Pianistas del siglo XIX
El último cuarto del siglo XIX revela una vida musical en vigoroso desarrollo en Guatemala
beneficiada por el efecto de diversos procesos socioculturales. Se observan varios factores
de particular incidencia, primero fue la influencia de la compañía de ópera italiana y
española durante la segunda mitad del siglo. Otro fue regreso de Europa de cinco jóvenes
talentos guatemaltecos que habían gozado de becas para estudiar en diferentes
conservatorios extranjeros, cuya actividad artística dio mucho empuje e interés al cultivo de
la música pianística de alto nivel. Otro más recidio en el efecto favorable de la organización
y formación técnica de las bandas militares llevada a cabo en la década del 1875 a 1885 por
el alemán Emil Dresser, proceso que había beneficiado toda una generación de músicos
nacionales, varios de quienes hacia finales del siglo estaban a cargo de las bandas que se
había establecido en la capital llena ciudades y poblaciones del interior. Un factor adicional
de gran trascendencia fue el desarrollo de la educación musical que estaba empezando a
centrarse alrededor del Conservatorio Nacional en adición a la actividad de profesores que
trabajaba a nivel particular y a la llamada Escuela de Sustitutos que formaba músicos
militares. Finalmente el invento y la construcción de la marimba cromática otorgó un
poderoso impulso a la difusión de la música en todos los estratos de la población del país.
Al grupo de pianistas virtuosos como importante factor de influencia en la evolución de la
música en Guatemala perteneció Herculano Alvarado, Luis Felipe Arias, Miguel Espinoza,
Víctor Manuel Figueroa y Julián González.
Herculano Alvarado (1873-1921)
pianista oriundo de Totonicapán y se inició con su padre el organista Atanasio Alvarado.
Después de la muerte de don Atanasio, el joven alumno continúen Quetzaltenango con el
maestro Alejandro Espinosa, a su vez el padre del gran pianista Miguel Espinoza. El
presbítero Coronado lo llevó a la capital lo puso en la academia del profesor Alfonso
Méndez hasta que lo escuchó Leopoldo Cantinela, director del conservatorio nacional quien
de inmediato lo hizo ingresar a estudiar a este plantel. Su maestro de piano allí fue profesor
escocés Axel Holm, y los rudimentos de la armonía y la composición los adquirió con Juan
Aberle. Gracias a ser el mejor estudiante del conservatorio fue becado en 1893 por el
gobierno para realizar estudios superiores de piano con el pedagogo Beniamino Cesi,
graduándose con honores. Italia donde había publicado varias de sus composiciones lo
ovacionada y adoraba y le ofrecía una carrera meteórica. Pero estaba obligado a regresar a
su país por las condiciones impuestas por la beca.
A su regreso a guatemala a partir de 1898, Herculano Alvarado brilló como pianista y
compositor una de sus obras favoritas fue el vals de concierto Electra, que fue presentado
en New York nada menos que por el gran pianista polaco Ignaz Paderewsky, y que pues
mismo Herculano quien tocó en innumerables recitales junta obras de Bach, Beethoven,
Chopin, Grieg, Liszt. Fue nombrado como profesor de piano en el conservatorio nacional,y
en 1911 incluso fue nombrado director de aquel plantel, cargo que desempeñó hasta la
clausura temporal de la institución como consecuencia de los terremotos de 1917-18. Entre
sus obras pianísticas son emblemáticos los valses para Rapsodia no. 2 de Franz Liszt y
piezas características para piano como las encantadoras Pensiero melódico y Tempo di
Minueto, publicados en Nápoles por la casa Edizioni Izzo.
Víctor Manuel Figueroa, al regresar a su país después de haber estudiado en Italia, fue
considerado uno de los músicos de más conocimientos y virtuosismo pianístico en
Guatemala. Sus giras como pianista lo llevaron a Estados Unidos (1888), Europa (1892),
Centroamérica las Antillas y México (1898), y San Francisco, California (1900). Fue
considerado en Boston de armonía. Entre sus composiciones alcanzaron amplia divulgación
la Misa Votiva (1908), Íntimos, y la marcha triunfal Saludo al Pabellón de Guatemala.
