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La Entrada de Ana de Austria en Madrid D

El documento describe el contexto político en el que se publicó la Relación de la entrada triunfal de Ana de Austria en Madrid de Juan López de Hoyos en 1572. En los años 1568-1571, Felipe II sufrió la muerte de su tercera esposa Isabel de Valois y su hijo Carlos, el príncipe heredero. Esto sumió al rey en una depresión. Para resolver la crisis sucesoria, Felipe II se casó con su sobrina Ana de Austria en 1570.

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La Entrada de Ana de Austria en Madrid D

El documento describe el contexto político en el que se publicó la Relación de la entrada triunfal de Ana de Austria en Madrid de Juan López de Hoyos en 1572. En los años 1568-1571, Felipe II sufrió la muerte de su tercera esposa Isabel de Valois y su hijo Carlos, el príncipe heredero. Esto sumió al rey en una depresión. Para resolver la crisis sucesoria, Felipe II se casó con su sobrina Ana de Austria en 1570.

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Isabel Velázquez Soriano – Consuelo Gómez López

Antonio Espigares Pinilla – Ana Jiménez Garnica

LA RELACIÓN DE LA ENTRADA TRIUNFAL


DE ANA DE AUSTRIA EN MADRID

DE JUAN LÓPEZ DE HOYOS

Estudios, edición crítica y notas

MADRID

2007

Archivo Epigráfico de Hispania


Universidad Complutense
JUAN LÓPEZ DE HOYOS

ISABEL VELÁZQUEZ SORIANO – CONSUELO GÓMEZ LÓPEZ


ANTONIO ESPIGARES PINILLA – ANA JIMÉNEZ GARNICA

La Relación de la entrada triunfal de Ana de Austria en Madrid


de Juan López de Hoyos.
Estudios, edición crítica y notas

Publicación del Archivo Epigráfico de Hispania (AEH)


Universidad Complutense
Madrid 2007

Este trabajo está adscrito al Proyecto de investigación del Ministerio de


Educación y Ciencia, nº Ref. HUM 2005-00017/FILO

Publicación electrónica
© del texto: los autores
© de la edición: Archivo Epigráfico de Hispania

I.S:B.N.: en curso.
Depósito Legal: en curso.

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Real apparato y sumptuoso recebimiento... de Ana de Austria

Isabel Velázquez Soriano – Consuelo Gómez López


Antonio Espigares Pinilla – Ana Jiménez Garnica

LA RELACIÓN DE LA ENTRADA TRIUNFAL


DE ANA DE AUSTRIA EN MADRID

DE JUAN LÓPEZ DE HOYOS

Estudios, edición crítica y notas

MADRID

2007

Archivo Epigráfico de Hispania


Universidad Complutense

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JUAN LÓPEZ DE HOYOS

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Real apparato y sumptuoso recebimiento... de Ana de Austria

PRÓLOGO

El maestro Juan López de Hoyos es uno de esos autores del siglo XVI a cuyo lado
han pasado casi siempre de puntillas la fama y el reconocimiento por su obra. Es cierto
que tiene dedicada una calle importante en Madrid, pero se le conoce sobre todo por ser
el maestro de Cervantes, casi lo único que se ha valorado como su más alto mérito, como
hiciera en su día Mesonero Romanos.
Sin embargo, era un humanista convencido, diligente maestro del Estudio de la
Villa de Madrid, su “catedrático” como él mismo se proclamaba, que empleó tiempo y
esfuerzos en la educación en este centro y en sus labores como párroco de san Andrés.
A estas tareas unió la de escritor de Corte. Al servicio del Ayuntamiento de
Madrid, nos dejó obras de Relaciones, el género erudito tan común de la época, en el que
se conmemoraban y describían eventos transcendentales para las ciudades.
Gracias a él conservamos testimonios preciosos de cómo fueron las exequias
fúnebres de la gran reina Isabel de Valoys, la tercera y más querida esposa de Felipe II y
las del malogrado y conflictivo hijo de éste, el príncipe heredero Carlos.
Pero el carácter luctuoso de estas dos Relaciones, se vio transformado en episodio
festivo al escribir la Relación de la entrada triunfal de la cuarta y última esposa del Rey, su
sobrina Ana de Austria, quien le dio la ansiada tranquilidad y el heredero a la Corona.

El interés de estas obras, como ocurre en las obras de Relaciones en general, es


sobre todo documental, no tanto literario. Sirven de espejo de costumbres de la sociedad
de la época, de las ciudades, de cómo se engalanaban para la celebración de eventos, de
cómo incluso se transformaban en ocasiones, pues la llegada de tan altas personalidades,
como en este caso la reina recién casada, obligaba a veces a realizar obras públicas o
arreglos en las calles o lugares por donde transcurrieran las procesiones, porque, en
definitiva, esos recorridos triunfales -o luctuosos, incluso- eran auténticas procesiones de
lo más granado de la sociedad, como cortejo acompañante.
Para estas fiestas y eventos, además de estas posibles obras de reforma, se
preparaban otras efímeras, cuya vida sobrepasaba en poco a la celebración de la misma:
arcos de triunfo, puertas, pilares, etc.; se pintaban cuadros de batallas, de palacios, de
personajes; se ponían carteles enormes con letreros “al modo romano” que imitaban la
epigrafía clásica; se escenificaban representaciones mitológicas, se llevaban a cabo
naumaquias y otras muchas actuaciones.
Casi nada habría quedado de toda esta puesta en escena, pues se trataba como
hemos dicho de obras de arquitectura efímera, acompañadas de epigrafía también efímera,
incluso de pinturas que, aunque realizadas por pintores de Corte, solían tener un futuro
poco prometedor. Obras de ocasión, en suma, para fiestas de ocasión.
Pero el hecho de que nos hayan quedado relatadas en los escritos de otros autores
o de los propios protagonistas de la organización, como es el caso de López de Hoyos,

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JUAN LÓPEZ DE HOYOS

nos permite conocer cómo se desarrollaron, cuáles eran las tendencias, incluso las modas,
a la hora de organizar las fiestas y quiénes participaron, cómo desplegaron sus
conocimientos, cada uno en su especialidad, para que todo resultase perfecto,
extraordinario y sorprendente.
Además estos escritos ponían a prueba toda la habilidad y erudición de sus autores.
En ellos se recurre de forma sistemática a las fuentes clásicas o a las medievales y
humanísticas, paganas o cristianas, para explicar y justificar todos y cada uno de los
motivos pintados, esculpidos o reproducidos en las Fiestas. Los autores se mencionan en
unos casos detalladamente como autoridades que justifican la elección de los motivos y en
otros como fuente de conocimiento teórico.
De todas estas características surgen estas obras prolijas, a veces en exceso
detallistas, pero interesantísimas por el caudal de información de personajes, obras de arte,
textos literarios, ya sean clásicos o contemporáneos, y de los más diversos autores que las
convierten en obras caleidoscópicas y multicolores de sumo atractivo, aunque su lectura
resulte en ocasiones algo tediosa por su abundancia de datos.

Los autores del presente estudio hemos querido recoger este texto, presentando
una edición crítica del mismo, inexistente hasta ahora, que fue editado por primera y única
vez en 1572, y sólo ha visto parcialmente reproducidos algunos capítulos en dos o tres
ocasiones en el siglo XX.
Nuestra aproximación al texto ha sido un tanto marginal. Estábamos interesados
en la recopilación de textos epigráficos relacionados con obras constructivas, en el seno de
un proyecto de investigación, dedicado en primera instancia al mundo romano y
tardoantiguo en la Península Ibérica. La idea inicial de realizar la presente edición y
estudio de la obra fue producto casual de diversos estudios y de la tarea de estar en
muchas ocasiones “excavando papeles” en las bibliotecas, como indica el título de un libro
reciente coordinado por Joaquín Gómez-Pantoja, en el cual hay alguna aproximación a
poemas presentes en esta obra de López de Hoyos junto a otros muchos trabajos de
diferentes investigadores.
Pero el interés y curiosidad que nos suscitó la obra, tan desapercibida y olvidada,
nos llevó a involucrarnos en ella a fondo, apartándonos durante un tiempo de nuestros
objetivos inmediatos en el proyecto original del que partíamos, para entregarnos al estudio
de una obra tan dispar y diversa como las áreas de trabajo de quienes lo hemos realizado.
Debemos reconocer ahora que el tiempo a ella dedicado nos ha compensado con creces.
No sabemos si los lectores de López de Hoyos encontraron amena la lectura de la obra en
su tiempo, pero a nosotros nos ha parecido interesante, sugestiva y sorprendente.
Deseamos sinceramente que también les resulte así a los nuevos lectores del siglo
XXI.

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Real apparato y sumptuoso recebimiento... de Ana de Austria

INTRODUCCIÓN

1. Duelos y gozos de Felipe II. 1568-1571. El marco político de la publicación del


Real apparato y sumptuoso recibimiento...

Durante el segundo lustro de la década de los sesenta Felipe II tuvo que afrontar
graves problemas de índole familiar, doméstica y política que le sumieron en un acceso de
depresión melancólica.
El 3 de octubre de 1568 moría la joven Isabel de la Paz, su tercera esposa,
precedida en dos meses por el príncipe Don Carlos (24 de julio). Ambas, por el hecho de
haber sido, en cierto modo, muertes anunciadas, imposibilitaron al Rey para acudir
personalmente a los Países Bajos y detener con su presencia la ejecución pública de los
condes de Egmont y Hornes, antiguos compañeros de armas y fiestas de su juventud, que
habían sido acusados de alta traición. Estos hechos le golpearon duramente pues, si bien
para entonces parece que ya había asumido la incapacidad de su hijo para hacerse cargo de
las tareas de gobierno, sobre todo después de que descubriera sus planes de rebelión, su
muerte, envuelta en rumores adversos hacia su real persona, impedía definitivamente
cualquier modificación en la polémica conducta del Príncipe. Por su parte, la de la Reina
sin dejar heredero varón, hacía tambalear, al dejarlo vacío de contenido, el magno
programa político y personal que el Rey había construido con tanta precisión, y que estaba
materializándose en el monasterio de El Escorial; y le obligaba a buscar, a su pesar, una
solución matrimonial inmediata a la que Francia y Alemania se apresuraron a colaborar
ofreciendo sendas candidatas. Mientras ocurrían estos hechos luctuosos, en el interior de
la Península el rey Felipe afrontaba la sublevación de los moriscos en las Alpujarras,
peligrosa no tanto por su fuerza intrínseca, como porque contaban en el exterior con la
ayuda de los Turcos y de los reinos norteafricanos, contribuyendo aún más a desestabilizar
la situación de España en el Mediterráneo.
El problema sucesorio, uno de los más graves de la época debido a los altos índices
de mortalidad infantil, pendía sobre Felipe II desde 1561, cuando el príncipe Don Carlos
enfermó de gravedad. Aunque sanó y desde 1562 el Rey lo hizo regresar a Madrid donde
le nombró presidente del Consejo de Estado, su comportamiento desvariado pudo
determinar que su padre empezara a plantearse otras opciones o, al menos, buscara
estrechar lazos para el futuro entre las dos ramas de la dinastía Habsburgo. Acordó con su
cuñado Maximiliano II el matrimonio del Príncipe con su hija Ana, y le sugirió que
enviara a España a sus hijos los archiduques Rodolfo de 12 años y Ernesto de 11, algo
más jóvenes que Don Carlos, para completar su educación en un ambiente católico. El
propio rey acudió a recibirles en Barcelona en marzo de 1564 dando con ello muestra de
su interés 1, y hasta el momento de su partida en 1571, le acompañaron en los principales
actos públicos. Pese a esta contrariedad con el Príncipe de Asturias, la capacidad de su
joven esposa Isabel de Valois para darle otro heredero varón debieron animar al Rey en la
prosecución de sus planes para consolidar la españolidad de la dinastía austríaca. El hecho
1De hecho Rodolfo estuvo prometido varios años con Isabel Clara Eugenia, que había nacido en 1566.

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JUAN LÓPEZ DE HOYOS

de que en 1563 se iniciaran las obras de El Escorial viene a confirmarlo, ya que el fin
último del monasterio jerónimo era albergar los restos mortales de la dinastía, empezando
por los de su fundador y padre, Carlos V, para demostrar la grandeza, fortaleza y sentido
heroico de la Casa de Austria. Por el contrario, sus abuelos, Juana y Felipe, y sus
bisabuelos, Isabel y Fernando, siguieron reposando en la Capilla Real de Granada. Por la
misma razón no descuidó que en la biblioteca escurialense, que empezó a reunir en 1566,
figuraran libros que justificaban la legitimación histórica de la dinastía, como la Historia de
la Casa de Austria, que le habían regalado durante su visita a Augsburgo en 1548.
Pero en el otoño de 1568, sin heredero, esta idea y la de los Habsburgo como
eternos defensores de la religión católica perdían fuerza, lo que agravaba la proclividad de
su cuñado Maximiliano II (1564-1576) a hacer concesiones a los protestantes, quienes
habían desplazado las creencias católicas en los territorios austríacos. En la Dieta de 1568
los portavoces protestantes obtuvieron del Emperador la concesión de la libre práctica de
la fe luterana para la nobleza y sus súbditos, e idénticas medidas se fueron extendiendo
por Bohemia y Hungría. Todo ello le incapacitaba para recoger la herencia religiosa de
Felipe II. Por eso, cuando en el mes de diciembre de 1568, el embajador de Viena, Carlos
de Estiria, ofreció oportunamente al Rey la posibilidad de retomar el enlace con su sobrina
Ana (1549-1580), éste facilitó las negociaciones (otoño 1569) y se dispuso a preparar con
todo detalle y boato su venida a España.

1.1 El planteamiento político del reinado

Cuando, tras cinco años de ausencia, Felipe II volvió en el otoño de 1559 de los
Países Bajos agobiado por la bancarrota de 1557, traía como objetivo prioritario de su
maduro proyecto político evitar en sus reinos, y sobre todo en Castilla, las discrepancias
religiosas susceptibles de producir una rebelión entre sus súbditos. Como él mismo diría
en sus últimos años (SERRANO, 1914, II, XXXIX) prefería “perder todos (los) estados y
cien vidas que tuviere, (antes que) ser señor de hereges”.. Cualquier cosa para evitar alterar
los principios de armonía y concordia sobre los que había gravitado su educación
humanista, e impedir el desorden político y el derramamiento de sangre vistos en la
Europa del Norte e, incluso, durante el reinado de su padre, con la guerra civil de las
Comunidades. Desde 1558 había comenzado a recibir noticias de la aparición de focos de
herejes y judíos, ante los que su padre y su hermana Juana, la Regente, demostraron
auténtico horror. Por eso, nada más llegar, presenció en Valladolid, donde residía Doña
Juana, un auto de fe que marcaría el inicio de una serie de celebraciones festivas de
amplísima participación popular, con las que buscó afirmar las ideas básicas de su reinado
por la doble vía de la disuasión y la persuasión. Al mismo tiempo, y al margen de posibles
razones económicas, intentó preservar a los futuros humanistas castellanos de nocivas
influencias y ordenó la vuelta de los universitarios que estuviesen estudiando en el
extranjero, medida que hizo extensiva al reino de Aragón diez años después. Al encarnar
la personificación del Monarca Católico, tuvo que postergar las ideas y experiencias de
moderación y tolerancia que, a instancias de su padre, se le habían inculcado durante sus
años de formación juvenil, le habían acompañado en los de viajes por los Estados
Centroeuropeos, y que él mismo había intentado sugerir a su esposa María en Inglaterra

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Real apparato y sumptuoso recebimiento... de Ana de Austria

para evitar los derramamientos de sangre, de los que no era partidario.


Sus proyectos se comenzaron a venir peligrosamente abajo a partir de 1562,
cuando estallaron las guerras de religión en Francia de manos de las principales familias
nobiliarias y los ecos del conflicto llegaron a los Países Bajos, donde ya su padre Carlos V
se había enfrentado a un creciente descontento económico y religioso. Los principales
nobles flamencos, secundados desde Madrid por los oponentes del duque de Alba, que
aparecían como pacifistas y más moderados, empezaron a desatar campañas reiteradas
contra el cardenal Granvela, amigo del anterior y consejero de la regente Margarita de
Parma, amenazando con la escisión. Pedían una tolerancia similar a la que disfrutaban los
príncipes alemanes y mayor poder decisorio en el gobierno de Bruselas. En 1563 la
Regente, hasta entonces de ideas firmes en cuanto a la aplicación de los placards, las leyes
contra la herejía, tuvo que ceder a la presión nobiliaria y sugerir al Rey que despidiera al
Cardenal. Su ausencia no hizo más que empeorar el conflicto religioso, porque entre los
notables fue ganando crédito la idea de la libertad de conciencia, tal y como expuso
públicamente Guillermo de Orange. Todo eso explica que, el 21 de julio de 1564 y para
los reinos de España, el Rey diera rango de ley a los decretos del recién concluido Concilio
de Trento por considerarlos “el único y verdadero remedio”, y que, al año siguiente,
convocara concilios provinciales en un intento de modernizar el catolicismo. En medio de
estas medidas y de los preparativos para una delicada reunión que iba a mantener Isabel de
Valois, en junio de 1565, con su madre Catalina de Médicis, a quien se intentaba hacer
adoptar una actitud rígida con los hugonotes franceses frente a la tolerancia enarbolada
por sus oponentes los Borbones, el Rey no prestó la debida atención a la visita del noble
flamenco Lamoral de Egmont (febrero de 1565) en calidad de portavoz de las
pretensiones nobiliarias. Egmont entretuvo de otra manera su tiempo en Madrid. Se
reunió con Don Carlos dando, tal vez, ocasión a que se suscitaran en el Príncipe ideas de
rebelión contra su padre que, una vez descubiertas en 1567, acabarían confinándole en sus
aposentos hasta el fin de sus días.
Felipe buscó una vez más la concordia pero sin renunciar a sus ideas de gobierno,
convencido de que la aplicación de los nuevos principios tridentinos acabaría con la
herejía calvinista. Los flamencos se sintieron engañados.
En las mismas fechas crecía la tensión contra “el infiel” en el Mediterráneo tras la
derrota, en marzo de 1560, de la armada hispano-italiana en la isla de Djerba. A Felipe II,
no le preocupaban tanto los turcos, en cuanto defensor de la Cristiandad, sino en la
medida que colaboraban con los reinos aliados de Trípoli y Argel, envalentonándoles para
reiterar sus ataques a los barcos cristianos en el Mediterráneo Occidental, y porque
apoyaban a los moriscos de Granada. Por esa razón consideró la necesidad de reforzar la
posición de España en el área, muy descuidada por su padre, y, al no contar con una
marina de guerra permanente, emprendió un ambicioso programa de construcción naval
que dio sus primeros frutos en agosto de 1564 con la conquista de la fortaleza
norteafricana de Vélez de la Gomera, y en septiembre del año siguiente cuando se obligó a
los turcos a levantar el sitio a la isla de Malta que defendían los Caballeros de la Orden de
San Juan.
Fue sólo entonces cuando, fracasada la entrevista francesa y derrotados
temporalmente los otomanos, el Rey dio prioridad política a los Países Bajos, en donde

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JUAN LÓPEZ DE HOYOS

sus consejeros reclamaban insistentemente su presencia como único remedio a los


problemas allí existentes. Pospuso equivocadamente su viaje, porque lo avanzado del
otoño no hacía recomendable la travesía por mar, y, a pesar de los consejos de
moderación y tolerancia indicados por Margarita de Parma, decidió adoptar con los nobles
flamencos una política rigurosa e inflexible, convencido de que cualquier concesión a la
rebelión nobiliaria terminaría produciendo allí una situación tan caótica y lamentable
como la que por entonces atravesaba Francia. Los flamencos se indignaron, firmaron un
pacto secreto, y los calvinistas iniciaron el reclutamiento de hombres para la insurrección,
a la que respondió el Rey realizando levas en sus posesiones alemanas. A finales de abril
de 1566 flotaban en el ambiente aires de intervención armada que tanto podía ir destinada
a los flamencos como a los turcos, y al Rey se le añadió otro foco más de conflicto al
estallar en México, en la primavera de 1567, una conjura de nobles que de inmediato dio
orden de sofocar. En agosto de 1567 llegó el duque de Alba a las Provincias Unidas con
más tropas y órdenes de imponer sin dilación los placards. Para ello, organizó el infamante
Tribunal de los Tumultos que se convirtió en instrumento de terror entre católicos y
calvinistas, y arrestó a los notables flamencos sin pararse en consideraciones hacia
Egmont y Hornes, ambos Caballeros del Toisón de Oro.
Entre tanto el Rey descubrió, la noche del 18 de enero de 1568, “el caso más grave
que tuvo ni ha tenido esta Corona” 2, que fue la conspiración fraguada por su hijo el
Príncipe. Don Carlos quedó recluido en sus aposentos del Alcázar por orden real, lo que
implicó la suya propia porque, hasta que su hijo falleció en las primeras horas de 24 de
julio, no volvió a dejar Madrid, ni siquiera para visitar fugazmente algunos de los
próximos y queridos Reales Sitios. El hecho es que abandonó definitivamente su tantas
veces pospuesto proyecto de visitar los Países Bajos, lo que hubiera sido definitivo para
dar una solución pacífica al conflicto. La situación, en un momento en que España no
tenía buenas relaciones de vecindad con Francia, obligó a Felipe II a buscar apoyo en la
Inglaterra protestante de Isabel I, y aunque en el fatídico 1568 unos barcos que
transportaban lingotes para el duque de Alba fueron decomisados por orden de la Reina, y
el embajador español arrestado,- a lo que se respondió expulsando al embajador inglés de
Madrid-, el Rey se esforzó por restaurar las buenas relaciones comerciales, y se disgustó
cuando, en febrero de 1570, el Papa excomulgó a Isabel.
El 5 de junio de 1568 fueron decapitados en Flandes por orden del duque de Alba
los condes de Egmont y Hornes y mil setecientas personas más, y derrotados los
pequeños contingentes de tropas que enviaba desde Francia y Alemania el príncipe
Guillermo de Orange-Nassau. Todos estos hechos determinaron la casi ruptura con los
Habsburgo de Alemania, que sólo salvaron las conversaciones de fin de año sobre un
posible matrimonio con Ana de Austria. Pero Felipe II estaba ansioso por poner paz en
sus dominios, deseo que hizo extensivo a los territorios americanos a los que, por ser
fundamentales para el sostenimiento económico de la Monarquía, concedió enorme
importancia. Redactó una nueva legislación para el Perú, y cuando, al año siguiente,
mandó al nuevo virrey Francisco de Toledo, le encomendó que pacificara el territorio,

2LEÓN PINELO, [1971], a. 1568. El Prícipe de Asturias reunió dinero de algunos nobles, con el propósito de
marcharse a Flandes, territorios de los que su padre, años antes de su enfermedad, había tenido el propósito de
nombrarle gobernador.

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Real apparato y sumptuoso recebimiento... de Ana de Austria

muy agitado por el movimiento milenarista Taqui Ongo que lideraba el último inca Túpac
Amaru, (lo que no impidió que, tras ser capturado, fuera ejecutado en 1572) aunque, eso
sí, siendo muy riguroso en la aplicación de medidas religiosas. Simultáneamente, López de
Legazpi colonizaba Filipinas con la orden expresa de no utilizar la fuerza. Para febrero de
1569 el rey Felipe también consideró dar un perdón general en sus posesiones flamencas.
Sin embargo aún se producirían otras ejecuciones tardías, sobre todo después de que a
finales de ese mismo año surgieran rumores de focos de herejía en Cataluña, de los que el
propio Rey reconoció la falsedad. Pero en octubre de 1570, en medio del ambiente festivo
general que se vivía en Castilla para recibir a la nueva reina Ana, en el castillo de Simancas
eran ejecutados en secreto los nobles flamencos que habían venido a España en 1566 para
solicitar la tolerancia real, y, entre ellos, el barón de Montigny. Además, el
empecinamiento del duque de Alba por imponer el extremado tributo del diezmo,
determinó que en mayo de 1571 la ciudad de Mons recibiera a las tropas invasoras de Luis
de Nassau y a otros pequeños grupos apoyados por los hugonotes.
A los hechos de 1568 y a la consternación del Rey se sumó en el interior de la
propia Castilla la sublevación de los moriscos, un grupo marginado económicamente
desde antaño, pero que había disfrutado de una cierta tolerancia religiosa. Cuando, desde
1565, los concilios provinciales exigieron la aplicación estricta de las leyes existentes sobre
judíos y moriscos (se les prohibió su lengua, sus costumbres y hasta sus apellidos), éstos
comenzaron a agitarse y a reforzar su vínculo con los turcos, lo que se consideró un riesgo
intolerable. Además, aunque los de Granada eran un grupo social más próspero, gracias a
la industria de la seda que se comerciaba con Italia, Andalucía fue la región que más sufrió
las consecuencias de una prolongada sequía que la azotó desde 1568. El día de
Nochebuena de 1568 comenzó la revuelta popular en las montañosas Alpujarras de
Granada, donde los moriscos, liderados por Aben Humeya (rebautizado como Fernando
de Córdoba y Valor), eran muy superiores en número a los cristianos. Y el Rey, para quien
la defensa de la fe seguía siendo un asunto indiscutible por considerarlo el fundamento de
la lealtad y la cohesión interna entre sus súbditos, y que no comprendía la lucha de los
moriscos por su identidad, encargó a su medio hermano Don Juan de Austria que
sofocara el levantamiento a pesar de las graves dificultades económicas del momento. Los
de Granada consiguieron ayuda militar de Argel, Túnez y de la propia Constantinopla.
Pero en enero de 1570, mientras el gobernador de Argelia tomaba Túnez, Don Juan
contestaba al infiel con una durísima represión sobre los moriscos. En esta ocasión el Rey
sí consideró oportuno poner punto final al conflicto con su presencia personal a
comienzos del año y tomó la decisión de deportar a todos los moriscos de Granada. Así,
el 1 de noviembre, mientras la nueva reina Ana avanzaba con su ostentoso cortejo triunfal
hacia Madrid, otro mucho más lastimoso de ochenta mil moriscos era desplazado
definitivamente y por la fuerza hacia Castilla y Galicia, quedándose en el camino los más
débiles por la dureza del viaje.
Desde el otoño de 1569 el rey Felipe, acuciado por la responsabilidad política,
acometió personalmente y con gran entusiasmo los preparativos para recibir en España a
su cuarta esposa, Ana de Austria, que había nacido en Castilla en 1549 durante la estancia
como regentes de sus padres Maximiliano y María, y que, por tanto, era veintidós años
más joven que él. Lo que no fue óbice para que fuera la más querida de todas y a la única

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JUAN LÓPEZ DE HOYOS

que fue rigurosamente fiel. Contrajo con Doña Ana matrimonio por poderes en Praga el 4
de mayo de 1570, y la nueva reina llegó al puerto de Santander el 3 de octubre
acompañada de dos de sus hermanos menores, Alberto 3 y Wenceslao quienes, junto a la
comitiva de dos mil personas que la esperaba, viajaron en camino triunfal hasta Madrid,
pasando por Burgos, Valladolid y Segovia. Fue allí donde el Consejo de Estado decidió
que se celebraría la boda “de presente” el 14 de noviembre, y, para festejarlo, se
levantaron arcos de triunfo “a la romana” similares a los que la Reina había visto en las
ciudades citadas y volvería a encontrar en Madrid, en los que se transmitía con reiteración
la idea del poder y la fortaleza de la Casa de Austria. Días después, y en un ambiente de
privacidad, Felipe decidió mostrar a su esposa algunos de sus lugares más predilectos, las
villas campestres de Valsaín, San Lorenzo y, sobre todo, la de El Pardo. En esta última
había reunido algunas de sus colecciones de arte más preciadas, a través de las cuales y de
los jardines, podía ofrecer a la recién llegada un aspecto de su real persona más humano y
marital.
El cuarto matrimonio evitó el desplome de la política filipina y dio inicio a uno de
los períodos más felices y brillantes del reinado, durante el cual el Monarca pudo ver
finalmente afirmados los dos pilares sobre los que había construido su política: la primacía
de la Iglesia Católica y la legitimidad de la dinastía de los Habsburgo como sus eternos
defensores. Ésta, ya perfectamente integrada en la historia nacional, se consolidó
aparentemente, el 4 de diciembre de 1571, cuando nació su primer hijo, varón, para mayor
felicidad. El nombre de Fernando que se impuso al recién nacido reforzaba los vínculos
hispánicos de la misma, al rememorar a Fernando V el Católico a quien el Rey tuvo como
modelo político. Probablemente por este motivo, Felipe II, una vez que la Reina mostró
signos evidentes de su estado de gestación, consideró oportuno el momento de habitar el
aún inconcluso monasterio de El Escorial, a donde se trasladó con su corte el 11 de junio
de 1571.
Desgraciadamente por estas fechas se organizó una conjura para derrocar a la reina
de Inglaterra, en la que el Rey se vio indirecta y equívocamente involucrado, por el interés
que puso en ella su Consejo de Estado. En respuesta, al año siguiente Isabel se aliaría con
Francia (abril de 1572) y cedería una base naval a un grupo de calvinistas flamencos como
paso previo a la apertura de hostilidades con España a la que ahora amenazaba un rosario
de países protestantes. En el entretanto, una vez sofocadas las rebeliones que en los
últimos dos años habían amenazado la estabilidad de su trono, obligándole a retirar tropas
del Mediterráneo, ya no pudo rehusar por más tiempo el deseo del papa Pío V (1566) de
constituir una Liga Santa de príncipes cristianos que neutralizara la fuerza de los
otomanos. Parecía el momento propicio para que Felipe II retomara el protagonismo
internacional como personificación del defensor y Monarca de la Cristiandad, aunque en
realidad era Venecia quien tenía más interés en el enfrentamiento tras la pérdida de Chipre
en julio de 1570. En mayo de 1571, España, Venecia y el Papa firmaron una alianza militar
contra el Islam durante tres años, que adquiriría la forma de expedición naval puesta bajo
el mando del impulsivo Don Juan de Austria. Las noticias de la victoria en el golfo de

3Felipe II mantuvo permanentemente sus deseos de cohesión con la rama familiar austríaca y en, 1581, ya
muerta la reina Ana, nombró al archiduque Alberto virrey de Portugal, cargo que ostentó desde 1581 hasta
1599, cuando, desposado con la infanta Isabel Clara Eugenia, marchó como gobernador a los Países Bajos.

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Real apparato y sumptuoso recebimiento... de Ana de Austria

Lepanto el 7 de octubre llegaron primero a Madrid al embajador de Venecia el 29 del


mismo mes, pero el enviado especial de Don Juan curiosamente no se personó hasta que
el Rey estuvo en El Escorial el 22 de noviembre, donde se cantó un solemne Te Deum. La
sonada derrota de Lepanto fue una victoria de la Cristiandad que el propio Rey se encargó
de mitificar, aunque la historiografía contemporánea discute sus consecuencias políticas y
militares, porque con ella no cesaron los hostigamientos turcos en aguas del Mediterráneo
Occidental. Chipre continuó en sus manos y, aunque dos años después, Don Juan de
Austria logró tomar Túnez, la ciudad volvió a sus antiguos dueños en septiembre de 1574.
Por su parte, la terrible matanza de veintiocho mil hugonotes perpetrada en
Francia la noche de San Bartolomé en el mes de agosto de 1572, devolvió a Felipe II la
confianza de que pronto los Países Bajos volverían bajo su obediencia al faltarles el apoyo
francés. No acertó el Rey, y pese a la sustitución del duque de Alba como gobernador por
personas de su total confianza, como el duque de Medinaceli, Juan de la Cerda, y su viejo
amigo Luis de Requesens, el mal producido por la intolerancia anterior era tan grande que
las guerras de Flandes quedaron sin solución. Lo que, unido a la inseguridad del Canal de
la Mancha, permanentemente hostigado por los holandeses, no benefició al tráfico
comercial, a pesar de que el 1 de mayo de 1573 Inglaterra, agradecida por el apoyo
recibido de Felipe II en el asunto de la excomunión de Isabel I, renovó el comercio
bilateral con España y, en los diez años siguientes, tomó las medidas necesarias para no
involucrarse en una guerra con ella. España tuvo que aceptar su inferioridad en los mares
del Norte.
La situación de bonanza de los primeros años de la década de los setenta no fue
duradera, hasta el punto de que en enero de 1575, en un momento de insoportable
presión turca sobre las costas mediterráneas españolas, el cardenal Cervantes, obispo de
Tarragona, tranquilizó al Rey recordándole que, en caso de perder España, siempre le
quedarían Las Indias para gobernar 4.

2. Finalidad, promotores y destinatarios del hecho festivo celebrado con motivo


del cuarto matrimonio de Felipe II

2.1 La transmisión del mensaje real

El magnífico y llamativo viaje de Doña Ana de Austria por tierras de la Vieja


Castilla, su entrada triunfal en ciertas ciudades emblemáticas y, sobre todo la que realizó
en Madrid al término de su itinerario, estaban destinados a ejercer una transformación
significativa en la mente y el espíritu de cuantos participaban de tales acontecimientos,
tanto en los de sus protagonistas y actores principales, como en quienes se limitaban a ser
meros espectadores. El numeroso y rico cortejo, al que acompañaba de manera
permanente un armonioso acompañamiento musical, atraía poderosamente la atención de
cuantos salían a su paso por el lujo de los atavíos de las muchas personas que lo
integraban, su disposición jerarquizada y ordenada, la abundancia y calidad de los corceles,
la magnificencia de las carrozas y literas, y la exposición al público de algunos objetos

4Archivo General de Simancas: E, leg.335, f.285.

13
JUAN LÓPEZ DE HOYOS

preciosos por su valor intrínseco y artístico. Con estos medios se conseguía que la imagen
plástica quedara transformada en artística bajo las dimensiones visual y auditiva, lo que la
capacitaba para influir sobre la psicología de las masas 5 de manera casi inconsciente, pero
decisiva, y la convertía en importante medio de comunicación de ideas que, dentro del
ambiente urbano, era eficazmente reforzado con la presencia de los arcos triunfales
efímeros. A través de esas imágenes se lanzaban mensajes de contenido conmemorativo,
didáctico, persuasivo o, simplemente, de prestigio que, indudablemente y para que
cumplieran eficazmente la misión encomendada, debían responder a gustos tan variados
como diferentes estamentos sociales participaban en los acontecimientos, a fin de que
pudieran quedar incorporados al bagaje ideológico personal de cada cual. Por esa razón,
cuando el cortejo entraba en un medio urbano donde, además de algunos campesinos,
predominaban mercaderes, artesanos y profesionales de diversos tipos y procedencias,
funcionarios de la burocracia, nobles, y criados a su servicio, los instrumentos
audiovisuales que habían sido válidos en el medio popular rural tradicional, ya no bastaban
por sí solos para cumplir los objetivos propuestos. Entonces entraban en juego la
escultura y la pintura cuyo contenido no resultaba del todo ininteligible para el sector
iletrado de la población que, aunque no conocía la mitología, los hechos históricos, o las
representaciones alegóricas de las virtudes reales -por citar algunos de los temas más
frecuentes-, e ignoraba el valor educativo de la conciencia nacional de los símbolos, solía
verlos en las portadas y sacristías de las iglesias, así como en los edificios civiles. Por otra
parte, el uso de la apariencia de mármol y bronce para las esculturas, tan alejado de la
tradición verista y patética de la imaginería española, subrayaba la idea de grandiosidad y
solemnidad, y se inscribía en el gusto por lo distante desarrollado por entonces por el rey
Felipe II, según quedaría reflejado de manera espléndida en el conjunto de El Escorial. En
cambio, para los que poseían incipientes, o no tan incipientes, rudimentos de lectura y
escritura iba destinada, además, la epigrafía, aun cuando su contenido, en latín y con
formas abreviadas, no estuviera al alcance de todos. Las inscripciones en piedra eran para
el anticuario renacentista un documento digno de mayor crédito que los propios
pergaminos, e importante complemento de toda la información que los autores de la
Antigüedad habían pasado por alto u olvidado. En este caso, aunque las inscripciones
estuvieran bajo el aparente artificio de lo efímero, evocaban de inmediato la grandiosidad
de Roma, de sus edificios, y de la idea imperial y, convenientemente repetidas, generaban
sentimientos de adhesión y afecto por unos mensajes, cuyo auténtico contenido estaba
reservado al reducido grupo de los más cultos. Destino similar tenía el repertorio de
emblemas y jeroglíficos producto, en algunos casos, de la cultura más actual, como ocurre
con los que se tomaron para los arcos de Madrid de la obra de Piero Valeriano, cuya
primera edición en latín había visto la luz en 1556.
Así, gracias a la Fiesta, la Cultura adquirió un destino masivo; fue capaz de
responder a las exigencias del crecimiento demográfico experimentado por las ciudades en
el siglo XVI, en particular por Madrid; sirvió de fuente de conocimiento de los antiguos; y
se convirtió en eficaz instrumento pedagógico a través del cual Felipe II transmitió a sus

5Justo por estos años se despertaba el interés por los espectáculos y ceremonias de triunfo de la Antigüedad, a
raíz de la publicación en 1565 de los Ornatissimi Triumphi del agustino Onofrio Panvinio, que se inspiró en los
Fasti consulares et Triumphales recién hallados en el Foro de Roma.

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Real apparato y sumptuoso recebimiento... de Ana de Austria

súbditos las líneas básicas de su actuación política.


La magnitud de la ceremonia de la Entrada real sirvió de vehículo para transmitir,
en clave de clasicismo, el triunfo del ideal renacentista de magnificencia ejercida mediante
grandes gastos, que tenían como fin último el servicio de Dios. Fue una fiesta
desmesurada para la que intencionadamente el Concejo de Madrid hizo un derroche de
medios económicos (“sobervios gastos”, “gastos bravíssimos”, dice López de Hoyos) que
obligaron a que el propio Rey y el Consejo Real tuvieran en ocasiones que intervenir para
limitarlos. Todos los esfuerzos iban encaminados al montaje de un espectáculo que
duraría escasamente tres días, y a través del cual se ofrecería a los súbditos una imagen
directamente proporcional a la grandeza y el poder del Rey, con el doble propósito de
convencerles de ellos y, de minimizar la endémica estrechez económica de los reinos
hispánicos, causada por la deuda legada por Carlos V e incrementada con la guerra de
Flandes.
El hecho de que el Rey eligiera el reino de Castilla como escenario inicial de la
aplicación de los principios tridentinos, propició que fuera allí donde se iniciara
tempranamente el uso de la “cultura de masas” y de los resortes necesarios para inducirlas
a un determinado pensamiento o comportamiento a través de manifestaciones externas y
populares, lo que sería norma general en el siglo XVII. Con todo ello la Imprenta no
perdió su importante papel de medio de comunicación social. Precisamente, para que
perdurara el efecto visual y auditivo momentáneo transmitido por la Fiesta, y no
caducaran de inmediato los sentimientos y afectos generados en su transcurso, fue por lo
que se adquirió la costumbre de hacer una relación escrita de los hechos festivos, como la
que nos ocupa de López de Hoyos. En Madrid hubo desde 1566 una imprenta estable, y
se impulsó un pequeño Estudio de Gramática -única vía de acceso a los niveles superiores
universitarios-, donde se enseñaba también Latín, Retórica, Poética, Mitología e Historia
Antigua, disciplinas de las que López de Hoyos, como catedrático y rector que era de la
Institución, hace alarde de erudición en su obra.
A finales de 1570, y de acuerdo con el marco político visto más arriba, Felipe II ya
estaba completamente convencido de la necesidad práctica y política de que hubiera una
nueva unidad religiosa en el mosaico de sus súbditos europeos y americanos. Se trataba de
recuperar una vieja idea vigente en los reinos germánicos y, en concreto, en el hispano-
visigodo, posteriormente revitalizada por Carlomagno, y que ahora él se proponía
convertir en el único instrumento que le capacitaría para aplicar el principio de autoridad
hasta donde le permitía la Ley, y para ejercer la soberanía en unos estados muy diferentes
entre sí, pero que debían quedar unificados en la Uniuersitas Christiana. Estos, que habían
llegado a manos de su padre por efecto, en parte del azar, en parte de la política
matrimonial desarrollada por sus abuelos, pretendía transmitírselos a una dinastía
consolidada, cuya jefatura él mismo ostentaba, a través de la única vía factible, es decir, de
la aplicación de la visión moderna y renovada de la Religión que emanaba de los decretos
conciliares de Trento. De la nueva unidad religiosa contrarreformista se derivaría la unidad
en la obediencia a la Casa de Austria española, la cual traería la paz a sus dominios después
del angustioso conflicto en las Provincias Unidas, en las Alpujarras granadinas, y de los
episódicos levantamientos en las colonias. Por eso el mensaje lineal que se percibía en
Madrid, desde el principio al fin del trayecto triunfal, incluía con reiteración conceptos

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JUAN LÓPEZ DE HOYOS

como Paz, Concordia, Matrimonio, Unión, Armonía... todos ellos abundantemente


usados por el Humanismo, que llegaban de la mano de la nueva reina Ana, considerada
como suprema personificación de los mismos y destinataria, a su vez, de los persuasivos
mensajes escritos en clave clásica.
Ana, cuyo nombre en sí mismo era premonitorio de la felicidad futura, estaba
llamada a consolidar la Dinastía -precisamente en su condición de miembro de ella- dando
a Felipe II el necesitado heredero varón con el que se evitaría una guerra civil de carácter
sucesorio. También debía devolver al hogar real la tranquilidad ausente en los turbulentos
últimos años del príncipe Don Carlos, y ser íntima colaboradora con su esposo en las
tareas de gobierno; todo lo cual redundaría en que Felipe II recuperara su maltrecha
popularidad de los últimos tiempos, hasta el punto de que, tras la prisión y muerte del
Príncipe de Asturias, el propio Rey había llegado a temer un alzamiento del pueblo
madrileño, según cuenta el cronista Cabrera de Córdoba (1876, I 562). Por eso, la idea de
que debía existir armonía entre los cónyuges, pese a la diferencia de edad que mediaba
entre ellos, es una de las más recurrentes del itinerario. Para lograrlo, Doña Ana debía
aproximarse al conocimiento de sí misma a partir de los valores del socratismo tradicional
-como se le sugiere en las inscripciones de los pedestales del primer arco-, los cuales, una
vez revestidos de tintes cristianos, le resultarían imprescindibles para llegar al idóneo
conocimiento de su esposo el Rey -y, por ende, de sus súbditos-, así como para adecuarse
a las circunstancias de su nueva realidad y poder llevar a cabo la tarea imperial junto a
Felipe II.

