100% encontró este documento útil (2 votos)
2K vistas10 páginas

Elogio de La Duda...

Este documento presenta un resumen del prólogo de un libro que defiende la actitud dubitativa frente a los extremismos, antagonismos y confrontaciones actuales. Argumenta que vivimos en una época de reacciones viscerales inmediatas en las redes sociales y los medios, en lugar de la reflexión y el razonamiento. Propone cultivar la duda antes que las respuestas airadas, para fomentar el diálogo y la moderación.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
100% encontró este documento útil (2 votos)
2K vistas10 páginas

Elogio de La Duda...

Este documento presenta un resumen del prólogo de un libro que defiende la actitud dubitativa frente a los extremismos, antagonismos y confrontaciones actuales. Argumenta que vivimos en una época de reacciones viscerales inmediatas en las redes sociales y los medios, en lugar de la reflexión y el razonamiento. Propone cultivar la duda antes que las respuestas airadas, para fomentar el diálogo y la moderación.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

ELOGIO DE LA DUDA

Victoria Camps
Índice

próloGo 9

1. apoloGÍa de ismene 17

2. El asno dE Buridán 33

3. moderémonos 53

4. la Búsqueda de la Verdad 71

5. los doGmas de la triBu 87

6. dejar de pensar 103

7. determinismos identitarios 115

8. el Gusto por los matices 129

9. la filosofÍa como ficción 147

10. el decliVe del ensayo 163


próloGo

Vivimos en tiempos de extremismos, antagonismos y con-


frontaciones. A todos los niveles y en todos los ámbitos,
pero sobre todo en el político. Una actitud que potencian
a su gusto los escenarios mediáticos y que sube de tono
gracias a la facilidad con que las redes sociales brindan
la ocasión de apretar el gatillo contra cualquiera cuyo
comportamiento o mera presencia incomoda. Cordura,
sensatez, moderación, reflexión, son conceptos que se
esgrimen de vez en cuando y apelan a una forma de vi-
vir juntos más tranquila que la de estarse peleando por
cualquier cosa, pero ser moderado carece de atractivo y
no sirve para redactar titulares. En un clima como este,
la duda ante lo que desconcierta y extraña, en lugar del
exabrupto inmediato, sería una forma de reaccionar más
saludable para todos. Tomarse un tiempo, pensarlo dos
veces, dejar pasar unos días, antes de dar respuestas airadas.
John Carlin aludía a la cuestión en uno de sus artículos:
«Me alegro de haber decidido tomarme unas vacaciones
de Twitter a principios de mes. Me salvé de caer en la
tentación de ventilar mis reacciones a tres noticias: la
10 Victoria camps

del concejal madrileño de Podemos y su chiste sobre los


judíos; la del Nobel inglés de la ciencia verborreando
sobre las debilidades biológicas de las mujeres; la de la
activista estadounidense blanca que se decía negra.» (“La
turba tuitera”, El País, 2014). No hace falta decir que
las noticias en cuestión perdieron interés con la misma
rapidez con que se habían convertido en el tema más
discutido durante unos cuantos días. Interés real no lo
merecían ninguno de ellas, pero las redes sociales echaban
humo y había que hacerse eco de las reacciones en toda
la cadena mediática, más o menos seria.
Con estos mimbres, es lógico que no consigamos hacer
nada de lo que decimos que habría que hacer: diálogo,
buenas maneras, escuchar al otro, paciencia y razonamiento.
Anteponer la duda a la reacción visceral. Es lo que trato
de defender en este libro: la actitud dubitativa, no como
parálisis de la acción, que también puede llegar a serlo,
sino como ejercicio de reflexión, de ponderar los pros y
los contras cuando las vísceras están a flor de piel. Uno
de los valores que quiso transmitir el movimiento de los
indignados, hace cuatro años, fue el tono amable y nada
ruidoso de unas personas que se reunían y manifestaban
para quejarse de casi todo y mostrar su aversión al modo
de proceder de los poderosos. En Cataluña, los indepen-
dentistas se enorgullecen de que una reivindicación tan
extrema como la de la secesión se traduzca en manifes-
taciones de tono lúdico, donde todos ríen y se agarran
de las manos en un gesto de cordialidad. La cordialidad
es elogiada cuando se muestra, pero es la excepción, no
la norma, por eso sorprende. Dan fe de ello las tertulias
televisivas, los tuits, las campañas electorales, las sesiones
próloGo 11

