DADA
DADA
underground en dictadura
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C D A D Á : U N D E R G R O U N D E N D I C TA D U R A
C LEONARDO ALLER J.
Reg. Prop. Intelectual Nº: 146.557
ISBN: 978-956-9400-12-4
Edición de texto: Claudia Leiva C. /Juan Pablo Tapia
Notas periodísticas: David Ponce
Fotografía portadilla: Hugo Pineda
Fotografías interior: Verónica Astudillo / Patricio Alarcón /Gonzalo Donoso
Diseño de portada: Víctor Jaque
La Calabaza del Diablo / 1era Edición
w w w. l a c a l a b a z a d e l d i a b l o . c o m
Impreso por Caligrafía Azul Ltda.
Sita en santa elena 1572
Fono: 2 55 66 00 9
caligrafiazul@[Link]
Santiago de Chile / 2014
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Dedicado a mi mejor amigo, mi hermano, el TV...
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TV Star
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MI NIÑEZ FUE tranquila, en el barrio Franklin junto a mis viejos y abuelos. Por lo
que me han contado, la pasé bien. A los cinco años, nos cambiamos al barrio
Bascuñán. Allí crecí, estudié y viví en carne propia el golpe de estado. Esa mañana
nos despertó el ruido de sirenas y gente corriendo para todos lados. Mi viejo me
decía: “Tate tranquilo, no pasa nada, todo va a estar bien”. No cachaba mucho,
pero después, al pasar de los años fui entendiendo que hubo gente asesinada en
manos de los milicos. Desapariciones. Exilio. El viejo, trató de hacer una movida
para irnos a Australia. No se pudo. Mejor, así les puedo escribir esta historia del
rock bajo dictadura, suena fuerte.
Todos teníamos resentimiento y necesitábamos hacer algo, y qué mejor
que hacer música. Era lo nuestro.
Corrían los años ochenta y me juntaba con Sergio -en realidad éramos
como hermanos- , alias TV. Vivíamos en la misma cuadra. Hacíamos cualquier
cagada juntos. Malulos. Algunas viejas nos querían matar.
Teníamos hartos amigos, pero ninguno con la inquietud nuestra por la
música. Empezó de a poco a enrollarnos, escuchábamos puras hueás en la radio,
era lo normal bajo la dictadura del Pinocho, lo único que sonaba para nosotros
era Led Zepellin, Deep Purple, Jimi Hendrix. Sabíamos que tenía que haber algo
más. Lo poco y nada que se podía mover por ahí eran copias regrabadas, pero no
importaba mucho, igual vacilábamos.
Yo tenía 17 y el Sergio 16, unos pendejos; ya estábamos empezando a
tomar copete para olvidarnos de lo charcha y cartucho que eran todos.
Grapa Travolta, era rica, te la encargo, costaba como trescientos pesos.
Íbamos a tomar a una plaza en República con Gay, nos emborrachábamos con
los locos del Insuco. Entremedio había un rockero, Félix1, bajista del grupo
Arrecife, ése fue el primer loco que conocimos onda música. Conversábamos de
grupos que él tenía grabados. Eran tiempos raros. Teníamos que hacer algo. Sólo
nos emborrachábamos y nos íbamos a la casa cantando, vacilando a cualquier
hueón que pasara cerca de nosotros.
Seguimos por un tiempo en la misma, Sergio vivía en la esquina de
Bascuñán con Toesca, tenía una pieza grande donde nos juntábamos a escuchar
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Félix Castillo, bajista de Arrecife. Banda rockera formada en San Miguel, 1981. Parte de la
generación de grupos de heavy metal chileno de los 80`s.
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música, a leer. Allí, leyendo un libro del “Dadá”, nos fuimos en la volada. No
teníamos ni idea que existían los punkis. Leíamos y nos tomábamos unos tragos.
–Oye hueón ¿Por qué no me rapai?
–Qué me dijeron a mí. Estaba en eso cuando entra su mamá.
–¿Qué estai haciendo loco? Estai hueón, no vas a pensar salir así a la
calle.
–Y pa’ qué creís que me pelé, ya ándate, déjanos [Link] mamá se
dio media vuelta y seguimos en lo que estábamos.
–Oye ¿Cómo quedé?
–Bien poh loco. ¿Qué onda? ¿Salgamos?
Fuimos a caminar cerca de la Estación Central. Andábamos vestidos no
tan cuáticos, pero al tiro la reacción fue negativa, nos gritaban cantidad de hueás.
Pero ni ahí con los jotes.
De nuevo en casa del TV seguimos pegándonos unos toques. De ahí en
adelante decidimos seguir en esa onda. Soñábamos con tener una banda, pero lo
veíamos difícil. Los instrumentos eran terribles de caros. Íbamos a la Casa Amarilla,
mirábamos guitarras, bajos y otras hueás. El loco del TV cachaba puros
micrófonos, el gil lo único que quería era ser el vocalista.
Cerca del centro, puro joteando. Con el TV, vestirnos con pantalones
rasgados, chaquetas manchadas, pelos cuáticos, poleras rayadas por nosotros;
nos hacía sentir bien. Todos nos miraban mal, pero era nuestra protesta y así
seguiríamos. Nos daba lata, no conocíamos a nadie como nosotros, llegamos a
pensar que éramos los únicos así en este país de mierda.
Pasó el tiempo, con el TV ayudábamos a Orlando, un amigo de mi
hermana, a poner música en el Gasco, un local grande que quedaba en Bascuñán
cerca de Blanco Encalada. Ahí nos entreteníamos, tomábamos poquito. A esas
fiestas iban locos de todos lados.
Después de esos carretes siempre nos íbamos a la pieza del TV, y ahí nos
terminábamos de emborrachar. Estaba todo mal, de repente de puro aburridos
con el TV nos agarrábamos a combos, pero en buena. Salíamos medios heridos
de esas pequeñas riñas. Nos servía para desahogarnos, ya estábamos
acostumbrados a esa onda.
Siempre lo pasaba a buscar, nos comprábamos una Travolta y salíamos a
caminar la noche. A veces, nos juntábamos con Richi, un loquete de la Población
Los Nogales, medio hueón, pero igual vacilábamos juntos.
Era el tiempo bajo estados de emergencia. Los pacos a veces nos
encontraban por ahí caminando fuera de la hora. Nos agarraban a patás en la raja
y nos echaban cagando pa’ la casa. Nos cachaban, éramos los únicos dos loquetes
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que andábamos dando jugo por el sector. Pero, ni cagando nos doblegaban,
decían que estábamos locos, que de repente nos iban a agarrar y desaparecer. Ni
ahí con la hueá. Chucha, seguíamos en la misma.
–Mira, cacha el hueón que viene.
Vi a un loco con chaqueta corta de cuero, pantalones ajustados, no
apretados y unos bototos terriblemente grandes; flaco, alto y pelo corto
despeinado. Era Alberto2, se acercó y nos saludó. Nos miramos con el TV y nos
cagamos de la risa.
–¿De dónde saliste? Nosotros andamos siempre por aquí y no te habíamos
visto. El TV le preguntó si necesitaba algo, como siempre hueiando.
–No te enojís hueón, vamos pa’ la pieza, nos miró y de su bolsillo sacó
una petaca de Vodka Eristof. Nos ofreció, le pusimos unos tragos y entramos.
El Alberto nos contó que hacía tiempo que andaba vacilando solo por ahí, que
nos había visto, pero no se atrevía a hablarnos.
–Bueno loco. ¿Qué hacís vos?
–Ayudo a mi viejo, tiene un kiosco en las torres de Carlos Antúnez,
reparto diarios y revistas, lo traigo para la casa y después no tengo nada más que
hacer
–Le pregunté qué música escuchaba y ahí vino lo bueno, él nos preguntó
primero.
–Lo que escuchan todos los loquetes poh hueón, Led Zepellin, Deep
Purple, Grand Funk, Jimi y otros grupos que nos conseguimos con el bajista de
los Arrecife que conocimos hace un tiempo.
El Alberto no se rió, pero con su humor cuático, que después
conoceríamos preguntó ¿qué es Arrecife? Con el TV quedamos plop.
–Qué pasa loco. ¿No cachai esos hueones?
–No tenía idea que existieran.
En ese momento, metió la mano en su bolsillo y sacó unos casetes.
–Ponte éste -se lo pasó al TV, eran los Sex Pistols. La pieza se llenó de
punk rock y al tiro nos gustó caleta. El TV preguntó de dónde eran.
–Son ingleses locos y tengo más.
–Ya poh, pongámosle. Escuchamos todo el caset de los Sex y puso el de
los Ramones. Ahí casi nos fuimos de raja.
–¿Dónde conseguiste esta música?
–La compro en la Disquería Circus, en Providencia, todos los días voy a
hueviar por esos lados, vamos mañana.
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Alberto Roa, futuro baterista de Dadá y cantante de Josefina Rock.
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En ese momento, propuse comprar otro copete pa’ celebrar y seguimos
tomando y escuchando la música que traía el Pelao Alberto. Desde ese día no
nos separamos más. En la noche fuimos a dejarlo al final de un pasaje en calle
Gorbea. Pintó el medio mono en el trayecto. Fue la primera borrachera con el
pastelito. Y creía que nosotros éramos cuáticos.
Al otro día con el medio hachazo fui donde el TV.
–Vamos a buscar al Pelao pa’ ir a cachar la disquería que dijo.
Nos fuimos caminando, acortando calles y conversando de la volá del
Pelao y de su borrachera. Daba igual, nosotros las habíamos tenido peores.
Llegando a las torres encontramos el kiosco. El Pelao no estaba, pero cachamos
un caballero, meta cantando tango. Era el papá del loco. Pasamos delante de él y
en ese momento nos dimos cuenta que era ciego. Quedamos en otra con el TV.
Al llegar Alberto, nos fuimos a la disquería, quedamos locos en ese lugar.
Conocimos a Gonzalo, el que atendía. Súper buena onda, nos contó que venía
llegando de Nueva York, había traído cualquier música. Nos puso unos discos
en otra, quedamos más locos. Ponía uno y otro tema de grupos punkis, nos
contaba las locuras que le pasaban en sus viajes y otras más.
Compramos un copete y nos fuimos pa’ la casa caminando, conversando
y vacilando. La gente nos miraba y nos gritaba hueás por la calle, pero no
estábamos ni ahí con los giles. Cuando pasamos por la tienda de instrumentos, le
dijimos al Pelao que teníamos pensado hacer un grupo.
–Ya poh -dijo el Pelao- yo toco la batería.
–Buena en la casa te vamos a explicar lo que tenemos pensado hacer.
Llegamos, nos tomamos unos copetes, le mostramos el libro del Dadá;
el Pelao lo leyó un rato.
–Esta hueá es la cuea loco, yo no cachaba ese movimiento.
–Ahora lo cachai –dijo el TV y ahí le contamos que al grupo le queríamos
poner “Dadá”.
–Bueno -dijo el Pelao-, vamos a tener que puro movernos instrumentos.
–Eso es lo difícil las hueás están súper caras –el TV me miró.
–No importa, podríamos movernos por ahí.
–Oye hueón, no sabemos ni tocar loco.
–No importa hueón, la hueá es darle no más, bien punki.
–Oye, yo voy a juntar plata y me voy a comprar una batería.
Nunca se la compró, siempre que juntaba un poco de plata la gastaba.
Eso no importaba, teníamos la fuerza y las ganas para seguir adelante
con tuti. Eran los principios de los ochentas, no recuerdo exactamente las fechas,
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pero ahí estábamos, el primer grupo punki en Chile: “Los Dadá”.
Sin instrumentos, igual ensayábamos con una guitarra acústica y unas
cajas de cartón. Hacíamos temas, el TV improvisaba las letras, lo pasábamos la
raja. Siempre me he preguntado qué habría pasado si hubiéramos sido más
acomodados, con plata para instrumentos. No sería lo mismo, porque a lo que
llegamos después, fue legal; nos prestaban instrumentos y lo pasábamos bacán.
Todas las tardes escuchábamos música, el Pelao se encargaba de mover los casetes.
Andaba por todos lados buscando, encontraba cualquier música nueva, ésa era
su onda. Pasaba el tiempo y nosotros seguíamos hueviando por ahí, tratando de
matar los días.
Lo más cuático de todo, era que seguíamos bartoleando. Con el TV
hacíamos cualquier movida por ahí o le pedíamos plata a los viejos y tomábamos
pepas, unas hueás re charchas que las vendían en la farmacia, Sinapep se llamaban.
Todavía me acuerdo, quedábamos terrible locos, al Pelao no le gustaban, él era
fiel al vodka.
Un día de ésos, unos punkis llegaron a la casa del TV, eran del lado de
Maipú. Fue loco. Tímidamente empezaron a aparecer punkis por uno y otro
lado y nosotros seguíamos ahí no más. A mí, al TV y al Pelao nos daba gusto,
porque igual era una forma de protestar contra el sistema. La gente se estaba
aburriendo de los shows de los milicos, que por cualquier hueá imponían estado
de emergencia. Nosotros estábamos ahí, para de a poco molestar a los hueones.
Seguíamos dándole, nos seguíamos juntando para ensayar más.
Me acuerdo que el TV estudiaba de noche en el Liceo Amunátegui, en la
Avenida Portales con Agustinas. En toda la esquina había una botillería. Siempre
que podíamos con el Pelao lo íbamos a buscar y nos veníamos copeteando, y eso
que estábamos en estado de represión total. No estábamos ni ahí, no pescábamos,
siempre nos cruzábamos con los pacos, nos paraban, nos agarraban para el hueveo
y quedaba la cagá porque siempre nos pillaban medio pasados. Nos íbamos en
volá y nos agarrábamos. Nos sacaban la chucha. Igual ahí estábamos, agujeando,
con eso nos sentíamos bien. Qué le íbamos a hacer, ya estábamos en ésa y nos
gustaba.
Era cuático que siempre anduviéramos por nuestro barrio. En las noches
íbamos a la Plaza Manuel Rodríguez, en la calle Almirante Latorre con Gorbea.
Era bien oscura y los pacos no pasaban nunca por ahí. Estuvimos un buen tiempo
tomando en esa plaza, ahí conocimos algunos locos, pero eran volados no más.
Nos preguntaban puras hueás, eran cerrados los compadres y seguíamos dándole
siempre. Nos preguntábamos si esta hueá de dictadura se iría a acabar algún día.
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La televisión era pura mierda, la radio igual. Como nosotros escuchábamos puro
rock’n’roll, no le dábamos muchas vueltas al asunto.
Pasado un buen tiempo, el TV había terminado de estudiar, sacó cuarto
medio y al loco ya se le notaba la tendencia por la pintura. Quería estudiar algo y
un día de ésos por casualidad, cuando pasábamos por la calle Cienfuegos antes
de llegar a la Alameda, encontró un lugar donde enseñaban dibujo y pintura
gratis, por una pequeña inscripción. ¡Qué le dijeron al TV! Se movió unas monedas
por ahí, después dio una prueba y se metió en esa volada. En ese lugar estudió
como un año. Mientras estudiaba, seguíamos vacilando. El TV empezó a pintar,
con sus ideas bien puestas: el loco cachaba ene de esa movida. Con el Pelao no
estábamos ni ahí con estudiar ninguna hueá, lo único que queríamos era tocar.
El TV era más loco que la chucha, mezclaba todas las hueás, pintaba,
tocaba con nosotros; yo cacho que esto era bueno, por lo menos teníamos algo
por qué luchar. El Pelao seguía trayendo música, era un maniático pa’ la hueá. Lo
que más escuchábamos eran Los Ramones, Sex Pistols, Los Clash y otros grupos
que no me acuerdo. Seguíamos tomando y casi siempre terminábamos borrachos.
El Pelao nos terminó por engrupir y ya no tomábamos grapa Travolta, tomábamos
vodka, estábamos daos.
Por esas cosas de la vida, mis viejos se separaron. Nos fuimos a vivir a
Avenida España solos, yo y mi viejita. Era una casa pequeña en un pasaje, como
a una cuadra de la Alameda. Quedé más cerca del centro. Eso era terriblemente
apestoso para mí, pero igual. Lo malo fue que quedé lejos de la casa del TV, tenía
que caminar como siete cuadras, charcha la hueá. Lo bueno que la plaza donde
tomábamos me quedó más cerca a mí que a los otros dos hueones.
Seguíamos matando el tiempo y esperando que algo pasara. Lo más
importante eran las protestas nacionales en contra de la dictadura, que de a poco
se empezaron a hacer más seguidas y violentas.
No cachaba muy bien dónde estaba metido. En la calle República, a una
cuadra de donde me había cambiado, estaban los cuarteles de la CNI. La media
volada. Una noche, después de una tomatera con el TV, lo fui a dejar a su casa y
el hueón porfiado me vino a dejar a mí de vuelta. El detalle era que había estado
de emergencia. Nos pusimos a discutir en la esquina cerca de mi casa y de repente,
aparecieron como tres autos, unos hueones con metralletas nos preguntaron de
dónde éramos. Menos mal que no nos fuimos en la volá con los culiaos, porque
hasta ahí no más habríamos llegado. Ese día quedamos terriblemente identificados.
El Pelao seguía trabajando con su viejo, el TV estaba pintando cada vez
más. Me acuerdo que íbamos a fiestas que hacían en los liceos, duraban hasta la
una y siempre dejábamos la cagá, creo que no nos querían para nada. Era fuerte
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Dadá: TV Star, Alberto y Lalo
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–Anduve por ahí y la casa estaba cerrada, no sé qué onda, pero me
encontré con un compadre que me dijo que estos locos vivían en Catedral con
Herrera.
Ese día, estuvimos tomándonos un copete que el Pelao había traído y
comentando sobre el reportaje de los loquetes éstos. Nos empezamos a poner a
tono, estábamos en la casa del TV. Empezó a atardecer, el Pelao se empezó a
curar.
–Oye, me quedó dando vueltas esa hueá de que los Pinochet Boys vivían
por Catedral con Herrera, porque nosotros hemos pasado por esos lugares y
nunca hemos visto a nadie en esa onda, poh Lalo.
–¿Por qué no vamos a cachar ahora?
–¿Ahora? No, hueón, vamos otro día, no tengo ganas de salir.
Seguimos poniéndole y terminamos como siempre. Me fui más doblao
pa’ la casa. Al otro día, después de almorzar con mi vieja, regresé por el lado de
Gorbea para cachar si veía al Pelao. No lo podíamos pasar a buscar, la vieja nos
odiaba, pero no importaba, el loco no estaba ni ahí con ella, lo hueviaban un kilo,
yo cacho que lo tenían más que aburrido. Como no lo encontré, me fui a la casa
del TV. Llegué, estaba pintando.
–¿Qué onda? ¿No hai visto al Pelao?
–No hueón, pase por ahí, pero no lo vi.
Estuvimos un buen rato esperando, escuchando a Los Clash. No llegó.
–Vamos a caminar para el lado de Carrera con Catedral a ver si cachamos
a los locos de la revista.
–Bueno, este Pelao culiao debe andar hueviando quizás por dónde.
Partimos, cruzamos la Alameda, nos pasamos a comprar una petaca de
coñac. Nos fuimos por el liceo donde había estudiado el TV, cortando camino
entremedio de esas calles y llegamos hasta Herrera4. Caminando, nos topamos
con Catedral y paramos. Mirábamos para todos lados, pero no cachábamos a
ningún hueón raro, los únicos éramos nosotros, parados como hueones en esa
esquina. Esperamos unos minutos y no pasaba nada.
–Vámonos, no pasa na’ loco.
Casualmente frente a nosotros, había una botillería vieja.
–Puta, pa’ no perderlas todas -comentó el TV- comprémonos un copete
y nos vamos chupando.
–Ya poh loco, pongámosle.
Los Pinochet Boys vivían en una casa que arrendaban por quince mil pesos de la época en calle
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Entramos a la botillería, realmente era vieja la hueá, las botellas de las
repisas llenas de tierra y el que atendía también era viejo. El TV se le acercó.
–Oiga ¿tiene grapa?
El viejo nos quedó mirando y se rió.
–Chuta que han bajado de categoría cabros ¿Qué les pasó cuando siempre
toman aguardiente?
Yo miré al TV y después al viejito.
–¿Qué onda, parece que nos confundió?
–Bah -dijo el viejito- ¿No vienen donde los cabros que viven aquí al lado
hace poco? Andan vestidos igual que ustedes, por eso me extrañó que pidieran
grapa, porque siempre toman aguardiente.
–¿Y llegan más cabros buena onda, viejito?¿Dónde dijo que vivían?
El viejo era súper buena onda. Salió del local con nosotros.
–Ahí, miren, en la puerta café.
– ¡Oh loco! Estábamos aquí mismo.
–Oye hueón, compremos igual el copete.
–No loco ¿Y si los locos no toman grapa?
–Si son punkis, tienen que tomar grapa.
–Ya, compremos la hueá entonces.
Nos devolvimos a la botillería y la compramos. El TV se la metió en el
bolsillo del abrigo y caminamos. Llegamos a la puerta. Era grande, café, toda
descascarada. Estaba abierta de par en par y se veía una escala hacia el segundo
piso, toda cochina la hueá.
–¿Qué onda hueón? ¿Subimos?
–Mejor gritemos a ver si se asoma alguien.
Gritamos, silbamos y no pasó nada
–Chucha ¿No estarán muertos estos hueones?
–¿Sabís que más hueón? abramos el copete.
El TV tomó la botella y nos pegamos unos tragos. Pasó un rato y nos
decidimos.
–Vamos hueón, subamos.
Arriba había un pasillo largo y angosto. En un costado una cocina
terriblemente sucia. Con una cachada de platos encima del lavaplatos. Seguimos,
pasamos por una pieza, vimos una cama toda desecha y botellas de copetes por
todos lados.
–Estos hueones son más curaos que nosotros poh loco. Cachai, ahí se
escucha música.
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La música venía desde otro lugar, la puerta estaba cerrada, nos acercamos
y entramos. Sonaba a todo chancho y había un loco sentado en el suelo, era el
Miguel Conejeros. Levantó la cabeza y se rió, estaba más volao que un mono.
–¿Qué onda? ¿De dónde son ustedes?
–Somos de la Estación Central, por ahí por Bascuñán.
–Ah, sí cacho –dijo el Miguel, mientras limpiaba un buen resto de
marihuana en la carátula del disco de Los Clash, y nos invitó a fumar un guarro.
–Ya poh, nos sentamos y empezamos a conversar, mientras corría el pito
y la grapa.
–Qué buena, pensamos con el TV que no ibas a tomar grapa.
ué onda? me tomo hasta el agua del florero –respondió el Miguel. Nos
cagamos de la risa y seguimos chicharreando.
Miguel Conejeros
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–Ah, no importa, nosotros tenemos.
–¿A dónde? No veo ninguno aquí.
–No hueís poh loco, aquí no tenemos nada, los tenemos guardados en
otro lado. En esta casa, de repente no queda nadie, y a veces nos quedamos
todos raja. Se pelarían las hueás ¿no creís? Pero cualquier día los podemos traer
y se pegan un ensayo.
–Qué buena onda –dijo el TV.
–Oye loco. ¿Y cuántos son los del grupo?
– El Tan, el Vanchi que es mi hermano, y el Dany5. Bueno, nosotros no
vivimos todos aquí, de repente nos quedamos unos y después los otros, pero yo
me quedo casi siempre.
Estábamos en esa cuando llegó el Tan. Era flaquito y con cara de niño
bueno. Tenía el pelo teñido medio rojo.
–¿Qué onda loquitos? ¿Cómo va todo?
–¿Ustedes tienen un grupo?
–Sí justamente de eso estábamos hablando con el Miguel.
El Tan nos contó que se andaba moviendo un lugar donde tocar. El loco
era súper entusiasta e inquieto, se tomó unos copetes, salió de la pieza y volvió
con unas baquetas y un pedazo de madera con unas gomitas, una más alta y la
otra más bajita. Se puso a pegarles.
–Estos locos no tienen instrumentos y les dije que los podíamos traer
para que se pegaran un ensayo, –dijo Miguel.
–No hay problema, el fin de semana los traemos.
Yo pensaba que nos habíamos encontrado con los locos precisos. No
eran ni una mala onda y estaban en la misma que nosotros y, lo legal, tenían
instrumentos. Al parecer, les habíamos caído en gracia, aunque nos estábamos
recién conociendo y no cachábamos todavía a los otros locos de la banda ¿Serían
igual? Seguimos conversando con los locos. El Tan nos preguntó si queríamos
tocar con ellos en una tocata. Qué nos dijeron.
–Nosotros hacemos una música súper loca, creo que se podría denominar
antimúsica –les explicó el TV.
–¿Cómo es eso? ¿De qué estai hablando? –preguntó el Miguel.
–Nosotros estamos en una volada, tenemos un libro del movimiento
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Los Pinochets Boys (1985 - 1987), eran Daniel Puente (voz y bajo), Iván “Vanchi” Conejeros
(guitarra), Miguel Conejeros (teclado) y Sebastián “Tan” Levine (batería).
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dadaísta y nos hemos guiado por esa onda –contestó.
–Yo cacho ese movimiento, fue en el año 1925 en Europa –dijo el Tan.
–Ah, sí –se sumó el Miguel- yo también he leído algo por ahí y me gustó.
Está bien, es bueno hacer lo que uno siente.
–Bueno, me gustó, vamos a empezar a movernos el lugar para que
toquemos luego.
En ese momento llegó el Vanchi, acompañado de una mina. Nos miró y
no nos pescó mucho. Se tomó unos tragos y se fue. Nosotros no lo pescamos
tampoco y seguimos conversando con el Tan y Miguel. Ellos dos fueron siempre
los más buena onda con nosotros. No nos dimos cuenta cómo pasó el tiempo.
Además, estábamos en un lugar donde nadie nos iba a pintar el mono. El Tan
dijo que fuéramos a comprar un copete, lo acompañó el TV. Yo me quedé
conversando con Miguel. Me pasó un pitito.
–No compadre, más rato, ahora estoy muy loco.
Se paró y salió de la pieza. Me acerqué al equipo de música y empecé a
cachar los discos. Al rato, volvió y traía un VHS en la mano. Yo no conocía esas
hueás, no cachaba para qué eran hasta ese momento. Los locos tenían un televisor
en blanco y negro chico, igual al que teníamos en casa y al costado, un video
grabador. En ese momento llegó el TV con el Tan, traían una botella de
aguardiente con una bolsa de limones.
–Aquí vamos a quedar chatos, –dijo Miguel. Nos preparamos unos tragos
de aguardiente y limón. Nos sentamos. Miguel se acercó al equipo grabador,
colocó el video; era la primera vez que veíamos uno. Puso a los Red Hot Chili
Peppers y también era la primera vez que veíamos y escuchábamos a ese grupo.
Nos gustó ene. Lo vimos caleta de veces. No nos aburrimos. Seguimos
conversando, tomando y hueviando casi toda la noche hasta la madrugada.
–Vámonos hueón, estoy en otra.
–No, locos, quédense –nos pidió el Miguel.
–No, no pasa na’ otro día venimos.
El Tan nos miró.
–Bueno, tengan cuidado locos, que por ahí anda cualquier paco y tu
sabís que a nosotros nos vacilan caleta.
El TV miró al Tan.
–No pasa na’, ya estamos acostumbrados y además no los pescamos a
esos cabezas de palo.
Nos despedimos, ya estaba aclarando. Íbamos bien loquetes, pero parados.
Se asomó el Miguel por la ventana y nos gritó que fuéramos mañana en la tarde.
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Y a caminar. Nos fuimos chicharreando hasta la Alameda y frente a Unión
Latinoamericana, nos separamos. Caminé pensando todo el trayecto a mi casa,
en que haber conocido a “Los Pinochet” era súper bueno porque podríamos
ensayar de verdad y tocar juntos en una tocata. Pensé que esto se iba a demorar,
pero fue súper rápido.
Al otro día en la tarde, fui a buscar al TV y lo encontré meta copeteándose
con el Pelao. El TV me dijo si quería un sorbo, tomé la botella y me mandé un
trago.
–Le conté toda la movida de ayer al Pelao.
–¿Qué te pareció?, –pregunté al Pelao.
–Buena, poh loco. Yo quiero conocer a esos loquetes.
Los locos se pararon y nos fuimos. Era un día de invierno, hacia frío y el
cielo estaba amenazante. Estábamos cerca de la Alameda.
–Hueones, no vamos a llegar sin un copete, yo cacho que “Los Pinochet”
deben estar cagados de frío –dijo el Pelao.
–Sí la casa es súper helada ¿qué pensai vos TV?
–Pienso que debería ser una aguardiente.
El Pelao lo miró.
–No, yo no tomo esa hueá.
–Bueno hueón, si no querís cómprate una hueá pa’ vos poh loco.
Nos devolvimos a la botillería. Compramos y nos fuimos. El tiempo
estaba cada vez más amenazante, pero no nos importaba, íbamos bien aperados.
Era como si todo estuviera preparado. Siempre pasábamos fuera de Matucana
19, pero no teníamos ni idea que en un tiempo no muy lejano, nosotros estaríamos
tocando en ese lugar.
Estábamos por llegar a la casa de “Los Pinochet” y se largó una pequeña
llovizna. Nos pegamos unos toques de aguardiente así, a capela no más, mientras
el Pelao tomaba de su petaca de vodka. Subimos y encontramos a otros compadres
tan buena onda como el Tan y el Miguel. El Gonzalo Donoso6, un loco flaco de
pelo crespo todo enredado, nos saludó.
–Siéntense muchachos, ustedes son los de ayer, los Dadá ¿O no?
