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Corazón por la Casa: Edificando Juntos

Este documento habla sobre tener un corazón por la iglesia de Dios. Jesús dijo que edificaría su iglesia, no la de Pedro o cualquier otro. Cuando tenemos una revelación de quién es Jesús, Él nos demuestra quiénes somos. Jesús involucra a sus seguidores en lo que está edificando dándoles autoridad para marcar una diferencia. Al igual que David preparó todo para que Salomón construyera el templo, debemos dejar preparado a la próxima generación. Cuando tenemos un corazón por la casa de Dios, nuestro

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Corazón por la Casa: Edificando Juntos

Este documento habla sobre tener un corazón por la iglesia de Dios. Jesús dijo que edificaría su iglesia, no la de Pedro o cualquier otro. Cuando tenemos una revelación de quién es Jesús, Él nos demuestra quiénes somos. Jesús involucra a sus seguidores en lo que está edificando dándoles autoridad para marcar una diferencia. Al igual que David preparó todo para que Salomón construyera el templo, debemos dejar preparado a la próxima generación. Cuando tenemos un corazón por la casa de Dios, nuestro

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Corazón por la casa

Yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré


mi iglesia, y las puertas del reino de la muerte no
prevalecerán contra ella. Mateo 16:18 (NVI)

Notemos que Jesús no dice “edificaré tu iglesia”, Él declara


“edificaré mi iglesia”.

Te daré las llaves del reino de los cielos; todo lo que ates en
la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en
la tierra quedará desatado en el cielo. Mateo 16:19 (NVI)

Déjame que te cuente un poco del contexto de estos


versículos. Jesús está hablando con sus discípulos, con sus
amigos. Y les hace una pregunta: ¿cuál es la opinión de la
gente sobre mí? ¿qué dicen de mí?

Los discípulos les responde: Algunos dicen que eres Juan el


Bautista, otros dicen que eres Elías, o uno de los profetas.

Y después Jesús lleva la conversación a un nivel más


personal. Ya no está enfocado en la opinión de las
multitudes sino ahora le importa lo que dicen sus discípulos.
Y les pregunta: ¿ustedes que dicen de mí? ¿qué piensan de
mí?

Y Simón, que en estos versículos recibe un nuevo nombre,


Pedro… él le dice: “Tú eres el Mesías. Tú eres el hijo del
Dios altísimo”.

Y luego Jesús le dice: Yo te digo que tú eres Pedro…

Porque cuando nosotros tenemos una revelación de


quién Él es, Él nos demuestra quiénes somos nosotros.
Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia…
¿Qué es la roca, la piedra? ¿Es Pedro? ¡No!
La roca es la revelación y la verdad de quién es Jesús.
Y sobre esa revelación Él está edificando su iglesia.

Edificaré mi iglesia, y las puertas del reino de la muerte no


prevalecerán contra ella.

Y después Él nos involucra a nosotros en lo que está


edificando.

Te daré las llaves del reino de los cielos; todo lo que ates en
Barranco será atado en el cielo, y todo lo que desates en
Barranco quedará desatado en el cielo.

Tenemos una parte en lo que Él está edificando.


Pero la pregunta para nosotros esta tarde es:
¿Estamos edificando lo que Él está edificando?
¿O estamos edificando lo nuestro?

Él dijo: “edificaré mi iglesia”.


Muchas veces le pedimos a Dios que se involucre en lo que
nosotros estamos edificando.

“Señor, quiero que edifiques mis negocios, mi economía, mi


matrimonio, mi carrera, mis relaciones”

Y no hay nada mala con orar de esa manera porque tenemos


fe de que Dios va a obrar por nosotros y a través de nosotros
y alrededor de nosotros. Pero muchas veces queremos que
Él se meta en lo que nosotros estamos haciendo.

Yo creo con todo mi corazón que Él quiere que nos metamos


en lo que Él está haciendo.

Él dijo: “edificaré mi iglesia”.


No dijo “la tuya”.
Esto no se trata de una iglesia llamada Generación de
Campeones. Esto se trata de un Salvador llamado Jesús.
No importa el nombre que sale en las pantallas o en los
carteles que ves en la entrada. Lo que importa es el nombre
de Jesús, el cual proclamamos porque Él dijo “edificaré mi
iglesia”.

Cuando nosotros edificamos su casa, Él edifica la


nuestra.

Porque Él es abundante en gracia, en misericordia y


fidelidad.

Nosotros necesitamos tener un corazón por la casa, porque


Él tiene un corazón por su casa.

Me encanta el Rey David.


