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La Utopia Educativa de Jigoro Kano El Ju PDF

Este documento resume la vida y obra de Jigoro Kano, fundador del judo. En 3 oraciones: 1) Jigoro Kano nació en 1860 en Japón y fue un brillante educador que reformó el sistema educativo japonés y desempeñó un papel importante en el movimiento olímpico internacional. 2) Kano creó el judo Kodokan como un método educativo que buscaba desarrollar de forma integral a las personas desde lo físico, intelectual e espiritual, pero sus ideas originales se vieron distorsionadas con

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La Utopia Educativa de Jigoro Kano El Ju PDF

Este documento resume la vida y obra de Jigoro Kano, fundador del judo. En 3 oraciones: 1) Jigoro Kano nació en 1860 en Japón y fue un brillante educador que reformó el sistema educativo japonés y desempeñó un papel importante en el movimiento olímpico internacional. 2) Kano creó el judo Kodokan como un método educativo que buscaba desarrollar de forma integral a las personas desde lo físico, intelectual e espiritual, pero sus ideas originales se vieron distorsionadas con

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Recorde: Revista de História do Esporte Artigo

Volume 2, número 1, junho de 2009 Julián Espartero y Miguel Villamón

LA UTOPÍA EDUCATIVA DE JIGORO KANO: EL JUDO

KODOKAN

Prof. Dr. Julián Espartero Casado1, Universidad de León

Prof. Dr. Miguel Villamón2, Universidad de Valencia

España

Recebido em 17 de novembro de 2008

Aprovado em 22 de janeiro de 2009

1
Doctor en Derecho por la Universidad de Valladolid. Profesor Titular de la Facultad de
Ciencias de la Actividad Física y del Deporte de la Universidad de León. Contacto:
[email protected]
2
Doctor en Educación Física por la Universidad de Valencia. Profesor Titular de la Facultad de
Ciencias de la Actividad Física y el Deporte de la Universidad de Valencia. Contacto:
[email protected]

1
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Resumen

El desarrollo del judo supuso la integración de una disciplina oriental en la cultura


deportiva internacional. Sin embargo, esta inmersión cultural ha configurado una visión
del judo que tiene poco que ver con la de su fundador, Jigoro Kano. Esta realidad no
sólo deriva de las sucesivas transformaciones que ha venido experimentado en su
implantación y desarrollo en el ámbito occidental, porque cuando el judo se extendió
por Occidente, ya había perdido una gran parte de su esencia. Actualmente las ideas de
Kano son desconocidas por la mayoría de los practicantes de judo. En este artículo se
pretende poner de manifiesto cuáles fueron los genuinos fines y objetivos educativos
que animaron el método educativo de Kano, el judo Kodokan, y como esta utopía
educativa se vería truncada por las circunstancias sociopolíticas en que se gestó.

Palabras clave: Jigoro Kano, judo Kodokan, utopía educativa.

Jigoro Kano's educational utopia: the judo Kodokan

Abstract

The development of judo supposed the integration of an oriental discipline in the


international sport culture. However, although incorporation in western culture deeply
affected the original view of judo founder Jigoro Kano, judo had already lost most of its
original essence before that. Nowadays, only a few people who practice judo know
about Kano’s ideas. The aim of this work is to show the true aims and the educational
objectives that stimulate Kano´s educational method, the Kokokan judo, and how social
political circumstances before mentioned put an end to this educational utopia.

Key Words: Jigoro Kano, judo Kodokan, educational utopia.

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1. Introducción

Se ha dicho que «la historia del judo es la historia de la transformación de un

arte marcial en un deporte moderno»3. En este sentido, el desarrollo del judo es un

ejemplo relativamente único de la integración de una disciplina oriental en la cultura

deportiva internacional. Ello, a su vez, conlleva la notable paradoja consistente en el

hecho de que aquella práctica asiática, concebida en su génesis como un modelo

educativo, se ha remodelado conforme a los parámetros de la institucionalización

deportiva occidental. De ahí que la impulsión de esta transmutación deportiva ha venido

determinando que el judo moderno o actual tenga poco parecido con el judo de su

fundador, Jigoro Kano.

Sin embargo, sería erróneo señalar al proceso de deportivización como el único

agente que distorsionara el judo original. Lo cierto es que la causa primera de esa

distorsión debe buscarse en el difícil entorno sociopolítico en el que se crearía y se

desenvolvería el mismo y que, a la postre, terminaría desnaturalizándolo. No obstante,

las más de las veces, esta circunstancia crucial se ha omitido en los intentos de entender

y explicar este método educativo. Todo lo cual, en suma, ha provocado que la filosofía

de Kano, que constituía la propia esencia de la concepción del judo, ha quedado

relegada a un ámbito apenas conocido por la mayoría de sus practicantes.

Circunstancia esta que no debe ser tomada a la ligera, toda vez que dicha falta de

conocimiento no incide en una cuestión que pueda resultar baladí. Pues, como

autorizadamente afirmara Draeger (1974), el entendimiento del judo, en su verdadero y

estricto sentido, requiere el necesario análisis y conocimiento del «Judo Kodokan

3
BROUSSE, M.; MATSUMOTO, D. Judo, a Sport and a Way of Life. Seoul: International Judo
Federation, 1999, p. 77.

3
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original, porque ahí se encuentra la conexión entre el Judo Clásico y el Judo (Deporte)

que es tan internacionalmente famoso en nuestros días»4.

Ahora bien, la admisión de tan autorizada afirmación conduce a la inexorable

constatación de que aquel entendimiento sólo puede alcanzarse mediante el

conocimiento y análisis de la figura de su creador, Jigoro Kano. Así pues, la biografía

de Kano es un elemento de comprensión esencial dentro del análisis de la fundación del

judo Kodokan entendido como sistema educativo, así como también un aspecto

indispensable en el estudio de la difusión de su método5. Y ello, porque como pone de

relieve Cadot, «el estudio de la vida de Kano, de sus actos y de sus escritos permite, en

efecto, delimitar mejor su proyecto, el judo Kodokan, y demostrar cómo se trataba de un

proyecto de educación global del hombre, dirigido al ser humano y a su formación de

modo conjunto, al no disociar nunca los aspectos físicos, intelectuales y espirituales»6.

Por consiguiente, la presente exposición versará, en primer lugar y siquiera de

forma somera, sobre la biografía de Kano y su brillante trayectoria como educador, en

cuanto que entendemos que ello facilitará una perspectiva más comprensible del

estrecho vínculo que guardaba su idea del judo con la educación. Para, a continuación,

pasar a analizar los objetivos, sistemas, principios, desarrollo y ocaso de su genuino y

utópico proyecto educativo: como se ha dicho, el judo Kodokan.

4
DRAEGER, D. F. The Martial Arts and Ways of Japan: Volume III, «Modern Bujutsu & Budo». New
York: Weatherhill, 1974, p. 1112.
5
BROUSSE, M. Les origines du judo en France. De la fin du XIX siécle aux années 1950. Historie d´une
culture sportive. 2000. Thèse de Doctorat. Bordeaux: Université de Bordeaux.
6
CADOT, Y. Kanô Jigoro, foundateur du Jûdô: plaidoyer pour une education globale. In: 2nd
International Judo Federation World Judo Conference, Poster Presentation Program Booklet. 2001.
Munich, p. 13.

4
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2. La figura de Jigoro Kano

Como se acaba de significar, en el presente apartado procederemos a realizar una

exposición de la biografía de Jigoro Kano. Bien entendido que este propósito lo es a los

meros efectos ilustrativos, pues, tanto las necesidades de espacio como la finalidad de la

presente exposición no pueden dar para más. Es por ello, pues, que la revisión

biográfica que se presenta a continuación es más cuantitativa que cualitativa, casi a

modo de efemérides, pero útil al efecto pretendido. Que no es otro que realzar, como

indica Maekawa7, la inmensa influencia ejercida por Kano en el contexto japonés de la

educación. O, más ampliamente, con Stevens8 destacar a este respecto su

inconmensurable labor para reformar y modernizar el sistema educativo del Japón; su

papel como ministro de asuntos exteriores de facto del país durante cerca de cuarenta

años y su importante papel en el movimiento olímpico internacional. Lo cual, a buen

seguro, permitirá ponderar más ajustadamente la personalidad de Kano, su genio

racional como educador y su filosofía personal como idealista, a la par que subvenir a la

pretensión de alcanzar una comprensión esencial de su método judo Kodokan entendido

como sistema educativo.

Jigoro Kano nació el 28 de octubre de 1860, en Mikage, un pueblo localizado en

lo que es ahora parte de la actual ciudad de Kobe. Por consiguiente, gran parte de la

vida y la obra de Kano transcurrirán en una época extraordinariamente convulsa a nivel

sociopolítico para el Japón. Nos estamos refiriendo al periodo Meiji9 (1868-1912),

iniciado en 1868, tras la caída del régimen militar Tokugawa que había dirigido Japón

7
MAEKAWA, M.; HASEGAWA, Y. Studies on Jigoro Kano. Significance of His Ideals of Physical
Education and Judo. Bulletin of the Association for the Scientific Studies on Judo, Kodokan Report II, Tokyo,
p. 1-12, 1963.
8
STEVENS, J. Three budo masters. Tokyo: Kodansha International, 1995.
9
Al respecto, vid., por todos, KAIBARA, Y.. Historia del Japón. Méjico: Fondo de Cultura Económica,
2000.

5
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durante 265 años. Fue el resultado de la presión de las potencias occidentales para que

se abriera al comercio internacional, representada por la llegada en 1853 al puerto de

Yokohama de una pequeña flota de barcos norteamericanos al mando del Almirante

Perry. Así, tras la renuncia forzada del Shogun se produjo la asunción simbólica del

poder por el emperador Meiji, trasladándose la capitalidad desde Kioto a Tokio (hasta

ese momento llamada Edo). Con ello finalizó la edad feudal que había durado hasta

entonces y nació un Estado moderno que procedería a la remoción de las leyes y

prohibiciones hasta entonces existentes, que habían aislado al Japón de Occidente,

impidiendo el conocimiento de sus avances científicos, culturales y sociales. En suma,

el nuevo gobierno Meiji supuso el advenimiento de una época que puede considerarse

en cierta medida como revolucionaria, por haber supuesto grandes cambios culturales y

sociales, aunque, como se expondrá más adelante, estos se vieran pronto truncados.

Así las cosas, tras quedar Kano huérfano de madre, su padre decidiría, en 1870,

que realizara sus estudios en Tokio, donde podría recibir una rigurosa educación que le

posibilitara la formación que necesitaría para poder destacar en la nueva sociedad que

empezaba a crearse en Japón. Con este objeto, primero asistió a una pequeña escuela

privada, Seitatsusho Juku, para mejorar su técnica de lectura y escritura, así como

también para recibir una educación básica en las enseñanzas del confucianismo y, al

mismo tiempo, recibir clases de inglés de Mitsukuri Shuei, un renombrado profesor

perteneciente a un relevante grupo de intelectuales que influirían en gran medida en las

reformas educativas japonesas de esta época10. De este modo recibe una educación

rigurosa que mezcla las influencias culturales extranjeras con las enseñanzas y las

tradiciones japonesas.
10
WATERHOUSE, D. Kano Jigoro and the beginnings of the judo movement. In: University of Toronto,
School of Physical and Health Education (Comp.), Proceedings of the 5th Canadian Symposium on the
History of Sport and Physical Education. Toronto: University of Toronto, p. 168-178, 1982.

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Según refiere Maekawa11, en 1873, se abrió en Japón un internado privado -el

Ikuei Gijuku- que ofrecía una instrucción desarrollada por profesores europeos y en el

que las enseñanzas se impartían en inglés o alemán. Kano, tras contar con el

consentimiento de su padre, ingresaría en dicha institución. Posteriormente, a la edad de

catorce años se matriculó en la Escuela Kaisei, precursora de la moderna Universidad de

Tokio, considerada entonces como la más prestigiosa institución de Enseñanza Superior

de Tokio.