–Sí, ahora vinimos todos, qué buena onda, los otros locos deben estar
por llegar, pero igual, tomémonos algo, yo lo voy a comprar.
6 Gonzalo Donoso, fotógrafo nacido en Concepción, retrató a grupos del rock underground
chileno de los años ’80 como Pinochet Boys, Dadá, Índice de Desempleo, María Sonora,
Electrodomésticos, La Banda del Pequeño Vicio y Los Tres a su llegada a Santiago. Actualemente
se dedica a la fotografía artística, publicitaria y documental, y sigue retratando a músicos chilenos
y extranjeros.
dadá /19
Se dio media vuelta y salió súper rápido. No nos dio tiempo de decirle
que teníamos un copete, pusimos un caset de Los Ramones y nos pegamos unos
tequilazos. Pasó el rato y llegaron una cachada de locos, todos cuáticos, entre
ellos venía el Tan con el Miguel.
–Ellos son los Dadá y queremos que toquen con nosotros en la tocata
que vamos a organizar.
–Ya tendremos tiempo para eso, ahora celebremos haber conocido a los
Dadá –dijo el Tan.
No tengo palabras para contar cómo fue ese carrete. Había de todo:
copete, drogas, rock’n’roll y minas. No recuerdo mucho lo que pasó después de
haber hueviado toda la noche. Me desperté en un rincón de la pieza donde
estábamos vacilando, miré pa’ todos lados y no sentía a nadie. Cualquier frío.
Había llovido caleta esa noche. Una de las ventanas estaba abierta y el piso mojado,
por suerte, miré a mi alrededor y encontré una botella de aguardiente que le
quedaba un resto. Me lo tomé, me quitó el frío y me pude mover. Mala onda, me
sentía súper mal; me tomé otro trago de ese tónico que resucita hasta un muerto
y pude ponerme de pie. Me sacudí un poco y me encontré con el Pelao. El hueón
estaba tirado al costado de una ventana todo mojado, yo lo traté de despertar,
pero el loco no respondía. En ese momento apareció el Miguel.
–Oye, este loco se va a enfermar, saquémoslo de aquí.
El Pelao reaccionó y despertó cagado de frío. Le convidé un poco de
aguardiente para que calentara el cuerpo, pero el hueón porfiado no quiso. Le
dejé la botella al Miguel.
–Vámonos, tenís que cambiarte esa ropa, estai todo mojado –después le
pregunté al Miguel por el TV.
–No sé, hueón, me acuerdo re poco de lo que pasó anoche, estábamos
todos más locos que la cresta.
–Voy a ir a dejar a éste a su casa, parece que está medio mal.
–Bien poh Lalito y volvís en la tarde a ver si hacemos algo.
–Ya poh.
Encaminé al Pelao (sin pensar que esa noche sería fatal para él) hasta a
una cuadra de su casa.. Se veía mal. Nunca imaginé que le había dado pulmonía.
Después de descansar, fui donde el TV y le conté. El TV me calmó.
–Oye, ese hueón es de fierro, no creo que le pase nada.
Pasaron los días, seguimos yendo donde “Los Pinochet” y carreteando a
todo dar. El Pelao no aparecía. Cachamos que el loco estaba enfermo, casi se fue
cortado. Qué locura, el Pelao no era na’ de fierro a las finales.
20 / leonardo aller
A todo esto, el Tan se había movido un lugar donde tocar y nosotros no
teníamos baterista.
–No te preocupís para lo que vamos a hacer, cualquiera toca la batería.
–Sí, pero el Pelao debería ser ese hueón ¿o no?
–Sí, pero ¿qué vamos a hacer si el hueón está enfermo?
Cada vez que íbamos donde “Los Pinochet”, el Tan se veía más
entusiasmado con la movida de tocar juntos.
Lalo y TV
dadá /21
Pinochet” llevaron los instrumentos para la casa y estuvimos ensayando un
poco con los muchachos. Tuvimos suerte. En esos días conocimos al Rodrigo7,
un loco que estudiaba Arte en la Chile. El tipo era un buena onda, nos cayó
bien y nos dijo que si necesitábamos un bajista, él estaba dispuesto a tocar con
nosotros. Fue bacán, yo cacho que nadie encuentra a alguien que quiera tocar
con uno, así de fácil. El Rodrigo era diferente a los otros locos. Ya teníamos
bajista, eso era lo importante.
Todo esto pasaba muy rápido y nosotros no estábamos preparados para
tanta cosa buena onda. A un día de la tocata, no la queríamos creer. El TV me
decía que tratáramos de tocar no tan curados.
–No seai gil, tenemos que conseguir pepas con alguien, porque va a ser
difícil que en nuestra primera tocata, toquemos sin algo en la [Link] el lugar
donde vamos a tocar, más de alguien tendrá que andar con alguna hueá.
–No nos urjamos por eso y cachemos más o menos lo que vamos a
hacer mañana cuando toquemos.
7
El pintor y rockero Rodrigo Hidalgo fue integrante del colectivo Contingencia Psicodélica a
mediados de los ‘80, además de bajista de Dadá (1985 - 1987). Luego siguió tocando en grupos
como Carlos Calor (1987), Parkinson (1988 - 1994), Anilina (1995), Los Artistas (1996), Piedra
Líquida (1997), Trayeguén (2001) y los recientes A Lo Perro (2002 - 2004).
22 / leonardo aller
–No, dejemos que eso salga de nosotros cuando estemos arriba del
escenario o arriba de la hueá donde nos toque pararnos.
Ese día pasó lento. En la tarde fuimos a la casa de los chicos y estuvimos
fumándonos unos guarros, tomándonos los mejores tequilazos y conversando
acerca de lo que haríamos al otro día. Esa noche, nos fuimos a tomar unos
copetes a la calle y sin darnos cuenta, estábamos en el sector de Plaza Italia, por
el lado de Antonia López de Bello. Era increíble, no andaban pacos y ni gente en
las calles. Lo único que había abierto era el Restaurant Venecia. No conocíamos
por ahí. Andábamos como diez, entre locas y locos. En este lote, estaba el Roly8,
un loquito medio New Wave; pelitos parados, flaquito y bien limpiecito; eso me
llamó la atención. Vacilamos caleta. Inventamos una canción con el Roly, el Miguel
y el TV que decía: “Ra ra racumin mata ratas, nada más, ra ra racumin mata
ratas”. La anduvimos cantando toda la noche.
Más tarde nos separamos y unos se
Rodrigo Hidalgo
8
Rubén ‘‘Roly’’ Urzúa es bajista y fundador de la duradera banda punk Fiskales Ad Hok (1987)
y uno de los creadores del sello independiente Corporación Fonográfica Autónoma, CFA, iniciado
en 1996.
dadá /23
acercaron y me preguntaron si cachaba dónde era la tocata.
–¿Y para dónde creís que voy yo?
–Bueno loco, pero no te enojís.
Nos bajamos y caminamos varias cuadras hasta llegar a El Aguilucho9,
una calle media cuica, pero no pescamos, por lo menos yo; iba preocupado por
los loquetes del TV y el Rodrigo que a lo mejor no llegarían al lugar. Estaba muy
equivocado. En la puerta del sindicato de taxistas me encontré con el TV, venía
saliendo con el Miguel.
–Acompáñanos a buscar una hueá para improvisar un escenario.
–¿Qué onda? –pregunté.
–No sé –dijo el Miguel, no hay na’ en esta hueá. Tenemos que
conseguirnos unas puertas en la casa de en frente para ponerlas sobre unos
caballetes que hay en el local. Con eso quedamos daos.
Fue súper cuático. De la nada inventamos un escenario que quedó medio
patuleco. Los chicos empezaron a armar la batería; otros acarreaban los pocos
equipos que había traído uno de “Los Pinochet” y los de los otros grupos que
ellos habían invitado; “Los Zapatilla Rota” e “Índice de Desempleo”. Ese nombre
me gustó cuando lo escuché. Yo creo que no les iba a gustar mucho a los milicos,
porque eran tiempos difíciles. Había cualquier hueón sin pega. Los muchachos
de “Índice” -después los conocí-, eran el Tatán y el Huevo. Todos buena onda.
Además, ese día conocimos harta gente que no cachábamos o no habíamos visto
hasta ese momento.
El lugar era bueno y súper amplio. Esta tocata nunca la voy a olvidar.
Siempre estará en mi memoria hasta la muerte. Lo que íbamos a hacer ese día era
lo más punki hecho en onda música en el país. Aquí empezó todo lo que vendría.
Fuimos los impulsores de esta movida. Mi memoria a veces me falla.
Todo lo que pasó en esta tocata fue genial. Los locos que fueron a vernos tocar
y los que tocamos. Pasaron cantidad de cosas. Primero fue el turno de “Zapatilla
9
En junio de 1986 los Pinochet Boys arrendaron el galpón del sindicato de taxistas de calle El
Aguilucho, en Ñuñoa, para organizar un Primer Festival Punk, donde tocaron los grupos Niños
Mutantes, Zapatilla Rota, Pinochet Boys y los debutantes Índice de Desempleo y Dadá. ‘‘Para
ese Festival Punk llegué de público. Me subí a tocar, era un caos: se subía cualquiera arriba del
escenario’’, recuerda Rodrigo Hidalgo, de Dadá. ‘‘En esa época nadie sabía tocar mucho. Los
Pinochet Boys se subían y hacían cualquier cosa. Índice de Desempleo me parece que hicieron
dos o tres temas’’, agrega Cristián Azócar, de Zapatilla Rota. ‘‘La verdad, tocamos dos temas.
Cada grupo tocaba eso, quince minutos. Estábamos recién empezando’’, coincide Cristián Millas,
de Índice de Desempleo. Azócar: ‘‘Lo organizamos entre todos. Después de que armamos el
escenario jugamos un partido de fútbol. Estaba la Zapatilla Rota por un lado, y por otro los
Pinochet Boys, los Dadá, los Índice de Desempleo’’. Millas: ‘‘Todos los punks contra los hippies.
Nosotros éramos todos pelados. La pichanga la ganamos los punks’’.
24 / leonardo aller
Rota”10. Tocaron bien, tenían ensayo y harto, pero no me gustaron. Después
“Índice”11. Ellos sí me gustaron. Y después nosotros: “Los Dadá”. Al no tener
baterista le pedimos al Gonzalo que tocara y atinó al tiro. Estábamos todos listos.
Arriba del escenario improvisamos, el Rodrigo en el bajo, yo en la guitarra y el
TV con micrófono en mano. La mina del TV también con un papel en la mano12.
Y le empezamos a dar. Cada uno tocaba por su cuenta, yo con una distorsión
estridente, el bajo dándole con tuti y el Gonzalo en la batería. Tenía una cajita de
metal sobre la caja que sonaba terrible cuático. Le dimos sin parar como media
hora. El TV vociferaba lo que en ese momento se le venía a su mente, mientras
la mina leía unas hueás que tenía escritas en el papel; eso fue la raja, para mí fue
alucinante, todos los que estaban mirando y escuchando quedaron en otra13.
Para finalizar subieron “Los Pinochet Boys” y parte de los que habíamos
tocado. Ahí terminó de quedar la cagá. En esta tocata habían como cien hueones.
Había uno que andaba tirando algo como ácido a toda la gente; era el Carlanga14,
un loco que también estudiaba Arte en la Chile.
10
Zapatilla Rota (1984-1991) era el grupo de punk y rock de Patricio Rojas (voz), Mauricio ‘‘Jacobo
Rey’’ Lamas y Frans Samur (guitarras), Cristián Azócar (bajo) y Cristián Barna (batería). ‘‘Eran
los más músicos, tenían equipos, estaban más armados, llevaban más tiempo y habían estudiado’’,
distingue Cristián Millas, de Índice de Desempleo, quien luego formó con Azócar y con Álvaro
‘‘Huevo’’ Díaz el trío punk Vía Violenta (1987). Cristián Azócar fundó en 1997 el sello
independiente Soberanía Records, donde ha editado los discos Prat! (1997), del grupo 12 Mil
Chilenos, y el compilado de organilleros Organillos de Chile (1999).
11
Índice de Desempleo (1986-1992) debutó esa tarde con Cristián ‘‘Tatán’’ Millas (voz, futuro
bajista del grupo), Cristóbal Pfennings (voz y teclado), Álvaro ‘‘Huevo’’ Díaz (batería) y Cristián
Azócar (guitarra) como invitado. En los siguientes años se les unieron Pablo Hermanssen (guitarra),
Andrés Poirot (guitarra), la francesa Judith Harder (batería) y Gastón Astorquiza (batería), futuro
cantante de Fruto Prohibido. Pfennings fue luego fundador de Pánico en 1994 y A Lo Perro
(2002-2004). Millas es diseñador y fue productor del grupo Laura 1 (1993). Y Huevo vive en
Alemania, donde editó un disco con la ‘‘pieza accidental intervenida’’ Crónica 02 (2002) junto al
músico Esteban ‘‘Flako’’ Morales en el dúo Huevoflako.
12
Estudiante de arte y teatro en la Universidad de Chile e hija del poeta mapuche Lorenzo Aillapán
Cayuleo, Lorenza Aillapán era parte del grupo de artistas activos en Matucana 19. ‘‘Ella fue la
conexión con la parte poética mapuche. (Por su intermedio) empezó el trabajo con su padre,
Lorenzo Aillapán, el Hombre Pájaro, hasta el día de hoy’’, explica Jordi Lloret, artífice de Matucana.
Lorenza estudió diseño de vestuario, abrió la galería de arte Espíritu Santo en calle Domínica e
inició la tienda de ropa Manufactura en 1994, vinculada al grupo de rock Supersordo. Ha participado
como diseñadora en un Primer Encuentro de Lenguas Nativas en el Museo de Historia Natural
(1996) o el Primer Festival de Arte de Cultura Originaria y Popular en Puente Alto (2001), y es
gestora del centro cultural El Puente del Cristo Negro y profesora de diseño.
13
Esa noche actuó la primera formación de la historia de Dadá: TV Star (voz), Lorenza Aillapán
(voz), Lalo Aller (guitarra), Rodrigo Hidalgo (bajo) y Gonzalo Donoso (batería).
14
Carlos Araya (Carlanga), pintor neoexpresionista y fundador del grupo de artistas Contingencia
Psicodélica, vive desde 1990 en París. Ha vuelto a exponer a Chile en 1992, en la Sala Arte Vicatura,
y en 1996 y 1997 en el Museo de Arte Contemporáneo.
dadá /25
Después fuimos a celebrar a la casa de “Los Pinochet”. Hueviamos
como tres días a todo dar; copete, drogas, minas, música y un montón de cosas
más. Todo esto en la primavera de ese año. Después seguimos yendo a la casa
de los chicos. Eran carretes suaves, casi siempre. Tomábamos el copete maldito,
aguardiente con limón.
A la casa de “Los Pinochet” siempre llegaban minas o hueones que iban
como en onda taquilla, para que sus amigos cacharan que se juntaban con los
punkis. Me daba igual, yo no estaba ni ahí con ellos. Una vez, con el TV llegamos
medios cureques y en la casa había carrete, locos por todos lados, todos conocidos,
menos una mina que yo no cachaba, la Catalina Guerra15. Andaba más loca,
estaba toda pintada y corriendo de un lado a otro. Huevió caleta. Nosotros nos
instalamos donde siempre y nos pusimos a tomar. El Tan y el Miguel andaban re
locos, nos ofrecieron unos pitos y la Cata se sentó a conversarnos. La mina
hablaba puras incoherencias. No era raro porque al rato, nosotros quedamos en
las mismas.
Nunca llegaban los pacos y era para que llegaran. Nos sentábamos siempre
en una ventana que daba a la calle y cuando terminábamos de tomarnos el copete,
lo lanzábamos. Todos hacían lo mismo. Siempre quedaba la quebrazón de botellas
en la acera. Nadie barría esa cagada.
Una vez que estábamos viendo unos videos que había llevado el Gonzalo,
llegó el Roly con un amigo. Nos dejó a todos duros el hueón. Andaba trayendo
como un kilo de coca. Yo jalaba y después tomaba cualquier copete, me curaba
y los locos me hacían jalar para despertar de la curadera. No me acuerdo mucho,
todos le preguntaban al Roly de dónde había sacado a este tipo. La media volá el
compadre, nunca más lo vimos, por lo menos yo.
También conocí al Rafa Guíñez16, un flaco, alto y más distorsionado que
la chucha, siempre andaba con droga y era enfermo de cuático. Me acuerdo que
el loco tocaba en la Sinfónica. Una vez llegó con un violín y lo hizo cagar en el
suelo, lo hizo mierda. Aparecía de repente, como de la nada, era más raro, no nos
pescaba. Nosotros estábamos ahí y eso era lo que importaba. Nos daba igual si
nos agarraban o no. Yo cacho que éramos más callejeros. Después de un tiempo,
íbamos menos a la casa de “Los Pinochet” y empezamos a ir al Barrio Bellavista.
Nos gustaba. Pocos pacos y nadie pintaba el mono. La casa de “Los Pinochet”
15
Actriz de televisión y teatro.
16
Rafael Guíñez es músico de formación clásica, intérprete de viola e integrante de la Orquesta
Filarmónica de Chile. Como bajista también formó parte de grupos de rock de fines de los años
’70 en adelante: Smog, Arena Movediza, La Banda del Gnomo, Parkinson, Le Llea y Los Trompos,
entre otros.
26 / leonardo aller
empezó a quedar atrás, íbamos de vez en cuando a tomarnos unos tequilazos y a
conversar con los muchachos.
Empezó el verano de 1986 y “Los Pinochet” estaban planeando un viaje
a Brasil. Antes de que se fueran, en la casa le celebraron el cumpleaños al flaco
Rafa y quedó la media cagada. Llegaron los pacos con la micro y con escándalo
se llevaron a unos cuantos presos por irse en la volá con ellos. Uno fue el
Cárdenas17, que también estudiaba en la Chile. En la casa de “Los Pinochet”
conocimos cualquier loco ligado con el arte, onda pintura, teatro, fotografía.
17
El pintor Hugo Cárdenas formó, junto a Rodrigo Hidalgo, Mauro Jofré, Carlos Araya (Carlanga)
y Carlos Pareja (Charly Boy), la Contingencia Psicodélica, un grupo de artistas surgido a mediados
de los años ’80 en la sede de Las Encinas de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, a
la que entraron Cárdenas e Hidalgo en 1983 y Araya, Jofré y Pareja en 1984. Era una generación
posterior a la de pintores como Bororo, Benmayor y Omar Gatica, quien tenía lazos estrechos
con la Contingencia Psicodélica junto a otros pintores cercanos como Pablo Domínguez, TV
Star y Miguel Hiza. Expusieron en la galería Bucci y el Garage de Matucana y se disgregaron a
fines de los años ‘80. ‘‘La Contingencia Psicodélica duró un par de años. La primera exposición
fue en la Bucci, en el 86 ó el 87’’, reconstituye Hidalgo. La escuela era figurativa, ligada al
expresionismo alemán, a la transvanguardia italiana, al arte pop, al comic, al rock y a un espíritu
contestatario. ‘‘Éramos expresionistas, siempre figurativos, nunca abstractos’’, define Hidalgo.
‘‘El comic nos marcó mucho. No estaba tan acotado a la academia, era romper eso, mucho más
vivo, más callejero. Vas por la calle, recoges algo y pintas arriba de cartón, de palos. Incluso
agarras el tubo y lo aprietas sobre la pintura, sin pincel ni nada. Expresionismo. Punk. La new
wave vino a sofisticarlo, pero la energía original era punk’’.
dadá /27
Después de esa fiesta nada fue igual. Los pacos nos tenían en la mira.
La casa tuvo su tiempo y fue bueno. Después los chicos empezaron a prepararse
para su viaje. Se hicieron unos cuantos carretes más, donde conocimos a locos
que más tarde seguiríamos viendo.
“Los Pinochet” se fueron a Brasil y nosotros dándole. A veces pasábamos
cerca de la casa, porque nos traía buenos recuerdos. A pesar de todo, si no
hubiéramos conocido a “Los Pinochet Boys”, a lo mejor no hubiéramos tocado.
Hubiera sido difícil moverse con los instrumentos y ellos eran los únicos que se
urgían por eso.
Los muchachos, al parecer, lo estaban pasando la raja en Brasil. Recibíamos
noticias de algunos locos que se contactaban con ellos y nos contaban. Nosotros
seguíamos luchando contra el sistema re culiao. No nos dejaban tranquilos los
pacos. Pasaba el tiempo y cada vez aparecían más locos. Lo veía como una protesta
grosa contra la dictadura.
“Los Pinochet” no estaban y nosotros seguimos viendo si era posible
volver a tocar. Después de una terrible convalecencia del Pelao Alberto, el loco
totalmente recuperado volvía a la carga lleno de energía y con todas las ganas de
hacer algo. Se nos venía toda la buena onda de nuevo, después de un tiempo que
estuvimos medio parados.
En un carrete conocimos al Jordi Lloret18. Era el dueño de “Matucana
19”, el local más increíble que nosotros podíamos haber conocido. El Jordi había
llegado hace un tiempo de España.
–Vayan a conocer el lugar y ahí podemos conversar.
18
Jorge Antonio Lloret Pacheco, poeta y escritor nacido en Santiago en 1957 y conocido como
Jordi Lloret, volvió a Chile tras una estada en España entre 1975 y 1985 y fue el artífice del
Galpón Internacional Matucana 19, el lugar más importante en la escena musical y artística
underground de los años ’80 en Santiago. Activo entre 1985 y 1989, Matucana fue sede de
conciertos de Electrodomésticos y de dos bienales punk, de pintores emergentes de la época, y
de la revista Matucana (1986-1989), publicada junto a Blondell, Albornoz, Víctor Codocedo y
Alfonso Godoy. Trabajaban allí artistas como Jordi Lloret, el videista Enzo Blondel, los pintores
Arturo Miranda, Amanda Jara, Macarena Infante y Alejandro ‘‘Negro’’ Albornoz. ‘‘Había más
cosas en la Caja Negra, el Centro Cultural Mapocho, El Trolley. Había un circuito. Matucana,
por el espacio, quizás era el transatlántico de la flotilla que trataba de sobrevivir. Nunca sabías si
te venían a patear la puerta. De hecho la pateaban’’, rememora Lloret: Matucana era un foco de
oposición a la dictadura de Pinochet, pero marginal a los partidos políticos. ‘‘Abría en el día y
estaba radiante de luz, la gente jugaba pimpón entre murales. Era la transparencia contra la
clandestinidad, era el disfraz contra el uniforme’’. Entre sus libros de poemas y prosa poética
figuran Soñándote (1981), Alaridos de un náufrago (1982), Deslecturas (1983), Insopmío (1984),
Ráfagas de cosas (1989), Textos áticos (1998), Ladridos (2003) y la novela de memorias Garaje
Internacional (2005), que reconstituye la época de Matucana. Tras una larga estada en Con Con,
Lloret se dispone a volver a Santiago en 2005.
28 / leonardo aller
Nos citó para el día siguiente. Esa noche, después que nos separamos
del Jordi, nos fuimos conversando y tomándonos un copete con el TV.
– ¿Qué pensai del hueón ése?
–Que tendríamos que ir a ver el local, de otra manera, no sabríamos si lo
que nos dijo sería muy legal.
Estábamos equivocados con respecto al Jordi, era un loco súper abierto
y además venía de Europa. Lo único que quería era promover la música y el arte
que se estaba haciendo en ese momento. Además Matucana 19, sería el mejor
local en esos años. Fue el mejor, el único en su género.
Cuando llegamos con el TV no cachamos ni una. Frente a nosotros había
un portón alto y ancho. Al lado, una pequeña puerta de metal. Al otro costado,
otra puerta igual y unas cortinas metálicas. Golpeamos la puerta pequeña, pero
no pasaba nada.
–Vámonos, –me dijo el TV a lo mejor, el hueón nos engrupió.
–No hueís, golpeemos el portón.
Estaba en eso cuando se asomaron por una de las ventanas del segundo
piso. Era el Jordi, un tipo de baja estatura, flaco, pelo negro, siempre vestía con
chalecos, así como hippies. Las apariencias engañan. El loco nos dijo que
esperáramos un rato. Como siempre, andábamos con una botellita de algún alcohol
por ahí. Nos tomamos unos tragos. Veíamos pasar cualquier gente.
El 19 estaba frente a la Estación Central, a pasos de la Alameda. Pensaba
que ese lugar no iba a durar nada, pero duró caleta. Nunca imaginé que estábamos
por entrar al local más simbólico que hubo en los tiempos de represión y dictadura
Se abrió la puerta pequeña y apareció el Jordi.
–Qué puntuales son –nos dijo en onda hueveo.
Entramos y ahí estaba. Un local inmenso. De alto tenía como cinco metros
y de ancho como veinte o treinta, era espectacular. Al fondo, un escenario también
en dos fases y con dos grandes escaleras a los costados. Todo esto era genial, yo
y el TV no la creíamos. Después de mirar un rato, yo por un lado y el TV por
otro, todavía estábamos en estado de shock. El Jordi nos dijo que se estaba
consiguiendo los permisos para poder empezar a funcionar, que la cosa estaba
difícil porque le ponían cualquier traba, pero que por mientras se podía ocupar
para ensayar. Nosotros no necesitábamos ensayar ahí, era muy grande.
Estuvimos todo el día con el Jordi.
–No te preocupís loco, hay que hacerlo funcionar igual –dijo el TV. En
ese momento, entró la Maca..
– ¿Y cuándo tocan?
dadá /29
–Hay que puro ponerse las pilas y hacer una tocata, –le respondió el
TV.
La Maca se río y salió de donde estábamos. Porque esto no era sólo el
local. Tenía en la entrada una escala que daba al segundo piso, con varias piezas;
ahí vivían. Ya en la noche nos fuimos con el TV y en el camino, nos encontramos
con el Pelao Alberto. Le contamos del lugar y quedó en otra.
En ese tiempo estaban apareciendo más grupos roqueros. El Roly con el
Alvarito, ya estaban pensando en formar un grupo. Se juntaban por ahí a meter
bulla. Recuerdo que era en la casa del Ciril19, un chico bueno, no mataba ni una
mosca. También se movía por ahí el Julián, un loquete que había vivido en
Inglaterra y quería tocar.
Una vez nos juntamos con estos muchachos y les dijimos que fueran a
Matucana, que ahí podrían ensayar sin problema. Fueron a hablar con el Jordi y
empezaron a moverse con más ganas. El Roly con el Alvarito eran los más
interesados en formar una banda. El TV les propuso ponerse “Fiskales Ad-
Hoc” ¿Por qué “Fiskales”? Era por uno que se las daba de fiscal militar en ese
tiempo y andaba dejando la media cagada. El Fiscal Torres20. De ahí derivó el
nombre que propuso el TV y a los muchachos les gustó. Lo adoptaron como
suyo, con todos los problemas que les iba a traer. No se imaginaban que un
montón de gente, sólo con su música, les iba a dar dolor de cabeza a los jotes.
Empezó a formarse Matucana 19. Por esos días ya andaba deambulando cualquier
loco cuático. Yo me había cambiado de casa, de Avenida España a un pasaje
entre Sazié y Salvador Sanfuentes21. Volví a vivir con mis viejos juntos, que se
habían separado por un corto tiempo. Era pequeña, una pieza como de tres por
tres. La única casa que había en ese pasaje de tierra. Yo dormía junto a la ventana.
Todos los días alguien me despertaba tirando piedrecitas.
Nos empezamos a juntar todos los loquetes en esta casa. Después de
tomarnos unos buenos copetes, nos íbamos caminando al Barrio Bellavista.
Pasábamos gran parte del tiempo en este pasaje, planeando tocatas, cachando
qué podíamos hacer. Era el pasaje de la locura o el del “Lalo Dada”, como me
19
Ciril fue uno de los músicos que tocaron informalmente en los comienzos de Fiskales Ad
Hok, antes de que el grupo definiera su primera formación estable en 1989.
20
El nombre y el título del fiscal ad-hoc Fernando Torres Silva se transformaron en uno de los
símbolos siniestros de la dictadura de Pinochet. Entre 1986 y 1988 Torres sustanció diversas
causas en las que la justicia militar dejó sistemáticamente en la impunidad a militares involucrados
en violaciones a los derechos humanos mientras acaparaba todas las causas contra el FPMR.
Entre 1988 y 1999 ocupó el cargo de auditor general del ejército. En 2000 fue procesado como
presunto encubridor del asesinato del dirigente sindical Tucapel Jiménez.
21
Pasaje: punto de reunión, en adelante ‘‘el pasaje’’.
30 / leonardo aller
ogoP
dadá /31
Josefina Rock (Lalo, Fabián y Fabricio)
32 / leonardo aller
Grabado TV Star
casa en Alameda con Victoria Subercaseaux, frente a la casa central de la Universidad Católica.
En este inmueble fueron celebrados diversos recitales de grupos punk como Josefina Rock y
Vandalik de fines de los ’80.
24
El viejo galpón de 1918 donde funcionaba el Sindicato de Conductores Jubilados de Trolleys
y Tranvías en calle San Martín 719 fue, junto a Matucana 19, la mayor sede de la nueva resistencia
cultural underground iniciada contra la dictadura a mediados de los años ’80. Activo entre el
último día de 1983 y 1988, El Trolley fue fundado por Carmen Pelissier, Pablo Lavín, Armando
Lillo, el actor Eugenio Morales y el dramaturgo, director de teatro y sociólogo Ramón Griffero.
