SHOCK
Definició
n
El shock es un síndrome que se caracteriza por la
incapacidad del corazón y/o de la circulación periférica
de mantener la perfusión adecuada de órganos vitales.
Provoca hipoxia tisular y fallo metabólico celular, bien
por bajo flujo sanguíneo, o por una distribución
irregular de éste. Incluye un conjunto de síntomas,
signos y alteraciones analíticas y hemodinámicas que
precisan una rápida identificación y tratamiento
agresivo para reducir su elevada mortalidad.
Tipos de shock
Shock anafiláctico: Reacción sistémica de
hipersensibilidad de carácter grave y a veces mortal,
consecuencia de la exposición a una sustancia
sensibilizante como un fármaco, una vacuna, ciertos
alimentos, un extracto alergénico, un veneno o alguna
sustancia química. Puede desarrollarse en un plazo de
segundos desde el momento de la exposición y se
caracteriza generalmente por dificultad respiratoria y
colapso vascular.
Shock cardiogénico: Se relaciona con un bajo gasto
cardíaco (“falla de bomba”), asociado generalmente al
infarto agudo de miocardio, la insuficiencia cardíaca
congestiva o arritmias graves. Cuadro con elevada
mortalidad, alrededor del 70%.
Shock hipovolémico: Es una pérdida rápida y masiva de
la volemia que acompaña a gran variedad de trastornos
médicos y quirúrgicos, como traumatismos, hemorragias
digestivas, ginecológicas y patología vascular.
Shock séptico y conceptos relacionados:
Infección: Es un término clínico para definir el
fenómeno microbiano que se caracteriza por la
respuesta inflamatoria a la presencia de
microorganismos o a la invasión de tejidos estériles del
huésped por dichos organismos.
Bacteriemia: Se produce por la presencia de bacterias
en la sangre. La bacteriemia puede ser transitoria, si
dura minutos, intermitente o continua si permanece
horas.
Síndromes sépticos (estadios de la sepsis).
Sepsis: El concepto comprende desde el síndrome de
respuesta inflamatoria sistémica (SIRS) a la infección
grave documentada, clínica y/o microbiológicamente.
SIRS: Es una respuesta generalizada del organismo ante
determinados estímulos, cuya presencia puede obedecer
a causas infecciosas o no infecciosas. Implica la presencia
de dos o más de los siguientes ítems:
Fiebre >38°C o hipotermia
>36°C. Taquicardia (FC
>90 cpm).
Taquipnea >30 rpm, o PaCO2 <32 mmHg, o
necesidad de ventilación mecánica.
Alteración del recuento de leucocitos (más de 12.000 o
menos de
4.000 leucocitos por
mm3). Pueden también
asociarse:
Alteración de la conciencia.
Edema o balance positivo > 20 ml/kg en 24 horas.
Hiperglicemia en ayunas (glucosa plasmática >110
mg/dl) en ausencia de diabetes.
Niveles plasmáticos altos de procalcitonina o de proteína
C reactiva.
Sepsis grave: Sepsis con disfunción de uno o más
órganos (función hemodinámica, renal, respiratoria,
hematológica o neurológica) asociada a la sepsis,
hipotensión arterial (transitoria o persistente) o
hipoperfusión tisular:
Hipoxemia con PaFi/FiO2 <300 mmHg.
Oliguria (diuresis <0,5 ml/kg/h durante al
menos dos horas). Creatinina >2 mg/dl o
incremento >0,5 mg/dl.
Coagulopatía (INR >1,5 o TTPA <60 s).
Trombocitopenia <100.000/mm3.
Hiperbilirrubinemia (BT >2,0 mg/dl).
Shock séptico: Hipotensión arterial debida a la sepsis que
persiste y no responde a la expansión del volumen
intravascular con líquidos, acompañada de alteraciones
de la perfusión (acidosis metabólica o hiperlactacidemia),
o requiere de fármacos vasoactivos para mantener la
presión arterial.
Hipotensión debida a la sepsis: Presión arterial sistólica <
de 90mmHg, o disminución de la presión arterial
sistólica en 40 mmHg o más con respecto a los valores
basales, en ausencia de otras causas de hipotensión.
Fisiopatología y mecanismos
compensadores del Shock
Los mecanismos que participan del shock se pueden
explicar gracias a los parámetros clínicos que acompañan
al cuadro y su repercusión. Se considera como situación
clínica y hemodinámica, dependiente del tiempo,
correspondiente a un estado de disminución general y
grave de la perfusión tisular que desembocará en un
cuadro de evolución exponencial hacia la muerte, de no
tomar medidas terapéuticas a corto plazo.
El shock también viene definido de acuerdo a sus causas
etiológicas.
Las causas etiológicas del
shock se resumen en una
alteración de:
- Bomba (corazón)
- Contenido (flujo sanguíneo)
- Continente
(disfunción
vasomotora)
Produciéndose 3 mecanismos de
shock:
- Cardiogénico
- Hipovolémico
- Distributivo
Presión arterial y perfusión tisular:
presión de perfusión
La función del sistema cardiovascular es dependiente de
la de todos los órganos, cumpliendo a la vez otras
funciones que permiten la comunicación entre ellos y
aportando, además, los elementos de protección y
reparación de los diferentes tejidos.
La alteración en el mantenimiento de una perfusión
adecuada de los órganos vitales es el factor crucial del
mecanismo fisiopatológico del shock. La perfusión de un
órgano depende de la presión de perfusión que, a su vez,
está determinada por dos variables, el gasto cardíaco y la
resistencia vascular sistémica. Esta última es proporcional
a la longitud de los vasos sanguíneos y a la viscosidad de
la sangre, e inversamente proporcional a la cuarta
potencia del radio del vaso.
Por lo tanto, el área transversal de un vaso es el
determinante básico de la resistencia al flujo sanguíneo.
Dado que el tono del músculo liso vascular regula la
sección transversal del lecho arteriolar (el punto del
árbol vascular de mayor importancia en cuanto a su
resistencia sistémica), cualquier variable que afecte dicho
tono tiene profunda influencia sobre la resistencia
vascular y, así mismo, sobre la presión de perfusión.
El segundo determinante crucial de la presión arterial
es el gasto cardíaco que, a su vez, es el producto de la
frecuencia cardíaca y del volumen sistólico.
El volumen sistólico está en función de 3 variables
principales: precarga, poscarga y contractilidad,
por lo que el gasto cardíaco dependerá de 4
variables:
La frecuencia cardíaca, de forma lineal.
