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Este documento presenta las intervenciones de un grupo de estudiosos sobre el Condado de Aranda y la nobleza española en el Antiguo Régimen. Los estudios se centraron en aspectos concretos del condado de Aranda y otros más generales sobre la nobleza.

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Este documento presenta las intervenciones de un grupo de estudiosos sobre el Condado de Aranda y la nobleza española en el Antiguo Régimen. Los estudios se centraron en aspectos concretos del condado de Aranda y otros más generales sobre la nobleza.

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M.

ª José Casaus Ballester


(Editora)

El Condado de Aranda y la nobleza


española en el Antiguo Régimen

COLECCIÓN
h
COLECCIÓNACTAS
ACTAS
COLECCIÓN ACTAS

Presentamos las intervenciones que


tuvieron lugar en Épila (Zaragoza)
durante los días 6, 7 y 8 de noviembre
de 2008, correspondientes a las
II Jornadas. El Condado de Aranda y la
nobleza española en el Antiguo
Régimen.

En ellas un grupo de estudiosos nos


presenta las últimas investigaciones,
tanto sobre aspectos concretos del
antiguo Condado de Aranda, como de
otros más generales de la nobleza.

Todo ello englobado dentro de las


actividades que el Proyecto Archivo
Ducal de Híjar-Archivo Abierto
([Link])
viene desarrollando desde su creación
en octubre de 2006, cuyo objetivo
principal es el de poner de manifiesto un
pasado común que se reivindica desde
su contenido histórico, cultural y
patrimonial que nos enorgullece y
ennoblece a quienes con él nos
identificamos.

Diseño de cubierta: A. Bretón.

Motivo de cubierta: Primera página del


Extracto del Índice General del Archivo
del Conde de Aranda. Fotografía: José
Francisco Egea Gilaberte.
00. Primeras 17/2/10 14:02 Página 1
00. Primeras 17/2/10 14:02 Página 2
00. Primeras 17/2/10 14:02 Página 3

El Condado de Aranda y la nobleza española


en el Antiguo Régimen

COLECCIÓN AC TA S
HISTORIA
00. Primeras 17/2/10 14:02 Página 4
00. Primeras 17/2/10 14:02 Página 5

El Condado de Aranda y la nobleza


española en el Antiguo Régimen

Editora

M.ª José Casaus Ballester

INSTITUCIÓN «FERNANDO EL CATÓLICO» (C.S.I.C.)


Excma. Diputación de Zaragoza
ZARAGOZA, 2009
00. Primeras 17/2/10 14:02 Página 6

II JORNADAS. EL CONDADO DE ARANDA Y LA NOBLEZA ESPAÑOLA EN EL ANTIGUO RÉGIMEN.


Celebración: Épila (Zaragoza). Salón de actos de la Universidad Popular, 6-8 de noviembre de 2008.
Organiza y patrocina: Ayuntamiento de Épila.
Colaboran: Unión Europea (Feader), Leader, Proyecto Archivo Ducal de Híjar-Archivo Abierto, Institución Fernando el Católico,
Adival, Comarca de Valdejalón, Fedivalca, Diputación de Zaragoza y Gobierno de Aragón.
Comité científico: José Antonio Ferrer Benimelli, M.ª José Casaus Ballester, Eliseo Serrano Martín
y Francisco Javier Lázaro Sebastián.
Comité organizador: Adolfo Diez Va y M.ª José Casaus Ballester.
Coordinación general: M.ª José Casaus Ballester.

ACTAS DE LAS II JORNADAS. EL CONDADO DE ARANDA Y LA NOBLEZA ESPAÑOLA EN EL ANTIGUO RÉGIMEN.


Edita: Ayuntamiento de Épila, Proyecto Archivo Ducal de Híjar-Archivo Abierto, Institución Fernando el Católico
y Diputación Provincial de Zaragoza.
Editora: M.ª José Casaus Ballester.

Esta publicación corresponde al número 2 de la Colección Cuadernos del Ducado de Híjar.

Publicación número 2.939 de la Institución «Fernando el Católico»,


organismo autónomo de la Excma. Diputación de Zaragoza.

Tels. [34] 976 28 88 78/79 • Fax [34] 976 28 88 69


Plaza de España, 2 • 50071 Zaragoza (España)
ifc@[Link]
[Link]

© Los autores.
© De la presente edición, Institución «Fernando el Católico».

ISBN: 978-84-9911-042-4
DEPÓSITO LEGAL: TE-186/2009
PREIMPRESIÓN: Perruca Industria Gráfica. Teruel.
IMPRESIÓN: Perruca Industria Gráfica. Teruel.

IMPRESO EN ESPAÑA-UNIÓN EUROPEA.


00. Primeras 17/2/10 14:02 Página 7

PRESENTACIÓN

Después de la celebración de las I Jornadas El señorío-ducado de Híjar. Sie-


te siglos de Historia Nobiliaria Española que se desarrollaron en junio del 2006
en la villa de Híjar (Teruel), con la publicación de las actas en 2007, de nuevo
en noviembre de 2008 tuvieron lugar unas II Jornadas en torno a El Condado
de Aranda y la nobleza española en el Antiguo Régimen, en Épila (Zaragoza)
con el patrocinio del Ayuntamiento de la villa, entre otras instituciones, y den-
tro de las actividades del proyecto Archivo Ducal de Híjar-Archivo Abierto, en
el que están colaborando algunas localidades y entidades que pertenecieron al
histórico Ducado.
En esta ocasión la nómina de intervinientes con sus correspondientes apor-
taciones, ahora presentadas por escrito, también proceden de diversas universi-
dades y archivos del país, tratándose de cuestiones relacionadas con la noble-
za señorial española y en concreto con la casa condal de Aranda, objeto
principal de estas II Jornadas.
Se trata de un paso más, que ha de tener continuidad en los años venide-
ros, dentro de las actividades generadas por el mencionado proyecto Archivo
Ducal que pone en valor las actuales comarcas aragonesas que albergan pobla-
ciones relacionadas con el pasado de la Casa Ducal de Híjar (Bajo Martín, Val-
dejalón, Aranda o Campo de Belchite); con la idea de seguir manteniendo vivo
un pasado común que se reivindica desde su contenido histórico, cultural y
patrimonial que enorgullece y ennoblece a quienes se identifican con el mismo.

M.ª José Casaus Ballester


Editora

[7]
00. Primeras 17/2/10 14:02 Página 8
01. Esteban Sarasa 17/2/10 14:04 Página 9

LA ALTA NOBLEZA LAICA ARAGONESA EN TORNO A LOS


TRASTÁMARA (SIGLO XV)

ESTEBAN SARASA SÁNCHEZ

Universidad de Zaragoza

Los estudios sobre la nobleza en los reinos hispanocristianos de la Edad


Media han vuelto a concentrar el interés de la historiografía académica de unos
años a esta parte. Incluso se podría decir que la nobleza se ha puesto de nue-
vo en valor, aunque no desde la visión meramente positivista y aristocratizante,
ni tampoco a través de un menosprecio de su protagonismo, visto exclusiva-
mente desde la perspectiva de la explotación y represión de sus dependientes
en sus diversos grados.
Sobre el particular, recientemente se ha escrito que “La dominación visible,
legítima y hereditaria de un grupo social que suele designarse con el término
de nobleza ha caracterizado al occidente medieval y moderno, al menos hasta
el siglo XVIII. Para comprender esta sociedad se hace necesario un examen del
fenómeno aristocrático que dé cuenta de los orígenes de la nobleza, de su
composición y de su poder, pero los medievalistas están lejos de haber alcan-
zado un consenso sobre estas cuestiones”1. Para añadir a continuación que “se
trata del fenómeno social de la dominación a largo término de un grupo redu-
cido de individuos, mediante adaptaciones ligadas a la evolución social general,
pero sin que se haya cuestionado el mito de la continuidad de este grupo”2.
Pues bien, aunque acaso estas manifestaciones puedan ser objeto de matiza-
ciones, denotan, al menos, una configuración secular de la nobleza, en sus
diversos grados y titulaciones, de la que la historia no puede prescindir, sino
calibrar en cada momento su protagonismo, influencia y manifestaciones, den-
tro, eso sí, de un comportamiento asumido y asumible por parte del resto de
la sociedad de cada tiempo; sin considerar que la nobleza se sentara a la som-
bra de sus árboles genealógicos, por los que tanto interés mostró, por cierto, tal

1
Joseph MORSEL, La aristocracia medieval. El dominio social en occidente (siglos V-XV), Universitat
de València 2008, contracubierta.
2
Ibídem. Sobre la nobleza a partir del siglo XV, también puede tenerse en cuenta el libro de
Jonathan Dewald, La nobleza europea, 1400-1800, Diputación Permanente y Consejo de la Grandeza de
España, Valencia 2004.

[9]
01. Esteban Sarasa 17/2/10 14:04 Página 10

ESTEBAN SARASA SÁNCHEZ

y como se puede ver en sus archivos privados; lejos del absentismo generaliza-
do, de la ineficacia y del absolutismo por sistema; pero también sin dejar de
valorar el reflejo de su actitud en los adscritos a sus dominios y dominaciones
señoriales, que, aun en diversas situaciones, soportaron la carga de su vincula-
ción personal y colectiva al yugo feudal propio del Antiguo Régimen.
Además, el mismo concepto de nobleza no ha sido totalmente fijado para
entender como tal a un estamento social predeterminado, como también persis-
te una terminología confusa al nominar el linaje, la estirpe o la sangre como
fundamentos constitutivos de unas raíces aristocratizantes y transmisibles fami-
liarmente.
En lo que se refiere a España, se ha dado por sentado, no obstante, que,
además de otros momentos de transformación nobiliaria precedentes en los
diversos reinos peninsulares, la llamada revolución trastámara iniciada en
Castilla en 1369 tras el fratricidio de Montiel y el acceso al trono de la familia
trastámara en la persona de Enrique II, y la posterior entronización de esa mis-
ma familia en la Corona de Aragón tras el Compromiso de Caspe, constituye un
punto de inflexión en la sociedad estamental, con la reconversión de una
nobleza militar en otra cortesana y curial; percepción que ha impuesto una losa
en la comprensión de la ejecutoria nobiliaria desde finales del siglo XIV y a lo
largo de todo el siglo XV3.
Pero no se trata de reivindicar aquí el protagonismo de la nobleza en la his-
toria de España ni tampoco, en este caso concreto, de Aragón tras 1412. Otros
autores lo han hecho anteriormente, recordando, por ejemplo, cómo ya
Jovellanos, en el elogio a la muerte de Carlos III manifestaba la decadencia evi-
dente de la nobleza al referirse a su papel al respecto, considerando que la pér-
dida fue sobre todo en sus funciones, más que por el desgaste económico y
social4.
Ya el propio don Juan Manuel (1282-1348), en su Libro de los estados, llega
a decir que la nobleza era un estado, una forma de vivir, y, podríamos añadir,
no una clase económica5. Recordando al respecto Luis Suárez que en la noble-
za antigua, el lazo esencial era el linaje y no el título, que se ostentaba de

3
El reciente libro de F. Menéndez Pidal, La nobleza en España: ideas, estructuras, historia
(Fundación Cultural de la Nobleza en España, Madrid 2008), habla de la “nobleza nueva trastamarista”,
a la par que también lo hace sobre la justificación ideológica de la sociedad estamental o la reacción
antinobiliaria de los siglos XIX y XX.
4
L. SUÁREZ FERNÁNDEZ, “Papel de la nobleza en la historia de España”, en Medievo Hispano.
Estudios in memorial del Prof. Derek W. Lomax, Sociedad Española de Estudios Medievales, Madrid 1995,
págs. 361-368.
5
Edición de Ian R. Macpherson y Robert B. Tate, Clásicos Castalia, Madrid 1991.

[ 10 ]
01. Esteban Sarasa 17/2/10 14:04 Página 11

LA ALTA NOBLEZA LAICA ARAGONESA EN TORNO A LOS TRASTÁMARA (SIGLO XV)

manera personal, mientras que el linaje se asentaba sobre el elemento material


de los dominios que producían rentas6; para referirse en concreto a la época
trastámara considerando que bajo esta dinastía y hasta el siglo XVIII, la noble-
za formó una verdadera clase política y militar7.
Es decir, que las visiones sobre la cuestión pueden llegar a ser, si no opues-
tas, al menos discrepantes, desde la consideración de la transformación trastá-
mara en una nobleza cortesana y rentista hasta la de una clase aún militar e
introducida en la política. Pero, ¿desde qué planteamiento inicial y en qué con-
diciones?
No obstante, tras estas consideraciones preliminares de carácter general,
cabe reflexionar sobre la diferencia existente entre la renovada historiografía al
respecto para la Corona de Castilla y la limitada producción en igual sentido
para el conjunto de la Corona de Aragón y, sobre todo, para el reino de
Aragón en particular; si bien en esta línea se puede contar, al menos, con dos
recientes monografías actualizadoras del tema, precisamente para la época tras-
támara, y tomando, por cierto, el papel político y militar de la nobleza de la
Corona de Aragón: Nobleza y poder político. El reino de Valencia (1416-1446),
de Carlos López, y Caballeros del rey. Nobleza y guerra en el reinado de Alfonso
el Magnánimo, de Jorge Sáiz8.
Porque el planteamiento para Castilla ya se ha explicitado, como ejemplo,
por parte de Concepción Quintanilla en varios de sus trabajos al respecto, y
especialmente en el referido al “Discurso aristocrático, resistencia y conflictivi-
dad en el siglo XV castellano”9; aportación en la que se resalta que la disiden-
cia política nobiliaria se fue convirtiendo en una activa resistencia antimonár-
quica, apareciendo una contradicción entre el discurso aristocrático y las
tendencias absolutistas de la monarquía a modo de debate político del momen-
to; recordando que ya Alonso de Palencia hablaba de la carencia de una cohe-
sión de grupo; y concluyendo que los nobles desarrollaron la práctica y la tác-
tica de ligas y partidos, con las que se convirtieron en las fuerzas básicas de las
crisis políticas del siglo XV castellano, especialmente con Enrique IV, cuando el

6
En Nobleza y monarquía. Entendimiento y rivalidad. El proceso de la construcción de la Corona
de España, La esfera de los libros, Madrid 2005.
7
Ibídem.
8
Universitat de Valéncia 2005 y 2008 respectivamente. Una visión general puede verse en J. Ángel
Sesma, “La nobleza bajomedieval y la formación del estado moderno en la Corona de Aragón” (La
nobleza peninsular en le Edad Media, Fundación Sánchez Albornoz, León, 1999).
9
En Coups d´État à la fin du Moyen Age?Aux fondements du pouvoir politique en Europe occidentale,
Casa de Velázquez, Madrid 2005, págs. 543-573. Autora que recientemente ha expuesto un panorama gene-
ral al respecto en su “Proceso de engrandecimiento nobiliario en la Castilla medieval: de los Trastámara al
Imperio”, Jornadas sobre El señorío Ducado de Híjar. Siete siglos de Historia Nobiliaria Española (Coord. Mª
José Casaus Ballester), Ayuntamiento de Híjar y Centro de Estudios del Bajo Martín 2007.

[ 11 ]
01. Esteban Sarasa 17/2/10 14:04 Página 12

ESTEBAN SARASA SÁNCHEZ

complejo panorama asociativo de la alta nobleza degeneró en una intensa y


constante conflictividad.
Pero, ahí está la cuestión que nos afecta: ¿Cuál es la posición que adoptó la
nobleza aragonesa en los procesos de cambios iniciados con la entronización
de la dinastía trastámara en un siglo tan conflictivo como lo fue también el XV,
tanto para la Corona en general como para el reino cabeza de la misma en par-
ticular? Porque dicha conflictividad comenzó a manifestarse ya con Jaime I y
desde los primeros años de su reinado, antes de las operaciones sobre Mallorca
y Valencia, siendo esta última, precisamente, la que ocasionaría un punto de
inflexión al respecto por el desencanto producido en el seno nobiliario arago-
nés.
Aunque, lógicamente, cabe considerar como un momento de puesta a pun-
to y de reconsideración la llegada a Aragón de una nueva familia gobernante,
descendiente, desde luego, de la monarquía aragonesa, Fernando I de Pedro el
Ceremonioso, si bien por línea femenina, con grandes intereses en Castilla (el
solar familiar estaba en la pujante Medina del Campo, mercantil y ferial por
excelencia en este siglo XV), pero identificada de inmediato con la nueva
Corona, tan unida dinásticamente pero diferenciada territorialmente en sus
dominios integrantes; teniendo en cuenta el precedente del siglo XIV, con la
Guerra de la Unión y lo que supuso de encumbramiento de nobles afectos a la
causa regia y apartamiento de los sediciosos; más la influencia en todo ello del
apoyo prestado por Pedro IV de Aragón a la causa de Enrique II, el trastáma-
ra, en contra de su enemigo Pedro I, con el que se había producido la guerra
entre ambas coronas desde 1357.
En principio, tras la entronización trastámara la realeza se fue imponiendo
como única instancia capaz de contener la presión de los feudales, con sus pro-
pios anacronismos y ambiciones, de manera que con la instauración de la
dinastía castellana en la Corona de Aragón, la idea pactista que venía de los
movimientos unionistas ya comprometida, se iba a trasladar a la nueva etapa
nacida precisamente de un “compromiso” que encerraba en realidad una sen-
tencia arbitral. El hecho de haberse elegido el monarca, aparentemente con
representación paralela de los tres estados peninsulares de la corona, permitía
pensar que la estabilidad se instalaría temporalmente en las relaciones monar-
quía-nobleza.
Pese a su brevedad, el reinado de Fernando I (1412-1416) abrió, no obstan-
te, los principios del comportamiento posterior en lo que a la presencia y pro-
tagonismo nobiliario y la conflictividad feudal se refiere; con el agravamiento
debido a las ausencias de Alfonso V el Magnánimo (1416-1458), que dejaría el
gobierno en manos de lugartenientes, como su propia esposa, la reina María,
que debieron hacer frente a las instituciones reinales de corte aristocrático más

[ 12 ]
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LA ALTA NOBLEZA LAICA ARAGONESA EN TORNO A LOS TRASTÁMARA (SIGLO XV)

que representativo: Justicia, Diputación, ricoshombres y oligarquías urbanas;


frente al romanismo tendente al absolutismo del renacimiento humanista. A
pesar de lo cual, en un ambiente de confrontación entre la monarquía y la bur-
guesía que buscaba recoger la herencia feudal del poder nobiliario, la represen-
tación monárquica pudo hacerse con el control social, no sin apuros ni dificul-
tades10.
En Aragón concretamente, la institución monárquica recobró autoridad tras
1412 a través de pactos y provisiones, aunque habría que esperar a Juan II
(1458-1479) y Fernando II el Católico para reforzarla, en pugna con el cesaris-
mo propio de la administración aragonesa. Pero ya con el primero de ellos,
Juan II, la confusión entre “monarquismo” y “autoritarismo” perjudicaría el
gobierno del estado aragonés. La fuerte personalidad del rey y su carácter
ambicioso le colmaría en su progresivo castellanismo de sus ideales, forjando
unas necesidades ajenas al reino, sobre todo una vez disminuida su influencia
y peso en Castilla, política y económicamente, lo que fue un hecho más, junto
con sus diferencias con su hijo Carlos, príncipe de Viana, y la guerra civil cata-
lana de 1462 a 1472, para relegar su atención sobre Aragón y los aragoneses11.
Pero, dentro de este ambiente de pugna entre nobleza y monarquía, ¿cuáles
fueron las respuestas y comportamientos de los feudales aragoneses en el con-
junto de la sociedad reinal y dentro de su propia condición estamental? Porque
el reinado del Magnánimo (1416-1458) resultó especialmente violento en cuan-
to a la actuación señorial de algunos linajes enfrentados entre sí por diversas
causas, y las banderías se convertirían en el caldo de cultivo de desórdenes y
desmanes de todo tipo.
En efecto, las luchas nobiliarias fueron frecuentes en este periodo, como la
disputa en 1432 entre los bandos de los Luna y los Urrea, enfrentándose Juan
de Luna y Lope Ximénez de Urrea con sus respectivos valedores; así como en
1433 surgían los desafíos entre el mismo don Juan de Luna con Juan de Híjar,
mientras aparecían también los de Juan Fernández de Heredia con Juan de
Bardaxí por reivindicaciones pendientes entre ambos12; aunque destaca sobre
todo, por lo prolongado del enfrentamiento, el de los Gurrea y los Urríes, des-
de 1436 hasta veinte años después, con treguas y violencias alternativamente.
A mediados de siglo las alteraciones nobiliarias se recrudecieron, como la
que había enfrentado anteriormente a Juan de Híjar con Juan de Luna, ahora

10
E. SARASA SÁNCHEZ, Sociedad y conflictos sociales en Aragón, siglos XIII-XV. Estructuras de poder
y conflictos de clase, Siglo XXI, Madrid 1981, pág. 80.
11
Ibídem, págs. 89-90.
12
Jerónimo ZURITA, Anales de la Corona de Aragón, lib. XIV, caps. VI y XVI.

[ 13 ]
01. Esteban Sarasa 17/2/10 14:04 Página 14

ESTEBAN SARASA SÁNCHEZ

con don Jaime, llegando a pelear con sus facciones en Zaragoza en 1449, cuan-
do el hermano del rey, en su ausencia, el lugarteniente don Juan, se encontra-
ba también fuera del reino13. Pero otros bandos se levantaron, por ejemplo,
entre los Liñanes y los Heredia en 1453 o entre los Urreas y Gurreas en 1456,
manteniendo incluso cárceles privadas, exigiendo homenajes forzosos para
ambos contendientes, pidiendo rescates y aprovechando las cabalgadas para
cometer infamias y perturbar a las autoridades oficiales, como en la percepción
de los impuestos de las “generalidades” del reino14.
Ya con Juan II en el trono, la autoridad regia y las Cortes, autorizaron en
1461 a la Diputación del reino para tratar de combatir las bandas armadas feu-
dales, persiguiendo a sus cabecillas, atacando sus fortalezas e incautando sus
bienes; y el mismo rey, buscando atajar de raíz la violencia, instó a las autori-
dades regias a acabar con los desmanes de mercenarios y bandidos que pelea-
ban a sueldo en las facciones enfrentadas, con las graves consecuencias que
para el campesinado señorial representaban las depredaciones sectarias de los
contendientes15.Y más tarde, Fernando II, actuando todavía como primogénito y
lugarteniente en 1472, tuvo que dirigirse al concejo de Albarracín para tratar de
poner fin al enfrentamiento entre Juan Fernández de Heredia, señor de Gea, y
Fernando López de Heredia, prohibiendo la ayuda a cualquiera de los dos para
que el conflicto feudal se extinguiera por sí solo16.
Con este panorama, cabe pensar, en principio, que estas guerras feudales
contribuyeron en conjunto a agravar la situación alterada del reino, desgastán-
dose la nobleza en disputas familiares, señoriales y de herencia, sin poder
superar cuanto se arrastraba todavía de su decaimiento con motivo de las crisis
del siglo precedente ni poder beneficiarse de las recuperaciones del XV. Pero
esa sería una visión parcial del comportamiento feudal de la aristocracia arago-
nesa, tanto en la nobleza alta de los ricoshombres como en la baja de los caba-
lleros y mesnaderos, que también tuvieron sus enfrentamientos familiares.
Desde la instauración trastámara, los Alagón, Cornel, Fernández de Heredia,
Fernández de Híjar, Gurrea, Luna, Urrea o Urríes están presentes en la vida
política del reino a partir de las primeras Cortes del reinado de Fernando I en
1412 y en las sucesivas convocatorias del siglo XV, pero también en la cancille-
ría y en el consejo real, con independencia de la disputa de los intereses juga-
dos entre las familias señoriales y la conflictividad feudal provocada con ello.

13
Ibídem, lib. XV, cap. LVII.
14
E. SARASA SÁNCHEZ, obra citada, pág. 108.
15
Ibídem, pág. 109.
16
Ibídem.

[ 14 ]
01. Esteban Sarasa 17/2/10 14:04 Página 15

LA ALTA NOBLEZA LAICA ARAGONESA EN TORNO A LOS TRASTÁMARA (SIGLO XV)

Lo cual significa que una lenta pero inexorable transformación se fue dando,
no tanto en el seno de la sociedad aristocrática, cuanto en su participación y
protagonismo social.
En efecto, durante el reinado de Fernando I (1412-1416), la escasa iniciativa
que especialmente los ricoshombres tomaron en la resolución de los parlamen-
tos precedentes en Calatayud y Alcañiz al Compromiso de Caspe -declinando
su intervención a favor de caballeros, juristas y eclesiásticos17-, se fue corrigien-
do hacia una mayor implicación en la vida política del reino, sin relegar de sus
derechos señoriales que se vieron reforzados desde el siglo precedente18. De
hecho, ya la respuesta a la convocatoria a Cortes entre el verano y el otoño de
1412 fue tomada por parte de la nobleza, como aceptación de la nueva dinas-
tía entronizada en Caspe, y la larga nómina de participantes durante las muchas
jornadas parlamentarias lo demuestra: Artal de Alagón, Fadrique de Aragón con-
de de Luna, Felipe de Castro, Pedro de Castro, Arnal de Eril, Gonzalo
Fernández de Híjar, Juan Fernández de Híjar, Pedro Fernández de Vergua,
Pedro Galcerán de Castro, Bernardo Galcerán de Pinós, Pedro Ladrón vizconde
de Villanueva y Manzanera, Jaime de Luna, Juan de Luna, Juan Martínez de
Luna, Pedro Maza de Lizana, Pedro de Urrea, Lope Ximénez de Urrea, Juan
Ximénez de Urrea o Pedro Ximénez de Urrea19.
Esta amplia presencia, con la ausencia destacada de Antón de Luna que
encabezó en Aragón la partida a favor del Conde de Urgel don Jaime, quien no
aceptó la resolución de Caspe, cayendo en crimen de lesa majestad por el que
sería combatido por el nuevo monarca hasta su derrota en los comienzos de
1414, se redujo, no obstante, a la hora de formar parte del Consejo Real, cons-
tatándose únicamente a Francisco de Aranda entre otros miembros catalanes y
juristas aragoneses20. Lo cual sucedía asimismo en la Cancillería21.
La nobleza aragonesa se vio, sin embargo, alterada en los comienzos de la
nueva dinastía como consecuencia de la guerra que el soberano tuvo que man-

17
“La nobleza de Aragón y el Compromiso de Caspe”, en E. Sarasa, Aragón y el Compromiso de
Caspe, Librería General, Zaragoza 1981.
18
E. SARASA SÁNCHEZ, “La condición social de los vasallos de señorío en Aragón durante el siglo
XV: criterios de identidad”, en Aragón en la Edad Media II. Estudios de economía y sociedad (siglos XII
al XV), Universidad de Zaragoza 1979, págs. 203-244.
19
E. SARASA SÁNCHEZ, Cortes de Aragón de 1412, Tesis de Licenciatura inédita, Zaragoza 1975.
20
E. SARASA SÁNCHEZ, “La Cancillería y el Consejo real”, en Aragón en el reinado de Fernando I
(1412-1416). Gobierno y administración. Constitución política. Hacienda real, Institución Fernando el
Católico, Zaragoza 1986, págs. 71-74.
21
F. SEVILLANO COLOM, “Cancillerías de Fernando I y Alfonso V”, en Anuario de Historia del
Derecho, XXXV (1965), págs. 170-216.

[ 15 ]
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ESTEBAN SARASA SÁNCHEZ

tener contra don Jaime de Urgel y sus seguidores en el reino, hasta la derrota
y prisión del rebelde, la pacificación del territorio y la convocatoria nobiliaria a
las solemnes coronaciones de don Fernando y doña Leonor de Alburquerque
en febrero de 141422. En unos casos por las confiscaciones de bienes de los
rebeldes, en otros por las compensaciones a los fieles y colaboradores de la
causa regia.
Pero hay un aspecto a tener en cuenta en estos primeros años del siglo XV,
y es la escasa implicación urbana que por lo general mantenían todavía los
nobles. La fuerza del régimen señorial y el interés por preservarlo inmune por
encima de cualquier cambio político o social quedó ya patente en la jura de
don Fernando de los Fueros del reino, privilegios libertades, usos, costumbres,
donaciones, permutas y concesiones territoriales de sus predecesores en las pri-
meras Cortes del reinado23: lo que obstaculizaba cualquier pretensión de aven-
tura fuera del marco del señorío territorial y jurisdiccional.
No obstante, incluso se crearon algunos mayorazgos por entonces, como el
de los Gurrea, con Gurrea, Las Cañas, La Gazapera y otros; engrosándose pos-
teriormente con Agüero, Santa Engracia, Embún o Ballestar24. Y se formaron
algunos señoríos, como el de los Moncayo, con Peralta, Ibieca, Liesa, Pueyo,
Castejón, Sesa, Rafales, Coscojuela, Cillas o Albalate de Cinca, entre otros luga-
res25. Aunque en este último caso, se trataba de una familia de caballeros o
nobleza media, encumbrada por relaciones matrimoniales y emparentamientos
con la alta nobleza.
Al respecto, el mismo monarca favoreció, entre otros, al caballero Fernando
Díaz de Aux en 1414 por su colaboración como asesor de la gobernación de
Aragón en la cuestión del Conde de Urgel; concediéndole el lugar de
Cosculluela (en Barbastro) que había sido confiscado al rebelde Martín López
de Luna; permitiéndole percibir anualmente sesenta florines de oro de Aragón
de las rentas, derechos y emolumentos del lugar; ordenando al alcaide, justicia,
jurados y hombres buenos del mismo que obedecieran al nuevo titular, quien
lo regentaría en nombre del propio rey y al que responderían de las rentas y
derechos del señorío26.

22
E. SARASA SÁNCHEZ, Fernando I y Zaragoza (la Coronación de 1414), Cuadernos de Zaragoza
10, 1977.
23
Sobre la cuestión señorial, puede verse el apartado de Ángel Canellas López sobre “Los señoríos
de Aragón en el siglo XV”, en el Tomo XV de la Historia de España de Menéndez Pidal, Espasa Calpe,
Madrid 1970, págs. 497-499.
24
Á. CANELLAS LÓPEZ, obra citada, pág. 508 (notas).
25
Ibídem, pág. 509 (notas).
26
E. SARASA SÁNCHEZ, Aragón en el reinado de Fernando I (1412-1416), Tesis de Doctorado inédi-
ta (en parte) vol. IV, La sociedad, Zaragoza 1980, pág. 62.

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LA ALTA NOBLEZA LAICA ARAGONESA EN TORNO A LOS TRASTÁMARA (SIGLO XV)

No faltaron además las demandas justificadas por el empobrecimiento de los


tiempos, que se venía arrastrando desde la centuria precedente y que había
afectado a la clase privilegiada más aferrada a la renta señorial y sin iniciativas
productivas de otro género. Así, por ejemplo, en 1414, María de Luna, mujer de
Juan de Híjar, envió por escrito y a través de su emisario Gaspar de la
Caballería, una demanda de ayuda al rey para enjugar los gastos ocasionados
cuando “el debat de aquest regno”; insistiendo en la necesidad de libramientos
especiales y no comunes porque estos no eran suficientes para soportar las
necesidades de dicha casa y solar27.
Situación de aparente penuria que coincidía con la provocada en ocasiones
por la incorporación al patrimonio regio de derechos y rentas percibidos por
algunos señores y que la investigación de los oficiales de la Corona entendían
que no les pertenecían; o por la percepción irregular de caballerías que no les
correspondían o se habían desviado hacia otros titulares. Y es que, en ello,
influyó la inmutabilidad del valor cuantitativo de muchas rentas feudales que se
habían quedado desfasadas con los tiempos en relación con la triplicación de
algunos precios, como el del trigo desde comienzos del siglo XV28.
Ahora bien, al margen de la política interior de la Corona con el primer tras-
támara en los estados de la misma, hispánicos y mediterráneos, la cuestión del
Cisma de la Iglesia, resuelto en estos años sin que, al menos en principio,
resulte significativo para el propósito de esta aportación sobre la nobleza la
nueva dimensión internacional que la Corona de Aragón adquirió en los reina-
dos sucesivos, puso de nuevo a punto a la aristocracia del reino de Aragón
ante los nuevos retos que tuvo que afrontar; tanto para el mantenimiento de su
status, cuanto para el de su participación directa o indirecta en las empresas de
la monarquía contra Castilla, en el sostenimiento de los intereses italianos e
incluso en los asuntos internos provocados por las ausencias de la Península de
Alfonso V, la confrontación de Juan II en Cataluña o las desavenencias familia-
res.
Todo lo cual presenta un siglo XV, a partir del primer trastámara Fernando I,
de alteración en las estructuras políticas de la Corona en general y del reino
cabeza de la misma en particular, que se fueron resolviendo en múltiples con-
flictos, resultado del enfrentamiento entre nobleza y monarquía en un clima de
alternancia entre la colaboración y el desentendimiento por parte de algunas de
las grandes familias aragonesas, que se habían aliado en principio para senten-
ciar la legitimidad de la nueva dinastía, orientada hacia la consolidación de la

27
Ibídem, pág. 64.
28
Ibídem.

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ESTEBAN SARASA SÁNCHEZ

fuerza política nobiliaria, la preserva de sus privilegios y el requerimiento de su


colaboración y fidelidad vasallático-feudal.
Pues bien, la prematura e inesperada muerte de Fernando en 1416, dejó en
suspenso algunas de las ideas puestas en práctica sin tiempo a su ejecución y
desarrollo: en lo económico, en lo social, en la fiscalidad, etc. Sin embargo, el
espíritu y formación de los sucesores en la nueva casa reinante obedecería a
una misma corriente de opinión respecto de las formas y prácticas de gobierno
general para la Corona y particular para sus estados, entre ellos el reino de
Aragón. Aunque en lo referente a la nobleza titulada y señorial, aparentemente
al menos, no se llegó a producir un cambio sustancial en cuanto a los agentes
actuantes por sí mismos o en relación con la monarquía, pues las propias difi-
cultades políticas, tanto de Alfonso V como de Juan II, fuera y dentro del terri-
torio aragonés, obligó a la clase nobiliaria a tomar partido en uno u otro senti-
do, de afección o desafecto recíproco con el rey, y de facción con unas familias
encumbradas contra otras, al menos en las alturas de la nobleza superior de los
ricoshombres.
No obstante, pese al relativo buen conocimiento del reinado de Alfonso el
Magnánimo29, y el menor del de Juan II, en relación con la nobleza habría que
revisar lo escrito y adelantar algunos planteamientos más rigurosos y novedo-
sos30; partiendo, entre otros escenarios, del comportamiento en las asambleas
parlamentarias del reino31, la participación militar en las guerras con Castilla32,la
disputa del predominio y hegemonía aristocrática en las banderías y enfrenta-
mientos familiares en el marco de la violencia feudal generalizada o la implica-
ción urbana de la nobleza terrateniente y señorial33.

29
Para ello siguen siendo válidos los libros de Alan Ryder, Alfonso el Magnánimo rey de Aragón,
Nápoles y Sicilia (1396-1458), Edicions Alfons el Magnànim, Generalitat Valenciana 1992; y, aunque más
concretamente para Nápoles, El Reino de Nápoles en la época de Alfonso el Magnánimo, ibídem.
30
Como los propuestos por Luisa Sánchez Aragonés para las Cortes y el estamento urbano o popu-
lar en sus respectivos libros sobre Cortes, monarquía y ciudades en Aragón durante el reinado de
Alfonso el Magnánimo (1416-1458), Institución Fernando el Católico, Zaragoza 1994; y Las Cortes de la
Corona de Aragón durante el reinado de Juan II (1458-1479. Monarquía, ciudades y relaciones entre el
poder y los súbditos, ibídem 2004.
31
En particular la reciente edición de las actas de las Cortes de Alfonso V es un material a utilizar
para este propósito: Acta Curiarum Regni Aragonum.. Tomo IX, vol. 1º. Cortes del Reinado de Alfonso
V. Cortes de Maella 1423, Cortes de Teruel 1427-1428, Cortes de Valderrobres 1429 y Cortes Generales
de Monzón 1435 (edición a cargo de Mª Teresa Iranzo Muñío), Grupo CEMA, Ibercaja, Cortes de Aragón
y Gobierno de Aragón, Zaragoza 2007; y Tomo IX, vol. 2º, Cortes de Alcañiz 1436 (ibídem).
32
Jorge SÁIZ SERRANO, Caballeros del rey, Nobleza y guerra en el reinado de Alfonso el
Magnánimo, obra citada.
33
C. LALIENA y M.ª T. IRANZO, “Poder, honor y linaje en las estrategias de la nobleza urbana ara-
gonesa (siglos XIV y XV)”, en Oligarquías políticas y elites económicas en las ciudades bajomedievales
(siglos XIV-XVI), Revista d´Història Medieval 9, Valencia 1998, págs. 41-79.

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LA ALTA NOBLEZA LAICA ARAGONESA EN TORNO A LOS TRASTÁMARA (SIGLO XV)

En definitiva, sin pretender por ahora ofrecer resultados al respecto, ni


siquiera con un valor de provisionalidad, sí que se puede intentar una puesta a
punto desde el conocimiento transmitido por la bibliografía disponible y algu-
nas ideas que rebasen la mera contemplación estática de la nobleza aragonesa
en el siglo XV, como un estamento dentro de un continente estanco, para ade-
lantar, por el contrario una perspectiva dinámica e intercambiadora, incluso,
con la de los demás sectores sociales imbricados en las relaciones externas de
dicho estamento, a niveles personales o colectivos.
Así, en una primera aproximación, aparte del comportamiento institucional
de la nobleza en general como estamento que tenía su presencia parlamentaria
en las asambleas del reino por derecho propio, el protagonismo en algunos
casos ofrece una casuística de intervenciones de las Cortes en asuntos que son
de interés para algunas familias.
En este sentido, por ejemplo, en las Cortes de 1451 celebradas en Zaragoza
y presididas por el lugarteniente don Juan, hermano del rey ausente Alfonso el
Magnánimo y con las consabidas protestas por dicha ausencia, don Juan tuvo
que mediar como árbitro en las disputas entre Alfonso de Liñán, señor de
Cetina, y Juan Fernández de Heredia, señor de Sisamón; dentro de lo que venía
siendo habitual en cuanto a enfrentamientos familiares recurrentes a lo largo
del tiempo34.
Pero también se encuentran los ricoshombres en las diputaciones delegadas
de las asambleas para resolver cuestiones pendientes. Así sucede en las de
Teruel de 1428, cuando en la comisión de ocho representantes elegidos por
otra mayor de dieciséis miembros, figuran Pedro Fernández de Híjar y Juan
Martínez de Luna en la más numerosa y Juan de Híjar y Juan de Luna en la
reducida35.
Igualmente, en las Cortes de Valderrobres de 1429, ante la solicitud del rey
de una ayuda para la guerra con Castilla, en la comisión encargada de proveer
lo relativo a la defensa del reino, figuran, entre otros responsables, don Juan de
Híjar, Juan de Luna o Ximeno de Urrea36. Los mismos que aparecen documen-
tados en las Cortes de Zaragoza de 1446-1450 para que, junto con otros comi-
sionados, pudieran “tractar entre sí e aprés con los qui seran diputados por part
del Senyor Rey de Navarra (don Juan, luego Juan II de Aragón, hermano de

34
A. SESMA y E. SARASA, Cortes del reinode Aragón (1357-1451). Extractos y fragmentos de proce-
sos desaparecidos, Anúbar, Valencia 1976, págs. 178-179.
35
L. M.ª SÁNCHEZ ARAGONÉS, Cortes, monarquía y ciudades en Aragón, durante el reinado de
Alfonso el Magnánimo, obra citada, pág. 264, notas 478 y 479.
36
Ibídem, págs. 220-221, nota 307.

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ESTEBAN SARASA SÁNCHEZ

Alfonso V), lugarteniente general del Senyor Rey, las vías e maneras razonables
como sea servada la paz con effecto entre el senior Rey e los del Regno de la
una part e el Rey de Castiella e los de su Regno de la otra manera, que cessen
todos scandalos e inconvenientes a perpetuo a tiempo cierto. E de aquesto
hayan a tractar ante todas cosas”37.
No obstante su representación y protagonismo, también los nobles se vieron
implicados a veces en la acusación injustificada de ausencia, cayendo en “con-
tumacia”, cuya reincidencia podía acarrearles la pérdida del derecho a ser con-
vocados por el rey de manera oficial; aunque en muchos casos eran sus procu-
radores quienes les representaban en las asambleas. Como, por ejemplo, en las
Cortes de Zaragoza de 1446, llevando el rey ausente catorce años en momen-
tos de dificultades con Castilla; siendo en esta ocasión los advertidos Juan de
Luna o Pedro de Urrea38.
Sin embargo, la presencia nobiliaria en delegaciones y diputaciones llegó en
ocasiones a ser significativa; como en la derivada de las Cortes ya mencionadas
de 1446-1450 reunidas en la capital del reino, al integrarse en la de treinta y
dos miembros, nada menos que Juan de Híjar, Jaime de Luna, Ximeno de
Urrea, Juan de Gurrea (como procurador de Lope Ximénez de Urrea) o don
Jaime de Castro (procurador de Pedro de Urrea); si bien algunos, como se ve,
representados por sus procuradores39.
Incluso en las Cortes de Alcañiz de 1436, en la propuesta de la “inquisición”
(investigación) sobre los Justicias de Aragón y sus lugartenientes desde el año
1400, se insistió “principalmente en que se publicasse la pesquisa que se había
hecho contra el Justicia de Aragón y sus lugartenientes y oficiales que llaman
inquisición, considerando que por fuero en el principio de las Cortes Generales
de Aragón antes que se procediese a otros autos, se debía publicar la inquisi-
ción que se había hecho contra el Justicia de Aragón y sus tenientes y oficia-
les. Y mandó el Rey que mossen Guillem de Tudela, don Pedro de Alagón,
Felipe de Urríes y don Ramón Oller, que eran inquisidores del oficio del Justicia
de Aragón, publicasen las inquisiciones que se habían hecho contra el Justicia
de Aragón y contra sus predecesores desde el año 1400, que se había hecho
publicación de la inquisición de este oficio”40.

37
Ibídem, pág. 225.
38
Ibídem, pág. 131, nota 444.
39
Ibídem, pág. 225, nota 322.
40
J. ZURITA, Anales de la Corona de Aragón, edic. de Á. Canellas López, Institución Fernando el
Católico, Zaragoza 1974 y ss., Tomo 6, págs. 126-127.

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LA ALTA NOBLEZA LAICA ARAGONESA EN TORNO A LOS TRASTÁMARA (SIGLO XV)

Precisamente la concurrencia nobiliaria a estas Cortes alcañizanas fue nota-


ble: Diego Gómez de Sandoval, conde de Castro y señor del honor de Huesa;
Ramón Boil, vizconde de Vilanova y señor de Manzanera; Juan Fernández,
señor de Híjar, y Juan de Híjar, su hijo; Juan de Luna, señor de Villafeliche;
Jimeno de Urrea, señor de Sestrica; Pedro de Alagón, señor de Almuniente;
Ramón de Cervellón, Juan de Luna y los procuradores de Felipe Galcerán de
Castro el mayor y Felipe Galcerán de Castro, menor de edad, señor de las baro-
nías de Castro, Peralta y Tramacete y del honor de Guimerá; más los procura-
dores de Luis Cornel y Maza, señor de las baronías de Alfajarín, Jofre de Castro
y Artal de Alagón, señor de Pina, y Artal de Alagón, su hijo, señor de
Alcubierre, Guerau de Espés, Pedro Ximénez de Urrea, hijo de Pedro Ximénez
de Urrea, señor del vizcondado de Rueda, y Timbor de Híjar41.
Por cierto que, hablando de los Justicias de Aragón, en los registros docu-
mentales que tratan de esta institución aparecen implicados algunos nobles del
reino, reflejándose en las diversas situaciones el comportamiento personal de
los titulados. Por ejemplo, en 1419, Alfonso V instaba al Justicia Jiménez Cerdán
y a sus oficiales a intervenir en el pleito suscitado entre unos particulares de
Samper de Calanda y el noble Juan de Luna y sus vasallos de Morata y Gotor42.
Noble que en 1424 se vería implicado ante la corte del Justicia en un litigio
entre el lugar de Villafeliche y los representantes de Calatayud43. Así como tam-
bién Pedro de Urríes reclamaría algunas caballerías que le eran debidas, orde-
nando, en esta ocasión la reina doña María como lugarteniente en 1423 al
Justicia Berenguer de Bardaxí, que resolviera al respecto44. Reina que, en 1441,
y actuando asimismo como lugarteniente de su esposo ausente, ordenaría al
Justicia Ferrer de Lanuza y su corte que procediera en la causa entre el noble
Artal de Alagón y Lope Ximénez de Gurrea, por algunas caballerías en dispu-
ta45. Al igual que posteriormente, en 1460, Juan II pediría al Justicia que busca-
se la concordia entre Antón de Palafox, señor de Ariza, y su mujer e hijo
Guillén, según el memorial firmado por el rey y enviado al mayordomo Juan
de Vilapando46.
Precisamente, uno de los aspectos en el que se podría investigar es el refe-
rido a las reclamaciones presentadas por la nobleza ante la corte del Justicia de

41
Ibídem, pág. 126.
42
M.ª L. RODRIGO ESTEVAN, Documentos para la historia del Justicia de Aragón, Vol. I. Archivo
de la Corona de Aragón, Justicia de Aragón, Zaragoza 1991, doc. 713.
43
Ibídem, doc. 723.
44
Ibídem, doc. 718.
45
Ibídem, doc. 754
46
Ibídem, doc. 786.

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ESTEBAN SARASA SÁNCHEZ

Aragón, dentro de sus reivindicaciones señoriales, jurisdiccionales o territoriales;


pues, aparte de la presentación de agravios (“greuges”) ante las Cortes del rei-
no y contra los oficiales del rey o algún contrafuero real, cuestiones de heren-
cia, sucesiones, títulos y otros asuntos que afectaban a los linajes, sus privile-
gios y sus vinculaciones señoriales fueron frecuentes en el seno de la nobleza
titulada. Pero este es un aspecto aún poco conocido, al menos para el siglo XV.
Por otro lado, también hay al respecto todo un campo de acción en el seno
de la nobleza media o inferior de los caballeros, mesnaderos e infanzones, que,
teniendo además su estamento o “brazo” en las Cortes de Aragón independien-
te del de la nobleza superior de los ricoshombres (situación excepcional entre
los territorios de la Corona), tuvieron su propio protagonismo en muchas accio-
nes relacionadas con los diferentes aspectos que se tratan por ahora; aunque
no sean en este momento objeto de atención, ya que esta aportación se centra
principalmente en la nobleza superior del reino cabeza de la Corona.
Y, al respecto, cabe señalar, asimismo, que también formaban parte de la
nobleza, aunque no formaran parte del estamento curial nobiliario y tampoco
es objeto de atención por ahora, los caballeros señalados de las Órdenes
Militares, especialmente la de San Juan de Jerusalén (Hospitalarios), en lo que
se refiere a los comendadores de las encomiendas y a los grandes maestres; de
los que una buena representación, aunque para el siglo anterior, lo fue don
Juan Fernández de Heredia, consejero de reyes (Pedro IV y Juan I), señor feu-
dal de villas y tierras (con su solar principal en Mora de Rubielos) y máxima
autoridad de la orden sanjuanista en su tiempo.
Al igual que los obispos y cabildos, así como los abades de los monasterios
cistercienses, actuaron también como señores feudales de dominios personales
y territoriales; estando representados en las asambleas curiales dentro del esta-
mento de la Iglesia. Lo que tampoco es objetivo de esta contribución al cono-
cimiento nobiliario.
En cuanto a la implicación militar, la guerra con Castilla en el reinado de
Alfonso V y el mantenimiento de la política italiana, así como con Juan II la
división entre sus partidarios y los del Príncipe de Viana, su hijo, entre los que
se contó, por ejemplo, con la casa de Híjar, también con motivo de la guerra
civil catalana (1462-1472), ofrecieron motivos de participación nobiliaria de dife-
rentes formas. Teniendo en cuenta, además, que dicha participación, sobre todo
en la política exterior alfonsina, estaría estrechamente vinculada a la condición
de algunos notables aragoneses de miembros de la Casa Real, aunque ello no
fuera un condicionante exclusivo.
En dicho contexto es importante el caso de Lope Ximénez de Urrea, de la
alta nobleza aragonesa y de familia adscrita al servicio regio; quien, ya en la

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LA ALTA NOBLEZA LAICA ARAGONESA EN TORNO A LOS TRASTÁMARA (SIGLO XV)

guerra castellana de 1429-1430, destacó con su participación en ayuda del rey


de Aragón, al igual que haría posteriormente con su presencia en Sicilia, don-
de llegó a ser virrey de la isla desde 1440 a 1459; y sobresaliendo asimismo en
las campañas de Nápoles desde su cargo de camarlengo47. O también el de
Pedro Maza de Lizana, igualmente al servicio de la Casa Real y con amplia tra-
yectoria militar en su familia, desde su participación en el sitio de Balaguer que
puso fin a la resistencia de Jaime de Urgel contra el elegido en Caspe,
Fernando I, hasta la de la guerra con Castilla; o su intervención en Nápoles48.
Protagonistas que ampliaron sus ramas nobiliarias en Valencia, dentro del juego
del parentesco y del linaje, y ese sería otro motivo de estudio en esta cuestión,
las ramificaciones familiares de los diversos títulos señoriales en los distintos
estados de la Corona, principalmente Aragón, Cataluña y Valencia.
De igual forma resulta muy significativo el comprobar la presencia, como
miembros de la Casa Real, de algunos nobles en diversas expediciones: Juan de
Gurrea (cambrer) en la de 1425, con 25 caballos, y en la de 1429, con 20,
sobre Castilla; o Juan Ximénez de Urrea (cambrer), con 4 caballos, también en
la de 142549. Aparte de la consabida y destacable colaboración con el rey del
consejero y camarlengo Juan Fernández Heredia.
El escenario italiano fue, sin embargo, motivo de figuración para la nobleza
adscrita o no al servicio regio de Alfonso el Magnánimo; como en los casos de
Artal de Luna, conde de Cantabelota y primo de Martín de Sicilia (el hijo de
Martín el Humano, muerto antes que el padre y abriendo con ello el pleito
sucesorio que desembocó en Caspe); Fadrique conde de Luna, destacado en la
batalla de Bonifacio de 1420; Juan Fernández de Híjar, virrey de Celchia en
1421; Juan López de Gurrea, en la escuadra que intervino en Gelves, etc.50
Precisamente las prolongadas estancias del rey en Nápoles favorecieron la rea-
lización personal en Italia de algunos titulados, a la vez que provocaron el des-
contento en los reinos peninsulares por lo que parecía un desentendimiento
regio sobre sus problemas en época de crisis y dificultades.
Con Juan II (1458-1479), la discordia con su hijo y heredero, el príncipe de
Viana, como rey consorte de Navarra, y la guerra civil catalana con la implica-
ción derivada en Aragón, a la vez que sirvieron para controlar un período de
distensión con Castilla, alteraron toda la tierra en general, y en el caso de la
nobleza, la dividió entre partidarios de don Juan y contrarios, como en el ejem-

47
J. SÁIZ, Caballeros del rey, obra citada, págs. 384-385.
48
Ibídem, pág. 372.
49
Ibídem, pág. 392. El estudio llevado a cabo para Valencia (obra citada), debería aplicarse a Aragón
con la misma profundidad.
50
Á. CANELLAS LÓPEZ, obra citada, págs. 413 y ss.

