Sintesis REVELACION Y FE
Sintesis REVELACION Y FE
REVELACION Y FE
“Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (1 a
Timoteo 2, 4)
Definición
La revelación se describe como la intervención graciosa y libre por la que el Dios santo y escondido
progresivamente se da a conocer a sí mismo y su designio salvífico de sellar una alianza con Israel,
y después con todos los pueblos, para cumplir en la persona de su ungido la promesa.
Antiguo testamento
Palabra:
En el Antiguo Testamento, la idea principal es la Palabra, donde en génesis Dios crea el universo
con la palabra. Él usa la Palabra para crear y al mismo tiempo usa la palabra para comunicarse con
las personas elegidas. Esta es la misma palabra que en el nuevo testamento se encarnará para estar
entre nosotros, como dijo John.
Por eso, el termino clave para expresar la revelación de Dios es la palabra que muchas veces se
usaba “Palabra de Yavé” – que es la comunicación divina al hombre. Por ejemplo en la teofanías.
Lo principal no es el hecho de ver la divinidad, sino de oir su palabra.
Dios se da a conocer:
Por lo tanto, Desde el origen, Dios siempre quiso revelarse y lo hizo de muchas maneras, e incluso
después de la caída del hombre en pecado, Dios no dejó de revelarse a sí mismo como dice el Dei
Verbum, "después de su caída alentó en ellos la esperanza de la salvación con la promesa de la
redención, y tuvo incesante cuidado del género humano, para dar la vida eterna a todos los que
buscan la salvación con la perseverancia en las buenas obras" (Dei Verbum, 3)
Síntesis Teológica Revelación y Fe
Kenneth Okoth Oriando
José David González C.
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Es importante comenzar esta síntesis afirmando que podemos hablar de revelación cósmica y
revelación histórica.La atención prestada a la palabra creadora representa, en Israel, un estadio
bastante tardío de la reflexión inspirada (aunque la idea de creación haya podido nacer y circular
mucho antes de entrar en el texto sagrado). La historia es el medio principal por el que Israel ha
conocido a Yavé, cuando ha experimentado en Egipto su poder liberador. La meditación ince-
sante de este poder ilimitado de Yavé.
Israel ha comprendido que el mismo Dios que hizo a Israel de la nada de la esclavitud, ha hecho
también el cosmos de la nada. Su soberanía es universal. Gen 1 afirma que Dios ha creado todo
por su palabra: nombra los seres y, a su llamada, salen de la nada; la palabra de Dios les da
existencia y subsistencia. El salmo 33 es más expresivo todaviá : «Por la palabra de Yavé fueron
hechos los cielos, y todo su ejército por el aliento de su boca... Porque dijo él, y fue hecho; mandó,
y así fue» (Sal 33,6.9). Y ya que la creación es cosa dicha por Dios, es también revelación. Los
seres hacen eco a la palabra del que los llama, y manifiestan su presencia, su majestad, su sabiduría
(Sal 19,2-5; Job 25,7-14; Prov. 8, 2-31; Eclo 42, 15-43,33; Sab 13, 1-9).
La revelacion profetica
Después de hablar de la revelación cósmica e histórica, también hay revelación profética, esta
revelación que muchos autores, especialmente de los apologistas hasta el siglo xiii, mencionarán
como una de las principales fuentes, en las cuales el Señor usa a su pueblo elegido y les da la
Palabra para comunicar a las personas con una intención específica.La revelación del Sinaí
permanece siempre el bloque central de la revelación. Pero gracias a los profetas ha podido
perdurar en el Antiguo Testamento, sobre todo a través de la época real y del destierro,
profundizarse y ampliarse. En efecto, lo que constituye la autoridad y originalidad del profeta es
haber sido objeto de una experiencia privilegiada: conoce a Yavé porque Yavé le ha hablado y le
ha confiado su palabra.
É sta es la experiencia fundamental del profeta. La palabra de Yavé está en él (Jer 5, 13). Ha sido
puesta en su boca (Jer 1, 9; 5,14), y el profeta la ha comido como un alimento (Ez 3,1-3). Jeremiá s
repite varias veces que la diferencia decisiva entre el verdadero y el falso profeta radica en la
posesión de la palabra (Jer 23,16-31). La introducción habitual al mensaje profético es «Así habla
Yavé». O también «Oí la voz del Señor» (Is 6, 8), o «así me ha hablado Yavé» (Is 8,11; Jer 11,21;
15,1), o «Yavé me lo ha revelado» (Is 22,14), o «me llegó la palabra de Yavé
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Objeto de la revelacion
El Dios del Antiguo Testamento se revela como Dios viviente y personal, como el que es
(eficazmente), en oposición a los id́ olos mudos y muertos; como el Dios todopoderoso, dueño del
cosmos y señor de las naciones, que exige obediencia a sus leyes. Con los profetas, Israel se eleva
paulatinamente a una inteligencia cada vez más profunda de los atributos de Dios.
Cuando Dios habla, el ser humano escucha, porque el Señor tiene el mensaje que comunicar, y es
por eso que no es solo una comunicación unidireccional sino una comunicación bidireccional.
donde Dios habla y el hombre escucha. La mayoría de las veces el hombre escucha en silencio y
responde con obediencia y fe. Por ejemplo en el caso de Samuel, "Habla Señor, porque tu siervo
está escuchando” 1Sam 3,10.
CARACTERES DE LA REVELACIÓN
Dios revela y se revela por medio de su palabra. Esta primaciá del oir sobre el ver constituye
uno de los caracteres esenciales de la revelación bib́ lica.
