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Análisis Completo de "Hamlet" de Shakespeare

Hamlet es una tragedia de William Shakespeare escrita alrededor de 1600-1601. Cuenta la historia de Hamlet, cuyo padre ha sido asesinado por su tío Claudio, quien ahora es el rey y se ha casado con la madre de Hamlet. El fantasma del padre de Hamlet le pide venganza, pero Hamlet duda en actuar debido a su naturaleza melancólica. Eventualmente confirma la culpabilidad de Claudio y causa la muerte accidental de Polonio, pero Claudio envía a Hamlet lejos. Esto l

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Análisis Completo de "Hamlet" de Shakespeare

Hamlet es una tragedia de William Shakespeare escrita alrededor de 1600-1601. Cuenta la historia de Hamlet, cuyo padre ha sido asesinado por su tío Claudio, quien ahora es el rey y se ha casado con la madre de Hamlet. El fantasma del padre de Hamlet le pide venganza, pero Hamlet duda en actuar debido a su naturaleza melancólica. Eventualmente confirma la culpabilidad de Claudio y causa la muerte accidental de Polonio, pero Claudio envía a Hamlet lejos. Esto l

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Hamlet

Escrita y estrenada en torno a 1600-1601, esta tragedia en cinco actos en verso y en


prosa de William Shakespeare ha llegado hasta nosotros en varias redacciones: el "en
cuarto" de 1603 o primer en cuarto; el "en cuarto" de 1604 o segundo en cuarto; y el
"infolio" de 1623. El segundo en cuarto representaría el texto original del drama, del cual
derivarían los otros textos en mayor o menor medida.
William Shakespeare
La historia de Hamlet fue narrada por Saxo Grammaticus en la Gesta de los daneses
(libros III y IV, capítulos 86-106), de principios del siglo XIII. Llegó a Shakespeare a través
de las Histoires Tragiques de François de Belleforest y de un drama perdido (el llamado
Ur-Hamlet), que probablemente se representó en 1587 o 1589. Hay algunas divergencias
importantes entre la narración de Belleforest y el drama shakesperiano: en el relato del
francés, Hamlet sabe desde el principio cómo murió su padre, por lo cual su fingida locura
tiene una magnífica justificación; por otra parte, no muere en el cumplimiento de su
venganza y es capaz de obrar enérgicamente en el momento preciso.
Cabe imaginar que algunos de los elementos nuevos fuesen introducidos por aquel drama
designado por los críticos, con prefijo alemán, Ur-Hamlet, o sea, "Hamlet primitivo": así la
muerte del protagonista, el espectro del padre, la escena del drama dentro del drama y el
duelo final con Laertes, elementos que hacen pensar en Thomas Kyd (1558-1594) como
autor de esta obra hoy perdida. En el Ur-Hamlet, Hamlet era probablemente un vengador
agresivo; al readaptar la obra, Shakespeare dio al protagonista un carácter melancólico,
que se puso de moda a principios del siglo XVII, para justificar el retraso de la venganza;
el centro del drama se trasladó así de las intrigas del rey Claudio a las reacciones en el
ánimo del dubitativo y pesimista Hamlet.
El argumento
El rey de Dinamarca (padre de Hamlet) ha sido asesinado por su hermano Claudio, que
ha usurpado el trono y se ha casado, sin respetar las costumbres, con la viuda del
monarca y madre de Hamlet, Gertrudis. Todo ello ya ha ocurrido al empezar la obra,
causando la natural consternación en Hamlet, que ignora el alcance de la intriga que
acabó con su padre. Pero el espectro del difunto rey se aparece a Hamlet en la muralla
del castillo de Elsinore, refiere a su hijo las circunstancias del delito y le pide venganza.
Hamlet promete obedecer, pero su naturaleza melancólica lo hace irresoluto y lo obliga a
diferir la acción. Mientras tanto se finge loco para evitar la sospecha de que amenace la
vida del rey; se cree que ha turbado su mente el amor de Ofelia, hija del chambelán
Polonio, a la que, habiéndola cortejado anteriormente, trata ahora con crueldad.
Hamlet comprueba la veracidad del relato del espectro haciendo representar ante el rey
un drama (el asesinato de Gonzago) que reproduce en la ficción las circunstancias del
delito real; durante la representación, su tío el rey Claudio es presa de la agitación, lo que
delata su culpabilidad a ojos de Hamlet. En una escena en la que clama contra su madre
como cómplice del crimen, Hamlet supone que el rey Claudio está escuchando detrás de
una cortina; saca la espada y la atraviesa, matando así accidentalmente al chambelán
Polonio, padre de Ofelia. El rey Claudio, decidido a hacer desaparecer a Hamlet, lo envía
a Inglaterra con Rosencrantz y Guildenstern, pero los piratas capturan a Hamlet y lo
devuelven a Dinamarca.
A su llegada encuentra que Ofelia, loca de dolor por la muerte de su padre a manos de su
antiguo amor, se ha ahogado. El hermano de la muchacha, Laertes, ha vuelto para vengar
la muerte del padre de ambos, Polonio. El rey, aparentemente, quiere apaciguarlos e
induce a Hamlet y a Laertes a rivalizar, no en un duelo, sino en una partida de armas que
selle el perdón; pero a Laertes le dan una espada con punta envenenada. Mientras se
baten, la reina Gertrudis bebe la copa envenenada preparada para el caso de que su hijo
no fuera alcanzado por la espada de Laertes. En el lance se intercambian los floretes, y
tanto Laertes como Hamlet resultan heridos por la espada mortal; detenida la lucha,
muere la reina Gertrudis, Laertes confiesa el engaño y, antes de morir, Hamlet da muerte
al rey. El drama concluye con la llegada del puro Fortimbrás, príncipe de Noruega, que se
convierte en soberano del reino.
Riqueza y modernidad
Entre las escenas más famosas figuran la del monólogo de Hamlet (acto III, escena 1)
que empieza con el célebre verso "Ser o no ser, ésta es la cuestión" ("To be or not to be:
that is the question"), o la del cementerio, donde Hamlet despliega sus reflexiones ante la
calavera de Yorick, bufón del rey. La valoración de Hamlet, en la mayoría de los críticos,
se reduce a una valoración de la singular caracterización del protagonista, expresamente
concebido como viviendo una vida suya y externa al drama, de donde procede su
fascinante modernidad; en su escisión entre la acción y la abulia, entre la conciencia del
deber y la conciencia de la podredumbre y sinsentido de mundo, el personaje preludia e
incluso supera a los productos de la narrativa existencialista. En esta apreciación, los
críticos han sido seguidos por muchos directores escénicos que sacrifican al personaje de
Hamlet todo el conjunto del drama, cortando sin preocupación, al representarlo, escenas
consideradas secundarias desde tal punto de vista.
Pero el juicio sobre Hamlet es extraordinariamente complicado debido a la riqueza interior
del personaje y a una serie de aparentes incongruencias cuyo examen está lejos de ser
una ociosa divagación. ¿Por qué, por ejemplo, Claudio no interrumpe el drama de
Gonzago, que reproduce las circunstancias de su delito, a la sola vista de la pantomima
que precede a la declamación de los actores? ¿Por qué Hamlet emplea persistentemente
con Ofelia un lenguaje obsceno e insultante? A tales preguntas, los estudiosos que se
sitúan en una perspectiva estrictamente histórica responden alegando las frecuentes
incongruencias de los dramas de la época: el director inglés Harley Granville-Barker llegó
a decir que "la intriga, como tal intriga, está desarrollada con escandalosa incompetencia".
Otros críticos sostienen que gran parte del desarrollo se ha perdido y que el verdadero
problema de Hamlet consistiría en tratar de reconstruirlo.

