El crimen de feminicidio no es un fenómeno nuevo en México, su historia se remonta
a inicios de los años 90 en Chihuahua donde se desato una discusión social, política
y jurídica por el asesinato de miles de niñas y mujeres en Ciudad Juárez. Cuando
se desato este fenómeno hubo una notoria ausencia de las autoridades mexicanas,
estas no actuaron con prontitud y las pocas investigaciones que se realizaron en su
momento fueron mínimas para un crimen de la gravedad como el homicidio
provocando que la mayoría de los casos quedara impune.
La ausencia de la autoridad y la impunidad de los crímenes causo que los
homicidios hacia las mujeres aumentaran de manera exponencial hasta llegar un
punto en el que la sociedad civil comento a mostrar su descontento de una manera
más generalizada y organizada. Aun con las protestas civiles, las acciones del
gobierno federal y estatal resultaban completamente ineficientes, intentando
desacreditar a las víctimas y minimizando el problema el gobierno no se vio obligado
a actuar de manera activa hasta que organismos internacionales como el Comité
para Eliminar la Discriminación Contra la Mujer y la Corte Interamericana de
Derechos Humanos atrajeron estos casos como parte de su agenda para la
protección de los derechos de la mujer.
Estos organismos internacionales fueron fundamentales para la atención de este
problema a inicios de los 90, pues pavimentaron el camino para que se reconociera
este problema de manera sistémica en Ciudad Juárez lo que finalmente ayudo a
que el estado mexicano comenzara a tomar acciones serias en contra de este delito.
El Comité para Eliminar la Discriminación Contra la Mujer (CEDAW) fue el primero
en acusar al estado mexicano de su incumplimiento al dictaminar que “los Estados
también pueden ser responsables de actos privados si no adoptan medidas con la
diligencia debida para impedir la violación de los derechos o para investigar y
castigar los actos de violencia e indemnizar a las víctimas”. Esto puso en evidencia
al gobierno mexicano pues hasta ese momento reconoció que en Ciudad Juárez
había una “cultura de discriminación” contra la mujer que influyó en los homicidios.
Más importante aún resulta el hecho de que el Estado compartía esta “cultura de
discriminación”.
Por otro lado la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) también
considero que aunque se había advertido al estado mexicano sobre el patrón de
violencia contra las mujeres en Ciudad Juárez, este no hizo nada para atender el
problema. Esto para la corte significaba que era falta del estado en el cumplimiento
general de su obligación de prevención. Antes de que se encontrara algún cuerpo
sin ida de alguna víctima, una vez dada la desaparición de las jóvenes el Estado no
actuó con las investigaciones necesarias para encontrar a las víctimas con vida, a
pesar, de que se conocía el riesgo en el que se encontraban. La corte también
encontró irregularidades relacionadas a:
Falta de información en el reporte sobre el hallazgo de los cadáveres
Inadecuada preservación de la escena del crimen
Fallas la recolección de evidencias
Contraindicaciones e insuficiencias de las autopsias
Irregularidades en la identificación de los cuerpos y en la entrega irregular de
estos
Todos estos puntos demostraban que el gobierno mexicano no trabajaba de manera
activa para detener este delito, y en algunos casos se demostró que las autoridades
intentaban esconder el problema o que algunos elementos eran cómplices del
crimen evitando que algunos responsables fueran inculpados. Aunque el gobierno
en sus altos niveles no estaba coludido con los responsables, los organismos
internacionales sentaron un precedente en el que responsabilizan al Estado por
violaciones a derechos humanos por actos realizados por personas ajenas al
gobierno, pues este no garantizaba un ambiente adecuado para el desarrollo de las
mujeres.
A pesar de las señalizaciones en contra del gobierno por parte de los organismos
internacionales, no existió un avance significativo en cuanto a los feminicidio en
Ciudad Juárez, las investigaciones continuaron abiertas sin años sin tener ningún
sospechoso, y muy rara vez se encontraba algún culpable. De los culpables
encarcelados, investigaciones posteriores encontraron que algunos habían sido
encarcelados injustamente manchando aún más la actuación del gobierno en contra
de este delito.
Sin un avance significativo, la situación de los feminicidio empeoro, paso de ser un
fenómeno que era único en Ciudad Juárez, a ser un fenómeno persistente en varios
estados del país como Estado de México, Guerrero, Michoacán, Jalisco y Oaxaca.
El fenómeno se acentuó aún más en 2006 con la iniciativo de guerra contra el
narcotráfico emprendida por el gobierno, en este momento el crimen organizado
dejo más casos de feminicidios al haber más competencia entre grupos armados
así como la busca de estos de participar en otros negocios como en la trata de
blancas
Actualmente las acciones por parte del gobierno sigues si ser completamente
efectivas, en su mayoría el gobierno federal y los gobiernos estatales solo han
burocratizado la atención al problema en lugar de investigar, sancionar
responsables y prevenir nuevos ataques. Hasta ahora la herramienta más efectiva
han sido las Alertas de Violencia de Genero, aunque no tan efectivas en realidad,
estas alertas abarcan diversos mecanismos y protocolos en un territorio
determinado, es una forma de instancias alentar a instituciones gubernamentales y
a la población en general sobre la urgencia de detener los feminicidios, el acoso
callejero, laboral, escolar o doméstico, la discriminación y la violencia que viven las
mujeres mexicanas, con el propósito de garantizar una buena calidad de vida libre
de desigualdades.