Derechos del Imputado en el Proceso Penal
Derechos del Imputado en el Proceso Penal
- PRELIMINAR Es pretensión con este trabajo aportar sobre dos cuestiones igualmente sensibles e
importantes en relación a ese sujeto esencial del proceso penal que es el imputado. La primera de ellas tiene
que ver con el momento a partir del cual se adquiere tal condición y consiguiente reconocimiento de los
derechos que de ello dimana. La segunda, persigue develar si asiste a este sujeto procesal el derecho a
obtener el sobreseimiento cuando, relacionado con un hecho presuntamente delictivo, no ha sido indagado.
II.- EL IMPUTADO 1. Concepto Se reconoce al imputado como aquel sujeto a quien se lo señala con
responsabilidad en el hecho presuntamente delictivo que conforma el objeto de investigación, cualquiera sea
el grado que su participación alcance. 2 Para Clariá Olmedo el imputado es el sujeto esencial del proceso
penal que, con respecto al objeto principal ocupa una posición pasiva1. Es el sujeto perseguido penalmente,
quien conforme a las potestades reconocidas en la Constitución Nacional, Tratados Internaciones (arts. 75 inc.
22 y 31 Constitución Nacional) y en las normas procesales pretenderá desvirtuar o enervar el contenido dicha
persecución. Este conjunto de actos, conocido como defensa penal se desdobla: en una faz material,
ejercitada personalmente y en una faceta técnica, que es ejercitada por un profesional del derecho, sin
perjuicio de la posibilidad que se le otorga a defenderse personalmente salvo cuando de ello resulte un
perjuicio evidente para la defensa. Al tratar la figura, los distintos Códigos Procesales reproducen fórmulas
más o menos similares, respecto de los cuales me permito una breve reseña.
* Así, el Código Procesal Penal de la Nación -Ley 23.984- en su “Artículo 72: Los derechos que este Código
acuerda al imputado podrá hacerlos valer, hasta la terminación del proceso, cualquier persona que sea
detenida o indicada de cualquier forma como partícipe de un hecho delictuoso. Cuando estuviere detenido, el
imputado o sus familiares podrán formular sus instancias por cualquier medio ante el funcionario encargado
de la custodia, el que las comunicará inmediatamente al órgano judicial competente”. 1 Claria Olmedo, Jorge
A., “Derecho Procesal Penal”, actualizado por Carlos Alberto Chiara Díaz, Rubinzal Culzoni Editores, T. II, p. 57.
3 * Código Procesal de Santa Fe -Ley 12.734-, “Artículo 100. Calidad de imputado. Los derechos que este
Código acuerda al imputado, podrá hacerlos valer la persona que fuera detenida o indicada como autor o
partícipe de un hecho delictuoso, en cualquier acto inicial del procedimiento dirigido en su contra y en
función de la etapa en que se encuentre, hasta la terminación del proceso. Si estuviera privado de su libertad
podrá formular sus instancias ante el funcionario encargado de la custodia, quien la comunicará
inmediatamente al Tribunal interviniente”. * Código Procesal de Buenos Aires -Ley 11922- “Artículo 60 (Texto
según Ley 13943) Calidad. Instancias. Se considerará imputado a toda persona que en cualquier acto o
procedimiento se lo indique o detenga como autor o partícipe de la comisión de un delito. Los derechos que
este Código acuerda al imputado podrá hacerlos valer cualquier persona que sea detenida o indicada de
cualquier forma como partícipe de un hecho delictuoso desde el primer momento de la persecución penal
dirigida en su contra. Cuando estuviere detenido, el imputado podrá formular sus instancias ante el
funcionario encargado de la custodia, quien las comunicará inmediatamente al órgano interviniente. Desde el
mismo momento de la detención o, no siendo detenible el delito desde la primera diligencia practicada con el
imputado, éste deberá ser anoticiado por la autoridad que intervenga que goza de las siguientes garantías
mínimas: 4 1. Ser informado sin demora, en un idioma que comprenda y en forma detallada, de la naturaleza
y causas de los cargos que se le imputan. 2. A comunicarse libremente con un letrado de su elección, y que le
asiste el derecho de ser asistido y comunicado con el Defensor Oficial. Si fuese nacional extranjero el derecho
que le asiste de comunicarse con el Cónsul de su país. 3. Que no está obligado a declarar contra sí mismo ni a
confesarse culpable. 4. Los derechos que le asisten con relación al responsable civil del hecho por el que se lo
imputa -si lo hubiere- y también respecto del asegurador, en caso de existir contrato, como asimismo los
derechos que le asisten respecto de requerir al asegurador que asuma su defensa penal”. * Código Procesal
de Córdoba -Ley 8.123- “Artículo 80 - Calidad e Instancias. Toda persona podrá hacer valer los derechos que la
ley acuerda al imputado, desde el primer momento de la persecución penal dirigida en su contra
(Constitución Provincial, artículo 40). Cuando estuviere preso, el imputado podrá formular sus instancias ante
el funcionario encargado de la custodia, quien las comunicará inmediatamente al Tribunal o Fiscal según
corresponda”. Por su parte la Constitución de esa provincia establece en el artículo 40: “Es inviolable la
defensa en juicio de las personas y de los derechos. Todo imputado tiene derecho a la defensa técnica, aún a
cargo del Estado, desde el primer momento de las persecución penal. Nadie puede ser obligado a declarar
contra sí mismo en causa 5 penal, ni en contra de su cónyuge, ascendiente, descendiente, hermano y
parientes hermano y parientes colaterales hasta cuarto grado de consanguinidad o segundo de afinidad, su
tutor o pupilo, o persona con quien conviva en aparente matrimonio. Carece de todo valor probatorio la
declaración del imputado prestada sin la presencia de su defensor”. * Código Procesal Penal de Entre Ríos, Ley
9754, “Artículo 61.- Calidad e Instancias. Se considerará Imputado a toda persona que en cualquier acto o
procedimiento se lo indique o detenga como autor o partícipe de la comisión de un delito. Los derechos que
la Constitución y este Código acuerdan al Imputado podrá hacerlos valer cualquier persona que sea detenida
o indicada de cualquier forma como partícipe de un hecho delictuoso desde el primer momento de la
persecución penal dirigida en su contra hasta su finalización. Cuando estuviere detenido, el Imputado podrá
formular sus instancias ante el funcionario encargado de la custodia, quien las comunicará inmediatamente al
órgano interviniente. * El Código Procesal Penal de la República de Chile, en su parte medular sobre la
cuestión contiene las siguientes normas: “Artículo 7. Calidad de imputado. Las facultades, derechos y
garantías que la Constitución Política de la República, este Código y otras leyes reconocen al imputado,
podrán hacerse valer por la persona a quien se atribuyere participación en un hecho punible desde la primera
actuación del procedimiento 6 dirigido en su contra y hasta la completa ejecución de la sentencia. Para este
efecto, se entenderá por primera actuación del procedimiento cualquiera diligencia o gestión, sea de
investigación, de carácter cautelar o de otra especie, que se realizare por o ante un tribunal con competencia
en lo criminal, el ministerio público o la policía, en la que se atribuyere a una persona responsabilidad en un
hecho punible. Artículo 8. Ámbito de la defensa. El imputado tendrá derecho a ser defendido por un letrado
desde la primera actuación del procedimiento dirigido en su contra. El imputado tendrá derecho a formular
los planteamientos y alegaciones que considerare oportunos, así como a intervenir en todas las actuaciones
judiciales y en las demás actuaciones del procedimiento, salvo las excepciones expresamente previstas en
este Código”. Más allá de las fórmulas transcriptas, Busser, propone como fórmula definitoria de tal situación,
la siguiente “Los derechos que este Código reconoce y establece a favor del imputado, podrá ejercerlos la
persona que en cualquier actividad o acto de un procedimiento resulta indicada como autora o partícipe de
un hecho u omisión con apariencia de delito”2 toda vez que la ley procesal no acuerda derechos, sino
simplemente, los reconoce. 2. ¿A partir de qué momento? De la reseña precedente puede observarse que en
todos los casos se reconoce al sujeto la condición de 2 Busser, Roberto A., “Código Procesal Penal de Santa Fe
Ley. 12.734. Anotado”, Editorial Jurídica Panamericana, p. 100 7 imputado desde el inicio mismo del proceso,
en tanto exista cualquier indicación o acto en su contra. El tenor de las fórmulas plasmadas en los diversos
digestos procesales, torna imperativo precisar a qué tipo de “indicaciones” o actos aluden las mismas. Por
indicación cabe entender toda alusión o referencia a un sujeto identificado o identificable que lo vincule como
autor o partícipe del hecho presuntamente delictivo. Quedan fuera de este concepto las alusiones o
referencias a otros sujetos que no tengan –aun potencialmente- los grados de responsabilidad señalados
previamente, por ejemplo, indicaciones alusivas a testigos, auxiliares de la justicia, autoridades que previenen
a la jurisdicción, entre otros. Las indicaciones, pueden emanar de diversos actos procesales y de distintos
sujetos. Acto procesal ampliamente considerado, como toda actividad encaminada a lograr la finalidad que se
propone el proceso, mediante el cual se plasma una manifestación de voluntad del órgano jurisdiccional, de
las autoridades delegadas, de los auxiliares de la jurisdicción, de las partes o de terceros, que tenga
virtualidad de repercusión en el proceso. Estos actos que “indican” al sujeto, pueden ser realizados dentro del
mismo proceso judicial o bien fuera de él, por los sujetos señalados en el párrafo anterior. Lo definitorio es su
efecto o repercusión en el marco del proceso. Por ejemplo la toma de conocimiento de un hecho delictivo por
parte de un funcionario público, que le impone el deber de denunciar. Son –entre otros-, actos que indican la
relación del sujeto en calidad de autor o partícipe en el hecho 8 presuntamente delictivo: la denuncia ante
autoridad policial, la denuncia ante el Ministerio Público Fiscal o ante el órgano jurisdiccional, los actos
practicados por autoridades prevencionales que de cualquier modo denoten sospecha o relación del sujeto
con el hecho presuntamente delictivo, el requerimiento de instrucción, la citación a reconocimiento en rueda
de personas, la citación a prestar declaración informativa en aquellos digestos que la contemplan, el
requerimiento para someterse o prestarse a determinadas pericias, el resultado de dichas pericias en cuanto
lo vinculen al hecho del modo ya aludido, el allanamiento de la morada, la requisa, el secuestro de efectos de
su propiedad, posesión o tenencia, el arresto policial y la detención en el marco de una investigación penal y
todo acto emanado de alguno de los sujetos anteriormente referidos que lo vinculen como autor o partícipe
del hecho que constituye el objeto de la causa. Me apresuro a señalar la equivocada concepción que muchas
veces se verifica en la práctica tribunalicia, de negar al sujeto la calidad de imputado y consiguientes derechos
que emergen de esa condición, hasta tanto se lo detenga o cite a indagatoria. Lo que constituye una viciosa
praxis en palmaria violación al claro mandato legal emergente de las fórmulas reseñadas en el punto anterior,
con la consiguiente e injustificada privación de los derechos inherentes al carácter de imputado, por cuanto la
claridad y contundencia de las normas citadas, no dejan margen de hesitación respecto del momento a partir
del que se adquiere dicho status legal. 9 Así, previo a la recepción de indagatoria - audiencia imputativa o de
formalización en los más actualizados digestos-, es posible que el sujeto sea relacionado con el hecho
presuntamente delictivo de distintas maneras, según quedara expuesto y por parte de diversos sujetos, a
saber: a) De terceros, por ejemplo, del denunciante en oportunidad de dar la noticia criminis; de testigos en
sus declaraciones producidas en el marco de la investigación penal preparatoria o de las actuaciones
prevencionales. b) Del órgano de acusación, al formular requerimiento de instrucción y vincular al sujeto con
el hecho investigado, o mediante cualquier otro acto en el marco de la investigación penal preparatoria. A
título ejemplificativo, requerir medidas probatorias que pretendan relacionar al sujeto con el hecho; requerir
la detención de éste o la adopción de otras cautelares a su respecto; solicitar su convocatoria a declaración
indagatoria, imputativa o informativa. c) Del querellante, en oportunidad de presentar querella o mediante
cualquier otro acto en el marco de la investigación penal preparatoria, v.gr. requerir medidas probatorias que
pretendan vincular al sujeto con el hecho y demás medidas similares a las indicadas para el Ministerio Público
Fiscal. d) Del órgano jurisdiccional. A título de ejemplo pueden citarse, ordenar la detención del sujeto; en los
10 digestos que lo admiten, convocarlo a declaración “informativa”; en los digestos que lo admiten despachar
oficiosamente diligencias probatorias que puedan tener entidad para vincularlo con el hecho -pudiendo
mencionarse-, reconocimiento en rueda de personas, allanamiento de domicilio en procura de efectos
relacionados al delito investigado, análisis de ADN, entre otras. Sin embargo, de donde se despeja toda duda
es de pruebas tales como intercepción de correspondencia e intervención de las comunicaciones telefónicas,
cuyo dictado se reserva al órgano jurisdiccional, las que por sus características y utilidad son dispuestas
generalmente al inicio de la investigación y previo a toda otra diligencia procesal, cuyos destinatarios son “el
imputado” o “terceros”. e) De la autoridad policial: al proceder al arresto o detención del sujeto con motivo
de la investigación del hecho; convocarlo a prestar declaración o interrogatorio sumario en supuestos que la
legislación procesal lo permita; convocar al sujeto para informarlo del hecho y de los derechos que le asisten
como imputado; incautar elementos propiedad del sujeto que se vinculen con el hecho investigado, etc. f) De
auxiliares de la jurisdicción: Por ejemplo de peritos, que en sus dictámenes vinculen al sujeto con
responsabilidad en el hecho objeto del proceso. Sin la pretensión de agotar la cuestión, de la enumeración y
ejemplificación precedente, es posible advertir que existe una numerosa y variada gama de 11 posibilidades
de vincular a un sujeto con el hecho presuntamente delictivo que constituye el objeto de la investigación,
previo a su convocatoria a prestar indagatoria o audiencia imputativa o de formalización. A ello es preciso
agregar que ciertos digestos procesales al tratar la situación del imputado, reconocen a toda persona que
tuviere noticia de haber sido imputada en un proceso el derecho de presentarse ante el Juez a fin de dar las
explicaciones o aclaraciones que estime oportunas. “Apenas nace su condición de tal … podrá solicitar
audiencia a fin de prestar declaración cuando lo estime conveniente” (art. 101 Código Procesal Penal de Santa
Fe), de lo cual puede concluirse inequívocamente que el carácter de imputado se adquiere previo y con
independencia de la declaración indagatoria. En similar sentido el artículo 279 del CPPN prevé que “La
persona contra la cual se hubiera iniciado o esté por iniciarse un proceso, podrá presentarse ante el juez
competente a fin de declarar ...”. Para Clariá Olmedo, la indicación debe estar contenida en un acto
imputativo procesalmente eficaz en cuando dirigido a formar causa3. Basta entonces un acto procesal dirigido
contra esa persona para que adquiera la calidad de imputado, y ello es importante porque desde ese
momento tiene los derechos de la defensa4. Así, según D´Albora el status de imputado puede anticiparse al
resultar señalado como partícipe de un hecho delictuoso a través de cualquiera de los actos procesales
cumplidos durante la etapa instructoria. 3 Claria Olmedo, Jorge A., op cit p. 60. 4 Levene - Casanovas – Hortel,
“Código Procesal Penal de la Nación”, Depalma, 1992, comentario al art. 72. 12 A partir de la adquisición de
tal calidad, se activa la operatividad del sistema de garantías que es propia a dicha condición y nace la
obligación del Estado de resolver su situación procesal de manera definitiva, según veremos luego. Se
advierte que el ordenamiento adjetivo fija un estándar amplio en lo que a la determinación de la calidad de
imputado se refiere, pues no limita la asunción de tal carácter a la existencia de un acto de legitimación pasiva
concreto por parte de los órganos del Estado; basta que la persona sea indicada “de cualquier forma” como
partícipe de un hecho delictivo; y los derechos inherentes a tal calidad pueden ejercerse cuando el proceso
esté por iniciarse o ya haya comenzado (v. art. 279 CPPN). Sobre lo cual afirma Maier que “hoy la discusión ha
terminado, pues la pregunta ha sido contestada correctamente por la propia ley en el sentido de fijar el punto
inicial en aquel momento en el que una persona es indicada de cualquier forma, como partícipe en un hecho
punible. Restaría agregar, para cerrar aún más la definición, que ese señalamiento debe acontecer ante
alguna de las autoridades encargadas por la ley de la persecución penal (policía, ministerio público,
eventualmente, juez)...”5. Así lo ha entendido la Corte Interamericana de Derechos Humanos, para quien “29.
..., el derecho a la defensa debe necesariamente poder ejercerse desde que se señala a una persona como
posible autor o partícipe de un hecho punible y sólo culmina cuando finaliza el proceso, 5 Maier, Julio B.,
“Derecho procesal penal. Parte General. Sujetos procesales. Editores del Puerto, p. 295. 13 incluyendo, en su
caso, la etapa de ejecución de la pena. Sostener lo opuesto implicaría supeditar las garantías convencionales
que protegen el derecho a la defensa, entre ellas el artículo 8.2.b, a que el investigado encuentre en
determinada fase procesal, dejando abierta la posibilidad de que con anterioridad se afecte un ámbito de sus
derechos a través de actos de autoridad que desconoce o a los que no puede controlar u oponerse con
eficacia, lo cual es evidentemente contrario a la Convención. En efecto, impedir que la persona ejerza su
derecho de defensa desde que se inicia la investigación en su contra y la autoridad dispone o ejecuta actos
que implican afectación de derechos es potenciar los poderes investigativos del Estado en desmedro de
derechos fundamentales de la persona investigada. El derecho a la defensa obliga al Estado a tratar al
individuo en todo momento como un verdadero sujeto del proceso, en el más amplio sentido de este
concepto, y no simplemente como objeto del mismo. 30. Por todo ello, el artículo 8.2.b convencional rige
incluso antes de que se formule una “acusación” en sentido estricto. Para que el mencionado artículo
satisfaga los fines que le son inherentes, es necesario que la notificación ocurra previamente a que el
inculpado rinda su primera declaración ante cualquier autoridad pública. 31. Evidentemente, el contenido de
la notificación variará de acuerdo al avance de las investigaciones, llegando a su punto máximo, expuesto en
el párrafo 28 supra, cuando se produce la presentación formal y definitiva de cargos. Antes de ello y como
mínimo el 14 investigado deberá conocer con el mayor detalle posible los hechos que se le atribuyen”6. 3.