Sólo Kenneth Branagh llevó al cine la obra íntegra en


Hamlet (1996), un filme de cuatro horas de duración
Así, mientras la crítica psicologista explica la actitud de Hamlet hacia Ofelia como el
resultado de la náusea sexual provocada en el príncipe por la conducta materna, los
eruditos relacionan tal actitud con la intervención de Ofelia en el Ur-Hamlet, donde
probablemente, como en el relato de Belleforest, la joven no era más que un instrumento
del tío de Hamlet para seducir al príncipe. Y el lenguaje que Hamlet emplea con ella es
precisamente el que adoptaría hacia dicho instrumento, aunque Ofelia no sea tal cosa en
el drama de Shakespeare.

Hamlet lo habría deducido de haber oído las palabras de Polonio al rey en la segunda
escena del segundo acto: "At such a time I'll loose my daughter to him" ("En ese momento
le soltaré a mi hija"). El verbo "loose" no sólo implica que Polonio, que hasta entonces ha
prohibido a Ofelia que se comunique con Hamlet, la dejará en libertad, sino que contiene
una alusión al ayuntamiento de caballos y reses, para el que los isabelinos empleaban
dicho verbo. Casi inmediatamente, después de interrumpir este diálogo al entrar en
escena, Hamlet llama a Polonio "a fishmonger" (pescadero), epíteto que se daba a los
rufianes, y compara a su hija con un "carrion flesh" (carroña, pero también, en jerga
isabelina, prostituta). Hay pues que imaginar, para explicar la actitud hacia Ofelia, que
Hamlet ha oído esta frase de Polonio e interpretado siniestramente la conducta de Ofelia
a la luz de la frase de su padre; en tal caso, como sugiere Dover Wilson, debe corregirse
el texto adelantando en unos versos la anotación "entra Hamlet".