2.2 La organización de la Fiesta

A la llegada de la reina Ana, el Concejo de Madrid todavía conservaba la iniciativa


edilicia municipal en dura pugna con el Consejo Real, y tuvo que afrontar el doble
esfuerzo de transformar la irregular topografía urbana de la Villa en el escenario clasicista
que el evento requería y, además, realizar los preparativos específicos para la Entrada. En
el mes de julio se iniciaron los acuerdos municipales para diseñar un nuevo itinerario
festivo que sustituiría al tradicional que iba por la calle y puerta de Atocha. Cada uno de
los regidores recibió un cometido, bien fuera supervisando el proceso de las obras
permanentes o las efímeras, preparando los festejos populares, acudiendo a las ferias para
comprar las mercancías necesarias, o contratando las labores con los artífices. Las Actas y
el libro de Acuerdos del Ayuntamiento de Madrid amplían cumplidamente la información
más restringida que da López de Hoyos sobre las decisiones tomadas, las obras que había
que hacer, y el precio que habrían de recibir los artífices por ellas. Pero el contenido
ideológico del recorrido probablemente salía fuera del ámbito del Concejo madrileño, y
éste se limitó a ser el transmisor de un programa diseñado por el Rey y el Consejo Real,
del que Francisco Fernández de Liébana actuó como portavoz y los pintores y arquitectos
de la Cámara Real como ejecutores del mismo.
El 3 de agosto el corregidor Antonio de Lugo discutió con el Rey los pormenores
de la Entrada, cuyos preparativos se iniciaron al día siguiente sin dilación alguna. El
Ayuntamiento contó con la colaboración de un grupo de intelectuales que, en realidad,
serían los encargados del montaje del complejo acto litúrgico y del decorado festivo. De

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Real apparato y sumptuoso recebimiento... de Ana de Austria

ellos dependían escultores, pintores, carpinteros, fontaneros, músicos, sastres, mercaderes,


pirotécnicos..., que actuaban bajo la supervisión de los respectivos regidores comisarios. A
todos la ocasión les proporcionaba una doble oportunidad para aspirar a entrar al servicio
de clientes más prestigiosos bajo el mecenazgo de alguna persona encumbrada 6 que, con
suerte, orientaría sus miras a la fundación de El Escorial; y, para poder contribuir a
privilegiar a Madrid como nueva urbs regia frente a Toledo y Valladolid, borrando su
oscuro pasado y confiriéndole orígenes antiguos y prestigiosos, en paralelo con los de la
Dinastía a la que representaba aunque, para ello, se cayera en un acusado provincianismo,
como hiciera López de Hoyos, al remontar a la ciudad a la categoría de fundación griega
“más antigua que Roma”, y atribuirle una muralla “antiquíssima” y “soberbia” que, en
realidad databa del siglo XII, tenía dimensiones modestas y acababa de perder sus últimas
puertas, la del Sol y la de santa María para facilitar la circulación de los cortejos y la
vistosidad del espectáculo.
Los intelectuales tenían que deleitar, asombrar y maravillar a los súbditos de Felipe
II, haciendo alarde de su formación de humanistas; demostrando que se encontraban al
día de la más reciente actualidad cultural y artística europea; y que conocían otros
Itinerarios y Fiestas que habían gozado de merecida fama (como la Entrada en Amberes
del entonces príncipe Felipe en 1549). Además, como ocurre en el caso de López de
Hoyos, tenían que expresar el nuevo Humanismo cristiano pretendido por el Rey
utilizando una pormenorizada información mitológica, epigráfica, numismática,
genealógica, histórica, patrística, ética, etc., que se obtenía de un número limitado de
obras. En el caso que nos ocupa, se hizo un esfuerzo para que la Fiesta sirviera de fuente
de conocimiento popular de los antiguos, y para que los vecinos de Madrid y alrededores
que acudieran a ella participaran y adoptaran una actitud positiva frente a la cultura clásica,
propósitos que se hicieron extensivos y se ampliaron en la relación escrita. De ahí el uso
reiterado de documentos epigráficos y numismáticos que López de Hoyos vierte en las
páginas del Real Apparato..., anticipándose al pensamiento de Antonio Agustín, el
numísmata real, cuando en su Diálogo segundo (a.1587) decía que las medallas eran “los
mejores libros y memorias que de los antiguos tenemos”. López de Hoyos intentó
combinar con armonía la mitología con la ortodoxia católica, y explicar la naturaleza y los
nombres de los dioses antiguos sin descalificar a los griegos y romanos -para lo cual les
atribuyó algún pequeño error de interpretación o de transcripción de nombres-. Su
esfuerzo consiguió cristianizar la Antigüedad clásica con éxito desigual y, aunque desde
nuestra perspectiva actual, resulta en exceso retórico, no desvió la atención del propósito
didáctico requerido por el Rey, cuyo mensaje conclusivo se encontraba en el reverso del
tercer arco. Felipe II, en definitiva, pretendía someter a turcos, herejes y cismáticos -como
se insiste en los arcos- pero también, y fundamentalmente, todas las voluntades rebeldes
de sus súbditos susceptibles de enfrentarse a la doble idea de la primacía de la Iglesia
Católica, y de la legitimidad de los Habsburgos como sus eternos defensores
personificados en los Austrias españoles.
López de Hoyos utiliza reiteradamente la primera persona del plural al referirse a

6En este caso el cardenal Espinosa a través de quien, probablemente, López de Hoyos, esperara poder
aproximarse al Monarca; éste, a su vez, en 1569, había impulsado por expreso deseo suyo otros estudios de
Latinidad y Retórica en el Colegio de la Compañía de Jesús.

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JUAN LÓPEZ DE HOYOS

los trabajos, porque el espectáculo festivo fue el resultado del esfuerzo colectivo
intelectual y económico, en el que, junto a los artistas, colaboraron el Senado -el
Ayuntamiento- y el pueblo de Madrid, destacando especialmente en este último sector el
gremio de plateros, por cuyo barrio, ubicado junto a la puerta de Guadalajara, había de
transcurrir el cortejo. Éstos ofrecieron financiar parte de un espectáculo de toros pero, al
ser prohibido por el Rey, costearon el fabuloso castillo de fuegos artificiales con que se
cerraron las fiestas.
Una de las primeras decisiones tomadas en el mes de agosto por el Consistorio fue
el de las vestimentas con las que todos los participantes activos en el festejo deberían
presentarse ante la nueva Reina. No se reparó en gastos, y sus miembros estuvieron
dispuestos a comprar las telas más ricas y admirables que se pudieran encontrar, a que
estas fiestas resultaran vistosas y coloristas, y a que no supusieran menoscabo alguno con
respecto a las celebradas con motivo de la Entrada de Isabel de Valois. A los mercaderes
de Toledo y Medina se encargaron brocados con fondos de oro y rizo de plata, o
viceversa, para el cadalso donde tendría lugar el besamanos, otro brocado distinto para el
palio, tafetán con los colores de la Reina -amarillo y colorado-, terciopelos, rasos,
damascos, sedas de colores y granas. Se decidió que los regidores irían vestidos a la
veneciana, con tela de oro de labor forrada de plata de labor, los oficiales del
Ayuntamiento vestirían de carmesí forrado de blanco, calzas de terciopelo blanco, güera y
zapatos blancos, y gorra de terciopelo negro. Pero antes de que finalizara el mes de agosto,
el Consejo Real, obligado a hacer cumplir la Pragmática de octubre de 1563 sobre los
vestidos 7, redujo la calidad de las telas y prohibió a los regidores los brocados y los oros,
sustituyéndolos por terciopelo carmesí combinado con forros de oro. Por su parte, los
oficiales tendrían que vestir de damasco con fondos de terciopelo amarillo; y los dos
escribanos, Francisco Cabrera y Diego Menéndez, irían de terciopelo azul forrado de raso
amarillo. El diseño de las ropas lo hizo el sastre Francisco Martínez.
El 14 de agosto el Consistorio municipal decidió el emplazamiento del arco
principal que ofrecerían a la nueva Reina el Senado y el pueblo de Madrid. Se ubicaría en
la calle de San Jerónimo, vecina al paseo del Prado que el regidor Diego de Vargas se
encargaría de ajardinar, y estaría dedicado sólo a ella. Por eso se emplearía el femenino
orden corintio, y en sus dos caras habría alusiones a su familia, a su historia y a sus
virtudes. El proyecto fue presentado por Pompeo Leoni, con quien se firmó el contrato el
día veintiuno y a cuya disposición se pusieron veinte carpinteros y cincuenta peones, así
como los materiales y pertrechos necesarios con un coste de 1.150 ducados. El día 31 de
agosto el Concejo contrató los trabajos de pintura a Diego de Urbina y Alonso Sánchez
Coello, por los que recibirían 1.600 ducados poniendo ellos los pigmentos. Pedro de

7 LEÓN PINELO, [1971], a.1563. Esta pragmática, dada en Monzón, fue la respuesta del Rey a las reiteradas

peticiones de los castellanos para que frenara los excesos y extravagancias en los vestidos y trajes públicos de
hombres y mujeres, que actuaban según el nuevo ceremonial borgoñón, y se volviese a los “usos y modos de
Castilla”. Sin embargo sus efectos no fueron inmediatos, entre otras razones, porque la propia reina Isabel de
Valois, de quien se dice que jamás usó el mismo vestido dos veces (KAMEN, 1997, 215), y el heredero Don
Carlos pusieron poco empeño en cumplirla. La llegada de la nueva reina fue la ocasión aprovechada por Felipe
II para que la Corte volviera a los usos de su madre, la emperatriz Isabel, lo cual no quire decir que no diera
importancia a la indumentaria ni, como se aprecia en el texto, que su Corte tuviese el aspecto lúgubre que la
Leyenda Negra le atribuyó. Sobre esta cuestión véase otro aspecto concreto en la nota 315 de la edición.

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Real apparato y sumptuoso recebimiento... de Ana de Austria

Ribera y Vargas y Nicolás Juárez fueron nombrados regidores comisarios. Andando los
días, el 19 de septiembre, se comisionó al regidor Bartolomé Velázquez de la Canal, de
quien López de Hoyos exalta su curiosidad por las Buenas Letras, para que tratara con los
oficiales que debían de hacer las máquinas e invenciones. El 21 del mismo mes éste
contrató con Lucas Mitata, Simón de Baena, y Alonso de Rueda las esculturas de Baco y
Neptuno con las que se iniciaba el recorrido en El Prado, el grupo de Paris y las Tres
Diosas que se ubicó en la plaza del Salvador, y el colosal Atlas de la plaza de Santa María
que cerraba el recorrido, amén de otras esculturas de centauros y una osa, símbolo de la
ciudad, que fueron anuladas el día veintiocho, y las esculturas del segundo arco, por todo
lo cual cobraron 1.000 ducados. El día 30 de septiembre el Concejo, urgido por el
Consejo Real, le nombró también comisario del segundo arco, símbolo de todas las
posesiones y reinos de Felipe II, que se ubicó en la Calle Mayor. No deja de llamar la
atención que López de Hoyos, minucioso hasta el extremo con la descripción del
recorrido, no diga que fue Velázquez de la Canal el comisionado para los trabajos y la
vigilancia del Atlas, y con mayor motivo si consideramos que el gigante personificaba al
propio Rey en actitud esforzada de sostener todo el gobierno de la Republica Chistiana de
acuerdo con un modelo creado en tiempos del emperador Carlos V para identificar a la
rama española de los Habsburgo. Además, ésta era la última imagen y el postrer mensaje
que debía recibir Doña Ana antes del reencuentro con su esposo, y debía reforzar la que le
había sido transmitida en el tercer arco. La alegoría del gigante se adecuaba especialmente
bien a las necesidades particulares del Rey. De una parte, al remontar sus orígenes a
épocas primigenias, desbordaba cualquier limitación moral impuesta por la vinculación
con un dios olímpico, lo que hubiera dado una dimensión pagana a la Dinastía que no se
deseaba en manera alguna; de otra, facilitaba el poder remontar al héroe Hércules los
orígenes genealógicos de la misma porque, al haber sustituido a Atlas temporalmente en
su tarea cuando fue a visitar el jardín de las Hespérides, podía sintetizarse en una misma
imagen con aquél. Finalmente, las proporciones físicas gigantescas del personaje recogidas
por la leyenda, coincidían con el nuevo orden artístico colosal con lo que, la
representación del Rey, bajo dimensiones enormes, respondía a las novedades
manifestadas en El Escorial, llevaba hasta el espectador “cosas raras que en España hasta
hoy no se han visto”, y transmitía la idea de la dimensión, fortaleza y modernidad de la
Monarquía Hispánica.
El tercer arco, que se dedicó al Rey, fue mandado levantar en la Calle Mayor por
expreso deseo del Consejo Real, a cuyo cargo probablemente corrió también su definición
iconográfica porque, en el contrato se hizo constar que se hacía “con parecer y mandato
del ilustríssimo señor doctor Francisco Fernández de Liébana, del Consejo de S. M.”. El
Concejo nombró comisario a Diego de Vargas, probablemente en su calidad de regidor
más antiguo de la Villa. Con él colaboró Miguel de Cereceda, otro miembro de la
corporación municipal. La traza fue también de Leoni, como en el primer arco, y los
pintores, de nuevo, Diego de Urbina y Alonso Sánchez Coello. En sus caras se exaltaron
las virtudes de Felipe II, que eran características de los reyes españoles y engendradoras de
la Paz cristiana, pues se fundamentaban en la Religión. A todas ellas se añadía la del
Silencio, siempre practicado por el Rey, y que pese a ser interpretado por algunos como
prueba de timidez y retraimiento, en realidad era la constatación de la sabiduría real.

19
JUAN LÓPEZ DE HOYOS

Paralelamente se fueron organizando también los festejos con los que la Villa
celebraría la noticia del desembarco de la Reina. El 11 de agosto se comisionó al regidor
Pedro de Vozmediano para que adquiriera cuarenta toros que deberían andar durante esa
noche por las calles “encascabelados y con cohetes”, de los cuales el poderoso gremio de
los plateros se ofreció a costear seis. El día dieciséis se acordó, por orden del Consejo
Real, que también esa noche se celebraría una encamisada, con ocho cuadrillas, de seis
caballeros cada una, encabezadas por ocho regidores. Los participantes irían vestidos a la
morisca de tafetán con los colores de la Reina y tocados de terciopelo. Su coste se calcula
que ascendió a 1.000 ducados. Pero el día 25 de septiembre el Consejo Real comunicó al
Concejo su decisión de no dar el visto bueno al espectáculo taurino, a pesar de que el Rey
era aficionado, en acatamiento de la bula del papa Pío V “De salute gregis dominici” (a. 1567).
Los plateros optaron entonces por un castillo de fuegos artificiales que, junto con la rueda
y el espectáculo de hachas y luminarias que preparó Pedro Rodríguez para el festejo
popular ofrecido al día siguiente de la llegada de Doña Ana en la explanada del Alcázar,
los bailes, danzas de gigantes, el juego de la cucaña, pantomimas varias, el juego de cañas,
de la sortija, el regocijo de alcanciazos, y hasta la violenta diversión de que cuatro
voluntarios mataran a cabezazos a un gato atado a un poste, integraron el conjunto de
diversiones preparadas para que el pueblo participara activamente de la alegría de la
llegada de la nueva Reina. A todos sus participantes los vistió la Villa, según un tardío
acuerdo del cuatro de noviembre, a pesar de que el Consejo Real se opuso a ello.
El mes de septiembre fue de gran actividad. El día veintiocho se contrataron las
figuras de los colosos de El Prado y se pagaron 120 ducados a Juan Cristóbal, dorador de
las esculturas de Lucas Mitata. Con tales gastos las arcas municipales quedaron
esquilmadas y, cuando el 3 de noviembre se acordó que todos los caballos que habían de
montar los regidores llevarían idénticas gualdrapas de terciopelo y fustán, no hubo más
remedio que obligar a los propios jinetes a que las costearan. Mayor optimización de los
recursos fue la del día diez, cuando se encargaron sólo dieciséis vestidos para los
veinticuatro músicos que participarían en la Fiesta, y que, al no tener que actuar
conjuntamente, usarían de forma alternativa. Finalmente Miguel de Cereceda preparó la
naumaquia que se ofreció a la Reina a la entrada de la ciudad, delante del campo de San
Jerónimo.
Una vez concluidos los festejos el 29 de noviembre, lo primero que hizo el
Concejo fue poner guardia en todas las obras del recorrido triunfal para evitar que se
produjeran robos y daños, y poder proceder adecuadamente al largo proceso de tasación
de las mejoras y demasías realizadas por artífices y artistas antes de iniciar el desmontaje
del aparato efímero. En él, además de los comisarios de cada obra, intervinieron también
peritos delegados por el Ayuntamiento, y tasadores enviados por los propios artífices, que
desde el 29 de diciembre empezaron a repasar las diferencias entre las condiciones
contratadas y los resultados finales. Poco después, en febrero del año siguiente, se
desmontaban las pinturas de los arcos, que durante algún tiempo se guardaron en el
Ayuntamiento, y en marzo se pagaron a Pompeo Leoni sus demasías, tras de lo cual se
vendieron sus figuras a pregón. En julio comenzaron a desmontarse las carpinterías de los
arcos. Sólo las figuras de Atlas y el grupo del Juicio de París permanecieron algún tiempo
más en pie, hasta diciembre de 1572, como imponentes y simbólicos recordatorios de las

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Real apparato y sumptuoso recebimiento... de Ana de Austria

figuras reales. Entonces, al estar muy deterioradas por llevar tantos meses expuestas al aire
libre, el Ayuntamiento solicitó el pregón de su derribo, cuando ya había visto la luz la
relación festiva de López de Hoyos que se encargaría de mantener vivo el recuerdo de
aquellos días gloriosos. No obstante, durante algunos años aún conservaron los
madrileños otro recuerdo físico de ellos. El mismo 29 de noviembre, por decisión
conjunta del Rey y el Ayuntamiento, se decidió conservar el estanque del Paseo del Prado,
agrandándolo, cercándolo y echando en sus aguas todo tipo de peces, aunque la exigüidad
de las arcas municipales obligó al Consistorio a endeudarse. Hasta que en 1588, la Junta de
Policía y Ornato Público, que tomó a su cargo desde 1585 las competencias edilicias de la
Villa, dictaminó su desaparición alegando motivos funcionales y de salud pública.

3. La Fiesta en la Corte: La expresión de un lenguaje artístico al servicio de la


Monarquía

Los actos ceremoniales programados para este Real Apparato y Sumptuoso


Recebimiento, transcurrieron en el marco de una ciudad transformada por un complejo
despliegue decorativo, que hizo del acontecimiento un verdadero hito, ejemplo
excepcional del esplendor que había alcanzado la Fiesta como compendio de Humanismo
y Cultura Clásica adaptada a la expresión de la realidad política, social, religiosa y cultural
del momento. Así nos lo revela, desde el punto de vista artístico, el estudio de la
asociación y diversidad de recursos estéticos empleados para la ocasión, de sus cualidades
y efectividad como modos de expresión, y de sus fuentes de inspiración e interpretación
por parte de cuantos fueron artífices intelectuales y materiales del programa.
La justificación de tal despliegue tenía como base el homenaje que Madrid, como
sede de la Corte, pretendía rendir a la nueva soberana, de modo que su protagonismo en
los actos ceremoniales y la alusión a su persona en los programas iconográficos fue
frecuente. La ocasión, no obstante, fue hábilmente aprovechada para integrar los mensajes
relativos al acontecimiento en un nivel de lectura más amplio, y se intentó hacer de la
ciudad un espacio simbólico perfecto donde afirmar la idea de triunfo de la Monarquía
Católica española frente al resto de las monarquías europeas, mediante el recurso de la
exaltación virtuosa de la figura del rey, Felipe II, cuyo nuevo matrimonio anunciaba la
llegada de una segunda Edad de Oro repleta de contenidos simbólicos en relación con los
presupuestos y la forma de expresión de un Humanismo de raíz cristiana. Precisamente su
presentación se realizó siguiendo los preceptos de un Humanismo que asumía la ya tópica
creación de un nexo ideológico con la Antigüedad grecolatina en su calidad de referente
cultural y espejo en el que la nueva realidad se miraba. Para ello se acudió al lenguaje del
clasicismo, aun cuando parte de la imagen y los contenidos transmitidos formaban parte
de la tradición medieval o de la reinterpretación que artistas y humanistas habían realizado
de la Antigüedad atravesando el filtro del Medievo.
López de Hoyos definía en su Real Apparato..., como espectáculo de “majestad y
triumpho” la decoración efectuada en el primero de los arcos que la Reina tuvo la
oportunidad de contemplar en su desfile. Efectivamente, fueron éstos los dos principios
que, asociados siempre a la idea de Monarquía, articularon actitudes y producciones

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JUAN LÓPEZ DE HOYOS

artísticas en la entrada de Ana de Austria en Madrid, y determinaron el carácter general de


una puesta en escena que asumía lo que ya era una tradición en España desde las primeras
décadas del siglo XVI en relación a la entrada de personajes reales. Se trataba de la
recreación de las entradas triunfales de los emperadores romanos a través de dos tipos de
referentes: la inserción en la Fiesta de alguno de sus actos ceremoniales y la simulación de
su marco de desarrollo mediante la elaboración de estructuras decorativas, a través de cuya
composición se pretendía evocar una imagen sintética del modelo urbano que les servía de
marco, el de la Roma imperial.
A este fin respondía la comparación establecida por López de Hoyos entre los
maceros municipales y los lictores romanos que precedieron a Rómulo “representando su
magestad e imperio”, así como la inclusión en el ceremonial de un simulacro de batalla
naval que era una emulación explícita de las naumaquias romanas, o la alusión al
empedrado de los caminos próximos a Madrid como si de vías romanas se tratara. Era la
idea renacentista de la Antigüedad tomada como ejemplo estético, modelo y fuente de
autoridad, que el propio autor vinculaba con manifestaciones artísticas como los arcos de
triunfo y las representaciones escultóricas, “memorias soberbias y sumptuosas” que
superaban los límites de lo puramente conmemorativo, y eran capaces de inducir a quienes
las contemplasen a la emulación y práctica de las conductas virtuosas que en ellas se
ofrecían como “espejo universal”.
Enriqueciendo esta idea, López de Hoyos calificaba el segundo de los arcos
elaborados en la fiesta madrileña de 1570 como “uno de los más heroicos e immortales
triumphos que a ningún príncipe ni monarcha hasta oy se le ha offrescido” y destacaba la
alusión al Nuevo Mundo que en él se representaba, como algo “nunca visto a los romanos
ni a ninguna nación del mundo”. Partiendo del valor conmemorativo que los autores
antiguos habían otorgado a la Arquitectura y la Escultura, López de Hoyos traspasaba los
límites de la teoría política al uso y proponía una Antigüedad capaz de ser no sólo
imitada, sino incluso superada, en la que egipcios, griegos y romanos eran relacionados
con la construcción de arcos triunfales y esculturas. Ciertamente, fueron estos tres los
referentes culturales y artísticos que sirvieron como fuente de inspiración, junto a la Edad
Media y la propia realidad artística del momento, para el soporte arquitectónico e
iconográfico de los tres arcos triunfales y los tres “espectáculos” mitológicos que
conformaron lo más destacado de la elaboración artística de la entrada de Ana de Austria.
Pero el referente visual prioritario fue, en última instancia, el romano. Así lo pone de
manifiesto el protagonismo que adquirieron los arcos triunfales, construidos según la
recuperación que, en el siglo XVI, el tratadista Serlio había realizado de los preceptos del
romano Vitruvio. La composición de aquéllos, a base de estatuas y balaustres de “mármol
aparente” y figuras de bronce, la disposición de las figuras sobre pedestales, las
inscripciones epigráficas “en cifra romana”, o la mención de medallas, estatuas y edificios
de la Antigüedad, en tanto que fuentes de inspiración directa, seguían en su ejecución el
mismo planteamiento empleado por Serlio para la elaboración de su Tercer y Quarto libro de
Architectura. En definitiva, lo que se pretendía en esta fiesta era crear, partiendo de la
tratadística, de los referentes visuales conservados y de la propia imaginación, un espacio
ideal cuyo modelo de referencia era, sin lugar a dudas, la ciudad de Roma. Esta imagen fue
recreada más mediante la inserción en el espacio existente de fragmentos de la realidad

22
Real apparato y sumptuoso recebimiento... de Ana de Austria

artística de la Ciudad Eterna que contribuyesen a crear con ella un nexo ideológico, que
mediante la reconstrucción arqueológica como modelo. De este modo, las decoraciones
efímeras realizadas funcionaron como una especie de “citas” de la Antigüedad que
extendían su significado al espacio que las rodeaba, sin que fuese necesaria una
remodelación global de todo espacio donde se ubicaban.
Hay que señalar que, en el Quinientos, el intento de comparar cualquier núcleo
urbano con la imagen y el significado de Roma fue una práctica habitual en la valoración
de la ciudad, avalada por una abundante literatura sobre las maravillas de la gran urbe
papal y su topografía. Esta práctica estaba muy relacionada conceptualmente con los
planteamientos de creación de una ciudad utópica, así como con la polémica que se
desarrolló en el Renacimiento en torno a la teoría de la imitación, y con los intentos de
encontrar un modelo ideal de belleza capaz de ser recreado e infundir significados más
profundos. Pero más allá de esta tendencia, la conversión de Madrid en una Nueva Roma
con motivo de la entrada de Ana de Austria adoptaba un significado especial, pues era una
muestra más de ese Humanismo Cristiano del que Felipe II era representante y de cuyo
espíritu quedaron impregnadas todas las realizaciones artísticas de esta fiesta. Además, la
comparación entre ambas ciudades perseguía finalidades más profundas, convirtiendo a
Madrid, como “capital del Imperio”, en ejemplo insuperable de belleza y espiritualidad o,
lo que es lo mismo, de perfección, asociada a unas manifestaciones artísticas que
pretendían adquirir un significado especial en relación con la imagen de la Monarquía
española.
La clave de esta interpretación nos la brinda el propio López de Hoyos a través de
la descripción que hace del itinerario que la Reina realizó desde la ciudad de Espira, en
Alemania, hasta Madrid. En ella resulta evidente cómo el autor pone un énfasis especial en
la importancia de los actos festivos madrileños, intentando otorgar a la Corte un papel
destacado en relación con otros importantes núcleos urbanos castellanos, como Burgos,
Valladolid y Segovia, que la Reina atravesó en su recorrido, y que podían ofrecerse en
estos momentos como sus competidores. El autor evita entrar en detalles relativos a las
importantes decoraciones efímeras que allí se realizaron, haciendo únicamente alusión al
“gran apparato” de arcos triunfales con que Burgos recibió a la Reina o a “los arcos,
invenciones y otros regocijos” con los que era homenajeada por donde pasaba. Nada dice,
sin embargo, de lo efectuado en Valladolid, y las menciones a Segovia como sede de la
ceremonia nupcial se limitan, casi de forma exclusiva, a cuestiones de etiqueta cortesana,
aun cuando esta ciudad protagonizó en un tiempo récord -un mes aproximadamente- una
importante transformación de su ámbito urbano que comprendía la remodelación de
alguno de sus más destacados espacios y la construcción de cuatro arcos triunfales y un
conjunto escultórico que poco tenían que envidiar al programa madrileño.
Es cierto que la misión de López de Hoyos consistía únicamente en componer la
Relación sobre el recibimiento organizado por la ciudad de Madrid, pero también lo es que
el significado que se pretendió dar a la ciudad en esta fiesta, en relación con el resto de las
poblaciones implicadas en el evento, fue especial. La elaboración del programa artístico
efectuado para la ocasión deja traslucir un deseo de crear para la Corte la imagen más
auténtica y perfecta de la Monarquía española, buscando entre ambas una identificación
ideológica y estética. De ahí el protagonismo absoluto que tuvieron en la elaboración de

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JUAN LÓPEZ DE HOYOS

las decoraciones efímeras artistas del círculo cortesano como Alonso Sánchez Coello,
Pompeo Leoni o Diego de Urbina, cuya elección parece ser que partió directamente del
Rey o, en su defecto, del Consejo Real, pero en ningún caso del Concejo madrileño. Éstos
eran artistas comprometidos en la definición de la imagen áulica de la corte filipina, que
trabajaron a las órdenes del Rey en la decoración del Monasterio del Escorial, y a quienes
López de Hoyos se refería como “los mejores artífices que en todos estos reinos se han
hallado”. En cualquier caso, eran los únicos que podían garantizar el carácter genuino de
las obras, al tiempo que con su presencia equiparaban la fiesta madrileña a las más
importantes celebraciones de las cortes europeas, donde era frecuente la participación de
los más destacados artistas en la elaboración de las estructuras efímeras.
El tema era de enorme transcendencia, pues hay que tener en cuenta que en estos
momentos Madrid pretendía erigirse en centro de la Cristiandad y sede de la Monarquía
Católica, por lo que se debatía en la búsqueda de un lenguaje artístico, simbólico y
unitario, con el que identificarse y asimilar su imagen a la de otras cortes europeas. Este
lenguaje fue el del Manierismo, que como desarrollo del Clasicismo había sido ya
seleccionado en estos momentos como instrumento perfecto de expresión de los ideales y
preferencias estéticas de un mundo cortesano en el que los criterios de lujo y diversidad se
encontraban con los de razón y austeridad, más propios de la corriente clasicista que había
definido la imagen imperial de Carlos V. En la entrada de Ana de Austria, como iremos
viendo, ese Manierismo se hizo patente en la disposición de las estructuras efímeras en el
espacio urbano, en la propia elección del recorrido, en la riqueza de materiales y
composición arquitectónica de los arcos, en la existencia de una mezcla entre la imagen
profana, mitológica e histórica, y en la coexistencia de tendencias artísticas diversas.
El empleo de términos como artificio, rareza, diversidad, suntuosidad y
singularidad para calificar los efectos y composición de las obras realizadas resulta
verdaderamente abrumador en la Relación de López de Hoyos, existiendo un especial
interés por presentarlas como algo único. El sátiro que se hallaba a los pies de la estatua
del dios Baco, por ejemplo, era según la Relación “la cosa más rara que ay en Italia ni en
España”, y los artífices de las pinturas de los arcos, “los más raros que en nuestros
tiempos conoscemos”. Tales criterios estéticos eran coincidentes con una realidad artística
que el propio López de Hoyos se encargaba de resaltar mediante la descripción de algunas
construcciones que, como El Pardo o El Escorial, presentaban, en tanto que Reales Sitios,
una estrecha significación en relación con la Monarquía. El Bosque de El Pardo y su
palacio, con su arquitectura, pintura, jardines y ornamentos, era para el humanista “uno de
los más soberbios y vistosos artificios que monarcha en el mundo tiene”, y El Escorial
“uno de los más raros y esclarescidos monesterios que hasta oy hemos visto...de la mayor
fábrica y apparato y más superbo edificio y más raras y ricas, sumptuosas y copiosas
dotaciones...”.
El mundo de la Fiesta quedaba así integrado dentro de un arte de corte que se
identificaba con el Manierismo como corriente artística vigente en Europa desde la década
de los cuarenta. Felipe II se había dejado seducir por esta tendencia en el transcurso del
viaje que, entre 1548 y 1551, le llevó a recorrer Italia, Alemania y los Países Bajos, siendo
recibido por unas ciudades transformadas para la ocasión bajo el disfraz de la fiesta. El
viaje, del que tenemos constancia a través de la relación que nos dejó Calvete de la

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Real apparato y sumptuoso recebimiento... de Ana de Austria

Estrella, fue ideado por Carlos V bajo la pretensión de legitimar a su hijo como sucesor al
trono, presentándolo como tal en unas jornadas festivas en las que el arte era puesto al
servicio de la recreación de aquellos ideales que importaban para la difusión de su propia
imagen de Monarquía. La suntuosidad y variedad de las arquitecturas y decoraciones que
tuvo la oportunidad de contemplar en su viaje por Europa, así como el empleo de los
recursos iconográficos, en los que alegoría, mitología, historia y religión se aunaban para
mostrar la idea de dinastía, fueron la verdadera clave de referencia para la puesta en escena
de las fiestas cortesanas celebradas a lo largo de su reinado.
Estas fiestas, en su fondo y en su forma, debieron causar en el príncipe Felipe un
imborrable recuerdo, a tenor de la importancia que, a lo largo de su vida, confirió a este
tipo de acontecimientos, y del gran interés que manifestó por el conocimiento de las
prácticas ceremoniales y artísticas de otras cortes europeas. Un interés que le llevó incluso
a implicarse directamente en la organización de las mismas. Para el caso que nos interesa,
el del recibimiento de Ana de Austria, el Monarca participó en la definición del protocolo
e itinerario a seguir por la Reina en su viaje desde Alemania hasta la Corte. Además, existe
constancia documental 8 que prueba la implicación ya comentada en la elección de los
artistas que debían elaborar los principales aparatos decorativos y en la propia definición
de los programas iconográficos, e incluso en las obras definitivas que debían ser
acometidas a través de instrucciones que fueron transmitidas al Corregidor de la Villa a
través del Consejo Real.
Uno de los primeros deseos que Felipe II expresó al Concejo fue el de realizar
“cosas que queden perpetuas para el ornato de la Villa”. La recomendación, altamente
significativa del grado de implicación que la Fiesta había alcanzado en la definición de
espacios urbanos, se producía en un interesante momento, coincidiendo con el desarrollo
de un debate teórico y práctico en torno a las reformas urbanísticas que debían ser
acometidas para convertir a Madrid en una ciudad moderna. Precisamente unos años
antes, entre 1564 y 1566, el Corregidor de la Villa, Antonio Lugo, había presentado al Rey
un Memorial en el que se exponía un plan de reformas urbanísticas para la ciudad, basadas
en criterios de funcionalidad, ornato y representación, para las que proponía como artífice
al arquitecto italiano Juan Bautista de Toledo, director por aquel entonces de las obras
reales y a quien sucedió Juan de Herrera a partir de 1567.
Resulta evidente la implicación de este plan de reformas con la perpetuidad de los
ornatos que Felipe II recomendaba en 1570 al Corregidor de la Villa, como también la
coincidencia de presupuestos desde los que se planteó. En este sentido, López de Hoyos
calificaba el arreglo de los caminos que habría de recorrer la comitiva como “obras harto
necessarias que la buena venida de Su Magestad ha remediado”. Eran, en general, obras de
aderezo de casas, calles y accesos a la Villa que las autoridades municipales se encargaron
de poner en marcha. Su pretensión se basaba en presupuestos de ornato y funcionalidad, y
se concentraban en el espacio urbano por el que había de transcurrir el cortejo,
contribuyendo así al embellecimiento y adaptación del que sería el eje ceremonial más
empleado en las fiestas madrileñas.
Hay que tener en cuenta que hacia 1570 Madrid presentaba todavía una fisonomía

8Archivo Histórico de Protocolos Notariales de Madrid (A.H.P.N.M.) leg. 744; Archivo Municipal de la
Villa (A.M.V.), Libro de Acuerdos, 14.

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JUAN LÓPEZ DE HOYOS

poco digna de sus nuevas funciones representativas y burocráticas, encontrándose aún en


vías de adquirir el aspecto exterior que le correspondía como Corte, de acuerdo con la
decisión real impuesta en los primeros meses de 1561. Administración Real y Concejo
participarían en esta labor, impulsando la realización de diferentes obras que afectarían a
los más destacados ámbitos urbanos de la Villa.
Desde sus prerrogativas en materia de ordenación urbana, el Concejo madrileño
desarrolló un activo papel en la organización del recibimiento regio, colaborando en la
transformación de la irregular topografía urbana madrileña en un escenario clasicista
acorde con el tono que el evento requería. Para ello hubo de contar, en diversas ocasiones,
con las recomendaciones e imposiciones hechas por el propio Rey a través del Consejo
Real. Entre ellas, la realizada a finales del mes de agosto referente al aderezo de las casas
situadas en las vías por las que había de discurrir el cortejo, así como la construcción de
un arco en la Calle Mayor, o el derribo del Arco de Santa María, que el Concejo decidió, al
parecer, cediendo a las presiones del propio monarca. La intención era la de crear una
especie de vía triunfal al estilo de las “stratas romanas” que vinculase a la ciudad y a la
propia dinastía con un pasado de prestigio. Por ello, y aunque ya se tenía un itinerario
festivo por donde se venían realizando las entradas reales, el cual atravesaba la calle y
puerta de Atocha, se prefirió trazar otro alternativo, que determinó la realización de
importantes obras de remodelación urbana basadas en la eliminación de obstáculos físicos
y visuales que impidiesen el desfile del cortejo y limitasen la perspectiva. Estas
remodelaciones afectaron, fundamentalmente, a las puertas de los sucesivos recintos
murados que los diversos crecimientos de la ciudad habían ido incorporando al espacio
urbano a lo largo de su historia. Entre ellos la citada puerta de Santa María y la del Sol, que
fueron derribadas para esta ocasión, o la remodelación de la puerta de Guadalajara, una
especie de arco triunfal construido en 1542 bajo Carlos V cuando se quemó la vieja puerta
existente en este ámbito, limitando hacia el este el barrio de los plateros.
La entrada en Madrid de Ana de Austria se inició en el Prado de San Jerónimo y
transcurrió por un itinerario caracterizado por el significado que le conferían las
estructuras efímeras, los principales edificios que en él se integraban y el propio trazado
del recorrido. Éste transcurrió por la carrera de San Jerónimo, Puerta del Sol, Calle Mayor,
Puerta de Guadalajara, Plaza de San Salvador, Arco de la Almudena, Plaza de la Iglesia de
Santa María y, finalmente, la Plaza de Palacio. El recorrido, jalonado por las diferentes
estructuras efímeras, generaba un eje de perspectivas definidas por la sucesión de los tres
arcos construidos a lo largo de la vía más o menos recta que se desarrollaba entre la
carrera de San Jerónimo y la Calle Mayor. Inmersas en esa estructura, que era reflejo de los
planteamientos teóricos de organización urbana formulados desde la tratadística italiana
cuatrocentista a través de Alberti, las diferentes obras efímeras buscaban la artificiosidad y
el efectismo propio del mundo de la Fiesta y del Manierismo en el que estaban inmersas.
El Prado de San Jerónimo era un espacio semiurbanizado que limitaba el ensanche
de la ciudad en su sector oriental, al que López de Hoyos definía en su Relación como “una
de la mejores y más delectables recreaciones públicas que ay en todo el reyno”.
Compuesta por una calle larga y no muy ancha, 2000 pies de largo por 100 de ancho, la
descripción que de ella realiza el autor hace hincapié en su configuración como lugar
verde vinculado a la concepción del binomio naturaleza-ciudad, según los presupuestos

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Real apparato y sumptuoso recebimiento... de Ana de Austria

manieristas; es decir, como espacio de deleite donde los conceptos de orden y diversidad
se daban la mano. A esta idea respondía su alusión a la mezcla entre el carácter
proporcionado que la disposición de los árboles confería a la ordenación de las calles, y la
diversidad de especies naturales que allí se podían contemplar, configurando un espacio
que, en última instancia, resultaba “muy agradable a la vista”, y que ofrecía una
continuidad con lo que la Reina había tenido la oportunidad de contemplar en su trayecto
desde Segovia a Madrid.
Ana de Austria había llegado hasta allí tras varias jornadas de viaje jalonadas por un
paisaje y unas construcciones constituidas a modo de “antesala de la Corte”, a través de las
cuales recorrió el trayecto existente entre Segovia y Madrid. Hay que recordar, en este
sentido, que desde 1553, poco después de su llegada a España, Felipe II había concebido
el proyecto de convertir en un bosque continuo el espacio que transcurría entre la orilla
izquierda del Manzanares y El Pardo. En este caso, el Bosque de Segovia -Sierra de
Guadarrama- la Fuenfría y los bosques de El Pardo se ofrecieron ante la nueva soberana
como una especie de locus amoenus, donde a la variedad de caza y pesca se unían las danzas
de los serranos y pobladores, en medio de una imagen idealizada de naturaleza que, a
pesar de las fechas en las que se celebró el acontecimiento, el mes de noviembre, el autor
presentaba bajo la imagen de una “próspera primavera”.
Además, es de suponer que en los tres días que la Reina invirtió en llegar desde
Segovia a Fuencarral, donde hizo una parada de otras tres jornadas a la espera de que
Madrid ultimase los preparativos de su visita, entrase en contacto con varias de las
construcciones que jalonaban el trayecto, caracterizadas por su vinculación con la
Monarquía española y, muy especialmente, con Felipe II, que había puesto allí en
práctica un nuevo concepto de arquitectura áulica y de residencia campestre. Además del
Palacio de El Pardo y la Fuenfría, que aparecen explícitamente mencionados por López de
Hoyos, la Reina debió conocer también Valsaín, el palacio de estilo flamenco ubicado en
la ladera noroeste de la Sierra de Guadarrama cuya construcción fue impulsada por el
propio Rey en 1552, tan sólo un año después de su llegada a España, siendo todavía
príncipe.
En relación con estos planteamientos, hay que recordar la presencia en el Prado de
San Jerónimo de una importante construcción cuyo valor simbólico en relación con la
Monarquía española era fundamental. Se trataba de un monasterio fundado por Enrique
IV que los Reyes Católicos habían trasladado a la zona oriental de la población, donde lo
eclesiástico y lo cortesano alcanzaban un interesante punto de conexión. Carlos V había
acondicionado aquí una estancia como aposento real y, posteriormente, Felipe II que
había jurado en este lugar fidelidad como Príncipe de Asturias y heredero del trono,
decidió agrandar y mejorar sus instalaciones al trasladar la Corte a Madrid, convirtiéndolo
en un pequeño palacio real y en templo oficial de las solemnidades de la Corona.
Precisamente las obras de acondicionamiento del aposento real que Felipe II había
mandado realizar en este edificio habían sido terminadas en 1569, poco antes de la entrada
en Madrid de la Reina.
El Prado de San Jerónimo adquirió en esta fiesta el carácter de espacio ceremonial
dedicado a los actos oficiales de raíz protocolaria y a los primeros despliegues decorativos
con los que se debía dar la bienvenida a la Reina antes de su entrada en lo que era la Villa

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JUAN LÓPEZ DE HOYOS

propiamente dicha. López de Hoyos cita en su Relación la existencia allí de un pequeño


estanque y cinco fuentes, todas ellas distintas, que se distribuían a ambos lados de la calle.
Es posible que alguna de ellas ya existiera, pues sabemos por la documentación
(A.H.P.N.M. leg. 744) que entre las obras planteadas por el Concejo figuraba “el aderezo y
mejora de las fuentes del Prado”, así como la realización a destajo de tres de ellas por
parte del italiano Juan Antonio Sormano, quien, entre 1564 y 1565, había trabajado ya a
las órdenes de Felipe II en la ejecución de varias fuentes para los jardines de la Casa de
Campo. Constituían estas estructuras la base de creación de un espacio configurado al
estilo de los jardines del Manierismo italiano, donde la naturaleza se mezclaba con el
artificio, intentando lograr ese “embeleso de los sentidos” tan característico del mundo de
la Fiesta. El sonido del agua se mezclaba con el efecto de sorpresa que producía la
disposición del aparato escultórico del estanque, donde la figura de un delfín acompañado
de la palabra “Bueno”, se reflejaba en un espejo con la inscripción “Vida y Gloria”, dando
lugar a una especie de mensaje en clave que el espectador debía desvelar. Completaban
este espectáculo audiovisual otros tres aparatos decorativos de diversa significación, a
través de los cuales comenzaban a desgranarse los contenidos de la Fiesta. El primero era
un gran estanque, concertado a toda prisa en los días previos a la celebración, que habría
de servir para realizar un simulacro de batalla naval, fingiendo un asedio por mar y tierra a
un castillo ocupado por moros y turcos. El recurso había sido ya empleado en otras
fiestas, buscando la similitud con las naumaquias romanas. Con él se pretendía recrear un
aspecto de la actualidad política que motivaba las intervenciones de Felipe II, basadas en
la lucha contra el infiel en todos los frentes y con todos los recursos disponibles. En este
caso a través de la asignatura pendiente de la política de control del Mediterráneo, el
asedio y toma de Argel.
La construcción del castillo, con su foso, torre del homenaje y barbacana, así como
las ocho galeras del asedio, fue contratada con Juan Bautista Portigiani, y la del estanque,
según parece por la documentación (A.M.V. Libro de Acuerdos, 14), con el entonces
fontanero de la Villa, Diego Orejón. La obra debió ser realizada en un ensanche del paseo
próximo a la entrada del Paseo de San Jerónimo, pues López de Hoyos califica este
espacio de “campo harto espacioso y desenfadado”, proporcionando unas medidas para la
misma de 500 pies de ancho por 80 de largo, claramente excesivas para que hubiese sido
instalada en el paseo, y más aún si tenemos en cuenta los deseos manifestados por el
propio Rey al Concejo tras la celebración de la Fiesta, en relación con la conservación del
estanque como obra perpetua, para lo que recomendaba alargarlo y ensancharlo. La
decisión, acatada no sin polémica por las autoridades municipales, nos ofrece un ejemplo
poco frecuente del aprovechamiento de una obra efímera para la configuración definitiva
de la ciudad, aunque su vida como tal fue corta, pues el Concejo decidió su desaparición
del paisaje urbano madrileño en 1588, alegando cuestiones de carácter funcional
relacionadas, sobre todo, con principios higienistas.
El primer acto ceremonial de bienvenida y presentación mutua entre la Reina, la
Corte y las autoridades municipales, tuvo lugar en este espacio. El escenario fue un
“cadahalso” rodeado de gradas, con un sitial cubierto por un dosel en el que, a modo de
trono, se sentó la Reina para el besamanos. Dentro de ese mundo de variedad que
venimos describiendo, la rigidez protocolaria que caracterizó el acto establecía un perfecto

