener a
su vez distintas modalidades:

a) Enunciados em píricos singulares, que refieren a hechos o


situaciones particulares. Por ejemplo, “El cometa Halley
aparece cada setenta y seis años”, “Este termómetro marca
100°C” o “En la Antártida está el monte Flora”. Su verdad o
falsedad puede determinarse en forma relativamente sim ­
ple, por información empírica directa que permita verifi­
carlos o refutarlos.
b) Enunciados fácticos generales, que a su vez podrán ser
universales, existenciales, o estadísticos. Son ejemplos de
enunciados existenciales “Algunas aves no vuelan”, "Exis­
ten galaxias aún no exploradas” y “Algunas bacterias resis­
ten tem peraturas bajo cero”. Son ejemplos de enunciados
estadísticos “La mayoría de los niños comienzan a caminar
alrededor del año de vida” y de enunciados universales “El
agua hierve a 1009° C” o "Las estrellas emiten radiacio­
nes” . En estos enunciados el conocim iento de la verdad
es más problem ático que en el caso de los singulares, ya
que no puede verificarse concluyentemente un enunciado
universal ni puede refutarse un enunciado existencial: no
es posible saber si una afirmación universal es verdadera
para todos los casos pasados, presentes y futuros, ni si
nunca ocurrirá aquello que afirma una proposición exis­
tencial. Nadie puede asegurar que el enunciado ‘Todos los
cuervos son negros” sea verdadero para todas sus instan­
cias, ni es posible saber si es falso que “Existen seres ex­
traterrestres” .

29
c) Enunciados teóricos, son aquellas proposiciones de la cien­
cia que contienen términos teóricos y que por consiguiente
no refieren a aspectos de la realidad de acceso directo, sino
que se conectan con ella de modo mediatizado e inferen-
cial. Se trata de obtener información acerca de sus valores
de verdad a través de sus consecuencias. Un ejem plo sería
el enunciado “Los neutrinos y los protones son partículas
subatómicas” .
d ) Enunciados no fácticos. En algunos contextos, particular­
mente en la filosofía, se suelen hacer afirmaciones de alto
grado de abstracción en los que la referencia a la realidad
está mediatizada y es opaca. Pueden tomarse como ejem ­
plos enunciados del tipo “La categoría de causalidad per­
tenece a la razón trascendental”, o “La sustancia pensante
y la sustancia extensa son dos formas de una única sus­
tancia”. Se ha planteado el problema de reconocerle o no
carácter informativo a esas afirmaciones. Si se les concede
carácter informativo podrán ser considerados un subcon­
junto de proposiciones sintéticas cuya verdad o falsedad
será difícil conocer. Algunos filósofos han sostenido que
se trata muchas veces de afirmaciones que resultan de un
abuso en la utilización del lenguaje, y por lo tanto las con­
sideran pseudos proposiciones y se les niega contenido in­
form ativo11. En algunos casos son enunciados categoriales,
que fijan lím ites y reglas al uso del lenguaje y a las relacio­
nes conceptuales, como en las proposiciones “Ningún color
es un sabor”, “Los números no son entidades espaciales” y
“Lo rojo es coloreado” .
Esta clasificación de enunciados analíticos y sintéticos es
problemática y ha sido discutida desde muchos contextos di­
ferentes. Las subdivisiones que se acaban de presentar, y que
se esquematizan a continuación, son también muy discuti­
bles, pero han sido pensadas para los fines del análisis de
cuestiones que tienen que ver exclusivamente con las teorías
científicas:

30
' a) enunciados lógicos
Enunciados b ) enunciados matemáticos
analíticos c ) enunciados por sinominia
. d ) enunciados definicionales

' a) enunciados empíricos singulares


Enunciados b) enunciados empíricos generales
sintéticos c) enunciados teóricos
. d ) enunciados no fácticos

/ // . TIPOS D E CONOCIMIENTO

El conocimiento ha sido clasificado de múltiples maneras, Para


el propósito de este trabajo interesa caracterizar el conocimiento
científico, pero se analizarán también brevemente otras formas
de conocimiento como el conocimiento natural, el tecnológico y
el filosófico, para establecer similitudes, diferencias y relaciones
con aquél.

1. E l con ocim ien to n a tu ra l y el cien tífico

El conocimiento natural es el que se adquiere en forma espon­


tánea e informal. Es imprescindible para la supervivencia hu­
mana en el medio natural y social y se constituye sobre prácticas
muy básicas que pasan a formar el “sentido común”. El lenguaje
natural es su vía de expresión y de transmisión.
En el ámbito físico, por ejemplo, permite organizar el espa­
cio, con sus relaciones de equilibrio, formas, pesos y volúmenes.
Aprendemos a calcular distancias, movimientos, velocidades y
a conocer nuestro cuerpo y nuestro entorno. En el orden social,
sabemos interpretar a nuestros semejantes, compartimos acti­
vidades con otras personas en múltiples situaciones, como en lo
familiar y lo laboral y nos constituimos en seres humanos en esa
compleja trama de afectos e informaciones que nos dan identi­
dad y pertenencia. Sabemos distribuir nuestras actividades en
el tiempo y lograr una relativa eficacia en los objetivos de la vida
cotidiana personal y social.

31
Esa compleja trama de conocimientos espontáneos constituye
la base de todo otro tipo de conocimiento, son nuestras experien­
cias básicas a partir de las cuales adquirimos habilidades, pen­
samos, inferimos, comparamos, formulamos preguntas, estable­
cemos regularidades, hipotetizamos y valoramos.
Se trata de un campo muy rico de la experiencia humana
que se adquiere informalmente y está moldeada por nues­
tras disposiciones biológicas y por el orden social y cultural.
Permiten una enorme economía de pensam iento y esfuerzo,
pero son también sustento de prejuicios e ideologías. Muchas
veces estos conocim ientos espontáneos obstaculizan el cono­
cim iento científico debido a que generan estereotipos y expec­
tativas que es difícil abandonar cuando la realidad demanda
una revisión crítica de nuestras creencias y la búsqueda de
conocimientos mejor fundados.
Hay una serie de distorsiones sistemáticas en nuestras creen­
cias ordinarias tales como relacionar causalmente dos fenóme­
nos por el mero hecho de que se suceden en el tiempo, confun­
dir el lenguaje con la realidad, y cometer la falacia naturalista
que no discrimina lo que es de lo que debe ser. Francis Bacon12
distingue en su teoría de los ídola, cuatro tipos de errores o dis­
torsiones recurrentes. Los idala tribu, que son comunes a todos
los seres humanos, nos llevan a suponer, por ejemplo, que hay
más orden y regularidad en la naturaleza que la que realmen­
te existe, o a aferramos a creencias aceptadas, o creer que es
real aquello que deseamos (el wishfull thinking del que hablan
los ingleses). También hay distorsiones que tienen que ver con
nuestras características individuales, fruto de nuestras condi­
ciones biológicas, mentales y de la educación recibida, a los que
denomina idola specus. Los idola fori son las distorsiones del
lenguaje y la comunicación, que llevan a confundir la existen­
cia de un término con la realidad referida por ese término. Por
último, están los errores que vienen de la herencia filosófica y
de las tradiciones: los idola theatri, que nos llevan a adoptar
ciertas ideas en forma dogmática.
En cuanto a la integración del conocimiento científico con el
natural, hay distintos modos de concebirla. Algunos sostienen la

32
completa continuidad entre una y otra forma de conocer, otros en
cambio marcan radicales diferencias. Una solución de compro­
miso permite reconocer coincidencias y continuidades así como
diferencias y discontinuidades. En un famoso texto de Eddington
en defensa de la radical diferencia entre conocimiento vulgar y
científico se hace referencia a dos mesas, una es la mesa sólida
y dura de nuestro conocimiento natural, la otra es un enjambre
formado por cargas eléctricas en movimiento y amplios espacios
vacíos. ¿Cuál de las dos mesas es la real?, se pregunta Edding­
ton. Sin duda la mesa científica. Pero Hempel13 responde a esta
dicotomía diciendo que la mesa científica pretende en última ins­
tancia dar cuenta de la mesa de nuestra experiencia natural. No
hay en definitiva dos mesas, sino un intento de explicar a través
de un modelo científico la mesa de nuestra experiencia natural.
Mientras que el conocimiento natural tiende a ser rígido y res­
ponde a estereotipos, el conocimiento científico es crítico. Muchas
de las creencias ordinarias se ven cotidianamente refutadas y
cierto conservadurismo, o atrincheramiento del sentido común,
ligado algunas veces a prejuicios y a economías de esfuerzos, no
dan cuenta de las discrepancias.

El conocimiento científico es una modalidad de conocimiento


que es interesante de considerar en su constitución y desarrollo
histórico. Sus orígenes se remontan a la Antigüedad del siglo VI
a.C, con las matemáticas de Tales y Pitágoras, la física y biología
de los jónicos, la historia de Herodóto y Tucídides. Un floreci­
miento importante ocurrió en el denominado período helenístico,
en la Alejandría de los siglos III a.C. a III d.C, que permitió la
confluencia del pensamiento especulativo y teórico de los griegos
con los conocimientos prácticos de otras culturas como la egipcia.
Tuvo grandes figuras como Arquímedes, Euclides y Herón en fí­
sica y en matemática, y destacados biólogos y astrónomos. Pero
la ciencia moderna surge con figuras tan significativas como Ga-
lileo y Torricelli, en el siglo XVII. Su característica principal fue
la confluencia del pensamiento teórico con la observación y expe­
rimentación empírica.
Se puede caracterizar a la ciencia, de manera muy general, por

33
algunos rasgos compartidos por las distintas disciplinas científi­
cas, y que constituyen valores o ideas regulativas.
Aunque es una frase hecha puede decirse que lo que caracte­
riza a la ciencia es la búsqueda de la verdad, esto significa que
cualquier otro fin estará subordinado a este fin principal que es
el acceso al conocimiento. Cabe aclarar, por otro lado, que no es
lo mismo buscar la verdad, que alcanzarla, o tener certeza acerca
de ella. Es sabido que la verdad no siempre se logra en el contex­
to de la ciencia.
Es también un conocimiento racional, en el sentido de que debe
ser coherente y fundado en razones, es decir, sostenido argumen­
tativamente.
Pretende además ser un saber crítico, rasgo que lo diferencia
del conocimiento natural, que como ya se señaló, es a veces poco
crítico. Cohén y Nagel dicen en Introducción a la lógica y el mé­
todo científico14 que mientras otros tipos de conocimiento apelan
a la intuición, a la autoridad o a la repetición ciega, la ciencia se
caracteriza por ser crítica, como opuesta a dogmática. Ese rasgo
le permite ser autocorrectiva. Contra las creencias populares, lo
que caracteriza a la ciencia no es su absolutez o seguridad, sino
su corregibilidad y su provisoriedad.
Se caracteriza también por la sistematicidad, que hace que la
ciencia no sea nunca la suma de conocimientos aislados, sino que
busca su integración en distintos sistemas y estructuras comple­
jas; lógicamente articulados.
Es además un saber que intenta ser preciso. Logra esa preci­
sión utilizando por un lado un lenguaje técnico, con significados
menos ambiguos que los del lenguaje natural, y por otro lado
mediante el empleo de herramientas formales, traduciendo sus
hipótesis a ecuaciones y fórmulas de la lógica y la matemática y
distintos recursos simbólicos como los de la química.
Otro de los rasgos de la ciencia es su carácter metódico, en el
sentido de que requiere del empleo de determinados procedi­
mientos que gozan de confiabilidad, para la obtención y valida­
ción de los conocimientos.
También tiene la propiedad de ser general. La ciencia busca
formular leyes generales que expresen regularidades, sin perder,

34
en muchos casos, la singularidad. Ya Aristóteles señalaba que la
ciencia es siempre conocimiento acerca de lo general.
A diferencia del conocimiento filosófico, la ciencia acepta la
existencia de supuestos que no se cuestionan acerca de aspectos
muy básicos de los objetos de estudio, su existencia, su continui­
dad en el tiempo y el mejor modo de conocerlos.

2. L a cla sifica ción d e las cien cia s

Desde la antigüedad clásica hasta nuestros días se ha formu­


lado una enorme y variada cantidad de clasificaciones de las
ciencias, muchas de ellas englobadas dentro de clasificaciones
más amplias del conocimiento humano en general. Algunas de
ellas resultan inútiles o extravagantes a nuestros ojos, o incluso
incomprensibles. Se ha hablado de ciencias experimentales y no
experimentales, sagradas y profanas, morales y positivas, natu­
rales y sociales, duras y blandas.
Resulta claro, al comparar distintas clasificaciones, el hecho de
que cada una de ellas se construye a partir de algún criterio o
propiedad que se desea destacar, y que constituye el fundamento
de la clasificación. Y esto ocurre con cualquier tipo de clasifica­
ción.
En muchos casos el supuesto subyacente a la clasificación es
ontológico: se da por sentado que la realidad está formada por
distinto tipo de entidades, y a partir de esa división se asigna a
cada disciplina científica el estudio de cada uno de ellos. Así, por
ejemplo, si se sostiene que la realidad está constituida por dos
grandes ámbitos, lo material por un lado y lo espiritual por otro,
las ciencias podrán clasificarse, consecuentemente, en ciencias
de la naturaleza y ciencias del espíritu.
También ha sido frecuente clasificar a las ciencias desde un
punto de vista gnoseológico, es decir, sobre la base de supues­
tos acerca de cómo conoce el ser humano. Se ha afirmado, por
ejemplo, que la mente humana tiene un determinado número de
“facultades” o capacidades y a partir de ellas se han clasificado
las ciencias. Un ejemplo de este tipo de criterio clasificatorio lo

35
constituye la clasificación de Francis Bacon, quien distingue tres
facultades: la razón, la memoria y la fantasía. A la primera le
hace corresponder la ciencia propiamente dicha, subdividida en
ciencia natural, teología natural y ciencias del hombre; a la se­
gunda le corresponde la historia y a la tercera la poesía.
Ha habido también clasificaciones basadas en criterios meto­
dológicos, que sostienen, por ejemplo, que hay ciencias experi­
mentales y no experimentales, o inductivas y deductivas.
Cuando los supuestos que dan fundamento á una clasifica­
ción son cuestionados, la clasificación corre la misma suerte
y term ina siendo abandonada y reemplazada por otra. Si se
cuestiona, por ejemplo, la división irreductible de la realidad
en naturaleza o materia y espíritu, será también cuestionada
la división de las ciencias basada en ella.
En las últim as décadas se ha impuesto la clasificación que
divide a las ciencias en form ales y fácticas. Se trata de una
clasificación útil para los intereses actuales de la epistem o­
logía y la m etodología y coincidente con más de un criterio
sobre el que puede fundarse la clasificación: el método em­
pleado, el tipo de entidades y el tipo de enunciados propios de
cada uno de estos dos grupos de ciencias.
La lógica y las matemáticas, con sus distintas ramas como
la geometría, el álgebra y la aritm ética constituyen las cien­
cias formales. Las restantes, como la biología, la física, la psi­
cología y la economía son ciencias fácticas, como se presenta
en el cuadro siguiente:

CINC1AS FORMALES CIENCIAS FÁCTICAS


D isciplinas: Disciplinas:
Naturales: Sociales:

Lógica Física Psicología


M atemática Qímica Sociología
Astronomía A ntropología
Biología Economía
Geología Lingüística
M eteorología Pedagogía
... Historia

36
3. L as cien cia s form a les

Las ciencias formales se caracterizan por no ser empíricas, es


decir, porque no hacen referencia a ningún dominio específico de
la realidad. Cuál es la naturaleza de sus objetos de estudio, es
una cuestión que puede responderse de distintas maneras, pero
hay en general consenso respecto de su carácter no empírico.
Se señaló ya que los enunciados de las ciencias formales son
analíticos, en cualquiera de sus tipos: aquellos cuya verdad o fal­
sedad no depende de su correspondencia con la realidad sino de
los componentes internos de los enunciados. De acuerdo con esta
caracterización, también se ha dicho que son enunciados necesa­
rios, a diferencia de los enunciados contingentes que correspon­
den a afirmaciones empíricas. Leibniz caracterizaba a las verda­
des necesarias como verdades de razón, contraponiéndolas a las
verdades de hecho, que pueden no ser. Muchos filósofos contem­
poráneos, siguiendo a Leibniz, caracterizan la verdad necesaria
como aquella que es verdadera en todo mundo posible.
Respecto de la naturaleza de las ciencias formales se han
sostenido distintas posturas. Una de ellas afirma que se tra­
ta de un conocimiento relativo a entes ideales: mientras las
ciencias fácticas proveen de un conocimiento acerca del mundo
real, las ciencias formales conocen otro tipo de objetos, que no
son ni temporales ni espaciales, y que configuran un dominio
de entidades existentes a la manera del mundo de las ideas
platónico. Según esta posición, los objetos matemáticos existen
y el matemático los descubre.
Otra posición, que puede denominarse constructivista, nie­
ga que esas entidades existan en un mundo especial y que se
las descubre. Se trataría, en cambio, de construcciones que
realiza la mente; son el producto de la creación humana y po­
nen de manifiesto las estructuras de nuestra inteligencia. No
habría nada que descubrir, sino que son creaciones propias
de nuestra especie.
Algunos sostienen el carácter meramente sintáctico de
estas ciencias, piensan que son solamente lenguajes form a­
les artificiales, que parten de conjuntos reducidos de signos

37
y fórmulas primitivas y mediante reglas de formación y de
transform ación generan un sistema com plejo de fórmulas de­
rivadas del conjunto de partida.
Por último, una posición m inoritaria sostiene el carácter
em pírico de las entidades matemáticas, las considera abs­
tracciones que parten de la experiencia y van llegando en un
proceso ascendente a la afirmación de propiedades y relacio­
nes de suma generalidad. Han sostenido tal posición empiris-
tas como Stuart M ili, que decía que la matemática deriva de
la experiencia, y Gonseth, que afirmaba que la lógica era la
ciencia de todos los objetos, de cualquier objeto en general.
£1 método que utilizan la lógica y la matemática para ju s­
tificar sus enunciados es la deducción. En algunos casos la
inferencia se efectúa a partir de hipótesis o premisas, y en
otros a partir de axiomas, en cuyo caso la secuencia deductiva
se considera que es una dem ostración15.
Una de las características más notables de las ciencias for­
males es su doble rol. Por un lado funcionan como cualquier
disciplina científica, con sus problemas, métodos y temáticas
propias, sus conceptos y sus campos de investigación. Pero
por otro lado tienen un gran valor instrumental, son herra­
mientas de amplia aplicación en cualquiera de las otras dis­
ciplinas científicas y técnicas y también en metodología de la
ciencia, como se ilustra en la figura 2.