En él coincidieron artistas visuales como Bruna Truffa, Samy Benmayor, Francisco Fábrega,
Carlos Bogni, Bernardita Birkner, Elías Feiffer y Miguel Hiza, cineastas como Gonzalo Justiniano,
Carlos Altamirano y Enzo Blondell, músicos como Los Prisioneros, La Banda del Pequeño
Vicio, Upa!, Generaciones, Dadá, Índice de Desempleo, Fiskales Ad Hok y Mauricio Redolés,
además las performances y la Primera Bienal Underground (1987) organizadas por Vicente
Ruiz y las obras de teatro de la compañía Fin de Siglo, dirigida por Griffero e iniciada con las
obras Historias de un galpón abandonado (1983) y Cinema-utoppia (1985).
dadá /33
siempre: el Alvarito, un niño bueno que cuando se tomaba unos copetes de
más se ponía malo, aunque siempre estaba ahí cuando uno lo necesitaba, un
buen chato. Ya estaba formando el grupo “Los Fiskales”. Alvarito era el
vocalista, estaba recién tocando por ahí y nosotros lo íbamos a ver. Era cuático.
Ya no tocábamos solos. Nos dedicábamos a incentivar que hubiera cada vez
más bandas de rock. El Roly, más conocido como la Rola, bajista de “Los
Fiskales”. Siempre fue medio raro, de repente aparecía un buen rato y después
se desaparecía caleta de tiempo. Teníamos que ir a verlo a su casa, quedaba
más lejos que la chucha, en la calle Yungay. En la casa del Roly ensayaban los
muchachos, ellos tenían su onda y nosotros la nuestra. Entre todos, teníamos
la media cagaíta. Aunque no se notara, movíamos cualquier gente de todos
lados.
Además llegaban dos personajes que yo siempre quise mucho: el Andy y
el Lenin. Eran dos niños traviesos. El Lenin tenía como doce o trece años. Los
conocimos en Matucana 19.
El tiempo pasaba de carrete en carrete y nos íbamos volviendo más locos,
cada uno a su manera.
En Matucana conocimos al Fabián25. Era un loco delgado, de patillas, se
vestía siempre como un gitano. A las minas les gustaba, tenía su propio estilo.
Desde que lo conocimos empezó a juntarse con nosotros. Nos caía bien.
Seguía pasando el tiempo pero ya con más calma. No andábamos tan
acelerados. Además no teníamos para qué, vivíamos relajados. Lo único malo
seguían siendo los milicos.
En Radio Universidad de Chile había un programa llamado “Melodías
Subterráneas”. Lo producía Rolando Ramos26, un loco que nunca supe de dónde
25
Fabián Reyes fue bajista de Josefina Rock (1987-1990), el grupo punk surgido tras el fin de
Dadá. Durante la primera mitad de los ’90 formó además El Circo junto a Nicolás Macchiavello
(guitarra) y José Pedro Mujica (batería). ‘‘Primero se llamaban Mala Imagen. Después se pusieron
Circo. Tocaron como cinco o seis veces. Era punk rock’’, recuerda Lalo Aller. Actualmente
Fabián Reyes vive en Alemania.
26
‘‘Melodías Subterráneas’’, transmitido entre septiembre de 1983 y mediados de 1987 por la
radio de la Universidad de Chile, fue el primer espacio que difundió música punk en Chile.
Inaudito en el contexto radial de la época y más aún en una emisora universitaria, era conducido
por Rolando Ramos, Karin Yanine y Bernardita Ramos bajo los alias de Spot, Karin y Berni. En
1985 se incorporó Pogo, futuro guitarrista fundador de Fiskales Ad Hok y recién llegado a
Chile tras una estada en España. ‘‘El Pogo fue gravitante. Su aporte fue fundamental en el
lenguaje y tono que el espacio fue adquiriendo. Junto a él realizamos los programas más
emblemáticos, como ‘Un viaje interno al cerebro de un criminal’, ‘Atentado contra el gran
Marrano’ y un especial de punk español. Con la incorporación del Pogo, el espacio comenzó su
etapa contestataria. Nuestro lema era ‘Si no tienes futuro, corrompe el presente’’’, recuerda
Rolando Ramos.
34 / leonardo aller
salió, pero se atrevía. El programa era la raja, el único de música punki y
alternativa. Tocaban caleta de hueás, lo escuchábamos siempre. En ese tiempo,
íbamos a hueviar al Caracol Vip donde los “Flit Back” tenían una pequeña sala
de ensayo. El Juanito Álvarez27, integrante del grupo, lo conocimos en un carrete
y nos invitó a su sala para que aprendiéramos a tocar. Ocupábamos los
instrumentos, pero ni ahí con aprender a tocar. Nuestra movida era otra. En
uno de esos “ensayos” grabamos como tres temas28. Quedaron legales, a pesar
de que ocupamos una radio que el Juanito tenía en la sala. ¡Cómo estaba esa
radio! Esa cinta sirvió caleta, fue la única grabación que hicimos “Los Dadá”.
La teníamos por ahí, no le dábamos importancia. Un día al Pelao se le
ocurrió que la podíamos llevar a ese programa de la radio. Otros grupos ya habían
llevado cintas y se las habían puesto. Decidimos ir. Creo que fue un lunes en la
tarde, porque teníamos información que ese día lo grababan. Se estaba haciendo
de noche. Cuando llegamos a la puerta de la radio, le preguntamos al guardia por
los locos que hacían el programa y tuvimos suerte, nos dijo que ya estaban por
salir. Pensé que a lo mejor no nos iban a pescar, el Pelao andaba medio volao. Le
dijimos que se comportara, pero no pescaba, ni ahí. Pasó un rato y salieron tres
hueones súper normales; una crespa, alta, flaca y otra también crespa, pero no
tan flaca. Una de ellas era Karen Yanine; el otro mamarracho era el Rolando, un
tipo así como ejecutivo con chaqueta de cuero. Se veía súper raro. Ellos tres
hacían el programa. Pensábamos que eran unos locos más punkis.
Después de quedar sorprendidos mutuamente, nos presentamos. El TV
ya había agarrado la de molestar a los locos. No ganábamos nada con irnos en
mala con ellos, porque a las finales la llevaban con el programa.
Si queríamos que pusieran la cinta, no era el momento pa’ hueviar.
Después sí, cuando los conociéramos, si es que. Conversamos re poco con los
locos. El Rolando nos pidió la cinta, se la echó en un bolsillo de su chaqueta de
cuero.
–El martes de la semana siguiente pongo un tema de ustedes en el
programa, –nos dijo. Era bueno, porque al sonar en la radio, nos cacharían más
27
Juan ‘‘Juanzer’’ Álvarez, precursor del rock chileno en grupos como Lágrima Seca (1968-
1974), Feed Back (1982-1988) y Panzer (1988 a la actualidad), es el más perseverante abanderado
del heavy metal nacional. Invitó a Dadá a tomar lecciones en su academia de rock situada en el
Caracol Vip’s, en Las Condes, pero allí, en vez de ensayar, el grupo hizo en una radiocasetera su
única grabación, la misma que luego sería difundida en ‘‘Melodías subterráneas’’ a mediados de
1985. ‘‘Posiblemente en invierno’’, recuerda Rolando Ramos, conductor del programa.
28
En realidad son sólo dos: una canción propia, ‘‘Yo odio a los políticos’’, y una versión del
bolero ‘‘Perfidia’’. Fueron grabadas por TV Star (voz), Lalo Aller (guitarra), Rodrigo Hidalgo
(bajo), Alberto Roa (batería) y Lorenza Aillapán (coros en el bolero).
dadá /35
locos. Pero el programa lo escuchaban los mismos locos que ya nos conocían.
Servía igual para molestar más a los cabezadepalo que nos reprimían y no nos
cambiaban nada. A esas alturas ya éramos cualquier cantidad por todos lados.
Se suponía que el loco pondría el tema en la radio. Nos preparamos
como se debía para nuestra primera aparición en la escena radial. Qué buena. Ya
nos habíamos tomado unos buenos tragos, cuando empezó el programa. Duraba
súper poco, pensamos que tal vez no lo habrían podido incluir esa semana y lo
tirarían a la próxima. Estaba a la mitad, se tiraron con el tema.
Fabián
36 / leonardo aller
Pogo suelo. ¡Locura! Después de eso, nos
hicimos más conocidos. Pusieron el
tema como tres veces más. Después
pusieron otro tema de la cinta.
Otra vez que fuimos a la radio
conocimos al Pogo31, un tipo que venía
desde España. Parece que lo viraron
de la madre patria, fuera de broma. El
tipo era medio enojón, pero buena
onda. Estuvimos conversando caleta
de rato, nos decía que le gustaba lo que
hacíamos y que podríamos grabar. No
pescamos mucho. Desde esa tarde, nos
empezamos a juntar con el Pogo más
seguido, y le presentamos a “Los
Fiskales”. Me parece que el Roly fue el
primero en conocerlo. El Pogo les
comentó que tocaba guitarra y después de un rato, se unió a “Los Fiskales”.
Eso fue genial. Necesitaban un loco como el Pogo para que los ordenara un
poco.
Nos hicimos bien amigos con el Pogo. El loco tenía su onda. Por nuestro
lado, seguíamos juntándonos en el pasaje. Aparecían especímenes cada vez
más raros. Uno de ellos era el Pato32, que llegó con otros locos, pero al Pato le
gustó y se aparecía casi siempre. Estaba estudiando Comunicación Audiovisual
en un Instituto. Siempre andaba con su cámara fotográfica y con su carta bajo
la manga, (pititos o pepitas). No sé cómo lo hacía, se tiraba la mano debajo del
cuello de su chaqueta de cuero y sacaba cualquier invento. Otro era el Rogo33.
Este sí que era un personaje. Chico, de pelo mohicano y bototos pa’ la cagá.
Vivía con un tío que era hueco y lo molestaba caleta. Iba todo el día a hueviar
al pasaje y mi vieja le daba comida, lo quería. Por cierto, ella alimentaba a casi
todos los que se juntaban en el pasaje. A veces tomábamos toda la noche. Rara
vez nos molestaban los pacos. ¿Éramos invisibles en el pasaje?
Seguíamos yendo con el TV y el Pelao a las inauguraciones de pintura.
32
Patricio Alarcón, fotógrafo y amigo de Dadá, resguardó gran parte del archivo de fotos del grupo.
33
Rodrigo Keller, futuro vocalista del grupo Sopa ‘e Pollo.
34
Carlos Pareja (Charly Boy), pintor y músico, es uno de los fundadores de la Contingencia
Psicodélica. Formó el dúo Trayeguén (2001) junto a Rodrigo Hidalgo, integrante de los grupos
Dadá y Parkinson. ‘‘Sigue pintando y está bien dedicado a la música étnica’’, dice Hidalgo.
dadá /37
Conocíamos a casi todos los locos de Arte de la Chile. El Charly Boy34, un loco
pequeño de lentes, terriblemente cuático que vivía en el Barrio Bellavista, en un
pasaje escondido, entremedio de esas calles donde carreteábamos en las noches.
A veces, cuando no lo encontrábamos, lo íbamos a buscar a su casa y nos hacía
pasar. Tomábamos unos copetes. El Charly Boy era re simpático, igual su viejo,
que nunca nos pintó el mono. Los otros eran el Carlanga, que no nos caía muy
bien, pero igual y el Mauro35.
Siempre veíamos en casi todas las exposiciones al Hugo Cárdenas, que
lo habíamos conocido en la casa de “Los Pinochet”. Era un loco así como bien
educado, pero cuando andaba medio curao se ponía cuático. Eran todos parecidos,
unos más conocidos y otros menos, pero siempre terminaban todos juntos.
También por ahí andaba el Hiza36 y el Pablo Domínguez37, con este loco
vacilábamos harto.
En estas inauguraciones pintábamos cualquier mono y conocíamos a
otros personajes. En una de esas locuras, conocimos al Omar Gatica38, andaba
con su señora, la Panchita39, ella era pequeñita, no sé, me daba cosa verla tan
frágil.
Con estos locos siempre hubo una muy buena onda, con ellos nos
juntábamos en las exposiciones y otros más que iban y venían.
Tengo muy buenos recuerdos de toda esa gente, porque el TV se dio a
conocer como pintor con el apoyo de casi todos estos locos. Todos lo querían.
Nosotros nunca nos separamos del TV, por eso siempre conocíamos a la misma
gente, pero nos daba igual. La volada de la pintura era del TV, nosotros sólo
queríamos la de la música, de conocer locos que tuvieran alguna banda y que
quisieran tocar.
Se estaba moviendo más la cultura. Los milicos la habían tenido totalmente
35
Mauro Jofré, pintor, es otro de los fundadores de la Contingencia Psicodélica, vive en Villarrica
y ha presentado exposiciones en el Museo de Arte Contemporáneo y la galería Nemesio Antúnez
de la estación del metro Cal y Canto (1997) y en la Bienal de Arte de Ecuador (1998), a menudo
con ex compañeros de generación como Cárdenas y Carlanga.
36
Miguel Hiza, artista plástico, rockero y presentador de radio y TV, es licenciado en arte en la
UC, se inició como pintor a fines de los ’80, fue el cantante de Parkinson entre 1991 y 1994 y ha
trabajado en radios Concierto y FM Hit y en los programas de TV ‘‘Plaza Italia’’ y ‘‘CQC’’.
37
Pablo Domínguez es el menor de los integrantes del grupo de pintores formado además por
Samy Benmayor, Carlos Maturana (Bororo) y Matías Pinto D’Aguiar, iniciados en los años ’80
y herederos de la transvarguardia italiana.
38
Omar Gatica, pintor, también pertenece a la generación de los ’80, estudió en la Facultad de
Artes de la Universidad de Chile y su trabajo es un neoexpresionismo heredero del expresionismo
de los años ’30.
39
Francisca Núñez, escultora formada en la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, se
radicó en Holanda en 1990 y ha expuesto frecuentemente en Chile.
38 / leonardo aller
apagada, pero con este movimiento de música y arte, hubo un renacimiento y
fue fuerte. Yo me sentía contento con lo que estaba pasando y se seguían haciendo
tocatas en Matucana, el Cultural Mapocho y el Trolley.
Había un grupo que nos gustaba; eran “Los Jorobados”[Link] día los
escuchamos en el Matucana. Lo que más me gustaba era el show que hacían en
el escenario, eran terrible pinta monos, pero eran simpáticos, por lo menos, nunca
se quebraron con nosotros. Hacían buena música.
Seguían pasando cosas y nosotros continuábamos en el pasaje vacilando.
Hubo otros lugares donde se empezaron a juntar los punkis, pero ninguno fue
como el pasaje. Lo recuerdo con mucha nostalgia, siempre nos íbamos caminando
de ahí a Plaza Italia o a otros lugares, pero siempre empezábamos ahí.
Después de haber logrado lo que queríamos y de haber tocado en varias
oportunidades, dejamos de tocar.
El TV se dedicó más a la pintura y nosotros nos dedicábamos a hueviar.
En ocasiones, yo me juntaba con el Rodrigo en su casa para ensayar
algunos temas.
Pasaba el año 1987. “Los Fiskales” ya se hacían cada vez más conocidos
y nosotros íbamos a verlos tocar, yo lo encontraba cuático, porque en vez de
nosotros estar tocando, ellos lo hacían cada vez más. Lo que realmente importaba
era que esto siguiera creciendo.
“Los Pinochet” habían vuelto de Brasil, pero separados. El Miguel vino
una vez cuando aún estaban en Brasil y nos pegamos el mejor carrete. Vacilamos
toda la noche por ahí, no sé en qué lugares, pero terminamos en la casa del Roly,
tomando aguardiente.
Miguel volvió a Brasil y el regreso a Chile fue con el grupo separado.
Nos volvimos a encontrar con él, pero en otra onda.
Con el TV y el Pelao, seguíamos yendo a tocatas por ahí. Recuerdo una
de los “Índice de Desempleo”. Supimos que iban a tocar en el Trolley. Ese día
40
Los Jorobados (1984-1986), un grupo precursor del punk chileno iniciado antes que Pinochet
Boys y Dadá, estaba integrado por Carlos Gatica (voz), quien además editaba la revista Beso
Negro, Mario Molina (guitarra), Víctor Argandoña (bajo) e Ismael Troncoso (batería). ‘‘Eran
como performances que hacían en el escenario. Entraban al cantante en un ataúd y lo sacaban,
se ponían máscaras. Era un tipo de música alternativa’’, recuerda Lalo Aller. ‘‘La música era
como rockabilly, era punk, pero la estética era completamente distinta. Era anti-estético.
Cultivaban el feísmo’’, coincide Cristián Millas, de Índice de Desempleo. ‘‘Gatica salía vestido
de novia, usaban vestidos raros, eran barbones. Eran mayores, tenían diez años más que nosotros.
Cuando estábamos empezando ellos ya tocaban’’. Tras la desaparición del grupo, Troncoso se
unió al grupo experimental Agrupación Ciudadanos y el sello CFA publicó el disco de Los
Jorobados Etapa anal (1996).
dadá /39
selaksiF
nos fuimos temprano, para ver si les podíamos ayudar en algo. Cuando llegamos
al Trolley, encontramos al Tatán en la puerta, el loco se alegró de vernos y nos
preguntó si queríamos tocar.
–Ya poh loco, –dije total estamos los tres.
–Pero al Rodrigo lo podemos llamar -dijo el Pelao.
Era primera vez que en ese lugar veía un escenario tan bien ordenado,
siempre era un desastre. Había colgada una bandera chilena súper grande, estaba
al revés y manchada con unas pequeñas consignas en contra del sistema. Se veía
súper bien, además los locos tenían una buena iluminación y una pequeña mesa
de sonido. Yo la quedé mirando, porque nosotros sólo habíamos tocado con
puros amplificadores y no cachábamos nada de sonido. Así de tártaros éramos.
–¿Y que hueá es ésa?, –preguntó el TV, y nos cagamos de la risa, pasó la
tarde, por supuesto, nos tomamos unos copetes con los loquetes.
Los “Índice” hicieron una pequeña prueba de sonido. Nosotros no. No
40 / leonardo aller
nos dimos cuenta cuando empezó a entrar la gente. Salí a la calle y me encontré
con los locos que nos juntábamos en el pasaje y otros de Arte de la Chile. Hice
las movidas para que los dejaran entrar a todos, pero no me aguantaron los locos
de la puerta, porque la tocata la organizaban otros. Igual entré a casi todos.
Después de lograr que pasaran todos, entré y nos fuimos a un rincón
del Trolley donde siempre nos instalábamos. Empezaron a llegar más locos
conocidos y se formó un grupo bien grande. Esta tocata estaba destinada a no
ser. Estábamos en lo mejor tomando y hueviando, cuando miro hacia la puerta
y me parece ver unas gorras medias sospechosas. No le di importancia, había
algunos loquetes que las usaban, y de lejos parecían pacos. No podía ser tanta
maravilla. De repente, se encendieron las luces y eran ellos, los más bonitos de
todos, los pacos.
Afuera del Trolley tenían tres micros. Estaban muy equivocados, porque
no cabíamos ni cagando. Los que ya estábamos adentro, éramos unos trescientos.
Unos que estaban entremedio empezaron a gritar hueás contra los pacos y el
Teniente que andaba a cargo los paró y dijo que si no nos comportábamos igual
se iba a llevar a los que cupieran en las micros. Dicho eso, el silencio fue de una,
todos callados. Teníamos que salvar piola.
Ya nos tenían los cocos hinchados de tantas veces que habíamos caído
en cana y al puro peo. El paco se dio una vuelta mirando a todos los locos y nos
dijo que cómo se nos ocurría tener la bandera colgada de esa manera, si acaso
éramos anti patriotas.
Esa fue otra tocata más arruinada por los cabezas de palo. Salimos del
Trolley todos en filita. Piola, pero una vez en la calle, empezó a quedar la media
cagá. Tirando piedras o botellas en contra de los pacos. Cuando se empezó a
poner más denso el ambiente, ya venían en camino los refuerzos de los pacos.
Nos escabullimos y nos perdimos entremedio de las calles aledañas. Ya a salvo,
veíamos pasar las patrullas y las micros hacia el Trolley, pero ya les habíamos
dado duro.
Estábamos hartos, pero no nos íbamos a rendir tan fácilmente. Esa noche
nos emborrachamos y hueviamos hasta el amanecer.
Por esos tiempos se juntaba una cachada de locos en “la torre”, que
quedaba en medio de las torres de San Borja. Ese lugar fue bien conocido durante
Vandalik es uno de los grupos de la segunda generación del punk chileno iniciada hacia 1988
41
con rockeros como Políticos Muertos, Ocho Bolas, KK, Sopa ‘e Pollo, Caos, Anarkía, Cesantía
y otros. Eran Memo Vandalik (voz), un guitarrista no identificado, Cristian Vandalik (bajo) y
Leo Vandalik (batería).
dadá /41
un buen tiempo. El Pelao y yo, cuando necesitábamos hablar con alguien de
alguna tocata, no teníamos más que ir a “la torre”. Allí siempre nos encontrábamos
con “Los Vandalik”41. Ellos siempre estaban ahí, pero como todos, tenían una
chapa; les decían los chaquetas de goma.
“Los Vandalik” también tocaron en Matucana 19 algunas veces. Con
ellos andaban unas locas que fueron el único grupo de minas que tocó junto a
todos los grupos de esos tiempos. Se llamaban “Las Asociales”42. A mí me
gustaban. Eran súper paradas las locas, siempre cuando tocaban quedaba la cagá.
Los hueones les tiraban pollos y las minas se los tiraban de vuelta a los giles.
Me acuerdo muy poco de estas locas. Una de ellas era flaca y alta, de pelo muy
largo y muy bonita. La otra era la que tocaba la batería, una chica un poco más
rellenita, pero buena pa’ darle a los tarros.
Cuando estos dos grupos tocaron en Matucana, por primera vez ante
público, nosotros llegamos temprano con el TV y nos encontramos con la flaca.
Ella nos preguntó si tocaríamos junto a los otros grupos. El TV les dijo que eso
no dependía de nosotros, ya que los que organizaban la tocata eran otros. Ese día
todo salió súper bien, digo súper bien, porque pudieron tocar todas las bandas y
no llegaron los pacos. Las chicas, para ser su primera vez, tocaron la raja y “Los
Vandalik” también dieron lo suyo.
Nos gustaba que salieran más grupos y si había uno de minas, era mucho
mejor. Aunque siempre había problemas. Para conseguirse equipos o
instrumentos, todos los locos que tenían, se cagaban, y más difícil aún era para
conseguirse batería. Hubo tocatas, que por falta de batería, tenían que suspenderse
y algunas empezaban cuando llegaban con una batería que alguien se conseguía
a última hora. Siempre pasaba lo mismo. Era el colmo, a veces se tenían que
arrendar hueás para poder tocar. Qué mala onda, sobre todo para los que no
tenían instrumentos y que tenían ene ganas de tocar. En esos tiempos se hacía lo
que se podía.
En “la torre” pasaban caleta de hueás. Por ahí cerca vivía el Micky43, un
42
Las Asociales eran un trío punk rock de guitarra, bajo y batería integrado únicamente por
mujeres: Poli, Mimi y Andrea, según el recuerdo de testigos de sus actuaciones como Rodrigo
Barrientos (bajista de Los Políticos Muertos) y Lalo Aller. ‘‘Ése era el único grupo de minas que
había’’, dice Lalo. ‘‘Era punk rock. La Poli tocaba guitarra clásica’’, agrega Barrientos.
43
Mijael ‘‘Micky’’ Cumplido fue baterista de los Fiskales Ad Hok entre 1989 y 1998, además de
integrante de grupos rockeros como Saturnino (1992-1993) y Makenlei (1993-1994) con su
hermano, Jaime ‘‘JC’’ Cumplido, quien a su vez fue guitarrista de María Sonora (1989-1991) y
bajista de La Ley (2000-2002). Micky grabó los tres primeros discos de los Fiskales, Fiskales Ad
Hok (1993), Traga! (1995) y Fiesta (1998), y hasta hoy trabaja en producción con músicos como
Joe Vasconcellos y Los Prisioneros.
42 / leonardo aller
loco que después sería el baterista de “Los Fiskales”. También se juntaban
otros locos, entre ellos, estaba el Buitre. De mediana estatura y un poco gordito,
andaba de chaqueta de cuero y en su bolsillo guardaba el cuchillo cocinero que
usaba para asustar a los que no le caían muy bien. Con nosotros tenía buena
onda. Era súper divertido, siempre quedaba raja o tirado en algún lugar donde
salíamos a caminar.
“La plaza chica”. Quedaba al final de Antonia López de Bello. En medio
de unas casas onda villa y la gente que vivía en ese sector no llamaba a los pacos
o no estaba ni ahí con nosotros. Se juntaban hartos loquetes. Estos lugares siempre
quedaban cerca del Barrio Bellavista. Después de tomar y carretear entre nosotros,
salíamos a odiar a los hueones que andaban dando vueltas por el barrio.
En eso nos entreteníamos. Por esos días el Miguel de “Los Pinochet
Boys” vivía en Chucre Manzur. A veces lo íbamos a ver. Era una casa donde
vivían como tres hueones y unas minas. En esa casa vivió el Pelao Alvarito con la
Isabel. Hueviábamos harto con ellos, claro que no entraban todos, sólo los más
conocidos.
En esos días el Pelao había conocido a dos minas que siempre andaban
con nosotros. Nunca supe de dónde eran y tampoco importaba. Andábamos en
otra. Lo mejor de todo era que conocíamos una cantidad de gente impresionante,
ni yo me la creía. A las minas les decían “Las Exploited”. Por todos lados salían
locos que nos cachaban y nos invitaban copete. Tomábamos como si se fuera a
Lizi, Fabián
dadá /43
acabar el copete.
Una vez estábamos terriblemente curaos con “Las Exploited”. Nos las
tiramos afuera del Colegio Alemán, cara dura. Fue demasiado entretenido. Dos
hueones a poto pelao tirándose a dos locas a plena luz del farol, qué locura.
El Barrio Bellavista fue parte del encuentro de todos los movimientos
underground de esos tiempos. El nuestro fue el más importante en los años
ochenta. Un movimiento mezclado con locos de distintas ondas. Al principio
éramos pocos los que nos atrevíamos a desafiar el sistema impuesto por los
milicos. Después se formaron bandas trash, hardcore, y también pop, aunque a
las finales, todos se mezclaban. Ver tocar a “Los Fiskales” en tocatas trash o ver
locos trash en tocatas punkis era re cuático. Fue al final, porque al comienzo
cuando se empezó a mover la onda trash, nos agarrábamos a cornetes,
precisamente en el Barrio Bellavista.
Los trashers llegaron al Barrio. Siempre hubo encontrones, igual como
nosotros molestábamos a los hippies. Pero para ir a las protestas, éramos uno,
todos juntos en contra de los pacos. Entretenido, todos vacilábamos, fuera en
una u otra onda.
En Bellavista también conocimos al Fabricio (baterista de Josefina Rock),
amigo del Fabián. En esos días era un pendejo de mierda; no sabía lo que quería,
pero buena onda. Andaba con su tía, que era rica, de comérsela.
En Matucana seguían las tocatas, ahora con otros grupos que en ese
tiempo estaban sonando, como “Los Electrodomésticos”44. Buenas tocatas, pero
a otro nivel, con más amplificación e iluminación.
Nosotros ya no nos preocupábamos tanto por tocar, sino más por ayudar
a otros grupos para que se les diera la oportunidad en Matucana o en el Cultural
Mapocho. En esos tiempos ya se estaba poniendo difícil tocar en esos lugares.
44
Electrodomésticos (1985) es el grupo más experimental de la new wave de los ’80 en Chile.
Integrado por Carlos Cabezas (voz y teclados), Ernesto Medina (guitarra) y Silvio Paredes
(bajo y teclados), surgió al alero de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, grabó los
discos Viva Chile (1986) y Carreras de éxitos (1987) y se reformó en 2003 para editar su tercer
álbum, La nueva canción chilena (2004).
45
Los bonaerenses Isabel Sarli, bautizados con el nombre de la actriz y símbolo sexual del cine
argentino de los años ’60, eran el grupo original del bajista Marcelo Víbora Larralde y tocaron
en el santiaguino Garaje de Matucana en 1989, el mismo año en que Víbora se quedó en Chile
y se unió como guitarrista a los Fiskales Ad Hok tras la partida de Pogo. Para eso debió
cambiar de instrumento y de estilo. ‘‘(Isabel Sarli) era bien Chili Pepper. El Víbora era de los
secos para el slap’’, recuerda la productora de Fiskales Ad Hok, Mónica Peralta, en alusión al
grupo californiano de rap, funk y metal Red Hot Chili Peppers y a la ténica de bajo slap propia
de estilo funk. Víbora fue guitarrista estable de los Fiskales hasta 1988 y grabó con ellos los
discos Fiskales Ad Hok (1993), Traga! (1995) y Fiesta (1998).
44 / leonardo aller
Muy a la chilena, un lugar empieza con los locos de abajo y después hasta
nosotros mismos teníamos que hueviar ene para tocar en el lugar que habíamos
empezado.
A Matucana 19 vinieron a tocar una vez unos argentinos. Se llamaban
“Los Isabel Sarli”45. Eran como diez, cuál de todos más cuático y buena onda.
Entre ellos estaba el Víbora, un flaco narigón, terrible de engrupido. Era el más
simpático del grupo, que después de un tiempo, pasó a ser el guitarrista de “Los
Fiskales”. De todos los locos que llegaron con “Los Isabel Sarli” se quedaron
varios en Chile. También venían minas y algunas se quedaron, yo creo que las
más valientes, porque venir a quedarse a un país que está en plena dictadura, hay
que echarle. ¿O no?
