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INTEGRACIÓN POSTURAL

INTEGRACIÓN POSTURAL

JACK PAINTER

EDITORIAL PAX MÉXICO, Librería Carlos Césarman, S. A.


Av. Cuauhtémoc No. 1430 Col. Sta. Cruz Atoyac México, D. F. C.P. 03310
Título de la obra en inglés: Deep Bodywork and personal development
Publicado por: Jack Painter.
Copyright 1984 by Jack Painter
Primera edición en español: noviembre de 1987
Tiraje: 3,000 ejemplares
Traducción: Mercedes Solé
Derechos reservados para la edición en el idioma español.
Copyright 1987 por:
Editorial Pax México, Librería Carlos Césarman, S. A.
Av. Cuauhtémoc 1430
México, D. F. 03310
ISBN 968-860-071-7
CONTENIDO

Prólogo a la edición en español 7

Prefacio 17

Introducción 19

Prólogo 23

Capítulo 1

Transformación del yo en su totalidad 35

Capítulo 2

Dentro y fuera del cuerpomente 59

Capítulo 3

Proceso y experiencia de la liberación 77

Capítulo 4

Equilibrio, respiración y energía 135

Capítulo 5

Integramos y afirmamos bien el cuerpomente 153

Capítulo 7

Entre tú y yo 177
PRÓLOGO A LA EDICIÓN
EN ESPAÑOL

“La individualidad, la personalidad es una: no


existe una personalidad funcional y otra
moral.
Una y otra, desde la más humilde entre las activi-
dades fisiológicas hasta las más elevadas
manifes-
taciones del espíritu, resultan del integral funcio-
nalismo orgánico, uno e indivisible”.
Augusto Pi Suñer. La unidad funcional. 1918.

Jack Painter, el autor de este libro, es mi amigo y me pidió


escribir estas líneas para presentarlo ante sus lectores de habla
española, cosa que hago con mucho gusto.
Lo conocí en agosto de 1975 en la 5a. Reunión Anual de la
AHP (Asociación de Psicología Humanística) que se celebró en Estes
Park, Colorado, USA. Fuimos del Instituto Wilhelm Reich de México
a ese evento Max Lan, Marie-France Medana y yo. Después él vino a
México invitado por nosotros.
Desde entonces a la fecha se desarrolló entre nosotros una
creciente amistad que renovamos en encuentros programados u
ocasionales en San Francisco, Caracas, París, Montreal o México.
Uno de los hechos que contribuyó a nuestra amistad fue cierta
coincidencia en nuestro enfoque de mancomunar técnicas diferentes
para hacerlas converger en el proceso terapéutico. Mi posición central
ha sido el de poner las técnicas físicas, emocionales y verbales al
servicio del desarrollo humano en el marco del proceso terapéutico en
un enfoque holístico y no el de encerrar la terapia en los estrechos
límites de una técnica.
Esta coincidencia era significativa porque los dos procedíamos
de campos diferentes; mientras yo venía del de la medicina hacia un
enfoque humanista y holístico, él procedía del de la filosofía y de la
somatología en su forma de trabajo de manipulación del tejido
conjuntivo ideado por la genial Ida Rolf.
Me encantaba escuchar a Jack cómo para él fue prioritario el
hecho de la emergencia emocional de una persona que está siendo
trabajada en sus masas musculares y fascias, que mantenerse
disciplinado dentro de la ortodoxia rolfista que ordena mantener lo
emocional fuera del trabajo reestructurador.
Esta prioridad lo llevó a la búsqueda de otros modelos y
técnicas que pudieran integrarse en su trabajo rompiendo
inevitablemente con el rolfismo oficial. Y al primero que encontró fue
a Wilhelm Reich que en “La función del orgasmo” le proporcionó el
principio de oro de todo enfoque psico-corporal; “Toda rigidez
muscular incluye la historia y la significación de su origen. Su
disolución no sólo libera la energía… sino también trae a la memoria
la situación infantil en que se ha producido la inhibición”.
Este principio debería formar parte necesaria de la información
que tiene todo técnico o terapeuta que maneje el cuerpo, no importa si
es masajista, fisioterapeuta, profesor de deportes, hata yoga o danza,
quiropráctico o psicoterapeuta.
Y después de Reich encontró a Perls y su terapia gestalt y
finalmente a la acupuntura y la polaridad del Dr. Stone. Me fascinaba
ver a Jack hacer con éxito una síntesis coherente teórico-práctico de
todo ello. Para mí era agradablemente sorprendente reconocerme en
los esfuerzos sintetizadores de Jack.
Así Jack presentó su Integración Postural diciendo que es una
herramienta fuerte y multifacética para facilitar cambios en los
cuerpos físico, emocional y mental, que era capaz de proporcionar una
nueva y vital experiencia de uno mismo.
Los objetivos de la Integración Postural eran conocerse,
curarse, cambiar y servir a otros.
Jack es fuerte, atractivo y sugerente. Es de esas personas que le
hacen a uno sentirse su amigo desde siempre. Nos decía que la
manipulación profunda de los tejidos conjuntivos despega músculos
que se han adherido a otros o a huesos que restringen la movilidad, lo
cual además remueve tensiones y estira ligamentos contraídos. Este
trabajo mejora la circulación sanguínea y linfática, y las funciones del
sistema nervioso.
Trabajamos en la fascia (membrana fibrosa que envuelve al
músculo) pues cuando esta fascia está contraída o pegada a otras el
resultado es no sólo una mala postura sino la perturbación de la
función del organismo como un todo, sentando la base somática para
enfermedades, desbalances energéticos y psicológicos.
Sabemos – afirmaba Jack – que no sólo las tensiones físicas
afectan los músculos sino que las tensiones musculares son también el
resultado de represiones mentales y de tensiones emocionales. Así que
una ve obtenido el alivio físico y habiéndose aflojado la coraza
muscular y psicológica (caracterial) entonces la conciencia surge y se
expande ocurriendo cambios saludables en el estado psicológico y de
la persona.
Así Jack Painter estableció siete premisas básicas de la
Integración Postural:

1. La función corporal como totalidad es determinada por la


estructura. Si los órganos del cuerpo están sistematizados
conforme a su estructura es posible funcionar como una sana y
efectiva unidad orgánica, especialmente en relación con el
medio ambiente-gravedad.
Toda zona de tensión disminuye el movimiento, la circulación
sanguínea y linfática y la transmisión nerviosa y
consecuentemente se inflama y se generan procesos físicos y
psicológicos enfermizos.
2. Este trabajo profundo previene lesiones que sufren los
deportistas y bailarines, porque sus torceduras, mordeduras y
esguinces son causados por músculos tensos y
sobretrabajados.
3. El cuerpo es un cúmulo de creencias, actitudes,
sentimientos e historia personal y es un depósito actual de
memorias. La autoimagen y el esquema o imagen corporal,
son inseparables por lo que cambios en la estructura física y la
estática generan cambios en el estado mental y del ser.
4. La postura y la estática están determinadas por la
estructura “fascia-muscular” y no por la estructura óseo-
cartilaginosa. Por esa razón es posible la reorganización y la
realineación de los segmentos, la corrección de muchas
deformaciones, mediante el trabajo profundo en la “fascia-
muscular”.
5. En Integración Postural se trabajan también los órganos
internos pues éstos responden igualmente a las tensiones
endureciéndose, inflamándose, aumentando o disminuyendo
sus secreciones.
6. Respiración. Aprender a respirar ampliamente mejora la
circulación y consecuentemente la oxigenación y liberación
del bióxido de carbono. Al desarrollar las técnicas adecuadas
de respiración la persona experimentará muchos beneficios
físicos, emocionales y espirituales.
7. La Integración Postural incluye: a) manipulación con
acupuntura y polaridad para sedar y estimular puntos, dirigir la
energía hacia áreas específicas y fomentar una mejor
autorregulación; b) trabajo reichiano y Gestalt para facilitar la
descarga emocional y la integración psicofísica.

La atractiva personalidad de Jack y lo convincente que


resultaron sus explicaciones y demostraciones determinó que en 1976
un grupo integrado por Blanca Rosa Añorve Pelaez, Marie-France
Medana Daniel, Herminia Ruffo Yberri, Ma. Antonieta Calderón
Rosales, Max Lan, Marianthy Constantinu y Nadia Rojas de Bouvat –
estas dos últimas venezolanas – partiera hacia San Francisco a tomar
el curso de Jack para aprender su Integración Postural apenas
conocida. Ahora se ha desarrollado tanto que se puede decir sin
exageración alguna que es mundialmente conocida, y se sustenta en
una organización muy seria y exigente con sus miembros.
Como soy de los que les gusta conocer los métodos en mí
mismo me sometí confiado a la pericia de los dedos, las manos, los
puños y los codos de Jack y obtuve los múltiples beneficios de la IP
mejorando notablemente mi estática, cosa que pude comprobar con las
fotos de “antes” y “después”. Así que Jack literalmente me estiró y
enderezó. Y mejorar la estática, por la manipulación profunda del
tejido conjuntivo, es un logro extraordinario que evita el desgaste
unilateral de las superficies articulares y por tanto es la mejor
prevención de artrosis.
Sin embargo, para mí mismo lo más asombroso fue descubrir
en mí mismo a la IP como método catártico y regresivo.

Para esas fechas yo había experimentado diferentes tipos de


estados regresivos. Mi primera experiencia regresiva fue bajo trance
hipnótico –con el Dr. Miguel Rendón Blanco- durante el cual, al oír
sus palabras “tienes tres años ¿qué estás haciendo?”, viví una
secuencia en mi “pantalla mental” que se inicia en que me encuentro
debajo de la mesa del comedor, me estoy escondiendo, mi hermano
me persigue con una escopeta de municiones cargada de glóbulos
homeopáticos, salgo de mi refugio, corro desesperado por el patio,
escucho la detonación, siento el impacto en mi nalga derecha,
finalmente dolor y llanto. Cuando salgo del Instituto de Hipnosis
Médica y Medicina Psicosomática me sorprende el dolor en esa región
y más aún cuando llegando a casa me descubro un moretón cuando
me veo al espejo. Es la “psicoplasia” comenta crípticamente el Dr.
Rendón cuando se entera.
“Psicoplasia” es un término acuñado por el argentino Marcelo
Lerner (tomado del de “ideoplasia” de Augusto Forel) “que designa la
suma de cambios somáticos que subyacen a toda actividad psíquica.”
Pero para mí éste era un concepto dualista superado por W. Reich con
su concepto de la identidad funcional entre el carácter y la coraza
muscular. Para Reich esos cambios somáticos no son el “resultado”, ni
las “causas”, ni “subyacen”, ni son el “acompañamiento” de los
procesos psíquicos, son “sencillamente esos procesos mismos en la
esfera somática”.
Mi segunda experiencia regresiva fue durante un mensaje con
Blanca Rosa Añorve Pelaez. Llevábamos alrededor de un año
investigando los principios reichianos entre ellos los siguientes: “Las
situaciones que hacen aparecer la resistencia de carácter en el análisis
son duplicados exactos de aquellas situaciones de la infancia que
pusieron en movimiento la formación caracterológica. Por esa razón
encontramos la resistencia del carácter tanto como una función
defensiva como una transferencia de relaciones infantiles con el
mundo exterior”, y “…la hipertensión muscular crónica representa
una inhibición de todo tipo de excitación –placer, angustia y odio- por
igual. Es como si la inhibición de las funciones vitales (libido,
angustia, destrucción) tuviese lugar mediante la formación de una
coraza muscular alrededor del centro de la persona biológica. Si la
formación caracterológica como tal tiene vinculaciones tan cercanas
con el tono de la musculatura, estamos a salvo al suponer una
identidad funcional entre el carácter neurótico y la distonía muscular.
… El concepto de “identidad funcional” que tuve que introducir, no
significa otra cosa que el hecho de que las actitudes musculares y el
carácter desempeñan la misma función en el aparato psíquico; pueden
influirse y reemplazarse mutuamente. Fundamentalmente no pueden
ser separadas; en sus funciones son idénticas.
Blanca Rosa me manipulaba de diferentes maneras la
musculatura yo le expresaba lo que iba experimentando o pensando
“sin censura”, sacábamos conclusiones y nos proponíamos otros
trabajos.
Así un día dándome un masaje en el brazo izquierdo llegó a la
mano y me la tomó firmemente e hizo una tracción del brazo; en ese
momento me sentí angustiado y al mismo tiempo sorprendido de
experimentar mi mano y brazos pequeños como el de un niño de
alrededor de 4 años con tal realidad que abrí los ojos para verlo y
comprobar que mantenía su tamaño y al mismo tiempo continuaba
sintiéndolo como el de un niño. Al observar mi desconcierto y
angustia, Blanquita me preguntó dulcemente ¿qué te pasa Rafa?, y al
conocer lo que sucedía, y sin dejar de mantener la tracción del brazo
tirando de mi mano me dijo “cierra los ojos, deja que esa manita y
bracito encuentren el resto del cuerpo del niño y permite que tus
emociones afloren”… iba por la calle tirado de la mano por la mano
de mi mamá colérica, estaba cagado y mi mamá había ido por mí al
kinder, llorando a grito abierto me sentía angustiado, humillado,
enojado, miedoso, confuso… lloré mucho…no sé por cuanto tiempo y
después dormí. Esta regresión tan total me acicateó a investigar más
para contestarme la pregunta ¿Cómo y por qué se daba una regresión,
no sólo simbólicamente o en la “pantalla mental” sino una en la que la
persona se experimenta físicamente de la edad en la que los sucesos
habían quedado registrados en la memoria?
Me puse a revisar los conceptos de “psicoplasia” de Lerner, el
psicoanalítico de regresión, la “regresión hipnótica”, el de imagen o
esquema corporal, el de flash back y el concepto unitario del
organismo de W. Reich. ¿Cuál era la diferencia entre este tipo de
regresión y la histeria o la psicosis? Muchas preguntas martillaban mi
mente y me impulsaban a revisar toda mi información. Había visto
bastante de psicopatología en el sanatorio “Rafael Lavista” al lado
del Dr. Alfonso Domínguez Toledano y después en el psiquiátrico
“Fray Bernardino Álvarez” en donde impartía mi clase de clínica de
psiquiatría como profesor del Instituto Politécnico Nacional.
Estaba haciendo esta revisión conceptual cuando ocurrió mi
segunda sesión de Integración Postural con Jack Painter. Estarían
presentes en la sesión la Dra. Ma. Antonieta Calderón Rosales y mis
amigos venezolanos Luis Levi y Alicia Arenas –que nos visitaban-
quienes me pidieron mi autorización para sacar fotos. Es así como
existe este testimonio de una de las regresiones totales que he
experimentado en mi trabajo de crecimiento.
Jack estaba finalizando la sesión y trabajaba con sus puños
sobre uno de los lados de mi cuello, mientras yo rotaba la cabeza en
sentido contrario manteniendo la mirada fija en la suya y después
sobre el otro lado; exactamente al finalizar la maniobra comenzó la
regresión: la memoria hacía figura y todo lo demás se iba al fondo, y
tomaba el comando total de mí mismo física y mentalmente, como
una unidad. Mis manos comenzaron a flexionarse, los antebrazos
sobre los brazos, mi cabeza se fue hacia atrás, mis hombros se
elevaron, las piernas sobre los muslos, muslos sobre el vientre, mis
párpados se cerraron fuertemente, mi boca se abrió y cuando mis
manos semiflexionadas llegaron cerca del cuello la respiración se
detuvo, sentía claramente una estrangulación que era impotente para
quitarla, me experimentaba como un bebé recién nacido suspendido
en el espacio infinito y tenía la sensación de una inminente
aniquilación, como si al instante siguiente fuera a estallar en miles de
fragmentos; no experimentaba a nadie más, a otro o a mi mamá, a
nadie, estaba solo, a punto de extinguirme…no sé cuanto tiempo
pasó, pero en mi experiencia eso fue una eternidad sumamente
angustiosa…el grito no salió…caí en un estado de inconsciencia y
después regresé poco a poco, por unos minutos me sentí extraño y
confuso…débil…hasta que recuperé mi estado habitual de
conciencia. Quiero decir que en efecto yo nací con doble circular y
como alguna vez me dijo mi padre –que era médico- “apenas
llegamos a tiempo para salvarte la vida, estabas asfixiado”.
Jack terminó de darme las diez sesiones de Integración Postural
sin que volviera a ocurrir otra regresión. Me refrescó en carne viva
mis conocimientos anatómicos y cambió notablemente mi estática, mi
cuerpo estirado y enderezado era más móvil y ligero y me sentí más
vivo, y sensible. Estaba muy contento, todo había sido un suceso
inolvidable. Jack y yo habíamos quedado unidos en una entrañable
amistad, pues también él experimentó estados de conciencia
extraordinarios que le aportaron nueva luz a su existencia cuando fui
yo quien trabajó con él.
Fueron estas experiencias y otras que tuve posteriormente, así
como las que he visto en las personas que trabajan conmigo en su
crecimiento personal, que me impulsaron a desarrollar técnicas
regresivas diversas, tanto en la piscina de agua caliente, como en la
sala de trabajo terapéutico, con hiperventilación o con
hipoventilación, etc., y fui elaborando mi propia teoría de la regresión
sobre la base del concepto de “esquema corporal biográfico”que es de
los principios básicos de somatología terapéutica de mis cursos de
formación de terapeutas psicocorporales que imparto actualmente en
París, Montreal y México.
Al complacer a Jack en su petición de que le presentara ante el
mundo de los terapeutas de habla hispana quise compartirles estas
experiencias que fueron tan significativas en mi vida personal y
profesional con mucho afecto y agradecimiento de que existan seres
como él.

Rupatitam, México a 17 de septiembre de 1986.

Rafael Estrada Villa.


Para Claire e Isa Lora,
Los dos amores de mi
Vida
PREFACIO

Todos los que estamos creando el nuevo campo de la Somática


tenemos mucho que agradecer a Jack Painter pues ha realizado el
increíble trabajo de escribir sobre este tema un libro de texto de
polifacética belleza. Es una explicación concisa y cristalina del
método de trabajo corporal en tejidos profundos, y su descripción de
la técnica a emplear lo hace parecer un manual, que de por sí es un
gran logro.
Pero ha conseguido algo más; ha creado una síntesis natural de
teoría y filosofía del trabajo corporal, con precisas descripciones del
mismo. Al hacerlo, pone de relieve con todo detalle el cómo y el
porqué de la labor que realiza el trabajador corporal, quien es a la vez
artista y terapeuta.
Creo que este libro constituye una importante contribución a la
Psicología Occidental, que apenas empieza a caer en la cuenta de lo
que los maestros de Somática llevan años demostrando: tanto en
terapia como en educación debemos aprender de la sabiduría del
cuerpo. Jack Painter es un pionero en el desarrollo del trabajo
corporal, y este libro un magnífico mapa para seguirle.

Robert K. Hall,
Doctor en Medicina
Escuela Lomi
INTRODUCCIÓN

Jack y yo somos viejos amigos, de modo que escribir esta


introducción me parece una magnífica oportunidad para evocar el
pasado a la vez que comento el libro. Enseguida me vienen a la mente
dos escenas: en la primera, veo a Jack en su casa de Mill Valley,
sentado frente a un atril en su amplio cuarto de estar, rodeado de
partituras y tocando el corno en solitario. He aquí un tipo que sabe
cómo tomarse tiempo libre, cómo abandonar el mundo de vez en
cuando para reabastecerse. Siempre he asociado esta escena con la
habilidad de Jack para vivir desde su propio centro; él sabe cómo
encontrar el suyo y el de los demás y conoce también la gran fuerza y
sustento que dicho centro proporciona.

Jack tiene mucho de filósofo. La primera parte de este libro tan


lúcido y oportuno refleja lo profundamente que ha reflexionado sobre
el tema y lo lejos que ha llegado: va más allá de cualquiera de los
modelos que conozco. La verdad de lo que dice me hace pensar cómo
es posible que algo tan cierto pueda haber permanecido tanto tiempo
desconocido. Tanto en psicoterapia como en trabajo corporal
estructural hemos mantenido mucho tiempo un modelo explícito del
cuerpo tipo cebolla (en capas) y otro ligeramente menos explícito de
la mente. Hablamos mucho de totalidad, pero seguimos con el hábito
de establecer diferentes departamentos; la mente en uno, el cuerpo en
otro y ambos en capas.

El trabajo de Jack abarca la mente y el cuerpo que para él son


una misma cosa. Nadie lo había visto tan claro. En sus propias
palabras: “Más que considerar el cuerpo, el cuerpomente vibrante,
menos viscosa en unos lugares que en otros y compuesta de un
material único que interfluye de dentro hacia fuera y viceversa. De
esta forma, al tocar esa masa a cualquier nivel inmediatamente
responde volviéndose a formar en cualquier otra parte o dimensión”.
Eso es holismo
Jack no cree que se pueda hacer cada cosa por su lado: cambiar
primero el cuerpo y luego la mente. Hay que hacerlo en forma
simultánea, todos los niveles a la vez, al contrario de lo que opinaría
un departamentalista. La obra de Jack constituye un vehículo para
lograr este holismo, trabajando a la vez en la mente y el cuerpo, en su
“masa plástica”. Él crea cambios que suceden a la persona en su
totalidad y pone en sus enseñanzas y en la práctica todo lo que su
propia mente y cuerpo pueden lograr mejor que cualquier otro
terapeuta de los que conozco.
Porque una cosa es hacer el trabajo, hacerlo bien como artista y
terapeuta, y otra enseñarlo y escribir sobre él. Me viene a la mente
otra escena, creo que de nuevo en su casa pero no sé si en Munich o
Boulder. Hay un grupo de gente a su alrededor que supongo habla
sobre este tema. Un par de ellos hablaba francés, otro alemán y el
resto hablábamos inglés. La mayoría eran alumnos de Jack y a cada
uno le hablaba en su idioma pasando de uno a otro con toda facilidad.
Esa escena se me grabó en la mente como la personificación de la
soltura. Hablar con los demás en sus propios términos es también
parte del trabajo y la enseñanza.
Jack habla en este libro del contacto entre terapeuta y cliente. El
primero debe tener presencia y deseo de hacerlo, ser sincero y abierto
y estar dispuesto a amar, pues todo esto es integral para este trabajo.
No se trata de técnica aunque se requiera cierta habilidad. Es incluso
más que una actitud. Lograr relaciones importantes como personas
completas, con todo lo que tienen y son es parte de la naturaleza
misma de las personas centradas y equilibradas. No hay otra forma
de realizar o enseñar este trabajo.

Ron Kurtz
Escuela Hakomi
Boulder, CO.
Enero 1985
PRÓLOGO

BÚSQUEDA DE LA UNIDAD DEL YO

En 1965, antes de interesarme en trabajar en el cuerpo, yo daba


clases de filosofía. Trabajaba mucho con la mente: leía, especulaba y
discutía con otros intelectuales. Pero tenía tan abandonados mis
sentimientos y mi cuerpo que, en venganza, empezaron a sabotear mi
vida intelectual haciéndome sentir confuso y desequilibrado. Tenía los
músculos engarrotados y tensos, así como dolores y calambres
crónicos. Heme ahí, doctor en filosofía todavía joven, camino de la
cumbre de la carrera que había elegido y atorado por completo:
inclinaba la espalda, escondía mis sentimientos sexuales, caminaba
abriendo las piernas como bebé inseguro, hundía la cabeza entre los
hombros en actitud de continuo temor y sacaba ansiosamente el cuello
hacia adelante.
Primero pensé resolverlo a un nivel puramente físico y traté de
relajarme con ejercicio: natación, tenis, baloncesto y levantamiento de
pesas. Me sentí mucho más fuerte pero también más tenso y rígido.
Recurrí entonces al hata yoga concentrándome en la respiración, en
ejercicios de estiramiento y en meditación. Cuando logré hacer bien
los asanas yoga me sentí más relajado y elástico pero mi postura
corporal básica (espalda inclinada, piernas abiertas, cabeza entre los
hombros y cuello hacia fuera) no cambió gran cosa. Tampoco había
integrado mejor mis partes físicas, afectivas e intelectuales.
Controlaba más mi confusión emocional pero todavía estaba dividido
en secciones que no funcionaban juntas. No sé cómo pero tengo que ir
más allá, pensé.

Había oído hablar de una técnica revolucionaria llamada “Rolfing”


debido a que la inventó Ida Rolf, mediante la cual un terapeuta podía
enderezar cuerpos torcidos con profundas y dolorosas manipulaciones.
Me asustaba la idea de someterme a algo doloroso pero estaba tan
desesperado que me apunté a una serie completa de sesiones, las
cuales se ocupaban en forma sistemática de grupos y capas de
músculos diferentes. Mientras el terapeuta usaba sus nudillos y codos
para alcanzar las áreas profundas de mi cuerpo que pedían ayuda a
gritos, no sólo sentí un alivio más satisfactorio y completo que nunca,
sino que tuve conciencia de pensamientos y sentimientos olvidados
hacía mucho tiempo. Por ejemplo, el miedo que sentí al morir mi
padre, las palizas que me daban algunos compañeros en la escuela, la
ira que me produjo el abandono de mi madre; todos estos recuerdos
me volvieron con fuerza inusitada. Sentí entonces el cuerpo como
lugar geométrico, como crisol de mis emociones e ideas, pero había
más sentimientos y pensamientos de los que podía abarcar y asimilar.
Esa fue mi introducción a lo que luego se ha conocido como
“trabajo corporal” y que constituye ya un campo de disciplina mucho
más amplio cuyo objetivo es transformar al individuo en su totalidad
mediante el trabajo directo en el cuerpo físico. Mi postura sufrió
varios cambios (piernas y pelvis comenzaron a enderezarse) pero eran
tan inseguros y temporales como el alivio emocional y mental. Yo
buscaba remedios mucho más profundos en cada parte de mi cuerpo.
Reconocí que este trabajo revivía en mí viejas actitudes intensas y no
resueltas que necesitaba afrontar e integrar en cambios físicos más
firmes. Por eso me dediqué a la terapia emocional orientada al cuerpo.
En la terapia “reichiana” (llamada así por su inventor, el
psiquiatra austriaco WilhelmReich) encontré un planteamiento de la
transformación del yo que me ayudó mucho. Mientras mi terapeuta de
“rolfing” se ocupaba principalmente de mi alineamiento físico con la
gravedad (dejando que las emociones resultantes siguieran su curso)
el reichiano empleaba el trabajo corporal para ayudarme a liberar y
poner fin a sentimientos bloqueados. Mediante diversas técnicas de

respiración (jadeo, suspiro, inhalación exagerada en la región superior del


pecho y diafragma) vi cómo se unían mi energía, pensamientos y
sentimientos hasta alcanzar el clímax de momentos profundos de
relajación: lo que los reichianos consideran el ritmo natural de carga y
descarga de energía. En todo el proceso me ayudó la oportuna intervención
de mi terapeuta. Me sentí muy animado, pues había empezado a
concentrarme en un sentimiento cada vez y estaba menos confuso.
Sin embargo, echaba de menos la reestructuración física sistemática
que había logrado con el rolfing, pese a ser incompleta. Mientras el
terapeuta reichiano se concentraba en los sentimientos suponiendo que el
cuerpo encontraría equilibrio y buena postura, el de rolfing se dedicaba al
cuerpo dando por supuesto que los sentimientos se verían debidamente
afectados. Durante el trabajo con el primero logré un cuerpo más flexible
con un tono más estable, pero me faltaba lograr una postura vertical
natural. Algo similar me sucedió con otra terapia emocional, la Gestalt,
desarrollada por el siquiatra austriaco Fritz Perls. En ella se me inducía a
retener, sentir y expresar sólo lo que me estaba sucediendo en ese
momento, en ese lugar; es decir, a dejar que mis emociones conflictivas
entablaran diálogo y encontrar la solución en una mayor integración.
Aunque el terapeuta hacía hincapié en la importancia de usar el cuerpo y
expresar con él mis sentimientos, éste era para él un instrumento para
lograr una mayor integración emocional y yo sentía que en parte se le
descuidaba.
Entonces empecé a vislumbrar que aunque prestaba atención a mi
cuerpo y mis sentimientos, los esta tratando como objetos manipulables. Mi
perfeccionada vida mental seguía controlando sutilmente la situación y
viendo hasta dónde podía llevar a cabo sus planes sirviéndose del cuerpo y
los sentimientos para producir efectos en ambos. De hecho, yo estaba
separando la mente del cuerpo. Primero supuse que si lograba afinarlo
como si fuera una máquina, lograría a cambio placer y poder intelectual.
Pero al no funcionar del todo pensé que si podía abrirme paso entre esas
emociones y pensamientos confusos quizás mi cuerpo se corregiría solo.

Empezaba a ver que el problema consistía en la actitud misma


de hacerle algo al cuerpo o a la mente, bien se tratara de no hacerles
caso, de estirarlos, relajarlos o liberarlos. Y parte de este libro versa
sobre eso: cómo nos dividimos en mente y cuerpo y cómo luchamos
en vano para volvernos a unir. Digo en vano porque, como veremos,
somos una unidad, un cuerpo-mente que necesita ser reconocido y
aceptado como tal, no que se le trate de unir.
Mi propia división en cuerpo y mente había sido una defensa,
una especie de “coraza”, como dicen los reichianos, contra los
recuerdos y emociones de la infancia que ahora por fin aprendía a
enfrentar. Había reforzado y asegurado esa coraza creando una
profunda contracción crónica de los músculos que rodean el cuello y
los hombros, y entonces mi cabeza superactiva. También tenía una
contracción alrededor del diafragma, que me separaba el corazón de
los sentimientos sexuales insatisfechos. Estas eran las defensas duras
y resistentes que yo mismo había creado.
Mi coraza tenía también un aspecto suave, pues yo había
desarrollado una especie de amortiguador contra el dolor, una capa de
grasa protectora alrededor del estómago y parte superior de los
muslos. Ahí se veía exteriormente suave pero a nivel de los músculos
profundos estaba contraído e inmóvil. Vi que había creado un
desequilibrio entre mi yo externo e interno, entre mi vulnerabilidad
externa y mi reprimida cólera interna. Mi terapeuta de rolfing, y hasta
cierto punto el reichiano, habían tratado mi cuerpo como cebolla
cuyas capas hay que quitar de fuera adentro. Pero yo sentía que de
alguna manera mi yo interno y externo tenían que liberarse juntos,
pues al quitar las capas lo único que pasaba era que la coraza liberada
en el exterior trasladaba al interior.
Reconocer mi coraza fue el primer paso, pero ¿cómo seguir?
Necesitaba un trabajo corporal que ningún método me proporcionaba.
Necesitaba una forma de trabajar con mi cuerpomente como unidad,
enfrentándome al mismo tiempo con emociones, cuerpo y
pensamientos, y no con uno cada vez para así influir en los demás. Me
hacía falta una forma de manejar las defensas duras y contraídas del

cuello, hombros y diafragma, pero que me despertara también el suave


tejido insensible de muslos y estómago, a la vez que relajaba las
profundas tensiones subyacentes. Al final vi que de mí dependía
responsabilizarme de mi propia transformación.
Había dos cosas esenciales que la vida intelectual, la carrera
de maestro de filosofía, no me proporcionaban: quería trabajar con
mis propias manos y mantener contacto físico y emocional directo con
otras personas. Al satisfacer esas necesidades me puse en camino para
descubrir mi propia unidad. Vi que aunque todavía no estaba
completo, podía empezar a trabajar corporal.
Durante este período de descubrimiento no tuve maestros.
Simplemente dejé que mi intuición y mis manos actuaran y me
enfrasqué en el trabajo con mis amigos, realizando hasta 30 sesiones a
la semana. Mientras efectuaba un profundo sondeo en el tejido
conjuntivo (material que envuelve y guía los músculos) exhortaba a
mis amigos a jugar con su respiración (aprisa y despacio, dura y
suave, profunda y superficial) para cargar y descargar energía. Y
cuando afloraban sentimientos, los animaba a expresar directamente
lo que les sucedía en ese momento. Iba poco a poco descubriendo
cómo cronometrar el ritmo de mi emoción. Los cambios me dejaron
atónito. No me había dado cuenta de que podía ayudar a provocar
unos cambios tan rápidos, completos y duraderos: unitarios y totales.
Y mientras trabajaba con mis amigos y yo también respiraba con
ellos, compartiendo energía, sentimientos y pensamientos y tratando
de lograr mi propia transformación y unidad.
Yo creo que la “Integración por la postura”, la forma de
trabajo corporal que cree partiendo de esas experiencias y que deseo
compartir ahora con ustedes, no es una combinación ecléctica de las
técnicas que experimenté o aprendí (rolfing, respiración reichiana,
Gestalt, etc.), sino más bien una aproximación especial a la persona
entera. Descubrí que cuando cambiamos lo hacemos en todo el
cuerpo: no primero físicamente y luego mentalmente, o viceversa;
tampoco cambiamos un poco externamente y luego en el interior.

Cuando los cambios son permanentes y de verdad modifican la


dirección de nuestra vida, nos transformamos en todas las
dimensiones del yo simultáneamente. Mi experiencia arranca de un
lugar único y completo en el que la experiencia del cuerpo es la de la
mente, y la del yo interno es la del yo externo. No puedo dividirla y
manipularla; sólo puedo dejarme llevar por ella, entregarme a ella.
Este descubrimiento me asustó, pues tenía que abandonar la idea de
controlarme a mí mismo y a los demás.
Al reunir cuerpo y mente, interior y exterior, mi vida cambió
por completo pues sentí una libertad y flexibilidad nuevas que se
extendieron a mi alrededor. El miedo y la inseguridad de la infancia
me habían mantenido cerca de mi madre y mi hogar, y el sistema
universitario era refugio seguro contra un mundo impredecible. Ahora
ya me sentía en condiciones de liberarme de la vida académica y dejar
el Sur en el que había crecido. Podía viajar y practicar y practicar el
trabajo corporal donde quisiera.
Me sentía como pionero y me puse a trabajar primero en
diferentes partes de los Estados Unidos y luego de todo el mundo. Mi
nueva flexibilidad, comparada con la cultura más bien europea que
había recibido en la Costa Este y el Sur de los Estados Unidos, era en
parte una actitud fronteriza. Mucha gente que sigue el modelo europeo
trata al cuerpo como instrumento que debe mantener saludable para
lograr valores culturales elevados, lo cual implica a menudo la
restricción de quedarse con unos pocos temas intelectuales y en un
número limitado de lugares geográficos.
Al convertirme en pionero, seguí los instintos y corazonadas
de todo mi ser, dejando que el cuerpomente me llevara de un lugar a
otro (la Costa Oeste, Latinoamérica, Quebec, Europa, Asia). Al viajar,
al sentir el espacio de otras regiones y culturas, al ver otras estructuras
de carácter y cuerpo, logré una visión amplia y flexible de la forma en
que mis clientes y yo podemos cambiar.
Pero también descubrí otro aspecto de la transformación
auténtica: no se trata sólo de cambiar cualquier dimensión del
cuerpomente externa o interna, sino que al transformarnos de verdad
encontramos un centro, un lugar o dirección estable en el que los
cambios pueden darse con orden y comprensión. El trabajo corporal

profundo me ayudó a romper mi vieja coraza, las contradicciones que


separaban mi cabeza, corazón y deseos y entonces vi que aceptaba el
flujo natural de cada actitud nueva hacia la siguiente. Cuando me
permitía sentir miedo, este miedo acababa agotándose y pasaba a
convertirse en una acción y sentimiento más agresivos. Sólo me sentía
confuso respecto a la dirección a seguir si trataba de frenar una actitud
y no experimentarla por completo. Pero a poco aprendí que la
estabilidad y la dirección se logran al aceptar e incluso alegrarse de lo
nuevo, del cambio.
En esa época cada semana yo recibí sesiones de acupresión, un
tipo de masaje profundo aplicado a lo largo de las líneas de energía,
los meridianos que conectan todas las partes del cuerpomente en un
circuito completo. Después de cada sesión yo sentía que las diferentes
partes de mi cuerpo se mantenían unidas con una cálida vibración y un
hormigueo que a veces me duraba varios días. También entonces
descubrí que ciertos movimientos sutiles del cuerpo me ayudaban a
lograr una sensación e imagen unificadas del mismo. Seguí las
lecciones Alexander, que es un método que nos ayuda a dejar a un
lado metas preestablecidas de cómo movernos; y también fui a
sesiones Feldenkrais, un método suave de activar el sistema nervioso
con movimientos guiados para que tenga uno conciencia hasta de la
más mínima acción. Vi que no necesitaba estar buscando siempre
grandes transformaciones para mis clientes y para mí. Una buena
afinación y el mantenimiento del flujo de energía liberada eran tan
importantes como la confrontación y derrumbe de la coraza del
cuerpomente.
Para mi trabajo con los demás era esencial que yo encontrara y
conservara un centro nuevo y duradero. Podía ayudarles a encontrar
una nueva dirección sólo si tenía clara la mía, pues incluso la armonía
de la sociedad depende de nuestra capacidad de estar conscientes de
nuestro centro. Es algo parecido a la actividad sexual: cuando un
miembro de la pareja se concentra demasiado en procurar que el otro
disfrute, está actuando contra su propio placer. Aunque la aceptación y
la confianza son importantes no encontramos el centro entregándonos
simplemente a otros, a la familia o a la sociedad. En mi

opinión, la armonía social sólo puede lograrse si los individuos fijan


su atención en sus propios centros y necesidades.
A lo largo de mi trabajo he visto que cuando empezamos a
reconocer y expresar nuestras necesidades, a encontrar nuestro centro,
sentimos el deseo de compararnos, de establecer contacto físico
profundo y colaborar con los demás. (Creo que la práctica de la
Integración por la postura, es decir, el trabajo del terapeuta, es
simplemente una extensión de esta actitud básica, un método que
cualquiera que desee encontrar su propio centro puede aprender. Me
parece divertido, irónico y en último caso autoderrotista que algunos
grupos de trabajadores corporales autoderrotista que algunos grupos
de trabajadores corporales sean tan elitistas como para negarse a creer
que una persona cualquiera pueda tener la sensibilidad necesaria para
aprender a ayudar a los demás mediante contacto físico profundo).
Pero si nos hallamos en un ambiente en el que es difícil
expresar y compartir nuestras necesidades sólo podemos hacer dos
cosas: luchar por la libertad del cuerpomente o cambiar de ambiente.
Yo he visto que la gente que nos rodea en casa, en el trabajo en
general en la sociedad, tolera, acepta e incluso llega a respetar mucha
más apertura, confrontación y hasta ira de la que podríamos imaginar.
Nos resulta conveniente decir que si expresamos lo que en verdad
sentimos perderemos trabajo y amigos, y pasamos por alto el
movimiento y desarrollo que se dan en las relaciones humanas
especialmente cuando expresamos actitudes desagradables.
Desde luego hay circunstancias en las que la franqueza puede
provocar pérdida del trabajo, de los amigos y de la posición social,
pero eso es parte de un descubrimiento saludable. Si por ser sincero
los perdemos quiere decir que de todas formas no los necesitábamos.
Podemos crearnos un ambiente nuevo que nos resulte más adecuado.
Tras unas 20 sesiones de trabajo corporal profundo yo no soportaba ya
la tensión que me producía ser maestro de la universidad. Aunque
tenía una plaza fija y no estaba seguro de cómo me podría ganar la
vida de otra forma, presenté la renuncia y sentí un gran alivio. Estaba
un poco asustado pero preparado para afrontar ese temor y vi con
asombro lo fácil que me resultó crearme enseguida una vida nueva,
centrada y próspera.