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ESTEBAN SARASA SÁNCHEZ

plo de la casa de Híjar, que se inclinó, en principio, por el príncipe Carlos, aun-
que, posteriormente, se le rehabilitaría hasta el extremo de que Fernando II ele-
vó la categoría de dicha casa al título ducal. Y en dicho estado de cosas, los
enfrentamientos entre algunas familias notables que venían rebrotando periódi-
camente a tenor de situaciones generales o circunstancias personales desde el
siglo precedente, volvieron a desencadenarse, como ya se ha apuntado ante-
riormente de manera sucinta.
Pero, dentro de este campo hay que situar los levantamientos antiseñoriales
que ensombrecieron las buenas relaciones entre señores y vasallos y obligaron,
incluso, a intervenir a la monarquía para devolver la paz al medio campesino.
En este sentido, la legislación y los fueros del reino salvaron casi siempre la
preeminencia de la autoridad señorial sobre los derechos de los campesinos
dependientes, aludiendo en ocasiones a su condición feudal frente a la alodial
que les sujetaba aún más al arbitrio del señor cuando aumentaba la presión
impositiva sin tener en cuenta lo acordado previamente por sus antepasados;
como sucedió a finales del siglo XV con el señorío de Ariza, según se verá más
adelante.
Precisamente las ausencias de Alfonso V fuera de Aragón y aun de la
Península, y los conflictos políticos y dinásticos de Juan II, favorecieron, por un
lado, el desentendimiento regio del estado del campesinado aragonés –que en
Cataluña se centró en el llamado problema remensa– y, por otro el fortaleci-
miento de la posición señorial sobre sus vasallos aprovechando la necesidad
que tenía la monarquía de sus servicios militares y de consejo.
Esta conflictividad afectó, no obstante, también a los señoríos eclesiásticos
de abadengo, órdenes militares y episcopales; aunque, tal y como ya se ha
advertido, dichas estructuras de poder y dominación territorial y jurisdiccional
no entran en el propósito de esta aportación; aunque no siempre se puedan
separar del conjunto de naturaleza antiseñorial propio del siglo XV.
Pues bien, entre los conflictos antiseñoriales se pueden documentar algunos
casos puntuales a modo de ejemplo, trasladables a otras situaciones similares
en los planteamientos, aunque no necesariamente en las actitudes y resultados.
Una de las alteraciones que más se mantuvo a lo largo del siglo XV, fue la
iniciada en 1439 por los vasallos de Manuel de Ariño, cuya trascendencia llamó
la atención del propio Zurita, quien, a mediados del siglo XVI, cuando escribía
al respecto, se posicionó a favor de quien era además señor de Maella,
Calaceite, Fabara y Arcos51; de hecho, el impacto del levantamiento antiseñorial

51
Anales, ed. Á. Canellas, Tomo 6, pág. 188.

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LA ALTA NOBLEZA LAICA ARAGONESA EN TORNO A LOS TRASTÁMARA (SIGLO XV)

convocó en un frente común a los señores aragoneses aliados del de Ariño,


pues los sublevados llegaron a sitiar a la familia en el castillo de Maella y se
hicieron fuertes en Mazaleón52. Pero, finalmente, se sofocó el peligro y la pro-
pia justicia real apoyó la causa nobiliaria, aunque sin que acabara aquí el des-
contento, pues la tiranía del señor se acrecentó como revancha, y los vasallos
tuvieron que solicitar en 1443 al monarca que, para librarles del yugo señorial,
comprara el lugar de Maella y lo incorporara al patrimonio regio; recordando
los buenos tiempos del padre del actual señor, Francisco de Ariño, y compro-
metiéndose, incluso, a contribuir con ayuda económica en este rescate53.
Las Cortes del reino, sin embargo, y la propia foralidad aragonesa ayuda-
ron más bien a los señores que a los vasallos, y así, las de Zaragoza de 1442
habían regulado las sanciones contra los vasallos rebeldes que provocaran
juntas con otros para ir en contra del sistema señorial, pudiéndoseles imponer
la pena de muerte por parte del señor si tenía plena jurisdicción o por el tri-
bunal del rey en su caso:
“De voluntad de la Cort statuymos e ordenamos que si vasallo alguno de
Prelado o colegio eclesiástico o eclesiástica persona, de Conde, Vizconde, Barón,
Noble, Mesnadero, Cavallero, Infançon, ciudadano o de universidad alguna o de
otra persona singular del dito regno, aprés que havrá prestado sacrament (jura-
mento), e homenaje de fieldat a su señor, se levantara en rebelión o en pública
inobediencia contra él, en tal manera que el stamiento todo del lugar o la mayor
partida de aquel do habita, se rebele o gire contra su señor; quel dito señor
pueda si querra acusar aquel e aquellos quanto quiere sean singulares o priva-
das personas ante el señor rey o su lugarteniente en su caso, regient el officio de
la Gobernación o Justicia de Aragón. E los ditos malfeytores e rebeldes sian
encorridos en pena de muert corporal. La acusación, processo e sentencia de los
quales se faga en todo según la forma del Fuero de los Homicidios, feyto en la
Cort celebrada en la villa de Alcanyz ante de agora. Empero por aquesto no que-
remos sía preiudicado en res a las preeminencias, dreytos e prerrogativas que los
señores de vasallos han en Aragón, en sus lugares e vasallos”54.
De otros movimientos antiseñoriales apenas se tienen noticias, pero a fines
de la Edad Media, los hubo, y violentos, en Ariza, La Almunia, Alquézar,
Tamarite, Borja o Magallón; destacando la revuelta de los campesinos de

52
Ibídem, “Tocaba a todos cuantos tenían vasallos en el reino de Aragón; era lo más importante
que todos los señores de Aragón acudiesen y valieran (al señor de Maella) como en su propia causa”.
53
E. SARASA SÁNCHEZ, obra citada, págs. 169-171.
54
Fororum Regni Aragonum, “De poenis vassallorum rebellium” (P. Savall y S. Penén, Fueros, obser-
vancias y actos de Corte del reino de Aragón, tomos I y II, Zaragoza 1886. Hay reedición facsimilar pos-
terior, Justicia de Aragón, Zaragoza 1990.

[ 25 ]
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ESTEBAN SARASA SÁNCHEZ

Monclús durante diez años (1507-1517), y, sobre todo, el levantamiento de los


de Ariza contra Guillén de Palafox, sitiado en su propio castillo por sus vasa-
llos, a los que castigó duramente, cuando ya se había proclamado la sentencia
de Celada de 1497 con efectos contrarios en Aragón a los de la de Guadalupe
para los remensas catalanes55.
Durante el reinado de Alfonso V, Antón de Palafox había defendido la fron-
tera con Castilla desde su señorío de Ariza, obteniendo la gratitud del rey, a
pesar de haber dejado abandonada a la población al refugiarse y resistir en la
fortaleza. Pero, a su muerte sin descendencia, el señorío pasó a su hermana
Constanza, cuya hija María casó con el camarlengo de Juan II Rodrigo de
Rebolledo, gran colaborador de don Juan, que inició el apellido Rebolledo
Palafox que se invirtió para reivindicar los derechos de los Palafox, a los que
se unieron los de la baronía de Monclús en 1465.
En 1478 sucedió en la casa y señorío de Ariza don Guillén, primogénito de
Rodrigo de Rebolledo, quedando Monclús para el segundogénito Juan, y con
Guillén de Palafox surgieron las dificultades con sus vasallos, quienes llegaron
a cercar a su señor en el castillo de Ariza, provocando una reacción del titular
que quiso aprovecharse, además, de la oposición nobiliaria a la Hermandad
propiciada por Fernando II el Católico en 1487; lo que desencadenó una serie
de litigios señoriales en torno a 1492 y una actitud de firmeza ante sus vasallos
por parte de Juan Pérez de Urríes, Berenguer de Bardaxí, Felipe de Castro,
Lope de Urrea y el propio Guillén de Palafox56.
Pero, en definitiva, la autoridad señorial se impuso y quedaría a la larga
refrendada por la justicia real y la foralidad del reino, en detrimento de la con-
dición servil en sus diversos grados y compromisos. Y ni el interés de Fernando
el Católico sobre el particular llegó a favorecer al campesinado dependiente,
como lo muestra, a modo de ejemplo, la orden regia dirigida en 1489 a su hijo
don Alonso de Aragón, arzobispo de Zaragoza, como lugarteniente general en
el reino:
“Illustrissimo y reverendissimo arzobispo, nuestro muy caro y amado fijo y
lugarteniente general. Ya sabeys cómo los de Hariza y delos otros lugares suyos
entraron en la hermandat, de que se han seguido algunas differencias entre
Palafoix y los habitantes en los dichos lugares, y entre las otras cosas que los de
la dicha villa y lugares pretienden haver seydo en tiempos passados muy agra-

55
G. REDONDO y E. SARASA, “El señorío de Ariza de la familia Palafox y la sentencia de Celada.
(Alteraciones campesinas y triunfo señorial en el tránsito de la Edad Media a la Moderna)”, Revista de
Historia Jerónimo Zurita, 58, Institución Fernando el Católico, Zaragoza 1988, págs. 31-50.
56
Ibídem.

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LA ALTA NOBLEZA LAICA ARAGONESA EN TORNO A LOS TRASTÁMARA (SIGLO XV)

viados por el dicho Palafoix, diziendo que ha dellos exhigido muchos bienes y
rendas que no le pertenecían, ca ellos según pretienden no son tenidos al dicho
Palafoix sino dellas rendas ordinarias ab antiguo impuestas según las pagavan en
el tiempo que era de realenco, porque todo lo que después aquí se ha dellos
levado y exhigido allende las dichas rendas ordinarias ha seydo y es contra toda
justicia y equidad, pretendiendo, según dizen, que son vasallos feudales que
deven ser tractados como vasallos feudales y no como vasallos alodiales. El
dicho don Palafoix pretiende que ellos no pueden recorrer sobre eso a nos y
que él tiene los dichos vasallos sin feudo ninguno y que los puede tractar y mal-
tractar según fuero de Aragón. Sobre todo esto assí él como los dichos vasallos
han a nos recorrido y porque aquí los unos ni los otros no pueden assí fácilmen-
te demostrar de su derecho, havemos deliberado de remitirlos a vos que los
oigáis, y después de oydos los concerteys si possible es, y donde no, nos con-
sulteys informándonos de todo lo que del dicho Palafoix y de los dichos vasallos
havrá passado ante vos y dellos derechos de cada uno dellos sobredichos.
Porque nos, vista nuestra consulta, proveamos lo que fuere justo que está en
nuestra intención, y lo que nos deliberamos fazer en cualquiere causa, y señala-
damente en esta por ser entre sennor y vasallos, y mucho más por haver a nos
recorrido él y ellos, ca en otra manera de presente no nos entremeteríamos delas
dichas sus differencias. Pero, pues han a nos recorrido, conviene que les minis-
tremos justicia y les pongamos en reposo, siempre pero advenir, conservar y
guardar la hermandat y capítulos de aquélla, y que contra ella y los capítulos
della, los dichos habitantes en la dicha villa y lugares por el dicho Palafoix ni por
officiales suyos no sean maltractados, que assí, bien por sus cartas nos lo ha sig-
nificado. Y si en cosas algunas tocantes a la dicha hermandat recorreran a vos
los sobredichos della dicha villa y lugares quexándose de algún mal tractamien-
to, comprehenso el caso o casos della dicha hermandat, assí bien de aquél les
fareys complir de justicia según los capítulos della dicha hermandat, y por los
officiales de aquélla siempre por nos dareys avís de lo que sobre eso passara
entre las dichas partes ante vos, porque seamos previsto en lo que más cumplie-
re mandemos proveer (Dada en Medina del Campo a XVIIII de febrero del anyo
nil CCCCLXXXVIIII. Yo, el Rey. L. González, secretario. Al Illustrissimo y reveren-
dissimo don Alonso de Aragón, arzobispo de Çaragoça, nuestro muy caro y muy
amado fijo y lugarteniente general en el reyno de Aragón)”57.

Documento suficientemente expresivo al respecto como para ahorrar más


comentarios que solo servirían para insistir en la cuestión y acumularían un
conjunto de casos y casuísticas que confluirían en reforzar la idea del empeo-
ramiento de la situación señorial a finales del siglo XV en perjuicio de los vasa-

57
E. SARASA SÁNCHEZ, “El feudalismo en Aragón: una hipótesis de trabajo y comprensión para la
época medieval”, Homenaje a José María Lacarra. Príncipe de Viana Anejo 3-1986, Pamplona, Apéndice.

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ESTEBAN SARASA SÁNCHEZ

llos, y con la resistencia por parte de los señores a la Hermandad que


Fernando II el Católico había establecido para controlar los desórdenes que en
el reino se venían produciendo en las relaciones señores y vasallos desde
comienzos del siglo XV, según se ha visto a través de algunos ejemplos signifi-
cativos.
Finalmente otro aspecto de la nobleza a tener en cuenta es su presencia e
inserción en la vida urbana de las principales ciudades del reino, lo que en el
siglo XV aún lo fue limitadamente. Porque, en efecto, las grandes familias, en
menor medida que las de la nobleza media o inferior de los caballeros, mesna-
deros o infanzones, irían asentándose en parte en este medio paulatinamente,
sin dejar de ser sus dominios señoriales propios el centro de su atención y
dedicación, aunque lo fuera por mediación de sus procuradores y delegados,
especialmente en las cabeceras rurales de dichos dominios.
No obstante, y aunque fue el siglo XVI cuando la alta nobleza aragonesa
empezó a contar con residencias y palacios urbanos, sobre todo en Zaragoza,
para situar en ella su vecindad58, fueron principalmente los Palafox, Híjar,
Gurrea, Alagón, Castro o Ariño quienes tuvieron necesidad de alojamiento y
residencia propia en la capital, al estar en ella las principales instituciones del
reino y ser visitada con frecuencia por la monarquía en sus múltiples desplaza-
mientos; aunque fueron caballeros, escuderos e infanzones los que mayor pre-
sencia y arraigo tuvieron en las ciudades, especialmente en Zaragoza, pues,
señores a veces de pequeños dominios rurales, se encontraron con mayor liber-
tad de actuación fuera de la influencia de los grandes nobles que les venían
acosando con su prepotencia y privilegios, despreciando en muchos casos a los
advenedizos de la nobleza de servicio59.
Pues bien, dentro de los intereses conjugados por los ricoshombres en los
núcleos urbanos, no entraban todavía los ya manejados por la nobleza inferior,
en cuanto a introducirse en los negocios, la administración, la justicia o simple-
mente el mercado de la tierra controlado desde sus residencias ciudadanas,
habiendo adquirido tierras en las proximidades zaragozanas o en el resto dis-
perso del reino. Teniendo en cuenta, además, el protagonismo de las familias
de conversos acaudalados que tanta importancia tuvieron en la historia política,
económica y social de Aragón en el siglo XV.
Por otro lado fue manifiesta la oposición concejil a que la nobleza entrara
en el gobierno urbano de las ciudades del país, de forma que, introducido el

58
C. GÓMEZ URDÁÑEZ, Arquitectura civil en Zaragoza en el siglo XVI, I, Diputación General de
Aragón, Zaragoza 1987; y más recientemente, Zaragoza y los palacios del Renacimiento, Ibercaja,
Zaragoza 2008.
59
M.ª T. IRANZO y C. LALIENA, obra citada.

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LA ALTA NOBLEZA LAICA ARAGONESA EN TORNO A LOS TRASTÁMARA (SIGLO XV)

sistema de la insaculación para los cargos municipales, se hizo lo posible para


evitar la intromisión nobiliaria en el sistema; como se estipuló en 1441 por par-
te de la reina doña María, al dictaminar que: como “por cobdicia de los officios
e regimiento de la ciudad de Çaragoça se hacían grandes aprestos de gentes
para entrar en ella el día de la elección, y no queriendo la reina que barones,
cavalleros ni otras gentes se entrometieran en el regimiento de las ciudades ni
dieran favor o scandalo alguno de que partida alguna de las que son en la dita
ciudat se apoderase del regimiento de aquella…(ordenaba al Justicia y al
Gobernador de Aragón que) pusieran guardias en las puertas y no permitiesen
algunos barones, cavalleros ni otras gentes foranes a entrar en aquella, y si
algunos entrados hi seran, los fuera mitades”60. Situación que no se dio tan
drásticamente en las demás ciudades de Aragón, en donde infanzones y nobles
inferiores sí participaron en los gobiernos municipales, llegándose a dar en
algunos casos el enfrentamiento al respecto entre los bandos del común y los
de los notables, que alteraron la paz y provocaron conflictos importantes en los
que llegó a tener que intervenir la autoridad real61.
Pero, no obstante, la alta nobleza tardaría aún un tiempo en entrar plena-
mente en la presencia y permanencia estable en Zaragoza especialmente y a
encargar sus palacios renacentistas de los que aún quedan en la ciudad algunas
muestras de lo que fue su esplendor y magnificencia.
Como colofón, el protagonismo de la alta nobleza aragonesa en el reinado
de Fernando II el Católico, en el tránsito de la Edad Media a la Moderna, se
mantuvo mayoritariamente dentro de la colaboración, superadas las dificultades
del tiempo de Juan II. Así, dicha colaboración se repartió tanto en misiones
diplomáticas como militares; tal es el caso del hijo natural de don Juan, Alonso
de Aragón, presente en el sitio de Loja, en la guerra de Granada, en 1482, que,
por su fiel colaboración, había recibido la baronía de Arenós, el condado de
Ribagorza y el título ducal y ducado de Villahermosa en 1476; siendo la prime-
ra casa noble aragonesa que alcanzó el título ducal. Pero otros colaboradores
fueron en este tiempo fernandino Juan Martínez de Luna y Lanuza, señor de
Illueca, que murió en el sitio de Baza dejando viuda a Catalina Urrea y
Fernández de Híjar, primeros condes de Aranda, a quien sucedió su hermano
Juan Martínez de Luna, que participó en la guerra de Navarra y en las de Italia.
Mención especial merece el caso de Miguel Ximénez de Urrea y Fernández
de Híjar, segundo conde de Aranda, que también participó en las campañas de
Italia y Navarra, siendo el enviado a recibir a Germana de Foix en Fuenterrabía,

60
Ibídem, págs. 53-54.
61
M.ª T. IRANZO MUÑÍO, Elites políticas y gobierno urbano en Huesca en la Edad Media,
Ayuntamiento de Huesca 2005.

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ESTEBAN SARASA SÁNCHEZ

segunda esposa del rey Católico62. Y aunque las relaciones del monarca con
los grandes barones de la tierra no siempre fueron cordiales, predominó la
lealtad pasiva y la colaboración activa; recompensando Fernando el Católico a
los más destacados, como es el caso de la casa de Híjar que recibió de este
soberano el condado de Belchite y los ducados de Híjar, Aliaga y Lécera; sien-
do este título ducal el segundo concedido en Aragón tras el de Villahermosa
ya mencionado.
Indudablemente, el reinado de Fernando II en Aragón (1479-1516) fue un
tiempo de tránsito entre dos épocas, fraguándose en estos años una nueva
mentalidad señorial y nobiliaria y unas nuevas perspectivas de relación con la
monarquía de las principales casas tituladas del reino.

62
M.ª J. CASAUS BALLESTER, “Fernando II y la nobleza aragonesa”, en Ferdinandus rex
Hispaniarum, Cortes de Aragón y Diputación Provincial de Zaragoza 2006, págs. 253-263.

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FUENTES PARA EL ESTUDIO DEL SEÑORÍO EN ARAGÓN:


FONDOS DEL ARCHIVO DE LA NOBLEZA (TOLEDO)

ARÁNZAZU LAFUENTE URIÉN

Directora de la Sección Nobleza del Archivo Histórico Nacional (Toledo)

El volumen de documentación referida a señoríos o títulos de la Corona de


Aragón conservados en el Archivo de la Nobleza es bastante numeroso y en la
mayoría de los casos no puede adscribirse a un único reino dado que los lina-
jes extienden sus propiedades y lazos familiares por diversos reinos. No obs-
tante hay mayor constancia documental de los fondos nobiliarios relacionados
con el Reino de Valencia y en menor medida Cataluña, dado el importante
volumen documental de los fondos relacionados con estos reinos conservados
en el Archivo de los Duques de Osuna, con la totalidad del Archivo de los
Duques de Gandía, o el de Fernán Núnez con los títulos Cervellón, Elda, Nules
y Quirra, por citar los casos más relevantes. Sin embargo la presencia de fon-
dos del Reino de Mallorca es casi inexistente.
Un caso aparte es el del Reino de Aragón. Los sitios de Zaragoza y las bom-
bas francesas que arrasaran en 1809 las antiguas casas del Reino destruyeron
casi la totalidad de los archivos de la Real Audiencia, de la Diputación del
Reino, de la Bailía, del Maestre Racional y del Justicia de Aragón1. Ya Pascual
de Gayangos2 académico de la Real Academia de la Historia en sus “viajes lite-
rarios” en el marco oficial propiciado por la “Comisión para la búsqueda y
recopilación de documentos históricos procedentes de monasterios y conventos
suprimidos” y la “Comisión de fueros y cortes”, entre 1850 y 1857, conoció de
primera mano los archivos custodios de los bienes desamortizados dependien-
tes de Hacienda o de Fomento, en el caso de bibliotecas, institutos y universi-
dades, y nos dejó por escrito una buena panorámica del estado de abandono y
dispersión de los archivos, en este caso aragoneses, durante las décadas cen-

1
Véase la historia del Archivo de la Diputación de Zaragoza.
2
ÁLVAREZ RAMOS, M.A. y ÁLVAREZ MILLAN, C.: Los viajes literarios de Pascual de Gayangos (1850-
1857) y el origen de la archivística española moderna. CSIC, Madrid, 2007.

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ARÁNZAZU LAFUENTE URIÉN

trales del siglo XIX3. El segundo y el cuarto de sus viajes pasan por tierras ara-
gonesas, donde inspecciona el Monasterio de Piedra, la oficina de amortización
o el Archivo de la Diputación del Reino de Aragón en Zaragoza. Sus cartas son
significativas, transcribimos parte de la dirigida a Don Manuel Bofarull en 1853
que se conserva en la secretaría del Archivo de la Corona de Aragón:
Ayer y hoy he visitado los restos del archivo de la Diputación de Reyno que se
halla en una sala baja del Gobierno política. […] Aquí en Zaragoza y en un
cuarto proximo al despacho del Gobernador he visto varios procesos de cortes y
algunos tomos de actas de la antigua Diputación, ordenanzas de gremios en vite-
la, etc… Díjome Tenorio que había propuesto a los diputados que se mandase
todo a su archivo de V., pero que se han resistido. No es eso lo peor, sino que cada
día que pasa disminuye la colección y andan ciertos pajarracos que tienen las
uñas muy largas. He sabido también que los señores de la audiencia tratan de
vender ciertos procesos criminales antiguos que fueron de la inquisición […] por
su parte vea como puede hacerse con ellos y que no vayan a parar a las tiendas4.
Tachaba entonces a los funcionarios provinciales de corruptos y “personas
incompetentes, por no usar otra expresión” más interesados en la venta de estas
piezas a subasteros y coleccionistas privados, o de ser testigos de robos a
manos de particulares de archivos municipales. El panorama del siglo XIX era
pues desalentador. Y estamos hablando de los archivos públicos. ¿Qué no sería
de los archivos privados?
El comienzo del siglo XX y la Guerra civil vienen a dar la puntilla a los res-
tos de estos archivos. Poco sabemos de la actuación de la Junta de Defensa
Nacional en Zaragoza, del Servicio Artístico de Vanguardia o de la Junta
Provincial de Cultura Histórica. Sin embargo sí que afecta de lleno al tema que
nos ocupa la labor de la Junta de Incautación en Madrid5 ya que la mayoría de
los fondos de procedencia aragonesa de los que hablaremos en esta interven-

3
La fuente principal es la propia correspondencia de Pascual de Gayangos conservada en el Archivo
de la Real Academia de la Historia, tanto de su correspondencia más formal con los sucesivos directo-
res del proyecto, como aquella de corte más personal e irónico, con Tomas Muñoz y Romero, encarga-
do del archivo de la Real Academia.
4
ÁLVAREZ RAMOS, M.A. y ÁLVAREZ MILLAN, C.: op. cit., p. 216.
5
Véase PROUST ZARAGOZA, S.: “Fuentes documentales sobre el tesoro artístico durante la Guerra
Civil en el Instituto del Patrimonio Histórico Español”, ARTE protegido: memoria de la Junta del Tesoro
Artístico durante la Guerra Civil: [exposición] Museo Nacional del Prado del 27 de junio al 14 de sep-
tiembre de 2003. Madrid: Instituto del Patrimonio Histórico Español: Museo Nacional del Prado, 2003.
ÁLVAREZ LOPERA, J.: La política de bienes culturales del gobierno republicano durante la Guerra Civil
Española. Madrid: Dirección General de Bellas Artes y Archivos, 1982. También: JARAMILLO GUERREI-
RA, M.A.: “Los archivos y la Guerra civil (1936-1939)”, en Historia de los archivos y de la archivística en
España, Universidad de Valladolid, 1998. PÉREZ BOYERO, E.: “El archivo de la Biblioteca Nacional:
fuentes documentales para el estudio de los archivos, bibliotecas y museos españoles durante la guerra
civil”. Biblioteca en guerra, catálogo de la exposición. Biblioteca Nacional, 2005.

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FUENTES PARA EL ESTUDIO DEL SEÑORÍO EN ARAGÓN: FONDOS DEL ARCHIVO DE LA NOBLEZA (TOLEDO)

ción fueron recuperados en Madrid entre 1937 y 1938. Este aspecto es relevan-
te, pues es la razón de encontrarnos con un nutrido volumen de procedencias
dispersas y en la mayoría de los casos “desbaratadas”.
Como ya conocen, el Archivo de la Nobleza, tiene como fines la conserva-
ción y custodia de todos aquellos archivos procedentes de la nobleza española
cuyos propietarios tengan el interés de que en esta institución queden bajo cus-
todia. Es por tanto un archivo público que conserva archivos de origen privado.
A estas alturas, el Archivo de la Nobleza, es una institución cultural ya consoli-
dada como centro de referencia y conservación que reúne, organiza y custodia
los archivos generados y recibidos por la Nobleza Española, difundiendo el
contenido de sus documentos, adquiridos por el Estado o depositados por sus
propietarios, para su uso por la investigación, la cultura y la información. En
este sentido, tiene como funciones primordiales: Conservar y organizar los
archivos nobiliarios custodiados; elaborar los instrumentos de descripción y
control necesarios para su consulta y preservación; informar sobre el contenido
de los fondos y garantizar el acceso a los mismos de acuerdo con la normas y
el marco legal vigente; asesorar a los propietarios de archivos familiares en
temas de conservación y tratamiento archivístico; potenciar la recuperación,
difusión y conservación de los archivos de la Nobleza Española; reunir los fon-
dos nobiliarios españoles, físicamente o en cualquier otro soporte alternativo,
para favorecer el conocimiento y el acceso a su patrimonio6.
Conviene recordar que debido al carácter privado de estos archivos, no se
encuentran todos recogidos en un único centro, y mucho menos en el Archivo
de la Nobleza. Siguiendo el modelo anglosajón, los archivos nobiliarios hispa-
nos están dispersos por archivos, bibliotecas, fundaciones, museos e incluso en
centros de documentación. Así encontramos otros archivos públicos que con-
servan fondos familiares: el Archivo Histórico Nacional7, Archivo General de
Simancas8, el Archivo de la Corona de Aragón (Sástago), el Archivo del Reino
de Galicia (San Martín de Ombreiro), el Archivo del Reino de Mallorca (Can
Torrella), el Archivo del Reino de Valencia (Gandía y Alacuás) y el Palacio Real

6
Remitimos a la Carta de Servicios de la Sección Nobleza, disponible en Internet en la dirección:
[Link]
7
La transferencia de los fondos pertenecientes a la antigua Sección Títulos y Familias a Toledo fue
incompleta, sin contar con sus propias fuentes para el estudio de la aristocracia española. A este res-
pecto, consultar SARRABLO AGUARELES, E. y MARTÍNEZ BARA, J.A. (1951-1954): Archivo Histórico
Nacional. Catálogo alfabético de los documentos referentes a Títulos del Reino y Grandezas de España.
Conservados en la Sección Consejos Suprimidos, Madrid, 3 vv.
8
PRIETO CANTERO, A. (1975): Casa de Medina Sidonia. Catálogo de documentación histórica exis-
tente en el Archivo General de Simancas, Madrid.

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ARÁNZAZU LAFUENTE URIÉN

(Gondomar, Duque de Alcudia), por no hablar de museos de titularidad estatal


como la biblioteca de Lázaro Galdiano9 y su pequeña colección de armoriales
o la mismísima Biblioteca Nacional10. Tampoco debemos olvidar algunos archi-
vos provinciales y municipales, como el caso más cercano del Archivo Histórico
Provincial de Zaragoza, que custodia los archivos de los Duques de Híjar-
Condes de Aranda, Condes de Argillo y Condes de Morata.
Aunque es de sobra conocido, no está de más dar unas pinceladas sobre el
edificio donde estamos instalados, el Hospital San Juan Bautista11. Un edificio
del renacimiento español, de estilo purista, donde intervinieron, dada la impor-
tancia de su promotor, el Cardenal Tavera (1472-1545) Arzobispo de Toledo,
presidente del Consejo de Castilla, gobernador de Castilla durante el viaje del
emperador a Italia e Inquisidor General: los arquitectos Alonso de Covarrubias,
quien desde 1534 había sido nombrado maestro mayor de la catedral y dióce-
sis de Toledo, Hernán González de Lara, maestro de obras de Covarrubias,
Andrés de Vandelvira, diseñador de la capilla y cripta, Nicolás Vergara el mozo,
quien diseña la entrada y patios. Los escultores Alonso de Berrruguete (sepul-
cro), El Greco (retablos y esculturas), y su hijo Jorge Manuel que trabajó como
pintor (1614-1621). Los herreros Francisco de Villalpando y Diego de Céspedes
(diseñadores y artífices también del coro de la catedral) y el ingeniero Juanelo
Torriani constructor del reloj de la torre.
El edificio se construye con doble finalidad: la principal benéfico-asistencial,
“a los tocados de diferentes enfermedades”, y como capilla sepulcral. También
con la dualidad de ser doblemente hospital e iglesia: como fortaleza para la salud
de cuerpo y alma, y hospital y baluarte defensivo, para la doble defensa de la
salud y defensa militar de la ciudad. Hoy en día su finalidad es también doble,
como centro de custodia y conservación de un inmenso patrimonio artístico,
monumental, mueble y documental que conservan el Museo San Juan Bautista
(Fundación Casa Ducal Medinaceli) y el Archivo de la Nobleza, además de ser
lugar de enterramiento de los miembros de la Casa de Lerma y Medinaceli.
Cada archivo nobiliario es el resultado de la evolución del linaje y del cúmu-
lo de prácticas archivísticas que han catalizado a lo largo del tiempo12. No obs-

9
CARRASCO MANCHADO, A.I. (2006): “El armorial moralizado de Antonio García de Villalpando:
Heráldica y propaganda de los Reyes Católicos”, en LADERO QUESADA, M.A. (coord.): En la España
Medieval. Anejos. Estudios de Genealogía, Heráldica y Nobiliaria, 1, pp. 113-130.
10
GARCÍA CUBERO, L. (1992): Bibliografía Heráldico-Genealógica-Nobiliaria de la Biblioteca
Nacional: (Manuscritos), Madrid.
11
MARÍAS, F. (2007): El Hospital Tavera de Toledo. Fundación Casa Ducal Medinaceli.
12
LAFUENTE URIÉN, A. (1996): “Los archivos familiares: La Sección Nobleza del Archivo Histórico
Nacional. Tratamiento archivístico y fuentes documentales” en La Investigación y las Fuentes documen-

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FUENTES PARA EL ESTUDIO DEL SEÑORÍO EN ARAGÓN: FONDOS DEL ARCHIVO DE LA NOBLEZA (TOLEDO)

tante, existen algunos elementos comunes en la evolución de cada uno de ellos


que podemos hacer extensibles a los archivos de la aristocracia española y que
son los siguientes13: Una primera época o fase de formación de los archivos
(siglos XII-XV) en la que la nobleza de origen militar patrimonializa su ascen-
diente feudal, lo que redunda en la creación de depósitos documentales cada
vez mayores que albergan privilegios recibidos u otorgados, elencos de vasallos
y propiedades, cartularios, hermanamientos religiosos, confederaciones nobilia-
rias o estamentales14, sentencias arbitrales, últimas voluntades, etc. A esta fase
primigenia siguió un periodo de acumulación de títulos y fondos (siglos XVI-
XVII). Es la época en la cual es perceptible una cierta explosión documental ali-
mentada por varios factores: la difusión de la imprenta, la cimentación del
Estado Moderno y sus posibilidades de servirse de los cargos en beneficio pro-
pio y de la familia, la burocratización de la administración señorial y la tecnifi-
cación de los procesos judiciales en un tiempo que ha sido definido por algún
historiador con la afortunada frase del siglo de los pleiteantes15. Además, algunos
de los Estados señoriales más consolidados parecen disponer con una auténti-
ca red de archivos, atendiendo a criterios de antigüedad y/o de proximidad
geográfica. De este modo, vislumbramos la existencia de un archivo histórico
propiamente dicho (que albergaría los documentos antiguos, muchos de ellos
de tipo genealógico, así como las mercedes más vetustas), un depósito de
Contaduría (para gestionar las finanzas y el patrimonio inmobiliario) y un regis-
tro del Consejo señorial (donde se tramitaban los asuntos gubernativos y judi-
ciales) y además había un número variable de pequeños archivos administrati-
vos repartidos por el señorío.
En el siglo XVII asistimos al endeudamiento de la nobleza señorial aragone-
sa. La bancarrota no tiene fechas ni fue excepcionalmente nobiliario, la propia
monarquía acudía a empréstitos de particulares y banqueros, a los juros o a la
venta de títulos y señoríos. Sin embargo, como la quiebra se individualiza por

tales de los archivos. I y II Jornadas sobre Investigación en Archivos, Guadalajara, ANABAD. Castilla-La
Mancha y Asociación de Amigos del Archivo Histórico Provincial de Guadalajara, pp. 975-997. LAFUEN-
TE URIÉN, A. (1996): “Proceso de formación del Archivo de la Nobleza en Toledo”, en Actas del I
Simposium sobre los archivos familiares en España: estado de la cuestión. Santander, Asociación para la
defensa del Patrimonio Bibliográfico y Documental de Cantabria, pp. 11-42. GARCÍA ASER, R. y
LAFUENTE URIÉN, A. (2000): Archivos Nobiliarios, Cuadro de Clasificación. Sección Nobleza del Archivo
Histórico Nacional, Madrid, Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.
13
La evolución de los archivos nobiliarios ya la comentamos en las Jornadas sobre El señorío
Ducado de Híjar: “El Archivo de la Nobleza de Toledo: centro de conservación de fondos nobiliarios”.
P.49.
14
SÁNCHEZ PRIETO, A.B. (1995): “Un tipo documental fundamentalmente nobiliario: la confedera-
ción. Aspectos jurídico-diplomáticos (siglos XV-XVI)”, Cuadernos de Estudios Medievales, 20, 47-63.
15
KAGAN, R.L. (1991): Pleitos y pleiteantes en Castilla 1500-1700, Valladolid.

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ARÁNZAZU LAFUENTE URIÉN

familias en función de sus rentas y su administración16. El endeudamiento nobi-


liario es el resultado de la inmunidad económica que otorga el privilegio del
mayorazgo en una sociedad que hace del lujo y la ostentación uno de sus valo-
res principales de comportamiento social. Dado que la vinculación garantiza la
continuidad del patrimonio, el noble recurre al préstamo sin sentido ni control
a través de los censales17. James Casey en el caso de la nobleza valenciana ve
la causa de la crisis de la nobleza en varias causas que se superponen, los gas-
tos derivados del servicio a la monarquía, las dotes de las mujeres, los gastos
suntuarios y el lujo, los pleitos, y sobre todo el vivir por encima de sus posi-
bilidades y además impunemente. Así recurren de forma continuada al impago,
y dado que el prestamista no puede exigir el reembolso de la deuda porque el
patrimonio se encuentra inmovilizado por el vínculo, se acude frecuentemente
a las concordias para rebajar la deuda o renegociar las condiciones, o simple-
mente no se paga18.
La expulsión de los moriscos entre 1609 y 1610 agrava más aún la crisis del
señorío. Los moriscos eran los mayores productores de rentas señoriales pero
también habían acumulado una elevada deuda en censales, deuda que junto
con los bienes y heredades de los moriscos pasaron a manos de los señores.
Las más de doce mil familias expulsadas en el Reino de Aragón residían en un
90% en lugares de señorío, un 70% del mismo en señoríos laicos, concentra-
dos en forma mayoritaria en las sobrecullidas de Calatayud, Tarazona y
Zaragoza19. Se calcula que en Aragón unos 30.000 eran vasallos de las siete
casas principales del reino: Híjar, Villahermosa, Aranda, Sástago, Morata, Luna
y Fuentes.
Volviendo a los archivos, se siguió con la práctica de manipular o, simple-
mente, extraviar los escritos más comprometedores20; en este sentido son revela-
doras las palabras de Fernando Bouza “como la memoria, los archivos nunca
han sido, ni serán, inocentes, porque la decisión de qué guardar y qué no guar-
dar, quién y, sobre todo, dónde en absoluto lo son. Como todas las realidades his-
tóricas, han sido construidos, modelados, eliminados y utilizados”21. Asimismo, la

16
COLÁS LATORRE, G. (1986): “El régimen señorial en Aragón”, En Jerónimo Zurita, nº 8. ABADÍA
IRACHE, A. (1993): Señorío y crédito en Aragón en el siglo XVI. Zaragoza, IFC.
17
Censo crediticio semejante al censo consignativo castellano, entendido como la venta de una par-
ticipación de renta perpetua o temporal, señorial en este caso.
18
COLÁS LATORRE, G. (1986): op. cit.
19
ATIENZA, A., COLÁS, G. Y SERRANO, E. (1999): El señorío en Aragón (1610-1640) Cartas de
población. Zaragoza, p. 8.
20
Causa criminal interpuesta por el conde de Fuensalida contra Martín Fernández Portocarrero por
la ocultación de papeles de su archivo (1623). SNAHN. FRÍAS, C. 1525, D. 2.
21
BOUZA ÁLVAREZ, F. (2001): Corre manuscrito. Una historia cultural del Siglo de Oro, Madrid, p. 286.

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FUENTES PARA EL ESTUDIO DEL SEÑORÍO EN ARAGÓN: FONDOS DEL ARCHIVO DE LA NOBLEZA (TOLEDO)

caída en desgracia de algunos de estos personajes truncó algunos legados cen-


tenarios, como fue el caso del duque de Híjar, implicado en una oscura conspi-
ración política contra Felipe IV22. Otros, sin embargo, sortearon al destino, son
los casos del Archivo del Duque de Lerma, que está integrado en el de la Casa
de Medinaceli, o el del no menos ambicioso conde-duque de Olivares, que
engrosó en su día el de la Casa de Alba. En todo caso, casi todos se caracteri-
zan por su carácter total o parcialmente itinerante, soliéndose trasladar a la sede
del señorío principal23, a los palacios-residencia o a los antiguos castillos.
La tercera fase o etapa de reorganización24 (siglos XVIII-XIX) asiste a la reor-
denación sistemática y primeros intentos de catalogación serios de estos gran-
des depósitos documentales. Por entonces se elaboran instrumentos de control
archivístico, realizándose inventarios organizados por Casas-Estado, señoríos y
administraciones. Con cierta frecuencia se incluyen copias literales de los prin-
cipales documentos, incluyéndose resúmenes en las carpetillas que protegen
manuscritos e impresos. Tales testimonios nos son todavía hoy de inestimable
ayuda, toda vez que nos hablan de los criterios de la época, de documentos
ahora perdidos y de los resortes de control de unos dominios que habían lle-
gado a convertirse en auténticos Estados dentro del propio Reino de España.
Más aún, creaciones ilustradas, como el Archivo General de Instrumentos
Públicos radicado en la Corte y embrión del actual Archivo Histórico de
Protocolos de Madrid, captaron parte de una documentación pública tradicio-
nalmente en manos privadas como eran los protocolos notariales. De este
modo, sabemos que los duques del Infantado enviaron varias remesas a esta
flamante institución25, nada que ver con los duques de Gandía que se apropia-

22
La consulta de su catálogo no ofrece información sobre este asunto; de la época sólo conserva un
memorial de 1648, defendiéndose Rodrigo Sarmiento de Mendoza, conde de Salinas e Híjar, contra los
que le llamar traidor al rey; aparte de esto, nada, ni tan siquiera las levas o reclutas realizadas en sus
dominios. CASAUS BALLESTER, M.J. (1997): Archivo Ducal de Híjar. Catálogo de los fondos del antiguo
Ducado de Híjar (1268-1919), Teruel, p. 909.
23
SÁNCHEZ GONZÁLEZ, A. (1999): Documentación de la Casa de Medinaceli: El Archivo General
de los Duques de Segorve y Cardona, Madrid.
24
Del texto de la introducción al Catálogo “Tesoros ocultos” por GÓMEZ VOZMEDIANO, M.F. y
LAFUENTE URIÉN, A. en LAVÍN BERDONCES, A. C. y LAFUENTE URIÉN, A. (2007): Tesoros ocultos.
Fondos selectos del Museo del Greco y del Archivo de la Nobleza, Madrid, Ministerio de Cultura.
25
Inventario de los instrumentos públicos otorgados ante Miguel Clavo de Pazos, Sebastián Manuel
Inés Mejía, Francisco López de la Parra y Juan Pérez, relativos a la Casa del Infantado y a otros particu-
lares, correspondientes a los años 1619, 1626, 1631, 1639, 1641, 1642 y 1645, entregados en 1784,
(SHAHN. OSUNA, C. 2346, D. 21-23). Índice de las escrituras otorgadas ante Juan de Mañas Castilla, rela-
tivos al periodo 1667-1697 (SNAHN. OSUNA, C. 2346, D. 1-19). Inventario de los registros de escrituras
correspondientes a la casa ducal otorgadas ante el escribano Antonio Fernández de Gay, remitidos a
Madrid entre 1760-1784, aproximadamente (SNAHN. OSUNA, C. 2346, D. 20). Certificaciones e índices de
protocolos de los escribanos de rentas de la Casa del Infantado, entregados al Archivo General, entre
1790-1810 (SHAHN. OSUNA, C. 3339).

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ARÁNZAZU LAFUENTE URIÉN

ron de los protocolos locales al ser oficios vinculados a su Casa, de forma que
nuestro Centro conserva unos 300 registros de escrituras públicas pertenecien-
tes al periodo 1400-1785.
La ultima fase de dispersión o “cierre” del archivo histórico que ocurre alre-
dedor de la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX, resulta funda-
mental para conocer el estado en que nos encontramos estos archivos en la
actualidad. Con Carlos IV se inicia el proceso de desvinculación o de liberali-
zación de bienes vinculados, especialmente de mayorazgos. Este proceso se ini-
cia por Real Cédula de 1798 de 21 de febrero por la cual se ordena que se ven-
dieran las casas pertenecientes a propios y arbitrios de los pueblos. El 24 de
septiembre de 1798 se autoriza la enajenación de las vinculaciones y mayoraz-
gos, con la única salvedad de que se impusiera su precio en la Caja de amor-
tización. Posteriormente, tras las Cortes de Cádiz, el decreto de 11 de noviem-
bre de 1820 proclama solemnemente la supresión de todos los mayorazgos,
fideicomisos, patronatos y cualquier otra especie de vinculación de bienes, aun-
que sólo permitía disponer de inmediato de la mitad de los bienes, salvaguar-
dando la otra mitad para sus sucesores directos. La normativa definitiva se pro-
mulga en 1841 con Madoz. Estas leyes desamortizadoras y las disposiciones de
disolución de vínculos y mayorazgos de Madoz, que junto a la posibilidad de
dividir los títulos nobiliarios por la Ley de 1820, favorecen la dispersión de las
propiedades y los títulos nobiliarios entre los herederos de una misma familia,
o las quiebras económicas de algunas de las familias con mayores fortunas de
España, por mala administración o sencillamente por el despilfarro continuado,
como fue el sonadísimo caso de la quiebra de la Casa de Osuna por la actua-
ción de su extravagante duque, Mariano Téllez Girón26. Por regla general, tales
archivos corrieron la misma suerte que sus linajes, concentrándose o dispersán-
dose al albur de los enlaces matrimoniales o los litigios por los títulos, suscita-
dos por lo común ante la falta de herederos directos o por inhabilitaciones
regias. Precisamente este agitado pleitear favoreció la revalorización de sus fon-
dos documentales hasta fechas tardías27. Así, se dispersaron algunos, se malba-
rataron otros, siendo vendido el papel al peso28, y se destruyó la unidad inter-

26
ATIENZA, I. y MATA OLMO, R.: “La quiebra de la Casa de Osuna”, Moneda y Crédito, 176 (mar-
zo de 1989).
27
Muestra del exquisito cuidado tratamiento archivístico de tales depósitos, en 1868 se coloca un
testigo que consigna haberse sacado del archivo una real cédula de Fernando el Católico señalando a
Diego Álvarez de Bracamonte, Señor de Fuente El Sol, cierta cantidad anual de acostamiento (1505).
SNAHN. PARCENT, C. 190, D. 8.
28
Ejemplares del diario El Liberal, con fecha de 31 julio y 2 agosto de 1884, publicando la noticia
de la venta de papeles procedentes del Archivo de la Casa de Osuna y cartas desmintiendo este hecho.
SNAHN. OSUNA, C. 3452, D. 9.