Durante su adolescencia, Kano estudió con compañeros mayores y más fuertes que

él, y a pesar de sus resultados académicos e intelectuales, se vería relegado a una posición

de subordinación debido a su inferioridad física. Ello le induciría a buscar un remedio que

le permitiera solventar esta situación y, ya en esta temprana época, pensaría en la práctica

del jujutsu12 y de su eficacia como arte marcial, si bien no podría iniciar su aprendizaje

hasta años más tarde.

Como se ha dicho, en 1877, la Escuela Kaisei se convertiría en la Universidad

Imperial Toyo Teikoku, la actual la Universidad de Tokio. A la edad de diecisiete años,

Kano ingresa en el departamento de literatura y se matricula en ciencias políticas, filosofía

y literatura. Siendo muy significativo cómo veintisiete profesores del claustro de dicha

11
MAEKAWA, M. Jigoro Kano's thoughts on judo (I). With Special Reference to the Approach to Judo
Thought During His Jujutsu Training Years. Bulletin of the Association for the Scientific Studies on Judo,
Kodokan Report V, Tokyo, p. 1-6, 1978.
12
Como puede verse en VILLAMÓN, M.; ESPARTERO, J. La lucha en Oriente: el significado de «Do».
En: VILLAMÓN, M. (Dir.) Introducción al judo. Barcelona: Hispano Europea. 1999, p. 55-101, el
jujutsu se configuraría como el arte o técnica (jutsu) de la flexibilidad (ju), es decir, el arte de usar la
flexibilidad de una forma adecuada para vencer al adversario y se integraba por una serie de técnicas de
combate que utilizaban el cuerpo humano como arma, en un combate sin armas o en el que se utilizaban
únicamente armas cortas o menores. De todas las artes marciales japonesas antiguas (bujutsu) sólo el
jujutsu utilizó no un arma, sino un principio arraigado en la doctrina china del tao: «la flexibilidad puede
vencer a la fuerza». Este principio fue el denominador común de todas las escuelas de jujutsu y sus
técnicas comprendían, además de proyecciones, inmovilizaciones, estrangulaciones y luxaciones,
golpeos, formas de atar con cuerda, etc. Su principal desarrollo se sitúa durante la era Tokugawa, es decir,
durante los siglos XVII, XVIII y primera mitad del XIX. Fue en el siglo XVIII cuando con el nombre
general de jujutsu se pasó a designar a todos los demás estilos. Asimismo, sería en dicha época cuando el
jujutsu se volvió muy popular y algunas escuelas existentes en este periodo, como se verá, fueron las que
posteriormente influyeron decisivamente en el judo de Kano.

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institución, integrado por un total de treinta y nueve, eran occidentales. De entre ellos, por

la influencia que ejercería sobre Kano, destacaría el Dr. Ernst Fenollosa. Dicho profesor,

que procedía de la Universidad de Massachussets y había estudiado en Harvard antes de

ser invitado a Japón en 1878, tuvo una tremenda influencia en la Corte imperial japonesa.

Pero, además, Fenollosa destacaría porque no obstante ejercer su magisterio como profesor

de Economía Política, mostraría un enorme interés y atracción por la cultura oriental, hasta

el punto de que promovería el estudio de las artes asiáticas13. Dicha circunstancia le

llevaría a reprobar la perniciosa tendencia de una parte de la sociedad japonesa, en el

incipiente periodo Meiji, de intentar precipitar la modernización de Japón imitando a

Occidente y abandonando su propia cultura. De ahí que criticaría vivamente la adopción

innecesaria de costumbres occidentales y convenció a sus amigos y alumnos -incluyendo a

Kano- de que las artes japonesas tradicionales configuraban un patrimonio cultural que

había que preservar.

Sería en esta época de su ingreso en la universidad, cuando Kano consiguió

finalmente encontrar a un maestro de jujutsu, Hachinosuke Fukuda, de la ryu Tenjin

Shinyo. Esta nueva actividad sería aceptada a regañadientes por el padre de Kano, en tanto

en cuanto consideraba que no debía perder el tiempo con «las tradicionales artes

marciales, (...) pues, la época de los samurai ya había pasado»14.

13
En tal sentido, refiere CABAÑAS, P. (2008). Imagen y sentimiento de la mujer tras la modernización
del Japón. En: BARLÉS, E.; ALMAZÁN, D. (Coords.) La mujer japonesa, realidad y mito (p. 159).
Zaragoza: Prensas Universitarias de Zaragoza, cómo «(…) En 1878 un norteamericano graduado en la
Universidad de Harvard, Ernest Fenollosa (1853-1908), llega a Japón para la impartición de docencia de
Economía Política en la Universidad de Tokio. (…) Sin embargo, atraído por el arte japonés, abandonó la
pintura occidental y se convirtió en el promotor de la causa de nihonga. Encontró un colaborador en la
figura de Okakura Kakuzô (1862-1913). Sus esfuerzos dieron fruto con el cierre de la Escuela Técnica de
Bellas Artes en 1883 y la fundación de la Escuela de Bellas Artes de Tokio en 1887. (…) Sus objetivos
eran reavivar los antiguos estilos japoneses y crear uno nuevo actualizado dentro de la tradición. (…)».
14
WATSON, B.N. The Father of Judo: A Biography of Jigoro Kano. Tokio: Kodansha Internacional, 2000,
p. 78. Esta actitud del padre de Kano resultaría coherente con la mentalidad generalizada en la sociedad
japonesa de esa época, que consideraría a las tradicionales artes marciales japonesas como algo anacrónico y
rápidamente decayó su reputación. Además, adicionalmente el jujutsu pasó a ser mal visto porque era
considerado un arte militar, y la época de la clase militar había llegado a su fin, existiendo una gran

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La repentina muerte del maestro Fukuda no sería óbice para que Kano continuara

con la práctica del jujutsu en la ryu Tenjin Shinyo, ahora con el maestro Masamoto Iso. Así

pues, simultanearía su estudio y aprendizaje de este arte marcial con su actividad

académica, sin que la misma sufriera menoscabo alguno por este motivo. De hecho, en

1881, Kano se licenciaba en la universidad, si bien continuaría sus estudios de postgrado

un año más. Ese mismo año fallecería Masamoto Iso, con lo que Kano pasaría a ser

discípulo del maestro Tsunetoshi Iikubo y continuar su formación marcial, ahora en la ryu

Kito.

Un año más tarde, en febrero de 1882, en el pequeño templo budista de Eisho-ji

localizado en el área Shimo-tani de Tokio, Kano fundó el Kodokan -escuela para estudiar

el camino- como centro de enseñanza de su método: el judo Kodokan. Sin embargo, la

importancia de este hecho, juntamente con la posterior relevancia que adquiriría el

desarrollo del judo -primero en Japón y luego en el mundo-, debe ser ahora relegado en pro

del objetivo de poner de manifiesto cómo Kano desarrolló una intensa actividad durante

toda su vida centrada en la educación en general y, especialmente, como bien señala Diem

(1966), en todo lo relacionado con la educación física15. De hecho, quizás, lo más

destacable de su obra resulte ser el que desarrollara una extraordinaria labor orientada a

reformar y modernizar el sistema educativo del Japón. Lo cual respondía a su firme

convicción de que el mejor modo de lograr una mejora de las condiciones sociales, era

insatisfacción pública hacia ella. La imagen del Japón feudal, simbolizada en la imagen del samurai, pasó a
ser considerada más que anacrónica como denigrante. De esta manera, la época en que Kano empezó a
estudiar el jujutsu fue un periodo en el que la imagen pública del mismo estaba en declive. Sin embargo,
como señala la autorizada voz de DRAEGER,op. cit., p. 113, Kano consideró el jujutsu como un importante
elemento de la cultura nacional o, mejor aún, como un bien cultural merecedor del respeto de la nación
japonesa.
15
DIEM, C. Historia de los deportes. Barcelona: Luis de Caralt, 1966. Es más, como bien precisa MIN-
HO, K. L’Origine et le développement des arts martiaux. Pour une anthropologie des techniques du
corps. Paris: L’Harmattan, 1999, p.174, Kano es considerado como «el padre del deporte moderno del
Japón por su contribución al desarrollo de los deportes occidentales».

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inculcando sólidos valores en la formación del profesorado y, a través del mismo, en la

educación general obligatoria16.

Así, en 1882, se graduó en el curso de postgrado de filosofía de la Universidad

Imperial de Tokio y, a continuación, sería nombrado profesor del Gakushuin, un

prestigioso colegio privado de Tokio donde eran enviados los hijos de las elites japonesas

de la época. Al mismo tiempo, simultanearía la docencia en dicho centro con dos proyectos

educativos propios: la Kano Juku, que era una escuela preparatoria cuya finalidad era la

formación integral de los alumnos que vivían internos en ella; y el Koubunkan, otra

escuela, ésta para la enseñanza de la lengua inglesa. En 1886, es nombrado Vicedirector

del Gakushuin y, en 1888, director de este mismo colegio17. Stevens18 relata que, en agosto

de 1889, Kano renunció a su cargo en el Gakushuin y respondiendo a la invitación de uno

de los departamentos ministeriales de la Casa Imperial, emprendería un largo viaje por

Europa, con el fin de conocer sus instituciones educativas. Dejando a sus discípulos, Saigo

y Tomita a cargo del Kodokan, partiría el 15 de septiembre de 1889 y su recorrido

abarcaría Lyon, París, Bruselas, Berlín, Viena, Copenhage, Estocolmo, Amsterdam, La

Haya, Rotterdam y Londres.

Como refieren Villamón y Brousse19, en 1891, a la vuelta de su viaje sería

nombrado Consejero del Ministro de Educación Nacional. Si bien, posteriormente, tuvo

que abandonar temporalmente Tokio al ser nombrado Director de la Escuela Superior de

Kumamoto, con el fin de dinamizar las innovaciones educativas que se retrasaban en las

provincias. Desde allí y junto con varios de sus discípulos de Tokio, ayudó a expandir el

judo Kodokan en el sur de Japón. No obstante, en 1893, Kano volvió a Tokio donde fue

16
WATSON, B.N., op. cit., 80.
17
VILLAMÓN, M.; BROUSSE, M. Evolución del judo. En: VILLAMÓN, M. (Dir.), Introducción al
judo. Barcelona: Hispano Europea, 1999, p. 107.
18
Op. cit. p. 136.
19
Ibidem, p. 108.

10
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nombrado Director de la Escuela Normal Superior –que, más tarde, se convertiría en

Universidad Kyoiku de Tokio, la actual Universidad Tsukuba, con gran reputación como

centro de formación de profesores- y Secretario del Ministro de Educación Nacional.

En esta época, aunque Kano ya se hallaba plenamente inmerso en el gran proyecto

educativo que suponía el judo Kodokan, dedicaría una gran actividad a la formación de

profesores en la Escuela Normal Superior, en la que constituyó un departamento de

educación física y empezó a divulgar una gran variedad de deportes, como el tenis, béisbol,

fútbol y la natación. En 1898, es nombrado Director de Educación Primaria del Ministerio

de Educación Nacional. En 1899, fundaría el Koubungakuin, una escuela para estudiantes

chinos, que formaría a varios centenares de alumnos durante sus siete años de existencia20.

Asimismo, en dos ocasiones -1902 y 1905- sería enviado a China por el Ministerio de

Educación, para estudiar sus instituciones educativas.