F igu ra 2
E p istem olog ía

M eto d o lo g ía

Formales (lógica y matemática) Tecnología


C iei
Fácticas

4. Las cien cia s fá ctica s

Las disciplinas que integran estas ciencias se caracterizan


porque recortan como tema de estudio determinado campo de
la realidad, delimitan problemas, procesos y propiedades de un
dominio y configuran sistemas estructurados de conocimientos
relativos a ese dominio. Así, la física, la biología, la química y la
economía tienen sus temáticas propias, y recortan determinados
fenómenos como sus campos de estudio. Estas problemáticas no
son fijas ni rígidas, se modifican a través de la historia, se am­
plían por un lado, incorporando nuevas áreas de investigación, y
suelen también reducirse, cuando determinados problemas pier­
den vigencia y se subsumen en otros.
El rasgo principal que diferencia a las ciencias fácticas de las
formales es el siguiente: debido a que refieren a aspectos de la
realidad tienen que contrastar sus afirmaciones con esa realidad,
deben poner a prueba la verdad o falsedad de sus enunciados.
En cuanto al lenguaje de las ciencias fácticas, sus enunciados
son fundamentalmente sintéticos y corresponden a alguno de los
tipos señalados: enunciados singulares y enunciados generales,
que a su vez pueden ser universales, existenciales o estadísticos.
Pueden contener, también, enunciados teóricos y categoríales, no
fácticos.
Además de los enunciados sintéticos, las teorías suelen incluir
algunos enunciados analíticos, cumpliendo funciones instru­
mentales u organizativas. Hay, por ejemplo, definiciones estipu-
lativas, equivalencias formales y terminológicas, además de la
enunciación de las reglas y leyes lógicas y matemáticas que se
pueden utilizar.
En cuanto a los términos, cabe diferenciar, por un lado, el voca­
bulario lógico con expresiones tales como “todos”, “ninguno”, “no
existen”, “algunos”, “sólo si”, “a menos que” y demás conectivas y
operadores. Por otro lado está el vocabulario descriptivo, que es es­
pecífico de cada temática y que contiene la división tradicional de
términos observarionales y términos teóricos. Esquemáticamente:

39
(Y es el vocabulario de una ciencia fáctica, VI el vocabulario
lógico, Vd el descriptivo, Vo el conjunto de términos observacio-
nales y Vt el vocabulario teórico).
Las unidades de análisis más importantes de las ciencias fác-
ticas son las teorías, que configuran sistemas de conocimientos y
de creencias que en forma simultánea y sucesiva están presentes
en todas las ciencias fácticas.
Las ciencias fácticas han sido divididas en dos grandes gru­
pos: las naturales y las sociales o humanas. Mucho se ha dis­
cutido en tomo al tipo de diferenciación que cabe hacer entre
ambas ciencias en cuanto a sus objetos y métodos. No es sim­
ple establecer criterios que permitan diferenciarlas. Es tal vez
más simple delimitarlas por extensión, es decir, enumerándo­
las, que a través de criterios generales que permitan una dife­
renciación clara. Son ciencias naturales la física, la química, la
biología, la astronomía, la geología y la meteorología. Entre las
ciencias sociales están la antropología, la economía, la sociolo­
gía, la lingüística, la historia, la pedagogía y la psicología.
Muchos filósofos han propuesto otras clasificaciones, gene­
ralmente conservando la clase de las ciencias naturales, pero
contraponiéndola a otras categorías, como ciencias del espíri­
tu, ciencias de la cultura, ciencias de la conducta, o ciencias
hermenéuticas. Cada una de estas alternativas presenta pro­
blemas filosóficos, por ejemplo, porqué suponer un concepto
tan problemático como el de espíritu, desde el inicio, o porqué
suponer que es sólo a través de la conducta que pueden cono­
cerse los fenómenos humanos. También se ha objetado la deno­
minación de “ciencias sociales” por cuanto supondría que todo
lo humano es esencialmente social, hay teorías en cada una de
las disciplinas ubicadas en este grupo en las que lo social no
juega un papel preponderante. En ese sentido parecería ser el
rótulo de “humanas” la denominación que más se adecuaría,
por su escaso compromiso filosófico. Dada la circulación que ha
adquirido la denominación de “sociales”, la seguiremos utili­
zando, indistintamente con la de “humanas”.
En cuanto a las diferencias que presentan ambos tipos de
ciencias, muchos han sostenido que las ciencias naturales son

40
experimentales, mientras que las humanas no lo son ni pue­
den serlo. Pero este no constituye un criterio de diferencia­
ción adecuado. Por un lado, hay ciencias naturales no experi­
mentales, como la astronomía y muchas áreas de la biología.
Hay por otro lado muchos campos de las ciencias humanas
en los que se efectúan experimentos, si bien en menor mag­
nitud que en las naturales, como los experimentos de campo
en psicología social y en sociología, o ciertos experimentos de
laboratorio en lingüística y en psicología.
Desde el punto de vista metodológico, cabe destacar que los
dos tipos de ciencias utilizan teorías y ambos deben contras­
tar sus afirmaciones con la realidad. Estos puntos en común
son lo suficientem ente relevantes como para permitir la con­
sideración de estos dos tipos de ciencias unidos bajo la cate­
goría de ciencias fácticas. Algunos interesados en resaltar las
diferencias contraponen ciencias humanas con ciencias exac­
tas, cuando en sentido estricto, sólo son exactas las ciencias
formales. También se distingue entre ciencias duras y cien­
cias blandas (las humanas), pero puede argumentarse, como
bien dijo alguien, que no hay ciencias duras y blandas, sino
modos “duros” y modos “blandos” de hacer ciencia.
Hay puntos en común y zonas de frontera entre ambos tipos
de ciencias que parece favorecer una consideración integrada.
Así, por ejemplo, la etología es una disciplina nueva e intere­
sante, que intenta aplicar categorías de la sociología a la con­
ducta animal y además sacar consecuencias de esos estudios
para el com portam iento humanó, como las investigaciones de
Konrad Lorenz, que acercan notablemente las ciencias natu­
rales a las sociales. Se han estudiado, por ejemplo, comporta­
mientos sociales tales como el liderazgo y la marginación en
mamíferos superiores como lobos o monos.
Por otro lado, es indudable que la investigación en ciencias
humanas se ve enfrentada a problemas peculiares, que tienen
que ver con la multiplicidad de los factores intervinientes, la pre­
sencia de válores y la intencionalidad de las acciones humanas,
su carácter histórico, y el doble rol de sujeto y objeto de conoci­
miento. Estas diferencias han llevado a muchos epistemólogos a

41
defender la división radical entre lo que es propio de las ciencias
naturales y lo que es característico de las ciencias humanas.
La llamada tradición com prensivista, que proviene del filó­
sofo W. Dilthey, sostiene la existencia de marcadas diferen­
cias de objetos y métodos en ambos tipos de disciplinas. Las
ciencias del espíritu com prenden, las ciencias naturales ex­
plican; una son nomotéticas, las otras idiográfkas; unas son
ciencias de lo singular, de lo idiosincrático y único, las otras
buscan regularidades y formulan leyes generales.
El método de la comprensión empática que se proponía en los
orígenes del movimiento comprensivista se ha modificado en
las versiones contemporáneas a través de la hermenéutica. Ya
no es el fenómeno psicológico de la comprensión de los sujetos
estudiados, sino la interpretación como recurso de clarificación
del plano simbólico que está presente en todas las acciones y
productos humanos. Pero es perfectamente posible incorporar
la hermenéutica, a través de hipótesis interpretativas, sin por
eso plantear una bifurcación teórica y metodológica.
Es interesante señalar, por otro lado, que si bien gran par­
te de los investigadores sociales del siglo pasado y principios
de este siglo intentaron im itar a las ciencias naturales, en
las últimas décadas, en cambio, se ha registrado un movi­
miento inverso de “humanización” de las ciencias naturales,
motivado tanto por la necesidad de incorporar al sujeto como
integrante del fenómeno estudiado como por el abandono del
modelo de ciencia causalista y determinista.

5. E l con ocim ien to técn ico y tecn ológico

La técnica constituye un ámbito de conocim iento que tiene


una finalidad práctica, porque pretende actuar sobre la rea­
lidad. Hay técnicas muy .variadas y de muy antigua data que
recorren las distintas culturas desde tiempos prehistóricos,
tales como la alfarería, el curtido de pieles, la preparación de
alimentos y la agricultura.
La tecnología es un tipo especial de técnica, aquella que adopta

42
la metodología científica y que presupone conocimientos cientí­
ficos.
El discurso técnico y tecnológico es en parte informativo
y en parte prescriptivo, ya que produce reglas para generar
cursos de acción. Las acciones que se prescriben pueden tener
tres finalidades, muy conectadas entre si:
a) por un lado, se trata de evitar o prevenir determinados
hechos,
b ) tam bién se busca modificarlos y controlarlos,
c ) por último se trata de crear determinados productos o
artefactos.
Por ejem plo, una técnica preventiva sería la que utiliza la
agrotecnia para evitar la degradación de los suelos o en me­
dicina las estrategias para evitar la propagación de una en­
ferm edad o de una epidemia. En cuanto a técnicas de control
y m odificación, pueden citarse las de dragado de ríos para
controlar su cauce, o reglas de política económica para dismi­
nuir el desempleo. La ingeniería civil y electrónica ejem plifi­
can las técnicas de producción de artefactos y entidades tales
como un edificio, un puente o un televisor.
La importancia de la tecnología en nuestra cultura y en el de­
sarrollo del conocimiento son bien conocidas. El poder que este
conocimiento ha generado y la cultura tecnológica que se ha ins­
talado en las últimas décadas es tema de permanente reflexión.
Los cambios sociales que la tecnología es capaz de generar son
debatidos desde diferentes perspectivas y modelos políticos.
La relación entre ciencia y técnica es estrecha y variada. En
algunos casos, la técnica ha tenido su propia historia, como
en el caso de la navegación, la agricultura y la producción tex­
til, que tardíam ente se conectaron con la ciencia, recibiendo
de ella los conocim ientos que les permitieron convertirse en
tecnologías. En otros casos, fue a partir de los avances cientí­
ficos que fueron surgiendo campos tecnológicos nuevos, como
ciencia aplicada prim ero y como tecnología después. Cabe se­
ñalar que entire ciencia aplicada y tecnología hay sólo una
diferencia de grado que tiene que ver con su mayor o menor
autonomía y en un continuo de modalidades.

43
La tecnología hace permanentes aportes a la ciencia, por un
lado a través del planteo de nuevos problemas, y por el otro,
aportando nuevas herramientas de exploración científica, como
los radares, los microscopios, los telescopios y un sinnúmero de
sofisticados recursos para ampliar la observación y la experi­
mentación. En algunos casos, los cambios en los instrumentos
de observación generaron verdaderas revoluciones científicas.
Está el famoso ejemplo del telescopio de Galileo y sus adversa­
rios que se negaban a mirar a través de él. Como dice Galileo
en el Mensajero de los Astros, la observación de montañas en la
luna confirmaba (<la antigua opinión pitagórica de que la luna es
[...] como otra tierra” 16 y refutaba la división aristotélica de un
mundo supralunar, eterno e incorruptible y otro sublunar im­
perfecto y temporal. En la actualidad, las técnicas estadísticas y
la simulación por computadoras son también ejemplos de la gran
influendá de la tecnología sobre la dencia.
En cuanto a las reglas tecnológicas, comparten con las normas
éticas y jurídicas el carácter de discurso prescriptivo o directivo,
pero difieren de aquellas en cuanto a que tienen carácter instru­
mental. Su forma es la siguiente: “para lograr el fin A, deberá
efectuarse el procedimiento B”. Son condicionales que conectan
medios con fines, cuyo valor es la eficada, y no la verdad. Son
ejemplos de reglas técnicas las oradones prescriptivas que es­
tablecen procedimientos relativos a cómo reparar un reloj o un
mueble, y son tecnológicas aquellas que, por ejemplo, indiquen
cómo preparar un campo antes de la siembra, cómo recaudar im­
puestos o cómo resolver un conflicto en un grupo de trabajo.
Se puede a su vez diferendar distinto grado de generalidad y
especificidad en las reglas, y en el caso de las tecnológicas, si bien
constituyen saberes instrumentales, al presuponer conocimien­
tos científicos, contienen también saberes preposidonales.
Cabe diferenciar, por otro lado, entre las reglas tecnológi­
cas y las acciones mismas. En algunos contextos, se entiende
por técnica y tecnología el conjunto de acciones, la práctica
misma, las acciones guiadas por las regias, y no el cuerpo de
conocim ientos que guían esas acciones, al que nos referim os
en este contexto. Otra confusión frecuente es la de tomar por

44
tecnología a los productos tecnológicos, particularmente los
productos físicos o artefactos.
Las disciplinas tecnológicas tienen larga data en algunos ca­
sos, como la medicina, la ingeniería, la administración y la conta­
bilidad. En otros casos se han desarrollado ramas nuevas, como
la cibernética, la computación y la ingeniería genética. La psico­
terapia y la psiquiatría, si bien no son tecnologías nuevas, han
recibido cambios notables en las últimas décadas. La navegación
espacial es otro de los campos de desarrollo reciente.
Del mismo modo que el conocimiento científico, el conocimien­
to tecnológico se organiza en disciplinas. Por un lado están las
que derivan de una ciencia natural, como la ingeniería espacial,
la ingeniería química, la biotecnología y la ingeniería genética.
También hay tecnologías asociadas a las ciencias humanas,
como la economía política, la psiquiatría, la planificación educa­
tiva, la planificación social, el urbanismo, la administración de
empresas y otras. Por último, existen disciplinas que presuponen
solamente las matemáticas y ninguna ciencia fáctica, como la
cibernética y la ingeniería de sistemas. En el siguiente cuadro se
ejemplifican las relaciones de algunas tecnologías con las princi­
pales ciencias presupuestas17.
T e cn o lo g ía C ien cia s presu pu estas

Administración Sociología. Economía, Psicología, Matemáticas

Física, Química, Biología, Geología,


Agronomía Geografía, Meteorología...

Computación Lógica, Mateáticas, Semiótica,....

Didáctica Pedagogía, Psicología,...

Ingeniería física, Química, Matemáticas,


(distintas especialidades) (de acuerdo con cada rama)

Medicina Biología, Química,...

Política económica Economía, Ciencias Políticas, Sociología,,,,

Psicoterapia Psicología, Biología,..

45
6. E l con ocim ien to filosófico

Puesto que la epistemología es considerada una disciplina fi­


losófica, cabe analizar brevemente qué es lo que caracteriza a la
filosofía. Puede decirse que produce un conocimiento de difícil
delimitación dado el amplio campo de problemas que abarca y la
diversidad de modalidades y criterios que se han desarrollado a
través de su historia. Pretende ser un saber general, que funda­
menta y evalúa los distintos productos y actividades humanas.
Gran parte de los conocimientos filosóficos son conocimientos
de segundo nivel o metateóricos: aquellos que no tratan proble­
mas relativos a un campo determinado de la realidad, sino que
se ocupan de problemas acerca del conocimiento. Cuando un
epistemólogo analiza la validez de una teoría o la adecuación de
los métodos de investigación, está haciendo enunciaciones meta
teóricas. Todo lo que se refiere a la verdad de una teoría, su fun-
damentación teórica y empírica, su coherencia, su estructura, su
poder explicativo y predictivo es siempre metateórico. Conviene
que este plano sea siempre reconocido como distinto del plano
sobre el cual se reflexiona, para de este modo evitar las paradojas
de la autorreferencia, como la famosa paradoja del mentiroso,
que ya conocían los antiguos griegos.
Pero ciertas temáticas filosóficas son también teóricas, sólo que
de un amplio grado de generalidad y abstracción, como la antro­
pología filosófica, la metafísica y algunos desarrollos de la ética
normativa. La primera trata de elucidar qué es el ser humano, y.
la metafísica, que es una disciplina central dentro de la historia
de la filosofía, pretende llegar a un conocimiento general de la
realidad, en el sentido de “realidad última”, dando respuestas
a preguntas más allá de las cuales ya no cabe preguntar, a los
límites de nuestro conocimiento.
Son muchas las disciplinas que integran la filosofía. La gnoseo-
logía se ocupa del conocimiento y sus problemas, la estética de
la producción artística y la ética de la caracterización y la funda-
mentación de la moral. Están también la filosofía del lenguaje, de
las religiones, del derecho, de la educación y de la ciencia. Como
ya se señaló, a veces se ha identificado la epistemología con la íi-

46
losofía de la ciencia, pero en sentido estricto, la epistemología sólo
toma los problemas relativos al conocimiento, mientras la prime­
ra incluye otras cuestiones, como las ontológicas y las éticas.
Del mismo modo que las ciencias, las disciplinas filosóficas han
cambiado a lo largo de la historia, fusionándose algunas veces y
bifurcándose otras. La axiología, por ejemplo, se constituyó por fu­
sión de los problemas relativos a los valores, integrando la ética y la
estética. También la filosofía práctica se configuró como integración
de problemas éticos y de filosofía política. La filosofía de la tecnolo­
gía y la filosofía del género son ejemplos de disciplinas nuevas.
En algunos casos, ciertas disciplinas que en el pasado integra­
ban la filosofía fueron convirtiéndose en ciencias. Tal es el caso
de la lógica, que desde sus orígenes, con la obra de Aristóteles,
hasta finales del siglo pasado, fue parte de la filosofía, para ter­
minar en la actualidad constituyendo una ciencia formal, muy
cercana en métodos y contenidos a la matemática.
Si bien la filosofía pretende configurar sistemas de conocimien­
to que en tanto tales estén formados por enunciados verdaderos y
fundados, su metodología difiere de las de las ciencias. Por un lado,
no se requieren procedimientos de contrastaron de las afirmacio­
nes con la información empírica, y por otro lado no hay un conjunto
unificado de procedimientos que constituyan la metodología filo­
sófica. Entre las metodologías utilizadas se pueden mencionar la
deducción, el análisis conceptual, la intuición y la analogía.
Una de las pocas características reconocidas de la filosofía es la
de someter a permanente crítica sus supuestos.