de los parlamentos y las declaraciones mediáticas de unos


y otros. Al periodismo le gusta atizar la confrontación
porque una información que no produce enfrentamiento
no llama la atención. Los movimientos de los indignados,
en principio tranquilos, han dado lugar a organizaciones
y compromisos políticos que no eluden el extremismo, de
derechas o de izquierdas. Francia, el Reino Unido, Holanda,
Dinamarca, países referenciales por su ancestral apertura
y tolerancia, se ven impotentes ante las adhesiones que
concitan los partidos racistas que han ido apareciendo
en la arena política. Y, sin llegar a extremos racistas, hay
derivas populistas en Grecia, en Italia, en España, en Es-
tados Unidos. El populismo viene a ser la manera actual
de caer en la demagogia, lo que para los clásicos griegos
era el signo evidente del deterioro de la democracia.
Creo que fue Bertrand Russell quien dijo que la filo-
sofía es siempre un ejercicio de escepticismo. Aprender
a dudar implica distanciarse de lo dado y poner en cues-
tión los tópicos y prejuicios, cuestionarse lo que se ofrece
como incuestionable. No para rechazarlo sin más, pues
eso vuelve a ser confrontación. Sino para examinarlo,
analizarlo, razonarlo y decidir qué hacer con ello. Debe-
ría ser la actitud que acompañara al uso de la libertad,
pues, como dijo mejor que nadie John Stuart Mill, no es
libre el que se limita a sumarse a la corriente mayoritaria,
sino el que examina antes si es una corriente interesante.
La tiranía de la mayoría, según Alexis de Tocqueville, es
uno de los peligros de la democracia, una amenaza a esa
libertad individual que defendemos con tanta vehemen-
cia frente a las «mordazas» que tratan de imponer los
poderes públicos.
12 Victoria camps

El pensamiento es dicotómico: nos movemos entre


el bien y el mal, lo legal y lo ilegal, lo bello y lo feo,
lo propio y lo ajeno. Las dicotomías sin matices son
abstracciones, formas burdas de clasificar la realidad,
inútiles y simplificadoras para examinar lo complejo.
Es más fácil situarse en el sí o el no porque para hacerlo
no hace falta dar argumentos. O soy independentista o
soy unionista. De derechas o de izquierdas. Acepto o no
acepto a los refugiados. Los matices suponen demasiado
esfuerzo. La duda inquieta y es aguafiestas. Es como la
pepita que escupo al morder una manzana, un estorbo
para seguir mordiendo con tranquilidad.
En los escritos de los filósofos abundan las actitudes
dubitativas y escépticas. Montaigne es el gran maestro
en el tema, pero no es el único. Montaigne se nutre del
escepticismo de los filósofos griegos. Vive en un siglo de
cambio, que propicia la duda porque la época es descon-
certante. Por eso no escribe grandes teorías, sino «ensa-
yos», su visión particular de realidades que chocan con
la nuestra y, al considerarlas y no rechazarlas sin más,
siempre tienen la virtud de enseñar algo. Realidades pro-
saicas, no hace falta que sean trascendentes, para llamar
la atención sobre algo que importa. El siglo xVi alumbra
esta forma de pensar. En España, Francisco Sánchez se
une al movimiento escéptico del que da cuenta en su
obra más conocida, Quod nihil scitur. Ese punto de vis-
ta escéptico y dubitativo contribuirá a la gestación del
individualismo moderno. Se cuestiona, por una parte, la
autoridad religiosa para dar valor al juicio individual, lo
que había llevado a Lutero a separarse de la iglesia cató-
lica. Se descubre América y lo que ha venido en llamarse
próloGo 13

la «diversidad cultural». Paradójicamente, la afirmación


del individuo como la perspectiva desde la que hay que
pensar y razonar nace con el descubrimiento de un otro
extraño, cuyas costumbres chocan y parecen irraciona-
les. Montesquieu lo dirá claro con una sola pregunta:
«¿Cómo se puede ser persa?»
Aprender a dudar es asumir la fragilidad y la con-
tingencia de la condición humana que no nos hace au-
tosuficientes. Por eso se inventó la democracia como la
mejor forma de gobierno, porque obliga a contrastar
opiniones y a escuchar al otro. Pero la necesidad de los
otros no ha de impedir la afirmación de la propia indi-
vidualidad, la madurez que consiste en ser autónomo
y pensar por uno mismo y en no buscar para cualquier
propósito el cobijo y la seguridad que proporciona el
grupo. La libertad individual ha sido uno de los grandes
logros de la modernidad. Saber utilizarla de forma que
no vaya en detrimento de la vida en común y atreverse
a utilizarla para ir a contracorriente es el cometido de la
ética. Una ética que aspire a ser global tiene que apoyarse
en la moderación como virtud básica, porque el saber es
limitado y nadie tiene la razón en exclusiva.
Con la duda como norma ocurre algo similar a lo que
ocurre con la tolerancia. Está bien tolerar lo que no nos
gusta y nos incomoda, pero no todo es tolerable. Está
bien dudar y calibrar las distintas posiciones, pero hasta
cierto punto. No podemos dudar de todo ni empezar
de cero a cada rato. Existe un núcleo de «verdades»
cuya puesta en cuestión significa renunciar a los logros
conseguidos por la humanidad a lo largo de los siglos.
No todo se ha hecho mal y tiene que ser revisado. Por
14 Victoria camps