Cuando decidimos permanecer en un medio determinado


sentimos una necesidad continua de expresar nuestras ansiedades y
frustraciones. Tras los cambios radicales que se experimentan con el
trabajo corporal profundo del tipo de integración por la Postura, se
percibe la tensión con mayor rapidez pero también es más fácil
deshacerse de ella pues ya se ha aprendido a cargar y descargar la
energía bloqueada. Cuando estamos centrados quizás elijamos
enfrentarnos en forma fraudulenta a una sociedad acorazada. En un
estado totalitario, o en sectores represivos de cualquier sociedad, tal
vez prefiramos no ser francos respecto a nuestras necesidades. Aquí la
cuestión es hasta qué punto podemos manipular elementos de la
sociedad sin manipularnos a nosotros mismos. Obviamente cada uno
tiene que descubrir esos límites por sí mismo.
Estoy hojeando un catálogo de centros y terapeutas de salud y
desarrollo de la zona de la Bahía de San Francisco, titulado Common
Ground, Resources for Personal Transformation, Summer 1984. Hay
una lista de más de quinientos centros y ciento cincuenta individuos,
incluyendo masaje, medicina naturopática, acupuntura, estudio de
hierbas, biorretroinformación, higiene del colon, odontología
holística, mejoramiento de la vista, trabajo corporal en tejidos
profundos, terapia neoreichiana, conciencia de la alimentación, aikido,
tai chi, curación psíquica, trabajo jungiano con los sueños, terapia de
la vida pasada e hipnosis. Es obvio que hay un renacimiento de la
curación holística en la zona de la bahía. Y estoy asombrado y
encantado de que, cuando por razones de trabajo voy a Londres, París,
Estocolmo, Munich, Zurich, Ginebra, México, Caracas, Cremona,
Tokio, Poona, Montreal, Nueva Orleans, Chicago, Nueva York,
Seattle o San Diego, encuentro montones de grupos e individuos que
usan esas u otras formas similares de curación. El renacimiento es
mundial.
Muchos de esos métodos de terapia me han parecido útiles y
los he incorporado a mi propio trabajo. Siempre que nos reunimos con
interés mutuo, avanzamos en cierta forma hacia la realización
humana. No me preocupa que algunos terapeutas excesivamente
entusiastas proclamen tener un fabuloso poder, pues hasta de los
demasiados optimistas se puede aprender algo.

En mi experiencia terapéutica junto con miles de clientes, amigos y


estudiantes, he visto que podemos perfeccionar la sensibilidad y la
técnica y elevar así nuestro trabajo a nivel de arte y de ciencia.
En este libro compartiré con ustedes una actitud, un enfoque,
una forma de reunir varios métodos específicos que más que
combinación ecléctica es un modo efectivo y unificado de lograr el
desarrollo directo, completo y permanente de toda la persona. En
cierto sentido se puede pensar que hago una apología exagerada del
libro, pero la verdad es que creo que constituye uno de los mejores
caminos disponibles y les invito a explorarlo conmigo. Mi fe en él se
debe a más de 15 años de realizar trabajo corporal profundo. En otro
sentido mi actitud es de humildad y estoy abierto a lo que los demás
encuentren efectivo pues, de hecho, es una condición fundamental de
mi planteamiento: sólo podemos ayudar, guiar y aliviar a los demás si
respetamos lo que le sucede a cada uno, si dejamos que cada uno
encuentre su propia respuesta, expresión y dirección. En el fondo toda
transformación humana efectiva se nutre de respeto mutuo y
colaboración.
El libro tiene tres niveles de comprensión: En primer lugar es
una introducción al “trabajo corporal holístico”; para el principiante
que no entiende cómo transformar el cuerpo significa también
transformar la persona en su totalidad. Incluyo algunos dibujos
técnicos, terminología anatómica y referencias ocasionales, mínimas,
a métodos terapéuticos especiales.
En segundo lugar va dirigido a la persona que conoce en parte
los conceptos de terapia holística pero quiere entender mejor su poder
y diversidad, o le interesa experimentar el proceso de la Integración
por la Postura. Hay muchas historias clínicas y ejemplos que ayudarán
a estas personas a ver con mayor claridad el alcance y variedad de las
transformaciones del cuerpomente. En cada capítulo he puesto
ejercicios que pueden realizar para empezar a comprender la
experiencia del trabajo corporal.
Por último, hay material para profesionales (trabajadores
corporales, terapeutas, asesores) a quienes tal vez interese saber cómo
aplicar simultáneamente al cuerpo, emociones y pensamientos los

diferentes métodos. Encontrarán un análisis teórico de la naturaleza de


la transformación holística, así como ilustraciones específicas de
cómo pueden darse los cambios individuales. Los trabajadores
corporales quizás se interesen sobre todo en el énfasis que he dado a
la Integración por la Postura como proceso progresivo, así como en la
nueva clasificación de tipos de cuerpomente que doy en el último
capítulo, basada en mi experiencia táctil.
Al escribir me he encontrado con dos problemas de semántica.
El primero es que he usado la palabra “energía“ para abarcar varias
actividades. Considero este término indefinible y primitivo y sólo se
puede entender cuando se experimenta. Pongo ejemplos y ejercicios
para que el lector pueda captar su significado. El segundo problema
me surgió al elegir un nombre para la persona que pasa por la
experiencia de la Integración por la Postura, pues no quería emplear el
término médico “paciente”, ni la etiqueta experimental de “sujeto” o
la denominación erudita de “modelo”. He empleado las palabras
“individuo”, “persona” o “cliente”. En principio rechacé esta última
pero luego vi que una relación con un cliente puede ser tan abierta y
recíproca como uno desee y, después de todo, con clientes he
realizado la mayor parte de mi trabajo. En los ejemplos que doy
otorgo igual énfasis a hombres que a mujeres, pues mi clientela ha
estado compuesta de ambos en proporción parecida; además, entre los
terapeutas de la Integración por la Postura, hay entre un 35 y un 40%
de mujeres, porcentaje elevado teniendo en cuenta la fuerza y tamaño
que el trabajo requiere.
Quiero dar las gracia a Michel Belair por animarme a escribir
este libro y a Soma Jacobs y Don Donegan por revisarlo.
Capítulo 1

TRANSFORMACIÓN DEL YO
EN SU TOTALIDAD

TRANSFORMACIÓN DEL YO EN SU TOTALIDAD

Este libro versa sobre cómo podemos cambiar, sobre el


proceso gradual para liberar las frustraciones y tensiones crónicas
acumuladas desde la infancia. Trata de cómo abrirnos para dejar que
florezca el yo saludable y lleno de vitalidad que yace dormido en
nuestro interior. En este proceso hacia una mayor felicidad y libertad
tenemos que enfrentarnos a nuestra resistencia al cambio pues,
aunque aparentemente la mayoría queremos cambiar, estar más
relajados, saludables y despiertos (quizás hasta estamos metidos en
muchos proyectos para lograrlo) hay una parte de nosotros que se
resiste tercamente a cualquier cambio de rumbo fundamental en
nuestra vida.
Esa parte que se resiste es nuestra coraza. La llamamos así
porque es el aspecto nuestro que, temeroso de una posible confusión
y dolor, nos endurece e insensibiliza el cuerpo, además de controlar
cuidadosamente nuestros sentimientos y pensamientos. La coraza
son todas esas posturas desarrolladas para enfrentar la vida: cuello
rígido, estómago hundido, cintura gruesa y elástica. Son todos esos
sentimientos ocultos: tristeza encubierta, ira reprimida, miedo
paralizante. Y también esas convicciones que no solemos expresar
pero que nos controlan: si me esfuerzo tendré éxito; si soy amable
contigo, tú lo deberías ser conmigo.
Reflexiona en tu propia conducta y observa los pequeños
trucos de los que te vales para pasar el día; cómo empiezas por la
mañana, cómo te mantienes optimista evitando pensamientos
negativos, cómo te esmeras cuando quieres impresionar a los demás.
Gran parte de este comportamiento se convierte en una segunda
naturaleza que ponemos en marcha inconscientemente y que nos
sirve hasta cierto punto pues nos protege del dolor y la confusión.
Sin embargo, esos hábitos nos limitan y, a la larga llegan a formar
una estructura rígida que inhibe nuestra espontaneidad.
Precisamente una de las principales dificultades que
encontramos para cambiar es que esa coraza es en gran parte
inconsciente pero mantiene su control incluso cuando tratamos de
modificar algo. Cada vez que intentamos cambiar nuestra vida
empleamos actitudes y posturas ya desarrolladas (e inconscientes)
para hacer frente a los problemas. Por ejemplo, si arqueas demasiado
la parte baja de la espalda, lo cual te provoca fuertes dolores en ella,
quizás trates de arreglarlo con ejercicios de yoga. Pero
probablemente te concentrarás en los que te resulten más fáciles y
que de momento te alivian, por ejemplo en arquear todavía más la
espalda hasta lograr una postura de pescado o cobra. A la larga esas
posturas aumentarán el desequilibrio del cuerpo y te causarán más
dolor.
En este caso una actitud inconsciente nos empuja a buscar
alivio pero de una forma que viene a reforzar la antigua posición del
cuerpo. Incluso si eres muy disciplinado y haces posturas de yoga que
aplanan tu espalda, lo que harás con la actitud de tu cuerpo será
trasladar a otra parte la tensión y el desequilibrio. Al alinear la espalda
quizás dejes caer los hombros o contraigas demasiado los músculos
del pecho.
Veamos otro ejemplo. Si tienes la parte exterior del cuerpo
muy endurecida, quizás recibas con gusto un masaje profundo y
relajador. Tal vez se llegue a ablandar con manipulación a fondo y
frecuente, pero sólo por fuera, pues gran parte de esa tensión se
trasladará simplemente a otras capas más profundas de tejidos y
músculos. O sea que seguirás con la coraza, pero ahora en el interior.
Quizás has sentido alguna vez un tipo similar de control, una
especie de relajación incompleta. Si has estado sometido a estrés
durante largo tiempo quizás hayas perdido conciencia de lo contraído
que se te ha puesto el cuerpo por fuera. Este endurecimiento es una
especie de defensa contra el malestar de estrés pero una vez que pasa

y logras descansar e incluso dormir, puede que tengas dolor de


cabeza o nervios internos que no se van con facilidad. Ahora que
estás relajado por fuera estás todavía más consciente de un malestar
profundo y persistente.
Estas experiencias nos muestran que las diversas tensiones del
cuerpo son inseparables una de otra y forma parte de nuestra postura
y hábitos generales. El trabajo en una parte de nosotros que no libere
a la vez la estructura total, es decir, la actitud habitual detrás de
nuestra postura, no es una transformación sino un reacomodo del
problema. Lo que solemos hacer, por tanto, es cambiar un síntoma
por otro. Nuestro dolor de hombros se convierte en dolor en la parte
baja de la espalda y éste en dolor de estómago. Es como el gato
persiguiendo eternamente su propia cola, y esto sólo a nivel de
malestar físico.
Cuando vamos más allá y nos enfrentamos a emociones y
pensamientos relacionados con nuestros desequilibrios y dolores
físicos, nos encontramos con una sutil evasiva muy similar. Cuando
digo que estoy dispuesto a explorar todo mi cuerpo así como mis
sentimientos y pensamientos, quizás estoy usando una parte
inconsciente de mi coraza. Puede haber un mensaje implícito
escondido: “Yo trato pero nunca funciona”, con lo cual manipulo el
cuerpo y la mente aunque creo que los estoy liberando.
En todo nuestro comportamiento deliberado encontramos este
tipo de actitudes fundamentales inconscientes, tanto emocionales
como mentales, desarrolladas junto con las posturas físicas y que
controlan los esfuerzos que hacemos por mejorar nuestra vida.
Encontramos remedio para una emoción y su correspondiente dolor
físico, pero en su lugar surge otro problema con su correspondiente
síntoma físico. Por ejemplo, los dolores de cabeza que acompañan
nuestros arrebatos de ira quizás desaparezcan si la controlamos, para
luego reaparecer en forma de úlcera de estómago.
En el Capítulo II, “Dentro y fuera del cuerpomente”,
describiré cómo y por qué desarrollamos esta resistencia al cambio,
esta terca coraza. Pero tal vez te preguntarás: ¿Qué tipo de enfoque o
proceso puede servir de ayuda frente a unas defensas tan
profundamente arraigada y a menudo inconscientes? Trabajando en

mí mismo y en los demás he descubierto que lo que necesitamos es


una forma de manejar el yo en su totalidad, es decir, la unidad de
todas las partes del cuerpo, el exterior y el interior, la unidad del
cuerpo, mente y emociones.
Al cambiar posturas viejas e inflexibles tenemos que cambiar
también los procesos de pensamiento y los rígidos sentimientos que
las acompañan; y si estamos liberando emociones e ideas bloqueadas,
debemos aflojar músculos y tejidos para lograr movimientos nuevos y
más flexibles. Por ejemplo, si queremos dejar de tener los hombros
siempre caídos no sólo tendremos que trabajar en el tejido de la parte
superior del pecho sino que trataremos de expresar esta actitud
profundamente acorazada de sentirnos víctimas inocentes y
abrumadas. Y al ir dándome cuenta de los roles que hemos estado
representando tendremos que ensayar emociones nuevas y posturas
físicas de poder y responsabilidad moral.
Lo que deseo compartir con ustedes en este libro es un tipo de
“trabajo corporal”, es decir, un método que trabaja directamente con
músculos, posiciones, posturas y movimientos del cuerpo; pero que no
se limita a los aspectos físicos del yo sino que trabaja directamente
con las actitudes emocionales y mentales expresadas mediante esas
actividades físicas. A este método o proceso lo llamo “Integración por
la Postura”.

Cambio simultáneo

Cómo orquestar el cuerpomente


Quien no esté familiarizado con el trabajo corporal como
medio para tratar de lograr la transformación de toda la persona,
quizás se asombre al presenciar una sesión pues es probable que se
encuentre a un terapeuta revoloteando sobre un cliente, golpeándole
con manos, dedos o codos, mientras él o ella suspiran, gimen e
incluso gritan y patalean. O tal vez se lo encuentre trabajando
suavemente: meciendo, acunando y acariciando al cliente,
animándole a respirar profundo o dialogando sobre ideas y
sentimientos. ¿Qué sacaría uno en claro de todo esto? Puede dar la
impresión de un culto, un rito o una perversión.

Al reconocer lo testarudos que somos, cómo nos resistimos a


cambiar a nivel corporal y mental, empezaremos a comprender la
necesidad de estas estrategias tan diversas y a menudo tan
sorprendentes. Cuando contemplamos la Integración por la Postura
desde un solo punto de vista, podemos considerarla simplemente
como trabajo corporal en el que el terapeuta emplea dedos, puños y
codos para agarrar, retorcer y mover capas de tejido, reorganizando así
el sistema muscular. Pero obviamente se trata de algo más.
No podemos trabajar con el cuerpo y suponer que nuestros
pensamientos y sentimientos fluirán automáticamente con más
facilidad. Es más, ni siquiera podemos empezar a trabajar con el
cuerpo si la mente no coopera. En el siguiente ejemplo veremos
claramente que el cuerpo está disponible sólo en la medida en que la
mente lo permite.

Jim empezó a mostrarse evasivo ante casi todo. Cuando


Se enfrentaba con algo desagradable encontraba la
manera de evitarlo e incluso alejarse del problema. Mis
primeras sesiones con él fueron conversaciones sin
sentido pues contínuamente cambiaba de tema. Cuando
traté de realizar trabajo corporal daba sacudidas bruscas
y ante el más leve roce gritaba “No me toque”. Le hice
ver que si no estaba dispuesto a afrontarse a sí mismo y
a sentir algo de presión no había manera de ayudarlo.
Por fin estuvo de acuerdo en estarse quieto mientras yo
aumentaba ligeramente la presión y él seguía
quejándose y gimiendo. Tras varias sesiones de trabajo
que incluía mucha respiración lenta y meditativa me
permitió aumentar más la presión y pude terminar lo
que yo consideraba primera sesión de trabajo profundo.
De ahí en adelante se mostró cada vez más receptivo y
empezó a hacerme partícipe de sentimientos de soledad
que había reprimido tras sus primeras reacciones
defensivas.

Aquí es importante entender que el trabajo corporal holístico no


consiste sólo en asegurarnos de que trabajamos a la vez con la mente
y el cuerpo (en el ejemplo anterior, dejando que la primera influya en
el segundo) como casi todo el mundo cree que hace; lo que pasa es
que mente y cuerpo están unidos en forma única, son inseparables y se
les tiene que tratar al mismo tiempo. El yo es una rica sinfonía de
sensaciones, sentimientos e ideas y, según el aspecto que pasa a
primer plano, unas veces lo llamamos “cuerpo” y otras “mente”, pero
ambos dependen del fondo perfectamente orquestado del yo.
Esto se ve claramente en mi análisis anterior. En el prólogo
expliqué cómo mis intentos de arreglar mi propia confusión mental
liberando el cuerpo, y de tratar de equilibrar éste trabajando mis
sentimientos y pensamientos, no funcionaron para lograr un cambio
de vida completo y satisfactorio. Yo trataba de usar una parte de mi
yo, con todos sus hábitos y actitudes ya desarrollados, para cambiar
otra. Es decir, intentaba utilizar la mente o el cuerpo para
manipularme yo mismo. Cuando reconocemos que somos una entidad
única, un “cuerpomente”, empezamos a entender que no es posible
manipular una parte nuestra con otra. Si trabajamos con el cuerpo
estamos trabajando simultáneamente con la mente y viceversa; son
sólo aspectos diferentes de la misma unidad, diferentes formas de la
misma experiencia.
He aquí un ejercicio con el que puedes verificarlo.

Pide a un amigo te rodee la cintura con los brazos, te


levante del suelo y te vuelva a depositar en él. Observa
lo que pesas. Sin decirle lo que estás haciendo, relájate
y efectúa varias inhalaciones profundas. Imagínate que
pesas mucho, muchísimo (que eres una mole de metal
pesado o un elefante). Conviértete mentalmente en esa
figura, siéntela y deposítala en tu torso, piernas y
brazos. Pide de nuevo a tu amigo que te levante y
observa cómo le cuesta más. Haz también la prueba al
revés pensando que pesas muy poco.

La Integración por la Postura como forma de trabajo corporal


holístico consiste en trabajar el cuerpomente o el mente-cuerpo. Al
tocar el cuerpo en forma superficial o profunda el terapeuta ve que a
la vez establece contacto con sentimientos y pensamientos y que, al
favorecer su expresión, ayuda de paso al cambio físico. En el

Capítulo II, “Proceso y experiencia de la liberación”, veremos que los


métodos Gestalt y reichiano de los que hablé en el prólogo son
importantes para el cambio corporal porque ayudan a sacar del cuerpo
las actitudes ocultas de control y porque desatan la energía reprimida.
Por tanto, el enorme poder de la Integración por la Postura
depende de la disponibilidad del terapeuta para trabajar con el cliente
en varios niveles a la vez. Es como dirigir una orquesta: se trae a
primer plano una sección del yo y luego otra, sin perder nunca el
sentido de su armonía total. Cuando aflojo con mis manos las
profundas tensiones musculares del cliente, le miro a los ojos y al
presionar le pido que me indique con sonidos, movimientos y palabras
lo que le sucede, lo que siente, nota y piensa. Como dice Richard
Heckler, de la Escuela Lomi, en su libro titulado The Anatomy of
Change:* “Al trabajar con el cuerpo nos ponemos en contacto con la
persona y su energía por el modo en que gesticula y se mueve, por el
sonido de su voz, rechazo o deseo de contacto, su postura, su
respuesta a la presión y la forma en que sus imágenes y pensamientos
se traducen en acción”.*
Mediante este contacto, esta participación abierta, el terapeuta
puede ser lo suficientemente flexible como para variar el énfasis del
trabajo y satisfacer las diversas demandas de toda la persona. El
cliente y él trabajan juntos con tejidos, palabras y sonidos,
reconociendo en todo momento la unidad física, emotiva y
cognoscitiva del proceso. En mi larga experiencia he notado que
cuando el terapeuta o el cliente ocultan parte de sí mismos, incluso si
se trata de alguna parte del yo de la que se ocuparán más tarde, los
cambios que se dan son parciales, temporales y llegan incluso a
desorganizar todo.
Yo insisto en que la transformación terapéutica es un cambio
simultáneo porque he observado que algunos terapeutas tienden a
tratar la mente y el cuerpo como objetos que se afectan mutuamente
en forma causal a lo largo de cierto tiempo.

* The Anatomy of Change, Richard Strozze Heckler. Boulder:


Shambhala, 1984,p.17.

Siente la tentación de suponer que si trabajamos para dar al


cuerpo una nueva forma física, a la larga lograremos mejorar
pensamientos y sentimientos, y a la inversa; si logramos el equilibrio
emocional y mental, el efecto será liberarnos del estrés físico.
Algunos trabajadores corporales, por ejemplo, tratan de poner las
diferentes secciones del cuerpo en equilibrio respecto al campo
gravitacional de la Tierra. Consideran las piernas, pelvis, torso y cabeza
como bloques o secciones mal alineados por culpa del estrés. Y
suponen que si se les encuentra un equilibrio exacto y preciso, las
emociones se verán también armoniosamente afectadas. Su trabajo
suele ser sutil y de gran maestría en el empleo de cuidadosas maniobras
manuales, pero creo que este enfoque deja algunos aspectos del yo
fuera de la realineación. En mi opinión, las manipulaciones físicas que
no forman parte simultánea del cambio emocional y cognoscitivo, dan
como resultado reacomodos temporales y superficiales en vez de
reestructurar completa e instantáneamente todo el yo.
Es verdad que cuando el yo completo, el cuerpomente en su
totalidad, está libre y centrado nos hallamos en armonía física con la
gravedad, pero nunca lograremos ese equilibrio físico si los cambios no
se dan en todas las dimensiones a la vez. Es imposible lograr primero el
equilibrio físico y después el emocional y mental.

Jane era una corredora de largas distancias y nunca se


sentía cansada ni tensa. Corría sin parar hasta que de
repente se derrumbaba. Una vez ni siquiera notó que se
había roto un hueso del pie hasta que terminó la carrera.
Durante la primera sesión de trabajo corporal no sintió
dolor ni expresó emoción alguna aunque yo aumentara la
presión. Su tejido era elástico, y aunque no estaba duro
era evasivo y se resistía al movimiento. No parecía haber
conexión consciente entre lo que su cuerpo sentía y lo
que sucedía en sus emociones y pensamientos. Algunos
días después reconoció unos pocos “cambios” pero su
efecto desapareció enseguida. No sincronizaba consigo
misma. Yo sentía que algo más podía suceder pero decidí

FIGURA 1

En el trabajo corporal holístico el terapeuta reconoce que al tocar el cuerpo


establece también contacto con sentimientos y pensamientos que debe inducir al cliente a
expresar si se desea lograr un cambio físico. Ambos trabajan juntos, unas veces con
tejidos y otras con sonidos o palabras, reconociendo en todo momento la unidad física,
emocional y cognoscitiva del proceso.
seguir trabajando cuidadosamente en las capas de tejido.
Tras varias sesiones decidí ser más provocativo, mostrarle mi
impaciencia arañándole el cuerpo. Entonces se puso colorada y empezó
a llorar, enojada y exigente como recién nacido. Al instante su
conciencia tomó el ritmo de su cuerpo corredor y éste se volvió flexible
y receptivo. Habló de su tristeza y mientras compartíamos la energía
recién descubierta, sus partes separadas siguieron aproximándose.

EJERCICIO 1
La tensión de las mandíbulas no se debe sólo a la acumulación de
esfuerzo físico, sino también a la ira y ansiedad que no podemos liberar
del todo a un nivel puramente físico. El estrés que sentimos en el
exterior de las mandíbulas forma parte de lo que sucede en lo más
hondo de nuestro ser a nivel visceral.
Coloca las puntas de los dedos en los maxilares superiores,
justo debajo de los pómulos. Aprieta ambos lados firme y lentamente
con la misma presión, dejando que los dedos atraviesen el tejido
superficial y sientas la resistencia del músculo masetero (el que baja de
la mejilla a la mandíbula inferior). Tal vez sientas esta resistencia como
dureza o como punto doloroso. Aumenta la presión hasta que empieces
a sentirte a disgusto.
Ten en cuenta que en este momento puedes hallar muchas
razones defensivas para no seguir presionando: que la fuerza es
excesiva, insoportable, que quizás te está dañando, o que no merece la
pena sentir dolor para lograr unos beneficios dudosos. Esta actitud
acorazada es parte de la tensión física y te puede impedir suavizar y
liberar las emociones reprimidas en las mandíbulas.
Afloja después la presión y prepárate a probar de nuevo con una
actitud diferente. Cárgate primero de energía respirando profundamente
durante varios minutos. Mientras abres y cierras las mandíbulas emite
varios sonidos de miedo y enojo. Presiona de nuevo en la mandíbula
superior y cuando te sientas mal deja que tus sonidos se conviertan en
gritos o gemidos fuertes. Al aumentar el dolor o malestar deja que esos
sonidos salgan de lo más profundo de tu vientre y retén cualquier
emoción que surja entonces. Observa que ya puedes aplicar mayor
presión con menor prevención, que cuando te expresas del todo, lo que
resultaba incómodo o doloroso se convierte en una grata liberación.
Cuerpo y mente, interior y exterior, se están transformando al mismo
tiempo
FIGURA 2

El terapeuta trabaja en dos direcciones: 1) en forma gradual desde la


corteza (tensiones y defensas externas del cuerpomente) al núcleo (estructuras y
emociones más profundas y protegidas), y 2) y en la dirección contraria: del núcleo
a la corteza. En la fotografía vemos al terapeuta tratando de liberar el tejido
superficial del pecho y de lograr a la vez una liberación interna trabajando dentro
de la boca.
FIGURA 3

Podemos considerar el cuerpo como cebolla con capas de tejido. Pero esto
tiende a reforzar la idea de que estamos compuestos de partes que necesitan ser
liberadas por separado y en forma individual. De hecho, el cuerpo es más bien una
masa plástica vibrante, menos viscosa en unos lugares que en otros pero compuesta
del mismo material que interfluye: al tocarlo a cualquier nivel o profundidad
inmediatamente responde recobrando su forma en cualquier otra parte o dimensión.

Este principio de trabajo simultáneo con la mente y el cuerpo es


también válido para la transformación conjunta de nuestro yo interno y
externo. En el Capítulo II explicaré cómo desarrollamos una corteza
externa y un núcleo interno para protegernos contra posibles
experiencias dolorosas, lo cual es otra forma de manipularnos.
Tendemos a separar y aislar las experiencias internas y externas
creyendo que si logramos manejar una parte adecuadamente la otra
seguirá el ejemplo.
Esto sucede a nivel mental y físico. A nivel físico quizás
desarrollemos los músculos exteriores del cuerpo, llamados en
anatomía extrínsecos: son los grandes y poderosos músculos de la
locomoción que sirven para correr, levantar cosas y arrojarlas. Tal vez
los desarrollamos como forma de superar nuestros problemas mediante
poder y fuerza solamente, pero si hacerlo nulificamos los músculos
interiores, los intrínsecos que inician y coordinan los movimientos
externos. A la larga, este desequilibrio entre una corteza dura y un
núcleo blando nos deja los músculos atados, rígidos y torpes por fuera.
Y a nivel emocional quizás creamos que si nuestra vida es activa
exteriormente también lo será interiormente.
Si nos damos cuenta del excesivo desarrollo de nuestro exterior,
de la dura capa protectora que hemos creado, quizás tratemos de
ablandarla con un trabajo gradual de fuera hacia dentro, lo cual es una
de las estrategias más utilizadas en trabajo corporal profundo. Se
considera que el cuerpo, como la cebolla, está compuesto por capas, y
que para quitar primero las externas.
Entenderemos mejor este enfoque si contemplamos un momento
la naturaleza y situación del tejido que se manipula. Como ya explicaré
con mayor detalle en el siguiente capítulo, los músculos están envueltos
en fundas formadas por un tejido flexible llamado fascia. Este material
organiza y guía nuestros músculos formando un sistema compuesto de
capas de tejido. En el exterior del cuerpo tenemos una gran capa que
envuelve todo como una enorme bolsa de la compra.
Cuando profundizamos vamos encontrando que cada músculo
tiene su propia funda. Al desarrollar patrones rígidos de conducta física
y emocional este sistema de fascias se hace menos flexible y limita
nuestros movimientos así como la actitud general del cuerpomente. En

este tipo de trabajo del exterior al interior la estrategia es ablandar y


reorganizar las partes del sistema fascial endurecidas y atoradas, lo
cual proporciona a su vez movilidad y equilibrio a los músculos
cubiertos por la fascia.
Sin embargo, he comprobado que si empezamos a trabajar con
el exterior creyendo que si empezamos a trabajar pasamos por alto la
forma sutil en que nuestra coraza cambia de lugar sus defensas. Es
posible que la tensión liberada en la superficie pase a un sitio más
profundo y protegido. Desde luego es importante respetar el ritmo de
cada persona para aguantar y asimilar el cambio, y yo me suelo
concentrar en los planos exteriores superficiales de fascia para ir
avanzando poco a poco hacia adentro. Sin embargo, he visto que
cuando se da la auténtica transformación, no sólo cambia el exterior
sino también el interior.
Cuando empiezo a trabajar con las capas superficiales de tejido,
lo coordino con el movimiento individual de músculos intrínsecos, por
ejemplo con el balanceo suave de la pelvis o con movimientos cortos y
ligeros de la espina dorsal. Y cuando trabajo en la musculatura
extrínseca, así como en sentimientos y actitudes externas, quizás
trabajo a la vez dentro de la boca, en la que se almacenan algunas de las
estructuras, emociones y actitudes más profundas del cuerpo. Más que
considerar el cuerpo, el cuerpomente, como cebolla de muchas capas,
yo lo veo como una masa plástica vibrante, menos viscosa en unos
lugares que en otros y compuesta del mismo material que interfluye de
dentro a afuera y viceversa. De esta forma, cuando se le toca a
cualquier nivel o profundidad, su respuesta es instantánea y se
reacomoda en cualquier parte o dimensión.

Greta creció en los barrio bajos de Londres y su actitud


interna y externa hacia el mundo era muy dura. Al
principio de cada sesión su comportamiento era muy
estoico, como diciendo “Aguanto todo lo que me quieran
hacer”: apretaba los dientes y se negaba a admitir que le
dolía. Yo la animaba a mantener e incluso exagerar ese
sentimiento de resistencia, mientras trabajaba a la vez
dentro de su boca, lo cual le producía náuseas. Después
de trabajar así o en forma similar en cada sesión, su
cuerpo se ablandó al tacto por fuera y me dijo que sentía
liberación en la garganta y en lo más profundo de los
intestinos. Poco a poco se mostró más interesada y
expresiva también al principio de las sesiones.

En el Capítulo IV, “Proceso y experiencia de la liberación hago


un esbozo de cómo podemos cambiar en forma gradual pero
simultánea en todas nuestras dimensiones: mente y cuerpo, interior y
exterior. Veremos que es posible mejorar de un momento a otro, pero
la transformación es de la unidad que experimentamos hace un
momento a la unidad que seguimos ampliando e incrementando ahora;
en este momento.
Los cambios no se dan primero en el cuerpo y luego en los
sentimientos y pensamientos, primero fuera y luego dentro, sino
simultáneamente; de otro modo caemos en el error de considerarnos
partes fragmentadas. Veremos cómo el terapeuta puede seguir una
estrategia de concentrarse en una parte o profundidad del cuerpo cada
vez, sin perder contacto con las dimensiones emocionales y mentales
del yo ni violar su unidad interna y externa.
En resumen, la primera máxima de mi enfoque holístico del
trabajo corporal es: todo crecimiento humano perdurable consiste en
un cambio simultáneo de todos los aspectos de la persona: mente y
cuerpo, interior y exterior.

Cambio equilibrado

Cómo estimular un flujo continuo del yo


Ya he explicado que la Integración por la Postura como forma
holística de trabajo corporal es un modo de liberar nuestras posturas
rígidas, los hábitos físicos, emocionales y mentales ya casi olvidados,
que hemos desarrollado para afrontar el estrés de la vida. Pero también
es una integración, pues se trata de un proceso que nos ayuda a asimilar
la energía y libertad recién descubiertas. Cuando cobramos conciencia
y empezamos a sentarnos, pararnos, caminar, sentir y pensar más
espontáneamente, quizás sigamos con parte de nuestras viejas posturas

y patrones pero ya no son el estrecho objetivo desde el que nos


forzamos a ver y experimentar la vida.
Entonces ensayamos movimientos nuevos, exploramos
actitudes y sentimientos también nuevos hasta que se convierten en
habituales y pueden ser sustituidos (no abandonados) por una conducta
espontánea. Es algo parecido a la carga y descarga de una batería: al
acostumbrarnos a ciertos hábitos almacenamos energía y al probar
nuevas experiencias la liberamos. Esta acumulación de energía, su
descarga y recarga en un ciclo continuo repetido: si nos negamos a
cargarnos de ella permanecemos débiles, la buscamos, y si nos
negamos a descargarla nos ponemos tensos por el exceso acumulado.
Permitir que el ciclo de carga y descarga fluya en todas las actividades
de nuestro cuerpomente nos da una dirección natural que no perdemos
nunca de vista.
Este ciclo de carga y descarga comprende los hábitos y
actitudes nuevos y viejos pues acepto y uso éstos, pero estoy en libertad
de comportarme en forma espontánea. Cada movimiento, emoción e
idea toman la energía y el espacio necesarios para completarse a sí
mismos pero sin bloquear la siguiente actividad. Por ejemplo, al
comenzar a sentir ira, necesito tiempo para que la irritación aumente,
para cargar energía y al ir incrementando necesito también tiempo para
expresarla completamente, para descargarla. Si mi irritación creciente o
su punto álgido se acortan, quedo frustrado, y si la sigo expresando
hasta que se convierte en una cólera sin sentido, también quedo
frustrado y exhausto.
Trata de hacer este ejercicio:
Coloca un colchón en el suelo, en un lugar donde no te
vayan a molestar y donde puedas hacer los movimientos
y sonidos que desees. Acuéstate boca arriba y sigue el
ritmo de tu respiración dejando que aumente
gradualmente. Concéntrate en inhalar la mayor cantidad
posible de aire sin que te sientas mal y cuando alcances el
ritmo más rápido que puedas empieza a exhalar
enérgicamente produciendo a la vez un sonido rápido.
Quédate con cualquier sentimiento que te surja: si estás
enojado exprésalo gritando o moviéndote, si estás triste
llora o hazte un ovillo. Después observa si te sientes

completo y, en caso negativo, repite todo de nuevo hasta


que creas que has completado el sentimiento.
Una vez que te sientas completo observa si no te resulta
más fácil dejar que a esos sentimientos ya realizados les
sigan otros nuevos (por ejemplo, si la suavidad o
fragilidad deben seguir a la ira; si el poder o la
determinación deben seguir a la tristeza, etc.)

Al liberar nuestros hábitos bloqueados dejamos que haya una mayor


carga y descarga, pero el nuevo movimiento repentino de nuestra
energía puede desorientarnos si no aprendemos a dejar que siga su
curso y encuentre un equilibrio y armonía nuevos. Como explicaré en
el Capítulo 3, el primer paso en la Integración por la Postura es la
liberación de las estructuras rígidas; el segundo la integración, la
armonización de la nueva energía. Una vez liberados de sus bloqueos,
quiero que mis clientes se concentren en las conexiones de sus vidas,
que sientan cómo pueden pasar de un movimiento, sentimiento o
pensamiento a otro sin tener que aferrarse a actitudes y posturas
viejas. Yo trabajo con todo el cuerpo, organizando los largos planos y
envolturas de fascia situados entre los segmentos importantes del
cuerpo. Así las piernas y muslos pueden moverse junto con los
movimientos respiratorios del cuerpo y la pelvis a la par que la
cabeza.
Como veremos en el capítulo 4, “Respiración, equilibrio y
energía”, cuando se libera la respiración en esta etapa integradora
existe un equilibrio entre inhalación y exhalación, entre nuestra
capacidad de cargar y descargar energía. Cuando trabajo en las fascias
respeto el ritmo respiratorio del cliente dejando que mi presión siga y
se adapte a su compás de inhalación y exhalación. Lo que describo
como “respiración espontánea”, es decir, un movimiento vibrador e
impredecible de todo el aparato respiratorio y en definitiva de todo el
cuerpo, es esencial para el continuo equilibrio y flexibilidad del
individuo.