3. Por la revelación, el hombre se halla ante la palabra que exige fe y cumplimiento. Desde
entonces, el pecado consiste en no querer oiŕ , en no responder a las llamadas del Señor, en
endurecerse en la resistencia de la palabra (Jer 7,13; Os 9,17). a finalidad de la revelación
es la vida y la salvación del hombre, su comunión con Dios (Is 55,1).
4. La esperanza de la salvación venidera da a toda la revelación un sentido propio. Una
revelación profética indica un cumplimiento de la palabra, pero al mismo tiempo hace que
se espere un cumplimiento más decisivo. y en todas las promesas hechas a la humanidad,
cumplió su promesa al enviar a Jesucristo al mundo, que es el cumplimiento de su plan..
“Muchas veces y en muchas maneras habló Dios en otro tiempo a nuestros padres por
ministerio de los profetas; últimamente, en estos días, nos habló por su Hijo” (Heb, 1,1)
El libro de hebreos muestra la tan esperada promesa que el hombre tenía para la venida de Jesús,
y confirma lo que el evangelio de Juan declara en las Escrituras acerca de la eternidad del Verbo:
“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios” (Jn, 1,1). En Jesucristo,
la palabra interior de Dios, en la que Dios se expresa totalmente y conoce todo, se hace hombre y
evangelio, palabra de salvación, para llamar al hombre a la salvación. En Jesucristo, Verbo
encarnado, el Hijo está presente entre nosotros y habla, predica, enseña, atestigua lo que ha visto
y oid́ o en el seno paterno en palabras humanas que nosotros podemos comprender y asimilar.
Cristo es la cumbre y la plenitud de la revelación. La carta a los hebreos compara la economía de
las dos alianzas y celebra la excelencia de la revelación traid́ a por Cristo. Para san Juan, la función
reveladora de Cristo se enraiza en su cualidad de logos y de Hijo.
LA TRADICIÓN SINÓPTICA
La fe es la respuesta que corresponde a la predicación de la buena nueva (Me 16, 15-16). Los
hombres han sido invitados a escuchar la palabra y a entenderla (Mt 13, 23), es decir, a aceptar en
la fe la palabra de Dios y a vivir según sus exigencias. Cristo opone los que escuchan la palabra y
la ponen en práctica a los que la escuchan sin llevarla a la práctica: casa edificada sobre roca y
casa edificada sobre arena (Mt 7,24-27). En la tradición sinóptica, pues, Cristo es revelador porque
proclama la buena nueva del reino de los cielos y enseña con autoridad la palabra de Dios. Cristo
revela porque es el Hijo que conoce todos los secretos del Padre. Cuando Cristo haya acabado su
obra, los apóstoles deberán, a su vez, revelar todo lo que el maestro les ha confiado; en otras
palabras, tendrán que predicar el evangelio de la salvación, enseñar e invitar a los hombres a la fe.
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La fe, don de Dios, revelación del Padre, es la respuesta del hombre a la predicación del evangelio.
El contenido esencial de la revelación es la salvación ofrecida a la humanidad bajo la figura del
reino de Dios anunciado e instaurado por Cristo.
SAN PABLO
San Pablo usa la palabra misterio y Evangelio para hablar sobre la revelación. Luego usa la
doxología con la que termina la carta a los romanos para ilustrar la economía de la salvación:
«Aquel que puede confirmarte según mi evangelio y la predicación de Jesucristo, según la
revelación del misterio, tenía secreto en los tiempos eternos, pero manifestado ahora a través de
los escritos proféticos, de acuerdo con la disposición del Dios eterno, que todas las personas se
dieron a conocer para rendirse a la fe y la gloria por los siglos de los siglos ”(Rom 16,25-26). Así,
en Jesucristo, un misterio previamente oculto y guardado en secreto, ha sido descubierto, revelado
y manifestado; El misterio ha sido dado a conocer a las naciones por el evangelio y la predicación
para traerles fe y obediencia. Para Pablo, el evangelio es para todas las razas, no solo para los
judíos, y eso abre un nuevo paradigma de que Dios puede ser conocido por aquellos que aceptan
el evangelio de Jesús.
Como hemos dicho, el ser humano tiene que responder al llamado de Dios. Por la fe se realiza el
acceso al misterio, al evangelio, a la palabra. En efecto, por la fe reconoce el hombre el plan
salvífico, realizado por Dios en la muerte y resurrección de Cristo, como verdadero, aunque
desconcertante para la sabiduría humana (1 Cor 1, 17-30; 2,1-4), y a ella se adhiere plenamente.
Cuando el evangelio es predicado al hombre, él tiene que abrir su corazón para recibirlo y eso solo
puede hacerse a través de la fe. La predicación del evangelio o del misterio revelado está
encaminada a la «obediencia de la fe» (Rom 16,26; 2 Cor 10,5). La fe es la respuesta especifica
del hombre a la palabra del evangelio. «Esto predicamos y esto habéis creído», dice san Pablo a
los corintios (1 Cor 15,11). Los efesios han creid́ o después de oiŕ «la palabra "de la verdad», la
«buena nueva» de su «salvación» (Ef 1,13). Por la fe en el mensaje se abren los cristianos a la
salvación.
San Pablo, después de volver a visitar el tan esperado Mesías, presenta la revelación de una manera
que Dios obra en la historia y después de enviar a su hijo que murió por nosotros, ahora tenemos
que esperar la segunda venida de su hijo. Esta segunda venida es lo que llamamos la revelación
escatológica. Además de este conocimiento de fe y de amor, que se tiene bajo el influjo del
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Espiŕ itu, existe otra revelación —la escatológica'— que será pleno correrse el velo y plena visión
(1 Cor 13,12). San Pablo aspira con vehemencia a esta revelación (apocalipsis) final.