Derechos emergentes de tal condición Reconocida la calidad de imputado, nacen para el sujeto importantes
derechos, entre ellos: a) El derecho fundamental que se reconoce y asegura al imputado, a partir del
momento mismo que nace dicha condición, es el debido proceso. Las reglas básicas del debido proceso, se
encuentran adecuadamente explícitas en el art. 8 de la CADH: “1. Toda persona tiene derecho a ser oída, con
las debidas garantías y dentro de un plazo razonable, por un juez o tribunal competente, independiente e
imparcial, establecido con anterioridad por la ley, en la sustanciación de cualquier acusación penal formulada
contra ella, o para la determinación de sus derechos y obligaciones de orden civil, laboral, fiscal o de cualquier
otro carácter. 2. Toda persona inculpada de delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no
se establezca legalmente su culpabilidad. Durante el proceso, toda persona tiene derecho, en plena igualdad,
a las siguientes garantías mínimas: a) derecho del inculpado de ser asistido gratuitamente por el traductor o
intérprete, si no comprende o no habla el idioma del juzgado o tribunal; 6 CIDH, “Barreto Leiva c/ Venezuela”,
sentencia de fecha 17/11/2009 15 b) comunicación previa y detallada al inculpado de la acusación formulada;
c) concesión al inculpado del tiempo y de los medios adecuados para la preparación de su defensa; d) derecho
del inculpado de defenderse personalmente o de ser asistido por un defensor de su elección y de comunicarse
libre y privadamente con su defensor; e) derecho irrenunciable de ser asistido por un defensor proporcionado
por el Estado, remunerado o no según la legislación interna, si el inculpado no se defendiere por sí mismo ni
nombrare defensor dentro del plazo establecido por la ley; f) derecho de la defensa de interrogar a los
testigos presentes en el tribunal y de obtener la comparecencia, como testigos o peritos, de otras personas
que puedan arrojar luz sobre los hechos; g) derecho a no ser obligado a declarar contra sí mismo ni a
declararse culpable, y h) derecho de recurrir del fallo ante juez o tribunal superior. 3. La confesión del
inculpado solamente es válida si es hecha sin coacción de ninguna naturaleza. 4. El inculpado absuelto por
una sentencia firme no podrá ser sometido a nuevo juicio por los mismos hechos. 5. El proceso penal debe ser
público, salvo en lo que sea necesario para preservar los intereses de la justicia”. b) A conocer la existencia de
una causa seguida en su contra e interiorizarse de la misma. En ese sentido 16 cito el art. 73 del Código
Procesal Penal de la Nación, en cuanto reconoce a “La persona a quien se le imputare la comisión de un delito
por el que se está instruyendo causa tiene derecho, aun cuando no hubiere sido indagada, a presentarse al
tribunal, personalmente con su abogado defensor, aclarando los hechos e indicando las pruebas que, a su
juicio, puedan ser útiles”. En similar sentido, el art. 101 Código Procesal Penal de Santa Fe, al enumerar los
derechos del imputado, consagra, apenas nace su condición de tal, el de conocer la existencia de una causa
seguida en su contra con los datos necesarios para individualizarla. El art. 60 del digesto procesal bonaerense
instituye como garantía mínima ser informado sin demora en un idioma que comprenda y en forma detallada,
de la naturaleza y causa de los cargos imputados. Lo cual importa se informe al sujeto de manera específica y
clara acerca de los hechos que se le imputan y de los derechos que le reconocen la Constitución y las leyes y
ser asistido profesionalmente desde los momentos iniciales. c) A controlar la producción de la prueba,
estando presente en el proceso de manera personal o por medio de delegado técnico; a presentar y producir
prueba en su descargo. El art. 8.2.f de la CADH, contiene especial previsión respecto de los testigos y peritos,
garantizando al imputado la posibilidad de interrogar a los primeros, y obtener la comparencia de testigos o
peritos y de otras personas que pudieren arrojar luz sobre los hechos. 17 d) A prestar declaración en cualquier
momento respecto de los hechos objeto de investigación. Guardar silencio, o en caso de consentir a no
hacerlo bajo juramento. e) Solicitar se active la investigación para que se resuelva su situación en un plazo
razonable. f) No ser sometido a tortura o tratos crueles, inhumanos o degradantes. g) No ser juzgado en
ausencia, sin perjuicio de las responsabilidades que para él derivaren de la situación de rebeldía. h) Derecho a
impugnar las resoluciones judiciales a través de los recursos instituidos legalmente. Para Jauchen, “Mediante
de la determinación de la calidad de imputado, se establece un haz de derechos y garantías judiciales, de los
que todas persona, por revestir dicha calidad, es titular, mas allá de su recepción positiva en los digestos del
rito. Una simple y práctica numeración permite consignar los que a continuación se detallan: 1) Garantía de
acceso a la jurisdicción: el debido proceso legal (Art. 18 de la Const. Argentina); 2) Acción constitucional con
habeas data y habeas corpus (Art. 43, Const. Nac.); 3) Garantía no enumerada contra la irracionabilidad de
actos u omisiones de funcionarios a cargo de los poderes del Estado (Art. 1º, 28, 33, Const. Nac.); 18 4)
Inviolabilidad del domicilio, de la correspondencia, y de los papeles privados; 5) Jueces naturales, prohibición
de comisiones especiales ( Art. 18); 6) Principio de legalidad en materia penal, irretroactividad de la ley penal,
retroactividad de la ley penal más benigna; 7) Información sobre el hecho imputado; 8) Derecho a
comunicarse libre y privadamente con su defensor e inmunidad en la declaración del imputado; 9)
Incoercibilidad del imputado como el sujeto de prueba; 10) Estado de inocencia; 11) Derecho a recuperar la
libertad ambulatoria cuando se encuentren asegurados los fines del proceso (excarcelación, libertad
provisional, etc.); 12) Garantía de ser detenido solo por orden escrita de autoridad judicial; 13) Non bis in
idem; 14) Garantía de razonabilidad en el plazo de duración del juicio; 15) Garantías jurisdiccionales para la
ejecución de las penas: Cárceles sanas y limpias, prohibición de la pena de muerte, prohibición de tormentos,
azotes y penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes (Art. 1º, 18, 19, 28 y 33, Const. Nac.; 7, 8, 9, 10 de
la Convención Americana sobre Derechos Humanos; 9, 10, 11, 14, 15 del Pacto Intencional de Derechos Civiles
y Políticos); 16) Garantía supranacional para la defensa de los derechos fundamentales estatuidos por el
Derecho de la Constitución, conforme lo establecen los 19 artículos 1º, 2º, 44, 48, 49, 50, 63 y 67 de la
Concepción Americana sobre Derechos Humanos, derecho a dar las explicaciones y ofrecer las diligencias
pertinentes con la finalidad de contradecir la acción penal”7.
IV.- CONCLUSIONES Al decir de Sánchez Chacín17, los actos conclusivos representan uno de los pilares
fundamentales en los cuales se sustenta el proceso penal acusatorio. La fase investigativa va dirigida a
configurar los elementos copulativos de la verdad procesal, siendo sus dos actos verdaderamente conclusivos,
el sobreseimiento y la acusación. Que, la calidad de imputado se adquiere con independencia de la citación a
indagatoria o equivalente, bastando para ello alguna indicación en los modos y por los sujetos previamente
señalados. 16 Büsser, Chiappini e Iturralde, “Código Procesal Penal de Santa Fe”, Editorial Jurídica
Panamericana, Tomo 2, p. 360 17 Sánchez Chacín, Carlos Luis, “Los actos conclusivos en el proceso penal
venezolano”, en www.derechopenalonline.com 27 Tal condición importa el reconocimiento de los derechos
inherentes al debido proceso, entre ellos, el cierre definitivo de la causa en un plazo; verse liberado de la
misma cuando no exista mérito para llevar adelante la persecución penal, por cuanto nadie puede verse
obligado a soportar la carga de un proceso penal y las injustas molestias que ello irroga en tales condiciones,
claramente lesivas de la dignidad personal. Lo cual es muy bien retratado por Chiara Díaz, para quien en la
praxis “En el marco de un proceso el acusado deja de ser sujeto de derechos y es convertido en objeto de
persecución, con lo cual la naturaleza del proceso adquiere una connotación sancionatoria indudable y es
efectivamente un instrumento de castigo, adicionado a las penas”18. En contrapartida, el archivo las
actuaciones –fiscal o jurisdiccional-, admitido por algunos digestos y de uso frecuente en la rutina tribunalicia,
es una resolución que no causa estado y que mantiene al imputado en una situación de provisionalidad, toda
vez que conlleva la posibilidad de la reapertura de la investigación si variase la situación probatoria. Como
bien señala Binder, la utilización desmesurada de la figura del archivo “implica, de hecho, dejar la
investigación en una especie de ´limbo´, ya que la persona imputada no llega a saber con precisión cuál es su
verdadera situación procesal o real”19. Con la posibilidad cierta que mediante una utilización equivocada,
distorsionada o manipulación abusiva de este 18 Chiara Díaz, Carlos, “El proceso penal. Eficacia y garantías”,
Colección jurídica y Social UNL, p. 18 19 Binder, Alberto, “introducción al derecho procesal penal”, Editorial Ah
Hoc, 2da. Edición, p. 242 28 instituto procesal, pueda renovarse una y otra vez la persecución penal contra
una persona en virtud del mismo hecho, y consiguiente afectación de la garantía convencional non bis in
idem, a la que se aludiera previamente. Tratando de delimitar la operatividad de una y otra figura, entiendo
que cuando se verifique con grado de evidencia alguno de los motivos de sobreseimiento, tales como, mediar
una causa extintiva de la acción penal u otra de carácter perentorio; inexistencia o atipicidad del hecho; que el
delito no ha sido cometido por el imputado o que media una causa de justificación, inimputabilidad,
inculpabilidad o excusa absolutoria a su favor, etc., se impone el dictado de tal resolución. En otros términos,
cuando se verifique “la extinción del ejercicio de los poderes de la acción y jurisdicción, o de la inexistencia de
responsabilidad penal del imputado”20. Mientras que el archivo, debe reservarse para casos de insuficiencia
de elementos probatorios, cuando exista la posibilidad más o menos cierta de incorporar nuevas pruebas y
para supuestos en no logre removerse algún obstáculo legal para ejercitar la acción penal, tales como
desafuero o juicio político.- 20 Clariá Olmedo, Jorge, “Derecho procesal penal”, Ediar, T
Aprehensión en flagrancia. No es necesaria orden de
detención posterior
por Yancarelli, Lucas
De esta forma el instituto goza de legitimidad constitucional y nada impide su recepción en los códigos
procesales provinciales, ya que si es procedente para quien tiene privilegios constitucionales, no existe mella
para su aplicación al resto de la sociedad carente de estos privilegios[1].
La Convención Americana de Derechos Humanos, en art. 7.4 postula lo siguiente: “Toda persona
detenida o retenida debe ser informada de las razones de su detención y notificada, sin demora, del cargo o
cargos formulados contra ella”, y refuerza en el 7.5: “Toda persona detenida o retenida debe ser llevada, sin
demora, ante un juez u otro funcionario autorizado por la ley para ejercer funciones judiciales y tendrá
derecho a ser juzgada dentro de un plazo razonable o a ser puesta en libertad, sin perjuicio de que continúe el
proceso. Su libertad podrá estar condicionada a garantías que aseguren su comparecencia en el juicio”.
Se infiere entonces que la persona encontrada in fraganti delicti, si no es dejada en libertad, debe ser
llevada sin demora ante el juez competente para la formulación de cargos (art. 133 del CPPC) y para que este
decida acerca de su situación conforme los planteos que le realice el fiscal.
La Constitución neuquina también asegura el extremo en su artículo 65: “Nadie puede ser detenido sin
que preceda indagación sumaria de la que surja semiplena prueba o indicio vehemente de un hecho que
merezca pena corporal, salvo el caso de ser sorprendido in fraganti, circunstancia en que todo delincuente
puede ser detenido por cualquier persona y conducido inmediatamente a presencia de su juez o de la
autoridad policial más próxima”.
Seguidamente dice: “Tampoco podrá ser constituido nadie en prisión sino en virtud de orden escrita de
juez competente. Todo detenido deberá ser interrogado y puesto a disposición del juez competente,
conjuntamente con los antecedentes del caso, dentro de las veinticuatro (24) horas de su arresto; en caso
contrario recuperará su libertad. Con la detención de una persona se labrará acta que será firmada por ella
misma si es capaz, y donde se le comunicará la razón del procedimiento, el lugar donde será conducida y el
magistrado que interviene. El hecho que afecte la integridad personal, la seguridad o la honra del detenido
será imputable a sus aprehensores o a las autoridades, salvo prueba en contrario”.
Específicamente, los artículos 111 y 112 del Nuevo Código Procesal de Neuquén, con lo que tratan la
cuestión. El primero de ellos alude: “Los funcionarios policiales y los particulares podrán aprehender a una
persona, aun sin orden judicial, si es sorprendida en flagrante delito, o si se ha fugado de algún
establecimiento penal o de cualquier otro lugar de detención. Concretada la aprehensión deberá comunicarse
de inmediato al fiscal.
Puntualmente, entiende por flagrancia en su segundo párrafo a la situación que se da “cuando la persona sea
sorprendida en el momento de intentar cometer el delito; de perpetrarlo, o inmediatamente después de
cometido el hecho”.
El segundo de los artículos mensura la detención de la siguiente manera: “Ninguna persona podrá ser
detenida sin orden escrita. El fiscal podrá ordenar la detención del imputado cuando existan suficientes
indicios para sostener, fundadamente, que es autor o partícipe de un delito y exista riesgo de que no se
someterá al proceso u obstaculizará la investigación. La detención no podrá extenderse por más de
veinticuatro (24) horas. Si el fiscal estima necesario que se aplique una medida de coerción deberá solicitarlo
en audiencia al juez. En caso contrario ordenará la libertad. El funcionario a cargo del procedimiento de
detención deberá informar al afectado acerca del motivo de la detención y de la autoridad que la dispuso”.
Tres son los términos que la Constitución de la provincia de Neuquén emplea en su artículo 65 para
hacer alusión a la limitación de la libertad de un ciudadano: aprehensión, detención y arresto y en los tres son
utilizados como sinónimos. Jauchen, entiende no obstante ello, que la privación de la libertad puede
distinguirse, técnicamente, en una investigación penal, en tres categorías: el arresto, la detención y la prisión
preventiva[2].
Sin embargo, para el presente trabajo tan solo interesan dos, la aprehensión y la detención, la que de
acuerdo a las categorías señaladas por el profesor santafesino, la aprehensión estaría contenida en la
detención, con lo que serían la misma cosa y no habría diferencias de su sustancia.
Aprehensión: de los primeros dos términos señalados como empleados por la Constitución de la provincia de
Neuquén, no se identifican diferencias y están empleados como sinónimos, pues ninguno tiene una diferencia
semántica sustancial. Ambos implican una limitación de la libertad personal del imputado que se produce por
la mera aprehensión llevada a cabo por un particular o por la autoridad mientras es encontrado realizando el
hecho (en flagrancia)[3].
Nuestro código adjetivo contempla la aprehensión en flagrancia en el artículo 111 y la detención del
autor se puede hacer aún sin orden judicial. Basta con la flagrancia entonces para que la autoridad o el
particular puedan detener a la persona que está llevando a cabo el delito. No se requieren formalidades
adicionales, el único requisito es entonces que sea comunicada la medida de manera inmediata al fiscal, para
que decida sobre su situación, disponiendo en consecuencia sobre su libertad o la continuidad de la detención
para solicitar alguna medida de conformidad al artículo 113 del CPPC, lo más rápido posible dentro de las 24
horas de producida la aprehensión o detención.
No será necesaria una orden de detención, pues el individuo ya tiene coartada su libertad individual.
Sería ridículo ordenar la detención de quien ya fue privado de su libertad de locomoción de un legal y
justificado modo, encontrándose en esa condición desde que fue descubierto como coloquialmente se dice
“con las manos en la masa”. No obstante, como ya lo dije, sí es de vital importancia que dicha aprehensión o
detención sea puesta en conocimiento de la autoridad pertinente (Fiscal) para que ésta realice las diligencias
necesarias para que en el menor plazo posible sea puesto ante el juez competente y así solicitar lo que a su
criterio sea adecuado, o bien, en su caso, para que disponga de su libertad lo antes posible, sin vulnerar,
lógico es, los plazos legales.
La única opción que el Fiscal tendrá para dejar en el estado de detenida o aprehendida a una persona,
será entonces para llevarla ante el juez y de acuerdo a los valores propuestos por el segundo párrafo del
artículo 112 del CPPC: “La detención no podrá extenderse por más de veinticuatro (24) horas. Si el fiscal
estima necesario que se aplique una medida de coerción deberá solicitarlo en audiencia al juez. En caso
contrario ordenará la libertad”.
La orden de detención no será necesaria, ya que dado el supuesto, la misma ley procesal autoriza a proceder
a la aprehensión o detención del individuo sorprendido mientras se dispone a cometer un delito, en el
momento de cometerlo o mientras huye del lugar, bastando con que se le haga conocer el motivo de la
detención. Tengamos en cuenta que los plazos procesales, a diferencia del proceso anterior, son mucho más
exiguos, y el acusador público tendrá entonces 24 horas para solicitar alguna medida de coerción al Juez de
garantías, e incluso, de ser procedente, la prisión preventiva. De lo contrario, el titular de la acción penal
ordenará la libertad.
En este sentido, no existen diferencias entre los términos aprehensión y detención utilizadas por nuestro
código de procedimiento penal. Ambos tienen el mismo rol: la privación provisional de la libertad con fines
efímeros, aunque puede prologarse en caso de solicitarse la prisión preventiva y ser ésta, además, concedida
por el Juez de garantías.
Ya la Corte Suprema de Justicia de la Nación en el precedente “Daray” dio a entender que la detención de un
ciudadano sin que exista flagrancia o indicios de que sea responsable de delito alguno, hace nulo el
procedimiento y lo actuado en su consecuencia, en tanto las disposiciones que facultan a la Policía Federal a
detener personas con fines de identificación, no pueden ser utilizadas para legitimar arrestos cumplidos fuera
de los casos indicados por la ley[4]. Sin embargo, en “Fernández Prieto”[5], la Corte vuelve sobre sus pasos y
reforma el anterior criterio con un sentido más flexible, en cuanto sostiene que el art. 14 del Código de
Procedimientos en Materia Penal es la norma que reglamenta el art. 18 de la Constitución Nacional al
establecer el deber de los agentes de policía de detener a las personas que sorprendan en flagrante delito y a
aquellas contra quienes haya indicios vehementes o semiplena prueba de culpabilidad, debiendo ponerlos de
inmediato a disposición del juez competente. Si la detención se realizó por parte de la prevención policial
(afirma la Corte en el precedente señalado), las garantías constitucionales en juego se resguardan mediante la
regularidad del procedimiento cumplido, según el examen de todas las circunstancias del caso y la
comunicación inmediata al juez.
Sin embargo, más allá de lo cuestión de si las fuerzas policiales pueden o no detener a una persona por simple
sospecha, lo esencial del asunto (a los efectos de no eliminar las garantías constitucionales), es asegurar de
manera inmediata las comunicaciones del caso, que permita el control del Juez de garantías[6], tan pronto sea
posible, si es que se pretende realizar alguna petición que contemple algún tipo de restricción a la libertad. De
lo contrario, el sujeto deberá ser liberado sin más indagaciones y en principio, permanecerá en dicho estado
hasta que una condena pasada en autoridad de cosa juzgada, revele su culpabilidad, salvo que el Fiscal
ordene su detención durante el proceso de conformidad a las pautas del art. 112.
De este modo, lo que la Corte en este caso "Daray" ha venido a decir con claridad es que para
considerar legítimo un arresto policial es necesaria la presencia de indicios concretos de culpabilidad, tal
como lo señala el ordenamiento procesal[7]. La aprehensión policial también se suele permitir cuando existan
vehementes indicios de culpabilidad, en contra de una persona, y no pueda esperarse la orden sin poner en
grave riesgo los fines del proceso. Estas hipótesis coercitivas precedentemente señaladas se autorizan frente
a sospechas serias de participación delictiva, motivadas en las circunstancias que en ellas se señalan y que
tienen un claro contenido probatorio: vehementes indicios de culpabilidad, o flagrancia (la prueba directa del
delito)[8].
Nótese que aun en supuestos en que la medida pueda ser aplicada por la policía, o por el fiscal, se exige que,
dispuesta la detención, la persona sea puesta inmediatamente a disposición del juez[9].
Detención por escrito: sin embargo, la detención puede ser implementada también, y aquí si se requiere
orden expresa, cuando advertida la presunta autoría a través de la información recogida durante la
investigación, sea necesaria la detención del sindicado para ser traído ante las autoridades, es decir en
supuestos de hecho en los que no hay flagrancia. De este modo, puede darse el caso que, después de una
investigación realizada por las autoridades de persecución penal, éstas razonablemente consideren con la
probabilidad necesaria a una persona determinada sospechosa de la comisión del delito investigado, en cuyo
caso, se podrá emitir la orden de detención para llevar al imputado ante el juez y hacer los requerimientos del
caso, ello cuando sea la única vía o alternativa posible para conseguir el objetivo buscado.
La orden de detención escrita se deriva del mismo artículo 111 del CPPC, ya que si este indica que en
flagrancia se puede aprehender aún sin orden judicial; leído este dispositivo a contrario sensu, en los demás
casos en los que no se configure la flagrancia se necesitará entonces orden judicial, de lo contrario la
detención será ilegal, y podrá la conducta de la autoridad enmarcarse en el artículo 143 del CP.
El fiscal podrá entonces, de acuerdo a lo normativa de forma provincial, ordenar la detención de una persona
hasta por 24 horas, cuando existan suficientes indicios para sostener, fundadamente, que es autor o partícipe
de un delito y exista riesgo de que no se someterá al proceso u obstaculizará la investigación. Es dable hacer
mención que la facultad del fiscal de ordenar la detención de una persona fue puesta en tela de juicio[10],
debido a que de acuerdo al art. 65 de la C.Pcial., solo el juez puede ordenar la detención de una persona.