La precarga, generalmente reflejada en el volumen
telediastólico ventricular, siendo su principal
determinante el retorno venoso, dependiente del
gradiente de presiones entre la cámara auricular
derecha y los vasos periféricos.
La poscarga o impedancia al flujo sanguíneo, está en
relación con la resistencia vascular sistémica.
La contractilidad del miocardio: el estado contráctil está
directamente relacionado con la concentración de calcio
intracelular, y el grado de acortamiento depende,
además del calcio, del entrecruzamiento de las
miofibrillas previo a la contracción.
Respuesta simpático-adrenérgica.
Mecanismos compensadores
Forman parte de estos mecanismos los
neurohumorales, que desencadenan un mayor trabajo
miocárdico transitoriamente, pero que, a largo plazo,
determinarán una mayor pérdida de miocardio y
remodelación ventricular. Se producirá: a) mayor
actividad simpática;
b) activación del eje renina-angiotensina-aldosterona; c)
incremento de las catecolaminas circulantes (a partir de
la glándula suprarrenal); d) liberación de la hormona
antidiurética o vasopresina, y e) secreción del factor
natriurético auricular.
Los barorreceptores y quimiorreceptores periféricos
responden a la hipotensión e hipoxia, enviando mensajes
que son recibidos por el centro vasomotor del sistema
nervioso central (SNC), el cual aumenta la actividad
simpática neuronal y estimula a la médula suprarrenal
para la liberación de catecolaminas. Esta respuesta
constituye uno de los mecanismos más importantes de
adaptación en el shock, lo que se denomina fase de shock
compensado.
Agotamiento de la respuesta
Esta estimulación simpática prolongada produce el
llamado down regulation de dichos receptores por
diferentes mecanismos, entrando entonces en la fase de
shock descompensado.
En la evolución del shock sin tratamiento comienzan a
producirse los fallos de cada sistema orgánico y es
cuando entra en fase el shock irreversible. La
administración de fármacos simpático-miméticos
permite mantener de una forma externa el efecto de
esta respuesta de adaptación; comprender su mecanismo
de actuación ayudará a la utilización de los fármacos
vasoactivos en su respectiva fase de tratamiento.
El aumento de la actividad simpática en respuesta a
la hipotensión viene mediada por los barorreceptores
carotídeos y aórticos. Esta secreción de
catecolaminas causa vasoconstricción, taquicardia y
aumento del gasto cardíaco precozmente en el curso
del shock.
El volumen circulante efectivo es el volumen capaz de
ejercer presión sobre la pared del vaso e iniciar el retorno
venoso. Este volumen disminuye con la hipovolemia. Los
receptores natriuréticos intraauriculares sufren una
disminución de la actividad eferente
propiciada por la hipovolemia intravascular,
produciendo secreción de hormona antidiurética y
vasoconstricción renal. Finalmente, la activación del eje
renina-angiotensina-aldosterona producirá retención de
sodio y agua con el objetivo de aumentar el volumen
circulante.
Fisiopatología del shock por sistemas
Alteraciones a nivel celular
La hipoxia celular produce un metabolismo anaerobio,
cuyo resultado es el aumento de la producción de ácido
láctico y la consecuente acidosis metabólica, e
indirectamente, una producción reducida de ATP
celular. Este agotamiento del ATP disminuye los
procesos metabólicos celulares dependientes de energía y
tiene como resultado la alteración de la membrana
celular. En la evolución del shock se produce mayor
isquemia esplácnica, favoreciendo la translocación
bacteriana, que lleva a segundas y terceras noxas,
produciendo un círculo vicioso de hipoperfusión tisular
con shock irreversible que se asocia a apoptosis y muerte
celular, dando lugar al fallo del órgano afectado.
El intercambio iónico entre sodio y potasio es
dependiente del ATP, alterándose cuando éste
disminuye. Esto sumado a que la producción energética
celular también está afectada, dando lugar a un
incremento en el sodio intracelular, se favorece el
arrastre de agua al interior de la célula y se produce el
edema celular. Consecuentemente, hay una disminución
del potencial transmembrana, aumentando la
permeabilidad, concretamente para los iones Ca++.
Durante la isquemia no se genera ATP, aunque se
consume. Se acumulan productos intermedios
intracelulares y sustrato, y, cuando ocurre la
reperfusión, lleva a la generación y liberación masiva
de radicales libres de oxígeno gracias a las alteraciones
previas metabólicas durante la isquemia. Los radicales
libres lesionan las membranas a nivel celular, y
producen desnaturalización de las proteínas y,
consecuentemente, se rompen los cromosomas. La
respuesta que se desencadena es sistémica y se genera
después del shock, llegando a ocurrir horas o días
después de la reanimación del paciente. La inflamación
postisquémica se inicia por la activación de neutrófilos,
macrófagos y células endoteliales.
La activación de macrófagos por liberación de
citoquinas amplifica la respuesta inflamatoria, y la
activación de leucocitos y macrófagos.
Nivel tisular
El aumento de extracción de oxígeno a la hemoglobina es
el principal mecanismo de compensación tisular en el
shock, y varía dependiendo del tejido. De acuerdo a esta
capacidad, cada órgano tendrá un punto (umbral
anaerobio) a partir del cual será incapaz de mantener
un metabolismo aeróbico y la producción de ATP,
activando vías metabólicas alternas (como la glucólisis
anaerobia) con menor eficiencia en la producción de
ATP. Pero cuando el organismo alcanza este nivel, entra
en una fase en la que el consumo de oxígeno se vuelve
dependiente del aporte. Si el aporte de oxígeno a la
mitocondria no es suficiente para mantener la actividad
de la cadena respiratoria, se producirá un déficit de ATP
y un exceso de hidrogeniones (acidosis
metabólica), dando lugar a lo que se conoce como “disoxia”. El exceso
de nicotinamida adenina dinucleótido (NADH) activa la
enzima lactato deshidrogenasa derivando el piruvato a
lactato. La medición de los
hidrogeniones o del lactato se puede utilizar como
indicador de la actividad mitocondrial y, por lo
tanto, de una adecuada perfusión.
Fisiopatología de la función pulmonar
La oxigenación puede verse comprometida de forma
importante en el transcurso del shock,
fundamentalmente en fases más avanzadas del
síndrome.
Las alteraciones de la función pulmonar van desde
cambios compensatorios en respuesta a la acidosis
metabólica hasta un síndrome de distrés respiratorio
del adulto (SDRA) con manifestación clínica de edema
pulmonar.