Nota central de la tragedia es ciertamente la de la frase "The native hue of resolution is


sicklied o'er with the pale cast of thought" ("El color natural de la resolución se enferma
con el pálido tinte del pensamiento", III, 1, 85), con que Hamlet concluye el célebre
monólogo. No hay respuesta a si es preferible «ser o no ser», vivir el doloroso papel a que
nos aboca el mundo o escapar de él mediante la muerte, porque también el más allá es
incertidumbre; pero sí se retrata a la naturaleza humana como acobardada por su propia
racionalidad, incapaz de resolver cualquier dilema paralizante. Con Hamlet, que encarna
esa actitud que ha sido definida como una enfermedad de la voluntad, contrastan
Fortimbrás y Laertes, hombres de acción. Las alternativas de frenesí y de apatía del
carácter central señalan el ritmo de toda la tragedia, ritmo que puede calificarse de febril
con sus paroxismos y con sus languideces, y que da al drama su fascinación indistinta,
tan difícil de analizar, pero siempre intuida por el auditorio pese a las habituales
reducciones y deformaciones cometidas en su puesta en escena.
El 26 de abril de 1564, en el sexto año del reinado de Isabel I de Inglaterra, fue bautizado
William Shakespeare en Stratford-upon-Avon, un pueblecito del condado de Warwick que
no sobrepasaba los dos mil habitantes, orgullosos todos ellos de su iglesia, su escuela y
su puente sobre el río. Uno de éstos era John Shakespeare, comerciante en lana,
carnicero y arrendatario que llegó a ser concejal, tesorero y alcalde. De su unión con Mary
Arden, señorita de distinguida familia, nacieron cinco hijos, el tercero de los cuales recibió
el nombre de William. No se tiene constancia del día de su nacimiento, pero
tradicionalmente su cumpleaños se festeja el 23 de abril, tal vez para encontrar algún
designio o fatalidad en la fecha, ya que la muerte le llegó, cincuenta y dos años más
tarde, en ese mismo día.
El padre de Shakespeare, que se encontraba en la cumbre de su prosperidad cuando
nació William, cayó poco después en desgracia. Cuando contaba con trece años de edad,
la fortuna de su padre se esfumó y el joven hubo de ser colocado como dependiente de
carnicería, debiendo dejar las aulas. Se lo describe también deambulando indolente por
las riberas del Avon, emborronando versos, entregado al estudio de nimiedades botánicas
o rivalizando con los más duros bebedores y sesteando después al pie de las arboledas
de Arden.
El 28 de noviembre de 1582, cuando tenía 18 años de edad, Shakespeare contrajo
matrimonio con Anne Hathaway, de 26, originaria de Temple Grafton, localidad próxima a
Stratford. Al parecer que había prisa en concertar la boda, tal vez porque Anne estaba
embarazada de tres meses. Tras su matrimonio, apenas hay marcas de William
Shakespeare en los registros históricos, hasta que hace su aparición en la escena teatral
londinense. El 26 de mayo de 1583, la hija primogénita de la pareja, Susanna, fue
bautizada en Stratford. Un hijo, Hamnet, y otra hija, Judith, nacidos mellizos, fueron
asimismo bautizados poco después, el 2 de febrero de 1585; Hamnet murió a los once
años, y solamente llegaron a la edad adulta sus hijas. A juzgar por el testamento del
dramaturgo, que se muestra algo desdeñoso con Anne Hathaway, el matrimonio no
estaba bien avenido.
Seguía escribiendo versos, asistía hipnotizado a las representaciones que las compañías
de cómicos de la legua ofrecían en la Sala de Gremios de Stratford y no se perdía las
mascaradas, fuegos artificiales, cabalgatas y funciones teatrales con que se celebraban
las visitas de la reina al castillo de Kenilworth, morada de uno de sus favoritos.
Hacia 1592 Shakespeare se encontraba ya en Londres trabajando como dramaturgo, y
era lo suficientemente conocido. Pronto se convertiría en actor, escritor, y, finalmente,
copropietario de la compañía teatral conocida como Lord Chamberlain's Men, que recibía
su nombre, al igual que otras de la época, de su aristocrático mecenas, el lord chambelán
(Lord Chamberlain). La compañía alcanzaría tal popularidad que, tras la muerte de Isabel
I y la subida al trono de Jacobo I Stuart, el nuevo monarca la tomaría bajo su protección,
pasando a denominarse los King's Men (Hombres del rey).
Paralelamente a su éxito teatral, mejoró su economía. Llegó a ser uno de los accionistas
de su teatro, pudo ayudar económicamente a su padre e incluso en 1596 le compró un
título nobiliario, cuyo escudo aparece en el monumento al poeta construido poco después
de su muerte en la iglesia de Stratford.
Shakespeare se retiró a su pueblo natal en 1611, a fines de siglo ya era bastante rico y
compró o hizo edificar una casa en Stratford, que llamó New-Place.
William Shakespeare falleció el 23 de abril de 1616 a la edad de cincuenta y dos años.
Los restos de Shakespeare fueron sepultados en el presbiterio de la iglesia de la
Santísima Trinidad (Holy Trinity Church) de Stratford.
En el sexto año del reinado de Isabel I de Inglaterra, el 26 de abril de 1564, fue bautizado
William Shakespeare en Stratford-upon-Avon, un pueblecito del condado de Warwick que
no sobrepasaba los dos mil habitantes, orgullosos todos ellos de su iglesia, su escuela y
su puente sobre el río. Uno de éstos era John Shakespeare, comerciante en lana,
carnicero y arrendatario que llegó a ser concejal, tesorero y alcalde. De su unión con Mary
Arden, señorita de distinguida familia, nacieron cinco hijos, el tercero de los cuales recibió
el nombre de William. No se tiene constancia del día de su nacimiento, pero
tradicionalmente su cumpleaños se festeja el 23 de abril, tal vez para encontrar algún
designio o fatalidad en la fecha, ya que la muerte le llegó, cincuenta y dos años más
tarde, en ese mismo día.