En 1909, el embajador de Francia en Japón, a instancias del Barón de Coubertin,

invitaría a Kano a ser miembro del Comité Olímpico Internacional. En virtud de ello, Kano

pasaría a ser el primer miembro asiático de dicha institución, en su calidad de representante

de Japón. En aquellos momentos no existía en Japón ninguna organización deportiva con

la suficiente entidad como para enviar atletas a unas Olimpiadas. Por esta razón se fundó,

en 1911, la Asociación Japonesa de Atletismo Amateur, de la que Kano fue el primer

presidente. En la primera reunión de la Asociación se decidió que Japón participaría por

primera vez en unas olimpiadas en los V Juegos Olímpicos, que iban a celebrarse en

Estocolmo, en 1912. Lo cual se configuraría como la base para el desarrollo de muchos

otros deportes. Precisamente, durante los Juegos de Estocolmo tendría lugar el encuentro

20
ADAMS, A. (1970). Jigoro Kano. Black Belt. Disponible en <http://judoinfo.com/kano4.htm>. Acceso,
10 septiembre 2008.

11
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entre el Barón de Coubertin y Kano21. En el mismo, Coubertin agradeció personalmente a

Kano su contribución para el éxito de los Juegos, a la vez que le expresaría su sincera

admiración por los logros de Japón como nación y « le pediría que le explicase

profusamente su método (...) el judo»22.

Tras finalizar estos Juegos Olímpicos de 1912, antes de volver a Japón, Kano

emprendió otra gira por instituciones educativas europeas y visitaría con el mismo fin los

Estados Unidos. En 1919, Kano conoce en Tokio al eminente pedagogo John Dewey, que

por aquel entonces se hallaba impartiendo conferencias en la Universidad Imperial. Según,

Brousse y Matsumoto23, dicho encuentro les propiciaría la oportunidad de intercambiar sus

opiniones acerca de la educación y llegarían a la conclusión de que existían ciertos

paralelismos entre sus planteamientos. De hecho, y con la finalidad de mostrarle más

detalladamente la consistencia de su método, Kano llevó a Dewey al Kodokan, donde le

mostraría cómo sus ideas se podían ilustrar en un tatami24. Tras contemplar el método de

Kano, Dewey quedaría sumamente impresionado, llegando a afirmar que el mismo

resultaba ser muy superior al utilizado en Occidente en el ámbito de la educación física,

21
Dicho encuentro parecía ser inevitable si se tiene en cuenta, como afirma MANDELL, R. Historia
Cultural del Deporte. Barcelona: Bellaterra, 1986, p. 111, que la trayectoria de Kano «(...) presenta
analogías sorprendentes con el Barón de Coubertin (...)». No obstante, estas consideraciones no deben
inducir a que se concluya que la identificación entre ambos fuera total, pues ello hubiera supuesto, por
ejemplo, que Kano deseara la inclusión del judo como disciplina olímpica. Antes al contrario, BROUSSE,
M. Du Samouraï à l’Athlète: l’essor du judo en France. Sport-Histoire, 1989, p. 24 refiere la cita
contenida en «Moshe Feldenkrais, un des Pionniers du Judo Français», Revue Bushido, nº 10, juillet 1984,
p. 19, en la que se señala como Kano afirmaría que «(...) mientras él siguiera vivo, el judo no sería parte
de las disciplinas olímpicas, porque, de ser así, el judo moriría». A mayor abundamiento, resulta ser muy
ilustrativa, en este sentido, la cita que INMAN, R. Judo, las técnicas de los campeones en combate.
Madrid: Eyras, 1988, p.178-179, extrae del Boletín del Budokwai, de abril de 1947, relativa a una
conversación mantenida, en 1936, entre Kano y el difusor del judo en Gran Bretaña, Gunji Koizumi. Así,
Kano comentaba, respecto de la inclusión del judo en los Juegos Olímpicos, que «(...) mi punto de vista
sobre este asunto es más bien pasivo (...) Si así lo desean otros países y miembros, yo no tendría ninguna
objeción. Pero no me siento inclinado a tomar ninguna iniciativa».
22
Op. cit. p. 120.
23
Op. cit., p. 77.
24
Colchoneta o estera de entrenamiento hecha de paja de arroz prensada, que es muy habitual en las casas
japonesas. En Occidente, la deportivización ha propiciado que con dicho término se designe el conjunto
de colchonetas sobre las que se hace judo.

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pues aportaba una elevada dimensión espiritual. Por lo cual recomendaría, expresamente,

la realización de un estudio al respecto25.

En 1920, tras haberse retirado como director de la Escuela Normal Superior de

Tokio, Kano asistiría a los Juegos Olímpicos de Amberes, realizando su quinto viaje a

Europa y que aprovecharía para seguir conociendo sus instituciones educativas. En 1922,

es nombrado miembro de la Cámara Alta de Japón; asimismo, en dicho año, se funda la

Sociedad Cultural del Kodokan. En 1929, el filósofo indio y Premio Nobel de Literatura en

1913, Rabindranath Tagore, visitó el Kodokan y le pidió a Kano que enviara un profesor a

enseñar judo en la Universidad que había fundado en Calcuta. Como consecuencia de esta

entrevista, Kano enviaría a su alumno Tagaki Shinzo, cuyo viaje y estancia durante dos

años serían sufragadas por Tagore. Así, «de esta forma el judo volvió al lugar de donde

procede alguna de sus raíces»26.

En 1928, asistió a los Juegos Olímpicos de Ámsterdam, como jefe de la delegación

olímpica japonesa. Circunstancia esta que se repetiría, en 1932, en los Juegos de Los

Ángeles y, en 1936, en los de Berlín. En 1938, a la vuelta de su viaje de El Cairo, donde

asistió a la trigésimo séptima sesión del Comité Olímpico Internacional y en la que habría

conseguido la concesión de la celebración de los Juegos Olímpicos de 1940 para Japón,

Kano muere de neumonía el 4 de mayo, a bordo del barco Hikawamaru. El cual, en la

actualidad, se halla permanentemente amarrado en el puerto de Yokohama como un

homenaje a su memoria27.

25
Ello sería reflejado en el libro DEWEY, J.; DEWEY, A.C. Letters from China and Japan. New York:
E. P. Dutton & Company, 1920.
26
VILLAMÓN y BROUSSE, op. cit. p. 108.
27
WATSON, op. cit., p. 197.

13
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3. El judo Kodokan

Con la creación del judo Kodokan en 1882, Kano establecería las bases de un

sistema altamente ecléctico que se configuraría por técnicas de las antiguas escuelas

(ryu) en las que estudió el jujutsu. Sin embargo, la innovación de esta síntesis gravitaría

esencialmente en la racionalización latente en este nuevo método. La cual se pone de

manifiesto en dos aspectos fundamentales del mismo: las acciones técnicas son

fundadas sobre reglas científicas y, en segundo lugar, todas las acciones peligrosas son

suprimidas. Así, el propio Kano afirmaría, «He elaborado mi judo reuniendo los

aspectos positivos encontrados en todas las escuelas de jujutsu y he puesto a punto un

método de instrucción conforme a la enseñanza de las ciencias modernas. (...) Y para

distinguirlo de la ryu Jikishin, que empleaba también el término judo, yo llamé a mi

escuela judo Kodokan aunque el título sea un poco largo»28.

Efectivamente, como pone de manifiesto Draeger29, el término judo no sería una

creación original de Kano. De hecho, dos siglos antes, la escuela más espiritual del

jujutsu, la ryu Jikishin, escogería el término judo para designar un método caracterizado

por el estudio de técnicas de lucha sin armas, pero incidiendo de forma especial en el

aspecto mental del entrenamiento. Este término, a su vez, aparece integrado por dos

ideogramas cuyo significado deriva de la filosofía taoísta: ju, que se traduce como

ceder, flexible o blando30, y do, que se traduce como camino31. Con ello la ryu Jikishin

28
Kano citado por BROUSSE, M. «Les origines du judo… », op. cit, p. 49-50
29
Op. cit., p. 108.
30
Ibidem, p. 114, el principio del ju debe entenderse tanto en un contexto físico como mental. De manera
que esta idea de «ceder y flexibilidad» no debe inducir a equívocos, la misma supone que para que el
practicante pueda aplicar este principio tiene que estar mental y físicamente capacitado para adaptarse a
cualquier situación en la cual su adversario pretenda imponerse sobre él. Lo cual implicaría absorber la
fuerza del oponente interceptándola o rechazándola, pero ello no impide, en términos estrictamente
mecánicos, que la acción por la cual la fuerza del oponente se anula o se absorbe, pueda ser tan enérgica o
más que la fuerza que se pretende neutralizar. La relación entre el ju y el taoísmo, se pone de manifiesto
en la siguiente cita de MOSTERÍN, J. China: historia del pensamiento. Madrid: Alizanza, 2007, p. 119
«La exaltación de la blandura es una de las constantes del Lǎozǐ. Por paradójico que parezca, solo

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se convirtió en la primera escuela clásica de budo32 en establecer el uso de las técnicas

de combate sin armas como una disciplina eminentemente espiritual.

Estas consideraciones serían, por tanto, las que inducirían a Kano a elegir el

término judo, en cuanto entendía que el mismo permitía enfatizar la naturaleza moral de

su sistema, toda vez que su esencia no radicaba en los gestos técnicos, sino en la manera

de realizarlos, en las finalidades que les son asignadas. De este modo Kano propone una

relectura del jujutsu y de las artes marciales japonesas tradicionales, pues la victoria,

antes que una meta, no es más que un medio para alcanzar una formación física, moral e

intelectual.

Así pues, contando tan sólo con nueve alumnos33, establecería como sede de sus

enseñanzas un dojo34 de sólo doce tatami –lo que equivaldría a una superficie de poco

cediendo se vence, solo mediante la dulzura y la suavidad se triunfa sobre la fuerza y la dureza. Esa es la
ley del dào, manifestada en la naturaleza entera, como muestran las blandas aguas, que siempre acaban
venciendo a las duras piedras».
31
Al respecto, VILLAMÓN, M. Historia del judo y de las artes marciales. En: RODRÍGUEZ, L.P.
Compendio histórico de la actividad física y el deporte. Barcelona: Masson, 2003, p. 612, explica que
«La base de lo que los japoneses llaman do o michi, camino, reside en los antiguos conceptos del taoísmo
llevados a Japón desde China. (…) El tao chino fue entendido como do por los japoneses como un
camino o vía a seguir en la vida, como un medio de cultivo de sí mismo, orientado en última instancia a la
autoperfección. Estos caminos persiguen un modo de vida mejor y están basados en la firme convicción
de que ningún hombre es tan completo como ser humano como pueda serlo después de una suficiente
experiencia con el do. La consecuencia es que el ‘camino’ se apoya en una base espiritual, que es
expresada y vivida a través del entrenamiento y dirigida hacia un ideal de comportamiento humano, que
sucesivamente, eleva al individuo y, de este modo, a la sociedad en la que vive. El objetivo cultural de las
formas del do es permitir a las personas ser simplemente y de manera natural sujetos sin ostentación,
afectación o inseguridad, y de esta manera conducirles a unas relaciones saludables con los demás. El do
es, por lo tanto, la ejemplificación de la fe del ser humano en el humanismo cultural».
32
Como señalan, RATTI, O.; WESTBROOK, A. Los Secretos del Samurai. Las artes marciales en el
Japón Feudal. Madrid: Alianza Deporte, 1994, p. 496, si con el término bujutsu se designan los métodos
de combate desarrollados y practicados por el guerrero profesional -aunque también por miembros de
otras clases sociales que practicaran cualquiera de las artes del combate individual-; el uso del término
budo, «formas marciales» o «ética marcial», en vez de bujutsu «técnicas marciales», se encuentra ya en
crónicas de la primera época del período de Edo o Tokugawa, y lo utilizaron las escuelas que enseñaban
especializaciones derivadas del bujutsu feudal, al referirse a ellas como especializaciones budo, es decir,
formas educativas para alcanzar objetivos distintos de aquellos que buscaban las antiguas ryu del bujutsu.
Así, las disciplinas budo se consideran caminos para avanzar moralmente, cuyo propósito es favorecer la
formación de una personalidad madura, equilibrada y total de un hombre en paz consigo mismo y en
armonía con su entorno social y natural.
33
Respecto del reducido número inicial de alumnos y como evolucionaría posteriormente, Kano
escribiría, en 1926, «(...) cuando se inauguró el Kodokan, existían aún otros dojos (...) con pocos
discípulos, que se entrenaban regularmente todos los días. Al principio, ninguno hacía caso a mi dojo,
circunstancia por lo demás demostrable en el número de inscripciones en aquellos años: 9 discípulos el

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más de veinte metros cuadrados-, que recibiría la denominación de Kodokan: ko

(lectura, estudio, práctica), do (camino o doctrina), y kan (sala o lugar). Esto es, «un

lugar para el estudio del camino». En consecuencia, designaría a su nuevo método judo

Kodokan y, según Villamón y Brousse,

«(...) las razones de esta fundación fueron poder desarrollar sus propias ideas durante esos

años de intensas rivalidades entre las escuelas de jujutsu, además de su propósito de fundir

lo antiguo con lo nuevo, creando nuevos métodos y técnicas de entrenamiento y forzando

nuevas vías de pensamiento, pues a parte de las consideraciones técnicas, Kano, conocedor

de las tendencias europeo-norteamericanas en educación y en deporte, dio importancia

relevante a elementos del pensamiento moderno occidental»35.

