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Discursos Presidenciales de Alfonsín

Este documento contiene los discursos presidenciales de Raúl Alfonsín ante la Asamblea Legislativa entre 1983 y 1989. Incluye su discurso de asunción el 10 de diciembre de 1983, así como sus discursos anuales de apertura de sesiones del 1 de mayo de cada año de su presidencia. También incluye su discurso del 16 de abril de 1987 tras el intento de golpe de Estado de ese año. Los discursos dan cuenta de sus políticas y prioridades de gobierno durante la transición a la

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Discursos Presidenciales de Alfonsín

Este documento contiene los discursos presidenciales de Raúl Alfonsín ante la Asamblea Legislativa entre 1983 y 1989. Incluye su discurso de asunción el 10 de diciembre de 1983, así como sus discursos anuales de apertura de sesiones del 1 de mayo de cada año de su presidencia. También incluye su discurso del 16 de abril de 1987 tras el intento de golpe de Estado de ese año. Los discursos dan cuenta de sus políticas y prioridades de gobierno durante la transición a la

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RAÚL ALFONSÍN

POR RAÚL ALFONSÍN

D ISCURSOS PRESIDENCIA LES


A N T E L A A S A M B L E A L E G I S L AT I VA
(1983 -1989)
Alfonsín, Raúl Ricardo
Raúl Alfonsín por Raúl Alfonsín : discursos presidenciales ante la asamblea legis-
lativa 1983-1989 / Raúl Ricardo Alfonsín ; editado por Horacio Garcete ; Nathalie
Goldwaser Yankelevich. - 1a ed . - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Universi-
dad de Buenos Aires. Cátedra Libre Democracia y Estado de Derecho Dr. Raúl
Alfonsín., 2018.
310 p. ; 22 x 15 cm.

ISBN 978-950-29-1687-3

1. Discurso. I. Garcete, Horacio, ed. II. Goldwaser Yankelevich, Nathalie, ed. III.
Título.
CDD 320.014

Fotografía de Tapa: Archivo Presidencia de la Nación, 10 de diciembre de 1983

Fotografías de interior: Archivo Presidencia de la Nación; Alejandro Ochoa;


Agencia DyN; Adolfo Passalacqua

Diseño de tapa e interior: Matías Reck

Cátedra Libre Democracia y Estado de Derecho Dr. Raúl Alfonsín

Impreso en Argentina
INDICE

Presentación ................................................................................................... 7
Elogio académico a Don Raúl Ricardo Alfonsín .......................................... 11
Discurso del presidente Raúl Alfonsín
ante la Asamblea Legislativa. 10 de diciembre de 1983 .............................. 25
Discurso del presidente Raúl Alfonsín
ante la Asamblea Legislativa. 1° de mayo de 1984 ...................................... 95
Discurso del presidente Raúl Alfonsín
ante la Asamblea Legislativa. 1° de mayo de 1985 .................................... 147
Discurso del presidente Raúl Alfonsín
ante la Asamblea Legislativa. 1° de mayo de 1986 .................................... 183
Discurso del presidente Raúl Alfonsín
ante la Asamblea Legislativa. 16 de abril de 1987 ..................................... 221
Discurso del presidente Raúl Alfonsín
ante la Asamblea Legislativa. 1° de mayo de 1987 .................................... 227
Discurso del presidente Raúl Alfonsín
ante la Asamblea Legislativa. 1° de mayo de 1988 .................................... 263
Discurso del presidente Raúl Alfonsín
ante la Asamblea Legislativa. 1° de mayo de 1989 .................................... 291
PRESENTACIÓN

D ESDE LA CÁTEDRA LIBRE “Democracia y Estado de Derecho


Dr. Raúl Alfonsín”, de la Facultad de Derecho de la Univer-
sidad de Buenos Aires tengo el honor de presentar el primer
volumen del proyecto: “Raúl Alfonsín por Raúl Alfonsín”, recopi-
lación del legado político, jurídico, intelectual, bibliográfico, parlamen-
tario y periodístico, del estadista argentino nacido en Chascomús,
provincia de Buenos Aires, el 12 de marzo de 1927, fallecido en la Ciu-
dad de Buenos Aires un 31 de marzo de 2009.
Es poco frecuente que un presidente tenga una obra literaria y
menos aún que ésta pueda ser catalogada como “completa”, por la pro-
pia exigencia que ello implica. Sin embargo, en Argentina tenemos
importantes ejemplos: Domingo Faustino Sarmiento (presidente de
1868-1874) tiene la suya, prolífico escriba desde tiempos juveniles, su
práctica literaria acompasaba su accionar político y su formación ideo-
lógica. Ese mundo de letras escritas, convertidas en un conjunto inter-
conectado de ideas que dan una noción de “mundo”, cobra conciencia
autoral y reconocimiento, para luego justificar su compilación completa
y reproducción cuidadosa. Aquella obra completa se convierte entonces
en un homenaje que consagra al personaje. Y esto es así porque tanto
-7-
la obtención y acopio del material, la preparación de la edición, son
proyectos póstumos, no ambiciones creadoras del autor. De algún
modo, una obra completa es un acto colectivo de preservación de la
memoria y de la historia de una comunidad, aunque luego, esas pala-
bras, esos discursos hayan suscitado direcciones y caminos diferentes.
Este volumen pretende constituirse en fuente primaria para facili-
tar el acceso a la palabra o “la voz” –sin añadidos– de Raúl Alfonsín por
parte de investigadores en Ciencias Sociales y Humanas, divulgadores,
hacedores de opinión pública, políticos, funcionarios y personas intere-
sadas en general, no sólo en la biografía del estadista evocado, sino
también de quienes lo estén en el conocimiento de la historia argentina
(y sudamericana), de la segunda mitad del siglo pasado, para cuya
comprensión resulta indispensable el conocimiento del pensamiento de
uno de sus protagonistas indiscutidos.
La compilación del vasto legado del líder político argentino, como
se anticipó, sin intervenciones en los documentos que sirven de fuentes
(rigurosamente transcriptos), con el interés de contribuir a un conoci-
miento cabal sobre su discurso y su accionar, esta se constituye, por en-
de, no en una obra de partido, dirigida en exclusivo a sus adherentes o a
sus simpatizantes, puesto que nuestro objetivo es la promoción de lectu-
ras superadoras de la visión única de Raúl Alfonsín como el instaurador
solitario del sistema democrático vigente en el país (finalizada la san-
grienta dictadura militar iniciada en 1976); o que lleven a transposicio-
nes semiológicamente incorrectas.
El primer volumen que presentamos, “Discursos presidenciales
ante las Asambleas Legislativas”, compila las alocuciones pronunciadas
por Raúl Alfonsín en ocasión de su asunción como presidente de la
Nación Argentina el 10 de diciembre de 1983; en oportunidad de reali-
zar la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso Nacional duran-
te los años de su Presidencia (1984-1989) y al dirigirse a esa Asamblea
en razón del intento de golpe de Estado dirigido contra las institucio-
nes democráticas durante la Semana Santa de abril de 1987, discurso
pronunciado el 16 de abril de ese año.
Las fuentes utilizadas en este primer volumen las constituyen las
versiones taquigráficas glosadas en los correspondientes Diarios de
Sesiones de la Cámara de Diputados, las cuales fueron cotejadas con
los registros audiovisuales del Archivo de la Televisión Pública Ar-
gentina y los audios de Radio Nacional Argentina, ante los posibles

-8-
errores tipográficos en los que se hubieren incurrido con el fin de
preservar el contenido y el sentido de los discursos presidenciales.
Como ya se ha aclarado, nos abstuvimos, desde la Cátedra Libre, de
realizar intervenciones a los discursos, con excepción de la aclaración
glosada en la transcripción taquigráfica que da cuenta de la interrup-
ción de la alocución por aplausos o exclamaciones de la concurrencia,
preservándose así la emisión genuina del orador.
No pretendemos “mirar a través de los ojos de Alfonsín” (ejercicio
que por otra parte no produciría un material bibliográfico “objetivo” ni
podría aplicarse una metodología científica), sino demostrar el “para-
digma Alfonsín”, su significación histórica, a través de sus mensajes al
pueblo de la Nación, por tales acciones políticas con grados de morali-
dad, de prédicas, de éticas, de principios pero sobre todo de innovación
en materia político-ideológico, atendiendo a las complejas coyunturas
de esos mensajes.
El alcance de este proyecto, en la medida de su objeto, compren-
derá futuros volúmenes relacionados a discursos pronunciados en
otros contextos, en otros marcos y en otros roles.
Para finalizar quisiera agradecer a quienes han planificado y orga-
nizado este proyecto tan valioso para el pensamiento político argenti-
no. Al Ab. Horacio Garcete, quien nos propuso esta ambiciosa pero
necesaria compilación; a la Dra. Nathalie Goldwaser Yankelevich,
quien coordinó, revisó y compiló todo el material para su publicación; a
la Señora Decana Prof. Mónica Pinto, a los Abs. Leandro Martínez y
Raúl Mariano Alfonsín, quienes gestionaron todos los recursos para
hacer posible esta obra; al querido José Ignacio López, íntimo colabo-
rador de Raúl Alfonsín durante su Presidencia, quien nos facilitó el
archivo fotográfico.
A todos ellos, a los lectores y lectoras, y sobre todo al pensamien-
to y la voz del Dr. Raúl Alfonsín, un agradecimiento profundo.

Prof. Carlos Mas Velez


Cátedra libre Democracia y Estado de Derecho
Dr. Raúl Alfonsín

-9-
ELOGIO ACADÉMICO A DON RAÚL RICARDO ALFONSÍN

L ES AGRADEZCO QUE COMPARTAN CON NOSOTROS, la comunidad


académica de la Universidad de Buenos Aires, la ceremonia de
entrega del título de Doctor Honoris Causa a don Raúl Ricardo
Alfonsín, presidente de los argentinos desde el 10 de diciembre de
1983 hasta el 8 de julio de 1989.
Múltiples son las razones para celebrar en esta ceremonia. Nos
convoca un evento importante de la Universidad. En él se distingue no
sólo a Raúl Alfonsín, sino a la democracia restablecida el 10 de diciem-
bre de 1983, al consenso como indicador de la convivencia democrática,
a los derechos humanos como fin del Estado, a la independencia del
poder judicial, a los derechos de los trabajadores, incluso el derecho de
huelga, a los errores y los disensos de y en la democracia. Y esto suce-
de a los veintiocho años de la democracia restablecida, en que el Conse-
jo Superior decidiera otorgárselo, aunque ya hace un año y treinta y
cuatro días en que Raúl Alfonsín dejara de ocuparse por la Argentina.
La Universidad nos convoca hoy, porque ella no es únicamente
un centro de seriedad y rigor académico en el que, mediante la inves-
tigación y la enseñanza, se logran elevados índices de dominio de las
ciencias, y se forman los especialistas en ellas.
- 11 -
La Universidad es también y, muy especialmente, un centro de
reflexión, un ámbito donde se construyen concepciones del mundo;
un lugar en el que debe comprenderse lo que pasa en la sociedad.
Esta es la idea de la Universidad de Buenos Aires. Por eso,
además de consagrar a través del juicio de pares a quienes regularmen-
te ejercen la investigación y la docencia, se preocupa por ofrecer la
cátedra, la tribuna académica, a quienes suscriben su preocupación por
comprender lo que pasa en la sociedad y contribuyen a la participación
de sus integrantes.
Esta es la idea que subyace al Doctorado Honoris Causa que la
Universidad de Buenos Aires discernió a Raúl Ricardo Alfonsín.

Alfonsín estudió derecho, egresó de esta Facultad de Derecho


de la Universidad de Buenos Aires en 1950. No es por su ejercicio de
la abogacía como se lo conoce mejor. Sin embargo, la vigencia del
derecho como pauta de convivencia social con apego a objetivos e in-
tereses compartidos e importantes para la sociedad toda, es una de las
marcas de su actuación pública.
Así pensó que “[s]i el orden autoritario se caracterizó siempre
por ser cerrado y opaco, el orden democrático no podía sino presentar-
se como lo contrario, un orden abierto y transparente. La transición a
la democracia, entonces, era el camino que el pueblo debía recorrer; el
conjunto de disímiles momentos en los cuales se articula una forma de
convivencia fundada en el respeto del otro con la capacidad de decidir
eficazmente el destino común, con un adecuado sistema de valores en
el que se inserte la gestión correcta de los negocios públicos”1.
Estas ideas fueron su práctica y también su docencia. En 2005, el
posgrado de esta Facultad de Derecho lo tuvo de profesor de un curso
de “Teoría del Estado” que él convirtiera en Fundamentos de la República
Democrática. Curso de Teoría del Estado, una obra editada por la Editorial
de la Universidad de Buenos Aires – EUDEBA, y que se presentara en
el salón Rojo de esta casa.
Acompañado casi invariablemente por Raúl Alconada Sempé,
Alfonsín venía a la facultad cada semana para formar juristas y diri-
gentes, y también para formarse, como todo buen docente.

1Raúl Alfonsín, (2006): Fundamentos de la República Democrática. Curso de Teoría del


Estado, Buenos Aires: Eudeba, pág. 80.

- 12 -
Egresado ya de la UBA, ese mismo año Raúl Alfonsín inicia una
carrera política que sólo culminará el 31 de marzo de 2009. En tono de
filosofía popular, solía señalar que “hacer política y a andar en bicicle-
ta, ¡se aprende de chico!”.
Empieza, entonces, en el Movimiento de Intransigencia y Re-
novación de la Unión Cívica Radical, en Chascomús, su ciudad natal.
Será sucesivamente concejal en Chascomús, diputado provincial en la
Provincia de Buenos Aires y diputado nacional durante el gobierno
de don Arturo Illia entre 1963 y 1966, ejerciendo además las funcio-
nes de vicepresidente del Bloque de Diputados Nacionales de la
Unión Cívica Radical del Pueblo; también fue presidente del Comité
Provincia de Buenos Aires de la UCRP.
El Gobierno de la “Revolución Argentina”, liderado por Juan
Carlos Onganía, cerró todas las posibilidades de actuación política públi-
ca, pero no pudo impedir el crecimiento de líderes políticos como
Alfonsín, que desarrollaron sus relaciones con políticos del propio paño
-y de otros- con objetivos compartidos. Los jóvenes radicales de la Junta
Coordinadora Nacional y Franja Morada, encuentran en Raúl Alfonsín
el líder progresista que puede expresar un cambio en el conservadorismo
que veían en Ricardo Balbín y sus seguidores. En el 1972, en Rosario, se
creó el Movimiento Renovador Nacional. Alfonsín fue precandidato
presidencial por esa corriente y, aunque no pudo superar a los seguido-
res de Línea Nacional, logró más del 25% de los votos.
En 1973, Héctor Cámpora y Vicente Solano Lima iniciaban un
período democrático –verdadero interregno– en el que prontamente
serían sucedidos por Raúl Lastiri, como presidente provisional, y por
la fórmula Perón-Perón masivamente plebiscitada por el pueblo.
Alfonsín sería diputado nacional.
Las elecciones del ’73 fueron el empujón para crear el Movi-
miento de Renovación y Cambio, con una posición sumamente crítica
a la estrategia de unidad nacional del balbinismo, en contra de todo
acuerdo con el peronismo, y un programa de izquierda socialdemó-
crata que proponía la reforma agraria, una nueva reforma universita-
ria, la democratización del sindicalismo y el establecimiento de una
democracia social.
Desde Renovación y Cambio, se postuló para las elecciones de
1983, y el 30 de octubre de ese año, el 52% de los votantes lo con-
sagró presidente de los argentinos; para todos gobernó.
- 13 -
Así decía en el cierre de campaña en el Obelisco:

Ahora somos nosotros, el conjunto del pueblo, quienes


vamos a decir cómo se construye el país. Y que nadie se
equivoque, que la lucha electoral no confunda a nadie; no
hay dos pueblos. Hay, dos dirigencias, dos posibilidades.
Pero hay un solo pueblo. (…)
No habrá radicales ni antirradicales, ni peronistas ni
antiperonistas cuando se trate de terminar con los mane-
jos de la patria financiera, con la especulación de un grupo
parasitario enriquecido a costa de la miseria de los que
producen y trabajan.
No habrá radicales ni antirradicales, ni peronistas ni
antiperonistas cuando haya que impedir cualquier loca
aventura militar que pretenda dar un nuevo golpe. (…)
Nuestra apelación a la fraternidad y la solidaridad en-
tre los argentinos es mucho más que un impulso ético.
Hay en ella un propósito político en el sentido más pro-
fundo de la palabra.
Porque la riqueza de un país no está en su territorio ni
en sus bienes, ni en sus vacas ni en su petróleo: está en
todos y cada uno de sus habitantes, en todos y cada uno
de sus hombres y mujeres. Es el trabajo, la capacidad de
creación de los seres humanos que lo habitan, lo que da
sentido y riqueza a un país2.

El derecho y la democracia fueron sus banderas de campaña. El


27 de octubre de 1983, desde una Plaza de la República colmada de
gente, proponía:

Tendremos autoridad porque seremos capaces de convencer,


porque estamos proponiendo lo que todos los argentinos
sabemos que necesitamos: la paz y la tranquilidad de una
convivencia en la que se respeten las discrepancias y en la
que los esfuerzos para construir que hagamos cada día no
sean destruidos mañana por la intolerancia y la violencia.

2 Discurso pronunciado el 27 de octubre de 1983 al final de la Campaña Presidencial.

- 14 -
Proponerse convencer solo tiene sentido si estamos
dispuestos también a que otros nos puedan convencer a
nosotros, si aseguramos la libertad y la tolerancia entre
los argentinos. Proclamamos estas ideas no sólo porque
nos parecen mejores sino -y sobre todo- porque sabemos
que constituyen el único método para que los argentinos
nos pongamos a construir de una vez por todas nuestro
Futuro. Esto es, simplemente, la democracia.

El 10 de diciembre del mismo año, con la banda presidencial


calzada, señalaba a la Asamblea Legislativa:

Vamos a establecer definitivamente en la Argentina la


democracia que los argentinos queremos, dinámica, plena
de participación y movilización popular para los grandes
objetivos nacionales, en el marco bien definido -pero
históricamente flexible- de nuestra Constitución, que ga-
rantiza todos los derechos, todas las libertades, todos los
avances sociales y culturales del mundo moderno; a la vez
que asegura la responsabilidad de los gobernantes ante el
pueblo a través de los mecanismos jurídicos y políticos de
control que la misma Constitución ha previsto, y de la pe-
riódica renovación de los poderes mediante el ejercicio del
sufragio3.

Con esas mismas ideas, eligió hombres y mujeres para acompa-


ñarlo en la gestión de la cosa pública. Los buscó plurales, los buscó
honestos, los buscó leales a la idea de país democrático que tenía y a él
mismo. Tuvo un gobierno que no cayó ni coqueteó con la corrupción,
lo que no eximió la ocurrencia de algún acto de ese tipo. Su promesa
“Vamos a hacer un gobierno decente”4 resultó honrada. Confió la justicia
a un grupo de hombres que eventualmente estaban identificados con
distintas corrientes políticas y comprometidos con la justicia. Lo mis-
mo sucedió con su gabinete.

3 Véase discurso completo en el presente libro, “Discurso del presidente Raúl Alfonsín
ante la Asamblea Legislativa. 10 de diciembre de 1983”.
4 Op. cit.

- 15 -
El 10 de diciembre de 1983, ante la Asamblea Legislativa expresó:

Nosotros creemos que el Estado debe ser independiente:


ni propiedad de los ricos, ni propietario único de los me-
canismos de producción. (…)
La independencia del Estado presupone dos condicio-
nes fundamentales: Por un lado, el protagonismo popular.
¿De dónde sacaría sino fuerzas el Estado para mantener
su independencia? La democracia será desde el primer
momento una fuerza movilizadora. La democracia movili-
za siempre, mientras que el régimen desmoviliza. El
régimen se ocupa de la desmovilización de la juventud. Se
ocupa, por ejemplo, de transformar las universidades en
enseñaderos. La democracia atiende a la movilización de
la juventud en torno de los problemas generales y de sus
problemas específicos.
Por otra parte, requiere la moralidad administrativa, la
conducta de los gobernantes. Seremos, más que una ideo-
logía, una ética. La lucha contra los corruptos, contra la
inmoralidad y la decadencia es el reaseguro del protago-
nismo popular. Las dos cosas, en realidad, van juntas: no
se puede luchar contra la corrupción, que está en la entra-
ña del régimen, sino a través del protagonismo popular
pero no se puede preservar el protagonismo popular sin
sostener una política de principios, una ética que asegure
su perduración5.
Muchos años más tarde, pudo decir con tranquilidad:
Toda mi actividad política buscó fortalecer la autonomía
de las instituciones democráticas y fortalecer el gobierno de
la ley, para que la ley y el estado de derecho estuvieran sepa-
rados de cualquier personalismo. Nuestro país tuvo un talón
de Aquiles: no podíamos garantizar la alternancia democrá-
tica del gobierno. El objetivo de toda mi vida ha sido que los
hombres y mujeres que habitamos este suelo podamos vivir,
amar, trabajar y morir en democracia. Para ello era y es ne-
cesario que además de instituciones democráticas haya

5 Op. cit.

- 16 -
demócratas, porque sólo así las instituciones democráticas
pueden sobrevivir a sus gobernantes6.

La construcción permanente de la democracia fue una elabora-


ción en la que memoria y derechos humanos tuvieron un lugar prepon-
derante. Fundador de la Asamblea Permanente por los Derechos
Humanos (APDH), durante la dictadura militar, Alfonsín fue genui-
namente innovador en sus decisiones en el campo de la memoria, la
verdad y la justicia, los tres valores que las democracias en transición
han considerado para elaborar sus políticas y planes de acción.
Así, en su asunción, enunció los principios de su justicia transi-
cional:

El pasaje a la libertad requiere una creciente comprensión


de los ciudadanos sobre la importancia de cada uno de los
actos que influyen sobre el conjunto social. Las libertades
concretas implican libertades sociales, acceso a la educa-
ción, posibilidad de justicia igualitaria, derecho a la salud,
resguardo de su intimidad y también, por supuesto, dere-
cho al orden que el gobierno democrático garantizará con
los medios que las leyes ponen en sus manos.
El país ha vivido frecuentemente en tensiones que fi-
nalmente derivaron en la violencia espasmódica del terro-
rismo subversivo y en una represión indiscriminada con
su secuencia de muertos y desaparecidos. (…)
La lucha entre sectores extremistas, así como el terro-
rismo de Estado, han dejado profundas heridas en la socie-
dad argentina; la manera de restañar esas heridas no puede
girar en torno a venganzas o resentimientos que serían in-
nobles en sí mismos, cuando no inmorales en muchos casos,
en cuanto pudieran comprometer al destino del país en esté-
riles fijaciones del pasado. Pero la democracia tampoco
podría edificarse sobre la claudicación, actuando como si
aquí no hubiera ocurrido nada.

6Raúl Alfonsín, (2004): Memoria Política. Transición a la democracia y derechos huma-


nos, Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, pág.19.

- 17 -
Se propiciará la derogación de la ley de amnistía dicta-
da por el gobierno militar. (Aplausos). Y se pondrá en
manos de la justicia la importante tarea de evitar la impu-
nidad de los culpables. La justicia, asimismo, tendrá las
herramientas necesarias para evitar que sean considerados
del mismo modo quienes decidieron la forma adoptada en
la lucha contra la subversión, quienes obedecieron órde-
nes y quienes se excedieron en su cumplimiento. (Aplau-
sos). Más allá de las sanciones que pudiera determinar la
justicia, el gobierno democrático se empeñará en esclare-
cer la situación de las personas desaparecidas. (Aplausos y
ovaciones).
Esto no exime de tremendas responsabilidades al te-
rrorismo subversivo, que debió haber sido combatido con
los medios que la civilización actual pone en manos del
Estado y no a través del empleo de medios similares a los
condenados por el conjunto de la comunidad nacional.
Vamos a emplear la sensatez, los métodos correctos,
los sanos principios. Ellos nos harán fuertes, demostrarán
al mundo que en la Argentina existe una democracia que
no está dispuesta a renunciar a sus razones de ser (…)
En la vida democrática, los ciudadanos tendrán la
tranquilidad que necesitan. La democracia es previsible y
esa previsibilidad indica la existencia de un orden mucho
más profundo que aquel asentado sobre el miedo o el si-
lencio de los ciudadanos.
La previsibilidad de la democracia implica elaboración
y diálogo7.

Mucho se ha dicho y escrito de la política de derechos humanos de


Raúl Alfonsín. Lo que parece más allá de toda duda es que fue genuina-
mente innovadora. Fue el primer gobernante en construir verdad, y en
hacer justicia para consolidar democracia. En los ochenta, no había
una norma jurídica positiva aplicable por todas las transiciones para
el tratamiento del pasado. Sin embargo, sí era claro que las decisiones

7 Véase discurso completo en el presente libro, “Discurso del presidente Raúl


Alfonsín ante la Asamblea Legislativa. 10 de diciembre de 1983”.

- 18 -
de los gobiernos involucrados en violaciones sistemáticas de derechos
humanos, respecto de su situación jurídica, debían declararse nulas;
también que debía repararse a las víctimas para lo cual debía echarse
luz sobre los hechos.
Alfonsín tributó a la democracia, la justicia y la verdad; su lec-
tura indicaba que la democracia debía ser reforzada, que para ello era
necesario conocer la verdad y que la mejor manera de llegar a la ver-
dad era a través de la justicia.

En su Memoria Política reflexionó

Era necesario, entonces, desentrañar de manera objetiva fren-


te a la sociedad todo lo que en verdad pasó. Descubrir y re-
construir la verdad es el mejor medio para que se produzca el
repudio social a prácticas aberrantes y un camino idóneo para
restablecer la dignidad de las víctimas (…) La difusión de la
verdad en el caso argentino constituía sin dudas una precon-
dición necesaria, pero aparecía como insuficiente para conso-
lidar debidamente los valores democráticos. Para ello surgía
entonces la alternativa del castigo. (…)
Nuestro objetivo no podía ser el juicio y la condena a
todos los que de una u otra manera habían vulnerado los
derechos humanos, porque esto era irrealizable, sino al-
canzar un castigo ejemplificador que previniera la reitera-
ción de hechos similares en el futuro. Necesitábamos dejar
una impronta en la conciencia colectiva en el sentido de
que no había ningún grupo, por poderoso que fuera, que
estuviera por encima de la ley y que pudiera sacrificar al
ser humano en función de logros supuestamente valiosos.
Queríamos prevenirnos como sociedad; sentar el prece-
dente de que nunca más un argentino sería sacado de su
casa en la noche, torturado o asesinado por funcionarios
del aparato estatal8.

8 Raúl Alfonsín, (2004): Memoria Política, Transición a la democracia y los derechos


humanos, Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, págs. 45-46.

- 19 -
Si muchos pudimos disentir con el acotamiento de la verdad
justiciable que su gobierno propició frente a las presiones de un poder
militar que no aceptaba hacerse cargo de sus crímenes, no podemos
dejar de reconocer que sus decisiones –respecto del establecimiento
de la Comisión de investigación de la desaparición forzada de perso-
nas (CONADEP)– y del procesamiento de las cabezas de las tres jun-
tas que detentaron el poder desde el 24 de marzo de 1976, incluidos
tres presidentes de facto, el conocido juicio de los comandantes, fueron
históricas y sus efectos explican que el tema de la verdad y la justicia
no se detuvieran en la Argentina, ni aun cuando ninguna acción judi-
cial parecía posible.
Su convicción democrática era poderosa. Nunca dejó de evocarla:

Pero nuestro compromiso está aquí, y es básicamente un


compromiso con nuestros contemporáneos, a quienes no
tenemos derecho alguno a sacrificar en función de hipoté-
ticos triunfos que se verán en otros siglos.
Nosotros vamos a trabajar para el futuro. La democra-
cia trabaja para el futuro, pero para un futuro tangible. Si
se trabaja para un futuro tangible se establece una corre-
lación positiva entre el fin y los medios. Ni se puede go-
bernar sin memoria, ni se puede gobernar sin capacidad
de prever, pero prever para un tiempo comprensible y no
para un futuro indeterminado9.

La herencia del pasado dictatorial incluyó el conflicto con Chile


en el Atlántico Sur. Un conflicto en el que las fuerzas militares invir-
tieron la vida de cientos de argentinos que prestaban el servicio militar
y que fueron llevados al campo de batalla en nombre de la soberanía
nacional sin preparación ni resguardo alguno.
Su sincero deseo de paz quedó claro al asumir:

Respecto del problema de límites con Chile en la región aus-


tral, reafirmamos que aceptamos como base de negociación

9Véase discurso completo en el presente libro, “Discurso del presidente Raúl Alfonsín
ante la Asamblea Legislativa. 10 de diciembre de 1983”.

- 20 -
la propuesta papal, dejando expresamente a salvo el princi-
pio de la división oceánica de ambas soberanías.
Aspiramos, de todos modos, a que la solución definitiva
de esta cuestión, una vez que se alcance sin desmedro de
ninguna de ambas partes, constituya el punto de partida
de una política de generosa reciprocidad en lo económico,
en lo cultural, en la defensa conjunta de los intereses co-
munes, y en la progresiva integración física de las comu-
nicaciones, el transporte y el desarrollo complementario
de nuestros dos territorios nacionales, unidos, más que
separados, por una de las fronteras más extensas del con-
tinente. Hacia Chile, como hacia los demás pueblos de la
América hermana, sólo alentamos sentimientos de amis-
tad, cooperación y franca unidad espiritual. El futuro dará
testimonio de la sinceridad de estas convicciones10.

Alfonsín era un hijo de la reforma universitaria y, como tal, tenía


un claro espíritu latinoamericanista. Así, sostuvo que “Somos conscientes
de que el destino argentino está indisolublemente unido al da los pue-
blos hermanos de América Latina, que en difíciles y dolorosas circuns-
tancias de reciente memoria nos acompañaron con su solidaridad y su
invalorable apoyo moral y político”11.
Una América Latina unida era un objetivo estratégico para su
gobierno, ello permitía pensar un poder de negociación mayor en un
mundo de desigualdades en el que el subdesarrollo nos marginaba de
la escena de las decisiones. Se trata, como dijo al asumir, de “otorgar
carácter de prioridad a la relación con las repúblicas latinoamerica-
nas. Se trata de afirmar la presencie de América Latina en la comuni-
dad internacional, de forma tal que se lleven a un nivel óptimo sus
posibilidades como región, y paralelamente la de cada uno de sus
miembros”12.
Así, en 1984 imaginó una negociación colectiva de la deuda ex-
terna latinoamericana en el contexto del acuerdo de Cartagena y más
tarde, en 1987, cuando con otros siete presidentes latinoamericanos

10 Op. cit.
11 Op. cit.
12 Op. cit.

- 21 -
compartió la tribuna para la búsqueda de la unidad, señaló claramente
los riesgos de la región. Así leyó, en esa realidad,

[U]n mensaje político de fundamental importancia: reve-


la que los pueblos de América Latina han tomado con-
ciencia de su identidad, de sus potenciales y, también, de
su inaceptable marginamiento de las grandes decisiones
mundiales. América Latina se sabe parte de Occidente, pe-
ro sabe también que pertenece al Sur subdesarrollado
económica y políticamente. Y desde aquí vemos que en el
mundo actual está vigente una distribución desigual e in-
equitativa de las riquezas, el desarrollo industrial y los
conocimientos científicos y tecnológicos. Por ello es nece-
sario que aquellas naciones que constituyen el centro de
Occidente reconozcan y comprendan hasta qué punto las
actuales decisiones económicas impiden nuestro desarro-
llo y nos condenan al atraso. (…) Defenderemos juntos
nuestras democracias. Pero es bueno tener bien en claro
que la defensa del supremo valor de la libertad no colmará
la esperanza de nuestros pueblos y debe ir acompañada de
un progresivo bienestar para cada uno de ellos.13

No es menos importante evocar aquí el rezo laico del Preámbu-


lo, como sintetizara en nombre de muchos, el recordado Juan Carlos
Portantiero en su prólogo de Memoria Política, no sólo porque lo sen-
timos, sino porque hoy, más que entonces, creemos que todavía está
pendiente constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la
paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general, y
asegurar los beneficios de la libertad, para nosotros, para nuestra posteridad,
y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argenti-
no: invocando la protección de Dios, fuente de toda razón y justicia.
Presidente Raúl Alfonsín, nosotros, los profesores, graduados
y estudiantes que integramos la comunidad académica de la UBA,
expresada en el Consejo Superior que aprobó la distinción que hoy
le otorgamos, tenemos algunas opiniones sobre estos temas.

13Raúl Alfonsín, (29 de noviembre de 1987): Discurso en la Primera Cumbre Lati-


noamericana, en Acapulco, México.

- 22 -
Es, justamente, porque la democracia vino para quedarse;
Porque como usted, creemos que con democracia se vive en
libertad, se come, se educa, se cura;
Porque sabemos que democracia quiere decir construir puen-
tes entre los hombres, mujeres y niños y barreras sólo contra la
marginación y la exclusión;
Porque como usted, creemos en el igual valor de la vida humana
en todos los países y la universalidad, interdependencia e indivisibili-
dad de los derechos humanos que toda persona debe tener, simple-
mente porque la calidad humana da iguales derechos;
Porque estamos convencidos de la importancia del imperio del
derecho, del respeto irrestricto a la norma de convivencia, y la existen-
cia de un poder judicial independiente e imparcial como árbitro legal de
las controversias y como verdadero punto final de la impunidad;
Porque tenemos la certeza de que durante su presidencia actuó
con honestidad y convicción y que, aun cuando se equivocó, lo hizo
convencido de que era lo correcto, de que ello servía al bien su pueblo,
de su país;
Porque su vocación democrática y republicana constituyen bie-
nes valiosos que usted ha sabido compartir con todos nosotros;
Por todo ello, don Raúl, la Universidad de Buenos Aires lo
distinguió con este título de Doctor Honoris Causa que le estamos
entregando con demora, con una demora que nos permite volver a
tenerlo un rato más.
Mónica Pinto
Decana
Facultad de Derecho, Universidad de Buenos Aires

Buenos Aires, 4 de mayo de 2010.

- 23 -
Fuente: Presidencia de la Nación, 1983.
DISCURSO DEL PRESIDENTE RAÚL ALFONSÍN
ANTE LA ASAMBLEA LEGISLATIVA. 10 DE DICIEMBRE DE 1983

(Extraído del diario de Sesiones del Congreso Nacional – Cámara de Diputados


y cotejado con el archivo sonoro emitido por Radio Nacional Argentina )

MENSAJE

H ONORABLE CONGRESO DE LA NACIÓN: venimos a exponer a


Vuestra Honorabilidad cuáles son los principales objetivos
del gobierno en los diversos terrenos en que debe actuar: la
política nacional e internacional, la defensa, la economía, las relaciones
laborales, la educación, la salud pública, la justicia, las obras de infraes-
tructura, los servicios públicos y todas las otras cuestiones que recla-
man la atención del pueblo, de los gobernantes y de los legisladores.


Nota de editores (en adelante, NdE): En esta publicación se ponderó la palabra
oral emitida por el presidente Raúl Alfonsín por sobre la registrada en la versión
taquigráfica. Es decir, en todos los casos en que hubo una controversia entre lo
transcripto y el discurso emitido, se privilegió la emisión oral.

- 25 -
En los aspectos particulares, que ya obran en poder de los señores
legisladores, solicito que se inserten en el Diario de Sesiones.
Pero queremos decir, también, que entre todas las áreas habrá un
enlace profundo y fundamental; que una savia común alimentará la
vida de cada uno de los actos del gobierno democrático que hoy se
inicia: la rectitud de los procedimientos.
Hay muchos problemas que no podrán solucionarse de inmediato,
pero hoy ha terminado la inmoralidad pública. Vamos a hacer un go-
bierno decente (Aplausos). Ayer pudo existir un país desesperanzado,
lúgubre y descreído; hoy convocamos a los argentinos, no solamente
en nombre de la legitimidad de origen del gobierno democrático, sino
también del sentimiento ético que sostiene a esa legitimidad.
Ese sentimiento ético constituye uno de los más nobles movi-
mientos del alma. Aún el objetivo de constituir la unión nacional debe
ser cabalmente interpretado a través de la ética. Ese sentimiento éti-
co, que acompañó a la lucha de millones de argentinos que combatie-
ron por la libertad y la justicia, quiere decir, también, que el fin jamás
justifica los medios. (Aplausos)
Quienes piensan que el fin justifica los medios suponen que un
futuro maravilloso borrará las culpas provenientes de las claudicacio-
nes éticas y de los crímenes. La justificación de los medios en función
de los fines implica admitir la propia corrupción, pero sobre todo, im-
plica admitir que se puede dañar a otros seres humanos, que se puede
someter al hambre a otros seres humanos, que se puede exterminar a
otros seres humanos, con la ilusión de que ese precio terrible permitirá
algún día vivir mejor a otras generaciones.
Toda esa lógica de los pragmáticos cínicos remite siempre a un
porvenir lejano. Pero nuestro compromiso está aquí, y es básicamente
un compromiso con nuestros contemporáneos, a quienes no tenemos
derecho alguno a sacrificar en función de hipotéticos triunfos que se
verán en otros siglos.
Nosotros vamos a trabajar para el futuro. La democracia trabaja
para el futuro, pero para un futuro tangible. Si se trabaja para un futuro
tangible se establece una correlación positiva entre el fin y los medios.
Ni se puede gobernar sin memoria, ni se puede gobernar sin capacidad
de prever, pero prever para un tiempo comprensible y no para un futu-
ro indeterminado. Los totalitarios piensan en términos de milenios y
eso les sirve para erradicar las esperanzas de vida libre entre los seres

- 26 -
humanos concretos y cercanos. Los problemas que debemos resolver
son los de nuestra época: los problemas que debemos prever son, a lo
sumo, los de las siguientes dos generaciones. Como dijo Juan XXIII,
más allá de eso no hay conclusiones seguras y los datos son demasiado
inciertos u oscilantes, lo que puede justificar la investigación, pero no
la acción política.
Si separamos a la política de su arraigo en el tiempo impedimos
que lleguen a la política los ecos del dolor humano. Ni la crueldad
actual ni la inmoralidad actual ni la claudicación actual garantizan un
futuro feliz: la justificación de los medios por el fin constituye la
apuesta demencial de muchos déspotas e implica el abandono de la
ética política. (Aplausos)
Mediremos, en consecuencia, nuestros actos para no dañar a
nuestros contemporáneos en nombre de un futuro lejano. Pero nos
empeñaremos, al mismo tiempo, en la lucha por la conquista del futu-
ro previsible, porque negarnos a luchar por mejorar las condiciones
en que viven los hombres, y por mejorar a los hombres mismos, en
términos previsibles, sería hundirnos en la ciénaga del conformismo.
Y toda inacción en política -como dijo el actual pontífice- sólo puede
desarrollarse sobre el fondo de un gigantesco remordimiento. La ac-
ción, ya lo sabemos, no llevará a la perfección: la democracia es el
único sistema que sabe de sus imperfecciones. Pero nosotros daremos
de nuevo a la política la dimensión humana que está en las raíces de
nuestro pensamiento.
Vamos a luchar por un Estado independiente. Hemos dicho que
esto significa que el Estado no puede subordinarse a poderes extran-
jeros, no puede subordinarse a los grupos financieros internacionales,
pero que tampoco puede subordinarse a los privilegiados locales. La
propiedad privada cumple un papel importante en el desarrollo de los
pueblos, pero el Estado no puede ser propiedad privada de los secto-
res económicamente poderosos (Aplausos).
Las oligarquías tienden siempre a pensar que los dueños de las
empresas o del dinero tienen que ser los dueños del Estado. Ya vimos
eso una vez más en los últimos años. Otros, a su vez, piensan que el
Estado debe ser el dueño de todas las empresas. Nosotros creemos
que el Estado debe ser independiente: ni propiedad de los ricos, ni
propietario único de los mecanismos de producción. (Aplausos)

- 27 -
La independencia del Estado presupone dos condiciones funda-
mentales. Por un lado, el protagonismo popular. ¿De dónde sacaría
sino fuerzas el Estado para mantener su independencia? La democracia
será desde el primer momento una fuerza movilizadora. La democracia
moviliza siempre, mientras que el régimen desmoviliza. El régimen se
ocupa de la desmovilización de la juventud. Se ocupa, por ejemplo, de
transformar las universidades en enseñaderos. La democracia atiende a
la movilización de la juventud en torno de los problemas generales y
de sus problemas específicos.
Por otra parte, requiere la moralidad administrativa, la conducta
de los gobernantes. Seremos, más que una ideología; una ética. La lu-
cha contra los corruptos, contra la inmoralidad y la decadencia es el
reaseguro del protagonismo popular. Las dos cosas, en realidad, van
juntas: no se puede luchar contra la corrupción, que está en la entraña
del régimen, sino a través del protagonismo popular; pero no se puede
preservar el protagonismo popular sin sostener una política de princi-
pios, una ética que asegure su perduración. ¿De qué serviría el prota-
gonismo popular, de qué serviría el sufragio, si luego los gobernantes
elegidos a través del voto, se dejaran corromper por los poderosos?
El sufragio tiene distintos sentidos simultáneos. Por una parte,
el voto implica la posibilidad de que gobierne el pueblo y de que el
Estado sea independiente. Por otra parte, expresa la existencia de una
regla para obtener legitimidad, ya que el pueblo no puede expresarse
por sí mismo, y el llamado espontaneísmo nunca existe en la realidad.
A través del sufragio, el pueblo tiene la forma de elegir a sus gober-
nantes y a sus representantes. No puede elegirlos a través del motín.
La violencia está inhabilitada para ser la forma permanente de mani-
festación del cambio. (Aplausos)
Venimos de un movimiento que no luchó en 1890 para ser go-
bierno, porque eso hubiera implicado establecer el principio de que el
poder, como decían los guerrilleristas de hace diez o doce años, estaba
en la boca de los fusiles. Al gobierno no se lo podía elegir a través de
un levantamiento, por popular que fuese. Se luchó para que hubiese
elecciones libres.
La creencia en los métodos violentos para tomar el poder y ejer-
cerlo implica que son razonables los puntos de vista de quienes mane-
jan mejor las armas, o de quienes están más armados. Ese concepto
fue objetado ya desde 1890, y fue objetado en medio de una revolu-

- 28 -
ción. La violencia era el régimen, y esa violencia del régimen no debía
ser reemplazada por otra de distinto signo, sino por el sufragio.
Históricamente nos opusimos a que una pequeña minoría de la
población, considerada a sí misma como población combatiente, eli-
giera al gobierno en reemplazo del pueblo. Por eso, luchamos para
defender el derecho a elegir gobierno, pero sólo para defender el de-
recho del pueblo a elegirlo. Esa distinción rechaza desde siempre a la
filosofía de la subversión. Pero debe tenerse en cuenta que la Consti-
tución y las leyes son subvertidas también por minorías armadas, que
reemplazan la ley por las balas, tanto a través del guerrillerismo co-
mo a través del golpismo. (Aplausos). Por eso, señalamos categórica-
mente que combatiremos el método violento de las élites, derechistas
o izquierdistas.
En un contexto internacional cada vez más interdependiente, el
sufragio garantiza la inserción de la Argentina en el mundo como
Nación independiente, mientras que la violencia de uno u otro signo
impide la inserción del país en el mundo o lo convierte en un teatro
de operaciones donde los actores pierden su propia iniciativa y el Es-
tado, en consecuencia, pierde su independencia, arriesgando que el
gobierno emergente de esa lucha no sería ya decidido por la pobla-
ción, sino por el acuerdo o desacuerdo en la mesa de negociaciones de
las superpotencias.
Además, la fuerza pura carece de capacidad para engendrar legi-
timidad, y por eso las dictaduras de derecha, aunque apoyadas por
algunos capitales monopólicos, terminan aisladas también del mundo
y se condenan inevitablemente al fracaso.
El método violento de las élites de derecha o de izquierda se jus-
tifica a sí mismo con el triunfo definitivo y final, absoluto, de una
ideología sobre otra y de una clase sobre otra.
La democracia aspira a la coexistencia de las diversas clases y
sectores sociales, de las diversas ideologías y de diferentes concepcio-
nes de la vida. Es pluralista, lo que presupone la aceptación de un
sistema que deja cierto espacio a cada uno de los factores y hace posi-
ble así la renovación de los gobiernos, la renovación de los partidos, y
la transformación progresiva de la sociedad.
El voto es la vía elegida en contra de la posesión monopólica del
Estado y del país por parte de los poderes económicos o financieros, y
también en contra de la posesión monopólica del Estado y del país

- 29 -
por un grupo armado, cualquiera sea la excusa con que se apodere de
los resortes básicos de una comunidad.
El sufragio, por definición, constituye un límite para los sectores
privilegiados y, como instrumento de las mayorías, tiende a lograr
una mayor justicia distributiva. Hace posible la resolución pacífica de
las controversias en la sociedad, y al proveer de la única legitimidad
pensable al Estado, favorece la continuidad de las instituciones repu-
blicanas y de las doctrinas en que ellas se asientan. La Argentina pu-
do comprobar hasta qué punto el quebrantamiento de los derechos
del pueblo a elegir sus gobernantes implicó, siempre, entrega de por-
ciones de soberanía al extranjero, desocupación, miseria, inmoralidad,
decadencia, improvisación, falta de libertades públicas, violencia y
desorden.
Mucha gente no sabe qué significa vivir bajo el imperio de la ins-
titución y de la ley, pero ya todos saben qué significa vivir fuera del
marco de la Constitución y de la ley.
Honorable Congreso: la voluntad del pueblo, a través de sus re-
presentantes, se hace presente hoy en este augusto recinto para dar
testimonio de que se inicia en estos instantes una nueva etapa de
nuestra vida nacional. La noción de ser protagonistas de este nuevo
comienzo, que será definitivo, nos inspira a todos un sentimiento de
responsabilidad acorde con el esfuerzo que hoy emprendemos juntos,
y nos infunde el valor para afrontar un conjunto de dificultades muy
graves que acosan a nuestra patria.
Esas dificultades son múltiples e inmensas, bien lo sabemos, pero
vamos a salir adelante con la fe y el empuje necesarios porque tene-
mos, sin duda, los recursos, la voluntad y el coraje. Y, sobre todo,
porque en este empeño estamos todos unidos. (Aplausos).
Al traer en este acto solemne la palabra del Poder Ejecutivo, invo-
cando la legitimidad de nuestra investidura constitucional, que es la
única fuerza indiscutible con que puede respaldarse la autoridad ante
un pueblo que es libre y ha sabido demostrarlo, venimos a enunciar,
muy someramente, nuestro programa de acción inmediata y nuestros
principales objetivos, contenidos en una clara plataforma política que la
mayoría del país ha hecho suya. A Vuestra Honorabilidad, como titular
del Poder Legislativo de la Nación y representación fiel de la opinión
popular, compete, a partir de ahora, la tarea superior de dar al país los
instrumentos legales para la realización de las “reformas prometidas” a

- 30 -
que alude, con visionaria anticipación histórica, el artículo 86, inciso
11, de la Constitución Nacional.
El estado en que las autoridades constitucionales reciben el país
es deplorable, y en algunos aspectos catastrófico, con la economía
desarticulada y deformada, con vastos sectores de la población acosa-
dos por las más duras manifestaciones del empobrecimiento, con si-
tuaciones sociales que reflejan crudamente el impacto de la miseria,
con un endeudamiento de insólito volumen y de origen muchas veces
inexplicable, que compromete gran parte de los recursos nacionales
para un largo futuro, con una inflación desbordada cuyos efectos son
una verdadera afrenta para los hombres que producen y trabajan, con
un clima de arbitrariedad, atropello e incertidumbre creado por la
absurda pretensión de gobernar por el miedo y la prepotencia, con la
cultura postergada y perseguida en muchas de sus expresiones, con la
educación y la salud relegadas a un segundo plano y consiguiente-
mente convertidas en privilegio de los menos, con una situación in-
ternacional agravada por decisiones irresponsables cuyas consecuen-
cias se transfirieron imprudentemente a un futuro y que ahora vienen
a depositarse en nuestras manos con la carga afligente de todos esos
males cuya cuenta precisa y detallada puede ser excusada aquí por ser
bien conocida; tendremos que enfrentarnos a partir de hoy, no sólo a
la tarea de corregirlos y eliminarlos para siempre, sino a la de echar
los cimientos de la Argentina libre, grande, próspera, fraterna y ge-
nerosa que queremos. (Aplausos).
Y lo haremos, desde luego, juntos y unidos en esa decisión repa-
radora que todos compartimos. Esa decisión, repito, que tiene que ser,
que ya es, el motor que impulsa nuestra marcha hacia adelante. Si
enorme es el desafío, inmensa debe ser nuestra voluntad. Si algo po-
demos prometer hoy sin temor a errar es que esa voluntad tan firme y
tan constante como las circunstancias lo requieran, no habrá de fal-
tarnos nunca.
Vamos a establecer definitivamente en la Argentina la democra-
cia que los argentinos queremos, dinámica, plena de participación y
movilización popular para los grandes objetivos nacionales, en el
marco bien definido pero históricamente flexible de nuestra Constitu-
ción, que garantiza todos los derechos, todas las libertades, todos los
avances sociales y culturales del mundo moderno, a la vez que asegu-
ra la responsabilidad de los gobernantes ante el pueblo a través de los

- 31 -
mecanismos jurídicos y políticos de control que la misma Constitu-
ción ha previsto, y de la periódica renovación de los poderes mediante
el ejercicio del sufragio.
Vamos a vivir en libertad. De eso, no quepa duda. (Aplausos). Co-
mo tampoco debe caber duda de que esa libertad va a servir para cons-
truir, para crear, para producir, para trabajar, para reclamar justicia
–toda la justicia, la de las leyes comunes y la de las leyes sociales– para
sostener ideas, para organizarse en defensa de los intereses y los dere-
chos legítimos del pueblo todo y de cada sector en particular. En suma,
para vivir mejor; porque, como dijimos muchas veces desde la tribuna
política, los argentinos hemos aprendido, a la luz de las trágicas expe-
riencias de los años recientes, que la democracia es un valor aún más
alto que el de una mera forma de legitimidad del poder, porque con la
democracia no sólo se vota, sino que también se come, se educa y se
cura. (Aplausos).
Termina hoy el estéril tutelaje sobre los habitantes de este país.
(Aplausos prolongados). Eso quiere decir que el gobierno retoma su
tradición como defensor del Estado de derecho y de las libertades
públicas, y quiere decir, también, que los ciudadanos reasumen el ple-
no ejercicio de sus responsabilidades. (¡Muy bien, muy bien! Aplausos).
En la Argentina existió una larga tradición de libertades públi-
cas, oscurecida durante los últimos años por la arbitrariedad y la irra-
cionalidad. Esto llevó al miedo, a la indiferencia producida por ese
miedo, a la ausencia de participación de los argentinos en los proble-
mas de los argentinos, a la falta de renovación en las personas, a la
asfixia de la imaginación.
La teoría de la seguridad fue esgrimida para evitar la vida libre,
sincera, franca y espontánea de nuestra gente. La aceptación de esta
teoría implicó el pago de un precio muy alto por una seguridad que
jamás puede alcanzarse sin la participación popular, aun a costa del
desorden de superficie. Hemos vivido, así, bajo el pretexto de la segu-
ridad, en una inseguridad monstruosa y bajo el predominio de las
ideas que privilegiaban a la autoridad en una virtual acefalía del go-
bierno, en una feudalización del poder, en una increíble confusión
sobre los roles que correspondían a cada uno de los engranajes del
Estado. La seguridad, sin libertad, pierde todo su contenido. Los ar-
gentinos no se sentían seguros y sabían que podían ser detenidos o,
aun, sufrir peor suerte, sin posibilidad alguna de defenderse. Los
- 32 -
órganos supremos del Estado, dividiéndose entre sus componentes,
agrupándose, disolviéndose o reapareciendo sucesivamente; los ar-
gentinos, expuestos a la muerte o muriendo efectivamente sin parti-
cipar de ninguna de las decisiones: todo eso era lo contrario de la
verdadera seguridad, que se nutre de la libertad y de la responsabili-
dad. (Aplausos).
Nuestra filosofía se basa en ideas distintas: la seguridad del Es-
tado no puede sostenerse sobre la inseguridad de la comunidad na-
cional. Nosotros privilegiaremos, por lo tanto, la plena vigencia de
los derechos humanos y la necesidad de desmantelar el aparato repre-
sivo… (Aplausos prolongados. Los señores legisladores se ponen de pie)
para que solamente las instituciones naturales, modernas y eficientes
de la justicia y de los organismos que deben servirla en el marco de la
legalidad se hagan cargo de los complejos problemas de la sociedad
moderna, problemas cuya gravedad no se nos escapa.
El pasaje a la libertad requiere una creciente comprensión de los
ciudadanos sobre la importancia de cada uno de los actos que influyen
sobre el conjunto social. Las libertades concretas implican libertades
sociales, acceso a la educación, posibilidad de justicia igualitaria, dere-
cho a la salud, resguardo de su intimidad y también, por supuesto,
derecho al orden que el gobierno democrático garantizará con los
medios que las leyes ponen en sus manos.
El país ha vivido frecuentemente en tensiones que finalmente de-
rivaron en la violencia espasmódica del terrorismo subversivo y en una
represión indiscriminada con su secuencia de muertos y desaparecidos.
La lucha entre sectores extremistas, así como el terrorismo de Estado,
han dejado profundas heridas en la sociedad argentina; la manera de
restañar esas heridas no puede girar en torno a venganzas o resenti-
mientos que serían innobles en sí mismos, cuando no inmorales en mu-
chos casos, en cuanto pudieran comprometer al destino del país en
estériles fijaciones del pasado. Pero la democracia tampoco podría edi-
ficarse sobre la claudicación, actuando como si aquí no hubiera ocurri-
do nada. (Aplausos).
Se propiciará la derogación de la ley de amnistía dictada por el
gobierno militar. (Aplausos). Y se pondrá en manos de la justicia la
importante tarea de evitar la impunidad de los culpables. La justicia,
asimismo, tendrá las herramientas necesarias para evitar que sean
considerados del mismo modo quienes decidieron la forma adoptada
- 33 -
en la lucha contra la subversión, quienes obedecieron órdenes y quie-
nes se excedieron en su cumplimiento. (Aplausos). Más allá de las san-
ciones que pudiera determinar la justicia, el gobierno democrático se
empeñará en esclarecer la situación de las personas desaparecidas.
(Aplausos y ovaciones).
Esto no exime de tremendas responsabilidades al terrorismo
subversivo, que debió haber sido combatido con los medios que la
civilización actual pone en manos del Estado y no a través del empleo
de medios similares a los condenados por el conjunto de la comunidad
nacional.
Vamos a emplear la sensatez, los métodos correctos, los sanos
principios. Ellos nos harán fuertes, demostrarán al mundo que en la
Argentina existe una democracia que no está dispuesta a renunciar a
sus razones de ser. Si, por una hipótesis, se abandonara el camino de
la ley, quienes lograran ese propósito tendrían un éxito político ini-
cial con que contar. No se puede vencer en el terreno de la fuerza si se
carece de razón. Nosotros queremos tener razón para poder ser fuer-
tes. (Aplausos).
En la vida democrática, los ciudadanos tendrán la tranquilidad
que necesitan. La democracia es previsible y esa previsibilidad indica
la existencia de un orden micho más profundo que aquel asentado
sobre el miedo o el silencio de los ciudadanos.
La previsibilidad de la democracia implica elaboración y diálogo.
Estamos cargados de ideales y de sueños que vamos a realizar en forma
honesta y razonable. Contamos con la amplia y comprensiva disposi-
ción al diálogo de la oposición que está demostrando desde ahora la
generosidad y patriotismo con que, a través de la crítica, colaborará en
la consolidación del proyecto democrático. Ese espíritu de unidad na-
cional que hace vibrar a todo el país no excluirá, sin duda, tempes-
tuosos debates y agrios enfrentamientos de coyuntura que nutrirán el
estilo republicano triunfante ya en el país. (Aplausos).
El diálogo, para ser efectivo, será un diálogo real que presu-
pondrá el reconocimiento de que no tenemos toda la verdad, de que
muchas veces habremos de equivocarnos y que hemos de cometer
errores humanos. ¿Para qué escucharíamos si no estuviéramos dis-
puestos a rectificar conductas? ¿Para qué rectificaríamos conductas si
no pensáramos que ellas pueden ser equivocadas en algunos casos?

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El país está enfermo de soberbia y no está ausente del recuerdo
colectivo, la existencia de falsos diálogos que, aun con la buena fe de
muchos protagonistas, no sirvieron para recibir ideas ajenas y modifi-
car las propias. El diálogo no es nunca la sumatoria de diversos
monólogos, sino que presupone una actitud creadora e imaginativa
por parte de cada uno de los interlocutores.
El gobierno nacional incita a llevar a cabo una cruzada horizon-
tal y vertical de democratización sobre la base de una acción renovada
de los partidos políticos, de las asociaciones intermedias y de cada
uno de los ciudadanos, en forma de permitir que los sistemas de fuer-
zas que anidan en la sociedad argentina se articulen en una conviven-
cia pacífica y creadora.
La democracia no se establece solamente a través del sufragio ni
vive solamente en los partidos políticos. La democracia necesitará que
el conjunto de la sociedad exprese aún las temáticas específicas desde el
compromiso representativo y republicano. No desconocemos la exis-
tencia de instituciones cuya tremenda trascendencia espiritual orienta
la vida cotidiana de millones de argentinos ni la existencia de asocia-
ciones intermedias. Unas y otras podrán colaborar en el gran debate
nacional como partícipes de la forma de vida democrática sin que se
descarte la existencia de nuevos canales para expresar a la compleja
realidad de nuestro tiempo, pero en el reconocimiento siempre de que
los objetivos son establecidos por el conjunto de la Nación, a través de
sus representantes, y no de acuerdos dominantes o corporativos entre
los sectores, realizados con prescindencia de las legítimas representa-
ciones o, aun, en contra de las legítimas representaciones.
Si sabemos orquestar la ponderada y equilibrada conjunción de
tales manifestaciones y atender a las legítimas preferencias que profe-
sa una Argentina integrada y viva, sin compartimentos estancos, sin
partes invisibles o secretas, iremos configurando un Estado dinámico,
eficaz y sano, nutrido por una comunidad libre y creativa.
[Nuestro gobierno no se cansará de ofrecer gestos de reconcilia-
ción, indispensables desde el punto de vista ético e ineludibles cuando
se trata de mirar hacia adelante]*. Sin la conciencia de la unión na-
cional será imposible la consolidación de la democracia; sin solidari-

*NdE: Esta frase en corchetes no ha podido ser verificada con el audio de Radio
Nacional Argentina ya que este da un salto sonoro.

- 35 -
dad, la democracia perderá sus verdaderos contenidos. Esta llama
debe prender en el corazón de cada ciudadano, que debe sentirse lla-
mado antes a los actos de amor que al ejercicio de los resentimientos.
Habrá libertad en la Argentina, y habrá también orden, el orden
presupone el rechazo de las violencias particulares, pero no solamente
de la violencia terrorista, sino también de la violencia que se perpetra
sobre el alma de los argentinos para tratar de empujarlos hacia las
ideas autocomplacientes y decadentes.
El gobierno democrático también impulsará una vigencia efecti-
va del federalismo constitucional. Nuestra Ley Fundamental estable-
ció un sistema de poderes articulado en torno a un Poder Ejecutivo
fuerte compensado con un Poder Judicial también fuerte e indepen-
diente y un Poder Legislativo con representación activa del pueblo y
de las provincias.
Sin embargo, el federalismo fue remplazado parcialmente –y no
solamente bajo gobiernos de facto- por un centralismo absorbente y
muchas veces irracional aun desde el punto de vista de sus propios fi-
nes. (Aplausos). Ese centralismo fue succionando desde las migraciones
interiores hasta los contenidos económicos pasando por un arrasamien-
to cultural del interior y llevando a la constante deformación de la vida
nacional. Esa tendencia debe ser revertida a través de una sincera leal-
tad para con las distintas regiones del país.
Las provincias volverán a asumir su histórico papel fundador de
la nacionalidad, despolarizando el desarrollo hasta convertirlo en
razonablemente homogéneo de acuerdo con las necesidades y carac-
terísticas de cada zona geográfica de la República, pero siempre en
forma tal que no existan más beneficiados por los avances de la civili-
zación en una zona y olvidados del destino, en la otra. (Aplausos).
Esto implicará una nueva dignidad en el pacto federal. Las pro-
vincias no necesitarán más asumir tácticas que muchas veces implica-
ron la aceptación del predominio de las grandes ciudades portuarias.
La existencia de provincias fuertes, seguras de sus propios méritos, es
también indispensable para la vida en condiciones justas.
El gobierno democrático cumplirá además con la obligación
constitucional de informar al pueblo sobre lo que ocurre en el país. El
cumplimiento de esa obligación constitucional implica que la oficiali-
zación de la mentira, de los secretos inútiles y de las verdades a ma-
dias ha terminado en la Argentina. (Aplausos).
- 36 -
Todos los habitantes de esta República podrán saber lo que ocu-
rre, sin que la información vuelva a ser jamás reemplazada por una
guerra psicológica que se perpetró contra el pueblo argentino, gene-
rando una verdadera muralla de incomunicación entre los gobernan-
tes y los gobernados e impidiendo así la realimentación de un circuito
que sirve a la gente común, con derecho para juzgar y opinar, pero
que también sirve a las mismas autoridades.
En la administración de los medios, transitoria o definitivamente
en manos del Estado, así como en la administración de la agencia ofi-
cial de noticias, existirá juego limpio: los instrumentos del Estado no
son propiedad privada de los gobernantes ni de un partido, sino de
todos los argentinos. (Aplausos).
A través de esos medios, así se expresará la natural pluralidad de
la República democrática, a través de todos sus matices. Terminó la
confusión entre organismos oficiales o momentáneamente interveni-
dos por el gobierno, y organismos oficialistas. A través de todas las
vías en que pueda influir, el gobierno transmitirá la natural diversi-
dad de opiniones de los ciudadanos sin censuras ideológicas y sin dis-
criminaciones.
Y esta decisión de cumplir con nuestro deber, como corresponde,
se fundamenta también en razones prácticas: en primer lugar, noso-
tros mismos necesitamos de la constante realimentación del circuito
informativo para saber en cada momento cómo reaccionan los distin-
tos sectores de la opinión pública; en segundo lugar, porque la razón
de ser de un gobierno constitucional y democrático implica el recono-
cimiento de la diversidad. Si negáramos u ocultáramos esa diversidad,
negaríamos u ocultaríamos nuestras propias razones de vivir y de
luchar.
El ciudadano común percibirá, de la mañana a la noche, la dife-
rencia entre el autoritarismo y la democracia. Puedo asegurar que
seremos totalmente honestos, desde el punto de vista intelectual, en
la administración de los medios de comunicación en manos del Esta-
do, y que ellos serán conducidos no solamente con limpieza adminis-
trativa sino con limpieza política, de modo que nunca más alguien
tenga que rechazar o subvalorizar una noticia por provenir de un
canal oficial y que nunca más nadie pueda suponer que se le retacea la
información completa a que tiene derecho. (Aplausos).

- 37 -
El ejercicio de la libertad será también didáctico, otorgando ra-
zones para que los argentinos se sientan copartícipes responsables de
la vida de su país y puedan así, imaginar nuevas soluciones, nuevos
caminos, corrigiendo, proponiendo o estimulándonos14.
Honorable Congreso de la Nación: estos son a grandes rasgos,
nuestros principales compromisos de gobernantes. Sobre la base de
estas ideas generales, que en esta oportunidad apenas podemos esbo-
zar, pero cuyo desarrollo más amplio hemos difundido de palabra y
por escrito antes del 30 de octubre, se elaborarán las propuestas con-
cretas de acción legislativa que serán sometidas a la ilustrada consi-
deración y sanción de Vuestra Honorabilidad, aparte de las iniciativas
que seguramente aportarán los señores legisladores de la Nación en
consonancia con las grandes líneas de pensamiento político, económi-
co, social y cultural que el pueblo hizo suyas en los recientes comicios
nacionales.
Inútil sería tratar de disimular la emoción cívica que invade
nuestro espíritu al presentarnos aquí, en este día, ante la magna
Asamblea que encarna la representación de todo el pueblo argentino.
Como sabemos que esa emoción es compartida y unánime, nos excu-
saremos de palabras sobreabundantes para expresarla. La circunstan-
cia no es propicia para la retórica, por otra parte. Es la hora de la ac-
ción y de la acción fecunda, decidida, comprometida e inmediata. Es la
hora de hacer, de hacer bien, de hacer lo que la República reclama y el
pueblo espera.
Por la libre voluntad del pueblo argentino tengo el honor y la
responsabilidad de asumir la Presidencia de la República. Los hom-
bres y mujeres de mi patria me honraron confiándome ese cargo con
una esperanza: la de recuperar la Nación para la vida, la justicia y la
libertad. (Aplausos).
Esa esperanza es nuestra respuesta, la respuesta de la inmensa
mayoría de los argentinos a una experiencia dolorosa. Hemos vivido
con dolor el imperio de la prepotencia y la arbitrariedad en esta tierra
en la que nuestros abuelos quisieron construir la igualdad y la justi-
cia. Hemos vivido el dolor de la violencia y de la muerte aquí, en esta

14Comienzo del texto no leído y que fuera entregado a los legisladores por el presi-
dente Alfonsín. Véase en página XX al finalizar este discurso.

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Argentina que todos soñaban y que todos queremos para la paz y
para la vida.
Hemos vivido, y todavía vivimos, el dolor del desamparo de mi-
llones de hombres y mujeres en un suelo que puede proveer a la pros-
peridad de todos, el dolor del hambre en el país de los alimentos, el
dolor de la falta de techo, de salud y de educación en una Nación don-
de nada justifica la existencia de estos males.
Hoy asumimos el gobierno de la Nación cuando está sumida en la
crisis quizás más grave de su historia. Pero los dolores que hemos vi-
vido nos dejaron lecciones que no podemos ni debemos olvidar, leccio-
nes que nos ayudarán para salir de una vez por todas de esta situación
intolerable, de esta degradación creciente de un pueblo y de un país
que no merece este triste destino. Los pueblos, como los hombres, ma-
duran en el sufrimiento, y no seríamos dignos del nombre de pueblo
argentino si no fuéramos capaces de aprender la lección del dolor.
Lo primero que no deberemos olvidar es que lo más valioso que
tiene nuestro país son los hombres y las mujeres que lo habitan. No
es el petróleo, ni las vacas, ni el trigo, ni las fábricas sino el trabajo y
la capacidad de creación de todos y cada uno de nuestros habitantes
lo que da sentido y riqueza a nuestra Argentina como a cualquier otra
Nación del mundo. (Aplausos).
La segunda lección es que sólo el pueblo se preocupa por el des-
tino del pueblo. Cuando se impide al pueblo decidir su propia suerte,
cuando se le prohíbe elegir y controlar al gobierno, tarde o temprano
se deja de gobernar para el pueblo.
Nadie puede pretender que un gobierno no cometa errores. Pero
de una vez por todas haremos que sólo sea el pueblo por su libre vo-
luntad y dentro de las instituciones democráticas, quien sea el único
que juzgue y corrija esos errores. (Aplausos).
El dolor que vivimos nos ha enseñado que cada vez que se coarta
el camino hacia la democracia, la inmensa mayoría de los argentinos
termina perjudicándose.
También aprendimos que hay quienes se benefician cuando es la
fuerza y no la voluntad libre del pueblo quien impone el gobierno de
la Nación. Aprendimos que los que estimulan la impaciencia para
proponer la intolerancia y la violencia como remedios han terminado
favoreciendo los intereses del privilegio. Aprendimos que cuando el

- 39 -
pueblo no decide sobre el gobierno, la Nación y el pueblo quedan
desguarnecidos frente a los intereses de adentro y afuera.
Y hemos entendido que hay fuerzas poderosas que no quieren la
democracia en la Argentina. Sabemos que la reivindicación del go-
bierno del pueblo de los derechos del pueblo para elegir y controlar el
gobierno de acuerdo con los principios de la Constitución, plantea
una lucha por el poder en la que no podemos ni debemos bajar los
brazos, una lucha que vamos a dar y en la que vamos a triunfar.
(Aplausos).
Tenemos una meta: la vida, la justicia y la libertad para todos los
que habitan este suelo.
Tenemos un método: la democracia para la Argentina.
Tenemos un combate: vencer a quienes desde adentro o desde
afuera quieran impedir esa democracia. (Aplausos).
Tenemos una tarea: gobernar para todos los argentinos y sacar
al país de la crisis que nos agobia.
Hoy enfrentamos dos desafíos: gobernar la Nación en la crisis y
consolidar definitivamente la forma de gobierno que asegure el dere-
cho del pueblo a decidir su destino, como hombres que somos, podre-
mos equivocarnos al gobernar. Como argentinos, en este momento y
para siempre, sólo permitiremos que sea el pueblo el único juez de esos
errores y el único con derecho a corregirlos. Nosotros, junto con la
inmensa mayoría de los argentinos, sabemos que los problemas que
vamos a enfrentar, a los problemas que esta crisis ha agravado enor-
memente, se tratará de aprovecharlos para combatir la democracia.
Pero sabemos que el pueblo aprendió la lección y que estará a nuestro
lado para defenderla con el vigor, la fuerza y la decisión de pelear por
su derecho de gobernarse.
Vamos a hacer realidad la esperanza de recuperar la vida, la jus-
ticia y la libertad, porque por dura que sea nuestra situación, ningún
obstáculo será insuperable frente a la voluntad inmensa de un pueblo
que se pone a trabajar, junto con el gobierno pero también más allá
de los gobernantes, en la tarea de construir su propio futuro. Otros
pueblos se han levantado de ruinas a veces más tremendas que las
nuestras. No somos más, pero tampoco somos menos que ellos. Tam-
bién nosotros podemos hacerlo, y lo vamos a hacer, superando dificul-
tades, equivocándonos y corrigiéndonos. Y no tengo duda de que
podremos gozar de esa vida, con esa justicia y esa libertad que hoy

- 40 -
deseamos. Lo vamos a lograr, vamos a dar ese ejemplo y vamos a
extender nuestra mano fraterna para que otros pueblos, en particular
nuestros pueblos hermanos latinoamericanos, también lo logren.
(Aplausos prolongados).
Hemos venido ante Vuestra Honorabilidad, conscientes de nues-
tras limitaciones y del arduo esfuerzo que tendremos que desplegar
para tratar de ponernos a la altura de nuestra responsabilidad histórica,
pero conscientes, con igual sinceridad, de que nuestro mandato es cla-
ro, terminante e ineludible: tal como lo es, en la esfera del Poder Legis-
lativo, el que han recibido los miembros de esta Honorable Asamblea, y
tal como lo será el que oportunamente reciban con acuerdo del Hono-
rable Senado, los jueces de la Nación que habrán de completar la arqui-
tectura constitucional de la República con su alta misión, más silencio-
sa, pero no menos esencial.
Todos somos humanos y falibles, pero esta vez contamos con
muy poco espacio para el error o la flaqueza. No debemos fallar. No
fallaremos. Y si al cabo de nuestros mandatos hemos cumplido con
aquellos grandes fines del preámbulo de la Constitución que alguna
vez nos hemos permitido recordar de viva voz como ofreciendo a la
gran Argentina del futuro nuestra conmovida oración laica de modes-
tos ciudadanos, entonces, como también lo hemos dicho en más de
una ocasión, nada tendremos que envidiar a los grandes de nuestra
historia pasada porque esta generación, la nuestra, tan hondamente
agitada por las luchas y las frustraciones de este tiempo, habrá mere-
cido de su posteridad el mismo exaltado reconocimiento que hoy sen-
timos nosotros por quienes supieron fundar y organizar la República.
Con el esfuerzo de todos, en unión y libertad, que así sea.

(Aplausos prolongados. Puestos de pie los presentes aclaman al Señor presi-


dente de la Nación).

Acto seguido se entonan las estrofas del Himno Nacional Argentino. Aplau-
sos prolongados.

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COMIENZO DEL TEXTO NO LEÍDO POR EL SEÑOR PRESIDENTE DE LA
NACIÓN, Y QUE FUERA ENTREGADO A LOS SEÑORES LEGISLADORES
ANTES DEL ACTO:

Planificación democrática y administración pública

Frente a la nueva coyuntura que vive el país, afirmamos nuestra con-


vicción de superar los desaciertos y las iniquidades del pasado, a la
vez que la decisión de construir con la colaboración de todos, un futu-
ro para la Nación Argentina.
El país atraviesa un momento crucial de historia nacional, la línea
divisoria que separa una etapa de decadencia y disgregación de un por-
venir de progreso y bienestar en el marco de la democracia. El resta-
blecimiento del imperio de la ley debe redoblar nuestros esfuerzos para
enfrentar creativamente los problemas de la hora. El desafío que tene-
mos por delante es grande: convertir la emergencia en la que nos en-
contramos, en la oportunidad para reanimar las potencialidades de la
sociedad, durante tanto tiempo sofocadas bajo el peso del autoritaris-
mo. Con la supresión de los obstáculos a la libertad y la participación,
con la reactivación de la voluntad de cambio y superación, seremos los
argentinos los que retomemos el control sobre nuestro propio destino
a través de un diálogo constructivo. De la firmeza en los propósitos, de
la claridad en los objetivos de la cohesión con la que nos sumemos a la
empresa común, dependerá nuestra capacidad para afrontar la pesada
herencia de un poder autoritario y de una crisis económica de magni-
tudes inéditas.
Para contribuir a la tarea en la que se juega nuestro futuro como
Nación pluralista solidaria e independiente, levantamos nuestra con-
cepción de una planificación democrática como instrumento adecua-
do. Ante las urgencias del momento actual y la necesidad de retomar
el camino del progreso y el bienestar es preciso racionalizar el uso de
recursos escasos, establecer las metas prioritarias, escoger entre las
diversas opciones a fin de sortear con éxito un contexto adverso, tan-
to en el plano interno como en el plano externo.
La planificación democrática es un instrumento de carácter polí-
tico. A través de ella es la propia sociedad la que se guía a sí misma y

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define los caminos a seguir, sin tutelas autoritarias, en el ámbito de la
participación de sus instituciones representativas. La concepción que
inspira a la planificación democrática es la de un Estado que no busca
sustituir a le sociedad sino interpretar sus anhelos, tal como se forman
en los debates públicos mediante los que ella toma conciencia de sus
aspiraciones y sus posibilidades y realiza sus opciones. Por ello, la pla-
nificación democrática no es un dispositivo centralizado y rígido. Antes
bien es un proceso abierto v continuamente renovado de adaptación al
cambio en los recursos y las necesidades de la sociedad, dentro de las
orientaciones permanentes de libertad, justicia social y soberanía.
En ese proceso, la tarea do los órganos de planificación del Estado
es la elaboración de una imagen coherente que incorpore y sintetice las
demandas colectivas proyectándolas en una perspectiva de futuro. La
finalidad del plan es doble. Por un lado, servir a la formulación de polí-
ticas públicas y otorgar transparencia a los actos de gobierno, de mane-
ra que la ciudadanía disponga de información para evaluar su gestión.
Por otro, contribuir a movilizar el apoyo solidario de los diversos gru-
pos sociales al esfuerzo que plantean las dificultades del presente y la
construcción de un orden económico y social que garantice el creci-
miento, el acceso de la población a los bienes públicos y la autonomía de
decisión nacional. En este sentido, el plan habrá de fijar los lineamientos
generales, preservando el margen de flexibilidad adecuado para que los
órganos de gobierno y las instituciones representativas y decidan su
implementación.
El eficaz desempeño de la administración pública será indispen-
sable para consolidar definitivamente la estabilidad del régimen repu-
blicano y la alternancia pacífica de gobiernos civiles y democráticos.
Para ello debe redefinirse el papel del Estado, que ha sido pro-
fundamente cuestionado y subvertido en estos últimos años. Tras el
disfraz de un neoliberalismo eficientista se forzó a la administración
pública a ser cómplice de una intensa política intervencionista. Se
agravó de este modo la tendencia a la concentración de ingresos y
poder en beneficio de la minoría especuladora y agresiva que mani-
puló permanentemente al Estado, violentando para ello las preferen-
cias profundas de sus cuadros.
No se trata entonces de apelar a paliativos ni a meros cambios or-
ganizativos o de procedimientos para resolver los problemas de nuestra
administración pública. Tampoco puede guardarse silencio frente a la

- 43 -
hondura de la angustia y el autocuestionamiento de sus cuadros mejor
inspirados. Lo que se requiere es una profunda transformación que
incluya la redefinición del papel del Estado, el establecimiento definitivo
de una carrera administrativa y la puesta en marcha de un serio y pro-
longado proceso de reforma del aparato estatal que no sólo acompañe la
democratización de la vida política del país sino que además profundice
el cauce democrático e impulse el desarrollo.
Es a partir de estas premisas, y concretando lo estipulado en
nuestra plataforma electoral, que hemos creado en el ámbito de la
Presidencia de la Nación, la Secretaría de la Función Pública, orga-
nismo responsable de la promoción, gestión y seguimiento de las ac-
ciones orientadas a la transformación del Estado, a cuya actividad
asignamos la mayor importancia.