La alcalosis respiratoria es más común en las etapas
precoces del shock, como resultado de la estimulación
simpática. Sin embargo, la acidosis metabólica
usualmente predomina a medida que la hipoperfusión
tisular progresa. La acidosis respiratoria, motivada
habitualmente por hipoventilación alveolar, puede ser
secundaria a depresión del SNC, pero con cierta
frecuencia refleja fatiga de la musculatura respiratoria
e implica en algunas ocasiones la necesidad de
ventilación mecánica.
Fisiopatología de la función neurológica
Una hipotensión marcada y prolongada puede producir
una isquemia global, que dará lugar a una encefalopatía
hipóxica o a muerte cerebral.
Fisiopatología de la función renal
La oliguria es la manifestación más común del
compromiso renal en el shock. Está presente
precozmente en el shock debido a la intensa
vasoconstricción renal y a un flujo sanguíneo renal
disminuido. La afectación pasa por un incremento del
tono vascular, mediado por el incremento de la
actividad simpática y el sistema renina-angiotensina.
Además, la perfusión renal cortical disminuye, mientras
que la perfusión medular aumenta, resultando en una
disminución de la filtración glomerular. Una
hipoperfusión prolongada termina en una insuficiencia
renal aguda.
Fisiopatología de efectos metabólicos
La estimulación simpática produce una glucogenólisis,
que conlleva una elevación de la glucosa sanguínea,
muy común en el shock.
Fisiopatología de la función intestinal
Una hipotensión prolongada puede dar lugar a isquemia
intestinal y necrosis hemorrágica; desde hemorragias de
la submucosa intestinal e íleo hasta, más raramente,
perforación intestinal.
Tipos de shock y factores
etiológicos Shock hipovolémico
Disminución del volumen circulante (hipovolemia):
Pérdida de sangre.
-Hemorragias.
Pérdida de volumen plasmático.
-Quemaduras.
-Peritonitis.
-Aumento de la permeabilidad capilar (sepsis).
Pérdida de agua y electrólitos.
-Diaforesis.
-Vómitos.
-Diarreas.
-Uso excesivo de diuréticos.
Shock cardiogénico
Causas cardíacas:
-Pérdida de la función contráctil del miocardio.
-Infarto agudo de miocardio.
-Insuficiencia cardíaca grave de cualquier etiología.
-Lesión miocárdica postcirugía cardíaca.
-Factores cardíacos mecánicos.
-Insuficiencia aórtica o mitral agudas.
-Rotura del tabique interventricular.
-Arritmias, taquicardias o bradicardias graves.
Shock obstructivo
Obstrucción del flujo sanguíneo:
-Embolia pulmonar.
-Taponamiento cardíaco.
-Aneurisma disecante de aorta.
-Disfunción de prótesis cardíacas (trombos).
-Obstrucción de cavas.
-Neumotórax.
-Mixomas.
Shock distributivo
Disfunción vasomotora:
-Pérdida del tono vasomotor (shock neurogénico).
-Anafilaxia.
-Fármacos (vasodilatadores, barbitúricos).
-Lesión medular.
-Dolor.
-Insuficiencia de la microcirculación.
-Sepsis (shock séptico).
Presentación clínica
El temprano reconocimiento del cuadro y la
intervención precoz, antes del inicio de la disfunción
orgánica múltiple, ha demostrado disminuir la
morbilidad y mortalidad del shock. Por ello, aunque en
algunos pacientes el cuadro clínico sea grave y en otros
sutil (en estadios muy iniciales el paciente puede estar
incluso asintomático), es muy importante detectar
signos tempranos de shock por medio de la exploración
física.
Ningún signo vital es diagnóstico de shock, porque son
muy poco sensibles para detectar la magnitud de la
hipoperfusión. Además, signos tempranos pueden
objetivarse en etapas tardías y signos tardíos también
pueden presentarse de forma temprana, dependiendo
del paciente y de la causa. Es importante no
menospreciar los signos clínicos iniciales del shock, ya que
la supervivencia en esta patología depende en gran
medida del tiempo que transcurre sin el diagnóstico y el
tratamiento adecuados.
Signos tempranos de shock:
Taquicardia
Taquipnea
Pulso periférico débil o saltón
Retraso del relleno capilar mayor de 2 segundos
Piel pálida o fría
Presión de pulso reducida
Oliguria
Signos tardíos de shock:
Deterioro del estado mental
Pulso central débil o ausente
Cianosis central
Hipotensión
Bradicardia
Aunque no son específicos, los datos físicos en
conjunto son útiles para valorar a los pacientes en
shock:
-Piel y temperatura. La piel típicamente está pálida,
cianótica o parduzca, sudorosa y pegajosa, con la
temperatura alterada (puede haber hipotermia o
hipertermia) y con llenado capilar lento (mayor de 2
segundos).
-Frecuencia cardíaca (FC): En general se eleva,
aunque puede observarse bradicardia paradójica en
algunos casos de shock hemorrágico, en el
hipoglicémico, en caso de tratamiento con beta-
bloqueantes y con trastorno cardíaco preexistente.
-Presión arterial. La presión arterial sistólica
(PAS) se eleva ligeramente al principio, aunque
luego desciende. La presión arterial diastólica
(PAD) también puede estar aumentada al
principio, pero desciende cuando falla la
compensación cardiovascular.
-Sistema nervioso central. De forma secundaria a la
reducción de la presión de perfusión cerebral
aparecen síntomas como agitación e inquietud,
confusión, delirio, y coma. Pacientes hipertensos
crónicos pueden presentar síntomas con presión
arterial normal.
-Respiratorio. Síndrome de distrés respiratorio del
adulto, con taquipnea, hipocapnia y broncoespasmo
que evoluciona a insuficiencia respiratoria. También
puede haber disnea por edema pulmonar secundario
a disfunción del ventrículo izquierdo.
-Órganos esplácnicos. Íleo, hemorragia
gastrointestinal, pancreatitis, colecistitis
acalculosa, isquemia mesentérica.
-Renal. Oliguria: se debe cuantificar la diuresis
mediante sonda vesical (al menos durante 30
minutos), y se considera normal si es mayor de 1
ml/kg/h, reducida entre 0,5 y 1 ml/kg/hora y
severamente reducida si es menor de 0,5 ml/kg/h.
Diagnóstico de shock
El diagnóstico de shock es fundamentalmente clínico,
basado en la observación de los síntomas y signos que
presenta el paciente, así como en la monitorización
de éste y la medición de parámetros analíticos
directamente relacionados con el proceso.
