Presbítero, "Padre y maestro de la juventud", patrono de los editores, fundador de
los salesianos. Por su gran devoción a María Auxiliadora, conseguía de ella
innumerables milagros.
Reseña
Tuvo una niñez muy dura. Una vez ordenado sacerdote, empleó todas
sus energías en la educación de los jóvenes. Sus grandes amores
que fundamentan su espiritualidad: La Eucaristía, la Virgen María, la
Iglesia, la fidelidad al Santo Padre, la juventud.
Fundador de la Congregación de los Salesianos, comunidad religiosa
con rama masculina y femenina, dedicados a la educación de los
jóvenes, en especial los pobres. Les enseñaba la vida cristiana y
diversos oficios. Atrajo y sigue atrayendo a multitudes de jóvenes a
Cristo. La Congregación toma su nombre de San Francisco de Sales.
Famoso por sus sueños
proféticos, ¡se conocen 159
de ellos! Quizás el mas
famoso es el de la Nave de
Pedro.
San Juan Bosco escribió
también algunos opúsculos
en defensa de la religión.
Gran constructor de iglesias,
entre ellas la Basílica de
San Juan Evangelista, la
Basílica de María
Auxiliadora y la Iglesia del
Sagrado Corazón en Roma
donde celebró su última
misa.
Vida de San Juan Bosco
Juan Melchor nace en 1815, junto a
Castelnuovo, en la diócesis de Turín.
Era el menor de los hijos de un
campesino piamontés. Su niñez fue
muy dura. Su padre murió cuando Juan
tenía apenas dos años y medio. La
madre, Margarita, analfabeta y muy
pobre, pero santa y laboriosa mujer,
que debió luchar mucho para sacar
adelante a sus hijos, se hizo cargo de
su educación.
El primero de sus 159 sueños proféticos
A los nueve años de edad, tuvo
un sueño que no olvidó nunca,
le reveló su vocación. Más
adelante, en todos los
períodos críticos de su vida,
una visión del cielo le indicó
siempre el camino que debía
seguir.
En aquel primer sueño, se vio rodeado
de una multitud de chiquillos que se
peleaban entre sí y blasfemaban; Juan
Bosco trató de hacer la paz, primero con
exhortaciones y después con los puños.
Súbitamente apareció Nuestro Señor y le
dijo: "¡No, no; tienes que ganártelos con la
mansedumbre y el amor!"
Le indicó también que su Maestra sería la Santísima Virgen, quien al instante
apareció y le dijo: "Toma tu cayado de pastor y guía a tus ovejas". Cuando la Señora
pronunció estas palabras los niños se convirtieron primero, en bestias feroces y
luego en ovejas.
El sueño terminó, pero desde aquel momento Juan Bosco comprendió que su
vocación era ayudar a los niños pobres, y empezó inmediatamente a
enseñar el catecismo y a llevar a la iglesia a los chicos de su pueblo.
Para ganárselos, acostumbraba ejecutar ante ellos toda clase de acrobacias,
en las que llegó a ser muy ducho. Un domingo por la mañana, un acróbata
ambulante dio una función pública y los niños no acudieron a la iglesia;
Juan Bosco desafió al acróbata en su propio terreno, obtuvo el triunfo, y
se dirigió victoriosamente con los chicos a la misa.
La alegría de Don Bosco
Los muchachos de la calle lo llamaban:
‘Ese es el Padre que siempre está alegre. El
Padre de los cuentos bonitos’.
Su sonrisa era de siempre. Nadie lo encontraba
jamás de mal humor y nunca se le escuchaba
una palabra dura o humillante.
Hablar con él la primera vez era quedar ya de
amigo suyo para toda la vida. El Señor le
concedió también el don de consejo: Un
consejo suyo cambiaba a las personas. Y lo
que decía eran cosas ordinaria
El primer puesto que ocupó Don
Bosco fue el de capellán auxiliar
en una casa de refugio para
muchachas, que había fundado la
marquesa di Barola, la rica y
caritativa mujer que socorrió a
Silvio Pellico cuando éste salió de
la prisión.
Los domingos, Don Bosco no tenía trabajo de modo que podía
ocuparse de sus chicos, a los que consagraba el día entero en
una especie de escuela y centro de recreo, que él llamó
"Oratorio Festivo".
Pero muy pronto, la marquesa le negó el permiso de reunir a los niños en sus
terrenos, porque hacían ruido y destruían las flores.
Durante un año, Don Bosco y
sus chiquillos anduvieron de
"Herodes a Pilatos",
porque nadie quería
aceptar ese
pequeño ejército
de más de un
centenar de
revoltosos
muchachos.
Cuando Don Bosco consiguió, por fin,
alquilar un viejo granero,
y todo empezaba a arreglarse,
la marquesa, que a pesar
de su generosidad tenía
algo de autócrata,
le exigió que escogiera
entre quedarse
con su tropa o
con su puesto
en el refugio
para muchachas.
El santo escogió a sus chicos.
Oratorios, escuelas, talleres...
En esos momentos críticos, le sobrevino
una pulmonía, cuyas complicaciones
estuvieron a punto de costarle la vida. En
cuanto se repuso, fue a vivir en unos
cuartuchos miserables de su nuevo
oratorio, en compañía de su madre, y ahí se
entregó, con toda el alma, a consolidar y
extender su obra.
Dio forma acabada a una escuela nocturna, que había inaugurado el año
precedente, y como el oratorio estaba lleno a reventar, abrió otros dos
centros en otros tantos barrios de Turín.
Por la misma época, empezó a dar alojamiento a los niños abandonados.