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FUENTES PARA EL ESTUDIO DEL SEÑORÍO EN ARAGÓN: FONDOS DEL ARCHIVO DE LA NOBLEZA (TOLEDO)

na de muchos. Ante este caos, algunos mecenas privados recogieron un patri-


monio en peligro. Es el caso del político Joaquín de Osuna y Scull, duque de
Osuna, diputado, senador vitalicio, presidente del Consejo de Estado, arqueólo-
go y erudito, quien fundó el Instituto Valencia de Don Juan (1926), sobre la
base de las colecciones de los condes de Oñate y de la suya propia29. Pero fue-
ron, sobre todo, instituciones tales como ciertos ayuntamientos30, la Real
Academia de la Historia31, la Biblioteca Nacional32 o el propio Estado, los que
se erigirán en garantes de su integridad, o al menos salvarán de su destrucción
a un buen número de ellos.
Durante la II República, la preocupación de los sucesivos gobiernos por
acercar la cultura al pueblo no se tradujo en una intervención directa sobre los
archivos familiares, tal vez por temor a enconar aún más la tensa situación polí-
tica de la época. Sin embargo, durante el conflicto bélico, nacionales y republi-
canos siguieron una política semejante (rescatar y gestionar el patrimonio cultu-
ral de desafectos y exiliados) pero con un fin distinto: los alzados en armas
querían emplear con fines propagandísticos los desmanes perpetrados por las
izquierdas para reinterpretar su causa en clave de cruzada de la civilización con-
tra la barbarie; en tanto que los republicanos perseguían el ideal populista de
acercar la cultura al ciudadano33. Para ejecutar tales propósitos, unos y otros
desplegaron una auténtica batería legislativa de gran calado. Por lo que atañe al
gobierno republicano, el Decreto de 23-VII-1936 ordenaba crear una Junta para
conservar el patrimonio de los palacios ocupados; pero al mes siguiente se esta-
bleció una Junta de Incautación y Protección del Patrimonio Artístico, que con-

29
Este singular Archivo, Biblioteca y Museo sigue el modelo anglosajón y radica en la calle Fortuni,
43 (Madrid).
30
Así, en 1914, el ayuntamiento sevillano compró el legado de los Ortiz de Zúñiga. FRANCO
IDÍGORAS, I. (2000): Catálogo de la colección nobiliaria del Archivo Municipal de Sevilla: el archivo
familiar de los Ortiz de Zúñiga, Sevilla.
31
El fondo impreso de su Biblioteca supera los 400.000 volúmenes, entre los que destacamos el
legado del académico Eduardo Fernández de San Román, marqués de San Román, que se incorporó a
los fondos en 1888 con obras de tema fundamentalmente militar. Entre los manuscritos, la colección
documental más copiosa es la recopilada por Luis de Salazar y Castro, cronista de Castilla e Indias y Real
(†1734), especialmente fértil en datos genealógicos, se incorporó la Real Academia en 1850 y está com-
puesta por más de 1.600 tomos que contienen unos 78.000 documentos, entre originales y copias. CON-
TRERAS, R. (1979): Fondos Americanistas de la Colección Salazar y Castro. Catálogo. Real Academia de
la Historia, Madrid.
32
GARCÍA CUBERO, L. (1992): Bibliografía heráldico-genealógica-nobiliaria de la Biblioteca
Nacional (Manuscritos), Madrid. Así como ANDRÉS, G. de (1995): “La biblioteca manuscrita del cama-
rista de Castilla Fernando José de Velasco en la Biblioteca Nacional”, Cuadernos de Investigación
Histórica, 16, pp. 143-65.
33
ÁLVAREZ LOPERA, J. (1982): La política de bienes culturales del Gobierno Republicano durante la
Guerra Civil española, Madrid.

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templaba la requisa de archivos como medida provisional, pero que podía


adquirir carácter definitivo previa confirmación por el Consejo de Ministros. De
este modo, algunas de las principales bibliotecas y archivos aristocráticos pasa-
ron a la Biblioteca Nacional y luego al Archivo Histórico Nacional (Almazán,
Alburquerque, Frías34, Medinaceli, Medina Sidonia, Fuensalida-Cedillo, etc). Con
posterioridad, otro decreto de 9-I-1937 atribuye a la Dirección General de Bellas
Artes del Ministerio de Instrucción Pública la competencia de requisar y con-
servar el tesoro histórico nacional. Poco más tarde, dicha Junta de
Incautaciones se convirtió en una sección del Tesoro Artístico, Subsección
Adquisiciones, tomando el nombre de Junta Central del Tesoro Artístico, con la
intención de rescatar, controlar y difundir el patrimonio cultural del país; así, el
Cuerpo Facultativo de Archiveros del Archivo Histórico Nacional inventaría tales
fondos, indicando procedencia y fecha de incautación. Tardíamente, el 1 de
junio de 1938, se dictan normas para la requisa de bibliotecas privadas. Aunque
hubo un lógico descontrol, fruto del momento, y no faltaron excesos, lo cierto
es que, por primera vez, el Estado tuvo en su poder un patrimonio inaccesible
por antonomasia para el resto de ciudadanos y se acometió la faraónica tarea
de controlar unos fondos que, en ocasiones, sólo habían sido inventariados de
forma somera por simples aficionados.
En el bando contrario tampoco faltaron normas que garantizaran la integri-
dad y utilización política del acervo documental bajo su tutela35. Terminado el
conflicto, el Régimen de Franco optó por devolver lo requisado a sus legítimos
dueños, dando un plazo razonable para que sus antiguos titulares reclamasen
lo expoliado. Por Orden de 31 de mayo de 1939, el Ministerio de Educación
Nacional preveía la devolución de los bienes rescatados por el Servicio Militar
de Recuperación del Patrimonio Artístico Nacional, que se hallaban custodiados

34
Lo requisado durante la Guerra Civil fue depositado en el Archivo Histórico Nacional, como tan-
tos otros, en 80 cajones y 143 sacos.
35
El Gobierno de Burgos, por Orden de 23 de diciembre de 1936, crea las juntas provinciales de
Cultura Histórica y del Tesoro Artístico, para catalogar los tremendos daños ocasionados en el patrimo-
nio artístico español desde el estallido de la II República, proponiendo recoger lo que todavía se con-
servaba en el archivo o biblioteca de cada capital para redactar los informes preceptivos. Semanas des-
pués, el 14 de enero 1937 se crea el Servicio Artístico de Vanguardia, con el objeto de custodiar los
bienes culturales incautados y catalizar la recogida de objetos robados, para devolverlo a sus legítimos
dueños. En 1938, dependiendo del Ministerio de Educación Nacional de Bellas Artes y de su Jefatura
Nacional de Bellas Artes, se establece el Servicio de Defensa del Patrimonio Artístico Nacional, que
incluía, entre otros, los documentos históricos y los archivos personales de los desafectos, recomendán-
dose confeccionar guías que recogieran sus fondos. Asimismo se instauran los Patronatos provinciales
para el fomento de Bibliotecas, Archivos y Museos Arqueológicos, por decreto de 13 de octubre de
1938. Cuando el fin del conflicto estaba cercano, se dictamina la reversión al Estado de los archivos y
bibliotecas de Cataluña, en enero de 1939. En definitiva, militarización de la cultura en tiempos de gue-
rra y grave pérdida de patrimonio por la radicalización del conflicto.

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FUENTES PARA EL ESTUDIO DEL SEÑORÍO EN ARAGÓN: FONDOS DEL ARCHIVO DE LA NOBLEZA (TOLEDO)

en las comisarías de zona, previa presentación de una relación pormenorizada


de sus propietarios. Tiempo después, otra Orden Ministerial de 19 de abril de
1941 suprimirá el Servicio de Recuperación Bibliográfica “transcurrido con
exceso todos los plazos legales para la devolución de libros y resultas todas las
reclamaciones presentadas”36. Muchas familias recuperaron un patrimonio con
el que estaban íntimamente identificados. Algunos documentos y archivos frag-
mentados que quedaron sin reclamar conformaron el fondo Títulos y Familias
de la Sección Diversos del Archivo Histórico Nacional (Madrid). Finalmente a
partir del decreto 2527/1963 de 10 de octubre (BOE del 16/10/1963) referente
al Juzgado gubernativo de la plaza de Madrid, se declara que todos los bienes
incautados y no reclamados por sus propietarios pasan a ser considerados pro-
piedad del Estado y aquellos que se encuentran en poder de dicho juzgado se
entregan al Ministerio de Educación Nacional y de allí al AHN.
Esta extensa exposición sobre la evolución de la historia archivística de los
fondos nobiliarios intenta explicar por qué los fondos de los archivos nobilia-
rios han llegado a nuestras manos de una manera tan disímil. A esto se une la
propia casuística nobiliaria de cada una de las familias y linajes, de unificación
o dispersión de títulos, su anexión por matrimonio a otro linaje o la extinción
del mismo. Así los fondos nobiliarios los hemos clasificado, dependiendo de la
línea de origen, en los siguientes tipos: fondos principales, fondos secundarios
o incorporados, fondos ajenos y colecciones37.
El primero de estos casos es el de los archivos a los que denominamos
“principales” por corresponderse con el tronco o la línea principal de la estir-
pe, y se han conservado, con las salvedades que se derivan de la explicación
histórica que se ha comentado en los párrafos precedentes, desde sus orígenes
hasta principios del siglo XX de forma íntegra.
Se trata en estos casos de los archivos de las grandes familias, en los que no
ha existido interrupción de la línea sucesoria. Se suelen conservar los docu-
mentos desde las primeras concesiones reales que justifican la posesión de
señoríos y de la jurisdicción sobre ellos, y las fundaciones de mayorazgo o
vinculaciones de bienes. Aunque existen casos aislados de documentos que se
remontan a los siglos X y XI, la mayoría de estos archivos parten de fechas
comprendidas alrededor del siglo XIII o bien entrado el siglo XIV. Estos archi-
vos principales, o archivos de archivos, se han constituido en lo que archivísti-
camente designamos “grupo de fondos”, ya que a este tronco se le irán aña-

36
BOE, 18-V-1941, nº 138, p. 3.553.
37
Esta clasificación es de autoría propia. Quedó publicada por primera vez en LAFUENTE URIÉN,
A. (2000): “Archivos nobiliarios custodiados en centro públicos. Evolución histórica y fuentes de investi-
gación”. Boletín de la ANABAD., 2, p. 39 y ss.

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ARÁNZAZU LAFUENTE URIÉN

diendo otras ramas correspondientes a otras tantas familias y títulos –y con ellos
los archivos– como veremos a continuación. Como ejemplo aragonés de este
caso citamos al Archivo de los Duques de Parcent.
Sin embargo, un caso mucho más común es aquel en el que por ruptura de
la línea sucesoria masculina, el archivo familiar acaba incorporándose como
secundario o rama secundaria de un archivo principal. Esto quiere decir que
cuando nos encontramos con un grupo de fondos, a continuación es seguro que
nos encontremos con un conjunto –variable de unos archivos a otros– de archi-
vos entroncados con el archivo que da nombre al grupo de fondos. La denomi-
nación de archivo secundario no significa que se le considere de menor rango.
En realidad se trata generalmente de archivos que se han mantenido con sus pro-
pias características y particularidades. La mayoría de los casos de integración de
archivos que nos hemos encontrado se corresponden con este supuesto, es decir
mediante el matrimonio entre el titular o heredero de un título, con una herede-
ra [o transmisora] de los derechos de sucesión de otros títulos, mayorazgos y/o
propiedades. Estos, con los que junto con el archivo correspondiente, pasan a
integrarse con los del marido, o su hijo primogénito según los casos. Podríamos
encontrar abundantes casos como ejemplo. El archivo de Parcent nos ofrece
algunos ejemplos, como el del condado de Bureta. Estas incorporaciones, con
carácter general, suelen resultar definitivas, aunque en ocasiones puede darse el
caso de reclamaciones por parte de terceros que alegan “mejor derecho”, o bien
heredar el título otro pariente por diversas circunstancias.
Otro tipo de integración de un archivo secundario en otro principal es
mediante pleito de tenuta. Cuando la línea sucesoria masculina se interrumpe,
pleitean al título o al mayorazgo diversos candidatos que esgrimen poseer el
mejor derecho, como es el caso de la incorporación del archivo de la Casa de
Gurrea a Parcent. En otros casos por extinción de línea directa recae el título
en familiares colaterales, que además pueden ser titulares de otros tantos títu-
los. Contamina se une de esta forma a la Casa de Parcent.
No es ya tan habitual como el caso anterior, pero sí algo frecuente, que en
ocasiones se conservan en los archivos familiares otros archivos de diversas insti-
tuciones o personalidades cuya relación con dicha familia fue inexistente, en prin-
cipio. En algunos casos se trata de documentación cuyo nexo de unión al grupo
de fondos se ha perdido, o desconocemos. En otros, se debe a auténticas casua-
lidades o causas extraordinarias. A estos archivos los denominamos archivos aje-
nos. El archivo del consulado de Cádiz en el fondo Parcent es un buen ejemplo
de este tipo de archivos de instituciones conservados en archivos privados.
Hasta ahora hemos hablado de agrupaciones o integraciones de varios archi-
vos. Pasamos ahora a tratar los casos contrarios, que además producen efectos
desintegradores de la unidad de los fondos de archivo y en ocasiones pérdidas

[ 42 ]
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FUENTES PARA EL ESTUDIO DEL SEÑORÍO EN ARAGÓN: FONDOS DEL ARCHIVO DE LA NOBLEZA (TOLEDO)

definitivas. Con las normas desamortizadoras y la desvinculación de señoríos ya


comentadas se rompe definitivamente la obligación de mantener el patrimonio
indiviso para los herederos, y es fundamental para explicar la dispersión o dis-
gregación de los archivos de algunas de las grandes casas. En algunos casos,
los títulos se han repartido entre los herederos y con ellos los archivos. Caso
por ejemplo de los archivos de los Condes de Morata y Arjillo, pertenecientes
al archivo de los Marqueses de Villaverde. Otro caso de dispersión es el del
Archivo de los Duques de Híjar. Este título actualmente relacionado con la Casa
de Alba, tiene también documentación dispersada entre varias instituciones, ara-
gonesas en su mayoría38. Ya vimos cómo Pascual de Gayangos hablaba con
tono irónico y despectivo de los coleccionistas de la época que “adquirían”
documentos –o fondos o partes de estos– por puro gusto o snobismo. No es
raro por tanto encontrarse en archivos de títulos nobiliarios decimonónicos, con
fondos coleccionados por miembros de la familia, como es el caso de los docu-
mentos del Concejo de Huesca en el archivo de los Duques de Valencia.
Esta extensa introducción nos viene a explicar el estado actual de muchos
de los fondos que se custodian en el Archivo de la Nobleza, en especial los
fondos relacionados con los linajes y señoríos de Aragón.

LOS FONDOS ARAGONESES CONSERVADOS EN EL ARCHIVO DE LA NOBLEZA

1. ARCHIVO DE LOS DUQUES DE PARCENT


CÓDIGO DE FONDO: 8
Es el archivo más importante de todos los que vamos a comentar por encon-
trarse prácticamente íntegro39 y conservar las series bastante completas. El archi-
vo de los Duques de Parcent que se custodia en esta Sección Nobleza del AHN,
procede de la Sección Diversos del Archivo Histórico Nacional en donde debió
de ingresar a finales del siglo XIX, dato que está pendiente de comprobar por
el personal de referencias del AHN. Consta de 215 cajas. Se encuentra descrito
al 100% y sus registros son accesibles a través del portal de internet Pares.
La documentación abarca de 1127 a 1879. El mayor volumen documental
corresponde a la Casa de Parcent y a la de Gurrea, predominando en éstas, al
igual que en el resto de los fondos, la de carácter jurisdiccional, patrimonial y

38
CAÑADA SAURAS, J. (1986): “La documentación Judicial en Zaragoza”, en: El patrimonio docu-
mental aragonés y la historia, Zaragoza: Diputación General, p. 441.
39
En el AHP de Huesca y en el de la Audiencia Territorial de Zaragoza se conserva también docu-
mentación de dichas Casas.

[ 43 ]
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ARÁNZAZU LAFUENTE URIÉN

administrativa. La familia de La Cerda, titular del Ducado de Parcent, procede


de los Cernesio Odelcalchi, originarios de Italia y afincados en Valencia en el
siglo XVII. Este fondo, aparte del núcleo de la Casa Parcent, comprende otras
casas y linajes integrados con la casa principal: Gurrea, Contamina, Fuente el
Sol. Hemos identificado varios títulos nobiliarios y archivos familiares en el
Archivo de los Duques de Parcent y a continuación incluimos un extracto del
cuadro de clasificación de fondos de esta Casa, siguiendo los códigos de fon-
do40 para cada uno de los niveles de dicho cuadro de clasificación.

DUCADO DE PARCENT
CÓDIGO DE FONDO 8.1
Fechas extremas: 1322-1879. Volumen: 719 registros en BDT.
La primera noticia que tenemos del lugar de Parcent (Alicante) es la dona-
ción, en 1328, por el Infante don Pedro, hermano del Rey de Aragón Alfonso
VI, del lugar de la Val del Pop, en el que se incluye este lugar, a María Ladrón
de Vilanova, viuda de Raimundo de Vilanova. Denominándose ya Baronía de
Parcent, es comprada por Pedro de Perandreu en 1528, a Isabel Valterra, viuda
de Miguel de Vilanova. Al desaparecer la línea sucesoria de los Perandreu, la
hereda el monasterio de Nuestra Señora de las Fuentes de Sariñena (Huesca) en
1611. En 1636 la Baronía pasa a Francisco y Constantino Cernesio por la com-
pra efectuada a dicho monasterio. La Baronía de Parcent se convierte en
Condado el 10 de julio de 1649, siendo dicho Constantino Cernesio Odescalchi
el I Conde. El título de Conde de Parcent continúa en la rama principal,
siguiendo el criterio de primogenitura, hasta la muerte de Fernando de la Cerda
y Carvajal, IX Conde y I Duque de Parcent (otorgado en el 25 de marzo de
1914), momento en que pasa a la rama secundaria con Casimiro Florencio
Granzow de la Cerda, II Duque. El origen de esta rama se encuentra en el
matrimonio entre Juan José Cernesio, VIII Conde de Parcent, y su segunda
esposa, Pelegrina Cortés y Valero, a mediados del siglo XIX.

RELACIÓN DE TITULARES DE LA CASA DE PARCENT


Constantino Cernesio, I Conde
Manuel Cernesio, II Conde
José Cernesio, III Conde
Josefa Cernesio, IV Condesa
José María de la Cerda, V Conde
José Antonio de la Cerda, VI Conde

40
La Casa de Parcent ha recibido el número 8 del cuadro de clasificación de fondos. Sus fondos
secundarios llevarán dígitos del tipo 8.1, 8.2 etc…

[ 44 ]
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FUENTES PARA EL ESTUDIO DEL SEÑORÍO EN ARAGÓN: FONDOS DEL ARCHIVO DE LA NOBLEZA (TOLEDO)

José Máximo de la Cerda, VII Conde


Juan José Cernesio, VIII Conde
Fernando de la Cerda, IX Conde y I Duque
Casimiro Florencio Granzow de la Cerda, II Duque
Fernando Granzow de la Cerda, III Duque.

En la segunda mitad del siglo XVIII, se une al Condado de Parcent el de


Bureta, por el matrimonio de Mª del Carmen Marín de Resendi Fernández de
Heredia, V Condesa de Bureta, con José Mª de la Cerda Cernesio, V Conde de
Parcent (ver Fondo 8.3). En 1788, tras la muerte sin sucesión de Fausto Fran-
cisco de Palafox, viudo de Mª Joaquina Fernández de Heredia, VI Condesa de
Contamina, este título, y los que traía consigo, son heredados por José Antonio
de la Cerda, hijo del V Conde de Parcent (ver Fondo 8.2 y sus Subfondos). En
1782, muere sin sucesión Cristóbal Pío Funes de Villalpando, XVI Barón de
Gurrea, y tras sucesivos pleitos llega esta Baronía a la Casa de Parcent (ver
Fondo 8.4). A finales del siglo XVIII el título de Marqués de Fuente el Sol es
heredado por Ramona Palafox, casada con el VI Conde Parcent, al morir sin
sucesión su hermano Cipriano Álvarez de Bracamonte (ver Fondo 8.5).

CONDADO DE CONTAMINA
CÓDIGO DE FONDO: 8.2
Fechas extremas: 1429-1840. Volumen: 58 registros en BDT.
No tenemos noticia del origen de este título hasta el siglo XVI en que apa-
rece la familia Fernández de Heredia como Señores de Cetina y Contamina. El
título de Conde fue concedido a Alonso Fernández de Heredia Pérez de Pomar,
señor de Cetina y Contamina, el 10 de octubre de 1648. El Condado de Conta-
mina pasa a la Casa de Parcent, en 1788, con la muerte sin sucesión de Faus-
to Francisco de Palafox, Marqués de Ariza y Conde de Santa Eufemia, viudo de
María Joaquina Fernández de Heredia, VI Condesa de Contamina. Hereda el
título José Antonio de la Cerda y Cernesio, hijo de José María de la Cerda, V
Conde de Parcent, y de María del Carmen Antonia Marín de Resendi, nieta de
Ana María Fernández de Heredia y Eguarás, V Condesa de Contamina. A partir
de este momento, el título de Conde de Contamina lo usa el hijo primogénito
y heredero del Conde de Parcent.

RELACIÓN DE TITULARES DE LA CASA DE CONTAMINA


Alonso Fernández de Heredia Pérez de Pomar, I Conde
Antonio Fernández de Heredia, II Conde
Alonso Fernández de Heredia, III Conde
María Magdalena Fernández de Heredia, IV Condesa
Ana María Fernández de Heredia, V Condesa

[ 45 ]
02. Aránzazu Lafuente 17/2/10 14:05 Página 46

ARÁNZAZU LAFUENTE URIÉN

María Joaquina Fernández de Heredia, VI Condesa


A partir de este momento el título está unido a Parcent.
José Antonio de la Cerda, VII Conde
José Máximo de la Cerda, VIII Conde
Juan José Cernesio, IX Conde
Fernando de la Cerda, X Conde
Casimiro Florencio Granzow de la Cerda, XI Conde
Fernando Granzow de la Cerda, XII Conde
Juan Carlos Granzow de la Cerda, XIII Conde

A la Casa de Contamina se le unen otras casas nobiliarias a lo largo de su


historia, que constituyen los subfondos siguientes en la organización jerárquica
de este fondo:

MARQUESADO DE BÁRBOLES
CÓDIGO DE FONDO: 8.2.1
Fechas extremas: 1340-1853. Volumen: 33 registros en BDT.
El Marquesado de Bárboles tiene su origen en el vínculo fundado por Martín
Miguel Jiménez de Embún, en su testamento de 3 de enero de 1400. El título
de Marqués fue concedido a Juan Jiménez Cerdán Fernández de Heredia, Señor
de Bárboles, y Barón de Agón y Pinseque, en 20 de marzo de 1647. El
Marquesado de Bárboles se une a la Casa de Contamina por el matrimonio de
Beatriz Cerdán y Gurrea, II Marquesa de Bárboles, con Antonio Fernández de
Heredia Pérez de Pomar, II Conde de Contamina, a comienzos del siglo XVII.

RELACIÓN DE TITULARES DE LA CASA DE BÁRBOLES


Juan Jiménez Cerdán, I Marqués
Beatriz Cerdán, II Marquesa
Alonso Fernández de Heredia, III Marqués
María Magdalena Fernández de Heredia, IV Marquesa
Ana María Fernández de Heredia, V Marquesa
María Joaquina Fernández de Heredia, VI Marquesa
A partir de este momento el título está unido a Parcent.
José Antonio de la Cerda, VII Marqués
José Máximo de la Cerda, VIII Marqués
Juan José Cernesio, IX Marqués
A partir de este momento, el título se separa de Parcent.
?
?
María del Pilar Benítez Guadarrama, XII Marquesa

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02. Aránzazu Lafuente 17/2/10 14:05 Página 47

FUENTES PARA EL ESTUDIO DEL SEÑORÍO EN ARAGÓN: FONDOS DEL ARCHIVO DE LA NOBLEZA (TOLEDO)

BARONÍA DE AGÓN Y PINSEQUE


CÓDIGO DE FONDO: 8.2.2
Fechas extremas: 1432-1782, volumen: 41 registros en BDT.
La Baronía de Agón y Pinseque fue vinculada por Juan Jiménez Cerdán en
su testamento de 21 de noviembre de 1460. En 1647 se encuentra a Juan Jimé-
nez Cerdán, I Marqués de Bárboles, como Barón de Agón y Pinseque, no
pudiendo obtener más noticias a través de la documentación, excepto ciertos
pleitos por su aprehensión, de mediados del siglo XVIII, en los que interviene
María Joaquina Fernández de Heredia, VI Condesa de Contamina y VI Marque-
sa de Bárboles. Sin embargo, el hecho de que exista una administración deno-
minada de Agón, dentro de la Administración General del Conde de Parcent en
Zaragoza, indica que debió continuar dentro de la Casa de Bárboles, y con ella
integrarse en la de Parcent.

RELACIÓN DE TITULARES CONOCIDOS


Juan Jiménez Cerdán, Señor
Juan Jiménez Cerdán, I Barón
Jaime Jiménez Cerdán, II Barón
Juan Jiménez Cerdán, III Barón
Juan Jiménez Cerdán, IV Barón
Juan Jiménez Cerdán, V Barón
Fernando Cerdán, VI Barón
Juan Jiménez Cerdán y Gurrea, VII Barón, I Marqués de Bárboles.

MARQUESADO DE EGUARÁS
CÓDIGO DE FONDO: 8.2.3
Fechas extremas: 1518-1850. Volumen: 27 registros en BDT.
El Marquesado de Eguarás tiene su origen en el vínculo fundado en las capi-
tulaciones matrimoniales de Dionisio de Eguarás e Isabel Díaz de Armendáriz,
el 11 de septiembre de 1584. Se otorga el título de Marqués a Francisco
Antonio Eguarás y Pasquier el 21 de julio de 1703. Se une a la Casa de
Contamina por el enlace entre Dionisio Eguarás, III Marqués, y Mª Magdalena
Fernández de Heredia, IV Condesa de Contamina, a fines del siglo XVII. Se
separa del título de Parcent tras la muerte de José Máximo de la Cerda, VII
Conde de Parcent (posiblemente pasó a su hija Virginia de la Cerda, casada con
el Conde de Vega Mar).

RELACIÓN DE TITULARES
Francisco Antonio Eguarás y Pasquier, I Marqués
Dionisio Eguarás, II Marqués
Ana Mª Fernández de Heredia, III Marquesa

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02. Aránzazu Lafuente 17/2/10 14:05 Página 48

ARÁNZAZU LAFUENTE URIÉN

Mª Joaquina Fernández de Heredia, IV Marquesa


A partir de este momento el título se une a Parcent.
José Antonio de la Cerda, V Marqués
José Máximo de la Cerda, VI Marqués

MAYORAZGO DE BARILLAS
CÓDIGO DE FONDO: 8.2.4
Fechas extremas: 1545-1802. Volumen: 7 registros en BDT.
El Mayorazgo de Barillas fue fundado por Carlos Pasquier de Agorreta en su
testamento de 18 de diciembre de 1519. Se une al Marquesado de Eguarás por
el matrimonio de Margarita de Eguarás con Carlos Pasquier, a fines del siglo
XVI.

CONDADO DE SAN CLEMENTE


CÓDIGO DE FONDO: 8.2.5
Fechas extremas: 1642-1827. Volumen: 17 registros en BDT.
El título de Conde de San Clemente fue otorgado el 23 de marzo de 1640 a
Juan Marín de Villanueva, Señor de San Clemente. Se une a la Casa de
Contamina por el matrimonio de Elena Marín de Villanueva, III Condesa de
San Clemente, con Alonso Fernández de Heredia, III Conde de Contamina y III
Marqués de Bárboles, a mediados del siglo XVII. Tras la muerte sin sucesión de
Mª Joaquina Fernández de Heredia, VI Condesa de Contamina, el título lo here-
da Pedro Mª Pérez de Pomar y Jordán de Urríes, Marqués de Ayerbe, en 1775.

RELACIÓN DE TITULARES
Juan Marín de Villanueva, I Conde
Miguel Marín de Villanueva, II Conde
Elena Marín de Villanueva, III Condesa
A partir de este momento el título va unido a Contamina
Mª Magdalena Fernández de Heredia, IV Condesa
Ana Mª Fernández de Heredia, V Condesa
Mª Joaquina Fernández de Heredia, VI Condesa
A partir de este momento el título se separa de Contamina
Pedro Mª Pérez de Pomar, VII Conde

BARONÍAS DE SIGÜÉS, RASAL Y JAVIERRELATRE


CÓDIGO DE FONDO: 8.2.6
Fechas extremas: 1522-1853. Volumen: 21 registros en BDT.
El título de Barón de Sigüés, Rasal y Javierrelatre fue concedido a Luis Pérez
de Pomar a mediados del siglo XVI. El VIII Barón, Alonso Pérez de Pomar, reci-

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02. Aránzazu Lafuente 17/2/10 14:05 Página 49

FUENTES PARA EL ESTUDIO DEL SEÑORÍO EN ARAGÓN: FONDOS DEL ARCHIVO DE LA NOBLEZA (TOLEDO)

be el título de I Conde de Contamina, quedando así unidas ambas Casas, has-


ta la muerte de Mª Magdalena Fernández de Heredia, XI Baronesa, volviéndo-
se a unir con Fausto Francisco de Palafox, viudo de Mª Joaquina Fernández de
Heredia, VI Condesa de Contamina.

RELACIÓN DE TITULARES
Luis Pérez de Pomar, I Barón
Martín de Aragón, II Barón
Bernardino Pérez de Pomar, III Barón
Bernardino Pérez de Pomar, IV Barón
Juan Pérez de Pomar, V Barón
Justo Pérez de Pomar, VI Barón
José Pérez de Pomar, VII Barón
A partir de este momento el título se une a Contamina
Alonso Pérez de Pomar, VIII Barón, I Conde de Contamina
Antonio Fernández de Heredia, IX Barón
Alonso Fernández de Heredia, X Barón
Mª Magdalena Fernández de Heredia, XI Baronesa
A partir de este momento el título se separa de Contamina
Mariana Pérez de Pomar, XII Baronesa
Bernabé Pérez de Pomar, XIII Barón
A partir de este momento el título se vuelve a unir a Contamina
Fausto Francisco de Palafox, XIV Barón

BARONÍA DE TORRELLAS
CÓDIGO DE FONDO: 8.2.7
Fechas extremas: 1476-1789. Volumen: 9 registros en BDT.
El título de Barón de Torrellas fue concedido a Pedro López de Gurrea, alias
Torrellas, Señor de Torrellas, tras la concordia celebrada en 1381 por el repar-
to de la herencia de su padre Lope de Gurrea, Señor de Gurrea. La documen-
tación conservada indica que, a comienzos del siglo XVII, la Baronía se deno-
mina de Sánchez y Torrellas y la hereda Miguel de Gurrea, Marqués de
Navarrés, a través de su madre, Ana Torrellas y Bardají. Ya en el siglo XVIII, se
suceden varios pleitos por la aprehensión de esta Baronía, seguidos por los
sucesores de Juan Jiménez Cerdán, I Marqués de Bárboles, heredero de dicha
Ana de Torrellas, pasando finalmente a los Marqueses de Ayerbe.

RELACIÓN DE TITULARES CONOCIDOS DE LA CASA DE TORRELLAS


Pedro de Torrellas, I Barón
Martín de Torrellas, II Barón
Pedro de Torrellas, III Barón

[ 49 ]
02. Aránzazu Lafuente 17/2/10 14:05 Página 50

ARÁNZAZU LAFUENTE URIÉN

Juan de Torrellas, IV Barón


Catalina Torrellas, V Baronesa
Juan de Torrellas, VI Barón
Martín de Torrellas, VII Barón
Juan de Torrellas, VIII Barón
Ana Torrellas, IX Baronesa
Miguel de Gurrea y Borja, X Barón
José de Gurrea y Borja, XI Barón
?
A partir de este momento el título se une a los Ayerbe
Pedro María Pérez de Pomar y Urríes, Barón

BARONÍA DE ANTILLÓN
CÓDIGO DE FONDO: 8.2.8
Fechas extremas: 1414-1738. Volumen: 14 registros en BDT.
En 1392 el Señorío de Antillón es comprado por Miguel de Gurrea, Señor de
Sangarrén, a Pedro de Urgell, hijo del Conde de Urgell. En 1414, su hija
Aldonza se lo vende a su vez a Berenguer de Bardají, quien recibe el título de
Barón en ese mismo año. A comienzos del siglo XVII la Baronía llega a Juan
de Torrellas, Barón de Torrellas, quien heredó también el Vínculo de los
Sánchez de Toledo. Al ser incompatible la posesión de ambos, se produce un
pleito entre Juan de Torrellas y su primo Martín de Torrellas, alias Bardají,
quien se denomina a sí mismo Barón de Antillón (ver Fondo 2, Subfondos 7 y
9). A partir de ese momento, la información contenida en la documentación no
nos permite conocer su trayectoria posterior.

RELACIÓN DE TITULARES CONOCIDOS DE LA CASA DE ANTILLÓN


Pedro de Urgell, Señor
Miguel de Gurrea, Señor
Aldonza de Gurrea, Señora
Berenguer de Bardají, I Barón
Juan de Bardají, II Barón
Juan de Bardají, III Barón
Francisquina de Bardají, IV Baronesa
Gonzalo Fernández de Heredia, V Barón
Juan de Torrellas, VI Barón
Martín de Torrellas, alias Bardají, VII Barón

MAYORAZGO DE SÁNCHEZ DE TOLEDO


CÓDIGO DE FONDO: 8.2.9
Fechas extremas: 1531-1781. Volumen: 12 registros en BDT.

[ 50 ]
02. Aránzazu Lafuente 17/2/10 14:05 Página 51

FUENTES PARA EL ESTUDIO DEL SEÑORÍO EN ARAGÓN: FONDOS DEL ARCHIVO DE LA NOBLEZA (TOLEDO)

El Mayorazgo de Sánchez de Toledo fue fundado por Luis Sánchez, Tesore-


ro General del Reino de Aragón en su testamento del 5 de junio de 1531. Este
Mayorazgo se une a la Casa de Torrellas con el matrimonio de Juan de Torre-
llas, VI Barón de Antillón y VI de Torrellas, con María Sánchez de Toledo, a
mediados del siglo XVI (ver Fondo 2, Subfondos 7 y 8). En la primera mitad
del siglo XVII, lo hereda Miguel de Gurrea y Borja, Marqués de Navarrés, a tra-
vés de su madre Ana Torrellas y Bardají, IX Baronesa de Antillón y de Torre-
llas, denominándose ya Baronía de Sánchez y Torrellas. Tras varios pleitos por
su aprehensión, en el siglo XVIII, recae en los Marqueses de Ayerbe.

RELACIÓN DE POSEEDORES DEL MAYORAZGO DE SÁNCHEZ DE TOLEDO


Luis Sánchez
María Sánchez de Toledo
Martín de Torrellas
Juan de Torrellas
Ana de Torrellas
Miguel de Gurrea y Borja
José de Gurrea y Borja
?
?
A partir de este momento el mayorazgo se une a Ayerbe
Pedro María Pérez de Pomar y Urríes

MAYORAZGO DE ANDRÉS DE CAMARENA (TERUEL)


CÓDIGO DE FONDO: 8.2.10
Fechas extremas: 1570-1773. Volumen: 13 registros en BDT.
El Mayorazgo de Andrés de Camarena fue fundado por Diego Andrés de
Camarena Sánchez Cutanda en su testamento de 3 de junio de 1725. El Vínculo
de Sánchez Cutanda, fundado por Jerónimo Sánchez, en el siglo XVII, se une a
la familia de Andrés con el matrimonio de Petronila Sánchez Cutanda con
Lamberto Andrés de Camarena, padre del fundador del Mayorazgo. Ambos se
incorporan a la Casa de Contamina por el matrimonio entre Teresa Andrés y
José Antonio Fernández de Heredia, padres de Diego José Fernández de
Heredia, V Conde de Contamina, y V Marqués de Bárboles.

DUCADO DE LECERA
CÓDIGO DE FONDO: 8.2.11
Fechas extremas: 1703-1791. Volumen: 10 registros en BDT.
El Título de Duque de Lecera fue concedido por Fernando el Católico a Juan
Fernández de Híjar, Duque de Híjar y Conde de Aliaga, en 1493. Francisco
Antonio Fernández de Híjar, Duque de Lecera y de la Palata y Conde del Real

[ 51 ]
02. Aránzazu Lafuente 17/2/10 14:05 Página 52

ARÁNZAZU LAFUENTE URIÉN

fue el primer marido de María Joaquina Fernández de Heredia, VI Condesa de


Contamina (ver Fondo 2 y Subfondos).

CONDADO DE PLASENCIA
CÓDIGO DE FONDO: 8.2.12
Fechas extremas: 1672-1814. Volumen: 3 registros.
El título de Conde de Plasencia fue concedido a Pedro de Lanuza y Jiménez
de Urrea en 1611. Juan Antonio de Lanuza, Conde de Plasencia, fue el segun-
do marido de María Joaquina Fernández de Heredia, VI Condesa de Contamina
(ver Fondo 2 y Subfondos).

MARQUESADO DE ARIZA
CÓDIGO DE FONDO: 8.2.13
Fechas extremas: 1486-1795. Volumen: 7 registros en BDT.
El título de Marqués de Ariza fue concedido a Francisco Rebolledo de
Palafox, el 27 de agosto de 1611. Fausto Francisco de Palafox, Marqués de
Ariza y Conde de Santa Eufemia, fue el tercer marido de María Joaquina
Fernández de Heredia, VI Condesa de Contamina, heredando sus títulos a su
muerte en 1775 (ver Fondo 2 y Subfondos).

CONDADO DE BURETA
CÓDIGO DE FONDO: 8.3
Fechas extremas: 1462-1814. Volumen: 47 registros en BDT.
El título de Conde de Bureta es concedido a Antonio Marín de Resendi y
Francia, Señor de Bureta, el 24 de marzo de 1678. Se une a la Casa de Parcent
por el matrimonio entre María del Carmen Antonia Marín Fernández de Here-
dia, V Condesa de Bureta, y José María de la Cerda Cernesio, V Conde de Par-
cent, en la segunda mitad del siglo XVIII. En 1796, este Condado pasa a Juan
Crisóstomo López Fernández de Heredia y Marín de Resendi, VI Conde de
Bureta, tras un pleito mantenido con los Condes de Parcent.

RELACIÓN DE TITULARES CONOCIDOS DE LA CASA DE BURETA


Pedro de Francia, Señor
Pedro de Francia, Señor
Juan de Francia, Señor
Juan de Francia, Señor
Lope de Francia, Señor
Juan Luis de Francia, Señor
Lope de Francia y Espés, Señor
Lope de Francia, Señor

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02. Aránzazu Lafuente 17/2/10 14:05 Página 53

FUENTES PARA EL ESTUDIO DEL SEÑORÍO EN ARAGÓN: FONDOS DEL ARCHIVO DE LA NOBLEZA (TOLEDO)

Martín de Francia, Señor


Miguel de Francia, Señor
Diego de Francia, Señor
Juan de Francia, Señor
Antonio Marín de Resendi y Francia, I Conde
Matías Marín de Resendi, II Conde
Antonio Marín de Resendi, III Conde
José Antonio Marín de Resendi, IV Conde
En este momento se une a Parcent
María del Carmen Antonia Marín Fernández de Heredia, V Condesa
A partir de este momento se separa de Parcent
Juan Crisóstomo López Fernández de Heredia, VI Conde
Mariano de Francia López de Heredia, VII Conde

CONDADO DE SOBRADIEL
CÓDIGO DE FONDO: 8.3.1
Fechas extremas: 1607-1829. Volumen: 22 registros en BDT.
El título de Conde de Sobradiel fue otorgado a Álvaro Celdrán de Bolea y
Castro, Señor de La Almunia y de Sobradiel, el 5 de junio de 1639. Fue enaje-
nado con autoridad real en 1660 a Sebastián Cavero. Está relacionado con la
Casa de Bureta por el matrimonio de Joaquín Cayetano Cavero, Conde de
Sobradiel, con Pilar Joaquina Marín de Resendi, hermana de Mª del Carmen
Antonia Marín de Resendi, V Condesa de Bureta y esposa de José Mª de la
Cerda y Cernesio, V Conde de Parcent.

BARONÍA DE GURREA41
CÓDIGO DE FONDO: 8.4
Fechas extremas: 1355-1869. Volumen: 455 registros en BDT.
El Vínculo fue fundado por Lope de Gurrea en su testamento abierto en
1381. Tras la muerte sin sucesión de Cristóbal Pío Funes de Villalpando, XVI
Barón de Gurrea, V Conde del Villar y VI de Atarés, la Baronía pasa a la Casa
de Bureta a través de Antonia de Gurrea y Suelves, casada con Matías Marín de
Resendi, II Conde de Bureta, y más adelante a la de Parcent, por el matrimo-
nio de María del Carmen Antonia Marín Fernández de Heredia, V Condesa de
Bureta, con José María de la Cerda Cernesio, V Conde de Parcent. Al separarse
los títulos de Parcent y de Bureta se suceden varios pleitos por la posesión de
la Baronía de Gurrea, sentenciándose finalmente a favor de la Casa de Parcent.

41
Véase además los fondos 53: Gurrea, 999.32 y 999.69 de la SNAHN.

[ 53 ]
02. Aránzazu Lafuente 17/2/10 14:05 Página 54

ARÁNZAZU LAFUENTE URIÉN

RELACIÓN DE TITULARES CONOCIDOS DE LA CASA DE GURREA


Lope de Gurrea, Señor
Lope de Gurrea, I Barón
Lope de Gurrea, II Barón
Lope de Gurrea, III Barón
Miguel de Gurrea, IV Barón
Lope de Gurrea, V Barón
Lope de Gurrea, VI Barón
Miguel de Gurrea, VII Barón
Francisco de Gurrea, VIII Barón
Miguel de Gurrea, IX Barón
Juan de Gurrea y Borja, X Barón
Miguel de Gurrea y Borja, XI Barón, Marqués de Navarrés
José de Gurrea y Borja, XII Barón, Marqués de Navarrés
Baltasar de Gurrea, XIII Barón, II Conde del Villar
Juana de Gurrea, XIV Baronesa, III Condesa del Villar
José Pedro de Alcántara, XV Barón, IV Conde del Villar
Cristóbal Pío Funes de Villalpando, XVI Barón, V Conde del Villar
?
?
A partir de este momento el título se une a Parcent
Juan José de la Cerda, Barón de Gurrea

MAYORAZGO DE CÁNDIDA CARNOY


CÓDIGO DE FONDO: 8.4.1
Fechas extremas: 1542-1824. Volumen: 36 registros en BDT.
El Mayorazgo de Cándida Carnoy fue fundado por Cándida Carnoy en su
testamento de 1608. Se une a la Casa de Gurrea con el matrimonio, a fines del
siglo XVI, de Ana Luisa de Fanes, su hija, y Lope de Gurrea, Barón de Gurrea
(ver Fondo 4).

MARQUESADO DE FUENTE EL SOL


CÓDIGO DE FONDO: 8.5
Fechas extremas: 1436-1869. Volumen: 177 registros en BDT.
En 1413 Fernando de Antequera dona a Álvaro Dávila el lugar de Fuente el
Sol. El título de Marqués de Fuente el Sol es concedido a Juan Bautista de
Bracamonte, IX Señor de Fuente el Sol, el 21 de julio de 1642. En 1796, tras la
muerte sin sucesión de Fernando Velaz de Medrano, VI Marqués, se produce
un pleito por la posesión del título, pasando éste, finalmente, a Cipriano Álva-
rez de Bracamonte. Posteriormente pasa a su hermana, Ramona Palafox, casa-
da con José Antonio de la Cerda, VI Conde de Parcent. El Marquesado de

[ 54 ]
02. Aránzazu Lafuente 17/2/10 14:05 Página 55

FUENTES PARA EL ESTUDIO DEL SEÑORÍO EN ARAGÓN: FONDOS DEL ARCHIVO DE LA NOBLEZA (TOLEDO)

Fuente el Sol permanece unido a la Casa de Parcent, hasta la muerte de Juan


José Cernesio, VIII Conde, momento en que lo hereda su hija, Constantina de
la Cerda y Cortés.

RELACIÓN DE TITULARES DE LA CASA DE FUENTE EL SOL


Álvaro Dávila, I Señor
Álvaro Dávila, II Señor
Juan de Bracamonte, III Señor
Diego Álvarez de Bracamonte, IV Señor
Mosén Rubí de Bracamonte, V Señor
Diego de Bracamonte, VI Señor
Mosén Rubí de Bracamonte, VII Señor
Francisco de Bracamonte, VIII Señor
Juan Bautista de Bracamonte, I Marqués
Luis Rubí de Bracamonte, II Marqués
Luis Joaquín de Bracamonte, III Marqués
Gaspar de Bracamonte, IV Marqués
Agustín de Bracamonte, V Marqués
Fernando Velaz de Medrano, VI Marqués
Cipriano Álvarez de Bracamonte, VII Marqués
A partir de este momento el título se une a Parcent
Ramona Palafox, VIII Marquesa
José Máximo de la Cerda, IX Marqués
Juan José Cernesio, X Marqués
A partir de este momento el título se separa de Parcent
Constantina de la Cerda y Cortés, XI Marquesa

CONSULADO DE CÁDIZ
CÓDIGO DE FONDO: 8.6.1
Fechas extremas: 1689-1801. Volumen: 35 registros en BDT.
No tenemos constancia de su relación con la Casa de Parcent, habiendo
encontrado solamente un fragmento de una carta de mediados del siglo XVIII,
felicitando, por su nombramiento como Cónsul a una persona cuya identidad
no hemos podido precisar.

2. ARCHIVO DE LA FAMILIA BARDAJÍ, BARONES DE ESTERCUEL42


CÓDIGO DE FONDO: 19.
Fechas extremas: 1356-1590. Volumen: 9 carpetas.

42
Las cajas de este fondo permanecen aún en la Sección de Diversos del AHN, sin identificar ni describir.

[ 55 ]
02. Aránzazu Lafuente 17/2/10 14:05 Página 56

ARÁNZAZU LAFUENTE URIÉN

Familia de origen aragonés, que ostentaba, entre otros títulos, la Baronía de


Estercuel. El señorío de las Baronías de Estercuel, lugar de Teruel, junto con los
de las Baronías de Pertusa, Antillón y de los Castillos y lugares de Oliet, Ubón,
Zaydí y Castelflorite, lo detenta una de las ramas de la familia, que parte de
Berenguer de Bardají y Doña Isabel de Luna a principios del siglo XV.
Documentos pertenecientes a la familia Bardají, la mayoría pergaminos medie-
vales. Los más interesantes pertenecen a Berenguer de Bardají, justicia de
Aragón y Señor de Estercuel (siglo XV). Son numerosos los relacionados con
este castillo y los lugares de Obón y Zaidín en sus relaciones y conflictos con
el señorío; en especial destacamos los pleitos homenaje. Así mismo, son nume-
rosos los documentos relacionados con censales, imposiciones, traspasos y
cesiones de censales, y las permutas de bienes.

Este fondo se ha dividido entre los siguientes fondos:


19.1: Familia Bardají, Barones de Estercuel. 45 registros.
19.2: Familia Bardají, Barones de Antillón y Zaydin. 18 registros.
19.3: Familia Bardají, Barones de Oliete, Alcaine y Letux. 35 registros.
19.4: Familia Palafox, Señores de Ariza. 12 registros.
19.4.1: Familia Rebolledo, Señores de la Baronía de Monclús. 45 registros.
19.5: Familia Tolsa, Señores de Navarrés. 18 registros.
19.6: Familia Borja, Duques de Gandía. 4 registros.
19.7: Familia Bardaji, Señores de Obón. 24 registros.
19.8: Indeterminados43: 36 registros.

3. ARCHIVO DE LOS SEÑORES DE LA BARONÍA DE ESTERCUEL44


CÓDIGO DE FONDO: 37
Fechas extremas: 1351-1555. Volumen: 3 carpetas.
El señorío de las Baronías de Estercuel, lugar de Teruel, junto con los de las
Baronías de Pertusa, Antillón y de los Castillos y lugares de Oliet, Ubón, Zaydí
y Castelflorite, lo detenta una de las ramas de la familia Bardají, en concreto la
tercera rama, que parte de Berenguer de Bardají y Doña Isabel de Luna a prin-
cipios del siglo XV.
La mayoría son censales y comandas, aunque se conservan testamentos,
pleitos por posesiones o apocas.

43
Este fondo aún no se ha terminado de describir, por eso aparecen tantos registros por determinar
a su fondo.
44
Ingresó en el AHN con la denominación “Estercuel” que hemos mantenido, mientras no se
demuestre documentalmente que es el mismo fondo que Bardají.

[ 56 ]
02. Aránzazu Lafuente 17/2/10 14:05 Página 57

FUENTES PARA EL ESTUDIO DEL SEÑORÍO EN ARAGÓN: FONDOS DEL ARCHIVO DE LA NOBLEZA (TOLEDO)

4. ARCHIVO DE LOS CONDES DE FUENTES


CÓDIGO DE FONDO: 45.
Fechas extremas: 1326-1508. Volumen: 1 carpeta.
El título de Conde de Fuentes es otorgado por Fernando el Católico en 1508
a Juan Fernández de Heredia, Señor de Mora y Fuendetodos. Procede de la
Sección Diversos del AHN, en donde ingresa por compra en 1945. Se traslada
a la Sección Nobleza en 1995.
El fondo consta de quince pergaminos originales de la familia Fernández de
Heredia, que incluyen varios privilegios de los Reyes de Aragón, pleitos home-
naje, compraventas y pleitos de jurisdicción, relacionados con Fuendetodos y
otras localidades de la provincia de Zaragoza. Destaca el título original del
Conde de Fuentes. Hay tres alegaciones jurídicas a pleitos, impresas del siglo
XVIII y un árbol genealógico de los condes de Sástago. Incluimos algunos
ejemplos:
FUENTES,CP.346,D.1: 15/02/1326. Sentencia del Justicia de Aragón, en el plei-
to entre los Señores de Fuendetodos y la universidad de Azuara, en el término
de Daroca, sobre la posesión de términos que confinan con ambos lugares.
FUENTES,CP.346,D.4: 22/05/1360. Posesión y pleito homenaje del lugar y
castillo de Fuendetodos por Juan Fernández de Heredia.
FUENTES,CP.346,D.10: 18/07/1397. Gil Ruiz de Lihori, procurador de Juan
Fernández de Heredia, concede al concejo de Tormón el usufructo de la hier-
ba y la madera de unos montes en el término de este concejo a cambio de un
censo de trescientos sueldos anuales, por medio de una carta partida en ABC.