A su vez, y como se ha dicho, este nuevo sistema educativo constituiría la

cristalización y síntesis del profundo estudio que Kano había realizado del jujutsu. Del

aprendizaje en la ryu Tenjin Shinyo, Kano extraería su katame waza (técnicas de

control) y las habilidades del atemi waza (técnicas de golpeo). De las enseñanzas de la

ryu Kito derivaría su desarrollo de nage waza (técnicas de proyección)36. En definitiva,

puede concluirse que cualquier análisis sincero y minucioso de las técnicas del judo

Kodokan de Kano revelaría que muchas de ellas ya se hallaban presentes en los más

año de la fundación, 8 el siguiente y finalmente 98 nuevos inscritos en el 1886, después de cuatro años.
Actualmente, hemos pasado a una nueva dimensión: 2641 nuevos inscritos en el 1924, 2829 por el 1925,
esto es el año pasado, con un número global de 37000, considerando los nuevos inscritos previstos para
este año». Vid. en KANO, J. Il Judo, Shin Nihon Shi (La nueva historia del Japón), nov. 1926, recopilado
en Kano, J. Fondamenti del Judo. Milano/Trento: Luni Editrice, 1998, p. 122.
34
Ésta es la denominación que recibían las salas de entrenamiento o instrucción de las ryus o escuelas de
artes marciales. Asimismo, dicha denominación, que se mantiene en la actualidad, resultaría ser tomada
del Budismo en el que el término dojo –literalmente, «lugar de iluminación», es decir, el fin que el
Budismo denomina satori-, servía para designar a las salas apartadas o destinadas para la meditación y
otros ejercicios espirituales, que existían en cada monasterio.
35
Op. cit. p. 110.
36
OTAKI. T.; DRAEGER, D. F. Judo formal techniques: A Complete Guide to Kodokan Randori No
Kata. Rutland/Tokio: C. E. Tuttle Co., 1983, p. 16., en este sentido, añaden asimismo el estudio del yoroi
kumi-uchi (forma de agarrar por la armadura), un antiguo método de lucha que se diseñó para ser
utilizado contra contendientes totalmente vestidos con una armadura, así como el kumi uchi (literalmente,
agarre interior) utilizado en los primitivos torneos chikara kurabe (concursos de fuerza) de los que
proviene el sumo, tendrían una gran incidencia en el origen del judo Kodokan.

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antiguos sistemas clásicos del bujutsu o del budo. Es más, el propio Kano escribía en

1926,

«(...) hoy el judo Kodokan representa una síntesis o un condensado de todas las corrientes

tradicionales del jujutsu». Ahora bien, esto no debe hacer olvidar que, también, el propio

Kano, reiteradamente, habría indicado la necesidad de que no se confundieran los métodos

y los objetivos de ambos sistemas, pues «(...) el judo Kodokan y el jujutsu son dos sistemas

casi completamente distintos»37.

Es más, enfatizaría donde estribaría la innovación de su método y, también, la

diferencia fundamental respecto del jujutsu: «¿Por qué he querido llamarlo judo en lugar

de jujutsu? Si bien existieron diferentes motivos, el más importante y decisivo fue que

el objetivo primordial de la enseñanza del judo Kodokan debía estar fundado sobre el do

y no sobre la habilidad en la técnica (jutsu), que es un fin o medio secundario para

alcanzar el objetivo principal que para nosotros está en el do»38.

Asimismo, como bien consideran Brousse y Matsumoto39, si el método de Kano

descansaba en las antiguas artes marciales tradicionales, a la vez, difería totalmente de

las mismas en cuanto a su utilización en el pasado. Pues, experimentó y desarrolló los

principios que fundamentaban el jujutsu, más allá de su mera consideración como un

conjunto de técnicas de ataque y defensa. Ello respondía a su decidida intención de

instrumentalizarlos para el desarrollo espiritual y físico del individuo, como algo

totalmente ligado a su formación integral y por ello lo adaptó a dicho fin. Así, cada

técnica, cada combinación de movimientos, representaba un medio para la consecución

de este objetivo. De ahí que se rechazarían todas aquellas técnicas o prácticas del jujutsu

37
Recogido en Il Judo, Shin Nihon Shi (La nueva historia del Japón), nov. 1926, recopilado en Kano, J.
Fondamenti del Judo, op. cit. p. 113.
38
Ibidem.
39
Op. cit., p. 76.

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peligrosas en cuanto que fueran susceptibles de causar lesiones graves o incluso la

muerte del adversario.

A este respecto, Draeger40 recalca que, quizás, la contribución más importante

de Kano fuera el establecimiento de la práctica de agarrar (kumi kata) las ropas del

oponente para la aplicación de las técnicas de proyección. El control que se consigue

mediante el agarre no sólo da más eficiencia mecánica a las técnicas sino que también

proporciona una notable garantía de seguridad para aquél que es proyectado al suelo, a

partir del momento que es, precisamente, dicho agarre el que permite controlar la caída

del oponente evitando así un daño innecesario. Por consiguiente, esta metodología que

obligaría a los contrincantes a agarrarse entre sí, supondría una notable paliación de la

violencia del enfrentamiento.

Ello, a su vez, debe conducir a la consideración de otra importante innovación,

cual es el perfeccionamiento de las técnicas de caída (ukemi), que trataría de evitar las

lesiones que pudieran propiciarse con la caída originada por la proyección. Así, en la

mayoría de los sistemas del jujutsu, cuando alguien era proyectado por efecto de una

técnica tenía que caer como mejor pudiera y Kano, que habría experimentado

personalmente los graves resultados de esta práctica, desarrolló un sistema en el que la

forma de caer (ukemi) pudiera aprenderse sin tener que correr el riesgo de lesionarse.

Pero, como añade Brousse41, el método de Kano era distinto porque desechó los

antiguos métodos de enseñanza marcial para basarse en la ciencia y en el racionalismo.

Así, para Maekawa42, el hecho de que Kano hiciera reflexiones tales como que el

equilibrio del cuerpo de una persona es invariablemente alterado cuando se la empuja o

se tracciona, muestra un moderno concepto cinético o kinesiológico, algo inaudito hasta


40
Op. cit., p.120.
41
BROUSSE, M. «Les origines du… », op. cit., p. 120.
42
Op. cit., p. 3.

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entonces en el contexto japonés de las artes marciales. En su método, los gestos técnicos

son estudiados con un esfuerzo constante de justificación racional, pues, Kano

analizaría y aportaría, con sus argumentos, un revestimiento intelectual y científico del

gesto técnico efectuado. De este modo, el aprendizaje por mimetismo se ve sustituido

por la explicación científica.

En el mismo sentido, Goodger y Goodger43 proponen como ilustración de estas

consideraciones la explicación dada por Kano -en su famosa conferencia: La educación

a través del judo, pronunciada en 1932 en la Universidad de California-, de la idea de ju

en el aspecto meramente mecánico o técnico del judo: la fuerza física (chikara) debe de

usarse no oponiéndola directamente a la fuerza del contrario sino en el sentido de

«máxima eficiencia». Es decir, aplicándola cuando la resistencia del adversario ha sido

reducida al mínimo, a través de la aplicación de los desequilibrios (kuzushi).

A mayor abundamiento, la voluntad innovadora que Kano perseguía, le llevaría

al establecimiento en su método educativo de un nuevo sistema de determinación del

grado de aprendizaje de los alumnos del Kodokan. Dicha actuación revestiría, en aquel

entonces, una importancia especial si se tiene en cuenta que la regla general, en la

enseñanza de las artes marciales en Japón, era restringir la transmisión de los

conocimientos para que se mantuviese el secreto de sus métodos.

Por el contrario, desde sus comienzos, Kano actuaría conforme a la voluntad de

generalizar el conocimiento de su método y, a tal fin, renovaría la tradicional

configuración estructural dentro del mismo. De ahí que otro de los aspectos novedosos

del judo Kodokan, como pone de manifiesto Goodger44, fuera su sistema de grados

43
GOODGER, B.C.; GOODGER, J. M. Judo in the light of theory and sociological research. International
review of sport sociology, 2, 12, p. 5-34, 1977.
44
GOODGER, B. C. The Development of Judo in Britain: a Sociological Study. 1981. Thesis of the
University of London, London.

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(Kyu-Dan), en cuanto que implicaría la identificación del estatus individual dentro de su

estructura. Asimismo, dicho sistema no sólo supondría un avance en la transmisión del

conocimiento sino que también puede ser considerado como una forma explícita de

reconocer el progreso y la competencia práctica, en contraste con las artes marciales

japonesas clásicas, en donde la secuencia y el progreso eran implícitos y sólo el maestro

determinaba el progreso individual del alumno, el cual no tenía ningún punto de

referencia del mismo.

Por último, ha de significarse que la pretensión educativa de Kano resultaba ser

eminentemente global, de ahí que, entre otras, no repararía en las diferencias de género.

Por ello, abogaría porque uno de los objetivos de la educación japonesa fuera, entre

otros, la inclusión de las mujeres en la práctica del judo Kodokan, puesto que a través de

la misma «(...) su salud física y mental se beneficiaría enormemente»45. Así, a pesar de

contrariar la mentalidad social imperante y tras diversas vicisitudes46, el 9 de noviembre

de 1926, crearía en el Kodokan con carácter oficial una «División Femenina», cuya

práctica recibiría la denominación original y específica de judo joshi Kodokan. Esta

visión integradora pretendida por Kano a través del judo Kodokan, se mantendría a lo

largo de su vida, pues, en la ya referida conferencia pronunciada en 1932 en la

Universidad de California, afirmaría que el objeto del mismo, sin diferencias de género,

estribaba en «formar un hombre o una mujer capaz de ejercer un control perfecto sobre

su espíritu y su cuerpo y capacitándoles para hacer frente a cualquier circunstancia»47.

45
HARRINGTON, P. Judo: A Pictorial Manual. Rutland/Tokyo: C. E. Tuttle Co., 1998, p. 19.
46
ESPARTERO, J. et alli. La evolución histórica del judo femenino: Japón versus Occidente. En: García,
S. (Coord.), Congreso Internacional de Historia de la Educación Física. Madrid: Gymnos, 2002, p. 279-
286.
47
KANO, J. L’ education par le Judo. Anexo en: Jazarin, J.L. Le Judo, école de vie. Paris: Le Pavillon, 1974,
p. 189-207.

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4. La sistematización del judo Kodokan: Kata y Randori

En 1895 y para facilitar el proceso de aprendizaje del judo, Kano establecería el

Go kyo no waza, una clasificación de las técnicas de proyección (nage waza) para

facilitar su aprendizaje en función de criterios de variedad y nivel de dificultad. Esta

estructuración, comprendería cinco grupos de técnicas, cada uno de los cuales incluía

ocho proyecciones, conjuntado un total de cuarenta que incluían todas las variantes. Se

enseñó durante más de veinte años, a la vez que se proseguía la investigación para

perfeccionarlo y, posteriormente, en 1920 fue completamente revisado y actualizado.