Así, pues, no fue su cuna tan humilde como asegura la crítica adversa, ni sus estudios tan
escasos como se supone. A pesar de que Ben Jonson, comediógrafo y amigo del
dramaturgo, afirmase exageradamente que "sabía poco latín y menos griego", lo cierto es
que Shakespeare aprendió la lengua de Virgilio en la escuela de Stratford, aunque fuera
como alumno poco entusiasta, extremos ambos que sus obras confirman. La madre
provenía de una vieja y acomodada familia católica, y es muy posible que el poeta, junto
con sus dos hermanos y una hermana, fuese educado en la fe de su madre.

Casa natal de Shakespeare en Stratford-upon-Avon

Sin embargo, no debió de permanecer mucho tiempo en las aulas, pues cuando contaba
trece años la fortuna de su padre se esfumó y el joven hubo de ser colocado como
dependiente de carnicería. A los quince años, según se afirma, era ya un diestro matarife
que degollaba las terneras con pompa, esto es, pronunciando fúnebres y floreados
discursos. Se lo pinta también deambulando indolente por las riberas del Avon,
emborronando versos, entregado al estudio de nimiedades botánicas o rivalizando con los
más duros bebedores y sesteando después al pie de las arboledas de Arden.

A los dieciocho años hubo de casarse con Anne Hathaway, una aldeana nueve años
mayor que él cuyo embarazo estaba muy adelantado. Cinco meses después de la boda
tuvo de ella una hija, Susan, y luego los gemelos Judith y Hamnet. Pero Shakespeare no
iba a resultar un marido ideal, ni ella estaba tan sobrada de prendas como para retenerlo
a su lado por mucho tiempo. Los intereses del poeta lo conducían por otros derroteros
antes que camino del hogar. Seguía escribiendo versos, asistía hipnotizado a las
representaciones que las compañías de cómicos de la legua ofrecían en la Sala de
Gremios de Stratford y no se perdía las mascaradas, fuegos artificiales, cabalgatas y
funciones teatrales con que se celebraban las visitas de la reina al castillo de Kenilworth,
morada de uno de sus favoritos.
Shakespeare ante sir Thomas Lucy (óleo de Thomas Brooks, 1857)

Según la leyenda, en 1586 fue sorprendido in fraganti cazando furtivamente. Nicholas


Rowe, su primer biógrafo, escribe: "Por desgracia demasiado frecuente en los jóvenes,
Shakespeare se dio a malas compañías, y algunos que robaban ciervos lo indujeron más
de una vez a robarlos en un parque perteneciente a sir Thomas Lucy, de Charlecote,
cerca de Stratford. En consecuencia, este caballero procesó a Shakespeare, quien, para
vengarse, escribió una sátira contra él. Este acaso primer ensayo de su musa resultó tan
agresivo que el caballero redobló su persecución, en tales términos que obligó a
Shakespeare a dejar sus negocios y su familia y a refugiarse en Londres". Pero es más
plausible que el virus del teatro lo impulsara a unirse a alguna farándula de cómicos
nómadas de paso por Stratford, abandonando hijos y esposa y trocándolos por la a la vez
sombría y espléndida capital del reino.

Shakespeare en la ciudad del teatro

A partir de ese momento hay una laguna en la vida de Shakespeare, un período al que los
biógrafos llaman "los años oscuros". No reaparece ante nuestros ojos hasta 1593, cuando
es ya un famoso dramaturgo y uno de los personajes más populares de Londres.
Entretanto se le atribuyen los siguientes empleos: pasante de abogado, maestro de
escuela, soldado de fortuna, tutor de noble familia e incluso guardián de caballos a la
puerta de los teatros. Pasarían varios meses hasta que pudiera ingresar en ellos y
meterse entre bastidores, primero como traspunte o criado del apuntador, luego como
comparsa, más tarde como actor reconocido y, por fin, como autor de gran y merecido
prestigio.