FINALIDAD DE MISTERIO
SAN JUAN
San Juan concibe la revelación como la palabra de Dios encarnada y hecha, por la carne, palabra
y testimonio humanamente formulado, dirigido sin mediación alguna a los apóstoles y, por ellos,
a toda la humanidad, para dar testimonio de la caridad del Padre que enviá a su Hijo al mundo para
que los hombres crean en él y tengan la vida eterna. La fe es la respuesta al testimonio exterior de
Cristo y a la atracción interior del Padre y al testimonio del Espíritu. Doble dimensión de la única
palabra de amor de Dios.
Presentaremos una breve explicación de la revelación según los padres apostólicos, y cómo
concibieron la revelación, observando el tiempo en que vivieron, donde todavía la teología no
estaba avanzada como lo está ahora. Las siguientes son las ideas principales según ellos:
1. La Didaché recomienda no apartarse de los mandamientos del Señor, sino seguir la "regla
del evangelio" y actuar en consecuencia. El tiempo de la Didaché fue el tiempo en que
todavía había judío-cristianos que no eran firmes en su fe y necesitaban mucho ánimo para
convertirse en la nueva fe que profesan. (15, 3-4).
2. Clemente Romano da testimonio de la fe recibida. Una de las características de su carta es
la fidelidad a la herencia que ha recibido de los apóstoles y que transmite íntegramente. En
ella aparece Cristo como el maestro cuya enseñanza conduce a la salvación y los apóstoles
como mensajeros de la buena nueva predicada por él. Clemente llama, pues, al objeto de
la fe buena nueva, mandatos de Cristo, palabra de Dios predicada en el poder del Espíritu.
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3. Policarpo recomienda a los filipenses que caminen por la viá de verdad trazada por el
Señor (5,2; 4,1) y que sean «dóciles a la palabra de la justicia».
4. Papias, por su parte, opone «los mandamientos ajenos» a «los que por el Señor fueron
dados a nuestra fe y que proceden de la verdad misma» (Eusebio, HE, 39, 3-4).
Los padres apostólicos están persuadidos de que la enseñanza de la Iglesia es de origen divino. El
objeto de la fe es la palabra de Dios, el conjunto de sus mandatos e instrucciones que Cristo, los
profetas y los apóstoles dieron a la humanidad. Cristo es la fuente manantial del cristianismo, el
único maestro; los profetas son sus disciṕ ulos en espíritu; los apóstoles son los predicadores y los
mensajeros del evangelio; la Iglesia recibe y transmite su enseñanza. Como nadie, Ignacio de
Antioquía ve en Cristo el todo de la revelación y da la salvación. Verdad y vida están
inseparablemente unidas en él. En la encarnación del Hijo termina y culmina la economía
reveladora. Cristo es el conocimiento del Padre.
LOS APOLOGISTAS
San Justino - A juicio de Justino, el Padre, trascendente, incognoscible, invisible, obra por el logos,
su intermediario: por medio de él. A juicio de Justino, toda verdad tiene su punto de origen en el logos
o Verbo divino. Hay en todo hombre un germen, «una semilla del logos», que le permite llegar parcialmente
a la verdad y expresarla. .Justino dice también que todos los hombres participan del logos divino. La acción
reveladora del logos se manifiesta primariamente en los patriarcas y en los profetas. Justino distingue entre
el conocimiento pleno que el Verbo ha dado revelándose en Jesucristo, y el conocimiento parcial que los
paganos pudieron tener, según la participación que habiá n recibido del logos. Sólo los cristianos viven
«conforme al conocimiento y contemplación del Verbo total, que es Cristo».
Irineo
Irineo afirma que Dios es uno y que una es la economía reveladora, porque un mismo y único
Verbo de Dios preside la revelación del Antiguo y del Nuevo Testamento. En san Ireneo, el tema
de la revelación está vinculado a otro, todaviá más vasto, que es la acción del Verbo en la obra de
salvación. Ireneo ve al Verbo operante ya en los albores de la humanidad. Bajo su guía, la
humanidad nace, crece y madura hasta la plenitud de los tiempos; por la encarnación del Verbo y
su obra redentora, se hace cuerpo de Cristo y con él y en él camina hacia la visión del Padre. Al
principio, pues, de la revelación está la acción del Padre que envía al Hijo. El Hijo, con su venida,
se revela a sí mismo; y, haciéndose visible, manifiesta al Padre. «Por el Verbo visible y palpable
se manifestaba al Padre. En efecto, el Padre es lo que de invisible hay en el Hijo, y el Hijo lo que
de visible hay en el Padre». A juicio de Ireneo, pues, la revelación se presenta como la epifanía
del Padre a través del Verbo encarnado. Cristo o el Verbo encarnado es el visible, el comprensible,
el que manifiesta al Padre, mientras que éste es el invisible revelado por el Hijo hecho visible. La
revelación del Padre por el Hijo se realiza progresivamente. Dios quiere darse a conocer porque
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es bueno y porque el hombre necesita este conocimiento para vivir. Mas el hombre es dema- siado
débil para soportar la visión de Dios (4,20,5). Como buen pedagogo, Dios educa a la humanidad.
LOS ALEJANDRINOS
1. CLEMENTE DE ALEJANDRÍ A
Origen
Orígenes construye su sistema partiendo de Dios. Dios, Espiŕ itu puro, engendra al Verbo o Hijo.
El Verbo procede del Padre como una imagen invisible, igual al Padre, una imagen filial que
reproduce fielmente los rasgos de su modelo, una imagen eterna, continuamente engendrada por
el Padre. El Verbo procede del Padre, y le revela en cuanto que es imagen y palabra suya. El Verbo
está naturalmente cualificado para cumplir su misión de revelador porque es imagen reveladora de
Dios ya en el seno de la Trinidad, antes de ser enviado a este mundo.