Educación

El gobierno constitucional se ha propuesto, en otro de los campos


que considera fundamentales para su acción reparadora, desarrollar una
política educativa de clara inspiración nacional y democrática, basada en el
concepto esencial de que el hombre es el gran protagonista y el destinata-
rio final de todo el proceso formativo que se inicia en la niñez y culmina
con la capacitación laboral y profesional y el acceso a las manifestaciones
superiores de la cultura. La libertad, la dignidad de la persona humana, el
genuino pluralismo de una convivencia sin discriminaciones ni opresiones
son los valores centrales de ese proceso. Así, y particularmente en una
Nación como la nuestra, integrada por mujeres y hombres de distintos
orígenes ancestrales pero unidos por una misma vocación nacional que se
asienta en el común amor a la tierra compartida y en la participación libre
en instituciones y modos de gobierno igualmente libres, la educación se
constituye a la vez en una institución pública y un servicio social que el
Estado sostiene y presta para todos, con la colaboración de las institucio-
nes que aportan su propio sistema educativo a través del pleno ejercicio
del derecho constitucional de enseñar y aprender.
En lo que atañe a la función del Estado, reafirmamos los principios
tradicionales de la enseñanza pública argentina que ha de ser gratuita y
obligatoria en los niveles de preparación básica, e inspirada en un claro
propósito asistencial, de acuerdo con los lineamientos trazados un siglo
atrás por la ley 1.420. Hoy, a la luz de los nuevos tiempos, auspiciamos
- 44 -
la incorporación al sistema de la educación preprimaria y la obligatorie-
dad progresiva de la enseñanza media. Además, tenemos muy en cuenta
el valor esencial del docente como ejecutor de esta alta misión social, y
no sólo nos proponernos garantizarle remuneraciones decorosas y
régimen de tareas racional y adecuado, sino también plena libertad inte-
lectual y cívica, desterrando para siempre toda discriminación o persecu-
ción arbitraria. Los maestros para la libertad deben ser los primeros
depositarios y realizadores de los valores de la libertad.
Es obvio que nuestra preocupación se dirigirá ante todo a recons-
truir la escuela primaria, dotándola de los recursos indispensables para
su correcto funcionamiento y estimulando su acción pedagógica y social
por todos los medios. El mismo criterio, con la adecuación correspon-
diente a las distintas modalidades y necesidades, inspirará nuestra acción
en el nivel medio, donde además eliminaremos las trabas a la libre
agremiación estudiantil, modernizaremos los programas ampliando los
planes con salida laboral y apoyaremos la acción de los docentes faci-
litándole su agremiación profesional, su participación cultural y la racio-
nalización de sus sistemas de trabajo, tendiendo a la implantación del
cargo de tiempo completo y de tiempo parcial.
Consideramos a la universidad como un órgano fundamental pa-
ra la formación de una conciencia democrática y social en el país. Esta
misión de tan clara significación para la nacionalidad, debe cumplirla
a la vez que ejerce su alto ministerio cultural e intelectual de centro
de estudios superiores y escuela de capacitación técnica y profesional.
Para el gobierno de la universidad hemos sostenido permanen-
temente los principios de la reforma universitaria iniciada en 1918, a
los cuales adherimos con la convicción más absoluta de su constante e
histórica vigencia. Los instrumentos legales que proyectaremos para
poner en ejecución este compromiso adquirido hace muchos años se
inspirarán en esos indeclinables principios y en las mejores experien-
cias argentinas de su aplicación. Retornaremos así a la idea ejemplari-
zadora de que la universidad debe tener como objetivo formar hom-
bres y mujeres al servicio de la Nación y no tecnócratas encasillados
en sus profesiones.
No haremos ahora otra vez el penoso inventario de los males que
ha padecido la universidad argentina en los años recientes. Sólo ase-
guramos que les pondremos inmediato remedio, implantando un
régimen de gobierno y administración de las casas de estudio que se

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apoye en los principios reformistas de la conducción tripartita, el diá-
logo entre los claustros y dentro de cada uno de éstos, el coloquio
intelectual dinámico y fecundo y la democratización integral del sis-
tema. A su tiempo, y en este marco conceptual y ético, la universidad
misma, operando con los instrumentos de su autarquía administrativa
y su autonomía académica, reorganizará sus cuadros docentes
mediante limpios concursos de antecedentes y oposición, con preemi-
nencia de este último método, jerarquizará y modernizará sus activi-
dades y se abrirá definitivamente a todos los jóvenes capaces, de todas
las extracciones sociales, cuyo ingreso no se trabará con cupos ni res-
tricciones arbitrarias. La vocación científica, el estudio serio, la adqui-
sición de las idoneidades profesionales, se desarrollarán con libertad y
dignidad en la nueva universidad argentina. Esa nueva universidad,
libre, autónoma, creadora y hondamente convencida de su responsa-
bilidad nacional, está convocada desde ya a integrarse enérgicamente
al magno esfuerzo que todos los argentinos emprendemos hoy para
reconstruir las instituciones democráticas, poner en marcha el trabajo
productivo, asegurar el bienestar del pueblo y cimentar la grandeza
de la patria al amparo seguro de nuestra Constitución histórica.
Nuestro tiempo exige, por otra parte, que los gobiernos atien-
dan, como asunto de primordial relevancia, el desarrollo del saber
científico puro y de sus aplicaciones tecnológicas. Para encauzar esta
acción impostergable hemos creado la Secretaría de Ciencia y Técni-
ca, que coordinará estas actividades en el Estado y en otros sectores,
con el fin de utilizar e incrementar en grado óptimo el patrimonio
nacional constituido por las inteligencias y los conocimientos de mi-
llares de especialistas, muchos de los cuales se encuentran actualmen-
te radicados en el exterior por falta de oportunidades intelectuales en
el país o para eludir absurdas discriminaciones.
No sólo estimularemos con todos los recursos disponibles las ta-
reas de nuestros sabios e investigadores, sino que corregiremos defi-
nitivamente las prácticas discriminatorias del pasado. A ejemplo de
los países más avanzados y libres del mundo, en la selección y forma-
ción de recursos humanos dedicados a la labor científico-técnica sólo
se atenderá a la idoneidad y la capacidad profesionales.
Otra preocupación básica será la de coordinar trabajos, investi-
gaciones y programas científicos entre los diversos centros e institu-
ciones del país, incluidas las universidades, promoviendo a la vez el

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intercambio tecnológico con los países latinoamericanos y del mundo
en desarrollo y el diálogo igualitario y práctico con los países de
mayor adelanto en estas disciplinas, sin comprometer la capacidad
autónoma de decisión nacional en cuanto a la adquisición o desarrollo
de tecnologías.
La definitiva independencia de nuestro país sólo podrá lograrse
cuando nuestro pueblo, en pleno ejercicio de su libertad, descubra su
cultura, redescubriendo y reformulando su identidad nacional.
En las últimas décadas, salvo breves oasis de libertad, la cultura
argentina ha vivido cubierta bajo el imperio de la coacción, el elitismo
y la uniformidad ideológica. Los gobiernos autoritarios extremaron la
censura y la represión de nuestra sociedad, instituyeron el miedo, el
silencio y la frivolidad y acentuaron la desnacionalización de la cultu-
ra. Nuestro propósito es promover una acción descubridora, trans-
formadora y reparadora que fortalezca una cultura popular, nacional
y democrática. Así entendida, la cultura estará dirigida al conjunto
del pueblo, en pleno respeto federal por el desarrollo de las culturas
regionales, y no sólo a minorías supuestamente ilustradas. El concep-
to de cultura nacional disuelve la disyuntiva entre cultura superior y
cultura popular. Por eso el Estado promoverá, pero no determinará,
las características de la cultura, que estará al servicio de la identidad
personal y nacional, y procurará ser un instrumento para la descen-
tralización del poder.
No hay plenitud cultural en medio de la pobreza, la desposesión
y el abandono del pueblo. No hay tampoco políticas culturales válidas
si no se las articula coherentemente con la política educativa del Es-
tado. Cultura y educación se realimentan constantemente.
Nuestro gobierno promoverá, pues, las actividades culturales,
apoyará sistemáticamente su libre desarrollo e impulsará su proyección
en el plano interno y externo, por considerarlo de interés nacional.
Todo esto se llevará a cabo disponiendo que todas las áreas y entes
culturales sean dirigidos por expertos y profesionales de cada disciplina.
Implementando un conjunto de medidas que salvaguarden los
derechos del trabajador de la cultura en todos los órdenes (asistencia-
les, previsionales, intelectuales, etc.), queda sobreentendido que tam-
bién regirá la más absoluta libertad en el plano de las manifestaciones
culturales, cuyo desarrollo sin trabas apoyaremos con entusiasmo,
favoreciendo la proyección de las creaciones del espíritu nacional más

- 47 -
allá de nuestras fronteras, en América Latina y en todo el mundo, con
un claro sentido de recíproca apertura hacia las corrientes intelectua-
les y estéticas que van reflejando día a día la gran aventura cultural
de la humanidad. En ningún caso la acción del Estado en este campo
implicará interferencias ni presiones ideológicas. Estamos convenci-
dos de que sólo en libertad vive la cultura. En esta Argentina de-
mocrática que hoy da sus primeros pasos, no habrá privilegios oficia-
les para determinadas tendencias o grupos, ni mucho menos listas
negras u otras formas equivalentes de exclusión por motivos relacio-
nados con la subjetividad de las ideas o con la trayectoria política de
las personas. Damos por reiterados, en esta ocasión, los conceptos y
propuestas ampliamente enunciados en la plataforma electoral que en
su momento sometimos al juicio de la ciudadanía, y adelantamos
nuestra decisión de llevar adelante todos los proyectos de apoyo allí
esbozados para las tareas intelectuales, artísticas y culturales, y en
particular para las que expresen contenidos nacionales y procuren
aproximar a todos los sectores del pueblo al goce de las obras más
calificadas del espíritu.

Trabajo y Acción Social

El objetivo fundamental de lograr la plena democratización de la


sociedad argentina habrá de encontrar expresiones de singular trascen-
dencia en el campo laboral y social. Hemos sostenido reiteradamente que
no hay democracia posible sin sindicatos fuertes, representativos y de-
mocráticos en su funcionamiento y constitución. Nos proponemos dar a
esta propuesta toda la importancia que tiene para nuestro tiempo y para
el futuro del país.
La situación que recibimos se caracteriza por la prolongada para-
lización de la actividad sindical, tanto en lo interno como en la defen-
sa adecuada de los intereses de los trabajadores. Los efectos de las
medidas de suspensión de esa actividad tomadas a partir de 1976 han
sido nefastos, en lo social, en lo económico y en el plano simplemente
humano de la preservación de las condiciones más elementales de
vida de vastos sectores de la población.
Lo inmediato es combatir el empobrecimiento colectivo del sector
asalariado. Para ello hay que restablecer la función primordial del sindica-
to, asegurando que éste sea realmente representativo y vigoroso, con apti-

- 48 -
tud para una participación creciente en las decisiones básicas del mundo
económico, a través de la concertación con el sector empresario, tanto en
el estudio de los problemas comunes a todos los protagonistas de la pro-
ducción, como en la determinación periódica de salarios y condiciones de
trabajo por el mecanismo insustituible de las negociaciones y convencio-
nes colectivas.
Condición inexcusable para estos objetivos es garantizar la esen-
cia democrática de la organización sindical en todos sus niveles. Los
trabajadores argentinos consideran que el sindicato único por activi-
dad es el instrumento más adecuado para la defensa de sus intereses
profesionales. Compartimos esa preferencia, y afirmamos que el sindi-
cato con representatividad gremial debe ser además económicamente
poderoso e institucionalmente orgánico, sobre la base de una genuina
democracia interna. La política partidista no está vedada, desde luego,
a los dirigentes y militantes sindicales. Todo lo contrario, el trabaja-
dor agremiado siempre es, ante todo, un ciudadano con opiniones y
convicciones libres y respetables. El sindicato como tal, en cambio,
dado que representa a todo el gremio, debe ser ajeno a definiciones de
partido. Será el hogar común de todos los trabajadores, sin discrimi-
naciones políticas ni de ningún otro orden.
Debemos ayudar a nacer al nuevo sindicato, que tendrá poderío
material y económico, pero deberá tener, fundamentalmente, conteni-
do humano.
El nuevo sindicato debe organizarse de abajo hacia arriba, afirman-
do sus raíces en las bases y en el interior de la República. Será un sindi-
cato cuyos dirigentes surgirán como expresión genuina de las bases, sin
las deformaciones que históricamente ha producido la intromisión del
Estado, de los partidos o de los empresarios; cuyos procesos electorales
serán controlados por el Poder Judicial, que garantizará su corrección;
ampliamente participativo, con expresión adecuada de las minorías, y en
el que no se admita ninguna actitud discriminatoria de carácter político,
racial o religioso.
Afirmamos desde ya que el sindicato que haga política partidista
o de comité no tendrá personería gremial, la perderá en la instancia
administrativa; y además, estará siempre abierta la instancia judicial
para corregir las desviaciones o discriminaciones en que pudiera incu-
rrir alguna mayoría circunstancial.

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Así será el nuevo sindicato argentino, cuya gravitante participa-
ción contribuirá a crear una sociedad industrial desarrollada, asentada
en bases incuestionablemente democráticas. Para asegurar su naci-
miento y consolidación, oportunamente enviaremos a Vuestra Hono-
rabilidad los proyectos de ley destinados a lograr esa finalidad.
En el ámbito de la seguridad social, se tratará de restablecer
gradualmente la autonomía financiera del sistema, con plena concien-
cia de que cualquier propósito de mejorarlo para que satisfaga las
verdaderas necesidades de jubilados y pensionados se integra forzo-
samente en el marco general de la rehabilitación económica del país.
Mientras tanto, se preservará el monto real de las prestaciones, se tra-
bajará para impedir la evasión de aportes, se humanizará en la más
amplia medida la gestión administrativa de los servicios, se actuali-
zarán las asignaciones familiares y se iniciará la codificación de las
normas.
Paralelamente, en el área de Acción Social se llevará adelante
una dinámica política de construcción y financiación de viviendas. Ya
hemos señalado que este programa, esencial como prioridad inmedia-
ta de nuestro gobierno, persigue el doble objetivo de proporcionar a
la vez techo y trabajo. Esto supone que se atenderán en primer
término las necesidades de los sectores de menores recursos y que
para algunos de éstos será preciso acudir al crédito subsidiado. Se
contempla a partir de una asignación de recursos del orden del 3.5
por ciento del producto bruto interno, para aumentarla gradualmente
hasta el 5 por ciento. Al mismo tiempo, en la planificación de barrios
y asentamientos, se tendrá muy en cuenta la necesidad de dotarlos de
la infraestructura de servicios públicos acorde con las exigencias de
una vida urbana decorosa. Las primeras estimaciones de los expertos
que nos asesoran en esta materia indican que durante todo el período
constitucional se podrán iniciar entre ochocientas mil y novecientas
mil unidades de vivienda con una habilitación total, al término del
mandato, de un millón doscientas mil unidades, a las que se sumarán
otras doscientas cuarenta mil como aporte del sector privado. Para
1984, se ha previsto iniciar cincuenta mil viviendas mediante la acción
directa del Estado y otras treinta mil a través del otorgamiento de
créditos. Ese ritmo aumentará paulatinamente en los años siguientes.
En el campo de la salud, democracia quiere decir principalmente
dos cosas, para nosotros: hacer realmente equitativas las posibilidades

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de acceso a la mejor calidad de servicio de salud que nuestro país
pueda ofrecer a su pueblo y, por otra parte, garantizar una amplia
participación popular y de los diversos sectores de interés en la pro-
gramación y desarrollo de las actividades necesarias.
Superar las actuales desigualdades y discriminaciones exige una
efectiva unidad de conducción política en el sistema de salud, condición
necesaria, aunque no suficiente, para orientar la acción del Estado, las
obras sociales y el área privada hacia el común objetivo social que de-
ben cumplir. Es por ello que hemos unificado las responsabilidades del
gobierno nacional en este campo dentro de un solo ministerio, encar-
gado de orientar a los sectores hacia una paulatina integración que
haga real la buscada igualdad de oportunidades.
Por otra parte, otorgaremos prioridad absoluta al desarrollo de
los servicios básicos y más sencillos de salud, que se encaminan a en-
frentar las necesidades más difundidas y afligentes de nuestro pueblo,
prioridad que se ha visto postergada por una visión a veces distorsio-
nada por intereses comerciales y otras simplemente por el afán imita-
tivo de los vicios propios de los países más desarrollados.
Este énfasis en los servicios primordiales —preventivos, de diag-
nóstico y tratamiento precoz, educativos— habrá de complementarse
con una decidida reactivación y modernización hospitalaria que pro-
mueva, además, su paulatina integración funcional con las obras socia-
les. Simultáneamente, habremos de inducir, a través de la rapacidad de
contratación de estas últimas, un integral aprovechamiento de los re-
cursos asistenciales del sector privado, buscando el punto de armonía
entre sus legítimas expectativas y el interés social involucrado.
Tema central en este camino de transformaciones será una in-
dispensable regulación de la incorporación y uso de la amplia gama
de tecnologías destinadas al campo de la medicina humana, desde el
aparato hasta el medicamento, bienes todos ellos de carácter social
que no pueden incluirse en las reglas de juego del libre mercado.
Con relación al medicamento, es nuestra decisión encarar una
política de fabricación nacional de buena parte de las drogas fundamen-
tales, revirtiendo la tendencia de estos años de retroceso y disminu-
yendo nuestra dependencia en este campo. Los incentivos necesarios
para desencadenar este proceso deben acompañarse del requisito de
redimensionar el mercado a una gama de productos finales científica-
mente justificables, así como obtener un nivel de precios sustentado

- 51 -
en márgenes justos de ganancia que no se contrapongan al interés
social. En la emergencia de la primera etapa nos preocupará, sobre
todo, la obtención de los medicamentos indispensables para asistir a
los sectores más castigados por la crisis nacional, hoy marginados del
acceso a este bien fundamental.
No queremos una atención de la salud para los pobres y otra pa-
ra sectores más favorecidos. Debemos, por lo tanto, profundizar el
ejercicio de la solidaridad nacional, dentro de la amplia concepción de
la seguridad social expresada en el artículo 14 bis de nuestra Ley
Fundamental. Por ello, una decidida participación del Estado, junto a
los trabajadores, en la gestión de las obras sociales, encuadrará su
acción dentro de una política nacional de salud unificada y coherente,
garantizando además el uso irreprochable de sus recursos para los
fines solidarios a que están destinados.
Requisito indispensable para alcanzar muchas de nuestras metas
en salud es el ordenamiento y jerarquización de las profesiones y tareas
técnicas que se cumplen en esta área. El reconocimiento y estímulo a la
mayor capacitación, la exclusión de toda forma de discriminación en
los cargos, la adecuada retribución al trabajo intelectual y de servicio
contribuirán a otorgarle el respeto y el respaldo que merece su alta
responsabilidad social.
Por lo demás, toda esta acción se desarrollará como parte de un
sistema nacional de salud, destinado a cubrir las necesidades de toda la
población, que será estructurado y puesto en marcha a través de las
leyes que Vuestra Honorabilidad analizará y sancionará oportunamen-
te.
El desarrollo humano integral y la promoción de la familia
—elemento natural y esencial de la sociedad— constituyen desafíos
de nuestro tiempo que mi gobierno habrá de afrontar con respuestas
políticas precisas.
En efecto, nuestra concepción de la política social, inspirada en
los valores de solidaridad, justicia social y participación, dará impulso
a acciones de servicio, para la prevención de las situaciones que pro-
vocan estados carenciales, agravan las crisis vitales, agudizan conflic-
tos o afectan la igualdad de oportunidades.
A la minoridad abandonada, esa realidad emergente de un cuadro
estructural de extrema pobreza, se le dará la máxima prioridad. El
Estado desarrollará con energía su misión tutelar, y será el perfil

- 52 -
humano y social de los programas y de las instituciones de servicio
social a la minoridad, el que demostrará nuestra firme voluntad de
terminar con la vieja imagen de un asistencialismo despersonalizador
y productor de resentimientos.
El reconocimiento de los derechos de la familia y la realización
de aquellas prestaciones indispensables para preservarla de las con-
tingencias sociales que la afectan será una preocupación primordial.
La promoción de la participación, la calidad de vida y los valores de la
familia en todos los campos serán maneras de demostrar nuestra fir-
me vocación humanista.
Los jóvenes —en los que los argentinos reconocemos una diná-
mica realidad del presente y una firme esperanza de un futuro me-
jor— serán protagonistas plenos en la vida argentina. La sospecha y
la represión serán reemplazadas por la participación activa, coma
pilares de sustentación de nuestra democracia. Trabajaremos para
resolver los actuales problemas de su inserción socio-ocupacional,
promover su formación cívica y desarrollar aún más su espíritu soli-
dario. Estamos seguros de que con su esfuerzo generoso y su imagi-
nación creadora podremos modificar muchas de las condiciones que
determinan hoy el drama de la extrema pobreza y superaremos las
asechanzas de un consumismo despersonalizado para gestar la
Argentina solidaria.
La mujer, que con tanta fuerza demuestra su vocación protagó-
nica, encontrará en nuestra acción de gobierno cauce para sus inquie-
tudes, canales de participación y servicios de apoyo y orientación.
Nos preocupan particularmente los problemas que afectan a las ma-
dres que trabajan, a la mujer migrante; a la madre cabeza de familia y
a la que sufre las consecuencias de situaciones de abandono, depen-
dencia y marginación.
La tercera edad merece la atención prioritaria del Estado. Las me-
didas de carácter provisional —que aseguren la dignidad de la vida
para cada anciano— deben ser acompañadas de una acción preventiva
y promocional del Estado y el conjunto de la comunidad, tendiente a
brindar a la tercera edad la acogida y el reconocimiento de su rol activo
en el medio social.
La situación de las personas discapacitadas y los servicios que
requiere su atención integral habrá de ser un objetivo claro de nuestro
gobierno en sus aspectos educativos, laborales, de rehabilitación y de

- 53 -
inserción social. Si bien toda la comunidad debe compartir la responsa-
bilidad de contribuir al desarrollo humano integral de las personas
discapacitadas, el Estado no puede escatimar esfuerzos en este campo.
El deporte será un medio idóneo para lograr niveles más eleva-
dos de salud y educación. Será una herramienta más en la tarea de
construir una sociedad para la paz. No queremos un país de especta-
dores sino de actores. La actividad deportiva es, ante todo, estimulan-
te para la participación ciudadana y, en lo específico, pone en marcha
valores éticos y morales como la solidaridad, el orgullo bien entendi-
do, el respeto por el contrincante y la autoridad, el temple ante la
adversidad.
La actividad deportiva es un derecho que debe ser ejercido por
todos. La labor de la Secretaría de Deporte apuntará, en forma prefe-
rente, a incorporar a la práctica deportiva a aquellos vastos sectores
sociales hasta ahora impedidos de gozar de sus beneficios.
El gobierno procurará desarrollar jornadas deportivas semanal-
mente, en todos los distritos del país, en particular con los niños y los
sectores de menores recursos; coordinar entre la Secretaría de Depor-
te y la Dirección Nacional de Educación Física del Ministerio de
Educación la aplicación de una didáctica dinamizadora de la educa-
ción física y los deportes en los tres niveles educacionales; utilizar al
máximo la infraestructura deportiva existente mediante la coordina-
ción y cooperación del Estado con el sector privado; ampliar las posi-
bilidades de acceso gratuito a los centros deportivos; estimular la
participación de la familia y la tercera edad en los eventos deportivos;
crear un Centro de Estudios Deportivos, desde donde se formulen los
programas de apoyo al deporte y disciplinas afines y ejercer un estric-
to control sobre los fondos destinados para la promoción y desarrollo
del deporte amateur y profesional, de modo que se cumplan los obje-
tivos definidos.
Nuestra concepción de la promoción social es inseparable de la
indispensable participación popular en la solución de los problemas
de cada grupo comunitario. Poca ventaja de largo alcance puede espe-
rarse del mero paternalismo de Estado en el tratamiento de tales pro-
blemas, como tampoco la ofreció en su tiempo la aislada beneficencia
privada.
Es necesario estimular el activo compromiso de las organizacio-
nes comunitarias en las cosas que hay que hacer. Ejemplo de ello

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habrá de ser el desarrollo del programa alimentario nacional, en la
primera etapa de nuestro gobierno.
Dicho programa se orienta a atenuar los efectos de esta tremen-
da injusticia nacional que es la carencia de alimentos que sufren algu-
nos sectores de nuestro pueblo. Lo concebimos por lo tanto como un
acto de reparación y un derecho de las familias más castigadas, y de
ninguna manera como una acción benéfica. Su cumplimiento resultará
una responsabilidad compartida entre el Estado y los distintos secto-
res comunitarios que participarán en el programa, sea como colabo-
radores o beneficiarios del mismo.
Deberá tener, por otra parte, un carácter transitorio, hasta tanto
la recuperación del pleno empleo y un mejor salario real aporte con-
diciones estables a todas las familias argentinas.
Esta idea de participación en el desarrollo del PAN es el germen
de una evolución hacia verdaderos centros integrados de acción social
que profundamente enraizados en la población a la que sirven, ofrez-
can respuesta adecuada a las múltiples necesidades vigentes y orien-
ten un proceso de educación y participación popular esclarecida.

La política económica

Los objetivos fundamentales del gobierno constitucional se en-


cuentran en los ámbitos cultural, social y político.
Hemos dicho que en el terreno cultural, la nueva sociedad argen-
tina deberá encontrar la identidad en expresiones propias, distintivas,
que la cohesionen y además la manifiesten con caracteres definidos
junto a los demás pueblos de nuestra América.
En materia social será igualitaria, participativa, solidaria, libre,
abierta.
En el campo político, republicano, federal esencialmente de-
mocrática y fuertemente institucionalizada.
Para conseguir estos objetivos fundamentales, la política económica
deberá edificar la base material en donde se asentarán. Va de suyo en-
tonces, que esa base material estará sujeta a requisitos que se definirán
con claridad: no habrá lugar para el predominio de intereses sectoriales,
ni para expresiones de privilegio, ni para actividades prescindibles para-
sitarias o especulativas, y por el contrario se estimulará la producción,

- 55 -
poniéndose todos los recursos e instrumentos de que disponga el Esta-
do para expandirla y mejorarla.
A fin de lograr esa mejora en los niveles de producción, así como
también en los de empleo y remuneraciones, en forma consistente y
sostenida, será necesario que se recobre paulatinamente el equilibrio
de las variables macroeconómicas —tradicionalmente tan afectado
por las deficiencias estructurales de nuestra economía, y tan profun-
dizadas esas deficiencias por las devastadoras medidas adoptadas en
el último lustro—, eliminando procesos distorsionadores y comba-
tiendo la inflación en sus mismas fuentes, en forma tal que en pocos
años lleguemos a guarismos compatibles con los internacionales.
Se ha mencionado más arriba al Estado y es necesario anticipar
que el papel que deberá cumplir no se compadece con esta caracteri-
zación sobredimensionada e ineficiente de la actualidad, que sólo sirve
para agravar y preservar los privilegios de una minoría que atenta
contra el interés colectivo y los objetivos nacionales. Este Estado de
la actualidad, pesado, adiposo, retardatario, habrá que transformarlo
mediante una profunda reforma administrativa en el instrumento
idóneo para la realización de la grandeza y la prosperidad del país,
convirtiéndolo en un organismo ágil, vivo, flexible, con rápidos refle-
jos para detectar situaciones e ir anticipando el marco adecuado para
que se pueda desenvolver en forma armónica la economía nacional.
La Argentina podrá salir de la lamentable situación que padece
solamente si se recurre a lograr el máximo provecho posible del po-
tencial de crecimiento de la economía nacional, que es muy grande, y
que fue desdeñado por las políticas monetaristas recesivas que hemos
soportado en los últimos años.
Tendremos que hacer un enorme esfuerzo para aumentar la pro-
ducción y la productividad, y en este orden de cosas el rol que les
espera a los sectores productivos es fundamental. Estamos enfrenta-
dos a grandes desafíos, y de entre ellos tendrá un papel descollante el
del sector externo, en razón del enorme endeudamiento con el exte-
rior, tan irresponsable como irracionalmente contraído.
Para superar ese desafío, el país deberá, por un lado, aumentar el
ingreso de divisas, sobre todo por una política agropecuaria que au-
mente los saldos exportables, y por otro reducir sus importaciones a
través de una política industrial que sustituya insumos, estrechando
los límites hasta donde sea técnica y económicamente factible.

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En el equilibrio que se logre entre los sectores productivos
agropecuario e industrial está la clave de la celeridad con que se lo-
grará la recuperación. Son las dos piernas que harán avanzar al país, y
es sabido que cuanto más desparejas sean, la marcha será más lenta,
accidentada y dolorosa.
Dentro del esquema conceptual expresado más arriba, es funda-
mental definir políticas de largo plazo que determinen los objetivos
que deben ser alcanzados y las reglas de juego claras y permanentes
—lo que no significa que sean inflexibles, sino que se irán adaptando
a las realidades— que aseguren la igualdad de oportunidades privile-
giando la producción y eliminando la especulación. Desde este punto
de vista se considera a la intermediación comercial como un factor
coadyuvante de la producción para dinamizarla y no se tolerarán pro-
cesos innecesarios o parasitarios que sólo sirven para expoliar al
auténtico productor.
La planificación democrática, consentida e indicativa, en cuya
elaboración participen formando parte de un consejo económico social
los distintos sectores, y que deberá ser sancionada por el Congreso
Nacional como expresión de la voluntad política de toda la Nación,
será el medio para fijar los objetivos y los medios para lograrlos.
El Plan Nacional de Desarrollo asignará los recursos con que
cuenta nuestro país a través de un prolijo y ajustado programa que se
desenvuelva con una sana competencia y sin interferencias monopóli-
cas, que asegure la libertad de iniciativa, la igualdad de oportunidades
y la soberanía del consumidor.
Dentro de este esquema se definirá de manera congruente la polí-
tica de ingresos, la política impositiva, el gasto público, la política mo-
netaria y crediticia y la del sector externo, así como también la función
del Estado como empresario, que ha de operar dentro del esquema de
desburocratización explicado más arriba. En esta óptica, el Estado se
irá desprendiendo rápidamente de funciones innecesarias, conservando
aquellas empresas que prestan servicios públicos esenciales, las que
exploten recursos naturales no renovables o las que detenten monopo-
lios necesarios por su naturaleza.
Es decir, que el Estado se reservará el manejo de los resortes
superiores del manejo económico, que aplicará de manera neutral res-
pecto de los individuos, además de aquellas funciones que sean impres-
cindibles e indelegables.

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Los planes de largo plazo se definirán con objetivos escalonados
a mediano y a corto plazo y las medidas coyunturales que se adopten
deberán tener consistencia con los mismos.
La situación económica y financiera se encuentra en condiciones
de extraordinario deterioro que genera graves alteraciones sobre los
mecanismos básicos de la producción y distribución de los recursos.
La mera enunciación de los principales problemas puede dar una idea
de su profundidad y de que sólo una acción deliberada y continuada
para mejorar la utilización de los recursos con que cuenta el país
permitirá un real "despegue" de la economía, un aumento persistente
de la producción, un mejor reparto del ingreso y, consecuentemente,
una calidad de vida de los habitantes más adecuada.
El sector público no atiende apropiadamente funciones que le
son específicas, como la educación pública, la salud de la población o
el suministro de elementos esenciales para la vida cotidiana. En cam-
bio, el Estado utiliza excesivos recursos en actividades de escasa o
ninguna productividad, se encuentra atrofiado en partes muy impor-
tantes de su estructura o se dedica a actividades impropias y que, con
la organización actual, son mucho más rentables realizadas por el
sector privado. Resulta cruel paradoja que el concepto de Estado sub-
sidiario haya llevado paulatinamente a un Estado que participa mu-
cho más en la economía y lo hace al precio de grandes derroches.
La situación del sector público se agrava aún más si se considera
la forma como ese gasto se financia. Lo hace fundamentalmente por
dos vías. La primera mediante un sistema impositivo altamente re-
gresivo, apoyado casi totalmente por gravámenes que recaen sobre
los consumos imprescindibles. La segunda basada en la emisión mo-
netaria que, a su vez, es causa principal de la inflación. Esta forma de
financiar el déficit presupuestario significa, en la práctica, hacerlo
mediante un formidable impuesto de condición extremadamente
injusta, que sustrae ingresos de manera solapada a los tenedores y
perceptores de activos monetarios que, en su gran mayoría, son los
empleados y obreros que reciben sus remuneraciones al final de per-
íodos mensuales o quincenales y los mantienen líquidos por carecer,
generalmente, de medios para proteger sus mermados ahorros. El
encubierto impuesto realiza un verdadero despojo a estos sectores de
la población.

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Mejorar la naturaleza del gasto público, tanto del corriente como
del de la inversión, retornar a la actividad privada las funciones im-
propias del Estado, inyectar equidad al sistema impositivo y reducir
sustancialmente el déficit presupuestario son objetivos prioritarios
que se fija el gobierno constitucional.
El sistema privado se encuentra, a su vez, tremendamente debili-
tado. El singular ensayo monetarista aplicado en los últimos años
—basado en esquemas muy discutidos en los propios centros acadé-
micos foráneos donde fueron elaborados con vista a su utilización en
economías con alto desarrollo, y utilizados sin adaptación alguna a las
modalidades de nuestro país— partía, en esta área, de considerar al
financiero como un mercado perfecto, en donde las leyes de la oferta y
la demanda actúan sin interferencia de ninguna clase. Esta anacrónica
interpretación de los hechos en una sociedad moderna produjo cuan-
tiosos e irreparables derroches de riqueza, que se tradujeron en la
necesidad de liquidar un gran número de entidades financieras, hacién-
dose cargo el Estado, a través de la devolución de los depósitos, del
verdadero saqueo efectuado por el sector, mediante absurdas inversio-
nes sin prioridad alguna, autopréstamos de financistas apresurados y,
muchas veces, creando falsos créditos que los beneficiaban directamen-
te. Como secuela de tal ensayo existe ahora un sistema que presenta
graves debilidades y que para que vuelva a cumplir un eficiente papel
en la distribución del ahorro nacional requerirá profundas transforma-
ciones que las actuales circunstancias aconsejan realizar lo más rápi-
damente posible.
No debe omitirse que la deteriorada situación del sector financie-
ro, donde también operan entidades que actuaron en la emergencia
con prudencia y respondiendo a estrictas reglas bancarias, fue agra-
vada por factores exógenos a la acción de las unidades económicas
intervinientes.
Los niveles alcanzados por la inflación, y la inseguridad política
y económica prevaleciente contribuyeron a que aumentara la veloci-
dad de la circulación de la moneda, reduciendo al máximo la liquidez
de la economía. Otra paradoja que se produce en esta circunstancia es
que cuanto más moneda se emite, más se desmonetizan las economías,
pues la mayor velocidad del dinero da lugar a un crecimiento de la
demanda global y a un ascenso aún mayor de los precios. Todo ello
condujo a que los recursos monetarios existentes, en términos reales,

- 59 -
que son el material prestable por los bancos y demás entidades finan-
cieras, cada vez se redujeran más.
Excesiva cantidad de entidades bancarias y financieras, costos
elevados para operar, poca disponibilidad prestable y activos en buena
medida comprometidos conforman un sistema financiero poco eficien-
te, que requiere una rápida transformación renovadora, simplificadora
y de saneamiento.
La virtual falta de ahorro líquido en la economía da origen a muy
serias consecuencias, sobre todo cuando los escasos recursos existen-
tes no alcanzan para cubrir las necesidades del sector público. En esta
condición, las empresas en la práctica dependen exclusivamente de
sus propias ganancias para llevar a cabo las inversiones requeridas
para el aumento de la producción. Carecen de posibilidades de acceder
al crédito, que por el contrario cada vez se ha venido restringiendo
más, y de acrecer su patrimonio mediante emisión de capitales en los
mercados de valores, también privados de los recursos líquidos nece-
sarios. Este proceso se agrava, en un verdadero círculo vicioso, si se
considera que las utilidades empresarias se han reducido. Lo expuesto
pone en evidencia una de las causas principales que explican el retro-
ceso que experimenta la economía argentina durante los últimos
años. Justifica, asimismo, la necesidad de aportar medidas que estimu-
len la formación del ahorro y permitan, mediante la acción de un flui-
do sistema financiero, la transferencia de los grupos de individuos o
familias que lo generan hacia las empresas que lo invierten en las zo-
nas y actividades que se consideren prioritarias.
El problema de la deuda externa, quizás uno de los más graves
que configuran la situación que recibimos, será encarado de acuerdo
con los criterios que oportunamente propusimos. Tras el debido análi-
sis y estudio para determinar qué parte de la deuda es realmente
legítima, procuraremos renegociar nuestras obligaciones, en las condi-
ciones más favorables y con modalidades de pago que se ajusten a
nuestras posibilidades. No descartamos acudir a los organismos inter-
nacionales de crédito para obtener el apoyo financiero que nos corres-
ponde, así como el respaldo para la acción que debemos desarrollar con
la banca internacional. Esto no significa de manera alguna que vaya-
mos a someter a la economía argentina a recetas recesivas, sean de
adentro o de afuera del país. Presentaremos nuestro programa, sensa-
to, técnicamente correcto, compatible con el crecimiento del país y el

- 60 -
pago de la deuda, y a ese programa nos vamos a atener. Seremos
flexibles en las formas, pero no en el contenido, pues no creemos que
el problema de la deuda pueda resolverse con medidas que impliquen
más recesión económica, ni siquiera en el supuesto inconcebible de
que estuviésemos dispuestos a aceptar lo inaceptable, es decir, la pro-
longación de la pobreza y la miseria del pueblo.
Las autoridades constitucionales encuentran al país altamente en-
deudado en el exterior. Se trata de una deuda contraída sin compensa-
ción significativa de bienes físicos o tecnológicos incorporados al activo
productivo. Por el contrario, esa deuda reconoce como contrapartida la
destrucción de una parte de la capacidad productiva que existía en el
país. La verdad cruda de este insólito endeudamiento es que los activos
externos que le dieron origen retornaron —por distintas vías: remesas
de residentes, turismo masivo, intereses, pago de importaciones pres-
cindibles, etcétera— a los países acreedores, produciéndose así una
fuga en masa de capitales al exterior y quedándose el país sin los recur-
sos externos correspondientes y con un elevadísimo y complejo con-
junto de deudas a favor, en lo principal, de más de trescientos bancos
privados extranjeros. Se trata, evidentemente, de los efectos perversos
de una política económica que perjudicó a los intereses nacionales y
que vio facilitada su acción por la existencia de elevados activos líqui-
dos internacionales que, aprovechando las debilidades de esa política,
buscaron y obtuvieron fáciles utilidades especulativas.
Este endeudamiento externo que el país, siguiendo una tradición
inalterable, reconoce en cuanto haya sido legítimamente constituido,
no puede resultar un freno a su desarrollo. Se abonará en la medida
en que las exportaciones argentinas puedan expandirse en el futuro,
pero supeditando el pago de los servicios y amortizaciones a la con-
veniente provisión de materias primas y productos intermedias que
requiera una pujante y creciente actividad interna.
No es concebible, ni política ni socialmente, el pago de esa deuda
si se cierran los mercados a nuestras exportaciones o si para hacerlo
fuere necesario contraer la actividad interna. El responsable ordena-
miento del desquiciado sistema económico y el uso apropiado y pleno
de los ingentes recursos humanos y materiales con que cuenta el país
son las condiciones necesarias para dar un rápido cumplimiento a esas
obligaciones. Esas condiciones son las que servirán de base al plan

- 61 -
económico que el gobierno constitucional someterá a le consideración
del pueblo argentino.
Un requisito indispensable para el éxito de dicho plan, lo cual es
también un desafío a la democracia que se inicia en la Argentina, es
poner fin a la incomparable inflación, que desde hace varios decenios
afecta a la economía y que en los años recientes ha experimentado un
crecimiento inusitado No existen antecedentes en el mundo de un pro-
ceso de esta naturaleza tan extendido en el tiempo y tan intenso en las
cifras que lo registran. En este combate debe participar toda la pobla-
ción. El gobierno establecerá los medios a utilizar, pero todos los sec-
tores deben contribuir a la derrota del flagelo, para lo cual es necesario
tener cabal idea de su peligrosidad y persistencia en la sociedad argen-
tina. Nadie debe sustraerse a esta lucha, cuyo resultado compromete el
destino de la Nación.
La inflación tiene tremendas y negativas consecuencias morales,
sociales y económicas. Crea inseguridad en las familias al destruir el
valor del signo monetario y quitar certeza a las transacciones cotidia-
nas. Actúa como distribuidor regresivo de riquezas, afectando a los
sectores más desprotegidos, aquellos que dependen de sus ingresos
monetarios y carecen de bienes físicos, Asigna pésimamente los recur-
sos, ya que los propios ahorristas se convierten en directos inversores,
al carecer de frenos que los protejan de la erosión de sus ahorros. Res-
ta, consecuentemente, productividad a la economía, y se encarga, por
procedimientos diversos, de transferir al exterior las divisas ganadas,
que el país produce generosamente.
Varias causas muy diferentes explican la inflación en la Argenti-
na, después de tantos años en que sus habitantes conviven con ella.
Algunas son de tipo estructural y otras provienen de la excesiva de-
manda en algunos sectores. Hoy día, entre estas últimas causas, se
destaca el extraordinario déficit que ha alcanzado el presupuesto y
que obliga, ante la carencia de mercados financieros adecuados, a emi-
tir moneda para financiarlo. La acción del gobierno será implacable
para erradicar todas las causas de la inflación, pero pondrá especial
énfasis en corregir el tamaño de este déficit, cuya persistencia conver-
tiría en inocuos todos los esfuerzos a realizarse en otros campos. Ello
permitirá, asimismo, elaborar una verdadera política de ingresos, que
ponga a la lucha irracional por la distribución que, en definitiva, se
convierte en una puja interminable por distribuir entre los distintos

- 62 -
sectores sociales lo poco que produce una sociedad que no genera la
inversión requerida para impulsar la economía.
La lucha contra la inflación se dará con ciertos requisitos. Ella debe
venir acompañada con un sostenido crecimiento de la producción y por
una mejor distribución del ingreso, tanto a nivel de individuos como de
regiones del país. Los mayores recursos que se liberen deben transferirse
en mayor proporción a los más necesitados y a las zonas más rezagadas
del interior, que son las que han sufrido más intensamente los efectos de
las políticas monetaristas. La experiencia argentina demuestra acabada-
mente que los métodos anti-inflacionarios basados en reducir la activi-
dad interna y concentrar los ingresos para producir mayor ahorro han
sido seguidos por rotundos y costosísimos fracasos.
La grave situación del país no permitirá obtener resultados sus-
tanciales de un día para otro. Pero, seguidamente, más pronto de lo
que muchos esperan, la ordenada utilización de recursos, dentro de
una política de signo nacional con claros objetivos, logrará poner en
movimiento los extraordinarios recursos humanos y materiales con
que cuenta el país, que de esta manera, y en pleno goce de sus institu-
ciones y libertades fundamentales, ha de dirigirse rápidamente hacia
el logro del destino que le marcan su historia, sus antecedentes de-
mocráticos y sus incalculables recursos.
Para lograrlo, la compleja crisis económica será encarada de
acuerdo con los criterios ampliamente expuestos antes de nuestra
elección. Se dará prioridad absoluta y militante, por así decirlo, a la
atención de los problemas que afectan a los sectores más desampara-
dos de la población, pondremos en marcha enseguida el Plan Alimen-
tario Nacional, que hemos denominado PAN, para acudir sin demora
en apoyo de aquellos que carecen de lo más elemental, y en primer
lugar para resguardar la salud de los niños. La existencia de casos de
pobreza extrema, y sobre todo de niños desnutridos y enfermos sin
posibilidad de atención médica adecuada, es un agravio a la conciencia
colectiva de los argentinos, que debe ser reparado inmediatamente.
No obstante, las grandes dificultades económicas que tendremos que
afrontar, volcaremos en este esfuerzo toda nuestra solidaridad y to-
dos los recursos disponibles.
Los objetivos globales de nuestra política económica acaban de
ser reseñados, pero conviene reafirmarlos. Combatir la inflación hasta
eliminar sus nefastas consecuencias, poner en marcha nuevamente la

- 63 -
capacidad productiva del país en todas sus dimensiones, promover la
plena ocupación, redistribuir el ingreso en favor de los sectores más ca-
renciados, estimular especialmente la aptitud del campo como productor
de alimentos y generador de divisas, ir ordenando la actividad financiera
para que cumpla su función natural de apoyo a la producción y deje de
ser una pesada carga o un esquema teórico de aplicación imposible y,
sobre todo en esta primera etapa, controlar y reducir el gasto del Estado.
En este último punto, se asienta uno de los propósitos fundamen-
tales de nuestro programa. Con un déficit fiscal que excede el 13 por
ciento del producto bruto interno, no hay ordenamiento económico ni
financiero posible, ni es viable ninguna técnica razonable de manejo
de la moneda. Con prudencia, pero con firme decisión, esta situación
tendrá que ser gradualmente corregida. Un primer objetivo es redu-
cir el déficit a no más del 5 por ciento del producto bruto, en parte
por la mejor recaudación fiscal, para lo cual existe amplio margen,
pero principalmente por la limitación del gasto público, dado que la
presión impositiva difícilmente puede ser intensificada, por lo menos
respecto de los sectores que normalmente pagan sus gravámenes.
El otro gran objetivo, es liberar recursos para reactivar al sector
privado y hacer marchar nuevamente a toda la economía; pero si se
intenta reducir el déficit sólo con más impuestos, se estará sacando
con una mano lo que se dio con la otra. Reducir el déficit por la vía
del gasto mientras se recupera la capacidad normal de recaudación
tributaria constituye el principal camino para dar espacio al sector
privado. Y esa reducción, como ya lo hemos anunciado, tendrá que
operar principalmente sobre sectores del presupuesto como el de de-
fensa, hoy de dimensión excesiva, para poder aumentar el gasto en
salud y educación y facilitar la expresada liberación de recursos.
Simultáneamente, será necesario recomponer los ingresos del
sector laboral. No sólo por exigencias de justicia social o distributiva,
sino también porque sin salarios no hay consumo y sin consumo no
hay empresas prósperas. Este proceso, que será lo menos lento posi-
ble, tendrá de todos modos que ser muy acelerado, prácticamente
inmediato, para aquellos que no pueden esperar un día más, es decir,
para la masa de desocupados o sólo parcialmente ocupados. Por ello,
tenemos previsto aumentar la construcción de viviendas, con lo cual
satisfaremos, al mismo tiempo, dos objetivos sociales básicos, esto es,
dar trabajo a quienes no lo tienen y techo a los que carecen de él.

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Procuraremos también estimular un sano ordenamiento del
comercio interior, facilitando el funcionamiento racional del mercado,
su máxima transparencia, la eliminación paulatina de intermediacio-
nes artificiales, abusivas o parasitarias, y la formación de precios
acordes con los factores reales de la oferta y la demanda. Promove-
remos el amparo legal al consumidor, incluso en lo que atañe a canti-
dad y calidad de las mercaderías, y solicitaremos, en estos aspectos, la
colaboración valiosa del consumidor mismo, a través de sus organiza-
ciones libres. En este aspecto, la mujer, como ama de casa, habrá de
desempeñar un papel importante e insustituible.
En el orden externo, enfrentaremos con nuevos criterios la honda
crisis del comercio internacional, generada en buena medida por la
actitud egoísta y autocomplaciente de los países más desarrollados, que
obstruyen el acceso a sus mercados de las mercaderías de países tradi-
cionalmente exportadores de alimentos, como el nuestro, mientras
subsidian sus propias exportaciones de productos también subsidiados
en su origen, desencadenando una desleal y ruinosa competencia en
perjuicio de las naciones que luchan por avanzar hacia el pleno desa-
rrollo y mejorar el nivel de vida de sus pueblos. La voz argentina se
hará oír en todos los recintos y centros internacionales donde se deba-
ten estos problemas, para exhortar actitudes más solidarias y menos
mezquinas, pero a la vez tomaremos todos los recaudos disponibles
para promover nuestras propias exportaciones y asegurarnos mercados
permanentes, introduciendo en nuestros envíos toda la diversificación
de que seamos capaces. Sobre todo, daremos prioridad a la integración
con los países hermanos de América Latina, y promoveremos el inter-
cambio con los pueblos subdesarrollados en general, con cuyas justas
reclamaciones somos solidarios.
Nuestra política industrial, a la que asignamos un papel primor-
dial en el esfuerzo de recuperación de la economía, se ajustará tam-
bién a las propuestas que hemos desarrollado en nuestra plataforma
electoral. Los objetivos más urgentes serán revertir la tendencia a la
desintegración del proceso productivo y a la pérdida de parte sustan-
cial del capital de trabajo, la corrección del retraso tecnológico y el
estímulo de la inversión y la modernización. Esa política se orientará
a lograr que las empresas operen, teniendo en vista, tanto el mercado
interno, como el externo; y a asegurar la participación del país en las
transformaciones que se están verificando en la tecnología y los

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mercados mundiales. El crecimiento sostenido del producto bruto
industrial y de la productividad, permitirá consolidar el desarrollo del
país y elevar el nivel de vida de la población. La descentralización
económica y el crecimiento de las industrias regionales serán también
objetivos permanentes.
Alguna vez prometimos que iríamos personalmente, con los ge-
rentes de los bancos, a levantar las cortinas de las fábricas cerradas.
Lo haremos, si es preciso, porque nuestra decisión terminante es po-
ner en marcha la capacidad de producción actualmente ociosa, y dar
oportunidad de ocupación a miles de trabajadores que la han perdido.
La función del crédito acompañará, ordenada y razonablemente, a
este esfuerzo, partiendo de nuestro concepto básico de que la infraes-
tructura financiera debe estar al servicio de la producción, y no al
revés, como infortunadamente ha sucedido entre nosotros.
Se promoverá el desarrollo tecnológico activando la participa-
ción del INTI; se neutralizarán las prácticas monopólicas que afectan
a los precios o al abastecimiento del sector; se fomentará la mayor
participación industrial en las exportaciones, y en todo momento se
tendrá presente la gravitación de la industria en el conjunto de la vida
nacional.
Para asegurar la continuidad y solidez de la presencia industrial,
se restablecerá un adecuado nivel de defensa, tanto en materia de ti-
pos de cambio como de protección arancelaria, armonizando, esta
última con el tratamiento de los insumos. Además, consideramos ne-
gativo el proceso de desnacionalización de empresas, y haremos lo
necesario para revertirlo.
Como parte de este objetivo, daremos realidad concreta a la pla-
nificación de las compras del sector público y de las empresas con
participación estatal, con arreglo a los principios del "Compre argen-
tino" y "Contrate nacional"; y con criterios de promoción regional,
preservando y fomentando, asimismo, la participación efectiva de las
empresas medianas y pequeñas.
Ciertas áreas postergadas de nuestro valioso potencial económi-
co, como por ejemplo la pesca y la minería, para citar sólo dos de las
más significativas, merecerán en adelante una especial atención, en
procura de lograr su expansión largamente demorada.
Entre los elementos más inmediatos de la reactivación económica,
está la racional y científica explotación de los recursos vivos del mar.

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En el particular caso de la República Argentina, la dilatada ex-
tensión de su costa marítima y la gran superficie de sus ríos y espejos
de agua continentales, así como la importancia de sus recursos vivos,
merecen la particular atención del gobierno nacional.
La instrumentación de una política pesquera dinámica y moderna
como la que se proyecta realizar, contribuirá al incremento de obten-
ción de divisas por promoción de exportaciones, preferentemente con
alto valor agregado; a la captación de nuevos mercados; al desarrollo
del mercado interno, haciendo llegar más y mejores productos a costos
accesibles, aún a los niveles más bajos de la pirámide socioeconómica
del mercado nacional; a la ocupación plena de la actual capacidad ociosa
de la industria naval pesquera, y al fortalecimiento de las empresas
capturadoras, procesadoras y comercializadoras ligadas al sector.
Todo esto en conjunto contribuirá a la defensa y afirmación de la
soberanía nacional, revitalizando el sustentado principio de las dos-
cientas millas marinas.
Para atender al cumplimiento de esta política, se llevará a cabo
un programa para la formación de científicos, técnicos y especialistas
argentinos altamente capacitados. Asimismo, se promoverá el mejo-
ramiento de la infraestructura portuaria y la modernización de la flo-
ta pesquera nacional.
El real interés nacional que el Poder Ejecutivo desea dar a esta área
de gobierno queda, en primera instancia, demostrado con la creación de
la Secretaría de Recursos Marítimos, cuyo objetivo, al fomentar y pro-
mover el esfuerzo de los entes y empresas ligados al sector, no es otro
que el de lograr el intenso desarrollo del litoral patagónico.
Resumiendo: para el gobierno nacional la implementación de una
agresiva política pesquera tiene como objetivo el incremento de ri-
quezas, el desarrollo de zonas hasta ahora marginadas y el afianza-
miento práctico y concreto de la soberanía nacional.
El sector minero argentino ha sido tradicionalmente un sector
económico relegado, cuya importancia (medida en términos de su
contribución al producto bruto interno, generación de divisas y em-
pleo) es relativamente escasa, y coloca al país en posición de neto im-
portador de minerales. Sin embargo, el país tiene un potencial minero
importante cuyo desarrollo contribuirá a aliviar el problema de nues-
tra balanza de pagos, y tendrá un impacto dinamizador sobre algunas

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de las economías regionales más postergadas. De ahí que nuestro
objetivo último sea aumentar la producción y productividad minera.
En el corto plazo, nuestra estrategia consistirá en remover los
obstáculos o “cuellos de botella” que han venido frenando el desarrollo
de esta actividad a la vez que se irá conformando la base de datos nece-
saria para la planificación futura del sector. En el largo plazo, la mayor
parte de la inversión la hará el sector privado, reservándose para el
Estado la planificación estratégica del sector, y sólo excepcionalmente,
la explotación de aquellos depósitos que por razones económicas o de
interés nacional justifiquen ese criterio.
Al implementarse adecuadamente esta estrategia, se logrará una
mayor producción y productividad minera; un desarrollo minero que
operará como factor dinamizante en las economías regionales, hoy
postergadas; una transferencia de recursos y poder de decisión del
centro a las economías regionales; una mejor posición en la balanza
de pagos, sustituyendo importaciones e incrementando exportaciones;
contar con financiación adecuada a las necesidades de los productores
mineros pequeños y medianos a través de una entidad financiera es-
pecializada en la problemática del sector; una legislación minera que
en lo esencial fijará reglas normativas simples, equitativas y durade-
ras, que produzcan una mayor participación privada y crear las condi-
ciones para que se desarrolle un empresariado nacional con verdadera
vocación minera.
Nunca se insistirá demasiado sobre el papel fundamental del
campo argentino como elemento básico de la estructura económica
nacional, por su función primordial de productor de alimentos para el
consumo interno y la exportación; y por su específica aptitud para
crear recursos genuinos en divisas, hoy más necesarios que nunca
para hacer frente a las tremendas dificultades de nuestro sector
externo. Cuanto se haga para fortalecer la actividad agropecuaria,
asegurarle rentabilidad y capacidad de inversión, promover su tecnifi-
cación y defender sus mercados, será siempre, en definitiva, un servi-
cio al interés nacional.
Los productores agropecuarios argentinos, agobiados en los
últimos tiempos por una presión tributaria y financiera sin preceden-
tes, y carentes de la orientación de una genuina política para el sector,
han respondido, no obstante, con sostenidos esfuerzos de moderniza-
ción y expansión de sus explotaciones, sobre todo en la agricultura,

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donde se han reflejado en importantes y crecientes rendimientos, con
grandes cosechas que, lamentablemente, no siempre se han podido
comercializar con el grado de beneficio para el país que hubiera sido
deseable.
Una política agropecuaria consistente y constante debe basarse
en la capacitación del hombre de campo, la conservación de los recur-
sos naturales y la incorporación de tecnología adecuada a nuestro
territorio. A partir de estos principios, la política agropecuaria de
nuestro gobierno se propondrá, mediante los instrumentos legales
adecuados, aumentar la producción y productividad y lograr la justa
retribución del esfuerzo de empresarios y trabajadores rurales. Ase-
gurar la rentabilidad del campo será un objetivo permanente. Se pro-
piciará la ley de autarquía del INTA. Se estimulará la incorporación
de tecnología y se asegurará el acceso a fertilizantes y otros insumos.
El crédito volverá a ser una herramienta de desarrollo agropecuario,
y la banca oficial operará en este sentido con toda la amplitud que
permita la situación económica. Se simplificará el sistema tributario,
procurando que sea equitativo y progresivo y dando función primor-
dial al impuesto sobre la tierra. Se adecuarán las funciones de la junta
Nacional de Granos para que su acción signifique un verdadero apoyo
a la producción y al país, interviniendo activamente en la comerciali-
zación interna y externa de las cosechas.
En el sector ganadero, es preciso formar conciencia de que nues-
tro país cuenta con excelentes condiciones para superar una situación
coyuntural desfavorable y aumentar la productividad con el fin de
mantener una activa participación en el mercado externo, abastecien-
do adecuadamente el consumo interno. Con tal fin, se adoptarán me-
didas armónicas que combinen aspectos financieros y tecnológicos y
de infraestructura necesarios para aumentar esa productividad secto-
rial, tanto en zonas eminentemente ganaderas como en aquellas en
que resulta conveniente el mantenimiento de sistemas de producción
mixtos agrícola-ganaderos.
El excelente nivel genético alcanzado por nuestros rodeos nos
impulsan a revertir la situación existente en materia de importación
de reproductores y semen, para pasar a ser exportadores en este ru-
bro, capitalizando así el esfuerzo constante de los productores. Con la
excelente base genética existente, basta ahora el ingenio de éstos y de
los profesionales del área para abrir mercados y materializas las

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exportaciones. El gobierno adoptará las medidas técnicas y económi-
cas que estén a su alcance para apoyar las acciones en este sentido.
Se prestará particular atención a la atenuación del ciclo ganadero
caracterizado por la alternancia de períodos de bajas existencias y
altos precios con los de elevadas existencias y precios bajos. Para ello,
se procurará estimular el mantenimiento de un aprovisionamiento
adecuado de aves y cerdos, que contribuirá al suministro de una dieta
más variada, alentando a los productores de estas especies.
En materia de producción de leche y de su industrialización,
existe un vasto camino a recorrer para asegurar el incremento del
consumo y la exportación de productos lácteos, mediante planes de
desarrollo que combinen los factores tecnológicos y financieros de
estímulo de la producción y de la industria.
La estructura de producción actual y el grado de avance tecnoló-
gico e industrial alcanzado, hacen que la industria y la producción
agropecuaria se encuentren muy lejos de aquel esquema simple de ex-
portación de productos primarios. Hoy se hace preciso prestar atención
a un complejo conjunto de factores que hacen a la tecnología de la pro-
ducción, de la industria, tanto aquella abastecedora de máquinas y
herramientas, como la procesadora de los alimentos que cuenta con un
vasto espectro en el país, lejos aún de haberse explotado en todo su
potencial. El gobierno estimulará la acción de la actividad privada sus-
tentándola a través de planes de desarrollo específicos. En este aspecto,
siendo de gran importancia el cambio cualitativo que se opere, será
preciso consolidar los organismos educacionales y tecnológicos con el
fin de contar con profesionales del mejor nivel.
La índole del sistema de producción agropecuaria -que podría ca-
lificarse como de un grado intermedio en lo que hace a la intensidad
de uso de capital- juntamente con la experiencia argentina en este
campo, nos permitirá realizar aportes tecnológicos y de entrenamien-
to de personal a otros países en desarrollo, particularmente a aquellos
de Centro y Sudamérica entre otros, al mismo tiempo que enrique-
cernos con su misma experiencia.
En el sector de la energía, nuestra posición es igualmente cono-
cida. La existencia de recursos suficientes, incluso abundantes, para la
producción de energía, es uno de los privilegios naturales del suelo
patrio. Pero es preciso utilizar esos recursos en forma racional para
aprovecharlos al máximo y ponerlos realmente al servicio de las ne-

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cesidades nacionales. Además de los productos de la refinación del
petróleo, impulsaremos la petroquímica que representa el mayor gra-
do de utilización industrial de los hidrocarburos y esto, partiendo de
una política básica que consistirá en preservar las existencias conoci-
das y ubicadas, y avanzar con decisión en la búsqueda de nuevas
reservas. Yacimientos Petrolíferos Fiscales será el gran instrumento
de esta acción, en la que podrán participar capitales privados del país
o extranjeros, pero cuyo objetivo indeclinable será que la Nación ten-
ga asegurado el manejo de las fuentes y del destino de la producción.
Las importantes reservas de gas de la Patagonia y del Noroeste,
permiten afirmar, según los expertos, una proyección de abasteci-
miento para 60 o 70 años. Sobre esta base, se impulsará el consumo
doméstico de gas natural, teniendo en cuenta, además de las conside-
raciones económicas, la finalidad social de llevar el combustible a
todos los hogares del país y a precios accesibles. Al mismo tiempo, se
impulsará el uso del gas como materia prima para la petroquímica,
poniendo especial atención en la producción de fertilizantes para
nuestra agricultura. Se tratará de radicar los procesos industriales en
las provincias donde se hallan los yacimientos, como modo de llevar
desarrollo, fuentes de trabajo, a esas regiones argentinas.
La expansión de la producción de carbón, a través de Yacimien-
tos Carboníferos Fiscales, es también un objetivo de este sector, con
el propósito de utilizar ese combustible en las usinas de electricidad y
sustituir así volúmenes equivalentes de petróleo.
Precisamente en el campo de la energía eléctrica, es firme decisión
de nuestro gobierno impulsar las obras de los grandes aprovechamien-
tos hidroeléctricos como Alicurá, Piedra del Águila y el conjunto del
complejo Alicopa, que deben rendir unos cinco mil megavatios de poten-
cia. Está decidido también apoyar al proyecto de Yacyretá que permitirá
ahorrar seis millones de metros cúbicos de petróleo por año. Asimismo,
se llevará adelante el proyecto del Paraná Medio, destinado a generar
treinta y cuatro millones de kilovatios/hora de electricidad con un aho-
rro de once millones de metros cúbicos de petróleo por año equivalentes
a valores actuales, a dos mil doscientos millones de dólares.
El manejo equilibrado de todo el sector energético, con las co-
rrespondientes perspectivas de exportación, contribuirá decisivamen-
te al desarrollo armónico de toda la Nación. En este esquema, ocupa
su lugar, la energía de origen nuclear, cuyas posibilidades se han am-

- 71 -
pliado con la reciente adquisición por el país de la tecnología de enri-
quecimiento del uranio.
En cuanto a los objetivos globales de reactivación económica,
debemos referirnos ahora a los grandes temas de infraestructura
comprendidos en el ámbito del Ministerio de Obras y Servicios Públi-
cos. Ya hemos anticipado las líneas fundamentales de nuestra política
de energía.
En materia de transporte, nos proponernos coordinar efectivamente
los servicios ferroviarios, los de automotor por carretera y los que se
realizan por agua. Todos esos medios deben servir a la salida de la pro-
ducción, al abastecimiento interno y a la exportación. Será preciso mejo-
rar las instalaciones portuarias y las vías navegables, para asegurar una
mayor participación del transporte marítimo y fluvial en el movimiento
de cargas. A la vez, con una adecuada política de reserva de fletes, se
logrará una mayor participación del pabellón nacional en nuestro co-
mercio exterior por mar. En el transporte aéreo, se procurará la plena
coordinación institucional y técnica, distinguiendo los servicios comer-
cialmente rentables de los que deben cumplir funciones de integración y
desarrollo territorial. En cuanto al transporte de pasajeros, se promo-
verá enérgicamente el mejoramiento de los servicios urbanos de uso
colectivo con la participación de todas las autoridades y jurisdicciones
interesadas, teniendo en cuenta su importancia como factor de bienestar
de gran parte de la población trabajadora.
En el área de comunicaciones, los objetivos de modernización y
ampliación de los sistemas existentes se llevará a la práctica con la
mayor celeridad posible, teniendo siempre presente que puede ser tan
erróneo incorporar programas basados en modelos de países de ma-
yor desarrollo industrial, como conformarse con mantener una tecno-
logía anticuada o insuficiente. Las decisiones sobre dimensión y me-
dios técnicos se tomarán sobre la base de las reales necesidades del
país.
La finalidad permanente, en esta importante área de Gobierno,
será fortalecer y hacer avanzar a las empresas nacionales, como ins-
trumentes de un programa completo que tiende al aprovechamiento
cabal de todas las potencialidades técnicas y económicas del país.
Como parte de una política de desarrollo autónomo, se considera ne-
cesario asimismo desarrollar la capacidad de proyecto de la ingeniería

- 72 -
argentina, tanto en los organismos oficiales como en la actividad pro-
fesional independiente.
Nuestros planes incluyen, además, una acción permanente en
materia de determinación, estudio y promoción de los vastos recursos
hídricos con que cuenta el territorio nacional en todas sus regiones,
para su adecuado aprovechamiento interno y en emprendimientos
asociados con los países limítrofes hermanos.
La concepción de un programa para la acción de gobierno y ad-
ministración de un recurso natural como el hídrico, puede resultar
eficiente sólo si emerge del profundo conocimiento de su realidad
propia, si está inmerso en la vivencia social circundante y apunta co-
mo objetivo fundamental al incremento de la calidad de vida en un
determinado medio, señalando como único destinatario de ese esfuer-
zo al hombre que en él habite.
Este encuadramiento conceptual responde al enfoque que del
hombre y del medio sostiene nuestro pensamiento político. Su aplica-
ción se basa en el conocimiento de nuestros recursos hídricos, la pla-
nificación de su aprovechamiento, manejo y uso racional y de su pre-
servación, y en la firme convicción de que todo esfuerzo de Gobierno
está destinado, por esta vía, a satisfacer al hombre y a preservar su
ambiente.
Sobre estas bases estamos dispuestos a lograr una efectiva valo-
ración de nuestros recursos hídricos, ponderando el impacto social de
los usos en su empleo, como las más valiosas herramientas de conso-
lidación del desarrollo regional.
Tal consolidación se logrará mediante la acción conjunta del Es-
tado nacional y las provincias para el aprovechamiento múltiple de los
recursos hídricos disponibles mediante la adopción de un único régi-
men institucional que evite las atomizaciones y los enfoques parciales.
Conscientes de que la utilización de la riqueza requiere, como pa-
so inexcusable, la definición de su potencialidad y la planificación
como su conversión económica, promoveremos y apoyaremos desde
nuestro Gobierno los reconocimientos, prospecciones, estudios y pro-
yectos que hagan posible la racional utilización de todo nuestro po-
tencial hídrico nacional.
Emplearemos en la consolidación de nuestra estrategia de inte-
gración latinoamericana, el efecto multiplicador de los grandes em-
prendimientos hidroenergéticos con los recursos hídricos propios y

- 73 -
compartidos de la Cuenca del Plata, e intensificaremos, con igual
propósito, una verdadera campaña de reconocimiento, prospección y
formulación de proyectos de aprovechamientos hídricos sobre los
recursos compartidos con la República de Chile, a efectos de dotar a
nuestra región patagónica y fueguina de ideas motrices para la for-
mulación de su desarrollo sobre la base de una genuina integración
territorial.
Sostendremos en toda negociación internacional, la vigencia del
principio de información recíproca y consulta previa para el empren-
dimiento de obras de aprovechamiento o regulación de caudales sobre
aguas compartidas.
En lo que se refiere a los problemas relacionados con el abaste-
cimiento de agua potable y el saneamiento, intensificaremos las ac-
ciones con el fin de alcanzar dentro de nuestro gobierno los objetivos
y metas fijadas por nuestro país en el Decenio Internacional del Agua
Potable y el Saneamiento.
Se intensificará la cooperación argentina con otros países en ma-
teria de recursos hídricos.
Es finalidad específica fortalecer la formación de recursos huma-
nos para enfrentar la gran tarea que permita la más adecuada utiliza-
ción de los recursos hídricos en todos sus estados, dentro del territorio
nacional.
El problema de las inundaciones, que ha azotado con tanta rudeza
a nuestro litoral, merece especial atención. Se trata no solamente de
reponer los daños causados a viviendas y explotaciones y a la infraes-
tructura de caminos y vías férreas. Tendremos que encarar rápidamen-
te una política de largo alcance, de uso del suelo y de construcción de
obras de defensa cuando ellas estén justificadas, para que en el futuro
no volvamos a ser sorprendidos. Las grandes obras de aprovechamien-
to hidroeléctrico en construcción y las proyectadas, tendrán sólo efecto
limitado, lo que nos obliga a ordenar el uso del suelo de tal forma de
restringir los riesgos de destrucción. Pero, además, es preciso estar
desde ya en permanente alerta, porque en la época estival se producen
normalmente las crecidas de los grandes ríos litorales. El tremendo
impacto social y económico de las recientes inundaciones justifica la
máxima prevención del Estado y de la sociedad toda.
Siendo la cooperación, como lo afirma la Alianza Cooperativa In-
ternacional, un movimiento popular controlado democráticamente al

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servicio de la promoción humana y el desarrollo social, reconocemos
en el movimiento cooperativo un eficaz instrumento de organización
socioeconómica para defender los intereses de sus integrantes e im-
pulsar el desarrollo de la sociedad.
Los principios cooperativos, inspirados en el pensamiento de
Rochdale y reformulados por la Alianza Cooperativa Internacional
en 1966 constituyen, a nuestro juicio, una excelente sistematización
de la experiencia acumulada en décadas de labor permanente del mo-
vimiento solidario, en distintos países y distintas realidades socioe-
conómicas.
Adaptados a las diferentes realidades, la observancia estricta y
real más que formal, de los postulados de adhesión libre, conducción
y control democrático, limitación de interés al capital, distribución
equitativa de los excedentes, educación e integración intercooperati-
va, constituyen un útil barómetro para medir el funcionamiento de las
entidades en relación con su esencia.
Pero esto no es suficiente para nosotros, que creemos que el coo-
perativismo se origina por las injusticias de una realidad social opri-
mente y que observamos en el desarrollo del movimiento en nuestro
país, hitos valiosísimos en la lucha contra el monopolio y el privilegio.
No existe cooperativismo, si no hay una profunda voluntad de trans-
formación en las instituciones.
En este marco conceptual, que otorga a la cooperativa un carácter
instrumental, sostenemos la necesidad de un cooperativismo integrado,
poderoso institucionalmente, al servicio de las mayorías populares y
con una profunda voluntad de abarcar cada vez mayores sectores de la
actividad económica. Sostenemos que es el Estado un importante agen-
te de cambio social y el cooperativismo un valioso complemento de su
acción.
Frente a la emergencia nacional, creemos profundamente en la
utilidad del movimiento cooperativo en relación con los tres criterios
rectores fijados en la plataforma electoral para la acción de gobierno:
—Resolver la emergencia.
—Consolidar el poder democrático.
—Crear las bases para un periodo de estabilidad, justicia y desa-
rrollo.
Para resolver la emergencia social, que elimine del territorio del
país la inmoralidad de la pobreza, es posible complementar la acción

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central del Estado con las potencialidades reales de un cooperativis-
mo que deberá alentar formas sencillas y eficientes para atender el
drama de los marginados, en base a la solidaridad y autoayuda. Se
prestará, en este sentido, el apoyo inmediato y amplio del gobierno en
materia de legislación impositiva, ayuda económica integral, aseso-
ramiento y educación.
Para consolidar el poder democrático, entre otras cosas, es nece-
sario fortalecer la sociedad civil a través de incentivos que impulsen
la participación racional de los ciudadanos en las organizaciones po-
pulares. La vasta extensión y el desarrollo cualitativo del movimiento
cooperativo brindan estructuras con una importante experiencia par-
ticipativa que, aunque perfeccionables, han demostrado su eficacia,
incluso en momentos en que el movimiento fue hostilizado por los
gobiernos militares y los sectores del privilegio.
Desde la primera ley sobre cooperativas agrarias y el consecuen-
te fomento desde el gobierno, en la primera presidencia de Hipólito
Yrigoyen, el apoyo a la iniciativa de los legisladores socialistas refe-
rente a la ley 11.338 de cooperativas, sancionada y promulgada du-
rante el gobierno de Marcelo T. de Alvear, y la tarea impulsada desde
el último gobierno radical en relación con el fomento de la coopera-
ción, y particularmente la sanción de la ley 16.583 de educación co-
operativa en las escuelas, son sólo algunas referencias que demues-
tran un permanente reconocimiento y estímulo al movimiento coope-
rativo argentino.
Una prueba más del reconocimiento por parte del gobierno de la
importancia que tiene el movimiento cooperativo, la constituye la
creación de la Secretaría de Desarrollo y Acción Cooperativa dentro
del área del Ministerio de Economía, para llevar a los más altos nive-
les de decisión política todo lo vinculado al futuro del movimiento
cooperativo en nuestro país.

Política exterior

El gran presidente Hipólito Yrigoyen había hecho contacto, du-


rante los años anteriores a la revolución de 1890, cuando era profesor
de filosofía, con las ideas de Karl Christian Krause, autor de los idea-
les de la humanidad. La interpretación yrigoyeniana del radicalismo
como conjunción de fuerzas emergentes, no era distinta de la inter-

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pretación krausista de los partidos como tendencias orientadas hacia
fines generales, públicos, que den, por sí mismos, leal testimonio, en
palabra y en obras consecuentes, de los fines propuestos. La teoría
krausista sobre la personalidad moral de las naciones influyó sobre
Hipólito Yrigoyen tanto en el mantenimiento de la neutralidad du-
rante la primero guerra como en sus puntos de vista respecto a las
organizaciones internacionales.
El viejo principio kantiano de proceder en forma tal que cada
conducta pueda ser elevada a categoría universal, implicaba la reafir-
mación de la ética en las relaciones interpersonales e internacionales.
Krause pensaba que la ascensión, que el progreso de la humanidad, se
manifestaba fundamentalmente a través de la búsqueda de la igualdad
entre los Estados. No se manifestaba a través de la tecnología sola-
mente ni del avance científico, o militar, o cultural, sino a través de la
búsqueda de la igualdad entre los Estados. Y Krause pensaba tam-
bién que la igualdad entre los Estados era posible fuera del modelo
hegeliano porque el modelo hegeliano terminaba llevando a esquemas
autoritarios. Los ideales de la humanidad, para ese autor tan leído por
Hipólito Yrigoyen, no podían ser -ni aun con buenas finalidades-, el
dominio del Estado sobre los individuos ni el dominio de un Estado o
de algunos Estados sobre los otros. Por eso sostuvo que: "Los hom-
bres deben ser sagrados para los hombres y los pueblos deben ser
sagrados para los pueblos".
Fieles a la perdurable doctrina que expuso y aplicó Hipólito Yri-
goyen en el campo de las relaciones internacionales, sostendremos en
nuestra política exterior los principios de la soberanía nacional, la
autodeterminación de los pueblos, la no intervención, la igualdad de
los Estados soberanos y la solidaridad latinoamericana. Como dijo el
recordado presidente Arturo Illia en ocasión similar a la presente,
"No habrá para nosotros países grandes que debamos seguir, ni paí-
ses chicos que debamos dirigir: habrá solamente pueblos y seres
humanos respetables, a cada uno de los cuales ofreceremos una amis-
tad sin prevenciones".
Será la nuestra, una política de independencia, en armonía y
amistad con todos los miembros de la comunidad internacional, basa-
da en el reconocimiento del pluralismo ideológico y el decidido recha-
zo de toda forma de imperialismo, colonialismo y neocolonialismo,
fuere cual fuere el origen concreto de estas deformaciones de la con-

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vivencia pacífica entre los pueblos, y cualesquiera sean los intereses
que las respalden o la magnitud de los poderes que las impulsen. En
este sentido, preservaremos el interés y la dignidad de la Nación en
todos los ámbitos y circunstancias, y resguardaremos celosamente
sus derechos, tanto en el campo de la soberanía territorial como en el
aspecto no menos decisivo de la participación justa en el desarrollo
económico del mundo moderno. Apoyaremos las aspiraciones de los
países en desarrollo, la vigencia universal de los derechos humanos y
el no alineamiento, y condenaremos en todas las oportunidades en
que sea pertinente esa intolerable perversión que es el racismo.
Nos ajustaremos a la tradición nacional en favor de la solución
pacífica de las controversias, repudiando toda amenaza de empleo de
la fuerza. Apoyaremos los esfuerzos encaminados a detener la carrera
armamentista, compartiendo la preocupación mundial por los riesgos
de enfrentamientos con armas nucleares que podrían significar el fin
de la civilización humana e incluso la destrucción de las condiciones
ambientales que hacen posible la vida en el planeta. Nos hemos com-
prometido a que nuestra propia capacidad tecnológica en materia nu-
clear no se aplicará jamás a otros objetivos que los del desarrollo
pacífico y mantendremos con absoluta lealtad ese compromiso. Nues-
tra representación exterior estará presente en todo foro donde se
promuevan le preservación ecológica, la cooperación internacional, la
eliminación del terrorismo organizado por sobre las fronteras, el uso
pacífico del espacio ultraterrestre y toda otra iniciativa tendiente a
estimular las relaciones cordiales, el entendimiento fecundo y el res-
peto recíproco entre las naciones.
Somos conscientes de que el destino argentino está indisoluble-
mente unido al de los pueblos hermanos de América Latina, que en
difíciles y dolorosas circunstancias de reciente memoria nos acompa-
ñaron con su solidaridad y su invalorable apoyo moral y político.
Hacia todos ellos nos sentimos igualmente solidarios y estamos dis-
puestos y decididos a que ese sentimiento tenga expresión concreta y
práctica en la consolidación y profundización de las relaciones que
desde siempre nos vinculan por vecindad, confraternidad y origen
común. Desde luego, es parte esencial de nuestro programa de go-
bierno, como repetidamente lo hemos expuesto, intensificar todas las
formas viables del intercambio y la colaboración económica con estos
pueblos, y en este sentido daremos prioridad a la búsqueda de todos

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los caminos que conduzcan a ese objetivo, acentuando, en el caso de
los países limítrofes, la voluntad de integración real y efectiva sobre
bases de igualdad y amistosa coincidencia de intereses.
Dos importantes conflictos subsisten en el orden internacional,
que nos proponemos encarar con claridad y con actitud específica-
mente adecuada a cada caso. Respecto del problema de límites con
Chile en la región austral, reafirmamos que aceptamos como base de
negociación la propuesta papal, dejando expresamente a salvo el prin-
cipio de la división oceánica de ambas soberanías, Aspiramos, de to-
dos modos, a que la solución definitiva de esta cuestión, una vez que
se alcance sin desmedro de ninguna de ambas partes, constituya el
punto de partida de una política de generosa reciprocidad en lo
económico, en lo cultural, en la defensa conjunta de los intereses co-
munes, y en la progresiva integración física de las comunicaciones, el
transporte y el desarrollo complementario de nuestros dos territorios
nacionales, unidos, más que separados, por una de las fronteras más
extensas del continente. Hacia Chile, como hacia los demás pueblos de
la América hermana, sólo alentamos sentimientos de amistad, coopera-
ción y franca unidad espiritual. El futuro dará testimonio de la sinceri-
dad de estas convicciones.
En el caso de las Islas Malvinas, Georgia dcl Sur y Sándwich del
Sur, nuestro objetivo indeclinable es y será siempre su recuperación y
la definitiva afirmación del derecho de nuestra Nación a su integridad
territorial soberana. Hemos dicho ya que en este punto somos in-
flexibles. La soberanía es un dato previo a la negociación. Impulsare-
mos la recuperación de esos territorios insulares y su integración
definitiva a la soberanía de la Nación, reclamando con energía y deci-
sión el cumplimiento de las resoluciones vigentes de la Asamblea Ge-
neral de las Naciones Unidas sobre esta cuestión, especialmente las
denominadas 2.065 (XX) y 37/9, que exhortan a la negociación dire-
cta de todos sus aspectos. Mientras tanto, denunciamos una vez más,
como una grave amenaza a la seguridad de la República Argentina y
de toda la región, la instalación de la fortaleza militar y nuclear esta-
blecida por el Reino Unido en las islas Malvinas, así como la zona de
exclusión declarada por ese país.
En este orden de problemas, reafirmaremos, asimismo, en todo
momento y oportunidad, la soberanía nacional sobre la Antártida
Argentina.

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Por lo demás, las posiciones que sustentará en materia internacio-
nal, nuestro gobierno, están ampliamente explicitadas en documentos
anteriores al 30 de octubre y en la corriente de pensamiento político de
la cual provenimos. Sólo deseamos insistir, una vez más, en nuestra
decisión de ser solidarios con los pueblos más postergados y de menor
grado de desarrollo en sus justas reclamaciones por obtener una com-
pleta reorganización de las relaciones económicas internacionales que
haga justicia a sus aspiraciones y contemple su derecho a participar
activamente en el intercambio mundial y en sus resultados, no sólo por
consideraciones de equidad distributiva y apertura igualitaria hacia
oportunidades de mejoramiento y progreso, sino también como un
modo racional y práctico, no meramente retórico, de servir efectiva-
mente a la causa de la paz y la seguridad de todo el mundo.
La consecución de estos objetivos pasa, en primer lugar, por
otorgar carácter de prioridad a la relación con las repúblicas latinoa-
mericanas. Se trata de afirmar la presencia de América Latina en la
comunidad internacional, de forma tal que se lleven a un nivel óptimo
sus posibilidades como región, y paralelamente la de cada uno de sus
miembros.
La revitalización y eventual reestructuración —a la luz de los re-
sultados obtenidos— de los esquemas de cooperación e integración
constituye una necesidad insoslayable. Nuestro compromiso con ese
ideal es sincero y concreto. Se trabajará en esa línea, abarcando todas
las dimensiones, ya que la integración no puede agotarse en un mero
esquema mercantilista.
La realización de una política exterior independiente, que otorga
prioridad a la inserción en América Latina, tiene su proyección en el
Movimiento de Países No Alineados.
Nuestra presencia en esta agrupación será afirmada, evitando
conductas erráticas que en éste, como en otros campos, han afectado
la credibilidad argentina.
Es necesario destacar, sin embargo, que la participación en este
movimiento se realizará desde la clara definición ideológica que hemos
sustentado antes de llegar al gobierno, de respeto a la democracia y a
los derechos humanos y se sujetará a los principios fundacionales del
no-alineamiento, tendiendo a favorecer el proceso de distensión, ver-
dadera garantía de paz en el mundo.

- 80 -
Desde esta perspectiva, consideramos indispensable que los con-
flictos localizados se desactiven. Así, en el caso cercano de América
Central, se apoyarán las propuestas del Grupo de Contadora y toda
otra que evite la actual tendencia a situar el conflicto en el marco del
enfrentamiento Este-Oeste. Toda solución de fondo debe consultar el
derecho incuestionable de esos pueblos a vivir con libertad y justicia.
Sólo así podrá obtenerse la consolidación de una paz duradera en esa
región.
Nuestro gobierno sostendrá los esfuerzos del Grupo de Conta-
dora e iniciará un sistema de consultas permanentes, con el objeto de
aportar nuestras experiencias y fundamentalmente con el ánimo de
respaldar su gestión.
En este sentido, una delegación del más alto nivel diplomático,
presidida por el ministro de Relaciones Exteriores, viajará a la zona
para establecer los mecanismos de consulta.
Otro problema realmente amenazador es el fracaso de los ins-
trumentos de seguridad continental.
El Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca ha perdido
toda eficacia.
La confrontación en las Malvinas, los intentos intervencionistas
en América Central y el Caribe, muestran el estado de indefensión de
los países latinoamericanos frente a la agresión extracontinental y
otras formas de intervención militar.
Pero esta verificación no debe agotar nuestro empeño. Tenemos
que buscar nuevos y efectivos esquemas de seguridad continental, en
los cuales América Latina pueda coparticipar.
En otras palabras, creemos que la protección de nuestros inter-
eses es una empresa internacional compartida.
En este sentido, nuestra cancillería realizará de inmediato con-
tactos con los países latinoamericanos a fin de llevar a cabo esta ini-
ciativa.
Al respecto, corresponde poner de relieve el carácter dinamiza-
dor y positivo que presenta el llamado Grupo de los 71, del que la
Argentina forma parte.
Si la magnitud de nuestros problemas nos llevó a aislarnos del
mundo, se impone una rectificación del rumbo, ya que la Argentina
no puedo encerrarse en sí misma.