5. CONDADO DE FUENTES Y SEÑORÍO DE MORA45


CÓDIGO DE FONDO: 102.61
Fechas extremas: 1359-1697. Volumen: 2 cajas.
El título de Conde de Fuentes es otorgado por Fernando el Católico en 1508
a Juan Fernández de Heredia, Señor de Mora y Fuendetodos. Este pequeño
fondo ha ingresado a través del Archivo de los Marqueses de Torrelaguna, que
agrupa archivos de diversas procedencias coleccionadas por la familia.
Conserva pergaminos que contienen entre otros las capitulaciones matrimonia-
les de Francisco Fernández de Heredia, hijo del Castellán de Amposta Juan
Fernández de Heredia, con Constanza de Ramaçet, quien trae como dote el
señorío de Fuendetodos. Donaciones de castillos, testamentos, además de los
inevitables censales y compraventas.

45
Pertenece al Archivo de los Marqueses de Torrelaguna.

[ 57 ]
02. Aránzazu Lafuente 17/2/10 14:05 Página 58

ARÁNZAZU LAFUENTE URIÉN

6. ARCHIVO DE LOS BARONES DE GURREA46


CÓDIGO DE FONDO: 53.
Fechas extremas: 1358-1576. Volumen: 2 carpetas.
El señorío de Gurrea, perteneciente a la familia Gurrea, se instituye en vínculo
en 1381 por el testamento de Lope de Gurrea, Señor de Gurrea. Posteriormente,
en 1782, por la muerte sin sucesión del XVI Señor de Gurrea, D. Cristóbal Pío
Funes de Villalpando, la Baronía de Gurrea se incorpora a la Casa de los Duques
de Parcent.
Los documentos son bastante variados:
GURREA,CP.386,D.9: 06/03/1366. Escritura por la que Raimundo de
Villanova, Tesorero, Bernardo de Thous y varios consejeros del Rey de Aragón,
se comprometen solemnemente que el día de San Juan Bautista el Infante Juan
va a vender a Lope de Gurrea el lugar y Castillo de Moriellos en el Reino de
Aragón por el precio convenido.
GURREA,CP.386,D.8: 17/03/1439. Escritura por la que Juan, Rey de Navarra
como Gobernador General de Aragón, a instancia de Lop de Gurrea, Señor de
Gurrea, por el que le otorga la curaduría de los hijos de Blanca Flor de Gurrea,
viuda de Miguel de Gotor, Señor de Gotor, para el seguimiento de un pleito.
GURREA,CP.386,D.6: Privilegio de Fernando el Católico por el que ennoble-
ce a Francisco de Morales, su criado, le hace caballero otorgándole escudo de
armas para él y sus descendientes, por los servicios de armas en la Guerra de
Granada que se relatan. Escudo de armas deteriorado, pérdida de pigmentos.

7. ARCHIVO DE LOS DUQUES DE HÍJAR


CÓDIGO DE FONDO: 54
Fechas extremas: 1566-1917. Volumen: 15 cajas.
El título de Duque de Híjar es concedido por Fernando el Católico a Don
Juan Fernández de Híjar, VIII Señor de Híjar, I Conde y Duque de Aliaga y I
Duque de Lecera. En 1599 se declara la Grandeza de España de I clase al IV
Duque, Don Juan Francisco Fernández de Híjar. A finales del siglo XIX se incor-
pora el título en la Casa de Alba, tras la muerte de Agustín Fernández de Híjar,
XIII Duque de Híjar, y heredar el título su primo, Alfonso de Silva y Campbell.
Se conservan 15 cajas de documentación del Ducado de Hijar, con fechas
extremas de 1809-1917. Contiene referencias a testamentos, árboles genealógi-

46
Se mantiene esta procedencia mientras no se demuestre documentalmente que no pertenece al
Archivo de Parcent.

[ 58 ]
02. Aránzazu Lafuente 17/2/10 14:05 Página 59

FUENTES PARA EL ESTUDIO DEL SEÑORÍO EN ARAGÓN: FONDOS DEL ARCHIVO DE LA NOBLEZA (TOLEDO)

cos, y documentación de función de los duques XI, XII y XIII, entre ellos tam-
bién del General José Palafox Melci. Asimismo hay documentación de testa-
mentarías y de la administración de las propiedades y administraciones territo-
riales de la familia. Se guardan también documentos del mayorazgo de
Hinojosa (una caja) que procede de la familia apellidada Velasco, residente en
Santander y con propiedades en la zona de Arévalo, con unas fechas extremas
de 1745-1823. La mayoría de la documentación está relacionada con los pleitos
y la posesión por la casa de Híjar de este mayorazgo. Se conserva también un
pequeño fondo (una caja) de la familia Tobalina, que no parece tener relación
con los Duques de Híjar. Sus fechas extremas oscilan entre 1575-1900.

8. COLECCIÓN DE DOCUMENTOS DEL CONCEJO DE HUESCA


CÓDIGO DE FONDO: 107.4
Fechas extremas: 1294-1450. Volumen: 18 registros en BDT.
Documentación medieval del concejo de Huesca que procede según notas al
dorso de los documentos de la Duquesa de Valencia. El título de Duque de
Valencia es concedido en 1847 a Don Ramón María Narváez y Campos, Capitán
General de los Reales Ejércitos y Presidente del Consejo de Ministros. Se des-
conoce el modo en que llegó esta documentación a su destino, podría ser una
de estas colecciones de particulares que comentaba el propio Gayangos… Son
en todo caso documentos originales de gran interés para la historia medieval de
la ciudad, reseñamos algunos ejemplos:
VALENCIA,CP.379,D.2: 15/04/1294. Albarán otorgado por el Infante de
Aragón [Don Pedro] como procurador de su hermano [Jaime II] Rey de Aragón,
por el que declara que recibe de los jurados de la ciudad de Huesca las cam-
panas que fueron tomadas a la iglesia de Plasencia, para que sean devueltas a
dicho lugar. Pergamino original.
VALENCIA,CP.379,D.13: 27/02/1375. Juan I, Rey de Aragón, concede a la ciu-
dad de Huesca el privilegio de celebrar mercado el día de San Lorenzo.
Pergamino original.
VALENCIA,CP.331,D.5: 23/04/1450. Privilegio de Alfonso V, Rey de Aragón
por el que deroga un privilegio por el que autoriza a los sarracenos de la ciu-
dad de Huesca a construir un mercado de carne en el lugar llamado la-alqibla,
debido a las molestias que causaban a los vecinos cristianos, y manda que
dichas carnicerías se derriben y se trasladen al lugar llamado el aldarbe.

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02. Aránzazu Lafuente 17/2/10 14:05 Página 60

ARÁNZAZU LAFUENTE URIÉN

9. BARONÍAS DE LEOPARDE Y SEÑORÍO DE ALBARRACÍN47


CÓDIGO DE FONDO: 86.5.1
Fechas extremas:1300-1799, volumen: 53 registros en BDT.
Título y mayorazgo perteneciente a la Baronía de la Torre de Leoparde.
Dicha heredad, situada en el término del común de Santa María de Albarracín
en Teruel, que había pertenecido a los Sánchez de Orunio, fue vendida en 1491
a María Díaz de Molina, mujer que fue de Juan Garcés de Marcilla, Alcaide de
la fortaleza de Albarracín. María Díaz de Molina instituye mayorazgo en su tes-
tamento de 29 de julio de 1500. La Baronía de Leoparde se une a la casa de
Heredia y Garcés de Marcilla, por el matrimonio entre la fundadora del víncu-
lo, María Díaz de Molina, y Juan Garcés de Marcilla. En 1697 se otorga dicha
posesión al Conde de Priego, José Fernández de Córdoba, quien lo hereda de
su tía Clara Garcés de Heredia.

10. ARCHIVO DE LOS CONDES DE MORATA DE JALÓN


CÓDIGO DE FONDO: 76
Fechas extremas: 1555-1643. Volumen: 10 expedientes.
Título concedido en 1538 a Don Pedro Martínez de Luna y Urrea, Señor de
las Baronías de Illueca y Gotor en Aragón. Es otro pequeño archivo proceden-
te de incautación, conserva mayoritariamente censos cargados sobre los bienes
de Pedro Martínez de Luna y alguno de sus sucesores, entre los beneficiarios el
Monasterio de Santa María de Trasobares (Zaragoza). De 1647, un libro de car-
go y data del estado ducal de Alcalá de los Gazules.

11. CONDADO DE MORATA


CÓDIGO DE FONDO: 102.45
Fechas extremas: 1667-1770. Volumen: 18 registros en BDT.
Es otro pequeño fondo ingresado a través del archivo de los Marqueses de
Torrelaguna. El Condado de Morata de Jalón se concede en 1538 a Pedro de Luna
y Urrea, Señor de las baronías de Illueca y Gotor en Aragón, virrey de Aragón de
Cataluña y de Valencia. En 1550 fue nombrado primer Conde de Morata de Jalón,
Pedro de Luna, hijo de Jaime Martínez de Luna y Lanuza y de Catalina de Urrea
e Híjar, nacido en 1492. Virrey de Aragón en 1540 y de Cataluña en 1554. En
1665, Francisco Sanz Cortés, infanzón y mercader, compraba el Condado a Ana
Polonia Martínez de Luna por 24.000 escudos, además de una renta anual de
18.000 reales de plata durante la vida de la Condesa. Es el mismo que, en 1670,
fue nombrado Marqués de Villaverde y, un año más tarde, mandó edificar el

47
Ver LAFUENTE URIÉN, A.: Inventario del archivo de los condes de Priego. Ministerio de Educación
y Cultura, 1999.

[ 60 ]
02. Aránzazu Lafuente 17/2/10 14:05 Página 61

FUENTES PARA EL ESTUDIO DEL SEÑORÍO EN ARAGÓN: FONDOS DEL ARCHIVO DE LA NOBLEZA (TOLEDO)

palacio de Morata y un nuevo puente sobre el Jalón, el de “Capurnos”. En 1884


el Condado de Morata pasaba al de Argillo y, posteriormente, al Marquesado de
Villaverde. El fondo está compuesto de alegaciones jurídicas impresas de los
pleitos de tenuta sobre el Estado y Casa de Illueca y Condado de Morata.
Además de otros impresos.

12. ARCHIVO DE LOS MARQUESES DE NAVARRÉS


CÓDIGO DE FONDO: 126.
Fechas extremas: 1372-1889. Volumen: 54 registros.
Este es otro de los fondos ingresados a través de incautación y reciente-
mente identificado. El título de Marqués de Navarrés fue concedido en 1557 a
Pedro Luis Galcerán de Borja y Castropinos, Ricohombre de Aragón, Virrey y
Capitán General de Cataluña, último Maestre de la Orden de Montesa. La
mayor parte de la documentación ingresa en las carpetas de Títulos y Familias,
erróneamente identificadas (p. ej. la carpeta 40 venía bajo la denominación de
Ramón de Cardona) además de documentos instalados en la misma caja de la
última correspondiente al fondo Michelena (véase además el fondo Bardají
[fondo 19 y el 37]. Apellidos familiares: Borja/ Proxita/ Gurrea/ Bardají/
Aragón/ Rebolledo de Palafox/ Mencos/ Álvarez de Toledo). La documentación
en su gran mayoría hace referencia a la familia Tolsa, primeros señores de
Navarrés. Pero también al duque Real de Gandía, a Cardona, Bardají, Estercuel
y otros.
NAVARRÉS,CP.350,D.13: 23/05/1387. Escritura por la que Pascual Mazana
vende a favor de Jaime Castellá los lugares de Navarrés y Quesa, con todos sus
términos, alquerías y jurisdicción. Incluye ápoca. Esta venta se hace con el
compromiso de ser cedidos al matrimonio entre Geraldona, hija del primero,
con Jaime Castella, hijo del segundo.
NAVARRÉS,C.1,D.30: 23/05/1407. Escritura por la que Alonso [de Aragón],
Duque [Real] de Gandía, Marqués de Villena y conde de Ribagorza, hace dona-
ción a su nieto Hugo de Cardona, hijo de Joan Folch, Conde de Cardona, y de
su hija, Joana de Cardona, de los Castillos y lugares de Calasanz, “Açamuy”,
“Castellsent”, “Ondara”, “el Real de Benipestar” [Benipeixcar], Beniopa, Alcodar,
“Beniquenena”, “Espadella” y “Joga” entre otros, para él y sus herederos varo-
nes. Para mayor claridad y ante un pleito sobre la donación de los Castillo de
Calasans y Açamuy, a 30 de julio de ese mismo año ratifica y aclara los térmi-
nos de dichos castillos que ha donado a dicho Hugo de Cardona.
NAVARRÉS,CP.350,D.15: 10/08/1410. Miguel Sancho de Villalba, en nombre
de Charlot de Beaumont, hijo de Carlos de Beaumont canciller del Rey de
Navarra, da posesión a Miguel Montañés, procurador del noble Pedro Jiménez
de Urrea, Vizconde de Rueda, del señorío y lugares de Estercuel, Gargallo,

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02. Aránzazu Lafuente 17/2/10 14:05 Página 62

ARÁNZAZU LAFUENTE URIÉN

Cañizar y Mezalocha. Incluye los pleitos homenaje de los concejos, universida-


des y aljamas moras y judías de dichos lugares.

13. BARONÍAS DE SANTA CROCHE Y GAIBIEL48


CÓDIGO DE FONDO: 86.5
Fechas extremas: 1441-1830. Volumen: 85 registros.
Es este uno de los subfondos del Archivo de los condes de Priego. La
Baronía de Gaibiel junto con la Baronía de Santa Croche, y la fortaleza de
Leoparde, pertenecen a la casa de los Fernández de Heredia. El título en el
momento de la incorporación a la casa de Priego era privativo de la familia
Garcés de Marcilla. Se une a la casa de los Condes de Priego en 1621 como
consecuencia del matrimonio de Rafael Garcés de Marcilla y Fernández de
Heredia, con Antonia Hurtado de Mendoza y Carrillo, XI Condesa de Priego,
señora de Escabas y Cañaveras. El señorío de Santa Croche incluía dicho lugar
con su castillo, dehesas y molinos en las cercanías de Santa María de
Albarracín. El señorío de Gaibiel se extendía por el lugar del mismo nombre,
en la actual provincia de Castellón.

14. ARCHIVO DE LOS CONDES DE SÁSTAGO49


CÓDIGO DE FONDO: 90.
Fechas extremas: 1500-1800. Volumen: 1 carpeta
Título concedido en 1511 por Fernando el Católico Don Blasco de Alagón
y Lanuza, Ricohombre y Camarlengo del Reino de Aragón. Contiene únicamen-
te genealogías y árboles genealógicos de la familia y otras familias del ámbito
aragonés. La mayoría impresos y sin fecha.

DOCUMENTOS SUELTOS (INCAUTACIÓN):

Incluimos a continuación algunos ejemplos de documentos relacionados con


Aragón que han ingresado sueltos, la mayoría por la Junta de Incautación entre
1937 y 1938.

1. Familia Funes, Señores de la Baronía de Quinto (siglo XV)


CÓDIGO DE FONDO: 999.102
QUINTO,CP.350,D.1: Francisco de Funes y Villalpando, Señor de Estopiñán,
en su nombre y como procurador de Mosén Pedro Zapata, Prior de Santa María

48
LAFUENTE URIÉN, A: Inventario del Archivo de los Condes de Priego. Madrid: Ministerio de
Educación y Cultura, 1999.
49
El fondo Sástago se conserva por el momento en el Archivo de la Corona de Aragón.

[ 62 ]
02. Aránzazu Lafuente 17/2/10 14:05 Página 63

FUENTES PARA EL ESTUDIO DEL SEÑORÍO EN ARAGÓN: FONDOS DEL ARCHIVO DE LA NOBLEZA (TOLEDO)

del Pilar, y de doña Leonor Veco, viuda, tutores de los bienes y persona de
Juan de Funes, Señor de la Baronía de Quinto, menor de edad, junto con la
aljama y jurados de moros de Gelsa, y los concejos y jurados de la Velilla, el
de Alforque, y el de la villa de Quinto, venden un censal de 625 sueldos jaque-
ses a favor de Beatriz Serra, vecina del lugar de Gelsa. Se habla de un proce-
so ante el justicia de Aragón, que no continúa por faltar la parte inferior del
documento.

2. Miguel de Spital, Maestre Racional (siglo XVI)


CÓDIGO DE FONDO: 999.115
SPITAL,CP.377,D.11: 01/02/1563: Privilegio por el que Felipe II otorga el ofi-
cio de [maestre] racional de la ciudad de Zaragoza a favor de Miguel de Spital.
1653, mayo, 21

3. Pedro de Bolea (siglo XVII)


CÓDIGO DE FONDO: 999.18
BOLEA,CP.331,D.7: 08/02/1600. Felipe III conmuta la pena de muerte y con-
fiscación de bienes a que había sido condenado por Felipe II por atentar con-
tra la Corona en los sucesos acaecidos en Zaragoza y Reino de Aragón duran-
te 1590, a Pedro Bolea, y manda se le devuelvan sus bienes.

4. Juan Ximenez de Gurrea, Señor de Pinseque (siglo XV)


CÓDIGO DE FONDO: 999.32
Ingresa con la procedencia “Cerdán” que se sustituye por la actual.
PINSEQUE,CP.374,D.29: 17/10/1447. Escritura por la que Juan Jiménez de
Gurrea y Cerdán, Señor del lugar de Pinseque, otorga carta de obligación de
pagar ciertas “franterías” y obligaciones a Berenguer de Bardaji, Señor de
Estercuel, y a sus herederos, para lo cual se obliga con todos sus bienes.

5. Juan Fernández de Heredia, Señor de Ayora (siglo XV)


CÓDIGO DE FONDO: 999.43
FERNÁNDEZ DE HEREDIA,CP.375,D.8: 05/12/1431. Juan Fernández de
Heredia, hijo del honorable Señor Juan Fernández de Heredia Señor de Ayora,
reconoce que recibe la cantidad de mil florines de oro por la dote para su
matrimonio con Isabel de Bardají, de acuerdo a las capitulaciones estipuladas el
26 de diciembre de 1425 en La Almolda, con Berenguer de Bardají, Justicia de
Aragón y Señor de la Baronía de Antillón, junto con su mujer Isabel Ram, y
Juan de Bardají y Beatriz de Pinós, abuelos y padres de dicha Isabel de Bardají.
Al dorso a lápiz: Inv. 412.

[ 63 ]
02. Aránzazu Lafuente 17/2/10 14:05 Página 64

ARÁNZAZU LAFUENTE URIÉN

6. Germana de Foix, Reina de Aragón (siglo XVI)


CÓDIGO DE FONDO: 999.46
FOIX,CP.328,D.21: 28/09/1536. Autos de apertura del testamento, que se
inserta, de Germana de Foix, Reina de Aragón por su matrimonio con Fernando
el Católico, y mujer del Duque de Calabria, Fernando de Aragón.

OTROS FONDOS CON REFERENCIAS A ARAGÓN:


No nos vamos a extender mucho más, tan sólo apuntar que debido a la
endogamia de la nobleza en todos sus escalones, desde los ricos hombres a los
hidalgos e infanzones y a sus tupidas redes de relaciones, especialmente epis-
tolares, es fácil encontrar noticias de la mayoría de los títulos del Reino en fon-
dos de otros títulos. Así encontramos 98 referencias a Aragón de índices geo-
gráficos en el Archivo de los Duques de Osuna, por ejemplo documentos
relativos a los Gurrea y Francia sobre el Señorío de Aguilón en la cp. 120. En
el Archivo de Señorío de los Cameros los documentos sobre la compra y tenen-
cia del Castillo de Novales (Huesca) por la familia Foces y Cornell.
Un bloque más significativo lo constituyen los más de 200 registros del
Archivo de los Duques de Frías relacionados con los Reyes de Aragón: Juan II
de Aragón y las relaciones diplomáticas con Enrique IV de Castilla, o de Leonor
de Aragón, y del Duque de Frías, Bernardino Fernández de Velasco durante su
breve ocupación del cargo del Capitán General de Aragón durante 1644.

[ 64 ]
03. Germán Navarro 17/2/10 14:06 Página 65

LA FORMACIÓN DE LOS SEÑORÍOS DEL


CONDADO DE ARANDA*

GERMÁN NAVARRO ESPINACH

Universidad de Zaragoza

1. EL PUNTO DE PARTIDA ES LA PROSOPOGRAFÍA DEL LINAJE

Como es bien sabido, el 9 de enero de 1488 el rey Fernando II de Aragón


concedió el título de conde de Aranda a Lope Jiménez de Urrea, señor de
Alcalatén y vizconde de Rueda. Existe un traslado notarial de finales del siglo
XVI que reproduce el contenido de ese privilegio real en el Archivo Histórico
Provincial de Zaragoza, efectuado por el notario Antonio Gascón el 12 de mayo
de 1599 (AHPZ, Fondo Híjar, V-133-2). En él se alude no sólo a los méritos
acumulados por el beneficiario para recibir tan importante distinción sino tam-
bién a los de su egregia Domus de Urrea. Cierto es que, al día de hoy, el estu-
dio genealógico de Pedro Moreno constituye uno de los puntos de partida fun-
damentales para entender la historia de este linaje (MORENO, 1998), sin
embargo, con anterioridad, Carlos López ya había analizado dicha genealogía al
tratar las noticias referentes a un episodio de revuelta contra las tropas reales
en la tenencia de Alcalatén, la más antigua posesión de los Urrea en el reino
de Valencia (LÓPEZ, 1995). Incluso, con posterioridad, José Luis Corral ha pro-
fundizado también en dicha cuestión al abordar la trayectoria concreta de Pedro
Manuel Jiménez de Urrea (1485-1524), señor de Trasmoz y segundo hijo del
primer conde de Aranda, autor de un Cancionero editado en 1516 (CORRAL,
2002, pp. 132 y ss.). La comparación entre los datos aportados por los tres
autores citados me ha permitido confeccionar el árbol genealógico adjunto
sobre la ascendencia paterna del primer conde de Aranda durante los siglos
XIII-XV, completado con nuevas noticias inéditas.
De hecho, uno de los principales problemas que hay que resolver al tratar
el tema del origen de los señoríos que detentaba el primer conde de Aranda se

* El presente estudio se integra en el programa de actividades del Grupo de Investigación de


Excelencia CEMA (Centro de Estudios Medievales de Aragón) de la Universidad de Zaragoza y, en con-
creto, es un resultado directo del proyecto interuniversitario Migraciones, elites económicas e identidades
culturales en la Corona de Aragón (1350-1500), subvencionado por la Dirección General de Ciencia y
Tecnología durante 2005-2008 (Ref. HUM2005-04804/HIST).

[ 65 ]
03. Germán Navarro 17/2/10 14:06 Página 66

GERMÁN NAVARRO ESPINACH

traduce al menos en varias preguntas. ¿Quiénes fueron sus antepasados inme-


diatos y de qué manera o por qué méritos acumularon generación tras genera-
ción los dominios que él recibió? ¿Y en qué medida responde la historia de esta
familia a las pautas conocidas sobre la formación de los principales linajes de
la nobleza aragonesa bajomedieval? Ello quiere decir que es necesario estable-
cer una nómina lo más completa posible de los Urrea por lo menos desde el
siglo XIV, momento en que comienzan a participar en las reuniones de las cor-
tes aragonesas de manera regular, facilitando así la confección de una proso-
pografía del linaje con fundamentos más seguros (SESMA, 1999, pp. 350-351).
Durante 1301-1404 los nobles que ostentan el apellido Urrea o Jiménez de
Urrea que son convocados a las cortes aragonesas, y asisten a ellas o bien
envían procuradores en su nombre, son hasta siete: Jimeno (1301), Juan
Jiménez (1301-1320), Lope Jiménez (1301), Juan Jiménez (1325), Juan Jiménez
(1371-1388), Lope Jiménez (1388-1404) y Pedro Jiménez (vizconde de Rueda,
1404) (SESMA, 1999, p. 385). El período que mejor conozco por mis investiga-
ciones es el de las cortes aragonesas del reinado de Martín I. En los parlamen-
tos de Zaragoza (1398-1400) y Maella (1404) participó tanto Lope Jiménez de
Urrea, vizconde de Rueda y señor de Alcalatén, como su hijo y sucesor Pedro,
junto a varios escuderos y procuradores de la casa. Y en concreto, en el foga-
je general del reino derivado de las cortes de Maella, los recaudadores del mis-
mo requieren al citado Pedro Jiménez de Urrea en carta del 22 de enero de
1405 que contribuya por los 519 fuegos los quales son en vuestra tierra e luga-
res. En memoriales posteriores presentados por los encargados de la colecta del
impuesto el 15 de noviembre de ese año y el 25 de febrero y el 20 de octubre
del año siguiente, 1406, se dice que todavía no había satisfecho dicho impues-
to (NAVARRO, editor, 2008, pp. 448, 527, 535 y 545).
En líneas generales, se sabe que, a principios del siglo XII, los Urrea inter-
vinieron en la conquista de la taifa musulmana de Zaragoza y fueron dotados
por la monarquía con algunas de las tenencias más importantes del reino como
Calatayud, Daroca, Borja, Épila o la misma población que les da apellido, Urrea
de Jalón, a la cual debemos considerar el solar originario de esta familia, pues-
to que cinco años después de su toma de posesión por los cristianos feudales,
en 1124, ya figura como tenente de la misma un tal Pedro Jiménez (CORRAL,
2002). En marzo de 1170 figura Ximino de Orrea, senior in Epila, en mayo de
1177 don Ximeno in Orera, y en febrero de 1178 Exemino de Orreia, senior in
Epila et in Orreia (LEDESMA, 1991, docs. 95, 109bis y 112 respectivamente).
Recordemos que el sistema antroponímico hegemónico a fines del siglo XII
entre los nobles aragoneses consistía en incluir los topónimos del solar primi-
genio del linaje como apellido, designándose genéricamente así hasta las ramas
secundarias del mismo, como se comprueba con claridad en el caso de los
Berga, los Alagón, los Luna o los mismos Urrea. Por consiguiente, el topónimo

[ 66 ]
03. Germán Navarro 17/2/10 14:06 Página 67

LA FORMACIÓN DE LOS SEÑORÍOS DEL CONDADO DE ARANDA

convertido en apellido servía para identificar a linajes estables de nobles que, a


pesar de tener dispersas sus posesiones por varias zonas, reafirmaban de esa
manera su condición aristocrática inseparable desde el principio de la geografía
aragonesa, el reino del que procedían, uno de los símbolos más importantes
para su identidad social, máxime cuando dichas posesiones se extendían allen-
de de las fronteras (UTRILLA, 1999, pp. 464-466).
Lo que está harto demostrado y no voy a insistir en ello es que los Urrea
desde entonces siempre crecieron a la sombra de la monarquía aragonesa pues-
to que, cuando se ve su trayectoria completa desde la perspectiva de finales del
siglo XV, los privilegios y las donaciones de los reyes acumulados en reconoci-
miento de los servicios prestados devienen el ascensor principal que justifica su
escalada patrimonial durante once generaciones que viven a lo largo de los
doscientos cincuenta y cinco años que median entre 1233, la fecha de la dona-
ción de la tenencia de Alcalatén, y 1488, la fecha de la concesión del título de
conde de Aranda. La línea paterna de antepasados de Lope Jiménez de Urrea,
el primer conde, participó en la conquista del reino de Valencia junto a
Jaime I y a cambio obtuvo la tenencia de Alcalatén. Permaneció fiel a Pedro IV
durante las guerras de la Unión y en recompensa se le donó las baronías de
Biota y El Bayo, confiscadas a sus parientes. Apoyó la candidatura de Fernando
de Trastámara frente al conde de Urgel en tiempos del Interregno y del
Compromiso de Caspe y el hecho le valió la posesión de Almonacid de la
Sierra. Ayudó a Alfonso V en la guerra contra los genoveses y recibió como
premio el señorío de Trasmoz (SARASA, 1979, p. 225). Y la fidelidad y los ser-
vicios que prestó su casa noble a Fernando el Católico bien le valió la conce-
sión del título de conde de Aranda. Y esos son sólo algunos ejemplos de los
muchos más que se pueden poner. Habrá que documentar, por consiguiente,
pruebas concretas en que los Urrea aparezcan como personas influyentes o de
confianza para los reyes de Aragón, y en qué medida esa situación privilegiada
favoreció o no su promoción en el ámbito de las elites económicas y políticas
de la Corona de Aragón (NAVARRO, en preparación).

2. EVALUACIÓN GENERAL DE LOS SEÑORÍOS DEL CONDADO HASTA 1488


Otro gran problema que plantea este tema de investigación nos sitúa ante
las fuentes documentales disponibles tanto publicadas como inéditas, intentan-
do reconstruir el mapa señorial de los Urrea para hacernos una idea aproxima-
da de las características específicas de algunas de sus posesiones. En cuanto a
las fuentes publicadas debo señalar que se muestran dispersas, inconexas, des-
compensadas entre ellas, por lo que se comprenderá que uno de los principa-
les objetivos de mi intervención en estas jornadas haya sido agruparlas y con-
frontarlas entre sí o al menos darlas a conocer. Paralelamente, el inventario de

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las fuentes inéditas disponibles para el estudio del condado de Aranda ya ha


sido abordado con suficiente exhaustividad por María José Casaus (CASAUS,
2000), de manera que ahora es más fácil adentrarse con pies firmes en alguna
documentación interesante para aportar datos nuevos. Por ejemplo, yo he podi-
do hacerlo en el Fondo Híjar del Archivo Histórico Provincial de Zaragoza,
donde hay un grueso legajo que recoge copias y traducciones modernas de
antiguos privilegios, cartas pueblas, donaciones, sentencias y procesos relacio-
nados con la tenencia de Alcalatén en los siglos XIII-XV (AHPZ, Fondo Híjar,
IV-137). Además, en ese mismo fondo he estudiado un traslado de la escritura
de venta del vizcondado de Rueda efectuada en 1393 a favor del primer Urrea
que ostentó dicho título, así como otros documentos que aluden a los proble-
mas habidos con los acreedores de los censales cargados sobre las posesiones
de Alcalatén para pagar la compra del citado vizcondado (AHPZ, Fondo Híjar,
II-91-2 y IV-137).
Los lugares que pertenecieron a los Urrea en uno u otro momento de los
siglos XIII-XV en tierras de Aragón y Valencia, al menos fueron un total de
treinta y seis según las noticias de que dispongo. La gran mayoría de ellos esta-
ban en manos del primer conde de Aranda cuando éste recibió dicho título en
1488. En la tabla adjunta se señala el señorío concreto al que pertenecía cada
lugar, la provincia en la que se ubica hoy, la superficie en hectáreas (1 ha =
10.000 metros cuadrados) que poseen aquellas localidades que en la actualidad
son términos municipales, la oscilación en el número de fuegos u hogares de
población que tuvieron a lo largo de la Edad Media a tenor de los datos cono-
cidos (FALCÓN 1983 y SERRANO 1995-1997), el tipo de población cristiana o
mudéjar que los habitaba, la fecha de la documentación más antigua respecto
a su posesión por parte de los Urrea y, por último, el modo por el que fueron
adquiridos.
Se observará que los treinta y seis lugares se ubican entre cuatro provincias
actuales, a saber, veintiuno en la de Zaragoza, once en la de Castellón, tres en
la de Valencia y uno en la de Alicante. En cuanto a los señoríos en los que se
encuadran el más importante es la tenencia de Alcalatén que engloba once
lugares, seguido del vizcondado de Rueda con cinco, y las baronías de Biota y
Trasmoz con dos lugares cada una respectivamente. Las dieciséis localidades
restantes figuran aisladas e independientes a modo de microseñoríos autóno-
mos con extensiones muy diversas. En efecto, obsérvese que los términos
municipales actuales que ocupan lo que fue la antigua tenencia de Alcalatén
suman 39.284 hectáreas, con L’Alcora al frente que recoge en su término las
ruinas del castillo de Alcalatén y los lugares de Araia, La Foia d’Alcalatén y Les
Torreselles, aparte de su propia localidad cabecera. En el caso de Llucena su
término también incluye el despoblado de Benagüelid. Mientras tanto, en el
otro extremo, la alquería mudéjar de Mislata con sus 202 hectáreas deviene,

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pues, en un microseñorío, el más pequeño en extensión de todos, aunque nada


desdeñable en fuentes de riqueza por otra parte, puesto que se enclava en ple-
no regadío de la huerta de la ciudad de Valencia.
A finales del siglo XVI el condado de Aranda se arrendaba en dos bloques
de tierras, es decir, la baronía de Biota y El Bayo por un lado, y Urrea, Rueda,
Lumpiaque, Épila, Salillas, Lucena, Almonacid de la Sierra, Morés, Séstrica,
Nigüella, Mesones, Tierga, Jarque, Aranda y Pomer por el otro (ABADÍA 1993,
pp. 81-84). Si sumamos el número de hectáreas de los términos municipales de
Aranda, Urrea, Épila, Rueda y los otros anexos que todos juntos conforman un
territorio compacto, como puede apreciarse en el mapa de términos municipa-
les adjunto, la cifra resultante es de 76.174 hectáreas. Esta extensión hipotética
de los señoríos del primer conde de Aranda en Aragón se completaría además
con las hectáreas de las baronías de Biota (9.265) y Trasmoz (1.808), en total
unas 87.247. Quedaría fuera el término de Alfamén con sus 10.080 hectáreas,
cuya posesión sólo me consta a finales del siglo XIV y otros lugares como
Tobed, ni siquiera incluido en la tabla porque no dispongo de documentación
suficiente sobre su posesión. En el reino de Valencia habría que sumar a la
extensión de la tenencia de Alcalatén antes apuntada las 5.236 hectáreas que
como mínimo significarían juntas las alquerías de Sollana (4.105), Mislata (202)
y Benilloba (929) –no sé con certeza si Sollana y Pardines aún seguían estando
en manos del primer conde de Aranda–, de manera que estaríamos hablando
de 44.520 hectáreas. Así, pues, la estimación aproximada de la superficie total
que tendrían juntas las posesiones aragonesas (87.247) y valencianas (44.520)
del condado de Aranda alcanzaría las 131.767 hectáreas, el sesenta y seis por
ciento de ellas en el reino de Aragón.
Más impreciso se nos muestra el cálculo del número de habitantes que
poblaban y trabajaban tal extensión estructurada en treinta y seis lugares. Una
cifra significativa es la de los 519 fuegos por los que el noble Pedro Jiménez
de Urrea debía contribuir en 1405. Lo que ocurre es que sólo conocemos datos
de fuegos con cierta regularidad y posibilidad de comparación para las locali-
dades del reino de Aragón, y aun así a veces las oscilaciones de cifras suelen
ser fuertes en pocos años, por ejemplo en el caso de Aranda, que en 1489-1491
declara 94 fuegos y en 1495 hasta 205 (FALCÓN 1983, p. 264). Sea como fue-
re, siguiendo el fogaje general de 1495 puede hablarse de un millar de hogares
en el reino de Aragón bajo el señorío del conde de Aranda, población que
duplicaría los 519 fuegos de 1405, es decir, noventa años antes. En gran parte
se trata de lugares de población mudéjar en su totalidad. Además, muchas de
estas posesiones fueron adquiridas por vía de donaciones reales, como puede
observarse en la tabla, y en menor medida, por herencia de parientes colatera-
les a la línea paterna de ascendencia.

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Sin embargo, a pesar de todas estas informaciones, queda mucho por mati-
zar y resolver, porque hay otro gran problema de fondo en nuestro análisis que
desemboca en preguntas de mayor complejidad y profundidad si cabe. ¿Qué
bases materiales tuvieron durante la baja Edad Media estos señoríos del primer
conde de Aranda? ¿Qué actividades económicas se realizaban en sus tierras?
¿Qué tipo de rentas pagaba esta ingente cantidad de vasallos? ¿Bajo qué fór-
mulas de jurisdicción señorial vivían?
Esas preguntas no son nuevas, nos retrotraen bastantes años en las preo-
cupaciones de la historiografía española. Los señoríos nobiliarios constituye-
ron la forma dominante de organización político-institucional de las socieda-
des rurales de la Península Ibérica ya en época bajomedieval. El factor
decisivo para distinguir los diversos tipos de dominios señoriales es el ámbi-
to del ejercicio del poder de sus titulares a través de los privilegios de juris-
dicción, sin que exista por ello disociación alguna entre riqueza y política.
De hecho, para muchos nobles en el siglo XV lo más importante comenzaba
a ser no tanto las rentas agrarias que obtenían de la propiedad de la tierra
como el conjunto de derechos ejercidos sobre una amplia masa de campesi-
nos vasallos. El señorío fue por consiguiente una forma de organización de
la sociedad y, en algunas áreas, la forma de organización política más difun-
dida, aunque no fuese una estructura territorial compacta, pues más bien lo
habitual era lo contrario, la fragmentación y la dispersión de sus dominios a
veces entre varios reinos, sobre todo en los grandes patrimonios, como suce-
de con los Urrea. La concesión de señoríos y la constitución de mayorazgos
eran sin lugar a dudas medios contundentes para gobernar un país (IRADIEL
1997).
De forma paralela, debemos focalizar la atención en el nivel microeconómi-
co de las explotaciones señoriales, el nivel real donde se ejercen las exacciones
y se practican las opciones campesinas con el objetivo de adaptar mejor las
capacidades de producción en función de la tierra y de la mano de obra dis-
ponibles para satisfacer las necesidades esenciales de la comunidad vecinal
(IRADIEL 1993, p. 43). El señorío siempre estuvo compuesto por las explota-
ciones campesinas y por los concejos de sus dominios. El análisis del régimen
señorial aragonés hace años que confirmó que los señores mantuvieron por los
fueros del reino una absoluta y suprema potestad sobre los vasallos de sus tie-
rras, es decir, ejercían jurisdicción civil y criminal, alta y baja o mero y mixto
imperio. Jurisdicción, explotación de la tierra, monopolios y rentas enajenadas
eran los principales apartados en que se agrupaban las rentas señoriales. Por
otro lado, arrendamiento, trabajo asalariado y prestaciones personales fueron
los sistemas de explotación más habituales, combinados a veces entre sí
(COLÁS y SALAS 1982, COLÁS 1988).

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LA FORMACIÓN DE LOS SEÑORÍOS DEL CONDADO DE ARANDA

Para atajar estas cuestiones, empero, hemos de reconocer que la historio-


grafía aragonesa sigue volcando su interés más en el análisis de una comarca o
de una localidad del reino que en el estudio de la evolución económica y
social de sus señoríos. Ya lo decía hace quince años Gregorio Colás en aquel
gran congreso sobre Señorío y feudalismo en la Península Ibérica que organizó
la Institución Fernando el Católico en Zaragoza (COLÁS 1993, p. 54). Problemas
tan importantes como el de la naturaleza y contenido del señorío y quién otor-
ga el título de señor o la condición de vasallaje a la población de un territorio
están todavía por resolver en muchos lugares como los que aquí y ahora nos
ocupan. Por no hablar de la distinción entre señor y propietario, señorío y pro-
piedad, que tiene una indiscutible trascendencia metodológica, puesto que la
concesión de un dominio no significa automáticamente la posesión de los
recursos y de los medios de producción de la tierra, los cuales quedan a veces
en manos de los concejos, siendo el ejercicio de la jurisdicción la esfera de
acción fundamental para el señor. Y es que la jurisdicción no tiene por qué
coincidir con la propiedad, pues ésta no se limita sólo a la posesión de la tie-
rra. Todo ello dependerá del momento de la fundación de cada señorío, la
razón de la misma y el equilibrio de fuerzas que exista entre los vasallos y el
señor, y entre el señor y la monarquía. Por eso uno de los objetivos funda-
mentales que quiero plantear en este breve análisis de la formación de los
señoríos del condado de Aranda es el estudio de los documentos más impor-
tantes que atañen a las formas de jurisdicción y explotación económica que a
fecha de hoy se conocen o yo mismo puedo dar a conocer si no como nuevos
materiales inéditos.

3. CARTAS PUEBLAS, TOMA DE POSESIÓN Y ARRENDAMIENTOS

Desde el siglo XIII, las cartas de población fijaron las primeras condiciones
de propiedad y explotación de los señoríos bajomedievales y modernos, man-
teniéndose muchos de ellos prácticamente sin cambios hasta el siglo XIX. Las
cartas fueron los documentos utilizados siempre por campesinos y señores en
sus pleitos y el quebrantamiento de los pactos que contenían las mismas esta-
ba en la base de los principales fenómenos de conflictividad. En ese sentido,
por lo que respecta a los señoríos del condado de Aranda, se conocen los tex-
tos de cinco cartas pueblas correspondientes a los lugares valencianos de
Alcalatén en 1233, Sollana en 1277, Xodos en 1292, L’Alcora en 1305 y Llucena
en 1335. En contraste sólo disponemos para la parte aragonesa de la carta pue-
bla de Tierga del año 1334 que, en verdad, fue otorgada por una rama colate-
ral de los Urrea (MAINÉ, 1993). De forma complementaria, hay un acto de
homenaje y toma de posesión de la morería de Mislata del año 1476 (NAVA-
RRO, 2005, pp. 126-127 y 132-136) y sendos capítulos de arrendamiento de

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Jarque en 1439 (MACHO 1922-1923, doc. 26) y de Benilloba en 1477 (HINO-


JOSA, 1999-2002, pp. 57-65 y 68-72).
La documentación hallada en el Archivo Histórico Provincial de Zaragoza
acerca de la jurisdicción señorial de la tenencia de Alcalatén y los censales car-
gados sobre la citada tenencia para pagar la compra del vizcondado de Rueda,
con todos los problemas con los acreedores de los mismos que vinieron des-
pués, es de sumo interés. Carlos López ya había estudiado dichos problemas a
partir de diversas noticias del siglo XV encontradas en el Archivo del Reino de
Valencia y en el Archivo de la Corona de Aragón (LÓPEZ, 1995). La informa-
ción que proporciona el Fondo Híjar del Archivo Histórico Provincial de
Zaragoza nos permite retrotraernos al origen de ese endeudamiento de los
Urrea a finales del siglo XIV y avanzar nuevos datos en esta cuestión tan
importante en que se implican aspectos de jurisdicción y explotación económi-
ca al unísono, a la vez que se interconectan también las tierras, los fueros y las
vidas de los vasallos de los Urrea entre ambos reinos de Aragón y Valencia.
La donación del castillo y lugar de Alcalatén se efectuó en Burriana el 24 de
julio de 1233. El pergamino original no está localizado pero existen diversos tras-
lados en papel y traducciones de época moderna en el Fondo Híjar gracias a los
cuales es posible acceder a los contenidos del documento. La copia más antigua
está fechada en 1599 y la llevó a cabo la corte antigua del Justicia de Aragón a
partir del pergamino original depositado en el archivo del palacio del Real de
Valencia (AHPZ, Fondo Híjar, IV-137 y I-301-1). En el documento Jaime I conce-
de a Jimeno de Urrea, como agradecimiento por los muchos servicios prestados,
el término del castillo y tenencia de Alcalatén, incluyendo alquerías, casas, cam-
pos y tierras cultivadas o por cultivar con aguas, hierbas, maderas, árboles y
montes. El rey no le otorgó ninguna jurisdicción señorial específica a la tenencia
ni explicitó en el documento bajo qué fueros se acogerían sus habitantes.
Cuarenta años después, el 10 de abril de 1277, Jimeno de Urrea –no sabemos
si el anterior o su hijo homónimo– otorgó carta puebla para repoblar con cristia-
nos y en pleno regadío la alquería de Sollana junto a la Albufera de Valencia
(GUINOT, 1991, doc. 179). El señor se reservaba la quinta parte de la producción
de trigo, vino y aceite, aparte del derecho de hueste y cabalgada, absolviendo en
contrapartida a los repobladores de luismo y fadiga, questia, exacción, tolta, for-
cia, cena, dono y servicio. La justicia y las penas se aplicarían según las costum-
bres de la ciudad de Valencia (secundum et consuetudines Valentinas).
Con un nuevo salto en el tiempo de veinte años más, otra de las cartas pue-
blas más antiguas acerca de los lugares de la tenencia de Alcalatén es la de
Xodos del 17 de junio de 1292 (GUINOT 1991, doc. 224). Es un texto muy bre-
ve en el que Jimeno de Urrea, señor de aquellas tierras, encargó a dos perso-
nas la repoblación del término de Xodos a décima y primicia y con hierbas y

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prados, montes y aguas, e todas aquellas costumbres que nulla puebla e buena
deve haver al buen fuero de Çaragoça. En contrapartida, se retuvo para sí hues-
te y cabalgada, horno y molino, jurando el citado señor sobre la cruz y el libro
de los Santos Evangelios que cumpliría las conveniencias establecidas con esas
dos personas. Las ordenanzas municipales más antiguas de Xodos son del siglo
XVI, bastante tardías, pero tal vez permitan ver cómo se seguiría aplicando la
justicia por costumbre desde siempre, a fueros de Aragón o de Valencia (DÍAZ
1993).
La carta puebla de L’Alcora es del 31 de diciembre de 1305. En ella Juan
Jiménez de Urrea, señor de Monteagudo y Alcalatén, otorga el término de
L’Alcora a 110 repobladores cristianos a fuero de Aragón (GUINOT 1991, doc.
241). El documento es extenso y muy detallado y afecta directamente a la que
parece ser la población más importante de la tenencia a principios del siglo
XIV (la villa mia que es dicha la Puebla de la Alcora d’Alcalaten) con todo el
término de aquella, casas, casales, huertas, viñas, plantas, tierras labradas y yer-
mas, aguas, azudes, acequias, ríos y fuentes. El señor otorga muchas concesio-
nes a los repobladores, comenzando por el reconocimiento de su propia orga-
nización concejil al permitir la elección de sus oficiales municipales. Permite el
libre uso de instalaciones múltiples como la fragua de la herrería, la carnicería,
la pescadería, la cocción de pan, los pastos, la extracción de recursos naturales
(leña, cal, yeso), las calderas para teñir paños, la escribanía, la dehesa de Araia
y el agua que llega al término por el río de Llucena. En contrapartida –y esto
es lo que más nos interesa– retiene para sí como monopolios señoriales los
hornos, los molinos, el mercado, el peso, la lezda, el peaje, las ferias y todo
aquello que se acostumbra a fuero de Aragón. Específicamente el señor se
reserva diez quiñones de tierra para una decena de mudéjares que podrán
asentarse allí con su alamín. Y al año siguiente de concederse esta carta pue-
bla, en 1306 el rey Jaime II otorgará a L’Alcora un privilegio para que celebre
mercado los miércoles de cada semana. El pergamino original con su sello pen-
diente se conserva en perfectas condiciones en el Archivo Histórico Provincial
de Zaragoza (AHPZ, Fondo Híjar, IV-137) y fue emitido por el rey a súplica del
mismísimo señor de Alcalatén, el citado Juan Jiménez de Urrea.
La carta puebla de Llucena fue concedida por Toda Pérez de Urrea, señora
de Alcalatén, y su hijo Juan Jiménez de Urrea, en L’Alcora el 6 de mayo de
1335 (GUINOT 1991, doc. 265). Existe copia original en papel en el Archivo
Histórico Provincial de Zaragoza. Debe ser esa copia B no fechada y realizada
por el notario de Llucena Jaume Sala que Guinot considera perdida. Está escri-
ta en L’Alcora predie nonas madii, a saber, el 8 de mayo (AHPZ, Fondo Híjar,
IV-137). En el documento aparte de los otorgantes figura también como pre-
sente Teresa de Entenza, madre de Toda Pérez de Urrea. No parece tratarse de
la primera carta puebla del lugar a tenor del preámbulo que tiene y en el cual

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se alude a los agradables servicios que siempre han prestado a este señorío los
hombres buenos y el vecindario del concejo de Llucena. La concesión se hace
a fuero de Aragón e buen uso e costumbre de Zaragoza. Es parecida a la carta
puebla de L’Alcora en extensión y en detalle de derechos, reteniéndose el
señor también aquí los hornos y los molinos, estableciendo el pago de diezmos
y primicias. Como particularidad cabe notar que aparecen reflejados en el docu-
mento los pueblos lindantes con el término de Llucena, a saber, Xodos,
Vilamalefa, Ludiente, Argelita, Artana, Alcalatén, Les Useres y El Castellar.
Frente a esas cinco cartas pueblas de los lugares valencianos bajo el señorío
de los Urrea sólo disponemos de un documento de estas características para la
parte aragonesa, la carta puebla de Tierga del año 1334 (MAINÉ, 1993). Fue
otorgada por Pedro Jiménez de Urrea, alias Pedro Cornel, obispo de Huesca,
hijo de Jimeno de Urrea, señor de Biota y El Bayo, hijo a su vez de Toda Pérez
Cornel, de la llamada “rama aragonesa” de los Urrea, a la que se les confiscó
en tiempos de Pedro IV su baronía en beneficio de los señores de Alcalatén,
sus parientes valencianos. Por tanto, el documento sería excepcional también
en el sentido de su otorgante a efectos de compararlo en pie de igualdad con
las cartas pueblas valencianas, otorgadas todas por los Urrea de la “rama valen-
ciana”.
Al respecto, el único documento sobre los señoríos aragoneses de los Urrea
que puede anotarse aquí por ahora es el de los capítulos de arrendamiento de
las rentas señoriales de Jarque del año 1439, firmados por Francisco Muñoz,
procurador de Lope Jiménez de Urrea, señor del vizcondado de Rueda
(MACHO 1922-1923, doc. 26). Su arrendador fue Jaime Vidal, ciudadano de
Zaragoza, quien pagaría un precio anual de 4.500 sueldos por valor de todas
las rentas y derechos del citado lugar durante los tres años convenidos en el
contrato. Entre dichas rentas estaban la colecta de la pecha que se pagaba al
señor (2.260 sueldos anuales), el horno de la morería (entre 120 y 140 sueldos
anuales), el molino, el herbaje, la juvería. Además se arrendaba entre otros tri-
butos el llamado “derecho de particiones”, consistente en el quinto de las cose-
chas del monte (trigo, ordio, avena, panes, hilazas, lino, cáñamo, habas, nue-
ces, uvas, cebollas, ajos, nabos, etc.), el noveno de las cosechas de regadío, y
el onceno de las heredades mudéjares que antes hubiesen sido cristianas. El
derecho del peaje no entraba en el arriendo porque ya había sido arrendado
aparte junto al de la villa de Aranda. Por último, el arrendador anticiparía 6.000
sueldos por el precio total de los tres años que iba a durar dicha explotación
económica. De forma complementaria a estos capítulos de arrendamiento se
han localizado diversas noticias sobre el señorío de los Urrea en Jarque y
Aranda a mediados del siglo XV en los fondos de Épila del Archivo de
Protocolos de La Almunia de Doña Godina (MARÍN, 1993).