Prohibidos por un ayuntamiento puritano que los consideraba semillero de vicios, los
teatros se habían instalado al otro lado del Támesis, fuera de la jurisdicción de la ciudad y
de la molestia de sus alguaciles. La Cortina, El Globo, El Cisne o Blackfriars no eran muy
distintos de los corrales hispanos donde se representaba a Lope de Vega. La
escenografía resultaba en extremo sencilla: dos espadas cruzadas al fondo del proscenio
significaban una batalla; un actor inmóvil empolvado con yeso era un muro, y, si separaba
los dedos, el muro tenía grietas; un hombre cargado de leña, llevando una linterna y
seguido por un perro, era la luna.

El antiguo teatro El Globo (reconstrucción hipotética de C. Walter Hodges)


El vestuario se improvisaba en un rincón de la escena semioculto por cortinas hechas
jirones, a través de las que el público veía a los actores pintándose las mejillas con ladrillo
en polvo o tiznándose el bigote con corcho carbonizado. Mientras los actores gesticulaban
y declamaban, los hidalgos y los oficiales, acomodados a su mismo nivel sobre la
plataforma, les desconcertaban con sus risas, sus gritos y sus juegos de cartas, prestos a
lucir su ingenio improvisando réplicas y a echar a perder la representación si la obra no
les complacía. En torno al patio, las galerías acogían a las damas de alcurnia y los
caballeros. Y en el fondo de "la cazuela", envueltos en sombras, sentados en el suelo
entre jarras de cerveza y humo de pipas, se veía a "los hediondos", el maloliente pueblo.

En todo caso, se trataba de un público con más imaginación que el actual o, al menos,
buen conocedor de las convenciones teatrales impuestas por la penuria o por la ley.
Inspirándose en el severo primitivismo del Deuteronomio, los legisladores puritanos
prohibían la presencia de mujeres en la escena. Las Julietas, Desdémonas y Ofelias de
Shakespeare fueron encarnadas por jovencitos bien parecidos de voz atiplada,
ascendidos a Hamlets, Macbeths y Otelos en cuanto les despuntaba la barba y les
cambiaba la voz. Tal era el teatro en que Shakespeare empezó su carrera dramática.

La fecundidad

Hacia 1589, Shakespeare comenzó a escribir. Lo hacía en hojas sueltas, como la mayoría
de los poetas de entonces. Los actores aprendían y ensayaban sus papeles a toda prisa y
leyendo en el original, del que no se sacaban copias por falta de tiempo; de ahí que ya no
existan los manuscritos. Como cada tarde se ofrecía una obra diferente, el repertorio
había de ser muy variado. Si la obra fracasaba ya no se volvía a escenificar. Si gustaba
era repuesta a intervalos de dos o tres días. Una obra de mucho éxito, como todas las de
Shakespeare, podía representarse unas diez o doce veces en un mes. Algunos actores
eran capaces de improvisar a partir de un somero argumento los diálogos de la obra
conforme se iba desarrollando la acción. Shakespeare nunca los necesitó.

Acuciado por este ritmo vertiginoso y espoleado por su genio, Shakespeare empezó a
producir dos obras por año. En su primera etapa, Shakespeare siguió la línea de los
dramas isabelinos de capa y espada. De estos años (entre 1589 y 1592) son las obras
con las que inaugura su crónica nacional, sus dramas históricos: las tres primeras partes
de Enrique VI y la historia de quien lo asesinó, Ricardo III. La comedia de los errores,
basada en un tema de Plauto, marca su faceta burlesca, y Tito Andrónico, tragedia
bárbara inspirada en Séneca, fue la primera de aquellas obras de tema romano que
protagonizarían conocidas figuras de la Antigüedad, desde Julio César hasta la reina
Cleopatra .
Durante la peste de Londres de 1592 (que los puritanos aprovecharon para mantener
cerrados los teatros hasta 1594), Shakespeare se retiró a Stratford y desarrolló sus dotes
poéticas. En 1593 publicó Venus y Adonis y en 1594 La violación de Lucrecia, dos
poemas extensos dedicados a su joven protector, Henry Wriothesley, conde de
Southampton, a quien se suele asociar con uno de los protagonistas de los afamados
sonetos. Según figura en los documentos, en 1594 ya era miembro destacado de la mejor
compañía de la época, la Lord Chamberlain's Company of Players (Compañía de Actores
de lord Chamberlain), nombre tomado de su protector, y había escrito dos comedias de
inspiración italiana (La fierecilla domada, Los dos hidalgos de Verona), y una tercera,
Trabajos de amor perdidos, ambientada en una Navarra imaginaria.

