Ceremonia de verter agua
Algunos siglos antes de Cristo, creció una tradición judía que se realizaba durante los 8 días de la
festividad de Tabernáculos. Recordemos que Jerusalén se llenaba de peregrinos quienes viajaban a la
ciudad para celebrar la festividad, , e incluso construían sus refugios temporales (súcas) alrededor de
la ciudad en cumplimiento de Deuteronomio 16:16-17.
Cada día de la festividad (comenzando el día 15 del mes de Tishri), mientras se preparaba el sacrificio
de la mañana, un sacerdote acompañado por una procesión de alegres peregrinos judíos y música,
salían del Templo y bajaban rumbo al estanque de Siloé (el mismo estanque de Juan 9:7), de ahí
llenaba con agua un cántaro de oro y lo llevaba de regreso al Templo. Al sacerdote se le llamaba “el
que era enviado [siloé]”, del Templo (el cielo) en la parte más alta de Jerusalén a el estanque de Siloé
(la tierra) en la parte más baja. Siendo una imagen de Jesús (Yeshúa), quien fue enviado por el Padre.
El acto de descender y ascender en la ceremonia del agua es la descripción de la mayor profecía del
Mesías descrita en el libro de Proverbios.
“¿Quién sino Dios sube a los cielos y desciende de ellos? ¿Quién retiene el viento en sus puños?
¿Quién envuelve los océanos en su manto? ¿Quién ha creado el mundo entero? ¿Cuál es su nombre?
¿Y el nombre de su hijo? ¡Dime, si los sabes!” — Proverbios 30:4 (NTV)
Al mismo tiempo que esta procesión salió rumbo a Siloé, otra salía rumbo al valle de Cedrón y traían
ramas de sauce. Estas ramas las ataban a los lados del altar, doblándolas para formar un toldo de
ramas. Tan pronto como había sido decorado el altar con estas ramas, se ofrecía el sacrificio matutino,
mientras los Levitas cantaban Salmos (del 115 al 118), tal como lo hacían también en las festividades
de la Pascua y Pentecostés.
El sacerdote que había partido rumbo a Siloé sincronizaba su regreso para reunirse con los demás
sacerdotes que llevaban los sacrificios al altar. Cuando la procesión que regresaba del estanque de
Siloé eran guiados por un músico que tocaba la flauta, el flautista era llamado “al que atravesaron”
porque la flauta que tocaba era un tubo con perforaciones. Cuando el sacerdote entraba con la
procesión por la Puerta del Agua (una de las entradas a la amurallada ciudad de Jerusalén) se
escuchaban 3 toques de trompeta que los recibían con alegría, mientras que los peregrinos a coro
recitaban Isaías 12:3 “Y con gran gozo sacarán ustedes agua de las fuentes de la salvación.” Otra
referencia más que apuntaba a Jesús eran el agua en el estanque de Siloé que era llamada “las aguas
de Salvación” (literalmente las aguas de Yeshúa). El profeta Isaías nos describe este momento.
“Miren, Dios ha venido a salvarme. Confiaré en Él y no tendré temor. El Señor Dios es mi fuerza y mi
canción; Él me ha dado la victoria. ¡Con alegría ustedes beberán abundantemente de la fuente de la
salvación!” — Isaías 12:2-3 (NTV)
Esta ceremonia era un recordatorio de cuando Dios les dio agua de una piedra en el desierto.
[Dice el Señor]”Yo me pararé frente a ti sobre la roca, en el monte Sinaí. Golpea la roca, y saldrá agua
a chorros. Entonces el pueblo podrá beber. Así que Moisés golpeó la roca como se le indicó, y el agua
brotó a chorros a la vista de los ancianos.” — Éxodo 17:6 (NTV)
“Partió las rocas en el desierto para darles agua como de un manantial burbujeante. Hizo que de la
roca brotaran corrientes de agua, ¡y que el agua fluyera como un río!”— Salmos 78:15-16 (NTV)
La roca representa a Jesucristo.