David era un loco.
A veces le entraba las ganas de alabar a Dios y se echaba
un reggaetón, una bachata.
Él era rey, y adoraba a Dios públicamente con nada más que
su ropa interior puesta.
Él saltaba, se daba vueltas, glorificaba a Dios, con tan solo
su ropa interior puesta.
Era un adolescente que peleaba con leones con sus propias
manos, porque querían tocar lo que era de su padre.
Peleó con un oso y ganó. Peleó con un gigante. Él era un
chibolo con una honda y unas piedras. Eran un loco.
Me encanta esa clase de personas.

Era un apasionado por Dios. Tenía un sueño en su corazón,


una visión: construirle un templo a Dios
Tenía un sueño de edificar un lugar dónde la presencia de
Dios podía habitar. Y Dios ve lo que hay en su corazón y le
habla y le dice: “David, me encanta tu corazón. Pero tengo
una noticia para ti que no te va a gustar. Tú no vas a edificar
mi templo. Lo va a hacer tu hijo, Salomón”.
Y me encanta la reacción de David.
Él no decidió echarse para atrás. Él no decidió quedarse en
las graderías de la vida. Él no decidió lavarse las manos de
la situación.

Sino que se dice: “Ok. Dios me ha dicho que no seré yo el


que edifique su templo, sino mi hijo. Pero yo puedo hacer
algo”.

Entonces David le comparte la visión al pueblo de Israel. Les


comparte el sueño de su corazón y recibe una ofrenda.

Y en 2 Crónicas, David recibe una ofrenda y la gente


responde.

Porque donde hay visión, Dios siempre traerá provisión.


La gente quiere pertenecer a algo que está haciendo algo.

David deja todo preparado para su hijo.


Deja todo preparado para que la próxima generación pueda
tomar su lugar. Para que la próxima generación pueda estar
posicionada para cumplir el propósito de Dios.

¿Cuántos son primera generación de cristianos en su


familia? ¿Cuántas generaciones hay en IGC?

Tenemos que entender que hacer iglesia no se trata de


nosotros, se trata de generaciones. Porque Dios es un Dios
generaciones: El Dios de Abraham, Isaac y Jacob.

Esto es lo que hizo David.


¿Cuántos quieren tener el corazón de David?

David dejó todo preparado para Salomón, y él pudo construir


el templo. Y luego de esto, Dios se le aparece a Salomón y
tiene una conversación con él.
2
El Señor se le apareció por segunda vez, como lo había
hecho en Gabaón, 3 y le dijo: «He oído la oración y la súplica
que me has hecho. Consagro este templo que tú has
construido para que yo habite en él por siempre. Mis ojos y
mi corazón siempre estarán allí. 1 Reyes 9:2-3

“Mis ojos y mi corazón siempre estarán allí”


Entonces, si los ojos y el corazón del Señor siempre están
hacia su casa, la pregunta es: ¿nosotros tenemos un
corazón por su casa?

Jesús nos da autoridad para marcar una diferencia en


nuestra sociedad. Si el Padre tiene un corazón por su casa,
cuánto más nosotros como su pueblo tenemos que tener un
corazón por su casa.

Jesús está edificando una sola cosa: su iglesia.


Jesús no es polígamo, solamente tiene una novia.

Y la vemos en distintas formas:


Distintas formas de hacer iglesia, distintas formas de adorar.
Pero cuando entendemos que esta iglesia es su iglesia, y
que las iglesias de esta nación y en nuestro continente, son
es su iglesia, jamás vamos a criticar. Jamás vamos a
hablar mal de la novia. No vamos a tirar a otros abajo,
porque no estamos construyendo lo nuestro, sino lo suyo.

La visión que tienen mi iglesia, tu iglesia, tiene mucho que


sumar a lo que Él está edificando por medio de su iglesia.

¿Qué pasa cuando tenemos un corazón por la casa?

1. Nuestro alcance e impacto se multiplica

Amigo mío… solo eres bueno. Pero conectado con otra


persona que tiene un corazón por la casa, eres mucho mejor.
Yo solo, soy ordinario. Pero con mi esposa a mi lado, ella
pone el “extra” en mi ordinario. Soy mucho mejor.

Ejemplo con voluntarios. (unas 8 personas)


Mi alcance se multiplicó. Lo que no podía alcanzar yo solo,
al estar conectado con personas que tienen un corazón por
la casa, ahora puedo multiplicar mi alcance e impacto.

Mateo 14:13 en adelante.


Vemos la historia donde Jesús había estado enseñando
todo el día. Había una multitud. La Biblia nos dice 5 mil
hombres, sin contar los niños ni las mujeres. Los teólogos
dicen que eran entre 12 a 15 mil personas. Escuchando a
Jesús todo el día. ¿Te imaginas? Estaban cansados, con
hambre.

Los discípulos le dicen a Jesús: “tienes que mandarlos a sus


casas. No tenemos para darles de comer. Seguramente
tienen hambre, tienen sed”.