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Volviendo a tierras valencianas, hay un acto de homenaje y toma de pose-


sión de la morería de Mislata del año 1476 a cargo de un procurador del futu-
ro primer conde Aranda (NAVARRO, 2005, pp. 126-127 y 132-136). Se trata del
doncel Alfonso Muñoz que actúa en nombre de Lope Jiménez de Urrea, hijo y
heredero del difunto Lope Jiménez de Urrea, virrey de Sicilia, fallecido allí ese
mismo año: lo qual és mort en Sicília éssent visrey de aquell regne, lo qual en
la sua fi ha feyt testament ab lo qual ha feyt e instituhit hereu seu lo noble don
Lop d’Urrea, fill d’aquell legítim e natural. El acto de procuración se realizó en
Zaragoza en presencia del notario Antón Maurán el 9 de marzo de 1476. Por su
parte, la toma de posesión se llevó a cabo en presencia del notario valenciano
Joan del Mas dos meses después, el 27 de mayo. En el texto se describe el
ritual del procurador visitando los lugares principales de la morería: la mezqui-
ta, la plaza, la carnicería, el horno, el molino, la cárcel. Se establece siempre un
diálogo protocolario entre el procurador del señor y los vasallos mudéjares,
representados por la voz de su alamín. Además se destituye y vuelve a nom-
brar al citado alamín, a la vez que a requerimiento de los vasallos se indulta al
carnicero de la morería por un crimen del que se le había acusado falsamente.
No se expresan las rentas o tributos concretos que deben pagarle al señor, sino
que todo se centra en la implantación simbólica de su jurisdicción mediante un
gesto que se repite una y otra vez en cada uno de los lugares que visita dicho
procurador: de la dita mesquita anà a la plaça de la dita moreria e ab un col-
tell tallà una rama de una de aquelles moreres que són en la dita plaça e manà
que, encara per major senyal de possessió de la jurisdicció criminal que lo dit
senyor te en la dita moreria, fou penjada la dita rama ab una corda en la una
de les dites moreres. Lo mismo sucede cuando el procurador corta otra rama de
morera y la cuelga con una cuerda del árbol que estaba junto a la puerta del
molino en senyal de suprema jurisdicció que lo dit senyor te en los vasalls del
dit loch.
Por último, los capítulos de arrendamiento de la alquería de Benilloba están
fechados el 28 de marzo de 1477 (HINOJOSA, 1999-2002, pp. 57-65 y 68-72).
La noble Toda de Centelles, procuradora y hermana de Calatayuva de Centelles,
viuda del noble Lope Jiménez de Urrea y madre del primer conde de Aranda,
arrendó a Gaspar de la Tonda, vecino de Penáguila, las rentas y los derechos
de Benilloba consistentes en particiones de cosechas (el tercio de los trigos y
de los linos, la mitad del aceite) y tributos de toda índole como el tercio diez-
mo del carnaje, el herbaje (per cascuna cabeça hun diner e per cascun buch de
abelles hun diner) o el besante (doce sueldos por casa o heredad poblada).
Además, interesa subrayar el hecho de que la citada Toda de Centelles nombró
procurador de la señora del lugar, su hermana Calatayuva, al mismo arrendador
Gaspar de la Tonda para que pudiera ejercer en su nombre la jurisdicción cri-
minal y todas las otras regalías que tenía sobre los vasallos y tierras de

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Benilloba. En respuesta, el citado arrendador y procurador judicial prestó


homenaje de manos sobre los Santos Evangelios y homenaje de boca besando
en el muslo a la dicha señora, comprometiéndose a custodiar fielmente el cas-
tillo o alcázar de aquel lugar en su nombre. El arriendo fue para cuatro años,
prorrogables uno más, al precio de 5.900 sueldos valencianos anuales.
La comparación de estos ocho documentos reseñados por orden cronológi-
co sobre Alcalatén (1233), Sollana (1277), Xodos (1292), L’Alcora (1305),
Llucena (1335), Jarque (1439), Mislata (1476) y Benilloba (1477) permite apor-
tar algunas hipótesis de trabajo interesantes. Está claro que las interpretaciones
se vuelcan totalmente a la realidad de los señoríos valencianos de los Urrea,
poblados todos a fueros de Aragón salvo Sollana. En gran parte de ellos la
explotación económica y la plena jurisdicción del señor conviven de manera
clara y se complementan. En todos los casos la presencia mudéjar es bien
latente y se corresponde con un elevado número de exacciones señoriales
específicas, como los habituales derechos de particiones o especialmente el
pago de besante en la alquería de Benilloba por poner ejemplos claros. Lo que
puede tratarse de una tendencia progresiva a medida que pasan los años es la
gestión indirecta de los señoríos a través de capítulos generales de arrenda-
miento que proporcionan un renta fija y segura a los Urrea frente a las dificul-
tades que debía suponer la explotación directa de los mismos, máxime tenien-
do en cuenta la fragilidad del tipo de exacciones aplicadas sobre la partición de
las cosechas, las cuales en épocas de crisis agrarias debían derrumbar los ingre-
sos señoriales, de ahí que se buscasen nuevas fórmulas económicas, entre las
cuales se contemplaba la compra de señoríos en tierras fértiles con vasallos
mudéjares, como veremos a continuación en el caso concreto del vizcondado
de Rueda.

4. EL VIZCONDADO DE RUEDA Y LA TENENCIA DE ALCALATÉN


La venta del vizcondado de Rueda y de los castillos y villas de Épila y
Rueda se escrituró en la misma Épila el 7 de enero de 1393 ante el notario
zaragozano Domingo Pelagut. En el Archivo Histórico Provincial de Zaragoza se
conserva una copia simple de dicha venta sacada en 1838 del documento ori-
ginal que estaba entonces en el Archivo de Aliaga (AHPZ, Fondo Híjar, II-91-2).
En realidad, el texto se reproduce inserto en otro documento del rey Juan I
confirmando el traspaso de derechos entre los vendedores, Ramón, vizconde de
Perellós, y su esposa Sevilia, y el comprador, Lope Jiménez de Urrea, nobili et
dilecto consiliario et camarlengo nostro, señor de la tenencia de Alcalatén. El
precio es 42.500 florines de oro y la compra incluye omnimoda jurisdiccione
civili et criminali, alta et vaxa, mero et mixto imperio, et pleno exercitio ipsorum
hoste exercituum et cabalgata, et redemptionibus ipsorum. Se insiste además en

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LA FORMACIÓN DE LOS SEÑORÍOS DEL CONDADO DE ARANDA

que la tierra vendida se produce in regno Aragonum, situata in tali et tam


bono territorio et comarca, et tanti valoris reddituum. Un año después, el 24 de
marzo de 1394, se firmó una escritura de cargamiento de censales sobre los
bienes y rentas de los municipios de Llucena, L’Alcora, Alcalatén, Les Useres y
Xodos, los cinco lugares principales de la tenencia de Alcalatén, con el objeto
de poder pagar el precio estipulado para la compra del vizcondado de Rueda.
El documento original se encuentra en el Archivo Histórico Provincial de
Zaragoza dentro del amplio legajo sobre la tenencia de Alcalatén que he estu-
diado para la presente ponencia (AHPZ, Fondo Híjar, IV-137). Dichos censales
suman un capital total de 121.000 sueldos valencianos prestados con un interés
anual del 8’33 por ciento. Los contratos fueron firmados ante diversos notarios
de Valencia entre los días 11 y 18 de marzo de 1394 y significaban el pago de
hasta 10.083 sueldos y 4 dineros de intereses anuales, repartidos entre trece
pensiones censales distintas cuyos acreedores eran las siguientes personas:
- Saura de Arenós, mujer del noble Joan de Bellvis, habitante de la ciudad
de Valencia, 500 s. anuales por 6.000 s. (notario Salvador Ferrando, 11 de
marzo).
- Leonard Gómez, notario de Valencia, 500 s. anuales por 6.000 s. (notario
Joan Çaera, 11 de marzo).
- Pere Gençor, ciudadano de Valencia, 500 s. anuales por 6.000 s. (notario
Bernat de Falchs, 11 de marzo).
- Arnau Olives, armero de Valencia, 1.100 s. anuales por 13.200 s. (notario
Bernat Guillem, 12 de marzo).
- Blanca Jiménez de Lumberi, mujer del honrado Ruiz Sánchez de Calatayud,
habitante de Valencia, 1.000 s. anuales por 12.000 s. (notarios Miquel
Solsona y Joan Corver, 12 de marzo).
- Martín Salzadella, pelaire de Valencia, 500 s. anuales por 6.000 s. (notario
Joan Gómiz, 12 de marzo).
- Martí Eximénez Romeu, habitante de Gandía, 500 s. anuales por 6.000 s.
(notario Pere d’Olzina, 14 de marzo).
- Juan Sarayo, ciudadano de Valencia, 500 s. anuales por 6.000 s. (notario
Esteve Julià, 14 de marzo).
- Elionor Çafont, mujer del noble Ramonet Alamany de Cervelló, habitante
de Valencia, 1.100 s. anuales por 13.200 s. (notario Joan de Sant Vicent, 17
de marzo).
- Alidsén de Romaní, mujer del noble Eximén Pérez d’Arenós, habitante de
Valencia, 1.000 s. anuales por 12.000 s. (notario Pere Basella, 18 de marzo).
- Damiata Boïl, viuda del noble Dalmau de Cervelló, habitante de Valencia,
1.000 s. anuales por 12.000 s. (notario Pere Basella, 18 de marzo).

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GERMÁN NAVARRO ESPINACH

- Ramona, viuda de Ferrando d’Asio, vecina de Valencia, 500 s. anuales por


6.000 s. (notario Pere Basella, 18 de marzo).
- Mateu Vidal, ciudadano de Valencia, 1.383 s. 4 d. anuales por 16.600 s.
(notario Ramón Pont, 18 de marzo).
¿Qué pasó después con esas deudas contraídas sobre los lugares de la
tenencia de Alcalatén? Según la documentación del Archivo del Reino de
Valencia (LÓPEZ, 1995), la reina María, esposa de Alfonso V el Magnánimo,
concedió en 1423, a petición de Pedro Jiménez de Urrea, señor de la tenen-
cia, y de los jurados de las villas afectadas, facultad para imponer sisas duran-
te cinco años para exonerarse de las cargas censales que pesaban sobre sus
concejos. Sin embargo, Pedro Jiménez de Urrea había fallecido en 1421 antes
de obtener la concesión y, por tanto, la responsabilidad de las deudas con-
traídas ya se había traspasado a su viuda Teresa de Híjar, encargada de la
tutela de su hijo Pedro. Las reclamaciones de los acreedores no habían cesa-
do de pesar sobre ellos y los nuevos señores optaron por refugiarse tenaz-
mente en los fueros de Aragón para frenar las exigencias del gobernador de
Valencia, quien quería ejecutar el embargo de los bienes de la tenencia ate-
niéndose a la costumbre foral valenciana por la cual, el impago de deudas
contraídas por los señores recaía sobre sus vasallos. Al respecto, en diciembre
de 1427, un procurador de Teresa de Híjar presentó ante el gobernador del
reino de Valencia una carta de Alfonso V del año 1425 en que se confirmaba
la aplicación histórica de los fueros y usos de Aragón en la tenencia de
Alcalatén.
En el Archivo Histórico Provincial de Zaragoza hay prueba de otra gestión
paralela que la viuda de Urrea realizó en ese mismo sentido ante el justicia de
Aragón. Se trata de un escrito original fechado en Zaragoza el 10 de septiem-
bre de 1428 (AHPZ, Fondo Híjar, IV-137). En él se subraya que los señores de
Alcalatén disfrutaban de plena jurisdicción en dicha tenencia a principios del
siglo XV, aunque con la particularidad de que para los vasallos regían los fue-
ros de Valencia, mientras que los señores estaban sujetos a los fueros de
Aragón. En efecto, el 30 de mayo de 1354 un privilegio emitido en Barcelona
por el rey Pedro IV hacía donación de la jurisdicción civil y criminal y del mero
y mixto imperio de dicho señorío a Juan Jiménez de Urrea, a condición de que,
tras mutuo acuerdo entre dicho noble y los habitadores de los lugares de
Alcalatén, éstos pasasen a ser juzgados a fuero de Valencia, renunciando al fue-
ro de Aragón, el cual quedaba aplicado exclusivamente al señor. Otro privile-
gio posterior del rey Juan I, fechado en Valencia el 22 de marzo de 1396 lo
confirmaría (AHPZ, Fondo Híjar, IV-137).
Ahora bien, desde el siglo XIII, concretamente desde un privilegio del rey
Pedro III del 9 de octubre de 1283 se establecía que los lugares de la tenencia

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LA FORMACIÓN DE LOS SEÑORÍOS DEL CONDADO DE ARANDA

de Alcalatén fuesen juzgados a fuero de Aragón como lugares que eran funda-
dos según sus cartas pueblas a fuero de Aragón. Una copia de este documen-
to del año 1786 se conserva asimismo en el Archivo Histórico Provincial de
Zaragoza (AHPZ, Fondo Híjar, IV-137). Por ello, Alfonso V aceptó inicialmente
los recursos presentados por los señores de Alcalatén ante el justicia de Aragón
contra los agravios cometidos por los oficiales del reino de Valencia. Y aunque
el asunto se redujese a un problema simple de técnica jurídica respecto al pro-
cedimiento a seguir por parte de la gobernación valenciana, en verdad, res-
pondía a una estrategia política nítida asentada a conveniencia sobre las bases
de la dualidad foral del reino de Valencia. Como bien se sabe la llamada “juris-
dicción alfonsina” de 1329 ya puso de manifiesto su interés por erradicar ese
doble ordenamiento jurídico, favoreciendo la difusión del derecho valenciano,
pero no lo logró y el problema persistió en el futuro para muchos señoríos
levantinos cuyos titulares eran aragoneses: Jérica, Paterna, Benaguasil, Arenós,
Xelva, Xiva, Bunyol, etc. (LÓPEZ, 1995, p. 263; NAVARRO 2000).
El desenlace final de esta historia que vinculó directamente la compra del
vizcondado de Rueda a costa de la tenencia de Alcalatén se zanjó antes de
1450. Las disputas entre Teresa de Híjar y sus acreedores llegaron hasta las cor-
tes valencianas de 1437-1438 en que se hablaba de más de 8.000 libras carga-
das en censales sobre la tenencia (LÓPEZ, 1995, p. 268). Como hemos visto,
sólo la deuda contraída por la venta del vizcondado ya alcanzó las 6.050 libras
(121.000 sueldos, 1 libra son 20 sueldos). En esas circunstancias, se ordenó en
1439 proceder a la ejecución de los embargos y se reclutó un ejército de más
un millar de hombres para que las tropas reales ocupasen la tenencia en nom-
bre de la corona. En ese instante, la gran influencia del linaje de los Urrea en
el entorno real les permitió un trato de favor por parte de la monarquía, a la
vez que sus vasallos de la tenencia mostraron resistencia armada a la entrada
de las tropas del lugarteniente del gobernador de Valencia mediante una
revuelta general acontecida en 1440, tal vez instigada por los mismos Urrea.
Según los señores de Alcalatén, los oficiales del reino de Valencia, antes de
irrumpir y pretender usar su jurisdicción en dicha tenencia deberían haber jura-
do los fueros de Aragón, de modo que el intento de ocupación y las medidas
adoptadas contra la resistencia eran ilegales y contrafuero. Así que todo el pro-
cedimiento fue suspendido y las reclamaciones de los acreedores quedaron
archivadas. Detrás de todo, como puede observarse, se entrelazaban cuestiones
de política y economía donde pesaban las relaciones privadas e invisibles a
simple vista entre señores y reyes con influencias y favores de por medio en
un contexto de dualidad de fueros y dualidad de reinos. Sin olvidar que en
1440, el propio Pedro Jiménez de Urrea, el hijo de Teresa de Híjar, acabó sien-
do nombrado nuevo gobernador del reino de Valencia en defensa de los inte-
reses de la monarquía (LÓPEZ, 1995, p. 271).

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GERMÁN NAVARRO ESPINACH

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03. Germán Navarro 17/2/10 14:06 Página 82

GERMÁN NAVARRO ESPINACH

ASCENDENCIA PATERNA DEL PRIMER CONDE DE ARANDA:


LOS JIMÉNEZ DE URREA, SEÑORES DE ALCALATÉN (SIGLOS XIII-XV)

Jimeno de Urrea (c. 1233) (primer señor de la tenencia de Alcalatén


y de las alquerías de Sollana y Pardines)
& María Rodrigues (dama portuguesa)

«
Jimeno de Urrea (c. 1301) (señor de Alcalatén) & Toda Pérez Cornel (señora de Biota y El Bayo)
«

«
Juan Jiménez de Urrea (c. 1320) (señor de Alcalatén) Jimeno de Urrea (señor de Biota y El Bayo)
& Teresa de Entenza
«

Toda Pérez de Urrea (c. 1335) (señora del Alcalatén) & Artal de Alagón (señor de Sástago)
«

«
Juan Jiménez de Urrea (c. 1325-1354) Blasco de Alagón, hijo primogénito
(señor de Alcalatén y de Biota) (señor de Sástago)
& María Jiménez de Atrosillo
«

Juan Jiménez de Urrea Jimeno de Urrea (señor de Biota)


(c. 1371-1388)
(señor de Alcalatén)
«

& Ramoneta de Boïl


(señora de Mislata)

Lope Jiménez de Urrea (c. 1388-1404)


(señor de Alcalatén, Biota y Aranda, y primer vizconde de Rueda)
«

Pedro Jiménez de Urrea (+1421) (señor de Alcalatén y vizconde de Rueda) & Teresa de Híjar
«

Pedro Jiménez de Urrea (+1469) (señor de Alcalatén y vizconde de Rueda) & María Bardají
«

Lope Jiménez de Urrea (+1476) (señor de Alcalatén, vizconde de Rueda y virrey de Sicilia)
& Calatayuva de Centelles
«

Lope Jiménez de Urrea (+1490) (primer conde de Aranda, señor de Alcalatén y vizconde de Rueda)
& Catalina Fernández de Híjar

[ 82 ]
03. Germán Navarro 17/2/10 14:06 Página 83

LA FORMACIÓN DE LOS SEÑORÍOS DEL CONDADO DE ARANDA

INVENTARIO DE LOS LUGARES PERTENECIENTES A


LOS SEÑORÍOS DEL CONDADO DE ARANDA EN LOS REINOS
DE ARAGÓN Y VALENCIA (1233-1488)

Lugar Señorío Prov Has Fuegos Tipo Inicio Modo


Alcalatén T. Alcalatén CS 1.233 DR
Alcora (L’) T. Alcalatén CS 9.529 110 C 1305 DR
Alfamén Z 10.080 38 M 1394
Almonacid de la Sierra V. Rueda Z 5.367 55-88 M 1412 DR
Araia T. Alcalatén CS DR
Aranda (de Moncayo) Z 9.129 90-205 C/M 1386 H
Bayo (El) B. Biota Z 1350 H
Benagüelid T. Alcalatén CS M DR
Benilloba A 926 M 1455 DR
Biota B. Biota Z 9.265 17 1350 H
Costur T. Alcalatén CS 2.204 DR
Épila V. Rueda Z 19.225 161 C/M 1393 C
Figueroles T. Alcalatén CS 1.269 DR
Foia d’Alcalatén (La) T. Alcalatén CS DR
Jarque Z 4.294 43-51 C/M 1386 H
Llucena (del Cid) T. Alcalatén CS 13.808 C 1335 DR
Lucena (de Jalón) Z 1.050 9 M 1386 H
Lumpiaque Z 2.887 30 M 1482 C
Mata de Castilviejo (La) B. Trasmoz Z 1437 DR
Mesones (de Isuela) Z 4.843 63-70 M 1386 H
Mislata V 202 40 M 1388 H
Morés Z 1.556 60 M 1415 DR
Nigüella Z 3.062 36-47 M 1386 H
Pardines (de Algemesí) V M 1238 DR
Pomer Z 3.301 9-29 C 1386 H
Rueda (de Jalón) V. Rueda Z 10.284 43 M 1393 C
Salillas (de Jalón) V. Rueda Z 252 10 C 1445 C
Sestrica V. Rueda Z 1.663 33 M 1386 H
Sollana V 4.105 57 M 1237 DR
Suñén (de Épila) Z 1482 C
Tierga Z 6.634 25-36 C 1334
Torreselles (Les) T. Alcalatén CS DR
Trasmoz B. Trasmoz Z 1.808 70 C/M 1437 DR
Urrea (de Jalón) Z 2.627 50 M 1443 C
Useres (Les) T. Alcalatén CS 8.056 DR
Xodos T. Alcalatén CS 4.418 C 1292 DR

Abreviaturas empleadas por columnas: Señorío (B – Baronía, T – Tenencia, V – Vizcondado); Pro – Provincia
actual (A – Alicante, CS – Castellón, V – Valencia, Z – Zaragoza); Has – Hectáreas de superficie (1 ha = 10.000
metros cuadrados); Tipo de población (C – Cristianos, M – Mudéjares, C/M – Mixta de cristianos y mudéjares);
y Modo de adquisición (C – Compra, DR – Donación Real, H – Herencia).

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03. Germán Navarro 17/2/10 14:06 Página 84

GERMÁN NAVARRO ESPINACH

[ 84 ]
04. M.ª Teresa Iranzo 17/2/10 14:08 Página 85

ARQUEOLOGÍA DEL ARCHIVO: INVENTARIOS DE


LOS CONDES DE ARANDA

M.ª TERESA IRANZO MUÑÍO

Directora del Archivo Histórico Provincial de Zaragoza

“...mostrarme los ynventarios de papeles porque asi puedo saber todo lo que ay
en el archivo y no ay duda que por estos ynventarios se govierna (...), de tal
suerte que sin ellos quedaría todo en la maior obscuridad y confusión. Siendo,
pues, los inventarios por donde se goviernan todos para el conocimiento y uso
de los papeles (...) y los inventarios tienen más que son unos apuntamientos o
brebes sumas de los papeles hechos con particular bista de ellos y por los mayo-
res hombres que ha tenido el archivo...”
Diego José Dormer, Carta al Secretario de la Cámara de Castilla, cit. Diego
Navarro, Los fondos documentales del archivo del reino de Aragón, p. 188.

LA FUNCIÓN SIMBÓLICA DEL ARCHIVO SEÑORIAL

En esta contribución a las Jornadas, que parte de mi contacto con la docu-


mentación señorial que se conserva en el Archivo Histórico Provincial de
Zaragoza, en particular con el fondo de la Casa Ducal de Híjar, con el cual ven-
go trabajando desde hace años1, me he propuesto descubrir y mostrar la fun-
ción que desempeña el archivo señorial de los condes de Aranda, que consti-
tuye una parte sustancial de este fondo, dentro del entramado de las relaciones
de poder que se establecieron entre las poblaciones, los hombres y los territo-

1
Este trabajo se inscribe en las líneas de investigación del Grupo CEMA, Grupo de Investigación de
Excelencia, reconocido y financiado por el Gobierno de Aragón. Cfr. Mª T. IRANZO MUÑÍO, “El archi-
vo de la Casa Ducal de Híjar. Memoria, poder y relaciones de parentesco en España, siglos X-XX” en
Jornadas sobre el Señorío-Ducado de Híjar: Siete siglos de historia nobiliaria española. Híjar:
Ayuntamiento y Centro de Estudios del Bajo Martín, 2007, pp. 187-210; “Orani nel fondo Híjar
dell’Archivio Storico Provinciale di Zaragoza” en Atti del Convengo Il Marchesato di Orani, 2006:
[Link] [publicación electrónica]; “Fuentes archivísticas para el
estudio de la nobleza en Aragón en la Edad Media” en II Jornadas Estudios sobre Aragón en el umbral
del siglo XXI, organizadas por el ICE en Alcorisa (Teruel), diciembre de 2000.

[ 85 ]
04. M.ª Teresa Iranzo 17/2/10 14:08 Página 86

M.ª TERESA IRANZO MUÑÍO

rios de los antiguos señoríos y los titulares de los derechos, unas relaciones
económicas y sociales de dependencia mutua pero desigual, que significaron
también, de alguna manera, una convergencia de intereses en el tiempo histó-
rico.
De cuanto sucedió en esa larga época de dominación señorial en relación
con las gentes de estas comarcas vinculadas con los condes de Aranda, de las
condiciones de vida de los vecinos, de su trabajo y de muchos aspectos de su
vida cotidiana, lo que nos ha llegado en mejor estado, a veces casi lo único y
lo más real, nuestro asidero para hacer historia, es la documentación conserva-
da en el archivo señorial. Para las poblaciones que formaron parte de aquellos
dominios, el archivo señorial tiene un suplemento de credibilidad en la medida
en que soporta un mensaje con un contenido específico y contiene testimonios
textuales susceptibles de ser interpretados por nosotros, además de valores tes-
timoniales de enorme interés –conserva relaciones nominales de vecinos, reper-
torios de derechos seculares, indagaciones sobre la distribución y el tamaño de
las haciendas, etc.–. Por otro lado, hay que ser conscientes de que, por más
que los archivos nobiliarios incluyan muchos aspectos de la actividad guberna-
tiva y administrativa de las familias nobles, el archivo familiar no es suficiente
para explicar todos los aspectos y matices de la realidad social y económica.
Como pone de relieve Jacques Derrida en un ensayo titulado precisamente
Mal de archivo, la condición misma del archivo es la de “constitución de una
instancia y de un lugar de autoridad“2. El filósofo francés insiste, con notable
originalidad, en que hay una estrecha relación entre el archivo y la arqueología
en la medida en que ambos suponen un retorno al origen y la memoria –lo
arcaico y lo arqueológico, el recuerdo y la excavación–, en resumidas cuentas,
implican una proustiana búsqueda del tiempo perdido por parte de quienes se
sumergen en él para trabajar, sean los historiadores y archiveros actuales o sean
los historiadores y archiveros del pasado, al servicio de los señores.
Siguiendo esta sugestión de Derrida, aquí me propongo afrontar un aspecto
concreto particularmente interesante de la naturaleza de los depósitos archivís-
ticos como espacios de cristalización del poder: la confección de Inventarios
del archivo en diferentes momentos de su trayectoria. En este sentido, hay que
subrayar desde el comienzo de esta exposición que la redacción de inventarios
del archivo señorial es un acto de poner orden en las herramientas del domi-
nio, de organizar propiedades para conocer los recursos disponibles, supone un
método para actualizar los títulos de derecho y reafirmar el poder, implica un
rearme de la dominación. Inventariar es siempre una actuación de control que
sirve como ratificación de los contenidos del poder social.

2
J. DERRIDA, Mal de archivo. Una impresión freudiana, Madrid, 1997.

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Por utilizar una metáfora común, el inventario es un espejo dentro del entra-
mado del propio archivo, refleja una imagen de su contenido, de su estructura
y organización, y, por tanto, está compuesto por un conjunto de metadatos; es
en sí mismo una metafuente histórica, una fuente de fuentes. Los inventarios
antiguos son particularmente interesantes desde este punto de vista, puesto
que, además de proporcionarnos esa imagen especular, esa información sobre
la información, nos explican a la vez algo especial sobre quienes los realizaron,
los archiveros antiguos, y sobre las expectativas de los que ordenaron elabo-
rarlos, los señores.
En la primera parte de este trabajo afrontaré la descripción de las caracterís-
ticas propias de los archivos señoriales, con carácter general, y de manera más
precisa, la naturaleza del archivo señorial desde la perspectiva de los inventa-
rios, como paso previo a ofrecer una rápida visión de la historia de la cons-
trucción del archivo de los condes de Aranda. A continuación, abordaré el aná-
lisis de la información que los inventarios más significativos de ese archivo
–que no renuncio a estudiar próximamente con mayor profundidad y detalle
del que es posible abordar en este contexto– nos ofrecen, para terminar con un
magnífico ejemplo de cómo uno de estos inventarios se convierte en un espe-
jo que refleja para nosotros, espectadores, la concepción del archivo en el seno
de una idea de la perduración familiar de los linajes nobles modernos.

NATURALEZA DEL ARCHIVO SEÑORIAL

A partir de las aportaciones de los grandes teóricos de la archivística italia-


na, Lodolini, Casanova y Caruso, entre otros, se ha debatido largamente en los
últimos años sobre los archivos nobiliarios desde varios puntos de vista. La
celebración, en ese país, de dos grandes congresos ha servido para plantear de
forma específica las implicaciones que presenta la utilización de los archivos
privados y familiares como fuentes para la investigación histórica y la metodo-
logía archivística que requiere su tratamiento, así como la revalorización de
estos materiales culturales, insistiendo en la consecuente intervención del
Estado y en la legislación de tutela y protección3. A la búsqueda de un rigor
conceptual que sea aplicable a todo ese conjunto de documentos y escritos
producidos por personas, familias, grupos sociales o empresas, las conclusiones
que cierran la segunda de estas reuniones ponen sobre la mesa la superación
de la doctrina clásica que considera el archivo como lugar donde se depositan
las actas públicas frente a la consideración actual según la cual la calificación

3
Il futuro della memoria: atti del Convegno internazionale di studi sugli archivi di famiglie e di per-
sone. Roma, 1997 y Archivi nobiliari e domestici. Conservazione, metodologie di riordino e prospettive di
recerca storia. Udine, 2000

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del archivo no depende de la naturaleza del productor sino del modo de cons-
titución del complejo documental. Hay que considerar que el proceso de for-
mación de los archivos de familia depende de la voluntad de los integrantes del
grupo familiar, que persiguen siempre una finalidad precisa, al servicio de los
intereses del propio grupo, en su producción y conservación documental. Es
esto último lo que constituye el vínculo interno de la documentación, lo que
otorga una configuración determinada al archivo y lo hace diferente de una
simple recolección de instrumentos.
Estamos habituados a considerar que el archivo familiar es, en sí mismo, el
archivo del patrimonio y de su gestión porque una familia sin una hacienda
que cuidar y proteger no necesita un archivo; sin embargo, el patrimonio por
sí solo no basta para dar unidad orgánica al archivo, ya que en él no se agota
la actividad de los integrantes de la familia, muchos de cuyos documentos
–sobre sus trayectorias profesionales y personales, sobre matrimonios, funda-
ciones pías, pleitos y un largo etcétera– son conservados dentro de una estra-
tegia de construcción y preservación de la memoria del linaje, a la que ya me
he referido en otras ocasiones. Pero es que el mismo archivo señorial forma
parte del patrimonio, se transmite de manera conjunta con los bienes y rentas
cuyo referente documental contiene, como podemos comprobar en la compo-
sición plurifamiliar del archivo de los condes de Aranda, que con tanto detalle
ha plasmado Pedro Moreno en cuadros genealógicos4. El archivo, por tanto, es
patrimonio por partida doble, y también identidad, si consideramos que los
archivos nobiliarios funcionan como depósitos de crédito genealógico, de legi-
timación histórica de la familia respecto a su presencia secular y al ejercicio del
poder.
La relación entre los modos de formación de un archivo de familia y la ima-
gen que se construye de la propia familia a través del archivo –y la lectura his-
tórica de este proceso– es un tema sobre el que ha profundizado J. Schiavini,
quien insiste en que la necesidad de escribir, la necesidad de organizar y con-
servar tienen en el archivo familiar un espejo de los intereses de la familia, una
imagen que cristaliza en cierto momento pero que también evoluciona con el
tiempo5. Por ello son importantes los inventarios de estos archivos familiares,
porque fijan periódicamente esa imagen y muestran la continua reelaboración
que se está produciendo de ella. Los inventarios, lejos de ser un instrumento
auxiliar de utilidad meramente práctica, son el resultado de una elección de
qué se quiere salvaguardar y cómo, de manera que son también un producto

4
Genealogías de la casa de Aranda. Fichas 11-12 del catálogo de la exposición El conde de Aranda
[1719-1798]. Zaragoza, 1998.
5
J. SCHIAVINI TREZZI, “I piccoli archivi domestici“ en Archivi nobiliari e domestici, cit. pp. 165-184.

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ideológico, preparan la manera en que una familia, especialmente una familia


distinguida, quiere ser vista desde el exterior a través de las informaciones
escritas que produce.
Entre nosotros, asumidas las consideraciones generales resultado de los tra-
bajos clásicos de Olga Gállego y las interesantes aportaciones formuladas por
otros profesionales de los archivos nobiliarios6, quizá sea Diego Navarro quien
últimamente se ha ocupado más a fondo por sintetizar cuanto se ha escrito
sobre las funciones representativas del archivo. Aunque su atención se ha cen-
trado en particular en los relativos a instituciones políticas del mundo del
Antiguo Régimen, Navarro ha puesto de relieve, de manera muy próxima a mi
objetivo en este estudio, las virtualidades de la utilización de los inventarios de
archivos 7. Por su parte, los archiveros del Archivo de la Corona de Aragón han
explorado con especial acierto las posibilidades de información que nos depa-
ran los antiguos inventarios para comprender los distintos momentos y los ava-
tares de la formación de ese complejo depósito documental existente en
Barcelona, desde una perspectiva institucional y de la historia archivística. Hay
que citar, en concreto, los excelentes trabajos de Rafael Conde y Jaume Riera
respecto a esos inventarios y su valor 8.

EL ARCHIVO SEÑORIAL DE LOS CONDES DE ARANDA: ORIGEN Y EVOLUCIÓN

El conjunto patrimonial inicial


Los señoríos que, a lo largo de los siglos medievales, constituyeron la base
material del poder de la familia Ximénez de Urrea en Aragón fueron el resulta-
do de varios procesos de apropiación feudal, dentro de un contexto de tensio-
nes nobiliarias, guerra exterior y crisis social que marcaron un profundo cam-

6
O. GÁLLEGO DOMÍNGUEZ, Manual de archivos familiares, Madrid, 1993. Los archivos familiares
en España: estado de la cuestión. Santander, 1996. Seminario de archivos personales, Madrid, 2006. R.
GARCÍA ASER y A. LAFUENTE URIÉN, Archivos nobiliarios: cuadro de clasificación. Sección Nobleza del
Archivo Histórico Nacional, Madrid, 2000. Y los trabajos de A. Sánchez González, C. Flores Varela, J.
Fernández Trabal o V. M. Migués, entre otros.
7
D. NAVARRO BONILLA, La imagen del archivo: representación y funciones en España (siglos XVI y
XVII). Gijón, 2003; Los fondos documentales del Archivo del reino de Aragón. Estudio y edición crítica
del inventario de José de Yoldi (1749-1750), Zaragoza, 2000; y ”El proceso de inventario de escrituras:
fuente documental para una historia social de la cultura escrita en Aragón” en XVII Congreso de Historia
de la Corona de Aragón. Actas, Barcelona, 2003, vol. II, pp. 807-816
8
R. CONDE y DELGADO DE MOLINA, “La bùrxula del present Arxiu Real de Barcelona, de Pere
Benet (1601). Primera guia de l’Arxiu” en Lligall, 13 (1998), pp. 11-37; Reyes y archivos en la Corona de
Aragón. Siete siglos de reglamentación y praxis archivística (siglos XII-XIX). Zaragoza, 2008. Catálogo de
memoriales e inventarios. Siglos XIV-XIX. Archivo de la Corona de Aragón, elaborado por J. RIERA i
SANS, Madrid, 1999

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bio en las estructuras y composición de la clase nobiliaria en toda la Corona de


Aragón. Una de las claves de este proceso descansa en la creación y consoli-
dación de una fiscalidad de Estado, que implicó el endeudamiento de los sobe-
ranos provocado por las guerras de la segunda mitad del siglo XIV: para paliar-
lo en parte se produjo un flujo de transferencia de propiedades en forma de
enajenaciones de los dominios reales que fueron a parar a manos de los nobles
fieles como pagos por sus servicios y fidelidad o simplemente como ventas
para obtener los recursos necesarios9.
Enraizado en el valle del Jalón desde el siglo XII, el linaje de los Ximénez
de Urrea obtuvo grandes beneficios en este periodo, sin olvidar que, por dona-
ción de Jaime I, la familia poseía la tenencia de Alcalatén, en Castellón, desde
1233. Inició la expansión señorial Lope Ximénez de Urrea, que heredó por línea
materna la villa de Aranda de Moncayo y el lugar de Pomer, además de las
poblaciones de Jarque, Mesones, Sestrica, Tierga y Nigüella, en 1386. Esta
herencia procedía de su tía Toda Pérez de Luna, a cuyo segundo marido habí-
an sido entregadas las posesiones incautadas por Pedro IV a Juan Ximénez de
Urrea, señor de Biota y de Tierga, tras la derrota de la Unión, que éste había
abanderado10. Posteriormente, en 1393, este mismo Lope Ximénez compró el
vizcondado de Rueda (de Jalón) y la villa y castillo de Épila a Ramón de
Perellós (a cuyo padre, Francesc, se las había entregado el rey). Su hijo, Pedro
Ximénez de Urrea, compró Suñén, cerca de Épila, en 1409 y, poco después,
gracias a su lealtad a la nueva dinastía Trastámara, obtuvo de Fernando I los
lugares de Almonacid de la Sierra y Morés, en 1415. El tercer vizconde de
Rueda, llamado Lope como su abuelo, recibió de Alfonso el Magnánimo las
baronías de Trasmoz y La Mata de Castilviejo (1437) y el lugar de Benilloba en
Valencia (1455); y, además, compró otras propiedades en la comarca del Jalón:
las villas de Urrea (1443) y Salillas de Jalón (1445), ésta del monasterio de
Veruela, al que también compraron los Ximénez de Urrea otras propiedades.
Completaron el mosaico de heredades en poder de la familia con la incorpora-
ción de otros núcleos de poder creados en la zona por escuderos de linajes
subalternos, que se vieron obligados a venderlos, hasta llegar a constituir un
dominio de cerca de 400 km211. Finalmente, Lope Ximénez de Urrea, IV vizcon-
de de Rueda, alcanzó el título condal, que le fue concedido por Fernando II en

9
C. LALIENA CORBERA, “Les structures du marché de la terre dans la Vallée de l’Ebre aux XIV et
XV siècles“ en Le marché de la terre au Moyen Age, dir. L. FELLER y Ch. WICKHAM, Roma, 2005, pp.
543-572
10
E. MAINÉ BURGUETE, “La carta de población concedida a Tierga por don Pedro de Urrea en
1334“ en Aragón en la Edad Media, X-XI (1993), pp. 527-551.
11
Sintetizo estos datos a partir de C. LALIENA CORBERA, “Les structures du marché de la terre...”,
cit. y P. MORENO MEYERHOFF, “Genealogía y patrimonio de la casa de Aranda” en El conde de Aranda,
cit. pp. 37-66, que ha contrastado la información obrante en el archivo.

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1488. Previamente, había incorporado a sus dominios mediante compra el lugar


de Lumpiaque, de manera que se aseguraba el control de la zona baja de la
casi totalidad de la ribera del Jalón y los valles de los ríos Aranda e Isuela. Lope
Ximénez murió en 1490.
Se puede completar esta esquemática visión de la trayectoria del linaje aña-
diendo que, a lo largo del siglo XVIII, una serie de pleitos sucesorios llevaron
a la familia Abarca de Bolea, marqueses de Torres de Montes, y más tarde a los
Silva Fernández de Híjar, duques de Híjar, a sumar sus patrimonios familiares (y
añadir sus títulos nobiliarios) a este bloque inicial de los estados de Aranda. De
este modo, los dominios de Aranda se integraron en una unidad mayor, que
era administrada conjuntamente con el resto de las posesiones aragonesas de
los duques de Híjar desde el final del siglo XVIII.

El archivo
El archivo señorial existió, sin duda, a partir del momento en que los titula-
res de bienes y derechos empezaron a guardar y reunir aquellos documentos
relativos a estas propiedades (patrimonio), así como a las relaciones familiares
que les concernían (genealogía), y que les interesaba conservar. Borja de
Aguinagalde señaló cuatro fases características en el proceso de formación de
un archivo de familia y ajustó la cronología de esta evolución en un abanico
histórico que comprende desde finales del siglo XV, es decir, la Baja Edad
Media o Alto Renacimiento, hasta bien entrado el siglo XVIII12. Este modelo de
desarrollo ha sido adaptado, con algunas matizaciones, también por Lafuente y
García Aser13 en su propuesta de un Cuadro de Clasificación para los fondos
nobiliarios, y bien podemos aplicarlo al archivo de la familia de los condes de
Aranda. En efecto, se distingue en éste un periodo inicial de creación o forma-
ción, en el transcurso del cual la familia –a lo largo de una (o más) generacio-
nes– establece un patrimonio y empieza a gestionarlo política, social y econó-
micamente. Así sucede con los primeros Ximénez de Urrea, que despliegan
durante generaciones su estrategia de linaje por medio de matrimonios y de
adquisiciones patrimoniales con las que configuran y consolidan sus posesiones
señoriales. En esta época inicial de gestación de las bases del poder social de
la familia tiene lugar de manera paralela el desarrollo de carreras políticas o, en
otras ocasiones, funcionariales, resultado de la proximidad a la monarquía de
hombres relevantes, que recibieron recompensas reales por su lealtad. El mejor
ejemplo de esta clase de trayectorias es la de Lope Ximénez de Urrea, quien

12
F. de B. AGUINALGALDE, Archivo de familia: materiales para un manual. Bergara, 1991.
13
R. GARCÍA ASER y A. LAFUENTE URIÉN, Archivos nobiliarios, cit., pp. 21-22.

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obtuvo de Fernando II la dignidad condal en 1488, como hemos señalado.


Todas estas empresas familiares generaron un respetable volumen documentos
que formaron los primeros estratos del depósito de la memoria de los Ximénez
de Urrea.
De acuerdo con estas propuestas teóricas de periodización, sigue a ésta una
segunda fase de consolidación del archivo, que se identifica fácilmente con la
fundación del mayorazgo, esto es, con la vinculación de determinados bienes
mediante un sistema de herencia que se rige por las rígidas normas de la suce-
sión indivisa. Coincide este momento con el vínculo fundado por Miguel Ximé-
nez de Urrea en 1545 sobre la herencia de su hijo Hernando. Naturalmente, al
quedar establecida de manera indisoluble la relación entre el patrimonio y la
familia, y con mayor motivo si a estos valores se une el derecho de disfrute de
un título nobiliario de rango relevante, como era el condado, se impone una
organización sistemática de los documentos que componen lo que ya podemos
llamar con propiedad archivo señorial.
Alejandro Abadía ha puesto de relieve la importancia que tiene en este sen-
tido el pleito sucesorio conocido como “Proceso de Juana de Toledo”, iniciado
en 1547, que tiene como origen precisamente las capitulaciones matrimoniales
entre Hernando Ximénez de Urrea y esta Juana de Toledo, en 1529. Se trata de
uno de los primeros pleitos sucesorios en Aragón, donde las leyes de vincula-
ción de mayorazgos no habían tenido una implantación tan profunda como en
Castilla, un panorama que cambió con ocasión de las Leyes de Toro de 1505,
según el mismo autor14.
Este momento de consolidación del archivo familiar, que comienza en el
siglo XVI, coincide con una época en que tiene lugar una cultura de revalori-
zación de la prueba documental, lo que hace del archivo un instrumento jurí-
dico (aunque ya lo era en buena medida) y no solamente un centro de la
memoria de linaje. Se despliega a partir de entonces y durante un siglo y medio
una fase fundamental –e imprescindible– de la existencia del archivo, que en
buena medida supone un cambio en la sensibilidad familiar hacia el depósito
documental. El proceso de atención sobre las pruebas escritas y registrales se
dirige también a la organización de los documentos de gestión de la hacienda
familiar.
Inicialmente fueron los secretarios o mayordomos de las casas nobiliarias y
también los notarios, como veremos, los encargados de concentrar los docu-
mentos familiares en un único lugar llamado archivo. Respecto a esta cuestión,

14
A. ABADÍA IRACHE, “El condado de Aranda en el siglo XVI“ en El conde de Aranda y su tiempo,
vol. II. Zaragoza, 2000, pp. 191-233.

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Alejandro Abadía defiende la teoría –bastante sugerente en mi opinión– de que


el origen de los archivos nobiliarios aragoneses se halla precisamente en los
registros notariales. Desde la segunda mitad del siglo XVI, esa nobleza cortesa-
na (y endeudada) que se instala en sus casas-palacio de Zaragoza cuenta entre
sus empleados con algún notario público encargado de autentificar y registrar
la documentación que sus negocios familiares y patrimoniales generaban. Y lo
prueba mediante el ejemplo de los arrendamientos de las rentas dominicales,
que constituyen el objeto de su estudio, en los cuales el salario de estos pro-
fesionales aparece citado entre los demás gastos de la casa señorial necesarios
para la administración. Este autor añade que el crecimiento de esa deuda con-
solidada dio continuidad a la actividad de los notarios en los archivos y amplió
sus funciones al servicio de la gestión de las finanzas de los nobles15. La crea-
ción de una sede más o menos fija para el archivo de la casa condal de
Aranda, el archivo de los Ximénez de Urrea, es fundamental en este sentido.
Pensamos que, desde esta época, el archivo estuvo radicado en Épila, en el
palacio-residencia familiar levantado en la población que consideraban la prin-
cipal sede de sus dominios señoriales. Diego Navarro cita precisamente una
carta del conde de Aranda, escrita en Épila en 1646 y dirigida al cronista del
reino, Andrés de Uztarroz, en la cual relata sus ocupaciones en la recomposi-
ción de los papeles antiguos de su casa16.
En lo que respecta al archivo del condado de Aranda, esta fase cristaliza
durante los años de gobierno de Pedro Pablo Abarca de Bolea y Ximénez de
Urrea, el conde que redacta los grandes catastros y que pone en orden su casa
y su hacienda mediante una fiel adaptación de las técnicas fiscales del Estado
moderno. A tal efecto se habían llevado a cabo mojonaciones y mediciones
previas en las localidades del condado entre 1716 y 1727, principalmente por el
agrimensor Juan de Carvajal. El catastro de Lucena fue realizado algo más tar-
de por Matías Gil y Antonio Serrano Muñoz17. Precisamente con motivo de la
elaboración de esos catastros que hemos referido, el conde de Aranda dicta
unas instrucciones para los colectores locales de rentas en Maella y Villanueva
de Almazán, subdelegados del Administrador General del Estado de Torres y
Agregados, donde dispone: “A este efecto tendréis dos libros, uno de entrada
general de mis bienes y otro de distribución. Asimismo tendréis tercero libro
del inventario general de mis bienes sitios y muebles existentes en dicha villa

15
A. ABADÍA IRACHE, La enajenación de rentas señoriales en el reino de Aragón. Zaragoza, 1998,
pp. 20-26. La noticia más antigua del archivo de los condes de Sástago –escribe– procede del inventa-
rio realizado en 1541 por Domingo Escartín, notario de Zaragoza, en el palacio de Pina de Ebro, resi-
dencia de los Alagón, con motivo del fallecimiento del segundo conde.
16
D. NAVARRO BONILLA, La imagen del archivo, cit. pp. 57-61
17
AHPZ, Casa Ducal de Híjar, III-12, passim, para Épila; IV-39-passim, Aranda, Urrea, Lucena y
Salillas de Jalón, además de Épila. Ibídem, I-301-36, Catastro de Lucena de 1774.