Frank había pasado casi toda su vida en una pequeña


localidad rural del Sur. Su educación fue muy estricta,
moral y religiosamente, y tenía el cuerpo tan tieso y
rígido como su carácter. Después vivió en San Francisco

FIGURA 4

y ahí acudió a las sesiones de Integración por la Postura.


Tras las siete primera, que hacen hincapié en la liberación
de la coraza, soltó mucha tensión corporal y emoción
reprimidas, descubriendo que estaba bien respirar
rápidamente, excitarse y descargar energía.
Finalizada la séptima sesión, que completaba el énfasis
liberador del trabajo, se sintió más libre y flexible, pero
algo confuso y desequilibrado. Aunque sus viejas
actitudes ya no ejercían excesivo control sobre él, no
encontraba todavía una dirección nueva. Emanaban de él
un sentimiento tras otro y aunque descargaba en muchas
direcciones no volvía a cargar.
En las tres últimas sesiones traté de conectar sus partes
inferior y superior, trabajando alternativamente con sus
rodillas y tobillos por un lado y con sus brazos y cuello

FIGURA 5

por el otro. Le pedí que se concentrara en respirar


lentamente y en retener un sentimiento hasta que pudiera
seguir su curso completamente, sin negar ninguno que
pudiera seguir después. Poco a poco comenzó a darse
más tiempo a sí mismo y sus movimientos corporales
empezaron a mostrar una nueva armonía. Entonces su
respiración se hizo suave, profunda y vibrante.

Aunque el énfasis de la integración se hace en la segunda etapa


de este trabajo corporal, las liberaciones de la primera etapa necesitan
también un cierto grado de trabajo integrador. Ya mencioné en el
prólogo cómo para mí fue muy importante usar acupresión y
conciencia del movimiento, junto a la liberación de los bloqueos
básicos de mi cuerpomente, para adaptar bien la energía liberada. En
otras palabras, junto a los burdos cambios generales de mi forma
corporal y de la estructura de mi carácter, necesité empezar una buena
afinación, una integración de los cambios masivos que se estaban
operando en mí. En el Capítulo 5, “Integración y buena afinación del
cuerpomente” analizo el empleo de métodos tan diversos como
acupresión, Gestalt y toma de conciencia del movimiento para integrar

diferentes aspectos del cuerpomente: derecha-izquierda, delante-detrás


y arriba-abajo.
Como resumen a esta introducción propongo un segundo
principio para guiar el trabajo corporal holístico: con el fin de
mantener y mejorar los cambios unificados simultáneos que
experimentamos, tenemos que desarrollar equilibrios y dirección, un
centro desde el cual aceptemos los viejos patrones y desarrollemos
nuevas posibilidades; este centro hará que permitamos a nuestra
energía estar en constante movimiento de ciclos de carga, descarga y
recarga.

El cambio como interacción entre


terapeuta y cliente

El toma y daca de compartir


Si desea que la transformación del yo sea efectiva y total hay
que respetar otro tipo de unidad. Veamos el contacto entre cliente y
terapeuta en el trabajo corporal profundo.
A menudo sucede que uno de los dos en realidad no quiere
adentrarse en un intercambio claro y completo, pues piensan que
pueden dar o recibir la ayuda necesaria sin desprenderse de una parte
de sí mismos que guardan celosamente. Quizás hayas acudido a
alguien con la idea de que ibas a obtener ayuda sin revelar o afrontar
lo que sucedía en tu interior. O tal vez te hayas encontrado con
terapeutas que se muestran reservados y no tienen intención de revelar
ningún aspecto personal mientras trabajan contigo. En trabajo
corporal profundo esta ausencia de cooperación e interacción impide
el auténtico cambio.
Lo anterior adopta aspectos diferentes. A veces el terapeuta o el
cliente quieren interacción sólo a nivel físico, pero entonces, al
descuidar las emociones arruinarán los cambios físicos deseados. O si
el contacto es sólo exterior, sin movimiento interior alguno, la parte
interna resistirá cualquier cambio que se trate de lograr por fuera. Si
tengo tanto miedo que reprimo mi sensibilidad y capacidad de
respuestas, poco sucederá, aunque el terapeuta haga lo imposible. O si

necesito la comprensión del terapeuta y efectúa su trabajo fuera de mí,


mi parte no realizada impedirá que los tejidos se abran y cambien.
Imaginemos al terapeuta trabajando con la respiración de su
cliente: al tratar de lograr que sea libre y espontánea, debe hacerlo al
ritmo propio de ese cliente; no es suficiente que le presione
mecánicamente el diafragma o la caja torácica. Si se trata de que el
cliente se deshaga de una fuerte coraza y encuentre una dirección
nueva y centrada, habrá que darle el espacio y el tiempo necesarios
para aceptar el contacto, la presión y los movimientos del terapeuta. Y
para que éste pueda sentir su grado de aceptación, es preciso que el
paso que lleva para lograr un cambio duradero y significativo, sea
equilibrado y permita que la energía fluya de él al cliente y viceversa.
Pero también éste debe estar dispuesto a seguir alguna de las nuevas
direcciones sugeridas por el terapeuta.
Este tipo de intercambio o cooperación debe darse en todos los
momentos en que haya contacto: mientras se libera el tejido, cuando
se estimula la expresión de emociones, el analizar pensamientos, etc.

María es un ama de casa de Caracas procedente de una


rica familia de clase alta, y espera que le hagan todo.
Llegó a estas sesiones con la actitud de que yo debía
decirle qué estaba mal y luego solucionárselo. Mientras
trabajaba con ella, yacía impasible sobre la mesa y le
sugerí que pensara si no estaba representando el papel de
pasiva, indefensa e incluso abrumada. Vi que necesitaba
ponerse de pie, moverse conmigo, así que me apoyé
contra la pared y la invité a presionar el cuerpo contra
mis manos expresando abiertamente cualquier tipo de
sonido o sentimiento que le surgiera. Enseguida
descubrió que podía moverse con la fuerza y ángulo
adecuados para alcanzar y liberar las tensiones de su
cuerpo. El trabajo se convirtió en un hermoso baile entre
los dos y ella sugería a menudo donde resultarían más
efectivas mis manos, al tiempo que me comunicaba sus
sentimientos de frustración y bloqueo

Este tipo de interacción o intercambio, vital para la


transformación total, puede verse frustrado por la actitud de que existe
un enfoque “objetivo” para cambiar a la persona. Hay quien cree que si
se analiza la estructura de un individuo se puede determinar la
naturaleza de sus problemas, y después de utilizar los métodos
adecuados, evaluar el grado de éxito obtenido. Incluso si el cliente
desea este tipo de tratamiento, se le está manipulando y no hay
auténtica interacción con el terapeuta, por lo cual tampoco hay
transformación duradera.
La tentación de tratar al cliente como objeto es mayor cuanto se
“se lee” la estructura de su cuerpo o carácter. Muchos autores han
clasificado a los individuos en varias categorías: tipos de cuerpo (como
los sugeridos por Ron Kurtz*), tipos psiquiátricos o de carácter (como
los de Freud, Jung, Reich o Lowen **). Consideran el cuerpo más
pesado arriba o más pesado abajo, es decir con una mitad
excesivamente desarrollada y se clasifica la personalidad como
masoquista o narcisista.
En el Capítulo 6, “Entre tú y yo compartimos y transformamos
la energía”, veremos que esas clasificaciones se pueden utilizar si se
consideran formas posibles, pero no fijas, de comprender y guiar la
interacción entre terapeuta y cliente. Es más importante estar abiertos a
todas las posibilidades de cambio que encasillar al cliente en un tipo
determinado, pues esto es una confirmación de su coraza y la del
terapeuta.

Claudio es un hombre de negocios de Milán, diligente y


muy exitoso en el trabajo de ventas de alta temporada.
Cuando empecé con él, se movía mucho, muy de prisa y
en forma demasiado entusiasta, por lo cual me costaba
mucho agarrar y ablandar sus tejidos. Creía que si yo le
daba un diagnóstico exacto de lo que le pasaba y lo que
debía hacer, él podría ocuparse de resolverlo.

*The Body Reveals,Ron Kurtz y Hector Prestera,Nueva York: Harpeer


and Row, 1976.
**Consultar lo siguiente:
Character Analysis, Wilhelm Reich, Londres: Vision Press, 1950.
Y para revisar algunos tipos de Freud y Jung,Know your Type, Ralpch Metzner,
Nueva York, 1979.

Le indiqué dos posibilidades: que siguiera a ese ritmo


acelerado, incrementando deliberadamente los movimientos y
sentimientos hasta la histeria, o que lo redujera. Luego comencé
cada sesión con respiración meditativa y movimientos. Cada
vez que se aceleraba yo detenía inmediatamente mi trabajo,
hasta que descubrí un nivel de intercambio en el que podía
sentir algo más que una actividad acelerada, superficial y
defensiva. Logré notar cómo aceptaba mi necesidad de trabajar
a un ritmo más lento.

Para poder entender la importancia del intercambio a la hora de


tratar de cambiar, haz la siguiente prueba:

Ponte de acuerdo con algún amigo para que te dé un masaje.


Arregla el ambiente a tu gusto: temperatura, luz música, todo
adecuado. Durante el masaje no olvides pedir lo que deseas: si
lo quieres más profundo, más suave, más lento o más rápido.
Pregunta a tu pareja cómo se siente al darte el masaje y qué tipo
de golpes le son más agradable. Analicen ambos cualquier
sentimiento negativo que pueda surgir por trivial que parezca.
Al final observa cómo te sientes: si estás satisfecho o relajado
que cuando te dieron otro tipo de masaje.
El principio decisivo para lograr el cambio unitario es: si el
individuo quiere lograr una transformación centrada y unificada, el
terapeuta y él deben mantener una interacción completa y libre.
No pretendo decir que he logrado seguir a la perfección esos tres
principios de transformación en todo momento de mi trabajo, pero sí
creo que hacia eso voy; así pues, cuando mi trabajo ayuda a alguien a
mejorar la calidad de su vida, de alguna forma me aproximo al ideal de
esos principios.

Capítulo 2

DENTRO Y FUERA DEL


CUERPOMENTE

Cuando el trabajo corporal profundo respeta la necesidad de


integridad y unidad del individuo, resulta una poderosa forma de
restaurar nuestra salud, flexibilidad y espontaneidad. Pero tal vez
preguntemos ¿qué nos impide experimentar en forma natural la
unidad de nuestro cuerpo y mente? ¿Por qué nos dividimos en yos
internos y externos? ¿Por qué nos negamos a compartir plenamente
nuestra energía con los demás?
Voy a empezar a contestar estas preguntas echando un vistazo al
modo en que inhibimos e incluso detenemos nuestra tendencia natural
a cambiar de acuerdo con las demandas de nuestro medio ambiente y
cómo desde el desarrollo fetal, infancia y niñez, nos acorazamos
contra ciertos tipos de crecimiento y cambio espontáneo. Una vez que
quede claro presentaré una perspectiva que contempla el cuerpomente
como realidad única e indivisible, como unidad en la que nuestro yo
interno y externo funcionan juntos en armonía y se pueden compartir
con los demás. En el siguiente capítulo propondré algunas técnicas
para liberar bloqueos y lograr la unidad.

Crecimiento y coraza protectora

Nos negamos a crecer


Contemplemos un momento el crecimiento humano: estamos en
continuo cambio desde la concepción, gestación, infancia, niñez,

FIGURA 6
Como respuesta natural al dolor o al peligro nos endurecemos o
paralizamos. La coraza (tejido demasiado contraído o demasiado suave) se
desarrolla debido a las respuestas naturales que formamos anticipándonos a un
peligro que ya existe. Podemos considerarla como una serie de segmentos físicos,
emocionales y mentales que ciñen el cuerpo y bloquean sus movimientos flexibles
y espontáneos. Aquí vemos 7 segmentos o bandas de la coraza: 1) el ocular forma
una defensa que incluye contracción, rigidez e inmovilidad alrededor del cuero
cabelludo, frente, párpados, globos del ojos y glándulas lacrimales, mostrando una
expresión dura tipo máscara, o vacía; 2) el oral incluye labios, mentón y cuello y
almacena necesidades reprimidas de chupar, morder y gritar; 3)el cuello retiene a
menudo ira y sentimientos reprimidos; 4) el torácico puede estas rígido, con
hombros controlados y hacia atrás, o caído por debilidad y tristeza crónicas; 5) el
diafragmático puede separar la parte superior de la inferior, impidiendo que
cabeza y corazón estén en conexión con la pelvis; 6) el abdominal rodea
intestinos, estómago, páncreas, hígado y riñones y almacena profundos
sentimientos de disgusto y temor a la muerte; 7) el pélvico consta de dos partes: a)
el cuenco pélvico, que retiene nuestras frustraciones y apetitos sexuales más
profundos y b) las piernas, que almacenan nuestras inseguridades y falta de
cimientos.

adolescencia, edad adulta, vejez y por último, la muerte. Estos


cambios pueden estar en armonía con nuestra vida y medio ambiente
o provocarnos frustración, rigidez y sensación de no estar completos.
Lo que necesitamos de jóvenes para un cambio armonioso puede
resultar totalmente inadecuados de adultos. Nuestras formas físicas
de la niñez son impropias para manejar las necesidades de adultos
con músculos sólidos. Nuestro cuerpo en crecimiento y la sociedad
nos plantean constantemente nuevas demandas, a menudo tan
grandes que muchos nos negamos a “crecer” y nuestros cuerpos
revelan en qué momento detuvimos el proceso de crecimiento.
Veamos por ejemplo el hombre de tórax y brazos grandes y
fuertes pero con piernas delgadas de muchacho; o la mujer de caderas
amplias y muslos anchos pero con senos de preadolescente. Y a la
inversa, podemos adelantarnos a nuestra edad haciendo que alguna
parte crezca demasiado rápido, como vemos en jóvenes que tienen ya
arrugas en la frente.
Nuestra negativa a fluir en un cambio armonioso empieza como
una forma de protegernos contra el dolor y el sufrimiento. Cuando
sentimos que nos van a atacar, quizás nos endurecemos física,
emocional y mentalmente para afrontar la amenaza; o si tenemos
mucho miedo quizás nos paralizamos para evitar causar daño. Estas
respuestas al peligro o al dolor son formas naturales de protegernos
contra el medio.
Creamos una actitud sobreprotectora cuando empezamos a
adelantarnos a los acontecimientos y a desarrollar una respuesta
habitual a un posible peligro. Si tu actitud es de alerta continua los
tejidos y músculos estarán muy contraídos en forma crónica, y si lo
que temes es reaccionar por el dolor que te pueda provocar, te
volverás insensible y flácido. Cuando nuestro sistema protector
natural (aunque ya inadecuado) pasa a formar parte habitual de
nuestro cuerpo y actitud, hemos desarrollado una coraza contra el
vivir en el presente
En el proceso de crecer quizás nos protegemos contra el dolor
endureciéndonos o paralizándonos, pero no sólo físicamente sino
también mental y emocionalmente. En lugar de enfrentar la
posibilidad de sufrir más al tratar con nuestros padres o con la
sociedad, seguimos utilizando el mismo mecanismo hasta llegar a

olvidar la razón de su uso. Y seguimos usando la misma coraza


incluso cuando no hay la más remota amenaza. Revivimos una y otra
vez el pasado porque nos parece familiar y seguro en lugar de abrirnos
a los problemas del momento, a soltar el pasado lo que nos hace sentir
miserables y nos lleva a la enfermedad y muerte prematuras.
Moshe Feldenkrais ha observado que:

Los mecanismos de formación de hábitos operan en


todos nosotros; ¿por qué, entonces, no todos estamos
neuróticos? La respuesta es que la mayoría somos…La
mayoría nos adherimos a un patrón infantil tan cargado
de tensión emocional que ni siquiera pensamos que
pueda estar equivocado. Nuestra actitud hacia las
funciones corporales, hacia el trabajo, la sociedad y el
placer raramente son racionales. La mayor parte de las
veces son una prolongación de un viejo patrón
establecido emocionalmente e indican la interrupción del
desarrollo en una u otra dirección.*

Wilhelm Reich, que originalmente formaba parte del círculo de


discípulos de Freud, veía la coraza como bandas rígidas alrededor del
cuerpo. Nuestro movimiento natural y espontáneo, que una buena
vibración o corriente de energía y sentimiento por todo el cuerpo,
queda roto por esos segmentos inmóviles alrededor de ojos, boca,
cuello, pecho, diafragma, vientre y pelvis. Cada banda de la coraza
contiene una parte de nuestro carácter, de nuestra forma habitual de
enfrentarnos a nosotros mismos y a la sociedad. Reich consideraba la
coraza como una rigidez de respuesta emocional acompañada de
contracciones de la musculatura.** Pero también puede consistir en

* The Body and Matur Behavior, M.Feldenkrais, Nueva York:


International Universities Press, 1973, p. 53.
** Ver ambos:
Wilhelm Reich, por David Boadella, Nueva York, Dell-Laurel, 1975.
También: Orgone, Reich and Eros, W.E.Mann, Nueva York: Sinon and Schuster,
1973.

indiferencia y estar compuesta de tejido blando y fláccido. En ambos


casos suprimimos en gran medida nuestra conciencia de las actitudes
encerradas en el cuerpo y la mente.
Haz la siguiente prueba para ver y entender mejor tu propia
coraza:

Toma fotografías tuyas (de frente, de lado y por atrás), y


dibuja bandas a través de los segmentos de la foto: ojos,
boca, cuello, pecho diafragma, vientre y pelvis. Haz una
lista de todas las emociones que veas contenidas en las
bandas. Luego expresa el sentimiento indicado en cada
una mirándote al espejo. ¿Qué bandas te parecen más
inmóviles? ¿Dan la impresión de reforzar la coraza en las
bandas vecinas? ¿ Una banda separa en dos partes
importantes de tu cuerpo? ¿Cómo te sientes en ambas
partes?

La forma del cuerpo, el movimiento físico, la expresión


emotiva y el pensamiento, todos revelan la historia de nuestro
crecimiento, historia que muestra qué tanto éxito tuvimos al responder
continuamente a las nuevas necesidades así como nuestro grado de
fracaso al no poder liberarnos del pasado. Desarrollamos actitudes o
respuestas indiferentes o rígidas, y aunque tratemos de ocultarlas
siempre resultarán obvias al buen observador.
No hay forma de esconder al niño asustado o enojado que
llevamos dentro, igual que tampoco podemos esconder el poder y la
habilidad que hemos desarrollado. Nuestras partes incompletas
siempre están presentes, pero hacemos lo posible porque sean
inconscientes y separadas. Cuando me miro al espejo me resulta fácil
poner el vientre liso y agradable, pero evito ver y sentir cómo corto mi
respiración diafragmática. Me resulta fácil mirarme los pies anchos y
grandes pero, en vez de aceptar su apoyo y equilibrio, resiento que no
sean hermosos y graciosos.
Nuestra coraza es en gran parte inconsciente, porque tratamos
de enfrentar el dolor e insatisfacción viéndonos como un conjunto de
respuestas habituales, como mecanismo que podemos manipular.
Cuando digo que un dolor en mi hombro “me lastima” trato mi cuerpo

como objeto que me hace algo a mí. Quizás logre suprimir este dolor
desviando mi atención a otra cosa o tomando un analgésico. Sin
embargo, mientras trate una parte del cuerpo como objeto sólo estaré
reacomodando mi conducta en forma temporal en lugar de afrontar
el dolor y abrirme a él como dimensión importante de mi experiencia
total. También convertimos nuestras emociones y pensamientos en
objetos, por ejemplo cuando animamos a alguien que trae algo a que
“lo suelte”, o si está confuso le decimos “que lo piense bien”.
Nuestra manipulación como objetos adopta dos formas
principales: la división del yo en cuerpo y mente, y su separación en
parte interior y exterior. Examinemos la primera.

Cuerpo y mentecuerpo

Un auténtico monismo
Nuestra renuencia a abandonar la seguridad del pasado nos
lleva a enfrentarnos con nosotros mismos como algo dividido,
“cuerpo” y “mente”, dos partes que de alguna forma se afectan
mutuamente. Tal vez consideramos el cuerpo como medio para
lograr la estabilidad emocional y claridad mental: lo disciplinamos,
nos ocupamos de él, pero mientras lo veamos como algo que hay que
manipular estamos evitando y resistiéndonos a enfrentar los
problemas que yacen bajo nuestra coraza.

Hans vivía en Munich. Siempre fue fanático de ejercicio:


jugaba fútbol soccer, hockey, esquiaba y levantaba pesas.
Cuidaba su dieta y tomaba vitaminas; estaba convencido
de que si se mantenía fuerte y saludable todo funcionaría
bien. Tenía el cuerpo vigoroso pero tieso y en algunas
partes agarrotado. En los últimos años había sentido
mucho dolor en los tobillos. Cuando empezó a trabajar en
la dura y desarrollada estructura muscular de sus tobillos
(la coraza) comenzó a llorar y luego se relajó. Me contó
que había pasado la mayor parte de su vida enfrentándose
a su padre y ocultando el profundo dolor que le había
causado no ser aceptado y amado. Se había estado

tratando como objetivo físico, negando la soledad y el


vacío detrás de su rigidez atlética.

Quizás tratemos de usar la claridad emocional o mental para


controlar nuestra vida física: si podemos desarrollar adecuadamente el
poder de la mente, controlaremos la función del cuerpo.

Nicole pertenece a una famosa familia parisina. Es muy


disciplinada en su vida mental y espiritual. Convertía
todo pensamiento negativo en afirmación positiva. Pero
durante el año anterior a nuestro encuentro se había
quejado de calambres internos y estreñimiento. Cuando
empecé a trabajar con ella, aflojando los grandes
músculos aductores de la cara interna del muslo, empezó
a temblar y a dar sacudidas confundida y excitada. Le
sorprendía descubrir que, contra lo que le decía su
correcta educación, estaba bien que se mostrara
temblorosa y agitada. Había estado tratando su mente
como instrumento de control, pero su cuerpo se rebelaba,
dando rienda suelta a tensiones normales acumuladas.

Habrá observado que en análisis y ejemplos anteriores unas


veces he clasificado las emociones con el cuerpo y otras con la mente.
Esta dificultad nos muestra cómo no es posible clasificar el yo en partes
independientes, aun cuando afirmemos que están relacionadas entre sí.
Considero el yo como un todo funcional e inseparable que abarca las
dimensiones físicas emocionales y mentales de nuestra experiencia
inmediata. Así, por ejemplo cuando se trata del dolor de mi hombro,
“me duele” se convierte en “todo yo duelo”.

Concéntrate en un problema emociona al que no


encuentras solución. Piensa en todas las diversas
alternativas que puede haber: rendirte, enojarte, salir
corriendo. Haz una lista de las ventajas y desventajas de
cada una y elige “racionalmente” la que te parezca mejor.

Observa cómo te sientes y después haz varias


inhalaciones profundas, dejando que tu conciencia se
concentre en esa parte de tu cuerpo que retiene el
problema: diafragma endurecido, dolores en la espalda,
en la cabeza, hombros caídos, etc. deja que permanezca
ahí y que aumente mientras exageras la posición
corporal.
Pasa a ser esa parte de tu cuerpo diciendo “soy mi
diafragma” o “mi espalda”, etc. Sigue hablando así y
expresa lo mejor que puedas todo lo que está sucediendo.
Relájate y haz varias inhalaciones observando cómo te
sientes. ¿Ha cambiado tu sentimiento? Haz una lista de
las alternativas con sus ventajas y desventajas. ¿Sigues
eligiendo la misma? ¿Te sientes diferente respecto a la
elegida?

Todos mis aspectos están presentes simultáneamente: no soy


primero mi cuerpo, que más tarde influirá en mi mente. Si cualquier
dimensión o aspecto de mi experiencia se está modificando, los demás
también se modifican porque yo estoy presente entero en una sola
unidad. Esto no quiere decir que una parte mía actúe en otra; por
ejemplo, la liberación de la tensión de los músculos no es causa de la
liberación de mis emociones y pensamientos. Lo que sucede es que la
liberación de mi tensión física es la liberación de mi frustración
emocional y mental. Y a la inversa, al liberar esas frustraciones libero
mi tensión física.
Este análisis puede parecer abstracto y filosófico, pero sirve
para entender mi forma de trabajar con cada individuo en los
próximos capítulos. El cuerpomente es un fenómeno único que
experimentamos como un flujo de momentos o acontecimientos, y no
se pueden separar en sensaciones físicas, emociones o pensamientos
independientes ni en cualquier contenido tradicional similar de la
conciencia. Mi experiencia es única e indivisible y, aunque me pueda
concentrar en un aspecto, todos los demás están funcionando junto al
que presto atención en ese momento.
Veámoslo con un ejemplo: el dolor que siento ahora en la
espalda es una propiedad funcional de mi cuerpomente pero también
lo son mi miedo y mi actitud incierta. Los tres (miedo, dolor, duda)

FIGURA 7

son un flujo único de la experiencia aunque se pueden describir en


forma separada como físico, emocional y mental.
Cuando dirijo mi atención hacia el “cuerpo” o la “mente” no
aíslo uno de otro, simplemente paso al primer plano de mi experiencia
un momento de mi cuerpomente unificado, mientras otros aspectos
simultáneos permanecen en un segundo plano. Don Johnson, en su
libro The protean Body expresa este concepto del cuerpo menos
filosóficamente pero en forma más poética:

La persona es como una planta cuyas fibrillas, que casi


no se distinguen del suelo las nutre, fluyen hacia las
raíces, que fluyen hacia el tronco el cual las divide en
ramas, hojas, flores e incluso en el campo eléctrico que
las rodea. La conciencia espiritual, las emociones, los
sentimientos, la inteligencia, el funcionamiento
fisioquímico, los sistemas musculoesqueléticos, todos
son puntos de vista desde los que examinamos la realidad
única que somos*

Este concepto de la experiencia humana se puede observar


también en algunos modelos de funcionamiento fisiológico. La teoría
clásica de la producción de dolor es que los estímulos actúan sobre
receptores específicos de dolor en la piel y viajan a través de un centro
de mensajes hasta un centro de dolor en el cerebro.** Una alternativa,
que yo considero más factible, derivada de los actos neurofisiológicos
actuales, dice que el dolor no es una respuesta, sino un fenómeno que
consiste tanto en estímulo externo como en actividad interna, y que
fluye a través de un sistema de puertas del sistema nervioso que se
abren y se cierran.*** Ronald Melzack escribe “..no se puede explicar
el dolor sólo con mecanismos sensoriales. Nosotros (Melzack y Wall)
pensamos que la presencia o ausencia de dolor está determinada por el
equilibrio entre las entradas sensoriales y las centrales al sistema de
control de la puerta”.**** En otros capítulos veremos que este
modelo nos puede ayudar a comprender la experiencia de soltar
nuestra coraza acumulada.
Un ejemplo similar de acción unificada del cuerpomente es el
modelo de funcionamiento miofascial descrito por Ida Rolf,
reconocida pionera en el campo de trabajo corporal en tejidos
profundos. Dice:

Si consideramos el sistema miofascial como un todo


funcional más que como un simple complejo adicional de
tejido, resulta obvio que éste es el órgano de apoyo: una
estructura fascial y elástica que inicia, transmite y

*The Protean Body, Don Johnson, Nueva York, Harper and Row, 1977, p. 21.
**The Puzzle of Pain, Ronald Melzack, Nueva York: Basic Book, 1973, p. 126.
***Ibid., pp. 168-190.
****Ibid., p. 171.

determina el movimiento, al tiempo que recubre y sirve


de soporte a todas la partes individuales. *

Y llevó más allá este modelo al decir:

La respuesta emocional es conducta, es función. Todo el


comportamiento se expresa mediante el sistema
musculoesquelético. Toda función es una expresión de la
estructura, y la forma se correlaciona directamente con la
estructura materia. Un hombre que llora sus penas está en
realidad lamentándose de sus fallas y limitaciones
estructurales.**

En este pasaje, Ida hace de la emoción un aspecto funcional de la


persona física y no parece dispuesta a dar a la emoción (y hay que
suponer que tampoco al conocimiento) el mismo status que al cuerpo.
Considera la estructura o función corporal como la causa oculta de las
funciones emocionales.
En una disertación respecto a la persona crónicamente enojada,
dice:

Hasta que se pueda cambiar de alguna forma la situación


física, poco puede avanzar el sicoterapeuta. “No corres
porque tienes miedo, tienes miedo por que corres” dijo
William James a principio de siglo, y nada ha cambiado
hasta ahora la validez de su observación. Nuestro amigo
enojado está siempre así porque tiene el cuerpo fijo en
una actitud física de enojo.***
Me parece que Ida asigna aquí a la emoción (y tal vez al
pensamiento) el papel de “epi-fenómeno”, una especie de actividad
causada por o procedente del funcionamiento físico. De esta forma,

* Structural Integration: A contribution to the Understanding of Stress”, Ida Rolf,


Confinia Psychiatrica XVI (1973): 71
** Rolfing, The Integration of Human Structure, Ida Rolf, Santa Mónica: Dennis
Landman, 1977, p. 17.
***Ibid., pp. 26-27.

mente y emoción son todavía un producto, aunque complicado, del


cuerpo, y lo que tenemos entonces, en mi opinión, es un materialismo
sutil que en última instancia reduce la mente al cuerpo.
Creo que el concepto que propongo se acerca m[as al auténtico
monismo, la creencia de que cuerpo y mente son una realidad única,
un sólo tipo de elemento en funcionamiento. Veo al cuerpo tan espejo
funcional de emoción (y pensamiento) como a la emoción del cuerpo.
No podemos explicar la mente desde el punto de vista del cuerpo ni a
la inversa. Pero sí podemos explicar ambos como aspectos iguales de
la misma realidad dinámica.
Ken Dychwald, en su útil e informativo libro titulado Bodymind
escribe sobre el rolfing (nombre que se suele dar al tipo de trabajo
corporal profundo de Ida Rolf):

La nueva conciencia…sólo se logra alterando el ser, el


sentir, el pensar y el creer. Así pues, podría parecer que si
no hay un cambio en los hábitos y actitudes que crean la
forma corporal, las manipulaciones puramente físicas del
cuerpo se quedan sin una nueva estructura mental en la
que echar raíces. Por esta razón creo que el rolfing, como
proceso completo de trabajo corporal profundo, resulta
en parte deficiente, pues no deja que el individuo
experimente despacio y cuidadosamente los posibles
cambios en su propio cuerpomente. Viene a ser en gran
medida algo que alguien “te” hace, en vez de algo que tú
te haces a ti mismo conscientemente.*

Yo me adhiero al espíritu general de esta observación, pero


discrepo ligeramente pues para mí la estructura mental no es algo en
lo que el cuerpo pueda echar raíces, igual que la mente no puede
hacerlo en el cuerpo. Para empezar, cuerpo y mente no tienen
propiedades causales o estructurales separadas, pues cuando nos
ocupamos del cuerpo también lo estamos haciendo de la mente, y
viceversa.
Podemos engañarnos tratando de manejar el cuerpo como
soporte causal de la mente, o la mente como estructura de apoyo que
crea el cuerpo.

* Bodymind, Ken Dychwald, Nueva York: Jove Books, 1977,p.127.

Pero en mi opinión los auténticos cambios graduales que se logran en


trabajo corporal son cambios que se da de un momento unificado del
cuerpomente al siguiente momento unificado. Si atendemos por
separado al cuerpo o la mente (ya sea con técnicas corporales o con
terapias emotivas o cognoscitivas) hay poco cambio y la coraza
simplemente reaparece tomando otra forma.
Como veremos en los próximos capítulos, la transformación
auténtica es un cambio de todo el ser y puede darse con la ayuda de un
terapeuta que emplee diversas técnicas simultáneamente (liberación
de tejido profundo, trabajo respiratorio, expresión emocional,
conciencia del movimiento).

Dentro y fuera

Derretimos la corteza y el núcleo


Cuando se da el cambio duradero es en un sentido completo e
instantáneo: al cambiar mi cuerpo, mi mente también cambia, pues
ambos son funciones de la misma experiencia inmediata. En algunos
aspectos de todo mi cuerpomente inmediatamente soy más libre, pero
todavía me queda coraza de la que me tengo que desprender. Por
ejemplo, quizás me he liberado ya emocional y mentalmente del
miedo que tenía encerrado en mis antebrazos, pero sigo reprimiendo y
manteniendo inconscientemente la tristeza en mi pecho hundido. Igual
que desarrollé poco a poco mi coraza, puedo disolverla gradualmente.
Pero antes de ocuparnos de este proceso en el próximo capítulo,
veamos la forma en que se desarrolla la coraza, cómo desde el
comienzo de nuestra vida creamos una especie de resistencia interna o
“núcleo” y a su alrededor una protección externa o “corteza”.
Ya hemos visto cómo nuestro desarrollo consiste en una serie
de respuestas aprendidas, muchas de las cuales se convierten en
hábitos rígidos que nos protegen contra el dolor y nos impiden ser
espontáneos y completarnos. El núcleo de resistencia está formado por
los primeros hábitos. Durante el trauma de la concepción, al avanzar
por las trompas de Falopio y quedar implantados para comenzar la
gestación en el útero, ya entonces establecemos patrones para manejar
el mundo y protegernos. Este Núcleo protector en desarrollo se

refuerza con el shock del nacimiento y el paso por las fases oral, anal
y genital del crecimiento infantil. Hacia los tres o cuatro años ya
hemos desarrollado casi del todo nuestras posturas típicas y nuestra
manera de evitar el dolor y el cambio no deseados.
El resto de nuestra vida suele ser un refuerzo de este núcleo,
años de respuestas protectoras acumuladas en forma similar. Pero
llegamos incluso a complicas más la coraza creando más protección,
un revestimiento que cubre el núcleo, pues aunque éste es nuestra
parte más resistente, también es la más vulnerable ante el dolor
intenso. La corteza tal vez nos permita arriesgarnos y, si nos
lastimamos, es algo superficial pues contamos con protección a un
nivel más profundo.
Mantenemos esta división básica entre núcleo y corteza de
muchas formas. Como veremos al analizar tipos de cuerpomente, el
mismo cuerpo muestra a veces en su exterior una capa dura de
músculos extrínsecos bien desarrollados (para locomoción) que
cubren un centro de músculos intrínsecos débiles (para el equilibrio).
Veamos como ejemplo al atleta de músculos agarrotados que tienen
fuerza temporal, pero ninguna gracia. Y a la inversa, el exterior puede
ser un suave amortiguador físico que rodea un centro duro pero
pasivo. Veamos el tipo de mujer muy “delicada” y femenina que en su
interior es más dura que una piedra. Esta separación entre la corteza
exterior y el núcleo interior puede darse también a nivel emocional y
cognoscitivo. Nuestros sentimientos sociales cotidianos pueden ser
controlados y sin altibajos pero tal vez ocultan profundas emociones
explosivas. O si somos muy sociables quizás reprimimos sentimientos
íntimos de duda y temor a pesar de todo.
Cuando nos dividimos en corteza y núcleo creamos la frustrante
ilusión de que los dos pueden funcionar al unísono. En su libro Knots
(“Nudos”) R.D. Laing expresa con mucha agudeza el acertijo de esa
lucha:

Uno es por dentro


y si se sale de lo que ha sido por dentro
se siente vacío
porque no hay nada dentro de uno mismo
uno trata de meterse en su interior

ese interior del exterior


que uno fue en un tiempo en su interior
una vez que uno trata de penetrar en lo que
uno es en el exterior…*

La alternativa a esta división acorazada en núcleo y corteza es


moverse, sentir, pensar con todo nuestro ser, dejando que lo que sucede
en nuestra vida exterior sea lo que sucede en el interior. Cuando más
vivos estamos, es decir, cuando respondemos plenamente al medio
ambiente y estamos activos en él, nuestra energía no se limita a
reacciones superficiales o iniciativas internas. Miedo, ira, alegría,
compasión y dolor circulan libremente por el cuerpo procedentes del
contacto externo con los que nos rodean y se vierten en nuestros más
profundos sentimientos de empatía y colaboración. Al mismo tiempo
esas emociones pueden comenzar en nuestro interior y fluir libres hacia
los demás. De esta forma, cuando estamos plenamente vivos, tanto el
núcleo como la corteza se desintegran y nuestra energía circula
libremente del interior al exterior y viceversa.
Acción y reacción son dos aspectos diferentes del mismo
acontecimientos: mi reacción hacia ti es una forma de mi acción hacia
ti. Cuando me tocas, mi respuesta hacia ti es de aceptación o rechazo
activo. Interior y exterior funcionan juntos energéticamente como
aspectos de mi única realidad unificada, unidad que se puede palpar en
los tejidos corporales. Cuando hay unidad hay equilibrio entre los
músculos intrínsecos más grandes (que dan fuerza a nuestro
movimiento) y los intrínsecos más profundos (que proporcionan
dirección sutil y estabilidad). El individuo activo, receptivo y
desarmado tiene un tono consistente y suave, pero firme, desde la piel
hasta lo más profundo de sus estructuras.
Haz el siguiente ejercicio:

Déjate caer en una alberca y bracea tenso para hacer


frente a cualquier dolor agudo que puedas notar al caer al
agua. Hazlo de nuevo pero ahora relajado y dando un

* Knots, R. D. Laing, Middlesex: Penguin, 1970, p. 83.