“Y todos bebieron la misma agua espiritual. Pues bebieron de la roca espiritual que viajaba con ellos,
y esa roca era Cristo.” — 1 Corintios 10:4 (NTV)
Los peregrinos también cantaban los Salmos del 113-118 (transliterados como “Hosanna” del hebreo
“Hoshiaynu” que significa “sálvanos ahora”).
“¡Den gracias al Señor, porque Él es bueno! Su fiel amor perdura para siempre.” — Salmos 118:1 (NTV)
“Te rogamos, Señor, por favor, sálvanos. Te rogamos, por favor, Señor, haznos triunfar.” — Salmos
118:25 (NTV)
Mientras los peregrinos cantaban a coro los Salmos (115-118) y sacudían sus lulavs (el buque hecho
con hojas de palma, mirto, y ramas de sauce atados) hacia el altar; el sacerdote con el cántaro de oro
subía los escalones hacia el altar, junto con otro sacerdote que llevaba un cántaro de plata con vino
(para la ofrenda líquida). Ambos le daban una vuelta al altar y vertían sus ofrendas de agua y vino,
respectivamente, en dos tazones de plata. Dado que esta fiesta también se llama “el Festival de la
Recolección”, el uso del agua simbolizaba la bendición de recibir la lluvia necesaria para las cosechas.
“Pues derramaré agua para calmar tu sed y para regar tus campos resecos; derramaré Mi Espíritu
sobre tus descendientes, y Mi bendición sobre tus hijos. Prosperarán como la hierba bien regada, como
sauces en la ribera de un río.” — Isaías 44:3-4 (NTV)
Para nosotros como cristianos, el agua, en este contexto, representaba y anticipaba la venida del
Espíritu Santo, tal como los profetas lo habían pronosticado. Aquí el cántaro de oro representa la
gloria de Dios, que vierte al Espíritu Santo (agua viva) en los creyentes en Jesucristo, representados
por el tazón de plata simbolizando su pureza y rectitud, y el vino representa la sangre o vida. Los dos
chorros vertidos en paralelo simbolizan la salvación de cuerpo y espíritu. Es la imagen de la redención
de Dios a través del derramamiento del Espíritu Santo. Cuando Jesús fue atravesado en la cruz,
sangre y agua salieron de su costado.
“Sin embargo, uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y, de inmediato, salió sangre
y agua.” — Juan 19:34 (NTV)
El Señor está utilizando dos testigos que ilustran el regalo de la vida eterna cuando Jesús habitará
[tabernáculo] entre nosotros. Que alegría el poder beber del agua viva que nos ofrece Jesús.
“¡Con alegría ustedes beberán abundantemente de la fuente de la salvación! En ese día maravilloso
cantarán: ¡Den gracias al Señor! ¡Alaben Su nombre! Cuenten a las naciones lo que Él ha hecho;
háganles saber lo poderoso que Él es.” — Isaías 12:3-4 (NTV)
[Dice el Señor] “Nunca más esconderé Mi rostro de ellos, pues derramaré Mi Espíritu sobre el pueblo
de Israel. ¡Yo, el Señor Soberano, he hablado!».” — Ezequiel 39:29 (NTV)
Los sacerdotes hacían esto cada día del festival durante los primeros 7 días, además de ofrecer un total
de 70 toros, 14 carneros, 96 corderos, y 7 cabras machos. Sin embargo, el octavo día era especial, era
el punto máximo de la celebración y se le llamaba a ese día “El Gran Hosana” (del hebreo “Hoshana
Rabá”) en el que los sacerdotes le daban 7 vueltas al altar, no solo una, y con cada vuelta las multitudes
gritaban más fuertemente su petición de la salvación de Dios.