Es importante el reconocimiento precoz del shock, ya
que su reversibilidad y, por tanto, su
morbimortalidad, dependen del estadio evolutivo en
que se encuentre en el momento del diagnóstico.
Distinguimos dos tipos de shock en función de que los
mecanismos compensadores actúen correctamente o
se agoten:
-Shock moderado:
Piel: fría, pálida y con retraso en el relleno
capilar.
SNC: intranquilidad, ansiedad, nerviosismo.
Cardiovascular: taquicardia con presión
arterial normal o levemente disminuida.
Respiratorio: taquipnea.
Renal: oliguria.
-Shock grave:
Piel: fría, pálida, cianótica y con livideces en las
extremidades.
SNC: somnolencia, confusión, coma.
Cardiovascular: hipotensión, taquicardia,
arritmias.
Renal: oligoanuria.
Respiratorio: taquipnea/bradipnea.
Metabolismo: acidosis metabólica, hipoglucemia.
Dada la existencia de los distintos tipos de shock, así
como los diversos procesos patológicos que pueden llevar
a cualquiera de ellos, es difícil establecer criterios que
ayuden en el diagnóstico precoz.
Hay una serie de síntomas y signos que son comunes a
todos los tipos de shock, como hipotensión, oliguria, frialdad
cutánea, sudoración, alteración del estado de conciencia y
acidosis metabólica. Sin embargo, hay otros que pueden
orientar hacia una etiología concreta:
-Hipovolémico: aparecerán hemorragias externas o internas
(traumatismos cerrados toracoabdominales, fracturas de
huesos largos, hematemesis, melenas, rectorragias), pérdidas
de fluidos (vómitos), diarreas, quemaduras extensas o al
tercer espacio, como sucede en pancreatitis, obstrucción
intestinal, etc.
-Cardiogénico: encontraremos dolor torácico, palpitaciones,
disnea brusca, soplos cardíacos, ingurgitación yugular.
-Obstructivo (o cardiogénico compresivo): tonos apagados,
ingurgitación yugular, pulso paradójico, ausencia de
murmullo alveolovesicular.
-Distributivo: se presentarán con disnea, exantema cutáneo,
tos, dificultad para tragar en los casos de anafilaxia; en el
séptico encontraremos fiebre (o no) y síntomas de
localización de la infección (que incluso pueden no aparecer).
Los criterios diagnósticos empíricamente aceptados para el
shock son los siguientes:
-Apariencia de enfermedad o estado mental alterado.
-Frecuencia cardíaca superior a 100 latidos por minuto.
-Frecuencia respiratoria superior a 22 respiraciones por
minuto, o PaCO2 inferior a 32 mmHg.
-Déficit de bases en sangre arterial inferior a 5 mEq/l o
incremento de lactato superior a 4 mmol/l.
-Diuresis inferior a 0,5 ml/kg/h.
-Hipotensión arterial de más de 20 minutos de duración.
Para establecer el diagnóstico de shock deben estar presentes,
al menos, cuatro de estos criterios.
Exámenes complementarios orientados al
shock
En los servicios de urgencias es esencial la orientación
sindromática inicial, de ahí la importancia de que las pruebas
complementarias realizadas se dirijan a orientar en el grado
de afectación del paciente y en descubrir el origen del shock.
Entre dichos estudios, no deberían faltar:
-Hemograma (con recuento y fórmula leucocitaria),
importante tanto para conocer la situación inmunitaria del
paciente como para orientar en los agentes patógenos
responsables del shock séptico (leucocitosis con desviación
izquierda en procesos bacterianos, neutropenia en pacientes
VIH y en infecciones por Brucella, eosinofilia en parasitosis y
shock anafiláctico); hemoglobina con hematocrito, tan
importante en los episodios de shock hipovolémico por
cuadro exanguinante, así como en los episodios de
hemorragia digestiva.
-Estudio de coagulación (plaquetas, fibrinógeno y D-dímero):
la plaquetopenia, la disminución del fibrinógeno y la
aparición de D-dímero son sugestivos del desarrollo de una
coagulación intravascular diseminada (CID), lo que
habitualmente refleja una lesión endotelial difusa o trombosis
microvascular.
-Bioquímica básica con glucosa, iones, calcio, urea, cratinina,
aspartato aminotransferasa (AST, antes llamada TGO),
alanina aminotransferasa (ALT
antes llamada TGP), bilirrubina y lactato. La hiperglucemia y
la resistencia a la insulina son alteraciones casi universales en
pacientes sépticos; colestasis, hiperbilirrubinemia, elevación
de las transaminasas, hiperamilasemia y retención del sodio
urinario, alteraciones de la función renal, etc, son
alteraciones habituales.
También deben solicitarse marcadores cardíacos, como
troponina I, isoenzima MB de la creatininfosfoquinasa
(CPK-MB), mioglobina y marcadores de fallo cardíaco,
como los péptidos natriuréticos tipo B (pro- BNP).
Es importante determinar el lactato sérico, ya que, además de
su valor diagnóstico, se han correlacionado valores altos (> 2
mmol/l) con aumento en la mortalidad en pacientes con shock
séptico.
-Gasometría arterial o venosa: donde se objetivan cambios
como la aparición de hipoxemia, acidosis metabólica,
consumo de bicarbonato y un exceso de bases negativo.
-Examen de orina: de importancia en los cuadros sépticos
sin foco aparente (cabe tener siempre en cuenta la
prostatitis en el varón y la pielonefritis en las mujeres),
además de ser el foco de sepsis más frecuente en los
pacientes mayores de 65 años.
-Sería importante realizar de forma reglada la proteína C
reactiva (PCR) y la procalcitonina (PCT): niveles altos
orientan hacia la existencia de una infección sistémica grave
y/o bacteriana en lugar de viral o inflamatoria, por lo que
son de utilidad para el tratamiento, indicación de
antimicrobianos y para valorar la evolución de dichos
cuadros. Valores de PCR > 20 mg/l y PCT > 2 ng/ml
orientan a infección de origen bacteriano y sepsis grave. En
cambio, cifras de PCR < 8 mg/l y PCT < 0,5 ng/ml
disminuyen la probabilidad de bacteriemia, con sepsis por
debajo del 1-2 %. La PCR está considerada actualmente
como el marcador más específico y precoz en infección
bacteriana-sepsis.