Orígenes es mucho más moderado que Clemente en lo que se refiere a la revelación natural y a la
filosofía. No cabe duda de que los gentiles no estuvieron privados de los beneficios de Dios, pero
Orígenes no llega a hablar de un Testamento de los gentiles. La revelación de gracia se lleva a
cabo porque el Verbo de Dios, que procede del Padre como imagen fidelísima suya, se encarna, y,
por las vías de la encarnación, carne de su cuerpo y carne de la Escritura, manifiesta al Padre y sus
misterios. La acción reveladora llega a su punto culminante cuando el hombre, a través del signo
de la carne y de la Escritura, reconoce en Cristo al Verbo de Dios, la imagen del Padre, y en la
imagen reconoce al Padre mismo. Este reconocimiento se realiza bajo la acción de la gracia.
Orígenes, mucho más que Clemente, subraya la subjetividad de la revelación.
No hemos de fijarnos solamente en el hecho de que Dios sale de su misterio, sino también en que
el hombre reconozca esta venida de Dios. Y en este sentido habla de iluminación. Esta iluminación,
inaugurada con la fe, siempre es susceptible de progreso, tanto en los sencillos como en los
perfectos. Encontramos en Orígenes, como en sus predecesores, una visión evolutiva de la
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revelación. Orígenes admite un desarrollo y progreso de la revelación, una pedagogiá divina que
dirige la maduración de la humanidad hasta la plenitud de los tiempos. Celebra la unidad y armoniá
de los dos Testamentos.
3. SAN ATANASIO
Además de la enseñanza de Cristo, Atanasio distingue dos fuentes de conocimiento de Dios: una,
directa e interior; otra, por el testimonio de la creación. El mundo lleva la impronta del Verbo que
es su autor y organizador. Este conocimiento de Dios parece obtenerse por una simple ilación
partiendo del cosmos: «Mirando al cielo y contemplando su orden y belleza... es posible hacerse
una idea del Verbo que es el autor de este orden. El logos del que habla Atanasio no es el logos
seminal de los estoicos, sino la sabiduría del Padre (C Gent 40-41). Todo lo que ve el infiel, no
existe ni subsiste sino por esta sabiduriá de Dios. Atanasio habla también del conocimiento de
Dios adquirido por viá interior. Por haber sido el hombre formado a imagen de Dios, tiene
capacidad para conocer la imagen que es el Verbo de Dios, y en él, al Padre, aun antes de que la
imagen se manifieste por la encarnación. La revelación es condición y medio para el fin que es la
divinización. Añadamos que la restauración del hombre se lleva a cabo por el conocimiento de
Dios que nos trae Cristo
Cirilo prefiere el título de luz para designar la función reveladora de Cristo. «Las naciones han
sido iluminadas por Cristo, por la doctrina evangélica» (Jn Ev 6: 73,994), por la «doctrina de
salvación» (Jo Ev 6: 73,1050). «El que me sigue, dice Cristo, es decir, el que sigue las huellas de
mi doctrina, jamás andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida, es decir, la revelación de
los misterios que puede llevarle a la vida eterna»
Tertuliano
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Tertuliano, que es un jurista, es un apasionado de la verdad. Para él, el problema del cristianismo
es el problema de la verdad ante el error (paganismo, diversas herejiá s). Cristo fundó una religión
para llevar a los hombres al conocimiento de la verdad (Apolog 21, 30). Por tanto, «1 único
problema es saber quién tiene esta verdad y quién puede apelar a ella.
Tertuliano admite que el hombre puede llegar al conocimiento de Dios por vía demostrativa,
partiendo de la creación, y por el testimonio espontáneo del alma «naturalmente cristiana», pero
espera de la revelación el auténtico conocimiento de Dios. Jurista como es, atiende menos a la
dimensión histórica y al progreso de la revelación que a su posesión. Como la revelación es verdad,
lo importante es poseerla. Por esto, la idea de tradición o de transmisión de la verdad se antepone
a la idea de manifestación de la verdad. Lo que garantiza la posesión de la verdad es la continuidad
que existe entre Cristo y los apóstoles, entre los apóstoles y las iglesias que ellos fundaron. Cristo
es la fuente de verdad; los apóstoles, testigos privilegiados de Cristo, son los únicos mediadores,
instruidos por Cristo, enviados por él, asistidos por el Espíritu para llegar a la posesión de toda la
verdad. Tertuliano insiste, más que Ireneo, en el carácter concreto de la sucesión apostólica, en la
asistencia del Espiŕ itu en la transmisión de la doctrina apostólica y en eí carácter normativo de la
doctrina revelada. La doctrina de verdad está contenida en la Escritura, tal como se lee y
comprende en las iglesias apostólicas.
SAN CIPRIANO
Cipriano emplea el término de tradición para designar acción reveladora. Debemos «observar lo
que el Señor nos enseñó» (Ep 63,17) y «guardar la verdad de la tradición del Señor» (Ep 63,19).
«Hemos de obedecer a sus preceptos, a sus admoniciones», a su «magisterio», porque su evangelio
es luz, verdad, enseñanza de Dios. Los herejes y cismáticos lo son porque se separan de Cristo,
porque no se remontan al «origen de,|a verdad», a la «fuente» que es el magisterio divino (De unit
3). Lo mismo hemos de afirmar de la tradición apostólica. Una tradición carece de valor si no se
apoya en la «tradición evangélica y apostólica», es decir la que «proviene de la autoridad del Señor
y del evangelio, de los mandamientos y de las cartas de los apóstoles» (Ep 74, 2). Si la verdad
parece ceder en un punto, observa san Cipriano en la discusión bautismal, es menester volver al
origen, a la tradición evangélica y apostólica. Esta tradición está consignada en la Escritura (Ep
63,2-10). Cipriano apela a la «autoridad» a la «fe», a la «verdad» de la Escritura (Ep 73, 8; 64, 3;
69,1). Y la Escritura está en la Iglesia. Hemos de serle, pues, fieles indefectiblemente: «No puede
tener a Dios por Padre quien no tiene a la Iglesia por Madre».
