Gabriel Almond: “Una disciplina segmentada.
Escuelas y corrientes en las ciencias
políticas”.
Estudio Introductorio. Juan de Dios Pineda.
Antes de iniciar este siglo, la base metodológica sobre la que se cimentaba la ciencia
política- siguiendo paradigmas morales o jurídicos-, giraban en torno, principalmente, a
conceptos como la justicia, el derecho, la sociedad, la soberanía y el Estado. Era más
interpretativa, axiológica e histórica, que investigativo y propositivo. La primera vertiente
de la ciencia política, la interpretativa, busca descubrir el desarrollo evolutivo del
significado de conceptos fundamentales como democracia, Estado, política y gobierno,
entre otros. La segunda vertiente, es la complementaria, desarrollada durante la segunda
mitad del siglo XIX, se sustentaba en la idea del Estado, procuraba analizar sus elementos
constitutivos con el incipiente instrumental teórico derivado de la ideología dominante del
método experimental de análisis científico.
Concepto de Estado, dos puntos de vista:
1. se refiere al elemento subjetivo-ideológico, con base en el cual se proponían
las reformas necesarias para lograr una ciencia política más colmada y un gobierno más
natural, derivado de los conceptos teóricos de la tradición clásica de justicia e igualdad.
2. perspectiva concreta-institucional, vinculada al derecho, la sociología, y los
positivismos axiológico y evolucionista. El análisis del Estado se consideraba con base en
parámetros evolucionistas, históricos y comparados, el Estado no era más que un conjunto
de estructuras e instituciones políticas que se podían explicar empíricamente a través del
estudio y análisis del derecho y la sociología. La ciencia política tenía tres sustentos: se
interpretaba el sentido de los textos clásicos del pensamiento político, desde un terreno
normativo se argumentaban los elementos necesarios para el mejor de los gobiernos, y se
adoptaba intrínsicamente la estructura jurídico-formal. Se preguntaba moral o jurídicamente
por la naturaleza, origen y evolución del Estado, así como de soberanía, la justicia y el
derecho a partir de réplicas hermenéuticas del conocimiento; de forma paralela, intentaba
hacer descripciones comparadas de los mecanismos y procesos políticos que determinaban
las diversas formas de gobierno.
Gabriel Almond plantea que la ciencia política es una disciplina dividida debido a su
fragmentación en campos ideológicos y metodológicos confrontándolos. Supone que las
relaciones en las ciencias sociales son menos predecibles en comparación con las de las
ciencias exactas, en virtud de que la información utilizada por aquellas es regida por la
memoria profesional, el aprendizaje generacional, las aspiraciones metodológicas abiertas y
la persecución de objetivos sin recurrir a las pruebas de laboratorio ni a los eventos
matemáticos.
Los retos de las ciencias sociales contemporáneas se fundamentan en: el
advenimiento a la escena política internacional de países con una estructura política
diferente a la forma de gobierno constitucional pluralista, los nuevos escenarios
significaron la necesidad de plantear conceptos teóricos nuevos, se presenta una dificultad
para separar la estructura, la información y las categorías propias de los regímenes políticos
democráticos de los atípicos. La propuesta metodológica de clasificar a las naciones como
homogéneas y heterogéneas se erigió en condición básica para iniciar estudios
comparativos. La política comparativa busca ofrecer explicaciones de la política
contemporánea a partir de los criterios de investigación de control empírico y rigor
metodológico. Se refiere a la utilización de un estricto y particular método de control, el
comparativo, ligado al procedimiento de verificación empírica de la hipótesis, las
generalizaciones y las teorías que conciernen a los fenómenos políticos. Actualmente,
descansa en lo universal de los conceptos y de su metodología, y en lo universal de las
prácticas.
Almond también plantea que hay un campo de estudio definido para las ciencias
políticas, pero entendidas desde diversas corrientes. Se basa en el reconocimiento de dos
vertientes irreconciliables: la primera de carácter metodológico; la segunda, como
dimensión ideológica. La primera, presenta dos polos extremos: la corriente blanda y la
dura. En la blanda, figuran los estudios densamente descriptivos, con un enfoque
descriptivo y cuyas explicaciones se basan en la filosofía política, también se incorporan los
estudios filosóficos abiertos a pruebas empíricas y a análisis lógicos. La dura, reúne a los
trabajos de cortes cuantitativos, econométricos e impregnados de modelos matemáticos y
de análisis estadístico. La dimensión ideológica, presenta cuatro grupos identificados con la
tradición marxista: los ortodoxos, los teóricos de la política crítica, los de la teoría de la
dependencia, y los teóricos del sistema mundial.