- 81 -
En cuanto a nuestras relaciones internacionales, corresponde re-
conocer que las mantenidas con los Estados Unidos de América han
sido difíciles y asimétricas.
La principal preocupación que tenemos con esa relación es la
manera en que los intereses nacionales de los Estados Unidos de
América han gravitado en la situación interna de los países latinoa-
mericanos.
En este sentido, nos parece imprescindible que los Estados Uni-
dos de América modifiquen su conducta en América Central. En este
campo seguiremos fieles a los principios sobre los cuales se debe apo-
yar la convivencia interamericana, en particular el de no intervención.
Nadie puede negar que, en cada región del mundo, con relaciones
de fuerza diferentes, ambas superpotencias han procurado controlar
la región u hostigarse mutuamente. En esas circunstancias, ambas
superpotencias asumen una actitud que soslaya las consecuencias que
puedan sufrir la región, el país y sus habitantes. Si bien sería ingenuo
desconocer la realidad dominante de este conflicto, no podemos acep-
tar en forma pasiva que nuestros caminos nacionales, concretamente
la suerte de nuestra gente, se juegue en función de las estrategias
definidas por esas superpotencias sobre las que, evidentemente, te-
nemos escasa capacidad de influencia. Pero insistimos: nuestra relati-
va capacidad para modificar tales estrategias se verá compensada por
una voluntad política decidida de impedir sus efectos en el ámbito
nacional e incluso latinoamericano. No queremos ser peones de un
juego ajeno.
En el segundo aspecto señalado, es decir, el que se refiere a la
expansión económica de los Estados Unidos de América, queremos
también señalar que procuraremos revertir los aspectos negativos
que se derivan de esa política. Por lo tanto, en el marco de una rela-
ción no dependiente, estamos seguros de que encontraremos junta-
mente con los Estados Unidos de América, el terreno más apto y los
mecanismos más eficientes, no sólo para fortalecer las relaciones bila-
terales, sino también para consolidar los ideales occidentales de liber-
tad, democracia y justicia.
En cuanto a la relación puramente bilateral entre la Argentina y
los Estados Unidos de América, destacamos, en primer lugar, que ha
sido positivo el cambio de la actitud norteamericana en la cuestión de
las Malvinas, tendiente a apoyar las negociaciones de nuestro país

- 82 -
con Gran Bretaña, conforme a lo dispuesto en las resoluciones de los
órganos competentes de las Naciones Unidas.
Respecto a las relaciones económicas con los Estados Unidos de
América, entendemos que existen dos temas que exigen una conside-
ración especial, por su envergadura e incidencia: la deuda externa de
nuestro país y el intercambio comercial. Estos reclaman una reconsi-
deración de prácticas discriminatorias que históricamente han conspi-
rado contra un mayor acercamiento de nuestras naciones.
En la relación con Europa occidental, cabe diferenciar las rela-
ciones con cada uno de los países de esa región, de aquellas con la
Comunidad Económica Europea.
En lo que concierne a esta última, la posición de proteccionismo
asumida por esa región en su conjunto ha afectado considerablemente
el comercio de los países latinoamericanos; de ahí que reclamemos que
la Comunidad Económica Europea efectúe una revalorización de su
política con América Latina a efectos de reactivar las relaciones
económicas con nuestros países. Las prácticas discriminatorias de la
Comunidad Económica Europea son, sin duda, la consecuencia de los
complejos equilibrios económicos y financieros que los países miem-
bros han tenido que realizar para compatibilizar sus intereses y situa-
ciones nacionales. Sería ingenuo pretender que esas prácticas desapa-
rezcan de inmediato. No obstante, no cejaremos en nuestra crítica has-
ta que se comprenda la necesidad de un cambio de actitud de la Comu-
nidad Económica Europea respecto de América Latina, acorde con le
importancia que nuestra región tiene.
En otro orden de cosas, y fuera de los aspectos económicos y fi-
nancieros, reconocemos la importancia que representan las experien-
cias políticas de los países europeos occidentales los que, compartien-
do los valores de democracia y libertad, desarrollan modelos naciona-
les e incluso políticas exteriores diferenciadas. Independientemente
del juicio que esos modelos puedan merecer, ellos señalan que existe
la posibilidad real de intentar otros caminos para la consolidación de
esos valores permanentes. Esto nos muestra que Occidente no es un
país, ni siquiera un modelo único de desarrollo. Y en esa búsqueda
estamos seguros de que podremos iniciar una relación fructífera para
nuestros países.
En nuestro programa de desarrollo está especialmente contempla-
do el obtener saldos positivos en nuestro comercio exterior que permi-

- 83 -
tan afrontar los compromisos internacionales existentes y satisfacer los
objetivos de crecimiento económico. Para esto, resulta indispensable
diversificar el destino y composición de nuestras exportaciones.
La situación creada por el proteccionismo imperante en occidente
ha contribuido a que la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas
se transformará, en los últimos tiempos, en el principal comprador de
nuestra producción cerealera, conformándose un balance comercial con
aquel país que nos es decididamente favorable.
Los países socialistas, por las características particulares de sus
mercados, resultan sumamente importantes para la expansión de
nuestro comercio internacional. Esta relación debe desarrollarse de-
ntro de un marco de mutuo beneficio y respeto, como parte de una
política exterior al servicio del interés nacional.
De todas maneras, no podemos ocultar nuestra preocupación por
ciertas manifestaciones, descarnadas o sutiles, de una política de po-
der que constituyen una transgresión a las normas de convivencia
internacional.
Ante las características del sistema internacional, que ya hemos
definido, gravemente agudizadas por la crisis económica internacio-
nal y por las respuestas de corto plazo, contempladoras exclusivas de
sus intereses, adoptadas por los países desarrollados, la Unión Cívica
Radical considera prioritario acentuar los vínculos con los países en
desarrollo.
Por una parte, nos proponemos desarrollar una activa participa-
ción en aquellos foros internacionales que son expresión de los países
en desarrollo: el Movimiento de Países No Alineados y el Grupo de
los 77.
En este plano multilateral se desarrollará una política que tenga
como objetivo fortalecer la capacidad de negociación de esos agrupa-
mientos con el fin de hacer realidad la mayor importancia relativa que
tienen los países en desarrollo en el sistema internacional.
En el plano político, consideramos que, desde una posición de es-
tricto no alineamiento, se debe realizar una efectiva acción en apoyo
de la distensión entre bloques, llevando adelante una activa política
que tienda a eliminar las situaciones de conflicto internacionales a
través de soluciones de largo plazo.
En el plano económico, se hace imperioso acentuar aún más la
coordinación de políticas y el fortalecimiento de la posición de los

- 84 -
países en desarrollo con el fin de dotar del más amplio apoyo a los
reclamos por la instauración de un nuevo orden económico interna-
cional.
Una segunda perspectiva involucra la necesidad de encontrar
respuestas inteligentes y creativas que dinamicen la cooperación Sur-
Sur en todos los planos y que encaren en forma realista la actitud de
los países desarrollados, que remite la solución de la actual crisis
económica internacional a la futura reactivación de sus propias eco-
nomías.
Esta cooperación la concebimos abarcando los aspectos moneta-
rios, financieros, comerciales, científico-tecnológicos, en el campo del
transporte y en el plano de la educación y de la cultura.
Ya hemos definido que para nosotros la relación con América
Latina resulta prioritaria. Desarrollaremos una política tendiente a
concretar la aspiración regional de lograr la integración latinoameri-
cana.
En lo que respecta a los países de Asia y África, nos proponemos
revisar en profundidad todo lo actuado hasta la fecha, a fin de intensi-
ficar una cooperación que, en estos momentos, se hace indispensable.
Se presentan para nuestros países excelentes oportunidades en el pla-
no comercial y de transferencia de tecnología, que están esperando un
desarrollo creativo y lúcido. La Argentina puede convertirse en un
proveedor de tecnología intermedia, en el campo agrícola y alimenti-
cio, como así también en aquellos sectores de la industria y proveedo-
res de servicios en los que cuenta con amplia capacidad.
Estimamos que la cooperación, tanto en el campo multilateral
como bilateral, irá fortaleciendo la posición de los países en desarro-
llo, permitiéndoles mejorar las condiciones de participación en el
mercado mundial y colocándolos en situación de modificar las injus-
tas condiciones existentes en el sistema económico internacional.
No podemos dejar de expresar nuestra profunda preocupación
por el trágico conflicto del Oriente Medio en donde, a antagonismos
tradicionales, se han sumado algunos de nuevo y sospechoso cuño.
Hemos reiterado en detalle y en varias oportunidades nuestra
posición sobre el tema.
A la complejidad del problema oponemos las soluciones más sen-
cillas, respecto a la integridad de los Estados del área y la soberanía
de sus pueblos.

- 85 -
Para nosotros hay tres principios que deben ser prioritarios en
nuestras consideraciones para una solución global de los problemas
del área:
1. Respeto por la existencia de Israel, cuyo pueblo tiene el inalie-
nable derecho de vivir en paz y sin la permanente preocupación de
actos hostiles.
2. Respeto por la aspiración del pueblo palestino para arquitectu-
rar libremente su destino en su propia tierra.
3. Respeto por la integridad territorial del Líbano.
Las interferencias extranjeras en el área han dejado una secuela
de innumerables conflictos y han dado una particular complejidad al
problema en virtud de las numerosas líneas de antagonismos que se
cruzan y entrecruzan.
La receta es, al menos en su concepción teórica, muy sencilla: re-
tiro de todas las tropas extranjeras, con lo cual se dará un primero e
importante paso en la búsqueda de la solución final.
En el área de Culto, sin perjuicio de la virtual pérdida de actuali-
dad de las disposiciones constitucionales sobre el patronato a partir del
concordato existente desde hace algunos años con la Santa Sede, man-
tendremos con la Iglesia Católica las tradicionales relaciones de cordial
entendimiento, teniendo siempre presente la singular posición que la
misma Constitución otorga a la religión predominante en el país por
obvias consideraciones históricas, culturales y espirituales. Del mismo
modo, garantizaremos a todos los habitantes la más completa libertad
de conciencia, tan hondamente arraigada en los valores de nuestra na-
cionalidad, rechazando por principio cualquier forma de discriminación
fundada en creencias, convicciones o actitudes filosóficas.
Con un país institucionalizado, en democracia y con desarrollo,
la Argentina prestará su decidida contribución para el establecimien-
to de un orden internacional más seguro y justo.
En esta fecha se da la circunstancia, particularmente auspiciosa,
de celebrarse en todo el mundo el Día Internacional de los Derechos
Humanos, en conmemoración de la declaración universal aprobada en
París el 10 de diciembre de 1948. En esta oportunidad nosotros que-
remos reafirmar solemnemente nuestra fe en los derechos del hombre
y la intención de nuestro gobierno de actuar tanto en lo interno como
en lo internacional para que esos derechos alcancen vigencia efectiva.

- 86 -
En este orden de ideas, debe quedar claro que nuestra política in-
ternacional será la expresión coherente de nuestra política interna.
Por eso, consideramos oportuno subrayar el carácter de nuestra polí-
tica internacional en materia de derechos humanos.
Buscaremos "hacia adentro" la plena vigencia de los derechos
humanos, y defenderemos "hacia afuera", para todos los hombres que
habitan la tierra, los mismos derechos que pretendemos para nuestros
compatriotas.
Buscaremos la justicia social para los argentinos y no cejaremos
en nuestro empeño para contribuir a establecer un sistema interna-
cional basado en un trato moral, equitativo y justo entre las naciones.
Buscaremos el restablecimiento de la paz en nuestro territorio
asolado por la violencia, y haremos de la paz un valor permanente en
todas nuestras posiciones en los foros internacionales. Sencillamente,
paz hacia adentro y paz hacia afuera.
Buscaremos el desarrollo de nuestra economía y el bienestar de
nuestro pueblo, y haremos todos los esfuerzos a nuestro alcance para
contribuir al bienestar y al desarrollo de los pueblos postergados de
la tierra.
Seremos la prueba de que renacer es posible para nuestros com-
patriotas, para nuestros hermanos de América Latina y para el con-
junto de la comunidad internacional.
Buscaremos la libertad y la democracia para los argentinos, con
la firmeza que da el haber vivido la dramática experiencia del totalita-
rismo y la represión, y lucharemos por la libertad y la democracia en
el mundo.

Defensa

Venimos de toda una etapa histórica caracterizada por frecuentes


y prolongadas intervenciones militares en el poder político de la Na-
ción que, aparte de sus negativas consecuencias institucionales, han
terminado, en los hechos, por generar una crisis de profundidad y
dimensiones excepcionales, cuya reparación, que es quizá el objetivo
más urgente del gobierno que se inicia, habrá de exigir tiempo, es-
fuerzos, sacrificios, claridad de ideas y una gran energía encauzada
por impreciso sentido de la prudencia y el equilibrio.

- 87 -
Las Fuerzas Armadas argentinas son eso: las Fuerzas Armadas
del país, creadas y organizadas para su defensa, con arreglo a normas,
principios y modalidades técnicas admitidas en las comunidades civi-
lizadas del mundo. Lo que aquí se ha olvidado, por militares y civiles,
para mal del país y de las propias organizaciones castrenses, es aque-
lla regla de oro que se aplica y prevalece en todas las naciones civili-
zadas del mundo, cualesquiera sean su régimen político o su signo
ideológico dominante, y que determina que las Fuerzas Armadas de-
ben subordinarse a la autoridad civil institucionalmente establecida.
Por haber faltado a la observancia estricta de esa regla fundamental,
hemos padecido infinitos males, dolorosas deformaciones y verdadera
decadencia.
En la Argentina democrática que hoy volvemos a fundar, esa
desviación no se repetirá jamás; y quien la intente, si es que tal posibi-
lidad puede siquiera ser pensada, asumirá las graves responsabilida-
des con las consiguientes sanciones. No habrá más golpes de Estado
ni "planteamientos" militares en la Argentina del futuro. Construi-
remos una República leal consigo misma y con sus ciudadanos, que
no podrá ser traicionada nunca en su esencia democrática ni en su
regularidad constitucional sin que el peso de semejante aventura re-
caiga sobre sus improbables protagonistas. Vamos a vivir todos en un
orden de legitimidad basado en las periódicas decisiones soberanas de
las mayorías populares y en el acatamiento severo de las normas
constitucionales, donde nadie tendrá pretexto válido ni razón confe-
sable para atropellar las instituciones sustentadas en la voluntad del
conjunto de sus propios compatriotas. Y en ese clima de herrada con-
vivencia política podremos rescatar el prestigio histórico de nuestras
instituciones militares, las de la vieja tradición sanmartiniana, que
reverdecerán sus lauros del pasado en el servicio cotidiano de los in-
tereses de la República. Porque la República no pertenecerá a ningún
sector, ni a partido alguno, sino a todos los argentinos por igual. Los
generales, almirantes y brigadieres serán los generales, almirantes y
brigadieres de la República, los oficiales de la Constitución.
Por eso, el primero en acatar la Constitución será el presidente
de la República, asumiendo plenamente sus funciones y responsabili-
dades de comandante en jefe de todas las Fuerzas Armadas, como lo
establece aquélla en su artículo ochenta y seis, inciso quince. Con la
debida intervención de Vuestra Honorabilidad en la sanción de los

- 88 -
instrumentos legales correspondientes, esas responsabilidades se
ejercerán sin limitaciones no contempladas en el texto constitucional,
y desde luego con el necesario asesoramiento técnico de cuadros pro-
fesionales idóneos y competentes, manteniendo con vigor y naturali-
dad los principios de subordinación jerárquica, obediencia reglamen-
taria y ejecución de las órdenes con arreglo a los objetivos nacionales
determinados por los poderes políticos que la Constitución tiene es-
tablecidos.
En este orden de ideas, tenemos el firme propósito de dotar a las
Fuerzas Armadas de una clara doctrina de defensa nacional, elimi-
nando definitivamente la llamada doctrina de la seguridad nacional,
que tantos trastornos ha ocasionado a la vida interna e internacional
del país, al fijar como objetivos de las organizaciones militares deter-
minados fines políticos o ideológicos que no eran los aceptados por la
Nación misma como comunidad democrática. En adelante, será el
Congreso el que fije la misión básica de las Fuerzas Armadas y pro-
vea a su organización, armamento y medios de acción, conforme al
artículo sesenta y siete, inciso veintitrés, y disposiciones concordantes
de la Constitución Nacional.
En nuestra concepción, la defensa nacional es un tema que exce-
de el marco de las Fuerzas Armadas, las cuales constituyen el instru-
mento militar de la defensa, razón por la cual debemos dedicarle sus-
tancial atención.
La defensa nacional se ve influida, mejorada o resentida, según el
funcionamiento de las distintas áreas de competencia del Estado.
Hace a una buena defensa nacional un sostenido esfuerzo del Estado
en la educación e instrucción de su pueblo. Hace a la defensa nacional
la legitimidad o ilegitimidad del gobierno que ejerce el poder. Hace a
la defensa nacional el estado de movilización de los recursos produc-
tivos de la Nación. Hace a la defensa nacional el estado alimentario y
de salud de la población. Dicho de otro modo: sin gobierno legítimo,
sin instrucción, sin desarrollo, sin una economía de producción, sin
una población adecuadamente alimentada y con su salud protegida,
ningún ejército podrá proveer adecuadamente a la defensa de la na-
ción. En una sociedad enferma y paralizada, sus Fuerzas Armadas se
enferman y se paralizan. En una sociedad en crecimiento y realiza-
ción, ellas crecen y se realizan.

- 89 -
La situación actual no hace más que demostrar la veracidad de
estos asertos. En medio de una sociedad seriamente lesionada en su
patrimonio moral, con profundas heridas dejadas por problemas de
una magnitud tal como las secuelas de la violencia que durante todos
estos años afectó nuestra convivencia, con una hiperinflación y con el
aparato productivo poco menos que destruido, nos encontramos tam-
bién con nuestras Fuerzas Armadas derrotadas en las Malvinas, afec-
tadas por el ejercicio de las responsabilidades de gobierno y bélicas,
hipertrofiadas por la multitud de asuntos en que intervienen y que
son áreas claramente reservadas a la civilidad, y en definitiva con
serios problemas para atender al fin primordial para el que fueron
creadas, que es el de nuestra defensa frente a una agresión externa.
Una situación como ésta no es admisible en ningún país que
quiera edificar sobre su suelo una sociedad democrática y moderna.
Así como es imposible pensar en un gobierno duradero que no se edi-
fique sobre la base del consenso de sus gobernados, tampoco podre-
mos edificar la democracia verdadera sin nuestras Fuerzas Armadas
dedicadas al cumplimiento de su fin específico y subordinadas al po-
der civil.
Las Fuerzas Armadas no pueden vivir enfrentadas con la socie-
dad civil; esto es el caos a corto o a mediano plazo. Tenemos que em-
pezar a hablar un nuevo lenguaje en donde no existan dos sociedades
antitéticas, sino una sola sociedad en donde una parte de ella tenga a
su cargo el aspecto armado de la defensa nacional.
En nuestra concepción, las Fuerzas Armadas tienen un rol inde-
legable ya que les corresponde ser nuestra primera línea de defensa
frente a un ataque exterior. Para ello, las necesitamos eficientes y
modernas, sustraídas de todo compromiso interno que las condicione
o les haga perder de vista éste, su fin y razón de existir.
Por eso, en esta área, el tema central de nuestra preocupación
será la modernización, que deberá implicar algunos cambios estructu-
rales que ejecutaremos paulatinamente y que deberán implementarse
sobre ideas básicas que merecen recordarse. Está demostrado hasta el
cansancio que cuando las Fuerzas Armadas pretenden ocupar un es-
pacio político que no les corresponde y dejan de subordinarse al po-
der civil, no solamente fracasan en el gobierno sino que también pier-
den su capacidad operativa y dejan de ser útiles para el fin para el que
fueron creadas.

- 90 -
Nuestras fuerzas, cada una de ellas, no son islas perdidas en un
océano. Debe emprenderse su integración y complementación, bus-
cando desarrollar un sistema de acción conjunta que les permita dar
respuestas adecuadas a las hipótesis de conflicto previsibles.
Si desarrollamos inteligentemente esta tarea de integración y
complementación, que tendrá a su cargo el Ministerio de Defensa,
lograremos elevar el aprovechamiento y la utilización de nuestros
recursos, con la consiguiente reducción presupuestaria en cantidades
que podrán satisfacer necesidades de otras áreas de gobierno.
En este marco, confiamos en producir una sustancial reducción
del número de conscriptos a incorporarse el próximo año, con la mira
puesta en la supresión del servicio militar obligatorio.
Debemos operar al propio tiempo sobre una modernización del
equipamiento y una redistribución territorial de las fuerzas que con-
templen las necesidades de la defensa y les permitan una óptima utili-
zación de sus medios.
Sobre estas ideas básicas vamos a producir la reforma militar,
que concluirá con nuestras Fuerzas Armadas integradas plenamente
en el funcionamiento normal de las instituciones constitucionales, en
el marco de un Estado moderno, respetadas y queridas por el pueblo
al cual se deben.
Más allá de lo específicamente militar, es ineludible, al hablar de
la política que el gobierno aplicará en el área de defensa, hacer men-
ción de la acción que se deberá desarrollar a través de las empresas
públicas que se encuentran bajo la jurisdicción del Ministerio de De-
fensa.
La gestión de las empresas públicas forma parte de los instru-
mentos del Estado para ejecutar las decisiones colectivas.
Las empresas del Ministerio de Defensa deben formar parte de
dichos instrumentos, ya que constituyen parte del patrimonio común
de todos los habitantes de nuestro país, y en tal carácter, sus actos en
materia de producción, empleo, inversiones, gastos, etcétera, son ac-
tos del propio Estado, más que de un directorio o de alguna institu-
ción. Por ello deben sujetarse al programa de gobierno votado por la
mayoría del pueblo, que les establece múltiples objetivos:
1. Cumplir con su finalidad específica, ejecutando los programas
sectoriales elaborados por las respectivas áreas de gobierno.

- 91 -
2. Promover el desarrollo tecnológico e industrial, utilizando su
poder de compra, promoviendo la máxima participación local con
sentido federal y aplicando el régimen del "Compre nacional".
3. Colaborar en la programación, ejecución y control del gasto
público.
4. Ajustarse y cooperar con los criterios de política nacional en
materia de endeudamiento externo, comercio exterior, niveles de sa-
lario y empleo, etcétera.

La gestión de estas empresas deberá tener una eficiencia acepta-


ble de acuerdo a las condiciones económicas globales y a los resulta-
dos observables en actividades similares del sector privado o del ex-
tranjero.
Como criterio básico, los beneficios sociales —que deben incluir
la evaluación del cumplimiento de los fines del Estado— deben ser
mayores que los costos sociales. Será requisito indispensable que las
empresas desarrollen capacidad de decisión tecnológica con la auto-
nomía inherente a su tamaño y función y con equilibrado sentido de
lo que debe ser desarrollado o adquirido como rol de ingeniería, de la
infraestructura científica local y de la industria proveedora.
La gestión tecnológica deberá integrarse eficazmente en la plani-
ficación, en el análisis de proyectos, en la utilización del poder de
compra, en el empleo y aplicación óptima de los procesos en uso y en
la tarea de investigación y desarrollo.
La planificación y gestión de estas empresas, en su relación entre
sí y con los demás organismos públicos, será coordinada propendien-
do al mejor diseño y uso de la infraestructura, evitando las superposi-
ciones redundantes y aprovechando las posibilidades de servicios co-
munes en gran escala como, por ejemplo, en materia de informática y
telemática.
Se proveerá el control pleno e integral de estas empresas y la
adecuada publicidad de sus actos. Para ello serán incorporadas al sis-
tema de control de la Sindicatura General de Empresas Públicas en
relación con los aspectos jurídicos, contables y de gestión.
Finalmente, en lo que concierne a su administración, ella será
ejercida atendiendo a la idoneidad profesional del personal, ya que las
empresas son unidades productivas que requieren de técnicos, profe-

- 92 -
sionales y ejecutivos para los cuales su actividad en las mismas no sea
un destino ocasional y transitorio.
No escapa a nuestras preocupaciones el perfeccionamiento de
instituciones policiales modernas, respetuosas, garantes del orden y la
tranquilidad pública, eficaces para combatir a todas las manifestacio-
nes disvaliosas del hombre en la comunidad. La idoneidad e incorrup-
tibilidad de sus cuadros, desde las más elevadas jerarquías hasta quie-
nes en la calle preservarán la vida diaria de los argentinos, devolverá
a la Policía el papel eficaz, socialmente consentido, de brazo armado
de la ley y confiable auxiliar de la justicia, educadora del buen ciuda-
dano y destinada a contener los males que se suelen enquistar entre la
gran mayoría de habitantes que cumplen con su deber. El trabajo no
será simple, pero la Policía contará con los medios necesarios para el
cumplimiento de su misión.
Esta Policía, alejada del autoritarismo pero con verdadera autori-
dad, dispuesta a prevenir y erradicar los delitos, capacitada moral y
técnicamente para actuar en los límites estrictos que marcan las nor-
mas legales, hará comprensible su función hacia dentro y hacia fuera de
sus estructuras organizativas en el marco de una sociedad democrática
y a través de la ley, del diálogo, de la persuasión y de la comprensión,
de una comprensión que, más allá de las palabras, se exprese en el sos-
tenimiento concreto de valores supremos como el derecho a la vida, al
honor, a la propiedad, a la tranquilidad y al ejercicio de las libertades
por parte de los ciudadanos.

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Serie 16480. Fotógrafo, Alejandro Ochoa, 1984.
DISCURSO DEL PRESIDENTE RAÚL ALFONSÍN
ANTE LA ASAMBLEA LEGISLATIVA. 1° DE MAYO DE 1984

(Extraído del diario de Sesiones del Congreso Nacional – Cámara de Diputados y


cotejado con el archivo sonoro emitido por Radio Nacional Argentina)

MENSAJE

H ONORABLE CONGRESO: el 1° de mayo tiene para los argentinos


un significado múltiple. Marca el momento en que el Poder
Ejecutivo, dentro del principio constitucional de separación
de los poderes, informa al Congreso de la Nación las grandes líneas
de su acción de gobierno, define propósitos para el cumplimiento de
su mandato y da cuenta al pueblo y a las provincias, en la persona de
sus representantes, del estado de los asuntos públicos.


NdE: En esta publicación se ponderó la palabra oral emitida por el presidente
Raúl Alfonsín por sobre la taquigráfica. Es decir, en todos los casos en que hubo una
controversia entre lo transcripto y el discurso emitido, se privilegió la emisión oral.

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En la fecha se recuerda con gratitud a los Constituyentes que
sancionaron la Constitución Nacional en 1853, cuya inspiración y
sabiduría son fuente de orientación permanente en la marcha de la
República hacia sus grandes destinos en paz, unión y democracia.
Tiene el 1° de mayo un sentido especial para los trabajadores.
Es una fecha que ellos han consagrado para reclamar contra la injus-
ticia y prometerse fraternalmente eliminarla por el camino del trabajo
y la valorización de su presencia política.
Y este 1° de mayo agrega además un sentimiento entrañable.
Recuerda el acto bautismal sellado con sangre en defensa del honor
nacional. En su virtud, quienes fueron a la batalla para morir como
valientes, mostraron coraje al servicio de la patria; permitieron que
las glorias de nuestra historia quedaran sin mengua y pudiera reno-
varse el compromiso del pueblo con sus ancestros, que en similares
circunstancias supieron morir con gallardía y determinación.
Hace ciento cuarenta días que se ha restablecido el sistema repu-
blicano, representativo y federal en la Argentina. En ese corto tiempo
hemos podido apreciar los constantes requerimientos de la ciudada-
nía, que empieza a encontrar en la democracia su forma natural de
convivencia. Pero faltaríamos a la verdad si no dijéramos que el país
sufre aún las consecuencias de profundos trastocamientos en la escala
de valores y que se observan vestigios de una acción corporativa co-
mo producto evidente de una época en que cada sector pensaba egoís-
tamente en la sola defensa de sus intereses directos.
La democracia sólo funcionará en plenitud cuando todos estemos
dispuestos a anteponer los intereses de la República, a ideas particu-
lares que resultarían estériles si no se compatibilizaran con las del
conjunto de la sociedad.
Para ello se requiere del diálogo, que presupone la unidad de los
dialogantes. Y esta unidad exige un amplio espíritu de reconciliación.
Sin reconciliación y diálogo, aparecerían y se acrecentarían las ten-
dencias a la fragmentación.
“Todo reino dividido contra sí mismo es arruinado y las casas
caen unas sobre otras”, narra el Evangelista.
Un gobierno democrático debe considerar siempre que, en el juego
de las instituciones, la discrepancia constituye una forma efectiva de
colaboración, además del ejercicio de incuestionables derechos. La oposi-
ción ejerce la fiscalización de los actos de gobierno y propone, a su turno,

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alternativas legítimas. Una oposición que intentara la anulación del go-
bierno, se alejaría de las reglas de juego del sistema democrático. El
desarrollo de la pluralidad, dentro de la unidad, irá acrecentando el espa-
cio de la tradición democrática argentina.
El diálogo constituye una empresa difícil, pero es tan urgente
como indispensable. Sin la existencia de un verdadero diálogo serían
insostenibles el orden y la paz. Estamos seguros de que la opinión
pública y el conjunto de la ciudadanía desean una paz interior que
asegure posibilidades para la búsqueda de mayor libertad, con mayor
seguridad y mayor bienestar.
La paz interior no se establece ni se preserva por sí sola: la re-
conciliación y el diálogo deben ser introducidos en la vida social, aun
para asegurar el mismo progreso material.
Después de las guerras civiles del siglo pasado, la tarea funda-
mental de artesanía política consistió en restaurar las condiciones
para la convivencia entre los argentinos. Y en diversas ocasiones, las
luchas se hubieran evitado si los tratados y acuerdos hubieran tenido
lugar antes, y no después de las confrontaciones.
La reconciliación consiste, verdaderamente, en tratar a los demás
como prójimos, como próximos, como "a los otros que son como no-
sotros". La reconciliación está en el centro del razonamiento ético,
porque el razonamiento ético implica siempre renunciar a una parte
de las apetencias propias en función del conjunto. A través del diálo-
go, se establece una prioridad ética y solidaria. La paz interior es im-
posible si cada uno atiende solamente a sus propias necesidades, y no
a las condiciones de existencia de los demás.
Por medio del diálogo y del esfuerzo en reconciliar a los argenti-
nos, reconocemos que existen diversidades. Del reconocimiento de
esas diversidades parte nuestra propuesta, pues si todos pensáramos
lo mismo y tuviéramos las mismas necesidades e intereses, el diálogo
sería superfluo.
Toda ética se basa en el respeto a los demás y en el reconoci-
miento de derechos propios de los otros. El respeto a los demás parte
del respeto a la vida y desde allí se extiende. La reconciliación que
proponemos, que debe ser una reconciliación profunda, no puede sino
basarse en la verdad: sin engaños, sin recursos tácticos, sin verdades a
medias, con una sinceridad absoluta de corazón, podremos encontrar-
nos los argentinos. La grave crisis que estamos viviendo exige el sa-

- 97 -
crificio de renunciar a ventajas ocasionales y aceptar una búsqueda
común de la verdad. No solamente son insinceros quienes usan del
oportunismo o de los fingimientos, sino quienes formulan exigencias
-que en su fuero interno saben de cumplimiento imposible-. La justi-
cia exige verdadera honestidad y verdadero interés por nuestros con-
temporáneos.
No puede hablarse de reconciliación ni de diálogo justo si, por vo-
luntad de poder, o por intereses creados o por espíritu de venganza,
quien habla no está dispuesto a ceder nada o quien escucha endurece su
corazón. El desbloqueo de las rigideces, apoyado en la conciencia gene-
ral de los peligros que nos acechan y en la esperanza común de dejar a
nuestros hijos un país mejor, es indispensable para lograr el entendi-
miento entre los argentinos.
Aunque el Parlamento y las vías normales complementarias re-
sulten insustituibles para la convivencia, no son suficientes en la
emergencia que vive el país.
Es indispensable superar antagonismos artificiales, que más bien
son residuos históricos, pero también superar antagonismos naturales
que hacen a la problemática específica que nos toca enfrentar.
Uno de los aspectos menos explicados de la vida política de todos
los países, es la terrible atracción que sobre algunos sectores tienen la
destrucción y la muerte. Cuando llamamos a la reconciliación y al diá-
logo estamos defendiendo la vida. La elaboración de un mecanismo
racional para la defensa de la convivencia constituye el único camino
que podemos seguir los argentinos para impedir nuevos y peores ciclos
de terrorismo y represión. Por nuestra parte, tenemos muy en claro
que debemos compatibilizar nuestra inclaudicable vocación de justicia,
con la convicción de que la justicia está al servicio de la vida. Existen
ocasiones en que la justicia -así ocurre en las guerras- suele ser invoca-
da antes como un arma, que como una metodología de la paz.
La justicia se opone de por sí a la destrucción y va acompañada
necesariamente de la honestidad de conciencia. Esto implica proble-
mas que no son siempre fáciles de resolver. Muchas de esas cuestio-
nes pueden ser encaminadas a través de un espíritu de reconciliación.
Hay veces, como explica Santo Tomás, en que la bondad de la
voluntad humana acerca más a la justicia que la simple razón humana.
Para alcanzar, entonces, la reconciliación no solamente será ne-
cesario hablar con honestidad, aceptar ser hablado y buscar la justicia,

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sino también iluminar nuestras acciones con bondad. Sin bondad no
habrá unidad nacional.
La fragmentación de una sociedad es la alternativa inexorable
cuando en un país cada uno deja de escuchar y atender a los demás.
El autoritarismo, muy lejos de establecer la autoridad, la destruyó
y llevó a deshacer en la República a la misma autoridad presidencial.
Muchos hablan de que existía una dictadura sin dictador. El poder, así,
se feudalizaba y crispaba, impotente para componerse.
En la Argentina se ha restablecido, después de muchos años, la
autoridad del gobierno propiamente dicho. El ciclo autoritario tendió
a deshacer la autoridad e inició o acentuó un proceso de fragmenta-
ción terriblemente peligroso.
Quizá parezca paradójico decir que con la democracia se ha res-
tablecido en el país la existencia misma del gobierno y se ha termina-
do, esta vez sí, con un verdadero vacío de poder para recrear una vo-
luntad nacional firme y serena, establecida sobre las bases del derecho
y la justicia.
Sin embargo, el pasado es demasiado reciente como para que
haya desaparecido el peligro de una fragmentación, que sería mucho
más grave aún que la ya conocida.
Cuando hablamos del peligro de una fragmentación del país, no
estamos inventando un fantasma, pues esa fragmentación estuvo cla-
ramente insinuada ya en épocas recientes y de ella surgió una impor-
tante franja de violencia.
Nos encontramos el 10 de diciembre con una Argentina angus-
tiada y señalada inequívocamente con los signos de la destrucción.
Pero de esa angustia surgirían la esperanza, la resurrección, la pers-
pectiva de reconstruir la república de la vida. La autoridad del go-
bierno democrático emanó de un sentimiento ético, en nombre del
cual se convocó al pueblo argentino.
Nosotros proponemos al país un optimismo responsable. Si en el
optimismo por los logros alcanzados, por la libertad, la democracia, la
moral pública, la justicia y la autoridad recuperadas, olvidáramos el
grave peligro de una fragmentación de la República, haríamos a esta
fragmentación posible.
El 30 de octubre el pueblo argentino votó por un proyecto de
unión nacional y en reafirmación de los derechos a la libertad y a la
vida, contra todo tipo de intolerancia. Ese mandato nos impone una

- 99 -
severa obligación moral, tanto a quienes estamos en el gobierno como
a quienes les ha correspondido la tarea de actuar desde la oposición.
Ni nosotros ni la oposición podemos modificar la voluntad del
pueblo argentino expresada a favor de la convivencia democrática. Ni
nosotros ni la oposición podemos actuar desconociendo la realidad, y
la realidad es que en la Argentina no tenemos dos siglos de democra-
cia consolidada, sino una democracia naciente a la que todos debemos
preservar en nuestros actos y en nuestras palabras. Pueblos admira-
bles han entendido muy bien, en el pasado reciente, qué es una transi-
ción y cuáles son sus verdaderas reglas de juego para que no fuera un
nuevo intervalo entre dos dictaduras. No pretendemos transferir a la
oposición esa responsabilidad que, por el contrario, asumimos plena-
mente a través de la búsqueda de la reconciliación y el diálogo.
Honorable Congreso: el 10 de diciembre dijimos aquí que una
savia común alimentará la vida de cada uno de los actos del gobierno
democrático: la rectitud de los procedimientos. Anotamos, también,
que enfrentaríamos muchos problemas, pero que haríamos un gobier-
no decente. Hemos establecido en la Argentina un gobierno, que en
sentido propio no lo había, y un gobierno decente. Los argentinos
hemos logrado el funcionamiento pleno de los tres poderes del Esta-
do y la vigencia del sistema federal. A veces, parecemos olvidar que
hace muy poco tiempo tales cosas no existían. Los argentinos hemos
rescatado la libertad y la democracia. Entre enormes dificultades, y
aun si se quiere de contradicciones, nadie puede negar que estamos
buscando el imperio de la justicia social... (Aplausos)... mientras que
ese tema había sido olvidado en momentos de profunda insensibili-
dad, también cercana.
Los argentinos hemos recobrado plenamente nuestro prestigio in-
ternacional y decenas de gobernantes han visitado a nuestro país, que
estaba absolutamente aislado antes del restablecimiento de la democra-
cia. Los argentinos hemos emprendido una política interna y externa
coherente, con aciertos y errores, pero totalmente comprensible, que
reemplaza una acción que subordinaba los principios a la táctica y que
hizo oscilar al país en todas las direcciones. Los argentinos nos hemos
vuelto a encontrar con la libertad en nuestras universidades, donde el
ruido de fondo de la vida reemplaza a la descomposición profunda del
miedo.

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No son pocas ni poco importantes las cosas que hemos logrado los
argentinos en estos meses de democracia y será bueno que recordemos
cuáles son para poder defenderlas frente a quienes buscan dividirnos en
función de sofisticaciones absurdas o francamente delirantes.
No dejamos de tener en cuenta la extrema gravedad de un contexto
económico-social que no hemos creado; pero el esfuerzo común en la
unidad nacional nos permitirá, con la ayuda de Dios, salir adelante.
Honorable Congreso: hemos recibido un país con un Estado to-
talmente distorsionado y puesto al servicio de un proyecto político
autoritario y represivo, que dio como resultado una larga noche de
miedo y muerte.
En este contexto, el Ministerio del Interior era el eje político del
aparato desde donde se controlaba a la sociedad civil y desde donde se
le negaba el derecho a la libertad mientras se manipulaba a la opinión
pública tratando no sólo de reprimir las expresiones políticas sino, lo
que es más grave, de degradar a la misma actividad política. (Aplau-
sos). Durante ocho años estuvo al servicio de una política económica
destructiva en la medida en que prohibía y castigaba toda protesta
social que se levantara contra aquélla. La represión era una variable
más de las utilizadas para ajustar la economía nacional hacia abajo
con el consiguiente deterioro de la estructura productiva, del capital y
del salario.
Desde el Ministerio del Interior se instrumentaron las primeras
medidas para destruir el federalismo, pese a que ese departamento, por
ley, está a cargo de la defensa y de la promoción del régimen federal y de
las autonomías provinciales. Así, se desprotegió a las provincias —en
momentos en que ellas sufrían el deterioro de las economías regiona-
les— y se impulsó un sistema de poderes subordinados al capricho del
poder central. En los hechos, los gobernadores provinciales se constitu-
yeron en correas transmisoras del Poder Ejecutivo, configurándose,
entonces, un régimen vertical de desigualdades en donde las provincias
carecieron de canales de intermediación de intereses y reclamos.
También hemos apreciado que durante el ejercicio pasado se re-
gistró una abrupta caída, del orden del 35 por ciento de los recursos tri-
butarios provinciales respecto del quinquenio 1978-82. Se trató de una
consecuencia directa del descenso de la actividad económica y de un ele-
vado porcentaje de evasión fiscal. Y en el orden del endeudamiento
público de las provincias que integran las llamadas “economías regiona-

- 101 -
les”, hemos heredado una deuda en divisas (al 30 de diciembre del año
pasado) de 700 millones de dólares -no incluyendo esta cifra deudas de
otras provincias como Buenos Aires-, ni la de los bancos provinciales.
A la dramática situación de los presupuestos provinciales pode-
mos agregar las consecuencias de una legislación heredada, dirigida a
obtener financiamiento para el sistema de seguridad social, que con-
tribuyó a agravar la crisis de las finanzas provinciales.
Las consecuencias de esas modificaciones pudieron apreciarse en
1982, cuando la pre coparticipación absorbió el 44,9 por ciento del
total de la recaudación de los impuestos nacionales co-participables.
Ello trajo aparejado que la coparticipación federal -distribución se-
cundaria- percibida por las provincias se redujera al 50 por ciento,
aproximadamente, de lo que resultaría por aplicación de la ley 20.221.
La modificación del régimen de coparticipación federal produjo
una merma del orden del 30 por ciento en términos reales, durante
1981, de los recursos del Fondo de Desarrollo Regional, que consti-
tuye una herramienta vital para las economías regionales. La situa-
ción se agravó en 1982, y en el ejercicio último, el Fondo de Desarro-
llo Regional entró en crisis, debiendo solicitar un anticipo al Tesoro
Nacional. A pesar de esta ayuda, la capacidad económica del Fondo
fue inferior en un 50 por ciento respecto de 1980 y ello explica el
atraso sufrido en los pagos de certificaciones, lo que provoca no pocos
inconvenientes en las obras provinciales.
La represión, el terror y la violación sistemática de los derechos
humanos fueron los elementos constitutivos de un proyecto político-
social autoritario, regresivo y elitista que depredó la República. Con
el objetivo de corregir este panorama y otorgar viabilidad al deseo de
cambio de los argentinos, hemos iniciado, en estos 140 días de go-
bierno, la reversión de ese proceso a través de distintas medidas.
Mencionaremos algunas de ellas:
—Derogación de la llamada Ley de Amnistía.
—Prosecución de las causas penales contra jefes político-militares
de organizaciones terroristas por homicidio, asociación ilícita, instiga-
ción pública a cometer delito, apología del delito y otras causas que pu-
dieran surgir.
—Prosecución de las causas penales contra los integrantes de las
tres primeras juntas militares, quienes son procesados por la respon-

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sabilidad que les cupo en los cursos de acción elegidos para reprimir
la subversión.
—Proceso para la determinación de las responsabilidades por la
guerra de las Malvinas.
—Promoción de la ley de protección del orden constitucional y
de la vida democrática. El antiguo delito de rebelión ha sido elevado a
la figura de atentado al orden constitucional y se pena la amenaza
pública de cometer estos hechos, estableciéndose que las acciones
penales previstas en este orden no prescribirán mientras dure la alte-
ración.
—Desmantelamiento del aparato represivo existente.
—Modificación del Código de Procedimientos en Materia Penal,
para aliviar la situación carcelaria, modificando normas sobre conde-
nación condicional, régimen de reincidencias y de excarcelación y se
establece el hábeas corpus en las condenas dictadas por tribunales
militares contra civiles.
—Modificación del Código de Justicia Militar. Se ha generado un
recurso de apelación que puede interponer tanto el acusado como la
parte acusadora y que será entendido por los tribunales civiles comu-
nes a todos los argentinos. Se contemplan distintos grados de culpabi-
lidad en la represión ilegal del terrorismo; se revisan las condenas a
civiles dictadas por tribunales militares y se deroga la competencia de
esos tribunales para delitos comunes cometidos por personal militar o
de seguridad, poniendo fin a las pautas autoritarias que constituyeron
una herencia colonial, vigente durante ciento setenta años.
—Derogación del cuerpo de leyes de facto que regulaban el pro-
cedimiento contra el terrorismo.
—Creación de un cuerpo de policía judicial y recreación de las
oficinas judiciales que tienen por función actuar en prevenciones su-
marias, y reestructuración de los planes de estudio de los aspirantes a
oficiales de la Policía Federal.
—Investigación de actos y hechos ilícitos económicos del gobier-
no de facto. Se investigan, asimismo, todas las medidas económicas
sancionadas que pudieran haber perjudicado al Estado o a la sociedad,
con el propósito de determinar si corresponde el enjuiciamiento de los
responsables.

- 103 -
—Establecimiento de una amnistía para todos aquellos inmi-
grantes irregulares que durante años han contribuido con su trabajo
a la comunidad nacional.
—Implementación de un plan de captación y promoción de in-
migración calificada y con capital, para ser canalizada hacia las zonas
poco desarrolladas del país.
—Creación de la Comisión Nacional sobre Desaparición de Per-
sonas.
—Aprobación de distintos pactos sobre derechos humanos, pro-
movidos por la Organización de Estados Americanos, en especial el
de San José de Costa Rica.
—Derogación de todo el cuerpo de disposiciones mediante el
cual el gobierno podía expulsar del país a extranjeros por causas polí-
ticas o ideológicas.
—Derogación de todas las normas que permitían el sometimien-
to de civiles a tribunales militares en períodos de conmoción interior.
—Fortalecimiento de la figura del habeas corpus, al que se ha da-
do la dimensión preconizada por los grandes juristas argentinos pero
que nunca había logrado concretarse en la realidad.
En otro orden de ideas, nos hemos propuesto una política pobla-
cional que revierta la tendencia al achicamiento del país. Así, hemos
comenzado por impulsar diez proyectos de radicación de inmigrantes
y sus familias con planes específicos a cumplir en las provincias de
Buenos Aires, Entre Ríos, Corrientes y Tucumán, y promovemos
políticas concretas desde el punto de vista de la migración interna,
que permitirán una adecuada distribución de la población en el espa-
cio territorial nacional, privilegiando las zonas de fronteras.
Honorable Congreso: hemos destacado ya las características de
este ingreso de la Argentina en la plena vida democrática. Hemos
señalado la necesidad de diálogo y de reconciliación; hemos insistido
en que la democracia no se consolidará sin una actitud activa de diri-
gentes y ciudadanos, sin una comprensión responsable de los peligros
que acechan a la República. No podemos desentendernos y simular
que está asegurado un largo y continuado ejercicio de las libertades:
esas libertades deben ser cuidadas por todos a través de una acción
política que, en el disenso, ayude a superar la fragmentación y evitar
sus consecuencias.

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Pero no ignoramos que, en buena medida, la consolidación de la paz
social está ligada también a la capacidad de respuesta frente a los graví-
simos problemas económicos heredados del ciclo autoritario.
El país estaba, y de alguna manera sigue estando, al borde del
abismo. Al asumir el gobierno, éramos conscientes de la gravedad de
los problemas económicos que sufría —y sufre— el país en su conjun-
to. Pero no imaginábamos que la conjunción, impuesta en 1976, entre
un régimen carente de legitimidad democrática y un modelo econó-
mico extraño, inviable en la práctica, fuera a producir tantas y tan
graves heridas en el cuerpo social y económico de la República.
Al asumir el gobierno, recibimos un país al borde del desastre, si-
tuación a la que fue llevado por la irresponsabilidad de una política
que, para solucionar problemas en el sector externo, apeló a la clásica
receta de ajuste con recesión y caída del salario real. Simultáneamente
se consolidó una estructura de especulación y se mantuvo latente el
proceso inflacionario.
Así, entonces, se dieron todas las condiciones para el ingreso li-
bre de capitales foráneos, se acentuó la regresividad en la distribución
del ingreso y se dio nuevos ímpetus a aquellas fuerzas que pretendían
la destrucción sistemática de la producción nacional, con una combi-
nación de atraso cambiario y rebaja arancelaria, en aras de una su-
puesta eficiencia para la que se trataba indistintamente de producir
acero o caramelos, y finalmente ninguna de ambas cosas.
Al asumir el gobierno recibimos un país desarticulado, condicio-
nado por la deuda externa, la inflación, la recesión y la distorsión de
los factores económicos que fueron, y son, la herencia dejada por los
sucesivos gobiernos del régimen.
La actividad económica se redujo constantemente durante el pe-
ríodo 1977-1983. El producto bruto interno por habitante, medido en
pesos argentinos de 1970, descendió durante este periodo a razón de
una tasa acumulada anual del 1,4 por ciento. El producto bruto inter-
no industrial de 1983 es inferior al de 1976 en un 9,6 por ciento y al
de 1974 en un 14,6 por ciento. El nivel de la inversión bruta indus-
trial en 1983 es el más bajo desde 1968 y su participación en el pro-
ducto bruto industrial es la más baja desde 1950. Todos estos índices
encuadran elocuentemente la profundidad de la recesión heredada.
El 10 de diciembre de 1983, la producción estaba desarticulada.
El stock ganadero había experimentado una caída de 5.500.000 cabe-

- 105 -
zas en comparación con 1977, y todas las economías regionales esta-
ban virtualmente en quiebra; la industria en gran parte desmantelada;
no había inversiones; los sectores pequeños y medianos duramente
castigados; mientras se verificaba desabastecimiento de insumos im-
portados, se retraía el mercado y se perdía capital de trabajo.
Existían -existen aún- fuertes distorsiones en los sistemas de
abastecimiento y comercialización, debidas a mecanismos innecesa-
rios de intermediación.
Ni el sistema financiero ni el bancario funcionaban normalmente,
lo que todavía no se ha corregido. Aún ahora, las carteras de los ban-
cos son sumamente pesadas y sus activos tienen un grado elevado de
inmovilización. El país recuerda la sucesión de estruendosas quiebras
en el sector, quiebras que hace cuatro años marcaron un hito signifi-
cativo en la crisis. El gran número de sucursales bancarias existentes
requiere un costo de explotación excesivo que gravita fuertemente
sobre las tasas de interés. En el país se había establecido y aún persis-
te un circuito financiero parabancario, con tasas de interés superiores
a las fijadas por la autoridad monetaria. La cuenta de regulación mo-
netaria sigue proyectando además una ominosa carga sobre el con-
junto de la economía.
Al asumir el gobierno recibimos también un agudo déficit en el
sector público. En 1966 era del 4,57 por ciento; en 1976 había crecido
al 11,76 por ciento, y a fines de 1983 trepó hasta el 14,79 por ciento.
Este déficit, medido en porcentaje del producto bruto interno, creció
en forma alarmante como consecuencia de un desacertado manejo de
las finanzas públicas, sin la obtención de beneficios sociales para el
conjunto de la población, pero sí para un pequeño grupo de privile-
giados. Durante el ejercicio anterior se operó también un relajamien-
to de la disciplina fiscal de los contribuyentes, produciéndose impor-
tantes caídas en la recaudación de impuestos sobre las transacciones y
los ingresos, fundamentalmente IVA y ganancias, que junto con la
falta de eficacia para controlar el gasto determinaron un déficit fiscal
del orden del 14 por ciento del producto bruto interno, pero que en el
último trimestre del año se amplió al 17 por ciento. Esta situación se
vio agravada, además, por la aceleración en la tasa de inflación, que
deterioraba mes a mes los ingresos fiscales en términos reales.
Al asumir el gobierno recibimos un proceso inflacionario desbo-
cado. Este tema, el de la inflación, representa un viejo desafío al que

- 106 -
esta generación de argentinos debe responder, ya que constituye un
enraizado vicio cuya corrección es incuestionable e ineludible para
lograr la recuperación de la salud moral y económica de la República.
Lo sucedido en 1983, cuando la inflación alcanzó uno de sus mayores
niveles históricos, raramente superado en el pasado, constituye una
seria advertencia para todos los argentinos. Vencer a la inflación es
uno de nuestros grandes desafíos.
Al asumir el gobierno lo hicimos en un país donde la expansión
monetaria se había precipitado hasta niveles críticos. La base moneta-
ria había crecido a un ritmo mensual del 21,4 por ciento durante el
cuarto trimestre y a una tasa del 30,4 por ciento en diciembre de
1983. Este proceso tuvo un correlato en el ritmo inflacionario, que
determinó que las tasas de interés de los depósitos resultaran, no obs-
tante sus elevadísimos niveles nominales, negativas en términos re-
ales, desestimulando el ahorro líquido de la población. La propensión
del público a mantener depósitos en el sistema financiero se encon-
traba en proceso de decaimiento, añadiendo presión sobre los precios
y concentrando los depósitos en el corto plazo. Todos estos factores
se tradujeron en un notable deterioro del crédito al sector privado,
que mermó hacia 1983 en un 20 por ciento.
Al asumir el gobierno, el sistema financiero atravesaba una pro-
funda crisis, asociada al alto grado de iliquidez e insolvencia de las
carteras crediticias de un gran número de entidades y a la distorsión
producida por su sobredimensionamiento estructural. A diciembre de
1983 los préstamos en esa situación representaban globalmente el 60
por ciento de los patrimonios netos y el 18 por ciento de los présta-
mos totales.
Lo expuesto, señores legisladores, traduce una ineficiencia que
queda patentizada en los costos operativos del sistema. A diciembre
de 1983 los costos medios operativos alcanzaban al 23 por ciento
anual, valor aproximadamente cinco veces superior al promedio ob-
servado en otros países.
Al asumir el gobierno también asumimos una deuda externa con-
traída, en su gran dimensión, por el régimen autoritario. La deuda
externa argentina era en junio de 1966 de 2.673 millones de dólares.
En diciembre de 1975 había crecido hasta 7.875 millones de dólares,
mientras que en diciembre de 1983 esta cifra estimada superaba los
42.600 millones de esa moneda. En el lapso de ocho años la deuda se

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quintuplicó, sin que tal incremento haya sido utilizado en realizacio-
nes concretas para el desarrollo del país y el mejoramiento de las
condiciones de vida del pueblo. Además, el escalonamiento de la deu-
da se acumula de tal manera que en el presente año los vencimientos
suman aproximadamente 20.000 millones de dólares, lo que crea
enormes dificultades para la refinanciación de los mismos.
El balance de pagos ha registrado déficit desde 1980. En el último
ejercicio, el saldo comercial fue favorable en 3.146 millones de dólares,
pero el saldo en cuenta corriente fue negativo en 2.570 millones, debi-
do a las fuertes obligaciones por intereses, que representaron alrededor
del 70 por ciento de las exportaciones del año.
Al asumir la Presidencia el país contaba con reservas internacio-
nales de absoluta disponibilidad por sólo 102 millones de dólares,
aparte de un pequeño monto de derechos especiales de giro y de las
reservas en oro, cuya enajenación podría tener imprevisibles conse-
cuencias. Frente a esta reducida disponibilidad existían obligaciones
perentorias por sumas mucho más elevadas, implicando ello una si-
tuación sumamente comprometida para el país, privándolo totalmente
de autonomía de decisión. Para hacer frente a la situación de desequi-
librio, entre el bajo nivel de reservas y las obligaciones externas, se
dispuso la práctica de suspender las ventas de cambio para pagos al
exterior, acumulándose al 9 de diciembre pasado, atrasos en los pagos
externos por 2.545 millones de dólares.
El Poder Ejecutivo debió afrontar esta situación, sumada a un
impresionante nivel de desocupación, a salarios insuficientes, a falta
de atención de la salud en las franjas más carenciadas, a una adminis-
tración desmoralizada y a la ausencia de una política de vivienda.
El desafío es gigantesco: debemos reactivar la economía, incre-
mentar el salario real y contener la inflación. No habrá resultados
estables en ninguno de estos tres campos, si no se obtienen también
en los restantes.
Vamos a reiterar nuestros objetivos en ese sentido: la reactiva-
ción económica debe manifestarse en un crecimiento del producto
bruto interno del orden del 5 por ciento; los salarios reales deben
crecer del 6 al 8 por ciento en este año, y la inflación debe disminuir
en alrededor de un 50 por ciento, medida por los niveles generales de
precios.

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El problema inmediato con que nos encontramos consiste en
contener la traslación a los mecanismos de precios del torrente mone-
tario generado por la financiación del déficit presupuestario del último
trimestre de 1983, al que debía sumarse el correspondiente a enero de
1984. Esa contención debía realizarse aumentando el nivel de actividad,
asegurando los beneficios de los productores, combatiendo la desocupa-
ción; y todo ello, sin afectar la rentabilidad empresaria ni descapitalizar a
las empresas públicas. Al mismo tiempo, esa tarea debía ser compatible
con aumentos del salario real.
Se adoptó, en consecuencia, en un plan de largo alcance, una es-
trategia dinámica. En el terreno de la política salarial, hemos avanza-
do muy rápidamente: en algunos sectores de la actividad privada, la
recuperación del salario real se aceleró abruptamente, y en el sector
público esa recuperación, en el primer trimestre, excedió proporcio-
nalmente la pauta anual.
Hemos comenzado por ocuparnos de los sectores más desprote-
gidos. Entre noviembre de 1983 y abril de 1984, el salario mínimo
nominal pasó de 1.800 pesos a 5.030 pesos, lo que equivale a decir que
virtualmente se ha triplicado. Por otro lado, el salario medio de los
trabajadores excede el monto calculado para la canasta familiar por el
INDEC15. Se incrementaron las asignaciones familiares y se eliminó
el I.V.A. para productos alimenticios y medicamentos. (Aplausos).
Se ha iniciado la implementación del PAN —Programa Alimen-
tario Nacional—, que significará un incremento no monetario de los
salarios reales en los sectores más carenciados. La política educativa,
en base a una escuela que incluye el concepto de asistencialidad; y las
medidas sanitarias, tenderán al mismo fin.
El nivel de desocupación obrera se ha reducido rápidamente. La
economía muestra signos muy claros de expansión, con excepción de
la construcción, que todavía permanece retrasada. El avance de las
economías regionales permite ir invirtiendo el proceso que había de-
terminado su asfixia.
Mejoró sensiblemente la situación de la pequeña y mediana em-
presa, aprovechándose así las ventajas del acrecentamiento de la de-
manda. La producción industrial avanzó en casi todos sus sectores.
En algunos rubros, el crecimiento de la demanda no ha sido acompa-

15 NdE: Instituto Nacional de Estadísticas y Censos

- 109 -
ñado por el incremento de la oferta, pese a existir condiciones para
hacerlo. Queremos advertir que impediremos cualquier maniobra de
desabastecimiento por retracción injustificada de la producción y, de
ser necesario, adoptaremos las medidas previstas por la ley de abaste-
cimiento. (Aplausos).
Debemos también señalar que no hemos obtenido hasta ahora los
resultados esperados en la contención inflacionaria. Ya hemos men-
cionado como causas del desborde monetario los déficits fiscales incu-
rridos y la cuenta de regulación monetaria, a lo que ahora agregamos
la necesidad ineludible de reconstituir las reservas del Banco Central.
A esta situación debe unirse la necesidad de recomponer la estructura
de los ingresos de distintos sectores sociales y el ajuste de precios
relativos, todo en el contexto de un proceso inflacionario de tremenda
potencia.
Gravitan, también, otras razones, como el acrecentamiento de la
demanda frente a una rigidez relativa de la oferta en los productos
alimenticios. La despoblación ganadera y la falta de mecanismos efi-
cientes para la comercialización de productos sustitutivos explica en
parte la situación. Pero también debemos señalar que existen quienes
no han comprendido su responsabilidad social y que, en vez de con-
tribuir al ordenamiento del mecanismo de producción y distribución,
persisten en actividades y maniobras especulativas.
En el sector externo, hemos procurado asegurar la colocación de
la producción exportable. Ese objetivo se está logrando. Al mismo
tiempo, dispusimos ordenar el aprovisionamiento de bienes e insumos
importados para asegurar el mantenimiento de la actividad interna.
Estamos logrando reconstituir la reserva de divisas extranjeras y
negociando activamente la enorme deuda externa heredada. La nego-
ciación se viene cumpliendo regularmente, en etapas previstas, permi-
tiendo sortear los compromisos con el exterior, asegurar el abasteci-
miento de insumos y obtener nuevos créditos para inversiones.
Una vez más, es importante destacar la trascendencia de la ope-
ración financiera concretada el 30 de marzo último con los países
hermanos de México, Venezuela, Colombia y Brasil, y con la partici-
pación del gobierno de los Estados Unidos, así como con el aporte de
un grupo de bancos comerciales. Esa operación es un verdadero
ejemplo de lo que puede obtenerse en el campo de la cooperación in-
ternacional cuando existen buena fe, voluntad y comprensión.

- 110 -
No hemos logrado todos los objetivos propuestos, pero estamos
avanzando por el buen camino. Redoblaremos nuestros esfuerzos para
obtener el equilibrio interno y el ordenamiento del sector externo.
Vamos a corregir las distorsiones que subsisten en el proceso
productivo y de distribución de bienes. Por ejemplo, en lo que se re-
fiere al sector de la construcción, retrasado hasta ahora, vamos a im-
pulsar con más fuerza nuestro plan de viviendas. Además del plan de
inversión pública que admite nuestra situación, estimularemos el in-
cremento de los niveles de la actividad económica y del salario real,
encuadrándolos lógicamente en las posibilidades del país para evitar
que una expansión exagerada desvirtúe nuestros objetivos.
Continuaremos la difícil lucha contra la inflación. Ya hemos re-
ducido el déficit fiscal y persistiremos en esa política. El gasto público
será expansivo, pero su mejor funcionamiento será obtenido a través
de la mejora de la recaudación fiscal, de los nuevos impuestos ya san-
cionados y de otros que serán puestos a consideración del Congreso
Nacional.
En orden a las medidas instrumentadas para poner en marcha la
reforma del aparato estatal, se creó una comisión destinada a analizar
qué actividades corresponde excluir del sector público por conside-
rarse que son ajenas a sus fines esenciales.
Esa comisión, integrada por funcionarios de la Presidencia de la
Nación, de seis ministerios nacionales y de los tres grandes bancos
del Estado, ha presentado, tras cuarenta y cinco días de labor, un
primer informe, en el que consigna una nómina de diecinueve empre-
sas y sociedades cuya situación considera analizable a los fines de su
eventual privatización. Además ha propuesto medidas que estima
idóneas para el seguimiento y aceleración de los procedimientos li-
quidatorios que se cumplen en otras ocho entidades, en virtud de dis-
posiciones legales anteriores.
La comisión considerará en todos los casos las consecuencias
socioeconómicas de la propuesta de privatización que elevará en cum-
plimiento de su cometido.
Los señores legisladores también tendrán en sus manos un pro-
yecto de reforma financiera para sanear el sistema bancario, achican-
do el costo financiero de los créditos, para ponerlo al servicio de las
actividades productivas. Se adoptarán muy severas medidas para
combatir las actividades especulativas en el mercado financiero.

- 111 -
Los créditos y su destino serán estrictamente controlados, pero
para que su aplicación sea, invariablemente, favorecer la producción y
el fluido abastecimiento. La rentabilidad empresaria deberá surgir del
proceso productivo, y no de especulaciones financieras. La actividad
bancaria operará como elemento indispensable para el desarrollo y
crecimiento de la actividad productiva y no podrá, bajo ningún con-
cepto, utilizar el ahorro público para actividades especulativas. Por lo
tanto, de aquí en más, la actividad financiera volverá a ser absoluta-
mente transparente.
Debemos anunciar, además, que en los próximos días elevaremos
al Fondo Monetario Internacional una carta de intención que permita
llegar a un acuerdo con dicha entidad, dentro de los propósitos y ob-
jetivos que nos hemos fijado previamente. Solicitaremos la convoca-
toria del Club de París, para lo que ya existen conversaciones avan-
zadas y, asimismo, la de los bancos comerciales para la refinanciación
de los saldos pendientes de pago y de los vencimientos hasta el 31 de
diciembre de 1984.
No hace falta, señores legisladores, que reitere que todo este es-
fuerzo será realizado sobre la base de la defensa de la dignidad nacio-
nal y de los intereses permanentes de la República. (Aplausos.)
La que antes esbozamos, señores legisladores, es parte de la
herencia recibida cuando asumimos el gobierno. Para revertir esta
situación hemos desarrollado diversas acciones que, por la magnitud
de la crisis, todavía son incompletas.
He aquí algunas:
—Planteamiento de la deuda externa argentina, preconizando la
necesidad de ajustar las exigencias de los acreedores a las posibilida-
des reales del país y condicionando el pago a las disponibilidades de
divisas resultantes de nuestro comercio internacional.
—Instrumentación del régimen de apoyo financiero a las activi-
dades productivas, con ampliación y extensión de plazos, para mante-
ner la capacidad de producción y las fuentes de trabajo.
—Creación de una comisión de estudios de la política salarial pa-
ra el sector público.
—Desarrollo de acciones tendientes a someter a control el déficit
fiscal, cuyo nivel alcanzó valores excepcionales en el último trimestre
del año anterior. Para ello se suscribieron los decretos 120 y 477 de
contención de gastos y congelamiento de vacantes, respectivamente.

- 112 -
—Eliminación del IVA en medicamentos y alimentos, que fue
compensado con aumento de los impuestos a los combustibles.
—Elevación al Congreso Nacional de proyectos de leyes modifi-
cando los impuestos: ganancias, capitales, patrimonio neto, impuestos
internos y fondo para la Junta Nacional de Granos, habiendo recibido
sanción los dos últimos, y creando nuevos impuestos, revalúo de
hacienda, fondo especial para el INTA16, fondo especial para medica-
mentos, Fondo Nacional para la Vivienda y derecho de estadística,
habiendo recibido sanción también los dos últimos proyectos.
—Confección del proyecto de presupuesto 1984, donde se han
reducido gastos en sectores de baja prioridad social y en áreas sobre-
dimensionadas y se aumentaron los gastos destinados a salud, vivien-
da y educación.
—Elaboración del proyecto de ley de promoción de las exporta-
ciones, con el propósito de reordenar los mecanismos de promoción
existentes y con el marco legal necesario para proceder a modificar
regímenes vigentes.
—Puesta en práctica del nuevo régimen de importación, cuyo
funcionamiento permite cumplir con los objetivos de agilidad, trans-
parencia y equidad, a la vez que elimina las irregularidades adminis-
trativas.
—Utilización en mayor medida del poder negociador del Estado
para expandir el comercio exterior. Mediante ese poder se induce a
acuerdos sectoriales o intersectoriales que permitan sustituir impor-
taciones con el consiguiente ahorro de divisas.
—Conjuntamente con el Ministerio de Salud y Acción Social y la
Secretaría de Industria se estableció un mecanismo de fiscalización del
sector químico-farmacéutico, mediante el cual se ha logrado reducir la
subfacturación y se promueve la sustitución de importaciones de aque-
llos productos que en algún momento fueron fabricados en el país, o
que se entiende que éste se encuentra en condiciones de hacerlo.
—Elaboración del proyecto de ley del consumidor.
—Lanzamiento del programa de fertilización que apunta a incremen-
tar la actividad agrícola, mediante el uso intensivo de fertilizantes, para
aprovechar el potencial biológico de las nuevas variedades de cereales.

16 NdE: Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria

- 113 -
—Implementación de una política global de carnes para encarar
soluciones de largo alcance para el abastecimiento normal de consu-
mo, la recomposición del sector ganadero y la ordenada evolución de
los mercados y los precios.
—Lanzamiento del plan para mejorar el almacenamiento y mo-
vimiento de cosechas. Este plan ha logrado un préstamo, por parte
del Banco Mundial, del orden de los 87 millones de dólares que se
derivarán a la construcción de 22 silos con una capacidad total de
180.000 toneladas y ampliación de otras cinco instalaciones en pro-
vincias del Nordeste y Noroeste. Se adquirirán también 850 vagones
de tolva, se ampliará y mejorará la red ferroviaria de acceso a puertos,
de acuerdo a lo convenido con la Secretaría de Transporte. La línea
de crédito al sector privado contempla mejoras similares con una am-
pliación de almacenamiento de 700.000 toneladas.
—Devolución al INTA de su autarquía financiera y administrativa.
—Proyecto de una nueva ley de promoción industrial.
—Aprobación de numerosos proyectos de inversión de acuerdo a
los términos de la ley de promoción, siguiendo un riguroso criterio de
selección en cuanto a la sólida participación empresaria.
—Estudio de proyectos para promover industrias sectoriales de
alta tecnología, como la informática, sobre la cual se está trabajando
en coordinación con diferentes sectores del gobierno, a efectos de fijar
las bases de una nueva política para el sector.
—Iniciación de los estudios de factibilidad del proyecto Bajo de
la Alumbrera, en la provincia de Catamarca, que permitirá a nuestro
país autoabastecerse de cobre e iniciación de los correspondientes a
una mina de azufre en la provincia de Salta, desmantelada durante el
régimen anterior.
—Establecimiento de una línea de crédito a empresas privadas
para la explotación de nuevos yacimientos mineros.
—Creación del Consejo Federal Pesquero, cuyos objetivos fun-
damentales son la compatibilización de los intereses regionales y el
adecuado manejo de los recursos pesqueros.
—Creación de la Secretaría de Desarrollo Regional.
—Reorganización del Instituto de Vitivinicultura, poniendo el
acento en el control y la fiscalización, para lograr un ordenamiento de
la oferta de vino en el mercado y de desgravación del 50 por ciento

- 114 -
por fraccionamiento de vino en origen, a efecto de mejorar la calidad
y controlar la cantidad del mismo.
—Establecimiento de líneas de financiación a través de los ban-
cos provinciales para cosecha de uva, con redescuentos gestionados
ante el Banco Central.
—Traslado de la Dirección Nacional de Azúcar a la ciudad de
San Miguel de Tucumán, en cumplimiento de lo establecido en la ley
20.202.
—Establecimiento de un régimen de molienda autónoma de caña
de azúcar con destino a alcohol, para incremento del programa alco-
nafta y para exportación.
—Ampliación del área yerbatera en 20.000 hectáreas, destinadas
a productores de hasta 5 hectáreas y aprobación del precio definitivo
de la yerba mate para los años 1982/83 y costo conjetural para el año
1984, con fines de créditos prendarios.
—Implementación de una política de disminución de los efectivos
mínimos dirigida a volver a basar el crédito en la captación de depósitos
y reorientación hacia el interior del país, estableciéndose una serie de
encajes marginales diferenciales que, en relación con la zona A -Capital y
Gran Buenos Aires- benefician a la zona C -Catamarca, Chaco, Formosa,
La Rioja, Misiones y Santiago del Estero- y, en menor medida, a la zona
B o sea, al resto del país. Se dispuso, también, que la capacidad prestable
generada por los depósitos en cada zona debe aplicarse a préstamos en
esa misma zona, o en otras de menor desarrollo relativo.
—Para concurrir al fortalecimiento de las economías regionales,
el Banco Central dispuso que las demandas estacionales de fondos a
que ellos den lugar sean satisfechas a través de recursos que faciliten
a los bancos oficiales de las respectivas provincias, sin perjuicio de
otras aportaciones que esta institución efectúe con iguales propósitos
a las entidades crediticias del Estado nacional.
—Otorgamiento de redescuentos especiales con destino a bancos de
provincia destinados a asistencia financiera para levantar cosechas de
algodón, peras y manzanas, duraznos y tomates, tabaco, uva y arroz.
—Otorgamiento de créditos reintegrables a cooperativas de ser-
vicios públicos.
—Disminución de las tasas de interés para los créditos tomados en
entidades financieras, dentro de las pautas de encuadrarlas, a mediano

- 115 -
plazo, en niveles acordes con la buscada desaceleración del ritmo infla-
cionario, como parte de la política de franco apoyo al cooperativismo.
—Revisión de la Ley de Entidades Financieras, con el objeto de
establecer concretamente las funciones del Banco Central para el
control de las entidades y reglamentar su funcionamiento en forma
sintética y clara, a fin de evitar interpretaciones que permitan distor-
siones en el mercado financiero, e intensificación de la acción de ins-
pección y control de las entidades financieras, a fin de procurar el
normal funcionamiento del sistema.
—Implementación de un nuevo régimen para la refinanciación
de los créditos hipotecarios otorgados por las entidades comprendi-
das en la ley 21.526, con destino a la vivienda única, de uso propio y
permanente.
—Elevación al Congreso Nacional de un proyecto de régimen
penal financiero, orientado a sancionar el manejo inadecuado de las
entidades autorizadas, así como el de todo intermediario que opere al
margen de la Ley de Entidades Financieras.
—Suspensión de los trámites judiciales y/o administrativos de
cobro compulsivo con atraso y en vías de ejecución de deudas indexa-
das sobre viviendas populares.
—Establecimiento de facilidades a los productores de Catamarca
para atender los vencimientos de sus obligaciones por capital e inte-
reses. Posteriormente, esta medida se extendió a las provincias de
Santa Fe, Santiago del Estero, Mendoza, Jujuy y Formosa, con moti-
vo de imponderables climáticos que afectaron el desarrollo de las
economías primarias regionales.
—Fijación de límites de crédito a cooperativas y productores del
Nordeste argentino por hasta 500 millones de pesos, con destino a la
recolección y desmote de la cosecha algodonera, disponiéndose con-
tribuir con cifras del orden de los 800 millones de pesos para la ad-
quisición de fibra argentina, a las hilanderías algodoneras del país.
—Aprobación de una línea de crédito por 3.500 millones de pe-
sos pasa las pequeñas y medianas empresas con dos años de plazo y
seis meses de gracia, duplicándose la cartera de clientes del Banco
Nacional de Desarrollo que a fines de 1983 ascendía a 1.600 empresas
y hoy supera las 3.500.
—Suscripción de un acuerdo con el Banco Interamericano de
Desarrollo para financiar importaciones de insumos a las industrias

- 116 -
locales exportadoras y prefinanciación de exportaciones industriales
por un monto de doscientos millones de dólares.
—Negociación con el Banco Mundial para la utilización de una
línea de crédito para petróleo y gas, ya otorgada, por 100 millones de
dólares, de la que se desembolsó sólo el 10 por ciento; y otra línea por
igual monto destinada al sector industrial, que no fue utilizada.
—Creación del Instituto de Perfeccionamiento Bancario.
—Instrumentación del bono empresario, que apunta a que el
Banco Nacional de Desarrollo se convierta en el banco líder en el
desarrollo de préstamos para el financiamiento de grandes proyectos
de inversión.
Honorable Congreso: en una sociedad de desarrollo medio como
la nuestra, el poder del Estado debe dirigirse a abrir nuevas posibili-
dades, a inducir e impulsar nuevos caminos. No fue así en el área de la
obra pública que, junto al sector de servicios, fue subordinada perma-
nentemente a los intereses sociales y políticos del régimen autorita-
rio, antes que al verdadero interés nacional.
Al asumir el gobierno encontramos un área desquiciada, con em-
presas débiles, endeudadas y sin planteles técnicos de categoría, de-
pendiendo casi exclusivamente del Tesoro Nacional. Cada empresa o
sociedad del Estado operaba con total independencia, sin responder a
una política nacional.
En el área de la energía, los planes de acción y presupuesto de las
empresas del sector eran elaborados sin una coordinación efectiva de
la conducción política; esto es, de la Secretaría de Energía.
No existe un banco de datos con la información de las empresas
y sociedades públicas y privadas que posibilite realizar los estudios
necesarios que permitan prever el comportamiento futuro.
Encontramos que no había estudios que determinaran la proyec-
ción de la oferta y la demanda del sector, como por ejemplo los relati-
vos a la mejor utilización del parque de plantas para la producción de
combustibles; que no existían estudios técnicos y económicos de los
proyectos presentados y que no había intervención de las autoridades
políticas en la determinación del régimen de promoción, inversión y
asistencia financiera de proyectos nacionales e internacionales.
Con relación a las empresas del área, además del abultado en-
deudamiento externo, del cual Yacimientos Petrolíferos Fiscales es
un ejemplo, existían una serie de problemas: un nivel tarifario insufi-

- 117 -
ciente; un inadecuado régimen tarifario para la venta a distribuidores;
una composición igualmente inadecuada del endeudamiento; un im-
portante retraso en la percepción de los fondos de energía a aplicar a
obras eléctricas, con respecto a lo presupuestado; importantes trabas
para importar bienes de capital no producidos en el país, destinados a
obras de ampliación y una significativa indefinición en la asignación
de responsabilidades de los diversos entes prestatarios nacionales y
provinciales, y atrasos en obras proyectadas, como Yacyretá o Piedra
del Águila.
En el área de las comunicaciones, las empresas estaban aguda-
mente descapitalizadas. Encontramos problemas derivados de la inte-
gración de la planta de personal; carencia de un banco de datos de
permisionarios; un sistema arancelario desactualizado e injusto; au-
sencia de reglamentación de muchos de los servicios y superabundan-
cia de reglamentación en otros casos. No se cumplían acertadamente
las tareas referidas a la fiscalización, y el Laboratorio Nacional de
Telecomunicaciones soportaba -y soporta- problemas derivados de su
crecimiento. Todo esto debe ser conjugado con una serie de obras
faraónicas presupuestadas pero no coordinadas por la autoridad polí-
tica, acentuándose la crisis del sector por las abultadas deudas de las
empresas públicas del área.
Al asumir el gobierno encontramos una situación similar en el
área de los recursos hídricos. En la empresa Obras Sanitarias no se
cuenta con un relevamiento que permita determinar el estado general
de conservación, edades y cantidad de escapes de agua que se regis-
tran. Esta situación, similar a la que padece el Servicio Nacional de
Agua Potable, obligó a contratar la reparación por terceros y nos
permite afirmar que se requerirá un gran esfuerzo técnico-económico
para solucionar estos problemas, agravados por el hecho de una gran
cantidad de tramos de la red de distribución de agua que tiene la vida
útil cumplida. Hemos llegado a descubrir que Obras Sanitarias, que
por ley tiene que evitar la contaminación de los cursos de agua, se ha
convertido en uno de los principales contaminantes del Río de la Pla-
ta, ya que por las enormes carencias del sistema de desagües cloacales
se ve obligada a arrojar cinco metros cúbicos por segundo de líquido
cloacal sin tratamiento.
En el área del transporte nos hemos visto obligados, como en
tantas otras áreas, a trabajar sobre lo urgente antes que sobre lo im-

- 118 -
portante. Hemos recibido un parque ferroviario inutilizado en gran
parte, con un déficit de locomotoras diésel de 50 unidades. Sin pensar
en una expansión del servicio, son necesarios, aproximadamente,
2.000 vagones de carga anuales y solamente se han entregado 260. Es
necesario también iniciar tareas de mantenimiento de 1.100 kilóme-
tros de vías por año, cuando sólo se reparaban y mantenían 350. El
déficit de Ferrocarriles Argentinos no es solamente financiero; tam-
bién se extiende a los planteles técnicos y al equipamiento.
En el área de vialidad, hemos recibido una red caminera total de
30.580 kilómetros, estando en buenas condiciones sólo 12.065, esto es
un 45 por ciento, mientras que 6.525 -el 25 por ciento- están en esta-
do regular, y lo restante en mal estado. Durante 1983 se construye-
ron 1.300 kilómetros y los estudios desarrollados para recuperar la
actual red indican que se requiere construir 3.000 kilómetros por año
durante 5 años.
Una inapropiada asignación de recursos ha derivado en la inicia-
ción de proyectos no prioritarios o inadecuadamente distribuidos en
el tiempo, lo cual obliga a asumir compromisos que sustituyen alter-
nativas más racionales, que no siempre pueden concretarse en virtud
del alto costo que supone la cancelación. Las marcadas deficiencias
instrumentales y criterios heterogéneos entre las distintas empresas
en la determinación de los sistemas de cobro de los servicios públicos
impiden una adecuada programación financiera y elevan sustancial-
mente el costo de los mismos.
No quiero extenderme, señores legisladores, pero en idéntica si-
tuación se encuentran otras empresas del área. Para revertir esta
situación hemos desarrollado las siguientes acciones:
—Fijación de una política de transporte, que tiene por objeto
llegar a contar con un sistema nacional integrado, para lo cual se
implementó una organización institucional que comprende los dife-
rentes medios terrestres, acuáticos y aéreos. Complementando esta
definición se procedió a transferir a la Secretaría de Transporte toda
la red básica de infraestructura que antes dependía orgánicamente de
otros ministerios.
—Dragado del Canal Mitre para llevarlo esta temporada a un
mínimo de 25 pies.
—Preparación del antepuerto de Buenos Aires para el trasbordo
de granos.