Estaba entrando más música. Se escuchaban hartos grupos argentinos.
Para mí los mejores eran “Los Fabulosos Cadillacs” y “Sumo”, con Luca Prodan
a la cabeza. Los escuchábamos caleta.
Recuerdo una tocata que se hizo después de la hueá de Festival de Viña
con unos grupos que sonaban en las radios por esos días. No los voy a nombrar
porque no estaba ni ahí con ninguno. Con los únicos que nosotros a veces
compartíamos unos tragos eran “Los Upa”46. De ellos conocíamos a la hermana
del Tan de “Los Pinochet”. Ella tocaba con estos locos. También estaban en el
grupo el Pablo Ugarte y el Piga. Nos caían bien estos locos, por lo menos, no
eran tan hueones como los otros grupos que salieron en esos tiempos onda
pop47.
En esta tocata, que se hizo en el lugar donde se hacía el festival y que fue
como tres días después de que se acabó la hueá ésa, nosotros no cachamos hasta
el último día que se confirmó que venían los “Sumo”. Una vez confirmado, con
el Pelao no lo pensamos dos veces, nos conseguimos unas monedas y nos fuimos
48
Upa! (1985) estaba integrado por Pablo Ugarte (voz y bajo), Mario Planet (voz y guitarra),
María José Levine (voz y teclados), Sebastián Piga (saxo y guitarra) y Octavio Bascuñán (batería)
y fue uno de los grupos más activos de fines de los ’80, interesados por igual en la new wave, el
pop, el dark y el reggae. Grabaron los discos Upa! (1986), Que nos devuelvan la emoción
(1988), Un día muy especial (1990) y, reformados diez años más tarde, Punto infinito… (1999)
y En vivo (2000).
47
El sábado 21 de febrero de 1987, en plena época del éxito del ‘‘pop latino’’, tocaron en la
Quinta Vergara de Viña del Mar los grupos chilenos Upa! y Aparato Raro y los argentinos GIT
y Sumo, ante unas doce mil personas. El concierto fue organizado por el productor chileno
Alejandro Sanfuentes, futuro manager de La Ley, y el locutor radial argentino Lalo Mir, con el
ampuloso nombre de ‘‘Primer Recital de Integración de Música Rock Chileno-Argentina’’.
Primero actuaron Upa! y Sumo, la más salvaje de las bandas del rock argentino de la época,
liderada por el cantante italiano Luca Prodan. Fue su actuación la que quedó en la historia.
dadá /45
para el Puerto con otros locos. Llegamos como a las diez de la mañana. Nos
fuimos al Barrio Chino a tomar, a comer, a prepararnos, porque la tocata era
como a las nueve de la noche. Tuvimos que ir antes a un lugar a comprar las
entradas, ahí nos encontramos con el Charly Boy y su polola, la Mónica, una
flaca súper buena onda.
Ése día fue especial, porque nunca imaginé que iba a conocer en persona
al pelao Luca Prodan. Nos dirigíamos con los locos a comprar un copete y en la
calle Valparaíso, en una esquina nos topamos frente a frente con el loco. Andaba
más loco que la chucha y los otros del grupo lo llevaban en andas. Era raro ver
ese espectáculo en pleno centro de Viña. Los locos no estaban ni ahí. Eran los
“Sumo”.
–¿Qué onda, Sumo? ¿Cómo va?
Luca levantó la cabeza y nos dijo, –chicos, el rock nunca va a morir.
Esa tocata fue inolvidable para mí y para otros fue un verdadero chasco.
Sobre todo para el Charly Boy. En el momento en que intentábamos entrar con
boleto en mano, el Charly andaba muy curao, lo cacharon unos pacos y se lo
llevaron en cana por todo ese fin de semana. El Charly nunca se va a olvidar de
esa tocata y su mina tampoco. El resto de nosotros entró piola, no nos cacharon
que íbamos medios cureques. Yo pasé piola con una botella de gin que habíamos
comprado entre todos. También andaba el Alvarito, pero el loco se fue pasando
rejas hasta llegar adelante.
La tocata de los “Sumo” estuvo genial, por lo menos para nosotros, que
nunca habíamos visto a un grupo como ellos en vivo. Fue re loco, porque se
suponía que iban a tocar al final y eso era terrible para nosotros, porque nos
íbamos a tener que mamar a todos los grupos mulas que iban a tocar antes. Cuál
fue nuestra sorpresa, que al escenario subió el anunciador oficial; el Lalo Mir48.
–Con ustedes muchachos, en este escenario -dijo en ese minuto- dejo a
Los Sumo Sususususumomomomo.
Así tal cual fue la presentación. Los que estábamos sentados en ese
momento, saltamos encima de las bancas y nos pusimos a gritar a todo hocico
Sumo, Sumo, Sumo, Sumo. Ellos eran para mí los mejores en su estilo. No va a
haber otro Luca Prodan.
Tocaron todos sus temas conocidos. Luca Prodan al terminar uno de sus
temas se dirigió hacia donde estábamos los más cuáticos, nos apuntó con el dedo
y nos dedicó un tema que yo no había escuchado y no lo volví a escuchar. Era
48
Lalo Mir conducía el programa ‘‘Argentina rock’’, la respuesta de radio Concierto al éxito del
‘‘rock latino’’ de mediados y fines de los ‘80.
46 / leonardo aller
Fuck you. Bueno el tema, corto, pero con cualquier fuerza. Se despidió con esa
canción y desapareció del escenario. Nosotros de la galería.
Todavía era temprano. Nos fuimos a la casa de unos locos en Valparaíso,
donde vacilamos el resto de la noche. Al otro día seguimos vacilando. Nos fuimos
un rato a la playa con copete y carreteamos toda la mañana. Después al Barrio
Chino a comer mariscos para componer un poco el cuerpo. Yo había llegado
con el Pelao y con otros dos hueones, pero después andábamos un grupo de
como veinte, entre minas y locos. Nunca pensé que nos juntaríamos tantos en
una tocata de “Sumo”. Esa tarde volvimos a Santiago. Nos costó caleta, porque
más de la mitad de los hueones andaban muy curados y no nos querían llevar los
buses. Como siempre, algunos atinaron y otros se quedaron tirados en Valparaíso.
Con el Pelao llegamos a Santiago como a las diez de la noche y nos fuimos a la
casa del TV, a contarle el carrete que el hueón se había perdido de puro cuático
que era. Llegamos a su casa y su vieja nos dijo que el loco andaba en una exposición
donde Enrico Bucci49.
En Huérfanos al llegar al Cerro Santa Lucía, por mano derecha. Este
viejo, el Bucci, como le decían todos con cariño, era súper buena onda con todos
los pintores que en ese tiempo estaban estudiando en la Chile. Este viejito quería
caleta al TV y lo apoyó harto. Recuerdo que le prestaba la sala gratis para que
expusiera sus pinturas. Buena onda el viejo. Se murió, qué mala.
En esta galería de arte exponían todos los tipos de arte que había en ese
momento. Tocaban bandas en algunas ocasiones. Era entretenido ver una
exposición y al costado unos locos tocando. Genial. Eran buenos tiempos, pasaban
cosas casi todos los días y en distintos lugares.
Había unas chicas que me gustaban mucho. Eran las pálidas; dos amigas
que hasta ahora nos seguimos viendo. Las conocí por el Andy y el Lenin. Ellas
dos son muy bonitas. Nunca, desde que las conozco, han perdido la compostura
en ningún lugar en donde hayamos estado carreteando.
Nos estábamos tomando unos copetes con ellas un día y un loco de la
Facultad de Medicina de la Chile nos dijo que nos habían escuchado y que querían
que tocáramos ahí. Estaban de paro por esos días. Era heavy, nos habían pillado
en el aire con el Pelao, pero estábamos acostumbrados a tocar donde estuviéramos.
El curador y galerista veneciano Enrico Bucci Uliari, avecindado en Chile en 1953, fue el
49
creador de la histórica galería de arte Bucci en Santiago. Situada en el número 256 de la calle
Huérfanos, a unos pasos del cerro Santa Lucía, había sido fundada por él en 1973 y desde 1983
se transformó en uno de los bastiones culturales de los últimos años de la dictadura, abierto a
pintores de vanguardia y a músicos emergentes del punk y la new wave de los ’80. Bucci, que
cuenta entre sus hijos a músicos como Juan Pablo, Pier y Andrés Bucci, murió en Santiago el 16
de mayo de 2001, a los 71 años.
dadá /47
Hacía tiempo que no ensayábamos, pero por ir a tocar nos movimos. Ese día
estábamos con las pálidas, “Las Exploited” y otro loco más que no recuerdo
bien. Las pálidas nos dijeron que fuéramos igual y ellas nos hacían coros arriba
del escenario. Nosotros estábamos medios mareaos a esa hora de la tarde, y
además, no teníamos una caja para ir a tocar, pero todo se puede. Un loco que
vivía cerca de la Facultad de Medicina nos podía prestar una caja para que
tocáramos. Nos fuimos caminando hasta su casa, que quedaba cerca de la brocha,
una calle conocida en el Barrio Bellavista. Íbamos con todas las ganas de tocar.
48 / leonardo aller
Fue más que genial. Armamos una de las locuras que nunca más se hizo arriba
de un escenario en este país, en tiempo de dictadura. Pero quienes nos estaban
escuchando y viendo en ese momento, no nos [Link] senté en la batería.
El Pelao agarró el micrófono y las chicas se pusieron a los dos costados del
escenario con sus respectivos micrófonos. Eran cuatro minas, más el Pelao
vociferando en contra de todos y de todo. En un momento, la hueá se nos
escapó de las manos. Nos empezaron a tirar piedras y de todo lo que tenían a
mano; palos, plantas, y no sé qué más. Nunca escuché lo que el Pelao y las
minas gritaban, pero tiene que haber sido algo muy fuerte para que reaccionaran
de esa manera. Nos querían linchar, estaban terriblemente enojados y tuvimos
que salir al vuelo, por entremedio del Hospital. La media locura que llevábamos.
No nos importó, porque ese no era el público que nos iba a ver a nosotros. Eran
puros hippies de mierda. No entendieron. Ésa fue la primera y última vez que
verían algo así.
Nos fuimos con el Juanjo a un lugar a comentar lo ocurrido, además de
emborracharnos hasta las patas. Esa tocata fue bien comentada por un largo
tiempo en la Escuela de Medicina, totalmente dadaísta la hueá.
Luego de haber pasado un tiempo tocando por distintos lugares, nos
empezamos a alejar del TV. Él siguió con su onda, la pintura. Pero no faltaba con
quién tocar. A esas alturas, todos los locos querían formar grupos por todos
lados. Se veía venir una avalancha de bandas.
En una de esas tocatas, en Matucana 19, faltó uno de los grupos.
Estábamos cerca del escenario el Alvarito, el Cristian Vandalik, el Rogo y yo.
Nos quedamos mirando y ni la pensamos, nos subimos al escenario.
–Yo toco la batería –dijo el Alvarito.
El Cristian tomó el bajo y yo la guitarra. El Rogo se puso a cantar una
canción de Lucho Barrios, no recuerdo cuál, pero lo seguimos súper fácil. Tocamos
entera la canción y a los locos les gustó51. Nos gritaron de todo. No nos dejamos
amedrentar y seguimos con otra canción. El Rogo era fanático en esos tiempos
de Lucho Barrios, se sabía todas las canciones. Fue muy loco, porque no habíamos
51
Me engañas, mujer’’, del autor peruano Juan Ruiz, fue grabado en 1960 por Lucho Barrios. El
grupo también tocó una versión punk de ‘‘La joya del Pacífico’’, vals del autor chileno Víctor
Acosta.
52
Sopa ‘e Pollo fue el fugaz grupo integrado por Rodrigo Rogo Keller (voz), Leonardo Lalo
Aller (guitarra), Cristian Vandalik (bajo) y Álvaro España (batería). En 1989 actuaron en una
bienal punk celebrada en Matucana 19. ‘‘Ésa fue la única vez que tocamos en Matucana’’, recuerda
Lalo Aller. ‘‘Nos habíamos juntado dos días antes. Es que esos tiempos eran así. Yo iba y
hablaba con el Jordi (Lloret) y le decíamos que hiciéramos una tocata. Y él me decía ‘‘Ya, el
viernes’’.
dadá /49
tocado ni ensayando nunca y la hueá salió la raja. Cuando bajamos nos decían,
¿qué onda locos? ¿Cuándo se juntaron a ensayar?
Hueviando nos pusimos “Los Sopa ‘e Pollo”[Link] no quedó ahí no más,
nos invitaron a tocar en un concierto que se iba a realizar en Puente Alto. Les
dijeron que sí a los tipos de Puente, después de haber tocado en el galpón de
Matucana. No nos juntamos ni siquiera a un pequeño ensayo, y se nos olvidó
que nos habían invitado a tocar a Puente. Un día estábamos con el Rogo
tomándonos un copetín en el pasaje, cuando llegaron unos locos a buscarnos.
No sabíamos si íbamos a encontrar al Alvarito o al Cristian Vandalik. Nos
empezamos a mover. Le dije al Rogo que fuera a buscar al Alvarito a su casa,
mientras yo ubicaba al Cristian. Partimos. Lo más loco de todo era que nos
tenían anunciados como el plato de fondo de la tocata ¿Qué tal? Lo Matucana
19, había sido una humorada, pero ya que los hueones se habían comprometido,
teníamos que ir.
La tocata era a las nueve de la noche. Cuando nos juntamos todos en el
pasaje, no la creíamos. Qué onda, íbamos a tocar como grupo y no sabíamos si
los locos iban a enganchar con la música que íbamos a improvisar. Fue de locos.
Nos fuimos con rumbo a Puente Alto. Íbamos todos los que nos juntábamos en
el pasaje; El Andy, el Lenin, el Marcelo, el Pato, el Pelao, el Jonathan, la Lizi y
otros que no me acuerdo, media manga. Tomamos una micro y la hueá se llenó
en el viaje. Íbamos meta copete. Era lejos, yo no había ido nunca a Puente Alto.
La micro se demoró como dos horas en llegar a nuestro destino, la hueá era onda
campo en esos tiempos. Los locos nos llevaron por entremedio de una población
50 / leonardo aller
súper oscura. Estábamos medios curaos. Quisimos comprar más copete, pero
no nos dejaron, nos dijeron que donde íbamos a tocar nos tenían preparado un
recibimiento. Esa onda, y nosotros no sabíamos ni qué hueá íbamos a tocar.
–Oigan hueones, lo mejor que podemos hacer es tocar lo mismo, porque
yo me acuerdo un poco de lo que tocamos ese día, –dijo el Alvarito.
El Cristian asintió, así es que decidimos tocar la misma hueá.
Seguíamos caminando cuando llegamos a un lugar que era como una
sede social, una sede de fútbol o un club. No me acuerdo mucho, pero era
grande y en la puerta ya estaba llegando la gente. Fue re cuático. Cuando vieron
que veníamos, se nos acercaron unos loquetes para preguntarnos si nosotros
éramos “Los Sopa ‘e Pollo”. Venían detrás de nosotros, se alejaron y pudimos
entrar al lugar.
Se veían unos tipos que estaban poniendo unas luces y otros arreglando
el escenario. Nos fuimos a un rincón y nos pusimos a conversar con otros locos
que estaban ahí. Después de un rato llegó otro loco y nos llevó a una pieza
donde tenían una mesa con copete y comida. Era raro, en ninguna parte donde
yo había tocado, nos habían dado ninguna clase de comida, sólo copete y drogas.
Todos los que iban con nosotros quedaron locos con este tipo de
reconocimiento. Nos pusimos a comer y a tomar. Mientras entraban los locos al
local, salí a mirar y vi que habían hueones de todos los estilos y ondas. Punkis,
trashers, new waves, hippies y locos varios. Me gustó porque en Santiago no
sepodía hacer algo así sin que se pusieran a pelear en la puerta.
El local se llenó. Había como cientocincuenta personas por lo menos.
Empezó la movida. Tocaron como cuatro bandas, eran todas de Puente Alto,
no me acuerdo de los nombres. Los que la organizaron también tocaron ese día.
Llegó nuestro momento. Para variar, el Rogo estaba más curao que la
chucha, pero atinó igual. Me subí al escenario, tomé la guitarra y me puse a
tocar un tema de Lucho Barrios, y los otros me siguieron al tiro la volada. El
Rogo se puso a cantar y quedó la media cagá, no la queríamos creer. Después
del primer tema, los demás fueron puro rock and roll.
Tocamos como media hora. Lo pasamos la raja. Al otro día nos vinimos a
Santiago todos por separado como siempre, unos antes y otros después.
Así se armaban los grupos, como hueviando. Algunos resultaban y otros
no, como “Los Sopa ‘e Pollo”. Esta fue la última vez que tocamos juntos, pero
a mí no se me olvidan esas tocatas increíbles.
53
KK, también conocido como KK Urbana, es uno de los cuatro grupos que figuran en los dos
volúmenes de la antología Clásicos del punk chileno (1994), publicada por el sello Alerce. Lalo
Aller tiene una impresión más cercana del grupo: ‘‘Tocaron en la casa no más’’, asegura. ‘‘Y
siempre los poníamos en los afiches pero nunca fueron a tocar. Se curaban antes de llegar’’.
dadá /51
Como nosotros, de repente se juntaban locos de otros grupos y también
hacían bandas aparte. Tocaban algunas veces y después se separaban. Había
un grupo que yo nunca no los vi tocar, eran “Los KK Urbana”53. Cuando se
suponía que iban a tocar, estaban muertos de curaos o faltaban integrantes de
la banda y no pasaba nada. Así habían muchos grupos que tenían el puro nombre.
Era increíble, los nombres de estos grupos ficticios se colocaban hasta en los
afiches. A mí me daba risa, porque después de que tocaban los grupos que
estaban anunciados, siempre había gente que preguntaba por los grupos
fantasmas que se suponían iban a tocar.
Me gustaban esos tiempos de [Link] está todo hecho, creo.
Con el TV y el Pelao seguíamos yendo a inauguraciones y a los centros
culturales en donde se mostraban videos de arte o películas y también se hacían
exposiciones de pintura o de fotografía. Las de fotografía me gustaban mucho.
Eran el Instituto Alemán de Cultura Goethe, el Chileno–Francés y el
Norteamericano. Siempre que había algo, nosotros íbamos y nos encontrábamos
con los demás loquetes. Fuera de nuestro interés o no, siempre estábamos ahí.
Nos servía para entretenernos en la semana en las exposiciones que hacían. Eran
espectaculares, servían todo tipo de copetes y comidas.
El TV era totalmente dadaísta, no le importaba nada, menos lo que
pensaran los demás, se los metía a todos por el culo.
Con el Pelao no lo podíamos controlar cuando se ponía cuático, así es
que lo dejábamos solo, por supuesto que su mina se quedaba con él. En ese
tiempo el TV andaba con la Lorenza Aillapán, que la había conocido en un
carrete. Ella lo quería caleta y andaban siempre juntos.
TV Star era espontáneo y divertido. Tenía pasta y ya se estaba haciendo
conocido como pintor. Era mejor que muchos que se decían ser pintores, sin
necesidad de dar nombres.
Por esos días ya se había formado un grupo que con el tiempo serían
conocidos, “Los Parkinson”54. Tocaban dos locos de “Los Pinochet Boy”, el
Miguel Conejeros, que era un buen amigo de nosotros y el Dany. También
54
Parkinson (1988-1994) fue el grupo formado con ex integrantes de Pinochet Boys y Dadá que
evolucionó desde el punk de los ’80 a un rock cercano a la psicodelia, el mod y la pintura. Fue
iniciado por Daniel Puente (voz), Rodrigo Hidalgo (guitarra), Miguel Conejeros (teclados),
Rodrigo Elizalde (bajo) y Juan José Gajardo (batería), y luego recibió en distintos momentos a
Miguel Hiza (voz), Claudio Banegas (bajo), Rafael Guíñez (viola y bajo), Jano Mera (bajo) y
Eduardo Topelberg (batería). Publicaron los discos Anaranjado (1991), De rey a mendigo (1992)
y Pecho al futuro (1993), además de grabar en el compilado de rock chileno Con el corazón aquí
(1993) y de difundir éxitos como ‘‘Papel floreado’’ y ‘‘El vino’’.
52 / leonardo aller
estaban el Juanjo, que era pulento, y el flaco Rafa; que era conocido. El mismo
que en la casa de “Los Pinochet” andaba vacilando. Empezaron a tocar de
repente. Yo no los había escuchado. Un día tocaron en la Galería Bucci, en una
exposición de un colectivo de pintores de la Chile y otros que ya en ese tiempo
eran consagrados.
Esta fue la primera vez que los veía tocar en vivo. Fue re cuático. Los
locos tocaron encerrados en una de las salas que daba hacia la calle, con las
rejas abajo y con candados puestos. Tocaron un buen rato y desde afuera
vacilamos a todo ritmo, hasta que llegaron los señores de la ley y nos empezaron
a echar, pero nadie se iba. Lo más entretenido era que no podían sacar a “Los
Parkinson” porque la llave la tenía el Bucci, y él no estaba. Los pacos quedaron
pa’ dentro porque no podían hacer nada. Los locos tocaron como media hora
con los pacos como únicos espectadores, porque nos habían echado a todos.
Nosotros con otros locos observábamos desde una esquina la impotencia de
los pacos al no poder sacar a “Los Parkinson”. Fue histórico. Los pacos estaban
locos, ni la luz le podían cortar. Cuando decidieron cortar los candados de las
rejas llegó el Bucci y los pacos quedaron con el medio cuello. Tampoco pudieron
llevarse detenidos a los locos, porque era un recinto privado. Además el Bucci
tenía sus influencias, no era llegar y pasar a llevar al viejito buena onda.
Después de que los locos pudieron salir del embrollo, nos fuimos a
tocar a la casa de Miguel Conejeros en el Barrio Bellavista. Lo pasamos la raja.
Esa tocata fue muy comentada después. Los chicos de “Los Parkinson” se
hacían cada vez más conocidos en el underground nacional.
Se sentía que tendría que venir un cambio. Estábamos aburridos de tanta
represión y tanto paco, pero sin querer queriendo, nosotros estábamos ayudando
a que eso pasara. Faltaba un poco.
Siempre digo nosotros porque nunca andábamos solos. Nos movíamos
en un grupo como de diez, entre locos y locas. Entre ellos siempre andaba el
Lenin, el Andy, el Pato, el Alvarito, el Marcelo, el Jonathan, el TV, la Lorena, yo y
otros locos que no recuerdo, y en los lugares que íbamos nos encontrábamos
con otros locos y se hacía más grande el lote. A veces llegamos a juntarnos en
Plaza Italia como cincuenta loquetes y puro aperrando en la calle.
Pasaban cantidad de cosas en la calle. Uno de los lugares que elegíamos
para tomar en Bellavista era el puente curvo que cruza el Río Mapocho. Nos
poníamos arriba, desde donde se veía todo el parque del lado de Providencia y
además cachábamos si venían los pacos por los dos lados. Cuántas botellas nos
habremos tomado en ese puente. Sólo el río lo sabe.
dadá /53
El Lenin era el más quemado de todos. Siempre que nos descuidábamos
le pegaban o se lo llevaban preso. Teníamos que andar cuidándolo, pero cuando
nos entrábamos a curar, nadie cuidaba a nadie, todos tiraban pa’ cualquier lado.
Una vez el TV, el Pelao Alberto y yo nos separamos de los demás locos.
Andábamos puro dando jugo por el barrio, hasta que llegamos a un local de
parrilladas. Estaba lleno de viejos y viejas, meta copete. No sé cómo, estábamos
dentro del local sentados en una mesa conversando con unos viejos guatones y
tomando vino tinto, meta chicharra.
Seguían los tiempos de locura. Luego de un carrete en Matucana nos
fuimos a otro en Blanco Encalada frente al Club Hípico, a la casa del Pablo
Barrenechea55 con la Tahía Gómez56, era entera de rica esta mina. Llegamos
hartos, todos en auto a seguir la fiesta. Uno de los que andaba en el lote se
adueñó del equipo, puso un caset de los “Sumo”. Estas fiestas duraban hasta que
todos quedaran tirados y así iban cayendo en el piso o en alguna pieza, otros
quedábamos tirados hasta en la cocina.
Desde que apareció esta casa, cada vez que terminaba algo en Matucana,
nos íbamos a terminar el carrete allá. Una noche, al salir de Matucana, el TV con
el Pelao se subieron a un auto. Habían varios. Yo no atiné a subirme en ninguno
y los autos empezaron a irse a la casa de Blanco. Me estaba quedando abajo. El
último vehículo que se estaba yendo era una citroneta y como no me quedaba
otra, me subí en la parte de atrás, con los pies en el parachoque y con las manos
afirmadas en la parrilla. La citroneta iba llena.
En Blanco también vivía el Gonzalo, que había vivido en la casa de “Los
Pinochet”. Pero lo bueno duraba poco en esos tiempos. Luego esta casa cagó. El
Pablo con la Tahia se cambiaron y murió la flor.
Siempre me acuerdo del recorrido que hacíamos desde mi casa hasta el
Barrio Bellavista. Nos íbamos por Tarapacá y pasábamos a la botillería que estaba
por esa misma calle en la esquina. Nos comprábamos un Ron Silver o un Vodka
y nos íbamos a tomar al parque que esta detrás del hotel. Después nos íbamos a
55
Pablo Barrenechea es otro de los pintores jóvenes de la generación de los años ’80, junto a
Rodrigo Cabezas, Roberto di Girólamo, Pablo Domínguez, Mansek, Sebastián Leyton o Bruna
Truffa. Cercano al grupo de artistas de El Trolley en los ’80, trabajó luego como escenógrafo en
el programas de televisión ‘‘Estrictamente sentimental’’ (1992) en TVN y en la obra de teatro
‘‘El coordinador’’ (1993), de la compañía El Bufón Negro.
56
Tahía Gómez, modelo e integrante del grupo de danza y teatro Las Cleopatras junto a Patricia
Rivadeneira, Jacqueline Fresard y Cecilia Aguayo. Luego participó en performances y obras de
Vicente Ruiz como Drácula (1992) y Poeta en Nueva York (1998), en la película Cúidate del
agua mansa, de Cristián Sánchez, en la reaparición en vivo de La Banda del Pequeño Vicio
(1996), en el disco El sonido de existir (1997), de Jardín Secreto, y en la obra Cartas para Tomás
(1997), de Andrés Pérez. Actualmente es diseñadora.
54 / leonardo aller
Andy, Feto, Johnatan, Andrés Bucci y Rogo
dadá /55
Pelá
56 / leonardo aller
Pelá y Micky
dadá /57
“la torre” a seguir dándonos con otros loquetes que se juntaban ahí. Eran terrible
cuáticos estos locos, todos bien punkis. Siempre le pegaban a alguien que los iba
a conocer. Se la creían toda.
En ese lote se juntaban el Martín, un chico entero engrupido y el Micky,
bien conocido este pastel. Una vez el Martín hizo un doméstico en la casa de
Micky. Se robó el computador y otras cosas y las fue a empeñar en un negocio
por unos copetes. El papá del Micky era conocido por esos barrios. El viejo del
negocio le devolvió lo que el Martín se había robado. Por suerte eran amigos.
También se juntaban con el Caremaraca y el Estipo. Ellos eran más simpáticos.
Como éstos habían muchos.
Eran tiempos violentos, ya nadie respetaba a nadie. Una vez estábamos
esperando a “Las Exploited” en la esquina de Plaza Italia con la Alameda.
Estábamos sentados en la escalera de un banco. A veces nos sentábamos ahí
para esperar a alguien. Esperando y conversando, tomándonos un copete, era un
aguardiente. Yo lo tenía entre las piernas. Estábamos casi todos los que nos
juntábamos siempre. Frente a nosotros se paró un jeep último modelo, súper
bonito. Sus ocupantes se acercaron a nosotros y nos empezaron a insultar.
Pertenecían a un grupo denominado “Patria y Libertad”. Eran terriblemente
fachos. No les dimos boleto y seguimos palanqueando entre nosotros. Eran
grandotes y maceteados. Comían bien al parecer. Al no pescarlos, se fueron hacia
la esquina y después volvieron con más ganas a insultarnos, pero esta vez el
Pelao, que estaba sentado junto a mí, se paró y les dijo que se fueran a la chucha.
Los locos fueron al jeep y sacaron unos bates de béisbol. Se nos vinieron encima
y quedó la media cagá. Lograron pegarles algunos batazos a algunos. Éramos
más que ellos y les salió el tiro por la culata. Nos fuimos todos encima, meta
patadas y combos. Unos sacaron cadenas y puntas. Les dimos la dura. Yo agarré
la botella que tenía y le di a uno un botellazo en la cabeza. La botella se quebró
en mil pedazos. Con lo que me quedó en la mano, le hice el medio tajo en la cara.
Nunca más los vimos. Yo creo que no les quedaron más ganas de ir a hueviarnos.
57
Massacre (1985) es la banda pionera de escuelas extremas del metal como el thrash metal o el
speed metal en Chile. Iniciado por Yanko Tolic (guitarra y voz), Eduardo Vidal (bajo y voz),
Andrés Nacrur (guitarra) y José Miguel Nacrur (batería), el grupo acogió a una decena de
integrantes durante su historia. Grabaron los discos Massacre (1989), que recoge letras de Vicente
Huidobro y Pablo Neruda junto a una versión de ‘‘Todos juntos’’, de Los Jaivas, y Psychotic
redemption (2001).
