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Protocolo Prevencion Abusos

Este documento establece un protocolo de prevención y actuación frente a abusos sexuales a menores y personas vulnerables en la diócesis de Córdoba, así como un código de buenas prácticas. El protocolo define el abuso sexual, establece medidas de prevención como la selección de personal y programas de formación, y detalla los pasos a seguir en caso de detección de un abuso, incluyendo la denuncia y actuación. El código de buenas prácticas propone pautas para crear ambientes seguros en la igles

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Protocolo Prevencion Abusos

Este documento establece un protocolo de prevención y actuación frente a abusos sexuales a menores y personas vulnerables en la diócesis de Córdoba, así como un código de buenas prácticas. El protocolo define el abuso sexual, establece medidas de prevención como la selección de personal y programas de formación, y detalla los pasos a seguir en caso de detección de un abuso, incluyendo la denuncia y actuación. El código de buenas prácticas propone pautas para crear ambientes seguros en la igles

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PROTOCOLO

DE PREVENCIÓN Y ACTUACIÓN FRENTE A ABUSOS


SEXUALES A MENORES Y PERSONAS VULNERABLES
Y CÓDIGO DE BUENAS PRÁCTICAS
PARA AMBIENTES SANOS Y SEGUROS EN LA IGLESIA
PROTOCOLO
DE PREVENCIÓN Y ACTUACIÓN FRENTE A ABUSOS
SEXUALES A MENORES Y PERSONAS VULNERABLES
Y CÓDIGO DE BUENAS PRÁCTICAS
PARA AMBIENTES SANOS Y SEGUROS EN LA IGLESIA

diócesis de Córdoba 2019


EDITA
Obispado de Córdoba
Torrijos, 12
14003 Córdoba

DISEÑO Y MAQUETACIÓN
Delegación diocesana de Medios de Comunicación Social

Depósito legal: CO-847-2019

Impreso en España.
Mons. Demetrio Fernández González
Por la gracia de Dios y de la sede Apostólica Obispo de Córdoba

DECRETO

Prot. Nº S.2019/05/278

El Papa francisco, en el Discurso final de la concelebración eucarís-


tica con ocasión del Encuentro de todos los presidentes de Conferen-
cias Episcopales celebrado en el Vaticano sobre “La protección de los
menores en la iglesia”, el día 24 de febrero de 2109, ha señalado que «la
gravedad de la plaga de los abusos sexuales a menores es por desgracia
un fenómeno históricamente difuso en todas las culturas y sociedades»,
«un problema universal y transversal que desgraciadamente se verifica
en casi todas partes. Debemos ser claros: la universalidad de esta plaga,
a la vez que confirma su gravedad en nuestras sociedades, no disminuye
su monstruosidad dentro de la Iglesia. La inhumanidad del fenómeno
a escala mundial es todavía más grave y más escandalosa en la Iglesia,
porque contrasta con su autoridad moral y su credibilidad ética». A con-
tinuación, el Santo Padre da indicaciones operativas para actuar en la
Iglesia «con la mayor seriedad», adoptando «todas las medidas prácticas
que nos ofrece el sentido común, las ciencias y la sociedad» para «es-
cuchar, tutelar, proteger y cuidar a los menores abusados, explotados y
olvidados, allí donde se encuentren». Para ello, indica que las directrices
dadas en ámbitos civiles en la modalidad de un “Código de buenas prác-
ticas” están siendo acogidas en la legislación de la Iglesia y de la Comi-
sión Pontificia para la Protección de los Menores, y deben concretarse
en cada diócesis para conseguir una eficaz actuación eclesial.
Recientemente, el Papa Francisco, en la Carta en forma Motu Proprio
“Vos estis lux mundi”, publicada el 9 de mayo de 2019, ha recordado
que los obispos, como sucesores de los apóstoles, tienen una importante
responsabilidad y ha dado normas concretas para ejercerla: «Para que
estos casos, en todas sus formas, no ocurran más, se necesita una con-
tinua y profunda conversión de los corazones, acompañada de acciones
concretas y eficaces que involucren a todos en la Iglesia, de modo que
la santidad personal y el compromiso moral contribuyan a promover la
plena credibilidad del anuncio evangélico y la eficacia de la misión de
la Iglesia». Y señala el Papa: «Por tanto, es bueno que se adopten a nivel
universal procedimientos dirigidos a prevenir y combatir estos crímenes
que traicionan la confianza de los fieles. Deseo que este compromiso se
implemente de manera plenamente eclesial, y que sea una expresión de
la comunión que nos mantiene unidos, mediante la escucha recíproca, y
abiertos a las aportaciones de todos los que están profundamente inte-
resados en este camino de conversión».
Atendiendo a estos criterios y normas dadas por el papa Francisco y
para concretarlos en nuestra Diócesis de Córdoba, apruebo y publico ad
experimentum por un año el
PROTOCOLO DIOCESANO DE PREVENCIÓN Y ACTUACIÓN
FRENTE A ABUSOS SEXUALES A MENORES Y PERSONAS
VULNERABLES Y EL CÓDIGO DE BUENAS PRÁCTICAS PARA
AMBIENTES SANOS Y SEGUROS EN LA IGLESIA
Estos documentos, que tienen en cuenta otros con la misma finalidad
ya publicados en algunas diócesis españolas y por otras instituciones
eclesiales, aplican y concretan las normas e indicaciones dadas ya por
la Santa Sede y la Conferencia Episcopal Española, y tienen carácter
vinculante para todos aquellos que tengan cualquier tipo de responsabi-
lidad personal o institucional en el trato con menores o personas vulne-
rables en los entes canónicos dependientes de la Diócesis de Córdoba.
Dado en Córdoba, a veintiuno de mayo del año dos mil diecinueve.

+ Demetrio Fernández González, obispo de Córdoba

Ante mí:

Joaquín Alberto Nieva García


Canciller Secretario General
ÍNDICE

INTRODUCCIÓN 9
Finalidad del protocolo 10
Aprobación del protocolo 11

I. DEFINICIÓN DEL ABUSO SEXUAL A MENORES


Y PERSONAS VULNERABLES 13
Implicados 14
Definición 15

II. PREVENCIÓN DEL ABUSO SEXUAL A MENORES


Y PERSONAS VULNERABLES 19
Selección de personal y de colaboradores 19
Comisión de protección a menores y personas vulnerables 20
Programas de formacion específica 21
Concienciación 21

III. DETECCIÓN, DENUNCIA Y ACTUACIÓN


FRENTE AL ABUSO DE MENORES 23
Detección del abuso sexual 24
Revelación del abuso sexual 25
Actitudes relacionadas con la revelación de un abuso 25
Obligaciones tras la revelación de un abuso 27

IV. CÓDIGO DE BUENAS PRÁCTICAS PARA


AMBIENTES SANOS Y SEGUROS EN LA IGLESIA 31
Implementación 31
Finalidad 32
Pautas positivas y límties que se deben tener 32
Sanciones 36
APÉNDICE I 37
Protocolo de actuación ante un posible caso de abusos
a menores en un centro educativo católico, parroquia,
movimiento o institución religiosa

APÉNDICE II 41
Protocolo de actuación para el caso de abusos sexuales
por parte de clérigos y religiosos

APÉNDICE III 47
Documento de responsabilidad personal

APÉNDICE IV 49
Resumen pedagógico del código de buenas prácticas
INTRODUCCIÓN

En su discurso del domingo 24 de febrero de 2019, al final del Encuen-


tro celebrado en Roma sobre “La protección de los menores en la Igle-
sia”, el Papa Francisco invitaba a los Obispos a elaborar parámetros, con
valor de normas, y no solo orientaciones, para luchar contra los abusos
sexuales en sus diócesis. En esta línea de acción, el Papa ha publicado el
26 de marzo de 2019 una Carta Apostólica en forma de motu proprio sobre
la protección de los menores y de las personas vulnerables con el fin de “forta-
lecer aún más el marco institucional y normativo para prevenir y comba-
tir los abusos contra los niños y las personas vulnerables”1, incorporando
a la Ley Fundamental del Estado Vaticano la Ley CCXCVII sobre este
punto y redactando una serie de pautas para la protección de menores
y personas vulnerables para el Vicariato de la Ciudad del Vaticano. Del
mismo modo, el Papa publicó el 9 de mayo de 2019 la Carta apostólica
en forma de motu proprio “Vos estis lux mundi”, con nuevas disposiciones
para la actuación eclesial en el caso de denuncias por abuso sexual a me-
nores por parte de clérigos, miembros de Institutos de vida consagrada
o Sociedades de vida apostólica.
A la luz de estos documentos más recientes, siguiendo la normativa es-
tablecida en el Código de Derecho Canónico y el reciente Magisterio de
la Iglesia, conviene establecer en la diócesis de Córdoba un Protocolo de
prevención y actuación frente a abusos sexuales a menores y personas vulne-
rables, acompañado de un Código de buenas prácticas. El Protocolo viene
a complementar otros protocolos existentes y en vigor para la preven-
ción, detección, denuncia y actuación ante este tipo concreto de maltrato
infantil publicados en diversas instituciones civiles y religiosas. Como
todo Protocolo, se trata de un documento genérico y práctico que se verá
completado con un Directorio más amplio y pormenorizado referido a
todo tipo de maltrato infantil y protección de menores y personas vul-
nerables. El Protocolo quiere ser una guía para actuar adecuadamente

1
  Papa Francisco, Carta Apostólica en forma de motu proprio sobre la protección de los menores
y de las personas vulnerables (26 de marzo de 2019).

PROTOCOLO FRENTE A ABUSOS A MENORES


Y PERSONAS VULNERABLES Y CÓDIGO DE BUENAS PRÁCTICAS
9
frente a la revelación o fundada sospecha de abuso sexual sabiendo qué
hay que hacer con la víctima y con el presunto abusador (responsabilida-
des, roles, canales de comunicación, actuaciones a realizar, peligros a evi-
tar) y para prevenir situaciones de conflicto. El Código de buenas prácticas
que lo acompaña pretende establecer pautas positivas en la organización
y desarrollo de las actividades pastorales, educativas y lúdicas con niños
y adolescentes de modo que la Iglesia se convierta en “ambiente sano” y
“espacio seguro” del menor y de la persona vulnerable.