EJERCICIO 2
Siéntate derecho en una silla con las piernas juntas. Haz una
respiración profunda y observa si te resulta fácil o difícil fluir
libremente entre el diafragma y la parte superior del tórax y cuello.
Siente los músculos de ambos y ve si alguna tensión te dificulta la
respiración.
Tras varios minutos de respiración profunda toma con ambas manos la
parte inferior de tu caja torácica. Mientras impulsas lentamente la
espina dorsal hacia tus manso, exhala y deja que el movimiento empuje
tus manos hacia adentro de la caja. Al hundirlas más en el tejido haz
presión contra la pared interna de la caja torácica. Detén el movimiento
e inhala aflojando la presión. Exhala de nuevo y continúa el
movimiento y la presión. Exhala de nuevo y continúa el movimiento y
la presión. Cuando alcances la posición más avanzada posible inhala
para que el diafragma descienda y tope contra tus dedos.
En esa posición, quizás notes en el cuello una sensación de tirantez o
ahogo. Tose entonces suavemente conservando las manos bajo las
costilla y mantén cualquier sentimiento que surja. Cuando reprimimos
nuestros sentimientos (apretando el cuello) también comprimimos a
menudo la respiración abdominal (diafragmática). Literalmente nos
oprimimos con bandas de coraza alrededor del cuello y la parte de la
caja torácica.
Ahora relájate y vuelve a enderezarte despacio con movimiento
envolvente. Haz una respiración profunda y ve si una liberación interna
ha aligerado tu respiración, ayudándote a sentir más conexión entre
cuello y diafragma. Comprueba si lo músculos que te rodean el tórax
están más suaves.

grito al sentir el contacto con el agua. Compara las dos


experiencias. Observa que aunque la primera vez estabas
en actitud defensiva, el dolor puede haber sido menor la
segunda, la más relajada, al dejar que te atravesara y al
expresarlo por completo.
Haz que un amigo te sorprenda gritando o chillando
varias veces sin previo aviso. Reacciona en la forma más
completa posible. ¿Qué tan completa es tu respuesta?
Pídele luego que diga los nombres de las diversas
emociones: “miedo”, “ira”, “alegría”, etc. Actúa cada una
de ellas lo más rápido y completo que puedas. Tras
hacerlo varias veces, ¿te resulta más fácil comenzar y
expresar del todo una emoción?

Los terapeutas de algunos tipos de trabajo corporal insisten en


la importancia de trabajar con las defensas externas (en corteza) antes
de llegar a niveles más profundos de resistencia en el núcleo. Es el
enfoque que ya mencioné de ir quitando las capas al cuerpo una por
una como si fuera una cebolla. Estos trabajadores corporales parecen
creer que antes de que una persona pueda revelar y expresar sus
bloqueos más íntimos debe liberarse primero de la corona superficial
externa.
Como explicaré en el siguiente capítulo, el terapeuta de trabajo
holístico trabaja gradualmente en dos direcciones al mismo tiempo:
desde la corteza al núcleo y a la inversa. Al hacerlo puede también
respetar la necesidad en un momento dado de concentrar parte de su
trabajo en una cierta profundidad de liberación. Por ejemplo, mientras
me concentro en la fascia superficial daré también golpes que
empiecen a liberar estructuras profundas, y viceversa,
Veamos ahora el verdadero proceso y la experiencia de
liberación de nuestra coraza.

Capítulo 3

PROCESO Y EXPERIENCIA
DE LA LIBERACIÓN

Tal vez hayas sentido alguna vez que por fin lograbas cierto
progreso en tus problemas; tras haber estado atorado mucho tiempo
descubrías de repente que tus planes funcionaban y tenías motivo para
sentirte optimista ante el futuro. Y entonces, en forma igual de
repentina quizás te volviste a sentir atorado, con las mismas ilusiones
de lo que querías pero incapaz de llevarlas a cabo.
Cuando la conciencia de nuestro cuerpo, habilidades y
necesidades no sintoniza con la realidad, fácilmente confundimos los
cambios superficiales con un logro más profundo. La conciencia
refleja el estado confuso e incompleto del cuerpo. Quizás lo tenemos
en mala condición, limitado y sin fuerza y aun así abrigamos la ilusión
de hacer cosas que requieren más energía de la que tenemos. Entonces
es fácil confundir la excitación de la novedad con lo que en verdad
nos serviría y sustento.
Trata de hacer lo siguiente:

Pide prestado un auto que sea diferente en tamaño al


tuyo. Al estacionarlo o manejarlo observa lo difícil que
resulta calcular el espacio que tienes al otro lado, delante
y detrás de ese auto.
Fíjate cómo y dónde no estás totalmente consciente de
tu propio cuerpo, cómo los dolores e incluso los síntomas

de enfermedad se hallan en partes que no has aceptado


plenamente en tu conciencia.
Ahora concéntrate en la parte de tu cuerpo donde sientes
a menudo dolor, malestar, debilidad o inconsciencia. Sé
esa parte y expresa lo que sucede; por ejemplo la parte
baja de la pierna puede decir “Oye, ponme más atención,
no te limites sólo a apoyarte en mí; déjame descansar,
dame masaje, cuídame”.

Para cambiar a un nivel más permanente y profundo del


cuerpomente necesitamos una forma de descubrir la discrepancia entre
los que “pensamos” superficialmente que necesitamos y lo que es en
verdad posible, provechoso y satisfactorio. Necesitamos liberarnos de
nuestras fantasías sobre nosotros mismos y empezar a adaptarnos más
al auténtico yo.
La Integración por la Postura es precisamente un proceso de
este tipo. Al trabajar directamente con el cuerpo sentimos y definimos
sus límites y al mismo tiempo descubrimos los de nuestras fantasías.
Al aflojar las tensiones que oprimen nuestro cuerpo tal vez nos
interesen menos los proyectos laboriosos y no ocupemos más de
nuestra necesidad de cuidarnos y desarrollar nuestra fuerza. Esto es un
proceso gradual, un proceso de liberarnos del pasado y explorar
nuevas posibilidades en el presente. Nos sumergimos poco a poco en
nosotros mismos y descubrimos nuestra totalidad.
Aunque hay muchas formas de enfocar el trabajo corporal
profundo (mientras respete los tres principios que esbocé en el
Capítulo 1: unidad, equilibrio e interacción compartida), la
Integración por la Postura es una de las más efectivas porque sus
resultados son tangibles, rápidos y duraderos (ver las fotografías
tomadas antes y después, hacia el final del Capítulo 5).
Al final de cada sesión se pueden observar cambios visibles y
tangibles que aumentan con cada sesión. Pero sucede algo más: hay
una experiencia de desdoblamiento, una creciente comprensión de lo
que significa soltar nuestras defensas y abrirnos a nuevas
posibilidades. En este capítulo quiero primero describir los pasos
necesarior para liberar la coraza y después explicarles mi forma de ver
la experiencia de esta liberación.

EL PROCESO DE LIBERACIÓN E INTEGRACIÓN


Para lograr el cambio permanente hace falta desde luego algo
más que liberar y comprender los viejos bloqueos. Tenemos que
incorporarnos a esta libertad recién descubierta para poder estar
centrados y estables en movimientos y sentimientos. En el próximo
capítulo veremos cómo lograr estar centrados y con los pies en la
tierra mientras cambiamos.
Así pues, el trabajo progresa en dos etapas generales: liberación
de la coraza e integración de esta liberación. En ambas nos ocupamos,
por supuesto, del cuerpomente entero, con las consiguientes
sensaciones, sentimientos, pensamientos y creencias, pero al describir
el proceso, suele ser más fácil para efectos de identificación de pasos,
concentrarse en partes del cuerpo físico:

1. Liberación inicial de las estructuras acorazadas, que se suele


dar en dos sesiones, una para la parte superior del cuerpo y
otra para la inferior.
2. Prolongación lateral entre torso y pelvis; un nivel intermedio
de trabajo ligeramente más profundo.
3. Liberación pélvica; tres sesiones de trabajo muy profundo en
a cara interna de los muslos, región interna del abdomen y
estructura interna de las nalgas.
4. Liberación de la coraza de cabeza y cuello, éste desde dentro
de la boca.

La segunda etapa (de integración ) que veremos en el siguiente


capitulo, consiste en tres sesiones de reorganización y equilibrio del
cuerpomente entero, tendientes a armonizar las relaciones arriba-
abajo, frente-espalda y derecha-izquierda de toda la estructura.
En el desarrollo de esta secuencia me ha influido mucho mi
experiencia y observación del método rolfing, con el cual Bill
Williams me ayudó durante 20 sesiones en 1969; él desarrolló después
su propia forma de trabajo holístico que llamó “Soma” (también me
dio algunas sesiones Ida Rolf en persona). Gracias a la sensibilidad de
Bill experimenté muchos cambios importantes, pero como ya expliqué
en el prólogo, la secuencia tradicional del rolfing me dejó incompleto.
La encuentro demasiado rígida, no sólo respecto al orden de manejo

de los segmentos corporales, sino a la dirección única en que avanza


desde las capas exteriores a las interiores, y a la falta de atención
prestada al cambio emocional y mental.
He esbozado la Integración por la Postura como un proceso que
normalmente consta de 5 fases y un total de 10 sesiones. Cada fase
puede necesitar de hecho más sesiones, si hay que relajar una gran
masa de coraza emocional y mental y el tejido opone mucha
resistencia. En cualquier caso, es importante que haya la suficiente
liberación durante una fase antes de pasar a la siguiente.
Hasta ahora he hecho hincapié en que la liberación de la coraza
(y la integración de la nueva energía) es un proceso de desenredar (y
armonizar) el cuerpo y la mente a la vez, así como el interior y el
exterior. Sin embargo, la liberación (y la integración) es también la
relajación de excesivas contracciones musculares y el establecimiento
de equilibrio fisiológico entre músculos oponentes. En cualquier parte
del cuerpo, cuando un grupo de músculos funciona como fuerza que
mueve parte del esqueleto en una dirección, otro grupo oponente la
mueve en la dirección contraria. Veamos por ejemplo el movimiento
de la región inferior de la pierna: los músculos de los tendones de las
corvas son poderosos flexores (ej.: para levantar el talón hacia las
nalgas) mientras que los anteriores del muslo son extensores y
mantienen recta la pierna.
Estos grupos de músculos oponentes (flexores y extensores,
aductores y abductores, supinadores y pronadores, rotatorios medios y
laterales) mantienen la postura del cuerpo frente-espalda, arriba-abajo
e izquierda-derecha gracias a sus contracciones compensadoras. Pero
al acorazarnos desarrollando actitudes habituales, algunos se contraen
en exceso creando, por tanto, desequilibrios en la figura. La persona
cargada de espaldas muestra un desequilibrio frente-espalda y contrae
demasiado el pectoral menor, músculo pequeño y profundo unido a la
región anterior del hombro. Por tanto, tiene poco contraído los
romboides superior e inferior, que son los que tiran hacia atrás el
hombro.
Este desequilibrio que se crea en una zona del cuerpo lo
compensamos con otro en otra zona, pues de lo contrario no
podríamos permanecer derechos. Cuando me cargo de espaldas, me

FIGURA 9

El trabajo corporal profundo puede ayudar a establecer el equilibrio entre


diferentes grupos de músculos. Cuando movemos un brazo, a menudo sucede que
inconscientemente estiramos demasiado los músculos del centro de la espalda
(romboides inferiores) que ayudan a mantener en su lugar a los omóplatos y a los
hombros. Cuando esto sucede los músculos oponentes de la parte anterior del
cuerpo (ej. : pectoral menor) están demasiado contraídos, y al mover el brazo hacia
delante también se mueve el hombro. En la foto vemos al terapeuta trabajando
simultáneamente los romboideos de la espalda y el pectoral menor del frente, y
animando al cliente a mover el brazo desde el codo mientras mantiene inmóvil el
hombro.

caería hacia adelante si no contrajera en exceso los músculos de la


región baja de la espalda. El cuerpo es una maravilla de contracciones
zigzagueantes que nos mantienen erguidos aunque nos aferremos

tercamente a las tensiones de alguna parte del mismo.


En el capítulo 2 mencioné cómo la fascia envuelve los
músculos y es el mecanismo que guía y coordina el movimiento.
Cuando algún grupo de músculos se contrae en exceso la fascia que le
rodea se acorta y se vuelve más gruesa haciendo crónico el
desequilibrio. La persona cargada de hombros tendrá capas de fascia
inmóvil y endurecida recubriéndole la parte anterior del hombro y el
pecho, lo cual le impide la relajación necesaria para que los músculos
situados entre las paletillas ejerzan una fuerza contraria y echen hacia
atrás los hombros.
Pero también se dan casos de exceso de contracción aunque la
persona parezca equilibrada y derecha. Quizás los grupos de músculos
oponentes esté en equilibrio (por ejemplo los que mantienen alineada la
pelvis) pero pueden estar demasiado contraídos. Esto no es verdadero
equilibrio, sino rigidez y a la larga provocará un colapso en la
estructura del cuerpo. Se ve claramente en levantadores de pesas y
bailarines que han forzado el cuerpo a ponerse muy derecho pero
cuando envejezcan lo tendrán más rígido.
Cuando los grupos de músculos están en equilibrio natural la
tensión del cuerpo se reparte uniformemente a través de la red de
fascia. El cuerpo puede así alargarse, quitando peso de los huesos y
permitiéndoles funcionar a lo largo de líneas paralelas que pasan por
una serie de bisagras y ejes colocados en forma horizontal. En este
modelo de eficiencia gravitacional los pies trabajan en forma óptima de
frente, a lo largo de dos líneas paralelas que pasan por el centro de las
piernas. En esas dos líneas hay bisagras horizontales que permiten al
cuerpo inclinarse sin dificultad a lo largo de (sus) carriles paralelos: la
bisagra del metatarso en el pie, la del tobillo y la de la rodilla.
Hay bisagras más anchas que atraviesan la pelvis y parte
superior del cuerpo: la sacrofemoral en la pelvis, la lumbodorsal en el
área, la torácica media que recorre el pecho y paletillas de los hombros,
y la cervical en el cuello. Esos ejes superiores funcionan a lo largo de
líneas paralelas que atraviesan los huesos del asiente (isquiones),
pasando por los ojos, y el interior de los muslos (trocantes menores)
pasando por los oídos. Se comprende fácilmente cómo un
endurecimiento o fruncimiento de los planos de fascia tuerce esas

bisagras, inclinándolas y deformándolas en patrones ineficientes.


Veamos con las siguientes imágenes un modelo gravitacional bastante
ideal de cómo puede funcionar un cuerpo:

Líneas paralelas. Imagina el cuerpo organizado a lo largo


de dos líneas paralelas. Cuando las piernas están muy
separadas o muy juntas, muy abiertas o muy cerradas, el
cuerpo no se puede mover con eficacia a lo largo de esos
carriles derechos.
Ejes del ángulo recto. Imagina que el cuerpo funciona
mediante una serie de ejes en ángulo recto a esas líneas
paralelas. Esos ejes atraviesan las articulaciones de los
dedos de los pies, tobillos, rodillas, pelvis, mitad del
tórax y cabeza. Si se los inclina y aleja de los ángulos
rectos, la alineación del cuerpo se mueve de un lado a
otro. Bloques apilados. Imagina una línea vertical que
atraviesa el tobillo, la pelvis, la mitad lateral del tórax y
el oído. Si se inclina esta línea, hacia adelante o hacia
atrás, los segmentos del cuerpo ya no pueden estar
apilados uno sobre otro. La imagen de la cola de un
dragón puede ayudar a sacar la pelvis de su posición
ladeada y alinearla bien. La imagen del tórax abierto
hacia afuera como paraguas ayuda a mantener la caja
torácica más redondeada y equilibrada. La imagen de una
cuerda que se eleva de la coronilla hace que el mentón
demasiado alto baje a su lugar.

Este modelo no explica fácilmente los aspectos mentales y


emocionales de la vida y no podemos forzar el cuerpomente a lograrlo.
Pero nos sirve para empezar a ver las posibles formas en que partes
básicas del cuerpo puedan funcionar en armonía. En capítulos
posteriores volveré a este tema de la necesidad de respetar los límites
del cuerpomente y de no tratar de forzar a la gente a lograr modelos o
categorías que irían en contra del flujo natural de su energía.
Contemplando el cuerpo en forma más anatómica, divido la
fascia en tres capas: superficial, intermedia y profunda. Estas
denominaciones no corresponden a ningún sistema o clasificación

anatómica, son más bien una mezcla de ideas tomadas de textos


anatómicos ingleses, franceses y alemanes.* La que llamo “superficial”
comprende las capas subcutáneas más compactas y adiposas. La
“intermedia” es la que algunos textos denominan “fascia superficial
subserosa”, y a la “profunda” la llaman “fascia profunda subserosa”. Es
decir, justo bajo la piel tenemos la superficial, sobre las envolturas
musculares la intermedia y rodeando los músculos y sus ligamentos, la
profunda.
Al trabajar en esas capas de fascia, trato de ablandarlas y
reorganizarlas. Tienen mucha tendencia a espesarse y adherirse a los
tejidos que las rodean, por lo cual parte importante del proceso consiste
en separarlas para que la fibra muscular pueda ablandarse y funcionar
con más libertad. Pero hay que poner mucha atención a la profundidad
de los golpes. En los diagramas adjuntos verán que controlo la
profundidad con el ángulo en el que aplico fuerza con los dedos, puños,
etc., y hasta cierto punto con el grado de fuerza empleado.
También trato de estimular la coordinación de las diversas
partes del sistema fascial. En trabajo superficial doy golpes planos y
anchos tratando de extender la envoltura externa por todo el cuerpo (un
amplio esponjamiento de toda la capa subcutánea). En trabajo
intermedio voy un poco más allá con golpes más cortos y empiezo a
tocar y abrir envolturas de fascia individuales. En trabajo profundo
avanzo entre y bajo las envolturas y doy golpes lentos y cortos. Como
veremos en capítulos posteriores, durante la integración de los planos
de fascia, que sólo es posible tras la liberación profunda de las
envolturas, suelo trabajar con las dos manos, abarcando y armonizando
(a lo largo y a lo ancho) grandes segmentos de tejido.
Los terapeutas de trabajo corporal profundo liberan la fascia
endurecida con dedos, puños, nudillos y codos. Mediante
manipulaciones sistemáticas y cuidadosas, y coordinando la liberación
de capas externas e internas, trabajan simultáneamente con aspectos
mentales y emocionales del cuerpomente.

*Ver A. Forster, Ueber die morphologische Bedeutung des Wangenfettpfroppfes; A.


Richet, Traite pratique d´anatomie médicochirurgicale; E Singer, Fasciae of the
Human Body and Their Relations to the Organs They Develop; y B.B. Gallaudet,
The Planes of Fascia.

Fase I : Liberación inicial

Inspiración y nueva orientación


Al principio de este capítulo comenté que nuestras fantasías
pueden ir más allá de nuestra capacidad real, pero también es cierto que
a veces nos retraen de lo que podemos lograr. Quizás yo tenga ideas
fantásticas respecto a mi capacidad sexual, pero por otro lado, cuando
renuncio a mi orgullo de macho tal vez tengo más ternura de la que mis
amigos o yo creíamos. El cambio inicia nuevas posibilidades.
La primera fase del proceso es una iniciación en un nuevo
proceso. Al mover el tejido superficial resulta posible lograr una nueva
dimensión de sentimientos, pensamientos y movimientos. Al empezar a
abrir mi cuerpo, al tomar más espacio, mis actitudes se liberan de sus
viejos moldes. Veamos el ejemplo del joven que siempre ha sido muy
flaco: al tratar de cambiar siempre pensaba que debía reforzar su cuerpo
con comida y ejercicio. Pero al hacer ejercicio y comer más, está más
activo, más tenso y pierde peso. Su actitud ha sido de extrema
necesidad pero de resignación a no estar satisfecho nunca. Tras dos
sesiones de Integración por la Postura sin hacer nada, empezó a subir
de peso rápidamente, sus músculos se robustecieron sin ponerse tensos
y se emocionó al sentir que podía cambiar no esforzándose sino
sintiendo su propia capacidad de darse a sí mismo.
La primera fase nos inspira mostrándonos que estamos
cambiando en una forma que realmente no veíamos ni comprendíamos.
Esto sucede al abrirse la corteza protectora de fascia superficial con la
que nos habíamos rodeado. Pero al mismo tiempo vemos en lo más
profundo de nuestro ser que podemos adoptar nuevas formas.
La fascia superficial es una envoltura delgada que se extiende
por todo el cuerpo justo bajo la piel y que cuando funciona libre y
uniformemente lubrica, guía y sirve de apoyo a toda la masa corporal.
Algunas personas tratan de protegerse de los “duro embates” de la vida
convirtiéndola en una especie de piel gruesa que queda adherida a las
estructuras subyacentes. Otras personas desarrollan un tipo diferente de
amortiguador consistente en una capa superficial elástica y fláccida, en
parte insensible al contacto. Estas personas se acorazan dejando
FIGURA 10

Durante la primera fase, el terapeuta mete la mano justo bajo la superficie


de la piel y libera la fascia superficial, una delgada envoltura extendida por todo el
cuerpo que, si no está endurecida, lubrica, guía y sirve de soporte a todo el cuerpo

FIGURA 11

pasivamente que el tejido externo absorba el estrés mientras se


endurecen por dentro. En el Capítulo 6 analizaré los diferentes grados y
situaciones de la tensión que constituyen varios tipos básicos de
carácter y cuerpomente.
Cuando trabajo con esta coraza superficial, uso mis dedos para
enganchar con cuidado la funda exterior del cuerpo y para coordinar
este movimiento externo con la profunda transformación interna, como
veremos en el siguiente ejemplo:

Zelda creció en las afueras de Zurich, en el seno de una


familia campesina, con ocho hermanos varones. Siempre
se había considerado igual a ellos en fuerza y agilidad
gracias a su comportamiento hombruno, pero ocultando
su sentimiento de no ser adecuada como niña. Tenía bien
definida la musculatura y el tejido superficial cubría tan
apretadamente su caja torácica que no pude agarrar ni
mover la envoltura superficial.

Mientras colocaba los dedos de mi mano dentro de su


cuello, con la otra seguía intentando agarrar el tejido
superficial. Al principio no hubo reacción alguna, pero
poco a poco su cuerpo empezó a latir con una serie de
reflejos obstruidos y entonces se empezó a mover el
tejido del pecho. Me dijo entonces lo débil que se había
sentido en su interior de pequeña y cómo había tenido
que esconder su lado femenino. Su estructura externa
respondió sólo cuando la interna se puso en acción
mediante la expresión de sus sentimientos.

En esta primera etapa suelo trabajar con diversas reacciones


profundas internas, por ejemplo: alrededor de la base de la lengua,
donde retenemos los mensajes del corazón (necesitamos hablar con
él), dentro de la nariz, para dar salida a la tristeza que almacenamos
en los ojos, y alrededor del recto para poder confrontar nuestra ira
contra la autoridad. Estas liberaciones internas, coordinadas con
golpes superficiales, provocan un desdoblamiento gradual, parejo y
duradero del yo por dentro y por fuera a la vez.
Me parece natural que el cambio duradero no se pueda limitar a
una parte de nosotros. Si soy abierto contigo, aunque sólo nos
encontremos en la vida externa, de alguna forma he establecido ya
un contacto más profundo contigo. En el trabajo corporal holístico
respetamos lo gradual y progresivo que éste tenga que ser de
acuerdo con la persona. Si trato de abrir del todo el núcleo
demasiado pronto o con demasiada insistencia, el resultado puede
ser una mayor confusión o un reforzamiento de la coraza contra la
apertura; y si me quedo a un nivel superficial, si dudo en llegar al
núcleo de la persona, los cambios serán temporales y a la larga la
resistencia se manifestará de otra forma.
La primera fase, por tanto, se concentra en toda la cobertura
superficial, y suelo dividir el trabajo en dos sesiones, una para la
región superior del cuerpo y otra para la inferior.
La gran cobertura superficial del tórax es como una bolsa de
compras o un suéter: débil en unas partes y reforzada en otras. Los
síntomas de esta desigualdad suelen aparecer en los puntos más
débiles: el vientre se desploma sobre el cuenco pélvico, los
omóplatos caen hacia adelante. Pero donde mejor se puede empezar

EJERCICIO 3
Siéntate en una silla con los pies en el suelo y coloca ambas manos a los
lados del muslo derecho o izquierdo, a medio camino entre la rodilla y la ingle.
Inclínate y con idéntica fuerza haz movimientos de gancho para extender el
tejido en direcciones opuestas. Debes usar el peso de la parte superior del
cuerpo y esperar que el tejido se relaje, permitiendo una extensión de las
estructuras subcutáneas. La sensación suele ser de calor, incluso algo
incómoda, pero libera tensiones profundas.

a reorganizar es en las zonas compactas. Cuando suavizamos o


esponjamos nudos endurecidos de fascia, estimulamos una
expansión y consistencia a lo largo de toda ella, quitando tensión de
las zonas más débiles y proporcionando al mismo tiempo espacio
para que las estructuras internas se reacomoden solas, por ejemplo:
la vesícula se sitúa bajo los intestinos en lugar de detrá de ellos
como sucede en el caso de vientre prominente (pitosis).
Esto es un ejemplo del principio: trabaja donde no aparezca el
síntoma, aplicable también a nivel mental y emocional. Si le damos
vueltas a nuestras frustraciones emocionales (es decir, si no las
afrontamos siempre directamente) tal vez encontremos otras
emociones y actitudes más fáciles de expresar y que a la larga nos
ayudarán a volver a entrar poco a poco en el problema original.
El pecho suele estar bloqueado a la altura de la bisagra torácica
media, eje imaginario que atraviesa el tórax y nos permite flexionar
y estirar parte de la caja torácica superior y de la espina dorsal. Pero
una línea de tensión que pasa por medio del pecho a menudo
bloquea la capacidad de flexionar la espina dorsal y las costillas.
Imaginemos un cinturón tan apretado que oprime costillas y pecho.
En primer lugar, esta banda de coraza puede cortar la coordinación
entre la respiración de la región superior del pecho y el abdomen,
de forma tal que uno respire sólo con la mitad. En esa parte
superior quizás estemos sobrecargados y sin aliento, al tiempo que
no permitimos ninguna respiración o sentimiento abajo. Por otra
parte, quizás llenamos el abdomen pero olvidamos respirar lo
suficientemente alto como para reforzar la energía del cuello y el
tórax.
Yo trabajo con esta división llegando al arco costal bajo las
costillas, levantando el tejido superficial de la región frontal del
tórax, abriendo la costura de tejido más denso a lo largo del
esternón y jalando el tejido duro y deprimido (encima del
plastima*) sobre la clavícula y alrededor de los laterales del cuello.

* Músculo cutáneo del cuello.


FIGURA 12

En segundo lugar, si seguimos esta banda de coraza alrededor del


tórax hacia la mitad de la espalda, encontramos un enredo
interrelacionado con los romboideos bajos que, cuando funcionan
bien, mantienen y guían los hombros suavemente en la bisagra
torácica media. Cuando el tórax está caído (con una excesiva
contracción del pectoral menor) los romboideos están flojos y las
paletillas del hombro caen hacia delante.
Este enredo es también evidente cuando el tórax está elevado y
los hombros hacia atrás. Las paletillas del hombro pueden estar juntas

sobre la bisagra torácica media gracias a los romboideos superiores y,


sin embargo, quizás los inferiores estén flojos. Lo que hago entonces
es trabajar el hombro (trapecio y elevador de la escápula) por arriba y
por abajo, tratando de liberar los romboideos superiores, así como
ensanchando y alargando la región inferior de la espalda.
Estos movimientos (hacia arriba delante y hacia abajo detrás) al
unir las partes separadas del tórax, crean una respiración y unos
sentimientos tanto de energía como de entrega. Pero no sólo la caja
torácica necesita mejor conexión consigo misma: hay otras partes que
cortamos. Los brazos, por ejemplo, quizás nos cuelgan apáticos o los
tenemos demasiado contraídos con impaciencia e ira. Las caderas
necesitan moverse a la par que el diafragma cuando se expande hacia
los lados y la espalda, pero tal vez las tenemos inmóviles y
bloqueados.
Este último problema (entre el diafragma y las caderas) es parte
de una banda de coraza que a menudo se extiende por todo el cuerpo a
lo largo de la bisagra lumbo-dorsal. Ésta se atora en una posición
inclinada hacia delante que nos impulsa hacia atrás. Yo doy golpes
amplios con ambas manos moviéndome en direcciones opuestas: una
mano hacia arriba a lo largo del tejido torácico superficial y otra hacia
abajo por el tejido glúteo de la cadera. Al hacerlo pido a mis clientes
que dejen ir su respiración hacia abajo y hacia atrás (lo cual empieza a
mover la pelvis) hasta que no sólo llegue a la doceava costilla, sino
que atraviese la pelvis y alcance incluso las piernas. Cuando “se baja”
así la respiración podemos empezar a concentrarnos menos en el
orgullo y el exceso de esfuerzo de la respiración anterior estrecha y
alta, y acomodarnos a una actitud más paciente y realista.
También es muy importante conectar el tórax con los brazos
pues muchos movimientos habituales de éstos activan inútilmente los
músculos de la región superior del tórax. Cuando flexionamos la parte
inferior del brazo con el bíceps quizás echamos hacia adelante las
paletillas del hombro con el pectoral menor. La función de los dos
músculos se trastorna y puede iniciarse un endurecimiento de los
tejidos situados entre el tórax y la parte superior del brazo, con lo cual
FIGURA 13

éste quedará crónicamente atorado en posición avanzada. Dando golpes


con ambas manos en direcciones opuestas (entre el tórax y el brazo) se
creará más espacio para que el brazo regrese a su lugar y se una al
hombro (cavidad glenoidea).
Después de trabajar en una sesión con la parte superior del
cuerpo sucede algo notable: el cliente empieza a sentirse más ligero y
más alto pero tal vez sus piernas están más rígidas o con movimientos
más confusos. Esto es buena señal. Grandes secciones de tejido se han

vuelto más elásticas y fluidas, pero como son parte de una lámina muy
ancha y larga, el otro extremo, es decir la parte inferior, empieza a
contraerse con algo de esa tensión desplazada.
Las piernas no están en contacto con esa parte nuestra muy
temprana con la que, titubeantes o seguros, dimos los primeros pasos
hacia nuestros padres. Los tobillos son uno de los puntos claves para
lograr seguridad.
El eje horizontal que atraviesa los dos huesos del tobillo
(maléolos interno y externo) suele estar torcido hacia dentro o hacia
fuera. En el primer caso se trata de pies planos y suele indicar
inmadurez, desgano para tomar responsabilidad y responder a la tierra
con un arco intermedio firme y contráctil. Aquí el problema yace en la
región lateral de la pierna, donde músculos poderosos (los peroneos)
giran el pie hacia dentro. El hueso largo y delgado que dirige esta
acción, el peroné, está alterado y tiene el asta inferior probablemente
rotada hacia dentro (intermedio) y hacia adelante.
La estrategia a seguir es trabajar a través del peroné por la parte
baja y externa de la pierna y dar más espacio para que los peroneales se
relajen, lo cual permitirá que los músculos opuestos de la parte interna
de la pierna (ej. El tibial posterior) se contraigan y eleven el arco.
Puede suceder que el arco intermedio esté demasiado independiente y
elevado. El pie necesita poder aplanarse en el suelo, pero luego
contraerse y levantarnos al desplazar nuestro peso sobre él.
Para lograr que el pie se aplane no sólo liberamos el arco
interno elevado sino los tres que tenemos: el que se suele denominar
intermedio (en el interior), el transversal o empeine, y el lateral situado
a lo largo de la parte externa del pie. Cuando éste se aplana luego se
curva, los tres arcos trabajan juntos para distribuir el peso por igual.
Para conseguir esta distribución, para que pie y tobillo trabajen
a lo largo de bisagras horizontales, el hueso externo de la región
inferior de la pierna(peroné) y el de la espinilla (tibia) tienen que
despegarse uno del otro. La estructura membranosa que hay entre
ambos (membrana interósea) suele estar dura y bloqueada, lo cual le
resta habilidad para ayudar a organizar el peso descendente del cuerpo.

Al aflojar la envoltura superficial de la pierna le doy a esta membrana


una oportunidad de estirarse, y en una sesión posterior llego
directamente a ella con los dedos.
En esta primera fase de trabajo se puede a veces lograr que un
pie plano responda o que uno muy rígido empiece a relajarse. Con lo
cual tenemos entre nosotros y el pueblo un mensajero que nunca se
desplaza, se ensancha o se contrae.

Fase II: Alargamiento

Sensualidad y expansión
Veamos ahora los individuos “atorados” en la adolescencia. El
miedo a convertirse en adultos responsables se revela en sus formas
inflexibles, encogidas y reducidas, medio aniñadas. Durante la segunda
fase, al trabajar en la región posterior de la cintura (área muscular del
dorsal ancho y el cuadrado lumbar) suelo encontrar una acumulación
del tejido rígido y adiposo. Mientras manipulo la fascia estimulo al
cliente a imaginarse que es largo, flexible y atractivo.
Pero también hay individuos de torso largo temerosos de su
flexibilidad, de su sensualidad. Si se dejan ir completamente temen que
se moverán demasiado y atraerán mucha atención sobre sí mismos,
resultando por tanto más vulnerables frente a los demás. En esos casos,
la cintura es lo suficientemente larga pero suele haber una dureza
protectora en los músculos anchos de la espalda (dorsal ancho) así
como a lo largo de los grandes músculos laterales de la espina dorsal
(sacroespinal) y esta tensión es la que trata de impedir el movimiento
excesivo.
Imagina lo siguiente:

Te encuentras en el centro de un grupo numeroso de


gente y eres un hermoso/a bailarín de flamenco o de la
danza del vientre. Eleva los brazos exponiendo el torso
mientras das vueltas y te contorsionas lentamente con
graciosos movimientos. Piensa que te aplauden y
aclaman. Disfruta esa admiración.

FIGURA 14
La liberación de la fascia gruesa y corta que recubre la parte posterior de
la cintura (cuadrado lumbar) ayuda a alargar, equilibrar y aumentar la movilidad de
la parte media del cuerpo.

Esta segunda fase implica trabajar a una profundidad


intermedia, con las envolturas individuales de los grandes músculos
extrínsecos, que considero incluidos en la coraza de la corteza. Mis
dedos, nudillo o codos van con cuidado más allá de la capa superficial
y empiezo a abrir los compartimentos que rodean cada músculo. Luego
separo el tejido endurecido que durante toda una vida ha acortado el
espacio de contracción y relajación de un músculo y ha alterado el
movimiento del mismo uniéndolo con adherencias a compartimentos
adyacentes.

EJERCICIO 4
Siente los grandes músculos (“alas”) que tienes a los
lados del torso (dorsal ancho). Cuando los brazos están hacia
dentro (a medio giro) en actitud de sobreprotección o de
extrema disponibilidad, la tensión del dorsal es evidente a todo
lo largo de la espalda y por delante bajo los brazos. En
levantadores de pesas que han desarrollado “alas” enormes e
inadecuadas puedes observar cómo los omóplatos y los
hombros avanzan torpemente hacia adelante.
Tú mismo puedes trabajar con una parte de esta
estructura. Tras preparar tu energía con respiración profunda,
alcanza el lado izquierdo con la mano derecha, deslizando los
dedos bajo el dorsal izquierdo. Si levantas el brazo izquierdo y
presionas lo suficiente la mano derecha, puedes deslizarte
incluso bajo el omóplato. Aumentando lentamente la presión,
gira hacia dentro el brazo elevado (mediano) hasta que sientas
la interacción de la mano con los músculos de debajo del
hombro (también abarca el subescapular). Esta es una zona en
la que te puedes sentir muy vulnerable. Estáte consciente de
cualquier temor que puedas haber almacenado bajo el brazo y
exprésalo.
Relájate y ve si tu brazo gira ahora en forma más natural
hacia el exterior (lateralmente). Después de aceptar tus miedos
ocultos, ¿te sientes más abierto y receptivo?

Mi objetivo es alargar el espacio entre la pelvis y la caja


torácica así como ensanchar y curvar los lados del cuerpo, todo para
preparar la fase siguiente de trabajo más directo en la pelvis. Estimulo
el alargamiento y la flexibilidad para que el individuo pueda empezar a
vibrar y moverse como las olas a través de caderas, vientre, diafragma,
espalda y pecho. Cuando una persona consciente en ser larga, libre y
exponerse, estos movimientos de flujo se originan dentro y fuera.
Alargar e incrementar la movilidad de la cintura ayuda a preparar el
camino para la siguiente tarea que es la liberación y nueva posición de
la pelvis.
Largura y movilidad dan también una nueva forma al torso. Lo
que sucede en la figura corta y encogida es una redondez o
abultamiento de los intestinos y la cintura, en el que las costillas no
funcionan ya como guías del tejido. Éste se derrama sobre la caja
torácica y las costillas aguantan mucho peso: la onceava y la doceava
se hunden en la espalda demasiado arqueada, o las superiores del tórax
caen bajo el peso de emociones insatisfechas.
Por otra parte, lo que sucede con la figura muscular de vientre
tirante es una cuadratura, un aplanamiento del frente y la espalda, de
modo que el cuerpo no tiene lados ni formas que conecten uno con otra.
Nuestra conciencia es también cuadrada: estamos conscientes de
nuestro frente y espalda pero hay muy poca relación entre ambos. La
liberación del torso nos da una figura más ovalada que conecta en
forma eficiente todas y cada una de nuestras partes: frente, espalda y
lados. Esta forma permite también que nuestra energía irradie desde el
núcleo.
Veamos otra importante función del torso, pues su flexibilidad
tiene mucho que ver con la forma de usar los brazos. Cuando nos
reprimimos estamos expresando un mensaje doble: los brazos rotados
hacia fuera muestran deseo de contacto (teres menor e infraespinal)
pero al estar hacia atrás (tríceps y deltoides) indican miedo y renuencia.
Por otra parte, puede que tengamos los brazos hacia delante en señal de
necesidad y disponibilidad pero el tórax hundido. Otra variante es tener
los brazos rotados hacia dentro (intermedio) cubriendo casi los
genitales con lo cual se acorta el tronco y nos cerramos pegando las
“alas” a ambos lados (dorsal ancho).
El cuerpo muestra la forma en que quedamos atrapados al
deprimirnos o derrumbarnos a causa de una necesidad insatisfecha.