Ontología, Metafísica.
Axiología, Etica, Estética, Filosofía
Práctica.
Gnoseología, Epistemología, Filosofía de
Disciplinas ' la Ciencia, Filosofía de la Tecnología.
filosóficas
Semántica Filosófica, Filosofía del lenguaje,
Filosofía de la Lógica.
Antropología Filosófica.
Filosofía de... (del dercho, de las religiones,
^ del género)

47
IV. FORMAS D E INTEGRACIÓN DEL CONOCIMIENTO
CIENTÍFICO

Los conocimientos se ordenan y configuran en estructuras


complejas de muy diversas maneras. Consideraremos las prin­
cipales.

1. L as teoría s

Una de las unidades más importantes de organización del


conocimiento científico es el de las teorías, particularmente en
las ciencias fácticas. En las ciencias formales también se habla
de teorías, pero en un sentido diferente: como cálculo o sistema
axiomático. Pueden caracterizarse, en las ciencias fácticas, como
conjuntos de enunciados de distinto tipo conectados por relacio­
nes de compatibilidad e implicación, que pretenden comprender
y explicar un determinado dominio de la realidad. Son ejemplos
de teorías la darwiniana, la molecular, la cuántica, la de la rela­
tividad general y el psicoanálisis freudiano.
Siguiendo a Klimovsky18, se pueden distinguir tres niveles que
estratifican los enunciados de una teoría, como se ilustra en la
figura 3. Un primer nivel Nj está formada por los enunciados
empíricos básicos, que son enunciados singulares, relativos a
descripciones, datos y observaciones, conectados directamente
con la base empírica de las teorías. Se entiende por base empíri­
ca el conjunto de entidades, fenómenos, propiedades y relaciones
de un sector de la realidad a los que hace referencia la teoría.
Puede entendérsela como formada exclusivamente por compo­
nentes empíricos, o pueden reconocerse, como hace Klimovsky,
otros tipos, como la base empírica metodológica que admite com­
ponentes teóricos de teorías presupuestas. Así, por ejemplo, un
biólogo puede tomar como datos de la base empírica, entidades,
propiedades y relaciones que para la química son teóricas.
Un segundo nivel N2 lo constituyen las generalizaciones empí­
ricas, que pueden ser enunciados universales estrictos, enuncia­
dos estadísticos o enunciados existenciales. El conjunto de tér­
minos de este nivel sigue siendo observacional o preteórico. Por

48
último, en el tercer nivel N3 están los enunciados teóricos, que
intentan dar cuenta en profundidad de lo que se conoce en los
niveles anteriores y hacen uso de conceptos teóricos. Algunos de
los enunciados son teóricos puros, cuando todos sus términos son
teóricos, y otros son mixtos, cuando tienen al menos un término
teórico y uno observacional. Estos enunciados mixtos, llamados
tradicionalmente reglas de correspondencia o principios puente
tienen la función de conectar las construcciones teóricas con la
realidad. Son imprescindibles para asegurar la contrastabilidad
y el contenido empírico de las teorías. Para muchos su presencia
es condición de cientificidad de una teoría.

F igu ra 3:
Sus enunciados:

Los enunciados de los niveles alto y medio refieren a variables


individuales x, y, z, por ser enunciados generales. En cambio los
enunciados de nivel bajo refieren a individuos determinados, re­
presentados por las constantes individuales a, b, c, a los que se le
atribuyen los predicados F, G y H.
Puede ilustrarse la diferencia entre niveles imaginando un

49
ejemplo correspondiente a la astronomía. Si se investigan las ex­
plosiones solares, habrá todo un conjunto de datos e informacio­
nes básicas, donde se registrará la localización y la magnitud de
distintas explosiones, y se buscará información del pasado (Nt).
Luego se encontrarán algunas regularidades sobre la informa­
ción básica disponible, y se formularán leyes acerca de este tipo
de fenómenos, algunas de ellas de frecuencias relativa o estadís­
ticas (Nj). Por último, se buscará explicar estas regularidades y
el porqué de estos fenómenos a través de hipótesis teóricas de
forma universal como las que postulan fuerzas termonucleares.
Se hablará también de átomos, de cargas de energía y de partí­
culas subatómicas (Ng).
Las teorías forman parte de las disciplinas pero no las agotan:
simultánea o sucesivamente cada disciplina ha tenido varias.
En algunos casos hay teorías rivales, que explican los mismos
fenómenos, pero dé maneras distintas e incompatibles. En otros
casos hay teorías compatibles, complementarias, que refieren a
distintos fenómenos y procesos empíricos. Puede también darse
el caso de teorías parcialmente rivales, teorías hegemónicas que
centralizan toda la actividad de una disciplina en un momento
determinado, y teorías que presuponen otras, como se ilustra en
la figura 4.
F igu ra 4

teorías complementarias teorías rivaleB


Ta

rivaleB

50
Para el caso de teorías rivales, es de fundamental importan­
cia contar con algún criterio para comparar sus méritos y de ser
posible identificar cuál es falsa y cuál es verdadera. Si esto no
fuera posible, saber al menos cuál es más aceptable. Un recurso
ideal, pero que pocas veces se alcanza es el diseño de experien­
cias cruciales. Por ejemplo, si desde una teoría se sostiene que la
osteoporosis se origina en la escasa ingesta de calcio, y hay otra
que afirma que la enfermedad se origina en la escasa asimilación
del calcio por falta de vitamina D, el experimento crucial estará
destinado a determinar si es la ausencia o presencia de calcio so­
lamente o si influye también la ausencia o presencia adicional de
vitamina D, para determinar cuál de las dos explicaciones es la
adecuada. En su forma más simple, la experiencia crucial tiene
la siguiente forma:

T i ------- ► E , T s ------- ► no E

si ocurre E, habrá que rechazar T a y aceptar, al menos provi­


soriamente, T r
Adem ás de las condiciones generales del conocim iento cientí­
fico ya expuestas, hay una serie de requisitos que deben re­
unir las teorías. Algunos son im prescindibles, mientras que
otros son de menor im portancia y actúan como condiciones
ideales que se pretende alcanzar.
En prim er lugar está la consistencia interna, que es un re­
quisito central, puesto que una teoría contradictoria carece
de todo valor.
Es im prescindible también que tenga contenido em pírico,
condición que se cumple si la teoría permite deducir enun­
ciados cuyos referentes sean propiedades y relaciones clara­
mente identificables en su base empírica. Un requisito que
es aproxim adam ente equivalente es el de contrastabibidad,
que significa la posibilidad de ser puesto a prueba por la ex­
periencia.
Otro rasgo valorado es la sistem aticidad, que permite re­
unir bajo un conjunto reducido de hipótesis generales, datos
y regularidades de variado contenido. También los conceptos

51
deberán tener sistematicidad, de modo de conform ar siste­
mas clasifícatenos bien estructurados.
Una condición que se suele pedir de una teoría es que con­
tribuya a una mejor comprensión de la realidad, pero es un
tanto difícil elucidar qué se espera de este requisito, que no
sea identificable con su poder explicativo, y por explicar se
entiende generalmente, poder dar cuenta de un fenóm eno o
una regularidad tomando com o premisas explicativas las hi­
pótesis o leyes de una teoría.
Junto con el requisito cíe explicación, se aspira a que una
teoría sea capaz de predecir. A sí com o una teoría construye
argumentos para explicar un hecho o una regularidad ya co­
nocidas, se espera que esa misma form a argum entativa per­
mita inferir hechos y regularidades nuevos y desconocidos.
Como es obvio, de lograrse esta finalidad la teoría quedará
mejor posicionada que si sólo es capaz de explicar lo ya co­
nocido.
Es también muy importante que una teoría tenga poder
heurístico, que es la capacidad para generar nuevos conoci­
mientos. Sería poco reconocida una teoría que solam ente lo­
grara sistem atizar los conocim ientos ya existentes, pero que
no pudiera producir nuevos descubrim ientos.
Además de contenido em pírico, es necesario que una teoría
tenga apoyo empírico. Esto significa que en form a mediata o
inm ediata deberá contar con el aval de los hechos: que haya
información favorable que confirm e la teoría, o la corrobore.
M ientras el contenido em pírico establece que debe ser con­
tra sta re, el apoyo em pírico reclam a la efectiva contrastación
con resultados favorables. En algunos casos de la historia
de la ciencia el apoyo em pírico de una teoría vino con algún
tiem po de demora respecto de su form ulación, de años y hasta
de décadas. En esos casos se solía sostener que la teoría era
científica, ya que disponía de contenido empírico, pero que
estaba a la espera de elementos de juicio fácticos para poder
evaluarla. En física teórica es frecuente que se dé esta situa­
ción. También la sociología marxista requería del transcurso
de largos períodos de tiempo para poner a prueba algunas de

52
sus hipótesis centrales.
Otro requisito importante es la refutabilidad. Popper ha
sostenido el carácter crucial de esta condición, apoyándose
en razones lógicas y m etodológicas. Ha considerado también
que la refutabilidad constituye un criterio de demarcación
entre la ciencia y la pseudociencia, ya que esta últim a busca
siempre salvaguardar sus teorías haciéndolas irrefutables.
Toda teoría que se precie deberá ser falsable, y cuanto más
falsable, mejor. Cuanto más expuesta a refutación, más con­
tenido em pírico tendrá, y de no ser refutada habrá aportado
más a nuestro conocim iento de la realidad que otra menos
refutable.
El apoyo teórico es otra condición importante para una hi­
pótesis o una teoría. Se lo puede caracterizar por la compa­
tibilidad con teorías aceptadas de áreas afínes, o por inferir­
se de ellas. Hempel19 señala que para que una hipótesis sea
aceptada deberá tener apoyo teórico y apoyo empírico, como
dos pilares que la sustenten. Algunas hipótesis han tenido
uno sólo de estos apoyos y esa situación les acarreó dificul­
tades. El “caso Semmelweis”, que describe Hempel20 ilustra
el caso histórico de una investigación médica acerca del ori­
gen de una enfermedad, que contaba con apoyo experim en­
tal, pero que no estaba en concordancia con las concepciones
teóricas de la m edicina de la época. En otros casos las teorías
cuentan con apoyo teórico debido a que se infieren de teorías
más abarcativas, pero no cuentan con apoyo empírico por no
habérselas podido contrastar.
Para algunos la sim plicidad es también una virtud de las
teorías, pero nadie ha logrado definirla con claridad. Parece
ser más un requisito de elegancia formal, que una cuestión
sustantiva.
También es deseable la aplicabilidad de una teoría. En
primer lugar, es muy im portante todo lo que contribuya a
mejorar las condiciones de la vida humana (y de la vida en
general) en sus distintos aspectos. Por otro lado, también es
valioso, desde un punto de vista pragmático, que una teoría
pueda hacer aportes al campo de la tecnología.

53
En cuanto a las relaciones lógicas de los enunciados de una
teoría, son im portantes las relaciones que se dan entre los
tres niveles. Los enunciados que pertenecen a un mismo nivel
deberán tener relaciones de com patibilidad. Por otro lado, los
enunciados del nivel medio se infieren del nivel alto, y los
del nivel bajo se desprenden del nivel medio. En condiciones
óptimas esas relaciones son deductivas, pero en muchos casos
se trata de relaciones más débiles que la im plicación y deduc­
ción de la lógica estándar.
Desde el punto de vista del contexto de descubrimiento,
algunos enunciados del nivel medio se obtuvieron por gene­
ralización inductiva de enunciados básicos, mientras que en
otros casos fueron obtenidos deductivamente del nivel supe­
rior. Pero cualquiera sea su origen, a la hora de analizar la
estructura de la teoría, esas diferencias no son relevantes.
Se ha dado tam bién la circunstancia de que teorías nuevas
incorporaran leyes de nivel medio ya conocidas, tal es el caso
de las leyes de Galileo, que quedaron integradas en la teoría
de Newton.
¿Qué se entiende por leyes en las ciencias fácticas? Son
aquellas hipótesis que gozan de cierto reconocim iento por sus
amplias confirm aciones durante un tiempo prolongado. Del
mismo modo que con las hipótesis, se establecen diferencias
entre leyes empíricas y leyes teóricas, según contengan o no
vocabulario teórico.
Los enunciados teóricos constituyen el núcleo de las teorías
científicas, lo que las caracteriza y diferencia, mientras que
los niveles inferiores suelen form ar un campo de conocim ien­
to común con otras teorías. El problem a de legitim ar en una
teoría la presencia de las hipótesis teóricas, de considerarlas
como genuino conocim iento, constituye un problem a episte­
mológico central. Se dice que son siempre conjeturas, ya que
es sumamente difícil saber si son verdaderas y por lo tanto
si constituyen o no conocim iento. Por otra parte, es la zona
más interesante de la ciencia, ya que pretende acceder a un
conocimiento profundo de la realidad, que abarque una gran
cantidad de experiencias particulares y de generalizaciones

54
em píricas y que provea de leyes e hipótesis que expliquen
el porqué y el cómo de los conocim ientos contenidos en los
niveles inferiores. Hay razones lógicas y gnoseológicas que
dificultan la evaluación. Se ha dicho, por ejemplo, que no es
posible verificar teorías, en el sentido de probar su verdad,
pero se podría en cam bio refutarlas, entendiendo por refu­
tación la prueba de la falsedad. El carácter universal de las
hipótesis centrales de una teoría impide una demostración
de su verdad, pero esa misma universalidad está expuesta
permanentemente a refutación, ya que un sólo caso en contra­
rio de una afirmación universal es prueba suficiente respec­
to de su falsedad. Pero la com pleja estructura de las teorías
hace tam bién com pleja su refutación. Los epistem ólogos que
pertenecen a la corriente estructuralista com o Stegmüllier y
Sneed han defendido una interpretación no enunciativa de
las teorías. Las consideran estructuras form ales que pueden
recibir aplicaciones y form ulaciones diferentes, pero ninguna
de esas form ulaciones agotaría el contenido de la teoría.

2. L a s d iscip lin a s c ien tífica s

Las disciplinas son marcos tem áticos muy generales. Son


estructuras más amplias, laxas y heterogéneas que las teo­
rías, ya que reúnen en su interior teorías muy diversas, y a
veces antagónicas. La im portancia del ordenam iento discipli­
nar está dado principalm ente por su continuidad histórica. Si
bien la división en disciplinas no es inmutable, sino que se dan
im portantes cam bios en sus problemáticas y en las relaciones
de unas con otras, su continuidad histórica es, en general,
mucho mayor que la continuidad de las teorías. En algunos
casos, la diversidad de teorías que conviven en una discipli­
na, como en el caso de la psicología, la econom ía y otras cien­
cias sociales, desdibuja y hace peligrar la unidad disciplinar.
En psicología, por ejemplo, el conductismo tiene muy poco en
común con el psicoanálisis, del mismo modo que en economía
las teorías neoliberales y las marxistas se presentan como

55
muy diversas. Los problem as planteados, los conceptos y las
metodologías empleadas suelen ser tan distintos que resulta
problem ático integrarlos bajo la misma ciencia. En muchos
casos, es un conjunto muy básico y reducido de problem as y
categorías, además de las cuestiones de índole histórica, las
que permiten seguir ubicando bajo la misma disciplina desa­
rrollos y modos de trabajo científicos tan dispares.
Ya se dijo que la división de la ciencia en disciplinas no es
una división fija. Por un lado, la creciente especialización ha
generado subdivisiones. La genética ha surgido dentro de la
biología, así como la m icrobiología. La topología y el análi­
sis numérico son áreas de especialización en matemáticas, la
egiptología en historia, y muchas otras ramas com o la etno­
grafía, la psicología institucional, la microeconomía, la econo-
metría y la termodinámica son subdivisiones de disciplinas
respectivas. También en la tecnología han surgido cam pos de
especialización, como la agroquímica, la simulación, la fitotec-
nia y muchas otras. Pero las disciplinas no sólo se bifurcan y
dividen como en un árbol que da nuevas ramas. Es frecuente
también que se produzcan reordenam ientos que estructuran
nuevas ciencias, donde se producen fusiones de disciplinas
tradicionales, a la luz de nuevos problemas, nuevas teorías
y nuevos enfoques y metodologías. Así, por ejemplo, la eco­
logía ha reunido en una disciplina áreas que permanecían
diferenciadas y encuadradas en distintas disciplinas como la
biología, la quím ica y la geografía entre otras. La exploración
del espacio exterior ha generado también la confluencia de
distintas tecnologías.
Además de la bifurcación y confluencia de disciplinas, se
da entre ellas una variada gama de interacciones. Hay, por
ejemplo, zonas de solapamiento, como es el caso de la teoría
de conjuntos que está en la intersección de la lógica y la m ate­
mática. La virología es otro ejemplo que reúne conocim ientos
de la biología y la cristalografía. Otra situación frecuente en
la relación entre disciplinas es el carácter auxiliar que ocu­
pan algunas disciplinas respecto de otras. La matemática, por
ejemplo, es ciencia instrum ental de todas las ciencias fácticas,

56
la quím ica lo es de ciertas ramas de la biología, y la biología
de la psicología. En ese caso ciertas disciplinas, y en parti­
cular ciertas teorías de algunas disciplinas son presupuestas
por otras. Este orden de presuposición no es caprichoso, sino
que sigue cierto orden que podría pensarse como determinado
desde la realidad misma: lo físico, lo químico, lo biológico, lo
psicológico y lo social, se presuponen en ese orden.
Algunas veces hay atrincheram iento de las disciplinas, y
consecuentem ente se produce una falta de intercambio entre
los distintos campos.
Por otro lado, se ha estudiado la interacción entre discipli­
nas en el trabajo científico, principalmente en relación con
la investigación, que ha dado lugar a las distinciones entre
m ultidisciplina, interdisciplina y transdisciplina3*11, que tie­
nen grados de integración creciente. La m ultidisciplina se
caracteriza por el trabajo mancomunado de científicos de dis­
tintas ciencias en torno a la resolución de problemas, sin la
m odificación de los conceptos y procedim ientos de cada una
de ellas. El trabajo interdisciplinario, en cambio, se carac­
teriza por el intercam bio de información y procedimientos,
pero manteniendo las categorías propias de cada ciencia. Por
último, el trabajo transdiciplinario requiere de la creación de
categorías y procedim ientos nuevos, que van más allá de las
contribuciones que efectúa cada disciplina.