El desarrollo de katame waza fue más lento y su adopción definitiva derivaría de

la circunstancia de que, en los enfrentamientos con escuelas de jujutsu especializadas en

este tipo de técnicas, los alumnos del Kodokan pasarían grandes apuros para no verse

derrotados. Por ello, las técnicas de katame waza acabarían por incluirse dentro de la

síntesis que representaba el judo Kodokan y, tras una larga práctica y estudio, éstas

alcanzaron también un considerable desarrollo. Estas últimas consideraciones serían

expresamente significadas por el propio Kano48 en el año 1926, si bien el mismo

siempre afirmaría la prevalencia del nage waza, aunque con el necesario complemento

de katame waza:

«(...) el entrenamiento del nage debe preceder al del katame en cuanto que este último es

una técnica (...) que ejercitada antes que el nage se convertiría en un verdadero obstáculo

para su desarrollo. Por esto, en el momento de la fundación yo me empeñé en inculcar la

estrategia del nage antes que la del katame (...) pero dar demasiada importancia a una parte

trajo como consecuencia el descuido de la otra. A propósito de esto, recuerdo un episodio

allá por el año 1886, relativo a un encuentro que tuvo lugar en la sede de la jefatura de la

policía metropolitana, donde acudieron de todas partes los nombres más prestigiosos en las

artes de lucha, entre los cuales había algunos Maestros especialistas del katame. Los

48
Recogido en «Il Judo, Shin Nihon Shi… », op. cit., 117-118.

21
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participantes del Kodokan no tuvieron dificultad para enfrentarse utilizando el nage, pero al

principio tuvieron problemas al enfrentarse con los expertos en el katame. Naturalmente

este hecho nos llevó a reforzar el punto débil, todavía con un resultado parcial, porque en

otra ocasión similar, pero en Kyoto, en la sede del Butokukai, los nuestros menos

habituados al katame, tuvieron momentos de sufrimiento durante el combate contra los

expertos de aquella estrategia. Después de estas experiencias y con el consiguiente aumento

de discípulos dedicados al entrenamiento del katame, finalmente hemos logrado en estos

últimos años alcanzar un nivel consistente (...) para no sucumbir con el nage o con el

katame, sea quien sea el adversario (...)».

Asimismo, como explica Carr49, Kano completaría su síntesis metodológica sin

rechazar completamente las antiguas formas. Por ello, conservaría como parte integrante

de su método el estudio del kuatsu (literalmente, «mantener a la gente con vida», refiere

al conjunto técnicas antiguas de reanimación y primeros auxilios) y atemi waza

(técnicas de golpeo en partes vitales del cuerpo). De manera que, en estas últimas, se

incluían todas las formas de golpeo posibles al adversario con las partes más duras del

cuerpo. De ahí que, al tratarse de técnicas peligrosas, Kano dispondría que se

practicaran sólo en la forma de kata50.

Ahora bien, independientemente de estas consideraciones y como revelan Otaki

y Draeger51, los elementos fundamentales de la sistematización del judo Kodokan se

sustentarían por Kano en el randori (práctica libre) y en la kata (ejercicio preacordado).

49
CARR, K. G. Making Way: War, Philosophy and Sport in Japanese Judo. Journal of Sport History, 20,
2, 1993, p. 167-188.
50
Draeger, D. F.; Smith, R. W. (1980). Comprehensive Asian Fighting Arts. Tokyo: Kodansha
Internacional, 1980, p. 93 definen genérica y sucintamente la kata como «(...) un método de ejercicio
formal, una acción concertada en la cual los contendientes conocen de antemano la situación, las acciones
iniciales y las correspondientes respuestas correctas que se pueden hacer a las mismas en una línea
específica». De hecho la noción de kata es una constante implícita en las artes marciales y su práctica se
reconoce hasta en los bujutsu clásicos. Es un «lenguaje de la forma» que pertenece a la cultura japonesa y
se la encuentra en un gran número de actividades propias de la misma.
51
Op. cit., p. 23.

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Aseveraciones estas que se reafirman por las palabras del Kano en relación con el objeto

de formación integral perseguido por el judo y principios relacionados con el mismo:

«He llegado a la convicción de que el estudio del judo, en toda su generalidad, es más

importante que la simple práctica del jujutsu, porque la real inteligencia del mismo nos

permite aplicarlo a todos los aspectos de la vida (...). No solamente por el procedimiento

que yo he seguido se puede llegar a asimilar sus principios y objetivo. Se puede llegar a la

misma conclusión por una interpretación filosófica de las operaciones cotidianas en los

negocios o por un razonamiento filosófico abstracto. Sin embargo, cuando yo comencé a

enseñar, pensé que convendría seguir el mismo camino que yo había tomado para estudiar

dicho objeto, porque procediendo así yo podría conseguir que mis alumnos se hicieran,

sanos, fuertes y útiles. Y, al mismo tiempo, podría ayudarles a que alcanzaran,

progresivamente, la asimilación de este objetivo en toda su amplitud. Es por ello que

comencé la enseñanza del judo por los sistemas randori y kata»52.

Aunque la kata jugaría un importante papel en las primeras fases de su

planificación del judo Kodokan, al configurarse como una de las bases del budo y

bujutsu clásicos53, debe reconocerse que el randori ocuparía el primer lugar en su

programa. Así, Kano54 describiría cómo

«En los primeros años de la fundación, cuando el Kodokan concentraba los esfuerzos en el

randori, el contenido del kata estaba incluido en esta forma de adiestramiento, de modo que

los discípulos lo aprendían y adquirían automáticamente, como cuando se enseña a escribir

sin referirse a la gramática, pero haciendo aprender los puntos especiales en el transcurso de

la enseñanza de un tema; este sistema funcionó varios años, pero acabó por ser inaplicable

debido al excesivo número de alumnos. (...) De este periodo son las primeras elaboraciones
52
KANO, J. (1932). Le education par le Judo, op. cit., p. 195.
53
Efectivamente, la kata sería una práctica habitual en las antiguas escuelas de jujutsu. Así, en las mismas
la adquisición y asimilación de las técnicas se realizaba en gran parte a través de las katas, ya que, como
antes se señalaba, se trataba de acciones peligrosas que necesariamente habían de ser previamente
conocidas por ambos practicantes. Por contra, los discípulos más aventajados practicaban, con previa
autorización del maestro, kata-nokori (lo que está fuera de las katas) y que equivaldría, con las debidas
matizaciones, a lo que en judo se conoce por randori. Vid. ESPARTERO, J. Las katas como reflejo de la
interrelación entre judo-jujutsu: especial consideración de la Kodokan Goshinjutsu-no-kata. En: VV.AA.,
El judo y las ciencias de la educación física y el deporte. Vitoria-Gasteiz: SHEE-IVEF, 1997, p. 167-178.
54
Recogido en «Il Judo, Shin Nihon Shi… », op. cit., 115.

23
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de katachi, precisamente 15 formas para el nage no kata y 10 para el actual kime no kata,

completadas seguidamente por aquellas del ju no kata hacia 1886. Eran tiempos en los

cuales el entusiasmo y el espíritu de búsqueda, tanto mío como de mis discípulos, habían

llegado a la cúspide del fervor. (...) Son inmediatamente posteriores, las propuestas del

itsutsu no kata con 5 formas, las del katame no kata con 15 formas (...)»55.

Sin embargo, debe insistirse con Otaki y Draeger56 en la afirmación de que las

bases técnicas del judo Kodokan tienen sus orígenes en la kata. De ahí que si bien Kano

formaría a sus primeros judokas por medio del randori, usando las técnicas de nage y

katame waza, cuando progresaron les alentó a estudiar y practicar la kata como un

método de instrucción complementaria.

En este sentido, Draeger57 pondría de manifiesto cómo para Kano el randori

resultaba ser algo incompleto per se y concluyó que esta carencia habría de ser

complementada con la kata. Es más, la importancia que para él tenía la misma, se refleja

bien a las claras en el hecho de que la configuraría como base teórica del judo Kodokan

e insistió en que la kata confiere al mismo el significado58 por el cual éste llega a ser un

adecuado método de educación integral, pues el mismo ha de dirigirse a un correcto y


55
En la actualidad y con carácter oficial, el método kodokan integra las siguientes katas: nage-no kata
(formas de proyección); katame-no-kata (formas de control en el suelo y junto con el anterior conforman
lo que Kano denominaría randori-no-kata); kime no kata (formas clásicas de defensa individual); ju no
kata (formas de la suavidad); koshiki-no-kata (formas antiguas); isutsu no kata (formas de los cinco
principios);seiryoku zenyo kokunin taiku no kata (formas de educación física conforme al principio del
mejor uso de la energía); kodokan-goshinjutsu-no-kata (formas modernas de defensa individual);
revistiendo esta última kata la peculiaridad de ser la única no creada por Kano, pues, efectivamente, en
1953 se encargaría por la presidencia del Kodokan la formación de una comisión técnica integrada por
veinticinco maestros del más alto rango, con el cometido de elaborar una nueva kata. Una vez pergeñado
el proyecto se amplió la comisión con sesenta maestros del mayor prestigio de los distintos distritos del
Japón. Tres años después, en 1956, se presentó esta nueva kata. Vid. ESPARTERO, J. «Las katas… » op.
cit., p. 167-178.
56
Op. cit., p.
57
Op. cit., p. 122.
58
En esta contextualización, según OTAKI y DRAEGER, op. cit, p. 40, la kata pretendería diez
propósitos u objetivos: 1. Configurarse como un método de entrenamiento básico para el judo. 2.
Establecer un elenco de técnicas básicas representativas del judo. 3. Alcanzar un elevado nivel de
ejecución en las técnicas del judo. 4. Procurar un armónico desarrollo del cuerpo. 5. Potenciar el
desarrollo mental. 6. Mostrar los mecanismos y el espíritu del judo a través de exhibiciones técnicas. 7.
Promocionar el desarrollo y el espíritu del judo. 8. Asegurar el desarrollo de los principios y valores de la
defensa personal. 9. Conseguir una práctica adecuada y que facilite el judo para todos. 10. La
preservación de los valores tradicionales y simbólicos del judo.

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armonioso desarrollo de cuerpo y mente, lo cual resultaría ser imposible con un

entrenamiento orientado exclusivamente al combate59. Así, la práctica de la kata tomó

rápidamente un lugar importante en la enseñanza del judo Kodokan, en cuanto que Kano

consideraría que equilibraba el compromiso físico del randori y daba al judo su

dimensión cultural y educativa.

Además, para Kano la kata sería el sistema ideal, como se ha dicho, para la

práctica de aquellas técnicas que, por su propia naturaleza, implicarían mayores niveles

de riesgo y señalaría que

«(...) kata o forma es un sistema de movimientos preconcebidos, que enseñan las bases

fundamentales de ataque y de defensa. Aparte de proyectar e inmovilizar (que también se

realiza en randori), incluye puñetazos, patadas, cortes con cuchillos y diversas técnicas

más. Estas últimas sólo se practican en la kata, porque es únicamente en ésta donde los

movimientos se conocen con antelación, pues cada practicante sabe lo que va a hacer el

otro de antemano»60

En cuanto al randori –el segundo elemento de la dicotómica sistematización del

judo Kodokan a la que venimos refiriéndonos-, en puridad, decir que tampoco fue una

creación de Kano del todo original sino que dicha práctica ya era desarrollada por la ryu

Jikishin –a su vez, dentro de la ryu Kito- creada por el maestro Kanemon. El cual

afirmaba que sus técnicas implicaban ran («libertad») y animaba a sus discípulos para

ran o toru, esto es, que «actuaran libremente» en la ejecución de sus técnicas,

insistiendo en que, a diferencia de la práctica de la kata, realizaran los cambios y

movimientos técnicos que estimaran apropiados en función de la circunstancias del

59
Debe tenerse en cuenta que esta concepción ha de entenderse inmersa en la consideración –que se
expondrá más detenidamente, infra, en el siguiente epígrafe- de que practicar judo Kodokan con el
exclusivo propósito de adquirir un fortalecimiento físico (rentai-hô) o de desarrollar una buena técnica de
combate (shôbu-hô) es denominado por Kano como kyogi judo (literalmente «judo equivocado»), por
cuanto tiene un sentido u objetivo limitado que ha de ser reemplazado por kogi judo o judo entendido en
el sentido más amplio, esto es, como medio para la autoperfección.
60
KANO, J. Judo Kodokan. Madrid: Eyras, 1989, p. 21-22.