Cuando se nos abre el torso a los lados, debajo y alrededor de los


brazos, hombros y región superior del tórax, empezamos a liberar esos
sentimientos bloqueados y a encontrar una forma más equilibrada de
vivir, de tomar y retener sin perder el centro.
Trata de hacer un ejercicio denominado a veces “el cangrejo”:

Acuéstate boca arriba con las piernas encogidas. Con


cada exhalación deja caer las rodillas a ambos lados
mientras tratas de alcanzar arriba con los brazos. Llega lo
más lejos posible y trata de llamar a alguien que
necesites. Di por ejemplo: “mami, te necesito”. Expresa
tu necesidad tratando de llegar tan lejos que los hombros
se eleven con los brazos y tu mentón sobresalga mientras
la cabeza cae hacia atrás. Una vez que hayas cargado y
descargado energía, trata de estirar los brazos en forma
más tranquila: mantén hombros y mentón en su lugar y
pide suavemente lo que necesitas.

Para liberar los brazos y poder expresar nuestras necesidades, el


trabajo de esta fase continúa a los lados de la caja torácica, hacia los
hombros y parte inferior del cuello; y cuando brazos y torso empiezan a
trabajar al unísono la respiración es más libre. Durante la respiración
espontánea, descrita en el siguiente capítulo, toda la caja torácica se
ondula con latidos de arriba abajo. La mayoría de las personas
necesitan respirar más honda y libremente a los lados, permitiendo el
movimiento de las costillas a todo su alrededor, desde el esternón a la
espina dorsal, y en forma vertical desde las costillas onceava y doceava
hasta las primeras.
A menudo la respiración libre y expansiva no sigue hacia arriba
bajo los brazos hasta las axilas. Las costillas superiores, sobre todo la
primera y la segunda, suelen ser anillos tensos e inmóviles que
presionan hacia abajo y bloquean la energía y sentimientos bajo la parte
inferior del hombro y el cuello. Yo he visto que aunque muchas
personas están muy conscientes de la parte inferior del hombro y
regiones intermedias del cuello, la parte inferior del hombro, la base del
cuello y la entrada torácica suelen estar bastante muertas e
inconscientes. Movilizar estas estructuras puede revitalizar los
pulmones y el corazón, despertando alegría y tristeza muy arraigadas.

Fase III : Liberación de la pelvis

Pasión muy arraigada


La pelvis es la piedra angular de nuestra estructura pues en ella
yacen algunas pasiones muy profundas: anhelos, excitación,
frustración, satisfacción, ira. Cuando alguna de ellas se despierta las de
otras partes del cuerpo también se ven afectadas. Si a causa del miedo
inclinamos hacia delante la pelvis y escondemos los genitales, tal vez
avanzamos también los brazos y el pecho mostrando en compensación
necesidad y añoranza. Si mantenemos los glúteos contraídos todo el
tiempo para controlar la ira, quizás endurecemos todo el tronco y nos
ahogamos en las emociones reprimidas.
Haz lo siguiente:

Ponte a gatas en el suelo y levanta la pelvis hacia arriba y


adelante al inhalar, arqueando la espalda y levantando la
cabeza al exhalar, a la vez que echa el aire con un fuerte
grito. Empieza lentamente y acelera luego el ritmo hasta
que estés vociferando rápidamente con sonido y
sentimiento. Observa cómo el movimiento de la pelvis
puede haber provocado sentimientos en otras partes del
cuerpo. ¿Te sientes enojado? ¿Indefenso? Localiza esos
sentimientos.
También se halla en la pelvis el sostén físico, el piso pélvico
para el núcleo de la parte superior del cuerpo. De su posición depende
la colocación del contenido abdominal, los intestinos y que hombros y
cuello estén en adecuado equilibrio sobre el núcleo del cuerpo. Si el
vientre cae sobre el borde pélvico, no sólo se somete a estrés a los
órganos abdominales sino que espalda y cuello tienen que trabajar más
para que no caigamos hacia delante. O si encogemos los glúteos (si
metemos la cola, literalmente) el vientre tiene que retraerse y
endurecerse para echar hacia delante el torso.
Esta pieza central del núcleo conecta con la parte superior e
inferior del cuerpo mediante un complejo sistema de músculos
extrínsecos e intrínsecos. Los grandes y poderosos extrínsecos se unen
FIGURA 15

Incluso trabajar con un músculo extrínseco tal como el gracilis (situado en


el recto), el terapeuta estimula el movimiento de la pelvis desde el interior con
contracción y relajación suaves del psoas, situado al fondo del cuenco pélvico y que
funciona como intrínseco. Esto suele impulsar la energía sexual en forma ondulante
por todo el cuerpo.

en parte al tronco y en parte a las extremidades, y de ellos obtenemos la


principal fuerza locomotriz. Los aductores, por ejemplo, situados en el
interior de los muslos, hacen que mantengamos las piernas juntas,
como al montar a caballo. Cuando están atorados o demasiado
contraídos ejercen presión interna de calambre sobre los ísquiones,
huesos del asiento. Esto se observa claramente en las mujeres a quienes
desde pequeñas les enseñaron a mantener muy juntas las piernas.
FIGURA 16

El trabajo profundo libera capas de fascia situadas bajo los músculos


superficiales, y a veces se alcanza la profundidad en la que tendones y ligamentos
se unen al hueso.

FIGURA 17
Otro ejemplo de músculo extrínseco son los tendones de las
corvas y los cuadríceps, que van unidos a la parte delantera y trasera de
la pelvis, respectivamente. Estos dos grupos oponentes pueden ejercer
una fuerza descendente en la parte posterior y anterior de la pelvis,
además de su función de flexión y extensión de la pierna. En el caso de
alguien que se incline excesivamente hacia atrás observa cómo los
cuadríceps jalan la pelvis hacia abajo por delante causando la curva de
la espalda.
Al aproximarse a este laberinto de tejido muscular extrínseco
que rodea la pelvis, penetro gradualmente en capas más profundas de
fascia. Durante la cuarta sesión (primera de tres en esta tercera fase) me
abro paso con los dedos debajo y alrededor de las capas de músculos
del interior de los muslos donde retenemos tanto placer, ira y temor.

EJERCICIO 5
Mira en el espejo la parte interna de tus muslos. ¿Tienes las
piernas demasiado juntas? ¿Hay líneas curvas de tensión contractiva en
su interior? Acuéstate luego boca arriba con las piernas abiertas.
Respira hondo durante 5 minutos, meneando la pelvis hacia delante y
hacia atrás con cada respiración, como calentamiento.
Con los pulgares e índices trata de alcanzar los grandes
tendones del interior de las piernas justo donde llegan a los genitales.
Da masaje a su alrededor mientras continúas con respiración rápida y
profunda. Con la respiración y con palabras expresa cualquier
excitación, ira o temor que surja en tu interior. Cuando estés ya
tranquilo mírate de nuevo en el espejo. ¿Están las partes internas de tus
piernas más relajadas? ¿Te sientes más redondo, más abierto en la parte
interna del muslo?

Aflojando estas envolturas de fascia dejamos espacio para que los


huesos del pubis y el asiento (isquiones) situados al fondo de la pelvis,
se muevan con mayor libertad y se despeguen después de años de estar
rígidos o comprimidos en una sola posición.
En la sesión cinco me adentro en la pelvis y otras partes del
tronco donde se hallan los músculos intrínsecos del núcleo (como el
psoas y el pubococcígeo) que ayudan a mantener la estabilidad general
y dan un sutil impulso inicial a los movimientos extrínsecos
(técnicamente, el psoas es extrínseco porque se une como intrínseco).
Los intrínsecos suelen ser débiles y se adhieren a las estructuras que los
rodean.
El psoas, situado al fondo del cuenco pélvico, inicia y guía la
flexión de la pierna en la cadera y ayuda a mover la pelvis alrededor de
su eje. Al analizar cómo los músculos extrínsecos pueden arrollar al
psoas, Ida Rolf escribió:

Por desgracia, el psoas no cumple adecuadamente su


función en el individuo común y corriente, pues suele
estar estructuralmente retirado, pegado al borde pélvico.
No participa en el modo de andar del individuo medio.
En entrenamiento atlético hace hincapié en el
movimiento repetitivo de los músculos externos a
expensas de los internos (intrínsecos); el psoas, más
central al cuerpo que el abdominal recto, sucumbe con
mayor rapidez ante el ejercicio inapropiado.*

La función del psoas ilustra cómo trabajamos para crear


anchura, largura y horizontalidad en la estructura. Cuando el tejido del
sacro se alarga y ensancha, el eje de la pelvis se pone horizontal.
Entonces el psoas inicia y guía alrededor de este eje un movimiento
suave, derecho y similar a una bisagra. En un cuerpomente equilibrado
ésta cooperará con la torácica media y, como luego veremos, con la
cervical de la cabeza.

*Rolfing, p. 118.
FIGURA 18

El psoas-ilíaco, situado en lo más profundo de la pelvis, funciona como


músculo intrínseco. Es una poderosa fuente reguladora de la energía interna
mientras no se vea abrumado por los extrínsecos de la parte exterior de la pelvis.

Al trabajar con un individuo en esta fase, estimulo activamente


un balanceo de los músculos externos e internos (extrínsecos e
intrínsecos). Sin embargo, no quiero ayudar a crear sólo equilibrio
físico, sino de todo el cuerpomente. Por ejemplo, cuando trabajo con
las envolturas de los aductores (mantienen juntas las piernas y están
situados en el muslo interno) hago que el cliente no sólo oscile
(flexione y extienda) la pelvis desde el interior (psoas) sino que
consienta en excitarse, respirar rápidamente, expresar su sexualidad
interna y externa.
FIGURA 19

Cuando los músculos del vientre y muslos (recto abdominal y recto femoral) están
excesivamente desarrollados, acortan la parte anterior del cuerpo e inclinan la pelvis
hacia delante. Entonces el psoas queda rígido por el exceso de contracción. Cuando
muslos y vientre se ablanda y alargan, la pelvis vuelve a su lugar y el psoas queda
relajado y listo para funcionar.

Estoy muy agradecido a mi amiga Margo, hermosa profesora de


Trantismo y autora del libro Le chemin de l´extasis* por ayudarme a
aceptar la sexualidad que puede surgir al trabajar con la pelvis. En el
ejemplo que cito a continuación trabajamos juntos:

Cristina vive en una comunidad de Estocolmo, donde la


libertad sexual se acepta e incluso se espera. Al trabajar
en los ligamentos de los músculos que rodean las partes
anterior e intermedia de los muslos, los hallamos igual
que las envolturas miofasciales: largos, delgados,
pegados entre sí y contraídos en exceso. No paraba de
mover las piernas y rebotar el torso sin permitir ninguna
rotación alrededor del eje coronal de la pelvis. Tras
ayudarla a establecer un patrón de respiración profunda,
le pedimos que mantuviera quietas piernas y torso y que
balanceara la pelvis hacia adelante y hacia atrás. Mientras
presionábamos más afondo en el tejido comenzó a vibrar
con suaves ondas y compartió con nosotros el calor que
le surgía del piso interno de la pelvis. Había sido muy
activa en su vida sexual, pero con movimientos externos
violentos, explosivos e insatisfactorios, pues le parecía
que eso era lo que esperaban de ella. Ahora tenía ya los
muslos relajados y se veían más grandes y llenos.
Cuando nos ocupamos de la musculatura extrínseca, es
importante prestar atención a la vez a la actividad interna, al
sentimiento y al pensamiento. Por otra parte, cuando se trabaja
directamente con estructuras intrínsecas, el cliente necesita entender y
sentir cómo la sutil energía interna se puede traducir en movimientos
y actitudes externas. Durante el trabajo directo en el psoas les hago
mover todo el cuerpo hacia y dentro de mis manos, al tiempo que les
animo a dejar que sus sentimientos y sensaciones internas salgan a la
superficie como movimientos extrínsecos de piernas y torso.

*Le Chemin de l´extasis, Mitsou Naslednikov, París: Albin Michele, 1981

FIGURA 20

Cuando trabajo con los ligamentos anteriores del pubococcígeo


(músculo principal del piso pélvico) les pido que se pongan en la
posción indicada en el ejercicio anterior (a gatas, menezndo la pelvis
hacia delante y hacia atrás al ritmo de la respiración ) mientras
presiono en las partes de los músculos disponibles a ambos lados del
cóccix y del ligamento sacrococcígeo. Esto permite ensanchar el sacro
y permite a la región baja de la espalda (espina lumbar) abandonar su
posición inclinada y empezar a retroceder (posterior) y enderezarse.
Trabajando dentro y alrededor del ano a veces sucede que la
liberación de la tensión hace explosión en forma de movimiento
enojado y giro de la pelvis entera. A esto suele seguir una relajación
completa en la que el cliente puede aceptar las figuras de autoridad
contra las que ha reprimido energía y enojo. Como en el ano se suele
endurecer en la etapa anal del desarrollo infantil, su liberación puede
afectar la coraza desarrollada en la fase oral o genital del crecimiento.
Cuando se relaja, la boca se suele liberar y nos ponemos en contacto

más estrecho con las necesidades orales. Y si el trasero está metido


porque los órganos genitales están hacia delante, la relajación del ano
puede quitar parte de esa inclinación.
El trabajo en la pelvis es tan poderoso que hemos desarrollado
un proceso especial, separado de la Integración por la Postura,
llamado Liberación Sexual Pélvica. En él trabajamos en el exterior de
la pelvis, así como alrededor y dentro del ano y los genitales,
liberando simultáneamente sentimientos contra la autoridad y el deseo
de placer y juego genital.
Una de las razones de la importancia de este trabajo es que al
liberar el cóccix y el sacro afectamos un plexo nervioso, el ganglio del
impar. Este plexo, situado entre la pared posterior del recto y el
cóccix, es un delicado entronque eléctrico del sistema nervioso
autónomo. Parece que tiene que ver con la regulación de algunas
funciones del sistema circulatorio. Su buen funcionamiento puede
ayudar a controlar la presión de la sangre y prevenir la taquicardia y
reacciones espásticas del corazón. También parece funcionar como
una especie de conexión entre el sistema nervioso autónomo y el
central.
Normalmente el trabajo en el ano forma parte del trabajo total
de la sexta sesión que se realiza a lo largo de la región posterior del
cuerpo y llega hasta los glúteos. En la cuarta y quinta se abre y alarga
la parte interna y anterior del cuerpo. Entonces la tensión pasa a los
grupos de músculos opuestos de la espalda, zona de la sesión seis.
Como ya indiqué, reorganizar la parte posterior del cuerpo es
importante no sólo para liberar el ano y el piso de la pelvis
(pubcoccígeo) sino para ayudar a despegar los rotadores externos de la
pierna.
Muchos tendemos a caminar con los pies volteados, apuntando
hacia fuera con uno o con ambos, como Chaplin o los payasos del
circo. Aunque puede parecer cómodo, la desorganización de los
rotadores en la zona posterior de la pelvis (piramidales, obturadores,
gemelos y femoral cuadrado) produce una perturbación de arriba
abajo a todo lo largo de la región posterior del cuerpo, desde los
talones hasta la parte de atrás del cuello. Uno de los trabajos de la
sexta sesión es liberar esos rotadores para que las piernas puedan
funcionar hacia adelante y la espalda alargarse y ensancharse. Así, en

lugar de balancearnos de un lado al otro avanzamos derechos sobre


dos líneas paralelas relajadas.
El siguiente ejercicio puede ayudarte a establecer contacto con
los rotadores:

Ponte de pie y coloca los pies derechos (ni demasiado


separados ni demasiado juntos) a lo largo de dos líneas
paralelas que pasan por el medio de los tobillos, rodillas,
caderas y tetillas. Con el mentón metido corre en el
mismo lugar, inclina un poco el cuerpo hacia adelante,
pero mantén la pelvis atrás como si arrastraras una cola
de mono. Asegúrate de que no la tienes plana apretando
los glúteos. Avanza con las rodillas bastante altas y pasos
cortos, como un indio en pie de guerra. Deja que la pelvis
(y el sacro) permanezcan planos en la espalda y siente
que el psoas inicia el movimiento de los muslos,
observando lo ligeros y libres que puedes tener los
tobillos y rodillos al marchar por líneas paralelas.

Al aflojar los rotadores hay también un ensanchamiento y


ablandamiento del sacro y la parte baja de la espalda. El tejido sacro
ya no está pegado al hueso y se desliza hacia abajo con facilidad
sincronizado con la respiración diafragmática. Pero su liberación total
depende también del alargamiento de la región posterior de las piernas
y para ello es esencial liberar el tendón de Aquiles y volver a colocar
el hueso de los talones (calcáneo).
El hueso del talón suele estar demasiado alto debido a una
excesiva contracción crónica del tendón de Aquiles los tacones altos
que usamos y la tendencia a caminar levantando el muslo en vez de
utilizar los tobillos, contribuyen a este acortamiento y empujan el
talón hacia delante, hacia la bola del pie (bisagra del metatarso). Al
crear más distancia entre la parte delantera del pie y el talón estirando
el tendón de Aquiles, se estimula al talón a distribuir equitativamente
una mayor cantidad (aunque no demasiada) de peso. Al apoyarnos
más atrás sobre los talones el sacro pasará a una posición más libre y
plana. Cuando sucede esto, estamos aceptando nuestra singular
FIGURA 21
FIGURA 22

FIGURA 23

En estas imágenes del pato Donal y Pinocho vemos cómo la orientación de


la pelvis determina el carácter. El del pato, con su pelvis inclinada, espalda
arqueada y pies planos es irritable y obstinado. El de Pinocho, cuya pelvis sirve de
soporte y organiza toda la estructura, está abierto al cambio.

herencia evolutiva y usar un calcáneo que nos permite permanecer de


pie fácilmente y con libertad para emplear mejor los brazos y la
cabeza.
Al principio de esta sección señalé que en la fase de liberación
pélvica nos enfrentamos al punto clave de la alineación del cuerpo y la
estructura del carácter. Dos personajes ficticios ilustran el papel
desempeñado por la pelvis (ver dibujos en página 87). El pato Donald
parece ir en cuclillas, con pies y piernas rotados hacia afuera. Tiene la
pelvis inclinada y el vientre hacia delante. Es el tipo anal clásico:

atorado, frustrado, enojado y burlado con desafíos continuos en sus


intentos de ejercer autoridad. Nunca aprende de sus experiencias. El
segundo personaje, Pinocho, tiene una pelvis que soporta la caja
torácica y la cabeza, permitiendo que las piernas funcionen
libremente. En principio se trata de un tipo fálico. Pese a ser joven y
algo ingenuo, sobrevive a sus dificultades y sigue adelante. Al final se
convierte en genital, es decir humano. Se llena de carne y madura. Es
un caso de orientación pélvica y de cómo las cualidades internas de
receptividad y apertura llevan a la fuerza extrínseca, en tanto que la
dureza extrínseca sin sensibilidad interna le deja a uno
desesperadamente encallado.

Fase IV: Liberación de cabeza y cuello

Salimos de la cabeza

La cuarta parte del proceso de liberación nos lleva a la cabeza y


el cuello, área compuesta de un laberinto de pequeños músculos
interiores y envolturas miofasciales, rodeadas de capas externas
protectoras. Dentro de la boca, el cuello, la nariz y los ojos tenemos
tejidos que retienen emociones profundas e intensas y que, en
términos evolutivos, pueden verse como parte de nuestro comienzo
como mamíferos y, antes de eso, como reptiles.
Almacenamos esas emociones y actitudes básicas en el cuello o
la cabeza como reacción a los traumas y dificultades que no queremos
enfrentar. El adolescente, al no poder satisfacer sus deseos sexuales,
tal vez se dedique a actividades intelectuales. El bebé que no puede
sostener bien la cabeza tras el susto de que se le cayera
accidentalmente de un hombro o una almohada, empieza a endurecer
el cuello en actitud crónica de desconfianza y previsión.
El trabajo profundo en la estructura intrínseca de la cabeza
juega dos papeles especiales: da salida a la expresión de los
sentimientos intrínsecos encerrados en el núcleo pélvico y ayuda a
conectar toda la estructura intrínseca de la persona, desde la pelvis
hasta el corazón y la cabeza.
FIGURA 24

Esta sección transversal del cuello muestra una capa externa superficial,
una intermedia y otra profunda de fascia, un complicado laberinto y envolturas
miofasciales (líneas de rayitas) que retiene emociones profundas e intensas. Como
cabeza y cuello son una salida de la energía liberada en otras partes del cuerpo, es
importante que el terapeuta trabaje a menudo con esas profundas estructuras
intrínsecas.

Si siguiéramos con exactitud la secuencia tradicional del


rolfing, se trabajaría en la pelvis antes de liberar la parte interna de la
cabeza, lo cual contrasta con las estrategias de Reich.* Él centra su
atención en la coraza de los ojos, boca y cuello antes de descender
hacia la coraza intrínseca de la pelvis. Considera importante movilizar

* Orgone, Reich and Eros, op.cit.

FIGURA 25
y abrir la energía de la cabeza para que los sentimientos
potencialmente explosivos, liberados al trabajar en la pelvis, puedan
canalizarse fuera de la persona a través de la cabeza, es decir, mediante
gritos, llanto, mordidas o succión.
Por esta razón, incluso durante la fase inicial de trabajo con la
fascia superficial empiezo a actuar en la cabeza (por ejemplo dentro de
la boca y la nariz). Cuando llego a la tercera fase (liberación de la
pelvis) la cabeza está bastante libre como para servir de canal de
ventilación a la profunda frustración e ira que suele encerrar la pelvis.
La experiencia me ha demostrado, sin embargo, que es
peligroso trabajar en exceso y demasiado pronto en las estructuras
emocionalmente primitivas de la cabeza. Puede hacer falta un trabajo
FIGURA 26

previo en la pelvis porque quizás estamos demasiado “en la cabeza”.


Por tanto, yo combino la estrategia de Rolf y la de Reich.
Liberar la parte interna del cuello y la cabeza es importante no
sólo como válvula de escape de la energía pélvica y relajación de la
coraza, sino para crear un cuerpomente más unificado y conectado.
Durante el trabajo, los sentimientos sexuales de la pelvis pueden unirse
a una amorosa apertura del tórax subir hasta la energía expresiva de la
cabeza. O sea que insisto una vez más en que centremos en una parte
del cuerpo (cuerpomente) no es suficiente. Tras aflojar el área pélvica
por dentro y por fuera, suelo encontrar que la posición estructural de la

FIGURA 27

pelvis no ha cambiado mucho debido a la mala alineación del cuello y


la cabeza. Cuando está tan desplazada (como en el caso del hombre
muy ansioso que, literalmente, va delante de sí mismo) el trabajo
extensivo alrededor de la pelvis (en un intento de ablandar una espalda
demasiado arqueada) tiene poco efecto visible hasta que el cuello y la
cabeza puedan retroceder hacia la línea vertical de equilibrio del
cuerpo.
El tejido que empuja el cuello hacia adelante es un endurecido
laberinto de envolturas fasciales (tiroidea, carótida y cervical profunda)
sujeto en un extremo por la lengua y en el otro por la mitad de la región
posterior del cuello (vértebra cervical intermedia). Para aflojarlo
trabajamos directamente en la base de la lengua, a lo largo de las
suaves encías, donde se almacenan muchos recuerdos lejanos. Después
la boca está más espaciosa y la región posterior del cuello se ablanda,
se extiende y retrocede.
De nuevo trabajamos con la horizontalidad. El tejido que
envuelve el cuello, al empujarlo hacia delante, funciona como un psoas

que trabaja mal. Cuando extendemos y alargamos el cuello, damos al


tejido una oportunidad de retroceder, de la misma forma que el psoas
puede también moverse y trabajar menos. Así el mentón cae con
facilidad hacia delante y quede espacio para que las vértebras
superiores (atlas y axis) se inclinen. El trabajo en la base del occipucio
(ligamento de la nuca ). Esta bisagra liberada en el cuello y la cabeza
empieza entonces a trabajar con la lumbo-dorsal de la pelvis.
Otra parte importante de la horizontalidad es el movimiento del
cráneo. Si cuello y mentón están avanzados (o en algún caso raro
demasiado rezagados)las conexiones del cráneo (fontanelas) reflejarán
el estrés: quizás la cabeza es puntiaguda por delante (en la fontanela
anterior) y aplanada por detrás. Para muchas personas, incluso para los
científicos, es difícil entender y aceptar que esas suturas del cráneo no
son huesos inmóviles y soldados sino que algunas pueden literalmente
moverse y respirar. Cuando una cabeza liberada funciona
horizontalmente el cráneo late suavemente en forma más limitada que
en la cabeza de un bebé. Algunas claves para lograr esta movilidad son
aflojar el cuero cabelludo, ampliar el paladar, mover los huesos de las
mejillas y el esfenoides (que atraviesa la cabeza por detrás de los ojos).
Cuando el cráneo se mueve la respiración sube y baja por toda la
estructura con vibraciones suaves. ¿Has observado qué ligeras se ven
las estatuas de Mercurio? Vuelan (vibrando, comunicándose) con alas
que les salen a los lados de la cabeza, en la minúscula unión de varios
huesos del cráneo (fontanela ptérica).
Cuando la cabeza y cuello se liberan, también lo hacen algunos
centros reguladores inconscientes (ganglios autónomos) del sistema
nervioso: el ganglio cervical superior autónomo que controla ojos,
oídos e interior de la cabeza; el intermedio, que controla corazón y
circulación; el inferior, que controla corazón, pulmones y respiración; y
el nervio vago. Todos empiezan a disponer de una mayor libertad para
realizar mejor su función y cooperar entre sí. Aquí es donde el trabajo
en las diferentes partes de la estructura comienza a crear efectos
recíprocos. El trabajo en el ganglio del impar durante la sexta sesión,
lleva después a una sutil armonía eléctrica arriba y abajo de los centros

(plexos) del sistema autónomo. Este tipo de interacción ayuda a


reafinar el sistema nervioso. En la siguiente sección quiero esbozar una
teoría de respuesta nerviosa, la teoría de la puerta, que explica en parte
cómo esta reafinación puede darse durante el trabajo corporal holístico.
Crear alineación entre la pelvis y la cabeza incluye la apertura
radial de la caja torácica, como paracaídas o paraguas, para permitir
que la cabeza se mueva arriba mientras piernas y pelvis se balancean
abajo.* (Ver ilustración hacia el principio del Capítulo 5). Ese es, desde
luego, un cambio general, un fenómeno del cuerpomente entero. El
hombre muy acelerado sólo se centra liberándose de sus violentas
ambiciones y su energía sexual reprimida. Únicamente así podrá
mostrarse receptivo a sus auténticas necesidades.
Para sentir la conexión entre cuello, espalda y pelvis, haz el
siguiente ejercicio:

Siéntate al borde de una silla con los pies en el suelo y


deja caer los brazos a ambos lados del cuerpo
manteniendo los hombros en su lugar. Deja caer el cuello
(sólo el cuello) poco a poco, una vértebra cada vez,
comenzando con las de arriba (atlas y axis). Cuando
acabes con el cuello continúa con la espina dorsal hasta
llegar al cóccix. Luego enderézate, también de vértebra
en vértebra, asegurándote de no usar la cabeza para
lograrlo. Tras hacerlo varias veces, observa la
continuidad del cuello, espalda y pelvis y su forma
coordinada de fluir.

En esta etapa del proceso (trabajo en la cabeza) la liberación


general llega a un punto en que nuestro interés va más allá de aflojar la
vieja coraza encerrada en segmentos corporales individuales. Ahora nos
ocupamos de que éstos se muevan a la vez en equilibrio mutuo. Esta es
la meta de la segunda etapa, sesiones 8, 9 y 10 (la integración del

* Comparar con imágenes de


The Thinking Body, Mary E. Todd, Nueva York: Dance Horizons, 1973

cuerpomente) de la que trataría el siguiente capítulo. Pero antes veamos


algo más del proceso de liberación, ahora desde el punto de vista de la
experiencia del cliente.

Experiencia de la liberación

Establecemos contacto, nos reconocemos y autoafirmamos

Esta etapa ayuda al individuo a disolver la coraza protectora


acumulada en las diversas capas y segmentos del cuerpomente. La
liberación se siente gradualmente al irse aflojando el tejido; los
movimientos son más espontáneos y pensamientos y sentimientos
quedan liberados. Este proceso dista mucho de ser un simple cambio
técnico o mecánico. Como veremos en el Capítulo 6, los terapeutas
tiene que saber cuánta presión pueden tolerar individuos en un
momento dado. Deben trabajar en la frontera que hay entre el masaje
relajador y la penetración profunda, y a veces dolorosa, en el tejido
muscular. Si la presión es escasa no se evoca nada nuevo y, si es
demasiado profunda o rápida, se refuerza la coraza. El individuo
necesita enfrentarse a su coraza a un ritmo gradual que le dé tiempo a
asimilar y analizar lo que sucede. Pero en último caso, del individuo
depende ser receptivo al trabajo del terapeuta, experimentar esas partes
de su yo rechazadas e inconscientes.
Como expliqué en el capítulo anterior, tanto si la coraza adopta
la forma de defensa dura o de almohada suave, su desarrollo inicial es
una manera de evitar el dolor y desagrado y luego se convierte en el
modo habitual de soportar el sufrimiento. Experimentar esa coraza
equivale a liberarnos de antiguas actitudes y posturas, lo cual no
significa eludir o destruir nuestra historia única y personal. Es un
proceso notable en el que nos liberamos del pasado incorporándonoslo.
Nos ponemos en contacto con la coraza, reconocemos su papel en
nuestra vida y la reivindicamos como parte nuestra. Sólo así se podrá
liberar.
A veces nos insensibilizamos tanto que no vemos nuestras
defensas y creamos continuamente un entorno en el que no tropecemos

con problemas y donde todo resulte seguro y sin incidentes. La primera


condición para la transformación es sentir que estamos incompletos,
frustrados. Durante la etapa de liberación de la Integración por la
Postura, llega un momento en que los clientes empiezan a experimentar
su resistencia al cambio. Sin este primer paso, ni la manipulación del
tejido, ni la respiración profunda, ni el movimiento guiado o la
afirmación mental y espiritual, pueden lograr una liberación
significativa y duradera de la coraza.
El segundo paso es reconocer que la frustración, esa sensación
de estar incompletos, es el auténtico problema. Mientras papá, mamá o
la sociedad sirvan de chivo expiatorio como causa de mi problema,
permaneceré atorado aunque esté consciente de que lo tengo. De igual
forma, si “ese dolor de espalda”, “esos pies adoloridos” me controlan,
quiere decir que todavía no he aceptado o reconocido mi coraza como
lo que es: una defensa contra mí mismo. La liberación que siento al
soltarla no es un suceso misterioso en el que alguna fuerza externa me
alivia mi carga. Cuando el terapeuta me golpea al cuerpo necesito estar
dispuesto a decir “estoy resistiendo”. Al reconocerlo tal vez sienta la
lucha conmigo mismo o note sólo mi resistencia.
Finalmente, como último paso necesito afirmar que no estoy
completo y que dolor y frustración son partes mías importantes y
gratas. Cuando me responsabilizo de crear mi dolor, también lo acepto
como parte mía vital y valiosa. Aquí tenemos una aparente paradoja: en
el momento en que acepto de verdad mi indeseable actitud me libero de
ella. Por ejemplo, cuando acepto el odio a mi padre, ese odio resulta
completo, total y poderoso y ya estoy listo para otros sentimientos:
ahora que odio a mi padre puedo también quererlo más plenamente. El
dolor surge del trabajo en tejidos profundos se transforma. Ya no es
puro dolor sino una parte mía que acepto y afirmo, una liberación de
una vieja herida. Me libero de mi pasado incorporándomelo.
Para entenderlo mejor necesitamos un enfoque de la conciencia
que no trate el cuerpo como objeto analizable y manipulable. En
muchos modelos occidentales clásicos de conciencia se la suele situar
en un lugar “aquí” mientras al objeto se sitúa “ahí” y tratamos de

EJERCICIO 6
Si avanzas el cuello y levantas mucho el mentón,
parte del problema está en la zona posterior del cuello,
donde los largos músculos de cada lado de las vértebras
jalan hacia abajo la parte posterior del cráneo. Como la
cabeza funciona sobre un eje horizontal, tiene que
inclinarse hacia adelante y hacia abajo, mientras los
músculos de la nuca se relajan y alargan.
Coloca los codos sobre una mesa como para
apoyar la cabeza pero con los dedos en el cuello.
Mientras respiras profundamente, deja caer el mentón,
aplana la parte posterior del cuello y empuja hacia abajo
la cabeza, deslizando los dedos entre el tejido de su base.
Deja que penetren y atraviesen las dos estructuras tipo
soga (músculos de la cabeza). Asegúrate de no levantar el
mentón e imagínate que tu cuello y espalda se alargan
como una caña de pescar ligeramente inclinada sobre el
agua.
Para ser alto y largo no necesitas elevar el mentón,
pues la largura tiene su origen en la relajación de la
columna, no en el excesivo afán de tratar de parecer alto
con el mentón y la nariz.

ampliarla analizando las diversas partes del objeto o evento en


condiciones controladas. De acuerdo con esto, yo considero el dolor de
la parte baja de mi espalda como problema que estudiar, como efecto
de causas que confío entender y eliminar. Sin embargo, el problema es
precisamente separar el dolor de mí. Mientras lo considere algo ajeno a
mí me acorazo contra la posibilidad de explorarlo de verdad y
liberarme de él.
Los enfoques Zen y Gestalt de la conciencia dicen claramente
que la experiencia de liberación es un proceso de afirmación previa de
partes ajenas a nosotros. Cuando hago contacto, admito y afirmo
plenamente una parte mía, me convierto en ella. En el Zen yo me uno
totalmente al objeto, soy el observador y el observado. Haz el siguiente
experimento:

Compra un arco con flechas de punta roma que


queden pegadas en el momento del impacto. Sitúa
el blanco a pocos metros de distancia y trata de dar
en él varias veces. Después, con los ojos vendados,
medita en el blanco y siente que te fundes con él.
Dispara de nuevo pero sintiendo ahora que
disparas una parte de ti mismo. Tras mejorar el tino
a distancia corta, auméntala. Este ejercicio hay que
practicarlo a menudo y depende claramente del
desarrollo de tu capacidad de meditar.

En terapia Gestalt ilumino el pasado en parte inconsciente de


mi experiencia dejándole hablar claro. Cuando el terapeuta se encontró
con la desarrollada coraza de la parte baja de mi espalda, sentí el
contacto, reconocí mi resistencia a lo que había en lo más profundo de
mi ser y ahora empiezo por fin a reafirmar esa parte estando en ella,
hablándome desde ella. “Jack, duelo, tienes que aminorar tu paso diario
y darme la atención que merezco.” Y aunque este diálogo no avance
más, ya he comenzado a liberar la defensa inconsciente acumulada en
la espalda. Sin embargo, como veremos en el siguiente capítulo, este
diálogo puede continuar. No sólo puedo liberar mis partes acorazadas
FIGURA 28

De acuerdo con una de las explicaciones tradicionales, el dolor es una


respuesta cerebral condicionada a un simple estímulo externo al tejido. Pero esto
no explica la contribución del tejido local a la experiencia del dolor. Lo que
experimentamos como tal depende de la forma en que dicho tejido permite recibir
el estímulo; depende de la “memoria” almacenada en los tejidos. Aquí vemos una
alternativa al modelo clásico. El sistema nervioso es una unidad recíproca o sea
que los cambios en cualquier parte afectan a las demás; utiliza una complicada
serie de puertas que se abren y se cierran cuando los estímulos atraviesan los
receptores locales.

sino que a través de ellas puedo comunicarme con otros aspectos de mí


mismo que necesitan cooperar mutuamente y ensayar movimientos,
sentimientos y pensamientos nuevos.
Otra forma de comprender la experiencia de liberación de viejas
actitudes y posturas es ver el dolor que surge como un acontecimiento
del sistema nervioso especial y transformador. De acuerdo con la teoría
de la especificidad,* una de las explicaciones más aceptadas sobre la
naturaleza del dolor, un simple estímulo externo en los extremos
nerviosos del tejido muscular lleva a una respuesta general
condicionada, que experimentamos como dolor; pero esto no explica la
contribución directa del tejido local (y su memoria muscular) a la
experiencia del mismo. Lo que se experimenta como dolor no depende
sólo de la respuesta del cerebro (y su memoria muscular) a la
experiencia del mismo. Lo que se experimente como dolor no depende
sólo de la respuesta del cerebro (y a su vez de las respuestas
generalizadas en todo el sistema) sino también de la forma en que el
tejido local permite que el sistema reciba el estímulo. La teoría de la
especificidad no explica adecuadamente el papel que juegan la coraza
y su liberación en determinar la reacción a dicho estímulo.
Una forma alternativa es considerar el sistema nervioso como
unidad recíproca que cambia en una parte afectando a todas las demás.
De esta forma, la actividad nerviosa general no sólo está controlada por
el tronco del cerebro sino que los centros inferiores tienen también un
papel importante. El sistema nervioso es entonces un complicado
conjunto de puertas que se abren y se cierran al pasar los estímulos por
los receptores locales. Lo que siento en un determinado lugar no
depende sólo de la respuesta del cerebro sino de cómo controla esas
puertas el tejido local. Es como si las puertas de una cierta parte del
cuerpomente fueran “puestas” por una dolorosa experiencia anterior,
por una coraza protector que “bloquea” el tejido dentro y alrededor del
músculo.
Si la coraza se considerara permanente e inalterable, la teoría de
la especificidad explicaría gran parte de nuestra conducta “atorada”,
pues las puertas permanecerían en su posición habitual y su influencia
sería siempre la misma. Pero en el proceso de liberación parece que

* The Puzzle of Pain, p. 126.

podemos “reabrir” algunas. Según esto, cuando el terapeuta penetra las


defensas corporales estimula de nuevo el tejido y el cliente puede
volver a experimentar los recuerdos, los eventos almacenados en los
músculos. Parece que el acto de volver a experimentar plenamente el
dolor es parte del proceso de disolver la coraza. De ahí en adelante las
puertas ya no están sujetas por ella sino libres y listas para volver a ser
colocadas por nuevos tipos de experiencias integradoras.