Tesis de la diferenciación: Los partidarios de la distinción entre aprehensión y detención centran su análisis en
una interpretación sistemática de las normas involucradas. Argumentan que no deben ser entendidos los
términos de un modo gramatical y como sinónimos en el sentido común del diccionario. En este sentido,
postulan que la aprehensión debe ser convertida en detención de acuerdo a los procedimientos rituales de
cada jurisdicción.
De lege lata –sostiene al hablar del procedimiento bonaerense Baños– cabe concluir que tanto la
“aprehensión” prevista por los arts. 153 y 156 del C.P.P., como el “arresto” que contempla el rito en su art.
149, vienen a presentarse en la inteligencia de la nueva ley procesal (11.922 y sus modif.), como institutos
independientes de la “detención” (art. 151 C.P.P), que si bien participan con ésta en función de su carácter de
coerción personal, nacen al amparo de situaciones de necesidad y se distinguen de ella tanto por su mayor
brevedad en el tiempo, como por su carácter intrínsecamente inestable y, fundamentalmente, por su mayor
grado de provisionalidad[11].
Ahora bien, en la provincia de Buenos Aires, puede justificarse una valoración procesal intermedia en razón
de que art. 158[12] de su procedimiento penal le otorga al Fiscal 15 días prorrogables por igual plazo a contar
del día en que se hubiera efectivizado la detención para solicitar al juez la prisión preventiva, y el magistrado
contará con cinco días a partir de la solicitud del Agente Fiscal para dictar el auto que decrete la prisión
preventiva. Fácil es advertir que los plazos son mucho más extensos que los programados en el Código
Neuquino que tan solo concede 24 horas y en donde la detención (en los casos de procedencia), a pesar de la
limitación constitucional del art. 65, es dictada por el fiscal, a diferencia de aquel código en donde la
detención la dispone el juez[13].
La técnica legislativa utilizada en la provincia de Chubut en sus artículo 218 a 219, en mi criterio, es más
acertada, precisa, clara y mejor adecuada al nuevo procedimiento acusatorio, en cuanto habla de aprehensión
y en caso de solicitarse la prisión preventiva, la audiencia debe llevarse a cabo dentro de las 48 horas de
producida la aprehensión. Deja en claro entonces que aprehendido o detenido, el individuo se encuentra
limitado en su movilidad y de entender procedente una medida de coerción más grave como la prisión
preventiva, será el juez quien la decida dentro de las 48 horas.
Según dispone el art. 111, la aprehensión es procedente si la persona es sorprendida en flagrante delito, o si
se ha fugado de algún establecimiento penal o de cualquier otro lugar de detención. Concretada la
aprehensión deberá comunicarse de inmediato al fiscal. Esto es fundamental en los casos de flagrancia para
que el fiscal tome contacto con las actuaciones y realice las consideraciones del caso, no solo para evaluar las
medidas probatorias indispensables, sino también para contemplar la posibilidad de realizar alguna petición
de las enumeradas en el art. 113, o en su caso, para disponer la libertad del aprehendido o detenido.
El Segundo párrafo del art. 111 enumera los casos de flagrancia, abarcando tres supuestos: 1- cuando la
persona sea sorprendida en el momento de intentar cometer el delito; 2- en el momento de perpetrarlo, 3-
inmediatamente después de cometido el hecho (este caso se lo denomina cuasiflagrancia).
Es dable hacer notar que no menciona, al menos de manera expresa, a los indicios vehementes de
culpabilidad, a la que la doctrina llama flagrancia presunta o ficta, que es el caso en que se lo encuentra al
individuo con elementos o rastros que demuestren de modo fehaciente que haya participado de un delito. La
doctrina la incluye en el tercer supuesto a los fines de asegurar los fines de la persecución penal[14].
Finalidad de la aprehensión
Satisface varios ejes de la actividad estatal. En primer lugar la prevención del delito, lográndose muchas veces
evitar la consumación de estos. En segundo término, la realización del valor justicia, pues es un elemento más
que tendrá el encargado de la persecución penal para justipreciar sus peticiones ante la magistratura, en
tanto, además, tendrá un escenario probatorio bastante rico de no mediar irregularidades en el
procedimiento.
La aprehensión policial, en cuanto acto de autoridad, representa para su encargado un imperativo, un deber
jurídico. Su incumplimiento no sólo conllevaría severas responsabilidades administrativas, sino también
consecuencias en la esfera penal, concretamente en los delitos contra la Administración Pública, mediante la
conducta típica prevista en el delito de incumplimiento de los deberes de funcionario público (art. 248,
tercera parte, CP) o bien mediante el incumplimiento de los deberes del oficio (art. 249 CP)[16].
La función de prevención del delito en cabeza de las fuerzas de seguridad, es de transcendental relevancia e
importancia social. De este modo, las fuerzas públicas no podrán rehusarse en el cumplimiento de esta
función: siempre es imperativa. En cambio, los particulares no están obligados a llevar a cabo esta tarea, solo
están facultados, y como toda facultad, podrán o no ejercerla.
Conclusión
Aprehensión y detención tienen el mismo contenido y significado, ergo, son sinónimos. La única diferencia
residirá en el procedimiento para su realización en función de las circunstancias de su ejecución, es decir,
flagrancia o no flagrancia. En el primer caso no será necesaria la orden y en el segundo sí, ya que aquí el nivel
de información deberá ser mayor para garantizar al individuo las razones por las que está siendo privado de
su libertad, muchas veces, de forma sorpresiva e inesperada. En cambio, en la flagrancia, la misma situación
de hecho (flagrancia) le servirá de indicio al detenido para conocer la causa de su aprehensión legitimada ex
ante por la Constitución Nacional, Provincial y por el Código de Procedimiento Penal.
Resulta entonces evidente que “aprehender” implica “asir”, “tomar”, “prender a una persona” (conf.
Diccionario Básico Espasa Calpe, tomo II, pág. 422, Madrid, 1984), mientras que en el lenguaje coloquial
“detener” implica justamente lo mismo “retener, conservar, guardar…” (ob. cit., pág. 798, tomo VI) y hasta
ambos verbos pueden ser considerados como sinónimos (Federico Carlos Sainz de Robles, “Ensayo de un
Diccionario Español de Sinónimos y Antónimos”, Ed. Aguilar, 1969)[17].
Confirma la postura aquí indicada el artículo 49 del digesto ritual al señalar los derechos de todo imputado
desde los inicios de la investigación, entre los cuales interesa la configurada en el inciso primero: “A saber la
causa o motivo de su captura y el funcionario que la ordenó, exhibiéndole -según corresponda- la orden de
detención emitida en su contra”, colocando en cabeza de la policía, el fiscal y los jueces, la obligación de
informarle de manera inmediata y comprensible los derechos que dicho artículo enumera, entre ellos, el
señalado con el fin de asegurar las garantías necesarias para ejercer su derecho de defensa.
Dentro de las facultades contempladas por el art. 72, “Los funcionarios de la Agencia de Investigaciones
Penales podrán realizar, aún sin recibir instrucciones previas, las siguientes actuaciones: … 6) Efectuar la
aprehensión de personas en los casos de flagrancia…”. A la fecha esta agencia de Investigaciones penales no
fue creada, de modo tal que dicha actuación deberá irremediablemente ser desempeñada por la policía
provincial. Si alguna duda queda, es el art. 73 el que la aclara: “Las mismas disposiciones regirán para la Policía
de la Provincia del Neuquén o cualquier autoridad pública que realice actos de policía o tenga el deber de
colaborar en la investigación criminal”.
No caben dudas entonces que la policía de la provincia de Neuquén está totalmente facultada a
aprehender in fraganti delicti, comunicando la novedad al fiscal de manera inmediata, el cual tomara
intervención con los datos de la investigación y apreciará en consecuencia las necesidades de solicitar alguna
medida de coerción o bien ordenar la inmediata libertad del aprehendido.
[1] Cfr. Claria Olmedo, Jorge A.: Derecho Procesal Penal, act. por Carlos A. Chiara Diaz, Rubinzal-Culzoni,
Santa Fe, 2008, Tomo II. Pág. 367; Jauchen, Eduardo M.: “Tratado de Derecho Procesal Penal”, Rubinzal-
Culzoni, Santa Fe, 2012, Tomo II, pág. 544; Lezana Flores, Luis: “La flagrancia y su nueva regulación en el
digesto procesal penal de la provincia de Tucumán”, DJ06/04/2011, 97 - ADLALXXI-B, Cita Online:
AR/DOC/497/2011.
[17] Baños, Javier I.: "Aprehensión y detención en la provincia de Buenos Aires", en Diario Judicial,
disponible en www.diariojudicial.com, 10/08/00. Asimismo este autor realiza un interesante análisis en el
trabajo recientemente citado: Por otra parte, se dijo que la Ley Suprema estaría ordenando que el así
“detenido”, sea llevado “inmediatamente” a presencia de su juez (art. 16 C.P.). Pero “inmediatamente” no
significa ni 24 horas (como han pretendido en algunos departamentos judiciales el plazo para convertir la
“aprehensión” en “detención” tomando como punto de referencia el art. 19 de la carta orgánica), ni 12 horas
como pretenden quienes interpretan extensivamente el plazo prescripto como máximo para el arresto (art.
149 del C.P.P.); ni dos horas y ni siquiera una. “Inmediatamente” no indica días ni horas sino sencillamente “lo
que sigue”, lo que debe hacerse “a continuación”, esto es, “el próximo paso a dar en el proceso”. Resultaría
así absurdo, que el Agente Fiscal, luego de “aprehender” al imputado de un delito, se tome su tiempo para
juntar elementos probatorios que le permitan solicitar la “detención” al juez de garantías, toda vez que por
imperio constitucional su deber es llevarlo al juez y no escribir ni siquiera un renglón más de lo necesario para
cumplir con su próximo paso: repetimos, poner el imputado a disposición de su juez.
Qué ocurriría -se preguntan los sostenedores de esta postura que venimos exponiendo- si en el interregnum
en que el supuesto “aprehendido” que conforme la tesis dualista, se encuentra a disposición del Agente Fiscal
y no del Juez Natural, alguien decidiera presentar un Habeas Hábeas en su favor, puesto que a todas luces no
se cumple allí lo querido y ordenado por nuestra ley suprema. El imputado se encontraría privado
ilegítimamente de sus derechos por no estar interviniendo un magistrado, el agente fiscal estaría cometiendo
un delito y el juez del hábeas se vería compelido a poner el sujeto en libertad.
Pero en la práctica se tienen en cuenta una gran cantidad de factores (Criterio sustancialita) que también
están indicados en los códigos de procedimiento penal, entre los cuales están:
En el plazo de diez días desde la indagatoria, el juez tiene tres posibilidades: dictar el
sobreseimiento, la falta de mérito o el procesamiento.
El procesamiento corresponde cuando el juez tiene elementos suficientes para estimar que el
imputado es culpable de haber cometido el delito.
Se establece la falta de mérito cuando el juez considera que no hay pruebas suficientes para
ordenar el procesamiento ni tampoco para sobreseer al imputado. Esta no es una medida
definitiva, ya que, en caso de recolectarse pruebas suficientes en el futuro, el imputado
puede ser indagado otra vez y procesado.
El juez sobresee cuando se da por terminada la causa. Puede ser por la prescripción del
delito, es decir, cuando se vencieron los plazos para perseguirlo; por la muerte del imputado;
si el hecho investigado no existió o no se trata de un delito; o el delito no fue cometido por el
imputado, de acuerdo con las pruebas recolectadas.
Cuando el juez decide terminar la etapa de instrucción, consulta al querellante y al fiscal para
que estimen si corresponde sobreseer al imputado o elevar la causa a juicio. Si requieren la
elevación a juicio, se notifica al defensor para que pueda oponer excepciones u oponerse al
juicio. Finalmente, es el juez quien decide elevar la causa a juicio o no.
Esta etapa debería durar cuatro meses desde la indagatoria pero, en la práctica, muchas
veces el plazo no se cumple. El juez puede solicitar a la Cámara de Apelaciones una prórroga
de hasta dos meses y excepcionalmente puede exceder el plazo en casos de “suma gravedad
y de muy difícil investigación”, según lo establece el Código Procesal Penal.
Apelación
En caso de que la causa se eleve a juicio, la decisión será inapelable. En cambio, si se decide
el sobreseimiento, tanto el fiscal como el querellante pueden apelar, es decir, pedir una
revisión de la decisión en el plazo de tres días. La apelación se hace ante el juez que dictó la
sentencia y, en caso de que el juez la acepte, la causa continuará en la Cámara de
Apelaciones, que deberá revisar la decisión. En caso de que el juez niegue el recurso de
apelación, se puede presentar un recurso directamente ante la Cámara.
El tribunal debe decidir si confirma o revoca la decisión del juez de instrucción. Aunque
formalmente tiene un plazo de hasta cinco días para hacerlo en los casos más complejos, las
resoluciones suelen tomar más.
Juicio oral
Una vez que el juez decide el procesamiento y se eleva a juicio la causa, comienza la etapa
del juicio oral, en la que intervienen tres jueces como tribunal. Primero se realiza la citación
al juicio, donde se notifica a todas las partes para que preparen los documentos, testigos y
todo tipo de pruebas que puedan presentar. Luego se hace el debate oral y público, donde
los jueces evalúan las pruebas presentadas por cada parte. Una vez terminado el proceso, se
lee la sentencia del juicio donde se condena o absuelve al imputado.
El tribunal oral puede sobreseer al acusado en cualquier momento del proceso, si encuentra
pruebas que lo desvinculan del hecho investigado.
Este proceso puede llegar a durar meses, incluso años. El juicio oral por la tragedia de Once,
que provocó 51 muertos el 21 de febrero de 2012, por ejemplo, duró casi dos años (entre el
18 de febrero de 2013 y el 29 de diciembre de 2015), y se continúa investigando a algunos
funcionarios como el ex ministro de Planificación Federal, Julio De Vida.
Cámara de Casación
Las sentencias definitivas, es decir, las que ponen fin a un proceso, o aquellas en las que el
paso del tiempo puede impedir que se haga Justicia (por ejemplo, en el caso de un aborto),
pueden ser revisadas por la Cámara de Casación Penal de la Nación. En el plazo de diez días
tanto la querella y el fiscal como el imputado y su defensor pueden presentar el recurso de
Casación ante el mismo tribunal que dictó la sentencia.
Es la última instancia y quien tiene la decisión final. Las causas llegan a la Corte mediante el
recurso llamado extraordinario, luego de haber agotado todas las instancias anteriores, pero
la Corte sólo se pronuncia en causas en las que está en discusión la interpretación de la
Constitución o leyes federales. También se puede realizar un recurso de queja, en el que la
persona tienen que hacer un depósito de dinero que pierde en caso de que la Corte no
acepte el caso, si el tribunal cuya decisión se cuestiona no concede el recurso para llegar a la
Corte.
Fiscales: son los representantes del Estado frente al juez y deben velar por los intereses de la
sociedad. Están a cargo de perseguir al acusado, cuando el juez así lo decide (dado que el
sistema hoy es mixto y hay veces que el juez lleva adelante la investigación), reunir pruebas
en su contra y pedir la condena.
Del proceso participan distintos fiscales según el momento de la causa. Hay fiscales que
trabajan durante la instrucción, es decir; en la investigación previa al juicio; en la Cámara de
Apelaciones, durante el juicio; y luego en la Cámara de Casación y la Corte Suprema de
Justicia de la Nación (aunque en este último caso con el nombre de procurador general o
procurador fiscal ante la Corte).
Querella: son los abogados que representan a la víctima o a alguien a quien el delito haya
hecho daño. Quiénes pueden presentarse bajo esta figura es una decisión que toma el juez.
Puede acceder a la información que está en el expediente, apelar las decisiones del juez y
aportar pruebas en la causa, entre otras cosas. El costo de el o los abogados particulares
corre por parte de la persona interesada.
Defensores: son quienes representan al acusado durante el juicio. Pueden aportar y pedir
pruebas y apelar las decisiones del juez, entre otras cosas. Toda persona tiene derecho a una
defensa y, en caso de no poder pagarla, el Estado debe proveer a un abogado. En caso de
necesitar defensa pública, existe un abogado defensor diferente para cada una de las
instancias del juicio (instrucción, juicio oral, Cámara de Apelaciones, Cámara de Casación y
Corte Suprema de Justicia de la Nación).
Jueces: son quienes deciden, de acuerdo con la ley, sobre las distintas cuestiones del
proceso. En la primera etapa existe un juez de instrucción que, en algunos casos, si él lo
decide, puede llevar adelante la investigación o delegarla en el fiscal (dado que hoy hay un
sistema procesal mixto). En esta instancia el juez decide si hay suficientes pruebas para llevar
una causa a juicio o no.
Los jueces que se encuentran en la Cámara de Apelaciones deciden sobre las causas en las
que una parte apela la decisión que tomó un juez de primera instancia durante la instrucción.
En la Cámara de Casación, los jueces deciden sobre las decisiones que hayan tomado los
jueces y sean apeladas por alguna de las partes en la primera etapa o durante el juicio oral.
En la Corte, los jueces deciden en casos donde haya discusiones constitucionales o que
involucren la interpretación de una ley federal. La Corte no está obligada a revisar todos los
casos que llegan al máximo tribunal.
La investigación penal preparatoria y la etapa de control en el
sistema acusatorio - Enzo Finocchiaro
I. Introducción - Así como al testigo que va a declarar se le pide que se despoje de todo
preconcepto, creencia anterior, ideología o prejuicio, y que se ciña a lo que sus sentidos le
han permitido percibir, lo mismo se le pide al lector de las líneas que siguen. Uno de los
problemas o inconvenientes que presenta el sistema acusatorio, es que tiene que intentar
introducirse en medio de una cultura que ha soportado un sistema de persecución penal
distinta por más de quinientos años. En Argentina, en particular, tiene que luchar contra toda
una tradición socio jurídica diametralmente opuesta, enquistada no sólo en las mentes de los
operadores judiciales, sino incluso en el colectivo social todo. Podrán cambiarse institutos
por doquier, sancionarse códigos y normas, nombrarse unos y correr a otros, pero si no
logramos desandar el andamiaje sociocultural inquisitivo, entonces el fracaso ya está
decidido. La investigación penal preparatoria, como la veremos, no es el viejo sumario, no es
la instrucción sumarial o judicial. No tiene esa lógica y no se mueve en ese sentido. En
absoluto. La forma de pensarla es diferente, porque su raíz es diferente y sus principios,
marco y objetivos, son distintos. A lo largo de este capítulo nos adentraremos en la primera
etapa del proceso penal acusatorio, examinaremos sus antecedentes, su objeto, sus
necesidades, sus principios, quiénes han de ser sus sujetos, sus operadores y qué ha de
esperarse de ellos. Pero para ello, primero debemos ver cómo se ha llegado hasta ello.
¿Quién ha puesto a la investigación penal preparatoria en cabeza de un funcionario público?
II. La estructura del proceso penal. Las diferentes etapas y los diferentes objetivos.
Antecedentes [arriba] - Como ya hemos visto, subyace a todo el proceso penal un objetivo,
que es la averiguación de la verdad material. Esto es, aquella "verdad" que pueda acreditarse
a partir de las pruebas producidas en la etapa de juicio. Ahora bien, a medida que va
avanzando, el proceso penal atraviesa diferentes estadios o etapas, que pueden diferenciarse
entre sí, por los diferentes sujetos que las componen, la diversidad de objetivos y los
diferentes actos procesales que se concatenan para integrarlas.
Cada uno de estos momentos del procedimiento tiene raíces y nortes distintos. Tomando el
esquema de Binder, advertirnos cinco etapas bien diferenciadas: a) una fase de investigación,
preparación o instrucción, cuyo cometido principal consiste en la preparación de la acusación
o del juicio; b) una fase crítica o del control del resultado de esa investigación; c) la fase
plena, central, que el juicio propiamente dicho; d) una fase de control de esa sentencia de
juicio, manifestada a través de la existencia de distintos medios de impugnación, e) una
última fase, donde se ejecuta la sentencia que ha quedado firme, pasada la cuarta etapa[1].