3. M od elos e s tru ctu ra les

Además de las disciplinas y las teorías existen otras formas


de integración de los conocimientos. En algunos casos hay
conexiones entre teorías que recorren distintas disciplinas,
creando nexos más firmes que los de la disciplina misma. Así,
por ejem plo, se integran teorías mecanicistas de distintas
disciplinas como la física, la astronomía y la biología, y teo­
rías funcionalistas en sociología y psicología. En esos casos,
se com parten principios y supuestos muy generales acerca de
la realidad y cóm o conocerla, así como metodologías. Kuhn,

57
en su libro La estructura de las revoluciones científicas22 in­
trodujo la noción de paradigm a científico para hacer referen­
cia a esos supuestos generales que condicionan el trabajo de
investigación por determinados periodos y que trascienden
las teorías y en algunos casos las disciplinas. Esos supuestos
paradigm áticos determ inan qué problemas van a ser aborda­
dos. Tras ellos se encuadran los investigadores, para efectuar
un trabajo unificado en sus objetivos y en sus métodos duran­
te los largos períodos que Kuhn denomina de ciencia normal
Pero esos períodos son sacudidos de tanto en tanto, tras una
etapa de crisis, por las revoluciones científicas, en las que un
nuevo paradigma entra en com petencia con el anterior, hasta
su triunfo definitivo. Luego se origina un nuevo período de
ciencia normal en el que el paradigm a triunfante provee de
un marco conceptual distinto e incom parable con el anterior,
como se ilustra con el pasaje de la astronomía tolem aica a la
copernicana. De este modo, el desarrollo histórico de la cien­
cia es concebido como una secuencia en la que hay momentos
de acumulación lineal del conocim iento, seguido de saltos dis-
ruptivos, que una vez producidos vuelven a estabilizarse en
mesetas de ciencia normal.
Otros autores utilizan categorías distintas para referirse
a la integración de los conocim ientos. Lakatos, por ejemplo,
introduce el concepto de program as de investigación y Lau­
dan el de tradiciones científicas, que son unidades formadas
por principios y afirmaciones básicas que orientan la inves­
tigación científica, tanto en sus objetivos de estudio cómo en
sus metodologías. Los programas de investigación también
son estructuras más amplias que las teorías. Contienen un
núcleo central que se considera infalsable y que da identi­
dad al programa y posibilita su desarrollo. Cuenta además
con un conjunto periférico de hipótesis y supuestos auxiliares
que son susceptibles de cambios y rectificaciones en la medi­
da en que el programa enfrenta dificultades. Los programas
contienen una heurística positiva, que establece principios
m etodológicos para que el programa se desarrolle y lleve a
nuevos descubrimientos, y una heurística negativa, que im-

58
pone algunas restricciones: no podrán, por ejemplo hacer uso
de hipótesis ad-hoc.
También Quine ha contribuido con un modelo integrativo
de todo el conocim iento como un conjunto o sistem a global de
creencias, con zonas centrales y zonas periféricas, configura­
do bajo la metáfora de la esfera. A esta posición, denomina­
da bolista, se la conoce también como tesis Duhem -Quine,
porque fue desarrollada recientemente por Quine, sobre una
idea original del epistem ólogo francés Fierre Duhem.

F ig u ra 5

En la zona central se encuentran las proposiciones lógicas


y matemáticas, luego se estructuran las hipótesis físicas, quí­
micas y biológicas. Ciencias com o la economía y la historia
ocupan lugares más periféricos. En la zona más externa se
encuentran las proposiciones referidas a experiencias parti­
culares del tipo: “Tengo delante mío un lápiz negro” o “En este
momento esta lloviendo en Buenos Aires”. La tesis de Quine
es la de que nuestro sistem a de creencias se enfrenta a la ex­
periencia de manera conjunta. Los enunciados no son evalua­
dos respecto de su verdad o falsedad en forma individual sino
que es el sistem a en su totalidad el que se enfrenta al “tribu­
nal de la experiencia”, debido al compromiso que presentan
los esquemas conceptuales. Cuando las expectativas respecto
de la realidad fallan, es decir, cuando las predicciones no se
cumplen, algo en el sistem a deberá corregirse. Pero existirán

59
distintas opciones, distintas posibilidades para decidir cuáles
de las creencias serán abandonadas y cuáles se conservarán,
aunque rigen ciertas prioridades. Una prioridad es preser­
var las zonas más centrales, porque sus cam bios repercuten
en muchos campos del conocim iento. Cuanto más central es
un cambio, más irradia consecuencias en toda la estructura.
Pero también es prioritario conservar la evidencia de la ex­
periencia inmediata, sobre todo si compromete a repetidas
experiencias, y a distintos observadores. La sim plicidad del
sistema es algo que también tiende a preservarse. En física y
en astronomía, dice Quine, hubo notables ejem plos en los que
se adoptó una profunda revisión de las leyes fundamentales
por motivos de simplicidad. En lugar de hacer enm iendas con
supuestos auxiliares e hipótesis ad-hoc, para dar cuenta de
los extraños resultados de las experiencias físicas de M ichel-
son y M orley, por ejem plo, se prefirió efectuar una profun­
da revisión de las leyes. En casos muy excepcionales, aún la
matemática y la lógica pueden ser revisadas por problemas
presentados en zonas más periféricas. Tal es el caso de la
creación de una lógica cuántica, para poner fin a problem as
que no podían resolverse en el campo de la física cuántica.
Otros epistem ólogos como Piaget no están de acuerdo en
dar a la matemática o a la física un carácter central; habría
para él cierta circularidad fundacional, en el sentido de que
es la psicología la que estudia las categorías gnoseológicas
que perm iten explicar la matemática, aunque por otro lado es
la matemática la que ha perm itido explicar el funcionam iento
cognitivo en psicología, como el caso del grupo de las cuatro
transform aciones. Hay intercam bios y apoyos recíprocos, más
que una estructura en capas concéntricas.

4. M od elo a cu m u la tiv o

Otro modelo tradicional de integración de los conocimientos


científicos ha sido el acumulativo que conlleva también una
concepción em pirista e inductivista de la ciencia. No reconoce

60
discontinuidades históricas en el desarrollo de las disciplinas
científicas sino un avance creciente por la incorporación de
nuevos conocim ientos. Se parte del supuesto de que la cien­
cia progresa en form a lineal por un proceso de generalización
creciente, basado en el acopio de experiencias y su procesa­
miento mediante el método inductivo.
Pero este modelo, que está presente en la concepción vul­
gar acerca de la ciencia, tiene el inconveniente de que no da
cuenta de los cambios conceptuales, ni de las revoluciones
científicas, ni de los problemas que plantean las teorías riva­
les. Popper ha llam ado a esta concepción, modelo del balde o
del cubo, al que contrapone con el modelo del reflector, según
el cual focalizam os la experiencia desde nuestros intereses,
expectativas y conocim ientos previos23. El cubo, en cambio, es
un mero recipiente en el que se almacenan datos y experien­
cias. (Nótese que el modo gráfico de representación de teorías
utilizadas en las figuras 3 y 4 puede interpretarse bajo esta
m etáfora del reflector).

M ás allá de los distintos modelos acerca del modo de in­


tegración de los conocim ientos, una cuestión im portante es
el descubrim iento de diferencias muy significativas, casi
siempre inversas, entre el orden que va adquiriendo el co­
nocim iento en la estructuración sistem ática y objetiva de las
disciplinas y teorías, y el orden genético y subjetivo que se da
en el individuo. Por ejemplo, en física son las hipótesis más
generales, de alto contenido teórico y explicativo, las que dan
cuenta de los enunciados de menor nivel, y de los hechos par­
ticulares que se desea explicar y subsumir bajo la teoría. Pero
en el ordenam iento que se da en cada individuo se accede en
prim er lugar a lo singular, lo simple, lo concreto, y es lo que
perm ite entender los interrogantes y los problemas particu­
lares para los que fueron propuestas las construcciones más
abstractas, generales y alejadas de la experiencia.

El esquema de la figura 6 sintetiza los principales conteni­


dos de este capítulo

61
F igu ra 6

62
C APIULO 2:
LOS MÉTODOS DE IA CENCÍA
Y LA INVESIGACIÓN

I. LO S M ÉTODOS CIENTÍFICOS

Hay muchos métodos que utiliza la ciencia para obtener conoci­


mientos y para fundamentarlos. Para algunos ñnes se utiliza la
inducción y la analogía. Para investigar y construir teorías, el
método de la formulación de hipótesis. La deducción es indis­
pensable en todas las ciencias. En sentido amplio, también son
procedimientos científicos el análisis y la síntesis. La intuición
ha sido también un recurso muy valioso que ha llevado a im­
portantes descubrimientos. En las ciencias lácticas un requisito
metodológico básico es la contrastación con la experiencia, la ne­
cesidad de confrontar con la realidad las afirmaciones científicas
de un modo riguroso y controlado. También forman parte de la
metodología científica la utilización de modelos de distinto tipo,
los recursos estadísticos, la observación sistemática y la realiza­
ción de encuestas, para nombrar los más conocidos.
Los métodos mencionados no constituyen una clasificación
sistemática, pero se los puede ordenar, distinguiendo niveles de
aplicación metodológica. Por un lado, hay procedimientos muy
generales, de aplicación muy extendida, como la deducción o el
método hipótetico-deductivo. Otros son de nivel intermedio, se
aplican sólo para fines determinados y en algunas ciencias, como
la observación sistemática, el método clínico, los métodos esta­
dísticos de recolección y análisis de datos y los estudios de campo.
Por último, hay métodos de alcance más particular que los ante­
riores y que se suelen denominar técnicas de investigación por su
grado de especificidad, como los procedimientos de medición, de

63
exploración física y psicológica, de registros a través de grabacio­
nes, tests y todo tipo de instrumental para retinar la obtención
de información relativa a moléculas, células, partículas subató­
micas, galaxias y fenómenos históricos.
También se suele diferenciar, según el propósito que persi­
guen, entre métodos de investigación y métodos de validación
o justificación. Los primeros están dirigidos al incremento del
conocimiento, a conocer nuevos hechos, propiedades, relaciones
y regularidades. Los segundos tienen por función ejercer una es­
pecie de “control de calidad” de los conocimientos, evaluar las hi­
pótesis y teorías desde los fundamentos que ofrecen. Esta tarea
de evaluación es en principio posterior a la primera: primero se
investiga y luego se evalúan esos resultados. Pero la mayoría de
los métodos mencionados y que se van a analizar a continuación,
se adecúan a ambas finalidades.

1. L a d ed u cción

El método deductivo es de aplicación generalizada, tanto en ló­


gica y en matemática, que son disciplinas puramente deductivas,
como en las ciencias fácticas, que necesitan contar con procedi­
mientos para determinar qué consecuencias se derivan a partir
de las hipótesis y teorías.
La deducción tiene una forma general, que consiste en partir
de un conjunto determinado de premisas, para obtener nuevos
enunciados mediante el uso de reglas de inferencia correctas,
que son aquellas que conservan la verdad. Así, por ejemplo, del
condicional “si p, entonces q " se puede inferir el condicional con­
trapuesto “si no q, entonces no p ”; o si se tiene como premisa una
disyunción “p o q”. y otra premisa niega uno de los disyuntos,
por ejemplo “no p ”, se infiere correctamente el otro disyunto “q”,
mediante la regla del silogismo disyuntivo. Así, por ejemplo, se
puede presentar la disyuntiva respecto del origen de una enfer­
medad, de si es producida por un hongo o por una bacteria. Pero
si además se cuenta con algún test de laboratorio que elimina la
posibilidad de que se trate de un hongo, la regla anterior permite

64
concluir que la afección se debe a alguna bacteria.
Una modalidad del método deductivo es el método axiomático,
que si bien es particularmente importante en ciencias formales,
su uso se extiende también a ciencias como la física y la biolo­
gía, y puede en principio utilizarse en cualquier ciencia fáctica.
Fue conocido desde la Antigüedad, por Aristóteles y Euclides.
Consiste en el ordenamiento de un conjunto de enunciados to­
mando algunos de ellos como axiomas, para constituir puntos
de partida de secuencias deductivas, y obtener los demás como
teoremas. Se fijan también las reglas de inferencia que podrán
ser empleadas para la obtención de enunciados derivados, que
son los teoremas.
Además de enunciados primitivos y derivados, el sistema con­
tará con términos primitivos, que son aquellos que no se definen,
y se podrán incluir nuevos términos a través de definiciones.
Por ejemplo, si en un sistema aritmético la suma es un término
primitivo, se podrá introducir la multiplicación y la potenciación
mediante sucesivas definiciones.
Para la concepción clásica, los axiomas eran considerados
enunciados autoevidentes. Su verdad quedaba justificada por su
evidencia, y el resto de los enunciados del sistema, por ejemplo
de la geometría, se justificaban deductivamente como teoremas,
derivando su verdad de la verdad de los axiomas. De este modo,
de un conjunto reducido de enunciados básicos, se lograba orga­
nizar una rama íntegra del conocimiento. En las versiones ac­
tuales del método, se ha abandonado el requisito de evidencia,
propiedad que se considera de índole psicológica y relativa, ni
siquiera es necesario que los axiomas sean enunciados, ya que
pueden ser también formas de enunciados, susceptibles de ser
llenadas con distinto contenido. Este carácter formal de los sis­
temas axiomáticos ha permitido que un mismo sistema reciba
contenidos muy diferentes por parte de las distintas ciencias.
A estos contenidos se los denomina interpretaciones. Si bien no
vamos a presentar acá los aspectos técnicos que intervienen en
la construcción de una interpretación, cabe mencionar que los
términos primitivos deben ser puestos en correspondencia con
entidades, propiedades, relaciones y funciones. En el caso de las

65
interpretaciones que logran que todos los axiomas se conviertan
en proposiciones verdaderas, se dice que constituyen un modelo
del sistema. Supongamos, por ejemplo, un sistema axiomático
formado por el siguiente único axioma:

a * b ~ b*a

En la interpretación en la que a y b son números naturales, y


“ * ” corresponde a la función suma, el axioma resulta verdadero,
y se considera un modelo del sistema. En cambio, si “ * ” es inter­
pretado como la operación división, siendo al b números natura­
les, como el axioma resulta falso, no se considera un modelo, sino
simplemente una interpretación falsa.
Los sistemas axiomáticos que se generan por la aplicación del
método axiomático deberán reunir algunos requisitos o propieda­
des, dos fundamentales son la consistencia y la completitucL La
primera condición requiere que el sistema no contenga ninguna
contradicción, la segunda establece que el conjunto de teoremas
coincida con los enunciados verdaderos de la interpretación prin­
cipal, que es el dominio de conocimientos que el sistema preten­
de ordenar, como sería, por ejemplo, la aritmética, la geometría
euclideana o la lógica proposicional.

2. El m étodo h ip otético-d ed u ctivo

Otro método de amplia aplicación en las ciencias fácticas es el


método hipotético-deductivo. Consiste en un procedimiento que
intenta dar respuesta a los distintos problemas que se plantea
la ciencia a través de la postulación de hipótesis que se toman
como verdaderas, no habiendo ninguna certeza acerca de ellas.
Son conjeturas que anticipan una solución a esos problemas, y
van configurando estructuras jerárquicamente ordenadas de hi­
pótesis donde algunas son fundamentales, otras son derivadas y
otras cumplen una función auxiliar. De esos sistemas hipotéticos
se derivan deductivamente consecuencias que deberán ser em­
píricamente contrastadas. Por último, habrá una instancia de

66
contrastación que permitirá evaluar las hipótesis sobre los re­
sultados obtenidos. Si el resultado es desfavorable, la hipótesis
será considerada refutada y en principio deberá abandonársela.
Si en cambio el resultado fuera favorable, la hipótesis será consi­
derada corroborada. Esta noción de corroboración difiere de la de
verificación. Mientras verificar es probar la verdad de un enun­
ciado, corroborar es meramente la aceptación provisoria, sobre
la base de la falta de refutación, y el apoyo indirecto, favorable.
Esta cuestión se retomará más adelante.