Julián González se formó en Italia como pianista y compositor, volviendo a Guatemala en
1894. Su contribución al repertorio de salón fue palpable, y su prestigio hizo que la casa
Cantinela & Pierri decidiera iniciar sus actividades editoriales publicando diez
composiciones pianísticas de González: los valses Un sueño, Mis ilusiones y Delirio, las
mazurcas. Una azucena, Adoración y Eres bella, un Bolero sin título poético, la polka
brillante La hoja de la Mañana, la danza Una Flor y el célebre pasodoble Guatemala.
González tiene además el mérito de haber sido uno de los primeros compositores
guatemaltecos de su tiempo en ofrecer conciertos integrados en La Estudiantina Colón eran
sus favoritos del público; coincidentemente, este magnífico vals fue la última música que se
escuchó en el Teatro Colón antes de que fuera que fuera dañado por la fuerza telúrica en
1917-18 y luego demolido por la demencia gubernamental. En sus composiciones, Julián
González supo aunar el encanto espontáneo de la música de salón con el virtuosismo
pianístico y una solidez académica que resultó siendo el factor decisivo para que en enero
de 1896 fue nombrado director del Conservatorio, llegando a reformar y ampliar los planes
de estudio de aquel plantel. El retorno a Guatemala en 1901 de Miguel Espinosa, quien
había egresado del Conservatorio de París, también tuvo efecto positivo, y muchos lo
consideraban el mejor pianista de su tiempo. Pero, como era de esperarse de aquella
dictadura, su éxito fue eclipsado por sus penurias económicas. Ricardo Castillo, quien con
el pintor Carlos Mérida era el discípulo predilecto de Espinosa en Quetzaltenango.
Rafael Guzmán, radicado en Quetzaltenango, fue un pianista de amplios recursos cuya
creación sin embargo es muy difícil de conocer, ya que su creatividad se manifiesta
principalmente en sus brillantes improvisaciones, fue el maestro Jesús Castillo, a quien
asesoró en la composición de su "Obertura indígena no. 2".
Pero la mayor influencia -no obstante las significativas contribuciones de estos cuatro
maestros - fue sin lugar a dudas de Luis Felipe Arias (1862-1908), quien a través de su
singular temperamento artístico imprimió un matiz especial, a la vida musical de la capital,
hasta tal punto que la época de su mayor productividad, que abarca el decenio antes de su
trágica muerte por asesinato en las calles de la ciudad de Guatemala en 1908, se conoció
como "la década de Luis Felipe". Una de las innovaciones de Arias fueron sus recitales
pianísticos, en los cuales interpretó obras de Beethoven, Chopin, Liszt y otros europeos que
no habían sido escuchadas en Guatemala. En adición al estudio del piano como
instrumento principal, Arias había estudiado violín y composición en Nápoles, la solidez y la
versatilidad de su formación hicieron posible que brillará como director de orquesta en las
temporadas de conciertos que se llevaron a cabo en el Teatro Colón. La lista de sus
composiciones originales es breve, pero el impacto de su obra en su tiempo fue
considerable, ganando primeros premios de los concursos de las exposiciones nacionales
anuales como las de 1904 y 1905. En su catálogo se encuentran trabajos mayores como
Morisca para orquesta y el aclamado Himno a Minerva, al lado de miniaturas para el piano y
composiciones pianísticas de gran vuelo como el Vals de concierto. Una de las mayores
contribuciones de Arias fue su habilidad para transmitir a sus discípulos las técnicas
pianísticas y compositivas que había asimilado en Europa. La calidad de su labor
pedagógica se refleja en la obra de sus discípulos. El grupo de pupilos fue Luis Felipe Arias
incluyó otras celebridades como Rafael Vásquez, Rafael A. Castillo, Alfredo Wyld y Manuel
Martínez Sobral.