En este trabajo, nos centraremos en la primera de estas etapas o fases. Y ahora es donde nos
preguntamos, ¿dónde o cuándo nace esta etapa preparatoria? Es un error muy común, aun
incluso dentro de la comunidad jurídica especializada, creer que la etapa preparatoria es
propia de sistemas acusatorios modernos, cuando en realidad no es otra cosa que un
instituto bien propio del sistema inquisitivo, al punto tal que fue la Inquisición la que
introdujo la necesidad de delinear una etapa procesal destinada pura y exclusivamente a la
preparación del juicio, a la recolección de pruebas que sustenten la acusación. Ésta era la
noción inicial de la etapa previa, preparatoria o como lo llamó el manual de inquisidores, la
"etapa de instrucción". Así, tradicionalmente se conoce a la etapa preparatoria como el
"conjunto de actividades de adquisición probatoria necesarias para sostener válida y
razonablemente una pretensión punitiva, mediante la demanda de justicia ante el tribunal de
juicio"[2], aunque ya iremos viendo oportunamente que esto no es tan así, al menos pensado
en clave acusatoria.
Éste era un concepto que nos vino dado desde el sistema inquisitivo, que, como ya hemos
dicho a lo largo de esta obra, no fue sino muy posterior al surgimiento y consolidación del
sistema acusatorio. Sucede que en los procesos acusatorios antiguos no era necesaria una
etapa previa, ya que los juicios siempre se llevaban adelante en forma casi inmediata a la
comisión del hecho que los motivaba. Cuando la inquisición comenzó a buscar delitos
"etéreos", hallándose las pruebas en el propio cuerpo del acusado, era necesaria entonces
una "etapa previa", donde la acusación se dedicaba a "extraer" la información que necesitaba
por los medios idóneos (generalmente la tortura), para luego presentarla al Tribunal y
realizar el juicio. Esta idea de preparación luego fue derivando en lo que se conoció como
"instrucción".
La instrucción penal, históricamente, fue la etapa del proceso penal bi-etario (dos etapas) y
disyuntivo (sobreseimiento o juicio, condena o absolución), donde el Estado, habiendo
tomado conocimiento de la comisión de un hecho delictivo, en la persona de un juez
especializado, recolectaba las pruebas necesarias para, luego de una imputación formal a
quien o quienes resultaren autores o participantes del hecho, remitieran el caso a un juicio,
que generalmente era llevado por un tribunal en pleno, esto es, colegiado. De allí la antigua
denominación de las dos etapas que tenía este proceso: el sumario y el plenario. Luego de
ello, se dictaba una sentencia que podía absolver o condenar al imputado y en este último
caso era entregado a las autoridades penitenciarias para que verificaran el cumplimiento de
la pena impuesta[3]
. Así, la instrucción está asociada a un procedimiento escrito, inquisitivo – recuérdese que la
prueba preferida era la propia palabra del imputado, admitiéndose la confesión del mismo,
como relevante de las demás piezas probatorias -, secreto, parcial (quien lo dirige es quien
luego decide) y no contradictorio (las partes no presentan sus teorías, sino que existe una
única teoría, la del Estado, que el Estado debe acreditar y que el imputado debe refutar). III.
La Investigación Penal Preparatoria en clave acusatoria. La etapa preliminar [arriba] - Hemos
dicho en la introducción que el paradigma cultural en el que se presenta la moderna IPP es
diametralmente distinto. Y esto es así, porque debe partirse de un elemento fundamental
totalmente inexistente en sistemas inquisitivos: La Teoría del Caso. Este es un concepto
neurálgico de un proceso penal acusatorio y contradictorio. Justamente, lo que las partes
controvierten en el proceso son sus diferentes teorías sobre lo que pasó, debiendo llevarle
sus alegatos y las pruebas que los sustentan a un juez imparcial. Durante la etapa
preparatoria, lo que las partes hacen es buscar aquellos elementos que sustenten sus
premisas teóricas, con total autonomía, proactividad e igualdad de armas. No se trata ya de
un juez de instrucción que oprime al imputado con indicios, intentando lograr una confesión,
o un fiscal amo y señor de la prueba, dejando a un lado al defensor, quien termina siendo, en
este cuadro terrible, un mero lugarteniente pasivo especializado del imputado. En el proceso
penal acusatorio contradictorio moderno, ambas partes deben procurar la satisfacción de sus
premisas teóricas para lograr articular su teoría del caso, desvirtuando la contraria. Claro
está, el Fiscal, en tanto representante del Estado y la sociedad para lograr el esclarecimiento
del hecho presuntamente delictivo denunciado, tiene quizás una mayor cantidad de recursos,
pero ello es sopesado por la carga de la función pública que desarrolla y la responsabilidad de
erigirse como garante de la legalidad y la legitimidad de todos y cada uno de los actos que
desarrolla. Al exponer el proyecto que luego se convertiría en el actual Código Procesal Penal
de la Ciudad de Buenos Aires, se admitió "una investigación preparatoria desformalizada,
pero con sustento en hechos determinados, con la exigencia de que el Fiscal indique
formalmente el objeto de la pesquisa (...) La fiscalía puede delegar en investigadores propios
o policiales la obtención de información para sustentar sus requerimientos, quienes asumen
la responsabilidad por el informe, eliminando la actual ficción relativa a la presencia del Juez
o Fiscal en las declaraciones de la investigación preparatoria.
La posibilidad de utilizar medios fílmicos de registro en lugar de actas escritas y ritualizadas,
tanto para registrar actos de la etapa de investigación como para los actos jurisdiccionales. La
oralidad de todos los actos jurisdiccionales vinculados a la adopción y cese de medidas
cautelares, resolución de excepciones, admisibilidad de pruebas para el debate, suspensión
del proceso a prueba, juicio abreviado y el debate propiamente dicho; es decir, los órganos
jurisdiccionales actúan en la decisión sobre situaciones de conflicto. La citación a la defensa
para los actos definitivos e irreproducibles. La obligación del Ministerio Público de investigar
pruebas favorables al imputado, que no se le oculten pruebas y la participación activa en las
audiencias orales. La posibilidad de cuestionar la investigación del Ministerio Público Fiscal
mediante novedosas excepciones de atipicidad de la conducta o manifiesta inocencia del
imputado"[4]. Desde este prisma, siguiendo a Claría Olmedo, en la etapa preparatoria es que
se delinean específicamente los roles que los distintos actores procesales van a jugar en el
proceso[5]. Es lo que se conoce como "poderes de realización efectiva del Derecho Penal", y
que no es otra cosa que el ejercicio de la acción (impulsa el proceso, investiga y persigue
hasta derivar en el juicio), de la decisión (realizar el derecho vigente) y excepción (la
posibilidad de contradecir a la acción). El Fiscal, el Juez y el Defensor, son quieren detentarán
estos roles, con la presencia vinculante y promiscua del imputado. Entonces, son estos roles
diferentes los que requieren esa separación de funciones, las que responden a un imperativo
categórico-constitucional y a una evidente necesidad de armonía sistemático-científica. Así,
los actores centrales son: a) El Fiscal, que dirigirá la etapa, buscará acreditar su caso, reunirá
pruebas por todos los medios lícitos disponibles - aun los que el Código no le acuerde
expresamente -, intentando así sustentar un dictamen favorable para acreditar que quien
resulta imputado por él es quien ha llevado adelante un accionar delictivo determinado,
condicionado en modo, tiempo y lugar determinados, especificando asimismo todas las
cuestiones de concurso, autoría, participación, presencia de calificantes, agravantes,
atenuantes, morigeradores o eximentes de la responsabilidad penal. b) El Juez, que
controlará el adecuado cumplimiento de las garantías constitucionales en el caso, practicará
los actos que requieran su intervención o venia y declarará de oficio la nulidad de cualquier
instancia o actuación contraria al norte constitucional, siempre velando por los derechos de
los sujetos del proceso, muy especialmente, la víctima y el imputado. c) El Imputado, que
debe estar siempre presente, acompañado por su Defensor, e intentar rebatir la teoría del
caso presentada por el fiscal, pudiendo proponer prueba, producirla y llevarla ante el Juez a
fin de evitar el proceso, pudiendo asimismo proponer alguna vía alternativa al conflicto, si así
lo estima conveniente. Estos roles, implican a un tercero imparcial, el Juez, y a dos
antagonistas, fiscal y defensor-imputado y prohíben la utilización de unos por otros, y menos
aún, en aras del proceso. Sus caminos discurren, en esta etapa, paralelamente, pues cada
uno busca acreditar su propia versión de los hechos, que como vimos, nunca más podrán
reproducirse en la forma en la que realmente sucedieron, sino en la forma en la que pueden
o no acreditarse en el caso. Asimismo, los roles implican un correcto balance constitucional,
que responde a una sistemática acusatoria determinada. Así, el Fiscal dirige la investigación,
pero jamás podrá tomar decisiones jurisdiccionales, con la excepción de la decisión de
imputar a una determinada persona y vincularla al proceso, o desvincularla. Anteriormente,
esta decisión siempre fue privativa del Juez. En el proceso inquisitivo y aun en los mixtos,
como ocurre a nivel federal todavía, el Juez decidía cuándo y cómo se imputaría a una
persona y sería él mismo quien lo haría, delegando muy excepcionalmente este acto en el
Fiscal. De aquí es donde surge la máxima acusatoria que establece que "el Ministerio Público
Fiscal tiene a su cargo la investigación preparatoria, bajo control jurisdiccional en los actos
que lo requieran" (v.gr. Art.4 CPPCABA). Cevasco, una de las voces de peso en la
implementación del Código Procesal Penal de la Ciudad de Buenos Aires y prolífico autor y
docente de Derecho Procesal Penal, refiere que la investigación penal preparatoria debe ser
entendida como el primer ámbito vinculado con el sistema judicial formal, donde, con
intervención de los órganos predispuestos, se determine la existencia de un conflicto que
resulte abarcado por las previsiones de la Ley penal[6]. Sintéticamente, es claro que la
función de investigar para decidir si va a realizarse un juicio contra una persona y la de juzgar
a esa persona no puede ser cumplida por un mismo juez, y por ello, es la noción de un juez
específico para la etapa preparatoria, que deberá tener un perfil diametralmente distinto al
de su continuador, el juez de juicio. Esto no es ni más ni menos que lo que la Corte ya dijo
hace más de diez años en el precedente "Llerena"[7], donde el Dr. Petracchi dijo: "un sistema
en que la sentencia es dictada con la intervención del mismo juez que tuvo a su cargo la
investigación preliminar y la decisión acerca del mérito de dicha investigación, en principio,
no satisface el estándar mínimo de imparcialidad del tribunal, exigido por los respectivos
tratados internacionales (...) Quien llevó adelante la actividad incriminatoria descripta no
puede ser la misma persona que habrá de realizar el debate y la que finalmente condene o
absuelva al imputado, pues un procedimiento semejante no reúne los requisitos mínimos
exigibles con respecto a la imparcialidad del juzgador. En efecto, aun cuando la hipótesis de
un juzgamiento imparcial no pueda ser lógicamente descartada de antemano, las condiciones
en que se produciría el debate tampoco permiten descartar la hipótesis contraria: que la
jueza no pueda separarse del preconcepto que ella misma formuló, esto es, que es altamente
probable que el imputado sea culpable del hecho que se le imputa". Y en relación a la
responsabilidad legislativa y ejecutiva, dijo el Ministro: "Que es función del legislador diseñar
el proceso penal de tal manera que estén aseguradas del mejor modo posible las garantías
individuales, y que la más mínima duda de menoscabo a las garantías sea disipada con la
solución más favorable a la protección del derecho respectivo. Asimismo, el Estado
argentino, al asumir la obligación de garantizar a toda persona el derecho a ser oída por un
tribunal imparcial en la sustanciación de cualquier acusación penal formulada contra ella (art.
8.1, CADH), se ha comprometido a configurar sus tribunales de tal forma que dicha garantía
quede suficientemente satisfecha". En resumidas cuentas, en la etapa preparatoria, se ponen
en juego las hipótesis antagónicas de un presunto hecho delictivo puesto en conocimiento
del Fiscal, se procura reunir la prueba necesaria para acreditarlas, desembocando en un
pedido de elevación a juicio, en una solución alternativa o en un archivo del caso, pudiendo o
no importar el sobreseimiento de la persona que haya resultado imputada en el mismo. Esta
etapa es, predominantemente, desformalizada, a no ser por los actos que impliquen
afectación a garantías constitucionales, los que deberán estar correctamente formalizados y
contar con el debido contralor jurisdiccional. Asimismo, y como sucede a lo largo de todo el
proceso, es una etapa donde las decisiones jurisdiccionales guardan inmediatez con la
audiencia previa donde necesariamente deben ponerse en juego las cuestiones a dirimir por
las partes (excepciones, nulidades, medidas cautelares, etc.), consagrándose así la oralidad
que ya mencionáramos[8]. IV. Modos de inicio de la investigación preparatoria [arriba] - Ya
que hemos delineado las aristas principales de esta etapa, veamos ahora como se inicia,
dejando en claro que hemos de mencionar los modos que la mayoría de los ordenamientos
acusatorios vigentes presentan como tales. Frente al conocimiento de la presunta comisión
de un hecho aparentemente delictivo, comúnmente conocida como "notitia criminis", se
pone en marcha un reacción del Estado, pautada generalmente en los ordenamientos
procesales, encaminada a formalizar dicho conocimiento. El modo en el que se toma
conocimiento del presunto hecho luego determinará el modo concreto de inicio. Así, la
investigación preparatoria puede iniciarse por: a) Iniciación por el Fiscal de oficio Este
presupuesto se da cuando es el propio fiscal (o en el marco del Ministerio Público Fiscal)
quien toma conocimiento de un hecho presuntamente delictivo y lo formaliza
procesalmente. Ése conocimiento directo se da cuando el fiscal percibe el presunto hecho a
través de sus sentidos. Así, suele darse el ejemplo del Fiscal que concurre a un espectáculo
deportivo y presencia algún hecho, o a través de la lectura de algún medio de comunicación
(televisivo, escrito, radial, electrónico) de un hecho que él considera delictivo y entonces lo
somete a proceso. Al respecto resulta necesario tener en cuenta que la Ley Orgánica del
Ministerio Público (Ley 1903) específicamente consagra esta potestad en su art. 20 que
refiere: “Facultades de investigación: los/as magistrados/as del Ministerio Público, en
cualquiera de sus jerarquías, pueden requerir, para el mejor cumplimiento de sus funciones
en el ámbito de su competencia, informes a los organismos administrativos, a las empresas
prestadoras de servicios públicos y a los particulares, así como disponer la intervención de la
autoridad preventora para realizar diligencias y citar personas a sus despachos, sin perjuicio
de las demás atribuciones que les confieren los ordenamientos procesales en el ámbito
específico de las causas en trámite”; debiéndose considerar que tal potestad también es
concerniente tanto para los Fiscales como para los Defensores Oficiales en su calidad de
integrantes de dicho Ministerio. En estos casos el permiso no presenta mayores problemas,
dado que el Fiscal, en tanto funcionario público, está obligado a denunciar (aunque
técnicamente no es una denuncia) el delito, aunque en este caso lo denuncia a sí mismo,
entendiéndose que esa oficiosidad responde al mandato de formalizar todos los hechos
delictivos que lleguen a su conocimiento. Para el caso que la materia o la competencia
territorial del hecho sean ajenas a las del funcionario que toma conocimiento, ahí entonces,
inicialmente, revestiría el carácter de denuncia, ya que debería constituirse en la agencia
judicial o policial que resulte competente en el caso. Asimismo, el hecho que sea el Fiscal sea
el director de la investigación no obsta que sea él mismo quien ponga en marcha la misma,
dado que se entiende que el fiscal, aunque garante de la legalidad del proceso, es totalmente
parcial, a lo que debe aunarse el carácter de funcionario público ya reseñado. b) Iniciación
por el Fiscal en virtud de prevención policial Este quizás es el modo más común de inicio de
un caso penal y ocurre cuando el Fiscal recibe en su fiscalía una actuación de prevención de
alguna de las fuerzas de seguridad que coadyuvan en ese sentido y que ha tomado
conocimiento indirecto de la presunta comisión de un hecho típico. En este sentido, debemos
recordar que una de las misiones que históricamente se le concedieron - y se le conceden - a
las fuerzas policiales es la de funcionar como auxiliar de la Justicia. Así y en este rol, cuando
toman conocimiento de un hecho, deben inmediatamente comunicarlo al Fiscal
correspondiente, ya que será éste quien decidirá qué hacer, qué medidas disponer y qué
rumbo han de tomar las actuaciones de prevención. En esta función denominada
"prevencional", la fuerza policial debe actuar necesariamente ante todos los hechos que
lleguen a su conocimiento, comunicándolos al fiscal, sin perjuicio de impedir que ése hecho
continúe o tenga consecuencias ulteriores, de identificar a los participantes del mismo (ya
sea como víctima, damnificado, o sujeto activo, procurando que, según el caso, permanezcan
bajo su custodia) y de asegurar la prueba existente y reunir la pendiente. Siempre y en todos
los casos, los funcionarios policiales, en cuanto funcionarios públicos regidos por la
Constitución y los Tratados Internacionales, deben respetar todas las directrices vigentes en
la materia, sin perjuicio de los señalamientos concretos que le haga el titular de la acción
penal. Por ello, los ordenamientos procesales suelen tener un acápite específico relativo a las
facultades y obligaciones que posee la policía en función prevencional de auxilio judicial. En
este sentido, dice el Art.90 del CPPN (Ley 27.063) "La policía y demás fuerzas de seguridad
deberán: a. recibir denuncias; b. entrevistar a los testigos; c. resguardar el lugar del hecho y
cuidar que los rastros e instrumentos del delito sean conservados; d. incautar los
documentos y todo elemento material que pueda servir a la investigación, cuando les esté
permitido; e. custodiar los elementos secuestrados, dejando debida constancia de las
medidas adoptadas con el objeto de preservar la cadena de custodia; f. hacer constar el
estado de las personas, cosas y lugares, mediante inspecciones, planos, fotografías, video
filmaciones, exámenes técnicos y demás operaciones que aconseje la investigación; g.
practicar las diligencias orientadas a la individualización de los autores y partícipes del delito
dispuestas por el representante del Ministerio Público Fiscal; h. recabar los datos que sirvan
para la identificación del imputado, con los límites establecidos por este Código; i. prestar
auxilio a las víctimas y proteger a los testigos; j. reunir toda la información de urgencia que
pueda ser útil al representante del Ministerio Público Fiscal; k. efectuar el arresto, detención
o incomunicación de personas en los casos autorizados, informándoles sus derechos en
forma inmediata y comprensible; l. Ejecutar allanamientos y requisas cuando les esté
permitido". En modo casi análogo, dice el art. 88 del CPPCABA: "Los integrantes de la policía
o de las fuerzas de seguridad tendrán los siguientes deberes: 1) Cuidar que los rastros
materiales del hecho sean conservados y que el estado de las cosas no se modifique. 2) En
caso necesario y cuando la naturaleza del hecho lo justifique, disponer que ninguna de las
personas que se hallaren en el lugar del hecho o sus adyacencias, se aparten de aquél
mientras se lleven a cabo las diligencias que correspondan. De lo actuado se deberá dar
cuenta de inmediato al/la Fiscal. 3) Si hubiera peligro de que cualquier demora comprometa
el éxito de la investigación, hacer constar el estado de las personas, de las cosas y de los
lugares, mediante inspecciones, planos, fotografías, filmaciones, exámenes técnicos y demás
operaciones que aconseje la policía científica. 4) Interrogar a los testigos, asentando sus
dichos en simple acta al solo efecto de orientar las pesquisa. 5) Aprehender a los
presuntos/as autores / as en los casos y formas que este Código autoriza, con inmediata
noticia al/la Fiscal competente. 6) Disponer las requisas con arreglo a lo dispuesto en este
Código con inmediata noticia al/la Fiscal competente. 7) Disponer la clausura preventiva del
lugar en los casos y formas que este Código autoriza, con inmediata noticia al/la Fiscal
competente. 8) Hacer uso de la fuerza pública en la medida estrictamente necesaria,
adecuada a la resistencia y proporcional con el mal que se quiere hacer cesar". Bajo ningún
concepto y en ninguna instancia pueden las fuerzas de seguridad que actúan en función
prevencional interrogar al imputado, salvo para identificarlo o satisfacer sus necesidades
básicas, hasta que éste tome contacto con su defensor. Asimismo, también les está vedado
abrir correspondencia del presunto autor, inspeccionar su domicilio o elementos personales
del mismo, sin contar con la debida orden escrita para hacerlo. De hecho, para una mejor
labor y eficiencia y en aras de una correcta coordinación, el Ministerio Público Fiscal suele
estar facultado para emitir resoluciones o disposiciones destinadas a las fuerzas de
seguridad, a fin de que se adecuen a determinados estándares en situaciones concretas (p.e.,
instrucciones sobre cómo efectuar desalojos masivos en casos terrenos públicos ocupados o
cómo trabajar sobre hipótesis de secuestros extorsivos). El instrumento o documento donde
se plasman estas incidencias iniciales del proceso se suele denominar "sumario prevencional"
o "prevención policial", y suele durar entre uno y cinco días, según la complejidad y las
medidas que haya dispuesto el fiscal al momento de ser contactado por la fuerza preventora.