FINALIDAD DEL PROTOCOLO


Con este Protocolo se pretende ayudar a los sacerdotes y agentes de pas-
toral para que sepan actuar ante posibles casos de abuso sexual que pue-
dan darse en las parroquias, centros de formación, instituciones y demás
ámbitos de la pastoral diocesana en los que se trabaja en la educación
de los menores o con adultos vulnerables. Quiere ser una guía sencilla y
clara que ofrezca orientaciones y procedimientos básicos de prevención
y actuación ante este problema. Con este Protocolo la Diócesis de Cór-
doba se compromete a:
— ser cada vez más consciente de los derechos y necesidades de los
niños y las personas vulnerables y prevenir cualquier forma de
violencia física o mental o abuso, negligencia, abandono o explo-
tación que pueda ocurrir tanto en las relaciones interpersonales
como en las estructuras o lugares de recreo dentro de la misma
Iglesia;
— vivir una leal colaboración y ayuda con las autoridades compe-
tentes cooperando con ellas en las actividades de prevención y
denunciando los abusos;
— realizar un proceso penal efectivo de cualquier abuso contra me-
nores o personas vulnerables cometidos en la Diócesis por las
personas que, según el Derecho Canónico, están sometidas a su
jurisdicción;
— recibir, escuchar y acompañar a quienes afirman haber sido vícti-
mas de explotación, abuso o abuso sexual, así como a sus familias;
— ofrecer atención pastoral adecuada a las víctimas y sus familias, así
como apoyo espiritual, médico, psicológico y legal adecuado;

10 PROTOCOLO FRENTE A ABUSOS A MENORES


Y PERSONAS VULNERABLES Y CÓDIGO DE BUENAS PRÁCTICAS
— garantizar a los acusados el derecho a un juicio justo e imparcial,
con respeto de la presunción de inocencia, así como de los princi-
pios de legalidad y proporcionalidad entre el delito y la sentencia;
— que la persona condenada por haber abusado de un niño o una
persona vulnerable sea removida de sus deberes y, al mismo tiem-
po, ofrecerle un apoyo adecuado para la rehabilitación psicológica
y espiritual, también con el propósito de la reintegración social;
— hacer todo lo posible para rehabilitar la buena reputación de los
acusados injustamente;
— crear una Comisión diocesana de protección de menores y per-
sonas vulnerables así como capacitar a profesionales sobre los
riesgos en materia de explotación, del abuso sexual y maltrato de
niños y personas vulnerables, así como de los medios para identi-
ficar y prevenir tales delitos.

APROBACIÓN DEL PROTOCOLO


Este Protocolo de prevención y actuación frente a abusos sexuales a menores
y personas vulnerables así como el Código de buenas prácticas que le acom-
paña ha sido aprobado para uso interno en el territorio de la diócesis de
Córdoba por decreto del Obispo diocesano, previa consulta con el Con-
sejo Episcopal, por un período de un año ad experimentum, permane-
ciendo de este modo abierto a la incorporación de la nueva legislación y
normativa jurídica civil y eclesiástica que durante dicho período pudiera
publicarse en dicha materia.

PROTOCOLO FRENTE A ABUSOS A MENORES


Y PERSONAS VULNERABLES Y CÓDIGO DE BUENAS PRÁCTICAS
11
I. DEFINICIÓN DEL ABUSO
SEXUAL A MENORES Y PERSONAS
VULNERABLES

Se entiende por maltrato a menores y a personas vulnerables cualquier


conducta o actitud, directa o indirecta por parte de un adulto, otro me-
nor o institución que implique la falta de atención y cuidados que un
niño, adolescente o persona vulnerable necesita para crecer, desarrollarse
y vivir emocional y físicamente de una forma óptima. El maltrato puede
darse por acción o por omisión-negligencia. Se habla de:
— Maltrato físico: sea directamente en forma de agresiones volunta-
rias y directas contra el menor o persona vulnerable, sea en forma
de negligencia no cubriendo las necesidades básicas del menor de
alimentación, vestido, higiene, vigilancia, cuidados médicos.
— Maltrato psicológico o emocional: sea directamente en forma de in-
sultos, rechazo, amenazas, humillaciones, desprecios, burlas, críti-
cas, aislamiento y atemorización del menor o persona vulnerable,
sea en forma de negligencia en sus necesidades psicológicas que
tienen que ver con las relaciones interpersonales y la autoestima
(por ejemplo, no responder a las necesidades emocionales o igno-
rarlas).
— Cyberacoso: suele darse siempre por acción publicando o remitien-
do mensajes desagradables o amenazantes a través de redes socia-
les; difundiendo rumores, información comprometida o exponer
la intimidad de una persona a fin de desprestigiarla; etiquetando,
asociando comentarios indeseables o modificando fotos expo-
niendo a la persona implicada a una posible situación de obser-
vaciones y comentarios de terceros; publicando postings, fotos
o videos desagradables sobre la víctima en una página web, red
social, chat o teléfono móvil; grabando y difundiendo agresiones,
insultos o actuaciones degradantes hacia la víctima a través de
redes sociales o móviles; suplantando la identidad de la víctima

PROTOCOLO FRENTE A ABUSOS A MENORES


Y PERSONAS VULNERABLES Y CÓDIGO DE BUENAS PRÁCTICAS
13
o incluir contenidos desagradables o insultantes en un perfil, red
social o chat; incomodando e intimidando a la persona con conte-
nidos, mensajes o comentarios de contenido sexual; difundiendo
imágenes o datos comprometidos de contenido sexual a través
de redes sociales. Todo esto, tratándose de un menor o persona
vulnerable, aunque se haga con el consentimiento de la víctima.
— Maltrato sexual: contactos o interacciones entre un adulto y un
menor o persona vulnerable en los que el agresor usa al menor
para estimularse sexualmente él mismo, al menor o a otra perso-
na. En este protocolo vamos a desarrollar fundamentalmente este
tipo de maltrato.

IMPLICADOS
Hablando de maltrato y abusos a menores, por lo que se refiere a las víc-
timas, nos referimos siempre a una persona que no ha llegado a la edad
legal de la mayoría de edad. Los 18 años marcan una línea legal donde
se da por terminada la adolescencia y, con ella, la minoría de edad. Se
considera persona vulnerable toda persona en estado de enfermedad,
deficiencia física o mental o privación de la libertad personal perma-
nente u ocasional. Por estas causas, la persona vulnerable ve limitada su
capacidad para comprender o querer resistir la ofensa.
Por lo que se refiere a los agresores, nos referimos fundamentalmente
a adultos, sea hombres como mujeres, pero también a adolescentes y a
jóvenes cuando, dentro de las actividades pastorales, están encargados
de niños más pequeños. Entre ellos podríamos señalar a catequistas,
monitores, animadores de grupos, voluntarios, etc. En estos casos, deben
conocer este Protocolo, igual que los adultos. El hecho de que quien
abuse sexualmente de un menor o de una persona vulnerable sea un
adulto o un joven un poco mayor que él, investido de una cierta au-
toridad profesional o moral sobre la víctima, con una cierta confianza
depositada en su persona, suele tener consecuencias mucho más graves
que el mismo abuso cometido por un desconocido. Siempre es posible
que los agresores se sirvan no solo de la cercanía, sino de la amistad o de
la admiración que les profesa un niño o adolescente, para conseguir su
objetivo de abuso impune.

14 PROTOCOLO FRENTE A ABUSOS A MENORES


Y PERSONAS VULNERABLES Y CÓDIGO DE BUENAS PRÁCTICAS
DEFINICIÓN
Se denomina maltrato sexual a menores y a personas vulnerables a la utili-
zación de los mismos para obtener gratificación sexual. Esa utilización
del menor de edad puede hacerse de muchas maneras, y, en la mayor
parte de los casos, se realiza sin amenazas ni violencia, sino de otras for-
mas no agresivas, como la sorpresa, la seducción, el engaño, el chantaje
o la manipulación. El maltrato sexual puede presentar diversas formas:
agresión, abuso, acoso, provocación y explotación. Conociendo esta dis-
tinción, nosotros nos referiremos al maltrato sexual de forma genérica
como abuso sexual.
1º Se habla de agresión sexual cuando se atenta contra la libertad se-
xual de un menor o persona vulnerable utilizando violencia o in-
timidación. La agresión se convierte además en violación cuando
se produce una agresión sexual con acceso carnal “por vía vaginal,
anal o bucal, o introducción de miembros corporales u objetos por
alguna de las dos primeras vías”.
2º Se habla de abuso sexual directo cuando se realizan actos que aten-
tan contra la libertad o indemnidad sexual de otra persona sin
violencia o intimidación pero sin que medie consentimiento u
obteniendo el consentimiento prevaliéndose el responsable de
una situación de superioridad manifiesta que coarte la libertad
de la víctima. Se habla de abuso sexual indirecto cuando, con fines
sexuales, determine al menor o la persona vulnerable a participar
en un comportamiento de naturaleza sexual, o le haga presenciar
actos de carácter sexual, aunque el autor no participe en ellos. Es
también abuso sexual indirecto contactar o proponer encuentros
con un menor o persona vulnerable a través de internet, del telé-
fono o de cualquier otra tecnología de la información así como
realizar actos dirigidos a embaucarle para que le facilite material
pornográfico o le muestre imágenes pornográficas en las que se
represente o aparezca un menor o una persona vulnerable.
3º Se habla de acoso sexual cuando se solicitan favores de naturaleza
sexual, para sí o para un tercero, en el ámbito de una relación pas-
toral o docente, sea de forma continuada o habitual, provocando
una situación objetiva y gravemente intimidatoria, hostil o humi-
llante.

PROTOCOLO FRENTE A ABUSOS A MENORES


Y PERSONAS VULNERABLES Y CÓDIGO DE BUENAS PRÁCTICAS
15
4º Se habla de provocación sexual cuando se ejecuta o hace ejecutar a
otra persona actos de exhibición obscena ante menores de edad o
personas con discapacidad necesitadas de especial protección.
5º Se habla de explotación sexual o corrupción cuando se induce, pro-
mueve, favorece o facilita la prostitución de un menor de edad o
una persona vulnerable necesitada de especial protección, o lu-
crándose con ello, o explotando de algún otro modo a un menor
o a una persona con discapacidad para estos fines. Es también co-
rrupción de menores todo el mundo de la pornografía infantil, ya
sea captar o utilizar a menores de edad o a personas con discapaci-
dad necesitadas de especial protección con fines o en espectáculos
exhibicionistas o pornográficos, tanto públicos como privados, o
para elaborar cualquier clase de material pornográfico, cualquiera
que sea su soporte, ya sea producir, vender, distribuir, exhibir, po-
seer, ofrecer o facilitar la producción, venta, difusión o exhibición
por cualquier medio e incluso poseer de pornografía infantil o en
cuya elaboración hayan sido utilizadas personas con discapacidad
necesitadas de especial protección.
En resumen, se considera maltrato sexual a menores y a personas vulnerables:
1º Acosar, asustar o intimidar con gestos obscenos o con comunica-
ciones obscenas (llamadas telefónicas, mensajes de móvil, correos
electrónicos, cartas o notas de explícito contenido sexual).
2º Hacer proposiciones sexuales o insinuaciones relacionadas con la
conducta sexual y ofrecimientos de encuentro con fines sexuales
utilizando internet.
3º Pedir al menor que exponga o exhiba su cuerpo o partes de su
cuerpo con fines sexuales, directamente o mediante la utilización
de medios de comunicación digitales.
4º Tocar partes del cuerpo del niño/adolescente consideradas ínti-
mas o erógenas, por encima o por debajo de la ropa, intentos de
beso, contacto corporal, excesivo acercamiento, etc.
5º Obligar o incitar a tocar a un adulto, o a otros menores, con fines
sexuales.
6º Exhibir y exponer deliberadamente al menor material pornográfico.