Jesucristo acude a Jerusalén a la Festividad de Tabernáculos
Cuando los medios-hermanos de Jesús se dirigían al peregrinaje a Jerusalén para celebrar la festividad
de Tabernáculos le dijeron a Jesús:
“Pero se acercaba el tiempo judío del Festival de las Enramadas, y Sus hermanos le dijeron: —¡Sal de
aquí y vete a Judea, donde tus seguidores puedan ver tus milagros! ¡No puedes hacerte famoso si te
escondes así! Si tienes poder para hacer cosas tan maravillosas, ¡muéstrate al mundo! Pues ni siquiera
sus hermanos creían en Él.”— Juan 7:2-5 (NTV)
Jesús les contestó:
“Entonces Jesús les dijo: «Para Mí, el momento aún no ha llegado; para ustedes, cualquier momento
es siempre bueno. El mundo no puede odiarlos a ustedes; pero a Mí me odia, porque Yo hago constar
que sus obras son malas. Vayan ustedes a la fiesta; Yo no iré todavía a esa fiesta, porque el momento
para Mí aún no ha llegado.»” — Juan 7:6-8 (RVC)
Observe que Jesús utilizó la palabra “todavía”, al decir “Yo no iré todavía a esa fiesta”. Jesús no dijo
que no fuera a ir a la festividad, sino que Su momento aún no había llegado. Él estaba esperando para
estar presente en el octavo día. Recuerde que este es el último Festival de Tabernáculos al que Yeshúa
asistiría antes de Su crucifixión.
“Pero después de que Sus hermanos se fueron, también Él fue a la fiesta, aunque no abiertamente,
sino como en secreto.” — Juan 7:10 (RVC)
“El último día del festival, el más importante, Jesús se puso de pie y gritó a la multitud:” — Juan 7:37a
(NTV)
Imagine la siguiente escena: Es el octavo día de la festividad, las multitudes están reunidas en el
Templo ondeando sus ramas de palma (lulav), cantando eufóricamente más fuerte que en los 7 días
anteriores, y pidiendo la salvación de Dios, gritando “¡Sálvanos ahora!”, presenciando como los
sacerdotes ya le dieron 7 vueltas al altar del Templo, y están vertiendo las aguas de salvación del
cántaro de oro, en el clímax de la ceremonia para pedir la salvación a Dios, de pronto Jesús se pone
de pie y proclama a la multitud:
[Jesús se levanta y dice]”«¡Todo el que tenga sed puede venir a Mí!¡Todo el que crea en Mí puede
venir y beber! Pues las Escrituras declaran: “De Su corazón, brotarán ríos de agua viva”». (Con la
expresión «agua viva», se refería al Espíritu, el cual se le daría a todo el que creyera en Él; pero el
Espíritu aún no había sido dado, porque Jesús todavía no había entrado en Su gloria).” — Juan 7:37b-
39 (NTV)
Yeshúa les estaba diciendo “Yo soy la redención, su salvación”. El Señor, de forma instantánea, les
estaba dando respuesta a sus oraciones y a la petición de salvación de la multitud, y el Mesías se
declaró a Sí mismo como la fuente de agua viva. En Jesús se cumple la promesa de Dios, Su nombre
en hebreo, Yeshúa significa “Salvación”, Jesucristo es la verdadera esperanza de la festividad de
Tabernáculos. Jesús utilizó este evento como una lección para la multitud, y como una oportunidad
para hacer una invitación pública para que Su pueblo lo aceptara como el agua viva, como Su Salvador.
Su mensaje de “el que tenga sed…puede venir a Mí…y beber” resume la invitación del evangelio. ¿Se
encuentra usted sediento?
“El Señor los guiará continuamente, les dará agua cuando tengan sed y restaurará sus fuerzas. Serán
como un huerto bien regado, como un manantial que nunca se seca.”— Isaías 58:11 (NTV)
“En aquel día brotará un manantial para la dinastía de David y para el pueblo de Jerusalén; una fuente
que los limpiará de todos sus pecados e impurezas.” — Zacarías 13:1 (NTV)
Como vemos en las profecías de Zacarías, la Festividad de los Tabernáculos seguirá celebrándose
durante el reinado de Jesucristo en el Milenio, y las consecuencias de rebeldía para las naciones que
se nieguen a celebrar la Festividad de Tabernáculos, serán evidentes al negárseles la lluvia (“agua
viva”) necesaria para sus cosechas.
