“El invento maravilloso”
César López Ocón
Dueño. —Mira, querida… estuve en el velorio de un amigo que murió Personajes:
de sarampión… (El globo sigue inflándose.)… y dejó una viuda • El Inventor
inconsolable que llora su desesperación (El globo sigue inflándose.),
• El Dueño de casa
muchos chicos solitos (El globo sigue hasta que revienta. Ella sale y trae
• La Señora
un garrote. Le pega y se va. Él toma el invento y lo tira.)
Dueño. — ¡Ayyy… al diablo con los inventos!... (Se va.) • La voz de María
Telón
A. César López Ocón, en: Pablo Medina (compilador), Teatro de títeres. (Interior de la casa. Entran el Inventor y el Dueño de casa con el invento.)
Antología,
Buenos Aires, Ediciones Pedagógicas, 1977. Inventor. —Pues sí, señor, con este maravilloso invento podrá
comprobar cuándo tratan de engañarlo.
Dueño. — ¡Ajá!, muy bien, y dígame, amigo, ¿cómo funciona este
extraño aparato?
Inventor. —Funciona de la siguiente forma, señor. Cuando las ondas
etéreas que funcionan en el éter al transmitirse y al estar en desacuerdo
con las vibraciones emitidas por los sonidos que juntamente con los
rayos cósmicos se diferencian fundamentalmente de la oposición que la
provocan y la influencia cósmica en relación con los contactos que se
mantienen en la capa atmosférica provocan el encontronazo y el
aparato funciona… ¿Entendió?
Dueño. — (Rascándose la cabeza.) Este… ¡ni una palabra!
Inventor. —Bueno… vea, señor, es muy fácil… escuche bien:
“Cuando alguien dice una mentira frente a este aparato, el globito que
usted ve aquí, se infla”… y funciona entonces como detector de
mentiras.
Dueño. — ¡Muy bien, muy bien, entendido! Y dígame, ¿no podrá
usted realizar una prueba para ver si funciona?...
Inventor. — ¡Pero cómo no, señor! Preste usted mucha atención. Por
ejemplo, ¿sabía usted, señor, que esta mañana compré vino común a
3,60 el litro? (El globo se infla.)
Dueño. — ¡Maravilloso!... ¡Maravilloso!... ¡Extraordinario! Dueño. —Dime, querida… (Mira el aparato.) ¿Qué hiciste ayer?...
Inventor. —… Pero, señor, mi aparato es más extraordinario todavía. Señora. — ¿Ayer?... ¡Ah!, sí, fui a casa de tía Anunciación, que está
Escuche bien: ¿sabía usted que Colón cruzó los Andes? (El globo se enferma de viruela boba… (Él mira el aparato, que no se infla.)
infla.) Dueño. —Bien… bien, y dime otra cosa… ¿Qué hiciste ayer tarde, eh?,
Dueño. — ¡Maravilloso!... Estoy estupefacto… Y dígame, amigo que estabas tan coquetamente vestida… ¿eh?
inventor, ¿cuánto pide usted por este fantástico invento, eh? Señora. —Ayer tarde… ¡Ah, sí!... Pero si estuve zurciendo tus
Inventor. —… Y… yo pido, señor, nada más ni nada menos que 10 calcetines que están tan rotos como si un perro rabioso los hubiera
millones de pesos… mordido. (Él vuelve a mirar el aparato, que no se infla.)
Dueño. —Uuuuuhhhh… me parece que es caro, ¿eh? Dueño. —… ¡Ajá!... y dime, ¿es cierto que andas diciendo por allí, por
Inventor. —Pero tenga en cuenta, señor, que para construirlo he las calles, que yo soy un viejo idiota?... ¿Eh?
gastado en tornillos 20.000 pesos… (El globo se infla.)… este Señora. — ¡Pero qué esperanza, querido! La que dice eso es mamá, tu
shhhshhh…ehhh… este no, quiero decir 20 pesos (El Dueño intenta suegra… Pero dime una cosa, querido, ¿qué aparato es este que miras
mirar el globo y el Inventor lo tapa.) Pero, señor, debe saber que he con tanta insistencia, eh?; explícate… ¿quieres?
demorado para la construcción del aparato… seis años, señor. (El Dueño. — ¡Cómo no, querida! Mira, este aparato es un detector de
globo se infla.) Repito… este… quiero decir seis horas, seis horas, mentiras, y cuando alguien dice una mentira frente a él, este globo que
¡puf! está aquí se infla…
Dueño. —Vea, amigo Inventor, usted es un mentiroso, el aparato lo Señora. —… ¡Ah!... qué bien… qué bien… Dime, querido,…
demuestra, pero me quedo igual con el invento. Dígale a mi Secretario Dueño. —Sí, querida… (Se la ve venir.)
que le pague. Hasta luego. (Saluda el Inventor y se va.) Ahora sí… Señora. —Dime… ¿Es cierto que tú trabajas mucho en la oficina?...
ahora voy a saber quién me engaña… si María, mi cuñada, cuando va a Dueño. — ¡Este… este… ehhh… como dos burros juntos, querida! (El
hacer las compras me engaña, si mi mujer cuando va tan coqueta de globo se infla.)
paseo, si mis chicos van a la escuela… ¡Aaaahhh! Que no me van a Señora. —… ¡Ajá!... y dime… ¿qué hiciste con los 300 pesos que te di
engañar ahora, con este aparato… y ya mismo lo voy a probar… María, ayer, eh?
dígame una cosa… ¿cuánto gastó usted en la feria? (Voz desde Dueño. —…Ehh… mira, se los presté a mi amigo Osvaldo que está en
adentro.) — ¿Ehhh? Mil pesos, señor. la miseria. (El globo queda inflado.)
Dueño. — (Mira el globo que no se infla.) ¡Ajá, parece que no me Señora. —Así, ¿eh?... y dime por qué viniste a las cuatro de la
mintió!... y dígame, ¿es cierto que su novio me fuma los cigarros?... mañana…
(Voz.) — ¡Qué esperanza!... (El globo no se infla.)
Dueño. —Si uno quiere, puede preguntar mentiras a los chicos, para
ver si funciona… Oh, pero allí se acerca mi esposa Filatelia,
sssshhh,… ahora… ahora sí… ssshhh… ¡Hola, querida Filatelia, cómo
te va!...
Señora. — ¡Hola, querido! Cómo te va a ti… ¿bien?, me alegro…