-Electrocardiograma: habitualmente se observa una
taquicardia sinusal, pero puede encontrarse cualquier tipo de
alteración del ritmo, así como alteraciones en el segmento ST
y onda T debido a las posibles alteraciones iónicas y
metabólicas que se dan en todos los pacientes con shock. Es
de especial interés en el shock cardiogénico secundario a
cardiopatía isquémica.
Dado que el shock séptico es el tipo más frecuente que se
asiste y trata, es importante intentar realizar un diagnóstico
microbiológico mediante hemocultivos, en primer lugar,
además de otras muestras biológicas en función del foco. La
recomendación es extraer 2-3 sets (un set = 1 botella
aeróbica + 1 botella anaeróbica) por episodio bacteriémico
antes del tratamiento antibiótico. Debe realizarse en
condiciones de asepsia y de distintas localizaciones. La
cantidad recomendada es de 10 ml por botella y el tiempo
que debe pasar entre las extracciones de los sets debe ser de
unas dos horas, aunque dicho tiempo se puede reducir a 5-
10 minutos en situaciones de sepsis.
Manejo inicial del shock
De forma independiente a la causa específica del shock, que
nos obligará a su tratamiento específico, los pacientes con
sospecha o evidencia de shock en los servicios de urgencias
requieren una aproximación y un manejo inicial, a la vez que
se investiga la causa que ha provocado esta situación.
En primer lugar, los pacientes con shock deben identificarse
ya en el triage y ser transferidos a la sala de reanimación
para iniciar de forma precoz su valoración y tratamiento.
Todos los pacientes deben recibir oxígeno a alto flujo, tener
asegurada una vía intravenosa (2 vías periféricas de grueso
calibre, G14 o G16) y establecer una monitorización básica
(presión arterial no invasiva, oximetría de pulso). En esta
fase se deben seguir las medidas terapéuticas que se
especifican a continuación.
Manejo de la vía aérea y de la respiración
Debemos considerar la intubación y la ventilación mecánica
de forma precoz en el shock si existen datos de aumento del
trabajo respiratorio, hipoxemia severa, acidosis marcada o
disminución del nivel de conciencia.
La intubación asegura la protección contra la aspiración y
previene el compromiso respiratorio posterior, reduciendo el
consumo de oxígeno de los músculos respiratorios y
mejorando el aporte de oxígeno a los tejidos. La intubación,
cuando es necesaria, debe preceder a cualquier otra técnica y
se realizará antes de trasladar al paciente para estudios
complementarios.
Los objetivos de la ventilación deben ser mantener valores
bajos, tanto de los volúmenes corrientes como de presiones
inspiratorias máximas, para prevenir la reducción en el
retorno venoso que se asocia a la ventilación de presión
positiva, lo que podría agravar el shock hipovolémico y el
distributivo.
Manejo inicial de la circulación
Fluidos
Las causas de shock con hipovolemia responden bien a la
reposición del volumen intravascular y deben identificarse de
forma temprana. En estos casos debe iniciarse una perfusión
de líquidos intravenosos, con una sobrecarga inicial de 1 a 2
litros (40 ml/kg) de cristaloides de forma rápida (30
minutos) y evaluar posteriormente al paciente.
La elección del líquido a perfundir sigue siendo polémica, pero
los cristaloides (Ringer lactato y salino isotónico) están
ampliamente aceptados como tratamiento inicial.
En el shock cardiogénico, la sobrecarga de líquidos puede
producir o complicar un edema pulmonar sin un aumento
útil del gasto cardíaco. El cuidado inicial en estos casos debe
dirigirse al tratamiento de la causa que lo ha generado y a
un soporte inotrópico temprano, junto con el control
agresivo del edema pulmonar.
Otra circunstancia en la cual los líquidos pueden ser
perjudiciales es el shock asociado a una hemorragia activa. La
resucitación con grandes cantidades de volumen antes del
control de la hemorragia es perjudicial, por lo que estos
pacientes deben ser tratados utilizando los principios de la “resucitación
hipotensiva”. Esta estrategia evita complicaciones, como la coagulopatía
dilucional, la hipotermia y el síndrome de distrés respiratorio
del adulto posoperatorio, y exige el tratamiento con el
mínimo aporte de fluidos hasta la resolución quirúrgica del
sangrado. La cantidad de fluido debe ser la mínima suficiente
para mantener al paciente consciente, es decir, para lograr
una perfusión cerebral adecuada. La resucitación hipotensiva
no se recomienda en el traumatismo múltiple cerrado o en la
lesión craneoencefálica grave, debiendo mantenerse en estos
casos una presión arterial sistólica de, al menos, 90 mmHg.
Ante un shock de origen distributivo, como el anafiláctico y el
séptico, la reposición agresiva con fluidos es básica,
requiriendo habitualmente grandes cantidades de líquidos
(entre 6 y 10 litros). Además, el shock séptico también tiene
un componente hipovolémico debido a la extravasación de
plasma a través de la microcirculación lesionada.
Muchos pacientes responderán a la perfusión de líquidos
intravenosos de forma adecuada, mejorando el nivel de
conciencia, la perfusión periférica y el débito urinario (>0,5
ml/kg/h).
Bajo estas circunstancias, debemos dirigir nuestro esfuerzo
a encontrar un diagnóstico y a transferir al paciente para
su tratamiento definitivo.
Si la perfusión es inadecuada y sigue existiendo evidencia
clínica de shock, es deseable en este punto determinar el
grado de relleno de la circulación venosa (precarga) usando la
presión venosa central (PVC) para controlar la sobrecarga de
fluidos. Si se produce un mínimo aumento de la PVC,
podemos seguir dando sobrecargas de fluidos para
incrementar el gasto cardíaco. Si el corazón derecho no
acepta más volumen, con subida significativa de la PVC, el
aporte adicional de fluidos sobrecargará el ventrículo derecho
y puede ser perjudicial.
En cualquier caso, la monitorización de la PVC debe utilizarse
de forma habitual en los servicios de urgencias ante pacientes
en situación de shock; además es una buena práctica usar la
PVC para guiar la sobrecarga de fluidos hasta encontrar una
adecuada respuesta clínica o hasta que la PVC comience a
elevarse. En este momento, si el paciente persiste en situación
de shock, debe considerarse el tratamiento con agentes
inotrópicos.
Agentes vasoactivos
El inicio de agentes vasoactivos está indicado cuando el shock
no responde al tratamiento con fluidos. Esto se da en el
shock cardiogénico con fallo ventricular izquierdo o en
estados avanzados del shock séptico en los que las sobrecargas
de fluidos, dirigidas por la PVC, no están proporcionando
ninguna ventaja o están dando lugar a aumentos
significativos en la PVC.