16 PROTOCOLO FRENTE A ABUSOS A MENORES


Y PERSONAS VULNERABLES Y CÓDIGO DE BUENAS PRÁCTICAS
7º Penetrar oral, anal, vaginal, o intento de penetración, con pene o
con objetos.
8º Explotar sexualmente, incitar o permitir la participación de un
menor en la prostitución, pornografía o espectáculos sexuales.
9º Poseer para uso propio, vender, difundir o exhibir por cualquier
medio directo material pornográfico entre menores de edad o
personas con discapacidad necesitadas de especial protección.
10º Usar internet para difundir contenidos, mensajes y comentarios
de tipo sexual, así como difundir imágenes o datos comprometi-
dos de tipo sexual con o sin consentimiento de la víctima.

PROTOCOLO FRENTE A ABUSOS A MENORES


Y PERSONAS VULNERABLES Y CÓDIGO DE BUENAS PRÁCTICAS
17
II. PREVENCIÓN DEL ABUSO
SEXUAL A MENORES Y PERSONAS
VULNERABLES

Distinguimos entre prevención primaria, secundaria y terciaria, que


corresponden respectivamente a la evitación de los abusos sexuales, su
detección precoz y primer apoyo a las eventuales víctimas y la curación
de las heridas junto a las víctimas que contribuyan a aminorar el daño.

SELECCIÓN DEL PERSONAL Y DE LOS COLABORADORES


La selección de las personas implicadas en la pastoral o la docencia con
menores marca el inicio de la actuación preventiva. Incluye la selec-
ción adecuada de los sacerdotes, seminaristas, formadores, profesores,
catequistas, monitores, entrenadores, voluntarios, personal auxiliar y de
mantenimiento, voluntarios, etc., es decir, de todo el personal con posi-
ble contacto con niños y adolescentes. En la selección se debe determi-
nar la idoneidad del candidato para interactuar con menores y personas
vulnerables.
Para realizar dicha selección de los trabajadores pastorales, se debe de-
terminar la idoneidad de los candidatos para interactuar con menores
de edad, mediante una investigación adecuada y verificando también la
ausencia de cargos judiciales perjudiciales2. Es obligatorio solicitar un
certificado negativo del Registro Central de delincuentes sexuales a
toda persona que vaya a tener responsabilidad profesional o voluntaria
con menores en el ámbito de las instituciones y actividades diocesanas.
Además, todos los sacerdotes y laicos firmarán voluntariamente un do-
cumento de responsabilidad personal, en el que manifestarán de forma
expresa su rechazo personal a todo tipo de abuso sexual, afirmando que
conocen la doctrina de la Iglesia y las leyes civiles sobre este tema, y

2
 Cf. Pautas para la protección de menores y personas vulnerables para el Vicariato de la Ciudad
del Vaticano (26 marzo 2019).

PROTOCOLO FRENTE A ABUSOS A MENORES


Y PERSONAS VULNERABLES Y CÓDIGO DE BUENAS PRÁCTICAS
19
que, si llegaran a cometer cualquier acto de abuso sexual de menores, lo
harían engañando y traicionando la voluntad de la Iglesia, siendo res-
ponsables de los abusos única y exclusivamente quien los realice.
Es conveniente explorar, en entrevista o diálogo directo con cada per-
sona que va a trabajar con los menores, sus motivaciones e intereses, sus
precauciones y dudas sobre su trabajo. Se ha de poner en su conocimien-
to la existencia de este Protocolo interno en el momento de la selección
y el compromiso de seguirlo. Habrá un compromiso de participar en
temas de formación sobre abusos y sus consecuencias y modos de actuar
ante los mismos que, programados por la diócesis con la temporalidad
que se estime oportuna e impartidos por expertos, se destinarán a todos
aquellos los que trabajen con niños y adolescentes, sean sacerdotes, pro-
fesores laicos, catequistas, monitores y animadores de jóvenes, ofrecién-
dose también a padres de colegios diocesanos y religiosos y a padres de
niños de catequesis.
Los trabajadores de atención pastoral deben recibir una capacitación
adecuada sobre los riesgos de explotación, abuso sexual y maltrato in-
fantil, así como sobre los medios para identificar y prevenir estos deli-
tos. Asimismo, deben estar informados sobre los comportamientos que
deben tomarse en la interacción con los menores, así como sobre los
comportamientos prohibidos.

COMISIÓN DE PROTECCIÓN DE MENORES Y PERSONAS


VULNERABLES
El Obispo, para desempeñar adecuadamente su misión pastoral en estos
temas tan complejos y delicados, cuenta a nivel diocesano con una Co-
misión especializada multidisciplinar de sacerdotes, consagrados y laicos
que están al frente de campos importantes de pastoral en la diócesis,
así como de profesionales en diversos campos psicológico, legal y de
comunicación. Esta Comisión tiene como finalidad asesorar al Obis-
po al proponer, orientar, supervisar y evaluar las políticas de prevención
de abusos sexuales de menores en la Diócesis. Una de sus misiones es
elaborar un Directorio en el que se ofrezcan sistemas de prevención, así
como programas de formación para la seguridad y protección de menores
de edad y de las personas vulnerables.

20 PROTOCOLO FRENTE A ABUSOS A MENORES


Y PERSONAS VULNERABLES Y CÓDIGO DE BUENAS PRÁCTICAS
PROGRAMAS DE FORMACIÓN ESPECÍFICA
Todo programa de prevención pasa por una correcta capacitación y forma-
ción de los formadores –sacerdotes, consagrados y laicos– que redunde, de
forma capilar, en seminaristas, catequistas, agentes pastorales y voluntarios en
general, etc. La formación que se ha de impartir para todas las personas que
prestan un servicio pastoral (clérigos o laicos, consagrados o no) se realiza-
rá a través de programas que incluyan los siguientes aspectos: distinguir los
signos de un posible abuso sexual y el necesario aprendizaje para abordar-
los adecuadamente; conocer la legislación española y la normativa canónica
acerca de los delitos sexuales que se cometan a un menor de edad; entender
los procesos abusivos en que puede incurrir un adulto con un menor; saber
detectar conductas y, en especial, formas de relacionarse de un adulto con un
menor de edad que puedan derivar en una interacción abusiva en el área se-
xual; adecuado conocimiento acerca de cómo la Iglesia ha respondido a esta
situación; tener claridad sobre cómo actuar ante las autoridades eclesiásticas
y civiles ante la posibilidad de un abuso sexual de un menor de edad.
En nuestra diócesis, se ha extendido y está dando mucho fruto el pro-
grama internacional de educación afectivo-sexual “Teen Star”, que pue-
de ser un instrumento muy útil y oportuno en la formación de todos los
responsables de pastoral que trabajan con niños y jóvenes. El programa
“Teen Star” promueve en positivo una educación afectivo-sexual de los
adolescentes, acompañándoles a descubrir la dignidad de la persona hu-
mana e integrar la sexualidad en toda la persona abarcando todos sus as-
pectos: físicos, intelectuales, emocionales, sociales y espirituales. Dentro
del programa hay algunas unidades didácticas dedicadas expresamente
a la prevención y detección de abusos sexuales.
Es necesario preparar a un número suficiente de agentes de pastoral
(sacerdotes, consagrados y laicos) en programas específicos relacionados
con el abuso sexual y protección de menores en lugares especializados
(cf. Centre for Child Protection [CCP] o el Instituto de Psicología de la
Pontificia Universidad Gregoriana de Roma).

CONCIENCIACIÓN
Un sistema de prevención pasa necesariamente por la concienciación,
sea de los agentes de pastoral como de los menores y personas vulnera-
bles. Un punto importante es formar en positivo para el servicio y contra

PROTOCOLO FRENTE A ABUSOS A MENORES


Y PERSONAS VULNERABLES Y CÓDIGO DE BUENAS PRÁCTICAS
21
todo tipo de abuso de poder, en sus distintas manifestaciones (mani-
pulación de conciencia, abuso de autoridad, discriminación, etc.). Todo
tipo de maltrato o abuso (de poder, de saber, de tener, de ser...) es con-
trario a la dignidad del hombre y una perversión que se manifiesta en
un estilo de vida, de comportamiento y de pensamiento “impregnado”
de superioridad y arrogancia. Frente a esto, en el Evangelio encontramos
un camino liberador: “el que quiera ser el primero, sea el último y servidor
de todos” (Mc 9, 35).
También es necesario formar sobre la maldad de los abusos sexuales, así
como sobre la belleza de una afectividad y sexualidad vivida según el
plan de Dios. La concienciación es una vía segura para desenmascarar
los engaños, detectar indicadores y alertas, y romper con la llamada “ló-
gica de la amnesia” y “ley del silencio” que sufren las víctimas de abusos y
que no hacen sino ahondar en su herida y en su dolor. En este sentido, es
importante poner todos los medios posibles para que las víctimas comu-
niquen el abuso que han sufrido de modo que esta lacra no permanezca
en el silencio, caldo de cultivo de su propagación. Frente a esto, en el
Evangelio encontramos también un camino precioso, cuando Jesús nos
recuerda: “La verdad os hará libres” ( Jn 8, 32).
La concienciación debe abarcar todos los ámbitos: pastorales, educacio-
nales, familiares, etc., y debe llegar a todos, adultos y menores, adaptada
a su edad y tarea pastoral.

22 PROTOCOLO FRENTE A ABUSOS A MENORES


Y PERSONAS VULNERABLES Y CÓDIGO DE BUENAS PRÁCTICAS
III. DETECCIÓN, DENUNCIA Y
ACTUACIÓN FRENTE AL ABUSO
SEXUAL A MENORES

La Diócesis de Córdoba es responsable de dar a conocer a la comunidad


en general las normas y protocolos aplicables en el caso de preocupacio-
nes, comentarios reiterados o denuncias de abuso sexual a niños, jóvenes
y personas vulnerables atendiendo oportunamente todas las denuncias
presentadas a la autoridad eclesial y tomando las medidas pertinentes
para garantizar la protección de las víctimas. Asimismo, se compromete
a dar inicio y seguimiento a la aplicación de normas y protocolos vigen-
tes, ante preocupaciones, comentarios reiterados y denuncias, con los
límites legales y sacramentales que correspondan, y a ofrecer la atención
pastoral apropiada a quien comunique o denuncie la ocurrencia de un
abuso, reconociendo sus necesidades particulares, lo que incluye la vo-
luntad de la autoridad de la Iglesia para reunirse con el denunciante o la
víctima en persona. En este sentido, aplicando lo establecido en el motu
proprio Vos estis lux mundi, art. 2, la Diócesis de Córdoba ha creado una
oficina para recibir las posibles denuncias por abusos sexuales a menores.
Esta oficina, se encuentra en la sede del Obispado de Córdoba, en la
calle Torrijos, nº 12, con la que puede contactar por teléfono llamando
al 957 496 474, extensión 432, o mediante correo electrónico en la di-
rección [email protected].
Quienes afirman haber sido víctimas de explotación, abuso sexual o abu-
so eclesial, así como sus familias, tienen derecho a ser acogidos, escucha-
dos y acompañados con garantía de una asistencia espiritual adecuada,
así como la protección de su imagen, privacidad y confidencialidad de
los datos personales.
La Comisión de protección de menores buscará la ayuda de profesionales
para escuchar y orientar las necesidades psicológicas, espirituales y pas-
torales del denunciante o víctima, y de su familia, así como para brindar
información y dar seguimiento en relación a los procedimientos iniciados.