- 119 -
—Suscripción de un convenio con la provincia de Córdoba para
la utilización de los talleres de Cruz del Eje con fines industriales. Se
está implementando un programa de medidas tendientes a la radica-
ción de industrias privadas del área metal-mecánica, con el tratamien-
to en "máxima promoción".
—Instrumentación de la reapertura del taller ferroviario Tafí
Viejo, en Tucumán, para la reparación de vagones del Ferrocarril
General Belgrano.
—Establecimiento de la Autoridad Única Portuaria, disponién-
dose que la Capitanía de Puertos actúe como un ente coordinador de
los organismos dependientes del Ministerio de Obras y Servicios
Públicos con el propósito de mejorar su operatividad, especialmente
en el periodo de exportación de granos.
—Financiación internacional para realizar un estudio sobre la
ampliación del canal de acceso y el puerto de Bahía Blanca. Se preten-
de hacer un puerto profundo y, en consecuencia, mejorar las crecien-
tes necesidades de exportación de granos.
—Suscripción del quinto préstamo vial con el Banco Mundial
por un monto de cien millones de dólares, destinados a la construc-
ción y mejoramiento de caminos en las redes nacionales y provincia-
les. Por primera vez en este tipo de créditos participan las provincias
para atender obras en su jurisdicción.
—Finalización del estudio de factibilidad para complementar la
red de comunicaciones con un sistema de satélite doméstico.
—Formulación de un plan nacional para el desarrollo de la tele
radiodifusión, con el propósito de incrementar el número de estacio-
nes y las áreas cubiertas.
—Implementación del programa de emergencia de provisión de
agua (Proagua), destinado a la provisión de agua potable a los habi-
tantes de asentamientos marginados de zonas urbanas. La primera
etapa de las obras se desarrollará en un lapso previsto de dos años,
para lograr el abastecimiento de aproximadamente 500.000 poblado-
res de barrios de emergencia de la denominada "área metropolitana"
que incluye a la Capital Federal y diecisiete partidos del Conurbano.
La tarea consiste en conexiones que se inician en las redes troncales
existentes, con el fin de instalar grifos suficientes en las villas de
emergencia para lograr el normal flujo de agua potable. De esto se
ocuparán Obras Sanitarias de la Nación y Obras Sanitarias de la Pro-

- 120 -
vincia de Buenos Aires. El Proagua se funda en la misma concepción
ética con respecto a la situación social que aflige al país que el deno-
minado Programa Alimentario Nacional.
—Implementación del Comité Hídrico de la Cuenca del Plata,
cuya misión es la de proponer la política hídrica a aplicar en el ámbito
argentino de esa cuenca.
—Puesta en marcha del programa para el desarrollo de los re-
cursos hídricos del territorio nacional de Tierra del Fuego, Antártida
e Islas del Atlántico Sur.
—Puesta en marcha del Plan Hídrico Nacional.
—Suscripción de un acuerdo con el Banco Interamericano de
Desarrollo para el otorgamiento de créditos por un monto de 260
millones de dólares, que serán aplicados a la reconstrucción de obras
de infraestructura y servicios públicos afectados por las recientes
inundaciones en el litoral fluvial.
—Implementación con Brasil y Paraguay del sistema de alerta
hidrológico, que permite predecir crecidas sobre nuestros cursos me-
sopotámicos.
—Negociación con el Banco Mundial para la asistencia crediticia
que se aplicará al Programa Nacional de Saneamiento Básico, y con el
BID, para la ampliación del Programa de Servicio Nacional de Agua
Potable para Áreas Rurales.
—Seguimiento estricto de la política enunciada en la plataforma
electoral mediante la examinación, uno por uno, de los contratos re-
negociados por el régimen militar, sin arbitrariedades pero defen-
diendo el patrimonio nacional.
—Comienzo de la ejecución del proyecto que permitirá poner en
operaciones, en 1987, un complejo de aprovechamiento de olefinas
que, con una inversión prevista de 104 millones de dólares, elaborará
87 mil toneladas anuales de productos petroquímicos. El complejo,
emplazado en Ensenada, se abastecerá con 100 mil toneladas anuales
de gas licuado provisto por la Destilería La Plata de YPF, y en un
año podrá generar un saldo favorable de 43 millones de dólares por la
sustitución de importaciones.
—Implementación e impulso de un plan de sustitución de com-
bustibles líquidos por gaseosos, tendiente a un aprovechamiento in-
tegral de las reservas gasíferas, que alcanzan la cifra de 1 billón 200

- 121 -
mil millones de metros cúbicos de gas natural en los yacimientos pa-
tagónicos y en Salta.
—Suscripción con la provincia de Buenos Aires de un convenio
por el que se concreta el tendido de las redes domiciliarias en ciuda-
des de ese distrito, que se concretarán en el curso de este año, y para
la realización de los mismos trabajos en otros treinta y dos centros
urbanos en los siguientes dos años.
—Ampliación de la red domiciliaria de distribución de gas natu-
ral en las ciudades de Río Cuarto, Córdoba, San Miguel de Tucumán
y Salta. Y suscripción de un contrato entre Gas del Estado y las mu-
nicipalidades de Los Córdores, Elena, Corralito, San Agustín, La
Cruz y Berrotarán de la provincia de Córdoba, que permitirá la am-
pliación del gasoducto calamuchitano, derivación del que une Río
Tercero con Villa General Belgrano.
—Decisión de proveer combustible y lubricantes a los producto-
res agropecuarios, a través de una franquicia de crédito y con un plan
de pago que va más allá del levantamiento de la cosecha, como una
contribución al esfuerzo del agro.
—Inauguración de las obras de la "Represa Hidroeléctrica de
Urugua-í", cuya concreción brinda energía a 65 mil usuarios radica-
dos en la provincia de Misiones, incrementando la capacidad de dis-
tribución que actualmente vuelca a ese sector del país el Sistema
Interconectado Nacional.
—Consecución de un crédito del Banco Interamericano de Desa-
rrollo por 400 millones de dólares para el proyecto hidroeléctrico de
Piedra del Águila. Se realizan los trámites para la apertura de las
ofertas de licitación a fin de ejecutar las obras civiles.
El esfuerzo a realizar en este año pondrá énfasis en revertir el es-
tado de cosas enunciado. Para lograrlo se trabajará en dos niveles: el
global y el particular. Respecto al primer nivel, se consolidarán y pro-
fundizarán los nuevos procedimientos de planificación, programación
y coordinación institucional, que vienen desarrollando las autoridades
constitucionales.
A nivel particular, y atento a las diferentes áreas que correspon-
den a esta jurisdicción, merecen señalarse aquellas obras que priorita-
riamente se están encarando dentro de las limitaciones presupuesta-
rias derivadas del estado económico-financiero en que se ha recibido
al gobierno. En tal sentido, se ha tomado la decisión de impulsar el

- 122 -
proyecto de ampliación y modernización del puerto de Bahía Blanca
para permitir la operación de buques de gran porte de hasta cuarenta
y cinco pies de calado, para lo cual se tramita el financiamiento exter-
no a través del Banco Mundial.
Se integrarán los distintos medios para lograr un más eficaz sis-
tema de transporte de los productos exportables a los puertos,
buscando una operación más económica y racional.
Se pondrá énfasis en la conservación y mantenimiento de la in-
fraestructura vial y ferroviaria, privilegiando estas realizaciones sobre
aquellos nuevos proyectos que no estén debidamente fundamentados.
Se ha encarado un programa de recuperación del parque de trac-
ción ferroviaria y de vagones.
Se intensificarán las obras de construcción de elevadores con el
objeto de concluir las que están largamente demoradas. Al mismo
tiempo se buscará corregir deficiencia en la operación de los mismos,
generadas por la falta de una clara visión del objetivo buscado, lo que
se explicita en ausencia de accesos racionales, mal uso de los elemen-
tos técnicos incorporados, etcétera.
Se ordenará la inversión de ENTEL17, poniéndose énfasis en la
recuperación y mantenimiento de las redes, con el objeto de mejorar
el servicio que presta. Asimismo, se invertirá en líneas nuevas hasta
el límite compatible con la operatividad de la empresa, la que se pro-
curará mejorar sistemáticamente.
Se instalarán centrales telefónicas de baja capacidad en más de
doscientas localidades del interior del país.
Se ha tomado la iniciativa de poner en órbita, en el futuro, un
satélite doméstico multipropósito, con destino a dar mayor amplitud
a los servicios de radiodifusión sonora y TV, y complementar los ser-
vicios telefónicos, telemáticos, meteorológicos, etcétera. A tal efecto
se ampliarán los estudios de implantación terrena y la posibilidad de
la industria argentina para satisfacer las necesidades del proyecto. Al
mismo tiempo, se hará la reserva internacional de la posición orbital
correspondiente.
Se comenzarán las obras de Yacyretá, para lo cual en los próxi-
mos días arribarán al país los primeros equipos pesados de movimien-
tos de tierra, con destino a la ejecución de la presa. Se adjudicará y

17 NdE: Empresa Nacional de Telecomunicaciones privatizada en 1990.

- 123 -
dará comienzo a las obras civiles de la “Central Hidroeléctrica de Pie-
dra del Águila”, para lo cual se cuenta con financiamiento, como he
dicho.
Se continuará con la instalación de las redes de interconexión
eléctrica que están en marcha, atendiendo las necesidades regionales
del país.
Se intensificará la instalación de redes domiciliarias de gas natu-
ral en localidades del interior, así como el estudio racional de las
cuencas hídricas con participación de las provincias.
Se intensificará la captación de gas, especialmente en los yaci-
mientos de reciente desarrollo.
En la precedente enumeración solamente hemos marcado aque-
llos aspectos que hacen a la particular necesidad de definir las gran-
des líneas de un plan de mayor alcance, cuyo objeto fundamental es la
racionalidad, la economía y el buen criterio en la asignación de los
recursos.
Honorable Congreso: al asumir el gobierno encontramos en el
sector educativo un panorama sumamente complejo. Un sistema edu-
cativo seriamente deteriorado en lo cuantitativo, con una calidad de
enseñanza muy diversa, cuyos mejores niveles correspondían a los
grupos sociales más altos, mientras que la población más desprotegi-
da sólo recibía una educación de escasa calidad. El modelo autoritario
imperaba en todos los niveles del sistema, desde los organismos cen-
trales hasta los propios establecimientos educativos. Toda participa-
ción había sido eliminada y sólo el accionar sereno, sensato e idóneo
de muchos miembros del personal docente y no docente sirvió, en
cierta medida, de contención a la prepotencia del régimen.
Los problemas de analfabetismo y semi-analfabetismo constitu-
yen indicadores dramáticos de la situación encontrada. Un pueblo
interesado en su propio crecimiento no puede desatender el nivel es-
colar primario y el entrenamiento constante de quienes egresan de él,
continúen sus estudios o no. Un concepto moderno de educación
permanente asegura que aquellos que han aprendido a leer y escribir
necesitan una realimentación constante por medio de recursos reno-
vados y adecuados a su condición de adultos para no transformarse en
analfabetos por desuso.
Utilizándose como pantalla el relativamente bajo porcentaje de
analfabetos, que según el censo de 1980 alcanzaba al 6,1 por ciento de

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la población de mayores de quince años, se encubrió, en realidad, que
ese valor significa casi 1.200.000 personas marginadas por esa limita-
ción de las múltiples formas de participación que, en el mundo de hoy,
exigen el dominio de la lectura y la escritura. Si a ello agregamos los
datos correspondientes a la población mayor de quince años, que no
completó la escuela primaria, alcanzan a 5.200.000 personas, se llega
a la abultadísima cifra de 6.400.000 habitantes que no han completado
la educación primaria, que son desde analfabetos totales, sin escolari-
dad o con uno o dos grados, hasta los que poseen cierto nivel de co-
nocimientos, con tres o más grados.
El analfabetismo y el semi analfabetismo son cuantitativa y cua-
litativamente problemas importantes que debemos enfrentar priorita-
riamente para lograr el afianzamiento de la democracia.
La transferencia de las escuelas a las provincias no previó algu-
nos aspectos que afectaron sensiblemente el nivel primario desde un
punto de vista nacional. No fue previsto un servicio adecuado de pres-
tación de asistencia económica y técnica paralela al traspaso.
Muchas provincias carentes de recursos y de la infraestructura
necesaria vieron así decrecer el rendimiento de sus escolares y au-
mentar los índices de repitencia y deserción.
En cuanto a la enseñanza primaria, se garantizará mediante la
asistencialidad, la promoción y protección del educando y la de su
salud psicofísica y social, la igualdad de posibilidades a fin de que los
sectores marginados y carenciados se incorporen vigorosamente a la
comunidad educativa.
Además, se coordinarán medidas con todas las jurisdicciones pa-
ra la implantación de la doble escolaridad, la creación de escuelas al-
bergue y la concreción de toda medida que se considere adecuada a
estos fines, tales como gabinetes psicopedagógicos y grados de recu-
peración y de nivelación.
Estas acciones tenderán a lograr que la obligatoriedad del nivel no
se limite al ingreso al sistema educativo; la permanencia de los educan-
dos en el mismo está seriamente dañada por el problema de la deser-
ción, en casi todos los casos resultado de la realidad socioeconómica
que surge de planes correspondientes a un proyecto político depen-
diente, antinacional, que ha afectado gravemente al país, además de
contrariar las necesidades y reclamos del pueblo.

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En el ámbito netamente educativo se tratará, en coordinación
con todas las jurisdicciones del país, la homogeneización de objetivos
y contenidos curriculares básicos, que aseguren la unidad del sistema
educativo nacional, respetando peculiaridades geográficas, socioe-
conómicas, culturales e históricas propias de cada contexto regional.
Se prestará, dentro de este nivel, una especial atención a la educa-
ción de adultos, no sólo en lo referente a la iniciación y terminación de
sus estudios primarios, sino también en lo relacionado con programas
especiales que contemplen, entre otros problemas a encarar, la recupe-
ración de desertores para la continuación de estudios formales o no
formales y que involucren a poblaciones indígenas o marginadas. Den-
tro de estas acciones adquiere relevancia muy especial todo lo referente
a los programas de alfabetización para adultos y a salidas laborales
inmediatas.
El nivel medio adquirirá progresivamente carácter de obligato-
riedad en la medida en que se vayan facilitando el acceso al mismo y
su democratización interna.
Los contenidos de todas las modalidades serán paulatinamente
modificados para que sean una respuesta real a la doble finalidad del
nivel: preparar al alumno para estudios superiores, con la jerarquía
suficiente como para cumplimentar las exigencias de dicho nivel, en
especial la universidad, y proporcionarle una salida laboral que tenga
en cuenta la realidad nacional y las necesidades propias de la realiza-
ción personal del educando. Estas acciones se integrarán con aquellas
que, junto con las citadas, tienden a la profesionalización de la ense-
ñanza al adecuar sus niveles a los requerimientos nacionales, estable-
ciendo carreras cortas y salidas laborales y enfatizando el rol que debe
cumplir la enseñanza artesanal y técnica.
En este sentido se coordinarán con las provincias todas aquellas
medidas que lleven a preservar la unidad del sistema educativo nacio-
nal, dentro de la multiplicidad de ofertas educativas de los respectivos
contextos regionales, y a asegurar la movilidad del alumno, tanto
vertical como horizontal, dentro de la totalidad de las jurisdicciones.
En el orden universitario fueron tantas las marchas y contra-
marchas, tantos los inconvenientes, que pareciera que las autoridades
del régimen anterior preferían una universidad sin alumnos. En estos
largos ocho años, los egresados de todas las carreras fueron disminu-
yendo progresivamente, en todas las universidades y año tras año.

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La decreciente participación del sector educativo en el presupues-
to nacional limitó severamente las posibilidades de contar con núcleos
activos de investigadores en el orden oficial, en las universidades y en
institutos cuyo quehacer está ligado a la investigación como una forma
de enriquecer su propia acción.
Esto motivó un serio y preocupante déficit, que observamos en la
incorporación de nuevas tecnologías e innovaciones metodológicas en
el área. Cuando un país no investiga y no trabaja en la producción de
su propia tecnología se convierte en consumidor de tecnología impor-
tada, proporcionada por los países centrales.
En el ámbito de la cultura encontramos una situación caótica.
Una industria editorial, que estuvo en los primeros planos mundiales,
debió retroceder ante los increíbles gravámenes, el alto costo de los
insumos, la apertura total en cuanto a la importación y la errática
política cultural que habitualmente practicaba la censura. La cultura
argentina agonizó durante los años del régimen.
El gobierno propicia una universidad democrática y abierta al
pueblo, por lo cual se han eliminado las limitaciones elitistas buscan-
do a su vez la elevación académica.
En tal sentido cabe destacar el aumento significativo de la matrí-
cula universitaria siendo, en algunos casos, el triple que la registrada
el año pasado.
En cuanto a la universidad privada, seremos respetuosos de la li-
bertad de enseñanza, sosteniendo la convivencia de la universidad
privada con la pública en un régimen de libertad de elección.
Durante los últimos años el derecho de todos los habitantes a la
igualdad de posibilidades y oportunidades educativas se vio limitado en
muchas áreas. Una de ellas, con un peso social y cultural significativo,
resultó del abandono de las bibliotecas. Tanto las que funcionaban en
instituciones como las bibliotecas populares fueron menospreciadas en
sus funciones como núcleos irradiantes de cultura. Empobrecidas las
colecciones por falta de incorporación de nuevos volúmenes, limitadas
en cuanto a la selección de personal idóneo, desatendidas en su mante-
nimiento; las bibliotecas dejaron de cumplir su misión específica.
Otras de las áreas que sufrieron el embate del régimen está refe-
rida a la educación física. El abandono de las prácticas deportivas en
las escuelas de nivel medio, junto con la disminución de las activida-
des recreativas, constituyó una norma general que privó a un vasto

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sector de la juventud de los beneficios de una actividad deportiva bien
guiada, de prácticas de convivencia al aire libre, de ocasiones de
recreación que contribuyeran a desarrollar su físico en un ambiente
educativo positivo.
Esta es la Argentina que debemos cambiar, entre todos. Para ello
el gobierno ha encarado, entre otras, estas acciones:
—Normalización universitaria. Con la designación y asunción de
los rectores -en cada una de las universidades nacionales- y el poste-
rior nombramiento de los decanos, se ha logrado culminar con éxito
la primera etapa de la normalización universitaria.
—Reapertura de la Universidad de Luján, que fuera cerrada por
las autoridades del régimen anterior.
—Impulso a la recreación del Consejo Nacional de Educación. A
través del mismo, se implementará el Plan Nacional de Alfabetiza-
ción, con el cual el gobierno estima incorporar a más de cinco millo-
nes de personas en la utilización cultural del lenguaje.
—Reincorporación de los docentes y empleados administrativos
que fueron cesanteados arbitrariamente por razones gremiales, políti-
cas e ideológicas.
—Creación de la Subsecretaría de la Actividad Profesional Do-
cente y de la Dirección de Asistencia Educativa.
—Implementación de un nuevo sistema que permita lograr la
igualdad de oportunidades y posibilidades educacionales; elevar el
rendimiento y democratizar la relación pedagógica y el gobierno de la
educación.
—Articulación de un sistema educativo nacional, con participa-
ción de las distintas jurisdicciones.
—Abolición del Ente Nacional de Calificación Cinematográfica
y ratificación de la libertad de expresión.
—Creación y puesta en funcionamiento de las direcciones nacio-
nales temáticas; del libro, del teatro, de antropología y folklore, de
música y danza, de museo y artes visuales, para la implementación de
una nueva y descentralizada política cultural de largo aliento.
—Reorganización del Fondo Nacional de las Artes y recomposi-
ción de su directorio.
—Reordenamiento de la política de subsidios -hasta ahora caóti-
ca y estéril- para que responda en forma coherente y eficaz al Plan
Nacional de Cultura.

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—Aceleración de las obras para la terminación del edificio de la
Biblioteca Nacional.
—Actualización legislativa a través de ante-proyectos de las le-
yes del libro, de artes plásticas, del cine, del disco, de bibliotecas po-
pulares, del trabajo y de la ley de defensa del patrimonio cultural y
natural.
—Cambio de los objetivos de la política de ciencia y técnica. Ini-
ciación de un proceso de sustitución de la política anterior por una
política metódica orientada a introducir a la ciencia y a la técnica en
la sociedad nacional no como un apósito, sino como componentes del
curso mismo del desarrollo socioeconómico.
—Iniciación de la tarea de rescate del patrimonio nacional de
científicos e investigadores, vinculando a los residentes en el exterior
con el quehacer científico nacional y facilitando reincorporaciones a
los institutos científicos y a las universidades.
—Normalización del Consejo Nacional de Investigaciones
Científicas y Técnicas (CONICET). Reincorporación del personal
prescindible por decretos carentes de base legal y estructuración de
modalidades jurídico-contractuales que faciliten la transferencia de
tecnología generada en los institutos del CONICET a la industria y
los servicios del sistema económico.
—Creación de dos nuevas áreas de estudio: farmacoquímica y
medicamentos, en colaboración con el Ministerio de Salud y Acción
Social, e hidrología y meteorología, en vinculación con la Secretaría
de Recursos Hídricos.
—Elaboración, con el Instituto Nacional de Tecnología Agrope-
cuaria, el Instituto Nacional de Tecnología Industrial, el Instituto
Forestal Nacional y las universidades, de un proyecto de investiga-
ción y desarrollo integral regional, que se implementará próxima-
mente como experiencia piloto en algunas provincias.
Honorable Congreso: el gobierno iniciado en 1976 agravó, en el
campo social, ciertos males preexistentes y simultáneamente agregó
otros nuevos y muy graves. Durante esa etapa se acentuaron desigual-
dades sociales, con una creciente polarización entre grupos privilegia-
dos y sectores marginados en incesante expansión, como consecuencia
directa de políticas económicas sistemáticamente regresivas en materia
de distribución, así como también de las concepciones elitistas que
orientaban el desempeño de las instituciones de gobierno.

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La política social (aplicada durante el régimen autoritario) fue
errática en sus objetivos y tuvo un carácter meramente paliativo de
situaciones focales. En ella imperaba una mentalidad de dádiva, con
total ausencia de criterios redistributivos de justicia social. Se carecía
de un orden de prioridades que hubiera servido para orientar las polí-
ticas sociales a la atención de necesidades básicas de los sectores más
desprotegidos en materia de salud y vivienda, así como al refuerzo de
la institución familiar, amenazada por el deterioro económico-social
imperante.
Desde 1976 en adelante podemos apreciar un franco debilita-
miento del Estado en la generación e implementación de políticas
sociales, como parte y expresión de una ideología que privilegiaba el
funcionamiento de los mecanismos de mercado en el acceso a los bie-
nes y servicios básicos, antes que los de solidaridad social propios de
cierto tipo de organizaciones intermedias y de las instituciones públi-
cas. Todo esto se agravaba en la medida en que crecía la desconexión
de los organismos responsables de la política social del gobierno
-acción social, salud pública, seguridad social, educación, cultura y
trabajo- que duplicaban funciones, contradecían políticas y malgasta-
ban recursos.
En el área de la vivienda, la excesiva burocratización de ese de-
partamento de Estado había orientado sus esfuerzos en forma pre-
ponderante a la administración de las obras en construcción y a la
atención de las empresas, descuidando su objetivo fundamental: aten-
der la demanda que no puede expresarse en el mercado de la vivienda.
Como conclusión: la política habitacional sufrió un freno, acre-
centando el déficit del sector y haciendo más grave aún la tarea de la
reconstrucción.
En el área de la salud, la situación encontrada no es otra que la
expresión sanitaria de un deterioro social global. Sabemos que en
proporción a las respectivas poblaciones, en nuestro país se mueren
muchos más niños antes de cumplir un año que en Chile, Costa Rica y
Cuba, países de menor desarrollo que la Argentina.
Sabemos que entre las enfermedades que matan en esa primera
edad todavía ocupan lugar destacado las diarreas, las infecciones res-
piratorias y la desnutrición, que no son otra cosa que flagelos deriva-
dos de la miseria y la marginación social.

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Sabemos, también, que alrededor de tres millones de argentinos
están infectados con el agente productor de la enfermedad de Chagas
y que, aunque esto no implique que estén enfermos, miles de entre
ellos habrán de estarlo más acá o más allá en el tiempo.
Sabemos del recrudecimiento de viejas infecciones que habían
disminuido hasta casi desaparecer años atrás, tales como la tuberculo-
sis, las venéreas y numerosas parasitosis.
Sabemos de la reiterada insatisfacción del usuario de los servicios
asistenciales públicos y privados, que deambula buscando no sólo una
posible solución técnica y científica, sino una respuesta humana y
protectora ante su problema.
Hubo una alarmante disminución de camas hospitalarias estata-
les, que pasaron del 74 al 66 por ciento del total de camas de interna-
ción del país; una también alarmante disminución de la inversión
pública en el área de la salud; un agravamiento de los vicios de las
obras sociales, que además tuvieron que soportar la desocupación y la
compresión del salario real. En la Argentina de hoy cerca del 60 por
ciento de su población pertenece a una obra social; en 1973 ese por-
centual rozaba el 80 por ciento.
En el área de la minoridad, la ancianidad y la familia encontra-
mos un sector particularmente vulnerado por la aplicación de las polí-
ticas regresivas en materia económica y social, que marcaron el perfil
del Estado durante el régimen autoritario.
El incesante aumento de los índices de marginalidad, desnutri-
ción, abandono y crisis familiar no se ha visto acompañado por un
incremento sustantivo de las actividades en el área. Encontramos
también un perfil excesivamente centralizado, ya que el accionar se
basa en una concentración de servicios en el área metropolitana, sin
coordinación con otras áreas, quitándole capacidad de irradiación en
la formulación de políticas nacionales; y una acelerada disminución
presupuestaria. Algo similar sucedió en el área de Deportes y también
en la de Previsión Social.
En síntesis, hasta el 10 de diciembre de 1983 la política social es-
taba ausente. Para remediar tamaño deterioro hemos realizado lo
siguiente:
—Al asumir las nuevas autoridades, en la esfera de la Secretaría
de Vivienda y Ordenamiento Ambiental existían 65.000 unidades de
vivienda en ejecución en diferentes estados. Se encauzó y concretó la

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factibilidad financiera y el seguimiento técnico de las mismas para
asegurar continuidad y su terminación.
—El Banco Hipotecario Nacional ha abierto líneas de crédito pa-
ra remodelación y ampliación de viviendas y financiamiento para la
construcción de nuevas unidades habitacionales, otorgando priorida-
des a las familias de menores recursos. Se apunta a que el equivalente
al 3,5 por ciento del Producto Bruto Interno se destine a la construc-
ción de viviendas.
—Corrección de la diferencia de criterios entre el Estado y el
sector empresario con relación a los costos de edificación y sus varia-
ciones. Para superar esta situación se suscribió un acuerdo entre la
Secretaría de Vivienda, el Banco Hipotecario Nacional y las cámaras
empresarias, mediante el cual se definen las reglas de liquidación de
variaciones de costos para toda la República.
—A los efectos específicos de organizar el verdadero Plan Na-
cional de Viviendas 1984/1989, y con el propósito de buscar fondos
genuinos para la política habitacional, se ha establecido un sistema de
trabajo en común con la Secretaría de Hacienda, el Banco Central y
los bancos oficiales, proponiéndose distintas vías para obtener recur-
sos líquidos no inflacionarios.
—Proposición de modelos de reactivación de la industria privada.
—Control del precio de los medicamentos, conjuntamente con la
Secretaría de Comercio, lográndose resultados a través del reajuste
mensual de precios.
—Control efectivo de la sobrefacturación en la importación de
drogas, a través de la creación de una oficina específica de control,
eliminándose una sobrefacturación estimada en el 100 por ciento so-
bre los precios promedios internacionales.
—Elevación al Congreso Nacional del proyecto de ley de "Fondo
de asistencia de medicamentos", que combatirá la inmoralidad de la
ausencia de fármacos esenciales en el sector de la población que más
los necesita.
—Formulación de una política crediticia con el Banco Nacional de
Desarrollo y el Banco de la Provincia de Buenos Aíres para la produc-
ción de medicamentos genéricos por la industria nacional.
—Creación de la Dirección Nacional de Alimentos para la for-
mulación, en todo el país, de normas de control higiénico-sanitario,
dietético y bromatológico.

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—Lanzamiento del programa de atención primaria, creándose la
Dirección de Atención Primaria y cotejando críticamente todos los
programas provinciales de atención primaria de la salud, proyectán-
dose un significativo aumento de supervisiones en las áreas provincia-
les de esta materia.
—Instrumentación del Programa Nacional de Salud Bucal que
pone énfasis en la prevención en todos los niveles.
—Instrumentación del Programa Nacional de Chagas.
—Lanzamiento del Plan Nacional de Salud Mental, cuyo primer
objetivo consiste en la integración del tema específico de la salud
mental en los programas de salud general, la prevención de acciones
extendidas a toda la comunidad, la posibilidad de acceso popular a
consultas de orden psicológico o psiquiátrico y el trabajo en conjunto
con organismos provinciales y municipales.
—Proyección del Hospital de Niños “Juan Garrahan”, centro que
resumirá en su seno tres funciones: atención médica al mejor nivel
con una infraestructura de excepción; la docencia que permitirá el
acceso de estudiantes a experiencias y material técnico adecuados; y
la investigación aplicada a las enfermedades que son comunes a nues-
tra sociedad.
—Creación de una comisión sobre prevención del abandono del
niño, cuya acción tiende a estudiar y proponer soluciones al problema
de la marginalidad, el riesgo familiar y el abandono de menores.
—Creación de la Dirección Nacional de la Juventud y la Direc-
ción Nacional de la Mujer, en cuyo seno se desarrollará el Departa-
mento de la Mujer.
—Reactivación de las unidades de apoyo familiar, que en el Gran
Buenos Aires ofrecen ayuda alimentaria a familias en situación crítica.
—Ampliación del Programa de Promoción Social Nutricional,
con una meta que alcanza a 595.000 niños de dos a cinco años y
850.000 niños entre cinco y doce años, lo que implica alrededor del 25
por ciento de la población de esa edad en todo el país, exceptuando la
Capital Federal.
—El Programa Alimentario Nacional, que permitirá la realiza-
ción de una acción destinada a enfrentar la situación de deficiencia
aguda alimentaria de sectores de la población más vulnerables o de
extrema pobreza. El objetivo del PAN es enfrentar la emergencia
aguda que padecen las familias de escasos recursos, especialmente

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aquellas donde existen mujeres embarazadas y niños menores de seis
años. El PAN es un programa participativo que engloba a los benefi-
ciarios y a la comunidad, integrando al programa a los mismos bene-
ficiarios.
—Incremento de las jubilaciones y pensiones mínimas, entre di-
ciembre y marzo, en un 82 por ciento. En las jubilaciones y pensiones
medias ese aumento fue del 77,1 por ciento.
—Aumento en las asignaciones familiares en un 50 por ciento
por hijo y en un 100 por ciento por cónyuge.
—Aumentos en las asignaciones familiares por escuela primaria
(66,7 por ciento); escuela primaria y familia numerosa (62,5 por ciento);
escuela media y superior (62,5 por ciento); escuela media y superior y
familia numerosa (60 por ciento). Incremento en la ayuda escolar en un
1.233 por ciento (de primero a tercer grado) y en un 777,3 por ciento
(de cuarto a séptimo grado). Incrementos en las asignaciones por ma-
trimonio en un 650 por ciento y un porcentual similar por nacimiento.
—Iniciación de estudios de orden técnico-legislativo con el fin de
proyectar reformas del sistema previsional, con vistas a su perfeccio-
namiento. Están en curso de ejecución varias medidas de racionaliza-
ción administrativa.
—Implementación del Plan Nacional de Natación que alcanza a
25.000 niños de escasos recursos, no sólo en lo que hace a la intro-
ducción al deporte formativo sino, y también, en lo relacionado con la
asistencia médico-odontológica, alimentación y vestimenta.
—Celebración de un convenio con la Municipalidad de la Ciudad
de Buenos Aires, mediante el cual la Secretaría de Deportes elaborará
y supervisará los planes de deporte educacional primario. Los mismos
alcanzan a 280.000 niños de 480 escuelas.
—Evaluación con el Comité Olímpico Argentino del programa
correspondiente a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles de 1984, so-
bre la base de una delegación mínima, con la expectativa de competir
honrosamente.
—Implementación de un programa de recursos humanos con
cursos para entrenadores y deportistas, solicitando a diversas federa-
ciones la implementación de un plan nacional de difusión de cada dis-
ciplina, siendo apoyado el mismo por la Secretaría de Deportes.
—Programa de deportes para todos, que comenzó el pasado 14
de abril y beneficiará a grupos familiares carenciados de todo el país

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en un número de 50.000 para la primera etapa, hasta alcanzar 200.000
participantes, en coparticipación con las provincias y los municipios.
Honorable Congreso: hemos sostenido, reiteradamente, que no
hay posibilidad de consolidar la democracia si no contamos con sindi-
catos fuertes, representativos y democráticos, tanto en su funciona-
miento como en su organización.
Ocho años de administración de los sindicatos, ejercida en más
del 90 por ciento de los casos por decisión del régimen militar, han
creado una situación cuya revisión, que es imprescindible, resulta
difícil.
Hemos objetado sostenidamente los métodos utilizados por el
régimen para normalizar los sindicatos pues creíamos, y creemos, que
no había democracia en ellos, que persistían los vicios autoritarios
subordinados al interés político del régimen.
Al asumir el gobierno, la situación que recibimos se caracteriza-
ba por la prolongada paralización de la actividad sindical, no sólo en
lo interno sino, y fundamentalmente, en la defensa adecuada de los
intereses de los trabajadores. Hoy podemos decir que los efectos de
las medidas de suspensión de esa actividad, tomadas en 1976, han
sido nefastos en lo social, en lo económico y en el plano de la preser-
vación de las condiciones más elementales de vida de amplios sectores
de la población.
Señores legisladores: debemos ayudar a que nazca el nuevo sindi-
cato, que deberá tener poderío material y económico y, fundamental-
mente, contenido humano. Hemos desarrollado las siguientes acciones
que persiguen ese objetivo:
—Elevación al Congreso Nacional del proyecto de ley de reor-
denamiento sindical, que en sus distintas alternativas concluyó en un
sistema que importaba la presencia de todos los sectores existentes y
preexistentes para las funciones de gobierno y fiscalización, la super-
visión de las prácticas comiciales y pre comiciales ejercida por la jus-
ticia electoral. La representación de las minorías y la eliminación de
cláusulas restrictivas configuraron una propuesta concebida para la
coincidencia unánime. El rechazo por parte del Honorable Senado de
la Nación obligó al gobierno a buscar nuevas formas para lograr el
irrenunciable objetivo de la normalización democrática del sindica-
lismo argentino.

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—Ratificación de las afirmaciones programáticas a través del
Consejo Nacional del Salario Mínimo, Vital y Móvil, previéndose la
participación de las entidades gremiales en organismos que impulsan
la concertación. Este proyecto de ley tuvo en vista la necesaria actua-
lización del salario mínimo, determinada por el avance de los precios
y también la necesidad de modificar el criterio socioeconómico de-
terminante del carácter del salario mínimo vital.
—Formulación de una propuesta presidencial a todos los nu-
cleamientos sindicales para constituir un organismo de concertación
en materia de precios y salarios variables cuya interrelación es vital
para la preservación del salario y la correcta rentabilidad del aparato
productivo.
—Proyecto de creación de un consejo económico-social, como
instrumento para delinear responsabilidades en el crecimiento de la
economía y en la participación de sus beneficios.
—Proyecto de legislación que instrumente los derechos sociales
consagrados en el artículo 14 bis de la Constitución Nacional y del
Código del Trabajo y la Seguridad Social. Durante el presente ejerci-
cio, señores legisladores, nuestra administración restablecerá y actua-
lizará la legislación sobre convenios colectivos de trabajo, poniendo
en práctica una legislación que contemple sistemas de negociación
permanente por medio de comisiones paritarias u otras comisiones
para el tratamiento y resolución de conflictos colectivos. También
buscaremos la sanción de una ley que establezca que la duración del
período de vacaciones, calculado en su vida activa laboral y abonada
la diferencia correspondiente a lo establecido en la actual Ley de Con-
trato de Trabajo, por medio de la Caja de Asignaciones Familiares.
Alentaremos, también, el desarrollo y fortalecimiento de los organis-
mos provinciales en materia laboral y modificaremos la actual Ley de
Obras Sociales, con el concurso de los sectores interesados.
Reformaremos, además, la ley 9.688, eliminando la obligatorie-
dad del depósito en la caja de accidentes para el pago de indemniza-
ciones tarifarias en juicios laborales.
Estas realizaciones y proyectos ratifican las propuestas formula-
das y aspiran a conducir a una sociedad postergada, y con síntomas de
frustración, al ritmo y la dinámica que caracterizan el crecimiento
acelerado que hizo de nuestro país tierra de paz y promisión.

- 136 -
La paz social, señores legisladores, encontrará al gobierno siem-
pre dispuesto a servirla; ella es el presupuesto necesario para el pro-
greso y la reconstrucción nacional. (Aplausos.)
Honorable Congreso: hemos señalado oportunamente que el es-
tablecimiento definitivo del sistema democrático en la Argentina
exigía, entre otros factores, una adecuación evolutiva de las Fuerzas
Armadas para que, dejando de serlo en sí mismas, lo fueran de la Na-
ción toda; una forma de evolución que nos permitiera arribar a la con-
solidación de un poder militar conjunto, subordinado al poder consti-
tucional, sin otros objetivos que la defensa de la República y la pre-
servación de la Constitución en el cuadro general establecido por las
leyes y por los reglamentos militares.
En este mismo orden de ideas estamos contestes en que una evo-
lución en el sentido señalado significará un esfuerzo constante, perse-
verante, ininterrumpido y sostenido, de forma tal que la propia se-
cuencia de su desarrollo constituya palpable muestra de la voluntad
del gobierno, de las Fuerzas Armadas y del pueblo de la Nación, de
insertarlas decididamente en el proyecto nacional, popular, racional y
democrático que hemos trazado, inspirados en la Constitución Nacio-
nal y al servicio de altos objetivos nacionales. (Aplausos prolongados).
La problemática de la consecución de un objetivo tan ambicioso
presenta variables que, si bien no son incompatibles entre sí, requie-
ren ser ordenadas en un sistema de prioridades, que incluye la nece-
saria, la imprescindible, la irrenunciable valorización del rol que cada
uno de los hombres cumple en el marco de su fuerza y que cada una
de las fuerzas tiene asignada en el marco de los objetivos nacionales
señalados.
Dijimos en nuestro mensaje a la Honorable Asamblea Legislati-
va el 10 de diciembre: que "la defensa nacional es un tema que excede
el marco de las Fuerzas Armadas, las cuales constituyen el instru-
mento militar de la defensa, razón por la cual debemos dedicarle sus-
tancial atención".
Encontramos unas Fuerzas Armadas divididas en su accionar
profesional, sin un adecuado marco de acción conjunta y con superpo-
siciones en actividades afines, que disminuyeron su capacidad para el
combate y aumentaron los gastos.
En el área presupuestaria, que tanto nos preocupa, encontramos:

- 137 -
—Una participación del orden del 6 por ciento en el producto
bruto interno.
—Un importante nivel de recursos presupuestarios, comprome-
tidos para ejercicios futuros como consecuencia de equipamientos
aprobados, lo que constituye un elevado grado de endeudamiento.
—Una distribución de recursos asignados al sector, que no res-
pondía a las necesidades de un planeamiento militar conjunto, Código
sino a pautas e indicadores de orden histórico que no reflejaban la
realidad vigente.
—Una elevada rigidez en el nivel de gasto, debida a necesidades
de funcionamiento y mantenimiento de infraestructura, así como la
importante participación de las erogaciones en personal.
—Un régimen de retiros estructurado de manera tal que deter-
minó el desaprovechamiento del recurso humano, produciendo el
éxodo de personal a temprana edad, con un aumento importante de
las pasividades.
—Un desequilibrio en la asignación de recursos al sector “defen-
sa” en detrimento de otros altamente prioritarios tan importantes
como el gasto militar en la concepción de la defensa nacional.
En el área de la producción, y como consecuencia de la división
del poder político que existía entre las Fuerzas Armadas, encontra-
mos una sensible falta de coordinación entre las empresas en lo que
hace a planes de producción, políticas de comercialización y conduc-
ción empresaria en términos generales.
Las empresas carecían de contralor efectivo, puesto que los mis-
mos responsables de su conducción superior eran los encargados de
fiscalizarlas y verificar el resultado de las operaciones comerciales.
Como consecuencia de lo anterior, en varios rubros de la indus-
tria militar se descubrió duplicación y a veces triplicación de esfuer-
zos y actividades.
También era notable el desconocimiento de las posibilidades de
producción de las empresas por parte de los responsables de formular
los requerimientos de equipamiento de las fuerzas.
Existía una deficiente estructura de comercialización de las res-
pectivas producciones, y en lo que hace al comercio exterior, cada
fuerza procedía independientemente, con esfuerzos individuales que,
por dispersos, resultaban ineficientes o inadecuados.

- 138 -
En el campo de la investigación cada organismo o instituto des-
arrollaba sus propios programas sin la necesaria coordinación con los
demás.
Todo ello pone de manifiesto las dificultades halladas en la estruc-
tura del gasto militar para la realización de economías importantes
que, a su vez, permitan el normal desarrollo de la capacidad operacio-
nal de las fuerzas sin llevarlas a un nivel crítico de desenvolvimiento
presupuestario.
Es, pues, evidente que no nos será posible reducir más la partici-
pación que tiene la defensa en el presupuesto nacional con la actual
estructura y organización de las Fuerzas Armadas, lo cual nos impo-
ne realizar la necesaria reforma militar que lo permita.
En el campo de las ideas, el gobierno no pretende uniformar el
pensamiento de los ciudadanos militares; como todos los demás ciu-
dadanos, el personal de las Fuerzas Armadas tiene el derecho de pen-
sar en función de los ideales que, en su concepción de la Nación y del
Estado, y en el cuadro de la Constitución Argentina, ha adoptado
para sí mismo.
Para el personal en actividad, las restricciones son las propias del
ejercicio del mando y de la obediencia.
Para el personal retirado, los límites están dados por el Código
de Justicia Militar y por el Código Penal de la Nación.
Para ambos, el marco referencial último es el de la ética sanmar-
tiniana. (Aplausos.)
Es mucho cuanto ya hemos avanzado. La modificación del Códi-
go de Justicia Militar, la jerarquización del Estado Mayor Conjunto y
la puesta en marcha del planeamiento militar conjunto, la centraliza-
ción en el Ministerio de Defensa de todas las empresas del área mili-
tar, con el objetivo de su optimización y debida coordinación en su
accionar, el sometimiento individual ante los jueces de la Constitu-
ción de los responsables de la conducción política y militar anterior y,
por sobre todo ello, la revitalización de la disciplina, avalada por la
total responsabilidad del presidente de la Nación, que en ejercicio de
sus funciones de comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, ha asu-
mido en plenitud el comando que la Constitución le confiere, y de la
instauración de un sistema de lealtades recíprocas en lo ético, lo pro-
fesional y lo político. (Aplausos.)

- 139 -
Honorable Congreso: durante el régimen pasado asistimos al va-
ciamiento de la capacidad necesaria para producir una política exte-
rior coherente y unitaria. No fue coherente por los vaivenes que se
evidenciaron en las relaciones políticas exteriores. No fue unitaria
porque hubo una feudalización del poder dentro del gobierno, porque
la estructura misma del Poder Ejecutivo careció de unidad.
En esas circunstancias se desarrolló para los argentinos y para el
resto del mando una política exterior errática e imprevisible.
De esta manera la política exterior no sirvió para que la Argen-
tina encontrara nuevos ámbitos para su desarrollo internacional, sino
que se limitó a cubrir los problemas que la política interna producía
en el frente externo.
Así, el rasgo dominante fue el de una política pasiva que no crea-
ba hechos, sino que simplemente los seguía.
Esta política a la defensiva tuvo en definitiva como únicos temas
propios el de los dos conflictos australes y el del intento de crear una
cierta imagen argentina en el exterior. Y sus consecuencias han sido
una grave herencia por los errores tremendos cometidos para la reso-
lución de los dos conflictos australes: una creciente pérdida de credibi-
lidad del país en la comunidad internacional y, por último, un proceso
notorio de aislamiento exterior.
Por otro lado, además, los errores de conducción no sólo se tra-
dujeron en una política exterior débil y a la defensiva, sino que des-
gastaron los instrumentos institucionales para llevarla adelante. Así,
los ritos formales reemplazaron la tarea de creación política y el
mundo exterior fue visto como una suerte de permanente amenaza
para la Argentina, en lugar de constituir el ámbito natural donde ex-
pandir la capacidad de nuestro país.
Hemos sufrido los vaivenes de una política exterior que iba del
aislacionismo a ciertos sueños de hegemonía, sin que el péndulo se de-
tuviera en la sensatez. Hay países que se aislaron para crecer, se ence-
rraron sobre sí mismos para desarrollarse; pero pareciera que la
Argentina se aisló para esconder su decrecimiento, para justificar hacia
adentro lo injustificable hacía afuera. (Aplausos.)
Así, romper el aislamiento constituyó uno de los objetivos inme-
diatos de nuestra política internacional.
Pero quebrar ese aislamiento no sólo significa crear un flujo de
afuera hacia adentro, desde el exterior hacia la Argentina. También es

- 140 -
indispensable quebrarlo para que nuestra sociedad se expanda en la
comunidad internacional. La Argentina estará presente en el mundo.
Porque podemos pensar y porque podemos hacer grandes cosas. Son
los que quieren que pensemos en pequeño los que en realidad nos
quisieron achicar como país y como ciudadanos. (Aplausos.)
Nadie piense que el gobierno sostiene sueños de hegemonía;
simplemente deseo afirmar la necesidad de estar presentes en el mun-
do con las posiciones sensatas de una sociedad que se desarrolla y
busca el bienestar de sus habitantes.
La Argentina tiene que extender sus brazos al mundo y en el
mundo, porque así aumenta sus puntos de sustentación; porque sin
duda una Argentina real, no inventada por campañas de publicidad,
presente activamente en la comunidad internacional, significa una
garantía para la estabilidad de la República y su democracia.
Lo grave del aislamiento que padecimos es que limitamos enor-
memente el espectro de nuestras alianzas políticas. Precisamente,
ampliar al máximo nuestra capacidad de diálogo político con aquellos
países que nos son más afines sea por similitud de situaciones o por
comunidad de valores —es uno de los medios con que podremos al-
canzar el objetivo de autonomía política.
Así, un objetivo básico de la política exterior que venimos desa-
rrollando es ampliar el número y el espectro de nuestros interlocuto-
res. Estamos convencidos de que mientras más puntos de apoyo ten-
ga la Argentina en el mundo, menos dependiente será. Y la condición
que deseamos asegurar es que esos puntos de apoyo no sean erráticos
movimientos del azar o mero producto de la coyuntura.
Estamos reemplazando la anarquía de nuestra inserción en el
mundo por una posición racional y previsible que haga saber a nues-
tros interlocutores qué es lo que espera la Argentina de cada uno de
ellos y qué es lo que está dispuesta a dar.
Estamos creando activamente una política plural, de diálogo in-
ternacional sin prejuicios, pero también sin claudicación de nuestros
valores fundamentales.
Es así como compartimos con los países en desarrollo los proble-
mas del crecimiento, de la discriminación en el comercio internacional y
la lucha por un mundo más justo. Esta comunidad de intereses crea un
ámbito para el diálogo que estamos explorando activamente. Pero debe
quedar claro que ese ámbito no invade el otro, el de nuestras conviccio-

- 141 -
nes fundamentales. Creemos en la libertad individual, en la democracia
plural sin restricciones ni censuras; creemos, en fin, que estas formas que
se ha dado Occidente para organizar nuestras sociedades son válidas y
que en ellas hallaremos el camino para asegurar el bienestar y la felici-
dad de nuestro pueblo. (Aplausos.)
Somos No Alineados porque vemos con enorme preocupación los
impactos negativos que, sobre nuestros países, tiene el conflicto entre
el Este y el Oeste. Que nadie deduzca de allí que vivimos fuera de la
historia y de la geografía. Nuestra historia y nuestra geografía nos
hacen occidentales. Pero que nadie tampoco confunda este reconoci-
miento con la pertenencia a un bloque determinado. (Aplausos.)
En esta empresa que busca romper el aislamiento del país y re-
crear las condiciones de credibilidad internacional, Latinoamérica ha
sido el área priorizada en estos meses de gobierno.
Prueba de ello es la activa presencia argentina en los foros re-
gionales y el incremento notorio de las relaciones bilaterales con los
países hermanos de Latinoamérica. Fruto de ese incremento son los
acuerdos y convenios firmados con los países del área durante estos
cuatro meses.
Asimismo, hemos reiterado nuestra convicción de que será a
través de procesos crecientes de integración que nuestra región en-
contrará el camino para expandir todas sus potencialidades.
Así como hace medio siglo la gran crisis nos obligó a volvernos
hacia adentro de nuestras naciones, la crisis actual, quizá más profun-
da que aquella, nos lleva a volcarnos hacia adentro de la región. Es-
tamos convencidos de que esta vez, los viejos sueños de integración
latinoamericana dejarán de ser una aspiración compartida, pero a ve-
ces retórica, para transformarse en una imperiosa necesidad derivada
de la cada vez menos comprensible actitud de los países centrales,
empeñados en continuar ignorándonos.
El vigoroso impulso hacia la integración latinoamericana en el
que estamos empeñados cambiará sin duda el encuadre y la resolución
de viejos conflictos que subsisten entre muchos de nuestros países, así
como la mayor integración económica que se ha dado en otros conti-
nentes fue cambiando la naturaleza y sentido de las controversias
tradicionales entre esos países.
También ha sido claramente explicitada y ejecutada nuestra polí-
tica respecto al cada vez más grave y preocupante conflicto de Améri-

- 142 -
ca Central. Allí hemos manifestado nuestro pleno apoyo al Grupo de
Contadora y a sus esfuerzos para lograr una solución negociada del
conflicto. Nuestra política en esa subregión se guía por los siguientes
principios básicos: respetar el principio de no intervención y autode-
terminación de los pueblos; promover el establecimiento de sistemas
democráticos plurales; condenar toda forma de expansión del conflic-
to que sitúe a éste en términos del enfrentamiento Este-Oeste.
Deseamos sobre este particular llamar la atención a todas las
partes involucradas acerca de las trágicas consecuencias que tendría
la difusión de este conflicto, no sólo para los pueblos centroamerica-
nos sino para la estabilidad y seguridad de la región.
La política de fortalecer nuestros lazos con el conjunto de la co-
munidad internacional se ha expresado a través de la firma de nume-
rosos instrumentos internacionales entre los que corresponde citar:
firma de la Convención Americana sobre los Derechos Humanos
(Pacto de San José de Costa Rica); firma del Convenio de Cooperación
con Nicaragua; Acuerdo con el Alto Comisionado de las Naciones
Unidas para los Refugiados y con el Comité Intergubernamental de
las Migraciones para viabilizar el apoyo de estos organismos al re-
torno de los exiliados argentinos; Declaración Conjunta de Paz y
Amistad entre Argentina y Chile; firma del Acuerdo por canje de no-
tas entre la Argentina y Cuba otorgando una línea de crédito para la
compra de productos argentinos; firma del Acuerdo entre el gobierno
de la República y las Naciones Unidas sobre cooperación argentina
con los países en desarrollo a través de la CEPAL; y los convenios
firmados con México en ocasión de la visita de su señor presidente
sobre cooperación económica bilateral, transporte marítimo, coopera-
ción sobre turismo, planificación económica y social, cooperación
económica bilateral y mecanismos para programas de intercambio
compensado.
A su vez, en esa misma línea de acción, se han enviado al Hono-
rable Congreso de la Nación los siguientes proyectos de ley: ratifica-
ción de la firma de la Convención Americana de Derechos Humanos
(Pacto de San José de Costa Rica); ley de normalización del Servicio
Exterior y su decreto reglamentario para su tratamiento conjunto; el
Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales;
el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos; el Protocolo
Facultativo del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos;

- 143 -
la derogación de la ley de nacionalidad y ciudadanía, volviendo al
régimen de la ley anterior; y la modificación del artículo 6° de la ley
23.027, de creación de la Comisión Nacional de la Cuenca del Plata.
El reiterado principio de solución pacífica de las controversias ha
sido puesto en práctica respecto a las dos situaciones heredadas del
régimen pasado. Es decir, la cuestión del Beagle y la de nuestras islas
Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur.
La controversia con Chile sobre la zona austral, que desde hace
muchos años impide concretar los anhelos de paz y cooperación con la
vecina República, ha sido encarada por el Poder Ejecutivo teniendo en
cuenta dos aspectos fundamentales: en primer lugar, la convicción de
que la actual negociación diplomática conducida bajo los auspicios de
Su Santidad Juan Pablo II es el mecanismo pacífico más apto para lle-
gar rápidamente a un arreglo satisfactorio. Si nos apartáramos de ese
camino se mantendría latente una posibilidad de conflicto con su secue-
la de incidentes, interpretaciones negativas y fermentos belicistas que
sólo perjudicarían la consolidación de la tranquilidad interior. La posi-
bilidad de conflicto es incompatible con el propósito de afianzar nues-
tras relaciones con las repúblicas de Latinoamérica y contraria a la
seguridad de una región cuyo desarrollo pacífico es indispensable para
lograr una creciente y efectiva irradiación de nuestra acción en todo el
continente.
En segundo lugar, el Poder Ejecutivo desea informar a Vuestra
Honorabilidad que las conversaciones e intercambios -que a partir del
día 23 de enero de este año han tenido lugar entre nuestros delegados
y los de la representación chilena-, así como los que se han venido
manteniendo con los integrantes de la oficina para la mediación, nos
permiten decir que las esperanzas de arribar a una pronta solución
del centenario diferendo se ven alentadas por el contenido de las
últimas conversaciones y el ánimo constructivo que hemos hallado en
las autoridades de la Santa Sede.
De no surgir inconvenientes, podremos llegar a un tratado que
refleje de manera justa y razonable las aspiraciones del pueblo de la
República, proteja nuestros intereses permanentes y cumpla con los
objetivos que se han trazado en sus respectivas plataformas la mayo-
ría de los partidos políticos representados en el Honorable Congreso,
que en definitiva deberá decidir al respecto. (Aplausos.)

- 144 -
En lo referente a las islas Malvinas, nuestra posición es termi-
nante: no cejaremos por un instante de bregar por la plena recupera-
ción de nuestros derechos sobre ellas, así como las Georgias del Sur y
los archipiélagos de las islas Sandwich del Sur. Que no haya duda
alguna: no nos apartaremos de este camino.
Pero también afirmamos con igual claridad que la política inter-
nacional de la democracia argentina se basa, como ya lo expresamos,
en el principio de la solución pacífica de los conflictos entre las nacio-
nes y el respeto en esta materia específica a las decisiones de la
Asamblea General de las Naciones Unidas.
Aspiramos a que en ese contexto se superen las distancias que
nos separan de la Gran Bretaña. Esperamos del gobierno británico un
reconocimiento del espíritu que impulsa nuestra acción y la expresión
de una voluntad igualmente amplia de solucionar este conflicto.
Finalmente, deseo resaltar la manera en que se ha modificado la
imagen que transmitió la Argentina todos estos años, durante los
cuales nuestro país fue visto como un territorio donde, primero por el
terrorismo y luego por la represión, fueron violados derechos huma-
nos fundamentales.
En este campo hemos pasado del negro al blanco. La Argentina
es ahora querida y respetada por la comunidad internacional. Hay
cabalmente en el mundo conciencia de este milagro de la democracia
argentina y del carácter de renovación moral que la identifica.
Estamos dando respuesta al desafío que esta nueva situación nos
impone y que consiste en no ser sólo un país en el cual son respetados
los derechos humanos sino, a partir de ahora, ser un país que levante
su voz frente a cualquier violación de estos derechos en cualquier
parte del mundo. (Aplausos.)
Todos deben saber que es esta actitud coherente, no ideologiza-
da, de la Argentina la que le permitirá un crédito internacional de
indudables consecuencias.
No aspiramos a ser una potencia militar, pero sí aspiramos y po-
demos ser una potencia moral. (Aplausos.) Ya Yrigoyen había dicho
que "tales son los anhelos de los pueblos sudamericanos, realizarse
como entidades regidas por normas éticas tan elevadas, que su po-
derío no puede ser riesgo para la justicia, ni siquiera una sombra pro-
yectada sobre la soberanía de los demás Estados".

- 145 -
Honorable Congreso: por todo lo expuesto, queda claro que el
gobierno está haciendo lo suyo en circunstancias dramáticas, elabo-
rando las respuestas posibles para reducir efectivamente las injusti-
cias, cancelar los privilegios y desterrar los procedimientos contrarios
al derecho.
Frente a la adversidad, nuestra convivencia tiene que estar regi-
da, sin fracturas, por un triple imperativo: las libertades políticas, le
justicia social y el saber que sólo en la democracia puede responderse
eficazmente a los reclamos que provienen del conjunto social.
Queremos un país unido en torno al gran desafío nacional de la
hora: la reconstrucción de la Argentina. De allí mi pedido, a todos
nuestros compatriotas, vinculado a la imperiosa necesidad de realizar
un enérgico esfuerzo para ejercitar las intransferibles responsabilida-
des individuales y colectivas.
Es la hora de preguntarnos qué puedo dar yo a la República, qué
debemos todos dar por ella.
Debemos anticipar el porvenir creándolo ya, y para ello hay que
actuar con grandeza y dejar de lado las pequeñas diferencias que even-
tualmente puedan separamos en los problemas vitales de la Nación.
No ignoramos, y lo marcamos de un modo notorio, que hay per-
sonas y sectores que colocan el grueso de sus energías en las peque-
ñas cosas, queriendo desviar el paso de la sociedad. Ellos no alcanzan
a descifrar el porvenir ni comprenden que el pueblo ya eligió su ruta:
reconstruir la Argentina. (Aplausos prolongados.)
Tenemos fe y confianza en el futuro de la Nación y queremos
compartir fraternalmente con toda la ciudadanía los resultados del
esfuerzo solidario, para consolidar las instituciones de la República y
alcanzar la grandeza soñada.
Con este humilde fervor, señores legisladores, dejo inaugurado el
presente período ordinario de sesiones. (Puestos de pie los presentes
aplauden al Señor presidente de la Nación.)

- 146 -
Serie: 16810 Agencia DyN, 1° de mayo 1985. Alfonsín recibe el saludo de la Asamblea Legislativa
DISCURSO DEL PRESIDENTE RAÚL ALFONSÍN
ANTE LA ASAMBLEA LEGISLATIVA. 1° DE MAYO DE 1985

(Extraído del diario de Sesiones del Congreso Nacional – Cámara de Diputados y


cotejado con el archivo sonoro emitido por Radio Nacional Argentina )

MENSAJE

H ONORABLECONGRESO DE LA NACIÓN: la patria argentina se


ha hecho con libertad y con trabajo. Nuestros abuelos patri-
cios llenaron la tierra americana con un mensaje de libertad
que fue bandera de todos, grandes y pequeños, ricos y pobres, muje-
res y hombres, sabios y analfabetos. Cuarenta años costó establecer
en nuestra tierra instituciones y garantías al servicio de la libertad.


NdE: En esta publicación se ponderó la palabra oral emitida por el presidente
Raúl Alfonsín por sobre la registrada en la versión taquigráfica. Es decir, en todos los
casos en que hubo una controversia entre lo transcripto y el discurso emitido, se
privilegió la emisión oral.

- 147 -
En la tierra libre que ellos crearon, millones de inmigrantes, nuestros
padres, encontraron una nueva patria donde sembrar el trabajo.
La Argentina libre por nuestros abuelos y laboriosa por nuestros
padres se hizo grande y admirable en el curso de un siglo en el que no
faltaron dolores, errores y fracasos, pero no faltó tampoco la confian-
za en el porvenir, el espíritu solidario y una garra extraordinaria para
fundar culturas y levantar pueblos, empujando la obra civilizadora
hasta los confines del mundo habitable.
Cuando alguien quiso destruir las instituciones o imponer par-
cialidades fue derrotado porque "nada hay dentro de la Nación supe-
rior a la Nación misma". Cuando algunos pretendieron reemplazar el
trabajo por la especulación, el pueblo se levantó en armas para resta-
blecer el principio moral de que sólo el fruto del trabajo puede ali-
mentar un destino noble.
Con libertad y trabajo se hizo la Patria, como se han hecho en la
historia todas las grandes naciones. Porque en la libertad tiene respe-
to el que se esfuerza, el creador, el inventor, el pionero, y en ella se
encuentra la protección de la justicia para recibir íntegro el fruto que
corresponde a la labor realizada. Sólo con trabajo se puede ser libre
porque el hombre lleva adentro una dignidad incuestionable y la Na-
ción tiene la riqueza necesaria para defender sus derechos y elegir su
destino.
El 10 de diciembre de 1983 iniciamos todos, la reparación de la
libertad y del trabajo. Decidimos todos, terminar con la decadencia
argentina en una marcha que tal vez no sea tan larga como la de
nuestros abuelos ni tan azarosa como la de nuestros padres inmigran-
tes, pero que no será fácil. Fácil fue destruir la Nación, pero difícil y
duro será el trabajo de la reconstrucción necesaria. Porque es difícil,
nos reunimos todos en las calles y en las plazas, en la campaña electo-
ral de 1983, en las urnas del 30 de octubre y en la consulta del 25 de
noviembre [de 1984]. Porque es difícil, nos encontramos todos los
días en el debate político, en todos los ámbitos de la vida, con plena
libertad. Los argentinos discutimos y realizamos la reparación de la
Patria.
Durante diecisiete meses hemos puesto todo nuestro empeño en
restablecer la libertad. Restablecimos la libertad de las personas, la
libertad de la justicia, la libertad de la educación, la libertad de la cul-

- 148 -
tura, la libertad de la prensa, la libertad de las costumbres, la libertad
sindical y la libertad política.
Cuando el 22 de abril se inició el juicio a los integrantes de las ex
juntas militares, los argentinos estábamos restableciendo un principio
esencial de la libertad de las personas, el cual es que todos los ciuda-
danos son iguales ante la ley y deben responder por sus actos, sin
privilegios, cuando fueren acusados de actividades delictivas. Tenga-
mos el orgullo de que tales juicios se realizan en un marco de libertad
de la justicia, como lo habrían deseado nuestros padres fundadores.
Estamos cumpliendo las obligaciones de su legado histórico.
En cada una de estas reparaciones hemos debido enfrentar la re-
sistencia, el encono y hasta el sabotaje de quienes le impusieron al país
una concepción autoritaria. En muchos casos hemos visto malignamen-
te deformado nuestro mensaje. En ocasiones hemos sentido que la falta
del hábito democrático hacía que muchos hombres y mujeres de buena
voluntad no comprendieran la nobleza de nuestro empeño o la magni-
tud de los obstáculos que hemos debido superar. Todos recordamos y
recordaremos que en la reparación de cada una de estas libertades apa-
recieron invariablemente acusaciones de desbordes que en todos los
casos resultaron falsas y que parecían dirigidas a que el pueblo argen-
tino tuviera miedo de la libertad. Porque no hemos tenido miedo y
porque no nos ha faltado aptitud para desarmar las trampas es que hoy,
señores, vivimos en una Nación libre. (Aplausos.)
Por cuanto hemos hecho les pido a todos que asumamos como
definitiva esta recuperación de la libertad y nos convirtamos, al mis-
mo tiempo, en sus permanentes custodios.
En este marco, en este nuevo marco de la libertad, es posible el
trabajo. Pero si las reformas para establecer la libertad han sido difíci-
les y riesgosas y lo que hemos logrado requiere y requerirá nuestra
protección ciudadana y una permanente reflexión sobre las conductas
de cada uno, no menos ardua es la acción reparadora del trabajo.
Los destructores de la República nos impusieron una filosofía de
autoritarismo y especulación. Así, la herencia fundadora del trabajo
fue reemplazada por una moral de las apariencias en que lo único im-
portante fue la ostentación de riquezas y el éxito superficial y mate-
rialista, sin que nadie preguntara de qué origen eran los esplendores
que se ostentaban. En ningún otro momento de nuestra historia el
trabajo ha significado tan poco como en los años que dejamos atrás.

- 149 -
¿Cómo ha de extrañarnos, entonces, que las bases materiales de
la Nación estén debilitadas y que se haya contraído una aplastante
deuda externa sin que los gobernantes se preguntaran con qué traba-
jo se iban a devolver esos créditos?
Nosotros sabemos hoy que esa destrucción sólo se repara con el
trabajo de los argentinos. Pero lo primero que hemos de hacer es una
reparación moral, para que en esta tierra la única ostentación legítima
sea la ostentación del esfuerzo.
Al honrar y promover el trabajo, desalentamos el inmovilismo y
combatimos la especulación. Pero lo haremos todos, y lo haremos
siempre. No se trata, como algunos pretenden, de que el gobierno
elabore un programa para seis meses o cuatro años; se trata de que la
Nación elija un estilo de vida, porque todos queremos vivir de otra
manera y entrar en el siglo XXI con la misma gallardía con que tras-
pusimos el umbral del siglo XX. (Aplausos.)
Infinitas serán las formas que adoptará nuestro empeño, porque
en cada escuela, en cada hogar, en cada fábrica, en cada sindicato, en
cada municipio, los ciudadanos de esta Nación libre pueden aplaudir
al que se esfuerza, premiar al mejor, convencer al remiso y reprender
al flojo.
El gobierno impulsará y apoyará este gran cambio.
Su primera tarea es combatir las fuentes de la especulación. Y
eso principalmente es lo que está contenido en la reforma financiera
que hemos puesto en marcha y en la reforma tributaria que enviamos
al Congreso.
La reforma financiera está destinada a que el ahorro de la Nación
pueda ser vigilado por la autoridad monetaria para que en lugar de
destinarse a actividades especulativas sea puesto al servicio de la pro-
ducción.
Hace diecisiete meses que tratamos de orientar el crédito para
que esté al servicio de los que producen y hace diecisiete meses que
los ingeniosos especuladores frustran nuestras políticas. Este estado
de cosas se termina. Quiero que sepan los productores del campo, los
hombres de la industria, las familias que necesitan vivienda, que la
reforma financiera que hemos iniciado está enderezada a que, de una
vez por todas, podamos asistirlos, aunque sea en la modesta propor-
ción de los recursos del presente. Es para ello que emprendemos esta

- 150 -
reforma y hacemos frente a las protestas de quienes han vivido en el
clima de especulación que heredamos.
La reforma tributaria que el Poder Ejecutivo ha enviado al Con-
greso constituye también el punto de partida de una sucesión de cam-
bios que haremos hasta lograr nuestro propósito de dotar de mayor
equidad a un sistema francamente regresivo.
La equidad tributaria es aún más imperiosa en circunstancias de
crisis y cuando es necesario mostrar cómo el ajuste de la economía se
compadece con una política de progreso y justicia social.
La reforma contribuirá también a cercar, identificar y corregir a
quienes no cumplen sus obligaciones impositivas, lo cual, en las ac-
tuales condiciones del país, significa negarse a participar del esfuerzo
de reconstrucción.
No se puede admitir que debamos postergar reclamos de los tra-
bajadores, imponer sacrificios a los empresarios de la producción o a
los consumidores que realizan sus actividades dentro de la ley, y
permitamos que la cuarta parte de la riqueza circule al margen de los
deberes sociales. Si sacrificios hemos de hacer, tenemos el deber mo-
ral de agotar previamente todos los medios de la autoridad para que
los recursos ilegítimos salgan a la luz.
El gobierno respeta y aplaude las ganancias del trabajo produc-
tivo de empresarios y asalariados, pero las obligaciones de la ley de-
ben ser cumplidas por todos y también para eso propiciamos esta
reforma impositiva.
Pero el campo más crítico y más importante para la especulación
y la causa más dolorosa del desaliento en el trabajo, es la inflación.
La inflación que padece el país no es ya sólo materia de la política
económica sino una cuestión fundamental de la reconstrucción de
nuestras instituciones. En el mundo de la economía la primera de
todas las instituciones es la moneda y es esa institución la que ha de-
jado de existir.
Cuando eso sucede y ya nadie sabe lo que vale su trabajo, se sub-
vierten todos los valores. Entonces resulta más importante acaparar
que arriesgar, especular que producir. A ese punto hemos llegado. Y
de este punto tenemos que salir. Después de casi diez años de pugnar,
especular y acaparar en lugar de trabajar, arriesgar, y producir, com-
probamos que no sólo vivimos en el desorden y en la incertidumbre,
sino que esta larga práctica ha producido daños estructurales en la

- 151 -
economía del país. La ruina de las faenas productivas ha empujado a
millones de personas a actividades de simple supervivencia. La prefe-
rencia por la especulación ha facilitado una enorme evasión de capita-
les y desalentado las inversiones privadas y públicas, año tras año. La
desesperación frente al empobrecimiento ha engrosado las filas de la
administración pública. Y la pérdida de confianza en el futuro ha ahu-
yentado los capitales nacionales y extranjeros. Todo esto es la conse-
cuencia y, al mismo tiempo, la verdadera causa de la inflación que
padece el país, porque la producción ya no alcanza a satisfacer las
necesidades de la sociedad y lo que producimos ha ido perdiendo cali-
dad o se ha quedado al margen de la carrera mundial hacia el progre-
so.
Los argentinos trabajamos y duro; millones trabajan duramente:
Pero trabajamos mal, en actividades improductivas, con equipos anti-
cuados o con dirigentes que para sobrevivir han debido abandonar las
preocupaciones de fondo y dedicarse a lo urgente para evitar la ruina.
Ha llegado el tiempo de encarar todo esto con una idea nueva.
Trabajaremos, sí. Trabajaremos con ganas. Pero es indispensable que
organicemos el trabajo para que esos esfuerzos den frutos. Debemos
iniciar de inmediato la modernización del país.
El punto de partida es la modernización de las ideas y de las or-
ganizaciones. Con ideas y organizaciones antiguas no se pueden tener
frutos modernos.
A la vuelta de muchos años de autoritarismo, la Nación no ha
podido discutir sus problemas, se ha aislado de los cambios mundiales
y ha sido parcelada por un reglamentarismo que castiga más dura-
mente al que está más lejos del poder. En muchos ámbitos de la vida
nacional vivimos con ideas y organizaciones que, habiendo sido muy
nobles hace cuarenta o cincuenta años, no se adaptaron al progreso
mundial, a los deseos de los ciudadanos o a la mayor complejidad de
un país que ha duplicado su población. Hoy esas estructuras son a
veces, como una cincha que no nos deja respirar.
Hemos de empezar, pues, por adoptar con coraje la costumbre de
preguntarnos cada uno si son buenas nuestras ideas, si son buenos
nuestros hábitos de vida, si son buenos los modos de organización de
la vida ciudadana.
Llevamos muchos años legislando y dictando reglamentos que
parecen dirigidos a ciudadanos de mala fe. Este concepto en la acción

- 152 -
de gobierno ha creado una maraña fantástica de control, que todos
padecemos. Los hombres de bien, que son la inmensa mayoría de
nuestro Pueblo, ven cada vez más trabado su esfuerzo creador y se
sienten sospechados injustamente por la autoridad. Los verdaderos
delincuentes encuentran impunidad en un sistema tan complejo que
es de aplicación casi imposible.
Llevamos muchos años concentrando la autoridad y centralizan-
do todas las decisiones. Nada más útil para las aventuras totalitarias,
porque reemplazando o vigilando a unos pocos funcionarios y diri-
gentes de las organizaciones de la comunidad se obtiene el ejercicio
del poder absoluto. Si queremos que los treinta millones de argenti-
nos participen en el esfuerzo creador –y sabemos que este es el único
camino– es necesario tener confianza en todos y en cada uno de los
ciudadanos. Esto vale para el gobierno y para las organizaciones no
gubernamentales. La Argentina ha dejado de ser una sociedad abier-
ta. Vivimos todos rodeados de imposiciones, prohibiciones y privile-
gios que paralizan las manos del innovador y favorecen a cúpulas que
se han fortificado en las organizaciones para servirse de ellas.
Llevamos muchos años reemplazando la justicia por la influencia.
Los gobiernos autoritarios han procedido con desprecio de la digni-
dad y función gobernante del Poder Judicial.
Hoy, para la defensa de un derecho legítimo, resulta más impor-
tante, a veces, conocer las triquiñuelas de una legislación frondosa que
acudir ante los jueces con las razones simples del buen Derecho. Si no
impulsamos la reforma de la justicia será imposible reemplazar el des-
orden de las normas por el orden de las conductas.
El reglamentarismo, la centralización y la impotencia judicial
desalientan el trabajo creador, generan falsas necesidades de trabajo
improductivo y cierran los caminos de la participación ciudadana en
las decisiones políticas y en la ejecución concreta de las transforma-
ciones.
Pocas leyes y reglamentos, jueces ejemplares y confianza en los
ciudadanos para descentralizar la administración de las decisiones del
gobierno y de los cuerpos sociales, constituyen los requisitos básicos
para modernizar las organizaciones. Pero que nadie se ilusione.
Hemos de persistir mucho en esta dirección de marcha para obtener
buenos resultados, pues quienes están abroquelados en el desorden
existente resistirán el cambio. (Aplausos.)
- 153 -
La modernización de las ideas y de las organizaciones se consoli-
da modernizando la educación. El país necesita formar ciudadanos
con mentes abiertas, sin miedo al cambio, pero con humildad intelec-
tual suficiente para cultivar la prudencia. El país necesita potenciar
los recursos humanos escasos de que disponemos. Nadie puede
ignorar ya que este siglo termina con un avance indiscutible de las
naciones que han dedicado a la educación y a la investigación sus
principales esfuerzos.
La independencia depende hoy de la tecnología más que de ningún
otro factor, y ésta es una de las grandes ideas que el país debe discutir
y revisar porque, a pesar de que hasta en el terreno doloroso de la gue-
rra hemos sufrido los testimonios de esta verdad, no hemos terminado
de aceptar la experiencia. Muchos piensan aún con los criterios de la
primera mitad del siglo, cuando los recursos naturales y los servicios
públicos eran los campos preferidos de la lucha por la supremacía.
Tiempo es de revisar estos criterios y, entonces, se comprenderá el
énfasis que deseamos poner en la modernización de la educación, en la
libertad para la creación y en la prioridad para los recursos destinados
a la ciencia, a la técnica, a la educación y a la cultura.
Modernizar la educación es también aumentar los niveles de exi-
gencia, y en esto debemos empezar por los dirigentes, porque si mi-
llones de argentinos trabajan pero lo hacen en condiciones de baja
productividad, eso se debe en primer lugar a que los organizadores
del trabajo no han resuelto convenientemente los problemas que se
presentaron.
Necesitamos, por fin, modernizar los instrumentos de trabajo.
Esto significará para la Nación un énfasis en el esfuerzo de inversión,
que debe ser un objetivo inmediato de la política económica y una
preocupación de cada uno de los ciudadanos. En la primera línea de
esta acción deben estar los servicios públicos, que constituyen la tra-
ma de la actividad creadora, tanto más esencial cuanto más compleja
es la vida de la Nación. Cuando los servicios públicos envejecen o se
detienen en su crecimiento, comprometen la vida de la comunidad en
su totalidad.
El esfuerzo de modernización debe realizarse con ahínco también
en la producción de bienes. Dado el actual estado de empobrecimiento
en que se encuentra el país, deberemos velar porque los pocos recur-
sos disponibles sean utilizados con la mayor prudencia e ingenio por

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los responsables de dirigir el aparato productivo. La Argentina nece-
sita empresarios inteligentes, audaces y emprendedores. Son ellos los
depositarios de los recursos productivos para combinarlos de modo
de hacer crecer la riqueza, multiplicando lo que la sociedad pone en
sus manos.
La condición de empresario es una calificación profesional de
aquellos ciudadanos que, sean o no propietarios del capital, saben
utilizar los recursos productivos y lo hacen con el más alto sentido de
responsabilidad. Necesitamos formar esos empresarios y exigirles el
cumplimiento de sus deberes sociales. Los directivos que utilizan si-
tuaciones de preeminencia y disponen de los recursos de la comuni-
dad para otros fines que los mencionados –procediendo a destruir
riqueza allí donde debiera ser producida–, deben ser definitivamente
marginados de la actividad económica. (Aplausos.)
Todo el programa de modernización del país supone disponer de
importantes recursos económicos. La Argentina no los tiene, pero el
pueblo argentino es capaz de formarlos. Es porque pensamos que esta
formación requerirá una dedicación redoblada al trabajo y una pos-
tergación de gastos y consumos, es que hemos dicho que entramos en
tiempos duros. Duros porque debemos trabajar más para producir lo
que hoy producimos y, al mismo tiempo, producir las herramientas de
la modernización.
Nunca hemos pensado en políticas de empobrecimiento, sino en
políticas de más trabajo y, por eso, el esfuerzo que nosotros pedimos
es completamente diferente de los sacrificios propuestos por los gru-
pos minoritarios. Nosotros representamos al pueblo y, porque sabe-
mos de su calidad, es que creemos, honradamente, en una reparación
por el trabajo.
Esto significa también una invitación para que los dirigentes de
las actividades del trabajo se esfuercen en garantizar su continuidad
porque, a fuerza de reclamar derechos o ventajas muchas veces aten-
dibles, por vía de interrumpir el trabajo productivo, se alejará cada
vez más la posibilidad de satisfacer esos derechos u otorgar esas ven-
tajas. El derecho de huelga que garantiza la Constitución Nacional es
el recurso grave y último en una situación de conflicto y, en las con-
diciones en que se encuentra la República, quienes deciden utilizarlo
deben tener presente que esa decisión significa restarse al esfuerzo de
reconstrucción que nos imponen las circunstancias. (Aplausos.)
- 155 -
Las tareas del gobierno se han realizado en medio de las perturba-
ciones debidas a la verdadera postración en que se encuentran la orga-
nización y los recursos del Estado. Un largo período de autoridad
centralizada, confusión de roles entre las distintas áreas y escalafones
de la administración pública y evolución errática de las remuneracio-
nes, nos ha dejado un Estado ineficaz con servidores desalentados.
La reforma del Estado es la reforma del instrumento principal de
gobierno. Ya tiene principio. El curso para Administradores Guber-
namentales ha comenzado con dos primeras pruebas de selección rea-
lizadas con una extraordinaria concurrencia de postulantes. Todo el
país siente la necesidad de un cambio en el Estado, pues los ciudada-
nos acuden al llamado con interés ejemplar.
El programa de reformas tendrá un nuevo hito en el estableci-
miento de un adecuado Régimen Jurídico Básico de la Función Públi-
ca; que el Poder Ejecutivo cuenta tener terminado en el curso del
corriente año para someter a consideración de Vuestra Honorabili-
dad, previa consulta con los sectores directamente interesados.
Referiré ahora aspectos sustanciales de la acción del gobierno,
reseña que se completa con los informes de los respectivos ministe-
rios, que quedan a disposición de Vuestra Honorabilidad.
Honorable Congreso: la Nación vive en libertad. El Poder Ejecu-
tivo, el Poder Legislativo y el Poder Judicial han trabajado de consu-
no durante todo el año transcurrido para que así sucediera y este es-
fuerzo ha signado la vida de los ciudadanos. Con ser éste el estado
normal de la sociedad según las prescripciones de la Constitución
Nacional, acta fundacional de la República, debemos reconocer y re-
conocernos en este logro, porque pocos fueron los presidentes que en
las últimas décadas de nuestra historia han podido presentarse ante
Vuestra Honorabilidad para hacer esta sencilla afirmación. (Aplausos.)
La acción de gobierno ha estado encaminada a proteger y pro-
mover la libertad sabiendo que la Nación dolorida y exasperada que
encontramos el 10 de diciembre de 1983, necesitaba y sigue necesi-
tando una acción de los dirigentes encaminada a apaciguar los espíri-
tus, encauzar las quejas y evitar los desbordes. Nunca hemos querido
anteponer la autoridad al convencimiento aun cuando de esta ley de
conducta pudiera derivarse una lentitud aparente. Siempre llega más
lejos la acción de todo un pueblo convencido de su obrar que el acto

- 156 -
solitario del gobernante por genial que parezca. Esa es la superiori-
dad histórica de la democracia sobre el autoritarismo. (Aplausos.)
La Nación se ha puesto a discutir sus grandes problemas en un
debate que empezó entre los dirigentes pero que ha llegado ahora a la
intimidad de los ciudadanos. Nos hemos acostumbrado a hablar y,
mejor aún, a escuchar, y todos mis compatriotas saben ahora que no
sólo cuenta su voto, sino que cuenta su opinión, de modo que es me-
nester opinar con conocimiento, con respeto y con prudencia.
Este es el sentido último del esfuerzo tesonero que ha hecho el
gobierno para dialogar y concertar manteniendo abiertos los caminos
del intercambio de pareceres, aun cuando tropezáramos con actitudes
hostiles o con dilaciones exageradas. Quiero manifestar mi agradeci-
miento a los hombres del gobierno y de la oposición que han partici-
pado en esta faena trabajosa, porque más allá de los frutos inmediatos
del acuerdo o de las constataciones de disenso han ensanchado de
manera formidable el cauce histórico de la unión nacional y de la de-
mocracia.
El gobierno, además, ha procedido con absoluta certeza de que la
libertad de hablar y de escuchar sólo existe en un ámbito de seguri-
dad que proteja a los ciudadanos contra el agravio, la intimidación y
el crimen político. Hemos garantizado la seguridad pública con resul-
tados que, aunque imperfectos, nos anuncian que marcharnos por la
buena senda. Todos los ciudadanos sienten este nuevo clima que nos
rodea y ésa es prueba suficiente de lo dicho. El nuevo prestigio de la
democracia argentina en el mundo y las pruebas de respeto que nos
llegan del exterior son una confirmación feliz de esta certidumbre.
Para perfeccionar esta política hemos procurado avanzar en las
necesarias reformas del marco institucional. La ley de protección del
orden constitucional que Vuestra Honorabilidad ha tenido a bien san-
cionar y la creación del Cuerpo de Protección del Orden Constitucio-
nal son prueba de ello. Esperamos que las consultas en curso para la
redacción del Estatuto de los Partidos Políticos nos permitan contar
prontamente con un instrumento moderno en este aspecto de la vida
cívica.
Tenemos la certeza de estar acompañados por la inmensa mayo-
ría de la Nación en el empeño de consolidar las instituciones de la
democracia y proteger las libertades. Así lo acaba de ratificar Vuestra
Honorabilidad y así también lo han manifestado los partidos políticos

- 157 -
cuando en el documento del 25 de abril pasado afirman: “La unión
nacional es el instrumento que la hora reclama. Unión nacional que
sólo concebimos en defensa de los intereses de la República, enfrenta-
da a quienes desde adentro y desde afuera conspiran contra ellos.
Unidad nacional para superar la dependencia y los condicionamientos
que origina una deuda externa injustificada y gravosa que pesa en
detrimento del nivel de vida de nuestro pueblo y frena nuestras posi-
bilidades de desarrollo; unidad en torno a las grandes banderas de la
justicia social y de la libertad”.
El Poder Ejecutivo hace suya esta afirmación y quiero señalar
ante los representantes del pueblo que hemos encontrado en tales
manifestaciones una renovada energía para continuar por el camino
que hemos emprendido. Porque la gravedad de los males que aquejan
a la Nación hace ilusorio que un solo partido político, por importante
y fuerte que fuere, sea capaz de realizar la obra reparadora. Todos
trabajaremos por la Patria, porque más allá del juego del poder, natu-
ral en una sociedad democrática, debemos asegurar que ese juego sea
posible por tiempo indefinido. Debemos asegurar la democracia y dar
sustento material a nuestras instituciones. De todos ha de ser el es-
fuerzo. Y de todos será el fruto de ese esfuerzo. (Aplausos.)
Honorable Congreso: los cambios en la vida de la Nación son la
fuente del renovado prestigio internacional de la República. Es a la
vista de los nuevos modos y calidades de nuestra vida pública que la
opinión mundial se ha interesado por nosotros, ha escuchado nuestras
propuestas y ha reconocido la legitimidad de nuestra voz.
Siempre es así. Cuando los pueblos americanos saludaron a nues-
tras banderas y a nuestros ejércitos en las guerras por la Independen-
cia, la libertad que proclamábamos afuera imperaba ya dentro de
nuestras propias fronteras. Los que han creído en años recientes que
las relaciones exteriores de la Nación podían ser tratadas sólo con
criterio publicitario, despreciaban a la opinión pública mundial con el
mismo desprecio de que fue víctima, en lo interno, la opinión del pue-
blo argentino.
Hemos dicho que porque no tenemos dos morales no tenemos
dos políticas, y éste es el principio fundamental que ha informado
nuestra política exterior. Cualquier ciudadano argentino puede inter-
pretar e informarse sobre la filosofía del gobierno y reflexionar sobre
nuestra acción interior siguiendo los pasos de nuestra política inter-

- 158 -
nacional, porque expresada con voces y en ámbitos diversos, la filo-
sofía del gobierno es una sola.
Con estos principios, el gobierno ha realizado una intensa acción
internacional en el último año, y a pesar de las distancias que nos
separan de otros pueblos, la vida cotidiana de los argentinos ha esta-
do marcada por la presencia en nuestro territorio de grandes perso-
nalidades del quehacer mundial y la voz del pueblo argentino ha sido
llevada a todos los continentes, tanto por los funcionarios del Poder
Ejecutivo como por los señores senadores y diputados.
Este esfuerzo por volver a comunicar al pueblo argentino con
todos los pueblos del mundo, sin exclusión de ninguna especie, ha
permitido avances destacados en temas vitales para la Nación.
Los acuerdos alcanzados con la República de Chile consolidan la
paz en nuestra extensa frontera occidental y prestan un servicio defi-
nitivo al gran proyecto de la integración latinoamericana. Las fuerzas
creadoras de argentinos y chilenos quedan así disponibles para la
acción civilizadora individual o conjunta en los vastos territorios aus-
trales donde hemos de asentar formas civilizadoras nuevas en esa
geografía del agua y del frío, única en la tierra latinoamericana.
Cuando nuestros mayores construyeron los primeros acuerdos
con Chile, a fines del siglo XIX, pusieron en marcha una civilización
del Sur que en sólo ochenta años ha producido frutos extraordinarios.
En tierra argentina nacieron cinco provincias integradas hoy a nues-
tro Pacto Federal, centenares de pueblos y ciudades y una actividad
económica de la que depende en buena medida nuestra producción
ganadera, nuestra pesca, nuestra fruticultura y nuestro abastecimien-
to energético. Estos triunfos extraordinarios, que forman parte de
nuestra realidad más inmediata, deberían ser prueba suficiente de que
la paz es el único ámbito posible para el progreso.
Por todo eso, podemos abrigar hoy la esperanza de que el Trata-
do de Paz y Amistad con la República de Chile inicie una nueva era de
impulsos fundacionales donde el genio argentino se manifieste y las
jóvenes generaciones se realicen. (Aplausos.)
En lo referente a las Islas Malvinas, nuestra posición siguió
siendo terminante: la de no cejar ni por un instante en el esfuerzo por
su plena recuperación, así como por la recuperación de las islas Geor-
gias del Sur y Sandwich del Sur; que no haya pues duda alguna de
que no nos apartaremos de este camino. Aunque también reiteramos

- 159 -
con igual seguridad y claridad que la política internacional de la de-
mocracia argentina se basa en el principio de la solución pacífica de
los conflictos entre las naciones y el respeto en esta materia específica
de las decisiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas.
Seguimos aspirando a que en este contexto se superen las distan-
cias que nos separan del Reino Unido, no obstante la cerrada intransi-
gencia demostrada hasta ahora por su gobierno, aunque cabe señalar
con esperanza que ya hay amplios sectores de la vida política británica
y de su opinión pública que comienzan a tener en cuenta no sólo el alto
espíritu que impulsa nuestra acción y la verdadera voluntad de solu-
cionar este conflicto, sino, además, la necesidad histórico-política por
parte del Reino Unido, de reconocer finalmente los innegables dere-
chos históricos, geográficos, culturales y políticos de nuestro país sobre
las islas, con la reserva, claro está, del debido respeto por los intereses
de sus actuales habitantes, cosa que estamos absolutamente dispuestos
a garantizar.
Porque hemos proclamado la paz asumimos la tarea de una posi-
ción activa en favor del desarme. Porque a la paz no se la sirve sin
justicia, hemos trabajado incansablemente para que se comprenda que
el sistema económico internacional imperante nos conduce a todos,
ricos y pobres, acreedores y deudores, a un verdadero holocausto
político.
La historia de la Humanidad está llena de testimonios de que la
injusticia económica puede conducir a sucesos de la más alta capaci-
dad destructiva. Los pueblos empujados a la miseria, defienden su
vida con su vida, y por eso reclamamos y reclamaremos una inmedia-
ta revisión de un orden mundial que ha destruido la prosperidad y
está destruyendo la esperanza de miles de millones de seres humanos.
(Aplausos.)
Así es que en junio de 1984 once países de América Latina nos
reunimos en la ciudad de Cartagena. Formulamos una declaración
llamada “Consenso de Cartagena”, señalando la gravedad que para
nosotros tenía esta nueva dependencia externa. A esta reunión siguió
la de Cartagena II, que se cumplió en nuestro país en la ciudad de
Mar del Plata. Más adelante, en Santo Domingo, República Domini-
cana, tuvo lugar la tercera reunión, donde también concurrió nuestro
país participando activamente en su desarrollo y decisiones.