58
Con denominaciones diversas como Sala Euclides o El Dos de Gran Avenida, el gimnasio
Lautaro, situado en el número 1204 de la calle Euclides, cercana al paradero 2 de la Gran
Avenida en San Miguel, fue un frecuente sitio de conciertos de grupos de rock pesado y heavy
metal de los ’80 como Tumulto, Turbamulta, Sol de Medianche, Arrecife, Turbo, Spectro,
Electroshock o Expreso de Piedra, y ganó una fama delictual célebre en la época. Músicos de
algunos de esos grupos recuerdan haber presenciado frecuentes asaltos e incluso homicidios en
el lugar, que cerró sus puertas en 1991.
58 / leonardo aller
No puedo pasar por alto una historia que nos pasó junto al grupo “Los
Massacre”57. Ellos eran súper buena onda con nosotros. Siempre nos invitaban a
sus tocatas. Eran muy sencillos. Andaban en un auto muy particular, un Mercedes
Benz antiguo, petrolero, con algunos vidrios quebrados. Era bacán, me gustaba
ese auto. Estos loquetes nos habían invitado a una tocata que se iba a realizar
en el Paradero 1 de la Gran Avenida, en la calle Euclides58.
Fuimos con el Pelao Alberto porque el TV no quiso ir, estaba en otra.
Tomamos un copete en la casa del TV, mientras pintaba una tela. Nos fuimos
caminando bien puestos. Cruzamos el Parque O’Higgins y nos metimos por
unas calles re cuáticas, hasta llegar al lugar donde los locos iban a tocar.
El local era grande, en sus tiempos había sido un teatro. Por la esquina
apareció el Mercedes.
–Vamos a ver qué tal está esta hueá.
Entramos y quedamos locos. Era terrible grande, tenía un escenario
mortal. Anduvimos hueviando por ahí. “Los Massacre” nos invitaron a tomarnos
unos copetes. En eso estuvimos caleta de rato, tirando la talla, lo estábamos
pasando legal.
La gente que iba a ver la tocata ya estaba en el recinto. No me acuerdo a
quién se le ocurrió salir a tomar un poco de aire fresco. Había una cola más o
menos. Se nos acercaba gente para conversar o para preguntar cualquier hueá
estúpida. Estábamos en eso, cuando de la oscuridad aparecieron ellos, los más
queridos por todos, los pacos en dos tremendas micros y con tenida de guerra.
Los que estaban más cerca de la puerta alcanzaron a entrar y la cerraron. Por
supuesto, nosotros quedamos afuera, junto con varios locos de todos los grupos
que se iban a presentar esa noche. Los pacos no compraron y fuimos a dar todos
a la comisaría más cercana. La pobre vieja que organizaba la tocata se había
quedado sin grupos para tocar, estaban todos presos.
Nos cagamos de la risa cuando llegó la vieja a buscarnos y pagó la multa
de todos. Fue buena. Después de salir como a las dos horas, la vieja nos estaba
esperando en una camioneta para llevarnos de vuelta a la tocata. Todo fue en
vano. Cuando llegamos de vuelta se habían ido todos. Nos fuimos a la casa de
uno de “Los Masacre” a pasar las penas. Nos tiramos cualquier coca esa noche y
nos reímos de lo que había pasado.
Era increíble. Yo creo que en ningún lugar del mundo se llevan preso a
unos locos por estar parados en la puerta de un recinto en donde van a tocar
unas bandas de rock. Qué más podíamos pedir en este puto país en plena dictadura.
En septiembre de 1987, pasó lo que nunca debería haber sucedido con
uno de los loquetes más queridos por todos los del mundo de la música y del arte
dadá /59
en general. La muerte de mi mejor amigo, mi hermano, el TV. No sé por qué
murió en el momento en que como pintor y músico ya era bien conocido. Dejó
un tremendo vacío en toda esta movida.
Sucedió el 7 de septiembre. Estábamos en mi casa, en el pasaje. Había
llegado el Pelao. Estábamos conversando con mi vieja, cuando llegó el TV con
su mina. Se unió a la conversación. Nos estuvimos acordando de unas tocatas ya
pasadas, cagándonos de la risa. Lo noté medio hueviado, sin ganas de nada, ni de
salir a ningún lugar. Ese día había una tocata en El Trolley. Era sábado. Él nos
decía que nos quedáramos en el pasaje carreteando y que no saliéramos. El Pelao
y yo estuvimos de acuerdo, pero la Lorena insistía en ir a la tocata. Pasó un rato,
nos compramos un copete y nos pusimos a tomar.
Yo creí que nos íbamos a quedar en el pasaje toda la noche, pero la
Lorena insistía en ir a hueviar al Trolley. Después de habernos tomado el ron
silver, el TV se paró.
–Ya hueones, vamos a ver qué pasa en el Trolley –nos dijo de malas
ganas.
–Oye hueón, si no querís ir no vamos a hueviar pa’ allá, total aquí
hueviamos igual, además después que termine la tocata se van a venir para acá.
El loco quiso que fuéramos igual un rato. El TV no iba con las mismas
ganas de siempre, yo lo cachaba. No habló en todo el camino. En él eso era raro,
porque siempre andaba echando la talla. Pensé que a lo mejor andaba en otra. Al
llegar a una esquina, el TV se me acercó y me dijo que le dolía mucho la cabeza
y que se sentía mal. No le tomé mayor importancia. Le dije que después que se
tomara unos copetes, se le iban a pasar todos esos dolores.
Fue nuestra última conversación. Al llegar al Trolley, el TV entró con la
Lorena y yo con el Pelao nos quedamos un rato más afuera cachando. Después
nos fuimos a comprar un copete. Cuando estuvimos adentro con el Pelao, busqué
al TV, lo encontré y ya andaba pelota de pulento. Lo estuve mirando un rato,
pero después me puse a tomar unos copetes con otros loquetes y se me perdió
de vista.
Esa noche carreteamos caleta con el Pelao. Como a las cinco de la mañana
dije que buscáramos al TV, para irnos todos juntos. No lo encontramos por
ningún lado. Me pareció raro. Aunque estuviéramos curaos, siempre nos
buscábamos para irnos juntos. Decidimos con el Pelao salir a ver si estaba en la
calle, pero tampoco. El TV se tenía que haber ido con la mina. Estábamos puro
dando la hora buscándolo. Quizás ya estaba acostado, calientito, con la loca
poniéndole bueno, así que desistimos. El Pelao volvió a entrar y yo me encontré
60 / leonardo aller
con unos locos que venían saliendo, el Hugo Pineda con su mina. El Hugo era
uno de los fotógrafos más pulentos. Salí con ellos a la Alameda para irme a mi
casa, tomando un poco de ron que me quedaba en una botella y pensando en el
TV. No me podía convencer que se hubiera ido solo el maricón.
Llegué a la casa cuando ya había amanecido. Mi vieja despertó y me
preguntó por el TV. Le dije que se había ido con la loca. No recuerdo más. Me
acosté raja. Desperté como a las tres de la tarde, comí algo y me puse a leer,
esperando a que apareciera el Pelao o el TV. Nos juntábamos todos los domingos
en mi casa. Era sagrado, para pelar a los hueones de la noche anterior.
Me empecé a poner medio intranquilo al ver que ya eran como las cinco
de la tarde y no aparecía ninguno de los dos. Estaba preparándome para ir a
buscar al Pelao, cuando apareció. Venía cabizbajo, así como preocupado. Era
raro, el Pelao siempre andaba cagao de la risa.
–No te urjai, antes de venir para acá, fui a buscar al TV y me dijeron que
había tenido un accidente anoche. Está en la posta. No sé más.
Fue como si todo diera vueltas. No atiné a nada. Me quedé pensando en
que no fuera nada grave lo que le pudiera haber pasado a mi hermano y compadre
de tantas hueás. No esperamos más y nos fuimos a la casa del TV. Ibamos llegando
y nos encontramos con el hermano y nos dijo que estaba grave, en coma, pero
estable. Quedé loco. No cachaba qué podíamos hacer. La vieja del TV estaba pa’
la cagá, no podía ni hablar. Con el Pelao nos quedamos afuera de la casa. Eran
como las ocho de la noche. Cada vez que llamaban por teléfono decían lo mismo,
que el TV estaba estable, no mejoraba ni empeoraba. Pero todo era una mentira,
los culiaos de la posta valían callampa. Si a mí no se me ocurre ir allá a preguntar
por el TV, nos habrían dicho por teléfono toda la noche que el loco estaba estable.
Le dije al Pelao que fuéramos a la posta, pero no me pescó. Nos fuimos
a mi casa con mis viejos. Cuando íbamos llegando estaba mi cuñado en su
camioneta. Había ido a ver a mi sobrina que en esos tiempos vivía con nosotros.
Me acerqué y le dije si nos acompañaba a la posta a ver qué le pasaba realmente
a mi compadre TV. Me dijo que andaba con poca bencina, como siempre, nunca
tenía bencina.
–Yo tengo una luca, –dijo mi viejo, vamos.
Nos subimos todos a la camioneta, hasta mi sobrina que tenía meses, y
nos fuimos a la posta. El loco le puso la pata bacán, llegamos súper rápido. Yo
entré más que apurado, me acerqué a unas hueonas que estaban sentadas tras
una ventanilla. El Pelao estaba detrás mío. Les pregunté por el paciente que
había tenido un accidente en la madrugada. Me preguntaron cómo se llamaba,
dadá /61
les dije Sergio Sáez Jara, el nombre del TV. Sin ninguna delicadeza saca de un
cajón una ficha de defunción.
–Ese paciente murió a las tres de la tarde. El siguiente –dijo cara de palo
y cerró la ficha. Me quise ir encima de ella, pero el Pelao me afirmó.
–Maraca conchetumadre -le grité en su cara- te estuvimos llamando
todo el día, creyendo que mi amigo estaba vivo.
Una pila de garabatos más y tuvieron que venir para que no le pegara a la
chuchesumadre. Me sacaron de la posta y me sentaron en la escalera. No lloré,
pero era de rabia porque mi compadre ya se había ido de este mundo y nosotros
creíamos que estaba vivo. Me tranquilizaron un rato, pero ya estaba rendido.
Nunca pensé que mi amigo se iba a ir así. Se venía lo más terrible, avisarle
a sus viejos. Cuando llegamos, nos encontramos de nuevo con el hermano y nos
dijo que recién habían llamado y que le habían dicho que el TV estaba estable.
Yo lo agarré con rabia.
–Soi maricón hueón, cómo no se te ocurrió ir a la posta ¿eh? tu hermano
está muerto loco, muerto.
El loco quedó helado y salió corriendo. A mis viejos les tocó la peor
parte, decirle a los papás que el TV estaba muerto hacía rato. Cómo tanta
negligencia en esta hueá. Quedó la media cagá. La mamá del TV se volvió loca,
gritaba y lloraba a la vez. Qué mala onda para ella. El Pelao estaba sentado en la
cuneta más callado que la chucha. Todos estábamos mal.
–Vamos Pelao, vamos a tomarnos un buen copete, yo cacho que el TV
esperaría eso de nosotros y no que lo lloremos.
El Pelao se levantó y nos alejamos caminando piola. Nos fuimos a comprar
un Ron Silver a la esquina de la Plaza Manuel Rodríguez, en donde nos habíamos
tomado cualquier copete con el TV. Nos sentamos ahí mismo, pero ninguno de
los dos habló ni una palabra durante un buen rato, lo único que hacíamos era
tomar.
–Oye hueón. ¿Y qué vamos a hacer sin el TV ahora?
Fueron las únicas palabras del Pelao y nos pusimos a llorar cuales bebés,
meta lágrimas y renegando en contra de Dios por haberse llevado a nuestro
amigo y colega.
Nos compramos como tres botellas más esa noche. Quedamos más curaos
que la cresta. No me acuerdo de nada de lo que hicimos. Después se me apagó la
tele. Al otro día desperté en mi cama vestido, hasta con los bototos puestos.
Buena tranca nos pegamos. No era para menos, se había ido nuestro amigo tan
querido. Pero la vida tenía que continuar.
62 / leonardo aller
Venía lo más desagradable, ir a buscar el cuerpo del TV al Instituto Médico
Legal, vestirlo y sacarlo de esa hueá donde a los cuerpos de la gente le hacen
cualquier cosa menos autopsia. Esa misión le tocó al papá del TV, por supuesto
mi viejo lo acompañó. Los dos se fueron en la mañana bien temprano. Mi viejo
era conocido por mis amigos y por los que no lo eran como Don Barni. Buena
chapa tenía mi viejo.
Al TV lo entregaron como a las dos de la tarde y se lo llevaron para
velarlo a la iglesia del barrio, la iglesia que nos vio crecer, aunque rara vez nos
vieron por ahí. Fue pulento ver en el velorio a todos los loquetes que conocíamos.
El lugar donde lo estaban velando se hacía chico. No cabía toda la gente. Entraban
y tenían que salir. En la calle estábamos caleta tomándonos unos copetes pa’ la
pena. Yo estaba resignado. El loco se había ido.
Siempre conversábamos sobre la posibilidad de morir. Pasábamos una
puerta hacia otra dimensión, por eso yo no me sentía tan mal. Pensaba que el TV
estaría bien en donde fuera. Hasta hoy pienso lo mismo, que si muero voy a
volver a encontrarme con mi hermano.
El funeral fue al día siguiente. Fueron más de cien loquetes. Siempre que
paso por el cementerio recuerdo esa tarde: una larga fila de locos, todos de negro,
pero a lo punki, con abrigos largos, bototos y peinados cuáticos. Era emocionante
verlos a todos en esa onda. Todos con su respectivo copete, tomando a todo
dadá /63
dar, despidiendo al TV. También llevamos una radio para escuchar punk rock a
todo chancho. Fue largo el camino hasta llegar al lugar donde lo íbamos a dejar.
A hartos se le subieron los copetes y andaban pintando monos, pateando tumbas,
quebrando hueás. No era nada malo, sólo la rabia por la muerte del TV. Después
de que terminaron de echarle la tierra, la gente normal se empezó a ir. Nosotros
nos quedamos para despedirnos de verdad.
Sentamos alrededor de la tumba nos pusimos a tomar, a cantar y a
hueviar, hasta que nos echaron los guardias. Nos fuimos a la casa de unos
locos, nos amanecimos dándonos en memoria del TV. A mi compadre no lo
olvidé jamás, siempre está conmigo adonde voy59.
Después de la muerte del TV, fuimos un día a Matucana 19.
Conversábamos con el Jordi, el mecenas de los punkis. Estaba con el Enzo
Blondell60, un tipo que también nos quería mucho y estaba lleno de ideas. Nos
propusieron hacer una bienal para recordar al TV. Nos pareció una buena idea y
la hicimos, junto a otra gente. Fue cualquier locura. Pasó de todo, tocaron todas
las bandas que estaban dándole al rock y por supuesto tocamos nosotros como
“Los Dadá”. Fue la última vez que lo hicimos. Con el Pelao Alberto decidimos
no volver a tocar como “Los Dadá” nunca más.
Nunca me voy a olvidar de la primera tocata y el primer tema de los
“Josefina Rock”, como nos decían después de este debut. El Fabián se puso a
tocar en el bajo una melodía suave. Era como si la hubiéramos tocado antes. Yo
lo seguí fácilmente, mientras el Pelao enganchó un poco después. Ese tema duró
como veinte minutos. Decía: “No, Josefina Rock, maneja el control”, etc. Abajo
del escenario estaban todos sorprendidos. Nos miraban y no la creían. Estábamos
tocando sin haber ensayado, sólo lo que habíamos hecho en el pasaje con ruidos
de la boca. Por eso era genial. Yo me afiaté súper bien con el Fabián y el Pelao
con nosotros.
Terminamos de tocar y bajamos. Todos nos decían que había sonado
más que bien. Fue un buen comienzo para los “Josefina Rock”. Esa noche después
de ver a los otros grupos nos fuimos a celebrar al pasaje con todos los que
siempre nos juntábamos. Nada pasó en vano. El Fabián quería ensayar para
59
11 de septiembre de 1987.
60
Enzo Blondell: realizador audiovisual que formó parte de la escena underground de los años
’80, especialmente ligado a Matucana 19. Dirigió videos como Hipólito (1985) sobre un
espectáculo de danza-teatro de Vicente Ruiz, Teorema (1987), Las Cleopatras (1987), Néstor
(1988), Video Ficción Antígona y Bandera y cruz. Ha trabajado con Vicente Ruiz y Germán
Bobe y como guionista de las películas Leyendas de Rapa-nui, Como norte vida, Bárbara: una
historia de amor, Tal para cual y Sol y sangre, basada en una investigación de Blondell sobre los
crímenes de Alto Hospicio.
64 / leonardo aller
hacer otros temas. Yo estaba súper entusiasmado con el grupo que habíamos
formado. Creo que lo necesitábamos. Además, teníamos que seguir tocando.
Les dije que fuéramos a la casa del Roly, ahí estaban ensayando “Los
Fiskales” y podíamos ensayar unos temas nuevos. No fuimos ese día porque nos
curamos como piojos, pero quedamos de acuerdo en juntarnos en la casa del
Roly al día siguiente, el domingo. En la noche vimos al Roly bartoleando por
Plaza Italia. Le contamos la movida y nos dijo que no había ningún problema
en que ensayáramos, después de ellos, que podíamos ensayar esa misma noche
después de las seis. Llamé por teléfono al Fabián. Él se iría directo de su casa a
la del Roly. Le advertí al Pelao que no se le podía olvidar el ensayo del domingo.
Ya estaba todo listo y nos pusimos a tomar con el Pelao, el Lenin, el Andy, el
Pato, y otros locos por ahí en el Barrio Bellavista. Fue una noche tranquila,
nadie nos huevió, ni nosotros tampoco.
Al otro día me levanté como a las dos de la tarde, comí un poco y me fui
caminando, como siempre, a la casa del Roly, con más ganas de ensayar que la
cresta. Cuando llegué, estaba el Alvarito, el Pogo y otros que no conocía. Como
a las tres, se pusieron a ensayar. En cambio yo me paré en la puerta, echando
puteás porque no llegaban los otros dos amermelaos. Pasó un rato cuando en la
esquina apareció el Pelao. Se acercó y me dijo que tenía una carta bajo su manga,
había pasado a comprar aguardiente suelto en una botillería que estaba cerca.
–Solo no tomo ni cagando.
–Ay que estai exquisito, hueón.
–Es por el carrete de anoche, tengo la guata pa’ la cagá, echémosle una
bebida, por lo menos pasa más suave.
Fuimos a comprar una bebida y nos pusimos a chupar afuera de la casa
del Roly, mientras “Los Fiskales” ensayaban. Nos pusimos a tono. Me preguntó
por el Fabián, y le conté que lo había llamado por teléfono y que había dicho que
sí, que no se perdía el ensayo del domingo.
Al rato, salió Alvarito y nos avisó que ya era hora de que ensayáramos.
Pensé que al Fabián no le interesaba el grupo o no estaba ni ahí con ensayar. Le
propuse al Pelao que tocáramos algo mientras llegaba. Entramos, se instaló en la
batería. Pequeña, pero era lo mejor que podíamos tener en esos tiempos. El
Pelao empezó con el tema que habíamos tocado en el Matucana y lo seguí con la
guitarra. Tocamos largo rato. Fabián no aparecía. Hasta que se acabó el tiempo.
A las siete de la tarde llegaba la mamá del Roly y se terminaba todo. Roly nos dijo
que volviéramos el otro domingo, que no había problema. Habían unos locos
hueviando en la calle que se pusieron a jugar a la pelota. Nos tomamos unos
copetes y nos metimos. Se armó una pichanga entre puros locos con bototos, sin
dadá /65
polera y como veinte por equipo. Después de un rato, no se cachaba ni una, era
un montón de hueones pateando una pelota pa’ cualquier lado. Nos dieron las
ocho de la noche, estaba de día todavía. El ensayo de los “Josefina Rock” se
suponía que era a las seis de la tarde. Por la esquina apareció el Fabián muy
tranquilo con su pinta de cuático, medio cocío, como si nada pasara. Me dio
rabia.
–¿Qué onda cabros? ¿Cómo va? ¿Ensayaron algo?
Todos lo quedaron mirando y se cagaron de la risa, el Pelao se tiro al
suelo riéndose.
–Mejor no preguntís hueás y tomémonos un copete, –dije.
Echamos la talla un rato. Me dijo que se había quedado dormido y había
despertado a las siete. Le conté que el Roly nos dejaría ensayar los domingos en.
–El otro domingo si que no me quedo dormido.
–No, el sábado que viene dormís en mi casa, así no te vai a quedar
dormido.
En eso apareció Alvarito y nos contó que en la noche había una fiesta y
que la hueá quedaba por Kennedy.
–De allá somos.
Después del fallido ensayo nos fuimos al pasaje. Lo bueno que teníamos
el Pelao, el Fabián y yo como grupo, era que no nos enojábamos por ninguna
hueá, andábamos siempre súper relajados. Mientras caminábamos, el Fabián me
dijo que no importaba si no ensayábamos, que él en su casa podía sacar temas
porque cuando los tocáramos, yo lo seguiría en la guitarra fácilmente, que no me
preocupara por esas hueás, que eran lo de menos. Estábamos destinados a no
ensayar nunca, cachaba que con los “Josefina Rock” nos iba a pasar lo mismo
que con “Los Dadá”. Con el tiempo se dio algo parecido, onda legal, así con tuti,
ensayamos como cuatro veces, dos en casa del Roly y las otras dos en “Rengo”61,
como le pusieron otros locos que ensayaban ahí, por la calle donde quedaba.
El día del ensayo mula nos fuimos al pasaje a tomarnos unos alcoholes
mágicos y a esperar a los loquetes de siempre. Fue raro. No llegaron muchos.
Siempre nos juntábamos a comentar lo que había pasado el fin de semana.
Nos pusimos en campaña con el Pelao y el Fabián con “Josefina Rock”.
Otro de los puntos del circuito punk y new wave de los ’80 era la casa situada en la calle Rengo,
61
entre la plaza de Miguel Claro y Manuel Montt, en la comuna capitalina de Providencia. Era
usada a modo de sala de ensayos y lugar de recitales como el de Parafinus Rock, organizado por
Índice de Desempleo y los fallidos Cohete de Madera en 1988. La gestora y habitante de Rengo
era la peruana Fanny Univazo. ‘‘Era una casa que se estaba cayendo a pedazos’’, recuerda Cristóbal
Pfennings, de Índice de Desempleo. ‘‘Alguien la remató y la compró una agencia de publicidad’’.
66 / leonardo aller
Un día sábado nos juntamos y decidimos ir a ensayar. Estábamos en el pasaje
con la manga de vagos que nos juntábamos. Vagos porque nadie trabajaba, habían
como dos que lo hacían. Éramos unos mantenidos, estábamos en contra del
maldito sistema, así que ni ahí con trabajar. Nos estábamos tomando un copete
cuando llegó el Alvarito con el Marcelo y el Jonathan. Nos fumamos unos
pititos. Los locos iban a un carrete al Trolley, nosotros no teníamos ganas de
salir, así que nos quedamos. Nos compramos otro copete y nos pusimos a planear
el ensayo del domingo.
Fue para cagarse de la risa. Planeamos todo lo que íbamos a ensayar,
hasta lo que íbamos a llevar. El Pelao se encargaría del copete, yo de conseguirme
un micrófono y el Fabián un bajo. Esto lo conversamos en buena, tomándonos
unos buenos copetes. Irían el Lenin, el Andy y la Lizi, la mina del Pelao. Él la
quería caleta. Un día curado me pidió que le tatuara su nombre en el brazo. Ahí
lo tenía, bien tatuado; buena prueba de amor. Yo no lo haría ni curado. Esa
noche nos emborrachamos en el pasaje. Al otro día desperté con el medio hachazo,
pero en el pasaje mágico donde vivía, uno salía y siempre te encontrabas con
alguien tomándose una cervecita. Eran todos conocidos. Ese día estaba el Rogo
con otros locos tomando, me acerqué y nos pusimos a copetear.
Al rato ya estaba puesto de nuevo. Me encantaba quedar a medio puente,
era pulento. Estábamos en ésa cuando apareció el Pelao con lo que había
prometido para el ensayo, un vodka mortal. Nos pusimos a tomar al tiro. Cómo
quedamos. Rogo quedó tirado en el pasaje y como era domingo pasó piola. Con
el Pelao decidimos dormir un rato. Me dijo que me pasaría a buscar como a las
cinco de la tarde. Estaba por irme a dormir cuando apareció Marcelo, se sentó a
Quedé más volao que la cresta. Estábamos tan cagados de la risa, que se nos
pasó la tarde súper rápido. Me acordé que tenía que ir a ensayar, estaba en eso
cuando apareció el Pelao, por supuesto traía otra botella de vodka, pero esta vez
no quiso abrirla. Nos dijo que la abriría en la casa del Roly. No lo huevié más y
nos fuimos, fue una larga caminata. Antes de llegar Marcelo se rajó con una
cervecita heladita, bacán. Los locos nos estaban esperando. En ese tiempo el
Pogo ya tocaba con “Los Fiskales”. Estábamos esperando al Fabián cuando el
Roly salió con una pelota de fútbol. Se armó la pichanga de los domingos. Ni
entramos a la casa, se nos olvidó totalmente el ensayo, nos volvimos a curar. El
Fabián apareció tarde, a la misma hora que la vez pasada. Venía más cocido.
Pasaba el tiempo y un domingo, de puro aburrido fui a devolver unos
casetes al Roly. Con los muchachos no nos habíamos visto en la semana. Fue re
cuático, nunca pensé que nos encontraríamos ese día en la casa del Roly. Me
comentó que en dos semanas más se iba a hacer una bienal en el Matucana y que
dadá /67
ellos iban a tocar.
–Buena onda, –comenté. Es bueno que toquen. Nosotros deberíamos
hacer lo mismo, pero el Fabián es más maricón, no viene nunca a ensayar, parece
que no le gusta al hueón.
–Hablando del Rey de Roma, –dijo el Roly.
Miré hacia la esquina y venía el perla, muy tranquilo.
–Buena hueón –dije al Fabián.
Esta vez venía bien. Se cagó de la risa.
–Vengo de tu casa y supuse que te encontraría aquí en este burdel de
mala muerte. Perdonando a su dueño presente, –dijo.
Nos reímos un rato y nos propuso que compráramos de ese aguardiente
que vendían suelto por ahí cerca. En el camino nos encontramos con el Pelao.
Fue legal. Estábamos los tres y sin haberlo previsto. Al regresar ya estaban Alvarito
y el Pogo.
–Ustedes primero, o si no se van a curar los hueones y de nuevo no van
a ensayar ni una hueá, –dijo el Roly.
Esa tarde fue especial. Nos tomamos unos copetes y nos pusimos las
pilas, ensayamos por todo lo que no habíamos podido. Además ellos se pusieron
a tomar, mientras esperaban. Se curaron al final.
la jornada y quedamos listos para tocar en cualquier tocata que nos invitaran y,
por supuesto, en la bienal que se haría en el Matucana 19. Después del ensayo
nos fuimos al pasaje a emborracharnos. No lo hicimos. Cuando llegamos
encontramos a Lenin con el Andy, nos esperaban para comprar un copete. Lo
único que quería era acostarme temprano, el Pelao estaba en la misma. Es más, el
Pelao dijo que se tenía que levantar temprano y se fue rapidito, nos quedamos un
rato con los locos conversando.
–Estoy pa’ la cagá, también me voy –dijo el Fabián.
Yo, también. Esa noche creo que fue una de las pocas en que me acosté
un poco sobrio.
El pasaje se transformó en una especie de guarida. Siempre había gente,
conocida o no, hasta nos venían a entrevistar de revistas y hueás parecidas. Se
empezó a llenar de muchachos de todos lados, unos en buena, y otros ni tanto.
Un sábado en la tarde conocí al Tolín, un flaco, pelao y chico. Estábamos
hueviando onda febrero. Aparecieron de la nada, el Tolín andaba con otros locos
más. Se acercó y saludó un tanto tímido. Ese día se quedó poco rato, se tomó
unos tragos. Siempre estuvo callado, pero yo sabía que tenía más que dar. Nos
dijo que tenía un grupo con otros locos y que querían tocar con nosotros.
68 / leonardo aller
–Bueno cuando hagamos una tocata, te invito. O mejor, cuando nos
inviten a nosotros yo te aviso. Porque siempre cuando se hacen tocatas, se invitan
bandas nuevas para que se den a conocer.
Eso fue todo lo que conversamos y de repente los locos se fueron. Pasaba
a menudo; venían locos a conocernos y después no se aparecían más por el
pasaje, pero el Tolín, después de unos días, volvió con el Pelao Jorge. Estos dos
pasteles se las traían, eran terriblemente locos, no les importaba ni una hueá. Esa
noche traían una botella de vodka, la que nos pusimos a tomar enseguida y nos
empezamos a conocer más a fondo. El Pelao Jorge era de los que trabajaba, el
loco se movía en una fábrica de bluejeans, Fiorucci creo. Siempre admiré a este
hueón, no sé cómo lo hacía. Después de un tiempo de conocerlo me di cuenta
de que cualquier día de la semana tomábamos hasta las seis de la madrugada y el
loco entraba a trabajar como a las ocho. Desde que yo lo conocí, nunca dejó ni
un día de ir a trabajar. Creo que ninguno de los que nos juntábamos ahí habría
podido. Era buena onda el Pelao Jorge.
Este hueón con el Tolín eran
inseparables. Siempre andaban juntos.