3. E l m étodo ind u ctivo

El método inductivo es un método que permite generalizar. Se


lo suele caracterizar como un procedimiento que parte de premi­
sas singulares y llega a una conclusión general. Pero esto no es
del todo cierto, ya que en muchas inducciones las premisas tam­
bién son generales, sólo que de un grado de generalidad menor
que el que presenta la conclusión. Los siguientes son ejemplos de
uno y otro caso:

C aso 1 (de premisas singulares):


Se conoce el caso de tres pacientes adultos con tumores hepá­
ticos que ante el tratamiento con la droga X revirtieron la enfer­
medad al cabo de tres a cinco meses de tratamiento.
Otro caso recientemente conocido da cuenta de un niño tratado
por un tumor renal con la misma droga y con resultados favora­
bles.
Se conocen otros dos casos exitosos tratados hace algunos años,
con evoluciones muy favorables.

Esto permite pensar que la droga X puede ser un buen trata­


miento para los tumores de un cierto tipo.

C aso 2 (de prem isas generales):


Los argentinos hem os tenido problem as de desocupación
en los últim os años. Los brasileños y los uruguayos tienen

67
problem as de desocupación en la actualidad Paraguay y
Chile tienen problem as de subem pleo y desocupación.

Puede pensarse que el desem pleo es un problem a de los


latinoam ericanos.

Las inferencias inductivas son fundamentales para todo pen­


samiento humano y en las ciencias fácticas constituyen un pro­
cedimiento importantísimo en distintos momentos de la investi­
gación. Permite formular regularidades que luego deberán ser
evaluadas críticamente.
Se puede diferenciar el rol de la inducción en el contexto de des­
cubrimiento y su papel en el contexto de justificación. Para algu­
nos es un método de descubrimiento: un procedimiento heurísti­
co que permite obtener leyes generales a partir de la identifica­
ción de rasgos comunes presentes en los datos. Para otros es un
método de justificación que permite inferir hipótesis con cierto
grado de probabilidad a partir de premisas.
La diferencia importante con la deducción es que la inferencia
inductiva no garantiza la conservación de la verdad de las premi­
sas a la conclusión. El así llamado “salto inductivo” permite gene­
ralizar e ir más allá de la información disponible en las premisas,
pero el costo es precisamente la posibilidad de qüe la generaliza­
ción sea falsa, habiendo partido de afirmaciones verdaderas de
menor alcance. No tiene el mismo carácter de la deducción, que
asegura la conservación de la verdad y en consecuencia es un mé­
todo probatorio. En la inducción, en cambio, la conclusión puede
tener un mayor o menor apoyo probabilístico o confirmación, ya
que existen diversas técnicas probabilísticas y estadísticas que
permiten aumentar la confiabilidad de la inferencia inductiva.
Además de la limitación que significa inferir conclusiones cuya
verdad no está asegurada por las premisas, existe otra limitación
importante en el método inductivo: la imposibilidad de pasar del
lenguaje observacional o preteórico de las premisas a hipótesis
o leyes generales con lenguaje teórico en la conclusión, porque
las propiedades teóricas no están disponibles en la observación.
Si esto es así, no pueden obtenerse hipótesis teóricas a partir de

68
enunciados empíricos.
Se conoce como inductivismo a la posición que sostiene que
todo conocimiento se obtiene o se justifica únicamente mediante
la inducción.

4. O bservación y exp erim en ta ción

Entre los métodos de nivel intermedio, más específicos que los


anteriores, se puede reconocer a la observación y la experimen­
tación como modos de exploración y de contrastación de teorías
e hipótesis.
La observación puede ser espontánea o natural, donde se toma
conocimiento de algún fenómeno que resulta relevante para la
investigación, como en el caso de un antropólogo que observa una
ceremonia ritual en una tribu y la registra a través de una des­
cripción narrativa.
También puede ser una observación sistemática, que es una
actividad programada en la que se estipula con claridad qué se
va a observar y de qué manera: qué propiedades y relaciones van
a ser tenidas en consideración. Consiste en un registro cuidadoso
de información empírica referida a las propiedades y procesos
que se desea investigar. Se la utiliza tanto como procedimiento
exploratorio, para el descubrimiento de regularidades y la for­
mulación de hipótesis, como también para la evaluación o justifi­
cación empírica de una hipótesis o teoría. Es importante el modo
en que se documentan estas observaciones. Suelen volcarse en
protocolos, que son registros ordenados, especialmente diseña­
dos para almacenar este tipo de información.
La experimentación es un procedimiento que parte de la iden­
tificación de ciertas propiedades o factores que se supone que
tienen alguna relación de dependencia, sea ésta de tipo causal
o de tipo funcional y se intenta evaluar cómo incide la variación
de algunos de esos factores sobre los otros. Cuando esas propie­
dades se individualizan y definen con claridad pasan a ser con­
siderados variables.
A la variable que se supone que es factor determinante en el

69
fenómeno que se investiga se la llama variable independiente y
es dependiente la variable que queda determinada por los otros
factores. Hay que incluir también otras propiedades, a veces
consideradas como variables intervinientes, ya que difícilmente
se pueda analizar la producción de un cierto tipo de fenómeno
tomando en consideración a un único factor que actúa sobre otro.
Hay casi siempre una multiplicidad de factores que interactúan.
Supongamos el caso de una investigación que desea averiguar la
acción de la humedad del suelo en el crecimiento de una determi­
nada especie vegetal. Sin duda habrá que considerar otros facto­
res que intervienen en el crecimiento de la planta, tales como el
clima y la composición química del suelo.
En el método experimental es fundamental ejercer control so­
bre las variables, poder variar y registrar adecuadamente sus
valores. El control de las variables intervinientes puede efectuar­
se de distintas maneras:
a) se las puede mantener constantes, como podría ser, en el
ejemplo anterior, estudiar suelos de la misma composición
química y clima,
b) otra posibilidad es variarlas al azar, que en el ejemplo ante­
rior sería tomar distintos suelos y climas aleatoriamente y
c) se pueden efectuar variaciones sistemáticas: aumentar y
disminuir, conjunta y sistemáticamente con la variable in­
dependiente a los distintos factores intervinientes.
La experimentación tiene distintos tipos, como la experimen­
tación de laboratorio, la de campo y la llamada experimentación
ex post facto.
La experimentación de laboratorio es la modalidad que permite
un mayor control de las distintas variables, creando artificial­
mente las situaciones y casos que van a ser analizados. El caso
paradigmático es el del control de una única variable que actúa
sobre otra, y el resto de los factores se mantienen constantes.
Esta modalidad tiene algunos inconvenientes. Por un lado, re­
sulta difícil crear esas condiciones artificialmente, y por otro
lado, el alejamiento de la realidad que suelen presentar estas
condiciones hace cuestionable su posterior extensión a las condi­
ciones reales. En algunos contextos, como el de las ciencias socia-

70
les, estos son inconvenientes serios.
Una modalidad muy importante que permite considerar simul­
táneamente varias propiedades es la experimentación factorial,
que da lugar a los diseños factoriales de investigación. Tienen la
ventaja de que permiten conocer hasta qué punto la variación
sistemática de un factor depende o no de la manera en que va­
rían los restantes, en forma individual o combinada.
Se puede recurrir en muchos casos a los experimentos de campo,
más cercanos a las condiciones reales que otro tipo de experimen­
tos. Ellos toman un sector de la realidad en que se presenta el fenó­
meno a estudiar en pequeña escala, y operan variaciones en alguno
de los factores. Así, por ejemplo, se suele emplear esta modalidad
en los estudios de psicología social acerca de los comportamientos
de las personas en grupos, variando algunos de las condiciones que
inciden en las actitudes de los individuos, pero dejando libradas las
otras condiciones a su presentación espontánea.
Los llamados experimentos ex post fació son aquellos en que no
se manipulan a voluntad las variables, debido a impedimentos que
a veces son de índole ética y otras veces de tipo técnico. Así, por
ejemplo, manipular las condiciones psicológicas que llevan a la de­
presión o al suicidio conlleva riesgos a las personas involucradas
que obviamente son objetables desde un punto de vista ético. Sin
embargo, pueden estudiarse los factores intervinientes mediante el
análisis de los datos disponibles a partir de un relevamiento esta­
dístico y con materiales de tipo histórico. En astronomía, por ejem­
plo, se estudian las radiaciones emitidas durante los eclipses cuan­
do estos se producen, ya que por razones técnicas no se los puede
manipular a voluntad. También en economía, fenómenos como la
hiperinflación se estudian a partir de sus casos históricos, ya que
las variables que intervienen no pueden manipularse a voluntad,
tanto por razones técnicas como por razones éticas.
Hay otro modo de considerar las variables, que establece
diferencias entre variables cualitativas y cuantitativas. Las pri­
meras responden a criterios clasifícatenos, tales como sexo o
estado civil, las segundas permiten alguna correspondencia de
orden numérico, como en el caso de la edad, temperatura y velo­
cidad. Pueden dividirse a su vez en variables ordinales y varia-

71
bles métricas, sujetas estas últimas a escalas de medición.
En la versión más simplificada del método inductivo experi­
mental, están las tablas de presencia, ausencia y grado, ideadas
por Francis Bacon, y luego ampliadas por John Stuart Mili. La
siguiente es una versión esquemática de esas tablas:

Sean a,b,c y d casos de una clase A, y sea f un cierto tipo de fe­


nómeno.

Tabla de presencia:
a tiene las propiedades G, H, I y J y se produce el fenómeno f.
b tiene las propiedades G, I, K y J y se produce el fenómeno f.
c tiene las propiedades L, H, J y K y se produce el fenómeno f.
d tiene las propiedades L, H, J y K y se produce el fenómeno f

Si un x de A tiene J, se produce el fenómeno f.

Tabla de ausencia:

a tiene las propiedades G, H, I y J, y se produce el fenómeno f.


b tiene las propiedades G, H, 1, no tiene J, y no se produce f,
c tiene las propiedades G, no tiene H, no tiene I, tiene J, y se
produce el fenómeno f.
d tiene las propiedades H e 1, no tiene G, no tiene J, y no se
produce f

Si un x de A tiene J, se produce el fenómeno f, si no tiene J no


se produce f,

Tabla de grados:

a, b, c y d tienen las propiedades G, H, I y J y se produce el fe­


nómeno f.
En a, b, c, y d si aumenta o disminuye J, aumenta o disminuye el
fenómeno f, estén no las propiedades G, H e I.

Los x de A que tienen más o menos J tienen más o menos f.

72

I
5- E l m étodo clín ico

El método clínico es muchas veces comparado con el método


experim ental, por las diferencias que presenta con aquél y
por ciertas rivalidades que se dan entre ellos. Se caracteriza
por efectuar estudios en profundidad de casos singulares, sin
considerar de mucha relevancia que se tome un número con­
siderable de ellos, como en el método experimental. Consiste
en el estudio de casos ligado generalmente a un objetivo diag­
nóstico y terapéutico y que fuera desarrollado en psicología
por investigadores como Freud y Piaget.
Las propiedades consideradas son múltiples y complejas y
se requiere de un investigador avezado en el análisis de las
interacciones que se producen en cada caso, que son siempre
individuos o personas reconocidas como distintas y singula­
res y en estrecha interacción con el investigador. Los factores
que se estudian no son variables cuantiíicables, sino propie­
dades com plejas que interactúan. En el método experimen­
tal se requiere, en cambio, de gran cantidad de casos para
evaluar un número reducido de propiedades, ya que se trata
de asegurar la validez, la objetividad y la confiabilidad del ex­
perimento mediante un diseño técnicamente adecuado. Para
ejem plificar, en medicina y en psiquiatría la evaluación y el
tratam iento de pacientes se efectúa generalmente sobre una
m etodología clínica. Los estudios relativos a la fertilidad de
los suelos y su incidencia en la productividad de la cosecha es
analizado por métodos experimentales. En psicología, las me­
todologías experim entales y clínicas se han identificado con
modos muy distintos de entender la tem ática de la disciplina
y sus campos de investigación, pero pueden ser tomados como
procedim ientos complementarios.

6. La in vestigación d e cam po

La investigación de campo es una metodología que se usa en


ciencias sociales como la antropología, la sociología y la psico-

73
logia social. Consiste en el ingreso de los investigadores en un
grupo o institución, como un barrio, una escuela, una com uni­
dad, una fábrica o una familia, para tomar contacto en forma
directa con los procesos e interacciones sociales que se dan
en esos grupos. Tiene distintas modalidades, que van desde
las descripciones interpretativas de la antropología cultural,
hasta formas más controladas de investigación que utilizan
escalas y mediciones para el registro de las conductas. Per­
mite la obtención de información más amplia y completa de
fenómenos humanos si se la compara con otras formas como
las encuestas, porque permite incluir la dimensión histórica,
puesto que se analizan los procesos en el tiempo, además de
los aspectos estructurales de las relaciones sociales.
Del mismo modo que los métodos anteriores, puede ser usado
tanto para fines exploratorios como para contrastar hipótesis.
Se requiere de la colaboración de agentes que actúen como
informantes, y de la interacción activa con los miembros del
grupo que se está investigando. Los investigadores estarán
sujetos a todas las vicisitudes de las relaciones humanas,
como rivalidades y desconfianzas, para nombrar solamente
los negativos, aspectos que deberán incluirse como factores in-
tervinientes en el análisis de la situación. Algunos corrientes
metodológicas en ciencias sociales defienden la modalidad de
investigación de campo cualitativa, en contraposición con la
cuantitativa, en un intento por superar los inconvenientes de
las simplificaciones que se operan en los estudios experimenta­
les, priorizando aspectos que difícilmente se pueden transfor­
mar en variables cuantitativas. En esa misma dirección, otros
defienden la investigación participativa, que compromete afec­
tiva y socialmente al investigador con las comunidades a las
que estudia favoreciendo sus transformaciones.

En cuanto a los métodos de nivel más específico, se caracte­


rizan por su estrecha vinculación con los contenidos a los que
se aplican. Cabe señalar algunos ejemplos, como los test de
distinto tipo en psicología, las técnicas de diseño de encues­
tas en sociología, o los procedimientos para detectar el paso

74
de un electrón a través de la cámara de burbujas, en física.
En historia, por ejemplo, las técnicas utilizadas tienen carac­
terísticas propias como el análisis de documentos y diversos
materiales de archivo.

II. CLASIFICACIÓN, DEFINICIÓN\ EXPLICACIÓN

Muchas nociones debieron ser utilizadas hasta ahora sin ma­


yores aclaraciones, de un modo informal. Para una aproxima­
ción más rigurosa a los temas expuestos anteriormente convie­
ne retomar algunos conceptos como los de clasificación, defini­
ción y explicación para caracterizarlos con mayor precisión.

1. C la sifica cion es

Se señaló anteriormente que los conceptos, términos o va­


riables científicos podían ser clasificatorios, com parativos o
métricos.
Son clasificatorios o cualitativos aquellos términos que
form an un sistem a de categorías en las que queda dividido
conjuntísticam ente el dominio de entidades sobre los que se
aplica la clasificación. Así, por ejemplo, la sociología podrá
clasificar a los seres humanos por estado civil en solteros, ca­
sados, viudos y divorciados, por sexo en varones y mujeres, y
por edades en niños, adolescentes, jóvenes, adultos y ancia­
nos. Se verá más adelante cuáles son los requisitos que debe
reunir una clasificación adecuada.
Otros términos son comparativos o topológicos, que son
aquellos que se establecen sobre una relación de orden, es
decir, satisfacen la transitividad pero no la simetría, como
las relaciones de mayor o menor o igual. Por ejemplo, según
el criterio de dureza en física, se puede establecer un orde­
namiento de los minerales de mayor a menor, que a través
de procedim ientos técnicos permite ubicar en un extremo al
diamante y en el otro al talco.