- 160 -
Como hemos defendido la justicia económica internacional
hemos respaldado también la justicia política. Ante el gravísimo y
preocupante conflicto de América Central, mantuvimos de manera
firme y probada nuestro pleno apoyo al “Grupo de Contadora” y a sus
esfuerzos para lograr una solución negociada del conflicto. Al respec-
to, insistimos ante todos y cada uno de nuestros interlocutores sobre
la necesidad de una solución pacífica y negociada, fundada en los si-
guientes principios básicos: respetar el principio de no intervención y
autodeterminación de los pueblos; promover el establecimiento de
sistemas democráticos pluralistas; condenar toda forma de expansión
del conflicto que lo sitúe en términos del enfrentamiento Este-Oeste.
(Aplausos.)
Honorable Congreso: el 10 de diciembre de 1983 expresé ante
Vuestra Honorabilidad que “las Fuerzas Armadas no pueden vivir
enfrentadas con la sociedad civil” y el logro de ese objetivo en el que
estamos empeñados supone para ellas el regreso a la actividad especí-
fica y a la subordinación a la autoridad civil constitucionalmente
establecida.
Los hombres de las Fuerzas Armadas han asumido y comprendi-
do ese rumbo insoslayable que es parte de la restauración institucio-
nal. Y es oportuno reconocer el esfuerzo de subordinación consciente
que han realizado en procura de encontrar juntos y solidarios las me-
jores soluciones a la problemática integral de la República.
Han entendido, además, que el rol por cumplir dentro del pla-
neamiento militar conjunto que está en desarrollo, perfeccionará a las
Fuerzas Armadas para un mejor desempeño en la efectiva custodia de
la soberanía nacional.
Las Fuerzas Armadas han tomado conciencia, también, y con-
ciencia cabal, de la crítica situación económica que se padece y que ha
tocado el nivel de vida de sus cuadros y afectado en cierta medida su
entrenamiento y equipamiento.
Restricciones estas que se irán revirtiendo tanto con el desarro-
llo de la reestructuración militar que está en ejecución, como cuando
con el esfuerzo de todos comencemos a cambiar paulatina, pero sos-
tenidamente, la economía de crisis que nos agobia.
Conviene destacar el esfuerzo realizado por las Fuerzas Arma-
das, de un contexto difícil y a veces poco alentador, para enfrentar
esta transición con encomiable vocación de servicio y aportando al-

- 161 -
ternativas nuevas con el fin de estructurar un moderno y eficiente
accionar conjunto.
Es en este sentido que se está en camino de lograr, en un plazo
prudente y con ritmo sostenido, la interacción solidaria y concurrente
de todos los factores de poder del Estado a fin de satisfacer el manda-
to constitucional de “proveer a la defensa común”.
Hay realizaciones ya ejecutadas dentro de la reestructuración mili-
tar que sigue en estudio y desarrollo. En 1984 se efectuó una notable
reducción en el gasto de Defensa para encuadrarlo en una dimensión
adecuada al presupuesto nacional. La participación del presupuesto del
sector Defensa fue así del 2,7 por ciento del Producto Bruto Interno; y
en lo relativo al presupuesto de las Fuerzas Armadas se observa una
caída del 4,2 el 2,1 por ciento del Producto Bruto Interno entre 1983 y
1984.
Ya se han concretado varios cambios de organización y supre-
sión de distintas unidades con la consiguiente reducción de plantas y
equipamientos y se torna necesario proseguir con esa reestructura-
ción para que el presupuesto de este año sea suficiente y no ocasione
obstáculos en la tarea sustantiva de las fuerzas.
Con todo, las medidas adoptadas preservan la capacidad militar
que se mantiene en condiciones de hacer frente a las responsabilida-
des emergentes de la defensa nacional.
Ya ha sido reorganizado el Estado Mayor Conjunto como orga-
nismo superior responsable del planeamiento estratégico militar, a la
vez que se ha concretado la reestructuración del Ministerio de Defen-
sa con el propósito de ponerlo en condiciones de atender adecuada-
mente las funciones de dirección superior de las Fuerzas Armadas.
La reestructuración en ejecución se verá completada y avalada
por la sanción del proyecto de Ley de Defensa Nacional que ya se
encuentra a consideración de Vuestra Honorabilidad. Sus regulacio-
nes, al mismo tiempo que definen los ámbitos normativos dentro de
los cuales se desarrolla la defensa, aspiran a permitir la expresión, con
vigor y eficacia, de respuestas racionales y dinámicas, apropiadas, en
definitiva, a las cambiantes situaciones que supone la existencia del
conflicto. Asimismo, establece claramente la subordinación de todo el
sistema al presidente de la Nación y a las instituciones constituciona-
les. (Aplausos.)

- 162 -
Dentro de esta reestructuración debe destacarse la elaboración
de un nuevo plan académico para la Escuela de Defensa Nacional, que
responde plenamente a las exigencias del Estado de Derecho vigente,
dinamizando y jerarquizando el aprendizaje y adecuándolo a la nueva
concepción de la defensa nacional imperante en el mundo democrático
moderno.
Un criterio de defensa dinámico y moderno exige racionalizar y
agilizar la actividad empresarial del sector y es con ese fin que se ha
elaborado un proyecto de ley por el cual se crea la “Corporación In-
dustrial General Savio (Sociedad del Estado)”, que será la sucesora de
la Dirección General de Fabricaciones Militares.
La falta de coordinación existente entre las sociedades y organis-
mos de producción ya está siendo corregida a través de la centraliza-
ción de la conducción empresaria en el área del Ministerio de Defensa.
Esto implica poner término a la duplicación de esfuerzos y actividades
que se venía verificando en distintas empresas del sector, como tam-
bién significa lograr un cabal conocimiento de sus posibilidades de
producción.
Se han unificado también los esfuerzos de comercialización y cen-
tralizado las tareas de investigación, lo que sumado a un régimen de
fiscalización externo, ejercido por la Sindicatura General de Empresas
Públicas, ha permitido solucionar la inexistencia de control que se veri-
ficaba al comienzo de la gestión del gobierno constitucional.
Honorable Congreso: el sistema educativo argentino ha sufrido
las mismas o mayores destrucciones que el resto de nuestras institu-
ciones fundamentales. Quienes no pensaron en el futuro inmediato
mal podían inquietarse por el porvenir de los niños y los jóvenes con-
fiados a su cuidado. Si la Nación tiene hoy seis millones de analfabe-
tos funcionales, como si hubiésemos retrocedido a las realidades que
escandalizaban al gran Sarmiento, es porque algo trágico ha sucedido
en la educación argentina.
Los derechos garantizados por la Constitución y las obligaciones
establecidas por nuestras leyes directrices, como la Ley 1.420, han sido
abandonados. Los hijos de las familias arrojadas a la marginalidad
económica, sanitaria y política, mal pueden cumplir con la obligatorie-
dad de la enseñanza primaria. Es allí que empieza la faena titánica de la
reconstrucción.

- 163 -
Pero en tanto resolvemos los problemas sociales, mejoramos la
educación primaria e impulsamos los programas de alfabetización,
hemos mejorado de manera sustancial el acceso a la educación media
y superior, emprendiendo con coraje reformas que a muchos han
parecido temerarias. Temerario, pensamos, sería suponer que pode-
mos rehabilitar la civilización argentina demorándonos un solo minu-
to en la reconstrucción de la educación. Nuestra obligación es hacer
como lo quería Sarmiento, porque como gobierno democrático y des-
provisto de dogmatismo tenemos el derecho y la posibilidad de
corregir.
Hemos restablecido la libertad de la cultura, en las ciencias y en
las técnicas y garantizado un tratamiento digno y no discriminatorio
para los científicos y los artistas, afianzando el concepto de que los
argentinos residentes en el exterior también han de integrarse al pa-
trimonio científico y cultural de la Nación.
El gobierno se complace en comprobar que vivimos un verdade-
ro renacimiento cultural. Al solo llamado de la libertad se han alzado
miles de expresiones creadoras. Pero el esfuerzo económico y político
realizado por la administración, transformó ese florecimiento en una
corriente de realizaciones que ha cubierto el país y ha alcanzado sig-
nificativa consideración internacional.
El cine, la literatura, la pintura y la música abren rumbos. Con el
nuevo instrumento de armonización e impulso que es el “Plan Nacio-
nal de Cultura”, esperamos que el movimiento creador se extienda
rápidamente a las artesanías, la preservación del patrimonio cultural,
la danza, la televisión y el teatro.
Restablecidos están los jueces de la Constitución tras un año de
tareas en que Vuestra Honorabilidad y el Poder Ejecutivo han dado
muestras de la eficacia de los mecanismos constitucionales previstos
para su designación. El Poder Ejecutivo y los representantes de las
provincias han discutido calidades, eficacias y circunstancias políticas
para concretar cada uno de los nombramientos y el Poder Judicial se
encuentra hoy constituido conforme a las leyes.
Trabajamos ahora todos en garantizar por vía legislativa la je-
rarquía del Poder Judicial que prescribe la Constitución y tengo la
seguridad de que en un proceso de perfeccionamiento continuo avan-
zaremos hasta la creación de un funcionamiento perfectamente armó-
nico de los tres poderes.

- 164 -
Es a este funcionamiento armónico que quiero referirme para se-
ñalar que los poderes creados por la Constitución han funcionado en
plenitud durante el año que ha transcurrido. Los numerosos proyec-
tos de ley sometidos por el Poder Ejecutivo a Vuestra Honorabilidad
han merecido un tratamiento cuidadoso y eficaz. Cuando ellos han
sido rechazados por los señores senadores y diputados, el Poder Eje-
cutivo ha tomado debida nota de sus razones y ha procurado adecuar
sus políticas a la voluntad expresa de los representantes del Pueblo.
Con el mismo espíritu, el Poder Ejecutivo ha hecho uso prudente
del derecho de veto que le otorga la Constitución Nacional, restrin-
giéndolo a los casos en que los intereses superiores de la República
podrían verse afectados. La gran mayoría de los proyectos vetados se
referían a actos de disponibilidad cuyo sentido de generosidad era
loable, pero que resultaban incompatibles con la situación de penuria
en que se encuentra la Nación y que el poder administrador tiene la
obligación de conocer mejor que ningún otro poder.
Honorable Congreso: el Ministerio de Trabajo y Seguridad So-
cial mantuvo como objeto primordial de su gestión restablecer las
funciones básicas del sindicato, revitalizando la representatividad y la
participación irrestricta propia de una sociedad democrática acorde
con el mandato constitucional.
Con ese espíritu el Poder Ejecutivo elevó al Honorable Congreso
la Ley de Reordenamiento Sindical que, inspirada en el artículo 14
nuevo de la Constitución Nacional y el Convenio 87 de la Organiza-
ción Internacional del Trabajo, tomaba en cuenta la emergencia que
afectaba a los sindicatos que soportaban en su casi totalidad interven-
ciones designadas por el gobierno militar.
Al no merecer la aprobación del Honorable Senado de la Nación,
el Poder Ejecutivo nacional debió arbitrar otros medios para lograr la
impostergable normalización de las entidades sindicales. Así, el Minis-
terio de Trabajo y Seguridad Social acordó con los agrupamientos
existentes las reglas para el proceso de normalización sindical. Se fijó
un marco normativo en el que pudo optarse entre la fiscalización de la
autoridad administrativa o la judicial. El Poder Ejecutivo aprobó lo
acordado y lo remitió a Vuestra Honorabilidad, que lo convirtió en la
ley 23.071, de normalización sindical.
En tal virtud hemos logrado procesos de normalización de-
mocráticos que han recibido la ratificación de elecciones con un alto

- 165 -
grado de participación. En buena medida, puede decirse que el índice
de participación –que en muchos casos superó el 90 por ciento– es,
históricamente, para estas condiciones de competencia electoral, el
más elevado.
Afirmamos, con total certidumbre, que esta conquista no será de-
jada de lado: los trabajadores han alcanzado participación en un grado
que no resignarán. Por el contrario, auguramos una evolución cre-
ciente hacia una participación plena, plural e irrestricta. (Aplausos.)
El sindicalismo volverá a ocupar de pleno derecho su papel de
protagonista en el proceso social argentino. Tendrá poderío material
y económico, pero también un rico contenido humano y cultural.
En este período avanzaremos hacia un nuevo régimen de asocia-
ciones profesionales. Ese ordenamiento legal se ajustará a esta pre-
ceptiva:
—Absoluto respeto a la voluntad de los trabajadores en las deci-
siones del sindicato.
—Fortalecimiento de las organizaciones por actividad.
—Estructuras ampliamente participativas con representación de
las minorías.
—Preservación de las organizaciones gremiales de toda actitud
discriminatoria de carácter político, racial o religioso y de las intro-
misiones de los empresarios, los partidos y el Estado.
—Garantía del Poder Judicial para los procesos electorales.
Si concretamos un sistema legal que posibilite una organización
gremial participativa, libre y democrática, como lo requiere el articulo
14 nuevo de la Constitución Nacional y el Convenio 87 de Libertad
Sindical, habremos dado una prueba de madurez y espíritu de convi-
vencia, lo que afianzará la paz social en el marco de unidad nacional a
que hemos convocado.
El desorden generalizado que fue consecuencia de muchos años
de manejo autoritario dejó un signo de retroceso y desarticulación de
disposiciones legales y organismos concebidos para defensa y protec-
ción del trabajador en sus condiciones y modalidades de trabajo y en
la posibilidad de una vida digna y segura para él y su familia.
Habría hoy que combatir el retroceso operado. En tal sentido,
con la valiosa colaboración de la Organización Internacional del Tra-
bajo –cuya consideración y respeto recuperamos con el advenimiento
de la democracia– revitalizamos una política en materia de seguridad
- 166 -
e higiene en el trabajo. Para ello contamos con el asesoramiento de
expertos nacionales e internacionales, así como entidades de trabaja-
dores y empresarios. Estos esfuerzos permitirán la formulación de un
programa nacional para el mejoramiento de las condiciones y medio
ambiente de trabajo.
Igual empeño se pone para mejorar los servicios de inspección
laboral, virtualmente deshechos, apelando a la coordinación con los
organismos provinciales.
Se impulsa asimismo la actualización de regímenes particulares
de trabajo que han sido superados por el progreso tecnológico. Otro
tanto ocurre con la legislación sobre convenciones colectivas y trata-
miento y solución de conflictos.
Como materialización del amplio mandato que surge del artículo
14 nuevo de la Constitución Nacional, el Poder Ejecutivo nacional
dictó el decreto 2.848 del 12 de septiembre de 1984 que creó la “Co-
misión de Defensa y Protección del Trabajo”, que tiene por misión
sugerir las modificaciones a la legislación para amparar al trabajador
ante situaciones de despido arbitrario, falencia del empleador y cam-
bios en la relación laboral que deriven de transformaciones económi-
cas y tecnológicas.
Restablecer la función primordial del sindicato asegurando que
sea participativo, democrático y vigoroso; consolidar la promoción y
protección de los derechos de los trabajadores; revitalizar sus meca-
nismos de defensa, constituyen elementos inexcusables de un estado
de derecho pluralista y democrático.
El sistema jubilatorio fue recibido en 1983 con un importante
déficit acumulado que gravitaba pesadamente en el presupuesto na-
cional con el consiguiente impacto inflacionario. A lo largo de 1984 y
lo que corre del actual, se han hecho enormes esfuerzos financieros
para mantener en niveles soportables los montos de las prestaciones.
Ha sido imperioso generar recursos directos que permitieran li-
berar parte de los ingresos provenientes de impuestos coparticipados,
que desde 1980 se afectaban al pago de jubilaciones y pensiones, con
el fin de reintegrar esos fondos para la atención de los requerimientos
de las provincias. El restablecimiento parcial de la contribución pa-
tronal ha dado comienzo de solución a este problema.
Debemos reconocer que nuestro sistema previsional es por lo
menos ilusorio, ya que no presuntuoso: promete el 82 por ciento

- 167 -
móvil y no alcanza al 40 por ciento, aunque es política del gobierno
acelerar el progreso de las jubilaciones. Existen 1,9 aportantes por
cada beneficiario; es decir, menos de la mitad de lo que puede conside-
rarse el mínimo aceptable.
Debemos aumentar las transferencias de recursos para el alto fin
social de que se trata, sin desconocer, sin embargo, que en la actual
coyuntura impulsar un aumento de la presión tributaria previsional
significa imponer cargas adicionales a una economía en crisis.
Por otra parte, se ha encarado con criterio realista el problema
de un número considerable de empresas y trabajadores autónomos
que estaban en mora. El Poder Ejecutivo nacional ha dispuesto una
moratoria en condiciones sumamente razonables que permitirá –
suponemos– la normalización de situaciones anómalas. Estas medidas
de excepción deben acompañarse con gran rigor recaudatorio, y así lo
haremos.
Es alentador señalar que en el último año la recaudación au-
mentó en un 10 por ciento en términos reales. El decreto 885 de 1984
posibilitó que la gran masa de jubilados y pensionados que revistan
en los niveles más bajos reciban un suplemento mensual que contem-
pla su situación extrema.
Mientras tanto se han tomado varias medidas tendientes a per-
feccionar el sistema de seguridad social. El subsidio de desempleo
para trabajadores con cargas de familia permite afrontar la pérdida de
sus ingresos durante un período razonable; la actualización gradual
de las asignaciones familiares; la prórroga del régimen que permite a
los beneficiarios continuar trabajando; igual beneficio en favor de
varias categorías de docentes o investigadores; la ley 23.069, proyec-
tada por el Poder Ejecutivo nacional, que dispone que el sueldo anual
complementario de jubilados y pensionados se liquide sobre la base
del mejor haber del semestre; la reducción de la antigüedad para te-
ner derecho a la asignación por maternidad; reglamentaciones de la
ley de seguridad social para trabajadores del algodón, que ha permiti-
do que miles de trabajadores accedan al régimen de asignaciones fa-
miliares, a las prestaciones asistenciales a través del Instituto de Ser-
vicios Sociales para Actividades Rurales y Afines y al cómputo de los
servicios a los fines jubilatorios, terminando con una marginación que
era una verdadera iniquidad social.

- 168 -
La seguridad social es una buena medida del sentido solidario de
una comunidad. El estado en que encontramos el sistema cuando lle-
gamos al gobierno es medida de la decadencia del conjunto de la vida
nacional.
Honorable Congreso: la evolución de la economía nacional a lo
largo de 1984 estuvo signada por las complejas negociaciones en tor-
no de la refinanciación de la deuda externa, por la obligación de gene-
rar un saldo comercial que permitiera atender los principales com-
promisos con el exterior, por la urgencia en reactivar un aparato de
producción severamente dañado y deprimido, por la necesidad de
recuperar los bajos niveles salariales prevalecientes y, finalmente, por
la intención de reducir el ritmo de crecimiento de los precios a niveles
social y políticamente tolerables.
Es difícil encontrar en la historia de nuestro país una conjunción
de problemas económicos de gravedad comparable a la que hemos te-
nido que afrontar en el año transcurrido. Y aun admitiendo que los
errores de los hombres de gobierno en la búsqueda de soluciones pu-
dieran tener un valor significativo, nadie puede desmerecer el peso de
la trágica herencia que hemos recibido. En la acción cotidiana de go-
bierno se reiteran, día tras día, los momentos de perplejidad y tristeza a
medida que se comprueba, en sucesión casi interminable, que los daños
han llegado a todos los terrenos del quehacer económico. Sólo la histo-
ria podrá explicarnos qué móviles o qué conjunción de adversidades
impulsó a los gobernantes de los años pasados a realizar y permitir
esta devastación incalculable.
Desde el análisis político la explicación es sencilla. Cuando se
pierde de vista el interés general y se ataca sistemáticamente a las es-
tructuras organizadas de la sociedad, privadas o gubernamentales, se
desarma la red de relaciones que permiten la vida de las sociedades
complejas. La destrucción de la organización social es el camino más
seguro para la ruina de una civilización. Ninguna guerra y ninguna
catástrofe natural tienen los mismos efectos destructivos que la disolu-
ción social. Las grandes civilizaciones de la humanidad han decaído
siempre a partir de su desorganización interna, y éste es el mal que ha
castigado y castiga aún a nuestro país.
Necesitamos reconstruir las relaciones internas, restableciendo
sus principios éticos, sus modos de comunicación, los límites de los
derechos sectoriales, los estímulos y los castigos, y la referencia al

- 169 -
interés superior de la comunidad. Necesitamos, pues, restablecer las
relaciones del trabajo, de la producción, del consumo, del ahorro y de
la inversión.
El signo distintivo de la desorganización de la economía argen-
tina es la inflación. El resultado más visible de los errores del pasado
es la deuda externa.
Durante todo el año transcurrido el Poder Ejecutivo consagró
esfuerzos muy significativos [tendientes] a ordenar y negociar la
pesada deuda externa. La posición argentina en esta materia ha sido
invariable y en un todo de acuerdo con la voluntad manifiesta de la
Nación. Hemos fijado el criterio rector de buscar un acuerdo con
nuestros acreedores que preserve el equilibrio entre las obligaciones
del presente y la imperiosa protección del futuro, apuntando a intro-
ducir en el mismo criterios de flexibilidad y realismo que lo hicieran
viable y compatible con la compleja naturaleza de los problemas
económicos argentinos, en particular nuestro agudo proceso inflacio-
nario y nuestra decisión indeclinable de no admitir políticas que aten-
ten contra la economía nacional o comprometan nuestra paz social.
Hemos encontrado el debido eco en nuestros hermanos latinoa-
mericanos, a través del Acuerdo de Cartagena, para darle a este pro-
blema su debida dimensión política.
El empeño por reactivar el aparato productivo dio frutos, tradu-
ciéndose en un crecimiento del 2 por ciento en el Producto Bruto In-
terno, y la necesidad de recuperar los bajos niveles salariales se satis-
fizo con una reparación del salario real.
Todas estas acciones condujeron por primera vez en diez años a
un aumento del 6,5 [por ciento] en el consumo por habitante. No
puede ignorarse, sin embargo, que este crecimiento se acompañó con
una caída en la inversión bruta fija del 12 por ciento Todas estas la-
bores, unidas a la permanente preocupación por reducir las presiones
inflacionarias, impusieron una política de ordenamiento para el gasto
público, que el gobierno procuró llevar adelante muchas veces en me-
dio de la incomprensión de otras jurisdicciones de la administración
pública.
En este sentido, corresponde mencionar que se alcanzó una re-
ducción del déficit fiscal consolidado del sector público, como resulta-
do de una disminución de las erogaciones (excluidos los intereses) del
orden del 8 por ciento y un mantenimiento de los ingresos. La reduc-

- 170 -
ción operada en los niveles de gasto se verificó en un contexto de
cambio en su estructura. Las erogaciones del presupuesto de la admi-
nistración nacional en concepto de salud, cultura y educación, bienes-
tar social y ciencia y técnica fueron en 1983 del 19,5 [por ciento],
mientras que en 1984 fueron del 32,3 [por ciento]. Por su parte, los
gastos en administración general, defensa y seguridad disminuyeron
del 30,3 [por ciento] en 1983 al 28,7 [por ciento] en 1984.
La magnitud del desequilibrio fiscal impone, sin embargo, nue-
vas iniciativas para reforzar la acción emprendida y realizar correc-
ciones más inmediatas. A ese efecto, el gobierno nacional ha prepara-
do un programa fiscal de emergencia que hoy anunciamos y cuyas
disposiciones principales son las siguientes:
En el terreno del gasto público, las medidas abarcan las empre-
sas estatales y la administración central. Nos fijamos como objetivo
una disminución del orden del 12 por ciento en el nivel de gasto pre-
visto para 1985.
Con ese fin, se está procediendo en el caso de las empresas estata-
les a ajustar los presupuestos de inversión y los gastos en bienes y ser-
vicios. En la administración central se han llevado a cabo economías en
varios programas, conforme a la ejecución de los primeros meses del
año. Es decisión del gobierno nacional mantener esta orientación, al
tiempo que se imparten instrucciones para poner bajo un mayor con-
trol la política de contratación e incorporación del personal.
En la implementación de la política de reducción del gasto públi-
co será preocupación especial del gobierno nacional reordenar sus
compromisos de manera tal de respetar la prioridad que reviste la
prestación de los servicios sociales que garanticen los niveles básicos
de bienestar de la población, en particular de los sectores más necesi-
tados.
En el terreno de los recursos el programa de emergencia fiscal
descansa, en primer lugar, sobre medidas de índole tributaria adicio-
nales. Ellas son el acortamiento de los plazos de ingreso del Impuesto
al Valor Agregado, el establecimiento de un sistema alternativo de
vencimientos del citado gravamen y la creación de un régimen de
ahorro obligatorio.
En segundo lugar, el programa prevé medidas destinadas a re-
componer los ingresos del Tesoro a través del financiamiento ade-
cuado de las empresas públicas.

- 171 -
El programa fiscal de emergencia apunta también a mejorar el
financiamiento del sistema de seguridad social, condicionando la ele-
vación del nivel real de las jubilaciones a la evolución de los recursos;
con la moratoria previsional en marcha se espera, además, aumentar
los ingresos del sistema y reducir la evasión.
Finalmente es intención del gobierno nacional, en el marco de
este programa, cumplir con la coparticipación federal conforme a la
evolución real de los ingresos tributarios sujetos a distribución. Los
déficit provinciales acumulados, por otra parte, durante 1984 serán
atendidos dentro de las limitaciones que impone la presente emergen-
cia fiscal.
El conjunto de las medidas enunciadas está dirigido a actuar
rápidamente a fin de reducir el financiamiento inflacionario del sector
público. Esta es una situación que no puede prolongarse porque com-
promete el logro de las aspiraciones de bienestar y progreso de la
población.
Central como lo es en la coyuntura actual, la lucha contra la in-
flación no es la única meta que guía al gobierno nacional. La estrate-
gia de crecimiento definida a comienzos de año reconoce como ejes
fundamentales la expansión de las exportaciones y el estímulo a los
proyectos de inversión privada.
Esta orientación -que hemos llamado “el ajuste positivo”-, consti-
tuye la alternativa estratégica al estancamiento crónico de la economía
argentina y a la restricción que impone el peso de la deuda externa. La
expansión de las exportaciones, al permitir el pago de los intereses de
la deuda y el aumento de las importaciones, crea las condiciones que
posibilitan el crecimiento. La concreción de proyectos de inversión
privada hace efectivo ese crecimiento.
Estas iniciativas que no agotan, sin embargo, las decisiones que
el gobierno nacional se apresta a tomar para alentar el crecimiento,
serán inútiles si no se alcanza una reducción del actual ritmo inflacio-
nario y se recrea, en consecuencia, un funcionamiento más sano y
estable de la economía.
La agricultura argentina avanza en una nueva era signada por la
tecnificación, la imaginación y la aceptación del riesgo. El gobierno
hará cuanto esté a su alcance para favorecer los cambios que mar-
carán una nueva etapa de crecimiento de la Argentina agropecuaria.

- 172 -
Hemos entrado en la agricultura de la excelencia y el país entero ha
de acompañar este proceso.
Ese es el sentido del Programa Nacional Agropecuario, que tiene
la particularidad de presentar un marco de referencia estable y per-
manente para la labor rural.
La magnífica diversidad de la producción agraria argentina obliga
también, y con más razón en tiempos difíciles, a extremar la agilidad de
la acción pública. La crisis del mercado interno argentino castiga a
rubros que tuvieron un gran desarrollo hace veinte años y que hoy
padecen estancamiento. Hemos buscado para ellos nuevos destinos
industriales, nuevos regímenes de regulación y nuevos mercados. Y
puede Vuestra Honorabilidad llevar a los pueblos que representa la
certidumbre de que este Poder Ejecutivo no cederá en la voluntad de
hallar soluciones novedosas y eficaces.
Un viejo tema a resolver es el de la Corporación Argentina de
Productores de Carnes. Espero poder enviar en pocos días al Hono-
rable Congreso el proyecto de ley que propone la transferencia del
patrimonio remanente a los productores, cumpliendo una anhelada
reivindicación que nos habíamos propuesto.
La reactivación de la pesca ha sido considerada por el gobierno
nacional como uno de los pilares para consolidar y expandir nuestros
mercados de exportación, contribuyendo al crecimiento de la econo-
mía y a que la Argentina ocupe el puesto de relevancia al que la inne-
gable potencialidad de sus recursos le permite aspirar, como lo indi-
can bien a las claras sus cuatro mil kilómetros de costas marítimas y
su extensa plataforma continental e islas del Atlántico Sur, que cu-
bren más de un millón de kilómetros cuadrados del Mar Argentino.
Paralelamente a esa expansión se encuentran otras metas, como
son la necesidad de defender el principio de las 200 millas y afirmar la
soberanía en las áreas de explotación exclusiva, mediante la actividad
principalmente de empresas pesqueras nacionales y evitando la de-
predación del recurso por parte de flotas pesqueras extranjeras.
También es de fundamental importancia para el desenvolvimiento
interno, acelerar el desarrollo de su litoral- marítimo y de su región
patagónica.
Los gravísimos daños que ha sufrido el aparato industrial argen-
tino han seguido pesando sobre nuestras espaldas. El crecimiento del
4,3 por ciento en el valor agregado por la industria manufacturera en

- 173 -
1984 no alcanza a resolver el proceso de descapitalización del sector, ni
podrá mantenerse con el solo impulso de un mercado interno de vitali-
dad comprometida por las dificultades presentes. Además, los recursos
disponibles para el desarrollo industrial han sido mal utilizados por
una política equivocada de promoción cuya absurda iniquidad está ya
de manifiesto. Al lado de eso, magníficos complejos industriales con
equipamiento de alta calidad y, sobre todo, con organizaciones huma-
nas únicas y que han costado años de paciente estructuración, soportan
graves dificultades sin que el Estado disponga de los medios para con-
currir en su auxilio.
Esta anarquía irracional debe terminar, y los pocos recursos con
que contamos deben dirigirse sin más demora a sostener y apoyar los
que tienen verdadero mérito. Debemos entrar en una industria de
genuinos inversores. El gobierno espera que con el concurso de Vues-
tra Honorabilidad demos pronto nacimiento a una política industrial
justa, eficaz y moderna.
Parecidas esperanzas deben ser puestas en el desarrollo de la mi-
nería, que interesa a algunas de las regiones más pobres del país y
cuyo letargo secular parece la prueba palmaria de que los argentinos
no somos capaces de asumir una política económica de desarrollo
integral e independiente.
Los trabajos realizados en el último año y que esperamos cuen-
ten con el apoyo de Vuestra Honorabilidad , deben llevarnos a termi-
nar con el inmovilismo minero. Es motivo de escándalo que en un
país sediento de recursos nobles puedan existir riquezas identificadas
y significativas que no se movilicen, por faltarle al ejercicio del dere-
cho de propiedad el sentido social universalmente reconocido. Necesi-
tamos una minería de la movilización y la tendremos, con el auxilio
de Vuestra Honorabilidad . (¡Muy bien! Aplausos.)
Prueba de esta confianza es que el gobierno ha resuelto llamar a
licitación para la explotación del mineral de oro y plata de Los Hue-
mules, Chubut, aplicando nuevos criterios de impulso oficial.
Hemos dicho que el trabajo argentino debe salir a competir a los
mercados mundiales. Se trata de un desafío a nuestra capacidad y de
un imperativo de la escasez de divisas que tenemos y tendremos por
mucho tiempo. En el año transcurrido Vuestra Honorabilidad ha
dado sanción a la Ley de Promoción de las Exportaciones y el Poder
Ejecutivo ha de aplicarla con todo vigor para que su ejecución de-

- 174 -
muestre la bondad del instrumento y nos ponga en camino de trans-
formar a la Argentina en un país de activa presencia en los mercados
internacionales.
Pero esta presencia depende de la más eficaz interrelación de la
política de comercio exterior con los otros aspectos de la política
económica. El desarrollo del espacio económico exterior de la Nación
no es sino la proyección hacia el mundo de las mejores calidades de la
economía interna.
Así, el objetivo de transformar a la Argentina en un país comercial
[mente] significativo requiere, en primer lugar, un esfuerzo particular
en las políticas de producción interna, de inversión, de desarrollo tec-
nológico y, sobre todo, de adaptación a los cambios en los hábitos
mundiales de consumo. Debemos terminar con la ingenuidad de supo-
ner que se puede vender cualquier cosa, porque el comercio internacio-
nal de hoy es un arco gigante de operaciones inteligentes capaz de
armonizar las actividades de un productor argentino con los deseos de
un consumidor extranjero.
Los buenos resultados del comercio exterior argentino en 1984
ya mencionados, deberán ampliarse en lo futuro con un ajuste estruc-
tural del sistema productivo, una nueva inserción de la Argentina en
el mundo y un proyecto de integración regional.
De todos los anacronismos estructurales de la economía argenti-
na no es el menos dañino la organización del comercio interno de los
productos alimenticios. En el área metropolitana más de diez millo-
nes de personas están servidas por redes de comercialización que fue-
ron concebidas, en el mejor de los casos, hace cuarenta años, con la
tecnología de hace cuarenta años y para la población de entonces, que
no llegaba al cuarenta por ciento de la actual.
La deformación resultante se ha traducido en un desvío masivo
de los recursos hacia operaciones improductivas, con gravísimos da-
ños para productores y consumidores. La situación es tal, que una
reforma comercial medianamente eficaz bastaría para duplicar los
precios que reciben los productores, sin afectar para nada lo que pa-
gan los consumidores.
El gobierno ha emprendido esa reforma, disponiendo la habilita-
ción del Mercado Central de Buenos Aires. Hemos de continuar en
ella realizando todas las modificaciones que sean necesarias.

- 175 -
En la organización comercial, en el consumo y en la producción,
la Nación cuenta con organizaciones sociales originales y eficaces.
Tales son las cooperativas, cuyas calidades y merecimientos han con-
ducido a la creación de una secretaría específica que ha entrado en
pleno funcionamiento en el curso del año concluido.
Ese nuevo departamento seguirá procurando armonizar los es-
fuerzos de esa noble actividad, al mismo tiempo que abrirá los cauces
necesarios para que el cooperativismo amplíe su participación en la
reconstrucción argentina.
Honorable Congreso: la política de obras públicas ha debido
adaptarse a condiciones contradictorias. Por un lado, el gigantismo y
la espectacularidad que informaron las acciones de los gobiernos pre-
cedentes, han dejado en la sombra un deterioro general de la infraes-
tructura y la insatisfacción de todas aquellas necesidades que, por
modestas, no ofrecían ocasión de lucimiento. Por otro, el estado
económico de la Nación nos ha privado de los recursos necesarios
para atender las necesidades más imperiosas.
Hemos elegido una política de ingenio para resolver con recursos
mínimos la mayor cantidad posible de problemas. Pero aun esta polí-
tica ha tropezado con la perturbación de las catástrofes naturales que
introdujeron un sentido de urgencia en muchas de las decisiones de
las áreas respectivas.
Sin recursos económicos nacionales, sin posibilidad de aumentar el
endeudamiento externo, debiendo sostener empresas públicas descapi-
talizadas y ajustar las tarifas, teniendo presente la pobreza relativa de
los usuarios, la política de toda el área de servicios públicos se ha trans-
formado en un esfuerzo de equilibrio inestable.
Hemos procurado elegir soluciones realistas en el sector de los
transportes, procurando mantener en funcionamiento nuestro sistema
portuario, crecientemente exigido por las exportaciones de cereales, y
asegurar el mantenimiento de la red vial para no obstaculizar en de-
masía la actividad económica del país. Hemos procedido con la misma
prudencia en el sector ferroviario, aunque registramos avances im-
portantes en el equipamiento y en el volumen de tráfico.
Cuando la emergencia nos ha golpeado, como en el caso del ele-
vador número 5, de Bahía Blanca, el gobierno ha reaccionado con
gran presteza, resolviendo en pocos días lo que se presentaba como
una prolongada crisis.

- 176 -
Con el mismo sentido de ordenada administración se han reali-
zado las tareas en materia de comunicaciones y en el mantenimiento y
mejoramiento de los servicios de agua en las zonas urbanas. Un
ejemplo del sentido de servicio a los más carenciados lo constituye el
“Plan Proagua” destinado a proveer de agua potable a quinientas mil
personas.
El área energética ha pasado a constituir un campo de desafío y
de esperanza para nuestro país. La Argentina es hoy un país gasífero
y el gobierno está impulsando todos los cambios necesarios para po-
tenciar esta realidad. Impulsamos la producción de gas y su consumo
en lugar de combustibles líquidos, tanto para el uso directo como
para la generación de electricidad, y llamamos al capital privado na-
cional y extranjero a participar en estas actividades.
Estamos convencidos también de que la relativa modestia de
nuestras reservas petrolíferas reclama nuevos esfuerzos de explora-
ción. Cuanto ha sucedido en el mundo de los últimos diez años mues-
tra que el uso inteligente del capital y la tecnología pueden mejorar
de modo cualitativo las condiciones del recurso natural. Por tales
circunstancias hemos formulado un nuevo llamamiento para interesar
al capital y la tecnología privadas en la explotación de las cuencas
petroleras argentinas. Las nuevas inversiones en los programas de
exploración y explotación ya acordados representan un aporte del
orden de los 580 millones de dólares, que se volcarán a promover el
crecimiento en las cuencas mediterráneas y en las costas aledañas a
las cuencas submarinas.
En los grandes emprendimientos el gobierno busca equilibrio
entre las necesidades ciertas de largo plazo y las penurias no menos
ciertas del presente. La Nación no puede renunciar a su futuro, pero
no puede, tampoco, perder el sentido del equilibrio en la administra-
ción del presente. Procuramos mantener en marcha aquellas obras
que, como el complejo de Yacyretá, representan una perspectiva de
progreso continuo. Esperamos que la primera turbina de dicho pro-
yecto pueda entrar en funcionamiento en 1991.
Un conjunto de intereses esenciales de la Nación se conjuga en el
campo de la energía atómica. Las dificultades económicas conocidas
no han obstado a una continuación de los trabajos, aunque hemos
reordenado las prioridades. Nuestra primera preocupación ha sido
preservar los recursos humanos y la organización, sabedores de que

- 177 -
constituyen el corazón irreemplazable de nuestro futuro atómico y
una posibilidad inestimable de avance tecnológico y científico en las
más diversas ramas de la producción nacional.
Una mayor difusión de los radioisótopos y las radiaciones para
su aplicación en el terreno de la salud y las actividades económicas
han concurrido a enfatizar nuestra vocación de uso pacífico del recur-
so. En el mismo sentido, se ha procurado continuar con el plan de
obras, acompasándolo a la modestia de los medios financieros que
define la realidad de la hora.
Honorable Congreso: las urgencias sociales de la Nación son tan
graves que no hay ningún otro terreno de la vida concreta donde
puedan medirse tan precisamente los daños que hemos sufrido.
Nos propusimos luchar por la vida y lo hacemos luchando por la
salud. La política en el área de la salud y la acción social está dirigida
a atender los problemas estructurales pero antes que todo, a socorrer
a las víctimas de la crisis, de la marginación y de las catástrofes natu-
rales.
Hemos puesto el acento en los problemas hospitalarios, fortale-
cido el Instituto de Obras Sociales, reforzado la atención primaria de
la salud y encarado políticas nuevas en favor de los discapacitados y
en la protección contra la drogadicción.
El concurso eficaz de Vuestra Honorabilidad al sancionar la ley
23.102 de Fondo de Asistencia de Medicamentos, ha dado el marco
para una política de medicamentos que, respetando los intereses
económicos legítimos, dé un contenido particular que se corresponda
con el objetivo social y humano eminente de la industria farmacéutica.
Pero todo eso no alcanza a conformar un cambio duradero, sino
en la medida en que marchemos hacia el establecimiento del seguro
nacional de salud que reglamente los derechos establecidos en el artí-
culo 14 bis de la Constitución Nacional, articulando armoniosamente
las obras sociales, el hospital público y los prestadores privados de
servicios de salud.
La Nación atraviesa por un período de prueba, y la penuria es y
será nuestra compañía cotidiana. Pero cuando hay riesgo de la salud y
de la vida ningún privilegio es admisible, y es por ello que la moral
nos impone el deber de reunir todos y cada uno de los elementos de
que disponemos en un solo accionar armónico para que lleguemos de
la mejor manera posible a resolver las emergencias en que se juega la

- 178 -
vida. Ese y no otro es el sentido de la creación del seguro nacional de
salud; y, por eso, tengo la certeza de que más allá de los razonables
disensos, el Poder Ejecutivo podrá contar con el concurso de Vuestra
Honorabilidad para darle a la Nación esta institución indispensable.
Con el mismo sentido de urgencia y de excepción hemos creado
el Programa Alimentario Nacional, cuyos beneficios llegan ya a más
de un millón de familias, y hemos potenciado los comedores preesco-
lares y escolares que han casi duplicado la cantidad de prestaciones,
llegando a 677 mil niños en 1984.
La vida necesita también vivienda y es por eso en el año transcu-
rrido hemos acelerado los programas de construcción. Cuando nos
hicimos cargo del gobierno había en el país 62 mil viviendas en ejecu-
ción, de las cuales 50 mil se encontraban paralizadas. Al 30 de abril
pasado el país tiene 165 mil viviendas en ejecución dentro de los pro-
gramas gubernamentales. Con el mismo sentido de servicio social,
Vuestra Honorabilidad ha dado sanción a la ley 23.091, de promo-
ción de locaciones urbanas, que armoniza nuestra vocación de liber-
tad en las transacciones con un régimen de promoción y garantías
que atiende al sentido social del gobierno.
Las preocupaciones del gobierno por el problema del ordena-
miento ambiental, promoción del desarrollo humano, patria potestad
compartida y protección de las comunidades indígenas, se han refle-
jado en sendos proyectos de ley que Vuestra Honorabilidad tiene a
su consideración.
Pero las garantías del equilibrio de la salud y el reconocimiento
del derecho al gozo de la vida necesitan, también la expresión del de-
porte, que hemos promocionado con resultados sociales de magnitud.
Honorable Congreso: hace pocos días el pueblo, protagonista
esencial de la democracia, a través de su movilización y por medio de
sus representantes en este recinto brindó pruebas inequívocas de su
decisión de defender y afianzar la democracia recuperada por los ar-
gentinos. (Aplausos.)
Esa defensa institucional, requisito básico de la unión nacional e
instrumento de la reconciliación que la sociedad reclama, nos de-
muestra además cómo surge de la democracia nuestra fuerza común
para afrontar la dura realidad sin escamoteos y para acometer el
mayúsculo esfuerzo que hoy se nos exige.

- 179 -
No es posible, ni son perdurables, los sacrificios sin esperanzas.
Precisamos entonces que cada argentino conozca el tamaño del es-
fuerzo que se debe hacer, pero que sea también consciente de la espe-
ranza que nace de esta lucha.
Se trata de esperanzas fundadas y no de vanas ilusiones. Porque
si se sospechara que el esfuerzo de unos sirve para el enriquecimiento
de otros, y si el esfuerzo de la sociedad no encontrara respuesta en el
gobierno, nadie estaría dispuesto a continuar esta lucha.
Por lo tanto, la equidad es la condición inviolable del esfuerzo
para la reconstrucción argentina.
El país no es el gobierno y no se trata de hacer esfuerzos para un
gobierno. La empresa es de todos, pero la responsabilidad de conduc-
ción sí es del gobierno, y la asumimos con plenitud. (¡Muy bien! Aplau-
sos.)
Dije hace pocos días, y quiero reiterarlo en este ámbito, expre-
sión augusta de la soberanía popular, que mi gobierno no ha venido a
ocupar el espacio entre dos gobiernos militares (¡Muy bien! Aplausos
prolongados.) Estamos dispuestos –y así interpretamos, sin distingos,
la voluntad de todos– a desterrar para siempre la causa de los fraca-
sos políticos y económicos y poner así fin a una larga decadencia.
No sólo defenderemos la democracia política sino que avanzare-
mos para construir la democracia social. Y esto sólo se logra con una
creciente participación.
Es indispensable que cada argentino sepa que la posibilidad de
construir la Argentina que soñamos depende de cada uno.
El gobierno hará lo suyo: abrirá puertas, destrabará la economía,
impulsará, en suma, la contundente energía de un pueblo que, si tuvo
fuerza y convicción para la restauración institucional, no habrá de
arredrarse ahora por honda que sea la crisis que lo desafía. (¡Muy bien!
Aplausos.)
De ese modo los éxitos que alcanzaremos no serán triunfos del
gobierno, sino realizaciones del Pueblo; los planes no serán tema para
iniciados, sino metas para el esfuerzo común, y los obstáculos no
serán la preocupación de un equipo, sino el desafío del conjunto.
Serán los éxitos, los planes y los problemas de los argentinos.
Todos seremos los artífices de esta obra que pondrá fin a la de-
cadencia y nos permitirá concretar la Argentina fuerte, digna y soli-
daria que nos merecemos.
- 180 -
De esta manera declarado inaugurado el 102 período ordinario
de sesiones. Muchas gracias. (Puestos de pie aplauden al señor presidente
de la Nación)

- 181 -
Serie: 15924. Fotógrafo, Adolfo Passalacqua, 1986. Apertura de la Asamblea Legislativa.
DISCURSO DEL PRESIDENTE RAÚL ALFONSÍN
ANTE LA ASAMBLEA LEGISLATIVA. 1° DE MAYO DE 1986

(Extraído del diario de Sesiones del Congreso Nacional – Cámara de Diputados y


cotejado con el archivo sonoro emitido por Radio Nacional Argentina)

MENSAJE

H ONORABLECONGRESO DE LA NACIÓN: las dos Cámaras del


Congreso Nacional inician hoy un nuevo período de sesiones
ordinarias en un momento crucial del camino institucional
que emprendimos el 10 de diciembre de 1983.
Queda atrás otro año del inclaudicable esfuerzo de los argentinos,
razón y causa del entusiasmo y de la perseverancia de los hombres y
mujeres que cargamos con la enorme responsabilidad y el cautivante


NdE: En esta publicación se ponderó la palabra oral emitida por el presidente
Raúl Alfonsín por sobre la taquigráfica. Es decir, en todos los casos en que hubo una
controversia entre lo transcripto y el discurso emitido, se privilegió la emisión oral.

- 183 -
desafío de desempeñarnos en funciones de gobierno en cualquiera de
los poderes y niveles de nuestra organización institucional.
Como presidente de los argentinos llego a este recinto con
humildad y confianza para cumplir con el requisito constitucional.
Llego también para compartir ilusiones, alegrías y esperanzas con
mis conciudadanos.
Muchos son los problemas, las cuestiones que hoy nos convocan.
Nada de lo decisivo, nada de lo fundamental –así lo creo- queda sin
registro en el mensaje que pongo a consideración de esta Honorable
Asamblea. Aquí está –ya sobre las bancas- para el estudio, la crítica,
la polémica, el juicio.
Todo merece ser enunciado en este recinto, eminente expresión
de la democracia. Pero sin pretender establecer con ello diferencias
imposibles que no existen, he escogido algunas cuestiones para re-
flexionarlas en voz alta ante los señores representantes del pueblo y
de las provincias.
Es éste un período parlamentario que culminará prácticamente al
cumplirse la mitad de mi mandato presidencial, y que coincidirá así,
con el tránsito entre dos etapas de nuestra política de gobierno.
El primer tramo, que se aproxima ya a su conclusión, estuvo cen-
trado en el esfuerzo por reconstruir las instituciones democráticas.
No se trataba tanto de cambiar, de reformar o de perfeccionar el sis-
tema, sino de revivir una democracia largamente escamoteada, de
recuperarla en los términos que habían sido previstos y soñados hace
más de 130 años por los forjadores de la Argentina moderna.
No era tarea fácil, por cierto. Nuestra democracia histórica había
sido desquiciada en su aspecto institucional, no sólo por la dictadura
de siete años que nos precedió, sino también por un prolongado pe-
riodo de prácticas deformantes que, a lo largo de medio siglo, impi-
dieron –salvo fugaces interregnos- el pleno funcionamiento del orden
político contemplado por la Constitución.
Todos los intentos de restauración democrática, realizados en es-
te convulsionado medio sigo se frustraron porque, más allá a veces de
la voluntad de sus protagonistas, se vieron imbricados con mecanis-
mos irregulares de funcionamiento institucional, cuyo origen se re-
monta precisamente a la irrupción autoritaria de 1930.
Afectados por vicios de origen, por el mantenimiento de artifi-
cios proscriptivos, por forzados condicionamientos, por abusos en el

- 184 -
ejercicio del poder, o por turbulencias internas, que terminaban por
desnaturalizar la convivencia democrática, aquellos ensayos resulta-
ron invariablemente bloqueados.
La etapa abierta en diciembre de 1983 es, por su origen y por las
modalidades de su desarrollo, la primera en muchos años que aparece
libre de todas aquellas deformaciones. Nos acercamos a la mitad del
actual período presidencial con todas las instituciones democráticas
en pleno funcionamiento, con todos los derechos y las libertades civi-
les cabalmente garantizados, con todos los organismos y las áreas del
Estado ceñidos a sus papeles específicos, sin hipertrofias funcionales
ni concentraciones de poder, sin provincias intervenidas ni excesos
represivos.
Sólo los más ancianos entre nosotros pueden recordar, en el espa-
cio histórico abarcable por la memoria humana, algún remoto momen-
to de plenitud institucional similar al que hoy conoce la Argentina.
Ello se debe acreditar, sin duda, no sólo a nuestro gobierno, sino
también y fundamentalmente a la madurez de todo el pueblo argenti-
no. La solidez de este logro puede medirse por la circunstancia de que
la lucha de todos nosotros para asegurarlo ha debido desarrollarse en
medio de la mayor crisis económica que ha padecido el país, con todas
las irritaciones y todo el desasosiego social que derivan naturalmente
de esta situación.
Todavía hay quienes piensan que las democracias funcionan en
tiempos de bonanza y no en tiempos de crisis. Creo que esta Argenti-
na de 1986 es una clara refutación a esa creencia.
Es justamente en el reconocimiento de esta crisis –en su com-
prensión y asunción cabal– donde se halla la simiente del cambio, el
momento en el cual emergen nuevos proyectos de vida, nuevos acto-
res sociales y la recuperación de la iniciativa, así como también de la
capacidad de invención colectiva. Es ésta la transición que estamos
protagonizando: la etapa que va desde el reconocimiento de nuestra
identidad, a la visualización y elección de los caminos para afirmarnos
de cara al futuro. Sería imposible encontrar estos caminos si no fuera
en el marco de nuestras instituciones democráticas recuperadas y en
su pleno funcionamiento.
Pero la reconstrucción institucional es sólo un primer paso en
dirección a la democracia plena, moderna y eficaz que aspiramos a
construir para la Argentina. Hemos rescatado las instituciones de una

- 185 -
sociedad que no sólo vio destruida buena parte de su aparato produc-
tivo, sino que sufrió también, hondamente, en su cultura, en su vida
cotidiana, sus hábitos mentales, su visión del mundo, la pesada carga
autoritaria que gravitó sobre el país.
Rescatadas las instituciones, llega la hora de que la sociedad las
asuma en plenitud, interiorice los valores y los principios que las
animan. La democracia institucional sería un castillo en el aire si no la
colmara una práctica social convertida en rutina democrática y voca-
ción íntima de cada individuo.
Esta profundización de la democracia en su doble vertiente, ins-
titucional y social, no puede ser encarada como tarea paternalista de
un gobierno. Estaríamos incurriendo en una versión más sutil del
autoritarismo que aspiramos haber erradicado de la vida nacional, si
asumiéramos esta labor como operación modeladora de una élite go-
bernante sobre la masa pasiva de la población.
El principio impulsor de este proyecto no debe residir en la Casa
Rosada ni en sus aledaños administrativos, sino en la sociedad toda.
La misión del gobierno es, y va a ser, la de poner a disposición de
la sociedad los medios que ésta necesita para recorrer, sin interferen-
cias ni obstrucciones, el camino de su rescate democrático.
Importa sobremanera, en este esfuerzo que a todos nos compro-
mete para profundizar la democracia en el país, tener una clara con-
ciencia de los obstáculos por remover, los problemas por resolver y
las deformaciones que debemos superar.
Creo que nuestro mayor empeño en este orden deberá centrarse
en la tarea de recuperar plenamente el papel y la importancia de los
partidos políticos como protagonistas principales del pluralismo que
es inseparable de la democracia.
Descuento que no hay disidencias entre nosotros en esta concep-
ción de la democracia como una libre interacción de fuerzas políticas o
ideológicamente diferenciadas. Pienso que uno de los datos más positi-
vos de nuestro actual momento histórico es esta coincidencia básica en
la caracterización del sistema dentro del cual deseamos vivir.
Pero, aun así, debemos tener claramente en cuenta que a lo largo
de nuestra historia reciente se han desarrollado en la cultura política
del país tendencias a desnaturalizar el papel de los partidos y que, aun
manteniendo su igualitaria pluralidad en el plano formal, la sacrifica-
ban de hecho en el de los contenidos.

- 186 -
La democracia se resiente en su funcionamiento si una determina-
da fuerza política se considera investida de un rango especial del que
están excluidas las demás; si una determinada fuerza política asume
para sí la representación exclusiva de los intereses nacionales, la en-
carnación exclusiva del espíritu democrático, o cualquier otro de los
exclusivismos que tanto han abundado en la pasada vida argentina.
Ninguna de nuestras fuerzas políticas ha sido inmune en su pa-
sado a la tentación de caer en algunos de estos exclusivismos discri-
minatorios, cuyo efecto ha sido el de trazar sobre el mapa político
argentino una línea divisoria entre elegidos y réprobos, entre excel-
sos y marginados.
Estamos marchando con paso firme hacia la superación de estas
dicotomías, pero el arraigo alcanzado por ellas entre nosotros no nos
permite considerar despejado el camino de residuos o posibles rebro-
tes que nos amenacen con una regresión.
Esta tendencia al abroquelamiento, al aislamiento sectario y au-
tosuficiente no ha infectado sólo la vida política argentina. La misma
propensión modeló en gran medida el comportamiento de los grupos
de interés sectoriales, llevándolos a privilegiar sus propios fines par-
ticulares por encima de los del conjunto nacional.
El sectorialismo aún entorpece la ímproba labor de la recons-
trucción nacional. Las conductas desviadas que se han desarrollado
durante decenios en este campo explican, pero ya no justifican, la ne-
gativa insistencia en disociar la legítima defensa de las aspiraciones y
los intereses propios de cada grupo, de las aspiraciones y los intereses
superiores del país global.
Tanto nuestra vida institucional como nuestras actividades políti-
cas y económicas resultaron gravemente distorsionadas por esa ten-
dencia de cada grupo a totalizar sus propios intereses sectoriales, asu-
miendo la ficción de que las aspiraciones del conjunto social sólo eran
legítimas en la medida en que coincidían con las de una corporación.
Deformaciones de esta naturaleza se han producido en el campo
de los partidos y en el de los sindicatos, en el de la producción agro-
pecuaria y en el de la actividad industrial, en el militar y en el de la
burocracia del Estado, expresiones todas de grupos renuentes a inte-
grarse en un todo común por el empeño de cada uno de ellos en ser
por sí mismo una totalidad, un circuito cerrado de intereses y valores
exclusivos.

- 187 -
Nuestros esfuerzos por construir finalmente una democracia sóli-
da en la Argentina pueden sufrir la suerte de todos los frustrados in-
tentos anteriores si no conseguimos superar el fraccionamiento de la
sociedad en unidades políticas o sectoriales cerradas dedicadas a totali-
zar sus propios objetivos partidarios o corporativos.
Es necesario que todos nosotros aprendamos a fundamentar
nuestras conductas, como militantes políticos o como miembros de
grupos sectoriales, no sólo en los valores y los principios que nos
diferencian, sino también en un conjunto más alto de valores y prin-
cipios que nos asocian.
Sin esta argamasa cultural de denominadores comunes, no habrá
democracia cabal, o la habrá sólo como un armazón institucional vacío
y condenado a una vida breve por su propia vacuidad.
No hay democracia sin un pacto democrático fundamental que nos
comprometa a todos –partidos y sectores– a reconocernos partícipes de
un sistema compartido de normas que establezcan entre los grupos,
más allá de sus diferencias, una base insoslayable de solidaridad.
De ahí que los objetivos exigidos por la etapa abierta el 10 de di-
ciembre de 1983 incluyan, junto al rescate de las instituciones, el
aprendizaje de su uso. Un aprendizaje que, iniciado a partir de un
largo período de inactividad democrática –o actividad democrática
viciada– no puede menos que exponernos a errores.
Cabe a nuestra honradez reconocer que el gobierno ha cometido
errores en los tramos ya recorridos del camino emprendido hace casi
dos años y medio. Quizá se nos puedan señalar desaciertos políticos y
evaluaciones equivocadas en lo económico, así como excesiva parque-
dad en la explicación de nuestras acciones, limitando de esa forma los
márgenes posibles de participación popular en su desarrollo y su
sostén.
Sería demasiado fácil disimular nuestros errores invocando erro-
res ajenos. Más certero y constructivo es que comulguemos todos en
el sereno reconocimiento de que ninguno de nosotros podría reivindi-
car una impoluta línea de aciertos en nuestra lucha común contra la
tan pesada carga autoritaria impuesta sobre nuestros usos políticos a
lo largo de las últimas generaciones de argentinos. (Aplausos.)
En el aprendizaje que todos venimos cumpliendo para sellar el
encuentro de la sociedad con las instituciones democráticas, importa

- 188 -
sobre todo que sepamos aplicar las correcciones de cuya necesidad
vamos tomando conciencia a través de ese aprendizaje.
Este ciclo de reconstrucción institucional, aprendizaje y correc-
ción ha de llevarnos sin duda a descubrir la necesidad de innovar. No
hay ya camino de retorno al pasado, pero al mismo tiempo sabemos
hoy que los caminos por recorrer de aquí en más no son los conven-
cionales, las viejas recetas o las respuestas mediocres de corto plazo.
No estamos “restaurando” instituciones y comportamientos ca-
ducos ni hemos de mantener el actual estado de cosas sobre la base de
estructuras que han sido rebasadas por la realidad. Nos proponemos,
por el contrario, construir una nueva Nación reencontrada con los
valores que le dieron origen y con este gigantesco e ineludible propó-
sito, impulsamos las reformas estructurales reclamadas por la urgen-
cia de los problemas a resolver.
Hemos dicho ya que no es remendando estructuras perimidas,
retocando comportamientos antiguos, repitiendo con actos reflejos
las mismas respuestas a los viejos problemas, como vamos a construir
el país que queremos. Nuestro objetivo es superarlos, y en este empe-
ño podemos advertir ya cuánto hay de revisable y reconsiderable en
el andamiaje institucional que hemos heredado.
Esas reformas estructurales que son necesarias para dar solución
profunda a los problemas cotidianos de los argentinos y para proyectar
al país hacia el futuro con perspectivas ciertas de desarrollo y auto-
nomía pueden requerir que revisemos nuestro ordenamiento institu-
cional, incluyendo la posibilidad de reformar la Constitución Nacional.
Creemos firmemente que nuestras ya señaladas tendencias al en-
frentamiento y a la adopción de actitudes intransigentes se han visto,
sino generadas, al menos favorecidas por aquel ordenamiento institu-
cional el que, a pesar de sus aspectos democráticos, permitió la forma-
ción de mayorías hegemónicas.
Sus dirigentes estuvieron expuestos a la tentación de prescindir de
su relación con las minorías, del diálogo, de la negociación, de la
búsqueda de soluciones comunes y del compromiso, es decir: de toda
aquella rica y fecunda práctica interlocutoria, en la que encuentran su
natural campo de expresión aquellos denominadores comunes que son
esenciales en una sociedad pluralista pero sanamente articulada. Se
debe estudiar la posibilidad de establecer marcos orgánicos que favo-
rezcan la discusión racional y la concertación en la toma de decisiones.

- 189 -
Hemos lanzado esta iniciativa sin precisar sus perfiles, a fin de
posibilitar por esta vía un debate nacional sobre el tema, en la convic-
ción de que sólo de este análisis colectivo –y no de una indicación
presidencial– debe surgir la definición final del nuevo ordenamiento.
Estoy persuadido de que una democracia basada en la solidaridad
entre distintos, necesita que la pluralidad y el disenso sean no sólo
expresiones permitidas, sino también elementos constitutivos del
mecanismo en el que se articula la toma de decisiones políticas.
Necesitamos un acuerdo institucional que no imponga mayorías
artificiales cuando la sociedad misma no las genera. Necesitamos una
democracia donde las mayorías sean coincidencias concretas sobre lo
que debe hacerse para el futuro y no sólo agregaciones emocionales
fundadas en la lealtad al pasado.
En esa posible revisión institucional, debemos contemplar la alter-
nativa de liberar a la Presidencia de la República de sus connotaciones
cesaristas y de su gran carga de atribuciones, permitiendo distinguir la
tarea de fijar las grandes políticas nacionales del manejo cotidiano de la
administración, haciendo posible además que el Congreso tenga una
intervención más directa y eficaz en la gestión y control de los asuntos
de Estado y que los ministros tengan una relación más estrecha con
el Parlamento. (Aplausos.)
En el contexto de esa eventual reforma de nuestras instituciones
se debería reflexionar sobre la introducción de mecanismos dirigidos
a profundizar la participación democrática, la descentralización políti-
ca, el control de gestión de las autoridades y el mejoramiento de la
administración pública.
Estos objetivos están mutuamente vinculados: la reversión del
proceso centrípeto de acumulación del poder en unos pocos órganos
que se ha ido produciendo crecientemente como consecuencia y causa
de experiencias autoritarias en el país, no sólo tiene un valor intrínseco
sino que la mayor descentralización favorece la eficiencia de la adminis-
tración y permite la participación directa en la toma de decisiones por
parte de sus destinatarios; a su vez, esta participación facilita el control
de la gestión de las autoridades por parte de los ciudadanos y hace más
eficaz y ecuánime el manejo administrativo.
La profundización del proceso de descentralización que se debería
contemplar en una posible revisión institucional tendría que comenzar
por un fortalecimiento del federalismo que devuelva a las provincias el

- 190 -
ejercicio efectivo de sus poderes autónomos y originarios, sin perjuicio
de los mecanismos de concertación nacional y regional.
También se deberían asignar mayores atribuciones a los munici-
pios, que son células de la democracia, de modo que las decisiones
básicas que afectan la vida de la gente se adopten en un ámbito en el
que se encuentren cara a cara quienes toman esas decisiones y sus
destinatarios. Asimismo, deberían descentralizarse los distintos orga-
nismos prestatarios de servicios públicos, como los relacionados con
la educación, la salud, las comunicaciones, la energía, de manera que
se contemplen mejor las necesidades locales y sea más eficiente la
administración de los recursos.
La combinación de los mecanismos de la democracia representa-
tiva con los de la democracia semidirecta que propugna el moderno
constitucionalismo, debe estar dirigida a superar la apatía de la ma-
yoría de la población que amenaza convertir al pluralismo político en
un simple pluralismo de élites.
Esos procedimientos de participación, que deberían estudiarse en
una revisión institucional, incluyen las consultas populares con alcan-
ce nacional, regional o local, la intervención directa de los afectados
en las decisiones que se tomen en municipios, consejos vecinales, es-
cuelas, hospitales, etcétera. La colaboración de los destinatarios de los
servicios públicos en el control de la eficiencia y regularidad de su
prestación, la intervención de los beneficiarios en planes de distribu-
ción alimentaria, construcción de viviendas, servicios sanitarios, el
fomento y protección de la organización cooperativa de la produc-
ción, la organización y el consumo.
La reforma administrativa debe tender a que la organización
burocrática sea un instrumento eficiente para la ejecución de las deci-
siones políticas que se adopten y esté destinada a satisfacer las nece-
sidades de la población y no objetivos autogenerados. Esto exige que
los funcionarios y empleados públicos se hagan cargo de la dignidad
que representa el hecho de estar al servicio de sus conciudadanos.
Cada uno de ellos debe tener su propia esfera de libertad, de decisión
y acción, pero con la responsabilidad consiguiente por el mal ejercicio
de esa libertad.
También, la revisión institucional debe incluir el perfecciona-
miento del orden jurídico y la modernización de la administración de
justicia. Debemos prestar especial atención a las deficiencias técnicas

- 191 -
de las normas que dictan los diferentes órganos del Estado que pro-
ducen superposiciones, contradicciones, lagunas e imprecisiones que
generan una considerable inseguridad jurídica y dan lugar a una ex-
cesiva cantidad de procesos judiciales evitables.
Debemos hacer a la administración de justicia más ágil y más
accesible a todos los sectores de la población, incluyendo a los de me-
nores recursos, de manera que todos ellos tengan la posibilidad de
obtener una solución pacífica y satisfactoria de sus conflictos. En fun-
ción de estos objetivos debemos estudiar la implantación de la orali-
dad, sobre todo en el proceso penal, favoreciendo así la publicidad,
inmediación y rapidez de la tarea de administrar justicia.
También se debe analizar la posibilidad de establecer juzgados
vecinales para atender cuestiones contravencionales y causas civiles
de menor cuantía, con el mínimo de formalidades que sean compati-
bles con el debido proceso y con el menor costo posible para los invo-
lucrados. Asimismo, deben completarse los estudios sobre la reforma
del Ministerio Público, de modo que éste constituya un cuerpo orgá-
nico capaz de controlar en forma sistemática el ejercicio de las accio-
nes judiciales.
Por último, se debería concluir el análisis de la competencia de la
Corte Suprema de Justicia de la Nación, de forma que la cabeza del
Poder Judicial pueda concentrarse en cuestiones de mayor trascen-
dencia institucional.
Es posible, como dije, que algunos de los aspectos de esta reno-
vación institucional requieran una reforma constitucional. Por eso me
he dirigido oportunamente al Consejo para la Consolidación de la
Democracia, solicitando el asesoramiento sobre la plausibilidad de esa
reforma. (Aplausos.)
Se puede sostener que esa reforma es inoportuna en un momento
en que subsisten divergencias sociales como consecuencia de secuelas
del pasado y de situaciones coyunturales.
Pero también es posible pensar que un debate racional, amplio y
abierto sobre los grandes principios y procedimientos de nuestra or-
ganización institucional, lejos de ser divisivo, sirva para poner de
manifiesto una profunda convergencia de la mayoría del pueblo ar-
gentino y de sus expresiones político-sociales, constituyéndose así
una amplia base de consenso para encarar todos juntos las transfor-

- 192 -
maciones estructurales que son necesarias aun para resolver los pro-
blemas que hoy a veces, ocasionalmente, nos dividen.
Honorable Congreso: nuestro empeño en disolver las dicotomías
pasadas, como requisito para fundar una democracia estable, nos lleva
también a tomar por las astas una de las situaciones que más han
influido para crearlas. Me refiero a las históricas tensiones entre la
ciudad de Buenos Aires y el interior del país, derivadas de la macroce-
falía y el hegemonismo del gran puerto.
Hemos tomado por ello la iniciativa de promover el traslado de la
Capital Federal a la zona de Viedma y Carmen de Patagones (aplausos
prolongados), en una resolución orientada en parte a resolver aquel viejo
desequilibrio histórico entre las provincias y la urbe porteña y, en par-
te, a cumplir la tarea tan largamente demorada de ocupar humana y
económicamente nuestros vastos espacios meridionales.
Con este traslado se aspira a que el país emprenda por fin su
gran marcha pendiente hacia el Sur, en una epopeya de desarrollo y
creatividad que evoque, por sus proyecciones, la cumplida por nues-
tros abuelos en la pampa húmeda. También aquí se puede decir que
todo esto es inoportuno, que no se puede soñar con epopeyas transfor-
madoras del país, cuando están pendientes de solución, los dramáticos
problemas cotidianos del sueldo que no alcanza o de las excesivas tasas
de interés. (Aplausos.)
Pero la historia no ofrece ejemplos de soluciones estables para
los problemas inmediatos que no estén insertas en un gran proyecto
unificador de voluntades. Los pueblos sólo avanzan impulsados por
una conciencia común de desafío y en este sentido es hoy más que
oportuno responder a las urgencias inmediatas y a las grandes penu-
rias que padece el pueblo argentino con un llamado reformular glo-
balmente nuestra vida comunitaria.
El eventual traslado de la Capital Federal no tendría sentido co-
mo una medida aislada; en ese caso sería expresión de un mero volun-
tarismo que no tendría mayores efectos en la estructura organizativa
y productiva del país. Ese traslado debe verse como parte de un pro-
grama integral dirigido a producir un desarrollo equilibrado y equita-
tivo de las distintas regiones del país, propendiendo a una materiali-
zación genuina del federalismo y de la descentralización del poder
político, económico y social.

- 193 -
Es evidente que ese desarrollo armonioso de todo el país requie-
re revertir la nociva tendencia histórica hacia el crecimiento gigan-
tesco de la zona que rodea al puerto de Buenos Aires a costa de la
despoblación y el empobrecimiento del resto del territorio nacional.
El crecimiento de la actual Capital generó una desmesurada megaló-
polis que fue gradualmente invadiendo, paralizando o distorsionando
las fuerzas del país; ha significado, en los hechos, una deformación del
sistema político nacional y del núcleo de creencias y conceptos fun-
damentales que dieran origen a nuestra Nación.
La reversión de esa tendencia debe tomar en cuenta los derechos, las
necesidades y las aspiraciones de cada una de las provincias argentinas.
Pero cada una de ellas se beneficia con el progreso de las demás,
y hay una región del país que ofrece enormes posibilidades de multi-
plicación de los esfuerzos que en ella se inviertan: ella es la Patagonia.
(Aplausos.)
El avance hacia el Sur, hacia el mar y hacia el frío permitirá ex-
plotar sus inmensas riquezas en beneficio del conjunto del país. Nos
hará tomar mayor conciencia de que debemos ser un pueblo oceánico,
de cara al Atlántico, tanto en el marco productivo como en el energé-
tico y el de la investigación científica.
El traslado de la Capital al sur del país se inscribe, entonces, de-
ntro de un plan general de desarrollo patagónico que debe incluir
también las obras de infraestructura necesarias, el asentamiento de
pobladores en distintas áreas, la explotación de las riquezas mineras,
la integración vial, la construcción de puertos, la instalación de indus-
trias y el aprovechamiento de las posibilidades turísticas que brinda la
región.
Los gastos que impliquen el traslado constituyen en verdad una
inversión reproductiva, cuyos beneficios se harán sentir en todos los
planos de la vida nacional, comenzando por el económico.
En relación con la financiación del proyecto, cabe consignar que
sólo requerirá la existencia de un capital rotativo, recuperable en fun-
ción de la modalidad operativa que se aplicará.
En tal sentido se ha previsto en el proyecto que toda el área del
distrito federal estará sujeta a expropiación e, indudablemente, tal
previsión deberá ser llevada a cabo inexorablemente, ya que no cum-
plimentar este requisito significará promover la especulación en per-
juicio de toda la comunidad. (Aplausos.)

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De los conceptos que anteceden se deduce que sancionada la ley
de traslado de la Capital, deberá ser expropiada inmediatamente la
tierra destinada al ejido urbano así como áreas puntuales asignadas a
otros usos.
Es necesario, además, puntualizar cuáles son los roles que co-
rrespondan al Estado en la concreción del proyecto de relocalización
y cuáles son los que deberá asumir el sector privado.
El Estado tendrá obligatoriamente a su cargo las obras corres-
pondientes a la infraestructura de servicios de la ciudad, los edificios de
los organismos que se trasladen, viviendas para funcionarios y equipa-
miento educacional y sanitario; a su vez el sector privado asumirá la
realización de todas las obras correspondientes a sus actividades; co-
mercios, finanzas, oficinas, estudios profesionales, esparcimiento y cul-
tura, abastecimiento, industria de servicios, espectáculos públicos,
exposiciones, núcleos habitacionales y hotelería. Cabe recordar que,
además, todas las naciones tendrán las sedes de sus representantes en
la nueva capital, lo que implicará la inversión correspondiente por par-
te de cada una de ellas.
La intervención del sector privado implica la adjudicación de tie-
rras para materializar sus proyectos, que se efectivizará a través de
un sistema de venta por parte del Estado que incluirá la plusvalía
generada por la inversión estatal, de modo tal que retorne a la comu-
nidad la inversión que la misma ha realizado a través de las obras
construidas por el sector público.
El traslado significará, además, la posibilidad de desprenderse de
inmuebles ubicados en distintos sectores de la actual Capital, que hoy
están ocupados por personal que se radicará en la nueva sede, lo que
ofrece una posibilidad de recupero extra que contribuirá también a la
financiación necesaria.
En todo esto, por otra parte, está presente el enorme efecto mul-
tiplicador que genera la construcción, lo que reactivará en forma sig-
nificativa múltiples industrias que participarán en la materialización
de la nueva Capital, sin necesidad de importación alguna.
Pero el beneficio mayor que esperamos es el provecho espiritual
de ofrecer nuevas fronteras mentales a los argentinos. Pensamos so-
bre todo en los más jóvenes y en la posibilidad de presentarles nuevas
alternativas de vida, frente a la rutina mediocre y al consumismo in-
satisfecho que muchas veces se les presenta como el único destino

- 195 -
posible. (Aplausos.) Queremos despertar en ellos el espíritu pionero, el
espíritu de aventura, para que muchachas y muchachos vayan a ex-
plorar nuevas tierras y conquistar pacíficamente espacios, para fundar
familias y criar hijos en un ámbito en que el horizonte lo trace la pro-
pia voluntad.
Pero aún hay otras consecuencias. Hemos heredado un aparato
estatal sobreburocratizado, con vastas áreas de personal en las que la
asunción corporativa de sus propios intereses tendía a prevalecer so-
bre la funcionalidad de su papel como servidores públicos.
Con un volumen en continuado aumento, como producto en par-
te del clientelismo político y en parte del desarrollo alcanzando tam-
bién en este sector por mecanismos de autodefensa corporativa que
impedían racionalizar su labor, la administración pública cobró di-
mensiones que desbordan su propia función, restando eficacia al Es-
tado y determinando un progresivo desplazamiento de fuerza laboral
a sectores no productivos con grave perjuicio para la economía global
del país.
Hemos emprendido en este terreno una acción orientada a rever-
tir aquel proceso de burocratización, en términos compatibles con la
justicia social y con una línea de principio que descarta el desempleo
como una solución económica moralmente aceptable.
Con el congelamiento de vacantes logramos inicialmente estabi-
lizar el volumen del personal adscrito al Estado, poniendo término a
su histórica tendencia al crecimiento y a partir de septiembre de 1985
este esfuerzo comenzó finalmente a traducirse en una efectiva y pro-
gresiva reducción del sector público. Entre el mes señalado y marzo
último, las bajas han superado las altas en un total de aproximada-
mente quince mil agentes.
La decisión del traslado de la Capital no es una iniciativa
autocontenida, sino que forma parte de un proyecto más amplio de
reforma del Estado y es una manifestación de la voluntad de trans-
formación y modernización de la Argentina.
El cambio de la sede geográfica del principal centro de decisiones
del país tiene evidentes consecuencias espaciales, tanto en lo referente
a la relocalización de las actividades de los actores políticos, sociales y
económicos, como en la inevitable evolución de sus interrelaciones.
Dos rasgos adicionales deben subrayarse todavía: primero, que este
traslado no es un cambio evolutivo, incremental, sino una deliberada

- 196 -
y decisiva discontinuidad histórica, que cambia bruscamente la fiso-
nomía del país al remover la localización de su nudo decisorio funda-
mental. Por último, que esta discontinuidad en lo espacial, en sentido
amplio, se producirá seguramente, cualquiera sea la forma en que se
efectúe la mudanza.
Menos evidente, pero tal vez más importante todavía, es que el
traslado también puede ser la ocasión que haga posible lograr un sal-
to cualitativo en las pautas de funcionamiento del Estado y en los
niveles de rendimiento y compromiso de su administración. Muy par-
ticularmente en lo que hace al desempeño del gobierno, entendiendo
como tal al ámbito de definición de políticas y de gestión estratégica.
Sucede que éste no es un resultado que deba obtenerse necesariamen-
te a partir de la realización del traslado, sino que pueda ser obtenido
si, y solamente si, la decisión del traslado lo incorpora y jerarquiza
como objetivo y, entonces, para lograrlo, éste se encara y realiza de
manera que lo trasladado sea distinto que lo que queda y no una
muestra representativa de la administración actual. (Aplausos.)
De otro modo, resignándose a que cada traslado consista en un
desplazamiento de un paquete de “los mismos” para “hacer lo mismo”
en la nueva Capital, sólo se lograría como resultado una costosa re-
producción en Viedma de los defectos y fallas de la administración
que ya tenemos en donde estamos. (Aplausos.)
Por eso, solamente definiendo cómo se quiere que opere el nuevo
Estado, su gobierno y su administración pública, para el conjunto de
funciones que se decida trasladar a la nueva Capital, será posible di-
señar un esquema administrativo adecuado para desempeñarlas, con-
centrando allí los mejores elementos e instrumentos para asegurar el
éxito de la operación, aprovechando al máximo como oportunidad –y
no como obstáculo a superar– el hecho de la discontinuidad espacial
determinado por la mudanza, y tratando de extender la discontinui-
dad al ámbito de las malas prácticas y las viejas rutinas. Es decir, bus-
cando que el traslado de una sede a la otra coincida, también, con el
paso de una cultura administrativa mediocre, vetusta e impotente, la
de la “elusión de la responsabilidad”, a una nueva cultura administra-
tiva tecnológicamente modernizada, pero modernizada también en
materia de compromiso democrático, capacidad intelectual, solvencia
profesional y espíritu de cuerpo. (Aplausos.)