Con estos dos pasteles más los de
siempre, el grupo de cuáticos se hacía
cada vez más grande, o mejor dicho, más
pulento. Lo bueno fue que después ellos,
llegaron más locos y locas que también
se venían a desquiciar al pasaje. Aquí nos
juntábamos siempre antes de salir a
algún lugar. Habían unos hueones mula
Andy también en el grupo. Como el Corneta,
un loco que apareció un día con el
Marcelo. Era alto, flaco y pelao, con una
chaqueta de cuero que le quedaba
grande. Se quebraba caleta, pero con
nosotros se le quitó la quebrá al
momento, porque lo agarramos poquito
para el hueveo por su voz.
Hablaba súper raro, mejor dicho, tenía un pequeño problema con su
voz, que era más fina de lo normal, por eso su sobrenombre el Corneta, y así
quedó para siempre. Estábamos con el Andy, el Lenin, el Pelao, el Fabián, el
Rogo, la Pai, la Sandra, la Lizi, y otros más. El loco pidió el copete y quedó la
cagá, lo vacilaron ene rato, pero el Corneta no se fue en mala, aguantó el hueveo.
dadá /69
Tokata Fiskales (París 52)
61
Ocho Bolas (1988) es un precursor grupo de punk rock formado en Valparaíso por Jesús
‘‘Sata’’ Pereira y Juan José Kwasigroch (voz y guitarra), Edinson Tapia (bajo) y Renato Juancho
(batería). Desde 1990 lo integran Pereira, Rienzi ‘‘Mono’’ Nahuel (guitarra), Rodrigo ‘‘Yofi’’
Catalán (bajo) y Pedro Guerrero (batería). Han publicado los discos Al servicio (1989), Trabajo
duro (1991), En este medio-miedo (1995), Caramba! (1999) y Genio y figura (2001), además de
participar en el compilado Vida férrea (1999) y en una serie de antologías de punk rock en Italia,
Alemania, España y Brasil.
62
Arteknnia (1985-1996) fue el primer grupo de música tecno e industrial aparecido en Chile, en
paralelo a movimientos como el punk, la new wave y el tecnopop de los años ’80. Iniciado por
Alejandro Albornoz (voz) y Mario Aguilar (teclados) e integrado desde 1990 también por Fabián
González (guitarra) y Mauricio Saavedra (teclados), el grupo editó el disco La última tierra
(1996) y grabó en los compilados Con el corazón aquí (1993) y El hechizo del tiempo (1996)
antes de disolverse. Albornoz
70 / leonardo aller
Ocho Bolas: [Link]
tercera bienal underground que se hacía en Chile. Cada bienal era más potente
que la otra.
Ese día tocaban como catorce bandas, unas venían de afuera de Santiago.
“Los Ocho Bolas”61 eran de Valpo, otros venían de Conce, no me acuerdo de los
locos, eran muchas. Las de Santiago eran los “Josefina Rock”, “Huasos
Caóticos”, “Arteknnia”62, éstos eran onda dark, eran buena onda porque eran
los primeros en su movida. También estaban “Los Fiskales”, “Los Sopa ‘e
Pollo”, en este grupo tocábamos una mezcla de integrantes de otras bandas: el
Alvarito (Fiskal), el Cristian (Vandalik), yo en guitarra (Josefina Rock), y el
Pogo en voz. Este último siempre fue un buen amigo, todo lo que tenía se lo
gastaba con nosotros. Con el tiempo cambió, o mejor dicho, se le dio vuelta la
[Link]én lo diría, el Pogo gay. A mí nunca me importó, total era su vida
y podía hacer lo que quisiera. Se puso raro, empezó a no pescar a nadie, le dio
filo a los amigos que de verdad lo querían, yo me incluyo.
Tocamos bacán en esa bienal. Aunque no habíamos ensayado con el
Fabricio, nos salió todo a pedir de boca. Los equipos funcionaron súper bien, era
raro porque siempre había dificultades. Siempre fallaba algo, pero en esta
oportunidad no, fue un regalo de los dioses para los “Josefina Rock”. La música
que hacíamos, si se pudiera llamar música, era como funki rock, una mezcla re
cuática, con guitarras distorsionadas que le daban un sonido más punki a la cosa.
La primera vez que tocamos tuvimos la aceptación de todos los loquetes
de inmediato. Por eso seguimos tocando, porque si no nos hubieran pescado, al
menos yo no habría seguido, carepalo.
En tiempos de dictadura todo lo que hacíamos era malo para los milicos.
dadá /71
Para qué hablar de los pacos, pobres hueones, tenían que reprimir a la fuerza,
porque como en todo, hay algunos que no están ni ahí, y yo creo que entre ellos
habían hueones así. Siempre que se hacía algo en el Matucana, iban a reprimir los
mismos pacos. A veces yo conversaba con uno de estos mermelá y me decía que
él también estaba aburrido de andar hueviando, que lo único que quería era
estar en su casa, viendo tele. Hasta ahí no más le llegaba la imaginación al
paco.
A finales de los ochenta empezaron a aparecer lugares más roqueros.
Las calles eran nuestros escondites de locuras y pasiones. Después de algún
carrete, siempre íbamos a parar a la calle, nuestra compañera incondicional. La
mayor parte del tiempo lo pasaba en la calle. Había una canción de “Los
Pinochet Boys” que me gustaba mucho, un pequeño trozo decía así: “En mi
tiempo libre, estoy drogándome en la calle, en mi tiempo libre, estoy
emborrachándome en la calle”. Así como estas letras habían pocas y no se
podían tocar en público.
Las demás bandas que estuvieron en la bienal fueron “Los KK”, “Los
Políticos Muertos”63, “Cesantía”, “Vida y Muerte”64, “Cotidianos”, “Indcenter”,
“Rechazo Social”, “Toque de Queda”, “Asociales”. La bienal fue de miedo, todos
tocaron bacán, fue una noche a todo dar, de esas que no se olvidan. No pasó
nada, los muchachos se portaron la raja, todos bailando al ritmo del rock de la
noche.
Después de esta tocata, a los “Josefina Rock” nos propusieron tocar en
el Cultural Mapocho, ahí se iba a celebrar un carrete aniversario del Cultural. Ésa
sería la tercera vez que tocaríamos ahí. Las veces anteriores lo habíamos hecho a
medias, casi sin ensayo. En esa oportunidad decidimos ir a ensayar a Rengo.
63
Los Políticos Muertos (1987-2001) son otra de las bandas iniciadoras del punk chileno y la
primera surgida en el sector del sur de Santiago. Formada desde 1988 por Francisco ‘‘Maya’’
Mallea (voz), David ‘‘Cabro Perro’’ González (guitarra), Rodrigo Barrientos (bajo) y Marcelo
‘‘Congo’’ Sepúlveda (batería), todos con domicilios entre los paraderos 17 y 25 de la Gran
Avenida, publicaron su disco Los Políticos Muertos (1997) y preparan el álbum en vivo Prueba
de sonido en conjunto con Supersordo. Rodrigo Barrientos además es sonidista de 1990, ha
grabado discos de Yajaira y Los Revoltosos y ha trabajado en vivo con La Pozze Latina, BBs
Paranoicos, Fiskales Ad Hok, Invierno, Griz y Chancho en Piedra, entre otros.
64
Vida y Muerte: ‘‘Después se llamaron Vino y Muerte’’, recuerda Lalo Aller. Vino y Muerte fue
el primer grupo en tocar en el concierto ‘‘Agárrate con el rock marginal’’, organizado por la
Garra Blanca, hinchada brava de Colo Colo, el 8 de abril de 1995 en el Teatro Monumental.
72 / leonardo aller
Marcelo, Congo, Alvarito, Tía y Mamá de Alvaro, Marcelo y Fabián
Una loca amiga nos facilitó una sala sin costo para nosotros. En esta casa habían
instrumentos, estaba todo, no teníamos que llevar nada. Nos propusimos ir a
ensayar una semana completa todas las tardes, y lo hicimos, íbamos todos,
incluyendo el Fabián, que siempre arrugaba. Esta vez se lo tomó en serio. Fue
una semana bien movida y bien regada porque en cada ensayo terminábamos
raja, pero ensayamos por fin.
Nos juntábamos con harta gente. Tuvimos una amiga que nos ayudó
caleta, la Pamela. La conocí por intermedio de Alvarito. Vivía en un departamento
en la Avenida España, a pasos de Alameda. Desde el día que la conocí nos caímos
bien. Conversamos en la escalera del departamento porque estaban sus viejos.
Nos contó que junto con otra amiga, habían arrendado unas piezas en la calle
García Reyes.
Hablamos como media hora y nos dejó invitados a conocer las piezas.
Una tarde me pasó a buscar Alvarito y fuimos a conocer el lugar donde se suponía
que viviría un tiempo la Pamela. Fue re cuático. No nos costó nada entrar a la
casa de la Pamela. Tenía una ventana que daba a la calle. Lo único que se sentía
era una música que yo no cachaba. Volvimos a golpear y no pasó nada. Alvarito
insistió más fuerte, y ahí lo cacharon las locas. Salió a abrir la Pamela con una
cara de loca que te la encargo, nos hizo pasar. La amiga con la que vivía, que se
El trío neoyorquino Beastie Boys publicó su primer disco, Licensed to ill, en 1986, y fue el
65
primer grupo de rap escuchado en los circuitos underground chilenos, en la misma época del
punk y la new wave locales. ‘‘La mina nos puso ese disco, lo escuchamos y quedamos locos’’,
recuerda Lalo Aller. ‘‘Éramos igual que todos, escuchábamos cosas distintas’’.
dadá /73
llamaba Carolina, estaba tirada sobre la cama, con una bolsita de neopreno en
su mano. La Pamela nos dijo que nos sentáramos, ella también tenía su bolsita
bajo la manga. Creo que habían aspirado toda la tarde porque estaban en estado
de inercia, pero cachando lo que pasaba. Estaban escuchando “Beastie Boys”65.
Fue la primera vez que los escuché y me gustaron, los vacilé esa noche,
acompañado de una buena botella de licor, y su buena bolsita de neopreno en
la mano. Hueviamos caleta con las locas, nos aspiramos un tarro de medio litro.
Quedamos estúpidos. Esto no lo hacíamos muy seguido, sólo en momentos
especiales. Nos preparábamos, hacíamos una ceremonia antes e invitábamos a
los precisos para la sesión de neo.
Con el tiempo nos enyuntamos caleta con la Pamela. Salíamos ene para
todos lados, pero el punto de encuentro era su casa, más bien, las piezas que
arrendaba. Eran dos habitaciones chicas. Una de ellas daba a la calle, y la otra
hacia dentro, donde se encontraba la cocina y el baño, eso era todo. En esos dos
cuartos lo pasamos la raja un buen tiempo.
También llegaban las otras nenas. A veces habíamos hasta catorce en
esas piezas, vacilando, unos tomando, otros aspirando y otros pitiando. La media
volaíta que nos pegábamos. No sabíamos si era de día o de noche. Llegaron a
pasar hasta cinco días en que yo no supe qué hueá me pasaba. Cuando lograba
dormir un poco, me despertaba y me enchufaban la botella o el pito en el hocico,
quedaba volao o curao al momento, de nuevo arriba de la pelota, otra vez loco.
Yo no era el único, los otros locos también. Unos se iban, pero al rato aparecían
de nuevo, con más copete o droga. Esta era la casa de sodoma y gomorra. Lo
pasábamos bacán con la chica Pamela. Lo cuático era que ella iba cada tres días
a clases de portugués a la embajada de Brasil, porque lo único que quería era ir a
estudiar a Brasil. Esto fue casi al final, lo bueno dura poco. La casa de la Pamela
funcionó como un año, pero hueviamos caleta. Pasó de todo en ese lugar. Ella
era especial, tenía una forma de ser que pocas minas tienen, sólo algunas. Iba a
todas, no le importaba nada, ni lo que pasara, se paraba con cualquiera, hasta con
los pacos. Y había que ponerle bueno para pararse con los culiaos.
Una vez nos llevaron a todos en cana. Andábamos tomando por las calles
cercanas a la casa de la Pamela, entremedio de Cueto, pasando por Libertad,
después por Avenida Portales. Esa calle tenía un parque, ahí nos pillaron los
pacos y nos sacaron la cresta a palos. Yo pensé que a las minas que andaban con
nosotros les iban a dar la pasada, pero no, se las llevaron igual. La chica Pamela
se fue en la media volá con los pacos, los agarró a patadas, carepalo. Por eso se la
llevaron en cana, por cuática. Fue una de las tantas veces que caímos en cana por
andar dando jugo en día de semana, como a las cuatro de la mañana. En esos
74 / leonardo aller
tiempos no andaba nadie a esa hora, menos curaos como nosotros. Qué hueá,
queríamos ser diferentes y teníamos que pagar el precio, aguantar el chaparrón.
Un día llegaron los viejos de la Carolina y nos encontraron aspirando
neo a todos en la casa. Quedó la media cagá y de inmediato se llevaron a la loca.
La Pamela se cambió a la casa donde vivía el Pogo, o sea, a la casa del tío de este
loco, que arrendaba piezas. Ya no era lo mismo, igual vacilábamos, pero nos
paraban el carro bien seguido, así que teníamos que carretear más piola, lo que
era imposible, todos éramos cuáticos. Lo único que hacíamos después era empezar
a tomar ahí y después nos íbamos al pasaje. La historia de la Pamela es mucho
más larga. Ella hacía teatro con otros locos. No era ese teatro charcha que todos
conocen, era un teatro especial. Cada vez que estrenaron una obra, la crítica los
hizo mierda y otros los alabaron, como es aquí en este país cartucho de mierda,
sobre todo en plena dictadura. Una vez se presentaron con la obra “La Condesa
Sangrienta”, dejaron la media cagá. Todo lo que fuera en contra de los principios
era bacán para mí.
La Pamela hizo una cachada de cosas más, hasta una tocata que se llamó
“Neo Rock Pren”, en el Trolley. Tocamos todos los amigos, fue como un carrete
en grande. Estábamos todos y la hueá era para nosotros. Creo que no ganó ni un
peso la chica, pero eso nunca le importó, lo único que ella quería era que nosotros
nos sintiéramos bien. Nos quería caleta y nosotros también a ella.
Pasaron muchas cosas con esta pequeña mujer, porque era bien chica,
dadá /75
Fiskales en Calle París
pero con corazón grande. Después de andar por ahí hueviando, la Pamela se
preparó para irse a Brasil. La despedida duró como un mes. Antes de irse me dijo
que lo único que quería era encontrarse a un magnate millonario y que si lo
encontraba en un corto tiempo nos iba a mandar a buscar a todos para vivir
con ella en Brasil.
Un buen tiempo antes de que la chica Pamela se fuera, tocamos por tercera vez
en el Cultural Mapocho66. La chica nos apoyó caleta y creo que fue una de las
mejores veces que tocamos. Esa noche de primavera, estábamos floreciendo. En
esa tocata decidimos por primera y última vez tocar lúcidos. Así lo hicimos.
Hicimos prueba de sonido. Hasta ese punto llegamos, ni yo me la creía, haciendo
la prueba de sonido y sin habernos tomado ni un solo copete.
Después nos fuimos a mi casa. Ahí estuvimos parte de la tarde antes de
irnos a tocar. La chica nos cuidó para que no tomáramos ni una gota de alcohol,
hasta después de tocar. Ni un pitito nos pudimos fumar. Era humillante para mí,
ya no aguantaba más, hasta que los locos dijeron que nos fuéramos al Cultural.
Estaban todos acompañándonos, hasta el Alvarito andaba hueviando
entremedio. Nos fuimos directo y nos pusimos a esperar. Hasta los locos que
66
Rodrigo Barrientos recuerda haber tocado junto a Josefina Rock con Los Uoh, un grupo
formado por tres integrantes de Los Políticos Muertos: Maya, Congo y el propio Barrientos.
‘‘Con Josefina Rock tocamos otras veces, en lugares como Matucana o la sala Sichel’’, dice.
76 / leonardo aller
organizaban la tocata no la creían, porque nos veían sanos antes de tocar. Poco
a poco empezó a llegar el hueonaje. Yo me ponía cada vez más nervioso. Nunca
había tocado tan sano, me tiritaba todo, hasta que no aguanté más y le dije a los
locos que iba a comprar cigarros a la esquina. Bajé y me fui directo a la schopería.
Cuál fue mi sorpresa, al encontrar al Pelao fondeado en la esquina con una
botella de vodka recién a punto de pegarse el primer sorbo.
–Hueón te pillé ¿qué onda?, ¿o no te acordai que hicimos un trato entre
todos de no tomar hasta después de tocar?
–Sí, pero no pude aguantar más, tenía esta botella para después de tocar
¿Y vos que estai haciendo aquí?
–Lo mismo, no puedo aguantar tanto y me venía a tomar un schop, pero
ya que estai en esa con la botella de vodka en la mano ¿qué nos hará un copete?
si total, la hueá es que no nos curemos, y con un sorbo de vodka, no creo que nos
pase nada, así que presta la botella.
Me tomé flor de trago. Encontré más rica la hueá. Estábamos en eso
cuando nos llegó a buscar el Andy. Nos dijo que ya era la hora de tocar y nos
quitó la botella.
–¿Qué les pasó? ¿que no iban a tomar hasta después de tocar?
Esa noche fue bacán. Tocamos súper bien, le pusimos bueno. Tocamos
los temas de corrido, sin equivocarnos en ninguno. Terminaba uno y le dábamos
al otro al tiro. Quedó la media cagá en el público. Ese día el Pato estaba grabando
todo el concierto, le debe haber quedado más que bien la hueá. Todo estuvo
increíble. Después nos fuimos a vacilar a la casa de la chica Pamela. Nos
compramos cualquier copete y estuvimos como tres días celebrando la tocata.
Estuvo de miedo, entraban y salían locos de la casa de la chica.
Uno de esos días nos pusimos a jugar con una botella en el suelo. La
tirábamos y al que le apuntaba, se tenía que sacar una prenda de ropa. Habíamos
hartos jugando. Poco a poco fuimos quedando todos en pelota, hasta el Gato.
Lo que más causó risa fue que la ventana que daba hacia la calle estaba abierta y
no sé en qué volá nos fuimos y nos tiramos a la cama todos en pelota y vimos a
un hueón mirando desde afuera. Yo cacho que quedó loco.
Cada vez que íbamos a un carrete nos tenía que pasar algo. Siempre a
alguno de nosotros. El que tenía más historias de locuras era el Pelao Alberto.
Una noche nos invitaron al Matucana, había un carrete con puros locos conocidos
y unos extranjeros que nos querían conocer. En esa época el TV todavía estaba
vivo.
Estaba el Jordi, la Macarena, el Enzo Blondell, otros locos que siempre
dadá /77
estaban ahí y los tipos que nos querían conocer. Todo empezó bien con unos
tragos, unos pititos y algo de comida. Empezaron a llegar más locos y se armó el
carrete. Me puse a conversar con una mina y nos fuimos a hueviar al galpón,
después nos siguieron los demás. Pusieron música, algunos bailaban, otros
conversaban. Todo iba bien hasta que el TV se puso a discutir con uno de los
locos que nos venían a conocer. No estábamos ni ahí. Se metió el Jordi a parar el
hueveo que tenía el TV, mientras que el Pelao ya estaba poniéndose medio denso
con otro hueón. Al final quedó la cagá. El Jordi le dio filo a los que no cachaba y
seguimos dándole, como si nada hubiera pasado.
Yo me fui con la minita que había conocido a su casa, vivía en un
departamento cerca del Estadio Nacional. Lo pasé mortal. En la mañana me
retiré como un caballero, porque eso es lo que yo era con las minitas, un gentleman
bacán. Siempre respeté a las minas, dentro de mi locura. Llegué a mi casa como
a las nueve de la mañana. Estaba conversando con mi vieja, cuando llegó el
Pelao. La carita que traía, como si le hubieran sacado la chucha, pero no era eso.
Bajé a hablar con él y me contó la media talla que le había pasado. Yo no caché al
tiro. El loco traía las mangas del chaleco bien abajo, cubriéndole las manos. Me
dijo que se había quedado dormido en el galpón, yo no lo encontré raro, porque
varias veces nos habíamos quedado ahí, durmiendo raja de curaos, pero esto era
más cuático. Me contó que se había despertado tirado en el suelo y que en el
techo había visto un pizarreño hecho mierda. Al darse cuenta intentó moverse,
pero le dolía el brazo. Tenía el brazo quebrado, el bruto se había caído del techo
del galpón de Matucana. Se subió la manga del chaleco y le vi el brazo. Lo tenía
terriblemente feo, morado entero e hinchado, parecía que tenía dos brazos en
uno. Lo único que se me ocurrió fue decirle si quería un copete. Yo tenía una
botella de vodka guardada, la fui a buscar y le dije que se tomara un buen sorbo
para el dolor, pero me decía que no le dolía.
Esta vez era mucho, así que le dije que fuéramos a la posta. Se cayó de
una tremenda altura y sólo se quebró el brazo. Esa caída era para matarse, eran
como siete metros. Así eran las locuras del Pelao. Todos los del pasaje teníamos
cualquier historia, unos más que otros. Éramos terriblemente cuáticos.
En otra ocasión, llegó el Pelao muy entusiasmado a contarme que a lo
mejor podíamos tocar en el aniversario de la población La Victoria. Quedé pa’
dentro, después de una buena tranca de la noche anterior y recién parándome
así, medio tiritón todavía. Para mí era un honor que nos invitaran a tocar a La
Victoria, era una buena noticia. Después de un rato, ya más relajados con el
Pelao nos tomamos una buena cerveza heladita. Le pregunté quién le había
propuesto tocar en La Victoria y me contó que lo habían llamado por teléfono.
78 / leonardo aller
Cristián Vandalik
dadá /79
nerviosos, no sabíamos cómo nos iban a recibir, pero yo estaba seguro que
bien. Cuando llegamos, unos locos nos llevaron a la radio primero y después
nos hicieron un tour por casi toda La Victoria. Luego nos llevaron a una casa
donde se estaba haciendo un asado espectacular, a todo cachete. En el recorrido,
los locos nos habían llenado con pepas y cuanta hueá se les ocurría pasarnos, lo
que me pasaban yo me lo echaba a la boca. Estábamos todos pegados al techo,
nadie comió, nos dedicamos a conversar con los tipos que nos habían llevado.
Llegaron los locos de “De Kiruza”67. Ese mismo día ellos iban a lanzar un
casete y al parecer se sintieron mal porque no les habían dicho que nosotros
también íbamos a tocar. Para mí fue normal, yo nunca pesqué a los que se
creían estrellitas, me daba igual, pero los tipos eran esa onda, se la creían.
Los tipos de “De Kiruza” estaban conversando con otra gente. Me
acerqué y les pregunté si había algún problema en que nos prestaran su batería
después de que tocaran. Fue como si le hubiera echado un ají en la raja al baterista,
le pusieron cualquier color. No dijeron ni sí, ni no, pero yo caché que la cosa era
más no, por la cara de los tipos. El Fabián me dijo que no importaba, que con o
sin batería íbamos a tocar igual. Me despreocupé y nos fuimos a hueviar a otro
lado. Recorrimos otros lugares, esta vez solos, sin nadie que nos cuidara. La
gente nos invitaba a sus casas a comer y a tomar. Nos decían “Ustedes son los
Josefina Rock, qué bueno que pudieron venir”. También en el lote andaba el
Hugo Pineda, el fotógrafo del grupo. El Hugo nos seguía adónde fuéramos,
igual que su hermano Claudio, andaban para todos lados con nosotros.
De a poco pasó el día hasta que llegó la noche. Tocaron los pasteles “De
Kiruza” y por supuesto no nos prestaron la batería. A esas alturas ya nada nos
podía molestar, además estábamos más duros que la chucha. Había un loquete
que no se separaba del lado de nosotros y nos convidaba jales a cada rato. Tenía
una bolsa como de un kilo, no se le acababa nunca la hueá, nos daba y nos daba.
Qué locura. Eran como las dos de la madrugada cuando nos llamaron al escenario.
Alguien decía por el micrófono: “Los Josefina Rock al escenario por favor”.
Nosotros estábamos más locos que la chucha, no la queríamos creer.
Apechugamos igual. Fui uno de los primeros en subir, me puse la guitarra, la
conecté al amplificador y me puse a hueviar un rato, mientras subían los demás.
Miré y vi hacia el público, se perdía la vista de tanta gente en la calle, todos con
De Kiruza (1987-1999) fue el primer grupo chileno que incorporó el rap a la música popular
67
chilena, y lo combinó con una activa postura de izquierda en abierta oposición a la dictadura.
Para esa fecha el grupo estaba lanzando su disco debut, De Kiruza! (1988), con su alineación
original: Pedro Foncea (voz y batería), Mario Rojas (guitarra y voz), Gustavo Schmidt (teclados),
Andrés Cortés (bajo) y José Luis Araya (teclados y percusión).
80 / leonardo aller
pañuelos de colores. Quedé helado, se me pasó hasta la volá. Detrás de mí
estaba el Pelao instalándose con una caja, nada más.
–No te urjai hueón, toquemos no más, –me dijo.
Estábamos conectados directo a la mesa de amplificación, la hueá sonaba
más fuerte que la cresta. Eso me gustó y empecé a tocar suave, mientras el Fabricio
por el micrófono llamaba al karma del grupo, el Fabián. Lo llamó como tres
veces, hasta que apareció, más loco que todos juntos, con el bajo en la mano.
Se lo puso y un loco saltó desde un costado y le ayudó a enchufarse. Cuando
cachó que estaba sonando, no miró a nadie y se puso a tocar en breve. Del otro
lado yo lo miraba y el hueón no me daba ni bola, así que tuve que seguirlo. Salió
la raja. Después de tocar se subió cualquier loco al escenario a darnos abrazos,
y copete más copete, y drogas. Qué legal. Esa noche, después de irnos de La
Victoria, fue como un sueño.
Candao y Pay
dadá /81
ese grupo, algunos se devolvieron a Argentina y otros se quedaron. El Víbora se
quedó y conoció a los chicos. Esto fue bueno para “Los Fiskales”, en ese tiempo
los muchachos empezaron a tocar más seguido o a sonar más. Es de suerte o
destino, no sé, pero El Víbora tocó más que en el tiempo que estuvo el Pogo con
“Los Fiskales”. El Víbora fue más aguerrido que el Pogo, porque tocaba el bajo
en el otro grupo y en “Los Fiskales” tuvo que cambiar todo para tocar guitarra.
Además el loco vivía más lejos que la chucha y se iba a pie para ensayar en la casa
del Roly. A mí me gustaba verlos ensayar, le ponían bueno, al contrario de nosotros
con los “Josefina”, que no ensayábamos mucho.
El Pogo se aisló después de que los chicos lo cambiaron por el Víbora.
Éstas son cosas del rock, todo tiene su tiempo. Y el Pogo ya había cumplido el
suyo en “Los Fiskales Ad-Hok”. Una vez se juntaron a tocar en un lugar que se
llamaba “La Noche”. Era una boite bien conocida que había quebrado, estaba
ubicada en el Barrio Bascuñán, por Blanco Encalada, frente al Club Hípico de
Santiago. Esa tocata la organizaba el Tito Islas68, un loquete que siempre andaba
revoloteando cerca de los grupos de rock de esos tiempos, y si podía, hacía una
tocata. Era bueno para nosotros que se movieran hueones, nos hacía bien a
todos.
Tito Islas fue integrante de grupos metaleros como Sepulcro, último baterista de Los Políticos
68
Muertos en 2001 y gestor del programa de radio ‘‘100% chileno’’ junto a Claudio ‘‘Klein’’
Guzmán en la radio de El Canelo de Nos.
82 / leonardo aller
Esa tocata fue legal. “Los Fiskales” habían invitado al Pogo esa noche y
el loco aceptó tocar. El Pogo se veía contento tocando con ellos de nuevo,
aunque fuera la última vez. Esa noche quedó la cagá. Todo estuvo bien, fueron
todos los loquetes, la hueá se llenó. Hubo unas peleas esporádicas por ahí,
como en todas las tocatas. Siempre habían desubicados que dejaban la cagá
peleando entre ellos mismos. No importaba porque estábamos acostumbrados.
El Alvarito andaba con dos minas. Esa noche se le juntaron y se agarraron del
moño a todo ritmo, onda combos, patadas y hueás varias.
Uno siempre piensa que los primeros son los mejores, o los más bacanes.
Nosotros fuimos los primeros en darle. Nunca me he sentido más arriba de los
que ahora están tratando de tocar o hacer algo por el rock. Siempre recuerdo los
buenos tiempos tocando y hueviando por distintos lugares. A las finales, dejamos
el legado a los que venían, aunque nosotros hicimos todo sin pensar en lo que
iba a venir después. Me siento orgulloso de todo lo que hicimos por el movimiento.
Yo, como nadie, sé lo que pasamos. Todas estas historias van a quedar para los
que vienen más atrás. Para que sepan que estos viejos roqueros no pasaron en
vano por este país de mierda.
Hoy después de un largo caminar, me doy cuenta que la canción de la
Polla Records (que escuchábamos caleta) nos viene al cayo a todos los locos de
esos tiempos. Aquí les va un pedazo de la letra:
69
Jorgiño es Jorge Videla, integrante (junto a Enrique Barrientos) de 4GM hacia 1986, un
grupo previo a la llegada de Barrientos a Los Políticos Muertos.
dadá /83
Éstas son las locuras que todavía quedan en nuestras estropeadas cabezas
de tanta droga y alcohol.