Una vez que ése documento es firmado por quien lo hace (que suele ser algún funcionario
policial de la oficina de "judiciales") y por la autoridad de la repartición policial, se remite
inmediatamente a la sede del Fiscal actuante para que éste formalice y continúe con la
investigación, pudiendo solicitar a la fuerza policial el auxilio necesario, ésta vez ya en función
de "policía judicial". c) Flagrancia Éste es uno de los conceptos que mayor polémica ha
desatado - y desata - en el ámbito del Derecho Procesal Penal, en tanto implica la posibilidad
de que el autor del presunto hecho pueda ser detenido directamente, por cualquier persona,
ya sea policía o simple particular, sin necesidad de orden judicial alguna. Dado que se trata de
una situación objetiva pero de apreciación eminentemente subjetiva y cuya amplitud o
estrechez guarda íntima relación con el paradigma punitivista vigente, presenta siempre
posturas que lo amplifican o lo restringen. Es por ello que, para una mayor seguridad jurídica,
los modernos ordenamientos acusatorios definen específicamente qué se entiende por
flagrancia. Así, dice el Art.78 del CPPCABA: "Se considerará que hay flagrancia cuando el
autor del hecho sea sorprendido en el momento de cometerlo o inmediatamente después o
mientras es perseguido por la fuerza pública, por la víctima o el clamor público".
Conceptualmente, y en sentido estricto, la flagrancia es el momento temporal de relevancia
jurídica que abarca desde el momento inmediatamente anterior a la ejecución del delito -
pudiendo abarcar la etapa de la tentativa en determinados delitos - hasta el momento
inmediatamente posterior a la finalización de la ejecución del mismo, es decir, cuando ya se
ha consumado. Al respecto, doctrinariamente se han elaborado otros dos conceptos que
suelen ir encadenados a la flagrancia, y son la cuasi flagrancia y la flagrancia presunta.
Cuando se habla de flagrancia en sentido amplio, se suelen comprender también dentro de
ella a los supuestos de cuasi flagrancia y de flagrancia presunta. Ahora bien, en esquemas
menos punitivos, se estará al concepto restringido que ya mencionáramos. La cuasi flagrancia
se identifica con el momento en el que el autor o partícipe es perseguido por la fuerza
pública o por el clamor popular; es decir, abarca desde la consumación del hecho hasta su
aprehensión e implica un alejamiento material del presunto sujeto activo del delito con el
lugar de comisión del mismo, temporal y espacialmente, debiendo mediar solución de
continuidad entre la consumación, la persecución y la aprehensión de la persona[9].
Finalmente, la flagrancia presunta o ficta, se presenta cuando alguien tuviera objetos o
presentase rastros que permitieran presumir vehementemente a un observador razonable
que la persona acaba de cometer o participar en un hecho delictivo. Entre los ejemplos que
pueden darse está el de la persona que presenta disparos en su cuerpo, o empuña un arma
de fuego con signos de haber sido recientemente utilizada, o presenta elementos extraños en
sí[10] (traje rasgado luego de una riña, o una caja fuerte en sus manos, o una cartera). Los
modernos ordenamientos suelen comprender a estas tres situaciones como constitutivas del
presupuesto que habilita la aprehensión de una persona sin necesidad de orden judicial
previa. En este sentido, dice la segunda parte del Art.78 CPPCABA: "Estará equiparada a la
situación de flagrancia, a los fines previstos en este Código, la persona que objetiva y
ostensiblemente tenga objetos o presente rastros que hagan presumir que acaba de
participar en un delito". Cuando se verifica un hecho en flagrancia, la fuerza policial debe
hacer cesar el delito, asegurar al presunto autor y proceder en la forma en la que se ha
enunciado en el presupuesto anterior, debiendo comunicar la aprehensión al fiscal, al Juez y
al defensor oficial. El fiscal, habiendo tomado conocimiento del hecho, debe dar las directivas
necesarias al personal policial y convalidar o no la aprehensión, decidiendo si la transforma
formalmente en una detención (aunque materialmente y desde el punto de vista del
imputado se está detenido desde el primer momento en el que se ve constreñida la libertad
ambulatoria) o si nulifica lo hecho por la prevención y pone en libertad al presunto autor, o
bien convalida la detención, pudiendo luego de verificar determinados extremos
(reincidencia, arraigo, testimonios en sede policial) proceder a la soltura del detenido, no
obstante compelerlo a comparecer judicialmente, continuando ligado al proceso. Entre la
aprehensión policial y la soltura del detenido no puede existir demora alguna, amén de
verificarse los extremos necesarios de la identificación, los antecedentes penales o la
requisitoria del detenido por parte de otro Tribunal o Fiscal, fijando un plazo perentorio la
mayoría de los ordenamientos, el que suele ser de veinticuatro horas corridas. Pasado ese
plazo, el detenido debe ser puesto en libertad. El único supuesto que admite la continuidad
de la privación legal de la libertad es la aplicación del instituto excepcionalísimo de la prisión
preventiva, el que debe ser solicitado al Juez correspondiente, quien luego de audiencia
donde conozca al imputado y escuche a las partes, decide si la concede o no. Claro está que
bien pueden aplicarse otras medidas restrictivas de la libertad menos lesivas que la prisión
preventiva. Pero luego volveremos sobre este aspecto en forma más detallada. d) Denuncia
Otros de los modos de inicio de una investigación preparatoria es la denuncia, que es la
puesta en conocimiento voluntaria por parte de un particular o de un funcionario público, al
Fiscal, de un delito de acción pública del que haya tenido noticia, haya sido víctima de él o no.
Dado que la regla general es que quien reciba las denuncias sea el Ministerio Público Fiscal -
en la creencia que la policía debe estar en la calle haciendo prevención y colaboración vecinal
y no recibiendo denuncias, en tanto suele carecer de la especificidad jurídica necesaria - es
que muchas de las estructuras de los ministerios públicos que se desempeñan en rituales
acusatorios han abierto varios canales de recepción de denuncias, a fin de poder cumplir
acabadamente con este presupuesto. Así, por ejemplo, en la Ciudad de Buenos Aires, en los
delitos que son competencia de los tribunales porteños, se cuentan, a inicios del año 2015,
con 15 unidades de orientación y recepción de denuncias distribuidas en las quince comunas
de la Ciudad, más dos unidades móviles que van rotando su sede, amén de poseer un canal
electrónico de recepción de denuncias y un canal telefónico de recepción de denuncias,
ambos coordinados desde una unidad específica creada al efecto[11]. Otro caso es el
mendocino, donde se ha optado por crear unidades fiscales de actuación y recepción de
denuncias por toda la provincia, que suelen ubicarse en instalaciones inmediatamente
aledañas a las seccionales policiales, algo que ha sido bastante criticado en la creencia que la
cercanía entre fiscales y policías podía trastocar las funciones de unos y otros e incidir
negativamente en la tramitación de los casos. Un documento que resulta de ineludible
acatamiento por parte de los sistemas de organización judicial argentino son las "Reglas de
Brasilia", un conjunto de cien estándares básicos adoptados en la XIV Cumbre Judicial
Iberoamericana celebrada en 2008 en la capital brasileña, que básicamente se centran en el
acceso a la Justicia para aquellas personas que se encuentren en determinado parámetro de
vulnerabilidad respecto al sistema judicial, para que puedan efectivamente acercarse a él o
solicitar que el sistema las asista. A modo de ejemplo, la Regla número 42 dice: "Se
promoverá la adopción de medidas de acercamiento de los servicios del sistema de justicia a
aquellos grupos de población que, debido a las circunstancias propias de su situación de
vulnerabilidad, se encuentran en lugares geográficamente lejanos o con especiales
dificultades de comunicación". Pese a no tener el carácter de norma jurídica, las Reglas
adquieren un especial valor para los procesos de reforma de la justicia, al ser aprobadas por
los representantes de las principales instituciones del sistema judicial. En Argentina, las
Reglas de Brasilia han sido receptadas como estándares obligatorios por la mayoría de los
ministerios públicos provinciales (p.e., Entre Ríos, Buenos Aires, Ciudad de Buenos Aires,
Mendoza, Salta), consagrándose de este modo un verdadero Derecho al Acceso a la Justicia.
De esta forma, la lógica instalada es la de que cualquier persona puede denunciar un delito
que llegue a su conocimiento, donde quiera que se encuentre y cualquiera sea su situación
personal. Ya no se requieren formalismos o traslados hacia el sistema de Justicia. Si se
entiende al sistema como un servicio a favor de los ciudadanos, entonces bien podría
pedírsele al sistema que vaya donde el ciudadano lo necesita. En virtud de esto, la denuncia
no debe ser ni escrita, ni ser firmada por letrado. Sólo requiere formularse por persona física
cierta e identificada, contener mínimamente un relato de los hechos presuntamente
delictivos y la prueba que pueda aportarse, si la hay o si se la conoce (debe recordarse que a
quien le compete la producción y reunión de prueba es al Fiscal y no al simple ciudadano de a
pie). Sólo han de regir los límites clásicos a la denuncia, como la prohibición de la denuncia
anónima o la imposibilidad de denunciar a ascendientes, descendientes, hermanos y cónyuge
o pareja civilmente constituida, a no ser que alguno de estos cometa o vaya a cometer un
delito contra un pariente más próximo en grado o contra quien denuncia o vaya a atentar
contra un menor o un incapaz. Respecto a la legitimación procesal del denunciante, siempre
se ha entendido que en tanto lo único que hace es poner en marcha el sistema procesal a
través de la notitia criminis al Estado, no reviste el carácter de parte, en tanto no tiene un
interés legítimo y directo para accionar. Distinto es el caso de ser la víctima o haber sido
declarado querellante en el caso. e) Querella La querella es un instrumento formal mediante
el cual, una vez receptado favorablemente por quien dirige la acción penal pública, se admite
el acceso al caso judicial de un particular que se considera directamente afectado por la
comisión de un hecho presuntamente delictivo, quedando legitimado para impulsar la acción
pública y siendo considerado parte. Necesita, generalmente, firma de letrado, lo que impone
al ciudadano la necesidad de contratar uno o solicitar uno gratuito. Vale recordar, que de
conformidad con lo consagrado constitucionalmente en el art. 120 de la Constitución
Nacional, el Ministerio Público Fiscal tiene autonomía funcional y autarquía en la promoción
de actuación de la justicia en defensa de la legalidad y de los intereses generales de la
sociedad, características reconocidas expresamente por nuestro más alto Tribunal en el
precedente "Quiroga"[12]. Maier sostiene que querellante es la persona que, además del
Ministerio Público Fiscal, está autorizada por la Ley para perseguir penalmente en un
procedimiento penal[13]. Y centra la razón de ser de la figura en la antigua persecución
privada, en épocas de Grecia y Roma o en los inicios de la Edad Media. En un principio, era el
ofendido quien reivindicaba con los procedimientos la afectación a su persona o a sus bienes,
hasta que, luego de la Inquisición y del surgimiento de los Estados nacionales, dichas
funciones fueron captadas y monopolizadas por las agencias estatales creadas para tal fin,
des-privatizándose el conflicto[14]. En la Academia y en el Derecho comparado también se ha
mencionado al "querellante exclusivo", aquella parte procesal que ejercita la acción penal en
los delitos de acción privada, también denominado como "acusador privado", calidad que
únicamente se pierde por renuncia o desistimiento de esa facultad. En este sentido, la
exclusividad del querellante surge cuando, conforme a la ley, la persecución fuese privada, y
allí actúa como querellante la persona que sea titular del ejercicio de la acción. Asimismo,
también se habla de querellante conjunto, cuando tiene facultades formales casi idénticas a
las del Fiscal y puede desenvolverse con autonomía dentro del proceso penal, producir
prueba, efectuar sus propios dictámenes y requerimientos, oponerse, recurrir, interponer
excepciones, solicitar medidas cautelares, etc. Finalmente, se habla también de querellante
adhesivo o por adhesión, cuando su labor implica dependencia del Fiscal en los actos
fundamentales (acusar, recurrir), y termina siendo más un auxiliar que sustenta al Fiscal que
una parte autónoma del proceso penal, aunque su denominación, en realidad, sea para
diferenciarlo específicamente del querellante exclusivo[15]. Recuérdese que la problemática
del querellante como impulsor exclusivo de la acción penal pública ya fue tratada por la Corte
Suprema de Justicia de la Nación en el leading case "Santillán[16]", consagrándose así la
posibilidad que un acusador privado exclusivo sea quien detente la acción penal, solicite pena
y logre una eventual condena, postura que también se había delineado en el precedente
"Cáseres[17]", y que la fecha no ha sido rebatida. En los ordenamientos acusatorios más
modernos, se admite al querellante en conjunto con el fiscal, aunque éste siempre detente la
dirección de la investigación y el impulso de la acción penal pública, pudiendo el querellante
aportar prueba, solicitar medidas, efectuar sus requerimientos al Juez o al fiscal, pero
debiendo ceñirse, en definitiva, a lo que éste decida, pudiendo oponerse al archivo. Para este
último caso, el querellante sí podrá asumir la exclusividad en la acusación, aunque
continuando el trámite del proceso como si se tratara de un delito de acción privada (art. 11
CPPCABA, por ejemplo). Respecto a quiénes están legitimados para ser querellantes,
normalmente se requiere reunir la calidad de "particularmente ofendido" y de acreditar un
"interés directo" en la afectación del delito para con quien pretende querellar. V. Rol de las
fuerza de seguridad en la IPP [arriba] - [18] Las fuerzas de seguridad se encuentran al servicio
de quien tiene a su cargo la averiguación de la comisión de un ilícito; por eso su actuación
debe ser meramente accesoria y auxiliar del Ministerio Público Fiscal o del Poder Judicial en
la tarea de investigar los delitos de acción pública, impedir que los cometidos sean llevados a
consecuencias ulteriores, individualizar a los culpables y en la reunión de pruebas útiles para
estos fines. Sólo podría permitírsele actuar por propia iniciativa cuando así lo exijan razones
de urgencia, dando de inmediato participación al órgano competente, es decir al Ministerio
Público Fiscal[19]. Asimismo, y como lo hemos enunciado, hay que remitirse al Código de
conducta para funcionarios encargados de hacer cumplir la ley de las Naciones Unidas en
tanto refiere que: “Los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley cumplirán en todo
momento los deberes que les impone la ley, sirviendo a su comunidad y protegiendo a todas
las personas contra actos ilegales, en consonancia con el alto grado de responsabilidad
exigido por su profesión”, así como que: “En el desempeño de sus tareas, los funcionarios
encargados de hacer cumplir la ley respetarán y protegerán la dignidad humana y
mantendrán y defenderán los derechos humanos de todas las personas” (art. 2)[20]. Es que
en la función de auxiliar, las fuerzas de seguridad debe trabajar en colaboración directa con el
Fiscal y de este modo cuidar los primeros rastros que deja el suceso ilícito y así comenzar a
desplegar la investigación, conservando y cuidando la prueba, dejando a su vez constancia
del estado de las personas, de las cosas y de los lugares, mediante actas, inspecciones,
planos, fotografías, filmaciones, exámenes técnicos y demás operaciones que aconseje la
policía científica. Asimismo se faculta a los preventores en casos excepcionales, es decir por
ser “necesario y cuando la naturaleza del hecho lo justifique” disponer el arresto de las
personas involucradas en un delito como así a los testigos cuando no puedan individualizarse
unos de otros, con inmediato aviso al Fiscal interviniente. También en casos excepcionales se
los autoriza a interrogar a los testigos asentando su versión en actas, las que valdrán al solo
efecto de orientar la investigación y no como prueba definitiva. Y también como
consecuencia de su actuación directa en la vía pública y ante la posibilidad de encontrarse
ante la comisión de un delito o próximo a ello, efectuar las requisas personales urgentes o
disponer la clausura preventiva de locales. Con relación a las requisas personales es menester
tener en cuenta que el estado de sospecha previo debe encontrarse justificado en las
circunstancias del caso, las que deben ser expuestas por la prevención al sobrellevar el acto;
puesto que la detención por parte de auxiliares de la justicia, sólo tiene una excepcionalísima
cabida y justificación sin previa resolución del Juez competente, dentro de un doble
condicionamiento, esto es, motivos certeros que claramente infieran que un sujeto está por
cometer un delito o que el mismo se está perpetrando, y la consecuente urgencia en su
procedencia. Es más, debe reivindicarse que en nuestro sistema jurídico la libertad individual
es la regla y la detención basada en orden escrita es la excepción. Pero además, se sostiene
que la posibilidad de que la autoridad detenga sin esa orden es la "excepción de las
excepciones", motivo por el cual su procedencia legal es extremadamente restringida. En ese
sentido, es menester comprobar la existencia de un estado de sospecha razonable cuya
entidad debe ser lo bastante intensa como para permitir intuir la comisión de un ilícito[21].
Bien se ha señalado que el estado de sospecha debe ser previo al accionar de la policía, pues
detener a un individuo porque al policía no le gusta su cara es un acto que ofende a la
Constitución. Esta violación constitucional no queda salvada porque al requisarlo el policía
haya encontrado drogas o un arma, es por ello que una aprehensión o requisa no puede ser
validada exclusivamente por su resultado[22]. En consecuencia, podemos afirmar que el
personal policial no se encuentra facultado para ordenar medidas coercitivas sin expresar sus
fundamentos, extremo que supone que los funcionarios que han de ser controlados
especifiquen su actuación de tal forma que dicho control pueda ser efectivamente ejercido,
efectuando así un control razonable no inferior al que debió haber observado si se le hubiese
requerido la orden previa de detención[23]. En ese sentido se advierte que no puede ser
convalidada la detención de un ciudadano sin una causa probable que lo autorice, ni siquiera
en este entendimiento le puede ser requeridos sus documentos, pues ello implica ya su
detención y el pleno despliegue de la coerción estatal. Es por ello que no existe la facultad
policíaca de identificación "pura" o "directa", frente al ciudadano que recorre o se detiene en
las calles o lugares públicos y la demora de una persona con ese propósito está supeditada,
rigurosamente, al presupuesto genérico del arresto, sino orden judicial ("indicio vehemente
de culpabilidad" o en el vocabulario de la jurisprudencia norteamericana "causa
probable")[24]. También esta norma limita todo uso de la fuerza pública a la medida
estrictamente necesaria, adecuada al caso y proporcional al mal que se intenta reprimir o
prevenir; sentido en el cual debemos tener en cuenta que: “Los funcionarios encargados de
hacer cumplir la ley podrán usar la fuerza sólo cuando sea estrictamente necesario y en la
medida que lo requiera el desempeño de sus tareas” (art. 3 del Código de conducta para
funcionarios encargados de hacer cumplir la ley de las Naciones Unidas), disposición que
decididamente subraya que el uso de la fuerza debe ser excepcional y solo puede ser
autorizada en la medida en que razonablemente sea necesario, según las circunstancias
concretas del hecho y para la prevención de un delito, para efectuar la detención legal de
presuntos delincuentes o para ayudar a efectuarla, no pudiendo utilizarse en la medida en
que exceda estos límites. Por ende, en ningún caso debe interpretarse que esta disposición
autoriza el uso de un grado de fuerza desproporcionado al objeto legítimo que se ha de
lograr y el uso de armas de fuego se considera una medida extrema. Tampoco podemos
obviar que: “Ningún funcionario encargado de hacer cumplir la ley podrá infligir, instigar o
tolerar ningún acto de tortura u otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes, ni
invocar la orden de un superior o circunstancias especiales, como estado de guerra o
amenaza de guerra, amenaza a la seguridad nacional, inestabilidad política interna, o
cualquier otra emergencia pública, como justificación de la tortura u otros tratos o penas
crueles, inhumanos o degradantes” (art. 5 de las citadas reglas)[25]. Asimismo al personal
policial le está prohibido recibir declaración al imputado, pero en modo alguno se encuentra
impedido de detallar los hechos que han ocurrido en su presencia, describir en el acta lo que
pudo ver o incorporar las circunstancias relevantes de lo que hubiera escuchado decir a
personas presentes en el lugar. Cabe hacer la distinción entre dos conductas bien
diferenciadas, la de interrogar, vedada por el precepto y la de plasmar toda circunstancia
ocurrida dando fe de su existencia, siendo su incumplimiento pasible de reproche penal[26].