75
En algunos casos los térm inos clasifícatenos pueden trans­
form arse en comparativos, dando lugar a mayores discrim i­
naciones. Así, por ejemplo, en lugar de la clasificación por
edades antes citada, puede establecerse un orden com parativo
donde los individuos se ubiquen de menor a mayor edad, sin
división de categorías. El pasaje de términos clasificatorios o
cualitativos a términos com parativos o topológicos constituye
siémpre un avance en las herram ientas conceptuales de la
ciencia. Pasar de categorías como las de frío-caliente a las de
m ayor o menor temperatura constituyó un progreso que cul­
minó con la noción cuantitativa de temperatura. En muchos
casos, pero no siempre, los términos com parativos pueden
convertirse en métricos, como en el caso de las nociones de
distancia, peso y temperatura.
Los conceptos métricos o cuantitativos son aquellos que tie­
nen valores numéricos, debiendo contarse con procedim ien­
tos de metrización y de medición. La m etrización requiere de
la determ inación de unidades y de escalas, y la medición del
establecim iento de reglas que fijen procedim ientos.
En cuanto a las propiedades que deben cum plir las clasifi­
caciones, conviene diferenciar algunas de tipo lógico y otras
de tipo espistémicas.
Respecto de las propiedades lógicas, una buena clasificación
debe ser exhaustiva, es decir, no deberá haber individuos de
la clase a la que se aplica la clasificación que no pertenezcan a
alguna de las categorías. Si por ejemplo se establece una cla­
sificación cromática, no deberá haber colores que no corres­
pondan a alguna de las categorías, como rojo o azul. La unión
de todas las categorías debiera dar por resultado la clase de
partida, como se representa en la figura 6. Formalmente, esta
propiedad se expresa de la siguiente manera:

Aj UA j U A jU... An= 1/

76
F igura 6

Otra condición establece que ninguna categoría debe ser


vacía: A ¿ 0 .
Por último, la exclusividad establece que las categorías deben
ser disyuntas: A fl A . = 0 , siendo i ^ j, ya que no debe haber
individuos que pertenezcan a más de una categoría.
En algunas ciencias en que se fueron configurando las cate­
gorías de un modo asistemático, por yuxtaposición de distintos
términos, estas condiciones suelen no cumplirse.
Algunas veces se ha intentado corregir una clasificación que no
es exhaustiva reuniendo todos los individuos que no pertenecen
a ninguna categoría en una clase residual: se crea una nueva
categoría que permita reunir a todos los casos sobrantes. Pero
este recurso pone de manifiesto la incorrección de la clasifica­
ción, la falta de un criterio claro, no ambiguo, que sustente la
división en las distintas categorías y tiene el grave inconveniente
de que nada asegura que la clase residual corresponda a alguna
propiedad específica, o si, por el contrario, reúne elementos he­
terogéneos.
En cuanto a los requisitos epistémicos, se pueden reconocer
como más importantes los que se señalan a continuación.
En primer lugar deberá construirse la clasificación sobre un
único criterio, que tendrá que ser preciso, no ambiguo. Si se mez­
clan distintos criterios peligran las condiciones de exhaustividad
y exclusividad. Consideremos un ejemplo. La clase de los seres
humanos puede clasificarse según distintos criterios, como por

77
su peso; su edad, su sexo, su ocupación y su estado civil. Para un
ordenamiento adecuado habrá que clasificarlos eligiendo alguno
de ellos, no será correcto construir una clasificación que conten­
ga como categorías mujeres, empleados, jóvenes y solteros, por
ejemplo, porque habrá personas que no se ubicarán en ninguna
de las categorías y otras que estarán en más de una. Una vez
construida una clasificación a partir de un criterio, será posible
hacer correspondencias con otras clasificaciones, entrecruzándo­
las de distintas maneras, como, por ejemplo, en tablas de doble
entrada. Así, si se entrecruza la clasificación por sexo y la clasi­
ficación ocupacional, se tendrán clases como la de mujeres em­
pleadas y varones obreros.
Otra condición es la discriminabilidad del sistema, es decir,
que las categorías en las que se divida el conjunto de partida
tenga las clases necesarias y suficientes para los fines que en
determinado contexto se requiera. Por ejemplo, para ciertos fi­
nes, será suficiente, en biología, considerar la clasificación de los
seres vivos en vertebrados e invertebrados, pero en fundón de
otros intereses habrá que construir clasificadones mucho más
discriminatorias, como en el caso en que se quisieran analizar los
sistemas respiratorio y circulatorio.
Otro requisito epistémico es la fertilidad heurística, esto es,
que la clasificación permita descubrir nuevas reladones entre los
individuos que constituyen cada clase. Esta cuestión está relacio­
nada con el problema de si existen o no clases naturales, es decir,
agrupaciones de individuos que no son arbitrarias, sino que dan
cuenta de derto orden natural. Quienes sostienen esta posición
consideran que la fertilidad heurística es un indido de que se
han establecido dases privilegiadas, en cuanto a que revelan co-
rreladones significativas entre las propiedades de los individuos
de las clases. Así, por ejemplo, es heurísticamente más relevante
clasificar a los animales en vertebrados e invertebrados que, por
ejemplo, dividirlos en acuáticos y terrestres: las propiedades que
se pueden descubrir y sistematizar en la primera clasificación
son mucho más abundantes y significativas que en la segunda.
Cuando hay problemas de “fronteras”, es decir, cuando hay ca­
sos que no quedan claramente ubicados en las distintas catego-

78
rías de una clasificación, se recurre muchas veces a la creación
de categorías adicionales para los casos fronterizos. Por ejemplo,
si las categorías acromáticas de que se dispusiera fuera la de ne­
gro, gris y blanco, y ante la diversidad de tonalidades existentes
surgieran problemas para decidir la ubicación de ciertos casos en
el blanco o el gris, se podrá intentar resolver la dificultad creando
más categorías, agregando por ejemplo, gris claro y gris oscuro.
Pero esto no resuelve el problema, porque volverá a plantearse la
dificultad, por ejemplo, entre casos fronterizos que pudieran con­
siderarse blanco o gris claro. Habrá que evaluar, en esos casos, la
conveniencia de establecer un orden comparativo, que vaya del
blanco al negro, en lugar de multiplicar las categorías.

2. D efin icion es

Una definición es una relación entre un término, el definien-


dum, y un conjunto de términos, el defíniens, entre los que se
establece una identidad de significados:

t = defAy By c
Los términos tienen dos componentes, la designación, inten­
sión o comprensión, por un lado, y por otro la denotación, exten­
sión o referencia. La designación es el conjunto de propiedades o
notas correspondientes al término, y la denotación o referencia
es aquello a lo que se aplica. Así, el término “felino” tiene como
designación todas aquellas notas propias de los felinos, y denota
a todos y cada uno de los animales identificados como felinos, la
clase de los felinos. Una caracterización más rigurosa de estas
nociones conlleva una multiplicidad de problemas filosóficos y
semánticos de difícil solución.
Hay muchos tipos de definiciones, casi todas ellas son desig-
nativas, es decir, expresan las notas características del término
a definir. Entre ellas pueden reconocerse las lexicográficas, las
estipulativas, las aclaratorias, las teóricas y las operacionales.
Las lexicográficas son las típicas definiciones de diccionario que

79
enuncian el significado que los términos poseen en el lenguaje
natural. Así, por ejemplo, se define “lámpara” como el artefacto
de uso doméstico utilizado para la iluminación. Generalmente
tienen un amplio margen de vaguedad y ambigüedad, que las
hace inadecuadas para ser utilizadas por las ciencias.
Las estipulativas son aquellas que se utilizan para asignar signi­
ficado de un modo convencional, a un término nuevo, o un signifi­
cado distinto a un término que ya poseía otro significado. Así, por
ejemplo, se estipuló en algún momento llamar “gogool” a la cen­
tésima potencia de diez, o llamar “tomógrafo” a un determinado
artefacto producido por la tecnología para el diagnóstico médico.
Las aclaratorias o elucidatorias son aquellas que mantienen
el significado lexicográfico del término, en sus notas principa­
les, pero estipulando algunas otras que permitan una mayor
precisión term inológica, elim inando en lo posible la vaguedad
y la ambigüedad. Tal es el caso de términos como “dinero”,
“trabajo” y “capital” en economía, y “ansiedad” , “memoria” y
“conciencia” en psicología.
Las definiciones teóricas, como se señaló antes, son aquellas
que recurren exclusivamente al vocabulario de una teoría deter­
minada, como en el caso de la definición de “fuerza” en física, que
utiliza los términos “masa” y “aceleración”, o cuando se define
“superyo” en psicoanálisis a partir de otros conceptos de la teoría
como los de “yo”, “ello” y “aparato psíquico”.
Las operacionales son aquellas que identifican el significado de
los términos con la realización de algún procedimiento empírico,
que dé lugar a resultados específicos y concretos. Así, por ejem­
plo, se define “peso” mediante algún método de pesar.
Otro tipo de definiciones son las funcionales, que son aquellas
que se utilizan para definir términos correspondientes a herra­
mientas u entidades y procesos de tipo instrumental. Así, por
ejemplo, “balde” se define como utensilio para el transporte y
depósito de sustancias, sólidas o líquidas, o “cuchillo” se define
como herramienta cortante, por su función y no por su forma.
Las definiciones contextúales no son definiciones en el sentido
estándar, puesto que no explicitan una identidad entre términos,
sino que el significado queda determinado por un conjunto de

80
proposiciones. Así, por ejemplo, se dice que los axiomas de Peano
definen implícita o contextualmente el significado de “número
natural”, o que el término “gravitación” queda definido por los
postulados o leyes de la mecánica clásica. En este último caso se
suele hablar de definición por hipótesis.
Por otro lado, no todas las definiciones son designativas, las
hay también denotativas. En el caso de algunas propiedades sen­
soriales, como “dulce”, “amargo”, “rojo”, no puede establecerse su
significado a través de la enunciación de un conjunto de notas
definitorias, en cuyo caso, se argumenta, hace falta una defini­
ción ostensiva, esto es, el señalamiento de casos particulares a
los que corresponde el término, del tipo: “rojo es esto que esta
acá” o “amargo es el sabor de este líquido”. Otro tipo de definición
denotativa es el que consiste en una enumeración. De este modo,
se puede definir “felino” diciendo que son los gatos, los tigres, los
pumas, las panteras...; o se puede caracterizar “ciencia fáctica”
enumerando las disciplinas que la integran.
En la tradición aristotélica las definiciones se establecían por
el procedimiento del género próximo y la diferencia específica.
Se señalaba que, por ejemplo, un gato era un felino (el género
próximo) y se enumeraban las diferencias específicas, es decir,
aquellas notas propias de los gatos que no tenían los otros feli­
nos. Pero este procedimiento o modalidad de definición, sólo es
posible cuando los términos a definir están insertos en una clasi­
ficación, si no, no es posible recurrir a él.
Se pueden señalar, siguiendo la exposición de 1. Copi24, una
serie de requisitos o condiciones que debe reunir una buena
definición.
En primer lugar, la definición debe enunciar las característi­
cas necesarias, o sine qua non, para la aplicación de un término.
Se trata de aquellas propiedades A, B y C tales que si no están
presentes en un objeto o fenómeno, el término no le sería apli­
cable, a diferencia de otras propiedades que son accidentales en
ese respecto. Así, por ejemplo, la propiedad de estar diseñado
para la iluminación es condición necesaria para aplicarle a un
objeto el término “lámpara”. Condición sine qua non significa,
precisamente, que es una condición sin la cual no se identifica un

81
caso bajo un determinado rótulo o nombre. Se ha dicho también,
que son las propiedades esenciales de la definición de un término,
pero esta denominación sugiere, erróneamente, que hay un vín­
culo esencial o necesario entre las palabras y las cosas. Por otro
lado, que un objeto sea blanco o negro es accidental respecto de si
puede ser caracterizado como una lámpara.
Otro requisito es la no circularidad. el definiendum no debe
figurar en el definiens. Es circular, por ejemplo, definir “espacio”
como la distancia entre un punto A y otro B correspondiente al
espacio que se extiende entre ambos. En algunos casos la circu­
laridad no es tan manifiesta como en este caso, se puede dar de
manera encubierta.
También se requiere que la definición no sea negativa, pudien-
do ser positiva. No es correcto caracterizar algo por lo que no es,
sino que deberán enunciarse las propiedades positivas del signi­
ficado del término. La excepción a esta regla lo constituyen aque­
llos términos cuyo significado es negativo, tales como analfabeto,
anormal, antivariólica y abstinencia.
Además se requiere que las definiciones no sean ni dema­
siado estrechas ni demasiado amplias. Se considera amplia a
aquella definición a la que le faltan propiedades definitorias.
Si t = A y B y C, y si se la definiera mediante A y B, su re­
ferencia alcanzará a más casos de los que corresponde. Si se
define “mesa” como un mueble que tiene patas y una superficie
superior plana, quedarán comprendidos en el alcance de esta
definición, además de las mesas, otros muebles con esas carac­
terísticas, como por ejemplo los bancos. Por el contrario, una
definición es estrecha cuando tiene más propiedades de las que
correspondería incluir. Así, por ejemplo definir “mesa” como
mueble de madera, significará limitar la aplicación del térmi­
no a aquellas mesas que están hechas de madera, excluyendo
a las que son de mármol, de hierro, o de cualquier otro mate­
rial. Es común, en algunas definiciones defectuosas, que sean
al mismo tiempo demasiado amplias y demasiado estrechas:
sobran propiedades por un lado, y faltan por otro.
Por último, otra condición es que las definiciones no estén for­
muladas en lenguaje figurado o metafórico, como cuando se dice

82
“Una mariposa es un tenue latir de dos pétalos vivientes”.

3. E xp lica cion es

Una de las principales funciones de las teorías y de la actividad


científica es la de explicar. Así como la zona empírica de las teo­
rías principalmente describe, la zona teórica tiene como función
principal la de explicar.
Se puede, por ejemplo, saber que cada doce horas se producen
mareas en las costas marinas, se puede haber pasado por la ex­
periencia de ver subir el nivel del mar a determinadas horas, de
conocer la regularidad, pero no saber por qué se produce. Para
saberlo necesitamos teorías, hipótesis teóricas que permitan
comprender y explicar lo que se nos presenta a la experiencia.
De hecho la humanidad conoció el fenómeno de las mareas desde
muy antigua data, pero no logró explicarlo hasta Newton, con la
postulación de la fuerza gravitatoria.
¿Qué es una explicación científica? La pregunta se puede res­
ponder desde distintos enfoques. Desde un punto de vista lógico
es un argumento o razonamiento en el qué se pretende inferir lo
que se quiere explicar, o explicandum a partir de premisas expli­
cativas denominadas explicans.
Desde otro punto de vista, que podemos denominar pragmático
dar explicaciones es un modo de dar respuesta a problemas. Una
teoría capaz de dar explicaciones es una teoría que resulta eficaz
en una de las funciones más importantes de la ciencia que es lá
tarea de evacuar problemas.
Desde otro enfoque, que se puede denominar ontológico, expli­
car es acceder a un conocimiento profundo de la realidad, com­
prender mecanismos de difícil acceso a la mera descripción25.
El modelo hempeliano de explicación científica considera que
entre las premisas hay siempre leyes generales, en forma explí­
cita o implícita. De este modo la explicación es siempre subsun-
ción en leyes generales. Por ejemplo, puede explicarse por qué
se ha quebrado una vara de madera, apelando a leyes acerca
de la composición física y química de la madera, o se explica­

83
rá el fenómeno de las mareas apelando a las leyes de atracción
gravitatoria de la física clásica. En algunos casos, como en el
de la vara, si lo que se desea explicar es un enunciado singu­
lar, correspondiente a un hecho, las premisas deberán contener
además de leyes, condiciones iniciales, que es información espe­
cífica relativa a la aplicabilidad de las leyes al caso en cuestión,
como el grosor de la madera o la dureza de la vara. Si en cambio
el explicandum es un enunciado general, correspondiente a una
regularidad, las premisas serán solamente enunciados genera­
les, es decir, leyes pertenecientes a una teoría. Los respectivos
esquemas serían los siguientes:

1 ^ 2 ) * * * 1-iii

C>ij Ci }••• Cm Li j LijM» Lo


~E Li
Este modelo hempeliano de explicación podrá ser, en cuanto
a la inferencia, de dos tipos: nomológico-deductivo si el razona­
miento fuera deductivo, o probabilístico, en caso de no ser de­
ductivo.
Por otro lado, en función del contenido de las leyes, se suelen
distinguir explicaciones de distintos tipos.
Uno es el causal, que contiene leyes que afirman relaciones
causa-efecto, las condiciones iniciales que afirman causas, y de
ambas se infiere el fenómeno a explicar como efecto, como en el
ejemplo de Popper: “¿por qué murió esta rata?, porque comió ve­
neno en cierta cantidad, y este veneno, ingerido en determinadas
cantidades mata”26.
Hay, además, explicaciones genéticas, que explican a través de
leyes de origen y de desarrollo, como en las explicaciones de pro­
cesos históricos o de formación de tejidos en biología.
Otras son funcionales, que a diferencia de las causales no expli­
can a través de la identificación de causas, sino indicando de qué
modo interactúan propiedades y relaciones, como en la explica­
ción de conflictos humanos en términos de relaciones vinculares.
Un tipo de explicación muy criticada es la teleológica, que ex­
plica a través de fines, sobre todo si se extiende a contextos donde

84
no se trata de sujetos intencionales capaces de tener propósitos o
razones. Así, por ejemplo, es legítimo explicar por qué corre Pe­
dro, mediante el argumento de que lo hace para alcanzar el tren
y no llegar tárde a su trabajo, pero no sería adecuado explicar por
qué algunas especies se mimetizan con el follaje, argumentando
que lo hacen para no ser encontradas por sus predadores.
Uno de los debates que plantea la escuela comprensivista ha
sido la inadecuación de estos modelos a las ciencias humanas.
La historia, dicen, no explica mediante el uso de leyes, sino que
comprende en la singularidad de los hechos. Popper ha intenta­
do sortear las dificultades que plantea la explicación histórica
marcando que en esas explicaciones las premisas relevantes son
las condiciones iniciales, mientras que las leyes son informacio­
nes muy generales y básicas, a diferencia de las explicaciones en
otras ciencias como la física, en las que lo más significativo son
las leyes.
Muchos sostienen, dentro del modelo hempeliano, que la pre­
dicción científica responde al mismo modelo que la explicación,
la estructura del argumento es la misma, y la diferencia está en
el carácter desconocido de la conclusión inferida. Pero es justa­
mente por no conocerse la verdad o falsedad del enunciado que se
predice, que constituye una prueba mucho mayor para el conjun­
to de leyes explicativas el cumplimiento o no de la predicción.
Otros sostienen que explicación y predicción no coinciden ne­
cesariamente, puesto que hay teorías que explican pero no pre­
dicen, y en algunos casos hay predicciones sin que se cuente con
una estructura explicativa. Lo primero puede ocurrir cuando las
condiciones iniciales son muy complejas, o por ausencia o preca­
riedad de las leyes. Lo segundo ocurre cuando se predice median­
te extrapolación de datos.
Desde un punto de vista de la evaluación que significa para
una teoría el poder explicar y predecir, es mucho más relevante
el éxito predictivo que el éxito explicativo. Explicar un terremoto
no tiene el mismo valor que predecirlo. La teoría se pone a prue­
ba de un modo mucho más exigente en el primer caso. Además
de este aspecto gnoseológico se agrega el valor pragmático: la
teoría que anticipa y prevé hechos futuros da réditos tecnológicos

85
y prácticos muy preciados. En el caso del terremoto, permitirá
salvar vidas y bienes.