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Real apparato y sumptuoso recebimiento... de Ana de Austria

contraste con el sentido lúdico y efectista que había determinado la construcción del
castillo y el estanque; contraste acentuado por la recurrencia a través de esta estructura a
un universo decorativo propio de la fiesta medieval, basada en la expresión de contenidos
simbólicos y en la expresión del lujo y la suntuosidad del mundo cortesano mediante el
empleo del color como principal recurso estético aplicado a la variedad de telas y joyas.
Este recurso, como el del empleo del “cadahalso”, era una herencia de la fiesta medieval
entendida como espectáculo cortesano, que mantuvo su vigencia en época moderna,
aunque integrada dentro de un planteamiento más amplio. La riqueza y el colorido, éste
último relacionado con la identificación de personajes y de principios institucionales y
políticos, fueron en este caso los que rigieron su elaboración. Baste como ejemplo la
descripción que López de Hoyos realiza del sombrero de la Reina, adornado con una cinta
de oro con plumas blancas, coloradas y amarillas “que eran los colores del Rey”. A la
entrada del Paseo de San Jerónimo, un cuadro de la diosa Palas, acompañado de ninfas,
iniciaba a la Reina en el aparato efímero desplegado por la villa de Madrid para la ocasión.
Antes de dejar este espacio, Ana de Austria tuvo la oportunidad de contemplar una
compleja elaboración efímera. Se trataba de una construcción a modo de arco, al que
servían de apoyo sendas figuras de Baco y Neptuno sobre pedestales, las cuales entablaban
un diálogo a través de las inscripciones que las acompañaban, cuyo fin era manifestar la
alegría universal ante la llegada de la Reina. Como habría de ser frecuente en la estructura
iconográfica de esta fiesta, se utilizaba el recurso renacentista del diálogo y la oposición de
contrarios, expresado en este caso a través de figuras mitológicas a las que, no obstante, se
revistió de significado cristiano. El conjunto, contratado en el mes de agosto con Lucas
Mitata, fue en principio pensado como un conjunto de dos figuras que representaban a
España y Hungría, pero posteriormente fue variado. Finalmente se convirtió en una
especie de transposición a lo mitológico de la historia presente en la que Baco, dios del
vino y de la alegría, incitaba a Neptuno como dios de las aguas a que las transformase en
vino, buscando la analogía evangélica y tomando como modelo lo ya realizado en otros
acontecimientos festivos. Aparecía aquí la primera muestra de la combinación entre
arquitectura, escultura, pintura y epigrafía que caracterizó las elaboraciones artísticas de
esta fiesta, y se presentaban conjugadas según los criterios de variedad y efectismo del
mundo manierista. A ello no solo contribuían la mezcla de lo profano y lo cristiano, o de
diversas prácticas artísticas en una misma obra, sino también su propia composición al
margen de lo canónico, con el empleo de figuras colosales como soportes, pirámides
como remates y recursos altamente efectistas, tales como la disposición de una pintura
ilusionista en el hueco del arco que intentaba engañar a los sentidos, al pretender ser un
espejo en el que se reflejaba el Paseo del Prado, así como el propio fingimiento de los
materiales; recursos todos ellos presentes en la propia práctica artística de la época.
Desde el inicio de la Carrera de San Jerónimo, por la que se introdujo el cortejo, la
comitiva recorrió un espacio urbano que, desde el punto de vista de su imagen y
significado se articulaba en dos tramos separados por la Puerta de Guadalajara: el primero
de ellos era el eje formado por la Carrera de San Jerónimo, Puerta del Sol y la Calle Mayor,
concebido como una especie de uia triumphalis, cuya unidad le venía conferida por los tres
arcos de triunfo instalados en sus diversos tramos, aprovechando las posibilidades de
apertura de perspectivas que brindaban un trazado de características más o menos

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JUAN LÓPEZ DE HOYOS

regulares. El segundo tramo, que partía de la Puerta de Guadalajara y finalizaba en el


Palacio Real, atravesando la Platería, la Plaza de San Salvador y la Plaza de la iglesia de
Santa María, poseía, por el contrario, una distribución planimétrica mucho más irregular,
relacionada con la primitiva configuración de la Villa. Este trazado se mostraba más
propio de otro tipo de decoraciones, en cuya contemplación influía menos su relación con
el espacio urbano circundante. Era éste, además, un sector de la población cuyos espacios
urbanos estaban marcados por la fuerte impronta de carácter institucional y simbólica que
ejercían sobre ellos construcciones como el Palacio Real, la Iglesia de Santa María o las
propias casas del Concejo ubicadas en la plaza de San Salvador. Fue precisamente en estos
dos últimos espacios donde se realizaron con motivo de la Fiesta dos conjuntos
escultóricos caracterizados por su independencia, en el sentido de que su contemplación
en ningún caso se veía supeditada, como ocurría con los arcos, a las características de un
conjunto.
Los efectos que pretendían crearse con las estructuras efímeras y su articulación
dentro del espacio urbano, mostraron en el recibimiento de 1570 una curiosa
concordancia con algunos proyectos de remodelación ya existentes en la Villa antes de
iniciarse los preparativos de la ceremonia. Se daba, por tanto, una confluencia de intereses
que convirtieron a la Fiesta en la excusa perfecta para intervenir sobre el trazado y la
imagen de la población según los principios de funcionalidad y ornato que se habían
impuesto desde que la Corte llegara a Madrid.
La regularización de la calle de San Jerónimo, por ejemplo, había sido ya planteada
en el Memorial para las reformas de la Villa que el Corregidor, Antonio de Lugo, había
presentado al Rey en 1564, bajo la pretensión de crear una vía recta que desembocase en
el monasterio de San Jerónimo. La cuestión volvió a ser planteada tres años después y, en
1570, este espacio volvió a ser objeto de interés con motivo del recibimiento de Ana de
Austria. La calle fue entonces empedrada, y se edificó en su inicio, donde habría de
construirse el primer arco, una casa cuya traza debía ser idéntica a la que se situaba frente
a ella, por orden expresa del Concejo. Se trataba claramente de una operación de imagen
destinada a dotar al conjunto de una configuración homogénea a través de la arquitectura,
en uno de los espacios que más habrían de acaparar la atención de los asistentes.
Algo similar ocurrió con la Puerta del Sol. Este lugar, que López de Hoyos, una
vez más, describe como “harto espacioso y desenfadado”, había funcionado hasta
principios del siglo XVI como límite de la cerca erigida en el siglo anterior para englobar
los arrabales, y como puerta del camino de Guadalajara, uno de los principales accesos a la
Villa. Según el mismo autor, esta puerta fue derribada en la guerra de las Comunidades. El
posterior crecimiento de la Villa en dirección oriental haría de este espacio punto de
confluencia de varias vías. Su remodelación con motivo de la Fiesta consistió en la
construcción de tres casas que embelleciesen con su presencia uno de los espacios
esenciales del recorrido, pues en él se haría una parada ante el segundo de los arcos
triunfales programados, erigido junto al monasterio de Nuestra Señora de la Victoria.
El último de los arcos construidos, de carácter exento, se erigió en la Calle Mayor,
vía que había sido ensanchada por Carlos V intentando crear un espacio más amplio ante
la Puerta de Guadalajara y que fue motivo de algunas obras más en lo que restó de siglo.
Se cerraba así una perspectiva que, aunque se abría con el primero de los arcos

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Real apparato y sumptuoso recebimiento... de Ana de Austria

construidos, en realidad partía del monasterio de San Jerónimo.


A partir de la Puerta de Guadalajara la comitiva accedía a un espacio diferente.
Desde el punto de vista del trazado existía aquí una ruptura del eje hasta ahora recorrido.
El impedimento visual y físico que suponía esta puerta para enlazar la Calle Mayor con la
Plaza de San Salvador -era una puerta estrecha y en recodo- había llevado a Carlos V hacia
1536 a promover su derribo y el ensanche del tramo de la Calle Mayor anterior a ella. Sin
embargo, fue probablemente el carácter simbólico que se le atribuía como acceso al
primer recinto cristiano de la ciudad, lo que motivó su reedificación en 1568 con motivo
de la ceremonia de recibimiento de Isabel de Valois, a pesar de que en estos años la
progresiva pérdida de importancia de las murallas motivaba la tendencia contraria, y se
dieron al respecto órdenes relativas a la apertura de puertas y portillos e incluso a la
demolición de puertas como la de Valnadú o Puerta Cerrada. En la reedificación de la de
Guadalajara se procuró minimizar el problema que suponía para el tránsito, otorgándole
más anchura. No obstante, su falta de funcionalidad debió hacerse patente, y,
probablemente, ésa fue la causa de que durante años no se regularizase su trazado. En
1582 fue destruida por un incendio y la ocasión aprovechada para su definitiva
demolición.
El último tramo del recorrido realizado por la Reina, entre esta puerta y el Palacio
Real, transcurrió por unos espacios urbanos caracterizados por su significación política e
institucional. El primero de ellos fue la Platería, representativo de una de las más
significativas actividades artesanales de la Villa, que quiso mostrar su presencia como ya lo
había hecho en otras fiestas, mediante la decoración de la calle con joyas y objetos
preciosos. Se abría a continuación la plaza de San Salvador, sede del poder municipal y
ámbito relacionado desde el siglo XIV con la nobleza ciudadana y con la administración
de justicia, tal como pone de manifiesto López de Hoyos, quien la considera lugar “de
concurso de todos los nobles, donde están todo el colegio de los escribanos de número y
donde se bate el cobre de todos los negocios porque en ella está la Audiencia y Foro
judicial con las causas del illustre Ayuntamiento”.
La presencia en la Fiesta de ámbito tan destacado se realizó mediante la
elaboración de un “espectáculo”, a modo de conjunto escultórico, en el que se
representaba el juicio de Paris, vinculado al carácter ya mencionado de este espacio
urbano. De nuevo hicieron acto de presencia en esta obra efímera los criterios estéticos
del Manierismo, que ya hemos visto en otras decoraciones, y que quedaron patentes en el
empleo de materiales fingidos, en la disposición efectista de las figuras, en la mezcla de lo
mitológico con lo cristiano y en la ruptura de las proporciones canónicas. Las obras
fueron concertadas con Lucas Mitata, Simón de Baena y Alonso de Rueda, autores
asimismo de las figuras de Baco y Neptuno del Prado de San Jerónimo, de las esculturas
del segundo arco y del siguiente espectáculo que sería contemplado en la plaza de Santa
María. Nada dice la Relación de López de Hoyos de un arco concertado con estos mismos
artífices, que debía situarse en la plaza de San Salvador junto a la cárcel, por lo que no
sabemos si realmente llegó a realizarse, a pesar de que la documentación nos informa de
ello (A.M.V., Libro de Acuerdos, 14).
A punto de entrar en el espacio más representativo de la Villa, el eje político-
religioso constituido por el Alcázar y la Iglesia de Santa María, la Reina tuvo la

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JUAN LÓPEZ DE HOYOS

oportunidad de contemplar un espacio urbano que había centrado la atención del Rey y de
sus arquitectos desde el traslado de la Corte a Madrid. Ya en el reinado de Carlos V existió
una preocupación por despejar el espacio que rodeaba al palacio y enlazarlo con las vías
próximas. A este fin respondieron los trabajos realizados en 1543 en la zona próxima a la
iglesia de San Juan, o los iniciados en 1553 en la propia plaza de palacio, consistentes en la
creación de un ámbito semicerrado que otorgaría unidad al conjunto y mostraría una
mejor imagen y adaptación como espacio ceremonial. Felipe II retomó la iniciativa con la
colaboración de Juan Bautista de Toledo, quien emprendió la construcción de una galería
en el sector occidental que enlazaría con las caballerizas, situadas en la zona sur. Poco
después, en 1565, se iniciaron las obras de nivelación de la plaza, previa actuación sobre
los canales, que circulaban bajo ella. Se actuaba, al mismo tiempo, en la apertura de los
accesos, organizando la calle de la Priora en la zona norte, cambiando la fachada del
convento de San Gil que daba al Alcázar para hacer ortogonal la calle, e interviniendo
igualmente en los accesos desde la puerta de la Vega y calle Real.
La ceremonia de recibimiento de 1570 aportó al conjunto de estas obras un
importante eslabón y activó la apertura del eje que enlazaba la calle Real con la iglesia y el
palacio mediante el derribo del arco de Santa María, perteneciente al primer recinto
urbano de la Villa. El paso quedó con esta obra, una vez más, “muy claro, espacioso y
desenfadado”, y se decoró para la ocasión mediante el blanqueo y canteo de sus espacios
limítrofes, rematado con puntas de pirámides y acróteras. Con absoluta claridad este
derribo formaba parte de los planes de remodelación que el Rey había pensado para la
zona. De hecho, la documentación existente (A.M.V. Libro de Acuerdos, 14) pone de
manifiesto, una vez más, que la iniciativa partió del propio Monarca, quien impuso su
criterio al Concejo. Se pensó incluso en tirar dos casas limítrofes al arco para facilitar el
paso del palio, pero esta última intervención no llegó a ser practicada.
En las proximidades de este espacio, concretamente en la plaza de la iglesia de
Santa María, se instaló la última de las decoraciones de arte efímero de esta Fiesta. Se
trataba de un escultura de carácter alegórico en la que, acudiendo de nuevo a la mitología
como forma de expresión, se establecía un identificación entre Felipe II y una estatua
colosal del gigante Atlas. Obra de los mismos artífices que los aparatos escultóricos
anteriores, mantenía también rasgos propios de la misma tendencia artística. La Reina
pudo contemplar este conjunto antes de la entrada en la iglesia, donde tras una ceremonia
religiosa fue conducida al punto final de su recorrido, el Palacio Real.
El programa decorativo superpuesto sobre este recorrido urbano fue desgranando,
con un sentido narrativo, toda una serie de mensajes que adquirían coherencia y unidad
integrados en el conjunto de la Fiesta. El principio renacentista de la vinculación de las
artes puestas al servicio del Estado fue, desde una perspectiva general, su característica
más destacada. La idea venía avalada por una teoría y una crítica artística que, desde
Alberti a Serlio, concebía la conjunción de las artes como fuente de belleza, y López de
Hoyos se hizo eco de ella en su Relación, alabando repetidas veces la confluencia de
pintura, escultura y arquitectura en la elaboración de las composiciones.
Esta mezcla de disciplinas artísticas en una misma obra requirió la colaboración en
la misma de artífices procedentes de campos también diversos. Arquitectos, maestros de
cantería, fontaneros, albañiles, carpinteros, pintores, doradores y ensambladores, al

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Real apparato y sumptuoso recebimiento... de Ana de Austria

trabajar juntos en las mismas obras, compusieron el rico marco profesional que rodeó su
elaboración. Algunos de ellos eran ya en aquellas fechas artistas destacados del círculo
cortesano o colaboradores esporádicos en las obras reales. Muchos eran responsables de
las decoraciones efectuadas en El Escorial, con lo que así el Rey y el Consejo Real se
aseguraron de que el resultado de la imagen se adecuaría a la definición de la estética regia.
Otros acudieron a la Villa ante el interés suscitado por el pregón de las obras, en las que
también participaron artífices locales. Pompeo Leoni, encargado de todo el aparato
escultórico y de la traza de los arcos, y Alonso Sánchez Coello, a quien se encomendó el
trabajo de pintura de los mismos, fueron los casos más destacados. Finalmente hubo otro
grupo de artífices, como los escultores Lucas Mitata, Simón de Baena o Alonso de Rueda,
que fueron propuestos por el Consejo, que probablemente intervino también en la
elección de artistas como el escultor Portigiani, el pintor Diego de Urbina e incluso el
carpintero Maese Martín, relacionado con las obras reales, quien fue admitido a colaborar
en el primer arco cuando éste había sido ya concertado con otros artistas, esgrimiendo
para su aceptación el significativo argumento de su concordancia con los gustos de
Pompeo Leoni.
Este escultor se encargó de la traza y dirección de las obras de los arcos de la
Carrera de San Jerónimo y de la calle Mayor, directamente implicados en la presentación
de la imagen del Rey. López de Hoyos le atribuye también la realización de dos esculturas
para el primero de ellos, aunque probablemente éstas no fuesen hechas de su mano, sino
realizadas por sus colaboradores. Mitata, Baena y Rueda, participaron en la decoración del
Prado, donde Protigiani había realizado tres fuentes. Los tres escultores ejecutaron allí, al
parecer según su propia traza, las figuras de Baco y Neptuno. Se les atribuye también la
autoría de la traza y ejecución de las esculturas del segundo arco, así como las
decoraciones de la plaza de San Salvador y Santa María; éstas últimas, al parecer, según las
ya elaboradas, que les fueron proporcionadas por el Concejo. Por último, las labores
pictóricas del primer y tercer arco corrieron a cargo de Alonso Sánchez Coello y Diego de
Urbina.
Por lo que se refiere a los conjuntos escultóricos del Prado de San Jerónimo, la
plaza de San Salvador y la de Santa María, ya ha sido mencionada su adscripción a los
principios estéticos del Manierismo, recogidos por el conjunto de las decoraciones
efímeras que se realizaron en esta Fiesta. En cuanto a la composición arquitectónica de
los arcos de triunfo, es claro que éstos procuraron su correspondencia visual con los de la
Roma Imperial, si bien su diseñó fue realizado mediante una interpretación libre de los
mismos que se basaba en la autoridad de los Antiguos. Esta interpretación era la misma
que Serlio había plasmado en el Tercer y Cuarto Libro de su Tratado de Arquitectura,
traducidos al castellano por Villalpando en 1552, antes incluso que los tratados de
Vitruvio y Alberti. En su obra, Serlio proponía a Vitruvio como única fuente de autoridad
y a los monumentos conservados de la Roma Imperial como probables fuentes de
inspiración. Entre éstos incluía varios arcos de triunfo de uno o tres vanos, articulados a
través de pilares y columnas y decorados con nichos y medallones -muy similares en su
estructura a los realizados en la fiesta de 1570-, a los que daba por buenos a pesar de
reconocer su falta de adecuación a los preceptos vitruvianos, lo cual justificaba por ser
“muy cosas de triumpho, hechos a gran furia y presteza”. En su tratado, Serlio hablaba

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JUAN LÓPEZ DE HOYOS

también de arcos hechos a base de piezas de mármol y esculturas de bronce, y llegaba a


proponer como ejemplo un arco situado en el Coliseo, caracterizado por la riqueza de su
ornamentación y talla, así como por la variedad de su programa iconográfico, aspectos que
según el autor conferían a la obra una apariencia “muy agradable a la vista”.
Todos estos planteamientos, que la tratadística recogía de la Antigüedad y
mezclaba con la propia realidad artística del momento, tuvieron su reflejo en la
elaboración de los arcos madrileños, donde fue una constante la aplicación de recursos
que, como el fingimiento de materiales nobles, pretendían engañar a los sentidos dando a
las obras una falsa apariencia de perpetuidad, al tiempo que funcionaban como elementos
estéticos que buscaban la recreación de una imagen basada en cualidades como la riqueza,
la variedad y el colorido. Materiales y color servían, además, para establecer un orden
dentro de la composición del conjunto. Así, las pinturas que imitaban el mármol blanco y
el jaspeado recubrieron las diferentes estructuras arquitectónicas de los arcos, donde se
incluyeron también algunos colores, como el azul y el dorado aplicados a la decoración de
molduras y cartelas. Los elementos escultóricos, sin embargo, se realizaron imitando el
bronce, y los relieves fueron dorados.
Los arcos se decoraron por ambas caras. El primero de ellos, que fue el principal,
se articulaba en dos cuerpos que mantenían la correspondencia de elementos
arquitectónicos. El inferior tenía tres vanos separados por pilares y columnas que dejaban
espacios para la decoración escultórica, pictórica y epigráfica, distribuida de forma
simétrica en nichos con figuras, en medallones y en cuadros. Esta estructura de
composición y decoración era mantenida en el cuerpo superior, al que remataba un
frontón triangular rodeado de una balaustrada. El tercer arco, de proporciones más
reducidas, poseía una estructura más sencilla, siendo una variante de los arcos de un solo
vano que fueron edificados en época imperial y recogidos por la tratadística. Desde el
punto de vista decorativo su articulación fue similar a la del primero, contando con un
programa de pintura, escultura y epigrafía distribuido a través de nichos, cuadros y
cartelas, que aprovechaba los espacios de los intercolumnios para su desarrollo. Su cuerpo
superior fue una especie de gran casetón rematado por un frontón triangular decorado
con cuadros e inscripciones que también lo flanqueaban. Queda fuera de esta descripción
el segundo de los arcos, donde lo arquitectónico tuvo menos importancia, aproximándose
más en su configuración a las características propias de un conjunto escultórico.
Es interesante destacar la insistencia de López de Hoyos en presentar los arcos
primero y tercero como obras fieles a los principios canónicos de composición
arquitectónica, como se infiere de sus alusiones al “buen orden” y “buena razón y
compartimento” de su arquitectura, referidas sobre todo a la relación de medidas y
proporción de sus elementos compositivos. Con tales expresiones se insistía en una idea
que subrayaba el propio traductor de Serlio, Francisco de Villalpando, al hablar de la
Arquitectura, considerando que ésta consistía, más que en el empleo de los órdenes según
la tradición clásica, en que “cada cuerpo sea bien proporcionado, que sus partes se ayuden
y respondan...y que vengan a hacer un todo de buenas medidas y partes que se
respondan”. Sin embargo, tales relaciones quedaban rotas en el programa escultórico, al
existir una jerarquización del tamaño de las figuras puesta al servicio de la transmisión de
los mensajes. Así, por ejemplo, en el tercer arco las figuras de la Religión, la Clemencia, la

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Real apparato y sumptuoso recebimiento... de Ana de Austria

Temperancia y la Prudencia, que constituían la base del programa, adquirieron la


apariencia de colosos, y algo semejante ocurrió en el primer arco con la presentación de
las figuras de los emperadores.
Sí se recogía en estos arcos, sin embargo, uno de los puntos más destacados de la
teoría artística, que estuvo presente desde Vitruvio en toda la literatura. Estamos hablando
de la teoría modal de los órdenes, que pretendía la correspondencia entre su empleo y el
significado y características de la obra. De este modo, en el primer arco, dedicado a la
Reina, se empleó el orden corintio, para el cual la tratadística permitía también mayores
licencias decorativas. El segundo se hizo en rústico, orden al que Serlio había dedicado
varias páginas de su trabajo, dotándole de un carácter urbanístico que le hacía apto para
puertas de ciudades, jardines y casas de campo, así como para el cerramiento de plazas
que estuviesen delante de algunas casas grandes, considerando que este tipo de obras
conferían autoridad y nobleza a los lugares. Precisamente en el carácter urbano de este
orden hacía hincapié López de Hoyos, quien justificaba su empleo por ser el más apto
“para su perpetuidad y conservación y defensa de la frecuencia y concurso ordinario de
tanta gente, trato y tráfago como por esta parte ocurre”. El tercer arco, por último, fue
pensado en orden dórico, “que los antiguos dedicavan y hazían a los magnánimos y
valerosos príncipes porque su compostura por sí misma demuestra la fortaleza, valor y
magestad de aquellos a quienes se dedica”.
Es evidente, por otra parte, que uno de los más importantes aspectos artísticos de
la entrada en Madrid de Ana de Austria fue sobre la elaboración de los programas
iconográficos efectuados para la ocasión, a través de los cuales se pretendían explicitar los
mensajes políticos e ideológicos que interesaban a los diferentes poderes implicados en su
organización, de entre los cuales destacaba la Monarquía.
La producción del programa partía de la nueva valoración renacentista de los
sentidos y de la consiguiente revitalización de la cultura visual como fuente de
conocimiento. A estos presupuestos se unió la aceptación y difusión por parte de la crítica
artística, de la concepción moralista del arte promulgada por Horacio, quien atribuía a la
pintura y la poesía la doble finalidad de instruir y de deleitar, ésta última muy acorde con el
principio de la fiesta entendida como espectáculo. Fueron estos principios teóricos los que
determinaron la elección de los recursos de expresión empleados en esta fiesta:
jeroglíficos, emblemas, cuadros de batallas y hechos históricos o esculturas de distinto tipo
e inspiración, todos ellos marcados por su carácter alegórico y emblemático. Se trataba de
crear, a partir de todos ellos, un espacio de expresión de carácter narrativo en el que cada
mensaje formaba parte de un todo en el que se integraba y cobraba sentido.
El programa se iniciaba, como hemos visto, en el Paseo del Prado, donde las
esculturas de Baco y Neptuno pretendían ser una trasposición simbólica de la unión
territorial lograda con el nuevo matrimonio y pronóstico de la felicidad futura. Siguiendo
este principio se desarrolló un programa que partía de la presentación y exaltación en el
primer arco de la tradición de la Monarquía Católica como defensora de la Fe. Las figuras
escultóricas de Carlos V y su hermano, el emperador Fernando, de Don Pelayo, Fernando
III el Santo, Fernando el Católico y Rodolfo I, creaban un esquema en el que, más allá de
la mera presentación dinástica al estilo de la iconografía propia de este tipo de
acontecimientos, se buscaba la identificación entre la Monarquía española y la Casa de

35
JUAN LÓPEZ DE HOYOS

Austria, ambas unidas desde sus orígenes por el fin idéntico de luchar contra la herejía. A
ello se aludía en sendos cuadros situados en el cuerpo inferior del arco, donde se
representaba el triunfo de algunos de estos monarcas en sus luchas contra musulmanes y
protestantes. Según la lectura iconográfica de los mensajes, la ayuda de Dios y las virtudes
reales habían hecho posible el triunfo de España, el cual estaba representado a través de
una imagen alegórica que coronaba la composición, en la que una figura pisaba y sujetaba
con una cadena a una fiera que simbolizaba la herejía. Con ello se mostraba uno de los
mensajes principales de esta fiesta: la victoria de la Fe Católica, del verdadero Dios -como
el propio López de Hoyos indica-, contra la herejía, motivo que se recreó a través de un
conjunto escultórico de gran parecido con el grupo Carlos V y el Furor, de Pompeo Leoni.
Tras esta presentación se hallaba la intención de mostrar al espectador algo que se
hizo característico de la difusión de la imagen real en tiempos de Felipe II, a partir de las
decoraciones que había tenido la oportunidad de contemplar en el viaje que realizó junto a
su padre por territorio europeo. Se trataba de la idea de estirpe, basada en el intento de
legitimar la Monarquía española relacionándola con la imperial austríaca, para lo cual se
hacía necesaria, como ocurrió en este caso, la inclusión de la figura de Carlos V. En
relación con esta misma idea, en la iconografía de esta Fiesta se hizo frecuente uso de los
signos imperiales, tales como el águila, el lema del Plus Vltra o la asimilación de Felipe II
con Atlas. Asimismo, otras figuras remitían a modelos de representación de la imagen
regia ya ensayados en el reinado de Carlos V. Es el caso de la versión iconográfica de
Felipe II a caballo, coronado y con bastón de mando que aparece en el tercer arco,
directamente inspirado en el retrato ecuestre en Mühlberg, de Tiziano, o la que le representaba
armado, sentado y togado a la antigua, recreando una imagen que había sido también
ensayada en las fiestas del viaje europeo de Carlos V y Felipe II, concretamente en la
ciudad de Milán, donde se incluyó en uno de los arcos la representación del emperador
según la iconografía descrita.
Dicho programa tenía su continuidad en el tercer arco, dedicado a la exaltación
virtuosa del Rey y a la valoración de su matrimonio en el contexto de la política
internacional de la época. A Felipe II se le adjudicaba aquí el papel de primer monarca del
mundo, compendio de virtudes y espejo de príncipes. Él asumía y superaba la tradición de
la Monarquía Católica representada en el primer por reyes y emperadores heroicos,
mediante la creación de un nuevo tipo de gobernante en el que se daban cita, además de
las tradicionales virtudes teologales, toda una serie de virtudes políticas que le convertían
en el nuevo modelo de gobernante moderno, artífice y protagonista de una Edad de Oro
por venir. La expresión de los conceptos de grandeza, fortaleza y sentido heroico
presentes en la obra más importante del reinado de Felipe II, El Escorial, se hacían aquí
patentes aplicadas al contexto general de la Fiesta, y, particularmente, a la representación
de la imagen regia. El mensaje aparecía desarrollado en ambas caras del arco: en la
primera, a la representación escultórica de la Religión, la Clemencia, la Temperancia y la
Prudencia, se unían emblemas y jeroglíficos que destacaban las nuevas dotes políticas del
Rey, en quien se conciliaban cita las armas y las letras, como pone de manifiesto su
asimilación con Marte y Apolo, y su representación en el espacio central del arco como
pacificador y padre de la patria. Con ello se seguía la iconografía imperial romana, que
unía a los atributos militares la actitud política del gobernante. En la segunda cara las

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Real apparato y sumptuoso recebimiento... de Ana de Austria

alusiones a la intervención de Felipe II en la política internacional eran aún más explícitas.


Un programa de gran actualidad, en el que además de presentar su matrimonio con Ana
de Austria como instrumento de acción política, se evocaba la unión de los príncipes
cristianos dirigidos por Felipe II en defensa de la Fe, en clara referencia a la constitución
de la Liga Santa. Como en la entrada de Carlos V en la ciudad de Bolonia, se proponía
aquí un viaje desde la Antigüedad pagana a la modernidad cristiana; desde el tono triunfal
del primer arco, al de las virtudes políticas que caracterizaban al príncipe cristiano del
último.
El resto de las alusiones al monarca tuvieron lugar ya al final del recorrido, en la
plaza de Santa María, donde se le representó a modo de Atlas sosteniendo el mundo
como alegoría de los trabajos inherentes a la Monarquía, según una iconografía que, en sus
diversas variantes, había sido frecuentemente empleada en la Fiesta desde los tiempos de
Carlos V.
Con este hilo conductor quedaron integrados los mensajes dirigidos a la Reina. En
la cara posterior del primer arco se le intentaba transmitir, con un lenguaje alegórico y
mitológico, lo que de ella se esperaba: alegría, fecundidad y práctica de las virtudes reales
relacionadas con el matrimonio, que se expresaron a través de “conceptos poéticos”
recreados en las figuras de Pan, Ceres y Mercurio. Todas ellas contribuían, junto a las de
su esposo, al nacimiento un nueva Edad de Oro y a la conversión del dominio territorial
de la Monarquía filipina en una nueva Arcadia, de la cual participaron como miembros de
pleno derecho los reinos, tanto de España como de las Indias, que se ofrecían a la nueva
soberana en el segundo arco.
La iconografía relativa a la Reina tuvo su último eslabón en la plaza de San
Salvador, donde se realizó una representación del Juicio de Paris, si bien en este caso se
modificó el pasaje mitológico para hacer de Ana de Austria una nueva Venus a la que
Paris ofrecía la manzana de la belleza.
El modo en que todas estas ideas fueron expresadas, convirtieron el programa de
recibimiento de Ana de Austria en Madrid en una especie de tratado de emblemática, que
cobraba forma a gran escala a través de los programas decorativos, como será analizado
en el capítulo dedicado a este tema. Así apareció en el grupo escultórico de Baco y
Neptuno, en la representación del Dios Pan y de la diosa Ceres, en el conjunto del juicio
de Paris, o en el Atlas de la Plaza de Santa María.
Otro de los puntos fundamentales del aparato decorativo de esta fiesta fue el del
retrato real, tema por el que Felipe II sintió un especial interés y en el que se implicaron
directamente los dos artistas que habían contribuido a definir la imagen regia de Felipe II,
Pompeo Leoni y Alonso Sánchez Coello, que iniciaba en estos momentos su etapa dorada
como pintor de la Corte. Ambos partían de la influencia de artistas como Leone Leoni,
Tiziano y Antonio Moro, que habían trabajado en la fijación de la imagen imperial de
Carlos V, cuyos patrones estéticos continuaron y desarrollaron intentando hacer confluir
en sus producciones dos principios básicos que se habían puesto ya de manifiesto con
carácter general en la retratística romana imperial: la transmisión de la idea de majestad y la
representación fidedigna del personaje.
Ambos conceptos fueron reflejados en las esculturas de reyes y emperadores del
primer arco, cuyo parecido con el modelo real es destacado por López de Hoyos, quien

37
JUAN LÓPEZ DE HOYOS

los considera hechos “muy al natural” o “bien imitados”. Éste es un aspecto del que
tenemos constancia a través de la documentación (A.M.V. Libro de Acuerdos, 14), en la
que se recoge el conflicto existente entre Pompeo Leoni y el Ayuntamiento por tener que
hacer las figuras con “similitud”, cuando este punto no había sido contemplado en el
contrato. Reyes y emperadores fueron representados en actitudes hieráticas, con las que se
identificaba la idea de majestad, y acompañados de los atributos militares que
correspondían al ejercicio de sus funciones, así como del bastón de mando en tanto que
capitanes de la milicia cristiana. Era ésta una imagen que partía de la tradición artística de
la Antigüedad y del Medievo y que había sido empleada en relación con Carlos V, antes de
la adscripción de su retratística a los modelos de la Antigüedad. El patrón recogía, en
líneas generales, la tradición artística de representación medieval que relacionaba la
práctica de las funciones reales con la actividad bélica y la conducta caballeresca, rodeada
de toda una serie de símbolos que fueron incorporados a la retratística imperial a partir de
su asimilación con la figura de Carlomagno. Así, a la presentación de Carlos V y su
hermano Fernando como capitanes de la milicia cristiana, se unía la de Don Pelayo y
Fernando III el Santo rodeados de los principales atributos simbólicos con los que la
Edad Media había relacionado a la realeza: la corona y la espada, ésta última entendida en
una doble vertiente; como instrumento de justicia real y de protección hacia la Iglesia.
Este mismo sentido era recogido, aunque con distintos elementos de expresión, en
uno de los cuadros de historia representados en esta fiesta, obra de Sánchez Coello, en el
que aparecía el paso del río Elba por parte del Emperador y sus tropas, donde se utilizaba
seguramente la técnica de la grisalla o representación de la escena en dos tonos, blanco y
negro, lo que confería a la imagen un tratamiento casi escultórico de volúmenes simples,
que contribuían a plasmar, como en los retratos regios, la idea de majestad. Carlos V
aparecía aquí dando gracias a Dios delante de una custodia del Santísimo Sacramento en
una presentación realista de la imagen, al margen de alegorías, en la que la majestad del
Emperador como héroe cristiano aparecía definida a través de su actitud.
Varios fueron los modos de representar la majestad real en esta fiesta. Además de
las ya vistas, hay que citar la de Fernando el Católico sentado en un trono, con cetro y
corona real, acompañado de los napolitanos a sus pies, de Colón y los escudos de armas
de Nápoles y Sicilia; todos ellos alusivos a sus hazañas militares y políticas y la extensión
de sus dominios. El argumento y el modo de expresarlo era, en el fondo, el mismo que
había sido empleado en uno de los fragmentos decorativos del programa elaborado para la
entrada de Carlos V en la ciudad de Bolonia, donde Fernando el Católico era representado
acompañado de una inscripción que recordaba la derrota de los moros en Granada, la
expansión africana y americana del Imperio y la ayuda papal en Italia. En el caso de la
entrada madrileña de 1570, la representación remitía, por sus características, a una
iconografía medieval que había sido revitalizada en estos momentos a través de su relación
con la representación de la imagen imperial. Ésta intentaba aquí expresar el nuevo
concepto del rey misericordioso con sus vasallos y se inspiraba, a su vez, en los modelos
de representación, también de origen medieval, que remitían a los cuadros de batallas
relacionados con la imagen del rey vencedor y de las victorias medievales. Este tipo de
imágenes fueron recreadas en el siglo XVI en relación, una vez más, con la iconografía
imperial, y así, en La Carolea (1560), de Sempere, Carlos V era representado entronizado,

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Real apparato y sumptuoso recebimiento... de Ana de Austria

escuchando a varios monarcas que le rodeaban, definiendo la idea de majestad a partir de


un elemento, el trono, que formaba parte del simbolismo medieval en relación con la
realeza, bajo cuya asociación apareció de nuevo en esta fiesta asociado esta vez a la imagen
de Felipe II como pacificador, con la que se remataba una de las caras del tercer arco.
Este modelo de representación fue el recreado también en unas series pictóricas
existentes en Alba de Tormes y en el Palacio de Oriz, en Navarra, así como en los
grabados de Antonio Tempesta o Martin Van Heemsckerck. Precisamente a este último
grabador se debe una serie pictórica sobre las victorias imperiales, encargada por Felipe
II, donde se representa el sometimiento de las ciudades de la liga de Smalkalda que, de
rodillas, ofrecen las llaves a Carlos V, en una imagen similar a la representada en esta
fiesta. En otra de las estampas el parecido resulta aún más evidente, porque se presenta al
Emperador sentado en majestad recibiendo el tributo de todos aquellos a quienes venció a
lo largo de su vida, en una actitud muy parecida a la que ha adoptado Fernando el
Católico en la representación ofrecida en este primer arco. Una representación que puede
ser puesta en relación, además, con la tendencia pictórica que intentaba aglutinar diversos
elementos de la realidad en una sola imagen, en la que podemos ver un reflejo de la teoría
de la imitación formulada por Aristóteles.
Por lo que se refiere a Felipe II, sus representaciones se centraron en su imagen
como héroe cristiano y como gobernante a partir de la tradición representativa imperial,
según se había manifestado en El Felicíssimo Viaje, descrito por Calvete de la Estrella. En la
primera de las modalidades señaladas aparece en el tercer arco, donde se recoge la
iconografía de la estatua romana de Marco Aurelio. El rey aparece armado y togado a la
Antigua, con el brazo derecho extendido mirando al pueblo “como pacificador”. Esta
imagen puede ser puesta en relación con la representación de Felipe II de cuerpo entero y
armado que Leone Leoni realizó por encargo de María de Hungría en 1549, cuando aun
era príncipe, en la que según las propias palabras del escultor se había conseguido expresar
los rasgos que constituirán la clave de representación del retrato regio en estos momentos:
“alteza de ánimo, pose de la persona y simetría de los miembros”.
Otro de los tópicos de representación desarrollados en torno al monarca consiste
en la asimilación de Felipe II con la figura bíblica de Salomón, retomando la herencia
iconográfica de Carlos V y de su puesta en escena en el viaje que ambos realizaron por
tierras europeas. Del mismo modo que el Emperador había sido comparado con David,
Felipe II sería el nuevo Salomón. Analogía que servía para presentarle como rey sabio,
defensor de la Fe no sólo a través de las armas, sino también de la acción política que le
era atribuida como destacada virtud; una acción a la que se aludía en este caso a través de
la referencia iconográfica a los grupos de religiosos que contribuían a la reconstrucción del
templo, en clara referencia a la actividad de la Iglesia y de la Inquisición. Por otra parte,
con la presentación de un rey constructor de templos la escena cobraba un marcado tono
contrarreformista, al tiempo que se creaba una evidente referencia al significado de la
participación de Felipe II en la promoción de las obras de El Escorial.
Finalmente, Felipe II apareció en el tercer arco siguiendo otra de las tendencias de
representación propias del retrato de aparato, en este caso de carácter cortesano, que le
presentaba con corona real, toga y “ropa rozagante”, rodeado de toda la Corte, en una
composición de distribución simétrica que tenía su correspondencia en el lado opuesto,

39
JUAN LÓPEZ DE HOYOS

donde la Reina aparecía rodeada de sus damas. Ambas imágenes quedaban vinculadas a
través de un rótulo que intentaba crear un nexo entre las personas reales y determinados
personajes bíblicos tomados como ejemplo de virtud. En relación con esta composición
resulta interesante destacar cómo, al parecer por estas mismas fechas, Sánchez Coello
pintó a los Reyes, probablemente con motivo de sus bodas, unos retratos con atuendo
cortesano, que debían formar pareja, al estilo de los que aparecen en el texto.
Si en las figuras alegóricas el reconocimiento de la persona real estaba sometida al
conocimiento de la cultura mitológica y pretendían representar más que a la persona real
en sí misma, al poder regio, en los retratos de estado mencionados la imagen regia era
fácilmente identificable por quienes la contemplasen. De hecho, López de Hoyos insiste
en el parecido que mostraban con respecto al natural, aspecto éste muy interesante, en
tanto que suponía una “popularización” del retrato de aparato, generalmente pensado para
una contemplación semiprivada, restringida al ámbito cortesano, que era ahora dotada de
un destacado carácter público. Por otra parte, se hacía aquí una exhibición inusual de la
imagen de Felipe II, contraria a la actitud que el Monarca mantuvo a lo largo de su
reinado en relación con el culto a su imagen, cuyo rechazo ha sido ampliamente discutido
por la historiografía. Es probable que tras esta actitud se encontrasen planteamientos
político-religiosos relacionados con la Contrarreforma. Al respecto, Diego de Villalta,
autor de un tratado de escultura escrito a finales del siglo XVI, criticaba la exhibición
pública de las imágenes de reyes y príncipes por considerarlas contrarias al catolicismo y
propias de la gentilidad. En la misma línea el cardenal Gabriele Palleoti, que tan
activamente participó en la Contrarreforma, condenaba el carácter público de este tipo de
representaciones, y sólo las justificaba si su ejecución había partido del pueblo o de sus
representantes, y no como muestra de adulación, sino de exaltación de sus virtudes y de
las de la Monarquía, desde cuya perspectiva quedaba justificada su inclusión en la fiesta.
Finalmente habría que poner de manifiesto la importancia que la pintura de batallas
adquirió en esta fiesta, quedando así integrada en una tradición asumida por la realidad
artística del momento a través de las salas de batallas, las cuales, como en El Escorial,
pretendían recrear una imagen parcial de la historia vinculada a la Monarquía. Este tipo de
pintura había sido revalorizada, gracias a obras como la serie de tapices de la Conquista de
Túnez realizados en honor de Carlos V. Allí se siguió un modo de expresión similar al
empleado en la Fiesta y las pinturas de batallas se acompañaron de una inscripción en una
cartela que explicaba los hechos y permitía seguir su narración. Aparece en esta obra el
empleo de un lenguaje más objetivo que alegórico, a pesar de incluir algunos símbolos
relacionados con la imagen imperial de Carlos V, semejante al empleado en la fiesta de
1570. Los cuadros de historia y de batallas formaron parte de la decoración del primer y el
tercer arco y reforzaron una idea de triunfo que transmitían a la propia concepción de la
Historia vinculada a la Monarquía española y la Casa de Austria, al tiempo que intentaban
definir una imagen virtuosa de sus protagonistas. No obstante, los datos aportados por
López de Hoyos se basan en cuestiones meramente descriptivas que nos impiden conocer
los detalles relativos a las técnicas de representación empleadas en estos cuadros.
Por todo lo visto, la transformación que experimentó Madrid con motivo del
recibimiento de Ana de Austria constituyó un verdadero hito en el conjunto de la
celebraciones realizadas en la Corte en época moderna, del que da cumplida cuenta la

40
Real apparato y sumptuoso recebimiento... de Ana de Austria

Relación escrita por López de Hoyos, la más rica que encontramos en este tipo de literatura
referida al ámbito madrileño. El evento contaba con el valor añadido de ser el primero
que se hacía en Madrid tras su constitución como sede permanente de la Corte, en un
momento fundamental en el proceso de definición y configuración de su imagen como
símbolo de los principios políticos, culturales y religiosos de la Monarquía española frente
al resto de las cortes europeas. El acontecimiento constituyó el más destacado despliegue
decorativo que tuvo lugar en el siglo XVI en la nueva capital, y dejó su impronta en la
celebración de fiestas posteriores, como la que tuvo lugar con motivo de la entrada de la
reina Margarita de Austria tras su boda con Felipe III, donde los préstamos en relación
con la ritualización, instrumentos decorativos y transmisión de mensajes se hicieron
evidentes, mostrando un proceso de codificación de la puesta en escena derivados de la
entrada madrileña de 1570.