Rafael Vásquez
(1885-1941) había estudiado piano y composición con Luis Felipe Arias en el Conservatorio,
y desde su ingreso en 1898 había impresionado a sus maestros y condiscípulos por su
extraordinaria memoria auditiva. En 1906 inició su carrera como compositor con el vals de
concierto Lidy para piano que él mismo estrenó en Antigua Guatemala en 1908 ante el
mismo presidente Manuel Estrada Cabrera. A partir de 1914 Vázquez hizo un viaje de
observación a los Estados Unidos realizando algunos estudios de teoría y musicología. A
su regreso en 1916 se dedicó a la dirección de orquesta al frente de la compañía de Inés
Beruti en el Teatro Variedades. De 1920 en adelante estuvo en Quetzaltenango como
director de la banda militar y de la banda de la policía. Se dedicó a la publicación de
métodos didácticos en los cuales incluya trabajo de sus colegas como José Castañeda,
Salvador Ley y Georgette Contoux de Castillo. Influyó en la vida musical de la capital como
fundador de la unión musical organizando la orquesta de esa corporación y organizando
homenajes a Jesús Castillo (1924). Como compositor Vázquez se interesó inicialmente la
música de virtuosismo pianístico (Berceuses, Minueto, Romanza, Invitación a la Polonesa,
vals de concierto) fue pionero al componer la música para la primera película documental
sobre Guatemala cuya producción fue estrenada con coros y orquesta en el teatro Colón en
1917. Entre sus obras literarias y músicográficas alcanzaron la publicación dos de sus libros
ambos en forma póstuma la importantísima historia de la música en Guatemala publicada
en 1950 y ensayos sobre estética y crítica musical, editados casi seis décadas después de
su muerte bajo el título ideas estéticas sobre la música.
Manuel Martínez Sobral
(1879-1946) demostró especial reverencia hacia su gran maestro: tanto su sonata en do
mayor (1906) como también la tercera evocaciones para piano están dedicadas a Luis
Felipe Arias. En sus composiciones Martínez Sobral hecho a mano a los recursos propios
de un estilo pianístico romántico, virtuoso y brillante. Se había iniciado en el piano a
temprana edad con su madre y, ya adulto tuvo la oportunidad estudiar con Arias. En 1904
hizo su debut pianístico en los conciertos de la independencia; al año siguiente ganó un
premio en un certamen convocado por la iglesia, por una composición sacra. La gran
mayoría de sus obras con la única excepción de las últimas dos de las cuatro series de
valses autobiográficos surgieron en el período 1895-1920. Después se dedicó a la
jurisprudencia, enseñando en la facultad de derecho de la universidad de San Carlos
llegando incluso a diputado al congreso de la República (1933-1942) durante el gobierno del
general Jorge Ubico.
Las obras de Martínez Sobral que se creían pérdidas, fueron encontradas en 1989, siendo
desde entonces clasificadas y preparadas para la divulgación y publicación por su nieto
Rodrigo Asturias. La lista de obras compilado por Asturias incluye las siguientes
composiciones de Martínez Sobral: cuatro piezas en modo español (1897-1903) versión de
concierto de la cuarta pieza el pasodoble Volapié (1905) entre otras.
Estos compositores cuya obra está siendo revalorizada en la actualidad tantos Guatemala
como en el exterior, descienden de las grandes escuelas pianísticas europeos de finales del
siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX.
Volvieron del extranjero muchos artistas, músicos nacionales, con tendencias románticas.
Compositores de este movimiento son: Lorenzo Morales, Julián González (suite:
Guatemala), Herculano Alvarado (Vals Electra, Vals de Concierto en Fa, minuetos para
piano) y Manuel Figueroa (los 3 últimos estudiaron en Italia).
Las características de este movimiento Romántico tanto en literatura como en música: se le
denominó exotismo la idea de lugares diferentes, extraños, mejores que donde se desarrolla
la vida del individuo. Resaltaron las emociones íntimas: Exaltadas en muchos casos en la
obra o en el comportamiento al ejecutarse. La fuga de la realidad que tiene relación con un
naciente Nacionalismo Musical.