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Aclaremos de paso, de modo de no generar incertidumbre injus-
tificada en el personal, que los traslados a la nueva sede de ninguna
manera serán compulsivos.
Honorable Congreso: no podemos olvidar que este mensaje in-
augural de un nuevo período de sesiones legislativas coincide con el
día de los trabajadores. Sé que este escenario tan solemne está rodea-
do de un escenario mayor cuyo signo distintivo es el de los grandes
esfuerzos que vienen realizando los trabajadores argentinos en su
lucha por afrontar la crisis económica que vive el país. (Aplausos.)
Yo sé –con un saber doloroso y cargado de angustia– cuánta
razón tiene hoy cada obrero, cada empleado, cada trabajador de la
administración pública en su reclamo frente a una situación económi-
ca que lo agobia.
Sé que todo ese sacrificado esfuerzo es ya parte de la epopeya de
la reconstrucción. Con el decisivo respaldo de ese tesón popular, em-
prendimos el año pasado un profundo plan de reforma económica
cuyo primer paso fue la estabilización de nuestra moneda tras un lar-
go período de vértigo inflacionario que no tiene precedentes en la
historia argentina.
Hemos cumplido con éxito este ciclo y nos toca ahora –al gobierno
y al pueblo– la tarea de articular la estabilidad con el crecimiento. La
estabilidad vale en la medida en que esté preñada de desarrollo y de
bienestar futuro.
De hecho, ya estamos asistiendo a un principio de reactivación.
Tras los abismos de depresión que conocimos en los últimos años y
que se mantuvieron en las primeras etapas del plan estabilizador, los
indicadores económicos han comenzado ahora a vibrar como sensores
augurales de un incipiente, pero ya claramente reconocible, despertar
económico y, finalmente, estamos reabsorbiendo la recesión.
Pero este proceso de recuperación ya en marcha tiene sus leyes y
sus requisitos que no pertenecen sólo a la fría mecánica de los merca-
dos, sino que incluyen también actitudes humanas; expectativas, sue-
ños, creencias, emociones de los hombres. El crecimiento objetivo se
nutre de la confianza en la posibilidad de lograrlo.
Podemos tener todo el éxito del mundo en la creación de las
condiciones objetivas para que la mecánica del mercado funcione en
dirección al crecimiento, pero éste no se producirá aún en esas condi-

- 198 -
ciones objetivas si no van acompañadas por un estado de conciencia
popular que impulse con convicción lo que se está haciendo.
Un proceso de reactivación incipiente como el que ya exhiben los
indicadores económicos en la Argentina cobra fuerza y multiplica sus
posibilidades de continuidad a partir de la conciencia que tenga de él
la población. Bloquear esta conciencia significa bloquear aquella con-
tinuidad, generar expectativas recesivas frente a un proceso real de
recuperación significa trabar este proceso.
De ahí la enorme responsabilidad que cabe a todas las fuerzas
políticas, a este Parlamento, a los medios de difusión y a todos los
comunicadores del país en la tarea –en estos momentos– vital de evi-
tar interferencias que impidan traducir la realidad de la recuperación
en conciencia popular de la recuperación, la realidad de una salida ya
a la vista, en esperanza popular de alcanzarla.
Estamos en una encrucijada decisiva de nuestra historia. Llega-
dos a ella, tengamos honesta y clara conciencia de que cualquier des-
moralización popular puede llevarnos a recorrer el camino de la
regresión.
En esa búsqueda de mayor participación popular es imperioso
impulsar un debate profundo sobre el sistema vigente de relaciones
de trabajo, severamente criticado por trabajadores y empresarios en
infinidad de oportunidades.
Nuestro gobierno sostiene que el sistema de relaciones de traba-
jo resulta obsoleto porque fue concebido para afrontar las exigencias
de las primeras fases del desarrollo, y hoy se ve sobrepasado por las
transformaciones en curso en la organización productiva. Combina,
además, el paternalismo estatal con el autoritarismo represor de la
libertad sindical, en una conjunción que genera comportamientos
corporativos.
Modificar esta anacrónica concepción, supone una empresa tras-
cendente que involucra a obreros y empresarios.
La reforma, a la que aspiramos, tiende a reconvertir y democrati-
zar en forma armónica e integral el sistema de relaciones de trabajo, a
definir los nuevos instrumentos de legislación laboral exigidos por la
modernización del aparato productivo y a dotar de mayor eficiencia al
Ministerio de Trabajo y Seguridad Social.
Conocemos la susceptibilidad de algunos sectores frente a la re-
forma. Por ello, es necesario advertir una vez más que su inspiración

- 199 -
apunta a redefinir los roles de las fuerzas del trabajo y de la produc-
ción, y no a recortar su protagonismo. Se trata de racionalizar los
conflictos del trabajo, de desmontar las rigideces que traban el fun-
cionamiento de la economía y de ampliar el espacio de las garantías
contractuales, con base en la negociación colectiva, sin erosionar en
ningún caso los genuinos derechos de las fuerzas laborales. (Aplausos.)
Hemos convocado a discutir el nuevo sistema de relaciones de
trabajo a los empresarios, a los representantes políticos y sindicales y
a los especialistas en la materia. Trasladaremos luego a este Honora-
ble Congreso, las conclusiones de este debate para que, en uso de sus
atribuciones, disponga los alcances y el contenido final de la reforma.
Es importante que cada trabajador comprenda que buena parte
de los problemas que actualmente lo agobian derivan, no sólo de la
crisis económica, sino también de la menguada y limitada participa-
ción que las normas vigentes le acuerdan en lo que más le concierne:
la organización de su labor productiva. Las normas y las conductas
democráticas deben llegar también al mundo del trabajo. (Aplausos.)
Por esa aspiración han luchado generaciones de trabajadores en
todo el mundo y hoy, en esta tarea de construir la República, tiene que
estar presente en los corazones y las mentes de todos los argentinos.
La línea medular de nuestra acción apunta a superar una larga y
dolorosa era de dispersión nacional, en la que el concepto de Nación
como unidad que engloba y hermana a todos sus habitantes, se vio
diluido en formas políticas o sectoriales de autoconciencia facciosa.
En su momento, hemos formulado una convocatoria a diferentes
sectores políticos y sociales para que converjamos en un pacto de-
mocrático alrededor de las ideas rectoras de democracia participativa,
ética de la solidaridad y modernización de las estructuras de la socie-
dad argentina.
Hablar de democracia participativa implica, por cierto, valorar el
proceso democrático de toma de decisiones como la única forma legí-
tima de resolución de conflictos sociales. Pero la fórmula “democracia
participativa” va más allá de la referencia a los imprescindibles proce-
sos de elección de órganos representativos para complementarlos con
formas de democracia semidirecta en que los destinatarios de las deci-
siones participan en su formulación, lo que requiere una descentrali-
zación de los ámbitos en donde se toman esas decisiones.

- 200 -
Una de las formas de articular esa participación fue la constitu-
ción del Consejo para la Consolidación de la Democracia, integrado
por personalidades que se han distinguido por su actuación en diver-
sos partidos políticos o en el campo científico, cultural o profesional.
Honorable Congreso: tenemos que asegurar una respuesta soli-
daria a los problemas básicos de la vida. La salud ocupa en ese sentido
un lugar prioritario en nuestra acción de gobierno.
Y en ese campo las cosas no se arreglan con retoques. Es indis-
pensable un cambio profundo, audaz y posible.
El proyecto de Seguro Nacional de Salud que el Poder Ejecutivo
presentó ante el Congreso de la Nación es la respuesta a esta necesi-
dad compatibilizando la profundidad de la reforma buscada con la
evolución posible, natural, del sistema de salud existente.
Estamos convencidos de que el Seguro Nacional de Salud perte-
nece a esa clase de proyectos esencialmente democrático que busca
reunir e igualar, para vencer las viejas tendencias a separar y discri-
minar.
Esto quiere decir, un sistema que nos cubra a todos por igual,
que destierre la aberración que significa que haya argentinos con más
derecho a la vida que otros, a través de la existencia de obras sociales
pobres y ricas.
No se puede dudar de que la alternativa a este modelo llevaría a
consolidar los privilegios cristalizando las desigualdades del régimen
vigente.
Encontrar una solución al problema de la salud en nuestro país
no es como algunos creen sólo un problema de dinero. Es mucho más,
una cuestión de organizar mejor lo que ya tenemos, de acercar los
servicios al pueblo, de evitar una medicina que utiliza, a menudo,
técnicas superfluas y, sobre todo, de poner en esos servicios la pasión
humana y la comprensión indispensables sin las cuales la medicina
sólo es una ciencia abstracta.
En definitiva, el Seguro Nacional de Salud significa una propues-
ta de progreso social necesaria y posible en nuestra Argentina actual,
que busca una atención de salud más eficaz en su resultado social, más
eficiente en el uso racional de todos los recursos asistenciales, públicos
y privados y de las obras sociales; significa una propuesta descentrali-
zadora y federalista en cuanto jerarquiza el papel de las organizaciones
intermedias y de las provincias; y es una propuesta democrática porque

- 201 -
perfecciona las modalidades de participación de los trabajadores y la
igualdad de oportunidades de acceder al servicio de salud que cada
mujer y hombre de nuestro pueblo tienen. (Aplausos.)
Ya señalé meses atrás, al presentar el proyecto del Seguro Nacional
de Salud, que en la medida en que seamos capaces de llevar adelante esta
propuesta le estaremos dando todo su sentido vital a la democracia en un
área clave para nuestro desarrollo social.
Este afán transformador también adquiere un carácter imperati-
vo e inexcusable frente a algunas distorsiones sociales que por su
magnitud exceden al deterioro generalizado y constituyen una expre-
sión de inmoralidad inadmisible.
Es el caso de nuestro régimen de jubilaciones que prometió lo que
no pudo dar y que ahora se alza como un problema que demanda solu-
ciones de fondo y que convoca a todos al esfuerzo y a la imaginación.
El gobierno ha concluido ya los estudios para encarar una refor-
ma que ajuste el sistema a la realidad económica sin renunciar al pro-
greso y a la extensión de la seguridad social. El cambio apuntará a
asegurar una remuneración más justa dentro de las posibilidades
económicas y financieras reales. Será menos espectacular que el sis-
tema vigente, pero lo que hoy rige es una promesa, incumplida e in-
cumplible, es decir un engaño, y no puede admitirse que ésa sea la
respuesta consentida por la sociedad hacia aquellos que le entregaron
el esfuerzo de su laboriosidad. (Aplausos.)
La crisis y el cambio que todos buscamos nos urgen respuestas
imaginativas, novedosas, solidarias, para exteriorizar un propósito de
justicia social que no se agota en la adecuada distribución de los re-
cursos.
Así como el Programa Alimentario Nacional señala un rumbo
todavía necesario para atender a los más desprotegidos, mientras si-
multáneamente se trabaja para que pierdan definitivamente esa con-
dición; del mismo modo las compras comunitarias han abierto un cau-
ce que exterioriza la incalculable capacidad creativa de las acciones
solidarias.
Ese mecanismo, cuyo empuje y crecimiento está a la vista, ha de
revolucionar seguramente los sistemas de comercialización y exhibirá
cómo un recurso imaginado en circunstancias de dificultades y esca-
sez, puede convertirse en un factor de cambio permanente.

- 202 -
Honorable Congreso: no necesito subrayar hasta qué punto me
siento honrado por el hecho de que se celebre bajo mi Presidencia el
Congreso Pedagógico Nacional que está llamado a enfrentar un de-
safío tan grande como el que encaró hace ya más de un siglo la prime-
ra reunión de esa naturaleza.
Hoy como entonces, el país vive un momento crucial de su pro-
pio destino, urgido a emprender una profunda tarea de renovación
educativa exigida por la clausura de un ciclo histórico y la apertura de
otro en la vida nacional.
Como ya dije, aquel Congreso de 1882, al que fueron convocados
sin exclusiones pensadores y pedagogos de todas las corrientes, se
celebró con miras a elaborar una propuesta educativa ajustada a los
requerimientos de un país que acababa de ingresar a la etapa de su
autoconstrucción, tras el largo período de luchas civiles que precedie-
ron la unidad nacional.
Quienes se reunieron en ese encuentro representaban una gene-
ración pionera en la labor de dar forma a un país por cuya indepen-
dencia habían combatido sus padres y sus abuelos.
De las pautas establecidas por el Congreso Pedagógico de 1882
emanó una política que habría de dar a la Argentina el sistema educa-
tivo más avanzado de Latinoamérica.
Una instrucción pública multitudinaria, generosa, igualadora y
oportuna fue el resultado de aquellos impulsos progresistas, democrá-
ticos, que se plasmaron en la Ley 1.420 de Enseñanza Común, Gra-
tuita y Obligatoria, y posteriormente en la Reforma Universitaria.
(Aplausos.)
Con aciertos y errores, excesos y defectos, aquella educación fue
hija de la Constitución y madre de la prosperidad, la misma secuencia,
con los contenidos y valores de la contemporaneidad, constituyen la
tarea de hoy en día.
Serían errores equiparablemente graves concebir que la vertiente
del pensamiento pedagógico, predominante en aquellos debates, totalice
el acervo educativo, como sostener que sólo es genuinamente nacional la
tradición educativa y cultural cuyos puntos de vista no se impusieron.
Ambas fueron indispensables para que la Nación avanzara en aquella
encrucijada; ambas están presentes desde antes en nuestra historia y
convivieron después aportando lo mejor de sí para definir, en la noble

- 203 -
tarea de la formación de la niñez y la juventud, los perfiles de una Na-
ción plural, diversa, y por ello intelectual y espiritualmente rica.
Las inestabilidades y enfrentamientos que tuvieron por escenario
la educación y por protagonistas a los tradicionales veneros de nues-
tra cultura fueron estériles cuando desbordaron el cauce del disenso
constructivo; cuando cayeron en el recurso de negarse mutuamente
atributos de nacionalidad; cuando colocaron a la educación, en fin, al
servicio de la política o de la ideología, perdiendo de vista que éstas se
justifican sólo si están puestas al servicio del bien común.
Ya he sostenido que la unidad nacional es algo más que una me-
todología política para tiempos de crisis. Es la apelación a una textura
irreductible de nuestra patria. No alude a lo territorial, ni a lo mate-
rial ni a lo simbólico, ni a lo jurídico solamente, sino a todas esas di-
mensiones juntas y a la de los sentimientos de los habitantes. A ese
delicado terreno de la subjetividad de los pueblos en el que las nacio-
nes se concretan como realidades espirituales irrevocables o se des-
vanecen en fanatismos inconsistentes y sectarios.
Una nación que es vivida por su pueblo, que es sentida, entendi-
da y amada como un hogar común, tiene asegurada su unidad. Esa
unidad es más sólida y resistente si se reconoce esencialmente com-
puesta, plural en sus rasgos interiores, diversa y libre en sus expre-
siones representativas.
Los argentinos somos capaces de remontar la adversidad como
hermanos. La crisis que inclemente nos castiga, nos da a la vez una
oportunidad. Nuestra generación tiene a su cargo una responsabilidad
fundacional. Si los fantasmas de un pasado de decadencia nos invaden
para dividirnos, conjurémoslos contemplando las mejores realizacio-
nes de nuestra historia, y a los niños y jóvenes que no merecen otra
frustración.
Así como hace un siglo la naciente unidad nacional necesitó una
amplia reforma educativa para consolidarse, asimismo es hoy la de-
mocracia –con sus contenidos de tolerancia, de pluralismo, de respeto
por el disenso y de solidaridad social– la que necesita con igual grado
de urgencia una acorde acción pedagógica que asegure su arraigo en
la conciencia nacional.
La democracia ha sido establecida ya entre nosotros en su ver-
tiente institucional, pero para alcanzar su plenitud necesita desarro-
llarse también en el alma de los argentinos. Extinguiendo aquella

- 204 -
larga secuencia de irreductibles dicotomías que fue en el pasado una
fuente invariable de violencia, arbitrariedad, inmoralidad, injusticia y
prepotencia.
Los impulsos egoístas, individuales o sectoriales no resuelven los
problemas, los agravan. Investigar mancomunadamente la naturaleza
profunda de los males estimula, en cambio, una actitud altruista y soli-
daria que es, sí, una fuerza capaz de construir soluciones valederas.
Tenemos que aprender a convivir, a dialogar, a respetarnos los
unos a los otros, a discutir nuestras discrepancias en el marco de una
racionalidad común y bajo un firmamento de principios compartidos.
El Congreso Pedagógico está llamado, no a impregnar nuestro
sistema educacional de un determinado credo o una determinada co-
rriente de pensamiento, sino a implantar los comunes denominadores
que permitan la convivencia libre y mutuamente respetuosa de todos
ellos. (Aplausos.)
No hay democracia sin comunes denominadores, sin una sólida
base de valores, normas y principios compartidos que hagan de la
diversidad un estímulo al diálogo constructivo. Sin esta base común,
la diversidad sólo estimula la intolerancia y la violencia. La falta o la
debilidad de esta base fue responsable, en gran medida, del pasado
autoritario que hoy aspiramos a superar.
Y quiero subrayar aquí, como un hecho de enorme significación
simbólica, que los comunes denominadores cuya vigencia en nuestra
vida nacional figuran entre las finalidades del Congreso Pedagógico
Nacional, estuvieron presentes ya en la convocatoria de la asamblea.
La ley de convocatoria, en efecto, fue votada por la unanimidad
de los señores legisladores de ambas Cámaras del Congreso Nacional
en lo que puede considerarse el punto más alto de coincidencia ciuda-
dana, en torno de un debate insustituible. (Aplausos.)
Mucho camino nos queda por recorrer a los argentinos en este
imprescindible aprendizaje que nos fue vedado por las variadas for-
mas de despotismo que conoció el país en el último medio siglo. De
este sombrío período hemos heredado una tendencia a la pasividad y
un exceso de delegación en los poderes del Estado. ¡Qué importante
y significativo resulta ahora el hecho de que sea, precisamente la edu-
cación, el tema que ha de guiarnos en este entrenamiento! Comienza
así en la Argentina un proceso de interrelación del que la participa-

- 205 -
ción será, a la vez, el objetivo y la sustancia, la meta, el punto de par-
tida y el camino.
Consultándonos unos a otros, entre todos constituiremos el
campo fértil para las innovaciones y propuestas renovadoras que tan-
to anhelamos, pero que tan trabajoso resulta concretar.
Honorable Congreso: el crecimiento es una condición ineludible
para el mantenimiento de la estabilidad en un horizonte de largo pla-
zo. Los avances logrados en la lucha contra la inflación deben ser
proseguidos, en consecuencia por una política clara y definida en fa-
vor del crecimiento.
En la concepción que nos anima, la política de crecimiento des-
cansa sobre la reindustrialización del país y la expansión de las ex-
portaciones. Expresión de esta convicción ha sido la decisión de reu-
nir ambos objetivos dentro de un mismo ámbito administrativo, en la
Secretaría de Industria y Comercio Exterior.
El gobierno nacional está empeñado en llevar adelante un proce-
so de reindustrialización que combine, tanto la recuperación y mo-
dernización del patrimonio industrial, como la incorporación de nue-
vos sectores de alta tecnología, capaces de generar un incremento de
la producción y de la productividad, no sólo por su propia capacidad
sino, fundamentalmente, por su capacidad para difundir hacia atrás y
hacia adelante, hacia los sectores existentes, mejoramientos tecnoló-
gicos que generen fuertes aumentos de productividad en el conjunto
de la economía.
Un capítulo no menos significativo del proceso de reindustriali-
zación es el fortalecimiento de aquellas actividades en condiciones de
proveer los insumos adecuados al sector agropecuario y aumentar así
sus progresos productivos. La tecnología quedará así ligada al desa-
rrollo del sector agropecuario en el mediano plazo y será el eslabón
entre una industria y un agro decididamente complementarios.
Aspiramos también a una industrialización más abierta, que arti-
cule las demandas del mercado interno con las del mercado interna-
cional, a fin de retomar el proceso de apertura exportadora iniciado
en los primeros años de la década del ’60 y que quedara trunco por la
política anti-industrial puesta en marcha en 1976. La reinserción de
las manufacturas argentinas en los mercados internacionales permi-
tirá dar forma a un círculo virtuoso de “mayores exportaciones y me-
jores importaciones”, que garantice un balance positivo de divisas

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para la industria. Un elemento clave para este proceso de apertura es
la búsqueda de asociaciones estrechas, aunque no excluyentes, con
otras naciones que han alcanzado grados de desarrollo y niveles de
ingresos compatibles con la Argentina, en particular, con el área de
los países de América Latina.
La estrategia de reindustrialización que proponemos es, a la vez,
ambiciosa y realista. Es ambiciosa porque intenta incorporar activa-
mente a la industria argentina a la decisiva etapa de cambios tecnoló-
gicos de nuestra época. Y es realista porque tiene como meta la nece-
saria competitividad de todas las actividades industriales, porque re-
conoce la urgencia de ganar mercados externos y desarrollar ventajas
comparativas futuras sobre la base de la especialización, porque no
desconoce la interdependencia existente entre las distintas activida-
des, a fin de desarrollar un aparato productivo moderno y eficiente,
porque, en fin, no resigna el papel central que juega el mercado inter-
no como plataforma de lanzamiento de nuevos productos y creación
de nuevas actividades.
Estas definiciones sobre la industrialización se complementan
con nuestro compromiso de estímulo a las exportaciones. Hoy no
existe Nación en el mundo que no entienda que, para proveerse de las
materias primas, insumos, bienes de capital y tecnología, que son ne-
cesarias para un desarrollo, es imprescindible vender al exterior, y
también que para vender se impone comprar más.
Estas verdades elementales tienen para nosotros una significa-
ción adicional. Es la que resulta de la necesidad de hacer frente a los
compromisos externos y superar, al mismo tiempo, las trabas al cre-
cimiento derivadas de la transferencia de recursos al exterior.
Este doble significado que tiene la expresión de las exportacio-
nes ha llevado al gobierno nacional a hacer de ella uno de los pilares
de la política de crecimiento. Estamos convencidos de que es una ne-
cesidad vital para una Argentina que quiere capitalizar su economía,
introducir nuevas tecnologías, mejorar su eficiencia y competitividad
y, en definitiva, elevar el bienestar de su población, potenciar las im-
portaciones y las inversiones a ellas asociadas.
Consistentemente con estas definiciones, se ha puesto en marcha
una serie de iniciativas, entre las que pueden señalarse: la implemen-
tación de los programas especiales de exportación; los nuevos crite-
rios en materia de promoción industrial; las líneas crediticias a bajas

- 207 -
tasas de interés para equipamiento de pequeñas y medianas empresas;
la rebaja masiva practicada sobre retenciones a la exportación a la
producción de carácter regional; la eliminación de incertidumbres
cambiarias en los proyectos de inversión con destino a la exportación;
la creación de mecanismos de movilización de recursos externos con
destino a la inversión; y la instrumentación de formas de acercar la
comunidad científico-tecnológica a la actividad empresarial, tal como
ocurre en todos los países del mundo desarrollado.
La respuesta que han tenido algunas de las iniciativas menciona-
das por parte del sector empresario, no pudo ser más auspiciosa. Po-
demos afirmar hoy que cuando hay un clima adecuado, hay voluntad
de invertir. Y que cuando se ofrecen los mecanismos idóneos esta
voluntad se traduce en proyectos concretos.
Ello nos afirma en la confianza que depositamos en la inversión
privada dentro de la recuperación del crecimiento nacional. El go-
bierno está decidido a apoyarla hasta el límite de las posibilidades que
fijen sus recursos. Pero no debe haber confusión a este respecto. Ni
los subsidios ni la inversión pública pueden sustituir las iniciativas
privadas de inversión.
Aspiramos, pues, a que en los empresarios se reanime el espíritu
de riesgo y de innovación para explorar las oportunidades que abre el
nuevo clima económico que vive el país.
En cuanto a las empresas públicas, se imponen tratamientos dife-
renciados, teniendo en cuenta sus distintas características.
Además de la transferencia al sector privado de algunas, lo que
permitirá al Estado obtener recursos que hagan posible retomar la
acción impulsora de sectores industriales de avanzada, cuya carencia
o inadecuado desarrollo nos separa hoy de los países más adelantados,
en lo que hace a las grandes empresas de servicios públicos y otras
grandes empresas del Estado, se modificarán los aspectos que han
sido diagnosticados como causas de un funcionamiento inadecuado.
En este sentido se promoverán reformas estructurales y norma-
tivas, que permitan que dichas organizaciones funcionen de acuerdo a
pautas de gestión empresaria.
Estas transformaciones son condiciones necesarias para obtener
la satisfacción de los usuarios, la motivación del personal y la actua-
ción de las empresas, de acuerdo con las políticas del gobierno.

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Una dificultad adicional –y no por cierto menor– que debemos
afrontar en la reconstrucción del país es la derivada de las políticas
proteccionistas que siguen con respecto a su agricultura, las mayores
potencias industriales del mundo. Esta protección excesiva genera
cuantiosos excedentes que son volcados al mercado internacional a
precios muy inferiores a sus efectivos costos de producción, despla-
zando de sus mercados tradicionales a países productores eficientes,
como Argentina, y provocando una caída generalizada de precios.
Un solo ejemplo basta para mostrar el efecto negativo de esas
políticas proteccionistas sobre la economía argentina: en el año 1985
el volumen de granos, aceites y subproductos exportados fue 94 por
ciento mayor que en 1980, sin embargo, esta casi duplicación de las
exportaciones, se tradujo en un incremento de apenas un 40 por cien-
to en los ingresos de divisas, pues los precios de los productos se re-
dujeron en un 28 por ciento con respecto a 1980. Las perspectivas
para 1986 son igualmente sombrías, pues, a una baja aún más acen-
tuada de los precios, siempre como consecuencia de las mismas cau-
sas, se sumará una disminución de los saldos exportables provocada
por condiciones climáticas adversas.
La Argentina, en distintas oportunidades, ha reclamado y conti-
nuará haciéndolo con la convicción que nace de una causa justa, su
derecho a producir y a colocar sus exportaciones a precios razonables,
condenando toda práctica comercial que contribuya a la caída artifi-
cial de los precios de las materias primas.
Deseo en esta materia ser suficientemente explícito. Argentina
no cederá espacios en los mercados mundiales. Por más dura que sea
la coyuntura actual no hemos de cejar en la defensa de nuestro dere-
cho a participar en el mercado mundial al que abastecemos desde hace
más de un siglo. (Aplausos.) No hemos de permitir que la guerra mun-
dial hoy desatada en el comercio de granos y de carnes, cree una
atmósfera de pesimismo sobre las dificultades de la agricultura y de la
ganadería como fuentes del crecimiento económico argentino. Acep-
tar tal proposición sería un grave y costoso error, similar al que se
incurrió hace varias décadas, cuando la crisis de los años treinta, pri-
mero, y las dificultades comerciales durante la Segunda Guerra Mun-
dial, quebraron la confianza de la sociedad argentina en la agricultura
como factor de crecimiento. No repetiremos ese costoso error.

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A lo largo de las dos últimas campañas, el precio promedio de
nuestras exportaciones de cereales y oleaginosos ha caído en alrede-
dor del 30 por ciento. Con el fin de atemperar el efecto de esta caída
originada en los excedentes productivos mediante subsidios por los
países industrializados, nuestro gobierno siguió una activa política,
aumentando el tipo de cambio que creció en alrededor del 15 por
ciento en igual período.
Sin embargo, los precios netos a nivel de productores disminuye-
ron en un 27 por ciento, esterilizando así, en su casi totalidad, el es-
fuerzo realizado en el terreno cambiario. Este resultado anómalo se
debió a que en igual período los costos de intermediación de servicios,
es decir, comercialización, transporte, almacenamiento, gastos de
embarque, crecieron en aproximadamente un 9 por ciento.
Esta situación, que no admite sino una opción, debe movernos a
realizar con energía, creatividad e inteligencia la reforma del sistema
de comercialización de nuestras cosechas, para minimizar la diferencia
entre el precio de exportación y el precio recibido por el productor.
El ingreso del agricultor también se ve afectado por la existencia
de impuestos a la exportación. El gobierno nacional mantiene esta
forma de tributación en forma transitoria y en razón de la grave si-
tuación de crisis económica que atraviesa la República. El Poder Eje-
cutivo ha manifestado explícitamente su vocación para llegar a la
eliminación de estos impuestos. Así se lo ha expresado en los funda-
mentos del anteproyecto de ley de reforma impositiva agropecuaria al
que enseguida me referiré.
Sin embargo, y mientras se elabore la solución de fondo, deseo
manifestar a Vuestra Honorabilidad que el Poder Ejecutivo, en aten-
ción a la crítica situación de la agricultura, ha reducido sus ingresos
fiscales provenientes de retenciones presupuestadas para el ejercicio
de 1986 en un monto aproximado de 350 millones de australes.
En la misma línea de pensamiento, se ha decidido establecer un
nivel de retención del 15 por ciento similar para todos los cultivos
pampeanos de la cosecha 1986/87, sin perjuicio de la ejecución de
programas especiales cuando las circunstancias lo hicieran indispen-
sable. Esta reducción entre los niveles actuales y el proyectado del 15
por ciento representará una reducción adicional de alrededor de 280
millones de australes.

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El gobierno está persuadido de que las retenciones a la exporta-
ción agropecuaria constituyen una rémora de la Argentina que hemos
de modernizar. Es con tal convicción que hemos remitido al Honora-
ble Congreso, para su consideración en sesiones extraordinarias, un
proyecto por el cual se sustituye el pago de los impuestos a las ga-
nancias y a los capitales, por otro basado en el valor venal de la tierra.
Así se logran conciliar varios objetivos de extraordinaria impor-
tancia a nuestro juicio: por un lado se simplifica el sistema tributario;
por otra parte, al transformar el impuesto sobre los capitales en pago
fijo, se estimula la inversión en el agro, posibilitando así aumentos de
productividad y de producción y, finalmente, se asegura el objetivo
fiscal a través de un padrón de tributación basado en la propiedad de
la tierra. Por otro lado, el país tendrá por primera vez en su historia,
un inventario actualizado del recurso “tierra”, su distribución, su ca-
pacidad potencial de uso y su uso efectivo. Estos elementos, indispen-
sables para diseñar el país moderno que deseamos construir, estarán
disponibles en un plazo prudencial.
También el sector “ganados y carnes” sufre las consecuencias de
la grave crisis de superproducción impulsada por cuantiosos subsi-
dios. Nuestra respuesta a este problema estará en parte dada por la
modificación de la Ley de Carnes que próximamente el Poder Ejecu-
tivo remitirá a consideración de Vuestra Honorabilidad, y mediante la
cual la Junta Nacional de Carnes podrá actuar con mayor intensidad
en la comercialización externa e interna de nuestras carnes, atenuan-
do el efecto de los ciclos y promoviendo un ordenado crecimiento de
esta actividad madre.
Honorable Congreso: durante el último período parlamentario
ha tenido lugar un acontecimiento de trascendencia para el mundo y
el futuro institucional de la República. Me refiero a la culminación del
proceso ordinario seguido a quienes fueron imputados oportunamente
por el Poder Ejecutivo como máximos responsables de gravísimas
violaciones a los Derechos Humanos.
El proceso, casi sin precedentes históricos, fue conducido por
jueces probos e independientes y tiene un contenido ejemplificador
que ha despertado admiración en todo el mundo, al comprobar cómo
el pueblo argentino, que se había asomado al abismo, supo reconocer
límites éticos y jurídicos que no pueden ser sobrepasados en un esta-
do de derecho.

- 211 -
Procesos similares están en curso contra quienes son acusados de
haber conducido un terrorismo cruel, irracional y sectario que desen-
cadenó la represión ilegal, y contra otros responsables de esta última.
Con el propósito de acelerar la etapa de juzgamiento en los tri-
bunales correspondientes, el Ministerio de Defensa impartió instruc-
ciones al Fiscal Militar, en conocimiento de la necesidad política y
social del país y, como no podía ser de otra manera, en el marco de las
disposiciones legales relacionadas con las distintas responsabilidades
generadas en el dictado y ejecución de los actos de represión.
Esas instrucciones, dispuesta de acuerdo con el artículo 86, inci-
sos 2 y 15 de la Constitución Nacional, se han dado con el más absoluto
respeto del sistema constitucional, acatando las decisiones dictadas o a
dictar por los señores jueces en ejercicio de sus funciones judiciales
–artículo 95 de la Constitución Nacional– en el marco de sus propias
competencias –artículo 100 de la Constitución Nacional– (Aplausos).
Las instrucciones del señor Ministro de Defensa se dan en el
ejercicio de funciones propias del Poder Ejecutivo, que tiene la obli-
gación de velar por las instituciones de la República, y que en nada
menoscaban ni limitan la facultad exclusiva del Poder Judicial de co-
nocer y decidir todas las causas pendientes, conforme a su propia in-
terpretación de la Constitución y leyes vigentes, y en las amplias fa-
cultades de revisión que le son propias.
Se trata de acelerar procesos -que debido a la demora de su trámi-
te- constituyen una denegación de justicia, tanto para las víctimas de
los hechos denunciados como para los propios acusados.
Con la misma intención se darán también instrucciones para que
se procese a quienes, prima facie, no podían ampararse en la obedien-
cia debida, presuntamente por haber tenido capacidad decisoria, haber
conocido la ilicitud de las órdenes y haber cometido hechos atroces y
aberrantes. (¡Muy bien! Aplausos)
Con la aceleración de la etapa administrativa de los procesos esta-
remos contribuyendo a que la sociedad argentina en su conjunto gire
su mirada hacia el futuro, y todos, sin distinciones, porque todos se han
templado en el dolor y el sacrificio de los años oscuros, tiendan la mano
fraterna en la tarea común de reconstruir la Nación. (Aplausos)
Honorable Congreso: la situación de creciente convulsión regional
y universal por la que estamos atravesando nos obliga a reflexionar

- 212 -
sobre nuestra identidad, nuestra condición y nuestra ubicación en el
presente momento histórico.
Muchas veces hemos dicho que pertenecemos, con una identidad
propia, al universo social, político y cultural de Occidente. Esa perte-
nencia –lo he sostenido y quiero reiterarlo en este eminente ámbito–
no es el mero resultado de los azares de la geografía o de las inercias de
una situación heredada y aceptada pasivamente. No lo es, en primer
lugar, porque Occidente no es una zona geográfica sino una configura-
ción histórica. Dentro de la historia universal de la que formamos par-
te, significa ante todo un tipo particular de civilización, un modo es-
pecífico de pensar y organizar la política, la sociedad y el crecimiento.
En efecto, es en Occidente donde surgió una sociedad susceptible
de examinar y poner en tela de juicio sus propias instituciones –aun
las que parecían más intocables y sagradas– y de discutir lo bien o
mal fundado de sus decisiones. En Occidente nació una sociedad ca-
paz de juzgarse y acusarse a sí misma.
Valores como legitimidad del cambio, afirmación de la autonomía
de los hombres respecto de sus acciones, no aceptación pasiva de las
injusticias, socavaron decisivamente la creencia en el carácter inmu-
table de las estructuras sociales y generaron la posibilidad del pro-
greso histórico, visto no sólo como desarrollo tecnológico –como
dominio por el hombre de la naturaleza– sino también, y sobre todo,
como proceso creciente de extensión del goce de esos cambios, a to-
dos los sectores de la población, ya que nadie puede sentirse excluido
de los mismos por una pretendida determinación natural.
Así entendida, la civilización de occidente –como dijimos– no
puede ya ser considerada –y desde hace mucho– como una entidad
geográfica: esos valores se dispersaron por el mundo y buena parte de
lo que espacialmente es hoy Oriente, como también nuestra América
Latina, junto con millones de seres, desperdigados por todos los rin-
cones del planeta, pertenecen a ella.
Pero, claro está, que Occidente no ha creado sólo eso, no ha seguido
cristalinamente esas líneas ideales. Seríamos ingenuos si así lo creyése-
mos. Porque Occidente es, asimismo, el lugar sociohistórico donde se
han desarrollado formas particularmente inhumanas de explotación
económica, sobre todo en las diferentes etapas de nacimiento, expansión
colonial y posterior consolidación imperialista del capitalismo.

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Es en Occidente donde se han instaurado y reinaron por décadas
los totalitarismos, fascista y nazi. En todas partes el hombre ha sido
capaz de una infinita crueldad; pero Auschwitz, Buchenwald, el “Gue-
to” de Varsovia, nos recuerdan que en Occidente esa crueldad ha
podido ser llevada a horrorosos extremos. En fin, Occidente fue tam-
bién, en el curso de este siglo, el foco inicial de las dos guerras más
sangrientas de la historia.
Pero al mismo tiempo, cobró forma una nueva y masiva realidad
histórica, con valores distintos a los de Occidente: es lo que se ha da-
do en llamar el Este. Observamos con alarma que a partir del enfren-
tamiento entre Este y Oeste se generan dos consecuencias de graves
proyecciones para nuestra región.
La primera, es la profundización de lo que podríamos llamar la
“amoralidad de las políticas internacionales”, producto de la hipertro-
fia del valor seguridad. Esta deformación impregna al mundo de una
cultura política bifronte, que funda en conceptos distintos y hasta
opuestos, los criterios aplicados para las relaciones internas y las re-
laciones internacionales. Así, la inviolabilidad de los derechos civiles
en el orden doméstico no se proyecta al orden internacional, en el
respeto de los derechos de los pueblos a la autodeterminación. Del
mismo modo, la prédica igualitaria en el mensaje interno no se pro-
longa en la versión externa de la igualdad de los Estados y del conse-
cuente respeto a sus soberanías (Aplausos). Particularmente, en lo que
hace a nuestra propia ubicación, esta bifurcación en las bases éticas
que sustentan las pautas de la vida política interna y las de la vida
política internacional, nos impiden identificar lo que en el orden cul-
tural denominamos “Occidente” con lo que en el orden político-
militar llamamos “el Oeste”. En última instancia, ello nos impide
asumir nuestra inclusión cultural en Occidente como una adhesión a
la estrategia del “Oeste”. Esto, sin desmedro de nuestra clara y activa
defensa de la libertad y del pluralismo. (Aplausos)
Otra consecuencia es que sufrimos los problemas originados por
las borrosas y arbitrarias fronteras de seguridad que separan a ambos
bloques dando lugar a una suerte de guerra solapada. Ella se entabla
en los más variados niveles, enterrando las normas y principios bási-
cos elementales del derecho internacional y dejando el espacio abierto
al enfrentamiento de poderes subterráneos y fanatismos arrasadores.

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De ahí nuestra no alineación que, entre las razones que la fun-
damentan, incluye en grado prominente este empeño nuestro en suje-
tar nuestras relaciones exteriores a los valores básicos que presiden
nuestra propia conducta política interna. (Aplausos)
Pero nuestro empeño va más allá aún. No estamos exponiendo
aquí una moral particular y limitada a nuestra idiosincrasia, sino un
patrón de conducta internacional que exige universalidad por ser, a
nuestro juicio, el único capaz de asegurar un desarrollo pacífico de las
relaciones entre pueblos y entre Estados.
No nos basta con ajustar a normas morales nuestra propia políti-
ca exterior, pues entendemos que sólo podemos dar cabal cumpli-
miento a los valores que la presiden si al mismo tiempo contribuimos
a promover una movilización mundial para revertir globalmente el
proceso de barbarización que se está verificando en las relaciones
internacionales.
De este empeño deriva, entre otras cosas, el activo papel que
hemos asumido como miembros del “Grupo de los Seis”, que desde
hace más de un año viene desarrollando mundialmente una campaña
por la paz y el desarme; dos finalidades que llevan implícito el impe-
rativo de reemplazar la violencia por la negociación racional en la
regulación de las relaciones internacionales.
De este empeño deriva también el esfuerzo que estamos desple-
gando junto con otras naciones latinoamericanas por encaminar la
grave crisis de Centroamérica hacia fórmulas de solución fundadas en
el diálogo.
Toda otra coyuntura internacional que nos toque afrontar, nos
encontrará decididos a mantener este rumbo y a seguir por este ca-
mino. (Aplausos)
América Latina se sabe parte de Occidente, pero sabe también que
pertenece al Sur subdesarrollado económica y políticamente. Y desde
aquí vemos, como parte del Sur, que en el mundo actual no sólo está
vigente una distribución desigual e inequitativa de las riquezas, del
desarrollo industrial y los conocimientos científicos y tecnológicos;
también está distribuida desigualmente la democracia.
El mundo desarrollado se apresta a ingresar a una nueva etapa
tecnológica, con cambios mucho más profundos que los hasta ahora
conocidos en la organización de la producción y en sus consiguientes
repercusiones sobre la estructura de la sociedad. Nuevos actores

- 215 -
emergen para llevar adelante la lucha por una sociedad más justa y
más libre. Cada vez más, los valores de la democracia se imponen
como insustituibles para configurar un futuro que sea tal, que no sea
el del despotismo, del horror y de la destrucción.
La verdadera revolución permanente de nuestro tiempo es la de
la democracia, que conjuga y subsume las propuestas que en cada
momento provocó el cambio económico y social para superar las ini-
quidades y promover la libertad. Las viejas oposiciones ideológicas
están caducas y todos debemos comprender que el porvenir de la
humanidad está íntimamente ligado a la superación de los anacróni-
cos enfrentamientos.
Habrá una sociedad mundial, democrática y justa o sólo habrá
caos, guerras y retrocesos a la barbarie, bajo la amenaza creciente de
un definitivo holocausto nuclear.
Sobre este tema deben tener voz y voto todos los pueblos del
mundo. Nadie debe disponer del futuro común en representación de
unos pocos. (Aplausos)
Las naciones que nos transmitieron el legado de sus valores de-
ben reconocer y comprender nuestra particular posición y deben
asumir el peso de esa herencia, así como nosotros estamos dispuestos
a luchar por su plena vigencia y por su evolución en consonancia con
las nuevas realidades económicas y sociales. Pero deben comprender
que esto no es fácil en el contexto de condiciones económicas que
entorpecen o impiden nuestro desarrollo, que nos condenan a la su-
bordinación y la dependencia. Deben comprender que no sólo está en
juego nuestro futuro, sino también el de ellos y el de la humanidad en
su conjunto.
Si la democracia no florece ni se afirma en los pueblos latinoameri-
canos, en todo el Sur, no habrá un mundo seguro y estable para nadie.
La discusión está abierta y nosotros aspiramos a participar desde
el lado de la única concepción política que nos parece viable para la
constitución de un nuevo ordenamiento internacional, estable, legíti-
mo y ético.
Siempre se ha hablado de la necesidad de la integración latinoa-
mericana pero, desafortunadamente, nunca fue algo más que una sim-
ple declaración o la enunciación de una esperanza.
Todos nosotros nos hemos preguntado, una y otra vez, cómo será
nuestra América Latina durante el próximo siglo y nos inquietamos al

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intuir que es posible que la región continúe como hoy se encuentra.
Esto es, una tierra propicia para el progreso y la libertad, pero sumida
en la angustia del subdesarrollo y la inestabilidad.
Me niego a aceptar que éste sea siempre nuestro destino. Estoy
persuadido de que hay otra forma de ser y que los instrumentos, las
políticas, las decisiones para producir la gran transformación de la
región están a nuestro alcance.
Pero nada para alcanzar este objetivo será convencional. Ninguna
política que nos permita una modificación cualitativa de la región será
clásica. No está escrita y sin duda alguna requiere audacia. No tiene his-
toria, excepto en una cosa: la unidad como condición.
En la eficiencia y seriedad para alcanzar la integración –estoy
convencido– se juega el futuro independiente del continente. Enton-
ces, así como para alcanzar la democracia en el seno de nuestras so-
ciedades fue necesario deponer un debate ideológico sofisticado para
luchar unidos contra el autoritarismo, aquí también se impone el
mismo método: la unión a través de lo esencial.
Si deseamos poner en marcha un proyecto para las generaciones
futuras, si estamos decididos a luchar por un gran avance en nuestra
América Latina, es indispensable pensar en el espacio regional.
Esta es, por otro lado, la forma que ha ido adoptando la econom-
ía mundial: el gran espacio, el mercado amplio, son las respuestas de
Europa, de Estados Unidos, de la Unión Soviética y de Asia.
Ahora bien, una condición necesaria para que esto se logre es la
generalización de la democracia en el continente. Y esto no es sólo
una expresión ideológica; es estrictamente una necesidad.
Es así porque todo gobierno autoritario se basa en la expresión
de un sector minoritario o en un apoyo externo, o en ambas cosas a la
vez. Si se basa en un sector minoritario, el gobierno carece de inte-
gración interna y es por lo tanto imposible que se integre regional-
mente. (Aplausos)
Si, por otro lado, se basa en un apoyo externo, buscará su ali-
neamiento con una potencia y no con la integración regional como
medio de fortalecerse.
En síntesis, considero al espacio económico regional como el
ámbito más adecuado para el crecimiento nacional y a la democracia
como la condición necesaria para que la voluntad y la posibilidad de
integración estén presentes en los pueblos y en los gobiernos.

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Al plantearnos la cuestión de la integración, es lógico que estemos
inclinados a observar los pasos que en su momento se dieron en otras
regiones. En ese sentido, la secuencia que se inició con la “Comunidad
del Acero y del Carbón” y concluye ahora con la formación de las co-
munidades europeas, parecería constituir un ejemplo a imitar.
No obstante, los éxitos logrados en el caso europeo, la secuencia
para nosotros quizá no deba ser la misma. Quiero decir que si bien
siempre se ha hablado de comenzar por lo económico para concluir en
lo político, quizá deberíamos imaginar para nuestra región, un orden
distinto: fortalecer primero lo político para consolidar lo económico
después.
Dije hace pocos días atrás, al inaugurar una nueva ronda de ne-
gociaciones de ALADI en Buenos Aires, que éstos son los tiempos de
un nuevo desafío, el desafío de alcanzar la segunda emancipación de
América Latina. (¡Muy bien! Aplausos)
Honorable Congreso: permítaseme ahora una reflexión sobre
nuestros modos de asumir la vida democrática que recobramos hace
poco más de dos años.
Cuando el año 1983 se acercaba a su culminación -y ya estaba a
la vista el esperado tránsito entre el autoritarismo y la libertad-, todo
el pueblo argentino vivió aquellas vísperas con gran esperanza y
enormes expectativas.
Hoy sabemos que no todas esas expectativas han sido colmadas
ni ha sido satisfecha por completo la esperanza. La dura realidad de la
crisis económica y de las penurias impuestas por ella sobrevive al
cambio, llevándonos a comprobar por experiencia que el tránsito a la
democracia y el tránsito al bienestar no constituían un mismo proceso
ni estaban sujetos a los mismos ritmos.
Si esta comprobación ha generado algún desaliento, es responsa-
bilidad de todos nosotros subrayar ante cualquiera de sus manifesta-
ciones que la democracia no es por sí misma una solución ni un maná
benéfico que viene desde fuera de nosotros a resolver nuestros pro-
blemas.
Décadas de autoritarismo nos acostumbraron a vivir nuestras
horas de penuria o de bienestar como productos que un poder extraño
a nosotros dispensaba a nuestra pasividad.
Es importante que, en medio de nuestras diferencias, nos una la
responsabilidad básica de profundizar la conciencia democrática del

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país en términos que no dejen dudas sobre la naturaleza del salto insti-
tucional y cultural que dimos todos hace dos años y medio.
No habrá una cultura democrática sólida en la Argentina mien-
tras no sea común a todos, y natural en todos, la convicción de que el
paso del autoritarismo a la democracia implica transitar, no de una
pasividad a otra, sino de la pasividad a la actividad, de un mero estado
receptivo al protagonismo.
La democracia no es un sistema donde todos están bien, sino un
sistema donde todos pueden y deben participar activamente en la so-
lución de sus propios problemas, y donde el bien que se alcanza es
producto de este esfuerzo colectivo y no de la prodigalidad del Pala-
cio. (Aplausos)
Por primera vez en muchos años los argentinos tenemos la posi-
bilidad de vivir este protagonismo, de decidir en libertad nuestro
propio destino, sin la imposición de anteojeras autoritarias frente a la
realidad. Nos ha tocado librarnos de las anteojeras en un momento
histórico en el cual la realidad, que sin ellas se nos muestra en su
desnudez, no es de las más agradables. Frente a nosotros, y sin de-
formaciones cosméticas, tenemos a la vista: la crisis económica, la
monstruosa deuda externa, la clausura de los mercados internaciona-
les y el cúmulo de obstáculos objetivos que se oponen a nuestro es-
fuerzo de recuperación.
En nuestro libre encuentro con la realidad, lo que recibimos de
ella es pues un desafío. Tengamos colectivamente la madurez de
afrontarlo, de evaluar los problemas en sus dimensiones reales y de
rechazar todo intento de imponernos nuevas anteojeras que muestren
soluciones fáciles donde no las hay e imputen la demora en concretar-
las a malevolencias del poder. (Aplausos)
No convirtamos una lucha que debemos librar todos contra una
realidad objetivamente adversa, en una lucha entre nosotros que nos
deje sin fuerzas para hacer frente a esa adversidad.
Muchas gracias. (Puestos de pie los presentes, aplauden y vivan al se-
ñor presidente de la Nación.)

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Toma de la TV Pública correspondiente al discurso del 16 de abril de 1987.
DISCURSO DEL PRESIDENTE RAÚL ALFONSÍN
ANTE LA ASAMBLEA LEGISLATIVA. 16 DE ABRIL DE 1987
(Extraído del diario de Sesiones del Congreso Nacional – Cámara de Diputados y
cotejado con el archivo sonoro emitido por Radio Nacional Argentina)

(Aplausos prolongados, exclamaciones de la concurrencia).

MENSAJE

S EÑORES PARTICIPANTES DE ESTE VERDADERO CABILDO ABIERTO


de la democracia argentina; señores representantes de las dis-
tintas fuerzas políticas; señores dirigentes de las fuerzas del
trabajo; señores empresarios; señores representantes de la fuerza de
la cultura; compatriotas todos:
Me dirijo al país en un momento difícil para la vida nacional y ries-
goso para los esfuerzos que viene desplegando la inmensa mayoría de los
argentinos por consolidar y desarrollar un sistema democrático.


NdE: En esta publicación se ponderó la palabra oral emitida por el presidente
Raúl Alfonsín por sobre la registrada en la versión taquigráfica. Es decir, en todos los
casos en que hubo una controversia entre lo transcripto y el discurso emitido, se
privilegió la emisión oral.

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Democracia significa libertad, pero significa también orden. Signifi-
ca ejercicio garantizado e irrestricto de todos los derechos inherentes a
la condición humana, pero significa también sometimiento absoluto y sin
excepciones al sistema jurídico que regula la vida nacional.
Desde que asumí la Presidencia de la República hace ya casi tres
años y medio, he mantenido invariable e irrenunciablemente el propó-
sito de defender estos dos principios del orden democrático.
No he de hacer concesiones ante iniciativa o presión alguna
(aplausos prolongados, exclamaciones de la concurrencia) que apunte a
restringir el ejercicio de los derechos y las libertades que hacen a la
naturaleza misma de la democracia.
Tampoco he de hacer concesiones ante iniciativa o presión algu-
na que pretenda limitar, condicionar o negociar el igualitario some-
timiento de todos los ciudadanos –con o sin uniforme– a los dictados
de la ley. (Aplausos prolongados, exclamaciones de la concurrencia).
Los argentinos amanecieron hoy sorprendidos por la noticia de
que un ex oficial del Ejército resistía, con la colaboración de otros
oficiales, una orden de arresto impartida luego de que la Cámara Fe-
deral de Córdoba lo declarara en rebeldía por desacatar una citación
judicial.
Este no es un exabrupto temperamental de un hombre, sino una
meditada maniobra de un grupo de hombres, cuyo objetivo es crear
un hecho consumado que obligue al gobierno a convertir en materia
de negociación, su política. (Aplausos).
Se pretende por esta vía imponer al poder constitucional una le-
gislación que consagre la impunidad de quienes se hallan condenados
o procesados en conexión con violaciones de derechos humanos co-
metidas durante la pasada dictadura.
No podemos, en modo alguno, aceptar un intento extorsivo de
esta naturaleza. Nos lo impide la ética, nos lo impide nuestra concien-
cia democrática, las normas constitucionales, así como las que rigen a
las Fuerzas Armadas basadas en la disciplina.
También nos lo impide la historia, de la que los argentinos
hemos extraído una clara enseñanza: ceder ante un planteamiento
semejante, sólo significaría poner en juego el destino de la Nación.
(Aplausos prolongados).

- 222 -
Entonces, aquí no hay nada que negociar. La democracia de los
argentinos no se negocia. (Aplausos prolongados, exclamaciones de la
concurrencia).
Se terminó para siempre el tiempo de los golpes, pero también se
terminó el tiempo de las presiones, los pronunciamientos y los plan-
teos. (Aplausos).
Los jefes y oficiales de las Fuerzas Armadas sólo tienen delante
de sí una obligación: obedecer las órdenes de sus superiores y del co-
mandante supremo. (Aplausos). Para ello han asumido el honroso
compromiso de recibir las armas que son de la Nación y para defensa
de la Nación.
No hay nada que negociar. Y mucho menos ante decisiones
autónomas y legítimas de la Justicia. Ningún ciudadano puede nego-
ciar con la justicia ni con ningún otro poder del Estado sobre su si-
tuación procesal. Eso no es propio de la democracia ni de ninguna
sociedad fundada sobre la ley.
Quienes pretendan lo contrario se están despojando de su fun-
ción legítima, están abandonando el deber, están renunciando a su
misión y están enfrentando a la sociedad argentina que no está dis-
puesta a claudicar ni un milímetro de su voluntad de afianzar la de-
mocracia. (Aplausos). Ninguna institución del Estado, ningún partido
político ni ninguna organización social está dispuesta a patrocinar la
negociación de lo innegociable. La justicia tampoco se negocia.
Esta movilización de todos los sectores representativos de nues-
tra sociedad ha demostrado hoy cuán firme es la decisión colectiva de
consolidar la democracia y cuán aislados están quienes pretenden
desconocerla. Yo les invito a deponer su actitud, en procura de evitar
mayores males para las instituciones castrenses y para la República.
Ni los poderes constituidos ni la sociedad argentina están dis-
puestos a ceder. Nada ni nadie podrá alterar esta decisión.
La democracia está entre nosotros, está para quedarse, y no vaci-
laremos en emplear ninguno de los medios que la ley y la Constitución
nos confiere. (Aplausos prolongados, exclamaciones de la concurrencia). Te-
nemos el mandato, al que no podemos renunciar, del pueblo argentino.
No traicionaremos ni negociaremos ese mandato.
No es hora de vacilaciones. Quienes desafían a la Constitución y
a las leyes de la República están solos y sin respaldo. Debe primar la
cordura. Que las palabras y el ejemplo del Libertador los ilumine para
- 223 -
que puedan salir de su confusión con el honor limpio de los soldados
que cumplen con su deber. No queremos ejercer represalias, pero sí
vamos a ejercer el mandato y aplicar la ley y los reglamentos milita-
res. (Aplausos prolongados, exclamaciones de la concurrencia).
Es esta hora de desafíos cruciales para emerger del atraso y del
desencuentro, para construir el país del futuro. Nos duele que haya
ciudadanos que se auto-marginen del proyecto colectivo de edificar el
país más justo y democrático. Ellos tienen la palabra, y están a tiempo
para desistir de una actitud que sólo los lleva al fracaso personal y
que lastima a las instituciones en que se han preparado para ser ejem-
plo de servicio, y no de desbordes y prepotencias. (Aplausos).
Un pueblo asombrado los contempla y espera. ¿No comprenden
cuán harto está este pueblo de desorden y autoritarismo? Sólo en el
estricto acatamiento a la ley podrán encontrar comprensión y tole-
rancia. Esa comprensión y esa tolerancia que hoy une con fuerza iné-
dita a todos los argentinos sin distinción de banderías políticas ni de
intereses sociales. Están todavía a tiempo para no convertir su error
en un crimen sin atenuantes.
Argentinos: juntos hemos recorrido ya un largo camino, hemos
compartido demasiadas alegrías y, también, demasiados dolores para
que hoy demos un paso atrás frente a quienes amenazan la libertad, la
justicia, el desarrollo nacional y nuestro bienestar. Es mucho lo que
llevamos invertido nosotros mismos en esta conquista de la democra-
cia para que dejemos que avancen los que buscan impedir nuestra
marcha.
Quiero decirles que nunca en mi vida política he visto tantas
oportunidades de cambio y transformación como las que veo hoy.
Siento -y estoy seguro- que son muchos los que sienten igual que yo,
que estamos viviendo un tiempo fecundo. No permitiremos que nos
arrebaten esta hora de creación y libertad, no dejaremos que nos qui-
ten esta ocasión de soñar por un país mejor y de comenzar a concre-
tarlo. (Aplausos).
Como otros, antes que nosotros, allá en los albores de nuestra
independencia, allá en los años de la organización nacional, también
nosotros hoy estamos llamados a construir, y a repechar la pendiente
de la frustración, abriendo las puertas a una Argentina nueva.
La democracia ha devuelto a los argentinos la posibilidad de par-
ticipar, y con ello, la posibilidad de elegir un futuro. Este es el gran
- 224 -
desafío de la actual generación de argentinos. Desde hace casi cuatro
años ya estamos eligiendo, ya nos estamos decidiendo por la libertad,
por la justicia, por el desarrollo nacional. Que no vengan ahora a que-
rer atrasar el reloj de la historia.
Hoy la Argentina es un país respetado en el mundo, un respeto
que nos hemos ganado a fuerza de defender los derechos humanos y
la autonomía nacional. Defendamos, pues, esto que hemos sabido
conquistar, y así como dijimos hace poco a los banqueros que el cre-
cimiento no es negociable, digamos bien fuerte a quienes desde aden-
tro nos quieren arrastrar otra vez fuera de la civilización de la paz y
la justicia, que no queremos volver a ser los parias del mundo. (Aplau-
sos prolongados, exclamaciones de la concurrencia).
En conclusión, deseo dejar claro ante todos los argentinos dos
criterios fundamentales que guiarán nuestra acción inmediata.
En primer lugar, para hacer definitivamente real la Argentina
que queremos, todos los demócratas debemos asumir este momento
como corresponde, es decir, solidaria y valientemente. Por ello, pon-
dremos en marcha de inmediato los mecanismos para que esta volun-
tad solidaria se traduzca en acciones concretas.
En segundo lugar, reafirmaremos también en hechos concretos
los criterios de responsabilidad que permitan la definitiva reconcilia-
ción de los argentinos.
Hoy, como antes, y como debió ser siempre, los argentinos esta-
mos definitivamente resueltos a constituir la unión nacional, afianzar
la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común,
promover el bienestar general y asegurar los beneficios de la libertad
para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres de
mundo que quieran habitar el suelo argentino. (Aplausos prolongados,
exclamaciones de la concurrencia)
Que Dios nos acompañe.
Muchas gracias.
(Aplausos prolongados, exclamaciones de la concurrencia).

- 225 -
Fotógrafo desconocido, 1 de mayo de 1987. Apertura de la asamblea legislativa.
DISCURSO DEL PRESIDENTE RAÚL ALFONSÍN
ANTE LA ASAMBLEA LEGISLATIVA. 1° DE MAYO DE 1987

(Extraído del diario de Sesiones del Congreso Nacional – Cámara de Diputados y


cotejado con el archivo sonoro emitido por Radio Nacional Argentina )

MENSAJE

H ONORABLE CONGRESO: este tradicional encuentro entre el


presidente y los legisladores, símbolo de unidad y a la vez de
independencia de los poderes que rigen una democracia, se
produce hoy cuando todavía resuenan en nuestra tierra las palabras
del Papa, llamando a los argentinos a la paz y a la reconciliación.
Sus mensajes morales, su exaltación de la libertad y la justicia, su
convocatoria para la construcción de la civilización del amor y su
apelación a la austeridad y el esfuerzo serán recuerdos perdurables
del pueblo argentino, sin distinción de credos. Enseñanzas que sabrá


NdE: En esta publicación se ponderó la palabra oral emitida por el presidente
Raúl Alfonsín por sobre la registrada en la versión taquigráfica. Es decir, en todos los
casos en que hubo una controversia entre lo transcripto y el discurso emitido, se
privilegió la emisión oral.

- 227 -
recoger para afirmar virtudes ciudadanas y comportamientos particu-
lares, que perfeccionen la democracia y afiancen la convivencia fra-
terna de nuestra sociedad.
Así se ha renovado nuestra deuda con el Santo Padre; los argenti-
nos le debemos permanentemente agradecimiento por su solícito y
generoso servicio de mediación que afianzó la causa de la paz. Le de-
bemos también ahora nuestro reconocimiento por su palabra, por su
comprensión de que “el pleno restablecimiento de las instituciones de-
mocráticas constituye un momento privilegiado” para los argentinos.
Pero también se realiza este encuentro a pocos días de haber pro-
tagonizado una grave crisis institucional.
Existe una cierta lógica, un encadenamiento de sucesos más o
menos previsibles en todo proceso histórico, que muchas veces escapa
a la comprensión de sus propios protagonistas.
Esto suele ocurrir en momentos álgidos, donde la intensidad de
la crisis golpea a una sociedad, en el instante exacto en el que sus
defensas se encuentran aparentemente menos guarnecidas. Eran
tiempos de recogimiento espiritual. Son verdaderas pruebas de fuego
en las que se juega patéticamente –sin metáforas, sin mediaciones, sin
demoras, sin demasiado espacio siquiera para el análisis racional de
los hechos– el destino de un pueblo.
Lo hemos visto, lo hemos vivido como pocas veces en el pasado,
cuando un episodio desgraciado desembocó en la más extraordinaria
demostración de lo que es capaz una sociedad decidida a no dejarse
arrebatar su propia historia.
Hemos superado ampliamente una de las encrucijadas más gra-
ves que una Nación puede enfrentar: aquella en la que se contraponen
con dramatismo, cara a cara, un país que muere y otro que nace y
empieza a crecer.
En cuatro largos y angustiantes días, cada uno desde su propia
experiencia y responsabilidad, hemos participado todos de una colosal
elaboración colectiva del drama argentino de los últimos años.
No fue el sosiego de la reflexión ni la apacible conclusión a la que
se llega razonando. Fue una experiencia conmovedora, vital, la que
nos condujo a sentir que algo crujía dentro nuestro, que crecíamos.
No todos los pueblos afrontan un instante semejante. No siempre se
puede sufrir el vértigo del vacío sin precipitarse en él, recogiendo esa

- 228 -
enseñanza que se incorpora emocionalmente y que luego, como ahora,
invita a ser discernida.
Captar con la mayor fidelidad qué significaron esos días para ca-
da uno y, en especial, para el conjunto del pueblo, es un desafío insos-
layable. Sólo así evitaremos el riesgo de despilfarrar una experiencia
colectiva superior, eminente. Sólo así, las angustias, las lágrimas, el
entusiasmo, la esperanza, en fin, la honda conmoción de esos días, se
convertirá en el impulso imprescindible para atravesar el meollo
mismo de la transición.
Desde la fuerza que brota cuando la voluntad pacífica de muchos
enseña que puede más que la amenaza armada, desde esa fuerza colec-
tivamente experimentada, pueden darse pasos definitivos para la con-
vivencia y el encuentro.
El pasado, en efecto, pretendió alcanzarnos por un instante y es-
tuvimos ahí mismo, en las fronteras de un desastre colectivo, en los
bordes concretos del enfrentamiento interno, que nos hubiese sacado
del terreno de la política y hundido en el pantano de una lógica de
guerra y desintegración.
Ante la gravedad de la situación que sufrimos, cada argentino
respondió al desafío con una entereza que ha certificado de manera
concluyente la enorme madurez que ha adquirido nuestra sociedad,
haciendo de la democracia una vivencia concreta, una pasión también
que es preciso defender cuando se pone a prueba nuestra posibilidad
real de construir nuestras vidas y la de nuestros hijos.
Debemos obviamente sacar conclusiones de todo lo que nos ha
sucedido; debemos extraer las múltiples enseñanzas que nos ha deja-
do y, fundamentalmente, entender que no hemos retrocedido en modo
alguno en el camino que nos habíamos trazado entre todos. Estos
hechos ocurren precisamente porque estamos avanzando. Hay, enton-
ces, una afirmación renovada en la senda de la integración definitiva
entre los argentinos y una necesidad de acelerar el paso, de darle ma-
yor dinamismo a la transición. Tuvimos demasiado próximo el espejo
siniestro, la contracara de un proyecto colectivo en marcha. Hemos
visto, lo ha visto la sociedad toda, a dónde pueden conducir los atajos,
la desvirtuación de las instituciones, los arrebatos extemporáneos del
comportamiento autoritario.
Aún conscientes de que ya habíamos afirmado el “Nunca Más”,
aún a sabiendas de que esta democracia es irreversible, la cabal com-

- 229 -
prensión de nuestra fuerza surgió cuando trabajadores, empresarios,
sindicalistas, políticos, religiosos, estudiantes, ciudadanos de todas las
edades y condiciones sociales salieron a la calle para decirle “no al
rencor de lo viejo” y “sí al futuro”. “No”, a quienes colocaron a la Na-
ción —otra vez— en el límite entre la vida y la muerte, entre la paz y
la sangre.
Que quede como residuo perturbador en la conciencia social,
como una luz de alerta en la memoria del pueblo y que sirva para
comprender la imperiosa necesidad de deponer disputas accesorias y
amalgamar la voluntad colectiva detrás de consensos mayores, abro-
quelados en torno a grandes comunes denominadores y decididos a
plasmarlos en instituciones sólidas y estables, las que se merece esta
sociedad que —no cabe duda— ha cambiado profundamente.
Las instituciones castrenses, al igual que las políticas, las econó-
micas y las culturales, están viviendo también su transición del auto-
ritarismo a la democracia. Si los civiles estamos reaprendiendo a vivir
en tolerancia y en pluralismo; los militares argentinos están reins-
talándose en los marcos de la disciplina estricta y de la sana obedien-
cia. Ello no se logra sin que resabios del pasado se hagan presentes,
pero todo el que intente medrar con las dificultades y problemas de
las Fuerzas Armadas está de hecho atentando contra el sistema de-
mocrático en su conjunto. Y ello, como se vio, no será consentido por
la voluntad mayoritaria del pueblo.
Honorable Congreso: ¿Qué quiere el pueblo argentino? ¿De qué
modo debemos actuar para cumplir, como todos queremos, con nues-
tro deber y estar así a la altura de su comportamiento ejemplar? So-
bre este tema me voy a permitir reflexionar ante los señores repre-
sentantes del pueblo y de las provincias.
Pienso que hay un primer deseo, casi diría un primer reclamo
que el pueblo nos formula: que trabajemos juntos, sistemática y orde-
nadamente, para acelerar la concreción del país que todos sabemos,
podemos construir en paz y en justicia.
Para ser eficaces, entonces, debemos empezar por saber dónde
estamos. No es posible apreciar con justeza el momento que vive el
país sin pensarlo como una etapa de transición. El gobierno que todos
constituimos no es un gobierno normal que administra una situación
normal. No estamos viviendo situaciones de rutina, días corrientes de
la historia. Nuestro tiempo es de cambio, de ruptura, de creación.

- 230 -
Estamos transitando entre dos puntos: vivimos una crisis y jun-
tos, gobierno y sociedad, tratamos ahora de ponernos en movimiento
para alejarnos de ella, pero la tarea es enorme y difícil. Es que jamás
hemos vivido una crisis tan intensa, tan compleja y tan larga como la
que nos aqueja.
En otras oportunidades hemos dicho que la crisis no es sólo blo-
queo, disfunción o parálisis. Los conflictos son también desafíos y, por
lo tanto, oportunidad.
Sabemos que estamos viviendo una crisis de época, que no puede
solucionarse mirando hacia atrás, sino hacia adelante. No hay reme-
dios para la crisis argentina en ninguna Edad de oro que se ubique en
el pasado. Esta es la certeza que debería movilizar la energía creadora
de las fuerzas sociales, políticas y culturales.
Las tensiones, además, no son exclusivamente nuestras; recorren
el entero espacio de las naciones, cualesquiera sean sus regímenes
políticos o sus formas de organización económica y cuestionan mu-
chos de los supuestos con que se estructuraron en este siglo las rela-
ciones de los hombres con la naturaleza y de los hombres entre sí. Es
una crisis económica y tecnológica pero también política, ética, cultu-
ral y social.
El reconocimiento de que nuestra crisis forma parte de un fenó-
meno universal de ninguna manera debe hacernos olvidar que la
nuestra es también una crisis particular. La tarea principal que nos
compete es, pues, asumir esa particularidad, comprenderla racional-
mente y ponernos a trabajar para superar la actual situación con un
equilibrio justo de pasión e inteligencia. Pasión, para que la mayor
cantidad de voluntades colectivas puedan ser movilizadas. Inteligen-
cia, para convencernos, de una vez y para siempre, de que las solucio-
nes mágicas no existen en la historia sino sólo en las fábulas infanti-
les.
Si la crisis es compleja, la transición también lo es. Las circuns-
tancias nos obligan a acometer un doble tránsito: hacia la democracia
desde el autoritarismo; y hacia un nuevo proyecto de Nación, desde la
decadencia irremediable de un modelo de sociedad que ya sabemos no
tiene futuro. Nuestra transición combina, pues, las metas de un nuevo
régimen y las de un nuevo sistema. Este doble carácter institucional y
estructural de la transición, es el que define el aspecto fundacional de
este tiempo.

- 231 -
Por lo tanto, la acción del gobierno debe distinguirse en esos dos
niveles. Del primero, tal como lo prescribe la Constitución y las
prácticas democráticas, es el responsable en tanto representante del
pueblo. Del segundo, es el agente de la sociedad, la que asume -a
través de todas sus instancias y organizaciones- la responsabilidad
del proyecto.
La sociedad argentina demostró conmovedoramente que había
adoptado una estrategia para construir su futuro: la democracia. Es
que aprendió con dolor que la legalidad no es una cuestión formal,
sino la frontera entre la vida y la muerte.
Asumir la democracia como estrategia para la resolución de con-
flictos sociales significa que todos los ciudadanos coinciden en que
van a cumplir las reglas que establezca la mayoría. En otras palabras,
hay certidumbre sobre las reglas de resolución de conflictos, pero no
sobre los resultados de los mismos.
Para evitar un retorno al pasado debemos comprender la necesi-
dad de permanecer firmes en la estrategia elegida y distinguirlas de
las tácticas a adoptar para resolver los problemas que nos aquejan.
La democracia propone discutir sobre las tácticas, pero con un
acuerdo claro sobre la estrategia.
Estar en transición a la democracia significa que tenemos que
superar hábitos autoritarios de más de cincuenta años; quitarnos la
costumbre de tomar atajos, de no respetar las reglas.
Por eso, para garantizar nuestra democracia, es necesario que la
sociedad mantenga como valor fundamental el respeto por la ley. Ese
respeto es el corazón del sistema. De allí proviene su fuerza.
Honorable Congreso: es claro que los deseos de cambio exigen
propuestas y no retórica global o sumatoria de propuestas sectoriales.
Necesitamos un debate plural de propuestas para todos los grandes
temas de la transición. La discusión está abierta para que cada uno
pueda expresar su opinión sobre cuáles son las cosas que sirven, las
que no sirven, las que exigen modificaciones, las que hay que crear.
En la medida en que la transición es un proceso complejo, difícil
y por definición plural, en tanto no alude exclusivamente al gobierno
que la conduce desde el Estado, sino a toda la sociedad, la responsabi-
lidad a que ella convoca no es privativa del gobierno sino de todos.
Cada uno de los pasos a dar debe ser pensado, no sólo en relación
con sus efectos inmediatos, sino en su articulación con un proyecto

- 232 -
global de sociedad. Cierto es que no lograremos las metas en un plazo
breve, ni con pocos esfuerzos, pese a lo que parecen creer algunos
vendedores de fantasías.
Pero cada una de las medidas que se llevan adelante en todos los
frentes en los que es necesario acometer cambios estructurales, es
capaz de cobrar una nueva dimensión si la consideramos dentro de
esa ambiciosa perspectiva histórica que cobija al sueño de comenzar
una nueva etapa.
Hay partes de “viejo país” que debemos conservar, otras que de-
bemos dejar de lado, y un enorme espacio abierto para una transfor-
mación integral.
Construir un sistema político desde el fondo de una instituciona-
lidad deformada es una tarea solidaria. Así lo han demostrado otros
ejemplos contemporáneos, no sólo en América Latina, sino en el sur
de Europa, en sociedades que han vivido y viven aún un proceso simi-
lar al nuestro.
Pero cuando hablamos de una tarea común, de un proyecto
común, debemos tener en cuenta que la historia de ningún pueblo es
el fruto de un plan preciso y prolijo, que acaso un talentoso arquitecto
trazara en un tablero imaginario del acontecer humano. No hay tal
proyecto capaz de traducirse en obra de los pueblos, punto por punto,
dibujo por dibujo.
Pero en cambio existen momentos como éste, en los cuales un
pueblo descubre que comparte ideales, que tiene objetivos propios,
independientes de los objetivos y ambiciones individuales o de gru-
pos, y descubre también que tiene el aliento para llevarlos a cabo.
Se suele decir a veces que es en esos momentos cuando aparecen
proyectos o doctrinas que superan las parcialidades y que compren-
den a la totalidad de sus integrantes. Estos son los momentos funda-
cionales, aquellos donde el pueblo recupera sus raíces, se sobrepone a
las frustraciones de la coyuntura, desplaza a las ideologías, construye
utopías, piensa el futuro como horizonte factible y presiente que un
momento nuevo comienza.
Una etapa fundacional, como la que acabamos de comenzar, in-
cluye la reflexión sobre el pasado mediato para no reiterar errores y
sobre el futuro mediato para que la marcha de todos no nos conduzca
al vacío o a la desintegración.

- 233 -
No hemos de confundir la voluntad de los pueblos con simple vo-
luntarismo ni la memoria popular con un episodio singular, cualquiera
sea la importancia de éste, ni los objetivos del pueblo y de la Nación
con enunciados dogmáticos de cualquier naturaleza.
Tardamos en comprender que un país moderno, una Nación mo-
derna, un pueblo moderno no tiene una sola idea o proyecto ni una
sola voz. Un pueblo moderno es un pueblo con muchos proyectos,
pero una sola pasión: construir el bien común; tardamos, pero lo
comprendimos. Y ahora debemos actuar como diseñadores del futuro,
claro está, pero no como dibujantes en la arena del tiempo, sino como
hombres de aquí y ahora, conscientes de sus limitaciones pero tam-
bién de su fuerza, de la fuerza tremenda de los pueblos que creen y
trabajan por lo que creen.
Tenemos que aprender, además, las lecciones de la historia. De la
historia del mundo y de la nuestra.
El siglo pasado vio florecer corrientes de pensamiento que pre-
tendían eludir la complejidad de la realidad, que intentaban reducir a
esquemas simples la multiplicidad; los actores del cambio social esta-
ban identificados por una teoría interpretativa de la historia, de carác-
ter determinista o esencialista, pero siempre reductiva y unilateral.
Los papeles estaban definidos y los acontecimientos seguían un rum-
bo inalterable hacia fines absolutos. Era la visión del positivismo
clásico, del llamado socialismo científico, del idealismo historicista,
del liberalismo manchesteriano.
Asimismo, se concebía el presente como la etapa central y deci-
soria del devenir. La humanidad atravesaba la época crítica de un
cambio definitivo. Todo lo anterior había sido el prolegómeno de una
nueva época que resolvería lo que antes fueron problemas, contradic-
ciones o errores.
Al margen de estas concepciones, o a su pesar, la historia se des-
arrolló en una forma más compleja y más imprevisible. Las modernas
sociedades avanzadas e industriales no son lo que cada una de las
ideologías enunciadas pretendían, aunque todas ellas hayan influido
sobre su constitución y su transformación, muchas veces a través de
procesos que contradecían los principios enarbolados.
Ni los liberales ni los socialistas fueron, por ejemplo, los creado-
res exclusivos de las modernas democracias europeas, aunque no se
las pueda imaginar sin la acción concurrente de unos y de otros.

- 234 -
Las sociedades desarrolladas no llegaron a su actual nivel de
prosperidad ni al equilibrio político y social sólo por el libre juego de
la iniciativa privada en el mercado, como lo pretendían los liberales
manchesterianos. Hubo demasiados sobresaltos y desviaciones en ese
camino ideal que preconizaban. No puede imaginarse a esas socieda-
des sin la acción transformadora de las luchas obreras, sin los sindica-
tos. No puede hablarse de un proceso lineal de expansión económica
basada en la libre competencia, en una historia que conoció el protec-
cionismo y los monopolios.
Las democracias modernas y avanzadas no se instauraron de
golpe o por mero voluntarismo ni por la firmeza de un sector deter-
minado. Costó muchos sufrimientos y tropiezos llegar al equilibrio
actual y es justo admitir que se llegó a él a través de las contribucio-
nes, las concesiones y las presiones de las variadas corrientes políticas
y movimientos sociales que se habían enfrentado en oposiciones que
parecieron muchas veces irreconciliables.
Por otro lado, tampoco se cumplió la predicción de los socialistas
llamados científicos, en el sentido de que el proletariado encabezaría y
dirigiría la transformación integral de las sociedades de mayor desa-
rrollo. Pero, en cambio y en su nombre, élites de revolucionarios en-
cabezaron gigantescos procesos de cambio social en países que se
encontraban en etapas muy anteriores de evolución económica, con
neto predominio campesino. Con métodos centralistas llevaron a esos
países a cumplir el proceso de industrialización que en Occidente se
había realizado paralelamente al surgimiento de las formas democrá-
ticas. Esos países se enfrentan hoy al doble desafío de adecuarse a la
nueva revolución tecnológica y de remozar sus estructuras políticas
rígidas y autoritarias.
El mundo, como vemos, cambió y cambió profundamente, sin que
las viejas ideologías unilaterales puedan dar cuenta e interpretar el
sentido de ese cambio. Es evidente que las visiones cerradas, contra-
puestas y mutuamente excluyentes han llegado a su límite histórico.
El pensamiento político y las ciencias sociales, que surgieron con
pujanza en el presente siglo, enfrentan ahora, con nuevo rigor y nue-
vos métodos, la tarea de explicar lo que sucede y aun de pronosticar,
pero ya no lo hacen con la ciega confianza anterior en teorías inmuta-
bles. Las concepciones historicistas, esencialistas y mecanicistas no

- 235 -
son ya un instrumento apto para describir la realidad y mucho menos
para orientar cursos de acción.
Las sociedades industrializadas, por otra parte, enfrentan en los
últimos años un proceso sustancial de transformación, una nueva revo-
lución científica y tecnológica que está variando todos los esquemas
tradicionales de organización del trabajo productivo, del aprovecha-
miento de los recursos naturales y de las reglas del intercambio
económico.
En nuestro caso, en nuestra historia, el devenir fue dramático.
Surgieron propuestas que pretendidamente iban a modificar el estan-
camiento o impulsar profundos cambios sociales. Compitieron entre
sí doctrinas autoritarias. Unas veían en la democracia un sistema li-
gado a un particular estadio económico de la sociedad, que debía ser
eliminado o superado por una nueva sociedad, sin clases y sin contra-
dicciones. Este utopismo conducía, en la práctica, a una concepción
totalitaria de la historia a partir de un simplismo teórico inconsisten-
te que circunscribía la complejidad a una lucha entre abstracciones
reduccionistas de las clases sociales. La sociedad industrial, según
dicha concepción, era obra de una clase denominada burguesa, la que
iba a ser desplazada del poder por la clase proletaria.
Esa concepción elitista, que durante muchos años se limitó a
proponer sin resultados la construcción de un partido clasista dirigi-
do por la “vanguardia obrera” —en realidad los cuadros militantes
profesionales—, se encarnó en los años ‘60 en los diversos grupos
foquistas armados, que proponían la violencia como método político
fundamental. A través de esa violencia se pretendió alcanzar el “Reino
de la felicidad”. Magnífico propósito, fantástico objetivo al que nadie
puede rehusarse: igualdad de derechos para todos, distribución equi-
tativa de la riqueza, desarrollo cultural y económico, el respeto de la
voluntad popular y la participación de toda la sociedad.
Pero la revolución, esa meta que prometía resolver todos los
conflictos y enigmas del ser humano, estuvo siempre signada por la
muerte, por la violencia fratricida, por el fusil. Y el fusil, nosotros ya
lo sabemos, no representa la esperanza, no nos ofrece la justicia. El
fusil es la muerte. Y junto con ella aparecen, inevitablemente, el auto-
ritarismo, el partido único, el despotismo de una élite ilustrada sobre
el resto de la sociedad. Aparece, también, el cercenamiento de las li-
bertades individuales.