III. LA INVESTIGACIÓN E N CIENCIAS FÁCTICAS

Nos ocuparemos de analizar el modo en que se trabaja en las


ciencias fácticas en la búsqueda del conocimiento, retomando
una cuestión que en la clasificación del capítulo anterior ubica­
mos como aspectos dinámicos del conocimiento.
Haremos un análisis, en parte descriptivo y en parte normati­
vo, del proceso de investigación que llevan a cabo los científicos
en forma individual y colectiva.
Contra una imagen bastante difundida que concibe al trabajo
científico como un proceso un tanto pasivo y acumulativo, cree­
mos que las idas y venidas del quehacer científico tienen mucho
de creatividad y de diversidad.
Las modalidades de trabajo son muy variadas. No es lo mismo
la investigación en física teórica, que la investigación empírica
en biología o el trabajo de campo de un antropólogo. El primero
utilizará ecuaciones y modelos matemáticos sofisticados, el se­
gundo tendrá que repetir experimentos y hacer múltiples y cui­
dadosas observaciones, y el tercero conversará y grabará entre­
vistas con los miembros de alguna comunidad, por dar ejemplos
muy simplificados. Un lingüista o un psicólogo deberá recurrir
a la interpretación de diversos materiales como textos, sonidos
o gestos.
Sin embargo, reconociendo la multiplicidad y especificidad que
presenta la investigación en las distintas disciplinas y áreas de
la ciencia, es posible encontrar algunos rasgos comunes que per­
mitan la construcción de un modelo unificado así como prescribir
determinados procedimientos como más adecuados.

i. E l m odelo clá sico

Hay un modelo que reconstruye el trabajo científico que tiene

86
una larga historia y goza de amplia difusión y aceptación, no tan­
to por parte de los filósofos de la ciencia como por parte de los cien­
tíficos. Vamos a denominarlo modelo clásico. Fue propuesto por
primera vez por Aristóteles en el siglo IV a.C., filósofo que puede
ser considerado el primer epistemólogo, ya que es el primero que
se ocupó de la fundamentación del conocimiento, la episteme de
los griegos, y de formular reglas metodológicas. Los empiristas
ingleses de los siglos XVII y XVIII, aunque tenían concepciones
acerca del conocimiento muy diferentes a las de Aristóteles, coin­
cidieron con este modelo y lo desarrollaron a partir de las ideas
que presentara Francis Bacon en el Novum Organum.
El modelo distingue básicamente tres momentos.
El primero consiste en el relevamiento de hechos de un cierto
tipo del modo más preciso y completo posible. Mediante la obser­
vación cuidadosa y sistemática, esos hechos se convertirán en
datos a los fines de la investigación. Así, por ejemplo en meteoro­
logía se tomarán una serie de registros relativos a la formación
de cierto tipo de nubes, o en psicología se harán observaciones
acerca de la conducta de un grupo de niños de determinada edad.
En algunos casos además de la observación, se recomienda tam­
bién la realización de experimentos.
En un segundo momento se procede a buscar las propiedades
comunes que presenten los datos correspondientes a esos hechos,
como asociar la formulación de determinadas nubes con la pro­
ducción de granizo, o identificar patrones uniformes de compor­
tamiento en los niños. Estas propiedades comunes darán lugar a
la formulación de regularidades o enunciados generales del tipo:
“Cada vez que ocurre A, ocurre también E”. Estas regularidades
podrán estar escalonadas en distintos niveles de generalización,
constituyéndose como leyes. Cuando se alcanza a reunir un con­
junto de leyes de máxima generalidad, sistemáticamente conec­
tadas, el conjunto podrá denominarse “teoría”.
Se trata de un procedimiento inductivo, del tipo que fuera ana­
lizado anteriormente.
Por último, la tercera etapa consistirá en la aplicación de las
leyes y teorías para explicar y predecir nuevos hechos mediante
deducciones. En los ejemplos anteriores, permitirá anticipar la

87
ocurrencia de granizo y explicar y predecir la conducta de un
niño de determinada edad, subsumiéndola en ía conducta obte­
nida por inducción.
De un modo esquemático este proceso se puede representar me­
diante el siguiente triángulo:
leyes, teorías

/
inducción
\
deducción

/
hechos registrados
\ nuevos
inicialmente hechos

De este modelo puede decirse, en primer lugar, que sirve como


una primera y gruesa aproximación a lo que és la tarea de un
científico, pudiendo señalársele críticamente que se trata de una
versión muy simplificadora de lo que es realmente la investiga­
ción.
En segundo lugar, y esto es más grave, pueden objetarse como
erróneas ciertas afirmaciones, básicamente dos. Una de ellas se
refiere a la primera etapa. Se ha señalado que no es cierto que
se parte siempre de hechos, puesto que nadie pasa a recolectar
datos si no sabe para qué los quiere utilizar ni qué objetivos se
propone. Parecería necesario tener algunas ideas orientativas
previas que guíen la observación, algunas hipótesis. La otra crí­
tica señala que no es la inducción la vía que lleva a los científicos
a producir teorías, sino más bien otros recursos, más variados y
menos pautados, como la libre imaginación y analogías con otros
campos de investigación.
Puesto que se trata de objeciones muy básicas, este modelo fue
abandonado por la mayoría de los epistemólogos de este siglo, a
partir de los trabajos de Popper (1934) y de Cohén y Nagel (1934),
quienes construyeron modelos más sofisticados de la investiga­
ción a partir de las críticas al modelo vigente hasta entonces.

88
2. E l m odelo h íp otético-d ed u ctivo de investigación

Este modelo, que en alguna medida ya es clásico también, fue


desarrollado, como dijimos, por Popper, Cohén y Nagel, y otros
autores como Hempel con algunas variaciones.

Se presenta a continuación un esquema gráfico de sus princi­


pales etapas y componentes.

F igu ra 7

La primera diferencia que presenta este modelo respecto del


anterior es que según éste, el punto de inicio de la tarea de inves­
tigación es el reconocimiento de un problema y no un conjunto de
datos acerca de un tipo de fenómenos. Son las preguntas que se
formulan acerca de la realidad las que dan origen a una investi­
gación y no la mera reunión de datos.

89
Otra diferencia importante es que la inducción no es el camino
único y seguro para la obtención de regularidades y teorías. Las
críticas a la inducción como ya es sabido, son amplias y comple­
jas y ha sido tema de arduo debate epistemológico.
También difieren en el reconocimiento de la existencia de un
marco teórico y el papel asignado a las hipótesis.
Analizaremos a continuación cada uno de los pasos del esque­
ma presentado en la figura 7.

L os problem a s

Como acabamos de señalar, y en contra de una visión empirista


de la ciencia, lo que da origen a una investigación es la formula­
ción de problemas. No es un conjunto de hechos o de datos, no es
la experiencia por sí misma, sino algún interrogante o pregunta
acerca de la realidad que se plantea un individuo o conjunto de
individuos que descubre que cierto aspecto de la realidad deman­
da una explicación.
Toda pregunta cuenta con los siguientes componentes:
a) alguien que interroga, es decir, una o varias personas para las
cuales se reconoce algo como problemático. A veces es un úni­
co científico, otras veces es un grupo o la comunidad científica
en su conjunto.
b) El contenido de la pregunta, puesto que la pregunta es acerca
de algo.
c) El contexto en el que se formula la pregunta, aquello que
da sentido a la pregunta, formado por el conjunto de cono­
cimientos y expectativas en medio de los cuales cabe formu­
lar interrogantes. Así, por ejemplo, en el contexto de algunas
discusiones medievales, tenía sentido preguntarse acerca de
cuántos ángeles cabían en la cabeza de un alfiler, cuestión
que resulta absurda o bizarra en otros contextos. Muchos de
los grandes innovadores de la ciencia como Darwin fueron
capaces de formular preguntas, e intentar responderlas, tras­
cendiendo el contexto de los conocimientos de su época.
El origen de las preguntas científicas puede ser muy disímil,

90
desde la mera curiosidad intelectual, el placer por la indagación
y el conocimiento, hasta demandas prácticas como descubrir el
origen de una enfermedad, ganar una guerra o evitar inunda­
ciones. Larry Laudan en El progreso y sus problemas*7, centra
su análisis de la ciencia en los problemas científicos y distingue,
por un lado, problemas de tipo conceptual y, por otro, los de tipo
empírico. En biología, por ejemplo, dar una caracterización ade­
cuada del concepto de especie es un problema conceptual. Ejem­
plos de problemas empíricos son los que se plantean a partir de
descubrimientos, como una nueva bacteria, un nuevo gen, o la
desaparición de una isla en el océano. Pueden agregarse, tam­
bién, los problemas de tipo técnico, cómo mejorar el cultivo de la
tierra, o evitar que el granizo arruine una cosecha.
Las preguntas pueden pensarse como pedidos de expbcación,
al menos en el campo de la ciencia pura. ¿Por qué en verano los
días son más largos que en invierno?, ¿por qué el hielo flota sobre
el agua?, ¿por qué se produjo la guerra en Yugoslavia?, ¿cómo es
que ocurre un espejismo?, ¿por qué un niño de cuatro años cree
que hay más líquido en un vaso alto y delgado que en otro más
ancho y bajo? La investigación, en estos casos será una búsqueda
de expbcación, y llegará, si tiene éxito, a construirla.
En el caso de las preguntas técnicas, la investigación consistirá
en hallar un procedimiento que dé cuenta del problema.
Es muy importante que se pueda lograr una formulación clara
y precisa de los problemas. A veces los interrogantes surgen de
manera global, poco discriminada, dando lugar con posterioridad
a la diferenciación de distintos problemas. También las preguntas
pueden ordenarse en grados de generahdad y de imphcación, y lo
que inicialmente fue una pregunta única e indiferenciada se pue­
de convertir con el tiempo en una famiha de interrogantes cientí­
ficos, mucho más discriminados y específicos que al comienzo.
El marco teórico generalmente condiciona los interrogantes o
preguntas que se formulan, porque provee del contexto general
en el que tiene sentido interesarse por algo o avanzar en deter­
minada dirección. Ciertas preguntas sólo tienen sentido en un
contexto teórico particular. Así, por ejemplo, indagar en ciertas
omisiones o equivocaciones de las personas sólo tiene sentido en

91
tanto se supone que no son meros accidentes o hechos casuales,
sino que son reveladores de mecanismos significativos, de estruc­
turas que no se ponen de manifiesto de otro modo. Aún en el
caso de investigadores muy revolucionarios, contestatarios de las
teorías vigentes, también ha sido relevante conocer el contexto
teórico, porque permite entender a qué ideas se estaba enfren­
tando el investigador.

E l m a rco teórico

El marco teórico es el conjunto de componentes de una o más


teorías que están presentes en las investigaciones, en forma ex­
plícita o implícita.
En algunos casos es una teoría determinada, como cuándo se
encaran investigaciones en el marco de la biología evolucionista
o molecular, o cuando se investigan estructuras del psiquismo
infantil bajo los postulados de la teoría psicoanalítica.
En otros casos, el marco teórico es un conjunto de hipótesis pro­
venientes de distintas teorías. Es frecuente en muchas investiga­
ciones que no resulte ni necesario ni suficiente trabajar con una
teoría en su totalidad, y resulte más conveniente tomar conceptos
y afirmaciones de una pluralidad de teorías que configuren un
conjunto heterogéneo de componentes teóricos relevantes para
dar una respuesta al problema planteado. Si se investiga, por
ejemplo, la deserción escolar en la escuela primaria, seguramen­
te en el marco teórico se tomarán hipótesis acerca de condiciones
económicas y sociales, hipótesis psicológicas de distintas ramas
y teorías, como de la psicología cognitiva, la psicología social y
profunda, además de otras de índole pedagógica.
La ventaja que proveen estos marcos teóricos que contienen
hipótesis de distintas teorías y disciplinas es que la investiga­
ción no queda circunscripta y condicionada a una única teoría,
sino que es más abierta y plural. El riesgo mayor es que se pro­
duzcan incompatibilidades e inconsistencias entre las diversas
hipótesis y sistemas conceptuales provenientes de las distintas
teorías. Suele ocurrir que un mismo término tenga distinto sig-

92
nificado en distintas teorías, o que integre diversos sistemas cla­
sifícatenos. Las consecuencias de esas diversidades puede que
no se presenten inicialmente pero que se pongan de manifiesto
a partir de algún resultado empírico posterior. Así, por ejemplo,
ciertas discusiones en psiquiatría respecto de si ciertos enfermos
son o no borderline tenían en su base distintas caracterizaciones
del término, y distintos supuestos acerca de la enfermedad men­
tal. O en biología, ciertas estructuras fueron consideradas como
seres vivos bajo determinadas definiciones y categorías pero no
lo eran bajo otras, generándose discusiones que parecían ser del
orden fáctico, cuando en realidad eran de tipo conceptual y ter­
minológico.
Además de hipótesis teóricas, los marcos teóricos contienen en
forma implícita o subyacente supuestos de tipo paradigmático.
Se trata de creencias muy básicas acerca de cómo son los obje­
tos que se estudian, cómo se relacionan, la permanencia o los
cambios que es esperable que se produzcan y la mejor manera
de conocerlos. Difícilmente los investigadores cobran conciencia
de ellos, puesto que constituyen creencias básicas e incuestio­
nables, pero que determinan considerablemente el alcance de
la investigación, e impiden ver más allá de sus límites. Como
ejemplos de tales supuestos puede considerarse a los del meca­
nicismo en las ciencias naturales, el vitalismo en la biología y el
funcionalismo sociológico.

L as h ip ótesis

Una vez formulado con claridad el problema que se va a in­


vestigar, se procederá a buscar su solución. Bajo este modelo,
esa solución estará dada, en primer lugar, por una hipótesis o
conjetura que anticipe una respuesta al problema, es decir, que
provea de una explicación al interrogante planteado.
Antes de proceder a la formulación de respuestas se suelen
efectuar nuevas observaciones y relevamiento de datos que per­
mitan asegurar la legitimidad del problema y evite pérdidas de
tiempo y recursos en posibles pseudos problemas, que se hubie-

93
ran originado en observaciones distorsionadas o erróneas. Esta
tarea resulta tener muchas veces valor heurístico, es decir, con­
tribuye a estimular la creatividad del científico, necesaria para
pensar en respuestas apropiadas. Una vez efectuado ese examen
se procede a dar respuestas tentativas a través de hipótesis.
En este contexto, una hipótesis es un enunciado de tipo ge­
neral, es una conjetura que anticipa la solución al problema,
pero que requerirá, en un momento posterior, de ser evalua­
da críticamente.
Como ya se señaló, son enunciados que se toman como verda­
deros provisoriamente, y deberán ser confrontados con la reali­
dad a través de sus consecuencias.
Por ejemplo, si la pregunta es por qué los niños de cuatro años
responden que hay más líquido en un vaso alto que en otro más
bajo y ancho, habiendo visto que eran trasvasados ambos de va­
sos de igual forma y cantidad de líquido, la hipótesis explicativa
dirá que los niños detectan una sola de las variables intervinien-
tes, en este caso la altura, y no ambas.
Una primera evaluación de la hipótesis tendrá en considera­
ción ciertas condiciones formales. Una condición preliminar es
que su formulación sea clara y que no presente ambigüedades.
Suele pedirse que el vocabulario técnico de las hipótesis esté
definido dentro del marco de la investigación, ya sea a través
de definiciones estipulativas, teóricas, operacionales, o de otro
tipo. Deberá ser un enunciado sintético, es decir, no tendrá que
ser ni analíticamente verdadero ni analíticamente falso, siguien­
do la distinción efectuada en el capítulo anterior. Dicho de otro
modo: las hipótesis deberán tener contenido empírico. Pero como
el contenido empírico es una cuestión de grado, podrá decirse,
prescriptivamente, que cuanto más contenido empírico tengan,
tanto mejor.
Las hipótesis establecen relaciones entre los términos que con­
tienen, siendo esas relaciones a veces de tipo funcional, otras de
tipo causal, o también de tipo conceptual o genético. Las hipóte­
sis funcionales afirman la interacción de propiedades o relacio­
nes, mientras que en las causales postulan que una de ellas es
condición suficiente respecto de las otras.

94
El marco teórico es también relevante para esta etapa, ya que
los conceptos intervinientes en las hipótesis provienen general­
mente de las categorías contenidas en las teorías presupuestas.
Aquellas formuladas dentro de un determinado marco teórico
deberán ser compatibles con el conjunto de hipótesis de ese mar­
co. Salvo en los casos en que se producen modificaciones impor­
tantes dentro de una disciplina, en los que surgen nuevas teorías
y cambios de enfoque significativos, las hipótesis se insertan en
las teorías vigentes, guardando con los enunciados que forman el
marco teórico relaciones de compatibilidad, de deducibilidad y de
implicación. Cuando esto no pasa, es decir, cuando la hipótesis
propuesta no resulta compatible o no resulta integrada con las
teorías vigentes, suele ser resistida por la comunidad científica y
vista con desconfianza. En ese caso, la nueva hipótesis, si resulta
exitosa, podrá dar lugar a una nueva teoría.
¿Cómo surgen las hipótesis, cómo se accede a ellas? Según el
modelo clásico presentado, es la inducción, como procedimien­
to de generalización, el método que permite llegar a las leyes y
teorías, es decir, a la formulación de enunciados generales que
expresan regularidades y que subsumen a cada uno de los casos
particulares registrados. Se suele recomendar que previamente
a la formulación de hipótesis el científico tome en consideración
estudios previos y efectúe un buen número de observaciones nue­
vas, indague en investigaciones similares anteriores y reúna la
información que considere pertinente. Pero no serán esos mate­
riales por sí mismos los elementos con los cuáles se podrá arribar
a una hipótesis, ya que no hay algoritmos que aseguren la pro­
ducción de hipótesis. Solamente la experiencia, la imaginación y
la creatividad del científico llevan a cabo esta tarea, para la que
no se dispone de ninguna receta.
Sin embargo, y en los últimos años, ha cobrado interés el estu­
dio de la producción científica desde otro punto de vista, tratando
de descubrir cierta legalidad en los mecanismos de producción de
ideas y de resolución de problemas, bajo lo que se denomina ‘ló ­
gica del descubrimiento”. Se trata de estudios de tipo fáctico para
los que ha contribuido el desarrollo de la inteligencia artificial y
las ciencias cognitivas.