Shakespeare empezó de actor en la compañía, y aunque siguió haciéndolo hasta 1603,


nunca llegó a interpretar papeles principales. Sin embargo, la experiencia debió serle útil.
Como Molière, Brecht o Bulgákov, Shakespeare fue un verdadero hombre de teatro: lo
conocía desde dentro, participaba en los ensayos, presenciaba los espectáculos y
concebía sus personajes pensando en actores concretos. Paralelamente a su éxito
teatral, mejoró su economía. Llegó a ser uno de los accionistas de su teatro, pudo ayudar
económicamente a su padre e incluso en 1596 le compró un título nobiliario, cuyo escudo
aparece en el monumento al poeta construido poco después de su muerte en la iglesia de
Stratford. Entre 1594 y 1597 escribió Romeo y Julieta y El sueño de una noche de verano,
dos obras de amor y de juventud, y los dramas históricos Ricardo II, El rey Juan y El
mercader de Venecia.

Lawrence Olivier en Hamlet (1948)

En 1598 la compañía de Chamberlain se instaló en el nuevo teatro The Globe (El Globo),
cuyo nombre se uniría al de Shakespeare para siempre. Ésta parece que fue la etapa más
feliz del escritor, la época de las comedias Mucho ruido y pocas nueces, Como gustéis,
Las alegres comadres de Windsor (que según la leyenda fue escrita en quince días por
encargo urgente de la reina), Noche de Reyes y Bien está lo que bien acaba, escritas
todas entre 1598 y 1603. De estos años son también (como anticipando su próxima
etapa) Julio César, Troilo y Crésida y su obra más famosa y perdurable, Hamlet.

A la muerte de Isabel I en 1603, Jacobo I, hijo de María Estuardo y rey de Escocia desde
1567, se convirtió también en rey de Inglaterra y la compañía de Chamberlain se acogió a
su protección con el nombre de King's Men (Hombres del Rey). A pesar del cambio de
nombre y de protector, el teatro mantuvo su carácter público: hicieron representaciones
para todo el mundo, incluso para la corte.
Ante tal éxito, la compañía inauguró una pequeña sala cubierta en 1608, la Blackfriars,
con una entrada más elevada y para un público más selecto. Financieramente, la
compañía funcionaba como una sociedad anónima de la que Shakespeare era uno de sus
más importantes accionistas. Debido a la buena administración, su posición económica se
afirmó aún más: compró varias propiedades en Londres y en Stratford, hizo distintas
inversiones, entre ellas algunas agrícolas, y en 1605 compró una participación de los
diezmos de la parroquia de Stratford, gracias a lo cual (y no a su gloria literaria) sería
enterrado en el presbiterio de la iglesia.

El último acto

Shakespeare tuvo siempre obras en escena, pero nunca aburrió. Entre 1600 y 1610 no
dejó de estar en el candelero con sus príncipes impelidos a acometer lo imposible, sus
monarcas de ampuloso discurso, sus cortesanos vengativos y lúgubres, sus tipos cuerdos
que se fingen locos y sus tipos locos que pretenden llegar a lo más negro de su locura,
sus hadas y geniecillos vivaces, sus bufones, sus monstruos, sus usureros y sus
perfectos estúpidos. Esta pléyade de criaturas capaces de abarrotar cielo e infierno le
llenaron la bolsa.

Orson Welles en Macbeth (1948)

A fines de siglo ya era bastante rico y compró o hizo edificar una casa en Stratford, que
llamó New-Place. En 1597 había muerto su hijo, dejando como única y escueta señal de
su paso por la tierra una línea en el registro mortuorio de la parroquia de su pueblo. Susan
y Judith se casaron, la primera con un médico y la segunda con un comerciante. Susan
tenía talento; Judith no sabía leer ni escribir y firmaba con una cruz.

En 1611, cuando Shakespeare se encontraba en la cúspide de su fama, se despidió de la


escena con La tempestad y, cansado y quizás enfermo, se retiró a su casa de New-Place
dispuesto a entregarse en cuerpo y alma a su jardín y resignado a ver junto a él cada
mañana el adusto rostro de su mujer. En el jardín plantó la primera morera cultivada en
Stratford. Murió el 23 de abril de 1616 a los cincuenta y dos años, en una fecha que
quedó marcada en negro en la historia de la literatura universal por la luctuosa
coincidencia con la muerte de Miguel de Cervantes. En realidad, fue una coincidencia de
fechas, no de días: el 23 de abril de 1616 del calendario juliano, que se empleaba todavía
en Inglaterra, corresponde al 3 de mayo de 1616 del actual calendario gregoriano, ya
adoptado por aquel entonces en España.