Obras de la época: Pensamientos íntimos, Danza indígena sobre temas australianos,
Leyenda Maya, Poema Sinfónico de Raúl Paniagua.
Raúl Paniagua
Compositor, pianista dio muestras de ser un compositor refinado y de estar preocupado de
los aspectos técnicos y evolucionados de la música de su tiempo: Nocturno para piano,
Leyenda Maya. Julián Paniagua (1865-1945): Murmullos de besos, Minerva, valses Tecún
Umán, La locomotora que es un ejemplo de música descriptiva.
El nuevo siglo traía a los pobladores
otras perspectivas de vida. El uso del telégrafo y la funcionalidad del ferrocarril.
Los terratenientes se aprovechan de los adelantos para el establecimiento de este nuevo
colonialismo. Una nueva lucha ideológica se perfila al dominar sobre el indio el ladino, el
nacionalismo.
Treinta años de la primera dictadura criolla de Rafael Carrera y setenta años de dictaduras
cafetaleras la clase criolla creó la Nación y la nacionalidad Guatemalteca. Otros aspectos de
las políticas promovidas es por el régimen, y que han sido objeto de severas críticas por sus
proyecciones en el tiempo, fueron los privilegios otorgados a los grandes comerciantes, al
élite general y en particular a los militares que empezaron a gozar de un fuero especial y de
muchos canonjías que han perdurado con los años.
Por otro lado, los terremotos de 1917-18 causaron un cambio sensible en la población,
pusieron en evidencia la distancia social y la condición miserable en que se mantenía la
clase media-baja. Esta catástrofe se sumó a la casi nula creación artística, además, unido a
las dictaduras, se propiciaron la fuga de muchos valores al extranjero.
Después de 1917 se formaron conjuntos orquestales integrados por elementos aficionados,
se organizan conciertos conmemorando los cien años de vida independiente.
Información, en artículos, sobre compositores modernos, encontramos los nombres de
Strauss, Rachmaninoff, Korngold, Stravinsky, Schoenberg conocidos en Guatemala desde
la segunda década del siglo XX, sin embargo, no habían expresiones nacionales en esas
formas, aún se seguía el romanticismo.
Para los años de los terremotos, el conservatorio fue clausurado y posteriormente se mandó
a construir el edificio que ocupa actualmente. La búsqueda del impresionismo toma fuerza
en algunos compositores.
Algunos compositores de la corriente romántica:
José Alberto Mendoza (1889-1960), pianista, solista, acompañante, maestro, arreglista.
Estudió en el conservatorio de la capital el cual dirigió en 1924. Fue el primero que se le
extendió en Guatemala el título de Maestro de Piano (1911).
Jesús Castillo
(1877-1946) representa la variante del "nacionalismo" en el romanticismo musical, tuvo
que huir refugiándose en lo más profundo de la Costa Cuca, donde Diego Díaz lo inició en
los secretos de la música vernácula. Basándose en melodías tradicionales de diferentes
regiones escribió muchas de sus obras como su Obertura indígena, gracias a la ayuda de
Fabián Rodríguez compuso la ópera Quiché Vinac en tres actos, también escribió poemas
sinfónicos: Guatemala y Vartizanic, Minuet Maya, Cortejo Nupcial y una obra orquestal
titulada Las Telas Mágicas inspirado en el Popol Vuh.
Bibliografía
ANLEU DÍAZ, Enrique. Historia Crítica de la Música en Guatemala. Artemis-Edinter,
Guatemala 1991.
FUNDACIÓN PARA LA CULTURA Y EL DESARROLLO. Historia Popular de Guatemala I y
II,(fasículos). Guatemala 1998
LENHOFF Dieter. Espada y Pentagrama. Universidad Rafael Landívar, Guatemala 1986.
ROSSAL, Roberto. Aproximación a la Música vernácula de Guatemala. Editorial serviprensa
centroamericana, Guatemala 1988.