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y sus términos, puesto a vuestro cargo”18, una clara indicación del rigor con que
se estructuraba la gestión de los dominios señoriales, de acuerdo con técnicas
propias de la actividad mercantil –libros registros de entradas y salidas– y de la
estatal –en especial, la elaboración de inventarios y presupuestos–.

La administración señorial: Los Estados de Aragón


Transcurre a continuación una etapa especialmente crítica y por ello muy
interesante en el desarrollo del archivo familiar, que es la fase de agregación o
acumulación en segundo grado, que se produce por la adición de dos familias
o patrimonios ya constituidos. Estos acontecimientos sobrevienen por el agota-
miento de las familias y los problemas relacionados con la endogamia deriva-
dos de la rigidez misma de la vinculación y de las herencias, que hacen con-
fluir los bienes de diversas familias emparentadas en una rama determinada. Y
la evidencia de ello en esta familia es –en una primera fase– el cambio de ape-
llido por Abarca de Bolea (1723); en realidad, desde 1656 los titulares del con-
dado adoptaron el patronímico Ximénez de Urrea, pero procedían de ramas
laterales de otros linajes (Fernández de Heredia, Zapata, Rocabertí), si bien el
énfasis del cambio definitivo respecto a la génesis del archivo y su evolución
estuvo en el enlace, a fines del siglo XVIII, con la familia de los duques de
Híjar (apellidos Silva Fernández de Híjar). Nunca se resaltará bastante que esta
opción había sido largamente buscada dentro del linaje: los matrimonios entre
ambas familias venían de muy antiguo. De este modo, los Aranda, sus propie-
dades, rentas y títulos se fundieron con los pertenecientes a los duques de
Híjar. La agregación implica también al archivo señorial, como es evidente, uno
más de los bienes patrimoniales. Y así resultó que el archivo de Aranda, sin
dejar de estar en su palacio, fue a unirse con el que custodiaba los documen-
tos relativos a los demás señoríos de la casa ducal de Híjar. Esta incorporación
produjo, a su vez, un documento de archivo: un inventario que refleja el suce-
so y sus circunstancias19.
En la segunda mitad del XVIII los fondos documentales de la casa de
Aranda eran ya propiamente un archivo y funcionaban como tal. En primer tér-
mino, se le asignaba un espacio adecuado y estable donde permanecer –ése es
uno de los sentidos etimológicos de la palabra: archivo es arca, arcón, lugar
donde se guardan las escrituras–; pero esa conservación se hacía según un
orden intelectual, un sistema de clasificación por señoríos y temas que mante-

18
AHPZ, Casa Ducal de Híjar, I-166-2-96, año 1740
19
AHPZ, Casa Ducal de Híjar, IV-42-10 (1798-1840): Inventarios de la documentación concerniente
al Condado de Aranda y correspondencia sobre su ingreso. Junto con IV-42-14 (1740): Inventario de pro-
piedades y documentos pertenecientes al Condado de Aranda y Agregados.

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nía los documentos organizados en legajos y numerados dentro del propio sis-
tema de organización. De esta época, que podemos calificar como ya plena-
mente ilustrada, hay múltiples referencias al uso del archivo, a sus relaciones
con otros archivos y con otras instancias de poder, así como, de manera muy
especial, muestras de la valoración probatoria que se les concede a estos testi-
monios escritos. Los recoge en su tesis Mª José Casaus, que aporta datos a lo
largo de medio siglo, entre los años 1772 y 1832, durante el cual los duques de
Híjar bien ordenan que se coloquen tales o cuales piezas en su archivo, bien
manifiestan descontento y estupor porque no se encuentran en el archivo las
piezas necesarias para demostrar que poseían tales y determinados derechos y,
en cierta propiedad; en otras ocasiones, deciden cerrar un asunto o un pleito
con un imperativo “¡archívese!” simbólico, como pasa en el asunto de la remi-
sión de expedientes antiguos y testimonios sobre el molino aceitero de la
Puebla de Híjar en 179620.
En este punto del devenir del archivo, se impuso una reorganización del
material documental con el objetivo de identificar y distinguir bien esos núcle-
os previos, fase que Borja de Aguinagalde considera la verdadera fundación del
archivo, puesto que en ella tienen lugar los grandes inventarios y organizacio-
nes de fondos, incluso con expurgos o selección de documentos más relevan-
tes y la formación de esos legajos de documentos “sin interés“ que son tan
comunes de encontrar en todos los archivos señoriales: por ejemplo, los halla-
mos en el de los condes de Argillo, fondo donde también es posible encontrar
información sobre la familia de los Aranda21. A partir de la segunda mitad del
XVII, la erudición y los estudios sobre la Antigüedad hicieron surgir a verdade-
ros los profesionales del conocimiento de las letras antiguas, a la par que se
difunde la idea de que era conveniente cierta disponibilidad de los fondos para
su consulta por terceras personas, lo que exigía la presencia de un archivero.
Según Elisabetta Insabato, se trata de un periodo fundamental en la organiza-
ción de los archivos familiares en Italia22, mientras que en España, el recurso a
emplear archiveros se difunde entre las grandes familias propietarias de archi-
vos ya en el siglo XVIII, por lo que Lafuente y García Aser, conocedoras de la

20
Mª J. CASAUS BALLESTER, Archivo Ducal de Híjar. Catálogo de los fondos del antiguo ducado de
Híjar (1268-1919), Zaragoza, 1997, p. 152. Respecto a los inventarios del ducado, un cuadro con indi-
cación de sus características: fecha, autor, contenido, motivo por el que se hizo, lugar y referencia al
catálogo, ibídem, pp. 84-89.
21
Debido a las relaciones familiares de los Fernández de Heredia y Zapata con los Ximénez de
Urrea; en especial, tiene repercusión la intervención del conde de Berbedel, Antonio Ximénez de Urrea,
en el pleito de aprehensión del condado de Aranda conocido como de Juana de Toledo: AHPZ, Argillo,
2120, passim
22
E. INSABATO, Il futuro della memoria, pp. 296-297,

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utilidad de tales inventarios para el trabajo de clasificación, califican esta etapa


del archivo nobiliario como “proceso de reorganización”. Los aparatos burocrá-
ticos crecen y se desarrollan a lo largo de esa centuria, en la que la interacción
Estado-nobleza se acentúa, mientras que la clase nobiliaria se convierte masiva-
mente en una nobleza de servicio.
El criterio cronológico se impuso en la archivística dieciochesca como pri-
mera línea de organización del material documental; sobre él se solaparon otras
clasificaciones por materias y por señoríos, articulando de esta manera un com-
plejo modelo histórico-temático y geográfico a la vez, un sistema que por otra
parte sigue siendo muy utilizado en las catalogaciones de archivos familiares.
Elena Riva relaciona la vigencia de estos criterios con las directrices proceden-
tes de Alemania tras la reforma del Tribunal Heráldico, que fomentó la reorde-
nación según este esquema de los archivos familiares, vinculada a una redefi-
nición de la memoria de la familia23. Desde este punto de vista, Alberto Sabio,
que ha trabajado sobre algunos aspectos concretos de la gestión dominial de
los condes de Aranda en relación con los señoríos aragoneses, pone de relieve
precisamente la excelente organización administrativa de la Casa de Aranda, su
“pulcritud en mantener al día la administración de rentas, con encargados sepa-
rados para cada dominicatura” de acuerdo, aunque este autor no lo señale
explícitamente, con estas pautas que casi podríamos denominar internacionales
de articulación de las secciones de los archivos nobiliarios24.
Además de las labores de inventario, fueron aplicadas al conjunto de docu-
mentos una serie de técnicas de clasificación y ordenación ya plenamente archi-
vísticas, como tendremos ocasión de comprobar en el repaso somero de los
inventarios del archivo de Aranda que se han conservado dentro del mismo.
A título de ejemplo del alcance de estas técnicas de clasificación y de utili-
zación del archivo señorial, cabe señalar que en el fondo de Aranda del archi-
vo de los duques de Alba (Madrid, palacio de Liria), se menciona la existencia
de un Reglamento para la Secretaría y Contaduría de la condesa de Lemos,
marquesa viuda de Aytona, para las rentas de sus estados en el reino de
Aragón, elaborado en 1733, en el que se establecen instrucciones sobre el pro-
cedimiento para extraer originales del fondo: dejando mención de ello en un
recibo y mediante una anotación en el Inventario; igualmente, se establecía un
plazo de consulta de un mes para proceder a la reintegración de los docu-

23
E. RIVA, “Tra Como e Milano. Storie e memorie familiari nella seconda metà del Settecento” en
Archivi nobiliari e domestici, cit., pp. 299-330].
24
A. SABIO ALCUTÉN, Los vinos de Cariñena, la Casa de Aranda y la Ilustración Económica
Aragonesa. Huesca, 1998, p. 85.

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ARQUEOLOGÍA DEL ARCHIVO: INVENTARIOS DE LOS CONDES DE ARANDA

mentos extraídos al legajo y cajón en que se hallaban. El trabajo de adminis-


tración se debía llevar a cabo en oficinas habilitadas al efecto, donde se des-
pachaba y relacionaba la correspondencia que generaba, pero el archivero era
el encargado de elaborar los Inventarios25. Los códigos de buenas prácticas para
la administración y gestión del archivo se mantuvieron en los años siguientes,
como prueba el Reglamento para la Contaduría general de los Estados de Híjar
y Aranda en Aragón, redactado por Justo Ibar en 181826. Con ello, se puede
afirmar que el archivo de Híjar-Aranda disfrutaba de una sistematización en la
que los documentos estaban guardados en legajos y en cajones, referidos a
poblaciones/señoríos, en primer término, y, por otra parte, en relación con las
grandes líneas de gestión del patrimonio, de todo lo cual se disponía de un
Inventario General.

La última etapa funcional del archivo señorial


Para terminar este largo proceso histórico de evolución del archivo señorial,
sobreviene una última fase de dispersión, que tiene su origen en la desvincu-
lación de señoríos y en toda la legislación liberal de disolución del régimen
señorial que se desarrolló a partir del segundo tercio del siglo XIX, y que de
manera generalizada implicó también una desorganización de los archivos nobi-
liarios. Paradójicamente, sin embargo, fue éste un momento de revalorización
de la importancia del archivo para las grandes familias aristocráticas, ya que las
leyes desamortizadoras exigían la presentación de pruebas documentales y se
tuvo que buscar entre los legajos aquellos documentos de más antigüedad, que
servían como garantía mayor para ser base de toda una serie de derechos ejer-
cidos secularmente. La búsqueda de argumentos dio lugar, a su vez, a un tra-
bajo de investigación en el archivo cuyo resultado fueron nuevos inventarios,
esta vez articulados como repertorios de pruebas documentales destinadas a
sustentar siglos de dominación social. En 1837, el duque de Híjar tuvo que pre-
sentar ante las autoridades ministeriales los registros de los derechos que deten-
taba sobre las localidades de señorío del condado de Aranda, y ordenó hacer
una búsqueda en su archivo para completar dicho repertorio27.
Sobre todo, a partir del primer tercio del siglo XIX, los nobles arguyen y liti-
gan con las armas de su archivo por la defensa de sus derechos frente a los
ayuntamientos liberales, que aspiran a consolidar los usos y disfrute sobre los

25
Mª J. CASAUS BALLESTER, Archivo Ducal de Híjar, cit. pp. 71-74 y n. 157
26
AHPZ, Casa Ducal de Híjar, IV-24-11 (1818)
27
AHPZ, Casa Ducal de Híjar, I-107-11 (1837): Relación de los títulos hallados en el archivo de la
Casa de Aranda, de 1255 a 1806, que el duque de Híjar debe presentar por ley de señoríos.

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M.ª TERESA IRANZO MUÑÍO

comunales y los periclitados privilegios feudales. Estos procedimientos fueron


ocasión para algunos pleitos sumamente interesantes, como el que refiere
Alberto Sabio respecto a la demanda del ayuntamiento constitucional de
Almonacid de la Sierra contra el conde de Aranda por los títulos de propiedad
del señorío, exigiendo ante los tribunales la visura de los documentos origina-
les “con su sello de cera roja, que debía tener y tienen todos los de su clase”
y poniendo en duda que Fernando el Católico viera jamás aquel documento,
mientras rechazaban la certificación de la carta de población, ya que ésta no
podía ser considerada como título de adquisición28.
Afortunadamente para nosotros, en el archivo de Aranda no tuvo lugar una
desagregación de fondos, que se considera característica de esta fase final de la
evolución del archivo. Pese a que, efectivamente, el Estado liberal, además de
poner en marcha los sistemas de registros públicos, cambió los canales de rela-
ción con los ciudadanos, sus bienes y rentas, este conjunto documental se man-
tuvo en uso para aquellos aspectos que no habían sido directamente afectados
por el curso de la historia. En la casa-palacio que la familia construyó en la
calle del Coso de Zaragoza estuvo centralizada la administración de los llama-
dos “Estados de Aragón”, al menos hasta la primera mitad del siglo XIX, mien-
tras que subsistía un archivo central para la casa de Híjar en Madrid. En esa
sede se había alojado la denominada Comisión Imperial de Incautaciones, dado
que la casa de Híjar aparecía mencionada entre las secuestradas en el Decreto
del emperador de Francia, Napoleón; y de ella se llevaron muchos documentos
los franceses a Paris que fueron devueltos con posterioridad, aunque no todos.
Sin embargo, a partir de 1859 fueron vendidas muchas propiedades y reagru-
pados los fondos documentales de Zaragoza y Madrid, en el archivo de esta
última población; mientras tanto, se hicieron obras de acondicionamiento en el
palacio de los condes de Aranda en Épila, al cual se trasladaron algunos fon-
dos del ducado de Aliaga y al que definitivamente llegaron también los regis-
tros más modernos, en 1940, poco después del final de la Guerra Civil29.

28
A. SABIO ALCUTÉN, Los vinos de Cariñena.., cit., pp. 94 y ss.
29
Mª T. IRANZO MUÑIO, “El archivo de la Casa Ducal de Híjar...”, cit. pp. 189-193

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Membrete del Archivo General de la Casa y Estados de Híjar, y Aranda.

Archiveros de Aranda e Híjar


Acierta Pedro Moreno al señalar a la familia Abiego, una saga de notarios
radicada en Épila, como profesionales al servicio de los condes de Aranda des-
de el siglo XV y, desde mediados de la centuria siguiente, casi como archive-
ros, según tendremos ocasión de ver. De manera que podemos concluir que el
archivo de los condes de Aranda se mantuvo hasta la segunda mitad del XVIII
con un profesional al frente, una dotación acorde con el resto de la organiza-
ción de la casa, que disponía de muchos cargos para cumplir las funciones
administrativas, como ya hemos expuesto al hablar de la elaboración de catas-
tros en la primera mitad del XVIII. Precisamente en la confección de esos regis-
tros intervino Antonio de Asso, miembro de una familia que hizo carrera y for-
tuna al servicio de los Aranda, si bien ello le había supuesto en el pasado
alguna animadversión por parte de los vecinos de las localidades en las que

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M.ª TERESA IRANZO MUÑÍO

trabajó al servicio de sus señores30. Alberto Sabio pone de relieve que esa
extensa red de agentes, procuradores y administradores obtenían a su vez un
provecho adicional en el desempeño de sus funciones, y que solía ser personal
competente como Fernando de Beingoechea o Lucas Gállego, en el caso que
estudia de Almonacid de la Sierra31.
Por su parte, la Casa de Híjar tuvo archiveros; los documenta Mª J. Casaus
desde 1760, sorprendiéndose de lo tardío de estas menciones. José Pano y
Broto, citado en esa fecha, residente en Zaragoza, era en realidad un secreta-
rio y contador más que un archivero, aunque ésa parece ser la denominación
que se daba al oficio de quienes hacían los inventarios de los papeles, según
establece también el mencionado Reglamento de 1733. Revisten un carácter
muy específico las actividades desplegadas por Ramón Royo, infanzón vecino
de Zaragoza, que estuvo en el archivo de San Juan de la Peña en 1786, traba-
jando como archivero del conde de Aranda, para ayudarle en sus indagaciones
genealógicas32. Poco después, en 1822, se menciona a Valentín Bernardo Mora-
tilla, archivero del duque-conde, seguramente el mismo que aparece acredita-
do como “archivero de la casa de Aranda” en 182633. Destacan, entre los que
han dejado rastro de su labor, Tomás de Miñaur, autor del Inventario de los
documentos de los fondos de Híjar, Aranda, Módica etc. expoliados por la
Comisión Imperial, a la que nos hemos referido, y Juan Eduardo Novilla (1861-
1879), que ejerció como archivero en una época de descomposición del archi-
vo, pero que fue el responsable de la confección de una relación de los Patro-
natos de la casa de los duques de Híjar y condes de Aranda, basados en
Inventarios ya existentes.

LOS INVENTARIOS: NATURALEZA Y PROPÓSITOS

No hay archivo sin organización: durante mucho, mucho tiempo, los pape-
les se conservaron sin orden, sin sistematizar ni describir, pergaminos enrolla-
dos, pleitos en cuarto amontonados, papeles sueltos y libros contables desper-

30
AHPZ, Casa Ducal de Híjar, I-242-11: Nombramiento de José Miguel de Asso como gobernador de
la casa y estados de Aranda, sucediendo a su hermano Onofre de Asso; y I-235-26 (1734): Autos de ofi-
cio contra Pedro Gran, Pedro Gómez, labradores, y otros, vecinos de la villa de Jarque, sobre proferir
insultos y faltar al respeto al conde de Aranda y a Antonio de Asso, su gobernador
31
A. SABIO ALCUTÉN, Los vinos de Cariñena.., cit., p. 85
32
AHPZ, Casa Ducal de Híjar, I-83-2 y 14 (1786): Copias notariales hechas a instancia de Ramón
Royo, infanzón, vecino de Zaragoza, archivero del conde de Aranda, de todas las noticias referentes a
la Casa de Aranda en el archivo del real monasterio de San Juan de la Peña. 15 piezas. Copia de la car-
ta del abad de San Juan de la Peña al conde de Aranda con motivo de la estancia del archivero del con-
de en el monasterio, sacando noticias referentes a las familias y linajes de los orígenes del condado.
33
AHPZ, Casa Ducal de Híjar, I-125-48 (1822) y II-16-2 (1826)

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ARQUEOLOGÍA DEL ARCHIVO: INVENTARIOS DE LOS CONDES DE ARANDA

digados en arcones sin sistemática. Lentamente su volumen fue creciendo y


también su importancia, de forma que la necesidad de una ordenación se
impuso. Si esas piezas documentales eran una herramienta de dominio, su pro-
yección social debía ser efectiva y había que sacarles todo su partido. En la ter-
cera fase de crecimiento del archivo de los condes de Aranda, a la que nos
hemos referido, se hizo imperativo aplicarle una lógica archivística para su
ordenación; como hemos visto, las corrientes culturales del momento lo exigí-
an también. La importancia que tiene esa organización deriva de la percepción
del valor del archivo ordenado para el poder señorial, para su administración.
La ordenación del archivo, sin embargo, no puede considerarse como una fuen-
te neutra, sino como una construcción ideológica, ya que a través de la selec-
ción de los materiales documentales resulta posible poner en evidencia algunos
aspectos de la realidad y ocultar otros. Elena Papagna defiende que la forma en
que están organizadas las escrituras debería permitirnos penetrar en un meca-
nismo de comunicación con los productores del archivo, por ejemplo, transmi-
tiendo la imagen rígidamente patrilineal, primogenitural y patriarcal según los
cánones del modelo cultural nobiliar difundido en el Antiguo Régimen34. Los
inventarios del archivo señorial se redactan para conocer el alcance de los fon-
dos documentales, sirven también para localizar las acreditaciones de derechos
y, finalmente, nos permiten comprender la manera en que la institución seño-
rial se veía a sí misma. Así lo ha expresado Elio Lodolini: un inventario no es
sólo una relación de legajos o volúmenes sino la historia privativa de la insti-
tución que ha generado ese fondo, la manera en que ésta ha organizado su
memoria según un orden primigenio que, naturalmente, cambia a lo largo del
proceso evolutivo de la propia institución35.
En el actual archivo de los condes de Aranda, en el fondo Híjar, se conser-
van inventarios parciales sobre aspectos muy concretos que interesaron en
determinado momento. Consideraremos a continuación las características de
algunos de los más relevantes.
Destaca, por el momento de su confección, el inventario de los documentos
existentes en el archivo del Maestre Racional hasta el año 1600. Se trata, en rea-
lidad, de un dispositivo para la identificación y localización de instrumentos
pertenecientes a un archivo diferente –el archivo del oficial encargado de la
contabilidad de la hacienda real–, y refleja los documentos contables de ingre-
sos y gastos imputables a la casa de Aranda entre los años 1593 a 1600, que

34
E. PAPAGNA “Archivi di famiglia nel Mezzogiorno d’Italia. Il caso dei Caracciolo di Brienza-
Martina” en Archivi nobiliari e domestici, cit. pp. 277-298
35
Cfr. D. NAVARRO BONILLA, Los fondos documentales del Archivo del reino de Aragón.., cit., p. 110.

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sirvieron como justificación a la administración de la misma con motivo del


secuestro dictaminado por los órganos de gobierno de la monarquía. Sin
embargo, eran documentos de Aranda, y el inventario se redacta por orden del
conde, alegando su deseo de que “se le franqueen para examinarlos en aten-
ción a no encontrarse los protocolos en que debían estar algunas de dichas
escrituras...”36.
Se elaboraron inventarios con una finalidad probatoria, o como prueba argu-
mental en pleitos sucesorios, tal y como sucedió en 1733 y 174937, siendo éstos
supervisados por Antonio de Asso, administrador general y hombre de confian-
za del conde de Aranda. Debe considerarse en este mismo sentido –una pues-
ta en orden de piezas justificativas organizadas para servir como fundamento
legal para una sucesión y traspaso de poderes– el Inventario de señoríos ara-
goneses de la casa de Aranda que fue confeccionado en 1798 a la muerte del
X conde38.
En la mayoría de las ocasiones, a la hora de hacer un inventario se impone
la geografía de los señoríos como criterio básico de organización, un criterio
consagrado por la archivística dieciochesca e ilustrada, como es sabido. A este
principio responde el inventario de documentos relativos al estado de Aranda
en la villa de Aranda de Moncayo, redactado en 175439. En otros casos, sin
embargo, los documentos se agrupan en el inventario siguiendo una clasifica-
ción más funcional y, entonces, lo más frecuente es que éste se ciña a una
tipología documental concreta, como el Inventario de Testamentos de la casa de
Aranda redactado en 1825 o el Inventario de papeles sobre Patronatos, redac-
tado en el siglo XVIII40. De carácter temático, resultan ser muy interesantes el
Inventario de documentos presentados para acreditar derechos señoriales (diez-
mos) en 1842 y el más general de Papeles sobre títulos y archivo del conde
Aranda, de los años 1820-185041.
De manera muy ilustrativa para comprender su función respecto al archivo, los
inventarios sirvieron como herramientas previas para la elaboración de genealogí-
as: así sucede con el confeccionado en relación con las investigaciones sobre
otros archivos que impulsó el X conde de Aranda, que ordenó a su archivero
investigar sobre los fondos del monasterio de San Juan de la Peña, dándole ins-

36
El inventario en AHPZ, Casa Ducal de Híjar, I-222-3. Una explicación del contexto histórico en A.
ABADÍA IRACHE, La enajenación de rentas..., cit., pp. 35-41.
37
AHPZ, Casa Ducal de Híjar, I-232-28 y I-249-17/2
38
AHPZ, Casa Ducal de Híjar, V-134.
39
AHPZ, Casa Ducal de Híjar, II-95-7/2
40
AHPZ, Casa Ducal de Híjar, I-79-24 (testamentos) y IV-15-13 (patronatos)
41
AHPZ, Casa Ducal de Híjar, II-112-8 (1842) y I-339-1 (1820-1850), respectivamente.

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ARQUEOLOGÍA DEL ARCHIVO: INVENTARIOS DE LOS CONDES DE ARANDA

trucciones sobre cómo proceder y pidiendo certificaciones notariales sobre los


resultados42. Las indagaciones sobre otros depósitos documentales son frecuentes:
citemos como ejemplo, además del señalado para averiguar los fondos confisca-
dos en el del Maestre Racional, el expediente de investigación en el Archivo de
la Corona de Aragón sobre el titulo original de la tenencia de Alcalatén43. También
se realizaron algunas indagaciones de este carácter en el archivo del convento de
Predicadores de Zaragoza, elegido como lugar de enterramiento de muchos
nobles, para certificar unos derechos sobre rentas, cuyo origen se remontaba nada
menos que al siglo XIII44. Con la finalidad de recopilar datos sobre la familia, sus
orígenes y gestas, fueron despojados los datos relativos a los Urrea de los textos
de los cronistas de Aragón Jerónimo Zurita y Diego José Dormer45.
En determinadas circunstancias, estos repertorios nos informan sobre cues-
tiones que van más allá del propio contenido, estructura o finalidad concreta y
utilitaria de su redacción. En este sentido, vale la pena considerar con especial
detenimiento los Inventarios elaborados después de 1813, con motivo de la
ocupación francesa de Madrid y el secuestro de bienes por la Comisión
Imperial: “de la extracción que, aprovechándose de esa ocasión, hicieron los
empleados de la expresada Comisión de los papeles que quisieron de los exis-
tentes en el archivo de S.E.”, como señalaba uno de los archiveros ducales. El
procedimiento que se siguió para evaluar la repercusión en el archivo de este
expolio, según una anotación del Inventario elaborado a tal efecto, consistió en
presentar una demanda ante el Juez de Primera Instancia, con citación del sín-
dico general de la villa, cuyo resultado fue un dictamen que ordenaba la con-
fección, por el escribano y dos testigos, de un inventario pormenorizado y “cir-
cunstanciado” de los documentos que se echasen en falta. Se encomendó la
tarea a Isidro Ceballos, presbítero, y Luis de Aguirre, archivero de la casa del
marqués de Valdecarzana, en calidad de hombres buenos, junto con Juan del
Campo, comisionado por el duque de Híjar, y Tomás de Miñaur, su archivero.
El resultado, un Índice alfabético de documentos, organizados por rúbricas, que
se ha conservado incompleto, y que fue cerrado el 31 de julio de 1813 con
muchas precauciones para que no hubiera adiciones ni falsificaciones46.

42
AHPZ, Casa Ducal de Híjar, I-83-4, 16 y 17
43
AHPZ, Casa Ducal de Híjar, III-139-2
44
AHPZ, Casa Ducal de Híjar, I-83-23
45
AHPZ, Casa Ducal de Híjar, I-83-10 y 11: Apuntes históricos... sobre la casa de Urrea
46
AHPZ, Casa Ducal de Híjar, I-25-6: Inventarios de documentos del ducado de Híjar, Aliaga y
Lécera, condado de Fuentes, de Aranda, Módica y Osona y vizcondado de Bas y Cabrera. Véase también:
AHPZ, Casa Ducal de Híjar, V-58-3 (1808-1813): Justificación.... extracción de papeles por la Comisión
Imperial. Inventario de los que faltan

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M.ª TERESA IRANZO MUÑÍO

Afortunadamente, se han conservado los inventarios relativos a los desmanes


sufridos por los fondos del condado de Aranda en estas circunstancias47. En sus
epígrafes, clasificados en primer término por poblaciones, descubrimos referen-
cias a 31 documentos de la villa de Épila, 10 de Rueda, 9 de Urrea, 4 sólo de
Lumpiaque, 11 de los lugares de Salillas y Lucena de Jalón, 14 relativos a los
arrendamiento de Mareca y el Soto de los Arbueses, 11 de Almonacid de la Sie-
rra, 6 de Mesones y Nigüella, 3 correspondientes a Morés y 5 a Sestrica, 12 eran
sobre las villas de Aranda y Pomer, 1 sobre Tierga (la toma de posesión de
1348), 3 de Jarque, 11 de la villa y baronía de Trasmoz y 3 más sobre las casas
de la calle San Pablo (de Zaragoza). Sigue a esta ordenación topográfica, la temá-
tica o tipológica: privilegios (título de marqués de Torres por el rey Felipe IV en
1620), capitulaciones matrimoniales, testamentos, –con 26 y 20 remisiones, res-
pectivamente–, censos del Estado de Aranda, y patronatos (relativo al convento
de la Concepción de Épila). Luego viene la clasificación por señoríos: Comunes
de Aragón, tenencia de Alcalatén, fábrica de loza de Alcora (la franquicia de
derechos), la baronía de Cortes de Arenoso, el marquesado de Torres, con sus
subdivisiones locales: Torres de Montes, Siétamo, Ola y Loscertales, Clamosa y
Puydecinca, Eripol y Almazorre, Valle de Rodellar, los Comunes de Torres y los
censales cargados sobre ellos; la baronía de Gavín, Villanueva de Almazán, la
rectoría de Maella y tres beneficios: el de San Felipe, el de La Seo de Huesca y
por fin el de Nuestra Señora del Pilar, bajo la advocación de Santiago, para ter-
minar las baronías de Antillón y La Almolda, más las casas del Coso.
Todos los documentos tienen su número de orden correspondiente y, casi
siempre, el primer documento relacionado con el nº 1 es el título de propie-
dad. Ambos inventarios, del siglo XIX, desvelan que la estructura organizativa
del archivo se había mantenido idéntica, en lo sustancial, desde finales el siglo
XVI. Hasta cierto punto, estamos en condiciones de averiguar cómo se confec-
cionan algunos de estos instrumentos de descripción, así como de disponer de
una alusión a las recomendaciones sobre la utilidad de su uso, que detalla una
Circular sobre la reparación del archivo de Simancas del año 181948; el propio
archivo –como ya hemos señalado– nos proporciona información acerca de las
huellas que deja el proceso de elaboración de los inventarios y cómo repercu-
ten en él las alteraciones de los fondos documentales49.

47
AHPZ, Casa Ducal de Híjar, I-75-5 y I-79-25: Archivo de Aranda. Nota de los títulos primordiales y
demás documentos extraídos por la Comisión Imperial del Archivo del excmo. sr. duque de Hijar por lo
respectivo al estado de Aranda y sus agregados. También relativo al archivo de Aranda: AHPZ, Casa
Ducal de Híjar, II-52-24: Razón de los papeles que faltan en este Archivo y da principio en 21 de noviem-
bre del año 1814.
48
AHPZ, Casa Ducal de Híjar, II-38-18
49
AHPZ, Casa Ducal de Híjar: II-74-5: Inventario de los documentos ... correspondientes al condado
de Aranda, que se han clasificado y colocado en el archibo (sic) (1830); correspondencia y papeles sobre
inventarios en I-266-5 y en IV-105-63

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ARQUEOLOGÍA DEL ARCHIVO: INVENTARIOS DE LOS CONDES DE ARANDA

ALGUNOS INVENTARIOS SIGNIFICATIVOS SOBRE ÉPILA


La importancia concedida a la geografía en los inventarios del archivo nos
permite disponer de recopilaciones de documentos relativas a la villa de Épila.
Para conocer las rentas y derechos señoriales en cada población del dominio,
fue compilada en 1725 una “Descripción del condado de Aranda”, que detalla,
además la situación geográfica de cada lugar, el número de habitantes y las
principales actividades económicas, un panorama de enorme interés para com-
prender el valor que estos estados tenían para la casa de Aranda. Entre los
detalles significativos no quiero dejar de mencionar la descripción que contie-
ne del castillo de Almonacid de la Sierra, cuya “sala real”, muy amplia, se halla-
ba lujosamente decorada, incorporando un cuarto cuadrado en el que se mos-
traban las armas de los Urrea y la mítica genealogía familiar que les hacía
descendientes de un emperador Enrique de Baviera hasta el conde Miguel, pin-
tados todos ellos de cuerpo entero como personajes de época. Todo un pro-
grama iconográfico de la grandeza de la casa50.
Hay un Inventario del siglo XVIII que tiene especial relevancia para la his-
toria de la población de Épila. Precisamente se reconoce bajo la rúbrica “Épila
y agregados“. Es un códice in folio muy interesante, del que sólo se han con-
servado cinco cuadernillos, de una veintena de folios cada uno, que corres-
ponden a partes de una obra más sistemática, de la cual formarían parte como
tomo 2º –sobre el dominio– y tomo 3º –de los derechos–. El primero de ellos
se titula: Extracto borrador de los papeles respectivos al dominio absoluto de la
villa de Épila y lugar de Suñén en lo antiguo, ahora dehesa; al dominio útil de
los heredamientos de Vizcota y Mareca; y al pleno dominio del soto de los
Arbueses, y otros fundos agregados a Mareca para la nueva coordinación; el
segundo, sobre derechos: Extracto borrador de los papeles respectivos de los
dineros, rentas etcétera para la nueva coordinación51. Estas alusiones a la nue-
va coordinación parecen referirse a un trabajo general y planificado de inven-
tario y organización de los documentos del archivo, como se desprende de una
nota que acompaña a los dos tomos: “Como este borrador ha de quedar para
manual, se extractan por extenso algunos documentos, pero al trasladarlo en la
Rúbrica puede hacerse más breve“. La presentación del texto responde también
a esa estructura: en la primera página se establecen dos columnas, a la izquier-
da habían de ponerse los números para la Nueva Rúbrica; a la derecha, se
debía hacer constar el Número de la Rúbrica Vieja, que se han de mudar. Sin

50
AHPZ, Casa Ducal de Híjar, III-30-1. Edita A. R. BECERRICA SANZ, Los señoríos aragoneses a fines
de Antiguo Régimen. la Casa de Híjar en el siglo XVIII. Memoria de Licenciatura (inédita), Zaragoza,
1997, Apéndice, doc. XIII, pp. 395-415
51
AHPZ, Casa Ducal de Híjar, II-52-22 (¿1789?)

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M.ª TERESA IRANZO MUÑÍO

duda, nos hallamos, pues, frente a una reorganización de fondos del archivo de
Aranda. En cualquier caso, según una cita interna, se trata de una obra realiza-
da en el año 1788, una cronología quizá demasiado temprana para encajar en
la labor archivística de Tomás de Miñaur.
En lo que se refiere al contenido, extraordinariamente detallado, de los docu-
mentos reseñados, su carácter es tal que prácticamente componen por sí solos
una historia resumida de Épila. Hay un aspecto, sin embargo, que merece la
pena destacar en relación con el método de confección de este Inventario, y es
su carácter crítico. No es un mero relato construido hilando una tras otra las noti-
cias que procuran los documentos sueltos –que también lo es– sino que procu-
ra una reconstrucción fundamentada de los derechos que alegan los titulares del
señorío. Así, por ejemplo, cuando se recopilan Los derechos, rentas, regalías y
patronados que tiene, percibe y goza el señor en esta villa [Epila] se menciona en
primer término la pecha ordinaria, que asciende a 131 libras, 13 sueldos y 4
dineros jaqueses que se pagan anualmente. Esta exacción se fundamenta de
inmediato en una carta de pago fechada el 5 de noviembre de 1400 que el jus-
ticia y jurados de Épila otorgaron por importe de 37.500 sueldos jaqueses que
habían entregado al conde por un periodo total de quince años de pecha ordi-
naria, a razón de 2.500 sueldos cada uno. A continuación, aparece el reconoci-
miento realizado por el concejo general de Épila, en 1406, de una deuda por la
cantidad de 3.533 sueldos y 4 dineros originados por la pensión de dos censales,
deuda contraída con motivo de la cesión por el conde de Aranda de la dehesa,
hornos, tiendas, carnicería y utilidad de la misma, con la condición de que no
pudiesen alegar posesión. Pues bien, aquí se inserta una nota de advertencia:
“Esta escritura de reconocimiento la reputó como falsa el concejo y universidad
de la villa de Épila en el incidente que se refleja más adelante“, en lo que no
constituye sino una muestra más de las formas de resistencia antiseñorial.
Siguen a éstas otras menciones a documentación sobre las negociaciones
entre el concejo y los condes mantenidas a lo largo de todo el siglo XVI acer-
ca del importe de la pecha y las cargas adicionales sobre las rentas del conce-
jo (endeudamiento señorial). En relación con esta cuestión, se pone de relieve
que en todas las concordias de la villa con los censalistas se pactó y estipuló
el pago cada año al señor temporal de la cantidad citada por dominicatura,
antes de hacer el reparto del producto de los bienes cedidos. Se alude en el
texto de manera muy descriptiva a la forma en que se realizaba en Épila el
reparto de la pecha entre los vecinos “por las haciendas, ganados, mulas, bes-
tias rocinales y muebles“, si bien a partir de 1532, cierta sentencia eximía de la
tasación de los muebles y bestias de labor a tal efecto.
De igual modo se explica de manera prolija la incidencia que la expulsión
de los moriscos tuvo en la renta señorial exigida a la población, con la incor-

[ 106 ]
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ARQUEOLOGÍA DEL ARCHIVO: INVENTARIOS DE LOS CONDES DE ARANDA

poración de la pecha (100 sueldos) debida por la aljama, situada en el barrio


llamado de San Juan. Con motivo de la ocupación de las casas y haciendas que
habían quedado vacantes y para evitar las defecciones de los exentos, se había
realizado en Épila una especie de catastro “confrontando las heredades para
perpetua memoria...y con arreglo al compartimiento pagaba cada uno por lo
que tenía...” La relación de derechos señoriales es completada por el treudo
perpetuo sobre la carnicería y su casa y el peso mayor, que es del señor según
un documento de 1400.
En cuanto a la sección segunda del archivo, que atañe al dominio, los docu-
mentos enumerados son: las compraventas de 1294, 1300 y la de 1393 por Lope
Ximénez de Urrea –a la cual se dedican cuatro folios de resumen–, homenajes
(1370) y actos de posesión (1357), la donación de Épila, Rueda y el vizconda-
do por Pedro IV en 1366, y prosigue con los grandes pleitos por la sucesión en
el condado hasta la época de Pedro Pablo Abarca de Bolea, apuntando ya la
problemática que plantea la falta de sucesión en el condado. Secciones mucho
más breves del Inventario se dedican al castillo y lugar de Suñén, al soto de los
Arbueses (en Berbedel) y a la antigua villa de Mareca.
Termina el documento con una advertencia sobre la organización de la des-
cripción del archivo: o bien en Epila, como mayor villa del Estado, o bien en
Aranda, como villa de su título, se continuará toda la sucesión, subrogaciones,
disposiciones...., pero en todos los restantes lugares solo se debe llegar hasta el
vínculo de la unión y en todo lo demás, habrán de remitirse mediante notas.

EL INVENTARIO DE MARTÍN DE ABIEGO


Una vez expuesto el panorama de los más relevantes Inventarios del archi-
vo de los condes de Aranda, que hemos utilizado a modo de catas arqueológi-
cas en la estratigrafía histórica de las localidades que lo integraron, y que han
mostrado su eficacia para informarnos sobre la composición y avatares del fon-
do documental, me propongo reflexionar con mayor detenimiento sobre un
registro muy particular, que es el titulado Memorial de las escripturas que hay
en el archivo del reyno de Aragon y Valencia52. Se trata de un manuscrito de 122
páginas en papel, escrito en humanística sentada de caligrafía varia, con una
muy trabajada encuadernación en cuero repujado de raigambre mudéjar y esti-
lo renacentista, que fue restaurado hace unos años debido a su precario estado
de conservación.

52
AHPZ, Casa Ducal de Híjar, I-80-1

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M.ª TERESA IRANZO MUÑÍO

Inventario de Martín de Abiego.

La estructura organizativa del archivo que refleja este Inventario está articu-
lada en dos grandes secciones: la primera responde a las poblaciones que se
integraban el señorío de los Ximénez de Urrea, tanto en Aragón como en
Valencia; la segunda se dedica a un aspecto muy concreto de la gestión del
patrimonio, que es la deuda censal y sus pagos.
En el momento de su elaboración, poco antes de 1600, el condado de
Aranda se extendía a lo ancho de tres comarcas aragonesas: las de Aranda,
Comunidad de Calatayud y Valdejalón, hasta un total de 798,4 km2. A ellas se
sumaban las poblaciones de Biota y El Bayo que integraban el vizcondado de
Biota, del que eran titulares desde 1514; y, por otro lado, los señoríos localiza-
dos en el reino de Valencia, sobre las poblaciones de Lucena, Alcalatén, Alcora,
Useres, Cortes de Arenoso, Chodes, Mislata y Benilloba, desde 1545.
Cada una de las localidades del condado tenía destinado un caxon, esto es,
un armario o arqueta de madera (en un caso se dice específicamente que se

[ 108 ]
04. M.ª Teresa Iranzo 17/2/10 14:08 Página 109

ARQUEOLOGÍA DEL ARCHIVO: INVENTARIOS DE LOS CONDES DE ARANDA

trata de madera de ciprés), pero no siempre albergaba la totalidad de las pie-


zas documentales relativas a un núcleo de población y así, al menos Urrea de
Jalón y Biota se hallan repartidas en dos armarios. De esta clase había un total
de 13 + 1 secciones, reflejadas del siguiente modo en el inventario:
1.- Epila, Rueda, Urrea, ff. 1-6v.
2.- Cajón de Urrea, ff. 6v-8v.
3.- Cajón de Tierga, Nigüella y Lucena de Jalón, ff. 9-11v
4.- Cajón de Morés y Almonacid de la Sierra, ff. 10v-14v
5.- Cajón de Lumpiaque, f. 15r-v
6.- Cajón de Salillas, ff. 16r-v.
7.- Cajón de Jarque y Mesones, ff. 17v-20
8.- Cajón de Aranda y Pomer, ff. 21-26
9.- Cajón de Biota y El Bayo, ff. 26v-38v
10.- Cajón de Sestrica y otras de Biota, ff. 39-42v
11.- Cajón de la tenencia de Alcalatén, ff. 43-48v
12.- Cajón de Mislata y Benilloba, ff. 49-52v
13.- Cajón de Cortes, ff. 53-56v
A éstos se añadía un armario para asuntos generales, cuyo registro de con-
tenido refleja abundantes tachaduras, llamado
14.- Cajón de Comunes. Importantes, ff. 57-62.
A continuación de las rúbricas de los cajones se copian los extractos de los
documentos que albergan, los cuales muestran la correspondencia con una
ordenación en letras y números romanos o combinaciones de letras: bajo la
señal A/b/J/n...etc. y número I, II III; o bien con la señal dddd/ uuu.
La segunda gran sección del Inventario está dedicada a los censales, y cons-
tituye un voluminoso acervo de noticias relativas a una reorganización de docu-
mentos de compromiso y cartas de pago que tuvo lugar entre 1569 y 1570, y
comienza en el fol. 66:
1.- Inventario de las luiciones de censales que fueron puestas en el archiu
viejo el primero de diciembre de mil quinientos y sesenta y nueve, ff. 66-90.
2.- Item, las luiciones y cancelaciones que se hallaron en los cajones del
archivo de luiciones modernas, ff. 90v-95.
3.- Item, cartas de encomienda y otras escrituras modernas, año 1570, ff. 96-101
4.- Item, inventario de las escrituras que fueron puestas en el arca grande de
ciprés el primero de diciembre del año 1569, ff. 105-118.
5.- Item, memorial de los censales que están sin decendencias ni luiciones, ff.
119-122.

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M.ª TERESA IRANZO MUÑÍO

Como simple indicación de las características de estas anotaciones sobre


censales, reseñamos en esta parte final del Inventario un total de catorce ins-
trumentos de crédito censal sólo referidos al reino de Aragón, según este cua-
dro cronológico:

AÑO RENTA CAPITAL GARANTÍA COMPRADOR


1387 320 ss. Villa de Sestrica

1387 2.000 ss. 20.000 ss. Vicente de


la Caballería

1393 1.000 ss. 10.000 ss. Concejo de Jarque Sancha Pérez


y Aranda

1398 300 ss. 3.000 ss. Concejo de Morés Andrés de Liñán

1404 600 ss. 6.000 ss. Iñigo Ximénez


de Galloz

1409 500 ss. 15.000 ss. Concejo y aljama García Muñoz


de Aranda

1433 600 ss. 12.000 ss. Concejo y aljamas Aznar Martínez


mudéjares de de Senes
Rueda y Mesones

1434 1.000 ss. 15.000 ss. Aljama de Mesones Adán de Ortubia

1441 180 ss. 2.000 ss. Mesones de Isuela

1444 16 florin. 200 flo. Jarque Simón de Santa Clara

1446 250 ss. 2.500 ss. Concejo Aranda Jaime Pérez


de Calatayud

1448 500 ss. 6.000 ss. Aljamas de Urrea Luis Sánchez


y Rueda de Calatayud

1449 300 ss. 3.000 ss. Villa de Aranda Abraem Alpastan

1481 130 ss. 4 d. 2.000 ss. Lumpiaque Galacian Cerdán

1505 1.000 ss. 20.000 ss. Violante de Sangüesa

En los folios finales de cada parte se añadieron otras anotaciones posterio-


res en letra muy cursiva. Sin embargo, esta mención a los censales y la impor-
tancia que se les concede inducen a pensar que la reorganización del archivo
y la posterior puesta en limpio de la ordenación en este libro mantiene una
estrecha relación con el proceso de endeudamiento de las rentas señoriales que

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ARQUEOLOGÍA DEL ARCHIVO: INVENTARIOS DE LOS CONDES DE ARANDA

se vive en esa centuria. La espiral de deuda siguió creciendo y de ello quedan


buenos ejemplos en el archivo: en 1608, ante el notario Martín de Abiego el
conde de Aranda suscribe treinta y cuatro escrituras censales por 16.000 libras
de propiedad y 16.000 sueldos de pensión53.
La hipótesis que quiero formular es que este gran Inventario de la segunda
mitad del siglo XVI se debe leer en relación con la Crónica de la casa de
Urrea54, un texto genealógico redactado por el notario Jaime de Abiego en la
primera mitad del siglo XVI y puesto en limpio y actualizado por su hijo, el
también notario Martín de Abiego a punto de concluir la centuria. Su vincula-
ción proviene no sólo por la autoría común de su puesta en limpio, sino por-
que uno con otra son capaces de aproximarnos a la realidad histórica del con-
dado de Aranda. Considérese en este sentido, que la Crónica no se limita a
exponer la genealogía familiar, la fantástica y la más próxima, sino que se
detiene en una detallada pintura del contenido real de ese dominio señorial,
ofreciendo al lector un retrato de las localidades más importantes del condado,
con los datos sociales y económicos más significativos conservados en el archi-
vo señorial que este notario organiza.
Al dotar de espesura real a los hombres y mujeres que vivían bajo el domi-
nio del conde de Aranda, el cronista está también sirviendo a su objetivo últi-
mo, que es mostrar la grandeza y el poder que los Ximénez de Urrea habían
sido capaces de obtener, conservar y sostener en la trayectoria de su linaje. Por
su parte, al reflejar en toda su extensión el alcance de la deuda señorial que
integra la segunda parte del Memorial de escrituras, el notario Martín de
Abiego, sin él proponérselo, está explicitando el destino de esa grandeza en
tiempos de crisis.
Con Martín de Abiego (activo entre 1563 y 1612), el conde de Aranda man-
tiene una relación característica de “hombre de confianza”: le encomienda arre-
glar las escrituras del archivo y relacionarlas en un Inventario, se encarga de
poner en limpio la genealogía familiar, con sus adiciones, así como de prepa-
rar los contratos y seguramente llevar las cuentas de ese endeudamiento de las
rentas del condado, él es el notario fehaciente de los testamentos familiares y
de las nuevas cartas de población otorgadas a las comunidades cristianas tras la

53
AHPZ, Casa Ducal de Híjar, I-12-9
54
AHPZ, Casa Ducal de Híjar, I-83, 4, estudiada por P. MORENO MEYERHOFF, “La leyenda del ori-
gen de la casa de Urrea: etiología de una tradición”, en Emblemata, 5 (1999), pp. 57-88. Aunque en el
título de la obra Martín se dice nieto de Jaime, ya en la presentación del trabajo, además de aludir a la
genealogía de la familia que había elaborado Pedro de Funes, explica: teniendo mi padre Jayme de
Abiego alguna notiçia mas que otros de sus escripturas (...), viendo esta obra havia sido de mi padre, de
su mano, y cossa con razon havia de ser estimada por el mucho trabajo con que havia sido hecha, y con
toda verdad...