Recuerdo la Gran Avenida. En el paradero 18 se la traían los “Políticos
Muertos” un grupo que sonaba de miedo. El guatón Rodrigo, más conocido
como el Guatón Pifia, junto a sus secuaces, el Maya, el Congo, el Jorgiño69, le
ponían bueno al rock. Conocí al Guatón en el pasaje. Era como un niño bueno,
con su carita de que no hacía nada, pero el se las traía.
Nos empezamos a tomar unas cervezas y me comentó que tenía un
grupo llamado “Políticos Muertos” y que querían tocar con nosotros. Le dije
que sí al tiro, porque el guatón me cayó bien de una. Pulento el guatón. Pasaron
como dos semanas y “Políticos Muertos” tocaron con nosotros, no me acuerdo
dónde, pero lo pasamos la raja. Así estos locos se nos unieron en el largo caminar
de tocatas y más tocatas.
A los “Josefina Rock” nos pasó algo heavy. El loco del Fabián dio la
prueba de aptitud para entrar a la Universidad. Lo más cuático fue que quedó. El
puntaje no le sirvió para lo que él quería, pero se fue a estudiar a Valparaíso. Era
bacán para el loco porque iba a estudiar, pero para la banda fue funesto, porque
detrás también se fue el Fabricio a estudiar. Con el Pelao nos quedamos en
Santiago. Al principio íbamos a ensayar, o mejor dicho a puro hueviar, a
Valparaíso.
Pasaba el tiempo y cada vez nos alejábamos más. El Fabián se embaló
84 / leonardo aller
estudiando y nosotros nos quedamos sin hacer nada, sólo moviendo a loquetes
para que tocaran en tocatas. Una vez fuimos a Valparaíso a tocar a la Universidad,
a la Facultad de Filosofía. El Fabián nos vino a buscar para que nos fuéramos
con él, como una semana antes de la tocata. Fue re loco. Los días antes de tocar
estuvimos más locos que la cresta, puro paseando. No intentamos ni por si
acaso ensayar. Nos levantábamos y nos acostábamos locos, hasta que llegó el
día en que teníamos que tocar. Fue un día de semana pa’ más cagarla y teníamos
que tocar en el recreo de los locos que estaban estudiando.
Llegamos en la mañana a la Facultad. Los locos no entendían nada de
lo que estaba sucediendo, nos veían acarreando equipos, y otras hueás, instalando
micrófonos, y una pila de otras cosas. Ni yo entendía qué estábamos haciendo
allí. Nos pusimos a tocar y se empezaron a juntar los loquetes. Al parecer les
gustó. Tocamos como siete temas. Estaba poniéndose buena la cosa cuando
aparecieron unos hueones y nos cortaron la luz. Hasta ahí no más llegó la tocata.
Después supimos que la hueá era ilegal, una tocata onda protesta. No nos importó.
Cuando teníamos oportunidad de tocar, lo disfrutábamos caleta, nos hacíamos
tira tocando, y no era para menos, ya estábamos tocando bien.
Cuando podíamos nos juntábamos a tocar por ahí. Cada vez se hacía
más fuerte el movimiento músical de la mano con la pintura, el teatro, la danza,
la poesía y muchas otras tendencias. Siempre funcionaba todo bien. Se hacían
tocatas en conjunto con otras tendencias artísticas. Era genial ver a todos los
locos vacilando en el mismo lugar. Nosotros lo hacíamos por darle un golpe a la
Tito Islas
dadá /85
dictadura de esos años. Todo empezó lentamente y se fue transformando en un
movimiento, que poco a poco, y sin darnos cuenta, nos permitió derrotar a la
dictadura con puro rock. Le dimos una buena batalla a los milicos.
Empezamos a alejarnos de Fabián. En Santiago andábamos haciendo
lo mejor que podíamos por el rock.
De todos los loquetes que fueron apareciendo, algunos siguieron junto a
los que de una u otra manera tenían algo que ver con el rock. Uno de ellos era el
Vanchi70. Había llegado con sus padres desde Alemania. Era más grande que el
Pelao Alberto, y eso que el Pelao era el medio hueón. Conocí al Vanchi en una
de las tantas tocatas que se organizaban por ahí. Nos fumamos unos pitos y
enganchamos al tiro. Era súper buena persona, por eso muchos hueones se lo
cagaron, era demasiado bueno con todos los que quería. Estuvo viviendo un
tiempo en Concha y Toro, en una casa donde vivían puros personajes. Esa casa
fue legal un tiempo, después se funó. El Vanchi siempre andaba hueviando por
ahí, igual que todos nosotros. Se empezó a mover bien, tenía cómo hacerlo, sus
viejos lo apoyaban en todas sus voladas.
En la casa de Concha y Toro el Vanchi vivió con la Pelá, una mina que
salió de la nada, pero que fue muy inteligente. Se metió en el bolsillo como a
cuatro giles que le compraron y los dejó vendiendo pan, viva la Pelá. Yo la admiraba
ene. Uno de estos giles fue el Pogo, que también vivió un tiempo ahí. Después se
infiltró con el Vanchi, al que después lo dejó por el Tan Levine, ex baterista de
“Los Pinochet”. Con éste hizo su mejor pase, el loco se la llevó a USA y la Pelá
se quedó allá. Dejándose de bromas, la Pelá hizo lo que quiso y lo logró. Le costó
un poco, pero la hizo. A esta mina hay que hacerle una canción. Yo creo que si
vuelvo a tocar, se la voy a hacer.
Con el Vanchi nos pasó una muy buena. Un día el loco nos invitó a la
Batuta a ver a los “Parkinson”. No íbamos a ver a los locos, sino a hueviar
71
como siempre lo hacíamos. Nos pusimos unos copetes antes y luego entramos.
Andaba cualquier espécimen. Nos separamos y me perdí del Vanchi. Andaba
bien carreteao y lo único que se me ocurrió fue irme a la camioneta que ese día
andaba manejando el Vanchi. Me subí en la parte de atrás. Cómo andaría de
70
Iván Vanchi Razmilic era asistente de grupos como Fiskales Ad Hok y Parkinson. Actualmente
vive en Alemania, donde forma parte de la colonia de chilenos que ha organizado giras de
grupos como Fiskales Ad Hok, Lafloripondio y Familia Miranda a ese país.
71
El bar La Batuta, principal escenario del rock chileno en los años ’90 en adelante, fue inaugurado
en agosto de 1989 en la Plaza Ñuñoa de la capital, y funcionó primero como sala de teatro y
como café antes de cambiar su giro a los conciertos de música.
86 / leonardo aller
Los Miserables
raja que me quedé dormido. Tiene que haber pasado cualquier rato antes de
que me encontrara el Vanchi, que andaba con otros loquetes buscándome. Eso
era lo bacán que tenía este loco, uno podía estar muy raja, pero nunca te dejaba
botado, y si te perdías, el loco te buscaba hasta encontrarte. Esa noche me
encontraron, me despertaron y nos cagamos de la risa. Después nos fuimos a la
casa de uno de los locos que se habían encontrado en la Batuta, que yo también
conocía.
Era una casa de dos pisos que quedaba en Avenida Matta. Terriblemente
grande la hueá. Era temprano todavía, como las tres de la mañana. Me quedé
tomando cerveza con uno de los locos y luego nos pusimos a darle con el
vodka que llevaron otros. No recuerdo cuándo salió el sol. Nos pusimos cualquier
fierrazo, estábamos más duros que la chucha. El Vanchi siempre tenía sus buenas
salidas y sacó unos pitos para que bajáramos. Estuvimos dándole casi todo el día.
El Vanchi estaba súper cansado de carretear y lo único que quería era irse.
Habían unos hueones que se las traían con el pobre Vanchi, digo pobre,
porque el loco tenía cuerpo y porte, pero no mataba ni una mosca. El par de
idiotas que lo molestaban caleta eran el Micky y el Caremaraca. Estos dos juntos
enfermaban a cualquiera, y le tocó al Vanchi bancárselos por un buen tiempo. El
Caremaraca, que en paz descanse, debe estar aullándole al diablo. Como estos
habían hartos. Los demás, yo incluido, sabíamos a quién hueviar, pero en buena.
72
Los Miserables (1990) es una de las más duraderas bandas surgidas de la escena punk y ska en
Chile. Fundada por Óscar ‘‘Amapola’’ Silva (voz y bajo), Patricio Silva (guitarra) y Claudio
García (batería), han incoporado luego a integrantes como Alvaro ‘‘Tribi’’ Prieto y los actuales
Francisco ‘‘Fico’’ Silva (guitarra) y Rodrigo ‘‘Rorro’’ Silva (batería). Han publicado los discos
¿Democracia? (1991), Futuro esplendor (1992), Pisagua 1973 (1993), Te mataré con amor (1994),
Sin dios ni ley (1995), Cambian los payasos... pero el circo sigue (1997), Miserables (1998), Date
cuenta (2000), Gritos de la calle (2001) y Pasión de multitudes (2003).
dadá /87
Así como nosotros teníamos grupos por el lado céntrico de Santiago, también
se formaron por otros lugares. Recuerdo unos, entre locos y locas, que se
empezaron a juntar en el 25 de Gran Avenida. Eran más cuáticos que la cresta
y también se agarraban con los locos de Plaza Italia. Si se encontraban, seguro
que había pelea. A nosotros no nos pintaban el mono, sabían que tocábamos y
no nos hueviaban. Este grupo tuvo harto renombre por lo violento que era.
Dejaban la cagá, no les importaba dónde estuvieran. También empezó a sonar
un grupo de punk rock que era de ese sector, “Los Miserables”72, que después
pudimos conocer cuando se hizo una tocata en el mismo 25 de Gran Avenida.
Esa vez también tocaron “Los Fiskales” y “Los Políticos”. Ahí tuvimos
el gusto de conocer a “Los Miserables”. Fue todo bien underground. No había
amplificación, sólo se tocaba con los amplificadores y había como cuatro
micrófonos. En este lugar se juntaron por primera vez los hueones del centro
con los del 25. La cosa estuvo tensa, pero tocaron bacán.
“Los Miserables” resistieron todas las peripecias de esos tiempos, onda
malos ratos en las tocatas. Al principio no los conocían, o los identificaban como
un grupo de locos del 25. La cosa se ponía más pelúa, pero los muchachos de
“Los Miserables”, poco a poco fueron tomando su propia identidad y les empezó
a ir mejor. Aún tocan, se han mantenido vigentes sacando nuevas producciones.
Eso es lo bueno de todas esas bandas que no se quedaron ahí. Le pusieron
bueno y todavía lo hacen, buena onda.
Después de conocer a los “Políticos Muertos”, empecé a ir para esos
lados para cambiar un poco de ambiente. Todos los carretes empezaban en la
casa del Guatón, alias el Pifia. A mí me gustaba, era nuevo para mí salir del
centro y vacilar en otro lugar. Siempre que llegaba a la casa del Guatón salía a
abrir la puerta su abuelita o su mamá, que era súper buena onda con los que
llegaban a buscar al gordo.
El Guatón siempre se ponía a llamar por teléfono a otros locos que
estaban ligados a la droga o que movían pitos o pepas. Era lo genial, no nos
movíamos del escritorio y nos venían a dejar la droga a domicilio. Nos
empepábamos y nos tomábamos unos buenos copetes antes de salir. A veces
nos quedábamos vacilando en la casa del Guatón. Siempre llegaba el Congo, que
era el baterista, y a veces iba el Maya, que era el vocalista. Los más fieles a estos
carretes eran el Congo y el Jorgiño. Después de darnos salíamos a caminar o a
encontrarnos con unas minas que vivían cerca, la Sandra y sus primas. Los viejos
de la Sandra eran dueños de un colegio o liceo. Cuando los viejos se iban a la
playa dejaban a las locas solas. Siempre llegábamos arriba de la pelota a ver a
estas minas. Entrábamos a la casa, nos poníamos a tomar copete, a escuchar
88 / leonardo aller
música y a vacilar a las muñecas, lo demás lo dejo a la imaginación. Lo pasábamos
chancho, onda tres días dándonos. Estas chicas eran lo mejor.
Un día estábamos tomando copete y fumando pititos en el patio de la
casa de la chica Sandra, no recuerdo qué hora era. La chica se curó, yo nunca la
había visto tan curá. Empezó a pintar el mono y se cayó. Todos tratamos de
ayudarla a pararse, estábamos en eso, cuando aparecieron sus viejos de sorpresa.
Quedé helado, no sabía qué hacer, y la chica más curá que la cresta, seguía pintando
el medio mono delante de los viejos. Hasta ahí llegó el vacilón. Nos fuimos más
que rápido, caminamos como dos cuadras y nos empezamos a cagar de la risa de
la media cagá que se había mandado la chica Sandra. Después de eso no pudimos
ir más a su casa. Cacho que sus papás, como todos los viejos, pensaron que
nosotros le habíamos convidado copete a la mina. Lo que no sabían era que la
loca chupaba más que nosotros.
Me gustaba ir donde el Guatón, lo pasaba bien. Hueviábamos caleta con
sus secuaces. Cuando el Guatón apareció por el pasaje, era terriblemente gordo,
después empezó a bajar de peso. Fue a un médico y le dieron pastillas para
adelgazar. Le daban un frasco al mes y la hueá le duraba menos que un candy.
Entre todos los que nos juntábamos con él nos tomábamos las pastillas, eran re
buenas. Quedábamos más parados que la chucha. Yo siempre me tomaba dos,
eran unas hueás rojas, grandotas. Pobre Guatón, le tomábamos todas sus pastillas.
El loco no podía decir que no, tenía corazón de abuelita, y todavía, claro que
ahora es un poco más gruñón. Igual sigue siendo para mí el mismo de siempre.
Había hueones que con el tiempo uno los aprendía a querer. Yo creo que
la amistad es para siempre, buena onda, hasta que estemos viejos. Nos vamos a
seguir soportando todos, unos con más mañas que otros, porque tenemos el
orgullo de haber sido los primeros locos cuáticos rockanroleros.
En la casa del Guatón siempre había algo para tomar o fumar. El
Enrique73, su hermano, más conocido como el Care’ rana, también estuvo activo
en esta movida. El loco estudió sonido, igual que el Guatón, y por un buen
tiempo hizo el sonido a “Los Fiskales”.
Llegamos a ser buenos amigos. Una vez nos tomamos un ácido.
Estábamos en la casa del Guatón y entre todos hicieron plata para comprar un
tripi. El Enrique y yo nos tomamos un cuarto cada uno, la otra mitad se la tomó
el Guatón con el Congo. Ellos salieron y nosotros nos quedamos esperando
que nos subiera la volada.
73
Enrique ‘‘Rana’’ Barrientos, hermano de Rodrigo Barrientos (de Los Políticos Muertos), es
ingeniero de sonido y ha grabado discos de grupos como Yajaira, Fiskales Ad Hok, Políticos
Muertos y Hielo Negro, la mayoría para el sello CFA.
dadá /89
Esperamos un rato y cuando nos sentimos bacán, decidimos ir donde el
Chelín. Fue la volada más charcha que me pegué con un tripi. Salimos a tomar la
micro a Gran Avenida, ya íbamos arriba de la pelota, nos cagábamos de la risa de
todas las hueás. Nos costó caleta tomar la micro. En el trayecto íbamos vacilando
y riéndonos de los locos que iban en el bus. Hasta que nos bajamos estaba todo
bien. Cruzamos la avenida y el Enrique me dice que compremos un copete. Le
dije que después, pero el loco insistió. No lo pensamos más y nos metimos en
una botillería. Compramos un coñac Tres Palos y nos pusimos a caminar por
Departamental hacia la casa del Klein. Nos paramos en la esquina a discutir si
la abríamos o no, cuando detrás mío siento unos bototos sonando en el piso a
todo dar. Miro hacia atrás y eran los más lindos en una micro. Los pacos culiaos
andaban haciendo su operación rastrillo, la de todos los viernes. Caímos
chanchitos y más volaos que la cresta. Nos subieron de una patá en la raja a la
micro. Nos cagamos de la risa. Algo a nuestro favor, la botella no estaba abierta,
así que no nos podían pasar ni por curaos.
Como grupo de rock, nunca dimos la espalda a ninguna banda que
estuviera recién empezando. Eran tiempos difíciles por la represión que imponían
los pacos o los militares y cada vez se hacía más difícil tocar. No sé qué fue lo que
realmente pasó, pero a finales de los ochenta, la cosa se empezó a poner más
dócil para nosotros. De pronto salieron no sé de dónde una cachada de bandas
pop. Tiene que haber sido por la movida Argentina. Nosotros no estábamos ni
ahí con los pop argentinos ni con los de acá.
Lo único argentino que escuchábamos, al menos yo, era “Sumo” y
“Fabulosos Cadillacs”. Cuando todos estos giles pop saltaron a las radios en
Santiago, fue una locura. Yo no escuchaba radio, pero habían otros giles que sí.
También empezaron a salir en los programas de televisión. Fue heavy. Nosotros
como movimiento punki nunca le chupamos la pija a nadie para poder tocar, ni
menos para ir a algún lugar que en esos tiempos estuviera de moda. Siempre nos
invitaban, no nos movíamos de nuestro escritorio y las invitaciones llegaban sin
querer queriendo. Así fue como conocimos a tanto hueón pitutero que en esos
tiempos daban nata. De todos estos hueones que salieron de repente ya no queda
ninguno, estuvieron un tiempo y después desaparecieron.
Habían unos que nosotros siempre nos encontrábamos en los carretes,
eran los desordenados de los “Upa”. Estos locos tocaban buen pop. En este
grupo apareció la María José Levine, hermana del Tan Levine, el baterista de
“Los Pinochet Boy”. Los demás grupos eran como ordenaditos y sus letras para
qué decir, valían callampa. Los “Upa” eran como los chicos malos de la movida.
Yo siempre conversaba con el Pablo Ugarte, sería por el apellido que tenía.
90 / leonardo aller
Los Revoltosos
Este loco siempre nos invitaba a su casa para que pudiéramos grabar un
demo o cualquier hueá. Cada vez que nos encontrábamos por ahí, nos insistía en
que fuéramos a grabar, para que tuviéramos algo grabado, nos decía. La cagamos
porque nunca lo pescamos. No fue por no querer ir a su casa, sino porque el loco
nos decía un día y nosotros siempre teníamos algo que hacer. Una vez con el TV
no alcanzamos a llegar porque nos curamos antes, lo que no era tan raro en
nosotros. También hueviábamos caleta con el Piga. El loco le hacía a los vientos,
tocaba el saxo, y lo hacía bacán. Él también nos decía que grabáramos, pero el
cuento de nosotros era otro, onda no a las grabaciones. El otro loco de “Upa”
era el Mario Planet. Éste sí que se creía estrella, pero no lo pescaba nadie al
pobre, qué mala.
Un día yo estaba en el pasaje puro joteando a unas minas que siempre
andaban dando vueltas por ahí y se apareció el Klein, estaba en onda de tocar
bajo. Siempre que podía pasaba a verme. Fue muy cuático. Me estaba tomando
unas cervezas con estas muchachas que estudiaban en un instituto que quedaba
a la vuelta de mi casa. El Klein se acercó y las saludó muy caballerosamente. Me
contó que tenía una movida y que teníamos que ir a la casa del Guatón. Le dije
que fuéramos más tarde, para no dejar a las minas así tan de repente. Estuvimos
un par de horas con las chicas. El Klein no aguantó más y me dijo que la movida
era que los locos iban a comprar tripis así que teníamos que irnos temprano para
entrar en el cuento, o si no, íbamos a quedar afuera. Como siempre, el Klein
vacilando o moviéndose para consumir algo potente. Era legal. Los tripis estaban
recién apareciendo, eran lo más bacán que se podía consumir en esos días. Ya
habíamos probado todo, hasta el neo. Esta droga era lo más fuerte que habíamos
dadá /91
probado. Ni los pacos ni los ratis la conocían, pasaba piola. Les dijimos a las
minas que nos teníamos que ir, nos tomamos el resto de cerveza que quedaba y
partimos rumbo a la casa del Guatón. Tomamos la micro. El viaje era súper largo
a la casa del Pifia. El Klein me contaba que ya estaba tocando más legal el bajo
y que con el Jando, su hermano, ya tenían pensado formar una banda. Al Klein
siempre le gustó el rock and roll, el blues, al Jando igual, buen chico el loco. Ellos
dos tocarían en varias bandas antes de formar su propio grupo, que fue el que
más me gustó, los “Revoltosos”74 .
El viaje no se nos hizo largo. Meta cháchara nos bajamos de la micro
y nos fuimos a una botillería a comprar algo de alcohol antes de llegar donde el
Guatón. Nos pusimos unos toques y llegamos cagados de la risa. Cuando tocamos
el timbre salió el Guatón Político y nos hizo pasar. Nos saludamos y nos dijo al
tiro que la movida iba, pero que los tripis habían subido de precio, que teníamos
que mover más dinero. Pescó el teléfono y empezó a llamar a todos los locos que
vacilaban con nosotros para ver si alguno quería tomarse un tripi. No le costó
mucho encontrar un loquete, creo que fue el Congo el que se nos unió a la
compra. Todo estaba saliendo bien esa noche.
El Enrique también estaba vacilando con nosotros. Después de un rato
el Guatón fue a comprar con el Congo y nosotros nos quedamos esperando
impacientes la llegada de los emisarios. Llegó el Carlos con una mina. Iban a
seguir llegando locos y no les podíamos dar el filo, eran nuestros amigos. Al final
los tripis alcanzaron para todos y lo pasamos la raja.
Me siento orgulloso de haber pertenecido a los años ochenta, me trae
muchos recuerdos. Hay tantas historias que se me van de la cabeza. Hace unos
días atrás pasé caminando por la calle Purísima y al tiro recordé al Ciril.
Este loco vivía al lado de la botillería que aún está en esa calle, está igualita, hasta
mantiene el mismo nombre, “El Corcho Abstemio”. Qué nombre.
En esta botillería compramos caleta de copetes. Al Ciril lo conocimos
carreteando por Plaza Italia, ése era su barrio, vivía por ahí. Ese día nos tomamos
unos copetes juntos y nos invitó a conocer su casa.
Fuimos con el Pelao Alberto, el Roly, el TV y unas minas a la casa del Ciril.
Tenía una tremenda puerta de fierro y un jardín que te perdías. Al llegar el loco
74
Los Revoltosos (1995) son el grupo de rockabilly y blues que fundaron todos los integrantes
de Los Peores de Chile salvo su líder, Pogo, tras la separación de ese grupo en el verano de
1995. Iniciados con el nombre de Los Revoltosos Guzmanes Swing por Alejandro ‘‘Jando’’
Guzmán (voz y guitarra), Alejandro ‘‘Otto’’ Orellana (guitarra), Claudio ‘‘Klein’’ Guzmán (bajo)
y Bruno Astele (batería), el grupo ha sufrido frecuentes cambios de guitarrista y baterista y ha
grabado los discos Rock de ultratumba (2000) y El tren de la muerte (2004).
92 / leonardo aller
abrió el portón y nos hizo pasar. Nosotros llevábamos un copete y le preguntamos
si podíamos tomar en su casa. Él nos dijo que le pusiéramos no más. Qué nos
dijeron a nosotros, empezamos a tomar en una casa de muñecas que era de su
hermana. Era una casita harto grande, cabíamos todos adentro.
Yo andaba medio mal de la guata. En un momento se me revolvió todo
por dentro y no alcancé a salir de la casita de muñecas. Lancé un vomito pulento,
quedaron casi todos los locos manchados. Me agarraron a patás en la raja por
haberlos vomitado, qué locura. El Ciril estaba más enojado que la cresta, yo le
pedí disculpas, pero parece que no le gustó mucho la hueá. Yo no estaba ni ahí,
total el hueón nos había invitado a su casa y tenía que aguantar el hueveo. Fue la
primera vez que fuimos a su casa. Después le costaba llevarnos, pero luego de
unos copetes nos llevaba igual. Era un buen tipo, amigo de los amigos. En esos
tiempos era difícil encontrar a locos que estuvieran en la misma que nosotros.
Vacilamos por un tiempo en su casa y lo pasamos bacán, sus viejos eran buena
onda. Este loco después se fue a España, y no supimos más de él. En la casa de
este loquito fue donde “Los Fiskales” se pegaron los primeros ensayos.
Cuando yo creía que no tocaríamos más con “Josefina Rock”, pasó lo
mejor y más importante. Después de que ganó el NO en el plebiscito del ‘88, se
hizo en la Estación Mapocho una movida muy parecida a las bienales del Matucana
19. Esta vez fue en grande. Se llamó “Enart”75, buen nombre. Se juntaron una
cachada de locos y lograron conseguir buenos auspicios, les pasaron mucho dinero
para que [Link] malo fue que los organizadores se fueron por dentro con el
billete y cagaron a medio mundo. A mí no me interesa, pero la cagaron, porque
si todo hubiera sido limpio, se podría haber hecho todos los años. Después de
esto los auspiciadores les dieron el medio filo. Nosotros no habíamos tocado
hacía tiempo. Esto pasó muy de repente, el Pelao me avisó un domingo en la
tarde. Me dijo que lo habían llamado unos locos por teléfono y que querían
hablar con nosotros para tocar. Nosotros no teníamos idea que sería en el evento
que ya sabíamos que se iba a hacer en la Estación Mapocho. Nos dijeron que nos
juntáramos en el Barrio Bellavista un sábado. Cuando supimos que era para
“Enart” no la creíamos, por lo menos yo no me la creí hasta que estuve en el
escenario, con la guitarra colgando de mi cuello.
75
Enart, abreviatura de Encuentro Nacional del Arte y la Cultura, fue un acto organizado por
las autoridades culturales del gobierno de Patricio Aylwin entre el 31 de agosto y el 15 de
septiembre de 1990 en el Centro Cultural Estación Mapocho. Como parte de una muestra de
artesanía, literatura, música, teatro, danza, pintura, escultura, grabado, fotografía, cine, video,
comic y moda, actuaron allí desde grupos de fusión y raíz folclórica como Congreso e Illapu
hasta la banda punk Fiskales Ad Hok. Fue la última actuación de Josefina Rock.
dadá /93
Cristián, Pay, corneta y Lenny
Pasaban los días. Lo peor era que tenían que venir el Fabián y el Fabricio
desde Valpo. Nos pusimos en contacto con ellos. El Fabián se vino antes y el
Fabricio sólo podía viajar el mismo día que tocábamos. No nos urgimos. Con el
Fabián fuimos un día a la casa del Roly y ensayamos un poco, con eso quedamos
listos. Lo más entretenido fue que nos dieron credenciales para el evento. Duraba
siete días. Cómo andaríamos. Fuimos todos los días a jotear a la hueá, hasta que
llegó el día en que teníamos que tocar y yo estaba en la casa con el medio hachazo.
A eso de las tres de la tarde llegaron a buscarme el Pelao y el Fabián. Me
dijeron que teníamos que irnos luego porque el Fabricio llegaría directo a la
tocata y teníamos que hacer la prueba de sonido. Nunca la hicimos, no porque
estuviéramos curaos, sino porque nos urgíamos para hacerla con los demás que
tocaban ese día, “Los Fiskales” y “Los Vandalik”. Ellos probaron sonido. Nosotros
estábamos lejos de donde se hacía la prueba. Estábamos tomando con otros
locos que nos regalaron unas pepas que estaban muy buenas. Para no dejarlos
solos, nos quedamos sin probar [Link]ábamos con el Perri, otro personaje
que conocíamos de por ahí. Fue un martes. Estaba lleno de punkis, trashers,
metaleros, hippies y algunos raperos. Se acercaba la hora de tocar. Apareció el
Fabricio con su mina rica y nos preguntó si podíamos tocar algo antes, para
afiatarnos un poco, porque hacía tiempo que no tocábamos juntos.
Se acercaba la hora de tocar. Apareció el Fabricio con su mina rica y nos
preguntó si podíamos tocar algo antes, para afiatarnos un poco, porque hacía
tiempo que no tocábamos juntos.
–De qué hueá estai hablando, si la prueba de sonido fue temprano y
94 / leonardo aller
vos no llegaste, mala cuea, tocamos así no más –le dije.
El Fabricio me miró y se cagó de la risa. Me dijo que no fuera hueón, que
era por si acaso no más. Él se sabía todos los temas de memoria, sólo quería
tocar antes de subirnos al escenario. Apareció el Pelao y nos preguntó qué
pasaba. Le conté y nos dijo que en uno de los pasillos de la Estación, donde
estaban ubicados unos puestos donde se vendían todo tipo de hueás, había uno
que estaba vendiendo instrumentos y tenía de todo, amplificadores, guitarras y
una batería completa armada. Nos quedamos mirando, no lo pensamos dos
veces y fuimos para allá. Era verdad, tenían de todo. Nos acercamos a hablar
con el encargado, le explicamos lo que queríamos y el loco nos dijo que podíamos
tocar un rato.
El Fabricio se instaló en la batería, yo tomé una guitarra que estaba en
un rincón y el Fabián el bajo. Encendimos los equipos, nos pusimos a tocar uno
de los temas de “Josefina” y el Pelao se puso a cantar. Estuvimos un buen rato
en eso, hasta se juntó gente a vernos tocar, bacán.
