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La Inmaculada Concepción de Santa María Virgen

El documento presenta tres homilías sobre la Inmaculada Concepción de Santa María. La primera homilía resume textos de homilías de Juan Pablo II, enfatizando que María fue redimida de manera excepcional para ser la Madre de Cristo. La segunda homilía habla de María como modelo para prepararnos para la venida de Cristo. La tercera homilía se basa en el Catecismo de la Iglesia Católica, destacando la fe de que María fue preservada del pecado original y permaneció pura a lo largo de su vida

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La Inmaculada Concepción de Santa María Virgen

El documento presenta tres homilías sobre la Inmaculada Concepción de Santa María. La primera homilía resume textos de homilías de Juan Pablo II, enfatizando que María fue redimida de manera excepcional para ser la Madre de Cristo. La segunda homilía habla de María como modelo para prepararnos para la venida de Cristo. La tercera homilía se basa en el Catecismo de la Iglesia Católica, destacando la fe de que María fue preservada del pecado original y permaneció pura a lo largo de su vida

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La Inmaculada Concepción de Santa María Virgen

Homilía I: con textos de homilías pronunciadas por S.S. Juan Pablo II

Homilía II: a cargo de D. Justo Luis Rodríguez Sánchez de Alva

Homilía III: basada en el Catecismo de la Iglesia Católica

(Gen 3,9-15.20) "¿Y quién te ha dicho que estabas desnudo?

(Ef 1,3-6.11-12) "Bendito sea Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo"

(Lc 1,26-38) "Dios te salve, llena de gracia"

Homilía I: con textos de homilías pronunciadas por S.S. Juan Pablo II

Homilía en la Basílica Santa María la Mayor (8-XII-1980)

--- La primera esperanza

--- La Inmaculada es la gran fiesta del Adviento

--- Gracias por su Inmaculada Concepción

--- La primera esperanza

El Concilio Vaticano II enseña en la Constitución “Lumen gentium”: “Único es nuestro Mediador según la
palabra del Apóstol: ‘Porque uno es Dios y uno el Mediador de Dios y de los hombres, un hombre, Cristo
Jesús, que se entregó a Sí mismo como precio de rescate por todos’ (1 Tim, 2,5-6) Pero la misión
maternal de María hacia los hombres, de ninguna manera obscurece ni disminuye esta única mediación
de Cristo, sino más bien muestra su eficacia. Porque todo el influjo salvífico de la Bienaventurada Virgen
en favor de los hombres no es exigido por ninguna ley, sino que nace del Divino beneplácito y de la
superabundancia de los méritos de Cristo, se apoya en su mediación, de ella depende totalmente y de la
misma saca toda su virtud; y lejos de impedirla, fomenta la unión inmediata de los creyentes con Cristo”
(60).

Lo demuestra de modo particular esta solemnidad de la Inmaculada Concepción.

Este es el día en que confesamos que María -elegida de modo particular y eternamente por Dios en su
amoroso designio de salvación- ha experimentado también de modo especial la salvación: fue redimida
de modo excepcional por obra de Aquél, a quien Ella, como Virgen Madre, debía transmitir la vida
humana.
De ello habla también las lecturas de la liturgia de hoy. San Pablo en la Carta a los Efesios escribe:
“Bendito sea Dios, Padre de Nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido, en la persona de Cristo, con
toda clase de bienes espirituales y celestiales. Él nos eligió en la Persona de Cristo -antes de crear el
mundo- para que fuésemos santos e irreprochables en Él por el amor” (Ef 1,3-4).

Estas palabras se refieren de modo particular y excepcional a María. Efectivamente, Ella, más que todos
los hombres -y más que los ángeles- “fue elegida en Cristo antes de la creación del mundo”, porque de
modo único e irrepetible fue elegida para Cristo, fue destinada a Él para ser Madre.

Luego, el Apóstol, desarrollando la misma idea de su Carta a los Efesios, escribe: “...Nos ha destinado
(Dios) en la Persona de Cristo -por pura iniciativa suya- a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia, que
tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde en alabanza suya” (Ef 1,5).

Y también estas palabras -en cuanto se refieren a todos los cristianos- se refieren a María de modo
excepcional. Ella -precisamente Ella como Madre- ha adquirido en el grado más alto la “adopción
divina”: elegida para ser hija adoptiva en el eterno Hijo de Dios, precisamente porque Él debía llegar a
ser, en la economía divina de la salvación, su verdadero Hijo, nacido de Ella, y por esto Hijo del Hombre:
Ella como frecuentemente cantamos- ¡Hija amada de Dios Padre!

Y finalmente escribe el Apóstol: “Con Cristo hemos heredado también nosotros. A esto estábamos
destinados por decisión del que hace todo según su voluntad. Y así nosotros, los que ya esperábamos en
Cristo, seremos alabanza de su gloria” (Ef 1,11-12).