vacías que parezcan, las grandes palabras nos dan pau-


tas de conducta, fuerzan a razonar y explicar por qué
la realidad es éticamente deficiente y no encaja en ellas.
Contra los dogmas y los prejuicios, hay que esgrimir
los valores ilustrados que pueden ser universales solo
porque son abstractos. Para llevarlos a la práctica, hay
que interpretarlos, lo que implica introducir una dosis
de relativismo, otra forma de dudar. Sólo los fundamen-
talismos esgrimen valores absolutos, irreconciliables con
otros valores igualmente importantes. Lo dijo muy claro
Camus: «La justicia absoluta niega la libertad.»
Podría parecer que la actitud dubitativa que propug-
no tiene como objetivo fundamental poner en cuestión
el entusiasmo con que algunos acogen las propuestas
de transformación política, social e incluso individual
auspiciados por el altermundialismo, las nuevas políticas
podemitas, las pulsiones anarquizantes y los movimientos
antisistema. Pienso que todas estas tendencias, a menudo
descalificadas como populistas, no son sino la consecuencia
de haber llegado a un statu quo, en el mejor de los casos,
mediocre en cuanto a ambiciones de renovación y, en el
peor, incongruente con esos principios ilustrados que las
constituciones políticas de los Estados de derecho reco-
gen como válidos. Han sido la precipitación, el dejarse
arrastrar por las bonanzas económicas, la ausencia de
autocontrol y de templanza lo que nos ha puesto ante un
mundo en el que no queremos reconocernos. Ese mundo
no surgió de la ponderación y el examen sobre lo que se
debía hacer para el bien de todos, sino de la desmesu-
ra propiciada por mentes atolondradas y no reflexivas.
Como hizo notar Josep M. Colomer en La transición a
próloGo 15

la democracia: el modelo español, nuestra transición,


que fue moderada y bastante ejemplar, contrasta con una
realidad posterior en la que han predominado la con-
centración de poder, el partidismo, el corporativismo, el
clientelismo, las imposiciones unilaterales y la decisiones
excluyentes. Ni la moderación ni la prudencia han sido
la norma de los últimos decenios, pero tampoco parecen
servir de guía de las muchas regeneraciones que ahora se
proponen. Si a la evolución de la política, precipitada y
poco ponderada, cortoplacista y electoralista, le añadimos
las costumbres, el ethos, que propician la economía de
consumo, nos encontramos con una realidad en la que
el factor característico es la complacencia con el statu
quo, el no cuestionamiento de una manera de vivir que
no incita a activar ningún mecanismo que se interrogue
sobre el porqué de lo que hacemos.
A lo largo de las páginas que siguen, se comentan y
utilizan muchas citas filosóficas. Por deformación profe-
sional, me es difícil escribir sobre cualquier cosa sin echar
mano de los filósofos, lo que más he estudiado y enseñado.
Más allá de las rutinas del oficio, me gustaría ser capaz
de dar cuenta de la utilidad de la filosofía para aprender
a dudar y, en definitiva, para aprender a vivir. Acabo de
citar a unos filósofos que se propusieron ese ejercicio en
sus escritos. Junto a los ya citados, Sócrates, Aristóteles,
Descartes, Spinoza, Hume, Nietzsche, Wittgenstein y otros
menos conocidos, pero no menos dignos de atención,
salpican e iluminan con su pensamiento lo que pretendo
decir a lo largo del libro. Poner de manifiesto que la lec-
tura de los clásicos, filósofos o no filósofos, nunca será
una inconveniencia ni una pérdida de tiempo. Aunque
16 Victoria camps

la cultura en general no es una garantía para vivir mejor


ni tener planes de vida más razonables, despreciarla es
carecer de armas para enfrentarse a la brutalidad que
todos llevamos dentro. La filosofía, la literatura, el arte,
la música, tienen la virtualidad de dejarnos perplejos, de
sembrar el desconcierto allí donde todo parecía claro, de
estimular la curiosidad hacia lo desconocido, de dar valor
a las expresiones ajenas. En una palabra, de introducir
complejidad en una existencia que, porque es humana,
no puede ser simple.
No me hubiera decidido a dar forma a estas páginas
para ser publicadas de no ser por el tesón y el estímulo
de mi ex alumno y querido amigo, Joaquim Palau, que
acaba de estrenar editorial. No son momentos propicios
para embarcarse en empresas que anteponen el rendi-
miento cultural al crematístico y se atreven a recuperar
algo tan decadente como el «ensayo de calidad». Mis
mejores deseos y mi apoyo, con este ensayo menor, a un
proyecto que sólo merece felicitaciones.

Sant Cugat del Vallès, febrero de 2016

También podría gustarte