SAN AGUSTÍN
Los términos con los que san Agustiń expresa la idea de revelación los ha tomado de san Juan. El
centro cristalizador de su pensamiento es Cristo, camino y mediador.
1. SAN BUENAVENTURA
Revelar, significa, pues, iluminar el espíritu en lo que antes era tinieblas, misterio, secreto. Un
segundo elemento, esencial a la idea de revelación, es la certeza que engendra. «Llamo revelación
al hecho de dar interiormente una iluminación cierta» concerniente a un acontecimiento future.
San Buenaventura, como toda la edad media, se interesa sobre todo por la revelación profética. La
revelación se llama imperfecta cuando alguien recibe representaciones sensibles o imaginativas,
pero no recibe luz especial para comprender su significado por el contrario, la revelación es
perfecta cuando se recibe también la inteligencia de los signos.
activo. Vemos cómo Dios se revela a menudo en sueños; indudablemente porque entonces el alma
es todo disponibilidad para la acción divina
A lo comunicado por revelación, es decir al objeto de la fe, lo llama san Buenaventura «la
enseñanza de la divina revelación», «la doctrina» evangélica, apostólica o profética, la «verdad de
la salvación», la «verdad de la fe y de la sagrada Escritura», porque esta enseñanza, esta verdad se
contiene en la sagrada Escritura. «Toda verdad saludable está contenida en la Escritura, emana de
ella o se reduce a ella» . San Buenaventura habla equivalentemente de la «verdad de la fe y de la
sagrada Escritura» , porque, a juicio suyo, toda la Escritura nos viene «por revelación divina del
Padre de las luces»
Santo Tomás considera la revelación, que es un acontecimiento temporal, como una operación
jerárquica, sucesiva, progresiva, variada. Las reciben primero los ángeles, según el orden de las
jerarquías celestiales , luego los hombres y, entre éstos, los más grandes, es decir, los profetas y
los apóstoles. La revelación se extiende a todos los que la aceptan por la fe conforme a una
operación análoga: los que poseen un conocimiento más amplio deben transmitirla y explicarla a
los simples fieles, obligados a prestar asentimiento explícitamente a los artículos de la fe.
por la revelación de la esencia divina; por último, la revelación de Cristo, inaugurada por la
revelación del misterio de la Trinidad.
J. A. MÓHLER
Para Móhler, pues, la revelación hecha a los apóstoles es la comunicación, por la palabra humana
de Cristo, Verbo encarnado, de la buena nueva del reino, que estaba escondida en él y en el Padre.
Los apóstoles recibieron la misión de predicar y propusieron la doctrina de la salvación.
Consiguientemente, la revelación de Cristo y de los apóstoles es una enseñanza propuesta desde
fuera y destinada a que el espíritu la asimile. Esta enseñanza llega a nosotros por medio de la
iglesia visible que la propone autoritativamente. A la palabra recibida desde fuera responde la luz
interior, la palabra del Espíritu, la revelación interior.
H. J. D. DENZINGER
Denzinger afirma que hemos de definir la revelación partiendo del objeto, como comunicación de
verdad, de verdad conocida inmediatamente como verdad, y no por deducción de otro objeto. De
lo contrario, afirma, el término de revelación puede convenir tanto a las obras de la creación como
a los acontecimientos de la historia. Igualmente, un hecho concreto, en cuanto que manifiesta la
acción divina y designa una de sus propiedades, puede llamarse también revelación. Hablando con
propiedad, no puede considerarse como revelación el don de la facultad o del medio para conocer
el objeto. Brevemente, el objeto inmediato de la revelación es la verdad en sí misma como verdad,
y la revelación es la comunicación de este objeto por medio de la palabra, de un signo adecuado,
o por medio de la contemplación directa ".
J. B. FRANZELIN
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La palabra de revelación es, pues, el conjunto de palabras formales y de hechos divinos: las
palabras enuncian la verdad, los hechos la acreditan como divina y revelada. Asi,́ por ejemplo,
cuando un rey habla por medio de su legado, las cartas credenciales, el sello real y el aparato
exterior son elementos que componen la palabra real y que permiten reconocerla como tal.
Toda verdad saludable ha sido revelada a los apóstoles por Cristo que enseña visible o
invisiblemente mediante su Espiŕ itu. Esta verdad es el evangelio que los apóstoles deben predicar
a toda criatura y transmitirlo a la Iglesia. La Iglesia conserva y predica la verdad total, definitiva,
recibida de los apóstoles. Franzelin entiende por revelación la proposición suficiente — hecha por
Cristo a los apóstoles, por los apóstoles a la Iglesia, por la Iglesia a todos los hombres — de la pa-
labra divina, es decir, del conjunto de palabras y de hechos divinos que la acreditan como verdad
divina y como verdad revelada.