PROTOCOLO FRENTE A ABUSOS A MENORES


Y PERSONAS VULNERABLES Y CÓDIGO DE BUENAS PRÁCTICAS
23
DETECCIÓN DEL ABUSO SEXUAL
Las personas que intervienen directamente en actividades pastorales
con la infancia, la adolescencia y las personas vulnerables deben estar
atentas y ser capaces de reconocer los signos de un posible abuso. Hay
dos maneras básicas en las que se manifiesta el abuso que está su-
friendo un menor: mediante indicadores y mediante revelación. Toda
persona que interviene con menores debería ser capaz de responder
ante ambos.
Muchos niños y adolescentes no cuentan ni expresan lo que les pasa
por distintas razones. Pero, aunque no lo digan, el abuso deja un rastro
de pruebas o señales que llamamos “indicadores”, los cuales revelan
situaciones físicas y comportamientos anómalos e infrecuentes. Nues-
tra obligación, como personas responsables del trabajo pastoral con
menores, es conocer tales indicadores y tomarlos como señales de ad-
vertencia o alarma que nos ayuden a detectar una posible situación de
abuso sexual.
— Indicadores físicos: Embarazo, enfermedades de transmisión se-
xual, lesiones y dolor físico inexplicable o persistente en la zona
genital, anal o en los senos.
— Indicadores de comportamiento: comportamientos anómalos y anor-
malmente llamativos de carácter compulsivo, depresivo, defensivo,
autodestructivo, adictivo, delictivo o promiscuo, tendencia a mos-
trar conductas, a realizar juegos y a utilizar lenguajes sexualizados
impropios de su edad; bajo rendimiento escolar y deportivo; se-
cretismo respecto a amistades, actividades, redes sociales y uso de
internet; exhibición de regalos, dinero y objetos de valor de origen
inexplicable o poco creíble.
Es importante saber que algunos de estos indicadores de comporta-
miento, sobre todo los que tienen directa connotación sexual, pueden
estar manifestando otros problemas diferentes del abuso. En ocasiones
pueden ser expresión de malestar por un maltrato infantil, por un divor-
cio, por la muerte de un ser querido o por celos hacia un hermano, etc.
Deben alertarnos especialmente las conductas llamativas de talante o
ámbito sexual, pero sin despreciar los cambios repentinos y radicales del
comportamiento habitual de un menor.

24 PROTOCOLO FRENTE A ABUSOS A MENORES


Y PERSONAS VULNERABLES Y CÓDIGO DE BUENAS PRÁCTICAS
Si llegara el caso, no debe tomarse la iniciativa de entrevistar formal-
mente a un niño o adolescente. Es conveniente que la entrevista la rea-
lice un profesional preparado.

REVELACIÓN DEL ABUSO SEXUAL


La experiencia muestra que los niños que revelan el abuso, a menudo lo
han hecho varias veces antes de conseguir que su entorno atendiera su
demanda y actuara:
— Revelación indirecta: Hay niños que, por su edad o por otras cir-
cunstancias, no cuentan directamente el abuso, pero lo revelan de
manera indirecta mediante dibujos, relatos escritos, preguntas o
discusiones sobre sentimientos o relaciones personales. También
colocando el problema en terceros (“ese entrenador le tocó a un
amigo mío”) o haciendo de simple divulgador (“dicen que el profe
N. toca a las niñas”).
— Revelación directa: Es relativamente infrecuente que los menores
revelen directamente el abuso que están sufriendo. Algunos ni-
ños lo revelan a otros niños, pero no a los adultos. Es también
frecuente que estos amigos o la propia víctima, lo revelen bajo
condiciones de secreto.
La revelación nos enfrenta crudamente a la realidad del menor y es in-
soslayable. De ahí la importancia de saber cómo actuar. La falta de reac-
ción no solo mantiene al niño en situación de riesgo, sino que le envía
el mensaje de que, aunque lo cuente, no va a tener respuesta, invitándole
al silencio.

ACTUACIONES RELACIONADAS
CON LA REVELACIÓN DE UN ABUSO
En el momento en que directa o indirectamente un menor o una perso-
na vulnerable manifiestan el abuso a que han sido sometidos es necesa-
rio tener en cuenta una serie de pautas de actuación:
— Es importante ser sensible a las necesidades del menor. Cuando un
niño o adolescente nos confía su secreto o nos muestra claramente
lo que está ocurriendo, nuestra primera y principal tarea es apo-
yarle. Un niño que está siendo abusado es especialmente vulne-

PROTOCOLO FRENTE A ABUSOS A MENORES


Y PERSONAS VULNERABLES Y CÓDIGO DE BUENAS PRÁCTICAS
25
rable. Necesita sentir que le creemos, demostrando que estamos
dispuestos a escucharle y ayudarle. Debemos conducirnos de ma-
nera que, dando una respuesta a sus necesidades, no aumentemos
su ansiedad o añadamos sufrimiento.
— No debe posponerse la revelación. Debe escuchársele en el momento
que ha elegido para iniciar la comunicación, sin retrasarla.
— Siempre mantener la calma y escuchar con atención la denuncia. Com-
portarse con calma y comprensión muestra al menor que podemos
aceptar su relato y le anima a contar lo que ha pasado. Por eso, es
importante no interrumpir la revelación, ni evidenciar nuestras
emociones adultas (cólera, estupefacción, indignación...). Tampo-
co conducir la conversación como si fuera un interrogatorio, ni
juzgar a la víctima o insultar al presunto abusador al que hay que
referirse como una persona que necesita ayuda.
— Dar apoyo y confianza. No mostrar nuestra incomodidad hacién-
dole preguntas culpabilizadoras o escabrosas. Es útil hacer pre-
guntas abiertas y generales ya que, en ese momento, sólo necesita-
mos saber hechos básicos para tener claro que es un abuso. No es
tiempo de indagar o entrar en detalles que desaten la vergüenza,
la incomprensión o la culpa. El menor debe experimentar la con-
fianza de sentirse escuchado, contar con nuestro apoyo y percibir
que le vamos a ayudar.
— Ser conscientes de lo que tenemos y lo que no tenemos que decir al menor.
En cuanto a lo que tenemos que decirle, es importante subrayar
que no desconfiamos de entrada de lo que nos dice y lo tenemos
en cuenta, que ha hecho bien en contarlo y ha sido valiente, que no
tiene la culpa y no es responsable de lo que ha pasado, que vamos a
hablar y a ponerlo en conocimiento de sus padres y de las personas
que pueden ayudarle y/o hacer que termine, que saldrá adelante y
su malestar pasará. En cuanto a lo que no hay que hacer, no de-
bemos pedir detalles para influir en su relato, usar palabras que le
puedan asustar, no debemos prometerle que guardaremos el secre-
to o algo que no podemos cumplir. Nunca debemos dar muestras
de cuestionar lo que dice el menor; esto no significa admitir sin
más que todo lo que dice sea cierto, que no tengamos hipótesis
alternativas, pero corresponde al personal especializado valorar la

26 PROTOCOLO FRENTE A ABUSOS A MENORES


Y PERSONAS VULNERABLES Y CÓDIGO DE BUENAS PRÁCTICAS
veracidad del relato del menor. Es muy importante ser siempre
sinceros y adelantar al menor cómo vamos a actuar: contestemos a
sus preguntas sinceramente. Si no sabemos la respuesta, reconoz-
cámoslo (“No estoy seguro, la verdad”, “Pues no lo sé, pero me voy
a enterar”). Digamos al niño o adolescente lo que pensamos que
va a ocurrir tras la revelación: que le vamos a ayudar, que vamos a
comunicarlo a personas que pueden apoyarle, que lo tienen que
saber sus padres. No negar de entrada que la denuncia sea cierta
o infravalorarla. Tampoco culpar al niño, adolescente o persona
vulnerable del abuso o de las consecuencias de su denuncia.
— Informar inmediatamente a los padres de la denuncia recibida por
parte del menor, recabar su información sobre los indicadores, la
sospecha o la revelación de su hijo/a sobre un posible abuso y
acordar con ellos la estrategia y actuaciones a realizar a partir de
ese momento.
— Poner por escrito lo que acabamos de oír: tras el encuentro con el
niño y ante los padres, es importante que tomemos notas de lo
que acaba de contarnos lo más pronto posible, reflejando el día y
la hora, recogiendo lo que recordemos literalmente de su discurso,
escribiendo sus palabras y si mostró algún comportamiento rele-
vante al decirlo.

OBLIGACIONES TRAS LA REVELACIÓN DE UN ABUSO


Tanto a la víctima como a los abusadores les gustaría que no hubiera
ocurrido el abuso, a todos les asusta y perturba, les crea inquietud, ansie-
dad e incredulidad, pero nada de esto debe impedir actuar.
— La obligación ética: detectar el abuso de un menor nos sitúa de
repente ante el ejercicio real de nuestra responsabilidad sobre la
protección infantil. El deber moral de comunicar el abuso y pro-
teger a los niños está por encima del deber de guardar la confiden-
cialidad de otro tipo de informaciones y relaciones profesionales
o de amistad. Sin perjuicio del sigilo sacramental, los trabajadores
pastorales, los colaboradores y los voluntarios que tienen noticias
de que un niño es víctima de explotación, abuso sexual o maltrato
animarán al menor o persona vulnerable a informar inmediata-
mente a sus padres o lo harán ellos mismos sin dilación.