4. Juan López de Hoyos: su figura y su obra

El 28 de abril de 1916, Fidel Pérez Mínguez, abogado del ilustre Colegio de Madrid
y académico profesor de la Jurisprudencia y Legislación, pronunció una conferencia en el
Ateneo de Madrid, publicada en el mismo año, sobre “El maestro López de Hoyos” dentro de
un ciclo de conferencias de homenaje a Cervantes.
En ella la presentación de la semblanza y la obra de López de Hoyos queda
configurada entre la recreación imaginaria de su actividad cotidiana como profesor del
Estudio de la villa de Madrid y como párroco de San Andrés, a partir de algunos datos
obtenidos de la escasa documentación que sobre él se conserva, y la circunstancia concreta
por la que más se le ha conocido o, al menos, mencionado, la de ser profesor de
Cervantes. De manera que la continua evocación de éste deja en un segundo plano la
figura de López de Hoyos, argumento inicial de la citada conferencia, y, al describir los
contenidos de sus obras, salvo escasas citas de algunos pasajes concretos, el único texto
literario que se reproduce es parte de la elegía que Cervantes, su “charo y amado
discípulo”, compuso “en nombre de todo el Estudio”, cuando era alumno del mismo, con
motivo de las exequias fúnebres de Isabel de Valois, y que su maestro incluyó en la
Relación escrita del acontecimiento (fols. 157v-162r.), junto a otras cuatro redondillas
cervantinas y composiciones de otros de sus discípulos
De hecho, casi todas las referencias a su obra y a su actividad académica están en
relación con este dato y con la especulación sobre el posible influjo que el maestro pudo
tener sobre Cervantes, y en especial sobre si pudo ser él quien le iniciara en el
conocimiento directo de Erasmo, propiciando con ello el enfoque erasmista de algunas de
sus obras. La sospecha se fundamenta en que López de Hoyos menciona al humanista de
Rotterdam en la citada Relación sobre Isabel de Valois.
Pero junto a este mérito, y al de su cargo como catedrático del Estudio de la villa
de Madrid, hay que valorar fundamentalmente su actividad como escritor de encargo,
podríamos decir como primer cronista de la Villa, a quien se encomendó poner por
escrito las relaciones de solemnidades y acontecimientos de los que había sido testigo
directo, o incluso miembro activo en la organización de sus preparativos, a los que, en

41
JUAN LÓPEZ DE HOYOS

ocasiones, contribuyó componiendo poesías de circunstancia, algunas en latín.


Las relaciones tienen, en primer lugar, un contenido ideológico y propagandístico, y,
en segundo, descriptivo, erudito y misceláneo. Tratan de dar una visión global de los
conocimientos humanísticos y ponerlos al servicio de acontecimientos de índole política y
social que fueron de primerísima importancia para la Corte, por la transcendencia que
adquirieron para la historia de la Monarquía española (las muertes del heredero Carlos, de
Isabel de Valois, y la entrada en Madrid de la cuarta esposa, Ana de Austria, madre del
futuro heredero), y de una extraordinaria repercusión para la ciudad de Madrid.
La vocación y la práctica literarias de López de Hoyos se reducen, pues, a este tipo
de circunstancias. Por ello, el intento de acercarse a su vida y obra debe hacerse desde la
óptica particular de su propia trayectoria vital y profesional y no exclusiva o
principalmente en tanto que maestro y mentor de Cervantes.
Sus obras correctamente enfocadas se nos revelan como auténticas crónicas
históricas y culturales del Madrid de la segunda mitad del siglo XVI y como significativas
muestras de ese subgénero literario de las relaciones de fiestas y acontecimientos públicos,
que floreció entonces y en las dos centurias siguientes. Son, además, ejemplos
característicos de la tarea abordada por muchos humanistas de recuperar fuentes literarias
e históricas de la Antigüedad clásica como referentes de prestigio, auctoritates,
interpretarlas, servirse de ellas como modelo de imitación, al considerar aquel pasado
como la Edad de Oro de la humanidad, cotejarlas con fuentes medievales y
reinterpretarlas desde una óptica cristiana.

4.1 Algunos datos sobre su vida

Las noticias existentes sobre la vida de López de Hoyos son escasas y consisten
fundamentalmente en algunos documentos conservados en archivos diversos, como el
Archivo Histórico Nacional, el de Protocolos o el de la parroquia de San Justo y que han
sido publicados en contadas ocasiones (GONZÁLEZ PALENCIA, 1920, 593-603; SIMÓN
DÍAZ, 1945, 101; AGULLÓ Y COBO, 1970, 161-70).
Los datos más numerosos son los indirectos, relativos a la familia del autor:
partidas de bautismo, casamientos, herencias, ventas de propiedades, etc., de hermanos y
sobrinos. Esta información llega hasta comienzos del siglo XVIII (los últimos
documentos datan de 1717), pero sólo algunos de ellos aportan escasos elementos de
interés para el conocimiento de su persona.
Fue uno de los diez hijos que tuvo el matrimonio formado por Alonso López de
Hoyos y Juana de Santiago, aunque se desconoce la fecha de nacimiento y el lugar que
ocupaba entre sus hermanos. En cambio, sí parece que era natural de Madrid, pues un
pequeño poema a él dedicado por Pedro de Cárdenas e inserto en la Historia y
relación...dedicada a Isabel de Valois, así lo afirma. También lo debían ser los demás
miembros de la familia, al menos los hermanos, pues ésta estaba asentada y vivía en
Madrid. Su padre era un herrero que trabajaba cerca de Puerta Cerrada (llamada también
la Herrería), donde se concentraban los profesionales de este tipo de trabajo.
Sabemos las fechas de nacimiento de algunos hermanos, comprendidas entre 1554
(Catalina, primera de este nombre, pues hubo otra en 1556) y 1561 (Úrsula), o de la

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Real apparato y sumptuoso recebimiento... de Ana de Austria

confirmación de otros, como Alonso (en 1570, muerto al año siguiente). Fue en 1570
cuando se casó su hermana, Juana de Santiago, con Martín López, vecino de Villaescusa,
siendo el propio Juan el sacerdote que ofició la misa. A tenor de estas fechas, podría
deducirse que el autor, ya ordenado en 1570, habría nacido, al menos, a finales de los 40 o
comienzos de los 50; probablemente sería uno de los mayores, o el mayor, dado que ya en
1568 regentaba el Estudio de la Villa, fecha en la que escribe la primera de sus obras
conocidas, la Relación de la muerte y honras fúnebres del Sereníssimo Príncipe Don Carlos.
De más valor, por la información que suministra, es el testamento del propio Juan
López de Hoyos, abierto en Madrid el 28 de junio de 1583. En él se expresan sus últimas
voluntades, como la de ser enterrado en San Francisco el Grande, el número de misas que
desea que se digan por el descanso de su alma, y los lugares donde han de celebrarse, así
como la provisión de dinero que deja para las mismas. Igualmente hay disposiciones
relativas a limosnas, a la libertad que tendrán dos sirvientes que trabajan para él,
transcurrido un tiempo de servir a su madre, al reparto de algunos de sus bienes y
haciendas entre diversos hermanos y sobrinos, especialmente partidas de dinero. Uno de
los aspectos más destacables es, sin duda, la fundación de una capellanía para un sobrino
suyo, hijo de su hermana Ana de Santiago y de Pedro de la Parra, y de este mismo
nombre, ya que está estudiando, para que continúe sus estudios y se haga cargo de la
capellanía y se ordene sacerdote. No obstante, la heredera universal y usufructuaria de sus
bienes es su madre.
Precisamente, a través del propio testamento, sabemos que tres días antes de la
apertura del mismo, el 25 de junio, su madre escribe una “voluntad”, autorizándole a dejar
sus bienes según le convenga a él, dado que López de Hoyos, al ser sacerdote y sin
descendencia directa, debía legar su patrimonio a su madre por derecho hereditario.
Aunque López de Hoyos nombró a su madre heredera, pudo, mediante esta voluntad,
repartir una serie de bienes directamente entre los restantes familiares.
Los pocos días que median entre la lectura pública de ambos documentos
demuestran que el de Juana de Santiago se hizo ante la inmediatez de la muerte de López
de Hoyos, para que así él pudiera redactar su testamento sin problemas, conforme a la
Ley.
En éste deja escrito también el epitafio que deseaba que constase en su sepultura:

M. Joannes Lupecius de Hoyos


regius commissarius, specto
resurrectionem mortuorum.

4.2. Su relación con el Estudio de la Villa

Con todo, la información más significativa es la que proporcionan sus propias


obras, en tanto que ponen de manifiesto, aunque sea indirectamente, aspectos de su
biografía ligados a su actividad como profesor en el Estudio de la Villa, cuyos avatares en
la segunda mitad del siglo XVI corren parejos a los del propio López de Hoyos y son el
preludio de su decadencia y cierre final en 1616.
Los primeros datos sobre el Estudio de Madrid son de 1346, cuando el Concejo de

43
JUAN LÓPEZ DE HOYOS

la ciudad decidió establecer un sueldo de 200 maravedíes para un maestro de gramática.


La formación de las escuelas de gramática comenzó a desarrollarse en la segunda mitad del
siglo XIV por iniciativa de los Ayuntamientos o de algunos particulares. En el caso de
Madrid, el 7 de diciembre de 1384 el rey Alfonso XI otorgaba su permiso para la creación
de una Escuela de gramática y pago a un maestro “porque oviese en Madrit omnes
letrados e sabidores”.
Distinta fue la política de los Reyes Católicos, al menos inicialmente, ya que
decidieron rebajar el sueldo que por entonces cobraba el “bachiller” encargado de la
Escuela. Sin embargo, ante la reclamación del Concejo, otorgaron una cédula real el 7 de
noviembre de 1504, por la que autorizaban a pagar al encargado, como mínimo, la
cantidad de 3.000 maravedíes. La competencia en abrir nuevos estudios debió surgir ya a
comienzos del siglo XVI, como se deduce de otra cédula real, esta vez otorgada por la
reina Doña Juana el 2 de marzo de 1515, por la que se prohibía abrir nuevos estudios de
gramática “en perjuicio de los de la Villa”.
En 1548 el Concejo decidió subir el sueldo al profesor del Estudio o Escuela,
primero a 5.000 y más tarde a 10.000 maravedíes. Francisco del Bayo, maestro de
Cervantes también, y antecesor en el puesto de López de Hoyos, cobraba 25.000
maravedíes anuales y, además dos reales al mes y un cahiz de trigo al año por cada
estudiante.
Al quedar vacante la plaza dejada por del Bayo, la ocupó López de Hoyos,
ganándola por oposición el 19 de enero de 1568, frente al licenciado Luis de la Cruz, que
le sucedería a su muerte. Inicialmente comenzó cobrando los mismos honorarios que del
Bayo, aunque luego se le aumentaron a 35.000 maravedíes.
Es preciso señalar que esta escuela de gramática, el Estudio de la Villa, aunque no
tuviera una gran dotación económica, superaba a otras como la de Santa Catalina de
Guadalajara, donde se cobraban 8.000 maravedíes, que sólo se vieron incrementados a
11.000 en 1553, ante la amenaza del maestro Cueva a abandonarla. Del mismo modo, la
de Madrid debía de gozar de bastante prestigio, frente a las de otras localidades, y en el
siglo XVI había sido regentada por profesores afamados, antes de la llegada de López de
Hoyos en 1568, como Alejo de Venegas o el citado Francisco del Bayo.
Una vez que López de Hoyos ocupó la “cátedra”, como él mismo la denomina, el
Estudio debió de adquirir cierta fuerza social y estabilidad, al menos durante tres o cuatro
años, precisamente el período durante el que nuestro autor escribe sus obras y se halla
vinculado estrechamente al poderoso cardenal Diego de Espinosa, inquisidor general y
hombre fuerte en el gobierno de Felipe II.
El prestigio alcanzado por López de Hoyos es incuestionable, pues el autor recibió
del Ayuntamiento el encargo de redactar las relaciones de los acontecimientos
mencionados antes; más tarde consiguió las licencias reales para publicarlos y obtener
derechos de venta. En la Relación de Isabel de Valois se incluye un poema, al que hemos
aludido, que fue dedicado al autor por Pedro de Cárdenas, “de la Orden y Cavallería de
Sanctiago”, donde se pone de manifiesto la alta consideración en que era tenido por su
erudición e ingenio:

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Real apparato y sumptuoso recebimiento... de Ana de Austria

España y Francia, maestro,


os tienen obligación,
pues con tanta erudición,
mediante el ingenio vuestro,
tratáys de cada nasción.
Si a Virgilio, el mantuano
pueblo, y a Homero, el greciano
tienen en tanto caudal,
Madrid, do soys natural,
también puede estar ufano.

Pero el avance de la actividad docente impartida por la Compañía de Jesús,


amenazaba la historia de estas escuelas en general y, en particular, la del Estudio de
Madrid. De hecho, en 1556 ya hubo un intento por parte de los jesuitas de sustituir el
puesto de profesor del Estudio, a la sazón ocupado por Francisco del Bayo, por dos
profesores de gramática de la Compañía, con el mismo sueldo de 25.000 maravedíes.
Fueron dos regidores del Concejo quienes se opusieron, argumentando que donde se
había asentado la Compañía, los Ayuntamientos no corrían con los gastos de los
profesores de gramática.
En 1571 de nuevo los jesuitas trataron de establecer enseñanzas de gramática en
Madrid. No lo consiguieron debido a la intervención de López de Hoyos, quien
aprovechó el favor de que gozaba en la Corte en esos momentos, por su vinculación con
el Cardenal Espinosa, y en el Ayuntamiento, para el que ya había trabajado en la
preparación de las exequias fúnebres del príncipe Carlos y la reina Isabel, es sus
posteriores relaciones y en la organización de la fiesta para la entrada de Ana de Austria, en
cuya relación estaría trabajando por entonces.
Sobre este intento fallido de los jesuitas hay una alusión en el Libro de los bienes
rayzes de la Compañía de Jesús (recogido por SIMÓN DÍAZ, 1952, I 17-18 y GIL
FERNÁNDEZ, 1997, 343): “Al poner las schuelas nos hicieron gran contradición los
regidores de Madrid, hasta llevarlo al Consejo Real y al Rey, y alegando que las schuelas de
la Compañía eran de pernicie de las repúblicas porque no se enseñavan en ellas letras
sólidas y que todo eran devociones con que criavan los hombres cobardes y que no se
ponían sino para ganar y aceptar la Compañía de los hijos de los hombres ricos para, por
este medio, hazer rica la Compañía de las legítimas de los que entraban, pero finalmente se
entendió la verdad y vinieron bien el Rey y los Consejos en que se pusiesen”
GIL FERNÁNDEZ (1997, 243), indica que en 1572 las dificultades se allanaron y la
Compañía de Jesús consiguió poner escuelas de gramática y retórica en su colegio, con
cuatro lectores y un prefecto. Éste no es un hecho casual, ni tampoco la fecha en que
ocurrió, pues, desde la aprobación del Colegio de los jesuitas, su posición en la Corte se
había robustecido gracias a la protección de Doña Juana de Austria y a las numerosas
ayudas económicas que había recibido. Pero, paralelamente a este hecho, surgió otro que,
en nuestra opinión, es transcendental para la decadencia del Estudio y auge simultáneo del
Colegio jesuita. La pérdida de importancia del Estudio coincide con la caída en desgracia
del Cardenal Espinosa y su posterior muerte, el 5 de septiembre de 1572. López de

45
JUAN LÓPEZ DE HOYOS

Hoyos, a pesar de su relación con la Corte y con artistas de la misma como Pompeo Leoni
o Alonso Sánchez Coello, ya poco o nada podría hacer por frenar lo inevitable. Después
de su propia muerte, la situación iría en declive hasta la desaparición misma del Estudio el
2 de septiembre de 1619. Simón Díaz comenta sobre este punto: “El Concejo, que en un
principio defendió la causa del Estudio como propia, fue adoptando una posición cada
vez más realista, y al tiempo que prestaba apoyo al Colegio de la Compañía iba
desinteresándose de las necesidades del suyo, hasta que por fin decidió suprimirlo y
despedir al preceptor que lo regentaba”. Años antes, ya la Compañía de Jesús había visto
reconocidos su prestigio y su primacía con la concesión de la denominación de Colegio
Imperial en 1603, gracias al legado testamentario de la reina María de Austria.

4.3 Párroco de San Andrés

Después de la publicación de la Relación de la entrada de Ana de Austria en Madrid


y algún otro escrito de la misma época, poco sabemos de la actividad del maestro López
de Hoyos. Debió seguir trabajando en su Estudio, labor que, desde 1580 y hasta su
muerte, alternaría con la de párroco de San Andrés. De las escasas noticias que se
conservan de su vida, se puede deducir que la estela de López de Hoyos fue apagándose
progresivamente. En 1577 había comenzado la construcción de una vivienda en un
terreno cercano a San Francisco el Grande, con la intención de vallarlo y hacer de la finca
un lugar de retiro donde dedicarse a escribir y gastar el tiempo que le sobrase en el estudio
de la filosofía. El elevado costo de esta iniciativa le hizo solicitar a Felipe II la exención de
la correspondiente Pragmática y consiguió que se le presentara a éste un informe favorable
en estos términos (editado por SIMÓN DÍAZ, 1945, 101): “La obra que este maestro haze
es justo a San Francisco y en parte si se acava será de mucho ornato para el lugar y lleva
talle de gastar en ella muchos dineros. Y assí, por estos respetos como por ser él tan buena
persona ha paresido que siendo V.M. servido se le podrá hazer esta merced”. Sin
embargo, el decreto de respuesta dice taxativamente: “Ni esto porque cae a trasmano y
otras causas”. Además de puño y letra del propio Felipe II se había escrito en un margen
de la consulta: “No ay para qué hazerse esto”.
No es posible determinar si López de Hoyos pensaba abandonar su trabajo como
preceptor del Estudio y dedicarse a escribir y estudiar, lo cierto es que siguió ocupando su
cátedra hasta su muerte. Por otra parte, en su testamento no figura que poseyera la
propiedad de la que habla el documento mencionado, por lo que cabe pensar que no la
acabó y, tal vez, la vendió.
En los primeros meses de 1580 se le nombró beneficiado de la parroquia de San
Andrés. La Corporación municipal de Madrid, con que siempre había mantenido muy
buenas relaciones y para quien había trabajado habitualmente, acordó el 8 de marzo del
mismo año que los regidores, D. Pedro Ribera y D. Lorenzo de Vargas, en nombre de la
Villa, informasen al Cardenal de Toledo y le suplicasen que, por haber recibido este
nombramiento, López de Hoyos no tuviera que abandonar la cátedra del Estudio “pues si
la dejare esta república y los hijos della padecerían notable daño, a cuya institución Su
Señoría tiene obligación tanta de acudir, como su Prelado, y el dicho Juan López tiene
suficiencia para servir el beneficio que se le da y la cátedra que posee”.

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Real apparato y sumptuoso recebimiento... de Ana de Austria

Sorprendentemente, un año más tarde, el 10 de mayo de 1581, el Concejo acuerda


hacer una visita al Estudio y a su preceptor para averiguar “pública o secretamente” si éste
cumple con sus obligaciones, y que se envíe un informe de ello a la Villa en un plazo de
treinta días. ¿Tal vez López de Hoyos dedicaba ahora más tiempo a sus labores
parroquiales que pedagógicas? ¿Había ocurrido algo que le hiciera perder, al menos, parte
de su predicamento y consideración ante las autoridades de la villa de Madrid? En
cualquier caso, siguió compaginando ambos trabajos hasta que murió, como se ha
indicado, en 1583.

4.4 El humanista y el profesor

La actividad docente de López de Hoyos en su Estudio de la Villa queda


parcialmente reflejada en sus obras, cuyo contenido confirma que allí se llevaban a cabo
estudios de Gramática, Latín, Retórica y probablemente se daban también conocimientos
de Mitología e Historia y, tal vez, algo de Griego. La Filosofía quizá pudo ser también
objeto de estudio, a través de los textos de San Agustín y Santo Tomás. Como podrá verse
a través de las fuentes literarias empleadas para la redacción del Real Apparato y sumptuoso
recebimiento de Ana de Austria, estas materias que el maestro debía conocer, se las transmitía
a sus alumnos junto al comentario de obras de humanistas muy al gusto de la época y muy
útiles para abordar en conjunto bastantes de las materias relativas a las Humanidades.
De ésta y del resto de sus obras es posible deducir cuáles eran las características del
López de Hoyos humanista. Por un lado, pertenece, como los intelectuales de su
generación, al grupo de los españoles que han asumido plenamente los valores originales
del humanismo italiano: la pasión por el mundo clásico, por la Antigüedad grecorromana,
por el cultivo de las Humanidades y la importancia de la enseñanza de la Gramática, en
especial a través de los comentarios de texto, como la llave que abre la puerta de toda la
sabiduría y el mundo del conocimiento.
Durante algún tiempo debió integrar el grupo de humanistas partidarios de
Erasmo, o, al menos, de los que valoraban positivamente su obra, como lo prueba la
mención que hace del autor en la Relación de las exequias de Isabel de Valois. Una
mención un tanto errática, ya que alude a los dichos de los filósofos recopilados por
Erasmo en el libro Antibarbarorum, cuando, con esa expresión, parece aludir más bien a los
famosos Apopthegmata. Por otra parte, las referencias que toma de este autor vienen a
propósito de los dos grandes males que aquejan al gobierno de la república: el abuso de
los vinos y los malos preceptores. Sólo la alusión a los malos preceptores -donde se ve
claramente la preocupación docente y pedagógica de López de Hoyos-, procede del
Antibarbarorum liber. En cambio, la otra a los que “consienten malos vinos, porque éstos
corrompen y dañan los cuerpos humanos...” puede leerse en un pasaje de la Exomologesis
de Erasmo, como recuerda Marcel Bataillon (BATAILLON, 1966, 734-5; CASTRO, 1931,
333-44;). Es posible que citase de memoria, hecho nada infrecuente en estos autores, que
la valoraban extraordinariamente y hacían gala de ella como mecanismo de aprendizaje;
pero también es probable que citase intencionadamente una de las obras de Erasmo que
no había sido condenada por el Índice del inquisidor Valdés de 1559, habida cuenta de la
enorme reacción antierasmiana que se produjo en España, a raíz de la Contrarreforma y

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JUAN LÓPEZ DE HOYOS

de las conclusiones de Trento. Con todo, la mención de López de Hoyos, en un libro que
agradó a Felipe II, revela cierta permisividad y tolerancia, al menos hacia ciertas obras del
gran humanista de Rotterdam. Por ello, en 1931, Américo Castro supuso que estas
referencias de López de Hoyos a Erasmo pudieron ser una de las fuentes de adquisición e
información del “erasmismo” de Cervantes.
La colaboración de otro conocido humanista, partidario también de Erasmo,
Gracián de Alderete, tanto en este libro como en el de la Entrada de Ana de Austria,
corroboran esta hipótesis. En el primero, López de Hoyos publica un epitafio y un
epigrama funerarios de aquél, alabando la erudición del humanista secretario del Rey:
“Junto con éste huvo otro epitaphio que Diego Gracián, secretario de Su Magestad, con
un epigramma compuso; lo qual pondré aquí por ser obra de quien tan aventajadamente
en letras griegas y latinas tiene tanta erudición” (f. 139r).
De otro lado, López de Hoyos, al igual que los intelectuales de su generación,
asume profundamente el espíritu del Humanismo renovado desde la óptica cristiana. La
nueva corriente cristiana, emanada de las conclusiones del Concilio de Trento y del talante
extraordinariamente religioso de la Monarquía española, impregnaba y revestía todas las
actividades sociales, políticas y culturales del momento. El Humanismo, pues, se había ido
transformando progresivamente, volviendo los ojos de forma inequívoca a la
omnipresencia de la religión y rescatando en esta segunda mitad del siglo XVI algunos
elementos culturales medievales que habían quedado postergados con la reacción del
primitivo Humanismo italiano, en especial el valor de la filosofía escolástica medieval. Las
concepciones neoplatónicas y aristotélicas habían recobrado su vigor a través de los
Padres de la Iglesia tenidos como modélicos, especialmente San Agustín y Santo Tomás
de Aquino, quienes ahora serían nuevamente, y con mayor fuerza si cabe, los máximos
exponentes de la verdad de la fe cristiana, las fuentes fundamentales de la Filosofía y,
junto con la Biblia, las auctoritates por excelencia y los principales referentes culturales.
Este panorama es perfectamente observable en las obras de López de Hoyos y hay
que suponer que debió ser el que transmitió a sus alumnos en sus clases del Estudio de la
Villa.
Precisamente al Estudio y a sus alumnos hay también referencias expresas en sus
obras. Una de ellas, contenida en la Relación de Isabel de Valois, alude a la premura de
tiempo con la que se ha visto obligado a realizar los preparativos para los acontecimientos,
así como parar redactar la obra: “Todo lo que de más de lo que yo aquí con el poco
tiempo que tengo he historiado...” (f. 212v.)
Sus alumnos compusieron poemas, en latín o en castellano, con motivo de estos
eventos, y algunos de ellos quedaron incorporados en las obras del autor. A propósito de
las mencionadas exequias de Isabel de Valois, escribe López de Hoyos: “En torno del
túmulo huvo todas estas letras, que de más de los exercicios en latín que en el Estudio
hizieron nuestros discípulos, también compusieron en metro castellano y, dedicando todo
este tan maravilloso espectáculo a la Sereníssima Reyna, el Illustre Ayuntamiento deste
villa de Madrid, dize hablando con Su Magestad” (fols. 142v-143r).

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Real apparato y sumptuoso recebimiento... de Ana de Austria

4.5 Las obras

Como ya se ha señalado, las obras de López de Hoyos son, fundamentalmente, las


relaciones mencionadas. No se trata, pues, de obras literarias propiamente dichas. Sólo
deben considerarse como tales los poemas incluidos en ellas, así como algún otro, en
concreto una serie de poemas latinos dedicados al príncipe Fernando, al triunfo de Juan
de Austria en Lepanto o la elegía latina dedicada al cardenal Diego de Espinosa, cuando
murió. La lista de obras de López de Hoyos es la siguiente:

- Relación de la muerte y honras fúnebres del SS. Príncipe D. Carlos, hijo de la Mag. del Cathólico Rey
D. Philippe, el segundo, nuestro señor.

Editada en Madrid en la imprenta Pierres Cosin en 1568. En ella se incluyen


diversos poemas en latín, el escudo del cardenal Diego de Espinosa y el escudo de
Madrid. De esta obra se hizo una traducción al italiano por Alfonso Ulloa, Relazione
della morte ed essequie del... Principe Carlo, figuiuolo del Re Filippo II, Venecia, 1569,
Appresso gli heredi de M. Sessa.

- Historia y relación verdadera de la enfermedad, felicíssimo tránsito y sunptuosas exequias fúnebres de la


Sereníssima Reyna de España, doña Isabel de Valoys, nuestra señora. Con los sermones, letras y
epitaphios a su túmulo, dilatado con costumbres y cerimonias varias de diferentes nasciones en enterrar sus
diffunctos, como paresce por la tabla deste libro. En el qual se comprehende el nascimiento y muerte de Su
Magestad.

Editada en Madrid en 1569, también por la imprenta de Pierres Cosin. En ella se


incluyen diversos poemas en latín y castellano, entre ellos el de Cervantes y otros
personajes, el escudo del cardenal Diego de Espinosa, la dedicatoria a la coronada
villa de Madrid, la historia del escudo y armas de la ciudad y su reproducción.

- Real apparato y sumptuoso recebimiento con que Madrid (como casa y morada de Su M.) rescibió a la
Sereníssima Reyna doña Anna de Austria, viniendo a ella nuevamente después de celebradas sus
felicíssimas bodas. Pónese su itinerario. Una breve relación del triumpho del Sereníss. Don Juan de
Austria. El parto de la Reyna, nuestra señora. Y el solenne baptismo del SS. príncipe Don Fernando,
nuestro señor.

Editada en Madrid en la imprenta de Juan Gracián en 1572. Contiene diversos


poemas latinos del autor y de otros personajes. A pesar del título, no aparece ni la
relación del triunfo de Juan de Austria, ni el parto de la Reina, ni el bautizo del
príncipe Fernando. Sólo hay una mención a ello en la carta introductoria dirigida al
cardenal Espinosa. En cambio, éstos son los temas de los que tratan
respectivamente sus tres composiciones latinas, editadas de forma individual.

- In obitum Illustrissimi ac Reverendiss. D.D. Didaci Spinosae. S.E.R.P. Cardinalis, Seguntini antistis,
Senatus regii praesidis ac suppremi de fide Quaesitoris, magistri Ioannis Lupecii de Hoyos Epicedion,

49
JUAN LÓPEZ DE HOYOS

cum ad pedes Crucifixi Servtaoris nostri Iesu, mortem tanti patroni quam flebiliter lamentaretur.

No figura ni año, ni lugar de edición. Probablemente 1572.

- In commendationem et encomium parti triumphi funditus profligata, fortiter superata ac penitus extincta
potentissima classe Turcarum, ab invictissimo foederis Christianorum Imperatore Ioanne Austr. classis
praefecto Max. R.C. Philip.II fratre, Carol. V Imp. filio; necnon in foeliciss. partum S.S. Annae Austr.
Philip.

No figura ni año, ni lugar de edición. Probablemente 1572.

- In creatione Ferdinandi filii Philippi II & D. Annae.

No figura ni año ni lugar de edición. Probablemente 1572.

5. El Real Apparato y sumptuoso recebimiento... de Anna de Austria

5.1 Fecha de composición y título

La obra escrita por López de Hoyos con motivo de la entrada triunfal de Ana de
Austria en Madrid constituye fundamentalmente una relación de cómo se desarrolló este
acontecimiento y del recorrido realizado por la Reina y su cortejo, hasta la llegada a
Palacio, donde los esperaban el Rey y los restantes miembros de la familia real, así como
de las fiestas que se organizaron para tan solemne ocasión. Pero, con ser éste el núcleo
fundamental de la obra, los primeros capítulos están dedicados al viaje realizado por Ana
desde Espira hasta su entrada en Madrid.
Va precedida de los oportunos permisos de publicación, licencia de Felipe II para
publicarla y venderla, con un derecho sobre la venta de seis años, y la corroboración del
secretario real, Juan de Herrera, después de haber sido sometida a examen ante el Consejo
del Rey. En esta nota del Secretario queda, curiosamente, reflejado el título original de la
obra: El viage felice y próspera navegación de la Magestad de la Reyna doña Anna de Austria, nuestra
señora, que, como se ve, es distinto del que figura en la edición y por el que es conocida.
En nuestra opinión este hecho no se debe sólo a que el título definitivo sea más acorde
con el contenido de la obra, que lo es, sino a que a la hora de su publicación debió de
tenerse especialmente en cuenta el hecho de la participación de la villa de Madrid, de sus
instituciones y la transformación misma de la ciudad con motivo de la fiesta, y a que, a fin
de cuentas, los principales gastos de la organización corrieron a cargo del Ayuntamiento y
de los Corregidores. López de Hoyos, como catedrático del Estudio de la Villa, no sólo
formaba parte del grupo de intelectuales vinculados a la Corte, por su adscripción al
círculo del cardenal Diego de Espinosa, sino que trabajaba al servicio del Concejo
madrileño, regentando el citado Estudio, y era, por tanto, miembro activo de la vida de la
ciudad.
No es ésta la única cuestión observable en el título mismo de la obra publicada. En

50
Real apparato y sumptuoso recebimiento... de Ana de Austria

él, tan largo por ser descriptivo del contenido, al modo y gusto de la época, se afirma que
contiene “una breve relación del triumpho del Sereníssimo Don Juan de Austria. El parto
de la Reyna, nuestra señora. Y el solenne baptismo del Sereníssimo Príncipe Don
Fernando, nuestro señor”. Pero nada de esto queda incluido. Sólo hay una mención a
estos hechos en la Epístola dedicatoria de la obra, dirigida al cardenal Diego de Espinosa,
que sigue a los permisos de publicación y a la reproducción del escudo de este personaje.
Desde la entrada de Ana en Madrid, el 26 de noviembre de 1570, y la concesión del
permiso por Felipe II para la publicación de la obra, el 22 de septiembre de 1571, han
transcurrido unos cuantos meses durante los cuales López de Hoyos la ha redactado y se
ha conocido el embarazo de Ana de Austria, para cuyo término queda poco tiempo, pues
el príncipe heredero, Fernando, nace el 4 de diciembre de ese mismo año. Por tanto, entre
el permiso real y la corroboración del Secretario, fechada el 30 de enero de 1572, han
tenido lugar en el último trimestre de 1571 los acontecimientos fundamentales señalados
en el título definitivo de la obra: la victoria de Juan de Austria en Lepanto el 7 de octubre,
el nacimiento de Fernando, el 4 de diciembre y su bautizo el día 6 del mismo mes. Tal vez
se pensara añadir algunos poemas o breves relatos sobre estos acontecimientos y, o bien
no se pudo por falta de tiempo, o por falta de permiso, al estar la obra concluida sin estos
contenidos y haber sido ya examinada por el Consejo, o bien no se quiso y se prefirió
redactar otras obras aparte. De hecho, López de Hoyos tiene sendas obras latinas al
triunfo de Juan de Austria y al heredero Fernando, como ha quedado expuesto en la
mención de sus escritos,. Sea como fuere, sí aparece, en cambio, una referencia a estos
hechos en la Epístola dedicatoria a Diego de Espinosa, como se ha indicado, por lo que la
obra debió de cerrarse definitivamente para su publicación y venta después del 30 de
enero y antes del 5 de septiembre de 1572, fecha de la muerte del Cardenal. Fue la
mención de estos acontecimientos, entre otras razones, la que condujo al cambio del título
de la obra, que apareció publicada por la imprenta de Juan Gracián, hijo de Diego Gracián
de Alderete, uno de los colaboradores de López de Hoyos.

5.2 Estructura de la obra: la palabra como explicación de la imagen

La estructura de la obra se articula en torno a la descripción del programa


iconográfico confeccionado para el momento, con sus elementos pictóricos, escultóricos y
literarios, éstos en forma de mensajes epigráficos, al estilo romano, dispuestos en cartelas
o “letreros” pintados en forma de “cifra romana”, de carácter honorífico en algunos casos
y en otros de contenido poético, todos relacionados con el significado y simbología del
conjunto iconográfico.
Este componente de la decoración artística, que también encontramos en la obra
escrita, se puede denominar “epigrafía efímera”, evocando el arte no permanente a cuyo
servicio estaba. Resulta de una importancia extraordinaria, ya que su presencia adquiría
toda la dimensión del valor propagandístico y de la función social que había tenido la
epigrafía en el mundo romano. Era una aportación más de la pervivencia del mundo
clásico, junto a las fuentes literarias y a la mayoritaria presencia del elemento mitológico, y
un medio de reivindicar la admiración por él y su imitación. Era también la forma de
parangonar la grandeza de la antigua Roma con la nueva Roma, con la que se pretendía

51
JUAN LÓPEZ DE HOYOS

identificar a Madrid. Las inscripciones, en lengua latina y muchas de ellas abreviadas al


estilo romano, como el usual S.P.Q.M. (Senatus populusque Mantuanus) a imitación del
S.P.Q.R. (Senatus populusque Romanus), eran comprensibles sólo para un reducido número
de personas cultas, de entre todas las que podían contemplarlas, pero, aun así, su cuidado
y disposición, sus letras doradas en algunos casos, la presentación en cartelas a los pies de
las estatuas, en los pedestales o coronando imágenes o cuadros, causaban una impresión
de esplendor y de representación ideológica en quienes las veían, cultos o iletrados, con
independencia de la inteligibilidad que sobre su significación pudieran tener (VELÁZQUEZ
– JIMÉNEZ GARNICA, 1996, 86-88).
En la obra escrita, López de Hoyos detalla cuáles fueron las inscripciones de la
fiesta de 1570 y las traduce por medio de la correspondiente “declaración”. Pero, al igual
que ocurre con otros textos literarios de la obra, ésta dista en bastantes ocasiones de
nuestro concepto actual de traducción de textos clásicos. Precisamente son estas
inscripciones, junto a los poemas latinos a diferentes estatuas y el epitalamio de la boda
real que culminan la obra, la aportación original literaria, tanto del autor como de algunos
de sus colaboradores, cuyos nombres figuran generalmente, aunque en algún caso
concreto se omiten (VELÁZQUEZ, 2002).
El Real Apparato es, pues, una obra característica de la época, cuando las relaciones
de entradas de príncipes, de fiestas o de exequias y honras fúnebres y otros eventos se
hicieron tan comunes que, a partir de 1550, constituyeron, en sentido amplio, un género
de literatura conmemorativa, que tendría su culminación en el Barroco y en el siglo XVIII,
hasta el punto de que ya en 1600 “ningún festival importante dejaba de tener constancia
impresa” (STRONG, 1968, 35). Un género que contribuye a que el arte efímero propio de
las “fiestas” se convierta en un arte estable y permanente, perpetuado gracias a la memoria
escrita de las mismas.
Describe minuciosamente cada uno de esos elementos que configuraron el
conjunto del programa, a través de la evocación de múltiples fuentes literarias,
consideradas como auctoritates y referentes de prestigio, tanto de autores de la Antigüedad
Clásica, como de época cristiana tardoantigua y medieval, especialmente de los Padres de
la Iglesia y, naturalmente, de la Biblia, y de autores diversos del Humanismo, ya sean
poetas, autores de obras enciclopédicas, de “antigüedades”, históricas y, sobre todo,
mitológicas. Entre todas ellas, como auténtico libro de referencia fundamental, sobresale
el de los Hieroglyphica de Piero Valeriano (Bolzanus), que constituye, como veremos, el eje
conductor de las explicaciones y relatos aducidos por López de Hoyos.
En definitiva, la descripción del programa iconográfico se realiza en clave de
interpretación de los contenidos plásticos, concebidos como imágenes simbólicas y
emblemáticas, y asimilados, de forma muy especial, a las interpretaciones de esos
Hieroglyphica, que por entonces tenían una importancia transcendental en muchas obras de
la época, destinadas, como ésta, a incidir en el ánimo de los lectores (al igual que las obras
de arte efímero lo estaban para impactar en el ánimo de los espectadores). Además,
también debían dejar constancia escrita de los mensajes políticos, ideológicos, morales y
religiosos que en estas fiestas se lanzaban a través de la obra plástica, usando los símbolos
de la pujante literatura emblemática.
En efecto, esta literatura emblemática, que sirve de referencia básica a López de

52
Real apparato y sumptuoso recebimiento... de Ana de Austria

Hoyos en sus diferentes variedades (emblemas, divisas, empresas, enigmas y jeroglíficos),


constituye “una cultura visual y semántica que, tomando sus fuentes de la Antigüedad,
amanece en el siglo XVI y se desarrolla en toda la Época Moderna. Su finalidad es
esencialmente moral y didáctica” (GONZÁLEZ DE ZÁRATE, 1991, 25). Se basa, pues, en la
“coexistencia de códigos icónicos y lingüísticos que al vertebrarlas (las diferentes
variedades de las composiciones) les presta su carácter de textos con dimensión
figurativa” (DE LA FLOR,1995, 52).
Además, esta literatura desarrolla plenamente el concepto horaciano del ut pictura
poesis, reinterpretando y reinventando muchas veces los mitos y las leyendas de la
Antigüedad, cristianizando su significado en muchas ocasiones y condensando en una
simbiosis compleja imágenes y textos, puestos al servicio de una finalidad moralizante,
didáctica, ideológica y persuasiva.
De entre las múltiples formas de la emblemática, fueron los jeroglíficos, en sentido
estricto, anteriores propiamente a los emblemas, los más utilizados. Ya en el siglo XV
habían experimentado, especialmente en Florencia, una gran revalorización de manos de
los neoplatónicos, quienes los consideraban como un código o escritura “sagrada”
empleada por las religiones antiguas, como una “copia de las ideas divinas en las cosas” -
en palabras de Ficino-, y que servía para explicar la fe cristiana. Su importancia y difusión
cobró nuevo auge a partir de la publicación de los Hieroglyphica de Horapollo en 1505 por
Aldo Manuzio, ya que los nuevos tratados de jeroglíficos promovían la interpretación de
una lengua antigua, la egipcia, considerada como lengua sagrada y decodificada, como es
sabido, de forma errática y, por tanto, fantástica; pues los jeroglíficos eran entendidos
como portadores de ideas que la literatura de este tipo explicaba, estableciendo una
relación directa entre el significante (la imagen) y el significado (la idea), expresada
verbalmente, mediante la conveniente declaración y explicación. El éxito de los
jeroglíficos y su interpretación alcanzó tanto a la literatura como al campo de las artes
plásticas, donde figuras como Bramante, Durero o Peutinger practicaron esta forma de
expresión intentando redescubrir la sabiduría antigua.
Gracias a ellos la literatura emblemática que, inicialmente, había estado reservada a
una minoría culta, por su carácter erudito, se fue popularizando progresivamente y
terminó por “permear todos los géneros...” (DE LA FLOR, 1995, 54).
La conexión entre ese mundo egipcio y su explicación se hacía fundamentalmente
a través de fuentes greco-latinas con lo que se creaba un conjunto de imágenes y textos
literarios de la Antigüedad con el que se producía una revitalización y manejo de autores
clásicos realmente llamativos y variados.
Desde la óptica cristiana, la literatura emblemática, y muy especialmente los
Hieroglyphica, necesitada de toda una exégesis muy precisa, se convierte en un cauce
perfecto para la explicación de hechos de la historia del cristianismo, para la
cristianización de la cultura clásica pagana, para reconducir la tradición alegórica y
asimilarla a la reinterpretación cristiana. El carácter moralizante y didáctico preside gran
parte de estas obras, sobre todo a raíz de la revitalización del catolicismo, tras los acuerdos
conciliares de Trento y la implantación de la Contrarreforma. Un hecho que en la
emblematística hispana adquiere una profunda dimensión. Las funciones e importancia de
la combinación de imagen y palabra fueron claramente expresadas por Juan Horozco de

53
JUAN LÓPEZ DE HOYOS

Covarrubias, en su tratado de emblemática de 1589, cuando señalaba cómo “con sólo ver
la figura de cualquier emblema se representa algo que sea de aviso y si pasan delante se
gusta del concepto y de lo que allí se significa, y mucho más si se lee la declaración que se
sigue”.
El Real Apparato de López de Hoyos tiene una significación muy particular en este
ámbito cultural. La estrecha relación entre lo que fueron la entrada y la fiesta con la
redacción escrita puede considerarse como un ejemplo concreto y amplio de la
mencionada asociación entre la imagen (el significante, es decir, el programa iconográfico
y las obras artísticas) y la idea explicativa (el significado, es decir, la obra escrita). De su
lectura se deduce claramente que los elementos que formaron parte de la fiesta tenían una
justificación política e histórica y constituían un “libro abierto” de imágenes ilustradoras
de la monarquía española, del reciente matrimonio real y sus buenos augurios de futuro,
de los territorios que conformaban el Imperio de España, de la monarquía como adalid de
la fe y la religión, etc.; en definitiva, de los mensajes ideológicos que el propio Felipe II
deseaba que quedasen plasmados en aquel ostentoso Apparato confeccionado para el
recibimiento y que tanto su joven esposa como la ciudadanía madrileña debían captar de
la forma mejor y más directa posible, a través de la estética del momento.
La lectura de la obra muestra, además, que toda esa iconografía arquitectónica,
escultórica, pictórica, y hasta literaria, tenía una base simbólica; todos y cada uno de los
detalles que componían los cuadros, los atributos de las esculturas, cualquier elemento
decorativo (personajes mitológicos o históricos, alegorías de virtudes personificadas, o
bien toda una suerte de cornucopias, timones, vihuelas, rayos, animales diversos, plantas,
etc.) tenían una motivación perfectamente estudiada para figurar allí, la cual después sería
conveniente y puntualmente explicada a través de los argumentos empleados por el autor,
valiéndose de las explicaciones y comentarios de los “jeroglíficos” y aduciendo
continuamente, como auctoritates, los textos y autores literarios.
De esta forma, el Real Apparato constituye una aplicación práctica de las teorías y
argumentos de la literatura emblemática y puede ser dignamente reivindicado dentro de
este tipo de literatura y del de la relaciones de fiestas. Injustamente olvidada esta obra -tal
vez debido al juicio negativo que en su día hizo de ella Mesonero Romanos en El Madrid
Antiguo-, con toda seguridad debió de ser divulgada en su momento y, a buen seguro,
contribuyó a la expansión de este tipo de literatura en los ambientes culturales del último
cuarto del siglo XVI.