Este tema de la revelación en los primeros siglos y toda la edad media parece que no se puso en
tela de juicio, las controversias en cambio que ocuparon la atención y que sobre eso se iban a
desarrollar los concilios son referentes a la trinidad, a la encarnación, al misterio de Cristo, sus
naturalezas y su persona, a los sacramentos y a la autoridad papal.
frente al tema de revelación en la edad media encontramos una de las nociones de revelación más
completa en el cuarto concilio de Letrán (1215) dice que: “Primero por Moisés y los santos
profetas y por otros siervos suyos, según la ordenadísima disposición de los tiempos, dio al género
humano la doctrina saludable. Y, finalmente, Jesucristo único Hijo de Dios... mostró más
claramente el camino de la vida” (D 428-429). La doctrina conciliar nos muestra a la trinidad
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como autor de la revelación y los mediadores en el A.T serian Moisés y los profetas, y en el N.T
seria Jesucristo. La finalidad de la revelación es conducir a la vida eterna.
Según Latourelle en su libro teología de la revelación nos plantea que la revelación al ser
comunicación contiene unos actores: El autor (La trinidad), Los destinatarios (el género humano),
la finalidad (la salvación), el objeto (doctrina relativa a la salvación y el medio para obtenerla).
Con la aparición del protestantismo (s. XVI) aparece una discusión frente al concepto de revelación
y tiempo después con el acontecimiento de la revolución francesa cuando la razón se pone por
encima de todo, es cuando se empieza a poner en tela de juicio la noción de una revelación de una
manera sobrenatural.
«El sacrosanto, ecuménico y universal Concilio de Trento, legítimamente reunido en el Espíritu Santo,
bajo la presidencia de los tres mismos legados de la Sede Apostólica, poniéndose perpetuamente ante
sus ojos que, quitados los errores, se conserve en la Iglesia la pureza misma del evangelio que,
prometido antes por obra de los profetas en las escrituras santas, promulgó primero por su propia boca
Nuestro Señor Jesucristo, Hijo de Dios, y mandó luego que fuera predicado por ministerio de sus
apóstoles a toda criatura (Mt 28, 19 s; Me 16,15) como fuente de saludable verdad y disciplina, se
contiene en los libros escritos y en las tradiciones no escritas que, recibidas de boca de Cristo mismo
por los apóstoles o transmitidas como de mano en mano por los mismos apóstoles al dictado del Espíritu
Santo han llegado hasta nosotros; siguiendo los ejemplos de los padres ortodoxos, con igual afecto de
piedad e igual reverencia recibe y venera todos los libros, así del Antiguo como del Nuevo Testamento,
como quiera que un solo Dios es autor de ambos, y también las tradiciones mismas que pertenecen ora
a la fe ora a las costumbres, como oralmente por Cristo o por el Espíritu Santo dictadas y por continua
sucesión conservadas en la iglesia católica» (D 783).
La Iglesia entonces ha recibido la misión de conservar en toda su pureza la buena nueva para así
continuar con la labor de predicar a toda criatura el mensaje de salvación. En el IV concilio de
Letrán, se nos presentan 3 afirmaciones en cuanto a la revelación.
- Nos ha sido dada de manera progresiva, la pedagogía divina empezó con los profetas,
luego Cristo, después los apóstoles, todo esto para mostrar el carácter histórico y continuo
de la economía de la salvación.
- Esta verdad de salvación cuya fuente es el evangelio la encontramos en los libros
inspirados en la escritura y también en las tradiciones no escritas.
- Las tradiciones escritas (antiguo y nuevo testamento) como orales (las de Cristo como las
de inspiración del Espíritu) son recibidas, conservadas y promulgadas con igual piedad por
la Iglesia Católica.
Así que el objeto de nuestra fe se presenta como una doctrina, enseñada por Cristo, transmitida
por los apóstoles, conservada por la Iglesia y defendida por ella misma.
La definición que nos ofrece Trento frente a la noción de revelación es que es una doctrina
saludable (doctrina salutaris) que constituye un conjunto de verdades y de promesas ofrecidas a
la fe cristiana por la predicación y que encontramos en la escritura y en la tradición. También el
concilio de Trento, pone la fe como la respuesta que conviene a la buena nueva, al mensaje de
salvación. La fe que es correlativamente responde a la predicación del evangelio, que es un
asentimiento de las verdades que contiene la revelación.
Cuando el sujeto pensante ocupo el primer puesto en la conciencia occidental, se cuestionó sobre
la intervención divina por revelación sobrenatural, se plantean entonces dos respuestas frente a la
revelación, rechazar la postura de una revelación y acción trascendente de Dios o negar el carácter
trascendente de la revelación para tener una realidad alcanzable. En contra de esto el concilio
vaticano I afirma el hecho de una revelación sobrenatural, su posibilidad, su conveniencia su
finalidad, la posibilidad de discernimiento y su objeto.
El cuidado principal de la revelación, es hacer aceptables a ñas filosofías de su tiempo los dogmas,
colocándose en el terreno de ellas. Frente a esto encontramos dos posturas, uno los fideistas que
exageraban las objeciones del racionalismo, creyendo que el hecho de la revelación no puede ser
demostrado sólidamente y que la fe debe ser completamente ciega, y los tradicionalistas que
sostienen que la tradición proviene de una revelación primitiva, y que es necesario conocer las
verdades de la religión natural y los misterios del orden sobrenatural.
Como lo afirmo Pio IX no existe conflicto alguno entre fe y razón ya que las dos derivan de la
misma fuente de verdad, antes deben por el contrario prestarse ayuda mutua (D. 1635)
La constitución dogmática Dei Filius habla sobre la revelación, la fe y la relación entre revelación
y fe, empieza diciendo sobre las dos vías por las que el hombre puede llegar al conocimiento de
Dios, una vía ascendente del conocimiento natural y la vía descendente por revelación. Además,
nos presenta datos importantes frente a la noción de revelación, donde afirma el hecho de la
revelación sobrenatural en el antiguo testamento, Dios quien es el autor y la causa de esta
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Latourelle, R. 1982. Teología de la revelación. Salamanca, España. Ed. Sígueme. P. 292
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Dios es el objeto material de la revelación, que comprende las verdades accesibles a la razón y
también los misterios que la superan. Todo el género humano es el beneficiario de la revelación,
que es un universal. Mons. Gasser habla sobre el progreso de una alianza a la otra. La revelación
del antiguo testamento fue sucesiva, fragmentaria, multiforme, en cambio la del nuevo testamento
es única, total y definitiva. Por un lado, la multiplicidad de inspirados por el otro, el hijo único.