Hilda vino con un problema crónico en el cuello y


mientras yo trabajaba en la fascia del mismo durante la
séptima sesión, tensó al principio los hombros, cuello y
cabeza, a la vez que gruñía poniendo resistencia a mi
lento avance entre los grandes músculos laterales. Le
pedí que pusiera su conciencia en ellos y “se convirtiera”
en su cuello. Primero se puso a la defensiva. “Tenemos
miedo de que nos lastimes más”. Luego, “Somos unos
músculos muy duros; estamos cansados de estar siempre
en guardia”. Le animé a que sintiera más dolor y de
repente algo olvidaba hacía mucho tiempo le volvió a la
mente con todo detalle: “Voy corriendo por el patio, me
doy un golpe en la cuerda de tender y quedo
inconsciente”. Sintió que se moría. Le dije que
experimentara la muerte que había escondido en el cuello
todos esos años. Vibraciones y destellos cálidos le
subieron y bajaron por todo el cuerpo. Un inmenso placer
la inundó y su cuello se aflojó y se alargó. Por primera
vez en su vida quería girar y mover la cabeza.
Capítulo 4

EQUILIBRIO, RESPIRACIÓN
Y ENERGÍA

Trata de colocarte en una posición más erguida y observa que si


mantiene hacia atrás los hombros estiras los músculos situados entre
los omóplatos; al levantar el tórax es probable que arquees la espalda.
Si normalmente tienes los hombros hacia atrás y la pelvis derecha,
nota lo tenso que están el vientre y los glúteos. Siempre que tratamos
de mejorar el equilibrio físico adoptando lo que consideramos una
buena postura, sólo logramos un éxito temporal reacomodando partes
aisladas de la estructura o, si logramos mantener esa postura algún
tiempo, nos volvemos rígidos e inflexibles.
Ahora trata de relajarte por completo. Tal vez descubras que
estás más a gusto en posturas completamente pasivas, por ejemplo
acostado; pero si tratas de sentarte, ponerte de pie o caminar
relajadamente, quizás te desplomes o camines con más indolencia que
nunca. Esto muestra que sólo podemos relajar y extender los músculos
en la medida en que las endurecidas estructuras miofasciales que los
rodean nos lo permitan.
Puede que a veces alternemos entre tratar de mantenernos
derechos y liberarnos de las tensiones. Pero nuestro malestar en
ambos casos suele aumentar con la edad, y la flexibilidad general
disminuye al endurecerse los tejidos y restringir nuestro campo de
acción.

Desde un punto de vista emocional y mental, tal vez nos


veamos atrapados en un interminable ciclo de exaltación y depresión,
como el caso de Edith Piaf. Entre su nacimiento y su muerte pasó de
cantante callejera a artista famosa, en una vida tipo montaña rusa de
estrellato y fracaso, renacimiento y colapso, amor y muerte. Cuando la
perspectiva de vivir así nos parece demasiado arriesgada y agotadora,
quizás tratamos de llevar una existencia uniforme, segura, medio
inconsciente, a mitad de camino entre ambos extremos.
La alternativa a esas trampas que creamos en cuerpo y mente es
un equilibrio unificado del cuerpomente fluido y estable a la vez que
abarca un amplio margen de experiencia. Y el primer paso para
lograrlo es liberar la tensión acumulada en los músculos y
pensamientos y sentimientos bloqueados. Cuando empezamos a
abrirnos, a soltar lo de dentro y lo de fuera, disolvemos la vieja
coraza protectora y somos más espontáneos.
El segundo paso es establecer en nuestro interior un patrón
integrador que nos permita libremente de una postura y experiencia a
otra sin perder la sensación de continuidad. Esta es la labor de la
segunda etapa del trabajo holístico del cuerpomente, sesiones 8, 9 y
10. Pero primero veremos en qué consiste el equilibrio y cómo la
respiración y la liberación previa son partes esenciales para lograrlo.
En el siguiente capítulo, “Buena afinación del cuerpomente”, nos
ocuparemos de los detalles del proceso de integración.
Equilibrio como energía circulante

Flujo ininterrumpido
Al lograr el equilibrio, corteza y núcleo desaparecen y sólo
queda el ritmo de la energía fluyendo naturalmente hacia fuera y hacia
Dentro como el flujo y reflujo de las mareas. Desde una perspectiva
física, este ritmo es un movimiento libre de todo el cuerpo como unidad
singular, funcional e integrada. Es un balanceo y vibración que forman
parte de una onda vertical en continuo ir y venir entre la cabeza y los
pies. Por ejemplo, la liberación interna y externa de la ira pueden

abrirme a la alegría y hacer que sea más receptivo, más triste e incluso
temeroso. Desde una perspectiva cognoscitiva, mis pensamientos son
percepciones continuamente modificadas por las demandas externas
siempre variable de mi experiencia práctica.

Durante una sesión de trabajo corporal que me dieron dos


amigos, Blanca Rosa Añorve (directora del Instituto de
Integración por la Postura de México) y el Dr. Rafael
Estrada Villa (siquiatra, director del Instituto Wilhelm
Reich) sentí en mi interior una tristeza inmensa. A
diferencia de otras veces, en que hasta cierto punto había
consentido en llorar, esta vez sollozaba sin control y vi
con sorpresa que de mi pecho emanaba una sensación de
agitación y vibración que se extendía al resto del cuerpo.
Y no sólo era tristeza, eran también alegría, aceptación,
amor, ira y temor, todos mezclados pero conservando su
carácter distintivo. Entonces caí en la cuenta de que había
estado usando un sentimiento para cancelar otro, pero
ahora podía rendirme del todo a sentimientos nuevos sin
perder los viejos.

En todos los niveles del cuerpomente (físico, emocional y


mental; interno y externo) el sentido de unidad surge al dejar que una
experiencia siga a otra sin interferencia. Ya hemos visto que cuando
tratamos de preservar el pasado como protección contra lo que una
vez fue doloroso, nos dividimos y acorazamos. Sin embargo, una
experiencia unificada del yo no es simplemente la libertad de cambiar
de un momento al siguiente, es un proceso continuo que se
autoalimenta.
La energía se acumula, se libera y vuelve a acumularse. Las
emociones surgen y se expresan para volver luego a surgir. Los
pensamientos empiezan, se llega a conclusiones y después se confirman
o se modifican. Este ciclo de energía difiere del cambio porque éste
pierde la continuidad. Es una energía diferente de la vida fluctuante y
llena de altibajos, en el sentido de que cada experiencia del
cuerpomente está completamente en sí misma pero conduce a la
siguiente experiencia sin interrupción; las acciones corporales se
completan a sí mismas al conducir a nuestros patrones. Las emociones

se expresan totalmente pero contribuyen a sentimientos nuevos. El


pensamiento se convierte en una serie continua de conclusiones
revisables. Es el hecho de estar completos lo que da energía y libertad
para que el siguiente momento de experiencia sea un principio nuevo
no acorazado. Al trabajar con Blanca Rosa y Rafael vi que era libre de
comprometerme del todo para acumular y liberar mi energía en cada
momento.
También podemos contemplar este ciclo desde el ángulo de
nuestra experiencia interna y externa. Quizás elijamos contraer, retirar
la energía a nuestro interior y luego liberarla hacia el exterior; un
movimiento continuo y completo. Este ciclo me resultó muy claro
trabajando con Blanca Rosa y Rafael. Con cada “sollozo” sentía que
me retiraba al interior y luego explotaba hacia fuera; lo que me sostenía
era mi decisión de permitir que esto continuara.
En capítulos anteriores me referí a este movimiento cíclico
como carga y descarga de energía. La aumentamos gradualmente hasta
un nivel máximo de armonía y luego la descargamos en preparación de
la siguiente experiencia. Esto se parece a lo que Reich llamó fórmula de
los cuatro tiempos: tensión, carga, descarga, relajamiento.* Como él, he
visto que la respiración sin obstáculos es la clave para ayudarnos a
lograr un flujo libre de la energía, para encontrar un equilibrio entre las
actividades de carga y descarga. Veremos brevemente cómo la
respiración libre estimula una liberación de la coraza y nos ayuda a
encontrar este tipo de equilibrio circulatorio, pero antes quiero
mencionar otras formas de verlo como resultado de un ciclo de energía.

Ponte cómodo para hacer respiraciones profundas.


Empieza respirando despacio y aumenta el ritmo
gradualmente yendo más despacio y más aprisa; a veces
inhalando más que exhalando y otras a la inversa.
Transcurridos cinco o diez minutos encuentra un ritmo
que te convenga y sigue haciéndolo sin interrupción otros
quince o veinte minutos. ¿Descubriste que en
determinado momento respirabas sin esfuerzo y que las
inhalaciones y exhalaciones se uniformaban?

* The Function of the Orgasm, Wilhelm Reich, Nueva York: Noonday Press,
1942.

Hasta ahora he considerado que los momentos individuales de


la experiencia atraviesan un ciclo de cambio, pero también podemos
ver todo el lapso de la vida como algo cíclico. Todos nacemos,
maduramos, morimos y alguna parte nuestra contribuye a la vida que
continúa. Es muy común que al nacer o antes nos quedemos
bloqueados y el resto de nuestra vida repitamos una y otra vez ese
papel acorazado. Si trabajamos mucho para llegar a este mundo, tal
vez nos esforcemos mucho para completar las tareas diarias, pero si
nacimos mediante cesárea tal vez nos inclinemos a dejar que las cosas
nos sucedan. Cuando estamos dispuestos a analizar nuestra actitud
inconsciente hacia el nacimiento mediante una especie de
renacimiento, aprendemos a rendirnos y renovar cada momento
aceptando y usando la experiencia pasada. Creamos un flujo
equilibrado, auto-nutritivo en nuestra vida. Más adelante veremos
cómo la experiencia del renacimiento puede realzar el proceso de
integración durante el trabajo corporal profundo.
También veremos cómo aplico una antigua teoría china del
equilibrio al trabajo corporal profundo. Según el modelo taoísta de los
cinco elementos usado en acupuntura (o acupresión) hay una profunda
circulación de “chi”, es decir de energía vital. Está organizada en
elementos que corresponden a las estaciones del año: agua en
invierno, madera en primavera, fuero en verano, tierra para el final del
verano y metal en otoño. Cuando nuestro chi goza de salud, fluye
libremente de un elemento a otro como las estaciones del año. Pero si
tenemos, por ejemplo, demasiado fuego, demasiado entusiasmo,
quizás sobrecargamos una parte quitándolo a la siguiente, tierra, que
nos permite ablandarnos y ser receptivos a la energía chi circulante.
Por último, hay otra forma de considerar el equipo como algo
cíclico: cuando estamos equilibrados también estamos en armonía
fisiológica y gravitacional con nosotros y la tierra. En el capítulo
anterior vimos cómo al liberar la fascia atorada damos libertad a los

músculos para igualar sus contracciones entre sí y de esta forma


equilibrar y alinear los principales segmentos del cuerpo. Pero eso no
es una condición estática: en el equilibrio vertical del cuerpo hay
movimientoconstante, una onda sutil de contracciones y
contracontracciones que circula entre la cabeza y los pies. Y sólo
cuando tratamos de mantenernos en una determinada posición vertical
empezamos a acorazarnos e impedir que los planos de fascia lleven a
cabo la vibración adecuada.

Respiración y liberación

Cargamos y descargamos completamente


Antes de ocuparnos del papel esencial de la respiración en el
equilibrio del cuerpomente veamos su papel durante la liberación, que
es la primera etapa del proceso. En esta liberación el terapeuta trabaja
con las formas habituales de bloquear y controlar la respiración. Si
inhalamos demasiado aire (el otro extremo sería estar jadeando, no
poder respirar) formamos energía sin consumir del todo, que se va
acumulando. Por otra parte, si soltamos el aire con una exhalación
prolongada y contraída, retrasando nuestra necesidad de recibirlo,
literalmente nos excedemos, nos agotamos. A diario vemos ejemplos
de esto: el hombre activo, agresivo, que mantiene el pecho hinchado,
o la mujer pasiva, indiferente, que hunde el pecho y endurece el
diafragma.
Puedes probar estos ejercicios:

Inhala tan profundo y tan alto que el torso se te vaya


hacia atrás. Sin exhalar del todo vuelve a inhalar lo más
profundo posible y sigue repitiendo este patrón unos
minutos. ¿Sientes que retienes tu energía y sentimientos?
Ahora al revés: durante varios minutos exhala lo más que
puedas pero no inhales del todo. ¿Sientes que se te escapa
la energía? ¿Qué te derrumbas?

Una manera de liberar la coraza es estimular al cliente a llevar


más lejos el desequilibrio de energía. Cuando alguien está
sobrecargado, le suelo animar a cargar todavía más mediante
inhalaciones más profundas y más rápidas, hasta que la acumulación
de energía produce una descarga. Por otra parte, cuando una persona
tiene poca energía, le animo a exhalar más hasta que, ya exhausta,
comienza automáticamente una mayor inhalación y así se recarga. Yo
coordino mi entrada al tejido corporal con estos patrones de
respiración. Suelo palpar rápida y provocativamente a la vez que
hacen las exhalaciones fuertes, para llevar la energía más allá del
punto de liberación; y después trabajo con maniobras e inhalaciones
muy lentas a la vez que muevo y organizo las capas de fascia.

Juan era un bromista que se reía ruidosamente de sus


propios chistes al punto de toser y casi ahogarse. Cuando
traté de tocarle le daba la risa tonta y se alejaba de mí,
impidiendo que pudiera trabajar despacio en él. Le hice
exhalar lo más fuerte y rápido posible mientras le
pellizcaba, agarraba, hurgaba y pinchaba al cuerpo. Al
final su risa histérica se convirtió en rabia y luego quedó
exhausto. Por último, cuando inhaló suave y plenamente,
pude meter los dedos lentamente a través de las grandes
envolturas de fascia que le rodeaban el tórax.
Otra forma de liberar la coraza es no prestar atención a esa parte
del ciclo respiratorio que ha trabajado demasiado y concentrarse en la
descuidada. Si la exhalación del cliente es excesiva, si hay demasiada
descarga, le ayudo a suavizarla y disminuirla a la vez que apoyo
inhalaciones más profundas especialmente en las zonas descuidadas
del tórax, vientre o espalda. Y a la inversa, cuando la inhalación es
excesiva, dedico mi atención a una mayor exhalación estimulando la
fuerza y sonido exagerados. En estos casos muevo las manos despacio
y profundamente mientras me concentro en la inhalación o en la
exhalación.*

*Se pueden consultar ejercicios interesantes de liberación de la respiración en


Atme Richtig, Hiltrud Lodes, Munich: Ehrenwirth, 1977

Mírate en el espejo y ve la relación entre la parte superior


del tórax y el diafragma. ¿Estás más extendido e inhalas
más en el primero o en el segundo? Si vez que descuidas
las inhalaciones diafragmáticas, acuéstate boca arriba,
levanta la pelvis sobre los codos y respira en el vientre y
parte posterior de la espalda, pero sólo abajo, no en el
tórax. Empieza despacio y aumenta gradualmente el
ritmo de inhalación y exhalación, asegurándote de que la
primera, la carga, es mayor que la segunda. ¿Te parece
después que las inhalaciones superior e inferior se han
igualado? ¿Sientes que tienes más energía? Si notas que
descuidas inhalar en el tórax, acuéstate boca arriba y
lleva las rodillas a la cabeza hasta que toquen el suelo o
el punto más lejano posible. El mentón quedará enterrado
en el tórax; jadea entonces con respiraciones cortas en la
parte superior del mismo, dejando que la inhalación sea
mayor que la exhalación. No inhales en el diafragma.
¿Sientes luego que se ha igualado la inhalación?

Respiración y equilibrio

Vibraciones espontáneas
Sin embargo, no basta con atravesar y liberar los bloqueos
respiratorios y su coraza. Es preciso tener un patrón estable en el ritmo
respiratorio y en las estructuras mentales y emocionales. Este equilibrio
no es algo estático, físico o una actitud invariable; es la forma dinámica
y variable de mantener la unidad de todo el ser. La respiración funciona
como parte del cuerpomente entero y ayuda a establecer un equilibrio
flexible encontrando un nivel de carga y descarga recurrente en el que
nuestra energía permanece igual y se autoalimenta.
Un ciclo completo no es sólo una formación repetitiva de
energía seguida de una descarga y luego de otra carga. Y tampoco es
una contracción continua, seguida de una expansión también continua y
luego de otra contracción. Un ciclo no acorazado de energía se
compone de muchos ciclos menores, igual que un orgasmo se compone

de una serie de orgasmos menores que suben y bajan. Esto lo vemos en


el ritmo de la respiración libre y espontánea.
Cuando dejo mi respiración libre de verdad, el ritmo no consiste
simplemente en aspirar y espirar; cuando inhalo, vibro a través de toda
la caja torácica y el aparato respiratorio puede momentáneamente ir
más despacio o impedir la entrada del aire con sutiles contra-presiones,
para luego continuar inhalando hasta que me vuelvo a detener. Por
tanto, la inhalación consiste en una acumulación de pequeñas
inhalaciones con algunos leves movimientos contrarios tipo exhalación.
Esta es justo al revés: tiene “inhalaciones” parciales momentáneas.
Esta operación es en realidad una interacción de los grupos de
músculos agonistas y antagonistas que regulan la respiración. Los del
serrato superior posterior de la parte alta de la espalda, por ejemplo (ver
ilustración), levantan y abren la caja torácica durante la inspiración,
mientras los del serrato inferior posterior de la parte baja tiran hacia
bajo y hacia dentro durante la exhalación. Con sus movimientos
alternos y opuestos, se frenan y liberan sutilmente uno a otro para
acabar levantando o bajando del todo la caja torácica.

Respira mediante inspiraciones cortas y detente,


exhalando un poco tal vez; después vuelve a inhalar y
espera hasta que estés lleno de aire soltándolo entonces
con una serie de respiraciones breves. Haz una
exhalación corta, pequeña y explosiva, cortando
bruscamente e incluso inhalando ligeramente antes de
seguir con otra corta. Repite este ciclo varias veces.
Después respira normalmente, sin dudar. ¿Notas más
variedad y vibración en tu respiración?

La masa total posible de aire no se mueve con cada inhalación y


exhalación. La profundidad y volumen de la respiración varían
continuamente según las demandas físicas, emocionales y mentales, y
ésta puede cambiar de dirección en cualquier momento. Una inhalación
puede convertirse a mitad de camino en exhalación. El efecto general
es una oscilación del torso espontánea y ondulada que se extiende por
todo el cuerpo.

FIGURA 29

En la respiración espontánea, el movimiento de la caja torácica es una


interacción de grupos de músculos oponentes (agonistas y antagonistas). Los del
serrato superior posterior en la parte alta de la espalda, y los del serrato anterior a
ambos lados del cuerpo, levantan y abren la caja torácica durante la inhalación. El
grupo del serrato posterior inferior, en la parte baja de la espalda, trabaja
antagonísticamente empujando hacia abajo y hacia dentro las costillas durante la
exhalación.
Es precisamente este carácter espontáneo y variable de la
respiración no acorazada lo que le permite ser completa. Al poder cada
inhalación o exhalación parar o cambiar, pueden también en
condiciones adecuadas extenderse del todo o contraerse para ser una
respiración completamente llena o vacía. Cuando tratamos de hacerla
“completa” deliberadamente, crea para que complete finalmente su
ciclo. Entonces recurrimos a hábitos acorazados y nos tratamos como
objetos en vez de seguir el ritmo de las necesidades variables.

La capacidad de flexibilidad en cada aspecto del cuerpomente


requiere un nivel de carga y descarga sostenido e igual. Ya cargue o
descargue, la respiración ha de ser igual. En contraste con la etapa
inicial, en la que exageramos o apoyamos partes acentuadas en exceso
o defecto del ciclo de respiración, en la etapa integradora ayudo al
cliente a explorar su capacidad de variación y duración de la misma.
Los estímulos a experimentar con la carga alternando entre
respiraciones rápidas y lentas, superficiales y profundas, excitadas y
calmadas.
Los terapeutas necesitan un grado tal de sensibilidad a la
respiración de los clientes que sincronicen sus propios cuerpos y ritmos
respiratorios con el más leve cambio que haya en ellos. Yo suelo hacer
al cliente atravesar ciclos de carga y descarga en los que una sola carga
puede consistir en una larga serie de inhalaciones cada vez mayores
hasta alcanzar un nivel estable; la carga sin embargo, no resulta
excesiva porque siempre se equilibra con alguna descarga. Los ayudo a
descender gradualmente de ese nivel concentrándolos en una serie de
exhalaciones en aumento hasta que la carga y descarga están
equilibradas a un nivel inferior.
Una manera muy popular y efectiva de mantener un nivel alto y
parejo de carga y descarga equilibradas es la que Leonard Orr, creador
de un modelo de renacimiento, llama “respiración conectada”.*
Consiste en emplear una serie de respiraciones nasales cortas y rápidas
seguidas de una lenta, de rendición. Este proceso de carga uniforme y
constante nos ayuda a superar los roles diarios con los que nos
embotamos (de padre, hijo o maestro) y a conectar con nuestra energía
espiritual “vertical”.
Este estilo de “respiración conectada” me ha resultado muy útil
en mi propio trabajo corporal, pero creo que es más efectivo si no se le
considera como sustitución de energía espiritual para la liberación e
integración de la energía terrenal almacenada en cuerpo, sentimientos y
pensamientos. Más que superar nuestro cuerpo, sentimientos y
pensamientos. Más que superar nuestro rol de padre, hijo o maestro,
necesitamos entrar más de lleno en él, aceptando y ampliandolo con
cargas y descargas respiratorias.

* Rebirthing in the New Age, Sondra Ray y leonard Orr, Milbrae: Celestial Arts.

EJERCICIO 7

Acuéstate relajado con la espalda y el cuello pegados al suelo y


las piernas dobladas. Si la espalda está curva sube más las rodillas con
una almohada hasta que esté recta. Si el cuello está curvo ponte un libro
debajo de la cabeza. Piensa que los músculos extrínsecos principales
que rodean la pelvis (vientre, nalgas, muslos) están plenos y suves.
Dobla después el hueso púbico hacia el mentón usando sólo la energía
intrínseca del psoas; inhala mientras el vientre se alarga y el tórax se
eleva. Desdóblate, relaja el psoas y aplana la espalda sin sostener con
los músculos abdominales.
Esta postura, que también se puede realizar de pie, en posición
de mono, o apoyándose en la pared, te ayudará a mantener buen
equilibrio, incluso cuando muevas el cuerpo desde la pelvis. Después
aumenta sin esfuerzo la velocidad del movimiento y el ritmo de la
respiración. Si sigues haciéndolo así (más de prisa o más despacio, más
profundo o más superficial) puedes llegar a lograr un nivel firme y alto
de carga y descarga que sostenga una buena vibración o flujo por todo
el cuerpo. Nota que siguiendo esta energía puedes quejarte, llorar,
gritar, seguir cualquier fantasía o pensamiento sin perder nada de tu
conciencia y sin esforzarte por alcanzar una meta determinada.

En este ejercicio para descubrir el psoas te he pedido


inhalar al doblar la pelvis y exhalar al desdoblarla. En los
ejercicios bioenergéticos se suele hacer al revés. Sin
embargo, el individuo tiende a usar los músculos
abdominales extrínsecos para levantar la pelvis y ayudar
a la exhalación completa. Al hacerlo el psoas resulta
abrumado. Se puede activar mejor con una inhalación de
carga que con una exhalación de descarga. Esta
respiración y movimiento coordinados no sólo te
ayudarán a tu propia exploración sino que permitirán al
terapeuta presionar con mayor facilidad contra una pared
abdominal relajada y usar sus manos para alcanzar e
interactuar directamente con el psoas.
FIGURA 30

La respiración es parte de todo el cuerpomente. Si es espontánea, es decir


plena y libre, nos ayuda a establecer un centro flexible desde el cual la energía, el
nivel de carga y descarga permanece estable y se autoalimenta. Al inhalar, la
respiración vibra a través de toda la caja torácica. Momentánemente podemos
incluso disminuir o detener la entrada de aire con una suave presión en contra y
seguir inhalando hasta la siguiente pausa. Una exhalación puede tener también estas
pausas momentáneas y espontáneas. El efecto general es una vibración interna y
externa que sacude suavemente el torso y se extiende por el cuerpo y la mente.

Si tratamos de trascenderlos sin aceptarlos del todo, corremos el riesgo


de quedar atrapados en el rol de un aspirante espiritual.
He aquí un ejemplo de cómo la respiración conectada y el
renacimiento pueden intensificar el trabajo corporal.

Kenny sentía que debía superar su aversión hacia su


madre. Durante la labor de liberación en la pelvis y el
cuello le venía sensación de náusea y se imaginaba que
exhibía sus genitales delante de ella. Decidimos tener la
séptima sesión (que se concentrara en la cabeza) en la
tina del renacimiento (baño caliente japonés) del
Instituto.
Para el trabajo dentro de la boca le hice flotar en el agua
en posición fetal, usando un esnórque para facilitar la
respiración. Cuando empezó a hacer esfuerzos para
respirar y se encontraba en un estado de hiperventilación,
trabajé con las puntas de los dedos en la base de su
lengua y le animé a no controlar su aversión sino
reafirmarla como parte natural de sí mismo. Sentía
náuseas y tenía convulsiones; de repente volvió a sentir la
sensación de que las demandas sobreprotectoras de su
madre le ahogaban (en el útero, al nacer y durante la
lactancia). Después su respiración fue plena y tranquila, y
mientras efectuábamos patrones suaves de carga y
descarga con leves respiraciones conectadas, él vio que al
otro lado de su aversión había también amor profundo
hacia ella en el que podía decir que no y sin embargo,
aceptarla por lo que hacía y era.

Cuando se usa la respiración para integrar y proporcionar


equilibrio, empezamos a conectar todas las partes del cuerpo, a permitir
movimientos recurrentes ondulados entre pies, piernas, pelvis, torso,
brazos y cabeza. Mientras les pido que efectúen respiraciones diversas
y continuadas, les ayudo con mis manos a encontrar conexión entre las
envolturas de fascia extendidas por todo el cuerpo (ver ilustración en la
página 111). Cuando la respiración empieza a fluir libremente por todo
el pecho y diafragma, por ejemplo, las capas de fascia situadas entre la

FIGURA 31
pelvis y la caja torácica están listas para estirarse y vibrar, creando con
cada ciclo de respiración una onda vibratoria y oscilatoria.
Este movimiento espontáneo de la respiración y el cuerpo lo es
también de sentimientos y pensamientos pues éstos se forman, cambian
de dirección, se mantienen, se expanden y se realimentan:

Juan volvió para la octava sesión. Su cuerpo ya se había


aflojado y sentí que estaba listo para empezar a conectar
la elevada carga que llevaba en la parte superior del
cuerpo con las menos conscientes de la mitad inferior. En
un momento dado le hice pensar en la imagen de todo su
cuerpo mientras mantenía una respiración relajada,
superficial y rápida. Yo entré con una mano, profunda y

lentamente , en el músculo del recto de la parte anterior


del muslo al tiempo que presionaba firmemente con la
otra bajo su arco diafragmático.
Sintió que un destello caliente le cruzaba diagonalmente
el cuerpo. Me dijo que su padre se había burlado de la
cojera que tenía en una pierna desde la infancia y que su
risa era en parte una forma de bloquear la vergüenza y la
ira que eso le producía. Le hice relajarse y mientras
trabajé en su pierna y tronco mantuvo una respiración
tranquila de carga y dejó que los sentimientos hacia su
padre y hacia sí mismo fluyeran en olas por todo el
cuerpo.

Esta labor con el flujo de energía en la respiración,


renacimiento, movimiento físico y expresión emocional, ayuda a
establecer una circulación delicada y equilibrada de dicha energía. Es
entonces cuando las técnicas chinas de armonizar el flujo de energía a
través de agua, madera, fuego, tierra y metal resultan de utilidad. Ya
vimos que un exceso de un elemento puede evitar que el siguiente
reciba la suficiente energía. Yo descubrí que Juan dejaba formar el
fuego hasta tal punto que robaba energía al siguiente elemento, la
tierra, o sea la receptividad.
Ahora que hemos examinado el carácter cíclico del equilibrio y
cómo emplear la respiración para crearlo, veamos los pasos que hay
que dar par lograr dicho equilibrio.
Capítulo 5

INTEGRAMOS Y AFINAMOS
BIEN EL CUERPOMENTE

La coraza corporal básica se libera durante la primera etapa de


la Integración por la Postura y puede requerir más de las siete sesiones
mínimas, pero en determinado momento sucede un fenómeno preciso
y notable: el tejido corporal se vuelve mucho más suave, consistente,
elástico y maleable. Se siente al tocar la estructura (desde el tejido
externo al interno) e incluso el tejido que envuelve los músculos
intrínsecos está más asequible y sensible.
Con esta liberación el cuerpo empieza a adquirir nuevas
proporciones: las caderas anchas se estrechan, el tórax pequeño se
agranda, el torso se alarga, el rostro se relaja, las nalgas se llenan y
redondean. Hay casos en que se pueden ganar hasta dos pulgadas de
altura y dos de circunferencia alrededor del tórax. Emociones y
pensamientos se vuelven también más flexibles. Lloramos, reímos,
cantamos y gemimos con mayor facilidad y los pensamientos quedan
liberados de sus viejos límites.
Pero queda algo por resolver: aunque el cliente se sienta más
flexible y vital puede estar confuso respecto a la postura y el
comportamiento. Los segmentos individuales del cuerpo tienen más
movimientos, pero aunque pelvis, cabeza, torso, brazos y piernas giran
y se mueven fácilmente, no están en perfecta coordinación entre sí. Y a
nivel emocional y mental puede haber también confusión respecto a
qué hacer con esa libertad recién estrenada. El antiguo centro está
disuelto pero no se ha encontrado uno nuevo.

Al trabajar hacia un nuevo equilibrio en el que la energía fluya


y se complete a sí misma, tenemos que ver el cuerpomente desde el
punto de vista de las partes que necesitan reunirse, armonizar y
funcionar conjuntamente. Así, durante las sesiones 8, 9 y 10, el
terapeuta ayuda al individuo a mejorar y mantener la unidad de esos
aspectos: arriba y abajo, frente y espalda, derecha e izquierda.
Durante esas tres sesiones tenemos también que resaltar la
distinción que hicimos antes entre energía burda y fina. Por un lado
sufrimos cambios muy básicos en la estructura (esta es la nueva
formación de la energía burda). Por otro podemos cambiar delicada y
sutilmente ajustando la energía dentro de los límites de estructura y
carácter desarrollados sin alterar las líneas básicas generales. Con la
integración tenemos una oportunidad de usar gran variedad de métodos
de buena afinación para estabilizar la respiración, distribuir la energía,
armonizar y estar consciente de los movimientos corporales así como
reorientar las emociones y pensamientos.
Como luego veremos, surge una pregunta respecto al uso de la
buena afinación: ¿qué tanto debemos concentrar el trabajo corporal en
la liberación de la coraza burda y cuánto en la de la fina ya existente?
Esto es importante no sólo para decidir cuándo empieza la fase final de
integración sino durante el proceso de liberación. Si nos concentramos
mucho en ella, no damos tiempo suficiente para aceptar cambios de
largo alcance en la estructura del individuo y asimilarlos como parte de
una forma nueva de ser y comportarse.

Arriba y abajo
Florecimiento del yo
Las dos mitades horizontales del cuerpo suelen ser muy
diferentes: la superior puede estar extendida y desarrollada mientras la
inferior es más pequeña y menos desarrollada, o a la inversa. Esto no es
sólo un fenómeno físico sino que abarca todo el carácter.* Cuando
usamos una mitad del cuerpo para manipular a la otra y a los demás,

*Ver:
The Body Reveals, op. cit., Bodymind, op. cit.
FIGURA 32

Cuando el trabajo corporal profundo ha alcanzado la etapa de integración


(sesiones 8, 9 y 10) el cuerpo parece un capullo con los pétalos listos a abrirse por
el centro. Si la parte superior está todavía tirante, los pétalos se abren primero hacia
arriba en la sesión 8. Si la inferior está tirante, se abre primero esa mitad hacia
abajo en la sesión 8. La siguiente sesión, la 9, completa la apertura. La 10 incita a
un equilibrio armónico en toa la estructura ya completamente abierta.
FIGURA 33

Durante la etapa de integración, terapeuta y cliente trabajan juntos para


lograr una “buena afinación” del cuerpomente, una sutil armonía de respiración,
movimiento corporal, sentimientos y pensamientos.

desarrollamos unas desproporciones que pesan demasiado arriba o


abajo. Si pesan más arriba quizás somos socialmente manipuladores
pero sin cimientos. Y si es al revés tal vez somos seductores pero
socialmente inseguros.
Con la etapa de integración estas mitades se liberan de mucha
coraza pero hay que coordinarlas entre sí. Al trabajar con una mitad del
cuerpomente, terapeuta y cliente deben estimular el movimiento, la
energía y la toma de conciencia de la otra mitad, deben alentar una
apertura completa del yo arriba y abajo.
Imagínate al cuerpo como capullo cerrado. Tras la primera
etapa de liberación los pétalos están más flojos y listos para abrirse,
pero la parte inferior o la superior están más pegadas. Una táctica para
comenzar la apertura es dedicar una sesión a la mitad más pegada, la
que tiene un impedimento y desorganización miofascial
comparativamente mayor que la otra, y por tanto menos conciencia
emocional y mental. Al liberarla se afecta también al otro extremo de
los pétalos, a la otra mitad.
En el diagrama adjunto vemos cómo el hombre con la mitad
superior pesada necesita abrir primero la inferior. La mujer con la
inferior pesada nos muestra lo contrario. Yo suelo comenzar las
sesiones 8 y 9 a la mitad del cuerpo, en la cintura. Si he elegido la parte
inferior desciendo a las profundas tensiones de pelvis y piernas para
liberar los planos fasciales que permiten a la caja torácica (mitad
superior) elevarse sobre la pelvis (mitad inferior). Al aflojar ésta, se
abre la superior y continúa el proceso en la siguiente sesión, la 9,
dedicándole entonces la atención directamente a ella.
Pero si la parte superior del capullo está más tiesa, si diafragma,
espalda, tórax o cuello están todavía demasiado contraídos a nivel de
las capas más profundas de fascia, comienzo de nuevo en la cintura
pero aflojando los pétalos de la mitad superior, y en la siguiente sesión
puedo ya empezar con la inferior.
Cambiemos un momento la metáfora a una imagen del último
capítulo: la caja torácica flota arriba como paracaídas mientras abajo
cuelgan la pelvis y las piernas. En el dibujo se aprecia el tórax elevado
por la amplia distribución del peso corporal y la tensión en la mitad
superior. Esto sucede cuando la red miofascial de tejido está repartida
por igual alrededor –de toda la caja torácica, quitando así presión de las

costillas o vértebras. Esta expansión superior uniforme estimula a su


vez una flexibilidad de respiración y movimiento que desciende por el
vientre, hueso sacro y piernas (ver ilustración en la página 117).
Hay que señalar que no son los huesos sino la fascia bien
organizada, el soporte principal del peso del cuerpo integrado. Cuando
está libre, los huesos se mueven con facilidad entre si mediante
articulaciones buenas y firmes.
Para que sientas cómo las mitades superior e inferior pueden
trabajar al unísono haz el siguiente ejercicio:

Efectúa unas inhalaciones profundas y observa su


extensión. ¿Cuánto te expandes en tórax y diafragma
delante y detrás?
Párate con las piernas y con las rodillas derechas (lo más
que puedas) inclina la mitad superior hasta el suelo) pero
no rebotes arriba y abajo. Imagina que los músculos de
los tendones de las corvas se relajan y se alargan. No
trates de levantar la cabeza y quédate así cinco minutos
por lo menos. Luego enderézate lentamente dejando que
la cabeza y parte superior de la espalda sean las últimas
en hacerlo.
Examina de nuevo tu respiración. ¿Se te expande más el
tórax? ¿Tienes la respiración del pecho más conectada
con la espalda? Observa que estirando la parte posterior
de las piernas puede lograr cambios en la mitad superior
del cuerpo.

Cuando los planos de fascia situados entre las dos mitades


empiezan a conectarse nos abrimos a formas más integradas de sentir y
pensar y podemos decir “me he extendido arriba y a la vez puedo
apoyarme abajo” o bien “ahora piso tierra firme y me puedo elevar”. Al
integrarnos ya no usamos una parte para manipular o compensar la otra;
vemos que podemos tener ambas sin competencias.
No todo el mundo pertenece a los de parte superior o inferior
pesada, pero la estrategia mencionada se puede modificar sin dificultad:
empezamos una sesión con la mitad del cuerpo y avanzamos arriba y

abajo, y en la siguiente continuamos hacia las extremidades, trabajando


a la vez con la cabeza arriba y piernas y pies abajo. Seguimos abriendo
los pétalos de la flor gradualmente en ambas direcciones.
Ya que los pétalos del capullo (cuerpo del cliente) se abren a
todo lo largo, puede comenzar la sesión 10 con los pies y proceder en
forma selectiva hacia la cabeza, equilibrando frente y espalda, izquierda
y derecha.