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04. M.ª Teresa Iranzo 17/2/10 14:08 Página 112

M.ª TERESA IRANZO MUÑÍO

Crónica de la Casa de Urrea.

traumática expulsión de los moriscos, y además, le confía trabajos relacionados


con el gobierno de sus estados en Valencia55.
A la hora de afrontar la incardinación genealógica del tercer conde de Aranda,
Juan Ximénez de Urrea, padre de su señor, Martín de Abiego se refiere a sus tra-
bajos en el archivo como verdadera y fundamentada base de toda su obra de
organización del acervo de las escrituras, cuando expone (fol. 64v.-65):
Y con esto doy fin a mi memorial, en el qual van nombradas muchas scrip-
turas sin calendarios y otras con ellos; de las unas y de las otras tengo la noti-
cia bien cierta, que para scribillas es menester dexar, en las que no los tienen,

55
AHPZ, Casa Ducal de Híjar, IV-90-24/1 (s.d.): Instrucción dada por el conde de Aranda a Martín
de Abiego sobre lo que debe de hacer y negociar en los lugares y negocios que el condado de Aranda
tiene en el reino de Valencia. Las cartas de población pueden verse editadas en Á. ATIENZA LÓPEZ, G.
COLÁS LATORRE y E. SERRANO MARTÍN, El señorio en Aragón (1610-1640). Cartas de población I.
Zaragoza, 1998.

[ 112 ]
04. M.ª Teresa Iranzo 17/2/10 14:08 Página 113

ARQUEOLOGÍA DEL ARCHIVO: INVENTARIOS DE LOS CONDES DE ARANDA

de poner los calendarios ha sido por no dar occasion a maliciosos escrudiñado-


res que, viendo esto, escudrinen mas de lo necesario, y no porque haia dexado
de berlas todas originalmente, que si algun criado a esta casa hasta hoy las ha
visto todas muy en particular, he sido yo, que por mas de quarenta años las he
llebado entre las manos y puestolas por orden que hoy estan, rubricadas cada
una en sus caxones. Y esse Imbentario y el de las luiçiones de los censales es
obra de mi mano, y fue bien neçessaria hacerse assi para luz de todo; dellas se
comprenden los maiorazgos que ha hubido en este linage y sus mugeres, y por
la orden que aqui va scripta se han de continuar en la sala de Almonezir que,
como al principio digo, es lo verdadero y cierto....
Ya al final de la genealogía de los Ximénez de Urrea con la que se cierra la
Crónica, refiriéndose a Luis Ximénez de Urrea (1562-1593), Abiego apostilla: Lo
que suçediere en tiempo de vuestro padre y buestro, podra escribir quien lo vie-
re. Para los que dende en adelante vinieren, lo que yo escribo asseguro ser todo
ello verdadero, como se podra ver por las escrituras: ay lo remito.
La Crónica de la casa de Urrea, por su parte, concluye con una famosa ins-
trucción sobre el ideal del comportamiento nobiliario que Miguel Ximénez de
Urrea (1479-1546) dirigió a su hijo Hernando (+1544), y que este Martín de
Abiego quiere hacer llegar al heredero de los Ximénez de Urrea, Luis, IV con-
de de Aranda, su contemporáneo, a quien dedica la obra. La instrucción, una
magnífica pieza de propedéutica renacentista que Enrique Galé ha interpretado
con precisión, contiene un par de consejos sobre dos cuestiones que reclaman
nuestra atención: la exhortación a huir de los censales como de la peste y una
interesante recomendación sobre cómo conducirse ante las solidaridades y ban-
dos nobiliarios56.

56 fol
[ . 68] Porque tu casa es cabeça de parçelidad en este reyno, esta siempre con el ojo habierto en
tener ganada la voluntad de todos tus parientes, amigos y criados. Y esto ha de ser ayudandoles y fabo-
resciendoles en todo lo que se les ofreciere, asi en paz como en guerra, digo en pendencias de vandos y
si entre amigos fuere, ponte luego a concertallas, y quando no bastes, habiendo puesto tus fuercas, esco-
ge al que mas encargo seas o el que mas te cumple, y aquel ayuda porque no los pierdas ambos y las
valenças que hizieres sean quales siempre esta casa ha acostumbrado porque es gran parte para la repu-
tacion y para ganar amigos de nuebo y conserbarlos suios. (...) [fol. 68v] Y por quanto siempre se te offre-
ceran mas gastos de lo que a vezes puede en algunos años bastar tu renta, esta desbelado que por nin-
guna cossa carges censal, que si una vez se carga por marabilla se quita, y si el un año cargases uno y
al otro te cumpliria cargar dos, y assi siempre creçeria la necessidad hasta que dieses con tu hazienda
en el suelo. Si necesidad tubieres, otro trato aunque te sea dañoso es mejor que este porque tanto que se
pagare çufrirte as de gastos voluntarios, que haziendolo assi he habido con demasiados gastos de gran-
des necessidades y ansi buscandose medios, aunque dañosos, siempre se hallan. Sobre la producción lite-
raria de Pedro Manuel Ximénez de Urrea, E. GALÉ CASAJÚS, “Aportación documental para el estableci-
miento de la biografía de Pedro Manuel de Urrea, señor de Trasmoz” en Turiaso, 14 (1997-1998), pp.
225-302 y 15V (1999-2000), pp. 229-285; y el estudio y edición crítica de la Peregrinación de las tres
casas Sanctas de Jerusalem, Roma y Santiago, Zaragoza, 2008, así como su contribución a estas mismas
Jornadas.

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04. M.ª Teresa Iranzo 17/2/10 14:08 Página 114

M.ª TERESA IRANZO MUÑÍO

CONCLUSIONES
Este trabajo se ha propuesto hacer un primer acercamiento a las relaciones
entre el archivo señorial y la memoria de la clase de la nobleza moderna, par-
tiendo del análisis de los inventarios conservados en el propio archivo.
Al trazar las etapas principales de la historia de la formación del archivo de
los condes de Aranda, he procurado mostrar cómo ponen de relieve la diná-
mica interna de funcionamiento del señorío. De tal forma que incidencias de
gran calado en el desarrollo histórico del condado de Aranda como los grandes
pleitos sucesorios, el endeudamiento o el secuestro de rentas por la monarquía
en época moderna tienen su plasmación en la elaboración de sendos inventa-
rios.
Herramientas pensadas para explicar y explicarse a sí mismos, otros inven-
tarios deben leerse desde la pasión por la genealogía. En un caso concreto, que
nos ha parecido especialmente relevante por el momento en que se produjo y
por la trascendencia simbólica para la casa de Aranda, el archivo nos permite
mostrar cómo la redacción de una gran crónica familiar se convierte en reali-
dad en la preparación de las pruebas de legitimación política y jurídica del
poder señorial. Ambas cuestiones –coyuntura económica y formas simbólicas de
representación del linaje– se aúnan en los trabajos de los notarios Jaime y
Martín de Abiego para el conde de Aranda a fines del siglo XVI.
Queda para otra ocasión, que espero muy próxima, una valoración más pro-
funda y detallada de las características intrínsecas de esos inventarios del archi-
vo de los condes de Aranda y de su función especular respecto a mentalidades
y comportamientos de la nobleza aragonesa bajomedieval y moderna.

[ 114 ]
05. Esperanza Velasco 17/2/10 14:09 Página 115

UNA VISIÓN DEL ARCHIVO DEL CONDADO DE ARANDA A


FINALES DEL SIGLO XVIII

ESPERANZA VELASCO DE LA PEÑA

Universidad de Zaragoza

El Archivo de la Casa de Aranda es la memoria histórica de una de las fami-


lias de la nobleza más relevantes de España. Es por tanto, a la vez y de forma
casi inseparable, un archivo familiar y un archivo nobiliario, que se ha ido con-
formando fundamentalmente con la documentación generada en la administra-
ción de cada uno de los señoríos, propiedades, derechos y acciones de los que
han sido titulares.1
Este texto tiene por objeto analizar el Archivo de la Casa de Aranda, conce-
bido como sistema de información al servicio de los condes titulares, a finales
del Antiguo Régimen. Nos detendremos especialmente en la función e impor-
tancia del archivo dentro de la administración de la Casa de Aranda; en el per-
sonal responsable del mismo y en el tratamiento técnico de los fondos; ofre-
ciendo también algunos datos sobre diferentes vicisitudes acaecidas a los
elementos que componen dicho sistema de información.
El marco cronológico de este trabajo tiene una justificación en los propios
cambios de titularidad. En efecto, el linaje Abarca de Bolea se incorpora a la
Casa de Aranda el 15 de mayo de 1723, cuando Pedro de Alcántara
Buenaventura Abarca de Bolea, IV marqués de Torres, gana el pleito que lo
convierte en el IX conde de Aranda. A su muerte, acaecida el 8 de enero de
17422, le sucede su hijo Pedro Pablo Abarca de Bolea y Pons de Mendoza,
quien también heredará el cuantioso patrimonio de su madre, María Josefa Pons
de Mendoza y Bournoville, fallecida el 16 de enero de 17673, acumulando en

1
Sobre el archivo de los condes de Aranda por IRANZO MUÑÍO, María Teresa. El archivo de
la Casa Ducal de Híjar. Memoria, poder y relaciones de parentesco en España, siglos X-XX. En:
CASAUS BALLESTER, Mª José (Coord.). Jornadas sobre el Señorío-Ducado de Híjar: siete siglos de
historia nobiliaria española. [Híjar (Teruel)]: Ayuntamiento de Híjar, Centro de Estudios del Bajo
Martín, [2007], p. 187-210.
2
AHPZ, CDH, I, 206, 1; y 370, 44.
3
AHPZ, CDH, IV, 127, 10.

[ 115 ]
05. Esperanza Velasco 17/2/10 14:09 Página 116

ESPERANZA VELASCO DE LA PEÑA

su persona los títulos y estados pertenecientes a sus progenitores. El título se


mantiene en este linaje sólo durante estas dos generaciones, pues el 9 de ene-
ro de 17984 fallece Pedro Pablo y con su muerte se extingue la filiación direc-
ta masculina de la Casa que él representaba. Le hereda su suegro y a la vez
sobrino Pedro de Alcántara de Silva, duque de Híjar5, que tomó posesión de los
Estados de su tío y pasó a ser el XI conde de Aranda a partir del 3 de febrero
de 1798. De los distintos fondos que conformaban el Archivo durante este perí-
odo, nos fijaremos casi de forma exclusiva en los procedentes de los Estados
de Aragón y Valencia.

1. LA CASA DE ARANDA COMO INSTITUCIÓN: ASPECTOS ORGANIZATIVOS

En época de Pedro Pablo Abarca de Bolea la Casa de Aranda se organizaba


espacial y administrativamente en tres grupos de Estados: los de Aragón, los de
Valencia y los de Cataluña6, todos ellos formados por un extenso patrimonio
compuesto de numerosos señoríos, propiedades, derechos, títulos y acciones.
Los ESTADOS DE ARAGÓN estaban constituidos por:
1. El Vínculo de Aranda, que reúne los bienes provenientes de los Ximénez
de Urrea ubicados en la actual provincia de Zaragoza:
• El Condado de Aranda.
• El Vizcondado de Rueda.
• Los castillos y villas de Épila, Mesones, Jarque, Tierga, Sestrica, Nigüella,
Lucena de Jalón, Almonacid de la Sierra, Salillas, Lumpiaque, Suñén, Urrea de
Jalón, Pomer y Morés.
• La Baronía de Trasmoz y La Mata de Castilviejo.

4
AHPZ, CDH, I, 83, 6; III, 125, 12, 2.
5
Pedro Pablo Abarca de Bolea casó en segundas nupcias con su sobrina nieta María del Pilar
Silva y Palafox el 14 de abril de 1784, en Madrid. Ésta era la segundogénita de Pedro Pablo de
Alcántara de Silva Fernández de Híjar y Abarca de Bolea, IX duque de Híjar, y de Rafaela de
Palafox Rebolledo. Por su parte, Pedro Pablo de Alcántara de Silva era hijo de Joaquín Diego de
Silva Fernández de Híjar y Portocarrero, VIII duque de Híjar, y María Engracia Abarca de Bolea y
Pons de Mendoza, hermana de Pedro Pablo. Véase el encarte de la Genealogía de la Casa de Híjar
en CASAUS BALLESTER, Mª José. La pinacoteca de la Casa Ducal de Híjar en el siglo XIX: Nobleza
y coleccionismo. Zaragoza: Institución Fernando el Católico, 2006, p. 122-123; Idem. Fuentes docu-
mentales para el estudio del Condado de Aranda. En: FERRER BENIMELI, José A. (Dir.); SARASA,
Esteban y SERRANO, Eliseo (Coord.). El conde de Aranda y su tiempo:o[Congreso
: Internacional
celebrado en Zaragoza, 1 al 5 de diciembre de 1998]. Zaragoza: Institución Fernando el Católico,
2000, v. II, p. 7-62.
6
Pueden consultarse al respecto los estudios de MORENO MEYERHOFF. Pedro. Genealogía y
patrimonio de la Casa de Aranda. En: El Conde de Aranda: Palacio de Sástago, Zaragoza, 1 de

[ 116 ]
05. Esperanza Velasco 17/2/10 14:09 Página 117

UNA VISIÓN DEL ARCHIVO DEL CONDADO DE ARANDA A FINALES DEL SIGLO XVIII

También había formado parte de este Estado el Vizcondado de Biota y El


Bayo, vendido en 1771 a Matías de Landáburu y Saloa.
2. El Estado de Torres7, que agrupaba los bienes procedentes de los Abarca
de Bolea, la mayoría de ellos situados en la actual provincia de Huesca:
• El Marquesado de Torres de Montes.
• El Ducado de Almazán.
• El Condado de Castelflorite.
• La Baronía de Gavín.
• La Baronía de Siétamo.
• La Baronía de Clamosa.
• La Baronía de Eripol.
• La Baronía de Antillón.
• La Baronía de La Almolda.
Los castillos y villas de Val de Rodellar, Puidecinca, Los Certales, Ola,
Olivito, Hospitaled, las Almunias, Almazorre y La Coloma.
El Señorío de Maella y el lugar de Villanueva de Almazán.
Los ESTADOS DE VALENCIA, procedentes también de los Ximénez de Urrea, se
extendían a lo largo del Reino valenciano, y se componían de:
• La Tenencia de Alcalatén.
• La Baronía de Cortes de Arenoso.
Habían formado parte de estos Estados la Baronía de Benilloba, vendida en
1756 a Francisco de Güemes y Horcasitas, I conde de Revillagigedo, y el
Señorío de Mislata, vendido en 1764 a la familia Cebrián.
Los ESTADOS DE CATALUÑA8, repartidos por este Principado y algunos puntos
del Rosellón. Fueron incorporados a la Casa de Aranda a través de la herencia

octubre-13 de diciembre de 1998. [Zaragoza: Diputación General de Aragón, 1998], p. 37-54; y


CASAUS BALLESTER, Mª José. Patrimonios archivísticos nobiliarios. La Casa de Híjar (Teruel). En:
GONZÁLEZ DE LA PEÑA, Mª del Val (Coord.). Estudios en Memoria del Profesor Dr. Carlos Sáez:
Homenaje. Alcalá de Henares: Universidad de Alcalá, 2008, p. 579-590.
7
Sobre los bienes del Estado de Torres veáse el trabajo de ANSÓN CALVO, Mª del Carmen.
La herencia paterna de D. Pedro Pablo Abarca de Bolea, X conde de Aranda. En: FERRER BENI-
MELI, José A. (Dir.); SARASA, Esteban y SERRANO, Eliseo (Coord.). El conde de Aranda y su tiem-
po:[Congreso Internacional celebrado en Zaragoza, 1 al 5 de diciembre de 1998].Zaragoza:
Institución Fernando el Católico, 2000, v. II, p. 151-187.
8
De obligada consulta para conocer la procedencia de este patrimonio es el estudio de
MORENO MEYERHOFF, Pedro. Linajes catalanes en el Condado de Aranda: la Casa de Rupit
(siglos XIV-XVIII). En: FERRER BENIMELI, José A. (Dir.); SARASA, Esteban y SERRANO, Eliseo
(Coord.). El conde de Aranda y su tiempo:o[Congreso
: Internacional celebrado en Zaragoza, 1 al 5
de diciembre de 1998]. Zaragoza: Institución Fernando el Católico, 2000, v. II, p. 99-134.

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ESPERANZA VELASCO DE LA PEÑA

recibida por Pedro Pablo Abarca de Bolea de su madre, María Josefa Pons de
Mendoza y Bournonville, y comprendían:
• El Marquesado de Rupit.
• El Marquesado de Vilanant.
• El Vizcondado de Joch.
• La Baronía de Jorba.
• La Baronía de Sant Genis.
• La Baronía de Orcau.
• La Baronía de Rabouillet.
• La Baronía de Santa Coloma de Farnes.
• La Baronía de Taradell.
• El Señorío de Tiurana.
• El Señorío de Vilaplana.
• El Señorío de Viladrau.
De los diferentes órganos y cargos administrativos de la Casa de Aranda,
interesa que nos detengamos, por su especial relación con la gestión docu-
mental y, sobre todo, con el Archivo, en las funciones y composición de la
JUNTA o CONTADURÍA, que conocemos fundamentalmente gracias a una orden
emitida el 14 de abril de 1730 por Pedro Buenaventura Abarca de Bolea, que,
a modo de Instrucción o Reglamento, establece las diferentes áreas de compe-
tencias y el modo de ejercerlas9.
Haciendo honor a su nombre, esta Junta es un órgano colegiado, compues-
to por seis personas que, citadas por el orden de preferencia que en el asien-
to y en la firma les da el conde, son: el Asesor General, el Contador, el
Tesorero, el Secretario, el Archivero y el Agente de Negocios. La Junta dispone
de poderes para actuar en todos los temas relacionados con la administración
de los bienes e intereses de la Casa de Aranda en Aragón y Valencia, excepto
las provisiones eclesiásticas y asuntos de gracia, sobre los que puede hacer pro-
puestas, siendo del conde la decisión final. También se reserva el titular del
señorío otorgar la enajenación de bienes, los arrendamientos que tengan una
duración de más de cuatro años, las licencias de caza, el uso de los palacios, y
la contratación y despido del personal de su servicio. Cada año, en el mes de
marzo, la Junta ha de presentar al conde una Cuenta General de todas las ren-
tas que se han hecho efectivas en el ejercicio anterior, indicando también los
atrasos sufridos en los cobros y sus causas.
Cada uno de los miembros de la Junta debe aceptar por escrito el cargo y
prestar juramento de ejercerlo fielmente. Las sesiones de este órgano se cele-

9
AHPZ, CDH, IV, 77, 9.

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UNA VISIÓN DEL ARCHIVO DEL CONDADO DE ARANDA A FINALES DEL SIGLO XVIII

bran todos los días del año, salvo los festivos10, en horario de 10 a 12’30 por
las mañanas, y de 17 a 19’30 en invierno, y de 15 a 17’30 en verano, dando en
cada caso un margen de cortesía de 15 minutos a los miembros retrasados. Los
temas tratados se someten a la votación de los presentes, decidiendo por mayo-
ría simple, registrándose la resolución adoptada en el correspondiente Libro de
Acuerdos.
Las sesiones de la Junta se celebran a puerta cerrada, en la Secretaría, con
la única presencia de sus miembros, y tomando precauciones para que nadie
más pudiera oír lo que allí se dice. Debemos destacar el secretismo que afecta
a las actuaciones tanto de la Junta como de cada uno de sus miembros por
separado: de los asuntos tratados, gestiones y opiniones sólo pueden tener
conocimiento las personas que deben intervenir en lograr que los mismos se
resuelvan a favor de los intereses del conde de Aranda. En caso de ser nece-
sario reunirse con alguna persona ajena a la Junta, sería recibida en la sala de
reuniones una vez que ésta hubiera terminado de deliberar, de forma que el
requerido se limitara a responder a lo que se le preguntara, y no pudiera obte-
ner ninguna información sobre el estado de los asuntos. Se contempla la posi-
bilidad de tener que celebrar Juntas con los abogados del conde, en cuyo caso
éste sería avisado con tiempo a fin de asistir y, si hubiera disparidad de crite-
rios, tomar él la decisión final.
Los temas del día se discuten en la Junta, y en ella se adoptan decisiones;
pero cada uno de sus miembros tenía a su vez un área de responsabilidad y
unas competencias, para cuyo desempeño cuentan en ocasiones con la ayuda
de otros empleados del conde. A causa de ese reparto de asuntos, había un
mueble-papelera en la Secretaría, y cada persona de la Junta tenía la llave del
apartado de este mueble donde guardaba los documentos correspondientes a
los negocios cuya gestión tenía encomendada. Cada miembro disponía también
de una llave de la Secretaría.
Quedan bajo la especial responsabilidad del ASESOR GENERAL el aspecto jurídi-
co de la defensa y aumento de los derechos del conde a cualquier tipo de
bienes, honores o prerrogativas, en un sentido muy amplio, dentro y fuera de
sus Estados. Nos interesa resaltar que este miembro, el principal de la Junta,
también tiene voto y calidad en la composición y cuidado del Archivo. Otra
obligación de este cargo es la de la buena administración de Justicia y equi-
dad con los vasallos. Para la gestión de estos asuntos cuenta con el apoyo del

10
Son festivos, según la Instrucción, los domingos, los tres días de Carnaval, Jueves y Viernes
Santo, el Día de Almas y Corpus Christi. Se les permite faltar por enfermedad, pero también, algún
día, por causa de diversión…como sea raras vezes y en ocasión que no se haga falta al puntual
gobierno y despacho.

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ESPERANZA VELASCO DE LA PEÑA

abogado principal del conde, que asiste a las reuniones celebradas por la Junta
los jueves por la mañana, y con otros abogados y procuradores que se ocupan
de los diferentes pleitos y negocios en los que el conde pueda estar metido. El
asesor general dispone de un horario más reducido, pues tiene libre las tardes,
salvo la del martes, en que hay correos. La mayor importancia de este cargo se
refleja en su salario: 320 libras jaquesas anuales, a cobrar en tandas bimestrales;
6 cahíces de trigo y 8 arrobas de aceite; más el dinero que, como asesor, le
corresponde percibir de todas las sentencias dictadas en los Estados del conde.
En caso de no poder asistir a las reuniones de la Junta, sería sustituido por el
abogado principal.
El CONTADOR se encarga de la gestión económica de los intereses del conde:
del estado de sus cuentas; control de ingresos y gastos, con iniciativas para
aumentar los primeros y disminuir los segundos; situación de fábricas y minas,
la conservación de los edificios, todos los asuntos relativos a los censalistas, etc.
Anualmente, entre el 15 de enero hasta el último día de febrero, ha de pasar
las cuentas a todos los administradores que el conde tiene en sus Estados.
También ha de controlar las cuentas de la mayordomía, del caballerizo, del
agente de negocios, y de otras personas que administran bienes del conde.
Para mejor realizar su gestión, lleva los Libros de Contaduría, donde asienta los
diferentes ingresos y pagos que realiza; y los Libros de Inventarios, con los que
visita al mayordomo, caballerizo y montero mayor para comprobar el estado de
los bienes adscritos a estos empleados. Su sueldo es de 240 libras jaquesas, a
cobrar en tandas bimestrales. En caso de impedimento para asistir a las sesio-
nes de la Junta sería sustituido por el secretario.
El TESORERO es el responsable de los caudales que se cobran y se pagan.
Para los ingresos debe llevar un Libro de Cargo o Entrada General, donde se
indican todas las rentas que debe producir la Casa de Aranda en virtud de sus
derechos y se registran conforme se cobran. Los ingresos realizados en especie
se traducirían a su valor equivalente en metálico. El tesorero es el único oficial
que, una vez intervenidos por el contador y siempre por orden de la Junta,
puede firmar recibos en nombre del conde a favor de quienes pagan y admi-
nistran las rentas. Para los pagos llevará otro libro, el de Descargo General,
donde se han de asentar todos los que se efectúan. Los correspondientes libra-
mientos también deben estar intervenidos por el contador. Los cobros sólo pue-
de realizarlos en la Oficina, y el dinero sólo puede depositarlo en los cofres
existentes para este fin. Tiene el mismo sueldo que el contador, y en caso de
no poder asistir a las reuniones es sustituido por el archivero.
Entre las funciones del SECRETARIO está la de asentar en el Libro de Acuerdos
las deliberaciones de la Junta, leyendo en cada sesión el acta de la anterior, a
fin de comprobar que se ha realizado lo que se había decidido. El libro de

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UNA VISIÓN DEL ARCHIVO DEL CONDADO DE ARANDA A FINALES DEL SIGLO XVIII

Acuerdos contendrá también copias substanciales de otros documentos, sin


duda aquellos sobre los que deban tomar alguna decisión. El secretario también
es responsable de la correspondencia, tanto de la que se recibe como de la que
se remite, y de entregar los documentos que acompañan a las cartas a los
miembros de la Junta a quienes competan. Él, por su parte, tendrá bien orde-
nada y bajo llabe la secretaría de cartas y cuydará de que estén año por año
divididas y que todas aquellas que excedan de diez años de antigüedad se sub-
an al archivo. Y como habrá todos los años un año de cartas que subir, lo exe-
cutará en la primera semana de el año, tomando rezivo de el archivero, colo-
cando en ella todas las que se deven guardar, ordenándolas con toda perfección
y rubricándolas con toda brevedad y claridad, para que por fuera se lea lo que
contiene la carta dentro. Otra tarea del secretario es hacer que se ejecuten las
provisiones, órdenes, etc. que afecten a la Junta. En el aspecto económico, se
encarga de las cuentas de los laudemios, que presentará en la Contaduría cada
seis meses. Su salario es también de 240 libras jaquesas, a cobrar en tandas
bimestrales. El agente de negocios ocupa el lugar del secretario cuando éste no
asiste.
El ARCHIVERO tiene como función específica la de atender el Archivo, cum-
pliendo una serie de tareas, señaladas en la propia Instrucción, sobre las que
nos detendremos más adelante. Estas tareas las realizaba durante las dos horas
y media de trabajo que tenía cada tarde: entraba con sus compañeros de la
Junta en la Secretaría, e inmediatamente él se debía salir para ir al Archivo, ubi-
cado en otra dependencia. En las reuniones a las que no asiste es sustituido
por el agente de negocios. Su salario, de 240 libras, lo cobra bimestralmente,
como los otros miembros de la Junta.
El AGENTE DE NEGOCIOS se encarga principalmente de estar al tanto del esta-
do de los pleitos en los que la Casa de Aranda es parte o tiene intereses, e
informar puntualmente a la Junta sobre la marcha de los mismos. Realiza dife-
rentes diligencias, entre las que está la de que los documentos de interés que
se generan en los Juzgados pasen al Archivo del conde. Para realizar su tra-
bajo lleva varios libros: uno de ellos para registrar el estado puntual de los
pleitos seguidos en Tribunales de fuera de Zaragoza, según los informes de los
apoderados; otro libro similar para los procesos seguidos en Tribunales de
Aragón; un tercer libro con los acuerdos tocantes a pleitos; y un libro diario
de los autos dictados por los Tribunales. También es el administrador de las
carnicerías de Zaragoza y otras rentas del conde en esta ciudad. Además es el
encargado de llamar a las juntas y pagar a los abogados. Su sueldo es de 240
libras jaquesas, a cobrar en tandas bimestrales, y sus ausencias las suple el
archivero.

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Instrucción de 1730 que regula el funcionamiento de la Casa y Estados de Aranda.


Fotografía: José Francisco Egea Gilaberte.

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UNA VISIÓN DEL ARCHIVO DEL CONDADO DE ARANDA A FINALES DEL SIGLO XVIII

2. EL ARCHIVO DE LA CASA DE ARANDA


2.1. La importancia del Archivo para los condes de Aranda
Los documentos son importantes para la Casa de Aranda porque dan testi-
monio de hechos y de derechos. Así, por un lado, sirven como pilar en la ges-
tión administrativa de la Casa y Estados, ayudando especialmente a que se res-
peten todos sus privilegios y que se cobren todas las rentas a las que el conde
tiene derecho. Este último extremo ha quedado patente al ver las funciones del
contador, del tesorero, del secretario y del agente de negocios, con responsa-
bilidades en el cobro y control de diferentes ingresos.
Por otro lado, la documentación respalda la defensa jurídica de esos dere-
chos y privilegios, tanto de los que posee como de los que aspira a poseer, y
así se aprecia al ver las obligaciones del asesor general, del agente de negocios
y, como veremos más adelante, del archivero. Recordemos a este respecto que
la Casa de Aranda fue parte en numerosos y a veces larguísimos procesos judi-
ciales a lo largo del siglo XVIII, enfrentándose contra otros nobles por la pose-
sión de señoríos, como las baronías de Sangarrén11, Antillón12, o Pertusa13; con-
tra Ayuntamientos, como los de Épila14 o Maella15; o contra particulares16.
Acorde con la importancia que tienen los documentos está la que la Casa de
Aranda otorga al archivero, a quien hace formar parte del grupo de seis perso-
nas de la máxima confianza del conde que gestionan y defiende sus asuntos. Y
con relación a los documentos y al archivero, hay que hacer hincapié en el
concepto que tienen del Archivo. Entienden por Archivo el conjunto de docu-
mentos que quieren conservar permanentemente porque son el soporte jurídi-

11
Por los Excelentissimos Señores Condes de Aranda y de Robres, marqueses de Torres, en el
pleyto de aprehension de la Baronía de Sangarren introducido a instancia de don Diego Virto de
Vera en el articulo de propiedad. CCPB000061551-X.
12
Por el Excelentisimo Señor Conde de Aranda, Marques de Torres, etc. En el pleyto de apre-
hension del condado de Castelflorid y Varonias de Antillon y la Almolda, etc. En el articulo de
propiedad sobre la Succession de dicho estado y bienes. / [Doct. D. Antonio Bernardo Bonet].
CCPB000577695-3.
13
AHPZ, CDH, I, 40, 90.
14
Así, entre 1741 y 1749 se sigue un proceso ante el superintendente general de rentas por
demanda del conde de Aranda contra el Ayuntamiento de Épila, por la carga que se le había
impuesto en la contribución.
15
Memorial en hecho, y derecho, en los autos de apelacion de la residencia hecha en la villa
de Maella por el señor temporal. En defensa de Pedro Cerbera, Juan Domimgo [sic] Martin, resi-
denciados. Y por la villa de Maella... / [Doct. Juan Longàs y Pasqual] (Texto fechado en Zaragoza
el 4 de abril de 1723). CCPB000711668-3.
16
Como unos procesos que se siguen a principios del siglo XVIII por daños en el Jalón en la
torre de Mareca. AHPZ, CDH, IV, 94, 31.

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ESPERANZA VELASCO DE LA PEÑA

co que les sirve para salvaguardar sus derechos. Según se dice muy gráfica-
mente en la Instrucción de 1730, los documentos son las armas con que todo
se haia de defender y pleytear y conseguir.

2.2. Fondos documentales y depósitos


El archivo de los condes de Aranda está formado por un grupo de fondos17
procedentes de la incorporación de los archivos pertenecientes a los distintos
señoríos que han entroncado a lo largo de los tiempos con la Casa de Aranda,
y que a finales del siglo XVIII, en virtud de las distintas herencias y títulos acu-
mulados, conforman los correspondientes a los Estados de Aragón, Valencia y
Cataluña que hemos visto.
La mayor parte de los fondos de los Estados de Aragón y Valencia estaban
en el palacio zaragozano del Coso, palacio que fue donado a los Abarca de
Bolea en 1703 por don José de Gurrea y Aragón, pasando a formar parte de su
mayorazgo18. El Archivo estaría situado en una de las plantas superiores, pues
el secretario debía “subir” la documentación para llevarla al Archivo desde la
Secretaría. Por su parte, los fondos pertenecientes a Cataluña se encontraban en
Barcelona, en la casa sita en la Puerta del Ángel, propiedad de María Josefa
Pons de Mendoza19
Pero no todos los documentos de los Estados de Aragón se concentraban en
un solo depósito. La eficacia o la necesidad administrativa hace que también los
haya en algunos de sus municipios. Así lo demuestra un inventario, realizado
en 1740, de los diferentes bienes y derechos del conde, incluidos los “pape-
les”20. En su mayoría son documentos relacionados con los derechos señoriales.
En Épila se conservaban unas ordinaciones del municipio; unos cuadernos
de antípocas de 1612, 1625, 1671 y 1729-1730; y 116 escrituras de antípocas,
testificadas por un notario de la segunda mitad del siglo XVII. También un

17
GARCÍA ASER, Rosario y LAFUENTE URIÉN, Aránzazu. Archivos nobiliarios: cuadro de cla-
sificación. Sección Nobleza del Archivo Histórico Nacional. [Madrid]: Ministerio de Educación,
Cultura y Deporte, [2000], p. 19.
18
El 2 de marzo de 1703 se protocolizaba la donación hecha por José de Gurrea y Aragón,
olim de Urriés y Marcilla, regente de la General Gobernación del reino de Aragón, a favor de
Pedro de Alcántara Buenaventura Abarca de Bolea, hijo y sucesor de los marqueses de Torres. El
donante puso como condición que la casa debía formar parte del mayorazgo del futuro marqués
de Torres. AHPNZ. Andrés Francisco Torrijos, 1703, ff. 258r/267r.
19
MORENO MEYERHOFF, Pedro. Op. cit. Linajes catalanes…, p. 102.
20
AHPZ, CDH, I, 206, 1. Otra copia en CDH, IV, 42, 4.

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UNA VISIÓN DEL ARCHIVO DEL CONDADO DE ARANDA A FINALES DEL SIGLO XVIII

cabreo de rentas de Épila de 1602; otro de Épila, Suñén, Salillas y Biota del año
1612; y dos escrituras de tributación otorgadas por sendos particulares a favor
del conde.
Además, en Épila había documentación de otros lugares, sin duda como
consecuencia de su función de cabecera administrativa: dos libros de 1629,
correspondientes a las rentas de Rueda y de Lumpiaque, respectivamente; una
escritura de mojonación entre Rueda y Épila, otra entre Berbedel y Salillass, y
una tercera entre Salillas y Lucena; la carta de población de Lumpiaque; dos
testimonios notariales de las cantidades que debe pagar Salillas al conde; un
cabreo de antípocas de las rentas de Sestrica, del año 1625; un borrador de las
antípocas de Salillas de 1731; y la escritura de la fundación de una capellanía
en Trasmoz, en el altar del Santo Cristo.
El volumen documental presente en otros municipios no es tan grande. En
Urrea guardaban dos cabreos de las antípocas de las rentas del conde, corres-
pondientes a los años de 1686 y 1702; un borrador de las antípocas de 1733; y
un libro de contabilidad de la dominicatura de esta villa de los años 1727 a
1739.
En Almonacid de la Sierra tenía el conde de Aranda un libro de antípocas
correspondientes a los treudos de este municipio del año 1686; otro del mismo
contenido, pero de 1718; un tercer libro con la minuta del estado en que se
hallaban los fundos treuderos al conde, realizado poco antes del inventario; y
un cuaderno con las relaciones de deudores por treudos de varios años.
En Trasmoz se hallaban dos libros, incompletos, con cabreos de las hereda-
des de los quiñones de este municipio.
Queda claro, por lo tanto, que complementando al archivo de Zaragoza, que
hace funciones de archivo central e histórico, la administración del señorío se
ayudaba también de una red de archivos, cada uno con los pocos documentos
necesarios para la mejor defensa y gestión de los intereses de la Casa de
Aranda en los correspondientes municipios. Este modelo de red de archivos
administrativos es común en los grandes estados nobiliarios, como señala
Miguel F. Gómez Vozmediano21, y como ha documentado María José Casaus
para el Ducado de Híjar22.

21
GÓMEZ VOZMEDIANO, Miguel F. “Archivos nobiliarios españoles: pasado, presente y ¿futu-
ro? Tipología documental e investigación modernista”. En: Andújar Castillo, F. y Díaz López, J. P.
(coord). Los señoríos en la Andalucía Moderna. El Marquesado de los Vélez. Almería: Instituto de
Estudios Almerienses, 2007, pags. 139-210.
22
CASAUS BALLESTER, María José. Archivo Ducal de Híjar. [Zaragoza]: Diputación General de
Aragón; Instituto de Estudios Turolenses, 1997, p. 74-77.

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ESPERANZA VELASCO DE LA PEÑA

La relación existente entre cada señorío productor de documentación y su


fondo documental hace que, siguiendo unos criterios lógicos, cuando la titula-
ridad de alguno de estos señoríos pasa a otras manos, la documentación que
ha generado también pase al nuevo titular. Así ocurre cuando a la muerte de
Pedro Pablo Abarca de Bolea los Estados de Aragón, Valencia y de Cataluña
pasan a su suegro/sobrino, Pedro de Alcántara de Silva, IX duque de Híjar.
La documentación relativa a los Estados de Valencia y Cataluña se inventa-
ría y se la envían a Madrid, embalada en veintiún esterados y bien acondicio-
nados cajones, de los cuales uno, el mas grande, corresponde a Valencia y los
otros veinte, los pertenecientetes a Cataluña, venían desde Barcelona. El trasla-
do se encarga a Santiago Mozota, vecino de María de Huerva, que va acompa-
ñado de un hombre armado para defender el cargamento. Ambos parten de
Zaragoza el día 22 de febrero de 1798 y llegan a Madrid el 3 de marzo siguien-
te. El transportista percibió por realizar este servicio la suma de 2.247 reales de
vellón, gasto al que habría que añadir el pagado al guarda armado, que no se
indica23.
Creemos que la documentación de los Estados de Aragón también fue tras-
ladada al palacio del duque Híjar, sito en la Carrera de San Jerónimo de la capi-
tal de España24. Así parece indicarlo la anotación Yndice del Archivo de Madrid
puesta a modo de título en el lomo del libro que recoge el extracto del índice
general de dicho fondo hecho en 1798, a la muerte del conde.
Este traslado haría que en Zaragoza, a la muerte de Pedro Pablo, se
fuera guardando solamente la documentación más reciente, la que se estaba
produciendo por la gestión administrativa de los Estados de Aragón, es decir,
por la Administración General de Zaragoza y por las nueve administraciones
subalternas que se establecen en sustitución del modelo existente en época de
los Abarca de Bolea. Durante la Guerra de la Independencia el palacio sufrió
importantes daños en su estructura, concretamente en el ángulo del Coso con
la calle de Santa Catalina25, pero desconocemos si el archivo se vio afectado.

23
AHPZ, CDH, IV, 42, 10.
24
Este palacio pertenecía a la Casa de Híjar desde 1774. Véase CASAUS BALLESTER, Mª José.
Op. cit. La pinacoteca de la Casa Ducal de Híjar…, p. 78-79.
25
El arquitecto José de Yarza, en un escrito fechado el 12 de marzo de 1814, dice que este
palacio fue volado por los enemigos todo lo que corresponde al ángulo de las calles del Coso y
Santa Catalina, en cuyo punto se hallaba una de las torretas, compañera de la que existe en el otro
extremo de la fachada. AHPZ; CDH, I, 448, 3.

[ 126 ]
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UNA VISIÓN DEL ARCHIVO DEL CONDADO DE ARANDA A FINALES DEL SIGLO XVIII

Primera página del Extracto del Índice General del Archivo del Conde de Aranda y detalle del lomo.
Fotografías: José Francisco Egea Gilaberte.

2.3. El personal del Archivo


La atención del archivo recaía en un archivero, cargo que, como hemos vis-
to, queda definido y consolidado en la Instrucción de 1730. En ella se estable-
cen sus obligaciones, dando singular importancia a las funciones de custodia
y control de la documentación, a fin de mantener la integridad del fondo.
También se indican los trabajos técnicos, pero no se profundiza en cómo deben
realizarse. En concreto, las tareas que debe llevar a cabo son:
– CUSTODIAR LA DOCUMENTACIÓN. El archivero era el responsable de las llaves del
archivo, sin poder dejárselas a nadie. Se hace especial énfasis en que la docu-
mentación no salga del archivo bajo ningún pretexto, salvo la que deba llevarse a
la Junta para su consulta, y aun aquí la tendrá bajo llave. Tampoco puede desve-
lar a ninguna persona no autorizada qué documentación hay en el Archivo, ni
qué información contiene. Aquí se refleja una vez más el carácter patrimonial del
archivo, de propiedad exclusiva del conde, y por ello completamente inaccesible
y secreto fuera del círculo de empleados que gestionan sus negocios.
– RECIBIR LAS TRANSFERENCIAS DE LA SECRETARÍA. La Instrucción, en el apartado
dedicado al secretario, determina que las cartas que tengan diez años de anti-
güedad ingresarán en el Archivo la primera semana del año, dando el archive-
ro el correspondiente recibo. Como ya se ha dicho, el secretario habrá ordena-
do e identificado previamente las cartas que deban guardarse, rubricándolas
con toda brevedad y claridad para que por fuera se lea lo que contiene la car-
ta dentro.

[ 127 ]
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ESPERANZA VELASCO DE LA PEÑA

– ORGANIZAR LA DOCUMENTACIÓN. La Instrucción dice literalmente ordinación,


pero entendemos que esta voz englobaría las tareas de clasificación, ordenación
e instalación de los documentos.
– DESCRIBIR LA DOCUMENTACIÓN. Se le encomienda la elaboración de dos cabre-
os puntualísimos de quanto tiene en el archivo, uno para que esté en el propio
Archivo y el otro para que lo tenga la Junta.
– CONTROLAR LOS FONDOS. En caso de tener que facilitar algún documento al
asesor, al agente de pleitos o a cualquier otro miembro de la Junta, deberán fir-
marle el correspondiente recibo. Asimismo se encargará de reclamar los docu-
mentos prestados y de recuperar los perdidos.
– LIBRAMIENTO DE COPIAS. Si le piden algún documento que debiera salir fue-
ra de Zaragoza, se hará una copia, que será la que se llevarán, guardándose el
original en el Archivo. El propio archivero podía hacer copias, tanto simples y
como autorizadas por él mismo; pero si fuera necesario disponer de copias
autorizadas con valor jurídico deberían ser hechas por notarios u otras perso-
nas con competencia para ello. En este segundo caso los gastos serían pagados
por el agente de negocios con dinero de la bolsa de pleitos.
– CONOCER Y ESTUDIAR LA DOCUMENTACIÓN existente en el propio archivo, y ave-
riguar la que pudiera haber en otros de interés para el conde. Así, el archivero
de motu propio facilitará a la Junta la información que sepa y considere de uti-
lidad para los negocios y asuntos de la Casa de Aranda.
– SERVIR a la Junta, abogados, procuradores y otros agentes del conde los
documentos y la información que le pidan.
Sabemos quiénes fueron algunos de los archiveros de los condes de Aranda
durante el período de los Abarca de Bolea. Así, al menos desde los años 40 del
siglo XVIII el cargo estaba ocupado por José Miguel de Asso, hermano de
Onofre, gobernador general de los Estados de la Casa de Aranda, y de Antonio,
administrador general de la misma. José Miguel fue archivero tanto con Pedro
Buenaventura Abarca de Bolea como con su hijo Pedro Pablo26. Años más tar-
de pasó a ser asesor general27.
Entre 1767 y 1777 está documentado como archivero Melchor Berzabal,
quien compaginaba este cargo con el de agente de negocios, y que anterior-
mente había sido segundo agente del conde Pedro Buenaventura28.

26
AHPZ, CDH, IV, 149, 2.
27
AHPZ, CDH, IV, 38, 3.
28
AHPZ, CDH, IV, 38, 3.

[ 128 ]
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UNA VISIÓN DEL ARCHIVO DEL CONDADO DE ARANDA A FINALES DEL SIGLO XVIII

Las fuentes nos dicen que desde 1785 el archivero era Ramón Royo, infan-
zón, domiciliado en Zaragoza, quien desempeñó el oficio al menos hasta 1788.
En dichos años, y en virtud de las funciones inherentes a su cargo, fue comi-
sionado por la Junta para ir a diversos archivos a revisar documentos y extraer
datos que justificaran los derechos del conde Pedro Pablo al condado de La
Rosa como descendiente de los Abarca y de otros linajes. Nos consta que estu-
vo en Jaca, en el propio palacio de los condes de La Rosa, para consultar el
archivo, aunque las noticias que tenemos nos dicen que sin éxito: el armario
estaba cerrado y no se hallaba en la ciudad la persona que tenía la llave.
También estuvo en el monasterio de San Juan de la Peña, con el mismo fin y
con el encargo de buscar además información sobre la genealogía de los
Ximénez de Urrea. E incluso se propone que vaya a Murillo de Gállego, don-
de al parecer había protocolos de notarios que habían trabajado en las monta-
ñas de Jaca con escrituras de interés para el conde29.

2.4. El tratamiento archivístico


La archivística del siglo XVIII vive bajo la influencia de la paleografía y la
diplomática, y está considerada como auxiliar de la Administración. Es una dis-
ciplina empírica que todavía no ha desarrollado un cuerpo doctrinal y por tan-
to no se sustenta en bases científicas. En nuestro país no hay tratadistas de
archivística30, y sólo autores extranjeros proponen los métodos y criterios que se
han de seguir en la organización de los fondos documentales. Criterios, que,
por otro lado, no siempre son coincidentes.
Dentro de esta línea, y por la influencia que pudo tener en España, intere-
sa que nos fijemos en los criterios archivísticos del benedictino alemán Oliver
Legipont31, expuestos en la obra Dissertaciones philologico-bibliographicae

29
AHPZ, CDH, I, 83-13, 83-16, 83-19, y 83-21. Veáse también: BRIOSO MAIRAL, Julio V. El
Condado de la Rosa y el Conde de Aranda. En: Homenaje a don Antonio Durán Gudiol. Huesca:
Instituto de Estudios Altoaragoneses, 1995, p. 123-130.
30
Sobre la historia y evolución de la archivística es pertinente consultar: MENDO CARMONA,
Concepción. El largo camino de la Archivísitica: de práctica a ciencia. SIGNO. Revista de Historia
de la cultura escrita, nº 2, 1995, p. 113-132; Idem. Los Archivos y la Archivística: evolución histó-
rica y actualidad. En: RUIZ RODRÍGUEZ, Antonio Ángel (Ed.). Manual de archivística. Madrid:
Síntesis, 1995, p. 19-36. FUSTER RUIZ, Francisco. Los inicios de la archivística española y europea.
Revista General de Información y Documentación, vol 6, nº 1, 1996, p. 43-78; VIVAS MORENO,
Agustín. El tiempo de la archivística: un estudio de sus espacios de racionalidad histórica. Ciência
da Informação, vol. 33, nº 4, 2004, p. 76-96. Disponible en: [Link]
article/view/622/556.
31
Sobre la influencia de Oliver Legipont resulta de interés el trabajo de PONS ALÒS, Vicente.
“El siglo XVII y los comienzos de la archivística moderna: la obra de Oliver Legipont y los archi-
vos eclesiásticos valencianos”. Memoria ecclesiae, nº 8, 1996, pp. 379-399.