Los misterios de Shakespeare


Es cierto que la juventud del poeta ofrece los pasajes más desconocidos para el biógrafo.
Sin embargo, los verdaderos misterios de su vida pertenecen a aquellos años en que su
carrera puede ser reconstruida con bastante fidelidad. El más conocido de estos enigmas
está relacionado con sus Sonetos, publicados en 1609, pero escritos en su mayor parte
unos diez o quince años antes. Uno de los protagonistas de los 154 sonetos es un
apuesto joven a quien el poeta admira mucho, y el otro es la famosa dark lady, "dama
morena", que le fue infiel con el anterior.

Muchos intentaron encontrar en estos poemas claves de la vida interior de Shakespeare,


pruebas de su presunta homosexualidad, afirmando que el joven galán de los sonetos, o
tal vez la "dama morena", no era otro que el conde de Southampton, mecenas del
debutante autor, a quien le había dedicado sus dos primeras obras poéticas. No se sabe
con certeza quién era el objeto de la adoración secreta del poeta. Sus únicas referencias
personales comprensibles y claras son menudencias: que sufría de insomnio, que le
gustaba la música, que reprobaba las mejillas pintadas y el uso de las pelucas.

El conde Henry Wriothesley de Southampton, protector de Shakespeare

Otra de las incógnitas es que sus años de más éxito social, económico y profesional,
entre 1603 y 1612, coinciden con la época de sus grandes tragedias, sus obras más
amargas y desilusionadas, como Otelo, El rey Lear, Macbeth, Antonio y Cleopatra,
Coriolano y Timón de Atenas. Incluso la última comedia de estos años, Medida por
medida, es más sombría que muchos de sus dramas. Además, sus últimas cuatro obras,
Pericles, Cimbelino, El cuento de invierno y La tempestad, su maravillosa despedida del
teatro y del mundo, muestran una curiosa incursión de elementos novelescos y pastoriles
en su teatro, sin duda bajo la influencia de la nueva generación de dramaturgos como
Francis Beaumont o John Fletcher. Hay otras dos obras, Enrique VIII y Los dos nobles
parientes, ambas de 1612-1613, cuya autoría parcial suelen atribuírsele, ya que según
todos los indicios fueron escritas en colaboración con el joven Fletcher, con las que el
número de sus piezas teatrales llegaría a treinta y ocho. Pero La tempestad es
considerada universalmente como su última obra.

Sea como fuere, lo cierto es que alrededor de 1613, es decir, a los cuarenta y ocho años
de edad, en pleno poder de sus facultades mentales y en el cenit de su carrera,
Shakespeare rompió abruptamente con el teatro y se retiró a su ciudad natal como podría
hacerlo un pequeño burgués que después de una vida de trabajo quisiera gozar de sus
bienes en la quietud campestre. Sus últimos años transcurrieron como los de un
respetado hidalgo rural: participaba en la vida social de Stratford, administraba sus
propiedades y compartía sus días con sus familiares y vecinos.
Sus obras siguieron en cartelera hasta después de su muerte, y debió conservar algún
contacto, aunque sólo amistoso, con el teatro. Incluso se dijo, según una leyenda
registrada casi medio siglo después, que murió a consecuencia de un banquete celebrado
en compañía de su colega Ben Jonson. Contradice a esta historia el hecho de que un mes
antes de su muerte dictara su testamento rubricándolo con una firma temblorosa que
permite imaginar que ya se encontraba enfermo.

Shakespeare con su familia

El testamento, extenso y minucioso, está relacionado con el último misterio de la vida de


Shakespeare, aunque sea sólo menor y de orden anecdótico: después de nombrar como
heredero principal al marido de su hija mayor, Susan, y de legar valiosos objetos de oro y
de plata a su otra hija, Judith, dejó a su mujer su «segunda mejor cama». Nadie ha podido
descifrar el significado verdadero de tan extraño legado, que, a su vez, dice mucho del
cariz del matrimonio del poeta.

La posteridad se ha ocupado de Shakespeare más que de cualquier otro autor, y no sólo


en el sentido positivo. Muchos querían negarle la autoría de su obra atribuyéndosela a
espíritus más elevados, preferiblemente de origen ilustre. A Voltaire y a Tolstói, por
ejemplo, les irritaba no la persona del poeta (o su origen plebeyo), sino su obra, que es lo
contrario a todo orden clásico, regla artística o realismo formal. Es la misma libertad:
verbal, dramática, emocional. Se expresa con veloces imágenes, en una misma obra salta
años, países y mares, cambia azarosamente los hilos de la trama y alterna el tono cómico
con el trágico. Su obra es la perenne inquietud y su perspectiva, el infinito. Hace caso
omiso de los cánones de la composición porque obedece a unas leyes más importantes y
atávicas que las de la unidad de tiempo o de lugar. Nadie logró inmortalizar a tantos
personajes como este dramaturgo que prácticamente no llegó a inventar ni una sola
historia propia.