25
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enfrentamiento. La propia experiencia de Kano con el sistema ran, en su aprendizaje en

la ryu Kito, alumbraría su idea para el randori.

Asimismo, Kano significaría respecto del randori cómo

«(...) randori significa “práctica libre”, (...). En randori, uno casi nunca puede saber cuál va a

ser la próxima técnica que el oponente va a usar, por lo que siempre se debe estar en guardia.

El permanecer alerta se convierte así en una segunda naturaleza y se adquiere serenidad, que es

la confianza que se deriva del conocimiento de que somos capaces de solucionar cualquier

eventualidad que se presente. Los poderes de atención y observación, imaginación,

razonamiento y juicio, se mejoran de forma natural, y éstos son atributos útiles para la vida

diaria (...). La práctica del randori conlleva la investigación de las complejas relaciones físico

mentales que existen entre los contendiente. De este estudio se obtienen valiosas enseñanzas.

(...) En randori aprendemos a usar el principio de máxima eficacia, incluso cuando podemos

derrotar a nuestro oponente fácilmente. Ciertamente, impresiona mucho más ganar a un

oponente con la técnica apropiada, que usando sólo la fuerza bruta. Esta lección se aplica

igualmente a la vida diaria; el estudiante se da cuenta de que la persuasión por la lógica es en

último caso más efectiva que la coerción. (...) Estos son sólo algunos ejemplos de la

contribución que el randori pude hacer al entrenamiento intelectual de los jóvenes»61.

Así, como bien exponen Villamón y Brousse62, al igual que en el combate real

durante el randori los practicantes se ven obligados a adaptarse constantemente a una

situación cambiante, que varía además en función de cada compañero y que les obliga a la

búsqueda de la solución más adecuada en cada momento, basada en el principio del judo

de mejor utilización de la energía63. Por tanto, el objetivo en el randori pasa por vencer al

compañero, pero ésta no es la meta final, sino que representa únicamente un medio para

alcanzar el desarrollo personal.

61
Ibidem, p. 23.
62
VILLAMÓN, M.; BROUSSE, M. El judo como contenido de la educación física escolar. En
Castarlenas, J.L. y Molina, J.P. (Coords.), El judo en la Educación Física escolar. Unidades didácticas.
Barcelona: Hispano Europea, 2002, p. 17-28.
63
El mismo es objeto de tratamiento más detallado en el siguiente apartado, vid. infra.

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A su vez, esta perspectiva reafirma la configuración del judo Kodokan como un

sistema educativo que persigue, a través de la práctica perseverante, la búsqueda de la

perfección. Así, mediante la perseverancia, indiferente a las realizaciones superficiales

(rango, victorias, prestigio, etc.), cada judoka puede alcanzar la mejora de su energía física

y mental, al tiempo que la necesaria aptitud para conseguir una óptima aplicación de dicha

energía en su vida cotidiana. De este modo, y desde una perspectiva que bien puede

considerarse utópica, Kano entendía que la práctica del judo Kodokan redundaría en la

formación de ciudadanos socialmente maduros y responsables, lo que conduciría a una

sociedad más cooperativa y armoniosa64.

En suma, el judo Kodokan puede identificarse como un sistema ético y moral que

motiva e inspira la práctica desde dentro y la conduce hacia el logro de metas finales que

están más allá del fin inmediato y limitado del mundo del combate, pues según Kano: «El

fin último del judo Kodokan es el perfeccionamiento de uno mismo, y a través de él, la

contribución a la prosperidad y la felicidad del género humano»65.

5. Los principios fundamentales del judo Kodokan: la expresión de la utopía

Sobre la base de las consideraciones precedentes, resulta claro que la visión de

Kano sobre el judo ha de ser interpretada en estrecha relación con el entendimiento que él

tenía sobre la formación integral del individuo. Sólo así se explica, como bien apunta
66
Waterhouse , que su método educativo girara en torno al denominado principio de las

tres culturas: cuidado y fortalecimiento del cuerpo mediante la educación física (shugi),

inculcación de una ética o moral (iku) y adquisición del conocimiento (san). A través de la

64
DRAEGER, D. F., op. cit., p. 122.
65
KANO, J. «Judo Kodokan», op. cit., p. 22.
66
Op. cit, p. 173 y ss.

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interrelación de estas tres vías, como pone de relieve Cunningham67, propondría un

desarrollo equilibrado del individuo, toda vez que habría constatado cómo en la sociedad

de su tiempo «la educación está indebidamente inclinada hacia la cultura intelectual, y si

no se hace nada, la educación moral y física será deficiente».

En este sentido y a tal efecto, argumentaría que la inteligencia y la moral no

significan nada sin la vida. Por tanto, en primer lugar, la persona necesita desarrollar un

cuerpo fuerte y sano para que actúe como vehículo de la mente y del espíritu, además, debe

aprender como protegerlo, pues el mantenimiento de la vida y de la integridad física es de

importancia primaria. A continuación, señalaría el aspecto moral o ético como el elemento

más básico para una vida completa, ya que la carencia del mismo determina la inutilidad

de la trayectoria vital. Finalmente, consideraría que la vida llega a ser más útil y

significativa con el aumento del intelecto, por tanto, el aspecto intelectual sigue al aspecto

moral en importancia en cuanto facilitará la realización de una conducta virtuosa.

La esencia del método de Kano, en definitiva, pretende alcanzar la necesaria

armonía de estos tres elementos. Es evidente, pues, que su mentalidad rechazaba la

creencia de que la educación física debía servir para conseguir tan sólo un objetivo

higiénico sanitario. Antes al contrario, entendería que el entrenamiento o práctica

meramente física debe cohabitar en un contexto o entorno que permitiera además el

desarrollo intelectual y moral. Precisamente, en 1922, a tal fin crearía la Sociedad Cultural

del Kodokan (Kodokan Bunkakai). De manera que, a través de la misma, promovería este

doble propósito del perfeccionamiento físico y mental, que sería sintetizado en los que

Kano consignaría como principios fundamentales del judo Kodokan: Seiryoku Zenyo

67
CUNNINGHAM, S. R. Judo: Morality and the Physical Art. Paper presented at the U.S. National Coaches
Conference National Research Symposium, September 23, 1998, in Colorado Springs, Colorado, USA. Sin
paginar.

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(máxima eficiencia o mejor uso de la energía) y Jita Kyoei (prosperidad o beneficio

mutuo).

5. 1. El principio de Seiryoku Zenyo

Kano afirmaba que, a través de la práctica del judo Kodokan, debía verificarse el

principio de Seiryoku Zenyo. Dicho principio, al que aludiría por vez primera en 1922,

comportaría que «El uso de la propia energía (...) habría de significar, efectivamente,

obtener de ello los máximos resultados. (...) De este modo, las fuerzas tanto espirituales

como físicas habrían de ser utilizadas con la mayor efectividad en consonancia con el

objetivo»68. Pero, como bien apunta Draeger69, debe de tenerse en cuenta que cuando

Kano habla de «energía» no lo hace para referirse simplemente a la fuerza o el vigor

físico del individuo, sino se refiere a la «energía vital» en la que incluía tanto aspectos

físicos como espirituales.

Ello, quizás, pueda ser mejor entendido a partir de las explicaciones de

Cunningham70, quien disecciona semánticamente dicho principio. Así, sei se refiere a la

parte esencial mística o etérea de algo. Más concretamente, el ideograma sei,

pronunciado jing en chino, se refiere a una reserva de energía vital que es transferida a

cada persona durante su concepción, en una cantidad determinada y que no puede ser

reemplazada ni restaurada una vez perdida o usada. De modo que, cuando la misma se

agota, el individuo muere. Por su parte, ryoku significa «poder o fuerza», de ahí que la

conjunción de ambos ideogramas, seiryouku, pueda ser traducida como «energía o

vitalidad». A su vez, en este contexto, zen significa «bueno, bien, virtuoso, lo mejor».

Por último, yo es «uso». En consecuencia, Seiryoku Zenyo es una máxima para el uso de

68
MAEKAWA, M.; HASEGAWA, Y. (1963). Studies on Jigoro Kano. Significance of His Ideals of Physical
Education and Judo. Bulletin of the Association for the Scientific Studies on Judo, Kodokan Report II, Tokyo,
Japan, p. 1-12, 1963.
69
DRAEGER, D.F., op.cit., p. 118.
70
CUNNINGHAM, S. R. «Judo: Morality and the Physical… », op. cit.

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la energía vital en la más justa (correcta, virtuosa) y eficiente (mejor) manera:

«Cualquier cosa que una persona haga, debe hacerlo a fin de obtener buenos resultados.

La mejor forma de obtener buenos resultados es usar la propia energía en la dirección

justa (…) y de un modo efectivo»71.

En consecuencia, Kano abogaba por la aplicación en la vida diaria del

entendimiento y la práctica del principio de Seiryoku Zenyo, adquirido a través del judo

practicado en el dojo. Y ello por cuanto que dicha práctica habría de permitir al

individuo «(...) usar su energía con efectividad. (…) Aquellos que mantienen una

correcta práctica de judo en el dojo cultivarán de forma natural la habilidad de utilizar

las energías, físicas y espirituales, de la manera más eficiente para todo cuanto ellos

emprendan»72.

A su vez, dicha consideración, como refiere Draeger73, halla su adecuado ajuste

enmarcada en los planteamientos que Kano estableciera respecto de objetivos de la

práctica del judo Kodokan. Así, cuando dicha práctica fuera realizada sólo con el

propósito de adquirir un fortalecimiento físico o con el objetivo de adquirir una buena

técnica de combate, ello sería denominado por Kano como kyogi judo. Esto decir, judo

entendido en el sentido más limitado porque sólo se pone énfasis en la técnica. Por

consiguiente, en adecuación al principio de Seiryoku Zenyo, kyogi judo debe ser

reemplazado por kogi judo o judo entendido en el sentido amplio, en el cual la técnica

(shôbu-hô), la forma física (rentai–hô) y la cultura del espíritu en términos intelectuales

71
KANO, J., recogido en «Il Judo, Shin Nihon Shi… », op. cit., 1123. Según Maekawa y Hasegawa, op.
cit. p. 6, este principio también se muestra como una personal reflexión de Kano sobre las ideas del
racionalismo occidental -más concretamente de las corrientes filosóficas del utilitarismo propias de
autores como John Stuart Mill-, así como también de su experiencia en relación con el modo de vida
occidental y su observación de la sociedad industrial.
72
Ibidem.
73
Op. cit. p. 118.

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y morales (sushin-hô), conducirán a la «máxima eficiencia»y, por ende, a la perfección

personal.

Sobre dichas bases se amplía la limitada propuesta del jujutsu clásico, el cual

atiende, en sentido estricto, a la búsqueda de la perfección técnica. Por el contrario,

Kano definirá el judo Kodokan sobre la base del principio del Seiryoku Zenyo:

«(...) si el procedimiento en que consiste el ju no puede explicar todos los supuestos (...),

¿existe un principio que se aplique realmente a todos los casos? Sí, existe uno: es el

principio de la máxima eficiencia en el empleo del espíritu y del cuerpo. ¿Puede este

principio aplicarse en otros campos de la actividad humana? Sí, el mismo principio puede

aplicarse a la mejora del cuerpo, haciéndolo fuerte, sano y útil, que es lo que constituye la

educación física. Puede también ser aplicada al desarrollo de la fuerza intelectual y moral.