5.3 Los lectores

Existía una diferencia fundamental entre los destinatarios inmediatos del hecho
festivo y los lectores de la obra de López de Hoyos. Las características de la misma, a
pesar de estar redactada en castellano y de las “declaraciones” que “traducían” los textos
epigráficos y literarios latinos, no permitían que fuese una lectura divulgativa para
cualquier público, sino tan sólo para una minoría culta y letrada, capaz de comprender y
asimilar cada explicación, comparación, alegoría o jeroglífico, inmersos todos ellos en un
mundo de citas literarias de autores clásicos, cristianos y humanistas, mezcladas,
combinadas de tal forma que, a pesar de la intención didáctica permanente, sólo serían

54
Real apparato y sumptuoso recebimiento... de Ana de Austria

perfectamente comprensibles para esa minoría.


Además, el ambiente cristiano que envuelve toda la obra alcanza también a la
forma en que todos los “jeroglíficos”, mitos o cualquier historia se presentan ante los
lectores, hasta el punto de que, en algunas ocasiones, el autor justifica de forma explícita la
presentación de ciertas divinidades paganas para evitar una posible extrañeza en ellos.
Esto sucede tanto en ésta como en las otras obras suyas, así en la Relación sobre Isabel de
Valois comenta que, ante el luctuoso suceso, sólo introduce los “jeroglíficos” después de
haber relatado los acontecimientos de las exequias y algunos de los sermones que se
pronunciaron. Un pasaje, por cierto, en el que hace alusión también al poco tiempo del
que ha dispuesto para realizar su tarea:

“Por no aver interpolado la historia con las letras y hierogliphicas (que en harto
poco tiempo que para ello me dio el illustre Ayuntamiento desta Villa), la he
dilatado hasta este lugar, suplicando al venébolo y piadoso lector advierta el orden
e invención y lo mire con la clemencia que él desea ser juzgadas y miradas sus
obras, y en todo se persuada que con la modestia christiana que devo, le queda por
mí la puerta abierta para el que mejor sintiere como tengo dicho, lo otro a la
obediencia y correción de nuestra madre, la Sancta Iglesia romana” (fols. 105v-
106r.).

López de Hoyos se dirige, en ocasiones, a sus lectores, a quienes califica en algún


momento de “curiosos”, pues es la curiosidad una cualidad que mueve al ser humano a
aprender y a indagar cada vez más en un asunto, y en otros momentos, de “doctos y
políticos cortesanos”. Son éstos precisamente sus destinatarios, personas del círculo de la
Corte, eruditos, intelectuales, cultos... y políticos, en un sentido que debe entenderse como
personajes vinculados a los movimientos de poder interno de la vida cortesana, al propio
círculo del cardenal Diego de Espinosa, quien se rodeó de un grupo de intelectuales que le
sirviera de prestigio y apoyo para su consolidación en la Corte. También iban dirigidas a
los nobles, cuya fuerza era considerable en este ambiente. Y, sobre todo, a la minoría
culta, capaz de aprovechar y disfrutar de la complejidad temática de la obra y que en más
de una ocasión, probablemente, había presenciado acontecimientos de este tipo, por lo
que tenía adquirida una cultura visual al respecto. En alguna ocasión el autor justifica no
seguir extendiéndose en un tema, puesto que ya el lector lo conoce: “Y pues de lo dicho el
discreto y político cortesano inferirá mucho más de lo que yo aquí pongo, no hay para qué
castigarle con mayor discurso, pues el medianamente leído tiene muy perfecta noticia de
todo lo que yo aquí apunto”. El carácter culto y elitista de sus lectores lo corrobora la
presencia del conjunto de poesías en lengua latina, que constituyen la parte última de la
obra, de las que no se presentan traducciones, o mejor, “declaraciones”, como ocurre en el
resto del texto. Aunque estas poesías formen un conjunto aparte de la propia descripción
de la entrada, no parece apropiado suponer que López de Hoyos pensara en lectores que
no pudiesen acceder directamente a esta parte de la obra y que no estuviesen lo
suficientemente preparados para acometer la lectura completa de la misma.
No obstante, como él sabía que no todo el mundo estaba en condiciones de
entenderlo todo, las declaraciones que acompañan a los textos latinos en el cuerpo de la

55
JUAN LÓPEZ DE HOYOS

obra sirven para que los mensajes lleguen a los lectores. Precisamente en la obra anterior
al Real Apparato, en la Relación de Isabel de Valois, había hecho un curioso comentario a la
necesidad de traducir algunos epitafios, como respuesta a alguna recriminación que se le
pudo haber formulado en algún momento: “Y por la molesta importunación de algunos,
pondré los romances destos epitafios aunque a la verdad no suenan tan bien en romance
como en latín” (f. 136v.)
Por otro lado, la minuciosa descripción de la comitiva, la lista de personajes
importantes, sus vestimentas y joyas, las muestras de lujo y ostentación que se dieron
efectivamente en la fiesta, y que el autor relata con tanto interés, nos evoca el tono de una
crónica social, que por el hecho de reflejar el boato de la vida cortesana, debía interesar
también a esos lectores eruditos, dando así satisfacción a una faceta distinta y más
mundana de sus gustos.

5.4 Las temáticas

Aunque el fin básico de la obra es la descripción de la entrada de Ana de Austria en


Madrid y el recibimiento que se le hizo, confluyen en él tantos otros temas como motivos
alegóricos, mitológicos o históricos describían los cuadros y las esculturas que integraban
el programa iconográfico. Una rica variedad de elementos, acorde con los que se dieron
en la fiesta. No obstante, la intencionalidad persuasiva y de transmisión del mensaje
ideológico de los elementos y la finalidad de exaltación de los reyes de los arcos triunfales,
permite agrupar y aunar esas múltiples temáticas para dar cuenta de estas intenciones y
fines. Pueden, de esta forma, establecerse ciertos bloques de contenido mayoritariamente
tratados, a través de los que se van insertando las diversas fuentes literarias y referencias
utilizadas por el autor:

5.4.1 Mitología

Aparecen múltiples referencias a dioses del panteón grecorromano y héroes


(Júpiter, Juno, Atlas, Venus, Ceres, Mercurio, la diosa Fortuna, Paris...), y también a
grupos de divinidades, como las Gracias, las ninfas o los sátiros; se describe el origen de
sus nombres, o se relatan los mitos relacionados con ellos, generalmente desde una
perspectiva cristiana. De esta forma se intenta asimilar la existencia de estos mitos y su
trasposición al momento actual a través de una reinterpretación cristiana de los mismos,
destacar las cualidades éticas que pudieran simbolizar y asociarlas a virtudes cristianas, y
comparar el poder de los dioses o su dominio del mundo con el de la monarquía española
(Hércules y la Casa de Austria; Atlas y Felipe II).

5.4.2 Hechos y personajes históricos

En íntima relación con el afán didáctico de la obra, aparecen gran número de


personajes, anécdotas y leyendas tanto del mundo clásico como de la historia
contemporánea de los reinos hispánicos, especialmente desde los Reyes Católicos, y de
Europa y América. Tan pronto encontramos historias legendarias de Alejandro Magno o

56
Real apparato y sumptuoso recebimiento... de Ana de Austria

de Pompeyo, como hazañas realizadas por reyes especialmente vinculados a la historia de


España, como Don Pelayo, o por emperadores de la Casa de Austria, sobre todo por
Rodolfo.
La finalidad didáctica se plasma tanto en el recuerdo de esos hechos y personajes
como, sobre todo, en el valor “ejemplar” de los mismos. En este punto, López de Hoyos
es heredero consciente de la vieja tradición del exemplum, que arranca en la Retórica de
Aristóteles y sigue en Cicerón (Cf. De oratore I,18) y Quintiliano (Cf. Institutio oratoria V,11),
que, en un principio, se recomendó a todo buen orador y, con el tiempo, se extendió a
todo tipo de creación literaria. La obra de Valerio Máximo (Factorum et dictorum
memorabilium libri nouem) constituyó un gran repertorio de esos “ejemplos” y, como tal,
fuente casi inagotable para los escritores posteriores, entre ellos López de Hoyos. Durante
toda la Edad Media la literatura está llena de exempla del mundo clásico, bien para alabar
una cualidad o para censurar un vicio. En este sentido, CURTIUS (1954, 91-96) estudió
cómo se llegó a formar un canon de personajes, prototipo, cada uno de ellos, de una
virtud o de un pecado. Asimismo, Petrarca utilizó a Valerio Máximo para componer sus
obras históricas, pero introdujo en ellas una novedad: la utilización de exempla modernos,
es decir, de personajes y hechos contemporáneos al autor, tal como hace López de Hoyos.
En el Real Apparato hallamos gran cantidad de referencias a personajes del mundo
antiguo como ejemplos de virtudes. López de Hoyos alaba la religiosidad de Alejandro
Magno y de Pompeyo (fols. 129-130), la clemencia de Julio César (f. 136), la ecuanimidad
de Adriano (f. 148), etc... La literatura de esa época está inundada de este tipo de
“ejemplos”. Se escriben colecciones de sentencias ejemplares como los Apotegmas de
Erasmo (1531) o se traduce a Valerio Máximo o las obras morales de Plutarco. Entre estas
últimas destacan las realizadas por Diego Gracián de Alderete (Apotegmas 1533 y Moralia
1548), secretario del Monarca y colaborador de López de Hoyos. En este sentido resulta
difícil en muchas ocasiones saber con exactitud si la referencia a una anécdota está tomada
directamente de la fuente clásica primitiva o a través de alguna de las colecciones o
traducciones aludidas.

5.4.3 Jeroglíficos, emblemas y símbolos

Se da una enorme presencia de descripciones de animales, árboles y elementos de


la naturaleza o del espacio celeste, propios de los jeroglíficos y emblemas, ya que las
cualidades o comportamientos de estos elementos son asimilables a las conductas
humanas (el perro la fidelidad, el león la fuerza, el águila el poder, el árbol de la palma la
inocencia y la victoria). Estas descripciones y su significado simbólico y alegórico remiten
a los jeroglíficos, cuyo sentido último ya hemos visto que se relacionaba con la lengua
sagrada de los egipcios, y se explican mediante una multiplicidad de referencias literarias
grecolatinas. Igualmente ocurre con todos los objetos decorativos con que aparecen
representadas las imágenes, a modo de atributos, vihuelas, caduceos, cornucopias, timón,
anillo, diadema, cuya presencia está convenientemente explicada y justificada en el
contexto iconográfico.

57
JUAN LÓPEZ DE HOYOS

5.4.4 Definición de las virtudes y cualidades morales

Hay una sistemática exposición de las virtudes que adornan a los reyes, a la Casa de
Austria en general y, muy en particular, a Ana y a Felipe II; las virtudes que se espera que
la nueva Reina tenga y exhiba y las cualidades que debe ostentar el nuevo matrimonio.
Esas virtudes, que habitualmente se presentan en forma de alegorías femeninas, fueron
pintadas o esculpidas para la fiesta y López de Hoyos las describe junto a comentarios en
los que hace referencias a personajes “ejemplares” del mundo clásico, y a quienes señala
como espejo de esas virtudes que poseen los monarcas.

5.4.5 Representación de la ciudad de Madrid y de los territorios de España

Los territorios y los súbditos de los monarcas constituyen otro grupo temático,
ofreciendo su apoyo, simpatía y sumisión a la monarquía española, incluidos aquellos que
han sido sometidos por la fuerza, y cuya anexión y sometimiento se había logrado con un
alto coste de vidas y de forma cruenta. El arco segundo supone la máxima expresión de
este espacio territorial controlado por la monarquía española.
Un capítulo especial lo constituye la personificación de Madrid y el Genio de la
ciudad, que se describe cristianizado como ángel de la guarda y protector suyo, recibiendo
solemnemente y con alborozo a la nueva Reina, deseándole toda clase de bienes y
augurándole o, más bien, pidiéndole con insistencia, una pronta descendencia que asegure
la continuidad de la Corona. Dos de las cuatro ilustraciones del libro son, precisamente, el
escudo de Madrid y su divisa de armas, cuya explicación deja apuntada López de Hoyos y
remite a la realizada en su anterior Relación sobre las exequias y honras fúnebres de Isabel
de Valois.

5.5 Fuentes literarias utilizadas

5.5.1 Autores griegos y latinos paganos

La lista de autores de la literatura clásica tanto griega como latina que aparecen
citados en la Relación es muy grande. Entre los primeros están Aristóteles, Homero,
Jenofonte, Píndaro, Platón, Plutarco. De la literatura latina destacan Cicerón, César,
Horacio, Lucrecio, Ovidio, Juvenal, Plinio el Viejo, Séneca, Suetonio, Tácito, Valerio
Máximo, Varrón, Virgilio y el más tardío Macrobio. Otros muchos que aparecen
esporádicamente completan esa larga lista.
La primera impresión que se obtiene ante la lectura de la obra es que la nómina de
autores latinos es más abultada e importante que la de los griegos. Igualmente, en lo que
respecta a este grupo de fuentes, también llama inmediatamente la atención que los
pasajes de autores griegos que se citan, nunca se presentan en griego, sino a través de
versiones latinas. Son referencias indirectas tomadas de obras de humanistas o de
versiones latinas de las obras griegas, tan frecuentes en el siglo XVI. Así ocurrirá, por
ejemplo, con Homero o con Aristóteles, si bien las frases de éste suelen estar tomadas a
través de Santo Tomas de Aquino, como más adelante se puntualiza.

58
Real apparato y sumptuoso recebimiento... de Ana de Austria

La utilización, directa o no, de los autores clásicos paganos se realiza


principalmente dentro del grupo de contextos mitológicos. En ellos los autores más
mencionados son lógicamente aquellos cuyas obras abordan con mayor asiduidad o
amplitud tales temáticas: Virgilio, sobre todo la Eneida, Ovidio, especialmente las
Metamorfosis. También Juvenal o Macrobio. Para explicar el significado u origen de algún
nombre cita a autores como Varrón o Cicerón, especialmente su obra De natura deorum.
Entre los griegos se hace referencia a Homero y a algún fragmento de Píndaro.
Sin embargo, son dos obras griegas, en su versión latina, las que destacan en
relación con la temática mitológica y que López de Hoyos debió manejar directamente.
Una de ellas es De natura deorum de Lucio Anneo Cornuto, autor del siglo I d.C. que la
escribió en griego; la otra es la de Paléfato, nombre a cuya autoría se atribuye una
compilación de época bizantina con el nombre De incredibilibus historiis (también
denominada De non credendis fabulis). Ambas circularon y se editaron con frecuencia en el
siglo XVI, tanto en griego como en sus versiones latinas, alguna de las cuales fue la
manejada por López de Hoyos y, con bastante probabilidad, en alguna edición conjunta
con otras obras sobre Orígenes de los dioses de autores humanistas que él mismo cita, como
la de Iulianus Aurelius Lessigniensis.
De hecho, por la forma de exposición de algunos párrafos, parece que López de
Hoyos manejaba un grupo de obras de argumento esencialmente mitológico y de tipo
enciclopédico o de antiquitates, algunas clásicas, otras humanísticas e, incluso, cristianas. En
este sentido pueden citarse dos pasajes harto elocuentes, en los que el autor agrupa las
fuentes principales que pueden consultarse en relación con un tema; debió utilizar la
mayoría de ellas, si bien las griegas a través de versiones latinas o indirectamente a través
de las fuentes humanísticas mencionadas. En el f. 166r. habla del dios Apolo, de quien
Macrobio decía que se le atribuían muchas invenciones, entre ellas la cítara, y añade: “Y,
en conclusión por no dilatar de cada cosa de lo dicho en particular grande volumen, los
que quisieren más largamente ver, podrán leer a Cornuto, De natura deorum, y a Paléfato, De
fabulis, y a Macrobio en muchos lugares y a Aulo Gelio y la Theologia mythologica de Pictorio
Vill y a Diodoro Sículo y a Celio Rodiginio y a Valeriano Piero y Arnobio, Contra gentiles y
a otros muchos que el curioso lector podrá passar; y bien claro se vee en Homero la
presidencia de Apollo, en la música y concierto que avemos dicho, por lo qual dávamos a
entender la magestad y virtud real en la tierra, y por esto dixo este tan gran poeta griego:

Eximii cantu, Musis et Apolline nati


sunt decoratque ipsos in terris regia uirtus.

Declaración:
Los hijos de Apollo son muy illustres en el canto, a los quales en la tierra illustra la
virtud real”.

En el f. 240r., al relatar el mito de la Medusa y cómo Perseo le cortó la cabeza,


señala: “Con esta fábula quisieron significar muchas victorias, como parece en Cornuto,
De natura deorum, y en Paléfato, De fabulis poetarum, y en Juliano Aurelio, De cognominibus
deorum y en la Theologia mythologica de Pictorio y en Macrobio y en Lactancio Firmiano y en

59
JUAN LÓPEZ DE HOYOS

el 6 libro de Diodoro y en Apollonio Rhodio y en Theogneto”.


Son precisamente los contextos mitológicos los que sirven de presentación para la
poesía latina original que López de Hoyos introduce en la Relación y que en su día había
figurado en “letreros” escritos al pie de las estatuas, en los tránsitos de los arcos y en otros
lugares. Además, las composiciones poéticas originales que aparecen al final del libro
tienen también un marcado carácter mitológico. Ejemplo de ello es el pasaje que describe
el cuadro situado junto a la efigie de Mercurio en el reverso del primer arco y que
representaba “la próspera navegación de Su Magestad”. Allí aparecen dos citas de autores
clásicos junto a una poesía del autor, con la correspondiente declaración, a modo de
traducción o, mejor, versión adaptada en lengua castellana. En dicho cuadro se presentaba
una gran armada, cuya nave capitana mostraba las armas reales de Doña Ana. El rey Eolo
soplaba con vientos favorables y Neptuno guiaba la navegación por medio de las sirenas
que lo ayudaban. También se veía en el cuadro a “Thetis, que es una hija de Nereo, rey
marino, madre que fue de Achiles, la qual tomamos en poesía por el mismo mar, como lo
usó Virgilio en la quarta Égloga, diziendo: Tentare Thetim ratibus. Y Ovidio en los Fastos:
Thetios una uagis lunaribus aestuat oris. Éstas hazían grandes alegrías junto al puerto de
Santander, donde Su Magestad desembarcó, y a esta causa le pusimos esta letra:

Neptuno et Thetidi meritas nunc reddite grates


Sulcauit pelagus nauibus Anna suis.
Vela secunda mari dedit et foeliciter undas
Remigibus secuit prospera laeta nimis.

Declaración: Agradesced mucho a Neptuno y a Thetis (¡o españoles!), pues la reina


doña Anna de Austria, navegando con su real armada, felicíssimamente dio a la
vela, navegando próspera, alegre y dichosamente”.

También hay una nutrida presencia de referencias clásicas, algunas de ellas


utilizadas de forma directa, en relación con la mención de personajes históricos de la
Antigüedad, que se introducen como exempla. Para las referencias históricas y para
anécdotas más o menos legendarias de personajes históricos, se maneja
fundamentalmente, entre los autores griegos, a Plutarco, y también en algún caso a
Jenofonte; entre los latinos, sobre todo a Valerio Máximo y, de forma puntual, a Tácito,
Suetonio, César y a Quintiliano.
Conviene precisar, no obstante, que en varias ocasiones no se cita de forma
explícita el autor griego o el latino que sirve de base; en otras, la referencia es indirecta, ya
que las fuentes básicas de las que extracta la noticia o comentario sobre los personajes o
sus actuaciones son las obras humanísticas que maneja habitualmente, en especial la de
Piero Valeriano y la de Celio Rodiginio (Ricchieri). Lo cual es especialmente patente en las
múltiples referencias al uso de monedas con emblemas y leyendas que usaron diversos
emperadores.
Como la exposición mayoritaria gira en torno a la descripción y explicación de los
emblemas y símbolos utilizados en la iconografía que se expuso para la fiesta, y como
muchos de éstos se refieren a animales o plantas, en estos contextos López de Hoyos

60
Real apparato y sumptuoso recebimiento... de Ana de Austria

maneja a los “naturales”, como él mismo los denomina y, entre ellos, fundamentalmente a
Plinio el Viejo y a Aristóteles, en su Historia de los animales. Sobre este punto merece
destacarse la mención a la obra del corpus aristotélico, De mirabilibus naturae, que el
humanista madrileño atribuye a éste último, siguiendo la tradición secular, y que, en
realidad, forma parte de los llamados paradoxógrafos griegos. Sus referencias concretas,
en el arco primero y segundo, se relacionan con la leyenda de que los cartagineses habían
traspasado las columnas de Hércules y navegado hacia Occidente, donde encontraron
unas islas habitadas por gigantescos peces, a las que López de Hoyos no duda en
identificar con el Nuevo Mundo, y en concreto con Santo Domingo y Cuba (fols. 119v-
121r). No obstante, nuevamente son las obras de los humanistas las fuentes
fundamentales, mayoritarias y, sobre todo, directas para la descripción del simbolismo de
animales y plantas emblemáticos utilizados.
Por último, se hacen reflexiones continuas referentes a las virtudes y cualidades del
ser humano, y en especial de los reyes homenajeados en la fiesta y representados en los
arcos, a través de las obras de Aristóteles, de Cicerón, y de algunas referencias a Lucrecio y
Valerio Máximo, entre otros. En este contexto es, con todo, donde más claramente se
muestra la perfecta y compleja combinación de fuentes que establece López de Hoyos,
comprando abundantes fuentes cristianas con las paganas. Ejemplo de ello puede ser la
explicación que ofrece en torno a la Religión, cuyo coloso se había instalado en el anverso
del tercer arco. López de Hoyos (fols. 125r-131r) realiza una larga exposición sobre la que
considera “basis y fundamento de todas las virtudes”, en la que explica el significado de la
palabra a través de Isidoro de Sevilla y de Cicerón:

“Ésta, como dize San Isidro en los libros de sus Etimologías, y también trae Cicerón,
se dize reeligo, que quiere dezir reelegir una y muchas vezes aquellas cosas que
pertenecen al culto divino...”.

En su exposición recurrirá a San Agustin, Santo Tomás -a quien sigue muy


especialmente-, a Virgilio, a Lucrecio, a Valerio Máximo, a Plinio (éste como referencia del
elefante, animal símbolo de la religiosidad, además de mencionar diversos pasajes de la
Biblia.
Pocas veces se reproducen los textos citados. Todo lo más se ofrece alguna frase
aislada o unos escasos versos, en los que, en ocasiones, no faltan errores tanto de
contenido como de atribución. Otras veces se menciona genéricamente un autor o una
obra como referencia directa del tema que se trata. Pero en la mayoría de las ocasiones
son referencias indirectas tomadas a través de otras obras humanísticas y, muy
especialmente de los Hieroglyphica de Piero Valeriano. Por ejemplo en el f. 95, López de
Hoyos escribe:

“También por este ramo de oliva significaron los antiguos Philósophos la paz... y a
esta causa dijo Virgilio: Paciferaeque manu ramum praetendit oliuae. Y el Poeta Statio
dice: Ramumque precantis oliuae”.

61
JUAN LÓPEZ DE HOYOS

Pues bien, en la obra de Piero Valeriano, en el capítulo dedicado a dicho árbol


podemos leer:

“Pacificum in primis Oleae hieroglyphicum esse tam apud poetas quam oratores
vulgatissimum est, cuiusmodi illud est Maronianum: Paciferaeque manu ramumque
praetendit oliuae... de qua Statius non alia de causa dixit: Ramumque precantis oliuae”.

En alguna ocasión, la copia y adaptación de Piero Valeriano produce curiosos


errores, como la del f. 201. Allí, al hablar del perro, símbolo de la fidelidad, señala:

“la qual (sc. la fidelidad), queriendo mostrar Sócrates Enphedone, juró por el perro,
dando a entender este buen philósopho la fidelidad y obediencia que se deve tener
a los príncipes y señores...”,

pero Piero Valeriano en el libro V, donde habla sobre el perro (Canis), indica:

“In Phaedone uero per canem iurat (Socrates) cum putat fidem et obsequium praestandum iis, qui
rerum habenas in ciuitatibus moderantur”.

López de Hoyos ha interpretado la mención al Fedón hecha por Valeriano, como si


se tratase de parte del nombre de Sócrates, quien, como es sabido, juraba en más de una
ocasión por el perro (cf. Platón, Apología (22a), Gorgias (482b), Fedón (98d), entre otros
lugares.
Por todo ello, cometeríamos un grave error si pensáramos que López de Hoyos
manejó directamente todas y cada una de las obras que cita. Aunque con frecuencia se nos
ha presentado la imagen del humanista de esta época como la de un profundo conocedor
del latín, del griego y de sus respectivas literaturas, la realidad era bastante diferente. En el
caso del griego el desconocimiento parece evidente, pues todas las citas directas se hacen a
través de traducciones latinas. El Aristóteles que aparece en la Relación es el Aristóteles de
la Summa de Santo Tomás. En cuanto a la Iliada, causa perplejidad la frase “Homero en el
segundo libro de la Iliada dice hablando con el rey Agamenón” (f. 173) que precede a las
palabras que en realidad le dirige el Sueño y no el poeta.

5.5.2 La Biblia y autores cristianos tardíos y medievales

El segundo grupo de fuentes citadas por el autor lo constituyen la Biblia y algunos


autores cristianos, fundamentalmente Agustín, Jerónimo, Gregorio Magno, Isidoro de
Sevilla y Tomás de Aquino. Esporádicamente cita también Lactancio, Arnobio, Beda. En
estos casos, las referencias suelen ser más directas, especialmente el manejo de la Biblia,
aunque algunas de sus menciones de la misma, así como las de autores tales como
Euquerio o Hesiquio de Jerusalén, se realizan, una vez más, a través de la obra de Piero
Valeriano.
La Biblia es, sin duda, la obra más citada. A lo largo del Real Apparato se van
desgranando múltiples relatos bíblicos, muchas veces en parangón con ejemplos de

62
Real apparato y sumptuoso recebimiento... de Ana de Austria

virtudes de personajes de la Antigüedad. Así, al lado de los ejemplos de la clemencia en


César o Lucio Paulo, se destacan pasajes de la vida del rey David que revelan la misma
cualidad y que, por otro lado, se comparan con la clemencia del emperador Carlos V y de
Felipe II. Del mismo modo, se explican detalladamente el significado del nombre de la
Reina, y se ponen ejemplos diversos de mujeres de la Biblia, homónimas, que, como ella,
eran también un compendio de virtudes.
La cita textual de pasajes bíblicos, normalmente uno o dos versículos, aparece en
numerosos contextos y ocasiones, y algunos de ellos formaron parte de los “mensajes
epigráficos” que figuraban en los arcos. Por ejemplo, en el anverso del primero, las efigies
de la Justicia y la Fortaleza llevaban respectivamente estas inscripciones:

IVSTITIA TVA SICVT MONTES DEI, que pertenece al Salmo 35, y


FORTITVDO MEA ET LAVS MEA, DOMINVS, de Éxodo 35.

Son abundantes las referencias expresas a las obras, De ciuitate Dei, De uera religione y
De moribus Ecclesiae de Agustín, cuyas doctrinas gozaban en la época del mayor prestigio,
por lo que la utilización de este autor es uno de los puntales más sólidos para la
concepción cristiana que subyace a toda la obra de López de Hoyos. No en vano es la
obra De ciuitate Dei, que López de Hoyos cita en cinco ocasiones, donde Agustín
desarrolló su celebérrima teoría sobre las dos ciudades.
Felipe II, de forma personal a lo largo de su reinado, y ahora junto a su nueva
esposa, Ana de Austria, han asumido la responsabilidad de que la ciudad temporal, es
decir, los reinos que ahora rigen, sea reflejo fiel de aquella Jerusalén celestial.
La Summa Theologica de Tomás de Aquino, en especial la Secunda Secundae de la
misma, es la principal fuente que se usa para la explicación de las grandes virtudes,
especialmente las presentadas en el tercer arco y que se atribuyen a Felipe II. López de
Hoyos se detiene en definir y exponer detalladamente en qué consisten, recurriendo
explícitamente a Santo Tomás, aunque muchas veces se limite a traducir o glosar
directamente al filósofo medieval. En otras utiliza comentarios de la Summa para dar
referencias a pasajes de Aristóteles, aunque no especifique que no están tomados
directamente del autor griego.
Los textos sagrados, las “divinas letras” como López de Hoyos los llama, y los
autores cristianos constituyen, como ya hemos advertido, el máximo criterio de autoridad.
Su presencia da validez y justificación a cuantas explicaciones se ofrecen y respalda el uso
de fuentes clásicas paganas que son susceptibles de reinterpretarse en la misma línea
ideológica que ofrece el cristianismo. Esto conduce a una estrecha combinación y una
comparación continua entre fuentes paganas y cristianas, como marco teórico y cultural de
los valores universales, imperecederos y válidos para cualquier creencia, representados en
la iconografía, pero que sólo adquieren su verdadera dimensión en el cristianismo. Hay,
incluso, una preocupación y un interés constantes por hacer explícitos los argumentos
mediante los que se relacionan los temas paganos con los cristianos y con los cuales se
esfuerza por dejar patente la verdad de la fe cristiana, frente a la falsedad del paganismo.
Un ejemplo sobre estas cuestiones puede verse en la explicación que López de
Hoyos ofrece sobre el cuadro que representaba la venida de la reina Ana de Austria a Madrid,

63
JUAN LÓPEZ DE HOYOS

situado en el reverso del primer arco, donde, al describir a las ninfas que acompañaban a
la Reina, el autor indica:

“Éstas reverenciaban los gentiles idólatras como diosas, por particular permissión
de Dios, que consentía que los demonios se les aparesciessen en árboles y
montañas y en otras differentes apparencias y assí idolatravan a cada passo”.

Y, para un mayor conocimiento del tema, remite a Celio Rodiginio, cuya obra está
aquí utilizando, pero añade a continuación:

“Esto avemos dicho de passo, porque los que no entienden la naturaleza destas
cosas no se offendan ni tomen occasión de pensar que los gentiles acertavan en sus
falsas fictiones y den gracias a Dios porque les ha traído al conoscimiento de la
verdad evangélica y librado de las illusiones, phantasmas, estantiguas y visajes que
los demonios solían hazer, todo lo qual ha huido delante de la predicación del
sagrado evangelio...”.

De esta forma López de Hoyos puede recrear un variadísimo mosaico de fuentes


literarias de muy diversa índole gracias a una combinación coherente y bien articulada, que
es fiel reflejo de lo que fue, en realidad, todo el aparato artístico de la fiesta.
Otro de los ejemplos más significativos en relación con el uso de la mitología
desde esta óptica cristiana, es el de la descripción del Genio de la ciudad de Madrid, al que
hemos aludido al hablar de las distintas temáticas en que pueden agruparse los contenidos
de la obra. En el tránsito del primer arco figuraban las efigies de una matrona que
representaba a Madrid y que ofrecía a la Reina las llaves de la ciudad y un corazón rodeado
de siete estrellas, como las que contiene la orla de su escudo de armas, y una
representación del Genio de la ciudad. En este caso, la autoridad de San Agustín en su
obra De ciuitate Dei, quien, al igual “que todos los antiguos platónicos” denominaban a esta
divinidad así porque se hallaba en las bodas y en “la fundación de las cosas y en la
generación y assí le pusieron este nombre deste verbo latino, gigno, que quiere dezir
engendrar y (como Consorio dize) porque tenía cuidado de que fuéssemos engendrados”.
En efecto, el gramático latino Censorino, en su obra De Natali die, da esta explicación al
origen del término, que López de Hoyos toma directamente de la obra del humanista
Julianus Aurelius Lessigniensis, De cognominibus deorum gentilium libri tres, a quien utiliza en
más de una ocasión, donde puede leerse la cristianización que, ya desde San Agustín, se
había hecho del Genio, al identificarlo con el ángel de la guarda. El comentario de López
de Hoyos al respecto es rotundo:

“Éstos (sc. los genios), con sola lumbre natural, querían dezir las cosas y no
acertavan porque les faltava lumbre y claridad de la fe y, en effecto, quiere dezir
genio el ángel de la guarda particular que tiene cuidado della, que esto sea ansí, que
de cada ciudad y de cada hombre en particular un ángel es su guarda, y se le dedicó
Dios como ayo”.

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Real apparato y sumptuoso recebimiento... de Ana de Austria

A continuación hace referencia a la Biblia, de nuevo a Agustín y a otros “sagrados


theólogos”, para concluir con el epígrafe que figuraba junto a la efigie del Genio y que iba
dedicado a doña Ana:

“El cuidado, pues, que este Genio tiene es guardar de los ángeles malos lo que
Dios les dio a su cargo y procurar no aya esterilidad assí en los fructos como en la
gente. Y a esta causa le pusimos esta letra:

GENIVS
En ego sum Genius tantae clarissimus urbis,
Qui primo exortu sum comitatus eam.
Principium generis cum sim, nunc limine nostro
Polliceor natos Anna decora tibi.

Declaración: Sereníssima Reina, yo soy el Genio deste tan claríssimo pueblo, al que
he acompañado desde su primera fundación, y pues a mi cargo está la fecundidad y
ampliación dél, yo os prometo, con ayuda de Dios, hijos y generación real,
communicada del cielo”.

5.5.3 Escritores del Humanismo

Son diversos los escritores humanistas que López de Hoyos menciona


explícitamente, pero un cotejo con las obras citadas de aquéllos revela, además, que
algunas son base fundamental del texto de nuestro autor. Así, para la semblanza que traza
de los emperadores en el anverso del primer arco, especialmente de la dinastía de los
Austrias, Rodolfo y Carlos V, se basa sobre todo en obras de Tomás Porccachi y
Hubertus Goltzius. La de éste último, titulada Vivos retratos de los emperadores, había sido
compuesta en latín y traducida por el propio autor al castellano, acompañada de excelentes
grabados basados en medallas antiguas. También debió manejar López de Hoyos crónicas
e historias recientes relativas a la historia de España, pero no especifica cuáles.
López de Hoyos menciona otros nombres de humanistas bastante conocidos y
difundidos en su tiempo y se hace eco de algunas de sus obras que debió usar, al menos
puntualmente. Es el caso de autores como Volaterrano (Maffeius), Pietro Crinito o
Sabellico, de quienes consultó, sobre todo, obras de carácter moral o filosófico.
Para los temas mitológicos manejó con seguridad tanto las grecolatinas como la de
Iulianus Aurelius Lessigniensis, ya citadas. También para estos temas, así como para
relatos sobre la Antigüedad, como pasajes sobre Alejandro Magno, o datos sobre
costumbres romanas, se sirvió de una obra, varias veces mencionada por él mismo, y que
fue muy conocida y tuvo diversas ediciones desde que se publicara por primera vez en
1516, Antiquarum lectionum libri XXX de Celio Rodiginio (Caelius Rhodiginius), nombre con
el que se conocía al humanista Ludovico Ricchieri.
Pero entre todas las obras destacan los Hieroglyphica siue de sacris aegyptorum litteris
commentarii de Piero Valeriano (Bolzanus), cuya primera edición se realizó en 1556 y tuvo
mucha difusión en Europa, incluida España, como lo prueban las sucesivas ediciones que

65
JUAN LÓPEZ DE HOYOS

se realizaron en años posteriores. Esta obra se unía al grupo de las de carácter


emblemático, iniciado especialmente con los Emblemata de Alciato y los Hieroglyphica de
Horapollo. Trata de múltiples “jeroglíficos” egipcios, romanos y griegos, algunos de ellos
con representación gráfica, acompañados de prolijas explicaciones y significados a través
de fuentes clásicas y cristianas, aunque éstas en menor medida.
No deja de sorprender el vasto conocimiento que López de Hoyos tenía de la
referida obra de Piero Valeriano, a la que prefirió, entre otras posibles, precisamente
porque en ella pudo encontrar los elementos que él necesitaba para su Relación: largas y
detalladas explicaciones sobre los emblemas y símbolos al uso en las artes y en la
literatura, tan utilizados por escritores y artistas del Renacimiento; una gran erudición y
conocimiento de fuentes literarias clásicas y cristianas; la reinterpretación cristiana de la
mitología pagana; y, también, una gran imaginación, que López de Hoyos supo adaptar y
hacer suya en el despliegue de argumentos y relatos que constituyen su Real Apparato, y
que está acorde con el gran despliegue imaginativo y artístico que se creó para la fiesta.
López de Hoyos no sólo utiliza los Hieroglyphica de Valeriano -resumiéndolos, a
veces casi traduciéndolos literalmente-, en los casos en los que menciona al autor
expresamente, sino en muchos otros. Prácticamente todos los “jeroglíficos” que expone
están extraídos de aquél. Como ya se ha apuntado antes, muchas de las citas de autores
clásicos, incluso cristianos, están mencionados en ese autor. López de Hoyos las recoge
como si fueran referencias directamente tomadas por él, pero no es así.
Otro ejemplo llamativo es el que ofrece el pasaje relativo al significado del árbol de
la palma. En el reverso del primer arco había un gran cuadro con “triumpho de Su
Magestad”, donde aparecía Doña Ana sentada en un trono, a quien diversas virtudes le
ofrecían regalos, y una de ellas, la Honestidad (Pudicitia) le tendía una palma “por la que se
entiende el triumpho, valor y magestad”. Para explicar el significado de la madera de la
palma, López de Hoyos (fols. 92v-94v) recurre a las autoridades de Aristóteles y Plutarco,
concretamente el libro octavo del Symposiacon, al valor que le daban los egipcios como
“señal de justicia” y su utilización en las bodas, como señal de fidelidad, a decir de los
griegos Filóstrato y Diófanes, así como a Joviano Pontano, poeta e historiador humanista
del siglo XV (quien jugó un papel político decisivo en la corte del rey Alfonso V de
Nápoles). Añade que el “doctíssimo Eucherio” señalaba que la palma “en las divinas letras
significa la innocencia y la vida de los justos”, y que eso mismo era lo que indicaba “el
psalmista quando dixo: Iustus ut palma florebit. El justo siervo de Dios crecerá y florecerá
como la palma”. Pero, en ningún momento de esta explicación, menciona López de
Hoyos a Piero Valeriano y, sin embargo, todo el pasaje es un resumen de diversos
fragmentos del libro L de los Hieroglyphica, incluidas todas las referencias literarias. Hay
otros casos similares, como las explicaciones sobre el significado de los anillos, donde,
siempre a través de Valeriano, recuerda los textos jurídicos de los Digesta y los
jurisconsultos romanos, Papiniano, Ulpiano o Neracio, que hablan sobre el anillo como
enseña de libertad; o como la presentación del águila como símbolo de los significados de
triunfo, felicidad, prosperidad, gratificación, etc., realizada en la descripción del tercer
arco, para la que sigue muy de cerca nuevamente a Valeriano, incluidas también aquí las
referencias a otros autores.

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Real apparato y sumptuoso recebimiento... de Ana de Austria

5.6 Originalidad e intención de la obra

A la vista de lo expuesto cabe preguntar cuál era el valor original de la obra de


López de Hoyos. Hay que tener presente que su criterio e intencionalidad no fue la de
escribir una obra literaria, sino una relación veraz y detallada de cómo fue la entrada triunfal
de Ana de Austria y el suntuoso recibimiento que le preparó la villa de Madrid y la
grandiosidad de la fiesta; y hacerlo con una intención pedagógica para que todo el mundo
comprendiera los distintos componentes del evento y el mensaje ideológico que aquél
contenía, y que la monarquía española quería enviar a la nueva Reina, a todos los súbditos
y, en especial, al pueblo madrileño.
El autor no muestra empacho alguno al mencionar las fuentes literarias en las que
se basa para construir su Real Apparato, si bien es verdad que son muchas menos de las
que cita las que en realidad maneja directamente. Como se ha advertido, la mayoría de las
veces los autores clásicos latinos, siempre los griegos y, en ocasiones, los cristianos, se
citan a través de algunos humanistas, en especial Piero Valeriano, quien, junto a la Biblia,
constituye su manual de primer uso. Pero, tras su peculiar manejo de las fuentes literarias,
como detalladamente se verá en las notas de la edición, se esconde esa intencionalidad
didáctica y el afán por recurrir a todas las fuentes posibles que pudieran servir de exempla y
comparación con las virtudes de la nueva pareja real y que adornaran y complementaran la
descripción y explicación de lo que fue la fiesta. En el f. 175r., al hablar de las virtudes del
gallo, declara expresamente:

“Pues mi principal instincto es dezir y recopilar en summa lo que los antiguos


philósophos e hystoriadores tan dilatada y diffusamente dixeron, y déstas las que
más concernientes fueren y más frisaren con nuestro propósito, como parece en las
calidades de las virtudes y propriedades de las cosas que hasta aquí avemos dicho”.