Frente y espalda

Nos expandimos alrededor del yo


También hay división del frente a la espalda: nos encorvamos,
nos encogemos hacia delante contrayendo el vientre, protegiendo así el
corazón, intestinos y genitales. o nos echamos hacia atrás, sacando el
pecho para enfrentar los problemas mientras la espalda y glúteos
permanecen bien protegidos. Observa cómo tu frente o espalda están
menos conscientes de lo que te rodea. Nos sentamos delante o al fondo
de una habitación; nos metemos de cabeza en proyectos o nos
abstenemos; dormimos en posición fetal o estirados como crucificados.
Conviene manejar el mundo con las actitudes acostumbradas pero en el
proceso nos manipulamos.
Antes mencioné que el equilibrio de frente y espalda es
selectivo. Cuando movemos capas profundas de tejido es esencial
trabajar cuidadosa y concienzudamente en la desorganización
miofascial alrededor y entre los grupo de músculos excesivamente
contraídos. Hay que procurar no trabajar demasiado con el tejido de
grupos más débiles oponentes.
Veamos la persona encogida hacia delante. Si los flexores del
vientre y parte anterior de los hombros (que le hacen mantener esa
posición de protección) son muy fuertes y necesitan alargamiento, los
extensores oponentes de la espalda están flojos y requieren refuerzo no
con trabajo profundo sino con guía cuidadosa. La persona echada hacia
delante puede también necesitar labor profunda para aliviar las
contracciones de la parte posterior, y afinación suave en el frente
abierto del cuerpo. En la siguiente sesión veremos que las técnicas de

buena afinación pueden ayudar a despertar esas débiles estructuras.


Al enfrentar las relaciones frente-espalda (así como arriba-
abajo, izquierda-derecha) es posible que nos encontremos equilibrados
en una parte y en otra no. sigamos con el ejemplo: la persona no
escatima esfuerzos (para ayudar a alguien) se está extendiendo hacia
atrás demasiado, es decir, los músculos de la espalda están muy
contraídos. Y en la mitad inferior puede que los músculos anteriores del
muslo estén también muy contraídos. Una parte de la persona, la
superior, se aleja de aquél a quien hay que “ayudar” mientras la inferior
se acerca. El trabajo selectivo, por tanto, no es sólo con el frente o la
espalda sino siguiendo las necesidades y patrones concretos del
individuo.
Cuando frente y espalda funcionan juntos como unidad
empezamos a afirmar el hecho de que nuestra conciencia nos rodea,
que irradiamos energía en todas direcciones. Podemos decir “estoy
abierto delante sin cerrarme atrás”. O “dejo que el mundo me observe
por atrás mientras me enfrento con él por delante.”
Haz la prueba siguiente en un auditorio o iglesia grandes o
vacíos. Si no puedes imagínalo:

En el recinto hay miles de personas. Cuando te llaman


estás sentado hacia atrás y tienes que caminar por el
pasillo hacia el frente. Hazlo despacio y siente cómo el
público se vuelve a mirarte y sigue mirándote cuando ya
has pasado. Prepara el escenario enfrente y colócate ante
un espejo enorme que refleje a al multitud y a tí.
Dándoles la espalda anuncia entre sus aplausos y vítores
“soy lo que soy por delante y por detrás.”

Cuando reconozco que mi equilibrio depende de la aceptación


de todos los aspectos de mi experiencia, puedo permitirme
concentrarme en el frente sabiendo que al moverse y cambiar mi
energía en su ciclo continuo, también puedo en otro momento
concentrarme en mi espalda.

Derecha e izquierda

Equilibramos lo masculino y lo femenino


Si pensamos que una función de la corteza cerebral es controlar
los lados del cuerpo y la personalidad, vemos que el hemisferio
izquierdo, normalmente más dominante, controla el lado derecho así
como funciones analíticas tales como cálculo y denominaciones
lingüísticas. El hemisferio derecho, que suele ser menos dominante,
controla el lado izquierdo y funciones del tipo de percibir formas
holísticas, hacer conexiones metafóricas y crear patrones musicales. Mi
experiencia me lleva a afirmar que la conducta externa extrínseca
orientada a una meta cae en el ámbito del analítico hemisferio
izquierdo, mientras la interna, intrínseca, configurativa, se aproxima
más a la función intuitiva del hemisferio derecho.*
Teniendo en cuenta que la mayoría de las personas usa la mano
derecha, no nos sorprende que la mitad derecha del cuerpo esté más
desarrollada en fuerza y tamaño que la izquierda. Esta es una forma de
energía y conciencia extrínseca en el exterior del cuerpo. En todas las
personas que no son zurdas los músculos intrínsecos (internos) del lado
derecho han sido arrollados por los extrínsecos.
Aunque el lado izquierdo es más débil por fuera, sus músculos
intrínsecos suelen estar mejor desarrollados. Esto puede sorprendernos,
porque los movimientos que hacemos con la izquierda parecen torpes.
Pero la torpeza se debe a que tratamos de iniciar la conducta externa
con los débiles músculos extrínsecos del lado izquierdo. De hecho
podemos usar con gracia los intrínsecos de ese lado para equilibrar los
movimientos extrínsecos del derecho. Cuando lanzamos una pelota de
tenis con el lado derecho, el izquierdo realiza un movimiento
complementario equilibrador.
Las personas más bien zurdas suelen tener mejor desarrollados
los intrínsecos de ambos lados, especialmente el izquierdo.

* “How The Split Brain Gets a Joke”, Howard Gardener, Psychology Today, Feb.
1981, pp. 74-78.

Esto les da ventaja al iniciar movimientos y mantener la estabilidad,


pero si no son ambidextras les falta el carácter más afirmativo de las
personas diestras.
No estoy considerando sólo el movimiento físico: la persona
con gran inclinación a la derecha puede ser competitiva y orientada a
un objetivo y la que se inclina a la izquierda suele ser más intuitiva y
artística. Yo he visto que cuando empiezo a liberar la coraza de
individuos predominantemente diestros puede haber una confusión
inicial en movimientos y hábitos acostumbrados. Vacilan y se les
escapa el objetivo porque bajo el muy desarrollado lado derecho suele
haber poca estabilidad intrínseca. Cuando libero a los de lado izquierdo
predominante, no experimentan en general pérdida de estabilidad pero
suelen mostrar una faceta sorprendentemente agresiva.
En ambos casos resulta evidente el enfrentamiento entre los
aspectos activo-receptivo y masculino-femenino. En la labor de
integración de esos aspectos he descubierto que resulta muy efectivo
aproximarse a ambos lados a la vez simultánea o alternativamente, en
formas diferentes pero complementarias. Es muy común que nos
atasquemos dirigiendo la energía por un camino y excluyendo el otro
porque no aceptamos la posibilidad de que derecha e izquierda, activo y
pasivo, masculino y femenino puedan funcionar juntos en armonía.
Veamos un ejercicio que tal vez hayas hecho de pequeño:

Trata de escribir tu firma al revés (como se vería en un


espejo) de derecha a izquierda, con la mano que no suelas
usar para escribir. Observa los sentimientos de confusión,
frustración o derrota que puedan surgir. Después trata de
firmar con las dos manos a la vez y verás que la que no
usas firma como arriba y la otra normalmente. Observa
cómo una mano puede ayudar a la otra. Trata de escribir
otra vez sólo con la mano que no uses y ve si te resulta
más fácil. Después firma con la mano usual. ¿Ha
cambiado?

Cuando trabajo con personas de lado derecho dominante suelo


presionar profundamente con una mano en ese lado para liberar y
activar músculos intrínsecos atados e inactivos, mientras con la otra

interactúo en las estructuras externas extrínsecas del lado izquierdo.


Este cruce, unido a la coordinación de interior y exterior, ayuda a
proporcionar energía justo donde las personas diestras han descuidado
sus sentimientos y conciencia.

Denise practica esgrima tres veces a la semana en su club


deportivo de Montreal. Durante las primeras siete
sesiones me concentré en liberar los enormes músculos
extrínsecos, excesivamente desarrollados, de su muslo
derecho y de la mitad derecha de abdomen y cintura. En
las sesiones 8 y 9 había comenzado también a ayudarla a
conectar la mitad inferior pesada con la superior más
ligera.
En la octava sesión me pareció que necesitábamos
establecer contacto con el débil lado izquierdo. Le hice
invertir la posición normal de practicar esgrima para que
pudiera lanzar la estocada con el lado izquierdo;
mientras, yo hundía los dedos de una mano en los
ligamentos del psoas izquierdo, en la región interna del
muslo, y los de la otra en los ligamentos de su femoral
recto derecho, en la región anterior del otro muslo.
Ella se sintió débil y confusa al moverse pero en seguida
vio la gran cantidad de atención y sentimiento que había
puesto en las maniobras externas defensivas y ofensivas,
y cómo había perdido contacto con una energía más sutil,
necesaria para avanzar y retroceder entre la actividad y la
pasividad.

Con las personas de lado izquierdo dominante creo es


importante concentrar toda una sesión exclusivamente en el descuidado
lado derecho, estimulándolas a experimentar con movimientos y
sentimientos externos amplios y activos.

A Carlos le llamaban “Carlitos el chino” por su destreza


con la mano izquierda. Era un hábil bailarín, pianista de
gran talento y gran cocinero, pero muy tímido y rara vez
compartía con sus amigos esas habilidades. Durante las
sesiones finales de integración trabajé en los grandes
músculos externos de su lado derecho (tríceps, músculo
pectoral, muslo y pantorrilla). Mientras le pellizcaba y
hurgaba en esos músculos le animaba a tratar de
golpearme y patearme con el brazo y pierna derechos.
Primero se mostró confuso pero en seguida comenzó a
disfrutar esos movimientos agresivos.

Un enfoque bilateral de la integración es también una forma de


ayuda al cliente a sentir la armonía de lo que se suele considerar
oponentes en conflicto. Por ejemplo, cuando siento el dolor que puede
causar el trabajo en tejido profundo, y noto a la vez la suavidad y el
tacto solícito del terapeuta, mis antiguas actitudes (si siento dolor es
que soy víctima o si lloro me tachan de femenino) desaparecen. El
trabajo bilateral reconoce la posibilidad de escapar de esos dilemas y
permitir que los sentimientos y pensamientos sean más completos.*

Buena afinación

Refinar sin controlar


La integración se ha definido como proceso mediante el cual
unimos y equilibramos las diversas partes del cuerpo. Puede ser
“burda” o “fina”: cuando trabajo para cambiar mi postura general del
cuerpomente (espalda hundida, miedo histérico, tendencia esquizoide a
analizar todo), me estoy concentrando en energía “burda”. Me estoy
ocupando de grandes bloques de energía, con hábitos profundamente
arraigados, que establecen la dirección básica de mi vida. Pero también
puedo quedarme dentro de los límites de mi actitud general del
cuerpomente y, sin tratar de cambiar la espalda hundida, miedo o
inclinación intelectual, puedo refinar y mejorar la circulación de los
patrones.
La etapa de liberación de la coraza es en su mayor parte labor
“burda” pues la forma del cuerpo y la calidad de las emociones y
pensamientos quedan radicalmente alteradas. Pero también en esa etapa

* Steps to an Ecology of the Mind, Gregory Bateson, Nueva York:


Chandler, 1972

necesitamos afinación fina; necesitamos tiempo y espacio para asimilar


los cambios que estamos experimentando aunque la reorganización del
centro sea temporal hasta que se derrumbe una mayor cantidad de
coraza.
Cuando el individuo sufre cambios tales como pecho muy
expandido, torso alargado, caderas más delgadas, rodillas y tobillos
más flexibles, es normal que sienta desorientación, pérdida ocasional
de equilibrio y confusión emocional. Entonces es de gran ayuda retrasar
el proceso de transformación dando menos sesiones y trabajando más
con energía fina. La labor fina se requiere también como preparación
para la burda. Durante cada sesión uso conciencia del movimiento
suave, puntos de acupresión, etc., para ayudar al cliente a prepararse a
enfrentar la coraza burda y fluir con su liberación.
Por otro lado, mucho trabajo de integración es afinación fina de
lo ya sucedido en la etapa liberadora, pero también hay
transformaciones generales burdas en la integración. Al experimentar la
libertad y energía que surgen al permitir que cada lado funcione al
unísono (arriba y abajo, frente y espalda, derecha e izquierda) las
dimensiones físicas y síquicas pueden alterarse radicalmente.
Por último, para establecer patrones estables y armoniosos de
transformación futura hay que hacer hincapié no en el cambio burdo
sino en el fino. Como veremos en la siguiente sección, no siempre
resulta fácil decidir cuándo hace falta más trabajo fino o burdo.
En el trabajo fino es muy importante tener una actitud de no
tratar deliberadamente de cambiar uno mismo. Hay una dirección
general hacia la que nos movemos, un contexto para hacerlo
cómodamente, pero no un destino exacto, una meta precisa. Los
cambios finos requieren un proceso espontáneo con final abierto
respecto al cual permanecemos atentos, meditativos y diligentes pero
sin tratar de manipularlo o controlarlo. En este sentido hay cuatro áreas
especialmente útiles: regulación de la respiración, distribución de la
energía, conciencia del movimiento y reorientación psicológica.
Acabamos de ver cómo la respiración resulta integradora
cuando fluye libremente a través de un ciclo de carga, descarga y
FIGURA 34

Durante la etapa de integración, terapeuta y cliente trabajan juntos para


lograr una “buena afinación” del cuerpomente, una sutil armonía de respiración,
movimiento corporal, sentimientos y pensamientos.

recarga. Al armonizarlo bien, el terapeuta ayuda al cliente a mantener


una actitud meditativa con varios tipos de respiraciones (rápida, lenta,
igual, desigual). Observando la respiración vemos que siempre
podemos volver a un punto en el que es posible elegir seguir un
determinado tipo de respiración sin controlarlo, de acuerdo con
nuestras necesidades. Quizás nos excitamos al respirar, pero nos
damos cuenta de que es factible volver a un ritmo más tranquilo.
También podemos tratar de expandir la respiración junto con grandes
movimientos de los músculos externos o extrínsecos y ver cómo
contraemos suavemente la respiración con movimientos intrínsecos
internos. Al observar la expansión y contracción fluimos con ellas.
Vamos ahora a la regulación de la energía. Ya he mencionado
cómo la acupresión, por medio del flujo circular de los cinco
elementos puede ayudarnos al equilibrio. La buena afinación de los
cinco elementos no consiste tanto en ayudar a alguien a encontrar
nueva energía y deshacerse del exceso de la misma, sino en su
delicada distribución a través del agua, madera, fuego, tierra y metal.
Emplear puntos de acupuntura para regular este flujo requiere
receptividad y conciencia. Yo contemplo mi miedo excesivo y veo que
puedo empezar a dejar que este exceso de agua (miedo) se derrame en
la madera (ira). Mi cliente tiene ya esta energía. Yo sólo tengo que
estimularla para que siga su curso natural.
Si no se deja que la energía siga su curso natural (después de un
trabajo profundo en los músculos masetero y temporal de la
mandíbula) el cliente puede experimentar mucha ira reprimida no
controlada o excesiva en su expresión. Trabajando con la tierra, los
meridianos de la receptividad, puedo eliminar ese exceso de ira nueva
y repentina y ayudar al cliente a ser más comprensivo y abierto.
Varios estilos de trabajo para tomar conciencia de los
movimientos (Técnica Alexander, Método Feldenkrais y Modelos
Aston) aceptan una actitud vigilante y meditativa pero de no
interferencia. En la técnica Alexander retenemos imágenes vacías tipo
Zen que repetimos pero no tratamos de ejecutar. Una típica imagen
Alexander es “dejar libre el cuello para que la cabeza avance y suba
mientras la espalda se alarga y ensancha”.

FIGURA 35

Esta fórmula guía, pero no sigue las metas habituales que hemos
incorporado a nuestra postura en el transcurso de los años. En el
Método Feldenkrais las diversas partes del cuerpo tienen una
oportunidad de comunicarse entre sí sin las órdenes acostumbradas. Al
extender y explorar un lado del mismo, ya me estoy comunicando, si
mi conciencia controladora no interfiere, con el otro lado; y si mi brazo
derecho se mueve con mayor facilidad, el izquierdo lo reconoce y
responde con mayor libertad. En los Modelos Aston se nos exhorta a
encontrar líneas simples de movimiento simétrico que podemos
explorar coordinando todo el cuerpo.
Muchos trabajadores corporales especializados en esos tipos de
movimientos suaves y delicados, que suelen ir acompañados de ligeras
manipulaciones del cuerpo, ponen objeciones al trabajo en tejido
profundo, pues lo consideran contraproducente. Les parece
innecesariamente doloroso y causante de profunda resistencia del
cuerpomente, de un endurecimiento del núcleo.

FIGURA 36

Hay dos puntos que creo necesario aclarar. En primer lugar el


trabajo prudente en tejido profundo se realiza siempre dentro de los
límites que el cliente puede aceptar, pues así tienen una oportunidad de
darse cuenta de lo que ya está presente en los tejidos. Por supuesto, si el
trabajo es demasiado rápido o abrupto, la coraza se activa en lugar de
disolverse. En segundo lugar, la labor profunda es compatible con la
guía muy suave del cuerpo.
Al llegar, por ejemplo, a las capas más profundas de tejido de la
columna, el terapeuta encontrará a menudo fibras duras, bien
desarrolladas, del sacroespinal. Cualquier intento de abrirse paso a
través de esta masa para alcanzar el tejido de abajo (por ejemplo los
transversoespinosos e interespinosos que abarcan los procesos
vertebrales y ejecutan movimientos pequeños, intrínsecos de la
columna y las costillas) provocaría mucho dolor y podría ocasionar,
inclusive, intensos espasmos protectores en la espalda.
Una forma de trabajar suavemente en esta zona profunda es
presionar con una mano hacia dentro una sola costilla, con lo cual se da
masaje a los músculos de la espalda de tal forma que se les revela de su
tarea y pueden relajarse. En este momento el terapeuta puede penetrar

lentamente con la otra mano (puntas de los dedos o nudillos) hacia la


musculatura intrínseca más profunda y reorganizar el tejido hasta
entonces inaccesible. Una labor simultánea de respiración ligera e
imágenes ayudan al cliente a asimilar los cambios que se están
operando. Por tanto, no hay que considerar la conciencia del
movimiento suave como algo diferente y aparte del trabajo en tejido
profundo.
Tal vez estos métodos de conciencia del movimiento son tan
efectivos para la buena afinación porque dan al sistema nervioso una
oportunidad de reorientarse. Ya vimos anteriormente cómo es posible
decir, según una interpretación holística, que las puertas de ciertas
secciones del sistema nervioso están fijadas por una experiencia
dolorosa previa, por una coraza protectora que congela el tejido dentro
y alrededor de los músculos. Al mover y liberar el tejido profundo,
volvemos a vivir y aceptamos plenamente lo sucedido dándonos cuenta
de la forma en que colocamos esas puertas. Con una buena afinación
del cuerpomente empezamos a sustituirlas por nuevos tipos de
experiencia que abarcan todo el sistema nervioso.
Según la teoría de la puerta, el sistema nervioso es una unidad
cuyos cambios en cualquier parte afectan recíprocamente al resto. Por
tanto, el tronco del cerebro no controla directamente toda la actividad
nerviosa sino que los centros inferiores activan otras partes del sistema.
La forma en que coloco las puertas (reacomodándolas) en una parte
determinada propicia el reacomodo de otras partes del sistema. Así
pues, durante el trabajo de afinación de la Integración por la Postura las
posibilidades de movimientos nuevos (sentimientos y pensamientos)
aumentan enormemente. Mi movimiento no depende estrechamente de
mis viejos patrones acorazados de respuesta cerebral condicionada, sino
que se abre a todas las puertas que mi sistema nervioso pueda colocar.

Jim pertenecía a la pandilla de motociclistas “Angeles del


Infierno”, en los alrededores de San Francisco, hasta que
recibió un disparo en la zona posterior de la cabeza. Parte
del lado derecho de su cerebro quedó destruido y, por
tanto, tenía muy poca movilidad o sensibilidad en el lado

izquierdo del cuerpo. Desde el comienzo de las sesiones


se sentía a gusto con la movilidad pasiva que yo le
ayudaba a crear en las articulaciones, rígidas ya a causa
de la inactividad. Una vez suavizados todos los
segmentos importantes del cuerpo, empecé a conectar el
lado activo con el paralizado. Trabajando
simultáneamente en ambos, algunos músculos del lado
izquierdo se crisparon y comenzó a tener sensaciones
nuevas. Entonces le hice usar el lado derecho lo más
posible y formarse imágenes de cómo el izquierdo se
conectaba con él.

Por último tenemos el aspecto psicológico de la buena


afinación, es decir, la armonización y orientación de pensamientos y
sentimientos que en términos generales han pasado al dominio de la
psicoterapia y la psiquiatría. Una dificultad que se suele presentar en
estas terapias es la tendencia a afinar demasiado una parte del yo. Al
concentrarse en trabajo fino y excluir el burdo en la estructura corporal
básica, terapeuta y cliente pueden perderse en las palabras e ideas.
Desde luego, el trabajo psicológico puede enriquecer el proceso de
transformación, como ya lo reconoció Andreas Vontobel, sicoanalista e
Integrador por la Postura de Zurich. Veamos el ejemplo que él da:
Miriam había pasado casi toda su vida llena de angustia y
morbo. Tenía miedo de salir de su oscura y húmeda
habitación. Su cuerpo rígido y delgado despedía un olor
fétido y putrefacto. Cuando soñaba siempre se sentía
aplastada y atrapada por poderes incontrolables. Unos
gatos enormes conducían su coche mientras ella, pequeña
y asustada, los contemplaba desde el asiento de atrás.
Durante los primero años de psicoanálisis permaneció
atascada en los mismo patrones de impotencia y miedo.
Pocos días después de que Andrea comenzara el trabajo
en tejido profundo, ella tuvo varios sueños en los que se
veía llena de profundas y dolorosas incisiones que
exhibían sus partes interiores. Empezó a reconocer el
dolor (producido por su madre, que a menudo la había
golpeado) pero ahora lo experimentaba y compartía en el
contexto de orientación y sustento de Andrea. Su cuerpo

se aflojó y se agrandó y sus sueños cambiaron: ahora se


veía a sí misma caminando por hermosos jardines con la
segura compañía de tigres, leones y osos.
Andrea pudo entonces ayudarle a ver su belleza y
fortaleza y así el proceso de análisis llegó en seguida a
una conclusión satisfactoria al comenzar ella una nueva
carrera y comprometerse para casarse.

Al analizar “La Experiencia de la Liberación” (Capítulo 3)


mostré cómo una actitud configurativa Zen hacia el cuerpomente ayuda
a reafirmar plenamente las partes alienadas (espalda inconsciente,
rodillas rígidas, etc) convirtiendo al individuo en ellas (“Soy mi espalda
y exijo atención”) y a explorar una conciencia más global. Yo voy más
allá de estar simplemente ahí, en una parte de mí mismo: como yo
unificado y continuo, fluyo de momento a momento. Puedo entrar en
intercambio, en diálogo con los demás aspectos de mi yo; soy a la vez
mi mitad superior e inferior y proporciono energía a ambas. Como yo
unificado, tengo el poder de elegir sin conflicto: puedo amar a mi
padre, puedo odiar a mi padre.
La condición de este tipo de integración es aceptar durante la
liberación de mi coraza aspectos que me eran desconocidos pero
también algo más: es una corriente unificada que fluye eligiendo y
descubriendo lo que quiero y necesito.
Otra forma de cambiar de dirección las emociones y
pensamientos es afinarlas bien con afirmaciones que, si tienen el final
abierto y no son intentos de manipulación, resultan medios de afirmar
la energía liberada al derrumbarse la antigua coraza. Cuando digo “me
estoy abriendo al amor a otras personas” mi afirmación es lo
suficientemente amplia como para darme una dirección para el cambio.
Pero si digo “puedo lograr que Mary me quiera”, estoy manipulándome
y acorazándome.
Las afirmaciones son poderosos medios de afinarnos, siempre
que no sean sustitutos para enfrentarnos a las frustraciones de la vida.
Una afirmación da contexto y dirección para el cambio si ya hemos
dejado que miedo, ira y tristeza se expresen y reafirmen como parte
nuestra. Pero si las afirmaciones son simplemente maneras de superar
sentimientos supuestamente “negativos”, nos hemos vuelto
inconscientes por una falsa promesa. “Estoy contento y feliz” es una
afirmación apropiada sólo si estamos también dispuestos, llegado el
caso, a experimentar plenamente nuestra tristeza.
Cuando la integración y la buena afinación han sido efectivas se
produce una importante transformación en el cuerpomente (ver las
fotografías de “antes” y “después” en la página 132); una
transformación que en cierto sentido es permanente: el consciente, de
mucha coraza. Es cierto que los accidentes y el estrés pueden hacer que
personas integradas y bien afinadas pierdan parte del equilibrio, pero
con un mínimo trabajo de su parte se recuperarán en seguida.
Para los que se especializan en refinar su energía, he
desarrollado un tipo avanzado de Integración por la Postura en el que
trabajo con el núcleo residual más profundo, equilibrando la delicada
energía que yace en lo más profundo de los ligamentos de los músculos
intrínsecos (en el esqueleto) con la energía externa de los grandes
músculos extrínsecos ya aflojados.

Buena afinación y límites del cambio

Postura contra flexibilidad


Cada vez que visito la Gran Pinacoteca de Munich me asombra
la enorme vitalidad de los desnudos femeninos de Rubens. Von Bode,
historiador de arte, las describe como hermosas heroínas “de piel suave
y sangre que late excitada… coloreando sus mejillas y haciendo que su
cuerpo resplandezca con ricos tonos de color”. * Por un lado, esas
figuras parecen un buen ejemplo de la energía que fluye libremente en
cuerpos bien afinados. Pero por otro, la mayoría tiene la espina dorsal
demasiado arqueada y las nalgas apretadas y nudosas que, de acuerdo
con los principios de trabajo corporal, bloquearían el flujo libre de
energía. La pregunta es si crear un buen equilibrio de energía es

* Alte Pinakithek Muenchen, Munich: Wasterman, 1976.


FIGURA 37

Estas fotografías de antes y después muestran cómo dos individuos


cambiaron a lo largo de diez sesiones de Integración por la Postura. Note cómo los
cuerpos se hicieron más largos, más simétricos y más firmes. Como personas también se
hicieron más suaves, más abiertos y más expresivos.

realmente independiente de mejorar la postura y actitudes básicas


(burda). ¿Por qué hacer algo para que alguien cambie su espina
curvada si tal y como es puede estar lleno de energía y vitalidad?
Stanley Keleman plantea un interrogante parecido cuando escribe:

La civilización ha permitido que algunos seamos artistas y


poetas, que afirmemos nuestra existencia en formas muy suaves. Esto
quiere decir que el esfuerzo por lograr un macho o hembra ideal que
siga el modelo único de postura establecido por el Método Alexander
o el trabajo de Ida Rolf…* Si decimos que la pelvis masculina debe
estar avanzada en actitud de penetración y que, si no, carecerá de
agresividad y placer sexual, nos enfrentamos a un nuevo tipo de
chauvinismo que no respeta las diferencias indivivuales de tipos de
cuerpo y estilos de vida.**

Los terapeutas del método Alexander y del rolfing pueden


responder que no buscan imponer un ideal sino ayudar al individuo a
equilibrar fuerzas musculares oponentes del cuerpo. La pelvis, dirán,
se coloca naturalmente en posición eficiente y alineada, sin ser
forzada. “Empujarla” hacia adelante sería contrario a esta idea de
equilibrio natural y consciente.
Sin embargo, no queda contestado el punto de Keleman. En mi
opinión, incluso el ideal de un cuerpo relajado y equilibrado puede en
algunos casos ser una imposición. Por ejemplo, cuando trabajo con
personas que padecen una lordosis grave (es decir, que tienen la parte
baja de la espina excesivamente arqueada) toda la estructura,
incluyendo el crecimiento esquelético básico, se ha desarrollado a
partir de esa espina tan arqueada. La pregunta que entonces me hago
es ¿hasta qué punto puede cambiar la estructura general para lograr
una alineación relajada?

* Frase incompleta en el original (N. del T.)

** Voices and Visions, Sam Keen, Nueva York: Harper and Row, 1974, p. 162.

Mi impresión es que yo solo no puedo contestarla y que hay un


proceso de descubrimiento mientras el cliente trata de liberar su
coraza. Éste puede preguntarse si el tiempo, la energía y la sacudida
emocional y psicológica necesarias para una mayor alineación de la
pelvis son más importantes que la buena afinación (búsqueda de
mayor flujo y refinamiento de su energía dentro de los límites
generales de una postura todavía torcida). Desde luego, cuando
decidimos concentrarnos en energía fina en vez de burda quizás
sucedan algunos cambios burdos: el tórax pueden ensancharse, las
nalgas aflojarse, estirarse las piernas, aunque la curvatura fundamental
permanezca tercamente inalterable.
Cuando la estructura burda cambia radicalmente, cuando la
pelvis se libera lo suficiente como para lograr el alineamiento sin
esfuerzo, hay más posibilidades de regular la energía fina. Con todo,
suele existir el problema de cómo mantener un equilibrio tan delicado
entre ambos tipos de energía. Si nos sentimos abrumados por la
energía que se nos acumula al mejorar la alineación de nuestro cuerpo,
un típico patrón defensivo para enfrentarla es volver a alguna vieja
postura física acorazada para así manejar el torrente de sentimientos y
pensamientos; otro patrón sería volver a algún estado emocional
neutral y concentrarnos así en el nuevo y delicado equilibrio del
cuerpomente.
Por supuesto, cada uno debe ver qué grado de libertad
energética y equilibrio gravitacional puede tolerar simultáneamente. Y
a veces quizás no queramos aceptar plenamente la intensidad, las
consecuencias del alineamiento y la flexibilidad totales. Es posible
que la sexualidad regordeta, ondulada y carnosa de los desnudos de
Rubens esté en parte lograda por su excesiva ansiedad externa de
rendirse, mientras que en su fuero interno se reprimen, conservando
así la energía.
En este capítulo hemos visto que la integración y buena
afinación del cuerpomente exigen un enfoque variable de nuestras
complejas vidas sensoriales, intelectuales, emocionales y somáticas.
Terapeuta y cliente participan en una transformación dinámica que es
a la vez ciencia, escultura viviente, terapia y amor. En el siguiente
capítulo veremos cómo ambos pueden estar en interacción constante y
fluida.

Capítulo 6

ENTRE TÚ Y YO

Compartimos y transformamos el cuerpomente


Thomas Szasz, en sus libros The Myth of Mental Illness
y Sex by Prescription* expone con talento la forma en que algunos
médicos y terapeutas imponen a sus pacientes un diagnóstico no sólo
equivocado sino inventado: una enfermedad imaginaria. Los
trabajadores corporales corren también el riesgo de imponer sus ideas,
sentimientos y la fuerza bruta de su cuerpo al cliente. De igual forma,
el cliente se expone a querer curarse mediante las manipulaciones del
terapeuta más que con la conciencia de sí mismo.
Por un lado, los terapeutas deben abstenerse de intimidar a los
clientes con afirmaciones sobre su estado y lo que deben cambiar. Si
yo te digo que eres un “masoquista” o un “abrumador”, que sólo
debes experimentar formas muy suaves de contacto con los demás y
que no sé si debo trabajar profundamente en tu estructura, todo esto
puede resultar irrelevante ante la ira oculta que quieres expresar e
incluso perjudicial al proceso de tu transformación. Y si tú, cliente,
vienes pidiendo ayuda para tu inseguridad, quizás obtengas de mí una
simpatía que no contribuirá en nada a tu necesidad de aguantar y
superar tus miedos crónicos.

* The Myth of Mental Illness, Nueva York: Harper and Row, 1974, Sex
by Prescription, Thomas Szasz, Nueva York: Anchor, 1980.

Por otra parte, si yo reprimo mi actitud y no uso mi intuición


para ver cómo remodelar tu cuerpomente tal vez no te hago partícipe de
lo que en realidad es muy valioso para tu crecimiento. Mucha gente se
sobrevalora o se menosprecia y necesita que le hagan ver otra
perspectiva. Si yo veo que tu estructura es básicamente frágil y delgada,
con escaso desarrollo muscular, pero tienes grandes deseos de ser
trabajador corporal. ¿Voy a desanimarte de lo que considero una
tentativa inútil y animarte a encontrar una forma menos exigente de
expresarte físicamente? Y tú, cliente, ¿vas a expresar menos tus
necesidades para empezar lo que puede ser tu límite obvio? Y ¿quién
eres tú para limitarte a ti mismo? Después de todo, ¿no es la terapia un
intento de ofrecer la posibilidad de cambiar lo que parece ser nuestro
límite?
Para encontrar solución a este dilema necesitamos reconocer
primero que toda terapia es un acto recíproco, un íntimo contacto
interno y externo entre terapeuta e individuo. Ambos toman parte en un
acontecimiento que lleva al equilibrio de la energía de cada uno
(equilibrio que estimula el cambio y el flujo de la experiencia física,
emocional y mental). Cuando se entiende la naturaleza de esta
reciprocidad vemos que el individuo es libre de expresar, descubrir y
curarse a sí mismo sin manipulación ni control exterior y que, al mismo
tiempo, el terapeuta no puede ser observador neutral.
En terapia efectiva, los terapeutas deben dar su fuerza física,
información y sentimientos. Veremos que la dirección, poder y límites
de la transformación del cuerpomente de una persona surgen de lo que
sucede en el intercambio con el terapeuta.

Reciprocidad mediante contacto interno y externo

Baile y bailarín, una misma cosa


Muchos estudiantes de trabajo corporal creen al principio que si
logran aprender dónde hacer exactamente cierto tipo de manipulación con
las manos, dedos o codos, podrán con la práctica dominar las complejidades
de la labor en tejido profundo. En realidad, por más observación, estudio o

práctica que hagan (aunque importantes) nada puede reemplazar la


necesidad de establecer contacto con el cliente mediante una actitud
interna. Cuando se tiene esa actitud, todos los movimientos y
contactos con él son a la vez receptivos e iniciadores (receptivos
porque el terapeuta deja que su fuerza se ajuste a la resistencia o
apertura del individuo; e iniciadores porque le lleva más allá de los
límites de su coraza).
Ve lo que sucede cuando yo, terapeuta, o tú, cliente, hacemos
sólo contacto externo o superficial. Si presiono únicamente con fuerza
externa no puedo regular ( aumentar, disminuir, cambiar) mi fuerza
con facilidad. Sentirías que mis manos no respondían a tus
necesidades internas y te defenderías con la coraza externa. Como mi
fuerza puede ser demasiado rápida, profunda y enérgica y al revés:
demasiado lenta, etc., te pondrías muy tenso o totalmente pasivo en la
musculatura extrínseca. Entonces no hay auténtico contacto, sólo un
encuentro o arreglo externo que consolidará la coraza. Yo descargo
sobre ti mis viejos sentimientos de poder, mientras tú usas mi asalto
para reforzar los viejos patrones de autodefensa.
A veces sucede que ambos empiezan el contacto con
movimientos intrínsecos cuidadosos pero no los continúan con
contacto externo completo. Si yo presiono con tanto cuidado que me
ajusto a cada movimiento que haces, lo único que hago es seguir tus
necesidades sin ayudarte a descubrir nuevas posibilidades.
Igualmente, si tú te sometes interiormente a todas mis iniciativas,
nunca descubrirás tu poder externo de dar e interactuar.
En contraste con estas tentativas incompletas, el contacto pleno
es una reciprocidad especial interna y externa, un compartir con
respeto mutuo. Al igual que yo me muevo con tu energía interna y
externa guiándola a la vez, tú no reaccionas, sino que bailas con mi
presión. Aquí baile y bailarín son uno mismo. Es un movimiento
unificador de ambos, sin acción o reacción, sólo una simultaneidad
parecida a los pasos de parejas oponentes del tai chi.
Trata de hacer lo siguiente:

Párate frente a un compañero de peso y tamaño


aproximados al tuyo, poniendo las rodillas y los pies uno
frente a otro. Agárrense de las manos entrelazando los
FIGURA 38
El contacto entre terapeuta y cliente constituye una reciprocidad especial. Es una
danza conjunta sin acción ni reacción, sólo vibración simultánea compartida.

los dedos y échense hacia atrás sin mover los pies;


estiren los brazos soportando cada uno el peso del otro.
Manteniendo esa posición doblen las rodillas, agáchense
y vuelvan a la posición vertical. Háganlo de nuevo pero
agarrándose sólo de una mano. ¿Notaste un buen punto
de equilibrio que permitía a ambos moverse con
facilidad? ¿Te pareció que al hacer mucho esfuerzo se
destruía el equilibrio entre los dos?