Cultura política: concepto con diversos significados; en ocasiones, se define a sí
misma por el contexto lingüístico y cultural en que se emplea. La corriente que abarca los
valores, las creencias, normas y premisas de gobernación y política, acompañada del
modelo de relaciones sociales, es retomada para vincular las relaciones sociales como
ordenadoras y contextualizadoras de los procesos políticos. Identifica cuatro problemas
principales en las tareas del gobierno: las dificultades internas de los sistemas
democráticos; las tensiones entre las culturas políticas y las exigencias internas; los
problemas inherentes que conllevan los intentos de hacer de la democracia un ejercicio
pleno; y las deficiencias de la gobernación global. La cultura política de una nación
consiste en la distribución específica de las pautas de orientación hacia los terrenos
políticos. Tipos de orientación política: la cognitiva (creencias y conocimientos acerca del
sistema político), la afectiva (sentimientos acerca del sistema político y sus funciones), y la
evaluativa (juicios y opiniones sobre objetos políticos que involucran típicamente la
combinación de criterios de valor con la información y los aspectos subjetivos). Las tres
categorías sobre las arenas políticas son: las funciones o estructuras específicas, los titulares
de tales funciones, y los principios de gobierno y toma de decisiones de las políticas
públicas.
Almond, presenta cuatro partes que definen la teoría de la cultura política:
1. serie de concepciones subjetivas de la política que prevalecen en una
población nacional.
2. componentes cognoscitivos, afectivos y valorativos, incluyendo los
conocimientos y las creencias relacionadas con la realidad y los valores
políticos.
3. contenido de la cultura política como consecuencia de la socialización y la
exposición a los medios de comunicación masiva.
4. la cultura política afecta a la estructura y al desempeño político y
gubernamental.
Existen cuatro críticas a esta teoría:
1. posee un enfoque determinista, postula que la socialización política genera
actitudes recíprocas.
2. indica que el cambio de actitudes obedece más a transformaciones de orden
estructural y económico, que a las estructuras de comportamientos político.
3. plantea que es inadmisible separar las actitudes políticas del
comportamiento.
4. argumenta que la estructura y comportamiento políticos responden a
cálculos de interés material a corto plazo de los actores.
La teoría de la elección racional, supone que el gobierno y la política son similares a
las leyes de mercado, y a la característica individualista que aspira a maximizar los
beneficios políticos y a reducir la zona de incertidumbre desde una perspectiva racionalista.
Esta teoría metió en una camisa de fuerza sin sustancia ni estructura el desarrollo
incremental de las ciencias políticas.
Los estudios sobre el desarrollo se centraron en cuatro campos:
1. análisis del papel de la burocracia en los procesos de modernización y
desarrollo.
2. investigaciones sobre la estrategia del proceso central de modernización, la
educación.
3. estudio de la cultura y el desarrollo políticos, con marcos comparativos entre
países europeos y naciones subdesarrolladas.
4. análisis del papel de los partidos políticos en países con tradición autoritaria
y hegemónica.
II. Nubes, Relojes y el estudio de la Política. Almond.
Karl Popper plantea la naturaleza heterogénea de la realidad y su incompatibilidad
con un modelo único de explicación científica. Recurre a la metáfora de las nubes y los
relojes para ilustrar las nociones con sentido común de determinación e indeterminación en
los sistemas físicos. Nos pide que imaginemos un continuo que se extienda desde las
“nubes” más irregulares, desordenadas e impredecibles a la izquierda, hasta los “relojes”
más regulares, ordenados y predecibles a la derecha. Luego de la aparición de las ideas
newtonianas, se postula que hasta cierto punto, todos los relojes son nubes; o dicho con
otras palabras, que sólo hay nubes, así sean nubes con muy diferentes grados de nubosidad.