Dice que el concilio que la revelación es absolutamente necesaria porque Dios en su infinita
bondad, ordeno al hombre a un fin sobrenatural, es decir, a participar de los bienes divinos. La
acción reveladora es la acción soberanamente graciosa del Dios de la salvación que, en su
sabiduría y bondad, se da a conocer a sí mismo y los decretos de su voluntad. Esta acción divina
se concibe como palabra de Dios a la humanidad, y se distingue de su manifestación como causa
y fin de las criaturas; es palabra autoritativa, cualificada por la ciencia y veracidad de Dios,
infinitamente sabio e infinitamente santo. Esta acción es personal, de sujeto a sujeto, y no de objeto
a sujeto, histórica, progresiva, culmina en la revelación del Hijo, salvífica, universal, y deseosa de
asociar a la humanidad entera a los bienes de la vida divina.
La fe, don de Dios y respuesta a su palabra, no es el asentimiento del filósofo o del sabio ante la
evidencia de la verdad, sino la respuesta a un testimonio. La fe es obsequio a Dios, a su persona,
más al manifestarse este Dios como el Dios que habla, el obsequio que le conviene es la fe en lo
que dice. La fe, en definitiva, se dirige a la persona, pero inmediata mente a lo que dice; y el
motivo que fundamenta esta adhesión es la autoridad de Dios mismo.
3. La Crisis Modernista
El modernismo es la forma en que reaparece el problema, planteado ya por el concilio Vaticano
I, sobre los datos de la revelación con tintes filosóficos y de la ciencia. Los teólogos modernistas
tratan de corregir una falsa noción que se tiene de revelación, bajada del cielo, sin relación con la
conciencia humana.
Algunos autores como Kant en la crítica de la razón pura (moralismo), Schleiermacher con la
dependencia de las religiones y el subjetivismo en el concepto de Dios (sentimentalismo), Hegel
con el elemento especulativo teórico, Loisy con la conciencia adquirida del hombre en su relación
con Dios, representan un peligro, con lo cual la iglesia sale en defensa de su postura, a poner
remedio a los excesos cometidos por la crítica moderna, tanto en la parte bíblica como en la
dogmática, así ejerce su misión como garante y defensora del depósito de la fe.
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La Iglesia publica entonces el decreto Lamentabili donde mantiene con todo el rigor el concepto
de revelación objetiva, cuya doctrina es recibida de Dios y el principal deposito es la escritura
sagrada y cuya integridad está encomendada a la Iglesia. Aquí se condenan los principios del
evolucionismo religioso. La revelación es inmutable, pero esta inmutabilidad no es un obstáculo
para el verdadero progreso de las ciencias modernas (D 2063).
Después apareció la encíclica Pascendi, en el decreto se limitan a contrarrestar los errores, en esta
encíclica se descubre las raíces filosóficas del mal. Esta encíclica recogió las tendencias y
principios de los diversos autores y poner de manifiesto las repercusiones gravísimas que había
en el campo de la filosofía, de la teología, la historia, de la crítica y de la apologética. La teología
modernista no ha hecho sino adaptar a la fe, los principios filosóficos de la inmanencia, del
simbolismo y de la evolución. (D 2087). Esta encíclica presenta como el modernismo no es sino
una renovación de errores antiguos, ya condenados pero que se avivaron en favor de las ciencias
nuevas. (contra el agnosticismo, la posibilidad de revelación, al inmanentismo se opone el dogma
de lo sobrenatural, al racionalismo, la subordinación de la filosofía, al relativismo, y, por último,
al evolucionismo religioso, la inmutabilidad de la revelación y de los dogmas).
4. Concilio Vaticano II
La publicación de una constitución nunca ha sido algo fácil, lo mismo sucedió con Dei Verbum,
casi 3 años de estudios redacciones y correcciones, al ser un concilio ecuménico, se tenía que hilar
delgadamente frente al tema de la tradición, no se podía desconocer por hacer parte de la
revelación, pero sería un tema de discusión con los protestantes. El 18 de noviembre de 1965 fue
promulgada la constitución dogmática Dei Verbum.
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La constitución sobre la revelación es la primera vez que un concilio estudia tan consciente y
metódicamente las categorías fundamentales de la revelación, la tradición y la inspiración. En ella
se tratan todos los puntos esenciales, (la naturaleza, el objeto y la finalidad de la revelación, la
economía, el progreso y la pedagogía de la revelación, la posición central de Cristo como Dios
que revela y Dios revelado, la respuesta de la fe, la transmisión de la revelación, las formas de
esta transmisión, las relaciones de la escritura y de la tradición con la Iglesia y el magisterio). la
revelación es una acción divina, una intervención de Dios en la historia, una comunicación
interpersonal en la categoría de la palabra, un encuentro con el Dios vivo que determina un
obsequio de toda la persona y un asentimiento del espíritu al mensaje de salvación.
Esta constitución planea la revelación como algo cristiano y no una revelación de tipo filosófico,
Cristo autor, objeto, dentro y plenitud. Este concilio es el único que describe la revelación en su
ejercicio concreto, afirma que la revelación se realiza por la unión intima de obras y palabras, las
obras manifiestan y corroboran la doctrina y el misterio significado por las palabras, mientras que
estas proclaman y esclarecen el misterio latente por las obras.