La originalidad consiste, precisamente, en haber sabido seleccionar, adaptar y


combinar múltiples elementos extraídos de otras obras de gran erudición y haberlos usado
para transmitir los mensajes ideológicos, para recuperar la tradición clásica y encumbrar la
literatura grecolatina y la mitología, como modelos vivos e imperecederos, cuya
pervivencia se hizo posible gracias a la perspectiva cristiana con la que se juzgaba en una
época, como la segunda mitad del siglo XVI, que, como ya ha quedado expuesto, estaba
plenamente imbuida del valor de la fe cristiana y del sentimiento religioso, fuertemente
restablecido por la política religiosa de la monarquía española.
Es por eso que la obra de López de Hoyos articula en una simbiosis compleja
paganismo y cristianismo, a través de la unión de referencias clásicas y del humanismo,
con los autores cristianos, con los grandes padres de la Iglesia, San Agustín, y Santo
Tomás a la cabeza.
Por otro lado, la nada despreciable cantidad de poemas latinos y epígrafes
redactados para la decoración de los arcos y como contribución personal al
acontecimiento, son la otra sólida aportación personal de López de Hoyos y de sus
colaboradores y discípulos del Estudio de la Villa. Fieles reflejos del entusiasmo con que la
ciudad de Madrid recibió a su nueva y bella Reina y con el que este grupo de intelectuales

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JUAN LÓPEZ DE HOYOS

y artistas de la Corte se apresuró a dejar constancia del mismo, primero con el despliegue
de obras artísticas efímeras, y después con la relación escrita de López de Hoyos,
convirtiendo así la fiesta en un testimonio permanente.

5.7 La Bibliografía manejada por López de Hoyos

La tendencia de López de Hoyos a citar de segunda mano reduce el número de libros


que utilizó para redactar el Real Apparato. Del elenco de citas y de su forma de presentarlas es
posible deducir cuáles serían las obras que constituirían la bibliografía básica manejada por el
autor en su trabajo. Es el propio autor el que en numerosas ocasiones nos indica, bien en el
mismo texto o al margen, la fuente de la que ha tomado una determinada idea, aunque la haya
seguido de manera literal.
Así ocurre con los Hieroglyphica de Piero Valeriano, referencia obligada a lo largo de
toda la obra y a la que López de Hoyos acude como verdadera enciclopedia del saber, a través
de los símbolos, de la antigüedad.
La Biblia era también libro de constante manejo, al igual que otros de los principales
autores de la literatura cristiana: la Summa Theologica de Tomás de Aquino, De ciuitate Dei de
Agustín y la Etimologías de Isidoro de Sevilla.
Los autores clásicos latinos aparecen casi siempre citados indirectamente a través de
los Hieroglyphica de Piero Valeriano. No obstante, hay dos que López de Hoyos debió manejar
directamente, pues contenían abundantes exempla de las virtudes morales que aparecían
mencionados en los arcos: Valerio Máximo y alguna versión latina de las obras morales de
Plutarco, probablemente las realizadas por Diego Gracián de Alderete (Apoptegmata 1533 y
Moralia 1548). Asimismo, es muy probable que gran parte de estos “ejemplos” llegasen a
López de Hoyos a través de alguna de las numerosas colecciones de dichos y anécdotas de
personajes del mundo clásico que se publicaron en aquellos años. De ellas, una de las que sin
duda debió conocer y manejar nuestro autor fueron los Apoptegmata de Erasmo (1531), así
como la edición comentada de los Disticha Catonis, también conocidos como De moribus,
atribuidos al autor latino Catón, que realizó Erasmo (1531).
En cuanto a los tratados de mitología, además de citar a lo largo de toda la obra los
Antiquarum lectionum libri XXX de Celio Rodiginio, utilizada como fuente mitológica, de realia
y de noticias sobre la Antigüedad, no sería nada extraño que López de Hoyos manejase
alguna de las ediciones conjuntas que de diversos mitógrafos se realizaron a lo largo del siglo
XVI, en especial alguna edición como las que aún hoy pueden consultarse en la Biblioteca
Nacional de Madrid y que contienen conjuntamente las obras de Cornuto (en ocasiones con
el nombre con el que también era mencionado, Phornuto), Paléfato, generalmente en
versiones latinas, y del humanista Juliano Aurelio Lessigniense.
Otros autores como Macrobio, incluso Aulo Gelio, pudieron haber formado parte de
su biblioteca, si bien con un uso mucho menor. Cabe suponer que algunas obras latinas,
como la Eneida o algún otro texto virgiliano, algo de Ovidio, etc., figurasen en su haber, si
tenemos en cuenta que López de Hoyos era el “catedrático” del Estudio de la Villa. Allí
impartía clases de latín, dialéctica, retórica, etc., según se ha indicado, y, por tanto, debía de
disponer de textos de algunos de los autores clásicos más renombrados, aunque fuese a través
de antologías o florilegios parciales.

68
Real apparato y sumptuoso recebimiento... de Ana de Austria

Por último, los abundantes datos aportados sobre monedas romanas, las efigies de los
emperadores y los textos que los acompañaban fueron tomados de alguna de las muchas
obras que sobre el tema se habían editado por aquellos años, probablemente las Vivae omnium
fere imperatorum imagines (1557) o los Fasti magistratuum et triumphorum (1566) de Hubertus
Goltzius.

6. Notas a la edición

6.1 Ediciones parciales

No se conservan manuscritos, autógrafos o copias, del Real Apparato y sumptuoso


recebimiento..., como tampoco de las restantes obras de López de Hoyos, y, al parecer, sólo
hubo una edición en 1572, que fue la publicada por la imprenta de Juan Gracián. De ella
se conocen exclusivamente cinco ejemplares supérstites, que aparecen catalogados en la
Bibliografía de la literatura hispánica de J. Simón Díaz (J. SIMÓN DÍAZ, 1984, XIII, 435):
BARCELONA, Seminario (946.115.-2- “15”-Lop-)
MADRID, Biblioteca Nacional (R. 2.859)
MILÁN, Ambrosiana (S.N.V.II.6)
SAN LORENZO DE EL ESCORIAL, Monasterio (20-VI-26)
ZARAGOZA, Biblioteca Universitaria (G-50-122)

La obra completa no ha vuelto a ser editada hasta ahora. En 1861 Mesonero


Romanos reproducía algunos párrafos en su obra El antiguo Madrid (1861, 352-370), pero,
distribuidos en diversos epígrafes, sólo publicó aquellos pasajes que ofrecían información
sobre aspectos urbanísticos, de calles o edificios, sobre el recorrido que realizó la comitiva
o sobre los preparativos de la entrada y los festejos que se organizaron. Abiertamente
despreció cualquier información de la obra de asunto mitológico, de referencias clásicas,
de explicaciones emblemáticas y de jeroglíficos porque no le interesaban y sus juicios
sobre la obra son tan negativos que, como ya hemos apuntado, deben haber tenido
mucho que ver en la escasísima atención que se le ha prestado después. Mesonero
Romanos seleccionó pasajes del capítulo II de la obra: De lo que Madrid hizo y previno para la
venida de Su Magestad (fols. 6r-10r) y del capítulo VI: De la entrada de Su Magestad en Madrid y
orden de su real rescebimiento (fols. 20r-29v). Además recogió algunos detalles mínimos de los
arcos, cuya descripción omite completamente, la procesión que se describe al final del
primer arco (fols. 101v-103v), la mención de la Puerta del Sol y calle Mayor, descrita a
propósito de la ubicación del segundo arco (fols. 104r-105r), la llegada de la Reina y la
comitiva al tercer arco (fols. 123v-124r), la llegada a la puerta de Guadalajara (f. 216r) y la
reproducción del escudo de armas de Madrid (f. 217r), la descripción de la mencionada
puerta (fols. 219r-222r), omitiendo por completo la de los colosos que junto a ella se
pusieron; la entrada en la segunda muralla (f. 242r y v), la llegada a la iglesia de Santa María
y después al palacio, con los festejos que se celebraron al día siguiente (fols. 245r-252r).
El texto editado por Mesonero Romanos se presenta con la grafía plenamente
regularizada y modernizada, y con la puntuación y acentuación según las normas vigentes

69
JUAN LÓPEZ DE HOYOS

en el siglo pasado. De forma asistemática, mantiene alguna grafía característica de la


edición primera, así fortalesció, magestad (f. 6r, Mesonero Romanos, p. 353), cadahalso (f. 23v,
Mesonero Romanos, p. 357). En cambio, introduce algún elemento que no está presente
en la primera edición, como al comienzo del capítulo VI, donde se lee: Llegados veynte y seys
de nouiembre, domingo... 9 (20r), mientras que en Mesonero Romanos, p. 355: Llegados 26 de
noviembre del 1569, domingo....
No sabemos qué ejemplar utilizó Mesonero Romanos para realizar su selección de
textos, pero no debió ser el que se conserva en la Biblioteca Nacional, al menos en su
estado actual, ya que a éste le faltan los folios 22 y 23 completos, sin que se aprecie, no
obstante, que estas hojas hayan sido quitadas o rasgadas, porque este autor, en cambio, sí
las transcribe. Problema distinto ofrece el folio 226r-v (perteneciente a una de las partes
no seleccionadas por Mesonero Romanos), que sí parece haber sido destruido, pues, en la
actualidad, se ha sustituido por una cartulina blanca.
Con todo, este autor se hace eco de la rareza del libro en el momento en que él
escribe su obra sobre El Antiguo Madrid. Al hablar del arco de Santa María, recoge los
datos ofrecidos por López de Hoyos y señala (f. 36):

“Estas son las palabras únicas que estampó el maestro Hoyos, referentes á dicha
puerta ó arco de Santa María; y las reproducimos íntegras, tomándolas del ejemplar
rarísimo, acaso único, de dicha obra que existe en Madrid y tenemos á la vista...”

Más adelante en una nota a pie de página (p. 42), en la que hace una breve
descripción de la vida y las obras de López de Hoyos, insiste en la escasez de ejemplares
de los libros del humanista, y ofrece, incluso, su propia explicación a este hecho:

“De estos libros (cuyos ejemplares rarísimos tenemos á la vista, y de que daremos
más pormenores en el Apéndice) es de donde todos los historiadores de Madrid
tomaron la multitud de fábulas y estravagantes deducciones sobre la antigüedad y
grandezas desta villa, que inspiraban al buen maestro Juan López su patrio
entusiasmo y su aficion á lo maravilloso. Todos estos libros son por lo demás de
tan escaso mérito literario, por su indigesta erudición, absoluta falta de crítica y
afectado estilo, que hubieran desaparecido por completo, si la crítica moderna no
hubiera hallado en ellos algunas noticias, triviales entonces, que al autor se le
escaparon, sin pensarlo acaso, de los sitios principales de Madrid en aquella época,
y esos versillos hechos á nombre del Estudio por su caro y amado discípulo MIGUEL DE
CERVANTES, que han servido á los biógrafos de este insigne escritor para
computar los primeros años de su vida”.

En 1964, Simón Díaz, editaba un mayor número de pasajes del Real Apparato, en su
recopilación de Fuentes para la Historia de Madrid y su provincia, Madrid, 1964, I, 55-118,
basándose en el citado ejemplar de la Biblioteca Nacional. En dicha recopilación
reproduce los pasajes seleccionados con las mismas características y variantes gráficas de

9 Transcribimos exactamente en este punto la grafía de la edición de 1572, sin embargo, véanse más
adelante nuestros criterios de edición.

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Real apparato y sumptuoso recebimiento... de Ana de Austria

la edición original (cuyas características señalamos más adelante), si bien regularizando


algunos acentos según la normativa actual, aunque no de forma sistemática. Al final de
cada pasaje marca los folios correspondientes a la edición de 1572. Precisamente en las pp.
58 a 62 transcribe el capítulo VI de la obra, titulado: “De la entrada de Su Magestad en
Madrid, y orden de su real rescebimiento”, pero no está completo ya que, como advierte
en una nota en la p. 59, faltan los folios 22 y 23 del ejemplar de la Biblioteca Nacional.
Otro tanto ocurre en la p.110, donde tras una largo pasaje que corresponde a los folios
219r-225v, se marca con puntos suspensivos la falta del folio 226 r. y v., además del folio
227r., que se omite en la selección 10.
Simón Díaz transcribe en pp. 55-57, los capítulos II y III completos (fols. 5v-12v.),
en pp. 57-58, el capítulo V (fols. 17v-20r.), en pp. 58-89, el capítulo VI, el primer arco
completo y casi todo el segundo (fols. 20v. - 119r, advirtiendo de la falta de los folios 22 y
23 del ejemplar de la Biblioteca Nacional), en pp. 89-118, una amplísima selección de
pasajes del tercer arco, la puerta de Guadalajara, la entrada de la segunda muralla, hasta el
final de la descripción, omitiendo los poemas latinos que acompañan como apéndice a la
obra. Los folios transcritos son: 123v-128r.; 129v-131r.; 137v-146v.; 148r-151r.; 154v-
169v.; 175r-176v.; 180v-184r.; 184v.-186v.; 187v-196v.; 198r-v.; 200r-201v.; 203r-205r.;
206r. 11; 209r-211r.; 219r-227r.; 227v-233r.; 234v-252r.

Finalmente, en 1976 Ediciones Ábaco realizó una reproducción facsímil parcial del
ejemplar de la Biblioteca Nacional, de la que quedaba excluido todo el tercer arco
completo, junto con parte de la obra sobre la Historia y relación verdadera de la enfermedad...,
tránsito y... exequias fúnebres de... Isabel de Valoys.

6.2 La editio princeps

Parece, pues, que la primera y única edición completa que se conoce es la de 1572,
realizada en la imprenta de Juan Gracián. Consta de 262 folios en octava, si bien hay
variaciones en los ejemplares existentes en la actualidad, en cuanto a las encuadernaciones.
Mientras que el de la Biblioteca Nacional conserva la primitiva, que consta de 8 hojas +
262 folios + 6 hojas, el de El Escorial se halla en la actualidad encuadernado con el Viaje y
Entrada en Sevilla que realizó Felipe II en 1570. No obstante, la paginación de la obra es
idéntica y, sin lugar a dudas, se trata, en todos los casos, de ejemplares de una misma
edición.
La falta de hojas, ya advertida, del ejemplar de la Biblioteca Nacional, no se
produce en los otros ejemplares, que se hallan completos, con lo que disponemos del
texto íntegro de la obra.
Puede decirse que tipográficamente es una edición variada y atenta a las múltiples

10 A pesar de ello, en la edición de Simón Díaz figura la indicación de fols. 219r-227r. para el pasaje
transcrito hasta estos puntos supensivos y en la p. 112 puede leerse (fols. 227v-233r), para el que se
reproduce a continuación, sin que se indique explícitamente que no se transcribe el fol. 226, por faltar
completo en el ejemplar seguido, ni se advierta que ha dejado de transcribirse el fol. 227r., dentro de la
selección realizada.
11 Hay un error tipográfico en la obra de Simón Díaz, p. 106, donde se marca este folio como 204r.

71
JUAN LÓPEZ DE HOYOS

particularidades que ofrece el texto. Se ofrecen diversos tamaños de letras para distinguir
el texto general de las inscripciones latinas, impresas en letras capitales, a imitación de los
modelos epigráficos de la Antigüedad, incluso con variaciones de tamaños y tratando de
reproducir la disposición real que debieron tener en los arcos de triunfo. Las declaraciones
de las mismas, normalmente van en cursiva y con un cuerpo de letra mayor que el resto
del texto; las frases y pasajes de autores latinos o griegos (transcritos en sus versiones
latinas) también aparecen habitualmente en cursiva o diferenciadas tipográficamente, al
igual que los poemas finales que complementan la obra. Las glosas marginales están
escritas en cursiva y en un cuerpo más pequeño.
Cada página (o cara de cada plana, como la denomina el autor) 12 lleva su
encabezamiento, fuera de la caja del texto, centrado en la parte superior, indicando el
capítulo correspondiente. La paginación va en el extremo derecho superior de cada plana,
mientras que cada cara contiene el “aviso” del inicio de la siguiente cara en el extremo
derecho inferior.
Se incluyen dos tipos de “fe de erratas”, la primera en f. 2r. sobre las erratas en
lengua latina, que se advierten con la intención de no entorpecer la lectura de la obra:
Errata in lingua latina, quae retardare possente lectorem, subiicienda censuimus, omissis illis quae contra
orthographiam admissa sunt. y la segunda, general, al final de la obra, en la que quedan
incluidas, no obstante, diversas erratas de palabras escritas en latín.
En cuanto a los criterios ortográficos, guarda con bastante regularidad la ortografía
del momento y sólo se observan criterios de regularización tipográfica en las grafías
correspondientes a u y v. Aquí se mantiene fundamentalmente la grafía v en posición
inicial y u en posición intervocálica en el texto castellano, a excepción de la epístola inicial,
así como de los textos latinos, donde se escribe exclusivamente u con independencia del
sonido que represente y de la posición; consecuentemente con ello, cuando se trata de
textos latinos escritos en letra capital, se adopta sistemáticamente la V para todos los
casos.
En cuanto a la grafía y, su uso obedece a criterios diversos; uno de ellos es la
presencia sistemática de y con valor fonético de [i] cuando aparece en segundo lugar, tras
otra vocal, ya sea en caso de diptongos decrecientes: reyna, ayre, etc., o cuando no existe el
diptongo: creydo, incluso en caso de hallarse entre dos vocales: traya por “traía”, veyan por
“veían”. No obstante, en algún caso esporádico aparece con i: distribuirse (f. 7r.). Se escribe
i latina regularmente, en cambio cuando se trata de diptongos crecientes. Al margen de
esto, se observa un intento de reproducir y en otras posiciones, obedeciendo a criterios
etimológicos, especialmente en palabras que llevan, además, otras grafías etimológicas
cultas, como es el caso claro de egypcios o nymphas, siempre escrito de esta forma. No
obstante, en bastantes ocasiones la presencia de la y se produce de forma incorrecta o
vacilante: nymphas (86v,...), satyro(s) (29v, 30r, 88r.), sylvas (227v.), tyrannizado, tyrannia,
tyrannos,... (fols. 42v, 43r, 45v,...) pero, hyerogliphica (67v.), hieroglifica (f. 74v. en la glosa),
hyeroglifica (f. 74v.), hierogliphycas (fols. 130v, 138v.) y sólo de forma correcta, hieroglyphica en

12Para las remisiones a páginas concretas hemos adoptado la denominación de folios (f. o fols.), porque la
numeración es por hoja y no por página, de modo que utilizamos la convención característica de los
manuscritos de f. Xr o f. Xv. El autor, como puede verse en la fe de erratas que hay al final del libro, habla
de “planas” para cada hoja y de “cara 1” o “cara 2” para cada página.

72
Real apparato y sumptuoso recebimiento... de Ana de Austria

fols. 189r, 190v, 195r. Por último, en algunas palabras aparece y de forma errónea,
antietimológica y sin criterios claros: ygual (14r), yra (21v, 132r-v...), salvo en el texto latino,
donde aparece correctamente ira, f. 211r), imagen (f.209v...) etc.
En los nombres propios se observa el mismo problema de vacilación en la
notación gráfica de i e y. Habitualmente trata de reproducir la y etimológica, o, por mejor
decir, de tradición escrita a través del latín, así siempre Hieronymo, Moyses (181v.), Pythagoras
(205r.), Pyrro (201v.), pero también Phylon (147v.) o Tygrano (97v. 134r.). En otros nombres
muestra divergencias, como en el caso de Solymano (6v. y 150r), pero Solimano en 161r.
Entre los nombres de personajes españoles escribe Luys (15v.), Valoys (3r.) Ruy, Ruyz (15v
y 16r.) siguiendo la norma de la y como segundo elemento de diptongo o en segunda
posición tras vocal. La j no se utiliza en los nombres propios en posición inicial, ya sea en
los latinos, donde podría ser por cultismo: Iuno, Iuppiter, ya sea en nombres en castellano,
como Iuan.

6.3 Nuestra edición

Al existir una sola edición completa, la princeps impresa en 1572, y al pertenecer a


ella los ejemplares existentes, contamos con un único texto de referencia para abordar
nuestra edición. Paralelamente, aunque se han cotejado y tenido en cuenta las ediciones o
reproducciones parciales del texto, éstas no aportan variantes o particularidades útiles
como elementos de contraste, por lo que nos hemos basado directamente en la edición
original.
En nuestro caso, hemos optado por realizar una transcripción razonablemente
ajustada al texto editado, manteniendo las grafías del mismo, aunque con algunas
modificaciones relativas a las grafías u y v, así como a i e y, a efectos de mayor claridad y
facilidad en la lectura y a tenor de lo comentado en el apartado anterior. Hemos
procedido, pues, a una regularización de las mismas en el texto, aunque manteniendo las
particularidades gráficas de los nombres propios. De acuerdo con esto hemos optado por
los siguientes criterios:
a) Regularización de u y v según su uso fonético actual en los textos castellanos.
b) Grafía u minúscula y V mayúscula, con independencia de sus valores vocálico o
semivocálico en los textos latinos, de acuerdo con el criterio utilizado en la edición y que,
responde, en nuestra opinión, a la adopción de una grafía clasicista por parte del autor,
con respecto a los textos latinos.
c) Regularización de i e y según su uso fonético y gráfico actual, a excepción de aquellos
vocablos donde la presencia de y con valor vocálico obedece a razones de tradición
etimológica, tanto en latín como en castellano, así por ejemplo en las palabras reyna y reyno
cuyas grafías con y son sistemáticas, al obedecer al mantenimiento del paralelismo gráfico
con rey. Regularización de las mismas, en caso de vacilación en la edición primera; por ej.
hieroglyphica(s) siempre escrito así, aunque en dicha edición sólo aparece escrito de esta
forma en fols. 189r, 190v y 195r. No obstante, se mantiene con i en el caso en que aparece
la palabra escrita con f y la y en un lugar incorrecto: hieroglífica por hyeroglifica (74v.).
d) Mantenimiento de las particularidades gráficas de los nombres propios o patronímicos,
incluso en los casos de las grafías antes descritas, dado que algunos de ellos eran práctica

73
JUAN LÓPEZ DE HOYOS

habitual en la ortografía de la época, como Ysabel, o también porque, mayoritariamente,


obedecen a razones etimológicas.
e) Regularización del sistema de acentuación y puntuación según las normas actuales.

Hemos incorporado en el texto todas las correcciones que aparecen anotadas en la


fe de erratas, dando cuenta sólo de las letras o palabras restablecidas en el texto, mediante
su inclusión por medio de ángulos: < >; igualmente utilizamos este signo en algún caso
donde restituimos nosotros. Para los casos de supresión usamos los corchetes: [ ]. No
obstante, en notas a pie de página se advierte de algunos errores de la edición que no
figuran en la “fe de erratas”, o que están mal indicados en ella, y que contienen alguna
peculiaridad que conviene destacar. Existen algunos errores tipográficos consistentes en
un simple cambio de letra -varios de ellos en el cambio por inmersión del tipo n por u 13-,
no indicados en la “fe de erratas” y que enumeramos a continuación:

12r. Curiosrmente por curiosamente


47v. tnuo por tuuo
48r. Auie por avía
50r. Recuparado por recuperado
53r. Dodicación por dedicación
72r. Renerencial por reuerencial
83r. CONCOADIA por CONCORDIA
105r. Freute por frente
119r. Hnuo por huuo
124r. Resplaudescen por replandescen
153v. Perseuaraua por perseueraua
154v. Prudedcia por prudencia
173v. Copitán por capitán
178v. Respendieron por respondieron
184v. Rétulo por rótulo
189v. Munno por mundo
190r. Coudal por caudal
193v. Btaço por braço
198v. Atriba por arriba
204v. Llagado por llagado
211r. Espere(n)ça por esperança
239v. Prieda por piedra

Tipográficamente, hemos optado por mantener las glosas marginales de la misma


manera que aparecen en la edición de 1572, así como, en la medida de lo posible, también
hemos intentado reflejar, mediante distinciones de tipos de letra y tamaño, las diferentes
variaciones existentes en aquélla, por considerar que existió originalmente un criterio
cuidadoso para destacar los diversos tipos de textos: la redacción básica, los textos latinos

13Recuérdese que la grafía usada para el fonema /v/ intervocálico es u, que regularizamos en nuestra
edición.

74
Real apparato y sumptuoso recebimiento... de Ana de Austria

de fuentes literarias, de la reproducción de los epígrafes latinos que se expusieron en las


obras plásticas efímeras, etc.
Las notas que acompañan a la edición pretenden ofrecer diversos comentarios de
índole histórica, artística, filológica, y explicaciones o aclaraciones al texto, que permiten
ampliar los estudios preliminares que hemos presentado a la edición, dando entrada a
aspectos puntuales y a información concreta directamente vinculada con los pasajes donde
se presentan. Conviene puntualizar que las notas de carácter biográfico no pretenden
presentar un resumen de la vida de los autores o personajes tratados, sino un breve apunte
informativo y, sobre todo, relacionado con su presencia directa en el texto o a través de
referencias literarias.
También en las notas aparecen las traducciones de los pasajes latinos que no
presentan “declaración” por parte de López de Hoyos, aunque son una minoría. En
cambio, se presenta al final de la edición, y como apéndice a la misma, la traducción de los
poemas que concluyen el Real Apparato, dada su extensión inapropiada para figurar en
notas a pie de página.

7. Bibliografía

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Los diez libros de Architectura de Leon Baptista Alberto. Traduzidos de latín en romance. Dirigidos al muy
illustre sr. Juan Fernández de Espinosa, Madrid, edic. de A. GÓMEZ, Valencia. COAV, Edic. facsímil.
ALCIATO [1993 ed.]
Emblemas. Edición de S. SEBASTIÁN, Madrid, Akal, 2ª ed.
ARCHIVO GENERAL DE SIMANCAS (A.G.S.)
ARCHIVO DE PROTOCOLOS NOTARIALES DE LA VILLA DE MADRID
BAEZ DE SEPÚLVEDA, J. [1998 ed.]
Relación verdadera del recibimiento que hizo la ciudad de Segovia a la Majestad de la Reina nuestra señora, doña
Ana de Austria, en su felicísimo casamiento, que en la dicha ciudad se celebró. Edición y notas de S. LÓPEZ
POZA Y B. CANOSA HERMIDA, Segovia, Fundación D. Juan de Borbón.
BEUTER, P.A. (1546-1551)
Primera y segunda parte de la Crónica General de toda España, Valencia.
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Enchiridion o manual del caballero cristiano, (Amberes),
GOLTZIUS, H. (1560)
Los vivos retratos de todos los Emperadores, desde Iulio Cesar hasta el Emperador Carlos V y Don Fernando su
hermano: sacados de las mas antiguas monedas, no como fueron sacadas por otros, sino pintadas muy fiel y
verdaderamente, y las vidas y hechos, costumbres, virtudes, y vicios, pintados con sus colores, y puestos por historia.
Al poderosissimo Principe Don PHELIPE Catholico Rey de España, Amberes.

75
JUAN LÓPEZ DE HOYOS

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JULIANUS AURELIUS LESSIGNIENSIS (1541)
De cognominibus deorum gentium libri tres, Antwerpiae. Typis Antonii Gogni
MEDINA P. DE (1548)
Libro de las Antigüedades y cosas memorables de España, Sevilla.
MORALES, A. DE [1987 ed.]
Descriptio belli nautici et expugnatio Lepanti per D. Ioannem de Austria, Edición, introducción y
traducción de J. COSTAS RODRÍGUEZ, Madrid, Cuadernos de la U.N.E.D.
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1r REAL APPARATO Y SUMPTUOSO RECEBIMIENTO

con que Madrid (como casa y morada de Su Magestad) rescibió a la


Sereníssima Reyna Doña Ana de Austria, viniendo a ella nuevamente
después de celebradas sus felicíssimas bodas. Pónese su itinerario. Una
breve relación del triumpho del Sereníssimo don Iuan de Austria. El

14 La única mención al triunfo de Juan de Austria, el parto de la Reina y el bautizo del Príncipe se hace en la
carta dirigida al cardenal Diego de Espinosa, pero no existe ninguna descripción en el cuerpo de la obra.
Véase en la introducción, p. 44.
15 En 1570 el cardenal Diego de Espinosa era la figura más poderosa de la monarquía después del Rey. Según

cuenta Luis Cabrera de Córdoba (1876, II, 125) y León Pinelo habría nacido en Martín Muñoz de las Posadas,
donde recibió sepultura en septiembre de 1572. Sacerdote y abogado universitario en 1547, ocupó diversos
cargos en Aragón, Castilla y Navarra, hasta que en 1562 su figura irrumpió repentinamente en la Corte como
Consejero de Castilla. A partir de esta fecha, y gracias a su eficiencia, desarrolló una meteórica carrera al ser
nombrado en 1564 Consejero de la Inquisición y en 1565 Presidente del Consejo de Castilla. Al año siguiente
entró también a formar parte del Consejo de Estado, y fue nombrado Inquisidor General en sustitución de
Fernando Valdés, con cuyas ideas había discrepado. Fue a sugerencia suya por lo que Felipe II ordenó que se
reunieran las Cortes provinciales en 1564, las cuales se encargarían de difundir los decretos de Trento. También
se empeñó en catequizar el mundo rural y en convertir definitivamente a los moriscos de Granada, por lo que, en
1565, la Monarquía tomó las primeras medidas contra ellos. Asimismo propició la represión en los Países Bajos,
que no conocía, como resultado de su tardía amistad, entablada con el duque de Alba. En 1568 fue designado
obispo de Sigüenza y cardenal gracias a la intervención regia. Fue entonces cuando sugirió al apesadumbrado
Felipe II que adoptara algunas de las decisiones más radicales que ensombrecieron todavía más ese año, como la
decapitación de los nobles flamencos católicos Egmont y Hornes, o la de llevar la guerra a las Alpujarras de
Granada. También bajo su dirección el Consejo Real decretó la deportación de los moriscos, (que López de
Hoyos, en un eufemismo llama “acomodación de vasallos rebeldes por todo el reino”, fol.136 v.), en una
operación de castigo ejemplar que suscitó la compasión incluso de soldados de la experiencia de Luis de
Requesens o de Juan de Austria (KAMEN 1997, 136), y que se produjo simultáneamente a la llegada de la reina
Ana y a la difusión del mensaje político lanzado por el Rey con ocasión de su nuevo matrimonio con la
Habsburgo.
El cardenal Espinosa organizó en torno suyo una clientela de letrados burócratas, con quienes
comenzó a ejercer su privanza (MARTÍNEZ MILLÁN 1992, 189). Además de figurar en casi todas las
instituciones de gobierno, tuvo una presencia intensa en el seno de la familia real por su papel relevante en
los preparativos de la boda entre Felipe y Ana, y en el bautizo del príncipe heredero Fernando el 16 de
diciembre de 1571, que él mismo ofició. Pero, probablemente estrechó en exceso el cerco al Rey, o al menos
esa es la impresión que se saca cuando, sorprendentemente, se le ve figurar entre los miembros de la familia
real, junto a los padres del monarca, sus cuatro esposas, su hermana doña Juana, su medio hermano don
Juan, y los dos hijos varones nacidos hasta el momento, Carlos y Fernando (el primero ya fallecido), en la
colección de doce poemas latinos compuestos por el secretario y poeta Diego Gracián de Alderete con
ocasión del feliz nacimiento del nuevo heredero Fernando (VELÁZQUEZ 2002). De alguna manera, el elogio
que se le dedica en vida, y su inserción en la galería de retratos de los Habsburgo, pretendía ser un
reconocimiento público al éxito de sus planes políticos y dinásticos, lo que también es evidente en el Real
apparato... que López de Hoyos le dedica a finales de 1571 o enero de 1572, en un último esfuerzo para
alcanzar el mecenazgo real. Sin embargo, si Espinosa había influido poderosamente en el ánimo abatido de
Felipe II entre los años 68 al 70, en los siguientes, cuando el Rey atravesaba por momentos de gran felicidad
y triunfo, con su dinastía consolidada y los Turcos derrotados, el carácter recalcitrante del prelado y su
obsesión represiva en el tema de Flandes dejaron de agradarle. Parece que dirigió duras palabras al Cardenal
quien, casi a resultas del disgusto, murió de una apoplegía el 5 de septiembre de 1572.
16 Juan Gracián era hijo del secretario real Diego Gracián. PÉREZ PASTOR (1891, 28-29) dice que en Madrid sólo

85
JUAN LÓPEZ DE HOYOS

breve relación del triumpho del Sereníssimo don Iuan de Austria. El


parto de la Reyna, nuestra señora. Y el solemne baptismo del
Sereníssimo Príncipe don Fernando, nuestro señor 14.

Collegii Societatis Caesaraugustani

Dirigido al Illustríssimo y Reverendíssimo Cardenal don Diego


de Espinosa 15, Obispo y Señor de Siguença, Presidente del Consejo
Real; Inquisidor apostólico general en los reynos y señoríos de España,
etc.

Compuesto por el maestro Iuan López de Hoyos, Cathedrático del


Estudio desta felice y coronada villa de Madrid.
Con privilegio.
Impresso en la coronada villa de Madrid por Iuan Gracián 16.
1572.

1v Yo Iuan Fernández de Herrera, Secretario del Consejo de Su


Magestad doy fee que aviéndose visto por los señores del Consejo de
Su Magestad un libro intitulado El viage felice y próspera navegación de la
Magestad de la Reyna doña Anna de Austria, nuestra señora, que con licencia
de los dichos señores hizo imprimir el maestro Juan López,
Cathedrático en el Estudio desta villa de Madrid, le dieron licencia para
que pudiesse vender cada volumen del dicho libro de la dicha
impressión en papel a tres reales, con que antes, y primero que le venda,
imprima al principio dél este testimonio de tasa. E porque dello conste
di la presente fee que es fecha en Madrid a treinta días del mes de enero
de mill y quinientos y setenta y dos años.
Iuan Fernández de Herrera

2v EL REY

Por quanto por parte de vos, el maestro Juan Lópes,


Cathedrático en el Estudio de la villa de Madrid, nos fue fecha relación,
diziendo que vos avíades compuesto un libro de las cosas que se avían
fecho en el recebimiento de la Sereníssima Reyna, nuestra muy cara y
muy amada muger, en la dicha villa de Madrid, en el qual avíades

imprimió el Real Apparato... de López de Hoyos en 1571, y que inmediatamente se marchó a Alcalá donde
imprimió gran número de libros desde 1572 hasta 1587, año en que murió. Su escasísima actividad en Madrid, su
misteriosa marcha en 1572, tras publicar las erratas del Real Apparato... el 30 de enero, y la vinculación de su padre
y de su hermano Antonio, también secretario de Felipe II, con el cardenal Espinosa, hacen sospechar que la caída
en desgracia de éste arrastrara consigo la de este miembro de la familia Gracián. Varios de sus miembros habían
puesto a su servicio sus conocimientos de humanidades y lenguas, y el Cardenal correspondió nombrando a uno
secretario y a otros dos censores. Antonio Gracián conservó su cargo de secretario al menos hasta 1573, según se
desprende de su diario (KAMEN 1997, 223).

86
Real apparato y sumptuoso recebimiento... de Ana de Austria

passado mucho trabajo y nos pedistes y suplicastes vos mandássemos


dar licencia y facultad para que lo pudiéssedes hazer imprimir y vender
con privilegio por seis años o como la nuestra merced fuesse, lo qual
visto por los del nuestro Consejo y como en el dicho libro se hizo la
diligencia que la premática por Nos agora nuevamente fecha, dispone,
fue acordado que devíamos mandar dar esta nuestra cédula en la dicha
razón y Nos tuvímoslo por bien por lo qual vos damos licencia y
facultad a vos, el dicho maestro Iuan López, para que vos o la persona
que vuestro poder especial para ello tuviere, y no otra alguna, podades
hazer imprimir y vender el dicho libro que de suso se haze mención en
estos nuestros reynos y señoríos por tiempo y espacio de seis años
cumplidos, primeros siguientes que le quenten desde el día de la fecha
desta nuestra cédula en adelante, so pena que qualquier persona o
personas que sin tener para ello vuestro poder lo imprimiessen o
vendiessen o hiziessen imprimir o vender, pierda toda la impressión
3r que hizieren o vendieren y los moldes y aparejos della y más incurran
en pena de cinquenta mil maravedís de cada vez que lo contrario
hizieren, la qual dicha pena sea la tercia parte para nuestra Cámara y
fecho con tanto que todas las vezes que lo uviéredes de hazer imprimir
durante el dicho tiempo de los dichos seis años lo traigáis al nuestro
Consejo, juntamente con los originales que en él fueron vistos que van
rubricadas las hojas y firmado al fin del de Iuan Fernández de Herrera,
nuestro escrivano de cámara de los que residen en nuestro Consejo
para que se vea si la dicha impressión está conforme a él y se os dé
licencia para le poder vender tasando en el nuestro Consejo el precio a
que se uviere de vender cada volumen, so pena de caer e incurrir en las
penas contenidas en la dicha premática y leyes de nuestros reynos, y
mandamos a los del nuestro Consejo y a otras qualesquier justicias
destos nuestros reynos y señoríos que guarden y cumplan y executen
esta nuestra cédula y la haga 17 guardar y cumplir y executar como ella
contiene. Fecha en Madrid a veinte y dos días del mes de septiembre,
de mil y quinientos y setenta y un años.

Yo el Rey
Por mandado de Su Magestad
Antonio de Erasso
3v
(En el escudo)

TRIVMPHAT IN PACE SAPIENTIA


PACI ORBI TERRARVM
FORTVNAE REDVCI
+ D(ominus) DIDACVS SPINOSA SEGVNT(INVS) ANTISTES

17 En singular.

87
JUAN LÓPEZ DE HOYOS

S(anctae) E(cclesiae) R(omanae) P(ater) CAR(dinalis) 18

4r IN STEMMATA ET
Insignia clarissimi Cardinalis. D.
D. Didaci de Spinosa, Regii
Senatus praesidis, ac supre
mi de fide quaesitoris,
Perspicula et dilucida expositio.

Praeclarae historiae sunt hac insignia plena,


Quamuis hic fuerint carmine clausa breui
Dextra manus tru(n)cum quae fert, manus aucta capillis,
Spinosam proauos signat habere duces.
Et quod sub spinto, spinis horrentibus ampla,
Se protexerunt, regnamque; Ibera simul.
Indicat inter aues aquila haec regina, suorum
Regia maiorum, stemmata nota nimis,
Verum magnanimos proauos fortisque fuisse,
Armisque, et bello nuntiat ipse leo.
Sed Didace ó Spinosa tuis, haec omnia gestis
Facta silent, superant quaeque. superta quidem 19.

4v EPISTOLA

Al Illustríssimo y Reverendíssimo señor don Diego de Espinosa,


Cardenal de la Santa Iglesia de Roma, título de San Estevan del monte
Celio, Obispo y Señor de Siguença, Presidente del Consejo Real.
Inquisidor general contra la herética pravedad y apostasía en estos
reynos de España. etc.

El maestro Iuan López de Hoyos. Salud y perpetua felicidad.

Si la perpetuidad y conservación del nombre es parte de la


bienaventurança con que Dios promete premiar a los escogidos y

18 “Triunfa la sabiduría en la paz. A la paz para el orbe de la tierra. A la nueva Fortuna. Señor Diego de
Espinosa, Obispo de Sagunto, Cardenal de la Santa Iglesia Romana.”
19 “Clara y completa explicación del emblema del muy ilustre cardenal Don Diego de Espinosa, Presidente

del Consejo Real y supremo inquisidor de nuestra religión:


De señalada historia están llenas estas figuras, aunque aquí estén resumidas en este breve poema. La
mano derecha que lleva el tronco, mano aumentada con hojas, indica que el apellido Espinosa posee
antepasados importantes y que bajo ese espino se protegieron con sus ásperas espinas grandes reinos iberos.
El águila, reina de las aves, representa el signo muy notable y regio de sus antepasados y el león indica que
fueron magnánimos y valerosos con las armas. Pero todas estas hazañas, que superan a las más soberbias,
enmudecen ante tus hechos, Diego Espinosa.”

88
Real apparato y sumptuoso recebimiento... de Ana de Austria

bienaventurados 20 y, por el contrario, uno de los mayores castigos con


que Dios amenaza a los malos es dezirles que borrará sus nombres para
que no quede perpetuamente rastro ni memoria dellos, no será, Señor
Illustríssimo, ageno de servicio celebrar con escriptos (que paresce que
tienen especie de eternidad) algo de lo mucho con que nuestro Señor
ha dotado la persona de Vuestra Señoría Illustríssima porque
resplandesce y campea tanto la governación de la política de toda la
monarchía del Cathólico Rey don Philippe, nuestro señor, con la
5r
Dotes y prendas del assistencia, presidencia, y buen govierno de Vuestra Señoría
ánimo Illustríssima que ello mismo (sin ninguna specie de adulación) testifica
muy bien la prudencia en proveer y prevenir las cosas importantes y de
grande peso, la constancia y firmeza en executar y deliberar, la rara
sabiduría en resolver, despachar y concluir negocios, la clemencia y
serenidad en oir los negociantes, la severidad en el juizio, la compostura
de la persona tan exemplar, la decencia y decoro de todas las cosas. Es,
Señor Illustríssimo, para que, considerándolo todos, demos muchas
gracias a nuestro Señor y loemos la felicidad de nuestros tiempos, que
gozan de un suppuesto, que Su Divina Magestad para su reformación
paresce aver misericordiosamente guardado.
Felices sucessos del De esto no es pequeño argumento ver las cosas memorables,
tiempo del illustríssimo prósperas, y de felices y dichosos successos, pues en discurso de dos
casamiento de Su
Magestad.
años ha visto Vuestra Señoría (nivelándose todo con la regla y cartabón
de su maduro consejo) un tan felice y dichoso matrimonio entre los
Sereníssimos Reyes Católicos, don Philippe Segundo y doña Ana de
Austria, I deste nombre, señores nuestros (como ya cuento tan
largamente en este mi libro) de donde, mediante el favor divino, se han
derivado tantos y tan notables bienes a la República Christiana, bien y
5v
adelantamiento destos reynos.
Pacificación del reyno Pues en treze de deziembre de 1570, después de la venida de Su
de Granada por el Magestad, entró el Sereníssimo don Juan de Austria en esta real Corte
Señor Don Juan de
Austria.
con tanto triumpho, dexando Su Alteza llanos los alborotos y rebelión
de vassallos, que con tan furioso ímpetu en tan poco tiempo avía

20 Durante el Renacimiento, y como consecuencia del culto a los valores de corte individualista, se desarrolló
muchísimo la preocupación por la propia imagen y la memoria, lo que obligaba a practicar la propaganda sobre
uno mismo en función del futuro. Gracias a los nuevos principios racionales de selección establecidos por la
burguesía, cualquiera podía ser merecedor de la fama, al margen de los principios tradicionales que gravitaban en
torno a los orígenes familiares y a la tradición. Por eso el cardenal Espinosa, que pertenecía a una familia de
cristianos viejos sin recursos, aprovechó su sagacidad intelectual y su encumbrada posición en la Corte para
ejercer una labor de mecenazgo con intelectuales y artistas, que pretendió instrumentalizar para llegar a lo más
alto en vida, y gozar de fama en los medios cortesanos después de ella. El propósito de López de Hoyos de
poner por escrito la fiesta celebrada con ocasión de la entrada de la reina Ana, ofreció al Cardenal la ocasión de
que su celebridad arraigara también en el profanus vulgus (VON MARTIN 1981, 87). Por eso, la obra se abre con la
enumeración de sus virtudes políticas -y se destacan sus muchos méritos y dotes en las tareas de gobierno que,
además, gozan de la correspondiente sanción divina, lo que hace de él un modelo de humanista católico-, en
evidente paralelismo con el modelo propuesto en Felipe II y recogido en el tercer arco que cerraba el recorrido
triunfal madrileño.

