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Arriba, en El Viento.

Este poema extenso explora temas como la vida, la muerte, el amor y el deseo a través de imágenes sensoriales y fragmentos de ideas. Usa un lenguaje figurativo y evocador para transmitir emociones profundas.

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Lava encendida que se atraganta en la piel y avanza lenta

A veces precipitada
Atrayendo tras de sí el más claro
Sol en donde se mueren las palomas distantes
Fugaces
Allí donde la carne
Es un fruto que se devora entre
Dos ramas trasparentes
A través de las espadas
Grises de las nubes a través del incendio
Instantáneo de un ser que se quema
En otra carne
Como puros frutos entre
Dos cielos trasparentes

Aquí se
Detiene la gris
Circulación del viento.
La sangre es una
Inmensa lagrima.
Arriba, en el rincón
Más cercano,
Esta la vida, a donde
Terminan por
Matar y morir
Todas las luces
Con las que la oscuridad
De un recuerdo
Se enciende.
Primer viaje
Abrigados
Están los crepúsculos en todas las nubes
El cielo flota en la piel
De la noche
Más lejos
Casi próximo al murmullo
Que se apaga
Esta su
Tu boca

Segundo viaje
Explota el vidrio
Los tímpanos se deshacen en
Cada ruido
Cerca
Contemplándote
Esta la fértil canción
Mas se pierde
Entre los nombres
Que tú dijiste
¿Cómo llegar a ella,
Como estar con ella,
Como ser ella,
Si el silencio
Es como leche que brota
De un seno
Ya sin sangre?
Haz de ti
Mismo tu canto
Luce tu reflejo
Que tu voz y tu nombre sean
El único poema
El único ropaje con que te pues alzar cubrir
Hacerlo cicatriz en tu sombra

Tercer viaje
(Sexo)
Estructura frágil
De brisa,
Ojos dormidos
En el rostro
Del sueño.
En el vacío,
Inmóvil, pero también
Suspendida;
En el vacío,
Oscura, pero también
Callada claridad.
Se cae. Sin fin cayendo.
Cayendo miles
De veces en una sola
Caída.
Aquí estalla.
Aquí sangra.
Vuelve a nacer la
Luna.

Entraña
Profunda que hunde mis
Carnes
En la niebla de la sangre
Donde moran
Transparentes ramas
Suspendidas
Alargadas
Como soplo de
Viento al viaje de
De un árbol.
Corazón que canta la hora,
Mis manos son todos
Los dedos de la aurora,
Cansada ver los dos

Rostros del cielo: deshora,


Y pasado. Cierzo, lodos,
Fuego derretido, que aflora
En agua de luz. Sobre sordos

Destellos de estrellas, nace


Y se cría el corazón, en el desangre,
De la carne, sin sombra, solo

Pura a desvanecerse, sin fase,


Sin lugar, sin cielo, sin sangre
Que lo cante, se muere solo, solo.

En un instante se
Detienen las lágrimas.

Suspendidas, como
Nube en el cielo,
Brillan en todo tu cuerpo.

Vuelan, pasan, cantan,


Lloran porque las observo,
Sangran porque las hiero.

Un instante después,
Caen como ola en la arena.
Duermen las estrellas,
La luna
Muerde los pechos de las aves,
El agua se deshace en gotas.

Me tiendo en mitad de un cuerpo,


Sepulta mis brazos en su boca.
Como si fuera
Un insecto a punto de volar,
Su pálpito, fugaz,
Me enciende en todos las
Fronteras
En donde la niebla tiene cuerpo
De mujer,
En donde el deseo es carne
Que el viento, como cuerpos
Prendidos,
Deshace al roce de la brisa.

Monarisa
Monason
Monalu
Monana
Monavoz
monacanto
Al lugar surgen, llegan
Convocados,
Atraídos
Por la luz que pensamiento,
Por el pensamiento que es
Sensación,
Por la sensación que es tacto,
Por el tacto que se vierte,
Se cristaliza en camino, en el
Cual llueven letras,
Caen imágenes,

Espinas en el agua,
Presagian el inminente
Arrebol de una
Caída, donde llegan
Las más cristalinas
Gotas de una lluvia
Que, moribunda,
Viene a derramarse
En todo el océano.