95
P roced im ien tos deductivos

Como ya se señaló, para poner a prueba una hipótesis hace


falta extraer consecuencias de ella que sean contrastables. Para
lograrlo se dispone de las herramientas deductivas de la lógica
y la matemática.
Cuando las hipótesis están formuladas en los lenguajes natu­
rales, como el castellano o el inglés, las conclusiones se obtienen
mediante el uso informal de la lógica, la llamada lógica natu­
ral que tienen incorporada los científicos, usando reglas como
el modus ponens o la ejemplificación universal (que dice que si
algo vale para todos los casos, vale para un caso particular). Se
extraen conclusiones a partir de premisas, como cuando un bió­
logo ó un psicólogo saca consecuencias de las hipótesis que está
poniendo a prueba aplicándolas a un caso particular.
En otros casos hace falta recurrir a procedimientos de la lógica
formal, como el cálculo de predicados o la teoría de conjuntos.
Por último, sí las hipótesis están formuladas en el lenguaje de
alguna rama de la matemática, como el álgebra o el análisis
matemático, como ocurre en física, las herramientas deductivas
serán las que utiliza esa rama de la matemática. Se suelen uti­
lizar sistemas lógico-matemáticos, como estructuras de grupo,
reticulados y anillos y sistemas axiomáticos de distinto tipo, que
tienen múltiples aplicaciones en prácticamente todas las cien­
cias facticas. Así, por ejemplo, Piaget utiliza como herramienta
formal la estructura de grupo para modelizar las características
del pensamiento adolescente y adulto, y saca consecuencias em­
píricas acerca del comportamiento de los individuos de ese esta­
dio deduciendo las propiedades de esa estructura formal.
Como ya dijimos, la deducción requiere de al menos una pre­
misa, para extraer alguna conclusión. Pero una sola premisa
suele ser un recurso muy limitado a los fines deductivos, si se
dispone únicamente de una hipótesis. Lo más frecuente es que
se requiera de la inclusión de más premisas para disponer de un
potencial deductivo mayor. En esos casos se recurre, por un lado,
a los componentes del marco teórico, tomando hipótesis de las
teorías presupuestas. También se recurre al uso de supuestos e

96
hipótesis auxiliares, que deberán ser claramente reconocidos a la
hora de evaluar los resultados obtenidos.

C on secu en cias observa cion a les

Se denominan consecuencias observacionales o consecuencias


contrastabas a aquellos enunciados inferidos deductivamente de
las hipótesis, susceptibles de confrontación con la experiencia.
Se los considera observacionales, no tanto porque se acceda a
ellos por los sentidos, como la vista o el oído, sino porque están
formulados en lenguaje observacional, no teórico. En economía,
por ejemplo, son contrastables enunciados que corresponden a
datos tales como salarios, ingresos brutos o ahorro.
Se trata de enunciados cuyo valor de verdad puede ser en prin­
cipio determinado por cualquier investigador.
Cuando estos enunciados obtenidos por deducción no son co­
nocidos (principalmente porque se refieren a hechos futuros) se
tratará de predicciones y habrá que esperar a que esos aconteci­
mientos se produzcan para determinar su verdad o falsedad.
En cambio, si fueran enunciados acerca de propiedades, hechos
o relaciones ya conocidos, decimos que las hipótesis los explican.

P roced im ien tos de con tra sta ción

Los procedimientos de contrastación de las consecuencias ob­


servacionales son una etapa crucial de la investigación científica.
Las formas que puede adquirir esta etapa tienen modalidades
muy diferentes, propias de las distintas técnicas de investigación
que se empleen, que van desde la observación sistemática, la ex­
perimentación, la administración de tests, hasta la realización
de encuestas y grabación de entrevistas y la recolección de datos
estadísticamente procesados.
La elección de estas técnicas tiene que ver con muchos factores,
desde el tema, las posibilidades de variación de los factores Ínter-
vinientes, cuestiones de índole ética y hasta las preferencias de

97
los investigadores.
Cuando las propiedades estudiadas admiten variaciones, se
pueden aplicar procedimientos experimentales en los que se ana­
lizan las modificaciones en los valores de la variable indepen­
diente en relación con la dependiente. Su utilización incide de tal
modo que las disciplinas que lo emplean han sido denominadas
ciencias experimentales. Respecto de este método, cabe agregar,
a lo que ya se ha señalado, la distinción de tres momentos de su
aplicación:
a) el diseño del experimento, donde se identifican las variables, y
el modo y orden en las que se variarán,
b ) la implementación del experimento, momento en que se eje­
cuta, en condiciones de laboratorio o de campo, y
c) el registro y evaluación de los resultados obtenidos.
Cuando no pueden llevarse a cabo esas formas de experimenta­
ción, pueden ser reemplazadas por la observación sistemática o
por la llamada experimentación ex post facto.
En algunos casos la contrastadón no puede realizarse en for­
ma inmediata, puesto que supone la producción de fenómenos
futuros muy distantes en el tiempo, y otras veces muy lejanos
en el espado. Tal es el caso, por ejemplo, en astronomía, de los
estudios de las órbitas de los cometas, o el estudio de los terre­
motos en geología. En esos casos las técnicas de simulación por
computadoras ha permitido sacar el máximo aprovechamiento
de la información disponible, hadendo extrapoladones, y de ese
modo suplir en buena medida la falta de datos.
A veces, las contrastaciones suponen mucha teoría debido a
distintos factores. Por un lado está la presuposición de teorías
para la construcción de los instrumentos a través de los cua­
les se obtienen los datos. Por ejemplo, si un astrónomo hace
observaciones a través de un telescopio electrónico, supondrá
muchas leyes físicas como las de la óptica, que explican el
funcionamiento del telescüpio y la confiabilidad de lo que se
observa a través de él.
Por otro lado, se ha dicho que el lenguaje mediante el cual se
registran los datos tiene carga teórica. Se argumenta que aún
en el caso de enunciados tan básicos como “Esta tiza es blanca”

98
se encuentra presupuesta mucha teoría, como argumenta Chal-
mers28. En cuanto se intenta caracterizar conceptos como el de
‘‘tiza” se cae en la cuenta de cuánta teoría química se presupone,
así como el concepto de “blanco” puede presuponer teoría física.
En muchas investigaciones de las ciencias sociales se presen­
tan dificultades en el testeo de las hipótesis. Se suele dar el caso
de que se explique un determinado fenómeno mediante la for­
mulación de una hipótesis, y ese mismo fenómeno sea utilizado
como elemento de prueba que pretende confirmarla. Esta situa­
ción puede analizarse de dos maneras. O bien se considera que
se trata, lisa y llanamente de un círculo vicioso, porque se toma
como premisa explicativa precisamente aquello que se desea
explicar; o bien se considera que se trata de una investigación
incompleta en la que faltan elementos de juicio que permitan
evaluar adecuadamente la hipótesis. Este problema es común
en el contexto de la investigación clínica. Un paciente puede ma­
nifestar ciertos síntomas, y el terapeuta puede hacer hipótesis
interpretativas que intenten explicarlos. Pero no será suficiente
aval de esa hipótesis la mera referencia a esos mismos síntomas.
Hará falta buscar elementos de prueba adicionales e indepen­
dientes de aquellos fenómenos que se pretenden explicar.

Existen estrategias para preservar hipótesis a las que les


ha ido mal en la contrastación em pírica que tienen distinto
grado de aceptabilidad o legitim idad. Un punto de vista re-
futacionista extremo diría que siempre que el resultado del
testeo es desfavorable las hipótesis deberán ser rechazadas.
Pero esta posición es demasiado drástica y costosa.
Una estrategia que en general se considera inaceptable es
la que utiliza hipótesis ad-hoc, que son afirmaciones que no
cuentan con apoyo em pírico que las justifique en forma inde­
pendiente. Se las adiciona como hipótesis auxiliares para dar
cuenta de los resultados desfavorables y seguir sosteniendo
la hipótesis en cuestión. Pueden ser de dos tipos. Están aque­
llas que no se pueden justificar, si no es a través de la acep­
tación de la hipótesis que se está evaluando, en cuyo caso el
procedim iento es inadecuado por ser circular. Pero hay otras

99
que se consideran ad-boc porque no cuentan con un apoyo
independiente, pero en principio pueden ser contrastadas
en el futuro. Ingresan en form a ad-hoc en la investigación
para salvar una hipótesis refutada, pero a posteriori pueden
ser legitimadas como hipótesis auxiliares, si son sometidas a
prueba en forma independiente.
Un ejem plo muy criticado por Carnap y por Hempel de pro­
cedimiento ad-hoc es el que planteaban los biólogos vitalistas
de la década del treinta del siglo XX, al explicar la diferencia
entre distintas especies en la regeneración de órganos y te­
jidos. Se explicaba la diferencia apelando a que una especie
tenía una fuerza vital o una entelequia más poderosa que la
de otra especie. No se presentaba ningún elem ento de prueba
adicional que justificara la hipótesis de la entelequia que no
fuera la misma regeneración de los tejidos, que era precisa­
mente el fenómeno a explicar. Otro famoso ejem plo es el del
finiculus, o hilo elástico e invisible, cuya existencia sostenían
los opositores a Torricelli para explicar porqué se modificaba
el nivel de la columna de mercurio, y en contra de la hipótesis
de que el aire tenía peso, pero no daban elementos de prue­
ba empíricos, excepto la m odificación del nivel del m ercurio
mismo.
En la m etodología que propone Lakatos también hay una
estrategia para preservar determinadas hipótesis. Ante los
resultados em píricos desfavorables, no deberá responsabili­
zarse a ninguna de las hipótesis del núcleo del programa de
investigación, sino que deberán hacerse cam bios en las del
cinturón periférico. Pero explícitam ente se excluye la posibi­
lidad de recurrir a hipótesis ad-hoc, al menos a las del primer
tipo. El núcleo deberá mantenerse inmodificado para perm i­
tir el desenvolvimiento del programa de investigación, que
será evaluado con posterioridad, en función de su capacidad
de llevar a nuevos descubrimientos e increm entar sus confir­
maciones.
También en posiciones holistas como las de Duhem y Quine
se presentan opciones respecto de cuál de un conjunto de hipó­
tesis queda comprometida por un resultado empírico adverso.

100
L a eva lu a ción d e los resultad os

La etapa de la evaluación de los resultados del testeo empírico no


cuenta con reglas absolutas ni algoritmos que permitan llegar a
conclusiones categóricas. Veremos qué se puede concluir a partir
de las distintas situaciones a que se ha llegado en la contrastación
de una hipótesis, y el tipo de conclusiones a que se puede arribar
con cierto fundamento. A partir de Popper quedó establecido con
claridad que no es posible probar que las hipótesis sean verda­
deras. Si de una hipótesis H se deriva una cierta consecuencia
empírica I, y si la experiencia verifica I, de esta información no se
puede concluir correctamente H. Esquemáticamente:

H -► I (Si H, entonces I)
no I
no H
Se trata de la forma de razonamiento inválida conocida como
falacia de la afirmación del consecuente: de un enunciado con­
dicional y de la afirmación de su consecuente no se desprende
necesariamente el antecedente. De modo que aunque las pre­
misas fueran verdaderas, no queda asegurada la verdad de la
hipótesis.
Es interesante comparar este esquema con el esquema induc­
tivo del modelo clásico:
11
12

In
H
En ambos esquemas se toman como premisas enunciados ob-
servacionales verificados y en ambos se concluye una hipótesis
general H, pero la diferencia reside en que en el primero de ellos
la hipótesis es un punto de partida (aunque condicional) que se
pretende justificar a través del razonamiento, mientras que en el

101
esquema inductivista simple es solamente un punto de llegada
que se obtiene por generalización.
La otra manera de evaluar una hipótesis que ha tenido re­
sultados favorables en la contrastación es considerarla con­
firmada. Se entiende por confirmación, la estim ación de un
valor probabilístico para la hipótesis en cuestión, bajo la si­
guiente argumentación:

H— ►Oí, I v « I")
Ilj I2)M Xj
~H
Si una hipótesis implica un conjunto de consecuencias ob-
servacionales: Ir I2,... In, y se verifica un gran número de esas
consecuencias, se infiere con alto grado de probabilidad que
H es verdadera. La doble línea representa este tipo de infe­
rencia no deductiva.
Como la forma del razonamiento no es lógicamente correcta,
sino que la conclusión se deriva con cierto grado de probabilidad,
la verdad de la hipótesis no estará garantizada. También puede
cuestionarse la estimación de su valor probabilístico, puesto que
si en algún momento se detectara al menos un caso en contrario
del tipo no IK, por cuestiones del cálculo de probabilidades la pro­
babilidad de la hipótesis quedaría reducida a cero.
En resumidas cuentas, puede decirse que no es posible ni
verificar ni confirmar hipótesis. Si se entiende por verificar,
probar la verdad, no es posible verificar hipótesis por las ra­
zones lógicas ya expuestas. Tampoco es posible confirmar hi­
pótesis, entendiendo por ello la obtención de una estimación
probabilística de su verdad.
Pero sí bien no es posible verificar hipótesis, sí es posible
refutarlas bajo determinadas condiciones. Si de una hipótesis
que se supone verdadera, se llega a una consecuencia falsa,
habiendo utilizado correctamente los procedimientos deduc­
tivos, eso significa que la hipótesis es falsa, ya que de premi­
sas verdaderas no puede inferirse una conclusión falsa. Esta
consecuencia lógica está fundada en el modus tollens, que en

102
este caso cobra la siguiente forma:

H -► I (Si H, entonces I)
no I
no H
A esta situación de diferencia formal entre lo que permite
inferir la verificación de una consecuencia empírica de una
hipótesis y una refutación, se la denomina asimetría entre ve­
rificación y refutación: la lógica garantiza la falsedad de un
antecedente a partir de la falsedad del consecuente, pero no
garantiza la verdad del antecedente (en este caso la hipótesis),
a partir de la verdad de sus consecuencias empíricas.
La única conclusión a la que se podrá llegar a partir de la
verificación de las consecuencias derivadas de una hipótesis es
a la consideración de la hipótesis como corroborada, que sig­
nifica solamente no haberla refutado, pudiendo seguir siendo
considerada verdadera. De una manera informal, no técnica,
se dice también que la hipótesis ha sido comprobada. Cabe
aclarar que en muchos usos “verificar” no tiene el sentido que
se acaba de exponer, de prueba de la verdad, sino un uso más
general de poner a prueba una hipótesis.
En cuanto a la refutación, si bien es cierto que desde un
punto de vista lógico es concluyente, desde un punto de vista
m etodológico no siempre lo es. La presencia de más de una
premisa, como en los casos en que se recurre a hipótesis auxi­
liares y teorías presupuestas, hace que no haya seguridad
respecto de cuáles de ellas han llevado al resultado falso. Es­
quemáticamente:
(H y A) —► I
No I_________
No(HyA)
Pero de la negación de una conjunción, por las leyes de De
Morgan se infiere la disyunción de las negaciones de los enun­
ciados conjuntivos: o no H o n o A, es decir, una, otra o ambas
deberán rechazarse.

103
El otro argumento que relativiza la refutación es la falibili­
dad de los datos observacionales: la falta de certeza que pue­
de existir respecto de la verdad o falsedad de los enunciados
empíricos.
Aceptación de la hipótesis: Si los resultados obtenidos en la
contrastación em pírica son favorables la hipótesis será consi­
derada corroborada y se la podrá aceptar como una respues­
ta adecuada al problema, pero esa aceptación teiidrá siem­
pre carácter provisorio. Es recomendable insistir en nuevas
pruebas de una hipótesis corroborada, procedim iento que si
resulta exitoso en un cierto número de pruebas, se da por
terminado. Esta aceptación no será garantía respecto de que
en el futuro surjan elem entos de prueba em píricos y razones
de índole teórica que lleven a la refutación o al abandono de
la hipótesis.
Rechazo de la hipótesis: Si los resultados obtenidos fueran
refutatorios, deberá hacerse un cuidadoso examen para de­
terminar cuál o cuáles de las premisas son las responsables
de ese resultado adverso. Podrá ser la hipótesis en cuestión,
o tal vez alguna de las auxiliares intervinientes que deberán
evaluarse en form a independiente. Si ellas no fueran refu­
tadas, podrá considerarse falsa la hipótesis inicial, en cuyo
caso, o habrá que abandonarla y proponer en su lugar una
nueva, o se podrá intentar corregirla modificándola en algún
aspecto, en su alcance o en alguno de sus términos. Es muy
común que las hipótesis se tomen inicialm ente en su máximo
alcance: para todo ser humano, para todo ser vivo, para toda
partícula... pero sí fuera refutada, podrán hacerse reform ula­
ciones que reduzcan su alcance hasta lograr resultados favo­
rables. Claro que el interés teórico de la hipótesis en un uno
y otro caso suele ser muy distinto.
Por otro lado, el carácter estrechamente interconectado {ho-
lismo) de las hipótesis lleva muchas veces a que se las con­
sidere en forma conjunta, lo que im posibilita una evaluación
singularizada que determine cuáles están corroboradas y
cuáles no.
Para terminar, cabe señalar que el modelo de investigación

104
presentado es un modelo muy simplificado, que además idea­
liza la práctica científica, mucho más rica y compleja que lo
que se acaba de exponer. Es posible, por otra parte, construir
modelos alternativos de la tarea de investigación.

105

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