PROTOCOLO FRENTE A ABUSOS A MENORES


Y PERSONAS VULNERABLES Y CÓDIGO DE BUENAS PRÁCTICAS
27
— La obligación legal: de acuerdo con la legislación vigente en Espa-
ña, la comunicación (notificación) a la Institución de protección
de menores, y, si corresponde al Ministerio Fiscal, de un supuesto
caso de abuso sexual es una obligación legal para todos los ciu-
dadanos, especialmente para los profesionales que trabajan con
menores de edad, según se establece en la Ley 26/2015 de 28 de
julio.
Se ha de pedir a la víctima que formalice su declaración por escrito.
En caso de que delegue en la persona que ha tenido noticia del abuso
esta declaración por escrito deberá firmar el relato resultante, tras ser
leído íntegramente en su presencia. A continuación se pondrá en co-
nocimiento de la autoridad competente, que será la encargada de seguir
sus propios protocolos y pruebas de tipo forense. De ningún modo, el
que recibe la denuncia debe someter a la víctima a ninguna prueba o
exploración por cuenta propia. También se comunicará a la familia esta
actuación.
En la comunicación a la familia se ha de tener en cuenta la situación
legal del menor: si es hijo de padres separados o divorciados (quién tie-
ne la custodia, si los dos tienen derecho a la comunicación, si hay orden
de alejamiento, etc.). Las familias deben informar de esta situación de
manera verbal o escrita. Si no dan información, se le tiene que dar la
información a los dos progenitores, porque se supone obran de forma
consensuada en bien del menor. Cuando exista resolución judicial que
suponga una diligencia penal contra uno de los progenitores, a dicho
progenitor no se facilitará información ni comunicación alguna del me-
nor. Cuando no exista resolución judicial (puede estar en trámite), se
dará la información a los dos progenitores. Los dos tienen la patria po-
testad (a no ser que exista sentencia judicial en contra) y por tanto los
dos tienen derecho a la información. Si uno de los progenitores no tiene
la patria potestad, no se le facilitará información. Cuando tiene la guar-
da y custodia del menor, se le dará toda la información.
La responsabilidad de valorar, verificar o confirmar el abuso no corres-
ponde al comunicante, sino a los servicios especializados. Nuestra obli-
gación como diócesis es notificar los indicios detectados y la comunica-
ción de los datos que hemos recibido. No es necesario tener la certeza de
que el menor esté siendo abusado.

28 PROTOCOLO FRENTE A ABUSOS A MENORES


Y PERSONAS VULNERABLES Y CÓDIGO DE BUENAS PRÁCTICAS
Es necesario recordar el deber de reserva de los profesionales o volun-
tarios que han detectado y comunicado el posible abuso. El deber de
reserva, que es también una obligación ética y legal, significa que la per-
sona que ha detectado y comunicado el problema, debe ser discreta y
guardar la confidencialidad de lo que ha conocido, sin hacer ningún tipo
de difusión, ni pública ni privada. Solo comunicará lo que sabe a los
profesionales implicados en la intervención para resolver el problema y,
en su caso, a los padres.
Si el presunto autor de los hechos es un clérigo o miembro de un Ins-
tituto de vida consagrada o de una Sociedad de vida apostólica, al re-
cibirse la noticia, debe comunicarse sin demora al propio Ordinario o
al Superior, iniciándose el protocolo de actuación para el caso de los
clérigos (Apéndice II).

PROTOCOLO FRENTE A ABUSOS A MENORES


Y PERSONAS VULNERABLES Y CÓDIGO DE BUENAS PRÁCTICAS
29
IV. CÓDIGO DE BUENAS PRÁCTICAS
PARA AMBIENTES SANOS Y
SEGUROS EN LA IGLESIA

La Iglesia está llamada a ser un “espacio protegido” para la infancia y


un “espacio peligroso e inseguro” para el abusador. Es el motivo por
el que se siente llamada a desarrollar programas educativos eficaces y
de buenas prácticas que determinen, por escrito, una manera de actuar
clara que favorezca un “entorno seguro”, así como la propia protección
de los trabajadores o voluntarios. Todo adulto que tenga contacto habi-
tual con menores de edad en la actividad pastoral debe conocer bien su
papel, cuál es el ministerio que ejerce, la función específica que se la ha
confiado y conducirse en el trato con los menores de manera respetuosa,
prudente y equilibrada. En las actividades pastorales en las que estén in-
volucrados menores, se debe dar prioridad a la protección de éstos. Para
este código de buenas prácticas seguimos básicamente las Pautas para la
protección de menores y personas vulnerables para el Vicariato de la Ciudad
del Vaticano (26 febrero 2019) así como la normativa en vigor en algunas
diócesis españolas3 y el documento Buenas Prácticas para ambientes sanos
y seguros en la Iglesia elaborado por el Consejo nacional de prevención de
abusos de la Conferencia Episcopal de Chile.

IMPLEMENTACIÓN
Corresponderá al Obispo, junto a sus consejos diocesanos, la adopción,
implementación, divulgación y evaluación periódica de las buenas prác-
ticas a nivel diocesano. La Comisión diocesana de protección de meno-
res y personas vulnerables servirá de observatorio para el cumplimento
de estas buenas prácticas en toda la estructura diocesana: sobre todo en
las parroquias, arciprestazgos, vicarías, instituciones educativas y de ocio
y tiempo, entre otras instituciones.

3
  Como es el caso del Protocolo de prevención y actuación frente a abusos sexuales a menores,
aprobado en las diócesis de Astorga y Sigüenza-Guadalajara en 2018.

PROTOCOLO FRENTE A ABUSOS A MENORES


Y PERSONAS VULNERABLES Y CÓDIGO DE BUENAS PRÁCTICAS
31
FINALIDAD
Este Código de buenas prácticas tiene dos polos fundamentales:
1º Cultivar estilos sanos de relaciones interpersonales. La Iglesia se
preocupa de generar ambientes donde priman modos de relación
respetuosos de la dignidad de todas las personas de la comunidad.
La Iglesia promueve un modo de relación que supone el respeto y
reconocimiento del otro, adoptando medidas cuando se incurre en
transgresión de los límites inherentes a toda relación pastoral. En este
punto, la Iglesia está llamada a identificar señales de comportamiento
que revelan la existencia de abuso de poder y manipulación de con-
ciencia, tomando medidas cuando se incurre en dichas prácticas.
2º Formar y capacitar para la prevención de situaciones abusivas. To-
dos los responsables pastorales deben estar suficientemente entre-
nados tanto para la prevención de abusos como para desarrollar y
mantener actitudes y habilidades necesarias para proteger a todos
quienes participan en la Iglesia, en especial a aquellos más vulne-
rables. En esta capacitación hay que tener en cuenta:
— La formación inicial de los candidatos al sacerdocio y a la vida
religiosa en la afectividad, sexualidad, relaciones interpersona-
les y celibato, así como una adecuada formación en prevención
del abuso de poder, causa última de la mayoría de los abusos:
manipulación de conciencia, abuso de autoridad, abuso sexual
y abuso económico, entre otros.
— La formación periódica de toda persona (consagrado/a o
laico/a) que tiene alguna responsabilidad específica respecto de
niños/as, jóvenes y personas vulnerables en todo lo que atañe a
la protección del menor y prevención de abusos de todo tipo.

PAUTAS POSITIVAS Y LÍMITES QUE SE DEBEN TOMAR


En el curso de sus actividades, los trabajadores pastorales deben:
1º Usar la prudencia y el respeto en relación con los menores y per-
sonas vulnerables. Llevar a cabo las muestras físicas de afecto con
mesura y respeto, de manera que nunca puedan parecer despro-
porcionadas y respetar la integridad física del menor, permitién-

32 PROTOCOLO FRENTE A ABUSOS A MENORES


Y PERSONAS VULNERABLES Y CÓDIGO DE BUENAS PRÁCTICAS
dole rechazar las muestras de afecto, incluso en el caso de que sean
bienintencionadas.
2º Proporcionar a los menores y personas vulnerables modelos de
referencia positivos.
3º Ser siempre visibles para los demás en presencia de menores y
personas vulnerables.
4º Informar a los responsables de cualquier comportamiento poten-
cialmente peligroso.
5º Respetar la esfera de confidencialidad del niño.
6º Informar a los padres o tutores de las actividades propuestas y los
métodos organizativos relacionados. Es necesario pedir siempre
su autorización firmada, para salidas, convivencias, excursiones,
campamentos, etc., que supongan que los menores han de dormir
fuera de casa, asegurando un número suficiente de acompañantes
y organizando lo necesario para la diferenciación del alojamiento
de los niños por sexo. Las autorizaciones que contienen datos con-
fidenciales se mantienen con cuidado y atención.
7º Usar la debida prudencia en la comunicación con los menores,
también por teléfono y en las redes sociales.
8º Las actividades pastorales se deben llevar a cabo en salas adecuadas
para la edad y etapa de desarrollo de los menores. En la medida de
lo posible, los trabajadores pastorales deben tener especial cuida-
do para asegurarse de que los menores no entren ni permanezcan
en lugares ocultos a la vista o fuera de control.
9º En caso de conocimiento fundado de conductas improcedentes
(exhibicionismo, conversaciones impropias o relaciones perso-
nales inapropiadas) entre menores o adolescentes en el colegio,
parroquia, salones parroquiales o cualquier otro lugar de activi-
dad pastoral se informará puntualmente a la familia que deberá
hacerse cargo inmediatamente del menor.
Está estrictamente PROHIBIDO para los trabajadores pastorales:
1º Infligir castigos corporales de cualquier tipo. Dada esta prohibición,
no puede justificarse en ningún caso contacto físico por este motivo.

PROTOCOLO FRENTE A ABUSOS A MENORES


Y PERSONAS VULNERABLES Y CÓDIGO DE BUENAS PRÁCTICAS
33
2º Establecer una relación preferencial con un menor de edad. Es moti-
vo de cese inmediato de la actividad pastoral cualquier relación senti-
mental, consentida o no, de un adulto con un menor de edad. Los sen-
timientos de afecto y/o enamoramiento hacia sacerdotes, catequistas,
profesores o monitores a menudo responden a la consideración del
adulto como un ídolo. La persona adulta ha de ser consciente siempre
de su propia responsabilidad, si se evidencian estas situaciones. En
ningún momento debe responder o insinuarse positivamente a este
tipo de afecto, sino establecer de forma inequívoca y con buenas ma-
neras los límites adecuados de comportamiento, relación y aprecio.
3º Dejar a un niño en una situación potencialmente peligrosa dada
su situación mental o física.
4º Recurrir a un menor de manera ofensiva o involucrarse en conduc-
tas inapropiadas o sexualmente sugestivas. Están absolutamente
prohibidos juegos, bromas o castigos que puedan tener connota-
ción sexual, evitando cualquier tipo de conductas que impliquen
o sugieran desnudarse, besarse o tener contacto físico sugestivo o
dado a malinterpretaciones.
5º Discriminar a un menor o un grupo de niños. Están totalmente
prohibidas las novatadas y otras dinámicas y juegos que puedan
llevar consigo actos vejatorios, denigrantes o sexistas.
6º Pedir a un niño que guarde un secreto o darle regalos discriminan-
do al resto del grupo.
7º Fotografiar o grabar a un menor sin el consentimiento por escrito
de sus padres o tutores. Si se hace en el desarrollo de actividades
pastorales, se llevarán a cabo, a ser posible, con dispositivos técni-
cos de la parroquia o centro educativo (cámaras de fotos, de video,
etc.), mejor que con material personal (teléfonos móviles, tablets,
ordenadores, etc.) de la toma de estas imágenes se informará a los
padres, no se hará exhibición ni difusión pública o privada sin el
consentimiento de éstos y se guardarán en un archivo único, del
que será responsable la parroquia o centro educativo diocesano.
8º Publicar o difundir, a través de la red o la red social, imágenes que
reconozcan a un niño de una manera reconocible sin el consenti-
miento de los padres o tutores.