Hace días que amanece,


Días de días, sol tras luna,
Hora y hora, déjalo que empiece
Sus cuerpos, sobre

Arriba
El cielo lo sostienen
Las estrellas
Desparejas lentas
Con luz como saliva
Cayendo
Como interminable
Sangre
De un herida celestial.

Arriba
El cielo lo sostienen
Las estrellas
Desparejas lentas
Con luz como saliva
Cayendo
Como interminable
Sangre
De un herida celestial.

Hay un pétalo
Que
Cae
Del cielo
Mis manos
Son árboles mi dedos son
Ramas por las cuales
Circula
La caída de la sangre.
El día gira en el
Reloj de arena
Los péndulos tienen rostro
De noche dormida
En el techo
De las nubes
Pasa una paloma
Perseguida por la brisa
Que le robaría
Sus alas
Abro las ventanas
De mi boca dejo escapar mis labios
Que se sacuden de todas
La voces que los he impregnado
(Ya están rojos de furia)
Antes de dar un paso
Las
Huellas de mis dedos se hunde en el espejo
Hay charcos
En el suelo que brillan como peces
Nocturnos
Piso la luna
Que yace inmóvil en el suelo
Mientras su luz
Acaricia los senos
De las muchachas que se acuestan
Desnudas de su cuerpo.

El mar se levanta
Como una gran ola que la
Playa tragara
La arena
Hace que mis pies enmudezcan
Se estrella
En mi oídos
Los ladridos
De un perro que rompe el fino tejido
De lo que antes
Era
El
Compartido silencio de todas
Las cosas.

La silueta de unas alas


En el aire
Se dibujan
La noche que es ya infinita
Se derrama en todas las hojas
Vuela en todo la lluvia
Se desliza en todo el fuego
Se enciende en todo el agua

Sexo
Un grito se ahoga en mis manos.
Más alto que el cielo, tu cuerpo
Es espejo que alimenta mis ojos,
Claros, pálidos, como dos astros
Que se deslizan por el cielo, sin
Terminar de caer.
Palabra por palabra,
Sexo
Un grito se ahoga en mis manos.
Más alto que el cielo, tu cuerpo
Es espejo que alimenta mis ojos,
Claros, pálidos, como dos astros
Que se deslizan por el cielo, sin
Terminar de caer.
Palabra por palabra,
Sin ellas o con ellas

Los ecos de tus pasos,


Las huellas de
Tu voz,
La sonrisa que engendró
Tus labios,
Tu cuello que cae levemente
De tu rostro, para
Estrellarse, como relámpago
En llanura,
En mis manos,
Que aprisionan todo
Lo que te da vida.

Al sonámbulo chocar
De tu risa,
Cálida, natural,
Que vive sobre tu cuerpo.

El silencio es un espejo
En el que a mi voz le
Gusta reflejarse.

Colina de luz,
Montañas clavadas
En el cielo,
Rostro como astro,
Pleno de transparencia,
Ojos en la cascada
De unas manos. Me tocan.
Se divide en mi cuerpo,
Colina de luz,
Montañas clavadas
En el cielo,
Rostro como astro,
Pleno de transparencia,
Ojos en la cascada
De unas manos. Me tocan.
Se divide en mi cuerpo,
La luna es una laguna.

Sangre

El día se enciende por todos


Sus límites.

Los cuerpos, cansados, se


Retiran y se echan a morir,
Sin recordar en dónde nacieron.

Suenan voces, las risas estallan,


Sangran mis oídos.
Los cuerpos siguen muriendo,
Dejados a su muerte infinita.

El cielo es una gran cicatriz,


Y las nubes siguen abriéndose,
Dando paso a la lluvia,
Que llora en todo mi cuerpo.

El silencio es un espejo
En el que a mi voz le gusta
Escucharse.

Se abren paso las


Manos sobre el viento.
Vuelan las plumas,
Iguales a dedos que
Nunca hallaron contacto.
Frente a ti, humana
Voz, invoco
Espejismos, juegos,
Colores con lo que
Construyo mi cuerpo,
Risas que son como
Cristales a punto
De estallarse en
Claridad.