El objetivo de la terapia con estos fármacos es elevar el gasto
cardíaco, aumentando la frecuencia cardíaca y el volumen
circulante con una precarga adecuada para ejercer un efecto
apropiado sobre el sistema vascular periférico.
Se debe determinar si hay evidencia de gasto cardíaco
disminuido junto con presiones de llenado elevadas, lo que
requerirá agentes inotrópicos, o si la hipotensión se acompaña
de un gasto cardíaco elevado, lo que indicará la necesidad de
agentes presores. Generalmente, los agonistas beta-
adrenérgicos se utilizan para mejorar la contractilidad
cardíaca y los alfa- adrenérgicos cuando se necesita el
mantenimiento de la presión de perfusión de los tejidos.
La dobutamina, predominantemente agonista beta-
adrenérgico, tiene un efecto inotrópico y cronotrópico
positivo, junto con un grado útil de vasodilatación, y es, por
lo tanto, de elección en el shock cardiogénico severo con
edema pulmonar, aunque precisa de una presión arterial
sistólica adecuada (90 mmHg). En presencia de una precarga
inadecuada, puede causar hipotensión por sus efectos
vasodilatadores.
La adrenalina (alfa y beta-adrenérgica) es el agente de
elección para los pacientes con shock anafiláctico donde
predomina la vasodilatación.
En el shock séptico, la vasodilatación inadecuada y la
disminución de las resistencias vasculares sistémicas son los
problemas principales después de la reanimación con fluidos.
Se pueden utilizar varios agentes vasopresores (dopamina,
adrenalina, noradrenalina), aunque evidencias actuales
indican que la noradrenalina puede ser el agente de elección
para los pacientes con shock séptico severo. La noradrenalina
ha demostrado aumento del gasto cardíaco, de la perfusión
renal y del débito urinario. Como todos los inotrópicos, las
perfusiones de noradrenalina se deben comenzar
cautelosamente y aumentar hasta alcanzar una presión
arterial media adecuada, por encima de 65 mmHg.
Los agentes inotrópicos deben administrarse
preferentemente por una vía venosa central. Es muy difícil
establecer la dosis adecuada a menos que se haya establecido
una monitorización continua de la presión arterial,
preferentemente invasiva. Cualquier paciente que requiere
inotrópicos para el soporte circulatorio en el servicio de
urgencias debería tratarse de forma definitiva en una
unidad de cuidados intensivos.
Tratamiento del paciente en
shock Objetivos generales del
tratamiento
-Asegurar la vía aérea y el aporte de oxígeno para obtener
una saturación de oxígeno (SaO2) >92% (saturómetro).
-Mejorar la perfusión consiguiendo:
Relleno capilar (RC) < 2 segundos.
Presión arterial sistólica (PAS) > 90 mmHg o presión
arterial media (PAM) > 65 mmHg.
Diuresis > 0,5 ml/kg/h.
Hematocrito (Hto) > 21 o 30% si presenta
cardiopatía o insuficiencia respiratoria.
Estado mental similar a antes
del shock. Coloración
cutaneomucosa normal.
Temperatura normal.
Saturación de oxígeno en vena cava superior (SvcO2) > 70%
(saturación venosa mixta de oxígeno (SvO2) > 65%).
-Impedir que se llegue a una sobrecarga excesiva de volumen:
Presión venosa central (PVC) < 12 cmH20 (<15 cmH20 si
hay intubación con ventilación mecánica).
Presión capilar pulmonar (PCP) < 18 mmHg.
-Corregir la acidosis metabólica (indicativo de shock
descompensado): HCO3 y PH normales.
Lactacidemia normal.
-Tratar la causa que originó el shock (control de la
hemorragia, antibióticos, drenaje de abscesos, fibrinólisis,
etc).
Reanimación inicial
Como toda patología de urgencia, sigue el esquema básico A
(Airway, mantenimiento de la vía aérea con control
cervical), B (Breathing, respiración), C (Circulation, control
de hemorragias y circulación). Consta de los pasos que se
citan a continuación.
Medidas generales
-Colocación del paciente:
Decúbito supino si presenta shock hipovolémico o distributivo o
bien disminución del nivel de conciencia.
Semiincorporado si muestra disnea.
-Inmovilización cervical si hay traumatismo.
-Medidas contra la hipotermia. Es muy importante evitar
la hipotermia, ya que se asocia a acidosis y a coagulopatía.
Soporte respiratorio
-Permeabilizar la vía aérea mediante:
Aspiración de secreciones, retirada de cuerpos extraños de la
cavidad oral. Colocación de cánula orofaríngea si hay
disminución del nivel de conciencia.
Si presenta obstrucción de la vía aérea, tomar
medidas para su permeabilización (traqueostomía
de urgencia).
-Oxigenoterapia:
Todo paciente en shock debe recibir oxígeno mediante
mascarilla tipo Venturi con la fracción inspiratoria de O2
(FiO2) necesaria para conseguir una SaO2> 92%, salvo que
coexistan situaciones de retención de CO2 (insuficiencia
respiratoria global crónica), caso en que primará no
empeorarla, bien administrando flujos entre 24 y el 28%,
bien mediante técnicas de ventilación mecánica.
-Ventilación:
Tratamiento del neumotórax, volet
costal, etc. Ventilación mecánicas no
invasiva (VMNI):
CPAP (“continuous positive airway pressure”: presión positiva
continua de aire), si se presenta distrés respiratorio.
BiPAP (“bi-level positive airway pressure: presión positiva de la
vía aérea con dos niveles de presión), si coexiste retención de
CO2 y no mejora con la administración de O2, con FiO2
entre 0,24 y 0,28.
Ventilación mecánica invasiva previa intubación orotraqueal.
Si presenta taquipnea intensa, necesitará usar la musculatura
accesoria o SaO2 < 90%, a pesar de aporte de O2 con alto
flujo, y no mejora con la VMNI (CPAP oBiPAP).
Si la puntuación Glasgow es < 8 puntos o ante la
imposibilidad de seguimiento estrecho.
Acceso venoso
Se canalizarán 2 vías venosas periféricas con catéter de grueso
calibre (Abbocath del n° 14).
-Si fuera factible, se extraen muestras de sangre para
analítica (hemograma, bioquímica –incluyendo proteína C
reactiva (PCR), procalcitonina y lactato si hay sospecha de
shock séptico-, estudio de coagulación y gasometría venosa),
primer hemocultivo en caso de shock séptico y pruebas
cruzadas si se presentara shock hemorrágico.