Así se tiende a garantizar la incoercibilidad del imputado, dado que de la misma manera que
no puede ser obligado a declarar en contra de sí mismo (art. 18, CN), tampoco puede ser
constreñido o violentado a producir pruebas en contra de su voluntad, por interpretación de
ese precepto constitucional, y dado que la actuación de las fuerzas de seguridad encierran en
sí misma la posibilidad de coerción debido a la situación de superioridad en que se
encuentran con relación al individuo. También se tiende a asegurar que la persona no efectúe
manifestaciones ante otra autoridad que no sea la destinada por la legislación para tal
cometido (en este caso el Fiscal) y que cuente con el adecuado conocimiento del suceso que
se le imputa y las pruebas obrantes en su contra y, fundamentalmente, con un abogado
defensor. Ello en cuanto se debe proveer a la defensa técnica del imputado en la primera
oportunidad que se presente, y siempre antes de su declaración. El hacerse defender por un
abogado de su confianza y elección, desde el primer momento de la investigación (aun
cuando se trate de averiguaciones policiales), es un derecho irrenunciable de aquél (art. 8.2,
d, CADH; art. 14.2, b, d, PIDCP); ya que en la declaración del imputado el defensor deberá
estar presente, caso contrario, nada de lo que diga podrá ser utilizado en su contra
Igualmente, la intimidad de la persona es resguardada mediante el establecimiento de la
inviolabilidad de su correspondencia y papeles privados (art. 18, CN; art. 11.2, CADH) por
parte del personal policial, lo que debe extenderse a las otras formas de comunicación
interpersonal. De esta forma se advierte que tal situación sólo debe ser autorizada
excepcionalmente, mediante orden escrita, fundada, determinada y limitada en el tiempo
por el Juez competente La medida puede recaer sobre la correspondencia postal o telegráfica
o de todo otro efecto que se halle en tránsito (por ejemplo una encomienda) y bajo la
custodia de un servicio de correo o telégrafo de carácter público o privado; pero debe
excluirse la intercepción, las cartas o documentos que se envíen o entreguen a los defensores
para el desempeño de su cargo. Por lo tanto, sólo el juez podrá proceder a la apertura de
correspondencia o al conocimiento de datos equiparados a la misma, lo cual configura una
verdadera garantía contra la divulgación indebida. Si tuviera relación con el proceso y fuese
útil para la averiguación de la verdad se ordenará su secuestro. En caso contrario, deberá
mantener en reserva su contenido y dispondrá la entrega al destinatario, a sus
representantes o parientes próximos. VI. Continuación de la investigación penal preparatoria
[arriba] - a) Decisión estratégica inicial Recibida la noticia de la presunta comisión de un
delito por cualquiera de los modos que hemos descripto anteriormente, el Fiscal debe
entonces tomar la decisión estratégica, luego de leer el caso y de haber contactado a la
víctima o denunciante, de qué hacer con el caso. Para ello, en un modelo acusatorio, tiene
tres opciones: - Llevar adelante la investigación hasta el requerimiento de juicio. - Propiciar
una instancia de mediación entre las partes o alguna otra solución alternativa del conflicto. -
Aplicar algún criterio de oportunidad. Para ello, debe previamente haberse consagrado
legislativamente dos institutos procesales propios del sistema acusatorio: los métodos
alternativos de solución de conflictos y la aplicación de criterios de oportunidad, ambos
impensados en un rígido sistema escritural-inquisitivo. Así, en el art. 215 del nuevo C.P.P.N.,
dice: “Recibida una denuncia, querella, actuaciones de prevención o promovida una
investigación preliminar de oficio, el representante del Ministerio Público Fiscal formará un
legajo de investigación, en el que deberá constar una sucinta descripción de los hechos,
situándolos en tiempo y lugar, y deberá adoptar o proponer en el plazo de quince (15) días
algunas de las siguientes decisiones: a) La desestimación de la instancia por inexistencia de
delito; b) El archivo; c) La aplicación de un criterio de oportunidad o disponibilidad; d) Iniciar
la investigación previa a la formalización; e) Formalización de la investigación; f) La aplicación
de alguno de los procedimientos especiales previstos en este Código”. Los métodos
alternativos de solución de conflictos han sido pensados, dentro de la temática penal, para
brindar un abanico más amplio de respuestas que la clásica disyuntiva inquisitiva de "o juicio
o desestimación". Es que, como se sabe, el conflicto penal presenta diferentes tensiones y
matices, generalmente no abarcados por aquellas dos primigenias situaciones. En muchos
casos - quizás en la mayoría - un juicio oral, con la expectativa negativa punitivista que
conlleva, amén del gasto en tiempo, recursos humanos y económicos, no parece la salida
adecuada, así como tampoco es posible, frente a la aparición de un conflicto penal,
simplemente dejarlo de lado o desestimarlo. En esta línea de pensamiento es donde se
insertan una serie de institutos que coadyuvan para la solución de conflicto, según las
circunstancias de tiempo, modo, lugar de los hechos y personas vinculadas (imputados y
víctimas) al mismo. Ésta es la tónica que posee el nuevo Código Procesal Penal nacional,
cuando en su art. 22 dice: "Solución de conflictos. Los jueces y los representantes del
Ministerio Público procurarán resolver el conflicto surgido a consecuencia del hecho punible,
dando preferencia a las soluciones que mejor se adecuen al restablecimiento de la armonía
entre sus protagonistas y a la paz social". Así, surge la mediación penal como uno de los
medios idóneos para propiciar una alternativa al juicio penal. Como es conocido, el Tribunal
Superior de Justicia de la Ciudad tuvo oportunidad de discurrir sobre este instituto en el
precedente "Del Tronco"[27], admitiendo su constitucionalidad, en tanto entendió como
potestad del legislador local la regulación de métodos alternativos de solución de conflictos,
entre los que se hallan la mediación. La mediación, como medio de acceso a la justicia que
evita y descongestiona procesos administrativos tradicionales del poder judicial, está basada
en la democracia, la pacificación social, el diálogo, el respeto, y el consenso para la
convivencia. En el ámbito penal, presenta dos notas características: 1) El mediador se rige por
el principio de neutralidad, buscando un acuerdo consensuado y aceptado por las partes; 2)
El acuerdo logrado en un proceso de mediación es vinculante jurídicamente para las partes
(es decir, si las partes lo incumplen, tienen consecuencias judiciales). En este último sentido,
la mediación penal se asemeja más a un proceso de conciliación. A modo de ejemplo, en el
Código Procesal Penal de la Ciudad, la mediación penal se encuentra regulada en el Art.204
inc.2°, que dice: "art. 204. Vías alternativas. En cualquier momento de la investigación
preparatoria el/la Fiscal podrá:...2) proponer al/la imputado/a y/o al/la ofendido/a otras
alternativas para la solución de conflictos en las acciones dependientes de instancia privada o
en los casos de acción pública en que pueda arribarse a una mejor solución para las partes,
invitándolos a recurrir a una instancia oficial de mediación o composición. En caso de
acuerdo el/la Fiscal dispondrá el archivo de las actuaciones sin más trámite". A su turno, pero
con el rótulo de "conciliación", el nuevo Código Procesal Penal nacional dice en su art. 34:
"Sin perjuicio de las facultades conferidas a los jueces y representantes del Ministerio Público
Fiscal en el art. 22, el imputado y la víctima pueden realizar acuerdos conciliatorios en los
casos de delitos con contenido patrimonial cometidos sin grave violencia sobre las personas o
en los delitos culposos si no existieran lesiones gravísimas o resultado de muerte. El acuerdo
se presentará ante el juez para su homologación, si correspondiere, en audiencia con la
presencia de todas las partes". Otro de los métodos alternativos de solución del conflicto es
la suspensión de juicio a prueba. Éste instituto sobre el que se han escrito ríos de tinta,
responde a un sentido político-criminal determinado por tres nociones básicas: - Evitar la
continuación de la persecución penal y la eventual imposición de una sanción punitiva al
imputado; - Atender los intereses de la víctima; - Racionalizar los recursos de la Justicia penal
logrando, al mismo tiempo y sólo cuando sea necesario, efectos preventivo-especiales sobre
el presunto infractor[28]. Es que la suspensión del juicio a prueba no se enraíza sobre
estrictos criterios de oportunidad en contraposición o excepción al principio de legalidad
procesal, sino que nace del derecho consensual como una solución alternativa para el
conflicto penal, como forma de evitar la estigmatización que ocasiona la pena y el
abarrotamiento de los tribunales, devolviéndole el conflicto a la víctima que, recordemos, es
persona ajena al Ministerio Público Fiscal. Es en estos términos que se debe interpretar el
instituto como modelo preferible a la realización del juicio[29]. Conforme este mismo
criterio, la CSJN en el fallo “Acosta”[30] para consolidar la denominada “tesis amplia” del
instituto, se apoyó en la razonabilidad de las interpretaciones del derecho penal, en su
concepción como ultima ratio y en la plena vigencia de los principios constitucionales
(convencionalmente consagrados) pro homine y favor libertatis. Así, estamos ante un
instituto que se conceptualiza como un acuerdo entre partes, esto es, entre el Fiscal y el
imputado, quien, sometiéndose a determinadas reglas de conducta - las que ya han sido
establecidas en un catálogo de posibilidades por el legislador - luego de cumplidas y en un
plazo compromisorio, deja de sufrir la persecución estatal, sin sufrir imposición de pena
alguna. Este acuerdo, normalmente, luego es homologado por el Juez, previa audiencia
personal con el imputado. Bien puede ocurrir que el imputado lo solicite al Juez, pero este
debe requerir al Fiscal la conformidad - transformándolo en un acuerdo - como requisito
necesario y vinculante para la concesión[31]. Por último, corresponde que nos refiramos a los
criterios de oportunidad. El Criterio de Oportunidad es una excepción al principio de
legalidad. Según este último principio, el Ministerio Público Fiscal está en la obligación de
promover y dirigir la investigación de cualquier hecho que revista caracteres de delito de
acción pública y de someterlo a proceso. Como vimos, una lectura inquisitiva del principio
implicaría que el Fiscal no pueda hacer otra cosa que ir a juicio en todos los casos y procurar
una condena, algo que, amén de ser una utopía, es desaconsejable para tratar los diferentes
conflictos que llegan a conocimiento de las agencias judiciales. Con el criterio de oportunidad
se concede a los Fiscales la facultad de prescindir de la persecución penal pública.
Normalmente el criterio de oportunidad se traduce en un archivo del caso, el que
generalmente es provisorio en tanto y en cuanto no aparezcan elementos que permitan
modificar esa tesitura. Asimismo, suele requerirse la aquiescencia de la víctima antes de
decidir el archivo del caso y en algunas legislaciones rituales se requiere incluso la previa
venia judicial. En el CPPCABA (art. 199) se permite el archivo por aplicación del principio de
oportunidad en los siguientes casos: a) Atipicidad b) Acción prescripta o extinguida. c)
Inimputabilidad o existencia de causa de justificación o exención de pena d) Imposibilidad de
proseguir por falta de prueba o de individualizar al autor del hecho e) La naturaleza e
importancia del hecho no justifiquen la persecución, cuando la decisión no contraríe un
criterio general de actuación. f) Cuando fuera indispensable respecto de algún imputado para
asegurar el esclarecimiento del hecho y/o el éxito de la pesquisa respecto de otros autores,
coautores y/o partícipes necesarios que se consideren más relevantes y aquél hubiera dado
datos o indicaciones conducentes al efecto. El imputado beneficiado quedará obligado a
prestar declaración como testigo en caso de ser convocado y deberá ser informado
fehacientemente de esta obligación antes de disponerse el archivo. g) Cuando en algunos de
los hechos investigados, cuando contra una o varias personas se investiguen varios hechos y
por el concurso real de delitos se hubiera arribado con sólo algunos de ellos a la máxima
escala de pena posible y/o resulte innecesaria la persecución por todos para arribar al
resultado condenatorio adecuado. h) Se hubiera arribado y cumplido un acuerdo de
mediación. i) Cuando, en los delitos culposos, el imputado hubiera sufrido, a consecuencia
del hecho, un daño físico o moral grave que torne innecesaria y desproporcionada la
aplicación de una pena. Por su parte, en el nuevo CPPN, dice (art. 33): "Los representantes
del Ministerio Público Fiscal podrán prescindir total o parcialmente del ejercicio de la acción
penal pública o limitarla a alguna de las personas que intervinieron en el hecho en los casos
siguientes: a) Si se tratara de un hecho que por su insignificancia no afectara gravemente el
interés público; b) Si la intervención del imputado se estimara de menor relevancia, y pudiera
corresponder pena de multa, inhabilitación o condena condicional; c) Si el imputado hubiera
sufrido a consecuencia del hecho un daño físico o moral grave que tornara innecesaria y
desproporcionada la aplicación de una pena; d) Si la pena que pudiera imponerse por el
hecho careciera de importancia en consideración a la sanción ya impuesta, o a la que deba
esperarse por los restantes hechos investigados en el mismo u otro proceso, o a la que se
impuso o se le impondría en un procedimiento tramitado en el extranjero". Como se observa,
particularmente durante esta etapa (ya que luego, en las etapas posteriores, estas
posibilidades de disponibilidad de la acción penal pública se ciñen a la celebración del juicio
oral), es cuando puede hacerse uso de los criterios de oportunidad, que no resultan ser otra
cosa que el correlato de una Justicia sincera consigo misma, y que deja de lado utopías y
aberraciones tales como tratar a todos los casos por igual y enviar a todos los casos a juicio,
aun cuando ello no sea ni aconsejable para la víctima, paralice al Poder Judicial y no otorgue
solución alguna al conflicto. Desde este prisma, llenar las cárceles no es una solución, sino
por el contrario termina siendo un desastre humano para quienes la sufren y económico para
el Estado, que debe solventar (esto teóricamente, claro) la permanencia de miles de personas
privadas de libertad en establecimientos de encierro. Es de destacar que estas posibilidades
de solución alternativa pueden ser aplicadas a lo largo de toda la etapa, y no sólo al
comienzo. A veces puede ocurrir que en medio de la investigación, por una cuestión
estratégica o de política criminal, es preferible o aconsejable para el Fiscal la aplicación de
alguna de las posibilidades que hemos enunciado más arriba. VII. La desformalización [arriba]
- Dado que se está ante una etapa donde las partes simplemente deben buscar evidencias
para luego en el juicio producir la prueba, no se requiere, desde la óptica que se viene
presentando, una formalidad o rigorismo excesivo e innecesario que lo único que logran es
alejar al sistema del ciudadano y colapsarlo de papeles y burocracia inútil, haciéndole perder
tiempo, dinero y enfrentándolo antagónicamente con el bloque de constitucionalidad, que
exige otros parámetros (investigación ágil, participación popular, presencia de la víctima,
plazo razonable, soluciones alternativas, oralidad, contradictoriedad, adversarialidad,
etc.[32]). A desformalización implica la flexibilidad a la hora de la recopilación de evidencias
para acreditar la Teoría del caso, con tres límites muy concretos: - La exclusión de la prueba
ilícita - El control y conocimiento por parte de las otras partes del proceso. - La no afectación
de garantías constitucionales de terceras personas. Así, todas las evidencias (recuérdese que
no son pruebas, sino que éstas son aquellas que se producen en el juicio oral) se van
recopilando en un “legajo de investigación”, el que luego servirá de sustento para hacer la
acusación formal, a través del requerimiento de juicio al Juez interviniente. A dicho legajo se
van incorporando testimonios, informes, pericias, documentos, y todo otro elemento válido
que sustente la hipótesis de la acusación. La defensa, por su parte, deberá seguir idéntico
camino, pudiendo citar testigos, requerir informes, solicitar documentos y toda otra medida
que asiente su tesitura. Sobre este último punto debe tenerse en cuenta que la Defensa, en
el modelo acusatorio, como ya hemos dicho, se proactiva, y no debe ceñirse a rebatir lo que
la fiscalía imputa. La defensa debe producir, debe activar los mecanismos para acreditar su
hipótesis y no ser un mero espectador pasivo de lo que hace o deja de hacer el Fiscal. En este
sentido, dice el art. 197 del nuevo CPPN: “El representante del Ministerio Público Fiscal
formará un legajo de investigación, con el fin de preparar sus planteos, el que no estará
sujeto a formalidad alguna, salvo las normas prácticas sobre registro que dicte el Procurador
General de la Nación. El legajo pertenece al representante del Ministerio Público Fiscal y
contendrá la enumeración de los documentos y elementos de convicción recogidos por él, y
un resumen sumario de todas las diligencias practicadas, de los datos obtenidos con
indicación de la fecha y hora de su realización y de la identidad de los sujetos intervinientes y
de los entrevistados. En ningún caso podrá ser consultado por el órgano jurisdiccional”. Como
se observa, si hay igualdad de partes y el fiscal tiene un legajo de investigación, entonces es
claro que la Defensa también puede tener el propio, que no sea una fotocopia del legajo del
fiscal, sino un legajo donde estén las hipótesis de la defensa y las evidencias que lo sustentan.
El no estar sujeto a formalidad alguna, implica que el Fiscal puede delegar las tareas
investigativas en la policía o en sus propios auxiliares, quienes harán informes firmados de
todo lo actuado (vienen a reemplazar las viejas actas de Secretaría), elevados al Fiscal e
incorporados al legajo administrativo anexo al legajo de investigación. No debe confundirse:
los informes que hacen los delegados del Fiscal con las evidencias que se incorporan al legajo
y que tienen sustento propio: informes de organismos públicos y privados, pericias,
transcripciones, vistas fotográficas, audios, videos, etc. En este sentido, desformalización no
debe nunca confundirse con informalidad. Hay actos que deben formalizarse siempre, aun en
este contexto: el decreto de determinación de los hechos (puesto contiene la hipótesis
acusatoria, y luego será la base de la imputación y acusación, cumpliendo con el principio de
congruencia necesaria entre los tres eventos), las declaraciones de testigos o peritos o
expertos, la declaración del imputado, los actos que hagan a las diligencias probatorias con
asistencia de partes (sorteo de un perito, designación de audiencia, notificación a las partes).