Puede igualmente ser aplicada a la mejora del régimen de alimentación, de la ropa, la

vivienda, de la vida de sociedad, de la actividad de los negocios y todo lo que constituye el

estudio y la practica concerniente a la manera de vivir. He dado a este principio con

absoluta generalidad el nombre de judo. Así el judo, en sentido amplio, es un estudio, un

método de entrenamiento aplicable al espíritu y al cuerpo (...)»74.

En consecuencia, la perfección de la forma física o de la técnica per se es

insuficiente, por no abarcar o cubrir toda la salud y la perfección que un practicante de

judo puede llegar a alcanzar a través de la práctica. Por consiguiente, la finalidad de la

práctica del judo Kodokan no se limita al dojo, pues, mientras que la práctica del kyogi

judo puede conducir a la madurez técnica, sólo mediante la práctica del kogi judo se

puede llegar a ser socialmente maduro. De este modo, como ponen de relieve Brousse y

Clément, el método de Kano «se funda sobre una educación armónica y une las culturas

74
KANO, J. «L’education par le Judo», op. cit., p. 194-195.

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intelectual, moral y física. Para Kano, el cuerpo es un instrumento al servicio del

individuo con el fin de contribuir mejor a la sociedad»75.

5. 2. El principio de Jita Kyoei

Siguiendo esta corriente de pensamiento y en consonancia con el mismo, Kano

elaboró su segundo gran principio, al que llamó Jita Kyoei. Dicho principio -a menudo

combinado con Jito no Kansei-, como puntualiza Cunningham76, amplia el principio

anterior y aclara su proyección. Jito no Kansei significa «perfecciónate a ti mismo». Jita

Kyo significa literalmente «coopera con otros» llevando a la traducción usual «mutuo». Ei

se refiere al «éxito, gloria o florecimiento», así como «prosperidad y beneficio mutuo» o

«avance mutuo», dando la noción de que cuando uno avanza, todos ganan.

Así pues, Jita Kyoei es un razonamiento de Kano para la consecución del

desarrollo personal que descansa en la idea de que la sociedad está formada por individuos,

por tanto, el único camino para que la sociedad avance es a través del progreso de los

mismos. En suma, Jita Kyoei es una llamada al autoperfeccionamiento. Pero matizando

que esta propia perfección sólo puede ser lograda si el individuo es consciente de su

relación con otros; aquellos que alcancen su propio bienestar y beneficio es necesario que

ayuden a otros a hacer lo mismo. Por consiguiente, como señala Goodger, esta idea de

«bienestar y beneficio mutuo» consiste para Kano en «una condición lograda cuando uno

está físicamente sano y en posesión de un alto nivel intelectual y moral (...). Socialmente

uno debe tener los medios adecuados para apreciar y disfrutar los beneficios ofrecidos por

la civilización moderna, además, uno debe respetar a los otros»77.

75
BROUSSE, M.; CLÉMENT, J.-P. Le judo en France. In TERRET, T. (Dir.). Histoire des sports, Paris:
L’Harmattan, 1996, p. 144.
76
Op. cit.
77
Op. cit., p. 66.

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De ahí que «bienestar y beneficio mutuo» consiste, siempre según Kano, en «ayuda

y concesión mutua», en el sentido de que «Cada uno debe esforzarse para obtener su

propia perfección, así como para el desarrollo y la prosperidad de los demás. Para obtener

el verdadero beneficio personal, se ha tener también en consideración el beneficio de la

sociedad. La mayor prosperidad de uno mismo ha de ser lograda a través del servicio a la

humanidad»78. Lo cual implica el establecimiento de una clara interdependencia entre el

desarrollo individual y el desarrollo y bienestar social. Así, la relevancia de Jita Kyoei en el

judo es resaltada por Kano al afirmar que «El último objeto del judo, es también el último

objeto del hombre: la perfección de uno mismo para servir a la humanidad»79

Este objetivo es un ideal que cada ser humano debe intentar lograr. Si bien Kano

acentuaría que ello sólo podría alcanzarse cuando se realizara no de forma egocéntrica sino

altruista, de manera que habría de redundar tanto en nuestro propio interés como en el de

los demás. Si bien esta referencia a «los demás», como bien matizan Maekawa y

Hasegawa 80, ha de ser entendida en el sentido más amplio, esto es, «la otra persona», «la

otra comunidad», «el otro país», en definitiva, «el conjunto de la humanidad». Lo cual

explica cómo, en el entendimiento de Kano, este principio del «bienestar y beneficio

mutuo» se debería adoptar no solamente por los individuos sino también por las naciones.

Entendimiento este que derivaba de su ideal totalmente pacifista, que aparecería

perfectamente reflejado en uno de sus artículos publicado en 1922,

«(...) una nación deba ser querida, respetada y tener la confianza de otras naciones.

Internamente, debe esforzarse para el desarrollo de la cultura y de la salud de sus ciudadanos.

(...) en el pasado, muchas naciones utilizaron la agresión como un medio para promover el

prestigio nacional. (...) sin embargo, actualmente, una nación que adopta abiertamente una

78
Ibidem.
79
Ibidem.
80
Op. cit., p. 7.

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política tan agresiva se debe preparar para poner al mundo entero en su contra. (...)

consecuentemente perderá la confianza de otras naciones y las relaciones internacionales se

deteriorarán»81.

En definitiva, Kano sustentaba la firme convicción de que, mediante la práctica del

judo Kodokan, las personas de todo el mundo aprenderían a utilizar el principio del

Seiryoku Zenyo y, mediante el mismo, entenderían que su materialización sólo es posible

cuando existe una cooperación mutua, Jita Kyoei. Dicha comprensión, los situaría en un

elevado estado intelectual y moral, donde las diferencias entre ellos mismos y los demás

habrían sido rebasadas, en cuanto que serían capaces de aplicar este principio a las

actividades de su vida cotidiana, así como de influenciar a otros y de hacer sus vidas

equilibradas, sanas y útiles para la humanidad. Lo cual se condensaría en su afirmación de

que

«El principio fundamental del judo (...) es que, cualquiera que sea el objetivo, éste se obtiene

de mejor manera por el uso del principio de máxima eficiencia de cuerpo y mente, adaptado al

fin perseguido. Este mismo principio, aplicado a las actividades de la vida diaria, nos conduce

a seguir una vida más racional y mejor (...). El principio de máxima eficiencia bien aplicado al

arte de ataque y defensa o al refinamiento y perfeccionamiento de la vida diaria, demanda

sobre todo que haya armonía entre las gentes, lo cual sólo se logra a través de la ayuda y

concesiones mutuas. El resultado es el beneficio y bienestar mutuos. La meta final de la

práctica del judo es inculcar respeto por los principios de máxima eficacia, por un lado, y

beneficio y bienestar mutuo, por otro»82.

Todo ello, en suma, permite que autores como Barioli, afirmen respecto de Kano

que «Ciertamente su idea educativa pertenece a las grandes utopías, como (...) el escutismo

de Baden Powell o el movimiento olímpico de Coubertin»83.

81
Citado por MAEKAWA y HASEGAWA, ibidem, p. 8.
82
KANO, J. «Le education par… », op. cit., p. 107.
83
BARIOLI, C. Prefazione. En: Kano, J., Fondamenti del Judo. Milano/Trento: Luni Editrice. 1998, p. 15.

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6. El final de la utopía

Como se ha puesto de manifiesto, Kano poseía un espíritu humanista y fruto de

esa mentalidad serían los grandes esfuerzos que realizó para impulsar las reformas

educativas que él consideraba necesarias para el Japón. Sin embargo, para comprender y

valorar en su justa medida el mérito y el alcance de la obra de Kano, debe situarse la

misma en el marco general de las profundas transformaciones y disensiones que

experimentaría la sociedad japonesa de su época. Y ello, como señala Barioli84, porque

Kano, aún condicionado por las circunstancias propias del totalitarismo y el

ultranacionalismo del contexto político y social del momento, intentó mantener y

defender públicamente una posición pacifista e internacionalista a contracorriente de los

designios políticos oficiales, lo cual bien pudo haberle costado el aislamiento social o

incluso la vida.

Así, el período que va de 1880 a 1890 se configura como el ámbito temporal en el

que el pensamiento de Kano experimentó su principal desarrollo y, consecuentemente, el

período en el que el judo Kodokan tomó su forma esencial. A su vez, y como se ha

reiterado, dicho espacio temporal se integra en los años de la Restauración Meiji85 que

pondría fin a la política de sakoku (aislamiento) impuesta por el aludido régimen militar

Tokugawa y que daría paso así una auténtica liberalización en el país, que se acompañó de

una gran curiosidad volcada hacia la información que llegaba de Occidente (ciencias,

tecnologías, sistemas militares, educativos, la industrialización y el sistema capitalista, etc).

Al mismo tiempo, un importante sector de la sociedad japonesa contemplaría esta

etapa como un período de declive moral. Lo cual desembocaría en un intenso movimiento

reaccionario que no tardaría en imponerse en el ámbito político y social. Por tanto, si es

84
Ibidem.
85
Vid. ut supra el apartado II del trabajo.

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cierto que en esta etapa se asiste a una importante remoción del ostracismo que hasta

entonces había comprimido a Japón, no lo es menos -como bien explica Craig86- que ello

deba de matizarse con la precisión de que los sectores más influyentes de la sociedad

japonesa llevaría a cabo una premeditada importación selectiva de la cultura occidental.

Prueba de ello, según Abe87, es el hecho de que en esta época se creara una nueva

expresión popular: wakon yo sai («aprendizaje occidental y espíritu japonés»). De manera

que con la misma se venía designar la realidad social imperante, es decir, cómo el

conocimiento y la cultura occidental llegaron a ser utilizados e incorporados a través del

filtro de las formas japonesas tradicionales de pensamiento, las cuales continuaron

sirviendo como base del pensamiento japonés.

Por tanto, aquella pretendida o supuesta liberalización, progresivamente, iría

decayendo en favor de un aumento del fervor nacionalista, cuyo propósito radicaría en

hacer de Japón una potencia mundial bajo el lema fukoku kyohei («enriqueced el país,

fortaleced el ejército»), que culminaría en las victoriosas campañas bélicas que se

emprenderían contra China (1894-1895) y Rusia (1904-1905). Según Cunningham88, ello

vendría a reforzar los planteamientos de las fuerzas políticas que habían preconizado la

adopción de medidas extremas para alcanzar aquel objetivo. De forma que las mismas, a

partir del nacionalismo, continuarían fomentando el conservadurismo y el militarismo,

como una manera de contrarrestar las ideas liberales de Occidente que, en el fondo, temían.

En suma, concluye Beasley que «costumbres y formas de pensamiento de Occidente

todavía no habían penetrado mucho más allá de las clases altas urbanas (...), pero iban

siendo lo bastante influyentes como para hacer sonar la alarma entre los que valoraban las

86
CRAIG, D. M. Japan's Ultimate Martial Art Jujitsu Before 1882. Rutland/Tokyo: C. E. Tuttle Co., 1995.
87
ABE, S. Zen and Sport. Journal of the Philosophy of Sport, Vol. XIII, 1986, p. 45-48.
88
CUNNINGHAM, S. R. Kano and Kata: Reply to Geof Gleeson, 1998. Disponible en
<http://www.judoamerica.com/coachingcorner/kano-kata.shtml >. Acceso el 14 de septiembre de 2007.
Sin paginar.

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tradiciones. El resultado fue que la corriente en favor de “civilización e ilustración”

(bunmei-kaika) pronto perdió parte de su fuerza»89.