Nadie de modo más pleno, más absoluto y más radical “ha esperado” en Cristo como su propia Madre,
María.

Y tampoco nadie como Ella “ha sido hecha heredera en Él”, ¡en Cristo!

Nadie en la historia del mundo ha sido más cristo-céntrico y más cristo-foro que Ella. Y nadie ha sido más
semejante a Él, no sólo con la semejanza natural de la Madre con el Hijo, sino con la semejanza del
Espíritu y de la santidad.

Y porque nadie tanto como Ella existía “conforme al designio de la voluntad de Dios”, nadie en este
mundo existía tanto como Ella “para alabanza de su gloria”, porque nadie existía en Cristo y por Cristo
tanto como Aquella, gracias a la cual Cristo nació en la tierra.

--- La Inmaculada es la gran fiesta del Adviento

He aquí la alabanza de la Inmaculada, que la liturgia de hoy proclama con las palabras de la Carta a los
Efesios. Y toda esta riqueza de la teología de Pablo se puede encontrar encerrada también en estas dos
palabras de Lucas “Llena de gracia” (“Kecharitoméne”).

La Inmaculada Concepción es un particular misterio de la fe, y es también una solemnidad particular. Es


la fiesta de Adviento por excelencia. Esta fiesta -y también este misterio- nos hace pensar en el
“comienzo” del hombre sobre la tierra, en la inocencia primigenia y luego, en la gracia perdida y en el
pecado original.

Por esto leemos hoy primeramente el pasaje el pasaje del libro del Génesis, que da la imagen de este
“comienzo”.

Y cuando, precisamente en este texto, leemos de la mujer, cuya estirpe “aplastará la cabeza de la
serpiente” (Gen 3,15), vemos en esta mujer, juntamente con la Tradición, a María, presentada
precisamente inmaculada por obra del Hijo de Dios, al cual debía dar la naturaleza humana. Y no nos
maravillamos de que al comienzo de la historia del hombre, entendida como historia de la salvación, esté
inscrita también María, si -como hemos leído en San Pablo- antes de la creación del mundo todo
cristiano fue elegido ya en Cristo y por Cristo: ¡Esto vale mucho más para Ella!

La Inmaculada es, pues, obra particular, excepcional y única de Dios: “Llena de gracia...”.

--- Gracias por su Inmaculada Concepción

Cuando en el tiempo establecido por la Santísima Trinidad, fue a Ella, el Ángel y le dijo: “No temas...
Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo
del Altísimo” (Lc 1,30-32), solamente Aquella que era “llena de gracia” podía responder tal como
entonces respondió María: “Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,38).

Y María respondió así precisamente.

Hoy, en esta fiesta de Adviento, alabamos por ello al Señor.

Y le damos gracias por esto.

¡Damos gracias porque María es “llena de gracia”!

Damos gracias por su Inmaculada Concepción.

DP-324 1980

***

Homilía II: a cargo de D. Justo Luis Rodríguez Sánchez de Alva

No sin intención coloca la Iglesia a María en este tiempo de Adviento. Ella, nacida sin pecado, es la digna
morada de Jesús, la puerta por la que el Hijo de Dios se introduce en la Historia. El inefable amor y la
limpieza de alma con que esperó a su Hijo, es un modelo de cómo debemos prepararnos para el
encuentro del Señor que viene (Marialis C. 3-4).

El pecado no sólo corrompe al hombre y lo aleja de Dios, sino que lo convierte en alguien socialmente
peligroso, como recuerda el Vaticano II: "las mutilaciones, las torturas morales o físicas, las detenciones
arbitrarias, las deportaciones, la esclavitud, la prostitución, la trata de blancas y de jóvenes; o las
condiciones laborales degradantes..., estas prácticas y otras parecidas son en sí mismas infamantes,
degradan la civilización humana" (GS 27). Sin embargo Dios no abandona al hombre y una Mujer nacerá
sin esta mancha y mantendrá una enemistad perpetua con el autor del mal a quien, finalmente, le
aplastarán la cabeza. Es lo que celebra hoy la Iglesia.

Purísima debía ser la que diera a luz al Salvador que quita los pecados del mundo (Prefacio). La Tradición
exegética ha entendido que las palabras del ángel: "Salve, llena de gracia", hablan de su concepción
inmaculada, la nueva Eva, por la que recuperamos la vida que nos trae Jesucristo.