Para Popper, la indeterminación no basta para explicar la aparente autonomía de las ideas
humanas en el mundo físico. Para entender el comportamiento humano racional, dice
Popper, necesitamos algo de carácter intermedio, entre el azar absoluto y el determinismo
perfecto, lo que queremos es entender como cosas no físicas como los propósitos,
deliberaciones, planes, decisiones, teorías, intenciones y valores, pueden contribuir a
provocar cambios físicos en el mundo físico. Considera que el problema es esencialmente
de control; esto es, el control del comportamiento y otros aspectos del mundo físico
mediante ideas humanas o abstracciones humanas. No solamente nuestras teorías nos
controlan, sino que podemos controlarlas a ellas; aquí existe una especie de
retroalimentación. Popper plantea que el mundo físico es un sistema abierto. Nos advierte
que los modelos de explicación apropiados para las ciencias físicas no nos permitirán
aprehender los fenómenos humanos y culturales, y aun cuando podamos incrementar
nuestro entendimiento, no podemos explicarlos cabalmente en virtud de sus propiedades
creativas y emergentes. Presenta tres formas de conceptualizar la realidad social: como
reloj, como nube o como un sistema de controle plásticos. El tercer concepto es el que
mejor define a la realidad política, cuya explicación es el objeto mismo de la ciencia
política. Consta de ideas en constante e intensa interacción con otras ideas, en el centro de
este complejo sistema se encuentran las opciones y decisiones. El universo político está
organizado. Las decisiones políticas, se toman, aplican y están sujetas a una compleja gama
de restricciones y oportunidades. Definen el amiente operativo de los actores políticos y
muestran diversos grados de manejabilidad.
Toda vez que las propiedades de la realidad política difieren de las de la realidad
física, las propiedades de las regularidades políticas también difieren de las de las
regularidades físicas. Las regularidades parecen tener corta vida.
El modelo deductivo postulado por Downs, concerniente a las consecuencias para
los sistemas de partidos de diferentes distribuciones de las actitudes de los electores, parece
ser una ley más importante de la política.
La teoría de la socialización política, aun realiza vanos esfuerzos por asignar valores
y pesos relativamente fijos a los agentes de la socialización, familia, escuela, trabajo,
medios masivos de comunicación, experiencias de vida adulta, etc. Poco apoco reconoce la
constitutiva inestabilidad de las variables objeto de sus estudios. La influencia de los
agentes de socialización varía con los cambios en la estructura social y demográfica de la
sociedad, lo mismo que con los avances de la tecnología y los problemas y acontecimientos
políticos. A lo más que podemos aspirar es a formular una serie de postulados que
especifiquen en que condiciones tiende a variar dicha influencia. Las variables económicas
y otras relacionadas con el entorno, tiene mucha mayor influencia sobre la administración
pública que las variables políticas. Las variables externas no pueden determinar
directamente la administración pública y la decisión política forzosamente interviene entre
ellas.
La teoría de la movilización social intentó explicar y predecir tendencias hacia la
politización, la democratización y la desideologización a partir de tendencias hacia la
urbanización, industrialización, comunicación y educación, solamente para descubrir que
cuando estas relaciones se examinan históricamente, la indocilidad e inventiva humana, lo
mismo que el mero azar, complican enormemente estas pautas.
La tradición conductual ahora dominante en la ciencia política tiende a descansar en
tres supuestos epistemológicos y metodológicos tomados de las ciencias exactas: 1. el
objetivo de la ciencia es el descubrimiento de regularidades y por ende de leyes que
expliquen los procesos sociales y políticos; 2. que la explicación científica implica la
clasificación de eventos particulares bajo leyes generales; y 3. que las únicas relaciones
científicamente pertinentes entre los acontecimientos que tiene lugar en el mundo son las
que corresponden a una concepción física de la vinculación causal. Para el punto 1, se
presenta la siguiente crítica: las posturas que sostiene que las regularidades y
generalizaciones son los únicos objetos apropiados de la investigación política científica,
limitan innecesariamente los alcances de la disciplina. El punto dos, presenta al modelo
deductivo-nomológico (D-N) o ley general, que postula que algo queda explicado cuando
se ha demostrado que pertenece a una categoría más general de cosas, la deducción a partir
de leyes generales lógicamente necesita de aquello que se deduce, con el modelo D-N,
calzan los sistemas deterministas cerrados (modelos de reloj según Popper). El modelo DN,
pierde su utilidad en la medida en que existen excepciones a la ley o leyes. Esta situación es
precisamente la que implica la noción del control plástico. Plasticidad significa que
podemos anticipar, en principio, que habrá excepciones a cualesquier generalizaciones que
podamos hacer acerca de los fenómenos que nos interesan. El punto tres, involucra la idea
de una intima asociación entre la noción de causalidad y la idea de una explicación basada
en una ley general. Todo esto descansa en la noción de causalidad como un concepto
explicativo, sin embargo, los conceptos de causa y efecto son generales y ambiguos, pero,
un aspecto de su significado parece destacar en cualquier explicación, se trata del principio
que establece que a una misma causa, un mismo efecto, dándole así un poder explicativo a
las relaciones causales. Esto se asocia con la idea de Popper de control férreo, la causa
produce el efecto, y la existencia de la causa es la explicación del efecto. Un mundo de
puras relaciones causa efecto, sería un mundo sin excepciones, a modo de crítica se
presenta que semejante mundo es totalmente ajeno al mundo de la política, en que el
potencial de sorpresa e innovación es inherente a muchas, como no sea a la mayoría, de las
situaciones. Robert Dahl, postula que la causalidad es fundamental para la comprensión de
las relaciones de poder e influencia. Para que una explicación sea causal debe ser:
inconmovible, generalizable, y, compatible con una explicación con el status de ley general.