Calor,
Vida,
Llama
Que nombra las
Cosas,
Paraíso encontrado
En el porvenir,

Pasa si ser oída.


Se oye sin pasar.
Si, aquí estas, debajo
De este cielo, de este luna,
Que pesada cae
En Sordas gotas en tus
Hombros.

Cae. Pero levántate.


La luz es ligera como
Un mar sin olas,
Como unos pies sin huellas.
Cae. Sigue adelante, que,
Antes de que nazcas,
El día ya habrá nacido.

Mientras tanto, no te caigas.


Eres agua, por tanto, puedes
Vivir en los ojos de los
Peces;
Eres sombra, por tanto,
Puedes vivir en mi cuerpo;
Eres sangre circulando en
Pasa si ser oída.
Se oye sin pasar.
Si, aquí estas, debajo
De este cielo, de este luna,
Que pesada cae
En Sordas gotas en tus
Hombros.

Cae. Pero levántate.


La luz es ligera como
Un mar sin olas,
Como unos pies sin huellas.
Cae. Sigue adelante, que,
Antes de que nazcas,
El día ya habrá nacido.

Mientras tanto, no te caigas.


Eres agua, por tanto, puedes
Vivir en los ojos de los
Peces;
Eres sombra, por tanto,
Puedes vivir en mi cuerpo;
Eres sangre circulando en
El aire.

Ves. Todo en ti se mueve.


Se engendra. Se precipita,
Cayendo sin fin en la marea
De la brisa.

Anda, que en el horizonte serás


Trueno;
Anda, que en tus ojos serás
Parpadeo, para después
Irte, fundirte, sumergirte,
En esa ancha agitación,
Llamada vida.
La luna es una cicatriz en el rostro
Del cielo,
El crespúsculo cae al suelo,
Las estrellas levantan sus parpados,
Un pájaro se desprende
Del aire, y aquí en
En estos caminos
Los cuerpos son todos de
Un color fugaz, como
Una ola que, antes de morir
En la playa, vive
Por mil segundos en los
Pechos del mar.

Aquí
Frente a este porvenir
Que todo lo convoca,
Y ante la muerte que
Engendra el deseo de
Olvidarla, levanto
Un monumento a la vida.

Sueño

En mitad de mi rostro,
Espejo o cárcel de visiones,
Se ven los cristales manchados
De mi ojos, con sangre en
Todas sus honduras,
Con sudor en todas
Sus pupilas.

Me revuelco. Grito. Mi voz


Se despide de mi boca.
Los latidos aceleran mis
Murmullos,
Como ave prisionera en el
Viento.

Se despierte otra vez de


Espaldas al amanecer.

Se cubre su boca con los pétalos


Muertos de una manos.
Arriba, arriba, que la noche todavía
No ha llegado, y no hay tiempo
De vivir.
Sale. En la aurora la muerta
Luna esta tirada en el suelo
Del cielo.
Arriba, que palpita el amanecer y
Cuyas horas saltan del
Reloj y se echan a caminar por
Los brazos de las mujeres.
Sangran las huellas de los dedos,
La cabeza vuela con el soplo de
La boca.
En las terrazas callan los
Gatos, insomnes como
Árbol apagado.
Arriba, arriba, nadie ha visto
En qué parte cayeron sus pies,
En qué lugar del día
Se estancó su voz,
En que sitio de la muerte
Se apagó su vida.

Tu voz sabe
A silencio.
¿Por qué mejor
No callarse del todo,
Y olvidar para quien
Escribo?

Luego de mirar su cuerpo,


De rio en llamas,
Ella se fue, perdiéndose
En el vacio, y del cual yo también
Llegaba.

Vuelan las nubes


En los arcos del
Cielo. Un cuerpo
Brilla al pasar un
Relámpago.
El agua rema
En el barco de las
Olas.

Luego de haber visto su rostro,


Su cabello, su vientre de marea Dormida, ella se levantó, primero
Moviéndose muy tranquilamente,
Y después, mirándome a los ojos,
Como atónita, cayo rendida en mis
Brazos.

Su libro, a ti,
Esta dedicado a toda

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