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Evaluación de niños y adultos con tics

El documento presenta el caso de Johnny, un niño de 8 años que fue llevado a la clínica por su madre debido a problemas de aprendizaje y comportamiento. La madre describe que Johnny tuvo dificultades motrices durante su primer año de vida, pero que su inteligencia y rendimiento escolar son superiores al promedio. Los exámenes psicológicos muestran habilidades cognitivas normales pero niveles motores inferiores. Johnny disfruta explicando libros pero evita actividades grupales que involucren movimiento.
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Evaluación de niños y adultos con tics

El documento presenta el caso de Johnny, un niño de 8 años que fue llevado a la clínica por su madre debido a problemas de aprendizaje y comportamiento. La madre describe que Johnny tuvo dificultades motrices durante su primer año de vida, pero que su inteligencia y rendimiento escolar son superiores al promedio. Los exámenes psicológicos muestran habilidades cognitivas normales pero niveles motores inferiores. Johnny disfruta explicando libros pero evita actividades grupales que involucren movimiento.
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CASO #6

Johnny, un niño de 8 años de edad, es llevado a una clínica por su madre, que
explica que su cerebro no funciona del todo bien. Cuando se le pidió que fuera más
concreta, contestó con una serie de quejas vagas que a menudo se contradecían.
Siempre ha sido una persona lenta para aprender las cosas, mucho más que
cualquiera de mis otros hijos. Pero sé que es muy brillante. Algunas veces me
sorprenden las cosas que es capaz de recordar. En la escuela o fuera de ella no
hace gran cosa. A menudo pienso que el motivo es porque es vago, otras veces
porque está deprimido y otras porque está muy enfermo. Tiene muchos dolores de
vientre. Es realmente un muchacho dulce; quiero decir que es muy buen muchacho
con sus cuatro hermanas y con los animales de casa. Pero algunas veces es tan
malo que me aterroriza. Por ejemplo, a veces se enfada con sus juguetes y los
rompe; ha destrozado muchos más juguetes que todos los que han roto sus
hermanas juntas. Le gusta el contacto con la gente, pero sólo tiene un amigo en la
escuela. No quiere jugar a fútbol ni a cualquier otro juego con los otros niños.
Algunas veces creo que todo le da igual. Continuamente tira platos y cosas al suelo.
Una historia más detallada reveló que el embarazo, el nacimiento y los primeros
días de vida fueron totalmente normales. Sin embargo, durante el primer año de
vida sufrió algún que otro problema. Entre ellos destaca la dificultad para levantarse
cuando está sentado, andar de rodillas y andar derecho. Debido a que Johnny era
el cuarto hijo de la familia, la madre no había tenido tiempo de anotar la fecha y la
edad en la que todo esto se produjo. Sólo podía decir que «era mucho mayor que
cualquiera de sus hermanos cuando fue capaz de hacer todo esto», añadiendo que
el pediatra había asegurado que no era un niño retrasado. «Algo bueno hizo»,
sonrió, «porque después, cuando Johnny tuvo tantos problemas para empezar a
usar el tenedor y el cuchillo, para atarse los cordones de los zapatos y para
abrocharse la camisa, yo empecé a preocuparme mucho».
Cuando se le preguntó si tenía que decir algo más sobre su hijo, la madre contesto
que «en absoluto». Aparentemente, Johnny no tenía problemas para leer y su
rendimiento escolar era bueno, a excepción de la caligrafía y la educación física.
Su historia clínica no revelaba la presentía de ningún trastorno. Durante la época
preescolar, Johnny padeció «las enfermedades propias de la infancia (varicela,
otalgias y gripe)» y «muchas heridas y arañazos en las rodillas». Los dolores de
vientre empezaron «aproximadamente a la edad de 7 años», pero el pediatra
aseguró de nuevo a la madre que no eran para preocuparse.
La exploración revela que es un niño alegre, tranquilo, con buena capacidad de
concentración y aparentemente normal en su capacidad cognoscitiva. A pesar de
ser un niño tranquilo y algo reservado, no daba la sensación de que Johnny fuera
una persona apática; de hecho, disfrutó mucho cuando se le pidió que explicara un
libro que había leído. Durante la entrevista, Johnny negaba padecer problemas en
la escuela. Cuando se le interrogó más a fondo, admitió haber sufrido varias veces
dolores de vientre y no participar en actividades de grupo que involucren movimiento
y decía simplemente que «no me gustan este tipo de cosas».
Los tests psicológicos que se le efectuaron en la escuela revelaron un nivel de
inteligencia y un rendimiento escolar superior al normal. Sin embargo, en las
pruebas de habilidad motora, como correr, moverse y coordinar los movimientos, su
nivel era algo inferior al promedio para su edad. El psicólogo comunicó que el nivel
de atención y concentración de Johnny durante la realización de los tests había sido
muy bueno.