Las relaciones de poder no parecen cumplir con ninguno de los requisitos. Una relación de
poder, no implica un control férreo, se trata de una interacción entre dos individuos capaces
de elegir y ejercer mutuamente restricciones el uno sobre el otro, cada uno con sus propios
recursos, objetivos, metas, intereses y estrategias. Si bien las intenciones y recursos del
primero restringen las opciones y conductas del segundo, no por ello determinan en una
forma rígida dichas opciones y conductas. La relación de poder no es causal, al menos no
en el sentido explicativo del término. El actual dilema de la ciencia política puede
explicarse en gran mediad por el hecho de que los postulados basados en el “modelo del
reloj” no son apropiados para estudiar las sustancia de los fenómenos políticos.
La consecuencia más importante de la emulación de las ciencias exactas quizás haya
sido el hincapié en el método como criterio principal para evaluar la calidad de al
investigación en las ciencias políticas. En la actualidad, las más importantes tradiciones de
la investigación tienden a definirse a través de sus metodologías en vez de sus enfoques
sustantivos.
Una crítica apunta a la urgente necesidad, en política comparativa, de una deducción
más rigurosa y en esto es donde las matemáticas, y no la estadística, son importantes. El
problema con los modelos matemáticos radica en que no se ajustan bien a las
complejidades de los fenómenos representados.
El modelo interpretativo, explica el comportamiento en función de los motivos,
intenciones, reglas y normas, etc.
La ciencia no es una serie de métodos derivados de la física matemática, se trata de
un compromiso para explorar y tratar de entender determinado sector de la realidad
empírica, los medios que se empleen en la persecución de este objetivo deberían se
secundarios. Se debe renunciar a la idea de que existe una intima analogía entre las ciencias
sociales y la investigación básica en ciencias físicas.
La psicología, de manera semejante a la ciencia política, ha sido escenario de un
gran debate en torno a los principios conceptuales y metodológicos en su campo de estudio.
La premisa determinista del control férreo sobre la elección y la acción, se desecha a favor
de una concepción que admite la autonomía de la acción humana en la creación, lo mismo
que en sus respuestas ante la realidad. Chein, al igual que Popper, está interesado en
conocer de qué forma eventos mentales, como los propósitos, deliberaciones y proyectos,
pueden contribuir para provocar cambios en el mundo físico. La teoría de la atribución,
examina las premisas e hipótesis operantes que integran la psicología naive del individuo
común en su interpretación de los comportamientos propios y ajenos. Cronbach, afirma que
las leyes de las ciencias sociales, a diferencia de las leyes físicas, parecen ser sumamente
mutables, cuanto más abierto esté un sistema, más probabilidades hay de que sea de corta
duración la media vida de las relacione que lo conforman.
Los problemas en la economía, como en la psicología, parecen ser básicamente de
índole sustantiva. Los economistas afirman que en la misma medida en que se politice su
disciplina, menos se prestará a metodologías científicas y formales. La economía, al igual
que la psicología, ha fracasado en el intento de construir modelos empíricos perdurables
para su materia de estudio.
El poderoso atractivo del paradigma de las ciencias naturales ha comenzado a
decaer conforme los esfuerzos han sido insuficientes para las aspiraciones. Para avanzar
desde el punto de vista científico, las disciplinas sociales requieren una filosofía de la
ciencia propia basada en estrategias de explicación, posibilidades y obligaciones apropiadas
a la realidad humana y social.