[ 129 ]
05. Esperanza Velasco 17/2/10 14:09 Página 130

ESPERANZA VELASCO DE LA PEÑA

(Norimbergae: impensis Pauli Lochneri & Mayeri, 1746) 32, que en nuestro país
fue traducida al castellano y editada conjuntamente con su Itinerarium, sive
Methodus Apodemica, peregrinationis nobilis et eruditæ bene instituendæ præ-
cepta modumque exhibens (Augustae Vindelicorum: s.i., 1751) por el jurista
Joaquín Marín bajo el título Itinerario en el que se contiene el modo de hacer
con utilidad los viajes a cortes extranjeras (Valencia: Benito Monfort, 1759). Al
parecer, esta edición de Marín tuvo cierta difusión en España.
Las Disertaciones, contenidas en la segunda parte del Itinerario, son dos: la
primera hace referencia a la organización de las bibliotecas, y la segunda, que
es la que nos interesa, se titula Sobre el modo de poner en orden un archivo,
está dedicada a la organización de estos fondos documentales.
En esta Disertación queda esbozado el principio de procedencia cuando el
autor indica que para saber rápidamente qué hay en el archivo, los documen-
tos deben ser clasificados según el título de los dominios, derechos, campos,
facultades y materias. Luego, todos los documentos clasificados bajo un mismo
epígrafe deben ser guardados juntos, en un armario o cajón del mueble-archi-
vo. Es decir, se produce una separación física de los documentos en virtud de
sus diferentes procedencias orgánicas o funcionales. Los armarios y/o cajones
estarán numerados, y los documentos de cada armario o cajón se ordenarán
cronológicamente, del más antiguo al más moderno, y se agruparán en líos,
que propone contengan diez documentos cada uno, o quantos dictasse la
orden de la razon. A cada lío se le asignará una letra del alfabeto, lógicamen-
te de forma ordenada, comenzando por la A. Y en cada documento, a modo
de signatura, se indicará la letra que corresponde a su legajo y el número de
orden que tiene dentro del mismo. Al frente de cada lío se pondrá una hoja de
papel en la que se escribirá el número de armario o cajón, la letra del lío, y
una regesta de los documentos que contiene, incluyendo en ella la fecha.
Una vez clasificados y ordenados los documentos, se pasaría a la fase de ela-
boración de los instrumentos de descripción, que Legipont denomina índices.
Propone que sean dos: uno topográfico, según la ubicación física de los docu-
mentos. El otro tendría la relación de todos los documentos, ordenados crono-
lógicamente. Los índices han de contener un resumen de cada documento, sus
datas tópica y cronológica; y la signatura, compuesta del número de cajón o
armario, la letra del lío, y el número del documento dentro de su legajo.
Frente a la de Legipont, encontramos otras propuestas archivísticas que
tuvieron bastante difusión, tanto en España como en buena parte de Europa.
Por ejemplo, las de dos autores franceses, Le Moine y Chevrières. Chevrières

32
Existe otra edición del mismo taller tipográfico de 1747.

[ 130 ]
05. Esperanza Velasco 17/2/10 14:09 Página 131

UNA VISIÓN DEL ARCHIVO DEL CONDADO DE ARANDA A FINALES DEL SIGLO XVIII

plantea que los documentos se han de ordenar cronológicamente; mientras que


Lemoine propone como criterios por un lado la clasificación de los fondos por
materias, ordenadas alfabéticamente, y por otro la clasificación atendiendo a la
tipología documental33.
Aunque en un grado variable, podemos percibir la influencia de las doctri-
nas representadas por estos tres autores, en especial de Legipont, en los traba-
jos de organización del archivo de la Casa de Aranda.
Conocemos la organización de la documentación de los Estados de Aragón
gracias al Extracto del Yndice general de los documentos del archivo del
Excelentisimo Señor Conde de Aranda con respecto al formado en el año de
179834. Se trata de un libro manuscrito; de 150 folios numerados, más dos en
blanco y otro final sin foliar con el índice del contenido; y encuadernado en
pergamino.
Está estructurado en 47 agrupaciones o secciones, que se establecieron
siguiendo diferentes criterios, pues toman como referencia en unas ocasiones a
los señoríos, en otras a los lugares y en otras a materias. Los problemas que
presentan algunos documentos, que no pueden ser incluidos en este modelo
de secciones, obligó a establecer otras más generales, como son las denomina-
das Comunes. Así, en Comunes de Aragón se adscribirían documentos que afec-
tan a un amplio número de municipios que el conde posee en este Reino,
como aprehensiones de sus Estados, o la solicitud de agua del Jalón por parte
de la ciudad de Zaragoza. También se incluyeron en esta sección documentos
que, simplemente, no tenían cabida en ninguna otra, como el nombramiento de
procurador, o la toma en arriendo de unas casas sitas en Madrid. Sólo en la
sección de Patronados se han establecido subsecciones.
El Extracto nos ofrece la relación de contenidos de 3.469 asientos que se
corresponden con las unidades de localización existentes en cada sección o
subsección, y con numeración propia corrrelativa en cada una de ellas. La des-
cripción, por tanto, consiste en un apunte muy conciso de los documentos. Tan
sucinto que a veces se limita a una palabra, que puede ser el tipo documental,
por ejemplo Tributación (Rueda, nº 32); o el asunto a que se refiere, por ejem-

33
LE MOINE, Pierre Camille. Diplomátique practique, ou tratité de l’arrangement des archives
et tresor des chartes, ouvrage nécessaire aux commissaires à terriers, aux dépositaires de titres des
anciennes seigneuries, Metz, Joseph Antoine, 1765. LE MOINE, Pierre-Camille y BATTENEY,
Joseph. Supplément à la “Diplomatique pratique” de M. Le Moine, contenant une méthode sûre
pour apprendre à déchiffrer les anciennes écritures et arranger les archives, Paris, Despilly, 1772.
CHEVRIÈRES, Jean Guillaume de. Le nouvel archiviste, contenant une nouvelle méthode de ranger
un chartier dont l’ordre chronologique est le base. París, Chez l´Auteur, 1775.
34
AHPZ, CDH, V, 99, 2.

[ 131 ]
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ESPERANZA VELASCO DE LA PEÑA

Página del Extracto del Índice correpondiente a la sección de Rueda de Jalón.


Fotografía: José Francisco Egea Gilaberte.

[ 132 ]
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UNA VISIÓN DEL ARCHIVO DEL CONDADO DE ARANDA A FINALES DEL SIGLO XVIII

plo Maravedí (Rueda, nº 37). Sin embargo, pese a la brevedad, la información


presentada es suficiente para obtener una visión de conjunto del fondo docu-
mental.
Las secciones del archivo, según esta fuente, son las que a continuación se
relacionan, con indicación de las unidades de localización de cada una de ellas:
[1]Épila (1 a 187. La 134 en blanco).
[2]Rueda (1 a 96. La 47, 48, 49 y 70 en blanco).
[3]Urrea (1 a 88).
[4]Lumpiaque (1 a 39).
[5]Salillas y Lucena (1 a 59).
[6]Mareca y Soto de los Arbueses (1 a 91).
[7]Almonacid de la Sierra (1 a 72).
[8]Mesones y Nigüella (1 a 43).
[9]Morés (1 a 88).
[10] Sestrica (1 a 58).
[11] Aranda y Pomer (1 a 82. La 82 en blanco).
[12] Tierga (1 a 24).
[13] Jarque (1 a 59).
[14] Trasmoz (1 a 175. La 84 en blanco).
[15] Casas de la plaza de San Pablo (1 a 12).
[16] Privilegios (1 a 113).
[17] Capitulaciones matrimoniales (1 a 156).
[18] Testamentos (1 a 200. La 22 y 197 en blanco, dentro de las cuales están
incluidos, pero con encabezamiento propio, los Testamentos de los
Liñán de Vera, señores que fueron de la boronía del lugar de Pomer de
la 191 al 195).
[19] Censos del Estado de Aranda (1 a 50. La 49 en blanco).
[20] Patronados del Estado de Aranda:
- Beneficio en San Lorenzo de Zaragoza (1 a 6).
- Beneficios de Épila y Suñén (1 a 26).
- Convento de San Sebastián del Orden de San Agustín
en la villa de Épila (1 a 26).
- Convento de monjas de la Purísima Concepción en la
villa de Épila (1 a 33).
- Convento de capuchinos en la villa de Épila (1).
- Patronados de los beneficios curados y coadjutorías del
Estado de Aranda (1 a 16).
- Beneficio fundado en La Seo de Zaragoza bajo la invo-
cación de San Francisco, por los ejecutores de Ana de
Robres (ninguna).

[ 133 ]
05. Esperanza Velasco 17/2/10 14:09 Página 134

ESPERANZA VELASCO DE LA PEÑA

[21] Comunes de Aragón (1 a 287. La 286 en blanco).


[22] Torres de Montes (1 a 14).
[23] Siétamo (1 a 79. Falta la 31).
[24] Ola y Los Certales (1 a 29).
[25] Clamosa y Puy de Cinca (1 a 36).
[26] Eripol, Almazorre y Hospitaled de Espulguillo (1 a 21).
[27] Valle de Rodellar (1 a 12).
[28] Casas del Coso (1 a 24).
[29] Zaidín y Oso, correspondientes al Condado de Castelflorido (1 a 18).
[30] Baronía de Antillón (1 a 75).
[31] La Almolda (1 a 29).
[32] Baronía de Gavín (1 a 48).
[33] Beneficio de San Felipe (1 a 12).
[34] Beneficio de la iglesia de San Miguel de Graus so la invocación de
Corpus Christi (1 a 5).
[35] Beneficio fundado en la iglesia de La Seo de Huesca, bajo la invocación
de San Juan Bautista (1 a 9).
[36] Beneficio fundado en la iglesia del Pilar de Zaragoza, en la capilla de
Santiago (1 a 6).
[37] Beneficios fundados en la parroquial de Caspe (ninguna).
[38] Capilla y entierro en el convento de San Francisco, de Zaragoza (1 a 8).
[39] Comunes de Torres: baronía de Siétamo, Gavín, Clamosa, Puidecinca y
valle de Rodellar. (1 a 493).
[40] Maella (1 a 280. Con encabezamiento propio Papeles pertenecientes a
varios vecinos y Concejo de Maella (de la 233 hasta el 278).
[41] Villanueva de Almazán o Santa Susana (1 a 28).
[42] Carnicerías del Azoque (1 a 60).
[43] Rectoría de Maella (1 a 82).
[44] Beneficios de Maella (1 a 4).
[45] Beneficios de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza (1 a 10).
[46] Condado de la Rosa (1).
[47] Censales de la baronía de Siétamo y agregados (1 a 53).

Nos consta que había secciones que disponían de inventarios donde la des-
cripción documental está mucho más detallada, como ocurre con las de
Comunes de Aragón35, Patronatos36, o Testamentos37. Estos inventarios fueron

35
AHPZ, CDH, IV, 42-10.
36
AHPZ, CDH, IV, 15-13.
37
AHPZ, CDH, IV, 42-10-4.

[ 134 ]
05. Esperanza Velasco 17/2/10 14:09 Página 135

UNA VISIÓN DEL ARCHIVO DEL CONDADO DE ARANDA A FINALES DEL SIGLO XVIII

elaborados entre 1790 y 1798, y nos muestran que así, a modo de ejemplo, en
el de Comunes de Aragón encontramos la siguiente regesta:
[al margen: N 24. Difinimiento de la ciudad de Zaragoza]
Difinimiento otorgado por la ciudad de Zaragoza al Sor. conde don Miguel
y a los consejos de las villas de Épila, Rueda, Urrea y Almonacir. En 15 de octu-
bre de 1499, ante Lorenzo Lóriz, notario de Zaragoza.
Sin embargo, en ocasiones también nos encontramos con documentos cuya
descripción detallada les interesaba menos, como ocurre, en la misma sección,
con el número 9, correspondiente a Un lío que contiene las ordinaciones de los
pueblos de Aragón.
En cuanto al sistema de instalación, sabemos por los inventarios citados que
la documentación estaba alojada en armarios con cajones por secciones.
El inventario concerniente a la documentación de los Estados de Valencia se
titula Razón de los papeles que se extrahen del archivo de la excelentísima seño-
ra condesa de Aranda en Zaragoza para remitirsen al excelentisímo señor
duque de Híjar, su padre correspondientes a los Estados de Valencia que dicho
señor entra a poseher por muerte del excelentísimo señor don Pedro Pablo
Abarca de Bolea, conde de Aranda38.
Está dispuesto en un cuaderno que consta de 74 páginas (paginación
actual). Se estructura en 13 apartados o secciones agrupadas por lugares y
materias que se distribuyen en 267 asientos numerados correlativamente dentro
de cada sección. A su vez, cada asiento se corresponde con la descripcion de
una unidad de localización, que comprende uno o varios documentos. El arco
temporal que abarcan es desde 1233 hasta 1798. En cada seción siguen un
orden cronológico, aunque no riguroso. La descripción es pormenorizada,
incluyendo el tipo documental, un resumen detallado del contenido y la fecha.
Se indica también cuando el documento es copia y en la documentación nota-
rial, generalmente, se menciona al notario.
La función primordial que tuvo este inventario en su momento fue servir
como relación de entrega del fondo al duque de Híjar. Quedaron excluidos del
inventario algunos documentos, que no se remitieron por estar vinculados a
bienes que heredó María del Pilar Silva, condesa viuda de Aranda.
Las secciones establecidas, junto con el número de unidades de localización,
eran las siguientes:

38
AHPZ, CDH, IV, 42-10-1.

[ 135 ]
05. Esperanza Velasco 17/2/10 14:09 Página 136

ESPERANZA VELASCO DE LA PEÑA

[1] Alcora (1 a 44. En nota: se especifica que no se incluyen los documen-


tos 13, 19 y 20 por pertenecer a la condesa como heredera de su mari-
do).
[2] Rectoría de Alcora (1 a 8).
[3] Real Fábrica de Loza de Alcora (1 a 36. En nota: no se incluyen el 9 y
10 por pertenecer a la condesa como heredera de su marido).
[4] Lucena [del Cid] (1 a 16).
[5] Rectoría de Lucena [del Cid] (1 a 7).
[6] Figueroles (1 a 6).
[7] Chodos y Las Useras (1 a 14).
[8] Cortes de Arenoso (1 a 38).
[9] Privilegios (1 a 6).
[10] Beneficios del fundado en la iglesia de San Salvador de Valencia, bajo la
invocación de San Julián (1 a 2).
[11] Beneficio el fundado en la parroquial de San Andrés de Valencia, bajo
la invocación de San Juan Bautista y Evangelista (1 a 4).
[12] Comunes de Valencia (1 a 76).
[13] Censales del Estado de Valencia (1 a 15).

Páginas del Inventario de los Estados de Valencia, realizado en 1798.

[ 136 ]
05. Esperanza Velasco 17/2/10 14:09 Página 137

UNA VISIÓN DEL ARCHIVO DEL CONDADO DE ARANDA A FINALES DEL SIGLO XVIII

CONSIDERACIÓN FINAL

El Archivo para los condes de Aranda es una parte integrante de su patri-


monio, y una herrramienta eficaz para el ejercicio de su poder y autoridad. Es
un sistema transversal de gestión e información que le sirve como arma legal
para conseguir sus fines.
El Archivo ocupa un lugar importante dentro de la administración de la Casa
de Aranda, donde, incluso, encontramos elementos suficientes como para poder
hablar de la existencia de un sistema archivístico:
• Una normativa que lo regula: la Instrucción de 1730.
• Personal técnico adscrito al mismo: el archivero.
• Un archivo de gestión: entendiendo como tal el conjunto de documentos
generados y recibidos por la Junta y cada uno de sus cargos en el ejercicio de
sus funciones y en el curso de sus actividades.
• Un archivo central e histórico, al que ellos denominan y consideran
Archivo.
• Una red de pequeños archivos administrativos ubicados en las distintas
administraciones de la Casa y Estados de Aranda.

[ 137 ]
05. Esperanza Velasco 17/2/10 14:09 Página 138

ESPERANZA VELASCO DE LA PEÑA

APÉNDICE DOCUMENTAL

1730, abril, 14. Zaragoza


Apartado referente al cargo de archivero contenido en la Instrucción dada
por Pedro Buenaventura Abarca de Bolea para el gobierno y administración de
sus Estados.

AHPZ.: CDH, IV, 77, 9, ff. 5v/6r.


Al especial cargo y cuidado de nuestro Archivero estará el archivo, esto es,
sus llabes, su ordinación, la formación de cabreos o índices, el estudio de todo
lo que contiene, el recobro de todos los papeles perdidos y de poner los que
faltan, con lo que dará a nuestra Junta todas las noticias que se le pidan y
todas las escrituras. Y assí mismo de oficio avisará y prevendrá en la Junta
todas las noticias que adquiera y puedan traher útil a la Casa y Estado, siendo
de cargo suyo el dar las armas con que todo se haia de defender y pleytear y
conseguir. Y de la misma suerte a los gobernadores, administradores y agentes
deverá darles las noticias, copias de papeles conduzentes a que ellos puedan
bien manejarse, que serán auténticas o privadas por simples copias, según lo
que pide la necesidad. Formará sin dilación de tiempo dos cabreos puntualísi-
mos de quanto tiene el archivo, uno para que permanezca en él y otro en la
Junta. No podrá prestar papel alguno a nadie, ni dezir que lo ay, ni lo que con-
tienen, ni dejar la llave de el archivo a nadie, ni podrá sacarlos de casa, ni lle-
varlos a su quarto ni a otro puesto, sino es a la Junta, donde los tendrá bajo
su llabe, y si fuere necesario alargar alguno de ellos al asesor, agente de pley-
tos, o a qualquier otro de la Junta, no podrá hazerlo, sino tomando rezivo
suyo, y solicitará sin contemplación y con eficacia volberlo a recobrar luego y
reponerlo en el archivo, a fin de que se logre nuestra expresa voluntad de que
ningún papel falte de él con cualquier pretexto o causa que sea, a cuyo efec-
to siempre que sea menester sacar algunos papeles para pleytos o para otros
efectos, o fuera de Zaragoza, o para nuestros Estados, se ha de hazer una
copia, la que se remitirá, quedando siempre el original en el archivo, y los gas-
tos que en esto se hicieren se pagarán por la bolsa de pleytos que lleba el
agente de negozios, con prevención de que en las Juntas de la tarde se haia de
entrar con los demás de la Secretaría, e inmediatamente se saldrá de ella e irá
al archivo a emplear en él los trabajos de las mismas dos oras y media que los
demás en la Secretaría. Y con esto le señalamos por sueldo suyo en virtud de
esta nuestra orden que damos a la Junta, contador y thessorero 240 libras
jaquesas pagaderas por mesadas de dos en dos meses.

[ 138 ]
06. Enrique Galé 17/2/10 14:12 Página 139

LA CREACIÓN LITERARIA EN EL SENO DE UN


CLAN FAMILIAR: LA OBRA DE PEDRO MANUEL DE URREA

ENRIQUE GALÉ CASAJÚS

Universidad de Zaragoza

1. INTRODUCCIÓN
En estos momentos, tras el descubrimiento y reciente publicación de la últi-
ma y más importante de sus obras, la Peregrinación de las tres casas sanctas de
Jherusalem, Roma y Santiago, que se había dado por desaparecida,1 la impor-
tancia literaria de la obra de Pedro Manuel de Urrea (Épila, 1485 - Épila, 1524)
se sitúa a una altura similar a la de algunos de los más representativos escrito-
res españoles del Primer Renacimiento como Diego de San Pedro, Juan del
Encina o Juan Boscán. De hecho, y pese a la casi total ausencia hasta hace
poco de estudios particulares de la producción literaria de Urrea,2 sus dos gran-
des obras, el Cancionero y la Peregrinación, sobresalen por méritos propios en
el conjunto de la literatura escrita en castellano a finales del siglo XV y princi-
pios del XVI en España.

1
Pedro Manuel de Urrea: Peregrinación de las tres casas sanctas de Jherusalem, Roma y
Santiago, vol. I: Estudio Introductorio y II: Edición crítica anotada, ed. de Enrique Galé, Institución
Fernando el Católico, Zaragoza, 2008.
2
Sobre la Penitencia de amor, la obra del señor de Trasmoz más valorada por la crítica actual:
Pedro Manuel Ximénez de Urrea: Penitencia de amor. (Burgos, 1514), ed. de R. L. Hathaway, Exe-
ter, Exeter University Press, 1990; “Penitencia de amor compuesta por don Pedro Manuel de
Urrea”, en Jose Luis Canet: De la comedia humanística al teatro representable, Uned-Universidad
de Valencia, Valencia, 1993, ps. 125-181 y Pedro Manuel Ximénez de Urrea: Penitencia de amor,
ed. de Domingo Yndurain, Akal, Madrid, 1996. Vd. también J. L. Canet: “La Penitencia de amor de
Pedro Manuel de Urrea (Burgos, 1514)”, Anexos de la Revista Lemir: <[Link]/Lemir/Tex-
tos/Penitencia/[Link]>. Se trata de la versión digital de la edición impresa anterior.
Estudios más concretos sobre la misma obra en Jesús Gómez: “Los libros sentimentales de los
siglos XV y XVI: sobre la cuestión del género”, Epos, 6 (1990), ps. 521-532 y “Las cartas de amo-
res, Celestina y el género literario de la Penitencia de amor de Urrea”, Celestinesca, 14 (1990), ps.
3-16 y en Régula Rohland de Langbehn: “Penitencia de amor de Pedro Manuel Giménez de Urrea,
¿entre la Celestina y la novela sentimental?”, Bulletin of Hispanic Studies, LXXIV (1997), ps. 93-106,
“Materiales sapienciales y emblemáticos en Penitencia de amor, de Pedro Manuel Giménez de
Urrea”, en Azucena A. Fraboschi, Clara I. Stramiello de Bocchio y Alejandra Rosarossa (eds.): Stu-
dia Hispanica Medievalia IV. Actas de las V Jornadas Internacionales de Literatura Española
Medieval (Buenos Aires, 1999), Pontificia Universidad Católica Argentina, Buenos Aires, 1999, ps.

[ 139 ]
06. Enrique Galé 17/2/10 14:12 Página 140

ENRIQUE GALÉ CASAJÚS

Por un lado, su Cancionero3 presenta, en el amplio conjunto de la poesía


cancioneril española de esa época, una serie de características peculiares que lo
singularizan: es el único poemario impreso publicado exclusivamente con las
obras literarias de un miembro de la alta nobleza; es el único cancionero ara-
gonés que recoge obras pertenecientes a todos los géneros literarios del
momento; el único que conoció más de una edición impresa con la obra de un
escritor de esta tierra y, algo extraordinariamente llamativo, el único conjunto
de obras literarias cuyas composiciones no fueron editadas en ningún otro can-
cionero colectivo. Esto último a partir de ese momento será bastante habitual
con las obras completas de poetas renacentistas como Boscán y Garcilaso pero
no había sucedido con anterioridad en la península, puesto que en la poesía
del siglo XV lo normal era que las piezas poéticas fueran recopiladas discre-
cionalmente por los antólogos o, directamente, por los editores.

262-271 y La unidad genérica de la novela sentimental española de los siglos XV y XVI, Queen
Mary and Westfield College, Londres, 1999, especialmente ps. 36 y 60.
Otras piezas también bastante atendidas por la crítica han sido sus églogas a partir de los pri-
meros acercamientos individualizados de Aurora Egido: Bosquejo para una Historia del teatro en
Aragón hasta finales del siglo XVIII, Institución Fernando el Católico, Zaragoza, 1987 y, sobre todo,
“Aproximaciones a las Églogas de Pedro Manuel de Urrea”, I Curso sobre lengua y literatura en
Aragón, Institución Fernando el Católico, Zaragoza, 1991, ps. 217-255. Posteriormente, Jesús Maire
Bobes: La obra dramática de Ximénez de Urrea, tesis doctoral inédita, Madrid, Universidad
Complutense, 1992; J. L. Canet: “La Égloga de la Tragicomiedia de Calisto y Melibea de Pedro
Manuel de Urrea (Logroño, 1513)” en <[Link]/Lemir/Textos/Egloga/[Link]>; Marta C.
Ayala: “Índices léxicos de la ‘Égloga de Calisto y Melibea’ y su comparación con el primer acto de
La Celestina”, Archivo de Filología Aragonesa, 38 (1986), ps. 251-264. J. Maire: “La ‘Nave de segu-
ridad’ de Urrea. Forma y contenido”, Epos, XIII (1997), ps. 171-187; “Las églogas profanas de
Pedro Manuel Ximénez de Urrea”, Teatro, 11 (1997), ps. 45-78 y “Tipología de los villanos en las
églogas de Ximénez de Urrea”, Alazet, X (1998), ps. 65-77. Vd. también M. I. Toro: “Espacio escé-
nico y simbología religiosa en los albores del teatro cortesano”, Via Spiritus, 7 (2000), ps. 119-140
y F. J. Grande y S. Tovar: “Liturgia y representación en la Égloga sobre el Nascimiento de Nuestro
Señor de Pedro Manuel Ximénez de Urrea”, ponencia presentada en el XI Congreso Internacional
de la Société Internationale pour l´Étude du Théâtre Médiéval, Elche del 9 al 14 de agosto de 2004;
Pietro Taravacci: “Riscrittura e innovazione nella ‘Égloga de la Tragicomedia de Calisto y Melibea’
di Pedro Manuel de Urrea”, Quaderni di filologia romanza, 10 (1993), ps. 171-208 y Pedro Manuel
Ximénez de Urrea: Égloga de la Tragicomedia de Calisto y Melibea, ed. de P. Taravacci, Pàtron,
Bologna, 1993.
Menos fortuna crítica han tenido sus prosas alegóricas, que sólo han contado con algunas edi-
ciones ocasionales como “Casa de Sabiduría”, en J. Maire: Teatro breve de la Edad Media y del
Siglo de Oro, Akal, Madrid, 2003, ps. 62-63, y, sobre todo Pedro Manuel Ximénez de Urrea: Jardín
de hermosura, edizione crítica, studio introduttivo e note a cura di Monica von Wunster, Marco
Baroni editore, Luca, 1996.
3
Pedro Manuel Ximénez de Urrea: Cancionero, ed. y pról. de M. Villar, Imprenta del Hospicio
Provincial, Zaragoza, 1878 para la edición del Cancionero, Logroño, Arnao Guillén de Brocar, 1513.
Pedro Manuel de Urrea: Églogas dramáticas y poesías desconocidas, ed. e intr. de E. Asensio, Joyas
bibliográficas, Madrid, 1950, para las adiciones del Cancionero de todas las obras, Toledo, Juan de
Villaquirán, 1516. María Isabel Toro: El Cancionero de Pedro Manuel de Urrea, tesis doctoral inédi-
ta, Universidad de Salamanca, 1998, para el Cancionero de todas las obras en su conjunto.

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LA CREACIÓN LITERARIA EN EL SENO DE UN CLAN FAMILIAR: LA OBRA DE PEDRO MANUEL DE URREA

Y por lo que a la Peregrinación respecta, el original modelo compositivo


utilizado por el autor, el moderno uso de la voz del narrador-autor ficcionando
la realidad vivida, la hábil mezcolanza de géneros, tan del gusto renacentista, o
la interesante figura de este gran señor aragonés que se pasea por todo el
Mediterráneo interpretando y dejando constancia del complejo mundo que le
rodea, situarán con el tiempo y su conocimiento la última obra del señor de
Trasmoz en el alto lugar literario que le corresponde, más allá del que por sí
solos le confieren el hecho de tratarse del primer libro de viajes aragonés o el
desgraciado destino que le deparó la prohibición inquisitorial de mediados del
siglo XVI.
Pero junto a todo lo anterior y puesto que en esta ponencia sólo nos pode-
mos centrar en un aspecto muy concreto de la vasta producción literaria del
señor de Trasmoz, hay un aspecto muy llamativo en su obra que sin duda tie-
ne un gran interés resaltar aquí, dadas las características concretras de las
Jornadas que nos ocupan: la inusual, amplia y en muchas ocasiones esencial
presencia del entorno familiar de este importante miembro de una de las más
poderosas familias de la nobleza aragonesa en el origen y destino de su crea-
ción poética.
Para dejar constancia inicial de este hecho, presentamos a continuación el
listado de las composiciones de Urrea que están de una manera u otra vincu-
ladas a algún miembro de su familia, entendiendo este concepto en un sentido
nobiliario medieval, es decir, el conjunto amplio de personas vinculadas al poe-
ta por relaciones de parentesco y afinidad social, lo que en este trabajo va a
ser denominado, de forma aproximativa, el “clan” familiar.

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ENRIQUE GALÉ CASAJÚS

A.- CANCIONERO DE 1513


1.- Prólogo introductorio, a D.ª Catalina de Híjar, su madre.
16UC-1 [ID 4716]4
2.- Carta dedicatoria inicial, a la misma. 16UC-2 [ID4717]
3.- Credo glosado a D.ª Catalina de Urrea, su hermana, con una carta dedi-
catoria. 16UC-5 [ID4720]
4.- Sobre el pleito de la condessa, su madre, con el conde, su hermano, con
un prólogo a D. Luis de Híjar, su tío. 16UC-34 [ID4729]
5.- A la condesa D.ª Aldonza de Cardona, su cuñada. 16UC-40 [ID4735]
6.- Peligro del mundo, a su madre. 16UC-42 [ID4737]
7.- A D.ª María de Sessé, su esposa, con una carta dedicatoria.
16UC-43 [ID4737]
8.- Fiestas de amor, a D. Jaime de Luna, su cuñado, con un prólogo intro-
ductorio. 16UC-49 [ID4743]
9.- Sepoltura de amor, a su hermano Miguel, con un prólogo introductorio.
16UC-58 [ID4752]
10.- A la condessa, su madre, cuando se quemó el castillo.
16UC-62 [ID4755]
11.- Romance sobre la muerte del condestable de Navarra, primo hermano
de la madre del poeta. 16UC-82 [ID4782] desecha: 16UC-83 [ID4783 D
4782]
12.- Glosa sobre un villancico, a su mujer. 16UC-98 [ID4791 G 0711]
13.- Canción a D.ª María, su mujer. 16UC-109 [ID4802]
14.- Carta dedicatoria del conjunto de los villancicos, a D.ª Beatriz de Urrea,
su hermana. 16UC-143 [ID4836]

B.- LA PENITENCIA DE AMOR DE 1514


15.- Prólogo dedicando la obra a su madre.

C.- ADICIONES DEL CANCIONERO DE TODAS LAS OBRAS DE 1516


16.- Coplas en loor del conde su hermano. 16UC-25 [ID7542]
17.- Rueda de peregrinación, a su madre, con un prólogo dedicatorio.
16UC-64 [ID7559]

4
Las referencias remiten a la clasificación estardarizada por Brian Dutton: El Cancionero del
siglo XV, c. 1360-1520. VI: impresos 1513 (13UC) - 1520 (20*YT) + 16 RE (Resende). Cancioneros
musicales a cargo de Jineen Krogstad, Universidad de Salamanca, Salamanca, 1991: ps. 1-73
(13UC), 241-244 (14UP) y 256-284 (16UC). A lo largo de todo el artículo citaré el texto del
Cancionero por la que fue su última edición, es decir, Toledo, 1516.

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LA CREACIÓN LITERARIA EN EL SENO DE UN CLAN FAMILIAR: LA OBRA DE PEDRO MANUEL DE URREA

D.- LA PEREGRINACIÓN DE 1523


[Prólogo original, dedicando la obra a su madre.]5
18.- Coplas … sobre la muerte de la condessa de Aranda, su madre.
19.- Romance sobre la muerte de la condessa, su madre, donde dize la tris-
tura que dexa en la villa que se llama Xarque.

2. LA CREACIÓN LITERARIA EN EL AMBIENTE FAMILIAR DEL ESCRITOR

Buena parte de la producción literaria del Primer Renacimiento español res-


ponde a unos condicionantes extraliterarios muy particulares que poco o nada
tienen que ver con los presupuestos desarrollados en el mundo occidental, a
partir del Romanticismo, como modelo para la expresión literaria culta. En prin-
cipio y sin que la presencia de poemas concretos producidos por motivos que
podamos considerar más “modernos” invalide el punto de partida general, los
poemas recogidos en los cancioneros del siglo XV y la primera mitad del siglo
XVI no nacen de una necesidad íntima de expresión poética personal sino que
son respuesta a una convención social.6 La condición de noble, de letrado o de
cortesano, en una época en la que el dominio de las técnicas retóricas de la
creación literaria podía considerarse un lujo sólo accesible a una minoría de
personas muy interrelacionadas, además, entre sí por parentesco y convivencia,
implicaba la demostración de ese dominio en determinados contextos sociales.
El caballero de finales de la Edad Media compone versos a su dama como
maneja la espada en el torneo o como hace ostentación de su divisa en un des-
file, por exigencia, costumbre y conveniencia social.
De este modo, los principales cancioneros que han llegado hasta nosotros,
procedentes de las cortes reales de los Trastámara hispánicos, en las que se
movían los nobles y los cortesanos a los que pertenecen los poemas, están lle-
nos de ejemplos de este origen ocasional, retórico y efímero de la poesía de la
época. Sobrevive en estos textos el rumor de las lobas arrastradas por el pavi-

5
La muerte de D.ª Catalina, posterior a la primera redacción de la obra pero anterior a su
publicación, hizo que el autor modificase el prólogo, dejando constancia en el texto, como vere-
mos, de la modificación.
6
“Si para nosotros la poesía es, ante todo, expresión de la subjetividad, en la sociedad medie-
val, desde los orígenes de la lírica trovadoresca y de la novela, se trata, ante todo, de una expe-
riencia colectiva: el público es siempre inmediato -los miembros del círculo donde el autor se des-
envuelve -y la comunicación entre autor y receptor es, por tanto, personal y directa, lo que
condiciona decisivamente la creación literaria”, Vicente Beltrán: “Prólogo”, en J. Manrique: Poesía,
Barcelona, Crítica, 1993, p. 3.

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mento de los alcázares castellanos o el ánimo burlón de los cortesanos que


desean sobresalir entre sus iguales para llamar la atención de los nobles a los
que sirven o de sus reyes.
Este uso de la poesía como elemento propio de la relación social entre per-
sonas de una determinada clase social se halla presente en la forma de vida de
los antepasados de Pedro Manuel de Urrea a lo largo de todo el siglo XV. El
último de los poemas recogidos en el Cancionero de Palacio, por ejemplo, fue
escrito por un Pedro de Urrea que, probablemente, era el tío-abuelo del poeta,
virrey de Valencia en tiempos de Juan II.7 En ese mismo cancionero encontra-
mos otro poema de Juan de Sessé, abuelo de la esposa de nuestro poeta. Y de
otro Sessé, casi con seguridad el padre de D.ª María, se conserva el mote con
el que justó a finales del siglo XV.8
Ya desde los tiempos de Ticknor9 se viene teniendo en cuenta la importan-
cia de la creación literaria en el contexto cotidiano de la vida familiar de algu-
nos clanes nobiliarios peninsulares de la época. Así, el citado autor, tras refe-
rirse a los Manrique, trae a colación precisamente a los Urrea en este mismo
sentido:
Another family that flourished in the time of Ferdinand and Isabella, and one
that continued to be distinguished in that of Charles the Fifth, was marked with
similar characteristics, serving in high places in the state and in the army, and
honored for its success in letters. It was the family of the Urreas. Thes first or the
name who rose to eminence was Lope, create Count of Aranda in 1488; the last
was Gerónimo de Urrea, who must be noticed hereafter as the translator of
Ariosto, and as the author of a treatise on Military Honor, which was published
in 1566.
Both the sons of the first Count of Aranda, Miguel and Pedro were lovers for
letters; but Pedro only was inbued with a poetical spirit beyond that of his age,
and emancipated from its affectatios and follies. His poems, which he published
in 1513, are dedicated to his widowed mother, and are partly religious and part-
ly secular. Same of them show that he was acquainted with the Italian masters”.

Y el propio Pedro Manuel de Urrea recuerda ese interés por la literatura de


los miembros más cercanos de su familia en el “Prólogo” que antecede a su
Cancionero:

7
Vd., al respecto, Anexo I.
8
Aparece como 0957 S 0915 en la citada recopilación de B. Dutton, recogido dentro de uno
de los cancioneros manuscritos de la British Library con el nº. LB1-274. El volumen fue redactado
en la parte inicial del reinado de los Reyes Católicos, época en que ocupaba el cargo de baile de
Aragón D. Manuel de Sessé, suegro de Pedro Manuel de Urrea.
9
George Ticknor: History of Spanish Literature, London, 1863, vol. 1, p. 371.

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Yo devría callar, lo uno por mi dezir no ser bien dicho, lo otro porqu´el
conde, mi señor, que santa gloria possea, ha dicho tan bien que ha dexado tan-
ta memoria de sí por aquello para entre trobadores, como por lo otro para entre
cavalleros. Pues si digo del señor conde, mi hermano, no menos dezir se
puede.10

Otros testimonios indirectos nos informan, también, del gusto general por la
cultura humanística y, más en concreto, por la creación literaria entre los fami-
liares más cercanos al autor de la Peregrinación. Así, de su padre, Lope
Ximénez de Urrea, primer conde de Aranda, una crónica familiar cuenta:
“Salió tan gran gastador que en tiempo que no se usaban brocados ni bor-
daduras andaba él tan lleno de ello y recoxía en su casa tantos Cavalleros y con
tales obras que, allende de ser quien era, lo estimaron mucho. Revolbía justas,
momerías y otros bullicios donde sacaba ymbenziones ricas y letras, y hazía en
ello extremos gastos, así de lo que él tra?a como de lo que algunos Cavalleros
ayudaba, y enviándole el Visorrey su Padre treinta sacres y doze Cavallos de la
brida, en un día los dio todos, y aun porque havía ofrecido unos quantos caval-
los más, los compró para cumplir su palabra… Con esto se dio a las letras i por
ser de muy sutil ingenio alcanzó mucha Philosophía y Teología i el libro que lle-
gaba en sus manos de qualquier facultad, lo declaraba tan bien que los que le
o?an quedaban marabillados”.11

Dos conceptos literarios aparecen recogidos en este fragmento: las “inven-


ciones ricas y letras” y los libros “de cualquier facultad”, es decir, la pura poe-
sía ocasional propia de esa nobleza letrada que “juega” a la literatura junto con
el gusto por el estudio formal de disciplinas consideradas “serias”. Y todo ello
entremezclado con el resto de los elementos propios de la forma de vida nobi-
liaria del momento: vestuario, justas, “dádivas desmedidas”…
Más aún: puesto que estamos hablando de un miembro del clan Urrea-Híjar,
no debemos olvidar la presencia en un horizonte un poco más lejano del más
ilustre de los antepasados del poeta desde el punto de vista intelectual, Juan

10
Pedro Manuel de Urrea: Cancionero de todas las obras, f. 2r. En realidad, del segundo con-
de de Aranda sólo se conserva su Instrucción político-cristiana, pequeño manual de buena con-
ducta escrito, para adoctrinamiento de su heredero. El tono moral, didáctico y religioso del opús-
culo tiene mucho que ver con buena parte de las inquietudes del señor de Trasmoz.
11
Se trata de un manuscrito dedicado a D.ª Luisa María de Padilla, mujer de D. Antonio
Ximénez de Urrea, conde de Aranda a principios del siglo XVII. El texto se conserva en el Archivo
Ducal de Híjar (ADH), 4-38-1. Con esa personalidad típicamente señorial conviene la existencia de
hasta cuatro composiciones líricas recogidas a su nombre en los cancioneros del siglo XV: ID2339
G 2340, ID2370, ID2372 e ID2374, de acuerdo con la catalogación estandarizada. Incluimos estos
poemas del padre de Pedro Manuel de Urrea en el Anexo I.

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Fernández de Híjar, conocido como “El Orador”, bisabuelo del poeta, que había
dejado recuerdo en la memoria de la cultura aragonesa de la época de perso-
na especialmente “letrada”, con perfecto dominio del latín culto y acostumbra-
da a moverse por las cortes europeas de la primera mitad del siglo XV.12
Para terminar este repaso, si prolongamos ahora hacia adelante este listado
de familiares relacionados con la cultura literaria de la época, habrá que men-
cionar también a Serafí de Centelles, noble valenciano, primo hermano de
Pedro de Urrea como hijo que fue de Francesc Gilabert de Centelles, primer
Conde de Oliva, y de doña Beatriz de Urrea, hermana del primer conde de
Aranda y tía, por lo tanto, del señor de Trasmoz. A este noble valenciano está
dedicado nada menos que el Cancionero General, la más importante recopila-
ción de poesía cancioneril del siglo XVI.
En palabras de Óscar Perea:
Don Serafín no sólo representa el arquetipo de noble culto y letrado del
Reino de Valencia, curtido en las letras y con aficiones poéticas, sino que, en su
caso concreto, estas inquietudes literarias cristalizaron en la creación de un cír-
culo de poetas e intelectuales alrededor de su corte nobiliaria, entre los que fig-
uran los nombres de Juan Luis Vives, Bernardí Vallmanya, Hernando del Castillo
y Joan Baptista Anyes.13

Y finalmente, no podemos pasar por alto a Jerónimo de Urrea, último gran


escritor de la familia, que en sus primeros años de vida todavía llegó a cono-

12
Latassa recoge, en su artículo sobre “el Orador” una referencia de la Vida de Fernando I de
Lorenzo Valla, l. II, f. 9v.: Joannem Isari Dominum, ex vetusta regum stirpe, et in literis humani-
tatis ex omni Hispania nullu secundum, en Félix de Latassa: Biblioteca antigua de los escritores
aragoneses que florecieron desde la venida de Christo hasta el año 1500, t. II, Zaragoza, Medardo
Heras, 1796, ps. 199-202. Del mantenimiento de esta tradición literaria entre los Híjar, que alcan-
zó hasta los tiempos de Pedro de Urrea, da fe el mal llamado Cancionero de Juan Fernández de
Híjar, el Orador, una de las recopilaciones manuscritas más importantes de finales de aquel siglo.
En esta colección, alguien de la casa de Híjar fue copiando en fases sucesivas, como lectura pri-
vada, algunos de los textos fundamentales de esta literatura cancioneril de la que aquí vengo
hablando. Posteriormente, ya entrado el siglo XVI, el Cancionero fue ampliado con nuevos textos,
anónimos, siempre dentro de esa misma tradición literaria. La presencia de este Cancionero en el
entorno familiar más cercano a Pedro Manuel de Urrea es la prueba más concreta de que los tex-
tos poéticos prestigiosos del siglo XV como el Laberinto de Fortuna o las Coplas de Manrique
mantenían toda su vigencia literaria tanto para las personas de las que hubo de depender la edu-
cación del poeta -esencialmente, su madre, una Híjar-, como para los potenciales lectores de su
cancionero personal, su familia más cercana.
13
Óscar Perea Rodríguez: “Valencia en el Cancionero general de Hernando del Castillo: los
poetas y los poemas”, Dicenda. Cuadernos de Filología, 21 (2003), p. 231. El mismo crítico recuer-
da también que el propio Luis Vives se dirigió a este noble valenciano con estas palabras:
“Envíote, paladín invicto, estos dos opúsculos míos como a quien, en esa nuestra ciudad, a la más
alcurnia y a las riquezas más crecidas, agregó la más peregrina erudición”.

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cer al señor de Trasmoz y que con el paso del tiempo se convirtió en uno de
los principales introductores del Renacimiento italiano en España con su tra-
ducción de la Arcadia de Sannazaro, el Orlando furioso de Ariosto y El caba-
llero determinado de Olivier de la Marche, su novela pastoril hoy desaparecida
La famosa Épila y su novela caballeresca Don Clarisel de las Flores.14

3. CLASIFICACIÓN DE LAS COMPOSICIONES DEDICADAS A SUS FAMILIARES

3.1 Poemas y Destinatarios


Hecha excepción de los poemas amorosos y satíricos, la mayoría de las
composiciones del Cancionero de Pedro de Urrea está escrita para los dife-
rentes miembros de su familia pero puede distinguirse en ellas una tipología
relativamente bien definida dependiendo del destinatario concreto de cada pie-
za.15
Por un lado, algunos de estos textos figuran entre los que con mayores pre-
tensiones cultas escribió el autor, tanto por el tipo de lenguaje como por el
material poético del que se servía. Así, las Fiestas de amor, dedicadas a D.
Jaime de Luna, su cuñado, Peligro del mundo, a su madre, o la Sepoltura de
amor, dirigida al conde de Aranda, su hermano, se caracterizan, sobre todo,
por la utilización de cultismos, la oscuridad de las imágenes y metáforas de que
se sirve y por el uso de esquemas alegóricos o series numéricas propios de los
poemas más prestigiosos de los grandes poetas de la tradición culta castellana,
como Fernán Pérez de Guzmán, el Marqués de Santillana o Juan de Mena. Hay,
por lo tanto, una clara relación entre las composiciones poéticas más cultas y
los destinatarios de más alta posición social.
Por otro lado, el Credo glosado, dirigido a su hermana Catalina, o la pro-
pia Peregrinación, escrita inicialmente para su madre, tanto por los temas
religiosos que tratan como por la utilización del texto latino para el desarro-
llo de la obra, pertenecen a un tipo de literatura tenido en la época por más
apropiado para “dueñas” como la hermana del poeta o la condesa-viuda de
Aranda. De hecho, otros cancioneros de la época de tono eminentemente
religioso y moral se publicaron dedicados a grandes damas de la nobleza ara-
gonesa: el Cancionero de Luzón, a D.ª Juana de Aragón, duquesa de Frías, y
el Cancionero de Ramón de Llavia, a D.ª Francisquina de Bardaxí, madre,
precisamente, de D. Juan Fernández de Heredia, cuñado del señor de

14
El más completo estudio sobre la vida y la obra de Jerónimo de Urrea sigue siendo Pierre
Geneste: Le capitaine poéte aragonais Jerónimo de Urrea. Sa vie et son oeuvre ou chevalerie et
Renaissance dans l´Espagne du xviè siècle, París, Ediciones Hispanoamericanas, 1978.
15
Vd. el cuadro genealógico correspondiente de los anexos.

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ENRIQUE GALÉ CASAJÚS

Trasmoz.16 Y lo mismo sucedió con otros relatos de peregrinación contempo-


ráneos de la Peregrinación de Urrea: la primera versión manuscrita de la obra
de fray Antonio de Medina Tratado de los misterios de la Tierra Santa iba diri-
gida a la duquesa de Nájera, Juana de Cardona, mientras que, por su parte,
en la Verdadera información de la Tierra Santa de fray Antonio de Aranda la
epístola prologal va dirigida a D.ª Francisca y D.ª Juana Pachecho, hijas de
los condes de Villena.
Otras composiciones pertenecen al campo de los elogios personales, sobre
todo sendas “laudationes” enderezadas a su hermano y a su cuñada, en las que
el autor se limita a acumular una serie de tópicos de alabanza, en la línea de
los poemas encomiásticos que tantos poetas cortesanos dedicaron a sus protec-
tores. En estos poemas, de ínfima calidad literaria, debemos ver, sobre todo, la
posición subordinada del poeta con respecto al cabeza de su linaje, dentro de
la rígida estructura jerárquica de las viejas familias de la nobleza aragonesa. Más
interés presentan el romance en memoria del condestable de Navarra, cuyo
destinatario en realidad sería la madre del poeta, prima hermana del finado,
junto a la cual éste residía en el momento de su muerte, y, sobre todo, el poe-
ma que Urrea dedica a su mujer. Se trata, éste último, de un texto de tono
moral y autobiográfico que no halla parangón en la literatura de la época. La
atípica alabanza de la propia mujer,17 el manejo original de ciertos tópicos de la
poesía cancioneril y el tono personal y sincero de todo el poema lo hace uno
de los mayores logros del Cancionero.
Una última modalidad la componen piezas que no tienen en apariencia sino
un mero valor introductorio y ocasional, sin que pueda precisarse a primera vis-
ta una relación directa entre el poema y su destinatario. La dedicatoria a D. Luis
de Híjar es posterior y ajena al poema “sobre el pleyto” que prologa, y la que va
dirigida a D.ª Beatriz de Urrea, pese a estar justificada por una cierta afinidad
entre el tono de los poemas y el temperamento de la condesa de Fuentes, no
pasa de ser un acto de cortesía del autor para con su hermana. De hecho, nin-
guno de los villancicos posteriores, que ya habían sido escritos con anterioridad
a la dedicatoria, tiene como destinataria concreta a la hermana del poeta.

16
Cancionero de Ramón de Llavia, Zaragoza, Juan Hurus, c. 1488-1490 y Juan de Luzón:
Cancionero. Suma de virtudes, Zaragoza, Jorge Coci, 1508, respectivamente. A esto hay que aña-
dir el peso de la tradición religiosa en una familia, como los Martínez de Luna, que contaba entre
sus inmediatos antepasados con un papa, Benedicto XIII, y con uno de los grandes moralistas de
la tradición poética del siglo XV, Fernán Pérez de Guzmán.
17
Pese a lo poco habitual que resulta este tema en la poesía cancioneril, Urrea podía conocer
uno de los ejemplos más famosos y llamativos, la composición en la que Jorge Manrique elogió
los altos orígenes nobiliarios de su mujer, Guiomar de Castañeda: Otra obra suya en que puso el
nombre de su esposa, y asimismo nombrados los linajes de los cuatro costados de ella, que son:
Castañeda, Ayala, Silva, Meneses.

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Analizadas desde una perspectiva literaria más amplia, las piezas dedicadas
a miembros de su familia en el Cancionero de Urrea reflejan un claro eco, tam-
bién, de la recopilación poética que más presente tuvo el autor en todo
momento, el Cancionero de Juan del Encina.18 Encina abre, igualmente, la edi-
ción de sus obras completas en 1496 con dos prólogos introductorios con sen-
das dedicatorias de su obra a los Reyes Católicos y a los duques de Alba.
Además, ya en el cuerpo del Cancionero, dedica a distintos personajes, sobre
todo miembros de la familia de sus señores, aquellas composiciones que le
podían aportar mayor prestigio literario en los ambientes cultos en los que
deseaba promocionarse: El Triunfo de la Fama a los Reyes Católicos, la tra-
ducción de las Bucólicas al príncipe D. Juan, el Triunfo de Amor a D. García
de Toledo, primogénito de la casa de Alba, el poema que comienza “Los cua-
tro cavallos de Cintio cirreo” a D. Gutierre de Toledo, tío del anterior… La apa-
rente similitud literaria, sin embargo, es engañosa desde un punto de vista
social. Lo que en Encina no pasa de ser una simple obligación del criado para
con sus señores o, en algún caso, un intento de llamar la atención de los pode-
rosos hacia su persona y su obra literaria, en el caso de Pedro de Urrea res-
ponde realmente a una relación personal del poeta con los destinatarios de sus
textos, todos los cuales se cuentan entre los miembros más cercanos de su
familia. Con todo, tampoco me parece oportuno dejar de lado la posibilidad de
que algunas de estas dedicatorias cumplieran también una función propiciatoria
para con el poeta ante algunas de las personalidades políticas y sociales más
influyentes en Aragón a principios del siglo XVI. Probablemente, como detalla-
ré en su momento, ése es el caso de la dedicatoria a D. Luis de Híjar, en favor
de su madre en el pleito, y, tal vez, de los elogios de los condes de Aranda,
que parecen ser tardíos y, por lo tanto, pertenecerían a la época del comienzo
de los enfrentamientos armados contra el duque de Ribagorza. De este modo,
vemos que, desde muy distintos puntos de vista, peripecia