-Comenzar la fluidoterapia y/o administración de
fármacos vasopresores según el tipo de shock.
-Si hay shock séptico, se extrae la segunda muestra de
hemocultivo, seguida de la primera dosis del antibiótico.
Nunca se demorarán más de 30 minutos.
Fluidoterapia
Se utiliza la reposición precoz de líquidos para
expandir el volumen intravascular y así aumentar el
retorno venoso y la perfusión tisular.
La administración será enérgica mediante bolos o cargas a
través de las vías venosas periféricas, salvo contraindicación.
Los tipos de sueros, dosis y frecuencia de administración se
especifican en cada tipo de shock.
Durante la primera hora, se administrarán las dosis iniciales
basadas en el tipo de shock y características del paciente,
midiéndose el resultado mediante los signos clínicos
detallados en los objetivos y con la aparición de
ingurgitación yugular, crepitantes en la auscultación
pulmonar y/o disminución de la SO2.
Una vez estabilizado el paciente, el tipo de suero y el volumen
a perfundir dependerán de sus antecedentes personales y de
la etiología del shock, aportando los suplementos mínimos de
glucosa, sales (cloro, sodio, potasio) y agua.
Monitorización de las constantes vitales
-Se monitorizará temperatura, ritmo cardíaco, PAS, PAD y
PAM (no invasiva en las primeras horas), pulso, SaO2,
diuresis (tras sondaje vesical habiendo cursado una muestra
de orina para estudio analítico), nivel de conciencia mediante
la escala de Glasgow, y cuando se disponga de un acceso
venoso central se monitorizará la PVC, la SacO2 o la SvO2.
Fármacos vasopresores
-La elección del fármaco dependerá de la situación
hemodinámica del paciente y del tipo fisiopatológico de
shock.
-Están indicados cuando la PVC y/o la PCP están elevadas,
pero la PAM (o la PAS) siguen disminuidas, persistiendo el
resto de signos de shock.
-Salvo en determinadas circunstancias, como, por ejemplo, el
shock anafiláctico, el shock séptico evolucionado o el shock
cardiogénico, no se utilizan hasta que no se haya optimizado la
reposición de volumen.
-Todos ellos se preparan en diluciones para perfusión
continua, que dependerá de cada centro y de sus
posibilidades técnicas (bombas de infusión) y deben
evaluarse sus efectos de manera estrecha adecuando la
velocidad de perfusión según se necesite.
-La vía de administración ideal es la central,
pudiéndose utilizar temporalmente la vía
periférica.
-Su objetivo es conseguir una PAM > 65 mmHg (o PAS > 90
mmHg)-
Fármacos inotrópicos
Están indicados cuando persisten los signos de hipoperfusión
a pesar de haber optimizado la reposición de volumen (PVC >
12 cmH2O), la PAM > 65 mmHg mediante la
administración de vasopresores y el Hto > 21%.
Comparten con los vasopresores la recomendación de
administrarse por la vía venosa central. Los más utilizados
son dobutamina y los inhibidores de la fosfodiesterasa.
Bicarbonato de sodio
La utilización de bicarbonato sódico está indicado cuando el
PH < 7,15. El déficit de bicarbonato se calcula mediante la
siguiente fórmula
Déficit de CO3H- = 0,3 x kg de peso x exceso de bases
El resultado obtenido es igual a la cantidad necesaria, en ml,
de bicarbonato sódico 1M.
Se administra la mitad en 30 minutos y se realiza una
nueva gasometría a los 60 minutos. Si el PH continúa siendo
< 7,15, se realiza un nuevo cálculo, teniendo siempre en
cuenta administrar el 50% del déficit calculado.
Analgesia
Los fármacos indicados son los analgésicos narcóticos.
Tratamiento específico según el tipo de
shock
A continuación se revisarán los aspectos específicos de cada
tipo de shock sobre el esquema general.
Shock hipovolémico
En el shock hipovolémico predomina la pérdida de volemia,
por lo que su reposición es la prioridad. Existen 2 tipos:
pérdida de sangre (hemorragia) y pérdida de líquido no
hemático.
Shock hemorrágico
El objetivo principal es el control precoz de la hemorragia,
orientándose el resto de las medidas a mantener al
paciente en las mejores condiciones hemodinámicas
posibles.
Las medidas generales y el soporte respiratorio no varían del
cuidado general del paciente en shock, ya expuesto
anteriormente.
En el acceso venoso cobra jerarquía la precocidad en la
canalización de 2 vías venosas periféricas de grueso calibre,
extracción de muestras para estudio analítico (hemograma,
bioquímica sanguínea, estudio de la coagulación) y obtención
de pruebas cruzadas para transfusión de concentrados de
hematíes.
Se debe privilegiar esencialmente el control hemodinámico,
mediante sueroterapia (administración de sueros), sobre el
déficit de hemoglobina (administración de sangre) por los
efectos secundarios de transfusión masiva.
-Sueroterapia: Como norma general, se comienza con
cristaloides y coloides en proporción 3:1, en dosis iniciales de
1.500 ml (1.000 ml de cristaloides y 500 ml de coloides) en
20 minutos, repitiendo hasta la mejora de los
objetivos terapéuticos o la aparición de efectos secundarios,
como ingurgitación yugular, presencia de crepitantes y/o
disminución de la Sao2.
-Hemoterapia: Se utilizarán concentrados de
hematíes, unidades de plaquetas y de plasma fresco
congelado, en caso de necesidad.
-Control de la hemorragia: se hará mediante
compresión directa o tratamiento endoscópico o
quirúrgico urgente.
El resto de medidas terapéuticas no difieren del esquema
general.
Shock hipovolémico no hemorrágico
Comparte los mismos apartados que el shock hemorrágico,
salvo que no existe sangrado y no necesita transfusión de
concentrados de hematíes. Es importante buscar la
etiología de la hipovolemia.
Se solicitarán pruebas de laboratorio y el resto de pruebas
complementarias necesarias en función de la clínica.
La sueroterapia se acondicionará a las alteraciones
hidroelectrolíticas y al equilibrio ácido/base existentes.
Shock cardiogénico/obstructivo
Estos tipos de shock comparten su escasa necesidad de
aportes de líquidos, salvo excepciones (insuficiencia ventricular
derecha), por lo que la sueroterapia será a base de pequeñas
cargas de 200 ml de suero fisiológico a pasar en 20-30
minutos con estricto control de los parámetros clínicos, sobre
todo la PVC (si se dispone de ella).