- 236 -
La democracia, en cambio, tiene dos virtudes esenciales para el
hombre: no exige por principio ninguna cuota de sangre -y con ello
queda garantizado el derecho a la vida-; y tiene, además, la capacidad
de cuestionarse a sí misma, transformarse, renovar las relaciones en-
tre los hombres, generar nuevas ideas y desechar las viejas. Porque la
democracia es, fundamentalmente, un régimen en estado permanente
de creación; con sus conflictos, con sus tensiones. Antagónica y
-¿por qué no?- también rebelde, ella es el reaseguro de la razón.
(Aplausos)
A lo largo de este siglo otra ideología reduccionista convocó tam-
bién a los desalentados y generó corrientes de acción y pensamiento que
siempre fueron marginales, pero que influyeron y colaboraron en los
procesos políticos concretos. Se trata de un nacionalismo, bajo cuya de-
nominación genérica podemos englobar a las distintas tendencias que
hipostasiaron el sentido de pertenencia nacional en un absoluto que pre-
tende negar los conflictos naturales de una sociedad compleja y el plura-
lismo político en aras de una homogeneidad artificiosa y autoritaria.
Surgido en el contexto del agotamiento del orden conservador y
de la irrupción de la democracia, con el sufragio universal, este "nacio-
nalismo" —en sus vertientes reaccionarias o imitativas del fascismo
europeo— sólo logrará articular agregados heterogéneos de lealtades
culturales y sociales convocadas frente a lo que consideraban sus “mor-
tales” enemigos comunes. Se trataba, en parte, de una crisis de concien-
cia de la clase dirigente tradicional, desubicada frente a situaciones
cambiantes y complejas en el país y en el mundo.
Las transformaciones de la estructura socio-económica, que die-
ron origen a nuevas clases, grupos e intereses sociales, la ampliación
de la ciudadanía y la aparición de nuevos valores y prácticas políticas
sumadas al impacto de los factores externos, con la consiguiente de-
cadencia del modelo económico agroimportador y del liberalismo
positivista, encontraron a un sector de estas élites inerme y carente
de respuestas nuevas a problemáticas diferentes. Sólo atinaron a eri-
gir trincheras de combate, en las que el conflicto político terminaba
asimilándose a la lucha bélica interna, convirtiendo a la sociedad en
un campo de batalla.
Derivaciones extremas de estas corrientes condujeron a recrear
recurrentemente escenarios catastróficos, espíritus de Cruzada, exal-
taciones místicas e incitaciones a la acción directa, que -desde la

- 237 -
derecha y desde la izquierda- desembocaron en su último y frenético
esplendor en el infierno de la década del ‘70. El nacionalismo oligár-
quico, autoritario y elitista contribuyó a instaurar en el país la peor y
más incontenible forma de violencia.
Manifestación desordenada y siempre restauradora de un pasado
mítico, perdido, niega y resiste hoy el avance de la democracia y la
modernización con la misma ceguera con que resistió y frustró hace
cincuenta años, similar curso histórico, de una sociedad emergente.
Quizás la diferencia central residía en su debilitamiento definitivo, su
incapacidad para ofrecerse como salida, su impotencia de cara a un
pueblo que ha madurado y acepta cada vez menos tutelazgos o pater-
nalismos de cualquier especie. Pero si bien sus proyectos restaurado-
res resultaron impracticables, se debe reconocer que sus discursos y
sus prácticas penetraron hondamente en nuestra vida política tras-
cendiendo sus reductos.
Persiste, en efecto, una valoración residual que impregna aún de-
terminadas percepciones iracundas de la presente transición y opera
ante cada encrucijada como activador de cualquier tentación involuti-
va. Es allí donde radica su peligro. Porque en la medida en que una
generación pionera no logra ofrecer instituciones estables, estructu-
ras dinámicas, sólidas y espacios, propios, quienes debieran abando-
nar los viejos cauces comienzan a refugiarse en las aguas estancadas
del pasado, allí donde encuentran las certidumbres de antaño, espe-
jismos de seguridad y protección, la calma falsa —por cierto— del
inmovilismo, la nostalgia, el encierro y el autoabandono.
En fin: la decadencia. Rescatar por ello a quienes, turbados por la
crisis y el advenimiento de esta nueva etapa histórica de construcción
democrática, imaginan la zozobra de valores fundamentales para la
convivencia colectiva, debe ser también un paso ineludible para afir-
mar un proyecto nacional digno de ese nombre.
Convertir a la Nación en una ideología cristalizada —otro de los
productos aberrantes del faccionalismo que ha imperado en nuestra
cultura política— no ha servido sino para vaciar el concepto de con-
tenido, quitarle su fuerza y potencialidad y apropiarse de un valor que
debe ser común a todos, a fin de utilizarlos como argumento de do-
minación por parte de unos pocos que imponen sobre la sociedad su
particular y parcial visión de la realidad. Nacionalismo sin Nación,
patriotismo sin pueblo, militarismo que subvierte a las instituciones

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de la República, constituyen para quienes conciben una Nación mo-
derna, afirmada sobre sus raíces y abierta al mundo, la expresión más
rancia y acabada de la Argentina vieja. Resulta una huida a la abs-
tracción y al anacronismo fundir las relaciones entre las personas en
una entidad supraindividual absoluta, como lo haría cualquier organi-
cismo trasnochado. (Aplausos)
“Lo nacional” somos nosotros, hombres y mujeres que se recono-
cen desde la diferencia y la pluralidad como parte de una misma co-
munidad, un sentimiento común de pertenencia y una voluntad con-
creta de querer vivir juntos y realizar juntos objetivos comunes. Esta
es la Nación que queremos y que estamos forjando. Una Nación nue-
va, construida por su pueblo, que rescata sus valores fundacionales y
los redefine para proyectarlos hacia un futuro distinto. Una Nación
que resurge y se integra a la región para trabajar junto a sus herma-
nas del continente, por una inserción plena y digna en el mundo y por
un nuevo orden internacional, más justo y más pacífico. (Aplausos)
Honorable Congreso: luego de muchos errores, de muchos fraca-
sos y de mucha arrogancia, el pueblo argentino ha retomado los rum-
bos de la racionalidad y de su desarrollo integral y armónico.
La etapa del fracaso y de los proyectos cerrados o imposibles ha
terminado para siempre.
La alternativa al estancamiento y a la disolución nacional es la de
la democracia y la modernización, encaradas como proceso indisolu-
ble por una sociedad que en pluralismo, solidaridad y participación
inicia con seriedad la solución de los problemas que la aquejan, deli-
neando así el verdadero proyecto nacional, abierto y flexible, sin fal-
sas retóricas ni soberbias inconducentes.
Los proyectos propuestos para la Argentina en el pasado obedec-
ían a veces a las concepciones rígidas y cerradas que predominaron en
las ideologías y prácticas políticas heredadas del siglo pasado. Los
cambios que se han venido produciendo en el mundo derivaron, en las
naciones avanzadas, en la adopción de criterios más flexibles, de es-
trategias más abiertas. La adaptación a la nueva revolución tecnológi-
ca sigue produciendo cambios fundamentales en el pensamiento polí-
tico y en la administración de las economías de aquellos países, tanto
en los de sistema pluralista como en los centralizados. Mientras tan-
to, aquí, entre nosotros, persisten los que se aferran a los esquemas
del pasado. Es una nueva forma de la dependencia cultural. Están en

- 239 -
los hechos consumiendo los residuos obsoletos de ideologías que en
los países avanzados ya nadie respeta como dogma indiscutible.
En este terreno, también se evidencia el atraso, un atraso cultural
que debemos superar para encarar con eficacia los desafíos del presente.
El nuevo proyecto no puede pretender encerrar la realidad en
esquemas rígidos que son siempre superados o anulados por el deve-
nir concreto de los acontecimientos.
Un proyecto cerrado exige, para su cumplimiento, una unanimi-
dad de criterios incompatible con la complejidad de las sociedades
modernas, y opuesto a los principios democráticos. Implica, de mane-
ra directa o indirecta, la subordinación de la sociedad a una élite que
determina los objetivos, una élite que se arroga el monopolio del sa-
ber y de la conducción. Son características comunes de este tipo de
proyectos el establecimiento de metas cuantitativas y de plazos es-
trictos, que terminan por ser contradictorios. Por lo demás, los pro-
yectos cerrados se complementan con una serie de enunciados genéri-
cos y tautológicos, que nadie puede discutir y que, por lo mismo, no
tienen demasiada utilidad para la acción.
Los grandes procesos de transformación y de reconstrucción de
las sociedades modernas han sido obra no de un designio sectorial o
partidista, sino de la conjugación de una serie de proyectos y de es-
fuerzos, en competencia a veces, y en complementación siempre.
No corresponde a un partido ni a un gobierno imponer autorita-
riamente ambiciosos proyectos cerrados. Así como fue la sociedad
toda la que afirmó la democracia, es la sociedad toda la que desarro-
llará el proyecto que, al fin y al cabo, como se dijo en otra oportuni-
dad acerca de las revoluciones, será un proceso cuyos resultados defi-
nirán los historiadores del futuro. (Aplausos.)
Este periodo debe ser, en la Argentina que pretende superar el
estancamiento y arrancar del atraso, un período de movilización inte-
gral de todas las potencialidades humanas y materiales para desarro-
llarse armónicamente y para consolidar una democracia estable y
avanzada. Los programas que se propongan no deben tener como
objetivo contener y delimitar la energía social, sino construir los cau-
ces adecuados para su expansión.
Es la sociedad en su conjunto la que debe crecer. Arrogarse su
representación y fijarle objetivos rígidos es la concepción propia de
los autoritarismos. En democracia, es la sociedad la que se autoimpo-

- 240 -
ne los rumbos, a través de un mecanismo permanente de diálogo,
competencia y concertación.
Un elemento fundamental para que ello ocurra es el conocimien-
to serio de los problemas, la toma de conciencia sin retaceos de nues-
tra situación interna y de las condiciones del mundo que integramos.
Detrás de la repetición facilista de los “eslogans” del pasado ani-
da muchas veces una profunda ignorancia de los cambios que se están
produciendo en el mundo, de los importantes cambios que otros pre-
tenden imponernos. Si queremos afianzar nuestra soberanía, debemos
comenzar por conocer el marco en el que ella se recortará como perfil
de un pueblo dispuesto a no quedar rezagado ni condenado a la mar-
ginalidad y la dependencia.
La delimitación de los grandes objetivos será la resultante de to-
dos los factores puestos en juego. Lo que muchos no vacilan en enar-
bolar como propuestas concretas son los fines últimos de todo grupo
humano: convivir armónicamente, conquistar mayor prosperidad;
posibilitar el libre desarrollo de las capacidades individuales y colec-
tivas. No hace falta gastar imaginación para saber cuáles son las me-
tas últimas.
Los proyectos abiertos y flexibles que diseñan en su marcha
hacia el futuro las sociedades democráticas inauguran un permanente
movimiento de renovación e integración de finalidades donde el sen-
tido de esfuerzo, de sacrificio y de concertación surge como producto
de la libertad, de la racionalidad y no de la coerción.
Los gobernantes sí deben fijar metas cuantitativas y plazos para
los planes y proyectos de corto y mediano plazo, tal como lo fijan las
instituciones, las empresas, los sindicatos, las asociaciones de todo
tipo. Pero estos planes y proyectos no determinan rígidamente el
futuro, sino que tienden los carriles, firmes y seguros, por los que
circulará y se afirmará libremente la creatividad social.
Honorable Congreso: los argentinos quieren superar el estanca-
miento al amparo de una gran iniciativa: la de la modernización.
Modernización económica y tecnológica, modernización política, mo-
dernización social y cultural. Se trata, en verdad, de una bandera que
sintetiza una voluntad; la de dejar atrás un pasado que nos agobia
para poder colocar a nuestra sociedad a la altura de los tiempos.
Pero, además, modernizar a la Argentina en todos esos planos no
es sólo un imperativo que deriva de nuestra voluntad de emerger de

- 241 -
un estancamiento que nos acompaña desde hace años como una som-
bra. No es sólo eso. Hemos hablado ya de la crisis mundial y de la
particularidad de nuestra crisis dentro de ella. Queremos agregar
ahora que si bien esa crisis abarca a todas las naciones, grandes y chi-
cas, pobres y ricas, capitalistas y socialistas, algunas —las más pode-
rosas— mantienen la iniciativa a su favor. Las postergadas —la Ar-
gentina es una de ellas—si se quedan donde están, habrán de ser ba-
rridas por una nueva división internacional del trabajo que las conde-
nará, por mucho tiempo, al atraso y a la pobreza. Modernizar nues-
tras estructuras es una necesidad de supervivencia. De esa dramática
manera se plantean hoy las cosas en el mundo.
El problema fundamental de la modernización es el de la trans-
formación de las estructuras internas que nos han condenado en las
últimas décadas al atraso y a la progresiva decadencia. Muchas son
las características, diversos son los rasgos que pueden ejemplificar
esta frustración que llamamos “subdesarrollo”, “retroceso”, “pérdida
permanente de oportunidades”, “creciente dependencia”.
Pero mirándonos hacia adentro, lo que aparece desde hace décadas
como síntesis de esos fracasos, es la imagen de una sociedad rígida, y
por eso bloqueada en su capacidad de movimiento, de una sociedad
fragmentada, y por eso renuente a elaborar soluciones de consenso.
Por cierto, que consenso no equivale a homogeneidad, pero sí a
capacidad de compromiso alrededor de los supuestos básicos que le
otorgan sentido a un sistema democrático. En ese marco, ¿qué signi-
fica modernizar?: transformar a una sociedad bloqueada y rígida en
una sociedad flexible, a una sociedad corporativizada en una sociedad
abierta y fluida.
A través de sucesivos y crueles golpes, la sociedad argentina
llegó casi al límite de su disolución en facciones. Por eso, quizá la
meta central de esta transición sea la de recrear una sociedad, de lo
que ha sido un archipiélago de sociedades parciales.
No hay que engañarse: transición a la democracia consolidada y
modernización forman un solo conjunto de problemas. Porque la mo-
dernización no es un fin en sí mismo: el fin es la constitución de una
sociedad a la vez próspera y solidaria, independiente y participativa.
Esta es nuestra concepción amplia de la transición democrática
en la que estamos embarcados. Hemos dicho que en cada medida que
impulsamos hay que ver no un hecho aislado, desgajado por lo tanto

- 242 -
de un contexto global que le da sentido, sino un eslabón de un gran
programa de reformas estructurales.
En oportunidad de convocar a una convergencia programática
para cubrir este tránsito hacia la consolidación democrática, señala-
mos tres planos básicos —aunque no excluyentes— de reformas es-
tructurales: el político-institucional, el económico-social, el educacio-
nal y cultural. En todos ellos hemos lanzado iniciativas tendientes a
poner en marcha cambios profundos con el fin de superar nuestra
decadencia.
Ninguno de estos niveles es, por definición, más importante que
otro. La superación de las épocas históricas supone que el camino de
las transformaciones sea complejo y articulado, abarcando simultá-
neamente las estructuras económicas, las instituciones políticas y los
valores culturales.
Es esencial que la modernización sea libre y democráticamente
asumida por todos los integrantes de la sociedad: la revolución tec-
nológica irreversible implica cambios profundos en las actuales es-
tructuras productivas, pero deben evitarse costos humanos inacepta-
bles. Quienes representan a los sectores del trabajo deben ser los
primeros interesados en conocer y exigir la participación en el con-
trol del proceso de modernización.
Las innovaciones no deben ser enemigas de los trabajadores y de
su bienestar. Por el contrario, los nuevos métodos de creación de la
riqueza han de permitir una mayor distribución de bienes. Si en el
siglo pasado, los cambios fueron dirigidos y controlados por élites, la
moderna concepción de la democracia impone hoy un método partici-
pativo de gestión que abarque a toda la sociedad.
Esta nueva realidad debe ser asumida a fondo por los organiza-
dores racionales de la actividad económica: los empresarios, los direc-
tivos, los técnicos de todo nivel, pues junto con los procesos produc-
tivos y las herramientas del pasado también están desapareciendo en
el mundo desarrollado los viejos criterios de organización, operativi-
dad y gestión de las unidades económicas.
El pueblo quiere una gestión soberana y democrática de la mo-
dernización y de ello derivará una gestión que incluya la solidaridad.
Si así no lo hacemos, sufriremos una modernización impuesta, elitista
y con altos costos sociales. También la Nación argentina como tal
estará en peligro.

- 243 -
Frente a ello es tiempo dolorosamente perdido el continuar con
las disputas ideológicas que ya no importan en el mundo avanzado y
que aquí constituye el ornato intelectual del atraso. Debemos discutir
con seriedad las cuestiones serias, las cuestiones que hoy movilizan
los intereses y las acciones que deciden el futuro de la humanidad.
Para ello, creo, se ha autoconvocado esta Semana Santa la sociedad
argentina, para enfrentar juntos, en libertad y pluralismo, los verdaderos
desafíos de la hora. Si nos perdemos en vericuetos y en enfrentamientos
del momento, nuestros descendientes colocarán sobre nuestra memoria
el baldón justificado de haber sido quienes consentimos y promovimos la
decadencia definitiva de la Nación Argentina. (Aplausos)
Honorable Congreso: dije hace poco que, frente a cada iniciativa
de cambio transformador surgen obsesivamente las voces del pasado
que han quedado amarradas a un concepto paralizante: el que se tra-
duce en el "todavía no". Hoy, el pueblo nos dice “ahora”.
¿Todavía no? ¿Cuándo entonces? Aislados del desarrollo cultu-
ral y tecnológico, marginados de la economía mundial, malformados
en nuestra estructura por la acumulación de poder político y econó-
mico en una gigantesca cabeza, durante décadas hemos esperado que
se produzca el “milagro argentino”.
Sumidos en nuestros conflictos internos, nunca miramos más allá
de nuestras fronteras, salvo para ver potenciales enemigos externos o
para proponer modelos distantes y dudosos. Mientras tanto, en el
planeta se producían transformaciones que el hombre jamás había
soñado y a las cuales no teníamos acceso porque, para nosotros, “to-
davía no era el tiempo”. Lamentablemente, la realidad es otra y muy
diferente por cierto: el tiempo ya pasó.
Y ante esa adversidad tenemos dos alternativas: la que proponen
los nostálgicos de un pasado que no fue; o la de sumarnos al progreso
transformando, en primer lugar, el vetusto engranaje que nos impide
crecer.
Sí, ya es tiempo de trasladar la Capital. Porque más que un mero
cambio administrativo, ese traslado significará eliminar en forma elo-
cuente la existencia de dos países.
¿Qué entidad política, cultural o religiosa, qué gobernante no ha
insistido alguna vez en la necesidad de integrar el territorio nacional
mediante un modelo federalista?

- 244 -
¿Cuántas veces han insistido las provincias, relegadas en su con-
dición de convidadas de piedra de un poder centralizado, en la necesi-
dad de participar activamente en el desarrollo? No obstante, el
“todavía no”, instalado en la mecánica de esperar que las próximas
generaciones resuelvan lo que a nosotros nos toca resolver, se impuso
al deseo del cambio, y las decisiones trascendentes fueron una y otra
vez postergadas.
Es imposible resolver esta compleja realidad si no abordamos to-
das las debilidades estructurales que han caracterizado al país. Nadie
puede afirmar —porque no es cierto— que el traslado de la Capital
resolverá los problemas económicos, pero sí es posible, en cambio,
garantizar que el bienestar social sólo se obtendrá en la medida en
que se ataquen simultáneamente todas las causas que dieron origen al
estancamiento y al atraso. La centralización del poder político y
económico es una de ellas, y no es la menos importante, por cierto.
La Patagonia fue condenada durante dos siglos a la condición de
territorio en reserva, desocupado, carente de infraestructura; perma-
neció como el vecino pobre al que se observa con indiferencia. Sin
embargo, en sus tierras se oculta una magnifica riqueza aun inexplo-
tada, que sólo espera la obra del hombre para aflorar.
Son muchos los ojos que han mirado con codicia esa gigantesca
porción del mundo que nosotros no supimos ocupar. La Patagonia es
argentina; pero poco nos hemos ocupado de ella salvo en dudosas ex-
hortaciones nacionalistas que nunca resolvieron la cuestión principal.
¿Hasta cuándo esperar para integrar definitivamente una Nación
que ha estado dispersa y fragmentada? (Aplausos)
Los hombres que habitan en las provincias saben muy bien que
es muy distinta la visión que se tiene del país cuando se lo observa
desde allí; conocen la injusticia de un poder centralizado y de oídos
sordos a sus reclamos federalistas. ¿Vamos a postergarlos una vez
más, precisamente ahora, cuando se están sentando las bases de una
democracia duradera que debe ingresar al siglo XXI sólida, moderna
y particularmente transformadora?
Es tiempo de trasladar la Capital, porque cada acción concreta,
tangible, que nos conduzca a un modelo de país moderno, facilitará la
labor de las nuevas generaciones que ya se están formando para go-
bernar en el próximo siglo. No permitamos que la inercia del “que-
dantismo” se contagie a los jóvenes.

- 245 -
Honorable Congreso: la integración política y económica de
América Latina ha sido un proyecto tantas veces proclamado como
enterrado en el cajón de los recuerdos. Y sin embargo, nadie podría
afirmar hoy —con argumentos razonables— que alguna de nuestras
naciones se desarrollará y alcanzará la prosperidad si en sus fronteras
coexisten vecinos pobres y explotados.
Los argentinos aspiran a que la integración latinoamericana deje
de ser un enunciado que nunca termina de cumplirse. Creemos que ya
hemos encarado pasos concretos para tal fin, porque en definitiva es
la acción común la que integra, no las palabras. El “Consenso de Car-
tagena” creó un ámbito de trabajo solidario. El “Grupo de Contadora”
y de “Apoyo” fue otro paso en la misma dirección. El Acuerdo Co-
mercial con Uruguay y Brasil significó otro salto hacia ese objetivo.
En poco tiempo hemos alcanzado un espacio que hasta ayer no
poseíamos: hemos traducido en cosas tangibles lo que hasta ese mo-
mento no dejaba de ser una expresión de deseos. Y aún no estamos
conformes. ¿Cómo podríamos estarlo si sólo hemos dado los primeros
pasos? Luchamos contra dos siglos de desencuentros regionales, de
trabas comerciales y competencias absurdas. Mientras otras regiones
nos daban ejemplos de inteligencia y unificaban sus intereses políticos
y comerciales para formar sólidos frentes, nosotros proseguíamos con
el sórdido provincianismo de encerrarnos en nuestras fronteras y de
erigir, ante nuestros vecinos, murallas que nos impelían crecer. Mien-
tras otros abrían sus fronteras, nosotros nos mirábamos con descon-
fianza. (Aplausos.)
El mundo se ha dividido hoy en grandes espacios regionales, en
donde el desarrollo económico depende cada vez menos de un país en
particular y cada vez más de la integración regional. La Comunidad
Económica Europea es un ejemplo; también lo es Estados Unidos,
convertido ya en un espacio regional, y también la Unión Soviética.
Porque en cada uno de ellos existe una escala de mercado de gran
magnitud debido, entre otras cosas, al tamaño de su población. En
América Latina necesitamos crear un sistema que facilite la integra-
ción de nuestras posibilidades: relaciones firmes entre las monedas de
cada país, un intercambio comercial libre, un conjunto de normas
jurídicas compartidas y una voluntad común de conformar una región
fuerte, que fije las reglas de juego de acuerdo con sus propios inter-
eses.

- 246 -
Sin aspiraciones hegemónicas, sin falsas competencias, hemos
creado condiciones para la cooperación regional. Y ahora debemos
afianzarla mediante nuevas y más audaces acciones. Una de ellas bien
puede ser la redefinición de la representación y funciones del Parla-
mento Latinoamericano al que concurran legisladores especialmente
designados por sus propios Congresos, fortaleciendo la misión de
establecer bases políticas sólidas de integración mediante el desarro-
llo regional conjunto en las áreas de la educación, la salud, la econom-
ía, la ecología, el aprovechamiento de los recursos humanos y geográ-
ficos.
Debemos avanzar juntos porque de ello depende nuestra fortale-
za. Algunos aducirán que se trata de compartir la pobreza que carac-
teriza a nuestro continente. Nada de eso. Se trata de unir la imagina-
ción para que juntos demostremos al mundo que unidos y solidarios
vamos a transformar la historia y a hacer valer las riquezas tanto
tiempo postergadas. (Aplausos.)
Honorable Congreso: el pueblo argentino salvó esta democracia
que comenzamos a consolidar. Estoy seguro de que ahora demanda
que en el marco de esta democracia recuperada y profundizada en
relación a nuestra propia historia, utilicemos medios idóneos, instru-
mentos aptos para lograr fines específicos con el menor esfuerzo de
tiempo y energía. Esto es, el pueblo argentino reivindica una demo-
cracia eficiente.
Por eso, y porque estamos avanzando en el camino de la moder-
nización de la sociedad, debemos debatir la posibilidad de reformar la
Constitución Nacional. Porque, como es sabido, la Constitución mar-
ca el punto de equilibrio entre las diversas fuerzas sociales y provee el
marco básico para la relación entre la sociedad y el Estado; una nueva
Constitución permitiría asumir colectivamente un proyecto de futuro
acorde con las enseñanzas de nuestro pasado.
Conocemos que no son las nuevas leyes las que cambian la histo-
ria. La historia se escribe con nuevas luchas y nuevos acuerdos. Pero
las leyes son instrumentos para afianzar el resultado de esas luchas y
acuerdos.
Quiero suscribir las palabras del Consejo para la Consolidación
de la Democracia: todo período histórico necesita de un gran pacto de
convivencia.

- 247 -
La Constitución de 1853, después de finalizadas las guerras civi-
les, fue el gran pacto de convivencia sobre el que se formó la Nación
Argentina.
La República ha iniciado un nuevo período histórico. Superados los
desencuentros, estamos construyendo el país que aspiramos tener. Aho-
ra, como en 1853, debemos explicitar ese gran pacto que sirva de cimien-
to para construir una sociedad participativa, solidaria y moderna.
El pacto constituyente entre los ciudadanos requiere un sólido con-
senso. La propia Constitución, sabiamente, ha previsto las condiciones
de su modificación, de modo que ninguna mayoría circunstancial impon-
ga caprichosamente su voluntad a las generaciones venideras.
Un auténtico consenso se logra a través de un debate abierto y
reflexivo, en el que se confronten propuestas alternativas. Este deba-
te, cualquiera sea su resultado, es valioso en sí mismo porque contri-
buirá a la toma de conciencia colectiva sobre los principios básicos de
nuestra organización política.
La Constitución Nacional, en los tiempos en que el país se su-
mergía en la desintegración moral, social y económica, fue la única
tabla de salvación a la que nos aferramos para preservar los principios
mínimos de convivencia. Pero hoy, que ya estamos a salvo, debemos
apoyarnos en ella para superar sus propias limitaciones…18
Si permanentemente proclamamos la soberanía del pueblo, ¿por
qué no complementar la democracia representativa con mecanismos a
través de los cuales los ciudadanos puedan participar en la toma de
decisiones sobre cuestiones que los involucran de modo inmediato?
Si la descentralización institucional, demográfica y económica es
una aspiración común, ¿por qué no acordar normas que hagan posible
un federalismo efectivo, que proteja las autonomías de los municipios
y que promueva la descentralización de la gestión y la distribución de
los beneficios de los grandes emprendimientos públicos?
Si la defensa de las autonomías provinciales necesita de un órga-
no de máxima jerarquía que se dedique con toda intensidad a esa mi-
sión, ¿por qué no ampliar en ese sentido las facultades y funciones del
Senado de la Nación?

18
NdE: A partir de aquí, este discurso no pudo ser controlado con el audio. Hemos
respetado el registro taquigráfico.

- 248 -
Si el Parlamento es el órgano máximo de la representación popu-
lar y el ámbito donde debe generarse el amplio consenso que es nece-
sario para impulsar las transformaciones profundas que el país necesi-
ta, ¿por qué no diseñar procedimientos institucionales que estimulen
la negociación y el acuerdo entre los partidos que representan a los
sectores que deben comprometerse con esa transformación, de modo
que ese acuerdo se canalice a través de acciones de un gobierno con
responsabilidad parlamentaria?
Si se acepta generalmente que el régimen presidencialista presenta
rasgos que lo hacen poco flexible frente a situaciones de crisis y tensión,
que concentra excesivo poder en una sola persona y que la hace destina-
taria de exageradas expectativas, que establece una relación no siempre
fluida entre los diversos representantes de la voluntad popular, ¿por qué
no proceder a atenuar esos rasgos, aprovechando la experiencia de casi
todas las democracias del mundo que han adquirido estabilidad a través
de sistemas parlamentarios o semiparlamentarios? (Aplausos.)
Si el Poder Judicial ha visto obstaculizada, en épocas oscuras, su
tarea específica de resguardar los derechos individuales y ve superada
su capacidad de resolver conflictos de un modo rápido, eficiente y
accesible a todos los sectores de la sociedad, ¿por qué no perfeccionar
los instrumentos jurídicos básicos para proteger aquellos derechos y
para estimular que todos los ciudadanos recurran a la administración
de justicia para superar sus conflictos?
Si instituciones como el estado de sitio y la intervención federal
han servido en el pasado para abusos de poder en desmedro de los
derechos de los ciudadanos y de las provincias, ¿por qué no limitar
sus alcances y establecer normas de control para evitar su desvirtua-
ción creando al mismo tiempo mecanismos más ágiles para que el
gobierno pueda por sí solo enfrentar con eficiencia y rapidez cual-
quier perturbación al orden público o situación de emergencia?
Si la administración pública ha ido sufriendo con el tiempo un
proceso de deterioro que generó pautas de comportamiento rígidas,
ineficientes, que coartan la libertad del funcionario, al mismo tiempo
que lo liberan de toda responsabilidad y que están en función de la
protección y expansión de la propia administración y no al servicio
del administrado, ¿por qué no establecer procedimientos de control
que protejan la eficiencia y la honestidad con las que se deben prestar

- 249 -
los servicios y que jerarquicen la tarea, la responsabilidad y la liber-
tad de los funcionarios públicos?
No podemos caer en el error de despreciar el papel que las nor-
mas jurídicas cumplen en un proceso de consolidación de institucio-
nes básicas y de cambio estructural: ellas constituyen el punto de
referencia común hacia el que deben converger nuestras aspiraciones
y proyectos, no obstante su enriquecedora diversidad.
La reforma de la Constitución puede expresar así la voluntad de
los argentinos de elaborar mancomunadamente un esquema de co-
operación que resguarde la autonomía individual, proteja a los más
débiles y necesitados, impida los abusos de poder y promueva su des-
concentración, expanda la intervención directa de los afectados en los
procedimientos de discusión y decisión colectiva, estimule la eficien-
cia en el uso de los recursos sociales y en el funcionamiento de las
instituciones y asegure la indispensable rapidez en la sanción de las
leyes. (Aplausos.)
Honorable Congreso: históricamente la lucha por una distribu-
ción más igualitaria de la riqueza fue simultánea y consustancial con
la lucha por una distribución también más igualitaria del derecho a la
participación política.
Las primeras organizaciones de los trabajadores no sólo reivin-
dicaban la mejora del salario. Exigían al mismo tiempo el acceso in-
discriminado a la educación, a la cultura, al saber.
El sufragio universal y la instrucción pública generalizada fueron
conquistas casi simultáneas. La plenitud del ejercicio de la ciudadanía
las imponía como requisitos complementarios e indisolubles. La com-
plejidad creciente de los procesos productivos fue determinando
igualmente la necesidad de otorgar una mejor formación a todos los
integrantes de la sociedad.
Pero más fuerte que todo ello era la difusión incontenible de los
ideales igualitarios y democráticos en todos los ámbitos de la vida
social. El pueblo soberano comenzó a exigir el ejercicio concreto de
su soberanía. Las grandes corrientes del pensamiento político surgi-
das a partir del siglo XVIII resumían y expresaban, a través de
concepciones que en determinado momento aparecieron como irre-
mediablemente antagónicas, aquellas aspiraciones.
Hoy, en el contexto de una nueva transformación de las tecno-
logías productivas y de la organización económica, más radical y pro-

- 250 -
funda que las precedentes, que en numerosas ocasiones hemos califi-
cado de verdadera mutación civilizadora, el tema de la democracia se
nos replantea con vigor renovado.
La inteligencia no es tan sólo el componente principal de la fuer-
za de trabajo. Es también la materia prima fundamental del proceso
productivo. Si ya la economía no admite agentes inertes, mucho me-
nos pueden concebirse sistemas políticos estables y funcionales que
no se estructuren sobre la participación consciente y activa del con-
junto de los ciudadanos. La democracia, lejos de presentarse así como
un sistema cristalizado, se nos revela como la verdadera revolución
permanente de nuestro tiempo.
Si ha logrado canalizar las aspiraciones de los pueblos a niveles
crecientes de libertad e igualdad en las etapas que nos anteceden y
concretarlas en formas políticas que hoy rigen numerosas sociedades
del planeta, los desafíos de la hora presente le imponen ampliar y re-
mozar dichas formas para adecuarlas a las nuevas exigencias de los
pueblos.
La democracia, así ampliada e intensificada, resume y conjuga los
objetivos de libertad, igualdad y justicia social que propugnaron las
grandes corrientes de pensamiento político.
Esta es la democracia por la que el pueblo se jugó: integral, par-
ticipativa. Esta nueva concepción representa una extensión e intensi-
ficación del concepto clásico de democracia y jamás su impugnación.
Como ya lo señaláramos, la democracia participativa no se contrapo-
ne a la democracia formal ni a la democracia representativa. Toda
democracia es formal, es decir, implica normas y reglas para contener,
delimitar y organizar la actividad política y la convivencia social. Y
toda democracia, en las sociedades modernas y complejas, implica el
ejercicio de la soberanía a través de representantes.
De lo que se trata es de extender y multiplicar las instancias en las
que el ciudadano es convocado a elegir sus representantes para que
abarquen todo el espectro de las actividades de este nuevo tipo de so-
ciedades. Este incremento responde a las necesidades reales y concre-
tas que tienen las sociedades en transformación, cualesquiera hayan
sido los procesos previos por los cuales ingresaron a la modernidad.
Una concepción actualizada de las relaciones entre Estado y so-
ciedad reconoce que la toma de decisiones debe distribuirse de una
manera más compleja y diseminada. La fijación de reglas no se limita

- 251 -
a la sanción de leyes u ordenanzas por los cuerpos colegiados repre-
sentativos ni la ejecución de políticas y medidas concretas puede que-
dar librada a un número restringido de funcionarios.
Los ciudadanos, en tanto usuarios, consumidores, productores,
trabajadores, empresarios19, técnicos, etcétera, no pueden permanecer
ajenos a decisiones que originan consecuencias significativas sobre la
calidad de su vida y sobre el funcionamiento, las metas y los valores
de la sociedad.
Esta participación debe ser entendida y encarada como una pro-
fundización del sistema democrático y de sus reglas y no como una
limitación de los derechos y garantías básicas del mismo, incluido el
de la propiedad. Por el contrario, es esta participación la que preser-
vará los derechos fundamentales.
Una sociedad cabalmente democrática no puede incluir en su se-
no áreas de actividad estructurada sobre valores ajenos a los princi-
pios de libertad y de igualdad, entendidos en democracia como los
polos de una tensión constructiva para el bien común.
Mayor participación es mayor gobernabilidad. La intensificación
de la democracia, su extensión a todos los ámbitos del quehacer so-
cial, constituye el único camino válido para enfrentar lo que algunos
teóricos han dado en llamar la “ingobernabilidad” de las modernas
sociedades de masa.
La eventual ingobernabilidad deriva del intento de mantener a
grandes capas de la población al margen de la participación en la
toma de decisiones. Los ciudadanos se vuelven ingobernables cuando
se sienten instrumentos pasivos de decisiones que adoptan otros,
cuando las dirigencias de cualquier clase se les oponen como élites
cerradas y autónomas, cuando son convertidos en masa. (Aplausos.)
El ejercicio de la democracia debe descender de los niveles res-
tringidos de la decisión gubernamental a la vida cotidiana. Debe con-
vertir a todos los ciudadanos en sujetos activos. Las decisiones deben
ser asumidas como la resultante de una participación que se articula
desde los niveles más elementales hasta los superiores, a través de un
mecanismo ininterrumpido de participación, discusión y control.

19
NdE: A partir de aquí hemos podido comparar la taquigrafía de este discurso con
el audio existente de Radio Nacional Argentina (RNA).

- 252 -
La sociedad participativa no es una sociedad anárquica ni caótica.
Es, por el contrario, la única sociedad funcional y organizada, la única
compatible con la preservación de los valores básicos que la democra-
cia ha instaurado y la única que evitará los riesgos de la “ingobernabi-
lidad”. Es la sociedad que supera las viejas antinomias de lo estatal y
lo privado en el espacio común de lo público. Es la única sociedad que
nos permitirá escapar a la acechanza de las involuciones autoritarias,
y avanzar hacia la modernización de estructuras para el desarrollo, la
autonomía y la integración.
Honorable Congreso: en un contexto de cambio social y cultural
rápido y de reestructuración del sistema mundial de producción y de
gestión sobre la base de las inmensas potencialidades despertadas por
la revolución tecnológica, la Argentina llega una vez más con retraso.
Un retraso de ningún modo irreparable, pero del cual la Nación ha
comenzado a hacerse cargo.
En la medida en que sepamos darnos una voluntad política y un
proyecto de país colectivamente asumido; en la medida en que tenga-
mos la firme resolución de superar no simplemente nuestras dificulta-
des puntualmente consideradas, sino también y sobre todo nuestra
pereza y nuestro facilismo cotidiano, podemos esperar con fundadas
razones que el país logre sobreponerse a ese retraso y se incorpore al
mundo moderno, entrando sin triunfalismos, pero decididamente, en el
camino del progreso económico, social y cultural que anhelamos.
Para ello, sin embargo, debemos tomar conciencia de los arduos
problemas que hay que encarar. Entre esos problemas, uno de los prin-
cipales sigue siendo nuestra incapacidad, no siempre inocente, de poner
al día nuestras ideas y nuestra manera de actuar. Persiste aun en muchos
de nosotros una obstinada resistencia al cambio cultural. La acumulación
de oscurantismo ideológico, corporativismo profesional, burocratismo
administrativo, subdesarrollo científico e ignorancia presuntuosa que
hemos recibido como herencia del pasado reciente, pero que tiene raíces
más hondas, nos ha hecho correr el riesgo de frustrar el enorme poten-
cial que existe en nuestro pueblo, hasta el punto de llegar casi inermes a
los últimos años de la década del ‘80 en medio de una de las más formi-
dables mutaciones científico-técnicas de la historia de la humanidad.
Es tiempo ya de decidirse, no sólo a recuperar lo perdido, sino a
cortar audazmente camino y a ser contemporáneos de un mundo lle-
no de promesas y de posibilidades; pero implacable con quien, por

- 253 -
simple indolencia o por los ilusorios réditos políticos que espera ob-
tener de ellos, se queda atascado en los viejos dogmas y transforma
en virtud principista lo que no es otra cosa que terca adhesión a ideas
obsoletas. (Aplausos.)
Superar las antinomias ideológicas del pasado implica mostrar su
carencia de validez y proponer una alternativa a ellas pero esta alter-
nativa —y eso es lo que suele quedar fuera de la comprensión de mu-
chos— no puede ser ya una propuesta más, sólo diferente de las otras,
porque estaría situada en algún lugar todavía no ocupado del espectro
ideológico tradicional. No se trata de ser un poco más izquierdista, un
poco más derechista o un poco más centrista que los demás para lo-
grar ofrecer a los argentinos una perspectiva de futuro en la cual
puedan creer y en cuya realización quieran comprometerse.
Se trata en cambio de atreverse a plantear los problemas y las vías
posibles para resolverlos, en términos no ya simplemente distintos sino
más bien carentes de connivencia con respecto a la vieja manera de plan-
tearlos y de buscarles solución. Se impone, pues, una renovación cultural
profunda.
A pesar de la inercia arraigada en muchos y del miedo a lo nuevo
que persistentemente inhibe a los espíritus cautivos, esa renovación
ya se está dando en muchos aspectos.
Allí donde una actitud de tolerancia se impone sobre el sectarismo o
la tentación de la violencia, allí donde los intereses particulares no obnu-
bilan las mentes y, por tanto, no prevalecen frente al interés de todos,
allí —en la fábrica, la escuela, el club, la asociación vecinal, la actividad
artística— donde campea el entusiasmo por la creación y la innovación;
allí, en fin, donde no se pierden ni las esperanzas ni la voluntad de en-
contrar una solución racional a los conflictos que normalmente se plan-
tean en las distintas esferas del quehacer colectivo, allí está comenzando
a florecer esa renovación de ideas, hábitos y estilos de acción que necesi-
tamos. Es preciso definir sus contenidos, acelerarla y mostrar sus logros
para vencer los obstáculos que aún se oponen a ella. Obstáculos que son
más subjetivos que objetivos, más imaginarios que reales, pero que im-
piden todavía a muchos comprender que nuestro universo cultural debe
cambiar, y cambiar profundamente.
Es necesario rechazar los dogmas que con increíble simplismo,
con una manera ingenua de reducir e incluso negar la complejidad de
los hechos políticos y sociales, con esa creencia en la verdad de sus

- 254 -
ideas propias capaz de sobrevivir a los más espectaculares desmenti-
dos históricos, no sólo son inofensivas reliquias heredadas del siglo
pasado, sino a menudo el origen de ciegos fanatismos, o, aún en el
contexto compartido de la vida democrática, se erigen en sectarios
escollos para una mirada a la vez más lúcida y menos arrogantemente
segura sobre nuestra realidad.
La renovación cultural que deseamos pasa, ante todo, por la renun-
cia a todo fanatismo, por la admisión del error siempre posible, por la
búsqueda al mismo tiempo plural y compartida del conocimiento de
nuestra sociedad, para contribuir a hacerla más libre, próspera y justa.
También hay que rechazar las actitudes de quienes presentaron
al país planes que nunca pudieron cumplir, pero que se anunciaron
solemnemente bajo la forma de disquisiciones filosóficas. La mera
formulación trasuntaba ya esta mezcla de optimismo impuesto y de
omnipotencia imaginaria que acompaña siempre a los marcados total
o parcialmente por el mesianismo.
En la empresa que se proponen los argentinos, los ejes decisivos
y las dimensiones maniqueas están de más. Para que nuestro país no
termine por verse confinado en los arrabales de la historia, debe libe-
rarse de antigüedades ideológicas que desde hace siglos vienen pro-
metiendo un paraíso que, por sólidas y convincentes razones, no se
realizó nunca en ninguna parte. (Aplausos.)
Estos confortables dogmas no son, en modo alguno, necesarios. Lo
que sí necesita hoy nuestro país -y quiere nuestro pueblo- es un sistema
ético fundado sobre valores que, sin menoscabo para la libertad, pro-
muevan y consoliden la solidaridad social y, especialmente, lo que nece-
sitamos todos hoy es un inédito plusvalor de imaginación, de invención,
de actitud política emprendedora. Los argentinos hemos recuperado el
derecho a la esperanza, depende de nuestra voluntad —de una voluntad
racional y consciente de nuestras realidades— de que esa esperanza co-
mience a fructificar y a traducirse en logros concretos.
Honorable Congreso: nadie puede poner en duda que la sociedad
argentina quiere movilizarse sin vacilaciones ni demoras para arran-
car del estancamiento, para crecer y para desarrollarse.
Puede haber dudas legítimas, sin embargo, sobre cuáles son los
caminos adecuados, los plazos y los objetivos. Ante el agotamiento
indiscutible del modelo agro-importador que consintió nuestro cre-

- 255 -
cimiento desde las décadas finales del siglo pasado hasta las primeras
del presente, surgen opciones contrapuestas.
Nuestra vía hacia la prosperidad que, como dijimos, tiene uno de
sus pilares en la integración latinoamericana, debe tender a la adqui-
sición de nuevas ventajas comparativas, como lo fueron en determi-
nadas épocas los recursos agropecuarios en el marco de un desarrollo
global de nuestras capacidades humanas y materiales, incorporando
las modernas tecnologías, a la vez que construimos las infraestructu-
ras y las industrias de base que sean más convenientes para potenciar
el crecimiento integrado y armónico de un fuerte mercado interno y
dotarnos de una amplia capacidad exportadora.
Tal es nuestra concepción moderna del desarrollo y proponemos su
discusión a todos los ciudadanos interesados en arrancar a la Argentina
de la decadencia. Así entendido, el desarrollo con modernización es un
imperativo ineludible de nuestro futuro como Nación soberana, autóno-
ma y libremente integrada a sus hermanas de América Latina.
Debemos entrar al siglo XXI por la puerta grande, a través de la
modernización del aparato productivo, del campo y del Estado, y
también de la educación, la cultura, la ciencia y los comportamientos
sociales.
Para entender el significado de esa transformación y alentar su
logro, es necesario conocer y dominar las actuales tecnologías y eva-
luar su influencia en las sociedades modernas como una variable
dinámica fundamental para su desarrollo integral.
La innovación es la impronta que caracteriza a dichas sociedades.
Ellas continuarán avanzando, aumentando cada vez más la distancia
que las separa de la nuestra, si no encaramos los esfuerzos necesarios
para encontrar nuestro propio camino hacia el desarrollo. Nosotros
debemos decidir, al mismo tiempo, que el desarrollo tecnológico no
sólo contribuya a satisfacer las necesidades básicas de nuestra socie-
dad, a mejorar nuestra calidad de vida y a obtener el pleno desarrollo
de nuestras capacidades, sino que asegure la utilización racional de
nuestros recursos físicos, humanos, económicos y de conocimiento,
sin conducir al deterioro o destrucción de la naturaleza ni a la explo-
tación del hombre.
Es imprescindible la reorientación de los esfuerzos hacia las áre-
as definidas como de interés y oportunidad prioritaria, así como tam-

- 256 -
bién asegurar la utilización del poder de compra del Estado y de sus
grandes proyectos para favorecer el desarrollo tecnológico nacional.
La tecnología que necesitamos está constituida por la mezcla co-
herente de dos componentes, uno propio y otro importado. Para ad-
quirir este último necesitamos conocimiento y experiencia, para defi-
nir nuestros requerimientos, seleccionar la más conveniente, negociar
su contratación y adaptarla a nuestra realidad.
Es necesario utilizar los más avanzados desarrollos tecnológicos
para reforzar o crear sectores prioritarios de producción, utilizando el
aporte de las tecnologías de punta, luego de un cuidadoso análisis de
sus características y de nuestros requerimientos.
Para contribuir con tecnología propia debemos usar a pleno la
capacidad innovativa de nuestros investigadores y tecnólogos, rete-
niéndolos en base a condiciones dignas de trabajo y ofreciéndoles
nuestro apoyo y respeto a su actividad creativa. Es necesario que esta
actividad tecnológica se ejerza dentro o en estrecha relación con el
sistema productivo, utilizando al máximo los recursos humanos y
materiales disponibles. Si eso no ocurre y nuestro sector productivo
continúa disociado del sector creativo, irremediablemente aumentará
nuestra dependencia.
Esta tarea no puede ser afrontada solamente a través de la acción
centralizada del Estado. Es esencialmente coparticipativa y cada or-
ganismo del Estado, cada empresa privada o pública, cada instituto de
investigación y desarrollo, y cada ciudadano deben asumir el papel
que les corresponde en esta apuesta argentina hacia el futuro.
Honorable Congreso: se nos pide la laboriosa empresa de plas-
mar la democracia argentina como régimen político y forma de rela-
ción entre los hombres, asentándola sobre bases económico-sociales,
políticas, culturales e institucionales lo más sólidas posibles.
Tarea que exige espíritu de iniciativa e imaginación política audaz,
pero que también reclama, por tratarse de la empresa más ambiciosa que
los argentinos nos hemos propuesto en este siglo, la renuncia a vanas
querellas y, sobre todo, una amplia conjunción de individuos, grupos y
organizaciones políticas profesionales y culturales.
Hemos expresado la convicción de que es requisito indispensable
para el proceso de democratización la existencia de un acuerdo políti-
co básico, de un verdadero pacto de garantías en el que, más allá de
las legítimas diferencias de punto de vista, el conjunto de fuerzas que

- 257 -
componen el arco democrático de la sociedad política se comprome-
tiera al respeto y la defensa irrestrictos de las reglas e instituciones
democráticas.
Pero además habíamos dicho también que era bueno y sano para
el país, para su vitalidad y para su capacidad de innovación, que a este
pacto de garantías, tácito o expreso, que es el umbral de un sistema
político, se le añadieran propuestas, de acuerdos programáticos entre
sectores diferentes y hasta adversarios en la arena política, pero capa-
ces de confluir constructivamente, a partir de un debate democrático,
en la puesta en marcha de iniciativas innovadoras e imaginativas para
la transformación que el país necesita.
Creo que no me equivoco al afirmar que los argentinos desean
hoy un paso más hacia adelante. Un pacto social y un compromiso
político que implican una fundamental profundización, cuantitativa y
cualitativa.
Una profundización cuantitativa, porque tanto el pacto social
como el compromiso político suponen el más amplio llamado hasta
hoy efectuado a asumir colectiva y conjuntamente el desafío de largo
plazo de la transición democrática: consolidar un sistema que, a la vez
que instaure un marco legal permanente para la convivencia entre
distintos, tenga la energía y la capacidad necesarias para poner en
marcha cambios decisivos en nuestras estructuras económicas, socia-
les e institucionales, cambios que deberán englobar tanto al Estado
cuanto a la sociedad como a las relaciones entre ambos.
Y una profundización cualitativa, porque de los aspectos, al co-
mienzo necesariamente generales, de las transformaciones estructu-
rales a encarar, quiere el pueblo pasar ahora a sus aspectos más es-
pecíficos y sustantivos.
Hablamos de pacto social porque estamos convencidos de que las
imperiosas modificaciones de estructura que el país reclama no se
sostendrán sino sobre la base de una amplia voluntad colectiva, en-
carnada en los sujetos que habrán de protagonizarlas. En esta hora de
reconstrucción y de esperanza es imprescindible que devolvamos a las
palabras su sentido pleno: cuando hablamos de la marcha hacia el
pacto social, en el contexto de un país decidido a emerger de la decli-
nación y del atraso, estamos haciendo referencia a un encuentro de
voluntades destinado a superar los sectorialismos corporativos, la
claudicación y las componendas que no osan salir a la luz.

- 258 -
Nosotros reivindicamos el pacto social como la libre concurren-
cia de intereses y proyectos de los sectores en una negociación abierta
que tiene por mira el bienestar colectivo.
Nadie debe renunciar a sus legítimas reivindicaciones, pero cada
uno debe comprometerse en el esfuerzo de armonizarlas con las de
los demás, para que sean eficaces, viables y no perjudiquen al conjun-
to de la sociedad.
Comprende a toda la sociedad, a cada individuo y sobre todo a
los sectores y grupos profesionales, para trabajar en conjunto por una
sociedad mejor, sin renunciar a los intereses legítimos de cada uno
sino, al contrario, transformándolos en propuestas practicables. Por
cierto, se asienta en una coincidencia fundamental en cuanto al rumbo
que el país debe tomar y no en la negociación pragmática e inmedia-
tista de los pequeños intereses, pero por eso mismo reclama ambición,
energía y tenacidad y rechaza la parálisis.
Es por ello que el pacto social que propugnamos hará desapare-
cer de nuestro país las rémoras del corporativismo; éste surge al am-
paro del discrecionalismo autoritario, de la falta de reglas de juego
claras y compartidas, de la ausencia de democracia, se afianza en la
complicidad y en el encubrimiento. La transparencia republicana es
su peor enemigo.
A la luz de la Constitución y de las leyes, en el espacio público de
las instituciones, no habrá lugar para las componendas y sí para la
convergencia libre de hombres y organizaciones comprometidos en el
resurgimiento nacional. A esa convergencia y a ese compromiso, es
decir a ese pacto social, nos está convocando nuestro pueblo, con la
fuerza de un mandato que da a sus dirigentes.
Pero los argentinos quieren ir aún más lejos.
Para superar los escollos que derivan de las resistencias tradicio-
nales al cambio —y también de quienes añoran y propugnan una
vuelta al pasado— así como para evitar los inconvenientes que estos
cambios conllevan, sobre todo en tiempos de crisis, necesitamos con-
sensos mayores, basados en la elaboración ampliamente compartida
de pautas de acción y en la discusión —con vistas a compromisos
políticos institucionales— de objetivos trascendentes como los que
antes hemos planteado. No vemos que exista ningún inconveniente
serio y sí en cambio promisorias condiciones para que ese compromi-
so se concrete.

- 259 -
No buscamos un sistema bipartidista rígido en donde la sociedad
no tenga sino dos alternativas de elección. Buscamos una sociedad en
la que todos los sectores sociales, sin excluir en modo alguno los mi-
noritarios, tengan la debida expresión política que canalice sus pro-
puestas, su voluntad, sus ansias de participación. Hemos padecido
demasiado la imposición de escuchar una sola voz como para confor-
marnos ahora con escuchar sólo dos voces, por mayoritarias que ellas
sean. Una sociedad moderna debe nutrirse de la confluencia de mu-
chas voces, de muchos pensamientos, de distintos puntos de vista que
pugnan —en un marco civilizado— por obtener consenso.
Seríamos injustos, por lo tanto, si en este compromiso hubiera
exclusiones. No las hay. No las habrá. Hemos dicho muchas veces que
no creemos en la uniformidad de los totalitarismos ni en la unanimi-
dad compulsiva de los autoritarismos; es piedra fundamental de nues-
tra filosofía rechazarlos enérgicamente. Creemos que el pluralismo es
el oxígeno que da vida a los convocados a participar, a manifestar
democráticamente sus divergencias, a proponer alternativas, a imagi-
nar mecanismos nuevos, de detalle o de fondo, que conduzcan a la
Nación próspera que deseamos.
Pero la historia política reciente nos muestra la presencia preva-
leciente de dos grandes partidos, dos importantes movimientos que
en sus enfrentamientos no siempre supieron conjugar las aspiraciones
de la sociedad.
Estamos convencidos de que más allá de sus contradicciones y de
sus defectos, con la precaria experiencia administrativa que las pro-
pias circunstancias históricas les impusieron, estas expresiones políti-
cas deben, además de convivir, apoyarse mutuamente y volcar su
energía creadora en la empresa de transformar el país.
Representantes de las mayorías de los argentinos, ambas tienen
una responsabilidad histórica que trasciende un período electoral o
una gestión de gobierno. Esa responsabilidad tiene alcances que van
mucho más allá de 1989. Mucho más allá, incluso, de este siglo que ya
culmina: es la responsabilidad de reconstruir un país que había perdi-
do su rumbo. Encontrarlo, volver a encaminarlo por él, encauzar los
esfuerzos para superar los obstáculos que frenen o interrumpan su
marcha, no podrá ser obra exclusiva de uno, sino de todos.

- 260 -
El compromiso político al que aspiramos no es, entonces, una
mera decisión coyuntural sino una garantía de convivencia democrá-
tica y de prosperidad, es decir, de transformación.
Sabemos que las dificultades y los problemas son infinitos, pero
el futuro posible, el futuro ya entrevisto en algunos logros del presen-
te, nos está compensando. Hemos vuelto a ser ciudadanos en sentido
cabal, hemos recuperado la dignidad para el país y para cada uno de
nosotros.
Sabemos que estamos contribuyendo ya a hacer la Argentina en
la que quisiéramos ver vivir a nuestros hijos. Hemos recobrado la
esperanza y retemplado el ánimo. Debemos renovar el entusiasmo
para esa gran tarea de reconstrucción y creación a que el presente nos
convoca. A que nuestro pueblo nos convoca. Muchas gracias. (Aplau-
sos prolongados.)
Declaro inaugurado el 105° periodo de sesiones ordinarias del
Honorable Congreso de la Nación. (Aplausos prolongados.)

- 261 -
Serie foto16109. Fotógrafo, Alejandro Ochoa 1988. Apertura de la asamblea legislativa.

DISCURSO DEL PRESIDENTE RAÚL ALFONSÍN


ANTE LA ASAMBLEA LEGISLATIVA. 1° DE MAYO DE 1988

(Extraído del diario de Sesiones del Congreso Nacional – Cámara de Diputados y


cotejado con el archivo sonoro emitido por Radio Nacional Argentina )

MENSAJE

H ONORABLE CONGRESO: los señores legisladores seguramente


tienen en sus bancas el mensaje donde nos referimos a todos
los aspectos vinculados a la tarea del gobierno en los distin-
tos departamentos. En esta oportunidad yo he de leer un mensaje en
el que trataremos sobre algunos puntos nada más que creo conve-
niente expresarlos. Creo que no tienen necesariamente mayor impor-
tancia relativa que los que obran en las bancas y en el mensaje escri-
to.


NdE: En esta publicación se ponderó la palabra oral emitida por el presidente
Raúl Alfonsín por sobre la taquigráfica. Es decir, en todos los casos en que hubo una
controversia entre lo transcripto y el discurso emitido, se privilegió la emisión oral.

- 263 -
Culmina un esfuerzo del pueblo argentino, del pueblo argentino.
Sólo parangonable con el llevado adelante en las luchas iniciales, ten-
diente a concretar la transición más definitiva de su historia: de la
dictadura a la libertad; de la decadencia al desarrollo; del privilegio a
la justicia; de la dependencia a sus reconocimientos soberanos; del
centralismo al federalismo; de la arbitrariedad al estado de derecho.
Cerramos un año más de gobierno con hechos positivos y realiza-
ciones concretas: la transformación de nuestro mercado económico,
comercial, técnico y cultural, por vía de asociaciones bilaterales y multi-
laterales con Italia y España; los acuerdos con Brasil y Uruguay, que
significan un avance notable en nuestro camino hacia un espacio econó-
mico regional y la integración latinoamericana; las reformas estructura-
les en los sectores petroquímico y siderúrgico, el impulso exportador
para nuestra agroindustria y el inicio del proceso de desmonopolización
y privatización del sector público a través de convenios que permiten
asociar capitales y técnicas gerenciales a las empresas del Estado.
Concretamos el desafío de convocar a la sociedad a un Congreso
Pedagógico Nacional para debatir sobre un tema prioritario como es
el de la educación.
Erradicamos la mentalidad asistencialista, distante y burocrática
en los programas sociales, reemplazándola por una concepción más
cercana y participativa.
Se han restablecido las convenciones colectivas de trabajo que
funcionan normalmente, por primera vez en muchos años.
Hemos promulgado la Ley de Defensa Nacional que permite re-
insertar a las Fuerzas Armadas en sus funciones específicas de acuer-
do al espíritu de nuestra Constitución Nacional.
Hemos garantizado la transparencia de las últimas elecciones na-
cionales, la transmisión del mando en todas las provincias y redobla-
do con éxito nuestros esfuerzos para ofrecer a la población argentina
las mejores condiciones de seguridad.
Hemos alentado y facilitado el florecimiento cultural de nuestro
pueblo, que se ha materializado en una multiplicidad de manifestacio-
nes sin precedentes.
En materia de seguridad y justicia, los acontecimientos del último
año evidencian el afianzamiento decisivo de los mecanismos propios de
las instituciones republicanas para preservar la paz, la convivencia civi-

- 264 -
lizada y la condigna sanción a todos los transgresores de nuestras
normas legales y de nuestro estilo de vida democrático.
Hemos generado un mecanismo político nuevo en nuestra histo-
ria regional: el “Grupo de los Ocho” con la creación de instancias de
consulta y concertación que permiten avanzar un paso más en el pro-
ceso de integración latinoamericana.
Vengo así por quinto año consecutivo a declarar inaugurado el
período ordinario de sesiones de ambas Cámaras.
Las circunstancias que enmarcan hoy esta presentación tienen un
contenido social y político particular; y me siento hondamente com-
prometido por ello.
Voy a mirar de frente a la realidad, señores legisladores. Sé que
tenemos delante de nosotros a un país inquieto y preocupado. El año
transcurrido desde mi anterior discurso pronunciado en este recinto
fue un año de tensiones y de conflictos.
Si todos coincidimos hoy en el agotamiento de un modelo que ya
no puede responder a las expectativas y necesidades de nuestra socie-
dad, sabemos también que se nos imponen salidas perentorias para
superar las urgencias y, al mismo tiempo, afirmar el camino de las
reformas estructurales de más largo plazo.
En esta conjunción de tareas, de reordenamiento y consolidación,
por un lado, de reforma y transformación por el otro, se concentró
nuestra acción de gobierno.
Las políticas de envergadura y el proyecto estratégico que impli-
ca la voluntad de emerger del atraso comienzan a plasmarse hoy en
hechos concretos.
Hemos consolidado el respeto de los derechos humanos, la libre
expresión de ideas, la justicia, la convivencia pacífica y el pluralismo
político.
Hemos logrado recuperar la paz y estamos decididos a defender-
la con firmeza y en el marco estricto de la ley contra todo intento
absurdo de perturbación.
Todas las fuerzas realmente representativas de nuestro pueblo
confluyen hoy en la asunción de la libertad como valor fundamental
de los argentinos. Desencuentros e intolerancias -que fueron casi dis-
tintivos de nuestra pasada historia- son rechazados masiva y enfáti-
camente por nuestro pueblo, integrado en una sociedad que reconoce
valores y principios comunes.

- 265 -
Estos logros ya son irreversiblemente nuestros, han sido incor-
porados a la vida cotidiana y constituyen para nosotros un motivo de
orgullo acentuado además por el reconocimiento que se hace de ellos
en el mundo.
Honorable Congreso: el comportamiento de la economía nacio-
nal desde el último mensaje a la Honorable Asamblea Legislativa y la
actualidad presenta aspectos contrastantes.
La inflación se mantuvo alta durante todo el período, al tiempo
que el ritmo de crecimiento del nivel de actividad económica tendió a
desacelerarse. En cambio, si se atiende a la reorientación en curso de
los ejes tradicionales de desarrollo del país y a la inversión en las ac-
tividades productivas, el balance es positivo.
Así, la economía industrial ha dado pasos significativos en su
vinculación con los mercados internacionales, comenzando a trascen-
der las fronteras del mercado interno, como lo testimonia el aprecia-
ble crecimiento de sus exportaciones.
El volumen de inversión continuó con la recuperación iniciada en
el año pasado, acumulando entre 1986 y 1987 un incremento de casi
el 40 por ciento, lo que ha permitido comenzar a revertir el descenso
que produjo la crisis de la deuda externa.
El productor agropecuario ha recuperado condiciones de rentabi-
lidad. Realismo cambiario, quita de retenciones, sistemas de precios
sostén y transparencia en los mercados, unidos a la implementación
de medidas que contribuyen a la modernización de los sistemas de
comercialización, son parte de las herramientas con que se implemen-
ta la política al servicio del crecimiento agropecuario.
Estos contrastes que exhibe la economía nacional ponen de ma-
nifiesto las limitaciones, pero también las posibilidades que encierra el
proceso de reconstrucción económica en el marco de la transición
democrática argentina. Corregir las primeras y consolidar las segun-
das es el compromiso que encara el gobierno nacional, a fin de que el
extraordinario esfuerzo del pueblo sirva para sentar las bases de un
crecimiento más sostenido, una mayor estabilidad y un perfil de desa-
rrollo del país más adaptado a los desafíos de la hora y a las aspira-
ciones de bienestar de los argentinos.
En lo que se refiere al crecimiento: es convicción del gobierno
nacional que no hay posibilidades de un desarrollo sostenido si la

- 266 -
economía argentina no logra una mayor integración a la economía
mundial.
Los argentinos sabemos que la persistencia en el aislamiento y la
búsqueda de vanas autarquías han ahondado la dependencia con
respecto al exterior. Por eso, nuestro primer desafío en la política
exterior fue pasar del aislamiento a la plena y libre inserción de la
Argentina en la Comunidad de Naciones.
Hoy podemos decir con orgullo que hemos logrado plenamente ese
objetivo. La acción internacional de la democracia nos ha devuelto el
prestigio y ha estrechado nuestros lazos con el mundo. Contra aquellos
que predican el alineamiento como método para recibir las dádivas del
mundo exterior, hemos demostrado no sólo que la dignidad nacional es
compatible con el aprovechamiento de las oportunidades exteriores sino
que es la condición para ser respetado internacionalmente.
La renovada presencia e inserción de nuestro país en el orden in-
ternacional no obedece a un hecho casual o fortuito, sino que es el
resultado de la coherencia de nuestra política exterior que ha permi-
tido recuperar la credibilidad en nuestra Nación y ha reforzado la
confianza en nuestras instituciones democráticas.
Esta idea de unirnos al mundo permite también construir un
nuevo horizonte para nuestra economía. De allí que hayamos puesto
el acento en la promoción de las exportaciones y, en particular, de las
exportaciones industriales. Los instrumentos ahora utilizados para
favorecer una mayor integración de la Argentina al mundo han mos-
trado que el abandono de la estructura semiautárquica con la que
hemos funcionado durante décadas no tiene por qué transitar por
carriles traumáticos como sucediera en épocas no muy lejanas.
El tipo de cambio alto, que el gobierno ha mantenido y se com-
promete a mantener, y las demás iniciativas adoptadas han provocado
un despertar en los sectores de la producción que, aunque opacado a
veces por las dificultades de la coyuntura es, de todos modos, visible
cuando se presta atención a la respuesta positiva del campo y de la
industria. Esta actitud está transformando el comportamiento de las
empresas, merced a la puesta en marcha de nuevos proyectos, la in-
corporación de tecnologías y nuevas modalidades de gestión y comer-
cialización. Estamos en presencia de una realidad promisoria que, no
lo dudamos, se consolidará gracias al coraje y la creatividad de los
empresarios argentinos.

- 267 -
Esta transformación nos devolverá fuentes genuinas de acumula-
ción y crecimiento; fuentes que, a lo largo de una prolongada deca-
dencia, hemos ido perdiendo: la renta de la tierra, la renta petrolera,
la oportunidad de concertar en el mundo negocios provechosos para
el campo, la industria, los cultivos regionales. Movilizar este poten-
cial es una de las palancas de la expansión argentina.
Pero, para seguir adelante con estos cambios en nuestros ejes
tradicionales de desarrollo, es preciso actuar también sobre toda la
gama de cuestiones que abarcan lo que a veces se ha dado en llamar el
“costo argentino”. Por mucho tiempo, lo que se entendía por “costo
argentino” incluía, en primer lugar, nuestra crónica inestabilidad
política. Cualquier proyecto económico debía computar la prima de
riesgo que significaba la posibilidad de ruptura del orden constitucio-
nal y la consecuente alteración de las reglas de juego.
Hoy esta situación se ha modificado. La firme voluntad expresa-
da por las principales fuerzas políticas y sociales del país en defensa
de la experiencia democrática que iniciamos en 1983 nos permite ase-
gurar que, en lo que se refiere a esta cuestión, el “costo argentino” ya
no existe. Quien quiera pensar en el progreso, quien quiera invertir,
podrá hacerlo con la seguridad de que estas instituciones de la demo-
cracia tienen detrás una comunidad dispuesta a hacer de ellas el lugar
natural para el crecimiento y el bienestar. (Aplausos.)
El año transcurrido ha sido de prueba para la democracia argen-
tina. De prueba de su fortaleza, porque ha visto funcionar sus meca-
nismos internos de renovación sin que las actividades de los inadap-
tados o de los sectarios pudieran obstaculizar o siquiera perturbar su
flujo vital.
Las elecciones del 6 de septiembre rompieron la cadena de fatali-
dad que había impedido, desde 1950, que se completara la renovación
de la Cámara joven y se produjese un recambio completo de los go-
bernadores constitucionales. Esto confirma que, más allá de las dife-
rencias de opiniones, ritmos, o procedimientos, el pueblo y los diri-
gentes están convencidos de que todas ellas deben dirimirse en el
marco institucional y en clima de paz y libertad.
En ese sentido, el gobierno inició consultas con los partidos polí-
ticos y se arribó a lo que denominamos “Mesa del Consenso De-
mocrático”. Su tarea permitió alcanzar acuerdos sobre temas de fondo
que necesitaban respaldo legislativo.

- 268 -
Es el caso de la Ley de Defensa y de la sucesión de pasos que
permitió finalmente llegar a la nueva Ley de Coparticipación de Im-
puestos Nacionales, instrumento de orden en la relación entre el go-
bierno federal y las provincias que el Poder Ejecutivo nacional venía
propiciando desde 1986.
El Poder Ejecutivo ha multiplicado sus contactos con los gober-
nadores de las provincias. A las distintas iniciativas de éstos, el
gobierno nacional ha sumado su decisión de crear una comisión in-
terministerial encargada de relevar los asuntos que pueden ser mate-
ria de un programa de reformas federales.
El afianzamiento del federalismo, la auténtica integración nacional
que supone poner fin a la postergación de vastos espacios del territorio
y acabar con la macrocefalia que nos agobia, y todo lo distorsiona,
constituye una honda e insatisfecha aspiración de los argentinos.
Esa ambición nacional fue interpretada y recogida con fidelidad
por este Congreso cuando sancionó la ley 23.512. Un paso igualmen-
te decisivo dieron las Legislaturas de Río Negro y Buenos Aires, ce-
diendo parte de sus territorios para la instalación de la futura capital
de los argentinos en Viedma-Carmen de Patagones.
Ese empeño transformador, mucho más que un mero cambio
administrativo; ese propósito capaz de encauzar toda una política de
descentralización; ese anhelo que exterioriza una colectiva voluntad
de cambio es no sólo un compromiso asumido y señalado por los le-
gisladores es también una convicción profunda y un empeño del cual
se enorgullece el presidente de la Nación. Pero aunque no faltan los
que han querido confundirlo con una obsesión personal, desde la sabia
sanción otorgada por los representantes del pueblo, ese proyecto, esa
cara ambición, esa invitación a la epopeya está convertida en una ley
de la Nación. (Aplausos.)
El Poder Ejecutivo es responsable de su ejecución y está resuelto a
llevarla adelante, con convicción, con auténtica pasión argentina, lo que
es decir, ajustada con fidelidad a los anhelos y las necesidades del pueblo.
Ese entusiasmo por un proyecto transformador y de futuro será ejercido
con responsabilidad. No confundimos convicción con quimeras, trans-
formación con ilusiones, empeño esforzado con voluntarismo.
Abandonar ese propósito a la espera de un supuesto momento ideal
es ceder a la prédica resignada de los que no creen que los cambios se

- 269 -
realizan en medio de las dificultades y aun por exigencia de ellas, porque
son cambios para atacar las bases mismas de la postergación.
Negarse a destinar al desván de las ilusiones perdidas este
propósito de auténtica afirmación federal no significa desconocer los
escollos, ni encierra una obsesión petulante o un criterio irresponsa-
ble en el empleo de los recursos públicos.
Los plazos de ejecución se ajustarán a las posibilidades y al nivel
de erogaciones. Nada se hará que conspire contra el esfuerzo colosal
que hoy realizan los argentinos para superar la crisis.
Nos negamos a que se confunda lo esencial con lo superfluo. La
batalla que seguiremos librando contra el gasto público, contra el
Estado ineficiente, poco tiene que ver con una obra que, precisamente,
apunta a servir de ariete contra una estructura injusta, contra una
administración obsoleta, contra la concentración del poder político y
económico.
Los recursos que se destinarán al cumplimiento de la ley no
constituirán una dilapidación. Y aunque los plazos deban ampliarse y
el ritmo de las obras no sea el deseado, quedará clara y firme la vo-
luntad y decisión de ejecutar este empeño transformador. Lo contra-
rio sería ceder a la prédica de los sofistas que, no por casualidad, son
los mismos que siempre han estado dispuestos a defender que todo
siga como está. (Aplausos prolongados.)
En el mismo camino ha habido avances marcados en la promoción
del debate y la formación del consenso, que son necesarios para encarar
la reforma parcial de nuestra Constitución Nacional. El Consejo para la
Consolidación de la Democracia ha producido un segundo dictamen
sobre modificaciones que nuestro texto constitucional requiere.
Diversos partidos políticos y el gobierno han constituido comi-
siones técnicas para estudiar la reforma. Cada vez resulta más claro
que nuestro régimen político, que responde a un presidencialismo
extremo, genera una dinámica de permanente confrontación entre los
partidos, que atenta contra la continuidad y eficiencia institucional
requeridas.
Por eso estoy convencido de la necesidad de adoptar un sistema
de gobierno que atenúe los enfrentamientos partidarios, permitiendo
acuerdos entre las diversas representaciones en el Parlamento y una
coordinación más fluida entre éste y la administración, que refleje en

- 270 -
la formación del gobierno las sucesivas expresiones de la voluntad del
electorado.
Necesitamos una Constitución que ofrezca cauces institucionales
definidos para los conflictos políticos graves, que evite la personalización
de poder, que incluya mecanismos más ágiles de sanción de las leyes, y
que incorpore pautas de descentralización del poder y de la participación
directa de los ciudadanos en las decisiones que les conciernen.
Tengo la firme expectativa de que en este año parlamentario que
se inicia se complete el necesario debate y se exprese el amplio con-
senso que haga posible presentar a vuestra Honorabilidad un proyec-
to de declaración de una reforma parcial a nuestra Constitución
Nacional. (Aplausos.)
Otro aspecto decisivo de la consolidación institucional, relacio-
nado al llamado “riesgo argentino”, reside en la lucha contra la co-
rrupción de los funcionarios públicos. Esta corrupción no es sino la
deformación de una moral individual, producto de una cultura de en-
riquecimiento fácil, inculcada en el país durante largo tiempo.
El gobierno se compromete a realizar un redoblado esfuerzo en
la lucha contra la corrupción. No sólo se trata de hacer cumplir la ley
y proteger el patrimonio público, sino de persuadir a todos de que en
la Argentina que queremos sólo es legítimo progresar por el trabajo
honesto y productivo. (Aplausos.)
Del mismo modo, una justicia más rápida y eficaz es fundamental
para el desarrollo y sostén de nuestro sistema democrático y nuestro
crecimiento económico. Los extraordinarios avances realizados en
estos años prestigiaron a nuestro estado de derecho pero evidencia-
ron, al mismo tiempo, las graves falencias de nuestro sistema jurídico.
En el año en curso el Honorable Congreso debería tratar una serie
de proyectos enviados por el Poder Ejecutivo, que incluyen: la reforma
procesal penal, tendiente a afianzar el juicio oral y público; y la crea-
ción de cuarenta y cinco juzgados de trabajo y justicia vecinal, que lle-
vará la justicia donde hoy no llega, al ámbito del ciudadano, para resol-
ver cuestiones típicas derivadas de su inserción en la comunidad.
Pero hay otra cuestión importante que forma parte del costo ar-
gentino: la inestabilidad económica. Largas décadas de inflación han
creado un clima poco propicio para el crecimiento, porque es difícil
planificar inversiones y apostar al futuro en una situación dominada

- 271 -
por la incertidumbre y el corto plazo. Los altos costos de esta situa-
ción se han traducido en decadencia y estancamiento.
En 1985 pusimos en marcha el Plan Austral como una operación
de emergencia destinada a hacer frente a una coyuntura inflacionaria
que se tornaba ingobernable. Pero también nos propusimos actuar so-
bre los desequilibrios básicos de la economía, cuya sola presencia ten-
día a recrear la situación de inestabilidad inmediata que dicho plan, con
sus políticas de corto plazo, procuraba controlar. Es preciso reconocer
que, en un comienzo, las medidas de fondo que fuimos tomando fueron
insuficientes con relación a la envergadura de los problemas.
Ya hemos empezado a superar este desfasaje. Me referí antes a
las políticas dirigidas a promover una mayor integración de la eco-
nomía al mundo. A este mismo fin propenden las iniciativas tomadas
en el ámbito de las empresas públicas, que por primera vez desde que
fueron creadas encaran un proceso de desregulación y de apertura a la
asociación con el capital privado.
Lo que estamos haciendo tiene una significación profundamente
transformadora, en un campo donde muchos otros, antes que noso-
tros, tuvieron la oportunidad de hacer y nada hicieron. Por eso, nos
hemos propuesto la reforma del Estado. Se ha implementado una se-
rie de medidas que significan sustanciales avances en la moderniza-
ción, desburocratización y capacitación dentro del aparato estatal.
Entre esas medidas cabe destacar la puesta en funcionamiento de
sistemas informatizados de gestión, la implementación del decreto
tendiente a derogar, sustituir o modificar normas que traban la rela-
ción entre el público y la administración, y la creación del Cuerpo de
Administradores Gubernamentales.
Es nuestro deber tomar decisiones que introduzcan reformas en
la estructura y funcionamiento del Estado que, con su tamaño, objeti-
vos y modus operandi actuales, desacumula capital, fabrica inflación y
no satisface las necesidades de la mayoría de la población.
En el marco de este objetivo principal —la reforma del Estado—
se inscribe como valor instrumental la decisión de estimular el acceso
de la iniciativa privada a la prestación de los servicios públicos.
Lo que está en marcha es una reforma del Estado; la privatización
total o parcial de determinadas empresas públicas es sólo una de las
herramientas de esa política. El objetivo es dar al Estado la capacidad de
decisión y los recursos que, en su conformación actual, no tiene.

- 272 -
El déficit de las empresas que dependen del Ministerio de Obras
y Servicios Públicos representa la mitad del déficit fiscal de la Nación
y allí se manifiesta la ineficiencia del Estado, que la sociedad percibe y
sufre en los servicios que prestan esas mismas empresas. Gas débil,
cortes de energía y otras deficiencias conocidas por todos son mani-
festaciones de la crítica situación de nuestro sistema estatal de servi-
cios públicos.
Por otra parte, estamos seguros de que la única manera de forta-
lecer las empresas públicas es capitalizarlas y dotarlas de eficiencia a
través de inversiones genuinas, que ni el Tesoro Nacional, ni las tari-
fas por sí solas pueden aportarles. Es necesario renovar su equipa-
miento y posibilitar su acceso a las nuevas tecnologías, así como
incorporarles capacidad gerencial actualizada que les permita un de-
sarrollo empresarial creciente.
Estos objetivos y estas políticas han permitido que en estos pri-
meros meses del año hayamos avanzado concretamente en proyectos
de asociar capitales y capacidad gerencial experimentada a la explota-
ción de los servicios públicos.
Aventados y superados los escollos que permanentemente han
jaqueado la tarea institucionalizadora, estamos procediendo a priori-
zar la eficiencia y capacidad de gestión de las empresas del Estado,
proporcionándoles variantes asociativas que les aseguren aportes de
capital, de los que hasta hoy carecían.
Por otra parte, debemos pensar en los usuarios de servicios que
el Estado ha prestado monopólicamente a sus expensas, porque resul-
tan cada vez menos confiables y eficientes. Por ello, establecimos la
libre concurrencia del sector privado en el área de actividad de las
empresas dependientes del Ministerio de Obras y Servicios Públicos,
excepción hecha de la explotación, industrialización y comercializa-
ción de hidrocarburos.
Hemos entendido, y lo ratificamos ahora, que el Estado no tiene
derecho de reprimir la oferta de servicios esenciales a la comunidad,
cuando no tiene la posibilidad de brindarlos. La sociedad ya no tolera
que el Estado no deje hacer lo que no puede hacer, en desmedro de
una mejor calidad de vida. (Aplausos.)
El Poder Ejecutivo acaba de aprobar un plan para incrementar la
producción petrolera. Los lineamientos generales del plan aprobado
incluyen: el impulso a la productividad de Y.P.F., el impulso inmedia-

- 273 -
to a la producción incremental y la firma de contratos entre Y.P.F. y
empresas privadas que inviertan capital de riesgo.
En un país con recursos gasíferos de tanta magnitud como el
nuestro, desde hace décadas hemos visto cómo buena parte de esa
riqueza era venteada, ante la imposibilidad de canalizarla hacia los
centros de consumo. Nuestra política se orientó a incrementar el
máximo aprovechamiento de los recursos gasíferos, impulsando para
ello un proceso de crecimiento acelerado tanto en gasoductos como
en redes.
Entre las principales obras ejecutadas y en ejecución podemos
mencionar la ampliación del gasoducto Campo Durán-Buenos Aires,
mediante la construcción de tres nuevas plantas compresoras; la
construcción del segundo gasoducto troncal Neuquén-Bahía Blanca-
Buenos Aires, con una traza de 1.370 kilómetros; la construcción de
otros gasoductos menores para atender áreas de alto consumo y la
extensión de nuevas redes de distribución en numerosas localidades
del interior. También se logró la transferencia anticipada del gaso-
ducto Centro-Oeste a Gas del Estado.
Forma parte fundamental de esta estrategia de modernización,
asimismo, la racionalización y consolidación de nuestro sistema de
defensa nacional. La reciente aprobación de la Ley de Defensa mate-
rializada por este Honorable Congreso es uno de los pasos clave en
tal sentido.
En mi carácter de comandante en jefe de las Fuerzas Armadas
convalidé en diciembre de 1987, la decisión más trascendente de polí-
tica militar de los últimos cincuenta años al definir las competencias
para que cada fuerza cumpla sus tareas específicas, y lograr su accio-
nar conjunto, armónico y eficaz. Se tuvieron en cuenta las experien-
cias del conflicto del Atlántico Sur y los estudios y ejercitaciones para
lograr la máxima integración y aprovechamiento de los medios dis-
ponibles de las fuerzas.
Dentro del área de Defensa, el Estado Mayor Conjunto de las
Fuerzas Armadas inició la instrumentación del sistema de planea-
miento, programación y presupuesto, con el fin de optimizar los gas-
tos militares. Se agilizaron los estudios de modernización de las
Fuerzas Armadas para su racionalización, a fin de obtener economías
en las funciones comunes, habiéndose alcanzado al presente resulta-
dos ampliamente satisfactorios.

- 274 -
El Ejército argentino ha reafirmado la responsabilidad histórica e
institucional que le corresponde dentro del sistema republicano. La
subordinación institucional al poder político quedó claramente eviden-
ciada durante la crisis de enero pasado. Se apreció en ese crítico perio-
do una revitalización estimulante de la ética sanmartiniana; a través de
la disciplina, la subordinación y la lealtad de sus integrantes, valores
permanentes que acompañan al honor militar y caracterizan al ciuda-
dano de uniforme mediante un accionar que se basa en el absoluto aca-
tamiento a los preceptos constitucionales y al orden jurídico.
En el caso de la Armada Argentina es necesario destacar, entre
otras de sus actividades permanentes, la promoción del desarrollo
patagónico a través del Servicio de Transportes Navales, y la conti-
nuación de las operaciones de navegación en la zona austral, ejercién-
dose los derechos emergentes del Tratado de Paz y Amistad firmado
con la República de Chile.
La Fuerza Aérea Argentina, por su parte, ha llevado adelante
acciones para racionalizar y reestructurar su actividad, a partir de una
planificación a corto, mediano y largo plazo coherente con las necesi-
dades operacionales de la defensa nacional. En tal sentido, se concretó
la desactivación de la VIII Brigada Aérea y se trasladó la VII Brigada
a la localidad bonaerense de Moreno.
En el campo de la producción para la defensa y referido a las in-
dustrias que integran el sector, se ha tendido a la búsqueda de la ra-
cionalidad económica y de resultados que produzcan el autofinancia-
miento con fuerte énfasis en las ventas al exterior. El Poder Ejecutivo
dispuso además la venta de las acciones que el Estado nacional posee
en ocho empresas en las cuales tiene participación el Ministerio de
Defensa.
Llegamos ahora a un problema que en las actuales circunstancias
es eje dominante de nuestras preocupaciones.
El ejercicio de 1987 se cerró con un déficit fiscal de un nivel incom-
patible con la consolidación de la estabilidad económica. El gobierno
nacional reconoce su responsabilidad al no haber conseguido reducir el
déficit fiscal, pero también es preciso señalar que han pesado fuertemen-
te ciertos hechos ajenos a su control, como la pérdida de ingresos por la
caída vertical de los precios de las exportaciones agrícolas.
Estamos absolutamente dispuestos a producir una decisiva re-
ducción del déficit fiscal. La experiencia del año 1987 revela a las

- 275 -
claras su incidencia en la aceleración inflacionaria. Enseña también
que, por dura que parezca una medida destinada a sostener el equili-
brio fiscal, es siempre menos perjudicial para el bienestar y el ánimo
públicos, que los efectos disociadores de la aceleración de la inflación.
El paquete impositivo que ha tenido reciente sanción legislativa
no es suficiente. Esas medidas deben complementarse con una reduc-
ción del gasto público a fin de que el déficit fiscal sea compatible con
los recursos disponibles internos y externos.
Para lograr ese objetivo, el gobierno nacional ha decidido some-
ter a una nueva revisión su presupuesto de gastos, dando expresas
instrucciones en tal sentido a las diferentes áreas de la administración
y a las empresas y organismos descentralizados. Esta nueva revisión
es la causa de la demora del envío del presupuesto al Honorable Con-
greso de la Nación.
La reducción del gasto es una decisión que entraña un severo
compromiso. Los límites presupuestarios al gasto público serán es-
trictamente respetados, y para ello se ejercerá una firme disciplina en
el control. No habrá autorización para gastos adicionales a los deter-
minados en el presupuesto.
No obstante, la simple compresión de los gastos fiscales no basta.
Si bien hay gastos postergables, éstos no son la causa principal del
déficit del sector público. Detrás de cada decisión de gasto hay una
decisión de política que la motiva. La reducción del gasto público es,
entonces, una tarea que va más allá de lo meramente contable y de la
disciplina presupuestaria.
En tanto estas decisiones políticas no se discutan y se adecuen a
los recursos públicos efectivos, persistirá una presión tendiente a re-
cuperar el nivel de gasto inicial temporariamente comprimido. La
disciplina fiscal es necesaria. Es necesaria en toda ocasión. Pero no
puede sustituir al análisis de fondo y la definición política sobre el
papel del Estado en cada una de las áreas en que está involucrado.
En este sentido, parece evidente que hoy el Estado es un orga-
nismo sobrecargado de demandas sectoriales que no pueden ser todas
financiadas, salvo con inflación.
Un país por muchas décadas replegado sobre sus propias fronte-
ras y, por lo tanto, una sociedad que progresivamente le dio la espal-
da a la necesidad de competir y de capturar el progreso técnico, le

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reclamó al Estado que, además de sus funciones constitucionales,
hiciera muchas cosas y a cualquier costo.
Así, el Estado ha debido afrontar la demanda de que se convirtie-
ra en garante de la producción y el crecimiento. Pero mientras que en
los Estados modernos esta demanda es satisfecha mediante el diseño
de una estrategia para toda la Nación y con reglas de juego transpa-
rentes que movilizan la iniciativa social, en la Argentina el Estado se
vio llevado a hacerlo: sea a través de la creación de empresas públicas
en muchas áreas —como las de las industrias y los servicios bási-
cos—; sea a través del subsidio al capital privado, en muchas otras. Es
cierto que ese papel dominante del sector estatal en la economía estu-
vo algunas veces justificado, dado que la inestabilidad política y
económica del país generaba un clima desfavorable a las inversiones
de riesgo.
Pero hoy los argentinos no tenemos elección: o fundamos un
proyecto de crecimiento menos asociado a la inversión pública, menos
apoyado en un conjunto de empresas estatales politizadas, burocrati-
zadas e infiltradas por las corporaciones, menos basado en privilegios
fiscales y crediticios a los empresarios privados; o, pura y simplemen-
te, perpetuamos la inflación y el estancamiento. (Aplausos.)
En una economía más integrada al mundo, que quiere crecer a
partir del poder de compra de los mercados internacionales y no vivir
del poder de compra de un sector público prácticamente en quiebra,
estamos obligados a asignar los fondos del Estado con el máximo de
eficiencia económica y el máximo de eficiencia social. Esto impone
establecer una atenta vigilancia sobre las inversiones públicas, trans-
ferir al sector privado aquellas empresas cuyo mantenimiento en ma-
nos del Estado ya no significa un beneficio para la comunidad y ter-
minar con el error de creer que legalizar la evasión impositiva es
promover la industria y que venderle caro al Estado es defender al
empresariado nacional. (Aplausos.)
Por lo contrario, no puede haber en el futuro mejor Estado que
aquel que planifique sus inversiones con independencia de presiones
corporativas; ni mejor promoción industrial que aquella que, a partir
de la plataforma del mercado interno, le abra a nuestros empresarios
los negocios del mundo; ni mejor defensa del empresariado nacional
que otorgarle una protección transparente y adecuada a un mercado
menos regulado.

- 277 -
También el Estado debe enfrentar la necesidad de garantizar la
justicia social. En este caso igualmente, un propósito válido fue de-
jando paso a una práctica distorsionada, derivada de una mentalidad
meramente asistencialista.
Nuestra política social está dirigida a modificar esta mentalidad
y lograr crecientes niveles de bienestar en el ejercicio práctico de la
solidaridad y la participación popular. La Argentina —y es bueno que
se sepa— es el país de América Latina que mayor proporción invierte
de su Producto Bruto Interno en gasto y desarrollo social. Una gran
parte de nuestra riqueza se destina así a atender a los jubilados, la
salud, la educación, la vivienda, la alimentación del pueblo y a la pro-
moción de su desarrollo individual y social.
Quiero referirme ahora, especialmente, al tema de los jubilados.
El Poder Ejecutivo nacional ha convocado a la constitución del Con-
sejo Asesor de la Seguridad Social, integrado por trabajadores acti-
vos, empleadores, jubilados y el Estado, que tendrá como función
primordial y perentoria sentar las bases de un nuevo sistema previ-
sional argentino, proponiendo reformas a la legislación vigente.
Conjuntamente con dicha convocatoria se envía a este Honorable
Congreso para su tratamiento durante el presente período, un pro-
yecto de ley cuyos aspectos básicos pueden definirse en los siguientes
puntos: retorno a partir del 1° de enero de 1989 a los valores históri-
cos de los haberes jubilatorios, que alcanza a la totalidad de los bene-
ficiarios de los regímenes nacionales de jubilaciones y pensiones, dan-
do cabal cumplimiento a lo dispuesto en el artículo 49 de la ley 18.037
(aplausos); modificación del artículo 39 de la ley 18.033, a fin de adap-
tar la movilidad de las prestaciones jubilatorias del régimen de traba-
jadores autónomos a las características que presenta el trabajo por
cuenta propia; clarificación de los recursos que ingresan al sistema de
seguridad social, diferenciando con total transparencia aquellos que
se destinan directamente al régimen jubilatorio, a las cajas de asigna-
ciones familiares y al Instituto Nacional de Servicios Sociales para
Jubilados y Pensionados; establecimiento de un sistema para el cum-
plimiento de las sentencias judiciales firmes que condenan al sistema
previsional al pago de reajustes, facultando a la Secretaría de Seguri-
dad Social para disponer los correspondientes cronogramas de pago y
ofrecer acuerdos transaccionales; ordenamiento a los efectos de una

- 278 -
correcta técnica legislativa de las diversas normas que rigen en la
materia mediante su adaptación, modificación o derogación.
Como en el tema que nos ocupa no hay tiempo para esperas, se
ha comenzado a cumplir con la actualización de los haberes jubilato-
rios, conforme a los índices que se determinan en la legislación de
fondo, porcentajes éstos que han acumulado más de un 80 por ciento
de incremento de los haberes jubilatorios en el cuatrimestre enero-
abril del corriente año y que continuarán aplicándose cada vez que se
produzcan desfasajes en los montos que perciben los jubilados y pen-
sionados nacionales. (Aplausos.)
También, a partir del segundo semestre del corriente año, se
comenzarán a abonar las retroactividades determinadas por el decre-
to 648/87 a todos aquellos beneficiarios que hayan prestado su con-
formidad al mismo. Asimismo, en el período que va de julio de 1987 a
abril de 1988, la relación haber jubilatorio-salario al cese se ha incre-
mentado del 34 por ciento al 53 por ciento promedio de dicha rela-
ción.
Mucho es lo realizado ya en el tema de la salud. Sin embargo,
hace ya cuatro años que estamos pendientes de un hecho fundamen-
tal: la aprobación de una Ley sobre Seguro de Salud. El gobierno pre-
sentó hace tiempo un proyecto que puede ser mejorado o cambiado,
pero lo que la sociedad no puede tolerar es que no se apruebe ningu-
no, que los distintos sectores involucrados no se pongan de acuerdo y
que millones de compatriotas no puedan proteger debidamente su
salud. (Aplausos prolongados.)
El progreso social se mide también por la calidad de la conviven-
cia, por la capacidad de los actores sociales de utilizar responsable-
mente su libertad, de acordar sin coerción alguna la mejor forma de
cooperación para el crecimiento de todos y para asegurar la justicia
social.
A comienzos de este año calendario, convocamos a formalizar las
convenciones colectivas de trabajo. En algunos sectores productivos
se han sellado por libre voluntad de las partes los acuerdos respecti-
vos. En otros prosiguen todavía las negociaciones con diferentes gra-
dos de avance, pero quiero rescatar el enorme progreso que el solo
hecho de su celebración implica.
Todo ello nos advierte que no sólo hay problemas y dificultades
en la economía argentina. También hay señales de un despertar y de

- 279 -
un deseo de renovación, de una modificación de criterios y de expec-
tativas, a la que no es ajeno el restablecimiento de la libre negociación
entre sindicatos y empresarios con la aprobación de la ley de conve-
nios colectivos.
En este marco de convivencia, se realizó la Asamblea Nacional
del Congreso Pedagógico, con lo que culminaron formalmente sus
actividades. La política de concretar esta experiencia notable de parti-
cipación popular, con todo su andamiaje institucional, sus contenidos
y mecanismos de funcionamiento, fue un desafío que asumieron con-
juntamente todas las corrientes políticas, ideológicas y culturales de
la sociedad argentina.
Los trescientos representantes de todo el país elegidos por sus
bases debatieron arduamente sobre algunos temas tradicionalmente
polémicos. El diálogo fue fructífero, dando como resultado el logro de
consenso sobre determinados puntos y de disensos respetuosos y ne-
cesarios en toda sociedad democrática.
Esta búsqueda de acuerdos no desconoció el pluralismo existente
y reflejó el esfuerzo y la madurez de una sociedad que trata de super-
ar las falsas antinomias que nos dividieron históricamente.
El encuentro de los representantes de las distintas jurisdicciones
posibilitó el conocimiento y análisis de las realidades peculiares de
cada una de ellas y un esfuerzo conjunto por encontrar soluciones que
respeten estas singularidades.
Convocar a la sociedad para opinar sobre educación fue un hecho
nuevo en la historia del país, que amplió el marco del debate reserva-
do históricamente, casi exclusivamente, a los especialistas.
La exitosa culminación de las distintas instancias del Congreso
Pedagógico ha permitido demostrar, una vez más, que cuando el pue-
blo ejerce legítimo derecho a participar, la fuerza y la pasión de las
convicciones y los valores propios de toda sociedad democrática cons-
tituyen el único camino posible para avanzar con inteligencia hacia la
unidad nacional. Esta unidad lograda con el esfuerzo de todos, dará
sentido a un proyecto educativo que la sociedad argentina necesita y
reclama.
Los cambios que aspira a lograr una política educativa en la so-
ciedad democrática sin duda implican la extensión de la cobertura del
sistema, el aumento de su eficiencia y el mejoramiento de la calidad de
la educación. De ahí se derivan como objetivos la diversificación de la

- 280 -
oferta, la garantía de la educación básica y la equidad en el logro de la
calidad, de modo que todos los grupos sociales no sólo tengan iguales
posibilidades de acceso y permanencia, sino que su promoción en el
nivel que cursan no presente las desventajas de una formación cuali-
tativamente desigual. En términos concretos, estos objetivos se refle-
jan, por ejemplo, en programas como el de Asistencia Básica a la
Comunidad a través del cual hemos llegado en el ejercicio con canas-
tas escolares a más de un millón trescientos mil niños de todo el país,
que recibieron 1.617 toneladas de elementos escolares, en la asigna-
ción de un lugar a cada joven para sus estudios medios y en el libre
acceso a la Universidad, lo que da cuenta de sensibilidad y objetivos
de una nueva política educativa en Argentina.
Críticas y problemas tenemos hoy, y persistirán sin duda en el
futuro. Nuestro desafío es cumplir con aquellos objetivos en el marco
de las actuales restricciones.
Durante los primeros cuatro años de gobierno, la mayor parte de
nuestros esfuerzos se orientó a responder a las exigencias perentorias
y masivas provocadas por el brusco aumento de los estudiantes uni-
versitarios y secundarios. Fue inevitable, ya que las restricciones que
se habían impuesto durante años habían dejado fuera una masa de
estudiantes que se volcó de golpe en las aulas. Debimos afrontar en-
tonces una situación de emergencia en la que era preciso encontrar
respuestas inmediatas a las más variadas necesidades: desde la habili-
tación de locales de todo tipo hasta la designación de decenas de miles
de nuevos docentes. En términos generales, hemos logrado superar
esa emergencia gracias al esfuerzo de todos. A pesar de las penurias y
restricciones que sufrimos, los presupuestos para educación fueron
aumentados en términos reales. Así, en créditos presupuestarios defi-
nitivos otorgados al Ministerio de Educación y Justicia, el nivel pro-
medio logrado entre 1984 y 1987 fue un 23 por ciento superior al
promedio registrado entre 1976 y 1983.
En 1987, respecto de 1986, los créditos presupuestarios destina-
dos a la educación tuvieron un incremento real global del 20 por cien-
to y, en materia de construcciones el aumento llegó al 150 por ciento.
Medido en relación al Producto Bruto Interno, la participación del
Ministerio de Educación y Justicia de la Nación para 1987 fue del
1,92 por ciento, lo que significa la cifra más alta del período que va
desde 1973 hasta 1987.

- 281 -
Sólo durante 1987, en la órbita del Ministerio de Educación y
Justicia de la Nación fueron creados 73 nuevos establecimientos edu-
cativos para dar cabida así a un 6 por ciento más de alumnos que en el
año anterior y a más del 8 por ciento de docentes. En el ámbito de la
educación superior universitaria y no universitaria, el incremento en
la cantidad de alumnos fue de casi el 9 por ciento, y el de docentes del
11 por ciento.
Ahora que la población estudiantil tiende a estabilizarse, sin au-
mentos abruptos previsibles, entramos en otra etapa. En este momen-
to pasan a primer plano la búsqueda de una mayor calidad, el empleo
más adecuado y racional de los recursos y la exploración sistemática
de soluciones a los problemas planteados por nuestra realidad.
Desde este punto de vista, tanto el federalismo, como dato esen-
cial de la organización política argentina, como la demanda de servi-
cios de educación cada vez más variados y abundantes, marcan una
ineluctable tendencia a descentralizar su prestación. Así ha cambiado
y así cambiará el papel que compete al Estado nacional en el sistema
educacional argentino. De la prestación directa de servicios educacio-
nales debe pasar a proveer los servicios de apoyo y ejercer las atribu-
ciones necesarias para asegurar un constante mejoramiento de la ca-
lidad de la educación en el país y, al mismo tiempo, ir ofreciendo a
todos los argentinos igualdad de oportunidades para satisfacer sus
demandas de educación.
En suma, la educación en la Argentina vive hoy una doble tran-
sición. Por un lado, la que va de un sistema educativo autoritario y
limitado, a otro democrático y abierto. Por otra parte, frente al mode-
lo educativo tradicional —que algún día fuera orgullo de los argenti-
nos, pero que no sólo no se renovó sino que sufrió un profundo dete-
rioro—, estamos emprendiendo entre todos la búsqueda de un nuevo
modelo que deberá ser el orgullo de la próxima generación de argen-
tinos.
Estas transformaciones acarrean tensiones y problemas que, en
alguna medida, se han expresado en la reciente huelga docente. Si
bien el reclamo salarial ha ocupado el primer plano, no podemos ni
debemos ignorar que esta huelga y la situación que atravesamos plan-
tean asimismo otras cuestiones de singular importancia que también
deben ser atendidas como, por ejemplo, la jerarquización y el perfec-

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cionamiento de los docentes para responder a los desafíos de una edu-
cación moderna.
Por eso, a las respuestas que el gobierno nacional está dando en
materia salarial, se suman la aplicación del nomenclador docente, la titu-
larización de más de 14.000 profesores de enseñanza media y la creación
de nuevos centros y mecanismos de perfeccionamiento docente.
Del mismo modo, en el ámbito universitario tuvo decisiva impor-
tancia la recuperación de un marco institucional básico para el desa-
rrollo de sus actividades.
Sin embargo, junto a esta política destinada a preservar derechos
sociales elementales, había que atacar otra, nunca del todo explícita,
que consistía en sostener artificialmente, y a costa de un mayor des-
equilibrio fiscal los niveles de vida de los sectores menos necesitados.
Así, las políticas estatales contribuyeron a crear la imagen de una
Argentina “fácil”, con empresas de electricidad, de teléfonos, de agua
potable, que subsidiaban en forma indiscriminada sus servicios.
Naturalmente, todo esto condujo a un creciente deterioro de los
servicios públicos y a un aumento del malestar frente al Estado por
parte de muchos que en el pasado se habían beneficiado de él.
Así fue que ese Estado abarcador y universalista, que recogía y pre-
tendía satisfacer las aspiraciones de todos por igual, terminó dejando
lugar a un Estado socialmente empobrecido y con una educación pública
que, de no mediar las reformas que estamos implementando, continuaría
deteriorándose, con ferrocarriles y teléfonos que sólo son usados porque
en la mayoría de los casos es imposible evitarlos.
Tampoco en este caso hay alternativas. En medio de las dificul-
tades fiscales que enfrentamos: o se reconstruye una política social
que garantice la igualdad de oportunidades; o el ideal de justicia se
convertirá en un recurso retórico. La política de transformación de
este campo pasa por la reasignación del gasto social, de manera tal
que cumpla con sus objetivos, para que llegue a quienes lo necesiten,
para que no se oculten en él bolsones de privilegio.
La propuesta del gobierno nacional, que ya ha comenzado, pero
que llevará un trabajo paciente y perseverante concluir, es la reforma
del Estado. Un proyecto de este tipo se diferencia del enfoque conser-
vador en que no cree que la solución resida en un nuevo recorte del
gasto público en el corto plazo, sino que sostiene que lo que hay que
producir es un cambio sustancial en las funciones del Estado. ¿De qué

- 283 -
valdría una política miope de contracción del gasto si a consecuencia
de ella los ferrocarriles anduvieran peor, los empleados públicos ga-
naran aún menos y los haberes jubilatorios se evaporaran? (Aplausos.)
Este proyecto de reforma fiscal se diferencia también de la visón
populista puesto que ésta, al atribuir toda la responsabilidad del des-
equilibrio de las finanzas públicas a la transferencia de recursos que
implica la deuda externa, niega erróneamente la crisis fiscal estructu-
ral y apela a recetas del pasado. Por supuesto que la deuda externa es
un gran obstáculo a la solución de nuestros problemas. Pero los des-
ajustes en las funciones del Estado también lo son, por lo que la apli-
cación eventual de mayores recursos a una estructura que funciona
mal no haría más que reproducir las prebendas, los privilegios y las
desigualdades. (Aplausos.)
Rechazando una y otra posición, por ser ambas conservadoras
del pasado, el gobierno nacional está trabajando para redefinir las
funciones del Estado a fin de adaptarlas a las necesidades de una so-
ciedad y una economía más abiertas y más justas. Esta acción se está
librando en varios frentes y en ella se vuelca la experiencia que hemos
recogido a lo largo de nuestra gestión. Esta experiencia nos ha per-
mitido advertir que, no obstante las demoras en las que hemos incu-
rrido, la dirección de nuestro esfuerzo es la correcta. Hoy ya se han
instalado en el debate público los principios de desmonopolización,
desregulación, transparencia de los subsidios, equidad en el gasto
social, en suma, los postulados de la reforma del Estado.
Es en el marco de la continuidad de las acciones que venimos
desarrollando que nos proponemos primero establecer, como dije,
nuevas reglas del juego entre el Estado y el país, que servirán para el
actual gobierno y los que vendrán, mediante las cuales se suprimen
los mecanismos que distribuyen privilegios y quitan transparencia a
la acción del sector público.
Segundo, nos proponemos continuar racionalizando la adminis-
tración para eliminar organismos innecesarios, gastos postergables y,
en fin, aumentar la eficiencia.
Tercero, nos proponemos redimensionar el papel directo del Estado
productor y suprimir todos aquellos subsidios explícitos o implícitos que
benefician a algunos sectores privados a costa de otros y que, al perder
su valor de promoción, se han convertido en puras prebendas.

- 284 -
Cuarto, nos proponemos redistribuir el gasto social para recupe-
rar la justicia como objetivo descentralizando la ejecución de dicho
gasto y ampliando la participación de la comunidad.
Estos distintos frentes en los que se despliega la acción de re-
forma tienen un objetivo común: suprimir la maraña de ventajas par-
ticulares enquistada en el gasto público para fortalecer al Estado, con
el objeto de que pueda prestar mejores servicios, preservar la equidad
y orientar la búsqueda solidaria de los argentinos en pos del creci-
miento y el bienestar. Estos no son simples enunciados. Son com-
promisos que el gobierno nacional contrae a los efectos de superar los
desequilibrios presentes y despejar el camino para el futuro.
En tal sentido quiero comenzar a enunciar ya mismo las opera-
ciones correspondientes. En primer lugar, anuncio el pronto envío al
Honorable Congreso de la Nación de un conjunto de iniciativas sobre
nuevas reglas de juego que contemplan:
La fijación de mecanismos explícitos para limitar el otorgamien-
to de beneficios impositivos en forma discrecional por parte del Poder
Ejecutivo. (Aplausos.)
La suspensión de las normas que facultan al Poder Ejecutivo a
utilizar los precios de las empresas públicas como forma de subsidios
y la reducción de los ya existentes. En ambos casos, la creación o el
otorgamiento de nuevos subsidios deberá contemplar la fijación de
fuentes de financiamiento alternativas.
La modificación del régimen de compre nacional y de compras
del Estado.
La reforma de la Carta Orgánica del Banco Central a fin de limi-
tar su capacidad de otorgar subsidios a través de redescuentos y de
financiar el gasto público.
La atención de las sentencias contra el Estado a través de la
asignación correspondiente de su crédito presupuestario.
El programa de reformas estructurales que el gobierno nacional
viene llevando a cabo, y que a partir de hoy recibirá un nuevo y más
firme impulso en el sector público, es el producto de una convicción
genuina, gestada a lo largo de estos difíciles años de la reconstrucción
nacional.
No son pocos los que en lugar de discutir nuestras iniciativas
prefieren adjudicarlas a presiones o condicionamientos de todo orden.
A esta administración elegida democráticamente y surgida de las en-

- 285 -
trañas de una fuerza política popular nadie tiene que venir a decirle,
por ejemplo, que las regulaciones de privilegio arrebatadas al Estado
son una fuente de injusticia y subdesarrollo, que la ineficiencia en los
servicios de las empresas públicas es una causa de empobrecimiento
colectivo, que la ausencia de equidad en la distribución del gasto so-
cial es una falta intolerable para un país que pretende avanzar en
forma solidaria hacia su realización como Nación. (Aplausos.)
La política de reformas estructurales ha sido y es una decisión
nuestra en la cual habremos de persistir, sabiendo que tropezaremos
contra la resistencia de los intereses creados, pero sabiendo también
que es una empresa contra la decadencia y en favor del crecimiento y
del progreso social.
La deuda externa es, por cierto, otro formidable obstáculo que
enfrentamos. El tiempo transcurrido desde el comienzo de la llamada
''crisis de la deuda externa" ha probado que nuestro diagnóstico ini-
cial, expuesto en todos los foros internacionales, era correcto; que
confrontábamos no sólo un problema de liquidez sino fundamental-
mente un problema enraizado en profundas razones estructurales,
comunes a muchos países en desarrollo.
La democracia heredó la agobiante carga de una deuda que, por
su magnitud, compromete el porvenir de los argentinos y que,
además, constituyó una formidable dilapidación de recursos.
Otros países hermanos enfrentan un problema de endeudamiento
de origen y magnitud similar al nuestro, pero tienen al menos como
contrapartida tangible inversiones productivas que posibilitan una
mayor disponibilidad de bienes y servicios.
El endeudamiento externo de la Argentina es tal vez uno de los
episodios más trágicos de la historia económica contemporánea, por-
que ha sido un proceso estéril destinado a financiar una estructura de
consumo distorsionada, un alto desequilibrio fiscal y una masiva fuga
de capitales. Esta lamentable herencia que ha recibido el gobierno
democrático recae directamente sobre las espaldas de la Nación ya
que en la etapa final del anterior gobierno la deuda fue trasladada en
su mayor proporción al sector público.
Esto implicó agravar el déficit fiscal, generar una mayor transfe-
rencia de recursos al exterior a expensas de la inversión productiva y
acentuar el proceso inflacionario, a través de las medidas necesarias

- 286 -
para neutralizar el desequilibrio de las cuentas públicas que la propia
deuda produce.
Desde el estallido de la crisis internacional de la deuda, hace ya
casi seis años, la situación no ha mejorado para la mayor parte de los
países deudores, y las perspectivas no son hoy suficientemente alen-
tadoras.
La existencia de un marco externo decididamente adverso ha
desvirtuado el enorme sacrificio de nuestros países. Las tasas de in-
terés en los mercados internacionales siguen siendo muy elevadas en
términos reales y reflejan los desequilibrios fiscales de las grandes
economías industrializadas. Los organismos internacionales parecen
creer que es más fácil reducir rápidamente el déficit fiscal en nuestros
países que en las naciones más ricas del mundo. (Aplausos.)
Por otro lado, persiste el deterioro en los términos del intercam-
bio, que en el caso particular de la Argentina está más relacionado
con las políticas proteccionistas de los países industriales que con las
fuerzas de la oferta y la demanda.
Hoy se impone una solución al problema de la deuda externa en
la que todos los actores —gobiernos deudores y acreedores, organis-
mos internacionales y bancos comerciales— asuman la responsabili-
dad y los costos que les corresponden.
Desde su instalación, el gobierno nacional llevó a cabo una nego-
ciación tendiente a reducir el monto de la transferencia de recursos al
exterior. Ello fue logrado a través de la obtención de nuevos présta-
mos para pagar una parte importante de los intereses. A fin de gene-
rar un verdadero alivio a nuestra economía es imprescindible que este
camino sea reemplazado por alternativas que generen una reducción
en gran escala del peso de la deuda.
Últimamente se ha elaborado una serie de mecanismos e instru-
mentos financieros que permitirían concertar en forma voluntaria,
entre deudores y acreedores, reducciones de capital y de los intereses
de la deuda.
Mencionemos unos pocos: disminución de las tasas reales de in-
terés a niveles compatibles con los valores históricos, quitas concer-
tadas sobre las deudas incurridas, operaciones de conversión de de-
udas en capital, etcétera. Ninguno de estos mecanismos debe ser des-
cartado, si puede brindar alivio a nuestros países. Y es nuestra firme
voluntad política actuar para que se concreten de una vez por todas.

- 287 -
Paralelamente, deben continuar las corrientes de financiamiento
que complementan los esfuerzos internos con miras a consolidar el
proceso de acumulación y crecimiento. Los organismos internacionales
deben contribuir a este financiamiento, sin que ello implique mayor
condicionalidad, y los recursos adicionales que resulten disponibles
deben ser a costos y plazos más realistas, acordes a los períodos efecti-
vamente necesarios para crecer y estabilizar nuestras economías.
Nuestro objetivo de modernizar el país se conecta ineludible-
mente con una solución duradera del problema de la deuda externa.
Estamos hoy en una verdadera encrucijada. Diversas experiencias
ilustran de manera elocuente el alto costo que implica la búsqueda de
soluciones unilaterales al problema de la deuda.
No es nuestra intención transitarlas; nuestra actitud ha sido
siempre la de explorar soluciones realistas y racionales. Pero el pro-
blema ha adquirido tal magnitud -y se ha ido potenciando de tal modo
en los últimos años- que ya no alcanzan los paliativos, las soluciones
para ganar tiempo o mera obtención de más financiamiento. La mejor
estrategia de financiamiento no podría generar el alivio que hoy nece-
sitamos, como contrapartida del esfuerzo en que estamos todos em-
peñados.
Queremos despejar el horizonte económico para que crecimiento
y estabilidad sean ya no sólo valores compartidos sino posibilidades
ciertas y perdurables para el futuro económico de nuestro país. Para
lograr tales objetivos, el problema de la deuda externa debe tener en
poco tiempo una solución integral y definitiva. Las diversas solucio-
nes posibles han sido discutidas ya exhaustivamente y no puede dila-
tarse su puesta en práctica.
Señores legisladores: en nuestra sociedad se han producido im-
portantes transformaciones.
Que la legítima competencia política –fundamental en toda de-
mocracia- no sirva para empañar lo que con tanto esfuerzo hemos
logrado obtener. Que la pasión no nos empuje a transmitir mensajes
de incertidumbre al pueblo. No es hora de desaliento ni de desespe-
ranza. Y no digo esto por un mero y banal voluntarismo, sino porque
efectivamente la Argentina de hoy es profundamente diferente de la
que encontramos hace cinco años.
Profundamente diferente, porque hemos dado los pasos funda-
mentales para superar una emergencia que nos tenía sumidos, y lo

- 288 -
hemos hecho –el gobierno, la oposición responsable, la sociedad en su
conjunto- luchando en desiguales condiciones, peleando cada tramo,
disputando palmo a palmo.
Durante décadas soñamos con un país mejor. Ahora lo estamos
construyendo. Hoy les he reseñado sólo algunos de los logros obteni-
dos. Nos marcan en qué etapa de la transición nos encontramos, en
dónde estamos instalados.
Hemos concretado hechos, cosas tangibles que están a la vista de
la sociedad y que ella juzgará. No son todos los deseados, sin duda.
Pero el trayecto recorrido es mucho más que lo que nuestra visión
cotidiana o interesada puede a veces abarcar.
Nuestra Nación está en marcha. Nuestra Nación se está recom-
poniendo, la transformación ya no es una expresión de deseos sino un
proceso irreversible que nos conduce al cambio.
Inconformes, pero responsables, vamos a continuar enfrentando
cada injusticia —por pequeña que ella sea— con la misma pasión, con
la misma voluntad expresada al inicio de nuestra gestión.
Lo haremos hasta construir esa Argentina desarrollada, moderna
y, fundamentalmente, justa que todos deseamos.
Declaro formalmente inaugurado el 106° periodo de sesiones or-
dinarias del Honorable Congreso de la Nación. (Aplausos prolongados.
Aclamaciones de la concurrencia.)

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Serie 16215. Fotógrafos Galizia-Ochoa. 1° de mayo 1989. Apertura de la asamblea legislativa.
DISCURSO DEL PRESIDENTE RAÚL ALFONSÍN
ANTE LA ASAMBLEA LEGISLATIVA. 1° DE MAYO DE 1989

(Extraído del diario de Sesiones del Congreso Nacional – Cámara de Diputados y


cotejado con el archivo sonoro emitido por Radio Nacional Argentina )

MENSAJE

H ONORABLE CONGRESO: nos aproximamos (prolongadas excla-


maciones de la concurrencia) Silencio, silencio, por favor. Silen-
cio.
Honorable Congreso: nos aproximamos a un acontecimiento históri-
co, como lo es una sucesión presidencial en los marcos de la normali-
dad institucional. Siempre pensé –y lo dije varias veces- que la prueba
decisiva del éxito del camino iniciado en 1983 era llegar a las eleccio-
nes de 1989. Lo que no se pudo conseguir en los períodos constitu-
cionales iniciados en 1952, en 1958, en 1963 y en 1973, estamos a
punto de lograrlo ahora.

 NdE: En esta publicación se ponderó la palabra oral emitida por el presidente Raúl
Alfonsín por sobre la taquigráfica. Es decir, en todos los casos en que hubo una con-
troversia entre lo transcripto y el discurso emitido, se privilegió la emisión oral.

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Casi siempre, en las campañas presidenciales de esos años, el re-
pudio a quienes habían ocupado el poder ilegalmente unificaba a los
candidatos en competencia: el adversario, el culpable estaba afuera del
sistema, era aquel que había usurpado por la fuerza la voluntad ciu-
dadana. Hoy las circunstancias son distintas: un gobierno legítimo va
a dejar su lugar a otro gobierno legal y, por lo tanto, los adversarios
se definen dentro del sistema, ofrecen su propuesta y lógicamente
tratan de refutar la de sus oponentes con todos los argumentos a su
alcance. Son las reglas de juego del pluralismo, de la competencia
política que afortunadamente vivimos hoy como algo natural.
Bienvenidos, entonces, los fragores de las contiendas partidarias
por ideas, por programas, por proyectos; ése y no otro es el funcio-
namiento cabal de la democracia por la que tanto hemos luchado. En
esa competencia cívica, el gobierno que concluye su mandato es nece-
sariamente, un protagonista más, un objeto de examen, de apoyos y
de rechazos.
Su acción se ubica en el ojo de la tormenta; lo sé bien y así lo
asumo.
¿Cómo no saber, también, que en las situaciones de tan grave cri-
sis como las que padecen las democracias pobres de América Latina,
Argentina entre ellas, los gobiernos que se hacen cargo de las mismas
inevitablemente se transforman –por acción o por omisión– en los chi-
vos expiatorios de las frustraciones particulares o colectivas?
Me hago cargo de todo esto y por lo tanto no puedo ignorar has-
ta qué punto arrecian, en este momento, las críticas al desempeño
gubernamental. Ellas se fundan en cuestiones objetivas que afectan la
vida cotidiana de los argentinos –en las que caben, por supuesto, res-
ponsabilidades personales que no evadiré– pero también en un inevi-
table endurecimiento de la campaña electoral.
Creo justo, sin embargo, que se haga otro reconocimiento. Todas
las críticas que se efectúan, por más airadas que fueren, que llegan a
veces hasta el agravio, pueden ser expuestas y difundidas con total
libertad.
No hay temores, porque nadie las acalla desde el Estado con
ademanes autoritarios como sucedió entre nosotros siempre o casi
siempre.
Quiero rescatar aquí una excepción: la de la ejemplar presidencia
de Arturo Illia, cuya límpida tolerancia (aplausos prolongados) frente a

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los disensos fue finalmente abatida por el despotismo. Hoy hemos
recuperado ese brioso viento de libertad como un capital común que
ningún ciudadano quiere perder a cambio de cualquier espejismo que
se le ofrezca como dádiva.
Nadie puede cuestionar, pues, la legitimidad del disenso y el de-
recho a la crítica por parte de la oposición, como tampoco puede ésta
desconocer el clima de libertad en el que se desenvuelve.
Pero abundan hoy en la Argentina las instigaciones a ignorar es-
ta realidad, instigaciones que responden a supervivencias de una
mentalidad autoritaria que ha gravitado de un modo determinante
sobre buena parte de nuestro pasado; una mentalidad que no se dis-
tingue, ciertamente, por apreciar las virtudes de la democracia.
A lo largo de las últimas tres generaciones, los argentinos hemos
vivido sometidos a pesadas influencias antidemocráticas. Formas va-
riadas de autoritarismo, sectarismo, oscurantismo, exclusivismo, fun-
damentalismo, han ejercido durante esa etapa un poder modelador
sobre nuestra personalidad nacional y sobre la personalidad indivi-
dual de cada uno de nosotros.
En este marco histórico se han sucedido dictaduras e intervalos
constitucionales. Pero con la particularidad de que casi todos estos
últimos exhibieron también, tanto en el comportamiento de los go-
biernos como en el de las oposiciones, estilos y modalidades propios
de aquella cultura autoritaria que pujaba por prevalecer en el país.
De este modo, nuestro pasado reciente se ha distinguido desde
1930, no sólo por el recurrente empleo de la fuerza para derribar go-
biernos constitucionales, sino también por la peculiaridad de que aun
a través de esos gobiernos constitucionales lograban abrirse camino
prácticas y conductas derivadas de la misma cultura política que ins-
piraba al golpismo.
Nuestra vida nacional de los últimos sesenta años incluyó así, al
lado de las tan numerosas dictaduras, gobiernos constitucionales con
presos políticos, provincias intervenidas, universidades avasalladas,
sindicatos sometidos a control estatal, desbordes represivos, bandas
parapoliciales, práctica sistematizada de la tortura, estado de sitio
endémico, correspondencia violada, ejercicio ilimitado del espionaje
interno, medidas encaminadas a impedir la libre expresión de ideas.
(Aplausos.)

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El autoritarismo, la violencia y la arbitrariedad eran normas de
las dictaduras y al mismo tiempo tentaciones a las cuales se cedía con
deplorable frecuencia durante los interregnos constitucionales, a par-
tir de un firmamento cultural que por momentos parecía ser común a
los dos modos de gobernar el país.
Sobre este trasfondo histórico, la experiencia iniciada en la Ar-
gentina el 10 de diciembre de 1983 cobra significados, valores y méri-
tos que no pueden ni deben ser ignorados. El gobierno que presido es
el primero en la entera historia del país que llega a las postrimerías
de su mandato sin presos políticos, ni leyes persecutorias, ni órganos
de prensa clausurados, ni policías bravas, ni interventores instalados
en provincias, sindicatos o universidades. (Aplausos.)
Ni un solo gesto de nuestra trayectoria en el poder reflejó las in-
clinaciones autoritarias de las que estuvieron plagados gobiernos
constitucionales del pasado.
Ni un solo paso dado por nuestra administración ha estado en-
caminado a oprimir, a amenazar o intimidar. Nunca ha disfrutado el
país de una democracia tan plena, tan diferenciada de todo modelo
dictatorial y tan merecedora por ello de ser defendida. (Aplausos.)
Digamos en adición a todo esto que nos tocó administrar el país
en medio de la mayor y más profunda de sus crisis económicas. Más
precisamente, en medio de una crisis estallada mundialmente en el
campo de las relaciones entre el Norte y el Sur; una crisis que ha
acentuado hasta extremos inadmisibles el preexistente equilibrio de
tales relaciones, bloqueando las ya precarias vías de crecimiento que
habían conseguido abrirse en el vasto mundo emergente.
Nuestro país está sufriendo su cuota de esta crisis, que tiene ex-
presiones todavía más agudas en el resto de Latinoamérica y que ha
traído consigo graves situaciones de intranquilidad social, a caballo
de las cuales la oposición política al sistema desencadenó infames
campañas desquiciadoras.
En un país donde el ejercicio de facto o constitucional del poder
estuvo tradicionalmente asociado con la tentación de preservar el
orden mediante recursos autoritarios, a nuestro gobierno le tocó en
suerte un momento histórico más cargado que cualquier otro de ele-
mentos propicios para la tentación.
En otros términos, nuestro gobierno no sólo se distinguió por
haber resistido esas tentaciones, sino también por haberlas resistido

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cuando ellas estaban en su momento histórico de mayor fuerza, de
mayor apremio. A la peculiaridad de haber preservado en la Argenti-
na una democracia integral y sin resquebrajaduras durante todo un
período presidencial, hemos sumado la peculiaridad aún más notable
de haberlo hecho en medio de las mayores incitaciones objetivas a no
hacerlo. (Aplausos.)
Creo que estamos en nuestro derecho si pretendemos que esta
labor sea reconocida en todo su valor. Y no me cabe la menor duda de
que reconocerlo en todo su valor significa reconocerlo como algo
excepcional en el conjunto de nuestra historia patria. Y como algo
excepcional también en América Latina. (Aplausos.)
Es cierto que en el campo económico hemos recogido una Nación
en crisis y que muy probablemente entreguemos al próximo gobierno
una Nación en crisis. No hemos conseguido superar la crisis económi-
ca. Y esto, en parte, podría atribuirse a errores nuestros, pero se debe
principalmente —repito— al hecho de que nuestra crisis es parte
inseparable de una crisis estructural mundial cuya solución sólo
podrá emerger de grandes iniciativas colectivas que abarquen a ente-
ras regiones del planeta con centenares de millones de personas invo-
lucradas, y nunca de una iniciativa singular.
Sin embargo, estamos asistiendo a un curioso fenómeno político-
cultural de distorsión evaluativa que muestra a algunos políticos,
ciertas concentraciones de poder corporativo y muchos medios de
difusión asociados, consciente o inconscientemente, en una gigantesca
campaña de acción psicológica apuntada a presentarnos como un go-
bierno cuya característica central, distintiva, definitoria, es la de no
haber superado la crisis económica y no la de haber cumplido aquella
epopeya democratizadora en circunstancias tan terriblemente adver-
sas a su realización. (Aplausos y aclamaciones de la concurrencia.)
Se están desplegando esfuerzos inauditos —que son motivo de
estupefacción para observadores extranjeros— por descargar sobre
nosotros, en función de aquella subsistente crisis económica, un odio
popular que normalmente sólo se destina a las tiranías.
¿No se advierte hasta qué extremo se pretende renovar pasados
sometimientos del pueblo argentino a una tabla de valores autoritaria
al tratar de imponerle un criterio de evaluación semejante?
Es indudable que una cultura política en la cual se asignen valo-
res supremos a la democracia, la libertad y la convivencia pluralista
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no puede alimentar odios viscerales y sentimientos de irreductible
antagonismo frente a un gobierno como el nuestro. Como es induda-
ble que el empeño en alimentar de todos modos odios y sentimientos
semejantes a nuestro respecto sólo puede instrumentarse fomentando
una cultura política que no asigne valores supremos a la democracia,
la libertad y la convivencia pluralista (Aplausos.)
No me siento alarmado por la suerte que este tipo de antagonis-
mo pueda reservar a mi persona o a aquella parcialidad que me inclu-
ye, sino por la suerte que podría reservar al sistema político cuya pre-
servación hace a los intereses y los ideales de todo el arco democráti-
co argentino.
La tarea principal que nos encomendó el país, en 1983 fue cons-
truir una democracia. Con la cooperación de casi toda la sociedad nos
entregamos a esa tarea. Y hemos tenido un éxito tal que hoy el país
se ha olvidado de cuáles eran sus preocupaciones, sus dudas, sus an-
siedades, en 1983 (Aplausos prolongados.)
Hoy, todo nos parece natural.
Nos parece natural que el gobierno esté por concluir su período
constitucional. Nos parece natural que no haya estado de sitio. Nos
parece natural que cada uno pueda decir lo que quiera. Nos parece
natural que no haya proscripciones. Nos parece natural que no haya
presos políticos. Nos parece natural que no haya provincias interve-
nidas. Nos parece natural que no haya sindicatos intervenidos.
Y yo creo que está bien que todo eso nos parezca natural. Así
debemos considerarlo de ahora en adelante. Sin embargo, todo eso,
junto, no se había dado nunca en nuestra historia. (Aplausos prolonga-
dos. Aclamaciones de la concurrencia.)
Honorable Congreso: yo sé que se viven horas decisivas en mate-
ria económica a pocos días de las elecciones presidenciales. Sé que
sólo deberían ser horas de alegría, pero se han transformado también
en horas de ansiedad.
El Estado está desequilibrado en sus cuentas y con un financia-
miento decreciente. A ello ha contribuido la incertidumbre política
sobre el rumbo que seguirá la economía en el futuro. No podemos
negarlo: hay desconfianza e inseguridad.
Las consecuencias pegan de lleno en los hogares argentinos y,
sobre todo, en los más humildes. La inflación se ha acelerado y eso
provoca desazón.
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Quiero decir ante esta Asamblea que no nos vamos a quedar
quietos. No vamos a mirar pasivamente esta situación que sólo bene-
ficia a los enemigos de la democracia. Hemos decidido tomar el toro
por las astas.
En las próximas horas la sociedad argentina conocerá las deci-
siones del gobierno. Ellas representarán nuestra firme voluntad de
estabilizar la economía, de restablecer definitivamente el orden, de
proteger a los desprotegidos, de garantizar la transición democrática
hasta el 10 de diciembre, cuando asuma el nuevo presidente. Estoy
convencido de que para esta causa vamos a contar con la ayuda de
todos, porque es una causa noble.
Contaremos con los recursos financieros excepcionales para el
sector público, cuyo funcionamiento está en peligro por la crisis co-
yuntural. Esos recursos aventarán toda duda sobre nuestra capacidad
de cumplimiento de las obligaciones. Al mismo tiempo, para enfrentar
esta emergencia fiscal, estamos enviando al Parlamento un conjunto de
iniciativas para librar la batalla decisiva contra el déficit fiscal. Vamos a
cerrar los desequilibrios, vamos a entregar un sector público sano.
Las medidas de tipo cambiario que pondremos en práctica no de-
jarán dudas sobre nuestra vocación por promover las exportaciones y
la producción. Pero quiero asegurar, también, que los ajustes que
sean necesarios se harán sin descargar el peso de la crisis sobre los
sectores más postergados de la sociedad. Porque somos sensibles a
los problemas sociales, seremos severos en nuestra política de precios
y de abastecimiento, así como seremos severos en el cumplimiento de
los objetivos fiscales y financieros.
Honorable Congreso: como ciudadano encargado del Poder Eje-
cutivo en estos años difíciles de una transición que no es sólo política,
sino también económica y, sobre todo, socio-cultural, quiero ejercer
un derecho: el de reflexionar ante los representantes del pueblo sobre
la obra de gobierno, sin triunfalismos, pero sin aceptar resignadamen-
te que nada se ha hecho, que estamos peor que antes, que, en última
instancia y aunque no se lo diga, esta difícil transición hacia la demo-
cracia no ha valido la pena.
Y no se trata de soberbia, de orgullo personal, de obcecación; se
trata, sobre todo, de ayudar a que no se impulse a bajar los brazos a
las mujeres y a los hombres argentinos, especialmente a nuestros
jóvenes (aplausos) y que la agresión verbal a este gobierno —que ha

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cubierto sólo el primer tramo de un largo camino que deberán conti-
nuar otros hacia la consolidación de un sistema de libertad en la Ar-
gentina— no se transforme en un cuestionamiento global de la
democracia como forma de vida.
Por eso, quiero dirigirme a los representantes del pueblo argen-
tino como si estuviera personalmente hablando con cada uno de mis
compatriotas. No voy a hacer un balance puntual de éxitos y de fraca-
sos. Me gustaría que miráramos hacia el futuro; que nos detengamos
en el pasado sólo en función de la herencia que dejamos para que
otros la corrijan o la perfeccionen.
En ella hay cosas malas que habrá que cambiar, y también cosas
buenas que habrá que mantener y profundizar.
En 1983 cayó sobre todos nosotros una carga enorme. Luego de
décadas de frustraciones nos propusimos establecer las bases para
cambios fundamentales en un modelo de país en crisis que ya no daba
más. Y buscamos encarar esas transformaciones —que siempre son
costosas— en el marco de la más amplia democracia y con el menor
costo social posible.
Un objetivo triple guió nuestros pasos desde entonces: mantener
unidos los necesarios ajustes con las imprescindibles libertades y el
equilibrio social.
En ese camino que quisimos emprender desde 1983 hemos come-
tidos errores, ¿cómo negarlos? Pero es un hecho que, como parte po-
sitiva de esa herencia, la sociedad ya ha asumido que la gran mayoría
de las transformaciones propuestas y que por distintas razones no
logramos efectuar —o lo hicimos imperfectamente— son imprescin-
dibles para que el país pueda alcanzar niveles de desarrollo y prospe-
ridad razonables.
Temas que, hace un lustro parecían imposibles de abordar, están
incorporados naturalmente al debate político actual.
Ya hemos colocado las bases del desarrollo: la lucha contra el
egoísmo corporativo, contra el prebendarismo del Estado, contra el
capitalismo sin riesgos, contra el aislamiento frente al mundo. Esa es
la plataforma de despegue que hemos construido para la transición
económica, para que nuestros sucesores puedan articular democracia
con crecimiento y con prosperidad.
En ese camino, racionalmente elegido, no hemos querido —a fin
de salvaguardar ese bien precioso que es la democracia y evitar la

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violencia que la destruye— generar políticas que a veces se imple-
mentan en los gabinetes técnicos con la implícita presunción de que
las sociedades complejas como la nuestra son espacios vacíos en los
que cualquier prueba de laboratorio puede ser experimentada y cuyas
consecuencias inmediatas serían la desocupación y el hambre para
millares de familias.
Pero tampoco quisimos generar políticas propias de un facilismo
oportunista. Es irresponsable pensar en distribuir lo que no existe.
Más a la corta que a la larga, una demagogia de ese tipo también ge-
nera violencia, ante las perspectivas inevitablemente frustradas y
frente a la lucha despiadada entre los grupos que ambicionan que sus
demandas sean pronto satisfechas.
¿Habrá que recordarles en qué espejos cercanos debemos mirar-
nos, dolorosamente, para advertir cuáles son los frutos de esas políti-
cas que sólo piensan en los réditos inmediatos de la coyuntura?
Honorable Congreso: dije antes que en esta trajinada empresa
que nos ha tocado poner en marcha hemos cometido algunos errores.
No podía ser de otro modo. Pésimo gobernante sería aquel que se
creyera al abrigo de toda falla. Quien es incapaz de reconocer un
error es todavía más incapaz de corregirlo.
No es éste, por cierto, nuestro caso. Hay cosas que no supimos
hacer. Hay cosas que no quisimos hacer. Hay cosas que no pudimos
hacer. Esta es la realidad de toda política de decisiones, que combina
aciertos con errores, porque supone riesgos, apuestas, opciones.
Hubo cosas que no supimos hacer. A veces nos equivocamos en
los cambios básicos que debíamos llevar a cabo. Por error de diagnósti-
co en algunas oportunidades, por falta de perseverancia en la aplicación
de las políticas o por mal cálculo de los tiempos, en otras. Y aunque
honradamente pienso que se hizo mucho, si no avanzamos al ritmo que
queríamos para transformar de raíz a un sistema económico perverso,
para modernizar a un Estado burocrático e inmanejable, para quebrar
de cuajo con un funcionamiento cerrado de la economía, de espaldas al
mundo y poco eficiente, eso queda como parte de una herencia que otro
gobierno constitucional deberá complementar.
Hubo también cosas que no quisimos hacer. A veces posterga-
mos, o simplemente no efectuamos, ajustes que un cálculo descarnado
podría considerar beneficiosos —y que seguramente lo eran a largo
plazo— pero que en lo inmediato acarreaban costos sociales y sacrifi-

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cios imposibles de sobrellevar para sectores importantes de la socie-
dad. La política que aplicamos en materia de cambios estructurales
implicaba, al contrario, sopesar prioridades y obligaciones, necesida-
des económicas y urgencias sociales, sobre la base inamovible de con-
tinuar construyendo la democracia. Por eso, no creo que en este caso
haya que hablar de errores, sino de situaciones que por fuerza nos
llevaron en ocasiones a disminuir la velocidad de nuestra marcha
hacia las transformaciones de estructura que el país necesita.
Hubo, por último, cosas que no pudimos hacer. En primer lugar,
por la presencia de obstáculos y dificultades objetivas. Factores ex-
ternos, como lo fueron en su momento la caída de los precios de los
productos agropecuarios o el manejo casi usurario de las tasas de in-
terés desde los centros del poder económico internacional, así como
algunas penurias internas, hicieron que iniciativas necesarias y posi-
tivas que proyectábamos llevar a cabo debieran ser demoradas o
abandonadas. Sólo mencionaré, a título de ilustración, el triste privi-
legio de haber tenido que soportar la más terrible de las inundaciones
de que tengamos memoria y, más tarde, una de las más despiadadas
sequías.
He hablado de dificultades objetivas que obstaculizaron logros o
impidieron alcanzar ciertas metas. No fueron las únicas. Hubo tam-
bién dificultades subjetivas. A causa de ellas, la sociedad argentina ha
visto su marcha entorpecida y amenazada por el egoísmo sectorial y
su más señera expresión colectiva, el corporativismo. Que son tam-
bién la especulación y el fomento irresponsable de la inflación y que
son, por último, en sus formas de manifestación política, los autorita-
rismos de diverso signo. (Aplausos.)
La preocupación por esos resabios autoritarios que, aunque debi-
litados, todavía persisten entre nosotros, tuvo en nuestro caso un
interés preciso. Siempre he pensado que nuestro ordenamiento insti-
tucional favorecía, en su versión actual, la persistencia de actitudes
que configuran los principales componentes de ese autoritarismo.
Pienso, al decir esto, en la propensión al hegemonismo, en el hecho de
que gran parte de nuestra vida nacional estuvo modelada por la pre-
sencia de agrupaciones políticas o corporativas que se sentían llama-
das a protagonizar con exclusividad el destino de la Nación.
Buena parte del pensamiento político argentino ha sido refracta-
rio, cuando no abiertamente hostil, a la idea de que la nacionalidad

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pudiera expresarse en pluralidad. Y aun en el pensamiento democrá-
tico se ha escondido muchas veces la creencia subyacente de que el
mosaico de la pluralidad argentina, aunque aceptado en principio,
debía estar integrado por una fuerza política esencial y otras de natu-
raleza accesoria.
Siempre he estado convencido de que la marcha que habíamos
emprendido hacia la democratización del país tenía que incluir formas
de acción contra esos atavismos político-culturales; formas que inclu-
yeran también correctivos para aquellas instituciones de nuestro sis-
tema político que aseguran la continuidad de tales rémoras. Con ese
espíritu propusimos en su momento a la ciudadanía y las demás fuer-
zas políticas el proyecto de una reforma constitucional que apuntara a
redefinir en un sentido más democrático la naturaleza del gobierno.
Lamentablemente, nuestra propuesta de reforma no encontró
durante largos años el indispensable consenso para hacerla efectiva.
No se trata, entiéndase bien, de descargar culpas en los demás. Nunca
lo hemos hecho: un inconmovible sentido de la obligación nos hizo
asumir todo traspié, toda solución insatisfactoria, todo fracaso, como
responsabilidad propia. Nuestros adversarios deben reconocer que
jamás los hemos convertido en víctimas propiciatorias de culpas que
quizás no siempre fueron nuestras. Aunque seguiremos luchando por
ella, estemos donde estemos, la reforma de la Constitución forma par-
te de una deuda con la sociedad que no queríamos contraer, pero que
la realidad nos impuso. La asumimos. (Aplausos prolongados.)
Estoy convencido de que las creencias y actitudes de los argenti-
nos tienen aspectos y potencialidades positivas. Amamos la libertad,
hemos aprendido a apreciar y defender la democracia. Con ella, lo he
dicho, hemos sufrido padecimientos, pero sabemos también que, sin
ella, esos mismos padecimientos se hubieran agravado. Pero esas cre-
encias y actitudes suelen también manifestar aspectos negativos:
egoísmo, espíritu sectorial, disposición para la especulación, tendencia
a creer en diversos mesianismos. Son el lado oscuro de nuestra cultu-
ra política, los fantasmas a los que obstinadamente algunos todavía se
aferran, quizás por temor a los riesgos imaginarios del futuro.
Sin embargo, esos aspectos negativos son parciales y no alcanzan
para alimentar el menor escepticismo. Hay una transición a la demo-
cracia que se desarrolla a nivel de las instituciones políticas. Pero hay
también otra transición a la democracia que se está cumpliendo en

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nuestras propias conciencias. Ella pasa ante todo por destruir esos
fantasmas y por crear auténticas expectativas de transformaciones
profundas, sustentadas en la realidad, para nuestro país. Y ella habrá
de conducirnos a fructificar el capital cultural-democrático que hoy es
el patrimonio inalienable de la sociedad argentina.
Honorable Congreso: dije al principio que no iba a hacer un in-
ventario de mi gestión; sólo he buscado explicar, desde mi punto de
vista, los objetivos que nos trazamos y las dificultades —propias y
ajenas— que se interpusieron frente a ellos. No eludo mis responsabi-
lidades: deseo insistir en que no estoy satisfecho por lo logrado en
cuanto a los cambios de fondo imprescindibles para superar la crisis
económico-social que atravesamos; una crisis seria, grave, más pro-
funda todavía que la de los años '30, porque al deterioro de los precios
de nuestros productos en los mercados internacionales se suma la
descomunal deuda externa, más onerosa que la que debieron sufrir las
potencias que perdieron la Primera Guerra Mundial.
Fue a la democracia recuperada a la que le tocó la dura tarea de re-
montar esa cuesta, y a nosotros enfrentarla desde el gobierno. Repito: a
veces no supimos, a veces no quisimos, a veces no pudimos, porque no
conseguimos el consenso necesario, avanzar sobre los obstáculos.
Seguiremos gobernando hasta el 10 de diciembre con la firme
convicción de superar los errores y de profundizar los aciertos. Para
eso hemos sido elegidos y no hemos de eludir el mandato recibido.
(Aplausos.)
Estoy convencido de que en las grandes orientaciones no nos
hemos equivocado. Quisimos enfrentar la crisis y no sólo administrar-
la. Para ello intentamos evitar las recetas simplistas del facilismo y
del elitismo. Me resisto a creer en opciones ingenuas que terminan
siendo crueles.
Hemos puesto las bases para el cambio que reclama esta sociedad
a fin de no quedar fuera de la historia. Más allá de las sombras que
derrama una coyuntura difícil, agravada por la mezquindad de los
grupos que ante la inminencia de la transferencia normal de los pode-
res constitucionales buscan incrementar su capacidad de presión
sobre el Estado, dejamos una herencia, un camino trazado, que reto-
marán quienes nos continúen.
Esta es la Argentina democrática y pacífica que soñamos varias
generaciones. La Argentina que en 1983 votó por la vida; la Argenti-

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na que en 1984 votó por la paz con Chile; la Argentina respetada y
prestigiada en el mundo que en todos los foros internacionales le-
vantó su voz en procura de la paz y la justicia; la Argentina que ahora
se apresta a decidir, libremente, qué país quiere.
Después de exteriorizaciones como las de Semana Santa, Monte
Caseros, Villa Martelli, La Tablada, ya nadie puede ignorar la delica-
deza de los problemas que hemos tenido que resolver para asegurar la
democracia.
Si esto fuera todo lo realizado, si en estos cinco años no hubié-
semos hemos hecho otra cosa que promover y dirigir la formación de
esta democracia, yo ya tendría la seguridad de haber cumplido.
(Aplausos y aclamaciones de la concurrencia.)
Sufrimos la deuda externa, una caída de precios internacionales
como la que nos golpeó en 1985 y 1986 y un Estado exhausto, agota-
do. A todo eso junto, no había tenido que enfrentarlo ningún otro
gobierno antes que el nuestro.
En esas condiciones, era inevitable que hubiera padecimientos
colectivos. La alternativa no era padecimiento o bienestar. La única
alternativa era mayor o menor padecimiento. Mayor o menor equidad
en el reparto de las cargas. Pero no nos conformamos con establecer
la democracia, afianzar la paz y administrar equitativamente las crisis.
Nos propusimos cambiar el país.
Lanzamos ideas que a los cortoplacistas les parecieron ilusorias:
como dije, una nueva forma de organización institucional —a través de
la reforma de la Constitución—, una reorganización territorial —que
debe empezar por el traslado de la Capital y culminar en la descentrali-
zación económica—, el desarrollo de la Patagonia y la integración efec-
tiva con Brasil y Uruguay.
Endeudamiento, retroceso productivo, condiciones internaciona-
les desfavorables para nuestros bienes, crisis fiscal del Estado, inci-
dieron negativamente en todos los sectores y fue necesario acudir en
auxilio de los más necesitados.
El Plan Alimentario, concebido e instrumentado en el marco de
una Nación que da preeminencia a la justicia social y excluye todo
paternalismo, fue una respuesta inmediata y eficaz a imperativos im-
postergables en todos los sentidos. Su éxito ha sido y es indiscutible.
Se pusieron también en marcha iniciativas múltiples en materia
de programas sociales que abarcan necesidades populares relativas a

- 303 -
la educación, la vivienda, la salud, la recreación, el acceso a la cultura
y otros servicios dirigidos a situaciones específicas de la infancia, la
juventud, la ancianidad y la discapacidad, que transformaron a la Ar-
gentina en el país de América que en términos del Producto Bruto
Interno dedica más al desarrollo social.
La ley de Convenciones Colectivas de Trabajo añade una nueva
dimensión al enfoque con que se ha concebido teórica y prácticamente
la cuestión social.
En ese concepto se han encuadrado nuestras iniciativas para dar
forma a un seguro de salud que englobe a todos y suministre un ser-
vicio humanizado, conforme en sus aspectos técnicos a las necesida-
des efectivas de la gente.
En el mismo campo social se atacó revolucionariamente el proble-
ma jubilatorio, se trabajó como nunca antes por la igualdad de la mujer,
se llevó a cabo la mayor construcción de viviendas populares efectuada
en un período de gobierno (Aplausos), se lanzó un plan de alfabetización
premiado por la UNESCO, se realizó el Congreso Pedagógico Nacional
cuyas conclusiones, estoy seguro, serán receptadas por vuestra Honora-
bilidad para la sanción de la nueva ley de educación, se multiplicaron las
matrículas escolares en todos los niveles y se llevó adelante una impor-
tantísima obra de construcciones universitarias.
En 1985 lanzamos el “Plan Houston”, convocando al capital in-
ternacional a participar, junto con empresas argentinas, en el más
grande esfuerzo de exploración que se haya realizado jamás en nues-
tro territorio. Logramos el autoabastecimiento petrolero. La produc-
ción de hidrocarburos de 1988 fue la más alta de toda la historia de la
Argentina, desde el descubrimiento del petróleo en 1907.
En once meses —un récord mundial— hicimos un gasoducto de
1.400 kilómetros de distancia, de Loma de la Lata a Buenos Aires,
pasando por Bahía Blanca, y antes de que llegara el invierno de 1988
llegó el gas a Buenos Aires. (Aplausos.)
En petroquímica estamos apelando al capital privado. En un país
donde se habla demasiado de privatización, nosotros la estamos
haciendo. El polo petroquímico de Neuquén —inicialmente planeado
como un emprendimiento que debía realizar Gas del Estado— fue
transformado por el gobierno en un polo enteramente privado, a ser
construido con capital de riesgo. Lo mismo ocurrió con la planta neu-
quina de fertilizantes, que no la va a hacer YPF sino el sector privado

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al que estamos llamando para que arriesgue, para que introduzca tec-
nología, para que ahorre importaciones y promueva exportaciones.
(Aplausos.)
En materia de energía eléctrica, la Argentina está construyendo
obras —hidroeléctricas, térmicas, convencionales y nucleares— que
prácticamente duplicarán la capacidad instalada total que tenemos en
este momento. Este gobierno ha levantado la mitad de la obra civil de
Yacyretá, la mayor presa hidroeléctrica que se está construyendo en
el mundo, una presa que proveerá seis veces más energía que El
Chocón. Piedra del Águila, que se inició en 1985 —al tiempo que se
inauguraba Alicurá— ya tiene cerca del 60 por ciento de su obra civil
realizada. Y ahora vamos a construir, junto con Brasil, la presa de
Pichi Picún Leufú. Y vamos a completar Atucha II.
Aquí habían pasado gobiernos civiles y militares, gobiernos de
distinto signo. Todos habían hablado del problema de las empresas
públicas. Pero nunca, nunca, se habían elaborado soluciones concretas
como las que nosotros hemos propuesto para Aerolíneas Argentinas o
ENTEL. (Aplausos.)
El tratado con Italia -seguido por el tratado con España y acuer-
dos afines con otros países- es un ejemplo de lo que puede la voluntad,
la creatividad y la estrategia de una Nación resuelta a crecer. La cose-
cha de esta siembra no la hará este gobierno. El petróleo de “Hous-
ton” aparecerá después; el polo petroquímico se terminará después.
Yacyretá, Piedra del Águila, Atucha II, todo se terminará después.
Las inversiones italianas y españolas llegarán después. Los mejores
resultados de la integración con Brasil se notarán después. Todo fruc-
tificará cuando nuestro periodo haya terminado. Pero así es siempre:
las grandes transformaciones económicas requieren períodos de dise-
ño y ejecución que exceden los mandatos constitucionales.
Por eso, otros gobiernos rehuyeron la transformación y prefirie-
ron los frutos de cosecha rápida, que fueron agotando el suelo y com-
prometiendo el futuro. (Aplausos. Aclamaciones de la concurrencia.)
Construir la democracia, afianzar la paz, iniciar la reforma del Estado
y la economía, fijar la agenda para la próxima década y, mientras tan-
to, combatir la crisis y absorber los golpes. Esa ha sido la tarea que
nos impusimos y que, paso a paso, vamos cumpliendo. La Argentina
ya ha cambiado. Ya no es la de 1983. Ya no podrá volver a ser la Ar-
gentina anterior a 1983. (Aplausos. Aclamaciones de la concurrencia.)
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Como dije, sabemos que la cosecha de esta siembra no la hare-
mos nosotros y nos hubiera gustado sembrar mucho más, pero hemos
diseñado la gran transformación del futuro. Estamos gobernando en
medio de la crisis y no nos hemos resignado a ella. Cuando algunos
excesos propagandísticos hablan de caos y de inseguridad, sólo nos
cabe comparar serenamente con el pasado inmediato del que venimos.
Cuando temerariamente se habla de la corrupción, sólo nos queda
pensar que nunca como ahora la justicia ha actuado con tanta libertad
(aplausos) y que no hay denuncia fundada que no se esté tramitando
en sus tribunales, que se llegue a imputar al gobierno la comisión de
actos que él ha denunciado y que ha desaparecido la impunidad en la
Argentina. (Aplausos.)
Honorable Congreso: esta democracia ya va a cumplir seis años.
En ese lapso hemos hecho todos, por primera vez en mucho tiempo,
una seria, continuada y diversificada experiencia de la vida democrá-
tica. La hemos visto funcionar en las instituciones, en el voto, en la
cultura, en los medios de comunicación, en la vida cotidiana.
Hemos convivido con sus virtudes y también con sus defectos.
Hemos aprendido que la democracia no convierte a los hombres en
ángeles, ni está hecha para eso. Que no disuelve los conflictos ni los
problemas por milagro, ni está hecha para eso. Que es sobre todo el
mejor régimen político para convivir, debatir, confrontar, decidir y
crear. Todos tenemos ahora una idea, una experiencia más madura,
más adulta, más humana, y por eso más verdadera de la democracia.
Sabemos ahora, por haberlo experimentado, que es imperfecta,
pero también perfectible; que tiene defectos, pero también que ellos
pueden ser corregidos. Y, en fin, que sólo pueden ser corregidos no
anulando ni limitando, sino profundizando la democracia. La expe-
riencia democrática —lo sé bien— no elimina los sinsabores, pero
abre la perspectiva y la esperanza de una vida mejor, tanto material
como espiritualmente. Y, más allá de las dificultades, mantiene siem-
pre vivas esa perspectiva y esa esperanza.
Todo esto —también esta experiencia— es lo esencial de la
herencia que vamos a dejar a nuestros sucesores. Sin vanidad, pero
con firmeza, he querido ofrecerla hoy para la reflexión de cada uno.
Honorable Congreso: aunque mi gestión continuará hasta el 10
de diciembre próximo hoy es la última vez que me dirijo a ustedes
para inaugurar, como todos los 1° de mayo, las sesiones ordinarias de

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ambas Cámaras. No sé ni podría saber lo que siente cada gobernante
en el momento en que su gestión se aproxima a su término. Yo mis-
mo, al iniciar mi gobierno, no sabía lo que sentiría al concluirlo. Sab-
ía, por cierto, con qué actitud me haría cargo de los problemas, con
qué disposición de ánimo enfrentaría los desafíos y a qué normas éti-
cas adecuaría mi conducta. Pero ignoraba por completo los senti-
mientos que experimentaría al ir acercándome al final del camino, seis
años después. Hoy lo sé. El sentimiento que en estos momentos expe-
rimento y que domina absolutamente sobre cualquier otro —que casi
borra a los otros— es un sentimiento espontáneo y profundo de
agradecimiento, de gratitud. Y quiero transmitirlo.
Agradezco a Dios, en cuyo auxilio y bondad he confiado, fuente
permanente de mi esperanza en el progreso y estímulo para expresar
ahora este sentimiento. Agradezco ante todo y sobre todo al pueblo
argentino: sus esfuerzos, sus sacrificios, su actitud consecuente y
siempre activamente dispuesta a la defensa de la democracia que
hemos conquistado. Le agradezco esa disposición solidaria y le agra-
dezco también sus desacuerdos, sus protestas públicamente expresa-
das, sus críticas.
Agradezco a la gente que nos apoyó con el voto y también a la
gente que se opuso a nosotros con el voto. Siento que tanto unos co-
mo otros, en lo más profundo y más valioso de su conciencia de ciu-
dadanos, creyeron en nosotros, en los valores y las convicciones que
pusimos en práctica. (Aplausos. Aclamaciones de la concurrencia.) Aún
quienes discreparon lo hicieron con la convicción de que custodiaría-
mos su derecho al disenso.
Aún quienes protestaron, nos increparon, nos apostrofaron, re-
conocieron en el ejercicio del derecho a la libertad de pensar, de
hablar, de escribir, que ese derecho era para nosotros un valor inalie-
nable. Recordaré sin el menor rencor —y casi diría con un dejo de
nostalgia—las discusiones, los debates, los enfrentamientos verbales,
a veces duros, pero siempre nobles y auténticos, que jalonaron nues-
tra gestión. Porque alguna vez he dicho que celebraba no ser para mis
compatriotas el “Excelentísimo Señor presidente de la Nación”, sino
simplemente el presidente de los argentinos. (Aplausos prolongados.
Aclamaciones de la concurrencia.)
Agradezco también a los partidos políticos: a mi partido, la
Unión Cívica Radical, a los partidos que nos apoyaron y, por supues-
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to, a la oposición. Todos hemos vivido momentos duros. Hubo deci-
siones difíciles que adoptar ante problemas sumamente complejos.
Naturalmente, nuestras opiniones se dividieron muchas veces: lleva-
dos por el calor de los debates, pocos pueden vanagloriarse de haber
sido impermeables al ataque colérico, y a veces al calificativo injusto.
Pero el respeto prevaleció sobre la intolerancia, la racionalidad so-
bre el fanatismo, la polémica honesta sobre la mera descalificación del
adversario. Y aún las más duras expresiones de discrepancia —cuando
logran evitar el insulto o la calumnia— tienen potenciales virtudes cívi-
cas y morales: el político franco, combativo, leal incluso en la dureza de
sus expresiones, nos recuerda saludablemente lo que hay de falso y de
oportunista en ciertas lisonjas, en cierta obsequiosidad, en cierta artifi-
ciosa complacencia. Agradezco el apoyo y la crítica de correligionarios y
adversarios y hasta las frases ingeniosas que sin duda habrán preparado
para criticar este discurso. (Sonrisas y aplausos prolongados. Aclamaciones
de la concurrencia.)
Agradezco a nuestras Fuerzas Armadas que, por una parte, lo-
graron superar circunstancias que, aunque necesarias, fueron extre-
madamente difíciles para ellas y, por otra, llegado el momento, no
vacilaron en defender con su vida a nuestras instituciones, vilmente
agredidas por el fanatismo de los violentos.
Agradezco asimismo, a los sindicatos y a sus dirigentes: estoy
convencido de que fuimos tan francos y honestos en nuestras disiden-
cias como en nuestros acuerdos. Quien recuerde las confrontaciones,
que no olvide las coincidencias. Ningún sindicato fue intervenido,
hecho normal en una democracia experimentada y consolidada, pero
inédito en un país y en una democracia joven como la nuestra. (Aplau-
sos prolongados.)
Agradezco a los maestros y profesores, a los educadores de nues-
tros niños y nuestros jóvenes. Tienen el inmenso mérito de haber
trabajado, muchas veces en condiciones difíciles, transmitiendo el
conocimiento e inculcando virtudes morales y cívicas hasta en el más
apartado rincón de la Patria. Han sido además depositaros de la in-
mensa responsabilidad de infundir los valores de la tolerancia, del
respeto a las leyes, de la libertad y de la democracia a quienes se ini-
cian en la vida. Sé que han estado a la altura de esa responsabilidad y
por eso quiero expresarles mi cálido reconocimiento.

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Agradezco a los jóvenes, a todos los jóvenes que han protagoni-
zado con su entusiasmo, su esperanza vigilante y su ímpetu sin
concesiones, esta difícil etapa de transición y contribuyeron decisiva-
mente a recuperar valores esenciales de la convivencia democrática. A
esos jóvenes que, estoy seguro, custodiarán celosamente, como sus
verdaderos artífices, los avances de la libertad y con ese bagaje serán
los pioneros de otros cambios todavía pendientes. (Aplausos.)
Agradezco a la Iglesia Católica su prédica, su estímulo, sus ense-
ñanzas; a las demás confesiones que en el marco del respeto y la liber-
tad se expresan entre nosotros y a todos los hombres y mujeres de fe
cuyas plegarias y testimonio muchas veces me han fortalecido e in-
terpelado.
Agradezco al periodismo, a los escritores, a los intelectuales, a
los artistas. Ellos son la sal de la democracia, la expresión cotidiana
de su vigencia. Con su talento, con su espíritu creativo; con sus opi-
niones y hasta con su humor, han sido en estos años testimonios vi-
vientes del valor que damos los argentinos a la libertad y de las cosas
bellas, sustanciales y permanentes que somos capaces de crear cuando
gozamos de ella.
Agradezco en fin, a la mujer y al hombre humildes y sufridos de
este país no siempre generoso con el que trabaja, se sacrifica y enve-
jece. He tratado de que mi gobierno diera prioridad a los desfavoreci-
dos. Creo que así lo hemos hecho. Pero habría querido poder hacer
mucho más por ellos. Estoy convencido de que hemos construido los
cimientos de un futuro mejor para los argentinos, pero no por ello
dejaré de condolerme por las urgencias y las penurias del presente ni,
sobre todo, esté donde esté, de comprometer todos mis esfuerzos para
que los problemas se resuelvan y el país siga avanzando.
Muchas gracias, argentinos. Declaro inaugurado el 107° período
de sesiones ordinarias. (Aplausos prolongados. Aclamaciones de la concu-
rrencia.)

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Este libro se terminó de imprimir
en Buenos Aires,
otoño de 2018.

Common questions

Con tecnología de IA

Alfonsín's presidency tackled social inequality through policies aimed at economic rejuvenation and ensuring equitable distribution of resources. He acknowledged the despair caused by previous regimes’ regressive policies and boosted regulatory frameworks to enhance public welfare. Specific actions included tripling the minimum wage, increasing family allowances, reducing VAT on essentials, and launching the National Food Program to uplift the underprivileged. The emphasis was on restoring social services, improving real wages, and reducing unemployment, thereby addressing structural imbalances in society .

Raúl Alfonsín's international relations policy was heavily influenced by his commitment to democracy and human rights. He advocated for an independent foreign policy prioritizing democratic values and human rights, which aligned with the foundational principles of the Non-Aligned Movement. Alfonsín emphasized the equal value of human life and pushed for basic rights as universal ideals while maintaining a firm stance on the non-intervention principle. His efforts to support democratic transitions were exemplified by his engagement with initiatives like the Group of Contadora in Central America, working toward peace and justice .

Alfonsín's foreign policy redefined Argentina's global standing by promoting non-alignment and strengthening regional cooperation, reflecting a commitment to democratic principles and sovereign dignity. His administration worked within the Non-Aligned Movement to advocate peace and equitable global relations, favoring interdependence over Cold War dichotomies. Latin America was prioritized for fostering regional alliances, attempting to unify the region against economic and political marginalization. Alfonsín's international engagements elevated Argentina's diplomatic credibility and aimed to harmonize regional solidarity with global peace initiatives .

Raúl Alfonsín's approach to economic reactivation involved setting growth targets and addressing structural challenges. He aimed for a 5% increase in GDP and sought to raise real wages by 6-8%. The strategy focused on controlling inflation, which required stabilizing price mechanisms and increasing economic activity without impacting public enterprise profitability or leading to capital depletion. Alfonsín implemented rapid wage recovery in the public and private sectors, tripling the minimum nominal wage between November 1983 and April 1984, and sought sectoral assistance to mitigate inflation's effects on the most vulnerable .

Alfonsín's fiscal policy, set against inflation and deficit challenges, involved significant restructuring of public spending and addressing fiscal imbalances. Despite pressure to balance public requests with sustainable economics, his administration reduced the consolidated fiscal deficit by 8%, emphasizing health, education, and social welfare in budget allocation. These policies aimed to stabilize economic growth, emphasizing efficient resource distribution and curbing inflation without undermining public services or provoking public dissent. However, persistent fiscal imbalances necessitated additional emergency fiscal measures, exhibiting complex challenges in aligning policy intentions with execution .

Alfonsín's administration employed a multifaceted approach to foster public participation and instill democratic values. Recognizing democracy as both institutional and participatory, he encouraged civic engagement through educational reforms, public forums, and political inclusivity. By empowering local governance structures and civic organizations, the administration catalyzed grassroots involvement in political decision-making, aiming to rehabilitate public trust in democracy. This approach sought to bridge past authoritarian divides and create a vibrant, engaged citizenry central to democratic resilience and national development .

Alfonsín emphasized the importance of Latin American integration as essential for regional development and international presence. He supported revitalizing and restructuring cooperation frameworks which would move beyond mere trade to comprehensive regional integration. His government prioritized alignment with Latin American republics to elevate their global role, crucial due to underrepresentation and economic disparity. Integration was also a strategic move to share collective strength and economic distress in the face of global indifference from central countries .

Alfonsín envisioned a modern democracy re-founded on pluralism and participatory governance, departing from authoritarian legacies. He sought to cultivate democratic institutions while nurturing a culture of civic engagement and political accountability. Anticipating challenges such as entrenched authoritarian reflexes and societal divisions, he emphasized institutional restoration, individual rights, and open political discourse. Alfonsín's narrative reflected a commitment to not only rebuild democratic systems but also embed them in public consciousness as habitual and intrinsic practices within Argentine society .

During Alfonsín's term, establishing diplomatic consultations for Latin American security was strategic in countering extrinsic threats and interventionist tendencies. Recognizing the inefficiency of existing security treaties like the Inter-American Treaty of Reciprocal Assistance, Alfonsín proposed new frameworks that involved greater Latin American collaboration. This strategy was crucial to compensating regional vulnerabilities, ensuring collective safety, and reinforcing autonomy from global superpower tensions. His presidency sought to bolster security via regional cooperation and solidarity against external interference .

Alfonsín's administration responded to healthcare challenges by upgrading facilities, increasing public investment in health, and addressing systemic inefficiencies. Recognizing the reduced public satisfaction due to inadequate resources and service centralization, his government expanded access to essential healthcare, increased hospital capacity, and rectified the decline in publicly funded hospital beds. He also tackled chronic staffing and funding issues within social health systems that catered to 60% of the population. These efforts were intended to revitalize healthcare services, counteract marginalization, and stabilize public confidence amidst prior administrative failures .

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