Asimismo, todo acto de delegación del fiscal a sus subordinados debe estar expresamente
previsto en un auto firmado por él. En suma, no se trata de una etapa sin formas, sino de una
etapa desformalizada. Dentro de esta etapa, en forma sucedánea o contemporánea, aparece
una subetapa o una serie de actos que son formales, y que son los que hemos mencionado
en virtud del principio de congruencia: la determinación de los hechos, la citación del
imputado, la puesta en conocimiento del caso y su designación letrada, la fijación de
audiencia para intimarlo del hecho, enumerarle las evidencias y ofrecerle la oportunidad de
hacer su descargo (quedando obligado el fiscal, en función de su doble rol de actuar con
objetividad y ser el garante de la legalidad del proceso, a la evacuación de las citas de todo
aquello útil que refiera el imputado), y luego el requerimiento de juicio. Asimismo, también
deben formar parte de la etapa o los actos formales toda aquella petición donde resulten
afectadas garantías constitucionales (intervención telefónica, reconocimientos,
allanamientos, medidas cautelares genéricas, clausuras, secuestros) o donde se invoque a un
tercero (testimoniales, periciales, reconstrucciones), la resolución de la misma y su
realización, recordando siempre que estamos ante una etapa pública para las partes, y por
ello en estos actos formales siempre deviene necesaria la notificación a las partes, quedando
a su arbitrio si participan o no. Demás está decir que en todos los actos formalizados debe
existir necesariamente participación del Juez de control o garantías, en tanto resultan
afectadas éstas últimas. VIII. El plazo de la IPP [arriba] - Un último requisito formal, que no
hace a acto alguno si no que lo hace a la etapa en sí, es el plazo de duración de la misma, el
que, a diferencia de lo que ocurría con anterioridad al nuevo CPPN, era un plazo meramente
ordenatorio para el Juez (o eso habían interpretado erróneamente los Tribunales pese a que
el Código era claro). La garantía del plazo razonable adquiere especial relevancia tras la
reforma constitucional de 1994, puesto que la incorporación a la Constitución Nacional de los
principales tratados sobre Derechos Humanos con jerarquía constitucional ha contribuido a
reforzar la idea de que la puesta en tela de juicio del estado de inocencia por obra de la
persecución penal no puede durar más allá de cierto término. De allí que se reconozca el
derecho del/a imputado/a de ser juzgado/a sin dilaciones indebidas o sea, el derecho a
obtener un pronunciamiento que definiendo su posición frente a la ley y a la sociedad ponga
término de una vez y para siempre, del modo más rápido posible, a la situación de
incertidumbre y de innegable restricción de la libertad que importa su sometimiento al
proceso penal que lo/a hace padecer física y moralmente[33]. En el derecho a ser juzgado/a
sin dilaciones indebidas se halla implícito el principio de celeridad que es, por otra parte,
consecuencia de la limitación de derechos que genera el proceso penal para las personas que
se ven afectadas en él. Pero no sólo se trata de un principio de protección del/a inculpado/a
sino también de un principio práctico del proceso penal, pues toda pérdida de tiempo corre,
por el debilitamiento de la prueba, sobre todo testifical, contra la finalidad de un proceso
orientado a la verdad de la reconstrucción del hecho y al restablecimiento pronto de la paz
jurídica[34]. Esta garantía fue receptada en diferentes instrumentos internacionales. En este
sentido, la Declaración Universal de Derechos Humanos en su art. 6.1 reconoce a toda
persona el derecho a que su causa sea oída dentro de un plazo razonable. La Convención
Americana sobre Derechos Humanos en su art. 8.1 dispone, entre las garantías judiciales, que
toda persona tiene derecho a ser oída dentro de un plazo razonable en la sustanciación de
una acusación penal. El Pacto Internacional de Derechos Políticos y Civiles, además de su
preocupación por los plazos de detención irrazonables -Art. 9, inc. 3°-, también consagró en
el art. 14, inc. 3 c), el derecho de toda persona acusada de un delito a ser juzgada sin
dilaciones indebidas. La Convención sobre los Derechos del Niño, art. 40.2.b.III, establece que
“todo niño del que se alegue que ha infringido las leyes penales o a quien se acuse de haber
infringido las leyes, se le garantice, por lo menos (...) que la causa será dirimida sin
demora...”. A su vez, la Corte Interamericana de Derechos Humanos refirió que “[el plazo
razonable] no es un concepto de sencilla definición. Se puede invocar para precisarlo los
elementos que ha señalado la Corte Europea de Derechos Humanos en varios fallos en los
cuales se analizó el concepto…”[35]. Asimismo, la Comisión Interamericana de Derechos
Humanos ha expresado “...que el Estado proceda al enjuiciamiento penal de todos los delitos,
no justifica que se dedique un período de tiempo ilimitado a la resolución de un asunto de
índole criminal. De otro modo, se asumiría de manera implícita que el Estado siempre
enjuicia a culpables y que, por lo tanto, es irrelevante el tiempo que se utilice para probar la
culpabilidad”[36]. Por su parte, la Corte Suprema de Justicia Nacional –incluso con
anterioridad a la reforma de 1994- reconoció, a través de distintos fallos, el derecho a
obtener un pronunciamiento judicial rápido que defina la posición de una persona frente a la
ley y la sociedad, y ponga punto final al estado de incertidumbre que todo proceso penal
importa. El fallo “Mattei” puede ser considerado como el leading case. La Corte ha
establecido en este precedente que la garantía constitucional de la defensa en juicio incluye
el derecho de todo imputado a obtener un pronunciamiento que, definiendo su posición
frente a la ley y a la sociedad, ponga término del modo más breve a la situación de
incertidumbre y de restricción de la libertad que comporta el enjuiciamiento penal y que esto
obedece además al imperativo de satisfacer una exigencia consustancial que es el respeto
debido a la dignidad del hombre, que se traduce en el derecho que tiene toda persona de
liberarse del estado de sospecha que importa la acusación de haber cometido un delito[37].
También ha sostenido en el caso “Polak” que: “...la necesidad de lograr una administración
de justicia rápida dentro de lo razonable, evitándose de ese modo que los procesos se
prolonguen indefinidamente; pero, además, y esto es esencial atento los valores que entran
en juego en el juicio penal, obedecen al imperativo de satisfacer una exigencia consustancial
con el respeto debido a la dignidad del hombre, cual es el reconocimiento del derecho que
tiene toda persona a liberarse del estado de sospecha que importa la acusación de haber
cometido un delito, mediante una sentencia que establezca de una vez para siempre, su
situación ante la ley penal...”[38]. En tal sentido, señala Daniel Pastor que “Así como el
proceso debe cesar cuando la acción ha prescripto o cuando el hecho ya ha sido juzgado,
debido a que estas circunstancias obstaculizan la constitución o continuación válida de la
relación procesal, también la excesiva duración del proceso penal, en tanto violación de una
garantía básica del acusado, conduce a la ilegitimidad del proceso, es decir, su
inadmisibilidad, y por tanto, a su terminación anticipada e inmediata, único modo aceptable
desde el punto de vista jurídico –pero también lógico e incluso desde la perspectiva del
sentido común- de reconocer validez y efectividad al derecho tratado”. En consecuencia, el
análisis respecto a la posible afectación del plazo razonable en cada caso concreto, en tanto
supone la vulneración de garantías de la persona penalmente perseguida, pero también un
avasallamiento de los límites materiales temporales del ejercicio del ius puniendi, constituye
una cuestión de orden público y debe ser declarada de oficio, produciéndose de pleno
derecho y debiendo ser resuelta en forma anterior a cualquier decisión sobre el fondo. [39]
Este ha sido el norte en los nuevos códigos procesales. Así, por ejemplo, el nuevo CPPN dice
en sus Arts.232 y 233: “Artículo 232.- Duración. “La etapa preparatoria tendrá una duración
máxima de un (1) año desde la formalización de la investigación. El incumplimiento del plazo
previsto en el párrafo anterior constituirá falta grave y causal de mal desempeño del
representante del Ministerio Público Fiscal. No obstante el imputado o el querellante, podrán
solicitar al juez que fije un plazo menor si no existiera razón para la demora. Se resolverá en
audiencia. Artículo 233.- Prórroga. “Con anterioridad al vencimiento del plazo establecido en
el artículo 232, el representante del Ministerio Público Fiscal, el querellante o el imputado
podrán solicitar al juez una prórroga de la etapa preparatoria. A esos efectos, el juez, dentro
de los tres (3) días, convocará a las partes a una audiencia y, luego de escucharlas,
establecerá prudencialmente el plazo en el cual la investigación preparatoria quedará
cerrada, que nunca podrá exceder de ciento ochenta (180) días contados desde la fecha en
que aquélla tuvo lugar. Si fenecido el nuevo plazo el representante del Ministerio Público
Fiscal o el querellante no formularen acusación, el juez procederá a intimarlos bajo
apercibimiento de falta grave o causal de mal desempeño. Si una investigación preparatoria
se hubiere formalizado respecto de varios imputados, los plazos correrán individualmente
salvo que por las características de los hechos atribuidos, no resultare posible cerrar la
investigación preparatoria respecto de aquéllos de manera independiente. Si con
posterioridad a la formalización de la investigación preparatoria se descubrieran nuevos
hechos o se individualizaran nuevos imputados que obligaren a la ampliación de aquélla, los
plazos establecidos comenzarán a correr desde este último acto”. Claramente, el plazo de
duración de la IPP es un plazo perentorio, de orden público y que asimismo debe respetar la
garantía que anotamos. IX. Reglas que deben operar en la investigación penal preparatoria
[arriba] - [40] a) No debe iniciarse nunca una causa sin un conflicto penal previo. No debe
forzarse la Ley penal para adecuarla a la pretensión punitiva. b) Siempre debe estarse ante la
mínima intervención, en el sentido de propiciar métodos alternativos de solución de
conflictos, mediaciones vecinales, autocomposición, etc. c) Dado que la declaración del
imputado es un acto de defensa de éste y no un medio de prueba – en tanto no se admite la
utilización del hombre como un medio procesal – se aconseja llevar adelante la investigación
preparatoria, reunir las evidencias, para finalizar sí con la intimación de los hechos al
imputado, la proposición de algún medio alternativo de solución si se da el caso y si no, la
elevación a juicio. d) Debe prestarse especial atención a la incorporación de elementos de
evidencia al legajo de investigación: seguimiento de la cadena de custodia, intervención
necesaria de la Defensa en todos los actos, chequeo de lo actuado por la prevención (incluso
convocado a la Fiscalía a los policías intervinientes). Todo ello se relaciona con la necesidad
de evitar nulidades a posteriori en el juicio oral, que asimismo repercuten negativamente en
la credibilidad del Fiscal. X. Conclusión de la etapa [arriba] - La etapa preparatoria finaliza con
la presentación del requerimiento de juicio, considerándose a partir de entonces como
clausurada, iniciándose a partir de allí la etapa intermedia, que se verá seguidamente.
Respecto al requerimiento de juicio del proceso acusatorio, es preciso tener en cuenta que
debe cumplirse con los lineamientos constitucionales que informan el debido proceso legal,
que hemos venido enunciando. En dicho marco, un sistema acusatorio correctamente
estructurado, permite al fiscal elegir la hipótesis acusatoria (teoría del caso) en base a la
evidencia colectada en esta etapa. Bajo este presupuesto debe realizarse el requerimiento de
juicio, que debe cumplir con ciertos requisitos normativos estandarizados, los que se verán
oportunamente en la etapa que sigue. Baste decir que, como resulta lógico al proceso
acusatorio que venimos delineando, el requerimiento de juicio debe referirse a los mismos
hechos que resultaran del decreto de determinación de los hechos, y a aquellos que hayan
sido intimados al imputado en la audiencia formal respectiva. XI. La etapa intermedia o de
control de la acusación [arriba] - Una vez que la fiscalía (y la querella según el caso) hayan
presentado el requerimiento de juicio, se considera que se ha clausurado la etapa
preparatoria. Y allí comienza la denominada “etapa de control”, “etapa intermedia” o “de
transición”, según la postura que se adopte y según el esquema procesal. En lo fundamental,
es la etapa donde se decide respecto del mérito de la investigación llevada a cabo en la etapa
preparatoria o instructoria, para llevar el asunto a juicio y se analiza también lo relativo al
principio de legalidad procesal, y el control de todas las decisiones que tomó el Ministerio
Público en la etapa anterior[41]. No se trata de una etapa novedosa, en el sentido de su
ubicación en el proceso penal, sino que, al igual que la etapa preparatoria, se redefine en
función de los actos que se desarrollan en ella y hacia qué norte ella está orientada. En
efecto, en el CPPN anterior, la etapa intermedia estaba prevista en los Arts.346 a 353, en lo
que se denominaba el “mérito conclusivo de la instrucción”. En clave acusatoria, será la etapa
donde un tercero distinto a las partes recibirá la solicitud de enviar el caso a juicio oral, lo
someterá a un exhaustivo análisis de legalidad, le correrá vista del mismo a todas las partes
involucradas, las que podrán plantear las excepciones que quieran, pasando luego a la etapa
del ofrecimiento de pruebas para el juicio, la que suele concluir con una audiencia donde el
tercero resuelve todas estas cuestiones. Preliminarmente, la primer polémica gira en torno a
la garantía de imparcialidad y la cuestión de quién debe ser aquel que revise la opinión
acusatoria o la desvinculatoria. ¿Debe ser el mismo juez que controló la etapa preparatoria?
¿Debe ser un Juez específicamente preparado para esta etapa y necesariamente distinto de
la etapa antecedente y del juez de juicio? ¿Debe ser un órgano interno dentro del mismo
Ministerio Público? Es preciso tener en cuenta que la pieza central (quizás la única) que se
considera aquí para someter a análisis es el requerimiento de elevación a juicio. Este es un
dictamen del fiscal, fundado, motivado, eminentemente formal (bajo pena de nulidad), que
contiene la teoría del caso acusatoria y las probanzas en las que se basa la misma, así como
identifica a quienes tomaron parte en el hecho, ya sea como autor, partícipe, víctima, testigo
o experto, así como califica el hecho dentro del marco de la tipicidad penal para luego hacer
un pedido de pena acorde con la tesis expuesta. En este sentido, dice el Art. 241 del nuevo
CPPN: “Artículo 241.- Acusación. La acusación será por escrito y deberá contener: a) Los
datos que sirvan para identificar al imputado y el nombre y domicilio de su defensor; b) La
relación clara, precisa y circunstanciada del hecho punible que se atribuye al imputado; en
caso de contener varios hechos independientes, la separación y el detalle de cada uno de
ellos; c) Los fundamentos de la imputación, con expresión de los medios de prueba que la
motivan; d) La expresión precisa de las disposiciones legales aplicables y su debida
correlación con los hechos y con la intervención atribuida al imputado en ellos; e) La
determinación precisa del daño cuya reparación se reclama; f) El ofrecimiento de la prueba
que propone para el juicio; g) Las circunstancias de interés para determinar la pena o la
medida curativa y educativa, con expresión de los medios de prueba que propone para
verificarlas en el juicio sobre la pena; h) El requerimiento de pena estimado, a los efectos de
la determinación del juez, tribunal o jurado. La acusación sólo podrá referirse a hechos y
personas incluidas en la formalización de la investigación aunque se invocare una calificación
jurídica distinta de la asignada en esa oportunidad”. A su vez, el CPP de Entre Ríos[42] dice:
“Art. 403.- Contenido de la acusación El requerimiento deberá contener bajo sanción de
nulidad los datos personales del Imputado, o si se ignorasen, los que sirvan para identificarlo;
una relación circunstanciada, clara, específica y precisa del hecho, los fundamentos de la
acusación para cada Imputado y la calificación legal”. Y en la misma tesitura, dice el CPP
CABA: “Art. 206. Clausura de la investigación. Requerimiento de juicio. Cuando el/la Fiscal
considere que se encuentra agotada la investigación preparatoria y que no va a proponer
otra forma de resolución del conflicto o ésta hubiera fracasado, formulará el requerimiento
de juicio que contendrá la identificación del/la imputado/a y, bajo consecuencia de nulidad,
a) la descripción clara, precisa y circunstanciada del hecho y de la específica intervención
del/la imputado/a, concordante con el decreto que motivara la investigación preparatoria y
hubiera sido informado al/la imputado/a; b) los fundamentos que justifiquen la remisión a
juicio; c) la calificación legal del hecho. En el mismo acto ofrecerá las pruebas para el debate.
El/la Fiscal no podrá ocultar a la defensa la existencia de pruebas en contra o a favor del/la
imputado/a. Las pruebas conocidas no ofrecidas no podrán incorporarse al debate”. Una vez
que el requerimiento llega al Tribunal que entendió en la etapa preparatoria, se le corre vista
del mismo a las demás partes. En lo que respecta a la defensa, ésta puede oponer las
excepciones que estime a dicho requerimiento, ya sea porque no cumple los requisitos
formales, porque no contiene la hipótesis del caso o porque la que contiene no constituye
delito o no es posible achacárselo al imputado. Luego que la querella y la defensa hayan
tomado conocimiento de la acusación pública, el Tribunal debe fijar una audiencia de control,
que es el segundo momento importante de esta etapa. Allí, el Tribunal escuchará a las partes
sobre lo que tienen que decir respecto al documento acusatorio. En este sentido, dice el
Art.246 del nuevo CPPN: “Vencido el plazo del artículo 244, la oficina judicial convocará a las
partes y a la víctima, si correspondiere su intervención, a una audiencia dentro de los cinco
(5) días siguientes. Como cuestión preliminar el acusado y su defensa podrán: a) Objetar la
acusación o la demanda civil, señalando defectos formales; b) Oponer excepciones; c) Instar
el sobreseimiento; d) Proponer reparación, conciliación, la suspensión del juicio a prueba o la
aplicación del procedimiento de juicio abreviado; e) Solicitar que se unifiquen los hechos
objeto de las acusaciones cuando la diversidad de enfoques o circunstancias perjudiquen la
defensa; f) Plantear la unión o separación de juicios; g) Contestar la demanda civil. Resueltas
las cuestiones, cada parte ofrecerá su prueba para las dos (2) etapas del juicio y formulará las
solicitudes, observaciones e instancias que estimare relevantes con relación a las peticiones
realizadas y las pruebas ofrecidas por los demás intervinientes. Las partes también podrán
solicitar al juez que tenga por acreditados ciertos hechos, que no podrán ser discutidos en el
juicio. El juez evitará que en la audiencia se discutan cuestiones que son propias del juicio
oral y resolverá exclusivamente con la prueba que presentaren las partes. Si las partes
consideran que para resolver alguno de los aspectos propios de la audiencia de control es
necesario producir prueba, tendrán a cargo su producción. Si es necesario podrán requerir el
auxilio judicial. El juez resolverá fundadamente todas las cuestiones en el orden que fueran
planteadas”. Como vemos, la etapa de control es el momento en donde se separa la paja del
trigo; es decir, donde de desechan las cuestiones prejudiciales, donde se plantea todo lo que
no tenga que ver estrictamente con el debate oral y donde se desechan las hipótesis
acusatorias turbias o defectuosas o, llegado el caso, se subsanan, amén de ser la última
posibilidad de instar al sobreseimiento, un archivo provisional o similar. Si luego de la
audiencia el requerimiento ha pasado satisfactoriamente por todos estos filtros, entonces
deberemos encaminarnos hacia el debate oral. En aras de ello, aparece un tercer momento,
o un primer momento de una segunda sub-etapa (la primera sería la de filtrado y desecho, y
la segunda la de preparación al juicio oral), que es la presentación de la lista de pruebas a
producir durante el juicio, por cada una de las partes: así, deben presentarse las listas de
testigos, expertos, documentos, instrumentos y todo otro elemento a servir como prueba
durante el debate oral. En algunos ordenamientos, como en la ciudad de Buenos Aires, tanto
el planteo de excepciones como la admisión de pruebas se suele hacer en la misma audiencia
(cfr. arts. 197 y 210 CPPCABA). Por el contrario, en el nuevo CPPN, el Juez de control resuelve
fundadamente por escrito, habiéndose planteado en la audiencia todo lo relativo a
excepciones y pedidos. Una vez que se produce la audiencia, y se han resuelto negativamente
todas las excepciones y cuestiones ajenas al debate oral, el Juez de control deja la causa, la
remite a la oficina respectiva (que suele ser una secretaría o dependencia administrativa
especialmente creada al efecto), para que sortee el Tribunal de juicio (exceptuando al juez de
control). Allí es cuando finaliza la etapa intermedia, dando lugar a la etapa de juicio, que
formalmente comenzará cuando el Tribunal que haya resultado sorteado informe su
constitución a las partes. Respecto de qué elementos ha de recibir el Tribunal de juicio, el
sistema acusatorio adversarial impone que sea exclusivamente el requerimiento de juicio y
el acta de la audiencia de control, así como la decisión del Juez respecto a las cuestiones allí
planteadas. Mucho se ha hablado sobre el porqué los jueces de juicio no deben tener otros
elementos más que ellos y la respuesta es sencilla: no los necesitan, en tanto y en cuanto la
guía sea el documento acusatorio, y lo que deban merituar sea pura y exclusivamente lo que
suceda en la audiencia de debate oral. En esto radica el verdadero sentido de la preclusión
procesal acusatoria. Notas [arriba] - [1] BINDER, Alberto, Introducción al Derecho Procesal
Penal, Ad Hoc, 1999, p.229. [2] VAZQUEZ ROSSI, Jorge. Derecho Procesal Penal, Rubinzal
Culzoni, Santa Fe, 1999, T.I, p.351. [3] LEDESMA, Guillermo A.C., El proceso penal, Abeledo
Perrot, Buenos Aires, 1979, T., p.39. [4] Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires,
V Sesión Ordinaria, 29/03/2007, Despacho 1245. [5] CLARIÁ OLMEDO, Jorge A., Derecho
Procesal Penal, Marcos Lerner, Córdoba, 1986, p.149. [6] CEVASCO, Luis J., Derecho Procesal
Penal de la Ciudad de Buenos Aires, Ad Hoc, 2010, p.201. [7] Falllos, 328:1491. [8] CEVASCO,
Ob. Cit., p.202. [9] JAUCHEN, Eduardo, Tratado de Derecho Procesal Penal, Rubinzal Culzoni,
Santa Fe, 2012, T.II, p.542. [10] JAUCHEN, Ob . Cit., p.543. [11] La Oficina Central Receptora
de Denuncias, que funciona desde el año 1999, cuando se puso en marcha el Fuero
contravencional y de faltas porteño. [12] Fallos, 327:5863. [13] MAIER, Julio B.J., Derecho
Procesal Penal, Ed. El Puerto, Buenos Aires, 2001, T.II, p.680. [14] JAUCHEN, Ob. Cit., p.190.