“Toda nación que se niegue a ir a Jerusalén para adorar al Rey, el Señor de los Ejércitos Celestiales,
no recibirá lluvia…Egipto y las demás naciones serán castigadas si no van para celebrar el Festival de
las Enramadas.” — Zacarías 14:17-19 (NTV)
Agua viva vs. agua muerta
Israel se encuentra en una región en donde a menudo hay sequías, sus pobladores estaban muy
conscientes de las fuentes de agua y su calidad. Había pocos ríos y manantiales que fluyeran todo el
año, por tanto, la población dependía de cisternas para juntar y almacenar agua de lluvia; y pozos de
agua para explotar los mantos acuíferos subterráneos. En la cultura judía, el “agua muerta” se refería
a agua estancada o almacenada. El “agua viva” o “fresca” se refería a agua en movimiento, como la
de ríos, manantiales, y principalmente, el agua de lluvia. El “agua viva” era preciosa y se consideraba
“fresca”, ya que provenía directamente de Dios, y era utilizada para baños rituales y de purificación
(ver Levítico 14:5-6; 50-51;15:13; Números 19:17-19).
La distinción entre el agua “muerta” y el agua “viva” explica el porqué la mujer de Samaria se quedó
tan asombrada cuando Jesús le ofreció “agua viva” (Juan 4).
“Jesús contestó: —Si tan solo supieras el regalo que Dios tiene para ti y con quién estás hablando, tú
me pedirías a Mí, y Yo te daría agua viva. —Pero señor, usted no tiene ni una soga ni un balde —le
dijo ella—, y este pozo es muy profundo. ¿De dónde va a sacar esa agua viva?” — Juan 4:10-11 (NTV)
“Jesús contestó: —Cualquiera que beba de esta agua pronto volverá a tener sed, pero todos los que
beban del agua que Yo doy no tendrán sed jamás. Esa agua se convierte en un manantial que brota
con frescura dentro de ellos y les da vida eterna.” — Juan 4:13-14 (NTV)
La respuesta de la gente de ayer y hoy
Sin embargo, aquel último día de la festividad de Tabernáculos, la respuesta de las multitudes a la
invitación que les hizo Jesucristo fue similar a la respuesta de las personas de hoy en día:
1. Está el grupo de personas creyentes quienes creemos que Jesucristo es el Mesías, el Salvador:
“Algunos de la multitud, al oír lo que Jesús decía, afirmaron: «Seguramente este hombre es el Profeta
que estábamos esperando». Otros decían: «Es el Mesías».” — Juan 7:40-41a (NTV)
2. Existe un grupo de personas quienes son incrédulos, y creen conocer las Escrituras, pero que no se
toman el tiempo para realmente conocer a Jesucristo y en este caso, darse cuenta que efectivamente
había nacido en Belén, y llegan a conclusiones incorrectas.
“Pero otros expresaban: «¡No puede ser! ¿Acaso el Mesías vendrá de Galilea? Pues las Escrituras dicen
claramente que el Mesías nacerá del linaje real de David, en Belén, la aldea donde nació el rey David».
Así que hubo división entre la multitud a causa de Él.” — Juan 7:41b-43 (NTV)
3. Otro grupo de personas son hostiles a Jesucristo y a Su mensaje de salvación, vemos que ese grupo
de personas querían incluso encarcelar a Jesús.
“Algunos querían que lo arrestaran, pero nadie le puso las manos encima.” — Juan 7:44 (NTV)
4. Otro grupo más se encuentra confundido, y no saben qué pensar.
“Cuando los guardias del templo regresaron sin haber arrestado a Jesús, los principales sacerdotes y
los fariseos les preguntaron: —¿Por qué no lo trajeron? —¡Jamás hemos oído a nadie hablar como Él!
—contestaron los guardias.” — Juan 7:45-46 (NTV)
¿Con cuál de estos grupos de personas se identifica usted?
Para terminar con el tema del agua viva en la Festividad de Tabernáculos y la necesidad de Jesús en
nuestras vidas, me gustaría mencionar que algunas veces las circunstancias de la vida nos dejan secos
espiritualmente, y sintiéndonos como un desierto. El alma sedienta y necesitada siente esa necesidad
de acercarse al Salvador y beber de la salvación que Él ofrece, de Su regalo de vida eterna para todo
aquel quien cree en Él.
“A Ti levanto mis manos en oración; tengo sed de Ti como la tierra reseca tiene sed de lluvia.” — Salmos
143:6 (NTV)