89
JUAN LÓPEZ DE HOYOS

crescido, de manera que avía alborotado la quietud y paz destos reynos,


y entrando tanto número de bárbaros africanos que no fue de pequeño
negocio ni de menos estima la pacificación del reyno de Granada 21.
Tras esto ver la venida a esta Corte del Illustríssimo y
Reverendíssimo Miguel Bonello, cardenal alexandrino, legado a latere y
Venida del
illustríssimo legado.
sobrino de Su Santidad, del Pontífice Máximo, Pío V, postrero de
setiembre 1571, día de un tan grande santo, cardenal, presbýtero, y
doctor de la Santa Iglesia Romana, como Sant Hierónymo: aviendo
Vuestra Señoría Illustríssima, quatro días antes, salídole a recebir y
regalar, con la demostración que se requería entre dos tan grandes
príncipes de la Iglesia y de un mismo colegio apostólico, tres leguas de
la Corte, a Barajas, una muy hermosa villa de don Francisco Çapata,
mayordomo de Su Magestad de la Reyna, nuestra señora.Y después de
6r aver el Cathólico Rey don Philippe, nuestro señor, este día (como tan
Acompañamiento del cathólico y piadoso a nuestra religión christiana) salido a recebir con
legado. toda la Corte y grandes, hasta la entrada de Madrid, con todo el cabildo
y cruzes de todas las parroquias, todas las órdenes de religiosos en
grandíssimo número y frequencia, viniendo hasta la iglesia de Santa
María, donde Vuestra Señoría Illustríssima recibió al illustríssimo y
reverendíssimo legado 22; y de allí hecha oración, le acompañó Vuestra
Señoría hasta su posada, que estava tan realmente adereçada que a
ningún príncipe se le podía offrecer cosa más suprema; en conclusión,
como de la grandeza de Su Magestad Cathólica, por cuyo mandado y
orden se previno todo.
Y dentro de pocos días, por la misericordia de Dios,
continuándose la prosperidad y felices successos ha su divina Magestad
Claríssima victoria y
triumpho contra el
con tan maravillosa franqueza concedido a España en tiempo de
Turco, por el Vuestra Señoría illustríssima una de las más esclarecidas victorias, que
Sereníssimo don Iuan en tiempo de ningún emperador ni monarcha del mundo se ha visto ni
de Austria. alcançado, ni emos oído ni leído, después de la del mar bermejo y la de
Themístocles atheniense, la qual concedió Dios al Sereníssimo Príncipe
[6v] don Iuan de Austria, hermano del Cathólico Rey don Phelippe
segundo, nuestro señor, hijo del emperador Carlos Quinto, rey y señor
de España y capitán general de la santa y cathólica Liga de los príncipes
christianos, contra la maldita bestia del gran turco Solymano, infieles y
rebeldes; el qual, destruyendo toda la poderosa armada turquesa, ha
alcançado immortal triumpho, porque venía la más pujante que jamás
havía parescido, porque se havía poblado y guarnecido de gente de
21 La ayuda que recibieron los moriscos de los musulmanes turcos y berberiscos fue muy limitada, y si la guerra
contra ellos se prolongó por espacio de más de dos años fue debido a la inapropiada designación del marqués de
los Vélez para dirigirla y a que las mejores tropas del Rey se encontraban en el exterior, sobre todo en Flandes,
por lo que hubo que hacerla con milicias señoriales y concejiles que no tenían disciplina ni espíritu guerrero
(DOMÍNGUEZ ORTIZ 1988, 86).
22 Según León Pinelo el legado papal hizo en Madrid una entrada triunfal para la que se utilizó el itinerario

tradicional por la calle y puerta de Atocha.

90
Real apparato y sumptuoso recebimiento... de Ana de Austria

Sobervio movimiento de refresco, que se averiguó, que passavan los que en ella venían de más de
la gente de la armada ciento y treinta mil hombres, los quales se havían luzidamente en el
turquesca.
puerto de Lepanto, bastecido con todo género de armas y municiones,
Número de galeras y con dozientas y treinta galeras, y cinquenta galeotas gruessas
galeaças turquescas. poderosamente armadas 23. Viniendo con muy próspero y favorable
Galeras del señor don viento, fue descubierta por la armada del señor don Iuan que eran
Iuan. dozientas y tres galeras y seis galeaças a la buelta de las islas de las
Escorchalaras, camino de Lepanto.
Donde, con razonamientos no menos amorosos que graves,
El señor don Iuan de animosos y de grande efficacia, cohortando y animando a todos sus
Austria a su gente.
capitanes, les significava el gran servicio que a Dios se hazía en esta
sancta jornada: y que mirassen que, como valerosos y hijos de la santa
[7r] yglesia, esposa de Iesu Christo, havían de pelear tan animosamente que
siguiessen el estandarte y vandera de nuestra santa fe cathólica hasta
morir, pues mediante su virtud y favor celestial se havía de alcançar con
grande triumpho la victoria. Y pues veían que la armada turquesca no
perdía tiempo, trayéndolo harto favorable, pretendiendo ganar el sol,
con grande presteza se apartassen a los lugares como por Su Alteza
estavan distribuidos. Y enarbolando los crucifixos y estandartes, toda la
armada con grandíssima devoción los adoró y hecha oración, los padres
de la Compañía de Iesús y capuchinos embiados por Su Sanctidad
hizieron la absolución del santo jubileo que Su Sanctidad concedió. En
El viento se sossegó y aquel tiempo milagrosamente se quietó y sossegó el mar y bolvió el
24

bolvió favorable, hecha viento tan próspero a nuestra armada que la contraria fue forçada a
oración. amainar las velas, y venir a remo, lo qual no fue pequeña providencia de
Nuestro Señor para que su armada tuviesse lugar para ponerse y
distribuirse por muy buen orden para la batalla. Y haviendo el gran
Baxá generalíssimo de la armada turquesca sentido mucho y tenido
23 De acuerdo con lo visto en la Introducción, la defensa del Mediterráneo contra los turcos no figuraba
entre las prioridades políticas de Felipe II, quien se limitó a fortificar el litoral con torres costeras y a
mantener una flota de galeras que realizó acciones puntuales. Pero en 1570 la situación se agravó con la
sublevación de los moriscos de quienes se rumoreaba que habían solicitado ayuda en el exterior, y coincidió
con la pérdida de Chipre, que era de Venecia. El papa Pío V consiguió su ansiado deseo de formar una
Santa Liga, que concluyó con la victoria hispanoitaliana de Lepanto el 7 de octubre de 1571. López de
Hoyos ofrece una información parcial al omitir que la victoria costó a los cristianos 8.000 muertos y 15.000
heridos y el quebranto económico que supuso para la Hacienda Real (que culminó en la bancarrota de
1572), y se limita a describir la batalla en términos laudatorios sin abordar aspectos espinosos como el
enfrentamiento de Don Juan de Austria con los almirantes aliados venecianos, o los roces habidos con el
Papa. Por el contrario, todos estos detalles los proporciona Ambrosio de Morales, aunque el historiador los
autocensura por razones político-diplomáticas (Descriptio Belli nautici et expugnatio Lepanti per D. Ioannem de
Austria, Edic. de COSTAS RODRÍGUEZ 1987).
24 El adverbio “milagrosamente” nos hace pensar en una intervención divina para producir vientos

favorables a la flota de la Liga durante la batalla de Lepanto. Las palabras de López de Hoyos nos recuerdan
inevitablemente la narración de Virgilio (Aen. I 30-150) en torno a la tempestad desencadenada por Eolo a
instancias de Juno y la posterior intervención de Neptuno apaciguando los vientos. Las coincidencias no
acaban aquí: la virgiliana loca feta furentibus Austris, Aeoliam (vv. 51-52) era localizada junto al estrecho de
Messina, lugar del que partió precisamente la flota de la Liga para la batalla de Lepanto.

91
JUAN LÓPEZ DE HOYOS

Baxá, generalíssimo de la armada turquesca, sentido mucho y tenido


[7v] por caso de menos valor que la armada española fuesse a buscarlo a su
misma casa, mandó a un captivo christiano le señalasse la capitana
española, diziendo muchas bravezas y blasphemias, con grande ímpetu
Principio de la batalla y ferocidad se previno para envestirla. Mas el Sereníssimo don Iuan de
naval. Austria con un ánimo tan cesáreo, heredado del invictíssimo emperador
Carlos V, su padre y señor nuestro, con el cuidado que de executar su
buen zelo y voluntad tenía, se fue derecho a la real turquesca, donde
generosíssimamente mostró el valor de su ánimo y con grande ímpetu y
furor se travó una batalla naval, la más cruda y sangrienta que jamás se
Victoria, degollado el vio. Finalmente, Señor Illustríssimo, a honrra y gloria de Dios, dentro
gran Baxá. de spacio de hora y media Su Alteza alcançó la victoria de la real
turquesca, degollando en ella al Baxá, con grande destroço y rica de más
de quinientos turcos que en ella muertos se hallaron, y derribando Su
Alteza el impío estandarte, arboló la cruz y victoriosa vandera de Iesu
Christo.
Al qual tiempo las galeras venecianas alcançaron también la
victoria a su parte, y siguiéndola su Alteza fue nuestro señor servido
dársela tan esclarecida y abundante, quanto vuestra Señoría illustríssima
[8r]
le havía pronosticado, quando tan enternecidamente se despidieron,
partiéndose el Sereníssimo Don Iuan de Austria desta real corte de su
Magestad cathólica. Porque demás de las que en la batalla se echaron a
fondo y quemado, Su Alteza, tomó ciento y setenta y cinco galeras y
doze galeotas, y en toda esta tan próspera victoria y tan comunicada del
cielo, sólo faltó de toda la armada del señor don Iuan una galera de
venecianos.
Hizo Su Alteza, como tan esclarecido príncipe, merced a
muchos capitanes y dio libertad a quinze mil captivos christianos que
havían quedado buenos y sanos de la batalla, poniendo en todos los
demás heridos, como piadoso y cathólico, tanto cuidado que de su
galera real les embiava muchos regalos y socorros hasta ponerlos en el
recaudo y alojamiento que les era necessario.
Processión general Dexo la solenníssima processión general, otro día de sabida la
nueva , que fue día de todos santos, primero de noviembre 1571, que
25

en hazimiento de gracias Vuestra Señoría Illustríssima ordenó, en la


qual assistió Su Magestad Cathólica del rey don Philippe nuestro señor
y, yendo Vuestra Señoría a su lado, precedía de pontifical el
illustríssimo y reverendíssimo legado; dicha missa en el monesterio de
Sant Phelippe, de la orden de Sant Augustín, con los dos obispos de
[8v]
Same y Temi 26 que también con capas de brocado y mitras llevaban el

25 López de Hoyos omite el dato de que la noticia de la victoria no le llegó al Rey, sino al embajador de Venecia
en Madrid (KAMEN 1997, 144) el 29 de octubre por la tarde. Lope de Figueroa, enviado de Don Juan de Austria,
no llegó hasta el 22 de noviembre, según cuenta Luis CABRERA DE CÓRDOBA (1876, II, 121).
26 López de Hoyos parece referirse aquí a dos obispos auxiliares, quienes, probablemente, habrían viajado a

92
Real apparato y sumptuoso recebimiento... de Ana de Austria

gremial 27. Assistieron también los grandes destos reynos, consejos,


señores de título, toda la capilla real cabildo y clerezía desta Villa, con
todas las religiones y conventos, que fue cosa maravillosa la devoción
de todos en universal, y el ornato de todas las calles hasta la iglesia de
Santa María, la frequencia de prelados, assí españoles como estrangeros.
Y para que las mercedes que nuestro Señor ha hecho a estos
reynos, fuessen como dizen de bien en mejor y se viesse claramente
quán a bola vista ha sido Su Divina Magestad servido en tiempo de
Vuestra Señoría, succediessen tantos y tan desseados dones celestiales.
No muchos días después deste esclarecido triumpho, bolviendo
los siglos y edad de oro 28, con que Dios es servido perpetuar en estos
Nacimiento del
Sereníssimo príncipe
reynos la felicidad, y buenas prendas de su santa fe cathólica, nos dio
don Fernando de un príncipe fructo bienaventurado deste santo matrimonio, a quatro de
Austria, nuestro señor. deziembre de mil y quinientos y setenta y uno; nació martes a las dos
horas y poco menos de un quarto, a la mañana contando las horas
usualmente, porque, conforme a cuenta astrológica 29, fue a tres del

España con el legado pontificio de Roma y serían los titulares de estas dos diócesis. Era habitual que este
tipo de obispos, muy especialmente en la curia romana, tuviesen asignadas diócesis, aunque sus gobiernos
no fuesen efectivos, por no estar las localidades bajo la jurisdicción eclesiástica. No hemos podido
identificar con absoluta seguridad estas dos localidades, aunque la primera, Same, creemos que se trata de
Cefalonia, cuyo nombre antiguo era Samos y que en latín aparece documentada como Same. Se da la
circunstancia, además, de que esta isla había sido conquistada por los españoles a los turcos en la expedición
de 1500 mandada por el Gran Capitán y Diego García de Paredes. Temi, en cambio, no aparece como tal,
aunque podría tratarse de Teme, denominada habitualmente Tima o Tama, una población de Egipto, en la
gobernación de Gharbjya, en la orilla izquierda del Nilo. No obstante, cabe la posibilidad de que López de
Hoyos no transcribiera bien el nombre y se refiriese a Temisa (Temese o Temesa), hoy Torre dei Lupi, o a
alguna otra localidad de nombre similar. Cuestión aparte, pero no menos interesante, es el hecho de que los
nombres estén escritos en minúscula, frente a la costumbre habitual de la edición de escribir con inicial
mayúscula, tanto antropónimos como topónimos. Cabe preguntarse si obedece a un descuido tipográfico o
a una falta de comprensión del autor sobre estas denominaciones.
27 Se refiere al paño de forma rectangular, como el frontal de altar, que llevan los tres clérigos de la misa

conventual de las catedrales, e iglesias que gozan del mismo privilegio, en la procesión claustral y en algunas
otras. En el Tesoro de la lengua castellana de COVARRUBIAS (1624, s.v.) se da una explicación de la palabra que
se corresponde perfectamente a lo descrito en el texto: “frontalete de que usa el obispo en el pontifical, el
qual tienen de una parte y de otra los dos assistentes, como muro entre el prelado y el pueblo, por su
excelencia y dignidad, con el que está apartado y exceptuado de los demás.”
28 Durante todo el trayecto festivo se había pretendido transmitir la idea de que el reinado de Felipe II era

una nueva Edad de Oro (especialmente f. 142 r.) que traería de nuevo a sus posesiones el original estado de
orden y bienaventuranza que existió en la Antigüedad sobre la Tierra. Los humanistas veían en América el
lugar donde sobrevivía esa Edad de Oro perdida en Europa. Felipe II tenía la suerte de poseerla y, además,
allí se producía el oro con el que se conseguía el resto del poder. La premonición hecha a Eneas, (Virg., Aen.
VI, 791-794): hic uir, hic est, tibi quem promitti saepius audis, / Augustus Caesar, diui genus, aurea condet / saecula qui
rursus Latio regnata per arua / Saturno quodam..., permite equiparar la figura de Julio César, la persona que
habría de reinstaurar la edad dorada, con la del monarca Felipe II.
29 En 1582 se realizó la reforma del calendario con la que se establecieron los años bisiestos. Fue impulsada

en los países católicos por el papa Gregorio XIII (calendario gregoriano), para poner de acuerdo el cómputo
oficial del tiempo con la verdadera situación astronómica (CABOT 1998, 160), para lo cual se suprimieron
diez días en el mes de octubre. La observación de López de Hoyos de que en el momento del parto de la
reina hubo dos mediciones de tiempo distintas, con una diferencia de 11h, 25’ entre ambas, pone en

93
JUAN LÓPEZ DE HOYOS

dicho, a catorze horas y media y diez minutos 30.

[1r] Capítulo primero

En que se contiene el viaje felice y próspera navegación de la


Magestad de la Reyna doña Anna de Austria, nuestra señora.

Después que por la felicidad de todos los reynos y estados del


Cathólico Rey don Phelipe, nuestro señor, segundo deste nombre, fue
Dios servido que la reyna doña Anna, hija del emperador Maximiliano
II y de la emperatriz doña María de Austria, partiesse de Alemania y
saliesse de los imperiales palacios de la ciudad de Spira, primero de
1v septiembre deste año de mil y quinientos y setenta, para venir a celebrar
estos tan santos y desseados casamientos que por el bien universal de la
República christiana, nuestro Señor ha ordenado; en todo su viaje fue
muy servida con sumptuosos recebimientos y regozijos públicos de
todos los pueblos y ciudades por donde Su Magestad passó, hasta llegar
a sus estados de Flandes, donde desembarcó en Nimega, ciudad del
Desenbarcación en ducado de Güeldres, a la ribera del Rhin, y los príncipes del Imperio
Flandes. que a Su Magestad acompañaron hasta esta ciudad se bolvieron dende
allí, aviéndoles dado Su Magestad muy preciosas joyas y aventajadas
preseas que don Fernán Álvarez de Toledo, duque de Alva, governador
de aquellos estados tenía allí aparejadas para el servicio y felice venida
de Su Magestad 31.
2r En este medio vinieron los procuradores de aquellos estados a
Servicio y regozijo besar la mano y dar la obediencia a Su Magestad y le hizieron servicio
público de Flandes.
de cien mil escudos. Concurrió al rescebimiento y desembarcación de
Su Magestad en esta ciudad, la flor de nuestra nación española que en
aquellos estados se halló, con toda la gente de guerra, assí de a pie
como de a cavallo, y don Fadrique de Toledo, mayorazgo y heredero de

evidencia la urgencia de la reforma.


30 El testigo final de la página es: “La ale”; sin embargo en la siguiente comienza el capítulo primero del viaje

y navegación de la reina Ana de Austria. Tal vez aquí debía continuar el relato del bautizo que finalmente fue
suprimido.
31 Los Países Bajos vivían en situación de abierta hostilidad con España desde el verano de 1567, cuando se

presentó allí Don Fernando Alvarez de Toledo con dieciocho mil soldados de infantería dispuesto a emplear
métodos férreos para que aquellos estados aceptaran la monarquía absoluta de Felipe II. Tras la decapitación
pública en 1568 de los condes Egmont y Hornes, acusados de alta traición, y la sangrienta intervención del
Tribunal de los Tumultos, el Duque de Alba consiguió un breve período de calma engañosa que fue
aprovechado por el Rey para modificar el itinerario del viaje de doña Ana, proyectado incialmente por el
Mediterráneo. Probablemente, además de las mayores garantías de seguridad que ofrecía el Atlántico en estos
momentos, se intentó revitalizar el eje comercial que se encontraba en quiebra desde 1568 por el constante
hostigamento de los corsarios ingleses a los barcos españoles. López de Hoyos no alude a los tristes hechos
sufridos por los flamencos, probablemente porque el cardenal Espinosa había impulsado las medidas radicales
allí tomadas. Pero la presencia de la “gente de guerra, assí de a pie, como de a cavallo” deja traslucir el conflicto,
pese a que se intente enmascarar con los torneos, triunfos, aparatos y espectáculos montados para la ocasión.

94
Real apparato y sumptuoso recebimiento... de Ana de Austria

la casa de Alva, hizo un muy buen torneo de a pie, y don Fernando de


Toledo, su hermano, prior de San Iuan, otro de a cavallo. Uvo en esto
muchas invenciones e ingenios de fuego, triumphos, aparatos y
spectáculos de grande magestad, con que la Reyna, nuestra señora,
2v recibió mucho contento, assí por averse recreado del trabajo del largo
viaje, como por la voluntad con que todo se le offreció. Finalmente Su
Magestad vino a Vergas 32, donde assimismo fue recebida con grandes
apparatos y regozijos, y aviendo esperado allí algunos días buen
temporal para hazerse a la vela con próspera navegación, a los veinte y
quatro de septiembre a las diez horas de la mañana se embarcó con un
viento gregal, qual todos esperavan de la mano de nuestro Señor.
Navegando Su Magestad (por la misericordia de Dios) felice y
tranquilamente, la reyna de Inglaterra embió diez navíos que la
acompañassen 33 y de su parte le offreciessen los puertos, y todo lo
demás de que se quisiesse servir en su reyno, y el Almirante de
Ingalaterra truxo en nombre de la Reyna, su señora, un diamante de
gran valor, el qual Su Magestad recibió, y aviéndoles hecho mucho
3r favor, los despidió muy contentos, dando él y capitanes muchas preseas
y cadenas de oro.
Viniendo, pues, con tan próspero viento, y haziendo nuestro
Señor tantas mercedes a estos reynos de illustrarlos con la presencia y
felice venida de la Reyna, nuestra señora, tomó tierra en el puerto de
Santander y desembarcó a tres del mes de octubre deste año de 1570 34.
Bien es de considerar y tener en mucho el remedio y medicina

32 Creemos que se trata de la actual ciudad neerlandesa Bergen-op-Zoom. Ana de Austria, como comenta
unas líneas antes López de Hoyos, había salido de Spira, navegando por el Rin hasta Nimega; de allí viajó
hacia el Occidente para buscar una salida al mar. Bergen-op-Zoom está situada a orillas de la costa y cerca
del Escalda, en uno de los profundos golfos de los Países Bajos, Oosterschelde, en la región de Brabante
septentrional, limítrofe con la de Zelanda, cuya parte sur pertenece a la región natural de Flandes. La salida
al mar por esta localidad era una vía natural y una de las más cercanas desde Nimega.
33 El Duque de Alba reiteró a Felipe II el consejo de que debía mantener la paz con Inglaterra para mejorar

el tráfico comercial y para que Isabel I no se aliara con Francia. Por eso el Rey intentó evitar la excomunión
de la reina inglesa y se enfureció cuando se publicó la sentencia papal en febrero de 1570. En mayo reiteró
sus deseos de amistad y alianza (KAMEN 1997, 139), a todo lo cual Isabel respondió agradecida en
septiembre ofreciendo a doña Ana un valioso regalo, acompañamiento naval y garantías en sus puertos. Pero
esta situación de distensión se rompió cuando, en el verano de 1571, circularon los rumores de que Felipe
pretendía derrocar a Isabel, proclamar a María Estuardo y conseguir, así, el apoyo de los católicos en la
cuestión flamenca.
34 El Correo tardó dos días en salvar la distancia entre Santander y Madrid. De acuerdo con la descripción de

caminos hecha por el valenciano Juan de Villuga en 1546, de Laredo y Santander partían dos vías principales
que confluían en Burgos, desde donde se llegaba a Valladolid siguiendo un eje que permanecía casi
inalterable desde época tardorromana. De Burgos salía otro de los más frecuentados que, pasando por
Medina del Campo, terminaba en Toledo. Este fue uno de sus últimos momentos de esplendor. Entró en
decadencia a consecuencia de la debilidad del comercio por el Atlántico, de la disminución del número de
pólizas de seguro marítimo contratadas (DOMÍNGUEZ ORTIZ 1974, III, 145) y de las dos quiebras sufridas
en Burgos y Medina del Campo en 1560 y 1568 por las guerras de Flandes, mientras que las rutas del sur
aumentaron su densidad de tráfico.

95
JUAN LÓPEZ DE HOYOS

con que nuestro Señor cura las afliciones y trabajos destos reynos, pues
aviendo llevado con tanto sentimiento de la República Christiana a la
Nota
reyna doña Ysabel de Valoys, víspera del bienaventurado San Francisco
del año de sesenta y ocho, este mismo día ha alegrado a todo el mundo
3v con un don de una reyna tan santa, religiosa y de tantas dotes del ánimo
y del cuerpo.
En este tiempo el cardenal de Sevilla, don Gaspar de Çúñiga y
Avellaneda, y el duque de Béjar, a quien la Magestad del Rey don
Phelipe avía dado cargo del recebimiento de la Reyna, nuestra señora, a
la entrada de España, estavan en el puerto de Laredo esperando que allí
sería la desembarcación 35. Tenían estos dos príncipes gran aparato de
bastimentos, regalos y toda la nobleza de España que con sumptuosos
y excesivos gastos, con grande franqueza y liberalidad avían convocado
para este tan real y solenne rescebimiento. No se deve pequeña parte
de la prevención y gran copia que de todo avía abundantíssimamente al
licenciado Gaspar Ortiz, alcalde de la Casa y Corte de Su Magestad y de
4r su real Consejo, porque muchos días antes con gran diligencia hizo
bastecer toda la tierra y en todo el viaje hasta llegar a la real Casa de
Madrid, sirvió a Su Magestad con harto cuidado.
Teniendo, pues, estos dos príncipes aviso del prior don
Hernando de la felice desembarcación de Su Magestad, partieron luego
para Santander, donde, con la magestad y grandeza que se esperava,
hizieron el oficio devido. Allí en Santander se detuvo Su Magestad treze
días y partió para Burgos a diez y seis del mes de octubre, adonde fue
rescebida con gran apparato (como en ciudad tan opulenta y rica) de
arcos triumphales y otras invenciones agradables 36, con que dieron bien

35 Inicialmente se pensó que ambos personajes fueran a Génova a recibir a doña Ana (AGS, PR, 57-1), pero en
junio de 1570 se modificó el itinerario. Felipe II les dio instrucciones concretas (AGS, PR, 57-21) y precisó todos
los detalles, de entre los cuales llama la atención el diferente trato que debían de dar a la recién llegada:
circunspecto y solemne cuando se encontraran en público, y más afectuoso en privado (CHECA 1992, 184,
n.304). También envió a Laredo varios aposentadores para que tuviesen todo previsto a la llegada de la Reina, y
mandó su coche y su litera.
Laredo era el puerto fortificado que se venía utilizado en los desembarcos reales. Allí atracó Carlos V en
septiembre de 1556 y Felipe II tres años después, y debería de haber sido el puerto de embarque del Rey en su
frustrada vuelta a Flandes. Pero el efecto de las tormentas y las corrientes marinas obligó repetidas veces a desviar
el itinerario previsto. Recuérdese, por ejemplo, que cuando Carlos V llegó en 1517 a Villaviciosa de Asturias,
donde no se le esperaba, sus habitantes huyeron cuando avistaron su flota de cuarenta barcos pensando que se
trataba de una invasión (LYNCH 1991, 49).
36 La Entrada de la reina Ana en Burgos está recogida en la anónima Relación verdadera, del recebimiento que la

muy noble y más leal ciudad de Burgos, Cabeça de Castilla, y cámara de Su Magestad hizo a la magestad de la Reina nuestra
señora, doña Anna de Austria, primera de este nombre: pasando a Segovia para celebrar en ella su felicissimo casamiento con el
Rey don Philippe Nuestro Señor, segundo de este nombre, Burgos, 1571, p.179 y ss. (CHECA 1992, 184-186). La
ciudad de Burgos, intentando competir con Madrid y Segovia en la preparación del evento, preparó un
amplio y rico despliegue decorativo en el que el tono heroico y moral de las representaciones y las
referencias a la Antigüedad constituyeron las principales características, dentro de un contexto de exaltación
de la historia local, a la que se pretendía relacionar con la de la monarquía hispana, como también ocurrió en
Segovia. Con esta última intención se elaboró un primer arco de estructura efímera, donde se rememoraba a

96
Real apparato y sumptuoso recebimiento... de Ana de Austria

a entender el alegría pública que tenían y la merced que de Su Magestad


4v avían rescebido en aver sido servida de endereçar su camino por aquella
ciudad: de la qual dentro de pocos días partió para Valladolid, y por
todos los pueblos que Su Magestad passó, fue cosa harto digna de ser
historiada, el regozijo con que era recebida. Dexo de contar el gran
concurso de los grandes, illustres y de la cavallería que a servir a Su
Magestad de todas las partes de España concurría.
Digno es también de memoria el aparato y magestad con que los
Sereníssimos príncipes de Ungría y Bohemia, Rodolpho y Arnesto,
salieron a rescebir a su tan chara y amada hermana, la Reyna, nuestra
señora 37, con más de setenta postas, acompañados de su ayo, Día
Tristán, el conde Tribucio, el Correo Mayor 38, don Ladrón de Guevara,
don Iuan de Ludeña, Octavio Espíndola y otros muchos illustres, que
5r con sobervios y muy biçarros adereços de camino acompañavan a Sus
Altezas; llegaron a Sanctoveña, aldea de Valladolid, distancia de una
legua, de donde oída missa (la qual en todo este viaje celebró don
Hierónymo Çapata, arcediano de Madrid en la santa iglesia de Toledo),
con mucha alegría y contentamiento partieron para Valladolid.
Passo en silencio el recebimiento de arcos, invenciones y otros
regozijos, la solemnidad y pompa con que don Iuan Çapata de
Cárdenas, natural de Madrid, obispo de Palencia, conde de Pernia y
presidente de la real audiencia de la Chancillería de Valladolid 39 a Su
Magestad recibió, porque mi principal intento no es historiar lo mucho
que en estos pueblos tan principales se hizo en servicio de Su Magestad
5v (dexándolo a las muchas personas doctas que en este caso pueden
estender y mostrar sus ingenios) mas de dar a entender lo mucho que
en esta real y coronada villa de Madrid, como en casa tan propia y tan

los héroes medievales de tradición castellana y burgalesa, y un segundo, realizado en piedra, en el que se
añadieron las alusiones relativas a la unión de España y Austria y las de las virtudes de un buen gobernante.
El programa decorativo incluyó también, como solía ser habitual, representaciones mitológicas en las que se
fundía lo pagano y lo cristiano, así como unos arcos específicamente dedicados al Rey y a la Reina, que
recreaban sus virtudes en un contexto religioso-moral.
37 El Rey puso todo su cuidado en que los primeros momentos de doña Ana fueran felices, a lo que, sin

duda, contribuyó la presencia de sus dos hermanos a quienes no veía desde 1564. Pero, por encima de sus
lazos de parentesco, hay que considerar el papel de delegados del Rey que jugaron los dos príncipes (a
quienes Felipe II venía destacando a su lado, como en la visita a Andalucía en febrero de ese año) al
acompañar a su hermana en el tramo final de su viaje hasta Segovia, donde la esperaba el Rey. Rodolfo y
Ernesto permanecieron en España hasta junio de 1571 y, al año siguiente, Rodolfo sería coronado rey de
Hungría.
38 La institución de Correo Mayor tuvo su origen en el reinado de los Reyes Católicos, pero había alcanzado

pleno desarrollo con Carlos V.


39 El día 16 de octubre, el mismo en que, en secreto, se daba garrote vil al barón de Montigny en el

vallisoletano castillo de Simancas, salía doña Ana de Santander. Simultáneamente el flamenco Jacques
Vandenesse se encontraba arrestado en Segovia, de todo lo cual había recibido instrucciones el presidente de
la Chancillería de Valladolid. Lógicamente debía flotar una cierta tensión en el ambiente, lo que explica que
López de Hoyos, aunque no alude a los flamencos para no comprometerse y no contrariar el ánimo real,
pase tan en silencio el recibimiento de Valladolid y Segovia.

97
JUAN LÓPEZ DE HOYOS

antigua de Su Magestad, afficionadíssimamente con grande curiosidad


se ha aparejado para su real recebimiento, con grandes y sobervios
gastos y industria y mano de los mejores artífices que en todos estos
reynos se han hallado.

Capítulo II

De lo que Madrid hizo y previno para la venida de Su


Magestad

El cuidado y voluntad tan aficionada a servir a sus reyes y


6r señores y en particular a quien tanto deve, como el Cathólico Rey don
Phelipe II, nuestro señor, ha sido cierto, digna de muy gran renombre y
de otro estylo que con palabras más graves y más significativas
declararán lo mucho que para este tan desseado y felice rescebimiento
previno, assí en calidad (como parecerá) como en gastos bravíssimos y
muy sumtuosos.
Primeramente por todos los caminos donde Su Magestad avía de
venir se dio orden de muy gran copia de bastimentos, y los passos
dificultosos y de grandes atolladeros allanó, assí como calçadas de
argamassa 40, como con ingenios y otros instrumentos fortalesció, para
que queden perpetuas. En particular se remedió uno de los más
importantes puertos o entrada que avía a un pago que llaman de
6v Vanigral 41, distancia de media legua de Madrid. Han trabajado en el más
de un mes ciento y cinquenta hombres cada día, gastóse grande número
de carretadas de piedra, allanóse un cerro, y queda enlosado, que se
representan aquellas vías stratas romanas (desto y de la puerta de
Guadalajara y su ornato, fue comissario Pedro de Herrera, regidor
antiguo deste pueblo, varón zeloso en las cosas tocantes al bien
público) y otros muchos barrancos y obras harto necessarias, que la
buena venida de Su Magestad ha remediado.
Esta planicie y llanura llega hasta la entrada del pueblo, donde se
ha hecho una de las mejores y más delectables recreaciones públicas
que ay en todo el reyno, porque es una salida a Oriente, junto a uno de
los muy reales y aventajados monesterios, assí en calidad y aposento de
7r Su Magestad, como en la mucha religión que en él se professa, de la
orden de Sant Hierónymo, de cuya antigüedad y fundación diximos en
el libro que de la reyna doña Ysabel de Valoys (que en gloria es)
40 Hay que recordar que en esta época los caminos estaban rara vez pavimentados, por lo que se usaban para el
transporte carros de ruedas forradas que se agarraban bien al suelo de tierra. Según se ha visto en la Introducción
las entradas y viajes triunfales solían aprovecharse para hacer reformas perpetuas de ingeniería y/o urbanismo, en
contraposición con la arquitectura efímera.
41 Se trata de un camino que atravesaba unas tierras y casas de labor, en el lugar ocupado después por el

Retiro, y que llegaba a la Carrera de San Jerónimo. En la documentación y planos de la época recibía el
nombre de Valnegral o Abroñigal (MESONERO ROMANOS 1861, 310, 332).

98
Real apparato y sumptuoso recebimiento... de Ana de Austria

el libro que de la reyna doña Ysabel de Valoys (que en gloria es)


compusimos. Esta tan sancta vezindad haze esta recreación pública
Salida del prado de
Sant Hierónymo.
muy calificada, y a esta causa le llaman el Prado de Sant Hierónymo, en
el qual se ha hecho una calle de más de dos mil pies de largo, y ciento
de ancho, plantada de muchas y differentes suertes de árboles muy
agradables a la vista. Al lado izquierdo, como entramos, ay otra calle
muy fresca de la misma longitud y tamaño y de muy gran arboleda de
una parte, y de otra muchos frutales en las huertas que la cercan. Los
7v árboles están plantados por sus hileras muy en orden, haziendo sus
calles proporcionadamente, mezclando las differencias de árboles, para
que sean más umbrosos y agradables.
En esta calle, a sus lados se hizieron quatro fuentes de singular
artificio, sumputosa fábrica y particular compartimiento: todas quatro
son de una muy excelente piedra berroqueña 42, haze cada una una bacía
de diámetro diez pies, media bara de borde, baziadas por dentro y
aovadas por defuera, assentadas sobre un balaustre de cinco pies de
alto, y grande corpulencia en su contorno. Tiene cada fuente unos
adoquines de piedra labrados harto polidamente, que tienen de
diámetro diez y siete pies.
Antes que se entre en el Prado se hizo un pilar que en castellano
más tosco llaman abrevadero, todo de cantería de piedra berroqueña.
8r
Tiene de largo más de setenta pies, de hueco más de doze, dos gruessos
Dos caños de la fuente caños de agua en los dos testeros, el uno sale por la boca de un delphin
del camino. de bronze que se levanta del agua más de dos pies, tiene una palabra de
letra de relievo que dize: Bueno, el otro caño sale por la boca de una
culebra, a ésta rodean dos arrebueltas, y en la sphera que hazen tienen
un espejo de bronze, y en medio dél dize: Vida y Gloria, que
corresponde con la letra del delphin del otro caño, que curiosamente se
suple una palabra por el delphin, y assí dize todo: Del fin bueno, vida y
gloria 43.
Las cinco fuentes del Prado hazen tan gracioso murmullo y salen

42 Recibían esta denominación los sillares o bloques de piedra granítica que se extraían de las canteras de la
sierra madrileña, para construir los paramentos o muros de edificaciones. Se usó frecuentemente en
construcciones de la Corona, entre ella el Alcázar de Madrid.
43 La composición parte del juego entre imagen y palabra, en clara alusión a la esperada fecundidad de la

Reina y a los beneficios que de ella habrían de seguirse. A esta idea responde la figura del delfín, identificado
con el futuro heredero. A su vez, la composición acude a un recurso muy empleado por la emblemática, el
de encerrar el mote o emblema relacionado con el príncipe en un círculo formado a partir de una culebra
enrollada. Su inspiración, de fuerte contenido simbólico, fue recogida por Horapollo, quien establecía una
relación entre la serpiente y la idea de eternidad, vinculándola también con el poder del gobernante y con la
amplitud de su dominio. Así, decía “para expresar “rey muy poderoso” pintan una serpiente que adopta la forma del
universo y ponen su cola en la boca; escriben el nombre del rey en medio del enrollamiento, dando a entender que el rey domina el
mundo” (Hier. I, VIII 2, cf. González de Zárate 1991, 193-194. En adelante seguimos la numeración de los
“jeroglíficos de Horapollo” dada por este autor). Esta idea fue también recogida por Piero Valeriano (P.
Valer.), Hieroglyphica, XV: Serpens.

99
JUAN LÓPEZ DE HOYOS

los caños por ellas tan artificiosamente que no nos notará el discreto
lector de affectados, en por extenso dar noticia dello.
1. Fuente de cinco A la mano derecha de la entrada del Prado, da luego la vista en
caños una fuente, de en medio de la qual salen cinco caños que suben los
8v
quatro tres pies en alto y al caer hazen quatro arcos que resuenan en el
borde de la bacía donde caen harto graciosamente. De en medio sale
otro que sube más que ninguno.
2. Fuente con más de De la que a ésta corresponde, a la mano izquierda, se levantan de
cien años en medio mucha abundancia de caños que hinchen toda la bacía en su
contorno, y hazen muy suave sonido. Tiene alrededor, labrado de
cantería, unos assientos en un semicírculo, para que de verano se goze
de una tan excelente recreación, porque el agua sale tan desparzida y
por tantos caños, que parece siempre llover.
3. Fuente con quatro Más distante de en medio de la que a ésta corresponde, salen
golpes de agua. quatro golpes de agua gruessos que suben más de quatro pies en alto, al
9r
caer cada uno dellos haze un gracioso arco que da en el borde de la
bacía, haze grande ruido y suave harmonía.
4. Fuente con 3 golpes La quarta, que graciosa y agradablemente se offrece a la vista al fin
gruessos de agua. de la calle y arboleda campeando, haze una muy vistosa perspectiva,
como objeto y blanco en que la vista se recrea; de en medio désta brota
con grande ímpetu una espadaña de agua más ancha que dos palmos,
de en medio de la qual salen dos caños a los lados gruessos de medio
real; suben cerca de una vara, hazen una apariencia y vista tan graciosa y
de tan gran artificio que quisiera yo poderlo particularmente significar.
5. Fuente con 4 caños Ay otra fuente que mira al monesterio de Sant Hierónymo,
ochavada de cantería bien labrada, tiene de alto cinco pies y doze de
9v
diámetro, assentada sobre dos gradas de cantería, con sus molduras
relevadas por la parte de fuera. De en medio de todo esto se levanta
una columna dórica con su basa y capitel, encima tiene una bacía con
un cobertor que haze un globo, o bola redonda con un bocel; por en
medio de la junta tiene quatro seraphines, en la boca de cada uno dellos
un caño de bronze hecho un balaustre por do sale el agua; está
singularmente acabado, con que esta recreación y salida es la más
insigne que en todos estos reynos se halla, por ser tan espaciosa y
desenfadada, con tanto ornato de fuentes y arboledas, huertas y aires,
que en esta parte soplan tan plácida, suave y saludablemente, que
paresce dilatarse los ánimos y desechar gran parte de melancholía,
estendiendo los ojos por tan agradable espectáculo, donde ninguna
10r parte se puede mirar, ociosa o valdíamente. Deste tan illustrado aparato
y su buen término fue comissario Diego de Vargas, más antiguo regidor
y de la antigua y valerosa familia de los Vargas de Madrid.

100
Real apparato y sumptuoso recebimiento... de Ana de Austria

Capítulo III

En que se pone el alegría y regozijo público que se hizo,


sabida la nueva de la desembarcación

Al principio desta relación diximos el día que Su Magestad


desembarcó, y sabida esta nueva en Madrid a los cinco de octubre, a las
dos de la mañana llegó el correo a don Antonio de Lugo, del hábito y
orden de la cavallería de Sanctiago, que al presente es corregidor, y
10v aquella hora salió de su casa, y por su persona y ministros de justicia,
dio orden para que se repicasse por todas las iglesias, que parescía
hundirse el pueblo, con tan gran harmonía, como de todas las partes
resonava, y con grande industria y diligencia previno trompetas,
atabales y menestriles, con que fue a dar el alborada al Illustríssimo y
Reverendíssimo Cardenal, don Diego de Espinosa, Obispo y Señor de
Siguença, Presidente del Consejo Real, Inquisidor general de España,
etcétera. De allí se anduvo con gran concurso, y todos estos
instrumentos músicos alegrando todo el pueblo. Tras esto, mandó sacar
quatro toros con pretales de caxcaveles, que corrieron por todas las
calles y plaças, con gran regozijo: todo el pueblo parescía hundirse con
las griterías de la mucha gente que a aquella hora se levantó, que en
11r todo este tiempo cessó en las casas de Ayuntamiento y Consistorio
desta Villa.
Mas porque todos estos regozijos se refiriessen a cuyos eran, y por
cuya misericordia ha venido tanta felicidad a estos reynos, se ordenó
una processión general para dar a nuestro Señor gracias por tan
misericordiosos bienes, con que Su Divina Magestad regala a todos sus
siervos.
Convocáronse para ella todas las cofradías con sus pendones e
insignias y todas las cruzes de las catorze parrochias y el Cabildo y
Clerezía desta Villa con toda la Capilla de Su Magestad. La orden de
Sancto Domingo, Sant Francisco, Sant Hierónymo, Sant Benito, Sant
Augustín, los mínimos de la Victoria, trinitarios, los de la Compañía de
Jesús, los mercenarios; el Illustríssimo y Reverendíssimo cardenal
11v Espinosa, etcétera, con todos los Consejos y Ayuntamiento desta Villa,
fueron después de vísperas con singular ornato de música de toda la
capilla real, menestriles, trompetas, atabales, hasta el monesterio de San
Francisco, por aver sido otro día después de su festividad, y tomándole
particular intercessor para que nuestro Señor sea servido de conservar
muchos años estos sereníssimos príncipes y señores nuestros, para que
la República Christiana y todos estos reynos vayan en perpetuo
augmento.
Este día se holgó generalmente por todos, y se tapiçaron las calles
con muchas sedas y brocados, por donde la processión avía de passar.
Venida la noche por todas las torres de todos los templos y casas
101
JUAN LÓPEZ DE HOYOS

Venida la noche, por todas las torres de todos los templos y casas
principales, y en las torres y chapiteles de la puerta que llaman de
12r
Guadalajara, mandó destribuir el Corregidor y Senado desta Villa
número de hachas para luminarias, y assí se pusieron, que realmente
parescía de día; así con esto, como con los ingenios de fuego que por
todas las plaças y calles de todo el pueblo se pusieron, no diziendo lo
que cada uno en particular ponía en sus ventanas.
El Corregidor con todos los cavalleros del Ayuntamiento, que
fueron Diego de Vargas, don Pedro de Ribera y Vargas, Pedro de
Herrera, Bartolomé Velásquez de la Canal y don Diego de Ayala y de
Luxán, sacaron seis quadrillas de a 10 de cavallo, cada una curiosamente
adereçada con marlotas de tafetán amarillo y capellares de carmesí, y
turbantes de terciopelo amarillo, plumas amarillas y coloradas, tafetanes
en los cavallos de la misma color, con sus hachas en las manos,
precediendo grande diversidad de música y géneros de instrumentos
12v
con que se alegrava todo el pueblo, ultra de la música que por diversas
partes el Corregidor havía distribuido. Con esto no hazía pequeña
consonancia el sonido de las campanas, que por todo el pueblo en
todos los templos repicavan, causava un regozijo tan universal que la
gente andava por las calles más frequente que de día.
Vinieron a palacio, donde a vista de los Sereníssimos príncipes de
Ungría y Bohemia, Rodolpho y Arnesto, hijos de los Sereníssimos
emperador Maximiliano II y de la emperatriz, doña María de Austria,
hermana del Rey, nuestro señor, hizieron un muy aventajado juego y
escaramuça con harta destreza 44.