34 PROTOCOLO FRENTE A ABUSOS A MENORES


Y PERSONAS VULNERABLES Y CÓDIGO DE BUENAS PRÁCTICAS
9º Ponerse en situación de riesgo o claramente ambigua: entrar en los
vestuarios, baños o duchas mientras estén los menores, compartir
habitación de hotel o tienda de campaña, o subir a un menor a
solas en un coche. En el caso de tener que entrar en vestuarios,
baños o duchas mientras estén los menores conviene que entren
al menos dos adultos y del mismo sexo que los menores presentes
En las convivencias, acampadas o viajes es siempre oportuno invi-
tar a que vayan algunos padres, incluso que sean parte activa de la
organización. En caso de que haya que llevar algunos menores en
el coche, se hará siempre con el consentimiento de los padres y, a
ser posible, acompañado por otro adulto.
10º Quedarse a solas mucho tiempo con un menor, por ejemplo, en
la sacristía de la iglesia, o en una sala o dependencia parroquial,
y con la puerta cerrada. Si hubiera que examinar a un menor
enfermo o herido se hará siempre en presencia de otro adulto.
Cuando haya que hablar en privado con un menor, hacerlo en
un entorno visible y accesible a los demás. Una buena sugerencia
es que haya puertas de cristales transparentes o cristaleras en
despachos de sacerdotes, directores, formadores y animadores,
tanto de niños como de jóvenes. Cuando se habla con un menor
en un despacho o habitación se debe dejar la puerta abierta, o
hablar con él en un lugar donde otros adultos puedan ser testigos
del encuentro. Es decir, es necesario llevar a cabo una política de
“puerta nunca cerrada”. Si, por una razón inusual, se ha estado
o se va a estar a solas con un menor, o cuando se va a tener o se
ha tenido un contacto físico relevante con el mismo por razones
sanitarias o disciplinarias, se debe informar a los padres.
11º Es necesario implementar mecanismos de control, junto a los
padres, para mantener encuentros o comunicaciones con alum-
nos fuera del contexto parroquial, colegial, deportivo, etc., ya
sean presenciales, por correo electrónico o móvil, o a través de
las redes sociales ajenas a las oficiales del centro, parroquia o
grupo. En caso de que formalicen grupos de mensajería instan-
tánea (del tipo WhatsApp o Telegram) o se use el e-mail o las
redes sociales para convocar y organizar o coordinar actividades,
los padres deben recibir los mensajes y participar en la comuni-
cación, no siendo nunca ajenos a la misma.

PROTOCOLO FRENTE A ABUSOS A MENORES


Y PERSONAS VULNERABLES Y CÓDIGO DE BUENAS PRÁCTICAS
35
SANCIONES
Cualquier conducta inapropiada o acoso escolar que pueda ocurrir entre
los menores, incluso si no integran los detalles de un delito, debe abor-
darse con prontitud, con equilibrio, prudencia y delicadeza, informando
de inmediato a los padres o tutores.
El sacerdote responsable, el director del centro educativo, el responsable
o animador de un grupo juvenil o, en su caso, la propia diócesis, deben
actuar siempre que las personas a su cargo vulneren o no sigan este Có-
digo de buenas prácticas.
Esta actuación puede ir desde una simple “indicación o sugerencia de
mejora” a una “llamada de atención”, en casos leves. En casos de notoria
gravedad debe procederse con una “seria advertencia”, y dar los pasos
para el alejamiento inmediato del ministerio sacerdotal, o de la función
pastoral, con la comunicación a las autoridades civiles, y con la apertura
de un expediente, o el despido, según cada caso.

36 PROTOCOLO FRENTE A ABUSOS A MENORES


Y PERSONAS VULNERABLES Y CÓDIGO DE BUENAS PRÁCTICAS
APÉNDICE I
PROTOCOLO DE ACTUACIÓN ANTE UN POSIBLE
CASO DE ABUSOS A MENORES EN UN CENTRO
EDUCATIVO CATÓLICO, PARROQUIA, MOVIMIENTO
O INSTITUCIÓN RELIGIOSA4

1º COMUNICAR A LA DIRECCIÓN O SUPERIORES DIRECTOS LO


SUCEDIDO
Las personas que hayan observado indicios o hayan recibido una de-
nuncia (tanto de hechos actuales como pasados) lo comunicarán lo an-
tes posible (preferiblemente antes de 24 horas) a sus superiores. Esta
comunicación se deberá completar con un informe interno. El objetivo
es que la información llegue, bien documentada, a los responsables de la
institución correspondiente sea colegio, parroquia, movimiento o insti-
tución religiosa.

2º ACOGER A LA VÍCTIMA Y HABLAR CON LA FAMILIA


Paralelamente una persona con autoridad moral deberá hablar con la
víctima y con su familia. Se asegurará de que la víctima no corre peligro
inmediato (si la agresión se ha producido recientemente) y averiguará
su estado físico y emocional, poniendo a su disposición la ayuda psi-
cológica o de otro tipo que precise, y acompañándola siempre que sea
necesario. Le mostrará en todo momento comprensión, no juzgará, ni
pedirá detalles morbosos. Es importante que la víctima se sienta creída
y protegida, independientemente de que una ulterior investigación con-
firme o desmienta lo denunciado.

3º PROPORCIONAR ATENCIÓN MÉDICA


Si hay lesiones y se necesita atención urgente, se deberá llamar al 112 y
avisar a los padres o tutores legales. Si se puede esperar, se avisará a los
padres o tutores legales y se recomendará que se acuda inmediatamente

4
  Decálogo publicado por la Patronal “Escuelas Católicas” en marzo de 2019.

PROTOCOLO FRENTE A ABUSOS A MENORES


Y PERSONAS VULNERABLES Y CÓDIGO DE BUENAS PRÁCTICAS
37
a un centro de salud para que se realice un reconocimiento médico y un
parte de lesiones.

4º ABRIR UNA INVESTIGACIÓN


Se iniciará una investigación interna para realizar un análisis de las acu-
saciones realizadas, su alcance y consecuencias, respetando siempre la
voluntad de las posibles víctimas y el derecho de presunción de inocen-
cia. Si esta investigación preliminar aprecia indicios de veracidad en la
denuncia, se pondrán en marcha el resto de los mecanismos aquí des-
critos y se tomarán las medidas oportunas. En el caso de ser un religio-
so o sacerdote, se le abrirá un proceso canónico siguiendo el protocolo
contenido en el Apéndice II. En el caso de ser un profesor o personal del
centro (no religioso), se abrirá un expediente disciplinario con suspen-
sión de actividades con menores y con la aplicación del resto de medidas
cautelares que se pueden adoptar, pudiendo finalizar con una sanción de
despido o de expulsión de las actividades pastorales.

5º ALEJAR PREVENTIVAMENTE AL ACUSADO DE LOS MENORES


Si el presunto agresor está en esos momentos en contacto con menores,
el colegio, parroquia, movimiento o institución religiosa deberá alejarlo
de ellos temporalmente (independientemente de cuándo se produjeron
los hechos denunciados, de la edad del denunciado o del cargo que ocu-
pe en ese momento). Esto protege a ambas partes. En el momento de
presentar la denuncia o comunicación, se puede solicitar también una
orden de protección, con objeto de asegurar de forma cautelar el distan-
ciamiento físico entre víctima y agresor.

6º ACTIVAR EL COMITÉ DE CRISIS


Cada colegio, parroquia, movimiento o institución religiosa debería te-
ner configurado permanentemente un comité de crisis que conozca sus
funciones de antemano. De esta forma, cuando nos enfrentemos a una
posible crisis, tanto por un hecho actual como pasado, se activará dicho
comité y, si la situación lo exige, se reforzará con las personas adecuadas.
El director del centro, el superior provincial o delegado, el responsable
del movimiento, el director o coordinador general de fundaciones, el

38 PROTOCOLO FRENTE A ABUSOS A MENORES


Y PERSONAS VULNERABLES Y CÓDIGO DE BUENAS PRÁCTICAS
obispo o un vicario, son susceptibles de estar en el comité en función de
la naturaleza de la institución y de la crisis. A ellos se pueden sumar pro-
fesionales como un abogado, un orientador, un psicólogo, etc. El comité
centralizará las decisiones, se asegurará de que todo el proceso se vaya
documentando rigurosamente, nombrará un portavoz, que ya estará en
el equipo o se le invitará a formar parte de él, y pondrá en marcha un
plan de comunicación de crisis basado en la transparencia, la veracidad
y la agilidad a la hora de comunicar.

7º DENUNCIAR/COMUNICAR A LAS AUTORIDADES


Si se tiene constancia de un daño a un menor, toda persona mayor de
edad tiene obligación legal de ponerlo en conocimiento de las autori-
dades, por lo que se deberá informar directamente a la Fiscalía. Si no es
posible, se podrán dirigir a la Policía Nacional (091) o la Guardia Civil
(062). Existen dos posibilidades: denunciar o comunicar; esto último
en muchas ocasiones es una vía más sencilla y adecuada. En el caso de
que sea un religioso o sacerdote, se informará también a la jerarquía
eclesiástica de acuerdo con las normas canónicas. Los hechos de abuso
sexual a menores no deben silenciarse, ni encubrirse o subestimarlos en
ningún caso.
Una vez presentada la comunicación o denuncia penal, la Fiscalía se
encargará de la investigación correspondiente y de llevar ante el juez que
tenga el conocimiento del caso, al presunto agresor, para que, en caso de
encontrarlo responsable, se le imponga la pena de prisión a que haya
lugar, dependiendo del delito cometido. La Fiscalía cuenta, además, con
los Centros de Atención e Investigación Integral a las Víctimas de Deli-
tos Sexuales (CAIVAS), en los cuales podrá realizar la denuncia, recibir
asesoría y tratamiento psicológico, social, jurídico y médico legal.

8º ACTUAR
De poco valen las palabras si no van acompañadas de acciones que las
avalan y les dan credibilidad. Aún en el caso de que el acusado haya
fallecido o el delito haya prescrito hay que tener en cuenta que las vícti-
mas merecen el reconocimiento de su dolor y, por tanto, incluso en estos
casos hay que pasar a la acción, por muy dolorosa que pueda resultar en

PROTOCOLO FRENTE A ABUSOS A MENORES


Y PERSONAS VULNERABLES Y CÓDIGO DE BUENAS PRÁCTICAS
39
ocasiones. Del mismo modo, debemos atender a los acusados, tanto si se
confirma la acusación como si no. En el primer caso nos corresponderá
acompañar su camino de redención y en el segundo colaborar en la re-
cuperación de su buen nombre y credibilidad si se han visto dañados, e
incluso en la reparación del daño psicológico que hayan podido sufrir.

9º COMUNICAR LA CRISIS
Una vez valorado el alcance de la crisis, y priorizando la comunicación
con los públicos directamente afectados, se elaborará un comunicado ofi-
cial en el que se condenará cualquier tipo de abusos a las personas y espe-
cialmente a menores; se pedirá perdón a la persona que sufrió los abusos
y a su familia; y se expresará el compromiso firme con el esclarecimiento
de lo ocurrido, poniéndose a disposición de las autoridades para lo que
sea necesario y protegiendo en todo momento los datos personales tanto
de víctimas como de acusados y de otros miembros de la comunidad edu-
cativa. Dicho comunicado se publicará en todos los canales instituciona-
les del centro o institución y se enviará a los medios de comunicación en
función de la repercusión real o prevista en los mismos.

10º ADOPTAR O REFORZAR LAS MEDIDAS DE PREVENCIÓN


NECESARIAS
Se tomarán medidas para impedir que vuelvan a ocurrir hechos de esta
naturaleza en un futuro. Es recomendable aplicar este protocolo e ins-
tituir un mecanismo de fácil acceso para víctimas o terceros (testigos,
familiares...) que deseen denunciar este tipo de delitos en el futuro.

40 PROTOCOLO FRENTE A ABUSOS A MENORES


Y PERSONAS VULNERABLES Y CÓDIGO DE BUENAS PRÁCTICAS
APÉNDICE II
PROTOCOLO DE ACTUACIÓN PARA EL CASO DE ABUSOS
SEXUALES POR PARTE DE CLÉRIGOS Y RELIGIOSOS

Desde el punto de vista canónico, los delitos sexuales contra menores de


18 años cometidos por clérigos entran dentro de los delitos más graves
contra la moral reservados a la Congregación para la Doctrina de la Fe,
a tenor del art. 52 de la Constitución Apostólica Pastor Bonus (1988), del
motu proprio Sacramentorum sanctitatis tutela (2001) de San Juan Pablo
II y de las Normae de gravioribus delictis, añadidas por Benedicto XVI el
21 de mayo de 2010. La Congregación para la Doctrina de la Fe juzga
los delitos contra la fe y los delitos más graves cometidos contra la moral
o en la celebración de los sacramentos y, en caso necesario, procede a
declarar o imponer sanciones canónicas a tenor del derecho, tanto co-
mún como propio. Se llaman “delitos reservados”. Además de los delitos
contra la fe (herejía, cisma y apostasía), contra el Sacramento de la Eu-
caristía (sacrilegio, profanación, simulación), contra el Sacramento de la
Penitencia (absolución del cómplice, simulación, solicitación, violación
del sigilo) y contra el Sacramento del Orden, aparecen tipificados en el
art. 6 los delitos más graves contra la moral reservados: 1º El delito con-
tra el sexto mandamiento del Decálogo cometido por un clérigo con un
menor de 18 años. En este número, se equipara al menor la persona que
habitualmente tiene un uso imperfecto de la razón; 2º La adquisición,
retención o divulgación, con un fin libidinoso, de imágenes pornográ-
ficas de menores, de edad inferior a 14 años por parte de un clérigo en
cualquier forma y con cualquier instrumento. El clérigo que comete los
delitos de los que se trata en el § 1 debe ser castigado según la gravedad
del crimen, sin excluir la dimisión o la deposición.
En caso de que un clérigo sea denunciado por abusos, la Conferencia
Episcopal indica el siguiente procedimiento de actuación para el Obis-
po diocesano5:

5
  Conferencia Episcopal Española, Protocolo de actuación de la Iglesia en España para
tratar los casos de los delitos más graves cometidos contra la moral por parte de clérigos (Modifi-
cado a tenor de las nuevas Normas de la Santa Sede, y aprobado por la Junta Episcopal de
Asuntos Jurídicos en su reunión 267, de 22 de julio de 2010).

PROTOCOLO FRENTE A ABUSOS A MENORES


Y PERSONAS VULNERABLES Y CÓDIGO DE BUENAS PRÁCTICAS
41
1º RECEPCIÓN DE LA DENUNCIA
Puede proceder directamente de la víctima, de un tercero, o incluso pue-
de ser anónima. Es posible, asimismo, que la primera noticia se adquiera
a través de los medios de comunicación.
La denuncia anónima de quien desea permanecer en el anonimato será
tomada inicialmente en consideración, si bien la identidad del denun-
ciante y de la víctima habrá de manifestarse al acusado, por naturales
exigencias del derecho de defensa, en el caso de que se siga efectiva-
mente un proceso. El procedimiento, sin embargo, puede iniciarse sin el
conocimiento previo de la identidad del denunciante6.
Como norma general, la denuncia debe ser presentada por escrito, fechada
y debidamente autenticada por un notario eclesiástico. Debe procurarse
que resulte lo más detallada posible, de manera que conste la identidad del
acusado, la naturaleza de los actos que se denuncian, el tiempo y el lugar
de su realización, así como las especiales circunstancias concurrentes7.
Si la denuncia se presenta oralmente se pondrá por escrito, se autenti-
cará por notario eclesiástico y se procurará obtener la firma del denun-
ciante. El Sr. Obispo o su delegado se entrevistará lo antes posible con
el denunciante, en presencia de un testigo, para cerciorarse de la seriedad
de la denuncia.
Si el presunto abuso sexual es denunciado directamente a la Policía o a la
Autoridad judicial, se contactará con un abogado, y se prestará la cola-
boración que sea necesaria a la Policía o a la Administración de justicia.
Si el clérigo ha prestado declaración y ha reconocido los hechos de los
que se le acusa, es importante asegurarle el acompañamiento de un abo-
gado, advirtiéndole de las consecuencias civiles y canónicas derivadas de
su conducta.
En tanto que no se produce la sentencia condenatoria, se ha de respetar
la presunción de inocencia, sin dejar de adoptar las medidas cautelares
canónicas que sean procedentes.
Tanto si el clérigo ha declarado o no, o ha reconocido o no los hechos de
los que se le acusa, se de debe asignar un interlocutor con el fin de evaluar

 Cfr. Francisco, Carta Apostólica en forma de motu proprio “Vos estis lux mundi”, art. 5, 2.
6

 Cfr. Francisco, Carta Apostólica en forma de motu proprio “Vos estis lux mundi”, art. 3, 4.
7

42 PROTOCOLO FRENTE A ABUSOS A MENORES


Y PERSONAS VULNERABLES Y CÓDIGO DE BUENAS PRÁCTICAS
su estado físico, psicológico y espiritual, así como su defensa jurídica. En el
caso de que esté en libertad provisional anterior al proceso, se determinará
cuál será su mejor lugar de residencia y sus condiciones de vida.
Los representantes de las distintas Instituciones u Órganos eclesiásticos
tienen el deber de notificar a la Autoridad civil competente todos los
delitos de los que tengan conocimiento, como se explicará más adelante.
Sin embargo, conviene tener presente que no existe encubrimiento ni
infracción penal alguna por no denunciar un delito del que se ha tenido
conocimiento por el foro interno de la confesión sacramental, ni hay obliga-
ción de declarar como testigo en procesos civiles ni penales.

2º CUMPLIMIENTO CON LA LEGISLACIÓN DEL ESTADO


El Obispo diocesano debe cumplir con las normas que establecen para
estos casos las leyes penales del Estado, colaborando con las investiga-
ciones que puedan llevar a cabo las autoridades civiles.
Es conveniente contactar con un abogado para saber si, a la vista de la
denuncia recibida, hay indicios razonables de la comisión de un delito.
En caso afirmativo, la Autoridad eclesiástica debe invitar o aconsejar, en
un primer momento, a los denunciantes a presentar ellos mismos la de-
nuncia ante la Policía, el Ministerio Fiscal o el Juzgado de Instrucción.
Si la víctima es mayor de edad, solo puede presentar la denuncia la per-
sona agraviada. Si es menor, la denuncia la presentarán sus representan-
tes legales o el Ministerio Fiscal.
El proceso canónico se realizará con independencia del que tenga lu-
gar en el ámbito del Estado, como se dirá más adelante. Cuando de
los hechos denunciados y de las averiguaciones realizadas existan dudas
razonables sobre la veracidad de los hechos, la Autoridad eclesiástica ar-
chivará las actuaciones y comunicará a los denunciantes que ejerciten, si
lo estiman conveniente, las acciones jurídicas que consideren oportunas,
asumiendo la responsabilidad que proceda.

3º JUICIO VEROSÍMIL DE LA DENUNCIA


Tras la recepción de la denuncia, corresponde al Obispo diocesano rea-
lizar un primer juicio de verosimilitud, valorando si las circunstancias
mencionadas de personas, tiempos y lugares responden a la realidad,

PROTOCOLO FRENTE A ABUSOS A MENORES


Y PERSONAS VULNERABLES Y CÓDIGO DE BUENAS PRÁCTICAS
43
si el denunciante es creíble, si la denuncia cuenta con un mínimo de
consistencia o si carece de contradicciones flagrantes que pudieran des-
autorizarla. Esta apreciación no supone toma de postura ni a favor ni
en contra del acusado. El Obispo puede servirse del parecer de expertos
para realizar la valoración de la denuncia.
Si el Obispo considera que la denuncia carece absolutamente de verosi-
militud, no se inicia el procedimiento, ni se informa a la Congregación
para la Doctrina de la fe. De todo ello se da comunicación tanto al de-
nunciante como al acusado.
Si se demuestra que una acusación era infundada, se tomarán todas las
medidas para restablecer la buena fama de la persona falsamente acusada.
Si el Obispo considera que la denuncia resulta verosímil, debe dicar un
decreto para dar paso a la investigación preliminar8.
El juicio de verosimilitud se refiere a la naturaleza de la denuncia, y no
prejuzga de ningún modo la condición del acusado. Sin embargo, en
cualquier momento de las actuaciones, a tenor del c. 1722, el Obispo,
para prevenir el escándalo, proteger la libertad de los testigos o garanti-
zar la buena marcha del proceso, puede imponer medidas temporales de
carácter cautelar, para prohibir al clérigo acusado el ejercicio del minis-
terio o del propio oficio, imponer o prohibir la residencia en determina-
dos lugares, o incluso prohibirle la participación pública en la Eucaristía.
Tales medidas pueden imponerse mediante precepto desde el momento
de inicio de la investigación preliminar.

4º INVESTIGACIÓN PRELIMINAR
La investigación preliminar no es un proceso judicial, sino una actuación
administrativa destinada a que el Obispo haga un juicio de probabilidad
acerca de si el delito fue o no cometido.
El objeto de la investigación preliminar son los hechos, las circunstancias
y la imputabilidad del sujeto. Cometida la infracción externa, se presume
la imputabilidad, a no ser que conste lo contrario (c. 1321, 3).
8
  Siempre que el Ordinario tenga noticia, al menos verosímil, de un delito, debe investigar
con cautela, personalmente o por medio de una persona idónea, sobre los hechos y sus
circunstancias, así como sobre la imputabilidad, a no ser que esta investigación parezca del
todo superflua (c. 1717, 1).

44 PROTOCOLO FRENTE A ABUSOS A MENORES


Y PERSONAS VULNERABLES Y CÓDIGO DE BUENAS PRÁCTICAS
La investigación preliminar puede ser llevada a cabo personalmente por
el Obispo, o por la persona nombrada para ello, que tiene los mismos
poderes e idénticas obligaciones que el auditor en un proceso (c. 1717, 3).
El nombramiento se realiza mediante decreto, si no consta en el decreto
de apertura de la investigación preliminar.
Hay que evitar que, por la investigación preliminar, se ponga en peligro
la buena fama de alguien (c. 1717, 2). Se aconsejará al acusado que dis-
ponga de la debida asistencia jurídica, canónica y civil, si procede.
La persona nombrada para realizar la investigación preliminar remitirá
el informe al Obispo diocesano, en el que indicará la conclusión a la que
ha llegado sobre la probabilidad o no de la comisión del delito, y cómo
ha procedido en el curso de la investigación.
El Obispo, tomando en consideración el informe presentado y valién-
dose, si lo estima oportuno, del asesoramiento de expertos, formula su
propia opinión acerca de la probabilidad o no de la comisión del delito.
La investigación preliminar concluye cuando el Obispo declara, me-
diante decreto, que se han reunido elementos suficientes para determi-
nar la probabilidad de comisión del delito (c. 1718, 1).
Si no se abre el proceso penal, salvo que la acusación sea manifiesta-
mente inconsistente, deben guardarse en el archivo secreto de la curia
las actas de la investigación, y los decretos del Ordinario, con los que
se inicia o concluye la investigación, así como aquello que precede a la
investigación (c. 1719).

5º REMISIÓN DE LAS ACTAS A LA CONGREGACIÓN PARA LA


DOCTRINA DE LA FE
Concluida la investigación preliminar, el Obispo diocesano notifica a la
Congregación para la Doctrina de la fe el resultado de la investigación,
y su votum al respecto. La Congregación determinará cómo proceder en
el asunto:
— Devolviendo la causa al Obispo, con determinadas directrices,
para que lleve a cabo un proceso judicial en el tribunal diocesano.
— Reservándose la Causa para resolverla, mediante proceso judicial,
con su propio tribunal.

PROTOCOLO FRENTE A ABUSOS A MENORES


Y PERSONAS VULNERABLES Y CÓDIGO DE BUENAS PRÁCTICAS
45
— En ciertos supuestos, de oficio o a instancia del Ordinario, deci-
dir que se proceda por decreto extrajudicial (c. 1720), teniendo
en cuenta que las penas expiatorias perpetuas pueden ser irroga-
das solamente con mandato de la Congregación para la doctrina
de la fe.
Durante el trámite, se ha de tener en cuenta: trabajar para la curación
de cada persona involucrada; recopilar el testimonio de la persona ofen-
dida sin demora y de una manera apropiada para el propósito; ilustrar
a la parte lesionada cuáles son sus derechos y cómo hacerlos cumplir,
incluida la posibilidad de presentar pruebas y solicitar ser escuchados,
directamente o a través de un intermediario; informar a la parte per-
judicada, si así lo solicita, los resultados de las etapas individuales del
procedimiento; alentar a la persona lesionada a recurrir a la asistencia
de consultores civiles y canónicos; preservar a la persona lesionada y su
familia de cualquier intimidación o represalia; proteger la imagen y la
esfera privada, así como la confidencialidad de los datos personales de
la parte perjudicada.
La presunción de inocencia siempre debe estar garantizada, protegiendo
la reputación del sospechoso. A menos que existan razones serias para lo
contrario, el sospechoso es informado con prontitud de los cargos que se
le imputan para poder defenderse contra ellos. Se le invita a hacer uso
de la asistencia de consultores civiles y canónicos. También se le ofrecerá
asistencia espiritual y psicológica.
Cuando haya motivos para creer que los delitos pueden repetirse, se
toman sin demora las medidas de precaución adecuadas.

46 PROTOCOLO FRENTE A ABUSOS A MENORES


Y PERSONAS VULNERABLES Y CÓDIGO DE BUENAS PRÁCTICAS
APÉNDICE III
MODELO DE DOCUMENTO
DE RESPONSABILIDAD PERSONAL

Yo, _____________________________________________________,
sacerdote/consagrado/agente de pastoral, perteneciente a la parroquia/
institución diocesana _______________________________________,
manifiesto de forma expresa mi rechazo personal a todo tipo de abuso
sexual, al mismo tiempo que reconozco conocer la doctrina de la Iglesia
y las leyes civiles relativas a este tema.

En el caso de cometer cualquier tipo de abuso sexual de menores, lo


haría traicionando la confianza que la Iglesia ha depositado en mí y,
por tanto, a través de este documento, asumo mi responsabilidad única
y exclusiva.

Por el presente escrito, me comprometo a participar en la formación que


la diócesis de Córdoba me proponga sobre los abusos a menores, sus
consecuencias y modos de actuar ante los mismos.

Finalmente, declaro que he leído, asimilado y me comprometo a po-


ner en práctica el “Protocolo de prevención y actuación frente a abusos
sexuales a menores y personas vulnerables” y el “Código de buenas prác-
ticas para ambientes sanos y seguros en la Iglesia”, publicados y en vigor
para la diócesis de Córdoba.

Y para que conste para los efectos oportunos,


lo firmo en ________________, a ____ de __________ de 20__.

Firmado: __________________________

PROTOCOLO FRENTE A ABUSOS A MENORES


Y PERSONAS VULNERABLES Y CÓDIGO DE BUENAS PRÁCTICAS
47
APÉNDICE IV
RESUMEN PEDAGÓGICO
DEL CÓDIGO DE BUENAS PRÁCTICAS

COMPRENDER
EL ABUSO  Acosar, asustar o intimidar con gestos
SEXUAL obscenos o con comunicaciones obscenas
(llamadas telefónicas, mensajes de móvil,
correos electrónicos, cartas o notas de explícito
contenido sexual).
 Hacer proposiciones sexuales o insinuaciones
relacionadas con la conducta sexual y ofrecimientos de
encuentro con fines sexuales utilizando internet.
 Pedir al menor que exponga o exhiba su cuerpo o partes
de su cuerpo con fines sexuales, directamente o mediante
la utilización de medios de comunicación digitales.
 Tocar partes del cuerpo del niño/adolescente
consideradas íntimas o erógenas, por encima o por
debajo de la ropa, intentos de beso, contacto corporal,
excesivo acercamiento, etc.
 Obligar o incitar a tocar a un adulto, o a otros menores,
con fines sexuales.
 Exhibir y exponer deliberadamente al menor material
pornográfico.
 Penetrar oral, anal, vaginal, o intento de penetración,
con pene o con objetos.
 Explotar sexualmente, incitar o permitir la participación
de un menor en la prostitución, pornografía o
espectáculos sexuales.
 Poseer, vender, difundir o exhibir material pornográfico
entre menores o personas vulnerables.
 Usar internet para difundir contenidos y comentarios
de tipo sexual, así como difundir imágenes o
datos comprometidos de tipo sexual, con o sin
consentimiento de la víctima.

PROTOCOLO FRENTE A ABUSOS A MENORES


Y PERSONAS VULNERABLES Y CÓDIGO DE BUENAS PRÁCTICAS
49
 Certificado negativo del Registro Central de
SELECCIÓN DE
delincuentes sexuales.
PERSONAS
 Documento de responsabilidad personal.

MUESTRAS  Nunca pueden parecer desproporcionadas.


FÍSICAS DE  El menor tiene derecho a rechazarlas aunque sean
AFECTO bienintencionadas.

QUEDARSE A  Nunca durante mucho tiempo.


SOLAS CON EL
MENOR  Nunca con la puerta cerrada.

 Siempre en un entorno visible y accesible a los


HABLAR A demás.
SOLAS CON UN  Usar en los despachos puertas de cristales
MENOR transparentes.
 Política de “puerta nunca cerrada”.

MENOR
ENFERMO O  Examinarlo siempre en presencia de otro adulto.
HERIDO

50 PROTOCOLO FRENTE A ABUSOS A MENORES


Y PERSONAS VULNERABLES Y CÓDIGO DE BUENAS PRÁCTICAS
CONTACTO
FÍSICO  En previsión del mismo, o con posterioridad,
RELEVANTE POR comunicarlo a los padres.
NECESIDAD

 Totalmente prohibidos cuando tengan connotación


JUEGOS, sexual, o cuando supongan desnudarse o besarse.
BROMAS O
CASTIGOS  Totalmente prohibidas las novatadas que suponen
actos vejatorios, denigrantes o sexistas.

 Autorización firmada de los padres.


 Si suponen dormir fuera, asegurar número
suficiente de acompañantes y diferenciación de
EXCURSIONES
alojamiento por sexo.
 Nunca un adulto puede compartir habitación o
tienda de campaña con menores.

 Prohibido entrar en vestuarios, duchas y aseos


DUCHAS Y mientras estén los menores.
ASESOS  Si es necesario por razones disciplinares, entrar
dos adultos.

 Siempre por canales oficiales (propios de la


parroquia, grupo, centro, etc.), nunca con el teléfono
o email personal.
COMUNICACIÓN  Si se crean grupos de mensajería instantánea
(del tipo WhatsApp o Telegram) o se usa el correo
electrónico para convocar, organizar o coordinar
actividades, los padres deben recibir los mensajes.

PROTOCOLO FRENTE A ABUSOS A MENORES


Y PERSONAS VULNERABLES Y CÓDIGO DE BUENAS PRÁCTICAS
51
 Totalmente prohibida con menores. Es motivo de
cese inmediato de la actividad pastoral.
RELACIÓN  Nunca responder a las insinuaciones del menor.
SENTIMENTAL  Establecer los límites adecuados.
 No pedir a un menor que guarde un secreto o
darle regalos discriminando al grupo.

 Evitar las tomas privadas de imágenes de


menores. Si se hacen en el desarrollo de actividades
pastorales que sea con dispositivos técnicos de la
parroquia o centro educativo.
FOTOGRAFÍAS
 Informar a los padres de estas tomas, y no
difundirlas sin su consentimiento.
 Se guardarán en un archivo único, del que será
responsable la parroquia o centro diocesano.

 Para los casos leves: “indicación o sugerencia


de mejora”, o bien: “llamada formal de atención”.
SANCIONES SI
NO SE SIGUE  Para los casos graves: “seria advertencia” y
ESTE CÓDIGO alejamiento inmediato de la actividad pastoral.
Comunicación a la Autoridad civil si hay indicios
de delito.

52 PROTOCOLO FRENTE A ABUSOS A MENORES


Y PERSONAS VULNERABLES Y CÓDIGO DE BUENAS PRÁCTICAS

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