Caso # 7
Anita tiene 9 años cursa 4to grado en una escuela pública del área rural, y es
derivada al psicólogo. Se le administraron test proyectivos y de inteligencia, Bender
y Wisc, los que no indicaron la presencia de trastornos de la personalidad ni
discapacidad del desarrollo intelectual. Su inteligencia es acorde a su edad. Padece
de otitis crónica que la obliga a seguir un tratamiento en una institución que queda
lejos de su hogar, lo que hace, según su madre y son de escasos recursos
económicos. Viven en un barrio donde presuntamente habitan delincuentes, que
mantienen amenazados a los demás habitantes, toda gente trabajadora. Su padre
actualmente está desempleado y goza de un subsidio muy precario, y la madre
ayuda al sostén del hogar trabajando como empleada doméstica. Anita es muy
tímida y según cuenta la madre, le cuesta relacionarse con los demás alumnos. La
niña dice sentirse inferior a ellos, y que esto le produce a veces angustia. El motivo
por el cual consulta la madre es el cuaderno desastroso de su hija y su dificultad
para hacer las tareas de la escuela en el hogar. Advertida por la maestra acerca de
que iba a repetir de grado, la madre pidió ayuda a la trabajadora social y la derivaron
a una psicopedagoga de un servicio hospitalario. Los cuadernos de ana revelaron
errores de ortografía, y serias faltas en la organización gramatical de las oraciones.
Los escritos dictados revelan letra poco clara, y no respeta los renglones. Se queja
y sufre porque no pude hacer un cuaderno limpio como los de sus demás
compañeros. Algunos de sus compañeros la apartan y tienden a segregarla del
grupo lo que la hace sufrir más. Desde hace tres meses se encuentra en tratamiento
psicopedagógico y la niña, aunque no ha logrado mejorar significativamente su
cuaderno se lleva mejor con sus compañeras hasta se ha hecho amiga de ellas. El
problema de anita había comenzado a inicios de año y según cuenta su madre,
cuando a su padre lo despidieron del empleo, porque cerro la empresa donde
trabajaba como albañil.

Caso # 8
Un hombre de 46 años de edad, casado acudió al psiquiatra en 1996 para
someterse a una exploración, debido a la presencia de tics nerviosos que no
remitían. A la edad de 13 años empezó a presentar un guiño persistente, seguido
rápidamente de mordisqueos del labio, sacudida de cabeza y ruidos parecidos a un
ladrido. A pesar de estos sentimos rendía bien en la escuela y al final se graduó con
matricula en el instituto. Fue reclutado en la segunda guerra mundial. En el ejercito
los tics disminuyeron de manera significativa, pero todavía resultaban problemáticos
y al final ocasionaron una baja médica. Se caso tuvo dos hijos y trabajo como obrero
semicualificado y como capataz. A los 30 años sus síntomas incluían tic de cabeza,
cuello y hombros, golpeteos de la frente con la mano y con varios objetos,
carraspeos repetidos y gritos de: <<HEY, HEY HEY; LA LA LA << Seis años mas
tarde empezó a padecer coprolalia ruidosa: solía emitir una cadena de exabruptos
como <jodete bastardo hijo de puta< en medio de una frase y luego reanudaba su
conversación.
Desde 1951 hasta 1957 se le aplicaron diversos tratamientos, aunque ninguno de
ellos obtuvo éxito, terapia de shock con insulina, tratamiento electroconvulsivo, y
administración de antidepresivos. La vida social del enfermo se fue restringiendo
debido a los síntomas. Era incapaz de ir a la iglesia o al cine a causa de sus
palabrotas y ruidos. Trabajaba de noche para evitar el malestar que le producía el
contacto social. Su familia y amigos se mostraron cada vez más intolerantes y sus
hermanas no querían traer a nadie en la casa. Se encontraba deprimido por el
obligado aislamiento social y la poca esperanza de encontrar un tratamiento
efectivo. A la edad de 46 años pidió que se le realizaran una lobotomía prefrontal
pero la respuesta del especialista fue contraria a sus deseos. Esto hizo que viniera
a la visita el año 1996. Después de acabar la visita el psiquiatra decidió administrarle
un nuevo fármaco: haroperidol.

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