Después, nos fuimos a tomar unas cervezas antes de tocar. Como siempre,
estábamos todos juntos, menos el Fabián que había desaparecido. Pensé que
había ido al baño, pero lo peor fue que nos avisaron que en media hora más
tocábamos y el hueón no aparecía. Nos separamos para buscarlo y quedamos de
acuerdo en juntarnos detrás del escenario veinte minutos más tarde. Lo busqué
por todos lados, pero el perla no aparecía. Me empecé a preocupar, pensé que
hasta le podían haber hecho algo y podía estar por ahí tirado. Faltaban cinco
minutos para empezar a tocar y el hueón no aparecía. Qué locura, yo estaba
terrible urgido. Pero qué nos dijeron, teníamos que subir y subimos con el Fabricio
y el Pelao. Yo me colgué la guitarra. Lo que me pasó en ese momento no lo volví
a experimentar nunca más. La guitarra tenía todo el volumen. Pocas veces había
tocado con retorno y amplificación. Yo estaba medio mareado pero no tanto,
con las pepas estaba medio paraíto. Al no darme cuenta de que el volumen de la
guitarra estaba a todo dar, hice un pequeño acorde y la hice sonar. Me llegó una
patada de sonido que nunca voy a olvidar. Era fabuloso. Seguí dándole. Bajé un
poco el volumen. Miré hacia el público y me di cuenta que habían como quinientos
hueones mirando lo que yo estaba haciendo.
Al principio como que me quise cortar, pero ya había tocado para una
cantidad de gente como ésa, así que no le di importancia. Sí me fijé en las primeras
filas de público. Estaban todos nuestros amigos incondicionales de siempre. Esta
vez eran bastantes y coreaban “Josefina, Josefina, Josefina”. Miré hacia el costado,
por si veía al pastel del Fabián y ya estaba con el bajo. Me hizo una señal y nos
pusimos a tocar al tiro. Tocamos bacán. Fue nuestra última tocata. No tocamos
dadá /95
nunca más, pero nos seguimos viendo. Fue un buen broche de despedida.
El bar más conocido por esos tiempos fue “El Jaque Mate”, donde nos
juntábamos una buena cantidad de loquetes a vacilar. Siempre terminábamos en
este bar después de los carretes. No era como lo conocen ahora. Está ubicado
donde mismo, pero sus pequeñas mesas siempre estaban todas cojas, no había
ninguna que no lo estuviera. Sus mozos nos conocían.. Había uno que era muy
particular, “Don Luchito”, cómo no nombrarlo. Cuando llegábamos de un carrete,
como a las cuatro de la mañana, siempre pasábamos a ver si había alguien. Era
difícil entrar a esa hora, estaba terriblemente lleno. Tenía un subterráneo donde
entraban sólo los más conocidos, onda clientes, pero nosotros éramos como
clientes del local. Todos los fines de semana nos juntábamos en las afueras del
“Jaque Mate” o terminábamos ahí, hasta el amanecer. “Don Luchito” nos decía
siempre que no tomáramos tanto. Fuimos durante un buen tiempo, no recuerdo
cuánto. Este bar era entretenido, llegaba de todo, músicos, hueones de teatro,
minas de danza, locos dueños de otros locales, en fin, cualquier cantidad de
gente.
Se hizo tan famoso el “Jaque Mate”, que hueón que venía a tocar, tenía
que pasar por ahí. Fue entretenido mientras duró. Tuvo su ciclo, como todas las
cosas. Me hubiera gustado que hubiera seguido como lo conocí, no como está
ahora, entero de cuico.
En este bar hueviábamos ene. Juntábamos las mesas una manga de
hueones en un pequeño lugar en el fondo del local. Éramos los mismos de siempre,
el Vanchi, el Alvarito, el Roly, el Lenin, el Andy, la Janine, el Puente, éste la
llevaba con el copete, siempre se ponía con varias cervezas, los demás andaban
siempre patos. No importaba quién se pusiera con trago, lo importante era que
lo pasábamos la cuea en este local. Cuando llegábamos tarde después de algún
carrete, si estaba lleno había que hueviar caleta pa’ que nos dejaran entrar. El que
siempre estaba encargado de la puerta era el famoso “Don Luchito”. Era un
viejo guatón, grande, con bigotes, moreno y con un tatuaje en el brazo. Era
pulento el viejo. A nosotros siempre nos dejaba entrar, pero había que hueviarlo
un rato. Cuando cerraron el “Jaque Mate” fue como si hubieran arrancado un
pedazo de Plaza Italia, ya no era lo mismo sin el “Jaque” en la esquina.
Con el Guatón, el Jorgiño y el Congo también vacilábamos con unas
chicas del 29 de Gran Avenida, la Maura, su hermana Paola y otras muchachas
de esos lares. Lo pasábamos bacán con estas hembras, siempre las íbamos a
buscar a su casa antes de salir a algún carrete que hubiera por ahí o alguna tocata.
Me hace sentir muy bien recordar a todos estos loquetes. A veces los
96 / leonardo aller
echo de menos. Ya no los veo con tanta frecuencia. Sé que todos están bien
después de tanta locura. Algunos se han mantenido relajados. Otros como el
Klein, el Juan Carlos, el Chato, el Cuervo, el Jorgiño, el Mario, el Tito, el Guatón,
el Enrique y otros más, todavía siguen arriba de la pelota, pero más suave.
Siempre fui muy observador con respecto a esto de la música rock. Me
di cuenta de que todos los que tocaban algún instrumento en las bandas de ese
tiempo no escuchaban su propia música, sólo músicos o bandas solistas que les
gustaban. Con “Los Dadá” escuchábamos otras bandas, y a veces, cuando otro
loco conocido nos mostraba algún casete con uno o dos temas grabados de
nosotros, sólo ahí escuchábamos nuestra música. En la casa del TV, en la mía
o en la del Pelao nunca nos escuchábamos. Era cuático. Caché lo mismo con
los otros loquetes. Siempre que iba a la casa de algún loco que tocaban en algún
grupo, lo primero que hacía era mostrarme alguna banda nueva que había salido.
De su grupo no escuchábamos nada. Era raro, costaba más que la chucha grabar
algo y los hueones lo guardaban, no lo mostraban. Una vez fui donde el Guatón.
Habían grabado en un estudio unos temas de los “Políticos Muertos”. Después
de habernos tomado unas cuantas cervezas, el Guatón estaba piola. Estábamos
escuchando a la Polla y llegó el Congo.
–Oye Guatón, ponte la cinta que grabamos para que la escuche el Lalo.
–Ah, de veras, por aquí la tengo –le dijo el Guatón.
Qué locura, si no hubiera llegado el
Congo esa noche no hubiera
escuchado a “Los Políticos”. Qué
onda, además era la primera grabación
que los locos hacían. Esto pasaba con
todos.
Después de la muerte del TV
formamos “Josefina” con el Fabián y
el Pelao, recuerdo que una de esas
tocatas la grabaron. No nos
preocupamos de grabarla para
nosotros, fuimos un poco giles.
Cualquiera que tenga una banda,
desea tener algo grabado, aunque sea
en una radio, así sin mesa, ni ninguna
otra hueá. Fuimos a un cumpleaños a
la casa del Kako, otro personaje de
Josefina Rock en matuca 19 (Fabián)
esos tiempos que aún anda dando jugo
por ahí. Cuando llegamos a su casa, el
dadá /97
loco estaba más contento que la cresta. El Kako era casado con la Pamela, una
loquita piola, re simpática.
–Miren hueones, escuchen esta cinta que les tengo aquí, –nos dijo el
Kako.
Se acercó a un mueble que estaba en su pieza, sacó una cinta y la puso.
Era la tocata que nos habían grabado. Qué locura, el hueón tenía grabado a los
“Josefina” y los propios“Josefina” no teníamos nada grabado ¿Qué tal?
A lo mejor era la hueá del destino que no nos quedara nada registrado
de las bandas de esos tiempos. Cacho que fue más culpa de nosotros mismos,
por no grabar nada.
Luego de tantas y más locuras, lo mejor que quedó de todas fuimos
nosotros mismos, los protagonistas de esos tiempos. Fueron más de diez años
vacilando y luchando porque quedara algo mejor para los que vinieran después.
Así ha pasado. Estaba escrito en el Corán, como decíamos por hueviar en los
carretes, esto estaba escrito en el Corán, qué loco.
No es que me ponga nostálgico. El otro día, conversando con el Pato,
ya en estos tiempos de recuerdos y más recuerdos, me decía que a nuestra edad
no podíamos tener nostalgia, que éramos muy jóvenes para eso y que los que
deberían tener nostalgia eran los viejos de sesenta u ochenta años. Yo le decía
que no, que sentir nostalgia de esos tiempos era bacán para mí, porque nunca
más en Chile se va a vivir un tiempo como el que vivimos nosotros. Me incluyo
a la gran cantidad de locos que estuvimos y que aún están en esta movida con
este pequeño tributo a esos buenos tiempos de tocatas en “Do”, como yo las
llamo, porque sólo teníamos dos amplificadores y nada más. Eso es lo que nos
llevó a luchar por un futuro mejor para las bandas que se veían venir y que
ahora tienen un buen pasar, como “Los Fiskales”, que después de tanto luchar
y nunca echar pie atrás, lograron sus discos y ser los mejores exponentes del
punk rock en Chile. Es así, ellos no pescan mucho, pero es así. No lo digo
porque los vi nacer o crecer en esto de la música, sino porque es la verdad. Hay
otras bandas que también lograron hartas cosas como los “Políticos Muertos”,
que aún se reúnen por ahí a tocar y lo siguen pasando bien. Yo creo que ya no
es como antes, que había que hinchar un kilo para tocar, te hueviaban los
76
BBs Paranoicos (1991) es otra de las más longevas bandas de punk rock chilenas. Fundada por
Alexander ‘‘Alex’’ Patiño (voz), Pedro Kretschmer (guitarra), Carlos ‘‘Oso’’ Krestchmer (bajo) y
Boyle (batería), sumaron a integrantes como Juan Herrera (batería) en 1991, Cedric (guitarra)
en 1994 y Omar (voz y guitarra) en 1996. Su prolífica discografía, inclinada con el tiempo hacia
un punk más melódico, consiste en Dulces bebés paranoicos (1991), Incierto final (1993), Fábricas
mágicas... lápidas tétricas (1995), Hardcore para señoritas (1996), Collage (1999), Algo no anda
(2000) y Capital (2003), además de diversos compilados locales e internacionales y dos antologías.
98 / leonardo aller
pacos o quedaba la cagá antes de tocar, porque se quemaba algún equipo o
porque faltaba algo, no sé. Eso era aperrar por lo que estabas haciendo.
“Los Miserables” y los “BBs Paranoicos”76 también lograron hartas cosas
y les fue bien. Ellos también estuvieron tocando en los ochenta. Yo no creo
que esto sea tan nostálgico. Si no nos acordáramos de esos duros tiempos, y
que muchos de los pendejos de ahora no cachan ni una de cómo se logró toda
esa movida de rock en Chile, nos pasaríamos de giles. Estas cosas para mí
fueron muy importantes y para todos los protagonistas de esa época. Yo hablo
harto de droga y de alcohol, pero porque manteniéndonos drogados o copeteados
era más fácil para nosotros tragar esos años, donde había tanta injusticia y
represión a la vez. A cualquiera le hubiera gustado estar en esos tiempos, tratando
de hacer algo por el rock en este país de mierda, en el que a las finales vivíamos
y teníamos que hacer algo por nosotros mismos. Al principio fue como un hueveo.
Después se transformó en una lucha continua en contra del sistema impuesto
por los milicos de mierda. Y tras tantos amaneceres llegando a nuestros hogares
después de una buena farra y sorprendiéndonos con tanta maldad que había
por parte de la policía secreta y sus secuaces, llegabas a tu cama puro pensando
en qué hacer para que esto no siguiera pasando.
Después de un tiempo, cuando las cosas empezaron a cambiar entre los
grupos de rock y los otros artistas, como pintores, actores, bailarines y otros,
Matucana 19 ya empezaba a caer. El Jordi ya no daba más con tanta hueá. Tampoco
se hicieron más bienales underground donde se juntaban todas las artes. La cosa
empezó a moverse en otras direcciones; los músicos por un lado, y los artistas
por el suyo. Ya no era lo mismo. Igual nos seguíamos juntando con ellos. Siempre
Los parkinson
Rodrigo Hidalgo, Miguel Conejeros, Rafa Guiñies, juan José Gajardo
dadá /99
me acuerdo del Charly Boy, un loco chiquitito, pero entero de cuático. Una
noche en el “Jaque Mate”, el Charly estaba re curao sentado en una mesa con
nosotros.
–Yo soy el más groso que está sentado en esta mesa, –nos dijo.
Lo repitió como tres veces. Al ver que nadie lo pescaba, pescó la hueá
del ají para echarle a los completos que estaba en la mesa, la tuvo un rato en la
mano, la abrió, se la llevó a la boca, y se tomó todo el ají. Todos lo quedamos
mirando. Se empezó a poner rojo y no le salía el habla. A lo único que atinó fue
a tomar de la mesa del lado un schop de unos hueones que no conocíamos y se
lo tomó al seco. Los que habían pedido el schop lo quedaron mirando y después
se cagaron de la risa. Yo me había asustado por la cara que tenía después de
tomarse el ají, creía que el Charly se nos moría esa noche, pero el loco era duro y
siempre salía con algo raro.
El Rodrigo seguía juntándose harto con nosotros. Él había sido parte de
“Los Dadá” y tenía sus locuras como todos. Después de un tiempo pasó a ser el
guitarrista de “Los Parkinson”, un grupo que duró un buen tiempo. Tuvieron su
minuto de fama con la canción dedicada nada más que al vino77, no podía ser
otra. Lo pasaron bien los muchachos mientras duró, eso es lo bueno.
Hablando de minuto de fama, el Pogo, el Klein y el Jandito también
tuvieron lo suyo con el grupo “Los Peores de Chile”78. Sonaron harto en la radio,
hasta en la TV estuvieron. No sé si la pasaron bien o no, pero por lo menos
estuvieron ahí, en representación de todos los loquetes. Se separaron por razones
obvias, el Pogo es un viejote amargado y los muchachos no lo pudieron soportar
más. Pero de todo esto quedó algo muy bueno, los chicos con el Klein y el
Jandito formaron “Los Revoltosos”, una banda que todavía está dándole al rock.
Yo creo que van a tocar hasta que ya no puedan más. De los pintores de esos
años, unos tuvieron más suerte que otros, pero yo cacho que en general, a todos
les ha ido bien, como a la Panchita y el Omar. Este loco no salía mucho, pero lo
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‘‘El vino’’, éxito nacional incluido en el segundo disco de Parkinson, De rey a mendigo (1992).
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Anunciados por el éxito radial ‘‘Síndrome Camboya’’ en 1994, Los Peores de Chile (1993-
1999) fueron el grupo de punk y rockabilly que el veterano Pogo formó tras su participación
como fundador de los Fiskales Ad Hok (1987-1990). Integrado por Pogo (voz, guitarra y
armónica), los hermanos Alejandro ‘‘Jando’’ Guzmán (guitarra) y Claudio ‘‘Klein’’ Guzmán
(bajo) y Bruno Astele (batería), el grupo reclutó a sucesivos bateristas y en 1995 Pogo renovó la
formación completa con músicos de la banda de heavy metal Turbo como Mauricio Padilla
(guitarra) y Rudy Ferrada (batería). Grabaron los discos Los Peores de Chile (1994) y Trece
mordiscos de amor (1998), participaron de los compilados Con el corazón aquí II (1994) y
Monos con navaja (2000) y dejaron a la posteridad los éxitos ‘‘Síndrome Camboya’’ y ‘‘Chicholina’’.
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Las Yeguas del Apocalipsis son el colectivo iniciado en 1987 por el escritor, poeta y artista
visual Francisco Casas y el poeta y cronista Pedro Mardones, más conocido como Pedro Lemebel.
En respuesta a la dictadura, fueron pioneros en instalar la discusión sobre minorías sexuales y
conjugaron una doble consigna homosexual y política expresada en una serie de performances
a fines de los años ’80. Entre esasacciones de arte, las Yeguas se pasearon desnudas a caballo
por las inmediaciones y el interior de la Escuela de Arte de la Universidad de Chile en 1987,
irrumpieron en un congreso del PC ataviados de plumas y bailaron una cueca descalzas sobre
vidrios quebrados hasta quedar con los pies rotos y ensangrentados: la ‘‘Cueca fleta’’ con la que
irrumpieron en un cumpleaños de Nicanor Parra celebrado en la Estación Mapocho. Ambas
continuaron su gesto contestatario tras la separación del colectivo. Casas publicó el libro de
poemas Sodoma mía (1991) y el de memorias Yo, yegua (2004). Lemebel causó impacto nacional
el 22 de noviembre de 2000 al rendir homenaje a Carmen Carcuro, torturada por la dictadura,
en el programa animado en TVN por su hermano Pedro Carcuro; también ha sido cronista en
Radio Tierra y en los periódicos Página Abierta y The Clinic, y ha publicado los libros de
crónicas La esquina es mi corazón (1995), Loco afán (1996), De perlas y cicatrices (1997) y
Zanjón de la Aguada (2003), además de la novela Tengo miedo, torero (2001).
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lo que quería, en la medida que se podía por supuesto, porque de libertad no
teníamos mucha. Eran “Los Jinetes del Apocalipsis”. Ése era el nombre que
ellos se habían puesto, pero después de presentar su primera performance en
Matucana, el público les puso “Las Yeguas del Apocalipsis”79, porque eran
homosexuales. A nosotros no nos importaba, por lo menos a mí. Yo creo que a
nadie de los que nos juntábamos a tocar o a ver estas performances nos importaba
que estos dos locos fueran maricones. Admirabamos a estos loquetes porque se
atrevían y estaban luchando junto a todos los que lo hacíamos en esos tiempos.
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Marcela Trujillo, pintora, estudió licenciatura en artes en la Universidad de Chile con maestros
como César Osorio, Rodolfo Opazo y Gonzalo Díaz. Entre sus trabajos figuran la célebre
galería de reproducciones tamaño natural de Mick Jagger, Andy Warhol, Marilyn Monroe o
Frida Khalo (1993), exposiciones en la IV Bienal de Cuenca, Ecuador (1994), el Lincoln Center
de Manhattan (2001) y, en Chile, ‘‘Estamos dados’’ (1993), ‘‘Cambio de aceite’’ (2003), ‘‘Ricos y
famosos’’ (2003) y ‘‘Orígenes’’ (2004), además del comic ‘‘Maliki 4 Ojos’’ (2002) publicado en el
diario The Clinic. Radicada en Nueva York entre 1996 y 2004, vive actualmente en Hamburgo
junto al músico Álvaro ‘‘Huevo’’ Díaz, ex integrante de Índice de Desempleo y parte del dúo
Huevoflako.
dadá /103
su pequeña casa, pero ahí no cabíamos porque éramos hartos hueones, el Andy,
el Rogo, el Alvarito, y yo. El Fabricio, que también andaba en el carrete, nos
contó que en Viña, cerca de donde él vivía, había una casa abandonada. Nosotros
no la pensamos y nos fuimos a cachar la movida. Andábamos todos ebrios para
variar. Tomamos una micro y nos fuimos a ver si era verdad tanta maravilla.
Llegamos a Viña. La casa quedaba en la bajada de Agua Santa y era como de esas
que salen en las películas de terror. Tenía como tres pisos de color plomo y
grandes ventanas. La miramos desde la vereda del frente y no nos atrevíamos a
entrar.
–Vamos locos, entremos cara dura, total, no creo que nos pase nada tan
malo, a las finales, nos ha pasado de todo, una hueá más, no importa creo –dijo
el Pelao Álvaro después de un rato.
Lo quedamos mirando y nos decidimos a entrar. Saltamos la reja y nos
metimos a la casa. Al entrar se veía una cama grande, como en el hall de la casa.
–Qué pulento tenemos cama por lo menos.
Una vez adentro, empezamos a juntar monedas para un buen copete.
Eran como las diez de la mañana. Estábamos todos cansados después de la
noche que habíamos pasado vacilando. El Andy agarró las monedas y salió a
comprar, los demás nos tiramos en la cama y nos quedamos dormidos en breve.
Cuando sentimos que el Andy abría la puerta, saltamos de la cama medios urgidos.
–¿Qué les pasa? No se urjan locos, que no me cachó nadie entrando a la
casa.
Traía un Ron Silver, copete que fue un fiel servidor de nosotros por
largo tiempo. Nos tomamos unos tragos y nos pusimos a intrusear por la casa.
Era súper grande, tenía muebles en algunas piezas y todo lo demás estaba vacío.
Fabricio nos había contado que en esa casa vivían unos extranjeros y que hacía
tiempo que estaba desocupada. Lo legal era tener dónde pasar la noche. Lo mejor
fue que íbamos al puerto sólo por una noche y nos quedamos como una semana
en esta casa abandonada. Éramos los más bacanes en Viña, y con casa. ¿Qué tal?
La primera noche fue un poco cuática, nadie se quería quedar dormido en ese
lugar. No sabíamos qué podía pasar. Estábamos tomándonos unos copetes.
Sentimos que se abría la puerta. Gritamos todos, pero por hueviar no más. Fuimos
a cachar y en la puerta estaba nuestra amiga Sandra, que venía más curá que la
cresta. La metimos y la acostamos en la cama.
– ¿Y cómo supo esta loca que estábamos aquí? –dijo el Andy.
Pensamos que podían andar más locos de Santiago buscándonos y que
no sabían dónde estábamos. Nos pusimos en campaña y salimos a la calle a ver si
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prestaban todo, ya fueran los instrumentos o cables amplificadores y otras hueás
por el estilo. No habían muchos instrumentos disponibles. Con el tiempo hubo
un poco más, pero no mucho. No puedo dejar de mencionar el bajo del Guatón
Pifia. Yo cacho que la mayoría de los locos que tocaban bajo por esos tiempos lo
usaron más de alguna vez. El bajo del Guatón fue un aporte al rock, está en más
de alguna foto. La primera vez que los locos lo vieron, quedaron todos pa’ adentro.
Era “el” bajo, nadie tenía uno igual. “Viva el Guatón”.
Hay una historia muy triste de un bajo. El bajo del [Link] de
esos fines de semana bien movidos, “Los Fiskales” tocaron en dos partes
diferentes. Fuimos a verlos y les ayudamos con los equipos para que no se cansaran
tanto. El sábado la cosa estuvo bien regada, había de todo. “Los Fiskales” tocaron
bacán. No recuerdo quién más tocó, pero estuvo todo de miedo. Al Roly se le
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‘‘Se quería morir el Comegato. Pobre. Era niñito’’, recuerda Lalo Aller. ‘‘Fue como en el 91’’,
agrega el propio Miguel Ángel ‘‘Comegato’’ Montenegro, que para entonces tenía 21 años y ya
había sido bajista de las bandas metaleras Necrosis (1986-1987) y Explicit Hate (1989). ‘‘Estaban
bajando los equipos y el taxista se arrancó con el bajo. Era el mismo que usábamos los Fiskales,
que usábamos todos. Un bajo Ibanez. Se lo había comprado al pelado que tocaba en Los Morton
y que antes había usado en los Nadie. Me lo vendió porque lo encontraba muy heavy para el
sonido pop que quería. En los ’80 todos querían esos bajos recortados como los de Police’’,
sonríe. Comegato fue luego fundador de dos grupos esenciales de los años ’90: los disueltos
Supersordo (1991-1998) y los aún activos Yajaira (1995), con quienes se apresta a editar su
cuarto disco, Desolazión (2005). Además fue guitarrista de The Ganjas (2001-2002) y es cantante
y guitarrista de Electrozombies (2002) con Marcela Zamorano (bajo) y Paola Zamorano (batería),
trío iniciado con el disco Resurrección (2005).
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encontramos por el camino. Llegamos golpeamos y salió el tío. Le preguntamos
por el Rogo y el viejo culiao nos mandó a la chucha. No nos tenía mucha estima.
No lo pescamos y nos sentamos en la puerta para cachar si el Rogo estaba por
ahí. Pasó el rato y nada. El Tolín me dijo que en la esquina había una botillería
que atendía una vieja guatona.
–¿Y qué me querís decir con eso? –le pregunté al Tolín.
–Nada, lo dejo a tu imaginación.
–Ah, vos querís que caguemos a la vieja –le dije.
–Demás que sí, poh loco.
Nos levantamos y nos fuimos a ver. Pasamos como tres veces para
cerciorarnos si la vieja estaba sola.
–A la próxima pasamos –le dije.
Me puse en campaña, me arreglé un poco para que la vieja no sospechara
tanto y nos fuimos derechito a la botillería.
–Yo entro y vos te quedai sapeando si viene alguien.
–Ya, –me contestó con su cara de cómic, como si fuéramos a hacer algo
malo.
En todo caso, si nos llegaban a pillar los pacos haciendo esta pequeña
cagá, nos daban como tres años por lo menos en cana, por robo.
Entré a la boti. Me acerqué a la vieja que atendía con cara de comprador.
–Deme una botella de aguardiente por favor –le dije.
La viejita me quedó mirando con mala cara, pero igual entró a pata pelá.
–¿De cuál quiere?
–Del más caro que tenga, –le dije yo, con voz grave.
La vieja tomó del aparador dos botellas de aguardiente y las puso encima
del mesón. La quedé mirando y tomé la botella más cara.
–¿Tiene vuelto de cinco mil?
–Espere, voy a ver a la caja.
Ahí cagó la vieja. Se metió en la caja que estaba en uno rincón y yo agarré
las dos botellas y salí corriendo lo más rápido que pude. El Tolín se quedó un
poco atrás, pero no importó. Yo no iba a parar ni cagando, me metí en la primera
calle que encontré, donde habían unos departamentos. Detrás mío venía corriendo
el Tolín. Yo no caché lo que el hueón me gritaba y seguía corriendo más fuerte.
Después supe lo que el hueón quería decirme porque unos pasos más adelante
me enredé en unas hueás como jardines que habían en la calle y me saqué la
cresta y media. Me di cualquier vuelta en el suelo, quedé más revolcado que la
chucha. Era pura tierra, no había ni pasto. Al caer se me soltó una de las botellas;
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En esos tiempos de tanta injusticia había un lugar adonde te llevaban
los pacos cuando te pillaban tomando en la calle, que era lo que nosotros
hacíamos siempre. Se llamaba “Capitán Yáber” o “Pedro Moon”, como le decían.
A ese lugar de mierda, que no tendría por qué haber existido, te llevaban y te
humillaban unos gendarmes culiaos que lo único que sabían era hueviarte por
cualquier cosa. Con los locos estuvimos varias veces en ese lugar, porque nos
pillaban tomando en la calle o porque nos quedábamos dormidos de puro curaos
en algún rincón perdido de esta maldita ciudad llamada Santiago, que sin embargo
tanto quiero. Cuando te llevaban a este lugar lo hacían igual que si fueras un
delincuente, esposado con otro hueón que no habías visto en tu puta vida. Te
tenías que mamar toda la noche o parte de ella en la comisaría. Era totalmente
humillante para cualquiera que cayera por beber en la vía pública o por estado de
ebriedad, o por cualquier cosa que a los hueones de verde se les ocurriera poner
en el parte, porque todo iba acompañado de una cachada de estupideces y papeleos
que te tenías que mamar en la comisaría.
Cuando te ingresaban lo más caro era el papeleo que los hueones hacían
y la bencina que gastaban para trasladarte de un lado a otro. Era todo un operativo
para los pobres hueones de verde, que por lo demás, les encantaba andar paseando
a sus prisioneros, porque para ellos eso éramos, o al menos nos veían así. Nosotros
no nos angustiábamos, cuando se nos pasaba un poco la rabia o el enojo por lo
absurdo de la situación, nos cagábamos de la risa de estos giles. También andaban
armados hasta los dientes cuando nos trasladaban a los respectivos juzgados
para que pagáramos la cagada de multa por ebriedad. Yo cacho que eso era lo
más espectacular para los efectivos policiales de la época. Qué locura.
Nos entreteníamos harto cuando nos ingresaban a la comisaría. Siempre
había un pendejo que no tenía ningún grado, o a veces el mismo sargento que
estaba de guardia nos tenía que ingresar. Tenían que escribir todo a máquina. Era
lo más demoroso del proceso de ingreso, porque a los giles se les iban en collera
los apellidos y la mayoría no sabía escribir a máquina. Escribían con un solo
dedo. Así de cuático era caer en cana por curao. Otros locos se sentían muy mal
al caer detenidos. Cuando estábamos nosotros siempre les decíamos que era
pasajero, que no se urgieran por esa tontera.
No alcanzábamos a pasar una noche en cana en “Pedro Moon”. Después
de un rato de llegar de la comisaría, nos pasaban al juzgado y ya nos habían
pagado la multa. Era cuático para los que se tenían que quedar como cuatro días
en esa mierda de cárcel. Era una pieza como de cuatro por siete metros, con un
baño más hediondo que la chucha, a un costado de la misma pieza donde dormían
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Cyr4il, Cuentacuentos, Mónica, Roly, Miguel Conejeros, Mauro,
Charly Boy, Lalo Dadá, Memo
Dadá
Arteknnia
Asociales
Electrodomésticos
Fiskales Ad Hok
Generaciones
Huasos Caóticos
Ïndice de Desempleo
Jorobados
Josefina Rock
Kaos
KK Urbana
Massacre
Miserables
Ocho Bolas
Pequeño Vicio
Pinochet Boys
Políticos Muertos
Sopa ‘e Pollo
Vandalik
Zapatilla Rota
Upa
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Aquí les doy los nombres de algunos de los amigotes que estuvieron
ligados a toda esta locura de música y otras cosas más, yo diría muchas cosas
más. Espero que no se enojen los hueones por esta lista. Al contrario, deberían
sentirse orgullosos de participar en esta gran historia:
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