[15] MAIER, Ob. Cit., p.680, pie de página. [16] Fallos, 321:2021. [17] Fallos, 320:1891. [18]
Agradecemos para la elaboración de este punto a la pluma del Dr. Mariano N. La Rosa. [19]
“Si bien la autoridad de prevención no carece de facultades para actuar cuando una situación
resulta presuntivamente delictiva, la absoluta subjetividad en la intervención policial al
determinar el “estado de sospecha” no habilita el proceder del preventor. La acreditación de
la actitud que puede ser calificada como presuntamente delictiva habilitando, en
consecuencia, el accionar policial no puede quedar sujeta al libre arbitrio del agente
actuante, deben existir objetivamente y ser explicitadas por el preventor como fundamento a
efectos de constatar la posible infracción. De quedar sujeta al arbitrio del preventor la
“vigilancia” de lugares o personas, las conductas reprimidas se convertirían en una lista de
“criterios en blanco” manejables por la autoridad que los define y les da contenido en cada
situación.” (CPCF, Sala III, causa nº 34.865/2007 “Galván, Roxana Gabriela s/inf. Art. 116,
Organizar y explotar juego sin autorización, habilitación o licencia-CC”, rta. 15/04/2008). [20]
A.G. res. 34/169, anexo, 34 U.N. GAOR Supp. (No. 46) p. 186, ONU Doc. A/34/46 (1979). [21]
LA ROSA MARIANO R., CATINELLI RODOLFO E., “Las últimas reformas al Código Procesal Penal
de la Nación”, El Derecho, suplemento de Derecho Penal y Procesal Penal del 29 de Abril de
2003. [22] CARRIO ALEJANDRO "Facultades policiales en materia de arrestos y requisas, ¿Qué
puede hacer la policía y qué no?”, L.L. 1988 E. pág. 269 y sstes. [23] En esa dirección se ha
entendido que: “La sola circunstancia de que el personal policial haya denotado un “cierto
nerviosismo” no justifica la requisa personal dado que no es dable suponer que por ello, se
oculten en el cuerpo cosas relacionadas con un delito. Esto no habilita al Tribunal a declarar
la nulidad pretendida, puesto que sería necesario que se cumplieran medidas probatorias
que permitan conocer, mas allá de lo que consta en las actas del personal preventor, las
circunstancias previas a la requisa que hubieran podido justificarla” (CCC Fed. Sala I,
“MONZÓN, Rubén M s/nulidad”, causa 30.045, rta. el 27/8/98). [24] SANDRO JORGE
ALBERTO "Síndrome del maleante e intervención policial drástica" L.L. Suplemento de
Jurisprudencia Penal, 28/9/98. [25] Prohibición que a su vez dimana de la Declaración sobre
la Protección de Todas las Personas contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles,
Inhumanos o Degradantes, aprobada por la Asamblea General, y en la que se estipula que:
«[Todo acto de esa naturaleza] constituye una ofensa a la dignidad humana y será condenado
como violación de los propósitos de la Carta de las Naciones Unidas y de los derechos
humanos y libertades fundamentales proclamados en la Declaración Universal de Derechos
Humanos [y otros instrumentos internacionales de derechos humanos]». [26] ASTURIAS
MIGUEL A., BUSTOS VENTURA DANIEL, en ALMEYRA-BÁEZ, “Código Procesal Penal de la
Nación. Comentado y Anotado”, La Ley 2007, Tomo II, pág. 55. [27] TSJ CABA, 27/09/2010,
Expte. n° 6784/09 Ministerio Público —Defensoría General de la Ciudad de Buenos Aires— s/
queja por recurso de inconstitucionalidad denegado en: „Del Tronco, Nicolás s/ infr. art. 184
inc. 5 —CP—‟” y expte. nº 6785/09 “Ministerio Público —Fiscalía ante la Cámara de
Apelaciones con competencia en lo Penal, Contravencional y de Faltas nº 1— s/ queja por
recurso de inconstitucionalidad denegado en: „Del Tronco, Nicolás s/ infr. art. 184 inc. 5 —
CP—‟” [28] BOVINO, Alberto - LOPARDO, Mauro y ROVATTI, Pablo, Suspensión del
procedimiento a prueba. Teoría y práctica, Ed. Del Puerto, 2012, p.43. [29] DEVOTO, Eleonora
A. “Los límites de la intervención del fiscal en la suspensión del juicio a prueba”, Sup. Penal de
septiembre de 2010, La Ley, 132 [30] Fallos: 333: 858. [31] En este sentido, la jurisprudencia
porteña ha dicho que "El sentido de la exigencia del consentimiento del/a acusador/a estatal,
como titular de la acción penal, en el marco de un sistema de justicia penal orientado hacia
un modelo acusatorio formal solo puede consistir en un juicio de oportunidad político
criminal respecto de la persecución penal de un caso particular y esas deben ser razones que,
según el ordenamiento jurídico, puedan ser tomadas en cuenta para una decisión de tal
carácter". CAPCyF, Sala III, Causa Nº 9694-02-00/12: Inc. Apel. en “Pérez, Karina y ots. s/Art.
181 inc.1 CP”.03/12/2014. [32] CEVASCO, Ob. Cit., p.210. [33] CAFFERATA NORES, José,
“Garantías y sistema constitucional” en Garantías constitucionales y nulidades procesales I,
Revista de Derecho Penal, Ed. RubinzalCulzoni, 2001, pág.132. [34] BACIGALUPO, Enrique, El
debido proceso penal, ed. Hammurabi, Bs. As., 2005, pág. 87. [35] Caso Genie Lacayo del 29
de enero de 1997. [36] Comisión Interamericana de Derechos Humanos en el caso N° 11.245
Informe 12/96 del 1° de marzo de 1996. [37] Fallos, 272:188. [38] Fallos, 321:2826, rta.
15/10/1998, “Kipperband”, Fallos, 322:360; “Barra” causa Nº 2053-W-31, rta. 9/03/04. [39]
PASTOR, Daniel, El plazo razonable en el proceso del estado de derecho, Buenos Aires, Ad –
Hoc, 2002, pág. 612. [40] CEVASCO, Ob. Cit., pp.205-206. [41] CHIARA DÍAZ, Carlos A. (Dir.) –
LA ROSA, Mariano (Coord.), Derecho Procesal
Sobreseimiento
Contenido
El Sobreseimiento: “... la resolución jurisdiccional que cierra definitiva e irrevocablemente el proceso, con
relación al imputado en cuyo favor se dicta, por estimarse que carece de fundamento o está extinguida la
pretensión punitiva...” (el autor en su obra “El sobreseimiento”, Ed. “Plus Ultra”, página 41). Decía también el
procesalista, explicando el concepto en lo que atañe a las razones genéricas que lo autorizan que: “... En el
primer caso, se concluye luego de un examen de las causales objetivas y subjetivas contempladas por la Ley,
que la resolución de sobreseimiento corresponde porque se ha llegado a una convicción de certeza sobre la
falta de responsabilidad penal del imputado o inexistencia de una realidad fáctica justificable, todo lo que hace
innecesaria la continuación del procedimiento. En el segundo, que destaca con evidencia la imposibilidad de
considerar el fondo del asunto, se comprenden las disposiciones taxativas de la ley sustantiva, en el capítulo
pertinente a los motivos de extinción de la acción penal...” (autor y op citada, página 43). [Extraido del voto del
Ministro Jorge Pfleger, STJCh, Fallo: “BORRACER, Gustavo Adolfo s/ Denuncia Abuso de Autoridad
(Legajo 4245) s/ Impugnación” (Expte N° 21.285 – T° II – F° 68 – Letra “B” - Año 2008)].-
Clariá Olmedo, por su lado, enseñaba que, desde la perspectiva de sus efectos, el sobreseimiento en nada se
diferencia de la sentencia absolutoria pues “... (h)asta podría afirmarse que es una sentencia cuando se
pronuncia sobre la falta de fundamento de la pretensión penal...” aún cuando advertía más adelante que “...
no es la absolución que pone fin al juicio penal, sino el truncamiento del proceso para evitar el juicio, ante la
evidencia de la imposibilidad de que en el futuro sea condenado el imputado...”; y explicaba: “... Todos los
códigos enumeran taxativamente las causales en que puede fundamentarse el sobreseimiento definitivo. En
atención al elemento que las determinan, pueden distinguirse en objetivas, subjetivas y extintivas.
Son causales objetivas las que se refieren al hecho contenido en la imputación, y comprenden la no comisión
de ese hecho o su imposibilidad de encuadrarlo en alguna norma penal. Lo primero se limita a lo fáctico; lo
segundo se circunscribe a la relevancia jurídica del hecho cometido. En ambos casos se trata de la existencia
del objeto procesal en el mundo de la realidad, que resulta negada en uno u otro de sus aspectos; el fáctico, o
el jurídico penal, limitadamente a la tipicidad...” (Clariá Olmedo, "Derecho Procesal Penal" T. III, Ed. Marcos
Lerner, p. 23 y24) [Extraido del voto del Ministro Jorge Pfleger, STJCh, Fallo citado].-
LEY 10.484
TEXTO ORDENADO POR DECRETO 3.669/92 DE LA LEY 10.484 -EXCARCELACION Y
EXIMICION DE PRISION, (CON LAS MODIFICACIONES INTRODUCIDAS POR LAS LEYES 10.594
Y 10.933).
CAPITULO I
DE LA EXCARCELACION
ARTICULO 1°: (Texto según ley 10.933) Podrá ser excarcelado por alguna de las cauciones
previstas en esta Ley, todo detenido que haya prestado declaración indagatoria cuando:
a) El delito que se impute tenga previsto una pena cuyo máximo no supere los seis años de
prisión o reclusión.
b) En el caso de concurso real, ninguno de los delitos imputados tenga prevista una pena
superior a seis años de prisión y el Juez estimare "prima facie" que la pena aplicable en el
caso concreto no excederá ese monto.
c) El máximo de la pena fuere mayor, si de las circunstancias del o los hechos y las
características y antecedentes personales del procesado, pudiera corresponder condena de
ejecución condicional.
d) Hubiere sido sobreseído por resolución no firme.
e) Hubiere sido sobreseído provisoriamente y haber manifestado expresamente su voluntad
de seguir sometido al proceso.
f) Hubiere agotado en detención o prisión preventiva, que según el Código Penal fuese
computable para el cumplimiento de la pena, la pedida por el Señor Agente Fiscal, o el
observando en caso de concurso lo dispuesto sobre acumulación de pena por el artículo 55
del Código Penal.
g) Según el pedido de pena expresado en la acusación fiscal, que a primera vista resultare
adecuado, sus antecedentes y condiciones personales y el tiempo cumplido en prisión
preventiva estuviere en condiciones de obtener en caso de condena la libertad condicional.
h) Según el pedido de pena expresado en la acusación fiscal, que a primera vista resultare
adecuado, pueda corresponderle condena de ejecución condicional.
i) Se tratare del caso previsto por el artículo 437 del Código de Procedimiento Penal (T.O. por
Decreto 1.174/86). En este supuesto, la excarcelación sólo podrá denegarse por las causas
previstas en el artículo 3° de la presente ley.
j) La sentencia no firme sea absolutoria o imponga condena de ejecución condicional.
k) Si hubiere agotado en prisión preventiva la condena impuesta por sentencia no firme.
l) La sentencia no firme imponga pena que permita la obtención de la libertad condicional y
concurrieran las demás condiciones necesarias para acordarla.
ARTICULO 2°: (Texto según ley 10.933) En los casos que conforme las previsiones de los
incisos a) y b) del artículo anterior y del artículo 4° no correspondiere la excarcelación, el Juez
o Tribunal podrá concederla cuando por la objetiva valoración de las características del o los
hechos atribuidos, de las condiciones personales del imputado, y de otras circunstancias que
se consideren relevantes, pudiera presumir que el mismo no procurará eludir u obstaculizar
la investigación, ni burlar la acción de la Justicia.
En estos casos el Juez o Tribunal podrá, de acuerdo a las circunstancias y a la personalidad del
detenido, someterlo al cumplimiento de reglas especiales de vigilancia y/o cuidado
asistencial, sin perjuicio de lo dispuesto en el artículo 13.
ARTICULO 3°: (Texto según ley 10.933) Podrá denegarse la excarcelación cuando el Juez o
Tribunal considerase que existen razones fundadas para entender que el detenido procurará
eludir u obstaculizar la investigación o su sometimiento al proceso, o represente un peligro
cierto de lesión de bienes jurídicos, o de reiteración delictiva, o que su conducta haya recaído
sobre bienes que se encontraban en situación de desprotección.
Este peligro podrá presumirse especialmente cuando se trate de delitos cometidos con
pluralidad de intervinientes, en forma reiterada, o mediante la disposición para fines
criminales de medios económicos, humanos o materiales organizados en forma de empresa,
o en razón de antecedentes que permitan extraer indicios vehementes acerca de la
peligrosidad del imputado.
ARTICULO 4°: (Texto según ley 10.933) No procederá a la excarcelación cuando el imputado
se hallare en cualquiera de los siguientes casos:
a) Condenado anteriormente por delito doloso con pena privativa de libertad que haya sido
cumplida total o parcialmente, excepto que hubieren transcurrido los términos del artículo
50 del Código Penal.
b) Gozando de libertad provisoria por otro delito doloso anterior reprimido con pena
privativa de libertad y mediare en ese proceso acusación fiscal con pedido de pena que no
permita el beneficio que otorga el artículo 26 del Código Penal.
CAPITULO II
SERA JUSTICIA
Señor Juez:
xxxxxxxxxxx, abogado, tomo..., legajo prev...,etc., constituyendo domicilio en..., (TELÉFONO
xxxx-xxxx), en la causa tal... a V.S. respetuosamente digo:
Atento la propuesta hecha por el imputado xxxxxxxxxx DNI..., con domicilio en..., en la
presente causa, es que vengo a aceptar el cargo de defensor particular del nombrado,
jurando desempeñar el cargo en forma fiel.
Provea, etc.
Saludos.
SOLICITA EXENCION DE PRISION
Señor Juez:
XXXX, abogada inscripta en el Tº XX Fº XXX del
C.P.A.C.F, en mi carácter de letrada defensora de XXXX, manteniendo domicilio constituido
en XXX en el marco de la causa Nº XXXX/XX, del registro del Juzgado a Vuestro digno cargo,
respetuosamente me presento y digo:
I.- Objeto
Que vengo por el presente a solicitar a V.S. disponga exención de prisión a XXXX, respecto de
la causa de referencia, a tenor de lo normado por en el Art. 316 del Código Procesal Penal de
la Nación, por los motivos que a continuación pasaré a exponer.-
II.- Hechos
Que mi defendido es imputado por abuso deshonesto, en el régimen del Art. 119 in fine, que
considera el vínculo ascendente como un agravante para el delito acusado en el primer
párrafo del mentado, y otorga pena privativa de libertad en abstracto de entre tres y diez
años, al culpable de dicha transgresión.
III.-Fundamentos
Por todo lo dicho, es que solicito se otorgue a mi pupilo procesal la exención de prisión,
reiterando en primer término su inocencia y en prevención de cualquier acción jurisdiccional
que coarte su libertad ambulatoria por sobre todo garantida. Teleología que responde al
principio contenido en el artículo 18 de la CN, y con ese sentido es recogida, claramente, por
el Código Procesal Penal de la Nación que en el artículo 280 establece: "La libertad personal
sólo podrá ser restringida, de acuerdo con las disposiciones de este Código, en los límites
absolutamente indispensables para asegurar el descubrimiento de la verdad y la aplicación
de la ley".
Ante la interpretación del Art. 316 del CPPN, en referencia al límite dado por el máximo de la
pena que impone la norma como condición para el otorgamiento del solicitado instituto, vale
recordar el plenario N º 13 “Diaz Bessone, Ramón Genaro s/recurso de inaplicabilidad de la
ley”-CNCP –en pleno-30/10/2008, en el que se ha dicho “que la cuantía de la pena como
parámetro a fin de aplicar la medida no es de aplicación automática” y que “No basta para
denegar la excarcelación ó eximición de prisión la imposibilidad de imponer ejecución
condicional, o que pudiere corresponderle al imputado una pena privativa de la libertad
superior a 8 años (Conf. 316, 317 CPPN) Sino que deben valorarse en forma conjunta con
parámetros tales como los establecidos en el art. 319 del ordenamiento procesal a los fines
de determinar la existencia del riesgo procesal.”
Es por lo mentado, que estimo no ha de aplicarse al caso la restricción del límite de pena
máxima de ocho años del Art. 316 CPPN, mas aún, cuando estamos ante una aplicación de
pena en abstracto, que en el caso concreto, su presunción no juega mas que un límite rayano
a la violación del principio de inocencia consagrado constitucionalmente y en tratados
internacionales de misma jerarquía. Precisamente, la Corte Suprema de Justicia de la Nación
ha señalado que en razón del respeto a la libertad individual de quien goza de un estado de
inocencia por no haberse dictado en su contra una sentencia de condena, las atribuciones de
carácter coercitivo cautelar de que dispone el juez penal durante el proceso y antes de la
sentencia definitiva han de interpretarse y aplicarse restrictivamente (Conf. Fallos: 316:942,
cons. 3).
Proveer de conformidad,
SERÁ JUSTICIA.
SOLICITA EXENCIÓN DE PRISIÓN. (ART. 316 y ccdts. CPP.)
SR./SRA. JUEZ:
DELITO
Tetanio Juárez, por su derecho, defendido por el abogado Rafael Sicarios, tomo …, folio …,
con domicilio constituido en el expediente “… c/ … s/ …”, a S.S. digo:
Que a fs. de la causa nº … la fecha de la prescripción de la acción penal correspondió a la
fecha … del mes de … del corriente año, pues han transcurrido los plazos para que aquélla se
dé por cumplida.
Que la querella se opuso a tal medida contabilizando erróneamente el tiempo transcurrido,
aduciendo que a fs. … se produjo la interrupción de la prescripción por la secuela del juicio.
Es sabido que no cualquier actividad dentro de la causa puede constituirse en secuela e
interrumpir la prescripción, sino sólo los actos impulsores de la tramitación, valederos para
su instrucción, que no son los señalados por el acusador.
Una simple presentación en la causa, sin relación alguna con el interés en proseguir la acción,
no cumple con la condición interruptiva.
La prescripción es el olvido momentáneo del delito que muestra el desinterés en seguir
adelante con algo que no perturba al tejido socioeconómico estructurado inalterado por
aquel hecho.
Por ello, consideramos que cualquiera sea la definición de “secuela del juicio”, la falta de
toda acción impulsora o reivindicatoria de derechos que sea incorporada al devenir del juicio,
no llena esa expresión de contenido necesario a tan grave consecuencia.
Por ello, de S.S. solicitamos se declare prescripta la causa y extinguida la acción en contra de
mi cliente, siendo el derecho lo establecido en el inciso 1 del artículo 336 del CPPN.
Pronunciarse así,
Será Justicia.
Firmas y sello del profesional
MODELITO 2: