DE pronto, sin motivo:
graznido, palaciego,
cejijunto, microbio,
padrenuestro, dicterio;
seguidos de: incoloro,
bisiesto, tegumento,
ecuestre, Marco Polo,
patizambo, complejo;
en pos de: somormujo,
padrillo, reincidente,
herbívoro, profuso,
ambidiestro, relieve;
rodeado de: Afrodita,
núbil, huevo, ocarina,
incruento, rechupete,
diametral, pelo fuente;
en medio de: pañales,
Flavio Lacio, penates,
toronjil, nigromante,
semibreve, sevicia;
entre: cuervo, cornisa,
imberbe, garabato,
parásito, almenado,
tarambana, equilátero;
en torno de: nefando,
hierofante, guayabo,
esperpento, cofrade,
espiral, mendicante;
mientras llegan: incólume,
falaz, ritmo, pegote,
cliptodonte, resabio,
fuego fatuo, archivado;
y se acercan: macabra,
cornamusa, heresiarca,
sabandija, señuelo,
artilugio, epiceno;
en el mismo momento
que castálico, envase,
llama sexo, estertóreo,
zodiacal, disparate;
junto a sierpe... ¡No quiero!
Me resisto. Me niego.
Los que sigan viniendo
han de quedarse adentro.
Atendiendo al contenido de los versos, rápidamente observamos que la primera frase se
prolonga hasta el verso 41, pero sólo existe estructura gramatical en los versos iniciales de las
estrofas y en la última, cuando aparece el poeta; el resto consiste en una enumeración
abrumadora de palabras eruditas e inconexas, nombres comunes, propios y adjetivos que
sirven para formar versos heptasílabos de sonoridad indiscutible, pero vacíos de contenido.
Así, encontramos, por ejemplo, “padrenuestro” al lado de “dicterio” (dicho denigrativo que
insulta y provoca) en el verso 4, pero esto se debe a la personificación de los vocablos (que se
rebelan) y a su instrumentalización por parte del autor, que, al separarlos por comas unos de
otros, los vacía de contenido y carga emotiva poniendo de manifiesto su mero valor de
herramienta para el poeta. La primera frase consiste en la rebelión propiamente dicha, pero lo
único con coherencia gramatical, el único fondo, es la rebelión en sí. Tanto el primer verso
introductorio, como el principio de las siguientes estrofas dan sentido a la enumeración y
personifican las palabras (“mientras llegan”, “y se acercan”), el resto sirve a Girondo para
demostrarnos su absoluto dominio del lenguaje, no sólo en cuanto al formalismo del que
hablábamos antes, sino también en cuanto a la complejidad de las palabras escogidas
(somormujo, penates, sevicia, hierofante...). El verso 37 no presenta la ruptura característica
de los demás versos iniciales (“en el mismo momento/ que...”), lo que podría denotar un
momento álgido de la rebelión que el autor se ve forzado a frenar (“¡no quiero!”).