María está en el inicio y en el corazón del acontecimiento salvífico. Su "sí" a Dios pone en marcha la gran
obra de la Redención operada por Cristo. Quien enfrente esta obediencia de María a los designios de
Dios y que anuncia la aurora de una nueva era, con la desobediencia de Eva en el Edén, podrá advertir la
diferencia que media entre la entrega fiel a los planes de Dios y el enfermizo deseo de "ir a la nuestra".
María nos enseña que decir "sí" a Dios es alinearse con los grandes proyectos que Él tiene sobre la
humanidad. "De que tú y yo nos portemos como Dios quiere -no lo olvides- dependen muchas cosas
grandes" (Camino, 755)

María es la nueva Eva, recuerdo de lo que era la mujer "al principio" y promesa de lo que será: hija de la
Resurrección. En María se ha realizado plenamente el proyecto de Dios sobre la humanidad. Ella fue
concebida sin mancha para que Jesucristo tuviera una digna morada. ¡Purifiquémonos con una buena
Confesión ahora que se acerca la Navidad¡ ¡Solicitemos su ayuda para cumplir el querer de Dios! ¡Ella
puede hacer por nosotros más que nadie!

***

Homilía III: basada en el Catecismo de la Iglesia Católica

«Alégrate, llena de gracia»

I. LA PALABRA DE DIOS

Gn 3, 9-15.20: «Establezco hostilidades entre tí y la mujer, entre tu estirpe y la suya».

Sal 97, 1.2-4: «Cantad al Señor un cántico nuevo».

Ef 1, 3-6.11-12: «Dios nos elegió en la persona de Cristo».

Lc 1, 26-38: «Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo».

II. LA FE DE LA IGLESIA
«De la descendencia de Eva, Dios elegió a la Virgen María para ser la Madre de su Hijo. Ella, ``llena de
gracia'', es ``el fruto excelente de la Redención''; desde el primer instante de su concepción, fue
totalmente preservada de la mancha del pecado original y permaneció pura de todo pecado personal a
lo largo de toda su vida» (508).

«Esta resplandeciente santidad del todo singular de la que Ella fue ``enriquecida desde el primer instante
de su concepción'', le viene toda entera de Cristo. Ella es ``redimida de la manera más sublime en
atención a los méritos de su Hijo''. El Padre la ha ``bendecido con toda clase de bendiciones espirituales
en el cielo, en Cristo'' (492).

III. TESTIMONIO CRISTIANO

«Cuando leemos que el Mensajero dice a María ``llena de gracia'', el contexto evangélico en el que
confluyen revelaciones y promesas antiguas, nos da a entender que se trata de una benedición singular
entre todas las bendiciones espirituales en Cristo. En el misterio de Cristo María está presente ya ``antes
de la creación del mundo'' como aquella que el Padre ``ha elegido'' como Madre de su Hijo en la
Encarnación y junto con el Padre la ha elegido el Hijo confiándola eternamente al Espíritu de Santidad».
(Juan Pablo II, Redemptoris Mater, n.8).

IV. SUGERENCIAS PARA EL ESTUDIO DE LA HOMILÍA

A. Apunte bíblico-litúrgico

El texto del Génesis es el primer anuncio de la salvación. El pecado originó la división y la lucha entre la
serpiente y la mujer, entre la descendencia de una y la descendencia de otra. El triunfo será de la mujer y
de su descendencia. Se anuncia así la redención y liberación del pecado por la victoria de Jesucristo
«nacido de mujer». La tradición eclesial ha visto, además, el anuncio de la victoria de una Mujer. Aquella
de la que nació el Salvador: La Virgen María, Inmaculada en su Concepción.

«La llena de gracia» (Evangelio). En el ser de María no ha existido jamás ni vacío ni sombra alguna, desde
que «es» Inmaculada.

La Virgen Inmaculada es el espejo que hemos de mirar en el empeño por realizar el designio de Dios
sobre nosotros (Segunda lectura).

B. Contenidos del Catecismo de la Iglesia Católica

La fe:

La Inmaculada Concepción: 490-493; 508.


María, icono escatológico de la Iglesia: 972.

La respuesta:

María tipo de la Iglesia Santa: 829.

Alégrate llena de gracia: 721-726.

C. Otras sugerencias

El Adviento es el tiempo de la Virgen María. En Ella se realizan las tres venidas de Jesucristo (ver
Domingo I de Adviento).

Cielos, tierra, cosmos y toda criatura que Dios ha sometido al hombre para su realización, se alegran
porque la concepción inmaculada de María es el anuncio de que la salvación ha llegado a la tierra y ha
comenzado en ella la «nueva creación» «el cielo nuevo y la tierra nueva».

Dios la amó y la hizo inmaculada: «Con amor eterno te amé: por eso te he mantenido mi favor» (Jr 31, 3-
4). En María no hay mancha alguna de pecado, es toda hermosa. Todo su ser es puro, bello y santo. Dios
muestra en Ella su esplendor. «La llena de gracia».

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