Es crucial el diagnóstico y tratamiento específico precoz
(primeras horas) en función de la causa (fibrinólisis,
marcapasos, etc.), priorizando su traslado precoz a UCI,
quirófano o sala de hemodinamia en función de la etiología.
Los fármacos más utilizados son los vasoactivos, o sea, los
vasopresores, inotrópicos, diuréticos y vasodilatadores,
pudiendo ser necesaria la utilización de bomba de
contrapulsación (exclusivo en UCI):
-Soporte respiratorio: sedación, intubación y ventilación
mecánica para corregir la hipoxemia y reducir el trabajo
respiratorio.
-Monitorización de constantes vitales: a la monitorización
general de todo paciente en shock, se añadirá el eco-Doppler.
-Analgesia: se administrarán analgésicos narcóticos, si
aparece IAM o disección aórtica, por vía i/v.
-Fármacos vasopresores: se utilizarán cuando la PVC esté
elevada, pero la PAM (o PAS) sigan disminuidas,
persistiendo el resto de signos de shock. Su objetivo es
conseguir una PAM > 65mmHg (o PAS> 90mmHg). Los
más empleados son dopamina (en dosis alfa) o
noradrenalina (alternativa a la dopamina por ser menos
arritmógena).
-Fármacos inotrópicos: están indicados cuando: a) tras la
reposición de volumen, la PVC está elevada (>12 cmH2O);
b) tras la administración de fármacos vasopresores la PAM
es > 65 mmHg, pero persisten los signos de hipoperfusión,
y c) precisan de una mejora de la PAM previa a su
administración por su efecto vasodilatador. El más
utilizado es la dobutamina.
-Diuréticos: se utilizan para disminuir la congestión
pulmonar, pero es necesaria una PAS > 80 mmHg. El
más utilizado es el furosemide, bien en bolos i/v o en
perfusión i/v continua.
Vasodilatadores: se utilizan para disminuir la poscarga y si
persiste el gasto cardíaco disminuido. Se precisa de una PAS
> 80 mmHg. Los más utilizados son nitroglicerina y
nitroprusiato. Debe vigilarse la PA, por peligro de hipotensión
severa.
-Otros tratamientos: a) bicarbonato sódico, según la
gasometría y tal como se describió en el esquema general; b)
fibrinólisis o angioplastia primaria en el
síndrome coronario agudo (SCA); c) balón de contrapulsación
aórtico si fracasan las medidas anteriores; d) cirugía de las
complicaciones mecánicas, y
e) tratamiento de las arritmias graves, cardioversión
eléctrica en las taquiarritmias o marcapasos
provisional en las bradiarritmias.
Shock distributivo
Este tipo de shock engloba otros tipos con entidad propia,
tales como el séptico y el anafiláctico.
Shock séptico
Medidas generales:
Se mantendrá al paciente en decúbito
supino. Se tomarán medidas para
evitar la hipotermia.
-Soporte respiratorio (igual que en el tratamiento general).
-Acceso venoso, hemocultivos y primera dosis de antibiótico:
El acceso venoso periférico es igual que en el tratamiento
general.
Con la canalización de los accesos venosos periféricos se
extraerán las muestras para hemocultivos.
Nunca deberá retrasarse la administración de la primera dosis
de antibiótico.
Salvo conocimiento del foco infeccioso, también se extraerá
muestra de orina para cultivo.
La elección del antibiótico dependerá del tipo de infección
(por la clínica), su origen (adquirido en la comunidad o
nosocomial) y los antecedentes personales.
-Fluidoterapia:
Administración enérgica de fluidoterapia mediante bolos o
cargas a través de las vías venosas periféricas con cristaloides
y coloides (3:1), en dosis iniciales de 1.000 ml de cristaloides
o 500 ml de coloides en 20 minutos, repitiendo hasta un
total de 3 cargas, logro de los objetivos terapéuticos o
aparición de efectos secundarios.
Una vez estabilizado el paciente, el tipo de suero y el volumen
a administrar dependerá de sus antecedentes personales,
asegurando los suplementos mínimos de glucosa, sales (cloro,
sodio, potasio) y agua.
-Monitorización: (igual que en tratamiento general).
-Fármacos vasopresores:
Se administrarán cuando la PAM (o PAS) estén muy
disminuidas y no responda a la primera carga de
volumen.
Se utilizará temporalmente la vía periférica hasta que se
canalice una vía venosa central.
Su objetivo es conseguir una PAM > 65mmHg (o PAS > 90
mmHg).
El fármaco de elección es la noradrenalina. Como
alternativa se utilizará la dopamina en dosis alfa.
-Glicemia: deberá mantenerse > 150 mg/dl.
-Bicarbonato sódico: su utilización está indicada cuando el PH
es < 7,15.
-Tratamiento del foco séptico: el objetivo es erradicar el foco
séptico, siendo imprescindible su identificación y tratamiento
precoz, mediante drenaje de abscesos, tratamiento quirúrgico
y retirada de dispositivos infectados, junto a la terapia
antibiótica correcta precoz.
Shock anafiláctico
Comparte con el shock séptico la mayor parte del
tratamiento en cuanto a las medidas generales, soporte
respiratorio, acceso venoso y fluidoterapia. Las diferencias
más notables son:
-Soporte respiratorio: en caso de broncoespasmo resistente a
adrenalina, se recomienda la administración de beta-
miméticos, como salbutamol en aerosol, junto a
oxigenoterapia de alto flujo.
-Adrenalina: se administra en las fases iniciales, junto a la
fluidoterapia. Las primeras dosis serán por vía i.m, en forma
de bolos, en dosis de 0,01 mg/kg (máxima dosis por bolo:
0,5 mg) cada 5-15 minutos, seguidas, si hay ausencia de
mejora, de perfusión i/v continua.
-Vasopresores: están indicados si no mejora la PAS tras la
administración de sueroterapia y adrenalina. Es de
preferencia la noradrenalina.
-Antihistamínicos: son fármacos para mejorar los síntomas
y tienen escasa influencia en la mejora hemodinámica.
-Anti-H1: dexclorfeniramina: se administra en dosis de 5 mg
por vía i/v cada 8 horas.
-Corticoides: metilprednisolona (1-2 mg/Kg en bolo i/v cada
6 horas); se utiliza para prevenir nuevos episodios y no es la
primera opción en el manejo inicial de shock anafiláctico.
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