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CONCLUSIONES
Autor y finalidad de la revelación: La revelación es una acción en la que toma parte toda
la Trinidad: el Padre tiene la iniciativa; el Verbo, por su encarnación, es el mediador; y el
Espíritu hace soluble en el alma la palabra de Cristo, mueve el corazón del hombre y lo
inclina hacia Dios.
Dios ha revelado porque ha tenido a bien elevar al hombre a un fin sobrenatural, hacernos
partícipes de sus propios bienes, asociarnos a su vida divina. El designio de Dios consiste
en que los hombres, por Cristo, Verbo encarnado, tienen acceso al Padre, en el Espíritu, y
condividen la sociedad de las personas divinas.
Naturaleza de la revelación: La Iglesia describe esta comunicación entre el Dios
trascendente y su criatura, es decir la revelación, en términos bíblicos, como la palabra de
alguien a alguien: Dios ha hablado a la humanidad. Se ha dirigido al hombre, ha entablado
diálogo con él. este hecho domina la historia. La religión de las dos alianzas ha nacido de
esta palabra dirigida al hombre. La revelación es una palabra que pertenece a la especie de
testimonio, es decir es palabra de autoridad, acreditada por la infinita sabiduría y santidad
de la verdad increada, omnisciente, infalible y absolutamente veraz. A esta palabra de
testimonio responde no la adhesión de la ciencia sino el pleno obsequio y la obediencia de
la fe.
La Historia de la revelación: La actividad reveladora de Dios, comenzada en los albores
de la humanidad, constituye una larga serie de intervenciones cuyo término y punto
culminante es Cristo. Después de revelarse a nuestros primeros padres y después de alentar
en ellos la esperanza de salvación con la promesa de la redención, Dios habló a Abraham
y a los patriarcas, después a Moisés y a los profetas y, por su ministerio, al pueblo elegido,
instruido y formado en el conocimiento del Dios verdadero. En el Nuevo Testamento, Dios
se dirige a la humanidad por medio de su propio Hijo, su palabra eterna hecha carne para
pronunciar las palabras de Dios. La revelación alcanza en Jesucristo su término y
perfección. Los apóstoles, por mandato de Cristo, han predicado y transmitido a la Iglesia
el evangelio que él promulgó.
Objeto de la revelación: El objeto material de la revelación puede considerarse en sí
mismo, es decir Dios. Y el «misterio» de su voluntad, manifestado en Cristo y por Cristo.
Revelación y términos: Palabra de Dios, palabra divina, palabra revelada, palabra
atestiguada, palabra dicha por Dios, depósito de la fe, verdad revelada, doctrina de la fe,
evangelio prometido, doctrina apostólica, fe confiada a los apóstoles, verdadera y sana
doctrina, palabra divina, buena nueva, mensaje de verdad, doctrina de salvación.
Revelación escritura y tradición: La revelación nos viene por la Tradición y la Escritura,
que están íntimamente unidas y compenetradas entre sí. Ambas brotan de la misma fuente
divina, manifiestan el mismo misterio y tienden al mismo fin: la salvación de los hombres.
Síntesis Teológica Revelación y Fe
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Las dos son palabras de Dios: una es palabra de Dios que Cristo confió a los apóstoles y
que éstos han transmitido a sus sucesores.
Características de la revelación:
i) La revelación es interpersonal, en la revelación natural Dios se manifiesta al
espíritu humano como objeto y éste puede concluir que Dios es principio y fin de
todas las cosas.
ii) La revelación es gratuita, libre gesto del beneplácito de Dios que se inclina hacia
el hombre, iniciativa vinculada al designio de su amor salvífico. La revelación nace
del amor y persigue una obra de amor.
iii) La revelación es social, el hombre creado por Dios no es sólo individuo, sino
sociedad. Por ello la revelación, es igualmente social, destinada a toda la
humanidad, dirigida a los individuos no como unidades aisladas, encerradas en sí
mismas, sino como a unidades que pertenecen a una colectividad.
iv) La revelación es histórica, en el sentido de que se lleva a cabo primariamente por
las intervenciones de Dios en la historia, que están vinculadas entre sí y que
persiguen un único designio salvífico. Es también histórica en el sentido de que
conoce un progreso en la duración.
v) La revelación se encarna, recibida en la inteligencia humana, debe acomodarse a
las condiciones de la comprensión humana. El objeto de la revelación es el designio
de Dios, pero el modo de concebirlo y expresarlo es humano y limitado.
vi) La revelación es doctrinal y realista, una vez realizada, la revelación no es simple
acción de Dios que se ofrece a la amistad humana, puro contacto del Espíritu en
nosotros, simple experiencia de conciencia sin contenido y absoluto doctrinal, sino
mensaje promulgado y transmitido por los apóstoles.
vii) La revelación es salvífica, se propone la salvación de todos los hombres. Es un
orden de conocimiento que tiende a un orden de vida. No es sabiduría humana,
invención filosófica, ni producto de la subconsciencia, sino sabiduría divina,
esencialmente ordenada a la salvación
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Kenneth Okoth Oriando
José David González C.
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Bibliografía
Dei Verbum. (19 de 08 de 2019). vatican.va. Obtenido de vatican documents :
http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-
ii_const_19651118_dei-verbum_sp.html
Pablo VI. (18 de noviembre de 1965). CONSTITUCIÓN DOGMÁTICA DEI VERBUM SOBRE LA
DIVINA REVELACIÓN . Roma.
Latourelle, R. 1982. Teología de la revelación. Salamanca, España. Ed. Sígueme