Y Jesús les dice: “No, denles de comer ustedes”.


Y los discípulos dieron una respuesta súper latina, súper
peruana: “no podemos”. Le ofrecen excusas cuando Él les
pide que hagan algo.

“No podemos, no tenemos mucho, no somos capaces, la


necesidad es muy grande”. Solo está este chibolo (pon un
nombre de algún niño). Salió de su casa y su mamá le dio 5
panes y 2 pescados. Es lo único que tenemos.

Y Jesús les dice: “Lo que tienen, tráiganmelo a mí”.


Y este niño pone esos 5 panes y 2 peces en las manos de
Jesús. Y Él le ofrece al Padre lo que el niño trajo. El Padre
lo bendice y se multiplica.

Y Jesús hace algo que me desafía.


Llama a sus discípulos y les dice: “Acá está lo que Dios
multiplicó. Ahora ustedes denles de comer a las multitudes”.

Porque Él siempre nos quiere involucrar en lo que Él


está haciendo.

Y ellos empiezan a repartir esta multiplicación divina. Y


después de que sirven a todos, les sobra 12 canastas.

Los discípulos se dan cuenta que Dios no es un Dios que


es “casi suficiente”, sino que es un Dios que es “más
que suficiente”.

Cuando tenemos un corazón por la casa, y venimos con


poco o mucho ante su presencia, Él lo multiplica y nuestro
alcance e impacto se multiplica.

Tú que vienes de lejos, que tomas micro. Que tienes pocos


recursos. Tú barranquino que piensas que no puedes
marcar una diferencia, pero que tienes un corazón por la
casa, tú vas a hacer una revolución en tu nación por medio
del Evangelio. Vas a plantar iglesias. ¡Lo declaro en el
nombre de Jesús!
Porque cuando traes tus panes y tus peces, Dios
multiplica nuestro alcance.

2. Nuestra vida siempre dará fruto

Di conmigo “siempre”.
12
Como palmeras florecen los justos; como cedros del
Líbano crecen. 13 Plantados en la casa del Señor, florecen
en los atrios de nuestro Dios. 14 Aun en su vejez, darán fruto;
siempre estarán vigorosos y lozanos, 15 para proclamar: «El
Señor es justo; él es mi Roca, y en él no hay injusticia».
Salmo 92:12-15
Plantados… no asistentes casuales, sino gente con corazón
por la casa.

“Aun en la vejez” … tengo casi 30 años.

La Biblia nos promete que, si tenemos un corazón por


nuestra casa, si nos plantamos en ella, vamos a dar fruto.
Esto no se trata de dones y talentos, se trata de un corazón
conectado con lo que Él está edificando. Conectado con su
visión. El uno con el otro creyendo que podemos marcar una
diferencia.

Se dice que los árboles más altos tienen las raíces más
profundas… y cuando soplan los vientos o se levanta una
tormenta, la profundidad de las raíces mantiene a esos
árboles estables. Se pueden mover un poco, pero no se
caen.

La profundidad de tus raíces en la casa del Señor


determinará las alturas de tu llamado.

A más profundo eches tus raíces, más alto llegaremos.

No importa tu edad, si ya tienes más de 50.


Me encanta ver canas. Tus mejores días no está atrás, tus
mejores días están por delante.

3. Alineamos nuestro corazón con el corazón de Dios

En 1 Reyes Dios le dice a Salomón:

“Vi lo que construiste, escuché tus oraciones. Mi corazón y


mis ojos estarán en mi casa”.

Jesús dijo: “edificaré mi iglesia”.

La iglesia no es periférica al mundo, el mundo es periférico


a la iglesia. La iglesia es el cuerpo de Cristo en el que habla
y actúa; y a través de ella, él llena todas las cosas con su
presencia. Efesios 1:23 (El Mensaje)

Es el diseño de Dios de que la iglesia sea lo céntrico en una


sociedad. Es el diseño de Dios de que el gobierno pueda
venir a la iglesia a buscar ideas, a encontrar sabiduría. Que
puedan ver a una iglesia radiante, que brilla, que es cabeza
y no cola. Una iglesia que lidera en cada ámbito de la
sociedad. Una iglesia innovadora, creativa. Una iglesia que
ama, que acepta, que restaura al caído.

El mundo debe ser periférico a la iglesia, es decir, que debe


girar alrededor de la iglesia.

Necesitamos que nuestra generación se prepare para


influenciar en los ámbitos de la sociedad: en las artes, en la
moda, en la música, en el deporte, en la televisión, en la
política.

El deseo de Dios es que el mundo gire alrededor de la


iglesia, porque la iglesia es la esperanza del mundo.

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