Al poco tiempo, había ya treinta o cuarenta chicos, la mayoría
aprendices, que vivían con Don Bosco y su madre en el barrio de
Valdocco. Los chicos llamaban a la madre de Don Bosco "Mamá
Margarita".
Con todo, Don Bosco cayó pronto en la cuenta que todo el bien
que hacía a sus chicos se perdía con las malas influencias del
exterior, y decidió construir sus propios talleres de aprendizaje.
Los dos primeros: el de los zapateros y el de los sastres
Crece la familia
El siguiente paso fue construir una iglesia, consagrada
a San Francisco de Sales. Después vino la construcción
de una casa para la enorme familia. El dinero no
faltaba, a veces, por verdadero milagro.
Don Bosco distinguía dos grupos entre sus chicos: el de los
aprendices, y el de los que daban señales de una posible
vocación sacerdotal.
Veía en sueños el estado
exacto de la conciencia de
sus discípulos y después
los llamaba y les hacía
una descripción tan
completa de los pecados
que ellos habían
cometido, que muchos
aclamaban emocionados:
"Si hubiera venido un ángel a contarle toda mi vida no
me habría hablado con mayor precisión" .
Se gana de tal manera el cariño de
los jóvenes, que es difícil encontrar
en toda la historia de la
humanidad, después de Jesús, un
educador que haya sido tan
amado como Don Bosco.
Los jóvenes llegaban hasta pelear
unos contra otros afirmando cada
uno que a él lo amaba el santo
más que a los demás.
Además de este trabajo, Don
Bosco se veía asediado de
peticiones para que predicara;
la fama de su elocuencia se
había extendido
enormemente a causa de los
milagros y curaciones obradas
por la intercesión del santo.
Dedicó su vida
a la difusión
de las
buenas lecturas
Otra forma de actividad, que ejerció durante muchos
años, fue la de escribir libros para el gusto popular, pues
estaba convencido de la influencia de la lectura.
Él decía que Dios lo había enviado al mundo para educar a los
jóvenes pobres y para propagar buenos libros, los cuales, además
eran sumamente sencillos y fáciles de entender.
"Propagad buenos libros sólo en el cielo sabréis
el gran bien que produce una buena lectura".
Unas veces se trataba de una obra de
apologética, otras de un libro de historia, de
educación o bien de una serie de lecturas
católicas. Este trabajo le robaba gran parte
de la noche y al fin, tuvo que abandonarlo,
porque sus ojos empezaron a debilitarse.
En búsqueda de colaboradores
El mayor problema de Don Bosco, durante largo tiempo, fue el de encontrar
colaboradores.
Muchos jóvenes sacerdotes entusiastas, ofrecían sus servicios, pero
acababan por cansarse, ya fuese porque no lograban dominar los métodos
impuestos por Don Bosco, o porque carecían de su paciencia para
sobrellevar las travesuras de aquel tropel de chicos mal educados y
frecuentemente viciosos, o porque perdían la cabeza al ver que el santo se
lanzaba a la construcción de escuelas y talleres, sin contar con un céntimo
Nuestro Señor le inspiró un sabio
método de enseñanza
El sueño o visión que tuvo Don Bosco en su
juventud marcó toda su actividad posterior con
los niños. Todo el mundo sabe que para
trabajar con los niños, hay que amarlos; pero lo
importante es que ese amor se manifieste en
forma comprensible para ellos. Ahora bien, en
el caso de Don Bosco, el amor era evidente, y
fue ese amor el que le ayudó a formar sus ideas
sobre el castigo, en una época en que nadie
ponía en tela de juicio las más burdas
supersticiones acerca de ese punto.
Los métodos de Don Bosco consistían en
desarrollar el sentido de responsabilidad,
en suprimir las ocasiones de desobediencia,
en saber apreciar los esfuerzos de los chicos,
y en una gran amistad.
En 1877 escribía: "No recuerdo haber empleado nunca un castigo
propiamente dicho. Por la gracia de Dios, siempre he podido conseguir
que los niños observen no sólo las reglas, sino aun mis menores deseos".
Pero a esta cualidad se unía la perfecta conciencia del daño que puede
hacer a los niños un amor demasiado indulgente, y así lo repetía
constantemente Don Bosco a los padres.
Muerte de Don Bosco
Pero sus días tocaban a su fin. Dos años antes,
los médicos habían declarado que el santo
estaba completamente agotado y que la única
solución era el descanso; pero el reposo era
desconocido para Don Bosco.
A fines de 1887, sus fuerzas empezaron a decaer rápidamente; la muerte sobrevino el
31 de enero de 1888, cuando apenas comenzaba el día, de suerte que algunos autores
escriben, sin razón, que Don Bosco murió al día siguiente de la fiesta de San Francisco
de Sales.
Su cuerpo permanece incorrupto en la Basílica de María Auxiliadora en Turín, Italia.
Sus últimas recomendaciones
fueron: "Propagad la devoción a
Jesús Sacramentado y a María
Auxiliadora y veréis lo que son
milagros. Ayudad mucho a los
niños pobres, a los enfermos, a
los ancianos y a la gente más
necesitada, y conseguiréis
enormes bendiciones y ayudas
de Dios. Os espero en el
Paraíso".
Cuarenta mil personas desfilaron ante su cadáver en la iglesia, y sus
funerales fueron una especie de marcha triunfal, porque toda la ciudad
de Turín salió a la calle durante tres días a honrar a Don Bosco por última
vez.
Fueron tantos los milagros conseguidos al encomendarse a Don Bosco,
que el Sumo Pontífice lo canonizó cuando apenas habían pasado
cuarenta y seis años de su muerte (en 1934) y lo declaró Patrono de los
que difunden buenas lecturas y "Padre y maestro de la juventud