En una de esas metáforas asombrosamente plásticas que tanto abundan en su obra,


Shakespeare define la gloria como «un círculo en el agua / que nunca cesa de agrandarse
/ hasta llegar a ser tan ancho / que se disipa en la nada...». Pero la suya no fue así. No
tendió a desvanecerse, ni siquiera a languidecer: después del relativo desinterés por su
obra en los tiempos de moral puritana y de gusto neoclásico, a partir del prerromanticismo
se le volvió a descubrir de modo universal. Desde entonces todas las épocas y estilos
tienen su propio Shakespeare, corroborando la predicción de su amigo y rival, Ben
Jonson: «Él no era de una época sino para todos los tiempos».
Biografía de William Shakespeare
Dramaturgo, actor y poeta inglés, William Shakespeare es uno de los más grandes
autores de la literatura universal y clave en el desarrollo de las letras inglesas. Sus obras
de teatro son consideradas auténticos clásicos atemporales y su influencia a lo largo de la
historia de la literatura es indiscutible.

Si bien sus datos biográficos son pocos y muchos de ellos, inexactos, se ha llegado a la
conclusión de que nació en Stratford-upon-Avon el 26 de Abril de 1564. De familia
adinerada, aunque carente de poder en la zona, al parecer el joven Shakespeare recibió
una educación superior a la media, aunque sin llegar a una formación universitaria.

A los pocos años de contraer matrimonio, y de ser padre, Shakespeare se mudó a


Londres y comenzó su carrera en el teatro, primero como dramaturgo y luego pasando a
dirigir su propia compañía de teatro, en la que también hacía las veces de actor, llegando
a alcanzar una gran popularidad, siendo muy conocidas sus actuaciones en el teatro The
Globe, edificio que ha sido reconstruido recientemente y en el que se siguen interpretando
las obras del bardo inglés.

De las obras de Shakespeare, creadas en una época de transición en el teatro isabelino,


habría que destacar casi todos sus títulos. Sus obras han sido interpretadas y adaptadas
en innumerables ocasiones y son todavía hoy representadas y consideradas como fuente
de inspiración. Quizá, si hubiera que elegir, habría que señalar Romeo y Julieta, El rey
Lear, Hamlet, Macbeth o Julio César, entre las tragedias, y El sueño de una noche de
verano, El mercader de Venecia, La tempestad o La fierecilla domada, entre las
comedias. También habría que dedicar especial atención a sus recreaciones históricas,
como Enrique VIII o Ricardo III, entre otras.

En el campo de la poesía, Shakespeare celebra el amor con sus versos, destacando


especialmente su serie de Sonetos o en Venus y Adonis. La mayor parte de sus poemas
han sido antologados con criterios en ocasiones arbitrarios, dando como resultado
numerosas antologías bajo su nombre.

En 1611, cuando ya disponía de una buena renta tras sus años en el teatro, Shakespeare
se retiró a Stratford-upon-Abon, donde pasó a dedicarse de asuntos más prosaicos que
las letras, como el casamiento de su hija o el reparto de propiedades.

William Shakespeare murió el 26 de abril de 1616.


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Libros de William Shakespeare
Romances. Obra completa 4

2013
Dramas históricos. Obra completa 3

2012
Comedias. Obra completa 1

2012
Sobre el poder

2012
Comedias y tragicomedias

2012
Tragedias

2010
Noche de Reyes

2007
Enrique VIII

1613
Historia de Cardenio

1613 (2013)
Los dos nobles caballeros
1613
La tempestad

1611
Cimbelino

1610
El cuento de invierno

1610
Sonetos

1609 (2009)
Sonetos y Lamento de una amante

1609 (2009)
Coriolano

1608 (2010)
Pericles, príncipe de Tiro

1608
Timón de Atenas

1608
Antonio y Cleopatra

1606
Macbeth
1606
El rey Lear

1605
Medida por medida

1604
Otelo

1604
A buen fin no hay mal principio

1602
Hamlet

1602
Troilo y Crésida

1602
Como gustéis

1600 (2009)
Noche de Epifanía

1600
Julio César

1599
Las alegres casadas de Windsor
1599
Mucho ruido y pocas nueces

1599 (2009)
Enrique V

1598
El rey Juan

1597
Enrique IV

1597
Eduardo III

1596 (2005)
El mercader de Venecia

1596
El sueño de una noche de verano

1595 (2008)
Ricardo II

1595
Romeo y Julieta

1595
La violación de Lucrecia
1594
Los dos caballeros de Verona

1594
Tito Andrónico

1594
Trabajos de amor perdidos

1594
La fierecilla domada

1593 (1929)
Ricardo III

1593
Venus y Adonis

1593
Enrique VI

1592
La comedia de las equivocaciones

1592

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