13r Capítulo IIII

Del día que Su Magestad se casó y del concurso de grandes


que en las bodas se hallaron

Harto spacioso campo y materia bien subida se offrecía en este


capítulo, si por extenso quisiéramos relatar la solennidad de las bodas,
rescebimiento de arcos triumphales y juego de cañas y regozijos con
que la ciudad de Segovia 45 recibió a Su Magestad, particularmente por

44 A primera vista resulta sorprendente que el Rey no participara en los diferentes actos públicos, litúrgicos

y profanos, organizados por el Concejo de la Villa los días 5 y 6 de octubre, y que fueran sus sobrinos
Rodolfo y Ernesto quienes le reemplazaran, como ocurriría semanas después en Valladolid. En realidad el
Rey estaba presente en todas partes porque no lo estaba fisicamente en ningún lugar concreto. Se trata de
la manifestación de la “monarquía oculta”, un rasgo característico y distintivo de la monarquía hispana,
frente a otras europeas, y que era, precisamente, imagen de la magestad del Rey. Al ocultarse, el ya maduro
monarca a quien comenzaba a atacar la gota, pretendía evitar que sus súbditos concibieran de su persona
una imagen demasiado humana, sencilla y natural, y, en cambio, que lo identificaran como alguien
sobrehumano, capaz de encarnar tanto al vicario de Dios, como a Atlas, sostenedor del peso del mundo.
45 La ceremonia de Segovia se recoge en la Relación verdadera del recibimiento que hizo la ciudad de Segovia a la

102
Real apparato y sumptuoso recebimiento... de Ana de Austria

la assistencia y buen govierno en sus apriscos evangélicos de don Diego


Covarrubias de Leyva, obispo desta ciudad; mas como tengo dicho, mi
13v
blanco fin es dezirlo todo en suma, para que en substancia no se dessee
algo de lo de adelante, y la grandeza de todo quede en perpetua
memoria, principalmente el ornato y tan real aparejo y aparato
superbíssimo de todo el alcáçar y palacio real, que la Sereníssima
princesa de Portugal, hermana del Rey, nuestro señor 46, tuvo
prevenido, y las joyas y preseas que Su Alteza a Su Magestad dio, de
grandísima magestad y valor, que por no deslustrarlas es mejor passallas
en silencio, pues está bien entendido que el ánimo de Su Alteza tiene y
la recámera y joyas son las más raras prendas que hasta oy emos visto.

Magestad de la Reina nuestra señora doña Anna de Austria, en su felicíssimo casamiento, Alcalá, 1572. Segovia era la
ciudad más industrial de España, y destacaba por sus fábricas de paños de lana, en algunas de las cuales
trabajaban más de cien obreros. El cronista Colmenares hizo una relación de todos los gremios que, por
categorías, desfilaron en la Entrada a pie o a caballo. Estos últimos, los más distinguidos, eran los
monederos, los escribanos y los médicos (DOMÍNGUEZ ORTIZ 1974, III, 187-188). Como sede de
celebración del matrimonio real, Segovia preparó un espléndido despliegue decorativo que modificó de
forma sustancial la imagen de la ciudad. A su entrada se instaló un grupo escultórico con tres figuras sobre
pedestales que representaban a la ciudad y a dos de sus “hombres ilustres”: Don Fernán García y don Día
Sanz. El recorrido estuvo jalonado por cuatro arcos triunfales en los que las alusiones a la historia local se
mezclaban con representaciones mitológicas y de personajes reales que intentaban vincular su propia
historia con la de la Monarquía reinante y a ésta, a su vez, con el Imperio en el contexto de la lucha contra
el infiel, lo que otorgaba un tono heroico al conjunto del programa. A este fin contribuía la inclusión de
cuadros de batallas, como la defensa de Malta o la toma de San Quintín, siguiendo la tradicional línea
iconográfica de este tipo de actos festivos. Junto a ello, el programa decorativo incluyó también la
representación de las virtudes del Monarca y la de una saga de “emperatrices y reinas de Castilla”
acompañadas de virtudes. Como en el caso de Madrid, la celebración del festejo segoviano trajo consigo
importantes obras definitivas que afectaron a la imagen urbana. Además del acostumbrado allanamiento de
calles y caminos, se procedió al derribo de casas en el azoguejo y se preparó un espacio festivo ante el
Alcázar para el que se hubieron de derribar algunos muros y obstáculos físicos y visuales, entre ellos dos
arcos que dificultaban el paso del cortejo y la perspectiva de la residencia regia.
46 Doña Juana de Austria era la hija menor de Carlos V e Isabel de Portugal y, por tanto, hermana de Felipe

II y de María, la madre de doña Ana. En 1553 se casó con el infante Juan de Portugal, de cuyo matrimonio
nació el famoso don Sebastián. Meses después de fallecer su esposo, el 2 de enero de 1554, la joven infanta
volvió a Castilla donde actuó como regente en ausencia de su padre y su hermano, hasta 1559. Las crónicas
de la época la califican de “discreta” y “religiosa” (KAMEN 1997, 56) y, de hecho, fue ella quien tomó las
primeras medidas para atajar los brotes de luteranismo en 1558, en colaboración con el inquisidor Valdés,
además de ser la única mujer que profesó en la Compañía de Jesús. Fundó en Madrid, en la casa de don
Alonso Gutiérrez, donde había nacido, el monasterio de las Descalzas Reales, un pequeño palacio-
convento donde periódicamente se celebraban entretenimientos musicales (BONET 1986, 54), y a donde
también fue a retirarse su hermana, la emperatriz María, cuando enviudó de Maximiliano II. Los tres
hermanos se profesaron entrañable afecto durante toda su vida y Felipe II, siempre que podía, sacaba
tiempo para reunirse con ellas. Pese a ser quince años mayor que doña Ana, doña Juana estuvo presente en
todos los actos más importantes de la vida de la nueva reina, a quien siempre acompañó hasta su muerte en
1573.

103
JUAN LÓPEZ DE HOYOS

Bodas de Su Magestad Esto assí presupuesto, en catorze de noviembre de mil y


quinientos y setenta años, en la ciudad de Segovia 47, por la misericordia
14r
de Dios, y felicidad de todos estos reynos, se celebraron los
casamientos entre el muy poderoso y esclarecido príncipe, el rey don
Philippe, segundo deste nombre y la Sereníssima doña Anna de Austria,
señores nuestros: sea Nuestro Señor servido, por muchos años guardar
tan sancta compañía, para que estos reynos con su bendito fructo
amplíen la religión, paz y magestad, que con su presencia tienen.
El cardenal de Sevilla, don Gaspar de Çúñiga y Avellaneda,
celebró de pontifical en palacio, que estava adornado que jamás se vio
otra cosa igual y casó a sus Magestades. Fueron sus padrinos la
Sereníssima princesa de Portugal, doña Juana de Austria, y el
Sereníssimo príncipe Rodolpho. La assistencia y concurso de grandes
14v que allí se hallaron presentes ha sido una de las más raras cosas que en
España se han visto muchos días ha, por lo qual cosa tan notable no se
deve passar en silencio.
Suplico a todos me perdonen si en nombrarlos no guardare el
orden y decoro que devía tener, y reciban el servicio que en todo desseo
hazer, porque mi intención en esto no será maliciosa ni affectada (ya
que en lo demás sea falto), los quales todos traxeron consigo grandes
compañas y dieron riquíssimas libreas de estrañas maneras.
Primeramente los Sereníssimos príncipes de Ungría y Bohemia,
Rodolfo y Arnesto, hermanos de la Magestad de la Reyna, nuestra
señora, y los dos príncipes sus hermanos, que con Su Magestad
vinieron, Alberto y Vinceslao de Austria, el Illustríssimo y
Reverendíssimo cardenal, don Diego de Espinosa, Obispo y Señor de
15r Sigüença, Presidente del Consejo Real, Inquisidor general, etcétera, el
qual al tercero día que Su Magestad se casó, en la iglesia mayor de
Segovia (saliendo Sus Magestades a missa) dixo una missa de pontifical
con la mayor compostura y alteza que se puede dessear.
Asistieron también el Illustríssimo y Reverendíssimo cardenal de
Sevilla y don Francisco de Çúñiga y Sotomayor, duque de Béjar, y los
muy Illustres y Reverendíssimos Baptista Castaneo, arçobispo de
Rosano, nuncio de Su Santidad en estos reynos de España. El obispo
de Segovia, el arçobispo de Cassel en Yrlanda.
Don Íñigo Fernández de Velasco, condestable de Castilla,
etcétera.
Don Luys Enrríquez de Cabrera, almirante de Castilla, etcétera.
Su hijo don Luys Enrríquez de Cabrera, duque de Medina de
Rioseco, etcétera.

47La elección de Segovia fue decisión del Consejo Real, que presidía el cardenal Espinosa, como
conclusión a una polémica en la que Burgos y Valladolid también pugnaron para ser sede de la boda real
(AGS,PR. “lo que paresçe que se deve yr haziendo cerca de la venida de la Reina nra. sra. y casamiento,
1570” (citado por CHECA 1992, 481, n.312).

104
Real apparato y sumptuoso recebimiento... de Ana de Austria

15v Don Yñigo López de Mendoça, duque del Infantado, etcétera.


Don Francisco López Pacheco de Cabrera, marqués y duque de
Escalona, etcétera.
Don Juan de la Cerda, duque de Medinaceli, etcétera.
Don Gómez de Figueroa, duque de Feria, del Consejo de Estado
de Su Magestad y capitán de la guarda española de a pie y de a cavallo, y
su hijo Don Lorenço Suárez de Figueroa, Marqués de Villalva, etcétera.
Don Pedro Girón, duque de Osuna, etcétera.
Don Manrrique de Lara, duque de Nájara, etcétera.
El príncipe Ruygómez de Sylva, duque de Pastrana, camarero
mayor de Su Magestad y del Consejo de Estado, etcétera.
Don Antonio de Toledo, prior de León, cavallerizo mayor de Su
Magestad y del Consejo de Estado.
16r Don Fernando de Toledo, prior de Castilla, de la orden de sant
Iuan.
Don Luys Manrrique, marqués de Aguilar, caçador mayor de Su
Magestad.
Don Francisco de Sandoval, marqués de Denia, etcétera.
Don Fernando Ruyz de Castro, marqués de Sarriá, mayordomo
de la Sereníssima princesa de Portugal, doña Juana de Austria.
Don Pedro de Çúñiga y Avellaneda, conde de Miranda, etcétera.
Don Íñigo López de Medoça, marqués de Mondéjar.
Don Diego López de Guzmán, conde de Alva de Liste, etcétera.
El príncipe Vespasiano de Gonzaga, duque de Traiecto, capitán
general de la infantería italiana de Su Magestad, etcétera.
16v
Los señores de título

Don P. Fernández de Cabrera, conde de Chinchón, mayordomo


de Su Magestad y thesorero general del Corona de Aragón y del
Consejo de Italia.
Don Enrique de Guzmán, conde de Olivares y contador mayor
de la Contaduría de Cuentas.
Don Lorenço de Mendoça, conde de Coruña.
Don Pedro de Castro, conde de Andrada.
Don Francisco de Cobos, conde de Ricla.
Don Antonio de Çúñiga, marqués de Ayamonte.
Don Hierónymo de Benavides, marqués de Fromesta.
17r Don Rodrigo Ponce de León, marqués de Zahara.
Don Juan de Saavedra, conde de Castellar.
Don Francisco de Rojas, marqués de Poza.
Don Luys Sarmiento, conde de Salinas.
Don Francisco de Rojas, conde de Lerma, etcétera.
Don Francisco de Çúñiga, conde de Benalcaçar, etcétera.

105
JUAN LÓPEZ DE HOYOS

Don Fernando de Sylva, conde de Cifuentes, alférez mayor de


Castilla, etcétera.
Don Pero López de Ayala, conde de Fuensalida, etcétera.
Don Juan de Mendoça, conde de Orgaz, etcétera.
Don Gabriel de la Cueva, conde de Siruela, etcétera.

Italianos

El conde Ferrante Gonzaga, marqués de Castellón.


El conde Alphonso de la Summaria.
El conde Vinciguerra de Arcos Alemán.
El conde Ludovico Ladrón de Arcos.
Claudio Tribulcio, conde de Tribulcio.
17v
Capítulo V

De la venida de Su Magestad a Madrid

Celebradas las bodas en la ciudad de Segovia (como avemos


dicho), la Magestad de la Reyna, nuestra señora, vino poco a poco.
Partió Su Magestad lunes 20 de noviembre del bosque de Segovia, y
con Su Magestad, la Sereníssima princesa de Portugal, y los
Sereníssimos Príncipes y las demás señoras de título y de grande
Dicti a Carpento, quia autoridad, con grande número y frequencia de sereníssimos y cavalleros
eo utuntur in ex de toda la nobleza de España; y passados los puertos de la Fuenfrida 48
arcendis vecturis (que Julio César llama carpentanos en sus Commentarios) 49, con ser el
viciniores.
18r tiempo tan apretado de invierno, y aver nevado (con grande aspereza
de aires, que en Segovia se avía padescido) se le offreció este reyno de
Toledo 50, con tan quieto y agradable tiempo, como si fuera muy

48 En la Fuenfría se habían iniciado, en 1565, las obras de construcción de una pequeña Casa Real, más
bien un apeadero, para cuya finalización se apremió a Hernán García en 1570 para “antes que la rreina
nuestra señora venga”.
49 Los carpetanos no aparecen en la obra de César, sino en Livio (XXI 5, 6 y 16; XXI 9, 13; XXI 23, 4 y 6,

etc.) y en Plinio, Nat. Hist. III 19. López de Hoyos menciona también esta cuestión al hablar del origen del
nombre latino dado a Madrid, Mantua Carpetana, en la Declaración de armas de Madrid expuesta en su obra:
Historia y relación verdadera de la enfermedad, felicíssimo tránsito y sumptuosas exequias fúnebres de la Sereníssima Reina
de España, doña Isabel de Valois, Madrid, 1569.
50 Uno de los rasgos más marcadamente humanistas de la época fue la exaltación de lo nacional que, en el

caso de la Fiesta de 1570, se tradujo en un reiterado recuerdo neogoticista con alusiones frecuentes al
“tiempo de los godos”. Fue aquélla una época paradigmática por cuanto entonces y por vez primera, se
estableció unidad de pensamiento religioso entre los súbditos del “reino de Toledo”, del que los dominios
hispánicos del rey Felipe se consideraban los sucesores. En relación con ello, hay que destacar la
representación alegórica de España que hace López de Hoyos unas páginas más abajo (f. 54 v.), como una
mujer que, entre otros objetos, porta una lanza corta y otra larga. Se trata de las armas de élite que
sostenían en sus manos los miembros del consejo de ancianos de los primeros monarcas godos como
símbolo de su imperium (Procopio, Bellum Gothicum, I, 27; Claudiano, De bello Pollentino siue Gothico, V, 479-

106
Real apparato y sumptuoso recebimiento... de Ana de Austria

próspera primavera, con tanta serenidad y clemencia del cielo que


parescía todo sentir la merced que nuestro Señor ha hecho a estos
reynos en illustrarlos con la buena y felice venida de Su Magestad.
El bosque del Pardo Los bosques que llaman del Pardo 51, que es una de las más raras
recreaciones que príncipe ni monarcha tiene en todo el orbe de caça, de
qualquier género que se puede dessear, de venados, ciervos, gamos,
javalíes, liebres, conejos, caça de bolatería principalíssima, de mucho
deleite y recreación, pesca de truchas y peces sabrossísimos, harto digna
de ser historiada.
Casa de recreación del No digo de la casa y reales palacios 52 que el Cathólico Rey don
Pardo. Philipe, nuestro señor, en él ha illustrado con tan sumptuosa fábrica y
18v
maravilloso término de architectura, que admira su pulicia y ornato, su
La casa de recreación compartimiento y capacidad, pintura y retratos, los más raros del
del Pardo. mundo, campea mucho por deleitosas vistas y agradables lexos, con
quatro torres que de sus quatro ángulos se levantan, del más sobervio y
vistoso artificio que monarcha en el mundo tiene. Porque desde su
planta hasta sus capiteles son de exquisita fábrica, proporcionada
grandeza y muy alegre y desenfadado ventanaje, su fosso y barbacana,
dexando aparte que es fuerte, es un muy agradable jardín, de muchas
verduras, arrayhanes, murtas, gran differencia de yervas y flores raras y
exquisitas, de grande olor y fragancia.
Passo los muchos y artificiosos reloxes, assí de sol, como de
campanas las officinas y servicios distinctos y tan accomodados para
487; Hidacio, Chronica, 243, a.467?), aunque no sabemos que la usaran en la doble versión de tamaños que
recoge nuestro autor. Por el contrario, los godos usaban dos tipos de espada, una larga de doble filo, la
spatha, y ota corta, de uno sólo, la scrama, que se usaba con la mano izquierda.
51 Aunque la roturación exhaustiva de los bosques fue una constante del siglo XVI, el entorno de encinares

de Madrid quedó protegido e inmune a esta devastación gracias a los Reales Sitios de la Casa de Campo y
El Pardo, lo que no ocurrió con el territorio circundante que sufrió las consecuencias de la incesante
actividad de los carboneros y leñadores al servicio de la Corte desde 1561. Felipe II y sus sucesores
adoptaron algunas medidas para reforestar con pinares el sur de la cuenca del Duero, muy afectada tras la
estancia de la corte en Valladolid.
52 La Real Casa era una obra medieval de época de los Trastámara, de cuya conclusión encargó Carlos V al

arquitecto Luis de Vega. Este tiró el edificio anterior y plasmó en el nuevo los modelos franceses vistos por el
Emperador en su viaje de 1540, pero conservó su aspecto exterior de fortaleza. Quedó concluida en 1558 pero,
entre 1563 y 1565, Felipe II mandó traer carpinteros flamencos para rehacer las cubiertas con pizarra y añadir
los chapiteles, con lo que se convirtió en el precedente más claro de El Escorial. El Rey hizo de El Pardo una
de sus residencias favoritas, donde reunió una colección muy personal de obras de arte, y la concibió más con
carácter recreativo que representativo. También prestó especial atención a los jardines, en los que desarrolló los
intereses naturalistas que había heredado de su tía María de Hungría, y combinó los espacios salvajes
abundantes en caza, con los dominados por el hombre -ubicados en el foso-, para cuyo cuidado hizo venir un
jardinero inglés o irlandés, según Checa, y holandés, según Kamen, y cuyo carácter lúdico quedaba subrayado
por la existencia de pajareras alojadas bajo los puentes.
Los Sitios Reales se concibieron como espacios ordenados que debían cumplir la doble función de
casa residencial del rey y lugar de habitación de una inmensa población estable de empleados que, además
de atender el servicio de aquélla y el cuidado de todas las labores derivadas de la caza (aquí había hasta mil
criados) y de los jardines, desarrollaba una producción agropecuaria racionalizada a través de la cual se
pretendía que mejoraran sus modos de vida (TOVAR 1997).

107
JUAN LÓPEZ DE HOYOS

19r campanas, las officinas y servicios distinctos y tan accomodados para


todos los officiales y ministros del servicio de Su Magestad; porque si
de todo quisiéssemos poner su descripción, sería hazer un muy gran
volumen, tan inintelligible como la descripción del labirinto del rey
Minos, o como la del Lourentino de Plinio 53. Dexo también la mucha
abundancia de colmenares, las muchas y differentes florestas, con
tantos géneros de fructales que paresce hazelle injuria passar por ello
con tanta brevedad.
Por estas recreaciones vino Su Magestad poco a poco gustando,
assí de la mucha caça que a cada passo se le offrescía, como de los
disfrazes, danças, bailes y regozijos que por todos los lugares (que son
muchos) los serranos y labradores, tan agradablemente lo hazían.
Llegó Su Magestad, a veinte y tres del dicho, a Fuencarral, que es
19v una aldea de Madrid, en distancia de una legua, donde assí por la buena
vezindad del bosque del Pardo, como por hazer merced a Madrid, para
que oviesse algún tanto más de tiempo para dar lugar a perficionar
algunas cosas, que para su real rescebimiento se ordenavan (porque en
effecto se quedaron muchas invenciones y cosas harto notables por
hazer, por la brevedad de la venida de Su Magestad), se entretuvo hasta
el domingo. De donde, oída missa, y aviendo Su Magestad comido,
luego de mañana partió con el acompañamiento dicho. Salieron a
recebir de camino algunos grandes y señores de título, allende de los
que con Su Magestad venían, don Antonio Alphonso Pimentel y de
Herrera, conde de Benavente, el duque de Medina de Rioseco, el conde
20r de Alva de Liste, el prior don Fernando de Toledo, el marqués de
Mondéjar, el conde de Fuensalida y otro mucho número de cavalleros,
con sobervios adereços de camino, de mucho oro y plata y raras preseas
de supremo valor.

Capítulo VI

De la entrada de Su Magestad en Madrid y orden de su real


rescebimiento

Llegados veinte y seis de noviembre, domingo, continuándose la


claridad y clemencia del cielo, para que la venida de Su Magestad fuesse
más cómmodamente solemnizada y se pudiesse el gran concurso de
20v gente, que toda España (por verla) avía concurrido, estender y dilatar
por los campos, fue cosa de admiración la frequencia y gran concurso

53 Se trata de Plinio el Joven, que poseía una villa, denominada Laurentinum o Laurens, cerca de Ostia, que
describe ampliamente en Epistulae II 17. La referencia a la ininteligibilidad de la descripción alude de forma
directa a esta carta del autor latino, donde hay una prolija descripción de la uilla. López de Hoyos suma esta
mención a su alusión al tópico de lo intrincado del Laberinto del Minotauro, un palacio, de planta tan
compleja que sólo su arquitecto, Dédalo, era capaz de encontrar la salida del mismo.

108
Real apparato y sumptuoso recebimiento... de Ana de Austria

de gente, que más de una legua antes que Su Magestad llegasse a


Madrid, se avía desparzido por una parte y por otra del camino.
Parescía un muro la espesura de gente que por doquiera avía.
La gente de guerra que La gente de infantería que se previno de todos los officios fueron
a Su Magestad más de quatro mil infantes, muy luzidos y de singular bizarría
rescibió.
soldadesca, con más de mil y quinientos arcabuzeros. Quinze vanderas
que hermoseavan todo el campo y eran muy gratas a la vista.
Don Francisco de Vargas Manrrique (patrón de la capilla de sant
Juan de Letrán, fundada por su tío, el muy Illustre y Reverendíssimo
Señor don Gutierre de Vargas Carvajal, obispo de Plasencia, en esta
21r villa de Madrid, muy calificada y de superbo edificio) fue capitán
Fue capitán de la gente general, como tan exercitado en el arte militar, como paresce en el
que embió Madrid a successo de Malta 54 y en la gente que llevó a la guerra de Granada, este
Granada, don año passado de 1569. Ordenava y disponía su campo con tanto
Francisco de Vargas concierto, como si se huviera de dar en effecto una campal batalla.
Manrique.
Anduvieron más de un mes antes que Su Magestad en Madrid entrasse,
por todo el pueblo con sus pifanos y tambores regozijándolo. Los días
de fiesta se hazía muestra y alarde de cada compañía en particular,
donde sus capitanes hazían bravos gastos de comidas francas y tiendas
particulares para ello.
Poco antes que Su Magestad llegasse a vista del pueblo, el duque
de Feria, capitán de la guarda de Su Magestad, ordenó toda su gente,
21v
assí de a pie como de cavallo, y dende sus casas con gran concierto y
música, salió a rescebir a Su Magestad.
Al principio de la vanguardia iva don Lorenço Xuárez de
Figueroa, marqués de Villalva, heredero de la casa del duque de Feria,
Orden de la guarda en
su padre, con Mosde Sela, capitán de los archeros, precediendo los
salir a rescebir a Su archeros muy luzidamente adereçados con la librea de Su Magestad,
Magestad. con sus celadas y morriones en las cabeças, adornadas con sus plumas.
Campeava mucho su ornato, orden y magestad. A éstos siguió la guarda
de a pie española, la qual notablemente representava la braveza y
autoridad española. Tras ellos iva <a cavallo> el Duque con un bastón
en la mano Luego se seguía la guarda alemana y borgoñona bien luzida
54En mayo de 1565 la flota turca arribó por sorpresa a la isla de Malta que estaba defendida por la Orden de
caballeros de San Juan, a la que Solimán el Magnífico había expulsado de Trípoli y Rodas. Su Gran Maestre, Jean
de la Valette, solicitó ayuda urgente al Rey, que dio orden de reunir una flota a su Comandante, García de
Toledo. Con ella, a principios de septiembre, se obligó a levantar el cerco a los turcos y se los expulsó de la Isla.
Al año siguiente murió Solimán y concluyó el período de indiscutida supremacía turca en el Mediterráneo. La
batalla la describe minuciosamente López de Hoyos en el Tercer Arco (fols. 160r-161r.). Felipe II, una vez que
quedó bloqueado temporalmente el acceso turco a Occidente, impulsó de nuevo el programa de recuperación
naval en Barcelona, Nápoles y Sicilia. El éxito en Malta le permitió alcanzar altas cotas de popularidad, lo que
determinó que, en el espectáculo de la naumaquia y el asalto al castillo presenciado por doña Ana a las puertas de
Madrid, los contrincantes de los españoles fueran turcos y moros y, por supuesto, resultaran vencidos. El tema,
de interés común para los reinos de España y Austria en el siglo XVI, fue recurrente en las relaciones de Fiestas
del Renacimiento y Siglo de Oro español (SOTO CABA 1994, 133), pero especialmente en España que, por
entonces, sostenía la guerra de las Alpujarras.

109
JUAN LÓPEZ DE HOYOS

en la mano. Luego se seguía la guarda alemana y borgoñona bien luzida.


En la retaguarda iva la guarda de a cavallo española con sus lanças
22r
ginetas en sus manos parescía bien el triunfo y magnificencia real, en el
Los antiguos llamaron copioso número, luzido ornato, orden y valor de cauta cavallería.
Pales a la diosa de los Todos assí juntos salieron buen trecho hasta que llegó Su Magestad y
prados. Vide acercándose a Madrid, començando a entrar por el Prado (que avemos
Furnutus, De dicho), estaba de graciosa pintura Pales 56, diosa de los prados, que los
nominibus deorum, antiguos poetas fingieron ser diosa de los pastos. Ésta offrecía a Su
capitulum 8 55.
Magestad una guirnalda de flores y le suplica reciba y mire con
clemencia un espectáculo de tanta recreación como allí Su Magestad tan
afficionadamente mirava. Con esta letra, dándole la guirnalda.

Recibid la de las flores


Pues con ser tan sin segunda
Gozáis la de todo el mundo.

Las nymphas que a ésta acompañavan estaban algo distantes,


parecían humillarse a la hermosura de Su Magestad con este soneto, en
el cual habla la diosa de los prados:

22v Sereníssima Reyna, con clemencia


os suplico miréis mi nuevo Prado,
con muy hermosas fuentes adornado,
al qual illustra más vuestra presencia.
Y las sylvestres nymphas obediencia
Han oy en vuestra gran belleza dado

55 En esta glosa, el nombre del autor aparece abreviado en Furnu. Se trata de una transcripción realizada
sobre Phornutus, forma del nombre comúnmente utilizada en esta época, junto a la más conocida de Cornutus.
Se trata de Lucio Anneo Cornuto, autor de origen africano, nacido en Leptis, pertenece al grupo de filósofos
de época imperial romana de tendencia estoica. Cultiva una interpretación alegórica de los mitos en su
Compendio de teología griega. Además escribió tratados de retórica y unos comentarios a Virgilio, éstos en latín.
Su obra mitológica, cuya versión latina, intitulada De natura deorum o de nominibus deorum, es la que conoce
López de Hoyos, según se comentó en la Introducción. Como allí se dijo, es posible que el conjunto de
autores que aparecen citados en este párrafo formasen parte de su biblioteca, al menos algunos de ellos,
especialmente utilizados para las cuestiones mitológicas, además del amplio uso que hace de Piero Valeriano
y Celio Rodiginio.
56 Así escrito. Palas era, según la mitología, la diosa de la sabiduría y de la guerra, pero también la protectora

de las ciudades y de las artes. Con esta última atribución aparece aquí representada, ofreciendo a la Reina el
aparato decorativo organizado por la villa de Madrid en su honor. La representación adopta, además, un
carácter alegórico por el que la diosa Palas, con todas las cualidades que la mitografía le atribuye, sabiduría,
virtud, pureza, virginidad, ofrece a la Reina una guirnalda de flores, que confiere a la escena un carácter
triunfal, acorde con el desarrollo de la Fiesta. De forma semejante a la de esta representación, la diosa Palas
también formó parte del aparato decorativo de la Entrada en Madrid de Margarita de Austria en 1599, a la
que la diosa ofrecía en ese mismo lugar “las agradables verduras y frescas fuentes de su prado”. Asimismo
su imagen, asociada a la representación de principios políticos a través de lo efímero, fue también empleada
en 1649 con motivo de la Entrada de Mariana de Austria y lo sería después con las de María Luisa de
Orleans y Ana de Neoburg.

110
Real apparato y sumptuoso recebimiento... de Ana de Austria

y con suaves canciones celebrado


vuestra gran hermosura y excelencia.
Dichosa Mantua, dichosos collados,
Dichosas nymphas, muy dichosas fuentes,
Gozáos con nuevo triumpho aqueste día.
Derramad vuestras aguas y corrientes,
Con suave murmullo por los prados,
Pues con razón mostráis gran alegría.

AL REVERSO
habla la diosa Pales:

No porque sea rústica pastora,


Criada al sol y al viento por los prados,
en estos regozijos desseados,
tengo de ser ingrata a tal señora.
El Indo offrezca el oro que athesora,
Tajo sus ricos dones y dorados,
presente Assiria, olores regalados,
y aquel sancto liquor que mirrha llora.
Las tres Gracias ya han dado lo más alto
23r que jamás pudo darse en gentileza,
el cielo ya ha influido mill favores;
y porque sola soy yo la que falto
a tanta magestad y en tanta alteza,
offrezco aqueste Prado con sus flores.
Mucho gusto recibía Su Magestad de ver el gracioso murmullo de
los caños de agua que de las fuentes que avemos dicho iva gozando, las
quales se offrescían, mirando a una y otra parte y assí, al fin del Prado,
con grandíssima brevedad y diligencia, se hizo en espacio de diez días
un estanque de más de quinientos pies de largo y ochenta de ancho,
con buena profundidad. A un lado del Prado, a la mano izquierda, por
la parte superior de la parte de Sant Hierónymo, se hizo un castillo muy
formado con quatro rebellines a las esquinas. Del medio se levantava
una torre, que llaman del homenaje, éste muy poblado de artillería, su
23v planta fue a la orilla del estanque que parescía el agua batir en la
muralla. Representava una muy formada fortaleza y en la artillería y
disposición parecía a Argel 57. Armáronse 8 galeras en tan poco tiempo,
que en 8 días se echaron al agua, que ni es mediano argumento de la
diligencia, sumptuosos gastos y copia de artífices que en ello se ocupó.
Paresció bien la industria de Juan Baptista 58, estrangero, ansí en esto,

57 Véase lo dicho en la Introducción, capítulo 3, a propósito de la naumaquia que se preparó y la


rememoración de la lucha contra el Infiel que representaba.
58 Juan Bautista Portigiani, artista italiano del que se conocen pocos datos, si bien se sabe que llegó a España

111
JUAN LÓPEZ DE HOYOS

como en la architectura de los arcos; cada galera llevava los remeros


con ropillas y bonetes azules y çaragueles, hasta en pies encadenados, y
en cada una un muy diligente cómitre, haziéndolos bogar; llevava cada
galera 20 soldados de pelea, bravamente aderezados, quatro tiros en
cada una, con gran número y cantidad de cohetes; llevavan las galeras
en sus mástiles y antenas vandera de tafetán carmesí, y en la capitana las
24r armas reales, trompetas y música, que parescía armada copiosa, y muy a
punto de guerra. Junto a este estanque se hizo un cadahalso a manera
de throno de muy gran magestad, que tenía 14 gradas en contorno, para
que sin confusión por una parte se pudiesse subir a besar las manos a
Su Magestad y por la otra baxar. Todas las gradas y por lo alto, que
huvo un buen espacio de cadahalso, se cubrieron de brocado de tres
altos <y carmesí>. Avía también un dosel muy sumptuoso, debaxo del
qual se puso un sitial, en el qual Su Magestad se sentó para gustar de las
danças, invenciones y bailes, y folias qua allí se le representaron. Huvo
en el cadahalso otras dos sillas a los lados del sitial.
Llegada Su Magestad, descendió del coche con el príncipe Alberto
de Austria y subiendo al cadahalso y sentada en su throno, se le hizo la
24v
salva y se <dio> batería al castillo, con gran alarido de los moros, que,
Prelio naval y batería en effecto, paresció un prelio naval, que antiguamente los emperadores
del castillo. romanos en fiestas, regozijos y triumphos solían representar. Aunque
en esto será atrevimiento dezir que fue más estruendo por la artillería y
pólvora con que se representó, batiendo el castillo, las galeras por el
agua con mucha música y artillería, la infantería por la parte de la tierra,
y hizo un tan animoso assalto que en poco tiempo pusieron sus
vanderas en la torre más alta del castillo, aunque él se defendió con su
artillería y el número de turcos y moros que en él avía era grande, la
grita y alaridos, ingenios de pólvora y alcanziados fueron tan furiosos
que cayeron muchos soldados de la muralla.
25r Fue ésta una muy sobervia batalla, que a testimonio de todos los
estrangeros affirmavan no aver visto más formado campo ni que con
tanta destreza huviesse representado acto militar.
Avía en este tiempo una confusión y ruido que no nos
entendíamos unos a otros, assí por el sonido y estruendo de los
atambores, como por la música de los menestriles, resonancia de las
trompetas, la tabahola de los tamboriles de las danças que fueron más
de cinquenta, de maravillosos adereços y de differentes invenciones, y
el apretura de la gente, con ser un campo harto espacioso y
desenfadado.
Orden de la salida del Aviendo Su Magestad gustado mucho deste espectáculo, el
Ayuntamiento a Ayuntamiento y Senado desta Villa, aviendo ya venido dende su
rescebir a Su
Magestad
tribunal, todos juntos con muy concertada música de trompetas,

en la década de los cincuenta para trabajar al servicio de la Corte y al que se le atribuye la construcción de
diversas fuentes de los jardines reales. Véase en el capítulo 3 de la Introducción lo dicho sobre este artista.

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Real apparato y sumptuoso recebimiento... de Ana de Austria

Magestad. atabales y menestriles, precediendo todos sus minsitros de justicia, con


25v libreas de grana de polvo, faxas de carmesí, a éstos siguiendo los
Ropas y ornato de los
ministros.
escrivanos de Ayuntamiento y procurador general de la República, que
en el pueblo romano llamaron Tribuno del pueblo, con jubones de raso y
calças de terciopelo blanco, media de aguja, çapatos de terciopelo,
espadas doradas, bainas y tiros de terciopelo blanco, ropas que llaman
roçagantes, de tercipelo turquesado, gorres de terciopelo negro, con
plumas del color del vestido.
Ropas y trajes de Seguíanse el Corregidor 59 y los señores de Ayuntamiento y el
regidores. licenciado Gaspar Duarte de Acuña, su teniente, y toda la más justicia,
con aquellas vestiduras senatorias hasta en pies, que acerca de los
romanos fueron tan celebradas.
26r Eran de terciopelo carmessí, afforradas en tela de oro, jubones
de raso blanco, con botones de oro, muslos de terciopelo, con tafetanes
de tela de oro y medias de aguja y çapatos de terciopelo, espadas
doradas, gorras de terciopelo, con sus plumas y pieças de oro, con
mucha pedrería, gualdrapas de terciopelo, frenos, estrivos y
guarniciones de los cavallos doradas.
De todo este ornato de guarniciones fue commissario Miguel de
Cereceda y Salmerón, regidor desta Villa.
Por este concierto y orden llegaron al sitial donde Su Magestad
estava. El Corregidor, después de aver besado a Su Magestad la mano,
hizo este breve razonamiento que se sigue y dixo:
26v “La venida de Vuestra Magestad sea tan próspera y tan felice, y
por tan largos años, como el bien universal destos sus reynos lo han
menester, y todos a nuestro Señor supplicamos. Vuestra Magestad
resciba, con la clemencia que acostumbra, el servicio que esta Villa tan
afficionadamente, como casa y morada de Vuestra Magestad, haze,
desseando en todo acertar, como tan fieles y leales vassallos”.
27r Dicho esto, todos los regidores, por sus antigüedades, besaron
las manos de Su Magestad y vinieron al primer arco triumphal, a donde
esperaron a Su Magestad con el palio, como adelante diremos.
El Illustríssimo y Reverendíssimo cardenal don Diego de
Espinosa, etcétera, salió con grande y muy illustre acompañamiento de
todos los señores del Consejo Real y sus ministros, los alcaldes de corte
y mucha frecuencia de cavalleros.
Por este orden salieron los demás consejos y tribunales de la
Corte Real de Su Magestad 60, con sus presidentes y minsitros, todos los
quales salieron a este campo de san Hierónymo, aguardando que Su

59 Ambrosio de Lugo, caballero de la Orden de Santiago.


60 El 24 de noviembre de 1570, tan sólo unas horas antes de que se produjera la entrada de la Reina, y
mientras ésta esperaba en Fuencarral, se publicó una cédula en la que, por primera vez, se establecía el orden
de precedencia de los consejos y tribunales en las ceremonias cortesanas (MARTÍNEZ MILLÁN 1998, 27 y
ss.). Por primera vez también el Rey quiso evitar las improvisaciones, tan frecuentes hasta ese momento.

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JUAN LÓPEZ DE HOYOS

Magestad llegasse.
El orden que en besar la mano a Su Magestad se tuvo, y guardaron
27v los consejos, fue éste; después (como avemos dicho) del regimiento,
besaron las manos a Su Magestad todos los consejos.
Orden de besar a Su El primero fue la Contaduría Mayor de Cuentas, donde ivan don
Magestad las manos Pero Niño y el conde de Olivares, como contadores mayores de
los Consejos.
cuentas. El segundo, la Contaduría Mayor de Hazienda. El tercero, el
Consejo de las Órdenes, cuyo presidente es don Fadrique Enrríquez de
Ribera, mayordomo del Rey. El quarto, el Real Consejo de Indias. El
quinto, el Consejo de Italia, y con él su presidente, el doctor don
Gaspar de Quiroga, etcétera. El sexto, el Consejo de Aragón, donde iva
el vicechanciller de Aragón y el conde de Chincón, como su thesorero
general deste reyno de Aragón.
28r El séptimo, y postrero de todos, fue el Consejo Real, donde el
cardenal don Diego de Espinosa, etcétera, como presidente y cabeça
dél, fue el primero que llegó a besar las manos a Su Magestad, la cual,
usando de su generosidad de ánimo, se levantó a él y le mandó dar una
silla.
Preguntando a Su Señoría Illustríssima por su salud (porque en
Segovia avía estado indispuesto), Su Señoría Illustríssima respondió, y
hizo un razonamiento de subido concepto y singular eloquencia, dando
a Su Magestad el parabien de su felice venida, y significándole la
voluntad con que tan afficionadamente todos recebían a Su Magestad.
Y aviéndose Su Señoría Illustríssima y Reverendíssima sentado,
començaron a besar las manos a Su Magestad los señores del Consejo,
por sus antigüedades, nombrando el Cardenal a Su Magestad cada uno
quien era.
28v En el cadahalso huvo gran frequencia de grandes y señores de
título, acompañando a Su Magestad. Entre ellos estava el príncipe su
hermano Alberto de Austria, al lado izquierdo, apartado algo de Su
Magestad, sentado en una silla. Halláronse allí el conde de Benavente, el
duque de Medina de Rioseco, el marqués de Mondéjar, el conde de
Alva de Liste, el marqués de Ayamonte, don Fernando de Toledo, prior
de san Juan, el conde de Arambergue y las damas que con Su Magestad
vinieron.
Después que todos los consejos hizieron este officio, con la
autoridad y decencia que de tan grandes señores y letrados y padres de
la República a Su Magestad se devía, todos precedieron a cavallo con
los grandes y toda la nobleza de España, que a Su Magestad
acompañava.
29r La Reyna subió en un palafrén blanco 61 mosqueado, ricamente

61El caballo blanco es el animal de los dioses buenos y, en el cristianismo, de los santos y los héroes.
Representa el instinto controlado y sublimado, y es símbolo de majestad (CHEVALIER - CHEERBRANT 1986,
208 y 216).

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Real apparato y sumptuoso recebimiento... de Ana de Austria

Ornato de Su adereçado, con un sillón de oro con mucha pedrería, muy bien labrado,
Magestad a la entrada gualdrapa de terciopelo negro, guarnescida y bordada con franjas de
de Madrid.
oro. Su Magestad se mostró este día hermosíssima, y con aquella
magestad y señorío que tan natural y tan fundado y con tantos dotes del
ánimo esmaltado tiene, representó muy bien su ser y monarchía.
Llevava Su Magestad vestida una saya de tela de plata parda, bordada de
oro y plata. Un galdres de terciopelo negro, afforrado en tela de plata,
prensado y guarnescido con unas franjas de oro, collar y apretador de
muchos diamantes, rubíes y piedras de mucho valor. Un sombrero
adornado con una cinta de oro, con unas plumas blancas, coloradas y
29v amarillas, que son las colores del Rey, nuestro señor. El príncipe
Alberto y el Illustríssimo Cardenal ivan cerca de Su Magestad,
acompañándola. El orden con que el demás acompañamiento iva
diremos adelante.
Procediendo un poco más adelante, Su Magestad rescibió muy
grande contento en ver dos estatuas de mármol aparente.
Por qué llamaron a La una representava a Bacho, el qual por aver sido inventor del
Bacho dios del vino. arte de hazer bodegas, plantar las viñas y ordenar las cosas que para
hazer buen vino son necessarias, fingieron los antiguos ser dios del vino
y le llamaron el dios Bacho 62. Éste tiene en su contorno pintado al
fresco una muy regozijada vendimia. Llevaban a Sileno muchos
pastores y sátyros bien borracho, y ellos cargados de vasos llenos de
vino, beviéndose los unos a los otros. El Baccho está recostado sobre
30r un cuero muy bien formado, en la cabeça una guirnalda de razimos, tan
artificialmente hechos que parescían naturales. A los pies tiene un
sátyro de bulto, tan bien acabado que en su género es la cosa más rara
(a dicho de todos) que ay en Italia ni en España. Tiene un razimo