Tal vez dé la impresión de que el intercambio no puede ser


igual. Después de todo, tú has venido a pedirme ayuda. ¿Cómo vas a
participar en un plano de igualdad si parte de tu coraza es una defensa
contra tal intercambio de energía, una profunda resistencia ante la
posibilidad de tu propia transformación? Aunque esté equilibrado e
inicie mi fuerza desde dentro, haciendo contacto sensible y respetuoso
contigo, si tú tienes miedo de rendirte ¿cómo va a empezar el baile?
Para que el proceso terapéutico comience necesitamos
reconocer que ambos estamos incompletos en un sentido paradójico.
Tú te resistes al cambio, esa es la naturaleza de la coraza. Sin
embargo, estás dispuesto a dejarla cuando se te muestre un posible
camino para cambiar. Yo espero que cambies, quiero ayudarte a
superar tus bloqueos, pero tengo que ser muy flexible, variar de
dirección si la que he sugerido no resulta efectiva.
En mi papel de Integrador por la Postura no puedo aceptar
completamente tu pasado acorazado. Yo trabajo en la estrecha frontera
que hay entre imponerme sobre ti y acomodarme a tus viejos juegos
acorazados. El trabajo profundo en tu tejido, pensamientos y
sentimientos bloqueados, provoca placer y dolor, resistencia y
liberación. Si mi fuerza es demasiado grande o dolorosa para ti,
anularé la posibilidad de que empieces tu propio proceso de
transformación y terapia. Y si es demasiado débil o acomodaticia,
estoy renunciando a mi poder como terapeuta.
Ron Kurtz y yo diferimos un poco respecto a la forma en que el
terapeuta entra en esta relación. En su Training Manual que
recomiendo ampliamente, Ron dice: “Lo mejor que puedes hacer es
aceptar plenamente. Si te comportas en forma amorosa, aceptadora,

sin juzgar, la persona se va a sentir a salvo”.* Y también dice, “Nunca


trabajes contra la voluntad o deseo de alguien. Debes evitar poner en
funcionamiento sistemas de defensa”. ** Yo he visto a Ron trabajar
maravillosamente así, ayudando a muchas personas con bloqueos
realmente difíciles. Y personalmente también me ha resultado en
extremo útil trabajar de esa forma.
Sin embargo, hay clientes que aprovechan la amabilidad del
terapeuta para evitar la confrontación con la ira, miedo o dolor muy
arraigados. En parte el cliente quiere que yo sea lo suficientemente
gentil como para mantener el espacio a salvo, pero también tiene una
profunda necesidad de resolver sentimientos explosivos. Creo que a
veces hacen falta confrontaciones en las que el terapeuta exija cambio
(hasta con rudeza) para ayudar al cliente a romper la coraza. Esto es
arriesgado porque no están definidos los límites aceptables y es
posible perder un cliente o un amigo si va uno demasiado lejos. Pero
la vida no siempre tiene límites claros y la transformación no es
siempre posible en un medio totalmente seguro.
Establecer y mantener un intercambio cuidadosamente
equilibrado entre terapeuta y cliente requiere diversos enfoques y
métodos. La respiración libre y espontánea es esencial para el
equilibrio cíclico de la energía, y cuando ambos comparten y analizan
al unísono patrones de respiración son más capaces de percibir el
toma y daca requerido por la terapia. Todas las técnicas de
integración y afinación buena ayudan a mantener este intercambio
sensitivo.
Ese intercambio permite y estimula la expresión directa de
emociones que surgen en ambos. Cuando trabajo contigo, debo
animarte a analizar las emociones que afloran con la liberación de
tensiones, a confrontar y abrirte paso entre tus puntos incompletos así
como a caer en la cuenta de lo que sientes aquí y ahora respecto a mí.
Necesito darte mis sentimientos de satisfacción, frustración y
simpatía. En este intercambio mi labor no es permanecer

* Ron Kurtz Method of Body Centered Psychotherapy, Training Manual, Putnam:


Hakomi Institute, 1981, p. 39.

** Ibid., p. 41.

emocionalmente objetivo o neutral; más bien debo darme y a la vez


dejarte en libertad para que no cumplas mis expectativas respecto a tu
transformación.
El trabajador corporal y el individuo deberían ser libres de
proyectar sus necesidades uno en el otro y de rechazar y aceptar los
roles asignados a cada uno. Yo soy tu padre; tú eres mi hijo. Yo me
niego a ser tu padre; tú te niegas a ser mi hijo. En psicoanálisis el
cliente puede transferir lentamente al analista sus necesidades paternas
durante un período de meses o tal vez años; y luego liberarse poco a
poco de esta transferencia. En trabajo corporal holístico la formamos
y rompemos continua y simultáneamente. Desde luego, puede
requerirse un lapso de tiempo para la integración y asimilación de esta
doble libertad a la vida de un individuo.

Hans, de quien hablamos en el Capítulo 2, llevaba


conmigo seis sesiones. Empezaba a entender cómo la
resistencia a su padre había sido una manera de disimular
su soledad, vacío y vulnerabilidad, pero en cierto nivel
todavía me asignaba ese rol como instrumento de su
dolor y sufrimiento. En la séptima sesión, con la apertura
de la pesada coraza de la cabeza y el cuello, le animé a
avanzar en esa actitud hacia su padre pero dirigida
contra mí. En lo más agudo de su ira, mientras yo
terminaba mi labor en los endurecidos músculos de su
mandíbula, le hice saber que a veces yo podía hacer el
papel de padre pero que en ese momento no quería, que
aceptaba su enojo pero que también me gustaba su parte
tierna y vulnerable. Esto lo confundió pero en ese
momento comenzamos ambos a ver una nueva dimensión
en nuestra amistad.

Estrategias de interacción con uno o más terapeutas

Nos rendimos ante todo el equipo

En el Capítulo 2 vimos que aunque durante la primera fase de trabajo


corporal holístico la labor se centra en la estructura extrínseca externa,
también la interna tiene que abrirse. En fases posteriores, la atención

pasa a las internas pero la labor en la parte externa sigue siendo


importante para la completa liberación de la coraza. Todo el proceso
de intercambio entre terapeuta e individuo es, por tanto, una apertura
gradual de éste, de fuera adentro y viceversa. El terapeuta a la vez
dirige y sigue la danza. No necesita saber qué dirección exacta seguirá
o dónde acabará; sólo tiene que estar bien situado para iniciar y recibir
movimiento, fuerza y peso en el centro de la pelvis, que a veces se
conoce con el nombre de hara.
Cuando el terapeuta interactúa con un individuo, este centro
bajo de gravedad, donde almacenamos la conciencia intestinal, se
coordina por abajo con rodillas dobladas y pies firmes y por arriba con
hombros anclados mediante acción suave de los músculos de la
espalda media (romboideos bajos). Esta posición se parece a lo que
los maestros Alexander denominan el mono, y a los movimientos bien
asentados del tai chi, con una ligera variante. Lo ideal es que el
terapeuta desplace hacia delante su centro para atraer la resistencia del
cliente, pero no hasta el punto en que pierda el equilibrio o no le deje
espacio para maniobrar.
Por otra parte, el cliente no puede ser demasiado activo ni
demasiado pasivo. En la liberación e integración de estructuras
miofasciales (y otros aspectos del cuerpomente), el papel interactivo
del individuo es retorcerse suavemente, encontrar, confrontar y
analizar las áreas inconscientes del tejido. El cliente no sólo se acuesta
para que le hagan el trabajo, también puede pararse, sentarse, rodar,
tratar de alcanzar, estirarse, contraerse o relajarse, todo ello
acompañado de respiración de carga y descarga, de sentimiento y
pensamiento.
Una de las experiencias más poderosas en el proceso de trabajo
corporal holístico es el fenómeno de varios terapeutas ocupados
simultáneamente en una persona. Su poder consiste sólo en que
diferentes partes del cuerpo de esa persona se llevan a la vez a un
cambio coordinado, sino en que actitudes y emociones conflictivas
provocadas por ese grupo proporcionan al individuo la oportunidad de
resolver conflictos persistentes y en parte inconscientes.
FIGURA 39

Durante el trabajo simultáneo en diversas partes del cuerpomente, el


cliente tiene la oportunidad de confrontar y resolver emociones conflictivas (tales
como vulnerabilidad).

Veamos primero la experiencia del cambio simultáneo en


diferentes segmentos del cuerpo. Por ejemplo, si un terapeuta trabaja
en la cavidad abdominal con el psoas, otro en el cuello y un tercero en
la espalda, es posible lograr cambios integradores rápidos; esto sería
difícil de conseguir con un solo terapeuta. Es más, durante la etapa
inicial del trabajo corporal, tras la liberación de segmentos separados
(piernas, cabeza,etc) algunas personas, aunque más libres, encuentran
difícil funcionar como un todo unificado.
Por ejemplo, cuando una pelvis liberada se aplana, la cabeza
puede quedar hacia adelante. O si la cabeza cambia a una posición
liberada y hacia atrás, tal vez la región lumbar se acorte y la espalda

se arquee. Pero si todo eso lo hacen varios terapeutas a la vez, el


individuo puede experimentar una totalidad e integración difícil de
conseguir con uno solo. Esta simultaneidad es también posible cuando
varios terapeutas trabajan al unísono dentro y fuera del indiviudo.
Hay una segunda dimensión en este trabajo de grupo. Partes
diferentes del cuerpo almacenan emociones diferentes que pueden
estar en conflicto. Durante mi vida a menudo me he sentido débil y
vulnerable y, por otra parte, también he sentido mucha ira e
impaciencia pero no he podido conectar estos sentimientos
divergentes y, por tanto, no los he experimentado como parte
unificada de mí mismo. Esto se resolvió en una sesión que recibí de
Integración por la Postura.
Mientras un terapeuta trabajaba con la vulnerabilidad que sentía
en el vientre, otro me provocaba la ira que tenía en la mandíbula. Mi
experiencia de esos dos fuertes sentimientos no resueltos me permitió
ver que había usado la ira como reacción tardía a mi sensación de
dolor y rechazo. Vi que la ira puede ser una forma poderosa e
inmediata de enfrentarme a lo que quiero pero no consigo.
Otro importante aspecto de la dimensión emocional en el
trabajo de grupo es que un terapeuta puede ser instrumento de la
liberación profunda y dolorosa, mientras otro establece contacto suave
y vigorizante. Esta experiencia dual y contrastante puede ayudar al
cliente a comprender que el dolor no tiene por qué ser siempre
negativo. En mi propia experiencia, mientras un terapeuta trabajaba
profundamente en la coraza que rodeaba mis ojos y me ayudaba a
volver a sentir la tristeza de quedar abandonado en la infancia, otro
(mujer) me acariciaba suavemente el torso y me acunaba en sus
brazos. Entonces pude experimentar la tristeza sin sensación de
abandono.
A este tipo de trabajo lo denomino “paradójico” porque se
experimenta a la vez lo profundo y lo suave, lo doloroso y lo
agradable. El terapeuta suele actuar como arquetipo de fuerzas
masculinas y femeninas, en una especie de primitiva terapia familiar.
Como ya vimos, se puede usar también en mitades opuestas del
cuerpo para ayudar a integrar los hemisferios derecho e izquierdo del

cerebro, así como para resolver conflictos entre arriba y abajo, frente y
espalda.
He aquí un ejercicio de grupo:

Siéntate en medio de un círculo con varios amigos a tu


alrededor y asigna a cada uno un papel: padre, madre,
hermana, hermano, maestro, amante, etc. Empieza a
hablar sobre alguno de tus problemas más complicados y
que cada uno te dé consejo de acuerdo a su papel.
Experimenta y expresa tus sentimientos en la forma más
completa posible. Quizás ayude que te den su consejo
como si fueran un coro; deben darlo positivo y negativo,
unas veces tranquilamente y otras con energía. Cuando
llegues a sentirte exhausto relájate y deja que todos te
den masaje suavemente.
Tipos de cuerpomente y límites del cambio

Guía sin clasificación


Cuando el cambio terapéutico se considera como intercambio
recíproco entre terapeuta e individuo, el dilema que enfrentábamos al
principio de este capítulo queda resuelto. Cuando te doy mi fuerza,
sentimientos e ideas desde un espacio interno y externo receptivo y
unificado, te estoy permitiendo a la vez explorar tu propia energía.
Cuando te “leo” como perteneciente a cierto tipo o estructura de
cuerpomente, respeto tu capacidad de romper los límites de esta
clasificación y descubrir los tuyos propios.
Muchos trabajadores corporales y terapeutas han analizado una
amplia gama de tipos físicos y psicológicos. Ralph Metzner, en Know
your Type, * esboza y resume una selección de tipos que incluyen los
de Sheldon (mesomorfo, endomorfo y ectomorfo), los de Kurtz
(pesado-abajo, pesado-arriba, abrumado,rígido y dependiente) y los de
Jung (introvertido extrovertido).

* Know your Type, op. cit.

Ennumera también varios tipos psiquiátricos siguiendo a Freud, Reich


y Lowen, así como los clásicos tipos occidentales (coléricos,
sanguíneo, flemático y melancólico). Para no hacer un análisis más de
estos tipos, yo propongo un sistema de clasificación surgido de mis
años de trabajo que no es sustituto de los de Metzner sino
complementario y está diseñado en forma flexible para dar al individuo
una estructura que le permita la interacción con el terapeuta.
Este sistema no trata de clasificar al individuo directamente
sino de indicar que algunas características o estructuras detectables
pueden pertenecer a uno o varios tipos. Esto proporciona un punto de
partida desde el cual el individuo puede ser expresivo sin ser tratado
como objeto. Por ejemplo, en lugar de decir que eres un “tipo
abrumado”, quizás te comente que tus hombros se ven cargados y te
pregunte cómo los sientes. Con este tipo de preguntas e impresiones
compartidas es más probable lo que sientes y quieres y de lo que yo te
puedo dar.
Haz lo siguiente con un amigo:
Ponte frente a él y diga cada uno al otro lo que ve en su
estructura, asegurándote de preguntarse mutuamente si
creen que su impresión es cierta. Propicia el análisis de
sentimientos y pensamientos en varias partes del cuerpo
exagerando la postura o probando otra. Ensaya un tipo al
que te parezcas diciendo, por ejemplo: “Soy demasiado
pesado arriba” y “No soy sólo demasiado pesado arriba”;
es decir, afirma esa parte de la clasificación que aceptas y
niega la que no aceptas.

Quizás descubras en el proceso de interactuar y compartir que


lo que sucede en tus hombros tiene menos importancia para tu
liberación e integración que lo de otras partes de tu estructura. Es
posible que la sensación de necesidad alrededor de tu boca y cuello sea
igual o más significativa que mi primera observación sobre tus
hombros.

TIPOS DE CUERPOMENTE
Tipo Estructura externa Estructura interna Función Comparación con otros
corteza intrínseca tipos

1.Expansivo Núcleo unificado


Orientado hacia
afuera

A. Suave Blando: con tejido Tieso: oculto, rígido Funda externa es Extrovertido que
Superficial, inmóvil amortiguador pro- oculta sentimiento
grueso, poroso, tector de energía interno, más pesado
voluminoso: de interna no utilizada abajo, sedictor, rí-
reacción lenta gido por dentro, pa-
pero sensible ralizado, abrumado,
endomorfo
B. Duro Tieso: de piel dura Blando: bajo tono, Fuerte, exterior activo Extrovertido con poco
muscular denso, vo- débil, confuso, sub- oculta frágil energía in- desrrollo interno, pe-
luminoso, rápido, ma- desarrollado. Terna. sado arriba, manipu-
sivo. lador, sádico, rígido
fuera, mesomorfo

II. Contractrivo Núcleo dual


Orientado hacia N. Externo N. Interno
Dentro

A. Duro Tieso o blando: Incons. Tieso Tieso Ausencia de conciencia Introvertido activo
ciente, insensible, elás- Ambos subdesarrollados externa compensado por flemático fuera, co-
tico, rígido, estoico. energía activa introver- lérico, compulsivo,
tida. anal, ectomorfo.

B. Suave Blando: Inconsciente, Tieso Blando Actividad interna mal Confuso, introver-
insensible, elástico, Núcleo ex- Núcleo inter- dirigida. tido, dependiente
rígido, estoico terno restrin- no débil y oral, masoquista,
ge al interno. frágil. melancólico,
agobiado, endo-

morfo, histérico.

III. Inestable
Exceso dentro
o fuera
A. Hipervariable
1. Contractivo Estable Tieso: Núcleo entero es Bajo presión la energía A veces intro-
hiperactivo se concentra dentro o vertido, otras ex-
Tieso: Núcleo externo fuera como protección trovertido, neu-
atrapa al interno rótico, frecuen-
tes cambios cor-
porales.

2. Expansivo Blando: excesivamen- Estable


te consciente o insensi-
ble
Tieso: sobreprotector

B. Fluctuante Inestable Inestable Impredecible y con Ezquizoide, ma-


excesivo movimien- níaco-depresivo,
to hacia expansión histérico, mezcla
y contracción. oscilatoria de
muchos tipos

IV. Estable
Tono parejo

A.Estable duro Tieso Tieso Tono parejo pero excesi- Tiene capacidad
vo; demasiado protector de apertura pero
en núcleo y corteza retiene energía

B. Estable blando Blando Blando Tono parejo pero inadecua- Capacidad de


do; demasiado abierto en conservar ener-
núcleo y corteza gía pero suelta
demasiada.
C. Equilibrado Abierto al cambio Equilibrado: Parejo den- Deja que la energía fluya Genital, espon-
tro y fuera; desaparecen donde haga falta táneo, amoroso.
núcleo y corteza abierto y auto-
protector.
La consideración del tipo es sólo una sugerencia para comenzar
el descubrimiento y la transformación. Una vez que el cliente pasa
ésta, podemos mirar atrás y ver qué tanto nos hemos alejado del tipo
con el que comenzamos. Ahora que ha habido cambio el cliente, por
ejemplo, puede no ser ya del tipo “dependiente”, puede estar más
lleno, más blando y más extendido, pareciéndose más a lo que
describiré como tipo “estable”. Esta aproximación flexible a los tipos
permite descubrir limitaciones y decidir lo que uno quiere aceptar o
tratar de superar.

Jonathan era maestro de Filosofía. Su cuerpo era delgado,


de huesos pequeños y su aspecto frágil y aniñado
mientras la cabeza era relativamente grande y
puntiaguda. Había tratado durante años de subir de peso
levantando pesas y tomando suplementos proteínicos
pero aunque había logrado endurecer los músculos no
había conseguido ser mucho más grande.
Cuando empecé con él, esperaba equilibrar y aflojar su
cuerpo pero no cambios importantes en su tamaño. Le
recomendé que dejara el ejercicio pesado indicándole que
se aproximaba a lo que Sheldon ha clasificado como
ectomorfo (cuerpo flaco, cabeza grande, ausencia de
desarrollo muscular). Tras siete sesiones me sorprendió
mucho verle más grande, con una musculatura más
desarrollada y hasta sus huesos parecían más largos.
Me dijo que la semana anterior le había venido a la
memoria algo que sintió con todo el cuerpo. Recordó que
cuando tenía cinco años no podía competir con sus
hermanos en pruebas de fuerza física y destreza, así que
se dedicó a actividades mentales tratando de lograr así la
aprobación de sus padres. Sin embargo, se siguió
sintiendo inseguro y por eso había empezado a levantar
pesas, para probarse a sí mismo que tenía fuerza. Tras
esas siete sesiones cayó en la cuenta de que no tenía por
qué competir sino que podía probar su fuerza física de
otra forma y empezó a disfrutar nadando, corriendo y
bailando.

Durante los seis meses siguientes, al terminar las


restantes tres sesiones, ganó dos pulgadas de tórax y sus
muslos y pantorrilas se llenaron permaneciendo suaves.
Incluso su cabeza estaba menos puntiaguda. Fue una
agradable sorpresa para mí que lograra trascender los
límites inicialmente previstos.

En la infancia empezamos ya a desarrollar nuestra fuerza y


conciencia concentrándonos más en el interior o el exterior y, al
hacerlo, nos acorazamos en formas características que se parecen a lo
que llamo tipos de cuerpomente “expansivos” y “contractivos”.
Cuando fluctuamos entre interior y exterior nos parecemos a lo que
llamo tipo “inestable”; y a la inversa, cuando el ritmo interno y el
externo son parecidos, nos asemejamos a lo que llamo tipo “estable”.
Incluso cuando el margen de expansión y contracción está hasta cierto
punto restringido, todavía nos acercamos al tipo estable.
Las siguientes clasificaciones surgieron más de datos táctiles
que visuales, o sea que es difícil ilustrarlas excepto con las secciones
transversales del cuerpo que las acompañan. Tienen puntos de
contacto con clasificaciones anteriores, es decir, uno de mis tipos
puede ser similar a más de un tipo tradicional. Esta gráfica no es
completa o definitiva, pero espero que les sugiera ejemplos de tipos
semejantes de su propia experiencia.

Tipos expansivos

Hacemos sentir nuestra presencia

Cuando nos sentimos sociables establecemos contacto con la


gente u objetos que nos rodean. En este movimiento externo puede
que nos mostremos entusiastas, llenos de vitalidad y objetivo o
tranquilos, lentos y con un objetivo no tan claro. Mucha gente
concentra la parte principal de su vida en esta dimensión extrovertida,
descuidando de alguna forma su parte interna. Despliegan ante la vida
una especie de defensa o coraza externa expansiva bien desarrollada.
El esquema muestra dos tipos expansivos: uno blando, flojo por fuera
y duro por dentro, y otro duro, blando por dentro y duro por fuera.
FIGURA 41

El primer tipo de persona expansiva desarrolla una funda externa suave


alrededor del cuerpo (mente) que le proporciona una protección suave, gruesa o
porosa, un amortiguador contra el dolor y la tensión. El segundo tipo expansivo es
muscular, masivo, denso y de piel dura y puede soportar gran cantidad de presión
externa.

El primer tipo ha desarrollado una funda exterior alrededor del


cuerpo (mente) que le proporciona una protección suave, gruesa y
porosa para absorber dolores, exigencias, sustos y tensiones de la vida
diaria. Aunque esta superficie grande y elástica crea un contacto
amplio y flexible con el mundo y con los demás, es una coraza, una
especie de amortiguador que permite al individuo reaccionar desde
fuera, tal vez lentamente, sin expresar sus sentimientos internos más
contraídos. El interior permanece rígido y en gran parte inconsciente,
y sólo lo usa cuando se siente profundamente afectado o cuando se le

pide que utilice su fuerza de reserva. Cuando trabajo con alguien cuya
personalidad y tejidos muestran alguna de estas señales, averiguo la
dirección de nuestra labor en común bien provocándole desde fuera o
tratando de abrirme paso lentamente entre la suave corteza externa
hacia los más profundos y evasivos tejidos, sentimientos y
pensamientos.

María, de Florencia, llevaba diez años casada con un


hombre muy dominante. Ella era obediente pero no
tímida, y tenía forma de lograr lo que quería aunque él se
opusiera. No era muy gorda pero tenía caderas y muslos
grandes. Su tejido era esponjosos y elástico y tenía poca
sensibilidad en la superficie y a nivel intermedio.
Mientras trabajaba con ella tenía que enganchar
bruscamente el tejido con los dedos, levantar cualquier
parte floja y mantenerlo agarrado animándola a respirar
más rápido y a proferir sonidos fuertes al exhalar. En
cada región comenzó gradualmente a responder con
mayor rapidez y a entender que no había razón para no
dejar salir a la superficie sus más profundos sentimientos.

El segundo tipo expansivo es el muscular, masivo, denso o de


piel dura. Estos individuos usan también su volumen corporal para
protegerse. Como son rígidos por fuera pueden aguantar y hasta
disfrutar el contacto brusco, incluso al grado de interacción agresiva
con otros. Aunque sus reacciones pueden ser más rápidas, son
superficiales a no ser que la corteza dura se rompa o disuelva. Yo
realizo con ellos encuentros energéticos y agresivos o les rodeo la
coraza externa con suavidad animándoles a exponer su yo interno más
blando. Con cualquiera de las dos estrategias, cuando la coraza
externa comienza a desaparecer, me sirve de ayuda explorar formas
nuevas de mantener intacto el interior que suele estar confuso y
subdesarrollado, con movimientos dirigidos e iniciación lenta y
cuidados en las nuevas actitudes.

Tony era un cabeza rapada inglés. Se consideraba rudo y


listo a enfrentarse a las autoridades o a pandilleros de
otra banda, pero en el fondo era muy dependiente. En las
primeras sesiones quería expresar su ira lo más
completamente posible y yo le apoyé provocándole con
palabras y golpecitos rápidos en el vientre pero esperaba
el momento en que pudiera aceptar algo más suave.
Durante la cuarta sesión, tras explotar lleno de ira y
quedar exhausto temblando, le mecí suavemente y le
canté una nana. Cuando empezó a sollozar pude al fin,
sin gran presión avanzar entre capas de tejido que antes
oponían resistencia.

Tú puedes analizarte haciéndote las siguientes preguntas:

¿Consideras que la parte externa de tu cuerpo es amplia y


suave? ¿Puedes coger fácilmente con los dedos la carne
de tus muslos entre el pulgar y el índice? Cuando aprietas
fuerte ¿te duele? Piensa si tienes por fuera un
amortiguador bastante suave e inconsciente que te sirve
de protección. Si crees que eres suave y expansivo ¿te
parece que a un nivel más profundo opones mucha
resistencia?
¿Te consideras bastante grande y tieso en la superficie?
¿Te cuesta pellizcar la carne de tus muslos? ¿Te gustan
las actividades vigorosas como nadar, correr y bailar?
¿Peleabas de pequeño con otros niños? Si te consideras
duro y expansivo, piensa si tienes una idea clara respecto
a tus sentimientos internos y si te resulta fácil estar solo y
meditar.

Tipos contractivo

Mundos internos ocupados


Mientras la vida del tipo expansivo está llena de contacto
externo, el contractivo se retrae y se abstiene de interacción y
compromisos externos. Estos individuos pueden parecer tranquilos

por fuera pero por dentro crean movimientos tensos, conscientes y


activos (que contrastan con la rígida inactividad del tipo suave y
expansivo, también rígido en su interior).
Esta actividad interna presenta dos aspectos. En el tipo duro y
contractivo toda la estructura del núcleo es hiperactiva y la corteza
está descuidada; es el caso de la persona que evita continuamente el
contacto externo mediante un exceso de movimiento interno. Aquí
puede haber por fuera una relativa suavidad pero falta la receptividad
de la sensibilidad consciente y lenta del tipo expansivo suave.
En segundo lugar, el tipo contractivo suave presenta una
contracción de los músculos extrínsecos profundos (que podemos
clasificar como la periferia del núcleo) que incluso rodea los más
profundos músculos intrínsecos (núcleo periférico) atrapa a los
intrínsecos (núcleo interno) y restringe su movilidad y energía. (En
capítulos anteriores vimos cómo las estructuras circundantes pueden
oprimir el psoas). El núcleo externo, por tanto, está suave, inactivo y
débil. Este tipo contractivo suave difiere del expansivo duro(también
suave por dentro) en que su corteza está relajada y con relativa
ausencia de respuesta energética.
Con ambos tipos contractivos yo estimulo el análisis y uso de
su poder externo (la expresión de ira, alegría, entusiasmo, la
exhibición franca de pensamientos y sentimientos). Sin embargo,
como los extremos interno y externo del segundo tipo son débiles
(corteza y núcleo interno son suaves) sugiero que los movimientos y
expresiones externas sean lentos y cuidadosos y vayan acompañados
de actitudes internas sutiles y conscientes.
Veamos primero un ejemplo del tipo contractivo duro:

Sagarito era un fanático religioso que meditaba dos veces


al día y estaba siempre disciplinando sus pensamientos y
sentimientos en búsqueda de pureza e iluminación. Sentía
que el cuerpo era sólo un vehículo para avanzar en sus
aspiraciones espirituales. Su exterior estaba bastante
inerte aunque no tanto como el del tipo expansivo duro.
Permaneció quieto y sensible mientras yo presionaba las
FIGURA 42

La persona de tipo contractivo puede ser tranquila y calmada por fuera


pero dentro tiene un núcleo de actividad y tenso movimiento interno que adopta dos
formas: 1) todo núcleo es superactivo; 2) la parte periférica del núcleo atrapa los
músculos profundos, débiles y confusos del núcleo interno.

capas externas y cuando llegaba más a fondo me detenía


diciendo que le venían imágenes y sensaciones
abrumadoras que no podía asimilar. Vi que la manera más
efectiva de trabajar con él era mantener mis manos a
profundidad media e invitarle a decidir cuándo
profundizar más. Mientras esperaba su aceptación le
animé a expresar en forma verbal sus imágenes y
sentimientos de piernas, brazos y cabeza.

Veamos ahora un ejemplo del tipo contractivo suave:

Sorgen era danés, profesor de Economía de Copenhague,


bastante suave por fuera y muy sincero e interesado en
los demás. Siempre tenía alguna teoría sobre la gente que
conocía y continuamente intervenía en las discusiones de
otros interpretando sus actitudes. Con eso se mantenía
ocupado pero cuando se le presionaba le resultaba difícil
expresar algún sentimiento propio, se sentía confuso al
hablar de sí mismo.
Cuando empecé a despertarle los músculos intrínsecos
profundos en las últimas sesiones, le dije que no pensara
ni se expresara verbalmente sino que representara
lentamente con pantomima su actitud hacia su padre, su
madre y hacia sí mismo. Estos lentos movimientos con
expresión facial exagerada le ayudaron a empezar a
concentrarse en sentimientos simples y muy concretos
dentro de sí.

Ve tu relación con los tipos contractivos haciéndote las


siguientes preguntas:

¿Te sientes rígido en el centro del cuerpo? ¿Pasas mucho


tiempo tomando decisiones, fantaseando o pensando
simplemente las cosas una y otra vez? ¿Estás tan ocupado
que a veces no notas que te has lastimado o cortado?
Como prueba de si eres un tipo contractivo duro piensa si
puedes relajarte totalmente por dentro y por fuera.
¿Mantienes la mente ocupada para no tener tiempo de
ponerte triste? ¿Tienes con los demás una actitud suave,
agradable e incluso complaciente para disimular tus
dudas y confusiones internas? ¿Te ocupan mucho tiempo
esas inseguridades? Si crees que encajas, al menos en
parte, en el tipo contractivo suave observa qué difícil
puede ser tomar una decisión y llevarla a cabo sin
demora ni obstáculos.

Tipos inestables

En precario equilibrio al borde del abismo


Algunas personas cambian fácilmente la dirección de la energía
y la conciencia entre el interior y el exterior para no quedarse
estancadas en ninguna, pero eso se debe a su inestabilidad y no a la
armonía con sus necesidades y el medio ambiente. Hay dos tipos de
inestabilidad, una debida a la extensión excesiva del yo y otra a la
fluctuación desorganizadora dentro del yo.
El exceso de extensión puede darse hacia la expansión o la
contracción. Estos individuos pueden estar normalmente equilibrados
en su actividad interna y externa pero, bajo presión, concentran
demasiada energía hacia fuera o hacia dentro. Es posible que no tengan
problemas con una mitad de su vida. Si a veces quedan exhaustos
expandiéndose, tal vez no tengan el grado correspondiente de
contracción y, aunque con tendencia a recluirse en sí mismos, quizás se
las arreglan para enfrentarse a las demandas externas. Su debilidad es
en una dirección y, a diferencia de los anteriores tipos expansivo y
contractivo, pueden recobrar, aunque temporalmente, el equilibrio entre
el interior y el exterior.

Georgia parecía manejar con éxito su vida. Se había


graduado en la universidad y tenía un trabajo bien
remunerado como ejecutiva media en una gran empresa.
Era extrovertida, agradable y eficiente. Pero tras seis
meses de matrimonio el mundo se le desmoronó. Había
organizado su vida sobre el control y la disciplina pero
no podía controlar de igual forma a su marido. Se
convirtió entonces en una persona nerviosa, insegura y
retraída.

El segundo tipo de inestabilidad se observa en el individuo que


fluctúa entre extremos alocadamente. Estas personas están de repente
en expansión y al momento en contracción. Por ejemplo, el que sube
demasiado de peso en cuestión de días o semanas y lo pierde igual de
rápido. O el maníaco depresivo que a ratos está muy alegre y
desbordante y al minuto muy deprimido. Todos nos expandimos y
contraemos pero dependiendo de nuestro grado de equilibrio y fluidez
FIGURA 43

Las personas inestables se expanden en exceso o fluctúan entre extremos.


Extienden su energía excesivamente contrayéndose y restringiéndose o
expandiéndose y agotando su energía. Fluctúan en forma impredecible, desde un
extremo de contracción al otro de expansión.

hacemos una elección centrada y espontánea respecto al momento,


grado y ritmo de la expansión y contracción.

Cuando animaba a Tim a expresarse, guardaba silencio


retraía su energía y, si alguien trataba de calmarle, se
ponía más nervioso y activo. Cuando trabajaba yo con él,
a veces le presionaba el tejido profundamente y no
reaccionaba en absoluto pero luego, repentinamente, se
contraía y gritaba.

Ambos tipos inestables muestran desigualdad en tejido y


actitud. Si se les presiona pueden sufrir un colapso y caer en un estado
desorganizado y negligente. Y si se les conmueve profundamente tal
vez cooperen como una defensa de exceso de contracción. Teniendo en
cuenta esta fragilidad me ha parecido importante trabajar con estas
personas en forma predecible y no provocadora, ayudándoles a
aprender que el cambio puede ser seguro, gradual y progresivo.
Hazte las preguntas siguientes para compararte con estos tipos
inestables:

¿Sientes el cuerpo fuerte y estable durante meses y de


repente débil y derrumbado? ¿Eres una persona tranquila
y retraída que sorprende a todos convirtiéndote en el
alma de la reunión? ¿Crees ser inestable porque en
ocasiones te hiperextiendes?
¿Sientes a veces que tienes personalidades radicalmente
diferentes que no puedes controlar? ¿crees que no tienes
un yo auténtico sino papeles diferentes que representas?
¿Cambian tanto las proporciones de tu cuerpo como para
que te consideres en algún aspecto del tipo inestable y
fluctuante?

Tipos estables

Nos mantenemos consistentes y flexibles


Existen individuos poco comunes que equilibran su lado
expansivo y contractivo, su yo interno y externo, y cambian con el
entorno pero no por culpa de él. Las capas externa, intermedia e interna
de su cuerpomente son todas más o menos parecidas en tono,
flexibilidad y sensibilidad. Tienen poco núcleo y corteza pues son
capaces de movilizar todo el yo cuando se sienten amenazados por
dentro o por fuera. Como ya indicamos en el Capítulo 2:

Cuando estamos vivos de verdad núcleo y corteza se


desintegran y la energía circula fácilmente de fuera
adentro y viceversa. Hay equilibrio entre los grandes
músculos extrínsecos y los internos que proporcionan
estabilidad y suave orientación.

Los tipos estables, cuando se ven sometidos a mucho estrés por


largos períodos de tiempo, quizás traten de protegerse restringiendo por
igual el ritmo de expansión y contracción, pero sin perder su equilibrio
entre el interior y el exterior. Es muy satisfactorio trabajar con ellos
pues su transformación es rápida y tranquila. Comparen este cambio
equilibrado con los de tipos expansivos, que son lentos en responder a
los sondeos en su suave amortiguador o que se llenan de confusión al
abrirse su duro exterior. O con los cambios de tipos contractivos que se
resisten a ceder profunda y suavemente. O con los tipos inestables que
continuamente cambian de dirección para evitar la confrontación.

Hassad era un hombre de negocios de Líbano que a


menudo visitaba Europa. Sanguíneo y amigable, tenía un
cuerpo bien proporcionado con tejidos suaves pero
sensibles desde el exterior hasta las capas más profundas.
FIGURA 44

Hay individuos poco comunes que tienen poca corteza y núcleo


protectores. Son parejos de fuera adentro y muestran flexibilidad y equilibrio al
expandir y contraer su energía. Cuando se ven sometidos a estrés prolongado
quizás se tensen pero distribuyen esa tensión por igual a través de sus estructuras
internas y externas.

Durante un año le había dado yo más de diez sesiones en


sus visitas a París. Por esas fechas empeoró la guerra
civil en su país y a la siguiente visita lo encontré rígido y
preocupado por la seguridad de su familia.
Entonces sólo costó una sesión relajar y equilibrar su
cuerpo. Lloró mucho y expresó su ira contra la guerra. El
quería abandonar Líbano pero su enorme familia quería
quedarse y había decidido quedarse con ellos. Cuando le
volví a ver seis mese después en París, estaba de nuevo
contraído y preocupado pero una vez más pudo liberarse
rápidamente y expresar sus sentimientos.

Puedes hacerte una idea del tipo estable pensando lo siguiente:

Recuerda alguna época de tu vida en la que sintieras feliz


durante un período largo de tiempo. Cómo podías
solucionar tus dificultades sin perder la sensación de
bienestar. Recuerda cómo podías expresar libremente
sentimientos diferentes, incluso de ira y tristeza, sin
quedar atorado en ellos. Recuerda la salud y resistencia
de tu cuerpo. Cómo la enfermedad era una limpieza
temporal del mismo. Ahora compara esa época con otra
en la que te sintieras miserable y bloqueado.

Al trabajar con cada individuo, reconozco que un tipo es un


estereotipo y que sólo buscamos un punto de arranque y de
comparación. Cada persona responderá diferente a las formas de
analizar y trabajar con tipos diversos sugeridas anteriormente. El
mismo individuo puede incluso reaccionar diferente en distintas
ocasiones. Por eso no dejo de sugerir cosas nuevas, hacer nuevas
preguntas y tratar de descubrir nuevas maneras de establecer contacto
con cada uno; al hacerlo descubro que también yo estoy cambiando.
Jack Painter, segundo de derecha a izquierda, aparece aquí con
un grupo de Integradores por la Postura. Es director del Centro
Internacional de Liberación e Integración de Mill Valley (cerca de San
Francisco) el cual ofrece entrenamiento y certificado en Integración
por la Postura, Liberación Reichiana, Renacimiento y Liberación
Sexual Pélvica. Se doctoró en 1961 en la Universidad de Emory
(Atlanta) y continuó su investigación de posgrado en Europa como
becario Smith-Mundt. Mientras trabajaba de maestro en la
Universidad de Miami (1961-1969), realizó también investigaciones
en fisio-filosofía y psicología (acupuntura, yoga, zazen, trabajo
corporal reichiano y gestalt, y manipulación del tejido conjuntivo.
Tiene título de terapia de masaje de Lindsey Hopkins (Miami) y es
socio del Instituto Wilhelm Reich de la ciudad de México. Desde 1973
ha entrenado a más de 1000 terapeutas de trabajo corporal y ha
ayudado a establecer centros en Europa, Latinoamérica, Australia,
Estados Unidos y Canadá.

Esta obra se terminó de imprimir


en el mes de noviembre de 1987
en los talleres de
IMPRESOS DE ALBA
Ferrocarril de Río Frío 374
México, D.F.
La edición consta de 3,000 ejemplares
más sobrantes para reposición

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