Así pues, en este contexto sociopolítico que paulatinamente privilegiará el

ultranacionalismo militarista, fundará Kano el Kodokan, donde enseñará su método

educativo y propondrá un sistema general de educación y de formación, con la esperanza

no sólo de que «el judo pueda contribuir a la cultura mundial sino también ayudar al

desarrollo de la apertura al mundo de la cultura japonesa»90. Pero esta voluntad de

formación integral se vería contrariada por el citado espíritu ultranacionalista creciente que

aprovecharía las artes marciales clásicas para incentivar un beligerante ardor nacionalista

en la sociedad japonesa, que pondría las bases de una forma de cultura física al servicio de

los principios del militarismo91. A tal fin, como refiere Abe92, las diversas artes marciales

tradicionales fueron reorganizadas por la Dai Nippon Butokukai93, una entidad

gubernamental o consejo de gobierno general, que fue establecido en abril de 1895, para

controlar y preservar las artes marciales y unirlas espiritualmente al gobierno imperial. El

objeto de la misma sería revivir el bushido94 y promover el bujutsu entre los futuros

ciudadanos-soldados y, en definitiva, construir una nación con espíritu militar.

89
BEASLEY, W. G. Historia contemporánea del Japón. Madrid: Alianza, 1995, p. 37.
90
Citado por MATSUMOTO, D., op. cit., p. 76
91
DRAEGER, D. F. The Martial Arts and Ways of Japan: Volume II, «Classical Bujutsu». New York:
Weatherhill, 1973, p. 122.
92
Vid. En este sentido, ABE, S. Zen and Sport. op. cit. p. 45-48 e, igualmente, ABE, I. et alli. Fascism, Sport
and Society in Japan. The International Journal of The History of Sport, 9, 1, 1992, p. 1-28.
93
Esto es, dai (grande), Nippon (Japón), bu (marcial) toku (virtud) y kai (organización), por tanto y
literalmente, «Asociación de las virtudes marciales del gran Japón». El Butokukai fue patrocinado por la
Familia Real y comenzó su actuación con la institución de una nueva fundación, el Butoku-den un
santuario para las artes marciales en Jeianjungo en Kioto. Dicha entidad alcanzaría un rápido crecimiento
y expansión, pues, ya en 1906, tendría delegaciones en cuarenta y dos prefecturas y contaría con un
millón trescientos mil afiliados, por tanto, se configuraría como la más poderosa, influyente y patriotica
institución gubernamental en el contexto de las artes marciales, hasta su disolución por las fuerzas de
ocupación aliadas al finalizar la II Guerra Mundial.
94
«Camino del guerrero». Según NITOBE, I. Le bushido: L'ame du Japon. Paris: Payot, 1927, es el
conjunto de normas morales y éticas que configuraron el pensamiento de los samurais durante los
periodos Kamakura, Muromachi y Momoyama, alcanzando su máxima relevancia durante el Periodo
Tokugawa. Recogía virtudes tales como la justicia, el coraje, la lealtad, el honor, la verdad y la
benevolencia. Así, este código ético se iría formando a través de una serie de textos que, a lo largo de las

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El prestigio que ya en esta época habría alcanzado Kano, permitiría que fuera

nombrado, en 1899, presidente de la Dai Nippon Butokukai. Sin embargo, a pesar de

este nombramiento y prevaliéndose del mismo, haría lo posible por mantener su judo

Kodokan al margen de las corrientes militaristas que propugnaba dicha entidad. Lo cual,

en ese contexto social, «constituiría un ejemplo excepcional»95. Más aún, hacia el final

de su vida, Kano estuvo bajo una gran presión del Estado para que aceptase integrar el

Kodokan al servicio de estos intereses. No obstante, se resistió a ello y dicha actitud

incluso determinaría que llegara a existir una cierta rivalidad entre ambas

instituciones96. Lo cual es facilmente comprensible si se tiene en cuenta que la

Butokukai contaría con el favor institucional y se configuraría como el centro nacional

de la enseñanza de las artes marciales, incluyendo al judo. Circunstancia esta última que

el propio Kano criticaría, si bien apelando al entendimiento entre ambas instituciones,

cuando escribía,

«a diferencia del Butokukai, para el Kodokan el entrenamiento (...) no es más que un medio

o una fase para alcanzar el verdadero objetivo que como he dicho antes es la búsqueda del

Do basada en el judo y su aplicación en todas las circunstancias de la vida. (...) un arte

llamado “Butokukai” a mi parecer no debería existir en el judo (...) y cualquiera que sea ese

arte, su intención debería considerar la unificación o la armonización de todas las energías

existentes en el país. Ha de objetarse, además, ¿cómo nunca el Butokukai adoptó otro judo

distintas épocas, recogen de una u otra manera el ideal del samurai conforme a las características de cada
periodo. En este sentido, CLEARY, T. El arte japonés de la guerra. Madrid: Edaf, 1992, señala que el
bushido nunca fue unificado y terminado, sino que el mismo se configura por distintos textos y, por tanto,
pueden encontrarse elementos sintoístas, budistas, taoístas, confuncianos, legalistas y militaristas en los
distintos textos que configuran, a su vez, diversas representaciones del bushido. Posición diametralmente
opuesta a ésta sería la de algunos autores europeos que llegarían a sostener que tanto la palabra bushido
como su significado serían invenciones del Periodo de la Restauración Meiji (1867), con el objeto de
fortalecer el sentimiento nacional que anteriormente era inexistente. Para GLEESON, G. All About Judo.
London: A. & C. Black, 1975, p. 94, el judo nació varios años después de la era samurái y en diferentes
siglos en términos de moralidad, ética y valores educativos, respecto del budo y el bushido.Según este
autor, la mayoría, si no todos, los códigos feudales de conducta ejemplar eran sólo un camuflaje o
tapadera de los brutales y salvajes comportamientos que sufrían los débiles y desprotegidos. Bushido y
samurái no eran dos excepciones a estas conductas.
95
ABE, I. et allii, op. cit., p. 8-9.
96
Vid. BONET-MAURY, P.; COURTINE, H. Le Judo. P.U.F.: Paris, 1989.

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que el del Kodokan y sin embargo se ha convertido en su sede central? (...) Sin embargo, no

olvidemos que en este momento nuestro país está luchando con todas sus fuerzas contra las

potencias mundiales para hacer valer sus peticiones. Por tanto, debemos evitar la discordia

(...), lo cual sería bastante deplorable tanto para nosotros como para el Butokukai. (...) De

momento todos debemos seguir los principios morales y actuar por la causa de la nación

(...). Así pues, todos debemos tener un mayor espíritu de colaboración para alcanzar un

único y gran objetivo común»97.

En esta contextualización, Brousse98 refiere que, a partir de los años treinta, la

masificación de la práctica y la ausencia de unidad del judo en Japón haría emerger –

sobre todo en el conjunto de las escuelas universitarias- una orientación que implicaría

un cambio drástico en la genuina finalidad educativa del judo, como señala

Yamashita99, al trastocarse ésta por objetivos militares y nacionalistas. De ahí que Kano,

como describe Cunningham100, en un desesperado intento de preservación y para evitar

ver su judo bajo el control del ejército, tomaría decisiones que, incluso, determinaron

que la integridad de su método se perdiera parcialmente. Así, con el aludido objeto de

evitar aquella instrumentalización militar, Kano decidió ocultar las técnicas

estrictamente encaminadas a goshin waza (defensa personal) y que se solían diferenciar

del randori waza o conjunto de técnicas apropiadas para el randori. En este sentido,

goshin waza se integraría por el conjunto de técnicas que al estar estrictamente

encaminadas a la defensa personal, no podían ser utilizadas en randori. Pues bien, ese

intento de evitar que el Kodokan pudiera ser utilizado como un centro de entrenamiento

97
KANO, J. Kodokan e Butokukai. Recopilado en Kano, J., Fondamenti del Judo. Milano/Trento: Luni
Editrice, 1998, p. 104-106.
98
BROUSSE, M. Du Samouraï à l’Athlète: l’essor du judo en France. Sport-Histoire, 3, 1989, p. 11-25.
99
YAMASHITA, K. Feudality of College Sports in Japan. Journal of the Philosophy of Sport, XIII, 1986, p.
35-44.
100
En la entrevista que le realiza YIANNAKIS, L. The Dynamic Nature of Kata: An Interview with
Steven R. Cunningham, 1998. Disponible en
<http://judotradicionalgoshinjutsukan.blogspot.com/2007/11/natureza-dinmica-do-kata.html> Acceso el
11 de septiembre de 2008.

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militar, determinaría que muchos de los viejos métodos de goshin waza fueron

ocultados y no volvieran a enseñarse nunca más y terminarían perdiéndose101.

Esta desnaturalización se aceleraría tras la muerte de Kano, en 1938, pues a

partir de la misma la apropiación del judo por el Butokukai sería un hecho incontestable.

Ello determinaría que muchos maestros, alumnos directos de Kano, se marcharan o

huyeran del Kodokan, al no poder continuar la transmisión de sus conocimientos. Con

lo cual gran parte del legado directo de Kano se perdería para siempre. Es más, este
102
conjunto de circunstancias lleva a afirmar a autores como Gleeson que el judo

Kodokan, prácticamente, se diluiría hasta desaparecer en el periodo temporal que va

desde 1930, pasando por el fallecimiento de Kano, y hasta llegar al final de la Segunda

Guerra Mundial. De hecho, durante la guerra, las actividades del Kodokan se

paralizaron y, al finalizar la contienda, dicha institución se clausuraría al prohibir las

fuerzas de ocupación aliadas las artes marciales.

No obstante, en 1946, se revocaría esta clausura, en gran parte, gracias a la

relativa independencia que Kano consiguió mantener respecto de las tendencias

oficiales. De este modo, el Kodokan sería el primer centro autorizado por las fuerzas de

ocupación americanas a reemprender la enseñanza del judo, a diferencia de otras

escuelas e instituciones, que verían así castigado su compromiso político de antes de la

guerra. Con esta reapertura empezaría una nueva etapa de desarrollo del judo. De hecho

el judo que sobreviviría a la muerte de su fundador, se convertiría tras la Segunda

101
Vid. YIANNAKIS, ibidem, la Go no Kata -literalmente, «kata de la dureza», que contenía golpeos
(atemis waza), proyecciones (nage waza) y otros elementos del jujutsu encaminados a la defensa
personal-, se «perdió» deliberadamente poco antes de la Segunda Guerra Mundial. E, igualmente
sucedería con muchos Renkoho no Kata -literalmente, «kata de métodos de arresto»-, Torinawa o Hojo
Jutsu -métodos de atar con cuerdas-, que, originalmente, fueron enseñadas en el Kodokan, como prueban
algunas ediciones del libro Judo Kodokan, en donde hay dibujos sobre las técnicas de Renkoho no Kata, y
que, como se ha dicho, también se perderían.
102
GLEESON, G. All About Judo. London: Adam & Charles Black, 1975.

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Guerra Mundial, como pone de manifiesto Carr, «en el deporte que más rápidamente

creció en el mundo»103.

Sin embargo, tras la guerra, este judo que sería recibido con gran éxito en

Occidente, habría tomado ya grandes distancias con el judo Kodokan original. A su vez

el intenso proceso de deportivización a que se vería sometido por la cultura deportiva

occidental, a buen seguro, desdibujaría aún más el trazado original del método que

Kano habría elaborado. Ya que como indican Draeger y Smith, esta propagación

internacional del judo daría lugar a numerosas interpretaciones del mismo y la que

terminó enfatizándose fue la deportiva, lo cual habría determinado que los «elementos

intrínsecos integrados en el judo original se distorsionaran enormemente»104.

En suma, si bien el judo sobrevivió a múltiples avatares y se extendió

rápidamente por todo el mundo, lo cierto es que su esencia o, al menos, gran parte de

ella, se habría perdido para siempre y con ella la utopía de un método ideado por la

figura de un auténtico humanista y pedagogo, Jigoro Kano. Cuya vida y enseñanzas

bien pueden resumirse con las palabras que pronunció en el quincuagésimo aniversario

del Kodokan: «Nada es más importante en este mundo que la educación; la formación

de un hombre virtuoso puede significar mucho. Los conocimientos de un hombre deben

contribuir ampliamente a los de los demás hombres. El saber de una generación debe

aprovechar a otras cien»105.

103
Op. cit., p. 184.
104
Op. cit., p. 137.
105
Op. cit.

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