Educación Cívica en el Estado liberal
William Galston
Educación filosófica versus educación cívica
La educación filosófica tiene como objetivo buscar la verdad y tiene la capacidad de
conducir hacia una investigación racional. Esta educación filosófica no esta decisivamente
modelada por las circunstancias sociales o políticas en que tiene lugar. Pero a la educación
filosófica puede tener consecuencias corrosivas para las comunidades políticas en las cuales
existe, ya que la búsqueda de la verdad, puede socavar las estructuras de las creencias no
sometidas a examen pero socialmente centrales.
La educación cívica tiene como finalidad, la formación de individuos que pueden
efectivamente llevar adelante sus vidas dentro de y apoyar a su comunidad política. Es por
lo tanto, es una educación dentro o en nombre de un orden político determinado. Por lo cual
si no respalda y fortalece a su comunidad, tiende a fracasar.
La necesidad de una educación cívica democrática y liberal
Esta necesidad se ve argumentada por el hecho de que la supervivencia de la democracia
depende de que transmitamos a cada nueva generación la visión política de libertad e
igualdad que nos une. Ya que estos valores no son ni verdades reveladas ni hábitos
naturales, por lo cual deben ser enseñados y aprendidos.
La operación de las instituciones liberales y el funcionamiento de la sociedad liberal son
afectados de manera importante por el carácter y las creencias de los individuos dentro de
la política liberal, entonces, la viabilidad de la sociedad liberal depende de su capacidad
para concluir efectivamente la educación cívica.
La posibilidad de una educación cívica democrática y liberal
La posibilidad de esta, nace de aquella base que nos proporciona las instituciones y
principios que se comparten dentro de una democracia liberal, como la independencia, la
tolerancia, el respeto por las excelencias y los logros individuales.
En cuanto a las instituciones, el esfuerzo liberal se focaliza en construir un marco de
instituciones relativamente estables, aisladas en parte de la mayoría cambiante.
En consecuencia, una educación cívica congruente con esas instituciones enfatizara las
virtudes y competencias necesarias para seleccionar inteligentemente a los representantes.
La pedagogía cívica pude, debidamente, incorporar las virtudes participativas.
Dentro de esta virtud participativa se genera el problema de que se alcance la mayor
conjunción posible entre el buen juicio y la virtud, por un lado, y la participación y el
consenso por el otro. Frente a esto la educación cívica debe apuntar a generar, no solo la
lista completa de las excelencias publicas, sino también la aceptación más amplia posible
de la necesidad de las mismas en la conducción de nuestra vida publica.
Educación cívica versus privacidad liberal
En el momento que a través de la educación se quiere y se logre especificar un núcleo de
hábitos y creencias que sostienen la política liberal, los individuos y los grupos pueden, no
obstante, objetar una educación cívica que trata de fomentar esos hábitos y esas creencias
universalmente. Pero al momento en que algunos ciudadanos se resistan hacia estos hábitos
y creencias que garantizan sus propios derechos liberales, están contradiciendo de manera
irracional su propio autointerés, bien entendido. Ya que recordemos que la esfera privada
solo puede ser defendida dentro de la sociedad civil, que esta formada por aquellos valores.
Dentro de esta misma problemática, el conflicto más punzante es el choque entre el
contenido de esta educación cívica liberal y el deseo de los padres de transmitir su modo de
vida a los hijos. Pero la autoridad del padre se encuentra limitada, ya que su hijo es a la vez
un futuro adulto y un futuro ciudadano, por lo cual el estado liberal tiene el derecho, por
ejemplo, de enseñar a los niños el respeto de la ley.
Además, el mismo principio que requiere que un estado conceda a los adultos la libertad
personal y política también lo compromete a asegurar a los niños una educación que haga a
estas libertades tanto posibles como significativas en el futuro. Pero sin fomentar una
reflexión aprensiva acerca de los modos de vida heredados de los padres o de las
comunidades locales. Es así como el estado, a través del sistema educativo, debe promover
el logro de los requisitos básicos de la ciudadanía entre los niños.
Es posible afirmar que, a pesar del pluralismo de las sociedades liberales, es
perfectamente posible identificar un núcleo de compromisos y competencias cívicas cuya
amplia aceptación ciñe un organismo político bien ordenado. El estado tiene el derecho de
asegurar que este núcleo este general y efectivamente difundido, ya sea directamente, a
través de la educación publica, o indirectamente, mediante la regulación de la educación
privada.
Educación cívica liberal: conjunto de creencias y hábitos que sostienen al organismo
político y capacitan a los individuos para actuar competentemente en los asuntos políticos.